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BARQUISIMETO, ABRIL 2019

La Bendición Sacerdotal

Con Cariño: Hna. Lolimar


La Bendición Sacerdotal
(Números 6:22-27)

Entonces habló el SEÑOR a Moisés, diciendo: (23) Habla a Aarón y a sus hijos, y diles: "Así bendeciréis a los hijos de Israel. Les
diréis: (24) 'El SEÑOR te bendiga y te guarde; (25) el SEÑOR haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia;
(26) el SEÑOR alce sobre ti su rostro, y te dé paz.'"

Hoy quiero que estudiemos una de las bendiciones más maravillosas en toda la Palabra de Dios. Hay varias bendiciones
en la Escritura. Al final de muchas de las epístolas del Nuevo Testamento, encontrarás algunas hermosas bendiciones que nos
animan en nuestro caminar diario.

No para cualquiera, sino para los Hijos de Dios, para aquellos que han dado
el paso de hacer un Pacto con Él.
En la Biblia hay muchas bendiciones, sobre todo las que los padres dan a sus hijos, ya sea al primogénito o la bendición
última antes de morir. Pero en Números encontramos la bendición de bendiciones. Esta es una de las más famosas bendiciones en
la Biblia, y se conoce como la “Bendición Aarónica o Sacerdotal”. Aunque lleva el nombre de Aarón, en realidad las palabras
proceden de la Boca de Dios

BENDICIÓN
¿Qué es una bendición?
En español, “bendecir” significa literalmente “bien decir”.
En hebreo, el concepto de bendición es completamente diferente. La palabra hebrea es Baraj, que literalmente significa:
arrodillarse, como un saludo o un acto de adoración.
Curiosamente, cuando pensamos en “bendición” la mayoría los relaciona con bienes materiales, tales como riqueza, salud,
felicidad, bienestar, etc.

Como veremos en este estudio, la bendición que Dios desea para nosotros va más allá. No excluye lo material, sino que lo
sobrepasa.

Él levantó sus manos sobre sus discípulos y les habló palabras de bendición. En ese caso fue una bendición de despedida, que es
como a menudo lo hacemos al final de los cultos de la iglesia y la forma en que aparece al final de muchas de las epístolas del
Nuevo Testamento.

Pero cuando vamos al Antiguo Testamento, hay una bendición en particular, que es especialmente conocida. He escuchado esta
bendición muchas veces en los últimos años. Yo se la he dicho a muchas personas. En los últimos días, la he estado estudiando y
he encontrado que hay en ella mucha riqueza y enseñanzas frescas del Señor que han ministrado una bendición especial a mi vida.
Quiero que tomemos tiempo para estudiar esta hermosa bendición.

Ahora vamos a desglosar este pasaje palabra por palabra, frase por frase.

a. El Señor te bendiga

La bendición sacerdotal comienza con lo mejor, con el origen de todas las bendiciones…El Señor mismo. Dios es la
mejor bendición, no sólo porque Su Presencia es lo que mayor satisfacción nos trae, sino también porque Él es el
portador y la fuente de todas las demás bendiciones.

b. El Señor te guarde

Luego de pedir por la Presencia de Dios y todos sus beneficios, pasamos a la segunda petición: “El Señor te guarde”.

“Guardar” en hebreo es Shamar. Literalmente significa: poner un cerco de espinas alrededor de algo para protegerlo y cuidarlo.
¿Por qué necesitamos un “cerco alrededor”? Porque hay amenazas afuera.
Después de darnos la bendición, Dios quiere que la mantengamos y que nadie nos la robe. El quiere que la guardemos, la
atesoremos, la conservemos.

Por lo general nosotros no pedimos protección sino hasta que el peligro o la amenaza está sobre nosotros. Pero Dios quiere
protegernos mucho antes que eso (Salmo 121:1-8). El quiere poner un cerco a nuestro alrededor para evitar el peligro.
“Guardar (heb. Shamar)” es la misma palabra que se usa para obedecer, es decir, “guardar los mandamientos” (Exo 20:6). Cuando
obedecemos a Dios, Él nos guarda de todo mal.

b. El SEÑOR haga resplandecer su rostro sobre ti

“Resplandecer el rostro” es una figura idiomática utilizada en hebreo. El verbo que se traduce como “resplandecer” es
que literalmente significa: luz.

Lo contrario sería “esconder el rostro”. Esto fue lo que Dios hizo cuando su pueblo desobedeció.
(Deu. 31:16-18) Y el SEÑOR dijo a Moisés: He aquí, tú vas a dormir con tus padres; y este pueblo se levantará y
fornicará tras los dioses extranjeros de la tierra en la cual va a entrar, y me dejará y quebrantará mi pacto que hice con
él. (17) Y se encenderá mi ira contra él en aquel día; los abandonaré y esconderé mi rostro de ellos. Será consumido, y
muchos males y tribulaciones vendrán sobre él, por lo que dirá en aquel día: "¿No será porque mi Dios no está en medio
de mí que me han alcanzado estos males?" (18) Pero ciertamente esconderé mi rostro en aquel día por todo el mal que
habrá hecho, pues se volverá a otros dioses.

Pero cuando su pueblo obedece, el Señor resplandece su rostro sobre ellos. Esto es lo que clamó David:

(Salmo 27:7-11) Escucha, oh SEÑOR, mi voz cuando clamo; ten piedad de mí, y respóndeme. (8) Cuando dijiste: Buscad
mi rostro, mi corazón te respondió: Tu rostro, SEÑOR, buscaré. (9) No escondas tu rostro de mí; no rechaces con ira a
tu siervo; tú has sido mi ayuda. No me abandones ni me desampares, oh Dios de mi salvación. (10) Porque aunque mi
padre y mi madre me hayan abandonado, el SEÑOR me recogerá. (11) SEÑOR, enséñame tu camino, y guíame por
senda llana por causa de mis enemigos.

“Esconder el rostro” implica salirse de su presencia, y de su gracia. Por el contrario, cuando Dios “resplandece Su
Rostro”, esto significa que nos lleva ante Su presencia. Implica tener una buena relación con Él, y por consiguiente
contar con su gracia y favor.

El resultado de estar en la presencia de Dios, en el resplandor de Su Rostro, es que nosotros también comenzamos a
“resplandecer”, es decir, reflejamos la luz del Señor a los demás. Esto fue lo que le sucedió a Moisés.
(Exodo 34:29) … al descender del monte, Moisés no sabía que la piel de su rostro resplandecía por haber hablado con Dios.

También nosotros somos llamados a ser luz, a reflejar el resplandor de Dios en el mundo.
(Salmo 119:135) Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo, y enséñame tus estatutos.
(Salmo 4:6) Muchos dicen: ¿Quién nos mostrará el bien? ¡Alza, oh SEÑOR, sobre nosotros la luz de tu rostro!
(Mateo 5:16) Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre
que está en los cielos.

La luz será nuestra obediencia y buenas obras. De esa forma, reflejaremos al mundo quién es Dios, y lo glorificaremos.
(Salmo 67:1-3) Dios tenga piedad de nosotros y nos bendiga, y haga resplandecer su rostro sobre nosotros; (2) para que sea
conocido en la tierra tu camino, entre todas las naciones tu salvación. (3) Te den gracias los pueblos, oh Dios, todos los pueblos
te den gracias.

Cuando buscamos la Presencia de Dios y Le conocemos como Él es, no nos queda más que dar gracias.
(Salmo 89:15-16) ¡Cuán bienaventurado es el pueblo que sabe lo que es la voz de júbilo! Andan, SEÑOR, a la luz de tu rostro.
(16) En tu nombre se regocijan todo el día, y por tu justicia son enaltecidos.

d. Tenga de ti misericordia

En la Biblia se habla de varios tipos de “misericordia”. La que se menciona acá es “Janan” que literalmente significa doblarse o
inclinarse en bondad hacia un inferior. Es moverse a favor de alguien mediante una petición.

Este tipo de misericordia se conoce más como “gracia”. Es un favor no merecido. Aun así, Dios se inclina a favor de uno, en toda
su bondad, y nos lo concede.

Nosotros no merecemos estar en Su Presencia; sin embargo, ése es el deseo de Su corazón. El nos creó para que vivamos con Él.
Aunque hayamos pecado, Él está dispuesto a perdonarnos y limpiarnos de toda maldad para que podamos regresar a Su Presencia.
Esa es Su gracia, Su misericordia y Su gran amor.
e. El SEÑOR alce sobre ti su rostro

La expresión “alzar el rostro” se aplica a alguien que va a pedir un favor. Por ejemplo, cuando un súbdito se presenta ante el rey,
lo hace con los ojos bajos, en señal de humildad. Pero cuando el rey atiende su causa y concede su petición, el súbdito puede
levantar su vista y agradecer al rey.

Sabiendo esto, puede extrañarnos que esta expresión pueda aplicarse al Señor, al Rey de Reyes. ¿No somos nosotros quienes nos
presentamos con humildad ante el Señor, esperando levantar el rostro cuando Él responda? Para entenderlo, debemos aprender
otra expresión hebrea…

En un sentido opuesto, encontramos la expresión de “rostro caído”, la cual se aplica a alguien que está molesto o lleno de ira. La
Biblia describe a Caín con un “rostro caído” cuando el Señor no aceptó su ofrenda (Gen. 4:6).

Esta misma expresión la encontramos en Jeremías:


(Jer. 3:12) Ve y proclama estas palabras al norte, y di: "Regresa, infiel Israel"--declara el SEÑOR--, "no te miraré con ira,
porque soy misericordioso"--declara el SEÑOR--; "no guardaré rencor para siempre.

Donde dice: “No te miraré con ira”, en hebreo literalmente dice: “Mi rostro no caerá”.

A causa de nuestro pecado, el Señor debería tener “Su rostro escondido” de nosotros, al igual que el “rostro caído” en señal de
enojo por nuestra infidelidad. Deberías ser nosotros quienes nos presentamos ante Él con humildad, con rostro bajo.

Lamentablemente, el pueblo de Dios tarda en arrepentirse. Por eso, el Señor mismo sale a buscarnos. Como Jeremías dice, Él no
tiene el rostro caído, no guardará rencor ni ira para siempre, porque es misericordioso con Su pueblo. El Señor ha alzado su
rostro—no sólo en señal de que perdona a Su pueblo, sino en espera de que nosotros nos arrepintamos y regresemos a Él.

“Alzar el rostro” es el equivalente a sonreír y tener una disposición favorable.

f. Te dé paz

En el diccionario encontramos la definición de “paz” como: la ausencia de conflicto. Pero la paz bíblica va más allá que eso.

Paz en hebreo es Shalom, que literalmente quiere decir: completo. Es no tener necesidad de nada; es tener bienestar total e
integral, en todas las áreas de la vida. El deseo de Dios es que Su pueblo no tenga necesidad de nada y que esté en paz, sobre
todo en paz con Él.

Para reconciliarnos consigo, Dios envió a su Hijo para pagar el precio de nuestro pecado. Todo lo que tenemos que hacer es creer
en Él, y seguirle.
(Romanos 5:1-2) Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor
Jesucristo, (2) por medio de quien también hemos obtenido entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos
gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.

Además de la paz de la salvación, Dios hizo un pacto de paz con los levitas.
(Malaquías 2:4-7) Entonces sabréis que os he enviado este mandamiento para que mi pacto siga con Leví--dice el SEÑOR de los
ejércitos. (5) Mi pacto con él era de vida y paz, las cuales le di para que me reverenciara; y él me reverenció, y estaba lleno de
temor ante mi nombre. (6) La verdadera instrucción estaba en su boca, y no se hallaba iniquidad en sus labios; en paz y rectitud
caminaba conmigo, y apartaba a muchos de la iniquidad. (7) Pues los labios del sacerdote deben guardar la sabiduría, y los
hombres deben buscar la instrucción de su boca, porque él es el mensajero del SEÑOR de los ejércitos.

Dios no nos obliga a entrar en Pacto con Él, ni a entrar en Su Presencia. Es una invitación que podemos aceptar o declinar. Está en
nosotros recibir la bendición.

Algunas personas llaman a esta bendición, la bendición de Aarón. Eso significa que llegó a través de Aarón. Aarón debía bendecir
al pueblo de Israel y esta es la bendición que Dios le instruyó que impartiera..

Hay un sentido en el que Dios bendice justos e injustos. Él manda la lluvia a los que somos sus hijos, así como también a aquellos
que no son sus hijos y Él les regala el sol a ambos también. Hay algunos favores y algunas bendiciones generales y comunes que
Dios ofrece a todos, pero hay ciertas bendiciones que Dios reserva para aquellos que son Sus hijos.

Esta fue una bendición especial para Israel. A la luz del Nuevo Testamento, creo que es una bendición que se puede aplicar a
nosotras como hijas de Dios también.
La bendición es una idea de Dios.
Dios lo pensó. Dios piensa en ello.
Él es quien tomó la iniciativa de bendecir a los hijos de Israel.
Y Él es quien toma la iniciativa de bendecirnos en nuestras vidas.

En cuanto al contexto inmediato en el libro de Números, vemos que los hijos de Israel están en el desierto. Acaban de salir de
Egipto, donde fueron esclavos por 400 años. Han sido librados por Dios a través del derramamiento de la sangre del Cordero. Dios
los ha librado de Egipto. Él los llevó a través del Mar Rojo, los libró de sus enemigos, los egipcios. Ellos han estado en el monte
Sinaí, donde han recibido la ley de Dios, y ahora es el momento en que van entrar en la tierra prometida.

Dios sabe en qué desierto te encuentras en este momento. Dios sabe el desierto por el que transitarás en un año o en dos o
en 38 años a partir de ahora. Dios prepara sus bendiciones a la medida, de forma que sean exactamente lo que Él sabe que
necesitaremos en ese momento y en esa etapa de la vida.

¿Qué iban a necesitar los hijos de Israel en ese desierto? Bueno, iban a necesitar protección. Iban a necesitar provisión. ¿Quién
iba a alimentar a todos estos judíos? ¿De dónde iban a conseguir alimento para cada día? De hecho, ellos le dijeron a Dios una
vez, «¿puedes preparar una mesa en el desierto?» ¿Cómo se alimentan dos millones de personas en un desierto donde no hay
restaurantes de comida rápida?

Ellos iban a necesitar provisión. Iban a necesitar la presencia de Dios. Iban a necesitar la bendición de Dios. Ellos no podrían
sobrevivir sin eso.

No importa dónde tú o yo estemos caminando, realmente estamos siempre en un lugar en la vida donde no podemos
sobrevivir sin la bendición de Dios. Necesitamos Su bendición y Dios lo sabe. Así que por eso envió esta bendición para llevar
aliento y esperanza y paz a sus hijos en medio de circunstancias difíciles de su vida.

Dios sabía que iba a ser difícil. Él sabía que llegarían a lugares donde no habría agua, o donde no habría nada de comer, o donde
serían amenazados por los enemigos. Dios les dijo de antemano, «he preparado una bendición para ustedes». Esa era una
bendición que acompañaría a los hijos de Israel y que los cubriría durante todos esos años de vagar por el desierto, y luego más
adelante en la tierra prometida y durante todas las batallas que enfrentarían allí.

Esta bendición era un recordatorio:

 del amor de Dios por Sus hijos


 de Su devoción hacia ellos
 de Su atención
 de que Dios estaba pensando en ellos
 de que Él estaba consciente de ellos
 de que Él tenía sus ojos puestos sobre ellos
 de que Él conocía sus necesidades, incluso antes de que ellos las supieran.

Probablemente ellos no se daban cuenta de lo rápido que estaría en gran necesidad, desesperadamente, pero Dios sí lo sabía.

BENDICION CON EL NOMBRE

¿Cuál será el efecto que tendrá esta bendición sobre el pueblo?


El objetivo de la bendición es poner el Nombre de Dios sobre ellos. Al hacerlo, el Señor derramará Su bendición sobre ellos.
(Num. 6:27) Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré.

El Señor explica que lo que el sacerdote está haciendo al proclamar esta bendición sobre el pueblo es “invocar el Nombre de
Dios” sobre ellos. En hebreo dice literalmente “pondrás mi Nombre (V’Simu et Shemi) sobre los Hijos de Israel”.

¿Cómo se pone el Nombre de Dios sobre alguien?


En los tiempos de hoy se podría comparar con poner el apellido. En cierta forma, el Señor los está adoptando como hijos, como
ciudadanos de Su Reino. Si los israelitas llevan el Nombre de Dios es porque ya son considerados de su familia, pues llevan Su
Nombre.

Pero este privilegio no sólo implica tener las bendiciones y los derechos que eso trae, sino también las responsabilidades. Ahora
son ciudadanos del Reino, hijos del Rey de reyes, y deben comportarse como príncipes y princesas.

Si llevamos el Nombre de Dios, no nos faltará nada porque el Señor bendecirá a sus hijos con todo lo que necesiten y más (Mat.
6:31-33).
La bendición proviene de CONOCER A DIOS—saber quién es Él, cómo es Él, de lo que es capaz, entender su carácter, confiar en
sus promesas y entrar en una relación íntima, personal y profunda con Él, todo lo cual nos llevará a obedecerle y vivir como Él
manda. Todo esto traerá todo tipo de bendición a nuestra vida.

Esta bendición es dada por Dios a través de Sus sacerdotes a Su pueblo y consiste realmente en una serie de peticiones, pero
también es una promesa. Es una promesa de que tendrán el favor de Dios, que Él pondrá Sus ojos sobre Su pueblo; que Él
atenderá sus necesidades.

SELLADOS CON SU NOMBRE

En Apocalipsis menciona quiénes llevarán el Nombre de Dios.


(Apoc. 3:12) Al vencedor le haré una columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; escribiré sobre él el nombre
de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, que desciende del cielo de mi Dios, y mi nombre nuevo.
(Apoc. 14:1) Miré, y he aquí que el Cordero estaba de pie sobre el Monte Sion, y con El ciento cuarenta y cuatro mil que tenían
el nombre de El y el nombre de su Padre escrito en la frente.

Los que vivan en la Nueva Jerusalén, llevarán el Nombre de Dios sellado en sus frentes.
(Apoc. 22:3-4) Y ya no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará allí, y sus siervos le servirán. (4) Ellos
verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes.

Creo que uno de los lugares claves en el Nuevo Testamento, donde leemos acerca del cumplimiento de esta bendición, se
encuentra en el Evangelio de Juan capítulo 17, donde el Señor Jesucristo, nuestro gran Sumo Sacerdote, ora una bendición
por los creyentes del Nuevo Testamento.

Al leer esta bendición que viene por medio de Aarón, el sumo sacerdote, y sus hijos, se nos recuerda que tenemos un gran Sumo
Sacerdote. Su nombre es Jesucristo. Es Él que pronuncia estas palabras de bendición para nosotras. No solo es Él quien nos
bendice, sino que también Él es el cumplimiento de las peticiones de esta bendición. Él es la bendición. Él nos bendice, pero
también Él es el cumplimiento de esa bendición. Todo se ha cumplido en Él.

Al leer esta bendición, no solo vemos que Dios bendijo a los hijos de Israel, sino que también Dios nos está bendiciendo con estas
palabras del Antiguo Testamento; palabras que se repetirán en esencia en el Nuevo Testamento, y también se nos da un modelo
que podemos usar para bendecir a otras personas. Bendecimos a los demás como hemos sido bendecidas. No necesitamos tener un
sacerdote para hacerlo, un sacerdote terrenal, en el sentido de la religión terrenal, porque tenemos un Sumo Sacerdote en el cielo
hoy que está orando por nosotros.

Esta oración, esta bendición, como aparece en Números capítulo 6, en realidad contiene algo que podría lucir como la imagen dos
sujetalibros. En el versículo 22, leemos: «Entonces habló el SEÑOR a Moisés, diciendo: Habla a Aarón y a sus hijos, y diles: "Así
bendeciréis a los hijos de Israel, les diréis..."».

Luego tenemos la bendición. Es decir que Dios instruye a Moisés que le diga a Aarón el sacerdote que así es como él debe
bendecir al pueblo. Bendecirás al pueblo de Israel. Estas son las palabras que debes hablarles.

Luego tenemos la bendición. Al final tenemos el versículo 27, el colofón o el sujetalibros del otro lado. «Así invocarán mi nombre
sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré». Así que Dios le dice al sacerdote: «Bendice al pueblo, y al hacerlo, yo los
bendeciré».

Ahora, ¿qué implica eso? Implica que cuando se imparte la bendición de Dios sobre la vida de otras personas, lo que realmente
estamos haciendo es creando un escenario, creando una oportunidad para que Dios pueda, de hecho, bendecir estos individuos.
Míralo en el versículo 22. «Bendice al pueblo de Israel. Así les dirás a ellos». A continuación, fijate lo que dice al final: «Y yo los
bendeciré». Es increíble.

Piénsalo por un momento. ¿Qué pasaría en la vida de tu pareja, de tus hijos, de tus amigos, si Dios hiciera solamente las cosas que
tú hablaras sobre estas personas? Si Dios fuera a bendecir, o a maldecir en la misma medida en que tú bendices o maldices a
la gente que te rodea, y si Dios fuera solo a cumplir las cosas que tú pediste, los buenos deseos que expresaste, las oraciones
de bendición que oraste por las personas, ¿qué tanto serían bendecidas estas personas?

Al hablar de bendecir, dirás: «El problema es que, yo no soy un sacerdote». Bueno, de acuerdo con el Nuevo Testamento, todos
hemos sido constituidos sacerdotes para Dios. No dependemos de ningún clérigo para llevar a cabo esta función. Esto es algo que
como creyentes del Nuevo Pacto todos podemos hacer. Podemos hablar bendición en la vida de los demás. Cuando lo
hacemos, de hecho nos convertimos en un canal, en un conducto de la bendición de Dios en la vida de otras personas.
Así que tenemos estos dos sujetalibros. Tú los bendices, y luego yo los bendeciré. Luego, en el centro tenemos esta oración que en
realidad está en forma poética, en hebreo. Son tres frases, cada frase dividida en dos partes. Tres coplas. «El SEÑOR te bendiga y
te guarde». Esa es una copla. La segunda es: «El SEÑOR haga resplandecer su rostro sobre ti y tenga de ti misericordia». Otra
copla. Luego la tercera copla, «el SEÑOR alce sobre ti su rostro y te dé paz».

Ahora bien, en realidad hay seis peticiones. Se le pide al Señor que haga algo por la persona. En esto consiste la bendición.

 Que el Señor te bendiga


 Que el Señor te guarde
 Que el Señor haga resplandecer Su rostro sobre ti
 Que el Señor tenga misericordia de ti
 Que el Señor alce Su rostro sobre ti
 Que el Señor te dé paz

Nota la repetición en esta bendición. Esa es una de las formas más comunes en la poesía hebrea. En primer lugar, te darás cuenta
de dos ocasiones en las que esta bendición habla sobre el rostro de Dios. Las palabras cara, rostro o faz, son la traducción de la
misma palabra hebrea para la palabra «cara». Es una imagen de la presencia de Dios. Dos veces habla de la palabra cara, faz o
rostro o presencia de Dios.

Al leer esto, nos damos cuenta de que cuando algo se repite en la Escritura, sobre todo en el estilo de la poesía hebrea, significa
que ahí hay un énfasis.

Al ver la repetición aquí: el Señor haga resplandecer Su rostro sobre ti, el Señor te muestre Su rostro, Su cara, Su presencia sobre
ti, nos damos cuenta de que la bendición suprema es la de disfrutar de Su presencia. La bendición suprema es entrar a la
presencia de Dios. Ese es el objetivo de los propósitos redentores de Dios, que podamos tener una comunión íntima con Él.

Así que la bendición aquí es obtener el favor de Dios; que puedas experimentar Su presencia. Esto se destaca al ver la forma en
que se repite la idea de buscar Su rostro.

Pero también te darás cuenta que en las peticiones hay otra cosa que se repite. Se repite tres veces. Lo vemos en los versículos 24,
25 y 26; y es el nombre del Señor. Se repite el nombre, Yahvé, en hebreo. Jehová, tres veces. Creo que esta es una representación
velada en el Antiguo Testamento de la Trinidad. El Padre te bendiga. El Hijo te bendiga. El Espíritu Santo te bendiga. Tres
personas, un solo Dios.

Cada una de estas tres personas tiene una función. Es el Padre que nos mantiene; «El Señor te bendiga y te guarde». Es el Hijo que
muestra gracia hacia nosotros; «El Señor haga resplandecer Su rostro sobre ti y tenga de ti misericordia». Ese es el ministerio del
Señor Jesucristo en nuestras vidas. Entonces, ¿quién es que nos da la paz? El Espíritu Santo. «El Señor alce sobre ti su rostro y te
dé paz». Así que aquí vemos el ministerio del Dios trino. Que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo te bendigan.

Esta oración es realmente uno de los mejores regalos que podemos otorgar a los demás. No quiero decir eso solo por las palabras
que contiene la oración, aunque es una gran bendición, sino por la idea de bendecir a los demás en el nombre del Señor. Es un
regalo maravilloso poder recibir del Señor y luego poder extender la bendición a los demás. Uno de los mayores regalos que
puedes otorgar a tu esposo, a tus hijos, a tus amigos es la bendición de Dios.

Ahora, nota, antes de adentrarnos en los detalles de esta oración, que se trata de una bendición que debe ser audible, debe
ser hablada. «Habló el SEÑOR a Moisés, diciendo: Habla a Aarón y a sus hijos, y diles: "Así bendeciréis a los hijos de Israel. Les
diréis…"» Esta instrucción viene solo por esa pequeña palabra, pero creo que hace hincapié en que tenemos que utilizar nuestras
palabras, nuestra boca para bendecir.

Ahora bien, hay otras maneras en que puedes bendecir. Puedes bendecir:

 Con actos de servicio y amabilidad


 Puedes bendecir con un espíritu dulce
 Con otras expresiones de amor

Al pensar en las personas que Dios te ha llamado a bendecir, asegúrate de que estás hablando bendición sobre sus vidas.

«Dirás a ellos, el Señor te bendiga y te guarde...»


Al mirar estas peticiones diferentes, permíteme hacerte esta pregunta: Si pudieras pedirle a Dios cuatro cosas para ti -piensa en
todas las cosas que quieres, todo lo que necesitas, todo lo que te gustaría tener, todas las cosas que te gustaría ver que Dios hiciera
por ti- pero si tuvieras que limitar la lista, reducirla a cuatro cosas, sabiendo que Dios te daría las cuatro cosas que pidas, ¿qué
incluirías en tu lista?

Piensa por un momento en las personas que amas: tu pareja, tus hijos, tus nietos, tus padres, tu pastor, tus amigos. Si solo pudieras
pedir cuatro bendiciones para tu esposo o para tus hijos y sabes que Dios haría lo que le pidas, ¿qué estaría en tu lista?

Creo que una oración como esta es de gran ayuda. Estoy tan contenta de que la tenemos en las Escrituras, porque nos recuerda qué
es lo realmente importante; lo que debemos tener en nuestra lista. Esta no es la única bendición en la Escritura, y no es la única
forma «correcta» por la que podemos pedir. Pero nos recuerda que esto es lo que realmente importa. Esta es la lista de Dios. Esta
es Su lista de cómo Él quiere bendecir a Su pueblo.

¿No te gustaría unirte con Dios al decir: «Yo quiero ser bendecido en la forma que Tú, Dios, me quieres bendecir? Quiero
bendecir a los demás de la manera en que Tú quieres bendecirlos».

Así que a medida que avanzamos a través de esta bendición, de esta oración, vamos a ver cuatro bendiciones específicas. Vienen
en la forma de seis frases, pero se reducen a cuatro bendiciones específicas que estamos pidiendo al Señor, para nosotras mismas y
para los demás. Así que veamos desde el principio: «El Señor te bendiga». Estamos reconociendo de nuevo aquí que es el Señor
que está impartiendo la bendición. El Señor te bendiga.

A menudo les escribo a los demás. . . y después de un montón de notas, al final me despido, «bendiciones». A menudo le digo a la
gente al despedirlos, «bendiciones sobre ti». El estudiar este texto me ha dejado ver que lo que estoy diciendo en realidad es «el
Señor te bendiga». Es Él el que al final bendice. «Bendecirás al pueblo. Dirás a ellos, el Señor te bendiga». Él es la fuente de toda
bendición. Todo viene de Él.

Pienso en ese pasaje de Génesis capítulo 48, cuando Jacob bendijo a su hijo José cuando él estaba a punto de morir. Dijo que el
Señor lo había bendecido, y por eso lo estaba bendiciendo a él. Si deseas bendecir a los demás, entonces primero debes recibir
la bendición de Dios. Tienes que permitir que Dios te bendiga. Él quiere hacerlo de esta manera que estaremos viendo y de otras
maneras también.

Y es que cuando bendecimos a Dios, cuando hablamos bien de Él. Cuando Dios nos bendice, Él nos hace bien. Él cumplirá las
peticiones que se le pidan. Esta bendición resume los beneficios de pacto que Dios quiere mostrar a Su pueblo.

Los judíos del Antiguo Testamento esperarían que un padre hablara palabras de bendición sobre sus hijos. Dios está diciendo:
«Ustedes son Mis hijos, y quiero bendecirlos». Así que al pensar acerca de las personas en tu vida, en tu hogar, al hablar con tu
marido y con tus hijos; diles: «El Señor te bendiga». Pídele al Señor que los bendiga y diles «estoy orando que el Señor te
bendiga».

Te diré que, aun si no tuvieres otra razón en la vida para ser feliz, si has sido bendecida por el Señor, entonces tienes más
que suficiente. La bendición del Señor es la que enriquece, y no añade tristeza con ella.

¡Qué el Señor te bendiga Pastora Belkis!