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Poesía de Jonathan Muñoz Ovalle

Este documento presenta información sobre un poeta y su obra de poesía titulada "Claroscuro Poesía". Incluye los datos de contacto del autor, una nota de derechos y varios poemas escritos por él.
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Poesía de Jonathan Muñoz Ovalle

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Claroscuro

Poesía

Jonathan Muñoz Ovalle


©2018, Jonathan Muñoz Ovalle
Todos los derechos reservados

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Twitter: /PoetaEnLaRoca
Wattpad: /JonathanOvalle3

Prohibida la reproducción de esta obra con fines de lucro, ya


sea parcial o total. Se permite la distribución para fines no
lucrativos, tanto por el medio impreso como digital, siempre
y cuando se mencione el nombre del autor. La violación de
cualquiera de los puntos antes mencionados, ya sea por una
persona, organización o empresa, será consignado a las
autoridades.

México, 2018
A mis padres,
desde luego.
El poema infinito

Escribo poesía sin conocerte,


sin que me conozcas,
y la escribo a solas,
aislado,
pero contigo.

Escribo poesía mientras algunos hacen el amor y otros


rompen sus relaciones,
mientras algunos se enamoran y otros se reconcilian,
mientras algunos nacen y otros mueren.

Escribo poesía mientras algunos enferman y otros


sanan,
mientras algunos odian y otros perdonan,
mientras algunos fraguan algún delito y otros se rinden
ante la culpa.

Escribo poesía mientras algunos ríen y otro lloran,


mientras algunos rezan y otros blasfeman,
mientras algunos reciben una gran noticia y otros
sienten que su vida se desmorona.

Escribo poesía sin conocerte,


sin que me conozcas
y la escribo a solas,
callado,
pero contigo.

Escribo poesía mientras las aves cruzan el cielo y las


nubes destellan de luz,
mientras las manadas atraviesan la tierra y los árboles
coronan sus flores,
mientras los cetáceos surcan los mares y los barcos
rompen las olas.

Escribo poesía mientras se hace la guerra o se declaran


pactos de paz,
mientras el gobierno ríe o el pueblo se levanta,
mientras la vida sopla o la muerte espera.

Escribo poesía porque cada poema vibra con el mundo,


se entrelaza con el tiempo,
pertenece a cada ser que respira y rememora a todo a
aquel que ya no vive.

Escribir poesía es un acto de rebeldía,


de confrontación,
de librar primero la batalla consigo mismo y después
declarar la paz con el entorno.

Escribo a solas, aislado y en silencio,


pero contigo,
porque la poesía es de todos,
todos somos poesía
y cada poema que yo escribo no es mío,
es tuyo, de aquel, del mundo entero.

La vida sigue y el poema se detiene,


el poeta muere y la poesía subsiste.
Escribo poesía sin conocerte,
sin que me conozcas,
y la escribo contigo,
porque todos somos el poema,
el poema infinito.
El beso de la guerra

Soñé que te besaba...


en mi poema, soñé que te besaba:
besaba tu cuello,
besaba tu espalda,
besaba tu abdomen,
besaba tus manos.

En mi poema, soñé que te besaba:


besaba tus muslos,
besaba tus ingles,
besaba tus labios
y también los labios de tu boca.

Hoy quiero refugiarme en el presente para exterminar


los vestigios del pasado.
Hoy quiero olvidarme de los conflictos del mundo para
perderme en las utopías de nuestro amor,
perderme,
quiero perderme
como lo hice en cada recoveco de tu cuerpo:
pero ya no estás conmigo,
te fuiste a la guerra y perdiste la vida:
perdí yo,
perdió el país,
perdimos todos.

Por eso hoy quiero beber hasta vomitar,


quiero fumar hasta reventar
y quiero fornicar hasta quedarme sin piel:
pero ya no estás conmigo.
Lloro por la sangre derramada y por los cuerpos
derribados,
lloro por el odio pregonado y por el llanto vertido,
lloro por la ceguera permanente de los pueblos y por la
penumbra cotidiana de los días,
pero sobre todo, lloro porque ya no estás conmigo.

Cuando imagino tus besos, me saben a sangre,


cuando imagino tu cuerpo, lo siento frío,
cuando imagino tu voz, la escucho rota,
cuando imagino tus ojos, ya no tienen mirada.

Soñé que te besaba...


en mi poema, soñé que te besaba toda, entera,
sin dejar espacio virgen en tu piel:
besaba las heridas de una mujer aniquilada,
besaba las esquirlas de un amor extinto,
besaba los sueños de un país vencido.

En mi poema, soñé que te besaba,


y cuando desperté,
volví a sentir la ausencia helada de las sábanas,
volví a tener deseos de imaginar tu cuerpo con el trazo
de mis manos.

Más tarde,
escuché las primeras bombas que caían de este lado:
así que tal vez,
hoy estaremos juntos antes de que vuelva a despertar
solo,
derrotado,
recordándote.
Qué lástima

Qué lástima,
que no puedo alegrar al deprimido,
que no puedo alimentar al miserable,
que no puedo curar al desahuciado.

¡Pero a ellos los abrazo!

Qué lástima,
que no puedo atender al herido,
que no puedo adoptar al huérfano,
que no puedo acompañar al solitario.

¡Pero a ellos los abrazo!

Qué lástima,
que no puedo guiar al gobernante,
que no puedo apoyar al ciudadano,
que no puedo serenar al militar.

¡Pero a ellos los abrazo!

Qué lástima, qué lástima


que solo soy un ser humano,
impotente, mundano, herido,
que solo puede abrazar al mundo a través de este
poema.
¡Miren!
Ahí vamos todos, caminando sin rumbo,
observando el horizonte sin alcanzarlo jamás.

Qué lástima,
que no puedo evitar el secuestro,
que no puedo controlar el fraude,
que no puedo disolver el asesinato.

Qué lástima,
que no puedo dar empleos,
que no puedo otorgar becas,
que no puedo obsequiar jubilaciones.

¡Miren!
Ahí estamos todos, durmiendo sin descanso,
soñando una vida en la que no logramos despertar.

Qué lástima,
que no puedo evitar la delincuencia,
que no puedo detener la guerra,
que no puedo esfumar el hambre.

Qué lástima,
que no puedo evitar el miedo,
que no puedo desaparecer la duda,
que no puedo exterminar el dolor.

¡Miren!
Ahí vamos todos, arrastrando los días,
mientras el sufrimiento nos crucifica el ceño.
Qué lástima,
que no puedo esparcir el amor,
que no puedo exaltar la vida,
que no puedo fortalecer la razón.

Qué lástima,
que no puedo sostener la agonía sobre mis hombros,
que no puedo inmovilizar la desgracia con mis cantos,
que no puedo cambiar el destino con mis letras.

¡Miren!
Ahí vamos todos,
como un tren que escupe su cansancio en el aire
y agoniza en cenizas reducidas:

es la trayectoria de la vida,
esa que pocos entienden,
esa que pocos disfrutan,
esa que pocos repetirían.

Qué lástima,
que solo soy un ser humano que se ilusiona con la
poesía,
como el búho que se amamanta de la luna.

Escribo este poema para fortalecer la cúpula del


mundo, a pesar de que caerá tarde o temprano.

Escribo este poema para armonizar el aura de la vida,


a pesar de que enfermará tarde o temprano.

Escribo este poema para cantarle a la humanidad,


a pesar de que tapará sus oídos tarde o temprano.
Qué lástima,
que muchos leerán este poema y todo seguirá igual:
tanta poesía para todos,
tanta poesía para nada,
¿tanta poesía para qué?

Qué lástima, qué lástima


que no soy más que un poeta,
que solo tiene una pluma, una hoja y un pedazo de pan.
El eco del poeta

Antes del primer destello,


antes de la primera piedra,
antes del primer árbol,
yo quería ser poeta:
y la musa me abrigó con su halo misterioso.

Al tomar mi pluma
pienso en el nido del gorrión,
en la raya del tigre,
en el nado de la ballena;

pienso en la risa del niño,


en el trabajo del hombre,
en la cocina de la abuela;

pienso en la serenidad del inocente,


en el brillo del enamorado,
en las lágrimas del afligido:

y ahí me poso, porque son parte de mí.

Quiero escribirle al amor y al odio,


a la guerra y a la paz,
a la alegría y a la tristeza;

quiero escribirle a la vida y a la muerte,


al dolor y al placer,
a la convivencia y a la soledad.

Antes de nacer,
antes de mi primer verso,
antes de conocerte,
yo quería ser poeta:
ahora la musa me enseña a sembrar palabras
encendidas.

Al tomar mi pluma
pienso en las manos del gorila,
en la trompa del elefante,
en la aleta del tiburón;

pienso en la palpitación del recién nacido,


en los ideales del adolescente,
en la debilidad del anciano;

pienso en las caricias del viento,


en el flujo del río,
en el trayecto del asteriode:

y ahí me poso, porque son parte de mí.

Quiero escribirle al mar y a la sal,


a la tierra y al trigo,
al desierto y al valle;

quiero escribirle a la gente y a sus pueblos,


quiero que mis versos se escuchen en la sobremesa,
en las fiestas de guitarra y en los pasillos del colegio,
¡quiero que me recuerden como a un amigo!

América está en mis ojos,


Europa y África están en mi mente,
Asia y Oceanía están en mis hombros,
el universo está en mi pecho,
y tú... estás en mis labios.

Al tomar mi pluma
pienso en la melena del león,
en el cuello de la jirafa,
en los gestos del chinpancé;

pienso en la sangre del herido,


en el rezo del creyente,
en la postura del cadáver;

pienso en la intensidad del temblor,


en el crepitar del fuego,
en la fuerza del huracán:

y ahí me poso, porque son parte de mí.

Ahí donde hay un latido,


ahí donde hay una respiración,
ahí donde hay una voz,
ahí está mi pluma y mi esencia;
y desde ahora y después de mi muerte,
ahí estaré yo.
Señora

Señora, con todo respeto, quiero hacerla mía.


No importa que no me conozca ni yo a usted,
bastará el tiempo para que sea mi mujer.
Tampoco importa que esté comprometida o casada,
puede estar con quien desee, al final, solo será mía.

¿Que soy más chico que usted?


Qué importa.
¿Que puede ser mi madre?
Qué importa.
¿Que nos van a criticar?
Qué más da.

Usted necesita un hombre de verdad


y aquí estoy yo, para hacerla sentir mujer.
Señora, no sea tímida, no sea necia,
yo soy ese hombre que tanto anhela usted.

Una oportunidad,
solo una.
Tome mi mano,
sienta mi cuerpo,
plasme sus labios,
sienta mis besos.

Vámonos juntos a construir nuestro Edén,


juguemos a las tentaciones y despertemos los instintos.
Olvidemos las edades y rompamos los prejuicios,
rasguemos la carne y vibremos el amor.
Aquí está mi otra mano,
aquí el resto de mi cuerpo,
aquí mi sexo, aquí mi corazón,
aquí todo mi ser.

Soy todo suyo, mi señora,


ya le digo, es cuestión de tiempo
para que se sienta enteramente
mi mujer.

Tengo sed de compañía,


hambre de amor
y locura de usted.

Yo soy el hombre que usted busca


y usted la mujer que yo busco,
pues las mujeres de mi edad
ya no quieren nada serio.

Por favor, después de usted,


vámonos ya,
que me urge sembrarle
mi amor y mi sed.
El instante luminoso

Quiero que te petrifiques como una virgen en su altar


para venerarte siempre,
no te muevas, quédate así,
deja que mi ojos se consagren
y mi memoria eternice el instante.

Quiero que te petrifiques como una efigie griega


para escribir una oda en tu piel.
¿Qué sería de la Ilíada sin Helena?
¿Qué sería de la Odisea sin Penélope?
¿Que sería yo... sin ti?

No te muevas, quédate así,


que escribiré todas las batallas de nuestra carne
y todos los periplos de nuestro amor,
los reescribiré cada día y cada noche,
pero no te muevas, quédate así.
Me gusta hacerte el amor

Me gusta hacerte el amor


porque no sólo estás desnuda del cuerpo,
porque no eres aquella de la vida cotidiana,
eres tú,
entera,
sólo tú.

Me gusta hacerte el amor


porque hablas al estar callada,
miras al tener los ojos cerrados
y sabes que la carne es el instrumento
mas no el fin de amarnos.

Me gusta hacerte el amor


porque un mundo nace y las tinieblas se cierran,
porque el tiempo se detiene y el silencio palpita.

Me gusta hacerte el amor porque olvidas


las conductas,
porque no solo te quitas la ropa,
también las cadenas de lo ordinario:
te salen alas y vuelas
y yo me elevo contigo.

Me gusta hacerte el amor


porque te quitas el disfraz de mujer y te muestras diosa
y yo me divinizo al compartir el altar
de la cama
de la sala
de la tina.
Me gusta hacerte el amor
porque me vuelvo Sumo Sacerdote
en el templo de tu cuerpo.
La esquina de tu cuerpo

Al doblar en la esquina de tu cuerpo


te pierdo de vista y me encuentro a mí mismo:
cierro los ojos, los abro, los cierro,
abro los ojos y no te encuentro.

La luz miente.

No, no miente, yo me he equivocado:


cierro los miedos,
desvisto las dudas,
capturo el presente:
entonces brotas encendida.

Manos. Sueños. Pétalos.

La noche se embadurna de ti, de mí,


el silencio nos cela,
la ausencia se quiebra:

me escurro por tu rostro,


me escurro por tu pecho,
me escurro por tu vientre:
lento, adentro, eterno.

Se disipa la esquina de tu cuerpo,


se doblan las sombras,
se detiene el cosmos.

Yo. Tú. Nosotros:


inventamos otro mundo.
Tú y el mundo son lo mismo

Ya no quiero criticar al mundo,


tampoco quiero juzgarlo,
porque estoy exhausto.
Y mucho menos quiero recordarte
porque estoy rendido.

¡Tú y el mundo son lo mismo!

Yo pensé que eras la excepción


en un mundo en donde
se acostumbra la impunidad y la traición,
el asesinato y la mentira;

en un mundo en donde
el pueblo critica,
el gobierno roba
y la justicia se vende al mejor postor;

en un mundo en donde
se atonta con la televisión,
se dan noticias amputadas
y se limita la libre expresión;

en un mundo en donde
se practica el consumismo
y las modas importan demasiado.

¡Tú y el mundo son lo mismo!

Yo pensé que eras la excepción


en un mundo en donde
se ensucian los mares,
se talan los árboles,
se protegen mamíferos pero se exterminan insectos;

en un mundo en donde
se ignora al desvalido,
se señala al miserable
y se critica al homosexual;

en un mundo de
secuestros,
trata de personas
y terrorismo;

en un mundo en donde
se hace la guerra,
se inmoviliza la paz
y se asesinan inocentes y culpables por igual.

¡Tú y el mundo son lo mismo!

Yo pensé que eras la excepción


en este mundo que
se tuerce,
se cae,
se muere;

pero qué más da, unos vienen y otros van,


y tú te puedes largar:
mientras tanto yo me duelo
a solas, exhausto y rendido,
olvidando a la que eres y evocando a la que fuiste,
esa a quien creí la excepción en este mundo podrido.

El lamento de América

Ahí donde reina la tiranía,


ahí donde ríe la injusticia,
ahí donde baila la desvergüenza,
ahí está el político.

Y que la lengua se me pegue al paladar si esto es falso.

América,
te veo como un cielo sin sol, sin aire, sin Dios,
te has vuelto un cenicero de ilusiones,
una bandera despreciada,
cuando siempre has sido una flor preñada de miel.

Ahí donde el prepotente brilla,


ahí donde el ratero se atraganta,
ahí donde el miserable se siente esplendoroso,
ahí está el político.

Y que me arranquen los ojos y los dientes si esto es


falso.

América,
te impregnas de música enferma,
nos ciega una luz desamparada,
se quiebran tus alas de barro,
cuando nos acostumbraste a tu río de sol.
Ahí donde desfilan los infames de corbata,
ahí donde sonríen los payasos sin colores,
ahí donde se regocijan los cabrones, cabroncísimos
aduladores,
ahí está el político.

Y que me atraviesen de parte a parte si esto es falso.

América, te secas,
árbol olvidado,
quiero sanar tu sonrisa rota,
recuperar tus cantos de espuma,
enaltecer tu silueta de guitarra.

Ahí donde la traición empapa espaldas de sangre,


ahí donde hay palmaditas fingidas, abrazos, apretones
de mano falsos,
ahí donde el dolo es tradición, la venganza es festival y
la promesa es circo,
ahí está el político.

América,
caballo de agua, centauro herido,
humo idolatrado, ave de cristal,
te has vuelto un amor enterrado,
una alegría desahuciada,
un sueño de metal.

Quiero contemplar la flor preñada de miel,


la piedra al rocío y el río de sol,
pero estoy en una ventana difusa
mientras el gobierno sopla y sopla un viento
equivocado.

América,
escamas de fuego, ojos de jade,
abre tus alas, dragón de agua y arcilla,
el esplendor es tu casa, la paz es tu camino,
¡levántate y llévame contigo!
Recuerdo aniquilado

Las aves cruzan un cielo lleno de gritos:


el miedo es el amo y el padre y se devora lentamente a
sus hijos.
Los niños olvidan sus juguetes y se vuelven sus propios
héroes.
Los padres se olvidan de sí mismos y sólo protegen a
los suyos.
La tragedia dirige a su orquesta y suena la pieza
definitiva:
muerde los oídos y derroca a la gente.

Los aviones se acercan y lanzan sus misiles,


la ciudad tiembla,
se derrumba,
se vuelve capital de pólvora.

Brota la sangre y llega la muerte:


la ciudad destrozada,
la gente en pedazos
y el caos entero.

Después reina la calma,


domina el silencio,
ya nadie llora,
ya nadie grita:
el presente se petrifica en un recuerdo aniquilado.
El ataque oculto

Se revelan los señores oscuros,


quieren el cetro y el trono universal.
Hados y ángeles se debilitan,
arpas y trompetas dejan de sonar,
el silencio se torna lamento y el planeta se hace polvo.
Se revelan los señores oscuros contra los dioses y
contra el mundo,
manipulan el planeta a través de la partícula vital.
Las campanas oscilan en lamentos,
los pilares se fracturan,
los senderos se abren,
los techos se desgajan;
cielo, mar y tierra... en penosa convulsión.
Los señores oscuros se reúnen en secreto,
organizan, confabulan y deciden,
dejando sus risillas en la atmósfera.
Usan artefactos letales,
cual máquinas de guerra,
y atacan la paz mundial.
Han declarado una guerra silenciosa,
el planeta se cubre de soldados invisibles y lamentos
palpables:
se retuerce el orden mundial.
La madre natura se azota,
alterada por sombras infames;
lenguas y garras acechan,
ojos y dientes centellean,
y la gente,
la gente es sepultada cruel, lentamente
sin percatarse que su funeral se fraguó hace mucho
tiempo.
Las hidras multiplican sus cabezas,
las arpías lamen sus fauces,
ya no hay héroes, ya no hay semidioses,
el declive está en la puerta: ha nacido un nuevo
leviatán.
Tsunami

El océano
arremete contra un muro distante.
La libélula
flota sobre un puente roto.
El miedo
grita en una ciudad vencida.

Y tú, ¿dónde estás?

El tejado
vuela hacia un sueño perdido.
El perro
acelera a través de un sendero invisible.
El árbol
oscila bajo un saurio aterrador.

Y tú, ¿dónde estás?

La esperanza
yace en una pirámide olvidada.
La gente
descansa en un mausoleo sumergido.
Los dioses
observan un tablero destrozado.

Y tú, ¿DÓNDE ESTÁS?


La orilla del tiempo

9, 8, 7...

Cuando miro el reloj


me parece que los segundos se amontonan en una
misma fila,
quiero verlos pero no veo nada.
El tiempo es y no es:
lo único presente es un parpadeo blanquísimo.

Apenas digo "ahora"


y el instante se desliza.
Apenas digo "estoy"
y los años me contestan "estuviste".

Días arrugados, años, huesos,


pasos que son horas que son canas que son polvo.

6, 5, 4...

Apenas digo "hoy"


y el pasado se atraganta.
Apenas digo "vivo"
y la muerte me señala.

Ayer: hoy: mañana:


intermitencia infinita.

Cuando miro el reloj


me parece que lo único real
es la muerte.

3, 2, 1...
Fui. Soy. Seré.

Me levanto entre el polvo y me pregunto:


¿dónde está el cigarro que aún no enciendo?
¿dónde?
¿dónde está el café que aún no bebo?
¿dónde?
¿dónde están los labios que aún no beso?
¿dónde?

Persigo alacranes de fuego,


sueños torcidos y pinturas en blanco;

persigo, persigo y capturo promesas frías,


horas caducas y oscuros recuerdos;

capturo, capturo y aniquilo siluetas en vano,


voces distantes y corazones vacíos.

Seré muerte. Soy vida. Fui polvo.

Me detengo entre la chispa y me pregunto:


¿dónde está el minuto que me verá morir?
¿dónde?
¿dónde está el forense que abrirá mi cuerpo?
¿dónde?
¿dónde está el ataúd que será mi última casa?
¿dónde?

Observo dudas encendidas,


horizontes rasgados y jóvenes envejecidos;

observo, observo y evoco rostros amorfos,


cuerpos calcinados y gotas sucias;

evoco, evoco y olvido almas inquietas,


jueces malheridos y guillotinas sepultadas.

Seré polvo. Soy muerte. Fui vida.

Me elevo entre la luz y me pregunto:


¿dónde está la época en la que volveré a nacer?
¿dónde?
¿dónde están los padres que me arrullarán?
¿dónde?
¿dónde está la partícula que fui, que soy, que seré?

Seré chispa, soy polvo, fui muerte,


pero nunca,
nunca seré olvido.
Espiral

Me repito, me reinvento, me reescribo.


Hablo, grito, vocifero.
Vivo, vuelo, me suspendo.

El tiempo se intensifica en millones de instantes,


colección milenaria, voces entretejidas,
el tiempo de hoy es el tiempo de ayer,
rayo de sol que fue grano de arena que es aguja en un
círculo.

Tribu de ecos:
el hombre descubre el fuego,
los clanes inventan el habla,
las civilizaciones se yerguen.

Me repito, me reinvento, me reescribo,


el cielo es el mismo pero los astros no brillan igual.

Tribu de ecos, ejército de estridencias:


nace la era del hierro,
se utiliza el caballo para la guerra,
la arquitectura se vuelve colosal.

Camino el mismo sendero pero las huellas son


diferentes.
Tribu de ecos, ejército de estridencias, sociedades de
esplendor:
se inicia la revolución industrial,
se utiliza la bomba atómica,
se inventa internet.

Hablo, grito, vocifero:


es el mismo viento pero repite otras palabras,
es el mismo impulso pero la sangre cambia de ríos,
es la misma furia pero los soldados miran otro
horizonte,
es la misma muerte pero los funerales cambian de
alaridos.

Actitud que es odio que es ciego que es sangre:


los lamentos viajan cuando el tiempo sopla,
la historia permanece en tablillas de humo,
la victoria y la derrota se confunden con el fuego, con el
tiempo, con el habla:
instantes que son conveniencia que son secreto que
son duda.

Vivo, vuelo, me suspendo,


el sol es el mismo pero acaricia con otro ardor,
el cosmos es el mismo pero vibra con otra intensidad,
la vida es la misma pero se desliza con otra palpitación.

Las cuatro estaciones, los años, los siglos,


un mismo remolino donde se confunden los hechos,
vértigo de la memoria,
armas que cortan la mano que lleva una pluma,
justicia injusta,
veracidad mentida,
vislumbres sin luz,
por los siglos de los siglos: ayer.

Ráfagas

Quiero escribir un poema sobre tu piel,


aunque sería en vano:
pues al instante se borraría
con mis besos.

Dos rostros,
un mismo vapor;
dos labios,
una misma comunión;
dos cuerpos,
un mismo vaivén;
dos seres,
un mismo temblor.
Qué “velleza”, pienso siempre que te veo,
así,
ahí,
como estás.
Sí, velleza con “V”, es una palabra nueva,
la inventé para ti.
Qué “belleza” la ocupo para elogiar tu rostro, tu cuello,
tus senos, pero al llegar a ese lugar que solo es nuestro,
es cuando digo qué “velleza”.

En la curvatura de tu cuerpo
encontré el precipicio que busco.

Estás plagada de mitología:


por donde sea que te arqueas
brotan mundos fabulosos.
Tu boca
hacia mi boca
es un sismo cayendo.

En tu mano hay ríos y montañas,


selvas y desiertos,
aves y flores;
en tu mano hay truenos y temblores,
deseos y promesas,
risas y cantos,
porque en tu mano palpita el mundo
cuando se entrelaza con la mía.

Tiembla la hoja, se dobla la rama;


tiemblan las horas, se dobla la vida:
pasa el viento y el árbol subsiste,
pasa la muerte y el hombre ya es polvo.
Así como el ciego imagina la luz,
así como el pobre imagina la fortuna,
así como el huérfano imagina la familia,
así, justamente, imagino tu amor.

Me gusta mirar en la oscuridad


porque imagino que estás conmigo:
ninguna luz despedaza mi realidad.

Hay amores, yo lo sé,


que son como los clavos de Cristo:
hieren, martirizan y matan
y los siglos no los pueden sacar.
En tus besos
descubrí las voces del asombro.

Ahí donde hubo guerra,


ahí donde hubo llanto,
ahí donde hubo sangre,
increíble,
aún crecen las flores.
Prosa

El poeta se transforma

Él está marcado por las atrocidades del mundo, le


parece que la vida no es justa; de hecho, no la entiende.
Quiere explicar pero en cambio, se hace a un lado, mira
por una ventana difusa y cita, solo cita. Con cada verso
intenta alcanzar a cada persona, ya sea con un abrazo,
con un buen gesto; no obstante, a quienes hacen el mal
los señala, los increpa, a sabiendas de que no tiene
arma alguna en la mano, pero tiene una pluma: eso le
basta para armar una guerra.
Él, a pesar de los inevitables pasos de la vida,
gigantescos y dolorosos, todavía se da el lujo de
escribirle al amor, porque piensa que jamás se
extinguirá: la vida es una balanza, mientras haya odio
siempre habrá amor. Y le escribe a la mujer, le escribe
al sexo y le escribe al placer.
Sobra decir que sus líneas se contradicen, a
veces parece un amargado, a veces un soñador, a veces
un ser objetivo, a veces un ingenuo arlequín. Él es
víctima de sus propios remolinos porque la vida está
hecha de remolinos: constante vértigo que se dobla, se
enfurece, se dobla pero nunca se quiebra.
Al terminar cada día, se acuesta y mira la luna,
aunque esa noche la penumbra la haya devorado. Sabe
que la luna está: la mira. Y en ese instante que él
eterniza, desea que sus letras cambien al mundo, pero
sabe que es imposible. Sin embargo se pregunta, ¿si
una persona, una sola persona cambia, no ha cambiado
un poco el mundo? Entonces se duerme satisfecho,
convencido que al día siguiente él ya no será el mismo:
en cada poema, el poeta se transforma.
Viaje al centro del laberinto

Desde este punto se aprecian las torres de titanio, en


cada cúpula se rumora que vive una musa, pero nadie
ha logrado verlas. Se cuenta que desde la quinta
guerra, los dioses las llevaron ahí para protegerlas de
los hombres. “Ya no es la misma humanidad”, se dijo,
aunque la historia cuestiona dichas palabras. Llevo dos
días hospedado en este extraño lugar. El aquí y el ahora
están pausados: el tiempo es una roca que quiere
volverse un sendero.
En este punto me interno en el laberinto y
pienso si la poesía le será devuelta a la humanidad. Y
aquí me pregunto, no sólo si es necesario que la poesía
vuelva, sino qué es la poesía. Una pregunta que
requiere de cierto esfuerzo, se puede encontrar una
respuesta larga, minuciosa; también una respuesta
breve, abstracta: ambas opciones son válidas, cada
quien decide si responde con una chispa o con un
relámpago.
Según la definición que encontré en los
documentos intracósmicos (el equivalente a lo que se
conoció como internet), la poesía es un género literario
considerado como una manifestación de la belleza o
del sentimiento estético por medio de la palabra, en
verso o en prosa. Me gustaría tener la definición de
algunos poetas de la antigua época sobre la poesía, así
como de poetas del último tiempo, pero todo lo que
escribieron fue incinerado durante la guerra, y los
poetas de hoy nunca dirán que lo son, eso les costaría
la cárcel; incluso, la muerte. Sin embargo, me
aventuraré con algunas palabras acerca de este tema,
al fin y al cabo, no corro ningún peligro: estoy solo,
aislado de los hombres.
Me parece que la poesía es una musa de mil
cabezas, y de cada boca brotan diferentes definiciones:
es emoción petrificada, es una colección de instantes,
es un monumento a la vida, es un reclamo a lo que nos
disgusta, es un saludo al yo, tú, él, es un abrazo al
nosotros, ustedes y ellos, es una comunión universal, es
el unicornio y el rinoceronte, el ave y el pez, el calabozo
y el rascacielos, la nave y el androide, es el péndulo que
oscila entre el ayer y el mañana, la poesía somos tú y
yo, todos y ninguno, la poesía es la tinta y la palabra, el
aliento y el silencio. La poesía, sencillamente, es.
También, si se quiere, se puede decir que la poesía es
un círculo con ángulos, un tiempo sin horas, una
estridencia sublime; la poesía es algo que está y no se
ve, y cada quien la aprecia de diferente forma.
Seré sincero, quisiera encontrar una definición
breve, precisa, pero entre más la busco más me pierdo
en la respuesta. Además, no es el objetivo de este
documento.
Avanzo por el laberinto, sus pasillos se
estrechan, luego se abren, se alzan, se oscurecen, se
aclaran; es un vértigo para los sentidos, pero nada es
verdad, este tipo de truculencias se ocuparon hace
años para seleccionar a los mejores soldados: la única
diferencia es que ellos no sabían lo que pasaba y yo sí:
esa diferencia lo es todo.
Me detengo un momento y aprecio figuras y
garabatos en sus paredes, intento interpretarlos pero
sólo me responde el silencio, entiendo todo pero no
puedo explicar nada: es otro idioma, es otro tiempo
pero la poesía es la misma. Ahora me parece que la
poesía es un desfile de voces a través de la eternidad:
avanza, frena, acelera, se dobla, se alza, se reinventa.
El tiempo sigue detenido pero ya emite los
primeros signos de movimiento, es un sendero que
quiere serpentear. Debo apresurarme, debo llegar al
centro, debo seguir el rugido: así reza la profecía, ahí
donde la bestia ruge, ahí está el nuevo portal. Esta
profecía se escribió en la era de los poetas, la era
anterior fue la de los sacerdotes, ellos profetizaban en
aquel tiempo, pero fueron exterminados por el
Régimen, y todo sus documentos también fueron
incinerados.
En este punto me pregunto si de verdad
funcionará abrir el portal, ¿habrá una mejor
humanidad con tal acto? A veces pienso que la vida es
un reloj que, en vez de marcar la horas, marca las
épocas, y se haga lo que se haga siempre se cumple el
ciclo repetitivo. Por ello no me queda claro si abrir el
portal será inútil, o hacerlo es parte del plan universal.
Se preguntarán qué tiene que ver la poesía con
todo esto. Como dije antes, los poetas anteriores fueron
perseguidos, capturados y exterminados por el
Régimen. Y los poetas de hoy están escondidos. La
causa: la poesía sensibiliza al pueblo y eso frena la
manipulación. No obstante, el Régimen desconoce que
la poesía no necesariamente es la que se escribe y se
lee, la poesía es todo y a la vez es nada, no necesita de
palabras, no necesita de poetas; la poesía está en todos
lados pero sólo algunos la captan. La poesía no consta
sólo de palabras bonitas, de adornos y sentimientos
bellos; la poesía puede ser una serpiente venenosa, una
arpía sin escrúpulos o un endemoniado ruiseñor, y en
ninguna variante perderá lo poético. La poesía no
siempre deleita, también duele, hiere y a veces no
cicatriza. La poesía se siente, se vibra, y los poetas le
ponen palabras, hacen malabares con el idioma,
moldean la idea, esculpen el significado, y,
normalmente, se percatan que la poesía no está en los
versos, sino en el abismo blanco, ahí donde reina lo
implícito, ahí donde todos los poetas son el mismo
poeta, ahí donde el laberinto se vuelve pirámide.
Una amenaza general se expande. La única
forma de solucionar este mal es vencer a la bestia, y
eso, como consecuencia, provocará el retorno del Gran
Poeta, que no será una persona, sino toda una
generación. Serán quienes canten las epopeyas de los
nuevos tiempos, aquellas que serán el puente entre lo
que fue, es y será. Ellos serán conocidos como los
poetas de la transición.
Sé que también se preguntarán porque me
importa tanto, es simple, porque soy poeta.
Cuando la bestia sea derrotada, la energía
estallará en miles de partículas, las cuales son la
semilla original de un poema, y cada una ya está
designada para un poeta en particular. Los cuadernos
antiguos explican que las partículas entran por la
coronilla y descienden al plexo solar: en ese momento
es cuando estalla la idea. Pero de nada sirve tanta
explicación si no se lleva a cabo el plan. Debo ingresar
al centro del laberinto, ahí el poema que todavía no se
escribe ya tiene su primer colmillo.
Avanzo, el rugido es más intenso, me estoy
acercando a la bestia y debo concentrarme; en su
interior se ocultan las intenciones más crueles, las
vibraciones más bajas, los deseos más obscenos. Todo
empezó cuando se escuchaban los cantos desde la
cueva de las mártires: emitían cantos a los dioses para
recibir sus dádivas, pero ellas creían que no eran
escuchadas, pues cuando las mártires callaban, sólo se
oían las estridencias de la guerra. Entonces, las
deidades, enfurecidas por la creencia de aquellas
mujeres, las fusionaron en una misma criatura: la
bestia; en ella pululan el dolor, el miedo y la impotencia
que sintieron las mártires, en esa bestia que la
humanidad ha fortalecido a través de los milenios, esa
bestia que no tiene forma, esa bestia que es energía en
compulsivo movimiento. Y la única manera de
transmutarla es liberando el cubo original, pero allí
está todo el problema. Para llegar al cubo hay que
exterminar a la bestia, ese Cancerbero de nuestro
tiempo. Y eso, para un solo hombre, es imposible. Sé
que mis probabilidades de morir son enormes, pero
creo en la humanidad de la época antigua. También
creo que el destino se puede cambiar. Por ello, antes de
intentar una osadía como enfrentar a la bestia, arrojaré
este documento al espacio exterior, a través de un
gusano de tiempo. Si esto llega a ustedes, humanos del
pasado, significa que aún se puede evitar este terrible
futuro: nunca permitan que el Régimen se fortalezca,
mucho menos que la poesía muera...
Muchas gracias por leer, espero que la lectura haya sido de tu
agrado. Si deseas escribirme, a continuación dejo mis datos.

Recibe un sincero saludo.


Jonathan Muñoz Ovalle

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