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ANÁHUAC

TOLTECÁYOTL
En defensa de la Matria

Guillermo Marín
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ÍNDICE

Presentación 3

TOLTECÁYOTL COMO ESTRUCTURA CIVILIZATORIA. 6

LA TOLTECÁYOTL más allá de la razón occidental. 17

EL CONCEPTO DE LA ORGANIZACIÓN COMUNITARIA


EN EL ANÁHUAC. 33

LAS CIUDADES “PREHISPÁNICAS”. 49

LA ESPIRITUALIDAD TOLTECA 60
como una frecuencia energética.

TEOTLAMATLIZTLI, EL TIEMPO SAGRADO 63


…el retorno de Quetzalcóatl.

VERTICE SUPERIOR DE LA PIRAMIDE DE DESARROLLO 72

POR QUÉ PERDIMOS NUESTRA RELIGIÓN ANCESTRAL. 96

UN ROSOTRO PROPIO Y UN NOMBRE VERDADERO 121

LA PATRIA Y LA MATRIA. 128

SI NO TE NOMBRO, NO TE RECONOZCO…NO EXISTES 131

NI AZTECAS NI MEXICAS, FALSA LA HISTORIA “PREHISPÁNICA”


DE MÉXICO. 137

LA VERDAD SOBRE SOBRE LA CREACIÓN Y USO DE LA


POR EL ESTADO MEXICANO. 142

LA COLONIZACIÓN DE LA HISTORIA. 153

EN DEFENSA DE LA RESTITUCIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA Y LA IDENTIDAD


CULTURAL ANCESTRAL. 163

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PRESENTACIÓN.

El presente trabajo surge a partir de una larga plática con el


Dr. Ramón Grosfoguel, quien generosamente me escuchó por
horas en un café de la Ciudad de México en agosto de 2016, y
al final de mi presentación sobre la historia, filosofía y cultura
del Anáhuac, me dijo que debíamos hacer un texto para
Latinoamérica.
Decidimos hacer una serie de textos para preparar el contenido
del libro. Al tiempo, hemos decidido publicar los textos, que
corren el riesgo de tocar algunos puntos de manera reiterativa
pero necesaria, tomando en cuenta que la cronología histórica
de la Civilización del Cem Anáhuac, ya está en el libro “Historia
Verdadera del México Profundo”, sería más oportuno tratar los
puntos más sobresalientes por separado.
Hemos venido trabajando casi cuarenta años en la reflexión e
investigación de la sabiduría ancestral llamada Toltecáyotl. A
través de la lectura de textos críticos, de conversaciones con
portadores de la sabiduría ancestral, con investigadores críticos
y personas lúcidas y responsables del mundo académico, lo que
nos ha permitido formular una propuesta para tratar de
empezar un proceso de descolonización, para descubrir el
potencial civilizatorio de nuestra herencia milenaria.
La experiencia que hemos recogido dando conferencias y
seminarios sobre el Anáhuac y la Toltecáyotl, lo mismo en
ciudades que en pequeñas comunidades, con profesores,
artistas o con público en general; en universidades, centros
culturales, jardines y plazas pueblerinas, es que,
independientemente del nivel académico, intelectual o de
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conciencia de los espectadores, las personas activan su “banco
genético de información cultural”, cuando se les trasmite
información y se les proyecta imágenes del patrimonio cultural
ancestral.
A la conclusión que hemos llegado, por nuestro trabajo, es que
la gente está ávida y necesitada de activar su potencial de
sabiduría ancestral. El pueblo posee una valiosa información
pletórica de sabiduría y conocimiento. El pueblo sabe y siente
que sabe, pero al mismo tiempo, se siente bloqueada,
desconectada de esa fuente de conocimiento que está
depositado en lo más profundo de su ser. Creemos que no solo
con tragedias como los terremotos de 1985 y 2017 en la Ciudad
de México, se puede activar el “banco genético de información
cultural”, para despertar y actuar como en verdad somos.
Esta lamentable situación no es fortuita o natural. Por el
contrario, es fruto de una estrategia, coordinada y concertada
por el Estado mexicano, desde 1824 a través de sus tres
poderes y sus tres niveles de gobierno, con el apoyo y
beneplácito del poder económico y político, las iglesias y los
medios de comunicación.
El objetivo es mantener al pueblo en un estado de amnesia
total. En un estado catatónico, que los lleve a actuar como
zombis, de una manera que atenta contra su propia existencia,
salud y dignidad. Al no poseer memoria histórica e identidad
cultural ancestral. Al no saber quiénes en verdad son, al quedar
amnésicos, al no saber de dónde vienen, quiénes son y a dónde
van; quedan en un estado de total vulnerabilidad, fragilidad y
mínima auto estima.
Incapaces de tener conciencia y dignidad. Imposibilitados a
trabajar y luchar por su liberación. Asumiendo roles de
“colonizados-colonizadores”, sumisos explotados y voraces
consumistas de ideologías, objetos y productos chatarra.

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La conclusión final, es que el Estado mexicano ha cometido un
crimen de lesa humanidad con el pueblo, y ha atentado contra
uno de los derechos humanos más importantes que es, “el
derecho a poseer conciencia y dignidad”, a partir de la memoria
histórica y la identidad cultural ancestral.
Esta situación no solo priva en México, otros países
latinoamericanos están sufriendo la misma agresión. Para
hablar de activar sólidos procesos decoloniales, es fundamental
que los pueblos, primero, recuperen su memoria histórica y su
identidad cultural ancestral. De no hacerlo, los procesos
quedan en niveles superficiales, con tintes nacionalistas y
folclóricos.

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TOLTECÁYOTL COMO ESTRUCTURA CIVILIZATORIA

El futuro de la Matria está en el


conocimiento profundo y verdadero de su
historia y cultura ancestral. En volver a ser
nuestra, en el mundo consiente de todos los días, la
Toltecáyotl.

La mayoría de los habitantes, “del país de los criollos”, somos


hijos de los hijos de una de las seis civilizaciones más antiguas
y con origen autónomo del planeta. Somos, culturalmente, tan
antiguos como China o India. Sin embargo, a diferencia de
estos países, en donde tienen sus pueblos totalmente vinculado
su presente a su pasado ancestral, nosotros vivimos ajenos y
desconectados a la historia y cultura de nuestros ilustres
antepasados. Construyendo, año tras año, un presente
incierto, que de inmediato destruimos y olvidamos. Nuestra
condena es olvidar, para vivir en la ignorancia de nosotros
mismos, habitando un interminable “laberinto de la soledad”.
Por los procesos de colonización, que hemos sufrido en los
últimos cinco siglos, a manos de los colonizadores de ayer (los
gachupines) y los necolonizadores de hoy (los criollos), en los
que se ha tratado de desaparecer nuestras lenguas, memoria
histórica, conocimientos, territorialidad, y espiritualidad;
hemos perdido la conciencia, -en el mundo de todos los días-,
de la sabiduría ancestral que crearon nuestros antepasados a
lo largo de siete milenios y medio, misma que se manifiesta en
los pueblos indígenas y campesinos en las tradiciones, fiestas,
usos y costumbres, y de manera subconsciente, en la vida
“moderna” de los mestizos que vivimos en los núcleos urbanos.
Bajo ningún motivo nuestra Civilización Madre ha muerto o
desaparecido. Se ha mantenido viva gracias sus profundas

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raíces a través de la resistencia cultural, las apropiaciones
culturales y la misma evolución endógena; porque la cultura es
cambiante y siempre está en transformación. El Anáhuac es la
estructura inmensa y poderosa que sostiene la endeble
entelequia del país de los criollos, llamado “México”.
Cómo toda Civilización Madre, poseemos una matriz filosófica
cultural que ha sido la “espina dorsal” del milenario
conocimiento que se ha investigado, registrado, sistematizado
y mantenido, a través de miles de años. Este conocimiento es
conocido como Toltecáyotl. El Dr. Miguel León Portilla lo define
como “los conocimientos e instituciones de los toltecas”. Los
toltecas son los hombres y mujeres de conocimiento. No son
una etnia o una cultura, sino un grado o nivel de sabiduría, y
percepción y manejo de la energía.
La palabra Toltecáyotl en lengua náhuatl se compone de dos
partes, “tolteca y yotl”. De modo que tolteca es un artista (pero
no en sentido occidental), “el máximo artífice”, y yotl, significa
el alma o la energía fundamental del ser humano. El Maestro
Alfredo López Austin, en su libro Cuerpo Humano e Ideología,
apunta que: “Yolia es la principal y central de las entidades
anímicas. Su mayor concentración estaba en el corazón. Sólo
se separaba del individuo tras la muerte. A ella se debían las
principales actividades de la conciencia”.
Pero también, el Maestro Arturo Meza en su libro Mosaico de
jade con reflejos de obsidiana nos ofrece un orgumento muy
profundo sobre la partículo Yotl:
Existen el idioma náhuatl algunas partículas relacionadas al
pensamiento antiguo, una de ellas que nos parece fundamental
es la particular Yotl, cuando se combina con el número dos,
ome. Yotl es la esencia primordial, es la mente humana, la idea
de una esencia que envuelve el tono sin límites, en la cual está
inmerso completamente el universo comprensible desde, y más
allá de nuestras percepciones. Existe la idea de que todos los

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lugares, aún en los más recónditos de nuestro universo, existe
la esencia, que adquiere una interacción en sí misma al tener
la cualidad de ser una fuerza de atracción que une partículas
de polaridades contrarias en conjuntos coherentes de
estructuras duales, con el resultado de que Yotl, la esencia
pura, se convierte en Omeyotl, la esencia de la dual y la que
llena el Omeyo´can.
Así que el concepto de Toltecáyotl lo podemos entender como
“El conocimiento del trabajo interior, o como, El arte de vivir
en equilibrio”, y en un sentido mucho más profundo, como los
conocimientos sobre la percepción y manejo de la energía.
Porque la idea central de la sabiduría tolteca es el equilibrio, se
logra a través de la “flor”, como símbolo de la belleza que
proviene del equilibrio estético, y este a su vez, se obtiene a
través de la medida. Y el equilibrio también se logra por medio
de la sabiduría, que metafóricamente, los toltecas, llamaban
“canto”. De donde, “flor y canto” es, metafóricamente,
Toltecáyotl.
La Toltecáyotl, de esta manera, representa el Patrimonio
Cultural Intangible más valioso de nuestra civilización, porque
se enfoca en “el centro”, en la esencia del conocimiento
humano. Es, con propiedad, la aportación más importante a la
humanidad. En esencia, no es muy diferente a la sabiduría que
han creado los pueblos de China o India, pues todas estas
sabidurías, por una u otra forma, buscan la realización y
plenitud humana. La única diferencia es que es “la propia-
nuestra”, como señala el Dr. Rubén Bonifaz Nuño.
Para intentar visualizar la Toltecáyotl de manera sencilla y
esquemática, proponemos verla como una pirámide de tres
dimensiones y con las variantes del tiempo y el espacio. En la
que, en su base, podamos ubicar los conocimientos para
resolver los desafíos de la conservación, desarrollo y
mantenimiento de la vida y la energía en el aspecto material.
Y en la parte superior ubicaremos los conocimientos para
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satisfacer las necesidades de significación y trascendencia de
la vida, en un orden mucho más elevado y sofisticado,
específicamente en el campo de la energía.
Pero para tener una mejor apreciación de la Toltecáyotl,
tenemos que tomar en cuenta que esta sabiduría tiene otros
factores que la hace más compleja. Nos referimos a que la
pirámide de la Toltecáyotl, además, la debemos de dimensionar
en función del “tiempo y el espacio”. Es decir, que tenemos que
entender que esta pirámide tuvo diferencias en tiempo; no fue
estática, es decir, la Toltecáyotl no fue la misma en el periodo
Preclásico, que, en el Clásico, en el periodo Postclásico, o que
en nuestros días.
Pero las diferencias o variantes, también están en función del
espacio. No es lo mismo la región maya, la región de Oaxaca,
el Altiplano Central, la región de Occidente, la región de la
Costa del Golfo de México, la región de La Gran Chichimeca, la
región de la Cuenca del Río Misisipi, las regiones de las costas
del Norte del Atlántico, las regiones de la costa del Pacífico, de
lo que hoy es E.U. y Canadá, y desde luego, Centro América,
hasta el Tapón del Darién, además de las Islas del Mar Caribe.
Otro factor, que se debe tomar en cuenta, es la variedad de
culturas diferentes en lo “externo”, pero todas compartiendo
los conocimientos, valores y principios de la Toltecáyotl, que
representa su estructura fundamental, el cimiento y la raíz. Se
supone que, solo en lo que hoy es México, existieron antes de
la invasión europea más de 160 culturas.
La Toltecáyotl se nos revela muy compleja y aunque comparte
una misma matriz filosófica, en cada pueblo y en cada tiempo
y espacio, tuvo muchas variantes. Debemos de considerar que
uno de los grandes logros de nuestra Civilización Madre, fue el
encontrar la plenitud humana, en una “unidad profundamente
diversificada”. Por ejemplo: el concepto filosófico-religioso de
la vida, simbolizado por la Toltecáyotl a través del agua. Todos

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los pueblos, en tiempo y espacio lo compartieron, todos lo
representaban con unas anteojeras y una lengua de serpiente;
pero lo que cambió en tiempo y espacio, fue la iconografía que
contenía las anteojeras y la lengua de reptil, así como el
nombre en las diferentes lenguas. Para los mayas fue Chak,
para los zapotecos, Cosijo, para los nahuas Tláloc y para los
totonacas fue Tajín, etc.
Como dijimos con anterioridad, la pirámide de desarrollo
humano tolteca tiene en su base los conocimientos para
facilitar el logro del mantenimiento y plenitud de la vida. Esto
se logra a través de cuatro sistemas que actúan totalmente
interconectados y son interdependientes. En primer lugar está
el sistema alimenticio, que implica, desde la invención de la
agricultura y la domesticación de las plantas, pasando por la
invención del maíz, la milpa y los complejos sistemas
hidráulicos como es la chinampa, hasta una sofisticada y
nutritiva cocina, basada principalmente en vegetales, insectos,
frutas y pocas carnes, que brindaran la suficiente energía, que
les permitieran tener el tiempo libre, para realizar sus
inconmensurables obras materiales e inmateriales, como los
Tollan, llamadas zonas arqueológicas.
Con la energía suficiente y el tiempo disponible, se requirió,
además, poseer un sistema de salud, que garantizara mantener
la vida y/o la energía en las mejores condiciones. El sistema de
salud comenzaba con los hábitos higiénicos personales,
familiares y comunitarios. El baño llegó a su máxima expresión
con el temazcal. Se supone que antes de la invasión en el
Anáhuac existía el 75 % de la biodiversidad del planeta. Los
Viejos Abuelos conocían con exactitud las sustancias activas de
las plantas, insectos y minerales, necesarios para recuperar la
salud perdida o el desequilibrio energético. La cirugía y la
acupuntura llegaron a tal grado de avance, que muchos siglos
antes de la era cristiana, en el Anáhuac, ya se hacían
trepanaciones y sofisticados trabajos dentales, de los que, en

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la actualidad, existen vestigios irrefutables de estos logros. En
el caso de la acupuntura, como fue prohibida por los
colonizadores se transformó en la digito puntura, conocida en
la cultura popular como la tradición de “los sobadores”.
Cubiertos los requerimientos de tiempo, energía y salud,
dispuestos para enfrentar los magnos proyectos civilizatorios,
se requirió, además, un efectivo sistema de educación, que,
por una parte, permitiera el desarrollo en armonía y plenitud
de las nuevas generaciones, y por la otra, mantener en el
tiempo, el mismo proyecto civilizatorio. Porque para los Viejos
Abuelos, la educación familiar, comunitaria y académica fue
uno de los pilares más importantes de su civilización, lo que
llevó al Anáhuac a poseer el primer sistema de educación
pública del planeta. El concepto de “formar rostros propios y
corazones verdaderos, en las nuevas generaciones, y el arte de
educar a los seres humanos”, nos habla de la formación en
valores éticos y morales, como base para el proyecto de
desarrollo de la civilización.
Como en el caso de la construcción del Tollan de Daany Beédxe
(zona arqueológica de Monte Albán, Oaxaca), que se llevó 1350
años en su construcción y uso, éste, no habría sido posible sin
contar con la convicción participativa de las sucesivas
generaciones a lo largo de más de 13 siglos. Hecho que se
demuestra al descubrir que la planta arquitectónica de la fase
uno (año 500 aC.) es igual a la de su abandono, fase tres (850
dC.).
Los toltecas partían de que el ser humano no nace, sino se
hace. Un complejo y sofisticado método de enseñanza para
expandir y cultivar las cualidades humanas a partir de la
práctica cotidiana de hábitos personales, grupales y
comunitarios, así como la transferencia de la sabiduría a partir
de la academia. La forma de entender el concepto de la
educación es que las escuelas debían ser autosustentables,
para formar seres humanos autosustentables, con los
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conocimientos y las capacidades suficientes para vivir en
armonía con la comunidad y el medio ambiente.
Es importante aclarar que la Toltecáyotl no fue “homogénea”
en todos los pueblos y culturas en los primeros siete mil
quinientos años de historia del Anáhuac. La condición del ser
humano es la imperfección. La diferencia entre los seres
humanos, las culturas y las civilizaciones, es el desarrollo y
cultivo de “la conciencia”, lograda a través del grado de
esfuerzo sostenido, dedicación y trabajo físico, intelectual y
emocional para “humanizar su mundo”. De modo que
existieron siempre personas y pueblos, que no se esforzaban
con la misma intensidad y pasión por lograr “el arte de vivir en
equilibrio”.
De esta manera, para percibir en toda su dimensión la
Toltecáyotl, y con ello, poder estructurar-ensamblar
correctamente la información, que día a día vamos recuperando
de nuestro pasado ancestral, y que nos permite de manera
integral, poder conocer y entender la Toltecáyotl como un
complejo cuerpo de conocimientos.
Porque debemos de recodar que esta sabiduría primigenia es
una de las seis más antiguas de la humanidad y que fue creada
a lo largo de miles de años de investigar, confirmar, registrar,
sistematizar y trasmitir, de generación en generación,
ensamblando esta sabiduría para crear y recrear mayores y
mejores formas de pensamiento y percepción, que permitan
resolver los grandes desafíos, de orden material e inmaterial,
que implica la búsqueda de la plenitud de la vida.
De esta manera, después de contar con una sólida
alimentación, un eficiente sistema de salud y un eficaz sistema
educativo, los viejos Abuelos toltecas desarrollaron a lo largo
de los siglos un sabio sistema de organización que permitiera,
gracias a la cooperación y responsabilidad personal y
comunitaria, la conjunción, sumatoria y armonización de las

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acciones de las personas, las familias y las comunidades, para
realizar las grandes tareas materiales e inmateriales de todas
y cada una de las culturas en el amplio territorio del Cem
Anáhuac.
El sistema de organización iba desde la forma de percibir la
responsabilidad existencial de cada individuo, familia y
comunidad. La organización personal se puede apreciar en los
valores y principios que han quedado en los Huehuetlactolli. La
“libertad personal” estaba acotada por los derechos y
responsabilidades con la familia y la comunidad, especialmente
el concepto de “servir a la comunidad”, como el bien o acción
más importante generado por un ser humano. En un segundo
nivel las familias con el calpulli y estos con el Hueycalpulli. El
siguiente nivel en la organización era la federación de
Hueycalpulli, que a su vez se organizaba en la confederación,
es decir, la federación de federaciones.
Valores y principios como la Asamblea, el que las autoridades
“mandan obedeciendo”, el servicio a la comunidad, el trabajo
por la comunidad, el bien común sobre el interés personal, la
solidaridad y la fraternidad entre individuos, familias y
comunidades. Todos estos principios y valores en muchas
comunidades de México han podido sobrevivir y son conocidos
como “Sistema de Cargos” o usos y costumbres.
Finalmente, en la parte superior de este complejo y profundo
sistema de conocimientos, encontramos un conjunto o sistema
de conocimientos abstractos, que buscaban la trascendencia de
la vida humana en un plano inmaterial. Primeramente, tenemos
un universo religioso, con ritos y ceremonias diversas que los
pueblos iban creando y recreando de acuerdo a su historia
propia y su medio ambiente. Metáforas de sabiduría que
permitan a los seres humanos, a los masehuales, vivir en
armonía con el mundo que los rodeaba. Arriba de este nivel
encontramos un nivel teológico por medio de una élite de
grandes sacerdotes, es decir, una comprensión de la realidad
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más allá del rito, y que encuentra sus referentes en conceptos
filosóficos. Arriba de este estrato tenemos el nivel filosófico,
desarrollado por élites, que, desde el Calmécac, guiaban y
coordinaban el desarrollo y plenitud de los pueblos. Hombres y
mujeres que daban orden y dirección al “ala y la cola”. Personas
depositarias de la sabiduría ancestral, los poseedores de “la
tinta negra y la tinta roja”.
En el nivel más elevado de la sabiduría en el Anáhuac,
encontramos a hombres y mujeres de conocimientos. Personas
que estudiaban e investigaban el mundo y la vida a través de
percibir la energía, como la fuente “esencial” de todo el
universo. Visualizaron, hasta los límites de su percepción, que
todo lo que llamamos universo, está compuesto de
pequeñísimos filamentos de energía. Que estos filamentos
tienen conciencia propia y que se organizan en toroides y estos
a su vez se multiplican infinitamente como fractales. Que esta
organización está regida por una frecuencia vibratoria, exacta
y perfecta, en un movimiento matemático por la cual se rigen
todos los toroides, sin importar su tamaño, en lo que
entendemos como macrocosmos y micro cosmos. Ellos
lograban a través de complejos procedimientos, disciplinados
ejercicios y rigurosas prácticas, llegar a manejar la percepción
energética y utilizarla para fines no mundanos a través de su
conciencia.
Este es el logro más importante de la Civilización del Anáhuac.
Descubrir “la esencia” de todo lo que somos y nos rodea. Este
conocimiento está en el vértice superior de la pirámide de
desarrollo humano tolteca. A lo largo de muchos siglos y
milenios de estudiar e investigar, los Viejos Abuelos, llegaron a
la conclusión de que el ser humano puede llegar a “manipular
conscientemente” la energía que le conforma.
Para llegar a estos niveles de conocimiento, necesitaron
decodificar el lenguaje del universo, por ello descubriendo las
matemáticas y la astronomía como fuentes de “entendimiento”.
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Descubrieron que todo el universo es “un conjunto de
vibraciones” o energía en permanente movimiento. Que existe
una frecuencia o vibración “generadora” y que el ser humano,
-como toroide o carga energética-, puede llegar a tener la
conciencia y lograr la manipulación de su energía, para
acercarse o “afinarse a la vibración generadora”.
Este conocimiento ha sido el mayor logro civilizatorio, y como
dijimos anteriormente, se encuentra en el vértice superior de
la pirámide de desarrollo humano tolteca. Esto explica el por
qué no dedicaron todo su conocimiento y energía a la guerra,
al comercio o el poder efímero, como otros pueblos.
Este conocimiento siempre ha estado en manos de una
reducida élite de seres humanos que han llegado a niveles
superiores de percepción, casi imposibles de lograr para un ser
humano común. Esta percepción se logra en la práctica
cotidiana y sistemática de la responsabilidad, la disciplina, el
compromiso, el trabajo y la determinación inflexible, para
perfeccionar su voluntad y manejar la energía. A estos seres
humanos los conocía como toltecas, los lugares en donde
estudiaban e investigaban les llamaba Tollan y a sus
conocimientos se les conoce como Toltecáyotl.
Los toltecas y la Toltecáyotl jamás se han extinguido, solo
desaparecieron del Tlaltípac, alrededor de la mitad del siglo IX
y ha quedado, en la mítica tolteca, el “regreso de la sabiduría”
representado metafóricamente en el mito del retorno de
Quetzalcóatl. Los toltecas están entre nosotros, gozando de “la
libertad ilimitada de ser desconocidos”. La base del
conocimiento de la Toltecáyotl ha quedado en el subconsciente,
en el “banco genético de información cultural” de los individuos
y los pueblos del Anáhuac y conforma los cimientos de La
Matria. Está viva y es lo que nos hace ser lo que en verdad
somos, lo que nos identifica y nos une, desde Alaska hasta la
Tierra del Fuego, y en cada lugar tiene diferente nombre. La

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Toltecáyotl es la sabiduría de la Matria, y representa, la
esperanza de un futuro luminoso y de plenitud humana.
Concientizarnos de este legado implica, “despertar” y dejar
atrás las taras y complejos de la colonización, para hacerlo de
nuevo “propio-nuestro”, en la construcción comunitaria,
solidaria, responsable y fraterna de una Anáhuac para todos,
sin vencedores ni vencidos, sin explotación, exclusión y
racismo.
No es difícil hacerlo, -porque ya lo hicimos una vez-, solo se
requiere hacer emerger y recuperar esa sabiduría que existe
en el banco genético de información cultural de todos los
pueblos, anahuacas (indígenas), mestizos y criollos que
conforman el país.
El futuro de la Matria está en el conocimiento profundo y
verdadero de su historia y cultura ancestral. En volverla a ser
nuestra en el mundo consiente, en la de la acción cotidiana. La
Toltecáyotl es el futuro, porque posee la sabiduría del pasado.

16
LA TOLTECÁYOTL
más allá de la razón occidental.

“Toltecáyotl, término introducido al mundo


académico por el antropólogo Miguel León Portilla y
redactado en el Siglo XVI por el padre Molina en el primer
diccionario de la lengua náhuatl, es traducido como: “Arte
para vivir”.
José Alberto López García.

I.
Desde 1519 hemos sido “descubiertos, estudiados y explicados
por el otro”. Aprendimos su lengua y olvidamos las nuestras,
aprendimos su historia y quedamos amnésicos, aprendimos sus
conocimientos y olvidamos los nuestros, aprendimos su religión
y nos convertimos en fanáticos e idólatras de algo que no
hemos cabalmente llegado a entender y del cual estamos
excluidos física y espiritualmente. Aprendimos a crear el
conocimiento con sus métodos y olvidamos los nuestros.
Vivimos en un mundo que nos es ajeno.
En síntesis, hicimos nuestra, su visión y descripción del mundo
y de la vida. Nos quedamos vacíos, sin raíz y sin sustento. Nos
convertimos en un eco que se pierde en el tiempo, en sombras
que discurren asustadas en un inmenso “llano en llamas”
desolado y empapado de tinieblas. Perdimos el ancestral
“rostro propio y el corazón verdadero”.
Hemos quedado prisioneros trescientos años en el calabozo de
la colonización hispánica y los últimos doscientos, en la
mazmorra del neocolonialismo criollo. Atrapados, maniatados
y amordazados en “el laberinto de la soledad”. Incapaces,

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impotentes, permanentemente vencidos, subdesarrollados,
periféricos, subalternos.
En el conocimiento profundo y descolonizado del pasado está
el futuro de la Matria. Una Matria justa, generosa y responsable
con sus hijos. Requerimos recuperar nuestro ancestral camino,
abrir nuestros propios horizontes, crear un futuro “propio-
nuestro”. Dejar de ser copias mal hechas y tardías. Requerimos
volver a ser “originales”, sin perder lo que hemos hecho nuestro
del “otro”.
Tenemos que dejar de percibir el mundo y entender la vida con
las categorías del carcelero. El cambio verdadero, no es crear
una nueva episteme, porque se estaría haciendo más de lo
mismo para salir de la modernidad, el camino no es la
transmodernidad, y mucho menos la posmodernidad. Porque
en los tres casos: modernidad, posmodernidad y
transmodernidad, se está construyendo una visión del mundo
y dándole significado a través de las ideas. Las ideas pueden
ser propias o ajenas. Las propias son las que hemos heredado
por la misma experiencia humana endógena, es decir, la
sabiduría que se encuentra en las tradiciones y costumbres de
los pueblos. Y que se han creado como producto de las acciones
y sentimientos para mantener la vida, pero por la colonización
se han quedado en un confuso y sincrético folclor.
(En efecto, la ciencia social contemporánea no ha encontrado
aún la forma de incorporar el conocimiento subalterno a los
procesos de producción de conocimiento. Sin esto no puede
haber descolonización alguna del conocimiento ni utopía social
más allá del occidentalismo.) El giro decolonial. Reflexiones
para una diversidad epistémica más allá del capitalismo global.
Santiago Castro-Gómez y Ramón Grosfoguel.

Las ideas ajenas, son producidas por un grupo de personas,


corporaciones, linajes y tradiciones cerradas, estructuradas por
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élites de pensamiento. Pueden ser económicas, religiosas,
políticas, académicas o bélicas, que en general, buscan el
dominio y preponderancia sobre los demás. Gracias a la
tecnología en los últimos decenios una idea, o un conjunto de
ideas, repetidas incansablemente por todos los medios pueden,
directa o indirectamente, crear percepciones homogéneas del
mundo y la vida a nivel global.
No se trata de crear una nueva episteme, justamente, el
camino es lo contrario, dejar de construir la visión y la
descripción del mundo y de la vida a través de un conjunto de
ideas, concebidas por un grupo de “pensadores iluminados”.
No se trata de negar la visión racional del mundo a través “del
logos”, porque es él, quien construye “la realidad” a partir de
las ideas o razonamientos. Así como el eurocentrismo creó el
concepto de que “lo particular europeo es lo universal”. De la
misma manera, el eurocentrismo afirma que el conocimiento
solo se puede crear a través de la razón. Sin embargo, existen
otras formas de conocimiento de los seres vivos, incluido el ser
humano, que no es necesariamente el razonamiento
occidental. Es decir, existe una “pluriversalidad” de medios
para acceder al conocimiento y, por ende, percibir el mundo y
la vida de manera diversa. La racionalidad no es el único
camino al conocimiento, existen muchos seres vivos que
adquieren conocimiento y no tienen cerebro y otros que lo
tienen, no lo usan como el ser humano. Múltiples y diversas
racionalidades o epistemes.
Porque al tratar de hacerlo, sólo estamos reduciendo y
limitando las capacidades humanas y excluyendo diversos
pluriversos posibles. Se trata en cambio de dejar abrir las
posibilidades humanas de la percepción y el conocimiento, de
otras formas posibles de vida y otros mundos en el mismo
tiempo y en el mismo espacio en el que vivimos. Los seres
humanos somos infinitamente más complicados y con mayores
posibilidades de lo que supone el pensamiento occidental.
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Se debe ser más humilde con “el logos” y dejar de creer que la
realidad y el conocimiento solo se puede percibir a través “del
pienso luego existo”. Dejar de creer que nuestra superioridad
sobre los demás seres vivos radica en la capacidad de “pensar”
y que “Dios nos hizo a su imagen y semejanza” entregándonos
el mundo para reproducirnos y medrar. No existe un único
“universo” que rige para todos, existe un pluriverso con
muchos universos. El pluriverso es mucho más que esa
estrecha concepción antropocéntrica eurocentrista de que el
hombre blanco a partir de Europa es el centro de todo lo
concebible.
El logos es como una esfera reflejante de acero inoxidable que
construimos con nuestros pensamientos, y por tal, es un reflejo
de nosotros mismos. Esta sólida y blindada esfera, nos contiene
y “nos explica”, y a dondequiera que observamos, vemos el
reflejo de nuestras ideas, y a esos reflejos de nosotros mismos
les llamamos, “el mundo y la realidad”. Esta “realidad” será
creada por otros y sostenida por nosotros mismos a través de
nuestros pensamientos y nuestros actos. Cayendo en el círculo
vicioso de “actuar nuestros pensamientos” y confundir el
mundo, con nuestras ideas.

Esta invulnerable y sólida esfera reflejante, construida por las


ideas, nos alejan y nos separan de “la realidad” entendida como
lo que es “per se”, un conglomerado infinito de cargas
energéticas, que existe por sí misma, de la que deberíamos
formar –conscientemente- parte integral. El pluriverso (todos
los universos posibles), no es un conjunto de ideas, el
pluriverso sólo es un pluriverso de energía,
independientemente de las ideas o la forma de percibirlo. La
filosofía es que no hay filosofía, la metodología es que no hay
metodología, es decir, necesitamos dejar de construir “el
mundo y la vida”, con las ideas propias y ajenas. Lo que se
requiere es dejar de abusar del raciocinio, que puede llegar a
20
ser irracional, como el suicidio ecológico en función del
Mercado. Dejar de pensar en qué debemos de pensar, y
ponernos, simple y sencillamente, a sentir, a hacer, a vivir,
como lo hacen los demás seres vivos, como los animales
salvajes, como los árboles, como las montañas, como los
mares, como “Nuestra Madre Querida” Tonantzin o
Pachamama.
Lo que se requiere es aceptar que “el conocimiento” no solo se
puede adquirir únicamente por medio del uso de la razón. El
ser humano y la mayoría de los seres vivos adquieren
conocimiento sin el uso de la razón. Existen diversas formas
de adquirir conocimiento. Es necesario desechar el vicio de
pensar y de pensar en pensar, y de creer que la vida es un
cúmulo de pensamientos. Se requiere comprender y sentir que
la vida es una “percepción pragmática”, como lo hacen los
árboles y los demás seres vivos a través de la energía. El
razonamiento es el arma más poderosa del ego. Necesitamos
volver a la esencia de lo que somos, “seres vivos perceptores”,
que nuestro mayor logro es estar vivos y sentir la vida, sin
ideas, sin adjetivos, sin categorías. Simple y llanamente sentir,
porque llegará un momento inexorable en el que dejaremos de
sentir, y todos nuestros pensamientos se convertirán en nada.
La vida intelectual se acaba de súbito y la energía permanece.
A final de cuentas, somos una pequeña partícula energética en
un pluriverso energético, somos una gota en el océano, un
océano de energía no de ideas. La esencia de nuestra existencia
es una frecuencia, como parte energética, estamos sujetos “al
todo energético” en movimiento y equilibrio bajo una sola
frecuencia con un infinito de tonos. El desafío a través de la
conciencia, -que no implica necesariamente razonamiento-, es
llegar a la plenitud de la percepción. Es decir, afinar nuestra
carga energética en la frecuencia vibratoria generadora.
En los cientos de miles de años que el ser humano tiene de vivir
en el planeta, en sucesivas “eras” o como las llamaban nuestros
21
Viejos Abuelos toltecas, en diferentes “Soles”, hemos tratado
de alcanzar la frecuencia más pura “del todo” para unificarnos
en armonía con ella. Y en un eterno retorno, con avances y
retrocesos, como las mareas o la mecánica celeste, repetimos
una y otra vez el mismo ciclo energético. Nuestros Viejos
Abuelos lo describen muy bien en la Leyenda de los Soles.
II.
“El pensamiento heterárquico es un intento por conceptualizar
las estructuras sociales con un nuevo lenguaje que desborda el
paradigma de la ciencia social eurocéntrica heredado desde el
siglo XIX. El viejo lenguaje es para sistemas cerrados, pues
tiene una lógica única que determina todo lo demás desde una
sola jerarquía de poder. Por el contrario, necesitamos un
lenguaje capaz de pensar los sistemas de poder como una serie
de dispositivos heterónomos vinculados en red.” Santiago
Castro-Gómez, Ramón Grosfoguel.
En los siete mil quinientos años de desarrollo humano
endógeno del Cem Anáhuac, pero en especial en los diez siglos
de su máximo esplendor, llamado periodo Clásico (200 a.C. a
850 d.C.). El ser humano no buscó la plenitud y el conocimiento
únicamente a través de la razón. La percepción de la vida y del
mundo fue totalmente diferente a la de los europeos, que a
partir del siglo XVIII empezaron a buscar “la verdad” a través
de la razón. Para Los Viejos Abuelos toltecas en el vértice
superior de sus logros civilizatorios no estaba el atesoramiento
y el consumo, el comercio, la subordinación y la guerra, la
propiedad privada y la plusvalía, la comodidad, la explotación,
y dominación de la naturaleza.
El mayor proyecto material fue la construcción de los Tollán,
que hoy se conoce como zonas arqueológicas, construcciones
que rompen la lógica del pensamiento occidental, ya que, en el
periodo Clásico, no fueron ciudades, ni fortalezas, palacios o
“centros ceremoniales y menos comerciales”. Lo cierto es que

22
todas las civilizaciones con origen autónomo del planeta, todas
sin excepción, construyeron pirámides. La civilización del
Anáhuac es la que construyó el mayor número de pirámides en
la historia de la humanidad, y como el caso de Daany Beédxe
(Monte Albán en Oaxaca), el esfuerzo energético-constructivo
se llevó más de trece siglos continuos.
Este enorme esfuerzo constructivo, que requirió no solo los
conocimientos y energía, sino el esfuerzo histórico social, no se
ha evaluado correctamente por la colonización epistemológica,
pero debería ser el punto de partida para entender que han
existido antes de la Modernidad un pluriverso epistémico, que
poseyó diferentes formas de interpretar “el mundo y la vida”.
Lo que implica que su visión del mundo y la vida, fue totalmente
diferente al que hoy tenemos y que el conocimiento no
necesariamente se obtuvo únicamente a través de la razón. Ni
el objetivo de obtener el conocimiento, sea igual al de la cultura
occidental.
La visión del mundo y la vida anahuaca no desapareció gracias
a la permanente lucha de resistencia cultural que se ha
desarrollado en los cinco siglos de coloniaje, solo se ha
agazapado. Los pueblos del Anáhuac y el Tawantinsuyo, han
mantenido en su memoria histórica, en sus usos y costumbres,
en sus saberes comunitarios, esta milenaria visión del mundo
y la vida, que los europeos jamás han intentado conocer, y en
cambio, la han mal interpretado y despreciado. Y, por otra
parte, los hombres y mujeres de conocimiento de la
Toltecáyotl, no desaparecieron con la invasión, lo que sucede
es que los europeos jamás los han podido conocer, los toltecas
gozan de “la libertad ilimitada de ser unos desconocidos.” Que
los europeos no hayan podido vislumbrar el conocimiento de
los anahuacas y tiwanacotas, no significa que no exista o haya
desaparecido.
Esta sabiduría en el Anáhuac se conoce como Toltecáyotl, y no
sienta su base en el “raciocinio” como la única y más
23
importante forma de crear y sistematizar el conocimiento. Los
valores y principios de esta visión del mundo y la vida son muy
diferentes a la visión occidental y están más cerca de las
milenarias sabidurías del Oriente y de África.
No se requiere crear una nueva episteme, se requiere en
cambio, recuperar la memoria histórica, “recordar a la manera
tolteca”, es decir, recupera la sabiduría ancestral “como una
carga energética”, para retomar los principios y los valores del
mundo y la vida de nuestra civilización Madre y con ella recrear
otro mundo que ha sido posible durante muchos siglos en el
pasado, y que ha sido muy exitoso y duradero. El inicio de ese
camino comienza con recuperar la memoria histórica, y
repensar, descolonizadamente, el potencial que han tenido y
tienen el calpulli y el ayllu, en la organización y armonía de la
vida milenariamente entre los pueblos y culturas del continente
llamado Ixachilan en náhuatl del Norte, y en el Sur como Abya
Yala o en legua quechua Allpa Pacha.

III.
"¿Se llevan las flores a la región de la muerte?
¿Estamos allá muertos o vivimos aún?
¿Dónde está el lugar de la luz pues se oculta el que da la vida?"
Cantares mexicanos.
La percepción del mundo para los hombres y mujeres del
México antiguo, consistía en un inconmensurable campo
energético imposible de conocer y entender, solo se puede
percibir un pequeñísimo campo de esa inmensidad y aún más
limitado, en ese pequeño espacio se puede interactuar. Para
los antiguos habitantes del Anáhuac, los seres humanos eran
perceptores de esa inconmensurable energía, como lo afirma
el antropólogo Carlos Castaneda a lo largo de su extensa obra.
Para los toltecas, la Toltecáyotl, la sabiduría obtenida,
sistematizada y acumulada a lo largo de varios milenios, no se
24
logra únicamente por medio del raciocinio, ellos desarrollaron
a lo largo de miles de años una metodología con la ingesta de
psicotrópicos para lograr lo que la ciencia llama “estado
alterado de consciencia o estado modificado de consciencia”.
Para los toltecas, el conocimiento es energía que suman a su
campo energético o toroide. Para la Toltecáyotl, la sabiduría es,
en esencia, una carga energética, que se incorpora en la
energía que constituye a los seres humanos. Por eso, “re-
cordar” no se hace con la razón, sino con la percepción de la
huella energética que ha dejado la experiencia vivida en el
toroide (**) (Carlos Castaneda).
Para los toltecas, el mundo está constituido de pequeñísimas
partículas de energía que poseen conciencia propia e individual.
Una cantidad inconmensurable de estas partículas, que los
toltecas llaman “filamentos”, apenas forman un protón, la
partícula más pequeña de la física clásica. A su vez, los
filamentos se aglutinan en 48 bandas diferentes y el mundo
que percibimos está en una de esas bandas. En ese racimo los
filamentos se agrupan para formar a su vez lo que llamamos
“los seres orgánicos e inorgánicos”, como un árbol y una roca.
Estos inconmensurables grupos de filamentos que tienen “la
voluntad” de constituirse para formar un ser, son
“encapsulados” o contenidos por “la conciencia de ser”, una
energía diferente y sutil que no está constituida de los
filamentos. A estas dos energías los toltecas las representaron
con el agua y el viento, porque el primer símbolo es generador
de vida y el segundo símbolo es, figurativamente, el soplo
divino que le da conciencia al primero. En lengua náhuatl se les
llamó: Tláloc como la energía luminosa y Quetzalcóatl, como
“el soplo divino que proporciona la conciencia de ser”.
De esta manera para los toltecas, el ser humano estaba
constituido de dos cargas energéticas con forma de un toroide,
en permanente flujo y reflujo de energía. Cuando muere el ser
humano, es cuando se rompe la “membrana energética de la

25
conciencia de ser” y los filamentos de adentro salen para
integrarse a los de afuera, y los de afuera, penetran hasta
inundar a los de adentro, haciendo que todos los filamentos se
unan en el “todo energético” nombrado metafóricamente
Tloque Nahuaque (El que está cerca, al lado y alrededor de
todas las cosas). La energía de la membrana, es absorbida por
una energía incognoscible, imposible de percibir y menos aún
de explicar, Moyocoyatzin (Aquél por quien se vive).

IV.
“Necesitamos entrar en diálogo con formas no
occidentales de conocimiento que ven el mundo
como una totalidad en la que todo está relacionado
con todo, pero también con las nuevas teorías
de la complejidad.”
Santiago Castro-Gómez y Ramón Grosfoguel (*).

El Quincunce o Macuilxóchitl representa “las cinco direcciones”


o los rumbos de la existencia, con un quinto punto o eje central,
que proporciona el equilibrio. La Toltecáyotl en un nivel
filosófico se puede entender como “el arte de lograr el
equilibrio” entre los cuatro rumbos de la existencia. El concepto
del equilibrio es uno de los cimientos de la sabiduría tolteca. El
medio de trascender esta realidad para los toltecas era lograr
el equilibrio interno y externo para estar en armonía con el
todo. Los “cuatro rumbos de la existencia” metafóricamente se
entienden como el par de opuestos comentarios que integran
las posibilidades perceptoras del ser humano. El quetzal-cielo-
espíritu-arriba, el cóatl-tierra-materia-abajo, el tonal
masculino-razón-concreto-derecha y finalmente, el nahual
femenino-intuición-abstracto-izquierda. Y el quinto punto o
dirección que es el centro y dónde encuentran el “equilibrio”.

26
La llamada “Cruz de Quetzalcóatl” se representa en torno a la
figura de un ser humano. En la cabeza es la dirección del
espíritu-quetzal, en los pies la materia-cóatl, de donde se
desprende el concepto filosófico del “Quetzalcóatl”, como la
búsqueda del equilibrio. En la parte derecha del cuerpo el tonal,
asociado al Sol. En la parte izquierda del cuerpo el nahual
asociado a la Luna. El centro se ubica en el ombligo, que en
lengua náhuatl se nombra “co”, que significa “centro
energético”, (Méxi-co, Xochimil-co, etc.).
El ser humano a lo largo de su vida debe acrecentar la
conciencia de ser a partir del desarrollo en equilibrio de los
cuatro rumbos de la existencia para poder elevarse o
trascender. Esta figura filosófica se representa a través de la
ceremonia llamada “Los Voladores de Papantla o Vuelo de los
Quetzales”. En la que cuatro guerreros águila serán guiados y
equilibrados por un “tlacatécatl” o comandante de hombres,
que estará sin ataduras protectoras en lo más alto del palo,
sirviendo de eje y de guía a través de “flor y canto” (sabiduría
y belleza), para lo cual, simbólicamente toca una chirimía y un
tamborcito. Los cuatro guerreros águila apuntan a los cuatro
rumbos de la existencia y cada uno da 13 vueltas para que
entre los cuatro den 52, que significa “un atado de años” o
Xihutecuhtli, que son los 52 años del ciclo de la Pléyades o una
posible realización humana. Otra forma de expresión de la
Toltecáyotl es el concepto de “Macuilxóchitl” (cinco flor), cuatro
pétalos y un centro unificador.
Justamente en esta metáfora encontramos que los toltecas a
través de la Toltecáyotl, señalan que existen dos formas,
opuestas y completarías para adquirir el conocimiento y lograr
el equilibrio y la plenitud humana. Esto se logra por medio de
la razón “el tonal” el mundo de la racionalidad y con su
contraparte, con el nahual a través de la intuición o percepción
energética. El primero como parte de la masculinidad del
individuo y el segundo, como la parte femenina del individuo,

27
el par de opuestos comentarios que forman la unidad. Esto es
que el conocimiento, no solo se logra por medio de la razón,
sino que el ser humano a través de su toroide energético, tiene
la capacidad de percibir el conocimiento desde el universo
energético.
La cultura occidental que se caracteriza por ser eminentemente
patriarcal que se desarrolla en el campo masculino del ser
humano y por esta razón sustentan la acción de “conocer” solo
a través de la razón. Sin embargo, la Toltecáyotl nos plantea
que existe otro campo de percepción del conocimiento, que es
energético y femenino/intuitivo. Esta es una de las razones por
las cuales los filósofos occidentales se han limitado al mundo
de la razón y han abandonado el sentido integral y holístico de
la sabiduría humana, planteada en todas las civilizaciones
antiguas con origen autónomo.
Para el caso de la Civilización del Cem Anáhuac, la energía
suprema, la que no tenía nombre, ni representación y no se
podía ver o tocar, nombrada metafóricamente Tloque
Nahuaque en un nivel filosófico. En un segundo nivel de
representación, más accesible en el aspecto religioso, se le
concebía como una unidad compuesta de dos partes, una
femenina y otra masculina. Se le llamó Ometéotl “la dualidad
divina”, de donde se desprende, Omecihuatl “de los dos la
Señora” y Ometecuhtli, de los dos el Señor. Como se ve, todo
está formado de un par de opuestos complementarios que
conforman la unidad.
De la misma manera el acceso al conocimiento, para el ser
humano, tiene dos vías, una es la razón o tonal, y la otra es el
nahual o la energética/intuitiva/perceptual (que no es por
medio de la razón). Las dos en equilibrio nos dan el
conocimiento total como una sola unidad. El ser hombre
occidental de cinco países, constructor del pensamiento
“universal eurocéntrico”, como dice Ramón Grosfoguel, se ha
privado de la otra mitad del conocimiento y esta es una de las
28
razones por las que Occidente ha llegado al colapso
civilizatorio.

V.
“La concepción irracionalista de la filosofía en el sentido
epistemológico, al postular que no es la razón por sí sola, sino
la unidad Razón-Intuición, el instrumento cognoscitivo
verdadero del Ser. Pero antes de entrar en algún detalle es
preciso que visualicemos algunos rasgos importantes de la
Filosofía y la Cosmovisión, para luego dar una ojeada al mundo
de la Cosmovisión Andina.” Mario Blacutt Mendoza.
Para los Viejos Abuelos toltecas del Anáhuac, el mundo se
percibía como una serie infinita de “universos energéticos”,
cada uno formado por dos cargas opuestas y complementarias.
Tláloc y Quetzalcóatl, Ometecuhtli y Omecihuatl, Tonal
asociado al “razonamiento”, lo masculino, el Sol, el mundo
concreto, el día, el calor, lo seco, y el nahual, asociado a la
intuición, lo femenino, la Luna y el mundo abstracto, la noche,
lo frío y lo húmedo.
De esta manera, la interpretación del ser humano, el mundo y
la vida, es totalmente diferente a la occidental. Concibiendo al
ser humano como un par de cargas energéticas y al pluriverso
como un inconmensurable conjunto de cargas energéticas
inconcebibles para el ser humano, y por consecuencia, el
conocimiento se produce a partir de una doble percepción
armonizada. La percepción del conocimiento no era únicamente
a través de la razón.
Percibir el mundo y la vida a través de la energía, y no
únicamente de los pensamientos, nos abre la oportunidad de
entender con mayor cercanía la Toltecáyotl y por ende podría
ayudarnos a entender la concepción de vida de los anahuacas
de ayer y de hoy. El por qué no inventaron armas, no fueron

29
conquistadores del mundo, no tuvieron propiedad privada,
vivieron en la comunalidad, implantaron un sistema educativo
público y obligatorio, no usaron la moneda, no vivieron en el
consumo y la acumulación. Pero, sobre todo, porque percibían
a los demás seres orgánicos e inorgánicos como hermanos,
como iguales, y al planeta con una Madre y buscaban
afanosamente el equilibrio. La Toltecáyotl nos enseña que
todos somos iguales, que “todos estamos parejos” y que lo más
importante es la comunidad y servirla con eficacia, y el bien
común sobre el interés privado, la inexistencia de la propiedad
privada y el dinero. Además de permitirnos acercarnos con
humildad al misterio de su civilización y el de la construcción
de los Tollán, que hoy llamadas zonas arqueológicas, y que
representan una obra monumental, significativa de los pueblos
y culturas del continente.
Desde el inicio del “contacto” entre europeos y anahuacas no
pudo existir un puente de comunicación, entendimiento y
respeto. Primero, porque las intenciones de los europeos eran
imperialistas, de someter y apoderarse de la riqueza. En
segundo lugar, porque los europeos, en ese momento venían
de la Edad Media, periodo de oscuridad, ignorancia e
intolerancia, por lo que carecían de interés y capacidad para
conocer y entender “al otro”. Y, en tercer lugar, y tal vez, el
más importante, porque los europeos no podían concebir un
pluriverso epistémico, y en especial el anahuaca que se
fundamentaba no solo en la razón, sino también en la
percepción del mundo y la vida como energía.
Por estas razones, desde 1519, no se ha podido comprender la
Toltecáyotl en toda su profunda dimensión. Frente a los pueblos
y culturas del Cem Anáhuac, los occidentalizados usurpadores
de toda jerarquía de poder, no han podido penetrar el universo
de la Toltecáyotl. Frente a la civilización Madre, el mexicano
contemporáneo se comporta como el conquistador, siempre
dispuesto a sojuzgar y explotar, o se comporta como el

30
misionero, para proteger e integrar. Pero lo que no hemos
hecho es aprender de nosotros mismos.
Sin embargo, creemos que, para ir más allá de la concepción
racional de occidente, se debe aceptar otros paradigmas o
accesos al conocimiento que no sean únicamente la
racionalidad del pensamiento. Se puede intentar la coexistencia
de “la filosofía occidental” y “la Toltecáyotl del Cem Anáhuac”,
sin exclusiones y sin minusvalías de ninguna de las dos.
Opuestas y completarías, como el tonal y el nahual, como
Tláloc y Quetzalcóatl, como Ometéotl. Desde la perspectiva del
“pensamiento complejo” de Edgar Morín, se podría iniciar una
aventura sobre la gnosis humana.
Por eso, cuando Ramón Grosfoguel y Santiago Castro-Gómez
escriben: “Necesitamos entrar en diálogo con formas no
occidentales de conocimiento que ven el mundo como una
totalidad en la que todo está relacionado con todo” (*),
estamos totalmente de acuerdo al pesar de que atente contra
la “cordura intelectual eurocéntrica” y la estabilidad de la visión
del mundo y la vida que nos ha impuesto la colonización y la
colonialidad.
Se requiere hacer un enrome esfuerzo energético para
desandar el camino y comenzar desde el principio, “otro
principio”, sin destruir el mundo conocido del “tonal” e
incursionar en el misterioso e irracional mundo del nahual.
Difícil desafío solo para toltecas del siglo XXI. Lo difícil no es
hacerlo, sino imaginarlo.

Notas:
(*)
El giro decolonial. Reflexiones para una diversidad epistémica
más allá del capitalismo global. Santiago Castro-Gómez y
Ramón Grosfoguel.
31
(**)
"El toroide, o tubo toro, es una figura geométrica construida
con espirales doradas, circunscrita en una esfera, semejante a
una dona o una manzana. El toroide es la forma que tienen los
átomos, los fotones y toda unidad mínima constitutiva de la
realidad. En la figura del toroide encontramos reunidos todos
los principios de la Geometría Sagrada, a saber: el Gran Vació,
la Ley de Unidad, la Ley de Dualidad, el Principio de auto-
sustentación, los tres números pilares matemáticos de la
Geometría Sagrada: Phi, Pi, Euler." psicogeometria.com

32
EL CONCEPTO DE LA ORGANIZACIÓN COMUNITARIA
EN EL ANÁHUAC
La Civilización del Anáhuac, basó la génesis de su conocimiento
en la observación de la naturaleza y el cosmos. Observó,
investigó, sistematizó lo aprendido, pero su mayor genialidad
fue que construyó su episteme con ese mismo método, de
modo que ahora, para hacer, “arqueología del espíritu, se
requiere observar con atención a la naturaleza y al firmamento,
para reconectarnos con la sabiduría ancestral del Anáhuac. De
esta manera, con la botánica, la astronomía y las instituciones
ancestrales que han sobrevivido al epistemicidio eurocéntrico,
podemos hacer aproximaciones o asociaciones que nos
permiten explicarnos el intrincado y complejo universo
epistémico que posee la Toltecáyotl.
El ser humano es el principio y fin de la Toltecáyotl. El ser
humano como un micro universo en armonía que esta
sincronizado armónicamente con el macro universo. El ser
humano como un conjunto de órganos que en armonía
representan nuestra totalidad. El ser humano como un
conglomerado energético, -como un toroide-, en equilibrio. El
ser humano como un par de opuestos complementarios
energéticos que se mantienen en equilibrio. El ser humano
como una carga energética en un inconmensurable e
inconcebible campo de energía. El ser humano como el creador
de la energía más elevada. El ser humano y sus potencialidades
como principio y fin de la Toltecáyotl.
Para la Toltecáyotl, el hombre y la mujer, son el par de
opuestos complementarios que forman la unidad trinitaria a
través de la familia. Unidad autónoma, autosuficiente y
autárquica, que funciona en sí y para sí, en plenitud y armonía,
para la reproducción, la educación, la producción y la
preservación de la vida y el mantenimiento del equilibrio en su
sentido más amplio.

33
La familia, estructurada y regida por milenarias tradiciones,
usos y costumbres emanadas de la Toltecáyotl. De manera
horizontal, se interrelaciona con otras familias, guiadas por un
Teyakanilistli (guía de hombres) y asesorado por un consejo
familiar de huehues o ancianos venerables. Este grupo extenso
familiar se apoya y se ayuda para lograr el equilibrio y la
plenitud, no solo en los aspectos materiales de sobrevivencia,
sino en los educativos, emocionales y espirituales de
trascendencia. Este grupo de familias conforman un calpulli que
contrae la responsabilidad de preservar la vida en su sentido
más amplio y el logro de la plenitud de todos los humanos y
seres vivos, incluyendo, por supuesto, a la Madre Tierra.

Uno de los valores fundacionales de la civilización del Anáhuac


es el sentido de la auto sustentación de las necesidades
materiales de vida y la solidaridad entre iguales. Comenzando
por el individuo, fuera hombre o mujer, en el Telpochcalli y el
Ilpochcalli se les enseñaba a ser autosuficientes, tanto en la
producción y transformación de sus alimentos, como enceres
domésticos y para los diferentes trabajos. Uno de los objeticos
de esta institución es que, al salir de ella, la pareja podía formar
una familia y ser autosuficientes, para apoyar a la comunidad.
A través de la auto construcción de casas, edificios público y
caminos. Por ello, una de las instituciones que la Toltecáyotl
nos ha legado a las personas, a las familias y a las
comunidades, -y que sigue viva hasta la actualidad-, es la
guelaguetza, en lengua zapoteca, que significa ayuda mutua o
solidaridad, y que existe en la actualidad en todo el país, con
diferentes nombres, pero manteniendo su esencia primigenia.

Los calpullis no conformaban “ciudades”, por el contrario,


generalmente vivían en caseríos dispersos entre las huertas
familiares y pequeñas milpas. La producción comunitaria se

34
hacía con tequio o tequiuitl (trabajo sin remuneración por la
comunidad) en grandes extensiones, para cubrir las
necesidades de la administración pública, el gasto de los
templos, fiestas y ceremonias. Los edificios públicos se
construían en el “co” u obligo de la comunidad, en donde existía
una plaza central rodeada de cuatro edificaciones hacia los
cuatro puntos cardinales. En la estructura arquitectónica
conocida como quincunce o Cruz de Quetzalcóatl. Los calpulli
generalmente tenían cuatro barrios orientados hacia los puntos
cardinales, manteniendo la distribución cósmica del universo
anahuaca.
Una serie de calpulli se unían en una organización mayor, que
lleva por nombre huey calpulli. En el huy calpulli se usaban los
mismos conceptos y valores del individuo y el calpulli, en
cuanto al auto sustentación, producción, educación, defensa,
gobierno y administración. Siempre cuidando de guardar la
autonomía y la auto determinación de manera horizontal y
entre iguales. De modo que el mismo concepto de la
democracia participativa del calpulli se llevaba al huey calpulli.
Un grupo de huey calpulli formaba una federación. Con los
mismos valores y la democracia participativa, pero ahora a
nivel de comunidades representadas por aquellos que
“mandaban obedeciendo”. Las decisiones se tomaban en
conceso en las Asambleas y se cuidaba el bien común de los
individuos, los calpulli y los huey calpulli, buscando mantener
el equilibrio y la medida, en la busca de la plenitud de la vida,
no solo de los seres humanos, sino de todos los seres vivos,
por supuesto, incluida la Madre Tierra. Las federaciones
generalmente eran por regiones, en donde la variante
lingüística y la variante cultural, así como la geografía y el
clima, definían generalmente su extensión.
El nivel superior de organización en el Cen Anáhuac se
estructuraba a través de las confederaciones, que eran la
organización horizontal y con los mismos valores que define la
35
Toltecáyotl, desde un individuo hasta una federación. La
confederación era la organización de una serie de federaciones
que se unían para buscar el bien común, el desarrollo de la vida
y el equilibrio de todos los seres vivos. No existían muchas
confederaciones y generalmente estaban determinadas por la
cultura, la legua Madre (incluyendo sus variantes) y los
espacios físicos podían contener diferente hábitat, climas y
regiones.
Seguramente la confederación fue el modelo de organización
que tuvieron los toltecas a lo largo del periodo de esplendor
(200 aC. a 850 dC.), en el que incluyeron a la mayoría de
culturas, desde lo que hoy es Nicaragua hasta Canadá.
Investigadores como Ignacio Bernal (1965), en su trabajo “Un
Posible Imperio Teotihuacano”, afirma que es difícil imaginar
una extensión tan grande como el Cen Anáhuac, regida por ese
Tollán, sin que hubiera vestigios de que Teotihuacán dominara
esta enrome extensión de tierras y pueblos por medio de las
armas. Y más adelante señala que, pudo haber sido por medio
de una religión, pero, aun así, “sería difícil explicarlo”.

“Lentamente, despacio, se fueron,


allí vinieron a reunirse, en Teotihuacan.
Entonces se dieron allí las órdenes,
allí se estableció el mando.

Los que se hicieron Señores


fueron los sabios,
los conocedores de las cosas ocultas,
los poseedores de la tradición.”
(Informantes de Sahagún).

Lo que suponemos es que, en el periodo Clásico, una extensa


zona del Cem Anáhuac estuvo íntimamente ligada a través de
la Toltecáyotl por medio de los toltecas, es decir, hombres y

36
mujeres de conocimiento que estudiaban e investigaban en los
Tollanes, que hoy llamamos “zonas arqueológicas” y que,
Teotihuacán era el centro neurálgico de ese conocimiento a
través de una confederación de confederaciones. Durante esos
diez siglos, seguramente no todos los pueblos habían alcanzado
el mismo nivel de conocimiento y práctica de la Toltecáyotl,
además de que siempre existió una migración permanente de
grupos menos evolucionados que iban llegando al Anáhuac.
“Porque en verdad allí en el Tollan estuvieron viviendo
porque allí residieron,
muchas son las huellas que allí quedan de sus obras.”
(Informantes de Sahagún).

Los “toltecas” nunca fueron una cultura y menos una etnia,


fueron en cambio, un grado de conocimiento de la Toltecáyotl.
Los toltecas eran los artífices de la “piedra interior”
(chalchiúhuitl) representada con la turquesa y el jade. Los
maestros en el arte del equilibrio, la medida, la sobriedad, la
austeridad, el refrenamiento, el entendimiento. Aprendices de
los arcanos de la energía, sus potencialidades y posibilidades
humanas. Tea que no ahúma y que ilumina en la oscuridad de
la ignorancia. Guía de hombres. El tolteca con la Toltecáyotl
ilumina el mundo, lo humaniza y es poseedor de la tradición
milenaria. Los toltecas a través de la Toltecáyotl y en todo el
Cen Anáhuac instruían a los que “mandaban obedeciendo” en
el arte de gobernar, administrar, educar, producir alimentos y
los necesarios saberes para llevar una vida en equilibrio.

“En verdad eran sabios los toltecas


sus obras todas eran buenas, todas rectas,
todas bien planeadas, todas maravillosas…
Los toltecas eran muy ricos,
eran felices,
nunca tenían pobreza ni tristeza…
Los toltecas eran experimentados,
37
acostumbraban dialogar con su propio corazón.
Conocían experimentalmente las estrellas,
les dieron sus nombres.”
(Informantes de Sahagún).

Esta es una de las razones por las cuales afirmamos que los
Tollan no fueron “ciudades” en el concepto eurocéntrico. Con
solo observar la arquitectura con un pensamiento crítico
descolonizado, sería suficiente para llegar a esta “lógica
conclusión”. En la lengua náhuatl existe la palabra que designa
una población y es Altépetl. Todas las civilizaciones antiguas de
la humanidad, -todas-, construyeron pirámides, los anahuacas
fueron los que construyeron el mayor número de ellas. Y esto
se explica, porque en estos Tollan se hizo, -entre muchas otras
cosas-, la mayor observación meticulosa, precisa y sumamente
detallada de la mecánica celeste por siglos, razón por la cual,
se tuvo que construir tantos “observatorios” para ese fin, por
lo cual, nuestros Viejos Abuelos toltecas, lograron conocer a la
perfección el movimiento de los astros y con ello, le dieron al
mundo la cuenta perfecta del tiempo.
De esta manera, durante más de diez siglos, muchos pueblos
y culturas vivieron “en equilibrio” por medio de la enseñanza
de los toltecas y la Toltecáyotl. Una extensa época de paz y
armonía dirigida por los Venerables Maestros. El equilibrio
logrado entre la parte espiritual y material del ser humano, es
decir, entre el quetzal y el cóatl. Por eso el arquetipo filosófico
cultural del Cen Anáhuac fue la encarnación del Quetzalcóatl,
que guio a los anahuacas en la búsqueda de virtud, y razón por
la cual Quetzalcóatl, desde los olmecas hasta los mexicas fue
símbolo de la educación y la virtud. El segundo equilibrio se dio
entre el tonalli y el nahualli, es decir, entre el mundo cognitivo
de la razón y el mundo intuitivo de la percepción abstracta. Un
par de opuestos comentarios en búsqueda del “equilibrio total”.
Tanto en el mundo interior, como en el mundo exterior, que le

38
dieron a todos los pueblos y culturas del Cem Anáhuac “un
rostro propio y un corazón verdadero”.

Los toltecas escribían en sus libros de pinturas,


pero el libro llegó a su fin.
Tu corazón por entero se acerca
a las artes y creaciones de los toltecas: La Toltecáyotl.
Yo tampoco viviré aquí para siempre.
¿Quién de mí se adueñará?
¿A dónde tendré que marcharme?
Soy un cantor:
allí estaré de pie, allá voy a recogerlos,
mis flores, mis cantos, llevo a cuestas,
los pongo en el rostro dela gente…”
(Cantares mexicanos)

La Toltecáyotl se empezó a generar desde la invención de la


agricultura, la milpa y el maíz en el periodo Preclásico (6000
aC.), con la cultura Madre, los olmecas. En la lengua usada por
los toltecas se decía yuhcaliiztli, que significa “la acción que
lleva a existir de un modo determinado”. El sistema de
organización se fue creando a través de los siglos y fue la
cúspide de la pirámide de desarrollo humano tolteca, que tenía
en su base al sistema alimentario, le seguía el sistema de salud,
para pasar al sistema de educación y finalmente, el sistema de
organización, que comprende desde las bases de las normas
personales, familiares, pasando por las de la comunidad, sea
calpulli y huey calpulli, hasta llegar a la federación y la
confederación.
El sistema de organización, como todos los sistemas de la
pirámide, estaba basado en la búsqueda del equilibrio, a través
de la igualdad, el respeto, la honestidad y la solidaridad, como
ejes rectores. Como se dijo al inicio, el principio y fin de la
Toltecáyotl, es que el ser humano llegara a la plenitud

39
armónica. Que alcanzara su realización plena, como ser
humano, en familia y en comunidad. Y en un plano muy elevado
y sofisticado, que muy pocas personas podían aspirar, que
alcanzara la plenitud a nivel de energía. La Toltecáyotl creó un
concepto que explica la formidable tarea de investigar,
sistematizar y preservar toda esta sabiduría a lo largo de miles
de años. Tlapializtli como “la acción de preservar algo”. El Dr.
Miguel León Portilla (1980) escribe:
“Y creemos pertinente subrayar el enfoque dinámico de tal
concepto. Para el hombre náhuatl, topializ, la idea de estar en
posesión de un legado, implica la necesidad y obligación de
preservarlo en favor sobre todo de los propios descendientes.”
La civilización del Cem Anáhuac durante miles de años observó,
investigó, sistematizó su conocimiento llamado Toltecáyotl y lo
dejó en la lengua y en los códices. Se supone que antes de la
invasión existían más de 160 lenguas, más sus variantes, por
lo que la lengua náhuatl fue la lengua franca en la que se
expresó la Toltecáyotl. Sin embargo, en todas las lenguas
anahuacas existían los mismos conceptos. Como escribió el Dr.
Carlos Lenkersdorf,
“la lengua y la cultura deberían estar relacionadas íntimamente
[…] Un pueblo que ha desarrollado un idioma tiene, a la vez,
una manera de filosofar incluida en su lengua. Dicho de otro
modo, todos los pueblos tienen su lengua, por eso mi hipótesis
es que todo pueblo está filosofando a su modo de filosofar. No
importa si los académicos lo reconozcan o no.” (2002. Pág. 9).
En cuanto a los códices, los toltecas dejaron en “la tinta negra
y la tinta roja” su conocimiento. Era llamado amoxhua “aquél
al que pertenecen los libros”, tlileh tlapaleh “aquél al que posee
la tinta negra la tinta roja”. En las bibliotecas de los Altépetl
llamadas amoxcalli, se guardaban celosamente “la antigua
palabra del pueblo” o altepehuehuehtlahtolli. Entre otros, los
tomalámatl o libro de la cuenta de los días y los años. Los

40
códices llamados teoámatl o libro de las cosas divinas. Los
códices llamados tlalámatl libros del registro de las tierras.
Códices llamados cuicaámatl libros donde a manera de poesía
dejaban las pautas del buen vivir, el equilibrio y la virtud. Los
códices llamados huehuetlahtolli o libros de la antigua palabra.
Códices llamados temicámatl donde se dejaban los saberes
sobre los sueños. Códices llamados xiuhálmatl y
tlacamececayoámatl “libro de los años, la historia y los linajes.
Pero tal vez, los más importantes, los códices llamados
teoámatl “libros a cera de los asuntos divinos.
En lengua náhuatl los Viejos Abuelos crean el concepto de
amoxohtoca que se traduce como “seguir el camino del libro”.
Sin embargo, los grandes libros antiguos, huey huehue
amoxtli, se han perdido. Primero con la partida de los toltecas
en el colapso del periodo Clásico Superior a mitad del siglo IX,
y posteriormente, lo que sobrevivió en el periodo decadente del
Postclásico, el Cihuacóatl de los mexicas, Tlacaélel, mandó
destruir los códices antiguos que habían sobrevivido y ordenó
rehacerlos con la ideología materialista, mística, guerrera,
mexica. Los códices escondieron su rostro, se sabe que
Tlacaélel mandó esconder en cuevas los amoxtli más
importantes. Esta sabiduría está en espera del despertar de la
conciencia de los masehuales.
Sin embargo, pese a este brutal epistemicidio, la sabiduría del
Anáhuac no se perdió, solo se ha encubierto. Que no la vea la
academia y la televisión, no quiere decir que no existe. Y no
solo en las comunidades llamadas indígenas, sino en los
grandes núcleos urbanos. En el “banco genético de información
cultural”, en el rico y prodigo mestizaje cultural, la matriz
profunda y forjadora del rostro y corazón del pueblo, de lo que
hoy se conoce como México, sigue siendo la Toltecáyotl, como
una “información” no racionalizada. En muchos de los
municipios indígenas del país, el concepto de organización
comunitaria sigue siendo el mismo que hace dos mil años. En

41
el estado de Oaxaca donde habitan 16 culturas anahuacas,
repartidas en ocho regiones y divididos en 570 municipios, en
por lo menos 418, se siguen organizándose con “los usos y
costumbres” milenarios emanados de la Toltecáyotl. En el
estado de Chiapas viven 250 mil anahuacas mayas,
organizados a través del EZLN y están revitalizando la
Toltecáyotl para crear “otro mundo posible”.
El concepto vivido de comunidad es un legado milenario de la
Toltecáyotl y la base de la organización y la cultura de
resistencia de los pueblos y culturas del Cem Anáhuac, que ha
permitido sobrevivir a su muerte histórica, decretada por
Colón, Cortés, la Modernidad, el capitalismo y la globalización
económica. El pensador ayuuk Floriberto Díaz, en uno de sus
textos señala que la palabra “comunidad” en español es muy
limitada para el significado que posee en la lengua ayuuk. En
español comunidad generalmente se refiere a un espacio
territorial definido por la “posesión”. En legua náhuatl es
justamente calpulli, que no implica “posesión”, sino
responsabilidad compartida por todos para cuidar del equilibrio
de la Madre Tierra o Tonantzin-Coatlicue. Pero, además, como
afirma Floriberto Díaz, significa muchas otras cosas más, que
ya hemos mencionado.
La acción cotidiana de vivir en comunidad a través del “sistema
de cargos”, los usos y costumbres, los saberes comunitarios,
las tradiciones, es vivir en Toltecáyotl. Muchas de las relaciones
de las personas que viven en “la modernidad” en las urbes del
país, son Toltecáyotl. El problema es que, por la colonización
cultural, mental e intelectual, el mexicano vive inconsciente su
identidad cultural más profunda y solo aflora en el
subconsciente colectivo.
Los principios y valores de la familia, la amistad, la muerte, el
compadrazgo, el trabajo, la comida y un largo etcétera, son un
milenario legado cultural que nos da “un rostro propio y un
corazón verdadero”. La colonización y la necolonización en
42
estos cinco siglos ha logrado que la mayoría del pueblo
desconozca y rechace cualquier valor de la Civilización Madre,
hasta llega darse este fenómeno en los propios pueblos
anahuacas. El principal problema de nuestro país es de
memoria histórica e identidad, los demás, son producto de esta
orfandad y auto negación. Los anahuacas no somos, ni hemos
sido, ni podremos ser: españoles, franceses o
norteamericanos. En cambio, los extranjeros que llegan a vivir
al Anáhuac, en pocas generaciones quedan totalmente
marcados con la huella cultural de la Toltecáyotl.
Finalmente, para concluir esta reflexión sobre el concepto de la
organización en el Cen Anáhuac, retomamos un texto de uno
de los expertos occidentales del siglo xx sobre culturas y
religiones, el Dr. Mirsea Eliade (1962), que considero muy
importante para llegar al centro de la reflexión.
“No se debe olvidar que una cultura forma una unidad orgánica
y que, por ello, debe de estudiarse desde su centro y no desde
uno de sus aspectos periféricos. El concepto de la vida es el
«centro» de toda cultura. Son ante todo las ideas acerca del
origen, el sentido y la perennidad de la existencia humana las
que nos revelan el genio particular de cada cultura.”
De la misma manera, no se puede olvidar que la organización
comunitaria tiene su centro en el proyecto civilizatorio. Es
decir, la organización comunitaria no es un fin en sí misma,
sino sólo es un medio para alcanzar el fin supremo de la
civilización. Y es aquí donde está el punto más importante a
tratar, que han evadido los científicos sociales de occidente.
Porque además del epistemicidio, la negación y exclusión; la
colonización y necolonización se basan en el idea que los
“descubiertos”, los nativos, los aborígenes de ayer, y los nacos
y los indios de hoy, no tienen alma y no piensan como los seres
humanos occidentales. De modo que no podían poseer un
pensamiento filosófico que explicara cabalmente su desarrollo

43
humano de más de siete milenios consecutivos y de carácter
endógeno.
La respuesta a la interrogante de, cuál era el proyecto abstracto
de vida de los anahuacas, su máxima realización en plenitud.
Para qué, se utilizaron todos sus recursos intelectuales,
espirituales y materiales, como en el caso del Tollán de Daany
Beédxe (zona arqueológica de Monte Albán, Oaxaca), que fue
construida a lo largo de 1350 años y después abandonada,
quedando en un misterio, como casi todos los Tollan del periodo
Clásico. Qué fue lo que motivó la organización y la aplicación
de inconmensurables recursos y grandes esfuerzos de todos los
pueblos y culturas de lo que hoy llamamos Oaxaca, para que
año tras año, trajeran cargando enormes piedras de kilómetros
de distancia y las subieran cargando 400 metros de altura, y
en un lugar en el que nunca ha existido una fuente natural y
permanente de agua, levantaran este formidable e
impresiónate monumento a la grandeza del espíritu humano.
Por supuesto que es impensable seguir creyendo todos los
perversos y malignas mentiras, nacidas de su egoísta y limitada
visión eurocentrista, desde los misioneros de ayer hasta los
arqueólogos de hoy, siguen manchando y distorsionando la
gloria de este esfuerzo humano para encontrar la trascendencia
existencial, de la misma manera que lo hizo India, China o
Egipto. Cuando recorremos con respeto y admiración la
Montaña del Jaguar “Daany Beédxe”, en legua zapoteca, que
nos legaron nuestros Viejos Abuelos toltecas, no podemos
dejar de tomar en cuenta que para la realización de este mega
proyecto, se necesitó contar con las bases de la llamada
“pirámide de desarrollo humano tolteca”, que tardó miles de
años de conformarse de manera autónoma. Porque sin un
eficaz sistema alimentario que aportara la energía requerida,
un eficiente sistema de salud que asegurara el esfuerzo, sin un
solvente sistema educativo que permitiera trasmitir “el
proyecto” a las futuras generaciones, y por supuesto, un

44
eficiente sistema de organización, que permitiera la armonía y
sincronización de pueblos y culturas diferentes para que, en
fraterna comunión y convicción compartida por todos a través
de los siglos, construyeran una obra de estas dimensiones, que
la llevan a ser Patrimonio Cultural de la Humanidad.
De modo que él “significado de la vida, del estar vivo, del vivir
en equilibrio” (vivir bien en la civilización del Tawantinsuyu),
de nuestros Viejos Abuelos toltecas, se compartió desde
Nicaragua hasta Alaska, y muy probamente en todo el
continente. Desde esta perspectiva descolonizadora se puede
ver, entender y valorar el Patrimonio Cultural desde otra
dimensión, y por supuesto, la Toltecáyotl ocupa su verdadero
lugar como una de las seis corrientes de pensamiento o
sabiduría humana nacidas de las civilizaciones Madre del
planeta.

Para iniciar el camino para la descolonización del Anáhuac,


como señala el Antropólogo Leonel Durán Solís, en su trabajo
de “La Teoría de la Quíntuple Recuperación”, se requiere que
sus hijos recuperen las lenguas como una forma de vida, no
solo hablarlas, sino fundamentalmente “vivirlas” en sus valores
y principios. Recuperar el valor de la memoria histórica, los
recuerdos que nos permitan saber de dónde venimos y quiénes
fueron, y qué hicieron nuestros antepasados. Recuperar el
valor de los conocimientos ancestrales para aplicarlos en el
mundo de hoy y encontrar el equilibrio. Recuperar el valor de
los espacios, no solo físicos, sino los simbólicos, comunitarios
y sagrados. Y finalmente, recuperar el valor de la ancestral
espiritualidad, para despojada de las cargas ideológicas,
económicas y políticas de las religiones que trajo la
Modernidad.
Sí “el concepto de vida”, es el centro generador de toda cultura.
Cómo conocer el concepto de la vida de la civilización del Cem

45
Anáhuac, ante tantas mentiras malintencionadas que se han
escrito en estos cinco siglos por los invasores colonizadores y
necolonizadores. Tenemos que ir a los Elementos Culturales
fundacionales de la civilización que de alguna manera han
sobrevivido a la catástrofe, gracias a la cultura de resistencia
de los pueblos anahuacas y mestizos. Hemos detectado por lo
menos seis, pero seguramente existen más, pero a partir de la
integración de estos seis elementos culturales se puede
vislumbrar “el rostro y el corazón” de nuestra civilización
Madre.
El primer elemento cultural fue la EDUCACIÓN, pilar
fundacional. La educación, no solo en el seno familiar y
comunitario, si la creación del primer sistema de educación
pública del mundo durante siglos anidó en el banco genético de
información cultural de los anahuacas.
El segundo elemento cultural fue la creación de la CIENCIA
BIÓFILA. A diferencia de otras civilizaciones ancestrales, los
anahuacas, no enfocaron su genio creador en ciencia necrófila.
Sus aportaciones a la humanidad son un reflejo del concepto
de su vida. La invención del maíz, la milpa, la cuenta perfecta
del tiempo, las matemáticas, entre muchas otras creaciones,
nos hablan de concepto de la vida.
El tercer elemento cultural fue la EXCLUSIÓN DE LA
PROPIEDAD PRIVADA Y EL USO DE LA MONEDA en su modelo
civilizador. Lo que explica la ausencia de la explotación, la
usura, el consumismo y el atesoramiento. Una vida que
auspiciaba en los individuos, las familias y las comunidades, el
enfoque de su energía y tiempo a actividades que elevaban la
calidad de vida.
El cuarto elemento cultural fue la práctica de LA DEMOCRACIA
PARTICIPATIVA Y LA COMUNALIDAD. El sentido de igualdad en
los derechos, las responsabilidades y las oportunidades, así
como la concepción de la solidaridad y la fraternidad. El

46
anteponer el bien común sobre el interés privado, el concepto
de la Asamblea para la toma de decisiones y el “mandar
obedeciendo” de las autoridades, dio como resultado la
posibilidad de haber logrado por siglos la más alta calidad de
vida para los habitantes de todos los pueblos en la historia de
la humanidad.
El quinto elemento cultural fue EL RECHAZO A LAS ARMAS Y A
LA GUERRA. Es sorprendente que en más de siete milenios de
desarrollo humano y de una cantidad asombrosa de creaciones
de los anahuacas, jamás hayan inventado armas. Las mismas
armas que recibieron de la época prehistórica, con esas mismas
armas enfrentaron la invasión europea. Lo cual nos habla de
“su concepto de la vida”, nuca fue una civilización guerrera.
El sexto elemento cultural, y tal vez el más importante, que
unía y le daba cuerpo, no solo a los cinco anteriores, sino a
toda la creación civilizatoria, fue el SENTIDO ESPRITUAL por el
mundo y la vida. Absolutamente todo lo que hacían los
anahuacas estaba inmerso en la búsqueda de la conciencia y la
trascendencia espiritual. Es aquí donde podemos percibir con
mayor claridad el centro generador de la vida de una de las seis
civilizaciones más antiguas y con origen autónomo del planeta.
Su mayor tesoro y su más importante legado.
En la civilización del Anáhuac, en los siglos de su mayor
esplendor, los que dirigían no eran “sacerdotes”, sino hombres
y mujeres de conocimiento, que no buscaban riquezas
materiales, poderes terrenales, o dominio y explotación de la
naturaleza. Guiaban a los pueblos y culturas por la práctica y
estudio de La Toltecáyotl en todos sus niveles y desarrollaban
en los Tollan un tipo de conocimiento que va más allá de la
física newtoniana y que se orienta hacia la concepción de un
mundo de cargas energéticas, conocida ahora como “Teoría de
cuerdas”. Esta es la razón por la cual el pensamiento occidental
no ha podido conocer y entender, -cuando honestamente se ha
intentado-, la filosofía y la historia del Cem Anáhuac y del
47
Tawantinsuyo. No tuvieron categorías en el siglo XVI y ahora
tienen interés de conocer y menos difundir a la Toltecáyotl.
El milenario sistema de organización del Anáhuac sigue vivo,
tiene más de ocho milenios de experiencia y sabiduría
acumulada. La Toltecáyotl sigue viva y vigente. No está en
museos o en zonas arqueológicas. Como un legado vivo se
transforma y se adapta sin perder la esencia y la raíz. Y
seguramente será una de las herramientas más importantes
para construir el futuro deseado por todos.

48
LAS CIUDADES “PREHISPÁNICAS”

La “historia antigua” de nuestro milenario pueblo, -en general-


, la han escrito los extranjeros. El primer “historiador”, fue nada
menos que el conquistador Hernán Cortés, quien en la “historia
oficial”, sus Cartas de Relación son tomadas como “fuentes
históricas”, cuando sabemos que no fueron escritas con
veracidad ni rigor histórico, fueron en cambio, un alegato
leguleyo para justificar una de sus tantas traiciones y abusos.
Después de él, otros conquistadores, misioneros y hasta
anahuacas conversos escribieron. Unos con el fin de enaltecer
sus “proezas guerreras”, otros para “investigar” a los
descubiertos y poder destruir mejor sus idolatrías, como así lo
menciona en su obra Fray Bernardino de Sahagún, y otros más,
para realzar sus antiguos linajes, como es el caso de Fernando
Alva Ixtlilxóchitl. Pero todos y cada uno de ellos, escribieron
desde la percepción europea. Juzgaron “al otro” sin conocerlo
y denostaron su cultura sin entenderla. El objetivo de todos, -
supervisado por la Santa Inquisición-, fue el de negar y destruir
los valores y principios de la civilización del Cem Anáhuac para
destruirla.
Los primeros tres siglos de Colonia (1521-1821), todo lo
referente a la civilización invadida fue, para los gachupines,
catalogado como “demoniaco, primitivo y de poca valía”, el
patrimonio edificado sirvió, en el mejor de los casos, como
piedras de cimiento para sus palacios. En el segundo periodo
neocolonial, de 1821 a la actualidad, los criollos mantuvieron
menos estrictos los criterios de desprecio, especialmente por
las visitas que hacían los saqueadores europeos disfrazados de
“anticuarios” o arqueólogos, y en el siglo XX, por los
arqueólogos/saqueadores estadounidenses. Para finales del
siglo XX, lo que sobrevivió a la destrucción y al saqueo ha
servido como “atractivo turístico” del Estado necolonial criollo.

49
La tristemente famosa destrucción que se hizo de la Pirámide
del Sol en Teotihuacán, por el arqueólogo porfirista Leopoldo
Batres de 1905 a 1910, para las fiestas del Centenario de la
Independencia, es un ejemplo. O años antes, en Mitla, Oaxaca,
el “famoso arqueólogo” mandó gravar en el mayor dintel de
piedra del Salón de las Columnas una “leyenda conmemorativa
a su exploración”. Actualmente los que dicen la primera y la
última palabra en arqueología en México son los arqueólogos
norteamericanos y sus ricas universidades, que financian la
mayor parte de las exploraciones, en donde, como materia
decorativa, se incorporan algunos arqueólogos “nativos” que,
por supuesto, ratifican y confirman las prejuiciadas tesis de los
extranjeros para ser tomados como sus pares, según nos dice
el Dr. Rubén Bonifaz Nuño.
“Injuriosamente, los estudiosos hablan todavía de culturas
primitivas, de totemismo, de adoración de la lluvia, de ritos
sangrientos, y centran su atención en la guerra florida y los
llamados sacrificios humanos de los aztecas, a fin de intentar
legitimar el desprecio que les justifica nuestra explotación.”
(Rubén Bonifaz Nuño. 1992)
De modo que en general, desde 1521 hasta nuestros días, la
visión eurocéntrica de minusvalía y el reduccionismo de “la
arqueología” a antiguas y primitivas culturas impide
dimensionar y comprender a una de las seis civilizaciones más
antiguas de la humanidad, con origen autónomo y la que
alcanzó el más alto nivel de desarrollo humano para todos sus
habitantes, por lo menos, diez siglos seguidos.
“De esta suerte, valiéndose de análogas complicidades, los
eruditos estadounidenses han formado, respecto de la cultura
olmeca, un sistema de mentidas conjeturas cuyas principales
características son el desdén y la ignorancia.

50
Condenable es eso, pero no es, en mi opinión, lo peor; lo peor
consiste en que los estudiosos mexicanos, voluntariamente
sometidos a una perversa forma de colonización extranjera, se
sujetan, por lo común, a las sistemáticas equivocaciones de los
eruditos estadounidenses, y las repitan y las confirman como
verdades, acaso con el deseo y la esperanza de que éstos los
tengan por iguales suyos.
De estos casos, por obvio principio de dignidad, no quiero
ofrecer ningún ejemplo.” (Rubén Bonifaz Nuño. 1995)

El punto está en que se les sigue estudiando a partir de la visión


Occidental del siglo XVI, y no se ha querido ver y entender la
grandeza de su esfuerzo civilizatorio, que nada tuvo que ver
con guerras, comercio, fortalezas, palacios, etc. Y que, por el
contrario, fue tan elevada la percepción del ser humano, el
planeta, el universo y la vida misma, que Occidente ahora
mismo apenas empieza a intuir estos milenarios conocimientos
que no solo estuvieron en el Anáhuac, sino en todos “las
civilizaciones Madre” del planeta.
La “universalidad eurocéntrica” es que el “uni-verso” es uno
solo y es justamente lo europeo/occidental, lo que no es como
Europa, es solo “regional/primitivo/acientífico”. Lo que no se
ajusta “al pensamiento europeo”, no es
“pensamiento/filosofía/historia/ciencia”. Para esta visión
limitada y racista no pueden existir el concepto de “pluri-
versos”, es decir, otras formas de ver, sentir y entender el
mundo y la vida. Solo existe una ciencia, la europea apenas
surgida en el siglo XVIII (para explotar y depredar), una
filosofía nacida en la cultura grecolatina (donde el hombre
europeo ha sido signado para conquistar al mundo), un modelo
de desarrollo humano lineal y “permanentemente ascendente”,
sustentado en el mundo material, la guerra, el comercio, la

51
economía y el poder político (ONU, OTAN, OMC, E.U., U.E.,
etc.)

El británico Edward Burentt Tylor (1834-1917), planteo la


existencia de tres estadios principales en el desarrollo cultural
de los grupos humanos, enumerados de menor a mayor nivel
de desarrollo: salvajismo (que viene de selva), barbarie (que
viene de los que no hablan latín) y civilizados (los
grecolatinos/judeoanglosajones).
De modo que “la historia de la humanidad” o sea, “de Europa”,
se divide en: prehistoria, historia antigua, Edad Media,
modernidad y ante el fracaso evidentes de los paradigmas de
este último periodo, ahora se habla de “postmodernidad”. La
visión y el pensamiento eurocéntrico de algunos hombres de
Inglaterra, Alemania, Francia, Italia y ahora E.U., se impone a
todos los seres humanos pensantes de los países que están
bajo su dominio cultural, económico y político.
Con toda esta “carga ideológica” se “investiga” el pasado
ancestral de los pueblos y culturas de la Civilización del Cem
Anáhuac. Lo que en el siglo XVI se escribió, se toma como
“fuentes históricas”, verídicas e imparciales, y lo que “no está
escrito”, no es válido en esta suerte de dominación cultural y
“científica”, de modo que los Viejos Abuelos, hasta ahora, no
tiene voz, “porque no escribieron”. El pasado “Prehispánico”
está “escrito solo por el pensamiento hispánico en español e
inglés.
El punto de esta reflexión son las llamadas “Ciudades
Prehispánicas” o zonas arqueológicas, que son “investigadas”
desde la perspectiva “eurocéntrica-universal”. Así, a las
magnas construcciones que dejaron nuestros Viejos Abuelos,
especialmente del periodo Clásico, se les llama “ciudades”,
cuando un análisis crítico y con una mínima dosis descolonizada

52
de “sentido común”, nos indican que no fueron “ciudades” como
lo fueron Ur, Babilonia o Roma.
En efecto, la arqueología europea ha creado verdaderas
estructuras de pensamiento inamovibles. Así que tratan de
“ajustar”, a lo que ellos conocen y definen, todo lo que tratan
de “conocer o investigar” del planeta. Un ejemplo es como el
alemán Paul Kirchhoff (cofundador de la Escuela Nacional de
Antropología e Historia e investigador de la UNAM), creó en
1943 el concepto de “Mesoamérica”, tomado del concepto de
Mesopotamia, donde tiene una lógica, es decir, “entre dos ríos”
(Tigris y Éufrates). Pero, “Mesoamérica” no tiene sentido, pero
ahora el mundo académico lo ha hecho una realidad
inobjetable, sin ejercer un “pensamiento crítico”.
Las construcciones que oficialmente se conocen como
“Ciudades Prehispánicas”, salvo Cantona en Puebla en el
periodo Clásico, no fueron ciudades. Nos referimos entre las
más reconocidas a Teotihuacán, Monte Albán, Palenque,
Chichen Itzá, Uxmal, Tajín, Xochicalco, etc.
Tomando en cuenta que La Toltecáyotl es “el arte de vivir en
equilibrio”, la relación entre los seres humanos y la naturaleza,
en el periodo Clásico era de equilibrio y respeto. Las
“ciudades”, entendidas como grandes conglomerados humanos
que se dedican a actividades industriales, comerciales,
administrativas y de gobierno. En el periodo Clásico no existió
la moneda y por tal, tampoco el comercio y menos las
actividades industriales (con el sentido occidental). Las
personas, las familias y las comunidades vivían bajo otra
concepción del mundo y la vida, con otra “racionalidad”. De
modo que los significados y valores de los anahuacas en el
periodo Clásico, nada tenían que ver con la de los romanos,
griegos o fenicios, es decir, guerras, comercio, consumo, poder
político.

53
La ciudad, por su naturaleza, necesita de un grupo humano que
sostenga sus requerimientos alimenticios, acuíferos,
energéticos y de mano de obra, además de objetos y de
materias primas para vivir. Las ciudades históricamente han
vivido a expensas de los habitantes del campo y las costas.
Desde esta perspectiva, las ciudades son como “canceres” de
la Tierra. El ser humano “en equilibrio”, vive en armonía con la
naturaleza, consigo mismo y con sus hermanos. Para ello, vive
en núcleos rurales que les permitan tener los beneficios de la
vida en comunidad y al mismo tiempo, los beneficios de la
naturaleza. Razón por la cual los llamados calpulli rurales eran
los de mayor número, aún en el periodo Postclásico.
Escriben “las fuentes”, que lo que inmediatamente hicieron los
colonizadores con la cruz y la espada fue hacer
“congregaciones”, porque los naturales vivían “dispersos” y
para su explotación se requería que vivieran “congregados” en
poblaciones donde estuvieran al alcance y comodidad de los
encomenderos.
Un ejemplo hasta hace unos 60 años era la forma de vivir en
el Tibet, en donde una población eminentemente agrícola
sostenía a una élite de monjes budistas, no por sujeción militar-
explotadora, sino por convicción cultural/religiosa. La gente
estaba de acuerdo en destinar sus excedentes agrícolas para el
sostenimiento de los monasterios, porque estaba convencida
que el trabajo religioso y espiritual de los estudiantes y monjes
era válido, justo y necesario para el mantenimiento de su
cultura y su sociedad. Era entonces un propósito social
compartido por todos de manera voluntaria.
Cuando el propósito social está dirigido al conocimiento,
estudio y práctica de saberes ancestrales en relación a las
posibilidades de percepción energéticas del ser humano y su
trascendencia espiritual, como fue durante diez siglos en el
periodo Clásico en el Anáhuac, se pueden lograr asombrosos

54
resultados, entre ellos, la construcción más numerosa de
centros de estudios e investigación, -hoy llamadas zonas
arqueológicas-, en la historia de la humanidad.

A pesar del número y la diversidad, todos los centros de


conocimiento de La Toltecáyotl en el Cem Anáhuac tienen los
mismos elementos arquitectónicos: pirámides cuadradas
truncadas, patios cuadrados o rectangulares con cuatro
habitaciones (y/0 pirámides truncadas) y sus puertas al interior
del patrio, ausencia de ventanas, varias puertas o vanos en una
misma pared, vanos casi del tamaño de una pared, ausencia
de murallas defensivas, escalones muy altos, pasadizos
subterráneos sin aparente conexión con las edificaciones,
construcciones rectangulares llamadas tlaxco o “juegos de
pelota” que funcionaban como observatorios astronómicos,
amplias plazas cuadradas o rectangulares. Pero, sobre todo, la
mayoría de los edificios estaban edificados de acuerdo a
medidas o posiciones astronómicas y rigurosamente
orientados, todos, a los cuatro puntos cardinales con una
misma y exacta variación hacia el Norte.
Estos elementos arquitectónicos no indican un uso militar,
comercial, de casa habitación y no se ubican, -en general-, en
lugares aptos para la vida cotidiana, con accesos cómodos,
fuentes permanentes de agua y espacios para la agricultura.
No denotan un uso militar, porque la Civilización del Anáhuac
no enfocó sus conocimientos en la invención de armas, ni
sustentó su expansión cultural en ellas, tanto en el periodo
Preclásico, como en el Clásico. Las mismas armas que
heredaron de la prehistoria, fueron las que usaron más de siete
milenios después para enfrentar la invasión europea. La
arquitectura misma no es militar, ni defensiva.
La arquitectura tampoco es para espacios que propiciaran el
comercio, almacenamiento o exhibición de mercancías. Los
55
anahuacas no usaron la moneda a pesar de que tenían una red
muy amplia de mercados o tianguis locales y regionales, donde
cada cinco días se intercambiaban productos a partir del
trueque. No era una cultura que fomentara el consumo
suntuario, el atesoramiento o las exquisiteces alimenticias o
decorativas, en ese aspecto, fueron muy prácticas y creativas
sus iniciativas alimentarias, usando los recursos naturales que
les proporcionaba su hábitat. Con el trueque satisfacían sus
limitadas necesidades materiales, debemos de recordar que la
austeridad y frugalidad es un elemento cultural de los pueblos
originarios.
Los pochtecas del periodo Clásico no eran “mercaderes” en el
sentido fenicio. Lo cierto es que se sabe que se transportaban
e intercambiaban objetos de lejanos lugares para el culto, como
el oro, papel amate, jade, turquesa, plumas de aves preciosas,
obsidiana, etc., desde lo que hoy es Costa Rica hasta el estado
de Arizona en E.U., pero nunca con un sentido comercial, como
el intercambio comercial de la Ruta de la Seda.
Tampoco sus construcciones fueron diseñadas para hacer
palacios suntuarios o casas habitación. Resulta insultante
pensar que realizaban a lo largo de muchos años enormes
esfuerzos físicos para construir una pirámide y en lo más alto,
edificar una habitación pequeña, con una puerta inmensa y sin
ventanas para “hacer una vivienda”. O construir una habitación
rectangular con tres puertas continuas. Con un sentido crítico
y descolonizado, es claro que estas formidables construcciones
no eran lugares para que viviera una élite o una “familia real”.
Es claro y descolonizado que esos espacios tenían otras
funciones y que, eran comunes desde las selvas de Centro
América hasta los desiertos y praderas de Norte América.
En el caso de Danny Beédxe (Monte Albán, en Oaxaca), resulta
imposible que se trabajara durante 1350 años un proyecto
suntuario, transportando piedras de 14 km. de distancia,
subirlas a pulso 400 metros de altura sobre el nivel del valle,
56
aplanar una montaña, para construir “un palacio”. Como Monte
Albán, existen decenas de lugares en el Cem Anáhuac que su
construcción fue un proyecto a largo plazo, que contó con la
convicción de muchas generaciones y pueblos diferentes. En
Monte Albán participaron todas las culturas que hoy conforman
los pueblos originarios y su trabajo fue a nivel de tequio, es
decir, el trabajo sin remuneración por el bien común, que es
ancestral y el cual es una de sus características culturales más
acendradas.
Este es uno de los elementos culturales más importantes de la
Civilización Madre y que no ha sido tomado en cuenta en toda
su dimensión. Es decir, que durante por lo menos diez siglos,
los Viejos Abuelos trabajaron intensa y esforzadamente uno de
los proyectos constructivos más importantes de la humanidad,
creando estos centros de conocimiento a lo largo y ancho del
Cem Anáhuac, desde lo que hoy es Nicaragua hasta el Norte de
los E.U., que no eran fortalezas militares, murallas defensivas,
grandes y largos canales acuáticos comerciales, palacios para
élites o monumentales tumbas, puertos marítimos comerciales
o grandes ciudades en donde residía un poder imperial.
Como esto, si sucedió en Mesopotamia, China, India, Egipto,
Grecia y Roma, la visión eurocéntrica “uni-versal”, trata de
ajustar nuestra historia y cultura a la de otros pueblos, y al
discurso cientista de la academia occidentalizada. El testimonio
de nuestra grandeza está justamente en estas maravillosas
obras que nos hablan de las elevadas aspiraciones que tenían
nuestros antepasados ante la existencia humana y su
trascendencia a planos superiores de conciencia, que hoy,
apenas se empiezan a vislumbrar tímidamente, pero donde
ciertamente está depositada la grandeza humana.
En el periodo Postclásico o decadente, como se sabe se empezó
a transgredir La Toltecáyotl, no solo en el aspecto religioso al
cambiar a Quetzalcóatl (símbolo de la sabiduría), por
Huichilopoztli (símbolo de la voluntad de poder material). Se
57
crearon los Altépetl, los linajes familiares de gobierno, se
empezó a crear la propiedad privada, se pasó del trueque al
comercio, se empezó a utilizar el cacao y el cobre
manufacturado como instrumento de cambio, y se creó, como
afirma el Dr. Alfredo López Austin el Estado Suyuano, que
pretendía restablecer la hegemonía tolteca por medio de las
conquistas militares.
Para el periodo Postclásico se pueden encontrar asentamientos
humanos con el concepto de “ciudad tipo occidental”, por las
razones anteriormente expuestas. Y es Tenochtitlán, el ejemplo
más espectacular del Cem Anáhuac, que para para inicios del
siglo XVI era la ciudad más grande del mundo de aquellos
tiempos. El concepto de “ciudad moderna”, con la traza
reticular, con agua potable, barrios y plazas, etc., pero este
concepto no operó en los más de diez siglos del periodo Clásico,
y en los rastros arqueológicos que nos han dejado la cultura
olmeca, no se observan ni fortalezas y menos ciudades. Los
impresionantes logros arquitectónicos de los mexicas en
Tenochtitlán, se lograron por las cargas tributarias que éstos
impusieron a sus vecinos sometidos militarmente.
De modo que podemos y debemos de afirmar de manera
contundente que es un error, -sustentado en la ignorancia,
desprecio o colonización cultural-, hablar de “Ciudades
Prehispánicas”, especialmente cuando se refieren a los
vestigios arqueológicos del periodo Clásico. Mantener este
lenguaje es mantener la sumisión y colonización mental y
cultural. Los conceptos de “Mesoamérica, Prehispánico,
Precolombino, Precortesiano, Imperio Azteca, latinoamericano,
hispano y hasta “mexicano”, son producto de la colonización
que sustenta su poder en la ignorancia de lo mejor de nosotros
mismos.
El discurso colonizador ha sido permanente sobre “lo propio-
nuestro”. Desde Hernán Cortés hasta Mel Gipson pasando por
“la academia occidentalizada”, se repite incesantemente el
58
mismo discurso de que nuestros sabios antepasados eran
politeístas, adoradores de los fenómenos naturales, guerreros
feroces e insaciables caníbales y retrógrados sacrificadores de
seres humanos, además de limitados agricultores
supersticiosos.
Nuestros Viejos Abuelos, no vivieron durante más de diez
siglos, -en el periodo Clásico-, con los valores y principios de
los pueblos guerreros/comerciales de las culturas europeas.
Como hoy en día, los pueblos huicholes, tarahumaras o mayas,
viven con valores y principios diferentes a los de la sociedad
dominante. Y es esta, justamente, nuestra grandeza y nuestra
mayor riqueza cultural.
En efecto, la espiritualidad, la comunalidad y la vida en
equilibrio con la naturaleza son parte del Patrimonio Cultural
Intangible que nos han legado los Viejos Abuelos toltecas a
través de La Toltecáyotl. Por lo anterior es inadmisible seguir
diciéndole a los “centros de investigación, estudio y
conocimiento tolteca” …ciudades o centros ceremoniales.
Tenemos que decir un ¡ya basta! a lo colonización mental y
cultural.

59
LA ESPIRITUALIDAD TOLTECA
como una frecuencia energética.

Cuando en los años ochenta el Dr. Rubén Bonifaz Nuño me


recomendó, que, para conocer la verdad sobre nuestros
ancestros, debería olvidar por completo todo lo aprendido
sobre ellos en la escuela, especialmente las llamadas fuentes
históricas del siglo XVI, porque habían sido escritas por
ignorantes asesinos y ladrones, así como por fanáticos
religiosos. Afirmaba que ambos, no tenían la capacidad ética,
científica y cultural, para tratar de entender una realidad que
estaba muy por encima de sus limitados conocimientos
oscurantistas del mundo, que venían de mil años de un feroz
epistemicidio orquestado por el Vaticano y la iglesia católica,
llamado “Edad Media”.
Muy poco, de lo escrito por estas personas, podía resistir un
honesto análisis humanista. Casi todo, en general, son
argumentos falsos y calumniosos tomando como referencia
“Las Sagradas Escrituras”, para crear una percepción de que
los invadidos, eran salvajes, primitivos, caníbales, guerreros y
justificar de esta manera la invasión, el holocausto y el
epistemicidio, y presentar este crimen de lesa humanidad ante
“su historia”, como una heroica gesta civilizatoria de Occidente.
El Dr. Rubén Bonifaz me dijo, “comience con lo que usted siente
y ve del legado de nuestros antepasados, parta de ahí hasta lo
más esencial”. Más de treinta años pasaron para que
entendiera la profundidad de sus palabras.
Lo que yo “siento” del legado de mis antepasados, en primera
instancia, es una intensa “espiritualidad”. Es un sentimiento,
una sensación indescriptible cuando estoy en una comunidad
anahuaca o en un impresionante Tollan. Lo que veo y testifico
de manera irrefutable son justamente los monumentales
vestigios materiales de los Tollan, desde los más
60
impresionantes como son Teotihuacan, Monte Albán o Chichen
Itza, hasta pequeños Tollan como Yagul o Dzibilchaltún. Los
volúmenes pétreos hacen también que vibre mi ser
produciendo sensaciones de bienestar, equilibrio y paz
profunda.
El problema de referirme a “este sentimiento” con el concepto
occidental de “espiritualidad”, es que, por los procesos de
colonización cultural y eurocentrismo, inconscientemente
asumo espiritualidad como religión, especialmente la católica.
Asocio inconscientemente al espíritu como “El Espíritu Santo” y
la espiritualidad con religiosidad.
Para abordar las formas de “sentir y ver” el legado de nuestros
antepasados, tenemos que partir de que los toltecas percibían
el mundo como energía. Filamentos más pequeños que las
partículas del átomo con energía y conciencia propia. Estos
filamentos se organizan como toroides en infinito número de
tamaños, a través de fractales energéticos, hasta conformar
estrellas y planetas. Todos ordenados en un riguroso orden y
preciso movimiento matemático.
Los toltecas descubrieron que las leyes de la mecánica celeste
se aplicaban en el tlaltípac y que las matemáticas eran el
lenguaje universal del vibrar energético. Que el movimiento y
su medida, sea una órbita planetaria o una frecuencia de una
partícula, estaban regidas por las mismas leyes. Los toltecas
descubrieron que el ser humano es el puente entre el cosmos
y la Tierra. Encontraron “su lugar en el universo y su centro” y
de ahí partieron a explorar lo indescubrible. Esa fue la gran
proeza civilizatoria.
Cuando llegaron al límite de su percepción, descubrieron que
todo es vibración, que todo estaba en movimiento, desde lo
más pequeño posible hasta lo más grande posible. Vieron un
universo de frecuencias vibracionales y percibieron que existía
una “frecuencia generadora”. La más sutil entre todas. A esta

61
frecuencia le llamaron Tloque Nahuaque, “que está aquí y en
todas partes al mismo tiempo”.
De modo que, para los toltecas, el ser humano es una carga
energética con conciencia de ser, un toroide en vibración
permanente, rodeado de un universo de cargas energéticas que
tienen un número inimaginable de frecuencias, pero que existe
una que es la frecuencia generadora. Descubrieron que el ser
humano tiene, además de un cuerpo “físico”, posee un “cuerpo
energético”, y que puede llegar a tener plena conciencia de su
energía y que puede llegarla a manejar, como maneja su
cuerpo físico. Este conocimiento ocupa el vértice superior de la
Toltecáyotl.
Desde esta perspectiva, podemos decir que “lo que sentimos”
de la herencia ancestral tolteca es “una frecuencia vibratoria”,
que afecta a nuestra carga energética y la hace “sentir/vibrar”
de una manera diferente en el interior del “cuerpo físico”. La
frecuencia energética que afecta o modifica a nuestro campo
biomagnético lo percibimos como “espiritualidad”. Esta
“modificación” es un gran logro cultural humano y una herencia
cultural para los hijos de los hijos de los Viejos Abuelos toltecas.

62
TEOTLAMATLIZTLI, EL TIEMPO SAGRADO
…el retorno de Quetzalcóatl.

RESUMEN
Los antiguos habitantes del continente formaron una sola
civilización pertenecientes a las llamadas Civilizaciones
Madre. Su energía, tiempo e inteligencia la enfocaron
coordinadamente, por decenas de siglos, a investigar la
bóveda celeste y las posibilidades de la energía. Esto los
llevó a conocer a la perfección la mecánica celeste del
sistema solar y a visualizar la galaxia, por lo cual
lograron un mejo de las matemáticas y el uso del cero,
así como a inventar la primera calculadora llamada
nepohualtzintzin. Por otra parte, sus investigaciones en
el campo de la energía los llevaron a descubrir que
existen partículas muy pequeñas de luz, que se pueden
llegar a manipular a través de una fuerza desconocida
pero utilizable para manipular su organización. Estos
campos del conocimiento, la mecánica celeste y la
energía, forman los cimientos de su civilización. Y que en
base a estos conocimientos de los ciclos galácticos de la
Tierra y las capacidades energéticas los humanos y el
planeta estamos finalizando un ciclo de cinco partes y
entrando al primero de otro ciclo nuevo de cinco partes.

La historia y la filosofía de los pueblos y culturas del continente,


ahora llamado América, ha sido tergiversado
malintencionadamente, desde el inicio de la invasión, porque
ésta, se sustentó, en que en este continente no existían seres
humanos. Más tarde, cuando en el Juicio de Salamanca se
demostró que sus habitantes originarios sí teníamos alma,
pasamos a ser humanos, pero primitivos y sin conocimientos,

63
a quienes los españoles tenían que “salvar”, para la gloria del
Vaticano y de la corona española. Durante los tres siglos de
Colonia, se trató de erradicar cualquier vestigio de la
civilización ancestral.
En los dos últimos siglos, los criollos en el poder han mantenido
en esencia la misma actitud, la del conquistador para explotar
y depredar o la del misionero para desculturizar e integrar a la
cultura dominante; pero en general, las culturas del Anáhuac y
el Tawantinsuyu, han sido excluidas de la realidad
“latinoamericana”, un constructo criollo que pasó de ser
“Iberoamérica dependiendo de España a Latinoamérica,
dependiendo de Estados Unidos. Pero que en ambos términos
se excluye la posibilidad de tener la originalidad y antigüedad
de una civilización Madre, como la China o la India.
Que se niegue y que no se tome en cuenta, no quiere decir que
no exista. Para el caso de las culturas del Anáhuac solo se ha
agazapado en un extraordinario ejercicio de encubrimiento,
esperando el momento y las condiciones para retoñar, porque
la raíz siempre ha estado viva. Siendo tan antigua como las
civilizaciones de China e India, posee una “memoria histórica”,
una filosofía y una práctica existencial de resistencia cultural
verdaderamente asombrosas.
A pesar del epistemicidio Occidental se sabe que nuestros
antepasados tenían memoria de que habían existido cuatro
“humanidades” o “Soles” anteriores. En cada Sol, la humanidad
se mejoró, al desarrollar los conocimientos para acrecentar los
niveles de vida material y los niveles de calidad de vida en el
aspecto espiritual, mismos que aportó para el siguiente ciclo o
Sol. Cada Sol fue destruido por una catástrofe que implicó la
pérdida de gran parte de la humanidad, pero sin extinguirse,
para con los mejores conocimientos iniciar otro nuevo ciclo o
Sol.
LA MECÁNICA CELESTE

64
Los Viejos Abuelos fueron grandes observadores de la “jícara
sagrada” o bóveda celeste, durante milenios hicieron una
observación rigurosa, permanente, sistemática, medida y
razonada, y descubrieron en el movimiento de los astros el
tiempo perfecto. Los abuelos que iniciaron esta centenaria
labor se les conoció como olmecas, es decir, el pueblo que
midió el movimiento. Por ende, son los iniciadores de los
calendarios, comenzando con el lunar de 260 días. De esta
manera conocieron “la medida del movimiento” y descubrieron
que la Tierra gira alrededor del Sol en 365.2520 días, que el
ciclo del planeta Venus era de 584 días, que el ciclo de las
Pléyades era de 52 años y que la Tierra, pertenecía al sistema
solar y que éste a su vez estaba en la galaxia, ahora conocida
como Vía Láctea, y que la Tierra giraba en torno al centro de la
galaxia en 25625 años.
Este enorme ciclo los Viejos Abuelos lo dividían en cinco ciclos
a su vez, cada uno de 5125 años. A cada ciclo le llamaron un
Sol. El 21 de diciembre de 2012 se cumplió el último ciclo de
los cinco Soles, el cual inició el 11 de agosto del año 3114 a.C.
De modo que a partir de esta fecha ya estamos en el nuevo
“ciclo de cinco ciclos”, en el primer Sol del nuevo ciclo. Como
todo calendario, cuando termina la última fecha, se reinicia un
nuevo ciclo de manera infinita, ejemplo: después de la hora 24
sigue la primera hora del nuevo día, después del día 365, inicia
el día primero del nuevo año, después de invierno entra de
nuevo la primavera.
Para el caso de este nuevo “ciclo de ciclos”, como las
estaciones, no terminan e inician justamente el día marcado.
Es decir, los “cambios de clima” se atrasan o se adelantan y es
un proceso, no es un “cambio inmediato”. Por ello, aunque
estamos en la cuenta del primer ciclo, “no termina de acabar”
el anterior. Este proceso no puede durar más de cien años y
en una cuenta de 25625, cien años o menos es un “ajuste no
significativo”.

65
LA CONCEPCIÓN DE LA ENERGÍA
Por otra parte, los Viejos Abuelos habían descubierto que todo
cuanto existe es energía. Que el concepto de “materia” es una
abstracción de la energía, igual que “el tiempo” es una
abstracción del “movimiento medido”. De otra manera, “la
materia es energía concentrada”. La fuente de la energía es
inconcebible, ya que estaba fuera de la capacidad de
compresión humana. Esta energía inconmensurable es
impensable, invisible, innombrable e impalpable. Solo se podía
percibir en sus múltiples manifestaciones.
Los Viejos Abuelos, simbólicamente la asociaron al Sol y la
representaron con un águila, pero en verdad, no era ni una ni
otra cosa. De la observación del cosmos aprendieron que la
“energía” tiene un lenguaje, y éstas son las matemáticas. Que
todo en el cosmos estaba perfectamente sincronizado, tenía
una medida y un movimiento preciso. Descubrieron que la
energía es una “frecuencia vibratoria” y que todo estaba
interconectado y que todo participaba de un equilibrio absoluto
o cósmico. En lengua maya WUINCLIL significa “ser vibratorio
de energía” (Psicotrónica de los mayas, pág. 21. 1981)
Pero lo más asombroso de sus descubrimientos, es que “la
energía tiene conciencia de ser”. Que todo el universo es una
serie de cargas energéticas que se agrupan o funcionan como
toroides, lo mismo un planeta, un ser humano o un árbol, y que
estos, se multiplican a manera de fractales, en el macrocosmos
y en el microcosmos de manera infinita. Que la energía está
compuesta de pequeñísimas cargas energéticas con conciencia
de ser. Que cantidades increíbles de ellas, apenas forman lo
que la ciencia occidental conoce como neutrones o protones.
Pero su mayor logro fue, que el ser humano, puede a través de
un proceso de conocimiento muy complejo, arduo y
disciplinado, llegar a poseer el dominio consiente de su energía.
Es decir, de la inconmensurable cantidad de fibras luminosas

66
que tienen “la voluntad o el acuerdo” de conformar al individuo.
Un logro único y para muy pocos seres humanos. Este es el
mayor logro civilizatorio.
A partir de la concepción de la energía como la única realidad
que conforma el universo, y que está en armonía y equilibrio,
tanto en el macrocosmos como el microcosmos, interpretaron
“su mundo y la vida”, tanto en el Tlaltípac, como en los trece
niveles superiores, como en los nueve niveles inferiores. Su
concepción de este mundo y esta realidad fue de carácter
“cósmica”, por eso se entiende por qué la mayor cantidad de
su energía, se consagró a construir observatorios astronómicos
conocidos como Tollán (zonas arqueológicas) y que, en ellos,
además de la observación de la mecánica celeste, se dedicaban
a explorar los misterios y posibilidades de la energía a través
de la conciencia.
EL LEGADO CULTURAL Y EPISTÉMICO
Estas son las dos grandes herencias o legados de los Viejos
Abuelos a nosotros, los hijos de sus hijos. En el mundo
“material”, los miles de Tollán que construyeron desde Alaska
hasta la Tierra del Fuego y que todos, por muchos siglos,
estuvieron operando interconectados compartiendo la
información para medir y razonar el movimiento de los astros.
En el mundo de la energía, la espiritualidad, concebida como la
capacidad de producir conscientemente una vibración muy
cercana a la frecuencia de la vibración generadora. Es decir, la
capacidad de armonizarse con la vibración generadora.
Al cumplirse el fin de un “ciclo de ciclos”, todo se regenerará,
como lo hace la naturaleza en el planeta con las estaciones. De
la misma forma, al cumplir un ciclo en torno al centro del
sistema solar, todo se renovará repitiéndose este ciclo
infinitamente. El nuevo Sol es el inicio de un nuevo ciclo en
torno al centro de la galaxia, implica una renovación casi total
para comenzar de nuevo de manera infinita.

67
Este conjunto de conocimientos, que los antiguos pobladores
del continente conocido en lengua náhuatl como Ixachillan,
desde Alaska hasta La Tierra del Fuego, observaron,
investigaron, midieron, razonaron y transmitieron de
generación en generación a lo largo de decenas de siglos,
puede explicar de manera descolonizada, las grandes
diferencias con las culturas y civilizaciones del continente
Euroasiaticoafricano, que sustentaron su desarrollo en el
campo del mundo material, es decir, en la investigación y
aplicación de sabiduría que permitiera tener un mundo más
cómodo y práctico en el ámbito material, y por consiguiente,
en la manufactura, el comercio e inevitablemente la guerra.
Lo sorprendente de las culturas de todo Ixachillan, es que no
fueron guerreros, ni comerciantes. Las mismas armas que
heredaron del periodo Prehistórico, después de siete mil
quinientos años de desarrollo humano y científico, después de
haber inventado la cuenta perfecta del tiempo, el maíz, el cero
matemático, la calculadora, la milpa, con las mismas armas
heredadas de la prehistórica, con esas enfrentaron la invasión
europea.
Tampoco fundamentaron su desarrollo humano en la
comodidad y el consumo. Hasta sus herederos más legítimos
de hoy en día, se caracterizan por vivir de manera austera y
frugal. Por estas razones, durante miles de años se vivió sin el
uso de la moneda y por consiguiente sin “el comercio”.
El intercambio de productos para el sostenimiento de la vida y
la investigación, se dieron a través del trueque, que impide la
explotación y la acumulación. Fue a partir de un siglo antes de
la invasión del Anáhuac que los mexicas, al trasgredir la
Toltecáyotl, empezaron a usar el cacao como “instrumento de
cambio” y las Guerras Floridas (lucha interior tolteca de
carácter espiritual) pasaron a ser actividades de Estado para
someter a pueblos vecinos. Esta ideología es conocida como
Mexicayotl y su ideólogo fue Tlacaélel.
68
El descubrimiento de que la vida, es un conjunto de campos o
frecuencias energéticas, y, sobre todo, que el ser humano
puede llegar a interactuar conscientemente con la energía que
lo conforma. Y que el mundo o universo que le rodea, además
de ser energía, está regido por una asombrosa y perfecta
armonía. Que el lenguaje de esa armonía son las matemáticas.
Que la armonía y equilibrio que observaban rigurosa y
sistemáticamente en el cielo a través de los siglos, se
encontraba de la misma forma en el mundo cotidiano en el que
vivían. Esta información fue la base, la esencia, la estructura
de su proyecto civilizatorio. Esta es una de las razones por la
cual la visión y cultura occidental jamás ha podido en verdad,
conocer y entender a una civilización mucho más elevada que
ella.
Desde una perspectiva descolonizada se puede entender la
razón por la cual la civilización continental conocida como
Ixachillan o Abya-Yala, fue la que más pirámides construyó en
la historia antigua de la humanidad. Nunca fueron ciudades,
fortalezas ni palacios. Fueron en cambio, centros de
investigación, observación y estudio de la mecánica celeste y
de las insospechadas posibilidades que tiene el manejo
consciente de la energía. Se construyeron cientos de estos
espacios en todo el continente. Por los menos durante más de
mil años, conocido como el Periodo Clásico.
La espiritualidad de las diversas formas de vida de todos los
pueblos y culturas del continente, su forma de vivir, la
comunalidad, la solidaridad e intercambio de reciprocidad, el
amor y respeto por la vida en todas sus formas, la austeridad
y frugalidad permanente y su rechazo a la depredación y el
atesoramiento, la democracia participativa, son las
manifestaciones “culturales y comunitarias” de esta sabiduría
conocida como Toltecáyotl.
Para el caso del Cem Anáhuac, que su lengua franca fue el
náhuatl, podemos encontrar, como afirmó el Dr. Carlos
69
Lenkersdorf, “un cosmo-lenguaje”, veamos algunos conceptos
que nos ayudan a entender su visión del mundo. Por ejemplo
el concepto “teotl”, significa divinidad o sacralidad:
Teomatlisztli entendida como “sagrada sabiduría”; Teotlacaualli
comida espiritual o divina; Teotlamatinime sabio de las cosas
divinas; Teotlanextli Luz o claridad divina; Neltiliztli entendida
como “verdad”.
Por otra parte, el concepto de Tona, entendido como “energía”
que lo encontramos en palabras muy importantes de la
cosmovisión tolteca como: Tonatihu “el Sol”, Tonacatecutli “el
Señor del sustento”; Tonalamatl calendario de 260 días y
regidor de los destinos; Tonantzin nuestra “Madre Querida” la
Tierra; Atonaui fiebre; Atonauki asoleado; Cipactónal principio
creador masculino; Tonacatol alimento; etc.
OKACHIUALI
Para finalizar, diremos que “TEOTLAMATLIZTLI, EL TIEMPO
SAGRADO”, es para nuestra civilización Madre una forma de
pensar y sentir el tiempo de manera muy diferente. Es sagrado,
en cuanto es movimiento generado por Hunab Ku, y es una
vibración, porque todo lo que llamamos materia, no es más que
energía. Tiempo y energía, aparentemente diferentes, pero
forman parte de una misma realidad, un ciclo que se cumple y
se repite interminablemente. Esta realidad llevó a nuestros
Viejos Abuelos a ver y entender el mundo y la vida de manera
sagrada, es decir, como energía.
Descubrieron que todo es energía. Que el universo está
constituido de partículas energéticas más pequeñas que los
neutrones y protones y que están en permanente vibración.
Que estas partículas se organizan como toroides. Existe un
“universo” de toroides en las que se replican a manera de
fractales creando el macrocosmos y el microcosmos que los
humanos podemos percibir.

70
Vivimos en un sistema solar y que éste se encuentra dentro de
una galaxia. Existe un orden matemático en el movimiento
estos grandes toroides llamados planetas y estrellas. Que ese
“orden matemático” también existe en el Tlaltípac o “mundo
humano”. Y qué tanto, el macrocosmos como el microcosmos,
vivirán en un rango de una misma frecuencia.
Que el planeta forma parte de un mecanismo que se mueve por
ciclos y que al finalizar “La Cuenta Larga”, estamos en la
transición del final del Quinto Sol y en el inicio del primer sol
del nuevo ciclo de cinco soles. Que el símbolo de la sabiduría,
la educación y el equilibrio está representado en la Toltecáyotl
por la Serpiente Emplumada, conocida como “Quetzalcóatl”,
donde el quetzal está asociado al espíritu y el cóatl a la materia.
Que “El Regreso de Quetzalcóatl” es el resurgimiento del
equilibrio, la vida armoniosa, y la sabiduría humana para iniciar
otra vez, lo que se ha iniciado y terminado muchas veces en el
tiempo sagrado.
En síntesis, diremos que “TEOTLAMATLIZTLI, EL TIEMPO
SAGRADO”, es cíclico y permanente, total, absoluto y eterno.

71
VERTICE SUPERIOR DE LA PIRAMIDE DE DESARROLLO
HUMANO TOLTECA

ANTECEDENTE
Casi todo lo que Occidente ha escrito y dicho sobre la
Civilización del Anáhuac, desde el siglo XVI, hasta nuestros
días, ha pretendido encubrir uno de los más graves
epistemicidios de la humanidad.
Nunca se ha aceptado la existencia de una civilización mucho
más adelantada y humanista que la europea. En el pasado, por
la incapacidad cultural y el fanatismo religioso; y en el
presente, por no demostrar, que la Modernidad y el
capitalismo, se han fundado en el crimen, el despojo y sobre
todo, en el intento de desaparecer una civilización mucho más
avanzada que la europea del siglo XVI.
Llegó el tiempo que los hijos de los hijos de los Viejos Abuelos,
nos descubramos a nosotros mismos, y recuperemos en
plenitud descolonizada nuestra memoria ancestral, haciendo a
un lado los anquilosados juicios, sobre la sabiduría propia-
nuestra, hecha por hombres ignorantes y maliciosos, que
pretendieron en sus escritos, justificar todos los crímenes y
saqueos que vinieron a hacer, a pueblos que, nada les había
hecho y que los recibió con los brazos abiertos.
Y por otra parte, escritos injuriosos, llenos de fanatismo y
prejuicios de una cultura y religión, que de facto, negaron y
condenaron, reduciéndola a asuntos primitivos, demoníacos e
idolátricos.
No es posible, seguir aceptando estas mentiras e injurias, como
“fuentes históricas”. Por dignidad y un mínimo de sentido crítico
y analítico, se tiene que construir un nuevo discurso, con
mucho respeto y en base, a lo que hoy vemos y sentimos, de
la milenaria herencia cultural en la que vivimos actualmente.
72
Necesitamos aprender a vernos con otros ojos y pensarnos con
otras ideas, las propias-nuestras, desechando la historia
occidentalizada y colonizadora. Descolonizar es dignificar.
PIRÁMIDE DE DESARROLLO
La pirámide de conocimiento y sabiduría, creada, sistematizada
y compartida por todos los pueblos y culturas del Cem
Anáhuac, debió iniciar con el descubrimiento de la agricultura
y la sedentarización, entre el octavo y sexto milenio antes de
la era.
Los primeros cuatro mil quinientos años se invirtieron en la
construcción de la primera parte. Es decir, el espacio simbólico
del “Cóatl”, es decir, el espacio básico-material de la existencia.
Una vez operando los sistemas de alimentación, salud,
educación y organización, se empezó la construcción de la
segunda parte. Esta primera parte podría bien abarcar el
periodo que los expertos llaman Periodo Preclásico.
La segunda parte de la pirámide, fue el espacio simbólico del
“Quetzal”, con sus tres sub niveles. Área de conocimiento
restringida a pequeñas élites de personas que estaban
dispuestas a trabajar, estudiar y esforzarse, mucho más allá,
que el común de las personas.
El primer nivel, de la segunda parte de la pirámide, inicia con
el desarrollo de la conciencia de la sacralidad de la existencia o
“conciencia sacra”. Es decir, percibir la maravilla de la vida, la
interrelación y armonía con todos los seres vivos.
El siguiente nivel fue la conciencia de “Ser”, es decir, el mundo
cognitivo, tanto interior como exterior de la existencia humana.
La capacidad de crear una explicación del mundo y la vida a
partir de ideas rectoras muy bien definidas. Es decir, generar
el pensamiento ordenado y sistematizado, que explicaba la vida
y le daba significado.

73
Y finalmente, el tercer nivel, el más elevado y difícil de lograr,
el nivel de “la conciencia del ser energético”. Tal vez el logro
civilizatorio más importante. Es decir, llegar a poseer la
capacidad de percibir el mundo como energía, para llegar a
manejar al cuerpo energético, cómo se maneja el cuerpo físico.
Primer subnivel. CONCIENCIA SACRA
Los Viejos Abuelos, como todos los pueblos ancestrales del
planeta, crearon una serie de ideas sobre la sacralidad del
mundo, la vida y la muerte. Este sentido sagrado de la vida y
del mundo, permitía darle “un significado y una trascendencia”
a la existencia, de las personas, las familias, los pueblos y del
mismo universo. Los científicos de la Modernidad le han
llamado en Occidente “religión”, pero no fue esta sacralidad
anahuaca, “una religión”, como las de Occidente. Para el caso
de los pueblos y culturas del Cem Anáhuac, todos ellos partían
de una “matriz de conocimiento”, base generadora para todos,
pero cada uno de ellos, la diversificó de acuerdo al tiempo y al
espacio, dándole un estilo o personalidad propia.
Otro elemento que se debe tomar en cuenta para penetrar en
los misterios de la conciencia sacra, es que, para los
anahuacas, el conocimiento venía esencialmente de dos
fuentes generadoras: La mecánica celeste y la Naturaleza. Es
decir que, gracias a la observación detallada, medida, razonada
y sistematizada, del cielo y la Naturaleza, se adquiría el
conocimiento. Por esta razón, especialmente con la Naturaleza,
las manifestaciones o advocaciones de la energía superior que
se manifestaban en la naturaleza, eran “re-tomadas”, para
hacer metáforas de su grandeza y su presencia en el mundo
humano. El agua, el viento, la tierra, el fuego, así como los
astros visibles, como el Sol, la Luna, estrellas y planetas,
saturarán el mundo sacro de los Viejos Abuelos.
Se estructuró entonces un conjunto de ideas para manifestar
la sacralidad, expresadas de diferentes maneras, pero todas

74
guardando la base esencial. El “mundo” había sido creado de la
nada. Existió una conciencia que creó el universo y a la Tierra.
Se partía que existía una “energía superior”, que no se podía
ver o tocar, que no tenía nombre y no se podía representar.
Por lo cual, de manera metafórica le llamaron: El que se inventa
a sí mismo, el que está aquí y en todas partes al mismo tiempo,
el que es noche y viento, aquél por quien se vive.
Esta energía superior, tenía diversas manifestaciones de su
grandeza en el mundo humano, que eran percibidas por las
personas. Estas manifestaciones o advocaciones de esta
energía superior, eran reconocidas y agradecidas. No eran
“dioses” en el concepto judeocristiano, eran en cambio,
manifestaciones de la inconmensurable grandeza de esa
suprema energía que se manifestaba en el plano humano. El
ser humano reconocía su pequeñez y daba gracias de los
beneficios que recibía en el mundo humano.
De modo que, lo que los misioneros y conquistadores,
señalaron como “dioses”, no eran tales, sino una forma muy
elevada de percibir la sacralidad del mundo y la vida. Lo que
llamaron “religión politeísta”, era una forma abstracta de tener
contacto con las manifestaciones de una energía superior,
manifiesta en la vida cotidiana a través de rituales y
ceremonias de agradecimiento en un espacio y un tiempo
sagrado.

Cada 52 años, en lo que se conoció como “atado de años”, que


se basa en el ciclo de las estrellas conocidas como Pléyades.
Los Viejos Abuelos ejecutaban una ceremonia que le llamaban
del “Fuego Nuevo”, destruían todas las representaciones de las
diversas advocaciones de esta energía superior, para evitar la
idolatría. Al día siguiente, volvían a crear otras figuras que
durarían otros 52 años, para ser destruidas nuevamente y así
sucesivamente.
75
Lo maravilloso de la Toltecáyotl, en su espacio de conciencia
sacra de los pueblos y culturas, es que, en su diversidad existía
una unidad inquebrantable. Efectivamente, cada cultura tenía
nombre e iconografía diferente para cada una de las
advocaciones, pero todas, se referían al mismo concepto. Por
ejemplo. El agua, que era la fuente de vida y uno de los medios
por el cual, la energía luminosa venida del Sol, al entrar en
contacto con la tierra producía la fotosíntesis, es decir, la
transformación de la energía solar en energía vegetal, que es,
el inicio de la vida.
Los pueblos y culturas nahuas le llamaron Tláloc, los mayas
Chac, los zapotecos Cosijo, los totonacas Tajín, etc., todos eran
iconográficamente diferentes, lo que los unía era el “concepto
sacro” y que todos contaban con anteojeras y una lengua de
serpiente.
Como en el mito de creación, el sacrificio de Nanahuatzin y
Tecuciztecatl, será el percutor para el “nacimiento del Quinto
Sol”, la gente se llamaba macehual, es decir, “los merecidos
del sacrificio”. Por lo cual, los seres humanos tenían como
misión el mantenimiento y armonía de esta creación a partir
del sacrifico espiritual. Razón por la cual, la vida cotidiana de
los pueblos y culturas del Anáhuac, siempre fue de reverencia
y responsabilidad con la sacralidad de la existencia. De esta
manera, todo cuanto se hacía, tenía un sentido sacro, fuera la
agricultura, la alimentación, la educación, la organización
comunitaria, la ciencia y la sabiduría. En síntesis, el concepto
de la vida y la relación con las demás formas de vida, era una
relación de sacralidad, respeto y devoción.
Se partía de la idea que todo tenía un principio generador
inconmensurable e inconcebible. Este principio al que llamaron
Ometeotl se transformaba en una dualidad masculina y
femenina a quienes llamaban Ometecutli y Ometecihuatl, de
los dos el Señor de los dos la Señora. Que este principio se
convertía en un par de opuestos complementarios, es decir, de
76
la Señora y del Señor, nacían cuatro hijos a los que les llamaron
los cuatro Tezcatlipocas.
Este par de opuestos complementarios serán la base
conceptual del mundo y con él, se construirán los cuatro puntos
cardinales, las cuatro direcciones, los cuatro colores, cuatro
astros, los cuatro animales simbólicos; pero, sobre todo, las
cuatro esencias en las que se desenvuelve la vida, es decir: La
vida, el sacrificio, la sabiduría y la muerte. Cada uno,
representado con un “Tezcatlipoca”.
El primer Tezcatlipoca es Tláloc el cual apunta al Sur, llamado
también Xochilpilli o “El Niño divino”, su color es el azul, su
planeta es Mercurio, su elemento es el agua, su tona el colibrí,
la esencia de la vida es el nacimiento a la vida interior, a “la
batalla florida”.
El segundo Tezcatlipoca apunta al Oriente, llamado también
Xipe Totec, su color es el rojo, su planeta es Marte, su elemento
el fuego, su tona el águila, la esencia de la vida es la lucha a
través “del sacrificio interior”.
El tercer Tezcatlipoca apunta al Poniente, llamado también
Quetzalcóatl, su color es el blanco, su planeta es Venus, su
elemento es el aire, su tona el quetzal y la serpiente en
equilibrio, la esencia de la vida es la sabiduría y la iluminación.
El cuarto Tezcatlipoca apunta al Norte, llamado también
Tezcatlipoca Negro o el “enemigo interior”, su color es el negro,
su planeta es Saturno, su elemento es la tierra, su tona es el
jaguar, la esencia de la vida que representa es la
trascendencia.
Los cuatro Tezcatlipoca, de manera sencilla le enseñan a “al ala
y la cola”, es decir, al pueblo; que los seres humanos tienen
cuatro etapas en la vida.
Tláloc

77
La primera es el nacimiento de la conciencia, es decir, el nacer
a la vida espiritual, metafóricamente “el prístino niño interior”,
la pureza del “ser”, el inicio inmaculado, cuando el fuego
interno es una antorcha de energía y vitalidad, que impulsa al
ser humano a convertirse en un Guerrero de la Muerte
Florecida.
Xipe Totec
La segunda etapa es cuando el ser consiente, el ser “despierto”,
inicia su Batalla Florida. El Guerrero que emprende la lucha más
temeraria y difícil, la lucha consigo mismo, contra las fuerzas
que arrastran a la materia en su inercia hacia la auto anulación.
Con toda la fuerza inicia el doloroso sacrificio de “descarnarse”,
es decir, metafóricamente, liberar a su espíritu de la materia
que lo somete a las fuerzas oscuras de la inercia, la liberación
del espíritu al desprender dolorosamente al ser interior, de las
debilidades, apegos y egos que lo hunden y arrastran en los
abismos mundanos.
Quetzalcóatl
La tercera etapa es cuando el ser liberado, con la cabeza
blanca, el ser consiente, desapegado de las pasiones terrenales
y los apegos mundanos, recorre los caminos de la vida terrenal
en busca del conocimiento, en medio de una vida austera,
sobria, refrenada y medida. Pleno de amor, paciencia,
humildad y ternura, encuentra “todo en la nada”.
Tezcatlipoca
La cuarta parte es cuando el ser de Luz, logra por fin ver en el
espejo humeante, su verdadero rostro y la esencia de su
corazón. Cuando se le descubren los oscuros misterios de la
vida y la muerte. Cuando logra, después de toda una vida de
sacrificio, de dominio de sí mismo, de intento inflexible por ser
lo mejor de sí mismo, llegar “al origen” y armonizar en él, hasta

78
convertirse en nada y ser, al mismo tiempo, todo. La muerte
para la vida eterna.
La sacralidad del mundo es, intrínsecamente, la conciencia de
la sacralidad de la propia existencia. Es llegar a tener
conciencia de la oportunidad maravillosa de estar vivo, ser
consiente y luchar por la oportunidad de llegar a la totalidad.
Estos Valores y Principios eran los que movían la conciencia
sacra y que orientaban la vida de los macehuales, para vivir
una vida ordenada y armoniosa, consigo mismos, con sus
semejantes y con los demás seres vivos con los cuales
compartía el tlactipac.
Para ello, los toltecas, a través de la Toltecáyotl, de diversas
formas metafóricas, rituales complejos y ceremonias muy
elaboradas, enseñaban a los seres humanos a convivir en
armonía. Partían de la base que todo tenía vida en el mundo
en donde vivían. Todos los seres tienen vida y al tener vida
tienen “espíritu”, y por ello, derechos y merecían todo el
respeto.
Este principio está totalmente unido a la responsabilidad
existencial de mantener el mundo y la vida en armonía. Es
decir, que los seres humanos compartían el mundo en igualdad
de derechos y responsabilidades con todos los seres vivos. Por
el sacrifico se había creado el Quinto Sol, y los masehuales,
debían preservar la vida y el equilibrio a través del sacrificio y
el logro de la conciencia espiritual.
De esta manera, la vida en el tlactipac, estaba saturada de
representaciones, rituales y ceremonias, que, de muchas
formas, se referían a las múltiples manifestaciones que la
energía superior, se hacía presente en el universo humano de
cada cultura.
Guardando la estructura base, que los toltecas crearon, cada
pueblo, -en tiempo y espacio diferentes-, iban recreando estas

79
diversas y múltiples advocaciones de: Aquél por quien se vive,
el que no tenía nombre ni forma, el que era invisible e
impalpable, el que estaba aquí y en todo lugar al mismo
tiempo, el que se creó a sí mismo. Por supuesto que en más de
ocho mil años y en diversas culturas, se crearon variantes de
variantes, y especialmente, en el periodo Postclásico, en que
se trastocó la Toltecáyotl, especialmente con las reformas
ideológicas del Cihuacóatl mexica llamado Tlacaélel.
Para finalizar, diremos que, por lo anteriormente expuesto, los
anahuacas nunca tuvieron “dioses” y menos aún, eran
idólatras. A partir de 1520, comenzó a imponerse a sangre y
juego la religión de los invasores y a través del tiempo, en la
resistencia del sincretismo religioso, el pueblo ahora es
idólatra. Sin embargo, en los pueblos anahuacas subsiste, de
manera velada, los rituales, especialmente del periodo
Postclásico. Es decir, que los anahuacas modernos mantienen
la espiritualidad en un sincretismo no muy claro y menos
consiente en las mayorías, que nos presenta en la punta de
este “iceberg religioso”, un “sí, pero no”, de ser católico,
Apostólico y Romano del “mexicano”.
También, se puede apuntar, -con mucha cautela-, que se sabe,
que, en muchas regiones anahuacas del país, siguen
manteniéndose las manifestaciones de la sacralidad ancestral,
pero de manera secreta y fuera de la percepción de la cultura
dominante.
Segundo subnivel. CONCIENCA DE SER
Nuestros Viejos Abuelos, como hijos de una de las seis
civilizaciones más antiguas del planeta, crearon una explicación
del mundo y de la vida, a través de un milenario conocimiento
que fueron investigando, analizando, razonando,
sistematizando y compartiendo a través de los siglos. Esta
“explicación del mundo y la vida”, constituyó un conocimiento
que fue trasmitido como estructura central del PENSAMIENTO

80
TOLTECA, que es conocido como Toltecáyotl, esta sabiduría se
fue trabajando y sistematizando en los Tollan, hoy llamados
zonas arqueológicas, que eran centros de investigación y
estudio. Independientemente de la cultura, todas compartían
en, esencia, la misma estructura y origen, aunque con sus
variantes culturales y lingüísticas respectivas, en tiempo y
espacio.
La idea central es que, todo en el universo es energía, que la
energía vibra en diversas frecuencias y se estructura en
toroides, -en el macro y micro universo-, y que éstos, se
replican a manera de fractales. Que todo se armoniza a través
de ciclos, que se repiten periódicamente. Como en la Historia
de los Soles. Actualmente se vive en el Quinto Sol, después de
cuatro anteriores, en los cuales siempre hubo una mejora o
evolución. El Quinto Sol terminará e iniciará un nuevo ciclo de
cinco Soles más.
Otra idea central es la dualidad divina. En efecto, a la “energía
generadora o frecuencia madre”, se le nombró
metafóricamente como “Ometeotl”, de donde se desprende una
dualidad masculina y femenina. De los dos el Señor,
Ometecuhtli; de los dos la Señora, Ometecihuatl.
La idea central, es que todo está compuesto de un par de
opuestos complementarios, y que, juntos, conforman la
unidad. La noche y el día, el frío y el calor, la luz y la oscuridad,
lo de adentro y lo de afuera, lo de arriba y lo de abajo, lo de
adelante y lo de atrás, lo de la derecha y lo de la izquierda, etc.
Esta dualidad de opuestos complementarios, al conformar “la
unidad”, resulta que en esencia son tres.
Este concepto, el antropólogo Frank Díaz, lo interpreta de la
siguiente manera: “Ahora veamos como Téotl, el divino o divino
uno se transforma, primero, en divina dualidad y, luego, como
ésta se transforma finalmente en divina trinidad, formando con

81
ello la divina uni-dual-trinidad, y aplicándole el nombre de
Ometéotl.”.
En casi todas las civilizaciones ancestrales, la triada sagrada,
estará representada por tres animales: el ave, el felino y la
serpiente, que estarán presentes en todas las iconografías. El
concepto que de la “unidad indivisible y generadora”, se
manifiesta en un par de opuestos complementarios, por lo que,
“su realidad”, es una trinidad.
Para la Toltecáyotl, la unidad, estará representada en un par
de opuestos complementarios. Así, “Aquél por quien se vive”,
podrá ser representado por la dualidad divina de Tláloc y
Quetzalcóatl, entendidos como “la vida, a través de la energía
luminosa” (los átomos), siendo su símbolo “el agua”. Porque,
para que exista vida se requiere del agua. Su contraparte,
opuesto y complementario, será Quetzalcóatl, como “el soplo
divino que le da conciencia a la vida material”, siendo
representado con el viento. “Energía material y energía
espiritual”, simbólicamente representados como agua y viento,
dualidad “Tláloc-Quetzalcóatl”.
Este principio generador, estará presente en la iconografía
anahuaca en sus tres periodos: Preclásico, Clásico y
Postclásico. En la iconografía olmeca, el Dr. Rubén Bonifaz
Nuño apunta que, los labios de las figuras humanas olmecas,
son dos serpientes que se encuentran de frente, razón por la
cual, el labio se ve grueso. Las dos serpientes como el par de
opuestos complementarios.
Pero, especialmente, en Teotihuacán, -en el Periodo Clásico-,
se puede apreciar una imagen del quetzal vista de frente. Con
los dos ojos al frente, como si fuera un ave de presa. Lo que
sucede es que la imagen está compuesta de dos quetzales
vistos de perfil. El par de opuestos complementarios. La
“humanización del espíritu”.

82
Lo mismo sucede con la serpiente. Se ve muy claramente en la
cabeza de Coatlicue, -cultura mexica del Periodo Postclásico-,
hecha con dos serpientes opuestas y completarías, que, de
frente, toman una imagen de un rostro humano. La
“Humanización de la materia”.
En la iconografía anahuaca, estará presente este principio del
par de opuestos complementarios que forman un tercero,
diferentes al par que lo conforman.
Aún se puede ver, en las esquinas de algunos edificios de la
cultura maya, como en Chichen Itza o Tulúm. Desde una cara
del edificio, se ve un perfil y en la pared de alado, se ve otro
perfil; pero si se ve justamente desde la esquina, los dos
perfiles diferentes conforman un solo rostro visto de frente, el
rostro de Chac.
Para la Toltecáyotl, el ser humano es creación divina, a través
del sacrificio, de “la energía o frecuencia generadora”, por lo
cual se nombra macehual o merecido. El ser humano tiene la
responsabilidad de conservar la vida y el equilibrio del mundo
en donde vive. La Toltecáyotl se fundamenta en “el equilibrio”
y el sacrificio espiritual. El concepto es muy profundo y abarca
todos los campos de la vida.
La estructura de pensamiento partía de que el ser humano era
el “centro, -ombligo de la creación-”, en donde “se hacían
contacto el cielo con la tierra”. Por ello, de manera metafórica,
se dividía el cuerpo humano en cuatro partes o un par de
opuestos complementarios. A partir del ombligo se traza una
línea horizontal, dividiendo el cuerpo en dos partes: del ombligo
a la cabeza, era la parte de arriba, y estaba asociada al cielo,
el espíritu, y era representado por el ave más bella que surca
los cielos del Anáhuac, que es, el quetzal.
Del ombligo a los pies, es la parte de abajo, y estaba asociado
a la tierra, la materia y se representaba con una serpiente que
repta sobre la tierra, y en lengua náhuatl, se llama Cóatl.
83
De modo que, “el Quetzal–Cóatl”, no es un dios, sino un
arquetipo tolteca del ser humano, que busca “el equilibrio” de
sus opuestos complementarios, la parte terrenal y la parte
espiritual.
Pero el ser humano, también se dividía en dos partes
longitudinales: la parte derecha, nombrada tonal o tonalli, y
estaba asociada al Sol, al aspecto masculino, a la parte racional
y al mundo concreto. La parte izquierda se nombraba nahual o
Nahualli y estaba asociada a la Luna, al aspecto femenino, a la
parte intuitiva y al mundo abstracto.
De esta manera, el ser humano, tenía, metafóricamente,
cuatro rumbos de la existencia: uno espiritual y otro material;
uno racional y concreto y el otro intuitivo y abstracto. El desafío
era mantener “el equilibrio” en cada uno de esos “caminos de
la vida o rumbos de la existencia”.
Existe un “punto central” o centro. La metáfora es que, si se
vive en equilibrio a partir del quinto punto, el centro
equilibrador, el ser humano se eleva. Pero si le da mayor
importancia a alguna de las cuatro direcciones en especial, o
no los mantiene en equilibrio, el ser humano “cae en la
estupidez existencial”.
La metáfora es que, si se mantiene el equilibrio se trasciende.
Si se pierde el equilibrio, se precipita hacia la estupidez humana
o vacío existencial. Esta es la razón por la cual, se dice que
Toltecáyotl “es el arte de vivir en equilibrio”.
Este principio se mantendrá presente hasta la actualidad en la
tradición tolteca, con la ceremonia de los “hombres águila” o
Voladores de Papantla. En un gran palo, que une a la tierra con
el cielo, cuatro “hombres o guerreros águila”, volaran cada uno
trece vueltas, a partir de las cuatro direcciones, representando
el ciclo de 52 años de las estrellas llamadas las Pléyades.

84
El quinto guerrero águila o volador, llamado actualmente, “el
caporal”, es el maestro u hombre de conocimiento, es el que
preside la ceremonia y el único que no está amarrado, es decir,
el que al mantener “el equilibrio” y por lo tanto, expone la vida,
tiene que, por medio de “flor y canto”, sacralizar la ceremonia.
Es decir, el caporal, al mismo tiempo que baila en lo más alto
del palo, toca la chirimía y el tamborcillo que lleva en la mano.
De esta idea central, se desprenderá, en gran medida, la
distribución arquitectónica de los Tollan. Siempre
encontraremos en su plano arquitectónico,
independientemente de la cultura: un patio central, cuadrado
o rectangular, rodeado de cuatro construcciones que pueden
ser habitaciones o pirámides, manteniendo el “equilibrio entre
los espacios y las masas”. Las mismas “pirámides” tienen
cuatro caras y una quinta parte en el nivel superior.
Estos cuatro puntos y su centro, se repetirán como “fractales
arquitectónicos” en los Tollan, en todas partes, en diversos
tamaños, con diferentes elementos, pero siempre serán cinco.
Esto se puede ver tanto en las edificaciones, como en las
estelas, estucos, grabados, etc.
A estos “cuatro puntos y su centro unificador”, la arqueóloga
Laurette Séjurné, les llamó “quincunce”. También se le conoce
como “La Cruz de Quetzalcóatl” en el Anáhuac, pero de igual
forma, en el Sur del continente, la Civilización del
Tawantinsuyo, le llama “La Cruz Chacana”, y está presente,
desde Alaska hasta la Tierra del Fuego, tanto en la arquitectura
ancestral, como en la iconografía, así como en el arte popular
de los pueblos originarios.
Estos cuatro puntos y su centro unificador, están presentes
también en el concepto de los “cuatro Tezcatlipocas” y su
centro, “El Guerrero de la Muerte Florecida”. De esta manera
se representan como: Tláloc el despertar o nacimiento de la
vida interior, Xipe Totec el guerrero que libera su espíritu de la

85
materia que lo contiene, Quetzalcóatl la sabiduría y la
impecabilidad, y finalmente, Tezcatlipoca la trascendencia de
la vida a partir de la muerte, “la otra realidad”. Y el centro que
mantiene la tensión y el equilibrio para lograr la trascendencia.
Existen varias imágenes que representan el quincunce, como
expresión del pensamiento tolteca, sin embargo, la imagen
iconográfica más representativa es indiscutiblemente la
llamada nahui papalotl, “cuatro mariposa”, en esencia es igual
a la conocida como “Yin y Yang” de las culturas de Asia.
La nuestra, está conformada por cuatro mariposas, que
apuntan en perfecto orden a los cuatro puntos cardinales. Estas
cuatro mariposas están organizadas en un par de opuestos
complementarios. La que apunta al norte está conformada por
vacío, es decir, es etérea, generalmente representada en color
blanco o claro, o con una oquedad. Su contraparte, al Sur, está
hecha de materia y su color es negro u oscuro.
La mariposa que está en dirección Oeste o izquierda, está en
color negro u oscuro y representa una parte tangible o
concreta. La mariposa que está hacia el Este o derecha, está
en la oquedad o vacío, y representa una parte intangible o
abstracta.
Cuando las cuatro mariposas están en perfecto orden y
equilibrio, en el centro, se forma un caracol marino cortado
transversalmente, que es el símbolo de Quetzalcóatl, como el
soplo divino que le da conciencia a la materia.
Tanto el Nahui Papalotl, como el Yin y Yang, representan el par
de opuestos complementarios que se encuentran en perfecto
equilibrio. La sabiduría es la misma en cualquier parte del
mundo, y esa es la razón por la que se le llama “sabiduría
perene”.
El ser humano, según el pensamiento tolteca, es un ser nacido
del sacrifico y su ser es perfectible, por lo que debe estar en

86
permanente lucha para encontrar “el equilibrio” y coadyuvar
para el mantenimiento de la vida y la armonía. A esta lucha,
los toltecas le llamaron “La Batalla Florida” y ésta, se hacía en
la vida cotidiana. Las armas de los guerreros, -hombres y
mujeres-, era “Flor y canto”.
“Nuestras flores del tiempo de lluvia,
fragantes flores,
abren ya sus corolas.
Por allí anda el ave,
parlotea y canta,
viene a conocer la casa del dios.
Sólo con nuestras flores
nos alegramos.
Sólo con nuestros cantos
perece nuestra tristeza.”
Netzahualcóyotl.

Flor y Canto es una metáfora muy profunda. Lo más bello en el


mundo son las flores. La belleza estética se logra a través “del
equilibrio”, el equilibrio se logrará a través de la medida. Razón
por la cual, la institución de educación superior se llamaba
metafóricamente, “la casa de la medida”. De modo que flor, es
la metáfora de equilibrio. El canto se refiere a la sabiduría.
“Al fin comprendí mi corazón
escucho el canto
veo las flores
¡Que no marchiten en la Tierra!”
Netzahualcóyotl.
En la civilización del Anáhuac se decía que, para hablar de lo
impronunciable, de lo etéreo, se requería de la poesía. A la
poesía se le llamaba “cantos”, pero en este sentido, los cantos
toltecas, son reflexiones profundas de la vida, el mundo y la
muerte. Lo que la cultura occidental le llama filosofía.
“Yo Nezahualcóyotl lo pregunto:
¿Acaso de veras se vive con raíz en la tierra?
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Nada es para siempre en la tierra:
Sólo un poco aquí.
Aunque sea de jade se quiebra,
Aunque sea de oro se rompe,
Aunque sea plumaje de quetzal se desgarra.
No para siempre en la tierra:
Sólo un poco aquí.”
Netzahualcóyotl.
El ser humano, consiente de su pequeñez y finitud, se enfrenta
al misterio de la vida y de la muerte. Se cuestiona la razón por
la que fue creado y la misión que tiene encomendada.
Encuentra, en “La Batalla Florida”, el camino para decantar su
espíritu y desprenderse de la inercia del mundo carnal y
terrenal.
“Como una pintura
Nos iremos borrando.
Como una flor,
Nos iremos secando
Aquí sobre la tierra.
Como vestidura de plumaje de ave zacuán,
De la preciosa ave de cuello de hule,
Nos iremos acabando
Nos vamos a su casa.”
Netzahualcóyotl.

Los toltecas se planteaban, metafóricamente, que si el Sol


(Cuauhtli el águila), era el guerrero inmaculado, que todos los
días salía por el preciso lugar a la justa hora e iniciaba su
ascenso al cenit, acompañado de los guerreros que había
muerto en la Batalla Florida, llegando a conquistar la elevación
deseada a partir de su esfuerzo sostenido.
“Donde se hace la guerra empezó la batalla,
en el interior de la llanura;
el polvo se levanta como humo.
Se revuelve,

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hace gritos con muerte de guerra florida.”
Cantares mexicanos.

En el cenit, era recibido por las guerreras, muertas en la


Batalla Florida, quienes lo acompañaban hasta el ocaso, para
iniciar su descenso al Mictlán, a luchar contra las oscuras
fuerzas que atraen a la materia.
“Sólo las flores son nuestro atuendo,
sólo los cantos;
en ellos se apacigua nuestro ánimo,…
Que nuestro corazón lo sepa,
vosotros guerreros, águilas, jaguares,
siempre amigos nuestros,
sólo un momento aquí,
todos nosotros iremos a su casa.”
Cantares mexicanos.

Victorioso, todos los días volvía a salir por el Oriente. Esta es


la enseñanza que nos deja el inmaculado “Guerrero de la
Luz”, y el camino y ejemplo para sus hijos, en la lucha
cotidiana para lograr ser “lo mejor de sí mismo”.
“Con resplandores de jade hago brotar los bellos cantos,
Los entono, con florida ofrenda de copal doy alegría,
Yo cantor, en presencia del Dueño del cerca y del junto…
Percibo los colores,
entremezclo las flores,
en el lugar de los bellos cantos,
en la estera preciosa…
Donde hay alegría
Mi alma se embriaga con flores.”
Cantares mexicanos.

Los valores y principios de la sabiduría tolteca, conocida como


Toltecáyotl, determinaron un “deber ser”, a través del hacer
cotidiano del individuo, la familia y la comunidad. Estos

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principios permearon todo el “hacer”, y definieron el “ser” de lo
humano, durante decenas de siglos.
La no existencia de la propiedad privada, el dinero, la
acumulación y el consumismo, la rigurosa educación familiar,
la educación escolarizada obligatoria, la democracia
participativa a través de la Asamblea y el bien común sobre el
interés privado, el desarrollo del conocimiento biófilo y el
proyecto abstracto de la búsqueda de la trascendencia
existencial a través de la sacralidad de la vida, conformaran,
genéricamente, la conciencia de “Ser”, de los pueblos y culturas
del Cem Anáhuac.

Tercer subnivel. CONCIENCIA ENERGÉTICA


En la parte más elevada de la sabiduría de la Toltecáyotl, se
encuentra el logro más avanzado de la humanidad. Esto no
quiere decir que, “solo los toltecas del Anáhuac”, hayan
alcanzado este supremo logro de las capacidades humanas.
Seguramente, de otras formas y a través de otros métodos, las
civilizaciones ancestrales con origen autónomo, llegaron a este
mismo conocimiento. Esto podría explicar, el por qué, en el
vértice superior de la sabiduría de estas civilizaciones se
encuentran paralelismos tan sorprendentes. Como es el caso
de que las seis civilizaciones ancestrales, que sin ponerse de
acuerdo, todas, hayan construido las llamadas pirámides.
El conocimiento es uno solo, por más formas diversas en las
que se exprese. Como la luz es solo una, por más objetos
diversos que ilumine.
En el vértice superior de la sabiduría de las civilizaciones
ancestrales, se buscaba “la liberación del espíritu de la
materia”. Este logro implica, “desprender la esencia del ser, de
la envoltura material que le contiene”. Esta “liberación”, tiene

90
muchas maneras de nombrarse, y se mezcla, en un nivel
inferior de conocimiento, con tradiciones sacras o religiosas.
Otra forma de referirse a él, -más cercana a la Toltecáyotl-, es
el llegar a tener conciencia del cuerpo energético y poder
usarlo, como se usa el cuerpo físico, y con esto, alcanzar a
armonizarse con una vibración superior.
Para la civilización Occidental, el problema ontológico, se
plantea desde otra perspectiva, y eso hace, que la civilización
Occidental, sea tan diferente de las civilizaciones Madre del
planeta. En efecto, para el “mundo moderno”, el capitalismo y
el eurocentrismo, en el vértice superior de su proyecto
civilizador, se encuentra “la liberación de la energía de la
materia”. Entendiéndolo, como la fusión nuclear. Las naciones
que llegan a manejar a través de la ciencia y la tecnología, a la
fusión nuclear, entran en el selecto grupo de “países
desarrollados”, dado que “el desarrollo” se sustenta solo en el
campo de la “materia”.
En la Pirámide de Desarrollo Humano tolteca, que inicia desde
la creación de un solvente sistema alimentario, que le
proporcionará a sus hijos, la energía suficiente y el tiempo
adecuado, para iniciar el desarrollo y alcanzar el bienestar
integral. Después de satisfacer todos los requerimientos
materiales e inmateriales para llegar a la plenitud. Los toltecas,
a través de muchos siglos de investigación y estudio, llegaron
a descubrir que el mundo, no solo era como se percibe
normalmente.
En efecto, los toltecas, descubrieron que existe otra forma de
percibir “la realidad inmediata”. Muy probablemente, influyeron
el uso sistemático de plantas con substancias psicotrópicas,
que actúan en el cerebro, y que, propiciaban otra forma de
percepción del mundo. O a través de sofisticadas y complejas
prácticas en el cuerpo y la mente, que activaban estados de

91
conciencia acrecentada, como el ayuno, el ejercicio extremo, la
danza o poner al cuerpo al límite de la supervivencia.
Esto no solo se dio en el Anáhuac. El Dr. Robert Gordon
Wasson, un estudioso de la etnobotánica escribió un texto muy
revelador titulado “La Búsqueda de Perséfone. Los enteógenos
y los orígenes de la religión”, en donde plantea que el origen
del conocimiento de manera planetaria se debió al consumo
dirigido y sistematizado de estas plantas. De la misma forma,
pero desde otra perspectiva, el Dr. Mircea Eliade, quien fue un
filósofo e historiador de las religiones, toca el tema de manera
similar en el origen de las religiones antiguas.
Los toltecas lograron percibir el mundo o la realidad inmediata,
no solo como objetos sólidos, sino como campos de energía.
Este fue el principio de su gran hallazgo.
El concepto de “tona” es fundamental y muy importante, para
abordar este tema desde la lengua náhuatl, que fue la lengua
de los tlamatinime o “los maestros”, y la lengua franca del
Anáhuac. Tona significa energía. De este concepto se
desprende: Tonatiuh: el Sol, Tonantzin: Nuestra Madre
Querida, tonacatecuhtli y tonacacíhuatl: el Señor y la Señora
del sustento, tonalpohualli el calendario de 260 días y que rige
los destinos, Cipactonal: la energía del lagarto o el primer
hombre, tetonali: alma, tonakatotl: alimento, tonakayolistli:
anatomía, tonakayotl: cuerpo humano, tonameyotl: brillantez,
tonameyotl: sombra de persona, tonamitl: rayo del sol.
Uno de los puntos de referencia, es que en el “Coloquio de los
doce. Dialogo de los Tlamatinime con los doce franciscanos”,
en 1524. Los franciscanos tradujeron, tona, como “fuego,
braza, calor”. En los inicios del Siglo XVI, en la lengua
castellana no existía el concepto de energía, mismo que los
griegos tomaron de los egipcios, pero por los mil años de
oscurantismo de la llamada Edad Media en Europa, se perdió.

92
Los toltecas, en el más alto nivel de conocimiento, descubrieron
que en el universo existe una fuerza inconmensurable e
indescriptible, que los toltecas metafóricamente la llamaron de
diversas maneras para referirse a lo impronunciable,
indefinible, invisible e impalpable, de modo que le llamaron
“intento”.
Todo en el universo está constituido de pequeñísimos
filamentos de energía. Que estos filamentos, se organizan en
toroides, mismos que a su vez, se estructuran en fractales.
Todos ellos, están enlazados y ligados a una fuerza, por un
vínculo de conexión. El objetivo de los toltecas fue: delinear,
entender y utilizar este vínculo. Para hacer esto, requirieron
“limpiar” este “vinculo energético”, de su desgaste energético
generado por las preocupaciones mundanas de la vida
cotidiana.
Para alcanzar esta “limpieza” los guerreros toltecas iniciaban la
Batalla Florida, hasta desprenderse de todo lo que lo ata al
mundo material, para ello, metafóricamente usaban el símbolo
del Xipe Totec.
La otra enseñanza, se daba en estados de conciencia
acrecentada, y el conocimiento era percibido directamente de
esa fuerza del universo, sin la intervención del lenguaje
hablado, es decir, del intento. A esto los toltecas lo
representaron como el Tezcatlipoca Negro y su “espejo
humeante”.
A través de estas técnicas y decenas de siglos, los toltecas,
obtuvieron un conocimiento específico sobre el “intento”, que,
lo han pasado de generación en generación y a través de
diversos linajes, hasta nuestros días. El desafío es lograr que
“este conocimiento”, pase a la conciencia cotidiana para
hacerlo comprensible en el mundo ordinario.
El estudio de este conocimiento era reservado para una
pequeña élite de personas, -hombres y mujeres-, que habían
93
llegado a lo más alto del conocimiento de las casas de estudio
llamadas Calmécac, y que poseían la responsabilidad, la
disciplina, la fuerza interna, el dominio de sí mismos y el
refrenamiento, para iniciar los estudios teóricos y las rigurosas
prácticas del conocimiento en el campo del tonalli y el campo
del nahualli.
Para ello invertían muchos años, primero para lograr el ahorro
de energía, después para conocer y manipular su “cuerpo
energético” y finalmente, entrar al conocimiento sin palabras
en el campo de la energía. Hasta lograr el uso especializado de
la energía.
Los seres humanos poseen una limitada cantidad de energía
con la que perciben el mundo como objetos a través de percibir
determinados campos de energía del universo. Tarda en
reconocer y manipular con habilidad su “cuerpo físico”,
aproximadamente diez años. Posteriormente, en el mundo
cotidiano, tarda alrededor de 25 o 30 años, en llegar a poseer
una enseñanza de nivel de doctorado, en el uso de la razón.
De la misma manera, los toltecas, tardaban ese mismo tiempo
o más, en llegar a manejar el cuerpo energético y el
conocimiento sin palabras.
Los toltecas descubrieron el método para ahorrar energía y con
ella percibir campos de energía, que el común de la gente en
la vida diaria no puede percibir.
La primera parte de la enseñanza tolteca es ahorrar el máximo
de energía, para con ella, percibir campos energéticos que no
se usan para percibir el mundo común.
Por eso, en el vértice superior de la pirámide de desarrollo
humano tolteca es llegar a poseer un “estado de conciencia”,
para percibir la energía que comúnmente no se puede captar.
Cuando se ha ahorrado suficiente energía y se percibe el mundo
como energía, se empieza a saber, sin el uso de las palabras,
94
es decir, sin el uso de la razón. Esto es el conocimiento
silencioso.
Al conocimiento de las palabras, la mente y la razón, le
llamaron el conocimiento del tonalli. El conocimiento sin el uso
de las palabras, sin la mente y sin el razonamiento, le llamaron
el conocimiento del nahualli.
El vértice del conocimiento tolteca, es un campo del
conocimiento silencioso, del nahualli y del nahualpohualli.
El nahualpohualli es el conjunto de conocimientos y prácticas
que permiten el aprendizaje para ahorrar energía para poder
utilizar un conjunto de campos de energéticos que
habitualmente no usa el ser humano.
La Toltecáyotl, en el vértice superior de la Pirámide de
Desarrollo Tolteca, es la habilidad de aprender a percibir y
utilizar campos de energía, que el ser humano común no
percibe en su vida ordinaria. Es entonces, el logro de un estado
de conciencia, es la habilidad de percibir, -conscientemente-,
lo que la percepción común no puede captar a partir del ahorro
de energía. La percepción de los inaccesibles campos de
energía para el ser humano común. Esta percepción
acrecentada, este conocimiento sin palabras o silencioso, es el
logro más importante de nuestra civilización.

95
POR QUÉ PERDIMOS NUESTRA RELIGIÓN ANCESTRAL

Quiénes éramos
Pueblos hermanados de una de las seis civilizaciones más
antiguas y con un origen autónomo. Compartiendo por miles
de años, una misma “matriz filosófico-cultural-sacra”. Un
pluriverso de pueblos y culturas, unido por la Toltecáyotl, que
produjo una riquísima diversidad, en base a la unidad en la
concepción del mundo y la vida. Durante muchos siglos no
existió: la propiedad privada y el dinero. La educación fue
pública y obligatoria. No existió un cultura belicosa y guerrera.
Se vivió en comunalidad y a través de una democracia
participativa, en donde la Asamblea desidia, y la autoridad
mandaba obedeciendo a la Asamblea. El conocimiento era de
carácter biófilo y pacífico. Y finalmente, el propósito compartido
por la comunidad era eminentemente de carácter espiritual.

Cuál era la sacralidad (religión)


En más de diez mil años de desarrollo humano, compartiendo
una extensión de tierra tan grande como fue el Cem Anáhuac,
que comprendía de Nicaragua hasta el Canadá. En donde
existiendo tanta pluralidad étnica, lingüística y cultural, -en
general-, se mantuvo una misma estructura filosófica-religiosa
en todas las culturas, en los tres periodos conocidos como:
Preclásico, Clásico y Postclásico.
“Para los nahuas y los mayas, el mundo fue creado por los
dioses para habitación del hombre, y el hombre fue creado
por una necesidad de los dioses no sólo de ser reconocidos
y venerados, sino de ser sustentados, o sea, de tener un
fundamento para su existencia.” Mercedes de la Garza
1978.

96
Su conocimiento venía, fundamentalmente, de dos fuentes: “La
observación sistemática, medida y razonada de la mecánica
celeste”; y “la observación minuciosa, sistematizada y
trasmitida de generación en generación de la Madre Tierra
(naturaleza)”. De la primera desprende sus profundos
conocimientos de la astronomía, las matemáticas y la
astrología. De la segunda, las ciencias naturales y las ciencias
de la salud, entre otras. Se puede afirmar que, la civilización
del Anáhuac, era una civilización de dimensión galáctica.
Sabían desde mucho tiempo atrás, miles de años, que la Tierra
estaba en un Sistema Solar, y que éste, estaba dentro de una
galaxia, con tal precisión, que hasta la fecha asombran sus
calendarios: lunar, solar, venusino, de las Pléyades y la llamada
Cuenta Larga, en la cual, la Tierra le da una vuelta completa al
centro de la galaxia.
Por este nivel de conocimiento, llegaron a entender que el
universo estaba compuesto por energía, que ésta, se
organizaba a través de toroides, y éstos, se multiplicaban
infinitamente en el macro y micro cosmos. Esta es la razón por
la cual, “su sacralidad o religión”, estaba sustentada en estos
conocimientos y comprendieron que existía una “energía o
frecuencia superior”.
La base era la percepción de que existía una energía o
conciencia superior, que no tenía nombre, no se podía ver o
tocar, que era infinita e inconmensurable. Que esta conciencia
o energía tenía múltiples manifestaciones de su grandeza, que
estas “manifestaciones o advocaciones, eran variantes de una
misma realidad. Cada advocación no era un “dios”, sino una
manifestación de esta energía superior.
“El mito cosmogónico de los Soles, que acabamos de
presentar, es uno de los más elaborados y de los más
profundos y ricos en contenido entre los mitos de este
tipo. A nuestro parecer, nos habla de un proceso
generador determinado por un principio vital cósmico,
97
encarnado en el Sol, que deviene produciendo
sucesivamente los cuatro grandes elementos, los cuales,
a su vez, actúan como vehículos de la aparición de nuevas
plantas, que determinan la situación de los seres
humanos, y de nuevos animales, que surgen de la
metamorfosis de los hombres. Es decir, que no se trata de
un mito que hable de la existencia de diversos mundos,
sino de la génesis del mundo, entendida como la
progresiva aparición de sus componentes y la
transformación del hombre.” Mercedes de la Garza 1978.

Cada cultura mantenía esta estructura básica y le añadía


pequeñas variantes no significativas, además de cambiar los
nombres, las formas o iconografía con que se representaba. Así
como los rituales y su parafernalia. También, debe entenderse,
que existían varios niveles de profundidad en el conocimiento
de los simbolismos teológicos y los ritos entre, no solo las
diferentes personas, sino que, entre los diferentes pueblos y
culturas en tiempo y espacio (Preclásico-Clásico-Postclásico,
zona maya-zona oaxaqueña-Altiplano Central, etc.).
Un ejemplo de esta variedad en la unidad, es el símbolo de la
figura religiosa asignada al agua, como advocación de lo
inconmensurable, de la energía superior, como “creación de
vida”. En lengua náhuatl se le nombró Tláloc (licor de la tierra);
en lengua zapoteca Cosijo, en lengua maya Chac, en lengua
totonaca Tajín. A pesar de las diferentes iconografías en tiempo
y espacio, todas las representaciones se caracterizaban por
tener unas anteojeras y una lengua de serpiente.
“No sabemos hasta qué grado, antes de este periodo, la
cultura náhuatl haya podido estar influida por la maya;
pero si conocemos, por su propia palabra, que por lo
menos en los últimos tiempos del período postclásico,
tanto los mayas de Yucatán, como los Mayas de

98
Guatemala, se consideraban herederos de los toltecas, y
que los grupos aguas venían de la cultura tolteca, la
Toltecáyotl, como la raíz de todas sus creaciones.”
Mercedes de la Garza 1978.
De la misma forma podemos encontrar a la “serpiente
emplumada”, tanto en la iconografía olmeca del Preclásico,
como en la iconografía tolteca del periodo Clásico, así como, en
la iconografía del periodo Postclásico mexica.
“El relato de la creación del hombre en el Popol Vuh es
distinto al náhuatl, sin embargo, advertimos muchos
símbolos comunes, fundamentalmente el maíz, que
aparece como la base de la diferencia de este hombre
nuevo. Esta idea es esencial, pues expresa que para los
mayas y los nahuas es lo físico, lo material, simbolizado
en el alimento, lo que primariamente cuentan el ser del
hombre; no se habla en los mitos de dones espirituales
que los dioses hayan hecho partícipe de la formación del
hombre, sino que es la materia nutritiva, el maíz, lo que
va a permitir que el hombre sea un ser consciente; no es
el espíritu el que infunde vida a la materia, como ocurre
en otras cosmogonías sino la materia la que condiciona el
espíritu.” Mercedes de la Garza 1976.
Una de las características que hacían común a las diferentes
manifestaciones religiosas del Cem Anáhuac, es que era de
carácter comunitario. La idea del “supremo sacerdote”, de “los
dioses y diosas”, viene de las mentes fanáticas y tendencias de
los religiosos europeos de la Edad Media, y de las mentes
necolonizadas de la academia que se ha inspirado más en las
producciones de “Hollywood”, que en la realidad.
“Mediante el análisis de la forma de vida religiosa de los
nahuas y los mayas hemos venido a saber que la idea del
hombre y el sentido de su vida, expresada en el mito
cosmogónico, está presente, de manera radical, en la

99
forma concreta de existencia de estos hombres. Para ellos
la misión cósmica del hombre está en la base de los
múltiples modos de vida, dentro de los cuales cada
hombre tiene también determinado su propio camino a
seguir para cumplir con el destino común. Es decir, que el
sentido general de la vida humana se concreta con la
responsabilidad individual de cada hombre frente a su
destino personal o tonalli, determinado por las influencias
de los dioses que dije el día en que nace, en el ámbito del
cual el hombre realiza la misión para la que fue creado.”
Mercedes de la Garza 1978.
La sacralidad o religiosidad anahuaca, era más espiritual que
teocrática, por lo tanto, era una relación personal con la energía
superior y sus diversas manifestaciones, que una relación
institucional guiada a través de un interlocutor. Era también,
de carácter colectivo. El problema para acercarnos a una visión
más realista de nuestra antigua sacralidad-religión, es que, por
una parte, los conquistadores, misioneros y colonizadores en el
siglo XVI, la juzgaron a priori dominica para justificar su
destrucción. Y, en segundo lugar, la academia colonizada-
occidentalizada, hace comparaciones inadecuadas y
“transferencias”, con las religiones antiguas de Europa y Medio
Oriente, además de tomar “como fuentes verídicas”, lo escrito
por fanáticos, ignorantes y asesinos.

Otro punto importante es que todas las “referencias y fuentes


históricas”, además de estar prejuiciadas se basan en la
religión mexica que encontraron en Tenochtitlán, pero debe
recodarse que, por las reformas de Tlacaélel, las bases de la
ancestral religión tolteca fueron modificadas, especialmente
con la incrustación forzada del numen tutelar mexica conocido
como Huitzilopochtli, por el Tezcatlipoca-Tláloc. Dándole un
sentido material más que espiritual de la sacralidad-religión.

100
El error de los “estudiosos de la academia” es hablan de los
diez mil años desarrollo cultural en el Anáhuac, a partir de la
realidad de la cultura mexica, que transgredió el pensamiento
ancestral y el cual tuvo, un limitado espacio físico, y un mínimo
de tiempo, pues son solo 81 años de imposición de las reformas
de Tlacaélel.

El Colapso civilizatorio
Por alguna razón, -aún no conocida-, alrededor del siglo IX se
desencadenó un colapso civilizatorio. Desde Nicaragua hasta
Canadá, los Tollan o centros de conocimiento, fueron
abandonados en una acción que podíamos llamar “concertada”,
porque en una sola generación sobrevino este inexplicable
colapso, que marcará el fin de un periodo luminoso de más de
diez siglos “de esplendor”, e inicia el tercer periodo conocido
como Postclásico o de la decadencia.
Dos grandes profecías tendrán una fuerte repercusión en el
futuro del último periodo conocido como Postclásico (850 a
1521). La primera fue el profetizado regreso de Quetzalcóatl en
el año “uno caña”, para restaurar la sabiduría y el equilibrio en
el Cem Anáhuac. Los pueblos y culturas que no trasgredieron
la sabiduría de Quetzalcóatl, visualizaban este “regreso
metafórico” como un renacimiento, en un entendido de que la
vida es cíclica y que todo implica un “eterno retorno”.
La segunda profecía decía que, al finalizar un ciclo de las
Pléyades o “atado de años”, no saldría el Sol, anunciando el
final del Quinto Sol. Recordemos que, -por siglos-, la ceremonia
del “fin del ciclo del atado de años”, se celebraba en todo el
Cem Anáhuac, conocida como “Ceremonia del Fuego Nuevo”.
En la que, en la fecha del último día de los 52 años, por la
mañana se apagaban todos los fuegos de los hogares, templos
y edificios gubernamentales. El Pueblo subía en ayunas a lo
más alto del cerro tutelar de la comunidad, y en el camino, iban
101
rompiendo todas las figuras con las diversas advocaciones de
“Aquél por quien se vive” o, dicho de otra forma, de la
advocación de la frecuencia o vibración superior.
Al salir el Sol, estaban asegurados otros 52 años de vida del
Quinto Sol, y en una magna ceremonia, se encendía en el
Templo Mayor de la población “el fuego nuevo”, y de ahí, era
llevado a todos los hogares para reiniciar un nuevo ciclo de
vida.
Los pueblos y culturas del Cem Anáhuac, vivían una percepción
cíclica del mundo y la vida. No era lineal como la judeo-
occidental. Tenían el conocimiento que estaban al final de un
largo ciclo de ciclos y un renacimiento. Esto es muy importante
tomarlo en cuenta, para tartar de entender cómo fue que
perdimos, “de la faz del Tlatipac”, nuestra sacralidad-religión
ancestral.

El sisma religioso mexica


Los mexicas llegan al Valle del Anáhuac en 1215. Nómadas,
cazadores y recolectores, desconocen la sabiduría ancestral
conocida como Toltecáyotl. Poseen una cultura básica y
elemental, que les ha permitido sobrevivir en las áridas
regiones del Norte. Al llegar al valle lo encuentran ocupado por
pueblos sedentarios, campesinos y poseedores de los vestigios
de la sabiduría tolteca, que sobrevivió al colapso del año 850.
En una historia muy confusa, dado que, el Cihuacóatl mexica
Tlacaélel, en el momento que tuvieron poder, mandó destruir
los antiguos códices y memoriales de la tradición tolteca, y
ordenó, reformar la historia, apareciendo los mextin, su
nombre original con el que llegaron del Norte. Tlacaélel los
llamará “mexicas”, los dotará de un destino manifiesto como
“el pueblo elegido” que mantendrá en misión divina el Quito
Sol. Transformará una historia mítica ancestral del Anáhuac (la

102
peregrinación) y pondrá a los mextin como personajes
centrales, refundará el islote en fecha astronómica precisa,
para situar a los nuevos mexicas, como el pueblo “histórico del
Anáhuac.
La historia de la cultura mexica ha sufrido muchas
tergiversaciones. En principio, como ya dijimos, las que
generaron los propios mexicas, al “crear su historia oficial”.
Después, la que empezaron a deformar los anahuacas
conversos, como Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, en busca de
beneficios de la corona. Posteriormente, la que realizaron
criollos, como Francisco Javier Clavijero, que pretenden darle
una “grandeza” a la cultura que, según ellos, es la base e inicio
de su país. De tal suerte que, en sus textos, los mexicas
pasaron a ser como “los griegos o romanos” de Europa. En el
siglo XIX, los “anticuarios”, tomaron todas estas historias para
crear a unos “inexistentes aztecas”. En el Siglo XX, el Estado
necolonial de ideología criolla, ha usado a los mexicas y a la
Ciudad de México-Tenochtitlán, como “el pasado remoto”, en
el que se depositan los cimientos de “la patria”, centralista,
autoritaria y hegemónica sobre los demás pueblos ancestrales.
Lo mexica pasará a ser sinónimo de lo “antiguo mexicano”.
Lo cierto es que los mexicas a través de las reformas de
Tlacaélel, modificaron la estructura religiosa ancestral. Ante la
preocupación y angustia del fin del Quinto Sol, Tlacaélel,
impuso la idea que no era el sacrificio espiritual, con el que se
alimentaba el Sol, sino que tenía que ser un sacrificio material,
imponiendo, como nunca antes en el Cem Anáhuac, fuertes
cargas tributarias a los pueblos vencidos por la Triple Alianza.
De la actuación de Tlacaélel como guerrero, sabemos que
dispuso campañas militares y realizó muchas conquistas. Sólo
en una ocasión, luchando contra los purépechas de Michoacán,
su ejército fue derrotado. Se conserva un poema con el que se
pretendió consolarlo, al igual que al tlahtoani Axayácatl. Su
actuación como capitán había salvado a Tenochtitlan de
103
desaparecer absorbida por Azcapotzalco. Más tarde contribuyó
a ensanchar los dominios mexicas.
“Como ideólogo, hizo posible la formación de una nueva
imagen del ser de los mexicas, tanto en su conciencia
histórica como en su concepción religiosa. Para ello, de
común acuerdo con el tlahtoani Itzcóatl, dispuso se
quemaran los códices o libros de anales, en los que el
pueblo mexica aparecía débil y pobre, y se reescribiera su
historia a la luz de la grandeza que estaba alcanzando. Se
dice además, en las antiguas crónicas, que Tlacaélel se
afanó por enaltecer la persona del dios Huitzilopochtli,
hasta hacer de él la deidad suprema de los mexicas. Por
consejo de él, Motecuhzoma Ilhuicamina reedificó y
amplió el Templo Mayor de Tenochtitlan. Su idea fue
transformarlo en imagen plástica del lugar donde había
nacido portentosamente Huitzilopochtli. Ello había
ocurrido en Coatepec, el Cerro de la Serpiente. Su madre,
la diosa Coatlicue, lo había dado a luz precisamente
cuando sus otros hijos, capitaneados por Coyolxauhqui,
intentaron darle a ella muerte. La victoria de
Huitzilopochtli sobre sus hermanos simbolizó el destino
guerrero de los mexicas. Los hallazgos arqueológicos
realizados en el centro de la ciudad de México muestran
que el gran Templo Mayor efectivamente simbolizó el
Coatepec. En varias de sus etapas constructivas apareció
la efigie de Coyolxauhqui. Se sabe también que la figura
de la diosa madre Coatlicue estuvo en lo más alto del
Templo, al lado de la imagen de Huitzilopochtli. Se
representó así el lugar donde ella lo dio a luz.” Miguel León
Portilla.
Para ello, Tlacaélel se inventó un destino manifiesto para el
pueblo mexica, que era, “el mantenimiento del Quinto Sol” y lo
hizo “razón de Estado”. Las escuelas se militarizaron al igual
que la sociedad, comenzó a existir la propiedad privada, el

104
intercambio de productos pasó a ser un comercio a través de
usar el cacao como instrumento de cambio, como nunca antes
se había dado en el Cem Anáhuac. La guerra florida tolteca, de
carácter personal y espiritual, pasó a ser razón de Estado, y
una lucha por someter a los vecinos e imponerles fuertes
tributos, además de “su religión,” como nunca había existido
en el Anáhuac.
“Como ideólogo, hizo posible la formación de una nueva
imagen del ser de los mexicas, tanto en su conciencia
histórica como en su concepción religiosa. Para ello, de
común acuerdo con el tlahtoani Itzcóatl, dispuso se
quemarán los códices o libros de anales, en los que el
pueblo mexica aparecía débil y pobre, y se reescribiera su
historia a la luz de la grandeza que estaba alcanzando. Se
dice, además, en las antiguas crónicas, que Tlacaélel se
afanó por enaltecer la persona del dios Huitzilopochtli,
hasta hacer de él la deidad suprema de los mexicas.
Miguel León Portilla. 2004.
Tlacaélel que estudió en el Calmécac de Cholula la Toltecáyotl
y conocía la sacralidad-religión ancestral, decidió cambiar de
los cuatro Tezcatlipocas, al Tezcatlipoca Azul, representado por
Tláloc, y en su lugar, imponer al numen tutelar mexica traído
del Norte. En efecto, Huitzilopochtli, no era de origen tolteca, y
sustituirá a Tláloc. Los atributos que caracterizan a los
mexicas: la férrea fuerza de voluntad y el símbolo de la guerra
material.
“El origen de Tlacaélel que "decidía lo tocante a la guerra,
las condenas a muerte y cuanto había de hacerse"
Esta afirmación no es inventada. La consignó el cronista
Chimalpain Cuauhtlehuanitzin. En otros lugares de sus
Relaciones expresó, asimismo: "Quien primero
engrandeció y enalteció el señorío fue el valiente guerrero
Tlacaélel, según aparece en los anales" (Séptima Relación,
fol. 166 v.). La Crónica mexicáyotl añade que Tlacaélel
105
llegó a ser in cemanáhuac tepehuani, "conquistador del
mundo" (Alvarado Tezozómoc, nueva edición de 1975,
pág. 121).” Miguel León Portilla. 2004.
Se supone que parte de la elite mexica, que había estudiado la
Toltecáyotl, no veían con mucha simpatía las trasgresiones
religiosas realizadas por Tlacaélel, quien fue Cihuacóatl de tres
tlatoanis. El quitar de la ancestral dualidad Tláloc-Quetzalcóatl
a este último, y poner en el lugar a Huitzilopochtli. Así como,
sustituir a Tláloc, por Huitzilopochtli, en la relación ancestral de
“los cuatro Tezcatlipocas”. Además de las guerras
permanentes, la imposición de fuertes cargas tributarias. Existe
la versión, no confirmada, de que Tlacaélel fue asesinado por
órdenes superiores, pero se supone que su misteriosa muerte
se dio alrededor del año de 1480, muy poco tiempo a la llegada
de los invasores europeos.
“Obtuvo Tlacaélel, sucesivamente, los títulos de
atecpanécatl y cihuacóatl. El primero correspondía a un
achcuauhtli, uno de los principales en la administración
del reino. Tal título se recibía por merecimientos en la
guerra. El segundo título tenía la máxima importancia.
Literalmente significa "Mujer serpiente" y también
"Gemelo femenino". Se connotaba así la suprema
dualidad, entendiendo al tlahtoani como reflejo de
Ometecuhtli, "El señor de la dualidad" y de Omecíhuatl,
"La señora dual". Al Cihuacóatl correspondía ser consejero
y suplente del tlahtoani.” Miguel León Portilla. 2004.
Finalmente, podríamos afirmar que, las reformas de Tlacaélel
influyeron mucho en la religión de los mexicas, que se
distanció, de la tolteca. Muchos pueblos, como los mayas, los
que hoy viven en la región oaxaqueña, así como los pueblos de
las montañas del Sur, hoy estado de Guerrero; y desde luego,
los purépechas, mantuvieron la dualidad Tláloc-Quetzalcóatl.
No es casual, que estos pueblos, hasta el día de hoy, son los

106
que mantienen con mayor fuerza la resistencia cultural al no
haber transgredido la religión ancestral.

La presencia de Cortés como el embajador de


Quetzalcóatl.
En 1519 llega la tercera expedición de Cuba al Anáhuac, las dos
primeras, de Francisco Hernández de Córdoba y Juan de
Grijalva en 1517 y 1518, respectivamente. Cortés sale huyendo
de Cuba debido a que el gobernador Diego Velázquez, se entera
de los planes para traicionarlo, a él, y a los inversionistas de la
expedición, lo manda detener, pero Cortés adelanta su partida.
Un año tardará Velázquez en organizar una flota al mando de
Pánfilo de Narváez, con 1500 hombres para tomar preso al
prófugo.
Después de la Batalla de Centla, los chontales le obsequian a
Malinalli, llamada por los castellanos Malinche, quien había sido
educada y sabía hablar maya y náhuatl. Malinche, contra todas
las mentiras que han escrito los historiadores hispanistas y
recientemente las feministas, tanto de ser amante de Cortés,
como de ser víctima de las circunstancias, lo cierto, es que
Malinche, fue una persona muy inteligente, ambiciosa y que
participó como un miembro muy importante de la expedición,
a tal punto, que Cortés, consultada todas las decisiones y
estrategias con ella. Malinche sabía muy bien, las trasgresiones
que habían hecho los mexicas de las enseñanzas de
Quetzalcóatl y de la Toltecáyotl, y sabía que la élite mexica
estaba en conflicto y que temía el profetizado “regreso de
Quetzalcóatl”, que era el año “uno caña”, el cual se repetía cada
52 años y justamente el año de 1519 era el año de la esperada
y temida profecía.
Esta es la razón por la cual, Cortés, enfoca todos sus esfuerzos
en ir a Tenochtitlán, y aconsejado por Malinche, busca las
alianzas de los enemigos de los mexicas, y, sobre todo, se
107
presenta como “el embajador de Quetzalcóatl”, lo que le
permitió llegar hasta el Templo Mayor. Aquí, nuevamente, los
historiadores hispanistas, pretenden describir a Moctezuma,
como un pusilánime reyezuelo europeo, pero la verdad es que
Moctezuma, según la tradición ancestral tolteca de
organización, “mandaba obedeciendo” al Consejo Supremo de
la Triple Alianza. De modo que las erráticas y desafortunadas
decisiones las tomó el Consejo, y Moctezuma solo las aplico.
El hecho que Cortés se haya asumido como “embajador de
Quetzalcóatl”, le da una connotación religiosa-mesiánica y no
invasora-militar a su presencia en el Anáhuac. Muy hábilmente,
mezcla la figura de Quetzalcóatl con la del Rey de España; y la
religión de Quetzalcóatl con la de Jesús de Nazaret. Logrará
que las autoridades y los pueblos nahuas vieran en Cortés, el
profetizado regreso de la máxima figura de sabiduría del Cem
Anáhuac.

La conversión de Ixtlilxóchitl.
La “verdadera historia de la derrota de los mexicas, se debió a
tres personajes que, -sin ellos, Cortés-, no hubiera logrado
vencer a los mexicas e iniciar la conquista del Cem Anáhuac,
teniendo a los derrotados mexicas como sus aliados.
Además del tlatoani de Cempuala, Xicomecóatl, que dispuso un
“ejercito” de mujeres y hombres para que les dieran
permanentemente de comer a los invasores durante toda la
expedición. La asesoría “filosófica-religiosa-política” y la
traducción de Malinche, que le permitió aprovecharse de los
problemas religiosos y políticos de los nahuas. La dirección
militar de uno de los más capaces y valientes militares nahuas
de ese tiempo, Ixtlilxóchitl, el tlatoani de Texcoco, despojado
por Moctezuma, quien impuso a su sobrino Cacama para
gobernar Texcoco, a la muerte de Nezahualpilli, y que, a la
llegada de Cortés al Valle del Anáhuac, se volvió su “mariscal
108
de campo”, con trescientos mil guerreros texcocanos y quien
dirigió todas las operaciones militares, especialmente, la toma
de Tenochtitlán (Cortés no hablaba náhuatl y no conocía los
usos y procedimientos militares anahuacas, por lo que él,
nunca pudo “comandar” a los aproximadamente cuatrocientos
mil guerreros que lucharon en contra de los mexicas y sus
aliados), así como el rescate de Cortés en el Templo Mayor, en
lo que se conoce como colonialmente como “La Batalla de la
Noche Triste”. Ésta fue diseñada y dirigida por Ixtlilxóchitl,
quien atacó por agua, mientras los castellanos huían en sentido
contrario a Otumba, en donde Ixtlilxóchitl ubicó un ejército al
mando de su hermano, y a quien, Cortés confundió con los
mexicas.
Existen tres personajes en el Postclásico en el Altiplano Central
llamados “Ixtlilxóchitl”. El primero, conocido como “el viejo”,
quien fue padre de Nezahualcóyotl. El segundo, que llamamos
“el guerrero”, del que aquí hacemos referencia. Y el tercero, el
“historiador”, conocido como Fernando de Alva Ixtlilxóchitl
(1568-1648), quien mantuvo privilegios de su nobleza
anahuaca durante el periodo colonial, y que escribió Relación
histórica de la nación tulteca e Historia chichimeca, cuidando
en sus escritos, de no “perturbar la acción evangelizadora y
civilizatoria” de España. Ixtlilxóchitl “el guerrero”, se alió a
Cortés y antes de entrar a Tenochtitlán lo llevó a Texcoco para
que su pueblo lo aclamara.
“Hincábanse de rodillas los indios y adorábanlos por hijos
del Sol, su dios, y decían que había llegado el tiempo en
que su caro emperador Nezahualpitzintli muchas veces
había dicho. De esta suerte entraron y los aposentaron en
el imperial palacio, y allí se recogieron, en cuyo negocio
los dejaremos por tratar de las cosas de México”. La Visión
de los Vencidos. Miguel León Portilla. 1959.
Ixtlilxóchitl invitó a los españoles a ir a Texcoco donde por
indicaciones de la autoridad, el pueblo los recibió con aplausos
109
y las autoridades los agasajaron con un banquete. Y aquí lo
importante, Ixtlilxóchitl, pide a los españoles que lo conviertan
a su religión. Posteriormente, por órdenes de Ixtlilxóchitl, la
nobleza texcocana y veinte mil personas se convierten a la
religión católica, pensando que era la antigua tradición tolteca
de Quetzalcóatl. Este es el primer bautizo tumultuario del
Anáhuac y el pueblo fue llevado por sus autoridades a realizar
la conversión.
“Ixtlilxóchitl se hace cristiano
Y pidió luego el Cristo y le adoró, y sus hermanos hicieron
lo propio con tanto contento de los cristianos que lloraban
de placer y pidieron que los bautizasen, y el Cortés y
clérigo que allí había le dijeron le instruirían mejor y le
darían personas que los instruyesen Y él respondió que
mucho de norabuena aunque les suplicaba se le diesen
luego, porque él desde luego condenaba la idolatría y
decía que había entendido muy bien los misterios de la fe.
Por lo que al oír que hubo muchos pareceres en contrario,
se determinó Cortés a que le bautizasen y fue su padrino
Cortés y le pusieron por nombre Hernando, porque su
señor se llamaba así, lo cual todo se hizo con mucha
solemnidad. Y luego vestidos Ixtlilxúchitl y su hermano
Cohuanacotzin con sus hábitos reales dio principio a la
primicia de la ley evangélica, siendo él el primero y Cortés
su padrino, por lo cual le llamó Hernando, como a nuestro
rey catolico y el Cohuanacotzin se llamó Pedro por Pedro
de Alvarado que fue su padrino, y a Tecocoltzin también
le llamaron Fernando y fue su padrino el Cortés, y así
fueron los cristianos apadrinando a todos los demás
señores y poniéndoles sus nombres. La Visión de los
vencidos. Miguel León Portilla. 1959.
El siguiente relato, es muy significativo, y nos entrega una
pauta para entender lo que verdaderamente paso en el proceso

110
de perder la religión ancestral. No solo porque, en un principio,
se haya podido engañar a los pueblos del Anáhuac, con la
versión de que Cortés, era el embajador de Quetzalcóatl que
venía a “restaurar la sabiduría ancestral y la antigua religión”,
sino porque existieron mecanismos internos que auspiciaron o
colaboraron con la iniciativa evangelizadora hispana.
“La reacción de Yacotzin, madre de Ixtlilxúchitl
Y si fuera posible, aquel día se bautizaran más de veinte
mil personas, pero con todo eso se bautizaron muchos, y
el Ixtlilxúchitl fue luego a su madre Yacotzin y diciéndole
lo que había pasado y que iba por ella para bautizarla.
Ella le respondió que debía de haber perdido el juicio, pues
tan presto se había dejado vencer de unos pocos de
bárbaros como eran los cristianos. A lo cual le respondió
el don Hernando que, si no fuera su madre, la respuesta
fuera quitarle la cabeza de los hombros, pero que lo había
de hacer, aunque no quisiese, que importaba la vida del
alma. A lo cual respondió ella con blandura que la dejase
por entonces, que otro día se miraría en ello y vería lo que
debía hacer. Y él se salió de palacio y mandó poner fuego
a los cuartos donde ella estaba, aunque otros disen que
porque la halló en un templo de ídolos.
Finalmente ella salió diciendo que quería ser cristiana y
llevándola para esto a Cortés con grande acompañamiento
la bautizaron y fue su padrino el Cortés y la llamaron doña
María, por ser la primera cristiana. Y lo propio hicieron a
las infantas sus hijas que eran cuatro y otras muchas
señoras. Y en tres o cuatro días que allí estuvieron,
bautizaron gran número de gente como está dicho.” La
Visión de los vencidos. Miguel León Portilla. 1959.
Otro acontecimiento significativo, digno de tomar en cuenta,
para entender los procesos violentos de la evangelización, fue
las actividades que realizó la Santa Inquisición. Aunque las
111
atrocidades fueron, casi totalmente encubiertas por la propia
iglesia y los historiadores hispanistas, han quedado algunos
hechos muy reveladores como el del gobernador de Texcoco:

“El tlatoani y la Santa Inquisición


Los religiosos no tardaron en pasar a formas más
institucionales, con los titubeos y ajustes necesarios para
salvar las apariencias. Un caso paradigmático (pero por
ningún motivo único o excepcional) es el del gobernador
de Texcoco Chichimecatecuhtli, conocido también como
Ometochtzin y por el nombre que le impusieron los
españoles (“Carlos”), nieto de Netzahualcóyotl e hijo del
también rey de Texcoco Nezahualpilli. Chichimecatecuhtli
era la víctima ideal para aplicar el castigo ejemplar que
preconizaba la política española: fue quemado vivo
(aunque Toribio Medina, al desconocer los documentos
que citaremos, supuso que habría sido estrangulado con
el garrote vil y luego quemado, pero ha quedado claro,
como admite Richard Greenleaef, que se le sentenció a “la
quema en la hoguera”) en 1539 por Juan su Zumarraga,
entonces obispo de México, después de escenificar el
consabido auto de fe en la plaza principal -el actual
Zócalo- de la Ciudad de México, con asistencia obligatoria
bajo pena de excomunión (y esto en la colonia no sólo
tenía implicaciones metafísicas) de todos los habitantes de
la capital. El caso de Chichimecatecuhtli es
particularmente interesante porque entre los delitos que
cometió se encontraba no haber demostrado respeto por
la religión de los españoles, sosteniendo el derecho de los
mexicanos conservar la propia, así como negar el derecho
de los invasores para gobernarlos.” Inquisición y
arquitectura. Víctor Jiménez y Rogelio González, Pag.53.

112
Los religiosos y los mismos españoles, ejercieron una política
de terrorismo de Estado, sobre los pueblos anahuacas, que
venían de miles de años de vivir civilizadamente, en donde se
respetaba y obedecía a las autoridades. Esto fue aprovechado,
no solo por las autoridades civiles y religiosas coloniales, sino
por los propios gachupines, criollos y mestizos, para obligar a
las comunidades a servirles, tanto en las minas, como en las
encomiendas.

“La fama de que quemaban a los oaxaqueños quizá


disgustaba a los frailes tenía sus ventajas: se trataba de
la persistente ambigüedad de la Inquisición, que debe
disimular sin sacrificar su imagen atroz. Tampoco se debe
perder de vista que este episodio ilustra una vez más la
predilección de los religiosos por el castigo ejemplar en la
persona de alguien notorio.” Inquisición y arquitectura.
Víctor Jiménez y Rogelio González, Pag. 63.
Se supone que, en el primer siglo del Virreinato de la Nueva
España, se llevó a cabo uno de los holocaustos más grandes de
la historia. De 25 millones de anahuacas que vivían en lo que
hoy es México a la llegada de los europeos, para 1621 habían
muerto 24 millones de personas, y en esta masacre, la iglesia
católica tuvo mucha responsabilidad.
“Burgoa dejó para la posteridad terribles descripciones del
exterminio de la población la pequeña causa de la
despiadada destrucción de sus ciudades y pueblos como
parte de la política de las congregaciones en Oaxaca,
verdadero genocidio en el que el clero tuvo una
responsabilidad directa bajo la justificación de la
evangelización”. Inquisición y arquitectura. Víctor Jiménez
y Rogelio González, Pag. 116.
La condición de seres humanos estaba perdida para los pueblos
anahuacas. Los alegatos jurídicos de Ginés de Sepúlveda y Las
Casas, estaban en el pasado. Los anahuacas y su religión

113
ancestral, eran la representación viva del demonio, la maldad
y lo primitivo. Los anahuacas resultaban, de alguna manera,
un estorbo para crear “la Nueva España”, y la mano de obra
estaba siendo suplida, ya que el comercio de africanos llegó a
introducir al Anáhuac, alrededor de 250 mil personas. (En Norte
América se calcula que los anglosajones introdujeron 500 mil
africanos en calidad de esclavos).
“Betanzos no solamente se opuso a la educación de los
indios; por lo visto, creía que estaban condenados a la
extinción. En la carta fechada del 11 de septiembre de
1545, propuso, después de una experiencia de casi 30
años entre los indios, que todas las leyes promulgadas en
el supuesto de que los indios siguieran existiendo “eran
peligrosas, equivocadas y destructoras de todo el bien de
la república”, y resultaban sabias y buenas si se pero
promulgaban bajo la suposición de que los indios deberían
desaparecer en muy poco tiempo.” Inquisición y
arquitectura. Víctor Jiménez y Rogelio González, Pag. 143.
Otra historia de terror que aplicaba la iglesia católica, fue el
asesinato de los sacerdotes de Mitla y de Cosijoeza, el último
tlatoani de Tehuantepec. Cosijoeza recibió a los españoles y se
hizo su aliado, se bautizó con el nombre de Juan Cortés Sicasibí
y de su dinero, pagó la construcción de Templo y Convento de
Santo Domingo de Guzmán en Tehuantepec. Pero los espías de
la Santa Inquisición lo descubrieron en su casa, realizando una
ceremonia de la religión ancestral, con los sacerdotes de Mitla,
a quien de inmediato asesinaron, no así al tlatoani, que para
los españoles era tomado como “rey”. Lo enviaron a los
calabozos de Santo Domingo en la Ciudad de México, en donde
residía la Santa Inquisición. Después de un año de estar
prisionero, dictaminaron que por ser un “rey”, la Inquisición no
podía intervenir y lo regresaron a Oaxaca. “Extrañamente”, el
prisionero murió en el viaje de manera misteriosa en 1563.

114
Durante el régimen colonial, la iglesia católica, era un poder en
sí mismo. Tenía grandes intereses económicos y de poder
político en el Virreinato, y, generalmente, iban de la mano con
la corona, y, sobre todo, con los poderes locales en cada región.
De modo que la pinza era muy fuerte. Por un lado, la corona y
por el otro la iglesia. La persecución de todo vestigio de la
religión ancestral, era pretexto para reprimir y aterrorizar a las
poblaciones anahuacas, para hacerlos más dóciles en su
explotación.
“Podríamos extender los paralelismos entre un régimen
totalitario como los estudiados por Arnedt y el régimen
colonial implantado en México a muchas prácticas como
las vistas en este estudio, en cuya instrumentación la
Iglesia Católica y una Inquisición que se presentaba como”
evangelización” tuvieron un papel determinante. La
intolerancia, la vigilancia, la delación, la censura, la
mentira, la propaganda, el robo, los trabajos forzados, la
represión, el terror, la prisión, la tortura, la mutilación, la
degradación y el asesinato humillante de las víctimas
fueron el sostén de este régimen, aunque hayan estado
separados por siglos y océanos.” Inquisición y
arquitectura. Víctor Jiménez y Rogelio González, Pag.156.
La iglesia católica a través de la evangelización y
adoctrinamiento forzoso, mantuvo a lo largo de los tres siglos
de colonia, y de alguna manera, todavía en el siglo XIX, un
régimen de terror, que iba desde la muerte hasta la tortura, el
escarnio social, la delación y el espionaje permanente de la vida
de las personas, familias y comunidades anahuacas. A través
de los llamados “fiscales”, como los tristemente célebres
“fiscales de San Francisco Cajonos”, Sierra Norte de Oaxaca,
que delataron a las autoridades españolas la realización de
rituales ancestrales en la comunidad, en fechas ya posteriores
como 1700 y que terminó con una matanza de anahuacas a
manos del ejército virreinal.

115
“Es una ironía que la Iglesia, que se oponía a declarativa
mente a las ideas del autor de El Príncipe, hubiese
terminado avalándolas en la teoría y en la práctica al
aceptar que el fin -la conversión religiosa- justificaba los
medios -la Inquisición-, pero que sólo condenase a
Maquiavelo cuando, como Burgoa, se veía el triunfo de su
doctrina en los estragos que la ambición política producía
al interior del clero. […] La actuación de los españoles en
el continente americano le pareció todavía más
inaceptable por pretender justificarse con argumentos
religiosos, y de hecho el comportamiento de los invasores
no fue para él (como posteriormente para Montesquieu)
sino una manifestación paradójica del pensamiento de
Maquiavelo:” Inquisición y arquitectura. Víctor Jiménez y
Rogelio González, Pag. 165.
Pero uno de los elementos importantes, y poco tomados en
cuenta, en torno a la pérdida de la religión ancestral de los
pueblos anahuacas, radica en las propias formas de
“apropiación” que hicieron, no solo personas significativas o de
poder, sino de comunidades completas, que asumieron a la
nueva religión como un vehículo para mantener sus jerarquías
de poder o estatus antes de la invasión. En efecto, la alianza y
los servicios prestados por personas de la comunidad con las
autoridades civiles y religiosas, permitieron que, al interior de
las familias y comunidades, la adopción forzada de la nueva
religión por presión, vigilancia y denuncia de los propios
anahuacas. Una de las más importantes eran las llamadas
“cofradía de indios”, en donde, los propios anahuacas tomaban
por su propia cuenta y costo, las tareas de la evangelización en
aras de ganar prestigio y poder social.
“Cofradía de indios.
Asunto aparte fueron las cofradías de indios pues jugaron
un papel central en el proceso de asimilación el
cristianismo. Igualmente, las cofradías reflejaron en cierta
116
medida el cambio social que fueron experimentando los
pueblos. Es posible que ellos apreciarán en las cofradías
una especie de continuidad de sus antiguas formas de
culto colectivo, combinándolas con la asistencia social, la
caridad y el manejo de limosnas, donativos y bienes, como
las españolas. Los estudios sobre las formas de
sociabilidad e integración social de los pueblos de indios,
de sus secretos o estratos, se han apoyado en buena
medida en el análisis de las cofradías, las congregaciones
o las hermandades.
En los siglos XVI al XVII fueron creadas normalmente con
la autorización eclesiástica y bajo la vigilancia de los curas.
En las ciudades las cofradías de indios no tuvieron la
misma importancia que la de los españoles, pero en los
pueblos las actividades de los fieles en los pueblos de
indios no se agotaban en las cofradías pues había otras
tareas que ellos desempeñaban; por ejemplo, como
notarios en sus grados proliferaron. En Michoacán, los
pueblos hospitales fundados desde la época de Vasco de
Quiroga brindaron, además de la atención espiritual, una
forma de vida para los indios.
Para finales del siglo XVII ya existe tienen cientos de
cofradías fundadas en los pueblos. Su multiplicación
estuvo asociada a la recuperación demográfica de esa
centuria y a la que se ha llamado la “reconstitución de los
pueblos”, al ser un medio de integración comunitaria. En
las fiestas patronales las cofradías podían consumir todos
sus fondos y aún quedan endeudadas, mientras que para
muchos curas, las obvenciones que pagaban las cofradías
podían representar la mayor parte de sus ingresos.
En muchos sentidos, las cofradías de indios fueron parte
esencial de la religión local, pero también fueron espacios
de poder para las autoridades indígenas. Los caciques y la
nobleza indígena normalmente se pusieron al frente de
117
ellas como mayordomos, vinculando tal función a su
estatus social.
Las actividades de los fieles en los pueblos de indios no se
agotaban en las cofradías pues había otras tareas que
ellos desempeñaban; por ejemplo, como notarios en los
juzgados eclesiásticos locales, como sacristanes en las
parroquias o como fiscales. Estos últimos, en especial,
tuvieron una presencia importante en los pueblos que
eran visitas de parroquia, y en donde los curas no tenían
una presencia diaria; ellos estaban encargados de vigilar
la asistencia de la población a la misa, muchas veces se
les encargó de la enseñanza de la doctrina e incluso de la
asistencia en los entierros, en caso de necesidad. También
se hicieron cargo de recaudar los pagos de las
obvenciones parroquiales. Otras figuras importantes
fueron los sacristanes y los cantores, ocupados
normalmente por miembros de las familias de caciques:
en otras palabras, los indios ligados a las tareas
parroquiales y a los curas eran parte de las élites
indígenas novohispanas.
LA IGLESIA EN EL MÉXICO COLONIAL. Antonio Rubial
García. Coordinador. UNAM. 2013. Pag. 59 y 60.

¿Por qué se perdió la religión ancestral?


No es una sola causa o razón. Es entonces, que varios
elementos entraron en conjunción, permitieron que se
perdiera, -por lo menos de manera abierta y pública-, la
religión ancestral del Cem Anáhuac.
No solo fue, la negada violencia y el Estado de terror, que
implantó el gobierno colonial y la Iglesia Católica en todo el
territorio del virreinato. Ni tampoco el ejercicio de poder de los
estratos altos del sistema de castas impuesto por la corona. Ni

118
la ambición y deshumanización de los encomenderos,
comerciantes, hacendados y mineros, que veían en las
actividades religiosas ganancias económicas o de servicios,
pero, sobre todo, usaban a la religión católica como un eficiente
instrumento de sometimiento y mansedumbre de los pueblos
vencidos y ocupados.
La religión ancestral tolteca se perdió, porque los pueblos
nahuas trasgredieron la milenaria religión de Quetzalcóatl, y
que, asumieron a la nueva religión creyendo que era la religión
ancestral en una nueva versión, con el regreso profetizado de
Quetzalcóatl.

Pero también, se debe tomar en cuenta, que, al iniciar la


expansión española con los guerreros nahuas como sus aliados,
éstos, cristianizaron las fundaciones de las ciudades españolas,
dado que la conquista de lo que hoy es México, Centroamérica
y parte del Sur de lo que hoy es Estados Unidos, la hicieron los
“aliados” de los españoles, es decir, los pueblos nahuas del
Altiplano Central, que abrazaron la religión del conquistador
desde el principio.
Otro elemento que se debe tomar en cuenta, es que la religión
anahuaca fue de carácter comunitario, es decir, como casi todo,
la vida diaria estaba íntimamente ligada a manifestaciones
espirituales. Los complejos y continuos rituales eran realizados
de manera comunitaria, y esto fue usado por los misioneros
para encaminar a las comunidades a los rituales cristianos, y al
tiempo, se fue haciendo costumbre y después tradición, lo que
hacía que, a través de los siglos, los anahuacas en la Colonia y
después, en los dos siglos de neocolonialismo criollo, la religión
católica fue, -al mismo tiempo-, usada por los colonizadores,
como también por los colonizados, como un instrumento de
“poder”. Debe recordarse que, en el estallido social de 1810,
Miguel Hidalgo, José María Morelos y Mariano Matamoros, entre

119
los más reconocidos religiosos, lucharon con los anahuacas, y
que, muchos curas del bajo clero se sumaron a la revuelta.

Pero, también, debe mencionarse, que las manifestaciones de


la sacralidad-religión ancestral tolteca, siguen presentes en el
México contemporáneo. No solo con ritos, como el llamado de
“La Santa Muerte”, que es un sincretismo religioso con fuertes
raíces ancestrales. Podemos afirmar que, la religión católica en
México, ha vivido un profundo y complejo sincretismo, que
hace difícil separar el ritual impuesto con el propio. También,
debe tomarse en cuenta, que en el mundo rural y aún en el
urbano, existen ciertos grupos de personas que poseen
fragmentos de la antigua religión. Brujos, hechiceros,
diableros, poseen ciertos conocimientos y rituales, que tienen
una influencia anahuaca.
Creemos que si los pueblos anahuacas, no hubieran decidido
cambiar de religión, por más terror, violencia y presión que
aplicara el colonizador y sus instituciones, no se hubieran
podido hacer el cambio o el sincretismo. Existen muchos
ejemplos históricos, -antiguos y contemporáneos-, de que,
cuando a un pueblo se le obliga a través de la coerción a
cambiar de religión, el pueblo no la cambia.

Finalmente, podríamos decir, que “la espiritualidad” ancestral


anahuaca no se ha perdido totalmente. En especial en los
pueblos llamados, “indígenas” (anahuacas), que han
mantenido una, tenaz e incansable lucha de resistencia, para
mantener su contacto íntimo y personal, con “Aquél por quien
se vive”.

120
UN ROSTRO PROPIO, UN NOMBRE VERDADERO

Somos hijos de los hijos de una de las más antiguas


civilizaciones del planeta. La que alcanzó el más alto nivel de
desarrollo humano, -para todo el pueblo-, en la historia de la
humanidad. Desde la invención del maíz, la milpa y el calpulli,
hasta nuestros días, han pasado diez mil años.
Sin embargo, desde hace 500 años, fuimos invadidos y
ocupados por fuerzas militares y económicas foráneas- que
desde 1521, destruyeron nuestras leyes, instituciones y
autoridades ancestrales. En su lugar, impusieron, nuevas
leyes, instituciones y autoridades de carácter colonial. Tres
siglos a favor de la corona española, y los dos últimos, al
servicio de una “ideología criolla” de extranjeros avecindados.
La base de la colonización, “cinco centenaria”, se fundamenta
en la “amputación” de cinco elementos culturales estructurales
a los pueblos invadidos-ocupados. Como persona, familia o
pueblo, cuando se les amputa: los lenguajes, la memoria, los
conocimientos, los espacios y la espiritualidad; las personas,
las familias y los pueblos quedan hechos, literalmente polvo.
Se convierten en “nada”. Es decir, en zombis que han perdido
la forma de expresarse de manera oral, artística o política.
Quedan mudos, silentes e indefensos para siempre.
Cuando les amputan su memoria histórica, cuando no saben,
de dónde vienen, quiénes fueron sus antepasados, cuáles sus
logros, cuáles sus alcances, cuáles sus fracasos y sus desafíos,
el pueblo queda amnésico, ignorante de sí mismo, ausente. Sin
dignidad, sin un rostro propio, vagan dado tumbos en “el
laberinto de la soledad”.
Cuando se les amputan sus conocimientos, todo su potencial
creador y su sabiduría ancestral, queda invalidado. Los
convierten en seres estúpidos, impotentes de crear y recrear el

121
mundo en donde viven. Ineptos e incapaces, siempre en espera
de que personas o ideas de afuera, vengan a resolver sus
problemas.
Cuando les quitan todos los espacios. No solo los espacios
físicos, como las mejores tierras. Sino los espacios
comunitarios, sociales, políticos, sagrados. Los dejan “en el
aire”, sin raíces y cimientos para “construir” de manera física e
intelectual, de manera individual o colectiva.
Y finalmente, cuando les quitan la milenaria espiritualidad, y se
les impone a sangre y fuego, una religión ajena, en la cual,
quedan excluidos; pierden la espiritualidad y el sentido sagrado
del mundo y la vida. Se convierten en fanáticos idólatras de
“algo”, que no entienden cabalmente.
Cuando a una persona, a una familia o a todo un pueblo, le
apuntan estos cinco elementos culturales esenciales, el
resultado es la vulnerabilidad, la inseguridad y la violencia. Se
convierte en un “colonizado-colonizador”, que pretende
explotar a sus hermanos y depredar a la Madre Tierra, siempre
dispuestos, sin dignidad, a entregarse “al mejor postor”, aptos
para que otro los explote y los humille impunemente. Pero al
mismo tiempo, prestos para humillar y a explotar a un
hermano.

En 1821 los criollos deciden, junto con los gachupines, hacer


las paces, después de los once años de lucha fratricida, y
fundar “su país”, para independizarse de la corona española.
En 1824 crean lo que ellos llamaron equivocadamente
“México”, inspirados en la cultura mexica, toman nombres y
símbolos para crear un “país”, como los que empezaban a
formarse en Europa. El problema es que no todos los habitantes
de este país son “mexicas”, de modo que la gran mayoría, con
propiedad, no son “mexicanos”, sino anahuacas.

122
En 1828 los criollos, expulsan a sus aliados los gachupines, e
inician una lucha fratricida, política y militar, que nos alcanza
hasta nuestros días. Dos siglos se la han pasado, entregando
“su país” a las fuerzas políticas y económicas extranjeras, en
medio de una pugna entre liberales contra conservadores,
federalistas contra centralistas, priistas contra panistas. En
menos de un siglo perdieron Norte América, Centro América y
el Caribe. Han perdido la auto suficiencia alimentaria, la
soberanía económica, energética, científica, educativa, cultural
y política.
Han sido torpes, ineptos y corruptos en la administración de
“su país”, y totalmente deslamados con el pueblo de “su país”.
Llevándolo a niveles preocupantes e inaceptables de pobreza,
ignorancia y, sobre todo, de violencia. “Su país” en estos dos
siglos, lo han manejado irracionalmente con un sentido
empresarial y ahora, están viviendo literalmente la quiebra de
“su empresa”, ya que su cliente principal, les da la espalda y
les pone “un muro”.

En estos dos siglos, la gente en el poder de ideología criolla, ha


buscado modelos para “su país”. El francés en el siglo XIX y el
norteamericano en el siglo XX. Al mismo tiempo, como son
nacidos de una Colonia, son herederos de un complejo de
inferioridad, pues a final de cuentas, son “bastardos
culturales”. Desprecian la cultura de la tierra que los asiló,
anhelan la tierra que los expulsó, pero son despreciados por
esa tierra ya lejana y diferente a la que ya no pertenece. No
son, ni de aquí ni de allá.
Octavio Paz habló del “laberinto de la soledad”, pero Guillermo
Bonfil Batalla, es más profundo. Nos habla de la existencia de
dos Méxicos que luchan permanentemente desde 1521. Uno,
es un “México profundo”, que hunde sus raíces en diez mil años
de desarrollo humano, el otro, un “México imaginario”. Afirma

123
que es imaginario, no porque no exista, sino porque teniendo
el poder, nunca ha tomado en cuenta, en su proyecto de
nación, al “México profundo”. En general, el “México
imaginario” se vale de “la ideología criolla”, para gobernar y
administrar “su país”.
Hoy, después de cinco siglos de invasión y ocupación, la
mayoría de los que vivimos en este país somos mestizos. Más
allá del fenotipo, esencialmente, todos, somos mestizos de
manera cultural. Los nueve mil quinientos años de desarrollo
humano endógeno y el interactuar con la Tierra y la
biodiversidad, nos han dado un perfil básico, con todas las
variantes posibles, creadas por los fenotipos, las culturas y las
zonas geográficas. Todos somos mestizos culturalmente, -
TODOS-, incluidos los llamados “pueblos originarios”, y los
extranjeros avecindados recientemente.

Pero no cabe la menor duda, que la base, “la esencia y raíz”,


de nuestro mestizaje, es, indiscutiblemente generado por la
Civilización Madre, es decir, la Civilización del Cem Anáhuac. La
forma de entender “el mundo y la vida”, tiene sus cimientos en
los diez mil años de desarrollo humano. El concepto de la
familia, la muerte, el trabajo, la amistad, la comida, y un largo
etcétera, están más cerca de la raíz Madre, que de cualquier
aportación foránea.
El problema es que, por los procesos de colonización cultural y
mental, el pueblo en general, “es un extranjero inculto en su
propia tierra”. Sabe de los griegos y los romanos, pero de los
olmecas y toltecas, no sabe absolutamente nada. No sabe, que
nuestros Viejos Abuelos inventaron el maíz, la milpa, el cero
matemático, la primera calculadora del planeta, la cuenta
perfecta del tiempo, el chocolate, la vainilla, etc. Que tuvieron
el primer sistema de educación, público, obligatorio y gratuito
del mundo. Un eficiente sistema de alimentación y de salud. La

124
democracia más antigua y en operación del planeta. Que
fuimos la civilización que alcanzó el más alto grado de
desarrollo humano para todo el pueblo. La civilización que
construyó más pirámides del mundo antiguo.
Es justamente por no saber, quiénes fueron nuestros
antepasados, que no sabemos quiénes somos nosotros. Como
no sabemos quiénes somos, no sabemos lo que queremos,
como no sabemos lo que queremos, vamos de moda en moda,
de copia en copia, sin ser y hacer nada. Es la razón que explica
la realidad de “este país” de amnésicos, catatónicos,
indiferentes y pusilánimes. Que, de tiempo en tiempo tienen
relámpagos efímeros de conciencia, que desembocan en
estallidos de violencia, que, inmediatamente se autocontrolan.

En estos dos siglos de ineptitud, corrupción y entreguismo, en


que la dirigencia con mentalidad criolla ha llevado a la quiebra
a este país, “su país”. Todas las luchas armadas, han sido,
“quítate tú, para que me ponga yo”, y todas las luchas políticas
son, “que todo cambie, para que todo siga igual”. Siempre las
grandes potencias y los grandes capitales han guiado el pobre
destino de “la patria de los criollos y para los criollos”.
Sin embargo, el pueblo del país de los criollos, tiene, una
Matria. En efecto, la patria, es el lugar de nuestros padres. Pero
la patria de los mexicanos, ha sido díscola y miserable con sus
hijos. Los ha tratado, como un padrastro explotador, tacaño y
desalmado. La Matria en cambio, ha sido, durante estos diez
mil años, amorosa, generosa y solidaria. Nos referimos a La
Madre Cultura. Si los mexicanos en estos dos siglos no han
muerto de hambre y de enfermedad, es gracias a la bondad y
sabiduría de la Madre Cultura.
El modelo colonial, eurocentrista, consumista materialista, que
llegó con la implantación de la Modernidad, desde 1492, está
llegando a su final. La catástrofe ambiental y humana, no tiene
125
comparación en los diez mil años que tiene el ser humano de
vivir en civilizaciones. Se requiere un nuevo modelo de ser
humano, de familia, de sociedad y de país. No se debe cometer
el mismo error de buscar “afuera, lo que tenemos adentro”. No
se debe cometer el error, de transformar este país con las
mentalidades y las instituciones coloniales, porque de hacerlo,
sería, “más de lo mismo”.

El futuro de este país está en el pleno y profundo conocimiento


descolonizado de su pasado ancestral. De la sabiduría que
inspiró a nuestros antepasados a alcanzar el más alto nivel de
desarrollo humano. Por esta razón, “El Futuro de México, está
en su pasado”. Se requiere, antes que nada, cambiar el
“modelo de ser humano”, sus valores y principios, de vida
personal, familiar y comunitaria.
No existe ningún camino hacia afuera, que antes no se haya
recorrido hacia adentro. Tenemos que iniciar la
descolonización. Requeriremos tener una memoria histórica
completa, clara y descolonizada. Necesitamos acrecentar
nuestra identidad cultural, para fortalecer nuestra auto estima
y dignidad. Solo así, podremos dar pasos seguros en la
construcción de una nueva forma de vivir y convivir, entre
nosotros y con los demás seres vivos con los que compartimos,
este tiempo y este espacio.
Necesitamos un rostro “propio-nuestro” y un nombre
verdadero. Somos hijos de los hijos de la Civilización del
Anáhuac, este país volverá a ser ANÁHUAC y sus hijos
anahuacas.

126
No se trata de “volver al pasado”. Por el contrario, se necesita,
por primera vez en estos dos siglos, ver hacia el futuro, pero
con la sabiduría de lo mejor de nuestro milenario pasado.
Ya lo hicimos una vez en el pasado, y lo podremos volver a
hacer en el futuro.
Lo difícil no es hacerlo, sino imaginarlo.
Primavera de 2017.
Oaxaca.

127
LA PATRIA Y LA MATRIA.

La creación del país llamado “México”, es y ha sido, a lo largo


de estos 196 años, asunto de un puñado de extranjeros o hijos
de extranjeros avecindados en el Anáhuac. Los criollos y los
gachupines, que habían estado en guerra fratricida a partir de
1810, llegan a un “acuerdo” de hacer las paces y crear “su
propio país”, de ellos y para ellos, de las ruinas que quedaban
del Virreinato de la Nueva España, después de once años de
guerra devastadora.
El territorio que recibieron los criollos en 1821 iba desde lo que
hoy es Panamá hasta la frontera con Rusia, ya que todavía no
vendían los rusos a Alaska y las fronteras con Canadá eran
inciertas. En este gran territorio estaba integradas las Islas de
las Antillas. Esta gran extensión de tierra, la perdieron los
criollos por su incapacidad y nulo sentido de pertenencia,
“nunca ha sido suya”, lo que hoy es México, para ellos, siempre
ha sido un “territorio ocupado” para hacerse ricos.
Las personas de ideología criolla jamás han amado y sentido
responsabilidad y compromiso con los pueblos anahuacas que
han vivido por miles de años en estos territorios. Los han usado
en sus permanentes guerras, como soldados de leva, o como
votos cautivos en sus luchas políticas, o como mano de obra
esclava o de salario mínimo. Siempre los han engañado, lo
mismo para llevarlos a morir en sus campañas militares, que
en sus campañas políticas. Les prometen cada seis años y los
engañan una y otra vez. Esto ha sucedido porque el pueblo no
tiene memoria histórica y menos identidad cultural ancestral.
De modo que cuando en México se habla de “patriotismo”, se
debe uno preguntar, si la “patria” fundada por los criollos ha
tratado igual a todos sus hijos. La injusticia, la impunidad, el
abuso, casi siempre ha sido el método con el cual, la patria, ha
tratado a sus hijos. La patria siempre ha estado del lado de las
128
empresas e intereses extranjeros. La patria siempre ha estado
del lado de los caciques, de los terratenientes, los
comerciantes, los industriales. La patria siempre ha estado del
lado del partido político en el poder. La justicia de la patria, al
pueblo, siempre le ha dado la espalda. No lo escucha, lo ignora
y lo desprecia.
El “modelo económico” de la patria, desde sus inicios, siempre
ha sido: que los capitales extranjeros inviertan en “nuestro
país”, nosotros ponemos la mano de obra esclava y los recursos
naturales a discreción, y nos hacen socios o sus empleados de
lujo. México para los criollos ricos, ha sido y es, un lugar para
“exportar capitales” a sus tierras de origen.
Los hijos originarios de estas tierras, los “sin nombre, los
descubiertos, los sin alma, los robados, los masacrados y los
explotados”, “para ellos”, no caben los conceptos de México,
patria, nación, nacionalismo, identidad e historia”.
Ellos, “los prehispánicos, los indios, los precolombinos, los
precortesianos, los indígenas, los naturales, los aborígenes, los
nativos, los autóctonos, los mesoamericanos, los yopes, los
nacos, los prietitos, los hijos de la conasupo, los peladitos, los
sub y desempleados, los de abajo”.
A los que les quitaron: la lengua, la memoria histórica, los
conocimientos, los espacios y la espiritualidad, con la llegada
de los extranjeros y la colonización. Los desposeídos de sus
milenarias leyes, autoridades, instituciones, producto de una
de las seis civilizaciones más antiguas y con origen autónomo
del mundo, y, sobre todo, la que alcanzó el más alto nivel de
calidad de vida para todos, desde 1521, no tienen “ni rostro ni
corazón”, son invisibles y totalmente prescindibles.
Han vivido invadidos, ocupados, depredados. Tres siglos a
manos de los gachupines y dos siglos a manos de los criollos.
Desde Iturbide hasta Peña Nieto, los que gobiernan, han sido y

129
son, “un puñado” de gente extraña, enemigos y explotadores
implacables del pueblo.
La Patria es de ellos y para ellos. La MATRIA, en cambio, es y
ha sido del pueblo, de los anahuacas. La Patria les ha dado a
nuestros “padrastros”, riqueza y poder, el problema de “ellos”,
es que desde siempre se han estado peleando entre ellos y
entregándose al extranjero.
La Matria en cambio, les ha dado a sus hijos, sabiduría,
experiencia para resistir, alimento, medicina, educación y
organización, con la cual han hecho una verdadera epopeya de
resistencia.
La patria de los criollos y para los criollos, tiene apenas 196
años de una triste y sombría historia. La Matria, en cambio,
tiene diez mil años y es la fuerza, la sabiduría y el futuro del
pueblo. El futuro del Anáhuac está en el conocimiento pleno de
su pasado.

130
SI NO TE NOMBRO, NO TE RECONOZCO…NO EXISTES

Desde 1492, la invasión al Anáhuac y al Tawantinsuyu formó


parte de una estrategia, de las fuerzas más oscuras y
retrógradas, por destruir y desaparecer la civilización
continental, que abarcaba desde lo que hoy es Alaska hasta la
Tierra del Fuego, conocida en el Norte del continente como Cem
Anáhuac y en el Sur, como Abya-Yala. En efecto, la civilización
china conocía la existencia y los grandes alcances de los seres
humanos de este lado del Océano Pacifico. La información que
recibió el Vaticano, más los mapas chinos, fueron los elementos
para que “los mercaderes” y la iglesia católica vinieran a
apoderarse de la riqueza y a destruir el conocimiento y la
sabiduría ancestral, que había sido inventados y sistematizados
durante miles de años en el continente. Estos conocimientos y
esta sabiduría permitieron el mayor “desarrollo humano”, para
una amplia parte de la población del continente.
A la caída del Imperio Romano, y al paso de los siglos, la iglesia
católica tomó el poder de la “península europea”; y como los
pueblos barbaros y guerreros del Norte habían sido
evangelizados, el Vaticano, para asegurar el diezmo de nobles
como de ciervos, se dedicó, ardua y exhaustivamente, a
perseguir y asesinar a las personas de conocimiento ancestral
de la península europea y a destruir las religiones ancestrales.
No podía existir ninguna sabiduría, conocimiento y religión, que
atentara contra su poder material y religioso. Mil años de este
holocausto y epistemicidio en Europa, fueron el antecedente de
la invasión, ocupación y destrucción de la civilización en el Cem
Anáhuac y en Abya-Yala. Se conjugaron la ambición material y
la intolerancia hacia el conocimiento, la sabiduría y la religión
que no fuera la europea. Esto produjo uno de los mayores
holocaustos y epistemicidios de la historia de la humanidad,
que ha durado cinco siglos.

131
El problema, es más profundo y obsceno. Lo que pretende
hacer el neocolonialismo ideológico y cultural, es mantener
“desconocidos e innombrados” a nuestros Viejos Abuelos, un
pueblo que creó la civilización que alcanzó el más alto
desarrollo humano en la historia de la humanidad. “Si no te
nombro, no te reconozco”.
La civilización invadida SI TIENE UN MILENARIO NOMBRE, en
la lengua franca, el náhuatl, que hablaban todos los pueblos
invadidos, se reconoce como ANÁHUAC, y, por consiguiente,
sus hijos son “anahuacas”.
El Vaticano, que ha sido “la mano que mece la cuna”, sabía,
por los chinos, qué acontecía del otro lado del Atlántico. Esta
es la razón por la cual la invasión se convirtió en un holocausto
y en el peor epistemicidio de la historia humana.
Literalmente el plan era DESAPARECER a la Civilización del
Anáhuac-Tawantinsuyu. Confundieron, los castellanos, el
mundo desconocido por conocido, y nos llamaron “indios”,
porque creyeron que habían llegado a la India. Más tarde, nos
dijeron “indígenas”, para superar el epíteto de indio, que más
que nada, refleja la ignorancia del invasor.
Pero, indígenas, son todos los pueblos del mundo, porque todos
son “originarios de su región”. Indígenas son los alemanes y
franceses. Entonces, por qué, no se utiliza el termino con los
colonizadores. Por qué, se insiste, tercamente en llamar a
nuestros abuelos: indios, naturales, aborígenes, prehispánicos,
indígenas, precortesianos, precolombinos, mesoamericanos,
pueblos originarios, etc.
El asunto es más oscuro y profundo, “si no te nombro, no te
reconozco”. En efecto, desde que Cristóbal Colón determinó
que no teníamos alma, y como tal, éramos como animales, por
lo cual no teníamos posesión de nada, y todo lo que había en
el continente era, por derecho real y divino, propiedad de las

132
coronas peninsulares y sus vasallos que venía en heroica
empresa a “descubrir y fundar”.
Para los “empresarios-mercaderes” que financiaron la invasión,
desde el propio Colón, que ahora se sabe que era un judío
catalán, todas las expediciones fueron financiadas por
particulares. “El descubrimiento” y la conquista fue una
empresa de particulares con un pago “por derechos” del 20%
de lo robado (rescatado) a la corona, llamado “Quinto Real”.
Pero “la verdadera empresa”, era la destrucción total de la
civilización invadida. No se iba a tolerar, bajo ningún motivo,
que existiera una civilización que sustentara su estructura en
la creación y desarrollo de la sabiduría y el conocimiento. Los
logros alcanzados, como la cuenta perfecta del tiempo, el cero
matemático, la invención de la primera calculadora, la
invención del maíz, la milpa y los sistemas intensivos de
producción de alimentos, como la chinampa, el poseer un
sistema de educación para todo el pueblo, entre muchos otros,
eran totalmente inaceptables para el Vaticano, que basó su
poder, a partir de la caída del Imperio Romano, en mantener a
los pueblos barbaros y guerreros del Norte, en la ignorancia
total.
En los primeros tres siglos de la invasión, se trató de destruir
todo vestigio material, intelectual y espiritual de la civilización
agredida. El Objetivo era literalmente desaparecer el
conocimiento y la sabiduría, argumentando que era diabólica y
primitiva. La supuesta evangelización, fue la coartada perfecta,
para iniciar una brutal persecución de los poseedores del
conocimiento y los seguidores de las tradiciones ancestrales,
que llegó a convertirse en un pavoroso terrorismo de Estado.
La iglesia católica en México y en todo el continente, ha
encubierto hábilmente este epistemicidio y este holocausto.
Para lo cual, la “historia antigua de México”, ha estado en
manos de la iglesia, desde Bernardino de Sahagún hasta

133
nuestros días. Estos crímenes de lesa humanidad, la iglesia,
hábilmente, los ha convertido en un humanitaria y altruista
tarea de sacrificados mártires, que lograron expulsar al
demonio y salvar las almas de “los naturales” vía la
evangelización.
A partir de la independencia política de España y la posterior
expulsión de los peninsulares, los criollos crearon “su país de
ellos y para ellos”. En este país, equivocadamente llamado
México, porque no todos sus habitantes han sido y son
“mexicas”. Los criollos durante el siglo XIX se dividieron en dos
bandos y se dedicaron a pelar política y militarmente. El país
de los criollos, fue invadido por Estados Unidos y despojado de
más de la mitad del territorio. Los conservadores, derrotados
política y militarmente fueron a Francia a pedir una
intervención en favor de sus intereses políticos y económicos.
Durante el siglo XIX, los criollos despreciaron totalmente a la
civilización Madre, a la cual, pertenecía mayoritariamente el
pueblo, y buscaron imitar a la cultura francesa. Lo anahuaca
era sinónimo de atraso y primitivismo digno de erradicarse. Fue
un tiempo en que los particulares de Europa y Estados Unidos
saquearon impunemente, el patrimonio cultural del Anáhuac,
que había sobrevivido a la barbarie colonial.
En el siglo XX y XXI, la maquinaria destructiva que inició en el
siglo XVI, sigue funcionando, ahora de manera más sofisticada.
Cuenta con el respaldo total del Estado y gobierno mexicano,
la iniciativa privada y las empresas trasnacionales. El punto es
mantener a los hijos de los hijos de los Viejos Abuelos de la
civilización del Anáhuac en una total pérdida de la memoria
histórica y la identidad cultural.
Recibe el pleno apoyo y respaldo de “la academia”.
Investigadores, científicos y artistas, encubiertos en una visión
“cientista” y europeizada del arte y la cultura, siguen
“investigado” el pasado “prehispánico del país”, con la misma

134
ideología de Hernán Cortés. Busca afanosamente, con “cuatro
tepalcates”, descifrar el gran potencial científico y espiritual del
Cem Anáhuac. Siguen descubriendo en las “ruinas
mesoamericanas”, los buscados sacrificios humanos y los
vestigios de las grandes batallas de los pueblos guerreros.
Escriben grandes libros y revistas, hacen vistosos
documentales, dan magnas conferencias, sobre “los antiguos
mexicanos”. El México prehispánico se ha convertido en un
excelente negocio para atraer al turismo. Los Tollan se
convierten con todo el cinismo y la impunidad, en
“Disneylandias prehispánicas”, para el disfrute de propios y
extraños, y la ganancia de voraces empresarios trasnacionales.
La estrategia “cinco centenaria”, ha sido y sigue siendo,
desaparecer a una de las seis civilizaciones más antiguas y con
origen autónomo del mundo. La que alcanzó el más alto grado
de desarrollo y plenitud, para todo su pueblo. La forma más
sencilla de desaparecerla es “no nombrarla”. Los hijos de sus
hijos, no saben quiénes fueron sus antepasados, se les ha
hecho pensar que fueron los mexicas. Y que, a partir del 13 de
agosto de 1521, se derrotó extinguió completamente la
Civilización del Cem Anáhuac.
Para el Estado necolonial criollo, los 7800 años del periodo
formativo representado con la cultura llamada olmeca, y los
1050 del periodo Clásico del esplendor representado con la
cultura llamada tolteca, NO TIENEN LA MENOR IMPORTANIA.
Son solo, un insignificante antecedente, para ubicar en el “altar
de la historia prehispánica”, a la cultura mexica.
Para la ideología criolla, “El Imperio Azteca”, es la base y los
cimientos de “su país”. Representan algo así, como los griegos,
de la cultura europea. Son el gran pueblo de poderosos y
valientes guerreros “que conquistaron todo el territorio”,
dominando a todos los pueblos y ubicando a la ciudad de

135
México-Tenochtitlán, como “el ombligo” del mundo
prehispánico.
De esta manera, si no se nombra a la civilización del Anáhuac,
no se reconoce su milenaria existencia. Si no se reconoce, no
existe. Si no existe, nos quedamos sin la milenaria herencia
cultural, sin la sabiduría y conocimiento ancestral. Nos
quedamos, conquistados y avasallados por 550 europeos que
derrotaron a cientos de miles de “guerreros aztecas”. Nos
quedamos, permanentemente, derrotados, sojuzgados y
vencidos, por la superioridad extranjeras, desde Hernán Cortés
hasta Carlos Slim.
Descolonizar es dignificar, es humanizar y crear los cimientos
para un país, donde se acaben para siempre: los vencedores y
los vencidos. Un país en el que todos estemos incluidos y que
todos gocemos de las mismas oportunidades y derechos. Un
país, digno de nuestro luminoso y ancestral pasado.

136
NI AZTECAS NI MEXICAS, FALSA LA HISTORIA
“PREHISPÁNICA” DE MÉXICO.

Los graves problemas que aquejan a la nación, tienen una


génesis estructural en la memoria histórica y la identidad.
Porque, como personas, familias y pueblo, “somos lo que
recordamos”. El sistema colonial en el que vivimos, está
justamente sustentado en que, el pueblo y todas y cada una de
las personas, no sepan, en verdad, “de dónde vienen, quiénes
son y a dónde van”.
El pueblo ha vagado ciego a tropezones en este infierno de
injusticias llamado “Laberinto de la Soledad”. El Estado
necolonial de ideología criolla, ha amalgamado una serie de
mentiras y verdades a medias para crear su “historia oficial”.
Nos dejan ignorantes y amnésicos. “Así nos quieren, así nos
necesitan”.
El país de los criollos y para los criollos, indebidamente se llama
“México”, porque ese nombre viene de mexica y no todos
descendemos de ellos. Pero el problema es más grave. La
“historia prehispánica” de este país, se basa en “la supuesta
historia de los mexicas”. Estos fundaron Tenochtitlan
“oficialmente” en 1325 y fue destruida en 1521, es decir, 196
años de duración.
Mientras los toltecas tuvieron 1050 años de esplendor. O los
zapotecas tardaron 1350 años en construir el Tollan de Daany
Beédxe (Monte Albán). Cómo es posible que el último pueblo
nómada en llegar al Valle de México, como cazador y recolector,
sea el representante de la historia ancestral de todos los
habitantes de este país.
Por qué no son los mayas, zapotecos, mixtecos, nahuas-
toltecas, purépechas, por citar algunas culturas que tienen una
historia desde la invención del maíz y la milpa, por lo menos

137
desde hace 3500 años. Por qué, para cuestiones de identidad
ancestral, son los mexicas, “la cultura elegida por la ideología
criolla” para referirse al pasado “prehispánico de nuestra
identidad cultural”. Aquí hay “gato encerrado”.
Sabemos que la clase en el poder, desprecia e ignora la historia
y cultura de los pueblos anahuacas. Para ellos, solo los griegos
y romanos tienen significado y valor. “La catedral del México
prehispánico”, es decir, El Museo Nacional de Antropología e
Historia de la Ciudad de México, tiene en su sala principal a “los
mexicas”; los toltecas, mayas y zona oaxaqueña, ocupan un
segundo plano, son espacios pequeños y laterales.
Por qué tanta insistencia del Estado necolonial criollo en
tergiversar la historia. Por qué no quieren que el pueblo
conozca “La Verdadera Historia del México Profundo”. Por qué
no quieren que el pueblo sepa que nuestros antepasados, miles
de años antes de la invasión europea, inventaron el maíz, la
milpa, el cero matemático, la primera calculadora o la cuenta
perfecta del tiempo. ¿Por qué?
En el libro de texto historia de la SEP, en Televisa y Tv azteca,
los aztecas o mexicas se nos presentan como: Un gran Imperio,
dueños de todo el país, feroces guerreros, etc. Por qué, hacen
creer al pueblo que todo su pasado “prehispánico” (antes de
los españoles, o sea, ellos), solo fueron los aztecas o mexicas.
Por qué no se le enseña al pueblo la Pirámide de desarrollo
Tolteca.
Por qué, no se le informa que aquí, en el Anáhuac, muchos
siglos antes de la invasión se inventó el primer sistema de
educación, obligatorio, público y gratuito de la humanidad. Por
qué, a los profesores en las Escuelas Normales, no se les
enseña la Historia de la Educación Ancestral del Anáhuac. Su
filosofía, pedagogía y didáctica tolteca.

138
Por qué, no se enseña en los sistemas de educación primaria,
secundaria y bachillerato, los 9500 años de historia “propia-
nuestra”, sin la presencia de los invasores europeos.
Por qué, el pueblo no sabe nada de la TOLTECÁYOTL, tan
antigua como el budismo, el hinduismo, el confusionismo, etc.
Por qué, China e India, si lo hacen con su pueblo y los que
tienen el poder económico, político, cultural y educativo, no lo
permiten.
Por qué, nos han educado en la ignorancia y en
desconocimiento de lo mejor de nosotros mismos. Por qué, solo
los aztecas o mexicas son el referente “prehispánico” del
pueblo. Mucha gente que “superficialmente” pretende llegar a
su raíz, se queda solo en los 196 años de los “mexicas o
aztecas”.
Mientras ignoremos “La Historia Verdadera del México
Profundo”, seguiremos perdidos y desolados en el “Laberinto
de la Soledad”. Ajenos a nuestra verdadera historia. Huérfanos
y “desmadrados”, incapaces e inseguros. “Así nos quieren, así
nos necesitan”
https://www.youtube.com/watch?v=JufUSzGku7w
Pero como siempre, la historia de México, “el país de los criollos
y para los criollos”, nacido apenas hace 196 años, LA HISTORIA
LA ESCRIBEN LOS VENCEDORES Y LOS EXTRANJEROS, que no
es igual…pero es lo mismo.
El nombre de aztecas se lo pusieron en el siglo XIX, los
extranjeros (para variar). Alexander Von Humboldt (alemán)
en su obra titulada Ensayo Político sobre el reino de la Nueva
España escrito en 1811, nombra a “los aztecas” por venir de
Aztlán.
Y William H. Prescott nombra a los mexicas como aztecas en
su obra “Historia de la Conquista de México”, en 1843, porque

139
en inglés el nombre de mexica, se confundía con el de
“mexican” en inglés.
El primer extranjero que escribió “mexica”, fue Cortés. Sin
embargo, el primer “transformador” del verdadero nombre del
pueblo que fundó Tenochtitlán fue Tlacaélel.
En efecto, el nombre verdadero del pueblo es MIXTIN, no
mexica o azteca. Fernando Alva Ixtlilxóchitl, habla de ellos y
dice que eran chichimecas que llegaron a Colhuacan y después
migraron al islote que posteriormente se llamará Tenochtitlán
y otra parte se fue a fundar un barrio de Texcoco, que
actualmente se sigue llamado mextim.
Debe recordarse que el cihuacóatl de tres tlatoanis de
Tenochtitlán, cuando tenían un relativo y efímero poder, mandó
destruir los antiguos códices y memoriales, donde se
documentaba la llegada de los mextin, como chichimecas
nómadas, que no hablaban la lengua náhuatl, vestían pieles y
comían carne y alimento que cazaban y recolectaban como
semillas y frutos.
Mandó escribir “su gloriosa historia” y cambió el nombre de
mixtin por mexica, para desligarse de su pobre pasado. Se
apropiaron de una ancestral historia de la famosa
peregrinación. Historia fundacional de los primeros pobladores
del Anáhuac.
La historia de los mexicas es falsa, la historia de la fundación
de Tenochtitlán es falsa. La historia de la conquista es falsa.
Los mextin llegaron con Tenoch de las llanuras del Norte, se
asentaron en Colhuacan, que era una población muy antigua
de estirpe tolteca.
Tuvieron un problema, y una parte de los mextin se fueron a
vivir al islote, que después llamarán Tenochtitlán, y la otra
parte, se fue a vivir a Texcoco, donde fundarán un barrio, que
hoy se reconoce como de los mextin.

140
El pueblo de este país está totalmente engañado. Su verdadera
historia ha sido secuestrada. Los miles de años de historia
“ancestral propia-nuestra”, han desaparecido a manos de
Tlacaélel, los misioneros españoles, los anahuacas convexos,
los historiadores y los académicos, que, sin el menor sentido
crítico, siguen tomado los textos escritos en el siglo XVI, como
“fuentes” fidedignas.
Somos los hijos de los hijos de una de las seis civilizaciones
más antiguas de la humanidad y con origen autónomo. Y, en
general, no sabemos absolutamente nada de los diez mil años
de historia “propia-nuestra”. Lo poco que sabemos es de los
“aztecas y mexicas” que los españoles derrotaron. Algunos
“mexicanos” se aferran de manera fanática a sentirse,
“mexicas y feroces guerreros aztecas”.
Tocan la raíz, pero por encima, no profundizan, no investigan,
no estudian. Se aferran al pasado oficial que el Estado
necolonial criollo, les ofrece. Descolonizar es dignificar.

141
LA VERDAD SOBRE SOBRE LA CREACIÓN Y USO DE LA
MEXICÁYOTL POR EL ESTADO MEXICANO.
La reivindicación de la tradición prehispánica (mexica-azteca)
[…] ha sido otro argumento de esa gran demagogia a lo largo
de su historia del PRI para perpetrase en el poder.
Mario Vargas Llosa.
Una inmensa ola, como un sunami cultural, está cayendo
encima de muchas personas, que ante el fracaso y derrumbe
del “La Modernidad”, están buscando “sus raíces ancestrales”
en el “Pasado Prehispánico” de México, como una forma de
volver a la esencia, a la raíz de una vida apegada a valores y
principios humanos que nos ofrezcan espacios de armonía,
plenitud y equilibrio.
El problema y el desafío de esta búsqueda, es caer en la
“comodidad de un producto” mercadológico llamado “la
mexicanidad”. En efecto, El Estado Necolonial criollo, heredero
directo del Virreinato de la Nueva España, solo que ahora, en
vez de gachupines, son los criollos, los que toman el poder y el
control. Para ellos, crean en 1821 un país, “de ellos y para
ellos”, al que indebidamente le llamarán México (porque no
todos somos mexicas), manteniendo en esencia, las mismas
condiciones de injusticia, explotación y depredación que sus
antepasados nacidos en la península Ibérica.
En la década de los años setenta, surge un movimiento de
recuperación y revaloración de la tradición de la civilización
Madre, pero, equivocadamente, asumen la raíz ancestral y la
esencia cultural en la mal llamada cultura azteca o mexica.
A partir de las danzas concheras, que tienen su origen en los
pueblos de La Gran Chichimeca, especialmente en lo que hoy
es el estado de Querétaro y Guanajuato; y que, en los últimos
cinco siglos lograron, a través de la cultura de resistencia,

142
mantenerse en los atrios de los templos católicos, y de una u
otra forma, mantener viva la tradición ancestral.
En la Ciudad de México, en los años setenta del siglo pasado,
surgieron los grupos de danza guerrera o azteca, o mexica.
Jóvenes de aquél entonces, que pasaron de la danza conchera
a la danza guerrera. Y que, de manera superficial, tomaron de
la “historia oficial”, la bandera de la cultura azteca o mexica,
para comenzar en la recuperación de su “ancestral pasado”.
Sin una visión crítica y analítica, menos aún, descolonizada,
abrazaron y exaltaron ciegamente el discurso oficial sobre el
“Imperio Azteca”. Discurso que fue creado desde el mismo siglo
XVI por los conquistadores, quienes crearon en sus mitos,
fantasías y mentiras sobre los vencidos, la grandeza de su
heroica conquista.
Exageraron la grandeza, el poder y la barbarie de los
conquistados, pues ellos, -según la historia oficial-, “siendo un
puñado de valientes y devotos soldados”, vencieron a cientos
de miles de guerreros aztecas, gracias a la superioridad
cultural, tecnológica y religiosa. De esta manera, ganaron para
el verdadero Dios, la corona española y la civilización, un
inmenso imperio.
En el siglo XVIII, con el padre ideológico del criollismo,
Francisco Javier Clavijero, se empieza a crear del “Imperio
Azteca, un símil del Imperio Romano”. Raíz ancestral, -según
ellos-, de un pasado mítico de lo que en 1821 será México. Esta
es la razón por la cual, los criollos le ponen a su país el nombre
de México, en honor de la Gran México Tenochtitlán, usando los
símbolos mexicas para hacer su escudo nacional.
El Estado necolonial criollo a partir del final de la Revolución,
crearán, con la SEP, un proyecto nacionalista, monolingüe,
mono étnico y mono cultural, en el cual, el mejor indio será el
muerto. Los aztecas o mexicas serán usados como un “pasado
épico superado”, y el “indio” contemporáneo, deberá ser
143
“rescatado, castellanizado e integrado” a la “cultura y proyecto
nacional”. Y de oponerse y resistirse, condenado al genocidio.
En la década de los años sesenta, se crea el Museo Nacional de
Antropología e Historia, es el momento en que “el sistema”,
incorpora, de lleno, a su proyecto de nación al pasado
“Prehispánico”, como fuente de identidad y origen del Estado
Mexicano. La sala principal del museo la ocupará la cultura
mexica, pasando a segundo plano las demás culturas del
Anáhuac.
La cultura mexica o azteca, (aunque su verdadero nombre es
“mextin”, fue Tlacaélel el que le cambió el nombre por mexica,
y en el siglo XIX, Humboldt les puso aztecas), es el emblema
del Estado necolonial criollo. Los mexicas como un pueblo
guerrero, comerciante, dominador y explotador, -según la falsa
historia oficial- de “todo el México antiguo”, serán “los viejos
abuelos” del mexicano moderno. Reduciendo la historia
milenaria de una de las seis civilizaciones más antiguas y con
origen autónomo del planeta a solo 196 años de duración.
Es decir, desde la fundación de México-Tenochtitlán por
cazadores-recolectores, en 1325 a su destrucción en 1521 por
sus vencedores, -de ayer y de hoy-, los invasores extranjeros.
De esos 196 años de Tenochtitlán, solo tendrán un relativo
poder 81 años. Desde que Moctezuma Ilhuicamina y Tlacaélel
toman el poder, como tlatoani y cihuacóatl respectivamente.
De esta manera, en la historia oficial del Estado necolonial
criollo, la moderna y efímera Mexicáyotl, eclipsa y desplaza a
la milenaria Toltecáyotl. Crea un mito histórico que “explica” un
devenir histórico de poder y dominación del centro a la
periferia. Una historia que “explique la realidad histórica”, en
donde unos cuantos, tengan el poder y la supremacía de los
demás. En donde pocos tienen mucho y muchos no tienen
nada. “Porque la historia siempre ha sido así, de vencedores y
vencidos. Así que, resignenese”.

144
En los años ochenta, Televisa pasó al aire un programa en el
que moderaba Enrique Krause y “palomeaba el sumo sacerdote
de la kultura nacional”, el poeta e intelectual Octavio Paz. En
este programa el peruano, que más tarde será Premio Novel de
Literatura, Mario Vargas Llosa, dará una sentencia magistral,
por la agudeza, la profundidad y la verdad, de lo que ha sido y
es, el Estado mexicano.
Vargas Llosa pondrá dos calvos ardientes en la esencia del
Estado necolonial criollo. Dos verdades que, hasta la fecha, no
han podido ser, y que, siguen dando el poder a un pequeño
grupo de poderosos en el país.
La primera verdad, es que “el sistema político de México es una
dictadura perfecta”. Y el segundo es que: El Estado Mexicano
ha usado a la “historia Prehispánica mexica, como una
demagogia cultural para mantenerse en el poder.”
Citamos lo dicho texturalmente por Mario Vargas Llosa en la
televisión mexicana.
“México es la dictadura “camuflada”, de tal modo que puede
parecer, no ser una dictadura, pero tiene, de hecho; si uno
escarba, todas las características de una dictadura. La
permanecía, no de un hombre, pero si, de un partido, un
partido que es inamovible. Un partido que concede suficiente
espacio para la crítica, en la medida que esa crítica le sirva,
porque confirma que es un partido democrático. Pero que
suprime, por todos los medios, incluso los peores, aquella
crítica que de alguna manera pone en peligro su permanencia.
Una dictadura, que, además, ha creado una retórica que lo
justifica, una retórica de izquierda, para la cual, a lo largo de
su historia, reclutó, muy eficientemente a los intelectuales, a la
inteligencia. Yo no creo que haya en América Latina, en ningún
caso de sistema de dictadura, una que haya reclutado tan
eficientemente al medio intelectual, sobornando lo de una
manera muy sutil, a través de trabajos, a través de

145
nombramientos, a través de cargos públicos, sin exigirles, una
adulación sistemática, como si lo han hecho los dictadores
vulgares. Por el contrario, pidiéndoles una actitud crítica,
porque es la mejor manera de garantizar la permanencia de
este partido en el poder. Un partido de hecho, único, porque
financiaba a los partidos opositores. Esa dictadura, es una
dictadura, puede tener un nombre especial, una dictadura muy
especial, muy su generis, muy diferente, pero es una dictadura,
por tanto, es una dictadura, que todas las dictaduras
latinoamericanas, desde que yo tengo uso de razón, han
tratado de crear algo equivalente al PRI en sus propios países.
En el Perú, el dictador Velasco, trató con todo su equipo de
intelectuales reclutados de formar una especie de PRI peruano,
pero no funcionó. Alan García, trató de crear un PRI peruano.
El intento de nacionalización de todo el sistema financiero, fue
hecho, con el intento de crear un sistema semejante, para
garantizar ese tipo de permanencia, que ante el resto del
mundo pudiera ser camuflada, como ha sido el caso de la
dictadura mexicana. Y me atrevo a decir también, que no
solamente a la permanencia del poder, a la falta de una genuina
democracia interna, se puede hablar de una dictadura, como el
caso tradicional de México. Sino que, al igual que las otras
dictaduras latinoamericanas, fue incapaz de traer la justicia
social. No puedo creer que se pueda decir que, en México, haya
una mejor distribución de la riqueza, que en el país promedio
latinoamericano. Creo que las desigualdades son tan grandes y
originadas por las mismas razones de injusticia social, de
corrupción, como en otros países latinoamericanos. Entonces
la dictadura, tuvo en el caso de México, las mismas
consecuencias que tienen las otras dictaduras
latinoamericanas. Es verdad que ha habido una crítica interna
muy talentosa, muy generosa, muy valerosa de muchos
intelectuales mexicanos, naturalmente entre ellos, Octavio
(Paz), sin ninguna duda. Pero creo que es muy importante
también, denunciar el caso mexicano, espero que no se me
146
considere como “un mal invitado”, por decirlo de esa manera,
pero, como estos está democratizando, y como este país se
abre a la libertad, quiero ponerlo a prueba, y quiero decirlo aquí
abiertamente, porque eso lo he pensado yo desde la primera
vez, que vine a México, un país que yo admiro y quiero tanto.
Creo que es muy importante que se diga que en este país se
vivió y se ha vivido durante décadas, con unos matices muy
particulares, muy especiales, el fenómeno de la dictadura
latinoamericana. La revolución mexicana tiene cosas muy
admirables, sin ninguna duda. La más importante aquella que
mencionó Octavio (Paz), la reivindicación de un pasado. La
reivindicación de la tradición prehispánica, que ha sido asumida
con orgullo por el pueblo mexicano, como no ha sido asumida
en otros países, como ejemplo el mío. Esto indudablemente ha
sido una contribución muy positiva. Pero también hay que
entender que, eso, ha sido otro de los instrumentos que ha
utilizado el sistema dictatorial del PRI para eternizarse. Ha sido
otro argumento de esa gran demagogia histórica, a lo largo de
su historia del PRI, que se ha prestado a muchas falsificaciones
de tipo cultural, como, por ejemplo, la justificación de falsos
artistas, de falsos géneros artísticos, en nombre de ese
nacionalismo, que creo que es uno de los factores más
peligrosos dentro de este proceso de democratización
mexicana. Un factor, que debe ser puesto en tela de juicio y
cuestionado, si nosotros, como estoy seguro lo quieren los
demócratas mexicanos, quieren que esta democratización y
liberación en México valla hasta sus últimas consecuencias.”
Mario Vargas Llosa le puso “los dos cascabeles “al gato
sistema”, cuando dijo que: México es una dictadura perfecta, y
lo segundo, que “el sistema ha utilizado “la Historia
Prehispánica” (mexicas, aztecas y demás fantasías) para
consolidarse y eternizarse en el poder.
Hemos afirmado en varios ensayos, el peligro que se corre al
asumir la “identidad ancestral del Anáhuac”, en la cultura

147
mextin, llamada: mexica y azteca. El Estado necolonial criollo
ha “fabricado” un supuesto “imperio azteca”, que le da un
marco histórico “ancestral”, al llamado, por el Dr. Guillermo
Bonfil Batalla, “El México imaginario”. En esta fabricación,
montada con textos tomados desde el siglo XVI, como son los
de los misioneros, conquistadores y anahuacas conversos, así
como por los “académicos del sistema”, presentan a los
“mextin-mexicas-aztecas”, como la cultura más importante del
“México Prehispánico”. Una cultura que llegó al Altiplano
Central en estado salvaje en el siglo XI, y que tomó, de los
remanentes que habían sobrevivido del colapso la cultura
teotihuacana, la Toltecáyotl, para transgredirlos y conformar
una ideología mística, materialista y guerra, llamada
Mexicáyotl. De la supuesta fundación de Tenochtitlán en 1325
a su caída en 1521, transcurrieron tan solo 196 años. Y de este
periodo, solo tuvieron un relativo y limitado poder los últimos
81 años.
El Estado “mexicano”, maliciosamente exalta a la Mexicáyotl y
diluye en la nada a la Toltecáyotl, para que el pueblo no
investigue, no conozca y no busque cambiar este país, con las
bases y principios de la Toltecáyotl. La Pirámide de Desarrollo
Humano Tolteca, que nos propone trabajar con nuestra
sabiduría: la alimentación-nutrición, salud-armonía,
educación-valores, organización-democracia participativa;
para llegar a las maestrías de: la conciencia histórica, la
conciencia sacra y la conciencia energética, quedan invalidadas
ante la visión militarista-materialista mexica. Los criollos, al
Anáhuac le llamaron México, que viene de mexica. Al pueblo le
llaman “mexicano”, como si los 110 millones de ciudadanos
fuéramos descendientes de los mexicas. Así, quedan
invisibilizados los mayas, los zapotecos, los mixtecos, los
purépechas, los totonacos, los yaquis, los tarahumaras, y un
largo etcétera. Todos somos uniformados como mexicas en un
país mono cultural, monolingüe, y mono étnico. Con un
“nacionalismo uniformador”.
148
La Toltecáyotl trabaja el concepto filosófico de: la vida, la
persona, la familia, la comunidad, el calpulli, la asamblea, el
mandar obedeciendo, la comunalidad, la solidaridad, la
alimentación, la salud, la educación, la relación con todos los
seres vivos, con la Madre Querida, el planeta y el cosmos.
Sabiduría que fue creada a lo largo de diez mil años entre todos
los pueblos del Cem Anáhuac, queda invalidada con la
Mexicáyotl, que fue creada por el Cihuacóatl Tlacaélel en 81
años, a través de retomar y trasgredir una estructura de
sabiduría y de conocimiento biófila-espiritual de miles de años.
Cuando el pueblo solo se queda con la Mexicáyotl, pierde miles
de años de conocimiento, se queda con “la fronda y pierde la
raíz”, huérfano, y el Estado neocolonial criollo gana fuerza y
fortaleza, para seguir manteniendo en el poder a los
“vencedores”, del gran y poderoso imperio azteca”. El PRI,
seguirá ganado todas las elecciones, porque como lo afirma
Mario Vargas Llosa, la “Dictadura Perfecta”, ha usado esa
“demagogia histórica” para perpetuarse en el poder.
“La razón por la cual, el Estado necolonial criollo, hace creer al
pueblo que la cultura mexica es la más importante de la
civilización Madre, es para mantenerlo sometido en la
ignorancia de “sí mismo” y en la supuesta superioridad de “sus
vencedores”. Guillermo Marín.
Finalmente diremos que, el sumo sacerdote, “el Papa de la
Kultura en México”, publicó un libro con los apuntes de su
estancia en la India, cuando era Embajador de México en la
década de los años sesenta. Octavio Paz, inmediatamente
después de que le otorgaron el Premio Novel de Literatura en
1990. En este libro, Paz, pretende “explicar la cultura de la
India milenaria”, con ejemplos de la cultura del México antiguo.
El resultado es catastrófico, Paz demostró que no conocía la
Toltecáyotl y la civilización del Anáhuac, y menos aún, la de la
India.

149
"Los pueblos mexicanos no experimentaron nada semejante a
la penetración del budismo en Ceilán, China, Corea, Japón y el
Sudeste asiático.... Las culturas mexicanas vivieron en una
inmensa soledad histórica; jamás conocieron la experiencia
cardinal y repetida de las sociedades del Viejo Mundo: la
presencia del otro, la intrusión de civilizaciones extrañas, con
sus dioses, con sus técnicas y sus visiones del mundo y del
trasmundo.
Frente a la vertiginosa diversidad del Viejo Mundo, la
homogeneidad de las culturas mexicanas es impresionante. La
imagen que presenta la historia mesoamericana, desde sus
orígenes hasta el siglo XVI, a la llegada de los españoles, es la
del círculo. Una y otra vez esos pueblos, durante dos milenios,
comenzaron y recomenzaron, con las mismas ideas, creencias
y técnicas, la misma historia. No la inmovilidad sino un girar en
que cada nueva etapa, simultáneamente, fin y recomienzo. A
Mesoamérica le faltó el contacto con gentes, ideas e
instituciones extrañas. Mesoamérica se movía sin cambiar:
perpetuo regreso al punto de partida.... Los antiguos
mexicanos vieron a los españoles como seres sobrenaturales
llegados de otro mundo porque no tenían categorías mentales
para identificarlos." Octavio Paz, Vislumbres de la India. Pág.
107
"El ejemplo contrario y complementario es el de los pueblos
americanos, que no pudieron resistir a los conquistadores
europeos: sus culturas desaparecieron, a la inversa de lo que
ocurrió con los hindúes, musulmanes y chinos ante el
imperialismo europeo. El Choque entre los españoles y los
mesoamericanos fue un violento encuentro entre civilizaciones
que se resolvió por la derrota de la mentalidad mágica y la
cultura ritualista. La inferioridad científica, filosófica, técnica y
política de los mesoamericanos no explica enteramente a la
conquista." Octavio Paz, Vislumbres de la India. [pág. 114]

150
“No todo fue horror: sobre las ruinas del mundo precolombino
los españoles y los portugueses levantaron una construcción
histórica grandiosa que, en sus grandes trazos, todavía está en
pie. Unieron a muchos pueblos que hablaban lenguas
diferentes, adoraban dioses distintos, guerreaban entre ellos o
se desconocían. Los unieron a través de leyes e instituciones
jurídicas y políticas, pero, sobre todo, por la lengua, la cultura
y la religión. Sí las pérdidas fueron enormes, las ganancias han
sido inmensas.
Para juzgar con equidad la obra de los españoles en México hay
que subrayar que sin ellos –quiero decir: sin la religión católica
y la cultura que implantaron en nuestro país- no seríamos lo
que somos. Seriamos, probablemente, un conjunto de pueblos
divididos por creencias, lenguas y culturas distintas." Octavio
Paz, Vislumbres de la India. [pág. 116].
Como lo señala atinadamente Mario Vargas Llosa, el Estado
mexicano ha sido muy hábil al crear un mito y una demagogia
cultural con “el imperio azteca” para alejar y desposeer al
pueblo de la mayor riqueza filosófica-cultural de su pasado
ancestral. La instauración del culto fanático de la Mexicáyotl,
es producto de una “razón de Estado”, y hoy es se ha
convertido en “la mexicanidad” como un producto de consumo
y de moda.
La gente que fue informada solo con el libro de texto a través
de la SEP, sobre el pasado “Prehispánico” y que su referente
“ancestral” son los mexicas y la Gran México-Tenochtitlán.
Creyendo con los “mextin-mexicas-aztecas”, son los creadores
de la milenaria cultura y sabiduría del Cem Anáhuac, quedan
atrapados en “el laberinto de la desolación, de ser extranjeros
incultos en su propio país”.
El enemigo de los pueblos y culturas ancestrales del Anáhuac,
ha sido, el extranjero colonizador y depredador, quien se ha
apoderado del gobierno desde 1521 y ha impuesto sus propias

151
leyes, autoridades e instituciones. Lo mismo en el sistema
colonial que en el necolonial, no importando si son gachupines
o criollos, siempre han explotado al pueblo y depredado los
recursos naturales. Si el Estado necolonial criollo exalta a los
mexicas y al “imperio azteca”, haciendo de su “historia oficial”
el origen de su país…debemos estar alertas, ser críticos y
analíticos de su discurso.
El quedar ajenos a nuestra milenaria raíz. A los valores,
principios y saberes conocidos como Toltecáyotl, es como
quedar amputados del mayor potencial con el que podremos
cambiar el destino de nuestra nación.
Se requiere de una vigorosa acción crítica y analítica, para
descolonizar el proyecto de dominación cultural, a través de la
anulación del potencial de sabiduría milenaria que posee la
Civilización del Cem Anáhuac. Porque, es justamente, con esta
sabiduría “propia-nuestra”, y no con otras más, que nos lleguen
del extranjero, como podremos restaurar la armonía, la justicia
y la fraternidad entre los hijos de los hijos de los Viejos Abuelos
del Anáhuac.
Oaxaca
Julio de 2017.

152
LA COLONIZACIÓN DE LA HISTORIA
Cuando los militares tomaron el poder en Argentina, se
dedicaron, entre otras cosas, a asesinar a las parejas jóvenes
que eran “subversivas”, se supone que hubo alrededor de 30
mil desaparecidos y se quedaban como botín de guerra con los
bebes, que se calcula fueron 500, entregándolos a familias de
militares o personas de ideología fascista, quienes los criaron
como sus padres. En 1997 se creó la organización “Abuelas de
Plaza de Mayo”, cuyo objetivo es localizar y restituir a sus
legítimas familias todos los niños desaparecidos. La pregunta
fue, ¿se debe decirles la verdad a personas adultas? Decirles,
que aquellos que creyeron eran sus padres fueron los asesinos
de sus verdaderos padres. La respuesta fue SI, por dolorosa
que sea, la verdad tiene mayor fuerza ética y moral.
Lo mismo ha hecho el Estado Mexicano necolonial criollo, que
ha hecho lo mismo con la “historia Prehispánica” del pueblo de
México. Ha colonizado la historia para crear una “verdad
histórica”, que explique, las relaciones de poder, económicas,
políticas, sociales, educativas, religiosas y culturales, de un
país sumido en la pobreza, la explotación, la injusticia, el
abuso, el racismo y la ignorancia de la mayoría de los
“mexicanos”. Una “historia oficial” que haga ver lo inaudito,
como algo lógico e históricamente correcto. Lo inmoral, como
algo normal.
La “verdad histórica de la época prehispánica”, favorece a un
pequeño grupo de extranjeros y de hijos de extranjeros y
traidores locales, que se han beneficiado económicamente de
las condiciones de vida de la gran mayoría. Élites que jamás
han sentido al pueblo y sus milenarias culturas, como algo
propio y valioso, por el contrario, han pretendido el exterminio
físico y epistémico, la desvaloración de su cultura y, sobre todo,
la MANIPULACIÓN de la historia.

153
Estos beneficios inmorales e ilegales, están sustentados en
tener sumido al pueblo en la ignorancia, no solo para
mantenerlos anestesiados y en estado zombi, sino,
fundamentalmente, para sumergirlos en la “ignorancia de sí
mismos”; es decir, en la pérdida de la memoria histórica y la
identidad.
La Civilización del Cem Anáhuac es una de las seis más antiguas
y con origen autónomo del planeta; y la misma que logró
alcanzar la más alta calidad de vida para todo su pueblo. Desde
1521 se inició, por los invasores, una estrategia de destrucción
total y negación de los logros y la sabiduría ancestral, creada
por las personas de conocimiento a lo largo de muchos siglos.
Los Maestros llamados toltecas, que, en los Tollan desarrollaron
la Toltecáyotl, la sabiduría y las instituciones ancestrales.
Desde la invención de la agricultura, el maíz y la milpa, hace
diez mil años, pasando por los más de diez siglos de esplendor
en el periodo Clásico, hasta el colapso y su misteriosa partida
a mediados del siglo noveno, la Toltecáyotl le dio a lo que hoy
es México, las bases más antiguas y profundas de su identidad,
basada en una sabiduría tan valiosa e importante como el
hinduismo o el zoroastrismo, para India o Mesopotamia.
Sin embargo, el Estado mexicano necolonial criollo, ha tratado,
por todos sus medios, sean la Secretaría de Educación Pública,
la tv., la radio, y ahora la multimedia, de esconder y tergiversar
este tesoro de sabiduría, que puede cambiar las condiciones de
vida de las mayorías, al recuperar su memoria histórica, su
verdadera identidad y su sabiduría ancestral. Porque esa
sabiduría de vida llamada Toltecáyotl, es la herencia cultural
más importante que posee el pueblo.
El Estado Mexicano de ideología necolonial criolla, ha creado
una falsa identidad, a través de las mentiras que escribieron
los conquistadores, misioneros y anahuacas conversos. La
tergiversación histórica comienza con las mentiras que crearon
los mextin, al conformar un Estado imperial a través de la Triple
154
Alianza, con una ideología mística, materialista y guerrera. En
efecto, fue Tlacaélel el creador de la Mexicáyotl, convirtiendo a
los mextin, pueblo chichimeca nómada cazador, en un “pueblo
elegido con una misión divina”. Tlacaélel en su juventud, se
educó en el Calmécac de Cholula y ahí le enseñaron La
Toltecáyotl. Ante la partida de los toltecas y la amenaza del
final del Quinto Sol, Tlacaélel se inventó un destino manifiesto
que salvaría al Anáhuac de la profetizada destrucción por el
final del Quinto Sol. Creó un “destino manifiesto”, y designó a
“los nuevos mexicas”, como los encargados de sostener el
Quinto Sol, a través del poder de su numen tutelar
Huitzilopochtli, venido con ellos de las llanuras del Norte y de
distorsionar la milenaria sabiduría tolteca. Convirtió a la
Toltecáyotl en una nueva versión modificada, llamada
Mexicáyotl, en la que, se trasgrede la enseñanza de
Quetzalcóatl.
Desapareció a los mextin de los antiguos memoriales que
mandó quemar, y ordenó que se creara una nueva historia, en
donde los mextin pasarían a ser mexicas, quienes peregrinarían
en busca de una tierra prometida desde un mítico Aztlán,
refundarían, el ya poblado islote en una fecha astronómica,
declinarían a Quetzalcóatl como símbolo de la sabiduría, la
educación y la espiritualidad; y en su lugar encumbrarían a su
numen tutelar Huichilopoztli, asociado a la voluntad de poder,
la guerra y el mundo material. Crearían una “nueva religión”,
tomando como base los ancestrales ritos y ceremonias toltecas,
pero ahora, con una nueva ideología. La educación se
militarizaría, la guerra espiritual pasaría a ser una guerra
material contra sus vecinos, imponiendo grandes tributos,
como nunca se había dado en la cultura tolteca del Anáhuac.
Se crearía la propiedad privada, se incentivará el comercio a
gran escala, el cacao se empezaría a usar como instrumento de
cambio. En síntesis, se materializaría una forma de vida
ancestral de carácter espiritual y el sistema de gobierno se
volvería una “máquina de guerra”.
155
En pocas palabras, los herederos de los primeros jefes tribales
chichimecas que bajaron del Norte, como fueron Xólotl,
Tezozómoc y Tenoch, se apropiarán y usarán las formas
toltecas de la sabiduría ancestral, pero mantendrán su herencia
guerrera y nómada, sin llegar a la raíz ancestral, a la esencia
del conocimiento civilizatorio del Anáhuac, conocido como
Toltecáyotl, salvo el linaje de Xólotl, y por eso, se entiende que
Texcoco, siempre fue “diferente”, y trató, de mantener viva la
esencia tolteca, siendo Netzahualcóyotl el último tlatoani
tolteca del Anáhuac.
Después de la caída de Tenochtitlán en 1521, los guerreros
nahuas que combatieron por la causa de los invasores, y los
guerreros nahuas que fueron derrotados, se unieron con los
españoles, como eran “los usos y costumbres militares” del
periodo Postclásico, e iniciaron la conquista del Cem Anáhuac.
En el siglo XVI los descendientes de los linajes de los gobiernos
nahuas, que se educaron y occidentalizaron, empezaron a
escribir una historia distorsionada de sus antepasados, en la
que aparecieron, “los reyes, las reinas, príncipes y princesas
indígenas”. Entre otros personajes podemos mencionar a
Fernando de Alva Ixtlilxóchitl. Esto lo hicieron para demostrar
que ellos pertenecían a “la nobleza indiana”, por lo cual recibían
trato preferencial y prebendas. En el siglo XVII, los criollos
iniciaron su lucha en contra de los peninsulares por el poder,
de esta manera, a los mexicas los transformaron en “los
griegos” de la ideología criolla, en la que empiezan a inventar
una “historia mexicana”, en donde los mexicas y los
conquistadores, son los cimientos de la nación de los criollos.
Entre otros personajes, podemos nombrar a Francisco Javier
Clavijero, como el “padre de la ideología criolla”. En el siglo
XIX, el porfiriato uso a los mexicas como la génesis del Estado
Mexicano. Entre otros personajes de esta corriente, podemos
mencionar a Alfredo Chavero con el primer libro de la historia
oficial del país “México a través de los siglos”. En el siglo XX,

156
los mexicas ocuparán “el sitio de honor” de la historia oficial del
Estado Mexicano neocolonial criollo, y serán usados, como una
cortina de humo, para que el pueblo no conozca la ancestral
civilización Madre, ni su filosofía conocida como La Toltecáyotl,
la sabiduría ancestral y los valores y principios, que llevaron a
nuestros antepasados a lograr la más alta calidad de vida para
todo un pueblo en la historia de la humanidad. El
neocolonizador nos ha quitado la memoria histórica, los
recuerdos ancestrales.
Un pueblo amnésico, inconsciente y desmemoriado, que a
fuerza de la encomienda, la Santa Inquisición, las minas, las
haciendas y las leyes coloniales, se le usó, en el nuevo orden
económico y político, como mano de obra esclava, sin ningún
derecho, salvo el de “salvar su alma” a través de la religión
impuesta a sangre y fuego, se le ha tenido prohibido
“recordar”: que estas tierras, por milenios fueron de ellos,
recordar quiénes fueron sus antepasados, cuáles sus logros,
cómo vivían, cuáles sus valores y principios, cuáles sus leyes,
autoridades e instituciones.
El régimen colonial español, durante trescientos años, los
“descubrió”, los castellanizó, los cristianizó, los educó, los
enseño a trabajar y a vivir como “seres humanos civilizados” a
la manera europea. El régimen neocolonial criollo, durante los
últimos doscientos años, los alfabetizó, los modernizó, los
desarrolló, los democratizó, los globalizó, integrándolos al
sistema económico mundial, como consumidores compulsivos
y trabajadores maquileros. En síntesis, los pueblos y culturas
del Anáhuac, en estos quinientos años, han sido convertidos en
zombis y sus ancestrales culturas, avasalladas por una
“modernidad” que no termina de llegar desde 1521.
En estos cinco siglos de despojo, violencia, abuso e injusticia,
a los herederos del Anáhuac, a los hijos de los hijos de los
Viejos Abuelos toltecas, les han quitado: la lengua, la memoria
histórica, los conocimientos, los espacios y la espiritualidad,
157
para dejarlos indefensos, frágiles y vulnerables. Aptos para
cualquier explotación o injusticia. Cómo no saben quiénes son,
de dónde vienen y a dónde van, por la pérdida de su memoria
histórica, naufragan en el “laberinto de la desolación”, tratando
torpemente de ser españoles tres siglos, franceses un siglo y
en el siglo XX, “gringos de tercera, en vez de anahuacas de
primera”.
Sin embargo, en el inicio del siglo XXI se ha creado un
movimiento “nacionalista”, que busca recuperar “la identidad
prehispánica”. Desde la década de los años setenta del siglo
pasdo, a través de la danza conchera, se creó la llamada “danza
mexica o danza azteca”, que es una variante de la danza de
resistencia, que se mantuvo en los atrios camuflada con la
religión del colonizador. Pero este movimiento ha cobrado
mucha fuerza en lo que va del presente siglo. Personas
cansadas del fracaso del paradigma de la felicidad, propuesto
por la modernidad, desilusionadas de las filosofías orientales
occidentalizadas y comercializadas, buscan en las culturas y
sabidurías de los “pueblos indígenas”, un espacio de realización
humana.
Muchos grupos de personas de todas las edades han empezado
una búsqueda de la raíz cultural. El problema es que han
tomado a los mitos y fantasías del llamado “Imperio Azteca” o
cultura mexica, como la fuente de su inspiración. El problema
de esta búsqueda, es que resulta superficial y poco
comprometida, en la medida que no se investiga con un
pensamiento crítico y analítico. Se parte de “la historia oficial”
del Estado necolonial criollo, y se toma su discurso, como un
dogma. Sin cuestionar los libros de texto, los libros y discursos
de la academia al servicio del Estado y las fuentes escritas en
el Siglo XVI.
El Estado Mexicano, es heredero y producto del Virreinato de la
Nueva España. El país, que en 1821 fundaron los criollos, ha
sido, “de ellos y para ellos”, el pueblo ha estado ajeno a la toma
158
de decisiones del gobierno y de la iniciativa privada. El pueblo
solo ha sido usado como “carne de cañón” para las luchas
fratricidas entre los criollos, como mano de obra casi esclava y
como voto duro en las corruptas elecciones para legalizar los
gobiernos neocoloniales.
Si el Estado Mexicano históricamente ha sido enemigo del
pueblo y sus culturas ancestrales, por qué tomar “su historia
oficial prehispánica” como verdadera. Para el Estado Mexicano
solo existe, -en la “historia prehispánica”-, los mexicas, los
demás pueblos y culturas han sido reducidos a su mínima
expresión, acaso solo con una categoría arqueológica-turística.
Para el Estado Mexicano apenas aparecen los mayas, y esto se
debe a los investigadores extranjeros, no a los “eruditos”
colonizados arqueólogos “mexicanos”. Pero para el Estado
Mexicano las culturas zapoteca, mixteca, purépecha, nahua,
totonaca, por citar algunas, no existen, ni arqueológicamente
en el pasado, y menos en el presente, como pueblos vivos con
derechos históricos. Ya no se diga los pueblos del Centro Norte
del país, como los yaquis, mayos, tarahumaras, pames, otomís,
por nombrar algunos. Para el Estado solo existe, en “la historia
prehispánica oficial”, los mexicas o aztecas.
Para el Estado mexicano “el indio muerto prehispánico” es el
que tiene valor y atención. De esta manera, los mexicas,
ocupan el sitio preferente y sobresaliente del discurso
identitario oficial. Comenzando con la zona arqueológica del
Templo Mayor, la sala principal del Museo Nacional de
Antropología e Historia, el libro de texto, las investigaciones y
textos de los historiadores y arqueólogos al servicio del Estado;
quienes son, multi premiados y reconocidos, que adornan los
foros político-ideológicos del Estado, especialmente en los días
“significativos”, como el día de los pueblos originarios, el día de
las lenguas indígenas, etc. Estos eméritos personajes, “los
oficiadores del culto a la Versión de los Vencidos”, los
reforzadores de la “verdad histórica prehispánica”, los

159
personeros de la historia colonizada. Los hijos del “México
imaginario” que nos señala el Dr. Guillermo Bonfil Batalla.
Para el Estado Mexicano necolonial de ideología criolla,
mientras la gente trate de convertirse en “feroces y valientes
guerreros aztecas”, mientras se emplumen y dancen, mientras
“vuelvan a su origen” en el temazcal el fin de semana y se
tatúen, no existe peligro alguno de que recuperen su memoria
histórica, su identidad y su dignidad ancestral. Mientras se
conviertan en “guerreros aztecas”, adoradores de la
Mexicáyotl, atrapados en un “nuevo mercado”, todo quedará
en una moda más, inocua e intrascendente, que en nada
afectará las relaciones sociales, culturales, económicas y
políticas del Estado necolonial criollo. El sistema necolonial
seguirá vigente y fortalecido, sin peligros y asechanzas. El
pueblo seguirá anestesiado, con los ojos cerrados y el corazón
fragmentado.
Lo que no está permitido, -categóricamente-, es que recuperen
su memoria histórica ancestral, su identidad milenaria, su
dignidad existencial, la estructura filosófica ancestral. Que no
conozcan, ni piensen, en el sistema de alimentación milenaria
y su capacidad de ser autosustentable y abastecerse de
energía. Que olviden la sabiduría ancestral, de las ciencias de
la salud física, emocional y espiritual, que desconozcan el
potencial biófilo de sus hermanitas, las plantas, para mantener
y acrecentar la energía, para recuperar el equilibrio y el
bienestar. Que desconozcan la pedagogía y didáctica ancestral
del primer sistema de educación de la humanidad, creado por
sus antepasados, que refrena y orienta la energía de los niños
y jóvenes, que no distinga sus valores, principios y
fundamentos de la educación familiar y comunitaria que
todavía subyace en nuestros tiempos, que no pretendan forjar
“rostros propios y corazones verdaderos” en sus hijos. Que
desconozcan la democracia participativa, más antigua y
vigente de la humanidad, que no posean la conciencia de servir

160
a la comunidad y de que la autoridad debe “mandar
obedeciendo” a la Asamblea, que no se inspiren en las formas
ancestrales de gobierno democrático participativo, de las
comunidades indígenas y campesinas del país, que no posean
la sabiduría para organizar y canalizar la energía comunitaria.
Pero, sobre todo, lo que pretende el Estado Necolonial de
ideología criolla, es que los hijos de los hijos de los Viejos
Abuelos, no tengan la conciencia de su ser histórico, la
conciencia de la sacralidad de su existencia, y menos aún, que
no tengan conciencia del potencial existencial de su ser
energético. En pocas palabras, que no tengamos futuro como
seres humanos dignos y herederos de una de las mayores
sabidurías creadas en la historia de la humanidad. La idea, es
dejarnos huérfanos, vencidos y desolados. Esta es la razón por
la cual la Historia de la Civilización del Anáhuac se ha reducido
a la historia de “la cultura mexica”. La Toltecáyotl ha quedado
reducida a una limitada y tergiversada visión guerrera-
imperial, del mundo y la vida llamada Mexicáyotl, que los neo-
mexicas llaman “mexicanidad” y que se convertido en una
nueva moda “new age” comercial. De esta manera, queda
garantizada la continuidad de la colonización mental, cultural y
espiritual, que seguirá manteniendo a una élite parásita y
corrupta, que se ha enriquecido ilegal e inmoralmente a partir
de la ignorancia de sí mismos, del pueblo de este país.
Es un delito, de lesa humanidad, secuestrar la memoria
histórica de una nación, y privar, a todo un pueblo, de su
milenaria historia y filosofía ancestral, para que se diluya en
mentiras, mitos y fantasías, la historias de una de las seis
civilizaciones más antiguas y con origen autónomo del planeta.
En “El Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, se
señala que todo aquel acto tipificado como exterminio y
persecución de grupo o colectividad con identidad propia
fundada en motivos culturales, étnicos y raciales que cause
intencionalmente grandes sufrimientos o atente gravemente

161
contra la integridad física o la salud mental, es materia de un
delito de lesa humanidad”. La Toltecáyotl es Patrimonio
Cultural de la Humanidad, y debe de restituirse al pueblo que
la generó, para fortalecer su presente y potenciar su futuro.

Se requiere descolonizar la historia, investigar y restituir, la


“verdadera historia”, para que la conozca el pueblo, como un
acto de soberana dignidad, y cancelar definitiva y de raíz, todas
las formas de la colonización epistémica. El desafío es enorme,
pero vale muy bien la pena luchar esta “Batalla Florida”,
después de cinco siglos de luchar por las ideas y los intereses
de nuestros opresores, empezar de nuevo, a luchar por lo
“propio-nuestro”. Por nuestro futuro, por nuestra Matria, por el
Anáhuac, por la Toltecáyotl.
No podemos salir del calabozo de la colonización con las ideas
y los valores de los colonizadores. Lo difícil no es hacerlo…sino
imaginarlo.
San Jerónimo Yahuiche Oaxaca
Verano del 2017

162
EN DEFENSA DE
LA RESTITUCIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA
Y LA IDENTIDAD CULTURAL ANCESTRAL.

El Estado Mexicano desde 1824, de manera consiente,


estratégica y concertada, ha usado todos los recursos
disponibles a su alcance, para que la mayoría de los ciudadanos
vivan desconectados de su memoria histórica y de su identidad
ancestral. Que el pueblo, lo mismo los llamados “indígenas”,
como los mestizos, no encuentren en su vida cotidiana, sea
familiar, escolar, comunitaria y laboral, nexos que los vinculen
con la Civilización Madre de la cual ellos forman parte
indisoluble.
Con sus tres poderes y sus tres niveles de gobierno, la acción
se ha realizado de manera permanente, negando cualquier
espacio para recuperar la conciencia histórica y la identidad
ancestral. El Estado, directa o indirectamente, explicita e
implícitamente ha coordinado esta acción, que ha recibido la
cooperación de los grupos de poder económico, las iglesias y
los medios de comunicación.
Los llamados “mexicanos” son un pueblo heredero de una de
las seis civilizaciones más antiguas y con origen autónomo del
planeta, y la que alcanzó los más elevados niveles en cuanto al
desarrollo humano. La civilización originaria de México, es, tan
antigua como las de India y China. A diferencia de los pueblos
de estas civilizaciones, el pueblo de México vive ajeno,
ignorante y desvinculado de sus más remotos origines
culturales de manera consciente.

En efecto, no solo en los pueblos llamados “indígenas o pueblos


originarios”, sino también en el mayoritario pueblo mestizo,
existe un vínculo innegable a la Civilización Madre, pero este
vínculo, es de carácter inconsciente. Se manifiesta en la vida

163
familiar y comunitaria, a través de las llamadas tradiciones,
fiestas, usos y costumbres, y en los “saberes comunitarios”.
Pero no de manera plena y consiente. No de manera racional y
en la consciencia “de todos los días”. De manera diferente, los
pueblos de la India y China, si poseen esa vinculación de su
pasado ancestral a su realidad cotidiana, y contribuye de
manera decisiva a la aspiración de un futuro continuo y
coherente con su pasado.
Esta desvinculación entre pasado, presente y futuro del pueblo
de México. Esta pérdida de la memoria histórica y de la
identidad cultural ancestral, ha dado como resultado un pueblo
frágil, vulnerable, inseguro, apto para cualquier tipo de
manipulación, injusticia y explotación. Un pueblo silenciado,
maniatado e impotente de defenderse y exigir justicia.
Un pueblo al que le han extirpado, de forma violenta o
subliminal, durante dos siglos por su propio gobierno, la plena
consciencia de su Cultura Madre, la esencia y la raíz de La
Matria, se convertirá en un pueblo “colonizador-colonizado”, un
pueblo de vencedores y vencidos, un pueblo de primitivos y
modernos, de ricos y miserables. En síntesis, un pueblo apto
para todo tipo de abuso e imposiciones, sean jurídicas,
laborales, económicas, territoriales, religiosas, educativas y
culturales.
El Estado Mexicano ha cometido un crimen de lesa humanidad
y ha violentado el derecho humano del pueblo, que es,
desposeerlo de su memoria histórica ancestral y su identidad
cultural más profunda, esencial y vital.
Por medio de una estrategia implícita y explícita, a través de
sus tres poderes y los tres niveles de gobierno, de manera
sistemática y constante, el Estado Mexicano ha logrado que el
pueblo no tenga conciencia, de que forma parte de una de las
seis civilizaciones más antiguas de la humanidad. Como
consecuencia de ello, no posee una identidad cultural consiente

164
que lo vincule a un largo proceso de desarrollo humano y
civilizatorio, y menos, que lo comprometa con él.
El Estado por medio de las instituciones educativas y de
investigación, ha creado una “Historia Oficial Prehispánica”. Un
dogma histórico en el que los mexicas o aztecas, pasan a ser
la cultura más importante del “México antiguo” y del país,
desapareciendo miles de años de desarrollo humano y mil años
de esplendor civilizatorio, así como todos los pueblos indígenas
que han sobrevivido a su muerte histórica. Que el 13 de agosto
de 1521, con la caída de Tenochtitlán, desaparece “el México
Prehispánico”, e inicia el “México colonial”. En el que la
Conquista, “por más sangrienta e injusta, fue necesaria para
iniciar el tránsito a la civilización, a la modernidad y al
desarrollo, que nos permitió integrarnos a Occidente y formar
parte de la Historia Universal”. Que el México moderno nace de
los escombros del Templo Mayor, la evangelización y la
castellanización. Que la presencia de extranjeros, sus capitales
y tecnologías, ha sido y son, la única vía para acceder al
bienestar y progreso del país.
La nación nace por una acción violenta y sangrienta,
sustentada en el despojo y la ilegalidad, desde Hernán Cortés
hasta Carlos Slim. Acción que se mantiene hasta nuestros días
de manera incesante, haciéndola parecer natural e
intrascendente. Los extranjeros y sus descendientes, son los
que han decidido sobre el destino del país que crearon en 1824.

Los pueblos ocupados, solo pueden ser carne de cañón,


amnésicos ciudadanos, dóciles trabajadores y voto duro para
las elecciones de los grupos oligarcas que luchan por el poder.
Crimen de lesa humanidad.
“El Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional todo aquel
acto tipificado como asesinato, exterminio, esclavitud,

165
deportación o traslado forzoso de población, encarcelación u
otra privación grave de la libertad física en violación de normas
fundamentales del derecho internacional, tortura, violación,
esclavitud sexual, prostitución forzada, embarazo forzado,
esterilización forzada u otros abusos sexuales de gravedad
comparable, persecución de un grupo o colectividad con
identidad propia fundada en motivos políticos, raciales,
nacionales, étnicos, culturales, religiosos, de género, u otros
motivos universalmente reconocidos como inaceptables con
arreglo al derecho internacional, la desaparición forzada de
personas, el crimen de apartheid u otro acto inhumano de
carácter similar que cause intencionalmente grandes
sufrimientos o atenten gravemente contra la integridad física o
la salud mental o física cuando se cometa como parte de un
ataque generalizado o sistemático contra una población civil y
con conocimiento de dicho ataque.”
El Estado Mexicano, desde su fundación, ha implantado una
política de sometimiento del pueblo a través de privarlo de su
memoria histórica ancestral. A través de la “historia oficial”, se
ha tratado de borrar los miles de años de desarrollo humano,
de sus logros y aportes a la humanidad, como el maíz, el
chocolate, la cuenta perfecta del tiempo, por solo citar tres
aportaciones, que hoy, forman parte de los elementos
culturales del mundo contemporáneo. La idea de que la
milenaria historia del Anáhuac se reduce a la cultura mexica de
196 años, de un pueblo guerrero, imperialista, que practicaba
sacrificios humanos, y que, gracias a la Conquista y Colonia, se
logró civilizar y encauzar una cultura primitiva a llamada
“cultura universal”.
La cultura dominante, desde 1824 ha sido hispanista,
afrancesada y norteamericanizada. Orientada por una
“ideología criolla”, que pondera lo extranjero sobre lo local, lo
moderno sobre lo tradicional, lo individual sobre lo comunitario,
el interés personal o privado sobre el bien común o interés

166
comunitario. Con un modelo económico que promueve el
desarrollo del país a través de la inversión y tecnología
extranjera y la depredación de los recursos naturales,
ofreciendo al capital, mano de obra barata a través de
pauperizar al pueblo.
Este modelo económico e ideología extractiva, solo se puede
lograr a través de desposeer al pueblo de su conciencia de ser,
es decir, desposeerlo de su memoria histórica y su identidad
ancestral. Someterlo a una “especie de lobotomía” para
generar un estado de pasividad y resignación “Guadalupana”.
Quitarle sus ancestrales recuerdos para dejarlo amnésico e
inconscientes. Por medio de una falsa identidad, arropada en
un confuso nacionalismo, el pueblo queda engañado,
vulnerable y apto para su explotación.
Esta estrategia históricamente ha atentado contra la integridad
física, la salud mental, emocional y física, así como en contra
de la auto estima y la dignad. Ha sido un ataque sistemático y
premeditado, usando todos los recursos e instituciones de
Estado para mantener al pueblo sometido, explotado e
indefenso.
Esta es la razón por la que señalamos que el Estado Mexicano
ha cometido, históricamente, un crimen de lesa humanidad.

Derechos Humanos Universales e inalienables.


“Los derechos humanos son derechos inherentes a todos los
seres humanos, sin distinción alguna de nacionalidad, lugar de
residencia, sexo, origen nacional o étnico, color, religión,
lengua, o cualquier otra condición. Todos tenemos los mismos
derechos humanos, sin discriminación alguna. Estos derechos
son interrelacionados, interdependientes e indivisibles.
El principio de la universalidad de los derechos humanos es la
piedra angular del derecho internacional de los derechos
167
humanos. Este principio, tal como se destacará inicialmente en
la Declaración Universal de Derechos Humanos, se ha reiterado
en numerosos convenios, declaraciones y resoluciones
internacionales de derechos humanos.”
Lo que ha hecho el Estado Mexicano, en contra del pueblo, se
concibe dentro de La teoría jurídica internacional, conocida
como, “La Doctrina del Descubrimiento”, que ha servido de
fundamento para la violación de los derechos humanos de los
pueblos indígenas, es condenar a todo un pueblo a “la
ignorancia de sí mismo”. A través de las leyes y las políticas
implantadas por medio de sus instituciones, el “Estado
necolonial de ideología criolla”, alienta y genera la perdida de
la memoria y la identidad ancestral, con ello, se lesiona uno de
los derechos humanos más importantes, tanto de los individuos
como de los pueblos, nos referimos al “tener conciencia de su
ser histórico y de su identidad cultural milenaria”. Despojando
a los individuos y a los pueblos de la conciencia de ser, lo que
los imposibilita en la capacidad de defender sus derechos y
exigir justicia. Un pueblo en tales condiciones es un pueblo
amnésico, vulnerable e inseguro, un pueblo esclavo.
En base a la Declaración de las Naciones Unidas sobre los
derechos intrínsecos de los pueblos indígenas, resulta un
derecho inalienable el poseer conscientemente la memoria
histórica y la identidad ancestral. El negarle esta conciencia es
una forma de discriminación, ya que es un derecho intrínseco,
que tiene la misma importancia o más, que el que deviene de
sus estructuras políticas, económicas y sociales.
En la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos
Humanos de los Pueblos Indígenas, en el artículo segundo se
afirma que: “Los pueblos y los individuos indígenas son libres
e iguales a todos los demás pueblos y personas y tienen
derecho a no ser objeto de ningún tipo de discriminación en el
ejercicio de sus derechos, en particular la fundada en su origen
o identidad indígenas”.
168
Cuando de manera deliberada, el Estado le niega al pueblo en
general, no solo al indígena, la memoria histórica y la identidad
cultural ancestral, se lesiona su derecho a conocer su origen y
su identidad. De esta manera, al negarse la libre
autodeterminación cultural, se promueve una falsa y endeble
identidad, lo que impide su pleno desarrollo económico, social
y cultural.
En el artículo quinto se menciona: “Los pueblos indígenas
tienen derecho a conservar y reforzar sus propias instituciones
políticas, jurídicas, económicas, sociales y culturales,
manteniendo a la vez su derecho a participar plenamente, si lo
desean, en la vida política, económica, social y cultural del
Estado.” La Toltecáyotl, definida por el Dr. Miguel León Portilla,
como “Las instituciones y la sabiduría de los toltecas”, que es
la estructura epistémica de la Civilización Madre, ha sido
sistemáticamente negada y menospreciada por las
instituciones educativas, culturales de investigación en ciencias
sociales y medios masivos de comunicación.
En el artículo octavo de la Declaración de Naciones Unidas dice
textualmente, “Los pueblos y los individuos indígenas tienen
derecho a no ser sometidos a una asimilación forzada ni a la
destrucción de su cultura.” La difusión de una falsa historia
ancestral, por medio de las instituciones del Estado Mexicano,
es una acción violenta que busca someter a los pueblos
indígenas y mestizos a una historia oficial, que ha pretendido
unificar una sola identidad nacional sometiendo a la
desaparición a las identidades culturales ancestrales.
El mismo nombre del país, es un atentado contra la
permanencia de la memoria de la civilización ancestral llamada
Anáhuac. México viene del nombre de la Ciudad de México-
Tenochtitlán y el gentilicio de “mexicano” viene de mexica.
Actualmente existen más de 60 pueblos y culturas hijas de la
civilización del Anáhuac y la mayoría del pueblo no es heredero
de la “cultura mexica”, por lo tanto, es una violación a su
169
dignidad y a su identidad, al ser sometidos a una asimilación
forzada.
En el punto dos del mismo artículo octavo se establece: “Los
Estados establecerán mecanismos eficaces para la prevención
y el resarcimiento de:
a) Todo acto que tenga por objeto o consecuencia privarlos de
su integridad como pueblos distintos o de sus valores culturales
o su identidad étnica;
b) Todo acto que tenga por objeto o consecuencia desposeerlos
de sus tierras, territorios o recursos;
d) Toda forma de asimilación o integración forzada…”
El Estado Mexicano ha cometido un delito de lesa humanidad y
un atentado a los derechos humanos al privar, a propósito, de
su memoria historia e identidad cultural ancestral a la mayoría
de sus habitantes. Por lo que deberá restituir esta memoria y
esta identidad ancestral a través de difundir la verdadera
historia ancestral, la sabiduría milenaria conocida como
Toltecáyotl, por medio de sus instituciones de investigación,
educación y medios masivos.
En el artículo treceavo dice, “Los pueblos indígenas tienen
derecho a revitalizar, utilizar, fomentar y transmitir a las
generaciones futuras sus historias, idiomas, tradiciones orales,
filosofías, sistemas de escritura y literaturas, y a atribuir
nombres a sus comunidades, lugares y personas, así como a
mantenerlos.”
En el artículo veintiochoavo apunta, “Los pueblos indígenas
tienen derecho a la reparación, por medios que pueden incluir
la restitución o, cuando ello no sea posible, una indemnización
justa y equitativa por las tierras, los territorios y los recursos
que tradicionalmente hayan poseído u ocupado o utilizado y
que hayan sido confiscados, tomados, ocupados, utilizados o
dañados sin su consentimiento libre, previo e informado.”
170
Tomando en cuenta que la filosofía, la historia y los valores de
la civilización Madre se encuentran en la Toltecáyotl, ésta, se
convierte en uno de los principales recursos del pueblo para
encontrar el desarrollo y la plenitud. Por lo que el Estado
Mexicano, debe reparar el daño que le ha hecho a los herederos
de este recurso.
Finalmente, en el artículo treintaiunavo dice, “Los pueblos
indígenas tienen derecho a mantener, controlar, proteger y
desarrollar su patrimonio cultural, sus conocimientos
tradicionales, sus expresiones culturales tradicionales y las
manifestaciones de sus ciencias, tecnologías y culturas,
comprendidos los recursos humanos y genéticos, las semillas,
las medicinas, el conocimiento de las propiedades de la fauna
y la flora, las tradiciones orales, las literaturas, los diseños, los
deportes y juegos tradicionales, y las artes visuales e
interpretativas. También tienen derecho a mantener, controlar,
proteger y desarrollar su propiedad intelectual de dicho
patrimonio cultural, sus conocimientos tradicionales y sus
expresiones culturales tradicionales.”
Las culturas nacidas de la civilización Madre y los pueblos
mestizos desprendidos de estas culturas, que también son sus
herederos legítimos, tienen el derecho y la obligación de
proteger, desarrollar y exigir la restitución de la Toltecáyotl,
como un recurso cultural y un patrimonio cultural.
Recuperar los conocimientos, sabiduría, valores, principios,
producto de diez mil años de desarrollo humano, es un derecho
humano elemental para tener plena conciencia de ser, ejercer
con plenitud el legado de sabiduría de una de las seis
civilizaciones ancestrales y con origen autónomo de la
humanidad.
Solo con este legado, llegará la plena, justa y armónica
transformación del país, a partir de un patrimonio cultural que
nos unifica y fortalece a todos por igual. Lo que nos permitirá

171
tener un destino compartido en el que exista la justicia, la
igualdad y la fraternidad acabarán con el abuso, la corrupción
y la injusticia, generada por una identidad falsa, valores ajenos
y una historia que solo benefició a un pequeño grupo de
usurpadores.
El Estado Mexicano debe restituir la memoria histórica y la
identidad cultural ancestral, porque se ha cometido un crimen
de lesa humanidad y se ha atentado contra los derechos
humanos de los pueblos indígenas y los pueblos mestizos.
Es imprescindible y de urgente realización, que el Estado
Mexicano restituya de manera total y categórica el derecho al
ejercicio de su memoria histórica ancestral y la plena conciencia
de su identidad cultural milenaria, para que los habitantes de
este país, independientemente de su origen cultural o étnico,
se desarrollen en un clima de justicia, igualdad y fraternidad,
para acceder a la plenitud y el equilibrio, logrado por nuestros
antepasados durante muchos siglos.

Si ya lo hicimos una vez, por lo que lo podemos volver a hacer.


Porque el futuro de la nación, está en el conocimiento pleno de
su antiguo pasado.

Oaxaca, 12 septiembre 2017.

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