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Dr.

Kléver Silva Zaldumbide


MEDICO ACUPUNTURISTA
Doctor en Medicina y Cirugía en la Universidad Central del Ecuador
Especialización de dos años de postgrado en la República de China en
ACUPUNTURA Y MOXIBUSTIÓN

La filosofía de la falacia
Desde hace casi dos décadas, más que nunca, se ha ido, paulatinamente, en
Latinoamérica esparciendo, hasta actualmente reinar, el resentimiento y la
envidia. Mucha gente odia y siente resentimiento contra el emprendedor
micro o macro empresario q llegó en base a sus esfuerzos diarios trabajando,
a veces, los 365 días del año, que empezaron desde abajo, que se esforzaron
muchos años, a veces sin comer, pasando muchas malas noches estudiando y
que con mucho mérito propio llegan a tener, pero, curiosamente, no sienten
lo mismo contra quien lo hizo robando fondos públicos, todo lo contrario, a
ese lo eligen para que gobierne y redistribuya la riqueza del que trabajó duro
para lograrla. Se trata de una nueva forma de esclavizar a una sociedad de
bajos recursos, con la gran mentira de la igualdad, de una falsa justicia social,
mientras unos pocos se reparten lo que nunca han trabajado, a los
desprotegidos les reparten miseria, y se convierten en dictadores y
millonarios con el capital de las naciones afectadas e “infectadas”. Con la
filosofía de la falacia, la mentira, el robo, de la corrupción, se enriquecen unos
tantos miles, se elevan los ingresos de otros tantos miles y les quita el
razonamiento a cuantos millones.
El que trabaja con su propio esfuerzo, come, vive y está con la conciencia
tranquila con cualquier gobierno truhan, mientras que quienes "lactan" y
saquean los impuestos y aportaciones del honesto emprendedor siempre
reclaman y protestan para mantener su disfraz de defensor de quienes
desdichadamente son fieles seguidores y dirán que todo es mentira...Siempre
tuercen su mensaje de manipulación invitando a ser pobre, hablan de
humildad y caridad mientras viven como potentados.
No odian la riqueza, al contrario, aman su riqueza mal habida y los manjares
del capitalismo que hipócritamente fingen combatir. Odian la riqueza, pero
ajena por eso la usurpan empobreciendo a la gran mayoría. Aman tanto el
dinero ajeno que al robo le llaman justicia social utilizando como método
perverso el cultivo del odio al que tiene y da empleo, fruto de su incansable
trabajo. Su trillada muletilla son las palabras: fascismo, imperio, CIA para
justificar su confort.
Hambrientos insaciables dictadores populistas de barrio que usan a la
democracia logrando con engaño su cometido e instaurando la corrupción
eterna. Promueven a comer sin pagar, tener sin trabajar, aprender sin
estudiar, recibir del estado todo sin pagar impuestos, vivir del trabajo ajeno,
servicios gratuitos, atacar al q quiere progresar, destruir lo q se me antoje.
¿Con todos los acontecimientos a la vista, habrá quien los siga, salvando claro
a todos quienes se beneficiaron del botín repartido?
¿Quieren igualdad? ¿Igualdad de resultados? Tengo una pregunta para
ustedes:
¿para qué diablos nos esforzamos entonces? Para mejorarnos a nosotros
mismos, para diferenciarte y resaltar sobre los mediocres. Cuando uno se
esfuerza indefectiblemente se genera desigualdad, y eso es lógico. Lo ilógico
es su cinismo indescriptible para, pregonando una absurda doctrina de
igualdad imposible, lo único que hacen, sin importarles un “rábano”, es
generar odio, terrorismo sangriento y devastador que practican en cada tierra
que saquean y arruinan, sólo mediante el cual su régimen criminal puede
mantenerse. Esa delgada línea entre la insensatez de su falso pensamiento
político y el ser humano en estado salvaje.
¿Será que siempre estarán los malos dilapidando las riquezas de los pueblos,
destruyendo, acabando el mundo y nosotros sin avizorar solución trémulos e
impotentes asistimos a sus sainetes de noticieros, sus guerras de quien se
adueña del dinero estatal provocando crisis económicas y sociales, generando
intencionales enfrentamientos entre quienes ni siquiera les importa cómo
estén? Muchos sólo calmamos nuestra frustración e indignación
compartiendo publicaciones en las redes sociales, pero no pasa nada...no
sabemos a dónde irán a parar las economías de Latinoamérica.
El fanatismo, ya sea religioso o politiquero, es una enfermedad casi incurable,
pues se caracteriza por ser apasionadamente irracional, extremista al punto
que le convierte al ser humano en un idiota que endiosa a su líder, un
"sapísimo" avivato aprovechador del cerebro emocional de los necesitados
que son ricos en fe y esperanza y de los jóvenes que lógicamente quieren
cambiar el mundo de la noche a la mañana, que tienen rebeldía, que la sangre
les hierve y quieren luchar ante las desigualdades, sin percatarse que en la
lucha por la igualdad se pierde la libertad y después nunca hay igualdad entre
los no libres. Como resultado del fanatismo, ignorancia y resentimiento social
que cultivan en la gente, les especializan en el uso de la violencia como método
para imponer sus ideas. Nada más miedoso que el fanatismo y el
embrutecimiento que produce. Es el símbolo de la ignorancia que hará la
insignia, el emblema de los pueblos, y causará, indefectiblemente y para
siempre, su abatimiento, su ruina y su miseria.