DOCENTE:
Lic. Concepción Castañeda Cruz.
PRESENTA:
Ricardo Morales Vicencio
Cuarto Semestre Grupo “C”
LICENCIATURA EN EDUCACIÓN PRIMARIA
TRABAJO
Acececa Tantoyuca, Ver
10 de Junio de 2020
INTRODUCCIÓN
Cuando se habla de La Educación Inclusiva, esta es caracterizada como aquella
que se nutre del interés de todos y por todos los estudiantes; se evidencia en una
escuela donde la equidad y la calidad de la experiencia son el reflejo de una realidad
donde la participación y el trabajo colaborativo marcan la pauta, bajo la premisa de
que debe existir “la escuela”, no las escuelas, lo que implica dejar a un lado sistemas
paralelos de compensación, en la que hasta ahora los otros, excluidos del sistema
“regular”, hacían vida educativa. La Organización de las Naciones Unidas para la
Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) (2017, p.2), en la agenda mundial
Educación 2030, ratifica que la “lucha por una Educación Inclusiva y de calidad se
basa en el derecho de todos y todas a recibir una educación que promueva el
aprendizaje durante la vida”, enfatizando que un “sistema educativo es de calidad
cuando presta atención a los grupos marginados y vulnerables y procura desarrollar
su potencial”. Una escuela inclusiva pone especial énfasis en su organización,
donde docentes, directivos, alumnos con discapacidad o no, además de todo el
personal que hace vida en ella, se sienta involucrado, comprometido, así como
apoyados y aceptados por todos los miembros de la comunidad escolar. Para
Stainback y Stainback (2004) en la escuela inclusiva "todos los alumnos están en
aulas ordinarias durante todo el tiempo, en consecuencia, todo el personal y todos
los recursos pueden dedicarse a la educación general"(p.25), lo que permite que
sus dones y talentos sean reconocidos desde el respeto mutuo, la independencia la
responsabilidad y así genera una cultura inclusiva, donde el compromiso del
personal directivo y administrativo, padres o responsables, comunidad en general y
los docentes, es indispensable. Para efectos de este ensayo, se hace necesario
resaltar el rol del docente que debe asumir la práctica inclusiva en su aula y fuera
de ella, tomando como referencia buenas prácticas, las cuales son consideradas
como indicadoras que guían el accionar de un grupo respecto a lo que podría ser
considerado como el camino para implementarlo en una realidad concreta, pues no
se trata de copiar patrones o replicar realidades, sino de obtener indicios acerca de
lo que en otros contextos ha resultado enriquecedor y, como experiencia aplicada,
adquiere un valor referencial para quien necesite adaptarla a su contexto.
GUÍA DE BUENAS PRACTICAS EN EDUCACIÓN INCLUSIVA
La educación puede contribuir a reducir la marcada discriminación social que afecta
a los países Iberoamericanos, por eso, diversos estudios e investigaciones
realizadas por la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) tienen como
fundamento legal los acuerdos internacionales para elaborar las Metas Educativas
2021. En México, de acuerdo al artículo 1º y 3º de la Constitución Política de los
Estados Unidos Mexicanos y conforme al artículo 41 de la Ley General de
Educación, se establece la inclusión de niños con necesidades educativas
especiales a escuelas regulares. En épocas anteriores las personas que tenían
algún tipo de discapacidad eran segregadas, no sólo en el campo educativo, sino
también en social y laboral. Anteriormente una persona con algún tipo de
discapacidad le era imposible ingresar al colegio o a una institución de enseñanza
especializada. Lo más seguro era que terminara recluida en su casa o en alguna
institución, la mayoría de las veces de carácter clínico, pues su discapacidad era
considerada una enfermedad, se le consideraba incapaz de aprender. Para los años
60 y 70 la situación cambiaba a paso lento. En esta época una persona con
discapacidad asistía a un centro de educación especial, en donde compartía su vida
“escolar” con otros niños con discapacidad. Tendría derecho a contar con una
educación especializada, pero seguiría siendo excluida del modelo educativo
tradicional y de la vida social. Los niños, a través de algunas pedagogías
especiales, podían aprender algo, e interactuar con el medio dentro de un espacio
escolar exclusivo y un ambiente social protegido. En la década posterior de los 80
y los 90, la educación para los niños con “necesidades educativas especiales” dio
un paso adelante. Se comenzó a hablar del modelo de “integración escolar”, en el
cual los niños compartían la vida escolar con otros niños y jóvenes sin ningún tipo
de discapacidad, participando de la cotidianidad de la escuela. Sin embargo, los
contenidos de las materias, así como las metodologías, permanecían igual para
todos, siendo los niños los que se tenían que acomodar al modelo educativo
tradicional. En los últimos años se ha empezado a hablar, cada vez con más fuerza,
de la educación inclusiva, un modelo que vincula a todos los niños y niñas al proceso
de aprendizaje sin discriminación alguna. Sin embargo, la inclusión educativa no es
solo la oportunidad de acceder a la educación es también como lo define la
UNESCO en el 2005 “el proceso de identificar y responder a la diversidad de las
necesidades de todos los estudiantes a través de la mayor participación en el
aprendizaje, las culturas y las comunidades y reduciendo la exclusión en la
educación” Existen diversas leyes que apoyan la inclusión educativa en los distintos
ámbitos: internacionalmente, con la conferencia mundial sobre NEE realizada en la
ciudad de Salamanca, del 7 al 10 de junio de 1994, donde se reconoce como política
mundial la inclusión educativa; en el ámbito nacional, se reafirma en la Constitución
política de Colombia y la ley 115 de 2001. En primera instancia debemos establecer
que las escuelas deben ser inclusivas, es decir, una escuela que acoja y valore a
todos los alumnos en su diversidad. Es así como la inclusión educativa abarca la
adaptación curricular, también emplear estrategias pedagógicas basándose en los
estudiantes con discapacidad además se debe tener una planta física que facilite el
desplazamiento de los estudiantes con NEE y es indispensable contar con apoyo
psico-orientador y con docentes que tengan actitud positiva y vocación de servicio,
todo con el objetivo fundamental de garantizar su educación y desarrollar sus
habilidades y destrezas. Además, es esencial crear en la escuela un ambiente de
tolerancia, respeto y solidaridad hacia los demás miembros de la comunidad
educativa. La educación inclusiva supone un modelo de educación que pretende
atender a las necesidades de todos los niños y niñas, jóvenes y adultos
considerando especialmente aquellos casos en los que puede existir un riesgo de
exclusión social. No se trata solo de prestar atención a personas con discapacidad
sino a todo el alumnado sin distinguir por la raza, la condición social, la cultura o la
religión, entre otros aspectos. La inclusión es un concepto que surge en la década
de los 90 como alternativa a la integración escolar. La escuela inclusiva supone la
culminación de un camino ascendente en el paradigma de la atención a las
personas con discapacidad. El termino integración, muy válido en otros momentos
de la historia de la educación, supone el reconocimiento de una situación de
segregación de la persona que debe ser integrada, mientras que la inclusión supone
el reconocimiento de la igualdad plena. Incluir supone el reconocimiento pleno de
los derechos y libertades individuales de las personas, la necesidad de considerar
que las comunidades son la base de cualquier aprendizaje y que la educación sólo
adquiere su verdadera dimensión si tiene lugar en relación con otras personas y en
los mismos contextos para todos. La escuela inclusiva es el planteamiento educativo
aceptado actualmente en la mayoría de los países para atender al alumnado que
presenta necesidades educativas especiales desde su consideración de seres
humanos con los mismos derechos que sus iguales. Pensar en educación inclusiva
supone asumir el reto de una educación de calidad, única, equitativa e igualitaria
para todo el alumnado y, a su vez, establecer nuevas prácticas profesionales,
curriculares, organizativas y estructurales que respondan de manera ajustada a las
características particulares del alumnado. En los últimos tiempos se viene
produciendo un cambio de mentalidad educativa en virtud del que vamos
sustituyendo, casi imperceptiblemente, el concepto de integración por el de
inclusión, que viene convirtiéndose progresivamente en el planteamiento educativo
más aceptado. Esto está ocurriendo por dos cuestiones fundamentales: en primer
lugar, la “inclusión, define, de una manera más precisa que la integración, las
acciones que desde este ámbito deben realizarse. La educación inclusiva está
íntimamente relacionada con la cultura escolar de los centros que puede, sin duda,
facilitar u obstaculizar el desarrollo de estrategias curriculares y organizativas que
pretendan el desarrollo máximo de los potenciales del alumnado con independencia
de sus características o necesidades personales” (Lobato, 2001). La base de la
escuela inclusiva se configura sobre la igualdad, la equidad, la calidad, la
cooperación y la solidaridad, fomentando la valoración de las diferencias y
entendiéndola como una oportunidad de enriquecimiento mutuo para todos los
agentes de la sociedad (Esteve Mon, Ruiz Agut, Úbeda Frades, 2007). Pero incluir
no es, en absoluto, una tarea fácil. Supone provocar cambios de tal profundidad que
se hace necesaria la reconstrucción de estructuras organizativas, los trabajos
interprofesionales, las propias funciones docentes y las perspectivas conceptuales
y de atención a las personas con discapacidad. El gran reto de la inclusión consiste
en la construcción de una escuela con la suficiente amplitud en el diseño físico,
organizativo y curricular que permita dar respuesta ajustada a las particularidades
de todo el alumnado, sin diferencias. No se trata de realizar adaptaciones y
adecuaciones a casos concretos, sino que será el propio centro, a través de su
organización y propuestas curriculares, los que deben satisfacer las necesidades
de todo el alumnado. Para la escuela inclusiva la esencia es la comunidad educativa
que busca y promueve el éxito educativo de todos sus miembros tomando como
premisa la facilitación del aprendizaje a través de la participación de todo el
alumnado (Staimback, 2001). Incluir es modificar los contextos para permitir la
participación universal. Supone el abandono de concepciones de discapacidad,
para reconocer las condiciones especiales que presentan algunas personas y que
son trabas para ofrecerles las mismas oportunidades que al resto. En definitiva, una
escuela que camina hacia la inclusión, debe adquirir un compromiso de mejora que
afecta tanto a las propias prácticas educativas, entendidas como el currículo, como
a los niveles de aprendizaje o propio desarrollo profesional y organizativo de la
comunidad (Huguet Comelles, 2006). Supone repensar el concepto de necesidades
educativas especiales acuñado en España con la publicación de la LOGSE y
asumido por todo el desarrollo normativo posterior que deriva de la LOE, para ir
introduciendo el de barreras para el aprendizaje, mucho más amplio y no tan
centrado en la discapacidad. No se trata de difuminar en el ámbito educativo la
discapacidad, sino que, por el contrario, esta diferenciación contribuirá a la
implementación de una verdadera cultura de escuela inclusiva sustentada por la
propia comunidad educativa (Ainscow, 1991) (Ainscow, 2001).
CONCLUSIÓN
Para concluir, me gustaría destacar que las escuelas deben acoger y educar a todos
los niños, independientemente de sus capacidades y cualidades, y no solamente a
aquellos que se consideran como “educables”. A pesar de que muchas veces
encontramos barreras como las políticas educativas y la propia sociedad, que no
favorecen en muchas ocasiones una educación de calidad para el alumnado. La
educación debe ser un derecho para todo tipo de alumnos, con esto incluimos a
aquellos con algún tipo de necesidad especial que hasta ahora no han sido incluidos
en el currículum. La escuela inclusiva lucha por una educación de calidad,
permitiendo dar las respuestas educativas necesarias acorde a las necesidades de
su alumnado, además se preocupa de todos y cada uno de ellos y de su adecuada
integración. La implementación de la Educación Inclusiva depende, como lo expresa
la UNESCO (2017.p.1), de “promover oportunidades de aprendizaje permanente
para todos”, lo que se materializa en experiencias inclusivas favorecedoras puestas
en práctica por los maestros; a su vez, estas deben estar refrendadas por una
formación de calidad fundamentada en sus creencias y valores en atención a la
diversidad y el respeto al otro, sin dejar a un lado la voluntad colectiva y la
construcción de una cultura donde todos tienen derechos y responsabilidades. Se
trata de alcanzar una escuela abierta a las características particulares de todos sus
estudiantes, garantizándoles la participación a través del desarrollo de un enfoque
pedagógico que permita un aprendizaje colaborativo, donde el docente se asuma a
sí mismo como un eje de transformación de los procesos en el aula, constituyéndose
así en ejemplo de buenas prácticas inclusivas. Un dato de gran relevancia que he
adquirido durante mis días en las prácticas y que en muchas ocasiones ignoramos,
es que cada niño es un mundo y no solo aprenden ellos de nosotros, sino que ellos
también se enriquecen entre ellos mismos, conviviendo con otros niños con
diferentes capacidades. Además, también nos enseñan a los docentes. En mi caso,
como alumno en prácticas, en cada experiencia que he tenido con niños he podido
aprender gran cantidad de cosas nuevas, tales como haber podido trabajar con un
con niños precedentes de diferentes culturas o con niños que presentan llamadas
de atención. Es muy importante que empecemos a adquirir la tolerancia, el respeto
y la empatía desde que somos pequeños, porque los niños son la base de la
sociedad, y si queremos promover una sociedad inclusiva, donde todos seamos
iguales, debemos desarrollarla desde la Educación Infantil.
“Amad la infancia, favoreced sus juegos, sus placeres, su amable instinto… La
infancia tiene maneras de ver, de pensar, de sentir que le son propias… Respetad
la infancia… La naturaleza quiere que los niños sean niños… Poned a su alcance
las cuestiones y dejádselas resolver… Dejad obrar a la naturaleza… ¿No es el
espectáculo de esa edad, un espectáculo encantador y dulce…?”.
Rousseau, 1990.