El Renacimiento comienza y se desarrolla en Florencia entre los siglos XV y XVI.
Ese período histórico que sucede a la Edad Media en Europa, que es conocido como el
Renacimiento, comprende todo el siglo XVI aunque sus precedentes se encuentran a
finales del siglo XIV y comienzos del S. XV como uno de los grandes movimientos
culturales, científicos y artísticos de la historia universal.
Fue en la ciudad de Florencia en donde además de surgir tan importante movimiento
cultural renacentista, es desde donde se extiende a Venecia, a otras ciudades vecinas, y a
así, sucesivamente llega al resto de ciudades de Europa. En el marco de esos grandes
acontecimientos, movimientos y procesos sociopolíticos del período feudal, surge
también de manera esplendorosa el llamado Humanismo. El Humanismo y el
Renacimiento ponen en relieve el antropocentrismo que se opone a las ideas y
concepciones geocéntricas radicales; se libera el pensamiento y se abre un movimiento
orientado a descubrir al hombre y darle un sentido racional a la vida, a la investigación,
a la creatividad, tomando ya no tanto a las ideas religiosas, sino centrada en el
pensamiento de los clásicos griegos y latinos o grecorromanos, también llamados
grecolatinos.
En el Renacimiento participaron grandes pensadores, arquitectos, matemáticos,
ingenieros, artistas, escritores, filósofos, mecenas, políticos, banqueros, comerciantes,
navegantes, astrónomos, etc. entre ellos, personajes como Miguel Ángel, Rafael Sanzio,
Nicolás Maquiavelo, Dante Alighieri, Alberto Durero, Sandro Botticelli, Brunelleschi,
Donatello y muchos otros, entre los que destaca la figura del polímata o genio universal
Leonardo Da Vinci.
Con el paso del tiempo y muchos acontecimientos de por medio, así como la Edad
Moderna es posterior a la Edad Media, también la Edad Moderna, le cedió su espacio a
una nueva Edad, que se ubica a partir de la Revolución Francesa (el año 1789) y la
Revolución Industrial, a esta nueva edad histórica a la que se le llama Edad
Contemporánea, que se extiende históricamente hasta nuestros días.
El Renacimiento se caracteriza principalmente por:
Antropocentrismo: el Renacimiento propone el paso de una sociedad y cultura
teocéntrica hacia una sociedad antropocéntrica, en la cual el ser humano sea visto como
el centro del universo. El antropocentrismo se basó filosóficamente en el humanismo
antropocéntrico que inspira un espíritu de libertad de pensamiento, de acción y de
experimentación.
Secularización de la sociedad: fue el proceso mediante el cual los sectores civiles de la
sociedad fueron ganando mayor influencia política, económica y, especialmente,
cultural, con respecto al poder detentado hasta entonces por la clase clerical. Se
flexibiliza la relación de clases en el feudalismo.
Valoración de la antigüedad clásica: en el Renacimiento rescataron muchos
documentos producidos en la antigüedad clásica escritos en latín, griego y árabe, los
cuales fueron traducidos a las lenguas vulgares en beneficio de la secularización, se
popularizaron las bibliotecas públicas y escuelas. Además, se abocaron al estudio del
arte grecorromano o grecolatino.
Aparición de la idea del gentil-hombre: el Renacimiento creó el ideal del hombre
múltiple y docto, que debía conocer y practicar sobre todas las materias.
Racionalismo y cientificismo: los renacentistas estaban convencidos de que todo puede
ser explicado y libremente estudiado, elevar la experiencia a través de la razón y la
ciencia. Por ello florecieron las ciencias y destacaron científicos como Nicolás
Copérnico, Galileo Galilei, Alonso de Santa Cruz, Miguel Servet y el propio Leonardo
Da Vinci.
Individualismo: el Renacimiento favorece la idea de la autoconcepción, autovaloración,
autocalificación y autodistinción del hombre. No debe confundirse con el
individualismo consumista. Por primera vez en la historia del arte, los artistas firman
sus obras y son reconocidos como fuente inspiradora de creatividad, ingenio, talento,
expresión, libertad y sobre todo se reconoce que en la creatividad es fuente de poder y
prestigio.
Históricamente, el Renacimiento fue contemporáneo de la llamada: "Era de los
descubrimientos" por el encuentro sorprendente con otros mundos, otras culturas en
nuevos continentes. Hacia ese nuevo mundo, los europeos se desplazaron para realizar
lo que ellos llamaron descubrimientos y conquistas ultramarinas. Esta «Era» marca el
comienzo de la expansión mundial de la cultura europea, con los viajes portugueses y el
descubrimiento de América por parte de los españoles, lo cual rompe la concepción
medieval del mundo, fundamentalmente la visión teocéntrica. Se cambia por el llamado
Humanismo, rompiéndose las tradiciones escolásticas medievales y exaltando en su
totalidad las cualidades propias de la naturaleza humana.
Con el Humanismo se redescubre al hombre y se crea un sentido racional a la vida
tomando como maestros a los clásicos griegos y latinos, cuyas obras se redescubren
y estudian con nuevos enfoques en los campos de las artes, la política,
la filosofía, las ciencias y los valores humanos.
El desmembramiento de la cristiandad con el surgimiento de la Reforma Protestante, la
introducción de la imprenta entre 1460 y 1480, la consiguiente difusión de la cultura
fueron uno de los motores del cambio. El determinante, sin embargo, de este cambio
social y cultural, fue el desarrollo económico europeo, la enorme riqueza proveniente de
la colonias y el desarrollo de los primeros atisbos del capitalismo mercantil. Es en este
clima cultural de renovación y grandes transformaciones, que paradójicamente buscaba
sus modelos en la Antigüedad Clásica. Surge el Renacimiento en Italia que se expande
por todo el mundo europeo.