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El retorno de los Toltecas

Un profundo mensaje espiritual resurge de las entrañas de México, tan vinculado a la existencia
misma que parece renovarse en numerosas prácticas relacionadas con el cuerpo, la mente y el
espíritu de estos días. Sin embargo, sus raíces se sumergen en la noche de los tiempos, y
proceden de la esencia más antigua de Mesoamérica. Se trata de la toltequidad, Toltekayotl
(arte para vivir), un conjunto de creencias que conforman una filosofía que influyó en el pasado
en numerosas culturas de Centroamérica.

La Toltekayotl fue aceptada por casi todos los pueblos de América; ejerció influencias directas en
Norteamérica, a través del calendario y conceptos teológicos, y fue muy desarrollada en el área
andina, por supuesto, en términos quechuas. La Toltequidad es un producto panindoamericano
que busca la universalidad. La relación entre los Anawak y el Tawantisuyu se dio en forma
directa, a través de intercambio de productos, y sobre todo de ideas, e indirecta, ya que las
capitales de ambos focos de civilización equidistan del ecuador, por lo cual los fenómenos
astronómicos, muy importantes para esta visión del mundo, se reproducen con exactitud, a 6
meses de distancia entre un foco y otro. De esto hablaremos otro día, porque es fascinante,
demuestra que las fronteras de la toltequidad no eran geográficas o políticas, sino astronómicas.

La síntesis entre espiritualidad y ciencia, al mismo tiempo que la vida en


armonía con la naturaleza, con el fin de despertar el conjunto de facultades
latentes del hombre, conforman la forma de ser de los toltecas. Pero la
esencia tolteca va más allá de su identificación histórica con los antiguos
habitantes de la ciudad de Tula, en el estado de Hidalgo, México, la llamada
Xicocotitla (avispero), o la Tollan mítica e imperial de Teotihuacán,
considerada por sus habitantes el centro del mundo en aquella época.
Después de todo creían que era el lugar de los orígenes míticos del hombre,
como resultado de un pacto con los dioses. Aquí confluían el espacio y el
tiempo sagrados, pues de una cueva interior de la tierra, tal vez la que se
encuentra debajo de la pirámide del Sol, habrían surgido los seres
humanos, en el comienzo del tiempo, lo que se parece sorprendentemente
al origen mítico de la civilización inca (ver, del mismo autor, “Ollantaytambo: ¿Una puerta
secreta al inframundo?”, Año/Cero nº 164).

Sin embargo, numerosos testimonios de la época y las propias creencias toltecas sugieren que
Tula, o Tollan, no se trata de un lugar físico (aunque también tuviera su representación como
estado imperial), sino un origen mítico, reino o dimensión espiritual que se situaba en las cuatro
direcciones del espacio, en los cuatro puntos cardinales del Universo, tan bien representados en
la más que simbólica cruz, tan familiar a tantos pueblos antiguos prehispánicos, lo que
sorprendió a los mismísimos cristianos al encontrarse con ella.

El antropólogo y escritor Frank Díaz, quien me ha aportado una amplia documentación sobre la
esencia tolteca, explica en su obra, “Los mensajeros de la serpiente emplumada”, que “Los
toltecas históricos aparecieron hace unos 5000 años. En Perú se les conoce como cultura Chavín,
y en México reciben el nombre de Olmecas. Sus ideas sobre el Universo, la vida, la evolución de
la conciencia y el destino del hombre fueron desarrolladas más tarde por las grandes
civilizaciones de Tiahuanaco, Teotihuacan, Tenochtitlan y el Cuzco”.

La unión de la sabiduría y el arte

Estos toltecas son asociados desde el comienzo con la sabiduría y el arte, se encargan de la
astronomía y de los registros del tiempo, conocen, como nadie, los secretos de las plantas y
dominan la escritura, la pintura y las artes adivinatorias. También disciplinas artesanales que
hacen surgir de sus hábiles manos la escultura o la arquitectura (basada en unos cálculos
precisos y muy reveladores en sintonía con el Cosmos), la orfebrería, la música, la ilustración de
libros y toda clase de trabajos con plumas y tejidos. Aunque por encima de todo, su conexión con
el espíritu es intensa, comparable a las más importantes corrientes espirituales de todos los
tiempos. Buen ejemplo es su ideario, concebido como doctrina de Quetzalcoatl, la Serpiente
emplumada, divinidad suprema, personificada en una figura real e histórica, aunque muchos de
sus hechos más notables se sumerjan en el mito y en la leyenda.

El hombre que encarnó estos valores, y los transmitió a infinidad de pueblos del antiguo México,
fue un ser físico, la última de una larga serie de encarnaciones, llamado Ce Acatl Topiltzin Nacxitl
Quetzalcoatl, o lo que vendría a ser lo mismo, “Nuestro Señor Uno Caña Cuarto Paso de la
Serpiente Emplumada”. Su nacimiento, aunque con una clara y simbólica implicación
astronómica, se habría producido, allá por el 14 de mayo del año 947 d. C., en Amatlán de
Quetzalcoatl, pequeño pueblo del actual estado de Morelos. Su desaparición se produjo en el año
999 d. C, cerca de la costa de Coatzacoalcos, actual estado de Veracruz, incendiándose a sí
mismo, para regresar cuatro años después, cuando se marchó hacia Oriente en una balsa de
serpientes (o mano bordado de serpientes), prometiendo que algún día regresaría. El escritor
Julio Diana, investigador de la sabiduría tolteca y autor, entre otras obras, de “Las trece profecías
mayas”, destaca la importancia del regreso de la Serpiente Emplumada en los tiempos que
vivimos.

Fusión de espíritu y materia

En su figura se unen al mismo tiempo la divinidad conocida como Quetzalcoatl, la escuela


iniciática de los maestros de la Serpiente Emplumada y el legendario rey de Tula, que abandonó
su condición real para entregarse a la búsqueda espiritual como peregrino, hasta asumir su
naturaleza divina, encarnada en la Tierra.

Las creencias del culto a Quetzalcoatl, y la doctrina transmitida verbalmente por quien fue
considerado su manifestación entre los hombres, conforman el conjunto de la toltequidad,
porque en realidad no puede asociarse ésta a un grupo étnico determinado, sino a una forma de
entender el papel del hombre en el Cosmos, entregado constantemente a
la evolución como parte del proceso para conseguir la trascendencia.

El significado de la propia palabra Quetzalcoatl, como bien ha demostrado


Frank Díaz, uno de los más notables investigadores de esta antigua filosofía
del ser humano en busca de Dios, responde a una infinidad de conceptos.
Por una parte quetzal indica “preciosidad”, “perfección”, “estado de
impecabilidad” o “pluma preciosa” (equivalente, como él dice, al Espíritu
Santo entre los cristianos), pero también “ciclo de tiempo” y “el acto
fecundador de los animales” (asociando a la Serpiente Emplumada con el
creador del Universo). Por otra, coatl significa “doble”, “gemelo”, pero
también “pecado” y “dolor”, que enlaza con la parte fundamental de la
doctrina tolteca consistente en el merecimiento. También es “ombligo”, de
gran importancia en la concepción mesoamericana por ser el lugar donde
se concentran las energías. Valga esto como muestra, porque el conjunto
de definiciones es mucho más amplio en cada una de las dos palabras.

Al igual que ha ocurrido con todos los grandes maestros espirituales y avatares de la historia de
la humanidad, el origen del pequeño Ce Acatl, está unido a toda clase de hechos milagrosos, que
continuaron hasta el último momento de su existencia terrenal como ser mortal. Hijo adoptivo
del rey de Tula, Mixcoatl, nació de las entrañas de Chimalma, una joven humilde de la que quedó
prendado el poderoso monarca.
Chimalma, como la madre de Jesús, Krishna o Buda, experimentó la gracia divina que generó a
un ser tan especial. En esta ocasión, mientras ella meditaba en una cueva, recibió la visita de un
pez que le anunció el milagroso nacimiento de su futuro hijo, que sería la mismísima encarnación
divina de la Serpiente Emplumada. Como prueba de todo lo que le deparaba el destino, el pez le
entregó una cuenta de jade que Chimalma guardó en el interior de su boca. Cuando regresaba al
templo, donde el rey de Tula la había dejado para que fuera adiestrada como le correspondía a
la futura reina tolteca, se tragó la cuenta de jade y automáticamente quedó embarazada.

La doctrina de la Luz

Quetzalcoatl, como Siddharta Gautama Buda, tuvo que experimentar su tránsito por la vida en la
corte real, cuando tras el asesinato de su padre adoptivo asumió su condición de rey de Tula, y
el desencanto de la vida mundana de palacio y de las pruebas que definitivamente le condujeron
a una vida de peregrinación, búsqueda de verdad y comunión mística con Dios. Esto haría
posible que numerosos seguidores suyos se convirtieran en maestros y transmitieran su
mensaje.

Frente a ciertas inclinaciones de oscuros sacerdotes que proclamaban la necesidad de los


sacrificios humanos, Quetzalcoatl predicaba el bien y la fraternidad entre todos los hombres.
“Dios es Uno”, afirmaba, lo que no tiene nada que ver con la religión politeísta que
arbitrariamente se asocia de forma general con la espiritualidad mesoamericana.

También proclamaba la necesidad de ser humilde, no presumido, sobrio en cada manifestación


personal, generoso con los más necesitados. Decía que el tolteca es sabio, una lumbre, que todo
lo saca de su corazón, adiestrándose siempre a sí mismo, haciendo las cosas con tranquilidad,
recreándose en el conjunto de su vida, como si fuera una obra, consultándolo todo con el
corazón. Explicaba a las multitudes que se acercaban a escucharle, como hizo el propio Jesús,
que el maestro ha de ser luz, tea y espejo. Había que dar limosna a los hambrientos, acercarse a
los niños pequeños, trabajar constantemente (porque esta actividad ennoblece a los hombres),
no perder el tiempo nunca (utilizándolo siempre con los más sabios fines), ser austero y
preocuparse de que los demás coman primero.

La destrucción de infinidad de valiosos documentos, causada por la conquista y las erróneas


interpretaciones de ciertos cronistas, han provocado que hasta el momento no podamos
comprender la verdadera dimensión espiritual y los valores ancestrales de Mesoamérica. A esto
se sumaron las infames creencias, perpetuadas a lo largo de los siglos, sobre unos seres
considerados bárbaros y por lo tanto incapaces de ser autores de los grandes logros que ahora
empezamos a descubrir.

Basta con un ejemplo. Veamos algunas de las palabras transmitidas por Quetzalcoatl, que
aparecen en los textos tradicionales llamados Wewetla’tolli o “Antiguas palabras de sabiduría”,
traducidos por Frank Díaz, doctrina espiritual tan digna como cualquier otra de la historia de la
humanidad: “¿Has recibido Su aliento, Su palabra? Guárdalo en tu corazón como algo secreto.
Que no te aturda ni embriague ni te cause orgullo. Ya comprenderéis cómo a nada, a nadie,
olvida Nuestro Señor”. “Tened paz con todos los hombres, respetad a todos y a nadie agraviéis.
Por nada del mundo avergonzaréis a otro hombre. Calmaos, que digan de vosotros lo que
quieran. Callaos aunque os combatan y no respondáis”.

En busca del equilibrio

Aunque existe un amplísimo legado de mensajes, la toltequidad se fundamenta en muchos otros


pilares de conducta y prácticas, que con toda decisión, y en el deseo de compartir con el resto
del mundo, desarrollan actualmente los toltecas, herederos de un legado milenario que definen
como Kinam, que en lengua nahuatl significa “el poder del equilibrio” o “en estado de armonía”.
Práctica universal es ésta, la de encontrar la paz, el equilibrio y la armonía, también en la
frenética vida del siglo XXI, que los toltecas, como kinames, sintetizan en el viejo saludo: “que no
te caigas sobre la tierra”.

Todo esto es un reflejo de una antigua escuela de disciplina mental y física que guarda notables
paralelismos con lo que entendemos como yoga o artes marciales en otras culturas. Entre los
propósitos de la práctica del Kinam se encuentra principalmente la conexión con el ser divino
que se encuentra en nuestro interior, la esencia cósmica de la que formamos parte,
desarrollando nuestra parte física, el cuerpo, equilibrando la respiración y concentrando la
atención. Esto estimula la inteligencia, infinidad de facultades dormidas en la especie humana y
los recuerdos, el hilo conductor que nos une a esa memoria de la humanidad en la que existen
infinidad de recursos para evolucionar, constantemente, en un continuo aprendizaje. Todo ello
nos conduce desde nuestra naturaleza humana y terrena (la serpiente), a la divina y celestial (el
quetzal).

En el Códice Florentino se reflejaron los principios de la esencia tolteca. El primero de ellos es


Topiltsin Sentrasotla, Topiltsin Sentlasotla que consiste en amar a Dios, sea cual sea la forma en
que entendamos a Dios. El segundo es Kateikniu’tlani, que es tener paz con todos los seres
humanos. El tercero es Amo Keketsa, fundamental para comprender la laboriosidad y el buen
hacer tolteca, que consiste en “no perder el tiempo”.

El cielo y la espiral

El emblema representativo del Kinam, de la toltequidad, es un antiguo


símbolo mesoamericano que aparece en el Códice Magliabecchi. Los
nombres tradicionales por los que se le conoce son Nawipapalotl,
“cuatro mariposas” y Atokatl, “araña de agua”, donde se funden los
cinco elementos básicos de esta disciplina, como son el centro, el
equilibrio, la fluidez, la complementariedad de los opuestos y los
cuatro rumbos.

Hay que destacar también un símbolo importante de la toltequidad


como es el caracol partido por la mitad, con sus cinco puntas (estrella de cinco puntas con la
espiral en su interior). Los toltecas no podían concebir un tiempo rectilíneo, pues respondía a
ciclos, en forma de espiral, tal como se puede ver en el caracol seccionado. Las cinco puntas
responden a su concepción quinaria del espacio y del tiempo, que se dividían en cinco elementos
y en estructuras también de cinco términos. Actualmente el proceso del Kinam se estructura en
siete pasos fundamentales. Primeramente es fundamental el vínculo cultural con la toltequidad a
través del conocimiento del profundo significado de la Serpiente Emplumada, de la teología
tolteca y del calendario 13:20 (basado en la matemática sagrada y en la numerología nahuatl).

En segundo lugar es fundamental un compromiso serio con los principios éticos o Nawatilli.
También es importante el desarrollo del camino del guerrero o Teochiwa. El cuarto paso consiste
en la purificación de los vehículos de conciencia (Chipawa), que se basa en el conocimiento de
los centros energéticos, el control de la respiración y ciertas teorías terapéuticas ancestrales. El
quinto paso es la meditación (Teomanía), al que le siguen el trabajo de pura esencia chamánica
con la energía, el nagualismo (Nawallotl) y los ejercicios físicos (Yekoatl), de los que forman
parte los deportes, las artes marciales y la danza.

El espíritu tolteca responde a la dinámica de los ciclos del Tiempo. Se disolvió aparentemente en
el olvido, con su persecución histórica y la muerte de millones de personas que optaron por la
Luz (un curioso paralelismo también con el cristianismo) y la búsqueda de la sabiduría que
propicia el conocimiento. Ahora resurge de nuevo, seguramente cuando más falta hace, para
que de nuevo el equilibrio, tan propio de la naturaleza tolteca, nos conceda la paz y la armonía
que necesitamos en nuestras vidas.

Prodigios en la vida de Quetzalcoatl

La figura divina de Quetzalcoatl, la Serpiente Emplumada, ha


influido poderosamente en la conciencia histórica de Mesoamérica,
y especialmente en la espiritualidad de distintas culturas de México.
Supone la expresión de la divinidad y el símbolo de la
transmutación del ser humano, que ha de recobrar su naturaleza
celestial, el quetzal, desde la condiciona humana y material,
representada por la serpiente.

Esta filosofía de la vida en plena conexión con el Cosmos estaba a


su vez asociada a infinidad de prácticas que buscaban desarrollar el
equilibrio del cuerpo, de la mente y del espíritu de los iniciados, con
el fin de alcanzar la libertad y la plena conexión con el principio
creador: Ometeotl.

Pero Quetzalcoatl, según la tradición mesoamericana, se manifestaba periódicamente,


aproximadamente cada 1040 años (veinte ciclos de 52 años, número sagrado para numerosas
civilizaciones centroamericanas), con la forma física de un ser humano, un mensajero que
podríamos definir como un avatar o mesías, equiparable por la riqueza de su doctrina a otros
seres similares de las más variadas religiones y épocas. Estos 1040 años tienen una razón
astronómica, porque son el ciclo de ajuste del planeta Venus con el calendario prehispánico, es
decir, cada ese tiempo, coincide Venus en una posición dada de la eclíptica, con una fecha dada
del calendario. Como sabes, Venus es el astro de Quetzalcoatl, como también lo fue de Cristo
(Chre-Isto, "señor de Venus"), Zoro-aster, Krishna, etcétera.

El hombre que experimentó este proceso de reconocimiento de la divinidad que llevaba en su


interior, y que se convirtió en un maestro y guía espiritual para un gran número de culturas
mesoamericanas, fue Ce Acatl Topiltzin Nacxitl Quetzalcoatl, “Nuestro Señor Uno Caña Cuarto
Paso de la Serpiente Emplumada”. Por más que los hechos asociados a su vida estén
profundamente envueltos por el mito y la leyenda, con infinidad de sucesos claramente
simbólicos, poesía y parábolas, nos encontramos ante una figura real e histórica. Es la de un ser
sumido en un proceso espiritual que nació en un pequeño pueblecito del actual estado de
Morelos, llamado Amatlán de Quetzalcoatl, el 14 de mayo del año 947 d. C. Esta fecha, de
implicación astronómica, goza de un gran simbolismo, pues se corresponde con el día de paso
cenital del Sol en la latitud de la ciudad de Xochicalco., que era la sede de la Toltequidad por la
época del natalicio de Ce Acatl.

Un milagroso embarazo

La vida de Ce Acatl estuvo unida a toda clase de hechos prodigiosos e


incluso milagrosos, que empezaron a producirse antes incluso de su
nacimiento. Su madre fue Chimalma, una joven de origen humilde de la
que se enamoró el rey de Tula, Mixcoatl. Enviada por éste a un templo,
en el que sería adiestrada como futura reina, se introdujo en una cueva
a orar. Allí un pez le anunció que sería madre de la encarnación en la
Tierra de la mismísima Serpiente Emplumada, Quetzalcoatl. Chimalma
se guardó en el interior de la boca una cuenta de jade que el pez le
había entregado y de regreso al templo, sin pretenderlo, se la tragó, quedándose
automáticamente embarazada sin intervención de varón alguno.

El jade, por su color verde, representa la culminación de un proceso de transmutación alquímica,


idéntico al de la búsqueda de la piedra filosofal en la Europa medieval, la transmutación del
plomo de la materia en el oro del espíritu. El jade en esta cultura equivalía al rubí o rojo de la
tradición alquímica – como sabes, los pasos son putre o negro, albedo o blanco, y rubí o rojo,
aquí eran negro, blanco y verde, pues los mesoamericanos no conocieron los rubíes. Sin
embargo, curiosamente, al proceso en su totalidad le llamaban Tilli Tlapalli, “del negro al rojo”,
sobreentendiendo que el rojo era el valor simbólico del jade como representante de “lo
precioso”, es decir, de la sangre.

El paralelismo con las encarnaciones de seres como Jesús, Buda, Krihsna o actualmente Sai Baba
es sencillamente asombrosa. Muchos otros sucesos nos ofrecen sospechosamente un curioso
guión escrito por la divinidad para distintos maestros de sabiduría venidos al mundo para
iluminar el camino de los hombres.

El rey tolteca, lógicamente preocupado por lo que había ocurrido, pudo saber a través de un
oráculo que aunque él no era el padre de la criatura, tampoco lo era hombre alguno, así que
reconoció al niño, que a partir de ese momento sería su heredero. Esto molestó profundamente a
sus dos hermanos, Solton y Kuilton, devorador y usurpador, como notas, son nombres
simbólicos, que así perdían sus derechos al trono, hasta el extremo de que cegados por la ira
asesinaron a Mixcoatl. A esta tragedia se unió la muerte de Chimalma, pues después de cuatro
días de doloroso parto murió dando a luz al niño sobre un escudo.

Los nuevos regentes de Tula se conjuraron para matar al niño, por lo que las propias parteras
cogieron al pequeño y lo arrojaran sobre un maguey para que muriera empalado.
Sorprendentemente, esta planta espinosa lo alimentó con la propia destilación de su miel. Es
curioso observar que sería esta misma la que utilizaría en el futuro para sus simbólicos auto
sacrificios rituales, punzándose, como él decía que había que hacer, labios, orejas, piernas o el
miembro viril, según fuera la penitencia en función del pecado a expiar.

Al fallar en este intento de acabar con su vida, las parteras lo abandonaron junto a un
hormiguero, con el fin de que las hormigas se lo comieran, pero lo que hicieron éstas fue
alimentarlo con masa de maíz sobre un lecho de flores.

Por este motivo lo dejaron caer en un manantial de agua para que se ahogara, pero lejos de lo
que se esperaba, flotó y fue arrastrado suavemente por la corriente hasta que quedó a salvo
sobre la arena. A partir de entonces serían sus abuelos quienes cuidarían de él en secreto.

Tenía Ce Acatl trece años (otro número sagrado en Mesoamérica), cuando fue invitado por sus
sanguinarios tíos para participar en las exequias de su difunto padre, en el cincuenta y dos
aniversario de su nacimiento (la matemática sagrada una vez más), lo que se produjo en el año
960 d. C. Se trataba de una nueva estratagema para acabar con el heredero, aunque gracias a
su astucia, y a la ayuda de unos animales, no sólo consiguió sobrevivir, sino que fue capaz de
arrojar a la hoguera a los asesinos, convirtiéndose así, tal como le correspondía en justicia, en el
rey de Tula.

El antropólogo y escritor Frank Díaz, autor de “El evangelio de la Serpiente Emplumada”, me ha


aportado generosamente los resultados de años de investigación para la elaboración de este
artículo. Ha dedicado buena parte de su vida a la profunda filosofía de los toltecas (difundida a
través de la web kinam.org), descifrando cada uno de los símbolos asociados a la vida de
Quetzalcoatl, tanto histórica como legendaria, e indica en relación a estos animales que “el
águila es el ego; el ocelote, la dimensión nocturna o subconsciente; el lobo o coyote, la
sexualidad”. Resultan ser naguales del propio Ce Acatl y representan su dominio sobre la
condición animal.

Chamanismo tolteca

El nagualismo es fundamental para comprender las creencias toltecas, pues


éstos concebían la existencia desde la experiencia chamánica. El nagual
sería la proyección de nuestra propia energía, adoptando forma propia en el
mundo de los ensueños, de tal modo que incluso puede llegar a tener forma
identificable o bien una apariencia luminosa. El folclore popular ha
trivializado este proceso chamánico atribuyéndole al nagual la capacidad de
convertirse en una bestia.

El nagual también es el líder o guía de un grupo de chamanes o brujos


organizados en Nawalmekayotl o linaje de sabiduría. Estos grupos, de
carácter hermético, se iban transmitiendo los conocimientos secretos de
generación en generación. La capacidad de desdoblarse era propia de la
concepción tolteca del poder chamánico. El símbolo del nagual era el
ocelote, animal de hábitos nocturnos, cuyas manchas representaban a las
estrellas. El propio Quetzalcoatl era llamado Nawalpiltsintli, “príncipe de los
naguales”.

Contaba todavía trece años cuando fue enviado por sus abuelos a Xochicalco (situado en el
actual estado de Morelos), donde entraría en contacto con el conocimiento sagrado a través del
culto a Quetzalcoatl. Allí se enfrentó, según la leyenda, con una serpiente de siete cabezas que
cuidaban los sacerdotes y que devoraba a todo aquel que no respondía satisfactoriamente a sus
preguntas. La serpiente, llamada “Señor Ciempiés”, le hizo siete preguntas, que simbolizan todo
un proceso iniciático, en un lenguaje críptico, el mismo que los mayas llamaban lengua de
Zuyua, tal como aparece en el Chilam Balam. Ce Acatl respondió, una tras otra, a las siete
preguntas, convirtiéndose así en el nuevo Señor Serpiente, un título que refleja la misteriosa
identidad de toda una estirpe de seres poseedores del conocimiento supremo, como por ejemplo
Pacal Votan, rey maya de Palenque.

Posteriormente, el joven iniciado tendría que hacer penitencia durante siete años, toda una clave
simbólica que se uniría a la orden que dio para que se construyeran altares frente a los que se
pudieran arrodillar los toltecas con el fin de besar la tierra. Sin embargo, estos altares tenían que
ser destruidos después de cincuenta y dos años, para volver a hacerlos todavía más hermosos,
tal como los propios mayas hacían con sus pirámides. La idea subyacente era evitar la idolatría,
al destruir el objeto mediador, fuera un edificio, escultura o mural. En este caso se volvía a
construir una pirámide utilizando la antigua como relleno, lo que nos permite ahora conocer la
antigüedad de las mismas. Esto era lo que se consideraba una gavilla de años, un ciclo de gran
importancia en la evolución de los hombres.

Las trampas de la oscuridad

Pero en la búsqueda de la Luz no se vería libre de la perfidia de su contrario, Tezcatlipoca,


vinculado a las fuerzas oscuras, quien reclamaba los sacrificios humanos que Quetzalcoatl
rechazaba. Este ser no dejaba de tentar constantemente al maestro tolteca para llevarle al
camino de la perdición. Se decía de él que adoptaba la forma de monstruos y de toda clase de
animales, que adormecía con su aliento a los toltecas, para que no siguieran las enseñanzas del
amor universal, y que descendió del cielo utilizando una cuerda hecha con hilos de araña, que
es, por cierto, el propio nagual del dios oscuro: la tejedora del destino.

Entre una infinidad de tropelías fue el responsable del robo del espejo de obsidiana incrustado en
el pecho de una estatua venerada en Tula por los toltecas, pues por medio de ésta les era
posible hablar con Ometeotl, el principio divino que hace posible el equilibrio de la dualidad. De
hecho todo le parecía poco con tal de extender la maldad sobre el reino de Tula y cualquiera de
los territorios que abarcara su imperio. Otro de los terribles prodigios de este mago negro sería
la caída de una enorme piedra sobre la propia ciudad, así como una lluvia de piedras sobre las
cabezas de sus habitantes, a lo que se vendrían a sumar terribles tormentas con gran cantidad
de agua. Los rezos detuvieron temporalmente este caos meteorológico, pero poco después
fueron víctimas de una plaga de langostas que se comían hasta el último cultivo o planta que
encontraran a su paso. Por si esto fuera poco se produjo la aparición de una inmensa cantidad de
gusanos y gorgojos, entre otros pequeños animales, cuya voracidad era insaciable.

La guerra cósmica entre la luz y la oscuridad se había desencadenado, y el resultado de ello fue
la destrucción masiva de los recursos de los graneros del reino, sumiendo en el terror a los
toltecas. Muchísimos de ellos murieron de hambre. No contento con ello, el malvado adversario
de Quetzalcoatl embrujó a los toltecas con su canto en los bellos jardines de Xochicalco, en este
caso no se trata de la ciudad, sino de ciertos jardines cercanos a tula, Xochicalco solo significa
casa del jardín hasta conducirlos a un abismo, por el que se despeñaron. Acabó con muchos
rompiendo un puente, lo que causó gran mortandad, y hasta llegaba a matarlos uno a uno con
una maza. Finalmente, para consumar su obra, rompió unos diques, ahogando a todos los que
quedaban en los jardines.

Los presagios del destino adverso que le deparaba a Ce Acatl habrían de aumentar hasta sumirlo
en la angustia. Uno de ellos fue la aparición de un ciervo deforme, que arrastraba la cola por el
suelo. Se situó frente al rey tolteca y desapareció, ante la mirada aterrorizada de todos los que
encontraban a su alrededor. En otra ocasión, al mirarse en un espejo, se encontró con la imagen
de un conejo (símbolo de la luna) ensangrentado. Así se amargó su corazón, preguntándose si lo
vería así su pueblo, condenado a la decrepitud y al ocaso de un hombre que lo único que quería
era dedicarse por completo a la trascendencia y al contacto con el Creador.

A pesar de todo, él seguía sumido en la austeridad, en la penitencia y en la enseñanza dada a su


pueblo para que siempre obrara el bien, fuera humilde, generoso con los más necesitados y
perseverara en la creencia de un único Dios. Con Él había que fundirse a través de la práctica
diaria del trabajo, la oración y el merecimiento, elemento fundamental en la esencia de la
toltequidad.

Su actitud de absoluta integridad hacía posible que sus súbditos, a pesar de las calamidades,
todavía le fueran fieles y permanecieran unidos. Así que sus adversarios decidieron acabar con él
desprestigiándolo ante todos. Con sutileza y astucia consiguieron hacerle beber vino, a pesar de
que él se negó reiteradamente a causa de su ayuno. Con la bebida mezclaron hongos de efecto
psicoactivo. Como no estaba acostumbrado a estos excesos se emborrachó, y aunque sintió el
gozo de las visiones que experimentaba, los hechizos de Tezcatlipoca arrojaron a sus brazos a la
joven Quetzalpetlatl, su propia hermana. Así fue cómo se hundió, vencido por la tentación, en las
tinieblas del pecado, lo que provocó el descrédito entre su pueblo y la inmediata expulsión.

Tanto añoró la muerte que pidió que le trajeran un cofre para que le sirviera de ataúd.
Permaneció tumbado en su interior cuatro días, implorando una muerte que no le fue concedida.
Nacxitl, título de Ce Acatl como Cuarto Paso, cuarto mensajero de la Serpiente Emplumada en
una serie de encarnaciones divinas, estaba sumido en el infierno interior de la naturaleza
humana. Destinado a vivir su proceso de transmutación, decidió abandonar la ciudad y el reino
de Tula. Fue despojado de todas sus riquezas y posesiones materiales para convertirse en un
auténtico peregrino y caminante, siempre acompañado de sus más fieles discípulos.
Sobre una peña contempló la ciudad de sus sueños, que abandonaba para siempre. Cuenta la
leyenda que todavía quedan sus huellas en la piedra donde se apoyó. Allí expuso el vaticinio que
habría de convertirse en profecía, al lamentarse por la forma en que quedaría vacía la gran urbe,
lo que ocurrió años después, cuando los chichimecas acabaron con la gloria de este ombligo
cósmico y ciudad imperial de los toltecas.

En el corazón del territorio maya

El guía espiritual, acompañado por sus fieles, se dirigió hacia el reino del sur, donde iría en busca
de los sabios mayas. El rey de Uxmal le recibió con los brazos abiertos, allá por el año 987 d. C.,
así como los itzáes, quienes reclamaban su facultad para curar las fiebres de las que
enfermaban. Poco a poco, aquellos que habían tenido noticias de su grandeza espiritual
acudieron para que pudieran ser tocados y sanados por él. Se cuenta que en aquellas tierras
realizó numerosas curaciones y toda clase de milagros. A su paso impartía su doctrina, atendía a
los necesitados y construía templos dedicados a la Serpiente Emplumada, sobre los que erigía el
símbolo de la cruz. Éste es conocido como el Quincunce o cruz de San Andrés, representativo de
la fe tolteca, y que tanto habría de llamar la atención de los españoles cuando llegaron a México.
El nombre nawatl del Quincunce es teokuitla, “excremento divino”, emblema de la conciliación
de los opuestos.

A pesar de la división creciente entre los toltecas, la ciudad de Cholula permaneció fiel a
Quetzalcoatl hasta el último momento. Allí se había construido un gigantesco templo dedicado a
la Serpiente Emplumada, con galerías subterráneas que fueron ofrecidas a los toltecas para que
se refugiaran. Después de contar el sueño de un collar de dorados granos de maíz que se
rompía, lo que provocaba que éstos se dispersaran, sus discípulos supieron que Quetzalcoatl les
hablaba de su partida: “Cuando el nueve se junte con el trece. Cuando veáis movimiento arriba,
movimiento abajo, y nazca de la serpiente de luz vida sin fin, aún sobre esta tierra. Entonces
ocurrirá la voluntad del Uno, y vosotros lo veréis. Del corazón del Cielo desciende la
consagración de una vida nueva”.

Aunque no fuera ése su deseo, no pudo negarse a la petición que le hicieron de que les dejara
algunas reliquias suyas para perpetuar su memoria. Entregó unas piedras verdes, talladas con
forma de animales, así como cabellos de su barba, que llamaron “las barbas del Sol”. En su
marcha, tras abandonar Cholula, se produjo un nuevo prodigio. Quería atravesar un río cuando
golpeó una piedra y con el poder de su voz se partió, convirtiéndose en un puente por el que
pasaron, el llamado Tepeshiweloa, “peñas desgajadas”.

A pesar de su éxodo continuo, el número de seguidores fue creciendo, hasta alcanzar una
muchedumbre de unas ocho mil personas. En uno de esos altos en el camino se retiró a la
montaña a meditar y con el fin de ofrecer el sacrificio de su sangre, clavándose las espinas de
maguey. Después ordenó a la montaña que se convirtiera en tierra llana, por lo que habría de
ser terreno ideal para el sagrado juego de pelota, que representa la dramatización del orden
cósmico. Esto produjo un gran terremoto que al estremecer la tierra atemorizó a todos los
presentes.

Regreso a las estrellas


Y llegó el día de manifestar el desapego total hacia las cuestiones mundanas. Tras la imposición
que se le hizo de la máscara verde, el báculo y un manto bordado con serpientes sobre sus
hombros, se situó encima de un montón de leña y él mismo se prendió fuego. Un temblor de
tierra sacudió por entero aquellos parajes y el sol fue ocultado por las sombras. Después cayó
milagrosamente una lluvia de flores. Los allí presentes vieron elevarse el corazón de Ce Acatl,
desde el fuego hacia el cielo, bien custodiado por los pájaros y las mariposas, convirtiéndose,
según la tradición, en Tlawiskalpan, que es el luminoso Venus. El fuego físico de la hoguera es al
mismo tiempo el símbolo de la combustión interna del cuerpo, que se vuelve incandescente, que
se transmuta completamente ardiendo como una pavesa, sutilizando la
esencia del espíritu a través del fuego interior, lo que nos recuerda a
algunos místicos cristianos, que ardiendo en el amor del éxtasis
exhalaban fuego por la boca.

Ocurría esto en el año 999 d. C, cerca de la costa de Coatzacoalcos, actual


estado de Veracruz. Pero para sorpresa de sus discípulos apareció cuatro
años más tarde, después de descender al inframundo, del que resurgió
con toda su gloria, revestido ya definitivamente con la aureola de la
divinidad que siempre había tenido. Profetizó entonces que “se abrirán las
puertas de oro, y vendrán en matrimonio los pueblos de la tierra al templo
de los cuatro rumbos, donde se os pedirá que no os descalcéis. El mundo habrá de verlo cuando
ocurra, porque es amanecer de Ometeotl”. Cumplida la misión que vino a desarrollar a lo largo
de su vida, la transmisión de una gran enseñanza, arrojó su manto de serpientes al agua, para
navegar sobre ellas, alcanzando la Luz, el cielo, sin haber muerto. Sus palabras fueron
misteriosas: prometió que algún día regresaría...

La doctrina espiritual de la Serpiente Emplumada

En todas las épocas y lugares del mundo ha habido seres excepcionales que
han pretendido legar un mensaje de fraternidad y armonía a todos los seres
humanos, reconociéndose vinculados, de una u otra forma, al Creador, al
Gran Espíritu, a través de las múltiples formas que las distintas creencias y
religiones han desarrollado en todo el planeta.

De México nos llega ahora un conjunto de creencias antiquísimas que fueron


comunes al conjunto de Mesoamérica, transmitidas al igual que una gran
cantidad de prácticas por los buscadores de la libertad individual y el
equilibrio, los refinados artistas que unieron la tierra con el cielo en su
concepción de la armonía cósmica. Ellos fueron y son los toltecas, que han
perdurado hasta los tiempos presentes, fieles a una tradición que les exige
la evolución constante, el cuestionamiento de todo lo que existe, el
laborioso trabajo desarrollado con honor y la fe inquebrantable en unos
principios morales que nos ayudan en cada momento a ser mejores.

Es inmenso y complejo el cuerpo de creencias y prácticas que nos han legado los toltecas, filósofos, artistas
y sabios cuya identidad estaba por encima de la identificación con cualquier pueblo o nación.
Necesitaríamos toda una vida para llegar a conocerlas en profundidad, pero siempre hay tiempo para
acercarse a uno de los legados espirituales más originales de la Tierra.

La alquimia tolteca o proceso para evolucionar desde la forma más burda y material del ser humano, hasta
la del ser divino que llevamos en nuestro interior, se refleja en la fusión de la serpiente (densidad de la
materia y naturaleza humana) y el quetzal (sutilidad del espíritu y naturaleza divina), que sintetizan la
expresión sublime de la divinidad: Quetzalcoatl, la Serpiente Emplumada.

Esta alquimia consiste fundamentalmente en un proceso de transmutación por el que las manifestaciones
física, mental, emocional y vital, dan lugar a la conciencia pura. Para ello el tolteca ha de ejercer su
voluntad, con plena decisión, pues lo que busca es la liberación personal por encima de todo, como una
cuestión vital, escapar del espejismo que supone la existencia y su propia manifestación en la vida (el
reflejo en el espejo de lo Absoluto). Este camino no es independiente de quienes les rodean, pues la
toltequidad representa por encima de todo un conjunto de normas que influyen decisivamente en la
sociedad, transformándola conscientemente, para mejorarla.

El trabajo práctico a la hora de hacer posible esta transmutación alquímica tiene lugar con una energía que
se encuentra en la base de la columna vertebral, la simbólica serpiente que asciende en espiral, conocida
en la India como Kundalini. Como indica Frank Díaz, uno de los investigadores que mejor conocen la esencia
espiritual de los toltecas: “El atanor, llamado aquí Kuau’shikalli,' vaso del águila', es el centro abdominal
que tienen que desarrollar tanto el varón como la hembra para producir el milagro del ensueño. Su
contenido es el Atlachinolli, 'agua quemada' - el estado activado de la energía. El
óvulo o semilla que se deposita en él es un tipo de concentración que despierta de su
letargo al embrión del doble de ensueños”.

El símbolo que refleja en toda Mesoamérica la obra alquímica es el jeroglífico


Atlachinolli, que está formado por dos espirales que se entrelazan. Una de ellas es
curvilínea, representando al agua, y la otra es angular, simbolizando el fuego.

La sexualidad es fundamental en la práctica tolteca, pero no como se entiende habitualmente, destinada


exclusivamente al estímulo sensorial y al gozo físico. La sabiduría ancestral nos revela que esta energía
sexual es la fuente de la que procede todo lo que somos, y como tal hemos de utilizarla con conocimiento,
pues en ello se fundamenta el conjunto de nuestra existencia. Similar al tantra de la India, el Yontlapalli
propicia la fusión de lo masculino y de lo femenino. Es un arte que nos remonta míticamente a los orígenes,
al ser hermafrodita que estaba más allá de las dualidades de la carne, de la materia. En un sentido real, se
trata de encontrar en la otra persona con la que nos unimos aquello que nos complementa. Esta unión nos
concede la conexión con la Totalidad, con lo que está completo, equilibrado, en armonía.

Esa idea de encontrar el equilibrio en la dualidad es una constante sistemática en toda clase de culturas
mesoamericanas a lo largo de la historia. Partiendo de la experiencia propia, la maestría que se alcanza al
consultarlo todo con el corazón, nos encontramos con el segundo precepto importante de la filosofía
tolteca: la unidad cósmica. Los más antiguos pobladores de Mesoamérica creían en un principio cósmico
llamado Semanawak, que vendría a significar “unidad circundante” y “unión de los opuestos”. El centro, la
fuerza generadora o activadora de esta unidad, era llamada Teotl, que significa divino, energético y
poderoso.

La esencia de la filosofía tolteca nos explica que aquello que podemos percibir del Universo cobra
existencia a través de dos polaridades, cuya unión se denomina Ometeotl, es decir, divina dualidad. En este
principio se originan infinidad de creencias, normas sociales, la compleja iconografía de las más variadas
culturas, los movimientos de la danza, las prácticas energéticas, los ciclos de la vida, los símbolos
ancestrales y la forma de entender el Cosmos en el que el ser humano busca encontrar su propio centro,
inmerso en la propia dualidad divina de la que forma parte.

Frente a un concepto de la creación surgiendo de la nada, la toltequidad argumenta que todo lo que
conocemos es fruto de un proceso de evolución constante en el tiempo y en el espacio. Senkawa es el
nombre que recibe el movimiento por el que todo tiende a la perfección. Frente al equivocado concepto
politeísta que tenemos de las culturas mesoamericanas, los toltecas creían que los dioses eran seres que
habían alcanzado una evolución más elevada que la nuestra, pero partiendo de situaciones similares a las
que nosotros tenemos, como seres humanos, en una continua experimentación que da como resultado
aciertos y errores.

La forma de conectar con este principio equilibrador de la dualidad, Ometeotl, era precisamente a través
del aliento. Existía todo un arte y una ciencia alrededor del aliento, que recibía el nombre de I’imati:
“prestar atención a la respiración”.

Los mayas dicen que “el nombre de Dios se dice suspirando” y en todo México se pueden ver mascarones
de Kinich Ahau, el Sol, con la boca abierta, mostrándonos el poder del aliento. Es un acto recíproco y
sagrado de respirar a Dios y de ser respirado por Él. Si la naturaleza humana necesita alimentarse de
materia, de la que se compone su cuerpo, ¿no es concebible que el ser espiritual, que es luz, se alimente
precisamente de lo que verdaderamente es, luz, a través de los fotones, de la luz del sol que nos ilumina
cada día?

Estas partículas de vitalidad que recibimos con la respiración se llaman Tleyotl, chispas, y son recibidas por
el Tonal, que es una de las cinco formas en que se manifiesta nuestra conciencia. Ésta se encarga de
llevarla a lo largo del cuerpo. Como resultado del conocimiento empírico de los toltecas a lo largo de miles
de años de evolución, descubrieron que había en nuestro interior dos corrientes energéticas que acaban
desembocando en la boca. A su vez se dividen en otras siete que llegan hasta la cabeza, llamadas
conjuntamente Koapetlatl, exactamente “estera de serpientes”.

El movimiento energético adecuado a través de la “estera de serpientes” es la finalidad


fundamental del acto de meditar, o Teomanía, que es muy importante dentro del conjunto de
las prácticas del Kinam, que en nahuatl vendría a significar “el poder del equilibrio” o “en
estado de armonía”. De hecho, los kinames se decían unos a otros, a manera de saludo: “que
no te caigas sobre la tierra”. Afortunadamente, la sabiduría innata del Kinam está viendo la
luz a través del espíritu actual de puertas abiertas de la toltequidad (como puede
comprobarse en kinam.org, web difusora de estos conocimientos en México).

El lenguaje tolteca responde al espíritu, y también a la matemática sagrada, a una metalógica


que va más allá de lo comprensible por un cerebro condicionado por una sociedad engañosa.
Por eso cuestionaban absolutamente todo, y gracias a un complejo aprendizaje se
preguntaban a sí mismos, con la fuerza que les daba la sintonía con las energías de la naturaleza y del
Cosmos, con el conjunto de la Totalidad, de la que eran parte inseparable.

Buscar el gozo supremo, con la cabeza baja, en una postura atenta, con las rodillas flexionadas y dejando
fluir el espíritu hasta unirse con “Nuestro Señor”, era la técnica para alcanzar el silencio interior, la ausencia
del ruido de la vida, consiguiendo el Amomati, el silencio mental del vacío absoluto, de la nada que nos
conduce al Todo, a la manifestación plena de Quetzalcoatl, la fusión de nuestra parte humana y divina.

El arte de sanar el cuerpo, de conservarlo en perfectas condiciones, tenía lugar a través de posturas
“estables”: Semka, que se dividen en cinco grupos. La postura del famoso Chacmol de Chichén Itzá
representa una postura en la que el meditante está “tendido”, Onok. También se podía estar en la posición
de Tlalia, “sentado”, que podríamos asociar con la postura del loto, conocida por los toltecas como
Shomalina. Cuando el peso del cuerpo se descarga sobre los pies, o bien combinando pies y rodillas, nos
encontramos con Mopacho, “agachado”. Una cuarta posición, Ikak, “de pie”, nos ofrece la oportunidad de
dejar caer el peso sobre las plantas de los pies o sólo sobre las puntas. Finalmente está la posición de
Kuepa, “invertido”, en la que se tiene que apoyar el cuerpo sobre las manos, aunque también puede ser
combinando codos y pecho, cabeza y puños, y manos y codos.

De las posturas sedentes el movimiento nos lleva a las dinámicas, a través de las posturas móviles, Molini,
las que tienen desplazamiento, Kuani, y las que se producen en marcha, bien caminando, corriendo o
dando saltos, Nenemi. Este grupo también se denomina Shoshotlamati, “ciencia de los pasos”.
Los preceptos morales, la canalización de la energía, los hábitos de conducta, se unen
en perfecta armonía con infinidad de métodos para alcanzar un nivel espiritual elevado.
Uno de ellos es el conjunto de signos realizados con las manos, los mudras, como se
conocen en Oriente, que en el Kinam reciben el nombre de Machiomana, “lenguaje
manual”. Los gestos manuales que combinan distintas posiciones de las manos y de los
brazos se unen a diversas posiciones, muy complejas, uniendo los dedos, Mapiltsalan,
“dedos cruzados”. Todas estas posiciones revelan un lenguaje iniciático, pero al mismo
tiempo activan la energía que recorre nuestro cuerpo, el movimiento de la serpiente
Kundalini, fuente de energía del universo y esencia vital en nuestro organismo.

La danza, Mitotl o Netotilli, o el arte marcial, Yayaotl, son algunos de los infinitos
elementos que componen la práctica tolteca, que nos lleva a la Unidad. “Dios es uno,
Quetzalcoatl es su nombre. Nada pide. Sólo serpientes, mariposas, eso le ofreceréis”,
aparece en el Códice Florentino, revelándonos la esencia de Dios y lo que nos reclama, pues la serpiente
simboliza el cuerpo y la mariposa el alma. En esta entrega en cuerpo y alma, el tolteca desarrolló una serie
de principios sublimes, equiparables a los más notables tratados de ética y teología o cosmogonías y
religiones del planeta.

La voz de la sabiduría, de las enseñanzas transmitidas por Ce Acatl Topiltzin Nacxitl Quetzalcoatl, último
avatar de Quetzalcoatl, la Serpiente Emplumada, encarnado en la Tierra, nos llega con el eco de los
tiempos pasados, como instrucción precisa para encontrar la paz y la armonía en los tiempos que vivimos:
“Evita los extremos, mantente en el medio, porque sólo en el medio existe la condición social, la condición
honorable”. El eco de estas palabras nos traslada al mensaje del Tao, reflejado en el “Tao Te King”, a través
de la palabra invalorable del sabio Lao-Tsé. “Amaos los unos a los otros, ayudaos entre vosotros en la
necesidad, con la manta, la joya, el salario y el alimento. Pues no es verdad, no es cierto si despreciáis a
quienes os rodean”. ¿No parece como si nos alcanzara el rumor de las palabras de Jesús el Cristo? Sin
embargo son palabras del credo tolteca.

La clave secreta está en que sin duda las palabras de Quetzalcoatl proceden de esa fuente ancestral de
conocimiento que se oculta más allá del tiempo y del espacio, y que de vez en cuando, en el lugar y en el
momento adecuados, llega a los hombres como chispas de luz que nos alimentan y nos ayudan a remontar
el curso de la vida con nuevos afanes y voluntades. “El maestro es luz, tea, espejo. Suyas son la tinta negra
y la roja, suyos los códices. Él mismo es escritura y sabiduría, camino y guía veraz; conduce a las personas
y a las cosas, y es una autoridad en los asuntos humanos”. Esa maestría es el resultado del espíritu tolteca,
de los que buscan la libertad y se atreven a desplegar las alas y volar, como lo que son, como auténticas
serpientes emplumadas...

El origen del Universo según los mayas

Hace dos mil años se desarrolló en Guatemala y el Petén una civilización que dejó una huella
indeleble en la historia humana: los mayas. Los mayas estaban obsesionados por saber de dónde
venimos y a dónde vamos. Por eso, crearon un calendario extremadamente amplio y exacto, y lo
grabaron en las estelas de piedra que los arqueólogos encuentran por centenares en lo profundo
de la selva.

En particular, es muy interesante la Estela 1 de la ciudad de Cobá, porque contiene la fecha en la


que, según este pueblo, comenzó la Creación. La cronología cincelada en este monumento
abarca un total de 21 ordenes vigesimales, es decir, una cantidad de tiempo que es muchos
millones de veces superior a la duración del Universo. ¿Qué llevó a los mayas a tan destacada
proeza intelectual? Sin dudas, el afán de integrar el efímero tiempo de los seres humanos con el
tiempo infinito de los dioses o poderes cósmicos.

.
26 871 679 559 481 344 000 000 000
+ 1 343 583 977 974 067 200 000 000 000
000 .
. + 67 179 198 898 703 360 000 000
+ 3 358 959 944 935 168 000 000 000 000
. .
+ 8 397 399 862 337 920 000 000 + 167 947 997 246 758 400 000 000
. .
+ 20 993 499 655 844 800 000 + 419 869 993 116 896 000 000
. .
+ 52 483 749 139 612 000 + 1 049 674 982 792 240 000
. .
+ 131 209 372 849 030 + 2 624 187 456 980 601
. .
+ 328 023 432 122 + 6 560 468 642 451
. .
+ 820 058 580 + 16 401 171 606
. .
+ 2 050 146 + 41 002 929
. .
+ 5 125 + 102 507
. .
+ 0 tunes + 0 katunes
. .
+ 0 kines + 0 uinales
.
= 4 Ahau 8 Cumkú

Total de años transcurridos: 28 285


cuatrillones,
978 483 trillones, 564 572 billones,
631 578 millones, 949 097, hasta el 13
de agosto ó
13 de septiembre del 3114 a.C.
(correlaciones GMT - Calderón)

Al combinar las fechas contenidas en esta estela con los relatos del Popol Vuh - el libro sagrado
de los mayas quichés -, podemos descifrar la historia del Universo según los mayas. Hace algo
más de 28 mil cuatrillones de años, surgió la Serpiente Emplumada. He aquí el relato:

"Todo estaba en suspenso, tranquilo, inmóvil, apacible, silencioso, vacío. No había un solo
hombre, animal, pájaro, pez, artrópodo, árbol o piedra. La faz de la tierra aún no se manifestaba,
sólo existía el mar del cielo. Todo era invisible y todo estaba inmóvil. Sólo había agua tranquila,
solitaria, sin límites, en las tinieblas de la noche. En el interior del agua permanecía el Creador
Serpiente Emplumada como una luz difusa, como un penacho de plumas verdes. Su naturaleza
era de gran sabiduría." (Popol Vuh I.1)
Después de trece períodos en los que no ocurrió nada que fuera discernible para nuestras
mentes, comenzó una nueva etapa hace algo más de 328 000 millones de años. La Serpiente
Emplumada se manifestó a través de su Palabra o voluntad creadora y se transformó en tres
poderes que tuvieron a su cargo la creación, sostenimiento y transformación del Universo.

"Entonces vino la Palabra en las tinieblas de la noche. Hablaron,


celebraron consejo, pensaron y se comprendieron, unieron su
sabiduría y se manifestó en sus mentes el momento del alba. Y
decidieron crear al ser humano, los árboles, los bejucos y la vida
(animal). Así ordenó la manifestación del mundo el Corazón del
Cielo, y fue llamado Huracán. El primero es Rayo de un pie, el
segundo, Rayo sutil, y el tercero, Rayo esplendoroso. Estos tres son
el Corazón del Cielo." (Popol Vuh I.1)

La siguiente etapa comenzó hace 16 400 millones de años, momento


en que surge la “tierra”, es decir, el mundo físico. Afirma el Popol
Vuh que, al principio, era como una neblina que flotaba sobre la faz del agua, pero de pronto se
manifestaron "las grandes montañas" o masas de materia.

"Así fue, en verdad, el nacimiento de la tierra: ¡Tierra!, dijeron, y enseguida nació. Solamente
una niebla, solamente una nube fue el comienzo de la materia, pero entonces salieron del agua
las grandes montañas. Y el Corazón del Cielo se regocijó y dijo: Que se acabe nuestra obra y
formación. Entonces nacieron la tierra, los montes, las llanuras, se pusieron en camino las
aguas. Así fue el surgimiento de la tierra por (orden) del Corazón del Cielo, del Corazón de la
Tierra, pues así se llaman los que primero fecundaron." (Popol Vuh I.2)

Sorprendentemente, la fecha que asigna la estela a este ciclo creativo está muy cerca de la que
atribuye la ciencia moderna al Big Bang o “gran explosión” que dio origen al Universo.

Sigue diciendo el mito que hace 820 millones de años comenzó el Primer Sol, en el cual la
Serpiente Emplumada creó la vida desarrollada. Según los paleontólogos, justo por entonces
ocurren una serie de “saltos” evolutivos que dieron origen a todos los linajes vivos de la
actualidad. He aquí cómo lo describe el Popol Vuh:

"En seguida nacieron los grandes bosques, fueron creados los animales de las montañas, los
guardianes de las selvas, venados, pájaros, ocelotes, gatos monteses, serpientes y víboras. Y los
Creadores les dijeron: Decid nuestros nombres. Pero ellos no pudieron hablar como seres
humanos. Cuando los Creadores escucharon sus gritos impotentes, dijeron: No habéis podido
decir nuestros nombres, por eso seréis cambiados, pues nuestra adoración es imperfecta si
vosotros no nos invocáis." (Popol Vuh I.2)

Hace 41 millones inicia el Segundo Sol, en el cual se desarrolla una primitiva humanidad
metafóricamente creada con barro. El relato describe unos seres que, aunque tenían apariencia
humana, eran aún incapaces de caminar sobre dos piernas. Esta descripción nos recuerda a los
primates, cuya carrera evolutiva comenzó, precisamente, hace algo más de 40 millones de años.
¿Casualidad?

"A continuación ensayaron una nueva creación. De tierra hicieron la carne, pero vieron que no
estaba bien, pues se caía, se ablandaba. No erguía su cabeza, el rostro se volvía hacia los lados,
su vista estaba velada, no podían mirar hacia atrás. Hablaron, pero sin sensatez. Se aflojaban,
no se podían sostener en pie. Se dijeron los Creadores: Aunque este ser se esfuerza, aún no
puede andar y engendrar (como humano). Entonces destruyeron una vez más su obra." (Popol
Vuh I.3)
El siguiente Sol tuvo inicio hace poco más de 2 millones de años. Afirma el Popol Vuh que, por
entonces, vivió una humanidad de madera que fue capaz de hablar, pero no podía reconocer a la
Divinidad. Un dato extraordinario, porque expresa una idea afín al evolucionismo biológico, es su
vínculo con los simios de la actualidad. ¿Se refiere acaso al surgimiento del Homo Erectus y el
incipiente desarrollo del cerebro?

"Celebraron consejo de nuevo: Es tiempo de meditar sobre los signos


(que distinguirán) a la criatura humana, para que venga la claridad y
seamos reconocidos por el hombre. Enseguida hicieron unos muñecos
de madera. Pero no recordaban a sus Creadores, caminaban sin
objeto, sin tener presente al Corazón del Cielo. Aunque hablaban, no
había sabiduría en sus cabezas. Por eso fueron decayendo. Tales
fueron los primeros hombres que existieron en tierra, fueron
solamente un ensayo, una tentativa de humanidad. Entonces el
Corazón del Cielo envió una gran inundación sobre sus cabezas y
fueron sumergidos; tal fue la ruina de aquellos hombres. Y su
descendencia son los monos que viven actualmente en las selvas. Por
eso el mono se parece al hombre: es la muestra de una generación de hombres creados." (Popol
Vuh I.4)

El Cuarto Sol comienza hace 107 mil años, dando paso a una humanidad de maíz. Este mito no
indica que los mayas creyeran que nuestra carne fue hecha literalmente con masa de maíz, sino
que somos el producto de la intencionalidad, tal como el maíz es una planta artificial
desarrollada durante milenios de selección genética. Afirma el libro que estos seres eran
perfectos, pues su vista abarcaba el cielo y la tierra, es decir, lo de dentro y lo de afuera. ¿Quizás
se refiera al surgimiento nuestra especie (el Homo Sapiens) con su capacidad de autoconciencia?
He aquí el relato:

"Los Creadores se dijeron: Ya se acerca la luz, se acaba la obra, se vuelve visible el hijo del alba,
el ser humano, sobre la superficie de la tierra. Entonces buscaron lo que debía entrar en la carne
del hombre. En el sitio llamado Casas Piramidales nacían las mazorcas amarillas y blancas.
Entonces fue molido el maíz por la Anciana y salieron nueve bebidas. Este alimento entró (en la
carne), se volvió su esencia. A continuación, fue (pronunciada) la Palabra de construcción, y así
llegaron a existir nuestros primeros padres, los cuatro hombres creados." (Popol Vuh IV.1)

Por último, el registro de la estela nos lleva a un momento, hace aproximadamente 5 200 años,
cuando dio inicio el Quinto Sol Movimiento, en el cual todavía
vivimos. La fecha exacta fue el día 4 Ahau, 8º de la veintena de
Cumkú. Esta fecha coincide con el comienzo de la historia escrita; no
es casual que sea por entonces cuando llegaron a Anahuac los
olmecas, portando la antorchade la civilización. Sin embargo, la
entrada en la civilización es descrita por el Popol Vuh como un
suceso negativo, pues, como resultado de ello, los ojos de los
primeros padres fueron "velados”, es decir, perdieron el contacto
directo con la Naturaleza.

"Entonces los interrogaron: ¿Qué pensáis de vuestro ser? ¿Veis?


¿Oís? ¿Son buenos vuestro lenguaje y vuestro andar? Ellos vieron el
mundo entero y dieron gracias a los Creadores diciendo: En verdad,
dos veces, tres veces os agradecemos, pues oímos, reflexionamos,
nos movemos, sabemos, conocemos lo que está lejos y lo que está
cerca, lo grande y lo pequeño, tanto en el cielo como en la tierra.
Pero los Creadores no escucharon esto con placer. No está bien lo que dicen nuestras criaturas,
pues lo conocen todo. ¿Qué haremos con ellos? ¡Que sus miradas abarquen una pequeña
distancia, y únicamente en la superficie de la tierra! Entonces el Corazón del Cielo veló sus ojos,
tal como cuando se sopla sobre la faz de un espejo, y así perdieron la sabiduría y la ciencia."
(Popol Vuh IV.2)

La Era de Quetzalcóatl

Para Quetzalcoatl, la historia local es la sociedad lo que el cuerpo es al individuo: un fragmento


del tiempo y el espacio que, considerado en su naturaleza esencialmente transitoria, es
indispensable colaborador del Espíritu. La importancia que se asignaba al ciclo temporal, así
como la promesa del retorno del profeta, lo testimonian ampliamente.

La transformación quetzalcoatliana se revela no ser más que una metáfora de la realización que
el hombre es susceptible de alcanzar a través del grupo. Porque, una vez considerada la
trascendencia como urgente necesidad vital y no como lujo intelectual, el individuo no tiene otra
perspectiva inmediata de quebrar sus límites, más que en la comunión con impulsos semejantes
al suyo.

Quetzalcoatl enseña que la grandeza humana reside en la conciencia de un orden superior... Él


es, entonces, el signo que contiene la revelación del origen celeste del ser humano... Así, lejos
de implicar groseras creencias politeístas, el término Teotihuacan evoca el concepto de la
divinidad humana y señala que la ciudad de los dioses no era otra cosa que el sitio donde la
serpiente aprendía milagrosamente a volar, es decir, donde el individuo alcanza la categoría de
ser celeste, por la elevación interior.

Es este mismo itinerario el que sigue el alma: desciende de su morada celeste, entra en la
oscuridad de la materia para elevarse de nuevo, gloriosa, en el momento de la disolución del
cuerpo. El mito de Quetzalcoatl no significa otra cosa. Sus pecados y sus remordimientos
corresponden a la dolorosa, pero necesaria toma de conciencia de la condición humana; su
abandono de las cosas de este mundo y la hoguera fatal que construye con sus propias manos,
señalan los preceptos a seguir para que la existencia no sea perdida: alcanzar la unidad eterna
por el desprendimiento y el sacrificio del yo transitorio.

Es decir, que la creación no es considerada posible más que a través del sacrificio; sacrificio del
Sol desmembrado en la humanidad, sacrificio del hombre para restaurar la unidad original del
astro. El Sol es denominado ‘el rey de los que vuelven’: difícilmente podría
encontrarse una comprobación más rigurosa de la hipótesis sobre la creencia
nahuatl en el origen celeste del individuo.

El mensaje de Quetzalcoatl consiste en resolver el problema de la dualidad de la


naturaleza humana. Con la parábola del rey de Tolan, enuncia los principios del
desprendimiento y del renunciamiento por los cuales el hombre puede reencontrar
su propia unidad. Quetzalcoatl hecha sobre él un puente para que sus discípulos
puedan seguirlo. Esta acción de crear un puente nos dice, una vez más, que su
misión tiene por objeto establecer una comunicación entre la tierra y el cielo, unir el
hombre a Dios.

Estos ritos que reproducen la parábola del hombre convertido en planeta


constituyen sin duda prueba del paso a niveles espirituales superiores, que deben
progresivamente llevar a la unión con lo trascendente. En realidad, la existencia era
concebida como una preparación para la muerte, y esta representaba el nacimiento
verdadero que se alcanzaba liberándose del yo limitado y mortal.

Lejos de constituir un elemento inútil que no hace más que molestar al espíritu, la
materia le es necesaria, porque únicamente por la acción recíproca del uno sobre la
otra, la liberación es conseguida. Parecería que si la materia es salvada por el espíritu, este a su
vez tiene necesidad de ella para transformarse en algo como una energía conciente sin la cual la
creación dejaría de existir.

Esa energía indispensable a la marcha del universo no puede surgir más que del hombre, porque
sólo él posee un centro susceptible de transformar el espíritu que estará destinado a perderse en
la materia. Salvándose él mismo, el hombre – del que Quetzalcoatl es arquetipo – salva entonces
a la creación. Por eso es el redentor por excelencia.

Para reconciliar el espíritu la materia de que está formado, el individuo debe sostener durante
toda su vida una lucha dolorosamente conciente que lo convierte en un campo de batalla en el
que se enfrentan sin piedad los dos enemigos. La victoria del uno o del otro decidirá de su vida o
de su muerte; si la materia vence, su espíritu no se aniquila con él; si ocurre lo contrario, el
cuerpo ‘florece’ y una nueva luz va a dar fuerza a l Sol.

La era de Quetzalcoatl es la del advenimiento del alma, del centro unificador que es la esencia
misma de todo pensamiento religioso.

Definiciones de la Toltequidad

La Toltequidad se puede definir como el mensaje de la Serpiente


Emplumada al ser humano, un mensaje que dignificó la tierra de
Anawak, convirtiéndola en templo del Ser Supremo.

“Porque es tu casa, Dador de vida, porque aquí imperas tú, nuestro


Padre, en Anahuac se ha escuchado un canto en tu honor y por doquier
se derrama.” (Cantares de los Señores, Retorno de los guerreros)

Un aspecto remarcable de la Toltequidad, es su refinamiento. Otras


religiones del mundo se limitan a velar porque sus fieles sean obedientes
a ciertos mandamientos; en el antiguo México, además, se les exigía el cultivo de los sentidos. El
término Tolteca no significa creyente, sino artista, y, por extensión, persona culta.

En los mejores momentos de México, con una educación gratuita, obligatoria y generalizada, no
había pretextos para ser un salvaje. De ahí que el consejo de los textos sagrados sea: “Conoce
los símbolos, las palabras. Canta bien, habla bien, conversa bien, responde bien, ora bien. La
palabra no es algo que se compre.” (Olmos, Huehuetlahtolli)

“La ley es que se cante; es la ley de la Hermandad, la ley de la Nobleza (espiritual).” (Cantares,
Canto a Mixcoatl)

“Cuanto puedas produce, ambiciona las flores de Aquel que te dio la vida, de Aquel por Quien
vivimos.” (Cantares, Canto a Mixcoatl)

Un verdadero tolteca en Anawak sabía leer y escribir, y, por eso, estaba en contacto con la
sabiduría legada por los antepasados. Como observamos en los siguientes versos, la importancia
de la transmisión del saber hizo que la escritura misma, así como la lectura y la música
mnemotécnica que le acompañaba, llegasen a ser sinónimos de autoridad, en un sentido
cultural:
“Los que leen, los que relatan, los que ruidosamente despliegan las hojas de los códices, los que
poseen la tinta negra y roja, las pinturas, ellos nos llevan, nos guían, nos señalan el camino.”
(Libro de los Coloquios)

“Allá, en la Casa de Nuestro Origen, estaban los sabios, los poseedores de códices, los dueños
de las pinturas, los que llevaron todas las artes de los toltecas... Todo lo llevaron consigo: los
libros de cantos, la música de las flautas.” (Códice Florentino)

Como depositario de la experiencia histórica, el tolteca era una persona de alta responsabilidad
en su medio social. Su conducta servía de dechado en prácticamente toda forma de actividad
útil. Veamos unas definiciones tomadas de los Wewetla’tolli que conservó el padre Sahagún:

El tolteca como líder de su comunidad: “El tolteca es sabio, es una lumbre, una antorcha, una
gruesa antorcha que no ahuma. Hace sabios los rostros ajenos, les hace tomar corazón. No pasa
por encima de las cosas: se detiene, reflexiona, observa.

“El sabio es luz, tea, espejo horadado por ambos lados. Suya es la tinta, los códices; él mismo es
escritura y sabiduría, camino, guía veraz para otros; conduce a las personas y a las cosas, y es
una autoridad en los asuntos humanos.”

El tolteca como jefe de la familia: “He aquí al verdadero padre: es raíz y principio de linajes.
Bueno es su corazón, receptivo, compasivo, preocupado. De él es la precisión, el apoyo; con sus
manos protege, cría, educa, da ejemplos para vivir, pone delante un gran espejo. Por él todos
somos confortados, corregidos, enseñados. Gracias a él, el niño humaniza su querer y recibe una
estricta educación.”

El médico tolteca: “El médico verdadero da vida, conoce por experiencia las hierbas, minerales,
árboles y raíces. Prueba sus remedios, examina, experimenta, alivia enfermedades, da masajes,
compone los huesos, hace purgas, sangra, corta, cose, hace reaccionar y cubre con ceniza.
Conforta el corazón ajeno, da alivio y sanación.”

El artífice tolteca: “El verdadero tolteca es un hombre conocedor de colores. Sabe de


aplicaciones y armonías. Dibuja pies, caras, sombras, logra efectos. Como tolteca, pinta los
colores de todas las flores.”

El tolteca como investigador esotérico: “El verdadero sabio es cuidadoso;


respeta la tradición, posee la transmisión del conocimiento y lo enseña a otros,
sigue la verdad. Nos hace tomar un rostro y desarrollarlo, abre nuestros oídos,
nos ilumina. Es maestro de maestros.

"El falso sabio, en cambio, es como un médico ignorante o un hombre sin


cordura; dice que tiene la tradición, pero es sólo vanagloria, sólo tiene vanidad.
Amante de la oscuridad y los rincones, es un ‘sabio’ misterioso, un ‘brujo’ con secretos, un
‘soñador’ que estafa a su público, pues les despoja de algo. En lugar de aclarar, encubre las
cosas, las torna difíciles; hace perecer a sus seguidores a fuerza de misterios; acaba con todo.”
Principios toltecas

El mensaje de la Toltequidad se puede resumir en un conjunto de principios que quedaron


recogidos en los principales textos sagrados de Anawak. Los principales son los siguientes:

Principios éticos

1. Teosentlasotla, amar lo divino: "Ten gran cuidado de buscar la amistad de Aquel que está en
todas partes y es invisible e impalpable (Tloke Nawake Yowalli E’ekatl). Ofrécele todo tu corazón
y tu cuerpo." (Sahagún, Suma Indiana)

2. Kateikniu’tlani, tener paz con el prójimo: "Ten la paz con todos, por nada del mundo humilles
a otra persona. Deja que la gente hable lo que quiera y tú, mantén silencio." (Sahagún, Suma
Indiana)

3. Amo Keketsa, no "matar" el tiempo: "No pierdas el tiempo que te ha sido otorgado en este
mundo, ni de día ni noche, porque el tiempo es sumamente valioso." (Sahagún, Suma Indiana)

Principios ideológicos

1. Ishtlamati, experiencia propia: “Conoced experimentalmente el camino de las cosas... Haceos


toltecas: hombres de experiencia propia.” (Viseo, Huehuetlahtolli)

"De este modo os convertiréis en toltecas: si adquirís hábito y costumbre de consultarlo todo con
vuestro propio corazón… Toda persona que se atenga a su propio bien, allegará para sí la
excelencia y conquistará la Vida." (Sahagún, Suma Indiana)

2. Kinamiktli, equilibrio dinámico: “Evita los extremos, mantente en el medio, porque sólo en el
medio existe la función social, la condición honorable.” (Códice Florentino VI.18)

"Ipam inin kinametin nemia. Wetla paloliskatka matimowetsi ipampa - Por entonces vivían en
esta tierra los kinames (equilibrados), y su saludo era: 'Que no te caigas sobre la tierra'." (Anales
de Cuauhtitlan)

3. Toltekayotl, autocultivo: "El tolteca es abundante, múltiple, inquieto; a sí mismo se adiestra,


dialogando con su propio corazón y encontrando respuestas en su interior." (Códice Florentino)

4. Masewalistikayotl, merecimiento: "Así es, en verdad: por su merecimiento, él inventó a los


hombres y nos hizo seres humanos. Así, llegó a ser Ketsalkoatl."(Olmos, Huehuetlahtolli)
"No es por la existencia colectiva por lo que Nuestro Señor nos conserva sobre la tierra. ¡Que
lleguemos a vivir por mi mérito y por el tuyo!" (Códice Florentino VI)

5. Nanamiki, consciencia de nuestra finitud: “Aparejaos para morir y no esperéis por agüeros
(falsas creencias de supervivencia), porque en breve sabremos por nosotros mismos qué es lo
nos está deparado. Puesto que no somos los primeros ni los últimos a quienes esto acontece,
¡esforzaos como valientes, hijos míos!” (Sahagún, Suma Indiana)

Principios teológicos

1. Senteotl, la unidad divina: "El Ser Supremo es Uno, Ketsalkoatl es


Su nombre. Nada pide, sólo serpientes y mariposas le ofrendaré."
(Códice Florentino)

2. Tlakayotl, la doble naturaleza del ser humano: "Cuando el niño


nace, el demonio, por el pacto expreso que sus padres tienen con él,
le dedica a su nahual. Advirtiendo que tal niño, después que llega a
uso de razón, reitera el pacto expresamente." (De la Serna, Tratado
de las Supersticiones)

3. Mawistikayotl, la manifestación gloriosa de Ketsalkoatl: "He venido yo, semejante a un ciervo


– aquel ciervo que nos profetizaron nuestros antepasados. Sufro, pues estoy separado del Dador
de Vida. Pero se que regreso a Su casa." (Cantares de los Señores, Canto de primavera)

4. Walkisa, el retorno de Ketsalkoatl: "Vendrá el día en que él retornará para conocer de nuevo
su estera y su trono." (Sahagún 12.9)

"Nuestro Señor retorna a su origen y nosotros nos vamos con él, porque lo acompañamos a
dondequiera que vaya. Se va Aquel que es viento y tinieblas, pero habrá de volver, volverá a
aparecer, de nuevo vendrá a visitarnos para concluir su camino en la tierra." (Códice Matritense)

5. Shoshou'ki, la libertad: “Si no te liberas a la hora del verdor y del renuevo, por tu propia
voluntad te habrás arrojado a la boca de las fieras.” (Viseo, Huehuetlahtolli)

"He aquí mi agua purificadora. Te estoy liberando de la tierra, de la oscuridad, de lo sucio y lo


mortal. Te estoy desatando de la condición del simio. Soy el gran libertador. ¿Acaso te estoy
sacudiendo demasiado fuerte? ¡Adelante, iniciado, esfuérzate!" (Ritual de los Bacabs)

Se Akatl Topiltsin, Maestro de Anawak


Todas las grandes culturas de la tierra se han edificado sobre la figura de un profeta, llamado en
griego Cristo, en hebreo Mesías, en persa Mazdhi, en sánscrito Avatar, en quechua Virakocha, en
nawatl Ketsalkoatl y en maya Kukulcán. Esos profetas han proporcionado a la humanidad un
camino de trascendencia y autorrealización, basado en el ejemplo de sus extraordinarias vidas.
Algunos vivieron en tiempos tan remotos, que sólo se les recuerda a través de los mitos. Otros
son personajes históricos, que aún influyen grandemente en los movimientos de la sociedad.

Si analizamos los mensajes de esos profetas, notamos que todos compartieron una misma
intención civilizadora, aunque se expresaron con las metáforas religiosas propias de su época y
pueblo. El nombre de Serpientes Emplumadas que les dieron los antiguos mexicanos, se debe a
que los vieron como síntesis de nuestra doble naturaleza, compuesta por un vehículo físico con
sus inclinaciones animales (la serpiente) y una dimensión espiritual que aspira a lo supremo (el
quetzal).

La historia de Anawak recuerda al menos cuatro mensajeros de la Serpiente Emplumada; pero


sólo el último de ellos, Se Akatl Topiltsin Nakshitl, Nuestro Señor 1 Caña Cuarto paso, dejó
suficientes recuerdos como para rastrear su vida en la historia.

No se asombre el lector si encuentra que la biografía de Se Akatl es extraordinariamente


parecida a la de Jesús, Osiris, Krishna y otros mesías que le precedieron. En ello no hay ningún
misterio, pues todos ellos reflejaron el ideal crístico que subyace en lo profundo de nuestra
conciencia colectiva, y que encuentra su expresión en el mito mesiánico universal.

Un nacimiento mágico

La historia de Se Akatl comenzó cuando el gran caudillo militar llamado Mishkoatl, serpiente de
nubes, decidió conquistar lo que hoy es el estado de Morelos. Se acercó a un río llamado
Mishatlau'ko, barranca del pez, y vio a una joven de singular belleza que se bañaba en él.
Mixhkoatl se enamoró de la joven y, averiguando quién era, le dijeron que se llamaba Chimalma
y era hija del sacerdote de una aldea cercana. Entonces la pidió como esposa y la envió a un
monasterio para que la entrenaran como futura reina de Anawak.

Un día, mientras Chimalma se bañaba en una gruta, se le apareció un pez que le anunció que la
Serpiente Emplumada estaba a punto de regresar a la tierra y la había escogido a ella como
madre. Como señal de su mensaje, el pez le entregó una cuenta de jade. Ella guardó la cuenta
en su boca y, mientras regresaba al monasterio, la tragó accidentalmente. En ese momento,
Chimalma quedó embarazada.

Por supuesto, esta historia es simbólica. El pez representa el poder fecundador del Ser Supremo.
No sólo aparece en la leyenda mesoamericana, sino también en otras tradiciones de la tierra,
incluso en la cristiana. Por ejemplo, uno de los nombres de Vishnu, el mesías hindú, es Matsya,
“el pez”; Zoroastro recibió el apodo de Oannes, “el marino”; Moisés fue sacado del agua y Jesús
fue llamado Ben Nun, hijo del pez, razón por la cual, su signo católico es un pez.

El hombre pez en las religiones zoroastriana, tolteca y cristiana


Poco antes de que Se Akatl naciera, el rey Mishkoatl fue asesinado. Los príncipes que usurparon
el trono enviaron a unas parteras para asistir a Chimalma en su parto, pero con el propósito
secreto de sacrificar a la criatura. Cuenta le leyenda que, después de matar a Chimalma, las
parteras tomaron al niño y lo arrojaron sobre un maguey, a fin de que sus espinas lo
atravesaran; pero, en lugar de herirle, la planta lo acogió y lo alimentó con su jugo azucarado. Al
otro día vinieron a recoger el cadáver y, viendo al niño vivo, lo abandonaron sobre un
hormiguero; pero las hormigas lo alimentaron con masa de maíz. Por último, las parteras lo
arrojaron al agua, pensando que se ahogaría; pero el río acunó el cuerpecito y lo depositó
suavemente en la orilla, donde fue recogido por un leñador oriundo del pueblo de Yauhtepec.

Existe cierta controversia sobre la fecha del nacimiento de Se Akatl. Los registros que se
conservan, afirman que nació en un año 1 Caña, del cual tomó nombre. En el sistema nawatl de
medida del tiempo, ese año se repite cada 52 años, de modo que tenemos varias fechas para
escoger. Sin embargo, como sabemos que Se Akatl vivió durante el auge del reino de Tula, esto
restringe nuestra búsqueda a los años 843, 895, 947 y 999 de la era cristiana.

En este punto viene en nuestra ayuda el libro maya de Chilam Balam, ya que describe y fecha
diversos eventos de la vida de Se Akatl, a quien apoda Nacxit Kukulcán (corrupción del nawatl
Nakshitl, cuarto paso). En el libro de Chumayel encontramos la siguiente referencia a su
nacimiento: “En el Katún Ocho Ahau fue cuando la Poderosa Señora limpió la plaza de la ciudad
para preparar el descenso del Poder Divino, para que reinase Nacxit Kukulcán.” El Katún o ciclo
llamado 8 Ahau se extendió entre los años 928 y 948 de la era cristiana. Esto nos indica que Se
Akatl nació en el 947 de la era cristiana.

En cuanto al día natal, se puede establecer a partir de la siguiente cita del Códice Telleriano-
Remensis: “Topiltzin Quetzalcoatl nació el día Siete Caña; ese día se hacía una gran fiesta en
Cholula y venía toda la tierra a esa fiesta.” El día 7 caña cayó una veintena antes del 1 Caña.
Puesto que el día que le daba nombre al año caía por aquella época hacia el 16 de Mayo,
podemos especular que el natalicio de Topiltsin ocurrió a fines de Abril.

El reinado

Desde su nacimiento hasta principios de la adolescencia, el pequeño Se Akatl recibió la


educación habitual de un joven tolteca, basada en los principios del Wewetla'tolli y la creencia en
la Serpiente Emplumada. Los ancianos de Morelos, quienes aún conservan su recuerdo, cuentan
que era un niño bastante travieso, y que se destacó en la caza de conejos y venados.

Cuando tenía trece años, sintió que era tiempo de vengar la muerte de su padre. Fue a Tula y,
mediante una estratagema, hizo caer los príncipes usurpadores desde lo alto de una empinada
pirámide, como resultado de lo cual, ambos murieron. Al observar este hecho, los moradores de
Tula lo aclamaron como salvador del pueblo y lo enviaron a estudiar al colegio sacerdotal de
Xochicalco.

Un códice afirma que, entre los trece y los veinte años, Se Akatl hizo la vida de un monje. Al
llegar a la adultez, entró en el servicio militar y se destacó en diversas batallas, por lo cual le
dieron el apodo de Se Oselotl, uno ocelote. A los veintiséis años entró en el colegio de estadistas
de Tulanzingo y cuatro años más tarde lo eligieron rey de Tula. Su reinado fue brillante. La
leyenda lo describe como un gobernante justo y humano, hábil
constructor de pirámides y palacios, reformador de la agricultura y el
calendario. Sin embargo, fue un reinado breve, pues sólo duró nueve
años.

Por aquella época, una sequía en Norteamérica obligó a muchos pueblos


nómadas a emigrar hacia el sur, lo cual ocasionó conflictos territoriales.
Los sacerdotes de esos pueblos eran adeptos de los sacrificios humanos;
al llegar a Tula, pidieron permiso para perpetrar su horrible culto, pero Se Akatl se lo negó. Esto
desagradó tanto a aquellos sacerdotes, que decidieron destruir a Se Akatl.

Un día llamado 5 Casa del año 1 Casa, correspondiente a comienzos del 977 después de Cristo,
dos ancianos con apariencia de ascetas se llegaron al palacio real de Tula y pidieron ser
admitidos ante el rey. Una vez en su presencia, lo hipnotizaron y le hicieron beber un vino que
previamente habían reforzado con hongos alucinantes. Cuando Se Akatl se embriagó, le dijeron:
“Es necesario que te vayas de aquí, debes conocer el País del Negro y el Rojo. Allá te espera
desde el comienzo del tiempo tu verdadero padre. El te dará en herencia un reino nuevo, mejor
que este que aquí posees.”

Este incidente tuvo un efecto catártico sobre la vida de Se Akatl. De repente, el monje-rey
rompió sus votos y cometió tres delitos graves, según los cánones morales de aquella época:
embriaguez, incesto y autoglorificación. Los ministros del reino, escandalizados, le hicieron un
juicio y lo expulsaron de Tula. Cuenta un códice que, al enfrentarse a su delito, Se Akatl decidió
morir, por lo cual se encerró en un sarcófago de piedra verde y esperó cuatro días a la muerte.
Pero, una voz interior le dijo que no podría morir en paz, si antes no completaba su misión.
Entonces, empaquetó sus joyas y libros, y marchó por el mundo como un peregrino. Con él,
partieron sus servidores personales y algunos familiares.

En la tierra del rojo y el negro

Cuenta la historia que, llegado a cierta montaña en el centro de México, el grupo se detuvo a
descansar. Entonces se acercaron a Se Akatl unos ascetas y le dijeron: "Si de veras deseas llegar
a la Tierra del Rojo y el Negro, tienes que abandonar todas tus joyas, pues con ese peso no
podrás entrar". Entonces, los peregrinos arrojaron sus joyas y trajes preciosos en un pozo que
por allí había, y siguieron caminando, casi desnudos. Esa noche hubo mucho frío y algunos de
ellos murieron helados.

Al llegar al reino de los mayas, el rey de Uxmal, llamado Ulil, concedió asilo político a Se Akatl y
sus seguidores en la ciudad de Tihó, actualmente llamada Mérida. Los libros de Chilam Balam
afirman que su llegada ocurrió a comienzos del Katún Dos Dos Ahau, es decir, en el año del 987
de la era cristiana. El rey Ulil, quien estaba iniciado en los misterios de la Serpiente Emplumada,
tomó a Se Akatl como su discípulo y lo orientó, a fin de que recuperara su integridad psicológica
y se preparara en su misión como Maestro de Anawak. Se afirma que, durante el tiempo que
permaneció entre los mayas, Se Akatl hizo frecuentes viajes por países lejanos, a fin de adquirir
un conocimiento vivencial del modo de vida tolteca.

Después de algunos años, Se Akatl retornó al centro de México, estableciendo su hogar en la


ciudad de Cholula. Una crónica afirma: “Después de su vuelta, fue tenido en México por uno de
sus dioses y le llamaron Quetzalcohuatl; en Yucatán también le tuvieron por dios.” (Diego de
Landa, Relación de las Cosas de Yucatán)

Esta admiración se debió a que Se Akatl comenzó a manifestar poderes divinos. “Llegó a esta
tierra y empezó a juntar discípulos, y hacían milagros.” (Diego Durán, Historia de las Indias) Se
dice que su sólo contacto curaba las fiebres, que caminó sobre el agua e incluso resucitó
muertos. Pero, lo principal, es que llevó una vida íntegra, que sirvió de ejemplo para sus
enseñanzas. “Quetzalcoatl fue un hombre virgen, penitente, religioso y santo, que predicó la ley
natural y la apoyó con su ejemplo. Los indios lo creen Dios y dicen que desapareció a la orilla del
mar.” Las enseñanzas de Se Akatl quedaron recogidas en un texto tolteca llamado Weweta’tolli,
antiguas palabras.

Fuego y agua
Un día, Se Akatl salió de Cholula y comenzó a viajar hacia la costa del Golfo de México. Llegado a
una colina cercana al Pico de Orizaba, hizo construir una pirámide de leña, subió a su cima y
ardió con un fuego interior. Cuenta la leyenda que, en ese momento, las almas de los muertos
bajaron a la tierra, convertidas en aves y mariposas, tomaron su corazón y lo llevaron al cielo. Un
códice afirma que, fue sólo a partir de su muerte, que sus contemporáneos comenzaron a darle
el título de Ketsalkoatl:

“Según sabían, fue al cielo y entró en el cielo. Decían los viejos que se convirtió en la estrella
que sale al alba, y por eso le nombraban Señor del Alba. Decían que, cuando murió, sólo durante
cuatro días no apareció, porque entonces fue a morar entre los muertos. Y que durante otros
cuatro días fue al cielo a proveerse de flechas; por lo cual, a los ocho días apareció la gran
estrella que llamaban Quetzalcoatl. Y añadían que sólo entonces se entronizó como Señor.”
(Anales de Cuauhtitlan)

Pero la desaparición de Se Akatl fue temporal, pues, según afirma un canto mexica, una vez que
su alma visitó el lugar de los divinos antepasados, retornó para dar a los seres humanos una
prueba de que él había vencido a la muerte. He aquí el texto: “Después de cuatro años nos fue
devuelto. Nadie lo esperaba, nadie lo reconoció. De la región
del misterio regresó Aquel que ilumina al mundo.” (Cantares de
los Señores)

Una vez resucitado, Se Akatl, ahora convertido en


Tlawiskalpanteku’tli, el Lucero del Alba, se llegó a un lugar en la
costa llamado Coatzacoalcos y profetizó que, algún día,
regresaría al Anawak. Luego, arrojó al agua su manta bordada
de serpientes y se fue navegando sobre ella. He aquí una de las
versiones que se conservan de este acontecimiento: “Llegando a la ribera del mar, mandó a
hacer una barca de culebras, entró en ella y se sentó como en una canoa; así se fue navegando
por la mar. No se sabe cómo y de qué manera llegó al Sitio de la Luz” (Sahagún, libro III).

Para entender este relato, hay que decodificar ciertas claves del lenguaje simbólico universal.
Las iniciaciones por fuego y agua son parte integral del mito mesiánico. En el caso de Jesús, el
fuego es simbolizado por el martirio en la cruz y el agua por la nube que lo recibió en lo alto. De
Buda se cuenta que murió por una indigestión (fuego) y posteriormente fue transportado por un
arco iris (agua). Krishna fue flechado contra un árbol (fuego) y, tras resucitar, se fue “al otro lado
del mundo” (agua). Los gemelos del Popol Vuh fueron quemados, pero sus cenizas cayeran en el
río y se transformaron en hombres-peces. Algo parecido ocurrió con Zoroastro, Osiris, Viracocha,
Hermes y demás mesías de la humanidad. En todos los casos, el tema de la ignición precede al
de la inmersión, formando en su conjunto un concepto alquímico al que los toltecas llamaron
Atlachinolli, agua quemada - un símbolo de la fusión irreducible de los elementos.

Interpretada de este modo, la moraleja de la historia es clara: sólo después de reducir, mediante
fuego, su lado pecador y humano, consiguió Se Akatl diluirse en el océano de la conciencia
cósmica, retornando a la fuente divina de la cual partiera.
El retorno de Quetzalcóatl

El centro de las creencias mesoamericanas era la promesa del retorno de la Serpiente


Emplumada - una promesa que cae dentro de esa categorización religiosa a la que los
antropólogos llaman "mesianismo". Pero el mesianismo tolteca no era plano, como el de los
judíos y cristianos, pues, aunque partía de la común idea de que el Creador se manifiesta en la
tierra para ayudar a evolucionar al ser humano, no entendía dicho proceso redentor como algo
que ocurre de una vez y para siempre, sino como parte de una recurrencia eterna:
"¡Eternamente se escuchará mi voz proclamando la palabra de la verdad!" (Chilam Balam,
Jaculatorias)

En consonancia con esta creencia, los voceros de Ketsalkoatl fueron vistos como portadores de
un mensaje evolutivo. El último de ellos fue el príncipe de Tula Se Akatl Topiltsin Nakshitl, quien
vivió en la segunda mitad del siglo X después de Cristo. Tal como habían hecho sus
predecesores, Topiltsin también prometió regresar, según nos dice un cronista: "Topiltzin
(N)acxitl dejó a sus gentes en Tollan y se fue por la orilla del mar. Y, al marchar, dejó dicho que
algún día volvería a ellos." (Chimalpahim, Relaciones originales de Chalco Amaquemecan)

El único modo de entender la promesa de Topiltsin, es adentrándonos en la visión profético-


calendárica de los antiguos mexicanos, algo que me propongo hacer en el siguiente artículo.

El profeta tolteca

Todas las culturas han tenido profetas, individuos que canalizan las esperanzas y los temores de
los demás. Sus profecías dependen del modo como conciben al tiempo. Las culturas de la
herencia judeo-cristiano-musulmana ven el tiempo como una continuidad rectilínea en la cual se
engarzan los sucesos por simple ley de causa y efecto. Resulta natural que el profeta bíblico sea
un místico exaltado en contacto con un dios casi siempre impredecible, y que sus premoniciones
prácticamente carezcan de todo intento de ajuste cronológico.

Los antiguos mexicanos, en cambio, veían al tiempo como una ciclicidad. "Los sacerdotes
indígenas se persuadieron de que los sucesos humanos no ocurren en forma lineal, sino que
tienen pautas en su desarrollo semejantes a las de un ser vivo, con ciclos de ascenso, plenitud,
retrogresión y caída. Aquí no había cabida para fenómenos definitivos, al modo del rescate o la
revelación de los cristianos." (F. Díaz, La Doctrina Tolteca de los Ciclos)

Según afirma un libro sagrado maya, no sólo los seres creados, sino incluso
los dioses tiene su momento de exaltación y caída, metaforizado y medido
por el curso de los astros: "Todo camina y pasa… Porque tiene su fin el
observar la trama de las estrellas, desde donde, custodiándonos, nos miran
los dioses – los dioses que están aprisionados en (los ciclos de) las
estrellas." (Chilam Balam de Chumayel)
En este contexto ideológico, el poder de predecir se desarrolló con el rigor de una ciencia exacta,
ya que los profetas toltecas eran hijos del calendario y sus promesas contenían fechas concretas.
El término "profeta" resulta inadecuado para describir a aquellos especialistas, cuya función no
era adivinar lo que iba a pasar, sino leer el curso de la historia y adelantar interpretaciones
estadísticas.

El profeta tolteca se consideraba a sí mismo en los términos de un investigador moderno. En


lugar de imponer sus predicciones, las sugería, después de analizar concienzudamente un gran
cúmulo de apuntes en sus libros de amate. Su intención no era reflejar los dictados de los dioses,
sino descifrar las leyes del movimiento social. Como cualquier científico honesto, incluso se
permitía márgenes de incertidumbre; una frase que se repite varias veces en los libros de Chilam
Balam, es la siguiente: "Tal es la promesa del ciclo; si ocurrirá o no, sólo Dios lo sabe."

De hecho, las profecías prehispánicas no pertenecían a la teología, sino a la ciencia cronológica;


más que contener una intención moralizadora, lo que procuraban era ajustar los eventos a
ciertas pautas astronómicas. En la vida social, aquellas profecías tenían la misma función que los
horóscopos en el ámbito personal. Tal como el niño recibía un nombre calendárico al nacer, que
dictaba o, mejor dicho, sugería su destino, también los pueblos, por el sólo hecho de vivir en una
determinada época, tenían una marca celeste que precondicionaba sus acciones.

Pero, el radio de acción de las profecías iba más allá de la sugestión social; a través de la
doctrina de los ciclos, se insertaban en el ámbito cósmico, transformándose en una verdadera
escatología, es decir, en una ciencia que procuraban explicar nuestro papel, posibilidades y
destino dentro del flujo de los poderes divinos. De ese modo, el pensamiento mesoamericano
rompió el límite entre lo particular y lo universal, entre lo histórico y lo eterno, un hecho que se
refleja en la capacidad de las fechas maya-olmecas para inscribir con precisión un día en un
marco de tiempo que excede por mucho a la duración del Universo.

Además de presagiar sucesos, las profecías de Anawak tenían una vocación mágica, funcionando
como un elemento de conjura frente al asalto del caos. Al someter el pasado a número y medida,
el profeta mesoamericano no sólo pretendía trazar pautas para entender el porvenir, sino, sobre
todo, imprimir a la historia su propia intención, modelándola cual arcilla fresca para que se
ajustara al proyecto civilizador tolteca.

En aquella visión, la dinámica de las eras creativas, además de concernir a los tiempos míticos y
geológicos en los cuales se desarrolló nuestro planeta, estaba íntimamente ligada al devenir
humano. La idea era que, puesto que somos producto de una Naturaleza que nos imprimió su
molde, nuestros biorritmos siguen pautas calendáricas, y sólo en sintonía con ellas somos
capaces de realización.

Al aplicar este análisis a la historia de México, llegamos a un sorprendente resultado: los grandes
sucesos, tales como la fundación y el abandono de las ciudades, las alianzas y las guerras
devastadoras, la aparición de los profetas y los cambios en el simbolismo religioso, e incluso algo
tan reciente como el colapso del último reino maya a 1697, coincidieron puntualmente con las
predicciones. Podríamos explicar esto de un modo racional, suponiendo que los dirigentes de
aquella sociedad manipularon la conducta del pueblo a fin de que corroborara sus cálculos. Sin
embargo, hay un suceso que pone en duda semejante interpretación: la llegada del conquistador
Hernán Cortés y sus huestes, precisamente en el momento marcado por la profecía.

El milenio tolteca y la llegada de los españoles

La herramienta que nos permite entender las profecías toltecas, en


particular, las referentes al retorno de la Serpiente Emplumada, es el
calendario de Anawak. Esto se comprende mejor si observamos que los
mesías mesoamericanos recibieron sobrenombres calendáricos; por
ejemplo, Topiltsin se llamó Se Akatl, uno caña; su predecesor, Nanawatsin, fue Chiknawi E'ekatl,
nueve viento, mientras que el primero de ellos, Sipaktonal, también fue conocido como Se
Sipaktli, uno dragón.

Como regalo a los hombres de Sipaktonal, y debido a que su prodigiosa exactitud servía para
medir los ciclos de los astros-dioses, el calendario se consideraba materia sagrada.
Probablemente, el más sagrado de los ciclos fue un lapso de 52 años al que los cronólogos
llamaron Shiu’molpilli, atadura de años, hoy más conocido como Ciclo del Fuego Nuevo. Este
lapso les proporcionó una herramienta capaz de dar sentido al pasado y predecir el futuro, razón
por la cual se usaba para quemar los emblemas y enterrar los templos, en señal de renovación.

Ahora bien, cada ciclo de Fuego Nuevo se atrasa en trece días con respecto a 52 años naturales.
Puesto que la cantidad de nombres de días a disposición en este calendario era 260, tenían que
transcurrir veinte ciclos de Fuego Nuevo para que de nuevo volvieran a coincidir las fechas y el
cielo. Así surgió la otra gran periodicidad de este calendario: una sucesión de veinte Fuegos
Nuevos o 1040 años al que llamaremos "milenio" tolteca.

Aunque este "milenio" se origina en un sistema de medición del tiempo muy diferente a los que
existían en el Viejo Mundo, es significativo que dure casi lo mismo que el milenio descrito en la
Biblia, el Zend Avesta y otros libros sagrados del Oriente. Ello delata antiguos recuerdos
impresos en la memoria profunda de nuestra especie, que encontraron cauces paralelos en Asia
y América.

Un aspecto importante del milenio tolteca es que, como todo ciclo en aquella cosmovisión,
estaba organizado en mitades, la primera positiva y aspectada por Ketsalkoatl, y la segunda
negativa y aspectada por su complementario dialéctico: Teskatlipoka. Esta matriz cronológica
ejerció enorme influencia sobre la sociedad mesoamericana, tal como podemos ver en el
siguiente ejemplo:

Quedó bien documentada la impresión que ocasionó a los anahuacas la llegada de los europeos.
Lejos de tomarlos como invasores, los acogieron como señal de Ometeotl pues, para ellos, era
imposible que el Ser Supremo no hubiese decretado un suceso de tal magnitud, como el
reencuentro de los continentes. Así lo expresaron los sabios mexicas a los primeros frailes
franciscanos llegados a México:

"Entonces un señor de los Quequetzalcoa se levantó, saludó a los sacerdotes y pronuncio un


gran discurso en el cual dijo: Señores, habéis venido a esta tierra con grandes trabajos, os ha
permitido llegar Nuestro Señor, el Humano… De entre las nubes habéis salido, de la niebla del
océano, pues el Dueño del Cerca y el Junto os ha enviado como sus ojos, sus oídos y sus labios."
(Coloquio de los Doce)

Los reportes de los cronistas nativos y europeos demuestran que los españoles fueron el
elemento catalítico en un clima de gran tensión que ya existía en Anawak desde antes de su
llegada. En los comienzos del reinado de Moteku’soma (Moctezuma), aparecieron en el cielo
señales que presagiaban un cambio - y no era un cambio bueno, pues el rey trató de conjurarlo.
Esta sugestión negativa no sólo marcó el reinado de Moctezuma, sino también la política que
siguió en sus relaciones con los europeos.

Para los españoles, el descubrimiento de México tuvo un carácter militar y comercial. Los
historiadores actuales lo ven desde una óptica cultural e historicista. Pero los mesoamericanos lo
vivieron desde dentro, tomándolo como la confirmación de sus más acendradas creencias
mesiánicas y milenaristas.

Sin embargo, lo extraordinario de este episodio no fue el modo como sus diversos actores lo
interpretaron, sino el hecho de que la llegada de Hernán Cortés a México en 1519, ocurrió
exactamente 520 años después de la desaparición de Topiltsin, es decir, en el momento en que
debía comenzar a regir la mitad sombría del ciclo de Ketsalkoatl. Si esta sincronización no es
fruto de la casualidad, entonces hay que aceptar que las profecías toltecas reflejan ritmos
sociales reales, capaces de influir sobre toda la humanidad, y no sólo sobre los mesoamericanos.

Un futuro advenimiento

Contrario a lo que afirman casi todos los historiadores, el análisis de las crónicas
contemporáneas de la invasión demuestra que los anahuacas no tomaron a los españoles como
emisarios de Ketsalkoatl. Veamos como ejemplo la siguiente respuesta, dada por un informante
nativo al cronista Bernardino de Sahagún en la década de 1550: "Vendrá el día en que él
(Ketsalkoatl) retornará (al Anawak) para conocer de nuevo su estera y su trono" (Sahagún 12.9).
Como vemos, esta respuesta transfiere el retorno a un tiempo futuro.

Encontramos una idea parecida en el siguiente texto de Chilam Balam, escrito hacia 1595: "Los
sacerdotes (antiguos) se acabaron, pero no se acabó su nombre, tan antiguo como ellos.
Solamente por causa del período de la locura, por la locura de los (nuevos) sacerdotes, entró en
nosotros el cristianismo. Los cristianos llegaron con un Dios 'verdadero', pero ese fue el principio
de nuestra miseria. Pues ellos son el Anticristo sobre la tierra, el devorador del pueblo. Mas, aún
ha de llegar el día en que suban hasta el Dios Único las lágrimas de nuestros ojos, y de un golpe
baje su justicia sobre el mundo. ¡Verdaderamente, es Su voluntad que regrese el Músico Celeste
para raerlos de la superficie de la tierra!" (Chilam Balam, Libro de los linajes)

Para entender cuándo se cumple esta promesa, tenemos que analizar los textos proféticos que
se conservan. Afortunadamente, contamos tanto con la versión nawatl como con la maya,
escritas con dos claves calendáricas diferentes, lo cual nos permite triangular los datos para
llegar a conclusiones firmes.

La fecha nawatl fue reportada por Ixtlilxochitl, quien afirma que Se Akatl Topiltsin prometió
regresar “en un año que lleve su nombre” (Relaciones 1:20). La fecha Uno Caña se repite cada
52 años, por lo que esta promesa es bastante ambigua. Sólo cobra sentido si la interpretamos en
el contexto del ciclo de los Fuegos Nuevos, ya que, únicamente cada 1040 años, la fecha Se
Akatl vuelve a acercarse a un mismo día astronómico. Si contamos esta cantidad de años a partir
del nacimiento de Topiltsin en el 947 después de Cristo, ello nos lleva al pasado año 1987. En
ese momento comenzó un ciclo de 52 años regido por el signo de Se Akatl, que se extenderá
hasta el próximo 2039.

Por su parte, la versión maya de la profecía da una fecha más precisa: "El Katún Cuatro Ahau se
asienta en Chichén Itzá. Llegará el quetzal, el ave preciosa, al árbol dorado. Regresará el vómito
de sangre por cuarta vez. Llegará la Serpiente Emplumada a los Itzaes ('iniciados'). Es la cuarta
vez que habla su ciclo, la cuarta vez que retorna al Itzá." (Chilam Balam, Segunda Rueda de
Katunes)

Observemos que la manifestación prometida forma parte de una serie de advenimientos, pues
es el cuarto retorno, es decir, el quinto suceso en orden lineal. La llegada del “ave preciosa” al
“árbol dorado” es el reencuentro del quetzal y la serpiente, un suceso que, en la expresiva prosa
de Chilam Balam, afectará las entrañas de la tierra como un “vómito de sangre”.

En cuanto a la fecha, es relativamente fácil de descifrar. Los katunes mayas eran ciclos de casi
veinte años que se contaban en paquetes de trece, generando una periodicidad de casi 260
años. De modo que un katún cualquiera se repite en esa cantidad de tiempo. La combinación de
esta profecía con la que se conservó en el área nawatl, demuestra que el katún aludido es el que
comenzó en 1993, cuya conclusión será entre diciembre del 2012 y enero del 2013, según la
correlación GMT-HMC.
Esta última fecha es particularmente importante, pues constituye el epicentro del período de
tiempo que transcurre entre los años 1987 y 2039, determinado a partir del natalicio de
Topiltsin. Además, será el cierre una gran edad del calendario maya-olmeca, de casi 5200 años,
y el comienzo del fin de la mitad oscura del milenio tolteca, inaugurado en 1519.
Pocos meses antes, en junio del 2012, ocurrirá un fenómeno relacionado con el
ciclo de Ketsalkoatl que sólo se repite cada dos siglos y medio: el paso de Venus
sobre el Sol. La sincronización de todos estos eventos culturales y astronómicos
no es accidental, y demuestra que el ciclo predicho por las profecías mayas y
nahuas está a punto de cumplirse.

Respondiendo a la señal de las fechas, en el año 1987, el anciano Don Felipe


Alvarado Peralta, patriarca espiritual del pueblo de Amatlán de Quetzalcoat (el
sitio natal de Se Akatl Topiltsin), anunció a México y al mundo el inminente
arribo de la Serpiente Emplumada, inaugurando una festividad que, desde
entonces, se repite todos los años en dicha localidad. Dentro del Templo de la
Serpiente Emplumada, tomamos esa fecha como señal del fin de la etapa de
ocultación del linaje tolteca y comienzo una fase de trabajo público, cuyo objeto es desarrollar
una imagen mesiánica

Los textos proféticos de Chilam Balam

Mucho se ha especulado sobre las profecías mayas, pero es raro


encontrar en los libros de divulgación datos tomados
directamente de las fuentes nativas e interpretados con apego
al calendario de Anahuac.

Probablemente, la mejor fuente de información al respecto, son


los Libros de Chilam Balam. Los Chilames Balames, sacerdotes
intérpretes, fueron un grupo de sacerdotes mayas que
atestiguaron la devastación ocurrida en los primeros tiempos de
la Colonia, y se sintieron impelidos a escribir sus memorias con
caracteres latinos. Han aparecido poco más de veinte de tales
libros o libretas, de los cuales, el investigador puede consultar
una docena. Cuatro o cinco han sido traducidos al español.

De entre el abundante material profético de esas libretas, he seleccionado los textos


concernientes al período que va entre los Katunes Ocho Ahau y Dos Ahau, correspondientes a
nuestros años 1952 al 2032 (según la correlación GMT-HMC), lapso donde se menciona el
resurgimiento de Ketsalkoatl, quien en estos libros es llamado por su nombre yucateco:
Kukulcán. Por razones de espacio, he tenido que sintetizar esos textos; pero, aun así, se
descubre en ellos un conjunto de datos que, para una persona sugestiva, podrían constituir
indicios de hechos reales. Además, he añadido algunos comentarios, a fin de hacerlos más
accesibles la lectura.

Katún Ocho Ahau (de 1952 a 1972)

“¡(Habrá) Sol de fuego! Pues bajarán escudos, caerán flechas sobre los reyes de la tierra, serán
perseguidos (caída de las últimas monarquías de la tierra). Y será plantada la Señora de la Tierra
como Cabeza de los Reinos (la Virgen Madre) aquí, en el Gran País Llano (nombre maya de
Mesoamérica). ¡Ved! Ya está cercano el día en que se acabe la opresión y la desdicha del
pueblo.

Katún Seis Ahau (de 1972 a 1992)

“Revuelta es su historia, confuso su reinado (revolución ideológica de fin de siglo, con la caída
del comunismo y el auge del neoliberalismo). Y serán engañados los pueblos, porque sus reyes
hablarán palabras maliciosas (políticas anti-populares con lenguaje democrático). Entonces
descenderá el Hijo (de la Señora de la Tierra) y les cortará sus gargantas, por traidores
(comienzo de la denuncia avatárica con el renacer de la Toltecayotl hacia el fin del milenio).

“Profecía de Natzin Yabun Chan, profeta, quien desde antaño dijo: El Verdadero Señor de esta
tierra, Aquel a Quien esperáis, aparecerá traído en hombros de dolorosos días, ¡oh Padre!
(abundancia de hambres, guerras y enfermedades ha sido la cosecha de este fin de siglo).
Meditad Su palabra en vuestro entendimiento, dadle toda vuestra atención. Pues
verdaderamente vuestras almas habrán de recibirla.”

Katún Cuatro Ahau (del 1992 al 2012-13)

“Durante esta época llevaréis calzones y camisas blancas (emblemas de la condición iniciática),
pues descenderá el Quetzal, el Ave Preciosa, a las ramas del Árbol Anunciador (el ‘árbol’ indica
el estado central del Mediador). ¡Ah, esplendor de la Estrella que guía en los cielos! ¡Ah, Verde
Tortuga (sostenedora del mundo)! ¡Ah, Precioso Anunciador, tú, que eres la Estrella del Alba!
Pero pocos, muy pocos comprenderán las señales, porque sordos estarán a todas las cosas.

“Y ocurrirá que, por cuarta vez, regresará la Serpiente Emplumada, y en pos de él los Itzáes. Es
la cuarta vez que habla este ciclo, la cuarta vez que él desciende a los Itzáes (‘iniciados’ o
‘discípulos’; el cuarto retorno equivale a su quinta aparición). Entonces regresarán los Itzáes a su
ciudad (el conocimiento esotérico). Pues descenderán plumas (la sabiduría iniciática),
descenderán Quetzales (Instructores). Y llegará el (Señor) del Árbol Precioso, Aquel que fue
herido, la Serpiente Emplumada. Y tras él vendrán los Itzáes. Es Palabra de Dios.”

“Profecía de Nahun Pech, Gran Sacerdote. He aquí, se acercan los días en que se acabe el
tiempo (del ciclo), ¡oh, Padre! Entonces llegará a su plenitud el poder de este Katún Cuatro Ahau
(se refiere al cambio de ‘acompañante’ calendárico, ocurrido en el año 16 del Katún, 2008). Muy
cerca estará ya el verdadero Conductor del Día de Dios. Os lo digo yo, en mi amargura, ¡oh,
hermanos de un mismo vientre, Itzáes! Aquel que os visitará, cuando llegue, vendrá para ser el
Señor de esta tierra.”

Katún Dos Ahau (del 2012 al 2032)

“Y retornarán los mayas (a santificar la tierra de) Cozumel (quizás esto signifique el retorno a las
raíces; Cozumel era la antigua tierra santa de los mayas). Es Palabra de Dios que resuene aun
por otro período el templo de los (antiguos) dioses. He aquí, es el fin de la Palabra de Dios (es
decir, aquí acaba el Baktún).”

“¡Despertad, amaneced! Trece lunas ha que está presente el Señor Ayunador, el Precioso
Quetzal (‘lunas’ son los ‘meses’ mayas de a veinte días; se refiere a un año sagrado de 260
días).Nadie entenderá los días de austeridad que se manifiestan con el Poder que viene. Porque
será cuando venga el Juez de Ebulá (‘la escala del Agua’, nombre maya de la Jerarquía divina).
Será el tiempo del bastón de oro (para juzgar), y de la cera blanca (para sellar el juicio). Cera
blanca es la esencia del Katún. Con blanca cera descenderá la Justicia (la cera alude a las
‘abejas’, otro nombre de los toltecas o Itzáes; es un emblema de paso).
“Y esto ocurrirá cuando os hundáis hasta el seno de la tierra (en un rito iniciático) y allí os
amanezca; cuando veáis movimiento en el cielo, movimiento en la tierra; al término del Katún
(el “movimiento” en el Cielo y en la tierra indica el ajuste calendárico y el comienzo de un nuevo
año estelar. Precisamente, el final de este Katún es preludio del término del Quinto Sol nahua).

"Seréis entonces regados con flores (el conocimiento sagrado) en tiempo de flores; y nacerá en
vosotros la Voluntad unida de llegaros a la Mujer (Yohualcoatl, el aspecto femenino de la
Serpiente Emplumada) y de haceros Uno con ella. Entonces entenderéis.

“Muy doloroso será el fin de este Ciclo. Porque aun no habrá acabado cuando temblará toda la
tierra y serán expuestas a la luz las raíces de los árboles (en un terremoto simbólico que
sacudirá las consciencia y las orientará al reconocimiento de las raíces). Entonces confesaréis:
‘¡son santas las pinturas de las superficies de los muros!’, y creeréis en su santidad (se refiere a
las profecías cinceladas en las estelas y templos, de donde fue tomado este texto). Y aquel que
sea sabio entre nosotros, comprenderá. Quizás sólo durante catorce años (entre el 2013 y el
Fuego Nuevo del 2026) continúen siendo jefes los que son semejantes a ratas.”

Katún 13 Ahau (2032 a 2051)

“Se oscurecerá el poder de los señores temporales por la justicia universal de Dios. Se volteará
el Sol, se volteará el rostro de la Luna (cambio de ciclo cronológico). Bajará sangre por los
árboles y las piedras (se refiere a las imágenes sagradas; significa que cambiarán las creencias)
y arderán los cielos y la tierra. Es el santo juicio de Dios.

“Será tiempo en que se alcen los hombres efímeros en el rigor de la lascivia; dedicados serán
nuestros infantes a la concupiscencia. Y ocurrirá que una mala sangre procedente de la Luna
ocasionará muertes; y al entrar la Luna llena acontecerá sangre total. (Pero) también los astros
buenos lucirán su bondad sobre los vivos y los muertos (actualización del drama de Quetzalcoatl
y Tezcatlipoca). Pues resucitarán los muertos, se hundirán los cielos. Los virtuosos subirán y los
malos descenderán.

“Será el fin cuando termine este ciclo. Es palabra del Señor del Cielo y de la Tierra. Y cuando
termine el Katún, vendrán (los pueblos) a implorar las aguas del renacimiento, para renacer.”

El Libro Sagrado de Anawak

Las religiones de la tierra se pueden clasificar en dos grupos: las populares y las llamadas
"religiones del libro". Las primeras se basan en tradiciones orales no codificadas, mientras que
las segundas poseen un libro o conjunto de libros de carácter sagrado, en el cual se exponen, de
modo explícito, los principios de la fe.
Las religiones del libro más conocidas son el judaísmo, basado en la Torah o Antiguo
Testamento; el cristianismo, basado en el Nuevo Testamento; el Islam, cuyo texto sagrado es el
Corán; el hinduismo, basado en la autoridad de los Vedas; el budismo, cuyo canon es el
Tripitaka; el taoísmo, codificado en el Tao Te King y el confucianismo, basado en las Analectas de
Confucio. Hay otras religiones del libro menos conocidas, tales como el shikismo, cuyo libro
santo es el Grihan; la Fe Bahaí, inspirada en las obras del profeta Baha'ulla'; la religión de los
drusos, cuyo misterioso libro no ha sido leído por ninguna persona de otra fe; y el mormonismo,
cimentado en la autoridad del Libro de Mormón. Probablemente, el menos conocido de los libros
sagrados de la tierra es Teomoshtli, libro divino, el documento donde quedó codificada la fe de
los toltecas.

El nombre del Teomoshtli deriva de los términos nawatl Teotl, divino, y Amoshtli, libro. Su origen
fueron diversas tradiciones existentes en Anawak, las cuales se integraron hacia el tercer milenio
antes de Cristo, dando lugar a la cosmovisión de los olmecas, hoy conocida como Toltekayotl,
toltequidad. En el año 34 antes de Cristo, un sabio llamado Weman, morador de la ciudad de
Wewetlapallan (emplazamiento olmeca cercano a la actual ciudad de Minatitlan, en Veracruz),
puso esas tradiciones por escrito en un códice, que desde entonces se transformó en la Biblia de
México. He aquí cómo describe un cronista dicho suceso:

"Quiero hablar del anciano Hueman, astrólogo y profeta, quien a la edad de casi trescientos años
se sintió morir. Y reuniendo todas las historias que tenían los toltecas desde la creación del
mundo hasta su tiempo, las hizo escribir en un libro donde se relataban todos sus trabajos y
prosperidades, la vida de sus reyes, sus leyes y buen gobierno… Escribió todas las sentencias de
la antigua sabiduría, las metáforas y la filosofía, y todo lo que en su tiempo se sabía de
astrología, arquitectura y artes secretas. Y, tras hacer un compendio de todo, selló el libro y lo
intituló Teo Amoxtli" (Cita resumida de Fernando Ixtlilxochitl, Relaciones I).

Según una cita del investigador italiano Lorenzo Boturini, basada


en documentos que él poseía y hoy se han perdido, el contenido
del Teomoshtli se remontaba a las épocas en que fue poblado el
continente americano, razón por la cual los mayas le llamaron El
Libro de las Siete Generaciones (es decir, de los orígenes):

"Aquel gran libro que llamaron Teoamoxtli, en el cual, con


distintas figuras se dio razón del origen de los indios, de cuando
se dividieron sus gentes en la confusión de las lenguas, de sus
peregrinaciones en el Asia, de las primeras ciudades y pueblos
que tuvieron en América, de la fundación del imperio de Tula y
de los arcanos de la sabiduría vulgar, escondidos entre los jeroglíficos de los dioses" (Idea de una
nueva historia general de la Nueva España).

Algo que diferencia al Teomoshtli de la mayoría de los libros sagrados del Viejo Mundo, es que no
se le consideraba inspirado directamente por un dios (pues los mesoamericanos no creían en la
existencia de un dios personal), sino como el producto de la acumulación de iluminaciones
individuales de decenas de sabios, durante muchos siglos de desarrollo de las ideas toltecas. En
consecuencia, el Teomoshtli no era invocado como la palabra final para dirimir los asuntos
seculares y sagrados, sino como una guía espiritual que debía ser interpretada según los
dictados de la propia conciencia.

Esta forma de entender al canon divino nos explica por qué Weman nunca terminó el
Teomoshtli; por el contrario, lo dejó abierto, en espera de nuevos aportes, revisiones, síntesis y
adaptaciones doctrinales; lo cual propició que su contenido fuera creciendo con el tiempo, hasta
llegar a ser un volumen enorme (la última copia conocida era un códice de casi un metro de alto
y un palmo de grueso).
A partir de un comentario contenido en los libros de Chilam Balam, sabemos que, a semejanza
de la Biblia, el Teomoshtli contenía diversas obras menores. He aquí la cita: "Entonces el
sacerdote sacó el Libro de las Siete Generaciones para que lo leyeran los otros sacerdotes
durante tres días, pasándolo entre ellos. Primero, Nahuat Xupan leyó el Libro de la Ceiba. Y
estaba puesto el libro en el gran altar donde oraban los sacerdotes" (Chilam Balam, Katunes
sueltos).

Otro de los textos de la colección se debe al propio Se Akatl Topiltsin, rey de Tula y último
profeta de la Serpiente Emplumada, quien, en el año 999 de la era cristiana, hizo escribir su
biografía y testimonio, según afirma un cronista: "Como ellos le pidieron un legado, ordenó
registrar y darles en un libro todas sus palabras, consejos y canciones, así como sus hechos.
Este permanece entre los viejos de Ocuituco hasta hoy, y es un libro grande como de cuatro
dedos de grueso" (Cita resumida de Durán).

Otra nota de Boturini nos muestra que, dentro del Teomoshtli, también estaban los cánticos
compuestos durante el siglo XV por Nesawalkoyotl y otros poetas del Altiplano: "Tengo de esta
historia un libro manuscrito en lengua nahuatl, tejido con bellísimas figuras, caracteres y
símbolos, y me quedan todavía unas diligencias que hacer en los Cantares, para hermosearla
más" (Idea de una nueva historia general de la Nueva España).

De hecho, el Teomoshtli continuó recibiendo aportes incluso después de que los españoles
invadieran México. Parece que su última adquisición fue el original Libro de Chilam Balam, del
cual derivan las numerosas libretas conocidas en la actualidad.

Una nota debida a Fray Toribio Benavente Motolinía, uno de los primeros cronistas españoles,
afirma que el Teomoshtli se dividía esquemáticamente en cinco secciones: "Había entre los
naturales cinco libros (canónicos) de figuras y caracteres. El primero habla de los años y el
tiempo. El segundo de los días y fiestas. El tercero de los sueños y agüeros en que creían. El
cuarto era de bautismo y nombres que daban a los niños. El quinto de los ritos y ceremonias que
tenían en los matrimonios" (Historia de los indios de Nueva España).

Sin embargo, el contenido de este libro que se ha salvado, demuestra que, además, había una
sección dedicada a los mitos cosmogónicos y otra de carácter mágico o imprecatorio, con
conjuros de los naguales.

Como pasó con gran parte de las muestras de la cultura anahuaca, el Teomoshtli fue víctima de
la barbarie de los invasores, quienes quemaron cada copia que pudieron conseguir. Su última
aparición fue en 1746, cuando Boturini afirmó estar traduciendo al español la copia que poseía.
Poco después, tanto el original como su traducción les fueron confiscados por las autoridades
coloniales, junto con otros invaluables 200 documentos prehispánicos, y nunca más se supo de
su paradero.

A pesar de esta pérdida, el Teomoshtli no desapareció. Yo calculo que, en la actualidad, se


conservan al menos tres cuartas partes de su contenido, en forma de fragmentos dispersos,
muchos de los cuales permanecen sin traducir y otros están traducidos de una forma tan
especializada, que sólo resultan comprensibles a los expertos. Un trabajo de rescate de estas
páginas es tarea impostergable hoy para el Templo de la Serpiente
Emplumada, en favor de todos aquellos que desean informarse sobre
la verdadera espiritualidad del México profundo.

Las palabras de la Serpiente Emplumada


Las ideas éticas de los anahuacas quedaron recogidas en un libro tradicional
llamado Huehuetlahtolli, "antiguas palabras". Partes de ese canon se
conservan en el Libro VI del Códice Florentino y el Libro del padre Viseo.
Selección y traducción: Frank Díaz.

Estas son las palabras con que instruyó Quetzalcoatl a los toltecas. Les dijo: He aquí lo que nos dieron
a guardar, la Antigua Palabra, donde se dice que una vida pura es como una turquesa preciosa, un
jade redondo, un dulce canto sin mancha y sin sombra, salido del corazón. Sería una burla si yo
ocultase uno solo de estos consejos, pues ellos son para vivir sobre la tierra y con ellos nos haremos
atentos a todas las cosas.

Es un saber que como espina y viento helado pasará sobre ti, que te arrojará a la tierra y te abatirá,
para que vuelvas a ti. ¿Serás tú el que atienda, el que escuche, el que consiga endiosar su corazón, el
que reciba y guarde adentro, para que te vaya bien, para que alcances la misericordia y vivas sobre
la tierra?

II

Dios es Uno. Serpiente Emplumada es su nombre. Nada exige. Sólo serpientes y mariposas (cuerpo y
alma) le ofreceréis.

Nuestros padres y abuelos nos exhortaron diciendo que él nos creó, él, cuyas criaturas somos:
Nuestro Señor Serpiente Emplumada. También creó los cielos, el Sol y la divina tierra. Así fue, en
verdad: por su merecimiento y su sacrificio, él nos inventó y nos hizo seres humanos. De ese modo
llegó a ser el Doble Precioso, Señor y Señora de la dualidad; así transmitió su aliento y su palabra.

Trece son los cielos, múltiples los planos. Allí vive el Dios verdadero, la esencia del Cielo. De allí
recibimos la vida nosotros, los Merecidos, de allá cae nuestro destino cuando se escurre a la tierra un
niñito. Porque él lo dijo, porque lo ordenó para sí, por eso existimos. No lo olvides ni de día ni de
noche; invócale en suspiro, en aflicción.

III

En este mundo caminamos por lugares escarpados, un abismo de un lado y un abismo del otro. Si te
mueves para acá o para allá, ¿cómo evitarás caer? Sólo en el medio es posible avanzar.

No te vistas de bordados ni te pongas harapos. No seas presumido, pero tampoco corriente. Que tu
palabra no se acorte ni se alargue. No alces tu voz ni la bajes demasiado. No camines deprisa,
tampoco muy lento. Y no tomes nada como regla absoluta. Evita los extremos, mantente en el medio,
pues sólo en el medio existe la función social, la condición honorable.

IV

En la infancia, cuando aun está libre la persona, es cuando tiene compasión de ella Nuestro Señor y
le da sus dones. Y es en la infancia, en la edad de la pureza, cuando se merece una buena muerte.

Por eso dicen los viejos que los niñitos, los chicos y las chicas, son los amigos de Señor de la Cercana
Compañía, viven a su lado, junto a él se alegran y Él es su amigo. Por eso los sabios espirituales, los
Merecidos, los ayunadores, tienen mucha confianza en los niños, pues, en verdad, son de corazón
bueno, sin mezcla, limpios, atentos, perfectos. Se dice que por ellos permanece la tierra y ellos son
nuestra paz.

V
El tolteca es sabio, es una lumbre, una antorcha, una gruesa antorcha que no ahuma. Hace sabios los
rostros ajenos, les hace tomar un corazón. No pasa por encima de las cosas: se detiene, reflexiona,
observa.

Un tolteca todo lo saca de su corazón; es abundante, múltiple, inquieto, hábil, capaz; a sí mismo se
adiestra, dialogando en su interior, encontrando respuestas. Obra con deleite, hace las cosas con
calma, con tiento, como un artista; compone lo defectuoso y hace convenir lo disperso; ajusta las
cosas.

En cambio, el falso tolteca obra al azar, es una burla a la gente; opaca las cosas, les pasa por encima
y las hace sin cuidado; en lugar de crear, imita; defrauda a los demás y es un ladrón.

De este modo os convertiréis en tolteca: si adquirís hábito y costumbre de consultarlo todo con
vuestro propio corazón. Sed toltecas: hombres de experiencia propia.

VI

El maestro es luz, tea, espejo. Suyas son la tinta negra y la roja, suyos los códices. Él mismo es
escritura y sabiduría, camino y guía veraz; conduce a las personas y a las cosas, y es una autoridad
en los asuntos humanos.

Un maestro nunca deja de amonestar; hace sabios los rostros ajenos, nos hace tomar un rostro y
desarrollarlo, abre nuestros oídos, nos ilumina. Es guía de guías y ofrece un camino. De él, uno
depende.

Él pone un espejo ante nosotros para que seamos cuerdos y atentos, nos obliga a cobrar identidad.
Se concentra en sus obras, regula su camino, dispone y ordena, aplica su luz sobre el mundo. Conoce
lo que hay en lo alto y en la región de los muertos. Gracias a él todos somos corregidos, enseñados.
Por él, el niño humaniza su querer y recibe una estricta educación. Conforta el corazón de quienes le
rodean, dando ayuda, remedio y curación.

El falso maestro, en cambio, es como un médico que ignora su oficio o un hombre sin cordura. Dice
que sabe acerca de Dios, que tiene la tradición y la guarda, pero es sólo vanidad. Es jactancioso,
inflado; es un torrente, un peñascal. Amante de la oscuridad y los rincones, es un ‘sabio’ misterioso,
un ‘chamán’ con secretos, un ‘ensoñador’ que roba a su público, pues le despoja de algo. Es un
hechicero, pues tuerce los rostros y los extravía, haciendo que los demás pierdan su identidad. Es
falso, pues encubre las cosas, tornándolas más difíciles de lo que son y destruyéndolas. Hace perecer
a quienes le siguen a fuerza de misterios, acaba con todo.

VII

Conoce ahora al médico. El médico verdadero es sabio, da vida, prueba las hierbas, piedras, árboles y
raíces, ensaya sus remedios, examina, experimenta. El médico tolteca alivia las enfermedades, da
masajes, concierta los huesos, purga a la gente, hace que se sientan bien, les da brebajes, los
sangra, corta, cose, hace reaccionar, cubre con ceniza.

En cambio, el médico falso se burla de su prójimo, y en su burla, mata a la gente con medicinas,
provoca indigestión y empeora las enfermedades. Es un hechicero, pues se esconde en sus secretos;
posee semillas y hierbas maléficas. Es un brujo que, en lugar de experimentar, echa suertes; mata
con sus remedios, empeora, ensemilla, enyerba.

VIII
Y he aquí al padre verdadero: es raíz y principio de linaje de hombres. Bueno es su corazón, recibe las
cosas, es compasivo y se preocupa. De él es la precisión, el apoyo, con sus manos protege. Cría y
educa a los niños, les amonesta y enseña a vivir, les pone delante un gran espejo, una gruesa
antorcha que no ahuma.

Y el hombre maduro: un corazón firme como piedra, un rostro sabio, es dueño de su rostro y de su
corazón. Hábil y comprensivo, buen componedor de textos, es un tolteca de la tinta negra y roja, un
entendido. Dios está en su corazón y diviniza con su corazón las cosas. Dialoga con su propio
corazón.

Y el verdadero artista: un conocedor de colores, los aplica. Sabe de matices y armonías; dibuja pies,
caras, les da sombra y relieve, logra efectos. Como tolteca, pinta los colores de todas las flores.

IX

Acércate al que es modelo y ejemplo, pauta y señal, libro y pintura; a la persona honorable y de
buena fama, a la condición social, la luz, la antorcha, el espejo.

Observa a mis sacerdotes, los Merecidos, los de vida pura, trasparentes, buenos, rectos, dedicados,
limpios de corazón, sin mezcla, polvo ni impureza. Ellos llegan hasta la presencia de Señor de la
Cercana Compañía, le ofrecen incienso, le oran, le ruegan por el pueblo.

Acércate quienes, por todas partes, van haciendo lo excelente, dando brillo, dejando lo bueno,
imponiendo un orden con prudencia, alegría y serenidad; a quienes son cofre y caja, sombra y abrigo,
gruesa ceiba, sabino generoso que da brotes y se yergue poderoso, firme. Ve con quienes no se
ocultaron en el sueño, con quienes no desgarraron su labios (con calumnias); con quienes llevan en
paz, sobre sus brazos y espaldas, a al (pequeñín) que va jugando, se divierte con tierra y duerme en
la redecilla.

En cambio, huye de estos sitios: el festín, el río y el camino. No te detengas allí, porque allí está, allí
habita el gran devorador, (que es) la mujer ajena, el esposo ajeno, la prosperidad, la falda, la camisa
ajena.

Amaos los unos a los otros, ayudaos entre vosotros en la necesidad con la manta, la joya, el salario y
el alimento. Pues no es verdad, no es cierto si despreciáis a quienes os rodean. Da limosna al
hambriento, aunque tengas que quitarte tu comida. Viste al que va en harapos aunque tú mismo
quedes desnudo. Socorre al que te necesita, aún a costa de tu vida. Mira que es una vuestra carne y
una vuestra humanidad.

Recuerda al anciano, la anciana, el indigente, el desdichado, al que no se alegra, al que no es feliz, al


que tiene pegado el intestino (de hambre), al que no encuentra su casa y vive en confusión, al que
derrama sus lágrimas y muerde sus uñas (de desesperación). A quienes llevan las manos atadas a la
espalda, a quienes en la cárcel de la miseria van penando, a quienes por los desiertos y los montes
se fatigan tras el chile y la sal, las verduras y el agua, a quienes son engañados en las plazas y tienen
los labios resecos.

Pon junto a ti a quienes son las manos y los pies del pueblo; no con indiferencia los saludes ni con
negligencia soportéis recíprocamente vuestras cargas. Pues tú eres guerrero águila, ocelote, eres el
sostén y el remedio.

XI
En cualquier sitio puedes tropezarte con ellos: un anciano, una anciana, un enfermo, un niño. Por lo
tanto, no tienes excusa. En cualquier sitio puedes encontrar a quien trabaja, a quien se expresa, a
quien está creando algo. No estorbes entonces, ni causes problemas por tu ignorancia.

En cualquier sitio, inadvertidamente, puedes romper una cabeza, violentar a otro, arrojar orina sobre
su rostro, hacer que pierda la palabra con que habla, ignorar un buen consejo. ¡Despierta, ponte
atento! No sea que el sueño te lleve y los hombres te apoden ‘Señor ronquidos, bola soñolienta’.

XII

Bueno es que te mantengas por ti mismo. Crea, trabaja, recoge leña, labra la tierra, siembra nopales;
con eso beberás y vestirás. Pues honra, enaltece el trabajo duro. Pero, ¡cuídate de las obras
mundanas! Porque mucho crece, rápido engorda lo que enferma, lo que atormenta, lo que fatiga, lo
que causa espanto.

Correcto es si junto a ti es dicha la buena palabra, la que no causa daño. Si la transmites, no le


excedas ni le quites: sólo lo justo dirás. Pero, huye de las palabras vanas, distraídas, porque sólo
pervierten, no son serenamente rectas; precipitan al hueco a quien las pronuncia, nos llevan a la
trampa y al lazo, a la piedra y el palo.

XIII

Con llanto y preocupación hay que recibir la herencia y la fortuna. Pero, cálido es el hogar del pobre,
y están tranquilos su esposa y sus hijos.

¿Naciste noble? Teme por ello; podría embriagarte o hacerte presuntuoso. He aquí lo que nos hace
nobles: tomar la antorcha y el jabón, el chile y la cal, el azadón y la semilla. Esto, en verdad, es linaje
y merecimiento. Se moderado y austero, verifica que los demás coman primero. Entonces toma agua
y lava sus manos y sus bocas. Que no por ser noble perderás tu nobleza, ni caerán los jades, las
turquesas, de tus manos llenas.

Se dice que hay heredero al trono. He aquí como mostrara su condición: si baja su cabeza y se inclina
con humildad; si mira al pobre con especial consideración; si le infunden respeto su mísero ceñidor,
su manto raído; si al encontrar en el camino una anciana, un anciano, le dice: "Padre mío, mi abuela:
que la paz te encamine, que no tropiece tu pie".

La cortesía, la modestia, la humildad, el llanto, el esfuerzo, eso te hará noble, amado, enaltecido.
Escucha, ningún soberbio, jactancioso o desvergonzado llegó jamás al reino.

XIV

Conoce los símbolos, las palabras. Canta bien, habla bien, conversa bien, responde bien, ora bien. La
palabra no es algo que se compre. Conoce la condición honorable, lo que es bueno: no cometas
adulterio, no te embriagues, no te sometas al juego ni al azar; no menciones tu linaje ni tu condición
viril; no seas indiscreto ni cobarde; no procures los primeros lugares.

Que tu corazón no sea tu madre. Que la ceniza esparcida y la encrucijada no te den órdenes. Que tu
deseo no devore tu pie. Que una falda no te mueva ardientemente, pues envilece, desgasta, ensucia.

No obres sin reflexión ni te entregues sin tomar medidas. No comiences tu trabajo sin analizar, y sin
considerarlo serenamente no te impongas. No aceptes lo que no mereces ni reclames lo que no es
tuyo y no abuses de lo que no has creado. No te envanezcas de tus propias fuerzas. Que tu
entendimiento no sea tu apoyo ni de tu convicción te jactes. No construyas tu casa sobre tus propias
opiniones, pues eres tan sólo un pajarillo, una cuenta de jade, apenas una pluma.
En cofre ajeno no te metas; en el plato de otro no te reclines. No te invites por ti mismo al convite.
Que tu suerte no dependa del azar. Es peligroso, una trampa.

Si alguno te sobrepasa, vaya delante. En la entrada no seas el primero. Cuando llegue el momento de
hablar, que comiencen los demás. Y si el Supremo no te señala, no tomes la delantera. Si te dan
aquello de lo que tienes necesidad en último lugar, no te enojes luego. Y si no te dan nada, agradece
por ello. Así lo quiso el cielo: es merecimiento.

No te hagas de rogar ni busques que te ofrezcan. Y no dos veces seas advertido, pues corazón tienes
dentro de ti (para entender).

No busques en exceso una buena apariencia, pues él te acepta así, discretamente. En cualquier sitio,
en cualquier momento, tus adornos y tus joyas podrán arrojarte al torrente.

A la hora de sembrar, no sólo vayas y siembres: prepárate bien, selecciona bien, planta bien, para
que bien eches raíces. Cultiva bien tu sementera, tus campos, tus nopales. Constrúyete allí una casa
buena, firme, con ayuda de todos, y déjala en herencia a aquellos a quienes educas. Que vean en ti al
que enseña y se preocupa, pues el que instruye a otros fundamenta el modo de no dar vueltas en
vano.

XV

Pide con entera humildad, suplica con justicia: he ahí concentrado todo el ritual. Pues satisface,
compensa el labio que se manifiesta en súplica. ¿Es que ya lo sabes todo sobre la tierra? ¿No estás
acaso tanteando con los pies? ¿Te conduces a ti mismo? ¿No eres aún llevado, cargado? Mañana o
pasado mañana, ¿quizás llegaremos a saber aquello que sólo Él y únicamente Él conoce?

Recuerda que te está viendo Nuestro Señor, el que conoce el interior de la piedra y el palo (cuerpo y
alma), el que escudriña el corazón del hombre. ¡Nadie conoce su poder, nadie sabe su peso! ¡No es
cierto que vivamos sobre la tierra!

XVI

Hay un hombre que vive en embriaguez y en sus manos se babea. Ha manchado su cuello, se apresta
a difamar, se apropia de las cosas y da alaridos, pues la hierba y el vino le han atado. Ese ya no sale
por su salida ni vive su propia vida, ya no corre su carrera, no tiene rostro ni orejas, ya no canta, no
dice, no se expresa, a la hora del grito ya no puede gritar, no tiene camino ni conoce el orden, pues
no presta atención a la palabra buena, aquella que eleva, que expresa.

Sólo y sin reflexión vive, moviéndose siempre, cayendo de repente, desgarrado, revolcándose en su
inmundicia, no se levanta en paz ni se acuesta en alegría, como conejo se inquieta, como venado
huye. En ceguedad vive y no sale de ahí, no quiere crecer, solo anhela escabullirse, rechaza con el
pie, nada comprende ni retiene, no es civil, se arroja contra sí mismo, se abandona a las dudas, da
golpes, gruñe, muerde. Ese violó la voluntad de Nuestro Señor. Por eso ya no extiende su brazo
cuando debe extenderlo ni va al sitio a donde debe ir, no entra a donde debe entrar ni morirá cuando
deba morir.

XVII

Cuanto puedas produce, ambiciona las flores de Aquel que te dio la vida, Aquel por Quien vivimos.
Puedes vivir a Su lado en este día que en préstamo has venido a pedirle. Regresa junto a Él, ten
consciencia de tu dueño, pues se duele, se enfada cuando le olvidas y, puesto que sois uno, devuelve
a tu corazón su pena y su olvido.

Busca y reconoce qué es lo que Él quiere de ti sobre la tierra. Como cuando buscamos a tientas,
como cuando pintamos un libro, ve así: con calma pero sin detenerte. Identifica en qué consisten el
infortunio y la desdicha, la inhumanidad y la pérdida, y así no vivas. Sólo en tu propia paz, en tu
prudencia, ve adelante sin vacilación ni duda, para que no entristezcas mi corazón. Con toda tu
atención, serenamente, así vive.

Y no te aflijas por la miseria humana, no te enfermes de pena ni tus entrañas adelgacen, no


desfallezca tu corazón ante lo retorcido, ante lo que no es recto. ¿Es que sólo tibieza, bondad, ha de
ser nuestra suerte?

Sé un guerrero, arrójate al Ser del Cielo, Aquel que nos da vida. Con toda tu fuerza, con todo tu
aliento, átate a lo alto, ve junto a él, arrójate a él. Y ocurrirá que él mismo llegará a ser raíz de tu
existencia.

XVIII

¿Has recibido Su aliento, Su palabra? Guárdalo en tu corazón como un secreto. Que no te aturda, ni
embriague ni te cause orgullo. Ya comprenderéis cómo a nada, a nadie olvida Nuestro Señor.

Entra en la bienaventuranza de Dios. Baja tu cabeza, flexiona tus rodillas, adopta una postura atenta,
acostumbra tus piernas. Resbala, deslízate hacia Nuestro Señor. Y si algo te atormenta, si algo
interfiere tu fluir, disípalo en su dicha y afirma tu vida. Entra en la presencia del Dueño de la Cercana
Compañía, el Humano, el que es Noche y Viento (invisible e impalpable); ofrécele enteramente tu
corazón y tu cuerpo. Concéntrate en Él donde estás, acércalo a tu rostro, a tu corazón.

Mas aún: disfruta la riqueza de Aquel que te atormenta, Aquel que te hace puro. Su agua de intenso
azul, su fuente de jades, su vaso de turquesa ha depositado en ti para lavar tu alma y tu vida, y
merecerte. No murmures nada en tu interior, nada digas ni pienses en forma reactiva del yerbazal
(de tu mente), pues dentro del alma y el cuerpo ve y escucha Nuestro Señor. Si en verdad controlas
tus distracciones, él dispondrá algún remedio para tu necesidad.

Concéntrate enteramente en Él. El nombre y la gloria de Aquel que todo lo puede es lo único que
causa gozo. Él reparte su gloria allá, en lo alto, para todos. Y cuando una persona buena lo recibe, Él
se vuelve cual un ave excelente, de su cola, de sus alas brotan padres y madres, brotan aquellos que
nos guían en cualquier rincón del Universo en que existamos.

XIX

Hijo mío, esto que te doy a comer es alimento puro. Lo que es para comer sobre esta tierra, acércalo
a tu rostro. No te hagas semejante a piedra, pues ya sabes que si una piedra es dura, no sólo una vez
se le golpea hasta que se quiebra.

Observa al venado cuando lo persiguen: va asustando, ignora a dónde va: al hueco, a la muerte. Y tú,
¿acaso eres venado para que no sepas a dónde vas? Pues te ha sido mostrado el camino, por tu
propia voluntad te traicionarías si lo pierdes.

Mira: como árbol florido que ya no retoña ni echa brotes - pues sólo reverdece si resiste la helada,
que de otro modo se marchita y seca -, así tú, si no retoñas y echas ramas a la hora del verdor y del
renuevo, por tu propia voluntad te habrás arrojado a la boca de las fieras.

Ahora que Nuestro Señor te ha mostrado su bondad, ahora que dentro de ti se agita, no lo
desprecies. No juegues con un poco en tu interior para devolvérselo luego, hastiado, pensando: ¿en
verdad he sido sanado? Ahora que te has acercado a la riqueza que de su presencia viene, ¿lo
ofenderás de nuevo? ¿Volverás a ensuciar tu ser, tu alma?

Con todo, aún cayendo muchas veces, si de nuevo recuerdas a tu Dios y te limpias sinceramente
frente a él, arrojando tu mancha en su presencia, una vez más él tendrá piedad de ti y te mirarán sus
ojos. Ve, disfruta de tu tesoro, que viene del seno de Nuestro Señor.
XX

He aquí mi disposición final, aquello que te identificará como mi seguidor, lo que debes seguir y
compartir, pues es alimento escogido. Sólo tres consejos deseo encomendarte: el primero, que
busques con anhelo hacerte amigo de Aquel que está en todas parte, en todos cuerpos, pues es
Noche y Viento y Dueño del Cerca y el Junto. Y, en tal empeño, mira que no te hagas orgulloso,
desesperado o cobarde, sino humilde de corazón, poniendo toda tu esperanza en Nuestro Señor y
atreviéndote a mantener sus prescripciones.

Lo segundo que debes recordar: ten paz con todas los seres humanos, respeta a todos y a nadie
agravies. Por nada del mundo avergüences a otra persona. Cálmate, que digan de ti lo que quieran.
Calla aunque te combatan y no respondas. Así demostrarás tu condición viril y tu nobleza, y todos
sabrán que eres digno representante mío.

Y lo tercero que te pido es que no pierdas el tiempo que te ha dado el Ser Supremo sobre este
mundo. Ocúpate en lo que es bueno de día y de noche, no desprecies el tiempo. Porque no sabes si
volverás a vivir o si reconocerás tu rostro allá, donde de algún modo se existe. Aprovecha esta vida.

Basta con esto, que era mi misión. Haz en lo adelante lo que bien te parezca. Toda persona que se
atenga a su propio bien, allegará la excelencia y conquistará la vida.

Nuestras Doctrinas
El siguiente texto está tomado del Toltekapantli, regla de la comunidad tolteca.

Las doctrinas

Las enseñanzas toltecas se resumen en siete doctrinas que explican la naturaleza de la conciencia y
el ser humano. Estas son: la unidad divina, la impermanencia de las formas, la evolución de la
conciencia, el ejemplo de la Serpiente Emplumada, el merecimiento por las obras, la manifestación
del nagual y la emancipación de la percepción.

Estas doctrinas son de naturaleza práctica. Todo macehual está invitado a verificarlas para que su
aceptación sea sincera y produzca frutos. Toda aceptación que no se base en la verificación
individual, es inútil para los propósitos del modo de vida tolteca.

La unidad divina

Todo cuanto existe proviene de una fuente: la energía cósmica, y todo


regresa a esa fuente una vez cumplido su ciclo evolutivo. La energía
cósmica es impersonal e incondicionada, infinita en el tiempo y el espacio,
plenamente consciente, intencional y poderosa. Sus manifestaciones no
tienen fin.

La energía cósmica es la realidad subyacente en todas las visiones, el


destino de todas las devociones, el impulso de todas las decisiones y la
experimentadora de todas las acciones. En la tradición de Anahuac, recibe diversos nombres que
describen aquellos de sus aspectos que resultan inteligibles al ser humano. Algunos de estos son:

• Nahualli, nagual: indica que su naturaleza última está oculta a la percepción y el


razonamiento, y sólo puede ser entendida por ella misma a través del nagual.
• Centeotl, divina unidad: indica que es la semilla de la existencia, la voluntad de permanencia y
el potencial de realización de todos los seres vivos.
• Ometeotl, divina Uni-dual-trinidad: indica que es el soporte causal del Universo, al cual
imprime orden y propósito, y que se manifiesta mediante el poder de la percepción.
• Moyocoyani, quien se crea a sí mismo: indica que existe en y para si, genera su propia vida y
se refleja en los propósitos existenciales de cada ser.
• Ipalnemoani, aquel por quien vivimos: indica que se expresa en cada ser a través de sus
vehículos de conciencia y sus centros de percepción.
• Tloque Nahuaque, dueño del cerca y el junto: indica que da apoyo, alivio, protección y guía,
favoreciendo las experiencias positivas e inhibiendo las negativas.
• Quetzalcoatl, serpiente emplumada: indica que siempre busca superarse, promoviendo la
evolución de la vida y la conciencia, el individuo y la sociedad, la cultura y la civilización.
• Tezcatlipoca, humo del espejo: indica que abre los sentidos e inspira los instintos de todo ser
viviente, y señala el camino al conocimiento del nagual.

La impermanencia de las formas

Aunque la energía cósmica está más allá de definición y entendimiento, es posible percibirla,
experimentarla e interactuar con ella a través de sus manifestaciones. Sus manifestaciones son
inagotables y reciben en conjunto el nombre de Tonal. El Nagual es todo y el Tonal la parte del todo
que percibimos.

El Tonal es una interacción de fuerzas: su flujo es la fuerza positiva y su interrupción, la negativa. La


combinación de ambas produce los atributos de la existencia. Todas las manifestaciones de la
energía reflejan, en alguna medida, su naturaleza consciente, volitiva y creadora.

Toda existencia particular está condicionada por los atributos de forma, movimiento, potencial
energético y estado de conciencia. Debido a que existen en la composición de sus atributos y lo
compuesto se descompone, todas las manifestaciones son impermanentes. La impermanencia
implica la degradación de la forma, la transferencia del movimiento, el agotamiento del potencial
energético y el cambio de estado de conciencia.

La percepción

Seres conscientes son aquellas manifestaciones capaces de encapsular el flujo de la energía cósmica
y utilizarlo para sus propios fines. El propósito existencial de los seres conscientes es acrecentar,
mediante sus experiencias particulares, el acervo de experiencias de la energía cósmica.

Siguiendo este comando, los seres aprenden a fijar su conciencia en las manifestaciones de la
energía, transformándola en percepción La percepción es el resultado integrado de los procesos de
sensación, integración e interpretación.

La sensación es el proceso mediante el cual la energía se reconoce a si misma a través de los


sentidos, creando la entidad, un núcleo capaz de transformar las fluctuaciones de intensidad de la
energía en experiencia. La integración selecciona hechos energéticos para construir un mundo,
creando al individuo, una función de la entidad que transforma las experiencias en descripciones. La
interpretación transforma los hechos energéticos en un conjunto de objetos espacio-temporales,
creando a la persona, una resonancia de la individualidad que convierte las descripciones en historia
personal.

Cada fase del proceso condiciona la percepción. En nuestra especie, el resultado es una construcción
mental llamada forma humana. Debido a que su forma refleja la conciencia cósmica, el ser humano
se percibe como la más importante de las manifestaciones. Este fenómeno de autorreflejo le obliga a
construir un mundo a su imagen, gobernado por dioses y demonios que son proyecciones de sus
esperazas y temores.

La atención

La conducción intencional del flujo de la conciencia es atención. La atención es una facultad de los
seres conscientes que les permite seleccionas impresiones, de entre un conjunto infinito y caótico de
ellas, y enfocarles su energía.

La atención primaria obedece a comandos genéticos y se enfoca en los estímulos sensoriales que
favorecen la conservación del individuo y el grupo. Tal selección hace que el ser consciente se
identifique con las formas y divida la realidad en las nociones del yo y el mundo externo.

Los seres autoconscientes pueden trascender sus límites naturales, al enfocar su atención en
estímulos abstractos. Tal selección cualifica sus experiencias y genera cultura, una forma de
organización de la energía que acelera y reorienta el proceso evolutivo.

El desapego de los estímulos sensoriales no se consigue renunciando a los sentidos, sino educando la
voluntad. La voluntad es el reflejo del intento cósmico en un ser consciente, un potencial creador que
se activa al atender y se desarrolla al abstraer.

Mediante un esfuerzo de voluntad, es posible desligar la atención de los estímulos externos y


enfocarla en el proceso perceptual en sí, destruyendo la sugestión de las formas, integrando la
realidad y fundiendo al observador y lo observado en el acto de visión.

La evolución de la conciencia

Toda forma de conducción de la atención, sea por comando natural o


deliberado, sirve a la evolución de la conciencia.

La evolución de la conciencia tiene tres grados: reconocimiento del


medio, de sí mismo y del nagual. Aquellas entidades conscientes que
no se reconocen a sí mismas, se ven forzadas a aceptar las
sugestiones del medio, siguiendo un curso evolutivo basado en el
accidente. Aquellas entidades que se reconocen a sí mismas como
manifestaciones particulares de la energía, son capaces de enjuiciar y
modificar al medio a conveniencia, orientando el curso de su
evolución. Aquellas entidades que se reconocen como energía, son capaces de liberarse de toda
sugestión externa y de construir su propio medio, redirigiendo su curso evolutivo al estado de
conciencia del nagual.

La evolución de la conciencia es conducida por los imperativos grupales hasta que el ser se reconoce
a si mismo; en adelante, sigue un cauce de desarrollo individual.

La energía cósmica se supera a si misma, promoviendo la evolución de sus manifestaciones a fin de


obtener experiencias cada vez más refinadas. Todo ser debe alimentarse para sobrevivir. Cuando un
ser más evolucionado consume a otros menos evolucionados, transforma la cantidad de vivencias en
calidad de vivencias.
El proceso evolutivo tiene tres fases: polarización de la energía, síntesis de las polaridades y salto de
orden. La energía se polariza cuando surge un conflicto y se sintetiza al aplicarle atención, lo cual
permite la manifestación de propiedades superiores.

Todo estado evolutivo es trascendible, pues la evolución de la conciencia es infinita.

Los vehículos de conciencia

Un ser consciente es un sistema compuesto por cinco vehículos de expresión y siete centros
perceptuales. Los vehículos son campos transformadores de la energía. Hay cuatro vehículos de
base, de naturaleza física, vital, emocional y mental, y un vehículo potencial llamado el nagual.

Para que un ser consciente sobreviva, sus vehículos de base deben actuar en conjunto; el grado de
acción y coordinación de cada uno determina las características del ser. Para que los vehículos
funcionen correctamente, hay que proporcionarles alimento e higiene apropiados.

• La función del cuerpo físico es moverse, tener sensaciones y reproducirse. Se alimenta de


comida y agua, y se purifica por limpieza física y cuidado de la salud.
• El campo vital transforma la energía cósmica en vitalidad y la suministra a los vehículos y
centros. Se alimenta de respiraciones y luz, y se purifica por sueño y recapitulación.
• El campo emocional potencia y regula el funcionamiento de los centros. Se alimenta de
impresiones y se purifica al canalizar apropiadamente las emociones negativas.
• El campo mental selecciona, memoriza e interpreta impresiones. Se alimenta de información y
se purifica por ayuno de apegos y creencias.

Los vehículos de base tienen un tiempo limitado de vida, después del cual, se desintegran y mueren.

A fin de perpetuar la conciencia, la energía cósmica pone a disposición de los seres conscientes el
vehículo independiente del nagual, capaz de absorber las funciones de los demás vehículos. El nagual
se educe por un comando, se alimenta de tareas que lo desarrollan y se purifica mediante el uso
sobrio de los demás vehículos.

Los centros perceptuales

Los centros perceptuales son estaciones que modifican la percepción y almacenan


la experiencia; forman una red que da estructura a los vehículos. Hay siete centros
principales, llamados en el simbolismo de Anahuac: escorpión, plumón, bandera,
flor, cetro, gema y cuchillo de pedernal. En el ser humano, estos centros resuenan,
respectivamente, en la base de la columna vertebral, el vientre, el ombligo, el
pecho, la garganta, el entrecejo y la coronilla. Su actividad se manifiesta como
impulsos, instintos, sentimientos, intuiciones y sentidos, que son modificaciones de
las dos tendencias básicas de todo ser consciente: conservarse y trascender.

• El centro coccígeo es la sede de la energía vital. Genera los instintos de


conservación y reproducción. Está plenamente activo en todas las especies
vivas.
• El centro ventral genera los impulsos filiales, de socialización, comunicación
y pertenencia. Se activa naturalmente en las especies superiores.
• El centro umbilical es la sede del ego. Genera los impulsos de liderazgo,
representación, competitividad y predominio. Se activa de forma natural en
los seres humanos.
• El centro cardíaco genera los sentimientos de amor y altruismo, y los sentidos de autosacrificio
y cumplimiento del deber. Se activa, asumiendo retos y abstrayendo la atención.
• El centro laríngeo es la sede del intento. Genera los impulsos volitivos y creadores. Se activa,
tomando decisiones y afrontando las consecuencias.
• El centro frontal es la sede del ver. Genera los impulsos intuitivos que integran la percepción.
Se activa al ensoñar.
• El centro occipital es la sede de la trascendencia. Genera el irrefrenable impulso de la libertad. Se activa al educir
al nagual.

Grados de activación

Según la disponibilidad energética, los centros perceptuales pueden funcionar en forma intermitente,
sostenida o plena.

En el grado intermitente, los impulsos no se sostienen y la memoria de las experiencias relativas al


centro se disgrega. Si la actividad de los centros desciende a este grado, el individuo siente que se
duerme, su memoria se interrumpe y su atención se entrega a ensoñaciones.

En el grado sostenido, los impulsos se mantienen y generan experiencia, que es almacenada por la
memoria del centro. Si uno o más centros se sostienen, el individuo siente que despierta, su memoria
alinea la historia personal y se activa el juicio crítico.

En el grado pleno, los impulsos realizan su propósito existencial. Si uno o más centros funcionan a
plenitud, el individuo entra en un estado de éxtasis relativo a los impulsos de esos centros,
caracterizado por las sensaciones de intenso gozo, fusión y libertad. El éxtasis de un centro involucra
las propiedades extáticas de los centros inferiores. El éxtasis más común es el del orgasmo, vinculado
al centro de la reproducción.

Para que un ser consciente sobreviva, su centro reproductivo debe funcionar a plenitud, pues su
función es alimentar al sistema. Cuando fallas en el vehículo vital disminuyen la capacidad de este
centro, el sistema se desintegra y el ser consciente, incapaz de procesar las impresiones, muere.

Los centros perceptuales son potenciales evolutivos presentes en todo ser consciente; la evolución de
los seres consiste en su paulatina activación. Los centros se activan al aplicarles atención. Un centro
puede pasar a un grado de actividad superior, siempre que el que le precede funcione
potencialmente a plenitud.

Los centros inferiores del ser humano fueron activados en el curso de su evolución natural, pero los
superiores requieren de manipulación deliberada. En el humano promedio, los centros coccígeo y
ventral pueden funcionar a plenitud, el umbilical funciona en grado sostenido y los demás, sólo en
forma intermitente.

La plena activación de los centros superiores produce santos,


chamanes, profetas y mensajeros de la Serpiente Emplumada.

Esferas de acción

A medida que el ser humano activa sus centros, se hace capaz de


abarcar esferas de acción más amplias. Una esfera de acción es el
medio en el que los impulsos de un centro pueden expresarse a
plenitud y el referente de la identidad de un individuo o grupo. La
pertenencia a una esfera de acción se denota por un sentimiento de
responsabilidad con su destino, que es desarrollo del impulso básico
de conservación.
El salto de una esfera a otra incrementa la disponibilidad energética del individuo o el grupo, y
consolida su sentido de identidad. Siete esferas son accesibles al ser humano, de naturaleza animal,
familiar, individual, social, natural, universal y divina.

• La esfera animal es nuestra herencia natal. Deriva de un sentimiento de responsabilidad por


los vehículos de base, al servicio de la supervivencia del individuo.
• Cuando la responsabilidad por los vehículos se extiende a los hijos y parientes, se activa la
esfera familiar, al servicio de la supervivencia del grupo.
• La esfera individual se activa cuando la responsabilidad por el grupo evoluciona en un sentido
de búsqueda de superación personal, al servicio de la evolución del individuo.
• La esfera social se activa cuando la responsabilidad por el propio desarrollo se extiende a
todos los miembros de la especie, propiciando la evolución colectiva.
• El despertar del centro de las decisiones activa la esfera natural, extendiendo la
responsabilidad social a toda forma de vida.
• El despertar del centro de la visión activa la esfera universal, extendiendo la responsabilidad
ecológica a toda manifestación de la energía.
• El despertar del centro coronario activa la esfera divina, transmutando el sentido de
responsabilidad en poder creador, y el impulso de conservación en inflexible voluntad de
permanencia.

La evolución social

El ser humano es producto de la interacción del individuo y la colectividad. Tal como la colectividad
no existe fuera de sus miembros, el individuo no existe fuera de su contexto social.

El propósito de la sociedad es favorecer la evolución de sus miembros. Sus miembros son a la


sociedad como las células al cuerpo físico.

La sociedad es un organismo vivo, capaz de expresar los tres grados de la conciencia, reconociendo
al medio, a sí misma y al nagual. La sociedad cobra conciencia del medio natural cuando se organiza
y genera un excedente de energía que dirige a objetivos culturales. Se hace autoconsciente cuando
desarrolla una perspectiva histórica de sí y normaliza sus instituciones, entrando en la fase de
la civilización. Cobra conciencia del nagual cuando se toltequiza, integrando sus símbolos culturales y
confiando su conducción al linaje de sabiduría.

El reflejo de la autoconciencia social en el individuo, es el sentido de la moral, alimentado por los


valores vigentes en cada época y lugar. Este sentido sirve al objeto de propiciar la interacción del
individuo y la colectividad. Para que funcione, debe evolucionar.

Toda ganancia energética implica la reestructuración del medio. La evolución moral del individuo sólo
se puede completar mediante la transformación de la sociedad. No hay cambio exterior sin cambio
interno. La evolución social comienza con el desarrollo de los potenciales individuales. La sociedad
puede saltar a un grado de conciencia superior cuando la disponibilidad energética de sus miembros
alcanza una masa crítica.

No hay cambio sin dolor. A medida que la sociedad se acerca a un salto de orden, se acumulan en
ella sentimientos de frustración que buscan su involución. La oposición entre las tendencias
evolutivas e involutivas origina un punto de ruptura que se resuelve mediante una revolución.

El objeto de la revolución es devolver la evolución a su cauce original, creando condiciones favorables


para el desarrollo de la conciencia. Su detonador es un individuo que, por circunstancias energéticas
e históricas, encarna las necesidades y esperanzas de los demás. La historia humana se estructura en
torno a tales individuos, que son llamados mensajeros de la Serpiente Emplumada.

La Serpiente Emplumada
A fin de conducir a los seres conscientes, la energía cósmica se manifiesta como el nagual, llamado,
por su doble naturaleza, Serpiente Emplumada.

Serpiente Emplumada es el potencial energético de todo ser consciente, susceptible de ser realizado
por todo ser autoconsciente. En el individuo, se manifiesta como un estado de conciencia discontinuo,
que puede hacerse continuo mediante la educación. En la sociedad, se manifiesta como un
reformador de los paradigmas e instaurador de un nuevo ciclo cultural.

El fenómeno de conciencia representado por la Serpiente Emplumada es universal y se adapta a las


circunstancias históricas y culturales. En la especie humana, se manifiesta en una estructura trina,
cuyos elementos tienen la función de preparar, detonar y conducir la revolución social.

Tales apariciones ocurren cíclicamente, con intervalos históricos de veinte ataduras divididas en dos
fases: la primera de construcción y la segunda de consolidación. Cinco de tales recurrencias forman
el ciclo de la Serpiente Emplumada, diseñado para la progresiva redención del componente animal de
nuestra naturaleza.

El merecimiento

Todo niño que ha comido masa de cereal contrae una deuda de vida con los seres conscientes, que
sólo puede pagar, ayudando a la evolución de todos los seres. El ejemplo de la Serpiente Emplumada
actualiza esa deuda, al imponer a todo adulto la decisión de hacerse responsable por sus propias
obras.

El ejercicio de la responsabilidad genera merecimiento: el resultado energético de la acumulación de


obras meritorias. La Serpiente Emplumada estableció un pacto con la especie humana, haciéndonos
merecedores de Su estado de conciencia a través de las obras.

En lo individual, el merecimiento consiste en liberar excedentes de energía mediante su ahorro,


afinamiento y recanalización. En lo social, es merecido quien refleja el estado de conciencia de la
Serpiente Emplumada, sirviendo de inspiración y modelo de vida para otros.

No hay merecimiento sin un reto que vencer. Los retos pueden ser naturales, sociales y de
conciencia. La condición humana no es un producto natural, sino una conquista permanente de los
retos naturales y sociales, que nos da derecho a existir.

La condición del tolteca exige, además, afrontar el reto de perfeccionar la conciencia y hacerse un
soldado de la guerra florida, una contienda contra nuestros defectos y limitaciones. Implica sustituir
las creencias por la experiencia propia y dedicar al perfeccionamiento de la percepción cada
momento de nuestra vida, sea que estemos dormidos, despiertos o en éxtasis.

Los destinos de la conciencia

La muerte de los seres conscientes es un fenómeno natural,


consistente en la desintegración de sus vehículos de expresión y
sus centros perceptuales.

La muerte ordinaria comienza con la disfunción de los vehículos, la


obturación de los sentidos y el adormecimiento de los centros. Al
quedar sin energía, el sistema de centros se disgrega durante
nueve días, plazo en el cual deja de existir la persona.
Durante cuatro años subsisten restos de memoria que generan sueños progresivamente
incoherentes, hasta que desaparece la individualidad. La entidad sobrevive durante tanto tiempo
como vivió la persona, plazo en el que las experiencias individuales se disuelven en el banco de
experiencias de la energía cósmica.

La muerte implica el cese de la vida, pero no necesariamente el de la conciencia. La conciencia


desaparece por su subjetiva asociación con los vehículos.

Al identificarse con los vehículos de base, el individuo canaliza su impulso de trascendencia a través
de la reproducción, y se extingue. Al activar el nagual, el individuo le transfiere su impulso de
trascendencia y se desliga de la suerte de los vehículos de base.

Un nagual puede guiar al difunto a liberarse de sus apegos físicos, mentales y emocionales, y a
aceptar serenamente su fusión con la energía cósmica.

La manifestación del nagual

La condición humana es un puente. Su origen es el desarrollo de la naturaleza animal y su destino, la


manifestación del nagual.

Mediante la práctica, la suma de experiencias y estados de conciencia vividos por el individuo puede
cristalizar en el nagual. El nagual es una entidad autoconsciente, capaz de actuar sin el apoyo del
sistema de vehículos y centros. Debidamente entrenado, manifiesta los más elevados atributos de la
conciencia.

El nagual se puede entrenar mediante el cultivo de la memoria y el sueño. La memoria debe ser
capaz de recordar el propio nacimiento; el sueño debe ser tan controlado como la vigilia.

La primera fase del entrenamiento del nagual consiste en ponerle tareas que lo domestiquen, como
encontrar objetos o rastrear información. La segunda fase consiste en sumergirlo en el acervo de
experiencias de la energía cósmica, para que adquiera conocimiento. La tercera fase consiste en
templarlo para que afronte los retos del mundo superior, que son: hacerse consciente de sí, controlar
sus reacciones y desarrollar sus capacidades de comunicación, depredación y desapego. La cuarta
fase consiste en asumir la liberación de todos los seres, como condición para emprender el vuelo libre
de la percepción.

En el sujeto de tal experiencia, las fases de desarrollo del nagual producen los estados de despertar,
iluminación, visión y liberación.

Está despierto quien rompe los límites psicológicos del sueño y la vigilia, unificando su percepción.
Iluminado es quien comprende que los procesos mentales no describen al mundo, sino al perceptor.
Vidente es quien potencia sus capacidades perceptuales de tal modo, que puede ver directamente el
flujo de la energía. Liberado es quien emancipa su percepción de la dependencia de los vehículos y
los centros.

La liberación de la percepción

Como forma humana, somos libres para percibir todo lo que es humanamente posible. Como
terminales de la energía cósmica, podemos liberar la percepción del condicionamiento de los
vehículos y los centros. Ese es nuestro verdadero poder y el propósito final de nuestra existencia.

Liberar la percepción no significa dejar de percibir, sino dejar de hacerlo a través del molde de la
forma humana. La trascendencia de la forma humana se consigue diluyéndola en la intensidad
vivencial del nagual.
Al vencer sus retos, el nagual rompe la sugestión de los sentidos, las emociones y la mente,
aprendiendo a moverse y a ser consciente y volitivo más allá de las condiciones del tiempo y el
espacio. Al no depender de los vehículos y centros para percibir, no es susceptible de engaño o error.
Careciendo de un organismo con el cual morir, es inmortal y vive para siempre.

Por su naturaleza avasalladora, el nagual absorbe, sintetiza y transmuta los atributos del ser humano,
que de ese modo se convierte en dios.

El estado de conciencia del nagual es despertar absoluto; quienes lo alcanzan son creadores de su
propio destino.

A fin de proporcionarse un reino a la medida de su divinidad, el nagual creó un mundo mediante la


visualización, encarnó en sus criaturas y diseñó el plan civilizador de las serpientes emplumadas.
Como nagual del Universo, la Serpiente Emplumada recibe el título de Príncipe de las
Transformaciones.

La práctica del macehual

El Templo de la Serpiente Emplumada propone a toda persona que desee desarrollar sus potenciales
de conciencia, una práctica diaria consistente en los siguientes pasos:

Primero: recapitulación de lo que soñamos, al despertar en la mañana. Es un recuento mental o


escrito de nuestros sueños, realizado sin ánimo de interpretación, sólo de observación. Esta práctica
nos obliga a prestar más atención a la fase onírica de nuestra existencia. Como resultado,
comenzamos a tomar control de los sueños, eliminamos las pesadillas, limpiamos la suciedad
acumulada en nuestro subconsciente y aprendemos a usar el espacio de los sueños para actividades
útiles, tales como estudiar o resolver problemas.

Segundo: ejercicios físicos. Los sabios de Anawak desarrollaron una serie de movimientos y posturas
físicas que nos ayudan a reciclar la energía, lo cual redunda en un mejoramiento de la salud física y
mental. Algunos de esos ejercicios han sido compilados bajo el nombre de Kinam (del término nawatl
Kinamiktli, "fuerza aplicada para conseguir el equilibrio"). Por sus benéficos efectos, recomendamos a
los macehuales practicar diariamente alguno de estos ejercicios, en el momento que lo considere
apropiado, ya sea como un fin en sí o como preparación para el siguiente paso.

Tercero: meditación individual. La meditación es un ejercicio de recogimiento de los sentidos,


silencio mental y éxtasis, que se puede sostener durante tanto tiempo como lo consideremos
apropiado. Podemos apoyar nuestra meditación con prácticas de concentración tales como
respiración rítmica, visualización de los centros energéticos, sahumerios, oración y rosario. El mejor
momento para meditar es temprano en la mañana o al anochecer; nunca se debe hacer
inmediatamente después de una comida.

Cuarto: recapitulación vigílica. Este ejercicio se debe hacer inmediatamente antes de dormir en la
noche. Consiste en un recuento mental o escrito de lo ocurrido durante el día, realizado sin ánimo de
interpretación, sólo de observación. Su propósito es que tengamos una visión objetiva de nuestras
acciones.

La práctica individual diaria es una medida de higiene tan elemental como lavarse la boca en la
mañana. Para que rinda frutos, se debe complementar con higiene física, alimento e impresiones
sanos, estudio y trabajo.

El Credo Tolteca

Wellateumatini katia. Ka sa se inteou’ Eran cuidadosos con las cosas divinas.


kisemmatia inkinotsaia inkitlatlau’tiaia Sólo un Dios tenían, al que invocaban,
initoka Ketsalkoatl. suplicaban.
Intlamakaskau’katka inteupishkaun Su nombre era Serpiente Emplumada.
san noitoka Ketsalkoatl. El sacerdote y servidor
Au’ inin senka wellateu’matini katka también era llamado Serpiente
intlein kimilwiaya inteupishke in Emplumada.
Ketsalkoatl Y tanto respetaban las cosas divinas,
welkichioaya amo kitlakuaya. que todo lo que les decía Ketsalkoatl,
Ka kimilwi kinnonots: eso hacían, no lo cambiaban.
“Ka sa sen teotl itoka Ketsalkoatl. Él les advertía: “Sólo hay una Deidad,
Atle kineki. San koatl san papalotl Serpiente Emplumada es su nombre.
Inankimakaske inishpan ankimiktiske”. Nada pide. Sólo serpientes y mariposas,

eso le ofreceréis y le sacrificaréis”.

La unidad divina

En la abundante literatura devocional del México antiguo que se conserva, es difícil encontrar
dogmas o definiciones absolutas. Ello se debe a que las ideas religiosas toltecas no se basaban en
creencias, sino en la experiencia directa de lo divino, tal como exhorta el libro sagrado: “Sean
toltecas: personas de experiencia propia.” (Wewetla’tolli).

Por eso, resulta doblemente interesante encontrar, entre los textos que redactaron para el padre
Sahagún sus informantes nativos, el siguiente dogma, que hemos adoptado como proclamación de fe
del Templo de la Serpiente Emplumada: “La Deidad es una sola, Serpiente Emplumada es Su
nombre. Nada pide. Sólo serpientes y mariposas le ofreceré y le dedicaré” (Códice Matritense).
Aquí se expone, de un modo muy sintético, lo que opinaban los anahuacas sobre la Deidad y su
relación con el ser humano. El primer enunciado afirma: Ka sa sen teotl, "la Deidad es una sola".

Para entender esta frase, hay que recordar que los anahuacas no aceptaban la existencia personal de
Dios. Por lo tanto, aquí no se habla de Dios en el sentido bíblico del término, sino de ese estado
unificado de la energía llamado en nawatl Setilistli, unidad, y del cual toma nombre el Universo:
Semanawak, la unión de los contrarios.

Todos los seres vivos poseemos, sea en forma instintiva o intuitiva, una noción de la unidad
subyacente en la diversidad de fenómenos que atestiguamos. Aún un gusano o una planta perciben
que su vida tiene un centro, una razón de ser en torno a la cual giran todas sus acciones. La ciencia
moderna ratifica ese sentimiento, al proponer una teoría unificada que pretende explicar la totalidad
de la existencia.

Al proclamar la unidad como primer punto, el Credo Tolteca no sólo hace suya esa vocación de
universalidad que distingue a las religiones verdaderas, sino que también excluye la creencia en una
dualidad divina antagónica, es decir, en un Dios bondadoso que se opone a un Diablo maligno.
Ambas entidades, nacidas de una mala interpretación del pensamiento bíblico, simplemente no
caben en la cosmovisión tolteca.

La Serpiente Emplumada

Una vez enunciado este axioma central, el texto pasa a describir la naturaleza de la Deidad,
afirmando: Itoka Ketsalkoatl, "su nombre es Serpiente Emplumada".

Una persona no versada en el pensamiento tolteca podría interpretar esta frase en un sentido
estrecho, como el intento de promover a la deidad mesoamericana por encima de otras. Pero, nada
más lejos de la intención de quien redactara este texto, porque Serpiente Emplumada no era el
nombre de un ser personal, sino una metáfora del proceso evolutivo.

Los toltecas sostenían que el mundo fue creado gradualmente, a través de largos ciclos geológicos y
biológicos en los cuales se probaron diversas fórmulas para el engrandecimiento de la conciencia
hasta que, por fin, ocurrió el milagro de la autorreflexión y el ser humano pudo “invocar al creador”,
es decir, plantearse un proyecto espiritual de vida. Este proceso fue comparado con una serpiente
que echa plumas y vuela, escapando de las fuerzas de la materia.

Al darle a la Deidad el nombre de Serpiente Emplumada, el texto define su naturaleza: afirma que el
Ser Supremo es un poder que tiende al autodesarrollo. Puesto que ese Ser es uno con todo, entonces
no es otro que nuestro potencial de autorrealización, un potencial que se evidencia a través de ese
anhelo que todos compartimos por algo mejor.

De modo que, lejos de implicar un adoctrinamiento estrecho en favor del dios anahuaca, el Credo
Tolteca nos habla de evolución y trascendencia de las limitaciones derivadas del nombre, la cultura y
la religión.

Nada pide

Tal sentido de trascendencia quedó recogido en la estructura negativa del siguiente verso: Atle
kineki, "nada pide". Esta afirmación es extraordinaria, sobre todo, si la comparamos con los exigentes
reclamamos de los dioses del Viejo Mundo, siempre ávidos de diezmos y devoción exclusiva. Al
comprometerse con esta afirmación, los sacerdotes de Anahuac dieron un osado paso en favor de
libertad de fe y en contra del dogmatismo.

Los toltecas razonaban que, un ser que pide dinero o devoción, no es un Dios, sino un mendigo. La
Serpiente Emplumada no necesita que le demos nada, porque no existe con independencia de
nosotros mismos. Por eso, “nada pide”.
Esta enseñanza implica que todos los ritos, diezmos y sacrificios son inútiles por sí, pues no llegan a
un poder allá afuera. En todo caso, sirven para probar la sinceridad de nuestra intención, pero no
mueven un ápice la balanza en favor de nuestros intereses de conciencia, porque la conciencia se
acrecienta entrando en la lucha por el despertar, no tratando de comprar a Dios.

Ahora bien, que la deidad no necesite de nosotros no significa que nosotros no necesitemos de ella.
¡Al contrario! Nuestra existencia sólo tiene sentido si se encamina a ese ideal de conciencia
metaforizado por la Serpiente Emplumada.

Ofrenda

La más preciada de nuestras posesiones es la percepción. Desplegar nuestra facultad de percibir el


mundo hasta el punto de ser testigos de primera mano de la unidad cósmica, es un privilegio que
sólo los dioses poseen y por el cual vale la pena sacrificarlo todo. Por eso, el siguiente verso afirma:
San koatl san papalotl inankimakaske, "sólo serpientes y mariposas le ofreceréis".

Tomando esta frase en un sentido literal, los estudiosos académicos consideran que el culto a la
Serpiente Emplumada consistía en sacrificarle serpientes y mariposas. Sin embargo, la alusión es
metafórica: el reptil representa al cuerpo físico, debido a que se arrastra por el "polvo" de los
pecados, y la mariposa es el alma (no en el sentido cristiano del término, sino como la suma de todas
nuestras vivencias), pues es capaz de volar hasta el "sol" de la autorrealización.

El verso nos exhorta a dedicar nuestra totalidad a la causa divina. Parece una contradicción pues,
primero afirma que la Serpiente Emplumada "nada pide", y luego reclama una ofrenda total. Sin
embargo, es precisamente la tensión que se crea entre las nociones de "nada" y "todo", lo que le da
fuerza a estos versos.

La enseñanza subyacente es que, si bien los poderes creadores del Universo, en su impersonalidad,
no necesitan de nosotros, aún así podemos involucrarlos en nuestra personal búsqueda de
trascendencia, mediante un magnánimo gesto de desprendimiento.

Dicha doctrina quedó plasmada en el mito de Nanawatsin, el profeta de Teotihuacan. Se trataba de


un hombre en el extremo de la abyección, un mendigo de horrible apariencia, pues era victima de
enfermedades venéreas; pero, cuando los dioses convocaron a los humanos para ver quién se hacía
Sol, sólo él tuvo la fuerza para arrojarse a la hoguera.

La clave del valor de Nanawatsin fue que no tenía nada que perder. Y, en lugar de quejarse de su
miseria, la usó como oportunidad de trascendencia, transformando su "nada" personal en "todo"
cósmico. Eso es lo que significa sacrificar serpientes y mariposas: ceder nuestros apegos personales,
a fin de alinearnos con el propósito divino o universal de la existencia.

Conclusión

Como vemos, los versos del Credo Tolteca tienen una secuencia lógica, pues fueron diseñados para
llevarnos a la práctica en cuatro pasos. El primero define lo divino en sentido abstracto, como unidad.
El segundo le da una definición concreta y operativa, metaforizada en el nombre de la Serpiente
Emplumada. El tercero deslinda y limpia nuestra relación con lo divino, al negar cualquier vínculo
basado en la necesidad, es decir, en intereses egoístas. Por último, el cuarto verso proclama la
victoria de la voluntad, que nos mueve a la desinteresada entrega de todo nuestro ser.
Habiendo sido inmoladas la serpiente de las limitaciones físicas y la mariposa de la identidad
personal en el altar de la experiencia extática, la Serpiente Emplumada y su devoto se funden en un
inextricable abrazo y el interés humano se transforma en causa cósmica.

La Confesión de Fe del macehual

Nuestra cosmovisión

Ya que hablamos de una “confesión de fe”, estamos obligados a aclarar lo que entendemos por ese
concepto. Para los cristianos, la fe es la aceptación tácita de ideas no comprobadas. Algunas
personas consideran que, mientras más absurda es una proposición religiosa, más mérito hay en
brindarle fe. Un ejemplo de este extraño fenómeno psicológico es que, a pesar de que los recientes
hallazgos de la paleontología y la genética prueban, sin lugar a dudas, el maravilloso proceso de la
evolución, aún hay quienes piensan que el ser humano fue creado a partir de una bola de barro.

Los antiguos mexicanos, por el contrario, interpretaban la fe como una actitud de compromiso con la
verdad, tal como se nota en el nombre que le dieron en lengua nawatl: Neltokilia, verificar la verdad.
La fe tolteca no consistía en aceptar pasivamente las enseñanzas de los mensajeros de la Serpiente
Emplumada, sino en corroborarlas mediante análisis y experimentación. Como resultado, el devoto
adquiría algo aún más valioso: experiencia. Tal es la propuesta del Wewetla’tolli: "sean toltecas:
personas de experiencia propia".

El Templo de la Serpiente Emplumada es una institución creada para promover la auténtica


experiencia espiritual. En consecuencia, nuestra Confesión de Fe no es un catálogo de creencias, sino
una herramienta de uso práctico. Te invitamos a analizar cada una de sus afirmaciones con juicio
crítico y corazón abierto, para que puedas percibir el intento que hay detrás de las palabras.

Esta confesión tiene siete enunciados que van de lo general a lo particular. El primero afirma:
“Creemos que la Conciencia Suprema es Una, Serpiente Emplumada es Su nombre. Nada pide, sólo
nuestro cuerpo y nuestra alma como ofrenda”. He aquí resumido el Credo Tolteca, tal como se
conserva en el Códice Florentino. Lo hemos adoptado porque describe con exactitud nuestra
cosmovisión.

Este Credo afirma que la realidad es una, es decir, toda la energía del Universo está conectada. El
vínculo del ser humano con esa totalidad consiste en buscar el desarrollo de la conciencia,
metaforizada en el nombre de la Serpiente Emplumada. Sólo ofrendando todo nuestro ser a ese
propósito, podemos retornar al trascendente estado de conciencia de una divinidad que “nada pide”,
pues no existe fuera de nuestro potencial evolutivo.
El descenso de la Serpiente Emplumada

El segundo punto de nuestra confesión se refiere al modo como el estado de


conciencia impersonal que impregna a la totalidad, al cual llamamos Conciencia
Cósmica o Intento Universal, toma cuerpo en los seres humanos. Afirma: “Serpiente
Emplumada desciende cíclicamente a la tierra, se manifiesta en la carne, renace del
Espíritu y regresa a la Casa de Nuestro Origen para poner un ejemplo a todos los
seres vivientes.”

Este enunciado tiene tres partes. La primera se refiere a una doctrina característica
de Anawak: la ciclicidad. Los textos sagrados afirman que todos los fenómenos
tienen una naturaleza cíclica. Pero los ciclos no son mecánicos, no ocurren como
mera consecuencia de las leyes de acción y reacción, pues el Intento Universal
influye sobre ellos, buscando un equilibrio entre la economía energética y el
desarrollo de la conciencia. En otras palabras: el Universo procura trascenderse a sí mismo y
manifiesta ese impulso en cada persona, animal y planta, sea como individuo, como sociedad o como
especie.

La evolución de la conciencia ocurre por etapas y sigue una pauta espiral que asciende, desde el
plano de subconciencia en que viven los seres unicelulares, hasta la manifestación de los principios
superiores del mundo divino. Los humanos nos encontramos a medio camino entre esos dos
extremos; en consecuencia, tenemos una intuición de la unidad cósmica, pero aún arrastramos un
grueso lastre de temores, ignorancia y egoísmo, propios de nuestro origen animal.

La evolución de nuestra especie siguió una pauta biológica hasta el momento en que tomamos
conciencia de nosotros mismos y surgió el individuo. A partir de ahí, la evolución siguió un cauce
social. Por lo tanto, nuestra mejor oportunidad de trascendencia consiste en reconocer nuestro ser
común y pagar a los demás la deuda que hemos contraído por el hecho de participar de un legado
cultural.

En ocasiones, las tendencias evolutivas e involutivas que combaten en el seno de la sociedad llegan a
un punto de crisis y surgen condiciones para una manifestación mesiánica. De modo que la
manifestación mesiánica no es un fenómeno “divino”, en el sentido bíblico, sino una coyuntura
histórica que permite la emergencia de un nuevo modelo de civilización. Ese instante de revelación
fue llamado por los antiguos mexicanos Serpiente Emplumada, ya que consiste en una confrontación
entre los principios materiales, simbolizados por la serpiente, y los espirituales, simbolizados por el
quetzal.

Tales manifestaciones ocurren en forma periódica, pues responden a causas objetivas que se van
acumulando en el seno de la sociedad, lo cual explica por qué, todos los mesías de la tierra se
declararon sucesores de un linaje de profetas y todos prometieron regresar. Esto es lo que
reconocemos cuando afirmamos que la Serpiente Emplumada “desciende cíclicamente”.

La segunda parte del enunciado afirma que la Serpiente Emplumada “se manifiesta en la carne”. En
otras palabras: la efusión mesiánica no se queda en lo abstracto, como una intuición que impregna
de repente a la colectividad humana, sino que se materializa en un grupo de personas que se hacen
receptivas del Intento Universal.

En potencia, cada ser humano puede, con un sincero esfuerzo y algo de buena suerte, llegar a ese
estado en el cual, la serpiente echa plumas y aprende a volar. Tal posibilidad condiciona la historia;
llegará un momento en que todos seamos Cristos, Avatares, Serpientes Emplumadas. Sin embargo,
en el actual estado de la sociedad, dicha manifestación se concentra en unos pocos individuos, que
sirven a los demás como ejemplo de nuestro potencial de autorrealización. Son ellos quienes mueven
la rueda del tiempo, abriendo nuevas vías para la cultura y estimulándonos a entrar en dimensiones
superiores de la experiencia humana.
En el México antiguo se recordaba a varios profetas mesiánicos, tales como Sipaktonal, Weman,
Nanawatsin y Se Akatl Topiltsin. Nuestro conocimiento actual de la historia nos permite añadir a esa
lista a otros maestros, tales como Jesús, Viracocha, Bochica, Osiris, Budha, Krishna y Zoroastro. Todos
ellos aparecieron en el momento predicho por el Calendario de Anawak, demostrando de ese modo
que forman parte de un movimiento global de la energía.

La tercera parte de este enunciado afirma que la Serpiente Emplumada “renace del espíritu y regresa
a la Casa de Nuestro Origen para poner un ejemplo”. Así como llamamos "carne" a la visión que
tenemos de nosotros mismos desde la óptica del cuerpo físico, "espíritu" es la percepción que
tenemos cuando nos reconocemos como potencial de conciencia.

La doctrina tolteca afirma que somos libres, no tenemos límites. Sin embargo, como especie, hemos
olvidado esa realidad. Una vez que un ser humano se acepta como un saco de carne, su conciencia
deja de evolucionar; la sana "locura" de la juventud cede paso a la enfermiza "cordura" de la vejez,
que le obliga a dedicar su vida a imperativos temporales, como la reproducción, el culto al cuerpo y la
acumulación de bienes materiales. Este es un estado de sugestión negativa y sólo hay un modo de
vencerlo: mediante una contrasugestión positiva.

Afortunadamente, tenemos a nuestro alcance el ejemplo de las serpientes emplumadas: seres


humanos comunes y corrientes que fueron capaces de elevarse sobre sus limitaciones personales y
sociales para acceder al cielo de la conciencia cósmica. Ese ejemplo nos da fuerza, enseñanza y
dirección; es un segundo nacimiento, la entrada al sendero de la Iniciación.

Tal es el significado que damos a la frase “regresa a la Casa de Nuestro Origen”. Ese sitio ideal
recibía en nawatl el nombre de Tamoanchan, el hogar de donde descendemos. Afirma el texto
nahuatl: “En verdad, nadie sale, nadie abandona Tamoanchan, por siempre estamos allí”.

La liberación de la conciencia

El tercer enunciado de nuestra confesión profundiza en el modo como podemos aprovechar el


ejemplo de las serpientes emplumadas a fin de recuperar nuestra libertad. Afirma: “El ser humano es
esencialmente libre y puede expresar su libertad mediante el desarrollo de su conciencia, las obras
meritorias y la fusión de su ser con la Conciencia Suprema”.

Para entender este concepto, pongamos una analogía. Una persona que nació dentro de una caja y
nunca ha visto, oído o sentido en modo alguno el mundo exterior, no tiene idea de que ese mundo
existe. En consecuencia, cuando se plantea la posibilidad de “ser libre”, no pensará en traspasar los
límites de la caja, sino en organizar de un modo más cómodo los objetos que se encuentran dentro
de la misma.

Todos hemos nacido dentro de la “caja” del cuerpo. Somos prisioneros del alcance de nuestros
sentidos, intelecto e imaginación. Para concebir hasta qué punto podemos traspasar esos límites,
tenemos que “salir” por un instante de esa cárcel y echar un vistazo a lo que hay afuera. Ahí nos
espera la realidad. Tal es la enseñanza de todos los profetas. Una vez que le damos fe, lo siguiente es
verificarla. En este punto, la confesión nos propone un camino en tres etapas: la primera es el
desarrollo de la conciencia. ¿Qué significa esto?

Nuestros sentidos son cortos; un águila ve más lejos, un perro huele mejor. Asimismo, la definición
cotidiana del “yo” también es limitada. Al afirmar: “yo existo”, hacemos un corte arbitrario en la
energía del Universo. Generalmente, establecemos ese corte a partir del cuerpo físico, de modo que,
lo que está más allá de este, no forma parte del “yo”. Hemos aprendido a usar el cuerpo para
distinguirnos y distanciarnos de los demás, aún cuando, intuitivamente, entendemos que toda
energía es una. En otras palabras: solemos basar nuestra identidad en nuestros límites, en lugar de
hacerlo en nuestro potencial.

La asociación del “yo” con el cuerpo físico se debe a un error de enfoque. Solemos creer que la
prueba del cuerpo físico son sus manifestaciones, tales como la facultad de sentir, pensar, hablar y
realizar acciones. Sin embargo, también podemos expresar estas manifestaciones mientras soñamos,
es decir, en la ausencia de un cuerpo.

Por lo tanto, el primer paso en el desarrollo de la conciencia consiste en cortar la atadura psicológica
para con el cuerpo físico. Eso no implica negar su existencia, sino aprender a verlo como lo que
realmente es: una interpretación. En consecuencia, también son interpretativos esos estados a los
que llamamos vigilia y sueño. Los antiguos llamaron a quien consigue dar ese paso Itstika, despierto.

Una vez alcanzado ese estado de conciencia, comprendemos que sólo tenemos una propiedad real: la
percepción. Y, lo inteligente, es alimentarla con conocimientos y ejercicios que la hagan cada vez
más amplia, sensible, sutil y profunda, hasta el punto que podamos alcanzar otros estados
superiores, tales como la iluminación, la videncia y la trascendencia de la forma humana. A ese
proceso, nuestra confesión le llama “el desarrollo de la conciencia”.

La segunda etapa del sendero consiste en acumular obras meritorias. No hay libertad teórica; la
libertad consiste en el ejercicio de la libertad. Ese ejercicio se traduce en actividades concretas como
adquirir conocimiento, vencer el temor y la timidez, estimular la curiosidad, experimentar con
nuestras facultades perceptuales y pasar a otros la información recibida. De ese modo, acopiamos
una carga preciosa: la experiencia. Es cierto que todos regresaremos a Tamoanchan, pero no todos
llevaremos de vuelta el tesoro de la experiencia.

Desde el punto de vista de la Toltequidad, la experiencia verdadera no consiste en las acciones


propias del simio, tales como reproducirnos o interactuar con los demás, sino en aquellas que nos
liberan de la herencia animal. Ejercicios como el manejo de los sueños, la recapitulación, la
meditación y el manejo de la percepción, van creando en nosotros una nueva identidad, una
continuidad que no se basa en la limitada idea del “yo”, sino en la experiencia consciente de la
totalidad. A tal estado de conciencia nuestra confesión le llama “fundir el ser con la Conciencia
Suprema”.

Al aportar experiencia de calidad al acervo experiencial de la Conciencia Cósmica, dejamos de ser


sujetos pasivos de los azares del destino y nos convertimos en cocreadores del Universo. En ese
punto, descubrimos que el mundo, tanto allá afuera como aquí dentro, no fue creado por las fuerzas
ciegas de la materia, y mucho menos por un Dios caprichoso, sino, por el intento de todos aquellos
individuos que se liberaron de la dependencia psicológica de un cuerpo físico, entrando por sus
propios medios al reino del Nagual.

Los consejos toltecas

Una vez terminada esta presentación teórica, la Confesión de Fe nos lleva a detalles particulares, de
los cuales depende el que podamos alcanzar o no, el nivel de energía inicial suficiente como para
emprender el camino a la libertad. Afirma: “El sendero tolteca propicia el óptimo desarrollo del ser
humano, basado en la búsqueda de lo divino, tener paz con todos los seres y no perder el tiempo”.

La vocación por la libertad es como un brote delicado, que necesita cuidado, hasta que crece y se
torna un árbol fuerte; entonces puede resistir la tormenta, la helada y la sequía. El cuidado inicial del
brote puede consistir en atarlo a un palo para que encuentre dirección o cercarlo con algo que lo
proteja del viento. Nuestro escudo protector y guía es la Toltequidad, entendida como el legado
cultural y espiritual de los sabios de Anawak.

Con esto, no estamos diciendo que sólo en la Toltequidad histórica existe salvación pues, si así fuera,
los mesías del Viejo Mundo nunca habrían encontrado el camino. Sin embargo, es un hecho que
algunas culturas y sistemas sociales son más favorables que otros a los objetivos de la conciencia.
Por un conjunto de circunstancias sociales, históricas y psicológicas, los pueblos de Anawak y el
Tahuantisuyu consiguieron elaborar un modelo de desarrollo humano particularmente apropiado a
nuestra naturaleza.
Un ejemplo de ello son las leyes sagradas. En tanto otras religiones del mundo dictan leyes y tabúes
que producen en el creyente un sentimiento de culpa y frustración, los mandamientos toltecas son
tremendamente prácticos: “Sólo tres cosas deseo encomendarles: que procuren con anhelo ser
amigos del Ser Divino, que tengan paz entre ustedes y que no pierdan el tiempo de día ni de noche.
Basta con esto; toda persona que se atenga a su conciencia, logrará lo bueno y encontrará la vida”
(Sahagún, Suma Indiana).

Estos consejos se refieren a las tres dimensiones en que transcurre nuestra vida: la energética, la
social y la individual. Ante todo, se nos dice que hagamos “amistad” con lo divino. El término nawatl
Teotl no significa propiamente dios, sino energía. Por lo tanto, buscar lo divino es cultivar la energía.
Los antiguos desarrollaron un conjunto de medidas de higiene interior que nos permiten ahorrar y
recanalizar nuestra fuerza vital, a fin de producir ese estado al que llamaron Teowatia, incorporación
divina.

El segundo consejo afirma que debemos tener paz con el prójimo. El concepto tolteca de la paz es
diferente del que tenemos hoy en Occidente. Los anahuacas no entendían la paz como una actitud
negativa, es decir, como la ausencia de guerra, sino como algo positivo: un hacer que favorece la
evolución de la conciencia. Construir la paz consiste en estimular aquellas actitudes que nos llevan a
tener una vivencia de la unidad de la vida. En ese proceso, hay que combatir las mezquindades del
“yo”, siempre ávido de reconocimientos exclusivos. De modo que nuestra paz es una forma de
guerra, pero el guerrero tolteca combate con gentileza, paciencia, tolerancia y magnanimidad.

El tercer consejo se dice en nawatl Amo keketsa, no mates; en aquella sociedad, esta breve
expresión se entendía como no malgastar el tiempo, pues el tiempo era considerado algo sumamente
valioso. La actitud psicológica detrás de este consejo se define en un lema de Carlos Castaneda: “no
tenemos tiempo”. No pierdas el tiempo, haz de tu paso por la tierra algo valioso. Activa tu potencial y
sé útil a los demás. Usa bien tu vigilia, involucrándote en obras meritorias. Sobre todo, aprovecha esa
tercera parte de tu vida que dedicas al sueño, pues es allí donde se abren las puertas de la
percepción.

El devoto

Una vez definido el modo práctico como podemos organizar nuestra búsqueda de libertad, la
confesión pasa a describir los sacramentos que permiten que ese esfuerzo dé fruto y se integre a la
vida social. Afirma: “Los practicantes toltecas son merecidos por el sacrificio de la Serpiente
Emplumada y confirmados en la iniciación por agua y fuego, la comunión con la carne divina y la
ordenación de poder.”

Masewalli o macehual es el individuo que afronta el sacrificio. Gracias a


sus austeridades (es decir, a los ejercicios de conciencia y el reacomodo
de su forma de vida), acumula una dosis extra de vitalidad que se
manifiesta en un salto en sus capacidades; se vuelve más sensible,
creativo, profundo en sus análisis, sincero en su búsqueda. Lo cual, a su
vez, libera más excedentes de energía que puede invertir en nuevos
reacomodos. Este proceso no tiene fin, ¿por qué habría de tenerlo?

La ganancia energética es llamada en nawatl Masewalistli,


merecimiento. Pero este término también significa compromiso, lo cual
nos pone en contacto con otro aspecto de la doctrina tolteca. Para
entenderlo, pongamos un ejemplo: nadie se ofende si el perro orina
contra un árbol o defeca al borde de la acera; pero, si lo hace un ser
humano, nos sentimos escandalizados. ¿Por qué? La diferencia no es de
naturaleza biológica, sino cultural. El ser humano tiene algo de lo que el
perro carece: una educación civil, y eso lo compromete.

Los mensajeros de la Serpiente Emplumada son los grandes maestros de la humanidad. La integridad
de sus vidas pone ante nosotros un ejemplo inexcusable. ¿Qué haremos? ¿Seguiremos
comportándonos como el simio salvaje o asumiremos nuestro compromiso espiritual? Cada uno de
nosotros tiene que enfrentar y resolver esa pregunta por sí mismo. Un macehual asume su reto.

Una vez definido el status del practicante, la confesión describe un conjunto de instituciones que
confirman ese status y le dan sacralidad a nuestra vida. Los españoles se quedaron pasmados
cuando notaron que los anahuacas tenía unos sacramentos casi idénticos a los de la Iglesia Católica.
Pensaron que el Diablo había copiado las costumbres cristianas para confundir a los nativos, y
encarnizadamente trataron de destruir esas fórmulas iniciáticas, a las que llamaron “exsacramentos”.
Ellos no sabían que los sacramentos que usan los cristianos aparecen, de un modo u otro, en todas
las grandes religiones de la tierra.

En particular, hay tres sacramentos que contienen a todos los demás: el bautismo o iniciación por
agua y fuego, la comunión y la consagración sacerdotal. Cada uno de ellos posee una dimensión
simbólica y otra efectiva. El bautismo, cuyo nombre es Kuatekia, trabajo con la cabeza, consiste en la
aceptación que hace la comunidad de la persona. Se realiza mediante baño de humo, asperjado de
agua y soplo, que representan a los elementos de fuego, agua y aire. Es una evocación del
nacimiento espiritual, experiencia que tiene lugar posteriormente, cuando el bautizado es iniciado en
el sacramento de comunión.

La comunión con Teonakatl, la carne divina, se realiza mediante el consumo de una masa de
amaranto mezclado con miel que representa a la divinidad. En condiciones de iniciación mistérica,
esa masa se transforma en un agente enteógeno que puede, efectivamente, arrebatar al devoto del
plano físico para llevarlo en cuerpo y alma a Tamoanchan.

El ordenamiento del devoto como sacerdote representa su entrada en el Nawalmekayotl, linaje de los
naguales, una continuidad de sabios que, desde el origen del tiempo, se encarga de transmitir la
ciencia de la libertad. El sacerdote debe comprometerse con la práctica, a fin de que ese contacto
fragüe y aflore en su memoria consciente.

El Templo

Así como este enunciado define al devoto, el siguiente


define al Templo; afirma: “Los practicantes toltecas forman
el Templo de la Serpiente Emplumada, edificado sobre los
sacramentos toltecas, los consejos del Libro Divino y la
autoridad del Linaje de Sabiduría.”

El Templo no es una estructura material, sino una


comunidad de practicantes. El énfasis cae sobre la palabra
“practicante” pues, lo que une a los macehuales no es el
instinto de pertenecer a un rebaño, sino el hecho de
compartir ciertas realizaciones derivadas de sus ejercicios de conciencia.

A semejanza de un ser humano, el Templo tiene tres pilares. El primero, de naturaleza genética, es la
transmisión de la autoridad del Linaje de Sabiduría; eso nos da forma y contenido. El linaje se formó a
través de las eras, con la acumulación de la experiencia de miles de chamanes que dieron sus vidas
por expandir los límites de la percepción. Esa experiencia se decantó en una regla. El Templo nació a
una orden del linaje y se atiene a los comandos de la regla. El Templo es el guardián de la puerta del
linaje.

El segundo pilar del Templo es de naturaleza cultural. Así como un niño debe ser educado para que
llegue a ser un adulto responsable, la comunidad tolteca está en permanente régimen de
entrenamiento. Los principios de la enseñanza quedaron recogidos en el Teomoshtli, libro sagrado de
Anawak. El Teomoshtli nos proporciona una explicación sobre el origen del Universo y la vida, unas
claves para el trabajo interior y una guía moral aplicable a la vida moderna. No es un libro terminado,
sino un inventario de los logros espirituales del ser humano, que debe acrecentarse en la medida en
que se acumule la experiencia.
El tercer pilar del Templo es de naturaleza iniciática. Para ser un tolteca en Anawak, no bastaba con ir
a la escuela; la educación del joven era sólo el preámbulo de su admisión en las órdenes mistéricas.
El propósito de esas órdenes era propiciar a la persona el acceso a una serie de iniciaciones que
redimensionaban su búsqueda, haciéndole pasar, de la alegoría al conocimiento y del rito a la
vivencia. Tales iniciaciones están representadas por nuestros sacramentos.

La pertenencia

El último enunciado de la confesión tiene una naturaleza revolucionaria, pues sostiene que “los
sacramentos toltecas son un derecho de todos los seres humanos, sin distinción de género, raza,
cultura o religión”. Este explícito permiso de participación define al Templo Tolteca como la más
universal de las religiones de la tierra.

Lo usual, cuando entramos en contacto con una fe, es que se nos estimule a salir de otras. El
Wewetla’tolli, en cambio, nos ordena nutrir la Toltequidad con aportes diversos: “Vayan por el mundo
buscando la buena palabra, la costumbre correcta; y, encontrándola, tráiganla a la comunidad, para
que así perfeccionen el modo de vida tolteca” (Suma Indiana).

La pertenencia al Templo no excluye cualquier otra experiencia espiritual, ¡por el contrario! Un


tolteca es un mejor cristiano, un mejor budista, un mejor musulmán, un mejor ateo porque, a partir
de la práctica diaria, ha aprendido a convertirse en una mejor persona. Lejos de rechazar la
diversidad de fe, nuestro Templo la estimula, pues no le tenemos miedo a las diferencias, al cambio y
a los descubrimientos.

Esta apertura no es sólo ideológica, sino también social. Al contrario de aquellas iglesias que afirman
que los negros descienden de Caín, que la salvación es de los judíos, que ser mujer es una maldición
o que los homosexuales no heredarán el Reino, nosotros proclamamos absoluta libertad de fe. No
aceptamos ninguna forma de discriminación; nuestras puertas están abiertas para todo ser humano,
excepto para aquellos que, deliberadamente, atentan contra la energía.

Esta es nuestra confesión y esto es lo que creemos.

La Pirámide de Fuego
Códice Matz-Ayauhtla, Tomado de “El Códice Azteca”, de John Major Jenkins.
Nota: este códice fue creado por el poeta norteamericano Martin Matz,
inspirado en láminas de los códices Borbónico y Borgia.

Por encima de todo, en todos los mundos y en todos los tiempos, existe Tloque Nahuaque, Señor de
la Íntima Cercanía, Espíritu universal, inimaginable, sin forma, el Absoluto. De su seno nació
Tonacatecuhtli, Señor de nuestro sustento, padre de todos los dioses y de todos los mundos, creador
de todos los cosmos y de todas las galaxias. De su seno nacieron Tzitzimime, gigantes que
descienden del cielo sobre nuestra galaxia, la Vía Láctea. De su seno nació Tonatiuh, el Sol, señor de
nuestro sistema solar, Dador de vida a todos los planetas, plantas, bestias y hombres.

De su seno nacieron los hijos e hijas que giran con reverencia en torno a él, los planetas: Mixcoatl, la
Serpiente de Nubes, Saturno, Tezcatlipoca, el Espejo Velado, Júpiter, Huitzilopochtli, el Mago Colibrí,
Marte, Itzpapalotl, la Mariposa Obsidiana, Venus, Paynal, el Corredor Veloz, Mercurio, Tlaltecuhtli,
Señor de Nuestro planeta, la Tierra, esfera viva de tierra, piedra, aire y querencia. Sobre los cuales
reina Xochiquetzal, Flor de Pluma Rica, Naturaleza, diosa de todo cuanto vive, crece, florece y es
generado.

2
Estos ocho niveles de divinidad, cada uno de los cuales no es nada para aquel del que ha salido y es
infinito para aquel al que da vida, se asemejan a las ocho notas de la escala musical cósmica:
Tonatiuh, Mixcoatl, Tezcatlipoca, Paynal y Metztli.

Como el Sol, los planetas y la luna, suenan las ocho notas de la escala musical solar. Las ocho notas
de la música de la naturaleza suenan como héroes, hombres, animales, insectos, planetas, suelo,
piedra y metales. Las ocho notas de la música humana suenan como espíritu, corazón, cabeza,
semen, sangre, vísceras, nervios y huesos.

Puesto que lo que está encima creó lo que está abajo, y lo que es bajo es reflejo de lo que es alto, el
universo es Tezcatlipoca, Espejo Velado, en el que el hombre todavía es incapaz de ver claro.

Todas las cosas del Cielo y de la Tierra han sido creadas por tres fuerzas, sin las cuales nada puede
producirse, manifestarse ni desarrollarse. Por eso cada uno de los mundos no es gobernado por un
dios, sino por tres: uno masculino, otro femenino y otro mediador, uno activo, uno pasivo y otro
imparcial. Sólo Tolque Nahuaque es Uno.

Tonacatecuhtli, Padre de Nuestro Sustento, y Tonacacihuatl, Señora de Nuestro Sustento, unidos por
Ometecuhtli, Señor de la Dualidad, gobierna todas las galaxias. Centzonhuitznahuac, cuatrocientos al
sur, y Centzonmimixcoa, cuatrocientos al norte, reconciliados por Tzitzimime, gigantes que
descienden de lo alto, gobiernan la Vía Láctea. Sólo Tonatiuh es uno, el Sol.

Tlaltecuhtli, Señor de la Tierra, y Tlazoltecoatl, la Madre Tierra, reconciliados por Coatlicue, vestido
con serpientes, gobiernan nuestro planeta. Xochiquetzal, Flor de Pluma Rica, Xochipilli, Príncipe de
las Flores, y el hijo de ambos Centeotl, Dios del Maíz, gobiernan la naturaleza. Metztli y su hermana
Coyolxauhqui, pintada con cascabeles y cráteres, Tecciztecatl, el de la Concha Marina, gobiernan la
Luna. Mictlantecuhtli, Señor de los Muertos, y Mictecacihuatl, Señora de la Muerte, reconciliados
ambos por Teoyaomiqui, Señor del Guerrero Muerto, gobiernan los mundos del infierno.

Cada mundo es el juego de tres dioses, tres fuerzas y su campo de acción. Según sea un dios el que
guíe, según sea un dios u otro el que siga, según sea un dios u otro el que concluya, pueden darse
seis clases de juegos, seis procesos que crean todo cuanto acontece o puede acontecer. Estas seis
clases de juego divino deciden el crecimiento, la decadencia, la purificación, la enfermedad, la
curación y la regeneración del mundo.

Y mientras tres fuerzas crean todas las cosas en todo lo que es hecho, hay cuatro estados de la
materia y cuatro deidades que los gobiernan. Xiuhtecuhtli, Señor del Año, gobierna la materia activa
masculina, el fuego. Chalchiuhtlicue, la de Falda de Jade, gobierna la materia pasiva femenina, el
agua. Ehecatl, dios del Viento, gobierna la materia imparcial mediadora y unificadora, el aire.
Cihuacoatl, la Serpiente Mujer, gobierna la materia inerte, conductora de todas las fuerzas, la tierra.

Mientras que tres fuerzas crean todas las cosas, hay cuatro estados de tiempo, cuatro estaciones del
año y cuatro deidades que las gobiernan. Xipe Totec, el pelado, gobierna la estación ardiente en que
la tierra se desnuda, la primavera. Tlaloc, aquel que hace germinar, gobierna la estación húmeda en
que la tierra se viste, el verano. Chicomecoatl, la Séptima Serpiente, Diosa del Maíz, gobierna la
estación ventosa en que la tierra se acicala, el otoño. Itztlacoliuhqui, Cuchillo Espiral, gobierna la
estación yerma en que la tierra se enfría, el invierno.

No es el hombre el que hace su voluntad cuando guerrea, ama, cosecha; es el ritmo de los grandes
dioses, de los planetas, el que actúa sobre él y le hace obrar. Cuando el hombre comprende que por
si mismo no puede hacer, nada, entonces aprende a servir a los dioses; así pues, debe cobrar
conciencia del ritmo de los dioses.

El calendario que gobierna la vida del hombre, el Tonalpohualli, se basa en los ritos de los planetas
que giran más cerca de la tierra: Paynal, Mercurio, Quetzalcoatl, Venus, y Huitzilopochtli, Marte. Es
Paynal el que gobierna el movimiento y la danza de los hombres. Quetzalcoatl gobierna su
crecimiento y su fertilidad. Huitzilopochtli gobierna la lucha y la guerra de los hombres.

Y al igual que el Sol ilumina la Tierra del mismo modo cada 365 días, cada 117 días Paynal brilla
sobre la tierra del mismo modo, cada 585 días brilla Quetzalcoatl del mismo modo, cada 780 días
brilla Huitzilopochtli del mismo modo. Asi pues, la semana tiene 13 días, agente de los ciclos de
Paynal y Quetzalcoatl. El mes tiene 20 días, agente del ciclo de Huitzilopochtli. Y el Tonalpohualli, año
sagrado de los planetas, tiene 13 veces 20, o 260 días.

Y paralelamente a este Año Sagrado de los Planetas aparece el Año del Sol, por el que el hombre
siembra, cosecha y reconoce las estaciones. Y los dos años representan el doble juego de la divinidad
en los cielos; uno es el juego del Divino Muchos y el otro es el juego del Divino Uno. Así pues, un
Tonalpohualli mide 2 ¼ ciclos de Paynal. Un Tonalpohualli mide 4/9 de un ciclo de Quetzalcoatl. Un
Tonalpohualli mide 1/3 de un ciclo de Huitzilopochtli. Un Tonalpohualli mide 2/3 de un ciclo de
Mixcoatl. El Tonalpohualli mide los ciclos de todos los planetas.

Después de 9 Tonalpohualli, Paynal, Quetzalcoatl y Huitzilopochtli brillan todos sobre la tierra del
mismo modo, todo vuelve a comenzar de nuevo, se da una nueva oportunidad.

Después de 73 Tonalpohualli (52 años solares), este Año Sagrado de los Planetas coincide con el año
de Tonatiuh, el Sol. Durante cinco días se apagan todos los fuegos y se enciende un fuego nuevo en
la montaña sagrada, un fuego tomado directamente de la fuente solar. Y con gran ceremonia se
encienden todos los fuegos de nuevo, de este Hijo del Sol.

Después de 108 Tonalpohualli, los ritmos de los planetas menores se unen con los ritmos de los
planetas mayores; todos los planetas que dan forma y carácter al hombre brillan juntos del mismo
modo. Tal es la duración de la vida del hombre.

Después de 657 Tonalpohualli (468 años terrestres), los ciclos de los planetas menores y los ciclos del
Sol acaban juntos. Tonatiuh, Quetzalcoatl, Huitzilopochtli y Paynal brillan de nuevo en el mismo
tiempo del mismo modo. Esto es una Era, la duración de la vida de una cultura.

En los cielos de la tierra navegan Tecziztecatl, el de la


Concha Marina (la Luna) y Tonatiuh, el Sol. La tierra y todas
sus criaturas están bajo su poder. En la Tierra existen los
mundos de la naturaleza, la vida simple de las aguas, los
árboles, los insectos, los animales y dos clases de hombre.

Una clase es la del hombre común, desnudo, inerte,


amenazado siempre por los dardos de la muerte. La otra
clase es la delhombre superior. A la sombra del altar, los
pinchos del maguey de la penitenciase convierten en él en
alas para el alma, y en sus manos armoniza los cuatro
estados de la matera. Ha obtenido la conciencia, ha
obtenido el poder de la Verdad y es capaz de obrar. ¡Es! El
otro hombre es como un animal agonizante, amarrado al
árbol del que come. Le da su energía vital a Tecciztecatl, la
Luna, mientras su cuerpo es devorado por Tlaltecuhtli, la
tierra.
Así pues, todas las cosas devoran y son devoradas, comen y son comidas, es la jerarquía cósmica.
Las plantas comen los minerales y son comidas por los animales, los animales comen plantas y a su
vez son devorados por la tierra. Y así el hombre, como organismo animal, devora plantas y es
devorado por la tierra a su debido tiempo. Y si es sólo cuerpo, no tiene otro destino que este.

Pero el hombre superior se alimenta de sacrificio, desarrolla el alma, y su alma se hace alimento para
Tonatiuh, el Sol. Así pues, mientras que los pinchos del maguey reposan sobre el lecho de paja, el
alma del hombre liberado reposa sobre la Colina del Cielo.

El hombre nació de Tlazolteotl, la Madre Tierra, disfrazada de


Ixcuina como Consumidora de Desechos, como aquella que toma en
su seno todas las cosas que mueren y las pudre y regenera,
renovándose a si misma sin cesar. Aun lleva su piel muerta cuando
otra nueva le crece por debajo.

Cerca y por encima de la entrada del Reino de la Materia, está el


germen o símbolo del hombre por nacer. Surge de la Madre Tierra al
mundo de los hombres, pero Tezcatlipoca, el Halcón Heraldo de los
dioses, está también allí. Sobre su cabeza está el símbolo de la Vía
Láctea, sobre su pecho está el disco solar, y en sus manos están las
alas del alma del hombre, obsequio de los dioses al nacer.

Y entre la Madre Tierra y el Heraldo del Cielo, se encuentra el


símbolo de la naturaleza dual del hombre: el ciempiés terrenal de su
columna vertebral, entrelazado con la serpiente celeste de la conciencia que puede alojarse en él. Y
una vez más, debajo a la izquierda, vemos lo que queda cuando las alas de la serpiente se han ido
volando: el corazón del guerrero muerto, la cabeza sobre el altar, y el cráneo del prisionero muerto
en la estaca, porque la vida volverá a su fuente y el alma volverá a su principio.

El hombre trepa por el árbol de la vida entre Tonatiuh, el Sol, y


Mictlantecuhtli, Señor de los Infiernos y la Muerte. A los pies del árbol
que crece entre los símbolos querepresentan la tierra, el aire, el agua
y el fuego, las partes constituyentes que intervinieron en su
concepción están reunidas: el semen con el que sus padres lo
engendraron, el cerdo de la personalidad, el águila del espíritu, y, en
un cesto claveteado de estrellas, los huesos de la mortalidad y las
alas del alma.

La copa del árbol de la Muerte donde brilla el mismo Sol, el Sol de


Medianoche que irradia las cuatro vías o caminos. De aquí surgen las
alas del alma finalmente liberada, mientras por encima, cada una de
sus diversas partes, separadas por la muerte, corren a su destino.

A la izquierda, hacia los campos de la muerte, va el cadáver envuelto


en carne, la bestia que regresa a la raíz del árbol. A la derecha, del lado de la vida, va la serpiente de
la conciencia que vino del Sol y al Sol regresa, el espíritu por el que el hombre se transfigura en el
mundo estelar. Y, por encima de todo, la Vía Láctea de soles sin número.

9
Chalchiuhtlicue, Diosa de las Aguas Terrenas, de lo que fluye,
corre, mana hacia delante y hacia abajo, y que llega siempre a
los niveles más profundos. Chalchuhtlicue hincha los frutos y las
flores sólo para que puedan caer. Chalciuhtlicue llena la
calabazade pulque para que el hombre pueda olvidar.
Chalchiuhtlicue, corriente que desciende por el cauce de los ríos,
corriente que fluye por el cauce del tiempo, volviendo inertes los
desechos humanos y los útiles de guerra, y llevándolos a todos a
su inevitable fin.

Tlaloc, Dios del Agua Celeste, dios del vapor que sube de la
tierra calentada por el Sol tras las lluvias, dios de la bruma que
asciende de los valles al alma, dios del agua que vuelve a sus
fuentes en las nubes que nadan sobre las más altas cumbres,
dios del húmedo incienso del que se elevan las plegarias del
copal y las plegarias del sacrificio. Tlaloc es el regreso del vapor que se esfuerza por subir, es el
regreso del tiempo que se esfuerza por recordar. Tlaloc, dios de la Lucha contra la Corriente, con
cuya ayuda el héroe combate contra el torrente hacia su propio origen y principio, hacia las alas de
su alma, las alas que Tlaloc oculta en el pasado del héroe.

10

Quetzalcoatl, la Serpiente de Plumas, se mueve entre dioses y hombres, puesto que Quetzalcoatl es
dios que recala en el hombre, y es el hombre que alcanza la divinidad. La Serpiente Emplumada
nació cuando a lo que se desliza sobre la tierra le salieron alas para elevarse a los Cielos.
Quetzalcoatl es un hombre superior, el círculo interior de la humanidad, el eslabón entre los dioses y
los hombres.

Todos los hombres están hechos de tierra, aire, agua y fuego, criaturas de Cihuacoatl,
Chalchiuhtlicue, Ehecatl y Xiuhtecuhtli. Todos los hombres reciben sus formas de los planetas, a
través de Mixcoatl, Tezcatlipoca, Huitzilopochtli, Itzpapalotl, Paynal y Metstli.

Pero en su corazón y en su semen, cada hombre tiene su propio Coatl, su propia serpiente, la energía
de Tonatiuh, el poder del mismo Sol. Y en esa serpiente duerme la conciencia, en esta serpiente se
oculta su divinidad, de esta serpiente nacerán sus alas.

En el hombre común, la serpiente no tiene más que una cabeza, dañina y cruel, y carente de control
sobre la energía de Tonatiuh y su don de conciencia. La energía sale escupida de ella, se vuelve
venenosa. El hombre común no puede conservarla ni utilizarla.

Pero el que busca aprende a volver la serpiente hacia adentro, y la serpiente hiere al enemigo que
lleva en su interior. Dispara dentro y fuera, y crea la serpiente de dos cabezas. El héroe aprende un
gran secreto a través del conocimiento, el esfuerzo, el sacrificio y el amor. Envaina sus incisivos de
serpiente y a ella le hace tragarse su propio veneno. Y de la digestión de este veneno nacen las alas
del espíritu. Quetzalcoatl, la Serpiente Emplumada ha nacido en él, se mueve entre los dioses y los
hombres.

Quetzalcoatl es también el planeta Venus. Forma parte de la trinidad junto con Itzpapalotl, Mariposa
de Obsidiana, y Tlahuizcalpantecuhtli, Señor de la Mañana. Así como Itzpapalotl gobierna el
crecimiento humano, la muerte y el renacimiento de las criaturas, Quetzalcoatl gobierna el
crecimiento, la muerte y el renacimiento de las almas de los hombres.

11

Hay en el corazón una energía oculta que viene de Tonatiuh, el Sol, y si el hombre la libera,
retornándola conscientemente al Sol, se vuelve inmortal. Pero, para liberar esa energía, es necesario
el sacrificio. El hombre debe sacrificar los deseos y hábitos que adora, sacrificarlos en si mismo y
volver el cuchillo contra el enemigo que lleva en su interior, que mantiene su corazón prisionero.

Hasta tiempos recientes, los hombres todavía recordaban estas palabras, pero han olvidado ya su
significado. Han convertido a los demás hombres en enemigos para sacrificarlos y arrancarles el
corazón, creyendo que con tales ofrendas lograrían que Tonatiuh les fuera propicio. Tanta es su
degeneración, tanta su superstición. Cuando el miedo de alía con el conocimiento, se hacen cosas
terribles.

Es nuestro yo interior el que debemos sacrificar, es nuestro propio corazón el que hay que arrancar
del falso ser y ofrecerlo a la luz. Que Xiuhtecuhtli, Señor del Fuego, queme mi falso ser. Que Itztli,
Cuchillo de obsidiana, libere mi corazón.

12

Terrible es Itztlacoliuhqui, Cuchillo de Obsidiana, diosa del sacrificio, maravillosa y terrible. Porque el
cuchillo sacrificial libera la sangre en todas las cosas, la sangre de los criminales lapidados, la sangre
del ciervo decapitado, la sangre de la misma piedra que mata, la sangre del mismo cuchillo, la sangre
de la lanza del poder, la sangre del quemador de incienso, la sangre de la fuerza vital que vuela hacia
la Luna, la sangre del alma, la sangre del sistema solar, la sangre de cada una de las estrellas.

¿Cuál es la sangre que conecta las piedras con el alma, los hombres con los soles? Es la unidad
universal, el principio creador único que cristaliza en miríadas de formas. Y cuando es liberado por el
sacrificio, retorna a la unidad. Porque sacrificar es obrar conscientemente, sacrificar lo que va a ser
arrebatado, es negar al destino lo que toma.

Defrauda a la muerte sacrificando la vida; porque de la mano de la Diosa del Sacrificio que sostiene la
hoja de obsidiana, salta el germen de la vida por venir.

13

Sembrar vida en las piras sacrificiales. ¿Se elevan las llamas en la colina de la estrella, hacia
Culhuacan? ¿O es mi propio corazón el que se inflama? El ciclo de los años ha pasado, la espera ha
concluido. ¡Venid, reuníos, peregrinos, que el cielo esta en llamas!

De Xochicalco a Teotihuacan el rojo se extiende, un paso, otro paso y otro más, sólo doce pasos
cortos desde la cueva de la matriz hasta la conflagración final. Ahora Cihuacoatl, Ehecatl,
Chalchiuhtlicue y Xiuhtecuhtli incendian los cuatro elementos. Los siete dioses planetarios arrojan al
fuego mis partes constitutivas. Tlaltecuhtli, los huesos; Metztli, las vísceras; Paynal, los miembros;
Itzpapalotl, mi dulce carne. Huitzilopochtli añade mi pasión; Tezcatlipoca mi pena; Mixcoatl, mi frágil
mente.

Las llamas arden con ferocidad hacia la consumación… ¡Elevaos, llamas, qué luz, qué calor! El humo
asciende y gira en espiral, la oscuridad desaparece mientras las llamas se elevan hacia el trono de
Tonatiuh, la luz más pura.

El poder de la Oración

La oración es un recurso devocional sumamente poderoso. Todas todas las culturas y


religiones de la tierra la han usado para comunicar con la dimensión divina. Aún una religión
confesionalmente atea, como el budismo, basa su liturgia en la oración. Eso podrá parecer
extraño para quienes piensan que la oración debe ser dirigida al Ser Supremo o a los dioses,
pero no es así; la oración tiene valores psicológicos y devocionales por sí, ya que sirve para
expresar nuestros más elevados sentimientos.

La oración es un don, una capacidad que los seres humanos hemos adquirido,
gracias a la evolución, y que nos distingue de otros animales. Una oración puede
canalizar nuestras tensiones y frustraciones, impidiendo que nos envenenen por
dentro; puede darle voz a nuestros anhelos y esperanzas, conduciéndonos a su
mejor realización; puede servir para que nos corrijamos a nosotros mismos mediante
una sugestión positiva. Transformada en rito, la oración puede convertir un momento
común en un espacio mágico, convocando a un grupo de personas para que unan su
intento en un mismo propósito.

Es triste observar cómo los cristianos y otros creyentes usan sus oraciones de un modo egoísta, para
pedirle beneficios personales al Ser Supremo. De hecho, el interés material está presente incluso tras las
oraciones de "gratitud", pues estas, en el fondo, lo que buscan es que quedemos bien con los poderes
superiores, a fin de que estos no tomen venganza de nosotros.

En Anawak, la oración era empleada de un modo muy diferente. Han quedado cientos de oraciones y
cánticos en los documentos que se salvaron de la barbarie de la invasión, pero en ninguno de ellos
encontramos una rogativa hacia los "dioses". Las oraciones toltecas son gritos del alma, extasiada ante las
maravillas de la Naturaleza y los poderes de la percepción. También hay oraciones de crisis interior, de
desconcierto, duda, queja ante el rigor de la existencia; pero nunca se refleja en ellas un gesto de
humillación frente a los poderes superiores.

En el pensamiento tolteca, un dios que exige adulación no es dios, sino un peligroso demonio. Si el Ser
Supremo lo sabe todo, entonces no hay que pedirle nada. Y, si somos tan cobardes que no podemos
arreglar nuestros problemas por nosotros mismos, entonces, al menos, tengamos la discreción de
quedarnos callados. Si vamos a orar, hagámoslo con el respeto que merece este maravilloso recurso; no
contaminemos la oración.

La oración recibe en nawatl el nombre de Ilwikatla’toa, palabra al cielo. Cielo significa, en este caso,
"conciencia", pues, al recitar determinada frase, conjuro o palabra sagrada, ya sea en forma verbal o
mental, estamos trayendo al plano de la conciencia lo que, hasta entonces, estaba oculto en nuestro
subconsciente.

Aseguran los cronistas que los antiguos mexicanos solían tener en sus casas una habitación reservada para
la oración, en la cual se encerraban con frecuencia para hacer sus ejercicios espirituales. Había también
oraciones con función social, que se expresaban en voz alta en los actos públicos y servían para expresar la
unidad del pueblo. Algunas de ellas son empleadas en la actualidad, junto a otras de reciente creación, en
los ritos del Templo de la Serpiente Emplumada. He aquí una muestra de ellas, expresadas tanto en lengua
nawatl como en su traducción al español:

Oración para el encendido del fuego

Teteoinan teteoita, Weweteotl tlalshikko onok, Madre y padre de los dioses, dios anciano que moras en el ombligo
shiu’tetsakualko makitok, shiu’totoatika del mundo, en cofre de turquesas, en las aguas del espacio,
mishtsatsakualiu’tika, Weweteotl ayamiktlan, Shiu’teku’tli. entre las nubes y nieblas del mundo de los muertos, oh Señor del
Fuego.
Credo tolteca

Ka sa sen teotl itoka Ketsalkoatl. Atle kineki.


San koatl san papalotl Hay un Ser Divino, su nombre es Serpiente Emplumada.
Inankimakaske inishpan nkimiktiske. Nada pide.
Reconocimiento a los voceros de Ketsalkoatl Sólo serpientes y mariposas le ofreceré y le dedicaré.

Timasewaltin nimitstlasokamati Ketsalkoatl


kan timonemilli timoneneki kan san nowian
titechotikmaseu’ke. Nosotros, comprometidos por tu sacrificio, te agradecemos,
Serpiente Emplumada, pues tú eres nuestra vida y nuestra necesidad;
Confesión de los naguales
porque, en todas partes, tan sólo de ti hemos logrado merecimiento.
Weyolistli atlakatl, atlakatl yekoatl kaktiwetsi,
kaktiwetsi notsa ittalistli, ittalistli neshtilli tosialis,
tosialis sealti tonaltilli, tonaltilli yakanti masewalistli,
masewalistli welkaki shoshou'ki. La conciencia suprema es impersonal. La experiencia de lo impersonal

Confesión de Nesawalkoyotl es silenciosa. El silencio convoca la visión. La visión genera voluntad.


La voluntad afronta el sacrificio. El sacrificio conduce al merecimiento.
Kin ok tlamati noyollo. Nikkaki in kuikatl,
nikitta in shochitl. Maka in kuetlawia in tlaltikpak! El merecimiento lleva a la libertad.

Decreto de Nesawalkoyotl

Inkan a’mikowa, Inkan ontepetiwa, In ma onkan Por fin lo he comprendido: escucho el canto, veo la flor.
niau’. Maka aik nimiki, maka aik nipoliwi! ¡Que jamás se marchiten sobre la tierra!

Juramento de los macehuales

In nawalmekayotl makawa in Ketsalkoatl yakana Allí donde no hay muerte, allí donde se alcanza la victoria
in shoshou’ki chiallo ninetolti nemilistoka vaya yo. ¡Que yo nunca muera, que nunca desaparezca!
in Toltekayotl au’ masewalli ololli.

Acción de gracias
Con el permiso del linaje de sabiduría y la guía de la Serpiente
Tlasokamati tiyolchikaumoyokoya. Emplumada, en la esperanza de mi completa liberación,
Tlasokamati teteotsitsin wemak yakanki. juro ser fiel a la Toltequidad y a la comunidad de los macehuales.
Tlasokamati yolsenkawa tonaltiltin.

Confesión de fe del macehual


Gracias a los poderes de la percepción.
Ninotemachia Ketsalkoatl wallau’. Gracias a los dioses, verdadero poder y guía. Gracias
Niwelkaki Toltekayotl in nonemilis. a quienes se ofrendaron por la evolución de la conciencia.
Ninesewilia in Masewalsenkalli. Manyu’mechiwa!

Creo en el regreso de la Serpiente Emplumada.


Acepto la Toltequidad como norma de vida.
Me refugio en la Comunidad de los Merecidos. ¡Que así sea!