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Los Templarios y el camino de Santiago: ¿Defensores de la

cristiandad en tierras hispánicas o guardianes de los intereses


esotéricos?

Las historias que se desarrollan alrededor del camino de Santiago son muy
diversas, hasta tal punto que son abundantes los relatos de apariciones de milagros, santos,
vírgenes y otros tantos personajes celestiales ante la presencia de los peregrinos que por
allí caminan.
El origen del camino data entre los siglos VIII y IX, cuyo motivo de peregrinación
era la salvación y transformación espiritual del ser humano, ya que hablamos de una época
en la que la sociedad se regía por su idiosincrático teocentrismo católico en una España
sitiada por los musulmanes que procedían del Norte de África. La leyenda habla de que,
en la primera venida de Santiago a la Península, el apóstol transita por Galicia, donde
fundó dos Iglesias con el objetivo de la evangelización y recorre, aproximadamente, el
actual Camino hasta Zaragoza, fundando allí el Santuario de la Virgen del Pilar.
No obstante, el motivo de peregrinación a la ciudad de Santiago de Compostela
tiene lugar por la segunda aparición del apóstol en Hispania, la denominada llegada
póstuma, ya que muere degollado en Jerusalén. Sus restos llegan desde Jerusalén a la
Península por el mar dentro de una barca de piedra, y una vez descubierto, se trasladan a
Compostela: lugar denominado así por la derivación de ‘’campus estelae’’ (campo de
estrellas). Un monje asceta, Pelayo, en Iria Flavia tiene una visión en la que aparecen
lenguas de fuego y diversos destellos, además de canticos celestiales. Va a explicarle esto
al obispo Teodomiro, y este llega a la conclusión de que es allí, en ese ‘’ campo de
estrellas’’ (campus estelae) que visualiza Pelayo, donde se encuentran ocultos los restos
del apóstol Santiago.
Cabe destacar que el Camino es, en Europa, una de las más simbólicas
representaciones de la fe cristiana, pues para esa religión es el camino que siguió el
Apóstol Santiago por la Península Ibérica, por lo que se ha convertido en lugar de
peregrinación hasta la tumba donde descansan sus restos, y quizás, junto a los de sus dos
discípulos (Anastasio y Teodosio). Adversativamente, para la antigua tradición el Camino
no acaba en la ciudad compostelana, sino que lo hace en el Cabo de Finisterre.
En torno al Camino, también aparecen los caballeros Templarios, orden militar
fundada en Jerusalén con el objetivo de defender la fe cristiana y a los peregrinos en los
caminos. Fue la orden militar más rica de su tiempo, apoyados por el Papado, de tal modo
que, debido a este gran desarrollo económico, llevaron a cabo su expansión por Europa.
En consecuencia, su llegada a España fue en la época de la conquista musulmana,
con el objetivo de apoyar a las tropas cristianas en la lucha por la Reconquista. Es
destacable su aparición en las líneas fronterizas que delimitaban los territorios cristianos
y musulmanes, como la Marca Hispánica, frontera creada por Carlomagno para frenar el
avance musulmán hacia Francia. También cabe destacar su participación en los conflictos
contra las tropas andalusíes, como en la Batalla de Roncesvalles (758) o, siglos después,

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apoyando a las tropas castellanas dirigidas por Alfonso VIII en la batalla de las Navas de
Tolosa (1212).
No obstante, la estancia de la Orden del Temple en la Península confluyó con la
creación de otras órdenes militares fundadas por los reyes castellanos durante la
Reconquista, tales como la Orden de Calatrava, la Orden de Alcántara o la Orden de
Santiago, establecidas en diversas localizaciones del dominio cristiano para hacer frente
a las tropas musulmanas.
De este modo, ¿por qué una orden militar, procedente de lejanas tierras, se
establece en la Península Ibérica, lugar que ya contaba con la defensa de demás órdenes
autóctonas?
Muchos expertos sobre los Templarios destacan el carácter esotérico de la orden.
Algunos mantienen la idea de que la presencia en la Península de esta organización estaba
ligada a este motivo.
Su interés esotérico sobre el Camino de Santiago se puede explicar por varias
cuestiones:
En primer lugar, el Camino es una representación terrenal del Juego de la Oca,
que en muchos documentos se refleja como un motivo muy vinculado a la orden del
Temple.
Estos mantenían que el juego consistía en el trayecto que debe realizar el ser
humano para llevar a cabo el proceso de transformación y salvación espiritual, y así
culminar en el renacimiento del alma para convertirse en una persona nueva. Para ellos,
y como se puede ver plasmado en el actual juego, el camino terminaba en la casilla de la
muerte, aunque no designaba literalmente a este hecho, sino que la muerte se consideraba
el fin del alma ocupada de pecados y su posterior purificación y renacimiento.
Es por ello, como se menciona anteriormente, por qué el fin del Camino en
Finisterre. Finisterre es el nombre derivado del asignado por los romanos a esta
localización: Finisterrae, el final de la tierra, ya que ese era considerado el punto en el
que terminaba la tierra conocida y comenzaba el angosto y tenebroso fin del mundo, el
Atlántico. Una vez culminado el Camino en este punto, se presenciaba la puesta del Sol
y su posterior aparición, lo que era una analogía del renacimiento del alma: con la puesta
del sol muere el alma, y con su nacimiento llega la purificación. Por lo tanto, el Juego de
la Oca es un símil al Purgatorio cristiano: se debe afrontar las adversidades del largo
camino (infierno) para llegar a la cima de Finisterre (el cielo) y conseguir la transición al
nuevo ser.

En segundo lugar, también ligado al asunto esotérico, son los diferentes enclaves
Templarios repartidos a lo largo del Camino. Se hallan construcciones y simbología
Templaria en diversas localidades: Eunate, Puente de la Reina, Estella, Santo Domingo
de la calzada, Villalcazar de Sirga, Villafranca de montes de Oca, Arroyo de templarios,
Castro de los judíos, León, Astorga, Rabanal, Ponferrada, Lugo, Monte del Gozo y
Santiago de Compostela.

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En la mayoría de estas localidades, son muy frecuentes los casos de milagros,
como en Villalcazar de Sirga (milagro contra los herejes, las energías telúricas de la
Iglesia enfermaba a estos individuos), Santo Domingo de la calzada (milagro de los
gallos, resucitan los gallos cocinados que iba a cenar el corregidor de la localidad por no
salvar a un inocente condenado a la horca), la Iglesia de San Juan de Ortega (milagro de
la luz, cada equinoccio un haz de luz incide a través del capitel e ilumina la escena de la
anunciación).
Varios especialistas aseguran que estas construcciones (Encomiendas, templos,
monasterios, etc.) fueron diseñadas y levantadas por constructores y canteros franceses
que seguían unos criterios marcados por la Orden del Temple, lo que también algunos
aseguran que fue el motivo precursor del estilo románico en España. También se ha de
mencionar el hallazgo de construcciones y demás simbología Templaria repartidas por la
Península, bajo el mismo criterio que aparecen en el Camino de Santiago, por lo que ello
da lugar a la aparición, según la Asociación Cultural Coloquios Históricos de
Extremadura, de la denominada franja mágica: una línea imaginaria que une varios
territorios: Finisterre, Jerez de los Caballeros, Aracela, Caravaca, Peñíscola y Tarragona.
Se cree que fue la zona de influencia en la que estuvieron interesados los templarios
siguiendo sus fines esotéricos.
Una de las construcciones templarias que demuestran este asunto de la franja
mágica es la ermita de San Bartolomé de Ucero, cuya pertenencia al temple consta en la
resolución de un pleito sobre Ucero entre Frey Fernando Escaça, maestre de la Orden de
Calatrava, y Frey Hermindo, maestre de la Orden del Temple
Según relata Juan García Atienza en su libro, La meta secreta de los templarios,
los caballeros templarios elevaban sus construcciones de manera sospechosamente
precisa y bajo un criterio muy cerrado:
Este preciso lugar de Ucero en el río Lobos forma con la cumbre del San Lorenzo
un eje vertical equidistante de los dos extremos clásicos peninsulares, los cabos de Creus
y Finisterre. Y, aún más, este lugar constituye, en el conjunto de las posesiones templarias
peninsulares, un auténtico centro desde el que se pueden situar los enclaves ocultistas
más importantes que la orden poseyó en los reinos medievales. Desde la capilla del Lobos
están perfectamente localizados Ponferrada y Monzón, Toledo, Tomar y Jerez de los
Caballeros, Culla y Castelló d’Empúries, Caravaca y Villaba del Alcor. Desde allí se
puede trazar la franja mágica de tierra por donde discurre la ruta jacobea y pueden
localizarse los principales santuarios protohistóricos de las culturas cantábricas
paleolíticas. Es tal la exactitud del enclave, que incluso justifica la misma estructura de
la cruz Templaria, anuncia en clave sus fines y delata muchos misterios nunca
descifrados que aclaran los porqués de los principales emplazamientos de la orden.

En tercer lugar, la famosísima búsqueda del Santo Grial.


Según recientes estudios, antiguos documentos orientaban la situación del Santo
Grial, el cáliz que usó Jesucristo en la Última Cena, en España, aunque ello ha sido motivo
de controversia ya que muchos historiadores lo han situado en diferentes localizaciones
del mundo, sobre todo en Oriente.

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No obstante, se cree que el cáliz se trasladó, para su protección, a la Península
Ibérica. Por ello, es posible que la presencia de la Orden del Temple en España estuviera
vinculada a este motivo. Es curioso que, a lo largo del Camino de Santiago, se pueden
hallar varios territorios que se han autoproclamado poseedores del santo cáliz: San pedro
de Rocas (Cataluña, por ahí comienza el camino del Mediterráneo), San Juan de la Peña
(Aragón), San Pantaleón (en Criales, Burgos), Santa María de Ferreiros (Lugo).

Por otro lado, ha de mencionarse las hazañas que llevaron a cabo los templarios
en el beneficio de los reinos cristianos peninsulares. Según Rafael Alarcón, autor del libro
A la sombra de los Templarios, esta orden participó directamente en el impulso de la
civilización hispánica. Alega que llevaron a cabo diversas obras públicas, relaciones
diplomáticas e innovaciones económicas:
Desbrozaban, roturaban, desecaban pantanos, explotaban salinas, canalizaban
los ríos y lagunas, cultivaban, abrían nuevas vías de comunicación o reconstruían otras
fuera de uso - especialmente calzadas romanas- reduciendo el peaje o eliminando éste y
otros impuestos que obstruían el comercio, protegiendo a comerciantes y peregrinos;
establecían mercados de los que eran beneficiarios, fundan nuevos pueblos con
colectividades humanas de diversa procedencia, repueblan territorios enteros. Sus
economistas revolucionan el sistema mediante la introducción de la letra de cambio, con
lo que se podían hacer transacciones nominales y viajar tranquilos sin miedo a los robos
de los valores en metálico. Pagan rescates a princesas y reyes, financian la construcción
de los grandes edificios góticos, colaboran en la fusión de las culturas cristiana y árabe
(con la consiguiente transmisión de conocimientos de éstos a aquellos), consiguen en los
territorios por ellos regentados el sincretismo y la tolerancia entre cristianismo,
islamismo y judaísmo; resucitan las milenarias tradiciones esotéricas, fomentan los
contactos entre filósofos e intelectuales de las tres grandes religiones, activan polémicas
constructivas, fundan Universidades y centros de cultura (Escuela de Traductores de
Toledo, Escuela Náutica de Segres, Instituto Luliano de Mallorca, Universidades de
Palencia y Coimbra...); actúan con admirable eficacia en lo político: Independencia de
Portugal, Cortes leonesas de 1188, en la Concordia de "Sotofermoso" entre Alfonso IX
de León y Alfonso VIII de Castilla y en la educación de futuros monarcas como Jaime I
de Aragón o Federico II de Alemania.

Si tales fueron las actividades de los Templarios en la Península, ¿Cuál era el


objetivo de llevarlas a cabo? ¿Qué ganó con ello una orden que se extendía por toda
Europa y por qué ese férreo interés en impulsar y favorecer a la Península?
Pudieron usar esto para ocultar sus verdaderas hazañas en España, y así no
levantar sospechas entre los reyes castellanos, quien, a pesar de regir con una ideología
meramente cristiana, los asuntos esotéricos eran acusados de herejía, hecho que lastraría
los intereses templarios. Además, también podría explicar el por qué obtuvieron un gran
poder en España, ya que el apoyo ofrecido contra los musulmanes y las reformas
desempeñadas por ellos conllevó que los monarcas le otorgaran gran poder, dadas todas
las posesiones que les cedieron diferentes figuras históricas: Ramón Berenguer III,

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Armengol IV de Urgel, Alfonso I el Batallador… y las cuales usaron en beneficio propio
para llevar a cabo sus rituales y misticismos.
En conclusión, a pesar de su apoyo a las tropas cristianas durante la Reconquista
y sus grandes obras filantrópicas en beneficio de los reinos cristianos, la función de la
orden del Temple en el Camino de Santiago fue más una persecución de sus creencias y
las reliquias cristianas, que la protección de los peregrinos durante su tránsito por el
camino además de proteger los credos esotéricos templarios de la amenaza de las tierras
musulmanas. Por su parte, la implantación de construcciones a lo largo del camino, da
lugar a una interpretación de estas como ‘’baluartes’’ templarios y la consolidación del
territorio mágico que aspiraban a seguir en la Península.