Está en la página 1de 7

Filosofía de los egipcios

• La filosofía de los egipcios se


confunde también con su
mitología.

• Estas y otras muchas


creencias vividas por el
hombre egipcio, desarrolló un
poder interno que dio como
fruto el desarrollo, que aun nos
asombra hoy día, a nivel
técnico y científico.
• Su país sufre de continuo
la confusión de los lindes
de las tierras, a
consecuencia de las
periódicas inundaciones
del río Nilo; esto debió
engendrar deseos de
conocer el arte de medir,
y por consiguiente el
estudio de la geometría,
a la cual se dedicaron
efectivamente desde muy
antiguo.
• Egipto consideró a Ra como el
Dios que proporciona la luz y
el calor necesarios, y cuyo
ministro es Thot, el dios lunar,
creador del calendario y el
cálculo, el resto de dioses se
consideraban hijos,
descendientes o parientes de
este dios supremo. Según su
modo de pensar cuando Ra
llora los hombres y los peces
empiezan a existir. (Aún
teniendo sus creencias de
existencia continuaron
preguntándose por la
naturaleza de ese gran dios
que se dio la existencia a sí
mismo).
• Sabemos a ciencia cierta que la
moral egipcia prohibía blasfemar,
engañar a otro hombre, hurtar,
matar a traición, excitar motines o
turbulencias, tratar a persona
alguna con crueldad, aunque
fuera un esclavo propio.

• También se prohibía la
embriaguez, la pereza, la
curiosidad indiscreta, la envidia,
maltratar al prójimo con obras o
palabras, hablar mal o murmurar
de otros, acusar falsamente,
procurar el aborto, hablar mal del
rey o de los padres.
• La prohibición de estas
cosas como malas iba
acompañada con varios
preceptos acerca del
bien obrar, entre los
cuales resaltan los de
hacer a Dios las
ofrendas debidas, dar
de comer al
hambriento, vestir al
desnudo y algunos
otros por el estilo.
• Como base y sanción
de estas
prescripciones
morales, lo egipcios
admitían la
inmortalidad del alma
y el juicio divino
después de la
muerte, con los
premios o las penas
correspondientes a
las acciones
practicadas en vida.
• Según Herodoto, los
egipcios fueron los
primeros que
profesaron el dogma
de la inmortalidad del
alma, pues afirmaban
que cuando el cuerpo
se descompone o
muere, el alma pasa
sucesivamente a
otros cuerpos por
medio de nuevos
nacimientos o
encarnaciones.