Está en la página 1de 10

Denuncia por daño a la biodiversidad y patrimonio cultural dentro de un área natural

protegida de competencia de la Federación.

A continuación, se relatan una serie de eventos que derivaron en la afectación, por parte de
investigadores de la Subdirección de Arqueología Subacuática del INAH, del patrimonio cultural
y natural del que se conforma el contexto arqueológico denominado pecio El Ángel, ubicado
dentro de la Reserva de la Biosfera Banco Chinchorro, Municipio de Othón P. Blanco en el estado
de Quintana Roo, en las coordenadas Geográficas: Lat.: N. 18°24’ 17.3’’ Long.: W 87° 23’ 40.8‘’,
a aparoximadamente 3 km de Cayo Lobos al sur de Cayo Centro en Banco Chinchorro.

Características del sitio afectado:


El sitio El Ángel, según la referencia histórica, se trata de un pecio (naufragio) considerado
patrimonio cultural, identificado como un velero del tipo bergantín de nombre Jean, que fuera
construido en los muelles de Irvin en Escocia en el año de 1819 y destinando a Honduras
Británica, actualmente Belice, para el transporte de palo de tinte o palo de Campeche
(Haematoxylum campechianum), que fuera reportado como perdido por la aseguradora
británica Lloyd´s en “North Triangules” - Chinchorro, en el año de 1836.
En el fondo marino, sobresalen a los 12 metros de profundidad, los vestigios del pecio
compuestos por el perímetro o manga de la embarcación que definen su forma gracias a unos
elementos metálicos (láminas de cobre con la que fue cubierta el casco madera) que apenas
sobresalen de la arena, sobre la cual crecieron colonias coralinas que ayudan en su definición.
Tiene aproximadamente 35 metros de eslora por 9.5 manga. La proa se encuentra orientada
hacia el norte, y es aquí donde la mayor parte de la estructura metálica que reforzaba el casco
de madera, prevalece sobre el lecho marino hasta alcanzar un metro desde el fondo. Al centro,
existen un par de contenedores metálicos y en la popa sobre salen un par de montículos de
laste cubiertos de colonias coralinas de diferentes especies que alojan otro tipo de
biodiversidad. La mayor parte de la estructura de madera que aún prevalece de la
embarcación, se encuentra cubierta bajo la arena.

Antecedentes de investigación:
Las primeras exploraciones arqueológicas llevadas a cabo en la Reserva dentro del marco de
los proyectos especiales y atención a denuncias de la Subdirección de Arqueología Subacuática
(SAS) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), se realizaron entre los años
2001 al 2006, dentro de los cuales se reportaron algunos vestigios culturales de procedencia
marítima entre los que se encontraban el pecio El Ángel. A partir del año 2006 se genera el
proyecto Inventario y diagnóstico del patrimonio arqueológico e histórico sumergido en la
Reserva de la Biosfera Banco Chinchorro, Quintana Roo a cargo de Laura Carrillo, investigadora
de la SAS/INAH. Proyecto avalado por el consejo de arqueología del INAH y dentro del cual se
llevan a cabo las temporadas de investigación arqueológica en Banco Chinchorro, y
específicamente los registros e intervenciones arqueológicos en el pecio El Ángel, que se han
venido desarrollando desde el año 2013, hasta la última intervención hasta ahora realizada en
durante el mes de noviembre del pasado 2018, y de donde lo sucedido en esa ocasión, deriva
la elaboración del presente documento.
Responsabilidades laborales en el proyecto:
Cabe señalar que yo, Octavio del Río Lara, he participado en este proyecto desde sus orígenes,
así como en la última temporada de campo a la que se hace referencia aquí. Dicha
participación ha sido siempre como colaborador externo (particular) ajeno a la planta de
investigadores de la SAS/INAH, limitándose mi colaboración durante las temporadas de campo
como encargado de las operaciones de buceo y registro arqueológico, ello dada mi formación
como instructor de buceo y arquitecto, función que desarrollé hasta el año 2017. Durante la
última temporada de campo del 2018, dichas actividades fueron remplazadas por el Sr. Nicolás
Ciarlo, investigador de origen argentino quien fuera invitado a incorporarse al proyecto en el
2017, pudiendo participar durante tan solo una semana en esa ocasión, y a quien se le otorgó
la corresponsabilidad en el proyecto, dada por Laura Carrillo, titular del mismo, quien le asigno
la dirección de las actividades a desarrollar durante toda la temporada en el mes de noviembre
del 2018.
A mí se me dio la oportunidad de incorporarme a las labores de campo al término de la
segunda mitad de la temporada, del día 20 al 30 de noviembre, de los cuales 7 días fueron los
dedicados al trabajo efectivo en el pecio El Ángel. Mi participación en esta ocasión fue como
un colaborador más sin función o responsabilidad asignada en específico. Mis tareas se
centraron en el llenado de tanques de buceo en superficie, y en cuanto a las labores de buceo
en el sitio, se me asigno colaborar específicamente en el dragado (excavación), traslado de
costales de arena utilizados para tapar el pecio una vez finalizados los trabajos de excavación y
registro, y en el traslado del palo de tinte (carga que transportaba la embarcación).

Las funciones que había venido desarrollando con anterioridad, ahora las estaba llevando a
cabo el nuevo participante y corresponsable del proyecto, quien estableció los planes de
buceo con los tiempos de fondo e intervalos de superficie, así como las parejas de buceo, y las
tareas a realizar, y quien continuó con el registro arqueológico del pecio, y se encargó de las
operaciones y coordinación de las actividades en general. Diariamente, después de una breve
reunión donde el Sr. Ciarlo no asignaba las tareas a realizar durante el día, salíamos por las
mañanas hacia el pecio El Ángel a bordo de la embarcación denominada Perla Negra, cuyo
capitán fue el Sr. Sami Colli Colli “Chandez”, quien nos transportaba, en un rrecorrido que
duraba aproximadamente 1 hra, a la ubicación del sitio, el cual había sido marcado con una
boya que se colocó desde antes desde antes de mi llegada.

Actividades:
Así como las decisiones de las actividades, las maniobras de anclaje en el sitio eran dirigidas por
el Sr. Ciarlo, quien una vez en el lugar seleccionaba el área donde se arrojarían los costales de
arena que eran transportados desde Cayo Centro, y que serían utilizados posteriormente para
cubrir el pecio una vez terminados los trabajos. Estos se arrojaban desde la embarcación de
buceo en la superficie dentro de las inmediaciones del pecio, para posteriormente iniciar
maniobras de fondeo e iniciar las inmersiones y labores en el fondo con las parejas asignadas,
terminados los tiempos de fondo establecidos, la siguiente pareja descendía y así
sucesivamente, realizando rotaciones de 2 y hasta 3 inmersiones al día por pareja.

Narración de hechos y afectaciones:


En mi primera inmersión llevada a cabo el día 21 de noviembre, las labores de dragado
continuaban en una sección de la embarcación con intención de quitar la arena que la cubría,
para posteriormente quitar los troncos y ramas de palo de tinte que consistían en la carga que
transportaba la embarcación, para finalmente poder llegar a la estructura de madera en el
fondo interno del casco del barco. Durante mi descenso hasta los 12 metros de profundidad
donde yacen los restos del barco, me percaté del avance de los trabajos realizados, así como
de la gran cantidad de sacos de arena que habían sido transportados previamente (al menos
70), que en su gran mayoría se encontraban sobre el arenal hacia el lado este del pecio. Al
acércame al fondo pude percibir a la distancia algunos costales que habían caído sobre
estructuras de coral cercanas al pecio. Mi primera reacción fue dirigirme rápidamente hacia el
lugar y quitarlos de ahí reubicándolos en el fondo arenoso, fueron cuatro que se encontraban
relativamente cerca entre sí. Ya en el fondo, pude percatarme que otros tres costarles se
encontraban sobre el pecio y sobre algunas formaciones que crecieron sobre él, los retiré
alejándolos del sitio, así como a otros más que se encontraban en contacto con componentes
del pecio y de algunas formaciones coralinas.

Cabe señalar que una vez en el fondo también pude percatarme de que la boya que marcaba
la ubicación del sitio en la superficie, había sido amarrada a una parte estructural de la
embarcación denominada buzarda, sobre este importante elemento de hierro que define la
curvatura de la embarcación en la proa, una gran coralina se había formado conformando así,
parte del contexto arqueológico y natural del sitio. El lugar de amarre, y el amarre mismo, fue
seleccionado y realizado por el Sr. Crialo. Es importante remarcar, que tanto la comunidad
académica y arqueológica, así como el sentido común, dictan que el oleaje, la corriente, y las
maniobras propias de la embarcación en la superficie, son factores a considerar para evitar
este tipo de prácticas, al considerarse que pueden dañar el contexto arqueológico y las
formaciones coralinas adheridas a él. Al respecto nadie había mencionado nada, tampoco lo
hice yo para no caer en contradicciones, además de que ya se venía trabajando así desde antes
de mi llegada y había sido una decisión tomada por el nuevo director.

Al salir de la inmersión, y ya en la embarcación, le hice saber al ahora corresponsable y director


de actividades del proyecto lo que había sucedido con los costales que cayeron sobre el pecio y
el arrecife cercano, dañando algunas colonias de coral y afectando la biodiversidad que ahí
habita. Cabe señalar que, dada la cercanía con el pecio, el biólogo Pedro López (participante
del proyecto en otras ocasiones), selecciono el lugar ahora afectado, como sitio para
reposicionar los corales que eran trasplantados de los vestigios del barco, y así intentar
rescatarlos al ser intervenido el sitio. Una vez platicado esto en la superficie, y reafirmado en
la junta de la mañana al día siguiente delante de todos, el segundo día transcurrió más o
menos similar al primero, se arrojaron los costales procurando que cayeran en el arenal, y se
posicionó la embarcación para comenzar las actividades.

A partir del tercer día la tensión comenzó a subir, ello en parte porque se acercaba el término
de la temporada y no se sabía con certeza si los recursos económicos con los que se disponía
alcanzarían para terminar en la fecha planeada, por lo que habría que acelerar los procesos e
intentar terminar antes. La percepción personal fue que las prisas y las malas decisiones se
incrementaron a partir de este momento, los costales fueron arrojados con mayor rapidez y
sin el cuidado debido, algunos flotaron y derivaron sin tener la certeza de donde iban a caer en
el fondo, y aun así continuaron siendo arrojados, algunos desde el agua tratamos de controlar
el descenso de estos, pero nos rebasaba la cantidad de costales, que sin pausa, siguieron
siendo arrojados al agua.

Por otra parte, las maniobras de anclaje comenzaron a incrementar la tensión entre el capitán
y Ciarlo quien las dirigía, y quienes en varias ocasiones tuvieron que repetirla en parte por la
falta de una adecuada coordinación o posición final de la embarcación, o porque el ancla
garreaba, o porque la comunicación fallaba perdiendo la gobernabilidad sobre la embarcación
y la tripulación tomando decisiones precipitadas e irresponsables que ocasionaban la caída del
ancla sobre formaciones de coral y el sitio mismo, situación que empeoro cuando al final del
día, al extenderse las labores, el sol caía, lo que preocupaba de sobremanera al capital al
intentar apresurar las operaciones para evitar, razonablemente, el tener que navegar de noche
sobre los parches y bajos arrecifales característicos al sur de Chinchorro.
A partir de ese día, si bien ya existía el antecedente de afectaciones, la situación fue en
decaimiento de las operaciones y de la relación con el capitán. En lo personal, a mí me
mantenía incomodo la situación, dado por un lado la falta de sensibilidad de las afectaciones
que se estaban causando, así como por la falta de poder generar una relación de comunicación
cordial y entendimiento con respecto a las preocupaciones y observaciones del capitán.

El colofón de la situación lo marca un evento realmente lamentable, estando fondeada la


embarcación sobre el pecio, y ya con un grupo en el agua llevando a cabo los trabajos
programados, entre los que se encontraban los dos responsables del proyecto, la embarcación
viro quedando atrapada en la boya que marcaba el sitio, la reacción del capitán fue
instantánea quien logro apartar la boya, sin embargo la fuerza del oleaje y el peso de la
embarcación desprendieron de su posición original un tramo aproximado de 4 metros de la
estructura del pecio (buzarda) a la que estaba amarrada la boya y junto con ella, la formación
coralina de hasta 1 metro de altura que ahí creció, quedando ambos de cabeza en el fondo a
un par de metros frente a la proa de la embarcación. El daño y la destrucción es evidente
dados los restos de óxido en el fondo y el coral enterrado de cabeza en la arena, situación que
confirma por qué nunca se debe de amarrar a los elementos que conforman los sitios, aun en
mayor grado de interés y cuidado, cuando además se pone en riesgo la vida marina que habita
en ello, y aun habiendo tantos costales de arena como opción de amarre para marcar el sitio.

Aunado a esta situación, de la cual asumen Laura Carrillo y Nicolas Ciarlo en carta expresa y
ante los participantes del proyecto y el subdirector del área de la SAS, la total responsabilidad
de lo sucedido, se suman los otros lamentables procederes como el anclaje sobre el pecio y las
colonias coralinas, el continuo bombardero de costales de arena, y pese a que ya se habían
comentado las afectaciones que causaban, de modo mesurado y prudente, no fueron
disminuyendo, por el contrario, aumentaron en intensidad y constancia, y ya sea por
negligencia, indiferencia, o falta de conciencia, nunca fue prioridad el respeto al sitio por parte
del nuevo coordinador de la campaña, había que terminar pronto y a cualquier costo, y
mientras el ancla bamboleaba ante sus ojos agarrada de las uñas, sujeta a veces a la estructura
del pecio y otras a los corales que lo habitan, no hubo una reacción o decisión por parte de los
responsables del proyecto que impidiera que esto siguiera sucediendo.

Al igual que el capitán yo ya estaba sobrepasado, excedido en mi entereza, frustrado, enojado,


no comprendía que no comprendiera lo que estaba diciendo y sucediendo, decidí entonces
documentar todo en video y con fotografías. Intentar detener las operaciones en ese
momento solo me hubiera ocasionado mi suspensión, ocasionado que se me dejara en tierra
en la estación de investigaciones de la CONAMP ubicada en Cayo Centro sin mayor
participación. Se me hubiera vetado tal como lo estoy ahora por haber denunciado esta
situación ante la Subdirección de Arqueológica Subacuática, área del INAH de donde emana el
proyecto de investigación en Banco Chinchorro y la responsabilidad por los daños causados,
ante la cual evidencie, al igual que ahora y sin efecto alguno, los procederes inadecuados
solicitando poner atención al respecto, sancionando y estableciendo los mecanismos para que
esto no volviera a suceder. Dicho eso, en respuesta lo que obtuve fue que se me apartara de la
SAS, del INAH, y del proyecto después de 20 años de participación con la responsabilidad de
las operaciones de buceo y registro arqueológico, sin que desde entonces y a hasta ese
momento, se le hubiera causado daño o efectuación alguna al patrimonio, tanto cultural,
como al natural.

Si bien, el intento por minimizar el daño y corregir lo sucedido lo vine practicando desde el
inicio; reubicando costales e intentando dirigir algunos desde la superficie, o bajando con el
ancla para ubicarla en el arenal antes de que esta fuera arrojada, lo cual logré conseguir en
algunas ocasiones, en otras, y estado a punto para entrar al agua, el ancla simplemente era
arrojada bajo el comando de “aquí”, orden dada al marinero quien la acataba
instantáneamente del Sr. Ciarlo. He de mencionar aquí, que en alguna ocasión el capitán le dijo
a Ciarlo que la estaba arrojando sobre el sitio, sin mayor comentario de Ciarlo, este continuo
con la maniobra y siguió con lo que sigue, dejando el ancla en la posición donde había caído.
Me percaté de la situación, y mientras esperaba mi turno de inmersión después del Sr. Ciarlo y
su pareja de buceo, me dio la oportunidad de entrar en el agua en apnea y ver lo que había
sucedido, el ancla cayó sobre uno de los montículos de piedra de lastre ubicados en la popa del
pecio sobre la cual viven una gran cantidad de especies coralinas, ahí estaba ante la
indiferencia de Ciarlo. Al entrar al agua con equipo SCUBA pude quitarla del lugar.

En otra de las ocasiones el ancla se contuvo en otro componente estructural del pecio, en esta
ocasión en un elemento metálico que sobresalía del lecho marino a modo de cuaderna, el cual
no resistió y fue arrancado de su posición soltándose el ancla arrestándose hasta quedar a
escasos centímetros de un contendor metálico que es parte de otro de los elementos que
conforman el pecio. Nuevamente la solté del lugar, y al subirla del cabo para esquivar el
contenedor, alguien se percató de ello y fue recuperada desde la superficie, lo que ocasiono
que se me arrebatara de las manos pasando muy cerca de mí, causando gritos de pánico de
quien se encontraba en la superficie como buzo de seguridad en ese momento. Así también, la
manguera de la draga que se utilizaba para la excavación del sitio, era arrojada desde la
superficie, en una ocasión quedo encima de una formación coralina, la cual quite y coloque a
un lado. A pesar de lo evidente de la situación, y de haberse hablado el asunto, no hubo mayor
intensión del responsable de corregir o amainar lo que estaba sucediendo bajo el agua, y a
decir verdad, nadie de los participantes reflexionó o reaccionó al respecto.

Algo que es evidente en este momento, es que en la respuesta elaborada por la responsable
titular del proyecto respecto a la denuncia que interpuse ante la SAS debido a sus malas
decisiones que derivaron en esta situación, es perceptible que existe un intento por minimizar
el daño y las responsabilidades adquiridas, repartiendo culpas a mi persona, al capitán, e
incluso al clima, al oleaje, y al operador de los servicios turísticos a quien le fue rentada la
lancha, a quien según se menciona se le llamo para hacerle saber de los malos modos y falta
de profesionalismo del capitán, la carta fue firmada por todos los participantes como testigos y
solidarios a ello. Este parece ser un esfuerzo por deslindarse de la responsabilidad dada la
gravedad de las afectaciones causadas, si acaso hubiera sido sincera la preocupación, lo que
procedía en ese momento era que los responsables del proyecto hubieran parado las
operaciones, siendo ellos los únicos que podían tomar tal decisión. Sin embargo, siguieron los
trabajos, al grado que hubiera sido de alto riesgo para los materiales descubiertos producto de
la excavación, dejarlos expuestos a la intemperie y con ello su deterioro irremediable.

Por lo que a mí respecta en cuanto al capitán, como ya se mencionó, en algún momento lo


encontré saturado de la situación y eventualidades que se venían dando, en una ocasión salto
al agua imprudentemente en un intento por recuperar el cabo del ancla, o el acelerar a toda
máquina para ganarle al sol y llegar con luz de día. Por lo demás y pese a los malos humores, lo
vi cooperativo y dispuesto a seguir las indicaciones del director de la orquesta para que las
cosas fluyeran a su modo, y con sus modos, y que dada la particular de las actividades y la
jerarquía de la que disponía, había que atenernos todos.

Cabe hacer mención aquí, que esta no era la primera vez que se operaba con esta embarcación
y con este capitán, esta era ya una más de las tantas veces que se había seleccionado a esta
operadora que perteneciente a una de las cooperativas turísticas autorizadas para trabajar en
Banco Chinchorro, los antecedentes los recomendaban, el trato siempre fue cordial y bueno,
de ahí el repetir con ellos. Todo cambio con la participación del Sr. Nicolas Ciarlo a cargo de las
operaciones, quien asume, como ya se mencionó junto con la responsable y titular del
proyecto Laura Carrillo, la responsabilidad de los daños causados. Y considero que no podría
ser de otro modo, ellos son los que dirigieron el proyecto y las actividades a realizar, y que se
pudiera interpretar que, al ser un proyecto de investigación arqueológica, hay que atenerse y
obedecer dadas las particularidades de las actividades que según los especialistas se requieren
en este tipo de contextos, así nos sometimos todos los participantes, y es así como se evalúa el
profesionalismo de cada quien, siguiendo indicaciones y trabajando en equipo.

Sin embargo, nunca antes de la llegada y asignación como corresponsable del Sr. Ciarlo, aun y
con los requisitos expeditos que requiere la actividad al tener que trabajar en un sitio en
concreto, se le había hecho daño alguno a ningún sitio durante los casi 20 años que llevan los
trabajos arqueológicos en Chinchorro, incluido el pecio El Ángel, en el cual se ya se había
trabajado durante los 5 años previos a la llegada del Sr. Nicolas Ciarlo quien gracias a la
desafortunada decisión de darle la responsabilidad de dirigir las actividades a realizar, ahora
queda asentados por primera vez, estos negligentes, irresponsables y lamentables eventos.

Algo que considero que demanda atención inmediata de la autoridad en protección al medio
ambiente, es el detener la intensión de querer recolocar en su posición original la estructura
arrancada de la proa junto con la enorme cabeza de coral adherida a ella. Sin tener la certeza
de que se pretenda ocultar el daño, además de ser imposible de poder lograr que quede igual,
solo traerá una mayor afectación al sitio. El elemento curvo que perfilaba la proa del pecio
(buzarda) con una sección aproximada de 4 m, está visiblemente debilitado en diferentes
secciones, sobre todo en las que la mantenían sujeta al barco, algunos de los cuales se
desintegraron por completo dejando solo residuos de óxido en el fondo. Por otro lado, el peso
y tamaño de la cabeza de coral adherida a ella en un extremo, y que se encuentra ahora de
cabeza en el fondo, de lograr darle la vuelta con todo y la longitud que resta de la estructura
metálica sin romperla o desprendiendo el coral, su reubicación afectaría a otras formaciones
coralinas y al pecio mismo. Esta sería una más de las decisiones irresponsables que tomarían
los corresponsables del proyecto, sin detenerse a pensar que la afectación y el daño está
hecho, y que nunca quedaría igual.

Por último, apelo a su intervención pronta en el sitio para que se haga un peritaje de los daños
causados antes de que sean removidos las colonias coralinas y estructuras del pecio afectadas,
así como para que se considere lo que aquí se expresa para su valoración y determinación de
las acciones a seguir. Por su parte, la SAS, área del INAH encargada de las protección y
conservación del patrimonio cultural sumergido, no da una mayor repuesta que el intento por
evadir la responsabilidad el daño causado al patrimonio, sin valorar en ningún momento el
daño causado al patrimonio natural.

Quedo atento a las preguntas y diligencias que pudieran surgir.

Sin más por el momento,

Atentamente

Octavio del Río.


Imágenes del área afectada en la proa del pecio. Arriba se aprecian las partes de donde fue
arrancada la estructura. Al Centro se ve la colonia de corales con unos abanicos en posición de
cabeza sujeta todavía a la estructura de metal del pecio y al fondo algunos costales. Abajo, los
residuos de óxido y el cabo donde fue amarrada la estructura que la arranco de su posición.
Vista general del área afectada en la proa. Al centro en la parte superior se aprecia la cabeza
de coral en posición invertida todavía adherida a la estructura de metal, y con el cabo
amarrado a ella.

Vista posterior de la sección desprendida de la proa con el coral volteado del lado izquierdo.
Sección metálica arrancada por el ancla. Se aprecia el camino donde garreo el ancla después
de desprender la estructura de metal hasta fijarse nuevamente muy cerca de uno de los
contenedores metálicos del pecio. Los costales siguen siendo una constante por todo el sitio.

Imagenes de los costales, algunos de los cuales al momento de la imagen ya habian sido
reubicados. Se aprecia la cercania al pecio y al arrecife

Manguera de la draga sobre colonias de coral.


Imágenes del ancla posicionada sobre diferentes partes de la estructura del barco cubierta por
coral. En la imagen inferior se aprecia el ancla sobre la piedra de lastre del pecio.

Cabeza de coral desprendida y volteada. Se aprecia la línea base que se usó como referencia
para las medidas, la cual pasó sobre la colonia de coral sin haber sido considerada su
reubicación previa a los trabajos a realizar.