Comentario Artículo 71 CPP
Comentario Artículo 71 CPP
El artículo 71° del CPP contiene tres tópicos relacionados con los derechos del procesado: a)
Los derechos que le corresponden durante el proceso penal; b) Los derechos que las
autoridades le deben informar de manera inmediata y comprensible; c) La posibilidad de
recurrir al Juez para la protección de sus derechos cuando están siendo amenazados o
*
Counsel en Rebaza, Alcázar & De Las Casas. Profesor de Derecho procesal penal. Curso de
Especialista en Cumplimiento Normativo en Materia Penal (Universidad de Castilla - La Mancha)
Programa de Especialización en Compliance y Buenas Prácticas Corporativas (Universidad del
Pacífico). Miembro del Comité Consultivo de Gaceta Penal & Procesal Penal. Capacitador en reforma
procesal penal para la Secretaria Técnica de la Comisión Especial de Implementación del Código
Procesal Penal – Ministerio de Justicia. Ha sido Fiscal Provincial Penal Corporativo Titular
Especializado en Delitos de Corrupción de Funcionarios. Ha sido profesor en la Academia de la
Magistratura. Ha sido Consultor de la UNODC – ONU para temas de reforma procesal penal en el Perú.
Ha sido Capacitador de los Programas de Implementación del CPP 2004 del Banco Mundial y el
Ministerio de Justicia.
2
transgredidos por el responsable de la persecución penal o sus órganos de apoyo con
motivo de una investigación.
Superada la idea de que las normas contenidas en la Constitución Política del Estado no
representan más que un programa dirigido al legislador, en la actualidad existe pacifico
concenso en que “la Constitución es, ciertamente, una fuente del Derecho y en ese sentido
puede ser definida también como una categoría que incorpora al ordenamiento normas
jurídicas”1.
Sin embargo, en el caso de los derechos constitucionales del procesado es crucial la labor
que le corresponde al Tribunal Constitucional en la condición de supremo intérprete de la
Constitución que le otorga el artículo 1° de su Ley Orgánica y en atención la capacidad de
vinculación jurídica que establece el tercer párrafo del artículo VI del Título Preliminar del
Código Procesal Constitucional para su doctrina jurisprudencial y el artículo VII para sus
precedentes vinculantes2 3.
1
BALAGUER CALLEJÓN, F. Derecho constitucional, p. 30.
El artículo 138° de la Constitución prescribe: “La potestad de administrar justicia emana del pueblo y se ejerce por
el Poder Judicial a través de sus órganos jerárquicos con arreglo a la Constitución y a las leyes / En todo
proceso, de existir incompatibilidad entre una norma constitucional y una norma legal, los jueces
prefieren la primera”, el primer párrafo del artículo 45°: “El poder del Estado emana del pueblo. Quienes lo
ejercen lo hacen con las limitaciones y responsabilidades que la Constitución y las leyes establecen” y el
artículo 38°: “Todos los peruanos tienen el deber de honrar al Perú y de proteger los intereses nacionales, así
como de respetar, cumplir y defender la Constitución y el ordenamiento jurídico de la Nación” (subrayados y
negritas nuestras).
2
Prescribe el párrafo tercero del artículo VI del Título Preliminar del Código Procesal Constitucional: “Los
Jueces interpretan y aplican las leyes o toda norma con rango de ley y los reglamentos según los preceptos y
principios constitucionales, conforme a la interpretación de los mismos que resulte de las resoluciones
dictadas por el Tribunal Constitucional”. Y el artículo VII: “Las sentencias del Tribunal Constitucional que
adquieren la autoridad de cosa juzgada constituyen precedente vinculante cuando así lo exprese la sentencia,
precisando el extremo de su efecto normativo”.
3
Ha dicho el TC en la Sentencia del EXP. N.º 1567-2006-PA/TC. LIMA. COMPAÑÍA DE EXPLORACIONES
ALGAMARCA S.A.: “Si bien es cierto que los precedentes vinculantes establecidos por este Colegiado (de
conformidad con el artículo VII del Título Preliminar del Código Procesal Constitucional) tienen carácter
normativo y son de obligatorio cumplimiento, también lo es que de acuerdo con el artículo VI del Título
Preliminar del Código Procesal Constitucional ‘los Jueces interpretan y aplican las leyes o toda norma con
rango de ley y los reglamentos según los preceptos y principios constitucionales, conforme a la interpretación
de los mismos que resulte de las resoluciones dictadas por el Tribunal Constitucional’. Ello quiere decir que
los jueces también deben tener en consideración la doctrina jurisprudencial establecida por este Colegiado
que, en tanto órgano supremo de interpretación, integración y control de la constitucionalidad, orienta el cabal
cumplimiento del principio de supremacía jurídica de la Constitución”.
3
Diciendo, por ejemplo, en la Sentencia del EXP. N.º 0005-2007-PI/TC. LIMA. COLEGIO
DE ABOGADOS DE LAMBAYEQUE:
El numeral materia de comentario impone a los jueces, fiscales y Policía Nacional del
Perú el deber de hacer conocer al imputado de manera inmediata y comprensible los
siguientes derechos: a) Conocer los cargos formulados en su contra y, en caso de
detención, a que se le exprese la causa o motivo de dicha medida, entregándole la orden
de detención girada en su contra, cuando corresponda; b) Designar a la persona o
institución a la que debe comunicarse su detención y que dicha comunicación se haga en
forma inmediata; c) Ser asistido desde los actos iniciales de investigación por un
Abogado Defensor; d) Abstenerse de declarar; y, si acepta hacerlo, a que su Abogado
Defensor esté presente en su declaración y en todas las diligencias en que se requiere su
presencia; e) Que no se emplee en su contra medios coactivos, intimidatorios o contrarios
a su dignidad, ni a ser sometido a técnicas o métodos que induzcan o alteren su libre
voluntad o a sufrir una restricción no autorizada ni permitida por Ley; y f) Ser examinado
por un médico legista o en su defecto por otro profesional de la salud, cuando su estado
de salud así lo requiera.
Estos derechos deben ser puestos en conocimiento del imputado en su primer contacto
con las autoridades del sistema de justicia penal -“de manera inmediata”-; siendo la
finalidad de la norma que el ciudadano pueda saber de su existencia, acogerse a los
mismos y exigir su respeto sin la necesidad de la asesoría de un abogado -es por ello que
la comunicación debe ser “comprensible”-; pues, en los primeros momentos de su
interacción con el sistema penal, salvo excepciones, no tiene la posibilidad de contar con
dicha asesoría profesional.
Como se puede ver, los derechos del numeral 2 no son derechos que prima facie estén
ahí para ser exigidos en su cumplimiento por la defensa técnica, sino más bien por el
4
Ha dicho, además, en la Sentencia del EXP. 8817-2005-PHC/TC. LIMA. CESAR ALFONSO AUSIN DE
IRRUARÍZAGA Y OTRO: “De conformidad con la IV Disposición Final y Transitoria de la Constitución Política
del Perú, los derechos y libertades reconocidos en la Constitución deben interpretarse de conformidad con los
tratados internacionales en materia de derechos humanos suscritos por el Estado Peruano. Tal interpretación,
conforme con los tratados sobre derechos humanos, contiene, implícitamente, una adhesión a la
interpretación que, de los mismos, hayan realizado los órganos supranacionales de protección de los atributos
inherentes al ser humano y, en particular, el realizado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos,
guardián último de los derechos en la Región”.
5
propio imputado; quien, por ejemplo, podrá exigir personal y directamente que se le
exprese la causa o motivo de su detención; que se comunique de modo efectivo su
detención a la persona que indique, que se le permita contar con la asistencia de un
abogado defensor, entre otros.
Es por ello que no se incluyen en dicho numeral derechos que para determinar la
pertinencia y necesidad de su ejercicio requieran de la evaluación jurídica de la defensa
técnica5; como ocurre, por ejemplo, con la prohibición de nueva denuncia (cosa decidida)
que prevé el art. 335° del CPP.
Postura que reafirma el numeral 3 del artículo 71° -aunque con un error de técnica
legislativa6- cuando dice que el “El cumplimiento de lo prescrito en los numerales
anteriores debe constar en acta, ser firmado por el imputado y la autoridad
correspondiente”, sin hacer la menor referencia a la participación o presencia del abogado
defensor en dicho acto.
Para finalizar, la praxis permite constatar que en ocasiones, no obstante resultar claro de
los hechos objeto de noticia criminal o de los que fluyen del avance de la investigación
preliminar la identidad de la persona que se encuentra implicada en la comisión de un
delito, algunos fiscales prefieren iniciar o continuar la investigación preliminar contra los
que resulten responsables, llamando en el mejor de los caso a los implicados solo a
declarar en calidad de testigos.
En muchos de estos casos recién se notifica al ciudadano que existe una investigación en
la que tiene la calidad de imputado cuando se procede a su detención preliminar como
modo de asegurar su presencia -luego de emitida la disposición de formalización y
continuación de investigación preparatoria- en la audiencia de prisión preventiva que se
realizará a pedido de la fiscalía.
Está claro que no siempre que se inicien las diligencias preliminares de investigación
vamos a tener un imputado individualizado; podría suceder, por ejemplo, que la fiscalía
reciba la noticia de un robo en el cual todas las personas que participaron se encontraban
con pasamontañas o que se ha encontrado a una persona tendida en la calle muerta por
atropellamiento habiendo huido el conductor del vehículo que la impactó; pero, a partir
que se cuente con elementos de convicción para individualizar por lo menos
hipotéticamente al autor o a algún interviniente en el delito (más aún cuando ello se puede
lograr del simple análisis de la notitia criminis) y, consiguientemente, la fiscalía esté en
condiciones de imputar, debe hacerse expresa la imputación y cumplir con comunicársela
al ciudadano.
5
El derecho a “conocer los cargos formulados en su contra”, en los términos en que se encuentra redactado
el numeral 2 es el derecho “inmediato” del ciudadano a conocer por si mismo (por lo que se exige que la
información se entregue de manera comprensible) los cargos que se le atribuyen, no a través ni con el análisis
de su abogado defensor.
6
Si bien el num. 3 prescribe textualmente: “El cumplimiento de lo prescrito en los numerales anteriores (o sea
los nums. 1 y 2) debe constar en acta, ser firmado por el imputado y la autoridad correspondiente”; el que no
sea desde ningún punto de vista razonable dejar constancia del cumplimiento -en tanto haber permitido el
ejercicio- de cada uno de los derechos que la Constitución y las Leyes le conceden al imputado desde el inicio
de las primeras diligencias de investigación hasta la culminación del proceso -para ello, por ejemplo, se
tendría que dejar constancia en un acta, al finalizar el proceso que durante su tramitación se ha permitido el
pleno ejercicio del derecho de defensa, lo que carece del menor sentido y función- hace entender que ha
existido un error en la redacción del indicado num. 3 y que lo que en realidad se pretende es que se deje
constancia del cumplimiento de los deberes de información -derecho por derecho- contenidos en los literales
anteriores pertenecientes al num. 2.
6
Esto no quiere decir que no haya, excepcionalmente, espacio para investigaciones
secretas legítimas, claro que lo hay; lo que incluso han sido reconocidas por la Corte
Interamericana de Derechos Humanos en la Sentencia de CASO BARRETO LEIVA VS
VENEZUELA:
Pero, este secreto de la investigación preliminar debe tener una justificación jurídica
válida, no ser una simple y arbitraria decisión del fiscal; debe proceder solo en los casos
en que el conocimiento por parte del imputado de que está siendo objeto de una
investigación pueda poner en peligro grave y cierto -no solo supuesto- la eficacia de la
misma -p. ej. cuando sea necesario recurrir a escuchas telefónicas- y siempre que se
superen satisfactoriamente las exigencias del principio de proporcionalidad (idoneidad,
necesidad y proporcionalidad estricta).
Para ello el imputado tendrá que presentar una solicitud; ante lo cual el juez señalará
audiencia para debatir la misma.
No obstante los años transcurridos desde el ingreso en vigencia del CPP y la intervención
de la Corte Suprema para intentar aclarar el tema (mediante el Acuerdo Plenario N° 4-
2010/CJ-116) todavía existe a la fecha una importante discusión respecto de un tema
crucial: ¿cuáles son los derechos que pueden ser protegidos mediante la tutela de
derechos?
Sin embargo, cuando lo esperado -siguiendo la línea del discurso que acabamos de
referir- y lógico hubiera sido que se decante por una concepción amplia; continua el
fundamento 10 diciendo:
8
Lo cual hace en clara alusión a los derechos contemplados en el num. 2 del art. 71°; que,
por lo demás, son los únicos que se encuentran taxativamente recogidos en el artículo
71°.
Siendo por ello que buen número de los jueces de instancias inferiores y en ocasiones los
mismos jueces de las Salas Supremas, basándose en el Acuerdo Plenario N° 4-
2010/CJ-116, rechazan las tutelas que no se refieren a los derechos contenidos en el
catálogo del numeral 2.
Queda por decir del Acuerdo Plenario N° 4-2010/CJ-116 que más delante, de modo
contradictorio, señala en su fundamento 14°:
De lo que se debe concluir que, cuando el fundamento 14° se refiere al numeral 1 del art.
71° -conjuntamente con el 2 y 3- como objeto de protección de la tutela judicial de
derechos, se está refiriendo de manera general a todos los derechos que la Constitución y
las leyes conceden al imputado.
Por nuestra parte, debemos decir que cuando uno repara en la forma en que se ha
construido el art. 71° y, en ello, se ha regulado legalmente la tutela de derechos es claro
que nuestro ordenamiento se ha decantado por una concepción amplia de los derechos
que pueden ser objeto protección.
Para explicar ello se debe partir del propio tenor del num. 2 del art. 71°, que en ningún
momento se refiere al listado de derechos que contiene como los únicos cuya restricción
puede dar lugar a una tutela sino como los derechos que “Los Jueces, los Fiscales o la
Policía Nacional deben hacer saber al imputado de manera inmediata y comprensible”
(negritas nuestras).
Lo que buscaba, entonces, el legislador con la relación de derechos del num. 2 art. 71° es
precisar que derechos deben ser informados de manera inmediata y comprensible al
9
imputado. Puntualizando, en seguida, el num. 3 que el cumplimiento de este deber de
información debe constar en un acta firmada por el investigado y por la autoridad
correspondiente.
Quien nos dice qué derechos del imputado y en qué casos pueden ser materia de tutela
es el num. 4 del art. 71°; que no restringe dicho mecanismos de protección a los derechos
del investigado mencionados expresamente en el num. 2 -lo que ni siquiera podría
plantearse necesariamente de la frase “Cuando el imputado considere que durante las
Diligencias Preliminares o en la Investigación Preparatoria no se ha dado cumplimiento a
estas disposiciones”; pues esta se refiere de modo general a las disposiciones anteriores
y, por tanto, también al numeral 1- sino que, además, establece -sin ningún tipo de
restricciones- su procedencia cuando el imputado considere que “sus derechos no son
respetados, o que es objeto de medidas limitativas de derechos indebidas o de
requerimientos ilegales”.
Del mismo modo que el CPP 2004 ha establecido a la tutela judicial de derechos como un
mecanismo general de protección de los derechos de los justiciables, ha previsto también
mecanismos específicos, que buscan la protección de derechos particulares frente a
concretas formas de ataque (p. ej. para los casos en que la persecución penal por parte
del Ministerio Público importa una infracción del derecho a la legalidad material por
atipicidad de la conducta imputada, se ha previsto la excepción de improcedencia de
acción).
El criterio de especialidad -“lex specialis derogat generalis””-, hace que en los casos en
que la agresión a los derechos de los justiciables se encuentre contemplada como
supuesto de aplicación de alguno de los mecanismos específicos de protección en
mención, se tenga que emplear éstos y no la tutela; la cual queda así normativamente
excluida de dicho ámbito.
Se echa de menos, sin embargo, una toma de posición por parte de la Corte Suprema,
respecto de cuál es la respuesta que debe dar el órgano jurisdiccional cuando el
justiciable ha errado el mecanismo de protección de sus derechos, requiriendo la tutela
cuando lo que correspondía era solicitar la aplicación de un mecanismo específico (p. ej.
se ha presentado una solicitud de tutela para la protección del derecho a la prueba
porque el fiscal ha declarado la improcedencia de la diligencias requeridas por el
investigado en la investigación preparatoria, cuando lo que correcto era solicitar el
forzamiento judicial de actos de investigación a que se refiere el art. 337°.5 CPP 20048).
8
Prescribe este artículo: “5. Si el Fiscal rechazare la solicitud (de diligencias de investigación formulada por el
imputado o los demás intervinientes), instará al Juez de la Investigación Preparatoria a fin de obtener un
pronunciamiento judicial acerca de la procedencia de la diligencia. El Juez resolverá inmediatamente con el
10
En el segundo caso, también por las razones precisadas en el párrafo anterior 10, debe el
Juez resolver aplicando el Derecho correcto; pero, a efectos de no restringir
indebidamente el derecho de defensa, deberá -empleando por analogía el num. 1 del art.
374° CPP 2004- advertir previamente de dicha posibilidad a las partes para que puedan
alegar jurídicamente al respecto -siempre, una vez más, controlando el cumplimiento de
los requisitos de admisibilidad del mecanismo de protección que en su criterio sea el
pertinente-.
Para finalizar, se debe dejar sentado que los mecanismos específicos de protección de
los derechos del imputado se han estructurado en el código para hacer frente a formas de
ataque determinadas; por lo que la tutela de derechos, en tanto mecanismo general,
sigue siendo válida a pesar de la identidad de derechos protegidos cuando no exista
superposición en las formas de ataque. P. ej. si bien se ha previsto para la protección del
En ambos casos, si bien no se trata de una posibilidad que haya sido contemplada de
modo literal en el CPP 2004, la posición adoptada por la Corte Suprema -en tanto
efectivamente se haga un uso excepcional de ella- resulta funcionalmente plausible y
jurídicamente defendible.
En cuanto a la funcionalidad del rechazo liminar se debe decir que el sistema de justicia
no puede permitir las prácticas maliciosas que tengan por único designio entorpecer su
accionar, por más que pretendan encubrirse en el uso de los mecanismos legales que
prevé nuestro ordenamiento procesal; y ello tanto porque no se condice con la idea de
justicia el permitir espacios para las conductas inicuas, provengan de donde provengan,
como por la necesidad de evitar una sobrecarga de trabajo inútil y perniciosa para la
capacidad de respuesta del sistema y, también, para evitar la reiteración -logrando un
efecto preventivo- de quienes han procedido de ese modo o de otros que quieran
intentarlo.
Incluso, para prevenir este uso indebido de la tutela judicial de derechos no sólo se debe
recurrir al rechazo liminar, sino que, además, el juez debe imponer sanciones
disciplinarias. Lo que debe hacer, como en el caso que nos ocupa, cuando la malicia de la
pretensión ha sido detectada desde un primer momento, al calificar el escrito de tutela,
como cuando ello recién se ha detectado con motivo de la sustentación oral en la
audiencia13.
12
No se debe olvidar que conforme ha señalado el Tribunal Constitucional en la Sentencia dictada en el Exp.
N° 010-2002-AI/TC. Marcelino Tineo Silva y otros de fecha 03 de enero de 2003: “109. En efecto, aunque la
duración excesiva de los procesos sea el supuesto más común de violación del derecho a un proceso sin
dilaciones indebidas, tal derecho también garantiza al justiciable frente a procesos excesivamente breves,
cuya configuración esté prevista con la finalidad de impedir una adecuada composición de la litis o de la
acusación penal. Y es que, como expresa Nicolo Trocker, en afirmación válida, mutatis mutandis, «Razonable
es un término que expresa una exigencia de equilibrio en el cual estén moderados armoniosamente, por un
lado, la instancia de una justicia administrada sin retardos y, por otro, la instancia de una justicia no
apresurada y sumaria»”.
13
En sentido similar, aunque pareciera que limita la posibilidad de aplicar estas sanciones sólo a los
supuestos en que se ha llegado hasta el estadio de la audiencia: RODRÍGUEZ HURTADO, M. “ Audiencia de
tutela”, p. 2.
12
En relación con la funcionalidad del acogimiento de la pretensión de tutela sin audiencia
previa se debe decir que el sistema de justicia está en la obligación de brindar una real
protección a los derechos de los justiciables, por lo que el Juez no puede, cuando ha
corroborado que existe una situación injusta para dichos derechos que implica un riesgo
cierto e inminente de daño irreparable, permanecer impávido y esperar a después de la
realización de la audiencia para recién pronunciarse al respecto a pesar que es altamente
probable que en esas condiciones su intervención para la protección de los derechos
carezca del menor sentido.
Las cosas así, en los casos en que se presente un conflicto insuperable entre la
inmediatez de la respuesta -en la necesidad de asegurar una efectiva protección del
derecho bajo riesgo- y la realización de una audiencia previa evidentemente prevalecerá
la primera por la mucha mayor importancia que en la regulación de la institución y,
además de manera general, posee en comparación con el debate jurídico de las partes
orientado a ilustrar al Juez.
Debe eso sí precisarse que en tanto los órganos jurisdiccionales sean escrupulosos en el
acatamiento de la exigencia de que “la solicitud del imputado se resolverá
inmediatamente” -y no después de varios días, a veces muchos 16- en realidad es muy
poco el espacio que queda en la práctica para el acogimiento de la pretensión de tutela
sin previa audiencia.
14
De acuerdo a la Primera Disposición Final del Código Procesal Civil: “Las disposiciones de este Código se
aplican supletoriamente a los demás ordenamientos procesales, siempre que sean compatibles con su
naturaleza”.
15
De acuerdo a la REAL ACADEMIA ESPAÑOLA. Diccionario de la Lengua Española, p. 866, la palabra
inmediatamente posee dos significados; en tanto adverbio de modo, “sin interposición de otra cosa” y, en tanto
adverbio de tiempo “ahora, al punto, al instante”.
En este sentido, el único significado razonable para su uso en el num. 4 del art. 71° es en calidad de adverbio
de tiempo; pues sería ilógico su uso en calidad de adverbio de modo (“sin interposición de otra cosa”) para en
seguida establecer la necesidad que se interpongan cosas, como la constatación de los hechos y la audiencia
con intervención de las partes, entre la solicitud de tutela y la resolución judicial que se pronuncie sobre ella.
16
En calidad de ejemplo sobre lo que no debe suceder habremos de recurrir nuevamente a la tutela judicial de
derechos tramitada en Tacna que hemos citado en el acápite denominado “Función y sustracción de la
materia”; pues según la información que brinda la resolución transcrita por SOMOCURCIO QUIÑONES, V.
“Tutela de derechos en el Código Procesal Penal de 2004”, p. 276 – 277, el escrito de solicitud de tutela se
presentó el 22 de octubre y la audiencia se fijó para el 06 de noviembre, sin ninguna pretensión de inmediatez
en la respuesta.
13
El CPP 2004 en sus artículos VIII (T.P.) y 159° se decanta, en una expresión de su
compromiso con el garantismo penal, por la prohibición de empleo de las llamadas
pruebas ilícitamente obtenidas17 en su manifestación amplia; esto es, abarcando no sólo
los supuestos en que la consecución de la prueba implica en sí misma la infracción de un
derecho fundamental -p. ej. el cuchillo con que se cometió el delito fue incautado con
motivo de un allanamiento domiciliario ilegal-, sino también aquellos supuestos en los que,
a pesar de haberse seguido en relación inmediata con la de la misma los procedimientos
debidos, la obtención de la prueba es consecuencia necesaria de la infracción anterior de
un derecho fundamental -p. ej. la incautación del cuchillo en referencia se ha realizado en
el marco de un mandato judicial de allanamiento, pero la información que permitió
determinar que se encontraba en dicho inmueble se obtuvo mediante escuchas
telefónicas no autorizadas-18 .
Bajo este amparo, uno de los principales usos que las defensas técnicas han pretendido
para la tutela de derechos es que los jueces declaren - en el curso de la investigación
preparatoria19- la ineficacia de las pruebas obtenidas con quebrantamiento de derechos
fundamentales. Habiéndose encontrado una importante resistencia a ello por parte de la
jurisprudencia.
Entendemos que para ello se parte de la distinción que hace el CPP 2004, en el proceso
penal común, entre las funciones de la etapa de investigación preparatoria y las que
corresponden a la etapa de juzgamiento. En el primero caso, reunir los elementos de
convicción, de cargo y de descargo, que permitan al Fiscal decidir si formula o no
acusación. En el segundo, actuar las pruebas, de cargo y de descargo, que posibiliten al
Juez decidir si emite una sentencia condenatoria o absolutoria. Distinción que incluso
alcanza a la connotación que se le da a los instrumentos de acreditación propios de cada
una de dichas etapas: “elementos de convicción” en la primera; “pruebas actuadas” en la
segunda.
Lo que se enlaza con el hecho de que en el CPP 2004 los elementos de convicción -que
habrá de servir también para fundar fácticamente requerimientos de la investigación
preparatoria, como, por ejemplo, la prisión preventiva, el mandato judicial de allanamiento,
de levantamiento de secreto bancario o de reserva tributaria- en tanto tales agotan su
capacidad de acreditación en la sustentación de la acusación fiscal 20; siendo que para la
demostración de los hechos en el juzgamiento se deben emplear instrumentos de distinta
connotación, como son las pruebas21; las que, en efecto, recién podrán ser ofrecidas a
partir de la etapa intermedia; en cuyo estadio procesal, además, las partes habrán de
discutir si se deben admitir o no para su actuación en juicio, resolviendo sobre ello el juez
luego de escucharles.
Sin embargo, las ideas pergeñadas en estos dos últimos párrafos son sólo parcialmente
correctas.
Los magistrados que niegan la posibilidad que la tutela judicial de derechos se pueda
emplear para la exclusión de las pruebas obtenidas con quebrantamiento de derechos
fundamentales incurren en error, al pasar por alto que la investigación preparatoria tiene
también entre sus finalidades la de búsqueda y aseguramiento de pruebas, por lo que mal
se hace en pensar que éstas sólo existen en el proceso a partir de su ofrecimiento en la
etapa intermedia22.
En muestra de lo dicho se puede mencionar la regulación expresa que hace el CPP 2004
del levantamiento de cadáver y la necropsia en calidad de pruebas especiales; del
reconocimiento de personas en calidad de otro medio de prueba; o de la vídeo vigilancia,
el allanamiento, la exhibición e incautación de bienes en el título que el código dedica a la
búsqueda de pruebas y restricción de derechos; todos éstos que tienen como sede natural
20
El art. 325° prescribe: “Las actuaciones de la investigación sólo sirven para emitir las resoluciones propias
de la investigación y de la etapa intermedia”.
21
El num. 1 del art. 393° señala: “El Juez Penal no podrá utilizar para la deliberación pruebas diferentes a
aquellas legítimamente incorporadas en el juicio”.
22
No se nos escapan las distinciones teóricas sobre el empleo del término prueba (CAFFERATA NORES, J. /
HAIRABEDIÁN, M. La prueba en el proceso penal, p. 16: “Mirado desde una óptica técnicamente más estricta,
el fenómeno de la prueba presenta cuatro aspectos que pueden ser analizados por separado, aun cuando en
el léxico jurídico ordinario -incluido el de este libro- no siempre se los distinga con precisión: 1) el elemento de
prueba; 2) el órgano de prueba; 3) el medio de prueba; 4) el objeto de la prueba”); sin embargo, entendemos
que, como se aprecia en los párrafos siguientes del discurso principal, el CPP 2004 hace un uso amplio del
mismo.
15
de su realización la etapa de investigación preparatoria y se tratan, de inicio, de actos de
investigación23.
Debiéndose mencionar además que la lectura completa del artículo 325° permite apreciar
que a la prescripción: “Las actuaciones de la investigación sólo sirven para emitir las
resoluciones propias de la investigación y de la etapa intermedia” se le adiciona después
de un punto y seguido “Para los efectos de la sentencia tienen carácter de acto de
prueba… las actuaciones objetivas e irreproducibles cuya lectura en el juicio oral autoriza
este Código”; siendo que el artículo 383° prescribe respecto de la prueba documental:
“Sólo podrán ser incorporados al juicio para su lectura: … e) Las actas levantadas por la
Policía, el Fiscal o el Juez de la Investigación Preparatoria que contienen diligencias
objetivas e irreproducibles actuadas conforme a lo previsto en este Código o la Ley, tales
como las actas de detención, reconocimiento, registro, inspección, revisión, pesaje,
hallazgo, incautación y allanamiento, entre otras”; diligencias objetivas e irreproducibles24
éstas que -del mismo modo que las mencionadas en el párrafo anterior- tienen por sede
natural la investigación preparatoria y se trata, de inicio, de actos de investigación; pero
sin que ello niegue su calidad de pruebas.
El CPP 2004 permite, entonces, que algunos instrumentos de acreditación tengan una
doble connotación: de pruebas y de elementos de convicción 25. En tal sentido, el hecho de
que alguno de ellos puedan ser utilizados durante la investigación preparatoria o la etapa
intermedia como elementos de convicción no enerva para nada su naturaleza jurídica de
pruebas; que, si bien podrá ser ofrecida (para ser actuada en juicio) recién a partir de la
segunda de dichas etapas, existe ya en el proceso -incluso desde las diligencias
preliminares-.
Las cosas así, cuando el artículo VIII del T.P. señala: “2. Carecen de efecto legal las
pruebas obtenidas, directa o indirectamente, con violación del contenido esencial de los
derechos fundamentales de la persona”; no sólo está precisando que las pruebas
ilícitamente obtenidas no podrán ser admitidas para su actuación en juicio, sino que no
podrá reconocérsele ningún tipo de valor jurídico y, consecuentemente, no podrá dársele
ningún tipo de empleo en momento alguno del proceso, porque -como dice la norma-
“carecen de efecto legal”.
23
“El problema inicial que plantea el estudio de los actos de investigación es que son prácticamente
coincidentes con los actos de prueba, pese a que son distintos porque cumplen finalidades muy diversas. El
NCPP, sin embargo, utiliza la expresión ‘pruebas’, en tanto entiende, pese a que se realizan durante la
etapa de Investigación Preparatoria, que por lo general son de imposible reproducción y, formalmente, se
incorporan al acto oral mediante su lectura y debate”, SAN MARTÍN CASTRO, C. “Búsqueda de pruebas y
restricción de derechos”, p. 312 (negritas nuestras).
24
“La noción de prueba penal tiene como requisito esencial que haya sido sometida al debate contradictorio,
con arreglo a los principios de inmediación, publicidad, oralidad, oralidad y, desde luego, contradicción, tal
como prescribe taxativamente el artículo 356°.1 NCPP. Esta regla no significa, sin embargo, que sólo se
puede valorar la denominada ‘prueba plenaria’, esto es, la practicada en el juicio oral, que exige el contacto
directo con los elementos utilizados en él para lograr la convicción judicial. La prueba anticipada -realizada
antes del juicio oral por el Juez de la Investigación Preparatoria- y la prueba preconstituída -actuada,
igualmente, antes del juicio oral, tanto por el Juez de la Investigación Preparatoria, cuanto igualmente
por el Fiscal e, incluso, la Policía bajo la conducción Fiscal-, ambas integrantes de una noción mayor: la
prueba sumarial, también puede ser objeto de valoración por el Tribunal en tanto se someta a lectura y
debate, conforme lo disponen los arts. 383° y 384°.4 NCPP”, SAN MARTÍN CASTRO, C. “Búsqueda de
pruebas y restricción de derechos”, p. 310 (negritas nuestras).
25
El num. 1 del art. 383° establece que en juzgamiento podrán constituir también prueba documental, a
actuarse con su simple lectura, “las declaraciones prestadas ante el Fiscal con la concurrencia o el debido
emplazamiento de las partes, siempre que se den las condiciones previstas en el literal anterior” (que se
refiere a los casos en que el testigo no hubiese podido concurrir al juicio por fallecimiento, enfermedad,
ausencia del lugar de su residencia, desconocimiento de su paradero o por causas independientes de la
voluntad de las partes).
16
La posición contraria reduce indebidamente el ámbito de protección de los derechos de
los justiciables; dejándoles expuestos a injerencias estatales espurias -como el uso de los
elementos de convicción cuestionados de ilegítimos para fundamentar la detención
preliminar, prisión preventiva, allanamiento, entre otros-; por negar tutela procesal efectiva
a las alegaciones de obtención de prueba con quebrantamiento de derechos
fundamentales.
No estamos de acuerdo con esta posición. El CPP 2004 en ningún momento restringe la
tutela judicial de derechos al “restablecimiento” de los derechos ya vulnerados de los
justiciables.
Quedando claro que la norma establece una actuación de la tutela de derechos ex ante -a
la consumación de la infracción- y no sólo ex post.
No sólo lo dicho, sino que el numeral 4 en comento señala de modo expreso que la tutela
de derechos se puede presentar cuando se considera que se es objeto de requerimientos
ilegales; y si bien un sector de la doctrina nacional ha entendido -incorrectamente 29- que
con ello el CPP 2004 se refiere a los requerimientos que el Ministerio Público formula al
Juez de Investigación Preparatoria para “el dictado de actos jurisdiccionales -por ejemplo
constitución de partes, limitación de derechos, etc.- o la autorización para realizar
determinados actos restrictivos de derechos -como videovigilancia, incautación de bienes,
control de comunicaciones y de documentos, etc.” 30; lo cierto es que se refiere a los
requerimientos que el Ministerio Público hace directamente a los particulares o
funcionarios públicos en el uso de la capacidad limitada de injerencia en los derechos de
26
REAL ACADEMIA ESPAÑOLA. Diccionario de la lengua española, p. 1254.
27
REAL ACADEMIA ESPAÑOLA. Diccionario de la lengua española, p. 1255.
28
REAL ACADEMIA ESPAÑOLA. Diccionario de la lengua española, p. 1328.
29
Qué sentido tendría presentar una tutela judicial de derechos contra el requerimiento fiscal, por ejemplo, de
autorización judicial de levantamiento de secreto bancario si por más que sea inconstitucional o ilegal dicha
petición no surte ningún tipo de efecto hacia los derechos de los justiciables -y por ello no puede causar
siquiera un riesgo- y, además, le corresponde al órgano jurisdiccional pronunciarse sobre su legitimidad o
legalidad en la resolución que emita aceptándolo o denegándolo; lo mismo ocurre con los demás
requerimientos fiscales a que se refieren con dicha denominación expresa los artículos 64°, 122° -“Los
requerimientos se formulan para dirigirse a la autoridad judicial solicitando la realización de un acto procesal”-
y 323° del CPP 2004.
30
Con idéntica formulación: SALAZAR ARAUJO, R. La tutela de derechos y sus modalidades, p. 12;
BENAVENTE CHORRES, H. “La audiencia de tutela de derechos del imputado”, p. 30; VERAPINTO
MÁRQUEZ, O. “La tutela de derechos del imputado”, p. 248.
17
las personas que le ha concedido la ley procesal para viabilizar los fines de la
investigación31.
Siendo que estos requerimientos podrían importar un peligro inminente de lesión para los
derechos incluso fundamentales de las personas en los casos en que el Fiscal pretenda
extralimitarse en sus atribuciones; como, por ejemplo, cuando ordene bajo apercibimiento
de denuncia por delito de desobediencia a la autoridad la remisión de documentos que
contengan información referida a la intimidad personal y familiar del investigado. Para
estos casos no sólo resulta posible, sino necesario un mecanismo que permita impedir
que las agresiones a los derechos se consumen, papel que le corresponde cumplir a la
tutela de derechos.
No pasaron dos años para que el Acuerdo Plenario N° 2-2012/CJ-116 revisara dicha
postura y señalara:
Si bien este autor tiene plena razón respecto de la posibilidad de corregir a lo largo del
proceso los errores de calificación jurídica en que hubiera podido incurrir la disposición de
formalización ello no quiere decir que no nos encontremos ante una infracción a la
imputación necesaria en los casos en que dicha disposición no indica cuál es el tipo legal
que hace jurídico-penalmente relevante un hecho atribuido al investigado o cuando,
conteniendo el tipo legal varias modalidades -como, por ejemplo, ocurre en el caso del
artículo 427° del CP-, no se indica cuál es la específica modalidad de comportamiento
delictivo en que se ha incurrido33.
Más aún, en tanto los hechos también puede ser objeto de modificación durante el curso
del proceso34 -siendo una oportunidad para corregir los errores de adecuada descripción
en que se hubiera podido incurrir-, quien quiera utilizar el argumento de la improcedencia
de la tutela por la posibilidad de modificar la calificación jurídica, para ser coherente,
tendría también que negar su procedencia en el caso de la deficiente descripción del
aspecto fáctico.
Más bien, el pleno ejercicio del derecho de defensa, mediante la deducción de una
excepción de improcedencia de acción, requiere que se encuentre expresamente
consignada en la disposición de formalización de investigación la específica tipicidad que
el Fiscal asigna al hecho; pues la tipificación que esta autoridad haya realizado delimita el
objeto de análisis y crítica -para demostrar la falta de correspondencia entre el hecho y el
tipo penal al que supuestamente se adecua- de la defensa en el momento de interponer
dicho medio técnico de defensa; mal se haría en exigir que la defensa del investigado
tenga que argumentar su excepción respecto de todos los tipos penales posiblemente
aplicables al hecho y no especificados por el Ministerio Público en la disposición cabeza
de la persecución penal formal.
Es que el num. 4 del art. 71° ha prescrito, para los casos de las infracciones a los
derechos de los justiciables que tienen lugar durante la primera etapa del proceso, que el
investigado:
De esta manera -además, por la gravedad de su declaratoria para el proceso, que hace
que se la deba tener como extrema ratio-, cuando a consecuencia de una tutela judicial de
derechos se constate la infracción de algún derecho de los derechos justiciables la nulidad
sólo se deberá dictar cuando se trate del único mecanismo de subsanación, corrección o
protección ante la configuración del derecho y la específica forma de ataque en que se ha
incurrido36.
35
Ni siquiera se encuentra dirigida este medio técnico de defensa a solucionar los casos en que el error en la
calificación jurídica en que ha incurrido el Fiscal ha llevado a que se califique un hecho como típico de un
específico delito cuando en realidad el hecho sí es penalmente relevante, pero le corresponde la tipicidad de
otro.
36
Por ejemplo, en el caso del derecho a: “Ser examinado por un médico legista o en su defecto por otro
profesional de la salud, cuando su estado de salud así lo requiera” lo que, obviamente, corresponde al
amparar la tutela es ordenar la revisión médica del imputado. En cambio, cuando lo que se ha infringido es el
derecho al ne bis in idem, reabriendo un caso -disponiendo la formalización de una investigación preparatoria-
que había sido archivado por la atipicidad de los hechos, no existe otra alternativa que declarar la nulidad de
la indicada disposición de formalización.
20
tutela de derechos es que el Juez ordene al Fiscal la corrección del defecto en que ha
incurrido su disposición.
El que esta sea una opción válida para nuestro CPP 2004 lo confirma el num. 2 del art.
352°, que señala:
De esta manera, frente a los errores de forma en la acusación -entre ellos, de adecuada
descripción de los hechos, de precisión de la calificación jurídica o exposición de los
elementos de convicción que la fundamentan-, el CPP 2004 establece que no cabe
declarar la nulidad de la misma, sino sólo instar al Fiscal para que corrija el defecto
advertido.
Entendemos que solo frente a la renuencia del Fiscal para cumplir con lo ordenado o,
incluso, cuando exista una absoluta imposibilidad de describir mínimamente el hecho con
los actos de investigación con que en ese momento se cuentan y con los que se puedan
realizar de modo inmediato, la única forma de corrección y protección del derecho a la
imputación necesaria será declarar la nulidad de la disposición de formalización y
continuación de investigación.
37
Por ejemplo, VANEGAS VILLA P. “La Imputación”, p. 239, dice: “Tanta es su importancia, que la omisión en
el ordenamiento jurídico colombiano de la imputación, como acto previo a la acusación, genera nulidad de lo
actuado por violación al debido proceso”.
38
RUBIO AZABACHE, C. “Principio de imputación mínima y control de la formalización de la investigación
preparatoria”, p. 9.
21
Debe advertirse si que, en tanto basta para decidir el inicio de las diligencias preliminares
de investigación un hecho que analizado jurídicamente presente por lo menos los
componentes esenciales de una prohibición penal, sin necesidad de precisar
circunstancias o detalles -p. ej. cuando se inician indagaciones contra la persona que un
día antes había amenazado de muerte a quien ha sido encontrado muerto en la calle,
tendido y con un puñal en el pecho, sin que tengamos otros elementos de convicción
sobre quien asestó el puñal, a qué hora fue ello ni sobre las concretas circunstancias en
que se produjo el apuñalamiento-, en la práctica no serán muchos los casos en que se
pueda constatar efectivamente la infracción del derecho a la imputación necesaria en este
estadio del proceso; pero ello no puede servir para negar esta posibilidad y, peor aún,
para dejar inerme al ciudadano frente a los posibles abusos de las autoridades
encargadas de la persecución penal.
En tanto el numeral 1 del artículo 93º del CPP señala respecto de la persona jurídica
sujeto pasivo de persecución que “La persona jurídica incorporada en el proceso penal, en
lo concerniente a la defensa de sus derechos e intereses legítimos, goza de todos los
derechos y garantías que este Código concede al imputado” y el numeral 1 del artículo
113º que “El tercero civil, en lo concerniente a la defensa de sus intereses patrimoniales
goza de todos los derechos y garantías que este Código concede al imputado” no existe
mayor inconveniente para que estos sujetos procesales puedan recurrir a la tutela de
derechos.
39
CASTILLO ALVA, J “El derecho a ser informado de la imputación”, p. 196.
40
Ha señalado RUBIO AZABACHE, C. “Principio de imputación mínima y control de la formalización de la
investigación preparatoria”, p. 8. como ejemplo de infracción a la imputación necesaria en las diligencias
preliminares de investigación los casos en que “la disposición de apertura de diligencias preliminares no
especifica el hecho investigado y sólo menciona que se tuvo a la vista la denuncia de parte”; sin embargo, en
tanto la denuncia de parte puede perfectamente contener un hecho debidamente descrito nos podríamos en
este caso en realidad encontrar no ante un problema de imputación necesaria, sino sólo ante un problema
motivación, dado que el CPP proscribe en el num. 1 de su art. 64° la motivación por remisión.
22
En el caso del agraviado y el actor civil, la posición claramente mayoritaria en la judicatura
es que no pueden acceder a la tutela de derechos del numeral 4; por señalar este numeral
de modo literal que quien la puede plantear es el “imputado”. Posición que se ve reforzada
por el hecho que no existe una norma legal similar a la de la persona jurídica sujeto pasivo
de persecución o a la del tercero civil que les reconozca los mismos derechos que el
procesado.
No obstante el numeral 3 del artículo I del Título Preliminar del CPP apunta en sentido
contrario cuando establece que: “Las partes intervendrán en el proceso con iguales
posibilidades de ejercer las facultades y derechos previstos en la Constitución y en este
Código. Los jueces preservarán el principio de igualdad procesal, debiendo allanar todos
los obstáculos que impidan o dificulten su vigencia”. Pues, negar la posibilidad que el
agraviado o el actor civil puedan recurrir a la tutela de derechos cuando si lo pueden hacer
los demás sujetos procesales genera una clara situación de desigualdad en las
“posibilidades de ejercer las facultades y derechos previstos en la Constitución y en este
Código”.
Bibliografía
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proceso penal. Madrid, Trivium, 1999, pp. 390.
24
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Santiago, Universidad Diego Portales, 2002, pp.
360.
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oral. Lima, IDEMSA, 2010, pp. 988.
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Lima, Editorial RODHAS, 2006, pp. 945.