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A mi bisabuela Antonia, mi abuela Gregoria, mi primo Alfredo, mis tíos Celia,
Alfredo, Manolo y Antonia, que, a pesar de su incesante lucha, no consiguieron
ganar la batalla al cáncer.

A todas las mujeres valientes que han pasado o están pasando por una
experiencia tan complicada como es enfrentarse a un cáncer de mama.

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Índice

Agradecimientos
Prólogo
1. Lo que debes saber del cáncer de mama
2. El diagnóstico: un duro golpe emocional
3. La intervención quirúrgica
4. Los tratamientos. Ganar la batalla al cáncer
5. Cómo manejar los efectos secundarios
6. Saber afrontar la tormenta emocional
7. La familia, el mejor apoyo emocional
8. Ahora más que nunca, ¡ponte guapa!
9. La alimentación, una apuesta segura
10. Terapias complementarias
11. Pasar página después del cáncer
12. Ser madre después del cáncer, un sueño alcanzable
13. Volver a la normalidad, la asignatura pendiente
Bibliografía

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© Almudena Regueiro Saá, 2019
© Profit Editorial I., S.L., 2019
Amat Editorial es un sello de Profit Editorial I., S.L.

Diseño cubierta: XicArt


Maquetación: Elisabet Ramos
ISBN: 978-84-17208-56-1
Primera edición: Enero, 2019

Producción del ebook: booqlab.com


No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su incorporación a un sistema informático,
ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio, sea electrónico, mecánico, por fotocopia,
por grabación u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito del editor.
La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad
intelectual (Art. 270 y siguientes del Código Penal). Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos
Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com;
teléfono 91 702 19 70 – 93 272 04 45).

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Referencias

Sobre la autora

Almudena Reguero es periodista y escritora, con una trayectoria profesional vinculada al ámbito de la salud y las terapias naturales que le dotó

de unas estrategias muy valiosas cuando tuvo que enfrentarse a su propio cáncer de mama. Redactora jefe de las revistas Estética Internacional

y Armonía Estética, ha dirigido y presentado programas de radio dedicados a mejorar la calidad de vida y ha colaborado con numerosas revistas

especializadas en salud y bienestar. Autora del libro Mi hijo es hiperactivo y distraído (2011), colabora en la actualidad con varias revistas y webs,

e imparte cursos y talleres de hábitos saludables y desarrollo personal.

Más información sobre Almudena Reguero

Sobre el libro

Cómo afrontar el cáncer de mama y mejorar la calidad de vida. El cáncer de mama es el tumor más común entre las mujeres, pero

también es uno de los que cuentan con mayores tasas de supervivencia. Desde una perspectiva positiva y de superación, esta obra aborda todo

el proceso desde que se recibe el diagnóstico: el miedo inicial, las distintas pruebas e intervenciones, los tratamientos convencionales y sus

efectos secundarios…, y hace hincapié en todos aquellos aspectos que pueden mejorar la calidad de vida, como la alimentación, las terapias

naturales, las técnicas cuerpo-mente o los cuidados estéticos, entre muchos otros.

Más información sobre el libro y/o material complementario

Otros libros de interés

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Web de Amat Editorial

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Agradecimientos

Cuando estás pasando por una enfermedad, es gratificante comprobar que


cuentas con el cariño y apoyo de tu familia y amigos. Además, necesitas saber que
estás en manos de los mejores profesionales médicos. Quiero manifestar mi
agradecimiento a todas aquellas personas que han hecho posible mi recuperación
y que todo el proceso de mi enfermedad haya sido más llevadero.
A mi amigo el Dr. Jesús Torres, jefe del bloque quirúrgico del Hospital
Universitario Infanta Sofía, que me facilitó mucho los trámites en esos primeros
momentos de desconcierto tras el diagnóstico.
Al equipo del servicio de ginecología y unidad de patología mamaria del
Hospital Universitario Infanta Sofía, que con gran amabilidad siempre estaban
dispuestos a resolver mis dudas y a prestarme los cuidados necesarios: Dr. Julio
Álvarez, Dr. José Rubio, Dr. Javier Heras, Dra. Eva Pelayo y Dra. Clara García; y a
las enfermeras de ginecología, Rosa Lorenzana, Nieves Sánchez y Carmen De
Lara.
Al servicio de oncología del Hospital Universitario Infanta Sofía, Dra. María
Merino, Dra. Miriam López, Dr. Enrique Casado, Dr. Cesar Gómez y Dra. María
Sereno, cuyo trato siempre fue exquisito. A las enfermeras y enfermeros del
hospital de día que hacían que las sesiones de quimioterapia fueran más gratas:
Caridad Moguel, Ana Isabel García, Rebeca Hernández, Elena Jiménez, Hortensia
Lanfa, Beatriz Marín, Alfredo López, Mª Angeles Plaza, Jesús López y Elisa López.
Al Dr. Antonio García Grande, oncólogo radiólogo del Hospital Universitario
La Paz, por sus buenas recomendaciones para mejorar mi calidad de vida durante
el tratamiento. A Pilar, enfermera de oncología, y a los técnicos de radioterapia:
Paloma Ayuso, María del Dulce, Marta Diéguez, Mª Angeles Mirada, Beatriz
Mansilla y Cristina Abellán.
Gracias a Ana Isabel García Ordoñez, mi doctora de familia, a la que
considero ya amiga, siempre preocupada por mi salud. A mis compañeras de los
grupos de Facebook Mama, princesas valientes y Después del cáncer de mama por su
apoyo en los momentos más complicados. Quería hacer una mención especial a
mis compañeras Marimar Sixto, Rosa Mari Espino y María Montequin, que a
pesar de haber luchado con gran valentía, no han conseguido superar el cáncer

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de mama.
A mis amigos Mayte, Inmaculada, Charo, Yolanda, Julia y Ramón, por su apoyo
incondicional.
Y por supuesto gracias a mi familia. A mis padres, que han sufrido mucho,
durante todo el proceso de la enfermedad, mis suegros, mis hermanas, mis
cuñados y mis sobrinos, siempre dándome ánimos y preocupados por mi
evolución. A mis hijos Adrián y Alberto, que con sus cuidados, mimos y alegría
hacían que mi convalecencia fuera más agradable. Y no podía olvidarme de la
persona más importante, Pedro, mi marido, que ha sido mi mejor pilar de apoyo
en los momentos difíciles y el mejor bálsamo para mis emociones, porque
siempre conseguía transmitirme mucha paz y, sin juzgarme, sabía escuchar todas
mis preocupaciones.

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Prólogo

Hay un proverbio maorí que dice: «vuelve tu rostro hacia el sol y las sombras
caerán detrás de ti». Cuando el cáncer te toca con su envenenada varita, se cierne
sobre ti un sinfín de sombras muy difíciles de disipar. «¿Lo superaré? ¿Llevaré
bien los tratamientos? ¿Será muy doloroso? ¿Tendré secuelas importantes?...» Ese
miedo e incertidumbre, que son normales en enfermedades graves, son los que
no te dejan avanzar, restan energía y te bloquean, dificultando la toma de
decisiones para luchar contra la enfermedad.
Para superar esta situación necesitas una tabla de salvación a la que agarrarte
para no hundirte en el profundo océano de esta complicada enfermedad. En mi
caso esa tabla fue, además del apoyo de mi familia, la escritura. Plasmar en
palabras y dar forma a todo aquello que sentía y a todas las terapias y estrategias
que fui descubriendo a lo largo de todo el proceso de la enfermedad, se convirtió
en una estupenda herramienta para afrontar el cáncer de una manera más activa
y positiva.
Así nació este libro, entre interminables horas de espera en pasillos y salas de
consultas, quimioterapia y radioterapia del Hospital Universitario La Paz y del
Hospital Universitario Infanta Sofía en San Sebastián de los Reyes, y en las largas
noches de insomnio provocadas por los fármacos.
Esta obra tiene un sentido muy especial, porque además de plasmar mis
vivencias, he querido recoger los testimonios de once valientes mujeres que han
desempolvado sus experiencias con el cáncer de mama para compartirlas en este
libro. Ellas me han enseñado que existen diferentes formas de afrontar esta
enfermedad, y que por muy complicada que se ponga la situación, siempre hay
que luchar y no darse por vencida. Todas y cada una de ellas a su manera son
heroínas que representan a muchas mujeres que han pasado o están pasando por
una experiencia tan complicada como es superar un cáncer de mama.
Además de estas experiencias tan enriquecedoras, he considerado interesante
compartir todas las técnicas y terapias complementarias que he puesto en práctica
y que suponen una gran ayuda para fortalecer el cuerpo y, sobre todo, la mente,
en estos momentos tan difíciles. Pautas dietéticas para estar bien alimentadas y
fuertes para soportar mejor los tratamientos. Complementos nutricionales y
plantas para depurar el organismo y paliar los efectos secundarios de la profilaxis

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y para mejorar la calidad de vida. Sin olvidar el aspecto emocional, que en
muchas ocasiones se deja al margen. Es necesario contar con estrategias y
herramientas que te ayuden a manejar el torbellino emocional que surge desde el
primer instante que se tiene tras el diagnóstico. Por ejemplo, las terapias cuerpo-
mente como el yoga, la meditación y la relajación, y las terapias energéticas como
el reiki, chi kung y tai chi, que ayudan a equilibrar y fortalecer el organismo y en
especial la mente, para afrontar la situación de una manera más positiva y hacer
frente a los miedos, la ansiedad y la depresión que con frecuencia suelen
acompañar a este tipo de enfermedades. También es interesante saber manejar
todas las situaciones que surgen, como la relación con la pareja, los hijos, la
familia, los amigos, y también en el mundo laboral.
Otro aspecto importante es todo lo que ocurre después de haber finalizado los
tratamientos. Se trata de saber dejar atrás el rol de paciente e ir desvinculándose
del ambiente médico, enfrentarse al temor de las recidivas, lidiar con las posibles
secuelas y con las complicaciones que puedan surgir a la hora de retomar la
actividad laboral y las tareas cotidianas. En definitiva, «volver a la normalidad».
Si este libro ha caído en tus manos quizás te hayan diagnosticado un cáncer de
mama o, tal vez, lo padece alguna persona cercana a ti. Espero que todas las
estrategias, técnicas y terapias te sirvan de ayuda para afrontar de la mejor manera
posible este complicado trance. Pero, sobre todo, no olvides que hay que seguir
luchando, y aunque en ocasiones las circunstancias obligan a hacer un paréntesis,
lo importante es Que no se pare tu vida, que aún te queda mucho por vivir.

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1. Lo que debes saber del cáncer de
mama

Introducción
En las últimas décadas la incidencia del cáncer de mama ha aumentado
principalmente en los países occidentales. Es el tumor maligno más frecuente en
el sexo femenino, ya que representa un 31% de todos los cánceres en las mujeres.
Según la Sociedad Española de Senología y Patología Mamaria (SESPM), en
España se diagnostican cada año unos 26.000 nuevos casos de cáncer de mama. Se
estima que una de cada ocho mujeres tendrá un tumor maligno a lo largo de su
vida y se detectan en especial en mujeres entre 45 y 65 años. Después del cáncer
de pulmón, es el más frecuente en el mundo y el que más muertes causa, aunque
afortunadamente España es uno de los países de la Unión Europea que tiene el
índice de mortalidad más bajo por cáncer de mama.
Si bien es cierto que existe preocupación por el incremento de este tipo de
tumores, también es verdad que gracias a las medidas de detección precoz y a los
tratamientos cada vez más personalizados que distinguen los distintos tumores
para atacarlos de forma más efectiva, más del 85% de las mujeres sobrevivirá a
esta enfermedad. Está demostrado que el arma más eficaz de detección es la
realización de una mamografía. Mediante esta técnica es posible diagnosticar
tumores en estados iniciales y mejorar significativamente el pronóstico. Además,
la detección precoz no solo reduce el índice de mortalidad, sino que también
mejora la calidad de vida, ya que al descubrir los tumores en fases más tempranas
se pueden aplicar tratamientos menos agresivos y realizar una cirugía más
conservadora.
Un aspecto importante es la investigación y la incorporación de nuevos
tratamientos de quimioterapia como los taxanos y nuevas terapias hormonales,
introducidas a comienzos del siglo xxi, que mejoran los resultados del
tamoxifeno. Según la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), uno de
los mayores avances en los últimos años es el conocimiento de la heterogeneidad
del cáncer de mama, ya que se trata de una enfermedad con diferentes subtipos
biológicos que necesitan tratamientos específicos. Gracias a estos avances
aparecieron determinados fármacos como el trastuzumab y el pertuzumab para el

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tratamiento de tumores malignos de mama Her2 positivo, que hasta entonces
tenían muy mal pronóstico de curación.
No obstante, aunque la palabra cáncer sigue dando mucho miedo, todos estos
avances hacen que afrontemos la enfermedad desde una perspectiva más
alentadora. Además, hoy en día tenemos una mayor información respecto a todo
lo que concierne al cáncer, lo que nos permite saber a qué nos enfrentamos. Hay
mayor preocupación para que, tanto la enfermedad como los efectos secundarios
de los tratamientos repercutan lo menos posible en la calidad de vida. También
hay más apoyo psicológico y emocional, bien sea desde los círculos más íntimos
como la familia y los amigos, o bien desde los externos, como los grupos de
apoyo, psicólogos y terapeutas, que hacen más fácil sobrellevar todo el proceso.

¿Cómo se genera el cáncer?


Nuestro organismo está constituido por millones de células vivas que crecen, se
dividen y mueren. En los primeros años de vida, las células se dividen más
rápidamente para favorecer el crecimiento, pero cuando somos adultos la
mayoría de las células se multiplican solo para reemplazar a las envejecidas o a las
muertas, para así reparar las lesiones y mantener el correcto funcionamiento de
los distintos órganos del cuerpo.

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El cáncer aparece cuando en las células hay una alteración en el ADN, que es el encargado
de dirigir todas las funciones de la célula, y comienzan a crecer de manera descontrolada a
riesgo de invadir otros tejidos. Esto no ocurre con las células normales que son capaces de
reparar el daño en el ADN (o si no mueren).
El cáncer de mama es un tumor maligno que se genera en el tejido de la glándula mamaria.
La mayoría comienza en las células que recubren los conductos, y se denomina cáncer
ductal. También puede originarse en las células que recubren el lobulillo, el llamado cáncer
lobulillar, y con menor frecuencia pueden darse en otros tejidos de la mama.
[Ilustración: Irene Cabria Mondéjar.]

¿Cómo puede propagarse el cáncer?


Una vez que se ha generado el tumor en la mama puede crecer de varias
maneras:
• Por invasión directa: infiltrándose y afectando a otras estructuras vecinas,
como pueden ser los músculos de la pared torácica, los huesos o también la piel.
• Por diseminación linfática: es una de las formas más comunes de
propagación del cáncer de mama. Las células cancerosas pueden introducirse en
los vasos linfáticos y reproducirse en los ganglios. De ahí se diseminan hacia otros
órganos.
• Por diseminación hematógena: se propaga a través de los vasos sanguíneos y
se suele diseminar hacia huesos, pulmón, hígado y piel.

Tipos de cáncer de mama


No todos los tumores de mama son iguales. Podemos encontrarnos muchos tipos
en función de la apariencia de las células vistas bajo el microscopio, del lugar de
la mama donde se origina el tumor, del grado de agresividad, de si es más o
menos invasivo, o de si tiene receptores hormonales.

Carcinoma y adenocarcinoma
Carcinoma y adenocarcinoma son dos términos que se suelen usar para
denominar tipos de cáncer en función de los tejidos donde se originan.
Carcinoma hace referencia a un tipo que ha comenzado en las células epiteliales
de tejidos como el seno. La mayoría de los cánceres de mama son un tipo de
carcinoma llamado adenocarcinoma que se origina en el tejido glandular. Los
tumores que empiezan en los lobulillos o en los conductos lácteos se llaman
adenocarcinomas.

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Conocer los tipos de cáncer: los más comunes y los poco frecuentes
Existen muchos tipos de tumores malignos de mama, algunos se suelen dar en
pocas ocasiones, como la enfermedad de Paget y el tumor Phyllodes. Por el
contrario, el carcinoma ductal infiltrante se da en 8 de cada 10 de los casos de
cáncer de mama. También puede suceder que en un solo tumor se combinen
varios tipos, o ser a la vez un cáncer in situ e invasivo.
• Carcinoma ductal in situ (CDIS): es la proliferación de células cancerígenas
en el interior del conducto lácteo mamario, sin invasión o infiltración del tejido
que lo rodea. Pero si no se trata puede convertirse en cáncer invasivo.
• Carcinoma lobulillar in situ (CLIS): comienza dentro de un lobulillo, de las
glándulas productoras de leche.
• Carcinoma ductal infiltrante o invasivo: es el tipo más común de cáncer de
mama. De hecho, ocho de cada diez cánceres invasivos son ductales. Comienza en
el conducto lácteo, traspasa la pared y crece en el tejido adiposo de la mama. A
partir de ahí, este tipo de cáncer puede propagarse y metastatizar a otras partes
del cuerpo a través del sistema linfático y/o del torrente sanguíneo.
• Carcinoma lobulillar invasivo o infiltrante: se genera en los lobulillos y afecta
al tejido mamario. Al igual que el ductal, también puede propagarse y
metastatizar a otras partes del cuerpo. Este tipo de cáncer de mama es poco
frecuente, se da en uno de cada diez cánceres invasivos. Además, es más difícil de
detectar por medio de mamografías que el cáncer ductal.
Los tipos de cánceres que se enumeran a continuación son poco frecuentes:
• Cáncer inflamatorio de mama: es un tipo raro, se da entre el uno y el tres
por ciento de los tumores malignos de mama. Es muy agresivo y se disemina
rápidamente, por lo que tiene peor pronóstico. La mama está inflamada,
enrojecida, acalorada y la piel puede presentar hoyuelos con aspecto de piel de
naranja.
• Enfermedad de Paget del pezón: tiene su origen en los conductos de la
mama y se va propagando hacia el pezón y la areola. Muestra síntomas como
picazón, escozor, aparición de costras y sangrado o supuración en la zona del
pezón y la areola. Se da en el uno por ciento de todos los casos de cáncer de
mama.
• Cáncer de mama triple negativo: suele incidir más en jóvenes y mujeres de
raza negra. Tiende a crecer, propagarse y crear metástasis más rápidamente que la
mayoría de los cánceres de mama. Las células carecen de receptores de

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estrógenos y de progesterona y, además, no disponen de exceso de proteína
HER2, por lo que existen menos opciones de tratamiento efectivo.
• Tumor Phyllodes: a diferencia de los carcinomas que se originan en los
conductos o en los lobulillos, este tumor se forma en el tejido conectivo de la
mama. Aunque en ocasiones pueden llegar a ser malignos, por lo general son
benignos y es suficiente extirpar el tumor para controlar la alteración.

Subtipos de carcinomas invasivos de mama


Dentro del carcinoma invasivo de mama podemos encontrar ciertos tipos especiales de cáncer:
carcinoma mucinoso o coloide, tubular, adenoquístico, adenoescamoso, papilar y medular.
El tratamiento de todos estos carcinomas es el mismo que el del carcinoma ductal infiltrante
regular y suelen tener un mejor pronóstico. También existen otros subgrupos de tipos de
cáncer de mama que tienen similar o quizás peor pronóstico que el carcinoma ductal
infiltrante, como el carcinoma metaplásico, micropapilar y mixto con características de
lobulillar y ductal invasivo.

Receptores de hormonas
Una de las pruebas que se incluyen cuando se hace un estudio patológico de un
tumor es un análisis para comprobar si las células tienen o no receptores para
estrógenos y progesterona. Estos receptores son proteínas que están en la
superficie e interior de las células mamarias y son utilizados como marcadores
tumorales. Si un cáncer da positivo para receptores de estrógeno (ER+), significa
que esta hormona hace que el tumor canceroso crezca. Así, el 70% de los tumores
malignos de mama tienen receptores de estrógeno. En el caso de positividad a los

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receptores de progesterona (PR+), será esta la que haga crecer el tumor. Se
calcula que dos de cada tres cánceres de mama tienen receptores de hormonas
positivos. Los cánceres sensibles a los estrógenos pueden ser tratados con terapia
hormonal como el tamoxifeno o con los inhibidores de la aromatasa.
El HER2 es un gen que produce una proteína, también llamada HER2, que
ayuda a que las células mamarias crezcan sanas, se dividan y se reparen a sí
mismas. Pero en el 30% de los casos de cáncer de mama, este gen no funciona
correctamente y se amplifica, es decir, hace muchas copias de sí mismo. En
consecuencia, hay una sobreexposición a la proteína HER2. Esto provoca que las
células cancerígenas mamarias crezcan y se multipliquen de forma descontrolada.
Los cánceres de mama con HER2 positivo son más agresivos y con más
probabilidades de diseminación a distancia. Además, son más resistentes a los
tratamientos convencionales como la quimioterapia, aunque existe un
tratamiento al que sí responden, como es el caso del trastuzumab, un anticuerpo
monoclonal que puede administrarse junto con la quimioterapia y/o asociado a
otros agentes anti-HER.

Conoce los factores de riesgo


Siempre se ha hablado mucho de los factores de riesgo que pueden aumentar la
incidencia del cáncer de mama, pero en ocasiones son informaciones erróneas
que crean confusión. Hay algunos factores que no se pueden controlar, como los
antecedentes familiares, sexo, raza o edad, por eso es necesario estar ojo avizor.
Sin embargo, hay otros sobre los que sí se puede actuar, como son la utilización
de anticonceptivos orales, evitar la obesidad y el sobrepeso y hacer un control de
los factores ambientales y hábitos alimenticios.

Sexo
El hecho de ser mujer es el principal factor de riesgo. La glándula mamaria de las
mujeres está sometida al estímulo de los estrógenos y la progesterona. Estas
hormonas son responsables del crecimiento de las células cancerígenas en la
mama en los cánceres que son hormonodependientes. La probabilidad de que el
hombre padezca cáncer de mama es unas cien veces menor que en el caso de las
mujeres.

Raza
Las mujeres de raza blanca tienen más probabilidades de desarrollar un tumor
maligno que las de raza negra, aunque en estas últimas es más común el

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diagnóstico en una edad temprana, antes de los 45 años. Las mujeres indias
americanas, hispanas y asiáticas tienen menor riesgo y se cree que esto está
relacionado con el estilo de vida.

Genética
Se calcula que entre el cinco y el diez por ciento de los casos de cáncer de mama
son hereditarios, es decir, que se originan a causa de una mutación genética
heredada de alguno de los padres. Los genes que más se estudian en la actualidad
son el BRCA1 y BRCA2, ya que están involucrados en la mayoría de los casos de
cáncer de mama.

Períodos menstruales
Las mujeres que han comenzado con la menstruación muy pronto, antes de los 12
años, y/o que han tenido una menopausia tardía, después de los 55 años, tienen
mayor riesgo de padecer tumores malignos de mama. Esto puede ser a causa de
una mayor exposición a las hormonas estrógenos y progesterona.

Envejecimiento
Con la edad aumenta el riesgo de cáncer de mama. Se calcula que alrededor del
18% de estos tumores se diagnostican en la década de los 40, y el 77% a partir de
los 50 años. Esto se debe principalmente a que con la edad se está más expuesto
al proceso de carcinogénesis, por el cual una célula normal se convierte en
cancerígena. Según un estudio del Vanderbilt-Ingram Center de Estados Unidos,
publicado en la revista científica Molecular Cell, la deficiencia de una proteína
llamada sirtuína, asociada al envejecimiento de las células, está relacionada con el
desarrollo de cáncer de mama dependiente de estrógenos, que afecta sobre todo
a mujeres mayores.

Tejido mamario denso


Las mujeres con mamas densas, las que tienen más tejido glandular y fibroso que
adiposo, tienen más probabilidad de desarrollar cáncer de mama. Además, el
tejido mamario denso resulta más complicado para su análisis radiológico y las
mamografías son menos precisas, lo que dificulta el diagnóstico.

Afecciones benignas de mama


Existen muchas afecciones benignas de mama. Algunas de ellas no entrañan
demasiado peligro, mientras que otras, aunque sean buenas, pueden aumentar el

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riesgo de tumores malignos de mama. Por este motivo, ante cualquier anomalía
en los senos hay que acudir al médico para tener un diagnóstico correcto.

Cómo influye el estilo de vida

Tener hijos
Las mujeres que no tienen hijos o que los han tenido en una edad tardía, después
de los 30 años, tienen más riesgo de desarrollar tumores malignos. Los embarazos
reducen el número de ciclos menstruales de la mujer y hay una menor cantidad
de estrógenos en el organismo.
Un estudio publicado en la revista Cancer Prevention Research, elaborado por
investigadores del Centro de Inmunología y Enfermedades Microbianas de Nueva
York, describe que las hormonas producidas durante el embarazo, la
gonadotropina coriónica, los estrógenos y la progesterona, inducen la proteína
alfa fetoproteína, que inhibe directamente el crecimiento del cáncer de mama.

Lactancia materna
La lactancia materna puede prevenir la aparición de tumores malignos cuando se
realiza en edades jóvenes, si se tienen hijos alrededor de los 24 años y se prolonga
la lactancia más de tres meses. Pero cuando se amamanta a partir de los 38 años
ese factor de protección disminuye.

Píldoras anticonceptivas
Hay estudios que revelan que las mujeres que toman anticonceptivos orales
tienen más probabilidad de desarrollar cáncer de mama. Cuando se dejan de
tomar las pastillas el riesgo disminuye, y pasados 10 años, esas mujeres no parecen
tener mayor riesgo.

Terapia hormonal
La terapia hormonal con estrógenos, en ocasiones combinada con progestina que
se utiliza para aliviar los síntomas de la menopausia, aumenta el riego de tumores
malignos de mama con tan solo dos años de terapia. Además, también
incrementa la probabilidad de que el cáncer se encuentre en una fase más
avanzada.

Sobrepeso y obesidad
Según los expertos, hay mayor riesgo de tumores malignos que expresan

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receptores de estrógenos y progesterona si la mujer tiene obesidad o sobrepeso.
Esto es debido a que el tejido adiposo tiene la capacidad de fabricar estrógenos.
Las células grasas también producen adipocinas, unas hormonas que pueden
estimular o inhibir el crecimiento celular. La leptina, más abundante en las
personas obesas, fomenta la proliferación celular, mientras que la adiponectina,
que está menos presente en la obesidad, tiene efecto antiproliferativo. Además, si
la acumulación de grasa se concentra en la cintura se incrementa el riesgo.

Consumo de alcohol
Más de cien estudios epidemiológicos asocian el consumo de bebidas alcohólicas
con mayor riesgo de cáncer de mama. La probabilidad aumenta con la cantidad
de alcohol consumido. Por ejemplo, las mujeres que toman de dos a cinco
bebidas al día tienen el 5% más de riesgo que las mujeres que no consumen
alcohol. Si toman diez gramos de alcohol al día, un poco menos de una bebida,
aumenta del cinco al nueve por ciento la probabilidad de tumores malignos de
mama.

Disruptores endocrinos
Diariamente estamos expuestos a los disruptores endocrinos, sustancias químicas
que pueden alterar el sistema hormonal. Estas sustancias pueden actuar como
falsas hormonas y envían mensajes erróneos al organismo, y provocan
determinados desequilibrios. Muchos investigadores han relacionado la
sobreexposición a disruptores endocrinos con el cáncer de mama.
La mayoría de disruptores endocrinos llegan a nuestro cuerpo a través de
productos o alimentos que han sido procesados industrialmente. El más conocido
es el bisfenol A, que se encuentra en recipientes de plástico, en el recubrimiento
de las latas de conserva o en el film de PVC. Los fatalitos se utilizan para dar
flexibilidad y durabilidad a los plásticos y como ingrediente en muchos
cosméticos y productos de limpieza. El DDT que se usa como plaguicida y
pesticida en los cultivos y el PBDE como combustible. También estamos expuestos
a los derivados del benceno que se emplean en refrigerantes o lubricantes.

Factores inciertos
Existen determinados aspectos de la vida cotidiana que, aunque se relacionan con
la incidencia de cáncer de mama, no está demostrado que aumenten el riesgo,
como los desodorantes antitranspirantes, los implantes de mama, los sujetadores
con aros y los abortos, sean provocados o espontáneos.

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Los golpes en las mamas pueden provocar hematomas que se reabsorben y
dejan una zona de tejido cicatricial, lesión que en el futuro puede llevar a engaño
en las pruebas médicas.

Factores que previenen


Está demostrado que el ejercicio físico es saludable, según el estudio de la
Women's Health Initiative, con tan solo caminar de 1,25 a 2,5 horas por semana a
paso ligero se reduce el riesgo de tumores malignos de mama en un 18%. Si la
actividad física es de moderada a energética durante más de 3 horas semanales, el
riesgo se reduce entre un 30 y un 40%.
Una dieta sana y equilibrada, rica en frutas, legumbres y cereales integrales y
libre de grasas saturadas, productos refinados, azúcar y comida fast food ayuda a
prevenir el cáncer de mama, según indican algunas instituciones como el
American Institute for Cancer Research y el Fondo Mundial para la Investigación
del Cáncer.

Cáncer hereditario
La mayoría de las mujeres que desarrollan tumores malignos de mama no tienen
antecedentes familiares. No obstante, cuando hay casos de cáncer de mama o de
ovarios en algún familiar directo, sí puede haber motivos para pensar que la
persona puede haber heredado una mutación genética. Se estima que alrededor
del cinco al diez por ciento de los casos de cáncer de mama son heredados de
alguno de los padres. Aunque siempre se mira hacia la madre, nunca hay que
descartar la posibilidad de que sea el padre el que tenga el gen defectuoso y la
enfermedad haya pasado desapercibida.

Mutaciones genéticas
Los genes son componentes del ADN y tienen las instrucciones de cómo elaborar
las proteínas que nuestro cuerpo necesita para un correcto funcionamiento,
cuándo destruir las células dañadas y cómo mantener un equilibrio celular.
Cuando existe una mutación en algún gen, pueden producirse ciertas
enfermedades como el cáncer. Hay dos tipos de mutaciones: las heredadas, que
son las que se pasan de padres a hijos y se encuentran en todas las células del
cuerpo, y las mutaciones adquiridas, que son más comunes que las heredadas y
pueden suceder en cualquier momento de la vida de la persona.

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Los oncogenes son formas mutadas de algunos genes normales de las células llamados
protooncogenes, que son los que suelen controlar el tipo de células y la frecuencia con la que
estas crecen y se dividen. Cuando un protooncogen sufre algún tipo de mutación pasa a ser
un oncogen y se activa. Si esto ocurre, la célula puede crecer de forma descontrolada y
producir cáncer.

Los genes supresores de tumores son los que desaceleran la división celular,
reparan los errores del ADN e indican a las células cuándo deben morir. Si no
funcionan adecuadamente, pueden crecer de forma descontrolada y aparecer el
cáncer.

BRCA1 y BRCA2
En la actualidad se conocen al menos ocho genes relacionados con esta
enfermedad, pero hay en concreto dos de ellos, el BRCA1 y BRCA2, cuyas
mutaciones hereditarias son la causa más frecuente de cáncer de mama
hereditario. Solo una de cada mil personas presenta mutaciones en algunos de
estos genes, pero eso no quiere decir que se vaya a tener la enfermedad, lo que sí
se hereda es una predisposición más elevada a desarrollar cáncer de mama y
también de ovarios que el resto de la población.
El BRCA1 y el BRCA2 son genes que producen proteínas supresoras de
tumores. La función de estas proteínas es reparar los daños en el ADN y
garantizar la estabilidad del material genético. Cuando uno de estos genes tiene
esta mutación no funciona correctamente, no es capaz de reparar las alteraciones,
estas se acumulan y pueden acabar produciendo un tumor.
Probabilidad de desarrollo de cáncer de mama según la mutación de los genes
BRCA1 y BRCA2:

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BRCA 1 BRCA 2

Cáncer de mama 50% - 85% 50% - 85%

Cáncer de ovarios 15% - 45% 10% - 20%

Hay alteraciones en otros genes que también podrían ocasionar cáncer de mama
hereditario, pero son menos frecuentes y no aumentan tanto el riesgo de tumores
malignos como los BRCA:

ATM Ayuda a reparar el ADN. Heredar una variación de este gen puede
generar cáncer de mama en algunas familias.

CHEK2 La mutación de este gen causa el síndrome de Li-Fraumeni. Este


síndrome incrementa el riesgo de tumores malignos de seno.

P53 La alteración puede causar el síndrome de Li-Fraumeni.

PTEN Responsable de regular el crecimiento celular, las mutaciones


heredadas de este gen provocan el síndrome de Cowden, y puede
aumentar el riesgo de tumores malignos de mama.

CDH1 La mutación de este gen incrementa el riesgo de sufrir carcinoma


lobulillar invasivo.

¿Me hago la prueba genética?


A todas las mujeres con antecedentes de cáncer de mama les asalta la duda de si
es mejor o no hacerse la prueba. Se trata de una decisión muy personal. Hay
mujeres que prefieren saber si tienen una mutación en los genes BRCA y tomar
medidas preventivas. Otras, por el contrario, prefieren no saberlo, pues les puede
generar mucha ansiedad, incertidumbre y se podrían obsesionar con la
posibilidad de desarrollar la enfermedad.
En la mayoría de los casos de mujeres que tienen familiares con cáncer de
mama, este no se debe a las mutaciones genéticas del BRCA1 o BRCA2. Las
pruebas genéticas se deben realizar solo cuando existe una clara sospecha de que
puede haber una mutación heredada.
El riesgo de tener una mutación está en función del grado de proximidad, de
los parientes (de primer grado: madre, hermanas e hijas), del número de
familiares afectados y, sobre todo, de la edad que tengan en el momento de la

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enfermedad. Cuanto más joven existe más riesgo. Cuando hay casos de cáncer de
mama bilateral y además, aparece simultáneamente cáncer de ovarios, demuestra
una alta probabilidad de predisposición genética.
Antes de someterse a esta prueba, que consiste en una toma de muestra de
sangre o saliva, hay que estar bien asesorada y mentalizada, ya que si es positiva
puede causar un gran impacto a nivel psicológico y emocional.
«Me he sentido culpable por tener la mutación en el gen BRCA2 y poder
pasársela a mis hijas. A la mayor le salió negativa y la pequeña aún no se ha
hecho el estudio genético».
María Jesús

¿Qué pasa si se tiene el BRCA positivo?


Antes de tomar alguna decisión debemos valorar la situación detenidamente. Una
opción es la mastectomía preventiva bilateral, la extirpación de ambas mamas,
que reduce el riesgo en un 97%, aunque no previene completamente el cáncer,
ya que pueden quedar células mamarias que más adelante se conviertan en
malignas.
Hay dos tipos de intervenciones: la mastectomía simple o total, en la que se
extirpa el pezón, la areola y todo el tejido mamario, y la mastectomía subcutánea,
en la que se extirpa el tejido mamario pero se conservan el pezón y areola.
También se puede hacer la extirpación profiláctica de ovarios, que es la
principal fuente de hormonas estrógenos y progesterona. De esta forma se puede
reducir el riesgo del cáncer en un 50% o incluso más, si se realiza antes de la
menopausia, y en tumores que requieren estrógenos para crecer.
La quimio-prevención es el uso de medicamentos para reducir la probabilidad
de desarrollar cáncer. Uno de los más utilizados es el tamoxifeno, que bloquea el
efecto del estrógeno en el tejido mamario. Este fármaco parece que reduce el
riesgo para las mujeres con mutaciones en el BRCA2, pero no resulta tan efectivo
en casos de mutaciones en el BRCA1. Otros medicamentos recientes son los
inhibidores de la aromatasa como el anastrozol, letrozol o examestano.

Caprichos de la genética
Se podría decir que mi relación con el cáncer de mama no comenzó el día que me lo diagnosticaron. Sin
yo saberlo, mi historia empezó a principios del siglo XX, cuando mi bisabuela Antonia murió a los 60
años de cáncer de mama. La siguiente víctima fue su hija, mi abuela Gregoria, que a pesar de los
tratamientos no logró vencerlo. Después le tocó a mi madre, pero ella ha tenido más suerte y tras un

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duro proceso ha superado el cáncer.
Casualidades de la vida y caprichos de la genética, a los 48 años, a la misma edad que a mi abuela y que
a mi madre, me lo diagnosticaron a mí. Desde el primer momento quise llevarlo con normalidad y con
una actitud muy positiva, pero cada acontecimiento era un golpe a mi optimismo. Lo que en principio
parecía ser un fibroadenoma, acabó siendo un carcinoma ductal infiltrante de alto riesgo. Acabe
pasando dos veces por el quirófano, me sometí a 16 sesiones de quimioterapia, 36 de radioterapia y
realicé una terapia hormonal durante diez años. También me hicieron una histerectomía con
anexectomía bilateral debido a los efectos provocados por el tamoxifeno.
Aunque he de ser sincera: el optimismo y el ser tan positiva, además del apoyo de mi familia, han sido mi
gran motor para no venirme abajo en los momentos más complicados y poder llevar bastante bien todo
el proceso de la enfermedad. Además de una actitud positiva, sabía que también era importante llevar
una vida sana; seguir una dieta saludable y practicar ejercicio para lidiar de la mejor manera posible con
los numerosos efectos secundarios de los tratamientos.
Cinco años después, aunque sigo batallando con algunas secuelas debido al tratamiento hormonal,
empiezo a vivir con una cierta normalidad. Lo que sí que tengo claro es que me ha cambiado la forma de
ver la vida, he aprendido a vivir el día a día, disfruto de todo más intensamente, me cuido mucho, me
tomo las cosas con más calma y, sobre todo, valoro lo que realmente es importante en la vida y me hace
feliz.

Almudena Reguero Saá, 53 años (Madrid)

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31
2. El diagnóstico: un duro golpe
emocional

Nadie está preparado para recibir un diagnóstico de cáncer, cuando el médico te


da la noticia se agolpan dentro de ti un torbellino de emociones, tu mundo se
vuelve del revés y sientes como si hubieses perdido el control de tu vida. En un
primer momento es normal sentirse abrumada y desconcertada. La
incertidumbre, el no saber cómo va a transcurrir la enfermedad, las posibles
intervenciones, los tratamientos, las pruebas... provocan mucha ansiedad y los
periodos de espera se hacen eternos. Con el tiempo lo irás afrontando y
gestionando dependiendo de tu personalidad y de las habilidades que hayas
desarrollado.
«Superado el impacto inicial, opto por sociabilizar el cáncer, insertar esta palabra
en mi entorno, obligar a mi familia y amigos a pronunciarla sin miedo ni lástima».
Gema

Es importante acudir a la consulta acompañada, pues en esos duros momentos


es necesario tener un apoyo emocional, además, te vendrá muy bien si te
bloqueas contar con una ayuda para captar la mayor información posible y poder
hacer todas las preguntas que surjan sobre el proceso que te espera.
Una vez pasado el primer momento es necesario asumir la situación cuanto
antes para poder centrar toda la atención y energía en curarte lo más pronto
posible. Cada persona necesita su tiempo para hacerse a la idea, además, es
normal que tengas preocupación, eso te ayuda a estar atenta y a luchar para
superarlo. Sin embargo, si el pesimismo o la ansiedad te desbordan, esta actitud
puede inhibir la toma de decisiones o la búsqueda de la ayuda adecuada y todo
eso afectará en la conducta de curación.

Resolver las dudas


«Cuando fui a ver a mi oncóloga salí con la cabeza hecha un lío, con miles de
dudas y preguntas. En aquel momento estaba bloqueada ya que no creía que
eso me estuviera pasando a mí».
Nadia

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Desde el primer momento es normal que tengas muchas dudas y la necesidad
de obtener toda la información posible sobre tu situación. Para ello es importante
que tengas conversaciones con los especialistas que te van a llevar el seguimiento,
y que no temas hacer todas aquellas preguntas que se te ocurran por muy
insignificantes que parezcan; lo importante es que tengas claro tu situación
personal. Es probable que muchas de estas preguntas no tengan contestación al
principio, pero seguro que irán surgiendo respuestas a lo largo de las diferentes
etapas.
Resulta muy conveniente tener toda la información posible sobre la
enfermedad, pero procura que siempre sea de fuentes fiables, sobre todo de tus
doctores. No te fíes de lo que te cuenten de otras personas y, sobre todo, lo que
puedas encontrar en internet, en muchos casos la información es errónea y de
fuentes desconocidas que te pueden confundir.
«Empecé a buscar información por la Red, ¡arma de doble filo!, pues encontré
cosas que me pusieron los pelos de punta y me dio mucho miedo».
Rebeca

Detección precoz, la mejor arma


El de mama es uno de los pocos cánceres que se pueden diagnosticar de manera
precoz sin que previamente se note algún síntoma. El éxito del tratamiento y la
probabilidad de supervivencia a largo plazo dependen de la etapa de la
enfermedad en el momento del diagnóstico. Si se detecta en la fase inicial, es
decir in situ, el tumor está concentrado en la mama, con un tratamiento
adecuado la tasa de supervivencia es casi del 100%.
Aunque el número de nuevos casos de cáncer de mama se ha incrementado
en los últimos años debido principalmente al aumento de la esperanza de vida,
también mejora el índice de supervivencia entre el uno y el dos por ciento cada
año. Esto se debe a la detección precoz, a los tratamientos más recientes como la
hormonoterapia y a que ya se dispone de una mejor quimioterapia.
Las principales herramientas de detección precoz son la autoexploración de
las mamas, los análisis médicos periódicos y las mamografías. En España a partir
de los 50 años se aconseja a las mujeres que se hagan una mamografía anual y, si
tienen antecedentes, que se hagan la mamografía a edades más tempranas.

La autoexploración mamaria, una buena costumbre


«Todos los meses me exploraba las mamas. Precisamente esta buena costumbre,

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tal vez, me salvó la vida».
Amelia

La autoexploración es una buena costumbre que deberíamos realizar todas las


mujeres como medida preventiva. Pero para que sea efectiva y no te lleves sustos
ni sorpresas desagradables, hay que saber cuándo y cómo realizarla.
Pero en el caso de mamas densas, es decir, que tienen más tejido fibroso que
graso, la autoexploración resulta más complicada, ya que en este tipo de mamas
es más frecuente la presencia de nódulos palpables benignos.

¿Cómo debo explorarme las mamas?

¿Cuándo hacerla?
El mejor momento para la autoexploración es entre el quinto y el séptimo día del
comienzo de la regla, que es cuando las mamas no están bajo el efecto de las
hormonas.

Autoexploración de mamas paso a paso

Paso 1. Con el torso desnudo sitúate delante del espejo, coloca los hombros rectos y brazos
pegados al cuerpo. Observa el tamaño y la forma de las mamas, el color y el estado de la piel,
si tiene depresiones o inflamaciones.
[Ilustración: Irene Cabria Mondéjar.]

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Paso 2. En la misma posición levanta los brazos y observa si cambia el tamaño y la forma.
Fíjate, sobre todo, que el contorno inferior de las mamas sea regular. Comprueba que los
pezones no estén invertidos o si sale algún tipo de secreción.
[Ilustración: Irene Cabria Mondéjar.]

Paso 3. Coloca en la nuca la mano de la mama que vas a explorar y con la mano contraria
realiza con la yema de los dedos movimientos circulares desde el exterior de la mama hacia el
pezón. No olvides explorar también los ganglios axilares y claviculares. [Ilustración: Irene
Cabria Mondéjar.]

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Paso 4. Luego, acostada, realiza la misma operación del apartado anterior, de esta forma al
presionar con las yemas de los dedos sobre las costillas es más fácil detectar cualquier
anomalía.
[Ilustración: Irene Cabria Mondéjar.]

Pruebas diagnósticas, molestas pero necesarias


La exploración de las mamas no es suficiente para tener un diagnóstico definitivo,
es necesario realizar otros tipos de pruebas como mamografías, ecografías, biopsia
y resonancia magnética. Aunque la mayoría apenas son dolorosas, puedes pedir
que te expliquen en qué consiste cada prueba para que vayas preparada.

Mamografías

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La mamografía es una radiografía de los senos, que sirve para detectar alguna enfermedad
en las mamas que no presentan signos. Esta técnica es muy efectiva para descubrir tumores
pequeños y poco malignos o benignos como los carcinomas in situ, lo que contribuye a que
haya un mayor conocimiento de lesiones inciertas y una mayor realización de cirugías
conservadoras. Aunque se trata de una prueba muy interesante para la detección temprana
del cáncer, es efectiva en casos de mujeres de 40 a 70 años, pero no resulta muy útil en
mujeres jóvenes, ya que la densidad del tejido mamario dificulta la interpretación de las
imágenes, ni en mujeres mayores de 70 años. [Ilustración: Irene Cabria Mondéjar.]

Imágenes por resonancia magnética del seno


La resonancia magnética no es una técnica de primera indicación y su empleo se
deja para casos en los que los estudios previos no son concluyentes. Se consigue
una vista tridimensional del tejido mamario y tiene alta sensibilidad en mamas
densas y no utiliza radiación ionizante (rayos X). Se suele usar para detectar
cáncer de mama en mujeres con alto riesgo, examinar con detalle las zonas
sospechosas, determinar el tamaño del bulto y si existe algún tumor más.
Esta prueba no es dolorosa, pero debes permanecer muy quieta durante 30-60
minutos dentro de una máquina que es como un tubo cerrado. Si tienes
claustrofobia es mejor que tomes un relajante o un sedante para que no sientas
angustia.

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Ecografía (ultrasonido)
La ecografía es indolora y se basa en la utilización de ondas sonoras para delinear
una parte del cuerpo. Esta prueba es una herramienta muy valiosa que se puede
utilizar junto con la mamografía para revisar las mamas muy densas que no se ven
bien con la mamografía, pero sobre todo es muy eficaz cuando hay una lesión
sospechosa. Además, es más accesible y menos costosa que la resonancia
magnética. Con la ecografía se puede valorar si se trata de quistes, bolsas llenas de
líquido, o si son masas sólidas, e incluso en ocasiones se puede valorar si el bulto
es benigno o maligno. Es ideal para estudiar las mamas en mujeres embarazadas,
durante la lactancia y mujeres premenopáusicas con sintomatología mamaria.

Ductograma
El Ductograma o galactograma se utiliza en casos de secreción del pezón.
Consiste en introducir un diminuto catéter en el orificio de un conducto del
pezón por donde sale la secreción. A través de ese tubo se inyecta una sustancia
de contraste que va dibujando la forma del conducto en una imagen de
radiografía y detecta si hay alguna masa.
Las secreciones del pezón en la mayoría de los casos no son malignas; si son
de color lechoso o verdoso claro, no suele tratarse de cáncer. Pero si la secreción
es roja o marrón rojizo, significa que contiene sangre y hay alguna probabilidad
de que sea maligna, aunque lo más seguro es que sea una lesión, infección o un
tumor benigno.

La biopsia
Cuando en la mamografía o en la ecografía se detecta una lesión sospechosa se
debe hacer una biopsia para conseguir un diagnóstico definitivo. Existen varios
tipos de biopsia que se realizan en función del tamaño o localización del tumor.
• Punción por aspiración con aguja fina PAAF: es la más utilizada, ya que el
procedimiento es muy sencillo y se realiza en consulta. Con una jeringuilla muy
fina se extrae una pequeña cantidad de líquido o tejido de la zona sospechosa
que luego se envía al laboratorio patológico para su examen. No se suele aplicar
anestesia.
• Biopsia con aguja gruesa BAG: en esta prueba se utiliza una aguja más
grande guiada por ecografía o mamograma, para tomar pequeñas muestras de
tejido del núcleo de la lesión. Esta biopsia se realiza con anestesia local similar a la
que se utiliza en las consultas de los dentistas.

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• Biopsia con aspiración por vacío: este tipo de biopsia tiene un resultado de
diagnóstico claro de prácticamente el cien por cien. Para esta prueba se
administra anestesia local, se inserta una sonda hueca guiada mediante ecografía
hasta la zona donde está la lesión, y se extrae el tejido mamario afectado. En
ocasiones se puede dejar un clip como marcaje en la zona donde se ha practicado
la biopsia por si fuera necesario una ampliación.
• Biopsia quirúrgica o abierta: mediante este procedimiento se extirpa toda o
parte de la masa afectada para examinarla en el laboratorio de anatomía
patológica. Cuando se quita todo el tumor y el área sana de tejido circundante se
denomina biopsia escisional; si la masa es muy grande y solo se extirpa una parte,
se trata de una biopsia incisional.
Este tipo de biopsia es más compleja, se suele realizar con anestesia local y
sedación intravenosa que produce somnolencia, o bien con anestesia general.
• Biopsia de los ganglios linfáticos: cuando se va a extirpar un tumor maligno
se hace una biopsia del ganglio centinela para comprobar si hay propagación del
cáncer a los ganglios linfáticos. Para detectarlo se inyecta en la zona del tumor un
colorante y un isótopo radiactivo y el primer ganglio que aparezca teñido de azul
es el centinela. Si hay presencia de células cancerígenas en estos ganglios es
necesario la linfadenectomía total, eliminación de los ganglios de la axila y la
grasa que los rodea.

Pruebas genómicas, cuando la duda acecha


La quimioterapia resulta muy efectiva para el tratamiento del cáncer, pero hay
determinados casos como los tumores de mama incipientes, los que están muy
localizados o aquellos que son poco agresivos, en los que la utilización de una
terapia tan agresiva no aporta beneficios y sí muchos efectos secundarios. Para
ayudar a tomar la decisión de si es necesario aplicar quimioterapia, en algunos
tipos de cánceres de mama los oncólogos cuentan con las pruebas genómicas.
Estas consisten en analizar una muestra de tejido mamario canceroso para
estudiar la actividad de un grupo de genes, ya que estos contienen determinadas
proteínas que necesitan las células para mantenerse sanas y funcionar
adecuadamente. Esto permite predecir el riesgo de que reaparezca la enfermedad
en el futuro.
Estas pruebas están indicadas en caso de cáncer de mama en estadio
temprano I o II, con receptores hormonales positivos y sin ganglios linfáticos
afectados que presentan dudas.

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«Aunque mi cáncer tenía un buen pronóstico, planteaba algunas dudas. Me
hicieron el test MammaPrint, el resultado fue de alto riesgo y era necesario
aplicar quimioterapia».
Almudena

En la actualidad se utilizan dos tipos de análisis similares. Son el Oncotype DX


y el MammaPrint:

• La prueba Oncotype DX se utiliza para calcular el riesgo de recurrencia de


cáncer de mama en estadio temprano y con receptores hormonales positivos.
Para ello se analiza la actividad de 21 genes y se calcula la posible recurrencia del
cáncer con valores entre 0 y 100. Menos de 18 indica un bajo riesgo de recidiva,
entre 18 y 31, hay un riesgo de recurrencia intermedio y mayor de 31, el riesgo de
que vuelva a aparecer el cáncer es alto.

• La prueba MammaPrint se emplea para evaluar el riesgo de recurrencia del


cáncer de mama en estadio temprano I y II, invasivos, de menos de 5 cm, sin
afectación de ganglios linfáticos y receptores de hormonas positivos y negativos.
En este caso se analizan 70 genes para ver su nivel de actividad. Los resultados
pueden ser bajo riesgo, que significa que la probabilidad de recidiva es del 10% y
alto riesgo indica que la probabilidad de recurrencia es del 29% en los diez años
después de la cirugía y sin haberse sometido a tratamiento con quimioterapia.

Amelia, todo un ejemplo de lucha y superación


Amelia Saá Suarez, 81 años (León)

Aún recuerdo el día que mi madre llegó a casa llorando porque le habían
diagnosticado un tumor maligno de mama; estamos hablando de principios de
los años 80, cuando el cáncer era sinónimo de desenlace fatal. Mi madre siempre
había vivido obsesionada con el cáncer, era una enfermedad maldita que le
arrebató a su madre cuando ella solo contaba con 14 años. Esa obsesión, tal vez,
fue lo que le salvaría la vida años después, ya que estaba siempre alerta a
cualquier bulto o anomalía en sus mamas. Al principio se le vino el mundo
encima y se desmoronó, ya que el pronóstico no era muy bueno. Tuvo que pasar
por una mastectomía radical, quimioterapia y radioterapia. Pero supo
sobreponerse, pues siempre ha sido una mujer de armas tomar, muy luchadora y
con mucha fuerza de voluntad. Además, contaba con el apoyo incondicional de

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su familia, sobre todo de mi padre, que es su motor.
Lo más complicado para ella fue la quimioterapia, pues le producía muchos
síntomas y hace 30 años no existían los fármacos actuales para mitigar los
efectos colaterales de los tratamientos. Nunca ha querido reconstruirse la mama.
Eso no le ha supuesto ningún inconveniente, ya que siempre se ha manejado
perfectamente con su prótesis externa, que acopla con gran maestría en los
sujetadores y vestidos.
Aunque le quedó alguna secuela y le dieron la incapacidad laboral, es una
persona muy activa, siempre está involucrada en muchas actividades, le gusta
disfrutar de la vida, sobre todo de sus nietos y biznietos, que le proporcionan
mucha alegría y vitalidad.
Cuando ya casi tenía olvidada su batalla contra el cáncer, me lo diagnosticaron a
mí. Sé que fue un duro golpe para ella, por eso he intentado mantenerla, dentro
de lo posible, alejada de mi proceso personal, para que no volviese a revivir su
pesadilla.
Ya han pasado 33 años y ha perdido el miedo al cáncer. Se ha convertido en una
veterana superviviente y desde su experiencia da ánimos y buenos consejos a las
mujeres que están pasando por este complicado trance.

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3. La intervención quirúrgica

Para la mayoría de las mujeres diagnosticadas de cáncer de mama el proceso de la


cirugía resulta muy complicado, porque a la incertidumbre que provoca una
intervención quirúrgica se une la ansiedad causada por la pérdida total o parcial
de una mama, símbolo de feminidad y parte muy importante para la mujer.
«Sin pensarlo decidí operarme y quitarme la mama. Mi preferencia era vivir, y
para mí no tener un pecho no era una limitación ni me hacía sentir menos
mujer».
Teresa

La cirugía suele ser la primera opción y una parte muy importante en el


tratamiento, y el cirujano debe elegir la mejor cirugía tanto para la mama como
para los ganglios linfáticos. Antes de pasar por el quirófano debes estar muy bien
informada de cuál es tu situación particular y de cómo va a ser la intervención.
Hoy, la tendencia es realizar una cirugía conservadora, siempre que la
característica del tumor lo permita. Gracias al progreso en los métodos de
diagnóstico y los tratamientos no quirúrgicos, se diagnostican más tumores en
estado inicial y no requieren de cirugías tan radicales como hace años.

Dentro de la cirugía conservadora hay varios tipos de intervenciones


La primera de estas es la tumorectomía, que es una intervención quirúrgica que
consiste en la extirpación del tumor y la zona circundante. El resultado de esta
operación suele ser una pequeña cicatriz y una ligera modificación de la estética
global de la mama.
En la cuadrantectomía o segmentectomía se extirpa un cuadrante completo
de la mama, la cicatriz es mayor y hay una gran asimetría entre las mamas. En este
caso se puede hacer una reconstrucción parcial para conseguir un resultado
armonioso.

Tipos de mastectomías
Cuando se encuentran células cancerígenas en cualquiera de los bordes del
fragmento del tejido extirpado, se dice que tiene bordes positivos y es necesario
otra intervención, llamada de reescisión, para extirpar el tejido adicional. Está

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demostrado que para la mayoría de las mujeres con cáncer de mama en el estadio
I o II, la cirugía conservadora más la radioterapia resultan tan eficaces como la
mastectomía total y tienen las mismas tasas de supervivencia.
Si no se puede hacer una cirugía conservadora, se realiza una mastectomía, la
extirpación completa de la mama. Existen varios tipos de mastectomías:
• Mastectomía subcutánea: se extirpa toda la mama, pero se deja el pezón y la
areola en su sitio.
• Mastectomía total: se quita toda la mama, pero no los ganglios linfáticos
axilares.
• Mastectomía radical modificada: extirpación de toda la mama y la mayoría
de los ganglios linfáticos de la axila y el brazo.
• Mastectomía radical: además de toda la mama y los ganglios linfáticos
axilares, también se quitan los músculos pectorales ubicados en la pared torácica.
«La primera sensación después de la mastectomía radical fue de confusión, pero
enseguida acepté mi cuerpo en esa fase».
Aurora

Por su parte, la mastectomía preventiva o profiláctica consiste en la extirpación de


una o ambas mamas que no tienen cáncer y se hace con el fin de prevenir o
reducir el riesgo de desarrollar la enfermedad. Está indicada en mujeres con
fuertes antecedentes de cáncer de mama diagnosticados a temprana edad,
cuando existe una mutación genética de BRCA1 o BRCA2 o si hay lesiones pre-
malignas. También para evitar la aparición de tumores en la mama sana en
mujeres que ya tienen la enfermedad. La reconstrucción suele ser inmediata y
puede hacerse con tejido propio o mediante prótesis mamarias.
«Cuando me dijeron que tenía el BRCA 2 positivo me recomendaron hacer
cirugía profiláctica. Tardé mucho tiempo en decidirme, pero al final me hice la
mastectomía y ahora soy feliz porque me he quitado un gran problema de
encima».
María Jesús

La reconstrucción mamaria
La reconstrucción puede ser inmediata en la misma operación o más adelante
después de suministrar los tratamientos (reconstrucción retardada). Según la
Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (SECPRE), a más

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del 64% de las mujeres con cáncer de mama se les practica una mastectomía, de
las cuales solo al 30% se les reconstruye la mama y menos del 10% opta por la
reconstrucción inmediata en la misma operación.
«Me hicieron mastectomía radical del pecho izquierdo con reconstrucción
inmediata. Aunque no tenía la forma definida de un pecho, y tampoco tenía
pezón, por lo menos no me vi completamente vacía».
Rebeca

Cuando se hace la reconstrucción al mismo tiempo que la mastectomía, el


cirujano puede preservar la piel, el pezón y la areola o conservar la piel y extirpar
el área alrededor del pezón y la areola. En cualquier caso, se deja siempre algo de
piel para hacer más fácil la reconstrucción. Entre los beneficios que ofrece este
tipo de reconstrucción están los psicológicos y de autoestima ya que no te ves en
ningún momento sin mama y la recuperación es mejor.
«Tenía muy claro que yo quería salir con pecho del quirófano, así que decidí
reconstrucción inmediata con el método DIEP».
Nadia

Reconstrucción con implantes y expansores


Para la reconstrucción con implantes se utilizan unos expansores que son una
especie de bolsa vacía de silicona que se coloca debajo del músculo pectoral, que
está ubicado entre la mama y la pared torácica. La función de los expansores es
permitir que los tejidos de la mama se dilaten, se va rellenando gradualmente
durante varias semanas con una solución salina que se inyecta a través de una
válvula. En otra intervención se retira el expansor y se sustituye por un implante
que puede ser de gel, silicona o solución salina.
Esta técnica es más rápida que la reconstrucción con tejido propio y también
habrá menos cicatrices. Aunque tampoco está exenta de riesgos; el implante se
puede romper o presentar escape en los primeros 10 años y es necesaria otra
cirugía para reemplazarlo.
«Con la primera reconstrucción me sentía insegura y usaba pañuelos para
disimularla. Después me cambiaron el implante porque tenía pérdidas. El
resultado fue estupendo y ya no tengo complejos».
Candy

Reconstrucción con tejido propio

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La ventaja de este tipo de reconstrucción es que la mama es más suave y natural
que los implantes mamarios. Además, el tamaño y la forma de la nueva mama se
puede asemejar mucho más a la otra mama. En este tipo de técnica se utiliza
como cobertura el colgajo del músculo abdominal recto transverso, del dorsal
ancho, del glúteo o colgajo transversal del músculo recto interno.
Los procedimientos con colgajo de músculos resultan más complicados que
colocar implantes mamarios, porque pueden necesitar transfusiones sanguíneas
durante el proceso. El tiempo de recuperación es más largo que en los otros tipos
de reconstrucción.
La areola y el pezón se pueden tatuar o bien reconstruir en una cirugía
posterior a la reconstrucción de la mama, usando anestesia local, y no precisa
ingreso hospitalario. Para la reconstrucción se emplea un injerto de piel de la
zona de la ingle, ya que es más suave y se oscurece más que las de otras zonas del
cuerpo y las cicatrices se pueden disimular mejor.
«La reconstrucción fue una auténtica odisea, ya que aparecieron algunas
infecciones, y durante tres largos años tuve que pasar por varias intervenciones».
Celia

Cómo afrontar la mastectomía y la reconstrucción


La pérdida de una mama supone una mutilación de la imagen corporal y un
drama para la mujer tanto a nivel emocional como social. La mama es un símbolo
femenino, que tiene muchas cargas simbólicas en la mayoría de las culturas. Esto
unido al hecho de padecer una enfermedad como el cáncer, las reacciones de la
pareja y de los familiares, pueden provocar inseguridad y baja autoestima, o
incluso una depresión, lo que deteriora las relaciones personales.
«Cuando me enteré de que me habían quitado todo el pecho rompí a llorar todo
lo que no había llorado hasta el momento. Pero la peor noticia llegó cuando el
oncólogo me comunicó que no podía reconstruirme la mama hasta que
hubieran pasado por lo menos de dos a tres años».
Gema

La reconstrucción mamaria va a proporcionar una notable mejoría de tu


imagen y sobre todo una gran estabilidad emocional que va a repercutir en tu
estado de ánimo y tu autoestima. Esto te ayudará también a enfrentar de una
forma más positiva la enfermedad, y así poder llevar una vida social y sexual más
activas y placenteras.

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Las prótesis externas, una buena alternativa
«He preferido no reconstruir la mama porque así puedo explorarme mucho
mejor, y al comprobar que no noto nada, puedo estar más tranquila».
Amelia

Algunas mujeres han decidido no reconstruirse la mama. El principal motivo


es evitar más intervenciones quirúrgicas. Si has decidido no reconstruir tu mama
debes utilizar prótesis externas que se colocan en el sujetador y no solamente por
el aspecto estético de simetría de tus mamas y para que la ropa te siente mejor,
sino también por razones de salud. Si solo tienes una mama, tu cuerpo está
desequilibrado notará más peso en un lado que en el otro y con el paso del
tiempo puedes tener problemas en la espalda y en la columna vertebral. Las
prótesis externas suelen ser de silicona y tienen que tener el peso y el tamaño
idénticos a los de la otra mama.
«Nunca he querido reconstruir mi mama, he aprendido a vivir con mi prótesis. Y
no me impide hacer todo tipo de actividades; voy a natación y he realizado varios
años desfile de moda para la A.E.C.C».
Aurora

Conviviendo con el amigo


Mi perfil era el de una mujer de 36 años, separada, madre de una niña de 12 años,
maestra, con una intensa actividad social y política, cuando me diagnosticaron
un carcinoma lobulillar infiltrante. Mi hija se asustó mucho, pues había perdido a
su abuelo a causa del cáncer. Le expliqué que me vería diferente, pero que
estaría a su lado en todo momento.
Superado el impacto inicial, opté por sociabilizar el cáncer, insertar esta palabra
en mi entorno, obligar a mi familia y amigos a pronunciarla sin miedo ni lástima.
Prefiero afrontar los problemas con naturalidad y optimismo; quizá por eso elegí
seguir llevando mi vida, mis costumbres y mi actividad social: mis amigos, la
política, el cine..., siempre que los tratamientos de quimioterapia y radioterapia
me lo permitieran. Por supuesto, dejé de trabajar, ya que era imposible
compatibilizar la quimioterapia con mi trabajo.
Me realizaron una mastectomía radical, la recuperación física fue óptima y la
mental, aceptable. A los tres años me reconstruyeron el pecho mediante la
técnica TRAM.
Quince años después, en una revisión rutinaria (es muy importante hacer las

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revisiones) me han detectado metástasis osteoblásticas, y he pasado 15 meses
conviviendo de nuevo con el amigo, con la quimio y con las terapias hormonales.
Han pasado más de 17 años desde la primera vez y, a pesar de la menopausia a
los 36 años, de la jubilación a los 37 y demás efectos colaterales, puedo llevar una
vida muy activa en Cádiz, alternando mis visitas periódicas al oncólogo en
Santander, con las visitas a mis amigos y a mi hija, que vive en el Reino Unido.
Y entre cañas, conciertitos de flamenco, paseos por la playa, familia y amigos
extraordinariamente generosos, estamos ganando batalla a batalla. Escribir este
texto me ha hecho recordar momentos y emociones que me hacen un poco más
fuerte para afrontar nuevos retos y valorar lo que en realidad importa.
Gema Solís Teja, 54 años (vive entre Santander-Cádiz)

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49
4. Los tratamientos. Ganar la batalla al
cáncer

Mientras el equipo médico decide cuáles van a ser las pautas de tratamiento
teniendo en cuenta tu situación, debes prepararte y mentalizarte para lo que está
por venir, ya que si adoptas un papel activo y optimista conseguirás afrontar todas
las adversidades de una manera más conveniente. Debes confiar en tu equipo
médico y es muy importante tener pensamientos positivos como: «la medicina ha
avanzado mucho», «estoy en buenas manos»,«los tratamientos son necesarios para
vencer al cáncer», etcétera.
Es bueno que estés bien informada de todo el proceso: conocer cómo va a ser
la intervención, el tipo de pruebas y tratamientos y cuáles van a ser los efectos
secundarios. De esta forma no te pillará por sorpresa y contarás con herramientas,
tanto físicas como emocionales, para hacer frente a todos aquellos problemas que
surjan.

Enfrentarse a la quimioterapia
Probablemente, cuando oyes la palabra quimioterapia, sientes una mezcla de
miedo e incertidumbre, fruto del desconocimiento. En tu mente comienzan a
agolparse un sinfín de preguntas: “¿Seré capaz de soportar la quimioterapia?
¿Tendré muchos efectos secundarios? ¿Podré hacer una vida normal?”. Aunque se
conocen muchos de los posibles efectos secundarios, no sabes a priori como va a
reaccionar tu organismo, qué síntomas vas a tener y cuáles pueden ser las posibles
secuelas.
Para disipar ese miedo lo mejor es informarte bien sobre los pros y los contras
de la quimioterapia, en qué consiste el tratamiento, cuáles son los posibles efectos
secundarios y cómo se pueden aliviar o mitigar los síntomas para tener la mejor
calidad de vida posible. Pregunta a los médicos y enfermeras sobre lo que más te
preocupa porque eso te ayudará a enfrentarte mejor a la nueva situación que vas a
vivir durante los próximos meses. Lo que no puedes permitir es que ese miedo
anule tu capacidad de decisión y de poder optar por una terapia que puede
salvarte la vida.
Una vez tomada la decisión de someterte al tratamiento resulta más efectivo

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hacerlo convencida de que es la mejor opción que tienes en ese momento y ver la
medicación como un aliado que te va a ayudar a combatir el cáncer, en vez de un
agresivo enemigo que te va a producir un montón de efectos colaterales. Sobre
todo, debes estar lo más tranquila posible, eliminando la ansiedad para no
malgastar tus energías y tener una actitud positiva para llevar lo mejor que puedas
la terapia.
Cada persona es un mundo y la reacción a la quimioterapia puede tener
muchos matices de un enfermo a otro; incluso la misma persona puede padecer
diferentes síntomas en cada sesión. Hay personas que pueden seguir con su rutina
diaria, mientras que en otras la medicación interfiere significativamente en sus
actividades e incluso precisan de internamiento en el hospital. También influye la
salud general, la resistencia del organismo y, sobre todo, la edad. Sin olvidarnos
del aspecto psicológico, puesto que como ya he mencionado, afrontar el
tratamiento de manera positiva da fuerza y hará más llevadera la terapia.

¿Qué es la quimioterapia?
La quimioterapia consiste en la administración de fármacos quimioterápicos para
destruir e impedir la reproducción de las células cancerosas. El problema es que
estos medicamentos llegan a la práctica totalidad de los tejidos del organismo y
ejercen su acción tanto sobre las células malignas que tienen un crecimiento
rápido, como sobre las sanas y normales que también crecen rápidamente, sin
poder diferenciarlas.

La quimioterapia se administra en ciclos, que alternan periodos de


tratamiento con periodos de descanso hasta la siguiente sesión. Estos son

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imprescindibles para que las células sanas puedan recuperarse del daño
ocasionado por los fármacos, y estén preparadas para soportar el siguiente ciclo
con unos efectos secundarios controlados. Habitualmente antes de administrar la
quimioterapia se ponen otros fármacos para mejorar su tolerancia, como
antieméticos, para evitar las náuseas y vómitos, corticoides, antihistamínicos…

¿Me pongo el Port a Cath?


La quimioterapia se puede administrar vía intravenosa u oral. Esta última, aunque
es más cómoda solo es posible para los fármacos que se pueden absorber a través
del sistema digestivo. Hasta la fecha la vía intravenosa sigue siendo la más
utilizada.
Pero esta modalidad tiene algún inconveniente cuando es necesario aplicar
muchos ciclos, como es el pinchar repetidamente en venas finas como las del
brazo, cuando hay pocas venas utilizables, o cuando hay que administrar un
fármaco durante muchas horas de forma continua. La quimioterapia no cambia
la química del cuerpo, pero si tiene un efecto irritante sobre las venas periféricas,
que son las más finas, y las daña causando inflamación, irritación o
endurecimiento, tromboflebitis, y dolor a lo largo del recorrido de la vena. En
ocasiones se vuelven muy frágiles y se pueden romper, el medicamento se sale de
la vena y puede causar quemaduras en los tejidos próximos. Además, las venas
afectadas por la quimioterapia no se recuperan y quedan dañadas de manera
definitiva.
«Al principio no estaba muy convencida de colocarme un Port a Cath, pero como
tenía que pasar por 16 sesiones de quimioterapia, vi que era necesario para
proteger mis venas».
Almudena

Para evitar todos estos problemas se puede implantar un dispositivo llamado


reservorio o Port a Cath que consiste en un catéter conectado a una vena subclavia,
yugular o cefálica y que está unido a un reservorio que es un disco redondo
generalmente de titanio con silicona. Este dispositivo se introduce debajo de la
piel en el tórax y se deja colocado durante todo el tiempo que dure el
tratamiento. La colocación del Port a Cath es una intervención muy sencilla que se
realiza en quirófano bajo anestesia local. Al principio resulta un poco molesto
hasta que te llegas acostumbrar a él.

¡Cuida tus venas!

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Si no te pones el Port a Cath, debes cuidar tus venas para evitar lesiones. Aplica
hielo en la zona después de la quimioterapia, también puedes poner paños
humedecidos con árnica y un emplasto de llantén o uña de gato, que son plantas
con efectos antiinflamatorios.
Para fortalecer las venas puedes hacer ejercicios con una pelota de goma,
apretando y soltándola repetidamente.

El primer día de quimioterapia


Y llegó el momento de la quimioterapia. El primer día es sin lugar a dudas el más
difícil, y es normal que te sientas nerviosa por no saber la reacción de tu cuerpo y
cómo te vas a sentir. Antes de programar y de empezar esta primera sesión, es
necesario que te hagan una analítica de sangre para comprobar los recuentos
sanguíneos, es decir, miden los leucocitos, glóbulos rojos y plaquetas.
Las sesiones pueden duran horas, por lo que debes ir preparada. Es mejor que
vayas acompañada de algún familiar o amigo. Lleva ropa y calzado cómodos, y
algo para entretenerte: libros, revistas, pasatiempos, portátil, tableta o
reproductores de música. Durante la sesión te proporcionarán lo que necesites,
como por ejemplo unas mantas, o almohadas, agua cuando tengas sed y también
alimentos.
«Las sesiones de quimio fueron menos traumáticas de lo que pensaba. Me
plantaba mi pañuelo –me los llegué a poner con mucho arte–, mi selección de
música, un buen libro y a pelear».
Rebeca

Cómo sobrevivir a la radioterapia


La radioterapia es una de las terapias más antiguas que se utilizan para luchar
contra el cáncer, se lleva aplicando desde hace más de un siglo y ha evolucionado
considerablemente. Aunque apenas notes efectos iniciales, según va avanzando el
tratamiento irán apareciendo y tienen un efecto acumulativo en el organismo y,
además, tardan un tiempo en eliminarse después de haber terminado el
tratamiento.
«Para mí, la peor parte del tratamiento fue la radioterapia. Lo llevaba muy mal,
estaba muy cansada y eso me hundió un poco. Recuerdo que al salir del último
tratamiento escuché la canción La vie en rose y me sentí la mujer más afortunada
del mundo».
Teresa

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La terapia de radiación o radioterapia es un tratamiento con rayos o partículas
de alta energía procedentes de materiales radioactivos o emitidos por máquinas
especiales que destruyen las células cancerosas. La radiación actúa dentro de la
célula cancerígena en la fase en que se multiplica, destruyéndola o impidiendo
que se reproduzca y el cáncer invada otros tejidos y órganos del cuerpo.
Durante el tratamiento las células normales también reciben radicación, pero
como se reproducen más lentamente, pueden recuperarse mejor del efecto
radioactivo.
Puede ser administrada a mujeres en estadios 0 al III después de una
cuadrantectomía o mastectomía. Se estima que el riesgo de recurrencia después
de la mastectomía es de 20 a 30%, pero con la radioterapia ese riesgo se puede
reducir hasta en un 70%. También puede ser útil en mujeres en estadio IV,
cuando el cáncer se ha diseminado a otras partes del cuerpo.

Radiación externa
La radiación externa es la más utilizada para el tratamiento del cáncer de mama.
La zona a radiar varía en función del tipo de intervención quirúrgica, si se
practicó una mastectomía o cirugía conservadora y si los ganglios están afectados.
Aunque se trata de una terapia agresiva, resulta indolora, al menos en lo que
respecta a la radiación, aunque sí que pueden aparecer molestias a medida que
pasan las sesiones y producir lesiones en la piel: enrojecimiento, inflamación,
irritación y dolor.

Radioterapia hipofraccionada
La radioterapia hipofraccionada es la administración de radiación en dosis más
elevadas usando menos sesiones y con la misma efectividad. Según un estudio
realizado con mujeres tratadas con cirugía conservadora y sin los ganglios
afectados, se comprobó que era igual de eficaz para evitar el regreso del cáncer
durante los siguientes diez años la administración de tratamiento con
radioterapia hipofraccionada por cinco semanas que durante tres semanas.

Radioterapia conformacional tridimensional (3D)


Se trata de una forma de radiación parcial acelerada de mama. Con este tipo de
técnica la radiación se administra con máquinas especiales de forma que llegue
mejor a la zona donde estaba el tumor. La terapia se administra dos veces al día
durante cinco días.

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Radioterapia intraoperatoria
Es un sistema de radiación externa que se administra durante la cirugía en una
dosis grande, y se suele usar para tratar cánceres localizados que no pueden
extirparse completamente o que tienen alto riesgo de recurrencia en tejidos
cercanos.
En algunos hospitales de España ya se está consiguiendo reducir el
tratamiento de radioterapia de siete semanas a una sola sesión de 35 minutos con
muy buenos resultados, ya que proporciona los mismos niveles de supervivencia,
pero mejorando el bienestar de la paciente.

Radiación interna braquiterapia


La braquiterapia o radiación interna se suele utilizar en mujeres a quienes se les
ha practicado una cirugía conservadora para reforzar en el área del tumor,
además, se le aplica la radiación externa en todo el seno. Podemos hablar de dos
tipos:
• En la braquiterapia intersticial se insertan varios catéteres donde se
introducen cada día partículas radioactivas, en la mama alrededor del área donde
se extrajo el tumor.
• La intracavitaria es la más utilizada y más acelerada en casos de cáncer de
mama. Se coloca un dispositivo en la zona del tumor y una vez finalizado el
tratamiento se retira.

Radiosensibilizadores y radioprotectores
Los radiosensibilizadores y radioprotectores son sustancias químicas que
modifican la respuesta de las células a la radiación. Los radiosensibilizadores
provocan que las células cancerígenas se vuelvan más sensibles a los efectos de la
radioterapia. Algunos fármacos contra el cáncer como el 5-fluorouracillo y el
cisplatino provocan el mismo efecto que los radiosensibilizadores. Por su parte,
los radioprotectores son fármacos que protegen y reparan a las células sanas del
daño que puede causar la radioterapia.

Avances en radioterapia
Con el fin de conseguir los mejores resultados y con menos efectos colaterales, los
investigadores están estudiando la radioinmunoterapia. Esta terapia consiste en el
uso de anticuerpos radiomarcados para administrar de forma directa radiación al
lugar del cáncer.

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Los anticuerpos son proteínas especificas producidas por el organismo para
contrarrestar la presencia de antígenos, considerados sustancias extrañas por el
sistema inmunitario. Cuando se inyectan en el organismo, los anticuerpos buscan
células cancerígenas que son destruidas por la radiación, y de esta forma se puede
minimizar el riesgo de destruir células sanas.
También se está investigando la hipertermia, ya que se ha descubierto que la
combinación de calor y radiación puede aumentar la rapidez con la que algunos
tumores reaccionan.

¿Cómo te puede afectar la radioterapia?


Como todas las terapias muy agresivas, la radioterapia, también puede provocar
efectos nocivos. Los más comunes a corto plazo son inflamación, picazón,
irritación y cambios en la piel similares a las quemaduras solares en la zona
radiada. También puede producir pesadez y dolor sordo o agudo en la mama que
dura unos minutos. Uno de los síntomas más frecuente es el cansancio que va en
aumento según avanza el tratamiento; en ocasiones la astenia es extrema y puede
llegar a impedir hacer una vida normal. Esta fatiga irá desapareciendo en los
meses siguientes a la finalización de la radioterapia.
La mayoría de los cambios que se producen en la piel se alivian en pocos
meses, y los cambios en el tejido mamario tardan en desaparecer entre 6 y 12
meses y en ocasiones pueden durar hasta dos años. Después de la radioterapia, el
seno puede disminuir de tamaño y volverse más firme. Además, también pueden
surgir otros efectos más graves como debilitamiento de las costillas que podría
provocar una fractura, plexopatía braquial, que es cuando la radiación afecta a los
nervios del brazo y puede causar entumecimiento, dolor y debilidad en brazo,
hombro y mano. Cuando se radian los ganglios linfáticos de la axila puede
aparecer linfedema, hinchazón del brazo causada por acumulación de líquido
linfático.

Terapia hormonal
La terapia hormonal es una forma de terapia sistémica que se utiliza para ayudar
a reducir el riesgo de que el cáncer de mama regrese después de la cirugía o de
las terapias. También se puede utilizar para tratar el cáncer que se ha diseminado
o ha regresado después del tratamiento.
Las células de cáncer de mama sensibles a los estrógenos y progesterona
tienen proteínas que se conocen como receptoras hormonales y se activan
cuando las hormonas se unen a estas proteínas. Estos receptores activados pueden

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estimular el crecimiento de células cancerígenas. La terapia hormonal lo que
hace es disminuir los niveles de estrógenos en la mama o evitar que estos actúen
en las células cancerígenas de la mama. Esta terapia solo es efectiva en los
cánceres receptores de hormonas positivas, receptor estrógeno (ER +) y receptor
progesterona (RP +), y también se utiliza a modo preventivo en mujeres con
antecedentes de cáncer de mama y que presentan una mutación en el gen BRCA1
o BRCA2. Estamos hablando de una terapia que ha supuesto un gran avance a la
hora de evitar las recidivas de tumores sensibles a las hormonas, pues se calcula
que dos de cada tres cánceres de mama tienen receptores hormonales positivos.

El tamoxifeno
El tamoxifeno es un fármaco que fue desarrollado hace 20 años y que ha supuesto
un gran avance en el tratamiento del cáncer de mama. Se trata del modulador
selectivo de los receptores de estrógeno (MSRE) más utilizado en mujeres con
tumores malignos de mama premenopáusicas. Bloquea la acción del estrógeno en
el tejido mamario, sin embargo, activa la función del estrógeno en las células del
hueso y del hígado, reduce la concentración de colesterol y detiene la perdida de
tejido óseo después de la menopausia. Este fármaco tomado durante cinco años
consigue reducir entre un 30 y 50% el riesgo de recurrencia del cáncer de mama,
y disminuye aproximadamente un 50% el riesgo de que se forme un nuevo tumor
en la otra mama en mujeres premenopáusicas. También se utiliza para detener el
crecimiento de tumores de mama con receptores hormonales positivos en estado
avanzado cuando hay metástasis presente.
Hasta el momento el tiempo que se está prescribiendo este tratamiento es de
cinco años, pero según ATLAS, un reciente estudio presentado en el Simposium
sobre el cáncer de mama en San Antonio (Texas, Estados Unidos) y publicado en
la revista The Lancet, las mujeres que toman tamoxifeno como terapia adyuvante
durante diez años después del tratamiento primario, experimentaron una mayor
reducción de las recidivas de cáncer de mama y de muertes por esta enfermedad,
que si lo tomaban solo durante cinco años. Según uno de los investigadores del
estudio, el Dr. Richard Gray, de la Universidad de Oxford en el Reino Unido, en
el caso del tratamiento con tamoxifeno por periodos más largos, los riesgos son
mucho menores que los beneficios.

Una larga lista de efectos secundarios


Cuando lees la larga lista de efectos secundarios dudas si merece la pena tomar
este fármaco o no. Pero tranquila, no tienen por qué darse todos. Además, los
beneficios de este tratamiento en el cáncer de mama han sido estudiados desde

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hace años y superan ampliamente los riesgos que pudieran darse.
«El tamoxifeno me produjo muchos efectos secundarios: cansancio extremo,
dolor de huesos y muy mal humor».
Candy

Los efectos secundarios más comunes son:

Descenso de Provoca sofocos, sudores nocturnos, aumento de peso,


estrógenos descenso de la libido y edema, sobre todo, en las piernas, pies
y manos.

Depresión y Pueden aparecer nerviosismo, palpitaciones, tristeza y bajada


ansiedad de ánimo e incluso, llegar a la depresión.

Fatiga Fatiga, que en ocasiones se convierte en un cansancio


extremo difícil de eliminar.

Dolor articular y Molestias principalmente en articulaciones pequeñas como


muscular los huesos de la mano, muñeca, pies y tobillos, aunque
también se pueden dar en las caderas.

Alteraciones Engrosamiento del endometrio y pueden aparecer sangrados


ginecológicas vaginales y desarreglos menstruales. También puede provocar
pequeños quistes en el útero y en los ovarios.

Problemas de la Puede haber pérdida de agudeza visual, edema macular,


visión cataratas, cambios en la retina y en la córnea. Los trastornos
graves se dan en dosis muy altas del fármaco.

Alteraciones Puede haber pérdida de cabello, pestañas y cejas, sequedad


cutáneas en la piel y uñas quebradizas.

Alteraciones del Como acumulación de grasa en el hígado, detención del flujo


hígado y la bilis de la bilis y hepatitis. Disminución del número de plaquetas,
leucocitos y neutrófilos.

Efectos más Como el cáncer de endometrio y coágulos en la sangre;


graves habitualmente se forman en las piernas, trombosis venosa
profunda. En ocasiones puede existir una obstrucción en una
arteria pulmonar, embolia pulmonar.

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Los inhibidores de aromatasa
La función de estos fármacos es bloquear la aromatasa, una enzima
imprescindible para que los estrógenos se produzcan fuera del ovario. De esta
manera hay menor cantidad de estrógenos disponibles para estimular la
multiplicación de las células del cáncer de mama con receptores hormonales
positivos.
En la actualidad existen tres inhibidores de la aromatasa: anastrozol, letrozol y
exemestano. Aunque estos fármacos son más recientes que el tamoxifeno, existen
numerosos estudios que demuestran sus grandes beneficios. Según los expertos
un inhibidor de la aromatasa es mejor para el tratamiento de cáncer de mama en
estadio temprano con receptores hormonales positivos en mujeres
postmenopáusicas, ya que aporta un gran beneficio y los efectos secundarios son
menos graves que los del tamoxifeno.

Mejores beneficios…
Pasar a un inhibidor de la aromatasa después de dos a tres años de tamoxifeno
hasta cumplir cinco años en total de tratamiento, tiene mejores beneficios que
tomar durante cinco años tamoxifeno. Utilizar un inhibidor de la aromatasa cinco
años después de haber tomado durante cinco años tamoxifeno, reduce
considerablemente el riesgo de recurrencia del cáncer de mama.

«El tamoxifeno me produjo problemas en el útero y tuve que pasar por una
histerectomía. Después pasé al letrozol, y aunque me provoca dolores de las
articulaciones y descalcificación de los huesos, sé que es un tratamiento
necesario para estar protegida de posibles recidivas».
Almudena

Los inhibidores de la aromatasa causan menos efectos secundarios graves que


el tamoxifeno. Aunque no están exentos de efectos negativos, pueden causar más
enfermedades cardiacas al aumentar los niveles de colesterol y más pérdida de
masa ósea, que a largo plazo puede provocar osteoporosis.
Otros efectos secundarios son sofocos, sudores, retención de líquidos y fatiga.
Los efectos más acusados son el dolor y la rigidez de las articulaciones similares a
los síntomas de artritis en varios puntos a la vez, que llegan en ocasiones a afectar
seriamente la calidad de vida. Aunque según un estudio británico realizado en
2008, las mujeres que sufrieron dolores articulares con la hormonoterapia tenían

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menos probabilidades de regreso del cáncer de mama. Y este dato la verdad es
que ayuda a llevar un poco mejor estos síntomas.

Agonistas de la LHRH
Los agonistas de la LHRH (hormona liberadora de la hormona luteinizante)
ordenan a la glándula pituitaria situada en el cerebro que no libere más cantidad
de la hormona luteinizante que estimula a los ovarios para que produzcan
estrógenos, y de esta forma disminuye la cantidad de estrógenos en el organismo.
Este tratamiento se administra por medio de una inyección mensual de uno de
los medicamentos, goserelina o leuprolida. Los efectos de este tratamiento son
similares a los típicos de la menopausia: sofocos, sequedad vaginal, cambios de
humor, insomnio, debilitamiento óseo y pérdida del deseo sexual, con la ventaja
de que los efectos son reversibles cuando se suspende la medicación.

Antagonistas del receptor de estrógenos (ARE)


Los antagonistas del receptor de estrógenos bloquean los efectos del estrógeno en
el tejido mamario: los ARE se unen al receptor del estrógeno en las células
mamarias y no dejan espacio suficiente para que el estrógeno se acople a la célula.
Fulvestrant es uno de los ARE y se usa para tratar a las mujeres postmenopáusicas
con cáncer de mama metastásico con receptores de estrógeno positivos que se
han diseminado después del tratamiento con hormonoterapia. Este fármaco
puede tener los siguientes efectos secundarios: dolor de cabeza, mareo, náuseas,
sofocos, dolor abdominal, dolor de articulaciones, insomnio, edema, hormigueo y
sudoración. Entre los más graves están dolor en el pecho, hinchazón de la cara,
garganta, labios, ojos y lengua, respiración entrecortada y erupciones cutáneas.

La extirpación preventiva de ovarios


La ooforectomia bilateral u ovarictemía, la extirpación de los ovarios, y
anexectomía cuando también se extirpan las trompas de Falopio, es un método
radical para disminuir significativamente la concentración de estrógenos en el
organismo.
Esta intervención está indicada en mujeres premenopáusicas con cáncer de
mama con receptores hormonales positivos para evitar las recidivas, y en aquellas
que se consideran de alto riesgo ya que han tenido un resultado positivo en la
prueba de genes BRCA1 o BRCA2. Según el Instituto Nacional del Cáncer, la
extirpación preventiva de los ovarios reduciría en un 50% la aparición de nuevos
casos de cáncer de mama en mujeres que presentan alto riesgo. Hay estudios que

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indican que la reducción del riesgo es del 72% en mujeres que presentan una
mutación en el gen BRCA2. Sin embargo, en las mujeres portadoras de
mutaciones del gen BRCA1 esta intervención reduce menos el riesgo de cáncer
de mama.

Terapia biológica o inmunoterapia


Otro tipo de tratamiento puede ser la terapia biológica, también llamada
inmunoterapia, para hacer que el sistema inmunitario del organismo produzca
más glóbulos blancos o linfocitos. Tenemos dos tipos de linfocitos que atacan y
destruyen las células cancerosas, las células T y las B. Con la inmunoterapia lo que
se pretende es estimular la capacidad de las células T y linfocitos B para eliminar
el cáncer. Esta terapia se puede usar en combinación con cirugía, quimioterapia y
radioterapia.

Fármacos que atacan la proteína HER2 positivo


Se calcula que una de cada cinco pacientes con cáncer de mama tiene células
cancerígenas con una alta concentración de HER2.
El trastuzumab (Herceptin) es un fármaco conocido como anticuerpo
monoclonal humanizado, semejante a los anticuerpos que produce el organismo
de forma natural para protegerse de las infecciones por virus y bacterias. Este
medicamento se une a la proteína HER2 e inhibe la proliferación de las células
cancerígenas que tienen demasiada cantidad de esta proteína. Además, puede
estimular el sistema inmunitario para que luche contra el cáncer con más
efectividad.
El trastuzumab se utiliza como terapia adyuvante en los casos de cánceres
HER2 positivos para reducir el riesgo de recidivas y para tratar cánceres de mama
avanzados que son HER2 positivos.
El ado-trastuzumab emtansina (TDM-1 Kadcyla) está compuesto por el mismo
anticuerpo monoclonal que el trastuzumab y está unido a DM-1, un medicamento
de quimioterapia. En este fármaco el anticuerpo actúa como un dispositivo de
búsqueda y guía al medicamento directamente a las células cancerígenas.
El pertuzumab (Perjeta) aunque es un anticuerpo monoclonal como el
trastuzumab, destruye una parte de la proteína diferente a la que ataca el
trastuzumab. Este fármaco combinado con docetaxel y trastuzumab se puede
aplicar para tratar el cáncer de mama avanzado y también como terapia
neoadyuvante en cánceres en etapas tempranas antes de la cirugía.

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El lapatinib (Tykerb) es un fármaco que también ataca la proteína HER2, se
administra en forma de pastilla para cáncer de mama avanzado HER2 positivo
que no responde a la quimioterapia ni al trastuzumab. En ocasiones para cáncer
de mama metastásico se puede administrar con el medicamento de quimioterapia
capecitabina.
Un estudio indica que este fármaco combinado con trastuzumab en los
tumores malignos de mama avanzados alarga más la vida a las pacientes que
cuando se administra solo.

Soy una guerrera y esta batalla es mía


Con 33 años tu vida está centrada en el trabajo, la pareja y los amigos, pero no en
pasar un cáncer de mama. El día que mi doctora me dijo que tenía un carcinoma
triple negativo salí de la consulta con la cabeza hecha un lío, con miles de dudas,
de preguntas. En aquel momento estaba bloqueada, ya que no creía que eso me
estuviera pasando a mí. Una vez lo asimilé me puse el traje de guerrera. Aunque
sabía que no iba a ser fácil, estaba dispuesta a ganar esta batalla. Para ello
contaba con el apoyo incondicional de mi familia y mis amigas de toda la vida,
sobre todo de mi padre, que siempre ha estado a mi lado, y de mi novio, al que
estoy muy agradecida por cuidarme, mimarme, protegerme y aconsejarme.
También descubrí en Facebook un grupo de cáncer de mama, formado por
mujeres que están pasando lo mismo y que entienden por lo que estás pasando
y te pueden ayudar.
Primero pasé por la quimioterapia, que me provocaba tantas sensaciones y
molestias que no sabría ni cómo explicarlas. Intentaba llevar una vida normal
cuando me encontraba con fuerzas. La pérdida del pelo para mí no fue nada
traumático, pues sabía que volvería a crecer una vez terminados los tratamientos.
Después vino la intervención, y aunque tenía la posibilidad de hacer una cirugía
conservadora, preferí hacerme una mastectomía radical con reconstrucción
inmediata con la técnica DIEP. Tenía claro que quería salir con pecho del
quirófano.
Cuando me diagnosticaron el cáncer estaba trabajando en una empresa y no me
renovaron el contrato. Volver a buscar trabajo y tener que explicar el parón de
este tiempo es algo que me preocupa bastante.
Una vez terminados los tratamientos estaba muy contenta, con ganas de volver a
mi vida de antes; volver a trabajar, ir al gimnasio, hacer planes con amigos y
disfrutar de la vida, que nos queda mucha por delante. Aunque hay días que
duele todo, hay que levantarse y VIVIR.

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Nadia Del Río Sánchez, 33 años (Pozuelo de Alarcón, Madrid)

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64
5. Cómo manejar los efectos secundarios

Prepararse para los tratamientos


A la hora de enfrentarte a los tratamientos es importante conocer los beneficios
que te pueden aportar, así como los posibles efectos colaterales. Procura no
obsesionarte con ellos ya que cuando nos anticipamos a una situación, sobre todo
si tiene que ver con la salud, la mayoría de las veces tendemos a magnificarla y
verla más grave de lo que es realmente. Trata de afrontarlos de una manera
positiva, porque son la mejor herramienta que tienes para vencer el cáncer.
Además, hoy hay muchos tratamientos que mitigan los efectos secundarios, y no
olvides que la mayoría de los efectos son momentáneos y pasado un tiempo
volverás a recuperar todo tu esplendor.

Descansa las suficientes horas


Es probable que una vez conocida la noticia, la tensión, la incertidumbre y el
miedo afecten a los patrones de sueño, y puedes tener más problemas para
conciliar el sueño y despertarte con frecuencia durante la noche. Tu organismo
necesita desconectar para reponerse, así que si no descansas bien por la noche,
tómate periodos de relax durante el día, levántate más tarde y duerme una
pequeña siesta. Lo que nunca debes hacer es esperar a agotar tus energías para
tomar descansos.
«Durante la quimioterapia tenía tantas reacciones que me costaba reconocer a
mi propio cuerpo, pero afortunadamente la mayoría de los efectos no eran de
gravedad y cesaron una vez finalizado el tratamiento».
Almudena

La actividad física es necesaria


Practicar ejercicio es uno de tus mejores aliados, pues te va a aportar
innumerables beneficios: ayuda a mantener en buen estado la masa muscular y las
articulaciones, proporciona fortaleza al corazón, los pulmones y, sobre todo, te
carga de energía. En el aspecto emocional también vas a encontrar grandes
beneficios: disminuye la tensión, la depresión y la ansiedad. No es preciso hacer
un gran esfuerzo si estás muy cansada, basta con que camines entre 30 y 45
minutos al día.

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Grupos de apoyo
Si a pesar del apoyo de tu familia, ves que los acontecimientos te desbordan y
emocionalmente te encuentras muy débil, puedes acudir a grupos de apoyo que
te ayudarán a manejar mejor la situación. Las asociaciones contra el cáncer
organizan grupos en los que reina un ambiente adecuado para que puedas
expresar tus emociones e intercambiar información con otras personas que están
viviendo una experiencia similar. Para que funcione es imprescindible que te
sientas a gusto y cómoda en el grupo.

La importancia de la dieta
La alimentación es una parte importante de la terapia antes, durante y después de
los tratamientos para superar con éxito ese periodo tan complicado donde se
conjugan un sinfín de síntomas que pueden resultar muy desagradables. Si estás
bien alimentada conseguirás estar más fuerte y con más energía, mantener tu
peso y que tu organismo tenga suficientes reservas.
Debes programar bien tu alimentación. Ahora no vale abrir la nevera y comer
cualquier cosa, es aconsejable que abastezcas bien la despensa de alimentos
saludables y de algún capricho para los momentos de bajón. Si no tienes a alguien
que cocine cuando hay tratamiento, antes de cada ciclo prepara platos apetecibles
y congélalos, así tendrás para los primeros días. Busca asesoramiento en tu
médico o un dietista que te aconseje cómo cambiar la dieta antes de los
tratamientos e ir acondicionándola a medida que aparezcan los síntomas.

Dieta durante la quimioterapia


La quimioterapia afecta a las células del tracto digestivo y esto puede provocar
algunos trastornos que causan dificultades a la hora de comer. Aunque tengas
algún síntoma, debes hacer un esfuerzo por estar bien alimentada. Si te resulta
complicado comer hazlo con más frecuencia y en pequeñas cantidades, y procura
no consumir alimentos muy grasos ni fuertes para que no sean muy pesadas las
digestiones. Es aconsejable tomar algún alimento una hora antes de la
quimioterapia, no debes ir con el estómago vacío, y también puedes ingerir algo
durante la sesión si va a durar muchas horas. No olvides beber como mínimo un
litro y medio de agua al día para eliminar líquidos y hacer una limpieza del
organismo.
«Durante la quimioterapia mis médicos me aconsejaron que, dentro de la dieta
mediterránea, comiera de todo».
Nadia

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Alimentación durante la radioterapia
Antes y durante el tratamiento con radioterapia es aconsejable realizar una
alimentación sana y equilibrada que te ayude a mantenerte fuerte y a tolerar
mejor el tratamiento y sus efectos secundarios. Nunca vayas con el estómago
vacío, come por lo menos una hora antes de la sesión. Elige alimentos ricos en
hidratos de carbono y proteínas, porque te proporcionarán energía, y también
incluye en tu dieta gran cantidad de frutas y verduras.
Si estas tomando complementos vitamínicos debes consultarlo con tu
radiooncólogo antes de comenzar con la radioterapia. Ciertas vitaminas de los
grupos A, C, D y E podrían interferir en la capacidad que tiene la radiación para
destruir las células cancerosas. Sobre todo, los antioxidantes, cuya función es
evitar o neutralizar los radicales libres. Durante el tratamiento puedes tomar las
vitaminas que te aportan los alimentos porque en esas dosis no suelen interactuar.

Proteger el hígado y los riñones


Los órganos que más sufren con los efectos de la quimioterapia son el hígado y
los riñones. La función más importante del hígado es filtrar las sustancias tóxicas
y transformarlas en productos que se puedan eliminar a través de la bilis y los
riñones. Los medicamentos quimioterápicos dejan muchas toxinas en el
organismo y si estas no se pueden eliminar pueden producir daños en estos
órganos y evitar que funcionen de manera adecuada. Es necesario realizar una
depuración hepática y renal para proteger estos órganos vitales. Tienes a tu
alcance plantas y alimentos que te pueden ayudar a mitigar los efectos nocivos de
los tratamientos. Entre las plantas está el cardo mariano, que contiene silimarina,
un principio activo con propiedades antioxidantes y hepatoprotectoras que,
además, estimula las células del sistema inmunitario. El diente de león ayuda a
desintoxicar el hígado, tiene un efecto diurético y aumenta la secreción de la bilis
que ayuda a transportar las toxinas fuera de este órgano. Las hojas de alcachofa
contienen cinarina y ácidos esenciales que protegen al hígado y facilitan la
actividad de la vesícula, y mejoran la digestión de las grasas.
Las verduras de hoja verde contienen clorofila que ayuda a eliminar las
toxinas acumuladas en el hígado y neutraliza impurezas como los metales pesados
y productos químicos.
La cola de caballo es una de las mejores plantas diuréticas, y además ayuda a
desinflamar los riñones, y la bardana tiene una doble función ya que no solo
depura los riñones, si no también ayuda a eliminar las toxinas del hígado y la
vesícula. La cebolla y el apio tienen magníficas propiedades diuréticas y

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depurativas que contribuyen a cuidar y a desinflamar los riñones.
Aumenta el consumo de frutas y verduras frescas, reduce la ingesta de grasas
saturadas y restringe el consumo de azúcar blanco, ya que cuando le llega un
exceso de azúcar al hígado lo convierte casi en su totalidad en grasa.

Controlar los efectos secundarios

Náuseas y vómitos
Uno de los síntomas más desagradables y que produce gran malestar son las
náuseas y vómitos producidas por la mayoría de los quimioterápicos. Estos
medicamentos pueden estimular determinadas sustancias químicas que afectan al
centro del vómito situado en la base del cerebro.
Además de los fármacos antieméticos, también puedes adoptar algunas
medidas para aliviar las náuseas. Come más a menudo, 5 y 6 comidas al día y en
cantidades pequeñas, para digerir mejor los alimentos, porque tener el estómago
vacío agrava las náuseas. Bebe agua una hora antes de comer y durante las
comidas toma pequeños sorbos de líquido para que no te sientas demasiado
hinchada. Evita las comidas grasientas, muy especiadas y picantes. Elige alimentos
de fácil digestión, como caldos suaves, yogur y pan tostado. Toma jengibre para
reducir las náuseas. Evita los lugares que estén poco ventilados y tengan olores
fuertes.
Puede que algunos alimentos y olores después de la quimioterapia te
produzcan asco. Este cuadro se denomina «náuseas y vómitos anticipatorios», ya
que está asociado al recuerdo de las sesiones de quimioterapia y está provocado
por la ansiedad.
«El día que me tocaba la quimioterapia lo pasaba muy mal, ya que antes de llegar
al hospital ya tenía náuseas y vómitos».
Amelia

Para tratar este trastorno es necesario rebajar los posibles niveles de ansiedad
mediante ansiolíticos (que conviene que sean naturales), y con técnicas de
relajación.

Úlceras o aftas bucales


La mucositis es una inflamación de la mucosa que recubre las paredes del tracto
digestivo superior desde la boca al estómago; cuando hay inflamación de la boca

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se denomina estomatitis y esofagitis si es del esófago. Esta inflamación puede
derivar en úlceras o llagas que resultan muy dolorosas.
Para evitar que empeoren las aftas, elimina de tu dieta la fruta ácida: limones,
naranjas, piña, fresas, tomates..., y no tomes comidas saladas, picantes, salsas
fuertes, especias ni bebidas gaseosas. Tampoco consumas alimentos duros,
crujientes ni verduras crudas. Es mejor que estén bien cocidos y blandos en forma
de purés, batidos, cremas o tortillas. Además, procura que las comidas no estén
calientes ya que el calor afecta mucho a las aftas bucales.
Para mejorar las llagas utiliza leche de magnesia, que tiene un efecto antiácido
que cambia el pH de la boca y evita la proliferación de las bacterias causantes de
las aftas. También puedes hacer enjuagues con infusiones de caléndula, salvia o
una mezcla de agua con bicarbonato o sal. El nitrato de plata alivia el dolor y
ayuda a curar las aftas y también puedes tomar vitamina B12, zinc, hierro y ácido
fólico para regenerar la mucosa lo antes posible y recuperar el bienestar.
«Desde el primer ciclo de quimioterapia me salieron úlceras muy dolorosas por
toda la boca y apenas podía comer. Me aconsejaron aplicar nitrato de plata y
noté una gran mejoría».
Almudena

Boca seca o xerostomía


La quimioterapia causa sequedad de boca al dañar las glándulas salivares que
producen la saliva para mantener la boca húmeda, y, además, evita que proliferen
bacterias y microorganismos causantes de infecciones y llagas bucales.

Para generar saliva si no hay úlceras, puedes hacer enjuagues con agua y vinagre de
manzana, limón o jengibre. Las infusiones de menta, manzanilla, raíz de diente de león,
jengibre y regaliz resultan muy hidratantes. Si tienes aftas, para conseguir salivar con
normalidad te puedes enjuagar con una mezcla de agua con bicarbonato, tomar mucho
líquido, chupar un poco de hielo o mascar chicles sin azúcar. Es mejor que evites el consumo

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de café, té y refrescos de cola.

Alteración del gusto


La disgeusia es la alteración del sentido del gusto debido al efecto de la
quimioterapia sobre las papilas gustativas. Cambia el sabor de los alimentos y estos
pueden resultar demasiado dulces o amargos y, sobre todo, aparece un continuo
sabor metálico que distorsiona el sabor de las comidas. Se trata de un síntoma
transitorio y con el tiempo el sentido del gusto se vuelve a normalizar.
«Durante la quimioterapia tenía un sabor metálico en la boca, todo me sabía
fatal».
Celia

Prepara comidas con alimentos sabrosos y que resulten atractivas a la vista y al


olfato. Para dar más sabor puedes utilizar especias como tomillo, albahaca,
romero, orégano, ajo y cebolla. Otra opción es adobar, marinar o escabechar las
carnes y pescados. Si los alimentos tienen gusto a metal utiliza utensilios de
plástico y vidrio y evita consumir alimentos enlatados ya que pueden acentuar ese
sabor. Para neutralizar los malos sabores también puedes tomar infusiones de
menta, caramelos y chicles de limón o menta. Antes de comer enjuágate con una
solución de agua tibia con bicarbonato y sal y cepíllate los dientes con frecuencia.

Falta de apetito
Las náuseas, los vómitos, los cambios de sabor de los alimentos, los malos olores y
los problemas estomacales pueden ser los responsables de la falta de apetito.
Además, también pueden afectar la tensión, incertidumbre, ansiedad y depresión.
Para que puedas estar bien alimentada es mejor que comas poca cantidad con
más frecuencia; de esta forma no sentirás el estómago tan lleno. Una buena
opción es enriquecer la dieta añadiendo más hidratos de carbono y proteínas.
Procura tomar en el desayuno un tercio de las calorías diarias, principalmente de
proteínas, ten a mano bocados sabrosos y fáciles de comer para cualquier
momento que tengas hambre. Sé creativa y prepara nuevos y deliciosos platos.

Acidez
Es frecuente que algunos tratamientos produzcan acidez o reflujo ácido debido a
la presencia de un exceso de ácido en el estómago. Esto provoca irritación en las
paredes gástricas que se traduce en una sensación de ardor o calor en el
estómago. Para evitar la acidez come pequeñas cantidades y con más frecuencia,

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masticando y ensalivando bien los alimentos antes de tragarlos. Procura que la
comida esté tibia para no irritar la mucosa gástrica. Toma carnes blancas como
pollo, pavo o conejo que son menos irritantes que las rojas, tampoco consumas
cebollas ni ajos crudos, alimentos muy grasientos, picantes y ácidos. No abuses de
la leche ya que el calcio estimula la secreción de jugos gástricos. Las frutas y las
verduras es mejor que estén peladas, pues la fibra cruda inflama la mucosa del
estómago, al igual que el café, el té, los refrescos de cola y las bebidas gaseosas.

Irritación de garganta y dificultad para tragar


La quimioterapia puede dañar las paredes de la garganta y el esófago y provocar
una irritación, que se conoce como esofagitis. Este trastorno puede ser muy
molesto y deriva en la dificultad para tragar alimentos. Necesitas hacer algunos
cambios en tu dieta; escoge alimentos fáciles de tragar como caldos, batidos,
purés, yogur, tortilla, queso fresco, pescado, carne picada, etcétera. y evita
productos que puedan raspar la garganta como pan tostado, patatas chips o frutos
secos. Tampoco tomes platos muy calientes, picantes y ácidos.
«Lo pasé fatal. Me salían llagas en la boca y en la garganta, con lo que no podía
comer y casi ni tomar líquido».
María Jesús

Estreñimiento
El estreñimiento puede ser provocado por los medicamentos o por una
alimentación desequilibrada baja en fibra y un aporte insuficiente de líquido.
Para paliarlo bebe más líquidos: agua, zumos, caldos, infusiones. Toma alimentos
ricos en fibra: verduras, frutas y cereales integrales como el trigo y la avena (el
salvado de avena es muy eficaz, al igual que las semillas de lino). Condimenta con
aceite de oliva (3-4 cucharadas diarias) y, sobre todo, evita alimentos con alto
contenido en azúcar refinado, té, chocolate y bebidas con gas.

Diarrea
La diarrea se produce porque la quimioterapia daña las células del intestino.
Cuando la diarrea es prolongada hay riesgo de deshidratación porque los
nutrientes no son absorbidos, junto con la pérdida de sales minerales, sobre todo,
potasio, y de vitaminas.
Para reponer todos estos nutrientes bebe muchos líquidos, agua, zumos o
bebidas isotónicas. En cuanto a la dieta, consume alimentos ricos en potasio como
plátanos, albaricoques, manzanas y patatas. Escoge productos pobres en fibra que

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ayudan a ralentizar los movimientos del intestino, como arroz, pasta y pan blanco
tostado. También puedes tomar alimentos proteicos como pescado blanco, pollo
y pavo, evita los alimentos grasos, comidas picantes y muy condimentadas y no
consumas productos con edulcorantes como el xilitol o sorbitol ni bebidas
gaseosas.

Alteración de la medula ósea


La médula ósea se encarga de producir las células de la sangre como es el caso de
los leucocitos, glóbulos rojos y plaquetas. Estas células se dividen con rapidez, lo
que las hace más sensibles al efecto de la quimioterapia, por lo que durante la
terapia podemos acusar molestias debidas al descenso en la producción de estas
células sanguíneas.

Anemia
Durante el tratamiento es frecuente que haya una disminución de glóbulos rojos
que puede provocar anemia. Aunque tu médico te haga análisis con frecuencia, si
tienes cansancio, mareos, palpitaciones o falta de aire cuando realizas algún
esfuerzo, es probable que tengas un nivel de hematíes muy bajo y precises algún
tipo de tratamiento. Procura no hacer esfuerzos, ahorra energía, limita tus
actividades y descansa lo que precises. También puedes añadir a tu dieta
alimentos ricos en hierro.
«A la cuarta sesión de quimioterapia tenía las defensas muy bajas, así que me
dieron la opción de descansar una semana o ponerme unas inyecciones para
subir las defensas. Aunque sabía que iba a acabar un mes más tarde, preferí
descansar».
Nadia

Infecciones
La quimioterapia también disminuye el número de leucocitos o glóbulos blancos,
que son el ejército encargado de defender al organismo de los microorganismos
causantes de las infecciones. En la actualidad, disponemos de fármacos
denominados factores estimulantes de colonias que pueden evitar que los
leucocitos disminuyan.
Debes extremar las precauciones y tener buenos hábitos higiénicos durante
este periodo para no coger infecciones. Evita el contacto con personas que
pudieran tener algún tipo de infección, si no te es posible, utiliza una mascarilla.
Procura no lesionarte, ya que las heridas en la piel puede ser un punto de entrada

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de las bacterias: usa guantes cuando practiques jardinería, ten cuidado si tienes
mascotas para evitar arañazos y no te hagas la manicura. Lávate las manos con
frecuencia después de tocar cualquier objeto en el hospital y antes de comer,
beber o manipular alimentos. Si no dispones de agua y jabón puedes utilizar un
limpiador a base de alcohol anhidro.

Problemas de coagulación
Los problemas de coagulación que pueden aparecer, se deben a que hay menos
plaquetas de lo normal en el organismo, y esto provoca que cualquier corte o
herida sangre más de lo normal, y que haya hematomas frecuentes. Para evitar
posibles hemorragias utiliza cepillos suaves de dientes para prevenir el sangrado,
procura no hacerte cortes y heridas y usa guantes cuando realices actividades que
pueden provocar lesiones en la piel.

Alteraciones menstruales
Es complicado saber a priori cómo va a afectar el tratamiento al ciclo menstrual.
Puedes tener ciclos menstruales irregulares o ausencia de la menstruación –
amenorrea– y también puede haber daños en los ovarios y avanzar la menopausia.
En este sentido, es muy importante la edad, cuando es próxima al climaterio
probablemente se entre en la menopausia, mientras que si se es joven, se puede
recuperar el periodo.

Tratar el dolor
Se calcula que 7 de cada 10 pacientes con cáncer sufren dolor en algún momento
durante el tratamiento oncológico. El dolor no es un síntoma muy frecuente en el
cáncer de mama en estadio temprano. Sin embargo, el tumor puede causar
molestias al presionar los tejidos circundantes. No obstante, en el caso del cáncer
de mama inflamatorio el dolor es uno de los primeros síntomas y en la
enfermedad de Paget de pezón también suelen aparecer bastantes molestias.
Cuando hay metástasis o el cáncer está en un estadio avanzado y se extiende a
los huesos puede despertar dolores en la espalda, las caderas u otros huesos. Si se
extiende al hígado, las molestias aparecen en la parte superior derecha del
abdomen.
El dolor de pecho y axila puede ser debido al daño que han sufrido los nervios
durante la cirugía. La radioterapia puede ocasionar en estas zonas dolor en forma
de punzadas porque puede haber inflamación de los nervios y la irritación
causada por la radiación puede sumar más dolores al organismo.

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Uno de los dolores más comunes en el cancer de mama es el óseo, articular y
muscular que puede estar provocado por metástasis en hueso y algunos
tratamientos como la quimioterapia, bifosfanatos, hormonoterapia y fulvestrant.
Cuando el dolor es muy continuado puede causar fatiga, que deteriora la calidad
de vida, e incluso puede llegar a provocar depresión.
Los baños con agua caliente, el calor aplicado localmente, los masajes,
acupresión y la acupuntura alivian la sensación del dolor. Haz ejercicio para dar
elasticidad y fortalecer los músculos y las articulaciones. El yoga, tao yin, chi kung
y tai chi son una buena opción. Las técnicas de relajación y visualización son
herramientas muy útiles para calmar las dolencias. Las cremas elaboradas con
mentol o capsaicina, una sustancia extraída de los pimientos picantes, pueden
aliviar el malestar muscular y articular.

Combatir la fatiga
La fatiga es una sensación subjetiva, difícil de describir por las personas que la
padecen y de cuantificar por parte de los especialistas. Se puede decir que se trata
de un cansancio inusual y excesivo, más interno y debilitante, que se siente en
todo el cuerpo y que no se alivia descansando ni durmiendo.
«Tenía un cansancio que por mucho que durmiese, me levantaba cansada. En la
etapa de la radioterapia me sentía mucho más fatigada».
María Jesús

Entre el 78 y el 98 por ciento de los enfermos de cáncer padecen fatiga. El hecho de tener la
enfermedad ya provoca cansancio. Además, cuentan los efectos secundarios de la
radioterapia, quimioterapia, terapia hormonal y determinados factores como el estrés,
ansiedad, insomnio, pérdida del apetito, anemia y dolor.

«Habitualmente estoy fatigada, hay días que me cuesta mucho hacer las

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actividades cotidianas».
Candy

¡Activa tu energía!
Contrariamente a lo que se piensa, quedarse todo el día tumbado no elimina el
cansancio producido por el cáncer, más bien lo incrementa, ya que hay una
mayor pérdida de masa muscular y disminución de la actividad cardiovascular.
Está demostrado que hacer ejercicio físico moderado regularmente proporciona
energía, aumenta la resistencia, reduce la fatiga, regula el sueño y fortalece los
músculos, tendones y huesos. Según un estudio publicado en noviembre de 2012
en Cochrane Database of Systematic Reviews, el ejercicio físico aeróbico,
específicamente montar en bicicleta y caminar, durante y después del tratamiento
oncológico, disminuye en un 27% la fatiga. Entre los diferentes tipos de cáncer, el
de mama es uno de los que se ven más beneficiados por la práctica de actividades
físicas.
Es suficiente con que camines de 30 a 45 minutos cada día, puesto que ayuda a
mantener la forma, a relajarse y a obtener un mejor descanso. También, y en
función de las energías que tengas, puedes practicar natación, montar en
bicicleta, pilates o cualquier otra actividad que te haga sentir bien y te distraiga.
Las técnicas orientales son muy aconsejables para recuperar y equilibrar la
energía: reiki, yoga, tao yin, tai chi y chi kung. Las técnicas de masaje como el
shiatsu, do-in o reflexología podal ayudan a que la energía fluya por el organismo
y alivian el cansancio. Procura practicar la respiración completa, que aporta
oxígeno a todas las células del organismo y disminuye la fatiga. Duerme como
mínimo ocho horas y procura hacer una siesta, aunque solo sea de 10 o 15
minutos, te ayudará a tener más energía.
Es importante que ahorres fuerzas, no te exijas demasiado, adáptate a tu
nueva situación. Cuando planifiques el día debes tener en cuenta cómo te
encuentras y no te comprometas para actividades que requieren mucho esfuerzo.
Acostúmbrate a hacer las actividades a un ritmo moderado. ¡Tómate las cosas con
más calma!
Habla con tu médico y valora la posibilidad de tomar suplementos
alimenticios que te ayuden a recuperar fuerzas. El ginseng mejora el
aprovechamiento del oxígeno por parte de las células y revitaliza el organismo. El
polen y la jalea real son excelentes tónicos energéticos y revitalizantes. Es
importante que incorpores a tu dieta alimentos ricos en vitaminas A, B5, B12, C,

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hierro y magnesio para aumentar la energía. Los aminoácidos carnitina y taurina
tiene una acción energética y mejoran el tiempo de recuperación.

Fatiga mental
Aunque durante todo el proceso se habla mucho de la fatiga física, no hay que
olvidar la fatiga mental ocasionada por los tratamientos o bien por el estrés
emocional, la preocupación o la incertidumbre. Este tipo de cansancio puede
producir dolor de cabeza, mareos, problemas para dormir, irritabilidad, cambios
de humor, dificultad para concentrarse, memorizar o recordar datos.
Dormir, hacer actividades relajantes o pasar tiempo al aire libre pueden ayudarte
a disminuir la fatiga mental. Adapta las expectativas a tu situación actual, fíjate
pequeñas metas fáciles de conseguir, pues la sensación de logro ayuda a bajar
los niveles de estrés. Procura no pensar en la enfermedad, piensa en positivo,
porque las ideas negativas consumen mucha energía.

Reducir el edema
El edema o retención de líquidos es una hinchazón provocada por la
acumulación excesiva de líquido en los tejidos del organismo. Nuestro cuerpo
está permanentemente controlando los niveles de líquidos para que se
mantengan constantes y en equilibrio. Por eso si bebes mucha agua no pasa nada
ya que será eliminada por los riñones o a través del sudor. El problema es cuando
se produce un desequilibrio y el organismo no puede eliminar el líquido.
Las zonas más comunes donde aparece el edema suelen ser los pies y las
piernas, aunque también puede darse en los brazos, las manos, la cara, el
abdomen o en los pulmones. Cuando sientas hinchazón, pesadez, aumento de
peso de forma repentina, menor flexibilidad de las articulaciones y la piel está
tensa tienes una retención de líquidos.
Las causas pueden ser variadas: el cáncer, algunos tipos de quimioterapia
como cisplatino y docetaxel, corticoides, antiinflamatorios, medicamentos
hormonales, falta de ejercicio, etcétera.
Para reducir el edema tienes que adoptar algunas medidas: hacer ejercicio
ayuda a que los líquidos vuelvan al sistema circulatorio, no permanezcas mucho
tiempo de pie y cuando estés sentada no cruces las piernas e intenta mantenerlas
en alto. Vigila tu dieta, reduce el consumo de sal, toma alimentos ricos en potasio
y bajos en sodio. También puedes tomar infusiones de plantas diuréticas como

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cola de caballo, diente de león y té verde.

Prevenir el linfedema
Una de las complicaciones más importantes que pueden darse después del cáncer
de mama es la aparición del linfedema. Se estima que hasta un 10% de las
mujeres a quienes se les han extirpado los ganglios linfáticos axilares
desarrollarán esta complicación. El riesgo se incrementa hasta un 25% si además
de la cirugía reciben radioterapia en la axila. Esto se debe a que los ganglios
linfáticos que han quedado tras la intervención se alteran aún más con la
radiación y no funcionan adecuadamente.
El linfedema o inflamación del brazo está ocasionado por la retención de linfa
rica en proteínas. Estas proteínas atraen más edema y, además, alimentan las
infecciones. En circunstancias normales hay un equilibrio y el líquido que entra
en el brazo es igual al que sale, pero cuando el drenaje del brazo es deficiente se
produce una acumulación de líquido linfático, el linfedema.
Los síntomas suelen ser inflamación y opresión en el brazo y la mano del lado
de la mama operada, sensación de pesadez, los anillos, relojes y ropa se notan
ajustados, la piel está brillante y tensa y no se hunde con la presión. El linfedema
no se desarrolla de forma brusca, por lo que al menor síntoma debes comunicarlo
inmediatamente al médico. Esta anticipación permite tener un tratamiento
precoz de fisioterapia y puede evitar que el problema se agrave.
El aumento del diámetro del brazo conlleva un cambio en el aspecto estético
al que hay que adaptarse y que puede afectar negativamente al estado de ánimo,
la autoestima y la forma de relacionarse con los demás y, sobre todo, a la calidad
de vida.
El linfedema no es predecible, puede aparecer inmediatamente después de la
cirugía o radiación, o meses y hasta años más tarde. El 75% de los casos se dan en
el primer año tras la cirugía. Pero no debes bajar la guardia aunque haya pasado
un tiempo, ya que cualquier lesión o infección en el brazo afectado puede
contribuir a la aparición de este trastorno, o empeorarlo si ya lo tienes. Además,
es muy recomendable que no te extraigan sangre ni te tomen la tensión y, por
supuesto, no hagas esfuerzos ni cojas pesos con ese brazo.

Tipos de linfedema
Linfedema precoz es un edema postquirúrgico localizado en el tórax y la parte
interna del brazo que puede reabsorberse espontáneamente o con tratamiento de

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fisioterapia. En el caso de que a los tres meses no haya desaparecido puede
suponer el inicio de un linfedema. El tardío aparece tiempo después de la
intervención y viene provocado por una infección o una sobrecarga física.
El linfedema puede clasificarse según su grado:
Estadio I: es la fase líquida, el brazo está blando y los síntomas suelen ser
pesadez en el brazo sin aumento de su tamaño.
Estadio II: mejora con la elevación del brazo y precisa tratamiento
fisioterapéutico para que no se agrave.
Estadio III: es la fase fibrótica en la que ya aparecen zonas duras, no mejora
con la elevación del brazo y es necesario el tratamiento fisioterapéutico.
Estadio IV: esta fase se denomina elenfatiasis. Las zonas afectadas están
duras al tacto, hay cambios en la piel y es imprescindible tratamiento
fisioterapéutico.

¿Qué hacer?
Masajes: el drenaje linfático manual consiste en una manipulación suave que
ayuda a movilizar el líquido y a dirigirlo a otras vías de eliminación. También se
puede aplicar otro masaje que ayuda a movilizar los tejidos blandos para liberar
tejidos que puedan oprimir y que contribuyan a la formación del edema.
Dispositivos de compresión: estos dispositivos son unas bombas que están
conectadas a una manga que se envuelve en el brazo y ejerce presión de manera
intermitente. Este bombeo ayuda a mover el líquido linfático y la sangre de las
venas, y así impedir que este líquido se acumule.
Cuidado del brazo: es importante no hacer esfuerzos con el brazo y evitar
cualquier tipo de lesión por muy leve que sea que pueda provocar infecciones.
Mantén una buena higiene y cuidado de la piel. En especial, es muy importante
que la mantengas bien hidratada para evitar que se cuartee o se rompa.
Ejercicios: el ejercicio mejora la circulación del sistema linfático y el sanguíneo,
fortalece los músculos e incrementa la capacidad del organismo para absorber las
proteínas.
Los ejercicios en el agua resultan muy beneficiosos. Los movimientos
naturales en el agua como el oleaje a velocidad continua y uniforme producen un
efecto de masaje drenante. La presión hidrostática ejerce una compresión sobre
el brazo que favorece el flujo linfático y si es en el agua del mar el beneficio se
potencia, ya que la concentración salina del agua tiene una acción antiedematosa.

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Vendajes: puedes utilizar vendajes de algodón y mangas de compresión para
ayudar a movilizar el líquido. Es recomendable que las utilices si haces ejercicio y
cuando viajes en avión, ya que la altitud empeora el edema.
Láser: la aplicación de rayos láser de baja potencia en el área del linfedema
ayuda a disminuir la hinchazón y contribuye a prevenir el endurecimiento de la
piel.

Cuida tus huesos


A medida que envejeces tus huesos no se regeneran al mismo ritmo que cuando
eras más joven y se vuelven más delgados y frágiles. Si no los cuidas puede
aparecer la tan temida osteoporosis, conocida con el sobrenombre de «la
enfermedad silenciosa» porque no presenta síntomas. Se trata de la enfermedad
ósea más frecuente y se da cuando el hueso antiguo es reabsorbido y el cuerpo no
es capaz de producir nuevo tejido óseo. Para sintetizar el nuevo hueso son
necesarios minerales como el calcio y el fósforo que se adquieren a través de la
dieta, pero con el paso del tiempo hay más dificultad para absorberlos, hay más
pérdidas de calcio a través de la orina y cuando el organismo necesita estos
minerales los coge directamente de los huesos, lo que provoca que se vuelvan
porosos y frágiles, y puede ocasionar fracturas.
Se calcula que el 50% de las mujeres postmenopáusicas sufren osteoporosis,
debido al descenso de estrógenos. Estas hormonas juegan un papel importante en
la regulación del proceso de recambio óseo a lo largo de la vida. A medida que los
niveles de estrógenos bajan, la reabsorción ósea es mayor que la formación de
hueso, lo que se traduce en una menor densidad ósea.
Las mujeres con cáncer de mama, además, tienen nuevos enemigos que
atacan a los huesos, como son la quimioterapia, corticoides y los tratamientos
hormonales. Dentro de estos últimos, están los inhibidores de la aromatasa, que
producen debilitamiento en los huesos y tienden a acelerar la osteoporosis. No
ocurre lo mismo con otros fármacos hormonales como el tamoxifeno y el
raloxifeno, que bloquean la acción de los estrógenos en las células de las mamas,
pero activan la acción de estas hormonas en las células de los huesos. La
quimioterapia también influye en la pérdida de la densidad de la masa ósea, que
durante el tratamiento se produce más rápido de lo que se creía hasta la fecha.
Un estudio publicado en la revista Journal of Clinical Oncology realizado por un
grupo de investigadores de la Universidad Estatal de Ohio (Estados Unidos) y
dirigido por Charles Shapiro, reveló que a los doce meses de iniciado el
tratamiento de quimioterapia la pérdida de masa ósea es de un 8% en el caso de

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mujeres premenopáusicas, debido al descenso brusco de los niveles de
estrógenos. Los corticoides, que se suelen administrar junto con la quimioterapia,
también tienen una acción directa sobre el hueso pues suprimen la función de los
osteoblastos, las células óseas, y alteran el metabolismo del calcio y de la vitamina
D, lo que puede provocar una pérdida de masa ósea y el aumento de la fragilidad
del hueso.
«Después de la quimioterapia mis huesos quedaron descalcificados. Hace treinta
años no existia ni la preocupación ni los tratamientos actuales. Más adelante,
cuando me diagnosticaron la osteoporosis, me pusieron tratamiento y mis
huesos están recuperados casi por completo».
Amelia

¿Qué hacer?

Bifosfonatos
Los bifosfonatos son medicamentos que inhiben la resorción ósea y son utilizados
para la prevención y el tratamiento de la osteoporosis y el cáncer con metástasis
ósea. También se utilizan para el tratamiento de la enfermedad de Paget y otras
alteraciones que pueden provocar fragilidad ósea.

Ejercicio físico
La actividad física es una medida muy saludable que debes poner en práctica de
manera regular para mantener la masa ósea y los músculos fuertes. El ejercicio
estimula la producción de células encargadas de formar el hueso y los músculos.
Se ha demostrado que practicado con regularidad aumenta la densidad mineral
ósea entre un uno y un dos por ciento y también incrementa la masa muscular y
ayuda preservar el equilibrio y la agilidad.
Si tienes osteoporosis u osteopenia debes trabajar el equilibrio mediante
ejercicios que fortalecen las piernas, como marcha y tai chi. Además, debes
practicar ejercicios de flexibilidad y estiramientos para proteger la columna
vertebral, como el yoga. También es importante trabajar la coordinación y la
estabilización de la cadera y el tronco.
Otro tipo de ejercicios que también puedes hacer son los aeróbicos de bajo
impacto, por ejemplo: caminar, bailar, subir escaleras y hacer bicicleta elíptica,
que fortalecen las piernas, la cadera y la parte baja de la espalda. No olvides
practicar ejercicios funcionales, es decir, aquellos movimientos que te ayudan a
realizar las tareas cotidianas de forma correcta para evitar las lesiones.

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Cuando hay osteoporosis debes evitar actividades que impliquen torsiones
bruscas del tronco, como el golf, tenis o abdominales, y tampoco es aconsejable
que hagas ejercicios donde haya una carga brusca, como correr, saltar o trotar.

Alimentos para los huesos


Para conseguir una buena salud ósea debes seguir una dieta equilibrada rica en
calcio, que es un mineral muy importante, pues casi el 99% del calcio de todo el
organismo se acumula en los huesos. El fósforo también es muy necesario para la
formación ósea, así como el magnesio que regula la absorción y la asimilación del
calcio, suprime la acción de la paratohormona que aumenta la reabsorción ósea y
también influye en la actividad de la vitamina D. El zinc es un mineral importante
en la formación y la mineralización de los huesos. Además de estos minerales, no
debe faltar la vitamina D, que desempeña una función vital en la salud ósea, ya
que participa en el proceso de absorción del calcio, y la vitamina K, que
interviene en el metabolismo óseo. La osteocalcina, que es una proteína
específica de la masa ósea, necesita de esta vitamina para realizar su función. La
regulación del ácido-base juega un papel importante en la salud del esqueleto ya
que un medio ácido resulta perjudicial para los huesos.
También hay determinadas sustancias que son enemigas de los huesos, como
la cafeína, que en altas dosis disminuye la densidad de la masa ósea, y el tabaco
que tiene efectos devastadores, ya que aumenta la eliminación del calcio y
disminuye la vitamina D. El excesivo consumo de alcohol afecta a los osteoblastos,
y también incrementa el riesgo de pérdida de masa ósea. Además, las personas
bebedoras suelen tener un déficit de calcio y vitamina D.

«Niebla cerebral»
Muchas mujeres durante el tratamiento de quimioterapia e incluso meses después
de haberlo finalizado, se quejan de que tienen dificultad para concentrarse,
problemas de memoria a corto plazo y se encuentran mentalmente más lentas. Es
lo que se llama «niebla cerebral» o «quimiocerebro».
Aunque en un principio se creía que esta dificultad para procesar eficazmente
la información se debía al estrés y la depresión que suele acompañar al cáncer,
recientemente se ha demostrado que se trata de un efecto de la enfermedad y del
tratamiento.
Según los expertos, hasta un 30% de las mujeres con cáncer de mama sufrirán
algún tipo de secuela cognitiva dos años después de haberse sometido a
quimioterapia.

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En una investigación realizada en el Jonsson Comprehensive Cancer Center
de la Universidad de California y publicada en la revista Journal of the National
Cancer Institute, a 189 mujeres con tumores malignos de mama sometidas durante
el tratamiento de quimioterapia a pruebas neuropsicológicas, reveló que tenían
un 23% más de problemas de memoria y un 19% más de quejas, respecto a sus
funciones ejecutivas a la hora de realizar tereas cotidianas, en comparación con
mujeres sanas de la misma edad.
Con el fin de aportar luz a este tema, el científico Paul Jacobsen, del Centro
del Cáncer Moffitt en Tampa, Florida (EE. UU.), ha publicado varios artículos
sobre los efectos negativos de la quimioterapia y la radioterapia a nivel cognitivo.
En el último estudio, Jacobsen revela que las mujeres que superan el cáncer de
mama pueden tener alteraciones en las capacidades mentales durante varios años
después del tratamiento con quimioterapia y radioterapia o solamente tratadas
con radioterapia.

¿Qué hacer?
Hay estrategias para afrontar la situación que pueden ayudar a reducir al mínimo
los efectos en el cerebro de los tratamientos y que contribuyen a que te sientas
más activa mentalmente:
• Procura hacer lo que necesita una mayor concentración en el momento del
día que te sientas mejor.
• Trata de descansar y dormir suficientes horas al día.
• Intenta reducir los niveles de estrés y ansiedad, ya que bloquean y afectan
negativamente a la mente.
• El ejercicio físico bombea más sangre al cerebro, así llegan más nutrientes y
oxígeno que mejoran las funciones mentales, además de mejorar el estado de
ánimo.
• A la hora de trabajar busca un lugar tranquilo lejos de ruidos y distracciones.
• Pautas para la memoria: utiliza cuadernos para hacer anotaciones o listas
para recordar citas, tareas, compras…
• Realiza ejercicios de agilidad mental y para estimular la memoria.
• Toma complementos como omega-3 y lecitina de soja rica en fosfolípidos
que mejoran la transmisión de los impulsos nerviosos, el rendimiento intelectual y
la memoria.

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• Hay algunas plantas como el ginseng y el ginkgo biloba que mejoran la
circulación sanguínea cerebral, lo que favorece el rendimiento mental.

Neuropatía periférica
Algunos fármacos de quimioterapia como los taxanos (paclitaxel), alcaloides de la
vinca (vincristina), compuestos de platino (cisplatino) y las podofilotoxinas
(etoposida y tenoposida) y otros fármacos que también se utilizan para tratar el
cáncer como el interferón y la talidomida, pueden crear lesiones en el sistema
nervioso periférico, es decir, todos los nervios ubicados fuera del cerebro y la
médula espinal. Este trastorno, denominado neuropatía periférica, es la
complicación neurológica más importante en el tratamiento del cáncer y afecta a
una tercera parte de los pacientes.
«En la segunda sesión de taxol empecé a notar picores y adormecimiento en los
dedos de las manos, torpeza y pérdida de fuerza que me dificultaba hacer
algunas tareas. Meses después de terminar el tratamiento recuperé la
sensibilidad de mis dedos».
Almudena

Los síntomas más comunes son quemazón, calambres, hormigueo, debilidad o


entumecimiento de las manos o los pies, pueden ser que pierdas la sensibilidad
hasta tal punto que no percibas el frío ni el calor. También es posible que tengas
poca fuerza en las manos y resulte complicado coger objetos que pesen, abrir un
bote, abrocharte la camisa o atarte los cordones del calzado.
En ocasiones, puedes tener pérdida de equilibrio y poca coordinación, que
unido a la falta de sensibilidad en los pies, te generen problemas al caminar.
Además, puedes notar dolor al ponerte los zapatos, caminar o simplemente al
llevar los pies tapados.
«Desde que empecé la quimioterapia tengo los pies entumecidos y aunque han
pasado varios años sigo teniendo algunos problemas».
Celia

Debes tener cuidado y usar manoplas cuando cojas cacerolas o platos calientes
y guantes para las labores domésticas, bricolaje o trabajos en el jardín. Examina
las manos y pies por si aparecen heridas, rozaduras o hematomas para evitar
infecciones. Protege los pies, no andes descalza y utiliza calcetines y zapatos
amplios, suaves, con tacón bajo y de goma. Evita cruzar las piernas y apoyarte
sobre los codos. Los ejercicios con pelotas de goma te ayudan a mantener y a

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desarrollar la funcionalidad de las manos.
Además, puedes practicar yoga y tai chi que tonifican y dan elasticidad a los
músculos, mejoran el riego sanguíneo y equilibran el sistema nervioso. Los
masajes aplicados con regularidad producen una gran mejoría y la acupuntura
reduce los síntomas de la neuropatía en las tres cuartas partes, aunque para ello
necesitarás varias sesiones. Consume alimentos ricos en antioxidantes y vitaminas
del grupo B que ayudan al buen funcionamiento del sistema nervioso.
Aunque la mayoría de los síntomas pueden aparecer de manera repentina, la
pérdida de sensibilidad es gradual y se nota el empeoramiento a lo largo de las
sesiones. Después del tratamiento pueden desaparecer o permanecer algunos
meses, y en los casos más graves puede durar años. Aunque afortunadamente en
la mayoría de las mujeres remite pasado un par de meses.

Trastorno del sueño


La mayoría de las personas con cáncer tienen alteración del sueño, dificultades a
la hora de dormir, bien porque les cuesta coger el sueño, o bien para mantenerlo,
pues duermen a intervalos y se despiertan con frecuencia. Estos trastornos del
sueño afectan considerablemente a la calidad de vida. El sueño es imprescindible
para que el organismo se restablezca de la actividad diaria, sobre todo el cerebro,
ya que es uno de los pocos mecanismos de recuperación de los que dispone.
Aunque hay que tener en cuenta que dormir bien y lo suficiente no equivale a
dormir mucho. Los especialistas recomiendan como término medio ocho horas
diarias.
«Desde el día que me diagnosticaron el cáncer, se puede decir que perdí el
sueño. Para poder dormir necesito medicación».
Candy

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Son varios los factores que afectan en estos cambios en los patrones del sueño: los
tratamientos y medicamentos (principalmente los corticoesteroides), el descenso hormonal,
sobre todo la falta de estrógenos, malestar provocado por los efectos secundarios y la tensión,
preocupación y ansiedad.

«Siempre he sido muy dormilona y nunca he tenido problemas para dormir. Pero
desde que comencé con la quimioterapia tengo muchos problemas para
conciliar el sueño y me despierto muchas veces durante la noche. Durante el día
estoy muy cansada».
Almudena

Pautas para dormir mejor


Lo primero es conocer la causa de la dificultad para dormir. Para ello puedes
llevar un diario del sueño donde anotes las horas que duermes y en qué momento
del día o la noche. Mantén un horario regular para no alterar los ciclos de vigilia
y sueño controlados en el cerebro por el reloj biológico. Reduce el tiempo de
siesta como máximo a 30 minutos. Establece una rutina a la hora de ir a la cama
para comunicarle al cuerpo que es hora de tranquilizarse, como leer un libro o
escuchar música.
Utiliza el dormitorio solo para dormir, no uses aparatos electrónicos, procura
que esté completamente a oscuras, con una temperatura templada. Orienta la
cama con la cabecera al norte, ya que las corrientes magnéticas van de arriba
abajo y te pones en armonía con la tierra. El colchón que sea firme y que la
almohada se adapte a la cabeza y cuello. Debes mantener una actitud positiva
hacia el sueño pensando que vas a descansar y dormir bien.
Si te cuesta mucho dormir, hay plantas que pueden ayudar, como valeriana,
azahar, amapola, pasiflora, lavanda, melisa, tila y lúpulo. Estas plantas tienen
propiedades sedativas y sustancias tranquilizantes que contribuyen a que el
organismo se equilibre y se relaje propiciando un sueño reparador. El triptófano
es un aminoácido esencial precursor de la serotonina, un neurotransmisor
cerebral que produce relajación, mejora el estado de ánimo y las emociones y por
la noche se transforma en melatonina que ayuda a conciliar el sueño.

Técnica 4-7-8
El ejercicio 4-7-8 del profesor Weil ayuda a controlar la respiración con el fin de
devolver la concentración de gases en sangre a los niveles normales, bajar el

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ritmo cardiaco y conseguir un estado de relajación.
La técnica es muy fácil de poner en práctica. Una vez que estés echada en la
cama, pon la punta de la lengua tocando la encía superior, coge aire por la nariz
durante 4 segundos. Mantén el aire en tus pulmones 7 segundos, expulsa el aire
de los pulmones durante 8 segundos. Repite este proceso hasta que te quedes
dormida.

Métodos de relajación
Las técnicas de relajación son herramientas muy útiles para rebajar la tensión y
conseguir una relajación profunda de todo el cuerpo que facilita la inducción al
sueño. Música con sonidos de la naturaleza; ríos, arroyos y las olas del mar incitan
a la relajación y resultan muy adecuados para conciliar el sueño.

Menopausia precoz
Algunos tratamientos para el cáncer de mama como la quimioterapia y la terapia
hormonal pueden producir cambios en el cuerpo femenino y reducir la cantidad
de estrógenos y progesterona que produce el organismo, y pueden llegar a
provocar en algunos casos la menopausia precoz. Aunque no todos los fármacos
quimioterapéuticos producen esos efectos, los que sí intervienen en la inhibición
de la función ovárica son, en concreto, los alquilantes como la ciclofosfamida.
«Con la quimioterapia del segundo cáncer, se me retiró la menstruación
definitivamente».
María Jesús

La menopausia es la etapa en la vida de la mujer en la que los ovarios dejan de


producir estrógenos y progesterona, y como consecuencia del descenso de
actividad hormonal, los periodos se van volviendo irregulares hasta que cesan
definitivamente.
Después de la quimioterapia muchas mujeres dejan de tener la menstruación
durante algunos meses –es lo que se denomina amenorrea– y en otras cesa del
todo, es la menopausia. Una vez terminado el tratamiento los ovarios pueden
volver a recuperar su función, sobre todo si son mujeres jóvenes. En el caso de
señoras mayores de 40 años se calcula que entre el 61 y el 95% acaban teniendo
una menopausia inducida.
Cuando se trata de mujeres premenopáusicas con receptores hormonales
positivos, también se suele utilizar tratamiento por hormonoterapia, como el

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tamoxifeno, para bloquear la producción de estrógenos en los ovarios.
Aquellas a las que se les han extirpado los ovarios mediante cirugía,
ooforectomía, también pasan por la menopausia, pero de forma mucho más
repentina.

Síntomas de la menopausia
Una de las primeras señales es que la menstruación se vuelve más irregular, con
sangrados menos abundantes. Uno de los síntomas más característico son los
sofocos, se trata de crisis de vasodilatación que pueden ir acompañados de
sudoración intensa, palpitaciones, mareos, náuseas o dolor de cabeza. Debes
aumentar el consumo de hierro y calcio, ya que estos minerales ayudan a aliviar
los cambios de calor, y evita tomar alimentos picantes, azúcar blanco y cafeína.
Durante este periodo es mejor que lleves varias capas de prendas que podrás
quitarte o poner en función de tu temperatura corporal. También hay un mayor
riesgo de sufrir un infarto, angina de pecho, hipertensión, aumento de los niveles
de colesterol y osteoporosis.
El déficit de estrógenos provoca un descenso del deseo sexual, atrofia vaginal y
vulvar y se produce una alteración del epitelio y el pH vaginal, lo que puede
provocar dolor en las relaciones sexuales y la aparición de infecciones e
incontinencia urinaria.
Además, se dan cambios en la piel, pierde grosor y elasticidad debido a la
disminución de colágeno y elastina y se vuelve más seca. El pelo es más seco, con
aspecto áspero difícil de peinar.
Los patrones del sueño cambian, hay dificultad para dormir y peor calidad del
sueño. También se producen cambios en el estado de humor, la irritabilidad es el
síntoma que está más presente en el 70% de las mujeres en esta etapa. Además,
puede haber dificultades para concentrase y problemas de memoria.

Plantas y complementos de gran ayuda


La cimicifuga racemosa es una planta muy válida para aliviar algunos síntomas de
la menopausia ya que tiene una acción similar a los estrógenos, pero solo en
determinados lugares: en el cerebro aliviando los bochornos, en los huesos
combatiendo la osteoporosis y en la vagina reduciendo la sequedad vaginal.
Los extractos fitoplasmáticos de polen son ricos en vitaminas, minerales y
antioxidantes que ayudan a controlar los sofocos y otros síntomas del climaterio
como los trastornos del sueño, cansancio y fatiga, irritabilidad, etcétera. La

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ventaja es que al no contener estrógenos los pueden tomar todas las mujeres,
incluso las que hayan pasado por un cáncer de mama.
Hasta la fecha parecía que eran las isoflavonas de soja la mejor opción natural
para combatir los molestos síntomas de la menopausia. Al igual que la soja, el
extracto de lúpulo también contiene fitoestrógenos, pero hay estudios que
revelan que es 100 veces más efectivo que las isoflavonas de soja a la hora de
aliviar algunos síntomas como los sofocos, la disfunción sexual, los trastornos del
sueño, la ansiedad y los cambios de humor.
La salvia es otra planta que se lleva utilizando desde hace tiempo para aliviar
los sofocos y los sudores durante la menopausia. Al contener fitoestrógenos, tanto
la salvia, como el lúpulo y la soja están desaconsejados en mujeres que hayan
pasado por un cáncer de mama con receptores hormonales positivos, ni en
aquellas que tengan antecedentes de tumor de mama.
«Con la quimioterapia he engordado 14 kilos y es una de las cosas que peor llevo,
porque me cuesta mucho bajarlos».
Nadia

Evita la obesidad
Hay una tendencia en las mujeres que han pasado por un cáncer de mama a
aumentar de peso, y no solo eso, sino que además cuesta mucho perder esos kilos
de más que se cogen durante los tratamientos. Hay estudios que demuestran que
hasta un 70% de las pacientes que reciben quimioterapia tienen un aumento de
peso entre dos y seis kilos, y en un porcentaje considerable pueden llegar a
aumentar hasta diez kilos durante el primer año tras la intervención quirúrgica.
El incremento de peso se centra sobre todo en el tronco, principalmente en la
cintura y, además, conlleva una pérdida de masa muscular sobre todo en la zona
del abdomen. Ese sobrepeso no es nada aconsejable, pues no se trata solo de un
problema estético, sino que también es una cuestión de salud, ya que la
recuperación es peor. Un estudio realizado en la Universidad de Oslo (Noruega)
indica que la obesidad incrementa un 21% el riesgo de desarrollar cáncer y
también hay un mayor riesgo de recurrencia si ya se ha padecido la enfermedad.
Según el Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer, las mujeres con una
cintura de más de 80 cm tienen más riesgo de sufrir cáncer.
«Durante la quimioterapia cogí mucho peso y ahora no logro bajarlo».
Candy

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Son varios los factores que intervienen en este aumento de peso:
• Determinados tipos de quimioterapia, que provocan una retención excesiva
de líquidos, también puede disminuir el metabolismo, y los esteroides aumentan
el tejido adiposo sobre todo en las zonas del abdomen, cara y cuello.
• Con el descenso de estrógenos hay una tendencia al aumento de peso, ya
que estas hormonas inhiben la actividad de la lipoproteína Lipasa (LPL) en los
adipocitos. La LPL que está controlada por la insulina, cuando se encuentra en la
superficie de la célula extrae la grasa del torrente sanguíneo y la lleva al interior
de esta. Si se encuentra sobre una célula muscular utiliza la grasa como
combustible, pero si está sobre un adipocito esa grasa se convierte en más grasa.
• Debido al cansancio y al dolor de músculos y articulaciones provocados por
los tratamientos cuesta mucho más hacer ejercicio físico y te vuelves más
sedentaria, lo que puede llevar a un incremento de peso.
«Apenas he aumentado de peso, ya que me cuido mucho. Los médicos me
hicieron ver la importancia que tenían los cambios bruscos de peso en mi mama,
ya que está en parte reconstruida».
Isabel

Revisa la dieta
Muchas mujeres se quejan de que comen poco o se someten a dietas muy
estrictas y no logran quitarse esos kilos de más. Tal vez sea necesario revisar la
dieta porque en ocasiones no solo es la cantidad de comida que se ingiere, sino
el tipo y la combinación de alimentos, el momento del día en que se toman y la
forma de cocinarlos. Si te ves incapaz de llevar una alimentación saludable es
mejor que consultes con un dietista titulado cuál puede ser el plan que mejor te
funcione.

Activa tu sexualidad

El aspecto sexual es uno de los menos abordados en las consultas de oncología a

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pesar de que hay un alto porcentaje de mujeres que tienen algún tipo de
problema sexual durante y después de los tratamientos. Esto es debido en parte al
desconocimiento y también al pudor a la hora de hablar de este tema con los
médicos.
En gran parte, los responsables de que la libido esté por los suelos son los
cambios físicos y psíquicos que se producen a raíz de la enfermedad y de los
tratamientos. Pero no debes rendirte con facilidad y dejar el sexo al margen de tu
vida, porque se trata de una actividad muy placentera que puede hacerte sentir
bien y, además, aporta numerosos beneficios al organismo: fortalece el sistema
inmunológico, previene problemas cardiacos, adelgaza, rejuvenece, estimula la
memoria, levanta la autoestima, proporciona estabilidad emocional, mejora las
relaciones interpersonales, hace sentirse más querido y atractivo. Además, el
estado de relajación que se experimenta después del orgasmo produce una
agradable sensación de bienestar que hace afrontar los problemas y las
preocupaciones de una manera más optimista, y reduce considerablemente la
ansiedad, el estrés y la tensión acumulada.

Siéntete más atractiva


En nuestra sociedad los pechos son un símbolo y uno de los máximos exponentes
de la belleza y la feminidad, así que cuando te sometes a una mastectomía parcial
o radical es posible que te sientas que te han quitado algo más que un trocito de
tu cuerpo. Es muy probable que te cueste hacerte a la idea de tu nuevo aspecto y
te sientas menos seductora, esto provocará inseguridad y dudas de si tu pareja te
va a encontrar atractiva sexualmente. Es mejor que hables con tu compañero,
porque puede ser que si no te toca determinadas partes es por miedo a que la
zona esté muy sensible y pueda hacerte daño. Para la mayoría de las mujeres los
pechos y los pezones son un componente importante en los juegos amorosos, ya
que son punto vital de placer y excitación sexual. Tras la intervención en el caso
de cuadrantectomía o segmentoctomía, cuando solo se quita parte de la mama,
hay mujeres que aunque han perdido sensibilidad siguen disfrutando de sus
senos. Sin embargo, otras evitan cualquier contacto con sus mamas, incluso en la
que no está afectada por la cirugía. Si se trata de mastectomía radical, la
sensibilidad es mucho menor.
Actualmente, se hacen reconstrucciones de mama con unos buenos
resultados, que ayudan a que las mujeres nos sintamos más cómodas y atractivas
con nuestro cuerpo. Pero, aunque se puede restaurar la forma del pecho con una
buena apariencia, con la cirugía se cortan terminaciones nerviosas y se pierde

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mucha sensibilidad. Con todo, siempre puedes indagar en tu cuerpo y descubrir
nuevos puntos de placer. Lo puedes hacer sola o bien mediante juegos con tu
pareja.

Pérdida del deseo sexual


El tratamiento de quimioterapia afecta mucho a la libido. Los efectos secundarios
producen cambios en el organismo y en el estado de ánimo que dejan pocas
energías y ganas para tener relaciones sexuales. Ciertos medicamentos
quimioterapéuticos afectan a las membranas mucosas de la vagina provocando
inflamación, irritación y sequedad, lo que puede causar dolor durante la
penetración.
Otro inconveniente de este tipo de fármacos es que bajan las defensas y
pueden aparecer infecciones y hongos vaginales, como la candidiasis, que
produce en la vagina y en la vulva ardor y picores que resultan muy desagradables.
Durante la radioterapia el pecho es probable que se inflame, esté enrojecido e
irritado, la piel se vuelve hipersensible y el contacto puede doler. Una vez
transcurrido el tratamiento y pasado un tiempo, la piel del pecho volverá a la
normalidad.
En el caso de la braquiterapia, implante de isotopos radioactivos en el
organismo, es aconsejable interrumpir la actividad sexual hasta que haya
desaparecido la radiación del organismo.
La terapia hormonal reduce los niveles de estrógenos, lo que incluso puede
llegar a provocar la menopausia, y afecta al deseo sexual y, además, surgen más
problemas para alcanzar el orgasmo. Los estrógenos ayudan a que la vagina se
mantenga húmeda y flexible, y son los responsables de muchos de los cambios
que se producen en la vagina durante la excitación sexual. En la menopausia hay
alteraciones en la estructura de la vagina, hay un menor riego sanguíneo, las
secreciones disminuyen y la lubricación es menor, aunque haya mucha
excitación. Además, las paredes vaginales se vuelven más finas, pierden elasticidad
y, por lo tanto, son más frágiles. Todas estas condiciones producen una mayor
sequedad vulvovaginal y un gran malestar que dificulta las relaciones sexuales, ya
que la penetración puede ser muy dolorosa. Para evitar estas molestias puedes
echar mano de algunos productos como los que describo a continuación.

Lubricantes
Los lubricantes van a ser tu mejor aliado para poder disfrutar del sexo sin

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molestias; tenlos siempre a mano antes y durante el coito. Escoge un gel con base
de agua que no tenga fragancia, colores, sabores o espermicidas añadidos porque
pueden producir irritaciones en la vulva o la vagina. Evita los geles que producen
calor, los que incluyen extractos de plantas y aquellos que tienen base de petróleo
como la vaselina porque pueden provocar ardor y reacciones alérgicas. Tampoco
uses preservativos y geles que contengan nonoxinol-9, un espermicida que puede
irritar la vagina.
Antes del coito debes prepararte bien para que sea una experiencia
placentera, para ello aplica lubricante en la entrada y en el interior de la vagina,
también se lo debe aplicar tu pareja antes de la penetración. Cuando la
penetración dura mucho tiempo es aconsejable parar y aplicar de nuevo
lubricante. ¡Desde luego que esto es un fastidio! Pero para evitar las
interrupciones, lo podéis incorporar a modo de juego sexual, mediante masajes
eróticos. Esta idea también puede servir para los preliminares y de esta forma, el
encuentro sexual será mucho más excitante y divertido.

Hidratantes y regeneradores vaginales


Los geles hidratantes vaginales están formulados a base de moléculas bioadhesivas
que crean una fina capa hidratante en la pared vaginal, proporcionando
humedad a la mucosa vaginal y manteniendo el pH de la piel de esta zona
equilibrado.

¡Cuidado con los estrógenos vaginales!


La terapia con estrógenos es una opción que se utiliza para mejorar la atrofia
vaginal en mujeres postmenopáusicas. Los estrógenos se aplican localmente en
forma de cremas, geles o tabletas y ayudan a combatir la sequedad y a dar una
mayor elasticidad a las pareces vaginales. Aunque sean de uso local, deben
utilizarse bajo prescripción médica y no son válidos para mujeres que han tenido
cáncer de mama hormono-dependiente.

Los hidratantes y regeneradores, además de hidratar, protegen y estimulan la


regeneración del epitelio vaginal. Estos geles contienen liposomas que son
pequeñas microesferas recubiertas de una capa lipídica que garantizan la
hidratación vaginal durante un periodo más prolongado. Además, pueden llevar
otros componentes como el ácido hialurónico, aloe vera y centella asiática que
favorecen la regeneración del epitelio vaginal, reducen la irritación y

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proporcionan una óptima hidratación de esta zona.

Ejercicios de Kegel
Una vez que hayas notado dolor o molestias lo más probable es que sin ser
consciente a la hora de la penetración tenses los músculos de la entrada de la
vagina, y, por lo tanto, resulte más dolorosa. Puedes aprender a tener control de
los músculos vaginales y relajarlos durante la penetración. Estos ejercicios,
diseñados por el ginecólogo Arnold Kegel, enseñan cómo controlar, desarrollar y
tonificar el suelo pélvico y los músculos vaginales. Basta con contraer los músculos
y mantener la contracción de 3 a 6 segundos y luego relajar totalmente de 3 a 6
segundos, así repetir hasta que notes que ya no puedes contraer con fuerza. Es
recomendable hacerlo una o dos veces al día. Estos ejercicios te ayudarán a
mejorar el suelo pélvico y tendrás una mejor respuesta a la excitación y mayor
placer sexual. También, si relajas y contraes los músculos durante el coito puede
que te concentres más en las sensaciones que estás experimentando.

Volver a la normalidad sexual


En ocasiones nos olvidamos de que la dura experiencia del cáncer también puede
ser muy angustiante para la pareja, que no sabe muy bien cómo actuar y cómo
expresar su amor físico y emocional después de la cirugía y los tratamientos. El
temor a hacerte daño o a que te sientas molesta le puede paralizar. Si en una
relación de pareja es importante la comunicación, en estos momentos lo es aún
más, para despejar miedos y dudas tanto tuyas como de tu pareja.
Puede ser que después de las terapias notes algunos cambios en tu vida sexual
y las primeras relaciones resulten incómodas y no sean como esperabas. Tal vez
sea el momento de introducir cambios en tu vida sexual, debes tener una mente
abierta para disfrutar de otras formas de placer. Tómate tu tiempo, no te agobies
ni precipites nada, puedes empezar disfrutando de juegos, masajes eróticos,
música, bailes sensuales y baños relajantes con tu pareja.
Es importante conseguir una buena estimulación. Para ello podéis alargar los
juegos preliminares: abrazos, besos, caricias… eso te ayudará a conseguir una
mejor lubricación vaginal, y no olvides usar los lubricantes si lo ves necesario.
Cuando la penetración te resulte incómoda o dolorosa podéis optar por otras
formas de placer.

¡Atrévete a hacer cosas diferentes!

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Hay muchas formas de estimular el deseo sexual, y llevarlas a cabo puede ser
muy divertido. Organiza un fin de semana con tu pareja en un lugar
romántico, cómprate lencería sexy, utiliza juguetes sexuales y las películas, la
literatura erótica y las fantasías sexuales son un buen estimulante. Hay
alimentos que despiertan los sentidos y aumentan el deseo sexual, como el
chocolate, la menta, la canela, la miel, las ostras, el jengibre y las frambuesas.
También puedes recurrir a los masajes eróticos con aceites esenciales. Por
ejemplo, puedes probar con los de ylang-ylang, sándalo, jazmín, rosa o
pimienta negra.

Pienso que tengo suerte...


Pienso que tengo suerte, porque he conseguido superar esta enfermedad que
me acompaña desde hace tiempo y puedo hacer una vida con cierta normalidad.
En mi caso me detectaron en 2004 un carcinoma triple negativo, un tumor que
suele ser más agresivo y complicado de tratar. Fue en ese momento cuando
empecé una nueva etapa de mi vida: cirugía, quimioterapia, radioterapia y
braquiterapia. Aunque no era un camino fácil, lo llevaba bastante bien porque
siempre tenía a mi lado a mi familia, sobre todo a mi marido y a mis dos hijos,
que me daban toda la energía necesaria para seguir luchando.
Cuando prácticamente lo tenía ya casi olvidado y empezaba a retomar mi vida,
en 2010 apareció otro tumor en la misma mama. Empezaba de nuevo. ¡Fue un
duro golpe! Me derrumbé, pero volví a coger fuerzas para hacer frente a todo lo
que me esperaba y si la primera vez lo había conseguido, ahora también iba a
lograrlo. En esta ocasión pase por una mastectomía, quimioterapia y
radioterapia. A partir de ahí empecé un nuevo calvario durante tres años con la
reconstrucción, pues tuve que pasar por seis intervenciones debido a varias
infecciones. Durante ese tiempo aparecieron unos ganglios malignos. Pensé que
ya se había acabado, pero no fue así, el cáncer volvía de nuevo por tercera vez,
parecía que nunca me iba a librar de él. ¡Pero al final lo conseguí!
En el año 2013, debido a mis antecedentes y para evitar cualquier riesgo, volví al
quirófano para hacerme una mastectomía en la otra mama y una ovariectomía
preventiva.
Han pasado 14 años. Aunque mi vida ha cambiado mucho –supongo que las
recidivas y tantas intervenciones me han pasado factura, ya que convivo con
alguna secuela– sigo trabajando y haciendo las actividades que me gustan, como
cocinar y pasear por mi ciudad. Además, intento disfrutar al máximo de los

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buenos momentos con mi familia y mis amigos, que siempre me han arropado
con su cariño y a los que estoy muy agradecida.
María Celia Capdevila Begue. 54 años (Lleida).

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6. Saber afrontar la tormenta emocional

La mayoría de las personas que pasan por un cáncer sufren un gran impacto
emocional, ya que esta enfermedad irrumpe en la vida y trae consigo un
torbellino de emociones: miedo, angustia, ira, rabia, tristeza, impotencia y
frustración. Todos estos sentimientos consumen mucha energía y te dejan
vulnerable a merced de la enfermedad. Saber manejar estas emociones de
manera eficaz es una de las mejores herramientas con las que cuentas no solo
para superar el cáncer, sino también para sentirte bien y conseguir una mejor
calidad de vida. Si las emociones son muy prolongadas o intensas, te producen un
importante malestar y no puedes controlarlas, es conveniente que acudas a un
especialista para que pueda ayudarte.
Probablemente estos sentimientos no surjan todos a la vez, sino que irán
apareciendo según la fase de la enfermedad, el carácter de cada persona y la
capacidad de asumir el cáncer. Por ejemplo, una persona triste y pesimista tendrá
a la tristeza y el llanto como compañeros de viaje. Si es optimista y alegre lo más
probable es que aparezcan la rabia y la impotencia. En el caso de que sea muy
nerviosa, tendrá ansiedad, tensión e impotencia. Si emocionalmente es inestable
e insegura se sentirá desbordada, impotente y deprimida.
El diagnóstico: cuando te comunican que tienes cáncer lo normal en el primer
momento es entrar en un estado de bloqueo y confusión, sobre todo cuando no
te esperas ese diagnóstico.
«Creo que en el momento que me dieron el diagnóstico no reaccioné. Recuerdo
estar los primeros días como desconcertada, pero poco a poco lo fui asumiendo».
Nadia

En los primeros días mientras te vas haciendo a la idea y conociendo más de la


enfermedad, aparecerá la rabia y el enfado, junto con la negación; “no puede
ser”, “esto no me está pasando a mí”, “no es justo”... En esta etapa también
aparece una gran incertidumbre, no saber qué va a pasar te creará mucha
ansiedad. “¿Me curaré?, ¿cómo será la intervención?, ¿me pondrán
quimioterapia?”.
Una vez eres consciente del diagnóstico, hay un proceso de duelo por la
pérdida de la salud y de la calidad de vida que dura hasta que vayas asimilando la

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enfermedad.
«Después de ese primer momento en el que pasé de la incredulidad a la rabia, no
paraba de repetirme la misma pregunta: “¿por qué a mí?”».
Aurora

La intervención quirúrgica: crea incertidumbre y ansiedad, miedo al dolor, a la


anestesia y a no superarlo. Los cambios de imagen debidos a la mastectomía
provocan inseguridad, impotencia y baja autoestima.
Los tratamientos: los efectos secundarios de los tratamientos generan mucha
ansiedad, impotencia y resignación, así como temores porque no sabes cómo va a
reaccionar tu cuerpo. Estos efectos nocivos generan un desgaste en el organismo
y un gran malestar, que en muchas ocasiones impiden llevar una vida normal, lo
que puede provocar tristeza e incluso depresión.
La recuperación: en esta fase pueden aparecer incertidumbre, ansiedad y miedo
a las recidivas. Mal humor, ansiedad e impaciencia por la lenta recuperación e
inseguridad porque ya no se da el contacto permanente con el medio
hospitalario. Por otra parte, a veces puede también aparecer la depresión.
Muchas personas se sienten culpables por que se ven desbordadas e incapaces
de controlar todos estos cambios emocionales. Hay que desterrar esa culpabilidad
ya que son demasiados cambios en poco tiempo que generan muchos conflictos
emocionales.

Emociones que predominan

Ira y rabia
La rabia es unos de los sentimientos que más aflora en las personas con cáncer.
Esta enfermedad impone cambios y desafíos que no siempre se pueden llevar a
cabo. Es lógico sentir enfado por no poder llevar una vida normal, hacer las
actividades que antes hacías, por sentirte mal físicamente debido a los efectos
colaterales. Lo más normal es que la rabia la dirijas hacia las personas más
cercanas con las que tienes más relación: pareja, padres, hijos, con los
compañeros de trabajo o amigos.
«El día que me diagnosticaron el cáncer salí de la consulta con rabia e
impotencia, pero dispuesta a luchar con muchas ganas para superarlo».
Isabel

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Tristeza
La tristeza es una de las emociones más básicas del ser humano. Cuando pasas por
un cáncer sufres varias pérdidas: de la salud, de la calidad de vida o de la
independencia. En un principio estas pérdidas te pueden causar tristeza, que es
una forma de adaptarte a la nueva situación y a las circunstancias. Esta sensación
suele aparecer de manera más intensa en el diagnóstico o al comienzo de los
tratamientos, aunque también puede surgir en otro momento en que tengas bajo
estado de ánimo. Pero habitualmente no suele durar mucho y no interfiere en las
actividades cotidianas. Aunque si el sentimiento de tristeza se hace muy intenso y
se prolonga en el tiempo, y notas que te impide desarrollar una vida normal,
puede que estés entrando en una depresión.
«Durante la enfermedad, una noche al mes a la hora de cenar me tocaba llorar,
me veía rodeada de mi familia y me ponía muy triste».
Celia

Llanto
Llorar es una de las primeras reacciones que se suele tener cuando se conoce el
diagnóstico. Llorar es bueno, no es una debilidad, es un mecanismo de defensa y
desahogo, es una válvula de escape necesaria para que puedas eliminar la tensión
y liberar las sensaciones negativas causadas por la enfermedad. No reprimas tus
lágrimas y llora siempre que lo necesites.
«Me pasé casi toda la enfermedad llorando. Era la manera que tenía de
desahogarme y me hacía sentir bien».
Amelia

Siempre se ha hablado mucho sobre los beneficios de la risa, pero muy poco
de todo lo que aporta el llanto. Tiene un efecto saludable sobre el organismo,
produce adrenalina, hormona que se segrega en situaciones de estrés, y
noradrenalina, que contrarresta el efecto de la adrenalina. La acción de estas dos
sustancias provoca en el organismo una sensación de desahogo y tranquilidad,
también se normaliza la respiración y el ritmo cardiaco. Por todos estos motivos te
encuentras más relajada después de llorar. Además de liberar las tensiones,
estimula los vínculos y la conexión con otras personas y puede eliminar las toxinas
acumuladas en el organismo.
«Cuando me dijeron que tenía cáncer me sentía impotente y solo me apetecía
llorar y llorar».

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Candy

Miedo
En un primer momento es perfectamente normal tener miedo, el temor a no
superarlo está presente y eso puede provocar mucha ansiedad. La intervención
quirúrgica y los tratamientos también suelen provocar pánico. Para poder
manejarlo debes identificar a qué tienes miedo: ¿A no superar el cáncer? ¿Al
dolor? ¿A los efectos secundarios? ¿A las recidivas? Una vez que hayas identificado
el temor habla con tus médicos para que te informen sobre qué tipo de fármacos
te van a administrar y cuáles pueden ser los efectos, así como las terapias válidas
para disminuir los síntomas.
Tal vez el miedo que más perdura es el de las recidivas, hay personas que
conviven con este temor el resto de su vida. Es normal que a medida que se acerca
la fecha de la revisión estés más nerviosa y sientas miedo a pasar otra vez por lo
mismo. Si ese miedo es tan intenso que te genera ansiedad y afecta severamente a
tu vida habitual, debes hablarlo con tu oncólogo por si considera necesario que
acudas a terapia psicológica.
«No voy a decir que no tuve miedo, sí lo tuve y lo sigo teniendo, pero intento que
me afecte los menos posible».
Rebeca

Esperanza
Probablemente te resulte difícil mantener la esperanza durante todo el transcurso
de la enfermedad y de los tratamientos. Sin embargo, no debes sentirte culpable
por ello, porque muchas personas que pasan por esta enfermedad comparten esa
misma sensación. Aunque si mantienes ese estado de ánimo durante mucho
tiempo puede repercutir negativamente en tu recuperación, y por supuesto, en tu
calidad de vida. Ahora bien, si mantienes viva la esperanza te resultará más fácil
superar todos los obstáculos que vayan surgiendo y te ayudará a afrontar el futuro
de una forma más positiva y con más confianza.
«La esperanza fue mi tabla de salvación, desde el primer momento me agarré a
ella y no la he vuelto a soltar».
Almudena

Se podría decir que la esperanza es la confianza de lograr una cosa o de que se


realice algo que se desea, es un estado de ánimo optimista basado en la
expectativa de resultados favorables. Puedes tener esperanza en superar la

100
enfermedad, en no tener dolor, en el equipo de profesionales que te atienden, en
los avances médicos y la investigación, en que el cáncer no regrese, etcétera.
«Poco a poco lo vas asumiendo. Piensas que es una etapa más de la vida, que la
vida sigue y que puedes con todo».
Nadia

Cómo afrontar las emociones


Tener sentimientos de miedo, tristeza, rabia, impotencia... es normal, eso no
significa que seas débil y no debes sentirte culpable por ello en ningún momento.
• No reprimas las emociones, sobre todo las negativas, porque cuando se
quedan dentro pueden causar mucho daño.
• Analiza bien cada situación, cuando se está sometido a emociones intensas
puedes perder la objetividad y no ves las cosas con claridad.
• Es bueno tener a alguien cerca que te muestre su apoyo sin juzgar tu forma
de actuar, que sea tu punto de apoyo cuando las emociones te desborden.
• Haz una vida tranquila pensando en ti y en aquello que te gusta hacer, debes
mimarte más que nunca. Escuchar música y bailar te levantarán el ánimo y te
llenarán de energía. El cine, leer, pintar, dibujar o hacer manualidades distraen la
mente y despistan a las preocupaciones. Además, llenan las horas del día y te
entretienen.

Practica ejercicio físico con regularidad


Los ejercicios de relajación, meditación y visualización, pueden proporcionarte
calma a la vez que ayudan a equilibrar tu energía y emociones.

Pide ayuda…
Si ves que estas desbordada emocionalmente, antes de que empeore y caigas en
una depresión, busca ayuda de un profesional, que puede ser un psicólogo,
psiquiatra, terapeuta, médico de otra especialidad, etcétera.

La temida ansiedad
La ansiedad es una sensación inquietante que se experimenta a menudo cuando
hay que enfrentarse a una situación muy tensa y llena de incertidumbre. Esta
respuesta normal del organismo ante una circunstancia estresante puede ser por

101
temor a lo desconocido y a no saber qué va a pasar, o temor a lo conocido y saber
qué es lo que puede pasar. Ese miedo e incertidumbre, en este tipo de
enfermedades en las que hay que enfrentarse a pruebas, intervenciones y terapias
muy agresivas, está siempre presente. Son muchos los temores a los que hay que
hacer frente: a no superar el cáncer, al dolor y al sufrimiento. También está la
incertidumbre de la intervención quirúrgica, el tipo de tratamientos, cómo
reaccionará el organismo a las terapias y cuáles pueden ser las posibles secuelas.
Sin olvidarnos de la tensión que producen todas las pruebas por las que hay que
pasar como analíticas, biopsias, resonancias magnéticas, TAC... y la inseguridad
que puede generar el cambio de la imagen corporal. Tal vez los momentos de
más ansiedad sean tras el diagnóstico y el tiempo de espera hasta la intervención y
el inicio de las terapias. Después a medida que vas conociendo la enfermedad y
los tratamientos, poco a poco el nivel de ansiedad va disminuyendo.
No obstante, puede ocurrir que una vez finalizadas las terapias vuelvas a sentir
más ansiedad. A muchas personas, una vez superada la enfermedad asaltan
nuevas preocupaciones y miedos, lo que hace que estén más nerviosos y
estresados. También está el temor a las recidivas que causa problemas para
adaptarse a la vida normal.
Aunque tal vez uno de los aspectos que más suele afectar sea la sensación de
no controlar la propia vida, no solo a la hora de manejar las emociones, sino
incluso al verse incapaz de realizar con soltura las tareas cotidianas y llevar una
vida laboral y social con normalidad.
«En el primer cáncer pude controlar la ansiedad, pero en el segundo era más
pronunciada y tuve que tomar medicación».
María Jesús

Síntomas más comunes


La ansiedad se puede presentar en diferentes niveles, y es bueno saber
reconocerlos para detectar que estás teniendo una crisis de ansiedad y no otro
trastorno derivado de los tratamientos.
Físicos: falta de aire, opresión en el pecho, taquicardia, sudoración, tensión,
rigidez muscular, mareo, temblores, hormigueo, dolor de cabeza y molestias
digestivas.
Psicológicos: preocupación, sensación de peligro, miedo, inseguridad, dificultad
para decidir, inquietud, agobio y temor a perder el control.
Intelectuales: pensamientos negativos y distorsionados que con frecuencia

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suelen ser repetitivos, problemas de atención, falta de concentración y
dificultades para mantener la memoria.
Sociales: irritabilidad, dificultad para mantener una conversación, tartamudeo,
quedarse sin palabras o el caso contrario, verborrea.
Motores: intranquilidad motora como movimientos repetitivos, rascarse, tocarse
el pelo, morderse las uñas, quedarse paralizado o tener dificultades para estarse
quieto.

¿Qué hacer?
Ante todo, hay que tener claro que es normal tener ansiedad ante una situación
tan estresante y, además, debes saber que puedes hacer muchas cosas para
mantenerla a raya y sentirte más tranquila.
No te agobies si te sientes triste y frustrada, ni te culpes por tener ansiedad,
expresa cómo te sientes, tus sentimientos y miedos. El ejercicio practicado con
regularidad, las actividades como el yoga o reiki, así como las técnicas de
respiración, relajación y meditación son buenos aliados para rebajar los niveles de
ansiedad.

Plantas para mitigar la ansiedad


Existen muchas plantas que pueden ser útiles para aliviar la ansiedad, pero tal vez
las más efectivas son las siguientes:
Manzanilla: esta planta tiene una acción sedante que promueve la relajación
del sistema nervioso y disminuye muchos síntomas de la ansiedad. Un estudio
realizado en 2009 en la Universidad de Pensilvania (EE. UU.), reveló que las
personas que habían tomado manzanilla durante 8 semanas experimentaron una
reducción significativa de los síntomas de ansiedad en comparación con aquellos
participantes del estudio que recibieron un placebo.
Pasiflora: reduce la hiperexcitabilidad, tiene efecto sedante y favorece un
sueño similar al fisiológico.
Lavanda: su aceite esencial actúa como relajante del sistema nervioso. Ayuda a
combatir la excitación nerviosa y la ansiedad.
Melisa: tiene propiedades sedantes, antiespasmódicas y produce una ligera
disminución de la actividad del sistema nervioso central. Resulta muy eficaz en
casos de palpitaciones y nerviosismo.

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Aumenta el GABA
El ácido gamma-aminobutírico (GABA) es un neurotransmisor que reduce la
excitabilidad de las neuronas, equilibra las ondas cerebrales y aumenta las ondas
alfa. Para estimular la producción del GABA debes tomar alimentos ricos en
glutamina como los frutos secos, lácteos y carne, vitamina B6, plátanos, nueces,
pescado azul y L-teanina, presente en el té verde.

Sales de Schüssler: el kalium phosphoricum o fosfato de potasio, coloquialmente


denominado «la sal de los nervios», es necesario para el correcto funcionamiento
del sistema nervioso y muscular. Está indicado en casos de agotamiento mental,
emocional y físico provocado por la tensión nerviosa y el estrés, para un estado de
ánimo bajo, depresión, ansiedad, insomnio y bajos niveles de energía vital.

La depresión, una enemiga silenciosa


Sentirte triste, deprimida, con poco interés por las cosas cuando se está librando
una batalla contra el cáncer, entra dentro de la normalidad. Pero si ese estado de
ánimo persiste en el tiempo y forma parte de tu vida, puede desencadenar una
depresión. Según la American Society of Clinical Oncology es recomendable
cuando se diagnostica un cáncer realizar una evaluación para detectar la
depresión, y también es aconsejable hacer un seguimiento durante el tratamiento
y el tiempo de recuperación. Esta evaluación, denominada «detección del
sufrimiento», sirve para evaluar la salud emocional y la calidad de vida del
paciente.
La depresión suele ser más habitual en personas que ya han sido
diagnosticadas de depresión o ansiedad previamente, aquellas que son pesimistas,
a las que les cuesta mucho enfrentarse a los reveses de la vida, o bien, a las que
tienen que hacer frente al cáncer en soledad, sin apoyo de amigos y familiares.
Cuando los síntomas perduran más de dos semanas pueden afectar de forma
negativa a la vida cotidiana y a las relaciones personales.

Saber reconocer los síntomas


Síntomas cognitivos: problemas de concentración y memoria, pensamientos
negativos y dificultad para la toma de decisiones.
Síntomas emocionales: sentirse desanimada, triste, irritable, aturdida, deprimida
y mal consigo misma.

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Síntomas sociales: aislamiento y pérdida de interés por las actividades sociales en
general.
Síntomas físicos: cansancio, problemas de sueño, insomnio o somnolencia
excesiva, pérdida de apetito o comer en exceso, disminución del deseo sexual…

El papel de la serotonina
La serotonina es un neurotransmisor que está relacionado con el humor y el
bienestar. Entre sus muchas funciones se encuentra la de controlar el reloj
biológico interno de nuestro organismo, que determina los ciclos vigilia y sueño, y
el cortisol, la hormona del estrés. También interviene en otros conocidos
neurotransmisores como la dopamina y la noradrenalina, que están relacionados
con sentir angustia, ansiedad, miedo y agresividad.
Las mujeres generan un 50% menos de serotonina que los hombres, por lo
tanto, son más sensibles a los cambios de este neurotransmisor. El estrés, los
niveles de azúcar en sangre y los cambios hormonales, sobre todo en los
estrógenos, son algunas de las causas por las que los niveles de serotonina se
pueden ver alterados. Los niveles bajos se asocian a desequilibrios mentales como
trastorno obsesivo compulsivo, depresión, estados de agresividad, migrañas, estrés
e insomnio. El aumento de serotonina en los circuitos nerviosos produce una
sensación de bienestar, relajación, mayor autoestima y concentración.

Medidas para aliviar la depresión


El apoyo de familiares y amigos puede ser una gran ayuda, así como determinados
hábitos saludables y pautas nutricionales cuando hablamos de una depresión leve.
Pero si estamos hablando de una depresión severa, además del tratamiento
psicológico, también será necesario tomar fármacos antidepresivos, que pueden
ayudarte a aliviar la sensación de tristeza y a que te sientas mejor.

Nutrición adecuada
Hay estudios que indican que la carencia en el organismo de algunos nutrientes
acentúa la depresión. Debes cuidar bien tu dieta. Incluye alimentos ricos en zinc,
que combate la tristeza y la melancolía, ricos en hierro, pues la falta de este
mineral produce fatiga y bajo ánimo, con alto contenido de vitamina D, que
ayuda a mantener el bienestar y de vitamina C, que alivia el estrés. Hay estudios
que indican que los niveles bajos de selenio y ácido fólico causan ansiedad y
depresión. Los ácidos grasos omega-3 resultan muy efectivos para mejorar la
depresión según un estudio realizado en la Universidad de Montreal (Canadá),

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dirigido por el Doctor François Lesperance. Y por supuesto, no debe faltar en tu
dieta el triptófano. Según un estudio publicado en el International Journal of
Neuroscience, el desequilibrio en la función de este neurotransmisor puede
provocar la depresión. En este mismo estudio se afirma que el triptófano puede
estimular los niveles adecuados de serotonina en el cerebro. La ventaja del
triptófano es que aumenta los niveles de serotonina de forma natural sin los
efectos secundarios de los fármacos antidepresivos. Son ricos en triptófano los
plátanos, aguacate, pollo, pavo, pescado azul, yema del huevo, lácteos y chocolate.

Plantas “antidepresivas”
El hipérico, también llamado Corazoncillo o Hierba de San Juan, es el
antidepresivo botánico más utilizado para aliviar la ansiedad y la depresión de
carácter leve o moderado. Sus componentes, como la hipericina, la
pseudohipericina y los flavonoides, tienen un efecto beneficioso sobre la actividad
bioquímica del cerebro. Aumenta los niveles de serotonina y también actúa sobre
otros neurotransmisores como el GABA y la dopamina. Además, reduce la acción
de la monoaminooxidasa (MAO), que es una enzima cerebral que tiene un efecto
nocivo, pues anula la serotonina.
Numerosos estudios en Alemania y Austria verifican que entre el 60 y el 80%
de las depresiones mejoran al tomar hipérico durante un mes. El mayor estudio
llevado a cabo sobre la eficacia del hipérico, realizado en la universidad alemana
de Giessen y publicado en el British Medical Journal, demuestra que el extracto de
esta planta resulta tan eficaz en el tratamiento de la depresión como los fármacos
antidepresivos, con la ventaja de que no tiene los efectos secundarios de los
fármacos.
Antes de consumir esta planta debes consultar con tu médico ya que puede
interactuar con la quimioterapia paclitaxel y algunos fármacos como la teofilina,
digoxina, ciclosporina, warfarina y fenprocumon.
Ejercicio físico: la actividad física genera endorfinas y eleva los niveles de
serotonina y dopamina y conduce a una mejora en el estado de ánimo y el
bienestar.
El tratamiento psicológico ayuda a mejorar las habilidades para afrontar y
sobrellevar la situación y poder resolver problemas, así como a desarrollar un
sistema de apoyo y modificar los pensamientos negativos o perjudiciales. Se puede
hacer terapia individual, de pareja, familiar y terapia grupal.

Mejora la autoestima

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Tal vez uno de los recursos emocionales personales que más se deteriore con el
cáncer sea la autoestima. Es lógico que te afecte emocionalmente ver cómo tu
organismo sufre. Si a esto le añadimos la sensación de lástima que puedas
despertar en algunas personas y que percibes, tu autoestima puede caer en
picado.

Cómo recuperar autoestima


Debes acostumbrarte a verte con tu nuevo aspecto, poco a poco lo irás
aceptando. Piensa que es transitorio y después de los tratamientos vas a
recuperar todo tu esplendor tanto a nivel físico como mental.
Potencia tus puntos positivos, seguro que tienes muchos: luchadora, trabajadora,
amable, empática, responsable, sociable, divertida, solidaria, buena amiga,
esposa, hija, madre, etcétera.
No busques siempre la aprobación de los demás.
Realza las partes de tu cuerpo que más te gustan y no descuides tu imagen:
maquillaje, peinado, ropa…
Recuerda todos los logros que has ido consiguiendo en tu vida y el hecho de
afrontar la enfermedad te hace ser una persona fuerte.
Hay que remplazar los pensamientos negativos (“estoy horrorosa”, “no puedo
con los tratamientos”, “no lo superaré”, “nada volverá a ser como antes”) por
pensamientos positivos: “lo voy a superar” o “saldré muy fortalecida de esta
experiencia”.

Tener una buena autoestima es un aspecto tan importante como estar bien
alimentado o protegerse de las enfermedades. Porque si ya es complicado lidiar
con esta enfermedad, hacerlo con falta de autoconfianza y el estado anímico bajo,
es tremendo, ya que puede llevar a una depresión de la cual resultaría muy
complicado salir.
«Desde que terminé los tratamientos y me hice la mastectomía profiláctica, estoy
feliz y segura de mí misma».
María Jesús

Actitud positiva frente al cáncer


“La actitud es una pequeña cosa que hace una gran diferencia”.
WINSTON CHURCHILL

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Tal vez una de las armas más poderosas que tienes para afrontar cualquier
reto en tu vida sea la actitud mental. Si la utilizas de forma positiva podrás
conseguir grandes cosas. Esta herramienta adquiere mayor relevancia cuando
tienes que enfrentarte a este tipo de enfermedades, donde la actitud juega un
papel importante. Tal es así, que los médicos conscientes de los grandes
beneficios que aporta tener una actitud positiva en la mejoría de la enfermedad
insisten en que el paciente la afronte desde una perspectiva positiva y que
participe de manera activa y responsable con los médicos y el tratamiento.
«El cirujano me dijo que la medicina ponía el 50%, y que el otro 50% era cosa mía.
Desde ese momento empecé a poner de mi parte, dispuesta a ganar la batalla al
cáncer».
Aurora

Las emociones y el estado mental afectan al sistema inmune. Cuando son


negativas (miedo, ira, preocupaciones, tristeza…) provocan una disminución de
las células NK (Natural Killer), células del sistema inmunitario que son capaces de
reconocer y neutralizar las células que están infectadas. También provocan un
aumento de algunas hormonas como la adrenalina, noradrenalina,
adrenocorticotropina, que están relacionadas con el estrés. Además, los niveles de
cortisol son más elevados. Por lo tanto, el organismo se siente amenazado y se
prepara para la defensa. Esta reacción provoca un incremento de los latidos
cardiacos, se eleva la presión sanguínea y aumenta el colesterol en sangre. Esto se
traduce en determinados síntomas como, por ejemplo, insomnio, cansancio,
problemas de estómago, mal carácter, irritabilidad, nerviosismo.
Sin embargo, las personas con una actitud positiva, que son optimistas, creen
que pueden luchar contra la enfermedad con éxito y colaboran bien con los
médicos y con los tratamientos, tienen niveles más altos de endorfinas, hormonas
que aumentan el sistema inmunitario, menos estrés, ansiedad y depresión y,
también, menos molestias. Esto propicia que la recuperación sea más rápida, que
haya mejor respuesta a los tratamientos y menos estancias hospitalarias, lo que se
traduce en una mejor calidad de vida. Esto permite mantener un buen nivel de
actividad diaria y buenas relaciones sociales.
«Mi carácter optimista y afrontar los problemas con normalidad me ayudó a
superar las dificultades».
Gema

En su libro El club de los supervivientes, Ben Sherwood considera que la actitud

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es clave para sobrevivir, y que cualidades como resistencia, adaptabilidad, fe,
esperanza, determinación, tenacidad, empatía e ingenio son factores importantes
para salir adelante. Además, Sherwood clasifica los supervivientes en cinco
perfiles de personas:

1. El luchador: es muy exigente consigo mismo, tiene mucha fuerza de voluntad


y la capacidad para luchar. Cuando se cae se levanta y sigue luchando hasta el
final.
2. El creyente: se apoya en la fe en un ser superior a él. La fe le da mucho
optimismo y esperanza, incluso en los momentos más difíciles confía en que
todo saldrá bien.
3. El conector: el amor por sus padres, pareja, hijos y amigos es su motivación
para superar cualquier obstáculo, por muy grande que sea.
4. El pensador: es muy analítico y se concentra en buscar soluciones en los
momentos de dificultad. Analiza el problema desde diferentes ángulos y
descubre soluciones inesperadas.
5. El realista: Cuando se enfrenta a un problema es pragmático y busca la mejor
forma de solucionarlo. Cuando los demás entran en pánico, él conserva la calma
y es dueño de sí mismo.

Decálogo para tener una actitud positiva


1. Es importante que los médicos te expliquen las posibles situaciones que vas
a vivir, así conocerás las expectativas reales de recuperación.
2. Buscar grupos de apoyo, conocer el testimonio de personas que han pasado
por lo mismo y lo han superado, aumentará tu esperanza de curación.
3. Centra tu atención en el presente, en el día a día, y no te adelantes a los
acontecimientos.
4. Cuando te asalten dudas sobre la enfermedad busca actividades que te
gusten para poder distraerte: bailar, cocinar, ver una película, leer, charlar con
algún amigo o familiar.
5. Celebra cada momento de mejoría que tengas, la recuperación de la
intervención, el fin de la quimioterapia y radioterapia, también cada análisis o
prueba que salgan bien.

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6. Aléjate de las personas negativas, ya que te roban energía. ¡Pero por
supuesto no te aísles!
7. Procura buscar el lado bueno de las situaciones, siempre encontrarás algún
punto positivo.
8. Haz un diario contando cómo te sientes, pues escribir es una buena forma
de desahogarte y exteriorizar todo lo que llevas dentro.
9. La risa es una de las mejores terapias que hay para mejorar el estado de
ánimo.
10. Practicar ejercicio al aire libre (yoga, tai chi) y meditación te ayudará a
liberar endorfinas, las hormonas del placer.

Aumentar las endorfinas


En algunas ocasiones te encuentras llena de vitalidad y alegría con ganas de hacer
muchas cosas, y aunque hayas tenido un día agotador, lo afrontas con buen
ánimo y de una manera positiva. Las responsables de este estado de felicidad,
bienestar e incluso euforia son las endorfinas, también conocidas popularmente
como las hormonas de la felicidad. Estas sustancias químicas producidas por la
hipófisis que son similares a los opioides, pero sin sus efectos negativos, actúan
como analgésicos endógenos disminuyendo las sensaciones dolorosas y eliminado
el malestar. Las endorfinas también tienen otras funciones, como controlar la
temperatura corporal, el apetito, reducen la presión sanguínea, retrasan el
proceso de envejecimiento, liberan hormonas sexuales y fortalecen el sistema
inmunitario. Pero, sobre todo, son un excelente antídoto natural para la
ansiedad, el cansancio y la tristeza, pues contrarrestan los niveles altos de
adrenalina asociados con un cuadro ansioso, promueven la calma, mejoran el
humor y propician un estado de bienestar.
Una de las desventajas de las endorfinas es su breve vida, que son eliminadas
rápidamente por determinadas enzimas que produce el cuerpo. Es una medida
para mantener el equilibrio y no ocultar señales de alarma tan necesarias en el
organismo.
Hoy se pueden encontrar muchas formas de generar endorfinas. Lo cierto es
que cuando hacemos actividades placenteras aparece en el organismo un mayor
flujo de estas sustancias, lo que provoca un cambio en la actitud y el estado de
ánimo.
El estrés oxidativo del ejercicio físico genera endorfinas que retrasan la fatiga y

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produce una sensación de vitalidad y bienestar.
Las caricias, besos y abrazos también estimulan la producción de endorfinas,
además de la de feromonas. La combinación de estas dos sustancias produce una
situación de intenso placer, durante y después de la relación sexual.
La risa tiene una notoria influencia sobre la química del cerebro y del sistema
inmunitario, por eso es una de las mejores fuentes de estas sustancias químicas.
El contacto con la naturaleza llena de energía y buen humor. La atmósfera que
se respira en el campo o la playa está cargada de iones negativos que estimulan la
liberación de endorfinas.
El yoga, tai chi, chi kung, ejercicios de relajación, visualización y meditación
aumentan los niveles de estas sustancias.
Existen otras formas de generar endorfinas como los masajes, la hidroterapia,
tomar el sol, la música y comer determinados alimentos como dulces, sobre todo
el chocolate.

¡Ya me tocó!
Tengo una familia estupenda y muy unida, pero con la herencia maldita del
cáncer, que se ha llevado a mi padre, a mi madre y a mi hermana Chony, que fue
un ejemplo de lucha y valentía hasta el último día. Mi hermana Aurora y yo
hemos tenido más suerte y hemos conseguido superar la enfermedad.
En mi caso no existió ningún nódulo. Fue la aparición de una pequeña erosión en
el centro del pezón. Realmente nunca pensé que pudiera ser cáncer, pero lo que
sí me alertó es que no se curaba y cada vez era mayor. Acabó siendo una variante
de cáncer de mama: enfermedad de Paget del complejo areola-pezón.
Cuando me dieron el diagnóstico, la primera reacción fue de sorpresa, nervios e
incertidumbre. Después, tal vez debido a mi profesión de enfermera, escuché
con atención todas las explicaciones de lo que debía hacer desde ese momento.
Salí de la consulta con rabia e impotencia, pero dispuesta a luchar con muchas
ganas para superarlo.
El momento más difícil fue decírselo a mis hijos y a mi marido, que es la persona
que más me ha cuidado y apoyado. Pasé por dos intervenciones en las que me
extirparon el complejo areola-pezón y reconstrucción con técnica de GRISSOTTI y
radioterapia, pero afortunadamente no fue necesaria la quimioterapia. En la
recuperación tuve algún problema porque rechacé la sutura y tuve una herida
bastante importante, pero lo llevé con entereza, ya que conté con los mejores

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enfermeros, mi marido y mi amiga del alma, Sofía. Tampoco puedo olvidarme de
mi madre y mis hermanas, que siempre han estado conmigo, con las que tengo
mucha complicidad y nos hemos apoyado en todo.
Han pasado ya siete años. Aunque me he incorporado al trabajo sin problemas y
llevo una actividad normal, sí que veo la vida de otra manera, valorando y
disfrutando lo que realmente es importante: el bienestar de mi familia.
Isabel Rodríguez Blanco, 59 años (León)

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7. La familia, el mejor apoyo emocional

Cuando tienes que librar una batalla contra una enfermedad tan complicada,
sentirte arropada por la familia y amigos resulta muy gratificante. Aunque en
ocasiones te puedes sentir agobiada y necesitas estar a solas, es importante saber
que hay personas con las que puedes contar en determinados momentos.
Siempre son bien recibidos una mano amiga, un abrazo, una caricia o una
palabra de ánimo, porque, aunque estos actos no logren quitar los dolores ni el
malestar, emocionalmente te hace sentir mejor.
El cáncer causa un gran impacto no solo en la persona que lo sufre, sino
también en todas las personas que están a su alrededor, por ello es preciso
disponer de todo tipo de información, pautas y técnicas, para que tanto el
enfermo como la familia puedan manejar la situación lo mejor posible.
«Me esforzaba cada día por estar bien. Bastante tenían los míos con verme en ese
estado como para encima verme decaída, y así me hice fuerte por ellos y por mí».
Rebeca

El apoyo de la familia es básico, ya que además de mejorar la calidad de vida,


es una gran ayuda emocional que favorecerá la respuesta terapéutica. Cada
persona afronta la enfermedad desde una perspectiva propia y única. Algunos se
dejan dominar por la rabia y la ira, por la impotencia, y otros sufren a veces por el
desánimo y la tristeza. Todos estos síntomas también pueden afectar y ser
compartidos por los miembros de la familia que les acompañan en el proceso.

El cónyuge o la pareja
El cónyuge es una baza muy importante sobre todo si toma un papel activo ya que
puede ser de gran ayuda en la toma de decisiones en los tratamientos, a la hora
de cuidarte y prestar apoyo emocional. Es bueno compartir con tu pareja todo lo
que te preocupa; los miedos, temores, tristeza, frustración, etcétera.
La pareja con frecuencia experimenta las mismas emociones que la paciente:
impaciencia, miedo, ansiedad, depresión, falta de intimidad. En ocasiones el
cónyuge siente un bloqueo, está desbordado y no puede manejar la situación
adecuadamente, es lo que se denomina «paciente de segundo orden». Se supone
que tiene que ser fuerte y soportar la presión del entorno y no puede desahogarse

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de su sufrimiento. En ese caso es necesario que tome el relevo otra persona, bien
de la familia o bien un amigo muy allegado con el que te sientas más cómoda.
Cuando la enfermedad es muy prolongada el cuidador necesita mucho apoyo.

Los hijos
Ocultar la enfermedad y no hablar de ello no va a proteger a tus hijos. Aunque
sean pequeños, es mejor comportarte con naturalidad, no es necesario darles
demasiada información, pero tampoco hay que esconderles la realidad, ya que
durante un tiempo va a ser su día a día y lo irán incorporando con normalidad.
Hacerles más o menos partícipes depende por supuesto de la edad y de la
capacidad que tengan para superar las situaciones. Pero, sobre todo, afrontarán la
enfermedad en función de cómo tú la lleves. Si te ven llorar y estás triste, ellos
también se sentirán así. En cambio, si te ven alegre, compartes actividades o
juegas con ellos entenderán la situación y la integrarán con más normalidad.
Los niños viven las enfermedades de una manera más natural, sin dramatismo.
Además, su inocencia, alegría y vitalidad te ayudan a ponerte las pilas y se
contagian. Es bueno que te dejes llevar y convertirte en algún momento en una
niña, que te tires al suelo, saltes, rías, grites y juegues con ellos. Si son mayores
puedes practicar deporte, hacer alguna escapada al campo, ir al cine o compartir
algún concierto con ellos, eso te ayudará a desconectar y disfrutar de buenos
momentos.

Los amigos
Cuando hay una enfermedad grave, es habitual que haya un aislamiento social,
tanto de la paciente, como de su familia. Esta enfermedad consume muchas
energías para atender las nuevas necesidades creadas por el tratamiento,
continuas visitas al hospital, cambios en los hábitos de vida, necesidad de más
descanso, cambios en la alimentación y en las actividades de ocio.
En la actualidad todavía persiste el tabú del cáncer y muchas personas no
saben cómo actuar ante un amigo a quien se lo han diagnosticado, y ante la duda,
evitan el contacto con la familia afectada. A veces, pueden darse malos entendidos
con los amigos y pensar que te han dado la espalda o que no les interesa tu
estado. Conviene aclararlo y buscar la normalidad, eso hará la situación más fácil
para todos. En ocasiones puedes ser tú la que te aíslas porque quieres estar más
tranquila, no te apetece dar explicaciones sobre la enfermedad, o bien no quieres
dar lástima. En ese caso debes dejar claras tus preferencias.

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Los grupos de apoyo
Los grupos de apoyo son una estupenda opción tanto para ti como para tu
familia, cuando te encuentras desbordada, desencajada y desequilibrada
emocionalmente. En este tipo de reuniones puedes compartir tu experiencia con
personas que ya han pasado o están pasando por una situación similar, porque te
comprenderán muy bien, porque te escuchan y no te juzgan, lo que hace que te
sientas apoyada.
Además de compartir emociones y experiencias, en un grupo de apoyo se
puede conseguir información muy valiosa de cómo manejar los efectos
secundarios, lo que puede proporcionar una sensación de control. Junto con el
apoyo emocional y educativo, te puede dotar de habilidades para que puedas
superar todas aquellas dificultades que vayan apareciendo en el trascurso de la
enfermedad.
Debes elegir el grupo que mejor se ajuste a tus características personales y a
tus necesidades. Existen diferentes tipos de grupos, de autoayuda donde hay un
psicólogo, trabajador social o consejero capacitado que dirige las sesiones y
facilita la conversación entre los participantes. En algunos de estos grupos
también suelen invitar a médicos que aportan asesoramiento.
Puedes encontrar grupos orientados a enfermos de cáncer, e incluso
específicos para un tipo en concreto, como por ejemplo el de mama. También
hay otros grupos para familiares y cuidadores.
«Encontré el foro Forumclinic donde un ejército de mujeres guerreras y valientes
me dieron ánimo, esperanza y alegría. Saber que llevaban años libres de la
enfermedad me hacía respirar».
Rebeca

Gracias a internet, hoy puedes encontrar muchos grupos de cáncer de mama


en la Red formados por personas que pasan por la misma experiencia. Además,
tienes la ventaja de que puedes contactar con compañeras en cualquier momento
que lo necesites.
«Descubrí el grupo Después del cáncer de mama en Facebook. Mujeres que están
pasando por lo mismo y que pueden entender lo que sentimos».
Nadia

Una experiencia inesperada

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Se puede decir que me he pasado toda mi vida vigilando mis mamas. Con 20
años me diagnosticaron una mastopatía fibroquística, así que hacía revisiones
periódicas, y en una de ellas, a los 42 años, me diagnosticaron carcinoma ductal
infiltrante. Después de ese primer momento en el que pasé de la incredulidad a
la rabia, no cesaba de repetirme la misma pregunta: «¿por qué a mí?» Estaba en
una buena etapa de mi vida y era aún muy joven, pensaba en lo duro que iba a
ser darles la noticia a mis hijos.
Pero enseguida, y con la ayuda de todos, empecé a poner de mi parte todo lo
que le había prometido al médico que iba a poner.
Me hicieron una mastectomía parcial y extirpación de los ganglios linfáticos de la
axila, quimioterapia y radioterapia. Aunque lo pasé muy mal, toda mi familia
siempre estuvo a mi lado, mi madre se vino a vivir conmigo durante los
tratamientos y mi hermana Isabel fue un gran apoyo. Mi marido siempre ha
estado a mi lado dándome ánimos y mis hijos me acompañaron mucho. Los
mayores siempre estaban dispuestos a colaborar y el pequeño, con tan solo 6
años, siempre estuvo pendiente de lo que le pasaba a su mamá durante la
enfermedad.
En una revisión 3 años después, tuve una recidiva. La historia se repetía, pero no
podía rendirme y tenía que seguir luchando con fuerza para superarlo de nuevo.
En esta ocasión me hicieron una mastectomía radical. Al principio, cuando me vi
sin mama, me sentí confusa, pero enseguida lo acepté. Nunca he querido
reconstruirla, he aprendido a vivir con mi prótesis y a no limitarme con nada; voy
a natación, hago ejercicio, e incluso he hecho varios años desfiles de moda para
la A.E.C.C.
Han pasado 24 años y tanto mi hermana Isabel como yo, a pesar de los duros
golpes que nos ha dado esta enfermedad, seguimos adelante disfrutando del día
a día junto con nuestras respectivas familias.
Aurora Rodríguez Blanco, 66 años (León)

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118
8. Ahora más que nunca, ¡ponte guapa!

Aunque puede parecer un tanto frívolo preocuparse por la belleza durante una
enfermedad tan seria, el cuidado del aspecto no es que sea recomendable, sino
que es fundamental, ya que no quieres dejar de estar bien, verte guapa y seguir
sintiéndote MUJER. Si ya resulta difícil hacerte a la idea de que padeces la
enfermedad y sufrir todos los efectos colaterales de los tratamientos, si además,
ves como tu imagen se va deteriorando y mostrando día a día la cara de la
enfermedad, es un golpe definitivo que merma tu estado de ánimo y autoestima.
En contrapartida, verte guapa y sentirte atractiva te dará un plus de energía y
fuerza para seguir luchando y llevando todo el proceso de una manera más
optimista.
Aunque en ocasiones la situación te desborde, y lo que menos te apetezca sea
arreglarte, no puedes abandonarte sin más, mejorar tu imagen te hará sentirte
mejor.
«Uno de los peores momentos fue cuando se me cayó el pelo, no quería ver a
nadie, solo me apetecía llorar y estar sola. Cuando pasó un tiempo, me mentalicé
y lo acepté».
Aurora

Caída del cabello


Tal vez la caída del cabello sea uno de los efectos secundarios de la quimioterapia
que más suele afectar a nivel psicológico, sobre todo a las mujeres. El cambio es
radical, pues de un día para otro, pasas de una larga melena a no tener pelo, y
hacerse a la idea lleva un tiempo. Además, hay que luchar con otro factor, que es
el social, porque ya no es cómo te ves, sino cómo te ven los demás, y que una
mujer sin pelo es sinónimo de cáncer.
Lo primero que tienes que hacer es mentalizarte, ya que si vas a pasar por la
quimioterapia, lo más probable es que pierdas el pelo. Antes de la primera sesión
debes tener preparado lo que vas a utilizar: gorros, pañuelos, sombreros o
pelucas. Si tienes melena viene bien que te la cortes para que el impacto no sea
tan grande. Después de la primera sesión es aconsejable que te rapes para evitar
el disgusto de ver mechones de pelo en la almohada o en la ducha. Además, así
evitas el dolor del cuero cabelludo que suele producirse debido al efecto de los

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fármacos en el folículo piloso.
«Creía que no me iba a importar perder el cabello, pero sí que me importó.
Cuando ves por primera vez cómo empieza a caerse el pelo, te das cuenta de tu
realidad».
Rebeca

Pelucas, pañuelos, gorros y sombreros

Afortunadamente, ya hay muchas opciones que te pueden ayudar a pasar este mal momento
y poder lucir un maravilloso look. Los pañuelos, turbantes y los gorros pueden ser una
buena opción, sobre todo, porque resultan muy cómodos y se pueden colocar de mil maneras y
dar un toque muy favorecedor a tu estilo. Además, hay una gran variedad de modelos y
colores para diferentes ocasiones: dormir, salir a la calle, hacer deporte, protegerse del sol o
del frío. Son mejores los de algodón o tejidos suaves que sean transpirables, que no aprieten y
tengan las menos costuras posibles, sobre todo en los gorros de dormir.

«No quise usar peluca. Siempre me resultaban más cómodos los pañuelos. Eran
mis compañeros inseparables y nunca me los quitaba».
Candy

¿Pelucas de fibra o naturales?


Las pelucas son una buena alternativa para pasar lo más desapercibida posible
mientras crece de nuevo el pelo. Uno de los problemas de las pelucas es que en
verano resultan muy calurosas y pueden ser agobiantes. También pueden irritar el
cuero cabelludo, y las gomas de sujeción si aprietan mucho resultan muy molestas
y perjudiciales para el riego sanguíneo.

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Las naturales son de pelo humano sobre una base transparente y transpirable,
y se colocan mediante una tira de silicona que no irrita el cuero cabelludo. Antes
del tratamiento puedes acudir a un especialista para ver tu peinado, el color
natural de tu pelo y que te aconseje para que puedas lucir una peluca que se
asemeje lo más posible a tu cabello y te haga sentir más a gusto con tu imagen.
«Era invierno, me encantaban los sombreros ¡Con los pelos postizos y los
complementos, era yo misma!»
Gema

Otra buena opción, si no quieres o no puedes gastarte mucho dinero, son las
pelucas sintéticas. Las mejores son las de Kanekalon, una fibra de alta calidad que
da un aspecto muy natural porque simula muy bien el cabello en cuanto a textura
y color y, además, es fácil de cuidar y muy duradera. Uno de los inconvenientes de
las extensiones de Kanekalon es que no toleran el calor y no se puede cambiar el
peinado.
La última incorporación son las pelucas de fibra de colágeno, destinadas a
sustituir a las de pelo natural, cada día más escasas. Están compuestas de
proteínas de colágeno natural y lucen como cabello casi idéntico al humano.

¡Por fin vuelvo a tener pelo!


Entre dos y tres semanas después de la última sesión de quimioterapia comenzará
a aparecer el pelo de nuevo. Al principio saldrá una pelusilla, y es mejor volver a
raparlo para que se iguale y fortalezca. Como el nuevo pelo es débil, debes utilizar
cepillo de cerdas suaves y champú sin aditivos. Tal vez debido al ansia de volver a
tenerlo largo te dé la sensación de que crece demasiado lento. El ritmo de
crecimiento medio es de 1 cm al mes en circunstancias normales, pero en esta
situación será un poco más lento.
Probablemente el cabello salga con una textura diferente, más rizado o más
liso, y con un color distinto, en general más oscuro. Esto se debe a que los
medicamentos de quimioterapia alteran el tono muscular del folículo piloso, pero
tranquila, que con el tiempo verás como vuelve a crecer tu pelo original. Lo que sí
notarás es que está más encrespado, apagado y muy seco, lo que hace que sea
menos manejable y haya más dificultad a la hora de peinarlo.

Cómo cuidar mi nuevo cabello


El cabello seco con rizos lo que necesita es hidratación y no aceite. El uso de
planchas, secadores y tintes resecan el cabello y empeoran la situación, reducen la

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hidratación y el pelo se rompe. Usa champú elaborado con plantas como el
romero, que activa la circulación sanguínea y ayuda a fortalecer el bulbo piloso,
con aceite de aguacate, que proporciona suavidad y elasticidad al cabello, u
ortiga, que es un reconstituyente del bulbo.
«Me ha salido el pelo muy encrespado y me cuesta mucho trabajo peinarlo».
Celia

Utiliza acondicionadores naturales con aceite de argán, jojoba, oliva,


almendras o aguacate porque son ricos en ácidos grasos y vitaminas A, D y E, que
ayudan a reparar la cutícula dañada y proporcionan hidratación. Obtendrás una
melena con más elasticidad, suavidad, brillo y manejabilidad.
Durante los primeros seis meses, si quieres teñirte puedes usar tintes vegetales
que no tengan amoniaco, ya que el cuero cabelludo está muy delicado y los
productos químicos pueden producir reacciones.

Cuidado desde el interior


Para conseguir un pelo sano que crezca más rápido, también conviene cuidarlo
desde el interior. Toma alimentos ricos en vitaminas del grupo B, necesarias para
la salud del cabello: la niacina estimula el crecimiento del pelo, la piridoxina
previene la caída y mantiene el color del cabello, la biotina participa en la
formación de queratina y la vitamina B12 previene la deshidratación y
descamación del cuero cabelludo. La vitamina E es un excelente antioxidante que
facilita la circulación en los vasos sanguíneos del cuero cabelludo. Por su parte, la
vitamina C evita la sequedad y que el pelo se vuelva quebradizo. Tampoco deben
faltar minerales indispensables en la síntesis de la queratina como zinc, hierro y
azufre, que proporcionan fortaleza y brillo, el selenio da elasticidad y el cobre
evita la caída y ayuda a mantener la textura y el color del cabello. También debes
incluir alimentos ricos en aminoácidos como la metionina, arginina, cisteína y
glutamina, que aportan sustancias activas imprescindibles para la formación de la
queratina, necesaria para que el cabello esté fuerte y crezca más rápido. El ácido
graso omega-3 nutre los folículos pilosos y estimula el crecimiento del pelo,
manteniéndolo suave y sedoso.

Pérdida de cejas y pestañas


La quimioterapia también provoca la caída del pelo de las cejas y las pestañas, que
puede ser parcial o bien total. La falta de pestañas resta belleza a los ojos y
expresividad a la mirada, y, por lo tanto, al rostro.

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«Me costó asumir la pérdida de las pestañas, porque me veía muy rara. Tenía los
ojos tristes; habían perdido toda su expresión».
Almudena

¿Qué hacer?
Hay prótesis de pestañas indicadas para estos casos. Funcionan con un sistema de
adherencia sin necesidad de adhesivos ni pegamentos que puedan irritar los ojos
o la piel de los párpados ni obstruir el folículo piloso a riesgo de que después la
pestaña no vuelva a salir. Otra opción es maquillar la línea de las pestañas para
conseguir disimular la ausencia de estas.
«Cuando se me cayeron las cejas y las pestañas me costaba mucho verme bien y
tuve que aprender a maquillarme».
Nadia

Aunque tengas pocas pestañas debes aplicar productos para fortalecerlas. Para
desmaquillarte usa una mezcla de aceite de ricino, oliva, aguacate y almendra,
después pasa un algodón con manzanilla por los parpados y pestañas y antes de
dormir aplica aceite de oliva mediante un masaje.
«Como soy presumida, me arreglaba para las ocasiones. Una amiga me regaló
unos “pelillos mágicos” que se adherían con el rímel y el resultado era
fantástico».
Gema

Para suplir la falta de cejas, una buena opción es el maquillaje. Si es parcial basta con
rellenar las zonas despobladas con lápiz de cejas utilizando un color lo más parecido a tu
color original. Si tienes que dibujarlas completas, puedes utilizar plantillas con la forma de

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las cejas. Es mejor hacerlo en forma ascendente y suave, en este caso utilizar un tono café
plomizo para dar un efecto más natural. ¡Verás que bien te quedan!

También puedes recurrir a la micropigmentación de cejas y pestañas.


Mediante esta técnica se puede conseguir simular los pelos de las cejas y pixelado
de las pestañas superiores y un sombreado en las inferiores, con un aspecto muy
natural. Pero debes hacerlo antes de comenzar con los tratamientos para evitar
reacciones.
«Las cejas y las pestañas se me cayeron muy al final de los tratamientos. Esto me
permitía maquillarme sin problemas».
Teresa

Mima tu piel
La piel es el órgano más extenso y es uno de los más afectados por la
quimioterapia ya que tiene una renovación celular muy rápida. Es frecuente
durante el tratamiento que la epidermis se vuelva más fina y delicada y que hasta
el más leve roce provoque irritación o heridas que tardan en cicatrizar. También
hay mayor sequedad, descamación, rojeces, edema, alteración de la pigmentación
y tienes una mayor sensibilidad.
Ahora debes extremar el cuidado de tu piel. Utiliza productos
hipoalergénicos, que no contengan ingredientes artificiales, aceites minerales,
conservantes ni parabenos. En la ducha usa gel para pieles sensibles como el de
avena, y no uses productos exfoliantes porque podrías irritar la piel. Tampoco
apliques lociones corporales que contengan alcohol. Procura no darte baños con
agua muy caliente ya que reseca la epidermis y no olvides aplicarte crema después
del baño. Las idóneas son las que contienen avena, aloe vera, manteca de karité,
mango, rosa mosqueta o aceite de almendras. Utiliza siempre factor de
protección solar +50 ya que los fármacos de quimioterapia son fotosensibles,
reaccionan con el sol, y pueden favorecer la aparición de manchas en todas las
zonas expuestas de la piel.
Los desodorantes mejor que sean naturales. La piedra de alumbre es un
mineral que ayuda a regular el sudor y, además, tiene efecto bactericida. El jugo
de aloe vera o de rábano aplicado sobre las axilas tiene un efecto neutralizador
del mal olor y aporta suavidad.

Especial atención a las cicatrices

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En las zonas donde hay cicatrices, la piel está más delicada, tirante, irritada y en
ocasiones con molestias. Es muy importante cuidar con esmero esas zonas. El
aceite de rosa mosqueta, buruti y germen de trigo aceleran el ritmo de la
regeneración celular y estimulan la producción de colágeno y elastina. El aceite
de argán y el aloe vera proporcionan elasticidad y suavidad a la piel. La leucina
interactúa con dos aminoácidos, la isoleucina y la valina, para facilitar la
cicatrización de la epidermis.
Antes de la reconstrucción es muy importante hidratar y nutrir la piel con cremas
ricas en manteca de karité y mango, aloe vera, aceites vegetales y también urea,
por ejemplo.

Cuidado facial
La piel del rostro, al igual que la del resto del cuerpo, se torna más seca, fina y
delicada. No hagas limpiezas de cutis para evitar posibles infecciones, ni peelings
que irritan la piel y la vuelven más fina. Puedes aplicar limpiadoras y tónicos de
extractos naturales como manzanilla y hamamelis. Un par de veces a la semana
utiliza una mascarilla de aceite de aguacate o aceite de camomila para conseguir
hidratar y nutrir más en profundidad la piel. Aplica cremas que ayuden a hidratar
y dar más elasticidad a la epidermis que contengan sustancias naturales como la
avena, aloe vera, aceite de rosa mosqueta o aceite de buruti, que es muy rico en
ácido palmítico y oleico, tocoferoles y vitaminas A, C y E.

Ojos Labios
Para el contorno de ojos, si La piel de los labios es muy delicada y se agrieta
tienes edema, puedes utilizar con facilidad. Para reponerlos puedes aplicar
una crema elaborada con cremas elaboradas con manteca de karité,
castaño de indias, que ayuda a mango, aceite de rosa mosqueta y aceite de
bajar la inflamación. zanahoria.

Alimentos para la piel


Para mantener una piel saludable, además de los cuidados externos, es
imprescindible tener una dieta rica en vitaminas del grupo B, sobre todo vitamina
B6, que estimula la renovación celular y proporciona elasticidad a la piel,
vitaminas A, C y E que son antioxidantes, zinc y selenio, que ayudan a la
regeneración de la piel. Los aminoácidos glicina, arginina, metionina y carnitina
forman la creatina, que estimula la producción del colágeno.

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¿Son cancerígenos los parabenos?
Los parabenos son compuestos químicos que se utilizan como conservantes
antimicrobianos en muchos productos en las industrias cosmética, farmacéutica y
alimentaria. Existen cinco tipos: metilparabeno, etilparabeno, propilparabeno,
butilparabeno y bencilparabeno, que se pueden encontrar en concentraciones
muy bajas, ya que no está permitido que superen el 0,8% en la formulación y/o
aditivos de los productos. Los parabenos ingeridos son absorbidos y eliminados
por la orina, pero los que se aplican externamente a través de los cosméticos no
se pueden eliminar con tanta facilidad.
En la década de 1990, saltó la alarma de que los desodorantes que contenían
parabenos podían producir cáncer de mama, al creerse que se absorbían a través
de la piel y podían llegar a la mama y provocar la aparición de tumores.
En 2004, un estudio publicado en la revista Journal of Applied Toxicology,
realizado por un equipo de la Universidad de Reading en Edinburgo (Reino
Unido), reveló que había rastros de parabenos en el 90% de las biopsias
realizadas a mujeres con cáncer de mama. Algunos científicos afirman que los
parabenos tienen una acción hormonal similar a la acción de los estrógenos. Este
es el motivo por el que estos compuestos químicos podrían contribuir a la
formación de cáncer de mama. Según el Comité Científico de la Comisión
Europea no existe relación demostrable, hasta el momento, entre el uso de
cosméticos con parabenos y el cáncer de mama. Las autoridades sanitarias no los
han declarado productos tóxicos, ni han prohibido su uso. Aunque sí han tenido
en cuenta el posible efecto estrogénico y han reducido la concentración máxima
autorizada de propilparabeno y butilparabeno. Pero se sigue permitiendo la
utilización de los que más se usan habitualmente.

Protege las uñas


Durante los tratamientos las uñas se debilitan, se vuelven quebradizas y se rompen
con facilidad. Además, pueden oscurecerse o aparecer líneas blancas. Usa guantes
para las tareas domésticas, manualidades o trabajos de jardinería. Tampoco es
conveniente que te hagas la manicura, para evitar infecciones. Aplica productos
para fortalecerlas, masajéalas con aceite de ricino o almendra, también puedes
meterlas en una infusión de cola de caballo.

Cuidados durante la radioterapia


La radioterapia castiga mucho la piel de la zona donde se aplica la radiación. Lo
normal es que aparezca eritema como si fuese una quemadura de sol, pero si no

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se cuida la piel pueden aparecer quemaduras más graves. El oncólogo te indicará
las cremas que debes aplicarte. La piel debe estar siempre limpia y seca, sobre
todo en el momento de recibir la radiación, y no utilices perfumes ni
desodorantes. Para aliviar el eritema puedes aplicar en la zona agua termal,
infusiones de manzanilla amarga o colocar bolsas de gel congeladas. Para evitar
las manchas solares usa protección solar de pantalla total y mantén la zona
radiada siempre cubierta con una camiseta de algodón.
«Seguí al pie de la letra las indicaciones del oncólogo radiólogo para refrigerar y
cuidar la piel de la mama y de ese modo no tuve ningún problema».
Celina

Mi lucha contra el cáncer de mama


Mi lucha comenzó cuando en una revisión me diagnosticaron un carcinoma
lobulillar infiltrante. No hay palabras para explicar lo que uno siente y piensa en
esos momentos; me sentía impotente y no paraba de llorar. Uno de los
momentos más complicados fue tener que decírselo a mis hijos de 11 y 14 años.
Durante varios días mi cabeza no cesaba de dar vueltas, estaba bloqueada. Sabía
que iba a ser un camino difícil, pero lo importante es que tenía opciones de
curarme y a eso me agarré con fuerza. Intenté pasar los tratamientos lo mejor
posible, cuidándome mucho y llevando una vida muy tranquila. Sabía que tenía
que poner mucho de mi parte para superarlo.
Me hicieron una mastectomía radical, ya que tenía tres tumores y una cadena de
ganglios de la axila afectados. Verme sin un pecho fue un momento muy duro,
me afectó muchísimo y no paraba de llorar. Además, la reconstrucción no me
quedó muy bien y eso me creaba mucha inseguridad y siempre llevaba un
pañuelo para disimular. En una segunda intervención me cambiaron la prótesis
porque se rompió. El resultado fue mucho mejor y ya me sentía más segura con
mi imagen.
Aunque fueron momentos muy duros, tengo mucha suerte de contar con un
marido que me ha entendido y apoyado en todo momento y con mis hijos, que
me hacían mucha compañía. Eso siempre me daba fuerzas para seguir luchando.
Han pasado 7 años y mi estado general es bueno. Llevo una vida muy sana, en
pleno contacto con la naturaleza. Salgo a caminar todos los días y tengo una
buena dieta. Aunque me han dado una incapacidad permanente, me mantengo
muy activa, participo en una asociación de mujeres organizando actividades
culturales.

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Lo cierto es que mi vida ha cambiado mucho, valoro las cosas sencillas, e intento
disfrutarlas con mis hijos y mi marido, que han sido un gran apoyo y mi motor
para luchar y no rendirme. Y cuando en las revisiones me dicen que todo está
bien, es el mejor regalo que me pueden hacer, porque tengo mucho miedo a una
recaída y que la pesadilla se vuelva a repetir.
Candy Tronco Alonso, 49 años (Quirós, Asturias)

128
129
9. La alimentación, una apuesta segura

La alimentación es uno de los factores que más influye en el desarrollo del


cáncer. Hay numerosas investigaciones que han demostrado el vínculo tan
estrecho que existe entre una mala alimentación y el riesgo de contraer algunos
cánceres, entre ellos el de mama. Se calcula que entre el 30 y el 35% de los
cánceres se deben a una mala dieta, rica en grasas saturadas, azúcares, alcohol,
productos refinados o procesados con demasiados aditivos.
Durante mucho tiempo los investigadores se han dedicado a estudiar la
reacción de algunos alimentos con las células cancerígenas. Hay ciertos nutrientes
que tienen un efecto positivo, ya que pueden impedir la formación o
proliferación de las células cancerígenas o incluso provocar su muerte. Por el
contrario, existen otras sustancias que favorecen el desarrollo y multiplicación de
las células malignas.
Por ejemplo, una dieta basada en frutas, verduras y granos ricos en
determinados fitoquímicos ayuda a prevenir y tratar el cáncer. Y una alimentación
rica en azúcares, alimentos refinados, grasas saturadas produce más estrógenos, y
los niveles altos de estas hormonas aumentan el riesgo de cáncer de mama, riesgo
que se incrementa si hay sobrepeso y se lleva una vida sedentaria.
Además, es bueno tener en cuenta que en la dieta no solo tomamos alimentos,
sino también ingerimos sustancias tóxicas que pueden ser cancerígenas, como
aditivos, pesticidas, nitrosaminas, nitratos, etcétera.
La alimentación no solo es importante para prevenir el cáncer, sino que una
vez diagnosticado, la dieta adquiere una importancia vital y se puede convertirse
en una de las mejores armas para luchar contra la enfermedad. Si tomas los
alimentos adecuados se puedes aumentar las defensas y fortalecer el sistema
inmunitario para soportar mejor los tratamientos, paliar los efectos secundarios
de la quimioterapia y radioterapia y ayudar al organismo a que se recupere
mucho mejor después del tratamiento. Además, hay alimentos que podrían hacer
que las terapias sean más eficaces. Aunque también podemos encontrar otros
nutrientes que pueden interferir en los tratamientos y en las posteriores
recuperaciones. Por eso ante la duda siempre tienes que consultar con tu médico
la dieta que debes seguir.

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Alimentos aliados: ¡Apuesta por ellos!

El poder de las sustancias fitoquímicas


Según numerosas investigaciones, las sustancias fitoquímicas que se encuentran
en las plantas, podrían ayudar a reducir el riesgo de desarrollar cáncer, ya que
pueden detener la formación de sustancias cancerígenas que atacan a las células
sanas y también pueden evitar la proliferación de células malignas.

Uno de fitoquímicos más efectivos son los carotenoides que dan el color
naranja a la zanahoria, calabaza, melocotón, los polifenoles presentes en el té
verde, los isotiocianatos de las verduras crucíferas como el brócoli, repollo, coles
o el resveratrol de las uvas negras. También están las antocianinas que tienen
propiedades antitumorales y antiinflamatorias y son responsables del color rojo
oscuro y morado de los arándanos, frambuesas, moras, y cerezas, los flavonoides,
similares al estrógeno, presentes en la soja, garbanzos y perejil y los sulfuros que

131
contienen el ajo y las cebollas, que ayudan a fortalecer el sistema inmunitario.

Brócoli, coles y nabos


La familia de las brasicáceas o crucíferas (coles de Bruselas, repollo, berza,
brócoli, coliflor, lombarda y nabos) es rica en antioxidantes, vitaminas A, C y E, y
principalmente glucosinolatos, componentes que nos protegen contra los
radicales libres y determinados cánceres, entre ellos el de mama.
Hay estudios que indican que el consumo de un mínimo de cinco verduras
crucíferas a la semana, principalmente de brócoli, puede reducir
considerablemente el riesgo de padecer cáncer de mama.
El secreto de las crucíferas está en los glucosinolatos, compuestos azufrados
que una vez digeridos, se descomponen en sustancias saludables con marcadas
propiedades anticancerígenas, como el sulforafano, los isotiocianatos y los
indoles. Estas sustancias que provocan el suicido de las células cancerígenas,
suprimen genes que crean nuevos vasos sanguíneos que fomentan el crecimiento
tumoral y la diseminación. Además, estos fitoquímicos ayudan a reducir los
efectos cancerígenos de muchas toxinas, protegen al ADN del daño oxidativo
provocado por las toxinas, cambios que pueden llegar a provocar cáncer.

Los isotiocianatos son los responsables del sabor de ciertas coles como el brócoli, coliflor y
repollo. Estos químicos preventivos son capaces de eliminar la proteína del gen p53
defectuoso y dejar libre las proteínas sanas para suprimir el desarrollo de las células
anormales.

El gen p53 es conocido como el “guardián del genoma”, y su función es


mantener a las células en buen estado y evitar su crecimiento anormal. Los
indoles pertenecen al grupo de los antioxidantes indirectos que estimulan la
producción de enzimas que están involucradas en la eliminación de radicales
libres perjudiciales, regulan los estrógenos y ayudan de esta manera a prevenir el

132
cáncer de mama dependiente de las hormonas.
El brócoli es, de las crucíferas, la que contiene mayor cantidad de
glucosinolatos. Estos fitoquímicos bloquean la acción de las hormonas que
estimulan tumores, inhiben el crecimiento del tumor y estimulan la acción de
enzimas protectoras.
Estudios realizados en la Universidad de Illinois (EE. UU.) revelan que si se
ingiere en el mismo plato brócoli y tomate se consigue un efecto potenciado
debido a que los componentes anticancerígenos de las dos hortalizas actúan por
diferentes vías combatiendo las células cancerígenas.
Las coles de Bruselas son características por su olor y su sabor amargo muy
peculiar, esto es debido a la alta concentración que tienen de alil-isotiocianato,
una sustancia derivada del sinigrin, un glucosinolato. Esta sustancia tiene la
capacidad de inhibir el desarrollo de las células precancerosas, mediante el
proceso natural de apoptosis. Se trata de células que están dañadas y con el paso
del tiempo podrían llegar a formar tumores malignos.
Uno de los componentes más importantes de las coles de Bruselas es el
sulforafano, que hace que se liberen unas enzimas que ayudan a limpiar las
células del cuerpo de desechos tóxicos y reducen el riesgo de sufrir cáncer. Es el
indole que funciona como antiestrógeno que ayuda a recoger los estrógenos
dañinos del cuerpo, antes de que puedan contribuir al crecimiento de las células
cancerosas. Además, incrementa la función de determinadas enzimas que
colaboran en eliminar las toxinas cancerígenas del cuerpo.

Frutos del bosque


Los frutos del bosque como moras, grosellas, frambuesas, fresas, endrinas y
arándanos, además de ser deliciosos, contienen buenas dosis de vitaminas A y C,
minerales, pectina y son ricos en polifenoles. En estos frutos se encuentran tres
polifenoles que tienen actividad anticancerosa; las antocianinas, las
proantoniacianidinas y ácido elágico. Las antonicinas son las encargadas de dar
los colores rojo, azul y púrpura de algunas frutas y verduras. Se ha demostrado
que estas sustancias, que se absorben rápidamente en el organismo, tienen un
poder antioxidante que evita la aparición de radicales libres, pero la propiedad
más interesante es que atacan al cáncer inhibiendo la proliferación y la
angiogénesis y promoviendo la muerte celular programada de las células
cancerígenas.
El ácido elágico promueve la apoptosis de las células cancerosas sin perjudicar

133
a las sanas, inhibe y detiene la división de células malignas. Previene la activación
de sustancias carcinogénicas, partículas que favorecen el cáncer, y estimula los
mecanismos de eliminación de sustancias cancerígenas, lo que aumenta la
capacidad de defensa de las células. También se ha descubierto que este ácido
inhibe el VEGF y el PDGF, dos moléculas imprescindibles para favorecer la
creación de vasos sanguíneos por parte de los tumores. La frambuesa y la fresa
son las frutas que tienen mayor concentración de ácido elágico.
Los arándanos y las moras negras contienen altas dosis de proantocianidinas,
sustancias con poder antioxidante y que según algunas investigaciones, ayudan a
inhibir el crecimiento de ciertas células cancerígenas.
El arándano también es rico en quercitina, un flavonoide que posee una
potente acción antiinflamatoria y, además, tiene la capacidad de reducir el riesgo
de tumores malignos de mama. También contiene pterostilbene, una molécula
capaz de inhibir el cáncer de mama.

Uvas y frutos morados


Las uvas son ricas en resveratrol, un polifenol que se encuentra en su la piel y la
semilla. Según los expertos, esta sustancia puede detener las células que generan
el cáncer de mama, al bloquear la manera en que los estrógenos se combinan con
el ADN, para extender las células tumorales y convertirlas en malignas.
Un ensayo publicado en Annals of the New York Academy of Science ha
demostrado que el resveratrol se puede utilizar cuando el cáncer de mama se
hace resistente a la terapia hormonal. También puede sensibilizar a las células
resistentes a los agentes quimioterapéuticos. Sin embargo, los investigadores
apuntan que en algunas células tumorales este polifenol actúa como
quimioprotector, como ocurre con el paclitaxel, fármaco de quimioterapia
utilizado para el cáncer de mama.
Según un estudio publicado en la revista Experimental Biology and Medicine, se
apunta a que el resveratrol puede ayudar a aliviar muchos efectos secundarios del
tratamiento del cáncer, como la fatiga, el síndrome de desgaste, deterioro
cognitivo, dolor neuropático, ansiedad, depresión y trastorno del sueño.

Bayas de açaí
Estas bayas de color rojizo-púrpura son consideradas unas superfrutas ya que
contienen altos niveles de vitamina C, calcio, hierro, omega-3, 13 aminoácidos
esenciales y antioxidantes, especialmente antocianinas y flavonoides. También

134
tienen propiedades antiproliferativas, inhiben el crecimiento celular y pueden ser
útiles para luchar contra el cáncer.
Según algunas investigaciones, las bayas de açaí parecen promover la
producción y regeneración de las células madre, que tienen el potencial de
convertirse en muchos tipos de células en el organismo. Se consigue de esta
manera una mejor reparación del organismo.

Noni
El noni (morinda citrifolia) es un fruto muy apreciado por sus excelentes
propiedades. Este fruto produce una estimulación inmunitaria sobre los linfocitos
T y un aumento en la cantidad y actividad de los macrófagos y linfocitos en los
tejidos cancerosos.
Una investigación realizada en la Universidad de Keio y el Instituto de
Ciencias Biomédicas de Japón reveló que el damncanthal, una molécula de la
familia de las antraquinonas, extraído de la raíz del noni, podría inhibir el
proceso químico por el cual determinadas células normales se convierten en
cancerosas.

Mangostán
Este fruto de Tailandia, considerado un manjar, es rico en catequinas,
polifenoles, minerales y vitaminas. Varios estudios han demostrado que los
fitocéuticos del mangostán, sobre todo las xantonas, tienen propiedades anti-
tumorales, evitan la proliferación de las células cancerígenas y causan apoptosis
de las células. Un estudio publicado en 2014 en la revista Molecular Cancer, reveló
que el alfa-mangostin suprime el crecimiento tumoral y logra matar hasta el 99%
de las células del cáncer de mama in vitro. Esta sustancia bloquea el ácido sintasa,
necesario para la supervivencia de numerosas células cancerosas. Según los
investigadores, los extractos de mangostán podrían ser útiles en un futuro como
tratamiento complementario en el cáncer de mama.

Guanábana
Diversos estudios acreditan la fama de la graviola, conocida como guanábana,
como anticancerígeno natural, pues muestra grandes beneficios en el tratamiento
de ciertos tumores entre ellos el de mama.
Según una investigación realizada en el Departamento de Bioquímica y
Biología molecular del Centro Médico de la Universidad de Nebraska (EE. UU.),

135
la graviola sería capaz de matar células cancerígenas del plasma gracias a la
inhibición del metabolismo celular, es decir, que alteraría el metabolismo de las
células, evitando las señales entre ellas y de esta forma impediría su crecimiento,
reproducción, e incluso la diseminación que evitaría las temidas metástasis.
Su actividad se debe a su alto contenido en acetogenina, sustancia que
presenta una actividad similar a la adriamicina, que se utiliza en quimioterapia.
Pero la acetogenina tiene una acción más potente y, además, es más selectiva y no
daña a las células sanas, solo destruye las células cancerígenas, incluso aquellas
que ofrecen resistencia a las drogas usadas en quimioterapia.

Granada
La granada es una de las frutas estrella en la protección contra el cáncer de mama.
Esta sabrosa fruta tiene fitoquímicos como las antocianinas, flavonoides,
elagitaninos y ácidos grasos poliinsaturados, que pueden ser muy eficaces para
luchar contra los tumores malignos de mama. Los elagitaninos son polifenoles
que ayudan a proteger las células del estrés oxidativo y el envejecimiento.
Además, la granada también contiene otros antioxidantes muy beneficiosos como
el ácido málico y ácido oxálico.
Diversos estudios realizados en universidades y hospitales de California,
Massachusetts y Porto, avalan que los fitoquímicos contenidos en la granada
pueden disminuir el desarrollo del cáncer de mama, según estudios realizados en
células tumorales de ratón y de humanos.

Una investigación publicada en la revista Cancer Prevention Research, realizada


en la Universidad de California, Los Ángeles y en el City Hope National Medical
Center, reveló que los elagitaninos liberan ácido elágico que disminuye la
proliferación de células tumorales dependientes de estrógenos. Según los
expertos, debido a estas propiedades, el zumo de granada combinado con el
tamoxifeno puede mejorar la acción de este fármaco.

136
Ajo y cebolla
Las plantas de la familia de los allium; ajo, cebolla, cebolleta, puerro y chalota,
contienen gran cantidad de antioxidantes que ayudan a impedir que los radicales
libres muy reactivos puedan dañar ADN celular y de esta forma comenzar el
proceso de cáncer.
El ajo tiene un alto contenido en azufre y alicina, un compuesto que tiene
propiedades antibacterianas, antivirales y antioxidantes. Además contiene más de
40 compuestos que bloquean la formación de sustancias que causan cáncer y
evitan que los carcinógenos afecten a las células, impiden el crecimiento de las
células cancerígenas o provocan la muerte celular y mejoran la reparación del
ADN.
Un estudio realizado en Francia reveló que un consumo elevado de ajo y
cebolla está relacionado con una reducción significativa del riesgo de tumores
malignos de mama. Para mantener las propiedades anticancerígenas del ajo es
mejor cortarlo o macharlo fresco, y luego dejarlo reposar durante 10 o 15
minutos antes de consumirlo.
La cebolla es un potente anticancerígeno, ya que al igual que el ajo contiene
compuestos azufrados y posee dialil-sulfito, un fitoquímico que protege contra el
cáncer. Las cebollas rojas y amarillas contienen quercitina, que inhibe la
oxidación de las lipoproteínas de baja intensidad y puede reducir la proliferación
o crecimiento de células cancerígenas. Un ensayo realizado por el American
Institute for Cancer Research, reveló que el alto consumo de cebollas reduce hasta el
25% de riesgo de cáncer de mama, en comparación con personas que no
consumen cebolla.
Una investigación realizada en Suiza e Italia entre 25.000 personas que
consumían mucho ajo y cebollas, demostró que estas personas tenían hasta un
88% menos probabilidades de desarrollar varios tipos de cáncer, entre ellos el de
seno.

Alimentos antioxidantes
Cuando los radicales libres se acumulan en altas concentraciones en el organismo
pueden afectar a las proteínas y a las membranas de las células y causar daños en
el ADN, que juega un papel importante en la formación del cáncer.
Para contrarrestar ese exceso de radicales libres en nuestro cuerpo están los
antioxidantes, también conocidos como “carroñeros de radicales libres”.
Afortunadamente tenemos a nuestro alcance muchos alimentos con potentes

137
antioxidantes, como por ejemplo el betacaroteno, las vitaminas A, C y E, el
licopeno, la luteína y la zeaxantina, que se encuentran principalmente en frutas y
verduras.
Hay estudios que observan una disminución de hasta un 40% de cáncer de
mama en mujeres que siguen una dieta rica en verduras. Una investigación
publicada en el Journal of the National Cancer Institute, realizada por el Brigham and
Women´s Hospital y la Escuela de Medicina de Harvard, en Boston (EE. UU.),
afirma que las mujeres que tienen un nivel alto de carotenoides en sangre tienen
menor riesgo de desarrollar cáncer de mama.

Los carotenoides
Los carotenoides son pigmentos amarillos, anaranjados y rojos que se encuentran
en las plantas y son los responsables de dar esos colores brillantes a las frutas y
hortalizas.
El betacaroteno se encuentra en grandes cantidades en las hortalizas y frutas
amarillas y anaranjadas como la zanahoria, mandarinas, naranja, mango y
calabaza. La col rizada y la batata también tienen alta concentración de estos
carotenoides.

Hay investigaciones que demuestran que las mujeres premenopáusicas que


consumen abundantes frutas y verduras que contienen betacarotenos disminuyen
el riesgo de cáncer de mama, incluso en aquellas con un alto riesgo de
desarrollarlo y las que consumen alcohol en exceso. La Sociedad Americana del
Cáncer y el Instituto Mundial del Cáncer recomiendan obtener el betacaroteno
de los alimentos y no de los suplementos; para ello es suficiente con consumir 5
porciones al día de frutas y verduras que, idealmente nos podrían aportar de 6 a 8
mg de betacaroteno.

Luteína y zeaxantina
La luteína y la zeaxantina se encuentra en altos niveles en alimentos como la
yema del huevo, kiwi, zumo de naranja, calabaza, maíz y vegetales de hoja verde
oscura como la col rizada, espinacas, rúcula, perejil, brócoli y coles de Bruselas.
Algunos estudios revelan que las mujeres que tienen altas concentraciones de

138
luteína en el tejido mamario tienen menos probabilidades de tener cáncer de
mama.

El licopeno
El licopeno es un inhibidor del crecimiento del cáncer de mama mucho más
potente que el betacaroteno. Es el encargado de dar el color rojo a frutas y
verduras como la sandía, los pomelos rosas, albaricoques, damascos y guayaba.
Pero, sobre todo, se encuentra en cantidades elevadas en los tomates,
principalmente aquellos que maduran en la planta. Según los expertos, para que
el licopeno se pueda absorber bien, hasta 2,5 veces más, se debe consumir como
salsa, tomate frito o zumo de tomate caliente. Esto es debido a que los aceites y
grasas que se incorporan a la cocción rompen las paredes celulares del fruto, que
son las que dificultan su absorción.
Según un trabajo publicado en Journal of Clinical Endocrinology y Metabolismo,
una alimentación rica en tomates puede ayudar a proteger a las mujeres
posmenopáusicas del riesgo de cáncer de mama. Cuando las mujeres siguieron
una dieta rica en tomate subieron un 9% los niveles de adiponectina, una
hormona implicada en la regulación de los niveles de grasa y azúcar en la sangre.
Este es un dato importante para ayudar a prevenir la obesidad en mujeres
posmenopáusicas, ya que el riesgo de desarrollar cáncer de mama en esa etapa
aumenta a medida que se incrementa el índice de grasa corporal.

Vitaminas y minerales
La vitamina C es una de las principales vitaminas antioxidantes, ya que
desempeña varias funciones muy importantes para la protección contra el cáncer.
Protege las estructuras celulares, incluso las del ADN, para que no se dañen,
estimula la función inmunológica e inhibe la formación de compuestos
cancerígenos como las nitrosaminas. Son ricos en vitamina C: los kiwis, caquis,
cítricos, pimientos, fresas, perejil, coles y cebollas, pero debes tener cuidado
porque esta vitamina se destruye con la cocción y con un almacenamiento
prolongado.
La vitamina D tiene muchos efectos contra el cáncer, promueve la muerte de
las células cancerígenas e inhibe el crecimiento de los vasos sanguíneos que
alimentan al tumor. Siempre y cuando los receptores de esta vitamina estén
presentes, ya que estos se pierden cuando el tumor está muy avanzado. Según la
Dra. Carole Baggerly, fundadora de Grassroots Health, hasta el 90% de los casos
de cáncer de mama ordinarios podrían estar relacionados con la deficiencia de

139
vitamina D. Según un estudio de cinco investigaciones, publicado en la revista
Anticáncer Reseach, y realizado por investigadores de la Facultad de Medicina de
San Diego (EE. UU.), las pacientes con cáncer de mama con niveles altos de
vitamina D tuvieron el doble de probabilidad de sobrevivir en comparación con
las mujeres que tenían niveles bajos de esta vitamina.
Si tienes deficiencia de vitamina D la puedes tomar por medio de
complementos, aunque la mejor opción para obtener niveles saludables es la
exposición al sol. Basta con que tomes el sol unos 10 minutos al día sin protección
solar.
A la vitamina E, también llamada alfa-tocoferol, se la ha asociado junto con el
selenio con la prevención del cáncer de mama ya que tiene importantes efectos
antitumorales y de estimulación del sistema inmunológico. Su principal papel está
relacionado con la neutralización de los cancerígenos que actúan sobre los
cromosomas en la fase inicial de una tumoración y ayuda a que las membranas de
las células no tengan daños irreparables. Esta vitamina se puede encontrar en
buenas cantidades en los cereales integrales, germen de trigo, frutos secos, soja,
aceites vegetales, verduras y hortalizas de hoja verde. Las pipas de girasol,
cacahuetes, nueces, lentejas y guisantes son ricos en selenio.

La polémica de los antioxidantes y el cáncer


A pesar de los beneficios antes mencionados, existe una gran controversia sobre
los antioxidantes y el cáncer. Mientras que en personas sanas estas sustancias
tienen muchos beneficios para la salud, ya que ayudan a prevenir la oxidación de
las células, en personas diagnosticadas con tumores malignos, los suplementos de
antioxidantes pueden producir más riesgos que beneficios si se toman en altas
dosis cuando se están aplicando quimioterapia y radioterapia. No ocurre lo
mismo si se consumen alimentos antioxidantes a través de la dieta, contenidos en
las frutas y verduras.
Existen investigaciones que demuestran que la utilización de suplementos
antioxidantes disminuye los efectos de la quimioterapia y radioterapia. Además,
en otros ensayos se ha reflejado que hay una mayor recurrencia del cáncer en los
pacientes que tomaron complementos antioxidantes. Esto puede ser debido a que
la radioterapia basa su eficacia en la generación de radicales libres y los
antioxidantes pueden disminuir la acción de la terapia. En la quimioterapia
existen muchos fármacos que actúan mediante la generación de estrés oxidativo,
así que si se toman altas concentraciones de antioxidantes pueden contrarrestar
los beneficios del tratamiento.

140
La controversia de la soja
Existe una gran controversia respecto a la soja y el cáncer de mama. Hay estudios
que indican que la soja puede ser una gran aliada para prevenir el cáncer de
mama. Sin embargo, hay casos en el que consumo de esta legumbre puede ser
muy perjudicial.
Es cierto que hay investigaciones que indican que las mujeres asiáticas
desarrollan menos cáncer de mama que las occidentales, pero lo que no está
claro es que sea debido al consumo de soja, sino más bien a la dieta equilibrada y
variada que tienen, porque practican más ejercicio físico y en general a sus
hábitos saludables.

La soja contiene isoflavonas que son compuestos naturales estructuralmente parecidos a los
estrógenos tales como el estradiol. Esta similitud hace que en ocasiones las isoflavonas
puedan ejercer una función estrogénica, como por ejemplo en el caso de la menopausia. De
esta forma, ayudarían a disminuir los característicos síntomas del climaterio como sofocos,
bochornos, sequedad vaginal, dolor articular, fatiga, etcétera.

En caso de mujeres premenopáusicas con niveles de estrógenos normales, las


isoflavonas realizarían una función antiestrogénica que ayudaría a prevenir el
cáncer de mama. Las isoflavonas con mayor potencial anticancerígeno son
genisteína y la daidzeína.
Sin embargo, una investigación publicada en el Journal of the National Cancer
Institute sugiere que el consumo elevado de suplementos de soja ricos en
isoflavonas podría ejercer un efecto estimulante en los tumores de mama en
mujeres diagnosticadas de cáncer de mama invasivo. Además, indica los peligros
del consumo de fitoestrógenos en edad temprana o alrededor de la menopausia.
Por otro lado, hay estudios que demuestran que el consumo de una pequeña
cantidad de soja no aumenta el riesgo de cáncer de mama en mujeres sanas, y
tampoco aumenta el riesgo de recidivas en mujeres diagnosticadas de cáncer.

141
Ahora bien, no se recomienda el consumo de soja durante el tratamiento de
quimioterapia con taxol, ni posteriormente con tamoxifeno o inhibidores de
aromatasa, ya que puede haber interacciones de estos tratamientos con las
isoflavonas de soja.

Cómo tomar la soja


Escoge preferentemente los germinados o las opciones fermentadas, miso,
tempeh y shoyu, pues contienen menos antinutrientes, como los inhibidores de la
proteasa, que en dosis elevadas pueden incrementar el riesgo de cáncer de
páncreas y, además, también contienen sustancias que alteran el equilibrio
hormonal. Tomar unas 3 o 4 raciones a la semana de estos tres productos sería
seguro.
Los productos no fermentados de soja como la leche, harina, brotes o el tofu,
contienen altos niveles de ácido fitico que tiene propiedades anti-nutritivas, es
decir, que bloquean la absorción de nutrientes vitales como el calcio y también
pueden inhibir la absorción del hierro. Además tienes que ser cautelosa con los
complementos de isoflavonas, ya que en altas dosis pueden aumentar el riesgo de
cáncer de mama, por eso no debes sobrepasar los 25 mg al día. Siempre es mejor
consultar con tu médico antes de tomarlos.
Según un estudio presentado en el congreso de la Americam Association for
Cancer Research, realizado por investigadores de la Universidad de UCLA (EE.
UU.), el diindolilmetano (DIM), compuesto que se obtiene en la digestión de
vegetales crucíferos, el genistein y la isoflavona presente en la soja, reducen la
producción de dos proteínas necesarias para que el cáncer de mama y ovarios se
extiendan a órganos como el hígado o el cerebro.

Semillas de lino
Las semillas de lino y el aceite de lino sin filtrar pueden reducir el riesgo de
cáncer de mama y mejorar los pronósticos clínicos de mujeres diagnosticadas.
Esto se debe a que las semillas de lino contienen lignanos que por acción de la
flora intestinal se transforman en enterolactona y enterodiol, llamados lignanos
mamarios. Estos, al igual que el tamoxifeno, actúan como moduladores selectivos
de receptores de estrógeno. Poseen una acción estrogénica a nivel cardiovascular
y óseo, pero gracias a su actividad antiestrogénica reducen el crecimiento maligno
de las células productoras de estrógenos a nivel mamario y uterino. Pero sin los
elevados efectos secundarios del tamoxifeno.
En mujeres posmenopáusicas, la enterolactona y el enterodiol inhiben la

142
aromatasa tanto en los tejidos periféricos como en los ovarios y mamas, y
disminuyen de esta manera la cantidad de estrógenos presentes en el tejido
mamario.
Investigaciones recientes han demostrado que a mayores concentraciones de
lignanos mamarios en la sangre, hay menor riesgo de padecer cáncer de mama.
La calabaza, cebada, trigo sarraceno, espelta, mijo y quinoa también contienen
lignanos.

Quinoa
La quinoa es un pseudocereal, llamado el “oro de los Andes”, es un alimento muy
completo, no tiene gluten y es de fácil digestión. Tiene unas excelentes
propiedades: su índice glucémico es bajo, contiene los 21 aminoácidos, omega-3,
ácido linoleico, alto contenido en fibra, vitaminas E y B, minerales como el
fósforo, magnesio, hierro y sílice, por lo que es un excelente sustituto de la carne,
ya que es el cereal que más proteínas contiene. Una característica interesante es
que ayuda a la recuperación muscular después del ejercicio y a mejorar las
molestias musculares y articulares producidos por los inhibidores de la aromatasa.
Además, tiene propiedades antiinflamatorias, antioxidantes, previene y mejora las
infecciones urinarias y ayuda a depurar el hígado.
Algunos trabajos sostienen que debido a su alto contenido en fitoestrógenos y
lignanos, tiene la capacidad de imitar a los estrógenos, pero con efecto protector
contra el cáncer de mama hormonodependiente. Este tipo de sustancias pueden
prevenir los tumores malignos de mama, la osteoporosis, y otras enfermedades
crónicas de la menopausia originadas por la falta de estrógenos.

Hongos orientales
Los hongos orientales; maitake, shiitake, reishi (ganoderma lucidum) y trametes
(coriolus versicolor) son ricos en oligoelementos, hierro, selenio, magnesio, cobre,
zinc y germanio, mineral fundamental en la prevención de tumores malignos.
También tienen betaglutanos, principalmente la seta shiitake, unos polisacáridos
que generan interferón natural y detienen el crecimiento del tumor, al estimular
el sistema inmune activando los linfocitos T, las natural killer y los macrófagos,
encargados de eliminar las células tumorales.
Un estudio realizado por el Departamento de Bioquímica y el Departamento
de Psicología de la Universidad Central del Caribe (Puerto Rico), demuestra que
el reishi contiene polisacáridos y triterpenos que inhiben el crecimiento de
células malignas y moléculas inflamatorias en cáncer de mama inflamatorio, un

143
tipo muy agresivo ya que invade el sistema linfático y puede producir nuevos
tumores sólidos. El reishi produce la angiogénesis e inhibe la invasión de las
células cancerosas y aumenta la interleucina 8, una molécula quimioatrayente
para los neutrófilos, parte importante en el sistema inmune.
El coriolus es uno de los hongos más apreciado en Asia por sus propiedades
antitumorales. Destaca por su alto porcentaje de polisacáridos y sustancias
eficaces como biovitali, que actúan como estimuladoras del sistema
inmunológico.
En Japón habitualmente se usan estas setas, especialmente la maitake, durante
el tratamiento de quimioterapia, ya que, además, de estimular el sistema
inmunológico, disminuyen los vómitos. Hay estudios que demuestran que estos
hongos mejoran la supervivencia y tiempo libre de enfermedad tras el tratamiento
de quimioterapia.

Especias muy valiosas

Cúrcuma
La cúrcuma es una especia muy usada en la India, denominada la “especia de la
vida”, por los múltiples beneficios que aporta. El rizoma de la cúrcuma contiene
al menos 10 sustancias anticancerígenas, entre los cuales destaca la curcumina,
curcuminoides y betacarotenos. Los curcuminoides inhiben el crecimiento
tumoral, inducen la apoptosis de las células cancerígenas sin producir efectos
tóxicos y tienen un efecto protector frente al cáncer de mama.
También se ha demostrado que esta especia protege al corazón y los riñones
de los efectos tóxicos del fármaco utilizado para quimioterapia, la doxorubicina.
Según el Dr. Barhat Aggarwal, responsable del Departamento de Terapéutica
Experimental del M.D. Anderson Cancer Center en la Universidad de Texas (EE.
UU.), la curcumina desactiva el factor nuclear kappa B (NF-kB) implicado en
procesos como el cáncer. Impide el desarrollo de tumores malignos por varias
vías: reduciendo la respuesta inflamatoria, inhibiendo la proliferación de las
células tumorales y la transformación de células normales en cancerosas y
frenando la angiogénesis. La desactivación del NF-kB también permite que los
fármacos quimioterápicos destruyan con más facilidad las células cancerosas.
Investigaciones realizadas en el Instituto Linus Pauling de la Universidad de
Oregón, relacionan el consumo de cúrcuma con un descenso en el riesgo de
padecer cáncer. En esta misma línea, el Departamento de Oncología de la

144
Universidad de Leicester en Reino Unido, comprobó que la cúrcuma es un eficaz
supresor natural de diferentes tumores, ya que además de inducir la apoptosis de
las células cancerígenas, sin producir efectos tóxicos en las células sanas, también
ayuda a generar antioxidantes como el glutatión.

Azafrán
El azafrán es una especia muy cotizada en la cocina y ahora también a nivel
terapéutico. Su valor se debe a que contiene betacarotenos, flavonoides y sobre
todo curcumina. Hay estudios que revelan que el azafrán ayuda a combatir una
molécula llamada Rankl, que se asocia a tipos más agresivos de cáncer. También
se ha observado que puede disminuir el daño renal provocado por los
medicamentos y aliviar algunos efectos secundarios indeseables de los
quimioterápicos como el cisplatino, sin afectar la acción antitumoral de los
fármacos.

Jengibre
El jengibre es rico en antioxidantes y, al igual que la cúrcuma, es muy conocido
por su capacidad para reducir los tumores. Esta raíz actúa de dos maneras: por un
lado, destruye las células malignas por medio de la apoptosis, mientras que las
sanas permanecen intactas. Por otro lado, provoca que las células dañadas se
coman a sí mismas, autofagia. Científicos de la Universidad de Michigan en
Estados Unidos aseguran que el jengibre ayuda a combatir el cáncer de ovarios, ya
que evita que las células se vuelvan resistentes al tratamiento de quimioterapia.
Además, esta raíz tomada en altas dosis disminuye la fatiga en los pacientes
con cáncer, según una investigación realizada por la Clínica Mayo y publicada por
la Sociedad Americana de Oncología Clínica. Sus ginsenósidos que reducen las
citoquinas inflamatorias del sistema inmunológico y regulan los niveles de
cortisol, sustancias que provocan fatiga. También tiene otras propiedades como
disminuir los niveles de azúcar en sangre, según demuestra un estudio de la
Universidad de Maryland Medical Center (EE. UU.).

Hierbas aromáticas
En nuestra despensa podemos encontrar hierbas como el tomillo, hierbabuena,
albahaca, orégano, romero, comino y laurel que son ricas en terpenos,
compuestos orgánicos aromáticos que reducen la propagación de las células
cancerosas con un efecto similar al glivec, medicamento que inhibe el
crecimiento de células malignas.

145
Estas hierbas se deben tomar crudas y a ser posible frescas, a excepción del
laurel y el comino, que mantienen mejor sus propiedades si se calientan un poco.

Recetas an cáncer
Leche de cúrcuma Esta bebida está preparada con dos tazas de leche de
almendras, media cucharada de cúrcuma, de jengibre,
de canela en polvo, una de aceite de oliva virgen extra,
dos dátiles y una pizca de pimienta molida. Se dejan
hervir todos los ingredientes y se baten bien.

Crema Budwig Para elaborar esta crema de la Dra. Budwig, se mezclan


2 cucharadas de aceite de lino, 125 g de requesón de
cabra no graso, zumo de medio limón, salvado de
avena, nueces, almendras, semillas de lino y sésamo,
frutas de temporada y miel.

Pasta de ajo y Esta pasta elaborada con ajo, jengibre y aceite de oliva
jengibre virgen extra, tiene unas excelentes propiedades
anticáncer. Se puede utilizar para acompañar platos o
bien tomar dos o tres cucharadas al día.

Chucrut Elaborado a base de col fermentada, agua y sal, es un


plato anticancerígeno muy válido, ya que se fermenta
con todas las enzimas intactas de la col.

Kimchi Es como el chucrut estilo coreano. Aunque es un


alimento fermentado, su preparación, resultado y
conservación no tienen nada que ver con el chucrut (ni
sus propiedades). Se elabora con col china, cebolleta,
ajo, escamas de guindilla y gochunchang, salsa de
guindilla, cebolla, ajo, salsa de soja y aceite de sésamo.
Así, es bastante picante, algo que quizá no conviene
para una persona con estómago delicado. Es uno de los
cinco alimentos más saludables del mundo según la

146
revista Health.

Beneficios de la fibra
La fibra tiene un papel importante en la dieta, ya que es fundamental para el
organismo. Según apunta un estudio realizado en la Escuela de Salud Pública
T.H. Chan de la Universidad de Harvard en Estados Unidos, las dietas ricas en
fibra previenen el desarrollo de cáncer de mama, especialmente en mujeres que
toman más alimentos ricos en fibra, sobre todo frutas y verduras, durante la
adolescencia y en los primeros años de edad adulta. El riesgo se reduce entre un
12 y un 19%, en función de la cantidad de fibra ingerida. Por cada 10 gramos de
fibra adicional, cantidad que contiene una manzana, se reduce el riesgo un 24%
antes de la menopausia.
Los beneficios según los investigadores se deben a que es posible que los
alimentos ricos en fibra ayudan a reducir los niveles elevados de estrógenos en
sangre, principalmente el estradiol.

La cara y cruz de las grasas


El consumo elevado de grasas está directamente relacionado con el riesgo de
desarrollar cáncer de mama, ya que la grasa es uno de los principales combustible
de las células cancerígenas. No obstante, es más importante el tipo de grasa que la
cantidad total ingerida. Las grasas saturadas son las más perjudiciales, aquellas
que son de origen animal que están presentes en los quesos, mantequilla,
helados, carnes rojas y embutidos, y de origen vegetal como el aceite de coco y de
palma incluidos en muchos productos procesados como bollería industrial,
galletas, aperitivos salados, chocolates y margarinas.
La mayoría de los estudios revelan que el cáncer de mama es menos común en
aquellos países cuya dieta es más baja en grasas poliinsaturadas y saturadas. En
Occidente la alimentación es rica en grasas saturadas, es decir, el 40% de las
grasas de la dieta diaria las aporta la carne roja y el 20% los lácteos enteros.
Un trabajo publicado en el Journal of the National Cancer Institute, recomienda
que los alimentos ricos en grasas saturadas no superen el 10% de la dieta diaria
de una persona. Otra investigación publicada en el British Journal of Cancer
demostró que el riesgo de desarrollar un tumor de mama puede incrementarse
entre un 17 y un 20% en personas con mayor consumo de este tipo de grasas.

Aceite de oliva: el oro líquido

147
El aceite de oliva, denominado coloquialmente “oro líquido”, es uno de los
principales protagonistas de la dieta mediterránea. Entre sus diversas propiedades
beneficiosas está la de ser un potente protector contra el cáncer de mama.
Es un alimento que tiene un gran poder antioxidante, sumado a la vitamina E,
carotenos, tocoferoles y polifenoles. También es rico en ácidos grasos
monoinsaturados como el ácido oleico.

Haciendo referencia al estudio Predimed, Prevención con Dieta Mediterránea, el mayor


estudio que se ha realizado sobre nutrición en España, publicado en la revista digital Jama
Internal Medicine, las mujeres que consumen cuatro cucharadas soperas al día de aceite
virgen extra reducen hasta dos tercios el riesgo de sufrir cáncer de mama.

Es mejor que sea aceite de oliva virgen extra, ya que contiene más polifenoles
que el aceite refinado. Estos polifenoles tienen propiedades anticancerígenas y
antiinflamatorias, y tienen la capacidad de detener la progresión de algunas
células malignas.
Un trabajo realizado por científicos españoles del Instituto Catalán de
Oncología demostró que la ingesta del ácido oleico reduce considerablemente
uno de los oncógenos HER2/neu asociados a los tumores más agresivos. Además,
el ácido oleico mejora la eficacia de algunos tipos de quimioterapia y aumenta la
eficacia del trastuzumab (herceptin), un tratamiento con anticuerpos
monoclonales que tiene como objetivo el gen HER2/neu. También incrementa el
efecto de otro fármaco usado ampliamente en el tratamiento del cáncer de mama
como es el paclitaxel.
Una investigación realizada por el Grupo Multidisciplinar para el Estudio del

148
Cáncer de Mama de la Universidad Autónoma de Barcelona, demuestra que el
aceite de oliva frena la progresión del cáncer de mama, ya que inhibe la
proliferación de las células tumorales e induce su muerte. Además, este estudio
también reveló que los tumores en las mujeres que toman aceite de oliva tienen
menor grado de malignidad y que su consumo desde edades tempranas tiene un
efecto protector de la glándula mamaria.

Grasas poliinsaturadas
Dentro de las grasas poliinsaturadas existen dos ácidos grasos esenciales, omega-3
y 6, que se deben obtener por medio de la dieta. Los ácidos omegas-6 contienen
ácido linoleico y se encuentran en el aceite de semillas; girasol, soja y maíz. Una
ingesta excesiva de omega-6 aumenta el riesgo de tumores de mama, y en nuestra
dieta consumimos 20 veces más cantidad de omega-6 que omega-3. Por eso es
aconsejable cambiar los hábitos y sustituir los aceites vegetales por aceite de oliva
virgen extra.
Los ácidos omega-3 están presentes en los pescados azules, que son más grasos
que los blancos, como la caballa, arenque, salmón, caviar, jurel, sardina y atún. Es
preferible obtener el omega-3 del consumo de pescado que en suplemento, ya
que se absorbe mejor y, además, aportan más nutrientes. Aunque existe el riesgo
de la presencia de estrógenos químicos en la grasa, esto se evita tomando el
pescado de aguas saladas, frías y profundas, lo más alejado de estuarios de la costa
que puedan estar contaminados.
El omega-3, cuyo ácido principal es el linolénico, reduce el estímulo del
estrógeno de manera más poderosa que cualquier otro alimento. Este efecto se
comprobó por primera vez en las mujeres de Groenlandia que no parecían sufrir
cáncer de mama debido a su dieta rica en este ácido graso esencial. Este tipo de
grasa cambia la situación de la mama amortiguando el efecto del estímulo del
estrógeno de manera muy rápida. También contrarresta la acumulación de ácidos
omega-6 que se suelen concentrar en altas cantidades y que permanecen largo
tiempo en el organismo.
Un estudio realizado en el Fox Chase Cáncer Center en Filadelfia (EE. UU.),
reveló que los ácidos grasos omega-3 retrasan o detienen la proliferación o
crecimiento de las células de cáncer de mama, pero se observó que el efecto es
mayor en el cáncer de mama triple negativo, en el que se llegaba a conseguir una
reducción de la proliferación hasta el 90%. Además, hay estudios que constatan
que el consumo regular de estos ácidos grasos reducen la movilidad de las células
cancerígenas y, por lo tanto, disminuyen el riesgo de invasión y metástasis.

149
También contribuyen a la recuperación del sistema inmune de las personas
enfermas de cáncer.
Desde hace poco, se está desarrollando una nueva estrategia terapéutica que
consiste en administrar omega-3 con la quimioterapia convencional, porque de
esta manera las células cancerosas se vuelven más sensibles a los fármacos
quimioterápicos.

Cómo controlar las grasas


Pequeños gestos pueden ayudar a reducir la ingesta de grasas saturadas. Por
ejemplo, sustituye las carnes rojas por carnes blancas como conejo, pollo o pavo.
Cambia la leche entera por desnatada, quesos curados por yogures desnatados o
quesos frescos. Embutidos (chorizo, salchichón y mortadela) por jamón serrano,
jamón york, pechuga de pollo o pavo. Elimina los snacks y bollería industrial por
panes y bollos caseros. Utiliza aceite de oliva virgen extra como prioritario para
cocinar. Consume buenas dosis de pescado azul fresco, rico en omega-3.
A la hora de cocinar opta por alimentos poco grasos y preparados de forma
saludable, mejor asados en horno, plancha y vapor, que fritos o preparados con
salsas. Utiliza poco aceite para condimentar tus platos y desgrasa siempre los
guisos.

Grandes enemigos que debes evitar

Alcohol, un riesgo evitable


La relación entre las bebidas alcohólicas y el cáncer es indiscutible. Hay estudios
que indican que incluso un consumo moderado de alcohol incrementa el riesgo
de cáncer de mama. Las mujeres que toman tres bebidas a la semana tienen un
15% más de riesgo de padecer tumores malignos de mama que las mujeres
abstemias, y por cada bebida adicional al día, el riesgo aumenta un 10%.
Este peligro viene también determinado por los años de consumo de alcohol,
de tal manera que, a mayor periodo de consumo hay más riesgo de desarrollar
esta enfermedad, sobre todo si se inició antes del primer embarazo.
Hay que tener en cuenta que la mujer tolera peor el alcohol, esto es debido a
que tiene más proporción de grasa en el cuerpo y menos agua, por lo tanto,
absorbe de forma diferente el alcohol y este se concentra mucho más en el
organismo. Además, tiene menos enzimas ADH, que son las que se encargan de

150
convertir el alcohol hasta niveles que el hígado puede procesar de forma segura.
Esto significa que las mujeres que beben la misma cantidad que los hombres
absorben el doble de alcohol en la sangre.
El alcohol contiene etanol, que se convierte en acetaldehído, una sustancia
química que según algunas investigaciones puede provocar cáncer y, además,
puede dañar tanto al ADN como a las proteínas. Además, disminuye la capacidad
del organismo para absorber diversas sustancias asociadas con la prevención del
cáncer como la vitamina A, B, C y E y los carotenoides.
Además, hay que tener en cuenta cómo incide el alcohol directamente en la
acción del estrógeno. Un estudio del Instituto Nacional del Cáncer reveló que el
alcohol eleva los niveles totales de estrógeno y la cantidad de estradiol libre
disponible para adherirse a la mama, y causa crecimiento de las estructuras
mamarias. Esto se agrava mucho más si hay una enfermedad hepática, ya que el
hígado elimina el exceso de estrógeno de la circulación.
Pero, sobre todo, no debemos olvidar que las bebidas alcohólicas pueden
contener una variedad de contaminantes cancerígenos que se van incorporando
durante la fermentación y la producción, como las nitrosaminas, fenoles,
hidrocarburos y fibras de asbesto.
Está claro que todas las bebidas alcohólicas son perjudiciales, pero según los
expertos, las fermentadas, como el vino tinto, tomado con moderación, pueden
ser beneficiosas, debido a su alto contenido en antioxidantes, o la cerveza por su
contenido en vitamina B. Pero si has padecido cáncer de mama lo más
aconsejable es que no consumas nada de alcohol.

Los ahumados
Los alimentos ahumados contienen determinas sustancias nocivas que con el
tiempo pueden provocar cáncer. El humo producido por las maderas que se
utilizan para el ahumado es CO2 unido a otros contaminantes que se desprenden
en la combustión, que suelen ser dañinos y que quedan adheridos a los alimentos,
puede ser muy per-judicial para el organismo. De estas sustancias, las más tóxicas
son los hidruros aromáticos policíclicos (HAP), que en experimentos realizados
con ratas han demostrado ser cancerígenos.
Además de estas, hay otras sustancias que muchas carnes ahumadas o curadas
contienen, como son los nitratos y nitritos que se utilizan para conservar la carne
y evitar que se multipliquen las bacterias dañinas. Pero estas sustancias pueden
aumentar el riesgo de padecer enfermedades del corazón, daños en los vasos

151
sanguíneos, diabetes y cáncer.
Según una investigación realizada por la Escuela Arnold de Salud Pública de
la Universidad de Carolina del Sur (EE. UU.), las mujeres posmenopáusicas que
tienen una dieta rica en carne ahumada y asada en barbacoa tienen mayor riesgo
de contraer cáncer de mama.
Como no se conocen las dosis de seguridad de estas sustancias en los
alimentos ahumados, es mejor que no consumas este tipo alimentos o tómalos
solo de manera ocasional.

Carnes cocinadas a altas temperaturas


Al igual que los alimentos ahumados, las carnes cocinadas a altas temperaturas
también conllevan un riesgo para la salud, incluyendo la probabilidad de padecer
cáncer.
Cuando cocinas carnes o pescados a altas temperaturas, como puede ser freír
en una sartén, asar en una parrilla o barbacoa con fuego directo, se forman unas
sustancias químicas llamadas aminas heterocíclicas AHC y los hidrocarburos
aromáticos policíaclicos HAP. Estas sustancias se ha demostrado mediante ensayos
en laboratorio que son mutagénicas, es decir, que causan cambios en el ADN que
pueden aumentar el riesgo de cáncer.
Las AHC se forman cuando los aminoácidos, que forman parte de las
proteínas y los azúcares presentes en la carne, reaccionan a altas temperaturas.
Cuando la grasa y los jugos de la carne que se asan y caen en el fuego se producen
llamas que contienen HAP y que se adhieren a la carne. Mientras que las AHC no
se encuentran en cantidades considerables en otros alimentos, los HAP se
producen en el proceso de ahumado, en el humo de los cigarrillos y de los
vehículos.

El azúcar alimenta al cáncer


El azúcar es imprescindible para el organismo, pero su ingesta excesiva puede
producir graves enfermedades cardiovasculares, neurodegenerativos, diabetes e
incluso tumores malignos. El cáncer es un devorador de azúcar, ya que es su
combustible para sobrevivir.

152
Está demostrado que hay una estrecha relación entre el ácido láctico, la insulina y la
angiogénesis. El premio Nobel de Medicina de 1931, German Otto Warburg, descubrió que
las células cancerígenas tienen un metabolismo energético diferente al de las células sanas.

Las células malignas utilizan la glucosa como combustible y obtienen ácido


láctico como producto de deshecho. Este proceso genera un pH más ácido en los
tejidos cancerígenos, lo que favorece el desarrollo del tumor.
Un estudio realizado en la universidad española Rey Juan Carlos ha
demostrado que cantidades elevadas de azúcares en sangre aumentan la actividad
de una proteína llamada b-catenina que promueve la proliferación celular en
células tumorales.
Los pacientes con cáncer tienen niveles elevados de insulina en el tejido
cancerígeno y en el plasma sanguíneo. Por lo que es importante hacer análisis de
sangre regularmente para controlar los niveles de glucosa e insulina, que deben
estar entre 70 y 100 mg/dL. Además, si la insulina es muy alta se produce un
exceso de estrógenos que favorece un mayor riesgo de aparición de cáncer de
mama. Todas las investigaciones demuestran que las mujeres que consumen gran
cantidad de azúcares y alimentos refinados, que elevan los niveles de insulina,
tienen el doble de riesgo de desarrollar un tumor maligno de mama y entre las
que han tenido cáncer aumenta el riesgo de desarrollar metástasis. También se ha
demostrado que la glucosa elevada en sangre disminuye la eficacia del
tratamiento de quimioterapia en el cáncer de mama.

Un mal olvidado
En mayo de 2012 me despidieron del trabajo y, como tenía tiempo libre,
aproveché para hacer la revisión mamaria que tantas veces había postergado.
Después de hacerme una ecografía, me dijeron que tenía microcalcificaciones de

153
aspecto claramente maligno. Gran susto debido a mis antecedentes familiares. El
diagnóstico era “carcinoma ductal in situ de alto grado con necrosis y
microcalcificaciones”. Me lo tomé bastante bien y de manera muy positiva. Me
realizaron una segmentectomía, pero como los márgenes no salieron limpios
tuve que volver a pasar por el quirófano, aunque afortunadamente no necesité
quimioterapia. Me recuperé muy bien de las dos intervenciones y al día siguiente
ya estaba haciendo vida normal. La radioterapia me pareció muy pesada. Tenía
que ir todos los días al hospital y pasar muchas horas de sala de espera, pero
aprovechaba el tiempo para disfrutar de buenas lecturas.
Ahora, visto desde la distancia, fue incluso una buena época, una especie de
vacaciones de dos meses en una bonita ciudad, Gijón, que aproveché para
compartir buenos momentos con antiguos amigos y compañeros de estudios.
Pasamos buenos momentos.
La oncóloga dejó a mi elección el tratamiento con tamoxifeno, ya que en mi caso
no era imprescindible tomarlo, pero una vez me detalló los beneficios y los
posibles efectos secundarios, opté por no seguir el tratamiento. Pasados 5 años,
lo único que me hace recordar que he tenido un tumor de mama son las
revisiones anuales, que hasta el momento van bien, una cicatriz y unos pechos
asimétricos. Me encuentro muy bien, estoy muy activa e intento disfrutar de
buenos momentos en compañía de mi familia y amigos.
Celina Pérez Melero, 55 años (Panes, Asturias)

154
155
10. Terapias complementarias

Se estima que actualmente el 30% de las personas con tratamiento oncológico


utiliza algún tipo de terapia complementaria para paliar los efectos nocivos
provocados por los tratamientos o el cáncer en sí.
El tratamiento oncológico integrativo es el que combina los tratamientos
convencionales: quimioterapia, radioterapia, hormonoterapia, con las terapias
complementarias que han demostrado ser eficaces para proporcionar un
tratamiento integral que mejore la calidad de vida del paciente. Aunque se trata
de productos naturales, debes tener precaución ya que hay plantas y
complementos que pueden interactuar con el tratamiento convencional. Antes de
someterte a algún tipo de terapia, debes consultarlo con tu equipo médico.

Terapias naturales

Plantas aliadas

Astrágalo
El astrágalo estimula el sistema inmune al aumentar la producción de células T y
células killer que son activadas por linfoquinas que eliminan las células
cancerígenas. Otra ventaja de esta planta es que eleva el número de glóbulos
blancos después de la quimioterapia y ayuda a prevenir el daño renal que pueden
provocar los fármacos.

156
En la naturaleza encontramos plantas que son unas estupendas aliadas para
luchar contra el cáncer y sus efectos secundarios, que en ocasiones se usan junto
con el tratamiento médico convencional. Existen hierbas que en pruebas de
laboratorio han demostrado ser eficaces para combatir células cancerosas y otras
que ayudan a prevenir la formación de tumores. En otro grupo podríamos
resaltar aquellas plantas que ayudan a estimular el sistema inmunitario y las que
resultan efectivas para aliviar los efectos secundarios de la quimioterapia y
radioterapia.

Berberina
La berberina es un alcaloide presente en algunas plantas como el agracejo y la
hidrastis, que tiene una actividad antitumoral ya que retarda la multiplicación de
las células cancerígenas y detiene el crecimiento tumoral. Además, es un potente
antioxidante que ayuda a prevenir la formación de nuevos tumores.

Café
El café contiene una mezcla natural de polifenoles antioxidantes como el ácido
clorogénico, que protege a las células contra el daño del ADN que provoca
envejecimiento y el desarrollo del cáncer. Además, inhibe la actividad de las
metaloproteinasas que los tumores utilizan para invadir los tejidos. El café verde
inhibe la producción de glucosa en el hígado y la reduce en sangre. Las mujeres
con los índices de glucosa altos tienen más probabilidades de desarrollar cáncer
de mama.
Según un estudio de la Universidad de Lund en Suecia, el café activa el

157
tamoxifeno y lo vuelve más eficiente. También se ha demostrado que la cafeína
frena el crecimiento de las células cancerígenas. Una investigación realizada por
el Instituto Karolinska de Estocolmo y publicada en la revista Breast Cancer
Research, las mujeres que toman cuatro tazas de café al día tienen el 57% menos
probabilidades de padecer cáncer de mama con receptores de hormonas
negativos.
Es mejor que elijas café verde 100% natural, el torrefacto se realiza
requemando azúcar con el grano del café que contiene hidrocarburos tostados
que liberan benzopirenos, sustancias altamente cancerígenas.

Cannabis
El cannabis, también conocida como marihuana, es una planta rica en unas
sustancias químicas llamadas canabinoides que ayudan a controlar algunos
efectos secundarios de los tratamientos como las náuseas y los vómitos, aumentan
el apetito, calman el dolor y mejoran el sueño. En algunas investigaciones
realizadas con ratones se comprobó que los canabinoides pueden inhibir el
crecimiento de células tumorales y destruirlas, a la vez que protegen las normales.
También puede inhibir el crecimiento de los vasos sanguíneos que necesitan los
tumores para crecer.
El cannabis es liposoluble, para hacer un té con él debes utilizar leche en vez
de agua. Otra opción es macerar la planta en aceite de oliva y utilizarla para
cocinar. También se puede consumir en galletas, bizcochos y caramelos. Pero
debes tener cuidado porque el efecto del cannabis es más duradero cuando se
consume a través de los alimentos. Al tratarse de una planta con unas
características especiales, es importante que consultes con tu médico el tipo de
variedad, las dosis recomendadas, así como el tipo de administración.
«Durante la quimioterapia, mi calidad de vida mejoró extraordinariamente con el
uso de la marihuana. Aprendí a preparar innumerables recetas con ella».
Gema

Cardo mariano

158
El cardo Mariano es muy efectivo para tratar problemas del hígado y la vesícula
biliar. Varias investigaciones afirman que esta planta desintoxica, reduce la
inflamación y protege el hígado de daños severos, provocados por malos hábitos
de vida o por tratamientos muy agresivos como la quimioterapia.
Su principio activo, la silimarina, formada por flavonoides silibina, silidianina
y silicristina, tiene efectos hepatoprotectores, antiinflamatorios y
anticancerígenos, y aumenta los niveles de glutatión en el hígado, un aminoácido
que ayuda a las células a desintoxicarse de sustancias nocivas de los alimentos,
medicamentos y agentes contaminantes en general.
La silimarina, además, estimula la síntesis de proteínas en las células del
hígado estimulando el crecimiento de nuevas células y permitiendo que las
dañadas se regeneren, pero no tiene el mismo efecto de estimulación sobre los
tejidos malignos.
Las partes de la planta que no sean las semillas pueden aumentar los niveles
de estrógenos en el organismo, por lo tanto, estaría contraindicado con los
tratamientos hormonales.

Escutelaria barbada
La escutelaria Barbada es una planta originaria de China de la familia de la
menta. En un estudio realizado en la Universidad de Salford en Reino Unido, se
demostró que esta planta ataca a los vasos sanguíneos que alimentan al cáncer, al
bloquear la disponibilidad de oxígeno y nutrientes que activan el crecimiento de
los tumores. La ventaja es que solo ataca a los vasos sanguíneos que van hacia el
tumor, dejando libres el resto de las venas que van a otros tejidos.

Ginseng americano
El ginseng puede ayudar a activar el sistema inmune del organismo, aumenta la
formación de células T helper, linfocitos T y Natural Killer (NK), que actúan
destruyendo las células cancerígenas.
Hay algunos trabajos realizados en China que sugieren que las mujeres con
cáncer de mama que toman alguna forma de ginseng americano o panax se
encuentran mejor. Sin embargo, muchas de estas mujeres están tomando
tamoxifeno, por lo que resulta difícil saber si la mejoría se debe al ginseng, al
tamoxifeno, o a la combinación de ambos.

Menta

159
La menta piperita contiene mentol, un compuesto que inhibe el crecimiento de
células cancerígenas y que tiene la propiedad de disminuir el suministro de
sangre a las células tumorales.
Según un estudio realizado en 2013, el aceite de menta resulta eficaz para la
disminución de las náuseas provocadas por la quimioterapia. Así mismo, se ha
descubierto que esta planta protege contra el daño del ADN producido por la
radiación y la muerte celular.

Muérdago
El muérdago viscum album, conocida como la planta “todo lo cura”, se ha utilizado
a lo largo de los siglos para tratar dolencias como artritis, mareos, presión alta,
ansiedad y agotamiento. El muérdago cuenta con unos principios activos, lectinas
I y II, aminoácidos libres como arginina y lisina, y viscotoxina alfa, unas proteínas
específicas que favorecen un medio celular incompatible con las células
cancerosas. Induce la apoptosis de las células cancerígenas, aumenta la cantidad y
la actividad de células inmunes, linfocitos, neutrófilos y monocitos. Además,
delimita el tumor provocando que se encapsule, de esta forma se reduce el riesgo
de metástasis, y protege el ADN de las células sanas de los efectos tóxicos de los
fármacos citostáticos.

Patata africana
La patata africana (hypoxis rooperi), considerada una planta milagrosa curalotodo,
contiene esteroles, esterolinas y un potente antioxidante, el rooperol que, entre
otros beneficios, estimula el sistema inmunitario y produce un efecto
antienvejecimiento estimulando el crecimiento celular y protegiendo a los tejidos
de los radicales libres.

Romero
Por sus propiedades, el romero es una planta que ralentiza la proliferación de
células cancerígenas, induce la apoptosis y suprime los genes que permiten la
invasión de tejidos. Además, protege las células de la sangre y las del tracto
gastrointestinal de los efectos ionizantes y oxidantes de la radiación.

Té verde
El té verde (camellia sinesis) está elaborado a base de hojas de té sin fermentar,
están menos oxidadas y tienen una mayor concentración de polifenoles. Estas
sustancias llamadas catequinas EGCG y ECG son potentes antioxidantes que

160
destruyen los radicales libres que alteran las células manipulando el material
genético, ADN, e incluso pueden llegar a causar la muerte de las células
cancerígenas. Según un estudio publicado en la revista Cancer Research y realizado
por científicos de la Universidad de Murcia en España y del Centro John Innes de
Norwich en Inglaterra, el polifenol EGCG consigue inhibir el crecimiento de las
células cancerígenas si se toman de dos a tres tazas al día de té. Los resultados
demostraron que los beneficios del EGCG pueden llegar a ser similares y matar
células cancerígenas de manera muy parecida a cómo lo hace el fármaco
anticancerígeno methotrexate.

Según un trabajo realizado por investigadores del Centro de Cáncer


Vanderbilt-Ingram y publicado en la revista American Journal of Clinical Nutrition,
las mujeres que tomaron té como mínimo tres veces por semana durante al
menos seis meses, redujeron en un 17% la posibilidad de sufrir cáncer de mama,
y si el consumo era de dos a tres tazas por semana, tenían un 21% menos de
riesgo.

Uña de gato
La uña de gato resulta muy eficaz contra las células tumorales de mama, induce la
muerte celular, apoptosis. Contiene unas sustancias alcaloides, oxindoles, que
estimulan el sistema inmunitario y estabilizan el recuento de glóbulos blancos
durante la quimioterapia. También, ayuda a mejorar los síntomas provocados por
la quimioterapia como las náuseas, vómitos, falta de apetito y pérdida de peso.

Flores de Bach
El Dr. Edward Bach desarrolló un sistema completo de 38 esencias florales, cada
una de ellas para un estado emocional y mental determinado. Las flores de Bach
tratan a la persona de manera integral, no abordan solo la enfermedad, ni los
síntomas, trabajan sobre los estados emocionales y físicos. Esta terapia desde el
primer momento puede ser muy efectiva para ayudar a superar el shock del
diagnóstico, para liberar los traumas y aportar energía positiva que transforma las

161
actitudes negativas en positivas, estimulando el potencial propio de cada persona
para superar con éxito todas las fases de la enfermedad.
Cada paciente necesita una fórmula de acuerdo a su estructura
psicoemocional y la fase anímica por la que esté pasando en ese momento. Para
que el tratamiento tenga éxito el paciente debe abandonar cualquier postura de
victimismo y tomar una actitud activa frente a la enfermedad: ser más
participativo y comprensivo ayudará a conseguir estupendos resultados incluso en
situaciones de cánceres más avanzados.

Plantas contraindicadas
Hay un grupo de plantas que son ricas en fitoestrógenos por lo que no están
indicadas en los casos de cáncer de mama hormono-dependiente, ya que
pueden incrementar el riesgo de recurrencia del tumor de mama. Entre estas
plantas con propiedades similares al estrógeno están el lúpulo, alfalfa, regaliz,
trébol rojo y soja.
Respecto a las plantas quai y ginseng panax, aunque no parecen actuar de una
manera similar al estrógeno, podrían, sin embargo, estimular el crecimiento de
células de cáncer de mama.

Las esencias florales también pueden actuar en planos más físicos, como
reducir los efectos secundarios de la quimioterapia, mejorar los problemas
estomacales como náuseas, acidez y pesadez, aliviar el mareo y el cansancio,
aportando energía.
Aunque las flores de Bach están reconocidas por la Organización Mundial de
la Salud, son seguras, carecen de efectos secundarios, no producen adicción
alguna y son compatibles con cualquier tipo de tratamiento, es aconsejable que
consultes su consumo con tu médico previamente.

Homeopatía
La homeopatía es una terapia un tanto controvertida, en muchos países no está
reconocida, mientras que en otros como por ejemplo Suiza se ha incluido
recientemente en el sistema sanitario público, y en Alemania un alto porcentaje
de médicos la prescriben. En India la homeopatía es la medicina oficial, y
científicos como el Dr. Ramakrishnan resaltan los buenos resultados que está
ofreciendo esta terapia en el cáncer de mama. La homeopatía es una terapia
individualizada y debe ser un médico homeopático quien prescriba el tratamiento

162
a seguir para que sea efectivo.

Los remedios homeopáticos resultan muy eficaces para ayudar a controlar los
efectos secundarios del tratamiento, porque ayudan a fortalecer el sistema
inmunológico y a conseguir que el paciente tenga una mejor calidad de vida.
Cadmium sulphuratum, Sepia, Ipecacuanha y Nux vómica están indicados para
las náuseas y vómitos después de la quimioterapia. Gelsemium se utiliza en casos
de nerviosismo y ansiedad. Kali phosphoricum es de gran ayuda cuando se pasa
por un periodo prolongado de mucho estrés.
Una investigación llevada a cabo en 2009 en el Royal London Homeopathic
Hospital, reveló que la caléndula aplicada de forma tópica resultaba efectiva en la
prevención de problemas de piel relacionados con la radiación y que Traumeel S,
un enjuague bucal homeopático, tuvo éxito en la prevención de la estomatitis y
úlceras en la boca provocadas por la quimioterapia.
Uno de los grandes descubrimientos de la homeopatía en el campo del cáncer
de mama, lo llevaron a cabo científicos de la universidad del Centro Oncológico
MD Anderson de Texas (EE. UU.). El estudio publicado en la revista International
Journal of Oncology, revela la capacidad de cuatro remedios homeopáticos,
Carcinosin, Phytolacca, Conium y Thuja, para inducir la apoptosis celular de
cáncer de mama en laboratorio. Pero lo realmente interesante son los efectos de
destrucción celular del Carcinosin y la Phytolacca que parecen similares a la
actividad del paclitaxel, el fármaco quimioterapéutico más utilizado en el cáncer
de mama.

Acupuntura
La acupuntura puede ser una terapia complementaria muy beneficiosa para
reducir o tratar el dolor y algunos efectos secundarios causados por los
tratamientos.

163
Según un estudio publicado en el Journal of Pain and Symptom Management y
realizado por el Dr. Wolf E. Mehling, profesor adjunto de medicina familiar y
comunitaria de la Universidad de California en San Francisco (EE. UU.), la
combinación de acupuntura y masaje aplicados los días después de una
intervención quirúrgica de mama pueden ayudar a aliviar los síntomas de dolor y
depresión que sufren los pacientes después de someterse a este tipo de
operaciones. Esta terapia también ayuda a reducir algunos de los efectos
secundarios asociados al tratamiento de quimioterapia como las náuseas y
vómitos. Además alivia la fatiga, la ansiedad y el insomnio.
Según una investigación del Hospital Henry Ford en Detroit (EE. UU.), la
acupuntura se ha convertido en una herramienta muy eficaz en el tratamiento de
muchos de los síntomas asociados a la menopausia. Las mujeres sometidas a
acupuntura además de reducir los sofocos, sudores nocturnos y excesiva
sudoración sin padecer ningún tipo de efecto secundario, se encontraban con
más energía y mayor bienestar e incluso un aumento del deseo sexual, que no se
daba en las mujeres que seguían un tratamiento farmacológico para los sofocos.

Terapias energéticas
Las terapias energéticas de origen oriental como el chi kung o Qi gong, tao yin,
tai chi y reiki, están basadas en la importancia de canalizar de forma adecuada la
energía vital Qi o Chi, a través de los canales energéticos que recorren el cuerpo.
El Qi nutre al organismo, lo defiende y lo depura, por lo tanto, para que este se
mantenga fortalecido y saludable es necesario que la energía Qi circule sin
obstrucciones. Los bloqueos de esta energía pueden ser debidos a muchas causas:
vida poco saludable, estrés, tensión emocional, falta de energía, alimentación
incorrecta o enfermedades.

Chi kung o Qi gong


El chi kung o Qi gong se puede traducir como “trabajo de la energía vital”: Chi
significa “flujo vital de energía” y kung es “trabajo o técnica”. Mediante esta
terapia se consigue regular el organismo, la mente y el espíritu, y ese equilibrio
entre el cuerpo y la mente se realiza a través de la meditación y el control de la
respiración, cada movimiento y cada pensamiento debe ir acompañado de una
respiración consciente.
La esencia del chi kung está en la sincronización de forma armoniosa de tres
puntos vitales: cuerpo, mente y respiración. Para conseguir esto es preciso seguir
tres fases. La primera sería el control del cuerpo por medio de la relajación. De

164
esta forma se consiguen abrir los canales energéticos y permitir que fluya la
energía vital por ellos de forma adecuada. Después debes regular la respiración
hasta que consigas respirar con un ritmo lento y constante. Para ello puedes
utilizar ocho palabras claves, que hacen referencia a diferentes formas de
respiración: sosegada, suave, profunda, larga, continua, uniforme, lenta y
delicada. Si logras relajar el cuerpo y la respiración, el último peldaño es relajar la
mente y conseguir el equilibrio integral.
Un trabajo realizado por un equipo de científicos del M.D. Anderson Cancer
Center, y publicado en la revista Cancer en enero de 2013, reveló que las mujeres
sometidas a radioterapia para tratar el cáncer de mama en un estadio temprano,
si practicaban chi kung, 5 sesiones de 40 minutos a la semana, tenían menos
síntomas de depresión, fatiga y mejor calidad de vida respecto a las que no
practicaban esta terapia.
El chi kung tiene muy buenos resultados combinado con las sesiones de
quimioterapia según un estudio realizado por la Dra. Feng Li-Da, subdirectora
general del Hospital de Marina de China. Este trabajo demostró que las personas
que habían practicado 2 horas diarias de chi kung durante un periodo de 3 a 6
meses tuvieron entre 4 y 9 veces mejores resultados en determinados efectos
secundarios como la fuerza, energía, apetito, aumento de peso y control de la
diarrea, que aquellas que no practicaron esta técnica.

Tai chi: despierta tu energia vital


Según un trabajo del Wilmont Cancer Center en Rochester, Nueva York,
realizado a un grupo de mujeres que habían recibido tratamiento del cáncer de
mama y que practicaron tres horas a la semana de tai chi durante doce semanas,
se vió que estas mujeres habían experimentado una mejoría en sus funciones
pulmonares y cardiacas y la fuerza muscular. Además esta técnica les proporcionó
una sensación de autocontrol tanto del cuerpo como de la mente y un aumento
de la autoestima, con respecto a las mujeres que habían asistido a un grupo de
apoyo psicosocial. También hay estudios que demuestran la utilidad de esta
técnica para mejorar la osteopenia y osteoporosis en mujeres que están con
terapia hormonal. La realización de ejercicio de tai chi no solo permite estabilizar
el estado de la masa ósea, sino que la incrementa.

165
El tai chi es una técnica oriental milenaria que aporta numerosos beneficios al organismo y
mejora la calidad de vida. Hay estudios realizados a mujeres diagnosticadas con cáncer de
mama que revelan que el tai chi practicado con regularidad fortalece los huesos y los
músculos, reduce la presión arterial, aumenta la capacidad cardiovascular y pulmonar.
También incrementa la energía vital, favorece el equilibrio, aumenta la autoestima,
disminuye los niveles de estrés y ansiedad, mejora la calidad del sueño y proporciona una
sensación de bienestar.

Reiki, energía para el equilibrio


El reiki es una terapia milenaria japonesa que consiste en canalizar energía
mediante las manos, para devolver el equilibrio al organismo. Es algo tan natural
que la puede realizar cualquier persona una vez aprendida la técnica.
El reiki está reconocido por la OMS, y se utiliza de forma habitual en más de
mil hospitales de Estados Unidos y Reino Unido, donde está incluido en el
sistema público de salud desde hace tiempo. En España también se aplica por
medio de voluntarios o el propio personal de enfermería en el área de oncología
de algunos centros hospitalarios como San Juan de Dios y Virgen de la Macarena
en Sevilla y en hospitales madrileños como el 12 de octubre, Guadarrama, Puerta
de Hierro y el Ramón y Cajal. En este último se está llevando a cabo una
investigación sobre los efectos del reiki en pacientes con cáncer.
Se puede decir que es una terapia integral ya que genera un equilibrio y
armoniza el cuerpo, la mente y las emociones, y proporciona un bienestar
integral. A nivel físico son numerosos los beneficios de esta terapia: relaja, ayuda a
dormir mejor, libera las tensiones, alivia los dolores musculares y articulares,
aporta flexibilidad y mejora el movimiento del cuerpo en general. También

166
revitaliza el organismo, aporta una energía extra y elimina el cansancio.
A nivel mental reduce la ansiedad y relaja el sistema nervioso, mejora la
memoria, clarifica las ideas, potencia los pensamientos y la actitud positivos,
ayuda a enfocar los problemas de una forma más sosegada y analítica. Respecto al
plano emocional, libera los bloqueos emocionales profundos, traumas y fobias
para dar tranquilidad y bienestar que ayudan a manejar y gestionar mejor las
emociones y aumentar la autoestima.

Terapias cuerpo-mente
“Primero debes estar tranquilo; luego, tu mente podrá estar serena. Una vez
que tu mente esté serena, estará en paz. Solo cuando estés en paz, serás capaz
de pensar y progresar finalmente”.
CONFUCIO, FILÓSOFO CHINO

Las terapias cuerpo-mente son de gran ayuda para afrontar el impacto del
diagnóstico, los efectos secundarios de los tratamientos oncológicos y la
adaptación a la enfermedad.
Estas técnicas son sencillas de aprender y realizar, y cada día se están
utilizando más como terapias de apoyo para mejorar el estado anímico, la forma
de afrontar la enfermedad y la calidad de vida de los pacientes con cáncer. Estas
terapias incluyen desde posturas de yoga, ejercicios de respiración, relajación,
meditación, visualización, terapia artística, música y baile.

El yoga, unión entre cuerpo y mente


El yoga se ha convertido en una de las terapias de apoyo más utilizada en el
cáncer de mama, debido en parte a que es una de las técnicas cuerpo-mente más
difundida y, sobre todo, a los beneficios que aporta no solo a nivel físico, sino
también, en el plano mental y emocional.

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Las posturas de yoga (asanas), los ejercicios de respiración (pranayama), relajación y
meditación (dhyana), ayudan a reducir el estrés asociado al tratamiento, mejoran la
capacidad física y el estado de ánimo mientras se sigue la terapia. Las asanas aumentan los
niveles de energía mejorando el funcionamiento de los órganos. Los ejercicios de respiración
ayudan a liberar la tensión y reestablecer el equilibrio y la calma. La meditación mejora la
claridad de los pensamientos, permite hacer frente a los miedos que van surgiendo y aceptar
la realidad de la enfermedad.

«Durante los tratamientos el yoga fue uno de mis mejores aliados. Cuando lo
practicaba me sentía con más vitalidad y de mejor humor».
Almudena

Beneficios demostrados
Según un estudio realizado por la Universidad de Texas con el MD Anderson
Cancer Center a mujeres con cáncer de mama en tratamiento de radiación,
además de mejorar la fatiga extrema, el yoga proporciona muchos otros
beneficios.
Cuando las pacientes, además de las asanas, hacían ejercicios de respiración,
relajación y meditación, experimentaban un descenso de la presión arterial, la
frecuencia cardiaca y los niveles de cortisol, la hormona del estrés, y la sensación
de dolor era menos intensa. También había un aumento del flujo linfático, un
fortalecimiento del sistema endocrino e inmunológico y mejoría de la fuerza
muscular, flexibilidad y equilibrio corporal. En definitiva, se produjo una mejora

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significativa de la salud en general. Además, las mujeres también mejoraron en la
actitud positiva a la hora de afrontar la enfermedad.
Un trabajo realizado en el Centro Médico de la Universidad de Rochester,
Nueva York, y financiado por el Instituto Nacional del Cáncer estadounidense,
reveló que el yoga practicado con regularidad puede ayudar a tener una mejor
calidad de sueño.
Además, también puede favorecer el sistema linfático para eliminar los
desechos y las toxinas celulares. Un ejercicio muy útil para estimular la linfa, para
que fluya por todo el cuerpo y, además, te llene de energía, es el surya namaskar,
“Saludo al sol”. Se trata de una secuencia de doce asanas realizada de manera
dinámica, ordenadas de forma que se alternan estiramientos de columna hacia
adelante y hacia atrás. Cada asana se realiza alternando inhalación y exhalación.

La respiración
La respiración es un acto involuntario e imprescindible al que no siempre se le
presta la debida atención. En la mayoría de las ocasiones se hace una respiración
corta y superficial utilizando la parte alta de los pulmones, desaprovechando la
capacidad pulmonar. Una respiración profunda garantiza una buena oxigenación
de las células, lo que mejora los procesos metabólicos, aumenta la capacidad
pulmonar, reduce los latidos cardiacos, provoca relajación muscular y mejora el
sistema nervioso, y produce un efecto relajante que ayuda al organismo a hacer
frente a las situaciones de estrés. Además, el aumento de oxígeno también ayuda
a un buen funcionamiento del cerebro, mejora la capacidad mental, favorece la
concentración y la memoria.
Con la respiración le estás diciendo a tu cuerpo cómo sentirse; si las
respiraciones son largas, profundas y lentas tu mente interpreta que todo va bien
y está todo controlado. Sin embargo, si las respiraciones son cortas, agitadas y
fuertes el mensaje que le llega a la mente es de alarma, que algo no va bien. Por
lo tanto, con el ritmo respiratorio puedes calmar tu mente. Un control de la
respiración te ayuda a manejar las situaciones de estrés y tensión, a tener un buen
nivel de energía y un buen estado de ánimo.

Los cuatro tipos de respiración


Alta o clavicular: el aire se concentra en la zona alta de los pulmones y es la más
superficial, la que se utiliza en los momentos de nerviosismo y ansiedad.
Media, intercostal o torácica: se llena de aire la zona media de los pulmones. Se

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realiza con más frecuencia y de forma automática.
Baja o abdominal: se lleva el aire hacia la parte baja de los pulmones: es la más
saludable, ya que aporta una mayor oxigenación al organismo.
La respiración completa aúna las tres anteriores y consigue el pleno de la
capacidad pulmonar. Este tipo de ejercicios son una excelente herramienta para
combatir los estados de ansiedad y disminuir la tensión muscular y proporcionan
una óptima relajación.

Ejercicios de respiración

Controlar la respiración
Con este ejercicio conseguirás un mayor dominio de tu respiración hasta que te
resulte fácil y casi automática.
1. Inspira contando mentalmente hasta ocho, retén el aire mientras cuentas
hasta cuatro y espira completamente mientras cuentas hasta ocho.
2. Coge aire contando hasta cuatro, contén la respiración a la vez que cuentas
hasta cuatro y espira contando hasta ocho.
3. Inspira mientras cuentas hasta cuatro, mantén el aire hasta que cuentes
cuatro, y expulsa lentamente contando hasta dieciséis.
4. Inspira mientras cuentas hasta cuatro, contén la respiración contando hasta
cuatro y expúlsalo mientras cuentas hasta treinta y dos.
Estos ejercicios debes hacerlos con calma, si sientes mareo por el exceso de
oxígeno, deja de practicarlos durante un día, hasta que te vayas habituando.

Respiración energética
Este tipo de respiración es ideal para recargar energía.
Colócate de pie con las piernas ligeramente separadas y los brazos pegados al
cuerpo. Inspira profundamente, levanta los brazos hacia el frente a la altura del
pecho con las palmas de las manos hacia abajo, a continuación, cierra las manos
con fuerza. Con los puños cerrados flexiona los brazos hacia el pecho
manteniendo los codos elevados sin perder la horizontalidad. Después los estiras y
haciendo fuerza como si empujaras un objeto pesado, seguidamente baja los
brazos sin perder esa tensión hasta la posición inicial. Después relaja los brazos y
las manos y exhala soltando el aire con fuerza. Relájate y respira con normalidad.

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Respiración de emergencia
Cuando estés ante una situación estresante, como una analítica o una prueba
médica, puedes recurrir a una técnica de respiración para enviar un mensaje de
relajación a tu mente. Basta con que cierres los ojos y ralentices tu ritmo
respiratorio, contando desde el uno hasta que notes si tu respiración se va
volviendo más lenta. También puedes conseguirlo repitiendo lentamente
“inspirar, espirar” a la vez que centras tu atención en cómo entra y sale el aire,
hasta que notes que la respiración se tranquiliza y también se van relajando tu
cuerpo y tu mente.

El poder de la mente
La mente es una herramienta fantástica si utilizas positivamente sus recursos. Se
calcula que podemos tener más de 60.000 pensamientos al día, y la mayoría de
ellos son negativos: “no seré capaz de hacerlo”, “no estoy preparado”, “¡qué mal
me encuentro!”, “¡estoy cansado!”, por ejemplo. Si los pensamientos son negativos
el organismo percibe una amenaza, se pone en situación de alerta y comienza a
segregar sustancias como adrenalina, noradrenalina, cortisol y determinadas
hormonas. Las células experimentan un pánico, se bloquean y no desarrollan bien
su función. Además, cada pensamiento negativo es una fuga de energía vital que
produce debilitamiento del sistema nervioso y del sistema inmunitario, lo que se
convierte en una puerta abierta a la enfermedad. Por el contrario, cuando recibe
estímulos positivos se activa la producción de hormonas como la serotonina o las
endorfinas que benefician el buen funcionamiento del organismo.
En una enfermedad de este tipo si consigues controlar la mente y tener una
actitud y pensamientos positivos, te ayudarán a enfrentarte de manera más
efectiva a la incertidumbre, al miedo y a las emociones negativas. De esta forma
puedes afrontar y manejar mejor los síntomas de los tratamientos y, además,
conseguirás resultados más óptimos. La visualización y la meditación son dos
técnicas muy útiles para controlar la mente.

Visualización creativa
La visualización creativa es una técnica que ayuda a crear imágenes en la mente,
utilizando la imaginación, no se trata de un sueño ni de un recuerdo. El cerebro
responde a las imágenes que recibe tanto si son reales o generadas por la mente y
no distingue entre ellas. La visualización puede ser una herramienta muy útil para
mejorar todo el proceso de la enfermedad. Aumenta la energía, alivia el dolor y
malestar que puedas tener, mejora las defensas y fortalece el organismo para que

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el tratamiento sea más efectivo. Pero, sobre todo, ayuda a eliminar los
pensamientos negativos que te pueden asaltar, reduce el miedo a las
intervenciones, tratamientos y pruebas, infunda más ánimo y aumenta la
autoestima para llevar todo el proceso de forma más positiva, y mejorar la calidad
de vida.

En algunos hospitales se están empezando a usar estas técnicas para apoyar los tratamientos
del cáncer con unos estupendos resultados. Las personas que utilizan este tipo de ejercicios
tienen una actitud más positiva y una participación más activa a la hora de afrontar y
luchar contra la enfermedad.

Según un estudio de la Universidad de Stanford (EE. UU.), es posible


controlar mentalmente la función cerebral para disminuir el dolor, visualizando
la actividad en la zona del cerebro implicada en la percepción del dolor.
Mediante una resonancia magnética se observó cómo disminuía la actividad
cerebral en la zona afectada según se realizaban diferentes técnicas de
visualización.

Ejercicios de visualización

Lugar ideal de descanso


Este ejercicio es muy útil para relajarte y rebajar los niveles de ansiedad. Puedes
utilizarlo en cualquier momento que te sientas muy nerviosa o agobiada antes de
una prueba, una intervención o durante los tratamientos.
Cierra los ojos, haz tres respiraciones profundas y visualiza un lugar que te
guste, donde te sientas tranquila, en paz, deja que la tensión y la ansiedad se vaya
soltando. Recréate en todo lo que hay en ese lugar: la vegetación, el agua, el sol,

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el cielo... Puedes incorporar todos los detalles que quieras, fíjate bien e intenta
visualizar de manera nítida los colores, las formas y las sensaciones. Ese lugar
puede ser una playa, un acantilado, un bosque, un río, la cima de una montaña,
un campo lleno de flores. Después abre los ojos e incorpórate despacio, sin prisas,
tómate tu tiempo.

La tormenta
En los periodos en los que te sientas con mucha ansiedad, este ejercicio será muy
efectivo. Debes hacerlo una vez al día hasta que los niveles de ansiedad vayan
disminuyendo.
Cierra los ojos, haz tres respiraciones profundas y visualízate caminando por el
campo con una mochila en la espalda. De pronto se desencadena una tormenta,
sacas una tienda de campaña de la mochila, la montas y te metes dentro de ella.
Visualiza como estás dentro, protegida de la lluvia que azota la tienda. Esa lluvia
es la ansiedad, pero a ti no te llega, estás protegida. Una vez que termine la
tormenta y aparezca el sol, desmontas la tienda, la guardas en la mochila y sigues
tu camino. Ahora estás bien, la ansiedad se ha ido con la tormenta.

Antes de una intervención quirúrgica


La semana antes de la intervención todas las mañanas de uno a dos minutos
debes hacer el siguiente ejercicio: cierra los ojos, respira profundamente tres
veces y visualízate en la habitación después de la intervención, sin dolor, alegre y
sonriente y recibiendo visitas. Después visualiza cómo te vistes, abandonas el
hospital saliendo por la puerta principal y regresando a casa caminando o en
coche mientras ves cómo te alejas del hospital.

Potenciar la quimioterapia
Haz tres respiraciones profundas con los ojos cerrados. A continuación, visualiza
cómo los medicamentos de quimioterapia son un rayo de luz que entra en el
torrente sanguíneo y va recorriendo todo tu cuerpo, a su paso va eliminando las
células malignas de color negro y respeta las de color blanco, que son las células
buenas.

Manos curativas
Con los ojos cerrados, respira profundamente tres veces y visualiza unas manos
enormes que se colocan sobre los puntos de dolor y absorben todo el malestar.
Cuando se retiran las manos se llevan consigo todo el dolor dejan bienestar.

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Batallón de leucocitos
Cierra los ojos, haz tres respiraciones profundas y visualiza la zona del tumor
donde hay un batallón de leucocitos fuertes y armados, dispuestos a luchar contra
las células cancerígenas; visualiza cómo atacan a las células y cómo las destruyen.
Una vez limpia la zona, abre los ojos.

La cúpula
Con los ojos cerrados, respira profundamente y visualiza una luz dorada que te
rodea por completo formando una especie de cúpula protectora, que crea un
escudo para evitar que cualquier energía negativa o no deseada pueda entrar.
Ahora visualiza una tela que recorre todo el cuerpo limpiando toda la negatividad
y malas energías que encuentra en tu organismo energético. A continuación,
visualiza una luz azul que recorre tu cuerpo invadiéndolo de energía y de
equilibrio.

Meditación: equilibrio y paz interior

Meditación y cáncer
Hay estudios que demuestran que la meditación ayuda a reducir el estrés, los
cambios de ánimo y la fatiga. Además, mejora los patrones de sueño y la calidad
de vida en pacientes diagnosticados de cáncer. Fortalece el sistema inmunológico,
lo que mejora la adaptación y la respuesta al tratamiento de quimioterapia. Está
comprobado que el proceso de curación funciona mejor si el cuerpo está
tranquilo y relajado.

La meditación practicada con regularidad produce cambios en las zonas del cerebro
relacionadas con la empatía, la entidad y el estrés. Por eso provoca calma en la mente,
relajación corporal y proporciona un estado de equilibrio en el organismo. Los ejercicios de

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meditación permiten detener la mente centrándose en un objeto externo, en el pensamiento, la
propia consciencia o el estado de concentración.

Según un trabajo llevado a cabo por el Instituto Canario de Investigación del


Cáncer, la meditación mejora el estado psicológico de la persona haciendo más
fuertes sus defensas para combatir el cáncer. Además, ayuda a ver desde otras
perspectivas la enfermedad y se consiguen reducir los síntomas y la duración de
los mismos. Cuando se practican ejercicios de meditación con regularidad hay
una curación más rápida y menos recaídas, según se demuestra en un estudio
realizado por el Massachusetts General Hospital (EE. UU.).

Mindfulness o conciencia plena


El mindfulness o conciencia plena está basado en la meditación Vipassana, una
antigua técnica de meditación de la India que consiste en tomar conciencia del
momento presente, del “aquí y ahora”. Consiste en prestar atención a
pensamientos, emociones, sensaciones corporales y al ambiente que nos rodea,
sin rumiaciones, aceptándolos como son, sin juzgar si son correctos o no. Nuestra
mente es caprichosa e incansable, salta constantemente como “un mono loco” de
un problema a otro, recreándose en las experiencias dolorosas, en lo que pudo
haber sido y deseando lo que no tiene, por lo tanto, genera un gran malestar.

Diferentes técnicas para meditar


Hay varios mantras que ayudan a la curación y a mejorar la salud:
Sonido universal: “OM” es el mantra más importante de todos, es la
vibración desde la que se originó el universo.
Yo supremo: “SO HAM” que significa yo soy, se utiliza para activar el poder
de la autocuración.
Tara blanca: “OmTare Tuttare Ture Mamma Ayur Puye Gyana Puntin
Kuru Soha”, potencia la salud y la longevidad.
Visualización: Coge una foto tuya antes de tener el cáncer, mírala
fijamente durante un par de minutos mientras respiras profundamente. A
continuación, cierra los ojos y visualiza la foto con el mayor detalle posible.
Afirmaciones: repetir afirmaciones como “yo soy salud”, “me encuentro
bien”, “el tratamiento es muy efectivo en mi organismo”, de 2 a 5 minutos
diarios. También puedes hacer una grabación y escucharla cada día al

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levantarte y antes de dormir.

El objetivo principal de esta técnica es gestionar las emociones, para conseguir


tener un mayor control sobre ellas: se trata de controlar las reacciones
automáticas dejando de actuar de manera inconsciente ante pensamientos y
emociones complicadas. También ayuda a liberar las tensiones y tener un mejor
conocimiento de tu cuerpo y mente para cambiar todo aquello que te afecta de
manera negativa. Además, aporta habilidades para mejorar la opinión de uno
mismo, quererse más, aumentar la autoestima y mejorar la relación que
mantenemos con los demás.
Son numerosos los beneficios que puede aportar este programa: reduce la
tensión arterial al mismo nivel que la medicación, disminuye el dolor, sobre todo
cuando está ligado al estado de ánimo y humor. Hay estudios que demuestran
cómo tras un programa de mindfulness aplicado a enfermos de cáncer, el estado
de ánimo mejoró en un 65%, y disminuyó la ansiedad, la depresión y la tristeza.
También mejoraron los trastornos cardiopulmonares, los gastrointestinales y las
náuseas.

Recargar la energía
Una buena forma de cargarte de energía para todo el día es comenzando la
mañana practicando técnicas de atención plena. No te levantes inmediatamente
después de despertar, tómate un tiempo para ser consciente de cómo te sientes,
toma conciencia de tu cuerpo. Haz estiramientos de las piernas, los brazos, la
espalda, el cuello... Hazlo lentamente prestando atención a cada parte de tu
cuerpo. Después dedica cinco minutos a hacer ejercicios de respiración profunda
centrándote en cómo entra y sale el aire de tu cuerpo.
Aprovecha la ducha diaria para disfrutar de la sensación del agua caliente
recorriendo tu cuerpo. Utiliza el trayecto al trabajo o cuando vayas de compras
para caminar, aparca lejos o bájate una parada antes del autobús. Mientras
caminas centra la atención en tus pies y en tu respiración. También puedes
disfrutar de la comida, centra la atención en los olores, los colores, las texturas,
come y saborea bien los alimentos.

El placer de la música
“La música es para el alma lo que la gimnasia para el cuerpo”.
PLATÓN

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La música no solamente es fuente de placer, sino que también es fuente
inagotable de salud y bienestar. Algo tan sencillo como escuchar una determinada
melodía puede provocar en nuestro organismo multitud de beneficios. Por ese
motivo la musicoterapia se ha convertido en una terapia complementaria
utilizada en el tratamiento del cáncer.
La terapia con música reduce la ansiedad, el estrés y la depresión causados por
los tratamientos o por la enfermedad misma. También tiene buenos resultados en
el tratamiento del dolor y otros efectos secundarios del tratamiento oncológico.
Además, es un excelente soporte emocional que te ayuda a afrontar de manera
más positiva la enfermedad y a mejorar la comunicación con familiares y amigos.
“La música ha sido una de las mejores compañeras de viaje, conseguía animarme
en los momentos de tristeza y también relajarme cuando estaba muy nerviosa».
Almudena

En las sesiones de musicoterapia, a través de diferentes sonidos, silencios,


voces, instrumentos musicales e incluso el baile, se producen cambios en las
ondas cerebrales, en el ritmo respiratorio y cardiaco que se sincronizan con los
ritmos musicales. Cuando utilizamos música clásica o lenta, el ritmo respiratorio y
cardiaco se vuelve más lento. Sin embargo, si escuchamos música más movida los
ritmos corporales se vuelven más rápidos. Otro aspecto importante son los
cambios en los niveles hormonales. Por ejemplo, hay disminución de los niveles
de cortisol, la hormona del estrés, se libera la tensión y las emociones como el
miedo, lo que favorece la relajación y la expresión de las emociones.

La música es más efectiva si comienzas a escucharla antes del procedimiento que durante o
después de él. La música puede ser grabada o en vivo y la terapia puede incluir escuchar
música, escribir canciones, tocar un instrumento, cantar o bailar. Por ejemplo, tocar un
instrumento es una de las mejores técnicas para eliminar el estrés y la ansiedad.

Un estudio publicado en la revista virtual psiquiatria.com, y realizado a mujeres


con cáncer de mama, demostró que la musicoterapia creativa disminuye la
ansiedad, estrés y depresión, y proporciona ayuda emocional que facilita un
mejor afrontamiento psicológico de la enfermedad.
Una investigación realizada por un grupo de científicos de la Universidad

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Múgil de Quebec, en Canadá, y del Instituto Neurológico de Montreal, reveló que
escuchar música, además de ser una actividad agradable que produce placer,
incrementa la producción de dopamina en el cerebro. Este neurotransmisor
interviene en la sensación de placer que se produce cuando comemos o tenemos
sexo. Estos cambios en la química corporal ayudan a reducir los pensamientos
negativos y la preocupación por la enfermedad y, además, aumentan la
autoestima.
La terapia musical cada vez se utiliza más en los hospitales para aliviar el dolor.
La música sirve de distracción, produce sensación de control y libera endorfinas,
que ayudan a contrarrestar el dolor. Al parecer hay estudios que indican que
media hora de música clásica produce en los pacientes el mismo efecto que diez
miligramos de Valium.

Cómo utilizar la música


Para que el tratamiento sea efectivo es preciso saber utilizar la música adecuada
para cada persona y cada momento, tu música favorita es la que más puede
ayudarte. Una canción te puede llevar a un estado de ánimo determinado, te
puede provocar alegría, tristeza, relajarte o llenarte de energía.

Música para el insomnio


Según un estudio de la Universidad Louisville de Estados Unidos, las melodías
suaves y pausadas ayudan a dormir. Escuchar música melódica y suave a la hora de
iniciar el descanso provoca que se concilie el sueño con más facilidad, se
duerman periodos más largos y se vuelva a coger el sueño con más facilidad

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cuando te despiertas a media noche.
Las piezas musicales que se utilizaron para el estudio fueron Canon en Re de
Pachelbel, Las cuatro estaciones de Vivaldi y Música del agua de Haendel.

Música para la ansiedad y la depresión


Para la depresión debes buscar temas alegres, con ritmo y energía, aunque
también se pueden utilizar música clásica como Concierto para piano nº 5 de
Rachmaninov, Concierto para violin de Beethoven y Sinfonia nº 8 de Dvorak.
Para la ansiedad los mejores temas musicales son los más lentos, relajados y
suaves, que crean calma y serenidad. Las piezas más relajantes son las sonatas y los
conciertos de piano de Mozart, Bach, Haendel, Beethoven, Strauss y Debussy.
Para conseguir una buena relajación también resulta muy efectiva la música
instrumental suave, como Vangelis, Moby, Enya, o el chill out y New Age.
Los sonidos de la naturaleza resultan muy relajantes. Por ejemplo, el rugido
del oleaje marino constante y rítmico disminuye la presión sanguínea y crea una
atmosfera de relajación y tranquilidad, por lo que es una buena técnica para
conseguir un buen descanso y conciliar el sueño. El sonido de la lluvia tiene un
alto poder relajante, al igual que el rugido de una cascada, el canto de los pájaros,
el croar de las ranas o los sonidos del bosque.

Ponte en forma
Cuando te encuentras tan cansada que hasta la más simple de las tareas cotidianas
te supone un gran esfuerzo, que te propongan hacer ejercicio puede resultar
paradójico. “Si no puedes con tu cuerpo, ¿cómo vas a hacer ejercicio físico?”.
Hace tiempo se pensaba que los enfermos de cáncer debían descansar y evitar
hacer ejercicio. Afortunadamente hoy se considera que el ejercicio físico es uno
de los mejores aliados para mejorar la calidad de vida y tener una buena
recuperación del cáncer en todas sus facetas: física, mental y emocional. Está
demostrado que el exceso de descanso merma las reservas de energía, pues los
músculos y los huesos se debilitan de tal manera que pueden llegar a convertir las
actividades diarias en una auténtica odisea.

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Ahora bien, no se trata de correr una maratón, basta con hacer ejercicio
moderado, como caminar unos minutos al día, nadar, hacer pilates, yoga o tai chi
para aumentar tu energía y resistencia. Permitirá que tus músculos y
articulaciones se fortalezcan. Una vez terminadas las terapias y superado el
cáncer, la actividad física se convertirá en una de las mejores bazas de las que
dispones para lograr una buena recuperación, reducir las probabilidades de
recidivas y hacer que la vida resulte más fácil. Según un estudio titulado A moverse
más realizado por la institución británica MacMillan Cancer Support, es suficiente
con dedicar 150 minutos semanales a ejercitarse para obtener beneficios.
Es más, haciendo referencia a un estudio realizado por investigadores de la
Universidad de Yale, en Estados Unidos, y publicado en la Revista de Oncología
Clínica, las mujeres diagnosticadas con cáncer de mama que caminan con
frecuencia tienen un 45% más posibilidades de sobrevivir que aquellas que no
practican ejercicio y, además, aquellas que hicieron ejercicio con regularidad
durante un año antes de ser diagnosticadas tenían un 30% más posibilidades de
superar el cáncer.
«Camino a diario y realizo ejercicios que me enseñaron en rehabilitación y de
esta manera me mantengo en forma».
Isabel

Una investigación publicada en la revista Cancer Epidemiology, Bio-markers and


Prevention, en el que participaron más de 73.000 mujeres postmenopáusicas
controladas durante 20 años, reveló que las que caminaban como media unas
siete horas a la semana tenían un 14% menos riesgo de padecer cáncer de mama.
Este porcentaje se elevaba al 25% en las mujeres que hacían un ejercicio aeróbico
más intenso.
«Cuando más mejoría noto es cuando practico ejercicio. Salgo a andar y a correr,
también hago pilates y voy al gimnasio».

180
Teresa

Son numerosos los beneficios que puede aportar practicar ejercicio con
regularidad. Aumenta las defensas del organismo, lo que permite una
recuperación más rápida y, además, evita posibles complicaciones en el
organismo. Mejora la capacidad pulmonar, la absorción y el transporte del
oxígeno, la eliminación de desechos de la actividad celular y mejora la
musculatura respiratoria. Esto permite que puedas llevar a cabo de forma
prolongada actividades que antes no podías mantener porque eran muy intensas.
También tonifica los músculos e incrementa la fuerza muscular, mantiene en
buen estado los huesos y previene la osteoporosis.
Hay estudios que demuestran que muchos síntomas como las náuseas, dolor,
astenia, ansiedad, problemas de sueño y depresión mejoran considerablemente
con la práctica regular de ejercicio aeróbico. La actividad física provoca un
aumento de endorfinas, disminuye el dolor y provoca que se retrase la fatiga, a la
vez que te produce una sensación de vitalidad. También mejora la motivación
personal, la autoestima, la empatía y aumenta el bienestar. Ese es el motivo por el
que te sientes tan bien después de practicar ejercicio y lo que produce el deseo de
volver a practicarlo.

¿Cuál es el mejor ejercicio?


Elegir la actividad más adecuada dependerá de muchos factores y sobre todo de
cada fase de la enfermedad. Durante los tratamientos es probable que te sientas
muy cansada, por lo que será mucho mejor que hasta que vayas cogiendo rodaje
optes por ejercicios como caminar, natación, bicicleta, pilates, yoga y tai chi. Una
vez que empieces a sentirte con fuerzas y más recuperada puedes practicar el
ejercicio que más te guste o que te haga sentir mejor.

Caminar
Una actividad tan sencilla y gratificante como caminar aporta un sinfín de
beneficios tanto físicos como psíquicos. Cuando caminas se tonifican los músculos
y pones a punto la estructura ósea, pues aumenta la densidad de los huesos y
previene la osteoporosis. También se mejora el funcionamiento de las
articulaciones, y se consigue más agilidad y flexibilidad, lo que disminuye el riesgo
de lesiones. Otro de los grandes beneficios de caminar es que activa el sistema
cardiovascular, ya que aumenta la capacidad de bombear sangre al corazón. A
nivel mental esta actividad también aporta muchas ventajas pues libera la tensión,
la mente se relaja y mejora el estado de ánimo tan denostado por esta

181
enfermedad.
«Aunque tenga molestias, salgo a caminar todos los días por el campo, me viene
muy bien porque me da mucha vitalidad».
Candy

Elige siempre que sea posible pasear por el parque, el campo o la playa, ya que
además de ejercitarte, puedes respirar aire más puro y desconectar tu mente de
todas las preocupaciones. En la naturaleza hay una mayor concentración de iones
negativos, que incrementan la capacidad de oxígeno sobre el nivel celular.
También regulan la serotonina en el cerebro, neurotransmisor responsable de
nuestro estado de ánimo.

Natación
Con la natación puedes adaptar perfectamente los ejercicios a tus necesidades y
los resultados suelen ser más rápidos. Al tener el cuerpo sumergido en el agua los
movimientos son más fáciles, y ya que no hay tanta presión sobre las zonas
afectadas, se pueden recuperar la movilidad y la fuerza sin causar lesiones.
Además, todos los músculos trabajarán por igual sin sobrecargar ninguna parte
del cuerpo, porque los tonifica y aporta mayor flexibilidad, alivia la fatiga crónica
y la atrofia muscular producida por la inactividad durante el tiempo de
tratamiento.
En el caso de linfedema, los ejercicios en el agua estimulan el drenaje
linfático, las contracciones musculares actúan sobre los vasos linfáticos
produciendo un drenaje. Sobre todo, debido al efecto de flotación es más sencillo
mover y ejercitar el brazo afectado.

Pilates
El pilates es una buena opción para recuperar la forma. Solo tiene ventajas, se
puede practicar desde cualquier nivel y no es preciso hacer un gran esfuerzo. Los
ejercicios son una mezcla de gimnasia, rehabilitación de traumatología y yoga,
son sencillos y se practican en el suelo, por lo que no entrañan ninguna dificultad
y los puede realizar cualquier persona. Esta actividad ayuda a tonificar y reforzar
los músculos, fortalece la espalda (así evitarás futuras lesiones) aumenta la
flexibilidad y ayuda a mejorar la postura. También es una buena terapia para
disminuir la fatiga, el dolor, la tensión y permitir un mejor control de tu cuerpo.
Además, reduce la ansiedad, la depresión, mejora el estado emocional y la
autoestima, lo que provoca una sensación de satisfacción y control de tu vida.

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Después de la mastectomía, los ejercicios de pilates pueden ayudar a recuperar la
movilidad del brazo y hombro, y a reforzar los músculos pectorales e intercostales.
También pueden prevenir el linfedema.

Bicicleta
Montar en bicicleta es una actividad muy completa: hay mejora del sistema
circulatorio, aumenta el ritmo cardiaco y baja la presión sanguínea, lo que reduce
el esfuerzo para el corazón. Ayuda a reducir el colesterol malo y aumenta el bueno,
y ayuda a aumentar la flexibilidad y a mantener los vasos sanguíneos en buen
estado.
Otra ventaja importante es que pedalear estimula el sistema inmunológico,
activa los fagocitos, las células encargadas de erradicar las bacterias y células
cancerígenas. También protege las articulaciones de las rodillas y los tobillos,
pues el sillín amortigua el 80% del peso del cuerpo. Además, los movimientos
cíclicos hacen menos presión sobre las articulaciones y al mover las piernas de
manera regular se fortalecen los músculos de la zona lumbar.

Me siento una superviviente


No me esperaba inaugurar el nuevo siglo con un diagnóstico de cáncer de
mama. Cuando me dieron la noticia me quedé paralizada, no me lo podía creer.
Los siguientes días me los pasé intentando asimilarlo. Tenía 35 años, era muy
joven, lo único que quería era curarme y no me iba a rendir con facilidad. Así que
me mentalicé para llevar lo mejor posible la intervención y los tratamientos.
Como tenía varios tumores tuvieron que hacerme una mastectomía y ponerme
quimioterapia. Todo fue bien durante los 5 primeros años. Fui al médico
pensando que me iban a dar el alta. ¡Qué ingenua! Para mi sorpresa, apareció un
tumor maligno en la otra mama. Otra vez la misma sensación: tristeza,
impotencia y mucho miedo. Pero había que volver a luchar; si salí una vez de
esto, ahora también lo conseguiría.
La intervención resultó más sencilla, pero la quimioterapia fue más fuerte, resultó
muy duro y lo pasé muy mal, ya que tuve muchos efectos secundarios, pero
contaba con el apoyo de mi marido que me escuchaba, consolaba y siempre
estaba pendiente de mí, y con el cariño y la alegría de mis hijas. Como me salió
positiva la prueba del gen BRCA2, me aconsejaron hacer cirugía profiláctica:
mastectomía en la otra mama y ovariotomía. Acepté quitarme el útero y los
ovarios, pero para la mama tardé un tiempo en tomar la decisión. Al final me hice

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la mastectomía y ahora soy verdaderamente feliz porque me he quitado de
encima un gran problema. Estoy contenta, segura de mí misma y, sobre todo, me
quiero, que hacía mucho tiempo que no me quería.
Ahora que ha pasado mucho tiempo, puedo decir en voz alta que soy una
superviviente.
María Jesús Hernández Sesma, 52 años (Tarazona, Zaragoza)

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11. Pasar página después del cáncer

Estar inmerso en una enfermedad de este tipo conlleva un contacto permanente


con el ambiente hospitalario, donde el cáncer se convierte en el centro de tu vida.
Muchas personas no son capaces de desengancharse del mundo hospitalario,
tienen un gran temor a no estar en continuo contacto con sus médicos, lo que
puede generar un sentimiento de abandono y, además, también puede provocar
un trastorno de hipocondría. Otras, por el contrario, dejan atrás ese rol y
consiguen avanzar, e incluso esta experiencia les ha servido para empoderarse y
evolucionar mucho más.
Aunque parezca complicado, una vez finalizadas las terapias es necesario dejar
atrás el papel de paciente y todo lo que implica, para conseguir una pronta
recuperación sobre todo a nivel psicológico y poder recuperar tu vida. Por
supuesto, hay que tener en cuenta cómo han podido afectar determinados
factores como la duración de los tratamientos y las complicaciones que hayan
podido surgir, pero, sobre todo, es muy importante comprobar cómo ha podido
influir la enfermedad en tu vida, en las relaciones con los demás, la forma de ver
las cosas y las situaciones, cuáles son tus prioridades y cómo piensas afrontar tu
futuro.
Al principio te puede costar un poco ya que vas a seguir acudiendo al hospital
para hacer las revisiones y, además, es posible que te acompañen algunos efectos
secundarios de los tratamientos que te recuerden la enfermedad. Por supuesto,
dependerá de tu estado de salud. Si es bueno y no tienes molestias te resultará
más fácil, pero si tienes secuelas que te limiten de alguna forma tu día a día, la
recuperación será mucho más lenta. Lo importante es que logres pasar página
psicológicamente y dejar atrás ese periodo. Esto te facilitará la vuelta a la
normalidad e ir retomando tu rutina, tomar contacto con el trabajo, las
actividades de ocio, las relaciones familiares y sociales.

Las temidas revisiones


Una vez terminados los tratamientos, toca ir distanciándose del ambiente médico,
aunque en los primeros meses el contacto todavía es bastante frecuente debido a
las revisiones y pruebas médicas. Los chequeos son necesarios para saber que estás
bien y para el control de los efectos secundarios de las terapias. Si bien es cierto

186
que suelen generar estrés y miedo por el temor a tener una recaída, debes
hacerlos, aunque hayan pasado años.
“Tengo mucho miedo a las recidivas y cuando en las revisiones me dicen que
todo está bien, es el mejor regalo que me pueden hacer».
Candy

La periodicidad, así como el tipo de pruebas que son necesarias para ti, será
en función del tipo de tumor, los tratamientos recibidos y la evolución de tu
enfermedad. Los médicos los decidirán.
En el caso de cáncer de mama, el protocolo son visitas de control con el
oncólogo y ginecólogo y las pruebas se centrarán principalmente en pruebas de
imagen: TAC, resonancia, radiografía de tórax, mamografía y ecografía. También
son necesarios análisis de sangre, poniendo especial interés en los marcadores
tumorales que afectan al cáncer de mama, útero y ovarios, que suelen ser
importantes para el seguimiento y prevención de recidivas.
Es necesario que conozcas cómo va a ser tu seguimiento para que lo puedas
normalizar e integrar en tu rutina. Para ello es conveniente que tengas en cuenta
los siguientes puntos dentro del recuadro siguiente.

Confía en tu equipo médico, ellos conocen bien tu historial


• Consulta todas las cuestiones que no tengas claro acerca de las pruebas. No te
quedes con dudas, la incertidumbre es una mala compañera.
• Piensa que es normal que sientas miedo y preocupación al acudir a las
revisiones.
• Comparte con tus allegados cómo te sientes. Eso hará que te liberes de todas
las emociones negativas.
• Confía en tu potencial para superar la situación y trata de ver el aspecto
positivo.
• Permite a tus familiares que te acompañen a realizar las pruebas y a recoger los
resultados, así te sentirás más arropada.
• Busca apoyo psicológico si notas que no puedes controlar la situación.

Síndrome de la espada de Damocles


Determinados acontecimientos como las revisiones, aniversario del diagnóstico,
de la intervención o cualquier recuerdo de la enfermedad pueden activar el

187
síndrome de la espada de Damocles.
Este síndrome toma el nombre de Damocles, un personaje de la cultura griega
clásica que envidiaba el poder y la riqueza del rey Dionisio II. Este, para darle un
escarmiento, le cedió el trono por un día para que experimentase los placeres del
reino. Cuando Damocles estaba sentado en el trono vio sobre su cabeza una
afilada espada que colgaba de un pelo de crin de caballo y con un mínimo
movimiento podía caer, lo que en Damocles provocaba un miedo constante.
Muchas personas, después del cáncer, aunque intentan llevar una vida
normal, sienten el peligro constante de que el cáncer regrese. Este miedo
constante y desmesurado a las recidivas y a volver a pasar otra vez por los
tratamientos, provoca que cualquier síntoma de una enfermedad común como
un resfriado, una infección, un dolor, pueda sugerir que el cáncer ha vuelto. Este
malestar emocional te vuelve más vulnerable a la enfermedad.
«Ya he pasado por una recidiva. Como no es algo que pueda controlar, procuro
no pensarlo».
Teresa

Cómo afrontarlo
Es necesario tomar medidas para que la enfermedad no siga siendo el centro de tu
vida. Si los pensamientos son muy repetitivos sobre las recidivas y te complican
retomar la actividad cotidiana, es el momento de buscar la ayuda de un
especialista que te oriente sobre cómo seguir adelante.
Rebajar los niveles de ansiedad te ayudará a controlar los miedos e inseguridades
que puedan asaltarte. Sentir apoyo de tus familiares y amigos te proporcionará
seguridad.
Retomar las tareas cotidianas y las relaciones sociales te ayudará a distraerte y a
disfrutar de las actividades que te gustan. Además, facilitan la vuelta a la
normalidad y a tomar las riendas de tu vida. Pero sobre todo servirá para alejarte
del rol de paciente.
No seas impaciente, debes darte tiempo para procesar todo lo vivido hasta el
momento.
Aprende a vivir el presente, el pasado quedó atrás, y a no obsesionarte ni
anticiparte a lo que está por venir.
Ver la experiencia de la enfermedad con otro prisma. Has superado un duro
proceso y eso te da fortaleza.

188
Trastorno por estrés postraumático
Hacer frente al cáncer puede generar mucha tensión, miedos e inseguridades, y si
no sabes manejar todas las emociones puedes sufrir un trastorno por estrés
postraumático (TEPT). Se trata de un trastorno de ansiedad que puede surgir a
raíz de una situación que ponga en peligro la vida, como puede ser el diagnóstico
de un tumor o la recurrencia del cáncer. El TEPT suele aparecer una vez pasado
el suceso, en este caso la enfermedad, ya que cuando estas inmerso en ella tienes
todas las energías puestas en salir adelante, y una vez finalizados los tratamientos,
es cuando aparecen o se agravan los síntomas existentes. En cuanto al tiempo,
pueden ser unos meses después del tratamiento y en casos más severos se puede
prolongar incluso años.
Para prevenir el estrés postraumático es necesario que prestes atención a tu
estado psicológico y emocional durante toda la convalecencia y pedir ayuda
cuando lo veas necesario. También es importante saber lo que puedes esperar
una vez terminados los tratamientos, para que no tengas unas expectativas muy
exigentes, ya que si no se cumplen te puedes sentir frustrada.
Hay determinadas señales de alarma que indican que tienes un trastorno de
estrés postraumático, como pensar continuamente en la experiencia del cáncer,
tener pesadillas recurrentes sobre la enfermedad, evitar personas, lugares o
situaciones que te recuerden ese periodo. También pueden aparecer otros
síntomas como dificultad para dormir bien, falta de apetito, irritabilidad
descontrolada, sensación de desamparo, crisis de llanto sin causa justificada,
excesivo nerviosismo, tristeza y depresión.
Todos estos síntomas pueden afectar a tu capacidad para afrontar tus
actividades cotidianas y, por supuesto, a tu calidad de vida, que se va a ver
alterada.

Cómo afrontar el TEPT


Ante la aparición de cualquiera de los síntomas antes mencionados debes
consultarlo con tu médico para que valore la forma de actuar: tratamiento,
terapia psicológica, grupos de apoyo, etcétera.
Hay determinadas pautas que te pueden ayudar a mejorar algunos síntomas:
Procura dormir suficientes horas, te ayuda a reducir el estrés.
Lleva una dieta saludable donde predominen alimentos frescos, frutas, verduras
y cereales integrales. Elimina en la medida de lo posible todos los productos

189
procesados y sustancias excitantes como cafeína y nicotina.
Rodéate de amigos que sean positivos y que te apoyen con los que puedas
compartir tus experiencias, dudas y temores. Aléjate de personas que sean tóxicas
o muy negativas.
Puedes buscar grupos de apoyo de personas que hayan pasado por experiencias
similares, para compartir vivencias.
Practica ejercicio con regularidad para reducir la tensión. También puedes
utilizar terapias como los masajes, musicoterapia, ejercicios de relajación,
visualización y meditación, que ayudan a manejar el estrés.

Cambio de valores
«Hay un antes y un después de la enfermedad, ves la vida de otra manera, das
importancia a cosas que antes no valorabas, y dejas de apreciar las cosas
superfluas».
Isabel

Si hay un aspecto en el que coinciden todas las personas que han pasado por
un cáncer es que “hay un antes y un después de la enfermedad”. De alguna
manera experimentas algún cambio en la manera de afrontar la vida, las
prioridades son otras, valoras mucho más la salud y las pequeñas cosas de la vida,
que es donde se esconde la felicidad.
Cuando pasas por este tipo de situaciones, puedes sentirte muy vulnerable y
comprobar que la vida es efímera. Esto puede provocar un cambio significativo en
la escala de valores, das importancia a cosas que antes pasaban desapercibidas y
viceversa.
«He aprendido a vivir el presente, a estar más receptiva a nuevas experiencias y a
disfrutar más intensamente cada momento que paso con las personas que
quiero».
Almudena

Hay personas que siempre buscan el lado positivo de las situaciones y


transforman esa experiencia negativa en una forma de enriquecimiento y
crecimiento personal. Pasar por un cáncer pone a prueba todos los recursos
personales, y tener una perspectiva positiva de esa vivencia te dota de interesantes
herramientas que te pueden ayudar a ver las cosas de una forma distinta y vivir la
vida de una manera más enriquecedora:

190
Tener mayor seguridad y capacidad para afrontar los problemas y las situaciones
complicadas.
Tomarse las cosas de otra manera, vivir con menos estrés y exigencias.
Vivir más “el aquí y ahora”, disfrutar de las pequeñas cosas: un paseo por el
campo, contemplar una puesta de sol o un amanecer, jugar con tus hijos, reírte
más...
Cambio en las prioridades de tu vida: puede ser que antes fuera el trabajo y ahora
sea tu familia, tus amigos, la salud…
Valorar más y estrechar lazos con las personas que tienes a tu lado y que son
importantes para ti, disfrutar más del tiempo con ellos.
Llevar a cabo actividades altruistas, como ayudar a personas que hayan pasado
por la misma experiencia.
Valorar más la salud y llevar hábitos de vida más saludables: eliminar las
sustancias nocivas, tener una alimentación más equilibrada, practicar ejercicio,
pasar más momentos en contacto con la naturaleza, tomar más periodos de
descanso…
«Ahora me he vuelto más paciente y dejo que las cosas fluyan. Además,
aprovecho el tiempo al máximo y me dedico a vivir. Procuro mantenerme
positiva y no dar importancia a las cosas que no la tienen, sobre todo a lo
material, que es reemplazable».
Teresa

Cosas que hacer antes de los 30


En eso estaba yo, en mi crisis de los 30. Tenía una pareja estable, un piso, un
trabajo en el que estaba a gusto y me sentía realizada. ¡Empezaba a ser feliz! Así
que en mi lista mental de cosas por realizar antes de los 30, por supuesto no
estaba superar un cáncer. ¡Pero lo hice!
Cogí la baja en el trabajo, era incapaz de concentrarme en nada, en mi cabeza
solo había una cosa: “cáncer”. No había sitio para nada más, mi mente daba
vueltas en busca de soluciones, alternativas… ¡Algo a lo que agarrarse!
He tenido la suerte de que siempre estuve acompañaba por toda mi familia
cuando iba a las citas médicas, a las pruebas o a los ciclos de quimio, ¡Siempre
íbamos la tropa! Las sesiones de quimio fueron menos traumáticas de lo que
pensaba, me pintaba mis no cejas, me plantaba mi pañuelo, (me los llegué a

191
poner con mucho arte), mi selección de música, un buen libro y a pelear. No voy
a decir que no tuve miedo, pero intentaba que me afectase lo menos posible.
En una revisión con el ginecólogo que me extrajo la corteza me comentó que
estaba premenopáusica, que si quería ser madre natural que no me demorara
mucho. Dicho y hecho, en el primer intento de quedarnos embarazados, lo
conseguimos. Llevo treinta maravillosos meses de maternidad, y de lactancia
materna.
Ya no tengo esa sensación de miedo constante, ni esa ansiedad “inexplicable”. Lo
he sustituido por amor, puro amor.
Rebeca Lucas, 36 años (Valencia)

192
193
12. Ser madre después del cáncer, un
sueño alcanzable

Enfrentarse a este tipo de enfermedades es una experiencia complicada a cualquier edad,


pero cuando eres muy joven te descoloca aún más, porque todavía te quedan muchas
experiencias por vivir, entre ellas una de las más importantes para una mujer, ser madre.
Por tanto, a la preocupación de superar la enfermedad se suma la incertidumbre de poder ser
madre algún día.

«Mi bebe Daniel ha sido para mí un milagro, ya que he tenido un embarazo


natural, sin ningún tipo de problema ni riesgo».
Teresa

Los tumores malignos de mama cada vez son más frecuentes en mujeres
jóvenes que aún no han sido madres. Se calcula que el 25% de las mujeres que
padecen esta enfermedad son premenopáusicas, de las cuales el 15% son
menores de 45 años y entre el 5 y 7% tienen menos de 40 años. Hace años era
muy complicado una futura maternidad debido a la agresividad de los
tratamientos, pero en la actualidad gracias a los avances médicos estas mujeres si
lo desean ya no tienen por qué renunciar a tener hijos. Porque no solo se trata de
eliminar el cáncer, sino también, de conseguir una buena calidad de vida, y ello
pasa por trastocar lo menos posible la vida de la mujer.

194
El cáncer de mama, sobre todo los tratamientos, puede causar infertilidad. La
quimioterapia puede provocar problemas de fertilidad cuando se administra en
mujeres en edad reproductiva, aunque no todos los fármacos quimioterápicos
tienen la misma capacidad de destruir la función de los ovarios y también
depende mucho de la edad de la mujer. Es decir, entre más cerca está la edad de
la menopausia, más probabilidades hay de que el tratamiento provoque
menopausia irreversible. Las mujeres que vuelven a menstruar sufren una
disminución folicular equivalente a 10 o más años de envejecimiento
reproductivo o de 1,5 a 3 años por cada ciclo del fármaco quimioterápicos
ciclofosfamida.
Con la radioterapia, cuando el campo de radiación cubre los ovarios produce
infertilidad en casi la totalidad de los casos. Los tratamientos hormonales y
análogos de la enzima LHRH también pueden afectar a la función ovárica
temporal o definitiva.
Si tienes previsto tener hijos en el futuro, es importante que hables con tu
médico sobre cómo preservar la fertilidad antes de comenzar la terapia.

Técnicas para preservar la fertilidad


Hoy existen diferentes técnicas para poder preservar la fertilidad antes de
someterse a los tratamientos del cáncer que pueden afectar a la función ovárica.
La vitrificación de ovocitos permite que los óvulos maduros obtenidos tras la
estimulación ovárica sean criopreservados para utilizarlos posteriormente con
ciertas garantías, ya que al no haber formación de cristales de hielo la tasa de
supervivencia de los ovocitos es elevada. Esta es la técnica que más se realiza,
sobre todo en las mujeres que no tienen pareja estable en el momento del
diagnóstico.
Esta técnica está desaconsejada en cáncer de mama ya que requiere elevadas
dosis de estrógenos para conseguir la maduración de los ovarios, y el estrógeno
puede estimular el crecimiento del cáncer. Para evitar someter a la mujer a
elevadas cantidades de hormonas, investigadores de la Universidad de Edimburgo
en Reino Unido están desarrollando de manera experimental la maduración de
óvulos en laboratorio.
Otra técnica para preservar la fertilidad es la criopreservación de la corteza
ovárica. Este método permite restablecer la función ovárica, lo que podría
permitir gestaciones espontáneas, y al tener niveles hormonales normales, se
pueden evitar los efectos secundarios de una menopausia precoz. En el proceso
de criopreservación de embriones se obtienen los óvulos de la mujer y luego se

195
realiza una fertilización in vitro y se congelan los embriones.
«En una revisión, mi ginecólogo, que había conservado la corteza ovárica, me
comentó que estaba premenopáusica, que si quería ser madre de manera natural
no me demorara. ¡En el primer intento lo conseguimos, me quede embarazada!».
Rebeca

Además de estas técnicas, los investigadores siguen desarrollando nuevos


métodos para conseguir que la mujer pueda tener hijos después de superar un
cáncer. Según un estudio clínico patrocinado por el Instituto Nacional del Cáncer
y desarrollado por el Estudio de Prevención de la Menopausia Temprana
(POEMS), mujeres jóvenes con cáncer de mama lograron preservar la fertilidad
durante los tratamientos con un fármaco inyectable bloqueador de hormonas que
provocaban menopausia temporal.
Para ayudar a estas mujeres a realizar su sueño de ser madre, científicos del
Instituto de Tumores de Génova en Italia han desarrollado una novedosa técnica
para proteger los ovarios durante los tratamientos del cáncer. Se trata de un
fármaco que simula la acción de la hormona Lhrh, que interfiere en la actividad
de los ovarios creando una especie de protección para los folículos, pequeños
sacos dentro del ovario donde se desarrollan los óvulos, y los resguarda de los
efectos nocivos de la quimioterapia.

Amamantar después del cáncer


«Estoy feliz porque llevo casi treinta meses de lactancia materna exclusiva y hasta
el momento no he tenido ningún problema».
Rebeca

Una de las dudas que suelen asaltar a la mayoría de las mujeres que tienen
hijos después del cáncer es si es aconsejable dar de mamar a sus bebés. Se decía
que podía producir alteraciones hormonales y provocar una recaída. Según las
conclusiones de esta investigación presentada en el congreso anual de la Sociedad
Europea de Oncología Médica en Milán, no hay evidencia de que amamantar
después del tratamiento del tumor de mama entrañe riesgo alguno, ni para la
madre ni para el niño. Por lo tanto, las mujeres libres de la enfermedad si lo
desean pueden dar de mamar a su hijo. Según los autores de una investigación
realizada en el Instituto Jules Bordet de Bruselas (Bélgica): “Las mujeres que han
superado un cáncer de mama no deberían negarse la oportunidad de dar el
pecho a sus bebés”.

196
La lactancia materna reporta muchos beneficios tanto para él bebe como para la madre. Crea
un vínculo especial entre los dos, es el mejor alimento para el bebé, aumenta las defensas,
favorece un crecimiento rápido, les ayuda a prevenir la obesidad y las infecciones durante los
primeros años de vida. La madre se recupera antes del parto, sangra menos y pierde peso
antes. Desde el punto de vista psicológico se ve capaz de cuidar a su hijo y ofrecerle algo que
nadie podría darle. Además, recupera la confianza en sí misma después del cáncer.

Hay que valorar en el caso de cirugía conservadora si ha afectado a la


anatomía de la mama, si se han dañado los conductos por donde circula la leche
o la glándula mamaria que produce la leche. Según estudios realizados, hay una
reducción en la producción de leche en esa mama, así como cambios en la
estructura mamaria que pueden dificultar y hacer doloroso el proceso de
amamantar. Pero no hay ningún problema para amamantar con la otra mama si
está sana.
Lo que no está aconsejado sería amamantar durante el tratamiento, porque a
través de la leche materna se pueden transmitir los fármacos quimioterápicos al
bebé que podrían ser muy tóxicos y provocar graves efectos secundarios.
«Me siento orgullosa de poder dar el otro pecho a mi bebé y ya llevo nueve
meses amamantándolo. La verdad es que era algo que me preocupaba».
Teresa

Cáncer de mama durante el embarazo


El cáncer de mama no suele ser muy común durante el embarazo, solo 1 de cada
3.000 mujeres embarazadas es diagnosticada. Cada vez son más las mujeres que

197
deciden posponer la maternidad y tener hijos a una edad tardía y el riesgo de
tumores malignos aumenta a medida que la edad de la mujer avanza.
El cáncer de mama durante el embarazo se suele diagnosticar en una etapa
más avanzada de lo que se detectaría si no estuviera embarazada, y también es más
probable que se haya diseminado a los ganglios. Esto es debido en parte a los
cambios hormonales que se dan durante el embarazo, que aumentan los niveles
de estrógeno, progesterona y prolactina, y provocan cambios en los senos:
aumento de su tamaño, se vuelven más sensibles, el tejido mamario es más denso
y puede tener protuberancias... todo esto puede dificultar el diagnóstico.
Los tratamientos para controlar el cáncer y evitar que se propague durante el
embarazo deben ser seguros para que no afecten al feto. Hay algunos que se
pueden aplicar, pero otros solo se pueden utilizar después del parto.
La quimioterapia no se puede administrar en los tres primeros meses del
embarazo, ya que durante ese tiempo se desarrollan la mayor parte de los órganos
internos del bebé, además, el riesgo de aborto es mayor en el primer trimestre.
Durante años se pensaba que la quimioterapia causaba daño en el feto con
independencia de cuándo se administraba. Sin embargo, estudios han
demostrado que algunos medicamentos de quimioterapia no aumentan el riesgo
de causar daños o la muerte del feto si se administran en el segundo y tercer
trimestre. Tampoco deben aplicarse después de la semana 35 del embarazo, ya
que podrían reducir el recuento sanguíneo de la madre y ocasionar sangrado e
infecciones durante el parto.
La radioterapia no se puede aplicar durante el embarazo ya que pueden
causar aborto, lento desarrollo del feto y defectos congénitos. Tampoco se debe
administrar la terapia hormonal con tamoxifeno porque puede afectar al futuro
bebé.

Una nueva vida


Mi caso fue una pequeña grieta en el pezón, enfermedad de Paget. Cuando lo
diagnosticaron, me derrumbé. Con 27 años tenía que enfrentarme a un cáncer.
Como no quería ver sufrir a mi familia, acepté con la mayor positividad posible
todo lo que vino después. Tuve suerte porque se detectó a tiempo y no tenía que
pasar por quimioterapia, así que me hicieron una mastectomía y la recuperación
fue asombrosa.
Un año después tuve un nuevo diagnóstico con peor pronóstico, un tumor en la
misma mama, con los ganglios de la cadena interna mamaria afectados y células

198
cancerígenas en el cuello. Pero no me iba a rendir, mi meta era curarme. No tenía
curiosidad sobre nada médico, decidí que no quería saber nada sobre mi cáncer.
Entre esperas conocí al amor de mi vida, Sergio, que era el entrenador de fútbol
de mi hijo Pedro, y nos enamoramos nada más vernos. ¡Eso sí que me hizo revivir!
Yo lo llamo felicidad. Para mí, en estos procesos es muy importante no sentirse
abandonado, tener a alguien que te escuche y deje que realices algunos de tus
sueños. ¡Es un plus para la vida! Mi hijo Pedro me hizo estar mucho más activa, y
su amor incondicional me hacía tan feliz que yo tenía que seguir adelante.
Durante los tratamientos de quimioterapia y radioterapia intentaba estar activa,
salía con mis amigos, hacía ejercicio y procuraba vivir con la mayor intensidad
posible.
Han pasado 7 años, sigo trabajando en la misma empresa y la historia de amor
que empecé con Sergio continúa. Tal es así que en 2016 fui madre. Mi bebé
Daniel para mí es un milagro. El embarazo fue natural, sin ningún tipo de
problema ni riesgo. Además, me siento orgullosa de poder darle el pecho.
Procuro no pensar en el futuro y vivir el día a día, y no me permito dejar de
sonreír ni un solo día. Estoy agradecida por todo lo bueno que me ocurre y,
aunque suene mal, me ha traído el cáncer.
Teresa Tamarit Guadaño, 35 años (Villalba, Madrid)

199
200
13. Volver a la normalidad, la asignatura
pendiente

Una vez terminados los tratamientos, el principal objetivo es cerrar la puerta a esa
etapa, pero no es fácil, ya que no es suficiente con dejar atrás las terapias, también
hay que liberarse del sufrimiento, la incertidumbre y el miedo. Se trata de pasar
página y volver a la normalidad. ¿Pero de qué normalidad estamos hablando, de
la que tenías antes del cáncer o de la que vas a tener después de superarlo? Pues
es evidente que en el organismo se ha producido cambios significativos tanto a
nivel físico como psicológico, que debes integrar en tu vida cotidiana.

Cuídate más
Es necesario que cambies el chip y dediques más tiempo a cuidarte. Debes tener
claro que tu objetivo principal es recuperarte y estar fortalecida para afrontar las
nuevas exigencias de tu vida cotidiana. Además, puede que te acompañe al
principio alguna secuela que te reste energía y que debes integrar en tu día a día.
Descansa suficientes horas, sigue una dieta equilibrada y saludable, practica
ejercicio con regularidad, pasea y disfruta de espacios naturales, aprende
técnicas de relajación y equilibrio emocional.

Quiero volver a trabajar


No cabe duda de que el aspecto laboral es un tema importante que es necesario
tener presente. La mayoría de las personas tienen que interrumpir la actividad
laboral a causa de esta enfermedad, con la consiguiente pérdida económica y las
repercusiones que eso puede tener a nivel familiar. Sin olvidar cómo puede
afectar a nivel psicológico, sobre todo a la autoestima, en aquellas personas que su
trabajo representa una parte muy importante de su vida.
«A los tres meses de terminar los tratamientos volví al trabajo con muchas más
ganas e ilusión, necesitaba estar activa de nuevo».
Nadia

201
Baja laboral durante los tratamientos
La decisión de estar de baja o seguir trabajando va a depender de muchos
factores: tu situación personal, si los tratamientos son más o menos agresivos, el
estadio del cáncer, si está en una fase muy inicial o está diseminado, con lo cual
puede haber síntomas más incapacitantes, el tipo de trabajo que realices, la
fortaleza de tu organismo, tu edad y tu situación económica.
También está el aspecto psicológico, ya que hay personas que están muy
vinculadas al mundo laboral y sienten la necesidad de trabajar y mantenerse más
activas y ocupadas. Si ese es tu caso, tu estado de salud es bueno y el tipo de
trabajo te lo permite, puedes llegar a un acuerdo con la empresa, para que te
conceda bajar el ritmo de trabajo cuando acudas a ponerte los tratamientos o los
días que no te encuentres muy bien. Esto resulta más fácil cuando se tienen
horarios flexibles como ocurre con las profesiones liberales o empresarios
autónomos. Ahora bien, si tu estado de salud no es bueno, los fármacos te
producen muchos efectos nocivos, estás muy cansada o el trabajo requiere mucho
esfuerzo físico o mental, tal vez no puedas llevar el ritmo y generes conflictos en
la empresa. En ese caso es mejor que pidas la baja durante el tiempo que estés en
tratamiento. Si estas acostumbrada a trabajar y a estar ocupada, es bueno que
busques actividades para llenar ese tiempo libre y así evitar desanimarte, ya que la
total inactividad no es nada recomendable. Puedes hacer ejercicio, reunirte con
amigos y hacer actividades lúdicas.
«Tengo un negocio propio, y siempre que me encontraba con fuerza iba a
trabajar, porque era como una terapia estar en contacto con la gente».
Celia

Reincorporación laboral

202
La incorporación al mundo laboral una vez terminados los tratamientos puede
ser muy beneficiosa, no solo desde el punto de vista económico, sino también a
nivel social ya que vuelves a retomar las actividades fuera de casa y las relaciones
sociales con compañeros y amigos. También es un aliciente para fomentar la
autoestima y afrontar nuevos retos personales.
«No tuve problemas para reincorporarme en mi trabajo, aunque durante los
tratamientos estuve de baja porque no podía trabajar».
Teresa

Ahora bien, tienes que valorar cuál es el momento adecuado. No tiene por
qué ser inmediatamente después de finalizar las terapias, es mejor que estés
recuperada física y emocionalmente para que puedas emprender esta nueva etapa
con confianza y ciertas garantías.

¿Podré desarrollar bien mi trabajo?


Es normal que tengas dudas de si vas a poder desarrollar bien tu trabajo, ha
pasado un tiempo y, sobre todo, han cambiado en ti muchas cosas. Puede que al
principio te cueste seguir el ritmo, te encuentres más cansada y mentalmente algo
más lenta, pero con el tiempo irás cogiendo soltura y volverás a estar en plena
forma. Debes reducir tu nivel de exigencia, eliminar las expresiones: “no puedo”,
“es mi obligación”, “tengo que hacer”... Evita la sobrecarga de trabajo y delega o
pide ayuda a tus compañeros cuando la tarea te sobrepase. Pero, sobre todo, no
intentes comparar el rendimiento que tenías antes de la enfermedad con el que
tienes ahora. ¡Quítate la etiqueta de superwoman!
«Después de finalizar los tratamientos tenía muchas ganas de incorporarme a mi
trabajo de enfermera y lo he podido desarrollar sin problemas».
Isabel

Es importante que asumas tu nueva situación para poder recuperar


plenamente tu vida:
• No tienes por qué avergonzarte de la enfermedad, todo lo contrario, ¡eres
una superviviente!
• No trates de aparentar que estás bien si en realidad no es así. No hagas
esfuerzos excesivos.
• Reincorpórate poco a poco, así tanto tu cuerpo como tu mente se irán
acostumbrando al ritmo laboral.

203
• Infórmate de si ha habido algún cambio en tu trabajo, así evitarás sorpresas.
• No olvides que es muy importante que sigas cuidándote. Los especialistas
recomiendan que tu tiempo esté dividido en ocho horas de sueño, ocho de
trabajo y ocho de ocio.
«Durante los tratamientos me dieron una incapacidad para mi profesión. Pero
me la han retirado porque soy joven y estoy libre de la enfermedad, según los
informes. Así que cuatro años después sigo buscándome laboralmente».
Rebeca

Disfruta de tu tiempo libre


Una vez superada la enfermedad puede que tengas más tiempo libre, así que es
un buen momento para tomarte las cosas con más tranquilidad, buscar nuevos
objetivos, mejorar tu formación, desarrollar interesantes proyectos, encontrar
diferentes actividades de ocio, viajar, relacionarte más con familiares y amigos e
incluso hacer nuevas amistades. Según los especialistas, las mujeres que tienen
una buena agenda de ocio tienen una mejor recuperación y se sienten más
felices. No te impacientes, ni precipites tu incorporación al mundo laboral, no es
recomendable que fuerces tu organismo, ni pretendas hacer más de lo que debas.
Está demostrado que un exceso de trabajo con poco tiempo de ocio tiene
consecuencias negativas para la salud. Hay estudios que indican que 60 horas
laborables semanales triplica la posibilidad de desarrollar tumores malignos. El
estrés excesivo y continuado reduce el número de las células Natural Killer que
frenan a las células cancerígenas.
«Me jubilaron a los 37 años. Esto no me afectó porque podía dedicar todo el
tiempo a mí misma y disfrutar de lo que me apetecía».
Gema

Aprovechar al máximo el tiempo de ocio resulta muy satisfactorio. Seguro que


hay muchas actividades que siempre has querido hacer y nunca has encontrado
tiempo. Ahora puede ser el momento, puedes empezar por hacer cosas que te
produzcan una gran satisfacción y centrarte en todos aquellos sentimientos que se
deriven de ellas. Piensa que no solo se trata de hacer actividades para ocupar tu
tiempo, sino disfrutar de ellas plenamente y desconectar de todo lo relacionado
con la enfermedad, el trabajo y las obligaciones cotidianas para conseguir un
equilibrio personal y sentirte bien contigo misma.
«Ya han pasado 30 años y estoy feliz porque puedo disfrutar cada día de mi
familia. Es muy gratificante ver crecer a mis nietos y biznietos».

204
Amelia

A pesar de que esta enfermedad te puede dejar algunas secuelas, también


puede fortalecerte y, además, te brinda la opción de ver la vida desde otra
perspectiva. Hay un mundo lleno de posibilidades y de enriquecimiento personal.
Ahora puede ser tu momento. Recrearte en la enfermedad no te aporta nada
bueno y, sobre todo, no te deja avanzar. Pasa página y ponte en marcha, es
importante “QUE NO SE PARE TU VIDA.”

205
206
Bibliografía

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Barcelona, 1999.
Arranz, L.I., La dieta para el dolor. Amat Editorial. Barcelona, 2018.
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Tratamiento que ayuda a las mujeres jóvenes a preservar la fertilidad durante la
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Índice
Título 2
Créditos 7
Referencias 8
Índice 5
Agradecimientos 10
Prólogo 13
1. Lo que debes saber del cáncer de mama 16
2. El diagnóstico: un duro golpe emocional 31
3. La intervención quirúrgica 42
4. Los tratamientos. Ganar la batalla al cáncer 49
5. Cómo manejar los efectos secundarios 64
6. Saber afrontar la tormenta emocional 96
7. La familia, el mejor apoyo emocional 113
8. Ahora más que nunca, ¡ponte guapa! 118
9. La alimentación, una apuesta segura 129
10. Terapias complementarias 155
11. Pasar página después del cáncer 185
12. Ser madre después del cáncer, un sueño alcanzable 193
13. Volver a la normalidad, la asignatura pendiente 200
Bibliografía 206

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