Borrador ensayo de transversalidad
Tania Daniela Bernal Urrego
2017
Fundación universidad central
Facultad de Ciencias Sociales, Humanidades y Arte
Departamento de Derecho y Ciencias Políticas
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Tabla de Contenidos
Introducción a la obra Antígona de Sofocles ..................................................................... 1
Democracía y tiranía ......................................................................................................... 44
Leyes divinas y juicios del hombre. ...................................Error! Bookmark not defined.
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Introducción a la obra Antígona de Sófocles
Fue un dramaturgo griego nacido en Colona, actualmente parte de Atenas, actual
Grecia (496 a. C. –Atenas, 406 a. C.) nació en el seno de una familia acomodada, su
padre fue Sofilo un acaudalado comerciante de armaduras, debido a ello gozó de una
buena educación, la mejor de las aristócratas de la época. Siendo un joven de tan solo
dieciséis años fue elegido directos del coro de muchachos para celebrar la victoria de
Salamina, en el 468 a. C. alcanzó notoriedad como autor trágico al presentarse en el
concurso teatral que se celebra anualmente en Atenas y vencer a Esquilo cuya supremacía
como poeta trágico había sido indiscutible en los años procedentes. Su obra literaria
consiste en ciento veintitrés obras durante su vida, pero de esa enorme producción se
conservan en la actualidad, aparte de algunos fragmentos, tan sólo siete tragedias
completas: Antígona, Edipo Rey, Áyax, Las Traquinias, Filoctetes, Edipo en Colono y
Electra.
Antígona se presento por primera vez en el año 422 a. C. (s. V a. C.) en lo que es
Atenas actualmente, con el motivo de celebraciones y fiestas en honor a Dionisio, dios
del vino, la fiesta y el teatro. Las obras dramáticas se presentaban a un concurso donde
cada año se elegía a un ganar, en este caso, al mejor autor. Sófocles ganó este concurso
en varias ocasiones. En donde el autor narra cómo tras el exilio voluntario de Edipo, sus
hijos mellizos Etéocles y Polinices, deben ocupar el trono en años alterno. Sin embargo,
Etéocles decide intralarse indefinidamente en el poder y destierra a Polinices, por lo que
éste regresa con un ejercicio extranjero. Tebas vence a dicho ejercito, pero en el
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transcurso de la batalla ambos hermanos se dan muerte mutuamente. Su tío Creonte,
queda acargo del gobierno y sentencia: al defensor de la patria, Estéocles, se le rendirán
grandes honores funerarios como se acostumbraba; el traidor Polinices quedará
desenterrado a las afueras de la cuidad, a la merced de las aves de rapiña. Las tradiciones
griegas establecían el debes sagrado de sepultura a los muertos, y así lo quería hacer su
hermana Antígona, sin importar lo proclamado por el rey, el cual señala que en caso
contrario el alma del difunto vagaría eternamente sin reposo y nunca podría acceder a las
mansiones del Hades. Los guardias que rodean el cadáver la descubren en flagrancia, y es
llevada ante la presencia y el juicio de Creonte, quien la increpa por su desobediencia
donde decide llevar a Antígona a una cueva, sin comida, decide quitarse la vida,
ahorcándose. Pero el hijo de Creonte (también prometido de Antígona) decide quitarse la
vida cuando ve a su amada ahorcada, y posterior a eso, al recibir la mala nueva por parte
de un mensajero, Eurídice la esposa de Creonte decide acabar con su vida por su propia
mano y es ahí donde comienza el padecimiento de el rey de Tebas.
Personajes
Antígona: hija del rey Edipo.
Ismene: hija de Edipo.
Hemón: hijo de Creonte y Eurídice
Creonte: rey de Tebas, tío de Antígona, Ismene y Polinices.
Coro de los ancianos de Tebas (también representa la voz del pueblo).
Guardián.
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Tiresias: adivino anciano, ciego.
Eurídice: reina, esposa de Creonte, madre de Hemón.
Mensajero.
Corifeo.
Polinices-Eteocles.
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Democracia y tiranía como un modelo para gobernar
El dolor o la discordia que adquiere mayor visibilidad a lo largo de la obra esta
encarnada por Antígona y Creonte ya que es una obra basada en la mitología griega, trata
de mantenerse perteneciente el conflicto de una sociedad entre el poder del estado y el
individuo. En este caso, en la obra de Antígona, se ve reflejado un estado de total
desequilibrio e injusticias, dictaminadas por un individuo soberbio y vanidoso de poder
por loque Antígona considera producto de la tiranía la decisión de su tío el no dejar darle
sepultura a su hermano, que es contraria no sólo a los dioses sino a los sentimientos de la
polis:
Antígona: (refiriéndose a su decisión de sepultar a su hermano) Se podría decir
que esto complace a todos los presentes, si el temor no les tuviera paralizada la
lengua. En efecto a la tiranía le va bien en otras muchas cosas, y sobre todo le es
posible obrar y decir lo que quiere. (Sófocles, 422 a. C., p. 67)
Nuevamente aparece Creonte afirmando su incoherencia al decir que a los que tienen el
poder y capacidad para mandar, se les debe obedecer sin ninguna contradicción, tanto en
lo justo como en lo contrario, porque la obediencia a los que mandan es lo primordial y
de esa manera se evita la anarquía. Pero de otra manera, su hijo Hemón alega en todo su
dialogo con Creonte a favor de la democracia, se lamenta de que al pueblo lo vea mal por
obrar de tal manera, por causa de una injusta decisión, oponiéndose totalmente a ella:
A un hombre, al menos si es prudente, no es nada vergonzoso ni aprender mucho
ni no mostrarse intransigente; mira, en invierno, a la orilla de los torrentes
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acrecentados por la lluvia invernal, cuántos árboles ceden, para salvar su ramaje:
en cambio, el que se opone sin ceder, esté acaba desguajado. Y así, el que, seguro
de sí mismo, la escota de su nave tensa, sin darle juego, hace resto de su travesía
con la bancada al revés, hacía abajo (Sófocles, 422 a. C., p. 73-74)
Hemón le reprocha su soberbia al pensar que solamente él dice la verdad y que los que
piensan diferentes están errando de manera absurda, y que solo él tiene la razón y el
poder para que sea así, y le aconseja aprender de lo que hablan con moderación y le
reitera una y otra vez que Tebas no piensa como él, a lo que Creonte responde: « ¿Y la
ciudad va a decirme lo que debo hacer?» Y luego: « ¿No se considera que la cuidad es de
quien gobierna?». En donde se muestra a un Creonte equivocado y soberbio, tanto en los
aspectos religiosos como en los éticos y morales que no obedece el mandato de la
religión, ni tampoco respeta la voluntad popular al gobernar con tiranía.
La crítica implícita se dirige al carácter tiránico de Creonte, dejaría a Antígona en
el lugar de víctima. Así la obstinación y el sacrificio de aquella mujer serían interpretados
como un efecto de lo cometido por Creonte, y por ende, como una crítica a la tiranía, en
esta obra se ve de manera clara las consecuencias de un gobierno despótico, donde las
leyes son dictadas y promulgadas por una sola persona, o mejor, donde la ley se identifica
con la persona misma del soberano.
Los ciudadanos deben reconocer todas las decisiones que el gobernante realice, o
se exponen a ser eliminadas, los ciudadanos en esta época estaban sujetos a los caprichos
de aquel que tiene ilimitado el poder, quienes viven sometidos nunca pueden verse libres.
Por ello los gobernantes siempre tratan de ganar el respeto y sumisión de los ciudadanos
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para que estos no duden siquiera en librarse de su mando porque el mayor temor de un
gobernante en la anarquía.
Aquí Creonte actúa como juez, donde decide el castigo de uno de los hermanos de
Antígona por deshonrar la patria y las honras para el otro por haber actuado a favor, pero
también hay una actuación judicial (prohibición) y legislativa (imposición) por parte de
Creonte en donde hace una proclamación imperativamente a todos los ciudadanos,
exclamando que quien no la cumpla llevara el peor de los castigos. Platón propone la
definición de justicia que considera insatisfactoria y expone un análisis de que sea “lo
justo” en el hombre y en la cuidad; partiendo de lo expuesto por Platón podemos
evidenciar que Creonte actuaba según su propio ideal de “justicia” y no de lo que era
verdaderamente justo y bueno para el Estado y su pueblo.
Platón propone un estado basado esencialmente en la ética y la condición del
hombre como un ser que solo puede vivir en una sociedad bien organizada, que para los
griegos estaba presentada por la Ciudad-Estado. Platón estaba convencido que todo
gobernante de un Estado ideal deber saber en qué consiste el arte de gobernar y que lo
que debe hacer, porque si no lo sabe, o no tiene la habilidad para ejercer su función
eficazmente, puede hundir tanto a su pueblo como al Estado.
La forma de gobierno que se había empleado desde Edipo hasta Creonte era la
sucesión de monarquía, en donde el monarca es el heredero, normalmente un hijo, del
monarca anterior, es también llamada monarquía hereditaria, todos los monarcas
provienen de la misma familia, y la corona pasa de un miembro a otro de la misma, este
sistema hereditario tiene como ventajas la estabilidad y la previsibilidad, como paso con
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Edipo, él dejo el trono a sus hijos después de morir en el exilio total, pero ellos también
murieron a manos del otro, quedando así solo Ismene y Antígona, pero siendo mujeres no
podían ejercer ese poder sobre Tebas, y así según la ley de la sucesión el mando quedaría
a manos de un familiar (hermano) del anterior monarca, que en este caso era Layo, y así
Creonte se posiciono como rey de Tebas.
Actualmente no somos ajenos a una “monarquía” más desarrollada, en donde los
actuales dirigentes políticos fueron sucedidos de algún familiar.
Revisada la historia política colombiana, encontramos desde la independencia un
ramillete de familias herederas de los gajes des poder político, constituyéndose en
una monarquía hereditaria, disfrazada de democracia. Hijos de ex presidentes, de
senadores, sobrinos, nietos y primos, son hasta hoy los dueños del país. (Santiago
Villarreal, 2013).
Si bien estamos hablando de una obra de hace más de dos mil años, lo que acabamos de
decir responde perfectamente a aspectos observables en nuestra época, la época
contemporánea: la falta de organización social y el abuso o exceso de poder de parte de
muchas personas de nuestro tiempo, que para lograr objetivos inmediatos, pasan por
encima de las creencias y costumbre de las personas o quienes gobiernan
Podemos evidenciar de manera clara que en el actual sistema de gobierno se sigue
viviendo una monarquía, más desarrollada y organizada, pero aún sin embargo se sigue
viendo un sistema democrático en donde el pueblo tiene la capacidad de elegir a quien
quiere gobierne con transparencia y justicia su país.
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Leyes divinas y juicios del hombre
Sin duda el conflicto que se vivía entre aquellas leyes humanas que no siguen o incluso
contradicen a las leyes divinas es el centro de esta estrategia. La soberbia del hombre
suele alejarlo de las “obligaciones divinas”, haciéndolo sentir superior a todo lo que lo
rodea, pero entonces aparece el destino que es implacable y se presenta ante el de la pero
manera, destruyendo todo lo que pudo haber construido hasta ahí. Sófocles en la obra
nos manifiesta la defensa de los derechos éticos y morales los cuales son universales, de
aquellas leyes naturales y divinas que no tienen necesidad de estar escritas.
No era Zeus quien me lo había decretado, ni Dike, compañera de los dioses
subterráneos, perfiló nunca entre los hombres leyes de este tipo. Y no creía yo que
tus decretos pueda saltar por encima de las leyes no escritas, inmutables, de los
dioses: su vigencia no es de hoy ni de ayer, sino de siempre, y nadie sabe cuando
fue que aparecieron. (Sófocles, 422 a. C., p.p 66)
Aunque en el siglo XX han tenido que ser legisladas de manera internacional, es el caso
de los “derechos humanos” (pero anteriormente se habían promulgado la declaración de
los “Derechos del hombre y del ciudadano”). En la tragedia, Sófocles habla
implícitamente de docencia moral y democrática, preocupado seguramente por la
decadencia de las costumbres en la sociedad desde el punto de la soberbia y la vanidad y
previniendo siempre contra la tiranía.
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Creonte cree obrar bien, dando un castigo ejemplar al no permitir enterrar el
cadáver de Polinices, por traidor, por el simple hecho de que la traición es uno de los
delitos más repudiados en Grecia, tanto en la época arcaica en la que se desenlaza la
historia, como en la clásica que en la que Sófocles escribe. Sin embargo Antígona más
que un personaje es un símbolo de inconformidad y justicia, defendiendo las leyes que
tienen un valor absurdo a los decretos políticos; defiende a quien no puede defenderse
porque está muerto, y defiende los valores morales como lo son la dignidad y el honor
familiar que tanto pesaba en esa época, y por último defiende las leyes divinas.
Sintiendo una obligación con su polis Sófocles muestra repetidamente en el papel
de Creonte lo que no se debe hacer donde incluso el es consciente de que esta
contrariando deberes primordiales, según lo dicta Zeus, protector del hogar, al no cuidar
de sus sobrinas. La última gran contradicción de Creonte se ilustra sobre el final de la
tragedia, cuando el adivino Tiresias le pide que reflexione sobre el error de la decisión
que había tomado referente al destino de Antígona y se muestra inflexible ante las
palabras del sabio hombre.
La ciudad sufre estas cosas a causa de tu decisión… los dioses no aceptan yta de
nosotros suplicas en los sacrificios… Recapacita, pues hijo, ya que el equivocarse
es común para todos los hombre, pero,, después que ha sucedido, no es hombre
irreflexivo ni desdichado aquel que, caído en el mal, pone remedio y no se
muestra inflexible. (Sófocles, 422 a.C., p.p 82)
Pero su actitud cambian ante la presencia de dos anuncios que van contra su
persona. Olvida sus injurias anteriores y exclama:
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«Temo que lo mejor sea cumplir las leyes establecidas por los dioses mientras
dure la vida» (Sófocles, 422 a. C., p.p85)
Aunque la reflexiona cerca de lo cometido llego tarde, ya el torrente trágico que se había
desencadenado era imposible detener; una sucesión de muerte a partir de la de Antígona
recaerán sobre su familia, llevando a la muerte a Hemón su hijo y a Eurídice su esposa.
En el contexto histórico en el que se desarrollo Antígona se hacía un juzgamiento
bastante superficial, empezando porque el que juzgaba y tenía el poder de hacerlo era el
rey, en este caso Creonte, y lo hacía muchas veces de manera herrada, haciendo juicios
inválidos frente a la ley divina y ley natural que los regía como Estado-Nación;
actualmente en Colombia se hace un protocolo bastante bien elaborado siguiendo un
conducto apoyándose en material probatorio y testimonial, el sistema penal acusatorio-
fase de investigación corresponde a la Fiscalía General de la Nación y su objetivo es
establecer como un mínimo grado de certeza, si el hecho investigado realmente ocurrió,
si se encuentra tipificado en la ley pena, y quienes son los autores o participes del mismo.
Este tipo de procesos que actualmente utiliza un Estado social de derecho es de gran
ayuda porque primero se hace una investigación basada en pruebas y argumentos validos
y luego si se condena, no como lo hizo Creonté a Antígona, exiliándola del todo y
aplicándole la mayor de las condenas, sin tener en cuenta que ella estaba obrando según
leyes “divinas” las cuales se supone debe respetar y ejercer cada Romano.
Hay dos formas diferentes de ejercer el poder, uno es la tiranía representada por
Creonte, donde posee poder absoluto sobre todo lo existente en Tebas y en donde no
permite sugerencias ni comentarios a sus órdenes, está el poder de la verdad y su verdad
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debe cumplirse, no permite que nadie la cambie, por lo que me permite relacionarlo con
la enfermedad de la confianza exagerada en uno mismo que conduce a tomar decisiones
equivocadas a falta de leyes escritas e impuestas, teniendo en cuenta que hay algunas que
no están escritas porque siempre han permanecido mediante la costumbre. Actualmente
en Colombia se rige bajo una ley que está escrita o bien llamada derecho civil, el cual
rige bajo un sistema de leyes codificadas, donde generalmente existe una constitución
escrita basada en códigos de la ley específicos (por ejemplo, códigos que cubren el
derecho administrativo u otros) consagrando derechos y responsabilidades básicas.
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Referencias bibliográficas
Gabrielidis, G, (2009). Reflexiones sobre antígona de Sófocles. Revista Melibea. 3. P.p
43-50
Ardesi de Tarantuviez, Beatriz (1991), “La tragedia ática en el ambiente político y social
de su tiempo”, Mendoza, Revista de Historia Universal, 4, 59-68.