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MATRIMONIO DE ALFONSO IX DE LEÓN

CON BERENGUELA DE CASTILLA


UNA HISTORIA DE INTREPIDEZ FEMENINA
H. Salvador Martínez

En mi recién publicada biografía de la reina doña Castilla, había celebrado unas solemnísimas cortes en
Berenguela (Berenguela la Grande y su época, 1180-1246, Carrión de los Condes durante las cuales entregó por es-
Madrid: Ediciones Polifemo, 2012, 929 págs) presento un posa a la mayor de sus hijas, la infanta doña Berenguela,
minucioso estudio sobre una mujer de poder en pleno si- niña de ocho años, al príncipe alemán Conrado de
glo XIII, el gran siglo cruzado, cuyos protagonistas fue- Hohenstaufen, duque de Rothenburg, hijo del emperador
ron hombres, rudos guerreros, al mando de feroces del Sacro Romano Imperio Romano-Germánico, Federico I
mesnadas ávidas de sangre y de botín, que entendían sólo Barbarroja (1152-1190) y de Beatriz de Borgoña. Un mes
el lenguaje de las armas. En este contexto, la presencia de antes de este solemne acontecimiento, allí mismo en Carrión,
una mujer, que por naturaleza se consideraba débil, en ple- Alfonso VIII había celebrado una curia regia durante la
no control del poder, parecería una paradoja; y sin embar- cual había armado caballero a su primo Alfonso IX de León
go, Berenguela llegó al poder sin violencia ni sangre. Nu- y éste, rodilla en tierra, le había besado la mano en señal de
merosos estudiosos de nuestros días se han ocupado de sumisión y vasallaje. Fue un acto que, por sus implicaciones
la feminidad de Berenguela como madre, educadora y so- políticas, dejó pasmados a todos los presentes.
bre todo como mujer de gobierno, frecuentemente dejan- ¿Qué hacía Alfonso IX en aquella curia de la corte de
do de lado cómo se hizo con el poder y sobre todo de qué Castilla? Es posible que la razón de su presencia en Carrión,
medios se sirvió para mantenerlo y ejercerlo sin violencias además de la búsqueda del apoyo de su primo castellano y
ni esparcimiento de sangre. En mi obra, por el contrario, el motivo de hacerse armar caballero, fuese también pro-
pongo de relieve cuáles fueron los métodos y las estrate- movida por los estrategas de la política leonesa como una
gias empleadas por Berenguela y otras mujeres de poder, buena oportunidad para hallar esposa para su rey, ocasión
como fueron su madre y su abuela, todas ellas adornadas nada despreciable dado el gran concurso de la nobleza
de la sabiduría y la prudencia. La prudencia es una virtud europea más selecta, para cuyo objetivo los buenos ofi-
racional con la que los cronistas medievales tradicional- cios de Alfonso VIII, entonces en la cresta de la onda, eran
mente adornaron a las reinas y a las mujeres de poder; una buena palanca. A esta conjetura podemos llegar sólo
pero en el caso de Berenguela, tanto don Lucas de Tuy indirectamente, apoyados en algunas crónicas de la épo-
como don Rodrigo Jiménez de Rada, a la prudencia aña- ca. Aunque no deje de tener mucho sentido político pen-
dieron la sabiduría, ésta tradicionalmente asociada con sar que dicha discusión sobre una esposa para el joven
los varones, reyes y héroes, que iba acompañada de la rey leonés, entre las infantas e hijas de nobles que se ha-
sagacidad y la perspicacia, el tacto y la diplomacia, cua- llaban allí tuviese lugar, a la vista de los resultados, tene-
lidades humanas imprescindibles para percibir los proble- mos que pensar que la conversación entre los dos primos
mas en el momento oportuno y hallar una solución ade- se centró más bien en un posible matrimonio con una de
cuada, justa y razonable. Estas virtudes, según el canon las hijas del rey de Castilla, porque tal unión, desde la
aristotélico, se adquieren con tesón y sin ellas ningún perspectiva de los consejeros leoneses significaba la paz,
gobernante puede ser digno del puesto que ocupa. en lugar de la rivalidad y los conflictos armados que, aun-
No es mi intención, sin embargo, hablar aquí de las cua- que hasta aquel momento no se habían dado, se preveían
lidades morales, el perfil político, o la filosofía de gobierno como inevitables dada la actitud agresiva del rey de Castilla
de doña Berenguela, sino de cómo llegó al trono de León, y la apropiación de castillos y villas en el reino de León
exponiendo cómo el 17 de noviembre de 1197 la infanta de tras la muerte de Fernando II (1188).
Castilla se convirtió en reina de León en virtud de su matri- El mayor problema de un posible matrimonio entre Al-
monio con Alfonso IX, gracias a la intrepidez y el arrojo de fonso IX de León y una de las hijas de Alfonso VIII era la
otra mujer prudente y sagaz, su madre, doña Leonor consanguinidad. Alfonso VIII de Castilla y Alfonso IX de
Plantagenet, reina de Castilla. León eran nietos de Alfonso VII y, por tanto, primos carna-
El matrimonio de Alfonso IX con Berenguela es un he- les entre sí. Las infantas castellanas eran, pues, sobrinas
cho bien conocido; pero lo que no es tan conocido es qué del rey de León y a todas luces consanguíneas en las lí-
fue lo que llevó a aquel enlace contra el cual, se puede neas prohibidas por el derecho canónico. Sin embargo, el
decir, estaban el cielo, la tierra y el abismo, valga la hipér- bien informado autor de la Crónica Latina de los Reyes de
bole. Nueve años antes, en 1188, Alfonso VIII, rey de Castilla nos asegura que efectivamente un tal acuerdo
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Miniatura medieval. Única en la que aparecen Alfonso IX y Berenguela


poco despues del matrimonio
nes de Alfonso VIII, se agravaron hasta tal punto que a
matrimonial tuvo lugar: «Se trató, pues, y procuró que con Burgos llegaban todos los días a las puertas del Hospital
Alfonso, rey de León, se desposara una de las hijas del rey del Rey una interminable multitud de gentes en busca de
de Castilla, contra el mandato de Dios y las leyes canóni- ayuda y protección. A los reductos de la guerra y de la
cas» (cap.11). Años más tarde, en un documento en el que destrucción de habitaciones humanas y cosechas se unían
se alude a esta curia de Carrión se dice que el acuerdo se también los peregrinos que iban o volvían de Santiago los
llevó a cabo «Al tiempo en que se hizo la curia en Carrión, cuales contaban espeluznantes historias de crueldades y
cuando el rey de Castilla entregó como esposa a su hija al atropellos cometidos por la soldadesca del rey de León y
rey de León». sus mercenarios musulmanes. Los extranjeros, que tenían
Esta clara afirmación nos sorprende ya que la cancille- otra idea de la lucha contra los musulmanes, no podían
ría real castellana desconoce el asunto; tal vez porque es- entender cómo un rey cristiano luchase al lado de los ene-
taba poblada de clérigos que se oponían a los matrimonios migos de la cruz contra otros cristianos. La reina doña
entre consanguíneos. Sin embargo, la afirmación de Cró- Leonor, que había sido testigo de las consecuencias de la
nica Latina de los Reyes de Castilla, asimismo escrita por derrota de Alarcos (1195), era ahora también testigo impa-
un clérigo, en la que se dice que un tal acuerdo se llevó a sible e impotente de aquella tragedia humana entre cristia-
término, a pesar de que fuese «contra el mandato de Dios nos, contemplando día tras día aquel espectáculo de mise-
y las leyes canónicas», parece tener un peso incontrover- ria y desolación. En la intimidad con su marido y en públi-
tible. Ahora bien, la princesa objeto del acuerdo matrimo- co con los consejeros de la corte y los numerosos obispos
nial, por exclusión, no pudo ser otra más que Urraca, de que frecuentaban el palacio no cesaba de insistir para que
dos años de edad, nacida en 1186, pues Berenguela estaba se tomasen las medidas necesarias para atajar aquella gran
ya comprometida con el príncipe alemán Conrado (el matri- calamidad entre cristianos y se hiciese lo que fuese nece-
monio nunca se llevó a cabo). sario para resolver aquella inhumana situación.
Terminada la curia de Carrión, Alfonso IX regresó a León En este contexto debió surgir, como una de las posibles
sin la prometida princesa castellana que él y sus conseje- soluciones, la propuesta de paz basada en el matrimonio
ros se esperaban; pero con la promesa hecha a su primo de del rey de León con una de las infantas de Castilla. En
casarse con una de sus hijas, «la que él le diese», y con un aquel momento, 1196, Alfonso y Leonor tenían tres hijas
gran sentimiento de inferioridad por haber aceptado de su que, aunque todas muy jóvenes, podían ser objeto de pro-
primo la orden de caballería y el besamanos público que le puestas matrimoniales (Berenguela de 16, Urraca de 10 y
dejaba ante los ojos de todos los presentes a la ceremonia Blanca de 8). Los consejeros de Alfonso VIII y acaso la
en un estado de sumisión vasallática. Algo muy grave de- reina debieron traer a colación el compromiso que Alfonso
bió ocurrir entre los dos reyes, o sus respectivos conseje- de León había contraído en 1188 de casarse con «una»
ros, pues el rey de León, de temperamento borrascoso, ni hija de Alfonso VIII y aunque la que se le dio en aquel
siquiera quiso participar en los festejos que tuvieron lugar momento (Urraca) no fuese la que él quería, el hecho es
un mes después para recibir al príncipe alemán al cual sería que, tras la separación de su primera mujer, Teresa de Por-
entregada como esposa la hija primogénita, Berenguela. tugal, aquel compromiso se podía reactivar y ahora se le
Sospecho que lo que más le molestó a Alfonso IX y a sus podía ofrecer la princesa que no pudo llevarse entonces.
consejeros, aparte el besamanos público, fue el hecho de El canciller y biógrafo de Alfonso VIII, don Juan de Osma,
que su promesa de casarse con una hija de su primo ex- testigo de los hechos que narra, nos dice: «La paz no pudo
cluía a la primogénita; acción que le dejaba fuera de una llevarse acabo sino por el matrimonio de doña Berenguela,
posible sucesión al trono de Castilla. hija del rey de Castilla, con el rey de León, en un matrimo-
A partir de este momento, Alfonso IX vive su vida de nio de hecho, porque según derecho no era posible, ya
espaldas a Castilla, amargado por el besamanos y las con- que los reyes eran parientes en segundo grado de consan-
tinuas hostilidades de su primo en sus tierras y castillos a guinidad» (CLRC, 15). Es decir, desde el primer momento,
las que el joven rey respondió con extraordinario vigor en las discusiones, independientemente de la escogida, el
bélico. Las consecuencias devastadoras de la guerra que tema del parentesco fue puesto sobre la mesa: por un lado,
a partir de 1195 se desencadenó entre Castilla y León como no podía haber paz, si no había matrimonio; por otro, no
resultado del descontento del rey de León y las ambicio-
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nes. Para ella la paz era el bien supremo de la sociedad; no


podía haber matrimonio si no se conseguía la dispensa del sin motivo adoptó como emblema en su sello y signo roda-
impedimento de consanguinidad. do la paloma y la mano derecha alzada en señal de paz.
En la evaluación de este dilema sin duda pesaba muy Para la emprendedora doña Leonor el mayor obstáculo
negativamente la dificultad de obtener la dispensa en el camino de la paz y del matrimonio no parece que fuera
pontificia; porque una posible desobediencia era impen- el impedimento canónico ni cualquier otra traba de índole
sada ya que arrastraba consecuencias inaceptables para moral, sino la inercia de la política guerrera de su marido y
todo rey medieval de cara a la sucesión: según las normas la agresiva tozudez del rey de León. Para ella éstos fueron
canónicas, si el papa declaraba el matrimonio nulo la prole los dos polos de la controversia y lo que la llevó con un
era ilegítima y por tanto jurídicamente incapaz de heredar arrojo extraordinario a la firme resolución de ofrecer en
el trono, lo cual suponía la muerte de la dinastía. En el matrimonio a Berenguela al mayor enemigo de la paz en
ánimo del padre de la esposa, además del impedimento Castilla, porque de los sentimientos de su hija, el tercer
canónico, pesaban también, y tal vez aún más negativa- polo de posible conflicto, estaba muy segura. Conocía bien
mente, el carácter y las acciones de su primo leonés. La a su hija y aunque, como veremos enseguida, Berenguela
animosidad entre ambos, después de los últimos aconteci- no dejaría de tener dificultades en unirse en matrimonio
mientos, había llegado a tal grado que el cronista leonés con Alfonso IX, estaba segura que al final aceptaría su
don Lucas de Tuy, otro testigo ocular de la escena políti- propuesta, siempre dispuesta a obedecer a su madre por el
ca, desesperaba de un posible entendimiento porque: «Nin- bien del reino. No hay nada de extraordinario en esta acep-
guno de los dos reyes, como dos ferocísimos leones, ha- tación del plan de su madre, cuando tenemos presente que
bía aprendido a ceder». Para Alfonso VIII, la entrega de su también Berenguela era Plantagenet, descendiente de una
hija al inestable rey de León, era tal vez exponerla a malos progenie de mujeres fuertes, conocidas por su carácter
tratos y al reino a un posible chantaje. La prueba de que al firme y con unas ideas claras en la política de sus respec-
rey Noble le embargaron estos temores la tenemos en la tivos reinos.
cláusula que añadió al contrato matrimonial en la que se Antes de seguir adelante con los planes de doña Leo-
contemplaba el caso de que Alfonso IX maltratase o inclu- nor tal vez el lector/a se preguntará: ¿fue el matrimonio de
so llegase a matar a Berenguela. Don Rodrigo Jiménez de Berenguela con Alfonso IX, además de un matrimonio po-
Rada, arzobispo de Toledo y agudo historiador, que atri- lítico, un matrimonio de amor? Si de la conveniencia políti-
buye asimismo la propuesta de matrimonio al deseo de ca y social de la unión matrimonial nos hablan todas las
paz, añade que el noble Alfonso VIII por motivos de con- crónicas, del lado afectivo y personal de los contrayentes
sanguinidad se oponía al casamiento, pero la reina Leonor no nos dicen absolutamente nada. El tema de los senti-
le persuadió a que aceptase la propuesta. mientos personales e íntimos de los protagonistas de la
Doña Leonor Plantagenet, reina de Castilla, descendiente historia los cronistas medievales rara vez lo tocan: la vida
de una estirpe de mujeres excepcionales (pensemos en su afectiva era considerada estrictamente privada y no era
madre, Leonor de Aquitania) fue el modelo de sagacidad objeto historiable, especialmente cuando se trataba de una
política y habilidad diplomática para su hija Berenguela; y mujer y reina. Hablan frecuentemente de las amantes y
fue también, según todos los cronistas de la época y Al- concubinas de los reyes, a menudo sin reprobación algu-
fonso X en su Estoria de España, la mediadora de la paz y na, pero de las aventuras sentimentales de las mujeres,
artífice del matrimonio de Berenguela con Alfonso de León, salvo el caso escandaloso de Urraca de Castilla, ni una
convenciendo, primero, a su marido y, después, al mismo palabra. Podemos sólo intuir algo por la casuística que se
rey de León de la necesidad del matrimonio. Doña Leonor expone en los manuales para confesores o en los de edu-
lo tenía muy claro: la paz y el bienestar del reino eran mu- cación de príncipes, pero éstos se concentran casi exclusi-
cho más importantes que la violación de unas normas ca- vamente en los varones. Es muy probable que Berenguela
nónicas que, queriendo, el papa podía dispensar sin pro- no se hubiese encontrado personalmente y, desde luego,
blema alguno, como había hecho en tantas otras ocasio- nunca a solas, con su futuro esposo. Debió verlo segura-
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mente durante la curia de Carrión en 1188, cuando su pa- cimiento en un asunto tan político como era un matrimo-
dre le ciñó el cinturón de caballero; pero entonces ella nio, era muy ardua para una mujer medieval que frecuente-
tenía apenas ocho años y, desde la perspectiva del pre- mente no tenía más palanca que la de su poder de persua-
sente (1197), debía parecerle un acontecimiento muy leja- sión en el ámbito de la cámara matrimonial, asunto del cual
no, parecido a las fábulas de príncipes y princesas que oía hablo más adelante. Sin embargo, don Rodrigo Jiménez de
cantar a los juglares y trovadores que comparecían en la Rada no puede ser más claro: fue la reina la que, ante la
corte. Seguramente lo volvió a ver en Toledo, cuando el reticencia de su marido, «dio por esposa a la citada hija al
joven rey de León fue a ver a su padre después de la derro- rey de León». El insigne arzobispo de Toledo sabía perfec-
ta de Alarcos (1195), entrevista que a la adolescente tamente que el fin, la paz del reino, no podía justificar los
Berenguela, allí presente, le debió causar una pésima im- medios, el incesto; pero el gran historiador, acostumbrado
presión por la arrogancia y el mal humor en avanzar sus a intrigas palaciegas y diplomáticas, mientras, por un lado,
pretensiones. Para ella, el recuerdo de estas dos visiones tal vez esté descargando de culpa al rey, por otro, no tiene
del rey de León, que en su mente asociaba con dos instan- ni una sola palabra de reproche para la reina a la que con-
tes infelices de su vida, acaso tuviese las connotaciones sidera «sumamente juiciosa [que] calibraba con claro y
de una pesadilla que preferiría no recordar, pues, de haber- profundo discernimiento el riesgo de la situación, que po-
se verificado aquel acuerdo matrimonial con el príncipe día solucionarse con un enlace tal».
alemán, hubiese tenido que separarse de su querida madre Don Rodrigo no nos dice de qué medios se sirvió la
y de sus hermanos, que adoraba; o con la crueldad del reina para llevar a cabo su proyecto matrimonial; pero Al-
agresivo rey de León que salió del encuentro con su padre fonso X en su Estoria de España nos consignó detallada-
dando un portazo como un forajido, diciendo que se ale- mente cómo su bisabuela, usando un ardid impensable en
graba de aquella derrota que casi había acabado con su una mujer de la época, se atrevió a manipular el poder del
vida. Por tanto, la imagen que tenía de su futuro esposo pueblo para presionar a su marido, a los reticentes de la
iba asociada con circunstancias personales muy negati- corte y a la misma jerarquía de la Iglesia, reuniéndose con
vas que conservaba vívidamente en su mente como si se los representantes de los concejos de Castilla y planteán-
tratase de un maleficio. No sabemos si se había vuelto a doles el dilema en que se hallaba el reino. Los representan-
encontrar con él en los dos últimos años, cuando la guerra tes de los concejos, como se sabe, eran parte integrante de
y los conflictos habían hecho del rey de León un facinero- las Cortes, por lo cual su parecer no iba a ser tomado a la
so, odiado por todos en Castilla, contra el cual la Iglesia ligera por los otros poderes constituidos, el rey, la nobleza
había declarado una cruzada para deponerlo. Todo lo que y la jerarquía de Iglesia, cuando llegase el momento de
sabía de él se lo debía a su madre y a los cuchicheos de las decidir.
damas de cámara, entre las que circularían chascarrillos Del texto alfonsí que vamos a ver enseguida se des-
sobre la vida libertina del rey de León. Su padre, si algo le prende que sólo la reina Leonor, «mujer muy entendida y
comunicó sobre el carácter del rey de León, no pudo ser muy sagaz», tuvo la fuerza de ánimo para tomar una deci-
más que negativo. sión tan radical, celebrando personalmente y a espaldas
En momentos de reflexión solitaria y en conversaciones de su marido una reunión con los «hombres buenos» para
con su madre, Berenguela no dejaría de expresar sus sen- discutir la cuestión y pedir su parecer. Ante aquella asam-
timientos de duda y de aprensión ante un futuro incierto blea de castellanos la reina expuso su propuesta con una
con aquel hombre agreste, excomulgado y aparentemente lógica que nos deja pasmados aún hoy día.
sin escrúpulos morales cuando se trataba de defender su El Rey Sabio, hombre de gobierno y habilísimo historia-
reino y con una vida personal desordenada, ya por enton- dor, que aprueba entusiasmado la decisión de su bisabue-
ces cargada con ocho o nueve hijos naturales tenidos con la, diciendo que en la balanza pesaba más el bienestar de
tres o cuatro amantes. Alfonso no era su príncipe azul des- los dos reinos que la violación de unas normas canónicas,
crito en las fábulas de los trovadores, sino su némesis. sin embargo, para salvaguardar la integridad moral y el
Cuando doña Leonor propuso la idea del matrimonio a decoro de su bisabuela, introduce en su relato un protago-
su marido éste no se entusiasmó demasiado, por la senci- nista colectivo sobre el que descarga la responsabilidad
lla razón de que, consciente del parentesco, desconfiaba moral de aquel matrimonio anticanónico: el pueblo caste-
que el papa estuviese dispuesto a dispensar el impedi- llano, «los hombres buenos», que tenían por oficio velar
mento canónico. Si esto no sucedía, debió pensar Alfonso por la paz del reino.
VIII, su hija quedaría moral y políticamente destruida para He aquí, pues, un breve fragmento en castellano moder-
siempre, no quedándole otra alternativa más que el mo- no de este quasi-maquiavélico razonamiento que los «hom-
nasterio, y él sería desvergonzado y humillado por haber bres buenos» de Castilla, tras haberles sido expuesto el
consentido en la celebración de un matrimonio que la Igle- dilema, hicieron a doña Leonor para justificar el matrimo-
sia consideraba incestuoso, desvirtuando a los descen- nio:
dientes de toda posibilidad de sucesión. Desde la pers-
pectiva política, el matrimonio era, pues, un riesgo muy ... Y a pesar de que el rey de Castilla rechazase el consejo [del
grande para Castilla, por lo cual el sueño pacifista de su matrimonio] porque él y el rey de León eran parientes, [los
esposa, al hábil político que era el rey Noble, le pareció castellanos] esperaban que la reina doña Leonor, mujer del
imprudente y, por tanto, irrealizable. noble rey don Alfonso de Castilla, que era una mujer muy
sabia y muy entendida y muy perspicaz y entendía los peli-
Doña Leonor, sin embargo, no se dio por vencida. Como
gros de las cosas y las muertes de las gentes que vendrían por
buena Plantagenet, no era mujer que cediese fácilmente este desamor y se podrían evitar si se hiciese este casamiento,
ante una causa que consideraba justa. La vía del conven-
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se fueron a ella y hablaron con ella en secreto; y le expusieron


las razones y ella lo tuvo por bien; dijéronle que el matrimonio
entre los reyes, de donde tantos bienes podían venir y tantos
males ser evitados, más era una gracia [de Dios] que no un
pecado; y que aun cuando lo fuese, que todos darían limosnas
y pagarían tributos y ayunarían para que fuese perdonado;
aun más, que el casamiento podría durar por algún tiempo,
hasta que produjesen algunos herederos; después, o el papa
aprobaría el casamiento o se podrían ellos separar según la
ley; mientras tanto pasarían las gentes el tiempo en paz y
bienestar, evitándose muchos males. La reina, como era muy
entendida, según hemos dicho, cuando oyó a los hombres
buenos tan buenas razones, díjoles que le placía de corazón, y
que ella se encargaría de buscar el modo cómo se hiciese aquel
casamiento (PCG, II, c. 1004, pág. 683a).

Extraordinario e increíblemente pragmático modo de «Palacio de doña Berenguela»,


razonar: el matrimonio de Berenguela con Alfonso de León en León, en el patio del colegio de Santa Teresa
más era una merced, un regalo del Cielo para el pueblo, que pensar su consentimiento. Por ello, la habilísima
no un pecado. Es evidente que lo que los «hombres bue- Plantagenet lo que hizo fue presentar la propuesta de ma-
nos» de Castilla proponían a la reina era, nada más y nada trimonio al rey de León como algo posible, dándole a en-
menos, la desobediencia al papa y a las disposiciones ca- tender que antes había que convencer al padre de la espo-
nónicas en materia de consanguinidad e indisolubilidad sa y que la manera más fácil para convencerle era si él le
matrimonial, llegando hasta proponer un matrimonio ad pedía la mano, como si la petición hubiese salido directa-
tempus, es decir, por un cierto tiempo, mientras se apaci- mente del leonés. Después de un contacto inicial, nos dice
guaban los reinos y los reyes tuviesen descendencia. Des- el Rey Sabio, doña Leonor pidió a los «hombres buenos»
pués, si el papa se negaba a dispensar el impedimento, que fuesen al rey de León para decirle que pidiese en ma-
podían separarse, o seguir viviendo juntos, lo que más les trimonio a la hija mayor del rey de Castilla, Berenguela,
conviniese. Por su parte, los leoneses, que asimismo que- como prenda de una paz duradera entre los dos reinos, y
rían el matrimonio, siempre por motivos de la paz, no se que ella haría todo lo posible para que los dos reyes se
preocupaban tanto como los castellanos de la violación encontrasen en ocasión de unas cortes que se celebrarían
de los preceptos canónicos, que en la dinastía leonesa en Valladolid próximamente. Tras el mensaje de la reina,
había sido casi siempre de rutina, con una larga tradición ambas cancillerías se pusieron a trabajar sobre un posible
de matrimonios irregulares entre consanguíneos, pero que tratado de paz basado en un acuerdo matrimonial.
no habían sido obstáculo para que los reyes procreasen Fue así como, según el Rey Sabio, por voluntad divina
hijos para la corona (recuérdese la historia de la separa- e influjo del Espíritu Santo que inspiró a los reyes, a la
ción de Fernando II, padre de Alfonso IX, y de éste y su reina y a los «hombres buenos» que hacían de intermedia-
primera mujer, doña Teresa). rios, los reyes se reunieron en Valladolid y hablaron de las
Una vez que la reina hubo recibido aquella recomenda- paces y de las bondades que vendrían sobre ellos y sus
ción de los representantes del reino, sin perder tiempo, se reinos y sobre los pueblos, de tal manera que se tomó la
fue directamente al rey y con las palabras más dulces y los resolución de casar al rey don Alfonso de León con la
halagos más atractivos le informó de la voluntad de sus infanta doña Berenguela, hija del rey de Castilla y de la
súbditos: «y la reina, escribe Alfonso X, no dio largas al reina doña Leonor; y así como fue decidido, así fue otor-
asunto, sino que tan pronto como pudo apartarse con el gado y fue inmediatamente hecho (PCG, II, pág. 683).
rey, le habló de este casamiento; y cuando le mostró los El protagonismo de doña Leonor en todas las fases de
bienes que de él redundarían en las gentes y los males que las negociaciones matrimoniales, desde el convencer a su
por él se evitarían, y sobre esto tanto le supo halagar con marido de la necesidad del matrimonio, hasta el de pedir a
sus palabras y endulzarle que al final concedió que se hi- los «hombres buenos» que rogasen al rey de León que
ciese el casamiento». pidiese la mano de la hija primogénita del rey de Castilla, es
Obtenido el consentimiento de su marido, quedaba sólo evidente. Ella fue también, según Alfonso X, la artífice del
por representar el último acto de este drama: convencer al encuentro celebrado en Valladolid entre los dos reyes para
rey de León de la utilidad del matrimonio con Berenguela. discutir el tema de la paz que, evidentemente, se concluyó
Para ello doña Leonor usó una nueva estratagema que con la solicitud de la mano de Berenguela por parte del rey
revela una vez más su extraordinaria capacidad diplomáti- de León y el consentimiento de Alfonso VIII. Este encuen-
ca y su astucia como negociadora. Era imprescindible no tro quedó sellado con el documento de arras que fue rati-
descubrir al suspicaz rey de León todas las cartas desde el ficado dos años más tarde (8 de diciembre de 1199), cuan-
primer momento, informándole que Castilla le ofrecía la do el matrimonio ya había tenido lugar y los contrayentes
mano de su infanta número uno, la heredera. Esto hubiese incluso tenían heredero.
puesto a Castilla en una posición de inferioridad en las
negociaciones ya que Alfonso IX, conocido por su agresi-
vidad, seguramente hubiese demandado un precio mucho
más elevado para aceptar la propuesta, cosa que el reti-
cente Alfonso VIII hubiese usado contra la reina para re- * H. Salvador Martínez, New York University

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