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Primera edición, mayo de 1978.

Segunda edición marzo de 1988

Diseñó y dirigió la edición

IGNACIO ROMEROVARGAS E YTURBIDE,

Doctor en Derecho.

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Derechos reservados conforme a la Ley Prohibida su reproducción total o parcial Copyright by "Romerovargas Editor, S.A." México, D. F.

Printed and made in México. Impreso y hecho en México.

1 9 8 8.

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El Autor. señor Doctor en Derecho, don Ignacio Romero· vargas lturbide, insigne historiador poblano, defensor de los Pueblos de Anáhuac.

1

INDICE

Advertencia General Orgauización Política Anahuaca Organizaciones Territoriales: El Calpulli Rural Las personas del Calpulli Régimen de bienes del Calpulli El Calpulli Urbano La Región o Icniuyotl de Calpontin. Amistad de Calpullis Los Tecuyotl, el Señorío El Estado Independiente. Hueytlatocayotl La Federación de Estados Instituciones y Jerarquías del Estado La Jerarquía tradicional o primitiva La Educación, fündamento de las jerarquías políticas de Anáhuac Los Calmécac. Hilera de Casas Los Telpochcalli. Casa de Jóvenes La Escuela Superior: El Cuicacalli La Casa del Canto Métodos fundamentales de enseñanza Organización religiosa Gremios industriales La Sociedad de Tetecuhtin, Señores La Jerarquía o Poder Administrativo Tequíyotl. Los Servicios Públicos Tetlazontequilica, Los Tribunales La Jerarquía Ejecutiva del Tlatoani El Gobierno Femenino de Anáhuac La Jerarquía de Asambleas Función de las Jerarquías, Dignatarios y Princi1)ales Sistema Jurídico de Anáhuac Fuentes de derecho Anahuaca Características del derecho indígena Método de aplicación del derecho Sistema Legal Sentido de justicia en la aplicación de la Ley

,

;

Sentido equitativo del derecho autóctono en

Objeto y cometido de la ciencia del derecho en Anáhuac

Eficacia del derecho

la economía

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LOS GOBIERNOS SOCIALISTAS DE ANAHUAC

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Estudio basado en las fuentes histórica

~

por

IGNACIO ROMEROVARGAS E

YTURBIDE

Doctor en Derecho, en Filosofía,

Instituto

de

Ciencias Sociales,

de

lci

Teología

de

e Historia.

Director del

Investigaciones

Cultura

Anáhuac.

Catedrático de Historia en la Facultad de Altos Estudios de la

Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Miembro de

la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística. Presidente de la

Academia de Derecho de Anáhuac en la Asociación de Abogados

de México. Primer premio del Senado en el certamen hostórico-

político concertado por el misnio, Etc. Etc

Tenochtitlan - México.

1988.

,11

A mi amado pueblo mexicano que supo comprender los altos valores de la cultura.

PROLOGO

Esta segunda edición del libro "Los ·Gobiernos Socialistas de Anáhuac", se lleva. a cabo para rendir el mas cálido homenaje de admiración, de profunda y sincera gratitud y de fervoroso rlecono- cimiento al talento, a la inteligencia, a la constancia en el estudio, a la actitud patriótica y al fruto maduro de todas estas virtudes, que se concreta en el Mensgje de Cultura que nos legó el insigne ·in'L'estigador poblano, de/ ensor de la Cultura de los Pueblos de Anáhuac, señor Doctor en Derecho, don Ignacio Romerovargas lturbide, creador y Director del Instituto de Investigaciones de la Cnltum de Anáhuac, Critedrát'ico de Historia en lci Facultad de Altos Estudios de lci Universidad Michoacana de San Nicolás de llidcilgo; rniernbro de la Sociedad Mexicana de Geografía y Esta- dística y Presidente de la Academia de Derecho de Anáhuac en la Asociación de Abogados de México.

El libro "Los Gobiernos Socialistas de Anáhuac" es una her- mosa síntesis, expuesta en lenguaje llcrno, sencillo, desprovisto de toda presunción literaria, del maravilloso· tratcido "La Orgnniza- r.ión Política de los Pueblos de Anáhuac", que rnereció Mención Honorífica en 1957, "Año de la Consb"tución y del Pensamiento Liber·al"; y fue prendado con una estatua de mcirfil por el promi- nente político chino Mao Tse-tung.

el

La Cultura de Anáhucic, la de Grecia y la China, forman friángulo en el que se sustenta la Cultura Universal.

No obstante, la Cultura de los Pueblos de Anáhiwc es una ··' cultura original. Es una cultura de esfuerzo y de servicio cuya base territorial, agrícola, c01nercial, política, cultural, rez.igiosa. y militar, fue el calpulli 1 1 ústico y urbano, forniando, con un coninn- to de ca.lpulb:s, una unidad regional autosuficiente, autónoma Y autárqu ica y con un con.iunto de regfones la suverestructura f ede- ral e interestatal política, educativa, científica y cultural: Lci Fede- rrición de los Pneblos de Anáhuac -de Cal'ifornia a Nicamgua--,

con bienes comunoles y trabafo social, tequíyotl, que permitió cimentar, por encima del individuo pasa,jero en su vida, lci socie- dad anahuaca de existencia perenne. Un socialismo basado en la tlamanaliztli, la costumbre, "lo que debe permanecer porque a na- die hace daño", las normas de vida c01nún positivas, que se sedi- ·mentaron en el hogar y trascendieron a la sociedad. Una sociedad donde el valor del hombre se estimaba en base al servicio prestado

~.

a

la sociedad y donde la mujer alcanzó el respeto como persona,

el

libre ejercicfo profesional y la activa participación en el Cihua-

tlathoque -gobierno de mujeres-, muy por encirna de lo que en

la actualidad aun no ha logr•ado y con un encausamiento en armo-

nía con la función de la mujer; pero no en competencia co<n el hombre como erróneamente lo conciben las mujeres que hoy lucha:a por su liberación.

Si después de cuatrocientos años de haber sufrido las conse- cuencias brutales de la invasión española, no hemos' podido recupe- rar nuestra verdadera independencia polítfoa, económica, social y sobre todo cultural, es porque, en vez de estudiar lo nuestro y 1wlver a lo nuestro considerando la realidad nacional, nos hemos dedicado a querer adoptar el pensamiento extranjero creado con otros propósitos 11 para otros fines en un esfuerzo vano de asimilcr- ción mal digerida que sólo nos puede llevar C!l mundo risible de la caricatura.

Es tiempo ya de abandonar espejismos y de no incubar ilusio-

preciso es volver a recuperarnos nosotros mis1nos, retornemo8

el

nes

a ser lo que somos sin tenior n la verdad; dejemos a un lado

convencionalismo va,no que consiste en creer que mucho alcanzare-

mos fingiendo ser lo que no somos. La única forma de progresar es reconocer la realidad y seguirla con valor.

que

Sólo p11etenden reqhazar su propio ser los descastados y los

que trllicioncin, los

menosprecian su

propia naturaleza,

los

l ser11iles

No hay que olvúlmr que pertenecemo<S a un pueblo viejo y sabio a quien por ignorancin hemos impuesto el castigo de ingre- sar a la escuela prirnaria de Europa.

La organización política y el sistema de gobierno en los pue- iJlos de A náhunc no corresponde a un tipo ideal, considerando lcis

cosas según estimamos que debiera ser, como lo hacen los europeos, sino que constituye un ve~dader·O prototipo, en el que se conside· mn los hechos conforme a su ineludible realidad, adaptadas a las circunstancias económiccis, geográficas y sociales de dichos pue- l·los, y en el que se ven combinados en forma sorprendente y emi- nentemente práctica, elementos que solemos llamar: liberales, de- tlemocráticos (gobierno del pueblo), aristocráticos (gobierno de los mejores), oligárquicos (gobierno de pocos) y monárquicos ( go- 'bierno de uno solo), propios de la Cultura Occidental, sin que pri- vara ninguno de ellos, presentando además características propias y muy diversas". Son estos conceptos que el autor formula en sus conclusiones a esta su investigación histórica que es luz en el destino de México.

Es también propósito de esta segunda edición, en honor a su autor y al alto valor histórico del rescate de la Cultura de los Pueblos de Anáhuac, donde indiscutiblemente están nuestras raí- ces, difundir el meritorio trabajo que durante veinte largos años de su vida logró hacer el señor Licenciado Ignacio Romerovargas Jturbide, entre todos los mexicanos, padres de familia, jóvenes es- tudiantes, pero de manera muy especial entre los señores catedrá- ticos de las universidades, del magisterio y de las autoridades que tienen bajo su responsabilidad la enseñanza en todos sus niveles 71 entre aquello<S mexicanos que simpatizan con las ideas socialistas, pero que quizá por falta de in/ormación han recurrido en busca de ellas a otras latitudes, muy ajenas a nuestra realidad histórica, o, nuestra idiosincrasia. Aquí encontraremos todos los mexicanos nuestro patrimonio cultural basado en nuestras propias raíces. Este es nuestro camino.

Licenciado Andrés Fernández Gatica.

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!.-Advertencia General

"Y en las más sabias repúblicas, escribe el P. J. Acosta, como fueron la romana y la ateniense, vemos ignorancias dignas de risa, ' por cierto si las repúblicas de los mexicanos y de los incas se re- firieran en tiempo de romanos o griegos, fueran sus leyes y gobier- nos, estimados. Mas como sin saber nada de esto entramos por la espada sin oirles ni entenderles, no nos parece que merecen repu tación las cosas de los indios, sino como de caza habida en el monte y traídas para nuestro servicio y antojo. Los hombres más curiosos y sabios que han penetrado y alcanzado sus secretos, su estilo y gobierno antiguo, muy de otra suerte lo juzgan, maravillándose que hubiese tanto orden- y razón entre ellos".

"El otro fin que puede conseguirse con la noticia de las leyes

y costumbres, y policía de los indios, dice el autor, es ayudarlos

y regirlos por ellas mismas

pues deben ser gobernados confor-

me a sus fueros, que son como sus leyes municipales, por cuya ig- norancia se han cometido yerros de no poca importancia, no sabien- do los que juzgan ni los que rigen, por dónde han de juzgar Y 'r egir sus súbitos; que además de ser agravio y sinrazón que se les hace, es en gran daño, por tenernos aborrecidos como a hom- bres que en todo, así en lo bueno como en lo malo, les somos y hemos sido contrarios". (Historia Natural, Lib. VI, Cap. 1) Nada comprenderemos de los pueblos de Anáhuac si preten- demos encontrar en ellos los principios básicos de la cultura occi- dental, que en muchos aspectos estaba y está atrasada con respec- to a la evolución lograda por aquellos en el momento de su des- piadada destrucción. Se requiere un gran esfuerzo de comprensión y de adaptación para vislumbrar la verdad contenida en el sin número de mentiras que escribieron los desconcertados vencedores que pretendieron hacer de nuestra historia un vertedero de igno- minia, por obvias razones, ya que por su falta de comprensión, no podían escribir sino lo que entendieron e inventaron, adulterando 10~ hechos con interpretaciones muy suyas y a menudo mal inten- cionadas por razones económicas, políticas y religiosas.

En el estudio de las instituciones anahuacas, para no mal in- terpretarlas, ante todo hay que tener siempre presente el hecho

evi dente de que

se trata de una cultura original, diferente de la

occidental, cuyo desarrollo obedece a un principio integral y que procede de distinta economía, cultura en la que se funde en un todo armonioso e imposible de deslindar (porque sus elementos se im- plican unas a otros) lo que para el occidental sería: ciencia, reli- gión, derecho, costumbres, milicia, comercio, fisco, administración, 1 vida social y Estado.

A esta dificultad de carácter técnico más que otra cosa, habrá- 'se de añadir la necesidad de doblegarse a los principios rectores de la mentalidad indígena, ya de carácter filosófico, religios.o o jurí- dico, para aquilatar las consecuencias prácticas a que dieron lugar en sus propias instituciones.

De hecho, en el territorio de Anáhuac, existía diversidad de lenguaje, pero entre todos los idiomas autóctonos, como entre los

europeos, había entre sí equivalencia de sentodo, mas 1'.ntre el len- guaje de los europeos y el de los anahuacas NO existe esa equiva- lencia, es decir, que no habiendo identidad de pensar<iiento, tam- poco puede haber traducción exacta. Ambos responden a dos des- arrollos diferentes de la cultura, cuyo co n t e nido, sobr~ todo en m a -

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eria política, completamente varía, aunque los términos pudieran

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ener traducción Uternl.

Es de suyo impropio usar términos idénticos para fenómenos que se registraron en pueblos y épocas diferentes, pero se agrava la dificultad tratándose de dos culturas distintas. Sin embargo, dicha dificultad se allana conservando, en lo posible, los nombres originales; o con el empleo de vocablos que los substituyan, pero siempre con la debida reserva, aclarando diferencias y similitu- des de fondo y aún de matiz, tomando siempre en cuenta su signi- ficado ideológico particular.

Existe además una característica, tanto en el sistema político como en el idioma de los pueblos autóctonos: que todo en ellos era funcional, dinámico y relativo en materia humana, observando ellos s iempre una estricta jercirquía de v alor es entre todas las personas; descartaban lo absoluto y consideraban a todo el universo animado.

Basta hacer un estudio comparativo de sus lenguas en contras- te con las europeas, para comprender: la riqueza de su léxico; la dulzura de sus expresiones; el purito de precisión que se manifiesta en el uso constante de sinónimos y dobletes; la frecuencia casi ininterrumpida del uso del verbo y del presente; el uso limitado del pasado y del futuro; su carencia de "futurismos" y del "si" condicional; el empleo constante de interrogativos, tratándose del más allá o de las cosas no vistas o no comprobadas; el afán de , manifestar con fórmulas de respeto las jerarquías de personas. casas y lugares; la movilidad en la construcción de sus palabras, ,, su e'Ctraordinario dinamismo con la tendencia a hacer verbos. Todo ello traduce el carácter de su cultura esencialmente obj etivr1.

y positiva.

Considerando el carácter integral y dinámico de esta alta cul- tura, se explica el que las divisiones y clasificaciones que nosotros establecemos, hasta cierto punto arbitrariamente, sean más bien para entenderlos nosotros y para tratar de comprenderlos, pero

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que no deben tomarse como expresión de una realidad absoluta, ya qu e de sí, para ellos la realidad era esencialmente variable, cam- b iante, de acuerdo con las circunstancias que se presentaban en el momento histórico. De hecho, cada institución y agrupación tenía sus propias normas y procesos diferentes.

Los dos grandes conceptos de la cultura humana, tiempo y espacfo, también difieren de significado en ambas culturas. Pues mientras para la cultura occidental son más bien conceptos teóricos lY abstractos, para los anahuacas son de contenido práctico y con-

creto.

Desde luego en náhuatl ni siquiera existe un término equiva- lente a la palabra espacio; su modo de expresión es por medio de los vocablos centlamanían, lugar donde están todas las cosas; cen- tlapanían, lo que está afuera de las cosas, o yeyan, estancia, siem- pre acompañado del lugar especfico que se quiere referir, como decir: estancia del Sol o de Venus o de la 'fierra, etc.

En cuanto a la noción de tiempo, para los anahuacas era uno de los cinco elementos fundamentales de la existencia y de la vida, y cáhuitl, tiempo, consistía para ellos en el orden y medida del mo- vimiento., el ritmo, por lo que señalan sus tradiciones que antes que hubiera tiempo, para que hubiera vida humana y cultura, que en este caso se identifica con el conocimiento calendárico, precedieron cuatro etapas o soles, en los que los elementos fecundantes: agiw. de nto y fuego, buscaron su acomodo y equilibrio en la tier1·a, en conjunción con el movimiento de los astros. Con el Quinto Sol n2ce el calendario y la cultura; por ello toda la organización política y social está en íntima relación con los calendarios y la astronomía.

Hablar de instituciones de un pueblo que practica el derecho consuetudinario, como el náhuatl o el inglés, es referirse al conjun- t ) de toda una organización política, que de hecho y sobre todo. t~mbién de d e recho, se va desarrollando y modificando.

O sea, que hay que considerar dichas instituciones en su fun- ci onamiento, sin pretender exigirlas formuladas en textos explíc :- tos o en cuerpos de leyes y decretos, sino haciendo el estudio de hs costumbres repetidas, observadas, modificadas o desarraigadas, qne constituyen la tradición y desarrollo mismo de la historia de

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ese pueblo. En efecto, para ellos, la costumbre, tlamaniliztli, las cosas como están, significa la realidad concreta.

La organización política y el sistema de gobierno en los pue- blos de Anáhuac (desde California a Nicaragua), no corresponden a un tipo ideal, considerando las cosas según estimamos que debie- ran ser, como lo hacen los europeos, sino que constituyen un ver- dadero prototipo, en el que se consideran los hechos conforme a su ineludible realidad, adaptadas a las circunstancias económicas, geográficas y sociales de dichos pueblos, y en el que se ven combi- nados en forma sorprendente y eminentemente práctica, elementos que solemos llamar: liberales, democráticos (gobierno del pueblo), aristocráticos (gobierno de los mejores), oligárquicos (gobierno de pocos) y monárquicos gobierno de un sólo), propios de la cul- tura occidental, sin que privara ninguno de ellos, presentando ade- más características propias y muy diversas. Como la organización política en su conjunto presenta nota- ble analogía entre todos estos pueblos, aunque cada pueblo haya tenido sus particularidades, podemos referirnos, para mayor bre- vedad, al sistema de gobierno mejor conocido por la historia, o sea, el gobierno interestatal de México-Tenochtítlan (ombligo de la luna o del maguey lugar de Ténoch, gran nopal), Tetzocóco-Acol- huácan (lugar de arbustitos, de los de abolengo que viven cerca del agua), y Tlacópan-Tecpanohuáyan (sobre las jarillas, lugar de los palaciegos) .

)

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11.-0rganización política anahuaca

P rimero hay que determinar los principios

fundamentales de su

organización para poder comprenderla. Así como el pensamiento y las creencias de los pueblos son fruto de la observación y de la elucubración humana, la organización política está en íntima re~ lación con el pensamiento económico, científico, filosófico y reli- ' gioso de los pueblos. Del concepto matemático, astronómico, físico y biológico que tuvieron del universo los anahuacas, mediante la observación de la naturaleza y la reflexión, conformándose a ella y superándola también, establecieron un orden político y social adecuado a las condiciones físicas, económicas y científicas, con el propósito fun-

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damental de promover y preservar la vida de la colectividad en el

país, alcanzando de tal suerte un alto grado de cultura y conoci-

miento, tanto de la naturaleza de la Tierra como del Universo. Sólo mediante esta forma colectivista de organización de la actividad humana (que es la cultura), integrando grupos por servicios de trabajo activo y la ocupación total del territorio productivo, pu- dieron vencer las dos grandes deficiencias que habían en el país:

la carencia de bestias de tiro y de carga, y la falta de cereales panificables. Por ello, aunque lograron realizar grandes adelantos en ma- teria política, científica y artística, por no tener bestias de tiro J de carga no sintieron la necesidad de buscar el hierro, por lo que estaban atrasados en mecánica y en instrumentos de guerra. Y por la falta de alimentos panificables, su desarrollo estaba íntimamen- te unido al cultivo de la tierra, y expuesto a fuertes conmocionE>s causadas por el hambre y la peste, en teniendo varios años de pér- dida de las cosechas. Todo ello manifiesta el error de aquellos que quieren establecer un orden comparativo de evolución por edades (de la piedra, bronce y hierro) señalando grados de evolución si- milares en el Viejo Mundo a los del Nuevo. Profundo error. Por estas causas económicas, los principios fundamentales de la organización política en Anáhuac fueron diferentes de los de Europa, donde privó una cutlura indi11idualista y de ahorro basada en el atesoramiento y formación de peculios e intereses particula- res que dan margen al despojo y a la provocación ininterrumpida de guerras, justificando la usurpación, por convenir así a sus in- tereses.

Así se explica que, en tanto que en Europa los intereses eco- nómicos y los perjuicios raciales, también europeos, determinaran sus formas de gobierno, desde la antigüedad clásica hasta la fecha, en Anáhuac en cambio, con su cultura colectivista de esfuerzo y de servicio, privara la organización económica por tequíyotl, oficies ' u ocupaciones, tomando en cuenta la agrupación por servicios en colectividades autosuficientes. De aquí, el carácter particular de sns instituciones cuyos principios fueron fundamentalmente los siguientes:

1.-La ocupación total del territorio aprovechable económica- mente, por lo que establecieron el sistema de calpóltin, caseríos,

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rurales de casas dispersas, bienes comunes y trabajo, tequíyotl, faena, por riguroso turno.

2.-La base fundamental económica era la agricultura, por lo que se estructuró una organización política, social y litúrgica basa- da en los ciclos calendáricos de los diversos productos agrícolas, combinándolos y sujetándolos a la producción de las diversas re- giones del país. Por eso estudiaron y conocieron admirablemente los ciclos de producción de toda la fauna y la flora del país.

3.-Por la razón anterior, establecieron como principio fun- damental la distribución de productos y reparto de ellos por medio de un doble sistema, ya con una organización admirable de comer- ciantes y del comercio, o con la administración, recolección y redis- tribución de impuestos o tributos en todo el país, realizando un in- tercambio extraordinario entre las zonas de producción agrícola y los centros manufactureros.

4.-Siendo la agricultura y la manufactura las bases econó- micas, para darles estabilidad y firmeza, establecieron e integra- ron zonas económicamente autosuficientes, autónornas (que se nor- man a sí mismas) y autotárquicas (que se dan su propio gobierno) por medio de pactos de amistad, vínculos matrimoniales, o en úl- timo caso por tratados de paz, estableciéndose el respeto de costum- bres, estatuto jurídico y economía, locales y regionales, por porte de las federaciones.

5.-Establecieron una superestructra de carácter federal e in- terestatal en materia política, educativa, científica y cultural con un sistema impositivo o tributario, antes mencionado, adecuado a i~s necesidades tanto del gobierno como de las diversas entidades <le la federación, ya para subvenir a los gastos públicos o para la redistribución de la producción de unas regiones a otras en com- binación con dicha organización especial en materia mercantil.

Dados estos principios fundamentales podemos distinguir dos clases de organizaciones:

A.- Las territoriales, que eran: l.- El calpúlli rural (autó-

nomo y disperso); 2.- El ccilpúlli urbano (autónomo y concen- trado a manera de bnrrio) ; 3.- La región o icniúhtli de calpóltin. hermandad , fraternidad, gru110 de amistad de caseríos ( enticl::i.il

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~

regional autónoma) llamado tlatocáyotl, go)::>ierno; 4.- Los terri· torios o señoríos del Estado (autónomos, pero la autoridad depen- día del Estado) llamados tecúhyotl, señorío; 5.- El Estado (inde- pendiente llamado hueytlahtocáyotl, gran gobierno; y 6.-:- La fe- deración de Estados llamada tlatacaicniuhyotl, hermandad o amis- tad de gobernantes, o tecpíllotl, conjunto de principales o palacie- gos.

B.-Las institucionales, ferarquías centralizadas de gobierno, que podían ser: locales (la organización religiosa, los gremios in-

(las jerarquías

dustriales, las sociedades de señores)

educativa, administrativa, fiscal, judicial, gubernamental o políti-

ca, la comercial y la militar) .

El gobierno de toda agrupación, tanto territorial como insti-

tucional, correspondía a una asamblea de ancianos o expertos en

la materia, elegidos por los miembros de la agrupación. "Nada se

hacía, afirman los cronistas, sin consultar en asamblea". Esta in- variablemente era encabezada por dos jefes, cuyos puestos gene-

ralmente eran vitalicios; uno era administrador y otro ejecutor,

y con derecho de sucesión, y . el

casi siempre el primero anciano

otro más joven, era elegido por la asamblea, dependiendo de las circunstancias particulares de cada agrupación la determinación de las normas y procedimientos de ejecución. La asamblea se lla-

o federales

maba in cohuáyotl, círculo o a manera de serpiente.

Los criterios de distinción, de agrupación o de separación de la población eran: la icniúhyotl, amistad, basada en pactos o en parentesco; la yáoyotl, enemistad, causada por el estado de guerra:

o In. tf'qníyotl, ocupación u oficio, constituído por la división del trabajo, por lo que la mayoría de los nombres de agrupación son rreog-ráficos o se refieren a sus ocupaciones e industrias, y no como muchos autores han establecido, a principios raciales, étnicos. Co- mo ejemplo podemos señalar a Tetzcóco, lunar de arbustitos, y a ) hs nztéca, los alados, especialistas en la industria plumaria, por lo que dieron tanta importancia al comercio de la pluma.

llt.-Organizaciones territoriales. El calpúlll rural

El calpúlli 1 urnl (municipio rural) constituía la unidad territorial, militar, económica, política y religiosa de la sociedad anahuaca. Desde el punto de vista territorial, eran pueblos de casas disper- sas, unidas por veredas hacia un centro llamado calpúlco, lugar del l calpúlli, del cual dependían y donde estaban ubicados: el tecálli o tecuhcálU, casa de señores o de gobierno; el teocálco, templo del calpúlli; el petlacálco, almacén de abastecimiento común y prisión; el calpixcacálli, almacén y casa de recaudación de tributos; el dhuálli, patio del teocálco para los bailes, fiestas y actos públicos (liturgfa); el tlacxítlan, juzgado de primera instancia; el tlacoch- rálco, casa de las jabalinas, el arsenal, etc.

Cada calpúlli, formado por un grupo de familias fundadoras que participaban de ciertos intereses y costumbres comunes, ocu- paba ciertas extensiones de tienas llamadas calpullálli, tierras del ralpúlli, o altepetlálli, tierras del pueblo, reconocidas por la tradi- ción o por el Estado.

Todos los calpoltin tenían su propio gobierno regido por una asamblea llamada cohuáyotl, presidida por <los autoridades: el cal-

púleh (administrador del calpúlli) o chinancáleh (si era un calpúlli

·~

pequeño) y a su lado el teachcáuh, hermano mayor, ejecutor e ins- tructor de la juventud, llamado también tecúhtli, señor. Cada gru- 110 gozaba de leyes, costumbres y tradiciones particulares y sus miembros tenían el privilegio de ser guzgados conforme a ellas. Sistema que solemos llamar estatuto perso.nal, aunque en este caso debiera decirse estatuto del calpúlli. Por consiguiente, gozaba de autonomía en su vida propia, interna, y en su religión.

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IV.-Las personas del calpúlli

La base primoxdial de su organización era la familia, la que servía de modelo para la organización total del Estado. La m'ujer 1 era considerada la administradora de la familia, y el hombre, el · ejecutor; según su capacidad económica el hombre podía tener va- rias mujeres; todas eran legítimas y sus hijos nacían libres y le- gítimos también. Las costumbres determinaban escrupulosamente los hechos y obligaciones de cada cual, hasta en el más pequeño detalle, para evitar posibles conflictos en la familia. El adulterio era severamente condenado.

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Las familias organizadas en calpúlli eran de dos categorías:

pUtin o tepílhuan, principales o ini.vilegiados, considerados así en atención a sus méritos o a los de sus antepasados, y mace- huáltin, sufridos, el pueblo común. Tal división no corresponde en absoluto a la europea de nobles y plebeyos, como muchos lo creen. Aunque todo hombre nacía libre. por cleterminadas circuns-

tancias que no es

dres u obligarse a prestar un servicio estipulado, quedando como familiar de su amo, tlacóhtli, comprado, y a su vez podía tener tlacóhtin, comprados, mal llamados esclavos, no sujetos a su amo. Esta servidumbre difiere profundamente de la esclavitud que se conoció en otros continentes; no eran considerados como "cosa" sino que estaban obligados a prestar servicios y para ello eran mantenidos como familiares de la casa y eso, sólo temporalmente. El hombre nacía libre, aunque fuera hijo de tlacóhtli, compra- do; pero siendo nwrtal, transitorio, relativo, su vida en función de la permanencia de la colectividad, debía desarrollarse de acuer- do con su posición social de origen, con su lugar en la jerarquía existente, con los signos de su augurio y atendidos sus méritos particulares. Posición social que él mismo podía variar por su es- fuerzo personal realizado a beneficio de la colectividad, o enaje- nando sus servicios a otra persona. La mal llamada esclavitud no era propiamente una institución del Estado sino simplemente un vínculo de servicio estipulado .en- tre personas. Cada hombre era una norma viva, con su estatido personal, cuyos usos y costumbres de su calpúlli lo acompañaban donde fue- ra, de modo que, al realizar sus funciones establecidas por la tra- dición, obrada de tal manera que parecía que el derecho, el orden jerárquico, las costumbres y los individuos actuaban y se desarro- llaban concomitantemente en la vida pública, siendo las circuns- tancias del momento las que iban determinando las modalidades y

' lineamientos generales del orden jerárquico aceptado histórica- mente como tradicional. La persona no era considerada como "ens", ente individual capaz de derechos y obligaciones, y todos iguales ante la ley; sino que era un funcionario de la colectividad, un vehículo de realiza- ciones colectivas, un servido r de la comunidad, es decir, un medfo

del caso referir, podí::t ;:.cr vc üdido por sus pa-

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en función de la misma, pudiendo desarrollar su pesonalidad con relación y en proporción a los servicios prestados a la colectividad, dentro de los límites consagrados por la tradición, y, por consi- guiente, sus privilegios no podían ser transferidos por herencia, excepto el de la sangre, el nacimiento. Sus derechos y obligaciones tampoco podían ser iguales ante la ley, sino relativos a su posición social: a mayores privilegios mayor responsabilidad.

El punto de partida para la determinación jerárquica era el nacimiento. De éste dependía la posición y la función del individuo en la sociedad. La mejor protección del hombre dentro de su ca- tegoría era, como se ha dicho antes, la costumbre unánimemente aceptada y respetada por todos. Las insignias y distinciones en el adorno y vestido eran municiosamente reglamentadas, estrict:t-

ment e observadas

sus nor mas con penas graves) para poder raconocer inmediata- mente la posición, méritos y oficio de cada cual con rew ecto n la comunidad. La voluntad individual se fundía en el "querer colec- tivo", "la costumbre", y no consistía en el des eo rapricho so del

occidental.

(y escrupulosamente castigada la infracción de

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V.-Régimen de bienes del calpúlli

La justa observación de que la existencia de las cosas no coin- cide con la de los individuos, determinó el carácter de la posesión. El hombre posee los bienes, pero los abandona voluntariamente o con la mu€rte. El derecho establece un vínculo entre las personas con respecto a los bienes, y por ende varía totalmente en ambas culturas; no se debe pues calificar de precario o no, un derecho simplemente distinto. Los bienes, para el indígena, responden a las :necesidades de la colectividad, por lo que ésta es la que deterrmina su destino de acuerdo con el principio económico de conveniencia social e individual. Por consiguiente, el derecho de propiedad, en

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toda su plenitud y a través de todos los tiempos, pertenece a b colectividad; a los individuos corresponde tan sólo la posesión, con las modalidades establecidas por la tradición, pudiendo los particu- lares acrecentar sus posesiones en proporción a b bonanza de cosechas y trabajo desempeñado en una industria o a los servicios prestados a la comunidad.

El régimen agrario era la base de la orgauiiación anahuaca. El agricultuor, arraigado a la tierra, dedicado exclusivamente a su labor, al margen de intromiciones políticas extrañas, gozaba de cierta independencia en la vida social, protegido por su derecho o costumbres locales, aunque dependiendo en cierta forma de los núcleos centralizados del Estado, por razón de la política tributaria.

El sistema de 1·eparto era el título habitual de la posesión entre los indígenas. Los tlacuilóhque, pintores de glifos, en el re- gistro "clara e individualmente establecían lo que a cada uno tocaba".

Todo miembro activo del calpúlli tenía derecho a una parcela o milpa proporcionada a sus necesidades, que obtenía por sorteo, designación y decisión de la asamblea de representantes del ccilpúlli. Si no la cultivaba dos años consecutivos, se consideraba libre o abandonada y pasaba a poder de nuevas familias por designación de las autoridades del calpúlli.

El jacal y terreno sobre el cual estaba fincado, se consideraba como patrimonio personal. Generalmente se encontraba alejado de la milpa o parcela que correspondía trabajar a su poseedor. Las tierras particulares tenían casi siempre cercos y linderos. Los pro- ci uctos de la tierra e industria eran personales, pero con la corres- pondiente obligación de pagar el tributo consiguiente por grupo.

Además de las m ilpas de particulares, existían las tierrcis del calpúlli, que comprendían ciertas extensiones, con las aguas, bos- ques y pastales, reservados al servicio de la comunidad y se lla- maban altepetlálli, tierras del pueblo. No tenían cercos y eran la- bradas por riguroso turno llamado teq'll'iyotl o faena, de acuerdo con las normas establecidas por la tradición local y decisiones de la autoridad del cal7Júlli. Dicha labor era considerada como derecho de los miembros del calpúlli y como obligación de todos sus habi- t ante:;. Los productos ele estas tierras ernn de beneficio colect lv0 ,

30

reservándose una parte a los enfermos, ancianos y caminantes; se guardaban en el almacén petlacálco, del calpúlco. Estas tierras co- munes de labor, por razón del impuesto y de los beneficiarios, eran divididas en varias categorías:

a.-Tlahtocatlálli, tierras del gobernante, para gastos del Es- tado; sus productos se entregaban y guardaban en el calpixcacálli, almacén de recaudación, sujeto al poder administrativo del cihua- cóhuatl, literalmente mujer serpiente, cuate administrativo, en rea- lidad el administrador supremo, y el consejo supremo del Tlahtó- ccin, gobierno.

b.-Pillálli, tierras de píltin, principales del calpúlli, o concedi- das por el huey tlahtoani, gran ministro de la palabra o gobernante, por determinación del Tlahtócan, gobierno, Estas eran cultivadas por colonos y mayéque, braceros de la tierra.

c.-Teotlálpan, tierra divina, eran dedicadas a cubrir los gas- tos del culto y el sostenimiento de sacerdotes o sabios.

d.-Mitl chimálli, flecha y escudo, o cacalornílli, tierra del cuervo, eran las dedicadas a gastos de guerra y al mantenimiento de jefes guerreros.

Los mayéque o braceros de la tierra, nacidos para el trabajo a beneficio propio y de la comunidad entera, arraigados a la tierra y absortos en el trabajo agrícola, no intervenían en las funciones J)OJíticas del Estado.

El gobierno del ealpúlli actuaba siempre por medio de comi- ~iones y tenía a su cargo tanto las obras públicas como la educación impartida en cuatro escuelas diferentes, cuando menos: dos tel- pochcálli casas de jóvenes, una de hombres y otra de mujeres; y dos cnlrnécac, hilera de casas, escuelas superiores para hombres y

mujeres. Tenían

danza y música, donde todos participaban.

un nemachtilóyan, donde se estudia,

escuela de

31

Vl.-EI calpúlli urbano

Desde el punto de vista jurídico era semejante al anterior pues aunque en su estructura fuese a manera de "barrio", poseía tierras fuera de la ciudad, las cuales eran administradas por el calpúleh, administrador del calpúlli; anualmente elegían a sus jueces, técuh- tlis, y a los centectlalíxque "encargados de vigilar cierto número de familias" y dar cuenta diaria al juez de lo que ocurría entre ellas, el cual a su vez tenía que informar diariamente a la autori- <lad suprema de lo que acontecía en el "barrio". En cuanto a lo demás, su estructura era similar a la del calpúlli rural.

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Vll.-La reglón o icniúhyotl de Calpóltin, amistad de calpúllis

La región o icniúhyotl (grupo de nmistad) de calpóltin. Un grupo de calpólti'.n icniúhtli (amigos, hermanos) ya rurales o urbanos, se federaban como señoríos regionales a su vez autónomos y autár- quicos, teniendo al frente de ellos una asamblea de representantes de los calpóltin llamada tecuhnechicólli, junta de señores, presidi- da por un cihuacóhuatl, administrador, y un altépetl, pueblo, tam- bién llamado tlahtoáni, el que ordena, y tecúhtli, señor, que era el ejecutor. Su organización, aunque similar a la del calpúlli, tenía mayor incremento en cuanto al comercio, la industria, la educa- ción, milicia, la ciencia y el arte. Constaba además de calpóltin urbanos en la cabecera y de calpóltin rurales, a los que protegía y

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asociaba; generalmente tenían costumbres y derecho similares y ~us jefes eran representantes y miembros del consejo supremo de la federación en el tla,htocanechicólli, asamblea de gobernantes. Sus obligaciones con respecto al Estado eran fundamentalmente:

prestar ayuda militar o de hombres de servicio en caso necesario; dar y pedir información de cuanto ocurriese; contribuir para el sostenimiento del gobierno en los términos estipulados en el mo- mento de su incorporación a la federación; no hacer traición, ni pactar independientemente con otros Estados; no impedir la liber- tad de comercio, y, respetar las normas de su propia tradición, especialmente tratándose de la legitimidad de los gobernantes; a cambio de protección militar, ayuda económica en el intercambio ele productos y en el reparto de botín de guerra, así como en el logro de privilegios y dignidades en el gobierno del Estado.

Tenían sus particulares ritos y sacerdotes, y a menudo goza-

ban en ciertas fiestas

religiosas en las capitales de la federación.

del derecho de realizar algunas funciones

3G

,111

r-~~~~------~~~~~~~~·

Una

de las cualidrtefes requeridas

en los tlahtoanis era el

que

fuesen

bue-

nos

oradores.

Aqúí está representado

un

tlahtoani

dirigiendo

la

palabra

·a

sus

princípal ::s.

Códice

Florentino, Lib.

IV,

Cap.

7.

Vlll.-Los tecuhyotl, el señorío

Los tecúhyotl o señoríos dependientes del Estado, cuya organiza- ción era igual a la anterior, con la diferencia de que el t ecúhUi, señor !!jecutor, era puesto directamente por las autoridades supre- mas od Estado; su puesto no era electivo. Estos señoríos eran otorgados como premio o medio de ascenso en la jerarquía guber- namental; a menudo eran simples guarniciones militares disemi- nadas por los pueblos fronterizos para garantía de la paz; a la vez eran un medio para adiestrar y probar a los futuros gober- nantes en el ejercicio del poder. La casa de estos señoríos se llama- ba teccálti, casa del señor, y estaba prohibido llamarla técpan, pala- cio. El tecúhtli, señor, debía estar en constante relación y contacto con el gobierno supremo y ejecutar las órdenes recibidas del tlah- toáni, gobernante correspondiente, sea de Mexico, T etzcóco o Tla- cópan.

Co nsejo

d e

lo s d os gobernantes

gran

supremos,

el

ejecutor, y

u n

Flore nt ino, L ib . IV , Cap . 38.

sen tados

tlahtoani,

gran

el

tapete de plu m as en figura d e águila .

cihu acóhu a tl ,

administrador,

co n fere ncian d o,

C ód ice

sobre

l

IX.-EI estado Independiente hueytlahtocáyotl

El Estado independiente, hueytlahtocáyotl. En su régimen interno

y territorio particular, su gobierno era igual al regional véase No.

VII.-) del icniúhyotl de calpóltin. En el caso particular de Mexíco-

Tenochtítlan en su organización tradicional constaba de siete gran-

des calpóltin de los siguientes grupos: 1.-Los tlacatecpanéca, gen-

te palaciega; 2.-Los cihuatecpanéca, mujeres palaciegas, en reali- dad gente palaciega de la administración; 3.-Los tlacochcálca, los de la casa de las jabalinas, el arsenal, cuyo símbolo era el ataúd de los tlahtoánis, gobernantes, que así se llamaba; 4.-Los huitzna- huáca, los de la biznaga, los del sur, especialmente encargados de la educación; 5.-Los yopíca, los yopis, siendo principalmente orfe-

39

,,¡

bres; 6.-Los chalrneca, pulidores de piedras preciosas, comercian- tes; 7.-Los itzquiteca, los del país del esquite, maíz tostado, pul- queros encargados de la magueyera. Estos siete calpóltin se dividían cada uno en dos, como puede verse en toda la organización, resultando catorce calpóltin llamados también distritos o parcialidades, base de su administración judi-

cial, religiosa y educativa. Estos llevaban los siete nombres anteriores y los siguientes:

8.-Los atempanéca, los de la ribera; 9.-Los tzonmolóa, cabezas de mole, guardianes del juego. 10.-Los tlamatzínca, los que curan; 11.-Los moyocóxqne, los comedidos; 12.-Los nonoálca, los esta- blecidos en la tierra y m ilnahuáca, los de las milpas circundantes; 13.-Los cocohuaxoxóuhque, los serpiente azul; 14.-Los aticpáque, los que están sobre el agua.

pequeños, tenía su

cal púlco, centro del calpúlli, con todas las características antes des- cr itas: t eocálco, templo; tlíllan tlapállan, donde se pinta, archivos,

registro público, etc. Cada año los píltin, principales, de cada parcialidad se reunían en asamblea para elegir: un chinancáleh, encargado de mirar por las tierras de la parcialidad, que estaban fuera del lago; un téuhctli o juez encargado de resolver los conflictos internos de la parciali- dad y daba cuenta diaria a los gobernantes de lo que ocurría, resol- viendo los casos ya en su calpúlco o en el tlacxítlan, juzgado, del técpan, palacio; y los centectlalíxque encargados de vigilar cierto número de familias por grupos de 4, 10, 20, 40, 80, etc. En cada parcialidad se elegía un tecuhtlahtóque, señor gober- nante, miembro del consejo supremo del Tlahtócan, lugar de los gobernantes, que regía los destinos del hueytlahtocáyotl, el Estado,

Cada uno de estos

tlaxillacáltin, barrios

' sumando catorce: doce miembros, más los dos gobernantes: el ci- huacóhuatl, administrador, y el tllihtoáni, ejecutor. Sobre esta organización tradicional, anterior a la fundación ele la ci u d:ld, al sedimentarse en México se adoptó la distribución

eiási c;i,

previa, y aun en esto se adelantaron a nuestros tiempos en que g raci a s a los estudios urbanísticos Ge ha llegado a la conclusión de la necesidad de hacer dicha planificación previa; de allí la expli- cación de la existencia de "planos reguladores" para remediar los

y de significado astronómica tradicional de planificación

errores de lo ya construido. Aquél sistema, lo podemos comprobar en las fuentes que hablan de la fundación de Cuauhtítlan, al pie de los árboles, Tóllcm, el tular y Colhuácan, donde viven los de abole ng o; con sistí a en la distribución material de la ciudad

en

cuatro grandes sector es, llamados también huey calpóltin, que para evitar ccnfnsi0n ll ama ré cuarteles , que nos recuerdan las cuatro

su física y de

graneles fue r zns o potestades de su pensamiento, de su astronomía.

Estos cuarteles eran demarcados por dos líneas trazadas ima- ginariamente en cruz sobre el medio del templo mayor, quedando cada cual frente a la esquina de la pirámide, o sea que podemos pensar en una cruz imaginaria formada más o menos por una línea que p ~ sa ra p o r donde ah ora s on las calles ele Argentina y Semina- rio de norte a sur, y su intersección por otra que iría de las calles de Tacuba a Guatemala de poniente a oriente.

Llamábanse los cuarteles: 1.-Técpan, palacio o Teópan, en lo supremo, o Xochimílco, lugar de los que cultivan flores, que después se llamó San Pablo, al sureste del templo; 2.-Moyocox- ratítl<in, lu gar de los comedidos, estaba al suroeste del templo; después se llamó San Juan; 3.-At zacuálco, donde está el dique o

agua, al noreste del templo; después se le nombró

San Sebastián; y 4.-Cuepóhpan, sobre la calzada, o Tlaquenchiúh- <'an . donde hacen vestidos, después barrio de Santa María la Re- don<la. al noroeste.

Cada uno de estos grandes calpóltin estaba territorialmente dividido en cinco pequeños calpóltin, siendo en suma veinte, com- binación matemática de aquellos cuatro factores, más el tiempo, s ímbolo de la vida: Hu it zilopóchtli , el habilísimo; T ez catlipóca, espejo resplandeciente; Que t zalcóhuatl, el fecundador; y Páynal , el activo, en combinación con Xólotl, el feo, poseedor de la vid a humana, representado por el Tlahtócan, centro gubernamental. Respectivamente: la voluntad, la memoria, la inteligencia y la actividad mecánica en conjunción con el cuerpo humano y sus cinco sentidos. Los elementos de integración de la vida: X iuhtecúhtli; el fn ego; Echeccitecúhtli, el aire; Tlálo c, el agua; y Cipactónal, el tiempo, en conjunción fecundando a Cohuatlícue, la tierra. Asi- mismo consideraban la marcha del sol, las fases de la luna y el movimiento de los astros y estrellas en interdependencia reg·ulnr,

co mpuertas de

medicina, la gente iba 2llí a consulta y por medicina; la alberca de Tlikipan, sobre el agua negra, con la que curaban a niños; la casa de los servidores de Mixcóhuatl, león serpiente, nube, o Ca- máxtli, símbolo de las trombas y protector de los cazadores; el altar de Chicomecóhuatl, 7 serpiente, fecha calendárica considerada afor- tunada; en ella se festejaba a Cintéotl, señor del maíz, llamado

t:1mbién Xilónen, jilote y Chalchiucíhuatl, mujer esmeralda, sím-

bolo del regocijo, de los mantenimientos y de la fertilidad, repre- sentados por los frutos de la tierra, el maíz y las aguas de la tierra ;

el altar de Ome tóchtli, 2 conejo, Tezcatzóncatl, el de la casa techada

de espejos, señor principal del maguey y del pulque; el 2 cone.io ua fecha calendárica de fiesta y de año en esa fiesta se celebraba principalmente a Itzquitécatl, el de maíz tostado, patrón del calpúlli de los pulqueros, era símbolo de la borrachera y del juego.

En el cerco también estaba el cuai¿hxicálli Xócotl, jícara de

Jos corazones de águilas y el cuahxicalli ixniomóztli, jícara de águi- las del altar delantero, también calendárica, frente al hueyteocálli, templo mayo;r, así como el apétlac, petate de agua, pequeña plata- f ormada donde caían los cuerpos de los sacrificados, y arriba de

la pirámide el téchcatl, la piedra, verde, de un metro, medio pun-

tiaguda, para el sacrificio.

El recinto sagrado estaba, siguiendo una línea imaginaria del

eje central de la catedral hacia el norte hasta las calles de González Obregón y San Ideofonso siguiendo hasta el Carmen; al este, las calles del Carmen y Correo Mayor hasta la acera norte de palacio,

y al sur, de allí hasta el atrio, al eje central de catedral. Tenían

cuatro entradas con un tlacochálc.o, arsenal, a cada lado de cada una de ellas. Al poniente la puerta nombrada Cuauhquiáhuac, lluvia de águilas, que daba a la Plaza de las Aguilas y al centro del gran teocálli, templo, frente a la calzada de Tacuba, entonces mncho más a ncha que nuestra actual cqlle de ese nombre; al oriente, tamb ién :·1 e-entro del templo, la puerta Huitznáhuac, la del de bisnaga, señor de los comprados, que daba a la calzada que conducía a T etlamazól-

el desembarcadero de Te t z có co, bgar de

co , lugar del sapo de piedra,

a r b u stito s ; un p oco r emetid a frente a la f :=tch a da del achrn l pab cio

nacional, estaba la puerta divina de Tezcaquiáhnac, espejo de llu- via, que daba al ithuálli, patio, actualmente Plaza de la Constitución y dab3. acceso a una calle que ])asaba al pie del gran tcocáll i por

el s ur y al norte desembocaba por la puerta llamada Acatlyacápan, en la caña delantera.

Fuera de esta ciudad de lo supremo, en lo que fuera la "traza"

de la ciudad, estaba la ciudad gubernamental con las casas de los

gobernantes, lugares públicos y dependencias del

gobierno.

Entre el costado poniente del cohuatepántli, bandera de ser- pientes, que pasaba en medio de la acutal catedral, y costado oriente de las actuales calles de Brasil y Monte de Piedad, estaban de norte

a sur el altar de Xiuhtecúhtli, señor del fuego; la Plaza de las Agui-

las; sobre lo que hoy es Avenida Guatemala y antes Escalerillas, estaba el Teotkichco, el lugar del juego de pelota divino, donde se encontró la estátua de Macuilxóchitl, 5 flor, fecha calendárica de buena suerte; era símbolo del amor casto y protector de los pala- ciegos y jugadores de patólU, frijol; cuando caía en el mes de Xo- cohuátzi, caída de la fruta, se hacía gran fiesta llamada xochílhuitl.

fu ncionarios y

fiesta de la flor. También allí estaba el hueytzompánfü, gran arma- zón de calaveras; al sur de estos el Cuanhcálli, casa de águilas . donde se reunían los guerreros de este grado; en él estaba el tribu - nal de tlacatécatl, jefe del cuartel, primer jefe en la guerra y jefe

de hueycalpúlli, cuartel, quien con el tlacochcálccitl, jefe de asenal

y de cuartel, el pochtéca tlailótlac, comerciante que regresó, jefe

ndministrador de comerciantes, y el cuauhnóchtli, tuna o corazón de águila, jefe de ejecutores de órdenes, juzgaba a los guerreros y constituía el consejo de guerra. Al sur ele aquél estaba el pilcálli, cnsa de principales; seguía la pirámide de Yopíco, de los yopis, donde se veneraba a Xípe Tótec, falo nuestro señor, símbolo de h

veneración y de la vida, con un patio llamado de cucmhxicálco, luga r

de la jíc fl ra de las águilas; y

de catedral estaba el templo de Tonátiuh el sol, con 40 gradas.

finalmente. donde está la torre oe s te

Al ponient e de estos edificios estaban de norte a sur, el técw1n <l c l tlacat e cúhtli, señor del personal, mal llamado casa de Cwmh- témoc, Agiiilci descendente o Sol de la tarde, donde es la plaza de Santo Domingo. Entre las calles de Tacuba, Monte el e Pi ed i:l cl. de Septiembre e Isabel la Católica, estaban los palacios viejos: el palacio de Ax(lyácatl, oxnyacatl (cara de agua), doncle estaba el t esoro de los señores llamado teocuitlatiapiálU, donde se guarda el or o, al cuidado del t eocuWapíxtli, el t esoro. También allí esta-

l

'~

ba el lugar de recepción de los jefes y sus aposentos, donde se alojó Cortés con todo su ejército; el Tlacxítlan, lugar de comparecencia, trib :mal donde jueces y magisfrados con el altépetl, pueblo o señor, al frente, resolvían las causas de los principales, píltin, instruídas rn el calpúlco, y las causas de jurisdicción voluntaria de los mace- huáltin, instruídas en el Teccálli, casa de gobernante, que estaba en otro cuerpo del mismo edificio. En el Tlacxítlan, el tlahtoáni, gobernante, asistido de cuatr o jueces mexicanos ventilaba las cau- sas de Tenochtitlan, y dos jueces de cada región de la federación juzgaban de acuerdo con sus propias leyes y costumbres a los que no eran de Tenochtitlan; sentenciaba el tlahtoáni. Algunas causas como las de genealogía se remitían a Tetzcóco, también estaban allí los aposentos de los jueces. Este edificio estaba entre Tacuba, Mon- te de Piedad, 5 de Mayo y Palma.

Hacia el sur estaba el técpan, palacio, de Motecuhzóma Ilhuica- mína, señor augusto, el flechador del cielo, donde estaban el Tec- pilcálli, casa del señor y de los principales, donde el tlahtoáni, go- ber nante ejecutor, y los principales, juzgaban a los tecúhtin, se- ñores gobernantes; allí mismo se reunían el tlahtocanechicólli, junta de tlahtoaníme, que constituía el poder supremo de la federación intm:establ, integrada por todos los representantes de todas las r egiones aut ónomas, asesorados por los seis cabezas de los tres g obiernos. En esta sala probablemente fue aprendido Moctecuhzó- ma Xo coyótzin, señor augusto el menor, con todos los gobernantes (treinta y ocho) por Cortés, en el momento de su llegada. También estaba en este edificio el Achcauhcálli, casa de primeros capitanes, donde se tomaban los acuerdos del Estado Mayor. Este edificio estaba entre el anterior y la Av. Madero.

Trns est os dos palacios entre Tacuba, Isabel la Católica y

Tza,páme íncal, casa

cte enanos, y el Tlaccice m éle íncal, casa de contrahechos, asilos de gente baldada o lisiada. No se trataba de enanos bufones, como acostumbraban tener los reyes europeos, sino era un cuidado es- pecial del Estado el velar por seres tarados, incapacitados por la naturaleza, que no podían realizar una vida igual a la de los demás

mÍiem ros de la colectividad. Además tenían un gran asilo de an- cianos y hospital para enfermos en Colhuácan (veáse Clavijero Lib. V. Cap. 3), que causó admiración a los frailes por s us dimension es

Ma dero, estaba primero cerca de Tacuba el

46

Y por el cuidado que ponían en los ~rmos, lo que entonces ape-

nas se conocían en Europa y medio se practicaba en las hospederías de los monasterios. Junto a cada palacio había unas de esas casas

vigiladas directamente por los gobernantes.

En seguida hacia el sur estaban los Totolcacálli, las casas de las aves, con sus diez estanques, unos de agua salada y otros po- table, donde había colección de cuanta ave pudiera haber en el país, clasificadas cuidadosamente de acuerdo con sus hábitos, y con lo que comían; fué el primer parque zoológico que hubo en el mundo, que causó espanto y admiración a los invasores. Había en él un palacio con columnas de mármol, teccáli, administrado por el huey- amánqui, gran amanteca, y el hueytoltcatl, el gran artífice, jefes de multitud de joyeros, entalladores, fabricantes de la industria plumaria, y de muchos mayordomos que cuidaban de las aves y estudiaban sus costumbres; tenían veterinarios y peritos en el des- plume, tratamiento, conservación de colores y arreglo de las plu- mas. Era el oficio principal y arte supremo de los azteca.

Al sur del edificio de Huéhue (viejo) Motecuhzóma, señor au- gusto, entre la plaza principal, Ithuálli, patio, la gran acequia (16 de Septiembre) y La Palma, estaban en la planta baja el Petlacal- co, almacén del pueblo, que a la vez servía de teilpilóyan, el ata- dero, prisión de delincuentes leves; el Calpixcacálco, casa del cal- píxque, recaudador, que servía de cuauhcálli, casa de palo, cárcel, de delincuentes mayores; y el Malcálli, casa de cautivos, donde es- taban los prisioneros de guerra, que recibían muy buen trato. En la parte superior de este edificio estaban las casas del arte supre- mo: Cuicaclli, casa de canto, donde toda la juventud practicaba el

c nnto, el baile, la oratoria y la poesía; en este edificio el tlahtoán'i:

diariamente tenía junta con los telpochtlatóque, jefes de jóvenes. para disponer el trabajo manual que se debía hacer; finalmente estaba el Mixcohuacálli, casa de Mixcóhuac, león serpiente o dra- p:ón, símbolo de la nube, la vía láctea y la voz del viento, verdadero coliseo donde se rec:reaban los señores y el pueblo de las fatigas de su intenso trabajo cotidiano; allí se reunían tanto los de Mexíco como los de Tlatelólco para bailar, ensayar y oir cantares antiguos

poesía, de acuerdo con

o n uevos, o escuchar piezas de oratoria y las disposiciones de los gobernantes.

Tras este edificio, entre la gran acequia (16 de Septiembre),

47

1111

la casa de las aves (Madero) y la gran acequia transversal (San Juan de Letrán), estaba la casa de las fieras, Tecuancálli, donde se coleccionaba cuanto animal pudiera haber, se les alimentaba y estudiaba sus costumbres y si eran comestibles, venenosos o tera- péuticos; como en la casa de las aves, tenían muchos mayordomos para su cuidado, veterinarios, etc.

Al poniente de la casa de las aves estaba el Jardín Botánico, antes de que en Europa hubiera este tipo de jardines de estudio y aclimatación, donde se cultivaba cuanta variedad de árboles (no los frutales, que eran considerados propios para gente del pueblo), flores y plantas medicinales había en el país. En terapéutica esta- ban mucho más adelantados que cualquier pueblo europeo de en- tonces; hasta la fecha nuestros laboratorios siguen descubriéndo productos medicinales cuyos resultados ya eran conocidos por los indígenas y aún poseen medicamentos que la ciencia moderna no ha logrado descubrir; como un ejemplo, el producto para curar la rabia declarada, cuyo secreto los yaquis de Sonora conocen y guar- dan escrupulosamente, y usan de tiempo inveterado el moho de las tortillas para curar las heridas, lo que actualmente conoc.emos por penicilina.

Al oriente del recinto sagrado, entre las calzada de Tetlamat- zólco, lugar del sapo de piedra, (Guatemala y Moneda), estaban otras casas de reclusión de enanos y contrahechos, y el hospital de

lisiados. Hacia el sur estaban otras casas de aves y otras de fieras. Al sur de estas casas, tras el palacio nuevo del gran Motecuhzóma X ocoyótzin, y la gran acequia (Corregidora) estaba otro gran jar-

dín

anteriormente descrito.

botánico llamado "Jardines de

Motecuhzóma",

semejante

al

Donde está el Palacio Nacional, pero con la fachada remetida unos treinta metros hacia el oriente, porque el Ithuálli, patio, era 1 mucho más grande que nuestra actual Plaza de la Constitución, estaba la sede o residencia de las familias del tlahtoáni, gran eje- r.ntor y del cihuacóhuatl, el gran administrador; en él había nume- rosas habitaciones, más de cien baños, que fué lo primero que des- truyeron los españoles, por no acostumbrarlos, y una sala enorme donde tenían los tronos de oro, itepotzoícpal, de los dos gobernan- tes, y los doce itolícpal, asientos de los tecuhtlatóque; allí era el

48

verdadero Tlahtócan, lugar de gobernantes, desde donde se regía tinicamente el Estado mexicano.

Los demás lugares dentro de la ciudad gubernamental, llama- da después "traza" de la ciudad, estaban ocupados, por los palacios de los diversos funcionarios del Estado, cada cual según su come- tido, por lo que se mudaban de ellos al cambiar de funciones.

49

111

X.-La federación de estados, hueytlahtocáyotl lcniúhyotl

Fraternidad de grandes Estados. La federación tenía una estrtuc- tura particular, pues aunque todos los Estados federados o anexa- dos participasen en la autoridad suprema del Estado, enviando un rep1'esentante al tlahtocanechicólli, junta de tlahtoanis, gobernan- tes, sih embargo, cada cual reconocía por cabecera a una de las tres capitales de la federación, aunque las tres hubieran interve- nido en la anexión, siguiendo para ello las normas de una antigua tradición habida entre los antiguos señoríos y federaciones, y <le acuerdo con ciertas costumbres y reglas geneológicas hasta ahora difíciles de desentrañar.

Treinta y ocho grandes señoríos regionales y las tres cabece-

51

ras con sus particulares señoríos, formaban la federación. Los pri- meros tributaban por región, correspondiendo una quinta parte a

Tlacopan, y del resto la mitad a Tenochtítlan y la otra a Tetzcóco,

y en las segundas, cada pueblo y gremio tributaba a su respectiva cabecera. Desde el punto de vista militar no se podía hacer nin- guna guerra sino con acuerdo mutuo, y desde el punto de vista político, la elección de los tlahtoáni debía ser propuesta a los otros dos y confirmada por ellos.

El gobierno de los tres Estados no era el de una simple con-

federación, sino el de una verdadera federación con funciones pro- pias correspondientes a cada una de las cabeceras. A Tenochtítlan correspondía la ejecución militar en todo el territorio, la dirección del comercio y correos, las grandes celebraciones de la liturgia oficial y en cuanto a gobierno, sólo el de su propio señorío.

A Tetzcóco tocaba la dirección y ejecución de obras públicas

en todo el territorio: caminos, presas, acueductos, albarradas, edi- ficios: llevar el archivo y registro de genealogías; convocar a jun- tas de sabios, generalmente en Teotihuacan, lugar de los poseedo- res de lo supremo; formular el derecho común de toda la federa- dón; impartir justicia en casos complicados y en los conflictos dinásticos de los distintos señoríos.

Cada año se reunían en Teotihuácan, los sabios para determi- nar las fechas de fiestas del año, las cuales eran proclamadas por los tahtoánis para la determinación del ciclo litúrgico, consideran- do las concurrencias y divergencias de los ciclos solar, lunar, vital, eclíptico temporal y agrícola.

A Tlacópan, lugar de jarilla, incumbía la ejecución de monu-

mentos, obras de arte, joyas e indumentaria y la organización de trabajadores al servicio de la federación. Además cada u;r¡.a de las regiones cooperaba con lo que fuera de su propia especialidad a solicitud de la federación (como entrega de piedras labradas, vigas, algodón, envío de animales raros, plantas y árboles, enanos y con- trahechos, etc.).

Tal fue en suma, la organización territorial de los pueblos de Anáhuac.

52

,,¡j

XL-Instituciones y jerarquías del estado

Es

indispensable conocer el funcionamiento del orden jerárquico

del

Estado para comprender su organización. No puede hacerse

aquí un estudio detallado y fundamentado en las fuentes como en

mi

libro "Organización Política de los Pueblos de Anáhuac" del

que

éste es un resumen; sólo expondré aquí los principios genera-

les.

Todas aquellas autonomías territoriales no vivían aisladas y abandonadas a su propio destino, sino que estaban articuladas, ar-

monizadas, relacionadas

e integradas al Estado, ,a través de insti-

tuciones jerárquicas que en su conjunto constituían en cada estado

el poder administrativo cuyo jefe supremo

dos grandes poderes:

ora el cihuacóhuatl, literalmente mujer serpiente, ideológicamente

administrador supremo gemelo del tlahtoáni en lo concerniente a l::i. mujer (Administrar) que regía, con derecho a sucesión de pa- dre a hijo; y el poder ejecutivo, cuyo jefe era el tlahtoáni, literal- mente el que habla, ideológicamente el que ejecuta, manda o go- bierna, era puesto de elección entre los miembros de una familia procedente de los soberanos más remotos, poseedores de la tierra; pero no sucedían de padre a hijo, sino primero entre los hermanos y luego entre los sobrinos, naturalmente con excepción del primero que fue Acamapíctli manojo de cañas.

Aparentemente era a manera de diarquía gobierno de dos, (des- pués veremos que no lo era) similar a la inglesa en cuanto a tener dos gobernantes, uno hereditario ( el rey o el cihuacóhuatl) y otro electivo (el primer ministro o el tlahtoáni) . uno administrador y el otro ejecutor, a diferencia de que en Inglaterra uno reina y el otro gobierna, o sea que uno ostenta y el otro administra y ejecuta unidos los poderes, en tanto que en Tenochtítlan uno administraba y gobernaba en sus particulares funciones administrativas siem- 1we con el consejo supremo del Tlahtócan. gobierno, y el otro eje- cntaba el mando y ostentaba el gobierno, pues ambos en unión ya con el Tlahtócan, tratándose de asuntos de su propio Estado, ya

con el Tlahtocanechicólli, junta de tlahtoaníme. en casos concer-

nientes a los tres gobiernos del Estado supremo, o bien con el Tlahtocaicniúhyotl, asamblea de amistad de gobernantes, refirién- dose a asuntos relativos a toda la federación.

Esquemáticamente formularé las principales instituciones je- rárquicas, todas las cuales se regían por jerarquía de asambleas y hábilmente se integraban en grupos numéricos de pares: un eje- cutor y un administrador, siendo aquellos de 1600 en 1600; o <le

800 en 800;

de 400 en 400; de 100 en 100; de 80 en 80; de 40 en 40;

de 20 en 20; de 4 en 4; hasta llegar a la unidad doble de los jefes <le cada .ierarquía, quedando reducidas en forma sorprendente y , extraordinariamente ingeniosa en nna combinación de 20 funf'io nes e11 poder de 12 funcionarios del Tlahtócan, gobierno, llamados tecuhtlcdóque, señores gobernantes, presididos ya por el cihuacó-

huatl, administrador supremo, tratándose de lo administrativo, ya por el tlahtoáni, ejecutor supremo, en materia ejecutiva. o por am- bos, en asuntos de interés general. Regularmente el dhnacóhuatl iniciaba el parlamento exponiendo el caso: seguía la discusión la

asamblea procediendo por eliminación de problemas y terminaba el tlahtoáni interpretando la voluntad de la asamblea. El tlahtócan procedía en pleno, todos reunidos, o por comisiones: cinco de cua- tro miembros más uno de los dos gobernantes.

55

Xll.-La jerarquía tradicional o primitiva

Agrupación por familias vigiladas y asistidas de 4 en 4, de 20 en 20 etc., por los centectlalixque, guardianes de un lugar, elegidos por ellas, jerarquía básica de la organización territorial, adminis- trativa y política, cuya característica era la elección; constaba de los siguientes grados de la base a la cúspide:

a.-Los tlacóhtin, comprados, los mayéque, braceros de la tie- rra, los macehuáltin, sufridos o gente del pueblo. b.-Los píltin, principales o privilegiados, que podían ser:

1.-Simples ciudadanos, hijos de principales. 2.-Miembros de la asamblea del calpulli.

3.-Teachcáuh,

primero, ejecutor, o calpúleh o

chinancáleh,

::idministrador de calpúlli parcialidad o distrito.

57

,111

4.-Tecúhtin, señores, gobernantes, ejecutores o cihuacóhuatl, administrador de señoríos, formando la orden de gobernantes, y los t ecuhtlatóque, gobernantes, miembros del Tlahtócan, gobierno su- premo.

5.-Huehu epipíltin, hijo de los antiguos, descendientes de fa- milias sobernas de la región, de quienes procedían los hueytlah- toáni, grandes ejecutores, y los cihuacóhuatl, administrador, alte- pctl, señores-pueblo, ambos soberanos supremos cuyo puesto era vitalicio, representantes de la vida, uno del sol f ecundante y el otro de la tierra fecunda, pues a todo respecto su cultura respondía a un concepto astronómico de la vida, como se ha visto al tratar de la división y disposición de la ciudad en su calpóltin, hueycal- póltin, cuarteles; tlahtócan, ciudad gubernamental, y en el recinto sagrado.

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Xlll.-La educación, fundamento de las jerarquías políticas de Anáhuac

1 Admirable edificio es el del Estado que sienta sus bases sobre la sabiduría, la virtud y la pericia humana, para el progreso y desa- rrollo de la vida! Así lo concibió Platón en su "República", con- siderando el arte de gobernar cil pueblo desde la cuna como un 'ideal, y así lo realizaron los pueblos de Anáhuac. Mucho tenemos r,ún que aprender los mexicanos, de la organización de nuestros pueblos autóctonos, para perfeccionar nuestras instituciones.

Ningún pueblo de la tierra se sabe que haya puesto mayor énfasis, empeño y cuidado, hasta en la actualidad (exceptuando quizás a Rusia y China), como los nahuas pusieron en la educación.

59

1111

"Ninguna cosa, afirma el P. Acosta, más me ha admirado, ni pa- recido más digna de alabanza y memoria, que el cuidado y orden que en criar a sus hijos tenían los mexicanos". En sus escuelas "tenían ayos y maestros que les enseñaban e industriaban en loa- bles ejercicios: a ser bien criados, a tener respeto a los mayores;

a servir y obedecer, dándole~ <locnmentos para ello

estaban ya criados, consideraban mucho h inclinación que en ellos

había" para dedicarlos a una profesión apropiada a su vocación.

"Grande y concierto era éste de los

fícilmente se hallara nación que en tiempo de su gentilidad haya puesto mayor diligencia en este artículo de la mayor importancia para el estado". (Historia Natural y Moral, Lib. VI., Cap. 27, p.

505 ss.).

A tal grado llegó a tener importancia la educación en la es- tructura del Estado Mexicano, que sin temor pudiera decirse, que nada sabe de los pueblos autóctonos de Anáhuac, quien desconoce el cometido de su sistema educativo, pues de éste dependía toda e:rganización jerárquica y estatal. Porque enseñanza y educación propendían fundamentalmente al conocimiento y al cumplimiento exacto de las costumbres que constituían su derecho, para su in- corporación plena a la vida de la comunidad, o sea del Estado. Así, desde pequeños, los anahuacas no sólo quedaban iniciados en el conocimiento de las normas jurídicas y de la ciencia, sino que además se veían envueltos en el engranaje de la organización po- lítica del Estado, que los utilizaba con ventaja a beneficio de la colectividad, de acuerdo con las circunstancias personales y de he- cho, que constituyen la realidad.

Con creces demostraron los anahuacas que la tranquilidad so- cial que pretende el derecho, sólo se alcanza mediante un sistema educativo estricto, en perfecto acuerdo con los ideales del Estado.

Básicamente la administración docente estaba dividida, por razón del sexo, en tres grandes categorías, genéricamente llamadas nexcatilóyan, donde se aprende:

1) .-Escuelas de hombres, de cada calpúlU y de la ciudad sa- grada, una de cada grado: a.-Telpochcálli, casa de jóvenes, y la del recinto sagrado llamada hueytelpochcálli; gran casa de jóve- nes; b.-Calmecác, hilera de casas, escuela superior, la del recinto

" "Cuando

En efecto, di-

60

sagrado llamada Tlíllan calmécac, hilera de casas de los escritos (biblioteca).

2.-Escuela de muchachas, ichpochcálli, casa de las jóvenes, paralela a las anteriores.

3.-Escuelas mixtas, de hombres y mujeres, en lo concerniente a lo que consideraban el conocimiento supremo de la colectividad como tal y eran llamadas nemachtilóyan, lugar de estudio, escuela de baile de cada calpúlco, cabecera del calpúlli; la del centro era llamada Cuica,cálli, casa del canto, centro de las instituciones edu- cativas, donde se practicaba la danza, el canto, la poesía y la ora- toria; Mixcohuacálli, casa de Mixcóhuatl, símbolo de la voz del viento, verdadero coliseo, donde se recreaban los señores y princi- pales; allí se reunían cantores, artistas y cirqueros de extraordi- naria habilidad, poetas y oradores profesionales tanto de M exíco como de Tlatelólco para deleite de aquéllos.

"En ninguna parte, afirma el padre Acosta, hubo tanta cu- riosidad de juegos y bailes como en la Nueva España, donde hoy día se ven indios volteadores, que admiran, sobre una cuerda; otros sobre un palo alto derecho, puestos de pies. danzan y hacen mil mudanzas; otros con las plantas de los pies, y con las corvas, me- nean y echan en alto, y revuelven un tronco pesadísimo, que no parece cosa creíble, si no es viéndolo; hacen otras mil pruebas de rntileza, en trepar, saltar, voltear, llevar grandísimo peso, sufrir golpes, que bastan a quebrantar hierro, de todo lo cual se ven prue- bas harto donosas. Más el ejercicio de recreación más tenido de los mexicanos, es el solemne mitote que tenían por tan autorizado, qne entraban a veces en él los reyes, y no por fuerza como el Rey D. Pedro de Aragón con el Barbero de Valencia, Hacían este baile e mitote, de ordinario en los patios de los templos y de las casas reales, que eran los más espaciosos: Ponían en medio del patio dos instrumentos: uno de hechura de atambor, y otro de forma de barril, hecho de una pieza, hueco por dentro y puesto sobre una figura de hombre o de animal, o de una columna. Estaban ambos templados de suerte que hacían entre sí buena consonancia. Ha- cían con ellos diversos sones, y eran muchos y varios los canta- res: todos iban cantando y bailando al son, con tanto concierto, que no se discrepaba el uno del otro, yendo todos a una, así en las voces como en el m:wer los pies con tal destreza, que er a de ver.

61

,,¡j

En estos bailes se hacían dos ruedas de gente: en medio estaban cdos instrumentos, se ponían los ancianos y señores y gente más grave, y allí cuasi a pie, quedo, bailaban y cantaban. Alrededor de éstos, bien desviados, salían de dos en dos los demás, bailando en coro con más ligereza y haciendo diversas mudanzas y ciertos sal- tos a propósito, y entre sí venían a hacer una rueda muy ancha y espaciosa. Sacaban en estos bailes las ropas más preciosas que tenían, y diversas joyas, según que cada uno podía. Tenían en esto , gran punto, y así desde niños se enseñaban a este género de dan- zas": (Historia Natural, Lib. VI, Cap. 28, p. 507 ss.).

Desde el punto de vista jerárquico, administrativo, docente y educativo, había dos grandes jerarquías, a través de las cuale'l todo individuo debía pasar para incorporarse como miembro y funcionario de la colectividad y del Estado: una, de los calmécac, hilera de casas, (administrativa) y otra, la de los t el7Jochcálli, casas de jóvenes.

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XIV.-Los Calmécac, hilera de casas

-

Eran escuelas patrocinadas por Quetzalcóhuatl, el fecundador, sím- , bolo de la inteligencia y de la humana sabiduría, con fondencias francamente administrativas, escuelas para aprender la tlahtoca- mecayomachtilíztli ciencia de gobernar, donde los sabios, tlamati- níme, artífices, toltéca y reverentes tlamacázque, enseñaban las ciencias, las tradiciones y las artes, con un sistema disciplinario muy estricto, a los hijos de quienes tuviesen deseos de entregarlos a esa casa de la sabiduría, ya por motivos personales o en atención a los agüeros, ya por razones de oficio si se trataba de hijos de gobernantes o de pochtéc.a, comerciantes. Los estudiantes de estos planteles eran llamados rnornachtíque, alumno; la enseñanza era

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colectiva e individual, la colectiva impartida por sabios, peritos y ancianos, y la individualidad era en cadena de mayor a menor,

el de 20 años enseñaba al de 19 y éste al de 18 y así sucesivamente.

Cada grupo de enseñanza era dirigido por dos jefes: el momach- ticaUáhto, jefe de alumnos y el momachticachcáuh, alumno prin- cipal, uno ejecutivo y el otro administrador. Los maestros encar- gados de la enseñanza eran llamados t emachtiáni, maestros; ade- más de los tlamatiníme, sabios, huehuétque, ancianos y artistas, tolteca, enseñaban algunos teachcáhuan, principales o capitanes.

Los ichpochcálli, casas de las jóvenes, tenían la misma estruc- tura en su organización. Los grupos de alumnas eran encabezados por las ichpochtlahtóque, gobernantes de muchachas, ejecutoras; las ichpochachcáuh, alumnas principales y las cihuatlcimachtiáni, maestras, impartían la enseñanza. Esta e s tructura p a rece dem ~ s­ trar que paralelamente a la or g a niz ac ión j er árq uic a d e los h on1- bres, existió una organización de mujeres en materias concernien- tes a ellas y al culto, como puede comprobarse en materia come1·- cial, gremial y la existencia de cihuateocálli, templos de mujer'es. donde ingresaban por voto temporal o vitalicio, conforme a su vo- luntad, y las cihuatlahtóque, mujeres g obern a ntes, en cada b arri o, índice de un adelanto extraordinario en materia política, pues se daba ingerencia directa a la mujer en lo concerniente a las activi- dades propias de su sexo y de sus profesiones, tomando parte en

que apenas se está perfilando en nuestros t iem-

el gobierno, cosa pos.

El calmécac, era considerado por los anahuacas como "casa de llanto y tristeza, donde los que allí se crían son labrados y aguje- rados, como piedras preciosas, y brotan y florecen como rosas. De allí que salen como piedras preciosas y plumas ricas. sirviendo n Nuestro Señor, de allí reciben sus misericordias". (Sahagún, Lib. VI, Cap. 40). Lo que caracterizaba al calmécac era la forma claus-

tral, de encierro, y su tendencia intelectual, científica y religiosa.

a la vez que artística en la enseñanza. Tanto varones como muje- res, cada cual según las funciones sociales que después desempe- ñaría, que integraban a estas escuelas anexas a los templos, de- bían llevar una vida ejemplar de mortificación y estudio, sus tra- bajos manuales estaban fundamentalmente relacionados con el ser- vicio del templo: cosechar púas de maguey para el autosacrificio,

traer agua ,leña y copa! : form ::lban grupo especial en las ceremo- nias públicas y en la grnrra. Tenían ayunos rotativos, baños fre- cuentes, alimentación mesurada, se les enseñaba a tener profundo respeto a los superiores, n los mayores y a las costumbres, el de- recho, r etórica y modo de hablar con propiedad (oratoria), así como la práctica de la urb an ida d y se iniciaban en el estudio de las ciencias, artes y economía y otras m:iterias que con prosperi- dad se enunciarán, que se impartían por selección de alumnos de acuerdo con el adelanto y talento de cada cual.

XV.-Los telpochcalll,

casa de los jóvenes

Casas de jóvenes ,eran escuelas patrocinadas por Tezcatlipóca, es- pejo resplandeciente, el siempre joven, símbolo del poder y de la , principales, teniendo habilidad para gobernar y regir a la gente memoria, con tendencias francamente ejecutivas, de acción, tam· hién consideradas como "casa de penitencia y lloro, donde se crían y salen ya hombres valientes", "porque en este lugar se merecen los tesoros de Dios, orando y haciendo penitencia, y pidiendo que les haga misericordia y la merced de darles victorias para que sean baja". "Por tanto, humildemente rogamos, decían les padres, le recibáis para que entre y viva con los niños de otros de los prin~ cipales, y demás gente que se crían en este telpochcálli" (Sahagún, Ap. del Lib. III, Cap. IV).

67

Eran jóvenes educados estrictamente, debían dormir en el tel- pochcálli; a diferencia de los anteriores, comían en sus respectivas casas. Los alumnos se llamaban telpóchtli, joven. Recibían una educación similar a aquellos en cuanto a respeto a los mayores, a obediencia, urbanidad, conocimiento de las tradiciones y costum- bres y práctica del derecho, pero fundamentalmente estudiaban y hacían ejercicios de táctica y estrategia militar. Por ser menos severas estas escuelas, los egresados generalmente adquirían gra- dos en el ejército, o salían a practicar una industria, más para ocupar un puesto de gobierno, lo cual también ocurría en atención

a sus méritos y valor comprobados en sus funciones.

La educación también era colectiva e individual en cadena de mayor a menor, formando grupos encabezados por dos jefes: el teachcáhuan, principal o capitán, administrador, y el telpochtla- tnque, gobernante de jóvenes, ejecutor, escogidos entre los m{ts diestros y cumplidos alumnos.

Las mujeres tenían casas similares, donde aprendían los ofi- cios y trabajos propios de su sexo, siendo menos estrictas que en l~s anexas a los templos; también tenían dos superioras: una ad- miniestradora y otra ejecutora, frente a los grupos de alumnas.

Los jóvenes "iban todos juntos a trabajar donde quiera que

tenían obra, escribe Sahagún, a hacer barro (adobes), o edificios, labranza de tierra o zanjas o acequias. Para hacer estos trabajos iban todos juntos o se repartían o iban todos unidos a tomar leña

a cuestas, de los montes, que era necesario para la casa de cuica· cálco (casa del canto) y telpochcálli (casa de jóvenes) y caundo hacían algunas obras de trabajo cesaban de él un poco antes de la

puesta del sol. Entonces iban a sus casas y bañábanse, y untábanse con tinta todo el cuerpo"; poníanse sus atavíos, según era su grado

o dignidad e iban al cuicacálco. "Era costumbre, prosigue Saha-

,r:ún, que a la puesta del sol todos los mancebos iban a bailar y danzar a la casa que se llamaba cuicacálco, cada noche". Ponían lnmbre en la casa de cuicacálco los mancebos. "Y comenzaban a bailar y danzar todos, hasta pasada la media noche, y no tenían otras mantas, sino las dichas chalcaáyatl (ayate de Chalco), que andaban casi desnudos; y después de haber bailado todos iban a las casas de telpochcálli a dormir en cada barrio, y así lo hacían cada noche". Si querían salir de esta escuela para casarse tenían

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que pedir permiso y pagar su rescate, o si requerían permanecer en el telpochcálli pasada la edad, sólo salían por orden de los go- bernantes". (Sahagún, Ap. de Lib. III, Cap. IV a VI).

La organización y administración de la educación de los ca- mécac formaban la base del poder administrativo del cihuacóhuatl en tanto que las de los telpochcálli dependían del poder ejecutivo del tlahtoáni.

Al Tlíllan calmécac, escuela con biblioteca, y al Hueytelpoch- cálli, gran casa de jóvenes, del recitnto sagrado, eran llevados los más av.entajados de las demás casas de estudio y los hijos de los g-obernantes de la ciudad y de los de la federación. Así fue como Cuauhtémoc vino a estudiar al Tlíllan calmécac.

La educación era obligatoria para todos y sin .excepción o dis- tinción de persona. Todos · debían cooperar en ella: padres de fa- milia, guerreros, escritores, sabios y filósofos, astrónomos, maes- tros en artes y oficios, quienes ya en los centros educativos o con el ejemplo y vigilancia en los hogares y en los lugares públicos, estaban obligados a velar por el respeto del derecho, de las cos- ·

tumbres y tradiciones.

69

La

danza

la

y

la

música

consideradas

Códice

como

elementos

Lib.

fundamentales

14.

cultura náhuatl.

Florentino,

VIII, Cap.

de

f

1

~

t

l

1

1

1

-=====----nn

Otra

escena de

danza

)'

mus1ca

con

los

instrumentos

musicales

llamados

áuéhuctl

)'

tcjwnaztli

como

en

la

figura

anterior.

Códice

Florentino,

 

Lib. IV, Cap.

7.

XVl.-La escuela superior, el cuicacalli, casa de canto

Los anahuacas veían , en el arte las aspiraciones supremas del hom·

de la colectividad y de lo divino, y por ello centraron en el

cuicacálli la dirección de las obras públicas, de la enseñanza y de la educación.

En el ámbito de la estética, de lo bello, es menester el concurso de hombres y mujeres; por ello los anahuacas, no obstante ser tan estrictos en materia sexual, practicaron la coeducación en el arte.

Por la mañana, en asamblea de directores de escolares, los go- bernantes en el cuicacálli, casa del canto, determinaban diariamente la realización. de las obras públicas en las que toda la juventud tomaba parte activa. Por las tardes, desde pequeños, se adiestra-

bre,

71

1111

/

ban en el canto, la danza, y el ceremonial de sus fiestas. El arte unía y disciplinaba a la colectividad, para solaz de todos y espe- cialmente en materia divina. El cuicacálli era el centro en torno al cual giraban las instituciones educativas, que se regían por las normas estéticas del arte.

Las ichpochtlahtóque, gobernantes de muchachas, siempre es- taban presentes para vigilar y cuidar de la honestidad, en todas las funciones que se hacían diariamente al ponerse el sol, en cada

calpulco en el nemachtilóyan, donde se estudia, escuelas de danza,

y los más diestros en el cuicacálli, casa de canto, del centro.

Ya vimos que además tenían el coliseo llamado MixcohuacálU, junto al cuicacálli, y dentro del recinto sagrado anexo al Tlíllan calmécac, el teatro. Así también en el centro del mercado de Tla- telólco había un momóxtli, pirámide pequeña con cuatro escaleras y plataforma superior, donde se hacían representaciones teatra- les, comedias y danzas para el pueblo.

"Al terminar su enseñanza escolar, escribe O. de Mendizábal, los hombres a los 21 años y las mujeres a los 18, iniciaban sn ingreso a la vida social con el matrimonio, que se verificaba, con- certado por los padres, al dejar los educandos el instituto, pues, siendo extremadamente rígidas las costumbres y las leyes, por lo que a la moral de las relaciones sexuales atañía, previsoramente poníales a salvo de incurrir en falta por necesidad fisiológica·'. (Obras Completas, T. II, p. 72).

Sobre esta base sólida, el anahuaca iniciaba su carrera jerár- quica inspirado por sus propios ideales, ya realizando labores agrí- colas o industriales, o siguiendo las etapas que requiere el perfec- cionamiento político, religioso o militar. De todas suertes era guia- do hacia los intereses comunes del pueblo, que se confundían en Pl derecho con los del Estado. De aquí que, con estudiar el desarro- lh 0e las jerarquías del Estado, completaremos el cuadro de la e·incación ::::quí apnntado, a la vez que servirá de base para com-

rr

encler la organización judicial del Estado, que parte del pueblo

al

poder soberano, en acción mutua de intereses y del poder mismo,

. limitado por las costumbres y supeditado a ellas.

Hemos de advertir que las jerarquías en Anáhuac no eran meramente verticales, como se quisiera ver para facilidad de com-

72

prensión, pues como para ellos el Estado constituía, como la cultu- ra, una unidad integral, no haciéndose distingos por materia sino ·por elevación en categoría dentro de los dos grandes poderes, por

lo que eran más bien espirales, entreveradas y complejas, como lo

es la vida (no partían de un esquema lógico, prefabricado, sino de la vida práctica tal como se presenta), pasando por tamices, a tra- vés de consejos, asambleas y autoridades, íntimamente unidas en- tre sí. Así por ejemplo, por la milicia se adquirían grados en jerar- quía religiosa y por ésta se podía ascender a funciones en la admi- nistración, por ésta al fisco, de éste otra vez a la milicia en grado más alto, y luego al gobierno, etc. Por consiguiente las jerarquías trazadas en seguida, no hay que tomarlas como algo fijo, sino en constante cambio, dependiendo de la particularidad de personas y circunstancias que intervenían en el momento histórico.

73

XVll.-Métodos fundamentales de enseñanza

Los analrnacas transmitían las enseñanzas, ya tradicionales o de observación experimental, por medio de pinturas y glifos explica- dos verbalmente y memorizados de g.eneración en generación. Sus métodos de investigación eran sumamente ingeniosos, colmados de paciencia y perspicacia. Como para ellos todo tenía su razón de ser, el mundo era todo movimiento y vida, investigaban acuciosa- mente el objeto, constitución o costumbres de animales, plantas, minerales, cosas y lugares, dándoles nombre sumamente apropiado a su condición física o mental. Podemos señalar como ejemplo, que es el único pueblo del mundo que haya registrado y analizado cuan- to vegetal comestible hubiera en su territorio, pues no hay planta

comestible que hubiese en Anáhuac, que no la hubieran clasificado, puesto nombre y hecho de ella un manjar; no hay planta venenosa

o curativa de que no hubieran averiguado sus efectos, ni hay animal de esta tierra del que no hubiesen estudiado sus costumbres o pro- bado para saber sus cualidades nutritivas, medicinales o intoxican- tes (Véanse las obras de Francisco Herrera y el Códice Badiano).

Su religión era la ciencia, por lo que cualquier descubrimiento

o invención era objeto de culto, principalmente en materia astro- • nómica, que es lo que estaba más allá del alcance del hombre de entonces. Los elementos contenidos en la tierra, el fenómeno de la germinación, crecimiento, vida, movimiento y fenómenos men- tales, fueron fielmente observados por ellos, por lo que la ense- ñanza era fundamentalmente de investigación práctica y positiva de cuanto veían en la naturaleza. "No solamente se sirvieron aque- llas naciones, afirma Clavijero; de la tradición, de las pinturas y de los cantores para perpetuar la memoria de los sucesos, sino también antiguamente de hilos de diversos colores y diferentemente anudados que los peruanos llaman quipu y los mexicanos nepo- hualtzítzin", instrumento para llevar cuentas (Lib. VII, Cap. 49) verdaderas calculadoras y a la vez libros abiertos.

"Son quipos, escribe el P. Acosta, unos memoriales o registros hechos de ramales, en que diversos ñudos y diversos colores, signi- fican diversas cosas. Es increíble lo que en este modo alcanzaron, porque cuanto los libros pueden decir de historia, y leyes y cere- monias, y cuentas de negocios, todo eso suplen los quipos tan pun- tualmente, que admira. Había para tener estos quipos o memoria- les, oficiales diputados que se llaman hoy día quipo camayo (en Peru, y tlcipóuhque en Anáhuac), los cuales eran obligados a clm· cuenta de cada Cüe!a, como los escribanos públicos acá, y así se le:::

había de dar entero crédito. Porque para diversos géneros como de guerra, de gobierno, de tributos, de ceremonias, de tierras, había diversos quipos o ramales. Y a cada manojo de éstos, tantos ñudos y ñudicos, y hilillos atados; unos colorados, otros verdes, otros azu- les, otros blancos, y finalmente tantas diferencias, que así como nosotros de veinte y cuatro letras guisándolas en diferentes mane- ras sacamos tanta infinidad de vocablos, así éstos de sus ñudos y colores, sacaban innumerables significaciones de cosas".

Y para todo registro y contabilidad, "hecha la averiguacil5n

allí al pie de la obra con cuantidad de ñudos y manojos de cuerdas que dan por testigos y escritura cierta. Yo vi, prosigue el P. Acosta, un manojo de estos hijos, en que una india traía escrita una confe- sión general de toda su vida y por ellos se confesaba, como yo lo hiciera por papel escrito, y aún pregunté de algunos hilillos que me parecieron algo diferentes, y eran ciertas circunstancias que

requería el pecado para confesarle enteramente". ral, Lib. VI, Cap. 8).

"Fuera de estos quipos de hilo, prosigue Acosta, tienen otros de pedrezuelas, por donde puntualmente aprenden las palabras que quieren tomar de memoria. Y es cosa de ver a viejos ya caducos

con una rueda

y no hay más que verlos enmendar cuando yerran, y toda enmienda consiste en mirar sus pedrezuelas, que a mí para hacerme olvidar cuanto sé de coro, me bastará una rueda de aquellas". (Ibid).

(Historia Natu-

hecha de pedrezuelas, aprende r el Padre Nuest r o .

Muchos de estos sartales de piedras que en realidad eran sus memoriales, los arqueólogos los toman por collares. Para sumar, restar, multiplicar y dividir, tenían además unos nepohualtzítzin. aparato para llevar cuentas, verdaderas calculadoras con hilitos de diversos colores y cuentas de oro o de piedras ensartadas en dis- tintos lugares, que al torcerlos sacaban la cu enta exacta; desgr::,- ciadamente como en Anáhuac fueron de oro desaparecieron; aún se conserva uno sin las cuentas en el museo de El Salvador.

"Pues verles otra suerte de quipos que usan de granos de maíz, es cosa que encanta. Porque una cuenta muy embarazosa, escribe

el P. Acosta, en que tendrá un muy buen contador que hacer por

pluma y tint a , para ver a cómo les cabe entre tantos, tanto de con- tribución, sacando tanto de acullá y añadiendo tanto de acá, con otras cien retartalillas, tomarán estos indios sus granos y ponían uno aquí, tres acullá, ocho no sé donde pasarán un grano d~

11quí, troc a rán tre s de acullá, y en efecto ellos salen con su cuenta puntualísimam ente, sin er rar un tilde; y mucho mejor se saben

cada uno de pagar

ellos poner en cuenta y razón de lo q ue cabe a

o dar, que sabrer1ws nosotros dárselo por pluma y tinta averiguado.

Si esto no es ingenio y si estos hombres son b es tias, jú zg-c· e] o q ni e !1 quisiere, que lo que yo juzgo de cierto, es qu e en aqu ello a que f!f'

r;plican nos hacen grandes v entajas".

Cap. 8).

(Historia Natural, Lib. VI,

77

El hecho de que ninguno de los "civilizados" invasores hubie- se aprendido esas "retartalillas" y modo de manejar esas calcula- doras y su sistema de calcular tan perfecto como lo demuestra su l)ro pio calendario, más preciso que el nuestro actual, pone en evi- dencia la calidad inferior de los que vinieron, carente de interés científico y manifiesta su propia barbarie, y explica el por que hayan destruido y arrasado impíamente lo que sobrepasaba a sus pobres mentes y a su piedad escasa e intolerante.

Con esos instrumentos llevaban cuenta y estadística tan pun- tualmente que afirman los cronistas que el tlahtoáni podía saber

al instante el número exacto de habitantes, y el cihuacóhuatl las existencias de los almacenes y lo que estaba por recaudar. Para ellos eran libros abiertos de gran utilidad, . en tanto que para nos- otros misterio insondable, gracias al espíritu destructor, codicioso, ignorante y soberbio, que tanto admiran algunos, de la decantada

'civilización'

occidental

a

la

que

pretenden

'incorporarnos'

¡los

indigenistas!

Las m aterias que enseñabnn en las escuelas eran fundamental-

de las cuentas o matemáticas; la

úhuicatlam achtiliztli, conocimiento del cielo y de los astros, astro-

nomía; el estudio acucioso del ilhuitlapóal amóxtli , libro de la cuen- ta de los días; el tonalámatl, libro de los días; la n epilahtolmachti-

la

chicoquíztiuh tlaxtlahuilíztli, ciencia de los censos o estadística la tlahtoeamecayomachtilíztli, ciencia de gobernar; la tlahtocamecach- tilíztli, conocimiento de las genealogías, heráldica; la pahnamach-

i ilíztli, conocimiento de medicinas, la farmacopea; pnhmachtilíztli,

conocimiento de la medicina, el cual tenía varias especialidades :

t epáhti, el que cura; tlámah, médico; tíci tl, partero; t expáti, oculis-

ta,tenacazpáti, especialista en oídos; la t eotlamachtilíztli, conoci- miento de reverenciar lo supremo, teología y liturgia; el cahuitla- machilíz tli, conocimiento de la historia; y ehuecauhtlatólt in, histo- 1·ia de las cos as antiguas; hue huetlat óltin, los dichos de los ancia- nos; tlacuilolíztli, el arte de pintar y representar en glifos, toyolia- rnachtilíz tli, la ciencia del impulso o ímpetu vital, el alma; qufriuh

t la:: olmach tilíz tli , el arte de ahuyentar y conocer las lluvias, etc.

ment e: la tlcipohualíztli, ·ciencia

lóni , arte de hablar con elegancia como los piltin, principales;

de

acuerdo con sus aptitudes personales, eran incorporados a las di-

Conforme

los alumnos

iban avanzando en

sus estudios,

78

versas jerarquías del Estado. Unos seguían la carrera sacerdotal, teopixcáyotl, guardían de lo divino; otros eran preparados para gobernar, les enseñaban la tlahtoc.atlamachilíztli, ciencia de gober- nar; o para alguna carrera especial de las ya señaladas: magistra- tura, medicina, arquitectura, astronomía, censos, poesía, etc., o para artesanos y artistas, aprendían el toltecáyotl arte manual, artesanía. Todos debían salir nehmatcatlatoaníme, personas pru- dentes en el hablar.

Fundadas sobre estas dos jerarquías, la tradicional y la edu- cativa, estaban las instituciones locales: religión, gremios indus- triales y sociedades de señores, y las instituciones federales: admi- nistración, fisco, justicia, gobierno común, comercio y milicia, que a continuación consideraremos brevemente en este mismo orden.

XVlll.-Organización religiosa

Dice con razón Clavijero que "por lo dicho se deja entender que los sumos sacerdotes de México, eran jefes de la religión solamen- te respecto de la nación mexicana, y no de las conquistadas, que aún después de sujetas en la política al rey de México, conservaron su sacerdocio independiente". (Historia Antigua, Lib. VI, Cap. 14).

A diferencia de los españoles, los anahuacas obraron con sabi- duría, pensando como Agamemnón de Esquilo: "Si respetan los templos y los dioses de los vencidos, los vencedores se salvarán".

En efecto, en nada fueron tan denigrados, por razones obvias, los anahuacas como en materia religiosa, que nunca entendieron los invasores, tanto frailes como españoles, ya para justificar l:.t

usurpación e invasión o por convenir a sus particulares intereses y sobre todo por ignorancia y fanatismo. Por lo cual en esta mate- ria es donde reina más la contradicción y el engaño, al grado de que ningún autor hasta la fecha ha logrado ni siquiera empezar a desentrañar el conocimiento de la religión, y sin embargo consti- tuye el nudo Gordiano de la cultura de Anáhuac, y difícil es ha- cerlo por no estar traducidas y sometidas a acuciosa crítica las fuentes de información histórica, ni han sido estudiadas con crite- rio propio sino con errado juicio occidental, tan contrario al pen- samiento anahuaca, fundado en las mal intencionadas versiones que los frailes dieron, informados a su vez, no por testigos presen- ciales y autorizados, los cuales se negaron a hablar, sino por indí- genas ya catequizados, de pervertido o adulterado pensamiento in- fluenciado por lo occidental y ninguno propiamente fue tenochca. De aquí que "versifiquen" todos los que han escrito sobre religión de Anáhuac; si saben algo de religión la denigran y los que nada saben de teología inventan bordando teorías mágicas, indignas de crédito para gente sensata. El señor Plancarte, con todo y ser obispo católico, es el único que hasta ahora ha producido las mejo- re3 investigaciones al respecto, porque las investigaciones de Seler y las interpretaciones hechas en sus traducciones no responden al pensamiento indígena, por ser demasiado nibelungas o griegas.

Fácil es incurrir en espejismos y errores de discernimiento en una materia como ésta, en la que el propio juez, el que la estudia, toma inconscientemente parte en la contienda por medio de sus propias convicciones, aferradas a su corazón, difíciles de desvincu- lar de sí mismo, íntimamente unidas a su propia existencia, y aún anteriores a ella, por tradición social; a pesar de ello, nada puede mejor contribuir a la comprensión del "fenómeno" religioso, que el estudio del pueblo mexicano, a este respecto.

El proceso evolutivo religioso pudiera expresarse de la suer-

te: n mayor ignorancia, mayores absurdos para explicar lo desco-

nocido, con sencillas enseñanzas; en tanto que a mayor conocimien- to cientfico, mayor complicación en los absurdos, con apariencia; natural, y mayores los actos de culto para encubrir con el misterio, la pomba de oropel y vanos formulismos, la realidad de su prop1:a 'ignorancia, sabiendo el sacerdocio que no hay mejor ignorancia para él y peor para los demás, que la ignorancia ignorada. De aquí

82

f:

el temor a Sócrates y a su espíritu que sabe que nada sabe, y que con eso tiene ventaja sobre todos los demás, que siquiera posee conciencia y honradez intelectual al saber que nada sabe.

La religión en Anáhuac, como su derecho, no obedeció -como en Europa- a campañas de ideas, ergotismos, torturas mentales, ' torneos oratorios, y, a eliminación y sublimación de iluminados, sino que se limitó a su estricto cometido social: "dar una concep- ción hipotética de la vida con una actitud ética correspondiente", apegarse a los descubrimientos científicos y fomentarlos, y, final- mente, estructurar a la sociedad de acuerdo con sus propias con- vicciones y provecho propio.

Algunos conocimientos esotéricos eran cultivados por el grupo

reducido de tlamatiníme, sabios; tlaixtlamatíni, expertos, y tlama-

cázque, reverentes, mientras el pueblo permanezca fiel al culto astrornómico de fácil comprensión, y adicto a la multitud de pres- cripciones relacionadas fundamentalmente con la cíclica astronó- mica de eclipses, rotación de los astros y períodos agrícolas de las diversas plantas: maíz, frijol, maguey, etc.

En religión hay que distinguir dos órdenes jerárquicos: el eclesiástico o sea el de la asamblea organizada, la administración que llamamos iglesia, y el 01'Clen litúrgico (acción pública) que difiere de aquél según las personas que intervienen en las ceremo- nias y que actúan como ministros, ya diciéndose representantes de la divinidad o del pueblo.

carácter a la

vez civil y autónomo. Civil en cuanto las principales funciones es- taban reservadas a los gobernantes, funcionarios públicos, altos guerreros y grandes comerciantes, y los dos jefes del Estado gober- naban, ordenaban, transformaban y ejecutaban en lo tocante a religión y culto; a la vez que eran elegidos considerábanlos repre- sentantes de la divinidad, por lo que tan puede decirse que todo el Estado era una administración religiosa como que la iglesia era un órgano del Estado. El hecho es que todo anahuaca, de acuerdo con las costumbres, tenía un cometido religioso y una función que ejercer en el culto, de acuerdo con sus méritos perso- nales y el turno de su servicio, lo cual difícilmente concibe un occidental.

En Anáhuac la organización eclesiástica era- de

83

E:structura similar a las anteriores, formada por el mismo sistema de agrupación, de 2 en 2, de 4 en 4, etc., de administradores y ejecutores, ya de hombres o de mujeres, las cihuate.ohuátzin del ci- huateocálli, mujeres encargadas de lo divino que vivían en el tem- plo de mujeres. Al frente de esta organización estaban los dos su- mos sacerdotes, ministros: uno de Huitzilorpóchtli, símbolo del poder de la voluntad y del sol fecundante, llamado también Tótec, Nuestro Señor,, era el quetzalcóhuatl-Tótec-tlamacázqui; no hay que perder de vista que Quetzalcóhuatl era símbolo de la sabiduría humana y no del sacerdocio a manera occidental, pues el concepto de sacerdocio (el consagrado, el ungido, el apartado) no es anahua- ca; en cuanto a tlamacázqui, literalmente el reverente, envuelve b valabra un matiz de adulación; este jerarca sería el ejecutor de órdenes de su agrupación. El otro era el quetzalcóhuatl-Tláloc-tla- macázr¡ui; Tláloc, el qne está en la tierra, era considerado señor de tlaltícpac, la Tierra, y símbolo de los elementos fecundantes de b tierra, los fenómenos físicos, principalmente el aguci. Este jerar- cci sería el administrador.

De ellos dependían cuatro grandes funcionarios, siempre por }1ares, ejecutor y administrador, los cuales eran: 1.-El huitzná- huatl, bisnaga, señor del sur, que atendía la casa de Huitznáhuatl, patrón de los comprados, y era director general de los calmécac, eru administrador; 2.-El tecpanteohuátzin, el que cuida de lo supremo de palacio, compañero del anterior como ejecutor; 3.-El Ometóchtli Itzquitécatl, 2 conejo el de Itzquítlan, país de las pa- lomitas de maíz tostado, encargado del Señor del pulque y del Cui- cacálli, casa del canto, y con ello de los telpochcálli, casas de jóve- nes, era ejecutor; y 4.-El mexícatl teohuátzin, el mexicano, en- cargado de lo supremo, administrador en jefe de todos los templos. Cada templo tenía su organización con dos tlaniacázque, reverentes, ni frente y asistidos por tlamacaztóton, pequeños reverentes, y los teopíxque, guardianes de lo divino, en turno.

En cuanto al orden litúrgico, cada fiesta tenía su ritual y par- ticipaba del carácter de esta cultura, por lo que no eran fiestas meramente religiosas, como se las quiere ver, pues aunque todo era considerado en ellas como religioso, eran más bien actos públicos

84

En cuanto a su carácter autónomo, era una organización de en los que entraba en juego toda la cultura en sus diversas mani- festaciones de actividad, por lo que en ellos intervenía: el arte, la destreza, juegos, simulacros de guerra, danzas, banquetes, actos de astronomía, circo, teatro, procesiones, carreras de antorchas, burlas, piropos y actos trágicos de reverencia, cantares, poesía, oratoria, batallas de flores, música, baños públicos, travesuras, voladores, palo ensebado, distribución de trofeos, donativos, reunio- nes familiares alternando momentos de profundo silencio con otros de algarabía, verdaderas funciones fenomenales en las que partici- paban todas las agrupaciones del Estado y toda la sociedad, gober- nantes y pueblo; era en suma la cultura en movimiento manifiesta en forma patente.

85

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agua.

Códice

Florentino .

L ib. Il , Ap éndice.

XIX.-Gremios industriales

Ya vimos que uno de los principios básicos de la solidaridad entre bs anahuacas era h agrupación por oficios; pueblos enteros se dedicaban a un oficio, cuyo nombre generalmente llevaban, así

cc. mo los b D. rrio s se agrupaban por actividades, t e quíyotl , oficio. La

org aniz :~ ci ó n de c a d a gremio tamién era autón

mente su asamblea de gobernantes y sus dos jefes al frente, quie- nes juzgaban a sus miembros y tenían sus estatutos y fiestas par- ticulares, entregando por grupo el tributo estipulado, en especie,

t etlayecólti, a diferencia del tributo en trabajo personal

o ma, tení a n igu a l-

llamado

tequítque, difiriendo el monto de acuerdo con la calidad del pro- ducto manufacturado. Todos ellos estaban centralizados en Méxi

87

co, dirigidos por su propia asamblea presidida por el hueyamán- qui, gran amanteca, plumario, de los pochtéca, los de PóchUan, lugar de las ceibas, comerciantes y el hueytoltécatl, gran artífice, jefes de plumarios y joyeros, servidores de Xipe Tótec, falo Nues- tro Señor, símbolo de la fecundidad y de la vida.

Los gremios estaban en íntima relación con la organización de los pochtéca, los de póchtlan, lugar de las ceibas ,comerciantes guerreros que realizaban el intercambio de productos manufactu- rados y materia prima.

Los anahuacas practicaban la especialización del trabajo en cada profesión. Cada hombre, aunque por voluntad propia podía cambiar de oficio, generalmente seguía la profesión familiar es- pecializada. Los conocimientos eran considerados como el más pre- ciado patrimonio familiar; de aquí el secreto tan grande con que se guardan aún ciertas fórmulas y procedimientos, especialmente

medicinales o de

y maestros, y entre éstos últimos celebraban las asambleas del gremio para establecer las normas que debían obedecer los agremia- dos.

La organización de los gremios también era local y no fede- ral, estaba supeditada al poder administrativo, en cuanto a los tributos, y al ejecutivo en cuanto a la distribución de productos.

técnica.

.Se hacía la distinción entre aprendices

88

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Motccuhzoma Xocoyotzin, gran tlahtoani (ejecutor) de Teno chtitlarr l'n

el momento en que Alvaraáo uno áe sus verdugos lo inmoviliza sujetándole

los

pies con

clavos.

Códice Florentino.

Lib. XII, Cap.

21.

,,¡j

XX.-La sociedad de tetecuhtln, señores

Señores o gobernantes. Eran "señores" que no sólo por razón del linaje, sino por sus méritos personales (pericia, inteligencia, cono- cimiento, valor y virtud), puestos al servicio de la colectividad sometidos a duras pruebas y con la aprobación de las autoridades militares y religiosas, elegidos por los tlahtoaníme, eran iniciad<M públicamente en una ceremonia o fiesta, pudiendo pasar' a la cate- goría de gobernantes, tetecúhtin o tlahtoaníme, regir en señorfos, Dsí como emparentar con las familias soberanas, huehuepipíltin, descendientes de los antiguos soberanos.

Esta sociedad de señores también era local, o sea propia de <:ada señorío. Las siguientes instituciones eran de carácter fe deral o común.

89

XXl.-La jerarquía o poder administrativo

Esta tenía tres grandes ramos, centrados en el cihuacóhuatl, admi- nistrador supremo: A.-Teáxca tetlátqui, la propiedad de todos, o

sea la hacienda pública;

C.-T etlazontequilíca, los

A.-TEAXCA TETLATQUI, la propiedad de todos o Hacienda

Pública : el fisco.

que se con stituía del conjunto de

para poder

realiz::i.r sus atribuciones, y cuya administración tenía por objeto la re caudación de impuestos y tributos que los gremios y las dis-

tint as autonomías

de la an exión) debían entregar para el sostenimiento del Estado,

B.-T equíyotl, los servicios públicos; y tribunales.

la hacienda pública

Distinguían los anahuacas

bienes del Estado,

locales (conforme a lo estipulado en el momento

91

a cambio de ciertos servicios públicos que les conferían tranquili- dad y orden, así como defensa en sus intereses individuales y co- lectivos, del teocuitlatiapiálli, tesoro público, que eran alhajas y joyas de los gobernantes, que cuidaba el teocuitlapíxtli, guardián del oro, el tesorero.

el téquitl, trabajo personal y

el tetlayecólti, entrega de algo en especie llamado tlacalcuilli, lo que entra a la caja.

La tasación del tributo se hacía por comunidad de calpúlli o de región, o señorío, o por gremio, así como por concepto de recauda- ción de productos de las tierras del Estado.

Había dos formas de tributa1·:

Es de notar el carácter esencialmente colectivo del impuesto en

La capitación, impuesto por cabeza, fue otro de los

estos pueblos

grandes desaciertos de la administración española.

Los impuestos o tributos se entregaban del calpúlli a la re- gión bajo la inspección de los calpíxque, guardianes de la casa, recaudadores, y de la región o señorío se llevaban a la capital, según su naturaleza, cada 20, 40 u 80 días si eran productos indus- triales, o 2 ó 3 veces al año (según los pactos) o cada año al termi- nar las cosechas.

Los tributarios, sujeto pasivo del tetlayecólti, tributo en espe- cie, controlados por los calpíxque, debían llevar el tributo, como se dijo, a las capitales de los Estados, en proporción a lo estipulado con la federación del Valle de México.

Algunas regiones y señoríos tributaban directamente a cada Pno de los tres miembros de la federación, pero cuando se refería a conquistas hechas por los tres grandes, los productos se llevaban a .Tenochtítlan, donde se repartían entre los tres Estados de acuer- do con las normas estipuladas entre sí, señaladas anteriormente. Había calpíxque, recaudadores, especiales para la recaudación de impuestos especiales.

El hueycalpíxqui, gran guardián de la casa, jefe del calpix-

cacálco, casa

de recaudación, bajo las órdenes del

administrador general, recibía los tributos de los calpíxque, por orden riguroso, mientras el petlacálca.tl, almacenista, recibía los productos cosechados por los calpóltin; aquél enviaba al teocuitla-·

cihuacóhuatl,

92

tiapiálli, tesoro público, al frente del cual estaba el teocuitlapíxtli, el guardián del oro, encargado de las joyas y obras de arte, cuanto recibía a este respecto; las armas que recibiera por concepto de tributo las enviaba al tlacochcálcatl, señor de la casa de las jabali- nas, el arsenal, así como mandaba lo que perteneciera al templo al tlaquimiloltecúhtli, señor de los envollorios, encargado de b hacienda del hueyteocálli, templo mayor, y al Tlíllan cálcatl, el de· la casa de lo negro, el blibliotecario, que era el tesorero de dicho templo. Todos ellos llevaban estricta contabilidad de las existen- cias teniendo a su cargo diversos ayudantes, entre ellos: los pre- sos, para almacenar las existencias: los tlacuilos, pintores, encar- gados de llevar las cuentas en glifos, y los tlapóuhque, contables, que llevaban el registro con nepohualtzítzin, instrumento de cuen- tas.

En el calpixcacálli, casa de recaudación, se reunían los recau- dadores, "trayendo, dice Sahagún, cada uno la cuenta de los tribu- tos que tenía a su cargo para dar cuenta y razón de ellos al señor cuando se la pidiese; y así cada día tenía cada uno aparejado el tributo que era a su cargo" (Lib. 8, Cap. 14, No. 6). Los agentes fiscales, calpíxque, vigilaban las cosechas y cultivos para el con- -

trol de la producción.

Por cuanto se refiere al grupo central mexicano, ya se dijo que había 20 calpíxque, uno de cada barrio, quienes rendían cuen- ta al hueycalpíxqui, gran recaudador, teniendo cada cual a sus órdenes calpíxque de 100 tributarios, "centuriones", quienes a su vez tenían a su cargo "cuadragenarios" encargados de 40 familias causantes, y éstos, "vigenarios" de 20, y éstos tenían macuiltepam-

píxque, guardianes de 5, y finalmente centepampíxque, guardianes de I, que el padre Durán llama "mandoncillos", y así tenían repar- tida toda la ciudad y todos los barrios, porque el que tenía por súbditos y repartía entre ellos aquellas cien casas para que aque- llos, a las veinte casas o quince que les cabían, las guiasen y man- dasen y cuidasen con los tributos y hombres de servicio a las co-

sas públicas, y así eran los oficiales

innumerables que no tenían cuenta". (Cap. 41).

de las repúblicas tantos y t an

y ayudado

yJor la multitud de funcionarios

definit iva hacía el reparto de productos de acuerdo con las nece-

expresados, era quien en

El cihuacóhuatl asistido del Tlahtócan, gobierno,

antes

93

,,¡

informaba

.estado general de la hacienda pública para el efecto de la redistri-

bución de impuestos y conocimiento de la situación financiera del Estado.

estaba

del

sidades

administrativas

e

al

tlahtoáni,

ejecutor,

Toda esta

administración,

como

se

puede

apreciar,

profundamente centralizada, y obedecía a las actividades directas del Estado. La administración de la hacienda pública, fuera de la

ciudad, dependía de la división territorial política, pero centraliza-

cuanto a las regio-

nes dominadas por los tres, y perseguía una política hacendaria

que

quecimiento desmesurado y el pauperismo en los particulares, dan-

al poder colectivo de la

sociedad.

do,

'·1 da en el cihuacóhuatl, gran administrador, en

a continuación veremos, con un sistema q r e impedía el enri-

en

cambio,

extraordinaria

fuerza

Parece simple a primera vista, el estudio de la tributación de los indígenas, mas, una vez en contacto con las fuentes históricas, se puede apreciar la complejidad extraordinaria de dicho sistema tributario .

Uno de los nexos principales entre la federación y las regio- nes o señoríos federados fue la organización fiscal. Cada pueblo o gremio tenía su propio sistema de recaudación, de acuerdo co~1

la costumbre y sus miembros.

Los anahuacas practicaron una verdadera política tributaria o fiscal, a pesar de las deficencias que naturalmente presenta, para 'losotros, el hecho de poseer ellos un incipiente sistema monetario (rned:"ts de cuero, mantas, tiras bordadas, semillas de cacao, etc.) deficiencia más aparente que real.

las circunstancias particulares de

en

atención a

Los fundamentos del impuesto varían con la historia; por ello

una

relación económica y jurídica entre las necesidades del gobierno y

: . ,, 1 r,c;i bilichl c1es de los individuos e instituciones, miembros del

I>.bdo. Vimos que el fundamento primordial para la constitución de un Estado, estriba en la solución del problema económicc qllc plfmtea la vida humana en un grupo o región, de donde brota con

cnda Estado tiene los suyos, ya que el impuesto consiste en

pujanza la vida polítfra y Est(lrlo.

moral que

determina la actividad

cle1

 

94

Tres fon:nas principales revistió el impuesto en la federación del Valle de :México:

a.-Tetlanemácfü, el don gratuito u homenaje;

b.-Tequíyotl, los servicios personales;

y

c.-Tetlayecólti, el tributo en especie y colectivo. No hago el análisis de cada uno de ellos por falta de es1mcio.

Los pueblos incorporados debían:

a.-Pagar tributo territorial y de servicio personal (faenas ') funciones) , de acuerdo con los pactos de paz o de guerra b.-Pagar en especie a manera de renta para el sostenimiento del Estado; y

distl'ibct-

c.-Reconocer la supremacía de la federación en b ción territorial.

La influencia del tributo fue tan grande, que puede obser- v~u-se como causa determinante en toda la historia de los pueblos de Anáhnac. La organización territorial manifiesta claramente haberse hecho para los efectos del impuesto, desde la distríbución de la tierra y modo de cultivarla.

Tal política fiscal dió por resultado una distribución unifor- me de la población sobre la tierra: densidad uniforme y ocupación de lugares apartados.

Para ser justos, debemos reconoce1· que las instituciones jurí- dicas de los anahuacas, respondían armoniosamente a los anhelos y exigencias de su cultura, y, que sepamos, ning-nna otra organizn- ción produjo con posterioridad, mejores resultados parn e1 deJarro- llo social de aquellos pueblos, que se adelantaron con mucho a Rii- sia y a China en su organización colectivi<>ta. Aunqne tampoco podemos desconocer que la aparición repentina del blanco con la

r:anadería, el cultivo del arroz y del trigo, la explotación minera, el desarrollo de la mecánica, etc., de suyo tenía que ocasionar el

derrumbe y

construida sobre otras bases.

el desquiciamiento de aquella organización singular,

95

----

-

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7::-.-

-

-=::·_

El cultivo del maíz, arduo, con el cuáhuitl, por falta de semillas panifica-

bles

estaba

a

la

base

de

la economía

)'

régimen

agrario

de

los pueblos

de

Anáhuac.

Códice

Florentino,

Lib.

IV,

Cap.

38.

\::7e

~

oee

En

la

religión

tenían importancia

primordial

los ciclos

de

la

producci6n

agrícola.

Aquí

vemos

una

escena

de

ofrendas

presentadas

por hombres

y mujeres en la fiesta del maíz.

Códice Florentino, Lib. JI, Cap. 23.

XXll.-Tequíyotl, los servicios públicos

Todo hombre, por razón de su existencia, estaba sujeto a la pres-

tación de servicios públicos

<:nfermedad, fuerza mayor, por razón de su oficio o la realización

de mayor importancia para la sociedad, estu-

viese exento del mismo.

En la prestación de esos servicios ordinarios, la sociedad élctnaba l)Or comisiones de vecinos en las qne todos, bn.io el mrrndo de jefes designados en la asamblea o por la autoridad, operaban por riguroso turno rotativo ,cuyo número variaba en relación con !:'. obra o servicio que debía ejecutarse.

de otras fnnciones

en la comunidad, al menos que por

Estas cuadrillas se integraban, como sicm1we. de gruJ)OS rle 5, 20, 40, 80, 400, 800, etc., personas o familias según el caso, dirigidas por dos: un tequitláhto, ejecutor, encarg·ado del trabajo y tributo y un tlayacánqui, guía de cuadrilla; también había io]Ji- léhque, alguaciles, encargados del orden público.

Es de señalar como servicios públicos que tenían organi7.a<los:

<>1 de limpia, arreglo de caminos, calzadas, calles y canales; el 7;aynáni, el rápido, correo que traía noticias y llevaba órdenes ::i todas direcciones del país; los tequihuáhque, embajadores, etc.

97

XXlll.-Tetlatzontequilíca, los tribunales

d

Tetlazontet¡uilícci, dondó ~e dicé lrt t'1ltim~ pnlabra, los tii)11nles.

La organización jucUcicil. En una sociedad regida por costurnb¡-e.c;,

el de recho local esencialmente debe ser respéltado y por ello co11- duce necesariamente a un federalismo; pero también es una socie- dad unida 1)01' un poder .ie1'árquico compiicado (porque intervienen diferentes categorías y distintos pu11tos de visb), que reg'ula la:i distintas localidades imponiendo u'n orden cornún; así nace espon- taneamente el deredio común, estableciendo normas y costumbres generales dentró de su esfera de competencia a través de las je- rnrquías aludidas. En dicho sistema, la organización de los tribu- nales constituye el nexo más fuerte de unión en la federación de a utc>notnías del Estado.

90

Esqurma general de la organización y tribunaless

funcionamiento

de los

I.-Los tribunales Menores y