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CAPITULO XIV

EL OBJETO Y LA CAUSA DE LAS


RELACIONES COMERCIALES

Isabel Lucía Alem de Muttoni y Alberto Rodolfo Falcón

Sumario: I. La empresa. 1. Noción. 2. Aspectos económico y jurídico. Empresa y


persona jurídica. Relaciones. 3. Distinciones entre empresario, empresa y hacienda
comercial. II. Hacienda comercial. 1. Concepto. 2. Naturaleza jurídica de la hacienda
comercial. a. Teorías. 3. Elementos constitutivos: estáticos y dinámicos. a. Sistemas. b.
Análisis de los elementos que componen el fondo de comercio. c. Patentes de
invención. d. Marcas y designaciones. e. Modelos de utilidad. III. Transferencia de
establecimientos comerciales. 1. Noción. 2. Régimen legal. 3. Efectos. IV. El acto
jurídico comercial. 1. Noción. 2. Régimen legal. Bibliografía.

I. LA EMPRESA

1. Noción

Si buscamos el origen latino del término empresa, encontraremos en él su concepto. La palabra


empresa, conforme el Diccionario de la Lengua Castellana, es un sustantivo derivado del verbo
“emprender”, del latín in-prehendere cuyo significado es: comenzar una acción, obra o negocio.
El término “empresa” proviene del latín in-prensa cuyas acepciones son: casa, o sociedad
industrial o mercantil que se funda para emprender o llevar a cabo obras de alguna importancia.
La primera concepción de la empresa la encontramos en la Alta Edad Media; era un concepto
económico, entendido como el conjunto de hombres, utensilios y elementos naturales que sometidos
a un proceso, aumentan su valor, crean bienes y servicios. Con la llegada de la Edad Moderna y el
advenimiento del capitalismo aparece el dinero, el que sustituye al trueque como medio natural de
cambio. Aparece la figura del intermediario-comerciante que acumula productos elaborados y los
ofrece al público. La empresa ingresa al derecho comercial por la industria manufacturera de
carácter manual, artesanal. A fines del siglo XVIII y comienzos del XIX aparece la fábrica como
organización productora de bienes materiales que el empresario reúne en el mismo edificio bajo su
propia dirección y responsabilidad. Con la revolución industrial el trabajo manual fue reemplazado
por grandes maquinarias. Así fue recepcionada en el Código francés fuente de las normas que
contenían nuestro derogado Código de Comercio.
La empresa moderna se dedica a la fabricación, industrialización de productos con mayor
elaboración, más costosos y utilizando mecanismos más perfeccionados que los que se fabricaban
manualmente, además de realizar la distribución de sus productos. Nace la empresa que, además de
elaborar productos materiales, se dedica a la prestación de servicios, como transporte, correos,
noticias, entre otros. Esa empresa de naturaleza concentrada se adecuó a las necesidades del
consumo masivo de bienes y servicios surgiendo entonces como factor de éxito para ésta la figura
del “empresario”.
Se ha definido a la empresa como la organización en la cual se coordinan el capital y el trabajo
y que, valiéndose del proceso administrativo, produce y comercializa bienes y servicios en un
marco de riesgo. Además, busca armonizar los intereses de sus miembros y tiene por finalidad crear,
mantener y distribuir riqueza entre ellos (ALVAREZ, Héctor F.).
La AFIP mediante dictamen N° 7/1980 de la Dirección de Asuntos Técnicos y Jurídicos, define
a la "empresa" como la "Organización industrial, comercial, financiera, de servicios, profesional,
agropecuaria o de cualquier otra índole que, generada para el ejercicio habitual de una actividad
económica basada en la producción, extracción o cambio de bienes o en la prestación de servicios,
utiliza como elemento fundamental para el cumplimiento de dicho fin la inversión de capital y/o el
aporte de mano de obra, asumiendo en la obtención del beneficio el riesgo propio de la actividad
que desarrolla" (www.biblioteca.afip.gov.ar).
El pequeño comerciante pasa a ser “empresario” cuando la complejidad de sus negocios exige
que sea un hombre preparado con capacidades especiales para dirigir asuntos más complejos.
Como características generales de la empresa, podemos decir que es:
- Una entidad integrada por el capital y el trabajo como factores de producción.
- Dedicada a actividades industriales, mercantiles o de prestación de servicios.
- Generalmente con fines lucrativos.
- Tendrá la responsabilidad que corresponda según la forma jurídica que adopte.
Esta empresa, además, constituye un actuar completo, un todo indivisible que impregna de
comercialidad a todos los actos realizados por y para la empresa, como la contratación de
empleados, compra de mercaderías, etc., ya que la empresa constituye una forma de organización
que en última instancia no es sino una forma de intermediación en el cambio de servicios y de
bienes, efectuada en forma compleja, continuada y unida por una finalidad (Romero).
La importancia actual en el campo del derecho mercantil ha creado una nueva corriente
doctrinaria denominada “derecho de la empresa”, con autores como Garriguez, Polo, Mossa, siendo
este último quien define al “derecho comercial como el derecho de la economía organizada”,
sosteniendo que la economía puede ser organizada solamente a través de las empresas
(Fontanarrosa). Asimismo, se puede decir que es la herramienta de la que se vale el hombre para
afrontar los cambios tecnológicos haciendo sentir su impacto en la sociedad, mejorando la calidad
de vida de sus componentes.
En definitiva, la empresa es la actividad organizada con la finalidad de producir bienes o
servicios para el mercado. Se trata de un fenómeno económico y que se relaciona con otras ramas
del derecho tales como el derecho administrativo, el laboral, de la seguridad social, financiero, etc.
Desde el punto de vista económico, cuenta con diversos factores de producción, los que pueden
ser agrupados de la siguiente manera:
- Sujetos: empresario, obreros.
- Elementos: bienes materiales e inmateriales.
- Intereses: públicos, privados.
Desde el punto de vista jurídico, el Código de Comercio derogado, declaraba los actos de
comercio en general y en el art. 8º, inc. 5 establecía: “... Las empresas de fábricas, comisiones,
mandatos comerciales, depósitos o transporte de mercaderías o personas por agua o por tierra”;
actualmente se entiende que tal noción debe comprender el transporte aéreo.
El referido artículo no definía a la “empresa”, pero nos enumeraba cinco categorías de ellas, las
que no eran taxativas, por lo que por analogía podían extenderse a otro tipo de emprendimientos
comerciales que reunieran los elementos que constituyen una empresa.
Jurídicamente, la “empresa” es algo inmaterial, abstracto, es una actividad de organización, un
acto objetivo de comercio, es una estructura técnico jurídica apta para desarrollar profesionalmente
operaciones que constituyen su objeto.
El anterior art. 8º, inc. 5 C.Com. no se mencionaba el lucro a los efectos de la comercialidad
del acto pues no interesaba el destino que se diera a los beneficios obtenidos de la actividad
comercial. Por ejemplo, se puede decir que una empresa de teatro de aficionados tiene una
organización empresarial, aunque sólo con fines culturales (Romero). En esta categoría podemos
comprender a las empresas de espectáculos públicos, de noticias, de mudanzas y hasta las de
corretaje matrimonial.
El Derecho Comercial actual desarrolla una tendencia hacia una concepción
predominantemente objetiva, como de Derecho de la actividad empresaria, pero inserto en una
realidad económica y social que lo tiñe con elementos de Derecho Público, en la función social que
sus instituciones cumplen dentro de las comunidades, como disciplina que regula los principales
instrumentos del desarrollo económico y el cambio social (Vitolo)
En el Código Civil y Comercial Unificado, no se encuentra a la empresa como entidad
autónoma ni se la define particularmente pero podemos hallar una noción de ella en el Libro I,
Título IV, Capítulo V, Sección 7° “Contabilidad y Estados Contables”; el artículo 320 reza:
“Obligados. Excepciones. Están obligadas a llevar contabilidad todas las personas jurídicas
privadas y quienes realizan una actividad económica organizada o son titulares de una empresa o
establecimiento comercial, industrial, agropecuario o de servicios (…)”
Cómo se señalo en el capitulo anterior, el Código Civil y Comercial, no obstante la unificación
anunciada, admite dos aspectos en las "personas humanas", uno general y otro "especial", en tanto
se la sujeta a obligaciones contables y, necesariamente, deberían practicar una inscripción de
antecedentes (publicidad).
Esta categoría "especial" está compuesta por dos clases:
a) Las personas humanas que realizan una actividad económica organizada, y
b) Las que son "empresarios", en el sentido de ser titulares de una empresa o de un establecimiento
comercial, industrial o de servicios.
De lo dicho resulta que no solo los empresarios integran esta categoría especial de personas sino
también quienes realizan una actividad económica organizada que no llega a configurar una
empresa, a los que denominaremos "cuasi-empresarios" (Eduardo M. Favier Dubois (h.)).

2. Aspectos económico y jurídico. Empresa y persona jurídica. Relaciones

Los economistas definen a la empresa como “una organización de producción de bienes o de


servicios destinados a ser vendidos, con la esperanza de realizar beneficios” (Fontanarrosa).
El concepto jurídico de empresa como actividad organizada no la encontramos definida como
tal en la legislación vigente, “la empresa ingresa, pues al campo del derecho comercial por el
camino de la industria manufacturera y de fábrica” (Fontanarrosa).
Así fue como la empresa se introdujo en el art. 8º del Código de Comercio derogado, cuya
fuente es el artículo 632 del Código de Comercio francés.
El concepto jurídico es distinto al concepto económico, más que una definición, debería existir
un régimen jurídico unitario de la empresa que corresponda y pueda aplicarse a todas las disciplinas
jurídicas, es decir un mecanismo económico y jurídico para concretar su ámbito legal (Zabala
Rodríguez).
El concepto actual de empresa, se puede analizar siguiendo las diferentes posiciones de la
doctrina. Desde el punto de vista subjetivo, teniendo en cuenta al sujeto de la relación jurídica, la
“actividad del empresario”, el comerciante, quien actúa por cuenta propia, profesionalmente, y
ejerciendo actos de intermediación entre los productores y consumidores. El empresario realiza
actos cuya comercialidad es evidente y puede ser una persona humana o jurídica.
En nuestra legislación la empresa ha sido receptada por la ley de contrato de trabajo 20.744 en
su art. 5º, cuando define a la empresa y al empresario, expresa: “A los fines de esta ley, se entiende
como ‘empresa’ la organización instrumental de medios personales, materiales e inmateriales,
ordenados bajo una dirección para el logro de fines económicos o benéficos”.
A los mismos fines, se llama “empresario” a quien dirige la empresa por sí, o por medio de
otras personas, y con el cual se relacionan jerárquicamente los trabajadores, cualquiera sea la
participación que las leyes asignen a éstos en la gestión y dirección de la “empresa”.
Existen dos criterios a los fines de definir la empresa. El primero que podemos analizar es el
“criterio subjetivo” que fue contemplado en el Código Civil italiano de 1942, art. 2195, y que
circunscribe el estatuto comercial a las empresas que tienen determinado objeto: 1) actividad
industrial dirigida a la producción de bienes o de servicios; 2) actividad intermediaria en la
circulación de bienes; 3) transporte por tierra, por agua o por aire; 4) bancos y seguros; 5)
actividades auxiliares de las precedentes. Asimismo, define al empresario en su art. 2082: “Es
empresario quien ejercita profesionalmente una actividad económica organizada a los fines de la
producción o del cambio de bienes y servicios” (Fontanarrosa).
El Código italiano, en su art. 230 bis, también la menciona dentro del régimen de bienes de la
familia, como “la empresa familiar”.
Esta posición doctrinaria fue receptada también en el Código alemán en su art. 343, es subjetiva
porque tiene en cuenta al sujeto.
El segundo criterio es el objetivo, donde se analiza la empresa como un acto de comercio, fue
la forma de raigambre francesa incorporada al Código de Comercio que rigió hasta su posterior
Unificación con el Código Civil.
Si consideramos el criterio objetivo, para esta posición la empresa es actividad organizada con
aptitud para producir bienes y servicios. Tampoco se debe confundir la empresa (actividad
organizativa), con el fondo de comercio, que constituye un objeto del comercio, un bien sobre el
cual se realiza la actividad y que adquiere su calidad de tal por el hecho de dicha actividad y por la
organización que le da el empresario (Romero).
Las relaciones de organización pueden, conforme a la autonomía de la voluntad, concretarse en
relaciones asociativas personalizadas o no tener forma asociativa alguna.
Las personalizadas tendrán la limitación de la tipología societaria que elijan para su
constitución: es el caso de las sociedades comerciales regularmente constituidas, como anónimas o
de responsabilidad limitada o de cualquier otro tipo previsto por las leyes.
El nuevo Código Unificado propuso derogar el articulado relacionado al acto de Comercio, por
lo que no existe en la actualidad un artículo como lo era el 8° del derogado Código de Comercio,
que con sus falencias y críticas por no abarcar diversos actos considerados comerciales;
mínimamente establecía parámetros objetivos para vislumbrar si un acto era o no de comercio. En
consecuencia, el nuevo Código no contempla normas que de manera orgánica regulen estos actos
sino que existen disposiciones dispersas a lo largo de su articulado; es por ello que algunos autores
sostienen que prácticamente ha desaparecido la materia comercial mientras que otros opinan lo
contrario y que dicha posición es sólo nominalista ya que existen diversas normas que sí establecen
la material comercial y determinan su contenido lo que se tratará al momento de analizar el acto de
comercio.

3. Distinciones entre empresario, empresa y hacienda comercial

La empresa no puede ser identificada con la hacienda comercial, la que es considerada el


sustrato material de aquélla. A su vez, tampoco podemos confundir la noción de empresa con
“fondo de comercio”, el que está compuesto por bienes materiales e inmateriales; entre los primeros
tenemos instalaciones, mercaderías, materias primas y entre los segundos, clientela, patentes,
marcas, diseños industriales, etc. La empresa puede estar constituida por varios fondos de comercio,
por ejemplo la cadena de supermercados “Disco”, “Libertad”, “Coto”. Cada sucursal constituye un
fondo de comercio independiente, los que organizados en cadena constituyen una empresa de
supermercados. Si bien se trata de dos instituciones diferentes, el fenómeno responde a la
circunstancia de haber observado al fondo y la empresa como si se tratara de una misma cosa
cuando no lo son (Galán de Rodríguez Pardina).
En rigor, la "empresa" y el "establecimiento comercial, industrial o de servicios" no son lo
mismo porque el "establecimiento" es una parte de la empresa (hacienda o sustrato material) y no el
todo (que incluye personal, know how, patentes, modelos industriales, etc.).
A su vez, podemos decir que el “empresario” es un elemento subjetivo de la “empresa”, es
quien cumple la función de llevar adelante los negocios de ésta. Es el titular de una empresa,
entendiendo por tal la actividad organizada de los factores de producción para producir bienes y
servicios destinados al mercado. O sea que los conceptos no son idénticos. Para algunos autores hay
una relación de género (empresario) y especie (comerciante) (Favier Dubois (h)).
II. HACIENDA COMERCIAL

1. Concepto

La hacienda comercial es considerada el sustrato material de la empresa.


El término “hacienda” tiene origen castellano: es un derivado de la palabra “hacer” y su uso se
remonta al año 1115. Era empleado como acepción de los términos “asunto”, “ocupación”,
“bienes”, “riqueza” o “administración de los bienes o de las riquezas”.
Para la legislación italiana es sinónimo de administración de un patrimonio mercantil. Su
definición la podemos encontrar en el art. 2555 del Código Civil y Comercial italiano, el que la
define como “conjunto de bienes organizados por el empresario y para el ejercicio de su actividad
profesional”.
En nuestra legislación mercantil no se encuentra una definición de “hacienda comercial” ni en
el derogado Código de Comercio ni en el Código Unificado, pero la legislación laboral la denomina
“establecimiento”, definiéndola en el art. 6° de la L.C.T. 20.744 como “La unidad técnica o de
ejecución destinada al logro de los fines de la empresa a través de una o más explotaciones”.
En definitiva, la hacienda es un conjunto de bienes heterogéneos, vinculados unos con otros,
con interdependencia funcional establecida por el empresario mediante una organización.
La unidad de los bienes es económica y administrativa, destinada a utilizar los medios
económicos y jurídicos para una finalidad determinada, el que puede variar para cada caso en
particular.
De acuerdo con la magnitud de la explotación, la hacienda comercial puede irradiarse hacia el
exterior de la empresa y allí aparecerán las sucursales, agencias, negocios en cadena o filiales.

2. Naturaleza jurídica de la hacienda comercial

a. Teorías

- Atomística: Esta teoría define a la hacienda comercial como el conjunto de elementos


heterogéneos vinculados por pertenecer a un mismo titular, lo que da lugar a la
transferencia de los bienes singulares que la componen.
- Personalidad jurídica: Dicha teoría define a la hacienda como sujeto de derecho, con vida
propia, con carácter propio, capaz de tener su propio crédito. Al ser sujetos de derechos
sólo podemos hablar de personas individuales o colectivas y no de bienes, ya que carecen
de personalidad.
- Patrimonio autónomo: La hacienda comercial es un patrimonio afectado a un destino
especial. Es utilizado por el comerciante individual para la explotación de su empresa pero
se hace hincapié en que no cabe distinguir patrimonios separados, siendo la responsabilidad
del comerciante ilimitada.
- Universalidad jurídica: Como conjunto de bienes sometidos a relaciones jurídicas activas y
pasivas propias, que se transfieren con la totalidad de la hacienda.
- Universalidad de hecho: Como conjunto de elementos unidos por la voluntad de su titular.
Se caracteriza por la pluralidad de bienes y cosas que la componen y porque se incorpora la
noción de bienes de naturaleza inmaterial, como son las patentes de invención, la enseña, el
nombre, las autorizaciones para funcionar, entre otras.
3. Elementos constitutivos: estáticos y dinámicos

Los elementos constitutivos del establecimiento comercial o mercantil se encuentran detallados


en el art. 1º de la ley 11.867 de Transferencia de Fondos de Comercio, la que no fue derogada ni
modificada pese a la unificación de los Códigos Civil y Comercial, por lo que permanece vigente.
Conforme establece el art. 5º de la ley 26.994, las leyes de contenido mercantil que actualmente
integran, complementan o se encuentran incorporadas al Código de Comercio (excepto las
expresamente derogadas por el art. 3º), mantienen su vigencia como leyes que complementan al
nuevo Código Civil y Comercial de la Nación.
En virtud de lo dispuesto por el artículo 320 del Nuevo Código Unificado queda comprendido
dentro de los obligados a llevar libros de comercio el (…) establecimiento comercial, industrial,
agropecuario o de servicios (…), categoría en la que ingresa el Fondo de Comercio.
Cuenta con dos tipos de elementos que lo componen:
Elementos materiales, tales como instalaciones, mercaderías, materias primas.
Elementos inmateriales: clientela, patentes, marcas, derecho al local.

a. Sistemas

Existen en la legislación diversos sistemas a los fines de la organización de los elementos del
fondo de comercio y su constitución.
Así tenemos la legislación alemana que incluye a los inmuebles dentro de los elementos del
fondo de comercio.
La legislación francesa y la nacional excluyen del elenco de elementos del fondo de comercio a
los inmuebles aunque sean por su destino.

b. Análisis de los elementos que componen el fondo de comercio

En relación con los elementos que componen el fondo de comercio, vale hacer algunas
aclaraciones y precisiones a los fines de comprender el contenido de dichos elementos, los que son
enumerados en el primer artículo de la ley.
Cuando se habla de “derecho al local”, se refiere al lugar donde propiamente se desempeña la
actividad comercial.
Se considera “local” al bien raíz donde está la sede o asiento de los negocios. El titular de la
explotación puede disponer de dicho bien por cualquier título, sea como propietario o como
locatario.
En cuanto a las “instalaciones”, se denomina de este modo a los enseres e instrumentos que se
colocan en el establecimiento con relativa permanencia, destinados al servicio y explotación de la
hacienda, como pueden ser las vidrieras, estanterías.
Las “máquinas” son los aparatos o artefactos destinados a la transformación o cualquier otro
proceso que produzca cambios en las mercaderías, generando variedad e importancia en ellas. Esto
tiene íntima relación con la magnitud de la explotación, esto es, la capacidad de transformación de
materias primas en múltiples mercaderías.
Cuando se refiere a “provisiones”, se las define como las sustancias destinadas a consumirse en
el establecimiento y que sirven como medios de explotación, tales como leña, combustibles, etc.
Como objeto final de la explotación del establecimiento encontramos las “mercaderías”, que
son elementos no esenciales y que son las cosas que la hacienda vende o comercializa.
Las mercaderías cuentan con características que las distinguen, pudiendo precisar que se trata
de bienes que deben:
- ser corporales y gozar de movilidad.
- ser aptos para el tráfico comercial.
- tener un valor ínsito en sí mismos.
- pertenecer a la actividad económica.
Haciendo referencia a las “materias primas”, éstas son consideradas como las sustancias que se
utilizan para la elaboración o preparación de mercaderías.
Otro elemento del fondo de comercio es el “dinero” al que se entiende como instrumento con
poder adquisitivo o cancelatorio y que es esencial en la actividad empresarial.
El fondo también se compone de “créditos y deudas”, los que, salvo pacto de transferencia
expreso, no pasan al adquirente en caso de compra del fondo de comercio, sino que deben ser
liquidados por el titular al momento de la venta.
Elemento importante en el establecimiento es la parte laboral, la gente que desempeña sus
labores allí y que se encuentra regida por la ley de Contrato de Trabajo 20.744. En caso de
transferencia del establecimiento, rige lo dispuesto por el art. 225 del citado cuerpo legal, que
expresa: “En caso de transferencia por cualquier título del establecimiento, pasarán al sucesor o
adquirente todas las obligaciones emergentes del contrato de trabajo que el transmitente tuviera con
el trabajador al tiempo de la transferencia, aun aquellos que se originen con motivo de la misma. El
contrato de trabajo, en tales casos, continuará con el sucesor o adquirente, y el trabajador conservará
la antigüedad adquirida con el transmitente y los derechos que de ella se deriven”.
En cuanto a los “proveedores”, son independientes por lo que puede o no haber relación de
continuidad entre el antiguo y el nuevo titular.
Especial mención se debe formular en relación con los “contratos pendientes de ejecución”. En
caso de tratarse de contratos de los denominados intuitu personae, resultan intransferibles, salvo
pacto en contrario, ya que se tiene interés en la persona del otro contratante. En cuanto a los
contratos sobre las cosas o denominados intuitu rei, se trasmiten con el fondo, tal es el caso del
servicio de teléfono.
El establecimiento también puede tener en su haber “distinciones honoríficas”, esto es,
premios, medallas, condecoraciones, en las que se deberá distinguir las que fueran otorgadas a la
persona que administra el establecimiento, ya que en ese caso son de carácter personal y quedan
excluidas del fondo, de las que se otorguen al establecimiento como tal, por lo que ellas se
transmiten y forman el valor venal del establecimiento.
Otro elemento importante es “la clientela”, a la que se define como el conjunto más o menos
coherente, más o menos homogéneo de personas o entidades que comercian con un establecimiento.
El establecimiento no puede subsistir sin el apoyo de la clientela.
La clientela puede distinguirse como permanente, que son las personas que entran
habitualmente al establecimiento. No hay que confundir “habitualidad” con “exclusividad”, ya que
esto último se refiere a la venta a personas determinadas. Y también se puede distinguir la clientela
ocasional, compuesta por quienes compran de paso, sólo accidentalmente contratan con el
establecimiento.
Finalmente, encontramos lo que se denomina “la llave del negocio”, que es una noción
compleja en la que la doctrina no ha sido pacífica al momento de formular sus elementos
característicos.
Se la ha definido como la capacidad de la hacienda por su composición y por el impulso dado a
su organización, de producir económicamente y brindar beneficios al empresario. Según este
concepto, sea cual fuere la explotación u organización, debe haber un rédito para el empresario.
Se caracteriza asimismo diciendo que debe haber una “condición de éxito”, refiriéndose a la
experiencia del establecimiento, su aptitud para colocar con mayor o menor facilidad sus productos.
En cuanto a la “capacidad de producción”, se la define como la absorción de productos en el
mercado. A mayor producción, los costos serían menores y las esperanzas o expectativas de
crecimiento son mayores.
Contablemente, se entiende al “valor llave” como el valor actual de las superutilidades futuras
más probables.
El “valor llave” va a depender de múltiples factores tales como: clientela, ubicación del
establecimiento, habilidad, experiencia y prestigio empresario, variedad, calidad, mercaderías,
crédito, publicidad, presentación de productos y cualquier otro elemento que le dé mayor valor a la
explotación comercial.
Tiene un valor patrimonial que debe ser tenido en cuenta, como resultado de la organización y
cantidad del fondo. Es un bien intangible, no puede contabilizarse pero su valor puede llegar a ser
superior a los elementos físicos.
Para finalizar, el establecimiento comercial debe contar con una autorización o habilitación
administrativa para funcionar. Dicho elemento es transferido juntamente con el establecimiento a
los fines de que continúe con su explotación, que según sea su actividad será municipal, provincial
o nacional.
En cuanto al lugar físico donde se desempeña la actividad de la empresa se remite a lo ya
desarrollado en el capítulo anterior referido al Domicilio Comercial (p. …...).

c. Patentes de invención

La patente de invención es un documento impreso en el cual se describe detalladamente la


invención y se define su alcance. En nuestro derecho se encuentra legislada en la ley 24.481 y sus
modificaciones, la que permanece vigente ya que no fue derogada ni sufrió modificaciones luego de
la Unificación de los Códigos Civil y Comercial. Conforme establece el art. 5º de la ley 26.994, las
leyes de contenido mercantil que actualmente integran, complementan o se encuentran incorporadas
al Código de Comercio (excepto las expresamente derogadas por el art. 3º), como señaláramos,
mantienen su vigencia como leyes que complementan al nuevo Código Civil y Comercial de la
Nación.
Los derechos de la invención deben consistir en productos o procedimientos, siempre que sean
nuevos, entrañen una actividad inventiva y sean susceptibles de aplicación industrial (art. 4º). Este
derecho concedido por la patente de invención al inventor, ya sean personas físicas o sus
causahabientes o personas jurídicas, otorga la potestad de excluir a otros de poder hacer, usar o
vender la invención.
El órgano facultado para el otorgamiento, registración y control del certificado de patente de
invención es la Administración Nacional de Patentes, que depende del Instituto Nacional de la
Propiedad Intelectual (www.inpi.gov.ar).
La Constitución Nacional reconoce la propiedad intelectual en los arts. 14 y 17 por el término
que establece la ley respectiva.
En 1967 se crea la OMPI (Organización Mundial de la Propiedad Intelectual), este órgano es el
que administra el convenio, con sede en Ginebra. Este órgano armoniza y da tratamiento recíproco
de las diferentes legislaciones sobre derechos intelectuales de los estados partes. La Argentina es
miembro de esta organización desde 1980; cabe agregar que dicha organización forma parte de la
O.N.U.
La patente puede ser solicitada directamente por el inventor o inventores, causahabientes o a
través de sus representantes (art. 13). Dicho trámite necesita que se presente una solicitud escrita
ante la Administración Nacional de Patentes, siguiendo los pasos que indica la ley (arts. 12 al 20).
Puede ser patentizado: a) toda creación humana nueva que permita transformar la materia o la
energía para el aprovechamiento del hombre; b) toda invención que no esté comprendida en el
estado de la técnica (que constituya una novedad en la técnica); c) procedimientos de técnicas que
se han hecho públicos ante la presentación de la solicitud; d) toda invención que en el proceso
creativo o sus resultados, no pueda ser deducida en forma evidente, por una persona normalmente
versada en esa materia técnica; e) toda aplicación industrial que tenga como objeto una invención y
que conduzca a un resultado o a un producto industrial (entendiendo el término industria como
comprensivo de la agricultura, ganadería, minería y pesca, las industrias de trasformación
propiamente dichas y servicios) (art. 4º).
No son patentizables (art. 7º): a) invenciones cuya explotación en el territorio de la República
Argentina deban impedirse para proteger el orden público, la salud, la vida de personas y/o animales
y/o vegetales y medio ambiente; b) el material biológico y genético existente en la naturaleza.
Asimismo, no son consideradas invenciones y, por ende, no son patentables (art. 6º): a)
descubrimientos, teorías científicas y métodos matemáticos; b) obras artísticas, literarias, científicas
o cualquier otra creación estética; c) los planes, reglas y métodos para el ejercicio de actividades
intelectuales, económicas, comerciales y programas de computación; d) las formas de presentación
de información; e) toda clase de materia viva y sustancias preexistentes en la naturaleza; f) la
yuxtaposición de invenciones, de productos y procedimientos ya creados y conocidos, que su
variación de forma, dimensiones o materiales, no crean una nueva invención.
Para proceder al registro de una patente, se deben llevar a cabo los siguientes pasos:
a) Presentación de la solicitud escrita ante el órgano competente (Administración Nacional de
Patentes del Instituto Nacional de Propiedad Intelectual), por los inventores, causahabientes
o representantes (la solicitud no podrá contener más de una invención o un grupo de
invenciones relacionadas (arts. 12 al 17).
b) Presentar el motivo de la solicitud; identificación del solicitante, una descripción y una o
varias reivindicaciones (art. 18).
c) Debe acompañarse la denominación y descripción de la invención; todos los elementos
técnicos y dibujos que hagan a la invención y que servirán para su publicación. Asimismo,
en la solicitud, la invención deberá estar descripta de manera clara y completa para que una
persona experta y con conocimientos medios en la materia, pueda ejecutarlo (arts. 19 y 20).
d) Constancia de pago de los derechos y prioridades.
e) Dentro de los 90 días corridos de la presentación de la solicitud, deberán cumplimentarse
todos estos requisitos, so pena de denegar sin más trámite dicha solicitud (art. 19).
f) Cumplimentado el plazo del párrafo anterior, se producirá la conversión de la solicitud en
un certificado de modelo de utilidad y viceversa (art. 23).
g) Publicación de la solicitud en el plazo de 18 meses contados a partir de la fecha de
presentación (art. 26).
h) Una vez aprobados todos los requisitos, la A.N.P. procederá a extender el título (art. 30).
La autoridad de aplicación es el Instituto Nacional de Propiedad Intelectual, organismo
autárquico, con personería jurídica y patrimonio propio, que funciona en el ámbito del Ministerio de
Economía. Dentro de ella existe la Administración Nacional de Patentes.

d. Marcas y designaciones

La “marca” es un derecho intelectual que se encuentra legislado en la ley 22.362 y sus


modificaciones, la que permanece vigente ya que no fue derogada ni sufrió modificaciones luego de
la Unificación de los Códigos Civil y Comercial, conforme ya lo dijéramos (art. 5º de la ley
26.994).
A la “marca” se la define un símbolo o elemento distintivo de los productos y servicios, que
permite identificar su origen, calidad y acreditar un prestigio. Tiene en común con el nombre, que
consiste en una denominación, pero a diferencia de aquél, la marca se aplica sobre productos en
tanto el nombre identifica al comerciante.
El art. 1° de la ley 22.362, que fija el régimen legal de las marcas, establece que son bienes
susceptibles de registrarse como tales, palabras con o sin sentido conceptual, como así también los
emblemas, monogramas, grabados, estampados, sellos, imágenes, bandas, combinaciones de colores
aplicadas en un lugar determinado de productos o envases, frases sin contenido conceptual,
combinaciones de letras y números o con dibujo especial, frases publicitarias, relieves distintivos y
en general cualquier otro signo con capacidad distintiva.
También pueden registrarse los denominados “slogans” o frases publicitarias, pero con algunas
limitaciones establecidas en los arts. 38 y 41, como por ejemplo, que no pueden ser motivo de
registración los nombres, signos o palabras que constituyan la designación necesaria o habitual del
producto o servicio a distinguir, o marcas de cualquier tipo similares a otras ya registradas para los
mismos productos, o las denominaciones de origen (art. 2°, inc. 1).
En relación con los requisitos para registrarse, la propia ley establece que deben ser originales,
deben tener capacidad identificatoria del servicio o producto, deben ser lícitas, quedando
descalificadas todas aquellas que sean contrarias a la moral y a las buenas costumbres, deben ser
novedosas, quedando excluidas de una eventual apropiación aquellas frases que han pasado al uso
general o aquellas que son nombres distintivos del Estado en todas sus formas o las organizaciones
sanitarias o religiosas, los distintivos de Estados extranjeros, sus nombres y de los organismos
internacionales, el seudónimo o el retrato de una persona, sin el consentimiento suyo o de sus
herederos hasta el cuarto grado inclusive (art. 3º).
Es titular de una marca cualquier persona, sea o no comerciante, que haya realizado los trámites
registrales correspondientes, ya que la registración tiene carácter constitutivo.
La marca es de libre disponibilidad, por lo que su titular podrá disponer de ella libremente,
teniendo que cumplimentar como único recaudo la inscripción de su transferencia en el registro de
marcas (art. 6º) a los fines de su publicidad frente a terceros.
El plazo de la marca es de diez años, los que pueden ser renovados de manera ilimitada en el
tiempo. El único requisito para su renovación es la presentación de una declaración jurada realizada
por el titular de que ha utilizado la marca en el país, durante los últimos cinco años anteriores al
vencimiento del período de vigencia por lo menos en una de las clases, o si fuere designación, en el
producto, servicio o actividad (art. 20).
El derecho sobre la marca se extingue por el cumplimiento del plazo de diez años, salvo
renovación, por la renuncia que haga de ella su titular, por haberse declarado judicialmente la
caducidad o nulidad del registro, tal el caso de la falta de uso (arts. 23 y 26). Asimismo, puede
declararse la nulidad de una marca en los casos que en ésta fuere obtenida en contravención a lo
dispuesto en la ley, cuando el solicitante conocía o debió conocer que la marca que pretende
registrar pertenecía a un tercero, cuando se trate de marcas de hecho, esto es, no registradas pero
conocidas por todos como identificatorias de un producto o servicio, o si fueran creadas sólo para su
comercialización (art. 24).

e. Modelos de utilidad

Se denomina modelo de utilidad, industriales y dibujo a todos aquellos diseños que sin llegar a
constituir en sí mismos un invento patentable, tienen trascendencia suficiente como para influir en
el público y en la calidad del producto.
De acuerdo con la ley 11.867, forman parte de la hacienda comercial y se transfieren con el
fondo de comercio.
Su régimen legal lo encontramos en la ley de patentes ya analizada, en el Título III, desde los
arts. 53 a 58, y sus modificatorias, que le reconoce derechos a su autor y protección pero de manera
temporal, por el término de 20 años, debiendo renovarse la licencia.
Dicho derecho goza de protección civil, ya que en el art. 77 de la ley 11.723 se establece una
acción específica para su protección y en los arts. 71 y 72 de la misma ley se ha tipificado a la
violación de este derecho como un supuesto de defraudación.

III. TRANSFERENCIA DE ESTABLECIMIENTOS


COMERCIALES
1. Noción

La ley 11.687, referida al describirse los elementos de la hacienda comercial, fue sancionada
para protección de los acreedores, en protección del crédito, del tráfico y del comercio en general
(Romero). El mecanismo de la ley garantiza, mediante la publicación del acto, la posibilidad a los
acreedores de oponerse a la transferencia hasta tanto sean satisfechos todos sus créditos, de esa
forma se evita que el comerciante se insolvente de manera fraudulenta.
Modos de transferencia: la compraventa es la forma más común y frecuente (ley 11.867). Se
siguen las normas del contrato de compraventa como acto jurídico según las nuevas disposiciones
establecidas en el Código Civil y Comercial (Libro Tercero, Título IV, Capítulo I, arts. 1113 y
sgtes.). Lo importante es la protección hacia los terceros y de los derechos que éstos le asisten por
sus acreencias y cualquier tipo de obligación que tenga el fondo de comercio para con aquéllos.

2. Régimen legal

Los pasos conforme lo ordena la ley son los siguientes:


Publicaciones: Realizada la transmisión, deben publicarse por cinco días edictos en el Boletín
Oficial y en el diario más conocido de la zona donde funciona el establecimiento, también es el caso
de las sucursales. El edicto debe contener los requisitos establecidos por el art. 2º de la ley 11.867,
son a cargo del vendedor, comprador o martillero.
Lista de acreedores: El vendedor debe entregar al comprador una lista de acreedores con
indicación de montos, nombres, domicilios y fechas de vencimiento, el art. 3º se refiere a los
acreedores del fondo, no los personales. De esa forma se conoce cuál es el pasivo del fondo a fin de
respetar lo dispuesto por el art. 8º, reiteramos que el precio de venta no puede ser inferior al pasivo,
de lo contrario puede presumirse que se está frente a una simulación. Podrá ser trasmitido a título
gratuito sólo con la conformidad de todos los acreedores
Oposición: Los acreedores pueden oponerse a la transferencia del fondo, lo que genera la
obligación de retención y depósito del precio de la venta a fin de que éstos puedan embargar. La
forma para realizarla puede ser hecha de cualquier modo fehaciente. El plazo es de hasta diez días
siguientes al de la última publicación, este es un plan común, puede hacerse antes.
Lugar: En el domicilio fijado para la oposición que debe estar establecido en el edicto del art.
2º.
Depósito: El pago del precio no puede efectuarse luego de transcurridos los diez días de la
última publicación, cuando el comprador conoce la totalidad de las oposiciones realizadas. El
depósito del precio debe hacerse en un Banco Oficial, a la orden del juez de comercio y por cuenta
del vendedor (art. 5º). El depósito del importe retenido es a cuenta de precio y válido como
cumplimiento de contrato. Los acreedores pueden pedir embargo judicial, dentro de los veinte días
siguientes al del depósito (art. 5º). Vencido ese término, el comprador podrá retirar la totalidad de
los importes no embargados.
Contrato: Se firma a los diez días desde la última publicación si no hay oposición, de lo
contrario después de los veinte días del depósito (art. 7º). Para que sea válido y oponible a terceros,
deber ser escrito e inscripto a los diez días en el Registro Público de Comercio, aunque esto último
en la práctica no se tiene en cuenta. Con la sanción del Nuevo Código Civil y Comercial, el
Registro Público de Comercio deja esa denominación para ser llamado Registro Público.
Venta en remate público: El martillero debe respetar los pasos del art. 10: hacer inventario,
publicar edictos del art. 2º, retener y depositar el precio de subasta, caso contrario es pasible de las
sanciones de los arts. 10 y 11: responsabilidad solidaria.

3. Efectos
Una vez realizada la transferencia, ésta genera los siguientes derechos y obligaciones respecto
del vendedor, del comprador y de los acreedores:
Obligaciones del vendedor: 1) entregar el fondo con todos sus bienes, hacer inventario, lista del
pasivo y pagar edictos; 2) responder por evicción, debe garantizar el adquirente que no será
perturbado en su derecho (arts. 1044 y ss. CCyC); también por vicios redhibitorios (art. 1051 y ss.
CCyC) los que dan lugar a la resolución del contrato si el vicio no es subsanable más los daños y
perjuicios; 3) abstenerse de realizar cualquier acto que signifique una perturbación para el
adquirente: por ejemplo, colocar un mismo negocio dentro de un determinado radio para perjudicar
la clientela del anterior.
Derechos del vendedor: 1) percibir el precio de la operación (art. 6º).
Obligaciones del comprador: 1) pagar el precio; 2) recibir el fondo siempre que se hayan
respetado los requisitos exigidos por la ley 11.867.
Derechos del comprador: 1) exigir el cumplimiento del contrato; 2) entrega del fondo luego de
los diez días de realizada la publicación última.
Situación de los acreedores: El sistema de la ley 11.867 fue estructurado para protección de los
acreedores. El deudor de los acreedores del fondo siempre es el vendedor, ya que su venta o
transferencia no altera la situación personal de los acreedores con el enajenante. Asimismo, la
inobservancia de las formas establecidas por la ley no altera la situación del acreedor del vendedor
que no pierde ninguno de sus derechos que como tal le corresponden en contra de su deudor, sí se
agrega la solidaridad en el pago de los obligaciones tanto del comprador como a todas las personas
que intervinieron en la transferencia (art. 11). Con relación a los acreedores personales sólo pueden
trabar embargo sobre los bienes o actuar como mejor les parezca pero no pueden realizar la
oposición del art. 4º.

IV. EL ACTO JURIDICO COMERCIAL

1. Noción

El presente tema se refiere al contenido del derecho comercial, que hace a la esencia de éste, a
su identidad como disciplina jurídica autónoma. Autonomía de la que no hay dudas, desde el punto
de vista científico, ya que tiene estructura conceptual, cognoscitiva y metodológica propia.
Se considera “acto de comercio”, según la definición dada por Bolaffio, a las actividades
económicas simples o complejas que se manifiestan en actos u operaciones comerciales.
El estudio del acto de comercio tiene dos aspectos fundamentales: hacer conocer el contenido
del derecho comercial en su aspecto sustancial y jurisdiccional conforme con la legislación vigente,
la que a través de la evolución produce la constante incorporación de nuevas formas de negocios y
de contratación.

2. Régimen legal

Básicamente existen dos sistemas a los fines de definir qué se entiende por actos de comercio:
a) Leyes que para determinar cuáles son los actos de comercio consignan un principio
general;
b) Leyes que efectúan una enumeración de los actos de comercio.
El Código de Comercio derogado, enumeraba en su art. 8º los actos que el legislador
consideraba de comercio. Así enumeraba operaciones, negociaciones, empresas, sociedades,
comercio marítimo. El acto de comercio es único, independientemente de que pueda, social o
económicamente, estar relacionado y disciplinado por el derecho comercial.
La enumeración de los denominados “Actos de comercio”, producida en el art. 8º C.Com.
derogado, tenía las siguientes características: 1) era de orden público y delimitaba la aplicación del
derecho mercantil, quedando sustraída del efecto derogatorio o modificatorio de la autonomía de la
voluntad, por lo que los particulares no podían atribuirle o quitarle su naturaleza comercial; 2) era
demostrativa, a tenor de lo dispuesto por el inc. 11 (“los demás actos legislados en este código”), o
sea que su carácter era enunciativo, lo que facilitaba someter a la disciplina del derecho comercial
ciertos actos que la evolución del comercio va incorporando.
Según Fontanarrosa, el art. 8º proporcionaba una serie de preceptos que constituían géneros o
categorías de actos que si bien eran heterogéneos, posibilitaban que el contenido de cada categoría
se haga extensivo a actos que tengan caracteres análogos con los descriptos en la ley. Esa es la tarea
del intérprete que a través de la analogía podrá extender esos “modelos” a otros y así poder
incorporarlos de esta disciplina.
Más allá de la enumeración del art. 8º C.Com. derogado, el mismo ordenamiento, en su art. 5º
rezaba: “Los actos de los comerciantes se presumen siempre actos de comercio salvo prueba en
contrario”. Por lo que la ley presumía que todo acto del comerciante era acto de comercio, “salvo
prueba en contrario”, lo que se refiere a la relación de conexión o de atinencia al comercio con el
ejercicio habitual de la profesión mercantil, las partes pueden saber o debían conocer su carácter
civil o la falta de vinculación con la actividad comercial.

Análisis del art. 8º C.Com. derogado: Se señalaba como acto de comercio:


a) toda adquisición: incorporación al patrimonio de una cosa;
b) a título oneroso: se refiere a una adquisición onerosa (no gratuita), realizada entre vivos;
c) de una cosa: en el sentido del art. 16 C.C. y C., corporales; mercaderías como lo señalaba el
art. 451 C.Com. derogado; incorporales: derechos “que están en el comercio”.
d) mueble o un derecho sobre ella: C.Com. derogado se refería a semovientes, monedas,
títulos, acciones, encontrándose excluidos expresamente los inmuebles.
En relación a derechos sobre las cosas muebles tenemos los casos de la prenda (arts. 2219 y ss.
C.C.y C.), locación (arts. 1187 y ss. C.C. y C.), franchising o franquicia (arts. 1512 y ss.
CCyC)
e) para lucrar: con la intención de especular. Es acto cuando se transmite lo que se ha
adquirido: compro para vender, esa condición es simultánea a la adquisición; motivo
principal del acto, conocido o conocible por las personas que intervienen, por las cantidades
de cosas o por una declaración expresa.
f) bien sea en el mismo estado que se adquirió o después de darle otra forma de mayor o menor
valor: esto se refiere a los procesos de producción, es la adaptación de las cosas a un nuevo
producto de acuerdo a lo que los consumidores requieran
g) Inc. 3, “toda operación de cambio: banco, corretaje, remate: se refiere a la actividad
intermediadora de los bancos, de las empresas de corretaje y a las de remate”;
h) Inc. 4, “toda negociación sobre letra de cambio o de plaza, cheques o cualquier otro
género de papel endosable o al portador: se refiere al acto de comercio por su forma. Se
dice que el cheque presupone la existencia de una cuenta corriente bancaria por lo que
siempre será comercial” (Halperín);
i) Inc. 5, “Las empresas de fábricas, comisiones, mandatos comerciales, depósitos o
transportes de mercaderías o personas por agua o por tierra”: significa que toda actividad
económica organizada para la producción de bienes y servicios (de fábrica, comisiones:
arts. 1335-1344 C.C. y C.), la comercialidad le deviene de la ley. Sigue el artículo, empresa
de depósito, contrato regulado por arts. 1356 y ss. C.C. y.C.); empresas de transporte:
correlativo del inc. 7, por agua, por tierra y por aire, esto último según aplicación por
analogía;
j) Inc. 6. Se menciona a los seguros (ley 17.418), las sociedades comerciales (ley 19.550 y
modif., denominada a partir de las modificaciones introducidas por ley 26.994 como “Ley
General de Sociedades”). Las cooperativas también suelen considerarse comerciales;
k) Inc. 7: Actos relativos a la navegación: ley de navegación 20.094;
l) Inc. 8: Precepto que perdió importancia porque las cuestiones contempladas son reguladas
por el derecho laboral;
m) Inc. 10: carta de crédito regulada art. 1802 C.C.y C.; fianza (arts. 1574 y ss. C.C.y C.) y
demás accesorios de una operación comercial.
Con la unificación, todo lo relacionado a actos de comercio ha sido derogado y no se ha creado
ninguna figura que defina que se entiende por tal ni se han enumerado los actos que se entienden
son comerciales.
Como consecuencia de la derogación del Código de Comercio, sólo se establece en el nuevo
Código Unificado el régimen de registro de los Libros de Comercio y algunos contratos
comerciales.
En cuanto a los trámites de inscripción y publicidad, como se señaló en el capítulo anterior,
sólo se hace mención a un Registro Público de manera genérica en parte del articulado sin definir
una estructura normativa de los alcances de este nuevo Registro Público, dejando a las
jurisdicciones locales su organización y reglamentación.
Diferente es la situación en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires donde al mantenerse la
vigencia de las leyes 22.315 y 22.316 (Inspección General de Justicia), mediante las cuales se
transfirió las funciones de Registro a la Inspección General de Justicia, éste organismo será el
“Registro Público” que establece el nuevo Código Unificado.
Respecto a las leyes que complementan al nuevo Código Civil y Comercial de la Nación y que en
consecuencia mantienen su vigencia, entre otras, podemos mencionar: leyes 928 y 9463 (Warrants),
9644 (Prenda agraria), 11.867 (Transferencia de Fondos de Comercio), 17.418 (Seguros), 20.091
(Entidades de Seguros), 20.094 (Navegación, habiéndosele incorporado algunos artículos del libro
Tercero del Código de Comercio derogado), Dec. ley 5965/63 (Letra de cambio y pagaré); 20.266 y
25.028 (Martilleros y Corredores, parcialmente), 20.337 (cooperativas), 20.705 (Sociedades del
Estado), 21.526 (Entidades financieras), 21.768 (Registros Públicos), 22.315 (IGJ), 22.316
(Registro Público de Comercio de la Capital Federal), 22.362 (Marcas), 23.576 (Obligaciones
negociables), 24.240 y modificaciones (Consumidor), 24.441 (Financiamiento, parcialmente),
24.481 (Patentes), 24.452 (Cheques), 24.522 (Concursos y Quiebras), 24.587 (Nominatividad),
24.766 (Confidencialidad), 25.065 (Tarjetas de crédito), 25.156 (Defensa de la competencia) y
26.831 (Mercado de capitales); Dec. 897/95 (Prenda con registro) y Dec. 142.277/1943 (Sociedades
de Capitalización y Ahorro).
Autores como Favier Dubois (h) sostienen que la desaparición de toda referencia al "acto de
comercio", al "comerciante" y a lo "comercial" en el nuevo Código constituye un "prejuicio
nominalista" basado en una "unificación" que no es tal ya que no alcanza a la sustancia.
Es importante resaltar en este punto cuáles son los elementos que este autor manifiesta que
subsisten para comprender su postura, lo que sintetiza de la siguiente manera:
A.- Normas "delimitativas": Del citado art. 320 del nuevo código y de las disposiciones
concordantes, resulta que se mantienen las "normas delimitativas" con los siguientes alcances:
-El "comerciante" fue reemplazado por el "empresario" (o el cuasi empresario).
-Se mantienen los estatutos de los "agentes auxiliares de comercio" contenidos en leyes especiales
como son las del "martillero" y del "corredor" (ley 20.266, modificada por ley 25.028).
-El "acto de comercio" fue desplazado por la "actividad económica organizada".
-El nuevo eje del derecho comercial es "la empresa", tanto para el sujeto individual como para el
sujeto colectivo ya que sin empresa no hay sociedad (art. 1° Ley general de sociedades).
-La continuación de la empresa se procura mediante los mecanismos de tolerancia de la
unipersonalidad sobreviniente (art. 94 bis LGS), efecto no liquidatorio de las nulidades (art. 17
LGS) y posibilidad de reactivación societaria en todos los casos si existe viabilidad económica y
social de la subsistencia de la actividad (art. 100 LGS).
B.- Normas "prescriptivas": El estatuto del "comerciante" se reemplaza por el estatuto del
"empresario" (o cuasi empresario), que sigue sometido a un régimen de "contabilidad obligatoria"
(cap. 5) y a un régimen de "publicidad registral" (cap.4).
Y si bien las reglas contables son antiguas y la publicidad registral está mencionada pero no
reglamentada, tales exigencias se mantienen también para los empresarios colectivos (arts. 7° y 62
LGS) y fueron extendidas a sujetos sin fines de lucro, como es el caso de las asociaciones civiles
(art. 169 C.C.y C.).
Igualmente, la obligación de rendir cuentas, propia de los comerciantes en el Código de Comercio
derogado, se expande a sujetos no mercantiles (art. 860 C.C. y C.).
A modo de corolario, como ya se ha hecho mención, el análisis de algunas normas del Código
de Comercio derogado, es de suma importancia atento que aún existirán relaciones comerciales
comprendidas en el anterior régimen como así también juicios pendientes de resolución, y para
conocer de modo ejemplificativo, qué se entiende por acto de comercio a pesar que dichas normas
se encuentren derogadas. Se puede precisar asimismo que en el Código unificado existen normas
dispersas que refieren a la normativa comercial (libros de comercio, contratos bancarios, rendición
de cuentas, entre otros), por lo que no se abandona el criterio legislativo referido, lo que no hay es
una sistematización como se encontraba presente en el anterior Código de Comercio.

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