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DIMENSIÓN ECLESIAL DEL MINISTERIO SEGÚN CLEMENTE DE ROMA

1. Dimensión eclesial del ministerio según Clemente de Roma


La carta primera de Clemente a los Corintios es el escrito má s interesante a la hora de
vislumbrar la dimensió n eclesial del ministerio en los escritos de los Padres Apostó licos. Se la
podría llamar el manifiesto de la jurisdicció n eclesiá stica, pues contiene una declaració n abierta y
explícita de la doctrina sobre la sucesió n apostó lica (Quasten). Es el punto de engarce doctrinal
entre la literatura patrística y los escritos del NT. Por dos razones: 1. por la antigü edad de la carta
(añ os 95-96 durante la persecució n de Domiciano), y 2. por su contenido doctrinal acerca de la
sucesió n apostó lica. La cronología y la doctrina le confieren una má xima autoridad.
a. El ministerio de los obispos y de los diáconos
Clemente conoce só lo dos ministerios: obispos y diá conos. En ocasiones a los obispos los llama
presbíteros. Fundamenta dogmá ticamente el ministerio y propone su razó n de ser en la raíz
profunda de la Trinidad, mediante la misió n concedida por el Señ or a los Apó stoles, y por éstos a
sus sucesores. Ha glosado conceptualmente el texto de Juan en el que Cristo se reconoce enviado
por el Padre y él mismo envía a los Apó stoles. Al fundamentar el ministerio eclesial, es el gran
teó logo de la misió n:
“Los Apóstoles nos predicaron el evangelio de parte del Señor Jesucristo; Jesucristo fue enviado de
Dios. En resumen, Cristo de parte de Dios, y los Apóstoles de parte de Cristo; una y otra cosa, por
ende, sucedieron ordenadamente por voluntad de Dios. Así pues, habiendo los Apóstoles recibido los
mandatos y plenamente asegurados por la resurrección del Señor Jesús y confirmados en la fe por la
palabra de Dios, salieron, llenos de la certidumbre que les infundió el Espíritu Santo, a dar la alegre
noticia de que el reino de Dios estaba para llegar. Y así, según pregonaban por lugares y ciudades la
buena nueva y bautizaban a los que obedecían al designio de Dios, iban estableciendo a los que eran
primicias de ellos —después de probarlos por el Espíritu— por obispos y diáconos de los que habían
de creer. Y esto no era novedad, pues de mucho tiempo atrás se había ya escrito acerca de tales
obispos y diáconos. La Escritura, en efecto, dice así en algún lugar: Estableceré a los inspectores de
ellos en justicia y a sus ministros en fe... También nuestros Apóstoles tuvieron conocimiento, por
inspiración de nuestro Señor Jesucristo, que habría contienda sobre este nombre y dignidad del
episcopado. Por esta causa, pues, como tuvieran perfecto conocimiento de lo por venir, establecieron
a los susodichos y juntamente impusieron para adelante la norma de que, en muriendo éstos, otros
que fueran varones probados les sucedieran en el ministerio. Ahora, pues, a los hombres establecidos
por los Apóstoles, o posteriormente por otros eximios varones con consentimiento de la Iglesia
entera; hombres que han servido irreprochablemente al rebaño de Cristo con Espíritu de humildad,
pacífica y desinteresadamente; atestiguados durante mucho tiempo por todos; a tales hombres, os
decimos, no creemos que se les pueda expulsar justamente de su ministerio”.
Se puede concluir que la eclesiología de Clemente, y con ella el ministerio eclesial, se apoya en
el dinamismo de la misió n, ya que Jesucristo, que ha sido enviado por Dios Padre, envía a los
Apó stoles, los cuales, a su vez, envían a los eximios varones y por medio de éstos a los futuros
obispos. En la continuació n de la misió n divina fundamenta Clemente la legitimidad y la autoridad
de los obispos en la Iglesia. Instituir a los ministros, haciéndoles partícipes de la misió n, es una
facultad restringida a los que ya habían sido enviados. La categoría de la misió n es en este
momento inicial de la patrística, como lo había sido en el NT, el fundamento del ministerio en la
Iglesia. Schillebeeckx afirma que por lo menos en la funció n litú rgica, uno de los presbíteros-
obispos es presidente.
b. El ministerio, órgano de la sucesión apostólica

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Para Clemente el ministerio es de origen apostó lico, goza él mismo de naturaleza apostó lica, y
por el ministerio se da una sucesió n apostó lica en la Iglesia. Sin embargo, en esta cuestió n
Campenhausen, en su obra sobre el ministerio eclesial, explica la naturaleza del ministerio segú n
Clemente a partir de la pugna entre un grupo de la comunidad y determinados presbíteros, a los
que desean deponer los revoltosos, y considera que este hecho histó rico fue el motivo de la carta, y
deduce que la idea de la organizació n formal es la que fundamenta el sentido jerá rquico en la
Iglesia. Dentro de esta organizació n jerá rquica comprende Campenhausen a los presbíteros, a los
que considera como empleados del culto y por ello distintos de los laicos, ya que el culto es el que
establece la distinció n entre los presbíteros y los laicos. Campenhausen sostiene que la
consideració n del ministerio como una institució n divina que afecta a una persona y la ínstala en
la Iglesia con una funció n propia es una concepció n que no tiene una base directa en la carta de
Clemente. Al interpretar la primera carta de Clemente sostiene que el ministerio pertenece a la
correcta organizació n de la Iglesia, pero exclusivamente al bene esse Ecclesiae, aunque no a su
naturaleza, al esse Ecclesiae.
Recapitulando el pensamiento ministerial expuesto en la primera carta de Clemente, se ha de
afirmar, primero, que el ministerio eclesial se fundamenta en Jesucristo, de quien toma origen
mediante la misió n y de quien proviene a través de los Apó stoles que envían, segundo, que este
ministerio está integrado por los obispos-presbíteros y por los diá conos, y tercero, que los
obispos-presbíteros, en cuanto predican la doctrina que han recibido de los Apó stoles, son
instrumentos de la sucesió n apostó lica.