Símbolos: El As de Espadas
TARO TAVO·LUNES, 19 DE MARZO DE 2018·TIEMPO DE LECTURA: 8 MINUTOS
EL MUERDAGO y/o ACEBO.
EL MUERDAGO siempre ha estado asociado al poder y la magia, es símbolo de
vida eterna ya desde los druidas. Los sacerdotes y magos celtas tenían un
complejo ritual para su recolección (en los países anglosajones, más próximos
al atavismo celta, el muérdago tuvo y tiene un particular sentido. Entre los
celtas, sus sacerdotes recogían con solemnidad [con cuidado al recogerlo de
que no tocase el suelo] el muérdago de los troncos y ramaje de las encinas a
comienzos del invierno, y distribuían entre los concurrentes el agua donde
había estado sumergido por considerarse que tenía virtud de purificar, conjurar
hechizos, mal de ojo y curar males del alma y del cuerpo.) Lo hacían bien en el
solsticio de verano o bien en el de invierno, siendo diferente por ello sus
aplicaciones y prefiriendo el muérdago nacido en los troncos de los robles.
Lo utilizaban para ayudar a las mujeres a parir, para protegerse de los rayos y
las enfermedades, para curar heridas… El muérdago era su planta mágica por
excelencia. Era y es considerado como hechizo para ahuyentar el mal. Esta
planta tiene una gran tradición ritual y posee grandes propiedades medicinales.
“Del muérdago, rama dorada que ardía con resplandor maravilloso según dice
Virgilio en la Eneida, cuenta Plinio que los druidas lo cortaban con una pequeña
hoz de oro.”
La leyenda del beso debajo del muérdago nos llega de mano del dios de la paz,
Balder, este fue herido y muerto por una flecha de muérdago, esto entristeció
mucho al resto de los dioses, que conmovidos por los llantos de la amada de
Balder, le restituyeron la vida para que continuase eternamente con su amor.
Por ello, en tributo a esta pasión sin fin, Balder ordenó que cada vez que una
pareja enamorada pasase por debajo de una rama de muérdago, se besasen
para perpetuar su amor.
El muérdago más valioso era el que crecía en los robles, el árbol sagrado de los
celtas. Con él confeccionaban guirnaldas y adornaban las casas para proteger a
sus moradores de espíritus maléficos y evitar visitas indeseadas. Se consideró
una defensa contra brujas y demonios y se extendió la costumbre de colocar
unas ramitas en las entradas de las casas (lugar de intercambio de besos).
La Medicina medieval enraizada en las creencias médicas antiguas creyó que
sus bayas acumulan energía. Eso pensó el médico y alquimista más famoso del
siglo XVI, Paracelso, convencido de que esta planta obra curaciones milagrosas:
de hecho, en alemán el término para muérdago es mistel = panacea. Fue usado
contra la epilepsia, y en polvo facilitaba la evacuación del vientre.
En Roma se colgaban ramitos de muérdago para decorar el interior de las casas
durante las fiestas del natalicio del Sol, o Natalis solis invicti, el 25 de diciembre,
fecha que dio lugar a la Navidad con el cristianismo.
Su pervivencia como planta mágica está viva en Alemania, donde aún se cree
que la casa de cuyo techo cuelga el muérdago está protegida del fuego, y es tan
firme esta convicción que incluso las compañías de seguros hacen descuentos.
*Con el advenimiento de su triunfo en el siglo IV la Iglesia sustituyó el
muérdago por el acebo.
EL ACEBO, con sus frutas rojas eran consideradas representación de la sangre
de Cristo y las hojas espinosas simbolizaban la corona de espinas. Según cuenta
una leyenda, “las hojas de palma de las multitudes en Jerusalén se convirtieron
en ramas de brotes de acebo cuando el ‘Hosanna’ dedicado a Cristo cambió a
‘¡Crucificadlo!’”.
En diferentes partes de Europa, sobre todo en el sur – en los países de tradición
católica -, el acebo es conocido como “Espina de Cristo” debido a este
simbolismo.
La fruta del acebo también madura en invierno como el muérdago, así que la
planta, aunque conectada simbólicamente con la Pasión de Cristo, se asoció con
la Navidad.
Plinio, naturalista latino del siglo I, habla del aquifolium, término del que deriva
la palabra, árbol evocador de fiesta y desenfreno aún en el XVII, en que Lope de
Vega escribe: “Coronados están de verde acebo dos sátiros lascivos…“
La cultura antigua rodeó de sacralidad al acebo por tres razones: con su verdor
perenne simbolizó la eternidad; con sus rojas bayas evocó la sangre, indicio
supremo de vida, y con las púas o espinas que la protegen aludió al hecho de
que cuesta alcanzar todo cuanto es valioso.
Tuvo además connotaciones mágicas, y se le rodeó de un aura protectora: los
setos y cercas de acebo, de endrino y espino negro sirvieron antaño para vallar
villas, mansiones e incluso granjas; porque aislaban la casa de intrusos y la
protegían de acechanzas de brujas y aojadores.
El simbolismo cristiano adaptó a la nueva religión costumbres y creencias
paganas. El acebo está siempre verde, color de eternidad, como eterna iba a ser
la Iglesia; las bayas rojas significaron la sangre vertida por Cristo para salvación
de los hombres, y las espinas recordaban la Pasión del Señor, consideraciones
que tienen que ver con el uso que de la hoja de acebo hizo la liturgia cristiana.
Desde entonces, esta planta ha jugado papel importante en los ciclos litúrgicos,
lo que puso en el ánimo de los fieles que mientras mayor fuera la cantidad de
acebo presente en una casa por Navidad mayor será la alegría y más protegida
estará.
LAS PALMERAS o PALMAS.
Los pueblos de las regiones desérticas de Oriente Medio conceden gran
importancia a la palmera, a la que asocian con la vida y el oasis. En la antigua
Caldea, como en otras civilizaciones, se la llamaba el árbol de la vida.
El símbolo de las palmeras ha pasado al cristianismo, conservando su sentido
alegórico y festivo. Las palmas son el elemento primordial de la festividad
cristiana del Domingo de Ramos. Las hojas de palmeras bendecidas se colocan
en las puertas, ventanas y balcones, para evitar la entrada del mal en la
vivienda.
“Consagrada por los Egipcios a Isis y por los griegos a Apolo y Artemis (bajo
una palmera dió a luz Leto a los mellizos Apolo y Artemis).
Símbolo de la fecundidad en los egipcios. Y entre los romanos simbolo de
fecundidad y de victoria.
En el Próximo Oriente y Oriente Medio, la palmera se equiparaba al Árbol
de la Vida, En Egipto, se consagraba al dios del sol Ra y representaba la
fertilidad de las cosechas. En el judaismo es el signo de Judea y en el
cristianismo, de la entrada de Cristo en Jerusalén.”
La rama de la palma es un símbolo de victoria, triunfo, paz y vida eterna que se
origina en el antiguo Oriente Próximo y el mundo mediterráneo. La palma
(Phoenix) era sagrada en las religiones mesopotámicas, y en el antiguo Egipto
representaba la inmortalidad. En el judaísmo, una fronda cerrada de la palmera
de dátiles es parte del festival de Sukkot. Una rama de palma se concedió a los
atletas victoriosos en la antigua Grecia, y una fronda de palma o el árbol en sí es
uno de los atributos más comunes de la Victoria personificada en la antigua
Roma.
En el cristianismo, la rama de la palma se asocia particularmente con el
Domingo de Ramos, cuando según la tradición cristiana las ramas de palma se
agitaban en la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Fue adoptada en la
iconografía cristiana para representar la victoria de los mártires, o la victoria
del espíritu sobre la carne.
Puesto que una victoria señala el fin de un conflicto o competencia, la palma se
convirtió en un símbolo de paz, un significado que puede tener en el Islam,
donde es a menudo asociado con el Paraíso.
En el arte cristiano occidental, a menudo se mostraba a los mártires
sosteniendo una fronda de palma como un atributo, representando la
victoria del espíritu sobre la carne, y se creía ampliamente que una imagen
de una palma en una tumba significaba que un mártir estaba enterrado
allí.
Orígenes llama a la palma (En Joan, XXXI) el símbolo de la victoria en esa guerra
librada por el espíritu contra la carne. En este sentido era especialmente
aplicable a los mártires, los vencedores por excelencia sobre los enemigos
espirituales de la humanidad; De ahí la frecuente presencia en los Hechos de los
mártires de expresiones tales como “recibió la palma del martirio“. El 10 de
abril de 1688, la Congregación de los Ritos decidió que la palma, cuando se
hallaba representada en tumbas catacumbas, debía considerarse como una
prueba de que un mártir había sido enterrado allí. Posteriormente esta opinión
fue reconocida por Mabillon, Muratori, Benedicto XIV y otros como
insostenible; Una investigación más profunda demostró que la palma estaba
representada no sólo en las tumbas de la era posterior a la persecución, sino
incluso en las tumbas de aquellos que no practicaban el cristianismo.
El significado general de la palma en los primeros monumentos cristianos se
modifica ligeramente de acuerdo con su asociación con otros símbolos (por
ejemplo, con el monograma de Cristo, el Ichthus o el Buen Pastor). En algunos
monumentos posteriores la palma estaba representada simplemente como un
adorno que separaba dos escenas. Palmas también representó el cielo,
evidenciado por el arte antiguo a menudo representando a Jesús en el cielo
entre las palmas.
En la Edad Media, los peregrinos a Tierra Santa traerían las palmas de las
manos para depositarlas en sus iglesias. Los cruzados llevarían o usarían una
imagen de uno, visto hoy en la Orden Católica del Santo Sepulcro, que todavía
otorga una Palma de la decoración de Jerusalén. Además, la Custodia de Tierra
Santa, cortesía de la Iglesia Católica, concede la Cruz de Peregrinos de Jerusalén
a los peregrinos católicos a la ciudad.
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