Está en la página 1de 5

Playa del Carmen a 30 de abril de 2019.

Subdirección de Arqueología Subacuática


Dr. Roberto Junco
Presente

Estimado Roberto, esperando que te encuentres bien, te hago llegar el presente documento para
tu conocimiento y gestiones lo que consideres pertinentes realizar al respecto.

Este documento tiene la intención de señalar una serie de irregularidades y procederes que se me
hace importante infórmate, dado que afectan no solo a mi persona y la trayectoria y dedicación
que durante más de 20 años he demostrado para con el INAH, la SAS, y en específico con el
Proyecto de Banco Chinchorro, sino que, además, ponen en riesgo la reputación e integridad del
instituto y del patrimonio arqueológico y natural con él cuenta la Reserva de la Biosfera Banco
Chinchorro.

Me gustaría detallar algunos aspectos que te permitirán tener una visión más completa de mi
participación en dicho proyecto y así tener el contexto completo. En el año 2000, con el aval de
Pilar de Luna y de Adriana Velázquez inicie una serie de visitas a Banco Chinchorro con el fin de
corroborar la información que se tenía respecto a algunos de los pecios y artefactos marítimos de
los que se tenía referencia y que mencionaban en fuentes como el CEDAM, pescadores y guías
locales, y gente de la comunidad. Esta labor duro 6 años en la cual se pudo confirmar la ubicación
de 33 sitios, entre ellos el pecio el Ángel que hasta ese momento nadie había reportado, por lo
que lo dimos como un hallazgo adjudicado a la SAS dentro de estas misiones de inspección, que se
llevaron a cabo dentro de los Proyectos Especiales y Atención a Denuncias, SAS/INAH.

Entre otros aspectos logrados, además de la localización de algunos sitios, fue el de abrir camino
con la comunidad de pescadores, quienes en un principio se mostraban renuentes a compartir los
que consideraban sus “tesoros” y secretos mejor guardados. Al cabo del tiempo y a la recurrencia
en las visitas, logramos, entre Eugenio y yo, ganarnos su confianza y amistad, y así comenzó la
exploración de nuevos sitios de los que no contábamos con referencias, procurando así los
antecedentes de las investigaciones que vendrían después.

A partir del 2006, Laura Carrillo genera, con el aval de Pilar Luna, el proyecto arqueológico
específico para Banco Chinchorro. Desde el inicio de las exploraciones (en el 2000) a la fecha, se
han registrado 69 sitios. Cabe mencionar que desde entonces he participado en todas las
temporadas de campo y he sido copartícipe de materiales de difusión, de investigación, labores de
información de nuevos sitios e informantes, hemos diseñado y dado las pautas para la
capacitación de guías y la elaboración de reglamentos internos para las visitas turísticas a los sitios,
que procuren su conocimiento y el beneficio de las comunidades de manera sustentable y
“regulada”, entre muchos otros programas y labores que a lo largo de estos años se han generado
siendo un promotor entusiasta y activo en ello, sin falla o reclamo alguno a mi dedicación,
proceder profesional, o a mi participación en el proyecto.

En el año 2013, y en palabras de Laura así se expresaba hacia mi persona: “Asimismo se agradece
la participación incondicional del Arq. Octavio del Río, responsable de las actividades de
registro arqueológico, de las operaciones de buceo y corresponsable de las actividades de difusión
del proyecto, quien realizó los informes del registro de piezas en propiedad de particulares y de los
trabajos de registro en el pecio El Ángel…”.

En años recientes, esta percepción ha cambiado radicalmente sin aparente motivo o justificación,
al menos no ha habido señalamiento alguno de su parte que me haga saber el cambio de actitud
incluyendo entre otros:

Una insistente labor por sacarme de la jugada con la NAS, que se remonta desde la obtención de la
licencia en el año 2014 (fecha que pienso que comienzan a derivarse los problemas con ella), y que
se interpreta como un intento de protagonismo y monopolio de una actividad en la que ella se
mantiene activa y se favorece de la promoción de los recursos culturales de los cuales procura su
suelo y debe su protección y cuidado. Y en un claro intento por boicotear las actividades que llevo
a cabo en este sentido, se hace ver como autoridad valiéndose de la SAS para ello, generando un
evidente conflicto de intereses al querer ser juez y parte pretendiendo imponer lineamientos
inexistentes y sin ningún fundamento legal. Lo que se interpreta como la intención de querer
favorecerse económicamente de la explotación de los recursos para beneficio propio y en
exclusividad.

A continuación, te cito un intento que describe muy bien este conflicto y que te involucra a ti y a la
SAS de manera comprometedora con algunos de los señalamientos que hacen en una carta
enviada a la NAS:

1) Me intento prohibir, sin ningún sustento legal, o sin tener la autoridad, el que diera cursos
NAS en Chinchorro, y donde en carta enviada bajo tu salvoconducto a la NAS, se
mencionaba que no tenía permisos para ello, siendo que no se necesita al estar permitida
las actividades turísticas en el área y en 5 de los pecios propuestos por nosotros. Aunado
a ello, he sido instructor de buceo y capacitador de la SAS de guías turísticos en la
especialidad de pecios en Chinchorro por varias generaciones, y cabe destacar, que
estando juntos (Laura y yo) y delante del director de la reserva, se habló al respecto de
este nuevo curso, y en acuerdo de todos, se organizó y se llevó a cabo.
2) También se mencionaba que hacía uso de recursos federales para llevarlo a cabo, esto
también se aclaró en su momento y es delicado al involucrarte a ti en dichos falsos, ya que
todo fue financiado con recursos propios y de los estudiantes.
3) Por último, se hablaba también en dicho correo de la omisión de créditos en una imagen
que use en un cartel para promocionar el curso y que habría sido tomada dentro de una
de las temporadas del proyecto. Cabe recordar que dicha imagen, es una de miles que he
donado al proyecto a lo largo de mi participación en el, y que fue tomada por mí y con mi
cámara, y que los créditos a los que hacía referencia que faltaban, eran mi nombre y el no
haber anexado SAS/INAH al final, por lo cual pedí una disculpa al responder el correo, que
cabe mencionar, dicha respuesta fue condicionada a los términos que propuso Laura, con
puntos y comas, y a fin de resolver la situación accedí a sus términos y condiciones.

De lo aquí expuesto deriva lo siguiente:

Dados los señalamientos que vulneraban mi reputación y credibilidad ante la NAS, ahora te hago
saber sobre las recientes publicaciones de Laura en algunas revistas que no solo desconocen una
labor y trayectoria de muchos años en el proyecto, sino que además incurre en los mismos hechos
que reclama fehacientemente y que contradictoriamente no respeta o considera para con sus
publicaciones:

1) En la publicación: Carrillo Márquez, L., 2018. Arqueología Marítima en México. Revista de


Arqueología Histórica Argentina y Latinoamericana 12(1) [Número especial]: 37-68.
Buenos Aires (anexo PDF), publica el plano del sitio del Ángel y hace mención a la
metodología empleada para su levantamiento sin hacer referencia del cómo, quien, y
desde cuando se empezó a hacer ese levantamiento, no así, hace referencia a otros
participantes en otras labores. Cabe mencionar, que la metodología fue diseñada por mí y
ahora se los adjudica a un nuevo participante invitado del cual hablare más adelante. Es
importante también mencionar que en la elaboración del plano contribuyeron, bajo mi
coordinación, otros miembros del equipo, entre ellos específicamente Josué y Octavio
Gonzáles. Para la elaboración del plano se utilizaron, además de las técnicas tradicionales
de registro, también la fotogrametría y fotomosaicos. El vaciado de la información,
medidas y escalas, la elaboración del modelo 3D, etc., fueron interpretados y elaborados
en Photoscan y AutoCad por tu servidor, y es, hasta la actualidad, el referente en todas las
publicaciones sobre el proyecto respecto al sitio. (Anexo copia del plano)
2) En otra revista, en esta ocasión croata, publica en el mes de diciembre del 2018, un
artículo con el título: Arqueología Marítima en Banco Chinchorro, donde hace mención de
algunos de los antecedentes de investigación arqueológica en Chinchorro como son las
visitas del CEDAM en los años 60s y de Pilar en los 80s al sitio 40 Cañones, no así para el
pecio el Ángel, el menciona y se lo presente cuando inició en el 2006 con “su” proyecto.
Por otro lado, en dicho artículo publica al menos 8 de mis imágenes con créditos dados a
otras personas, así salió la versión impresa de la revista, posteriormente manda una serie
de correcciones, algunas todavía mal, para la versión en PDF online. Contradictorio a sus
reclamos, sus formas tampoco son congruentes con sus decires y procederes, omitiendo
trabajos previos y desconociendo, o dando créditos, a las personas equivocadas.

Respecto a las últimas dos temporadas en Chinchorro (2017 y 2018), y donde creo que deriva lo
más grave y el principal motivo de este escrito, fue la invitación extendida al Dr. Nicolás Ciarlo
(Nico) de Argentina a participar en el proyecto como coordinador del registro y operaciones
subacuáticas, y las consecuencias que de ello derivaron. Es importante señalar que el Nicolás es un
especialista en metalurgia por lo que sus aportaciones teóricas seguro enriquecen mucho los
trabajos e interpretación del sitio, no así sus conocimientos y experiencia en la práctica. A su
llegada, días posteriores al inicio de la temporada en el 2017, y con el avance de las excavaciones y
del plano, el retoma y continua junto con Josué el levantamiento durante los días que pudo
participar, ya que no fueron muchos dado que uno de sus invitados y amigo, otro arqueólogo
argentino, sufrió de un ataque sugestivo (sin síntomas) de presión alta, por lo que la marina
(militares navales) tuvo que intervenir, y al día siguiente fue trasladado a tierra. En días
posteriores supimos que no había sido nada. Debido a ello, continuamos los trabajos de
excavación y levantamiento sin su presencia.

En esta última temporada en 2018, Nicolás fue nuevamente invitado como responsable de las
operaciones y actividades de registro arqueológico. Yo llego al final de la temporada dada mi
insistencia y continuos emails y mensajes en querer participar, y ante el castigo de no haber
respondido “a tiempo” la invitación que se me hacía como un colaborador más sin responsabilidad
alguna o función específica, demeritando mi labor y trayectoria en el proyecto. Finalmente acudí
agradecido y pude participar los últimos 7 días de los veintitantos que restaban a la temporada.
Me incorpore a los trabajos de excavación (dragado) en el sitio y al traslado de palos de tinte
(cargamento que transportaba la embarcación) y costales de arena, así como al llenado de
tanques en la superficie. La elaboración del plano de sitio quedo a cargo de Nicolás con Josué de
asistente.

Entre buceos y tiempos libres de inmersión, logre tomar algunas medidas por mi cuenta, hacer las
referencias en base a la línea base y datum propuesto con anterioridad, la fotogrametría y un
fotomosaico de los avances hasta ese momento que me sirvieron para actualizar la base de datos
y darle continuidad al plano que había venido desarrollando desde su primer registro en el año
2000 (anexo copia del plano). Cabe mencionar que desafortunadamente no he tenido acceso a la
información recabada por Nicolás y Josué, información que pudieran haber enriquecido los
resultados que aquí envió, sin embargo, es importante mencionar que lo recabado hasta el
momento contempla todo el contexto arqueológico que conforma el sitio y no solo el maderamen
o arquitectura naval a la que se enfoca Nicolás.

Para desarrollar estas labores Nicolás llevo a cabo varias decisiones e intervenciones
desafortunadas que afectaron de manera grave el contexto arqueológico y a los recursos naturales
que crecen y habitan en el pecio y sus alrededores. En el tiempo que tuve la oportunidad de
participar en esta última temporada, el sitio sufrió de las siguientes afectaciones (envío anexo
unas imágenes):

1) Se amarró una boya a la buzarda de hierro de la embarcación para señalar la ubicación del
sitio en la superficie, la cual, debido al constante jaloneo del oleaje, la fuerza de la
corriente, y los embates de la embarcación en la superficie, terminaron por arrancar un
tramo de al menos 5 metros de extensión que perfilaba la proa de la embarcación y sobre
la cual vivían colonias de corales. Sobre este elemento estructural se había colocado el
datum en la proa y desde aquí partía la línea base hacia a popa, que se utilizó como
referencia para el levantamiento del sitio. Actualmente la buzarda yace en el fondo de
cabeza junto con una enorme cabeza de coral que se mantenía adherida a ella.
2) El ancla de la embarcación en la que nos transportábamos, fue arrojada sobre el sitio en
varias ocasiones arrancando partes estructurales y arrecifes de coral.
3) Los costales utilizados para cubrir la madera en las zonas excavadas, fueron arrojados
desde la embarcación en la superficie, cayendo algunos de ellos sobre el pecio y sobre el
arrecife. Cabe destacar aquí que, en la primera inmersión a mi llegada, dos de estos
costales se encontraban sobre una zona de arrecife donde el Biol. Pedro López había
trasplantado del sitio algunos corales para su protección y supervivencia.
4) Es evidente que Nicolás Ciarlo no tiene una cultura de respeto o conciencia que se le debe
al entorno natural y la vida marina, sobre todo dentro de un área natural protegida al
cuidado y estudio de varias organizaciones. El constante manoteo, las pisadas y el apoyo
en los arrecifes son constantes en su proceder. Así también, la falta de congruencia entre
el hacer arqueológico o hacer ciencia con conciencia, es evidente en la falta de cuidado
para las maniobras de operación y anclaje.
5) Por último, por primera vez sucede que no se tuvo la gobernabilidad de la embarcación ni
del capitán que la operaba, poniendo en riesgo en varias ocasiones las actividades y los
que nos encontrábamos a bordo; saltando al agua y dejándonos a la deriva, acelerando a
capricho, chocando en el fondo e incluso gritando. La falta de control y orden, derivo en
que no le demeritara ningún respeto al capitán para con nadie y se concretó a ir y venir al
sitio con malos modos sin que hubiera un correctivo oportuno del parte del nuevo
responsable.

Cabe resaltar que varios de estos aspectos se tocaron en su momento a bordo de la embarcación y
en reuniones posteriores. Lo que aquí paso no deriva de una serie de accidentes o errores, sino de
la falta de experiencia, pericia, o voluntad para evitarlos y resolverlos a tiempo.

Por último, siempre me he mantenido institucional y fiel a la causa por la preservación y


conocimiento del patrimonio cultural, y me considero un defensor por el cuidado y protección de
los recursos naturales, siempre he sido congruente en ello. Así también, mi participación en este o
en otros proyectos en los que he colaborado con la SAS y el INAH en el estado, han sido siempre
en la medida de lo correcto y dentro de mis capacidades y conocimientos, sin pretender más de lo
que no puedo aportar o de lo que soy capaz, y siendo así, hasta el momento mi proceder se ha
mantenido intachable y sin reclamo de las personas que me han procurado su aval y confianza. Así
en Chinchorro y en los cenotes, proyectos de los que soy precursor y he mantenido vigente mi
participación desde sus orígenes, y con ello, la experiencia trayectoria y resultados hablan de mi
compromiso y aportación en el quehacer arqueológico subacuático en el país.

Para terminar, soy un fiel creyente de la comunicación como medio para resolver procederes y
discrepancias. Lamentablemente la comunicación Laura está rota por completo, sin recibir
respuesta de mis comunicados y sin oportunidad a resolver, por ello, apelo a tu intervención y
solución del problema(s) que aquí menciono, y así evitar que crezca a instancias mayores y otros
involucrados como organismos e instituciones involucradas y las cooperativas pesqueras y
turísticas locales, situación que a nadie conviene.

Mi única pretensión es seguir participando en el proyecto y darle continuidad a mi labor dentro de


él, ello en pro del conocimiento y conservación del patrimonio cultural y natural que yace en
Chinchorro, así como en preservar la buena imagen y prestigio del proyecto y de la institución, que
se habían mantenido impecables durante años y que ahora, dadas estos infortunados procederes,
se ven comprometidos.

Te agradezco mucho la atención que le pongas a este caso, y te pido de antemano una disculpa
por tan lamentable situación.

Saludos Afectuosos

Octavio Del Río