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La Bella Durmiente Del Bosque

1) El león perdona la vida de un ratón que le suplica piedad. Más tarde, cuando el león queda atrapado en una red, es el mismo ratón quien lo libera mordisqueando la soga, demostrando que los más débiles también pueden ayudar. 2) Un pastor miente repetidamente sobre la presencia de un lobo, por lo que cuando finalmente hay un lobo de verdad, nadie le cree y este se come las ovejas. 3) Un zorro invita engañosamente a una cigüeña a
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La Bella Durmiente Del Bosque

1) El león perdona la vida de un ratón que le suplica piedad. Más tarde, cuando el león queda atrapado en una red, es el mismo ratón quien lo libera mordisqueando la soga, demostrando que los más débiles también pueden ayudar. 2) Un pastor miente repetidamente sobre la presencia de un lobo, por lo que cuando finalmente hay un lobo de verdad, nadie le cree y este se come las ovejas. 3) Un zorro invita engañosamente a una cigüeña a
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FÁBULAS

El león y el ratón

Una vez, un león atrapó a un ratoncito. Lo tenía entre sus garras y abría
la boca para comérselo cuando el ratoncito suplicó:
- Por favor, león, rey de los animales, señor de la selva, ¡no me comas!
Apenas soy un bocadito. Si me dejas ir, algún día podré ayudarte.
El león lo miró asombrado y se echó a reír:
- ¿Ayudarme, una cosita tan débil y pequeña como tú? Me das tanta risa
que, por esta vez, no te comeré.
Y lo dejó en libertad.
Pasó el tiempo. Un día, el león, rey de los animales y señor de la selva,
cayó en una trampa que le habían tendido los hombres. Lo tapó una red
muy gruesa y allí quedó atrapado, rugiendo de rabia.
El ratoncito escuchó sus rugidos y corrió hasta él. Entonces, con sus
buenos dientes de ratón, empezó a roer la soga.
Mordisqueó, masticó y tironeó. Mordisqueó, masticó y tironeó hasta que
la soga se rompió. ¡Y el león pudo salir por el boquete y librarse de la
trampa!
Ese día, el señor de la selva, el rey de los animales, aprendió que todos,
hasta los más débiles y pequeñitos, pueden ayudarnos.
EL PASTORCITO MENTIROSO
El pastorcito tenía muchas ovejas. Las llevaba al campo para que comieran
pasto y las cuidaba por si aparecía el lobo.
Las ovejas comían y el pastor se aburría. Un día, para divertirse, se puso a
gritar:
- ¡El lobo! ¡Socorro! ¡El lobo!
Los campesinos lo escucharon y, dejando sus trabajos, corrieron a espantar al
lobo. Fueron con palos y palas, con horquillas y rastrillos.
- ¿Dónde está ese lobo? -preguntaron.
Entonces el pastorcito se echó a reír.
- Era un lobo de mentira -dijo-. ¡Era una broma!
Los campesinos, muy enojados, volvieron a sus campos.
Días después, el pastor volvió a gritar:
- ¡El lobo! ¡Socorro! ¡El lobo!
Cuando llegaron los campesinos, él les dijo, muerto de risa:
- ¡Era otra broma!
Pero un día, en el campo apareció… ¡el lobo! Un lobo negro que tenía muchas
ganas de comer ovejas.
- ¡El lobo! -gritó el pastorcito-. De veras, ¡vino el lobo!
"Otro lobo de mentira", pensaron los campesinos. Y nadie fue a socorrerlo.
El lobo se comió las ovejas más gorditas. Las otras, escaparon de miedo y el
pastor perdió todo su rebaño.
Había dicho tantas mentiras que, cuando dijo la verdad, nadie le creyó.
Al que acostumbra mentir, nadie le cree ni cuando dice la verdad.
EL ZORRO Y LA CIGÜEÑA

Un día, el zorro invitó a la cigüeña a comer un rico almuerzo. El


zorrito tramposo sirvió la sopa en unos platos chatos, chatísimos, y
de unos pocos lengüetazos terminó su comida.
A la cigüeña se le hacía agua el pico, pero como el plato era chato,
chatísimo, y su pico era largo, largísimo, no consiguió tomar ni un
traguito.
- ¿No le ha gustado el almuerzo, señora cigüeña? -le preguntó el
zorro relamiéndose.
- Todo estuvo muy rico -dijo ella-. Ahora quiero invitarlo yo. Mañana
lo espero a comer en mi casa.
Al día siguiente, la cigüeña sirvió la comida en unos botellones
altos, de cuello muy estrecho. Tan estrecho que el zorro no pudo
meter dentro ni la puntita del hocico.
La cigüeña, en cambio, metió en el botellón su pico largo,
larguísimo, y comió hasta el último bocado. Después, mirando al
zorro, que estaba muerto de hambre, le dijo riendo:
- Por lo visto, señor zorro, le ha gustado mi comida tanto como a mí
me gustó la suya.
El zorro se fue sin chistar, con la cola entre las piernas.
Porque el tramposo no puede protestar cuando le devuelven su trampita.
EL GATO Y LOS RATONES

Había una vez un gato muy cazador que no dejaba en paz a los
ratones. Los ratones, del miedo, no salían de sus cuevas ni para ir a
comprar queso a los ratones queseros.
Un sábado por la noche, el gato se fue de parranda y los ratones
aprovecharon para reunirse.
- Tenemos que unirnos y luchar contra el enemigo gato -dijo un
ratoncito.
- ¡Vivimos con el corazón en la boca! -dijo otro.
Entonces, un ratón viejo y sabio propuso lo siguiente:
- A este gato hay que agarrarlo dormido y atarle al cuello una cinta
con un cascabel. Cuando oigamos ¡tilín! ¡tilín! Sabremos que se
acerca. Y cuando no oigamos ¡tilín! ¡tilín! nos pasearemos
tranquilos.
Era una idea genial. Todos la festejaron mucho. Pero… ¿quién le
ponía el cascabel al gato?
- Yo no sé poner cascabeles -dijo un ratón.
- Yo no sé atar cintitas -dijo otro.
Uno por uno, todos se disculparon. Y, a pesar de que habían
aplaudido al ratón sabio, nadie se atrevió a ponerle el cascabel al
gato. Porque es fácil decir: "Hay que hacer esto. Hay que hacer
aquello". Pero hacerlo es mucho más difícil.
La tortuga y los patos

La tortuga estaba aburrida de andar siempre por el mismo jardín.


- ¡Ah! -decía-. ¡Cuánto me gustaría viajar y ver mundo! Pero camino tan despacito que
no llegaré muy lejos.
Dos patos la oyeron y se ofrecieron a ayudarla.
- Inventaremos un aparatito para que puedas viajar -le dijeron.
Entonces tomaron un palito y, entre los dos, lo sostuvieron con el pico. La tortuga no
tuvo más que prenderse con los dientes del palo y los patos remontaron vuelo y la
llevaron por el aire.
¡Por fin pudo ver las copas de los árboles, y los techos de las casas!
De pronto, se sintió tan poderosa, tan importante, que empezó a gritar:
- ¡Soy la Reina de las tortugas!
- ¡Miren…cómo… vue… lo!... ¡Miren… cóo… o… o…
Pero, al abrir la boca, tuvo que soltar el palito y cayó a plomo.
¡Pataplúm! Cayó en el pasto y se dio un gran porrazo, tan grande que estuvo dos días
quejándose:
- ¡Ay, ay, ay, ay! ¡Por creerme la Reina de las tortugas, ahora soy la Reina de los
chichones!
Nunca hay que creerse demasiado importante. Porque se puede subir de repente,
como la tortuga. Pero también se puede volver a bajar.

 La zorra y las uvas

Una vez, la zorra pasó junto a un parral y vio que, muy alto, colgaba un racimo de uvas
deliciosas.
En seguida, dio un salto para arrancar las uvas, pero no pudo alcanzarlas.
Tomó impulso, saltó más alto, y nada. Saltó muchas veces, como si hubiese tenido
resortes en las patitas.
Hasta que, por fin, miró las uvas con rabia y dijo:
- ¡Bah! ¿Quién las quiere? ¡Seguramente están verdes!
Y se fue caminando mientras repetía:
- ¡Están verdes!
Así hacen muchos cuando no saben alcanzar lo que quieren. Se conforman
contándose una mentirita. Diciendo "¡están verdes!".

La bella durmiente del bosque

 Nunca. Nunca se había dado una fiesta tan hermosa. Todas las hadas del reino
habían sido invitadas para festejar el nacimiento de la princesita y cada una le había
llevado su regalo. Una le había regalado belleza; otra, bondad; otra, inteligencia; otra,
felicidad.
De pronto, enojadísima porque se habían olvidado de invitarla, apareció el hada Gris y
dijo:
- ¡Cuando la princesita cumpla quince años se pinchará el dedo con un huso y morirá!
Sólo el hada Melusina, que no había hablado todavía, podía cambiar estas palabras.
- Se quedará dormida -dijo-, pero no morirá.
- ¡Que se quemen todos los husos del reino! -ordenó el rey.
Y se quedó tranquilo.
Pasó el tiempo, y la princesita cumplió quince años.
Ese día, mientras todos preparaban la fiesta, la princesita subió a la torre del castillo.
¡Ay! Allí estaba el único huso que se habían olvidado de quemar.
La princesa se pinchó el dedo y se quedó dormida, y junto con ella quedó dormido
todo el castillo.
Ya hacía cien años que estaba así cuando, un día, llegó un hermoso príncipe
encantado.
- Es un castillo encantado. No entres -le dijeron todos.
Pero el príncipe entró y besó a la princesita. Y su beso la despertó. Entonces todo el
castillo se despertó con ella, y la fiesta que estaban preparando cuando todos se
quedaron dormidos se realizó para festejar la boda del príncipe y la princesita.

 Caperucita Roja

Caperucita Roja vivía con su mamá en un pueblito de leñadores. Un día que fue a
visitar a su abuela, se encontró en el bosque con el lobo.
- Si te encuentras con el lobo -le había dicho su mamá- no le digas adónde vas y
vuélvete a casa.
Pero Caperucita se olvidó y le contó al lobo que iba a visitar a su abuelita.
Entonces el lobo corrió a casa de la abuela y se la comió. Después, se disfrazó de
abuelita y se metió en la cama.
Cuando Caperucita llegó, se encontró con una abuelita muy rara.
- ¡Abuelita, qué ojos tan grandes tienes! -exclamó.
- ¡Para mirarte mejor! -respondió el lobo disfrazado.
- ¡Abuelita, qué boca tan grande tienes!
- ¡Para comerte mejor! -contestó el lobo.
Y se la comió.
Por suerte, un leñador que entró a visitar a la abuela y vio al lobo comprendió todo lo
que había sucedido. Y después de abrirle la barriga al lobo, sacó de allí a Caperucita y
a su abuela. Las sacó enteritas, porque así es como el lobo se las había tragado.
Y mientras abrazaba a su abuela, Caperucita pensó: "Será mejor que otra vez no me
olvide de lo que me dice mamá".

 Blancanieves

Había una vez una reina que tenía un espejito mágico, un espejito que contestaba
cualquier pregunta.
Pero la reina hacía una sola pregunta, que era:
- ¿No soy acaso la más hermosa del reino?
Y el espejito contestaba:
- No, la princesa Blancanieves es más hermosa.
- Quiero ser la más hermosa -dijo la reina.
Y mandó a Blancanieves al bosque para que se perdiera.
Pero Blancanieves no se perdió, porque tuvo la suerte de encontrar a los siete
enanitos. Y con ellos vivía muy feliz.
Hasta que, un día, la reina supo que la princesita no se había perdido. Entonces fue a
visitarla disfrazada y le convidó una manzana que estaba envenenada.
Cuando los enanitos llegaron y encontraron a Blancanieves tendida en el suelo,
creyeron que estaba muerta, y la pusieron en una caja de cristal para llevarla al
bosque.
¡Pobres enanitos! Estaban tan tristes que no vieron que un hermoso príncipe los
seguía. Hasta que el príncipe se acercó y les pidió permiso para acercarse a
Blancanieves.
¡Cuando la abrazó, ocurrió algo que nadie esperaba! Ocurrió que Blancanieves, que
sólo estaba desmayada, despertó de su desmayo. Y al ver al príncipe se enamoró al
instante de él. Como el príncipe también estaba enamorado, se casaron y vivieron
felices por siempre.

Cenicienta

La vida de Cenicienta era muy triste. Siempre limpiando y fregando la cocina. Siempre
viviendo entre cenizas.
Esa noche, sus tres hermanastras se habían ido al baile del palacio.
"¡Cómo me gustaría bailar con el príncipe!", pensó Cenicienta.
Entonces apareció un hada y dijo:
- Bailarás. Pero tendrás que volver con la última campanada de las doce.
Apenas lo dijo, Cenicienta se encontró vestida como una princesa y viajando en una
hermosa carroza.
En el baile, Cenicienta bailó toda la noche con el príncipe. Hasta que sonaron las doce
y tuvo que partir tan de prisa que, al bajar las escaleras, perdió uno de sus zapatos.
- Con este zapato la encontraré -dijo el príncipe-. Quiero casarme con ella.
Pero como el zapato era muy chiquito, los servidores del príncipe recorrieron el reino
sin poder encontrar a su dueña.
Cuando llegaron a la casa de Cenicienta, las tres hermanastras hicieron lo imposible
para calzar el zapato. Pero no pudieron, y tuvieron que llamar a Cenicienta.
¡Qué cara pusieron, al ver que ella era la dueña del zapatito! Una cara más agria que
el limón.
Pero el príncipe puso una cara más dulce que la miel y, al día siguiente, se casó con
Cenicienta.

El patito feo

Todos los patitos habían salido ya del huevo. Todos menos uno.
¡Por fin, salió! ¡Qué grande y qué feo era! No parecía un patito. Y todos se burlaron
tanto de él que Patito Feo, cansado de sufrir, decidió salir a recorrer el mundo.
- ¡Vete, eres muy feo! -le dijeron los patos silvestres cuando pasó nadando por el
pantano.
- ¡Vete, eres muy feo! -le dijeron las ocas cuando pasó nadando por el cañaveral.
Patito Feo siguió su viaje.
Un día, después de mucho tiempo, llegó a un jardín en el que había tres hermosos
cisnes.
- ¡Ah, si fuera como ellos! -suspiró. Y decidió acercarse porque estaba demasiado
triste para seguir viviendo solito.
Entonces, mientras nadaba, vio su imagen reflejada en el lago. ¡Y su imagen era la de
un cisne! ¿Cómo había ocurrido eso?
Era seguro que una mamá cisne había puesto, por error, su huevo en el nido de mamá
Pata. Sí, era por eso que tardó tanto en salir del cascarón; era por eso que no parecía
un patito; era por eso que había sido un Patito Feo.
- Quédate con nosotros -dijeron los cisnes.
Sí, podía quedarse. Ahora ya no era un patito feo: era un cisne, la más hermosa de las
aves.

Brujilerías

María Delia Minor


(¡Gracias, María Delia!)
Era una bruja piruja, maruja, de cabello rojo enrulado que los días de humedad se
volvían traviesos y le caían en rulos sobre su frente. Sus ojos eran negros y saltones,
su nariz grande, aunque no tenía ni un lunar o verruga y, su piel, blanca como la leche,
a pesar de que siempre vestía de negro.

Todas las noches preparaba en su caldero pociones con patas de ciempiés, ojos de
caracol y cola de babosa.

La gente del pueblo venía a pedirle que les cure un callo del dedo gordo del pie, o una
verruga de la panza, o una uña encarnada y ella, siempre dispuesta, les regalaba sus
pociones.

A veces todo salía bien, pero otras ¡se metía en cada lío!

Un día la visitó Doña Eduviges, que era la chismosa del pueblo, para pedirle que
curara a su loro que se había quedado mudo y por más que ella le hablara, el loro no
decía ni una palabra.

Nuestra bruja piruja, biruja, decidió ayudarla y preparó esa noche una sopa con lengua
de mosquito y patas de gusano. El loro tomó la sopa... pero no habló.

Doña Eduviges muy furiosa visitó nuevamente a la bruja chiruja, miruja, para decirle
que su loro seguía mudo. Fue entonces cuando la bruja firuja, fruja, decidió usar todo
su poder y realizó un hechizo a la luz de la luna, lástima que esa noche hubo muchas
nubes, para que el loro de doña Eduviges hablara.

No sabemos si fue eso, o qué fue, pero el lorito comenzó a hablar, pero no para pedir
la papa sino para contar los chismes que decía Doña Eduviges, y aunque ésta trató
por todos los medios de callarlo, el loro hablaba y hablaba sin parar.

Así fue como la bruja piruja, maruja, liruja, biruja, chiruja... decidió dejar de hacer
hechizos y dedicarse al cultivo de rabanitos, que siempre le habían gustado en la
ensalada.

(c) María Delia Minor

Mariana, Marina y Maruana, las tres brujas hermanas

María Delia Minor


(¡Gracias, María Delia!)
En la familia Skiroletta todos sabían que las hermanas Mariana, Marina y Maruana
eran las brujas más despistadas de la región.
Por eso, el día que decidieron presentarse en el concurso de BRUJA MALOSA, todos
se rieron e hicieron chistes sobre ellas; pero, lejos de avergonzarse, las tres hermanas
se prepararon para la competencia de hechizos y otras yerbas con más ganas que
nunca.

Mariana decidió mostrar sus poderes como hechicera y practicaba día y noche
pociones mágicas para convertir sapos en príncipes, arañas en princesas y lombrices
en... vaya a saber en qué, porque nunca ninguno de sus hechizos dio resultado y lo
único que logró fue llenar la casa de sapos que no dejaban dormir con su croar,
arañas que tejían muy tranquilas en todos los rincones y lombrices que corrían a
esconderse en las macetas del patio.

Por su parte, Marina, practicaba todo el día el vuelo con la escoba y se daba cada
golpe contra la chimenea de la casa, los árboles del patio o las palomas
desprevenidas que por allí pasaban.

En cambio Maruana, viendo los desastres de sus hermanas, se entrenaba en las artes
de la adivinación y perseguía a todos los que llegaban para practicar con ellos su
magia. Fue por eso que el cartero se negó a llevarle más cartas después de que
Maruana le pronosticara que se casaría con Eduviges, la chica más fea del pueblo, y
el lechero dejó de entregarle leche porque le anunció que sus vacas dejarían de darla
por siete años. Por supuesto que ninguna de sus adivinaciones dieron resultado, por lo
menos hasta ahora.

Y así pasaban los días practicando y practicando.

El día de la competencia, estaban presentes todas las brujas de la región y cada una
demostró sus habilidades, pero cuando le tocó el turno a Mariana, Marina y Maruana
todo fue un verdadero desastre. La gente del pueblo no podía parar de reírse con cada
una de las actuaciones y fue así como las hermanas no ganaron el premio de Bruja
Malosa, pero sí les dieron un premio y fue el de Brujas Chistosas, que ellas muestran
con orgullo a toda su familia.

Pompón*
Raquel M. Barthe
Se llamaba Pompón porque era chiquito, peludo, tibio y suave como un copo de
algodón.
Y si Pompón hubiera nacido conejo, su mamá habría estado muy orgullosa.
Pero Pompón... ¡era un sapito! Y cada vez que se metía en la laguna, había que
secarle el pelo con pétalos de margarita silvestre.
Y, a medida que fue creciendo, también el pelo le creció.
Y fue el único sapo con trenzas.
Y también fue el único sapo que nadaba con gorra de baño.

El juntador de letras perdidas*


Raquel M. Barthe
¿Sabías que... cuando los chicos están aprendiendo a escribir, resulta fácil
equivocarse y perder alguna letra?
El duende de las letras perdidas es el encargado de buscarlas y, cuando las
encuentra, las guarda en un cofre muy grande, con siete cerraduras. Ese cofre lleno
de letras es su gran tesoro.
Pero a veces, cuando los chicos son descuidados, el duende junta tantas letras que ya
no caben en el cofre. Entonces llama a sus amigas las hadas y les regala las que le
sobran y ellas se pasan siete días eligiendo las que necesitan. Luego se las llevan a la
nube 28, donde escriben los "cuentos de hadas", para regalárselos, más tarde, a los
chicos.

Las cosas raras*


Raquel M. Barthe

Felipe piensa que hay cosas muy raras que él no entiende:


¿Por qué los plumeros tienen plumas y no vuelan?
¿Por qué las mesas tienen patas y no caminan?
¿Por qué los libros tienen hojas que no se caen en otoño?
¿Por qué se oye el murmullo del agua, si ella no tiene boca?
¿Y por qué si el buzón tiene boca, no habla?
Son tantas las cosas que Felipe no entiende, que se cansa de pensar y juega a las
escondidas con su oso Bernardo.

Historia de una nena*


Raquel M. Barthe

No era linda, ni era fea.


Tampoco podía decirse que fuese buena.
Pero nadie podía asegurar que fuese mala.
A veces se portaba un poquito mal y otras, ¡requetebién!
Unos días obediente y algunos desobediente.
Tan limpita por la mañana y tan sucia cuando llegaba la noche...
¿Quién era esta nena tan especial?
Nada menos que Lucrecia, una niña como todas.
Pero el papá la llamaba "Lucrecia la bella" y le decía que era una princesa.
Y Lucrecia imaginaba que vivía en un castillo muy hermoso en la punta de una
montaña.

Verde, verde...*
Raquel M. Barthe

El Verde ya estaba aburrido de hacer siempre lo mismo: desde hacía seis meses que
trabajaba pintando el paisaje, mañana, tarde y noche, sin parar.
Entonces decidió tomarse vacaciones y le pidió a su amigo el Amarillo que lo pintara
en su lugar.
El Amarillo era un buen amigo y empezó con mucho entusiasmo, pero... a él nunca le
había gustado trabajar y pronto se cansó.
Se sentó a descansar y pensó qué fácil sería su trabajo si los árboles no tuvieran
hojas.
Llamó a su amigo el Viento y le pidió que soplara muy fuerte.
Y el Viento sopló y sopló; sopló tanto que todas las hojas salieron volando y los
árboles se quedaron desnudos.
Y, sin hojas para pintar, el Amarillo se fue a dormir la siesta y, ¡durmió durante seis
meses!
Hasta que volvió el Verde y lo despertó muy enojado:
-¡Qué hiciste! ¿Dónde están los colores? ¿Qué pasó con las hojas verdes...?
El paisaje estaba triste y descolorido.
-Y, ¿a dónde se fueron los pájaros y las mariposas? -siguió protestando el Verde.
Todos se habían ido al país de los Colores a pedir ayuda para volver a pintar el
paisaje.
Y, ¿qué creen que pasó? Sí, durante los siguientes seis meses, y con la ayuda de
todos, el paisaje volvió a llenarse de colores.
Hasta que el Verde volvió a cansarse y se fue nuevamente de vacaciones... y la
historia se repitió otra vez.
¿Hasta cuándo?
¡Hasta dentro de otros seis meses!

 El célebre maquinista Dagoberto y la increíble historia de las vías del tren*
Raquel M. Barthe

Hace muchos, muchos años, los trenes no iban por la vía. Como no existían las vías,
los trenes podían ir por donde querían.
Los maquinistas eran los encargados de manejar las locomotoras que arrastraban a
todos los vagones.
Estos expertos maquinistas sabían muy bien cuál era la ruta a seguir y,
continuamente, iban y venían por el mismo camino. Siempre igual. Día tras día,
durante meses y meses y hasta, ¡por años!
Pero un día Dagoberto se aburrió de recorrer tantas veces el mismo camino y se fue
con su tren, lleno de pasajeros, a la playa.
Pasaron un día muy lindo y nadie protestó por no haber llegado a destino en el horario
correspondiente.
Ya muy tarde, subieron a los vagones para seguir viaje y, como era una noche sin
luna, estaba muy oscuro y Dagoberto no pudo encontrar el camino y se perdió.
Cuando salió el sol el tren estaba en la punta de una montaña. El paisaje era tan lindo,
que los pasajeros le pidieron a Dagoberto que se detuviese un ratito. Entonces, todos
se bajaron a recoger flores y a correr un poco para estirar las piernas.
Y así fue como ese tren llegó a la estación con, ¡quince días de retraso!
Fue por eso que el maquinista Dagoberto se volvió célebre.
Y también fue por eso que los dueños del ferrocarril inventaron las vías: para que
nunca más un maquinista aburrido se fuese de paseo o se pudiera perder por el
camino.
Desde entonces, todos los trenes del mundo van por la vía.

*NOTA: Estos cuentos fueron publicados en el artículo "La importancia del cuento en
el jardín de infantes y primer año EGB- Cómo se relaciona el lector con el cuento, con
el libro, con la lectura" escrito por Raquel M. Barthe (Escritora, Bibliotecaria y Editora),
fasículo Nro. 6, año 2004 del Actualizador Docente (revista mensual de venta por
suscripción), Editorial A Construir. El texto del mismo incluye propuestas prácticas de
implementación en la sala. Más información: http://www.editorialaconstruir.com.

El hipopotamito
Diego Remussi

El aviso decía que había nacido un hipopótamo en el zoológico.


Las promociones incluían un simpático concurso para ponerle nombre al hipopotamito.
Laura insistió bastante para ir a verlo. Por fin convenció al papá. Fueron juntos una
tarde de sol. El zoológico estaba lleno de gente. Ya en la entrada tuvieron que
esquivar vendedores de maní y pochoclo, de globos y hasta fotógrafos que ofrecían
unos ponys arreglados para la ocasión.
Laurita, curiosamente, no estaba interesada por tanto alboroto. No pidió globos, ni
golosinas. Sólo quería ver al hipopotamito. Y más ganas le dieron cuando vio que en el
ticket de la entrada venía impreso el dibujo de la mamá con su hijito.

Pasaron de largo la jaula de los monos y de los leones. El papá había comprado
galletitas que tuvo que guardarse en el bolsillo. Intentó darle de comer a los patos pero
esto los demoraba y la nena quería llegar hasta el hipopótamo.

Por fin, estuvieron frente a la jaula-pileta. La gente se apoyaba tratando de ver al


recién nacido.
El papá subió a Laurita en sus hombros y le pidió que le contara lo que veía. Luego de
un rato de silencio, la nena pidió que la bajara.

- Mirá, papá - dijo en su lengua graciosa de jardín de infantes - Yo no vi ningún bebé.


- ...
- El único hipopótamo chiquito es uno que anda por ahí, caminando lo más campante.
Y te digo algo más - dijo, bajando la voz - es más grande que yo.

 La estatua
Diego Remussi

Es la de un hombre que está leyendo un libro. Lógicamente, siempre en la misma


página. La lectura parece interesarle.
Sólo es el decorado de la puerta de entrada de la casa de mis abuelos. Mi papá dice
que no hagamos ruido, que se va a distraer. Mi hermano y yo le hacemos caso. ¿Qué
hará por las noches? ¿Seguirá siempre en la misma página?
Le pedimos a papá que nos cuente esa historia. La que sabe la estatua. Él nos sonríe.
Después de todo es la casa de sus padres. Él creció viendo la estatua leer. Y empieza
a contarnos un cuento interminable que noche a noche va ir cambiando para que
tenga continuidad.
Los cuentos nos despiertan más que hacernos dormir. No podemos dejar de
preguntarnos cómo sabe tantas cosas. Y mi papá sonríe porque él va inventando
historias de un personaje aventurero. A la noche le pedimos más aventuras. Y la
noche se hace más blanda y más entretenida.
Aunque nos cueste dormirnos después, nos quedamos pensando si será verdad que
la estatua le susurra esas historias. Y si secretamente cambia de página cuando nadie
la ve.

 Urraca flaca
María Alicia Esain

Se anuncia en el campo un gran baile de plumas y picos. Toda la pajarería se


adorna con las mejores plumas. El hornero, bien marrón; el cabecita negra,
con su gorrita lustrosa; el benteveo, amarillo y negro como los taxis de
Buenos Aires, el picaflor es el más bonito, por supuesto. Las cotorras y su
verde aportan lo suyo. Realmente un espectáculo de gente volante. Hay una
que ha tenido que sacar de un lado y de otro algo para lucir mejor. Su
plumaje no es demasiado atractivo y como le gusta llevarse al nido cosas que
brillen, muchos no la quieren cerca. ¿Esta noche será diferente? Espera con
muchas ganas la ocasión, porque está decidida a hacerse de amigos: la
soledad no le gusta nada.
Urraca Flaca está preciosa en la fiesta de los pájaros. Su plumas no serán
coloridas, pero adornada con collares, pulseras, aros y broches que brillan
parece una estrella luminosa.se mira en su espejito de papel de plata y no
se ve como desearía. Ella quiere tener cara de buena, además, pero casi
nunca le sale.

Ahora está un poco triste porque escuchó una conversación entre la tijereta
y el pájaro carpintero:

-¡Esa Urraca Flaca no presta nada!- cuenta la tijereta- Hace unos días le
pedí una tijera porque la mía estaba desafilada y me la negó. La necesitaba
para cortarle el penacho al cardenal. Soy peluquera. Miró para adentro del
nido y me dijo: "¡Qué macana, no tengo nada!"

-Me pasó algo parecido- respondió el pájaro carpintero- A mí me faltaban


clavos para el ropero de los gorriones. Ellos lo necesitan con urgencia,
porque se viene el verano y tienen que guardar la ropa de invierno.También
le pedí algunos a Urraca Flaca. ¿Sabe qué contestó? "¡Qué macana, no tengo
nada!"

En ese momento llega una paloma mensajera llorando a todo volumen:

-¡Uhhhhhh! ¡Uhhhhhh! ¡Uhhhhhh! Soy paloma mensajera y he perdido mi pulsera.


¡Uhhhhhh! ¡Uhhhhhh! ¡Uhhhhhh!

Entonces Urraca Flaca viene volando y le da su brazalete dorado más hermoso.


Enseguida se mira nuevamente en el espejo de papel de plata y se ve cara de
buena. Un poquito, por lo menos.

Aparece una gaviota vieja a la que le falta un ojo de cuando era gaviota
pirata.

-Urraca Flaca.¿No tendrás una perla negra para hacerme un ojo?

-¡Qué macana, no tengo nada!- dice la urraca casi sin pensarlo. Luego
recuerda sus momentos frente al espejo de papel de plata y cambia:- Miraré
qué tengo debajo de la cama ¡Venga mañana!- Lo piensa mejor, busca dentro del
nido, encuentra lo que la gaviota anda necesitando y se lo alcanza:

-¡Gracias, Urraca Flaca! ¡Qué favor me ha hecho! Venga mañana a mi nido, a


comerse un lindo guiso de gusanitos- le responde la gaviota y la Urraca
Flaca está muy feliz. ¡Tiene una amiga!

María Alicia Esain


Entre muchas otras cosas, maestra, profesora de inglés, narradora. Coordina talleres
literarios y docentes y ha publicado sus obras en numerosos medios, como
www.internenes.com y www.7calderosmagicos.com.ar, y en libros y revistas.

Lo que le pasó al número cuatro


Iraide Talavera
Cuatro estaba leyendo en su cuarto. Sus padres, Cuarenta y Treinta y seis, estaban en
la calle con su hermano Nueve y su hermana Doce. Habían salido a hacer unos
recados, y mientras tanto él leía silencioso las aventuras de un niño llamado Infinito.

Infinito era muy pequeño y muy vago. Vivía en casa de su abuela Cero y lo único que
le gustaba hacer era formar palabras y construir castillos de letras. A Cuatro, un niño
tímido y serio, le caía muy bien Infinito y le parecía muy gracioso, tan chiquito y con el
nombre más grande del mundo. Al leer sus historias no podía evitar sonreír un poquito,
aunque le costaba mucho reírse.

Sin embargo, aquel día Infinito se perdió en el castillo de las letras, y fue tan gracioso
pensar en la A y la Z echándole la bronca que Cuatro no pudo evitar partirse de risa.
Tanto se partió que se deshizo y se convirtió en dos Doses. Esos dos Doses siguieron
riéndose y también se partieron. De pronto, donde había habido un Cuatro,
¡¡aparecieron cuatro pequeños Unos gateando por la habitación!!

Y así es como, por culpa de Infinito, los padres y los hermanos de Cuatro tuvieron que
criar a cuatro bebés Uno hasta que éstos fueron creciendo.

PROYECTO: SALAS DE 4 Y 5 AÑOS


"10 cuentos para la imaginación"
Cuentos para motivar tareas de expresión plástica, con ficha evaluativa para el
docente.

Realizadoras:

- Rosario Ceballos. Profesora Nacional de Pintura y Supervisora de Educación Plástica


de los distritos 9° y 10° del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

- Raquel M. Barthe. Maestra Normal Nacional. Escritora y editora.


http://www.angelfire.com/stars/rbarthe/

Fundamentación:

Dentro del quehacer escolar, el cuento presenta una ayuda ilimitada: enseña a
escuchar, a pensar y a ver con la imaginación.
Dado que la atención de los niños pequeños permanece por lapsos cortos, los cuentos
son breves. Una línea argumental simple, acompañada por un vocabulario de palabras
familiares le otorgan, además, calidez afectiva y sencillez, al tiempo que los temas
responden a las unidades didácticas generalmente utilizadas en el jardín.
Los cuentos aquí publicados permitirán captar, a través de los sentidos, una buena
cantidad de información e integrarla con el "yo", para que el niño pueda así asimilar y
proyectar. De este modo, se crea una interacción entre el niño y el medio, que no sólo
deberá establecerse en las clases de plástica, ya que un sistema educativo integral
debe apuntar a la formación de seres sensibles y creativos.
A cada cuento se adjunta una serie de preguntas e indicaciones motivadoras
destinadas a aumentar la experiencia que el niño tiene sobre el tema, es decir, ampliar
el marco de referencias, su pensamiento, sus sentimientos y percepciones.
Recordemos que, sólo en la medida en que el maestro se identifique con las
necesidades del niño, las mismas tendrán significado.
Esta transferencia de intereses puede hacerse a través de los materiales a utilizar.
Consideramos a las técnicas como muy importantes, pero nunca lo suficiente como
para convertirse en un fin por sí mismas, sino siempre como un medio.
Los materiales adecuados y el desarrollo de técnicas convenientes acompañan cada
cuento.

Objetivos:

Que el niño:

En la educación plástica:

- Disfrute al expresar, gráfica y plásticamente, imágenes interiores.


- Experimente e identifique diferentes texturas.
- Exprese imágenes interiores con claridad.
- Utilice la línea, el color y el espacio en su expresión, según su necesidad.
- Desarrolle y complete el esquema corporal.
- Mediante una motivación adecuada, enriquezca su campo de referencia.
- Afiance su representación gráfica como medio de relación con su ambiente.
- Desarrolle destrezas sensorio- motrices.

En la comunicación oral:

- Transfiera mensajes y secuencias gráficas al lenguaje oral.


- Comprenda las formas del lenguaje oral.
- Se exprese en un lenguaje comprensible a los otros.
- Enriquezca su vocabulario.
- Se exprese con espontaneidad.

Evaluación:

Una guía de evaluación permitirá observar los cambios que tienen lugar en la
expresión artística del niño, analizando el desarrollo de la representación gráfica y la
evolución del esquema corporal.
Para este proyecto en especial no deberán, junto a los cuentos, mostrarse láminas,
dibujos ni ningún elemento real que impida al niño tener libre su imaginación.
Solamente así podrá crear la escenografía del cuento.

Ver: Guía de evaluación

Tiempo estimado:

El tiempo estimado para este proyecto es igual a la duración del ciclo lectivo, y
acompaña a las distintas unidades didácticas de la planificación anual.

ACTIVIDADES:

1. Cuento: La abuelita Rigoberta

Unidad didáctica: "La familia"

Preguntas de motivación:
- ¿Quiénes vivían con la abuela?
- ¿Qué cosas hacía la abuelita Rigoberta para entretener a sus nietos?
- Pero un día... ¿qué le ocurrió a la abuela?
- ¿Dónde publicó su aviso la abuelita?
- ¿Qué pasó con el aviso?
- ¿Qué decidió fundar Rigoberta?

Consignas:

Sala de 4 años: - Dibujar a la abuelita con crayones.


Sala de 5 años: - Humedecer la hoja con un pincel grueso e inmediatamente dibujar
con marcador.

2. Cuento: El hornero Serafín

Unidad didáctica: "¿Dónde vivo?"

Preguntas de motivación:

- ¿A qué se dedicaba Serafín?


- ¿Dónde construyó la casa del castor?
- ¿Cómo la construyó?
- ¿Cómo era la casa del oso Matías?
- ¿Qué le encargó la foca Carolina?
- ¿Cómo era la casa de Carolina?
- ¿Qué le pasó al iglú, dentro del cajón?
- ¿Cómo solucionó Carolina el problema?

Consignas:

Sala de 4 años: - Colocar diarios debajo de la hoja y perforar con un punzón.


Sala de 5 años: - Colocar cola vinílica de colores en distintos recipientes y pintar con
pincel grueso mojado en agua.

3. Cuento: Los oficios de Zacarías

Unidad didáctica: "Los oficios"

Preguntas de motivación:

- ¿Dónde comenzó a trabajar Zacarías?


- ¿Qué le sucedió con el primer cliente?
- ¿Cómo solucionó el inconveniente?
- ¿Qué otros oficios intentó?
- ¿Qué le aconsejó su abuelito?
- ¿Cuál fue su oficio?

Consignas:

Sala de 4 años: - Preparar témpera con poca agua. Mojar las yemas de los dedos y
estampar en la hoja.
Sugerencia: Se recomienda orientar al niño para que, en caso de producirse
superposiciones, éstas sean de colores primarios (rojo, azul, amarillo), evitando así las
mezclas grises o amarronadas (colores "sucios"). Sugerir, sin dar información de tipo
teórico.
Sala de 5 años: - Dibujar, con un clavo o punzón, alguno de los oficios de Zacarías.
Luego, pasar sobre el dibujo un trapo con pomada negra o marrón. Lustrar con trapo
de lana.

04. Cuento: El célebre maquinista Dagoberto y la increíble historia de las vías del tren
(hacer click para abrir, en otra página)
Unidad didáctica: "Los medios de transporte"

Preguntas de motivación:

- ¿Por dónde iban los trenes antiguamente?


- ¿Qué hacían los maquinistas?
- ¿A dónde fue Dagoberto con su tren?
- ¿Qué les sucedió en el viaje de vuelta?
- ¿Por qué se volvió famoso Dagoberto?
- ¿Qué hicieron los dueños del ferrocarril?

Consignas:

Sala de 4 años: - Cortar papel de diario con tijera y pegar formando un tren.
Sala de 5 años: - Dibujar con lápiz una escena del cuento. Pintar con hisopo de
algodón mojado en anilinas al alcohol, de diferentes colores. Dejar secar y pasar por el
contorno de lo dibujado un marcador negro o tinta china negra con pincel.
Sugerencia: Para preparar las anilinas, colocar una cucharadita del polvo de color en
un recipiente con una cucharada de alcohol. Agregar agua en cantidad deseada.

05. Poesía: Una foca de La Boca


Unidad didáctica: "Nuestro cuerpo", "El cuidado de la salud" o "El aseo personal"

Preguntas de motivación:

- ¿Dónde estaba la foca?


- ¿Cuándo paseaba?
- ¿Qué traía?
- ¿Para qué los traía?
- ¿A qué animales ayudó a estar limpios?

Consignas:

Sala de 4 años: - Dibujar con tiza blanca mojada en azúcar y leche sobre una hoja de
color oscuro.
Sala de 5 años: - Pintar la superficie de un vidrio con cola vinílica de color y pincel
ancho. Dibujar sobre la pintura con el cabo del pincel. Presionar el vidrio con fuerza
sobre una hoja de dibujo negra.

06. Cuento: Los vestidos de Margarita


Unidad didáctica: "Los vestidos"

Preguntas de motivación:
- ¿Qué hacía la mamá de Margarita?
- ¿Qué pensaban, de Margarita, sus vestidos?
- ¿Qué planearon los vestidos?
- ¿Qué dijo Margarita sobre su nuevo vestido?
- ¿Cómo reaccionaron los vestidos de Margarita, ante su decisión?

Consignas:

Sala de 4 años: - Seleccionar material para realizar un collage de diferentes texturas:


lentejuelas, pedacitos de tela, papel, cartón, etc. Dibujar una parte del cuento y pegar
los materiales, con cola vinílica, sobre la escena.
Sala de 5 años: - Dibujar en una hoja trazos con rayones de distintos colores,
cubriendo toda la hoja. Pasar, sobre la misma, tinta china negra. Dejar secar bien y
dibujar con la punta de un clavo o punzón.
Sugerencia: Orientar al niño para que no ejerza demasiada presión sobre la hoja, a fin
de no provocar roturas en la misma. Utilizar hoja gruesa.

07. Cuento: Una carta para un cartero


Unidad didáctica: "Los servidores públicos", "¿Cómo nos comunicamos?" o "El
cartero".

Preguntas de motivación:

- ¿Qué trabajo hacía Tomás?


- ¿Por qué le gustaba llevarle cartas a Doña Eulalia?
- ¿Qué era lo que más deseaba Tomás?
- ¿Por qué estaba triste?
- ¿Cómo lo ayudó la gente del pueblo?

Consignas:

Sala de 4 años: - Elegir la parte del cuento que más le gustó y dibujarla con crayones.
Sala de 5 años: - Dibujar al personaje del cuento mientras realiza su trabajo. Pintar
con marcadores.

08. Cuento: Raimundo, el bombero más valiente del mundo


Unidad didáctica: "Profesiones y oficios", "Servidores públicos" o "Los bomberos"

Preguntas de motivación:

- ¿Dónde trabajaba Raimundo?


- ¿Cuándo lo llamaban?
- ¿Cuenta algún problema que haya resuelto Raimundo?
- ¿Cómo demostró ser el más valiente?

Consignas:

Sala de 4 años: - Dibujar al bombero Raimundo con marcadores de cualquier color.


Sala de 5 años: - Dibujar la parte que más le gustó del cuento sobre papel de diario.
Luego, recortarlo, pegarlo y pintar con marcadores.

09. Cuento: La granja de Sebastián


Unidad didáctica: "Los animales de la granja"
Preguntas de motivación:

- ¿Cuándo comenzaron a cambiar las cosas, en la granja de Sebastián?


- ¿Cómo se llamaba el ayudante?
- ¿Qué sucedió con el gallo?
- ¿Qué hizo la vaca?
- ¿Qué pasó cuando Sebastián se despertó?
- ¿Cuál fue la sorpresa que le dio la vaca?
- ¿Cuál fue la sorpresa que le dio la gallina?

Consignas:

Sala de 4 años: - Mojar corchos en témpera espesa. Estampar en la hoja, formando el


animal de la granja que le interesa más.
Sugerencia: Practicar la técnica en otra hoja, previamente a la interpretación del
cuento.
Sala de 5 años: -Pintar algunos animales de la granja con hisopos mojados en
témpera espesa.

10. Cuento: Una calesita


Unidad didáctica: "Salidas y paseos"

Preguntas de motivación:

- ¿Cuándo decidió, Don Teodoro, instalar una calesita?


- ¿Dónde la instaló?
- ¿Qué solución dio Doña Arcadia?
- ¿Cómo construyeron la calesita?
- ¿Qué contratiempos trajo el motor?
- ¿Qué pasó cuando Don Teodoro lo cambió?

Consignas:

Sala de 4 años: - Dibujar la calesita de Don Teodoro con crayones de colores. Luego,
colocar otra hoja encima y planchar (la maestra). Separar las hojas.
Sala de 5 años: - Dibujar con lápiz la escena. Cortar una goma de borrar lápiz y untar
la superficie con témpera espesa. Estampar sobre el dibujo.

CUENTOS PARA TRABAJAR

La abuelita Rigoberta

Fernando y Susana eran dos hermanitos que vivían muy felices con su papá, su mamá
y la abuelita Rigoberta.
¡Ah!... y qué lindo era vivir con la abuelita. No todos los chicos tenían esa suerte, pero
Fernando y Susana sí y la disfrutaban mucho porque Rigoberta era una abuela con
una enorme paciencia: narraba viejas historias y cuentos interesantes; sabía las
mejores canciones y los juegos más divertidos; cosía los vestidos de muñecas más
lindos y cocinaba las tortas y los dulces más ricos.
Pero un día, porque sí nomás y sin que nadie supiera por qué, la abuela Rigoberta
amaneció seria y preocupada.
Y no contó sus viejas historias ni cantó canciones, ni jugó con los chicos, ¡ni siquiera
cocinó una torta!
¡Nada!
Toda la familia se asustó: ¿Qué le pasaba a la abuela? ¿Estaría enferma?
A la mañana siguiente, cuando se reunieron para desayunar, se encontraron con que
la abuela ya lo había hecho muy tempranito y estaba sentada en su sillón favorito
leyendo el diario.
Y eso no fue todo. Cuando le preguntaron qué leía y si había alguna noticia
importante, la abuela contestó que sólo estaba buscando trabajo. Sí, tra-ba-jo.
Pero no pudo terminar de hablar, porque el papá, al oírla, se atragantó con la tostada;
la mamá se puso mermelada en los dedos; Susana derramó el café con leche y
Fernando se cayó de la silla.
Y la abuela Rigoberta, sin darse cuenta de los desastres causados, siguió leyendo
muy tranquila.
Finalmente dijo, cerrando el periódico:
-¡Qué barbaridad! No puedo encontrar el trabajo que busco; tendré que poner un aviso
ofreciéndome.
-¿Y cuál es el trabajo que estás buscando, abuelita? -preguntó Fernando.
-Justamente, de eso quiero trabajar, de "abuelita" -contestó Rigoberta y siguió
explicando que había muchos nenes que no tenían abuela y que eso era muy triste.
Entonces había pensado trabajar para esos chicos en su tiempo libre; es decir, cuando
Fernando y Susana estaban en la escuela.
A la familia le pareció una "idea genial", como todas las que se le ocurrían a Rigoberta.
Al día siguiente, el extraño aviso ofreciendo trabajo de abuelita, salió en el periódico y
mucha gente llamó por teléfono. Fueron tantos los pedidos, que era imposible cumplir
con todos. Y esto, por supuesto, preocupó a Rigoberta, que se encerró en su
dormitorio a pensar.
Y pensó… y pensó.
Pensó tanto, que ese día no almorzó ni cenó; sólo apareció cuando ya todos habían
terminado de comer el postre.
Entonces anunció muy contenta, que ya tenía la solución del problema: estaba
decidida a fundar la primera "Compañía de Abuelos Voluntarios".
Era, en verdad, una excelente solución porque también había muchos abuelos sin
nietos y eso era tan triste como nietos sin abuelos.
Pero gracias a la abuelita Rigoberta, la "Compañía de Abuelos Voluntarios" fue un
éxito y todos podían conseguir abuelos y nietos adoptivos a gusto.
Y la abuela Rigoberta ya no se preocupó más y se sintió muy feliz.
Y el que quiera un cuento contado por una auténtica abuelita, que llame por teléfono a
la "Compañía de Abuelos Voluntarios".

El hornero Serafín

El hornero Serafín puso un enorme cartel frente a su nido, que decía: "ARQUITECTO
SERAFÍN", construye su casa de medida.
Enseguida corrió la noticia entre todos los habitantes del bosque y sus alrededores.
Emilia, la nutria que vivía junto al río, fue la primera en encargarle una casa nueva
porque ya estaba cansada de que se le inundara la suya cada vez que crecía el río. Y
por eso le pidió a Serafín que le construyese otra mejor.
Serafín, que era un gran arquitecto, se puso a trabajar: primero hizo muchos cálculos,
después los planos y por último, ¡una casa junto al agua y a prueba de inundaciones!
Emilia estaba requetecontenta con su nuevo hogar: era de madera, sobre cuatro patas
y con una escalera.
Claro, con una vivienda tan alta, por más que creciese el río, ¡nunca podría alcanzarla!
También el puma Matías quiso una casa mejor porque, durante el invierno, la cueva
donde vivía era muy fría y húmeda.
Entonces Serafín le construyó una cabaña de lujo, al pie de las sierras, con paredes
de piedra, resistentes a cualquier tormenta y una estufa de leña con una chimenea,
para que las noches de invierno no fueran tan frías. Matías podría dormir tranquilo,
aunque cayera mucha nieve.
Y Serafín se hizo tan, pero tan famoso, que un día recibió una carta nada menos que,
¡del Polo Norte! Carolina la foca, le encargaba una casa.
Esta vez, el hornero tuvo que consultar un enorme libro, muy morrocotudo, para saber
cómo se edificaban las viviendas en lugares tan, pero tan requetefríos como el Polo.
Por suerte, la explicación era clara: tenían forma redonda, se hacían con bloques de
hielo y se llamaban "iglúes".
A Serafín le parecía muy extraño. Él había trabajado con ladrillos, piedras, madera y
también adobe, como en su nido, ¡pero nunca con hielo!
A pesar de todo, puso manos a la obra y construyó un bonito "iglú", igualito al de la
foto que mostraba el libro importante y morrocotudo.
También fabricó un cajón muy grande para meter adentro y enviar el iglú al Polo Norte.
Los amigos de Serafín lo acompañaron al puerto y todos juntos despacharon el gran
cajón, con una etiqueta que decida: Sra. Carolina la Foca; de parte de Serafín, el
hornero arquitecto.
El viaje fue muuuy largo y el barco pasó por lugares donde hacía muuucho calor. Y fue
por ahí donde el iglú se derritió... y el agua se escurrió entre las maderas del cajón... y
el cajón... ¡quedó vacío!
Por, eso, cuando Carolina la foca recibió el cajón vacío, exclamó entusiasmada:
-¡Pero qué moderno! ¡Un iglú cuadrado y de madera! -y muy contenta se instaló
adentro.
Todos los pingüinos y focas del Polo, fueron a admirar el raro iglú "último modelo" de
la foca Carolina.

Los oficios de Zacarías

Zacarías leyó el diario y encontró un aviso que solicitaba "peluquero experimentado".


Lo leyó varias veces y, a pesar de que no sabía lo que significaba "experimentado",
decidió pedir el trabajo y allá fue...
Lo contrataron y le dieron un delantal blanco, un peine y una tijera y, así, Zacarías se
puso a esperar la llegada del primer cliente.
Al poco rato entró en la peluquería un desprevenido señor que deseaba un corte de
pelo.
Zacarías, muy contento, comenzó a cortar un poco por aquí... otro poco por allá... pero
no lograba un corte parejo y, entonces, se dio cuenta de que no era tan fácil ser
peluquero. Y siguió emparejando, hasta que el pobre señor quedó totalmente pelado.
Tuvo que correr más de cinco cuadras para escapar del enfurecido cliente y del dueño
de la peluquería.
Pero como Zacarías necesitaba trabajar, decidió intentar otro oficio y, esta vez, se
convirtió en "albañil".
"Esto sí que es fácil", pensó, "sólo hay que poner ladrillos uno sobre otro... ¡y listo!
Así lo hizo; sólo que cuando terminó de levantar las cuatro paredes, se había olvidado
de hacer el hueco de las ventanas y de la puerta y, lo peor, fue que él había quedado
atrapado dentro.
Hubo que derrumbar media casa para rescatarlo y, por supuesto, perdió el empleo.
Zacarías probó trabajar como "sastre" y resultó un "desastre" y de la sastrería también
lo echaron.
Esta vez se encontraba algo desalentado, pero igualmente tomó el trabajo de
"plomero".
Cuando terminó de conectar todas las tuberías sin contratiempos, creyó que por fin
había encontrado el oficio adecuado y se sintió satisfecho.
Claro que esa satisfacción le duró muy poco porque, cuando la dueña de casa fue a
cocinar y quiso encender el horno, se le llenó de agua y el pato que estaba en la
fuente se fue nadando...
Zacarías había hecho tal mezcolanza de tuberías, que para que saliera agua por la
canilla había que descolgar el teléfono y para hablar por teléfono meterse en la ducha.
El televisor se encendía con la llave de luz del comedor y la luz del comedor, abriendo
la canilla de la cocina.
En fin, ¡un completo fracaso!
Esta vez sí que Zacarías se encontraba verdaderamente desalentado, pero ¡muuuy,
muy desalentado!
Y fue su abuelito el que con mucha sabiduría y cariño le encontró la solución del
problema:
-Pero Zacarías, ¿por qué te empeñás en realizar oficios que no conocés? -preguntó el
abuelo.
-Lo que pasa es que yo no sé hacer nada bien -contestó muy triste Zacarías.
-No es verdad; lo que pasa es que no sabés buscar trabajo porque hay algo que sabés
hacer muy bien y que te gusta -dijo el abuelo.
Y era cierto porque a Zacarías le gustaban las plantas y tenía un hermoso jardín.
Ahora, gracias a su abuelo, sabía que podía convertirse en un buen "jardinero".

BARTHE, Raquel Marta.

El célebre maquinista Dagoberto y la increíble historia de las vías del tren

Hace muchos, muchos años, los trenes no iban por la vía. Como no existían las vías,
los trenes podían ir por donde querían.
Los maquinistas eran los encargados de manejar las locomotoras que arrastraban a
todos los vagones.
Estos expertos maquinistas sabían muy bien cuál era la ruta a seguir y,
continuamente, iban y venían por el mismo camino. Siempre igual. Día tras día,
durante meses y meses y hasta ¡por años!
Pero un día Dagoberto se aburrió de recorrer tantas veces el mismo camino y se fue
con su tren, lleno de pasajeros, a la playa.
Pasaron un día muy lindo y nadie protestó por no haber llegado a destino en el horario
correspondiente.
Ya muy tarde, subieron a los vagones para seguir viaje y, como era una noche sin
luna, estaba muy oscuro y Dagoberto no pudo encontrar el camino y se perdió.
Cuando salió el sol el tren estaba en la punta de una montaña. El paisaje era tan lindo,
que los pasajeros le pidieron a Dagoberto que se detuviese un ratito. Entonces, todos
se bajaron a recoger flores y a correr un poco para estirar las piernas.
Y así fue como ese tren llegó a la estación con, ¡quince días de retraso!
Fue por eso que el maquinista Dagoberto se volvió célebre.
Y también fue por eso que los dueños del ferrocarril inventaron las vías: para que
nunca más un maquinista aburrido se fuese de paseo o se pudiera perder por el
camino.
Desde entonces, todos los trenes del mundo van por la vía.

Una foca de La Boca


Caminando sin fortuna
en el barrio de La Boca,
en una noche de luna,
se encontraba una foca.

Viene armada con cepillo,


pasta verde mentolada,
un jabón chico amarillo
y carra de enamorada.

A rayas una toalla,


a lunares un toallón,
protesta y no se calla,
Juan, ¡el pato protestón!

A un diente chico amarillo


Don Sapo lo cepilla,
¡pobre diente amarillo!
se ríe, ¡siente cosquillas!

Siguen llegando animales


para que la limpia foca
los deje a todos iguales
en el barrio de La Boca.

Allá viene el elefante


a que lo bañen todito
¡precisaré un ayudante!
¡prontito, vengan prontito!

Con manguera de bomberos


con cepillos y rastrillos,
allá van todos ligero
a sacarle mucho brillo.

Los vestidos de Margarita

Como de costumbre, la mamá de margarita estaba cosiendo un hermoso vestido para


su hija. Esta vez era blanco con margaritas bordadas.
Pero, ¡Margarita era tan descuidada con su ropa! Apenas la estrenaba y ya tenía una
mancha o, peor todavía, algún agujero. Y cuando se desvestía, la dejaba toda
arrugada, hecha un bollo y tirada en el suelo.
La pobre mamá estaba siempre muy ocupada cosiendo, lavando, planchando,
remendando y guardando la ropa de Margarita.
Por eso, cuando la mamá bordaba las flores del nuevo vestido blanco, los viejos
observaban con tristeza, desde el placard:
-¡Pobre… tan lindo y tan blanco…! -suspiró el rojo.
-Sí, no sabe lo que le espera -continuó el de cuadritos desde su percha.
-Con una dueña como Margarita, ¡qué poco dura eso de ser "nuevo"! -se quejó el de
rayitas.
-Es verdad, después de un día de uso, ya somos "viejos" -se lamentó el de los lunares
azules.
-Y si no, mírenme a mí -continuó esta vez el amarillo muy enojado- el primer día,
nomás, ya me enganchó en un clavo. ¡Observen qué feo zurcido me quedó eh la parte
de atrás!
Entonces habló una de las prendas más importantes del vestuario de Margarita: el
tapado verde con cuello de piel.
-Yo ya estoy harto de que me arranquen los botones, de que no me cuelgue en la
percha y de todas estas manchas pegajosas de caramelo y chocolate. Creo que
deberíamos hacer algo. Hay que darle una lección a esa niña descuidada.
-Sí, no es justo que ese hermoso vestido blanco sufra todas estas cosas -dijo
tímidamente uno de seda rosa que había estado escuchando desde un rincón y que
tenía una horrible mancha en un costado.
-Estoy de acuerdo, pero, ¿qué podemos hacer? -preguntó el de terciopelo con la
manga descocida.
Y después de un largo rato de discusión, quedó convenido que esa misma noche
hablarían con su dueña.
Y así fue: cuando Margarita se acostó, todos salieron del placard, rodearon su cama y,
uno a uno, se quejaron de de los malos tratos recibidos. Cuando terminaron, volvieron
a sus perchas y Margarita se durmió.
Pero al día siguiente, cuando tomaba el desayuno, Margarita vio el vestido que su
mamá estaba bordando y dijo:
-¡Qué bonito está quedando! ¡Es precioso! Y, ¿sabés una cosa, mamá? A éste lo voy
a cuidar mucho, mucho… A toda mi ropa la voy a cuidar mucho.
La mamá quedó asombrada por la repentina decisión de su hija y, antes de que
pudiese preguntar nada, Margarita siguió diciendo:
-Anoche tuve una pesadilla espantosa, pero ahora no te la puedo contar porque se me
hace tarde para ir a la escuela.
Le dio un beso grandote, grandote, y se fue.
Y si los vestidos saben sonreír, digamos que todos sonrieron aliviados desde sus
perchas.
Y la mamá, satisfecha y sonriendo más que todos juntos, se sentó a terminar el
bordado de esas flores que, como su hija, se llamaban "margaritas".

Una carta para un cartero

Esta es la historia de Tomás el cartero: Tomás era cartero, igual que lo había sido su
papá, su abuelo y su bisabuelo… y quizá también el papá de su bisabuelo.
Todos los días repartía un montón de cartas, ¡una bolsa llena!
Las personas lo esperaban impacientes y cuando lo veían llegar, le preguntaban:
-Tomás, ¿hay algo para mí?
Y cuando recibían buenas noticias, hasta lo convidaban con caramelos.
Pero a Tomás le gustaba llevarle las cartas a doña Eulalia. Su casa quedaba al final
del recorrido, entonces, las suyas eran las últimas que repartía.
Doña Eulalia era una anciana afectuosa que le pedía que se las leyera porque no veía
bien.
Y a Tomás le encantaba hacerlo porque se las enviaba un nieto, que era capitán de un
barco y siempre estaba ando la vuelta al mundo. Era tan lindo leerlas...
Tomás se imaginaba que era él quien vivía todas esas aventuras y soñaba con países
lejanos. Pero lo que Tomás realmente deseaba, no era viajar, sino recibir una carta;
aunque fuese una sola, pero con su nombre en el sobre, ¡nunca, en toda su vida,
había recibido una! Pero, ¿cómo hacer, si todos sus amigos y parientes vivían cerca?
Cada día se lo veía más abatido y preocupado y la gente comenzó a asustarse cuando
lo veía llegar con esa cara triste. Todos le preguntaban alarmados:
-¿Qué pasa, Tomás? ¿Trae malas noticias?
Y como a nadie le gustaba recibir a un cartero con cara triste y, además, querían
mucho a Tomás, preguntaron y preguntaran hasta enterarse de qué era lo que lo
afligía tanto y luego comentaron:
-¡Qué barbaridad! ¿Vio? Nunca recibió una sola carta... ¡pobre Tomás! con razón
estaba tan triste.
Y por fin alguien dijo:
-¿Y por qué no le escribimos nosotros?
Era una gran idea y a todos les gustó. Entonces escribieron a Tomás las cosas que
nunca le habían dicho antes; es decir, cuánto lo apreciaban, cómo les gustaba verlo
llegar, y le daban las gracias por todo eso.
Al día siguiente, cuando Tomás fue al correo a buscar la correspondencia para
repartir, encontró que su cartera estaba más llena y pesada que de costumbre y;
¡¡¡gran sorpresa!!! su nombre y dirección estaba en casi todos los sobres.
Sí, eran para él; por fin su sueño se había hecho realidad.
Estaba tan contento y emocionado, que se puso a leerlas todas. Una por una. Y a
contestarlas todas y... leyéndolas y contestándolas, se le hizo tan tarde que cuando
terminó de hacer el reparto ya era de noche. Pero nadie se enojó y otra vez volvió a
ser un cartero alegre y feliz.

Raimundo, el bombero más valiente del mundo

Lo llamaban así simplemente porque "mundo" rima con "Raimundo", pero no porque
fuese tan valiente. Más bien era tímido y pequeñito y de ninguna manera parecía uno
de esos héroes, intrépidos, valientes y audaces.
Sin embargo, Raimundo sabía cumplir muy bien con su deber y era el primero en
vestirse y subir al camión de bomberos cuando sonaba la alarma.
Todos creen que los bomberos sólo apagan los incendios, pero no es así: también los
llaman para resolver otro tipo de problemas.
Por ejemplo, los llamaron cuando el pero del Sr. González corrió al gato de doña
Etelvina y el animal se asustó tanto que se trepó al árbol más alto del vecindario.
Después no se pudo bajar y se pasó toda la noche maullando allá arriba. Y fue
Raimundo quien lo rescató.
Cuando el hijo de doña Ágata metió la cabeza entre los barrotes del balcón y se quedó
allí atorado, también llamaron a los bomberos y hubo que desarmar medio balcón para
sacar al travieso.
Y aquella vez que se rompió un caño en la casa de doña Eduviges y se inundó el
sótano, ¿a quienes llamaron? Sí, a los bomberos y fueron ellos quienes lo
desagotaron.
Lo mismo sucedió cuando el Sr. Galimbertti quedó atrapado en el ascensor, entre el
noveno y el décimo piso... por supuesto fueron los bomberos los que solucionaron el
problema y lo rescataron, ¡siempre los bomberos!
Raimundo, era un bombero cumplidor y servicial, siempre dispuesto a socorrer a quien
lo necesitara y no le gustaba que se rieran de él llamándolo "Raimundo, el bombero
más valiente del mundo". Era una burla porque después de todo no es necesario ser
un gigantón lleno de músculos para ser valiente. Y Raimundo esperaba poder
demostrarlo algún día.
Y ese día llegó sin que nadie lo esperase.
En el cuartel de bomberos recibieron una llamada urgente: ¡el circo se estaba
incendiando!
Era una situación realmente grave, las llamas eran enormes y todos trabajaban para
apagarlas y, para salvar a los animales, alguien les había abierto las jaulas. Las fieras
sueltas se habían escapado y andaban por toda la ciudad.
Alguien tenía que atraparlas, pero todos tenían miedo de hacerlo. Finalmente, el
capitán ordenó a Raimundo que se ocupara del asunto.
El momento de demostrar que era valiente de verdad, ¡había llegado! ¡Por fin una
situación bien difícil que necesitaba audacia y valentía!
Raimundo recordó haber oído que "la música amansa a las fieras" y corrió a su casa
en busca de su violín. Su única preocupación era que entre tantas fieras hubiese
alguna sorda, pero por suerte todas tenían buen oído.
Raimundo recorrió las calles tocando el violín y las fieras comenzaron a seguirlo para
escuchar su música.
Así llegó hasta el circo, cuando ya estaba apagado el incendio y pudieron hacer entrar
a cada animal en su jaula.
Al día siguiente la foto de "Raimundo, el bombero más valiente del mundo" estaba en
la televisión, los diarios y, ¡hasta en Internet!

Una calesita

Don Teodoro acababa de jubilarse. Ya estaba demasiado viejo para seguir viajando de
pueblo en pueblo con el circo. Durante más de cuarenta años había trabajado como
payaso, haciendo reír a chicos y grandes y ahora extrañaba mucho todo aquello; sobre
todo a los chicos... Entonces, don Teodoro resolvió comprar e instalar en el jardín de
su casa, ¡una calesita!
Trabajar de calesitero era más descansado que trabajar de payaso. Ni siquiera tendría
que moverse de su casa y estaría otra vez rodeado de chicos.
Buscó todos sus ahorros y salió en busca de una calesita, pero desgraciadamente, no
había ninguna en venta.
Volvió muy triste y desalentado y contó a su mujer lo sucedido.
Por suerte, doña Arcadia era una señora con mucha imaginación y que no se achicaba
ante ningún contratiempo y, muy decididamente, dijo:
-Si no podemos comprarla hecha, entonces la construiremos nosotros.
Y como era una buena idea, don Teodoro salió nuevamente, esta vez, a comprar los
materiales.
A1 día siguiente, un camión descargó en el jardín un montón de madera, hierros y
latas de pintura de todos colores.
Y don Teodoro, ayudado por doña Arcadia, trabajó, trabajó y trabajó... hasta que
finalmente la calesita quedó terminada.
Era la más hermosa que jamás se haya visto, a pesar de que le faltaban algunos
detalles tales como la música... y también el motor.
Claro que, según decía doña Arcadia, eran sólo "pequeños detalles sin importancia".
Don Teodoro sabía tocar muy bien el saxofón; lo había tocado durante años en sus
funciones de payaso de circo y también cuando Arcadia hacía su acto en el trapecio,
antes de jubilarse, entonces, ¿por qué no podía hacerlo ahora?
El único inconveniente era que, mientras don Teodoro tocaba el saxofón, no podría dar
1a sortija... pero de eso se encargaría doña Arcadia y entonces sólo quedaba por
solucionar el problema del motor.
Por suerte, un vecino le regaló un motor viejo de heladera, que tenía arrumbado en el
gallinero. Y don Teodoro, muy contento, lo limpió, lo arregló y lo conectó.
A1 principio todo parecía funcionar muy bien, hasta que surgió el primer contratiempo:
sí, el motor hacía dar vueltas la calesita, pero también producía frío y los chicos se
resfriaban y estornudaban tanto, que no podían sacar la sortija.
Una mañana, pasó un botellero llevando en su carrito una motocicleta toda desarmada
y se la cambió a don Teodoro por el motor de la heladera.
Don Teodoro, con mucha paciencia, le sacó el motor a la motocicleta, lo limpió, lo
arregló y lo colocó en lugar del anterior. El nuevo motor no producía frío, pero giraba
tan rápido que parecía de carrera y, por eso, los chicos tenían que usar cinturón de
seguridad y algunos hasta se mareaban. Además, con tanta velocidad, era imposible
sacar la sortija y, como si todo eso fuera poco, hacía tanto ruido, que no se podía
escuchar la música del saxofón.
Sin embargo, todo tuvo un final feliz, porque don Teodoro pudo conseguir finalmente
un motor adecuado y la calesita fue la más linda del barrio.
Estaba siempre tan llena de chicos, que había que hacer cola para poder dar una
vueltita.
Canción con brujita y escoba
María Hortensia Lacau

La brujita
salió sin permiso
a pasear en su escoba.
Voló por los aires
le sacó la lengua,
a una torre grandota,
le dio un gran pellizco
a la luna redonda,
y le dijo: -¡Fea!,
a la chimenea.
Se volvió a su casa,
desmontó su escoba,
y su mamá bruja,
por desobediente,
le pegó una soba.
La brujita llora
ya hace media hora,
y lloran la escoba
y el escobillón,
uno en el ropero,
la otra en el rincón.
Y todas las brujas
se ríen,
y hacen burbujas
de satisfacción.

Canción con ola


María Hortensia Lacau

Una ola
que estaba
triste y sola
se puso a cantar.
Y desde entonces
cantan todas
las olas del mar.

Yo soy el arbolito Serafín


María Hortensia Lacau

Yo soy
el Arbolito
Serafín.
Paseo
por el bosque
en mi patín,
me saludan
alegres
primaveras,
me chiflan
los silbidos
en los nidos,
y me lleno
de hojitas
volanderas.
Hojitas verdes
de malvón,
de rosa
y de laurel,
y también
hojitas blancas
de papel.

"En el hueco de mi mano"*


Edith Mabel Russo

En el hueco de mi mano
cabe un rayo de sol tibio,
tu lugar para la ronda
y el saludo de un amigo.

La magia de cinco notas,


una caricia dormida,
una cosquilla chiquita
y una que otra despedida.

Un beso arrojado al viento,


una paloma cansada,
la fruta que más te gusta
y ese gesto que esperabas.

La primera mariposa,
la invitación a quedarte,
los aromas del verano
y un secreto que pasarte.

¡Si este hueco de mi mano


hasta se parece a un nido!,
para que pongas tu mano
y puedas soñar conmigo.

*Publicada en el libro "Te presto mi cielo", premio Fantasía Infantil 1995.

 El Burro Flautista


Tomás de Iriarte

Esta fabulilla,
salga bien o mal,
me ha ocurrido ahora
por casualidad.
Cerca de unos prados
que hay en mi lugar,
pasaba un borrico
por casualidad.

Una flauta en ellos


halló, que un zagal
se dejó olvidada
por casualidad.

Acercóse a olerla
el dicho animal,
y dio un resoplido
por casualidad.

En la flauta el aire
se hubo de colar,
y sonó la flauta
por casualidad.

"iOh!", dijo el borrico,


"¡qué bien sé tocar!
¡y dirán que es mala
la música asnal!"

Sin regla del arte,


borriquitos hay
que una vez aciertan
por casualidad.

 Los dos conejos


Tomás de Iriarte

Por entre unas matas,


seguido de perros
-no diré corría-
volaba un conejo.

De su madriguera
salió un compañero,
y le dijo: "Tente,
amigo, ¿qué es esto?"

" ¿Qué ha de ser? -responde-;


sin aliento llego...
Dos pícaros galgos
me vienen siguiendo".

"Sí -replica el otro-,


por allí los veo...
Pero no son galgos".
"¿Pues qué son?" "Podencos"*.

" ¿Qué? ¿Podencos dices?


Sí, como mi abuelo.
Galgos y muy galgos;
bien vistos los tengo".

"Son podencos, vaya,


que no entiendes de eso".
"Son galgos, te digo".
"Digo que podencos".

En esta disputa
llegando los perros,
pillan descuidados
a mis dos conejos.

Los que por cuestiones


de poco momento
dejan lo que importa,
llévense este ejemplo.

* (El podenco es una especie de perro de caza)

 ¡Lo mismo que yo!


"Mariana" (1968)

Se baña la nutria,
se baña el gorrión;
yo también me baño
con agua y jabón.

Se lustra las patas


el gato amarillo,
y yo, los zapatos,
con trapo y cepillo.

El pato su pico
limpia en agua fría;
yo, todos mis dientes,
toditos los días.

Crece el arbolito
al aire y al sol,
muy lindo, muy fuerte,
¡lo mismo que yo!

Los inventos más lindos


"Mariana" (1968)

Un enanito inventor
inventó una gran cuchara:
aunque esté llena de sopa
tiene gusto a mermelada.
Un hada sabia inventó
un hermoso globo verde
que nunca nunca se pincha
ni se vuela ni se pierde.

Y, lo más lindo de todo,


tu mamita… ¡inventó un cuento!
Te lo contará de noche
y te dormirás contento.

Las hojas
"YALÍ" (1968)

Entre la neblina
de la mañanita
se viene el otoño
por mi callecita.

Se sube a los árboles


y pinta las hojas:
unas amarillas
y las otras rojas.

Cuando están pintadas


las sopla un poquito
¡y vuelan las hojas
como pajaritos!

Y juegan las hojas


sobre la vereda
con el remolino
a la rueda rueda…

Si el viento se cansa
buscan otro juego:
juegan en la hoguera
a ser humo y fuego.

… y en la nochecita,
entre la neblina,
las mira el otoño
parado en la esquina.

La granja de juguete
"Beatriz" (1968)

En mi granja de juguete
se ven muchas maravillas:
un patito de latón
y arbolitos de puntilla.
Hay una yegüita sola
y dos lechones sin cola,

un ternero y una vaca


y una plantita e albahaca,

conejitos de algodón
con ojitos de botón,

Una paloma elegante


y un gallito vigilante,

una pava y una pata


muy flaquitas, de hojalata,

y un pollito pío- pío,


que sólo bebe rocío.

En mi granja de juguete
las abejas de papel
fabrican, todos los días,
caramelitos de miel.

Sueño risueño
(enviado por Carolina Trapani)

Un gato regato
Llamado Renato
Hacía ron ron
de pie en un rincón.
Durmió, redurmió.
Soñó, resoñó,
que no era un gato llamado Renato.
Soñó, resoñó,
que era un ratón llamado Ramón.
¡Qué lío!
El gato regato llamado Renato
corría al ratón recontrarratón llamado Ramón.
Que no era un ratón recontrarratón llamado Ramón.
Era solo un sueño risueño de un gato regato llamado Renato,
que hacía ron ron de pie en un rincón.
¿Y Ramón? ¡Ah!, Ramón el Ratón.
Durmió, redurmió.
Soñó, resoñó,
que no era un ratón llamado Ramón,
soñó que era un gato llamado Renato.
¡Fue un Re papelón!

 Una gata en mi niñez


"Karla Démar"

Bichito
Bolita
Ojitos de nuez

De tanta
ternura
que ríe mi piel

Bigotes
Pelito
Dulzura de miel

Mi amiga
Mi hermana
Mi sombra más fiel

Te quiero
y extraño
tu sabia vejez

Bichito
Bolita
Ojitos de nuez.

El barril

El otro día me caí


del ferrocarril
al lado de un barril.
El barril tenia ruedas
¡Qué raro barril!
Y con las ruedas
caí en el barro marrón!
Fui a mi casa, me bañé rápido
y dije todo otra vez .

(Gracias, Nicoleta!)

 Erre con erre

Erre con erre, guitarra,


erre con erre, barril.
¡Mira que rápido ruedan
las ruedas redondas
del ferrocarril!

(Gracias, Natalia!)

 El perrito

Por la calle de Carretas


pasaba un perrito;
pasó una carreta y
le pisó el rabito.
¡Pobre perrito,
cómo lloraba
por su rabito!

 El burrito

El burrito barrigón
ayer se dio un resbalón.
Por andar detrás de un carro
se cayó dentro del barro.
¡Qué burrito picarón,
el burrito barrigón!

 Corre

Corre que te corre,


corre sin parar.
Corre, corre, corre,
que si tú no corres
¡seguro te atraparán!

(¡Laura Vicente nos envió la 2da parte!:)

Corre, corre y corre,


corre mas rapido que te pilla,
corre y mas corre
que si no el rabito atrapara
y si no el perrito aullara,
y el raton borracho se quedara,
corre, corre y corre.

(Gracias, Laura!)

 Trabalenguas

Borracho un ratón robó


un ramo de rosas rojas.
El rabo se le enredó
y rodó de rosa en rosa.

(Gracias, Oliver Snow, de Toronto- Canadá (7 años)!)

El ratón

El ratón se come un bombón.


Se viene un gato marrón a comer el ratón.
Pero el bombon reventó, ¡BOM!

Trabalenguas

Pedrito
Pedrito clavó un clavito,
¿qué clavito clavó Pablito?

Los tigres

Tres tristes tigres tragaban trigo en un trigal.

El ratón

El ratón se come un bombón.


Se viene un gato marrón a comer el ratón.
Pero el bombon reventó, ¡BOM!

Oliver Snow, de Toronto- Canadá (7 años)

María Chuzena su choza techaba,


y un techador que por ahí pasaba le dijo:
- María Chuzena, ¿Tú techas tu choza, o techas la ajena?
- No techo mi choza, ni techo la ajena. Yo techo la choza de María Chuzena.

La cuesta de Cuesta

A Cuesta le cuesta
subir la cuesta,
y en medio de la cuesta,
va, y se acuesta.

Perejil

Perejil comí,
perejil cené,
y de tanto comer perejil
me emperejilé.

Las copas

Compré pocas copas,


pocas copas compré.
Y como compré pocas copas,
pocas copas pagué.

Quereres

Cómo quieres que te quiera,


si quien quiero que me quiera
no me quiere como quiero
que me quiera.

Mi gata
Tenía una gata
ética pelética pelimplimplética,
pelada, peluda, pelimplimpluda,
que tenía gatitos
éticos, peléticos, pelimplimpléticos,
pelados, peludos, pelimplimpludos.
¡Si mi gata no hubiera sido
ética pelética pelimplimplética,
pelada, peluda, pelimplimpluda,
sus gatitos no habrían sido
éticos, peléticos, pelimplimpléticos,
pelados, peludos, pelimplimpludos!

Canciones para llamar al silencio

Abro un ojo, abro el otro


y me rasco la nariz.
Abro un ojo, abro el otro
y me estiro así y así.
Abro un ojo, abro el otro
y hago shh shh shh
y hago shh shh shh! (enviado por Daniela Abregú)

Esta mano sube, me llama y


se desparrama, la otra mano
sube, me llama y me dice
shhhh...

Levanto una mano,


levanto la otra,
hago un moño grande y
me lo pongo en la boca.

Canciones de orden

Guardando, guardando
yo voy a ordenar
poniendo cada cosa
en su lugar.
Guardé y ordené
y ya me cansé,
la cola en el piso
yo voy a poner.

A guardar, a guardar,
cada cosa en su lugar.
Despacito y sin romper
que mañana hay que volver.

Canciones para saludar


Jardín, jardín,
te queremos saludar
porque, porque
hoy venimos a jugar!
Daremos un paso al frente,
ahora para atrás,
daremos la vuelta entera
y me siento en el lugar.

(Gracias, Anahí!, de Viedma, Río Negro)

(música de Los locos Addams)

Hola, jardín,
ya estoy aquí
para jugar, para cantar,
para reír.

Buen día señoritas,


buen día amiguitos,
comienza una mañana,
muy linda en el jardín.

Olas que vienen,


olas que van.
Hola, chicos,
¿cómo les va?

Otra opción: se reemplaza "chicos" cada vez por uno de los nombres, y el nombrado
debe responder (por ejemplo, "¡bieeeeen!").

Patatín, patatín, patatero,


Hola, chicos, ¿cómo les va?
Hola, hola para vos y para mí,
hola, hola para vos y para el jardín.
despacito.....
más ligero.....
me lo pongo de sombrero.
Se me cae,
lo levanto,
Y OTRA VEZ EMPIEZA EL CANTO.
¿HOLA AMIGOS, CÓMO LES VA?

El mono

Sube, sube
el mono a la palmera.
Sube, sube y no deja de trepar.
Desde arriba nos tira bananitas
y nos dice ¿hola nenes, cómo están?

Canguros
Allá en Australia
había canguros,
eran los varones,
les aseguro.
Y saltaban así, así, así,
saludaban, así, así, así,
les aseguro que yo los vi.
Allá en Australia
había canguros,
eran las nenas,
les aseguro.
Y saltaban así, así, así,
saludaban, así, así, así,
les aseguro que yo las vi.

El motorcito

Hay que ver la ola que viene,


hay que ver la ola que va.
Tiene un motorcito que camina hacia adelante,
tiene un motorcito que camina para atrás.
¿Hola nenes, cómo están?

Saludo con...

Saludo con una mano,


saludo con las dos.
Saludo con la cabeza
y ahora te toca a vos.

Canciones para jugar con las manos y el resto del cuerpo

1- Si tu tienes

Si tu tienes muchas ganas de saltar (salto)


Si tu tienes muchas ganas de saltar (salto)
Si tu tienes la razón, y no hay oposición,
no te quedes con las ganas de saltar (salto)

Si tu tienes muchas ganas de gritar (¡¡aaaahhhhhhh!!)


Si tu tienes muchas ganas de gritar (¡¡aaaahhhhhhh!!)
Si tu tienes la razón, y no hay oposición,
no te quedes con las ganas de gritar (¡¡aaaahhhhhhh!!)

Si tu tienes muchas ganas de cantar (¡¡la la lá!!)


Si tu tienes muchas ganas de cantar (¡¡la la lá!!)
Si tu tienes la razón, y no hay oposición,
no te quedes con las ganas de cantar (¡¡la la lá!!)

(Y así con dormir, saludar, agacharse, estirarse, etcétera)

2-
Esta mano se fue a pasear,
se fue a pasear, se fue a pasear.
Y esta otra la fue a buscar,
la fue a buscar, la fue a buscar.
Le tiró de la orejita
Le hizo chas chas en la colita.
Las dos manitos se fueron a pasear,
se fueron a pasear, se fueron a pasear.

3-

Mis manitos, mis manitos yo


las muevo y las golpeo y las golpeo.
Mis manitos, mis manitos yo
las muevo y las golpeo, así, así.
Haciendo ruido y mucho ruido,
golpeando los pies, las manos también.

4-

El pie derecho aquí,


el pie derecho allá,
El pie derecho aquí,
sacudiéndolo muy bien.
Harás el hockey pockey
saltando en tu lugar y así
lo sabrás bailar.
El pie izquierdo aquí,
el pie izquierdo allá.
El pie izquierdo aquí,
sacudiéndolo muy bien.
Harás el hockey pockey
saltando en tu lugar y así
lo sabrás bailar.
(idem con la mano derecha,
la mano izquierda, la cola, la nariz
y todo el cuerpo).

5-

Pongo una mano aquí,


pongo una mano allá.
Sacudo, sacudo,
y una palmada yo doy.

Canciones para sentarse

1- Apoyo la cola en el piso.


Me hago petiso, petiso.

2- La cola en el piso
yo voy a poner.
Me siento, como un indio,
y me porto bien.
3- Colitas en el piso, vamos a poner
Colitas en el piso, uno, dos y tres!

Muy bien.. muy bien.. muy bien! (para los que se sentaron) (Gracias, Lourdes!)

Canción de los animales

Hay un cocodrilo y un orangután,


una pícara serpiente y un águila real.
Un gato, un topo, y un elefante loco

Cinco ratoncitos

Cinco ratoncitos de colita gris,


mueven las orejas, mueven la nariz,
abren los ojitos, comen sin cesar,
por si viene el gato, que los comerá,
comen un quesito, y a su casa van,
cerrando la puerta, a dormir se van.

Cocinero

Cocinero, cocinero, enciéndeme la candela


y prepara con el fuego un arroz con habichuelas,
cocinero, cocinero, aprovecha la ocasión,
que el futuro esta muy negro,
que el futuro está muy negro,
¡ay!, con este carbón.

Para la merienda

Nos lavamos las manitos


listos para compartir
el momento del tecito
otro día en el jardín.
¡Ojo con tirar la taza!,
nada hay que desperdiciar.
Cuando estemos todos listos
ya podemos empezar... (enviado por Daniela Abregú)

Para el trencito

Este trencito, ¿por dónde pasará?


Se mueve por aquí,
se mueve por allá.
Este trencito, ¿por dónde pasará?
Se mueve por aquí,
se mueve por allá.
Un lindo pasito nos dará.
Suena el silbato,
se mete en el charco (chas,chas,chas),
va por las piedritas (tin,tin,tin),
y por la autopista (mnmnmn!).
ADIVINANZAS

Con el pico, picotea;


con la cola, tironea.
(La aguja)

Tengo cabeza redonda,


sin nariz, ojos ni frente,
y mi cuerpo se compone
tan sólo de blancos dientes.
(El ajo)

Yo fui tu primer sonido


cuando comenzaste a hablar
y soy la primera letra
que en el alfabeto está.
(La letra A)

Sal al campo por las noches


si me quieres conocer,
soy señor de grandes ojos
cara seria y gran saber.
(El búho)

Cuál es el animal
que tiene silla
y no se puede sentar?
(El caballo)

Tiene barba y no es hombre,


Tiene dientes y no come.
¿Qué es?
(El choclo)

Soy rojo y jugoso


y en las ensaladas
me veo sabroso.
¿Quién soy?
(El tomate)

Quien lo dice, lo rompe.


¿Quién es?
(El silencio)

Tengo muchas patas,


soy larguito y camino
muy lentito. ¿Quién soy?
(El cien pies)

Estoy arriba de todos,


todos están debajo de mí,
soy amarillo y doy luz.
¿Quién soy? (el sol)

¿Qué es, qué es


que te toca, y no lo ves?
(El viento)

Te doy mi leche y mi lana


y para hablar digo, ¡bee...!,
si no adivinas mi nombre
yo nunca te lo diré.
(La oveja)

Tengo una larga melena


soy fuerte y muy veloz
abro la boca muy grande
y doy miedo con mi voz.
(El león)

Zumbando y zumbando,
van y vienen sin descanso,
de la flor, polen buscando
y nuestra vida endulzando.
(Las abejas)

Soy roja como un rubí


y llevo pintitas negras;
me encuentras en el jardín,
en las plantitas, o en la hierba.
(La vaquita de San Antonio)

Verde es su cuerpo
y verde su cara.
Con grandes ojos,
alegre salta.
(La rana)

¿Quién será, será,


que de noche sale
y de día se va?
(La luna)

Tan redonda como un queso,


nadie puede darle un beso.
(La luna)

Con ella vives,


con ella hablas,
con ella rezas
y hasta bostezas.
(La boca)

Sale de noche,
duerme de día.
Le gusta la carne
y la leche fría.
(El gato)

Va y viene, viene y va,


si no viene, ¿de mí, qué será?
(El aire)

Lleva años en el mar


y aún no sabe nadar.
¿Qué es?
(La arena)

A la lechuga y la cebolla
acompaña en la ensalada,
tómate tu tiempo
para adivinarla.
(El tomate)

¿Qué será, qué será,


que cuanto más seca...
más mojada está?
(La toalla)

Cinco hermanos muy unidos


que no se pueden mirar;
cuando riñen, aunque quieras,
no los puedes separar.
(Los dedos)

Una madrastra la odia,


una manzana la mata,
un príncipe muy hermoso
de la muerte la rescata.
(Blanca nieves)

La última de todas soy,


pero en zurdo y zapato primera voy.
(La letra Z)

Unas son redondas,


otras ovaladas,
unas piensan mucho,
otras casi nada.
(La cabeza)

Tiene patas y no camina,


tiene comida y no come, ¿Qué es?
(La mesa)

Todos caminan por mí


y yo no camino por nadie,
todos preguntan por mí
y yo no pregunto por nadie.
¿Quién soy?
(La calle)

Poncho duro por arriba


poncho duro por abajo,
patitas cortas, corto el paso.
¿Quién soy?
(La tortuga)

Una vieja larga y seca


derritiendo la manteca.
(La vela)

Blanca por dentro


amarilla por fuera
si quieres que te lo diga
espera.
(La pera)

Que será, que será


que cuanto más lava
más sucia está?
(El agua)

Llevo a cuestas mi casita,


paseando lento yo voy
si me das una lechuguita
la como de un mordiscón.
¿Quién soy?
(La tortuga)

Blanco es,
la gallina lo pone,
en la sartén se fríe,
y por la boca se come.
(El huevo)

Yo vivo en el agua,
y tengo grandes dientes.
¡Mi aleta gris, llegando
espero no encuentres!
(El tiburón)

Roe que roe por los desvanes,


buscando queso de aperitivo,
atento siempre,
que le conviene,
a no encontrarse
con su enemigo.
(El ratón)

Te lo digo y Te repito,
y Te lo puedo avisar,
y por mas que Te lo diga
no lo vas a adivinar.
(El té)

Soy un palito,
muy derechito
y en la cabeza
tengo un mosquito.
(La letra i)

Todos pasean por mi


yo no paseo con nadie
todos preguntan por mi
yo no pregunto por nadie.
(La calle)

Tira y no tiene manos,


corre y no tiene pies,
sopla y no tiene boca,
¿Qué te parece que es?
(El viento)

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