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1.

El español en Colombia

El español de Colombia es una variedad de la lengua española compuesta por un


conjunto de hablas regionales con rasgos específicos de pronunciación, de
entonación y de vocabulario, principalmente, que permiten su clara diferenciación
frente a otras modalidades nacionales. Tiene unas características propias,
producto del desarrollo interno y de influjos Inter idiomáticos diversos.
 
En el español de Colombia está presente el influjo de las lenguas amerindias
desde el momento de la Conquista hasta hoy. En los primeros contactos se
incorporaron voces amerindias que se extendieron por todo el contexto hispánico:
canoa, chocolate, cacao, tomate, papa, etc. Según los indigenismos más
extendidos y numerosos en Colombia son los quechuismos: cancha, chunche,
chócolo, chacra, chamba, china, chontaduro, carpa, minga, mute, ñapa, topo, etc.
 
En segundo lugar, están los muisquismos: alpayaca, amero, chaguala, changua,
chichaguy, chingue, chipaca, chisgua, chusque, cuba, cubio, curuba, etc. En
palabras de Montes, este influjo se refleja fundamentalmente en el léxico, más que
en su estructura fónica o gramatical.
 
En cuanto al influjo africano, que ha sido bastante considerable en las zonas
costeras, destacamos voces como banano, biche, guarapo, bangaño, mafafa,
malanga, guineo, ñame, ñoco. Asimismo, hay presencia del influjo de lenguas
europeas modernas; durante el siglo XIX hubo un notorio influjo del francés y del
inglés británico, pero en la actualidad predomina la presencia del inglés de
Estados Unidos, no solamente en el léxico sino en todos los niveles de la lengua.
Por ejemplo: ticket >tiquete, tiquetera; hobby >jobi; cassette>casete; yellow press
> prensa amarilla; to visualize > visualizar, etc.
 
La diversidad lingüística del español colombiano ha sido destacada por numerosos
investigadores. La obra más importante sobre el español de Colombia es el Atlas
Lingüístico-Etnográfico de Colombia (ALEC), dirigida por Luis Flórez y publicada
por el Instituto Caro y Cuervo entre 1981 y 1983. Es el único atlas general de
Hispanoamérica totalmente publicado y representa el estudio más completo del
habla popular colombiana. Tiene 1.523 mapas, presentados en 6 tomos ilustrados
con dibujos y fotografías, un Manual introductorio, un Glosario y un Índice
alfabético. La investigación se llevó a cabo en 262 localidades de Colombia. Los
informantes seleccionados fueron personas analfabetas o con poco grado de
escolaridad, entre 40 y 60 años, y oriundos de la localidad encuestada.
 
El Atlas muestra en mapas la distribución geográfica de las variantes del
español hablado en Colombia, por lo que permite establecer la división
dialectal y ver su extensión y distribución geográficas. A partir de lo anterior,
es posible establecer si las variantes se deben a la procedencia regional de los
colonizadores españoles, a la influencia de las lenguas amerindias, a la presencia
del sustrato africano o al influjo del medio físico y cultural. De esta obra se derivan
numerosos estudios en torno al español de nuestro país.
 
Basado en los datos del ALEC, hace una propuesta de clasificación dialectal del
español colombiano, según la cual agrupa sus variedades de una manera precisa,
relacionándolas con el español general. Así, establece dos grandes zonas para el
español de Colombia: el superdialecto costero-insular y el superdialecto
continental-interior. El primero se subdivide en dos dialectos: el costeño caribe y el
costeño pacífico. A su vez, el caribe comprende los subdialectos cartagenero,
samario, guajiro y caribe interior. Al costeño pacífico pertenecen las variedades
septentrional y meridional. Esta clasificación se determina con base en la norma
sintáctica del tuteo-voseo; en el costeño caribe predomina el uso del tuteo,
mientras que en el costeño pacífico alternan el tuteo y el voseo.
 
El superdialecto continental-interior se extiende por toda la región andina; éste se
divide en dos dialectos, occidental y oriental, atendiendo a la distinción /ll/- /y/. En
el dialecto antioqueño-caldense no ha existido esta distinción, mientras que en los
dialectos nariñense-caucano, tolimense-huilense, cundiboyacense y
santandereano, sí se diferencian estos fonemas; en la actualidad el fenómeno del
yeísmo se ha generalizado y la articulación de /ll/ tiene poca extensión geográfica. 

2.División dialectal y variantes


Rufino José Cuervo (1844–1911), filólogo colombiano, fue uno de los primeros en
estudiar el español de América como variedad de la lengua. Guitarte consideraba
a Cuervo fundador del español de América como disciplina propia en la filología
romance que, sin embrago, en aquel entonces, se inclinaba por la posibilidad de
fragmentación del español en lenguas separadas. El filólogo y dialectólogo
colombiano Montes Giraldo4 propuso la división del diasistema del español
general en dos variedades o superdialectos, el continental interior A y el costero
insular B «sobre la base de una norma principal, el tratamiento de la -s implosiva o
posvocálica a la que se agregan otras normas como la neutralización de -r, -l, la -n
velar final, etc.» (Montes 1996: 135). Admite, sin embargo, que «tal vez
fuera más conforme establecer una diferenciación geográfica, colocando a un lado
la mitad septentrional de la Península y las tierras altas de América, y, por otro
lado, la mitad meridional de la Península, Canarias y las tierras bajas del
continente americano» (ibídem). A base de esta bipartición dialectal del español
distingue dos grandes superdialectos en Colombia: el costeño y el central andino,
divididos a su vez en dialectos. La norma básica que caracteriza al superdialecto
costeño (el costeño caribe y el costeño pacífico) es la aspiración o pérdida de la
-s, además de otras normas, como el mantenimiento del carácter sordo de la s
intervocálica, neutralización de la -r y -s implosivas, la -n final articulada como
velar, el yeísmo, etc.
El dialecto costeño caribe abarca toda la costa atlántica (sus respectivos
departamentos) más los departamentos de Cesar, Norte de Santander y parte de
los Llanos Orientales. El rasgo que lo distingue del costeño pacífico (que
comprende los departamentos de la costa del Pacífico) es un rasgo
morfosintáctico, el tuteo como trato de confianza que se usa en el costeño caribe,
a diferencia del voseo que predomina en el costeño pacífico (Montes 1996: 136–
138). El superdialecto central andino (el andino occidental y el andino oriental) se
caracteriza por la conservación de la -s implosiva como sibilante, la identidad
fonológica de -r y -l, etc. El dialecto andino occidental (Antioquia, excepto su parte
septentrional, Caldas, Quindío, Risaralda y partes de Tolima y Valle del Cauca) se
caracteriza por el yeísmo, mientras que el andino oriental (departamentos de
Nariño, Cauca –menos la zona costera–, Huila, parte de Tolima, Cundinamarca,
Boyacá, Santander y parte de Norte de Santander) mantiene la oposición /ʎ/: /ʝ/.
(Montes 1996: 140). Además de los dos superdialectos existen zonas Inter
dialectales, como los llanos Orientales, en las que se van mezclando los
fenómenos de los dos superdialectos, sobre todo en las zonas limítrofes.

ANEXO
¿En Colombia se habla el mejor español?
Expresivo. Lento. Diverso. Mutable. Musical. Articulado. Por lo general apegado a
las formas convencionales de gramática y sintaxis, pero no por ello desligado de
variaciones creativas, de palabras y expresiones nuevas, de vulgarismos y
localismos.
A grandes rasgos, y a riesgo de caer en las siempre odiosas generalizaciones, así
es el español de los colombianos, del que se ha dicho, no en pocas
oportunidades, que es el “mejor español del mundo”. Pero, ¿lo hablamos
realmente?, ¿hay un mejor español que otro?, ¿qué particularidades tiene el
nuestro?
Para el profesor, académico y escritor Pablo Montoya, que en Colombia se hable
el mejor español del mundo tiene mucho de mito, bastante de polémica, pero
también algo de verdad.

Mito
El mito nació tal vez a mediados del siglo XIX, con Rufino José Cuervo, los
lingüistas y una clase política bogotana especialmente preocupada por refinarse,
cultivarse y convertir la capital en la llamada Atenas de América, porque sabía que
la cultura era el poder.
Pero nada distaba más de la realidad. Esa Atenas de América, que se jactaba de
hablar un español más puro que el de España, desconocía que nuestro español
estaba –no contaminado– sino enriquecido con vocablos indígenas y africanos, y
que había no solo un español bogotano, sino caribe, pacífico, insular, andino,
amazónico y llanero. Pero, ¿qué tan diferentes son unos de otros?, ¿se puede
hablar de un español colombiano homogéneo?
Aunque es verdad que Colombia es diversa en acentos de acuerdo con la región,
según Humberto Gómez Morales, lingüista y miembro de la Asociación de
Academias de la Lengua Española, en una investigación de 2006 aplicada a
medios de comunicación colombianos, se evidenció que entre las 1700 y 2300
palabras que en promedio usan diariamente la prensa, la televisión y la radio, más
de un 90 % eran palabras comunes a todo el país, y solo un 7 % y 9 % eran
palabras locales o regionales, lo que parece indicar que somos más homogéneos
de lo que pensamos y que los localismos rápidamente se expanden por el país,
cerrando posibles brechas lingüísticas.
Esto de acuerdo con la coordinadora del doctorado en Lingüística de la
Universidad de Antioquia, María Claudia González Rátiva: “Cada comunidad de
habla, con sus particularidades o normas internas, tiene su acento propio, su
registro formal, sus formas coloquiales, a las que cada hablante puede acceder de
acuerdo a sus intereses sobre el habla. Así, un hablante se adecua o puede
aprender a adecuarse a la situación comunicativa a la que se enfrente”, de modo
que no es que nuestro español se mantenga invariante, sino que esas variaciones
se extienden y masifican rápidamente.
Así que tal vez lo que nos distinga a unos y a otros, de acuerdo con las regiones
del país, sea especialmente la musicalidad o el acento, porque en formas,
palabras, gramática y vocablos, parece que mantenemos una estructura bastante
similar que nos permite comunicarnos sin mayores barreras.
Humberto Gómez Morales va un poco más allá e indica que esta
homogeneización del español es aplicable incluso a todos, “estudios recientes y
muy solventes señalan, inequívocamente, que el vocabulario compartido por todo
el mundo hispánico constituye algo más del 90 %”, según publicó en ¿Hacia
dónde va la lengua española?

Polémica
Ha hecho carrera en Colombia la creencia que el nuestro es el mejor español, idea
que se reforzó en 2007 cuando Medellín fue la sede del XIII Congreso de la
Asociación de la Lengua Española. Muchos, de los más de 150 invitados, fueron
cuestionados sobre este asunto. Algunos picaron el anzuelo y afirmaron que era
posible que Colombia sí hablara el “mejor” español del mundo. ¿Qué significa
mejor?
María Claudia González Rátiva, desde la sociolingüística, insiste en la función
social del idioma. El lenguaje es funcional, sirve para comunicarse y entenderse
mejor, en esa medida cada hablante tendrá su propia percepción, de acuerdo a lo
que conoce, vive y para qué lo necesita. De acuerdo con esto, “las opiniones y
actitudes lingüísticas determinan qué variedades de habla se perciben como más
agradables y más inteligibles”.
Pablo Montoya, por su lado, sostiene que, en términos formales, hablar un
correcto español hace alusión al uso de las formas gramaticales, sintaxis,
ortografía, fonética, léxico. Y de esto hay gente que lo hace bien y mal en todas
las latitudes. Y no solo eso: hablar un correcto español tiene que ver con las
condiciones socioculturales y académicas. De modo que la generalización no solo
resulta imprecisa sino tal vez ingenua, desconociendo los múltiples contextos que
influyen en el uso.
Uno de los sociolingüistas más importantes de España, Manual Álvar, declaró:
“Insidiosa cuestión con la que se pretende descalificar a unos hablantes e imponer
la propia variedad (...). Las cosas están claras: no hay un español mejor, sino un
español de cada sitio para las exigencias de cada sitio”. Dejando claro que en
quien habla mejor o no español hay una posición de poder. Las lenguas son
construcciones culturales que cambian y se renuevan para responder al uso. La
importancia y el valor de la lengua está en su uso y su poder de comunicar.

Un poco de verdad
Pablo Montoya fue durante varios años de profesor de español en Francia. Sus
estudiantes provenían de lenguas tan disímiles como el francés, el árabe y el
chino. Recuerda entonces cómo ellos le agradecían su español lento, articulado,
de pronunciación precisa y completa en cada una de las palabras. Musical y
pausado diferente a su referente más inmediato que era el español de España y
que les resultaba, no menos correcto o bonito, pero sí más difícil.
Sí, es posible que no haya un “mejor español”, pero lo cierto es que el español que
ha cultivado Colombia (gracias en gran medida a Rufino José Cuervo y al esfuerzo
de esa generación de lingüistas y de academias) parece ser muy claro: por lo
general con pronunciación completa de fonemas y letras, con construcciones
sintácticas y gramaticales convencionales y correctas, facilitando su comprensión
y dando poco margen a equívocos. Si efectivamente es insidiosa la cuestión de
quién lo habla mejor, es verdad que al menos el de Colombia es un español de
fácil comprensión para otros, hispanohablantes o no.
Además de los acentos regionales, que ocurre en muchos otros lugares, es
particular del español de Colombia la tendencia a los diminutivos, a diferentes
fórmulas de trato no solo usted, tú, vos, sino también vusté, sumerced que,
aunque en desuso, todavía siguen teniendo alguna influencia en el interior de
algunas regiones del país.
Es un español expresivo que encuentra muchos tonos y vocablos para decir lo
bueno y lo malo, “tenemos el hijueputa, que puede ser tremendamente afectuoso
o agresivo. Tenemos una palabra como gonorrea, que, frente a la palabra
argentina, boludo, parece un cariño”, señala Pablo Montoya.
Somos creativos, muy expresivos y flexibles.