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PROGRAMA DE BARKLEY PARA HIJOS REBELDES Y DESAFIANTES

PASO 1: PRESTA ATENCIÓN

Muchos padres de hijos desafiantes dejan totalmente de prestarles atención, o bien, aplican la atención de forma errónea: ignorando el comportamiento positivo del niño (“para una vez que cumplen con su obligación…”) y regañándole (lo cual es una forma de dar atención) constantemente por su mal comportamiento.

Este primer paso tiene como objetivo corregir esta espiral negativa, asignando un “tiempo especial”, que consistirá en dedicar 15 ó 20 minutos al día a un momento de juego relajante con tu hijo, aprendiendo así- a prestar atención a lo positivo y a recuperar su confianza.

Se trata de construir un escenario que permita no dar órdenes, instrucciones o hacer preguntas de prueba por tu parte, permitiendo que tu hijo tome el mando. Los beneficios que obtendrás son los siguientes:

A-

Te dará pruebas de que la forma en que te relaciones con tu hijo tiene una fuerte influencia en la motivación del niño para realizar sus tareas.

B-

Te enseñará a reconocer y elogiar el buen comportamiento y a ignorar el malo.

C-

Te ayudará a apreciar a tu hijo y el tiempo que pasáis juntos.

D-

Terminareis con el conflicto constante.

PROCEDIMIENTO:

1. Busca un momento del día en que tu hijo o hija esté jugando en algo con lo que

sepas que disfruta, un momento en el que puedas dedicarle ese cuarto de hora, sin

que haya nada urgente que hacer más tarde. Dedica un par de minutos sólo a observar y tomar algunas notas mentales:

- ¿Qué está haciendo el niño?

- ¿Cuánto tiempo ha estado en ello?

- ¿Tiene un objetivo o lo hace sólo con ánimo de divertirse?

No le preguntes a él o ella, no le interrumpas con ninguna duda, pues esta actitud podría acabar con el momento idílico (“ya está mamá o papá preguntando”).

2. Pasados esos dos minutos, empieza a comentar lo que tu hijo está haciendo, se

trata de realizar comentarios positivos, pero no excesivamente efusivos ni forzados, por ejemplo como si estuvieses retransmitiendo un evento deportivo:

“bonito tiro… Ahora sales por la línea de fondo…”.

3. Después de los 15 ó 20 minutos, cuéntale a tu hijo lo mucho que has disfrutado jugando con él y dile que te gustaría establecer un tiempo especial para hacer lo mismo cada día.

REGLAS:

1. No dar órdenes ni hacer correcciones. Si el chico se equivoca, hace trampas o no sigue bien las reglas, no importa, se trata de que la relación no se base sólo en mandatos; de hecho, eso es lo que entre otras cosas- está impidiendo que la interacción sea adecuada.

2. No hacer preguntas intrusivas. Los niños demás de nueve años buscan a menudo la forma rápida de hacer comentarios y, por tanto, con ellos si habrá que hacer preguntas para comunicar interés, pero si son menores de esta edad, reconocen rápidamente las “preguntas de prueba”, encaminadas a comprobar sus conocimientos y las rechazan totalmente. En general, hay que evitar preguntas del tipo: “¿Por qué…?” (“¿Por qué le has pintado el pelo lila?”). Y buscar otras que sean lo más parecidas posible a afirmaciones (“¡Anda! ¿le has pintado el pelo lila, no?”).

3. Elogiar de forma selectiva. No queremos que, al volvernos exagerados, nuestros hijos sospechen nuestra finalidad, sino que hay que buscar qué elogiar y hacerlo de forma inmediata a su conducta.

Los tiempos especiales han de ser un pilar de vuestra relación hasta la adolescencia, pudiendo ir reduciendo la frecuencia a dos o tres días por semana, con el paso del tiempo.

PROGRAMA DE BARKLEY PARA HIJOS REBELDES Y DESAFIANTES

PASO 2: CONSIGUE PAZ Y COOPERACIÓN CON EL ELOGIO

Trabaja para aumentar la obediencia de tu hijo, utilizando tres importantes técnicas:

1. Presta atención y haz elogios siempre que tu hijo cumpla con lo que le has pedido.

2. Planea unas “sesiones de entrenamiento” muy cortas donde expongas una serie de órdenes extremadamente simples y apropiadas (“por favor, pásame el lápiz”) para que tu hijo se acostumbre a lo fácil que es obedecer.

3. Aprende a dar órdenes más efectivas.

Anima a tu hijo a ser menos interruptivo cuando necesites que se haga alguna tarea, ofreciéndole tu atención y elogios cuando el niño resista las interferencias.

PROCEDIMIENTO

1. AUMENTAR LA OBEDIENCIA

a. Pilla a tu hijo siendo bueno.

- Presta atención de forma muy detallada a cada momento en que tu hijo realiza alguna acción que le hayas pedido. Esta semana, cuando le des una instrucción a tu hijo, en lugar de alejarte para prestar atención a tus ocupaciones, quédate junto a tu hijo y míralo.

- Si tu hijo desobedece, maneja la situación como lo harías normalmente, sin poner todavía- nuevos métodos de disciplina; pero si el chico empieza a obedecer, reconóceselo inmediatamente.

- Si lo crees necesario, abandona la habitación por poco tiempo, pero asegúrate de volver periódicamente mientras esté realizando la tarea, elogiándole por cada paso adecuado.

- Fíjate en las instrucciones que tu hijo sigue de forma inconsistente, escoge dos o tres, y haz un esfuerzo especial durante la siguiente semana para elogiar a tu hijo por cumplir aquellas demandas en particular.

- Añade un pequeño premio al elogio cuando veas que tu hijo se porta bien sin decirle nada

b. Enséñale a tu hijo lo fácil que es cooperar.

Lo rápido que aprendas la rutina de un ejercicio, y lo bien que tu hijo adquiera el hábito de obedecer, dependerá de las ocasiones que tengan él o ella para ponerlo en práctica.

La siguiente técnica a utilizar consistirá en establecer un “horario de ejercicios de cooperación”.

- Encuentra como mínimo dos o tres momentos al día cuando tu hijo no esté ocupado en actividades de ocio ni escolares, ya que a él no le gustaría que le interrumpieran. Para un niño pequeño con una rutina estable, este ejercicio puede hacerse a las mismas horas cada día, mientras que con un chico mayor, tendrás que ver las oportunidades que tiene.

- Ahora empieza a dar series de cinco o seis órdenes en los siguientes tres o cinco minutos, recuerda que estas órdenes deben ser extremadamente simples y fáciles de seguir, requiriendo un esfuerzo mínimo por parte de tu hijo.

- Cuando tu hijo obedezca las órdenes, elógiale. Si el niño es muy pequeño, refuérzale además con un pequeño premio.

c. Da órdenes convincentes.

- Asegúrate de lo que quieres decir. No hagas demandas innecesarias, pidiendo en exceso, ni tampoco dejes de pedirle cosas y prestarle atención; párate a pensar la importancia relativa de las órdenes antes de darlas, piensa si estás dispuesto a quedarte para ver cómo las lleva a cabo y apoyar cualquier cosa que pidas tanto con consecuencias positivas como negativas. Según pase el tiempo y tu hijo empiece a comprender lo que quieres decirle con cada orden que le das, su obediencia aumentará.

- Dilo, no preguntes. No des una orden en forma de pregunta, como si le pidieras un favor, ya que este tipo de términos dan la opción al niño de negarse a obedecer. Esto no significa que seas descortés: un “por favor” nunca está de más.

- Haz que sea fácil. La mayoría de los niños, aunque sean mayores, se encuentran confusos con una orden complicada o con varias órdenes al mismo tiempo y la respuesta más habitual es no obedecer a nada de lo que se le ha pedido. Deberás limitarte a una sola orden para cada momento, incluso si necesitas que tu hijo termine varias tareas, así que si lo que vas a pedir es complejo, divídelo en tareas más simples y ve elogiándole por cada orden.

- Asegúrate de que te escucha. Sin un contacto visual no puedes estar realmente seguro de que tu hijo te ha escuchado, así que olvida eso de dar órdenes de una a otra habitación o eso de seguir con tu ocupación mientras das una instrucción. Si es necesario, incluso gira la cara de tu hijo hacia ti.

- Suprime la competición. Elimina todas las demás distracciones que pueden competir con tu orden: televisión, consola, música… Le puedes decir a tu hijo que lo apague todo o, incluso, para no dar una orden previa, hazlo tú mismo.

- Asegúrate de que te ha entendido. Si no estás muy seguro, pídele que te repita la orden, esto es de mucha ayuda si tu hijo tiene problemas de atención, como en el caso del TDAH.

Dos herramientas de ayuda para estos casos son:

Utilizar un reloj. Es importante hacer advertencias al niño de que el tiempo es esencial, para ello es muy útil decirle de cuánto tiempo disponen para realizar la tarea. Indícale qué ganará en el caso de que complete la tarea en el tiempo previsto y qué castigos recibirá por no hacerlo.

Elaborar fichas de las tareas. Para los niños que son suficientemente mayores para leer y con el fin de asignarles tareas de forma regular, podemos recurrir a esta estrategia que ayudará al niño a no perder el hilo de la tarea y evita cualquier discusión sobre qué le habíamos pedido. Se escribirán en ella los pasos necesarios para poder realizar el trabajo y el niño deberá llevar la ficha durante la realización de su cometido, de forma que le sirva de recordatorio (se puede añadir el tiempo máximo en que deberán llevarlo a cabo). Un ejemplo:

 

Trabajo: limpiar después de cenar. Duración: 20 minutos.

 

1. Recoger la mesa. 5 minutos.

2. Retirar los restos de los platos. 5 minutos.

3. Aclarar los platos. 5 minutos.

4. Poner los platos en el lavavajillas. 5 minutos.

Premio por acabar: media hora de televisión. Premio por acabar en 20 minutos: una hora de televisión.

2.

REDUCIR LAS INTERRUPCIONES

Las quejas de no poder acabar las cosas sin interrupción son constantes entre los padres con hijos desafiantes. Tu hijo persiste en interrumpir tus conversaciones o trabajos porque recibe atención si lo hace y no la recibe si no te molesta.

La solución es obvia: hacer más atractivo que tu hijo te deje solo y no te interrumpa. Préstale atención cuando así lo haga y haz lo que puedas por ignorar sus intentos de interrumpirte.

Esta técnica requiere que le pidas al niño que haga algo mientras tú estás ocupado y que interrumpas tu tarea para elogiarle por no interrumpirte. Realiza este

ejercicio durante esta semana, incrementando el tiempo entre los elogios, ganando de esta forma tiempo para hacer lo que necesitas.

- Cuando sepas que has de hacer una tarea con una duración determinada (como una llamada telefónica), empieza pidiéndole al niño que haga algo que requiera toda su atención, proponle algo divertido.

- Ahora empieza con tu actividad, pero cuando pasen 30 segundos, para lo que estés haciendo y felicítale por no interrumpirte.

- Vuelve a tu actividad y para ahora después elogiarle.

de un minuto

para volver a

- Continúa con este patrón, aumentando el tiempo entre los elogios, hasta que hayas terminado.

Selecciona dos o tres actividades problemáticas para practicar esta técnica durante la semana. La actividad que le des a tu hijo no debe ser complicada, sino algo con lo que él disfrute; si te das cuenta de que tu hijo va a parar de hacer lo que está haciendo para interrumpirte, para inmediatamente lo que estás haciendo y felicítale por no interrumpirte.

El elogio que le debes dar al finalizar la tarea debe ser mucho mayor que los pequeños elogios que le has ido dando, podrías darle un premio material, además de éste.

Esta práctica deberás mantenerla hasta que tu hijo pueda jugar solo durante al menos 10 minutos.

3. SABER LO QUE NUESTRO HIJO ESTÁ HACIENDO

Necesitas interrumpir periódicamente tus actividades durante el día para controlar a tu hijo cuando él o ella no estén en tu campo de visión. Dirígete a la habitación de sus hermanos y felicítale por jugar de forma cooperativa, así podrás aumentar la cantidad de tiempo que tu hijo es capaz de seguir junto con otros niños. Lo mismo ocurrirá cuando juegue, por ejemplo, con los vecinos.

Esto que parece una carga, en realidad no supone mucho tiempo. La parte más difícil es recordar regularmente lo que hay que hacer; para ello, puede ayudarte nuevamente un reloj con alarma, aunque intentando que tus observaciones no sean demasiado previsibles.

La ausencia de control de las actividades de los niños por parte de los padres es uno de los determinantes más decisivos del comportamiento desviado de los niños.

SEGUNDA SESIÓN

PROGRAMA DE BARKLEY PARA HIJOS REBELDES Y DESAFIANTES

PASO 3: CUANDO EL ELOGIO NO ES SUFICIENTE, OFREZCA RECOMPENSAS

Disponemos de otro tipo de incentivo que podemos ofrecer a su hijo para que colabore con nosotros sin necesidad de reforzarle continuamente. Con el paso 3, aprenderemos a reforzar a vuestro hijo cuando se porte adecuadamente, no sólo elogiándole y prestándole atención, sino también utilizando recompensas y privilegios concretos que su hijo desee.

Hay niños que necesitan ayudas extras para conseguir que obedezcan, para convencerles, crear el hábito del sacrificio y que prefieran hacer en ese momento lo que les pedimos, les debemos dar de antemano algo que les pueda interesar. Con este paso 3, vamos a implantar una forma de ganar puntos para conseguir cosas que desean, varias veces a lo largo del día, de modo que ellos se vean más cercanos de lo que quieren. Este sistema de refuerzo potenciará los progresos del niño y le ayudará a portarse de forma normal, consiguiendo que las mejoras sean permanentes.

Lo que debemos hacer esta semana es establecer un sistema de refuerzo con el que su hijo gane fichas o puntos por acabar determinadas tareas cuando se le pide. Después va a poder canjearlos por recompensas o privilegios que él aprecie.

El objetivo es aplicarlo de forma creativa y divertida. Para niños de 4 a 7 años, utilizar fichas pequeñas por obedecer; para niños de 8 a 12 años utilizar un sistema de puntos.

PROGRAMA DE FICHAS EN CASA:

PARA NIÑOS ENTRE CUATRO Y SIETE AÑOS

1- Provéase de un conjunto de fichas. Si el niño sólo tiene entre cuatro y cinco años, todas las fichas de distintos colores pueden valer 1 punto. Si tiene entre 6 o 7 años utilizar las fichas con distintos puntos (blancas = 1 punto; azules = 5 puntos, etc). Pegar una ficha de cada color en una cartulina y poner una etiqueta con el valor del color, y se lo entregamos al niño como recordatorio.

2- Explicar al niños el sistema de manera pausada. Explicarle, que como no está lo suficientemente recompensado por todas las cosas buenas que hace en casa, vais a empezar a concederle fichas por su buen comportamiento para que pueda conseguir las recompensas y los premios que él quiera. Dejar bien claro desde el principio, qué esperar el uno del otro. Le vais a dejar ayudaros a elaborar la lista de premios que puede ganar.

3- Mostrarle las fichas y explicarle que se van a ganar por realizar determinadas tareas, y que la cantidad de ficha dependerá de la dificultad del trabajo y del tiempo que se necesita para acabarlo; a mayor dificultad y tiempo, mayores serán las ganancias. Explicarle desde el principio, que sólo ganará las fichas por hacer el trabajo a la primera petición y sólo cuando el trabajo esté acabado.

4- Buscar un lugar o “banco” para guardar las fichas. Que elija el niño y decorarlo para divertirle.

5- Escribir una lista con las recompensas, preguntándole qué es lo que a él le gustaría ganar por portarse bien. Aunque aparezcan premios grandes y costosos, escribirlos pero sin olvidar añadir recompensas para cada día. Escribir entre 10 y 15 recompensas, siendo de éstas, un tercio a corto plazo, otro tercio a medio lazo y el resto a largo plazo.

6- Escribir una lista de tareas que debe realizar para ganar las fichas. Pueden referirse a tareas doméstica o a conductas sociales.

Directrices importantes de este punto:

Que el niño participe en la realización de la lista de las tareas, aunque vosotros tendréis la última palabra.

Tener presente los principales problemas del comportamiento del niño.

Si es una lista de que cosas que el niño no debe hacer, ganará puntos por privarse de la realización de dicho comportamiento.

Daremos fichas extras, con un trabajo que no esté anotado en la lista pero donde haya habido una buena predisposición y colaboración.

7- Asignar el número de fichas que ganará por la realización de cada uno de estos trabajos. Los niños pequeños (cuatro y cinco años), deberían ganar entre una y tres fichas por tarea y cinco por las más difíciles. Los niños entre seis y siete pueden ganar entre una y diez fichas para cada tarea.

8- Determine cuántas fichas entregará al niño para ganar las recompensas. Recomendable, que al menos dos tercios de las fichas que gane su hijo en un solo día puedan ser invertidas en recompensas de uso diario. El otro tercio lo puede guardar para recompensas a largo plazo.

9- Recordarle al niño cómo puede ganar las fichas: haciendo un trabajo cuando se le pide, mostrar buena actitud y por otros comportamientos adecuados. Cuando el niño comprenda el sistema, comenzar al día siguiente. No olvidar que durante la primera semana debemos ser generosos dando fichas.

SISTEMAS DE PUNTOS EN CASA:

PARA NIÑOS ENTRE OCHO Y DOCE AÑOS

Este sistema implica más responsabilidad, más posibilidad de ganar puntos y probablemente mayor gama de recompensas. Es más sofisticado ya que necesitamos utilizar un cuaderno de notas en lugar de banco de fichas.

1- Comprar un cuaderno de notas normal y escribir en la tapa “Cuaderno de puntos”. Hacer 5 columnas en las que se incluya la fecha, el asunto, las entradas, las salidas y el balance total. Escribiremos la fecha, una breve descripción del trabajo o comportamiento en la columna de “asunto”, el número de puntos ganados en la columna de las “entradas” y en la última columna, el nuevo balance. Cada vez que su hijo gaste los puntos para obtener un premio, se anotará la cantidad utilizada en la columna de “salidas” y restará esta cantidad para obtener un nuevo balance en la última columna. Explica a tu hijo que sólo vosotros sois los que podéis escribir en ese cuaderno.

2- Hacer una lista de los refuerzos y recompensas, como hemos dicho anteriormente.

3- Hacer un lista de las tareas como se ha descrito en el programa de fichas. Puesto que son más mayores, las tareas que se incluyan serán probablemente más complicadas y llevarán más tiempo.

4- Asignar para cada trabajo o comportamiento el número de puntos que pueden ganarse. Como recomendación para la mayoría de los trabajos diarios, asignar entre 5 y 25 puntos y a partir de 200 puntos, trabajos más pesados. Para las conductas que se intenten eliminar, suelen darse unos cuantos puntos por cada periodo de tiempo, como 5 puntos por cada 15 minutos, por no hacer la conducta inadecuada. Deberá ganar más puntos cuando consiga controlarse en algo que le cueste especial esfuerzo.

5- La cantidad de puntos que el niño gane en un día probablemente determine cuantos puntos deber costar cada recompensa. Asegurarse de que un tercio de los puntos que ha ganado en un día, se guardarán para refuerzos futuros más importantes.

Aplicar el plan como se haría en el programa de fichas.

CLAVES SOBRE QUÉ HACER Y QUÉ NO HACER CON EL SISTEMA DE FICHAS

- No empezar el programa explicándole al niño que se le van a quitar todas sus recompensas y que después tendrá que ganárselas.

- No castigarle restándole puntos o fichas por portarse mal. Al principio el programa debe servir para incentivar la buena conducta del niño.

- No ser tacaño con las fichas durante la primera semana. Reforzar las pequeñas muestras de buen comportamiento.

- Asegurarse de utilizar el programa ambos padres.

- No dar fichas o puntos si teneis que repetir la petición.

- No entregar fichas o puntos hasta que no haya acabado la tarea.

- No hacer esperar la entrega.

- Acompañar los refuerzos con elogios.

- Especificar lo que le ha gustado de su hijo.

PARA QUE EL PROGRAMA FUNCIONE: IDEAS CREATIVAS DE LOS PADRES

Para los niños que no saben leer, utilizar dibujos para mostrar las recompensas.

Ayudarse de notas como recordatorio.

Para que piensen en la metas a largo plazo, notas de recuerdo en diferentes lugares con el número de fichas o puntos que se necesitan.

Limitar cierto número de puntos para canjear por dinero, como paga semanal.

Permitir a los pequeños sacar las fichas fuera del banco para canjearlas por los refuerzos.

Nuevos hábitos para los padres, interrumpir lo que estáis haciendo cada 20 o 30 minutos, durante la primera semana, y comprobar lo que hace el niño y ver si puede ser reforzado.

PROGRAMA DE BARKLEY PARA HIJOS REBELDES Y DESAFIANTES

PASO 4: AUMENTAR LA DISCIPLINA CON FORMAS DE CASTIGO MODERADAS

El sistema de fichas en casa utilizado en el paso 3 es un instrumento poderoso, pero no infalible. Se ha comprobado que normalmente, los momentos idílicos no duran más de tres o cuatro semanas, después de lo cual hemos de estar preparados, como mínimo, para una desobediencia ocasional, ya que de otro modo- los viejos hábitos de interacción reaparecerán llevando a una espiral negativa que echará a perder todo lo conseguido hasta el momento.

Como sabes, el castigo ha sido omitido en los pasos 1 a 3, donde sólo estaba permitido utilizar la forma de castigo habitual cuando había ocurrido un comportamiento negativo extremo.

No es recomendable pasar al paso 4 hasta que no se haya conseguido una base sólida de elogios, atención y refuerzos. Si tu hijo todavía se porta mal en muchas circunstancias, puede ser que necesites trabajar más tus habilidades de refuerzo positivo, antes de pasar al castigo; si parece que hay poca o ninguna mejora con el paso 3, examina cómo lo has aplicado, probablemente hayas cometido algún error.

Antes de aplicar un castigo, debemos preguntarnos el motivo que llevó a nuestro hijo a comportarse mal, antes de reaccionar exageradamente. No hay nada perjudicial en hacer

halagos, pero

no ocurre lo mismo con el castigo, así que antes de llegar

a él intenta

preguntarte:

- ¿Estoy haciendo mis peticiones de forma eficaz, como aprendí en el paso 2?

- ¿Estoy demostrando mi voluntad para seguir adelante o estoy invitando a mi hijo

a ponerme a prueba?

- ¿He tenido en cuenta la necesidad de variar y poner nuevos refuerzos o castigos

a medida que mi hijo crecía o cambiaba?

- ¿Durante nuestras interacciones, soy sensible a las características de mi hijo y a

sus objetivos personales?

- ¿Mis problemas personales o mis características perjudican la forma en la que respondo a mi hijo?

- ¿La causa del mal comportamiento de mi hijo podría estar en algún factor externo nuevo?

No es sorprendente que muchos niños se sientan engañados cuando empecemos a utilizar el castigo y que, por tanto, reaccionen de forma instintiva como lo hacían ante tus viejas técnicas de castigo, es decir, con el peor comportamiento. Ésta será, así, la semana más difícil del programa; para ayudarnos a superarla, nos serán útiles las siguientes consideraciones:

Comprender que las reacciones negativas extremas son un indicio sólido de que los métodos tendrán, con el tiempo, el efecto que de ellos se espera.

Recordar las cualidades positivas de nuestros hijos (que anotasteis al final del paso 3).

Recordar lo que hemos conseguido hasta el momento, incluso si no es todo lo que esperabas, la cuestión es que está progresando. Para ello, puedes hacer una lista de cómo o en qué ha ido mejorando tu vida: te será muy útil.

Recordar también por qué estás dedicando a este programa tu tiempo y esfuerzo:

porque quieres a tu hijo.

Trazar un plan para estar relajado: disfrutar de momentos de ocio y realizar algo de ejercicio físico.

Tener en cuenta que nuestro hijo se ha convertido en un gran actor. Cree que si emplea toda su rabia, tú te derrumbarás una vez más y cederás, perdonarás el castigo.

Mantener el refuerzo positivo. No dejes ahora el tiempo especial, es más importante que nunca.

REINTRODUCIENDO EL CASTIGO.

Durante esta semana, el objetivo es ir reintroduciendo el castigo gradualmente, de forma consistente y firme. Éste será el procedimiento:

1. Empieza quitando puntos o fichas cuando tu hijo no realice alguna tarea que normalmente es reforzada en la economía de fichas.

2. Escribe una pequeña lista de comportamientos sociales inadecuados por los que tu hijo también será castigado.

3. Aprende a utilizar el tiempo- fuera.

4. Elige uno o dos problemas de conducta para los que utilizarás el tiempo- fuera esta semana.

5. Sigue la regla. “castigar dos veces, después apartar”. Aunque ya haya sido castigado tu hijo por algo, castígalo una vez más si este comportamiento se repite o continúa, antes de aplicar el tiempo fuera.

Método 1: sancionar el comportamiento inadecuado

Una vez que ya hayas visto sólidos resultados cuando refuerzas a tu hijo por obedecer, estás preparado para empezar a imponer consecuencias por la desobediencia. Cuando no obedezca una petición o no realice una tarea, réstale los puntos que habría recibido por obedecer.

Por ejemplo, si tu hijo obtiene cinco puntos por hacer su cama or la mañana, no hacerla significaría perder los cinco puntos que podría haber ganado, más cinco puntos de los que tenía.

Cuanto más grave sea el comportamiento, mayor será la multa que deberás imponer, así las faltas graves deberían suponer una pérdida de más o menos un tercio de los beneficio diarios que podría obtener el niño, no más, ya que no queremos provocar la bancarrota, que echaría al traste todo el programa, pues el niño se desmotivaría.

Para evitar la espiral del castigo, recordemos: “castigar dos veces, después apartar”.

Método 2: cómo aplicar el tiempo- fuera

Desde este momento, sólo harás una petición si estás dispuesto a imponer consecuencias por no obedecerte. Sin embargo, para no abusar del castigo, durante esta semana deberías utilizar el tiempo- fuera sólo con uno o dos de los problemas habituales de tu hijo; si aún tiene muchos problemas de conducta, elige una conducta que suele dejar inacabada y otra de índole social.

El tiempo-fuera puede ser utilizado con niños de dos a doce años, pero probablemente es más eficaz con niños de dos a diez años.

Prepárate para este paso: busca una silla con un respaldo derecho y colócala en un lugar donde puedas ver a tu hijo (el vestíbulo, en medio del pasillo, en una esquina de la cocina o en el comedor); asegúrate de que la silla está lo suficientemente alejada de la pared para que tu hijo no pueda darle patadas, que no tenga cosas al alcance para jugar o entretenerse mientras está en la silla, y que el lugar que elijas te sirva para mantener la silla como mínimo dos semanas, para que sirva como recordatorio al niño (por tanto, que la silla no esté en un lugar de paso para la familia).

El procedimiento para llevar a cabo el tiempo- fuera es el siguiente:

1. Da la orden siguiendo las reglas que aprendiste para hacer peticiones de manera eficaz. Cuenta hacia atrás en voz alta, empezando por el número cinco y contando a intervalos de un segundo por cada número.

2. Si tu hijo no ha empezado a obedecer en el momento en que tú dices el número uno, al cabo de cinco segundos, míralo directamente a los ojos y utiliza el lenguaje corporal para indicarle que lo dices muy en serio, adoptando una postura firme y estable, señala con el dedo la silla y repite la petición inicial en un tono más fuerte y advirtiéndole que si no lo hace, se sentará en la silla.

3. Después empieza otra vez a contar desde el número cinco hacia atrás. Si llegas de nuevo al número uno, dile: “no hiciste lo que te pedí, así que irás a la silla”.

4. Coge al niño por el antebrazo o la muñeca con firmeza y llévalo a la silla. Dile:

“siéntate aquí hasta que yo te diga que puedes levantarte”, asegurándote de que tu voz es fuerte y firme, para que sepa que hablas en serio.

5. Déjalo en la silla durante un minuto por cada año de edad, si la falta ha sido leve, o durante dos minutos por cada año de edad si la falta ha sido grave. Mientras esté en el tiempo-fuera, sigue con tus tareas desde donde puedas vigilarle, sin discutir ni hablar con él, sin hacer caso de lo que él diga.

6. Cuando el tiempo acabe, ve hacia el niño y, si continúa quejándose, dile: “no volveré a la silla hasta que dejes de hablar”. Vuelve a lo que estabas haciendo y no regreses hasta que esté tranquilo durante al menos 30 segundos.

7. Cuando haya estado tranquilo durante un rato, vuelve a la silla y pregúntale si está listo para hacer lo que le pediste; si dice que sí, que lo haga en ese momento, si no hace lo hace, llévalo directamente a la silla y empieza de nuevo. Si directamente dice que no, no le dejes levantarse de la silla: “De acuerdo,

estarás aquí hasta que te diga que puedes levantarte”. Repite eso tantas veces como sea necesario, hasta que el niño haga lo que le has dicho.

8. Una vez que ha hecho lo que le pediste, dile en tono de voz neutro: “me gusta cuando haces lo que te pido”. No te deshagas en alabanzas o le premies por obedecer, aunque sí debes estar muy atento a la primera conducta positiva que se produzca, para reforzarle.

9. Si vuelve a desobedecer la conducta que ya has castigado una vez de esta manera, llévale a la silla de nuevo, esta vez sin previo aviso.

Excepciones en el procedimiento:

- El niño deberá ir al tiempo-fuera sin previa petición o aviso cuando incumpla una norma de casa muy clara (“no pegar, no robar…”); para que no haya lugar a dudas, coloca una lista con las normas que generalmente desobedece en un lugar especialmente visible, como la nevera, y explica a tu hijo que si incumple cualquiera de esas normas, irá a tiempo- fuera sin previo aviso.

- Si tu hijo tiene una tarea larga que realizar, como hacer los deberes, es tan importante que empiece como que termine. Así que en lugar de hacer una petición y advertirle como ya se ha dicho, dile que tendrá un tiempo determinado para realizar el trabajo y que si no lo hace será enviado al tiempo- fuera. Entonces, coloca un reloj para evitar cualquier discusión sobre el tiempo que realmente ha transcurrido.

Claves sobre qué hacer y qué no hacer durante el tiempo- fuera:

- No empieces este paso si hay previstas actividades familiares especiales que podrían distraerte en la aplicación del programa.

- No continúes contando hacia atrás en voz alta después de varias semanas de utilizar el tiempo- fuera, ya que enseñarás a obedecer a tu hijo sólo aquellas peticiones que vayan seguidas de la cuenta atrás.

- No abuses del tono autoritario, no hay que dramatizar para hacerse entender. Recuerda que una vez que se utilice un tono que signifique “lo digo en serio”, ninguna frase con menor firmeza será tomada en serio.

- No coloques la silla de tiempo- fuera dentro de un ropero ni en el cuarto de baño: no se trata ni de atemorizarles, ni de que se encuentren en una situación potencialmente peligrosa.

- No permitas que los hermanos u otras personas de la casa hablen con el niño mientras está en tiempo- fuera.

- No te disculpes por haber tenido que castigarlo una vez que el tiempo- fuera haya terminado y esté dispuesto a obedecer.

Cuando un niño se revela contra una sanción

- Cuando castigues por primera vez a tu hijo puede que tenga una rabieta, te insulte o golpee algo o a alguien con rabia, obviamente este es un comportamiento inaceptable, así que puedes estar tentado de volver a castigarle, con lo que él se hará más resistente cuando reciba otra sanción. De esta manera, se pierde la parte del elogio y con ella la fundamental motivación del niño para

ganar puntos. Por tanto, si tu hijo reacciona mal cuando le castigas, castígale sólo una vez más; después, envíalo al tiempo- fuera.

- Algunos niños se enfadan tanto por la retirada de puntos que deciden rechazar todo el sistema. La solución es continuar, siendo insistentes, con el tiempo el niño comprenderá que no cederás fácilmente y entonces se rendirá.

- Otros niños, ante el anuncio de que se les retirarán puntos dirán: “vale, no me importa”. No te desanimes si te dice esto, casi siempre es una cortina de humo.

Cuando el niño intenta escapar del tiempo- fuera:

- Una forma de escapar al tiempo- fuera es comenzar a obedecer la petición en el momento en que le digas que se siente en la silla: no se lo consientas.

- Si tu hijo se resiste físicamente a sentarse en la silla puedes utilizar la fuerza física con moderación, como por ejemplo, levantándolo del suelo o cogiéndole con ambos brazos, pero sin utilizar la fuerza bruta. Si tu hijo es especialmente agresivo, esas agresiones suelen dirigirse a la madre y no ocurre lo mismo si está en presencia del padre, por lo que el tiempo- fuera sólo se realizará al principio si está éste delante, para más tarde, intentarlo en su ausencia. Si es agresivo incluso con el padre, no se intentará este procedimiento.

- Es frecuente que tenga una rabieta cuando se dirija a la silla o cuando esté en ella: ármate de paciencia y mantenlo en la silla hasta que esté al menos 30 segundos sin protestar, incluso aunque tenga que estar sentado durante una o dos horas. Normalmente, bastará con una maratón como esta para que la próxima vez no se comporte así.

- Muchos niños, simplemente se fugan, dejando la silla en la primera oportunidad que tienen. En este caso, sentaremos de nuevo a nuestro hijo en la silla y le diremos con firmeza: “si vuelves a dejar la silla otra vez, te enviaré a la cama”. Si se levanta otra vez, le enviaremos a su cuarto, le pondremos sobre la cama y le diremos que no podrá moverse de allí hasta que se lo digamos, asegurándonos de que no dispone cerca de juguetes u otras formas de entretenimiento; si intenta dejar la habitación, cerraremos la puerta con llave y tendrá que cumplir con el tiempo fuera como se decía anteriormente.

- Otras formas de manejar que nuestro hijo se escape de la silla son: quitarle puntos por hacerlo; en niños mayores, negarles un privilegio de alto valor que habían conseguido ese día (como ver una final de baloncesto); o añadir cinco minutos más al tiempo- fuera por cada intento de dejar la silla.

- A veces, intentarán sacarnos de nuestras casillas con frases como: “te odio o no me quieres”. No deberías animar este tipo de abusos prestándoles atención y, por tanto, respondiendo a tu hijo o hija, sino que debemos intentar protegernos, por ejemplo imaginando que somos traductores y que en realidad- lo que quiere decir nuestro niño es que no le gusta la silla.

- Otra forma es hacer todo lo que puedan para molestar, haciendo ruido o moviendo la silla. Hay que explicarles que si la silla se está moviendo significaría lo mismo que si la dejara (y aplicaríamos las mismas consecuencias que por dejarla).

- El truco de “tengo que ir al baño” no debe funcionar: seguro que pueden esperar un poco. Bajo ningún concepto se levantarán y si se mojan los pantalones permanecerán así hasta que una vez transcurrido el tiempo- fuera tengan que cambiarse de ropa y limpiar el lugar.

- Otro truco habitual es “no me encuentro bien”. A menos que el niño haya mostrado síntomas de enfermedad durante el día, no caigas en la trampa.

- Otra forma es sugerir que está cansado y es hora de acostarse. No pasará nada porque retrase unos minutos su hora del sueño, será más grave el no aplicar la disciplina de forma consistente.

- Tampoco es recomendable hacer caso a las quejas de tener hambre. Si tu hijo va al tiempo- fuera durante la comida, no te esfuerces en darle de comer después, sólo podrá hacerlo si la familia aún no ha terminado de comer.

TERCERA SESIÓN

PROGRAMA DE BARKLEY PARA HIJOS REBELDES Y DESAFIANTES

PASO 5: UTILICE EL TIEMPO- FUERA CON OTROS PROBLEMAS DE CONDUCTA

El quinto paso es un periodo de reflexión, reconciliación y de acercamiento. Si se tiene problemas con la aplicación del tiempo- fuera o el uso de fichas para castigar, debemos averiguar dónde nos estamos equivocando. Si todo ha ido bien, podemos empezar a utilizar el tiempo- fuera para resolver uno o dos problemas de conducta esta semana. Sin embargo, es mejor que primero, tengamos un poco de tiempo, para asegurarnos de que lo estamos haciendo bien.

INDICADORES CONDUCTUALES DE ÉXITO

Lo primero y más importante, es que el comportamiento del niño tendría que empezar a mejorar de forma global. En segundo lugar, el niño tendría que estar adaptándose al uso del tiempo- fuera.

Para saber si estamos utilizando el castigo de manera correcta, deben cumplirse los siguientes criterios:

1- En cada trasgresión el niño está menos tiempo en la silla que al principio del punto 4. Cuando el método comienza a resultar efectivo, pronto empiezan a ceder, con lo que se puede reducir el tiempo que están apartados de todo lo que encuentran deseable.

2- El niño empieza aceptar el tiempo fuera como castigo, reduciendo las rabietas, quejas y otros tipos de protesta mientras está en la silla. Si comienza a aceptar el tiempo- fuera con resignación, significa que se ha conseguido mantenerse firme y el niño ya sabe que la única salida es cumplir las normas. Con algunos niños se puede constatar que el silencio reemplaza a las rabietas de los momentos iniciales.

3- El niño cumple más a manudo lo que se le pide que haga en aquellas áreas en las que se aplica el tiempo- fuera. Obtener una respuesta al primer aviso y conseguir que haga lo que queremos sin que se lo tengamos que pedir, son signos de que el castigo funciona de manera efectiva y discriminativa.

4- El niño obedece las normas de casa más a menudo.

5- Empezáis a sentiros más seguros de vuestras habilidades como padre y madre. Más capaces y competentes.

EN UNA ESCALA DE 1 A 10

Un aumento global significa que está haciendo progresos y se debería continuar trabajando. Puede que también se aprecie que en algunas áreas en las que no se ha mejorado o la mejora no es tan significativa. Éstos serían los objetivos ideales para usar el tiempo- fuera esta semana.

¿Qué pasa si no se observa ninguna mejora? Lo primero, no desanimarse y tener paciencia.

Utilizar la siguiente lista, para asegurarnos de que estamos usando los castigos y el tiempo- fuera como se ha dicho:

- Obrar con consistencia es crucial.

Imponemos una sanción o utilizamos el tiempo- fuera cada vez que el niño se comporta

inadecuadamente.

- La justicia es esencial.

La sanciones que imponemos y la duración del tiempo- fuera son proporcionales a la

gravedad de la transgresión.

- El realismo es necesario.

Las sentencias mínimas que imponemos se adecua a la edad del niño.

- La cooperación entre los padres es importante. Ambos padres castigar de la misma manera.

- Quedarse “en números rojos” y perder todos los privilegios convierte el sistema de fichas en algo totalmente inútil. Asegurarnos de que los castigos impuestos no exceden a los premios.

- Los niños necesitan tiempo para acostumbrarse a las nuevas formas de disciplina si se quiere evitar que se agobien. Castigamos sólo uno o dos tipos de mala conducta durante la primera semana.

- Si el sentido de aislamiento no es total, el tiempo- fuera exige poco esfuerzo y pierde su eficacia. Nos aseguramos de que no pueda divertirse y no pueda hacer nada destructivo.

- Ser estricto en el cumplimiento de las normas es la única forma de demostrarle

que se está hablando en serio. Damos la orden dirigida a la conducta seleccionada para usar el tiempo- fuera sólo una vez.

- Especificar claramente las órdenes.

Si al niño no le ha quedado claro, sería injusto castigarle.

- Los niños necesitan avisos un par de segundos para pensar en las posibles

consecuencias. Nos acordamos de contar de cinco para abajo, dos veces, antes de mandarlo a la silla.

- El hecho de pedir disculpas puede confundir al niño. Nunca pedir disculpas por haberle castigado.

- Lo último que debe oír el niño es el reconocimiento de lo positivo.

Después de portarse bien, le vamos a recordar que nos gusta mucho que nos obedezca.

- Intentar siempre equilibrar el castigo y los premios.

Acordarnos de premiarle las buenas conductas poco después de haberle castigado.

PROBLEMAS Y OBSTÁCULOS

- Tomar una línea de conducta en la que cada acción de su hijo tenga una reacción.

- No eludir el castigo por no haber escuchado.

- No dejarnos manipular ni que nos presionen a nivel emocional.

- Distinguir entre normas y órdenes.

- No interferir en el castigo que ha impuesto la pareja.

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PASO 6: PIENSA EN VOZ ALTA Y PIENSA EN EL FUTURO. QUÉ HACER EN PÚBLICO

Hasta el momento se han aplicado las normas de conducta en casa, pero es posible que todavía vuestro hijo tenga algún comportamiento rebelde fuera de ésta; será en este paso donde se aprenda a controlar estas conductas inadecuadas.

1. ¿DÓNDE ES MÁS PROBABLE QUE TU HIJO TENGA PROBLEMAS?

Lo primero que tienes que hacer es tomarte unos minutos para sentarte con una hoja de papel delante y hacer una lista de lugares y momentos en que tu hijo es probable que actúe de forma problemática.

¿Se pone tu hijo nervioso en un supermercado o cada vez que vais a un centro comercial? ¿Son las salidas más fáciles en ciertos momentos del día?

A lo mejor un sábado a primera hora de la mañana es capaz de controlar bastante bien su comportamiento, pero se vuelve un terremoto si las compras se realizan cualquier día de diario por la tarde, después de haber estado muchas horas sentado en el colegio.

Es muy posible que si vuestro hijo duerme la siesta y planeamos una salida justo a esa hora, el resultado sea catastrófico.

Un niño puede rechazar un largo viaje en coche si previamente no ha tenido un buen rato de juego activo.

2. ¿CUÁNDO OCURREN LAS SITUACIONES MÁS EMBARAZOSAS?

Es posible que como padre o madre, temas el mal comportamiento de tu hijo en situaciones públicas, que te resulte tremendamente embarazoso y que, por tanto, esto interfiera con la manera de poner límites a estos comportamientos.

Coge una hoja de papel y escribe los lugares en los que, con mayor probabilidad puedas sentirte avergonzado: igual no te preocupa en exceso que ti hijo “monte el número” en el mercado, pero te sientes realmente horrorizado si esto ocurre en casa de algún amigo tuyo.

Estas situaciones reclamarán especial precaución, probablemente distracciones e incentivos extra para tus hijos.

3.

¿QUÉ HACER EN PÚBLICO?

a. Menciona las normas a tu hijo inmediatamente antes de entrar en un lugar público.

Antes de entrar en el supermercado, párate y dale normas claras, breves y precisas a tu hijo (“¡Quédate cerca, no toques nada y no pidas!”); sobre todo, no utilices referencias vagas como “sé bueno”.

Haz repetir las normas a tu hijo para estar seguro de que te ha escuchado entendido.

y

Con el tiempo, antes de entrar en una tienda, sólo le tendrás que decir a tu hijo:

“¿Cuáles son las normas?

b. Ofrece un incentivo por cooperar.

Cuando tu hijo se comporta adecuadamente, la forma más sencilla de incentivar es darle un cierto número de puntos o fichas. Pueden ofrecerse periódicamente durante

la salida o todos de golpe al final, pero si lo hacemos de esta última forma, asegúrate

de elogiarle a menudo por seguir las normas.

En ocasiones muy especiales, puedes ofrecerle el comprar algo al terminar el recado que tengáis que hacer o, incluso, ir dando a tu hijo pequeños premios a lo largo de la salida.

c. Explica cuál será el castigo por no cooperar.

De nuevo, el método más simple es restar puntos (avisando previamente de ello:

“perderás diez puntos si desobedeces las normas mientras comemos fuera”), pero también hay que estar preparados para utilizar el tiempo fuera.

El tiempo fuera también se puede poner en marcha fuera de casa porque los lugares

que visitamos suelen ser muy familiares y podemos pensar en alguna esquina libre de estímulos para el niño. Tener a nuestro hijo en un rincón es menos cruel que gritarle por toda la tienda y, además, muchos de los “espectadores” estarán agradecidos de que lo hagamos.

d. Dale a tu hijo algo para hacer.

A todos los niños les gusta ayudar a sus padres, sentirse útiles, y aprecian el hecho

de que se les ponga una tarea para eliminar el aburrimiento.

Si el niño es suficientemente mayor, aprovecha el camino hacia la tienda para pedirle que te dé algunas ideas de cómo podría ayudarte. Luego, aporta también tus propias ideas.

Empieza la semana realizando dos salidas de prueba (o test), escogiendo dos lugares que sean problemáticos: una de la lista de situaciones donde es más probable que nuestro hijo tenga problemas y otra de la lista de situaciones embarazosas para nosotros. Prepara esta salida con el único objetivo de poner en práctica este método. Una vez que hayas tenido éxito relativo en estas salidas, puedes empezar a utilizar estas medidas en la vida real.

4.

UTILIZAR EL TIEMPO FUERA CUANDO ESTÁS FUERA DE CASA.

a.

Lo primero que debes hacer al entrar a un lugar público es observar dónde podrías poner en práctica el tiempo fuera (si no conoces ninguno). Si no hay un lugar viable para ello, puedes poner en práctica las siguientes alternativas:

- llévate al niño fuera rápidamente e imponle un tiempo fuera de cara a la pared.

- Llévate al niño al coche, siéntalo en el asiento trasero mientras tú estás en el de delante o fuera del coche.

- Llévate una libreta para anotar las transgresiones de las normas y explica al niño que por cada una de ellas, cumplirá un tiempo fuera dentro de casa.

- Llévate un rotulador o un bolígrafo y pon una marca en la mano del niño por cada transgresión para después cumplir por cada una de ellas un tiempo fuera en casa.

b.

Sigue el mismo método que en casa, pero esta vez con 30 segundos por cada año de edad.

c.

En el caso que sea imposible llevar a cabo el tiempo fuera en la tienda, llévale a hacerlo al coche o hazle una marca para hacerlo en casa nada más llegar.

5.

CASTIGOS DURANTE LOS VIAJES LARGOS EN COCHE

Revisa las normas antes de salir de viaje, lleva muchas distracciones y menciona las consecuencias por romper las normas. No intentes poner en marcha el tiempo fuera mientras conduces: algunos padres creen que por tener al niño cautivo debe ser más fácil, pero la realidad es que no se puede supervisar adecuadamente y conducir de manera segura.

Si necesitas imponer el tiempo fuera, desvíate hacia un lugar seguro, como el aparcamiento de unos almacenes y deja que el niño lo cumpla en el asiento trasero. No dejes nunca al niño solo.

6.

PENSAR

SITUACIONES

EN

EL

FUTURO

Y

PENSAR

EN

VOZ

ALTA

EN

OTRAS

Los niños desafiantes tienen a menudo dificultades para realizar transiciones entre actividades, como por ejemplo, del tiempo de juego a la cama. Saca una hoja de papel y anota todas esas situaciones en que tu hijo tiene problemas: incluye no sólo cambios hacia situaciones que le desagradan, sino también a aquellas actividades que el niño anticipa con gran placer, ya que un niño rebelde contento por una fiesta de cumpleaños corre el riesgo de comportarse mal.

Calma al niño, mencionándole de manera dulce pero firme las normas y las consecuencias por romperlas. Sé sensible a los esfuerzos que hace tu hijo para contenerse en esas circunstancias y ofrece elogios e, incluso, algún premio extra.

CUARTA SESIÓN

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PASO 7: AYUDE AL MAESTRO PARA QUE AYUDE AL NIÑO

La probabilidad de que un niño tenga problemas en la escuela, depende en gran medida, de cómo ha sido su conducta desafiante. Para aquellos cuya conducta desafiante es moderada, la probabilidad de que aparezca en la escuela depende de muchos factores que van desde cómo el nivel de estructura de la escuela se adecua al temperamento del niño, hasta el tipo de retos sociales que la escuela introduce en la relación entre el niño y el profesor.

Si el niño está teniendo problemas en la escuela, debemos utilizar el siguiente plan. ¿Qué debemos hacer ahora o en el futuro?:

1- Cuando nos avisen de una mala conducta del niño en la clase, debemos hablar con el profesor sobre los “informes de conducta diaria en la escuela”, que explicaremos más adelante. Juntos podéis acordar los problemas específicos que necesitan resolverse y cómo el profesor os puede informar de la conducta diaria del niño.

2- Explíquele el sistema al niño: para ayudarle a superar los problemas de conducta que tiene en la escuela, el profesor vigilará su comportamiento- en clase, en el patio, o en ambos sitios- enviando a casa un informe de su conducta cada día. Vosotros revisareis el informe, sumando o restando puntos del sistema de fichas ya establecido, de acuerdo con las notas que el profesor le haya dado al niño ese día.

3- Prever encontrarse con el profesor de vez en cuando para hablar del problema y revisar los informes.

4- Planificar poner el sistema de fichas en marcha al menos durante un par de semanas, y después a uno por semana, o por mes, dependiendo de cómo ha sido de efectivo este paso, antes de acabarlo completamente.

GANARSE LA COOPERACIÓN DEL PROFESOR

Para poner este plan en marcha, necesitamos ganarnos la cooperación del profesor. Debemos hacerle ver, que vosotros sois los que os vais a encargar de la mayor parte del trabajo y que seréis los que impondréis las consecuencias, y lo más importante, que él recibirá los beneficios.

Debemos decirle, que tenemos un paso más de un programa, que nos ha ayudado mucho para mejorar la conducta del niño en casa y en público. Tendremos que hacerle una breve descripción del sistema de fichas y de los principios de los que hemos adoptado para controlar al niño.

Si el profesor se deja convencer, preguntarle si está dispuesto a rellenar la escala de valoración de conductas del niño.

Comportamiento en varias situaciones de la escuela

Para el profesor: ¿presenta el niño problemas para cumplir instrucciones, órdenes o reglas cuando usted lo dice en algunas de esta situaciones?.

Si la respuesta es positiva, ponga un círculo en SÍ y luego ponga un círculo en el número que describe la gravedad del problema. Si la respuesta es negativa, ponga un círculo en NO. la Sume el número total de problemas y calcule la puntuación media de la gravedad.

Situaciones

Sí/ No

Ligero

 

Grave

Cuando llega a la escuela Durante el trabajo individual En actividades de pequeño grupo En el tiempo libre en clase Durante las lecciones En el recreo En el comedor En los pasillos En el lavabo En excursiones al campo En reuniones especiales En el autocar

No

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2

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No

1

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9

Número total de áreas de problema:

Informe de conducta diaria en la escuela

Puntuación media de gravedad:

Valorar el comportamiento diario del niño en las áreas señaladas a continuación. Utilizar la siguiente enumeración:

1 = mala conducta; 2 = buena conducta; 3 = conducta normal; 4 = mala conducta; 5 = muy mala conducta. Añadir cualquier comentario sobre la conducta del niño durante el día.

Asignatura:

Conductas para valorar

1

2

3

4

5

Participación en clase

Calidad del trabajo en clase

Seguimiento de la s normas de clase

Se lleva bien con los otros niños

Calidad de los deberes

Cuando os encontréis con el profesor, demostrar que conocéis el problema de conducta del niño y apreciar los esfuerzos que hace por el bien del niño.

Después explicar cómo funciona el informe: vosotros seréis quienes vais a imponer las consecuencias en casa por la conducta del niño en la escuela. Todo lo que tiene que hacer el profesor es rellenar cada día (al menos al principio) la escala de valoración de la conducta del niño en la escuela. El niño, después, os entregará el informe y si no lo hace impondréis penalizaciones. Debéis ofrecer incentivos por buena conducta en la escuela (tales como puntos y fichas), y castigos por el mal comportamiento(restándoles fichas o puntos).

Preguntar al profesor donde ve el mayor problema. Utilizar el cuestionario que él ha rellenado e identificar las áreas de problema. Enseñar al profesor el cuestionario- uno para la conducta en clase, uno para la conducta durante el tiempo libre y uno en blanco-. Hablar sobre cuál sería el más adecuado para el niño, remarcando que vosotros querríais limitar los objetivos a cuatro o cinco al principio, y los otros se añadirán después cuando lo consideren adecuado, una vez que el niño empieza a mejorar en las conductas señaladas inicialmente. También indicarle que os gustaría incluir uno o puntos en los que el niño tiene posibilidades de éxito, para que no sea gravemente penalizadas, y no perder los puntos del día, sino que puede tener la esperanza de anular algunos fallos con sus éxitos.

Ahora explicarle cómo funciona:

Después de cada clase, el profesor debe poner una numeración del 1 (para el “excelente”) hasta el 5 (para “muy bajo”) para cada conducta que se mencione en el informe, añadiendo detrás cualquier comentario sobre la conducta, situación o la puntuación asignada. Al final del día se entrega el informe al niño, y lo llevará a casa.

Debéis poneros de acuerdo con el profesor si, al principio, las notas se pondrán para todas las clases o sólo para algunas seleccionadas. Pedirle que anote cualquier mejora que se empiece a observar en el comportamiento del niño. Las mejoras se tienen que reflejar con puntuaciones del 1 y 2 en los informes.

Algunas conductas para valorar Tener en cuenta al trabajar con el profesor, el diseñar buenas conductas como objetivos, como las siguientes:

Conductas sociales

Comparte con los amigos

Juega con sus amigos

Sigue las normas mientras juega

Coopera en el grupo

Permanece en el lugar asignado

Trabaja/ juega tranquilamente

Llega a tiempo a clase

Mantiene su pupitre y taquilla ordenados

Rendimiento académico

Acaba las tareas de clase (lecturas, ciencias, etc.)

Se lleva los deberes a casa

Acaba los deberes

Trae los deberes acabados de casa a tiempo

Dispone del material necesario para la clase

Acaba los deberes asignados en clase

Sigue las instrucciones

Se esmera en el trabajo

Acaba los exámenes

Repasa los exámenes antes de entregarlos

Conductas negativas a desaprobar

Golpea, empuja o pega a los compañeros

Destruye cosas de la escuela o rompe material de clase

Interrumpe al profesor/ habla sin permiso

Abandona el asiento asignado/ patio sin permiso

Dice palabrotas

Molesta, insulta o se burla de otros niños

Es excesivamente ruidoso

Hace el tono

REPASANDO EL INFORME EN CASA

Establecer una rutina para revisar el informe en casa con su hijo cada día, después de la escuela. Cuando os entregue el informe, empezar alabando cualquier buena nota (los 1 y

2).

Extender el principio de los “los elogios antes” a las notas obtenidas en la escuela. Sólo después de haber hecho esto se debe mencionar de manera neutral, cualquier mala conducta (los 4 y 5). Preguntar al niño qué ha causado esta mala conducta, pero continúe si el niño empieza a contarle algún rollo o la injusticia de todo. Tener claro que nos vamos a basar en la nota del profesor y en vuestras observaciones, y no en las excusas del niño o el mal comportamiento de los compañeros. Ahora, añadir o restar puntos o fichas según las notas del informe, de acuerdo con la siguiente escala:

1= + 25 puntos/ + 5 fichas

2 = + 15 puntos/ + 3 fichas

3 = + 5 puntos/ + 1 ficha

4 = - 15 puntos/ - 3 fichas

5 = - 25 puntos/ - 5 fichas

Sumar los puntos de las notas positivas y reste los de las notas negativas; añada o reste el resultado a las ganancias totales del día en casa o lugares públicos. Como siempre, dejar al niño utilizar el total de puntos del día para privilegios.

PROBLEMAS Y OBSTÁCULOS

- Si el profesor se niega, intentarlo con el psicólogo u orientador.

En el caso de no conseguir participación, premiar las conductas de las que seáis

informados.

- Si cree que las notas no son justas, comentar al profesor, que funciona mejor el refuerzo positivo que el castigo.

- Penalizar el no traer el informe a casa. Suficiente castigarle con el total de puntos equivalentes a las perores puntuaciones en el informe.

- No hacer caso a las súplicas del niño y manteneros firmes con los que aporta el informe.

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PASO 8: CAMINA HACIA UN FUTURO LLENO DE ESPERANZA

Éste es el último paso del programa, pero eso no significa que tu labor haya acabado: puedes dejar gradualmente de utilizar los sistemas de fichas o informes de la conducta en la escuela, pero los principios que impulsan este programa debes aplicarlos cotidianamente en tu labor como padre o madre.

Resulta muy fácil volver a las prácticas inadecuadas de tiempos pasados, así que lo que aprenderás en este paso será a tener un método para revisar tu propia conducta cada vez que tu hijo comienza a empeorar.

1. REVISAR EN QUÉ PUNTO OS ENCONTRAIS EN LA ACTUALIDAD.

Es necesario poner en práctica este programa durante al menos dos meses e, incluso, un tercero aunque no hayáis notado aún la mejoría.

Si tu hijo padece un TDAH necesitará durante bastante tiempo los puntos de apoyo del sistema de fichas y el tiempo de juego, además de beneficiarse del tratamiento farmacológico.

Si, por el contrario, has observado cambios significativos en la conducta de tu hijo, puedes probar a retirar poco a poco estos puntos de apoyo.

2. GRADUACIÓN EN EL USO DE MULTAS, FICHAS E INFORMES

Aunque, en principio, parezca que tu hijo no necesita la economía de fichas, deberás seguir aplicándola en casa mientras sean necesarios los informes del colegio; por tanto, el primer objetivo será reducir paulatinamente el número de informes.

Puedes plantearte reducir la frecuencia de estos informes cuando tu hijo lleve al menos dos semanas sin recibir puntuaciones de 4 ó 5 en ellos. En este caso, puedes pedir a su profesor que emita los informes sólo los miércoles (con relación a su conducta desde el lunes hasta el miércoles) y los viernes (informando del comportamiento de jueves y viernes).

Cuando lleve dos semanas más sin recibir puntuaciones de 4 ó 5 (con la periodicidad de dos informes semanales), por fin se puede avisar al profesor de que sólo será necesario un único escrito, los viernes.

Después de otras dos semanas sin puntuaciones elevadas, llegará el momento de interrumpir el uso de los informes.

En el caso de que tu hijo empeore, será aconsejable utilizar informes mensuales durante una temporada, hasta su retirada total. No hay que olvidar decirle al niño que el hecho de que el profesor deje de escribir los informes no significa que vaya a dejar de fijarse en su conducta.

Si el profesor en algún momento vuelve a considerar que la conducta del niño es negativa, tendrá que volverse al uso de informes diarios. Pero si se ha logrado abandonar el uso de los mismos, también te puedes plantear el terminar con el sistema de fichas o puntos, aunque dejando claro a tu hijo que seguirá recibiendo premios por su buen comportamiento.

Por supuesto si esto supone la vuelta al mal comportamiento, deben reestablecerse

los

puntos.

3.

ADELÁNTATE A LOS PROBLEMAS, CONOCIENDO BIEN A TU HIJO.

No

pienses que reestablecer la economía de fichas es el único recurso que tienes en

caso de que vuelva la conducta desafiante. De hecho, no es bueno recurrir de inmediato a esta técnica ante la mínima complicación; es preferible intentar primero saber porqué tu hijo está dando guerra otra vez.

A medida que el niño crece se enfrenta a toda una serie de cambios y situaciones

difíciles para las que no está preparado. Para que pueda superarlo, debes estar atento a estos momentos, es decir, debes prestarle atención.

Es aconsejable que estés al tanto de qué pasa en la vida de tu hijo, de cuáles son sus

puntos débiles y cuáles son los fuertes, anticipando posibles problemas. Se trata de aplicar el procedimiento de pensar en el futuro y pensar en voz alta.

Posibles situaciones problemáticas serían las siguientes:

-

largas esperas

-

hacer nuevos amigos

-

acontecimientos sociales concurridos

-

las visitas

-

los cambios en los horarios de trabajo

-

la concesión de nuevas responsabilidades a tu hijo

-

la llegada de un nuevo bebé…

4.

QUÉ HACER CUANDO LA CONDUCTA DESAFIANTE REAPARECE

Pensar en el futuro, pensar en voz alta es algo más que decir a nuestro hijo cuáles son las reglas y sus consecuencias antes de una época de cambio: también implica tener un plan de qué hacer si el comienza a portarse mal. Estas son algunas recomendaciones:

a. Si tu hijo comienza a portarse mal con cierta asiduidad, coge un bloc de notas y describe detalladamente el problema: qué regla está incumpliendo, cuándo, dónde y qué estás haciendo para intentar corregirle.

b. Realiza estas anotaciones durante aproximadamente una semana, escribiendo comportamiento repetitivos y nuevas circunstancias.

c. Revisa, después, las notas para ver qué estás haciendo de forma incorrecta, ya que es muy posible que el problema se haya agravado porque has vuelto a utilizar formas anteriores de disciplina, así que reflexiona sobre los siguientes puntos:

¿He repetido demasiadas veces las órdenes antes de imponer las consecuencias por desobedecer?

¿Le he dado instrucciones poco eficaces?

¿Me he olvidado de prestarle atención y elogiarle cuando se ha portado bien?

¿No he sabido proporcionarle refuerzos cuando seguía las reglas?

¿He postergado la imposición del castigo, hasta que mi hijo se ha olvidado de qué se trataba?

¿He permitido que nuestro tiempo especial juntos vaya desvaneciéndose?

d. Toma medidas para cambiar tu propia conducta: practica los métodos aprendidos, dándote un plazo de un par de días para ver si el problema comienza a resolverse.

e. En caso de que no se resuelva, explícale a él o a ella qué esperas en relación con la conducta inadecuada (“no quiero volver a oir palabrotas en casa”) y establece un sistema de fichas para recompensarle por seguir las normas.

f. Pon en marcha el tiempo- fuera cada vez que se repita la conducta inadecuada.

g. Si la conducta inadecuada aparece siempre en el mismo contexto, utiliza el principio piensa en el futuro, piensa en voz alta para resolverlo.

h. Continúa tomando notas hasta que el problema se haya disipado.