Materia Oscura 3
Materia Oscura 3
MATERIA OSCURA
Diseño y maquetación: Renzo Medina Vicuña
El suplemento ‘‘Materia oscura’’ está anexo a Entropía. Revista de terror en el arte español
e hispanoamericano, de eISSN 2707-3327. Está permitida la reproducción parcial de estos
textos, sin fines comerciales, siempre que se cite la fuente y no se modifique su contenido. Las
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Lima, Perú.
ÍNDICE
93 FRÁGIL
Andrés Díaz
9 EL ESPEJO OVAL
Juan David Cruz Duarte
101 LA CASA DE LILIBETH
Rodériko Ricardi
37 A LA PERSONA QUE
ENCUENTRE ESTAS PÁGINAS
Penélope Gamboa 125 FANTASÍA MORTAL
Vampirlykos
43 SANTA ALUCARDA
Juan de Dios Maya Avila
133 STRIGOI LACRIMAM
Eduardo Omar Honey Escandón
49 TAPADA
Tania Huerta
141 OJOS EN ROJO
Anya
73 EL GÉNERO EQUIVOCADO
Juan Pablo Goñi
89 EL SEÑOR DE LA NOCHE
Jose Ángel Conde
CATÁLOGO DE JHON DARRY ARIAS, Colombia
Sin título, p.71
Día 17, p.149
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forma abstracta y poco clara. Si mi mente hubiera funcionado antes que nada, beberme un vaso de agua e ingerir una buena dosis
como una mente ordinaria, probablemente nunca habría llegado de mis no siempre confiables gotas amargas.
a comprender la verdad que quería manifestarse ante mis ojos; Cuando volvía a mi silla, llevando todavía el vaso de agua
sin embargo, la máquina de mis ideas funciona incansablemente en mi mano derecha, me sobrevino un mareo espeso que me dio
y nunca para de moverse, los engranes de su maquinaria giran y vueltas en el estómago y me nubló parcialmente la vista. Abrí la
giran sin emitir el menor chirrido y sin verse afectados por la menor ventana para dejar entrar un poco de aire fresco a mis pulmones,
obstrucción. y fue entonces cuando una ráfaga de viento helado cortó el aire
A pesar de esto, la máquina de mis ideas me es odiosa; de mi habitación y apagó la pequeña llama de la vela encendida.
su incesante movimiento de vaivén, los sucesivos golpecitos y Volví la mirada instintivamente como para atrapar la poca luz que
rasguños que sufren las paredes de mi cráneo, todo esto es resultado se me estaba escapando y fue entonces cuando mi rostro quedó
de su doloroso movimiento y hace parte de una tortura minuciosa y enfrentado irremediablemente a la negra luna del espejo oval. No
perpetua que sólo es más llevadera cuando consigo alcanzar el sueño, podrán ustedes imaginar el terror que inundó mi espíritu cuando
estado que sólo conozco de manera parcial. Debido a mi particular descubrí que mi reflejo en el espejo miraba, con gesto burlón, hacia
situación, he tenido que soportar a lo largo de mi breve vida una la vela apagada. Sentí el calor de la pequeñísima columna de humo
imparable cadena de ataques de migraña que me sorprenden en los que ascendía en espiral hacia el techo de mi habitación y jugueteaba
momentos más inoportunos y en los lugares menos pensados; de con uno de los pocos bombillos eléctricos que había en mi casa
igual manera, he tenido que luchar, día tras día desde que tengo húmeda y vieja.
memoria, contra un nerviosismo desgastante y contra un insomnio Aterrado, acerqué mi mano hacia la oscura luna de vidrio,
omnipresente que solo me llevan a extraños estados alterados de como queriendo tocarla; entonces, el otro se pasó su pálida lengua
conciencia. Puedo afirmar que lo percibo todo con mayor claridad por los labios y se fue caminando tranquilamente a un rincón de la
que cualquier hombre que haya conocido. habitación que quedaba más allá del marco del espejo. Sentí como
La noche en que mis ojos finalmente se abrieron era oscura y si alguien hubiera clavado una daga helada en mi cerebro y poco
estrellada; yo me encontraba en mi habitación, leyendo un libro que faltó para que me desmayara sobre el marco de la ventana: era la
he leído un centenar de veces. Un corte de luz, el cual resultó ser, maldita migraña. Si hubiese podido ver todo cuanto menciono en
como lo supe al día siguiente por los periódicos, un apagón general, estas líneas, mi terror no habría sido el mismo: cuando presenciamos
me obligó a buscar un par de velas en la alacena de mi cocina algo terrible tendemos a aceptarlo como cierto, este es el primer
para seguir leyendo. Ya encendidas las velas me senté casi en la paso para empezar a acostumbrarnos a lo increíble o a lo ominoso.
penumbra, cerca de una ventana junto a la cual colgaba el espejo Sin embargo, no me dio el cielo este regalo y nunca llegué a ver
oval que había pertenecido a mi madre. Traté de concentrarme en los juegos macabros del otro; todo lo percibía de forma nítida y
mi lectura para evitar la llegada de una de aquellas jaquecas que concisa la máquina de mis ideas. No era necesario que mis ojos
empezaba ya a anunciar su inminente presencia con un zumbido vieran lo increíble, pues yo sabía perfectamente que todo lo que
metálico. Leí un par de párrafos más y entendí resignado que, si había acontecido había sido real y no un desvarío ocasionado por
quería evitar aquel dolor punzante en el centro de mi cráneo, debía, mi inquieta imaginación.
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Esa noche no pude dormir en lo absoluto. Me la pasé mi nacimiento, tuve que experimentar un mal sueño; la razón es
dando vueltas sobre mis sábanas frías tratando de convencerme a muy simple: jamás sueño. Mi cuerpo puede dormir, pero la máquina
mí mismo de que nada de lo que había descubierto era real; sin de mis ideas nunca descansa y vive en una vigilia constante. Este
embargo, el peso de los hechos resquebrajaba las fuerzas de mi inusual hecho, lo sé muy bien, acabará por matarme en pocos años.
voluntad. Conforme avanzaba la noche y se hacía más densa la Aquella noche en que descubrí a los confabuladores detrás
húmeda atmosfera de la habitación, unos cuchicheos constantes y del espejo mi mente experimentó un extraño lapso de inactividad:
apagados llegaban hasta mis tímpanos. Al principio creí que un par por cuestión de un par de minutos o un par de horas no hubo en mi
de hombres estaban hablando justo detrás de mi ventana, pero luego psiquis más que un manto negro que lo cubrió todo. La idea de que
comprendí que era el otro el que hablaba desde detrás del espejo. una sombra oscura haya cubierto parcialmente aquella noche gélida
De pronto supe que me miraba y que hablaba con alguien más, con me angustia y me seduce: aún me cuesta trabajo creer que la máquina
una figura oscura que se movía junto a él. En un comienzo solo de mis ideas haya dejado descansar sus activos engranajes, aunque
reconocía una voz: la de él, la del otro, mi propia voz. Conforme haya sido por un breve periodo de tiempo. En algún momento de
pasaban los minutos aterradores en los que procuraba distraer la madrugada, el mecanismo echó a andar de nuevo, al principio
mi mente con algún pensamiento menos horrible, la segunda voz lentamente y luego a un ritmo acelerado.
me resultaba cada vez más familiar; finalmente comprendí que se Poco después, me hallé despierto sobre mis sábanas
trataba de la voz quebradiza y cortada de mi tía Lorna. revueltas y comprobé con cierto regocijo que una luz clara de
Las dos voces hablaban en susurros mientras sus figuras domingo invadía todos los rincones de mi habitación. Caminé
invisibles me vigilaban desde la perfecta oscuridad. Sobra decir hacia el espejo disimuladamente. Mi reflejo estaba allí, me imitaba
que un temblor violento se apoderó de mi cuerpo, la migraña que de forma perfecta, pero inverosímil. De pronto recordé la voz de
me había puesto en cama se hizo paulatinamente más insoportable mi tía Lorna, y aunque mis rodillas quisieron ceder bajo el peso
y, al final, cuando creí que mi organismo no podría soportarlo más de mi cuerpo, me esforcé por parecer sereno. Pude sentir cómo
y que iba a caer inconsciente sobre mi propia almohada, comprendí un temblor subcutáneo se agitaba en las palmas de mis manos
que las dos figuras, Lorna y el otro, se reían, se reían de mi dolor y mientras la máquina de mis ideas repetía insistentemente: “¿Dónde
confabulaban en mi contra. Alcancé a percibir el momento exacto está Lorna? Hay que buscar a Lorna. El reflejo de Lorna se le ha
en que un espíritu de fiebre, como una sanguijuela de fuego, me escapado en la noche y me ha visitado en la luna de este espejo
recorrió el torrente sanguíneo y se posó en una gruta húmeda entre que fue de su hermana. Tengo que encontrar ese reflejo, ese reflejo
mis parietales. No recuerdo nada más de esa noche. confabula en mi contra. Lorna vino anoche y escapó. Lorna me vio
A pesar de que mi imaginación es tan activa como frágiles dormir entre risas crueles y escapó por la ventana cuando la fiebre
mis nervios, debo confesar que nunca he tenido una pesadilla, afectó mis sentidos. Hay que buscar a Lorna. No debo confiar en
nunca una criatura fantástica me ha atacado en sueños y nunca he Lorna. ¡Cuídate de Lorna! Aléjate de Lorna. Cuídate del otro.
despertado sudando y angustiado más que por causa de una de mis Cuídate de Lorna y cuídate de ti mismo”.
recurrentes migrañas. Ni en aquella noche que acabo de relatar, ni Llegué a Popayán dos o tres semanas después de aquella
siquiera en la noche en que murió mi madre, viuda desde antes de horrible noche. Era la primera vez que visitaba la ciudad, y me
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impactó de entrada la certeza extraña de nunca haber salido de subimos las escaleras para dirigirnos a las habitaciones; creo que no
Santa Fe de Bogotá; en otras palabras, me embargó la aterradora pasaban de las nueve.
sensación de no haber abandonado nunca las calles santafereñas. La pequeña recámara que la buena tía Lorna había preparado
El clima frío, aunque algo más húmedo que el de mi ciudad natal, para mí tenía muy pocos muebles: un escritorio algo inestable,
era el mismo al que me había ido acostumbrando desde el día de mi una mesita de noche y un par de viejas sillas de madera. Como lo
nacimiento. De igual manera, quedé sorprendido al reconocer, en había previsto, no había un solo espejo en la habitación. Entonces
algunas de las blanquísimas casas coloniales de la capital caucana, abrí mi maleta de cuero y comencé a desempacar: primero colgué
las monolíticas estructuras, igualmente blancas y con techos en el armario mi traje gris, luego guardé mis camisas blancas de
cubiertos de cerámica rojiza, que se apilaban en relativo orden a lo cuello raído y puños gastados en los compartimentos cuadrados de
largo de mi barrio silencioso y lúgubre. Una llovizna persistente y los que disponía la otra sección del aparatoso armario, finalmente
fría que caía sobre la ciudad contribuyó a reforzar mi idea fija de no dejé mis zapatos negros en el suelo, justamente debajo del traje, y
haber abandonado Bogotá. puse mis zapatos color marrón bajo la silla endeble que yacía frente
Llevaba en la mano un arrugado telegrama de mi tía al escritorio. Para finalizar con la adecuación de mi habitación
Lorna diciéndome que se sentiría honrada de hospedarme en su provisional saqué del fondo de mi maleta el espejo oval de mi
casa mientras yo aprovechaba para conocer la ciudad y tratar de madre que llevaba envuelto en unas sábanas blancas, y lo colgué
establecer contacto comercial con algunos de los viejos socios de en el lugar en que mi tía había puesto un cuadro de la Virgen María
mi difunto padre. Ella se había tragado la patraña de que yo iba pintado seguramente por un aficionado.
a buscar a estos hombres con el fin de revivir el viejo negocio de Quiero aclarar que no cargaba yo con este espejo porque me
exportación de textiles que había administrado mi padre, y como pareciera necesario para mi futura redención, simplemente había
mi tía era soltera y tenía tiempo de sobra, recibió encantada mi contemplado la posibilidad de que mi tía Lorna no tuviera muchos
telegrama y decidió hospedarme en su casa. Yo no la veía desde que espejos en su casa y, como hombre prevenido que soy, decidí
era niño; si mal no recuerdo, ella había venido a visitarnos cuando empacar el viejo armatoste con el fin de poder vigilar con mayor
cumplí nueve años. En aquella ocasión me regaló un traje de paño facilidad los tenebrosos movimientos de los reflejos conspiradores.
gris con pantalón corto y un corbatín color vino tinto. Así que guardé el cuadro de la Virgen María en un cajón cualquiera
La primera noche en casa de tía Lorna fue una de las del escritorio y lo cubrí con un par de libros para no tener que ver
más lluviosas que he presenciado. Un aguacero violento había los tristes ojos claros de esa imagen. A eso de las nueve y cuarenta
resquebrajado el éter y el agua se colaba por cada rincón del barrio, ya estaba acostado en el duro colchón de la habitación de huéspedes,
de la ciudad y del mundo. Agua y granizo juntos golpeaban las leía un libro cien veces leído y hacía un esfuerzo sobrenatural por
callecitas empedradas de Popayán. Una gotera caía en la cocina comportarme con cierta naturalidad frente a la luna plateada del
mientras Lorna y yo comíamos en el comedor. Mi tía había preparado espejo vigilante. Leía a la luz de las velas porque mi tía no se había
chocolate caliente, ella sumergía su almojábana en la bebida espesa preocupado por instalar ni un sólo foco de luz eléctrica en toda
mientras yo deshacía la mía con los dedos e iba comiéndomela con su casa; en cambio, uno podía encontrar una lámpara de aceite en
disimulado nerviosismo. Más tarde, nos dimos las buenas noches y cada habitación, en cada biblioteca, en cada mesa e, incluso, en el
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interior de cada cajón que a uno se le ocurriera abrir. Yo prefería a mi cama. Antes de acostarme cerré la puerta con llave, haciendo
utilizar las velas polvorientas que guardaba mi tía en la cocina todo lo contrario a lo que me había pedido Lorna, y apagué la vela.
porque, a decir verdad, nunca me dieron confianza las lámparas de No sobra decir que esa fue una de mis muchas noches de perfecto
aceite. Por lo que había podido observar, mi tía le tenía muchísimo insomnio. Oía cómo mi reflejo conversaba, primero en voz muy
miedo a la oscuridad: cada vez que apagaba una lámpara en la baja y luego casi a gritos, con la oscura sombra de Lorna. Ahora sé
casa se apresuraba a encender otra, y si tenía que bajar a apagar que no escuchaba en verdad lo que decían, sino que simplemente lo
una lámpara que se le había quedado encendida lo hacía con una sabía. Ellos hablaban en silencio, pero todo su diálogo lo captaba la
pequeña vela color rojo que guardaba en su mesa de noche; así activa y receptiva máquina de mis ideas. Los reflejos hablaban de un
evitaba tener que volver a su habitación a oscuras. Además de esto, asesinato, quizás de varios. Yo sabía que ellos estaban ahí, aunque
comía poco y le temblaban las manos constantemente. En cuanto a no podía verlos, sé que hablaban y se movían precisamente porque
su mirada, podríamos decir que era equivalente a la de un roedor sabían que no podía verlos. Pero yo era consciente de todo, esa había
asustado que ciertamente preferiría no tener que abandonar nunca sido mi ventaja hasta ese momento, pero ahora había arruinado mi
la seguridad de su madriguera. Esa era Lorna, la buena tía Lorna. plan con esa estúpida mirada que no sé por qué no logré contener.
Aquella primera noche como huésped de la hermana mayor Ahora los escuchaba conspirar en mi contra, hablaban de tomar mi
de mi querida y difunta madre quedó marcada para la eternidad lugar en el mundo. También el de la pobre Lorna, a quien mi madre
con las pequeñas gotas de lluvia que se adherían a las ventanas de tanto quiso. Escuché de repente unos pasos titubeantes que bajaban
cristal. Una saliva agria y espesa humedecía mi lengua mientras por las escaleras. Después vi una luz bajo la puerta y supe que era
mis dedos se agitaban nerviosos sobre las páginas gastadas de mi Lorna, supe que era ella porque los reflejos no dejan de imitarnos
viejo libro. Me puse de pie e hice como si no viera el espejo, dejé el hasta que la oscuridad es perfecta.
libro sobre el escritorio de madera y, cuando ya estaba a punto de Resulta preciso que explique ahora el plan que había ideado
acostarme, caí en mi propia trampa: volteé hacia la luna del espejo y antes de abandonar Bogotá. Mi propósito era llevarme a Lorna a la
lo miré, lo sé porque esa fue la mirada que me devolvió mi hipócrita capital, quebrar cada espejo de mi casa, incluso aquel armatoste oval
reflejo, con un odio decidido, frío, metálico. La mirada no duró que tantos recuerdos me traía de épocas más felices, y convencerla
ni un segundo, pero supe que había caído en mi propia trampa: de la necesidad de nunca entrar en contacto con el cristal de un
había cedido ante mi propio impulso justiciero y sabía bien que espejo después de que ha caído la noche. Eso es exactamente lo que
había alertado a mi reflejo y, por consiguiente, al de Lorna. Ahora habría hecho si las cosas no hubieran resultado tan mal en aquel
el otro sabía por qué lo había llevado hasta la casa de mi tía, sabía momento.
(¡que Dios me libre para siempre de este enemigo omnipresente!) Yo yacía en mi cama y oía a Lorna subir las escaleras, entonces
que conocía sus oscuros planes y que no tenía pensado permitirle llegó el momento fatal en que la vela se le escapó de las manos y
llevarlos a cabo. se apagó al tocar el suelo. De pronto oí la voz de Lorna llamando
Traté de disimular mi angustia arreglándome un poco el cabello a Lorna. Desde el espejo del corredor, Lorna llamaba a mi querida
frente al cristal. El viejo espejo oval estaba parcialmente iluminado tía y ella, pobre, cayó en la trampa y se acercó a la luna oscura
por la vela de cera blanca que tenía yo en la mesita de noche junto de su espejo. Muy tarde comprendí lo que estaba sucediendo: el
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reflejo de Lorna había abandonado la habitación de huéspedes y atraparme o, incluso, de asesinarme. Imagino que podrían matarme
ahora estaba justo frente a mi tía. Yo me levanté de un salto y corrí y luego arrojar mi cuerpo a un espejo cercano; quizás, dentro de la
hacia la puerta, pero ya era demasiado tarde. Lorna había tocado la luna de los espejos los muertos vuelven a vivir.
luna de su espejo y yo alcancé a ver, por mi puerta entreabierta, la Tal vez los reflejos que han asesinado a sus víctimas quedan
sombra de una de sus piernas siendo arrastrada hacia el interior del condenados a una existencia sin reflejo ni sombra. Tal vez esos
traicionero círculo de cristal. Volví a mi cama, estaba al borde de reflejos asesinos son como vampiros diurnos. Pero todas estas son
una crisis nerviosa. Me acosté y me cubrí con las gruesas mantas, simples conjeturas. Nadie podría comprender el profundo horror que
con plena conciencia de haber perdido a mi tía para siempre. Bien sentí a lo largo de aquella noche en que la nueva Lorna se esforzó
sabía que mi reflejo había sido testigo de mi reacción instintiva y no repetidas veces por forzar la puerta de mi habitación mientras yo
tuve la menor duda de que ahora esperaba ansioso el momento de empuñaba bajo mis sábanas la daga con mango de marfil que había
raptarme también a mí, no sólo para suplantarme y apropiarse de sido de mi padre y que yo había llevado conmigo desde el día en
mi fastidiosa vida, sino para librarse del monótono castigo que, lo que descubrí la naturaleza oscura de nuestros reflejos.
sé muy bien, significa para él tener que imitar perpetuamente cada Toda la noche me hice el dormido y evité mirar el maldito
uno de mis movimientos. espejo que colgaba frente a mí; sin embargo, mi reflejo susurraba
Y es que esa es la verdad, esos reflejos que juegan a ser nosotros dentro de la máquina de mis ideas, diciéndome que ya me había
nos odian minuciosamente, solo esperan el momento adecuado para descubierto y que mis días estaban contados. La nueva Lorna, en
atacarnos y liberarse así del perpetuo castigo de la mímesis. Para cambio, trataba de confundirme con voces dulces. A veces me
ellos es una maldición tener que imitarnos eternamente, y solo preguntaba: “¿Duermes? ¿Podrías abrirme la puerta un momento?
tomando nuestro lugar pueden anular esta fatalidad y ser libres de Es algo urgente”. Estos ruegos hipócritas de ancianita inocente se
nosotros. Si estas criaturas lograran su cometido, seríamos nosotros hacían más y más violentos. Al final, ya no era Lorna la que llamaba
los que las imitaríamos eternamente desde detrás de los cristales. a mi puerta, sino un demonio desesperado que trataba de entrar a
Lorna y mi malvada sombra se hallaban atrapados en la luna mi habitación y azotaba la puerta de madera con golpes secos de
de mi espejo; sabía que Lorna no podría salir nunca más, que había sus manos huesudas. A veces podía escucharla dándole también
quedado condenada a imitar a su verdugo hasta que el monstruo patadas y mordiscos desesperados a la delgada hoja de madera que
muriera. Un terror helado inundaba mi cuerpo y pude oír cómo mi nos separaba, como una muralla de frágil esperanza. Me pasé la
reflejo se reía de mí y me auguraba la misma suerte de mi pobre noche rezando el padrenuestro en silencio y tratando de ocultar
tía. También oí la risa de la nueva Lorna, aquella criatura que las lágrimas de horror que se deslizaban por mi rostro. Lorna, esa
había abandonado su prisión de cristal y que ahora haría hasta lo otra Lorna, golpeaba la puerta, trataba de forzar la cerradura, se
imposible por ayudar a escapar a su vil compañero. Supongo que reventaba los pies contra la madera y gruñía como un animal; el
en el instante en que la sombra de Lorna se hizo materia perdió otro me maldecía a gritos y reía como un loco. Hubo instantes
la capacidad de ver a mi reflejo en las noches; sin embargo, estoy en los que quise huir, levantarme y saltar por la ventana, pero no
seguro de que aun así los dos conspiraban en mi contra cuando yo me atrevía a moverme frente a las pupilas invisibles de mi reflejo
me hacía el dormido y planeaban formas cada vez más atroces de vigilante. Nunca había esperado tanto el amanecer.
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La mañana llegó en medio de este caos. Cuando el primer rayo a la sombra, temiendo que se me abalanzara encima. Sus ojos
de luz se coló por mi ventana pude oír que mi reflejo desesperaba, sedientos de sangre me miraban con un odio infinito. La anciana
lloraba en voces roncas y, finalmente, se callaba del todo al recibir me tumbó sobre la alfombra y me tomó del cuello con una fuerza
la descarga lumínica de un rayo de sol que le atravesó el pecho. Otra sobrehumana, entonces sentí la presión que la daga de marfil ejercía
vez estaba indefenso tras el cristal. Lorna, por otro lado, cambió contra mi espalda. Con un movimiento súbito, demasiado ágil para
de plan. Se hizo un silencio aterrador y pude oír cómo bajaba a mi naturaleza frágil y torpe, desenvainé la daga y la clavé con todas
prepararse un café, proceso que debía haber aprendido desde mis fuerzas en el vientre del anciano demonio del espejo. Aquella
detrás de algún cristal o superficie metálica. Creo que trataba de Lorna dejó caer su cuchillo justo al lado de mi garganta y terminó
comportarse como mi tía, esperando que yo cayera en su trampa por desplomarse de espaldas sobre el suelo de la casa silenciosa. Un
pueril y pensara que todo cuanto había percibido, visto y oído en charco de sangre se fue esparciendo por la alfombra mientras yo me
aquella noche interminable había sido tan solo un mal sueño. Su ponía de pie y miraba a la criatura moribunda revolcarse en medio
plan, por absurdo que fuera, podría haber dado resultado con otra de un dolor terrible. Entonces la máquina de mis ideas ingenió
víctima; sin embargo, cómo habría de saber la maldita sombra que un plan desesperado. Sabía que aquel plan era la única manera de
yo nunca sueño. volver a la vida a mi buena tía Lorna. Me agaché junto al demonio
Me puse una bata sobre mi ropa de dormir, y bajo la bata agonizante y le hundí hasta la empuñadura la daga de mi difunto
me colgué la pesada daga paterna, guardada en su vaina de cuero padre. El monstruo escupió una sangre espesa y oscura. Su grito
de tal manera que sólo sobresaliera de mis ropas el suave mango desgarrador quebró el aire sereno de la mañana.
de marfil. Cuando bajé al comedor, Lorna se bebía tranquilamente Mi nuevo plan consistía en esperar a que cayera la noche y
su café mientras desmenuzaba una almojábana algo fría con sus llevar el cadáver de aquel demonio a la presencia de su reflejo: la
dedos delgados, como lo habría hecho mi tía. También pude ver verdadera Lorna. Tal vez mi tía habría podido arrastrar hacia el
cómo untaba una gruesa capa de mantequilla en una tajada de pan, cristal el cadáver de su verdugo y volver a este mundo sana y salva.
valiéndose únicamente de su mano izquierda. Yo, que conocía Lo único que no sabía era si Lorna lograría volver a ser una persona
la estricta educación que habían recibido mi madre y todas sus con sombra y reflejo o si se transformaría en un extraño vampiro
hermanas, sabía bien que Lorna no era zurda. De hecho, la tarde diurno condenado a ir por el mundo sin la presencia de aquellos
anterior la había visto abrir cada puerta, encender cada lámpara de espectros de cristal y oscuridad. Yo había matado al reflejo de Lorna,
aceite y servir cada taza de chocolate con su mano derecha. pero Lorna aún vivía. Solo yo podía salvarla de su prisión, pero tenía
Me puse de pie, sobresaltado, y le exigí al demoniaco reflejo que esperar a la noche. Desafortunadamente, esa divina redención
que me explicara cómo volver a Lorna a la vida. En medio de mi nunca llegó para mi tía. Algún vecino entrometido había alertado a
inocencia, creí que el reflejo se sentiría aterrado al entender que la policía acerca de unos extraños sonidos que había escuchado en
lo había descubierto; sin embargo, no fue esto lo que sucedió, y la casa de la anciana. Cuatro agentes tumbaron la puerta principal y
la sombra maldita atravesó la cocina con una agilidad impropia me apresaron antes de que pudiera esconder el cuerpo. Mi abogado,
de su edad. Cuando salió de la cocina estaba empuñando un a quien le rogué que no mintiera acerca de mi condición, hizo a la
afilado cuchillo. Yo palidecí de inmediato y traté de tranquilizar postre su voluntad y me condenó al manicomio al alegar demencia.
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Con el tiempo, los enfermeros y los médicos que trabajan
aquí han llegado a la conclusión de que no soy peligroso. He pedido
que me permitan cubrir con sábanas el espejo en mi habitación.
Aunque esto me libra de ver mi rostro monstruoso burlándose
de mi desgraciado encierro, no me libra de escuchar los gemidos
lastimeros de mi querida tía Lorna, que me suplica y me ruega en
medio de su odio que la salve de aquel encierro cruel al que ha sido
condenada sin merecerlo. Pero su demonio está en un cajón negro,
algunos metros bajo tierra, en la ciudad de Popayán, y no hay nada VAMPIRO (DE LAS
que yo pueda hacer por ella.
Le ruego a Dios todas las noches que descomponga pronto el CRÓNICAS DE ÜRUK)
cuerpo apuñalado de la Lorna muerta, y quizás así pueda pudrirse
también mi querida tía encerrada en el cristal. Lo mejor que le puede PABLO CAZAUX
suceder es la muerte, la muerte definitiva e irrevocable. Ruego a
Dios que me perdone, porque es mi culpa que Lorna esté tras el
cristal de cada espejo que existe en esta tierra. También le pido al Puedo escuchar del silencio
Padre Eterno que acabe con el sufrimiento de mi tía, que tanto gime sus frases reveladoras.
y llora tras los cristales, y que acabe con mi propio sufrimiento, Puedo ver en la oscuridad
pues ya no puedo soportar sus aullidos locos, llenos de odio y dolor. la danza de lobos en el desierto
Detesto esos gritos que me increpan y me ruegan, esos alaridos que alrededor de una fogata apagada
me torturan de noche y de día, y que resuenan incesantemente en y un cuerpo mutilado.
las paredes de mi cráneo. Puedo entender el poema
Ahora sólo espero la muerte. Lo que no sé bien es si mi tía que nadie entiende.
Lorna se hará polvo tras los cristales antes de mi deceso o si seré Puedo, incluso, cambiar
yo quien, agotado por el perpetuo movimiento de la máquina de el curso de los ríos
mis ideas, habrá de sucumbir primero ante la espada negra del y aclarar el agua
arcángel de la muerte. No sé cuál de estas muertes llegará primero, para ver su lecho.
pero ambas me serán, lo sé, igualmente gratas, y me redimirán de Lo que no puedo
manera similar. es amarte eternamente,
porque veré tu cuerpo desintegrarse,
corrompido por los años y la embriaguez
que me provoca tu sangre.
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A VECES
BRILLAN EN LA NOCHE
ALMA MANCILLA
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—¿Crees que se trata de un entierro ritual? —preguntó John una se equivoca, me dije suspirando, lo importante es reconocer el
mirándome las tetas. error y rectificar.
Nada permitía deducirlo; no había ofrendas, estatuillas, Caminé con lentitud la distancia que separaba la excavación
inscripciones, solo la muerte llana y sin más. Algunos de los huesos de la posada, entretenida en el paisaje que era boscoso y umbrío;
eran tan pequeños que no podían sino haber pertenecido a niños, y me recordaba alguna cosa que no supe definir, como cuando una se
eso siempre era un poco aterrador. Le dije que yo no era experta en topa de nuevo con una imagen que ha visto de niña o en un sueño
rituales centroeuropeos y, aunque era antropóloga, que mi trabajo que cuesta trabajo recordar. Cuando llegué al pueblo, en lugar de
en su equipo se centraba en documentar lo hallado, rendir un irme a la posada, me perdí a propósito en las estrechas calles del
informe y empacar los hallazgos para que todo pudiera acabar en centro, por las tiendas donde vendían chucherías en locales mal
un almacén donde alguien de más autoridad los pudiera examinar. iluminados —sobre cuyas puertas había crucifijos y ristras de ajos
John respondió con un gruñido. El resto de la mañana me entretuve al por mayor—. En una cosa John no se equivocaba: la gente de acá
así, clasificando piezas, guardando restos en cajas, limpiando todo era supersticiosa, crédula a más no poder.
cuidadosamente con la brocha antes de embalar cada cráneo, tibia y De vuelta en la posada, John, como de costumbre, me esperaba
peroné. La forma en que los huesos estaban dispuestos era curiosa en la puerta. Se le veía molesto, era obvio que no le gustaba que me
e indicaba descuido, como si los hubieran ido arrojando allí según alejara de su vista y que esperaba de mí alguna retribución.
un modelo prescrito, pero con prisa por terminar. De cuando en —Si no quieres tener problemas, muñequita —agregó en tono
cuando, John me miraba desde la carpa y murmuraba alguna frase insinuante—, habrá que compensarme de alguna forma. Todavía
que yo, por fortuna, no alcanzaba a escuchar. estás bajo mi tutela, no te has ido de aquí hasta que te vas de verdad.
Desde que el remedo de relación que manteníamos se había El gesto que siguió a la frase no dejaba lugar a dudas acerca
terminado, la convivencia con él era insufrible e ignorarlo era lo de cuál podía ser esa compensación, pero yo ni siquiera me molesté
mejor que se podía hacer. A veces yo pensaba que la culpa era mía: en contestar. Me alegré al pensar que, en dos semanas, si todo iba
eso me pasaba por meterme con el jefe del equipo, ya tendría que bien, yo me marcharía del pueblo, John quedaría atrás, no más
haber aprendido la lección. Porque, aunque me apenara aceptarlo, no huesos que desenterrar, no más insultos disfrazados de piropos.
era la primera vez que me veía en apuros por no saberme contener. Me alejé sin decir palabra, deseosa de que mi última colaboración
No obstante, John se excedía, como si se esforzara por demostrar en su equipo terminara pronto y terminara bien. No obstante, esa
ante propios y extraños que yo era de su propiedad: noche dormí mal, aquejada por una vaga incomodidad interna, por
—Aquí la gente cree en cada cosa, mi cielo, no vaya a pesadillas cuyo contenido intuía malsano pese a no poderlo precisar.
atraparte un monstruo en el monte —me gritó con sorna al final del Como para hacer eco a aquella desazón nocturna, al otro día hubo
día, guiñándome el ojo como en signo de complicidad. mucho que hacer. Más huesos emergieron de la tierra, y acababa
Subí la cuesta que daba al camino sin volverme, dejando atrás yo de colocarlos sobre la larga mesa bajo la carpa cuando lo noté:
las risas de quienes lo hubieran alcanzado a oír. No valía la pena el los huesos parecían refulgir, emanar un resplandor ligeramente
reclamo. Todos en el equipo de trabajo sabíamos que John era un rojizo que, desde luego, me perturbó. Nunca había visto una cosa
fanfarrón, alguien a quien uno no debía tomar en serio jamás. Pero semejante, aunque tampoco podía decirse que tuviera detrás mío
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una experiencia de años. Los trabajadores también lo notaron, como si afuera nevara, y eso, junto con la palidez de su cara, me
porque se persignaron sin preocuparse en disimular. A mis espaldas hicieron pensar que estaba enfermo. Sentí una ligera oleada de pena
John se reía, lo que me pareció de muy mala educación. Una cosa por lo que sea que lo aquejara y tal vez por eso le sonreí. Que no
es ser escéptico y otra, muy distinta, burlarse de los que sí creen. se me malentienda: él era muy joven, no mal parecido, pero a años
Preferí no darle importancia al asunto y volví a tomar los huesos luz del tipo de hombre con el que yo solía salir. Noté, además, que
para depositarlos en la caja cuando un chispazo eléctrico me tenía las uñas largas y sucias y que no olía del todo bien. Aun así,
atravesó, una especie de estertor o de corriente que, por fortuna, la idea de que alguien con tan pocos años pudiera tal vez no llegar a
enseguida se disipó. viejo me parecía injusta, y lo invité a sentarse a mi mesa. También
Por la noche, de vuelta en la posada, ya los demás miembros se me ocurrió, no sé por qué, que lo que sea que le ocurriera al
del equipo hablaban de otra cosa, de salir a divertirse, de dejar atrás chico tenía que ver con lo que habíamos encontrado allá abajo, con
el día; aunque me invitaron, yo me negué. No a causa de los huesos, los resabios de una antigua enfermedad que se manifestaba de vez
por supuesto, sino de una suerte de agotamiento que me embargaba en cuando y se había abierto camino precisamente hasta él. Era una
y cuya causa no habría sabido explicar. En el patio de la pensión idea absurda, lo admito, y apenas haberla pensado me reí. ¿Qué
algunos de los miembros del equipo charlaban con los lugareños, sabía yo de afecciones locales, de contagios o de enfermos? ¿Qué
especialmente con ellas, pálidas, hermosas y de labios pintados sabía yo de cualquier cosa a fin de cuentas?
de color carmesí. Sus semblantes me hicieron pensar en animales El chico aceptó mi invitación mostrando un aplomo que
salvajes o en cosas prohibidas pero libres, de ésas que sólo ocurrían contrastaba con su corta edad. Pese a que apenas farfullaba
al abrigo de la oscuridad. John las miraba con lascivia y al verme el español se las ingenió para entablar conmigo un remedo de
exclamó: conversación que me mantuvo entretenida. Desde la barra, la dueña
—Así que no vas, ¿eh? Conque ahora te haces la exquisita. de la pensión, una mujer fuerte —pero ya entrada en años— nos
Como si no supiéramos lo mucho que te gusta la diversión. miraba con lo que me pareció recelo, aunque al cabo de un rato
Me tragué la rabia que sentía y argumenté que debía terminar ella también se acercó y nos dejó encima de la mesa una garrafa de
mi informe, que lo que yo hiciera no era de su incumbencia, y que vino. Yo argüí que no bebía, pero ella farfulló algo entre dientes.
no me sentía del todo bien. Las tres cosas eran ciertas. Cené a —La casa invita —tradujo el chico.
solas en un rincón poco iluminado del minúsculo restaurante de la Pese a las obvias limitaciones lingüísticas, él y yo nos
pensión, un lugar por fortuna apartado y reservado a los huéspedes, entendíamos, estaba claro. Le dije que, si quería, podía pasarse
que no debían ser muchos a juzgar por la escasa concurrencia. por la excavación, pero él no parecía interesado en ver muertos.
Todavía me encontraba degustando el postre cuando una voz me Me preguntó, en cambio, por mi familia, si vivían cerca, si tenía
interrumpió: yo hermanos. Respondí que hacía mucho que no los veía: vivir
—Señorita —susurró. en el extranjero, agregué, era como morirse un poco, como dejar
Casi nadie allí hablaba español, y que alguien se dirigiera a de existir para los que se quedaban atrás. Él estuvo de acuerdo
mí en ese idioma me sorprendió. Era un muchacho al que yo ya en todo, como si entendiera a cabalidad mi postura pese a que yo
había visto antes y que, suponía, trabajaba en la pensión. Iba vestido sospechaba que él nunca había salido de ese lugar. Entonces, me
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acordé de los huesos y de lo que había creído ver. Él se encogió de Me di cuenta de que me tambaleaba pese a que no había
hombros al oírlo: al respecto muchas cosas se decían, admitió, seres bebido de más. Pero el vino me había parecido rancio, fuerte y,
de la noche, muertos que volvían, huesos que cobraban vida, quién porque a últimas fechas a John le disgustaba, yo había perdido
podía saber. Me pareció curiosa la forma en que el chico, pese a su la costumbre de beber. El muchacho insistió en conducirme a mi
juventud, daba por sentada la presencia de lo insólito. cuarto, pero la dueña de la pensión nos detuvo y susurró al chico un
—Esta es tierra rara —aseguró con su fuerte acento local—. par de palabras que no entendí.
Algunas cosas ciertas y otras no. —Not everyone comes back. Not on the final day —me dijo
A mí el vino me había mareado y sentía que no podía pensar entonces ella, en un inglés imperfecto pero claro.
bien. El significado real de aquella frase no lo pregunté. Avancé a
—¿Existen siquiera? —me escuché preguntar, y el chico tientas por el pasillo; no supe cómo llegué a mi habitación o a qué
asintió. hora me dormí. Desperté cuando ya entraba la primera luz del día
—Existen, existen. Personas... animales... una cosa y la otra. y sintiendo que me ahogaba, como si el vino de anoche, más que
Y, a veces, brillan de noche. embriagarme, me hubiera caído muy mal. Tuve el vago recuerdo
Tuve una imagen fugaz de un montón de seres brillantes, casi del chico, de su cuerpo blanco y escuálido, de sus uñas curvas que
sombras a la inversa. me tocaban. Vomité sobre el lavabo un líquido oscuro y espeso. El
—¿Qué tienen que ver los huesos? —agregué, obnubilada. cuello me palpitaba y en el espejo descubrí un leve arañazo que ya
El vino, en definitiva, se me había subido a la cabeza. no sangraba. Pero cosas peores me habían ocurrido en el pasado, no
—Plagas, guerras. Pero todo termina —dijo el chico—. Lo sería ni la primera ni la última vez. “No tienes remedio, Rosana”,
vivo, lo muerto, lo que no puede morir: todo vuelve al polvo. Pero me recriminé mientras me lavaba y me ponía esparadrapo. Con eso
hay siempre muchas formas de sobrevivir. y una chalina en el cuello, ya estaba lista para caminar hasta el
Ya no supe de qué estábamos hablando, o qué me quería él emplazamiento a buen paso. Pesadillas, lagunas y amores salvajes
decir. El chico señaló una foto en el pasillo, al fondo de la posada. los tiene cualquiera, yo no era la excepción.
Era una de esas fotografías post mortem de antaño en la que se La mañana se anunciaba difícil porque uno de los arqueólogos
mostraba a una mujer cuya apariencia acre y gastada no ocultaba faltaba al llamado. Alguien tendría que suplir sus tareas, y ese
su antigua hermosura. Su rostro tenía, en efecto, la cualidad de lo alguien probablemente iba a ser yo. Recibí con alegría la noticia de
eterno: aquella mujer parecía haber vivido mil años y, al mismo que John había tenido que quedarse en el pueblo a tratar de averiguar
tiempo, era como si la foto hubiera sido tomada ayer. Pero yo me las razones de aquella ausencia; pero, quizá por la mala noche
sentía confundida y cansada; no tenía idea de por qué el chico me transcurrida, me costó más trabajo que de costumbre moverme bajo
señalaba aquello, qué quería hacerme entender. Me pregunté si aquel inclemente fulgor. Me mantuve lo más que pude a la sombra,
sería alguna vieja hermana suya o una tía lejana. Afuera ladraban debajo de la carpa, allí donde apenas me alcanzaba el horrendo
los perros y en la espesura del bosque un animal aullaba. Era tarde, resplandor. Los huesos allí seguían, tal como los había dejado ayer,
así que me levanté. pero ahora se veían marchitos, disminuidos, y cuando los toqué
—Hasta mañana —dije, como si hiciera falta ser cortés. con los dedos uno de ellos se desintegró. Del interior cacarizo me
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pareció ver escurrirse una goma negruzca y, sin saber por qué, lo que hubiera estado vivo unas horas atrás. La dueña de la pensión me
pensé: sangre, sangre, la sangre vuelve a vivir. miró y murmuró entre dientes mientras se escurría hacia el interior
Los dejé caer enseguida, asustada; poco importaba que con en penumbras. Supe que el animal había sufrido, y en el ojo sin vida
ello pudiera estar dañando lo que no era de mi propiedad. ¿Por qué del ave vi reflejada mi silueta en una forma que me asustó.
se me había ocurrido aquello? ¿En qué estaba yo pensando? Algo en Esperé a John para avisarle de lo hallado, pero este no se
el rabillo de mi ojo se movió, una especie de sombra que, al girarme presentó. Subí a acostarme y tuve una pesadilla de la que me costó
para verla de frente, se deshizo en largos filamentos opacos. despertar. En ella vi árboles negros, seres alados que recorrían la
—¿Estás bien, Rosana? —me preguntó con curiosidad Dani, espesa penumbra, una mujer sin brazos y una gallina degollada
uno de los asistentes de la excavación—. Te ves pálida. ¿No te que corría hacía mí dejando a su paso un reguero de sangre. El
habrás pescado algún virus? cuello me dolía más que la víspera, como si se estuviera infectando.
Respondí que tal vez sí: la comida local era buena pero no Volví a lavarme y me tomé un par de aspirinas antes de dormir.
sabíamos cómo la preparaban. La gripe, la salmonela, tantas cosas Al otro día, apenas hubo oportunidad de discutir con John sobre
circulaban. O debía ser este sol, argüí. Eso, y todas las cosas que lo encontrado porque otro de los miembros del equipo se había
uno oía por aquí. marchado dejando todas sus pertenencias detrás. Todos en la
—Y que lo digas —respondió Dani sonriendo, como si todo pensión estaban nerviosos. Yo tenía cara de enferma, como a punto
eso tuviera sentido—. Pero un poco de agua te vendría bien. de sucumbir ante algún delirio febril.
Me tomé el agua y proseguí mi labor porque no me quería Pese a que todo apremiaba, decidí tomarme el día. Lo pasé
entretener. Allí todo era polvo y fragmentos, huesos amarillos en cama, como envuelta en una bruma pesada. Por la noche, sin
y como cubiertos de una fina capa de cal o de gis. Un fémur, un embargo, el malestar había remitido y tuve fuerzas para bajar
esternón, una tibia. Al final del día apareció un cuerpo. Era eso: al restaurante. Allí, de lejos, divisé al chico, pero éste me evitó.
un cuerpo acaso momificado, pero por lo demás en asombroso Alcancé a ver que sonreía, como si aquello lo divirtiera, como si
estado de conservación. Noté que tenía una herida en el pecho y que todo lo que ocurría a su alrededor formara parte de una pieza de
mantenía, ya en jirones y mohosos, los restos de lo que parecía un teatro muy vieja que él había visto muchas veces ya. Sospeché que
vestido de fiesta. Los trabajadores locales murmuraron y afirmaron él sabía más de lo que me había querido contar; pero, cuando le
que no seguirían adelante, no ahora, que ya empezaba a caer el sol. pregunté a la mujer de la posada dónde podía encontrarlo, ella se
Por mi parte, yo también decidí que por aquel día era suficiente. santiguó. John vino a verme más tarde, furioso: ¿quién me creía yo
Y lo encontrado bien justificaba un descanso. Dada la ausencia de para decidir cuándo se trabajaba y cuándo no? ¿Con qué derecho
John pedí a los trabajadores que volvieran a cubrir la fosa y les decía y hacía cosas a sus espaldas? ¿Y eso de dejar abandonada la
autoricé a marcharse. carpa, con los instrumentos de trabajo allí encima? De milagro no se
Volví a la pensión solo para encontrarme con que allí también los habían robado, de verdad, era el colmo de la irresponsabilidad.
había revuelo; nada grave, una de las aves de corral de la dueña que La momia —así llamó John al cuerpo— no aparecía, alguien iba
yacía muerta bajo el portal. Algún travieso se había ensañado con a tener que pagar por eso. ¿Y no se me había ocurrido que una
el animalito, su aspecto era más el de un ser disecado que el de uno cosa así podía llamar la atención de alguna autoridad? Mencionó
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palabras como despido, demanda, daños y perjuicios, pero yo totalmente libre aunque fuera una vez. ¿Y quién podía saber qué
apenas lo escuché. se escondía en las profundas metamorfosis de la carne y del alma?
El resto no sé si lo soñé o si fue producto de mi imaginación. ¿Quién podía saber si esto que me pasaba era el afortunado principio
Recuerdo bajar al comedor con John, hacer una llamada, volver a o el desgraciado final? Pasé sobre el cuerpo sin vida de John sin
subir más tarde, caminar por un pasillo a oscuras y pasar frente a mirarlo, casi alegre, renovada, conmovida, palpitante boca mía que
varias puertas cerradas de las que ninguna pude abrir. Tengo claro se abría y que buscaba. Me deslicé por el pasillo en penumbras
haberme reído, no sé con quién o de qué, de una afirmación que se hasta llegar a la puerta cerrada que, no obstante, traspasé: yo era
me escapaba y que, al mismo tiempo, aparecía ante mí con absoluta vaho, neblina, todo en mí era vasto poder. Mi piel refulgía, mis
nitidez. Desperté con John al lado, ambos cubiertos de sudor y él encías punzaban, algo en mí rebullía. El tiempo es eterno, pensé, la
con una sonrisa perversa en el rostro. En cuanto notó que yo estaba noche es tan vasta, en mí crece el horror. En las colinas, brillando,
consciente se irguió en la cama y me interpeló con el descaro que me esperaba el chico sin su máscara de vivo, blanca piel, pálido
tan bien le había aprendido a conocer: rostro; todo él, todos los suyos, ávidos de sangre y de compañía.
—Bella de día, pero más de noche. Ya sabía que aceptarías,
muñeca. Pasa lo de siempre, ¿lo ves? Eres una fiera, pero ahora todo
irá mejor entre tú y yo.
Sentía la boca reseca y la cabeza me dolía. ¿Habíamos bebido
acaso? ¿Había yo invitado a John a entrar? El contenido de mi
estómago se revolvía, y no sólo por lo que hubiera podido ocurrir
entre nosotros. Era como si mis sentidos se agudizaran, como si
solo ahora, por fin, despertara yo a alguna verdad. Por la ventana
de mi cuarto se escuchaban, a lo lejos y a la vez muy cerca, aleteos,
zumbidos, acaso los árboles cuyas ramas crujían. Me levanté de la
cama, me acerqué a la ventana y entonces lo vi: una forma que, en
efecto, refulgía, avanzaba por el bosque y volaba y se detenía en
un claro para luego, ante mis ojos, cobrar poco a poco una forma
humana que reconocí. Y aquella debió ser la señal, el detonante, la
llave que hacía falta para que todo en mí encajara. Me lancé hacia
John que seguía en la cama, y allí lo ataqué con uñas, con dientes,
con garras. Abrí la boca y mordí, sorbí, desgarré. Lo que sentí en mi
cuerpo me llenó como nunca nada me había llenado antes, y supe
que aquello era verdad: algunos vuelven antes del juicio final.
Si John gritó o se defendió, no me enteré. Me quité la ropa,
me solté el cabello, tuve ganas de escapar, de marcharme, de ser
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A LA PERSONA QUE
ENCUENTRE ESTAS PÁGINAS
PENÉLOPE GAMBOA BARAHONA
Juré que me llevaría esta historia a la tumba, que nadie más sabría
mi secreto, pero no he podido evitar tomar el bolígrafo. ¿Un impulso
de la vejez? Quizás, ya no me queda mucho tiempo de vida y todos
mis allegados han muerto. Tan solo quedo yo y mi memoria…
Lo único que le pido es que lea con atención hasta el final, usted
decidirá si me cree o no.
Los hechos que a continuación relataré sucedieron hace
muchos años, cuando cursaba el tercer año de colegio; el mundo
era muy diferente entonces, no existía el internet y la televisión a
color era una novedad. En aquella época yo era una adolescente
desgarbada que pasaba todo el tiempo con su cámara fotográfica,
un regalo de mi madre. Fue así hasta que ella apareció.
Recuerdo muy bien el día que llegó a mi clase, vestida con
el uniforme y un enorme sombrero. La maestra la presentó ante
todas como una estudiante extranjera, Jeanne Dupont, oriunda del
Caribe. Se sentó en el otro extremo de la clase y giró su cabeza
hacia mí. ¿Por qué? Se preguntará usted. Verá, cuando dos personas
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desconocidas coinciden en un mismo lugar y tienen el mismo color no comía. Jamás, en todo el tiempo que compartimos juntas, la vi
de piel, como lo teníamos ella y yo, es natural que miren a donde comer.
está su igual. A fin de cuentas, no era común que mi colegio tuviese Por esa misma época comenzaron a aparecer noticias
estudiantes negras. espantosas en los periódicos, hombres y mujeres asesinados sin una
Me acerqué a ella en el recreo del almuerzo, completamente sola gota de sangre en sus cuerpos. La gente estaba aterrorizada
embelesada. Era hermosa, casi parecía una muñeca de porcelana de y en el colegio se habló mucho de estos crímenes, algunos padres
esas con vestidos largos y rizos perfectos. Me saludó en un español y madres tomaron la decisión de recoger a sus hijas en el portón
perfecto, aunque con un marcado acento criollo, sin dejar de sonreír. principal para evitar que el asesino las atacara en las calles.
Su voz era suave, refinada, más cercana a la de una mujer adulta Nunca olvidaré la conversación que tuvimos en el muelle, el
que a la de una jovencita. Me senté a su lado y le compartí de mi día que mi clase entera fue de excursión a un barco museo. Jeanne
almuerzo, pero ella se negó a comer. Viéndolo en retrospectiva, ese inclinó su sombrilla hacia atrás, miró el buque y su semblante se
fue el primer indicio de que algo no andaba bien. tornó triste.
Hablamos durante todo el recreo y también en los siguientes. —No me gustan los barcos, todos me recuerdan al navío en el
Yo le hablé de mí y de mi pasión por la fotografía. Jeanne me habló que llegué ―dijo con ojos ausentes.
de su padre comerciante y de todos los lugares en los cuales había —¿El barco que te trajo a este país?
vivido antes de asentarse en mi país. Con el pasar del tiempo, ambas —No, el navío que me trajo al Caribe. Estaba encadenada
nos hicimos muy amigas. bajo el suelo de madera. Muchas veces traté de liberarme, quería
Allí a donde Jeanne fuera, yo también iba detrás de ella, como lanzarme al mar…
un perro faldero. Si quería algo, yo movía cielo y tierra para dárselo. Un par de lágrimas se asomaron bajo sus párpados.
Si me pedía un favor, yo hacía hasta lo imposible por complacerla. —En un muelle igual a este me vendieron. Él me azotó y me
Usted tal vez piense que estaba enamorada de ella, a lo mejor así marcó con un hierro candente, luego me mordió.
era, pero nunca me detuve a reflexionar si lo que sentía era algo —¿Quién?
romántico. —El soucouyant…
—Quiero fotografiarte —le dije un día—, me gustaría tener Sus palabras me asustaron muchísimo y no las comprendí
un recuerdo de ti. hasta tiempo después.
—No, no me gustan las fotografías. —¡Ma chérie, te envidio! Tú envejecerás y morirás, tu cuerpo
—¿Por qué? se pudrirá bajo la tierra.
—¡Ma chérie, no lo entenderías! —contestó, acariciando mi —¡No quiero envejecer! ¡Quiero estar siempre a tu lado!
mejilla. Volvió a acariciarme la mejilla como lo hacía cada vez que
Su belleza solo era sobrepasada por su excentricidad. quería terminar una conversación.
Incluso yo, tan rendida a sus encantos, me sorprendía de sus raras Mi mayor miedo se hizo realidad, el padre de Jeanne fue
costumbres. Rehuía del sol y de los espejos, tampoco toleraba los destinado a otro país y ella debía irse con él. Lloré desconsolada
sonidos fuertes ni el olor de la madera. Y lo que era aún más extraño, entre sus brazos, diciéndole lo mucho que la amaba, que jamás iba a
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querer a nadie del mismo modo en que la quería a ella. Cuando una Entonces recordé la conversación que tuvimos en el muelle,
es joven cree que el mundo se acaba después de un adiós. su aversión al sol, a los espejos y al olor de la madera. En mi
Jeanne me consoló y me dio un beso en la frente. ¿Cuántas mente se unieron los eslabones y la conclusión a la que llegué me
veces habrá escuchado las mismas palabras?, me pregunto ahora. hizo palidecer. Era una locura, un producto de la imaginación de
¿Cuántas veces habrá besado otras frentes arrugadas por el llanto? cineastas y novelistas, pero la única conclusión que tenía sentido.
Si tan solo hubiera sabido que yo no era la primera a la que despedía, A veces, cuando mis piernas me lo permiten, voy al museo.
quizás habría actuado de otra forma. ¡Oh, la ingenuidad! Me paro frente a la vitrina y observo ese daguerrotipo, llena de
Los años pasaron y Jeanne se transformó en un bonito preguntas sin respuesta. ¿Cuántos horrores habrá sufrido Jeanne
recuerdo. Yo me convertí en fotógrafa, la cámara que me dio mi antes de que la convirtieran en lo que es? ¿A cuántas personas
madre pasó a formar parte de una larga lista de artefactos preciados habrá matado para saciar su sed de sangre? ¿Seguirá ansiando la
en la pared de mi cuarto oscuro. muerte? Y, de última, la que hace que mi corazón lata deprisa: ¿la
Una mañana recibí la llamada de un compañero de profesión, volveré a ver antes de la mía?
quería que revisara una colección de daguerrotipos que había llegado
a sus manos antes de donarlas a un museo. Acepté de inmediato,
una de mis especialidades es la fotografía antigua.
Mi compañero me advirtió que el material podía causarme
malestar. Daguerrotipos de Martinica y Guadalupe, plantaciones
de caña de azúcar ―dijo con angustia―. Tomé mi lupa sin decirle
nada, conocía la historia de mi gente y del horror que mis ancestros
sufrieron.
El tercer daguerrotipo, muy bien conservado, mostraba a un
grupo de esclavos alrededor de su amo y de su esposa. Se me puso
la piel de gallina, ¡Jeanne estaba allí, al lado del hombre! Vestida
con harapos y descalza, pero era ella. Temblando, le di la vuelta al
daguerrotipo y leí la inscripción en francés:
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SANTA ALUCARDA
JUAN DE DIOS MAYA AVILA
Hasta hace muy poco que casi nada sabíamos de esta santa
devota de la sangre. Apenas en la década de los setenta del siglo
pasado la descubrieron siendo adorada en una capilla solitaria
del Callejón de la Mentira en el barrio de San Ángel de la Ciudad
de México. Una monja llamada Tina Romero y un indio nahua
de nombre Juan López Moctezuma, como si fueran sus padres,
resguardaban la imagen de Alucarda dentro de una vitrina, donde
también tenían algunos huesos y un cráneo con sendos caninos
afilados que aún mostraba restos de cabellera negra tatemada.
Asimismo, conservaban una estaca de madera ya podrida, objeto
con el que, según el pueblo, Alucarda fue asesinada.
No pocas de las buenas familias de San Ángel (semillero
de gente de buen vivir) le temían a ella y a sus custodios; pero,
otros tantos, en su mayoría fuereños, la buscaban y la buscan
con suma insistencia. Cuando fue hallada, las autoridades
eclesiásticas requirieron su imagen y sus vestigios para llevarlos
a examinar a la catedral. Sus custodios no quisieron soltarla,
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pero sí dejaron que su culto se conociera allende las fronteras veces los asesinaban para evitar así lidiar con futuros problemas
de San Ángel. A pesar de los consejos que sobre sus liturgias de vicio y abandono.
han manifestado los obispos en relación a no desvirtuar el Alucarda y Justina tuvieron suerte al principio. La
significado verdadero de la biografía de Santa Alucarda, sus beata velaba por ellas. Desafortunadamente, su suerte trocó
devotos siguen tributándole sangre —se dice que de animales, en desgracia cuando su protectora enfermó gravemente y fue
más ya no sabemos—. Ella responde con los favores que se internada en un nosocomio de la Ciudad de México. No obstante,
esperan de un intercesor divino y hace especiales milagros a la religiosa dejó una considerable suma al carnicero de Tizapán
los enfermos de porfiria y vampirismo. para que él alimentara a las niñas. El carnicero, hombre de pocos
Alucarda parece haber vivido en las primeras décadas escrúpulos, les daba a las niñas por alimento la sangre de las
del siglo XIX, en las postrimerías de nuestra emancipación. reses que vendía pensando en que la beata, por su avanzada
Aunque no se sabe cuál sea su lugar de origen, un día se le edad, ya no volvería al barrio. Una noche, Alucarda irrumpió
halló vagando en las inmediaciones de San Ángel, justo en el en Tizapán tocando de puerta en puerta y, entre alaridos, repetía
barrio de Tizapán, en donde solía pasarse horas a la vera del que el carnicero había envenenado a su hermana con la sangre.
río. Una beata oriunda del rumbo se había dado cuenta de que la Como es de esperarse, nadie la auxilió.
niña vivía en un descampado y concluyó que era una huérfana Al día siguiente, los labradores hallaron un triste
vagabunda, de esas que por ese entonces tanto abundaban en el espectáculo cercano al río. Allí estaba Alucarda, prensada al
país a causa de las guerras intestinas. A cambio de darle comida, cuello desgarrado de su hermana, succionando y escupiendo
le puso como única condición que escuchara la santa palabra, cuajos sanguinolentos a lado del cadáver. “Lo hago para sacarle
a lo cual la niña —por supuesto que por su pureza y no por la sangre envenenada”, arguyó la inocente niña. No le creyeron
hambre— accedió sin remilgos. y con mecates fue amarrada y así conducida rumbo al centro de
Mucho gustaban las historias del gran libro a Alucarda y se San Ángel, donde la turba exigió a las autoridades que se hiciera
afanó en cumplir los innumerables preceptos que de él emanan, justicia con esa niña asesina, de la que los labriegos juraron era
convirtiéndose pronto en el primor de la señora. Un buen día en vampira, y le achacaron algunas muertes que, de común, habían
que la beata le llevaba de comer al campo, descubrió a otra niña sucedido por enfermedades misteriosas —frecuentes en esos
junto a su protegida. “Es Justina, mi hermana”, le dijo Alucarda tiempos— en Tizapán. Un clérigo dijo que debían enterrarle una
y desde entonces no se separaron. Justina seguro era otra víctima estaca en el corazón, quemarla y rociar sus cenizas en el río. Él
de la guerra. Entre las familias pobres no era poco común que mismo presentó la estaca de madera y con ayuda de los labriegos
maridos y esposas se enrolaran en las filas insurgentes dejando a le encajaron a la niña el punzón asesino. De un machetazo le
los hijos con sus familiares. A veces ambos progenitores morían cortaron la cabeza y en el atrio de San Jacinto dispusieron un
y, siendo la familia tan pobre, decidían abandonar a los huérfanos hato de leña para incinerar el cuerpo.
en el campo al no poder sostener su manutención. Por ello, en A medio tatemar se hallaba cuando irrumpió en escena
pueblos como el de San Ángel y sus barrios, era común hallar la beata, quien tenía poco de haber regresado a Tizapán, ya
vagando a estos niños, lo cuales eran tristemente evacuados. A recuperada. Enterándose de lo que acontecía, investigó los hechos
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(como lo debieron hacer las autoridades) y pudo esclarecer que Oración a Santa Alucarda
el culpable de aquella tragedia era el carnicero. Así lo dijo a
las autoridades de San Ángel y al sacerdote exorcizador, quien Santa Sangre, Santa Sangre, Santa Sangre,
se echó de rodillas y llorando exclamó: “Hemos matado a una que de la niña Alucarda fueras alimento,
inocente”. Acto seguido, instó a la turba para que fueran a río de vida, manjar del macilento,
ajusticiar al carnicero. revela ante tus hijos los santos misterios,
La beata salvó lo que pudo del cuerpo de Alucarda y, danos la vida eterna a quienes morir no queremos,
envuelta en un lienzo blanco, la llevó a su casa, donde la gente de Santa Alucarda, Santa Alucarda, Santa Alucarda,
Tizapán ocasionalmente le rezaba. Allí empezó a obrar milagros en la noche muerde mi cuello.
y al cabo fueron tantos que filas de personas se apostaban fuera Amén.
de la casa de la beata, quien entonces decidió comprar un terreno
en el Callejón de La Mentira, donde mandó construir la capilla
para que Santa Alucarda fuera venerada.
Cabe resaltar que cuando las autoridades eclesiásticas
descubrieron el culto a Alucarda y se entrevistaron con sus
custodios, Tina Romero juraba ser aquella beata decimonónica.
Explicó que había logrado vivir más de ciento cincuenta años
porque, al ir a buscar el cadáver de Justina —el cual halló
devorado por los perros— escuchó la voz de Alucarda que le
pidió se comiera los cuajos de sangre que los animales, por
divina razón, habían dejado intactos. Así, ello le había regalado
la inmortalidad.
Incluso cuando la imagen de Santa Alucarda aún no ha sido
muy extendida entre los impresores y vendedores de estampas
religiosas, es relativamente fácil reconocerla: se trata de una niña
de entre doce y trece años; de pie y con los brazos caídos a cada
extremo; de piel muy blanca, rostro parco y pálido; cabello oscuro,
largo y enmarañado; vestida con un sayo negro que le cubre del
cuello a los pies, y la boca entreabierta, con restos de sangre
manchando sus labios y con los caninos superiores sobresaliendo
punzantes de entre el resto de los dientes.
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TAPADA
TANIA HUERTA
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Era casi mediodía cuando su madre entró acompañada de A lo cual, le siguió un berrinche de padre y señor mío de la
su nana. niña, para evitar la apertura de las pesadas telas.
—¿Vuesa merced no piensa levantarse? —preguntó la madre —¡Quiere que me muera, madre, que quede ciega y viva
aburrida de que la hermosa chica tuviera esa mala costumbre de en verdaderas tinieblas! Lucifer se ha apoderado de usted y le
despertar tan tarde, ignorante de los recorridos nocturnos de su ha quitado su amor por mí, ¡el amor más grande que tiene hasta
prole. el ser más mínimo de la creación! —gritaba Drusila pateando
—Señora madre, por favor, déjeme dormir unos minutos y golpeando todo alrededor, alejando a su nana de las cortinas,
que ni Cristo se levantó tan temprano para entrar a Jerusalén — dejando todo a media luz.
replicó la linda niña de piel de marfil a su progenitora, dando una —Eres una orate, hija mía, padre se enterará de todo esto,
vuelta que la hizo envolverse en una capa más de la gruesa tela y tú eres la que debes entregar tu alma a Cristo. ¡Necesitas monjío,
adentrarse unos centímetros más bajo la cama. ningún hombre te soportará y aquí no se cría inútiles! —fueron
—¡Blasfema, crápula! Y sigue con esa costumbre de dormir las últimas palabras de su madre antes de abandonar el recinto
debajo de la cama. Costumbre que el padre le consiente pues yo sollozando, seguida por la nana.
hace tiempo la hubiera hecho azotar para que duerma como una Al fin tenía un día más en penumbra, no sabía cuánto tiempo
niña correcta, pero Don Rodrigo le consciente todo —renegaba podría mantenerse así.
la madre, echándole la culpa a su esposo de las malcriadeces de Horas después se levantó. Terminó el almuerzo en el cual
la primorosa criatura. jugaba con la comida y, en los descuidos, daba bocados al perro
—Padre sabe —respondió nuevamente adormilada Drusila, que ya se encontraba obeso. Toda la familia se reunió. Sus padres
que con un grito evitó que las cortinas se abrieran a manos de su estaban ya dispuestos en la capillita del hogar y los hijos alrededor
nana—. Ya sabe que el sol me hace mal, nanita. Me quema los para rezar el Santo Rosario que se oraba cada tarde. Las cuentas
ojos. Podría volverme ciega y seré una inútil o, peor aún, quedaré redondas del pequeño rosario de nácar eran palpadas por los
soltera. dedos de la linda chiquilla, las sentía en su piel, su forma redonda
Negaba la madre con la cabeza a las respuestas de su única y suave sin ninguna abolladura o parte áspera, se devenían unas
hija. tras otras haciendo de cada una de ellas una oración.
—Drusila, mi turroncito de doña Pepa, todos los médicos Los minutos pasaban interminables hasta llegar al famoso
te han visto y ninguno da con tu condición. Es que no existe, «amén» que daba fin al rezo. Un beso en la frente del padre era
querida, todo está en tu cabeza. Ya debes de salir, mira lo pálida la señal de regresar a sus dormitorios para la siesta de rigor que,
que estás, hasta pareces ploma. Más que turroncito, pareces una en esos años, era obligación para cualquier personaje noble de la
cocada de lo blanca que estás, cariño mío. Y tus ojos —comentó aristocrática Lima.
acercándose a su primogénita—, ya no tienen ese brillo que Cerró la puerta tras de sí al entrar a su dormitorio, que la recibía
solían tener, que conquistaba hasta a Don Agrio, el bodeguero con el olor a incienso que su nana le encendía siempre para alejar a
—sonrió—. Esta oscuridad está absorbiendo tu vida, tu energía. los malos espíritus y las criaturas de la noche. «¡Cosas de negros!»,
¡Abran las cortinas! pensaba antes, cuando no conocía tan de cerca su existencia.
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Drusila miró el espejo intentando recordar su reflejo. Tomó unos que no lo eran tanto pero que igual cedían a sus encantos
el cepillo y comenzó a peinarse deshaciendo el ajustado moño. juveniles. Mas en su corazón solo una llama ardía, una que era
Sus rizos cayeron sueltos como una lluvia de hilos de ébano, tan prohibida como su propia existencia.
un suave rebotar se veía al final de cada cepillada. Su rostro, La llevaron sus pasos, nuevamente, a la Iglesia de San
recordaba, era del blanco más puro, sin ninguna imperfección Agustín. La hora de la confesión se acercaba y los últimos rayos
en su piel, y sus facciones tan hermosas que, si el amor mismo la del sol entraban tímidos. Tapaba su rostro con el manto, ya que su
hubiera visto, habría sentido celos de ella. piel, al más ligero toque del sol, humeaba tenuemente y exhalaba
Se preguntaba si aún seguiría viéndose tan bella y cuánto un olorcillo a quemado que ni el príncipe del averno aceptaría en
tiempo sería el que pasaría hasta que sus padres y familiares se tan hermosa moza.
dieran cuenta de que no envejecía, de que se dieran cuenta que Corrió a refugiarse dentro de la oscuridad de la iglesia.
ella era un monstruo cubierto bajo el más angelical envoltorio. Entró al primer confesionario y esperó. Su aroma a madera la
La tarde llegó con su típico manto gris. Alistábase a salir envolvió haciéndola pensar en el féretro que en algún momento
con aquel traje odiado por su padre y el que tantas veces el virrey necesitaría. Pasaba sus manos enguantadas por los desniveles
mismo había prohibido. de la madera tallada. El asiento de terciopelo rojo refulgía en la
Cubríase ella con la saya que caía pesadamente hasta los tobillos oscuridad del pequeño cubículo.
dejando ver el más diminuto y primoroso zapatito de raso bordado —Ave María Prados sine peccato —escuchó detrás de la
y el manto amarrado en la pequeña cintura que cubría los hombros celosía bellamente adornada.
y la cabeza. Prendas que, por esos años, estaban en toda la usanza —Immaculata Conceptio est —respondió, pegando los
limeña. Los rayos del sol —que iba muriendo— resplandecían en la rojos labios a la delgada tela que los separaba.
negra saya de raso que acompañaba el manto verde aterciopelado y El joven cura la miraba con los ojos relumbrantes de la
que solo dejaba verle un ojo. ¡Pero qué ojo! Verde como uva madura, inmunda pasión que despertaba aquella blanca doncella en su
almendrado coquetamente, rodeado de negras pestañas como un corazón ofrendado a Dios.
marco perfecto. Una tapada limeña a toda honra. Juntaron sus manos, las yemas de sus dedos se tocaron solo
El trajecito, aparte de cubrirla de las miradas masculinas separadas por el delgado lienzo. Se miraban sin parpadear. Ella
y dejarla hacer sus diabluras ante las féminas, la cubría también no necesitaba confesar nada. El pecado recorría sus carnes, su
de la luz del sol, ahora enemiga natural de la joven, así como lo aura, su cuerpo completo. Martín no daba crédito al brillar de los
eran las misas domingueras, a las cuales no asistía dando excusas ojos de la chica, esos destellos rojizos que no comprendía, que lo
cada vez más absurdas —lo que su padre atribuía a «malestares hipnotizaban, por los cuales perdía la voluntad. Esa que le permitía
de cabeza femenina» y «berrinches de niña mimada»—. a la joven quedarse todas las noches escondida en la celda del
Escapada de su hogar, salió con rumbo a las calles de la lozano sacerdote. No importaba que cada una de esas noches un
bulliciosa Lima. hermano «enfermara» y que, en el transcurso de una semana, aquel
Aprovechaba su atuendo que le permitía pasar de incógnito mismo feneciera ni que el recorrido de gotas de sangre, encontradas
entre los hombres de letras y coquetearle a más de un soltero y a diario, siempre acabara en las puertas principales del templo.
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El padre Martín de León, había llegado de España unos años —Belcebú —alcanzó a susurrar el padre antes de sentir la
antes. Era conocido que un lío de faldas en la península lo había piel de su cuello desgarrada. Gotas del tibio líquido impregnaron
traído a esta tierra de Indias y había caído, bendita casualidad, en el blanco cuello de su túnica de sacerdote.
la Ciudad de los Reyes. Cerró los ojos, sentía cómo se le iba la vida, cómo su
No tardaría en conocer a Drusila. sangre salía como delgado río, succionada por aquella criatura
La coqueta niña acostumbraba a pasear su figura de manto disfrazada de ángel. Su piel era rasgada por esos colmillos de
y saya en las afueras de la iglesia agustina. Su rostro cubierto, depredador humano envuelto en cuerpo de dulce víctima.
con un solo ojo observándolo, le llamó la atención. Especialmente A punto estaba de quitarle la vida cuando se detuvo. Ella
cuando, al acercarse, el rojo brillo hizo que se detuviera, lo había visto mil veces durante sus tertulias con los jóvenes
persignándose, reconociendo al mismo diablo en aquella mirada. poetas de la Plaza Mayor, lo había visto caminar en la Calle de
La chica lo siguió hasta el convento; sus cortos y rápidos Mercaderes y abrir las puertas de aquella iglesia que visitaría a
pasos sonaban en la nave de la iglesia detrás del joven monje diario después de este episodio. Era un hombre hermoso, debía
que se refugió en uno de los confesionarios. Afuera, los faroles tenerlo. A cambio de su vida, ella tomaba la de los demás curas
de aceite eran encendidos por los serenos, dándole a Lima esa cada noche. Sangre casta que se derramaba dentro de la casa de
inconfundible media luz que a Drusila le encantaba. aquel mismo que había condenado a sus congéneres a ser esas
Las palabras en latín surgieron de la santa boca, dándole atroces criaturas nocturnas.
permiso a la dama a que confiese sus indecentes pecados. Aquellas blasfemas visitas en impío amor se convirtieron,
La chica susurraba sus faltas tan bajito que el padre Martín en pasionales encuentros cada noche, en alimento que extinguía su
tuvo que pegar el oído a la celosía que los separaba. Sintió su aliento hambre de placer carnal como su hambre de rojo y vital afluente.
en el oído tratando de reconocer las palabras de la joven. Su aliento Drusila estaba convencida, esa noche, de quererlo como
era frío, más frío que el ambiente mismo. El padre trastabilló compañero eterno. Se sentó en sus piernas apoyando su rostro en
casi resbalándose del asiento al ver fulgurar aquellos ojos en la el hombro del muchacho.
oscuridad. El manto cayó hacia atrás descubriendo la más perfecta —Esta noche, cariño mío, hijo de Dios Padre en toda la
blancura en aquel rostro, las pequeñas estrellas que brillaban en expresión de su amor, conocerás la vida inmortal, reinaremos
cada pupila solo podrían adornar algún cielo infernal. Los rojos juntos en esta cucufata ciudad. No habrá quien nos haga frente,
chispazos lo envolvieron, su cuerpo no le respondía ni le interesaba dulce amor —pronunció la chica con la voz más emocionada
que lo hiciera. Solo deseaba la cercanía de aquella joven mujer que antes de hundir una vez más sus colmillos en el amado cuello,
desapareció detrás de la puerta del confesionario. succionando vida y recuerdos, tomando aliento y alma, bebiendo
Surgió segundos después delante de él. Su boca curvada mortalidad y miedo. No tardó el joven cura en perder el
dibujaba la más hermosa sonrisa. Él también sonrió, no podía conocimiento, en entregar su cuerpo en manos de la parca. Pero
dejar de mirarla. Sus bucles negros temblaban en cada movimiento antes de que el último latido de su corazón concluyera, unas gotas
al acercarse. Un beso rozó los labios del santo varón, un beso de bermeja sangre invadieron su boca. Sangre de Nosferatu, de
endiablado y tibio dado por aquellos fríos labios. resucitado, de vampiro. El ritual había concluido.
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Nunca más sus ojos vieron como aquella primera vez que su madre que, desgarrada, caía al suelo desvanecida al ver como
los abrió a la no vida; el mundo palpitaba a su alrededor, podía las otrora hermosas carnes de su niña se encendían sin fuego
sentir, oler, escuchar a cada criatura y objeto en su entorno, la hasta quedar convertidas en negra ceniza.
misma madera del confesionario hacia un ruido escandaloso al
crujir por la humedad. ***
Las puertas del confesionario se abrieron bruscamente, una
bandada de negros cuervos con cruces colgadas en su cuello atrapó Años más tarde, en 1650, el Rey Felipe IV ordenó Arzobispo
a Drusila por los brazos, socorrieron al padre que, aun débil por la de Palermo al padre Martín De León y Cárdenas, el «sacerdote-
resurrección, yacía semi consciente en el interior del cubículo. soldado» que, en las guerras religiosas europeas, defendió a la
Arrastraron a la joven por los pasillos sagrados. Ya en la Santa Madre Iglesia de una forma sobrenatural.
calle, la lapidaron, su hermoso rostro fue partido por las piedras.
—¡Satanás mismo te repudia!
—¡Asesina!
—¡Monstruo del infierno!
—¡Bruja!
Condenaron a la joven que no pudo defenderse ante el mar
de agua bendita y las cruces que quemaban su piel. La Santa
Inquisición hizo escarnio de su cuerpo.
Andrés Juan Gaitán, el inquisidor de Lima, la esperaba en
la Sala de Audiencias del Tribunal del Santo Oficio, delante de
Cristo que, desde su cruz, la juzgaba moviendo negativamente la
cabeza a cada pregunta que era contestada por la procesada niña,
denotando así que no creía en ella durante el auto de fe.
Su cuerpo fue mancillado por el látigo que partía sus carnes
y su voluntad. Culpable ya por su propia voluntad que se sabía
un monstruo, dejó hacer de su cuerpo lo que quisieron. Fustas,
cadenas y palos, sillas ardientes y ruecas de madera destrozaron
sus miembros. Irreconocible, sentenciada a la hoguera, la llevaron
al tormento, donde no necesitaron del fuego. Su verdugo fue el
mismo sol de la mañana que la encontró atada al patíbulo en la
Plaza Mayor, testigo de sus correrías de tapada.
—Madre, le dije que el sol me hacía mal —llegó a pronunciar
la criatura con una sonrisa triste ante la mirada atormentada de
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EL SECRETO DE
MADAME MARPAUD
SARA ARRIOLA
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los sapos ya no me parecía interesante. Había crecido lo suficiente tierras la sobrina de madame Marpaud, una chica que al parecer
y me sentía un hombre listo para recibir mi nueva responsabilidad: tenía mi edad.
cuidar a la perfección este maravilloso jardín del castillo. ‘‘¡Será el motivo perfecto para mostrar a todos mis dotes
Antes de proseguir, me gustaría describir —si usted me lo artísticas, y tal vez se darían cuenta que puedo ser nombrado el
permite— lo maravillosa que era la vida en esta mansión del sur nuevo guardián!’’, pensé.
de Francia; me sentía como un rey. Recuerdo el gran comedor Debía planearlo todo, no había tiempo que perder... tomé una
con una hermosa mesa llena de finos cubiertos de oro y plata, y pizarra y comencé a dibujar los bocetos que propiamente realizaría
luces difractadas por los cristales cortados de las copas. Siempre en el maravilloso jardín. El abuelo Antone, que ya estaba cansado
se preocupaban por nuestra adecuada alimentación, manjares y tan confiado de mi capacidad, solo se dedicó a supervisar cada
exclusivos exportados de lejanas regiones que brindaban sabores figura que yo realizara al finalizar.
excelsos, también se cultivaban frutos y vegetales con las mejores Los días transcurrieron rápido; yo trabajaba arduamente día
técnicas herbarias en el invernadero del castillo para preparar los y noche sin perder oportunidad, con mis pantalones bien fajados
mejores platillos en manos de los selectos cocineros residentes. La y mi camisa esperándome en un pequeño arbusto. Mi cuerpo,
enorme mansión era impresionante, desde fuera parecía no tener fin; lleno de tierra y sudor, anhelaba ansioso que llegara el día. Todos
incluso tenía un pequeño lago turbio donde, por alguna misteriosa esperaban el arribo de la señorita; en cambio, yo tan solo quería
razón, no se tenía permitido nadar. Me encantaba dormir en el ver el rostro de madame Marpaud al encontrarse con mi trabajo
bosque cuando estaba completamente exhausto después de haber en su regreso. Había partido a Rumania por su sobrina, pero no
dado forma por largo tiempo a algunos arbustos; pero mi lugar estuve al tanto, mi prioridad era darle forma perfecta a cada hoja
favorito sin duda alguna era el laberinto. que cortaba minuciosamente.
De cuando en cuando subía por la torre para admirarlo desde ¡Todo estaba listo! Me impregnaba de los deliciosos aromas
las alturas. Entrar a él era simplemente mágico, una cápsula de que emanaba cada flor, su belleza era inigualable y los colores
tiempo en donde los minutos se detenían y el eco era inexistente. lucían más radiantes que nunca, como si hubiesen acudido a mi
En la fuente ornamental de mármol se admiraba el agua más plegaria para que fuera perfecto. Lo único que no me agradaba
pura y cristalina fluyendo por un canal al interior del laberinto. por completo era aquel lago: por más que quisiese limpiarlo, las
A momentos el agua se congelaba y un rosal comenzaba a brillar instrucciones eran precisas. ¡No debía acercarme! ¡Cómo hubiese
inexplicablemente con un halo de luz celestial que parecía abrir deseado que luciera impecable, cual inmenso espejo!
dimensiones mágicas, y mi reflejo en el agua se desfiguraba cual El día había llegado, infinidad de personas rondaban
místico holograma. completamente perfumados y portaban ropas que en mi vida
hubiese imaginado, con estampados marcados en hilos de oro,
*** sedas y terciopelo. Galgos en plena gala, sombrilla con plumas
y encajes, pipas por doquier y hermosa música de clavecín que
—¡Se acerca el día! —exclamó mi abuelo con una expresión de invadía todo el ambiente. El glamour y las marcas más finas de
plena satisfacción en el rostro. En una semana llegaría a nuestras París estaban presentes. La gente parecía realmente contenta.
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Mientras, me colocaba en un sitio estratégico detrás del arco que como vagabundo, desconectado totalmente de lo que sucedía a mi
arreglé con las especies más exclusivas y endémicas de rosas justo alrededor e inmerso en mis pensamientos.
a la entrada de la Mansión; así, lo primero que vería sería la grata Uno de los mensajeros se acercó prontamente a mí para
sonrisa llena de satisfacción de madame. hacerme entrega de una nota, al parecer sería la ocasión perfecta
Dos trompetas anunciaron la tan aclamada llegada. Me para tener contacto con la señorita Christelle. Christelle... una y
tronaba los dedos de mis ásperas manos y el sudor salado corría por otra vez pronunciaba su nombre, ¡como si fuese una invocación!,
mi frente, estaba realmente nervioso. ¡Por fin!, visualicé a lo lejos ella se había convertido en mi obsesión. La nota era precisamente
la imponente figura en color negro —como ya era costumbre— una invitación a participar en el gran comedor acompañado de la
de madame Marpaud; se movía elegantemente, me recordaba la señorita Christelle. No presté la debida atención, por lo que no
enigmática danza de un Cisne Negro. De pronto, un haz de luz recordaba quiénes más asistirían a la reunión; mis pensamientos
violácea me cegó por completo. No podía ver más la silueta, era obnubilados no dejaban de pensar en la fascinante oportunidad.
un gran resplandor, como el que emanan las luciérnagas en la Me encontraba sentado, perfumado por completo, luciendo
noche. mis mejores ropas; había remendado una y otra vez el atuendo para
Comencé a ensordecerme de tanto alboroto, palmas y verme espectacular solo para ella. Llegó a la mesa y no tuve que
gritos, música a todo lo que daba y súbitamente mi mirada se decir nada para que me mirara y, obsequiándome una hermosa
encontró frente a frente con la de un ángel. Era ella, sus pupilas sonrisa, pronunció mi nombre:
verdemares se clavaron en mis ojos castaños, su mirada penetró —¡Jean! ¡Hacía mucho que no sabía de ti!
mis pensamientos como si pudiese jugar con cada uno de ellos. Me ‘‘¿¡Cómo conocía mi nombre!?’’, atónito me pregunté en
sentí flotar entre las nubes; su aroma impregnó el pasillo por el que silencio.
andaba, ninguna flor que había arreglado en mi vida igualaba su Madame Marpaud se levantó de la mesa y me informó que se
fragancia perpetua. retiraría a su alcoba, el resto de los invitados también abandonaron
Había olvidado completamente por qué me encontraba el comedor y se dirigieron hacia el salón de baile. Consternado, no
ahí, entre tanta gente. Solo quería tocarla, acariciar sus hombros supe cómo responder ante tanta magnificencia.
de seda. Observé cuidadosamente cada parte de ella, memoricé Era como un bello sueño del cual no quería despertar jamás...
cada detalle, sus largas pestañas coqueteaban a cada parpadear; Parecía no tener lógica alguna. Y no, en realidad no la tenía. Christelle
mariposas aleteando y la perfecta comisura de sus labios carmesí me informó que se encontraba enferma de gravedad y demasiado
esbozaban una maravillosa sonrisa a cada momento. Su piel era débil, una epidemia en Rumania la había atacado; esa era la razón de
tersa y fina como los pétalos de mis rosas y su cabello castaño su regreso. Me confesó que cuando era pequeña, me veía jugar con
resbalaba graciosamente sobre su espalda desnuda formando mi abuelo Antone mientras tenía sus lecciones de clavecín y arpa en
hermosas y libres hondas. Por un momento me perdí en el tiempo, el salón de música. Deseaba intensamente ser libre como yo.
era la misma sensación de infinita paz que producía la fuente en el Así que, sin dudarlo, la incité a salir al jardín. ¿Quién mejor
laberinto. Cuando volví en mí, me encontraba solo recargado en un que yo podría mostrarle las bellezas que escondían cada figura y
gran árbol sobre mi brazo y cruzando mi pierna de manera burda cada rincón que con tan arduo trabajo había realizado?
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De inmediato accedió, salimos a hurtadillas por la puerta —¿Qué sucede, Christelle? —le pregunté ansioso, pero ella
trasera de la cocina. Le mostré todo, corrimos y reímos juntos no contestó. Sujetó mi mano fuertemente y, con una expresión de
olvidando la enorme diferencia de nuestras clases sociales, solo horror, me dijo:
nos divertíamos como si hubiésemos sido destinados el uno al otro —¡Desgarra! ¡Mi piel! ¡Me siento terriblemente débil! ¡Miro
desde el inicio de los tiempos. De pronto, y sin darnos cuenta, de frente la muerte en vida!
la noche cayó sobre nosotros. Pero había algo más que ambos Sorprendido, la abracé y le insistí para que me detallara lo
deseábamos hacer: nadar en aquel lago misterioso; así que, sin que sentía; pero sus respuestas eran cortantes y tardías.
pensarlo más, corrimos hacia él como si fuese a desaparecer en Me decía que sentía cómo el dolor en su cuerpo intensificaba
un instante. Aprovechamos que nadie nos pillaría, puesto que nos rápidamente. ¿¡Dolor!? Me apresuré a cargarla y su cuerpo frágil
creían dormidos en nuestras respectivas alcobas. se sentía como una pequeña flor que se entrega a la muerte y
Me quité la camisa mientras corría y me preparaba para el rápidamente se marchita sin remedio. La recosté sobre el césped
chapuzón; Christelle, olvidando el pudor, se quedó en camisón. Lo para revisarla por completo, pero la escaza luz no me permitía
recuerdo muy bien: blanco satinado con bordados de oro finamente observar nada. Su corazón latía lentamente, cada vez más y más
tejidos; lucía tan hermosa y la luz de luna plateada iluminaba cada y más imperceptible al tacto, así que me apresuré a llevarla con
parte de la perfección de su rostro. Dumond. Él dormía en una pequeña cabaña en el bosque cerca del
Brinqué al lago realizando una pequeña pirueta en el aire lago, se dedicaba al cuidado de los pura sangre. Sabía de antemano
con el propósito de llamar plenamente su atención; ella suavemente que Dumond tenía hábitos nocturnos, así que llamé sin dudarlo a
deslizó sus piernas hasta llegar al fondo del agua. Por alguna la puerta aporreándola bruscamente hasta que por fin la abrió de
causa extraña el agua se encontraba tibia. Christelle se sumergió golpe. Al ver a Christelle de tal manera se precipitó hacia mí con
por completo, sus cabellos resbalaban por sus hombros y su piel mirada acusadora.
tersa brillaba como el lucero. Parecía una ninfa... mi propia ninfa. —¿Pero qué le ha sucedido? —la recostó suavemente sobre la
Permaneció en el agua observándome y aclamando cada giro, cama. Al encender el candelabro la luz reveló la piel de mi amada.
cada salto y cada pirueta que realicé solo para agradarle; en cuanto Poseía grandes costras negras y putrefactas que en mi vida había
tocaba el agua ya me encontraba de nuevo en el césped haciendo visto antes. De inmediato, el pus comenzaba a infectar hasta los
presunción de mis dotes acróbatas. huesos, carcomiendo velozmente su cuerpecillo.
No lo negaré, desde las alturas se veía excitante, pulcra y virgen, —¡¡¡S A N G U I J U E L A S!!! —gritó—. ¡Pero cómo se
con ese camisón blanco y ajustado por el agua. Lo único que podía atrevieron a nadar!
pasar por mi mente era acariciar su piel, sentir su cabello mojado Observé cuidadosamente a esas criaturas que vorazmente se
sobre mi rostro y despojar lentamente su ropa... ¡Besarla hasta el alimentaban de la sangre de Christelle. Estaban aferradas con sus
alma! Finalmente, un arrebato de locura hizo que me postrara en el dientes desgarradores a lo profundo de sus tejidos y succionaban
agua frente a ella. Su mirada era más radiante. Pero lentamente noté bebiendo cada gota de sangre como si en siglos no se hubiesen
que su rostro comenzaba a palidecer y sus pupilas crecían poco a alimentado. Rompían salvajemente la suave piel que colgaba. Ella
poco, sus verdosas venas gruesas saltaban a la vista enormemente. se desvanecía con gran rapidez. Querían robarle la vida entera,
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su energía tan pura y su luz palidecían abandonando su angelical Me había perdido en mi ser rodeado de un mundo fúnebre,
existencia. frío y solitario, para aguardar mi anhelada muerte. Desconocía
Dumond me ordenó entonces que fuera a buscar al médico de por completo el movimiento encabezado por madame Marpaud:
cabecera, el doctor Schumman. Necesitaba pinzas de metal especiales grupos de personas bien equipados y en compañía de sus perros
para arrancar a los abominables seres y fuego para desprender salvajemente entrenados emprendan mi búsqueda como una atroz
las mandíbulas succionadoras quemándolos, restablecer el ritmo cacería de lobos.
cardíaco y respiración de mi querida y detener las hemorragias para Hasta que por fin, un día, entre sombras difusas, sentí que
evitar que continuara desvaneciéndose por el sangrado intenso. alguien me transportó hacia un lugar reconfortante. Seré sincero,
Me apresuré lo más que pude y fui en busca del Dr. Schumman; no tengo conocimiento alguno, ni un solo recuerdo de mí ni sobre
al saber sobre la crítica situación, no quiso perder ni un instante lo que sucedió realmente con respecto a mi rescate.
más. Al llegar a la cabaña, mi amada Christelle yacía tendida Recuerdo encontrarme un poco recuperado en una de las
entre las sábanas blancas empapadas en sudor, lodo y sangre, sin habitaciones del castillo. Madame me mira con ternura y me
presencia de signo vital alguno. Había muerto desangrada... ¡Era procura con sumo cuidado como si fuese su propio hijo recién
culpa mía! Su blanca piel transparentaba cada una de sus venas recuperado... Ya pasada la medianoche, escuché intensos golpeteos
y su camisón aún mojado mostraba completamente todas esas en la ventana; al principio los ignoré, pero finalmente me levanté
bestiecillas negruzcas que con ansias engordaban y engordaban para descubrir qué era aquel sonido tan insistente que se encontraba
por la sangre extraída. en el balcón. ¡Era Dumond, trepado cual gato y agazapado para
Quizá fue cobardía o la enorme tristeza que repentinamente evitar ser visto por los custodios!
inundó mi ser, pero salí huyendo. No podía aceptar que mi dulce Rápidamente me precipité para dejarlo entrar y, con gran
princesa había muerto en un instante. Corrí y corrí asustado sin esfuerzo debido a mi pobre fuerza que poco a poco iba recuperando,
saber qué hacer o hacia dónde ir. La noche siguió transcurriendo lo ayudé.
y, exhausto, sin saber en dónde me encontraba, decidí tomar un —¿Qué sucede Dumond? —le pregunté inquieto y bastante
descanso. A la mañana siguiente, me encontraba bastante lejos de impaciente por su respuesta.
mi punto de partida, lo único que realmente deseaba era devolverle —¡Necesito hablar con usted, joven, y es realmente urgente!
la vida a Christelle y, como era imposible, decidí perderme entre Me recosté sobre la cama porque no podía mantenerme en
la nada. Llegué a una lejana caverna y decidí hundirme ahí hasta pie durante mucho tiempo; enfoqué toda mi atención a cada palabra
morir para así poder reencontrarme con mi amada. que él pronunciaba.
Los días y noches transcurrían; yo no sabía de mí. Gracias a —He de revelarle —comenzó— los misterios que madame
la falta de alimento, mis fuerzas se habían agotado por completo, Marpaud esconde en este castillo.
mi cuerpo no reaccionaba más y mis labios partidos con llagas no Con mirada incrédula lo observé, pero no interrumpí ni por
podían pronunciar más palabras. Lo único de lo que estaba seguro un instante para escuchar con total atención a su revelación.
era de la imagen perpetua que día a día me acompañaba, con esa —Durante el tiempo que permaneció usted perdido,
dulce sonrisa y tierna mirada. madame Marpaud ordenó limpiar el lago por completo; ofrecí mis
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servicios, pero se negaron. Así que me di a la tarea de investigar »Una cosa más, cada madrugada a las tres en punto se
todo lo referente a la extraña actitud de madame, ya que lucía más escuchan gritos y gruñidos, gemidos desgarradores que vienen de
preocupada por encontrarlo a usted que por la muerte de su propia las alcobas en donde se hospedan los visitantes. Mantienen orgías
sobrina. en donde, según me ha contado la servidumbre, realizan danzas
»Bien —continuó—. Pues personas bastante allegadas a ella paganas y rituales desconocidos.
vinieron a extraer cada sanguijuela del lago; era gente bastante Agradecido, lo despedí y, como era evidente mi debilidad,
mayor y que nunca había pisado estas tierras. Pensé que se al instante entré en un sueño profundo hasta la mañana siguiente.
desharían de los animales chupa sangre, pero no fue así... Solo Al despertar, lo primero que vi fue la sonrisa alegre y a la vez
cambiaron de lago a las voraces criaturas. maquiavélica de madame Marpaud: había llevado el desayuno a
»Lo que me inquieta, joven, es lo siguiente: la noche en la mi cama.
que usted fue encontrado y traído de vuelta a la mansión, todos se Bastante sorprendido, le pregunté por qué tan amable
reunieron a cenar a puerta cerrada, pero con enormes copas que hospitalidad, ya que acababa de perder a Christelle por culpa mía.
contenían gran cantidad de sanguijuelas. Gustosos las exprimieron Ella solo sonrió y, después de sacudir mi cabellera rizada como
una a una para devorarlas de manera animal y beber sangre; los niño, me dijo con una voz dulce y comprensiva a mi oído:
rostros y cuerpos se transformaron bestialmente en atroces seres —Perdí a una sobrina; sí, la única... ¡Pero recuperé a un hijo
que el terror no me permite describir, basta saber que habían garras que me dará magníficos frutos! Por ahora, solo descansa, pronto
y enormes fauces en seres malignos y fantasmales. llegará el momento en el que se disiparán tus dudas.
—¡No entiendo nada, Dumond! —exclamé, con una mezcla Se retiró en seguida de mi alcoba y, casi sin darme cuenta,
de horror y desagrado en el rostro. ¡volví a caer en un aletargador sueño profundo, mientras transcurría
—¡Sí, joven Jean!, lo sé... Eso no es todo —me confesó—. el tiempo y anochecía de manera casi inmediata!
Al ver tan desagradable escena, acudí de inmediato con el doctor En tanto, Dumond se dirigía a la casa del doctor Schuman.
Schumman, tal vez él podría poseer más información al respecto, Al llegar, de manera instantánea la puerta se abrió de par en par.
a fin de cuentas, era el doctor de cabecera y podría escuchar las El doctor Schuman lo invitó a pasar como si supiera exactamente
charlas íntimas de madame. Cuando acudió a mi llamado y escuchó a lo que iba.
mi historia, lo único que me indicó fue que no me alarmara, me —Tome asiento —amablemente sugirió, mientras le ofrecía
informó que comer de ese manjar vulgarmente llamado “sangrita” un trago de kirsch—. Le contaré la historia; sin embargo, espero lo
no era motivo de preocupación. tome con calma y prometa guardar el secreto.
»No creí del todo en lo que me decía, pero di por terminada Dumond aceptó, solo quería que la verdad fuese revelada.
la charla ya que el doctor no quiso seguir ahondando más en el —Hace tiempo… —comenzó— cuando madame Marpaud
tema. Aun así, planeo visitarlo mañana por la noche para que me contrajo una extraña enfermedad viviendo en Rumania, me
responda algunas preguntas claves. Eso es todo lo que sé, quise consultó para saber cómo podría remediarlo, pero yo no tenía
tenerlo al tanto porque me pareció prudente que se mantenga alerta conocimiento de este grave padecimiento, ya que nunca había
de las desconocidas intenciones de madame y su séquito. enfrentado anteriormente tales síntomas. Así que, pronto, llegó a
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Francia y se estableció en el castillo para ser tratada debidamente;
en ese entonces, Christelle vino con ella para tomar lecciones de
clavesi y arpa. Su obsesivo deseo por probar la sangre humana era
lo que más llamaba mi atención, tenía fascinación por la sangre
joven, esa es la razón por la cual no hay ninguno en la región,
pues los devoró a todos sin piedad. Así que me vi obligado a
acondicionar el lago con sanguijuelas y prohibir el paso a cualquier
persona. Cada semana eran alimentadas con diversos animales y
ella las consumía como parte del tratamiento. Pero ella no es la
única... Existe una epidemia bastante severa y, seré franco con
usted, la señorita Christelle era la elegida para heredar el liderazgo
de madame Marpaud, desposarse con un miembro excelso del clan
y perpetuar la estirpe, continuar con los planes de expansión y
extenderse por Europa. Ahora que ha muerto, madame Marpaud
necesita a alguien joven para perpetuar su raza, esa es la razón
por la cual ha elegido a un hijo que descansa bajo su propio techo:
¡Jean!
Dumond sorbió el último trago de kirsch realmente
ensordecido; comenzó a sentir cómo la sangre galopaba hasta su
cabeza, su visión se había tornado borrosa y caía abruptamente
muerto sobre el sillón color vino del doctor Schuman a consecuencia
de un envenenamiento neurotóxico.
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EL GÉNERO EQUIVOCADO
JUAN PABLO GOÑI CAPURRO
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documento no figura la altura. Sin parientes próximos, nadie la que otra. ¿Qué hago martirizándome con recuerdos cuando se está
extraña; lleva una semana con nosotros. Prostituta, para más poniendo el sol? Noche sin luna, ni que la hubiera pedido. Calor,
señas, una inteligente manera de sacar dinero a ese cuerpito mucho mosquito, mucho insecto removido con las cosechas.
delicioso. Me contengo, no conviene morderla todavía, le tocará Adoro las zonas rurales, nadie se extraña por encontrar
después que a Tommy; a él no podríamos esconderle el entierro una picadura en su cuerpo; desde tábanos hasta serpientes o
del cadáver, será necesario romper el piso del sótano. Odio escorpiones pueden ser los culpables. Cosecha, mucho hombre
prescindir de él, es tan solícito y confiado que será difícil hallar disponible en el pueblo; con esto de buscar mi nuevo yo, he
un reemplazo. ¿Por qué me cuesta tanto dormir sola? Si pudiera, descuidado el alimento, hoy palpé unas finas patas de gallo en
lo evaluaría con un sicólogo, ¿de dónde me viene esta necesidad torno de mis ojos. Hora de salir de la cama y alimentarse. Klaus
de cerrar los ojos acompañada? Media humanidad huye de las es un antiguo, sigue durmiendo en un ataúd; horrible, despiertas
camas después del sexo, ¿por qué no puedo ser como ellos? llena de contracturas, ¿de qué sirve la eternidad si no es para
Tommy ha ido a comprar caballos. Lástima que tenga tanta disfrutarla? Esta noche, banquete. A buscar un cosechador
vida social, van a extrañarlo, no me podré llevar su sangre. Aún rubicundo, con ganas de sacudirse un poco.
no he planeado su muerte, algo se me ocurrirá, con la ayuda de
Evaristo. Anda por los setenta, Evaristo, no le queda mucho. A ***
diferencia de Tommy, no está entre los mejores servidores con que
he contado; Klaus se encargará de su reemplazo, cuando deba —¿Y qué te parece?
hacerse. Es bueno tener un enamorado así; lo enferma que tenga El objetivo de Samuel, tras recorrer treinta kilómetros a la
parejas humanas, él vive solo, no comprende mis necesidades. estancia, no era calificar un manuscrito, sino meter a Gabriela en
Vivir juntos está fuera de cuestión, sería muy arriesgado quedar la cama. Enfrentó un dilema, no estaba preparado para calificar su
vulnerables al mismo tiempo, somos el reaseguro del otro. Me escritura, ignoraba su dedicación al oficio. Intentó no dejar ver su
alegro, Klaus es intolerante, quisquilloso, maniático y dominante. decepción; creyó que la frase «quiero aprovechar que estoy sola»
Convivir con él resultaría un suplicio. Para peor, en la cama es tenía que ver con el placer sensual, y no con un diagnóstico sobre
mediocre, siempre me deja con ganas. De no necesitarlo, hace una actividad que ocultaba al resto de la familia. Ahora bien, si
siglos que hubiera dejado de verlo. respondía como el calificado escritor que creía ser, podía alejarla
La ausencia de Tommy me trastorna, me hace pensar. Ha más aún del lecho; por otra parte, odiaba ser condescendiente con
sido el que aceptó mi cáncer de piel con más naturalidad, ninguna quienes pretendían ser literatos porque una noche garabatearon un
objeción puso a dormir en un cuarto sin ventanas; con otros, hubo cuaderno para matar el aburrimiento.
que trabajar mucho, simular internaciones, un trastorno total. Con —Samuel, ¿qué te parece?
las mujeres fue peor; las dos veces que lo intenté, no me duraron dos —Bien, es difícil calificar un texto sin ver su final, pero diría
semanas. Las mujeres son más sagaces: a una, no le pude esconder que carece de estructura dramática, es un tanto errático.
mis escapadas nocturnas; la otra, descubrió que los estudios de Gabriela abrió los inmensos ojos azules y sacudió el libro que
mi supuesto cáncer eran falsos. Una lástima, una era más bella sostenía.
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—Samuel, no te pido un análisis literario, quiero saber si claro. Podríamos ir al pueblo para averiguar entre los muertos en
crees que es cierto lo que está escrito. los primeros meses del año. Tenemos el nombre, sí, pero quizá lo
Confundido, el aludido se apoyó en el respaldo del sillón. Se mataron en otro lado. De todas formas, habría que esperar al lunes.
estaba bien allí, al calor del hogar, como en una novelita romántica. En cambio, esta noche tenemos otra vía para descubrirlo.
¿Por qué salía Gabriela con esas cosas? Gabriela no era una improvisada. El discurso estaba
—No entiendo. ¿Cierto? ¿Acaso no es una obra tuya? ensayado. Era convincente; cualquier mujer es convincente ante un
—Yo leo, Samuel, no escribo. Es un diario que encontré hombre caliente, cuando se apoya en un par de tetas de redonda
detrás de un piano roto que sacamos al comprar la estancia. Me perfección. Le resultó obvio que debía dejarla terminar, alimentarle
asusté cuando lo leí, si fuera cierto... el ego era un buen camino para predisponerla en su favor. La alentó
Samuel deseó tener a mano el vino que había traído para preguntándole cómo sería eso.
amenizar la velada. Pidió el libro, lo abrió, estudió la letra. Prolija y —La enterraron en el sótano. De ser cierto, claro. Podemos
pretenciosa, las prolongaciones de p, l, d, contenían toques góticos. bajar y buscarla.
La escritora, si de verdad era una mujer, había buscado un efecto; Cavar en un sótano estaba en las antípodas de los planes de
nadie utilizaba esa grafía en el presente. Samuel para la noche. Probó desanimarla sin contradecirla.
—No sé qué decirte. Un libro editado no es, claramente, pero —Según el libro, han roto el piso y lo han vuelto a hacer. De
no tengo elementos para distinguir si se trata de un diario real o de ser cierto, claro. Me parece que la tarea nos excede.
una ficción. —Vamos, Samuel, no seas ridículo. Si lo hicieron una mujer y
Al notar el temblequeo en los brazos rosados de la mujer, un viejo de setenta años, ¿cómo no vamos a poder hacerlo nosotros?
entendió que había estado muy torpe. Se apresuró a aclararse, le Ya bajé una maza y dos picos, se las robé a los albañiles que están
trasmitió el análisis de la letra. trabajando en la remodelación de la sala grande.
—Digamos que es un indicador de falsedad. De todas formas, El escritor maldijo. No quería ensuciar los mejores pantalones
querida amiga, no tenemos forma de saber si es real. ni dañar los únicos zapatos presentables que poseía; peor, en el
—Claro que sí. sótano no había un hogar, debería llenar de polvo el abrigo, la
La joven estaba al borde de la silla, casi sobre él. Sintió camisa... Era imprescindible quitarle la idea de la cabeza, ¿por qué
deseos de besarla. Ella no se dio por enterada, el brillo no se debía no llamó a uno de sus compañeritos de facultad que gustaban tanto
a la presencia del hombre, era provocado por la posibilidad de la de aparecerse cada vez que coincidía con ella en la ciudad?
existencia de un vampiro. Una vampira, para peor. La duda creció, —Samuel, estás muy callado, ¿vamos?
no acertó a decidir qué palabras serían convenientes para torcer el —Gabriela, ¿cómo decírtelo? No tiene sentido pasarse la
entusiasmo juvenil en su dirección. noche golpeando cemento, ni qué hablar si pusieron hormigón, no
—¿Cuál sería esa forma? conseguiríamos ni mellarlo. Es decir, si fuera cierto, ¿qué haríamos
—Habla de verano, ¿verdad? Mosquitos, cosechas. Papá con eso?
compró la hacienda en abril. Si de verdad la mujer vampiro vivió —Salvar vidas, Samuel, ¿no te das cuenta? De confirmarlo,
aquí, debieron matar a la chica y al marido, o amante, no está iríamos por ella y la eliminaríamos.
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El treintañero se incorporó de un salto y se paseó nervioso Samuel sudaba, no solo por encontrarse a centímetros de
por la alfombra. Gabriela estaba trastornada, enfrentarse a una la boca del hogar. Las piernas ardían, en tanto se encendieron
vampiresa era un suicidio. Dejó de verla; ella siguió los círculos las células del cuerpo entero. Gabriela no quitó las manos de su
que trazaba su admirado escritor, se preguntó si estaba haciendo un espalda. El tono era asfixiante, pero le proponía ir a la caza de una
plan. La siguiente pregunta le pareció una confirmación del interés vampiresa en lugar de ir a la primera pieza libre para darse un festín.
en armar una estrategia para capturar a esa Drácula del llano El treintañero sonrió; no irían a la caza de ninguna vampiresa, los
pampeano; en cambio, él continuaba en su lucha por desanimarla vampiros no existían, ¿cómo pudo ser tan idiota? Se volvió, la tomó
evitando descalificarla. de la cintura.
—Gabriela, pensemos, ¿cómo haríamos para encontrarla? —De acuerdo, vamos por esa condesa sangrienta.
No creo que haya dejado la dirección para que le envíen el correo Antes que adelantara la cabeza para besarla, la joven se libró
atrasado. y empezó a dar pequeños saltitos.
La joven caminó, contoneándose, hacia él. Las calzas se —¡Sabía que no me ibas a fallar! Hay que ponerse abrigo, el
esmeraban en copiar la perfección de las piernas. Samuel se insultó; sótano está helado.
debió darse cuenta cuando le abrió la puerta: estaba bellísima Samuel, de espaldas al fuego, se sintió ridículo; las manos asían
así, pero no era el vestuario que escogía una chica que pretendía el aire y los labios todavía esbozaban el beso que no fue. Gabriela
encamarse con su visitante. Gabriela sonrió, muy cerca. correteó hacia el pasillo, gritó que volvía en cinco segundos.
—No, no dejó direcciones. Ese es otro dato que apunta a la
veracidad de lo escrito en el diario. ¿Para qué iba a dejar una nueva ***
dirección si su nombre no existiría más, una vez que abandonara la
estancia? Gabriela tenía razón, presentarse ante la policía con un manuscrito
Jugueteó, con esa sonrisa cautivante, utilizando el libro como atribuido a una vampiresa los hubiera vuelto sospechosos a ellos
un objeto lúdico. del crimen del sótano; pero la solución que encontró casi le hacía
—¿Entonces, consultamos a una médium? preferir la cárcel. Aún le dolían los brazos y las piernas; la joven
—Ay, señor escritor, qué torpe está esta noche, usted, siempre insistió en que volvieran a cubrir el cadáver. Las seis horas de sueño
tan inteligente. en soledad no bastaron para recuperarlo; un desayuno rápido y allí
Samuel se apartó; tomó el atizador, simuló que acomodaba estaban, en la ruta, directo a los colmillos de Linda Veil. Maldita
los leños. El jueguito lo excitaba, no quería continuar con él. La tecnología, en otros tiempos hubiera sido necesario contratar a un
joven lo desconcertó con esa salida, ¿de verdad era su intención investigador para dar con el domicilio de la vampiresa; a Gabriela
cavar en el sótano o se trataba de una especie de burla? No quiso le tomó diez minutos. Como premio por el éxito, dormía mientras
entusiasmarse. Sintió las delicadas manos de ella en los hombros, y él conducía.
su voz susurrándole al oído. Evitó mirarla; en personaje, vestía una falda corta, alzada al
—No necesitamos esos datos. Será sencillo encontrarla. ponerse de costado. Él continuaba usando las ropas de la víspera; el
Tenemos su nombre, Linda Viel, Google la encontrará por nosotros. polvo quedó disimulado por el cepillado de la tela, pero, a pesar del
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betún, los zapatos presentaban pequeñas muescas en las punteras. a lo lejos. Delante, campo llano, pequeños montes aislados y vacas
La ruta estaba liviana, el llano no era un destino de domingo por la negras. La joven estaba tensa, seria. Samuel disimuló sus nervios.
mañana. Por primera vez desde que arribó al campo tenía tiempo —¿Cómo vamos a entrar las estacas? No nos van a invitar a
para pensar con tranquilidad. Gabriela lo había metido en un vértigo dormir, ni siquiera es mediodía.
del que no pudo salir, se suponía que encontrar una vampiresa era —Qué desilusión, pensé que mi escritor favorito encontraría
casi el summum para un escritor de historias de terror. Ridículo era; una solución, como en la trama de sus cuentos.
conducía un automóvil con el baúl cargado de estacas y un botellón Los escritores vivimos en la fantasía, quiso decirle. Lo dejó
de agua mineral bendecido por el cura de San Francisco. La piba para otra ocasión, el GPS anunció que faltaban quinientos metros
estaba loca y él había perdido el raciocinio, nublado por Eros. para el destino. Samuel apreció árboles a la derecha; se introducían
Esa mujer no era vampiresa, pero sí asesina, ella y el tal Evaristo. en el campo, en línea recta, hasta un punto en el que parecían
Asesinos seriales. Gabriela comprobó que un tal Tomás Murgan engrosar. La típica guarda que acompaña el camino al casco de una
había muerto a pocos kilómetros de la que ahora era la estancia de estancia, concluyó. Gabriela también se percató. Callados, vieron
su familia, a fines de febrero. correr pasto amarillento más allá de la banquina polvorienta, hasta
Hubiera bajado en la última estación de servicio, de no que apareció el ingreso. Había una tranquera pintada de blanco
desearla tanto. Se regaló una visión de los muslos descubiertos, para como la arcada en la que se destacaba, en negro, el poco atractivo
recordarse por qué valía la pena recorrer esos últimos kilómetros. nombre de su destino. Gabriela se hizo cargo de abrirla y cerrarla.
Si no desesperaba ante la perspectiva de contactar dos criminales, Volvió al coche frotándose los brazos, estaba fría la mañana.
era porque descontaba que la estrategia no funcionaría. Gabriela Avanzaron sobre un camino de grava, escoltados por una
había inventado un parentesco lejano con Linda Veil, irían con la doble hilera de fresnos. El camino tomó una curva y estuvieron
excusa de conocerla. La chica insistía en que la vampiresa no podría frente a la imponente casona señorial. Gabriela se persignó, Samuel
negarse. Una vez dentro, aprovecharían un descuido para eliminarla. aferró más firme el volante. La joven se acomodó el cabello, de la
¿Planeaba entrar con las estacas? Estaban dentro de la valija negra; cartera extrajo un labial y puso más rojo a los labios. Los arreglos
pesar, pesaban. ¿Quién iba a hacer una visita relámpago y se bajaba eran mínimos, pero bastaban para acentuar su belleza natural.
con una valija? El cartel del desvío lo trajo de nuevo al presente, a Samuel estacionó delante de una puerta de doble hoja. No había
la ruta. A cinco kilómetros, tomando ese acceso a la derecha, había otros vehículos a la vista, supuso que los guardarían en el galpón
una ciudad como la que ellos habitaban; seguirían de largo para situado a unos veinte metros. El frente estaba descuidado, delante
llegar a La Angustia. Hasta el nombre de la estancia era tétrico; no había jardín sino una continuación del pasto quemado por las
redundante, para su paladar literario. heladas. Los fresnos aquí habían sido reemplazados por gordos
Sacudió a su acompañante. eucaliptos, formaban un círculo en torno a las edificaciones.
—¿Ya estamos? Por donde miraran, los postigos estaban cerrados. Lo
Rápida de reacciones, Gabriela se encontraba erguida en esperaban; igual les sentó mal. Para Gabriela era una confirmación
el asiento y alerta tras dos segundos, luego de dormir tres horas del carácter vampírico de la propietaria; Samuel lo veía más
extras. Observó el desvío, se divisaban unos pocos edificios altos bien como una ratonera: una vez que entraran, no lograrían salir.
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Bajaron, abrigados. Ella golpeó con un aldabón dorado las maderas pero con posibilidades de éxito. Resultaría sospechoso que Linda
recias. Samuel apostó porque no los atenderían; debieron escuchar Viel no quisiera atenderlos; imaginó que detrás de esas paredes
el motor en la calma total del paraje, lo lógico hubiera sido que gruesas, ama y sirviente discutían en esos términos, ella le echaría
la puerta estuviera abierta antes que se apearan del vehículo. en cara el error al no negar su presencia en la casa. La asesina era
Impaciente, Gabriela repitió los golpes. Apenas soltó el aldabón, la de resoluciones rápidas, Evaristo les abrió casi enseguida. Extendió
puerta crujió. Samuel hizo un paso hacia atrás; se preguntó dónde un brazo, teatral, y los introdujo en un oscuro vestíbulo. Un par de
había quedado la altanería de la chica al verla tartamudear. lámparas tenues alumbraban apenas unos sillones oscuros; delante,
Los atendió un hombre pálido, poco impresionante más allá la silueta permitía adivinar un hogar, apagado.
de las ajadas ropas negras que vestía. Los visitantes se conmovieron Una araña de ocho lámparas se encendió cuando se sentaron.
como si hubiera acudido Bela Lugosi o Boris Karloff a atender el Ante ellos, una hermosa mujer en sus veinte. Samuel admitió que
timbre. El hombre, de cejas grandes y labios gruesos, los estudió sin era más atractiva que Gabriela. Llevaba un vestido veraniego blanco
demostrar la impresión que le causaban. con flores azules, escotado y breve como una lágrima hipócrita. Se
—¿Sí? presentó como Linda, se saludaron besándose las mejillas. Se sentó
—Hola, soy Gabriela Villamayor. Estaba en la ciudad delante de ellos. Evaristo se esfumó. Samuel descubrió lencería de
cuando me enteré que aquí vivía Linda Viel, no quise perderme la puntillas, negra.
oportunidad de conocerla. —Linda no me dijo que su pariente era tan bella.
Samuel percibió el ligero parpadeo que denunció la La mujer no le dedicó un segundo de atención al cumplido,
preocupación del sujeto. Recobró la apariencia imperturbable para su interés estaba puesto en Gabriela. La joven lo valía, estaba
responderle. estupenda. El vestíbulo era de medianas dimensiones; una mesa
—Perdón, no comprendo, ¿qué motivos tiene para desear baja de hierro forjado y tapa de vidrio acompañaba los gastados
conocerla? La señora no es famosa y no pretende serlo. sillones de cuero, detrás un armario cerrado de un metro de altura y
—Verá, mi tía abuela vino de Hungría con su abuela. delante el hogar donde ni siquiera había cenizas. Las paredes lucían
Tengo mil historias grabadas, desde mi niñez. Ellas siguieron un color celeste difuso, tal vez acumularan el humo filtrado por
contactándose, igual que su madre y la mía. Le habíamos perdido décadas; el conjunto formaba un ambiente decadente, al que los
el rastro, imagínense mi sorpresa al saber que vivía aquí. No me visitantes hicieron poco caso, embelesados por su anfitriona.
puedo volver a casa sin conocerla. —La verdad, desconocía que tuviera parientes.
El hombre se incomodó más. Les indicó que esperasen, —¿Tu madre nunca te contó de mi tía abuela?
preguntaría si quería recibirla; cerró la puerta, con llave, al Samuel reconoció que Gabriela era buena actriz. Desplazado
desaparecer. del diálogo, se ocupó en pensar cómo harían para eliminar a la
—¿Estás loca? Le diste tu nombre. deliciosa Linda Veil; cómo haría Gabriela, él no tocaría a esa mujer
—Lógico, ¿qué haría si me pide los documentos? por más que fuera una asesina. O, tal vez, por eso. Evaristo ingresó
Las cosas no iban como Samuel supuso, el hombre no había preguntando si almorzarían. Gabriela se apresuró a aceptar gustosa.
negado la presencia de la señora; la jugada de Gabriela era arriesgada, —Por favor... ¿Samuel? —El aludido asintió—. Acompaña a
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Evaristo con los preparativos, en tanto yo le muestro la casa a mi topó con dos puertas. Escogió la de la derecha; dentro estaba negro,
pariente. sintió un aleteo y algo se le vino encima.
Linda tomó la mano de Gabriela y la llevó consigo. Salieron —¡El vampiro! —gritó.
con los cuerpos muy juntos, compartiendo sonrisitas. Samuel El murciélago se perdió. Alguien tomó el brazo de Samuel, y
fue tras el sirviente, a través de pasillos poco iluminados. Oyó tiró hacia atrás.
las escaleras, las risas de las mujeres. Llegaron a una cocina con —¡No, no, no!
implementos de los años sesenta; Evaristo no hablaba, se limitó —Soy yo, tonto —le susurró la conocida voz de Gabriela.
a sacar ollas, cuchillos y condimentos. Samuel pensó en la joven, Se calmó recién al verla, era ella y no Linda imitándola.
a solas con la asesina. Se acercó a la mesada, cogió un cuchillo Tenía una mano ensangrentada, la que tiraba de él. No se resistió.
grande; si los habían separado adrede para matarlos más fácil, no lo La joven dio con la puerta de salida; la llave estaba allí. Corrieron
tomarían desprevenido. al coche. Samuel arrancó. La observó mejor. Tenía la blusa sin
—Espero que comamos temprano, nos esperan a las cinco en cerrar; no estaba el corpiño, en los deliciosos pechos había marcas
la ciudad. de mordidas. El labial, corrido; un chupón grande en el cuello.
Samuel se sintió satisfecho, dejó en claro que los buscarían. La Miró los muslos, estaba grabada en el derecho la impresión de una
cocina, como el resto de los ambientes, tenía los postigos cerrados. mano. Agitada, la cartera en el regazo, Gabriela acomodó un poco
Evaristo sacó verduras y las enjuagó. la cabellera encrespada por completo.
—¿Qué estarán haciendo en el piso de alto? —Gracias, Samuel, gracias por acompañarme. No hubiera
—El amor, ¿qué otra cosa van a hacer esas dos? podido hacerlo sola. Era una vampiresa, era todo como decía el
Samuel se sentó, petrificado. Gabriela no era lesbiana. La cuaderno.
vampiresa, de aburrida, probaría todo, pero Gabriela, no. Que —¿Cómo...? ¿Cómo la...?
tuvieran sexo era preferible a un asesinato; él no lo vio así. Empezó —Le hundí una estaca. Hubieras visto su cara de sorpresa;
a temblar, Evaristo no había encendido las hornallas, el ambiente era enseguida empezó a ponerse vieja, viejísima, hasta que su piel
gélido, como si nunca cocinaran; los vampiros no comen, recordó. comenzó a caer, vuelta polvo. Quedó un esqueleto, luego se
Un alarido recorrió las paredes, Samuel lo sintió como un golpe en desintegró también. Cuando salí, era apenas una nubecilla de humo.
el pecho. Evaristo sonrió al verlo. —¿Te quiso violar?
—La señora es exagerada a la hora del orgasmo. —Ah, fue fantástico...
El visitante no pudo controlarse. Salió de la cocina, intentó Samuel se inquietó, la euforia era conveniente para la
acertar con los pasillos; anduvo entre habitaciones vacías, sin celebración íntima que veía tan cerca; pero, que fuera producto de
encontrar la escalera. No se atrevió con la parte oscura. Procuró un asesinato lo intranquilizó.
recordar sus desplazamientos, no pudo dar siquiera con el vestíbulo. —Gabriela, por favor, ¿fantástico, un asesinato?
Evaristo mentía, ese aullido debió proferirlo Gabriela, cuando la —Pero no, tontito, ¡el sexo fue fantástico!
otra la asesinó. Necesitaba encontrar la puerta y huir de ese caserón. Samuel calló. Ella le colocó una mano en el muslo. Fue a
El sirviente no venía detrás, no se oían otros pasos que los suyos. Se insultarla por la provocación gratuita, pero la joven se le adelantó.
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—Un finde genial para los dos, ¿o no? Vas a tener una historia
espectacular para tu próximo libro.
Claro que sí, respondió Samuel. Montó al pavimento, encaró
el viaje de vuelta con una resolución tomada. Era tiempo de cambiar
de género y empezar a escribir textos eróticos, cosa que sus lectoras
no se confundieran al invitarlo un sábado por la noche.
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EL SEÑOR DE LA NOCHE
JOSE ÁNGEL CONDE
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ramas y zarzas. a un mismo fin.
Como estoy lleno de gusanos Ese embotamiento,
me muevo de un lado al otro. esas risas electroshocks
pidiendo a nuestro cuerpo que vengue al alma
Salgo de mi ataúd en la noche.
y no sé dónde me encuentro, Y luego el correr de bosques enteros
aunque parece mi casa. a través de la garganta,
Creo que mi piel es gris, y el fluir blanco hacia el cerebro,
o esa es la imagen que la enfermedad y la ingesta de botones
forma en mi cabeza. de uniformes de soldados demonios
Ellos quieren sacarme para soltar una eterna carcajada
pero yo soy el que más lo desea. y sentir amor por todo lo vivo:
lo que nos alimenta.
Es de noche,
me cubro de negro Tanta carne esperando,
y el viento hace mis ropas largas. y el brujo del ojo partido
La niebla, bailando entre las sacerdotisas.
por su parte, Pero no cesa el movimiento,
incuba mi melancolía. tanto que si coges algo real
te caes.
Ahí vamos,
somos una estirpe de leyenda, Todos los vampiros somos poetas
somos el mejor tema para cualquier historia. porque somos vampiros.
Eterno cadáver,
sacando jugo a todo
para seguir estando muerto.
En torno a la mesa
preparo rituales con los otros
que nos abren puertas y sensaciones.
No importa el color o el sabor
del líquido ingerido
porque cada uno lleva
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FRÁGIL
ANDRÉS DÍAZ
—Tuve ese sueño otra vez… —dijo David con un tono cansino,
sentado en el modesto sofá del consultorio.
Estaba por concluir una sesión más cuando decidió
mencionarlo. No podía seguir tolerando el horror de las visiones.
El hombre frente a él, su analista, le miró serio, sorprendido.
—¿Quieres contarme qué sucedió?
David tenía la mirada perdida, parecía observar el espacio
vacío entre la ventana que asomaba al cielo gris de la ciudad y
el librero repleto de obras de Freud, Jung, Fromm y otros.
—Sí. Soñé de nuevo con… Soñé que estaba en la camilla.
Otra vez el hospital.
Hizo una pausa para tragar saliva y respirar muy hondo como
si lo que estuviera por relatar fuese sumamente difícil.
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—Esa puta pesadilla otra vez. Creí que… que había quedado »Apenas en ese instante me di cuenta de que mi madre estaba
atrás. en una sillita a un lado de la cama. Acababa de despertar mientras
—Sabes que el proceso no es lineal, David. ¿Quieres hablarme yo me tallaba los ojos porque la luz me aturdía como si… como si
de esos sueños? estuviera ebrio o anduviera drogado. Ya sabe... Ella me devolvió la
—C-creo que sí. mirada y me ofreció una sonrisa cansada. Se levantó y se aproximó
—Adelante —indicó el otro desde su sofá—. Te escucho. a mí.
El joven aguardó un momento antes de comenzar y se revolvió »—Sigue durmiendo, David —me dijo, y me agarró la mano
en el asiento. Parecía incómodo, se movía nervioso. con dulzura, preocupada como siempre solía estar… Era tan bella y
—Estaba en… en la camilla. Era de noche. Miré el reloj en tierna, tal como la recordaba.
la pared y marcaba las diez. Muy tarde ya. Las cortinas estaban »Un doctor se asomó a la puerta para pedirle que hablara con
cerradas. A mi costado derecho, otra camilla más con un paciente, él, tenía algunas indicaciones que explicarle para mi cuidado y los
un señor viejito que roncaba, roncaba tanto que parecía que iba a horarios en los que podría seguir recibiendo visitas. Ella obedeció
ahogarse con su propia saliva en cualquier momento. Y más allá y acudió a la puerta.
otra igual, con otro tipo que estaba de espaldas a mí; se le veía el »—Mamá… —llamé, quería decirle que no me dejara. Me
culo asomando de la bata porque no se había tapado bien con la sentí solo. Vulnerable. De súbito, solo de pronto. Como si el miedo
sábana. me llegara en arcadas, así como a uno le llega el vómito.
»Había enfermeras paseando fuera de la habitación, iban por »Ella habría andado diez o doce pasos quizá, pero yo comencé
el pasillo con sus uniformes blancos, sosteniendo cajitas o charolas a sentirme nervioso. No quería que se fuera. Quizá, quizá de algún
con medicamentos, materiales para curaciones, bitácoras… La modo recordaba que… Creo que solo ya sabía lo que iba a pasar.
puerta estaba abierta. Había también médicos y pasantes caminando »Entonces alguien gritó desde el pasillo… Mamá y el doctor
y dialogando por ahí y por allá. se asustaron. Después del grito hubo un silencio en todo el piso y vi
»Creí sentir un aroma a gel desinfectante y cloro de limpieza que la gente de fuera comenzó a mirar para todas partes. Yo sentí
inundando el aire. Por debajo de ese aroma la sala entera aún parecía que se me hacía un nudo en el estómago.
oler a orina, a sudor. No sé si míos o de los vecinos, pero era ese Los ojos de David se llenaron de gruesas lágrimas. En seguida
olor que jamás se borraba del todo por más que limpiaban los de aumentó el volumen de su voz y empezó a narrar dramáticamente.
intendencia. »Traté de levantarme, de pararme de la cama para ir con ella,
»Los segundos pasaban y apenas oía el tic-tac del reloj entre pero algo me lo impidió… ¡Eran las sombras! ¡Las putas sombras
el murmullo de fuera. Sonó el teléfono en un despacho externo y estaban ahí, sujetándome de los brazos y las piernas con sus garras!
alguien atendió la llamada. Después mencionaron el nombre de un ¡Se asomaban debajo de la camilla!
especialista por el altoparlante, no recuerdo quién, para pedirle que »Me asusté y traté de saltar pero ellas me retuvieron… Esas
acudiera al área de nefrología en el piso de arriba. cosas salieron por montones de entre las cortinas y por debajo de las
»Todo parecía una noche cualquiera. Un fragmento más de la camillas y se lanzaron contra todos, se escabulleron al pasillo y…
rutina. ¡Atacaron a mi madre! —gritó, ya con la voz quebrada por el llanto.
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Para ese momento, David lloraba como un niño, pese a ser un sentido oculto, una especie de mensaje cruel que intentas transmitir
hombre de treinta y dos años. Su analista le ofreció cortésmente una y mostrarte durante tus horas de siesta. ¿Sigues durmiendo menos
caja de kleenex. Ambos aguardaron en silencio hasta que el hombre de cinco horas?
pudo seguir narrando. David asintió.
—Esas cosas atacaron a todo el mundo... ¡Los destriparon en —Ya veo… Pienso que hay elementos en esas pesadillas
frente de mí! Ellos… ¡Se los estaban comiendo vivos! Y yo… ¡Yo oí que se mezclan entre lo que aconteció realmente, como el cuarto
cómo los despedazaron! El piso de azulejo se batió de sangre y de del hospital y los gritos de tu madre, que en realidad ocurrieron
tripas. ¡Ah, mierda! ¡No puedo, no puedo tolerarlo! ¡No pude hacer meses antes, en otra visita a la sala de emergencias después de
nada! ¡No me dejaron hacer nada! una sobredosis, ¿recuerdas? Pero también hay ciertas cosas que no
»Mataron a todos y yo no pude hacer nada… ¡Y mi madre…! pueden sino ser elaboraciones de tu inconsciente…
¡Oh, Dios! Esas cosas… Esos… monstruos… ¡Mi madre murió »Tal vez se trate de tus miedos profundos manifestándose
frente a mí y yo no pude hacer nada! —Sus sollozos resonaban por en estas sombras… Esas figuras que se ocultan por ahí y por allá,
todas partes—. ¡No puedo dejar de verlos en todas partes! sujetándote e impidiéndote salvar a tu madre para evitar que ella
En las paredes del consultorio había cuadros sugerentes y muriera… Parece que son representaciones de una culpa cruel
llamativos; entre ambos hombres, una mesita sostenía un par de y despiadada que se alimenta de ti, de tu energía, del miedo tan
tazas con café y té, respectivamente, y la caja de pañuelos que David inmenso que sientes. Como sanguijuelas. Son imágenes que se
había colocado allí nuevamente tras intentar contener su llanto. escapan de tus sueños, como alucinaciones, pero son solo eso —
—Escucha —dijo el analista después de un respetuoso explicó con firmeza, mientras David lo miraba con desgano, triste,
silencio, tratando de mantenerse sereno para transmitir calma y fatigado.
seguridad—, creo que estos sueños recurrentes son producto del —Eso es lo que cree… —contestó exhausto, haciendo una
accidente de hace más de siete meses. Casi mueres en ese hospital pausa—. Pero…
por una sobredosis, ¿recuerdas? La frase a medias quedó de pronto suspendida en el aire, y la
David no dijo nada, tan solo se limitó a mirar con recelo hacia mirada de David se perdió en algún lugar de la habitación.
algunos rincones de la habitación. —¿Qué ocurre?
—Tu adicción comenzó a agravarse hace casi un año por el —Esas explicaciones… Sus hipótesis, doctor… Cada palabra
fallecimiento de tu madre a causa del cáncer. Es obvio que todo eso suya suena tan coherente al salir de su boca… Lo sé, lo sé porque es
ha causado estragos en tu cuerpo y también en tu mente. El proceso algo que hemos hablado en estas sesiones durante el último medio
del duelo por el que estás pasando es muy largo y muy duro. Pero año, pero… en el fondo, muy en el fondo, sé que eso no es lo que me
no será eterno… pasa… Quisiera creerle y pensar que, en verdad, el que no entiende las
»Yo estaré aquí acompañándote, y lo sabes, ¿verdad? —el cosas soy yo —dijo, con los ojos llenos de lágrimas, empezando a llorar
otro asintió lacónicamente—. Pero hay algunas cosas que debemos nuevamente—. Y que usted tiene la razón… Pero ese es el problema.
discutir para lograr salir de ese abismo, como la veracidad o —¿A qué te refieres?
el significado de lo que ocurre en esos sueños. Creo que hay un —La razón, doctor. El problema es la razón. Es demasiado
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frágil —indicó David, mientras dirigía de nuevo los ojos hacia su Al salir, David caminó por la acera tiritando de miedo, con
analista y observaba detrás él, hacia el muro del consultorio. Ahí, las manos temblando y los ojos llenos de lágrimas. Las pocas
entre la fornitura de la sala, un grupo de siluetas oscuras y amorfas personas con las que se cruzó rumbo a casa lo miraron con esa
se apiñaban, retorciéndose unas contras otras como si fuesen un horrible mezcla de sorpresa y aberración que él siempre les notaba,
nido de insectos o ratas, con ojos oscuros que se clavaban sobre tan común en quienes no saben cómo actuar frente al dolor ajeno.
David, mostrando unas afiladas garras y unos dientes punzantes en Y a su vez, David vio detrás de cada gente a esas siluetas oscuras
forma de cuchillos. y demoníacas, asomando por encima de sus hombros, apareciendo
David hizo todo lo posible por contener sus propias muecas también en cada rincón de sus rostros, como si salieran de sus
de asco y terror. El miedo le carcomía las entrañas desde hacía ojos; otras tantas, además, se arrastraban sobre las paredes de los
meses, como si de verdad aquellas criaturas pudieran apoderarse edificios, como una plaga de gusanos gigantescos, aterradores,
de sus pensamientos para deformarlos y hacerle conocer el lado repugnantes.
más oscuro de la realidad, de lo que él creía que era una especie Al llegar a su departamento, ubicado en el décimo piso, no
de infierno interdimensional, un infierno perdido en algún sitio encendió la luz. En cambio, David se acercó hacia la ventana, harto
de otro universo, un abismo de donde las bestias habían escapado, de todos los susurros y las risas espantosas similares a las de las
fugándose por alguna especie de vértice a través de sus alucinaciones hienas. No se atrevió a echar un vistazo hacia atrás, sabía que se
inducidas por drogas mezcladas con alcohol. encontraría con visiones más terribles que cualquier pesadilla. Sabía
El analista hizo más anotaciones en su pequeña libreta de que ellos estaban ahí, ocultos entre las esquinas de las habitaciones,
mano y trató de dar algunas palabras de consuelo: mirándole, burlándose, arremetiendo contra su cordura con el
—Quizá sea momento de volver a contactar a tu psiquiatra. simple hecho de dejarse ver solo por él y por nadie más.
Sabes que yo no puedo prescribir ningún medicamento, pero tal vez Cuando llegó frente a la ventana, la abrió de par en par, se
es hora de volver a probar con el Diazepam. La última vez te ayudó aproximó lo suficiente como para poder arrojarse al vacío y pensó
bastante bien. ¿Qué dices? en poner fin a su desgracia. Con los ojos llenos de un llanto amargo,
—Está bien —dijo David con una sonrisa fingida, apretó los párpados y sus músculos comenzaron a temblar. Imaginó
concentrándose en su rostro para no mirar lo que se ocultaba al lo aterrador, lo aniquilante que sería vivir con esas cosas siguiéndolo
fondo del consultorio. por siempre, pero pensó también en el posible alivio que vendría al
El otro le siguió indicando la importancia de continuar dejar de escuchar sus voces guturales, sus gruñidos y siseos, o sus
viéndose semana a semana, de no reemplazar las sesiones por constantes insultos y devastadoras blasfemias.
los fármacos, sino de complementarlas. Al concluir y despedirse Asomó medio torso hacia la calle y sintió el aliento de la
de él, David intentó parecer más repuesto de lo que en realidad ciudad, el aire caliente impregnado de humo y contaminación. Un
se encontraba. Había hecho un esfuerzo exagerado, sentía que se soplo de viento le revolvió el cabello y, entonces, un miedo aún más
hallaba al borde de una nueva crisis… grande le llegó súbitamente: «¿Y si cuando muera, en realidad, no
El analista lo notó aún nervioso, pero lo dejó ir tras recordarle me libero de ellas, sino que accedo a su dimensión, al infierno de
que estaría atento a su teléfono por si necesitaba algo. donde ellos vienen?», pensó.
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Un escalofrío le recorrió la columna vertebral como un
relámpago hasta llegar a cada punto de su piel. Como si fuera una
descarga eléctrica, sus manos sujetaron con fuerza a las jambas en
el marco de la ventana: David se aferró a la vida una vez más, en un
último intento, en un instante crucial para decidirse a continuar con
la terapia y las dosis de ansiolíticos.
—No… no quiero morir todavía… —murmuró respirando
profundamente nuevas bocanadas de aire—. Hijos de puta, no me
van a llevar con ustedes…
En ese momento, una voz asquerosa, húmeda y perversa
resonó en el oscuro vacío de su departamento, helándole la sangre: LA CASA DE LILIBETH
«No hay escape de nosotros…», escuchó pronunciar desde las
penumbras. RODÉRIKO RICARDI
Y entonces, uno de los demonios emergió de entre las
sombras y asestó una mordida a su garganta, aferrándose a su
cuerpo y enterrando sus garras sobre su espalda. David gruñó de
agonía y levantó las manos, desesperado por tratar de quitárselo de A fuerza de mirar, uno se olvida de que
puede ser también objeto de miradas.
encima. En ese instante, las demás criaturas se abalanzaron contra
Roland Barthes
él, empujándolo por la ventana para precipitarlo hacia el abismo,
mientras seguía gritando de terror… ¡Ah, ya comprendo! Exclamó la señora Hemming
todavía vagamente. Vino aquí para ser
asesinado. ¡Qué cosa más rara!
Agatha Christie, Los relojes
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estado. La heladera en cambio, a causa de los trajines del tiempo, lucía en los beneficios de compartir un espacio con una desconocida, ni
medio desteñida entre tanta blancura, produciendo de vez en cuando en qué tan seguro sería vivir en ese lugar. Es más, ninguno de estos
una especie de quejido, un estertor siniestro, como el graznido de un aspectos habría resultado tan convincente para justificar el hecho de
cuervo que anuncia su final. No obstante, incluso la heladera encajaba mudarme de forma tan apresurada a casa de Lilibeth si no hubiese
en casa de Lilibeth como otro objeto retro del mobiliario. sido, sencillamente, por la necesidad de encontrar una habitación
Un toque pin-up en la mesada; por aquí y por allá aires confortable para dormir por tan poco dinero.
revolucionarios, salpicados de “peace and love” en manteles y Lilibeth abrió la puerta con una sonrisa desmesurada.
jarrones. Como pincelada final, en la pared central de la cocina, una Era una mujer de unos treinta y dos años, entrada en carnes
inscripción de cerámica en letra cursiva: ¡Unos cuantos piquetitos! pero de rostro agraciado. De pelo rojizo y tez muy blanca, me
Más abajo, una graciosa réplica, traída seguramente de México, del olfateaba con su nariz respingada o, por lo menos, eso me pareció
cuadro de Frida Kahlo que lleva el mismo nombre. cuando pasé y me hizo caminar por el vestíbulo. Intercambiamos
—¡Vaya! —pensé con sorna—. Una casa dedicada a la algunas frases de cortesía y poco a poco me fue dejando en claro
juventud estudiantil que aún cree en discursitos populistas del arte. cuán importante era la selección de la persona que viviría allí,
No puedo negar que me pareció un poco extraño tener una imagen sin dejar de observarme con una grata sonrisa. Me pareció notar
tan ambigua en la cocina cuando había otras más acordes con el demasiada condescendencia en un tiempo tan corto; sin embargo,
ambiente; pero, como la casa tenía ese espíritu tan ecléctico y Frida en ese momento, dada la inminencia de encontrar un lugar con
estaba de moda, me pareció que era hasta humorístico tener una prontitud, no pude observar con mayor atención los indicios que se
réplica de esa índole ahí. Me imaginé asando un filete y clavándole presentaban de forma clara ante mis ojos.
unos piquetitos para liberar sus jugos. De este modo, absorbida por Por lo visto yo era la elegida, la mujer de la buena estrella.
la Frida y tanto refinamiento naíf, vi en casa de Lilibeth una especie Cursando el final de mis estudios, sin familia cercana, ningún
de salvoconducto para sobrellevar mi nomadismo. hijo, ni siquiera un gatito, y escasos amigos, parecía encajar a la
Unos días atrás había dejado la casa de un conocido. Me perfección en ese bonito lugar, del mismo modo que encajaba en la
había encargado su pequeño apartamento durante unos meses, antigua puerta de dos hojas, el aldabón de hierro forjado con forma
mientras él viajaba a Canadá, a cambio de pagar los impuestos y la de sapo antropomórfico.
administración. Fue perfecto hasta que llegó antes de lo previsto, Un té caliente con una tarta de chocolate terminaron de
cuando ya me había habituado a su diminuto estudio. convencerme; además, moría de hambre y hacía frío.
Abandoné muy pronto el lugar. Era demasiado pequeño para Ella, Lilibeth, siempre atenta, parecía saber con exactitud
los dos. mis inquietudes más profundas e inmediatas. “Gustas otra porción,
Lilibeth apareció entonces, ofreciéndome su casa y mostrando, ¿verdad?’’, y me tendió la mano con más tarta de chocolate.
como buena vendedora, todas las ventajas de vivir allí. Mis labios se movieron y dejaron escapar un sonido sibilante,
No recuerdo con exactitud cómo la conocí. un ‘‘¡sí!’’ con trocitos de pastel que fueron a parar a la mesa.
Vi su anuncio en los avisos clasificados de la facultad, y ahí Cerramos el trato con un apretón de manos y, al día siguiente,
estaba yo, tocando a su puerta. En realidad, no tuve tiempo de meditar me mudé.
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Me ayudó a bajar mis cosas del taxi: varias cajas de libros,
algunos afiches, los bastidores con mis pinturas, una planta de
interior de hojas largas y brillantes; también la opuntia que solía
dejar en el escritorio de luz que usaba para trabajar, el portátil, la
lámpara y una mochila con ropa. Por suerte, mi equipaje era poco;
además, tenía una ventaja: mi nueva habitación estaba amoblada.
Había un antiguo armario de nogal y una cama con dosel,
también de nogal. Era una habitación pequeña pero agradable.
El piso de listones de madera muy bien lacada y el cielo raso
blanco daban la impresión de parecer el firmamento con su tierra,
cohabitando en perfecta armonía. Recordé el estrecho apartamento
de mi amigo. En comparación con esta habitación, realmente no
podría sentirme más a gusto y, aunque había algo que no me
convencía del todo, con la promesa de un nuevo y caluroso hogar
imposible echarme atrás.
Cómo iba a rechazar esta casa que pondría un límite a las
adversidades de mi realidad. Lo cierto es que venía aplazando lo
inevitable, en esa odiosa existencia de nómada, indefensa y solitaria
que espera abrir, como un avestruz, otro hueco en la arena para huir
de tanto infortunio callejero. Solo que este hueco, quizás, iba a ser
más hondo y mortífero que ningún otro.
Los primeros días, Lilibeth, con paciencia maternal, se dedicó
a explicarme el lugar correcto de los utensilios.
—Aquí está el puesto de los cubiertos. Los de la derecha son
los míos, pero puedes usarlos. Los de la izquierda son de las demás.
»Por allá colgamos la ropa; este es el lugar de los artículos de
limpieza.
»Recuerda que quincenalmente compramos enseres generales
entre todas. Ya sabes, jabón para lavar los platos, paños de limpieza
amarillos (preferiblemente absorbentes), lejía y algo de mercadería.
»También precisamos de cal viva —me aseguró que era
importante blanquear las paredes cada tanto porque solían
ensuciarse.
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Ella enumeraba todos los implementos que mantendrían la En horas de la madrugada abría los ojos sin razón alguna.
casa impecable, con ese refinamiento entrecruzado. Y yo, como Mi desvelo se sumaba al hecho de no poder moverme. Dos o tres
buena recluta, repetí con entera disposición cada indicación para no noches seguidas me pasó lo mismo, pero a la cuarta noche mi oído
faltar a las normas de convivencia. se aguzó.
—Lilibeth —pregunté ese día—, ¿y si por algún motivo El crujir de la madera de una de las esquinas me hizo prestar
llegara a incumplir con mi cuota quincenal? Quiero decir, no es que atención a una sombra. Había alguien o algo observándome en esa
vaya a pasar, pero si ocurriese… habitación.
De pronto vi un destello en su mirada. Me dio la impresión Si bien estaba en penumbra, la podía distinguir de las demás
de una ligera mueca de desdén, pero en el acto volvió su naturaleza formas; desde esa esquina destilaba una oscuridad tan densa y
jovial y bonachona. maligna que formaba con exactitud una silueta levitando.
—Descuida, querida, el fondo común hace posible que todas Mi respiración empezaba a acelerarse hasta que era imposible
podamos convivir sin dificultades en casa. mantener un ritmo constante. Como no podía ocultar mi pánico,
Qué curioso, nunca me percaté que Lilibeth hablaba en plural. trataba ridículamente de moverme o de gritar cual ave desplumada
Y, si había más habitantes en casa, hasta el momento ella y yo agitándose antes del sacrificio.
éramos las únicas presentes, o por lo menos eso creí yo. Con el corazón a punto de estallar y un sudor frío recorriendo
—Ahora vamos a ver tu habitación —me dijo con repentino todo mi cuerpo, vi cómo el terror me llevaba a una insoportable
ímpetu. agonía. Me resistía a pensar que mi muerte sería de esa forma tan
Sin prestar mayor atención al entorno, la seguí por el pasillo. boba y, al mismo tiempo, espantosa. Seguía observando aquella
Era una galería larga y angosta. Mi habitación estaba al final. figura impasible y ella a mí, desde sus profundidades impenetrables.
A cada lado había otras puertas. Era una casa de seis alcobas, Ignoro cuántos minutos permanecí en ese estado de trance; lo
pero como estaban cerradas, excepto la de Lilibeth y la mía, no cierto es que cada vez que despertaba al respirar con regularidad y
pregunté a quién pertenecían las demás. Solo quería acomodar mis moverme, la diabólica silueta se desvanecía y yo sentía que el alma,
cosas y dormir. literalmente, volvía a mi cuerpo.
Puedo asegurar que esa noche fue la única de verdadero —¿Quieres un café? —preguntó gentilmente Lilibeth—.
sosiego, a diferencia de las siguientes que sucedieron en esa Pareces cansada.
abominable casa. —Debe ser porque estoy en final de semestre y tengo
Dormí a pierna suelta. muchos trabajos pendientes —le dije, mientras le daba un sorbo
Me hundí en la blandura del colchón y floté entre esas al café.
sábanas inmaculadas. La sensación fue muy placentera, era como Cuando miré casualmente por la ventana, vi la pared del patio.
reposar entre ovillos de algodón o nubes esponjosas. ¿Acaso fue un No había reparado en ello antes, pero noté que tenía las huellas
pequeño gesto de la providencia que le daba una breve tregua a mis de varias manos. Eran manitas pequeñas, parecían de niños. No
pesares? Tal vez sí, porque en los siguientes días mi descanso se vio estaban pintadas. Es más, formaban parte de la textura de la misma
mermado al experimentar una pesadilla recurrente. pared, dándole un aire ciertamente inquietante.
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—Tendremos que blanquear nuevamente esa pared —exclamó
repentinamente Lilibeth mientras cambiaba las flores marchitas de un
jarrón y acomodaba brotes frescos—. La humedad hace sus estragos.
Cada vez iba encontrando más imprecisiones y detalles
en los gestos de Lilibeth y en esa casa. Aunque fueran detalles
insignificantes, me parecían hilos de una historia bastante retorcida;
pero, como estaba ensimismada en mis estudios y no quería volver a
parar a la calle, dejaba pasar cada evento como si fuera una tontería
propia de una mente juvenil, imaginativa y afectada por aquellas
historias infantiles de brujas y casas encantadas.
Las mañanas transcurrían con aparente normalidad. Era
natural porque estaba afuera, en clase. Solo cuando despuntaba la
noche y me iba acercando a la casa, mis inquietudes comenzaban a
tomar la forma redondeada de Lilibeth.
Antes de tocar el aldabón, ella estaba ahí, con su amabilidad
exacerbada, abriendo la puerta. Yo denegaba sus invitaciones a cenar
con la excusa de tener algún examen. A veces, me daba la impresión
de tenerla detrás, sentía que me olisqueaba y que se relamía. Ni bien
abría la puerta de mi habitación, entraba de inmediato sin darme
vuelta. Puedo aseverar mi cobardía, pero, en esas circunstancias,
cualquiera habría hecho lo mismo con tal de no girar la cabeza y
sufrir un infarto al verla al acecho en la galería.
Otras veces prefería quedarme hasta tarde leyendo libros
o pintando; pero, cuando ya era inevitable el cansancio, me
desplomaba sobre el escritorio y volvía a entrar en ese extraño y
terrorífico trance.
—¿Ellas? ¿Y quiénes son? —musité en uno de esos episodios
detestables.
Crujió la madera y Frida Kahlo salió desde la esquina de
mi habitación, acercó su cara a la mía, me mostró unos colmillos
afilados y susurró: ‘‘Ya las vas conocer’’.
Ahí estaba yo en la mañana, a primera hora, tomando un café
y saboreando el mal sueño de la noche anterior, tratando de borrar
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de la mente a esa Frida-Vampiro, sin dejar de examinar el cuadro mi nomadismo como garantía de supervivencia fue un artículo
de la cocina. que relacionaba las conductas mentales psicóticas con esta
—Es un recuerdo de nuestro viaje a México —dijo Lilibeth, diosa.
parándose junto a mí para observar el cuadro—. También trajimos Me llamó particular atención un párrafo donde señalaba
un mezcal ahumado. Originario de Oaxaca. Es especial para días algunas características de pacientes crónicos cuyas conductas
rituales. verbales eran extravagantes y hacían referencia a acontecimientos
No supe qué responder en ese momento, pero sentí el corazón relacionados con rituales sobre fertilidad y sexualidad o que, por
encogido. Lilibeth abrió un gabinete y me mostró la botella del licor algún motivo, habían formado parte de alguna especie de secta en
transparente. donde se involucraban este tipo de deidades nahua:
—Dicen que, si tomas más de una copa, alucinas. ¡Yo
vi a Tlazolteolt! Me bendijo con un gran don —luego calló con a) Hablar o responder a cosas inexistentes; b) Verbalizar
brusquedad y se quedó mirando fijamente a la pared muy bien amenazas de daño, tanto a sí mismo como a los demás;
blanqueada. c) Hablar sin sentido cuando se está comunicando con
Preferí no hacer más preguntas, apuré mi último sorbo de otra(s) persona(s); d) Hablar consigo mismo; e) Reírse
café y me fui a la facultad. sin motivo aparente; f) Hacer gestos faciales sin motivo
No quise entrar a clases; en cambio, me fui a la biblioteca. justificado; g) Llorar sin motivo aparente.
Como autómata, busqué en la ficha técnica algo sobre
Tlazolteolt. Me dieron un libro de antropología que hablaba Cada uno de estos puntos encajaba en el misterioso
sobre rituales prehispánicos. A medida que iba leyendo sobre comportamiento de Lilibeth. Sin embargo, no tenía forma de
Tlazolteolt y el rito ceremonial de Ochpaniztli, se me iba comprobarlo porque durante los siguientes días ella dejó su aire
helando la sangre: gentil y maternal, sus remembranzas repentinas, o esas referencias
a “nosotras”, a las demás habitantes de la casa, mostrando a cambio
«Tlazolteolt posee varias características de acuerdo cierta frialdad y displicencia. Poco a poco, fui dejando de lado
con el nahua y se asocia a varios elementos según mis elucubraciones. Yo misma me alentaba al pensar que tal vez
su contexto. De hecho, su mismo nombre significa era yo quien estaba exacerbada por tantas pesadillas y por tantos
“deidad de la basura”; “deidad del estiércol”, exámenes, y dejé de lado mis investigaciones.
“deidad del placer sexual”; “deidad del pecado”; Para mi desgracia, las pesadillas no cesaron.
también se asocia con la tierra, con la noche y la Cada vez iban tomando un matiz más turbio: esa oscuridad
luna. Así mismo, es patrona de los recién nacidos». flotante parecía desparramarse por toda la habitación. Los momentos
de parálisis eran más prolongados, y a medida que despertaba, me
Cerré el libro tratando de hilvanar, sin mayor éxito, ese sentía más débil y mi salud empeoraba.
rompecabezas de palabras que ahora se mezclaba en mi cabeza. Recuerdo que un veinte de mayo, noche de luna llena, Lilibeth
Sin embargo, la razón definitiva que me hizo volver a considerar me esperaba en la galería.
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Me preguntó si estaba enferma y me recomendó tomar una en tono afectuoso que yo representaba una sombra mortal, pero que,
copita de ese mezcal para acallar la mente. Yo estaba tan cansada una vez decapitada y desollada, formaría parte de una gran fiesta.
que no presté atención a nada. Me senté en la cocina y Lilibeth me —La fiesta de la tierra! —exclamó, alzando los brazos.
instó a probar un poco para poder dormir tranquila. —¿Y por qué la boca negra? —balbuceé como pude. La
Apuré la copa de un solo trago. mujer me miró con ternura y me aseguró que era algo enteramente
Me quedé observando el cuadro de Frida, pero me di cuenta estético.
que, en su lugar, había una imagen de la diosa Tlazolteolt dando —Para que no se note la sangre cuando te comamos —
a luz una flor. Tenía la boca negra y un pie sobre el pedernal de puntualizó una de las jovencitas.
sacrificio. También la acompañaban un buitre y un templo. Aún no podía creer que fuera una ceremonia ritual. Apretaba
No tenía tiempo para reaccionar, las imágenes se mis ojos esperando despertar, suponiendo que esta vez mi pesadilla
distorsionaban derritiéndose entre “unos cuantos piquetitos”; se había extendido más de la cuenta hasta que Lilibeth me pinchó
manteles, decoración retro, risas, cantos, oraciones en náhualt, con un cuchillo el costado derecho.
sonidos agudos como de uñas que rascan madera, niños saltando en —¡Auch!, ¡eso duele! —dije entre dientes.
el patio, notas descoloridas de flautas y tambores, percibidas solo —Por fin vamos a merendarte —parloteó Lilibeth, cuyos
por una mente expuesta a esa clase de estímulos etílicos. rasgos ahora se asemejaban, de forma abrumadora, a los de aquel
Finalmente llegó el día en que se tejieron debidamente todos aldabón de la puerta principal de la casa. Sin dejar de lamer
los hilos y, con ellos, mi destino. golosamente sus labios, que también estaban pintados de negro
Desperté encerrada en una jaula. como los de las demás, seguía dándome piquetitos cada vez más
En torno a mí, e iluminadas por velas, aparecieron cuatro profundos. Por lo visto, sería sometida a una muerte espantosa,
mujeres vestidas con túnicas. Una de ellas tenía el pelo canoso, tipo pero memorable.
carré; era muy mayor y, por lo visto, la mentora de la ceremonia. Mi sangre empezó a brotar.
Las otras dos eran más jóvenes, quizás no pasarían los dieciocho No fue excesiva. Más bien, empezó a caer delicadamente,
años. Por último, Lilibeth. En este punto de la historia comprendí como un riachuelo rojo que atraviesa un nevado.
que Lilibeth no era psicótica y que realmente había otras mujeres Rojo, blanco, negro. Bellos colores para atizar las oscuridades
en casa. de la noche.
Las dos más chicas me llevaron flores y adornos de plumas. Empecé entonces a llorar. No pude evitarlo. Pensé en que hacía
Una de ellas me ayudó a levantarme y empezó a aplicarme un mucho que no visitaba a mi padre y que mi tía estaría esperándome
ungüento de color blanco en el cuerpo, sin sacarme de la jaula. en las vacaciones de mitad de año. Recordé cuando era niña y
Yo estaba desnuda. montaba en bicicleta, subiendo y bajando las veredas de mi barrio.
Me pintó la cara también de blanco, menos la boca; en su No esperaba morir de esa forma: sola, a merced de unas brujas
lugar, me puso un engrudo negro de gusto amargo. desquiciadas, en un ritual tan poco documentado y ridículo. Mis
La abuela entonces sonrió: lágrimas seguían corriendo, arrastrando consigo la pintura blanca
—Es parte del ritual iniciático de Ochpaniztli —y me explicó y, con ella, todos mis errores del pasado.
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Cuando abrí de nuevo los ojos vi cómo yo misma dormía
en aquella bonita habitación, amoblada de nogal. Se respiraba un
aire límpido de lejía y perfume floral. Mi cuerpo descansaba, en
cambio yo seguía del otro lado. Era parte de la misma bruma oscura
y dañina que días atrás me aprisionaba en el umbral de mi propia
existencia.
Los intentos por acercarme a mi yo durmiente fueron en vano
Así de incorpórea y renegrida, pero completamente consciente
de morar en un estado tan insoportable, no podría poner punto final
a los acontecimientos que sobrevendrían de forma sucesiva en
aquella casa. UN LÍQUIDO NUEVO
ANTÓNINUS
Bajo el sol del infierno y desde lo alto de la loma, Juan pudo ver por
fin un caserío y ahí dirigió sus pasos. Había perdido el sombrero
cuando salió huyendo la noche del lunes. El martes al amanecer, su
caballo murió por las heridas de bala y no quedó más remedio que
continuar a pie, cargando los sacos de monedas en la espalda. Ese
día recorrió el camino escondido entre los cerros; cazó un conejo
para comer y en un exiguo arroyo bebió agua y llenó el guaje. El
miércoles continuó por el sendero que subía y bajaba, seguro de que
llegaría al pueblo de San Pedro. Al anochecer, dejó atrás la serranía,
la vegetación se hizo escasa y el agua en el guaje se acabó. El jueves
reconoció estar perdido, que el asalto a la diligencia y su huida
habían sido un fracaso. El viernes, no hizo otra cosa que caminar en
línea recta por aquel llano desierto sin sombra. La esperanza le hizo
continuar; pero, ante el calor agobiante, el hambre, el cansancio y el
guaje vacío, perdió el conocimiento al ocultarse el sol.
Cuando llegó el alba, un cálido vahaje lo despertó. Sintió el
peso de las monedas aplastar su pecho contra el árido suelo. Con
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esfuerzo, se liberó de ellas y se sentó. Tenía la espalda y los hombros había abandonado muchos años atrás. Un sudor hirviente como cera
llagados por el ardiente metal. Su boca, áspera como la suela de sus de vela caía lento por su cara; lo secó con la manga de su camisa
botas, rogaba por agua. Tomó el revólver del cinto, lo revisó; en el y se santiguó. Detrás de él apareció un perro débil y famélico; se
barril quedaban dos balas y tuvo la idea de terminar con su vida. De le acercó, olfateo el guaje y, al descubrir que estaba vacío, se puso
pronto, arrastradas por el vahaje, escuchó voces. Voces humanas, a lamer el sudor de su rostro. Juan le dio un débil puñetazo en el
voces incomprensibles de niños, mujeres, hombres que gritaban, hocico y el perro escapó aullando. Entonces, con gran esfuerzo,
perros que aullaban y ladraban. Voces que venían del otro lado de gritó que daría todas sus monedas a cambio de un poco de agua.
una lejana loma que vislumbró a través de la penumbra. Ató el guaje El crujir de una puerta de madera rompió el silencio como un
vacío al cinto, caló el revólver en su cintura, con dificultad cargó las trueno en la tormenta. La puerta de entrada a la capilla se abrió unos
monedas y empezó a caminar con la ilusión de llegar por fin a San centímetros y, desde el oscuro interior, brotó un metálico cañón
Pedro. El sol estaba en el cénit cuando bajó de la loma en dirección de escopeta que destelló con el sol. Una agónica voz masculina le
al caserío. Estaba cerca y escuchó unas graves campanadas llamar ordenó deshacerse del revólver, levantar los brazos y acercarse a la
al Ángelus. puerta. Desesperado, Juan obedeció. Quiso hablar con su imponente
Poco después de mediodía, entró al pueblo que surgía de voz, pero solo salió un silbido apagado que rogaba por agua. Se le
aquella árida planicie que, como un inmenso comal de barro, ordenó entrar en la capilla; cuando lo hizo, la puerta se cerró tras
laceraba la planta de los pies. Unas treinta o cuarenta casitas de él con el rugido de un animal salvaje y todo se volvió invisible.
adobe, con las esquinas redondeadas por el desgate del tiempo y Sintió el hierro candente del cañón quemarle la nuca obligándolo
apretujadas entre sí, se aglomeraban alrededor de una capilla hecha a adentrarse. Dio algunos pasos con las manos en alto. De un tajo
de piedra cuyo campanario sobresalía coronado por una cruz de le arrancaron el guaje y, tras un empujón, cayó de rodillas. Tomó
brazos rotos y colgantes. Una gruesa mortaja de polvo del mismo aire para intentar hablar, pero un fino polvo con hedor a podrido
color rojo ocre de la tierra cubría todo. y mierda entró en sus pulmones ahogándolo. Solo pudo emitir un
Deambuló durante algunos minutos en busca de la taberna o estertor pidiendo agua.
algún tendejón. Las casas lucían igual; puertas cerradas y ventanas Una mano lo tomó del cabello jalando hacia atrás su cabeza;
tapiadas daban el aspecto de un pueblo fantasma. A cada paso, otra, acercó a sus labios cuarteados un cuenco para que bebiera.
una nubecilla de polvo borraba la mínima huella de los angostos Un líquido tibio con sabor a tierra y sal le escaldó la boca. Sintió
senderos agrietados que no podían llamarse calles. Comenzó a dar náuseas, pero su estómago vacío no vomitó; escupió el trago que se
voces con la esperanza de que alguien contestara, pero solo recibió escurrió por su cuello formando surcos lodosos. Le acercaron de
silencio. nuevo el cuenco. Esta vez bebió; bebió para no morir.
Llegó entonces a una pequeña explanada al frente de la Al poco tiempo, conforme sus ojos se adaptaban a la tenue
capilla. Arrojó los sacos al suelo y se hincó frente a la cruz rota luminosidad, pudo distinguir contornos, siluetas blanquizcas como
del campanario, con la cabeza agachada. Sabía que un bandido y fantasmas a su alrededor; después, reconoció que los habitantes del
asesino como él no merecía perdón, pero presentía cerca el final pueblo estaban vivos. Hombres, mujeres, todos con ropas raídas y
y convenía dejar sus asuntos arreglados con Dios, aunque Dios lo cuerpos esqueléticos, cubiertos del mismo polvo que envolvía al
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pueblo. La curtida piel se pegaba a los huesos de sus manos y a las espaldas desnudas y, a una orden tácita, empezaron a azotarlos
sus rostros apergaminados sobre el cráneo. Con inexpresivos ojos sin piedad. En cada golpe, los pequeños gritaban, se retorcían, pero
quemados y opacos que les sobresalían de las órbitas, lo observaban las mujeres de faldas podridas los sujetaban con fuerza a pesar de
con curiosidad. Vio también algunas velas sobre el altar; las su decadente aspecto. Cada lágrima que derramaban caía al interior
ventanas tapiadas, los muros negros, la ausencia de bancas y demás de la pila bautismal.
artilugios propios de un sitio sagrado. Cuando terminó el cruel ritual, las mujeres retiraron a los niños
Frente a él estaba una gran pila bautismal de mármol con forma cargándolos sobre las espaldas. Juan no supo cuánto tiempo duró el
de concha marina. Detrás del altar, en un nicho elevado, velado castigo. Dos hombres lo levantaron y acercaron a la pila. Dentro de
tras un capullo de telarañas y el omnipresente polvo rojo, emergía ella, pudo ver una charola de plata que se ajustaba a su diámetro
la espectral figura de un santo a tamaño natural, sosteniendo en y contenía el mísero charco de lágrimas recién derramadas, en el
su mano un báculo rematado en cruz, una concha en la otra y un cual se reflejaba la luz de las velas. El hombre de la sotana se colocó
cordero a sus pies. Lo reconoció al instante: Juan el Bautista, el frente a él.
santo a quien su madre lo encomendó de niño, cuando creía que —Es el único modo en que podemos obtener algo de líquido.
dentro de él existía algo bueno. Por mucho tiempo hemos padecido tanto calor, penas, dolor, que
Un hombre calvo y enjuto, vestido con una desteñida sotana, nuestro cuerpo se ha secado. Ya no podemos llorar ni sudar, nadie
se aproximó por detrás colocándose a su lado. Entonces, desde orina en este pueblo. Los pequeños conservan la fe, la esperanza de
la entrada caminaron en fila hacia el frente, seis chiquillos con que algún día regresará la lluvia y vivirán; por eso aún pueden sufrir,
la cabeza rapada, sin poder diferenciar si eran niñas o niños. Se sentir dolor, y al igual que Cristo, se han ofrecido por voluntad. Tú
colocaron rodeando la pila e inclinaron sus rostros como si se llegaste vagando por el desierto en busca del Jordán perdido para
dispusieran a beber de ella. Unas mujeres les ataron las manos al ser salvado por agua, pero te ha consumido el fuego del espíritu que
poste que la sostenía y sujetaron sus cabezas. cae del cielo. Estás lleno de dolor, angustia, rabia y arrepentimiento.
Juan observaba tratando de comprender. Como si hubiera Puedes sudar, puedes llorar y, como el Bautista que con agua nueva
leído su pensamiento, el hombre de la sotana le habló casi en susurro. renovaba la fe del pueblo, nos darás un líquido nuevo.
—El desierto es vasto y la palabra nos ha abandonado. Débil, a punto de desfallecer, Juan comprendió que el hombre
Vivimos en tinieblas. Nuestras culpas han traído el infierno a esta le pedía sufrir, sacrificarse, dejar en aquella pila bautismal todas
tierra donde llamas de hambre y sed nos atormentan. Durante sus lágrimas y sudor. Por voluntad, se agachó y puso su cabeza en
años, hemos sufrido hasta quedar vacíos y secos como el suelo que el borde. Le ataron a la base de la pila, alguien rasgó su camisa por
pisamos. Al mediodía, en la hora del ángelus, el sufrimiento nos detrás y dos hombres le impusieron el castigo de los azotes ante la
reúne para proveer líquido. Tal como el cordero de Dios entregó imperturbable y fija mirada de los pobladores.
su sufrimiento por el mundo, estos inocentes son los únicos que Juan vació su alma. Cuando su llanto se agotó, terminó el
pueden ofrecer el suyo para salvar a los demás. suplicio. Sintió que había por fin expiado sus culpas; sintió por
Dicho esto, hombres que portaban una vara seca en la mano se primera vez el corazón y el espíritu libres. Vio que las mujeres
colocaron detrás de los pequeños, les quitaron los harapos dejando retiraban la charola y vaciaban el líquido obtenido dentro de su
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guaje. Pensó entonces que, con esa poca agua recolectada que el
pueblo le ofrecía a cambio de sus monedas, podría continuar su
camino a San Pedro. Aún atado al poste, agradeció.
El hombre calvo de la sotana se le acercó colocando una mano
sobre su hombro y le preguntó cuál era su nombre. Cuando Juan
contestó, se escuchó un murmullo en el recinto.
—¡Nuestra es la voz que clama en el desierto! —gritó el
hombre con voz apagada.
—¡Bendito el que viene en nombre del Señor! —contestó
el pueblo—. ¡Beberemos del líquido nuevo, del agua viva, no
volveremos a tener sed!
Entonces, un par de hombres sujetaron su cabeza contra la
pila; otro, se aproximó por un costado. Juan pensó que lo volverían
a azotar, pero vio que el sujeto no llevaba una vara en la mano;
llevaba un hacha.
—Juan el Bautista nunca salió del desierto —escuchó a
alguien murmurar.
Alcanzó a ver que el hombre elevaba el hacha, sintió un golpe
en la nuca y la pila fue colmándose de un espeso líquido rojo.
—¡Tomad y bebed todos de él! —exclamó el hombre calvo.
El pueblo se acercó lentamente a beber.
Juan sintió que su cabeza flotaba hasta posarse sobre la
charola de plata que las mujeres sostenían y colocaban en el altar.
Después, todo se tornó rojo… oscuro… muy frío.
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MÍNIMA VAMPÍRICA
JUAN FERNANDO MONDRAGÓN
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FANTASÍA MORTAL
VAMPIRLYKOS
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dolor punzante de la herida y el húmedo contacto de la ‘‘ventosa’’ le “mujer puma” y ser su “chico juguete”. Nadie sabía de la fantasía
indujeron a Miguel un placer orgiástico. suicida de Miguel.
La vampira impasible lo desangraba vivo. El chico se debatía La hematolagnia era una parafilia rara que irrumpía en
en vano. Estaba mareado, tenía jaqueca y una sed abrasadora. Todo su afligida adolescencia, junto con un masoquismo latente que
el potencial de su juventud se le escapaba con cada segundo. La clamaba libertad. Miguel estaba fascinado con la sangre. El color,
conciencia de su muerte inminente lo abrumaba. Estaba sobrecogido olor, sabor y textura del tejido conectivo líquido lo excitaban
y entumecido por violentas oleadas de pánico y frío. sobremanera. Había leído sobre la hematolagnia y el juego de
El monstruo sonrió revitalizado después de saciar su orgía cuchillos en [Link].
sangrienta. Hilos glutinosos de sangre y saliva destilaban de su boca En el chat conoció a Bloodlust, una dominatriz mexicano-
entreabierta ensangrentando su pálido busto, mientras su víctima estadounidense y treintañera que aceptó iniciarlo en el juego de
caía en la inconsciencia mortal. cuchillos y el sadomasoquismo. Miguel publicó un anuncio en el
Cuando Miguel “resucitó” de la petite mort, estaba absorto foro que decía: «Quiero iniciarme en el juego de cuchillos con una
y sobresaltado por la vívida fantasía. Acostado en el lecho, seguía dominatriz vampira», y ella respondió solícita.
aferrando su pene flácido y viscoso con la mano derecha. El cálido Bloodlust le dijo que el juego de cuchillos era el edgeplay
semen había salpicado su pubis y muslos, mezclándose con la sangre más extremo del BDSM. Un juego sadomasoquista tabú, riesgoso,
artificial untada en su viril desnudez. consensuado y practicado por una minoría de la comunidad.
En la penumbra del ático, el chico contemplaba indiferente También hablaron de confianza, intimidad, gustos, aversiones,
el caos doméstico. Dicha confusión reflejaba su crisis existencial límites, precauciones y consenso para compartir su fetichismo de
adolescente. Estaba urgido de respuestas a la acuciante pregunta: una manera segura y satisfactoria. Miguel le confesó su fantasía
«¿cuál es el propósito de la vida?». Tenía 17 años, aún era virgen suicida y ella accedió a realizarla. Lo citó a su cabaña en el bosque,
y había superado de manera atípica su prognosis médica. La persuadiéndolo también de que lo dejaría irse si se arrepentía.
perenne amenaza mortal de su rara cardiopatía congénita impelía Esa noche, la dominante y el sumiso se verían en el bar.
su angustioso anhelo de desvirgarse con una mujer madura y morir. Bloodlust lo recogería y llevaría a su cabaña, justo después del
En realidad, la fantasía sexual prevalente de Miguel era morir concierto telonero de la banda. La anticipación atroz del debut sexual
desangrado por una vampira madura durante el clímax. Estaba suicida le indujo a Miguel una ansiedad intolerable. El miedo, la
obsesionado con la femme fatale arquetípica y con la muerte. Era duda y la angustia sobre su desempeño sexual y consumación suicida
su ideación suicida. lo acosaron con un soliloquio rumiante. El chico se incorporó, tomó
Miguel era un guitarrista talentoso de Corvus 1845, una banda una hoja de afeitar y empezó a cortarse en el antebrazo para aliviar
mexicana de metal gótico. El chico era víctima de las crueles burlas el malestar.
y bromas de sus amigos que criticaban su timidez e impopularidad El dolor placentero y la vista de la sangre lo excitaron. Se
con las chicas. Hasta tal punto que Daniel, el bajista y “chico masturbó otra vez. Su cuerpo tenía escarificaciones en los brazos
juguete”, intentó persuadirlo varias veces de las grandes ventajas y muslos. El alivio duró unos pocos minutos. Luego, buscó con
sexuales, financieras y prestigiosas de perder la virginidad con una desesperación su bolsita de cristal y la inhaló ansioso. Mientras
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esperaba la inminente euforia, Miguel se ató su coleta y se vistió de El interior de la casa era espartano y sobrecogedor. El arte
calzoncillos y jeans. Conectó su guitarra al amplificador, la afinó macabro imperaba en el recinto. En el salón en penumbra, debajo
con su plectro y ensayó su nuevo riff. El chico trataba de consolarse de un Sigilo de Baphomet, había un altar. Tenía la Biblia Satánica,
con la promesa de una noche memorable, mientras que una brutal velas, candelabros, un cráneo humano, un cáliz, una campana
tormenta eléctrica acechaba tras el ventanal. tibetana y otros libros satánicos. Miguel sintió un escalofrío que
Cuando terminó el concierto, Miguel se despidió de la banda. Se le electrizó la espina. Bloodlust lo invitó a ducharse mientras ella
sentó en una mesa, pidió un trago y esperó. En ese instante, una elegante preparaba la sesión BDSM.
pelirroja, atlética y de estatura media se aproximó a él. Bloodlust lo Miguel regresó al salón semidesnudo. Encontró un sofá cama
miraba con la atención fija, emergiendo del esmog cual espectro. junto a una mesa con antisépticos, algodón, vendas, esparadrapo
Vestía un sombrero negro de ala ancha, grandes lentes retro, y botiquín. Bloodlust tenía la cabellera pelirroja recogida en una
oscuros y redondos, un sobretodo negro cruzado con capucha, un coleta y vestía de catsuit y stilettos negros. La dominatriz se sintió
collar de cuero negro con púas, collares de plata con crucifijos, incómoda al ver las escarificaciones del chico y reconocerlo como
bolso, leggings negros y botas altas de plataforma. La lívida tez otro cortador, igual que ella, pero trató de disimularlo. Luego, celebró
y su larga cabellera rizada que rozaba sus nalgas resaltaban en su la iniciación, colocándole el collar al nuevo sumiso, bautizando los
ropa negra. alias y leyendo el contrato. Miguel se sentía ansioso, pero dichoso.
Miguel la desnudaba con la vista. Su pulso y presión arterial Ella lo amordazó y ordenó que se acostara en el sofá. Luego,
se incrementaron. Empezó a hiperventilar. Tenía la frente y las lo ató. Entonces, Bloodlust se descalzó y se sentó a horcajadas sobre
palmas sudorosas y una erección incipiente. Cuando Bloodlust Miguel.
estuvo delante de él, le tendió la mano. Era pálida y grácil, tenía La mujer blandió un afilado cuchillo de supervivencia,
anillos plateados y uñas largas decoradas con esmalte negro. cuya hoja resplandeciente lo deslumbró. El chico estaba atónito
Cuando Miguel se levantó para estrecharla, notó una erección y asustado. El temor a morir desangrado y la incertidumbre lo
que abultaba su cierre de botones y la incómoda sensación del semen aterrorizaban y excitaban a la vez. Miguel trataba de entregarse a
viscoso y caliente en su entrepierna. El agobio volvió a asaltarlo. La su rol y abstraerse del entorno.
mujer observó impasible la cara avergonzada del chico y advirtió el La dominatriz sonrió, complacida ante el miedo del
tacto gélido y sudoroso de su mano trémula, pero no dijo nada. Solo sumiso. Entonces, con malicia metió su mano enguantada en los
sonrió mostrando sus prótesis de colmillos de vampiro. calzoncillos. Aferró el pene con sus guantes vampíricos, lo liberó
Rumbo a la cabaña de la dominatriz, Miguel estuvo sumido de su “cárcel” textil y empezó a acariciar el glande con la fría y
en un incómodo mutismo sin dejar de revisar su celular. La vieja acerada punta. La sensación era aterradora y placentera. Miguel
casucha se erguía en un claro del bosque, a las afueras de la Ciudad fue asaltado por una miríada de espasmos excitantes.
de México. La niebla nocturna, el chirrido de los insectos, el Luego, Bloodlust lo masturbaba y le denegaba el orgasmo. La
monótono croar de los sapos y el ulular de los búhos le conferían a fricción ruda, el áspero roce del cuero y las espículas prominentes
la escena un aire lóbrego. Bloodlust y Miguel salieron del Camaro laceraban el pene sangrante. También acariciaba con la punta del
Z/28 y entraron al solitario refugio. cuchillo las tetillas hipersensibles del chico. La erección rígida
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del sumiso se exacerbaba con el roce húmedo de la vulva de la calor, el olor y el sudor que irradiaban ambos cuerpos. Bloodlust,
dominatriz. De pronto, la mujer fue acosada de súbito por flashbacks lujuriosa e insaciable, bebía como una posesa.
que amenazaban con desencadenar un antiguo trauma reprimido, En el clímax, Miguel desesperado le rogaba que lo violara.
pero se contuvo con disimulo. Ella le espetó: “¡Solo me acuesto con los muertos, padre!”.
Bloodlust aprendió a cortar las venas y arterias con eficacia y Entonces, Miguel, aterrorizado, comprendió que su fantasía suicida
seguridad, incluso con ella misma, para beber de un flujo sanguíneo se realizaría y que ella nunca lo dejaría irse.
más fresco y directo. Entonces, tomó con firmeza uno de los La insensible Bloodlust le segó la arteria femoral izquierda al
antebrazos de Miguel e hizo un corte con la acerada y fría hoja. La sumiso y bebió codiciosa del torrente carmesí. Miguel, moribundo,
sangre fresca y cálida manó de la herida ardiente. La dominatriz se rindió al choque hemorrágico. La dominatriz lujuriosa sorbía
estaba extasiada con la irresistible vista y bebió de ella con frenesí. la herida con compulsión, redimida por la consumación de su
La excitación simultánea de Miguel y Bloodlust fue in crescendo. venganza. El olor a herrumbre y muerte impregnaba la atmósfera.
Al rato, la mujer se incorporó revitalizada, pero descubrió Al rato, Bloodlust estaba exaltada, revitalizada y embriagada.
horrorizada que ya no estaba sentada más sobre Miguel. Su padre En su orgía sangrienta había canibalizado al infeliz sumiso.
semidesnudo usurpaba ahora el lugar del sumiso. El fantasma del Luego, la vampirista ‘‘parricida’’ se desnudó y embadurnó
incesto asaltó a Bloodlust con el ímpetu de un tren de carga. con la sangre viscosa el tatuaje del Sigilo de Baphomet de su lívido
En ese momento, la dominatriz recordó, desbordada por torso, mientras que la seductora vista de su ‘‘padre’’ muerto y
el odio y la repulsión, la felación, el nauseabundo olor genital a ensangrentado la impelía a la lascivia. Entonces, el ‘‘monstruo’’
pescado, el hedor almizcleño del sudor, la pestilencia del mal aliento ultrajó el cadáver aún tibio.
alcohólico, los repulsivos gemidos, los jadeos viriles, la mueca
triunfal y porcina del orgasmo paterno, el dolor vaginal…
La vampirista iracunda ahora lucía como un auténtico
monstruo: la mirada feroz, los ojos sanguinolentos, el rostro
enrojecido y retorcido en una horrible mueca salivante que mostraba
los fieros colmillos en todo su esplendor. El fantasma de la “niña”
abusada que afligía su psique clamaba venganza.
Cada vez que su padre la violaba, la niña fantaseaba con
la conversión vampírica y el homicidio del verdugo. Ansiaba
morderlo con fiereza, beber su sangre cálida y desangrarlo hasta
matarlo.
Mordiéndose los labios hasta sangrarlos, el “monstruo” cortó
y bebió de manera progresiva en los brazos y muslos de su víctima.
El chico gemía, enloquecido por el dolor placentero que lo acercaba
cada vez más al orgasmo. La atmósfera estaba impregnada con el
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STRIGOI LACRIMAM
EDUARDO OMAR HONEY ESCANDÓN
El huracán está por llegar a lo que fue un desierto por cinco siglos.
El mundo ha cambiado, ya no es seguro. La lluvia es mortal para
ella y más en su estado.
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Al llegar al desierto e iniciar su cruce, asumí que, ante el brutal cúspide y me detuve junto a su lecho de piedra, noté su tez blanca y
calor y sequedad, ese nombre estaría más que sustentado. seca enmarcada por una canosa cabellera. Vestía una toga nívea con
Tras una semana de duro avance, por fin llegamos a nuestro florituras de color oro. Parecía que apenas se había recostado de no
destino. De las dunas surgían diversas construcciones desgastadas ser por una fina capa de polvo que se acumuló desde hacía mucho
por siglos de viento y arena. Algunas estaban rotas, otras tiempo. Rashomo y otros hombres me alcanzaron en la cima y se
conservaban ecos de majestuosidad en su decrepitud. Avanzamos dispusieron alrededor de ella. Verla allí, solitaria, a la mitad de un
hacia el centro de la ciudad y nos detuvimos en un espacio abierto enorme desierto y entre centenarias ruinas, me hizo pensar en cómo
parecido una plaza sepultada bajo nuestros pies. En un extremo habría sido su existencia. Una lágrima, invitada por el silencio, rodó
había una torre blanca cuya altura triplicaba la de cualquier de mi mejilla para caer en su rostro cerca de sus labios y, lenta, rodó
otra edificación de esa antigua ciudad. Debido a su tamaño y a sus labios apenas alcanzando a rozarlos ante de evaporarse.
construcción, presentaba menores daños en sus cinco lados. Lo que Abrió los ojos y me miró. En la débil luz de las lámparas
parecía suciedad o desgaste a la distancia era, en realidad, que cada refulgió un débil océano en sus pupilas. Me asaltó una marejada
lado estaba totalmente esculpido. El lado que nos quedaba enfrente, de memorias sobre las muertes y abandonos en toda mi vida, de
hasta arriba, tenía algo parecido a un enorme ojo del que salían mis caídas y momentos de pocas esperanzas, de instantes en que
lágrimas que iban creciendo conforme se acercaban al suelo. la suerte cambia y solo se presenta ante ti el vacío. No pude resistir
Decidimos montar el campamento en ese enorme espacio y lloré como nunca antes. Ríos corrieron por mis mejillas para
e iniciar los trabajos en la torre, el edificio principal sin duda. El juntarse en el mentón y caer en una delicada lluvia sobre su boca
pozo que cavamos en el lado cercano nos permitió descubrir que abierta, ansiosa. Ella se incorporó lo suficiente para besar cada uno
la superficie de las gotas estaba adornada con algo que podrían de mis ojos, bebió mis lágrimas y mi dolor se secó. Su piel recobró
ser, más que un acabado artístico, ideogramas. Además, las gotas algo de juventud y se iluminó suavemente.
seguían su camino hasta llegar a un enorme pórtico, donde un rostro Giró su rostro y observó a cada hombre que la rodeaba,
recibía la última y enorme gota en lo que sería su boca y puerta de directamente en los ojos. Rashomo, tras ser mirado, se quebró en
acceso. Entre las lágrimas, se tallaron bosques y ciudades donde profundos lamentos al igual que el resto del grupo. Con enormes
mujeres y hombres bailaban a la par que bebían la lluvia. sollozos, se derrumbaron y siguieron llorando. Lenta, impávida, ella
Tras diversos intentos y un enorme esfuerzo, logramos se levantó de su lecho, descendió por lo escalones y caminó hacia
entreabrir uno de los armazones que cerraban el acceso a la torre. el pórtico. Tras ver que Rashomo me indicaba que se recuperaría,
Nuestras lámparas hicieron refulgir paredes y objetos diversos. Era señaló que la siguiera. Ella había abierto totalmente la puerta y
una estancia enorme con nichos y escaleras que ascendían en la traspasado el umbral. Apenas lo había hecho yo cuando ella ya
oscuridad. había salido del pozo y se detuvo al final de la tosca escalera que
Al centro de la sala, sobresaliendo encima de una pirámide habíamos construido. Cuando finalmente me puse a su lado, miraba
circular de una veintena de escalones, había un pedestal donde a cada uno de la llorosa multitud arrodillada en su derredor. No se
ella yacía. Rashomo llegó al pie de la escalinata, pero dudó en animaba a avanzar más ni a retroceder. Verla allí, desconcertada
continuar. No me detuve e inicié la subida. Cuando arribé a la y desolada, me provocó una pena inmensa. Volví a llorar. Ella lo
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percibió y bebió mis lágrimas otra vez. Nos miramos un largo rato, campamento para avisarles de mi decisión. Solo quedaba Rashomo
totalmente serias. Luego la acompañé de regreso al interior de la y uno de los shaparee con la instrucción de aguardarme una hora.
torre donde se recostó para dormir. —Te ha tocado —afirmó Rashomo señalando mis ojos y mi
Ayudé a salir a los que seguían dentro, quienes habían corazón—. Volvería a suceder algún día.
dejado los lamentos, pero seguían en un callado llanto. Ya afuera, Asentí en silencio. No hubo necesidad de explicarle más. Juró
poco a poco los afectados se tranquilizaron y, tras una breve que no me faltaría comida ni agua mientras su pueblo existiera.
discusión, decidimos montar el campamento en las afueras de la Cuando se fueron, lloré de felicidad. Ella apareció a mi lado y, de
ciudad. Al menos debíamos reposar un tiempo antes de decidir nuevo, bebió mis lágrimas. Nos volvimos a mirar y sonrió esta vez.
qué hacer. Brilló por semanas.
Ella volvió pocas horas después y uno de los hombres, tras Durante los siguientes años, me enseñó su lengua, la historia
ser besado largamente en sus ojos, quedó en estado catatónico. de su pueblo, del cómo su don se volvió una maldición cuando
El doctor de la expedición pensó que quizás era más el estrés y tuvieron que hurtar las lágrimas. Del cómo fueron abandonados
el cansancio, pero para evitar mayores incidentes dispusimos y poco a poco se desvanecieron al morir no sin antes heredar al
guardias. Fue el mismo resultado: aparecía de súbito en cualquier prójimo el agua y la vida. Ella, sola, decidió quedarse dormida
parte del campamento y el o los desdichados que entraban en llanto hasta ser encontrada. Lamentaba el pesar que provocaba, pero
quedaban catatónicos. Descubrí que su presencia no me afectaba, aprendimos a hacerme reír hasta llorar.
aunque no dejaba de llorar por ella. Entonces se acercaba, bebía de Sin embargo, así como las lágrimas eran su alimento, un
mis ojos, nos mirábamos y desaparecía. día derramé por accidente encima de ella una copa con agua. El
Con cinco hombres que requerían asistencia de los demás, la agua, tan vital para nosotros, era un veneno para ella. Tardó meses
expedición debía decidir qué hacer. Finalmente, tras una votación, en recuperarse, en que la alimenté con lágrimas de culpabilidad.
donde desechamos la idea de ir por ella a la torre, se determinó Desde entonces, me prometí beber muy lejos de su presencia. Así
preparar el regreso. Fue quizás la mejor decisión. Esa noche ella fue como logramos cierto equilibrio y darnos el agua de la vida
regresó, pero esta vez las dos almas que se toparon con su presencia verdadera.
sufrieron una suerte más atroz: fueron secados totalmente, extraídas
sus lágrimas. ***
Ese fue el catalizador para que el grupo decidiera huir cuanto
antes llevándose lo mínimo necesario. En lo que realizaban los Durante más de 500 años, la promesa de Rashomo se ha cumplido.
preparativos, corrí a la torre, bajé al pozo y entré a buscarla en Primero él y sus hermanos nos han traído lo que hemos necesitado.
la estancia. No la encontré en su pedestal, así que recorrí el salón Luego fueron sus hijos, nietos y una larga descendencia. También
y la encontré en algo que era como un trono. Estaba cabizbaja, trajeron noticias del mundo y cómo fue cambiando. Por fortuna, al
derrotada de alguna forma y sabía que, de alguna manera, ella ser una tribu nómada, pocas veces ha sido afectada. Sin embargo,
lloraba sin derramar lágrimas. Entonces decidí no regresar con la hace un siglo empezaron a contarnos que el desierto disminuye
expedición, quería quedarme a su lado y conocerla mejor. Regresé al cada año, que las lluvias, lagos y ríos se aproximan.
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Este verano, un gigantesco huracán se anuncia desde el este,
según nos dijeron. La torre apenas resistió las tormentas del año
pasado y desconozco si soportará en esta ocasión. Hemos tapiado
las ventanas que quedaban y sellamos el interior lo mejor que
pudimos. Espero que la lluvia no nos alcance, menos que la llegue a
tocar. Es necesario que ella siga viva, alimentada por mis lágrimas,
para que no sea la última del pueblo eterno que roba las lágrimas y
da la vida eterna a cambio.
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OJOS EN ROJO
ANYA
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pasado, solo sabía que una mañana lluviosa de marzo la habían geométricas de estilo incaico compartían espacio junto a los trazos
rescatado de una muerte segura cuando al parecer tenía tan solo de una escritura semejante a la cuneiforme, pero de una manera
unos meses de vida o eso era lo que le habían comentado. Bajo el más delicada y estilizada.
amparo de las monjas, se había desenvuelto como una señorita de —Lo que tendrás entre tus manos es el motivo de nuestra
recato, aunque sin sometimiento ni opresión, pues estas mujeres lucha, el instrumento para mantener nuestro compromiso con la
sabían que no era una religiosa ordenada y, por lo tanto, no le gente de esta ciudad.
iban a imponer las exigencias de su regla. En cambio, la llegada —¿Está seguro? —preguntó ella con desconfianza.
de esta niña se había convertido en una alegría, cada que llegaba —¡Más que seguro! —afirmó el sacerdote con porte serio.
del colegio recibía bocados de las exquisitas delicias cusqueñas Atrás queda el recuerdo y en lo que respecta a la pequeña, ella
que le preparaban tan esplendorosamente; sin embargo, entre el continúa entre las centenarias calles con su constante andar; el frío
consentimiento de las religiosas se encontraba la disciplina de su de la noche arrecia, pero ella no parece sentirlo, su mente está más
mentor, el confesor de las monjas y párroco del templo adjunto a su enfocada en continuar avanzando en medio de aquella espectral
convento, un hombre tranquilo y recto que rara vez estaba dispuesto penumbra. Y apoyándose por medio de la vara, no quiere perder
a dejarse llevar por las niñerías de la pequeña. Era una persona que su atención viendo el hacha y el punzón de cobre que forman parte
para ella era la figura paterna a seguir, aunque exigente en demasía, de la misma. Avanza, sabe que no está sola, un espanto… mas una
alguien que le inspiraba entero respeto. sombra incorpórea se hace presente y la sangre se hiela por cada
—Esta noche será la primera vez que salgas a tu encomienda paso que da, pero eso no merma su anhelo por continuar y, mientras
—recordó cómo le dijo desde el altar de la iglesia. una respiración entrecortada empieza a ser escuchada, ella va por
—¿T-Tan pronto? —dudó la pequeña. la calle hasta que el pavimento comienza a perderse y partes de un
—El momento ha llegado, te he enseñado bien —y, con una burdo camino de tierra son más notorios en su andar.
leve sonrisa (rara en él), le hizo albergar confianza—; además, no —¿Qué hora será? —preguntó para sí misma—. Salí del
irás sola. monasterio a eso de las 11… y llevo bastante caminando, creo
—¿Irá conmigo? —inquirió con una leve chispa de alegría. que han de ser las 2 o 3 de la mañana —volvió a reflexionar para
—No —atajó el sacerdote, a lo que la chica torció la boca de sí misma, pero en ese momento un retorcijón en su estómago
desilusión. la desconcertó—. ¡Dios! ¡Ya tengo hambre! —dijo con franca
Ese día iba a llegar y sabía que era inevitable, sabía que era resignación.
su destino… había sido educada para ello y, aunque tuvo una buena Todo se veía bastante apacible, las calles solitarias, ni un alma
instrucción, no dejaba de estar nerviosa, con las tripas estrujadas y salvo por alguno que otro gato o automóvil perdido en medio de la
el corazón latiendo a un ritmo sumamente acelerado. Una bendición, penumbra, pero más que nada se percibía la nostalgia de una noche
un padrenuestro y el recuerdo de cómo, desde el altar, le otorgan una fresca en la que ella no parecía inmutarse a las exigencias del clima;
vara con la hoja de un hacha en el extremo superior, una alabarda. su temblor era más emocional, aunque eso no quitaba que la piel
El momento ha llegado, esa noche será la primera vez que logra se le estuviera erizando a cada paso que daba. Un viento aullante
pasar sus dedos en ese instrumento de finos grabados donde figuras se dejaba venir de tanto en tanto, pero eso no era lo peor: mientras
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más salía de la ciudad, más notoria era aquella oscuridad. Un par imaginó que eso pasaría tan rápido. Apenas ayer aprendía defensa
de ojos con el iris rojo se veían en medio de esa negrura, un par de personal de su mentor, movimientos certeros que, a pesar de su
ojos en rojo que como llamas espectrales iban a un paso sereno, aspecto frágil y menudo, se valían de su complexión para escurrirse
constante… sumamente expectante, pero ante todo sombras, el entre los golpes y ataques pesados del sacerdote que sabía bien lo
eco del viento, un falso silencio que no parecía el de una noche que hacía. Era una pena que la vida la hiciera crecer tan rápido;
más, sino el de una sensación extraña, como si todo rastro humano no obstante, ella seguía sintiéndose una niña, doce años no son
hubiera desaparecido de repente, ya fuera por miedo o por dolor, nada… bueno, doce años es lo que creía tener. A todo esto, sus
todas las personas parecían ausentes salvo la pequeña niña que tenía pasos en medio de aquella soledad le hicieron ver que su vida era un
que andar ahí. No podía fallar, no debía fallar… la carga que traía completo misterio: el sacerdote y las monjas con las que compartía
sobre sus hombros era tal que el solo hecho de cometer un error le techo le aseguraban que la encontraron una lluviosa mañana, pero
producía más escalofríos que su actual compañera, la soledad. que su destino estaba escrito para llegar con ellos, porque de lo
—¡Sí pue’! —exclamó con cierto carisma—. Si… si esto contrario hubiera muerto… «¿Y de qué hubiera muerto?» pensó
fuera de día, hasta cantaría una canción… y… y no me sé muchas, de pronto. Hasta donde recordaba no la habían encontrado en la
pero sería bonito que hubiera algo de sol —comentó para sí misma basura, no estaba enferma, mucho menos se apreciaba desnutrida;
de tal forma que no se menguara su valor. sin embargo, siempre habían hecho énfasis en que gracias a Dios la
Aunado a eso, intentó darse ánimo recordando los chistes y habían salvado de un terrible destino.
bromas de esa mañana en el colegio, pero era imposible. No tenía —Me pregunto cómo me habré visto de beba —inquirió
cabeza para recordar a sus amigos, menos para repasar la lección mientras seguía su andar—. Y con eso de que no deben ser vanidosas
de aquel día, solo para seguir moviéndose en medio de la soledad las hermanas, pues… muchas “foticos” no tengo en mi haber —y
y de esa penumbra en la que el rabillo de su ojo parecía mostrarle terminó por lamentarse.
destellos de sombras moviéndose alrededor de ella como espectros El recorrido transitado solo le hizo ver la lejanía. Ya no había
incorpóreos que vigilaban cada uno de sus pasos. Por primera vez edificios históricos, solo casas de una hechura más sencilla y con
se encontraba fuera de la ciudad, los bosques alrededor de la misma construcciones improvisadas, para finalmente ser sustituidas por
y los terrenos deshabitados eran parte de aquel paraje; no obstante, jacales de materiales básicos como ladrillos de adobe, techos de
alrededor de ella respiraban: un suspiro, otro más, pero pronto se dio lámina o puertas de maderas apolilladas. Ya casi no quedaban
cuenta de que, más que suspiros, era el murmullo de unos pulmones rastros de gente cercana y eso sólo atenuó más la soledad del
alterados, llenos de adrenalina y que provocaban que su nuca se lugar; no obstante, se percató que debía apurarse, debía cumplir
crispara por una presencia extraña que la veía desde lo lejos… ella su encomienda antes de que amaneciera o de lo contrario tendría
no debía detenerse, ella debía continuar hasta salir por completo de que repetir todo ese camino la noche siguiente. La vegetación
la ciudad y ahí continuar su búsqueda. comienza a hacerse más abundante, grandes árboles se erigen en
—¡Para cosas que me aventuro! —exclamó. medio de la oscuridad como garras espectrales y el viento aúlla
De algo estaba consciente y es que tenía que seguir avanzando… entre los crujidos de las ramas; ya no había vuelta atrás. Intensos
ya lo había anticipado, en verdad que lo había anticipado, pero jamás ojos rojos avanzan y al fondo una sombra que no deja de percibirse,
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junto a otra y otra más. Al final… figuras amorfas que aumentan su Segundos antes de esto, el crujido del pasto y el aullido del viento
número y la siguen, la vigilan. Sabía que estaba siendo observada, son interrumpidos por el sonido de unos cascabeles que penden de
pero nadie movía nada, nadie parecía acercarse a ella, solo la veían, la alabarda que trae la chica, esta se afianza a ella con firmeza,
solo la seguían y se mantenían a la expectativa. Los ojos rojos se sus delgadas piernas tiemblan con mayor notoriedad mientras unas
encontraban cerca, se podían percibir, unos ojos que en verdad gotas de sudor brotan. La sangre se conglomera en su pecho, la
daban miedo, pues su intensidad los hacía verse como fuegos fatuos respiración es más agitada y su corazón quiere emerger de entre las
en medio de la nada. costillas.
—Si tan sólo me hubieran acompañado —comentó para sí —¡Dios! —exclama.
misma tras agregar un bufido de resignación. Intensos ojos rojos emergen de entre las penumbras, el sonido
Temor… duda, aquello se hacía presente mientras esos de los cascabeles no deja de sonar y las amorfas criaturas ansiosas de
penetrantes ojos de iris rojo la seguían de cerca… avanzando cada sangre y malicia corren entre la espesura de la vegetación. Susurros
vez más y más. En la penumbra se estuvieron escuchando rumores, de plantas crujir y chillidos parecidos a los de un jabalí torturado es
se dijo que algo merodeaba las afueras de Cusco, pero nadie hizo lo único que se escucha. La chica levanta la vista; zarpas oscuras
caso, a nadie parecía importarle las afueras donde vivían personas son lo único que alcanza a percibir. La sangre fluye y la carne se
de escasos recursos. Todos callaban y miraban con temor la puesta desgarra, un estoque y la oscuridad solo deja espacio a los alaridos
del sol… si la tarde se pintaba de una tonalidad rojiza entonces de horror y angustia por aquella masacre.
correría la sangre por los valles del Puno; pero, mientras ese La negrura de la noche no desea ver lo que pasa, incluso
espanto arrancara la vida de los cholos que vivían en la periferia, los animales nocturnos huyen despavoridos por aquellos gritos de
todo estaría bien para los demás habitantes del Cusco… o eso dolor y de espanto. Ni siquiera las almas en pena que rondan por
se alcanzaba a rumorear por las calles. Ojos rojos merodean en los bosques cusqueños se atreven a observar lo que estaba pasando
medio de la oscuridad, sombras expectantes que no pueden con su en aquel claro de vegetación donde, en comparación, el mismo
incertidumbre se dan cuenta que ha llegado… verdugo y víctima se infierno era una suave atracción. Ojos rojos se disimulan entre ríos
reúnen entre la penumbra de unos árboles, la oscuridad es tal que de sangre y vísceras; extremidades cercenadas son dejadas a un
incluso la luna teme mostrar su brillante rostro y lo oculta en el lado y poco a poco los alaridos van cesando. La luna se anima a
silente velo de las nubes. otorgar un poco de su luz solo para ver el balance de los daños.
—Y yo aquí —terminó por decir la chica. El silencio vuelve a reinar entre la quietud de una noche
El ansia, el temor y la impotencia se hacen presentes y, entre ligeramente iluminada. Alguien bebe del cuerpo destazado,
la oscuridad, aquellas esencias macabras observan con enojo su las estrellas vuelven a brotar en ese manto celestial y el amargo
presencia, su furia es notoria y se abalanzan hacia la pequeña; velo de las nubes se aleja poco a poco; pero el frenesí de la carne
oscuras pretensiones se muestran en su ira y el miedo se apodera de desgarrada continúa, una sed insaciable es percibida: vísceras,
la noche. No debía haber salido, todavía no estaba lista; el corazón órganos y huesos triturados son diseminados por toda esa zona.
se contrae, el terror la deja helada, pero no podía quedarse quieta, Imágenes infernales se perciben esa noche, después el silencio total,
no podía dejar que aquellas criaturas la violentaran… no moriría. un silencio abrumador, pero apacible, como el de una tormenta que
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se ha ido para dejar desolación a su paso. Tanta es la calma que,
incluso, alguno que otro murciélago se atreve a volar por aquel
paraje donde masas amorfas han sido despedazadas. Ojos de iris
rojo surgen de una imagen espectral totalmente bañada en sangre,
con largos cabellos apelmazados por trozos de carne y vísceras
cayendo de sus hombros. Un panorama de cuerpos diseminados y
la pequeña niña cierra sus ojos rojos de satisfacción mientras relame
cual felino satisfecho su muñeca bañada de esa dulce vitalidad
rojiza. La primera noche ha caído, cediendo ante unos aterradores
ojos rojos… la primera noche de tantas en las que la legendaria
ciudad del Inca estaría rodeada por ríos de muerte y espanto… Al
final, nuestra pequeña cierra con suavidad sus luminiscentes ojos
rojos para regresar a la ciudad en completa y risueña calma.
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SOBRE LOS
AUTORES
Juan David Cruz Duarte nació en Bogotá, Colombia.
En el año 2018 obtuvo su doctorado en literatura comparada
en la University of South Carolina. Sus cuentos y poemas han
aparecido en Máquina Combinatoria, Historias Pulp, The Dead
Mule School of Southern Literature, Fiv[Link] One, Burningword,
Jasper, Blue Collar Review, Escarabeo, Fall Lines, etc. El
trabajo académico de Cruz Duarte se ha enfocado en el estudio
de la ciencia ficción latinoamericana de los siglos XX y XXI.
Sus ensayos han sido publicados en Fafnir, Variaciones Borges
y Divergencias. Cruz Duarte es el autor de la colección de
relatos Dream a Little dream of me: cuentos siniestros (2011), la
novela breve La noche del fin del mundo (2012), y la colección de
poemas Léase después de mi muerte (Poemas 2005-2017) (2018).
Actualmente vive en Bogotá.
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Artes de Novela José Rubén Romero (2018). Desde 2020 forma Tania Huerta. (Lima, Perú) Como autora, publicó “El
parte del Sistema Nacional de Creadores de Arte del FONCA- Pelado Jairo” en la antología Horror Queer, “Aconitum” en
México. la antología Steampunk Terror, ambas de Editorial Cthulhu
(2018). “Piedra Negra” en la antología Cuentos Peruanos
sobre Objetos Malditos de Editorial El Gato Descalzo (2018).
Penélope Gamboa Barahona nació en San José, Costa “Esther” en la antología Pesadillas II de Editorial Apogeo
Rica, lugar donde reside actualmente. Es estudiante de la carrera (2018). “Amor Eterno” en la antología Cuentos sobre Brujas
de Bibliotecología en la Universidad Estatal a Distancia y de Editorial El Gato Descalzo (2019). “Reina Ukucha” en la
amante de la literatura y el cine de terror, así como también de antología Héroes peruanos (2019)y “Puno” en la antología
la fantasía. Uno de sus relatos fue publicado en la revista virtual Zomos Zombis, ambas de Ediciones Altazor (2020). “Polvillo
Quimera de Costa Rica. Azul” en la antología El día que Regresamos de Pandemonium
Editorial (2020). Autora invitada en la Antología en honor a
Stephen King de la revista española El Círculo de Lovecraft
Juan de Dios Maya Avila. (Tepotzotlán, 1980) Becario con su cuento “Querida Annie” (2020). “Madre Féretro” en
de la Fundación para las Letras Mexicanas, del Fondo Nacional la Revista Relatos Increíbles N. 21 (2021). “Olimpia” en la
para la Cultura y las Artes y del Programa de Estímulos
antología Ucrónica y “El Ferrocarril Central” en la antología
Hiztoria del Perú, ambos de Pandemonium Editorial (2021).
a la Creación y Desarrollo Artístico. Ganó el Concurso
“Expiación” en la antología Presbítero Eternos residentes de
Internacional de Cuento, Mito y Leyenda Andrés Henestrosa
Ángeles del Papel Editores (2021). “Claridad tranquila” en
2012 y el Concurso Latinoamericano de Cuento Edmundo
la antología Cuentos del Bicentenario de Pléyades Ediciones
Valadés 2019. Ha publicado los libros La venganza de los (2021). Como editora, compila los libros Dismórfica de autores
aztecas (mitos y profecías) (traducido parcialmente por la Texas varios y Códice infame del autor Carlos Carrillo, ambos de
A&M International), Soboma y Gonorra (Resistencia, 2018), El Pandemonium Editorial (2020). Es una de las editoras del
Jorobado de Tepotzotlán (Literatelia, 2020) y La Serpiente y el libro binacional Pacífica, crónicas atemporales de guerra de
Manzano (Paserios, 2021), así como editado y antalogado los libros Pandemonium Editorial (2021). Editora del libro Amos del
Érase un dios jorobado (Ediciones Periféricas-Pacmyc, 2019) y fuego: Nigredo de la autora Gabriela Arciniegas de editorial
Érase una bruja Malinalco (Ediciones Periféricas-Fonca, 2021). Epic Books (2021), Editora del libro Monstruario del autor
En el año 2013 funda el Concurso Estatal Pensador Mexicano de David Roas de Pandemonium Editorial (2021).
Literatura escrita por Niños y Jóvenes (antes Concurso Estatal
de Cuento y Poesía para Niños y Jóvenes San Miguel Cañadas).
Actualmente es titular de la columna de entrevistas Canaimera Sara Arriola. Estado de México, México. Bióloga egresada
en la revista hispanoamericana El Camaleón. Su obra ha sido de la UNAM e internacionalista; escritora, cantante, performer,
traducida al inglés, esloveno y otomí. artista visual, gestora cultura y emprendedora social. Conductora de
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radio, TV y eventos culturales. Se ha presentado en diversos foros y medio audiovisual, entre España y Alemania, así como de diseñador
teatros de México, entrevistada en diversos medios de comunicación, e ilustrador freelance. Paralelamente, desarrolla una labor literaria,
presentado libros; ha realizado también prólogos y contraportadas a tanto en prosa como en poesía, que se plasma en colaboraciones
autores. Su obra, constituida por cuentos cortos, artículos, poesía y en antologías, como Gritos sucios (Ediciones Vernacci) y revistas
notas, ha sido publicada en antologías y revistas. Miembro Aliados- literarias (Groenlandia, Editorial Cthulhu, MiNatura, Círculo de
ÜBON, Callitlahtolli Poetas Mexiquenses, IPN Cultura, Fundadora Lovecraft), artículos y críticas (Caosfera, Serial Killer Magazine),
Conciencia Quetzal México: Emprendimiento Social y Cultura con además de ser finalista en varios concursos. Es autor de los
Causa. Es parte de los proyectos musicales-literarios: Mictlan Voices, poemarios digitales Feto oscuro y Fiebres galantes, así como de
SaRa ArriOla e Itzpapálotl Poesía Ancestral y Música Prehispánica. las novelas Hela (Triskel Ediciones) y Pleamar (El Barco Ebrio).
Galardonada con las medallas “Gran Mujer de México 2020 y 2021” También escribe el blog literario Negromancia.
por su labor social, ambiental y cultural en el país.
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inquisitiva, fue poblando un vasto mundo de fantasiosos laberintos, a Carlos Bustos, de Fóbica Fest y La Tinta del Silencio y publicado
puesto que la pérdida prematura de sus padres dejó en él un semblante por Rigor Mortis. También fue becario del escritor David Kolkrabe,
más bien taciturno, que debía recuperar cuando menos, a través de editor jefe y fundador de Alas de cuervo y cursó los talleres de
la lectura y la escritura. Desde ese entonces, se ha sumergido con escritura creativa: “Literatura de terror” de Alas de cuervo y el “I
absoluta devoción en el universo Lovecraftiano, en las oscuras criptas taller de creación de cuentos” de Jonathan R. González, Ediciones
de Poe, en los relatos macabros de Ambrose Bierce y otros más. Palíndromus y Editorial Pruka.
Durante los intermezzos, ha intentado escribir sus propias historias. FB: @Vampirlykos
Poco se sabe de él y todo lo que pueda presumirse es apenas de oídas, TW: @Vampirlykos
puesto que tampoco se conoce un retrato veraz. Algunos dicen que es IG: @vampirlykos
mediano y ostenta una barba frondosa; otros, que es largo y de mirada Blogger: [Link]
febril; no obstante, a pesar de tan diversas apreciaciones, la mayoría EM: vampirlykos@[Link]
coincide en que Rodériko hace mucho que dejó de existir en este
mundo. Es decir que hay un insólito homólogo, de halo sobrenatural y
mortecino, cuyos escritos son la única prueba legítima de su existencia. Francisco de Jesús Espinosa González (bajo el
pseudónimo de Anya) nació en la Ciudad de México en
Juan Fernando Mondragón nació en México en 1991. 1990. Es escritor, arqueólogo e historiador, cursó sus estudios
Es Maestro en Humanidades por la UAEMex. Estudió Literatura universitarios en la Escuela Nacional de Antropología e Historia y
Italiana e Hispanoamericana en la UNLP, La Plata, Argentina. recientemente ha contribuido con el poema “Partida” para el primer
Becario del Curso para Jóvenes Escritores de Verano 2012 de la número de la Revista Literaria Raíces y en la II Antología - Tábula
Fundación para las Letras Mexicanas, del Festival Interfaz Pachuca Escrita de Microrrelatos por parte de la editorial Luna Negra con
2018 y del Pecda Estado de México 2014–2015 y 2017–2018. Finalista el microrrelato “Ojos rojos”, entre otros escritos. Actualmente,
del Certamen Internacional de Cuento Corto de la Editorial Benma también asiste a la artista gráfica y pintora mexicana Dolores
en 2013 y ganador en el Concurso 52 Punto de Partida de la UNAM. Gómez, conocida como “La Coronelaza de la Pintura”.
Autor del libro Máscara vs cabellera (UAEM, 2020), así como
de artículos académicos y traducciones de poesía desde lenguas
romances. Ha impartido talleres de creación literaria y dirige el sitio Ars Occulta. E. Lancheros. Ilustradora, escritora y música,
de difusión de la lengua y la literatura [Link] de origen colombiano. Desde el 1998 hasta hoy ha creado dibujos
para cuentos, libros, revistas, portadas de discos. Actualmente
Vampirlykos nació en Macaraibo, Venezuela, en 1972. Escritor reside en Buenos Aires.
de horror y vampirólogo. Escribe horror erótico, horror sobrenatural,
vampirismo, licantropía, narrativa breve, poesía oscura, poesía Israel Montalvo nació en México en 1981. Como escritor
erótica, poesía grotesca y ensayística. Fue seleccionado en Flores e ilustrador, ha publicado en una infinidad de revistas, cómics,
que sólo abren de noche, la antología de minificciones en homenaje
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libros y ha participado en más de cuarenta antologías literarias
de cuento enfocadas en el horror y la ciencia ficción en México,
España, Uruguay, Argentina, Perú, Chile, Guatemala, Colombia y
Venezuela. En el 2016 publicó su primera novela gráfica: El señor
Calzetín volumen uno: Momentos en el tiempo o los días regulares
de un personaje medio(ocre) (Altres Costa-Amic Editores), por la
que obtuvo dos becas, una para su realización en el 2009, y otra pasa
su publicación en el 2014. En el 2018 publicó las novelas gráficas:
¿Podría ser un asesino? y I’m fraid of americans, ambos de manera
independiente. Ilustró la novela pulp: Marciano Reyes y la cruzada
de Venus para la editorial española Historias Pulp. En el 2019 salió
su primer libro de cuentos: La Villa de los Azotes, publicado por el
sello la tinta del silencio. En el 2020 ilustró el cómic La parte que no
siente, escrito por Julián Mitre y publicó la novela gráfica Heathen:
5:15 los ángeles se han ido, ambos con la editorial Mandrágora
Ediciones. En el 2021 publicó la novela corta: Abel en la cruz, con
la editorial Sultana Editores y la plaqueta la ordinaría locura de
una muerte cotidiana, publicada por la editorial Ediciones Awen.
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