UNIVERSIDAD DE EL SALVADOR
FACULTAD DE CIENCIAS ECONÓMICAS
ESCUELA DE ECONOMÍA
“El Lunes Negro de 1987”
Catedrático:
Lic. Edgar Javier González Torres
Grupo teórico: 12
Catedra:
Filosofía General
Equipo de trabajo: 5
Nombres Carné
De la Cruz de la Paz, Jennifer Stefany DP19002
García Ordoñez, Ronald Isaac GO18012
Henríquez Cruz, Zuleyma Abigail HC19023
Martínez Mártir, Joshua Vladimir MM19137
Melara Quintanilla, Katherine Esmeralda MQ19015
Sánchez Rodríguez, Javier Ovidio SR19017
Ciudad universitaria, 31 de mayo de 2019
INDICE
Introducción……………………………….…………………………………………… 3
[Link] Histórico.….….……………………………………………………………… 4
Introducción
3
[Link] HISTORICO
2.1 MARCO TEORICO
LUNES NEGRO DE 1987
EL PARQUÉ DE WALL STREET HIZO “CRASH”
El lunes 19 de octubre de 1987, fue el mayor derrumbe porcentual sucedido en un
mismo día en la historia de los mercados de valores, los mercados de todo el
mundo se desplomaron en un espacio de tiempo muy breve.
El famoso Martes Negro (29 de octubre de 1929) ha sido considerado por muchos
como la peor jornada bursátil hasta que llegó el 19 de octubre de 1987 (-23%). Al
día
siguiente, el 20 de octubre, el Times tituló: "Las acciones se derrumban, pero el
rally al cierre anima a los brókers; los banqueros optimistas, continuarán
ayudando".
Bajo este encabezado ilusionista, el rotativo neoyorquino describía el horror de la
sesión:
"Los precios de las acciones se derrumbaron virtualmente ayer, barridos a la baja
con pérdidas gigantescas, en la más desastrosa sesión en la historia de la
bolsa…".
El golpe fue brutal. Tanto que la recuperación fue agónica, renqueante y tardó
años en llegar.
El Castigo a la Banca
“Llegará el día de rendir cuentas, cuando el mercado descienda como si nunca
fuera a detenerse” Esta advertencia del economista e historiador de las crisis
financieras, John Kenneth Galbraith, recogida en un artículo publicado en la
revista The Atlantic en enero de 1987, se reveló profética apenas unos meses
antes del Lunes Negro. El suelo de Wall Street hizo crash, se resquebrajó ese
lunes 19, donde el parqué saltó en mil pedazos. El índice bursátil Dow Jones que
contaba con casi 100 años a sus espaldas se hundió irremisiblemente como nunca
antes lo había hecho. Se desplomó en un único día, que desde ese mismo
instante quedó grabado para siempre en la memoria de los mercados (algunos
analistas insisten que no fue la mayor caída de la historia del Dow Jones, pero
tiene la fama de serlo).
Ninguna otra sesión, ni siquiera las que acontecieron durante el crash de 1929,
igualaba en envergadura a los descensos sufridos durante aquella jornada,
bautizada para la historia como Lunes Negro. De hecho, ningún otro día le ha
arrebatado luego tan dudoso honor. La caída comenzó en Hong Kong, se propagó
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hacia el oeste a través de los husos horarios internacionales, llegó a Europa y, por
último, a Estados Unidos. El índice bursátil Dow Jones bajó 508 puntos,
situándose en los 1739 (22,6%). Hacia finales de octubre, los mercados de valores
de Hong Kong ya habían caído un 45,8%, Australia un 41.8%, España un 31%, el
Reino Unido un 26,4%, Estados Unidos un 22,68% y Canadá un 22,5%. El
impacto fue especialmente duro en los mercados de Nueva Zelanda, que cayeron
un 60% desde el máximo de 1987, y del que tardaron varios años en recuperarse.
En apenas unas horas, los inversores estadounidenses perdieron 550.000
millones de dólares. Tal era la magnitud de una caída que resultó tan brutal y
extensa que no discriminó entre profesionales y particulares. Así, y según recoge
Justin Martin en su obra Greenspan, el hombre detrás del dinero, Warren Buffett
perdió 347 millones de dólares;
Bill Gates, 255 millones de dólares; y la familia de Sam Walton, fundador de los
almacenes Wal-Mart, vio cómo su riqueza menguaba en 1.750 millones de
dólares.
El índice japonés Nikkei 225 bajó un 14,9 por ciento, y los del británico Footsie
100, que cedió un 12,2 por ciento, Acciona lideró las pérdidas (6,5%), Santander
cayó un 5,2%, Popular que se dejó un 5,04%. El resto de desplomes financieros
-en un día en el que nadie en el Ibex terminó en 'verde'- fueron del 4,7% de BBVA
al 2% de Caixabank. Entre los grandes valores, Telefónica retrocedió un 1,77%,
mientras Iberdrola y Repsol sufrieron pérdidas del entorno del 3%. El resto de
plazas europeas también cerraron con pérdidas, que fueron del citado 3,9% de
Milán al 0,7% del Footsie 100 de Londres. En el mercado de divisas, el euro perdió
posiciones frente al 'billete verde' y se pagaba a 1,42 unidades desde las 1,44 con
se inició la jornada.
Cronología Breve
En 1986, la economía de los Estados Unidos comenzó a pasar de forma rápida de
una creciente recuperación a un crecimiento expansivo más lento, que se tradujo
en un "aterrizaje suave" cuando la economía se desaceleró y la inflación se redujo.
El mercado de valores avanzó significativamente, con el Dow Jones marcando su
pico en Agosto de 1987 a 2722 puntos, un 44% más con respecto al año anterior,
que había cerrado con 1895 puntos.
El 14 de Octubre, el Dow Jones descendió 95,46 puntos (un récord entonces) a
2412,70, y cayó 58 puntos al día siguiente, más de un 12% desde el récord del 25
de Agosto. El Viernes, 16 de octubre, el DJIA perdió 108,35 puntos, para cerrar en
2246,74 con récord de volumen. El Secretario del Tesoro, James Baker, declaró
su preocupación acerca de la caída de los precios. Ese fin de semana muchos
inversores empezaron a preocuparse sobre sus inversiones en Bolsa.
Éste se dio por un boom con un rendimiento del 690 por ciento entre enero y
octubre de ese año, y cuyo crecimiento en los precios de las acciones se dio en un
entorno de inflación muy acelerada, que en 1987 alcanzó el 150 por ciento.
El crash se inició en los mercados de Extremo Oriente en la mañana del 19 de
octubre. Más tarde esa mañana, dos buques de guerra de Estados Unidos
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bombardearon una plataforma petrolera iraní en el Golfo Pérsico, en respuesta a
un ataque de Irán con misiles Silkworm sobre el barco con bandera
estadounidense MV Sea Isle City. Las denominaciones de «Lunes negro» y
«Martes negro» también se utilizan para hacer referencia a las caídas sufridas el
28 y 29 de octubre de 1929, tras el desplome del jueves negro el 24 de octubre del
mismo año que marcó el inicio del colapso de los mercados en 1929.
Gráfico del Dow Jones Justo en su mitad se aprecia la caída en picado que
supuso el lunes negro. Otras caídas históricas que tuvieron lugar tras el cierre de
varios mercados fueron el sábado 12 de diciembre de 1914(cuando el Dow Jones
cayó un 24,39 % al cierre del último cuatrimestre a consecuencia del estallido de
la Primera Guerra Mundial) y el lunes 17 de septiembre de 2001, el primer día de
apertura de las bolsas tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 a las
Torres Gemelas del World Trade Center y al Pentágono, en las ciudades de
Nueva York y Washington D. C. respectivamente. Aún hoy, las posibles causas de
este súbito crash son controvertidas, ya que los acontecimientos previos no hacían
presagiar una debacle bursátil de tal magnitud. Existe, por tanto, un cierto grado
de misterio sobre lo que pudo suceder, por lo que ha sido etiquetado como un
evento "cisne negro". A raíz del crash, los mercados de todo el mundo
restringieron los programas de trading, ya que las órdenes que habían llegado
eran tantas que iban más allá de la tecnología informática de la época. Esto
también le dio tiempo a la Reserva Federal y a otros bancos centrales para
inyectar liquidez en el sistema y evitar un descenso mayor. Aunque reinaba el
pesimismo, el Dow Jones tocó fondo el 20 de Octubre.
Causas del Crash
Crash es una caída vertiginosa de las cotizaciones en la mayoría de los valores de
una o varias Bolsas durante un corto periodo. El término comenzó a utilizarse tras
las caídas bursátiles de 1873 en Viena (Austria) ante una reacción de pánico entre
los accionistas, que al mismo tiempo producen órdenes de venta masivas, a la vez
que se paralizan las compras de acciones ante la perspectiva de nuevas bajadas
sucesivas en el mercado de valores.
Entre los “crashs” bursátiles más conocidos están el Crash de 1929, el Lunes
Negro de 1987 y la Crisis de Octubre de 2008. Se siguen discutiendo sus causas
de ese crash del 87 sin llegar a respuestas concluyentes donde los mercados de
todo el mundo se colapsaron de la misma forma. Cuando los inversionistas
escucharon que se estaban dando ventas masivas, comenzaron a llamar a sus
operadores de bolsa. Se barajan muchas causas y teorías:
1. El déficit comercial récord alza de tasas a causa de la elevada inflación, guerra
Irán-Irak y el consecuente problema de suministro de petróleo. Se produjeron
ordenes masivas de venta por efecto domino sin causas macroeconómicas ni
geopolíticas justificables, tan solo un preocupante déficit comercial a nivel macro y
unos bombardeos a unas plataformas petrolíferas Iraníes por parte del ejercito
USA a nivel geopolítico no justificarían semejante caída. El bombardeo de
plataformas petroleras iraníes por parte del Ejército de [Link]. en un contexto de
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creciente especulación financiera desencadena una bajada del 22,61% en el Dow
Jones. El desplome va precedido de un incremento progresivo de los tipos de
interés por parte de la Reserva Federal, una inflación al 3,6% y el precio del crudo
por las nubes motivado por las tensiones entre Irak e Irán y una renta variable en
máximos históricos.
2. La crisis bursátil incluso pilló desprevenido a Alan Greenspan, que hacía dos
meses había sido nombrado presidente de la Reserva Federal de [Link]. (FED) y
que ese lunes volaba a Dallas (Texas) para acudir a una reunión de la Asociación
de Banqueros Estadounidenses. Desde el primer momento, las miradas se
dirigieron a la Reserva Federal (FED). Pero no sólo porque es el banco central de
[Link]., sino porque acababa de estrenar jefe. El 11 de agosto, Alan Greenspan
había tomado posesión como presidente de la FED en sustitución de Paul Volcker.
Nada más acceder al cargo, Greenspan sabía que se avecinaban tiempos difíciles.
En el último año, la tasa de inflación había pasado del 1,9 al 3,6 por ciento. Y
como reconoce Greenspan en su libro La era de las turbulencias, "Wall Street
atravesaba un episodio especulativo". En ese entorno, la FED lo tenía claro: era
preciso subir los tipos de interés. Y así lo hizo a comienzos de septiembre.
Entonces, la atención se centraba en los tipos de descuento, que son los que el
banco central cobra a las entidades por el dinero que les presta, y la institución
norteamericana los elevó del 5,5 al 6 por ciento. Los tipos oficiales subieron en la
misma medida, y pasaron del 6,75 al 7,25 por ciento (analistas apuntan al
endurecimiento del crédito por parte de la FED). Pese a que a Greenspan había
temido el impacto de ese aumento, Wall Street apenas sufrió unos recortes del 2
por ciento en los días siguientes. Y después retornaron las compras sin más
miramientos.
En octubre de 1987 el Dow Jones había engordado. Casi 60 años después del día
en el que algunos operadores saltaran por las ventanas, tenía 2.400 puntos. Y la
pesadilla se concentró en sólo una jornada. El lunes 19 de octubre, un verdadero
lunes negro, los inversores vieron cómo el selectivo de Estado Unidos perdía los
2.000 puntos. Y luego los 1.900 y los 1.800… Siete horas de cotización y un
22,6% menos de valor. Pero el poso de la crisis estaba ahí. "Los signos de
problemas económicos siguieron llegando. A principios de octubre, el miedo se
tornó en algo próximo al pánico", afirma Greenspan. Y llegó el fatídico 19 de
octubre. Y con él los nervios.
Mariano Rabadán, presidente de la asociación de fondos Inverco, recuerda que en
España se sufrió el desplome al día siguiente porque Madrid ya había cerrado
cuando Wall Street se hundió: "El día 20 nos fuimos muy temprano al parqué a
intentar vender lo que se pudiera, porque en algunos valores no había liquidez".
Rabadán, que era responsable de gestión de Grupo March, recuerda que la Bolsa
de Madrid "estaba llena de gente, con los intermediarios operando a viva voz
porque por entonces todavía no había ni pantallas de cotizaciones". "En ese
instante no sabíamos los efectos que podría tener en la economía y los expertos
aparecieron en la televisión para hablar de las similitudes y diferencias con la crisis
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de los 30", añade Richard Reid. Al igual que los inversores, la FED entendió que
no había tiempo que perder. Greenspan suspendió una conferencia en Dallas e
insistió en la necesidad de difundir un comunicado oficial. Breve, pero directo. Al
gusto de Greenspan: “La Reserva Federal, de acuerdo con sus responsabilidades
como banco central de la nación, ha afirmado hoy su disponibilidad para servir
como fuente de liquidez con el fin de apoyar el sistema económico y financiero”.
Cuando aterrizó Alán Greenspan (Presidente de la Reserva Federal Estados
Unidos el año 1987 y 2006) preguntó qué había pasado con la Bolsa y un
ayudante le dijo que había bajado “cinco, cero, ocho” y el presidente de la Reserva
se mostró satisfecho porque entendió que sólo había caído 5,08 puntos, pero la
cara del asesor le reveló que en realidad había caído 508 puntos.
3. Las posibles causas del crash pudieron ser los programas informáticos de
trading. Los profetas acusaron (verazmente) de la crisis al trading automatizado y
a la venta automática de futuros por parte de modelos una vez que saltaban
límites máximos de riesgo. Un congresista de los [Link]., Edward J. Markey,
había advertido acerca de la posibilidad de un crash, declarando que "los
programas de trading eran la causa principal." En estos programas, las
computadoras realizan las ejecuciones bursátiles en base a las entradas externas,
tales como el precio de Securities relacionados. Las estrategias comunes
aplicadas por los programas de trading suponen un intento de participar en el
arbitraje y asegurar las carteras. Muchos culparon a las estrategias de estos
programas por vender las acciones a ciegas cuando los mercados cayeron,
exacerbando así las pérdidas. Algunos economistas teorizaron que la burbuja
especulativa que se produjo hasta Octubre estaba causada por los programas de
trading, mientras que otros alegaron que el crash fue un retorno a la normalidad.
De cualquier manera, los programas de trading acabaron teniendo la mayoría de
la culpa a los ojos del público. El economista Richard Roll considera que el
carácter internacional del crash bursátil contradice el argumento de que la culpa
fue de los programas de trading. Estos programas se utilizaban principalmente en
los Estados Unidos. Por tanto, es difícil explicar que mercados donde los
programas de trading no prevalecían, como Australia y Hong Kong, cayeran
también. Estos mercados podrían haber estado reaccionando a un uso excesivo
de los programas de trading en los Estados Unidos, pero Richard Roll indica lo
contrario. El crash se inició el 19 de Octubre en Hong Kong, extendiéndose a
Europa, y azotó los Estados Unidos sólo después de que Hong Kong y otros
mercados ya hubieran disminuido por un margen significativo.
4. Richard Sylla, de la Universidad de Nueva York, divide las causas en razones
macroeconómicas y de orden interno. Las causas macroeconómicas incluyen las
controversias internacionales sobre el cambio de divisas y los tipos de interés, así
como los temores sobre la inflación. Las razones internas estaban en las
innovaciones con el índice de futuros y los seguros de cartera. Paul Tudor Jones
pronosticó el crash y se benefició de ello, atribuyendo a los derivados
aseguradores de carteras que provocarían un crash y que era algo inminente y
predecible. Una vez que el mercado empezó a ir hacia abajo, los suscriptores de
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derivados fueron forzados a vender en cada bajada, de manera que la venta se
produjo en cascada en lugar de secarse. Cinco años consecutivos de ganancias
en el mercado, máximos en bolsa, una fuerte depreciación del dólar, una fuerte
subida de los precios del crudo y las materias primas, y una gran volatilidad. A lo
que hay que unir el elevado déficit en la cuenta corriente y presupuestos de
Estados Unidos y la aparición de China como el temible rival económico.
5. Otras opiniones lo achacaban al hecho de que había por aquellos días una
fuerte especulación, un fuerte recalentamiento bursátil, una excesiva sobrecompra
generada desde la onda terminal de 1982 que puso punto y final al largo mercado
lateral para unos, bajista para otros, de 16 años de duración. No hay que olvidar
que durante los 9 meses anteriores al crash, el Dow Jones se revalorizó un 30%.
Finalmente, pocas opiniones lo achacaron a las subidas de tipos por parte de la
FED durante el periodo previo al crash.
6. Otra teoría afirma que el crash fue resultado de una controversia en la política
monetaria entre las naciones industrializadas del G-7, en la que Estados Unidos,
queriendo apuntalar el dólar y limitar la inflación, puso restricciones con más
rapidez que los europeos. Bajo este punto de vista, el crash se produjo cuando la
Bolsa de Hong Kong, respaldada por el dólar, se derrumbó, lo que causó una
crisis de confianza.
7. Japón asumía el papel de temible rival económico. “El mercado estaba muy
caro y estaba buscando alguna excusa para reaccionar”, comentaba a varios
medios norteamericanos, John Phelan, el que fuera presidente del New York
Stock Exchange (NYSE). Había temores inflacionistas y la inflación era muy alta.
Los tipos de interés estaban subiendo. Buen caldo de cultivo para que estallase
produciendo el crash del 1987.
8. Una teoría alternativa: las finanzas conductuales. Los adversarios de la
hipótesis de eficiencia de los mercados argumentan que hay movimientos del
mercados inexplicables siguiendo la hipótesis como el lunes negro de 1987,
cuando los precios de las acciones de todo el mundo bajaron con fuerza. No hubo
ninguna noticia que justificase un colapso de tal extensión. Se ha intentado
explicar el hecho por la influencia de los programas de compra informáticos
vendedores o la irracionalidad del comportamiento humano. Las finanzas
conductuales tratan de entender dicho comportamiento y existen estrategias de
inversión que se basan en dicho enfoque. Los acontecimientos relatados
anteriormente son una prueba contundente de lo que ocurre cuando a ciertos
agentes económicos se les permite lo que no se pueden permitir (y no es un juego
de palabras). A los especuladores se les permite hacer mayores negocios de los
que se pueden permitir (tirar con pólvora del Rey o el dinero de todos). Llegar a la
luna en globo… Good for nothing. Para reír o no parar de llorar.
Lo que no se puede consentir es que encima alguien pretenda vender el desastre
como un éxito, como es el caso del presidente ejecutivo de Goldman Sachs, Lloyd
Blankfein cuando sostiene que "los banqueros hacen el trabajo de Dios" (sic); un
9
personaje que a su incuria añade una falta de escrúpulos monumental. Lo que no
se puede tolerar es que a la humillación el señor presidente ejecutivo de Goldman
Sachs añada la burla. "Estamos observando el final de una Era en dos áreas muy
específicas: primero, la desregulación descontrolada de los mercados financieros
globales; segundo, el compromiso inconsciente de recursos humanos y financieros
a la titulización ha alcanzado su apogeo y se contraerá continuamente en el
futuro". Estas palabras proceden de un banquero de Wall Street entrevistado en...
¡1987!, unas pocas semanas después del lunes negro. Su escaso poder predictivo
nos hace plantear dudas sobre las, a veces, indocumentadas profecías que hoy en
día se plantean sobre el futuro financiero.
En palabras de un ilustrado banquero, experto en solvencia bancaria: "Por este
comportamiento, las infinitas crisis bancarias que históricamente han acaecido en
el mundo nunca se han solucionado del todo. El patrón de comportamiento es el
siguiente: banca asume riesgos y termina quebrando cuando el ciclo se da la
vuelta; pide ayuda a Estado que acude al rescate para evitar males mayores en la
economía; el Estado le pide a futuro a la banca mayor prudencia y endurece algo
el control y la regulación, pero sin excesiva rigidez; una vez solucionada la crisis,
el mensaje para la banca ha sido que si todo va bien gana mucho dinero y cuando
se tuerzan las cosas, el Estado le rescatará, por lo que el incentivo de la misma
está orientado hacia la máxima toma de riesgos (riesgo moral creciente); unos
años después, la crisis vuelve a llegar, y el Estado vuelve a rescatar a la banca,
con la diferencia de que esta vez el riesgo tomado fue mayor y
por ello el dinero puesto por el contribuyente para rescatarla también; el riesgo
moral vuelve a crecer de modo que, a lo largo de la historia, se observa que donde
ha habido crisis bancarias, éstas han sido cada vez mayores con el paso del
tiempo y el Estado ha tenido que aportar una proporción creciente del PIB para
rescatar a la banca.
Es simplemente un tema de riesgo moral, la banca actúa con racionalidad
económica (si sube gano, si baja pierden accionistas, acreedores y
contribuyentes), los políticos y reguladores, con racionalidad de comportamiento.”,
“Compre oro y márchese a vivir a una casa en el campo, donde no van a caer
bombas". Ésta es la recomendación de Marc Faber, el inversor que anticipó tanto
la crisis actual como la de 1987, cuando avisó a sus clientes de que vendieran las
acciones de Wall Street días antes del Lunes Negro. "Los Gobiernos están al
borde de la bancarrota y harán cualquier cosa para sobrevivir: primero imprimirán
dinero, y cuando esto no funcione recurrirán a la guerra". Así decía Faber, autor
del boletín mensual The Boom, Gloom and Doom Report, y conocido también
como Doctor Doom (muerte, fatalidad) por sus lúgubres predicciones, en mayo de
2010, en el foro económico Mises Circle, organizado por el Instituto Ludwig von
Mises en Nueva York para analizar la situación de los mercados financieros y la
responsabilidad de los bancos centrales en la actual crisis económica. Aunque la
sobrecompra era notoria meses antes y, por supuesto, se preveía una corrección
Standard en el mercado, los operadores de Wall Street no daban crédito a lo que
sucedió aquel día. Desde finales de agosto de aquél año ya se apreciaba un techo
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de mercado y los analistas Elliotistas ya preveían una segunda onda bajista,
aunque evidentemente no de tales proporciones.
La gran vela roja que dejo el crash tardó 11 meses en neutralizarse. ¿Las causas
posibles del crash pudieron ser por problemas en el mercado inmobiliario, la
sobrevaloración, la especulación, la inflación, la iliquidez y la psicología del
mercado? ¿Pero qué fue realmente lo que pasó? ¿Qué factor provocó un
desplome de tales dimensiones? Las interpretaciones, como suele ocurrir en estos
casos, son diversas.
Los estudios posteriores, algunos de ellos patrocinados por las principales
instituciones económicas norteamericanas, culparon al abultado déficit público que
acumulaba entonces Estados Unidos, que había desvirtuado las expectativas de
los mercados. Otros no olvidaron el repunte de los intereses en septiembre.
"Algunos citaron que el incremento de los tipos de descuento a comienzos de
septiembre fue parte de la mezcla de factores que agitó el mercado", apunta en su
obra Justin Martin.
También influyó lo suyo, sobre todo en la velocidad de las caídas, la nueva
tecnología que acababa de implantarse. "Se acababan de conectar el mercado de
contado de Wall Street y el de derivados de Chicago, y cuando empezaron los
descensos los sistemas de ventas saltaron y produjeron una situación de pánico",
confirma Mariano Rabadán. Y, por supuesto, no faltó a su cita con la historia de la
crisis la euforia previa. "En el otoño de 1986, mi atención se fijó en la operación
especulativa que por entonces tenía lugar en la bolsa, las manifestaciones tipo
casino y en los entusiasmos vinculados a esta situación emanados de la búsqueda
y captura de empresas, de compras de participaciones apalancadas y de la manía
de fusiones y adquisiciones. Nadie negará en serio que los meses y años
anteriores al hundimiento bursátil de 1987 estuvieron caracterizados por una
intensa especulación" asegura categóricamente Galbraith.
Teoría de grandes fluctuaciones en la actividad del mercado de valores
Mark Hulbert, analista financiero de Market Watch, que se basa en el estudio
Teoría de grandes fluctuaciones en la actividad del mercado de valores,
elaborado, entre otros, por el profesor de la Universidad de Nueva York, Xavier
Gabaix. En base a dicho estudio, el analista explica que "los desplomes son una
característica inevitable del mundo de la inversión porque todos los mercados, en
mayor o menor medida, están dominados por sus grandes inversores".
El estudio elaborado por Gabaix señala que cuando los inversores venden en
masa, arrastran al conjunto del mercado y estima que un desplome bursátil de al
menos el 20% en una sola sesión tiene lugar cada 104 años. No obstante, advierte
de que esa situación puede producirse en cualquier momento. Si el Dow Jones
registrara hoy una caída similar a la sufrida el 19 de octubre de 1987, perdería en
una sola sesión más de 3.000 puntos. Actualmente, el índice de industriales
estadounidense se encuentra a tan solo cuatro puntos porcentuales de sus
máximos históricos (los 14.164,53 puntos con los que cerró el 4 de octubre de
11
2007). Según Hulbert, un desplome bursátil como el del ‘Lunes Negro’ es una
amenaza real. "Nos estamos mintiendo a nosotros mismos si creemos que las
reformas regulatorias como los 'interruptores automáticos' (un sistema que permite
restringir los precios a los que se puede vender en corto o al descubierto una
acción, destinados a evitar movimientos especulativos) van a ser capaces de
prevenirlo", señala el experto. El profesor Gabaix recomienda en su estudio que
todos los inversores, ya sean individuos o grandes instituciones como bancos y
fondos de inversión, amortigüen sus carteras para que un desplome similar al del
‘Lunes Negro’ no sea fatal. “Desafortunadamente”, señala Hulbert, “para la
mayoría de los inversores es más fácil decirlo que hacerlo”.
Los valores que sirven como colchón al inversor son un lastre para el rendimiento
de la cartera siempre y cuando el mercado no se desplome. “Después de un
periodo de tiempo largo en el que el mercado no ha sufrido caídas graves, la
presión de tener ese tipo de valores en cartera se vuelve agobiante y los
inversores suelen desprenderse de ese tipo de valores en favor de otros que
generen beneficios a corto plazo”, explica el analista. Además, la existencia de los
citados ‘interruptores automáticos’ puede ser un arma de doble filo. Según Hulbert,
“los reguladores son molinos de viento en su intento por formular reformas que
impidan grandes caídas en los mercados. Peor aún, estos esfuerzos reguladores
adormecen a los inversores incautos en una falsa sensación de seguridad”. La
mejor forma de evitar sustos es no olvidar que los desplomes bursátiles son
cíclicos y que una caída similar a la de 1987 volverá a suceder, tarde o temprano.
Las Bombas de Relojería
Un factor común a varias crisis financieras (1929, 1987) son las bombas de
relojería financiera, como algunos han denominado a los vehículos de inversión
altamente apalancados que terminaron por caer a las primeras de cambio de las
condiciones de restricción del crédito. Funcionaban y actuaban con base en el
endeudamiento, el crédito y la revalorización de los activos en los que invertían.
Conforme la crisis fue avanzando fueron cayendo por las ventas forzadas de
participaciones y ejecuciones de las garantías en las que apoyaban sus
inversiones. El famoso trust financiero de los años 20, híbridos entre fondos y
holding financiero supusieron una gran lección para los mercados y las
autoridades económicas.
Funcionaban y actuaban con base en el endeudamiento, el crédito y la
revalorización de los activos en los que invertían. Conforme la crisis fue
avanzando fueron cayendo por las ventas forzadas de participaciones y
ejecuciones de las garantías en las que apoyaban sus inversiones. Son muchos
los expertos que han alertado sobre las figuras de los fondos de capital riesgo y
los hedge funds. El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean Claude
Trichet, alertó antes del verano sobre el inquietante triángulo de vulnerabilidad que
configuraban este tipo de fondos junto a los productos estructurados de inversión
(SIV). A toro pasado, el tiempo le ha dado la razón. La creación del fondo Mesías
para facilitar la liquidación de las inversiones de estos SIV en el mercado
hipotecario de EEUU ha colocado en el punto de mira los fondos de alto riesgo, los
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holdings, las compañías con deuda en niveles fuera de órbita. Es el principal temor
de la actual crisis.
Repercusiones
ALEMANIA, los factores decisivos son la huida de la deuda española (lo que
eleva el coste de los bonos) y la compra masiva en el mercado secundario de
deuda alemana -considerada como un valor refugio en estos tiempos de
incertidumbre-, lo que rebaja en la misma medida el interés que ha de pagar Berlín
por su papel. En ese escenario, llegó “The Wall Street Journal”, siempre dispuesto
a no ayudar, y desveló -apoyado en fuentes de la eurozona- que Bruselas baraja
la posibilidad de eximir a España e Italia de abonar el siguiente tramo del primer
paquete de ayuda a Grecia. Más tensión. Más desconfianza.
ITALIA, Roma también pago el mensaje, y la prima de riesgo italiana trepó a los
353 puntos básicos, un nivel inédito desde la entrada del país en el euro. La Bolsa
de Milán se derrumbó un 3,9%, la mayor caída en el Viejo Continente y el primer
ministro, Silvio Berlusconi, convocó de urgencia para el jueves a los agentes
sociales a una cita en la que analizar la situación del país.
ESPAÑA, José Luis Rodríguez Zapatero, por su parte, telefoneó a la ministra de
Economía, Elena Salgado, para interesarse por la situación. Salgado, según
fuentes gubernamentales, atribuyó las turbulencias a las dudas tanto sobre el plan
de rescate a Grecia como respecto al acuerdo para elevar el techo de deuda en
Estados Unidos. Al anunciar el adelanto electoral, el jefe del Ejecutivo relativizó el
ataque a España y dejó claro que, aunque más caro, el coste de la deuda es
manejable. El problema, como recuerdan desde hace tiempo los grandes actores
del panorama económico nacional, es que si la prima de riesgo se instala por
encima de los 300 puntos y el interés del bono a diez años se ancla más allá del
6%, la recuperación se alejará a la misma velocidad con que se aproxime el
fantasma del rescate. El acceso al crédito, hoy ya harto complicado, será aún más
difícil, con lo que la inversión y la creación de empleo se convertirían en una
quimera.
COLOMBIA, no obstante, los Índice de Precios de Acciones que venía registrando
una tendencia al alza, continuaron con igual comportamiento como reflejo dela alta
demanda registrada por acciones. Hace veinte y siete años un hecho inesperado
estremeció al mundo y se conoció en su momento como el famoso lunes negro. El
19 de octubre de 1987 la Bolsa de New York colapsó debido a una caída in
precedentes de los precios de las acciones cotizadas en ese mercado. Esta
circunstancia convirtió en pobreza muchos accionistas de la noche a la mañana. El
colapso desencadeno una caída de similares consecuencias en las demás bolsas
de valores internacionales, originando una ola de incertidumbre respecto al futuro
de la situación económica de Estados Unidos y los efectos que tendría ese evento,
especialmente sobre lo que en ese momento se empezaba a conocer en términos
genéricos como países emergentes. Las causas que ocasionaron esa crisis fueron
motivadas por una convergencia entre factores de tipo económico y político. Una
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semana antes las autoridades alemanas proponían un incremento de sus tasas de
internas de interés, lo cual originó un anunció del secretario del Tesoro de los
Estados Unidos de propiciar una mayor devaluación del dólar frente a las
monedas europeas. Los inversionistas creyeron esto como un rompimiento del
acuerdo de cooperación económica internacional firmado en Louvre entre los siete
países más poderosos del mundo, hacía apenas unos meses. El acuerdo buscaba
estabilizar el valor del dólar, mediante el compromiso de Estados Unidos de
reducir su déficit presupuestal y de Alemania y Japón de reducir sus tasas internas
de interés para reactivar sus economías. Este antecedente sumado al enorme
déficit fiscal de Estados Unidos, considerado como el factor económico más
importante que motivó la crisis, desencadenaron la caída de los precios de los
valores en las Bolsas del mundo. Esta nación tradicionalmente ha sido incapaz de
financiar su enorme déficit con recursos de ahorro interno, por lo cual siempre ha
atraído enormes capitales extranjeros para apalancar su crecimiento económico.
Una devaluación del dólar beneficiaría las exportaciones, pero requería un
aumento de las tasas de interés en Estados Unidos, para mantenerlos capitales
extranjeros. Los inversionistas consideraron esto como una antesala que desataría
una recesión con su consiguiente reducción en la inversión y el consumo.
Además, se presentaría un desplazamiento de recursos de las inversiones en
acciones hacia el mercado de certificados a término y de bonos. Ante esta
perspectiva los inversionistas empezaron a vender acciones, pero la psicosis
general se convirtió en una bola de nieve cuando los complejos programas de
computador para operaciones a futuros empezaron a dar órdenes de venta ante la
caída de los precios más allá del índice de futuros de acciones. La pérdida
acumulada por los inversionistas de las tres bolsas de valores más importantes del
mundo, esto es New York, Londres y Tokio, superó los 700,000 millones de
dólares, cifra superior a la deuda externa latinoamericana en ese momento. Estas
pérdidas no fueron totalmente efectivas, toda vez que muchos de los grandes
inversionistas que se vieron afectados por esa crisis eran inversionistas
institucionales, que no salieron a vender acciones, sino que las conservaron en
sus portafolios.
La influencia del colapso inicial de la Bolsa de New York fue inmediata en los
demás mercados, incluidas las bolsas latinoamericanas. En Colombia no obstante,
el Índice de Precios de Acciones que venía registrando una tendencia al alza,
continuaron con igual comportamiento como reflejo de la alta demanda registrada
por acciones. Debe recordarse que hasta ese momento no se había dado la
apertura económica en nuestro país y que aún pre dominaba el sistema de
cambios conocido como Crowling Pego devaluación gota agota, donde el Banco
de la República establecía diariamente el valor oficial de la divisa norteamericana.
MÉXICO, pese al panorama económico poco alentador, México no se encuentra
en condiciones de presentar un crash bursátil, enfatizó Miguel Ángel Corro
Manrique, Director del Departamento de Economía del Instituto Tecnológico de
Monterrey, Campus Estado de México. “Sí, sabemos que hay una desaceleración
de la economía, como bien nos dimos cuenta recientemente durante el Primer
Informe. Ello, nos lleva creer que un crash bursátil para nuestro país está lejos,
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pero el riesgo ahí está”, señaló. ¿Cómo nos afectaría? “Algunas empresas
dejarían de producir, entonces se generaría una escasez de alimentos. Y no sólo
eso, también habría menos empleo. Imaginemos la situación: desempleo y precios
altos. Un escenario complejo”, indica. “A río revuelto, ganancias de pescadores” es
una frase típica en el medio bursátil, que hace referencia a que cuando el pánico
se apodera los mercados, aquellos que tienen paciencia, sabiduría y experiencia
logran pescar excelentes oportunidades de compra. Un ejemplo de gran pescador
es el empresario de origen libanés, Carlos Slim.
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lunes-negro-1987/
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el-parque-de-Wall-Street-hizo-
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