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Dr.

Kléver Silva Zaldumbide


MEDICO ACUPUNTURISTA
Doctor en Medicina y Cirugía en la Universidad Central del Ecuador
Especialización de dos años de postgrado en la República de China en
ACUPUNTURA Y MOXIBUSTIÓN

¡Los más infelices!


Mientras el Programa Mundial de Alimentación reporta que, por cada 15
segundos muere un niño por no tener suficiente para comer en el planeta, la
palabra crisis y endeudamiento vuelve a engullir a nuestra población
dándonos un saldo escalofriante de corrupción y despilfarro luego de una
bonanza dilapidada según las actuales autoridades.
¿Qué tipo de papel protagónico le merece al pueblo, lúcido, honrado y
trabajador, que sólo resulta ser un frustrado espectador que ve con
impotencia (¡o quizás ni siquiera pueda ver!) irse de las manos el país y sus
riquezas en depredadoras y furtivas manos de algunos politiqueros de turno
que con egoísmo, vanagloria, con el deseo de obtener fama, popularidad,
atención y la aprobación de los demás, con venenosas mentiras de insolentes
discursos, con un pobre y precario porvenir político que solo evidencia sus
mezquinos intereses personales y grupales (¡quizás por ello eligieron ser
politiqueros!), enredados en su mediocridad y en sus errores, carentes de
moral y del verdadero sentido de humanidad, compiten a... ¡quien llega a tener
más dinero! para ostentar y así tratar de sentir esa palabra que nunca la
rozarán siquiera y que se llama felicidad?
Sabemos que cuando se trata de controlar a los seres humanos no hay mejor
instrumento que las mentiras porque los humanos vivimos según creencias y
las creencias pueden ser manipuladas. Para éstos engendros el poder de
manipular las creencias es lo único que cuenta. “¡un burro puede fingir ser
un caballo, pero tarde o temprano rebuzna!” De todas las personas
infelices en el mundo, los más infelices son aquellos que, utilizando como
herramienta el cinismo y la mentira hacen de la corrupción algo natural,
generando odio, indignación y multiplicando pobreza en quienes observan
alucinados e impotentes como van perdiendo sus derechos, libertades y
pluralismos.
La inestabilidad de los regímenes, la corrompida fragilidad de las
instituciones, la sinvergüenza y cleptómana intención del actual politiquero
nos hace ver hacia qué confuso y caótico rumbo conducen a nuestros países.
Esa delgada línea entre la insensatez de su falso pensamiento político y el ser
humano en estado salvaje.
Estas latentes amenazas se caracterizan por ofrecer más de lo que pueden dar
con tal de mantenerse en el poder y tener fama. Estratégicamente deciden al
pueblo y están en una eterna pelea con los políticos opositores. Son políticos
que hacen muchas obras públicas (en las épocas de las vacas gordas) de las
cuales una mayoría no se “justifican” pero están implicados e involucrados en
enriquecimiento ilícito, asociación ilícita, coimas y chanchullos. En base a su
estrategia politiquera por ganar votos y simpatía, destruyen,
administrativamente hablando, instituciones haciendo que la atención sea
deficiente. Son polítiqueros que les apasiona transmitir una imagen de
personas impecables desde el punto de vista moral y ético, pero generalmente
adoran el dinero de manera muy disimulada y lo obtienen con las relaciones
que mantienen con grupos poderosos. Les gusta mucho hablar en público y
cuando les hacen una entrevista responden instantáneamente a cualquier
pregunta, sin tomar un mínimo de tiempo para pensar. Necesitan
constantemente que los admiren y adulen porque “eso les da vida” y si no es
así, se tornan muy agresivos y peligrosos para la sociedad. Su ego esta tan
deformado que necesitan todo el tiempo ser estimulados mediante
homenajes, gratificaciones que engrandezcan su ego. Entran en depresión
cuando el nivel adulación decae. Utilizan todos los medios y recursos del
estado para mantener su utópica grandiosidad. Se excitan al máximo cuando
personalidades de categoría mundial les rinden pleitesía. Tienen un ego tan
deformadamente grande que son incapaces de amar porque solo se aman a sí
mismos y ahí radica su peligrosidad cuando están al frente de gobernar un
país. Pueden endeudar el país que gobiernan con tal de obtener
reconocimiento y gratificaciones internacionales. Hacen creer al mundo que
son amantes de los pobres y regalan dinero del estado para comprar afecto
de la gente y para dar la imagen de bien querido y admirado. Tienen
habilidades para encantar, seducir y manipular a las multitudes y tienen
personalidad que agrada mucho a los niveles de los estratos bajos de la
sociedad. Se aman tanto a sí mismos que son incapaces de ver la realidad que
les rodea lo cual trae trastornos sociales y estructurales descomunales. Son
sociópatas que no permiten la libertad de expresión y cierran todos los
medios de comunicación social. El estado es el único que puede opinar. Hacen
lo posible e imposible para cambiar la historia del país y reeditarla según sus
gustos y propensiones ideológicas. Los países que tienen la mala fortuna de
tener como gobernantes a estos abyectos seres, están condenados a futuras
crisis, malestares sociales y económicos; sin embargo, el entorno burocrático
del sociópata se enriquece de manera grotesca y se convierten en mega
millonarios de un día para otro con la anuencia de los poderosos países donde
acumulan sus fortunas. Son los que el mal lo hacen muy bien y el bien lo
hacen muy mal.
¿Cómo es posible que elijamos a personas que no tengan estudios superiores,
nociones de realidad nacional, de diplomacia, con profesiones útiles y
necesarias? Que nuestras Presidencias, Asambleas Alcaldías, Prefecturas y
demás cargos se infeste de oportunistas que, muchas veces por no tener
trabajo, ni oficio ni benéfico, se dedican a buscar sus espacios para tener
poder y “sacar tajada” …Es esa extraña ecuación en la que gane quien gane,
del disfraz que sea, del color que sea, gire a dónde gire el timón, nosotros, los
que trabajamos previo a largos esfuerzos, sacrificios, emprendimientos y
proyectos, pagamos la cuenta.
Este puñado de “vivísimos” son el resultado de un sistema en el que los menos
aptos para liderar son elegidos por los menos capaces de producir y en el que
aquellos miembros de la sociedad menos capaces de sustentarse a sí mismos
o de triunfar, cómodos y ociosos, son recompensados con bienes y servicios
procedentes de la riqueza que le ha sido sangrada y usurpada a un número
cada vez menor de productores y progresistas, como que trabajar
arduamente es un delito. Es decir, casi un verdadero arte de obtener dinero
del que produce y el voto del pobre con el pretexto de proteger a los unos de
los otros, sacando provecho de estos dos en beneficio individual o grupal.
Querer que el pueblo incauto se dé cuenta de su lengua mentirosa y su cínica
máscara de redentor para sacar provecho personal es como querer detener el
corazón voluntariamente.
Quizás nunca leyeron este pensamiento anónimo: “No digas Padre, si cada día
no te portas como su hijo, no digas nuestro, si vives aislado en tu egoísmo, no
digas que estás en los cielos, si sólo piensas en las cosas de la Tierra, no digas
santificado sea tu nombre, si no lo bendices ni lo honras, no digas venga a
nosotros tu reino, si lo confundes con el éxito material, no digas hágase tu
voluntad, si no la aceptas cuando es dolorosa, no digas danos hoy nuestro pan,
si no te preocupas por la gente con hambre, sin educación, sin vivienda, sin
ropa, sin amor, no digas perdona nuestras ofensas, si con cinismo y
sinvergüencería ofendes con tu descarado asalto a los dineros de todos, no
digas no nos dejes caer en tentación, si deseas continuar con tus protervas
intenciones de enriquecerte robando al prójimo, no digas líbranos del mal si
no combates la injusticia y la violencia que causas, no digas amen si sólo
repites como loro la oración y no la vives”.