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Dr.

Kléver Silva Zaldumbide


MEDICO ACUPUNTURISTA
Doctor en Medicina y Cirugía en la Universidad Central del Ecuador
Especialización de dos años de postgrado en la República de China en
ACUPUNTURA Y MOXIBUSTIÓN

La vida, una película


Con los altibajos propios, parece que la vida es una hermosa película donde
nosotros somos los únicos directores y decidimos qué papel protagónico
damos a cada persona, se presentan escenas llenas de amor, felicidad, gozo,
buenas personas, así como también encontramos hechos de desamor,
tristeza, frustración, temor, dudas, malas personas, pero mientras vivimos, a
cada vicisitud, podemos darle el final que nosotros queramos. Sería un craso
error darle el rol de actor principal a otras personas para que dirijan nuestra
película, porque les estaremos otorgando la potestad de que ellos decidan por
nosotros.
Aunque muchos somos de poca expresión física o verbal, afectivamente
hablando, habrá que provocar escenas de amor, momentos que le den una
buena esencia a nuestra película, un abrazo, una sonrisa, un te amo, un gesto
de amor dado o recibido. Digámosles a nuestros padres, hermanos, abuelos, a
nuestra pareja, a un ser querido: Te quiero, que bien se te ve hoy, démosles
un abrazo sincero, regalemos buen humor y sonrisas, veremos así que el
capítulo de hoy va dando forma a una película más vivible.
Bastará ser conscientes de los dolores físicos y emocionales que vemos a
nuestro alrededor para enfocarnos en los pequeños grandes detalles que nos
regala la vida, a veces escenas tan gratificantes que no quisiéramos que nunca
terminen, nosotros somos los directores y actores principales, podemos darle
este papel y compartir nuestra gracia con otras personas, darnos todo en el
trabajo, dar cariño para recibirlo. Muchas veces hay actores que entran en
nuestra película acompañándonos, dándonos un sabio consejo, que se alegran
sinceramente de nuestro bienestar, dándonos fuerza e impulsando de cierta
manera nuestra película, esas valen más que cualquier riqueza. Así mismo,
hay gente tóxica, que siempre poseen una máscara, de crítica destructiva y
que nos pagan mal, pues como directores podemos despedir de nuestra
película a esos actores que son los villanos y que sabemos que no nos
conviene.
A veces hay escenas de suspenso y parecen ser las mejores de nuestra película
ya que es en ellas donde realmente nos encontramos con nosotros mismo y
nos conocemos aún más. Nos planteamos: ¿Quién soy?, ¿Soy feliz?, ¿Estoy
dando lo mejor de mí?, ¿Me arriesgo, doy ese paso?
Hay otras escenas que nos hacer valorar lo maravilloso de esta película de la
vida, donde muchas veces nos dan ganas de abandonarlo todo, nos sentimos
en la obscuridad y decimos: ¡No puede ser, por qué a mí, ya no tiene sentido
seguir luchando! Pero luego vemos que todo pasa, ya que Dios, el dueño de
nuestra película, nuca nos manda nada que no podamos resistir.
Cuando Tennessee Willians decía que “La vida es una obra bastante buena”
debemos entender que en nuestra película son esenciales todos estos tipos de
actores, de otro modo cómo tomarían forma las grandes lecciones que éstos
nos otorgan para fortalecernos y hasta motivarnos ante las críticas
destructivas.
Cuando hablamos de felicidad, el orgullo, la envidia, el resentimiento y el ego
desaparecen, nos referimos a la película “La vida es bella” y es cuando en un
viaje mental lleno de presentes y hermosos recuerdos, sacamos a la memoria
de esas prisiones donde nos intentan envenenar los malos recuerdos
cargados de ayer…estar vivo nunca será lo mismo que vivir…entonces:
¡Luces…cámara y acción…!

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