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SALUD MENTAL COMUNITARIA: Miradas y diálogos que nos transforman

Miryam Rivera Holguín y Germán Vargas Farías, Editores

SALUD

MENTAL

COMUNITARIA:

MIRADAS Y DIÁLOGOS QUE NOS TRANSFORMAN

MENTAL COMUNITARIA: MIRADAS Y DIÁLOGOS QUE NOS TRANSFORMAN GRUPO DE TRABAJO DE SALUD MENTAL Y UNIDAD

GRUPO DE TRABAJO DE SALUD MENTAL Y UNIDAD DE RESPONSABILIDAD SOCIAL DEL DEPARTAMENTO DE PSICOLOGIA DE LA PUCP

SOCIAL DEL DEPARTAMENTO DE PSICOLOGIA DE LA PUCP GTSM El Grupo de Trabajo de Salud Mental

GTSM

SOCIAL DEL DEPARTAMENTO DE PSICOLOGIA DE LA PUCP GTSM El Grupo de Trabajo de Salud Mental
SOCIAL DEL DEPARTAMENTO DE PSICOLOGIA DE LA PUCP GTSM El Grupo de Trabajo de Salud Mental
SOCIAL DEL DEPARTAMENTO DE PSICOLOGIA DE LA PUCP GTSM El Grupo de Trabajo de Salud Mental
SOCIAL DEL DEPARTAMENTO DE PSICOLOGIA DE LA PUCP GTSM El Grupo de Trabajo de Salud Mental

El Grupo de Trabajo de Salud Mental (GTSM) está conformado por instituciones de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos (CNDDHH) y por profesionales que comparten su misión y principios. Se formó en abril de 2004, luego de la entrega del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, con la misión de aportar en la elaboración e

implementación de políticas públicas en salud mental frente a las consecuencias del con flicto armado interno y a procesos generadores de violencia. En sus años de funcionamiento ha contribuido

a que el tema de salud mental en nuestro país

integre metodologías, estrategias y acciones que favorezcan el respeto a los derechos humanos de los peruanos y peruanas, a f in de que la población pueda ejercer su derecho a la salud mental.

El GTSM además de producir un documento

conceptual denominado “Salud mental comunitaria: aportes para el trabajo con poblaciones” que ha sido material referente en las capacitaciones para el personal de salud de las regiones Ayacucho, Apurímac, Cusco y Huancavelica, ha contribuido con el

Ministerio de Salud en acciones de capacitación

y discusión sobre temas relacionados con la

salud mental en el Perú. Asi tambien, elaboró los contenidos y marco conceptual del Proyecto de Ley de Salud Mental, en coordinación con el IDEHPUCP, y ha producido el documento“Juicio

a Fujimori: Subjetividades, negación y juegos del

poder” en el que se reflexiona sobre el impacto de un proceso judicial clave en la construccion de la democracia en nuestro pais. “Salud mental comunitaria: miradas y diálogos que nos transforman” es su tercera publicacion.

SALUD MENTAL COMUNITARIA:

Miradas y diálogos que nos transforman

Miryam Rivera Holguín y German Vargas Farías, editores

Primera edición: Lima, Perú, enero 2017

© Grupo de Trabajo de Salud Mental

Coordinadora Nacional de Derechos Humanos José Pezet y Monel 2467, Lima 14, Perú Teléfono: 4191111

Ponti f icia Universidad Católica del Perú

© Unidad de Responsabilidad Social del Departamento

de Psicología

© Dirección Académica de Responsabilidad Social

Avenida Universitaria 1801, Lima 32, Perú

Teléfono: 6262000

Diseño: Roger Hiyane Óleo de la Portada: “Paseo nocturno” de Angel Pernia Añazgo Cuidado de la edición: Victoria Cavero Huapaya Fotos: URS - Psi PUCP

Tiraje: 500 ejemplares

Prohibida la reproducción de este libro por cualquier medio, total o parcialmente, sin permiso expreso de los editores

1 a . edición, enero 2017. Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú N° 2017- 00992 ISBN: 978 - 612 - 47215 -3 -3.

Impreso en: R&F Publicaciones y Servicios S.A.C. Manuel Cándamo 350 -356, Lima 14, Perú

SALUD MENTAL COMUNITARIA:

Miradas y diálogos que nos transforman

Miryam Rivera Holguín y German Vargas Farías (editores)

Carmen Aldana Nélida Baca Martha Laberiano Elena Peña César Pezo Del Pino Tesania Velázquez

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Miradas y diálogos que nos transforman

SALUD MENTAL COMUNITARIA: Miradas y diálogos que nos transforman
SALUD MENTAL COMUNITARIA: Miradas y diálogos que nos transforman

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Miradas y diálogos que nos transforman

SALUD MENTAL COMUNITARIA:

CONTENIDO

INTRODUCCIÓN Página 7

CAPÍTULO UNO:

LOS ENCUENTROS COMO ESPACIO GENERADOR DE CONOCIMIENTO Por César Pezo Del Pino y Tesania Velázquez Página 11

CAPÍTULO DOS:

SALUD MENTAL Y POLÍTICAS PÚBLICAS Por Martha Laberiano y Germán Vargas Página 21

CAPÍTULO TRES:

¿CÓMO SE HACE EL TRABAJO COMUNITARIO EN NUESTRO MEDIO? Por Carmen Aldana Página 43

CAPÍTULO CUATRO:

EL AUTOCUIDADO Y CUIDADO DE LOS EQUIPOS Por Nélida Baca y Elena Peña Página 71

CAPÍTULO CINCO:

MODELO DE SALUD MENTAL COMUNITARIA Por Miryam Rivera Holguín y Tesania Velázquez Página 95

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Grupo de Trabajo de Salud Mental Comunitaria y URSpsi

Introducción

A sí como hay hábitos que favorecen la salud, particularmente la salud mental de las personas,

hay prácticas que hacen bien a la salud mental comunitaria en nuestro país. Una de esas bue-

nas prácticas, es la que iniciamos hace años un grupo de docentes del Departamento de Psi-

cología de la PUCP y otro grupo de activistas y profesionales de la salud mental integrantes de varias organizaciones de derechos humanos. Nos referimos a la generación de un espacio que llamamos Encuentros de discusión sobre clínica comunitaria, donde personas de diversas profesiones e insti- tuciones se reúnen en torno a una preocupación compartida: la salud mental comunitaria en el Perú.

El año del primer encuentro, 2003, no fue casual. Acabábamos de conocer el Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación y nos sentíamos interpelados por las dimensiones de la tragedia ocurrida entre 1980 y 2000. La violencia, la exclusión, el dolor, la desesperanza se habían enraizado en nuestro país, agudizado durante ese periodo, y seguían latentes, convocándonos a par- ticipar.

Desde entonces nos propusimos aportar, haciéndolo desde la salud mental comunitaria que es, para quienes concebimos y participamos en este proceso, la mejor manera, desde los derechos hu- manos, para proteger y promover la dignidad y bienestar de las personas.

Han sido trece años en los que hemos visto crecer y madurar la comprensión de la salud mental comunitaria en el país, con la satisfacción de haber acompañado ese proceso y reconocer que se ha ido superando la incertidumbre y que cada vez son más claras las rutas por donde transitar, y más la gente involucrada.

Un libro como este, es una importante contribución, pues da cuenta de la evolución y del de- sarrollo del trabajo en salud mental comunitaria en el Perú, al punto que en los Encuentros y otros espacios hoy hablamos de propuestas, modelos y políticas.

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Grupo de Trabajo de Salud Mental Comunitaria y URSpsi

Carmen Aldana, Nélida Baca, Martha Laberiano, Elena Peña, César Pezo, Miryam Rivera, Germán Vargas y Tesania Velásquez, autoras y autores de este libro, son solo una parte de esas cientos de personas que participaron en los Encuentros, y han procurado recoger en sus textos, las re f lexiones, debates, experiencias y aprendizajes compartidos por los participantes a los largo de todos estos años de Encuentros.

Lo que nos presentan es fruto de la re f lexión que se aportó desde el trabajo en el campo, desde el sentir de la gente, desde el reconocimiento de sus problemas, luchas, fortalezas y recursos, desde todo aquello que es y constituye comunidad.

Nada de lo expresado en el libro puede ser leído como discusiones acabadas, son más bien una invitación a participar, a sumarse a nuestros Encuentros, analizando estos aportes, difundiéndolos, discutiéndolos con otros y otras.

Celebramos con este libro las buenas prácticas, el ejercicio y la re f lexión constante, las buenas relaciones, es decir aquellas que se construyen con equidad, paciencia, respeto y memoria. Celebra- mos que a través de lo que se ha expresado en los Encuentros se hayan a firmado compromisos y el sentido de todo esto que es proteger y promover la dignidad y bienestar de las personas.

Al Grupo de Trabajo de Salud Mental de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, y a la Unidad de Responsabilidad Social del Departamento de Psicología de la PUCP, nuestro recono- cimiento por este importante aporte que hoy a través de sus miembros realizan; a la DARS nuestro agradecimiento por haber respaldado la publicacion de esta sistematizacion fruto del dialogo entre sociedad civil, academia y Estado.

Los editores

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Grupo de Trabajo de Salud Mental Comunitaria y URSpsi

César Pezo del Pino

Psicólogo clínico, psicoterapeuta psicoanalítico

y docente del Departamento de Psicología,

miembro de la Unidad de Responsabilidad Social (URSpsi-PUCP). Supervisa equipos que trabajan con poblaciones afectadas por violencia o desastres. Formado en la

Ponti f icia Universidad Católica del Perú, en

el Centro de Psicoterapia Psicoanalítica de

Lima (CPPL) y en el Instituto de la Sociedad Peruana de Psicoanálisis (SPP). Miembro de las Asociaciones Peruanas de Psicoterapia Psicoanalítica de Niños y Adolescentes (APPPNA) y de Grupo (APPPG). Al inicio de su carrera fue miembro investigador del Centro de Estudios y Promoción del Desarrollo (DESCO), promovió la formación de experiencias de educación popular, acción cultural y desarrollo humano, y publicó sobre temas de educación de adultos, sindicalismo magisterial y la condición del maestro. Más adelante gestó la Asociación para la Salud Integral (ASI) en San Juan de Lurigancho (programa de atención individual, familiar y de prevención comunitaria); años después, la Asociación para la Salud Mental (comunidad terapéutica para personas con sufrimiento psíquico severo y sus familias). En todos los proyectos que ha participado, siempre fue como parte de un equipo de colegas.

cdpezo@pucp.edu.pe

Tesania Velazquez Castro Directora de la Dirección Acádemica de Responsabilidad Social y Docente del Departamento de Psicología de la Ponti f icia Universidad Católica del Peru. Magister en Evaluacion Psicologica y forense por la Universidad de Salamanca de España. Coordinadora del Grupo de Investigación en Psicología Forense y Penitenciaria y miembro del Comite Asesor de la Maestria en Psicología Comunitaria de la PUCP. Miembro del Grupo de Trabajo de Salud Mental de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, miembro fundador y Ex-Directora de la Red Latinoamericana de Formacion en Psicología Comunitaria. Ha obtenido el Premio Anual de Psicología Comunitaria y el Premio Anual de Psicología Peniteniciaria otorgado por el Colegio de Psicólogos del Perú. Experta en temas de género, violencia, salud mental comunitaria y desastres.

tvelazq@pucp.pe

CAPÍTULO UNO

LOS ENCUENTROS COMO ESPACIO GENERADOR DE CONOCIMIENTO

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Grupo de Trabajo de Salud Mental Comunitaria y URSpsi

Grupo de Trabajo de Salud Mental Comunitaria y URSpsi XI Encuentro “A 10 años de la

XI Encuentro “A 10 años de la CVR: Un balance desde la salud”

“A 10 años de la CVR: Un balance desde la salud” XI Encuentro. Ponentes: Gloria Cueva

XI Encuentro. Ponentes: Gloria Cueva y Nélida Baca

LOS ENCUENTROS COMO

ESPACIO GENERADOR DE CONOCIMIENTO

César Pezo del Pino y Tesania Velázquez 1

E n diciembre de 2008, para el VI Encuentro de discusión sobre clínica comunitaria, preparamos

una publicación sobre los cinco anteriores encuentros (Pezo del Pino, Velázquez, Valz-Gen, &

Pareja, 2008). En la primera parte, Balance y perspectivas de los Encuentros, hicimos una sis-

tematización del rico material producido por el conjunto de participantes en todos esos encuentros. Pudimos hacerlo a partir de los registros grupales y de los testimonios individuales que recibimos cada año y que archivamos con diligencia pues manifestaban la libertad, espontaneidad y frescura de cada grupo. Todo este valioso material nos permitió reflexionar sobre el sentido de los encuen- tros, sobre la semblanza afectiva de los pequeños grupos y sobre los temas que emergieron en los diálogos grupales. Esa ref lexión nos permitió subrayar algunas características comunes a los traba- jos que realizan las personas participantes. En la segunda parte de esa publicación reprodujimos las ponencias que sirvieron de punto de partida para cada Encuentros.

En el transcurso de esos años se fue acumulando experiencias y saberes compartidos, por eso en aquel texto damos cuenta de un proceso de aprendizaje y de reformulación de las maneras de acercarse al dolor social, expresado en situaciones existenciales, en personas con rostro propio, en familias, en grupos más o menos cohesionados, en algunos casos con sentido de comunidad, y en poblaciones vulnerables.

Consideramos que lo más relevante de estos espacios de encuentro ha sido el proceso de apren- dizaje que esta dinámica metodológica ha generado. Es decir, buscar re flexionar sobre los diferentes enfoques que abordan la problemática de salud mental desde una perspectiva comunitaria, enfo-

1 Agradecemos la colaboración de nuestras jóvenes colegas en la elaboración de este texto: Olenka Retiz Flores y Geraldine

Guzmán Huayhuameza. Ex-alumnas del curso Intervención clínica comunitaria y activas colaboradoras en la realización de los

últimos Encuentros.

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ques que facilitan procesos de recuperación psicosocial de personas, familias, colectivos y comu- nidades. Las condiciones de existencia de la mayoría de los peruanos demandan nuevas miradas de sujeto, de salud mental, de bienestar y de malestar. Miradas que implican considerar que el ser humano es parte inseparable de la sociedad y de la cultura en la que vive. Las problemáticas sobre

las que hay que incidir no son sólo de orden psicológico, son también problemáticas de salud pública

y por tanto de orden político y social (Pezo del Pino et al., 2008).

Los Encuentros de discusión sobre clínica comunitaria se llevan a cabo de modo ininterrumpido desde el año 2003 hasta la actualidad, surgió como una iniciativa del curso de Intervención clínica comunitaria 2 , y usualmente se realizan el primer sábado de diciembre. Los/las docentes miembros de la Unidad de Responsabilidad Social del Departamento de Psicología (URSpsi–PUCP), asumimos el reto de propiciar un espacio desde la Universidad que permitiera estrechar vínculos con colegas

e instituciones con intereses similares. Para la organización de los Encuentros decidimos convocar

a tres organizaciones, ensayando una cogestión interinstitucional. Hasta el año 2008 lo trabajamos

con DEMUS (Estudio para la Defensa de los Derechos de las Mujeres), el CAPS (Centro de Atención Psicosocial) y Wiñastin (Atención y Promoción en Salud Mental – Ayacucho). Después de la publica- ción del libro sobre los primeros cinco Encuentros, evaluamos que estas instituciones, así como la mayoría de las/los profesionales comprometidos con los Encuentros, son miembros del Grupo de Trabajo de Salud Mental de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos (GTSM), decidimos en conjunto que desde el año 2009 los Encuentros serían organizados, evaluados y sistematizados por la URSpsi-PUCP y el GTSM.

Desde el inicio aspirábamos congregar en estos Encuentros a colegas que trabajan en salud mental desde distintas disciplinas (psiquiatría, psicología, enfermería, trabajo social, educación, derecho, an- tropología, comunicación social, entre otras). Sabíamos que son muchas las iniciativas de este tipo, sin embargo, queríamos aportar, creando este espacio de encuentro y diálogo, dándole continuidad anual.

Partíamos de una constatación subrayada por el Informe Final de la Comisión de la Verdad y Re- conciliación (2003) y que hace referencia al desconocimiento que los peruanos y peruanas tenemos respecto a otras y otros peruanos, a la diversidad étnica, cultural, regional, inclusive de clase. Este desconocimiento es incomunicación y conduce a que prevalezcan prejuicios, malentendidos, falta de respeto por el otro, desconocimiento de la alteridad y el peligro de un rápido deslizamiento a la discriminación que es una forma de violencia social.

2 Intervención clínica comunitaria es un curso electivo de la mención Clínica del Plan de Estudios 2003 (Especialidad de Psi-

cología de la Ponti f icia Universidad Católica del Perú), fue incluido en la malla curricular por la profesora Tesania Velázquez en el

año 2001, con el objetivo de ofrecer a las/los estudiantes un espacio de reflexión y acercamiento a la realidad nacional desde una

perspectiva comunitaria.

Estos elementos que están en el tejido social de nuestro país, también están presentes entre colegas que trabajamos desde instituciones de la academia o de cualquier otra de la sociedad civil y desde el Estado. Las problemáticas de centro y periferia, de mundo urbano y mundo rural, de diver- sidad de lenguas maternas, se repiten a distinta escala. Solo como ejemplo, tomemos en cuenta la división política territorial: relaciones estructurales de distrito y provincia, de provincia y región, de región y país. La exclusión es un elemento, junto con la pobreza estructural, que está en el trasfondo de nuestros sufrimientos mentales, como bien se señala en un texto fundamental de consenso entre quienes trabajan en salud mental (Ministerio de Salud, 2004).

Por eso, la convocatoria a los Encuentros lo que busca desde el inicio es que las y los colegas, sea que trabajen en la academia, en la sociedad civil o en el Estado, tengan un espacio para conocerse, inter- cambiar experiencias, compartir afectos, satisfacciones y frustraciones, y para reflexionar en conjunto construyendo confianza y vínculos que podrían ser muy importantes para complementar trabajos o, algo que a veces no es valorado y es importante, contar con colegas con los cuales se pueda hablar de lo que nos pasa en el trabajo, constituyéndonos en socios dispuestos a brindarnos soporte y compañía.

Ese propósito fue lo que delineó la metodología que usamos en la realización de los Encuentros.

El encuadre básico se mantiene en estos catorce años porque tiene su sentido y da sus frutos. Como

saben quienes han participado, la mañana la partimos en dos. Se empieza con una mesa redonda, con dos o tres ponentes que exponen sus puntos de vista y dialogan sobre algún tema de coyuntura

que tiene implicancias en la salud mental. El tema de cada Encuentro, es elegido y anunciado con an- ticipación. Terminada la mesa redonda, se da pase a la participación de los asistentes con preguntas

o comentarios, se hace una pausa para compartir una merienda y propiciar la confraternización. De

ahí pasamos al trabajo en grupos donde se conversa amplia y abiertamente sobre el tema planteado en la mesa redonda y se profundiza según la construcción del diálogo grupal. Ahí se encuentra gran parte de la riqueza de estos Encuentros, porque la dinámica de los pequeños grupos, al favorecer el cara a cara, propicia que las y los colegas construyan una cercanía particular para ese momento. Y en esa proximidad, espontáneamente, se comparten vivencias, problemáticas comunes y ref lexiones sobre el sentido de sus trabajos. Se trata de una experiencia breve pero genuina.

En los Encuentros utilizamos una metodología muy parecida a la que usamos en jornadas de trabajo con grupos, comunidades y poblaciones. Metodología que es al mismo tiempo cognitiva y afectiva. Pen- samos, discutimos, permitiéndonos expresar lo que sentimos y acogiéndonos en esa comunicación. Ahí está la riqueza de este tipo de encuadres o metodologías de trabajo que engranan grupos grandes (tipo asamblea) con grupos pequeños, y por tanto promueven cercanía y confianza. Usar entre nosotros lo que utilizamos con otros, es parte de nuestra práctica ética profesional, además de resultarnos útil.

Las publicaciones que hemos producido, la de los primeros cinco Encuentros (2003 -2007) y la que presentamos ahora sobre los seis siguientes (2008 -2013) son evidencia de que estos Encuentros

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Grupo de Trabajo de Salud Mental Comunitaria y URSpsi

constituyen espacios de generación de conocimiento. Sin embargo, no restrinjamos esta af irmación

a los textos escritos que estas publicaciones presentan, sino que el aprendizaje entre unos y otros es recíproco y se alimenta de la re f lexión conjunta que se elabora.

En estos catorce años de encuentros (ahora, en 2016 estamos realizando el XIV Encuentro) se ha ref lexionado mucho sobre salud mental, bienestar y malestar, sobre las condiciones de vida de no- sotros y de las personas con quienes trabajamos, y un aspecto que cada vez ha sido más subrayado es la necesidad de tener un enfoque holístico sobre la familia, el grupo y la comunidad, inclusive, en las necesarias atenciones individuales. Así se ha ido fortaleciendo la importancia de tener un acer-

camiento comunitario a las diversas problemáticas de salud mental, sobre todo en todas aquellas básicas que tienen que ver con estilos de vida, formas de tratar la agresión y la violencia en la casa, el barrio o la escuela. La necesidad de entender la simbología y las representaciones mentales y so- ciales que fluyen en determinados contextos grupales o comunales, y la importancia de considerar la diversidad como punto de partida para vincularse desde la necesidad y el lenguaje del otro, son

af irmaciones que cada vez se notan más entre quienes participan en estos Encuentros.

En catorce años de Encuentros se ha buscado congregar a profesionales con diferentes forma- ciones que trabajan temas de salud mental en espacios que trascienden la atención individual, fami- liar y grupal para situarlos en la comunidad y en su problemática psicosocial. Se ha convocado a una diversidad de personas que trabajan con poblaciones ya sea desde instituciones públicas, asociacio- nes civiles e instituciones académicas de Lima y de otras regiones.

En los diálogos e intercambios suscitados a propósito del tema de cada Encuentro, surgen aso- ciaciones, discrepancias y acuerdos, aspectos complementarios, di f icultades, inclusive, a veces, con- f lictos. En nuestros registros lo que resalta, con brillo, es la vitalidad con que son enunciadas, según lo que con absoluta libertad cada quien siente, piensa y hace. Aquí hay un aprendizaje acumulado que esta publicación trata de recoger. Mientras que en los primeros Encuentros se emprendían las primeras discusiones sobre nociones de salud mental comunitaria y las representaciones que cada quien tenía sobre la misma, en los últimos Encuentros se evidencia que las y los participantes ya comparten un marco de referencia común y estas ideas, ahora más consolidadas, se aplican a estra- tegias y acciones concretas en el marco de sus trabajos con poblaciones.

Cada vez más, hay una mirada incluyente de las diferencias que están en relación directa a la diver- sidad de nuestro país. Hay consciencia de las diferencias culturales y regionales, traducidas en formas y niveles de acercamiento e intervención. Hay cada vez más consideración y respeto a la subjetividad del otro. Las diferencias se convierten en riquezas cuando se las puede reconocer y aprender de ellas. Los participantes a los Encuentros muestran cómo esta diversidad caracteriza el trabajo en salud mental en nuestro país, donde hay la posibilidad de sentirse incluido. Asimismo, plantean un cuestionamiento

a los supuestos desde los cuales se parte, poniendo énfasis en la necesidad de construir el vínculo entre

Tabla 1.

Los Encuentros de 2003 a 2016

Encuentro

Tema

Encuentro I sábado 13 de diciembre de 2003

Encuentro II sábado 4 de diciembre de 2004

Encuentro III

sábado 26

Encuentro IV sábado 2 de

Encuentro V sábado 1 de

Encuentro VI sábado 6 de diciembre de 2008

Encuentro VII sábado 12 de diciembre de 2009

Encuentro VIII sábado 4 diciembre de 2010

Encuentro IX sábado 3 de diciembre de 2011

Encuentro X sábado 15 de diciembre de 2012

Encuentro XI sábado 7 de diciembre de 2013

Encuentro XII sábado 6 de diciembre de 2014

Encuentro XIII

sábado 5 de diciembre de 2015

de noviembre de 2005

diciembre de 2006

diciembre de 2007

Encuentro XIV sábado 3 de diciembre de 2016

Una mirada al trabajo clínico en el ámbito comunitario

(Re-)pensando el encuadre en nuestras intervenciones

La importancia de lo comunitario en salud mental

Proyectos de salud mental comunitaria

Pensando nuestras intervenciones post-terremoto

Reflexiones sobre la propuesta de ley de salud mental

Lo interdisciplinario en la intervención clínica comunitaria

Violencia social, percepción de inseguridad y salud mental

La inclusión de criterios de salud mental en las políticas y acciones de desarrollo humano y social

Intervenciones comunitarias y psicosociales en contextos de conflictos socio ambientales

A 10 años de la CVR: un balance desde la salud

mental

El cuidado y auto-cuidado en los equipos de salud

mental

Preparándonos para el Fenómeno El Niño

Los Centros de Salud Mental Comunitaria. Un nuevo enfoque que contribuye a las políticas públicas sobre salud mental

Fuente: Elaboración propia, a partir de los registros de la URSpsi-PUCP

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Grupo de Trabajo de Salud Mental Comunitaria y URSpsi

los trabajadores de la salud mental y las personas con las que se va a interactuar. Su discurso prioriza la experiencia emocional y transformación personal a partir del trabajo con las personas y comunidades.

Los Encuentros se iniciaron luego de la entrega del Informe Final de la CVR y han acompañado el proceso de una década en la que las instituciones y sus distintos profesionales de salud mental han ido apostando por adoptar el enfoque comunitario en sus normativas, programas y proyectos. El proceso evolutivo de dicho enfoque se visibiliza en las temáticas elegidas cada año y también en los distintos con- sensos a los que han llegado los participantes durante estos años. Dichos consensos han sido propiciados por el clima afectivo que se genera en los Encuentros, el cual permite que se cree un espacio cálido para compartir y pensar acerca de lo vivido en el marco del quehacer laboral, inclusive para tener la confianza necesaria de hacer críticas constructivas al trabajo realizado y pensar juntos cómo mejorarlo.

Lo consensuado acerca de las intervenciones profesionales estipula que éstas siempre deben respetar la dignidad de la persona y de las comunidades a f in de incidir de una manera positiva en ellos para que por sí mismos puedan procurarse un bienestar integral, cuidar su propia salud mental, consoliden su identidad y sean flexibles a los cambios que conlleva la vida moderna. Todo esto sin manipular ni adoctrinar, sin paternalismos ni dependencias, apuntalando el crecimiento subjetivo individual y la construcción de lazos y redes de solidaridad. El contar con un marco de referencia común sólo ha sido posible a partir del fortalecimiento de formas de diálogo que acercan y admiten dar soporte profesional, el cual ha sido fomentado de manera sostenida por los Encuentros y su propuesta de intercambio democrático e incluyente, que fomenta la participación de todos. Esto ha permitido, a su vez, que se integren distintas perspectivas sin que unas anulen a otras, sino, más bien, se complementen. De este modo, encontramos en los Encuentros la integración de discursos en los que a f loran experiencias diversas que integran lo personal con lo social, lo racional y emocional.

Los participantes señalan que la construcción de la salud mental comunitaria en nuestro contex- to avanza conforme se van sumando esfuerzos, se reconocen las iniciativas del otro y se trabaja en conjunto. Los Encuentros suelen ser espacios en los que se forjan redes de trabajo que se consolidan con el pasar del tiempo, cosa que permite generar recursos compartidos para hacer frente a distin- tas situaciones. También señalan el enriquecimiento profesional que consiguen participando en los Encuentros y suelen referirse a éstos en términos bastante afectivos. Muchas veces, estos espacios son experimentados como espacios de acompañamiento y contención, en donde cada quien puede expresarse sabiendo que otro, que puede ser el facilitador u otro participante, lo acogerá. En este sentido, los Encuentros se constituyen también como espacios de cuidado para los participantes, quienes al mirar al otro se miran a sí mismos, se reconocen y se cuidan.

Los Encuentros constituyen, también, un espacio de generación de conocimiento, porque al fa- vorecer la ref lexión colectiva se incentiva la formulación de preguntas y la búsqueda de respuestas, incluso más allá del Encuentro. Esa trascendencia, lo hace particularmente valioso.

Referencias

Comisión de la Verdad y Reconciliación (2003). Informe f inal de la Comisión de la Verdad y Reconci- liación. Lima: Comisión de entrega de la CVR.

Ministerio de Salud (2004). Lineamientos para la acción en salud mental. Lima: Ministerio de Salud.

Pezo del Pino, C., Velázquez, T., Valz-Gen, V., & Pareja, V. (2008) Encuentros de discusión sobre inter- vención clínica comunitaria. Ref lexiones en torno al trabajo en salud mental comunitaria. Personas que trabajan con personas en comunidad. Lima: Departamento de Psicología de

la PUCP.

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SALUD MENTAL COMUNITARIA:

Grupo de Trabajo de Salud Mental Comunitaria y URSpsi

Martha Laberiano Agüero Psicóloga Clínica y Comunitaria, egresada de la Maestría en Psicología Comunitaria por la Ponti f icia Universidad Católica del Perú, y de la Maestría en Psicología Clínica y de la Salud por la Universidad Ricardo Palma. Ha sido responsable de salud mental para la Comisión Episcopal de Acción Social-CEAS con experiencia en contextos post con flicto, conf lictos socioambientales y sistema penitenciario, en Ayacucho, Junín, Amazonas, Lima. Ha realizado acompañamiento psicojurídico y peritaje en juicios por violaciones de derechos humanos. Ha sido docente de Diplomados de Posgrado de la Maestria de Psicología Comunitaria de la PUCP con el Ministerio de Educacion y de Programas en las regiones del Perú. Es coordinadora del Grupo de Trabajo de Salud Mental de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos. Actualmente trabaja en el acompañamiento social comunitario de Soporte Pedagógico para la Secundaria Rural-SPSR del Ministerio de Educación- MINEDU.

melaberiano@gmail.com

Germán Vargas Farías Abogado por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Desde 1988 trabaja ininterrumpidamente en la defensa y promoción de derechos humanos en el Peru, a través de proyectos desarrollados en Ayacucho, Apurímac, Huánuco, San Martín y Lima. Es miembro del Grupo de Trabajo de Salud Mental de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, y ha sido su co- coordinador durante un periodo. En 1996 participó en la fundación de la Asociación Paz y Esperanza, habiendo sido su director ejecutivo (2009 -2012), y director de políticas e incidencia desde 2013 a la fecha.

gvargas@pazyesperanza.org

CAPÍTULO DOS

SALUD MENTAL Y POLÍTICAS PÚBLICAS

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Grupo de Trabajo de Salud Mental Comunitaria y URSpsi

Grupo de Trabajo de Salud Mental Comunitaria y URSpsi XI Encuentro. Ponente: Elia f lor Cazorla

XI Encuentro. Ponente: Elia f lor Cazorla de Ayacucho

SALUD MENTAL Y POLÍTICAS PÚBLICAS

Martha Laberiano y Germán Vargas Farías

Colaborador: Sebastián Bouroncle

L as mejoras en las intervenciones comunitarias implican un fortalecimiento articulado en los sistemas de leyes y políticas públicas (Asamblea General de las Naciones Unidas, 1991; Minis- terio de la República Federativa de Brasil, Organización Panamericana de la Salud, OPS & Or-

ganización Mundial de la Salud, OMS, 2005; OPS & OMS, 1990). En Sudamérica, contamos con los ejemplos de Brasil, Chile y Paraguay, países que han promulgado, con aciertos y di f icultades, medi- das de carácter político en torno a la salud mental (SM) (Berlinck, 2009; Minoletti & Zaccaria, 2009; Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social de Paraguay & OPS, 2011).

En nuestro país, fue signi f icativo el esfuerzo realizado por el Grupo de Trabajo de Salud Mental (GTSM) de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, de elaborar un proyecto de Ley de Salud Mental, pues implicó poner en conocimiento público el funcionamiento del sistema de salud, donde se identi f icaron, principalmente, problemáticas ligadas a la salud mental. La elaboración de dicho proyecto demandó una constante discusión de la propuesta con grupos de psicólogos/as, psiquiatras, usuarios/as de los servicios, representantes de organizaciones de afectados/as por la violencia política, entre otros, experiencia que permite al GTSM reconocer las di f icultades de par- ticipar en el debate para construir un marco legal y, más aun, de incidir en la sensibilización de los funcionarios públicos.

Resulta importante recordar, por el título del presente capítulo, que una política pública es una medida promulgada por una autoridad legalmente constituida en base a las necesidades de las per- sonas (Gonzales, 2006). Así, podemos observar, a través de los diferentes “Encuentros de discusión sobre clínica comunitaria”, la inquietante desarticulación entre Estado y sociedad civil, así como la lejanía de las instituciones públicas con sus usuarios, la población, así como con sus propios servido- res. Los Encuentros también han puesto en evidencia la necesidad de incrementar la re f lexión sobre la salud mental, todo ello, con el propósito de mejorar la atención a las consecuencias dejadas por el conf licto armado interno (CAI) o por los desastres derivados de la falta de previsión ante fenóme-

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nos naturales. Ante todo lo mencionado, los participantes de los Encuentros presentan información sobre el estado de la cuestión: bajo presupuesto destinado a la SM; percepción deshumanizadora de las poblaciones más alejadas de la capital; necesidad de capacitación, formación y soporte de los profesionales; desarticulación de abordajes; y poca investigación, lo cual se asocia con un escaso consenso de indicadores para el trabajo comunitario.

Por otro lado, también podemos apreciar avances y potencialidades: mayor comprensión e inte- rés en el enfoque comunitario; más capacidad de crítica y de propuesta; reconocimiento de la impor- tancia del trabajo preventivo y promocional; experiencias especí f icas y adecuadas para replicar en el sistema estatal; formulación y aprobación de lineamientos y estrategias sanitarias en salud mental; y mayor conciencia sobre la importancia de trabajar más cerca de la población.

Si ubicásemos los discursos en temas que debieran plasmarse en políticas públicas específicas, podríamos organizar en cuatro rubros, lo que ha sido sugerido por los participantes en los Encuentros

• Aspectos normativos: Hay avances como los planes existentes, pero sigue pendiente la for- mulación de una ley de salud mental con enfoque de derechos, intercultural y psicosocial.

• Aspectos formativos: Incidencia en la capacitación del personal de salud y en la formación universitaria, donde se enseñe salud mental y se promueva y difunda el enfoque psicosocial y comunitario.

• Sinergias: Mayor promoción y énfasis del trabajo intersectorial e interdisciplinario. Trabajo en redes.

• Recursos: Mayor presupuesto, cuidado del personal, estabilidad/continuidad de los profesio- nales y valoración de los recursos de la comunidad.

Los Encuentros han facilitado, a partir de los temas discutidos, que los y las participantes compartan sus emociones, experiencias, aprendizajes, demandas y propuestas en relación a los

principales aspectos de salud mental. A continuación, revisaremos sus discursos e intentaremos

a partir de ellos hacer una organización que sistematice las principales ideas para generar un

diálogo crítico y constructivo referente a las políticas públicas en salud mental. En ese sentido,

estamos organizando el contenido en cuatro ejes: salud mental, un derecho ciudadano; salud mental, el trabajo realizado desde las instituciones públicas; salud mental, aportes y sugerencias desde los participantes a los Encuentros; y, salud mental, incidencia en políticas públicas desde

la sociedad civil.

Salud Mental, un Derecho Ciudadano

En los discursos registrados, las personas participantes de los Encuentros mencionan la respon- sabilidad del Estado de velar por la salud mental (como parte de la salud integral) de las poblaciones 3 . Todo ello, en un marco de derechos humanos que trascienda cualquier distinción cultural, racial, de religión o de género (GTSM, 2006). Por lo tanto, se ha identi f icado en los discursos de los participan- tes a los Encuentros una suerte de reclamo hacia las autoridades estatales. Ante ello, nos parece adecuado tener en cuenta las legislaciones vigentes para contrastarlas con los discursos de los y las participantes, no con el propósito de restarles valor, sino de poner sobre la mesa las diferencias entre el marco legal y la realidad plasmada en el imaginario colectivo respecto a lo que el Estado debe asumir en términos de salud mental.

El derecho a la salud mental se encuentra reconocido en la legislación peruana y en los instru- mentos internacionales de protección de derechos humanos suscritos por nuestro país, los cuales deben orientar las políticas públicas de salud mental. A nivel nacional, el derecho a la salud mental se encuentra respaldado por la Constitución Política del Perú y la Ley General de Salud. En el artículo 7° de la Constitución, se señala que toda persona tiene derecho a la protección de su salud y las que presentan condiciones físicas y mentales especiales tienen derecho al respeto de su dignidad y a un régimen legal de protección, atención, readaptación y seguridad (Gobierno del Perú & Defensoría del Pueblo, 2009). De la misma manera, la Ley General de Salud reconoce, en su artículo III, el derecho a la protección y promoción de la salud de toda persona, así como de tratamiento y rehabilitación para las que requieran (Gobierno del Perú & Defensoría del Pueblo, 2009).

Entre los instrumentos internacionales que protegen el derecho a la salud tenemos el Pacto Interna- cional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (artículo 12° inciso 1) y el Protocolo Adicional a la Convención Americana sobre Derechos Humanos, en materia de Derechos Económicos, Sociales y Cul- turales (artículo 10°). Ambos instrumentos señalan el derecho al disfrute máximo de salud física y mental. Respecto a las personas con alguna condición especial en los referidos aspectos, la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad reconoce, en su artículo 25°, que tienen derecho a gozar del más alto nivel posible de salud sin discriminación (Gobierno del Perú & Defensoría del Pueblo, 2009).

Sin embargo, aun con estas normativas nacionales e internacionales, es menester insistir en la exigibilidad del derecho a la salud mental, como también en su vigilancia y supervisión. Un ejemplo de ello es lo realizado por la Defensoría del Pueblo al supervisar la atención del Centro de Rehabilita- ción del Enfermo Mental de Iquitos-Cremi, donde se constató la vulneración de los derechos huma- nos de las personas psiquiátricas internadas, y que, tras su Informe N° 140, se procedió al cierre del

3 Notas del XI Encuentro, 2013

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mismo el día 12 de diciembre del 2015. Esta experiencia marcó un hito importante en el proceso de la reforma de salud mental hacia un modelo de atención comunitaria.

nal de Salud Mental y Cultura de Paz (2004); y el tercero es el Plan Nacional de Salud Mental 2005-2010. Estos instrumentos de política recogen lineamientos internacionales y recomendaciones formuladas por

la

Defensoría del Pueblo en el Informe Defensorial N° 102, donde se abarca un enfoque integral de la salud

Por otro lado, es responsabilidad del Estado contribuir con los procesos de reparación desde la comunidad, así como también, es derecho de los ciudadanos gozar de una adecuada salud mental

mental para el desarrollo nacional (Defensoría del Pueblo, 2005). Sin embargo, conviene advertir que se trata de tres instrumentos cuyo horizonte temporal ya feneció, es decir, debiera actualizarse.

(como parte de la salud integral) (Castellón & Laplante, 2005). Todo ello, en un marco de derechos humanos que trascienda cualquier distinción cultural, racial, de religión o de género (GTSM, 2006).

Entonces, podemos observar un marcado contraste entre la realidad política y legal de la salud

Como veremos más adelante, el enfoque de derechos humanos en el trabajo desde el Estado, así como el psicosocial y de interculturalidad, aparece ocasionalmente como referente de salud mental

mental con las experiencias de trabajo que han sido evocadas por los y las participantes a los En- cuentros (en las zonas desfavorecidas de nuestro pais). La primera, a pesar de tener carencias como

comunitaria. Sin embargo, la realidad informa de brechas y vacíos que contrarían esa orientación.

la

falta de una ley de salud mental, no se encuentra muy alejada de un modelo de trabajo preventivo

y

comunitario, y como política no ha sido oportunamente monitoreada ni supervisada a través de

Salud Mental, Trabajo realizado desde las Instituciones Públicas

indicadores de impacto en la salud mental de la población. En el contexto argentino, Marin (1999) sostiene que la transgresión de normas, realizada por autoridades políticas, se ve facilitada por una anomia social, entre otros factores. La anomia social consiste en el rechazo hacia el cumplimiento de

En este apartado rescatamos los dichos de los y las participantes a los Encuentros referentes a las labores del Estado en salud mental. De manera general, podemos señalar que se identif ica una mayor cantidad de di f icultades como la ausencia de la salud mental en los planes de trabajo, la per- cepcion devaluada de las poblaciones con menos recursos, los daños generados por las practicas asistencialistas, las cuales son sopesadas por algunas buenas practicas en salud mental que pueden servir como modelos de réplica en ciertos contextos.

Ausencia de la salud mental en los planes de trabajo.

Los participantes a los Encuentros identi f ican una ausencia de la salud mental en las agendas del Estado 4 , lo cual tiene una mayor repercusión en las zonas más alejadas de la capital 5 . Se privilegia invertir los recursos económicos en actividades de construcción civil más que en servicios para la salud mental, pues se ve a esta como algo poco asible, o de dif ícil abordaje.

En ese sentido, cabe preguntarnos nuevamente (así como lo hicimos en el acápite anterior) ¿cuál es el marco legal y político frente a la demanda planteada por los y las participantes a los Encuentros? Para responder a este cuestionamiento, podemos concentrarnos en los tres instrumentos de políticas públicas que buscan integrarse en el Modelo de Atención Integral de Salud (MAIS), adoptado por el MINSA como uno de sus lineamientos de gestión para el período 2002-2012. El primero corresponde a los Lineamien- tos para la Acción en Salud Mental (2004); el segundo es el Plan General de la Estrategia Sanitaria Nacio-

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normas por parte de una sociedad, incluidas sus autoridades políticas (Sabucedo, como se citó en Muratori, Del fino & Zubieta, 2013). Por lo tanto, podemos inferir que lo encontrado por Marin (1999) es cercano a nuestro contexto nacional, que aun contando con un respaldo socio-político en favor de

la salud mental, no es llevado a la práctica.

Por otra parte, podemos también reflexionar sobre la complejidad de trabajar con un modelo di- ferente al acostumbrado. Puede ser que las autoridades locales, encargadas de gestionar las medidas preventivas para fortalecer la salud mental de sus comunidades, no reciban capacitación ni monitoreo constante ni cuenten con un espacio de reflexión para cumplir con las demandas de un nuevo enfoque (como el comunitario). Por ende, de acuerdo con Bouroncle (2016), se recomienda facilitar espacios de reflexión y supervisión por entidades estatales, ONG o cualquier otra institución encargada de ejecutar programas sociales. Todo ello, en miras a fortalecer y rescatar los recursos para asimilar la inserción de un nuevo paradigma y evitar el rechazo de lo considerado como “nuevo”.

Percepción devaluada de las poblaciones con menos recursos.

Otro señalamiento importante realizado por los y las participantes de los Encuentros ha sido la denuncia de una ausencia de reconocimiento hacia las poblaciones desfavorecidas por el Es- tado, y hacia personas de otras culturas diferentes a la occidental 6 . Incluso, señalaron haber identi f icado casos en los que las condiciones de seres humanos habían sido ignoradas y no se valoraba la salud, el dolor, el sufrimiento, la pérdida y el duelo 7 . Ante ello, podemos inferir que

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el enfoque intercultural, basado en el reconocimiento y respeto del otro como parte de nuestra identidad personal y colectiva (GTSM, 2006), tampoco es llevado de la teoría a la práctica en los planes de acción del Estado.

Frente a lo señalado por los participantes de los Encuentros, vale recordar que, en el marco del CAI, las personas afectadas expresaron sentirse despojadas de sus cualidades como seres humanos durante el despliegue de matanzas (Comisión de la Verdad y la Reconciliación, CVR, 2003), en ese sentido, podemos cuestionar que las normas y políticas públicas en salud, las cua- les deben reconocer y proteger al ser humano como f in supremo de la sociedad y con derecho al máximo bienestar integral, no estarían dando cuenta de la existencia de un reconocimiento real y por igual de todas las personas. Esto respondería a la existencia de una valoración dife- renciada de las personas en un país atravesado por la discriminación, exclusión y pobreza his- tórica (CVR, 2003). Como bien señala Butler (2010), existen “sujetos que no son completamente reconocibles como sujetos, y hay vidas que no son del todo -o nunca lo son - reconocidas como vidas” (p. 17). Esta situación tiene un correlato con las 69 mil víctimas asesinadas y desapare- cidas durante el CAI (1980 - 2000), de las cuales el 79% vivían en zonas rurales, y el 75% tenían el quechua u otra lengua nativa como idioma materno (CVR, 2003). Asimismo, más de 15,000 personas desaparecidas aún no han sido ubicadas, y probablemente muchas de ellas estén en los más de 6.000 sitios de entierro que se han registrado. Por lo tanto, no se les ha brindado un entierro digno, como si dichas personas no lo merecieran y no tuvieran derecho a ser lloradas. Como nos vuelve a señalar Butler (2010) “las distintas formas de racismo, instituido y activo al nivel de la percepción, tienden a producir versiones icónicas de unas poblaciones eminente- mente dignas de ser lloradas y de otras cuya pérdida no constituye una pérdida como tal al no ser objeto de duelo” (p. 44).

Ello nos puede llevar a pensar, si tomamos en cuenta los discursos de los y las participantes de los Encuentros, que el escenario no ha cambiado mucho. El Perú rural e indígena es el menos reconoci- do y valorado (CVR, 2003), sobretodo en un país donde cuesta admitir la existencia de desigualdad social (Portocarrero, 1993).

Daños generados por prácticas asistencialistas.

La presencia y repercusión negativa de las prácticas asistencialistas, es referida por los partici- pantes de los Encuentros con expresiones como la siguiente:

El asistencialismo por parte del Estado ha ocasionado mucho daño. En Ayacucho, hay perso- nas que se rehúsan a trabajar, que siempre esperan recibir. Esto ha facilitado la agudización

del alcoholismo en las comunidades, pues los programas asistencialistas brindan dinero a los pobladores y algunos lo gastan en alcohol 8

Con respecto al consumo de alcohol, resulta pertinente remembrar lo encontrado por Theidon (2004), si bien el alcohol es un medio social con vigencia histórica desde siglos atrás, pareciera que las frecuencias (pasar de consumir en solamente f iestas a incorporar el consumo a las rutinas agrí- colas) y los medios de consumo (pasar de consumir alcohol natural al industrializado) tuvieron un punto de quiebre con el con f licto armado interno.

Resulta, entonces, importante comprender la repercusión perjudicial del asistencialismo para el fortalecimiento de poblaciones afectadas por la pobreza y la violencia política. Este se concentra en un enfoque de victimización para cualquier labor social con ausencia o desconocimiento de uno comunitario, el cual sí contempla la necesidad de trabajar por el fortalecimiento de la autonomía y la optimización de recursos para salir adelante en cualquier población desfavorecida (Carrasco & Patiño, 2010). Sin embargo, y en complemento con lo mencionado por los y las participantes de los Encuentros, vale tomar en cuenta la de f inición de Alayón (1980), quien lo considera como una prác- tica inequitativa de bienes para mantener un orden social en favor de lo hegemónico.

En el país las prácticas asistencialistas están asociadas a propósitos electorales, de compra de vo- tos, que evidencia la precariedad de nuestra institucionalidad democrática, y el modo utilitario como se concibe y hace política desde agrupaciones, que no vacilan en aprovecharse de las condiciones de pobreza extrema en la que sobreviven muchas/os peruanos).

Casos especí f icos de buenas prácticas en salud mental.

A pesar de las di ficultades mencionadas en la labor de salud mental desde el Estado, los y las participantes de los Encuentros mencionaron buenas prácticas que integran aspectos propios de un enfoque comunitario 9 . Resaltamos la importancia de tener una mirada psicosocial para comprender las problemáticas y las subjetividades de la población, lo cual conduce a un abordaje no patológico, de respeto hacia la comunidad (GTSM, 2006) y con un énfasis en fortalecer las redes de soporte que propician un desarrollo futuro. Asimismo, vale también resaltar la importancia de considerar a las personas como sujetos en vez de objetos de derecho, lo cual se presta para relacionarnos intercul- turalmente a través del reconocimiento y respeto por la subjetividad del otro (enfoque de derechos humanos e intercultural) (GTSM, 2006; Muller, 2009).

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En esta línea, es representativo el trabajo articulado en Ayacucho. Respecto a esto, en ciertas comunidades el Ministerio de Economía y Finanzas ha obligado al Ministerio de Salud (MIN- SA) a articular esfuerzos: pautas de crianza, hábitos de convivencia familiar, alimentación […]. Los niños ya no son objeto, sino sujetos de derecho, ese es el enfoque con el que se traba- ja. Entonces, los municipios a nivel local están apostando por trabajar familia y comunidad saludable, como con los centros de vigilancia monitorizadas por el MINSA, el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social y la Dirección Regional, lo cual facilita que el gobierno local y la comunidad se vayan empoderando 10 .

En los Encuentros se resalta, también, la constitución de mesas intersectoriales de salud mental en diversas ciudades, donde convergen representantes de instituciones de la sociedad civil y del Es- tado, y se re flexiona y dialoga sobre la realidad de la salud mental y la importancia de enfrentar sus desa f íos para contribuir al desarrollo de sus regiones. Desde estos espacios se han realizado campa- ñas y otras acciones de incidencia pública, y proyectos que han comprometido la participación de la población y sus autoridades.

En esa línea de buen práctica, es importante señalar que el Estado, desde el 2015, viene imple- mentando 22 Centros de Salud Mental Comunitarios en seis regiones de nuestro país. Dichos estable- cimientos responden al nuevo modelo de atencion en salud mental comunitaria, enmarcado en los procesos de reforma de la salud mental. La implementación se desprende de la aprobación de la Ley N° 29889, la cual modi f ica el artículo 11 de la Ley 26842 (Ley General de Salud) (MINSA, 2015). Esta ley busca reforzar la atención primaria en salud, así como aproximar el servicio a la comunidad y facilitar la reinserción de la persona con enfermedad mental a su contexto familiar y social (MINSA, 2015). Todo ello, desde la participación y protagonismo de las familias y las redes de apoyo de la comunidad (MINSA, 2015).

Este nuevo modelo de salud mental comunitaria tiene como antecedentes y fuentes eventos in- ternacionales que generaron declaraciones para la reestructuración de la atención psiquiátrica con- vencional. La primera de ellas es la Declaración de Alma Ata de la Conferencia Internacional sobre Atención Primaria de Salud, realizada el 12 de septiembre de 1978; y la segunda es la Declaración de Caracas, generada en la Conferencia sobre la Reestructuración de la Atención Psiquiátrica en Améri- ca Latina dentro de los Sistema Locales de Salud (SILOS), convocada por la Organización Mundial de la Salud/Organización Panamericana de la Salud (OMS/OPS) y realizada el 14 de noviembre de 1990.

En ese sentido, hay avances en la legislación y su implementación para la atención de personas con diagnósticos de patología clínica desde el modelo comunitario. Sin embargo, se sigue reclaman-

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do desde algunos sectores la dación de una ley de salud mental, y la implementación de políticas pú- blicas con enfoque comunitario para el trabajo preventivo, promocional, y abordaje de los problemas psicosociales.

Salud Mental, Aportes y Sugerencias desde los Participantes a los Encuentros

A pesar de las limitaciones señaladas por los participantes a los Encuentros, en torno al trabajo comunitario en salud mental, podemos constatar un esfuerzo por pensar en las experiencias y ex- presar críticas constructivas para mejorar los abordajes de acción en salud mental comunitaria. Es así como se rescatan necesidades que implican capacitación, seguimiento y un monitoreo constante en el cumplimiento de las políticas públicas en la realidad, además de un trabajo conjunto con la academia y la sociedad civil.

En ese sentido, los participantes a los Encuentros, pudieron esbozar algunos aportes a fin de con- tribuir a la implementacion de políticas en salud mental que permitan ofrecer servicios que tengan

un impacto positivo en la salud de las personas. Los aportes han sido organizados en tres ejes: Inte- gración e interdisciplinariedad, Formación y capacitación de profesionales vinculada con la realidad,

y Desa f ío de medir la recuperación de la salud mental comunitaria. Los describimos a continuación.

Integración e interdisciplinariedad.

Se propone la posibilidad de trabajar de manera integral. A pesar de las diferencias que conllevan

a una incomunicación entre profesionales, se rescata la importancia de engranar los conocimientos.

Los abordajes, principalmente considerados por los participantes de los Encuentros, son lo preventi-

vo y lo comunitario.

La problemática social no es abordable desde una sola mirada y el abordaje debe ser inte- gral, desde varios enfoques como el preventivo emocional, que es un enfoque desde la salud. Aunque se reconocen los cuatro enfoques en salud mental comunitaria (género, derechos humanos, intercultural y psicosocial), la realidad es distinta. En las estrategias del Estado que he podido revisar, estos enfoques no aparecen 11 .

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Por lo tanto, resulta importante comparar algunos elementos de ambos paradigmas. Si bien uno de los abordajes preventivos se utiliza para contrarrestar los malestares insertos en las poblaciones (a través de la prevención primaria) (OMS, 2004), los enfoques de intervención en salud mental co- munitaria también trabajan con problemáticas presentes en las comunidades desde tiempo atrás (como las secuelas psicosociales del con flicto armado interno, por ejemplo). En la misma línea com- parativa, el enfoque de derechos humanos (propio del comunitario) comparte los mismos principios de muchas medidas de prevención efectivas, basadas en la equidad social, de oportunidades y de atención para las comunidades olvidadas por el Estado (GTSM, 2006; OMS, 2004).

Es por ello que, al tener elementos similares, podemos hablar de un enfoque integral e interdis- ciplinario (competente no solo para la psicología). Es en dicho punto en el que los y las participantes de los Encuentros señalan un aporte:

La participación de distintos profesionales es necesaria, porque las políticas sociales deben engranar diversos esfuerzos. Para facilitar este engranaje se necesita un enfoque interdisci- plinario. Hasta ahora no sucede ese engranaje. En el caso del municipio, este tiene formas de abordaje que di f icultan el trabajo de los operadores de salud mental, lo cual se traduce en la pérdida de recursos, de tiempo y de esfuerzo. Están trabajando en lo mismo, pero no se jun- tan, cada uno va por su parte sin coordinar con los demás. Si unif icamos criterios, si hacemos un trabajo multidisciplinario, sería más efectivo 12 .

Estos aportes invitan a debatir las normas y políticas públicas, las cuales buscan ser consecuen- cias concretas, integrales e interdisciplinarias 13 . A pesar de que el Modelo de Atencion Integral en Sa- lud del MINSA tiene un énfasis especial en el abordaje preventivo y promocional de la salud, todavía llama la atención la paradoja previamente descrita entre el marco político, parcialmente optimista en cuanto al trabajo de salud mental, frente a las experiencias recogidas en los Encuentros. Inclusive, en el informe sobre los servicios de saud mental en el Perú, llevado a cabo por el MINSA y la OMS (2008), se recomienda explícitamente potenciar el enfoque comunitario utilizado parcialmente hasta ese momento.

Formación y capacitación de profesionales vinculada con la realidad.

En el registro de las intervenciones de los participantes de los Encuentros se advierte la desvin- culación entre la información y los discursos que expresa el común de los profesionales de la salud mental, con los instrumentos legales existentes y pertinentes para el trabajo de salud mental (regla-

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mentos, modelos, recomendaciones internacionales o políticas públicas). Se trata de una brecha por cubrir, y que nos informa sobre el tipo de formación recibida.

Enseñan muy poco de salud pública y ese es el campo que se debe aprender…. El MINSA debería proponer que en el currículo existan este tipo de modelos preventivo-promocional, dejando de lado los modelos con enfermos. Con la formación en la actualidad, uno sólo ve enfermos, entonces, el sistema de salud peruano debería apostar por el sistema preventivo, y eso debería trabajarse en las universidades 14 .

A pesar de las demandas mencionadas por los y las participantes, sí existe un reglamento en salud mental que integra a la formación de futuros profesionales y capacitación de profesionales ya vigentes con los enfoques de salud mental comunitaria. Este es el Reglamento de la ley N° 29889, Ley que modi fica el artículo 11 de la Ley N° 26842, Ley General de Salud, y garantiza los derechos de las personas con problemas de salud mental (artículo 27). Sin embargo, de acuerdo con algunos es- tudios realizados en instituciones psiquiátricas especí f icas de nuestro capital, pareciera que todavía se representa a la salud mental como ausencia de enfermedad por parte de los profesionales y no como un proceso dinámico (Moll, 2013). Además, resuena el estigma experimentado de los usuarios de instituciones psiquiátricas, alimentado por los mismos trabajadores de salud mental (Maza, 2015). Por lo tanto, cabría monitorear la calidad de formación y capacitación en la realidad y fuera de los reglamentos. Esta inferencia nos podría dar pie para re flexionar sobre los avances académicos en salud mental, tal como veremos en el siguiente punto.

Desa f ío de medir la recuperación de la SM comunitaria.

Otra recomendación levantada consiste en formular indicadores estandarizados que cuanti f i- quen o validen académicamente el trabajo comunitario. En ese sentido, resultaría propicio tomar en cuenta los signi f icados y aproximaciones en torno a la salud mental desde el contexto (Arenas & Custodio, 2015). Sin embargo, al todavía tener vigencia la asociación de salud mental con la ausencia de morbilidad y enfermedades psiquiátricas (MINSA, 2006), los y las participantes de los Encuentros hacen mención de con flictos en sus trabajos con el Estado por el tiempo que demanda aproximarnos y comprender las subjetividades de las poblaciones (es decir, trabajar desde un enfoque cualitati- vo) 15 . También por el desentendimiento del Estado hacia los enfoques comunitarios 15 .

En otras palabras, podemos inferir que las demandas de las poblaciones son diferentes al mo- delo de trabajo utilizado hegemónicamente, muy basado todavía en lo médico. Por ende, resulta

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importante, a partir de las notas registradas, proponer una convergencia entre los indicadores cuan- titativos y los cualitativos de una población para lograr abordajes con sustento académico (Zautra & Bachrach, 2000) y pertinentes a las diversidades del contexto nacional.

Salud Mental, Incidencia en Políticas Públicas desde la Sociedad Civil

El proyecto de ley de salud mental.

Como se mencionó anteriormente, nuestro país no cuenta con una ley de salud mental. Sin em- bargo, desde la sociedad civil y a través del GTSM, se hizo una importante contribución cuando se coloca en la agenda y se elabora un proyecto de ley como el mencionado. Dicho proyecto se genera desde el diálogo entre diversos sectores sobre el funcionamiento del sistema de salud y, principal- mente, en relación a problemáticas vinculadas a la salud mental. El contenido del proyecto de ley desarrolla un concepto de salud mental que va más allá de la ausencia de enfermedad y de una intervención médica y clínica, así como también integra la perspectiva comunitaria y los enfoques psicosocial, de derechos humanos, de género y de interculturalidad.

En ese sentido, los y las participantes en uno de los Encuentros hacen mención del gran aporte de la propuesta de ley que puso en diálogo las diversas miradas y enfoques del quehacer en la salud mental. Asimismo, sostienen la necesidad de integrar y uni f icar un concepto de SM consen- suado, que guíe y oriente el trabajo de las instituciones para responder a las necesidades reales de la población.

El espíritu de la propuesta de ley ha sido poner en diálogo múltiples visiones y maneras de discutir la salud mental. Puede quedarse corta, pero el tema está en mantener una mi- rada crítica con el tiempo. Se trata de hacer lo mejor que se puede hacer por el paciente. Además, es importante ahora incorporar una mirada a nivel de todas las instancias del Estado y saber qué es salud mental 16 .

Adicionalmente, señalan la necesidad y los beneficios de contar con una ley de salud mental, cuyos principios, conceptos y enfoques, centrados en la salud y bienestar, orienten los planes y polí- ticas públicas. Estas también deberán ser asumidas por todos los sectores del Estado para un trabajo articulado en miras a impactar los determinantes sociales de la salud mental.

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Es solo un paso. Lo que la propuesta plantea es abrir un camino para luego entender la salud mental de modo diferente y luego poder hacer planes nacionales, multisectoriales, con el MINSA y otros sectores, que acojan esta mirada que tiene más atención en el bienestar de la persona. Lo importante es que este proyecto de ley abre un camino 17 .

Rol político del profesional de salud mental.

Los y las participantes de los Encuentros, frente a la necesidad de implementar un nuevo mo- delo de salud mental que va más allá de la enfermedad y de un abordaje médico, proponen tras- cender el rol del psicólogo/a en la esfera política. También plantean la inserción de psicólogos/as en espacios de toma de decisiones para generar cambios inmediatos en las políticas públicas. Todo ello, porque perciben un escaso interés y pocos avances del Estado en temáticas relacionadas a la salud mental.

Preocupa que el psicólogo no vea el ámbito político, que nosotros no hagamos nada para ganarnos ese campo. Me gustaría ver en un tiempo psicólogos como ministros de salud para cambiar más rápido esos paradigmas. En Brasil, poseen un enfoque de resiliencia y en Perú me gustaría ese giro en las políticas de salud mental, que sean bien trabajadas 18 .

Sin embargo, cabe mencionar la práctica existente sobre acciones de incidencia política, elabo- ración de anteproyectos y proyectos sociales y de ley de salud mental que intentan responder a las secuelas de la violencia política vivida en nuestro país de 1980 al 2000. Estas acciones se han reali- zado a cargo de un colectivo de instituciones, psicólogos/as y profesionales de otras disciplinas que asumen el enfoque de derechos humanos. Como ejemplos, tenemos a la Mesa de Trabajo en Salud Mental con Población afectada por la violencia política (1993 -2003) y al GTSM.

En ese sentido, la Mesa de Trabajo en Salud Mental con Población afectada por la violencia políti- ca (1993 -2003), a partir de encuentros regionales, reunió los aportes de organizaciones de personas afectadas, instituciones públicas y privadas y profesionales vinculados al tema. De esta manera, elaboró un documento base para un marco normativo en salud mental con población afectada por la violencia política en el Perú. En éste identi f ican aspectos centrales para un anteproyecto de ley: la recuperación de la memoria histórica, justicia y reparación de la población afectada por la violencia política; y también el incorporar el componente de salud mental y la promoción de los derechos hu- manos en los proyectos de desarrollo con la población afectada.

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18 Notas del VI Encuentro, 2008

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Asimismo, en el documento de la Mesa propusieron la creación de una Red Interinstitucional de Salud Mental con Población Afectada por la Violencia Política, conformada por el Estado, las ONG, las organizaciones de Base y la Iglesia, y recomendaron que dichas entidades realicen programas de promoción, prevención y atención psicosocial para esta población a través de propuestas comunita- rias (Mesa de Trabajo de Salud Mental con Poblaciones Afectada por la violencia política, 2002).

Como señalamos en el rubro anterior, años después el GTSM elaboró los contenidos del proyecto de ley de salud mental que fue alcanzado al Congreso de la República. Estas acciones muestran un quehacer activo, y político, de profesionales pertenecientes a colectivos como la Mesa de Salud Men- tal con Población Afectada por la violencia política y al GTSM. En consecuencia, asumimos un rol que, en palabras de Montero (1991), “es fundamentalmente el de agente de cambio social, comprometido con un proyecto social que busque la libertad, la justicia, la igualdad, la democracia y el respeto de los derechos humanos” (p. 38).

Sin embargo, la demanda de los y las participantes es mayor al señalar que el psicólogo/a debe asumir un rol de agente de cambio dentro del sistema para efectivizar oportunamente la implemen- tación de políticas públicas con enfoque comunitario, en un contexto político donde se prioriza otros aspectos. Para ello, se hace necesario que el psicólogo/a tenga mayor acercamiento y manejo de estrategias en incidencia política, como también conocimiento e implementación de la legislación, del tema presupuestal y un trabajo de lobby con las autoridades gubernamentales para impulsar un cambio. Son retos y pendientes para seguir en tarea.

Aportes y Sugerencias

En el camino recorrido, hemos podido constatar la presencia de una paradoja entre el marco po- lítico-legal de la salud mental y las experiencias rescatadas en los Encuentros, las cuales dan cuenta de las necesidades todavía muy presentes para fortalecer los vínculos de los trabajadores de salud y el Estado. Si bien hemos podido inferir, desde la academia, algunas explicaciones para esta particula- ridad, faltaría llevar a la práctica una medida que la afronte. Por lo tanto, pensamos en la importancia de generar espacios de re f lexión, como los Encuentros, pero implementados desde el Estado. De esta manera, las diferencias pueden encontrar puntos de convergencia para ir entretejiendo un modelo de trabajo integral y cohesionado.

Es así como también resulta importante fortalecer la investigación y sus vínculos con el Estado. Un con f licto mencionado por los participantes de los Encuentros es el poco involucramiento de las instituciones públicas con los abordajes cualitativos, los cuales pueden ser la base para formular indicadores estandarizados y comprensibles, así como políticas públicas pertinentes y sensibles con

la realidad. Si bien los resultados son importantes en cualquier intervención social, la inmediatez de los mismos puede resultar perjudicial para los trabajadores de salud mental y las poblaciones. Por otra parte, existen muchas iniciativas de profesionales en formación y/o que recién empiezan. Por lo tanto, una necesidad que requerirá integrarse consiste en plantear un eje central de práctica e inves- tigación en los currículos.

Finalmente, es menester que la sociedad civil, los profesionales y las autoridades insistan en la integración de conocimientos y experiencias que puedan plasmarse en una ley de salud mental y en otras normas y directrices. Si bien hemos podido constatar avances en el ámbito normativo, que no necesariamente es percibido por los y las participantes en la realidad, es importante contar con una legislación ordenada que enmarque todas las recomendaciones nacionales e internacionales, y oriente las políticas públicas sobre SM.

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SALUD MENTAL COMUNITARIA:

Grupo de Trabajo de Salud Mental Comunitaria y URSpsi

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SALUD MENTAL COMUNITARIA:

Grupo de Trabajo de Salud Mental Comunitaria y URSpsi

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Miradas y diálogos que nos transforman

SALUD MENTAL COMUNITARIA:

Grupo de Trabajo de Salud Mental Comunitaria y URSpsi

Carmen E. Aldana Arrieta

Terapeuta de artes expresivas y psicóloga con enfoque comunitario. Con estudios de post grado en antropología, comunicación

y maestría en proceso en terapia de artes

expresivas. Participa en talleres de danza moderna. Ha sido integrante de la Mesa de Trabajo en Salud Mental con Población afectada por la

violencia política, y consultora en la Comisión de la Verdad y Reconciliación y en proyectos de salud mental comunitaria. Fue docente en

la Ponti f icia Universidad Católica del Perú.

Es coordinadora del Grupo de Trabajo de Salud Mental de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos. Es supervisora en el centro de formación

TAE-Perú. Profesora en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.

carmenaldanaa@gmail.com

CAPÍTULO TRES

¿CÓMO SE HACE EL TRABAJO COMUNITARIO EN NUESTRO MEDIO?

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Miradas y diálogos que nos transforman

SALUD MENTAL COMUNITARIA:

Grupo de Trabajo de Salud Mental Comunitaria y URSpsi

Grupo de Trabajo de Salud Mental Comunitaria y URSpsi VIII Encuentro. Ponentes: Gino Costa, Betty Olano,

VIII Encuentro. Ponentes: Gino Costa, Betty Olano,

Luis Gutiérrez y Tesania Velázquez.

Costa, Betty Olano, Luis Gutiérrez y Tesania Velázquez. VIII Encuentro “Violencia social, percepción de

VIII Encuentro “Violencia social, percepción de inseguridad y

salud mental”

¿CÓMO SE HACE EL TRABAJO COMUNITARIO EN NUESTRO MEDIO? 19

Carmen Aldana

Colaboradoras: Miluska Maza y Olenka Retiz

P ara los trabajadores de salud mental comunitaria es de vital importancia el rol protagónico de

las comunidades así como el vínculo que establecen con ellas. Este es un vínculo de respeto,

equidad, empatía, comunicación, mutualidad. En su trabajo con las poblaciones en las ciuda-

des o en el área rural reconocen sus aspectos constructivos, así como también constatan experien- cias límites de pobreza, violencia, marginación. Al estar las comunidades tan “lejos” - f ísica y/o sim- bólicamente-, no se las suele percibir; salvo cuando los con f lictos las visibilizan (Vásquez & Villapolo,

1999). Son los trabajadores de salud mental quienes, con su trabajo cara a cara con las poblaciones, establecen una cercanía emocional y fortalecen sus capacidades.

En consecuencia, las experiencias vividas por los trabajadores de salud mental comunitaria re- querirán ser comprendidas y visibilizadas. En este capítulo nos acercamos a su labor a partir de sus experiencias, y visiones. En los Encuentros de discusión sobre clínica comunitaria los participantes re f lexionaron sobre las di f icultades en su trabajo, y sobre aspectos que les preocupan y que dan cuenta del contexto de su labor. También emergieron sus recursos, estrategias y logros, aspectos valiosos que caracterizan su trabajo. Se ha tratado de hilar los contenidos compartidos y ha sido un reto el procesar la diversidad de experiencias y aprendizajes de tanto tiempo de cada participante. El propósito de reunirlos es que estas experiencias valiosas no queden dispersas, y que el trabajador de salud mental comunitaria cuente con un material más completo sobre su trabajo, así como llegar a algunas recomendaciones.

19 Queremos agradecer a la Lic. Marisol Vega, Lic. Yanín Baca y Mg. Patricia Luque, quienes hicieron una lectura aguda del

capítulo y aportaron sugerencias valiosas para mejorarlo.

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Miradas y diálogos que nos transforman

SALUD MENTAL COMUNITARIA:

Grupo de Trabajo de Salud Mental Comunitaria y URSpsi

Por otro lado, este capítulo no recoge el nivel de detalle y particularidades de cada quehacer, el cual sería imprescindible que esté sistematizado. Será necesario que las instituciones y la academia apoyen en esto. Los Encuentros a futuro pueden plantearse cómo ir sistematizando los trabajos en salud mental comunitaria.

En este capítulo se responde a la pregunta ¿cómo se hace el trabajo de salud mental comunitaria en nuestro medio? Lo abordaremos a partir de tres ejes: la labor comunitaria desde la diversidad; afrontando adversidades a partir de los recursos; y generando aportes para las comunidades, insti- tuciones, academia y para los propios trabajadores de salud mental. De esta manera conoceremos cómo los trabajadores de salud mental comunitaria contribuyen a la construcción de una sociedad más justa y humana.

El quehacer comunitario desde la diversidad

La población con la que trabajamos es diversa, como son diversas las formas de trabajo y quie- nes nos involucramos en esta labor (M. Vega, comunicación personal, 6 de agosto del 2016). En los Encuentros, a primera vista lo que emerge es que hay numerosas experiencias de salud mental co- munitaria y se requiere conocerlas mejor. Un elemento común es la diversidad que aparece en estas intervenciones, la cual se aprecia en los siguientes aspectos 20 :

• Toman en cuenta la particularidad de cada población, sus características, su cultura y contex- to 21 . Están ubicadas en la capital, las regiones, y especialmente aquellas ubicadas en lugares de muy di fícil acceso.

• Existen diferentes enfoques para realizar la labor, como el intercultural, de género, biopsico- social, de derechos, médico, espiritual, etc. que pueden complementarse.

• Se trabaja desde diferentes disciplinas y formaciones. Profesionales y promotores comunitarios; cada cual aporta su visión, que además surge dentro de diversos contextos laborales, sea en una comunidad, hospital, institución educativa, ministerio, instituciones sin fines de lucro, etc.

• Tienen diferentes formas y niveles de intervención, desde la prevención que ha sido prioriza- da, así como la promoción, y la atención de casos.

20 Notas del VI Encuentro, 2008 y XI Encuentro, 2011.

21 Notas del XI Encuentro, 2011.

• Incluyen el aspecto personal: las subjetividades, las historias individuales, las particularidades de cada uno, las maneras de percibir, sentir y entenderse y lo que ocurre en las relaciones que establece.

Cada experiencia es diferente en el encuentro cotidiano con las personas y grupos con los que se trabaja o según los espacios en que se realiza. Sea por ejemplo en el hospital o la comunidad, en ámbitos urbanos o rurales. Asimismo, lo diverso emerge desde las metodologías y técnicas que cada quien elige en su trabajo. Recordemos que esta diversidad es análoga a lo que sucede en nuestro territorio geográ f ico, cultural y social. En un ambiente de respeto, en los Encuentros cada uno co- menta sus vivencias, pero, a primera vista, las experiencias aparecen atomizadas. Podría parecer que compiten entre sí porque no hay mucho tiempo para explayarse. Por otro lado, al hablar de nuestro país, puede ser agobiante escuchar discursos y experiencias con diferentes niveles de problemas y situaciones de tensión. En este contexto, inicialmente los problemas y la diversidad aparecen como aspectos que no permiten articular y construir un camino conjunto.

El tema del poder y la supuesta superioridad de un saber sobre otro.

Los participantes a los Encuentros señalan que las diferencias en las formas de trabajo se cruzan con las relaciones de poder. Cada quien se aferra a su posición, enfoque o círculo de acción. Hay

di f icultad para ceder pues podría entenderse como una pérdida de legitimidad o espacio de trabajo.

Se da entre instituciones y diferentes profesionales. En algunos casos lleva al aislamiento, buscando evitar con flictos, pero se afecta el trabajo en equipo y coordinación.

Los participantes reiteradamente abordan el tema del manejo de las diferencias y la valoración que se hace de éstas. Señalan que la actitud de superioridad se puede dar según la procedencia

regional, entre instituciones y al interior de éstas, entre las diversas disciplinas, entre profesionales

y los demás trabajadores de salud mental, entre las comunidades y, en general, dentro de cada uno.

Relacionan esta supuesta superioridad con aspectos culturales, con la valoración de la formación universitaria, y en general parece corresponder a un imaginario instituido socialmente. Así estas re- laciones de dominio de nuestro contexto también se presentan a nivel subjetivo, se han incorporado paulatinamente de manera no consciente a través de mucho tiempo. Lo cierto es que esta “superiori- dad” di ficulta que emerja el deseo de conocer y apreciar al otro 22 , integrar conocimientos, y más bien

establece una barrera e incomunicación, sesgos o sometimiento.

Asimismo, los participantes hacen alusión a una relación de dominio del mundo occidental sobre las tradiciones locales; del saber “cientí fico” sobre el saber “empírico” y “espiritual”; de la capital res-

22 Notas del X Encuentro, 2012.

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pecto a las de otras regiones; así como de los que tienen mayor educación formal sobre la sabiduría popular. Igualmente el copiar modelos externos sin adecuarlos a nuestra realidad también implicaría este tipo de criterio.

Se queda todo en Lima pero en otras regiones los promotores trabajan sin tener formación. Ellos son la primera línea. Hay di f icultad para integrar, pues acá se cree que está la sabiduría. Pero es complicado integrar las visiones, la de ellos que están ahí y la de nosotros 23 .

Los participantes a los Encuentros señalan que no es tan fácil entender culturas y poblaciones diversas ni integrar conocimientos. Implica reconocer el no saber. Se requiere tener la disposición a conocerlas y valorarlas, dada la inaceptable relación histórica de humillación que se ha intentado im- poner en las culturas originarias en nuestro país. Por situaciones como éstas, el trabajador de salud mental comunitaria advierte sobre la necesidad de ref lexionar a nivel personal sobre sus prejuicios, estereotipos, creencias.

Por otro lado, la falta de continuidad en las propuestas también puede relacionarse a esta supues- ta superioridad. No se incorpora lo que se hizo bien antes, y todo tendría que empezar desde cero, porque va a ser mejor que lo anterior. Implica una falta de reconocimiento al otro, pero se reclama que sí se considere lo que cada quien hace. Vemos un círculo vicioso.

Es necesario que el manejo de estas diferencias sea analizado personalmente, en los equipos y

con la población. Las relaciones de dominio y sometimiento aparecen latentes en las interacciones

escuchar las visiones de cada persona y grupo, visiones que pueden ser distintas a las propias 24 . Ello se puede dar en un ambiente de interés, respeto y diálogo. El requerimiento que se hace es articular las experiencias partiendo de poder valorarlas y acogerlas sin exclusión alguna. Se entiende, entonces, la importancia y necesidad de escuchar a las regiones. Cuando se realiza una propuesta de salud mental sin tomar en cuenta a todos los actores, se genera una serie de resistencias y cuestionamientos -ver el vaso medio vacío-, pues no se ha considerado el aporte que cada uno puede dar desde su especifici- dad. En ese sentido, la participación de todas y todos es clave para hacer una propuesta sostenible.

Lo diverso puede parecer una di ficultad porque requiere de un gran esfuerzo para poder conec- tarlo, pero a la vez permite entender la realidad sin necesidad de homogeneizarla. Hay que reconocer que realizar esta labor es un desa f ío, puesto que requiere de mucha escucha, tolerancia, paciencia, comprensión, re flexión crítica; procesos que conllevan tiempo. No sólo consiste en aceptar las dife- rencias, sino que en un proceso de comunicación nos vamos dejando afectar por éstas y transfor- mándonos en el vínculo con el otro 25 .

Afrontando adversidades desde los recursos

Luego de haber reflexionado sobre la diversidad, es importante también señalar que el trabajo de salud mental y particularmente de salud mental comunitaria es difícil en nuestro país. Este se inserta dentro de un sistema de salud que está permanentemente en reconfiguración, con recursos restringidos

y

es importante esclarecerlas y entenderlas para encontrar nuevas formas de relación. Diferencias

y

problemas de continuidad a distintos niveles (en la estructura, en los programas e intervenciones y en

equidad pueden ir juntas, y cuando hay esta horizontalidad es posible que las diferencias puedan complementarse.

y

el

personal). En este contexto es difícil el logro de metas y cuidar a los trabajadores en salud mental.

¿Cómo puede articularse la diversidad?

En los Encuentros surge la inquietud de los trabajadores de salud mental: ¿cómo hacer para construir una visión común cuando cada uno tiene una manera diferente de percibir y entender, que se ha forjado en base a experiencias de trabajo muy distintas unas de otras? En nuestro país las necesidades son múlti- ples y requerimos de la diversidad de respuestas para atenderlas. Entonces lo que puede verse como una dificultad, también puede ser aporte que genera diversos conocimientos y formas de hacer las cosas.

La manera de participar de los trabajadores de salud mental comunitaria en los Encuentros nos permite entender cómo se procesan las diferencias. Los participantes advierten sobre la necesidad de

23 Notas del VI Encuentro, 2008.

En un primer momento vamos a señalar las adversidades que afrontan las personas que trabajan en salud mental comunitaria a diferentes niveles. Sin embargo, y vale la pena reiterarlo, se cuenta con una serie de recursos para afrontar las di ficultades, los cuales iremos esbozando y detallando a través del capítulo.

A nivel social.

La problemática social del país implica a poblaciones que viven en situaciones de pobreza, con

altos niveles de violencia, siendo una sociedad post conf licto armado interno. Estos aspectos socia-

que en su cotidianeidad enfrentan la inse-

les son transversales a la vida de las familias peruanas,

24 Notas del VI Encuentro, 2008.

25 Notas del XI Encuentro, 2013.

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Grupo de Trabajo de Salud Mental Comunitaria y URSpsi

guridad ciudadana, violencia familiar, falta de oportunidades, exclusión, discriminación, entre otros problemas. Estas situaciones son afrontadas desde sus capacidades, no obstante, afectan o ponen en riesgo su calidad de vida.

En este contexto, quienes trabajan en salud mental se encuentran con realidades y problemáticas di f íciles de abordar. Pueden sentir que llevan sobre sus hombros la responsabilidad de resolver pro- blemas que requerirían respuestas políticas integrales de mediano y largo plazo. Se aprende a reco- nocer que toda intervención tiene límites y que aun esforzándose y siendo sumamente ef icientes en su trabajo, es probable que no puedan solucionar los graves problemas que afronta la población. La dedicación, el compromiso, generará sin duda espacios de intercambio y transformación, valorarlo es importante para evitar sentimientos de impotencia.

¿Cómo ser realista y soñador?, ¿cómo aprender a poner límites saludables respecto a la entrega en el trabajo y sobreponerse a la culpa que puede surgir al trabajar con personas en situaciones de vulnerabi- lidad? Los participantes comentaron sobre la participación política, el trabajo en redes, la incidencia 26 y el cuidado del cuidador como soportes necesarios del trabajo comunitario. Son espacios y estrategias por seguir desarrollando como formas para acceder a cambios más amplios en nuestro entorno.

Podemos tener en cuenta que en nuestra sociedad las profesiones que implican el cuidado de personas, los trabajadores de salud mental entre ellos, no tienen el reconocimiento social que mere- cen. Esta valoración es necesaria para brindar un soporte a quienes se dedican a estas labores. Fren- te a esto, la salud mental comunitaria ha ido ganando un espacio en el discurso social, y paulatina- mente se ha contemplado su aporte y necesidad para el bienestar común. Por ejemplo, actualmente se convocan a estos profesionales en proyectos del sector público.

Es así que los trabajadores de la salud mental comunitaria –nos referimos a promotores, líde- res comunitarios, usuarios, miembros de organizaciones, técnicos o profesionales- se van abriendo un espacio reconocido en la sociedad. La academia ha realizado una labor importante en esto. Sin embargo, se requiere que el trabajo en salud mental comunitaria desarrolle una organización y es- tructura. Congregar lo disperso y, por ejemplo, contar con una Asociación Nacional de Salud Mental Comunitaria a través de la cual tener un mayor impacto social.

A nivel del trabajo comunitario.

Los trabajadores de salud mental establecen una relación con las comunidades como conjunto, con sus organizaciones y pobladores. Sin embargo, existen comunidades que no necesariamente

26 Estos aspectos serán ampliados en el IV capítulo: Salud Mental y Políticas Públicas.

conocen el trabajo en salud mental comunitaria. En todos los casos, el crear un vínculo toma un mediano plazo, e implica el respeto, coordinación y mucha coherencia en las acciones (GTSM, 2006). Este proceso de establecer una relación positiva con la población, pasa por un período de acepta- ción en el cual muchas veces el trabajador puede enfrentarse a pruebas, a la hostilidad o rechazo de la población. Por ejemplo, los pobladores pueden no asistir a las reuniones, no participar, intentar imponer demandas, etc. Asimismo, se puede recibir el resentimiento que tiene la población ante el abandono social. De esta manera, los trabajadores de salud mental comunitaria recogen todos estos malestares, apareciendo como el “representante” de las instituciones y del Estado.

Además, tendrán que reflexionar sobre sus propias expectativas respecto a su trabajo para tratar de sintonizar con la comunidad. Se subraya que es la relación de empatía, comunicación, fomento de capacidades de las poblaciones y respuesta a necesidades la que le permitirá al trabajador generar un vínculo de confianza. Así, le será posible apreciar y relacionarse con la población desde los recursos que las caracterizan. Encontramos estudios que puntualizan estos recursos en relación a mujeres afec- tadas por la violencia política. Estos resaltan la capacidad organizativa, relaciones de reciprocidad y ayuda mutua, contar con redes de apoyo sociales, sentido de protección a sus familias, sentido de per- tenencia a sus comunidades e identidad cultural, y sus rituales y costumbres (Laberiano, 2013; Aldana, Ballón, Hernández, & Yarlequé, 2003). Como características personales encuentran: “responsabilidad, inteligencia, capacidad de trabajo, tenacidad para enfrentar la adversidad, optimismo y orientación al futuro, sinceridad, humildad (…)” (op. cit., 2003, p. 49). Asimismo, identifican como recursos sus sueños, su experiencia dirigencial y lucha por sus derechos, su afirmación frente a relaciones de poder y su sentido de trascendencia (M. Laberiano, comunicación personal, 7 de noviembre del 2016, 2013).

En este contexto, las personas se abrirán a contar situaciones de extrema vulnerabilidad, violencia, situaciones traumáticas y de humillación. Si bien esto refleja confianza por parte de la población, son expe- riencias con una fuerte carga emocional, y es difícil procesarlas. Su impacto queda también en las vivencias del trabajador. Enfrentarse de manera reiterada a estas situaciones de vulnerabilidad y violación de dere- chos, sin contar necesariamente con un espacio de soporte emocional, dificulta seriamente la capacidad de integración de las vivencias y experiencias. En el siguiente capítulo se detallarán estos aspectos.

A pesar de las dificultades, el estar en contacto con los recursos constructivos de las poblaciones, así como su motivación y compromiso, alienta a los participantes a seguir adelante y continuar con su labor.

A nivel institucional.

Desempeña arduas tareas que pueden ser invisibles para las instituciones.

Existen aspectos en la labor comunitaria que no necesariamente son visibilizados a nivel institu- cional. Uno primero sería el tener que desplazarse al lugar donde se encuentran los grupos con los

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que se va a trabajar. No es lo mismo ir a trabajar a una of icina o consultorio, que ir a una comunidad alejada y/o en condiciones de riesgo.

Por otro lado, al llegar a la comunidad el trabajador puede entrar simbólicamente en un “pro- ceso de migración” (Aldana & Kreimer, 1998). Esto porque implica vincularse con las personas y su contexto, y sólo es posible si hay de alguna manera una convivencia. En ésta uno pasa por un dejar temporalmente lo que conoce, incluyendo muchas veces la identidad profesional estrictamente. Se

da una deconstrucción del sistema de creencias anterior del trabajador para ir construyendo uno nuevo en la relación con la población. Esto implica mucha empatía cultural y ser capaz de entrar en

el código cultural del otro, entenderlo y poder manejarse interculturalmente en ese contexto, con la

capacidad también de volver a lo propio (Benett, como se citó en GTSM, 2006). Todo lo mencionado conlleva mucha energía emocional, adaptación a las condiciones que se presentan, y compromiso con lo que uno está promoviendo.

Otros aspectos no tomados su f icientemente en cuenta son el desgaste f ísico, la escasa coordi-

nación entre equipos, no contar con los viáticos y materiales necesarios, presupuestos insuf icientes

o que no continúan, etc. Las arduas características de este tipo de trabajo requieren condiciones

óptimas de cuidado por parte de las instituciones. Ante ello queremos alertar que observamos que existe una sobrecarga laboral de horas de trabajo en salud mental. Tampoco están establecidos de manera imprescindible los espacios de soporte emocional para quienes realizan este trabajo.

Crea puentes para las brechas entre las instituciones y la población.

El trabajo comunitario muchas veces se realiza desde un enfoque personalizado a nivel micro o por

el contrario desde un enfoque macro. En el primer caso hay mucha demanda y necesidades difíciles

de cubrir, y por el otro se corre el riesgo de ser despersonalizado atendiendo sólo a metas y números, descuidando la calidad de la atención a personas. Las instituciones sean públicas o privadas suelen priorizar alguno de estos enfoques, que son complementarios y deberían dialogar entre sí.

Las brechas entre el sistema social y los grupos o comunidades en riesgo constituyen un gran desa fío y demandan mayor esfuerzo para el trabajador comunitario. Cubrir y disminuir esas brechas, implica reconocerse como representante del sistema, del cual puede ser bastante crítico. Así es el puente de algo que no está construido. Cuenta también con el establecimiento de redes de trabajo como eje para crear estos puentes.

Crea un marco de referencia para su labor.

Los trabajadores señalan que mucho de lo aprendido ha sido a través de su propia práctica. Las instituciones no necesariamente cuentan con directrices claras respecto a cómo realizar el

trabajo comunitario. Esto también implica que no existe capacitación su f iciente ni seguimiento apropiado a las actividades que realizan. El trabajador de salud mental va haciendo una crea- ción heroica de su práctica. También esta construcción puede ser idiosincrática, y ser di f ícil llegar a consensos. Y sin embargo, ya la formación comunitaria va cobrando importancia y di- fundiéndose.

Así durante los Encuentros hemos visto que hay diferentes nociones y metodologías. Hay preguntas sobre la de f inición de conceptos, formas de intervenir, niveles de intervención. En este contexto no parece haber una concepción común respecto a lo que es salud mental comunitaria, promoción de la salud, prevención. Las nociones pueden variar según el ámbito de trabajo. Dada la carencia de nociones compartidas alrededor de estos conceptos, su abordaje en la práctica se di f iculta, considerándose complejo consensuar entre los profesionales. Esto también lleva a un trabajo aislado o con poca coordinación. En un intento de ubicarse frente a lo complejo de las situaciones se acude también a categorizar la realidad, sin embargo, desde las categorías pode- mos estigmatizar y tener apreciaciones sesgadas. A veces prima la necesidad de intelectualizar, y queda en un segundo plano lo afectivo, corporal, intuitivo y las prácticas concretas que involucran todos estos aspectos.

Lo cierto es que abrir trocha y hacer camino en relación a los conceptos, formas de interven- ción, miradas respecto al trabajo, puede ser también desgastante. Es como trabajar al ensayo y error. ¿Cómo aprender del camino hecho por otros?, ¿cómo contar con lineamientos y que estos se cum- plan? Sin embargo, también observamos que cada vez más se apuesta por el trabajo en diálogo y en redes para ser más efectivos. En ese sentido, el espacio de los Encuentros contribuye a la construc- ción de un marco de referencia común a partir de las diferencias, integrando los aspectos emociona- les con los profesionales.

Problemas de comunicación y coordinación institucional e interinstitucional.

Existen diferentes problemas de comunicación en las instituciones. En los Encuentros, los parti- cipantes mencionaron la desinformación y falta de coordinación como algo que se puede mejorar. Antes de entrar a trabajar en una localidad es importante conocer qué instituciones u organizaciones están presentes y qué labor realizan, para que no haya duplicidad de acciones. La duplicidad con- funde a la población, retrasa los proyectos, y no se logra que los servicios sean accesibles para las comunidades.

Los participantes se lamentan sobre las grandes di f icultades para trabajar intra e intersectorial- mente con el f in de articular su labor; y la poca voluntad o interés en descentralizar los recursos con los que se cuenta. Asimismo, perciben falta de comunicación y resistencias, como si aisladamente encontraran mayores bene f icios que abrirse a la posibilidad de coordinar con otros:

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Miradas y diálogos que nos transforman

SALUD MENTAL COMUNITARIA:

Grupo de Trabajo de Salud Mental Comunitaria y URSpsi

Cada director trabaja como una isla. Hay 8 programas nacionales y no hay ninguna voluntad para integrar esos programas en un esfuerzo conjunto. No hay comunicación. Y hay mucha resistencia para el trabajo intra-sectorial, y peor intersectorialmente 27 .

Por otro lado, los trabajadores señalan que las relaciones entre colegas pueden estar cargadas y la comunicación ser inadecuada. Aspectos como la envidia, los celos, la desvalorización, la compe- tencia, pueden ser recurrentes en los equipos de trabajo. Lo anterior deviene en di f icultades que se traducen en desconf ianza y poca motivación para trabajar en conjunto, compartir e intercambiar al interior de las instituciones.

Es claro que la comunicación en las instituciones es necesaria para el trabajo comunitario. Por ello es importante reconocer las di f icultades, analizarlas, comprenderlas y que las instituciones cuen- ten con estrategias para transformarlas, valorando el diálogo y el trabajo colaborativo.

A nivel personal como trabajador en salud mental comunitaria.

Los y las participantes señalan la importancia de la mirada que les devuelve el otro, una mirada que los instituye como trabajadores de la salud mental con recursos y limitaciones. Una mirada crítica por

parte de la población hacia el profesional, genera resistencias. Los participantes opinan que exponerse

a

la mirada de otros es complicado, más aún cuando la mirada se percibe inquisidora o negativa:

La di ficultad para comprender la visión del otro está en hacerse cargo de cómo el otro nos mira. En el caso de las autoridades, no se hacen cargo de cómo los indígenas los están viendo como los “malos”, y procesarlo es di f ícil. Hacerse cargo de la visión negativa que el otro tiene de uno mismo implica una madurez muy grande: asumir y no reaccionar violentamente cuan- do nos devuelve una visión negativa; tratar de sostener esa mirada es dif ícil 28 .

Sin embargo, la mirada de reconocimiento de la población también es una fuente de aliento para

el

trabajador de salud mental. Por otro lado, otra di f icultad es el repetir en uno mismo el no reconocer

los propios recursos ni la necesidad de autocuidado. Una actitud extremadamente crítica, que puede partir de un agotamiento profesional, no permitirá ver sus propios recursos.

A partir de todo lo expuesto sobre cómo se van afrontando adversidades desde los recursos de los trabajadores, vemos que es una labor agotadora porque son muchas dif icultades: situaciones sociales de inequidad y exclusión; di f icultades institucionales; de orden conceptual y profesional;

27 Notas del VIII Encuentro, 2010.

28 Notas del VIII Encuentro, 2010.

el impacto emocional de las vivencias traumáticas. Estas dif icultades han sido afrontadas con los recursos de los trabajadores de salud mental y son un aprendizaje acumulado muy importante.

El desa f ío desde la salud mental comunitaria es fortalecer las formas de impactar en la sociedad;

contribuir en la construcción de organizaciones saludables en función al trabajo comunitario, así como promover la responsabilidad personal y estatal por el cuidado de la salud mental.

Generando aportes desde el trabajo en salud mental comunitaria

En el acápite anterior hemos revisado las principales di ficultades señaladas por los participantes, las cuales no los amilanan. Es importante mencionar que el trabajo en salud mental comunitaria en nuestro medio está en proceso de cambio. De realizar las intervenciones en la comunidad, se entien- de ahora que los proyectos y trabajos se hacen con la comunidad. La relación del trabajador con las personas y realidad de las comunidades va cuestionando y transformando su perspectiva (N. Baca, comunicación personal, 4 de noviembre del 2016). Haciendo esta consideración, a continuación nos concentraremos más bien en los aportes y recursos de los trabajadores, a partir de las estrategias efectivas y logros obtenidos en el quehacer comunitario.

Estrategias que funcionan.

A continuación especi f icaremos las estrategias más importantes que les han permitido a los par-

ticipantes realizar su labor.

Interculturalidad e interdependencia.

Los participantes han tomado en cuenta el contexto histórico y cultural de las poblaciones al mo- mento de intervenir a nivel comunitario. Conocer el origen de determinada comunidad les permite entender cómo se constituyó, qué vivencias y recursos son parte de su conformación, y cómo se ha ido transformando. Les ayuda a rescatar la “semilla comunitaria” que está en las culturas originarias y en el desarrollo de relaciones de cooperación, así como valorar a sus líderes y las instancias que los organizan. Asimismo, esta re f lexión les permite reconocer cómo “las diferencias” han implicado tradicionalmente inequidades y desconocer a las poblaciones. De ahí que trabajar desde la inter- culturalidad tenga un cariz político (GTSM, 2006), y exista la necesidad de esclarecer y transformar las relaciones de dominación y violencia que las poblaciones han pasado, pues son relaciones que atentan contra su salud mental. Se trabaja estos aspectos desde los vínculos de con f ianza y hori- zontalidad que se establecen, pero también se requiere expresar, explicitar y simbolizar las formas históricas injustas que se han vivido para poder transformarlas.

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Miradas y diálogos que nos transforman

SALUD MENTAL COMUNITARIA:

Grupo de Trabajo de Salud Mental Comunitaria y URSpsi

Los participantes reconocen que las comunidades tienen su cosmovisión, percepciones, creen- cias, y prácticas; una cultura rica en conocimientos. Para acercarse a las culturas de las poblaciones desarrollan una empatía cultural, la cual se manif iesta en el interés en conocer y respetar las culturas, intentar comprenderlas, incorporar saberes y dialogarlos con los conocimientos académicos (Aldana & Kreimer, 1998). Esto favorece una relación saludable en la medida que no se desconoce un aspecto central de la identidad de las poblaciones. Es más, los participantes señalan que lo intercultural se relaciona con el poder apreciar al otro, comprenderlo y reconocer sus anhelos y voluntad. Para el trabajador de salud mental comunitaria implica una interpelación:

Uno debe detenerse y hacerse este tipo de preguntas: para comenzar ¿ese grupo, población, realmente quiere trabajar contigo? ¿Están entendiendo lo mismo que tú? Primero se debe co- nocer, ya eso es importante. Pero no se le da la relevancia que merece, no le da la importancia a conocer qué es lo que quiere el otro y cómo lo entiende. Lo intercultural es mirar al otro. 29

En este contexto, los participantes advierten que es importante no caer en reduccionismos. Para ello plantean la necesidad de reflexionar acerca de nuestros propios puntos de vista para no perpetuar prejuicios y la estigmatización de personas a las que nos aproximamos 30 . Cuestionan las categorías utilizadas, especialmente aquellas diagnósticas y clínicas. En esta misma línea, consideran importante respetar las maneras de sanar propias de cada comunidad y sus modelos de salud tradicionales.

En Huachipa, un niño no podía ir a la posta porque tenía f iebre, pero no lo podían llevar antes de que le pasen el huevo. Lo que hice fue acompañarle a que le pasen el huevo y de ahí a la posta. ¿Cuánto aceptamos lo que es parte de sus vivencias? 31

Mencionan que el diálogo se dificulta también por el desconocimiento de la lengua originaria de las poblaciones, para lo cual es necesario plantear propuestas que incluyan tener como idioma el de las po- blaciones, usar traductores y aprender su idioma 32 . Por otro lado, la relación respetuosa posibilita que no haya paternalismos ni asistencialismo con la población, sino intercambio en los encuentros. Ir encontran- do juntos puntos de coincidencia, evitando ante todo la imposición y la polarización del dialogo. 33

Así se puede observar la interdependencia entre las poblaciones y los trabajadores de salud mental. Esta interdependencia conlleva apreciar a las comunidades como protagonistas del cambio,

29 Notas del X Encuentro, 2012.

30 Notas del IX Encuentro, 2011.

31 Notas del IX Encuentro, 2011.

32 Notas del XI Encuentro, 2013.

33 Notas del X Encuentro, 2012.

de los cuales los trabajadores son facilitadores. En ese sentido, la relación comunidad-trabajadores implica paridad, respeto y conciencia de la necesidad de trabajar unidos para lograr objetivos en conjunto, ya que cada uno tiene algo para aportar al otro.

Este enfoque no implica dejar los saberes de la cultura occidental, sino ponerlos en relación, dia- logando con los saberes de las poblaciones. Somos los trabajadores de salud mental los que de- bemos entrar en contacto con nuevas formas de comunicación para entender las culturas de las poblaciones con las que trabajamos, sus rituales y formas de relación con la naturaleza. Sin embargo, los participantes también son conscientes de las distancias que se mani f iestan en el trabajo con las comunidades. Distancia que se expresa en términos sociales y culturales. Ellos cuestionan que la formación profesional no necesariamente toma en cuenta la realidad de las poblaciones de nuestro país. Esa es la gran brecha que hay entre la formación tradicional y la realidad.

Empatía, reconocimiento y mutuo aprendizaje como base del vínculo.

Los trabajadores de salud mental comunitaria realizan un largo camino para lograr cercanía con las poblaciones. Para comprenderlas y promover su bienestar, establecen una relación de empatía, que como señalamos, incluye también la empatía cultural. En este contexto, el trabajador de salud mental comunitaria tiene como herramienta principal su dimensión subjetiva. Es decir, su propia experiencia, su manera particular de ver las cosas, de sentir, pensar y actuar. Los sentimientos que se mani f iestan en las relaciones con la población son fuente de conocimiento, le permiten al trabajador comprender al otro y a sí mismo (Ruiz & Vega, 2014).

El vínculo con la población también se caracteriza por la generación de con f ianza, equidad y reconocimiento.

Relación que implica una apuesta y compromiso por la transformación y mejora en las condiciones de vida concretas, emocionales y sociales de las poblaciones. Asimismo se advierte que hay que respe- tar a los líderes de la comunidad y sus organizaciones para generar un buen vínculo con la población.

Una comunidad es su casa, imagínense que alguien desconocido venga y toque la puerta, no

lo vas a dejar entrar. Si su rostro me comunica una buena intención hasta de repente me dejo

encuestar, pero sino uno descon fía. Siempre miras el rostro y qué te comunica. Eso les pasaba

a ellos y nos pasa a nosotros. Es su casa y la autoridad es parte de su contexto. Si tienes la con fianza de mi presidente de la comunidad podemos conversar 34 .

34 Notas del XI Encuentro, 2013.

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SALUD MENTAL COMUNITARIA:

Grupo de Trabajo de Salud Mental Comunitaria y URSpsi

El reconocimiento es central y parte del respeto a los derechos fundamentales de las poblacio- nes. Los participantes señalan que conlleva la conciencia del otro como igual en tanto ser humano y sujeto de derechos. Este razonamiento constituye un principio fundamental, sin embargo, no ha sido asumido así en nuestro país, y el con f licto armado interno lo demuestra de forma clara. Por ello, plan- tean un aspecto más directamente ligado al enfoque intercultural. El vernos en los otros, siendo dife- rentes en los rasgos culturales y dejándonos afectar por estas diferencias, conlleva el visualizarnos como un “nosotros” 35 . Es decir, estas relaciones nos van moldeando y nos permiten reconocernos como parte de una misma colectividad.

Asimismo, los participantes valoran los conocimientos, capacidades y recursos de la población. Plantean no victimizar a las comunidades por sus condiciones de vulnerabilidad ni tener una visión asistencial; más bien, reconocen a las poblaciones como agentes de su propio desarrollo. Además, resaltan que su trabajo busca activar los recursos y fortalezas, no girar alrededor de las di f icultades. Así se refuerza la seguridad de las poblaciones en sí mismas, y las empodera como actores. Subrayan que las comunidades conocen su realidad, pueden encontrar alternativas viables y luchar por ellas.

Por otro lado, los trabajadores de salud mental comunitaria logran que las comunidades conf íen en ellos como facilitadores. Sin embargo, este proceso conlleva tiempo y puede ser muy difícil, pues en la comunidad se despiertan temores a ser engañados. Es ahí donde despliegan sus capacidades para compartir la vida de la comunidad, adaptarse y relacionarse positivamente. Como parte de este proceso, la descon f ianza de la población puede ser abordada, esclarecida y simbolizada para ayudar a transformarla.

Reconocemos también que el intercambio con la comunidad conlleva a un mutuo aprendiza- je (Peña, Revilla, Ruiz, Valz-Gen, & Vega, 2010); es decir, que las personas con las que trabajamos nos enseñan, nos sorprenden y transforman. Esto nos habla de un vínculo de mutualidad. En cada encuentro uno deviene en otra persona y se nutre de la mirada del otro, dejándose impactar.

Diálogo y perspectiva incluyente.

Los participantes señalan que es importante crear una cultura de diálogo 36 y la perspectiva inclu- yente en el trabajo comunitario. Consideran que la comunicación desde un espacio de intercambio seguro, uno puede plantear sus ideas y su sentir, ampliando perspectivas. Se trata de no excluir a nadie. El diálogo parte del poder mirarnos, “vernos al rostro”, establecer cercanía, y lograr darnos cuenta quién es el otro, conocer su identidad. Es algo que se tiene que realizar en todo momento.

35 Notas del XI Encuentro, 2013.

36 Notas del X Encuentro, 2012.

En esta línea, la mirada al otro es planteada desde un enfoque entre iguales. No se anteponen roles de poder que distancian, sino todos aportan, a partir de la comunicación y el trabajo concreto con la comunidad.

Los Encuentros como espacios de comunicación han sido incluyentes al ser contenedores de las diferencias. Integrar no ha signi f icado mezclar o sintetizar, sino acoger los aportes de todos y poder sostener esto. Ha permitido resaltar la singularidad de cada quien, y tomar conciencia de lo nuevo que emerge en la relación. No obstante, los esfuerzos por el diálogo, es posible que algunos aspec- tos no sean acogidos. A través de la re f lexión podemos tratar de entender lo que no fue escuchado y encontrar alternativas. La comunicación f luida puede ser un indicador de que el trabajo en salud mental comunitaria está bien encaminado.

Participación y protagonismo de las comunidades.

Las comunidades tienen sus propios objetivos y dinámica. Es así que se establece un trabajo con- certado con las comunidades y con ellas se construyen las propuestas de trabajo. Para ello lo primero es, precisamente, acordar con la comunidad el poder realizar este trabajo conjunto, siendo un paso previo presentarnos y conocer a sus autoridades y líderes. Este proceso de concertación implica la transformación de las propuestas que podamos tener adecuándose a las características, necesida- des y requerimientos de la comunidad. Ello implica para los equipos usar al máximo su capacidad de adaptación y f lexibilidad. Estar abiertos a escuchar. Los planteamientos de las poblaciones entran en diálogo con los nuestros, y se trata de llegar a consensos. Así la participación no signi fica que la po- blación participa en nuestro proyecto, sino que se da forma a un proyecto a partir de la comunicación con la comunidad (GTSM, 2006).

Asimismo, la participación conlleva establecer un trabajo en equipo comunidad-trabajadores de sa- lud mental comunitaria. Para lograrlo se atraviesa por diferentes momentos y procesos integrados. Una etapa de “familiarización” 37 (Custodio, 2015), es decir el proceso de lograr la confianza y el diálogo res- petuoso con la población, coordinando con sus líderes y organizaciones. Implica necesariamente el in- volucrar sus códigos culturales y valorarlos; acercamiento en el que se sientan reconocidos y motive su participación creativa (Aldana, 1996). La sensibilización es importante: comunicar de manera efectiva por diversos medios a instituciones, autoridades y a la comunidad los contenidos a trabajar. Igualmente las respuestas efectivas a las necesidades de las comunidades, favorece la relación con la comunidad.

La participación y el fortalecer los recursos de las poblaciones empoderan a las comunidades reforzando su sentido de pertenencia y logro. Las relaciones de poder se transforman, el trabajador

37 Notas del IX Encuentro, 2011.

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SALUD MENTAL COMUNITARIA:

Grupo de Trabajo de Salud Mental Comunitaria y URSpsi

de salud mental ya no es el experto. El centro deja de ser el profesional o el proyecto, siendo la comu- nidad protagonista de sus cambios. Esto implica el fortalecimiento de sus instancias organizativas.

Se pueden hacer los proyectos sin esta perspectiva de participación, pero se generarán múltiples con- flictos o la comunidad no accederá a utilizar aquello que está implementado (Kreimer, 1993). Un aspecto esencial del trabajo participativo, es como señala el GTSM (2006) incluir a todos los actores dentro de la comunidad, especialmente a los grupos más vulnerables, cuyos derechos son generalmente transgre- didos. Pensemos en las personas con diagnósticos de patologías mentales o personas víctimas de vio- lencia. En una investigación con personas con diagnóstico de esquizofrenia e internadas en un hospital psiquiátrico en Lima (Maza, 2016), se encontró que los usuarios no se sentían incluidos en la toma de decisiones con respecto a su tratamiento y experimentaban situaciones de estigma. Es así que es impor- tante fomentar el respeto por sus derechos en acciones que no los aíslen o estigmaticen en su contexto, favoreciendo su protagonismo e incluyendo sus estrategias de participación y sus organizaciones.

La estrategia participativa tiene a la recreación y el arte, en diálogo con las culturas locales, como acciones importantes para impulsar y apoyar la participación y la promoción de la salud mental en las comunidades. La creatividad, el humor y la alegría, los rituales, las celebraciones, la simbología, las artes son recursos propios de las comunidades y al compartirlos nos renuevan, a la misma pobla- ción así como a los trabajadores de salud mental. De otro lado, los participantes señalan que también se pueden encontrar formas creativas de trabajo participativo “cumpliendo” los requerimientos de las instituciones, que solicitan dinámicas más estructuradas.

En esta misma línea, el diagnóstico participativo también es parte de esta estrategia efectiva. Es la manera de trabajar en conjunto con la población para identificar sus necesidades y problemas, pero prin- cipalmente sus recursos y agencias. Es importante saber de manera cuantitativa y cualitativa sobre los problemas que existen, así como también conocer los recursos y e incorporar las iniciativas comunales que son efectivas para plantear intervenciones en base a lo que sí está funcionando en la comunidad.

También se requiere conocer qué iniciativas se han llevado a cabo, y la calidad de relaciones que las

instituciones han establecido con las comunidades. El fin es potenciar resultados y no dejar de lado a las instituciones, lo cual incluye de manera importante a las instituciones estatales. Reconociendo los esfuerzos

y cambios logrados, se puede establecer un plan concertado para el trabajo de salud mental comunitaria.

Mirada sistémica.

El trabajo comunitario abarca tanto las relaciones sociales al interior de la comunidad, así como al contexto social más amplio. Todos los niveles están conectados: el sistema social, la comunidad, la familia

y el individuo y requiere que todos sean abordarlos de manera relacionada (Aroche & Coello, 1994). Los

participantes de los Encuentros dan cuenta de la necesidad de tener una mirada sistémica que involucre

lo micro y lo macro de forma integradora. Plantean tener en cuenta todos los espacios, los interlocutores, los procesos, las diferentes aristas de las problemáticas y los recursos y agencias. Concierne a las comuni-

dades, a los equipos, las instituciones, así como a las redes, universidades, iglesias, instituciones privadas

y públicas, poderes del Estado y política en general. De esta manera, el trabajador de salud mental comu-

nitaria ve su trabajo de manera integral, lo ubica en relación con otros, articulado con las redes existentes, pues el trabajo en salud mental comunitaria nos compromete a todos (GTSM, 206).

Asimismo, se trata de tener una mirada y accionar amplio en campos que trascienden la salud mental. No sólo importa el aspecto psicológico, sino incorporar las miradas de otros campos como el presupuesto público, la legislación, la política.

A veces pensamos individualmente, y no en lo multi, no tenemos el trabajo en red y éste es un reto. Siempre tengo la sensación de que las instituciones como el Colegio de Psicólogos deberían estar más en escuchar y promover estos cambios 38 .

El trabajo en redes es clave para la mirada sistémica. No sólo es valioso por lo estratégico sino por el compartir experiencias que llevan a cuestionar, plantear y replantear lo que se va haciendo y por

lo tanto, mejorar 39 . Durante la década entre los años 90 y 2000 las redes de salud mental tuvieron la capacidad para unir esfuerzos y ser redes de soporte socio emocional para las instituciones, frente

a las secuelas del con f licto armado en diferentes partes del país (Mesa de Trabajo en Salud Mental

con Población afectada por la violencia política, 2002). Actualmente, por ejemplo, los participantes se preguntan cómo articular la atención en el centro de salud con la atención de salud mental co- munitaria. Se observa que pese a las intenciones, todavía no están suficientemente articulados los niveles de intervención (la promoción, con la prevención y la atención de casos y diferentes formas de recuperación). Se necesita un sistema integrado.

También es importante que la formación académica básica con una perspectiva sistémica brinde preparación respecto a la salud pública y social. Se requiere conocer cómo funciona el Estado en relación a la salud y sus leyes. Las universidades tienen el desaf ío de vincularse y responder a las demandas de las regiones y del país.

Trabajo interdisciplinario y enfoque transversal de salud mental.

El trabajo interdisciplinario resulta bene f icioso al responder de manera más efectiva a las ne- cesidades de la población. La salud mental no es sólo tarea de psicólogos, dado que en la realidad

38 Notas del IX Encuentro, 2011.

39 Notas del XI Encuentro, 2013.

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SALUD MENTAL COMUNITARIA:

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distintos profesionales y personas en las comunidades la abordan desde sus saberes y metodologías. Esto contribuye a des-categorizar ciertos padecimientos y abordarlos desde diferentes niveles, es decir apuntando más directamente al bienestar de la persona y de la comunidad. Cada disciplina puede verse como una cultura distinta, y es necesario que haya un “diálogo intercultural” a nivel de

las profesiones 40 . Implica acercarse al profesional de distinta área, conocer su trabajo y sus métodos.

Y hacer más e f iciente el trabajo, sin duplicar esfuerzos. Para conformar estos equipos, el personal de

atención primaria es un colaborador clave.

Los equipos interdisciplinarios van creando un marco de referencia común, que contempla la es- peci f icidad de cada disciplina. Sin embargo, el trabajo entre diferentes profesionales puede atravesar problemas de competencia, jerarquías. Tomará tiempo pero los resultados positivos lo ameritan. Por otro lado, observamos que es un desa f ío para los trabajadores de salud mental comunitaria entrela- zar los aspectos de salud mental con la resolución de di f icultades en las condiciones de vida material. En ese sentido, los participantes de los Encuentros proponen que los programas de salud mental sean transversales a los proyectos de desarrollo 41 (Mesa de Trabajo en Salud Mental con Población afectada por la violencia política, 2002). Así se viabilizaría el desarrollo integral y sostenible de las comunidades. Podría estar en la agenda de las mismas comunidades solicitar estos programas, al entender cuál es su rol en generar bienestar y vincularlo con sus propias nociones de salud mental. Ello también implica todo un trabajo de comunicación, que permita ver la salud mental en términos precisamente de salud y no ligada a la enfermedad mental.

El cuidado del cuidador.

El trabajador está implicado en las relaciones que establece con las poblaciones. Como había- mos mencionado, sus sentimientos son una fuente de conocimiento sobre sí mismo y las poblacio-

nes con las que trabaja. En este sentido, es central atender a lo que siente como vía para conocer y comprender a la comunidad y también como una forma de cuidar su salud emocional y fortalecer sus capacidades (Ruiz & Vega, 2014). Esto se complejiza aún más cuando se acompaña a personas

y comunidades que han atravesado una serie de situaciones traumáticas, las cuales pueden dejar huellas profundas.

Por otro lado, en este contexto podemos retomar también las adversidades que el trabajador de salud mental afronta de la mejor manera para sacar adelante su labor. El compromiso es evidente, sin embargo es agotador estar todo el tiempo lidiando con problemas como la falta de respuesta y apoyo de parte de los gobiernos, vicisitudes en la comunidad; restricciones de recursos, ausencia

40 Notas del XI Encuentro, 2013.

41 Notas del IX Encuentro, 2011.

de marcos que amparen e impriman continuidad al trabajo, y la labor muchas veces aislada y poco reconocida. Es comprensible la sobrecarga emocional que recae en los trabajadores de salud mental comunitaria.

A fin de mejorar el abordaje en salud mental comunitaria, los participantes señalan que contar

con un espacio para compartir sus vivencias respecto al trabajo les es signif icativo porque se sien- ten escuchados, sostenidos emocionalmente y retroalimentan sus experiencias. Señalan que los Encuentros cumplen esa función, y los perciben como una experiencia muy satisfactoria. El cuidado emocional de los trabajadores de salud mental comunitaria y los equipos es un deber de las institu- ciones públicas como privadas.

Logros.

Identi f icamos muchos logros en el trabajo que realizan los participantes a los Encuentros.

En relación a la comunidad.

Los trabajadores de salud mental comunitaria generan un impacto positivo en las comunidades al reconocer sus agencias, conocimientos y rol activo. Les devuelven una imagen revalorada de sí mismas. Las poblaciones pueden sentirse reconocidas y alentadas a seguir desarrollándose desde sus capacidades. Asimismo, es un logro la relación de con f ianza que se establece con la comunidad. Esto es valioso porque se transforma la percepción negativa tanto de la comunidad como de los tra- bajadores comunitarios. Se tiene así un precedente positivo sobre el cual se pueden realizar nuevas intervenciones.

Otro logro de la labor comunitaria es que favorece una relación entre pares: comunidad e insti- tución. En ese sentido, la comunidad vive una relación distinta a las jerarquías sociales de supuesta superioridad –por lugar de procedencia, institución, profesiones, etc. Asimismo, se contribuye a cam- biar las relaciones de poder que generan desigualdad al interior de las comunidades. La comunidad desarrolla una experiencia de relaciones equitativas, de respeto y consideración, y se conectan es- fuerzos entre los mismos pobladores, integrándolos no sólo a nivel social sino también emocional. Así el trabajo en salud mental comunitaria contribuye a las transformaciones en las condiciones de vida y fortalecimiento de las relaciones comunitarias. Al reforzarse las redes de soporte social y emo- cional, cuentan con un recurso central para el bienestar de la comunidad.

En relación a la sociedad.

El trabajo comunitario tiene un impacto en las personas, grupos y comunidades, pero también

es importante el trabajo activo a nivel de la sociedad. Los trabajadores de salud mental comunitaria

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Miradas y diálogos que nos transforman

SALUD MENTAL COMUNITARIA:

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ayudan a articular el tejido social fragmentado. Establecen puentes entre instituciones y comunida- des; y entre diversos organismos sean públicos y privados.

Desde el quehacer comunitario se establecen redes de trabajo que favorecen el intercambio de experiencias, la incidencia pública y el apoyo mutuo entre las instituciones. También permite la integración de propuestas y acciones, así como generar un enfoque compartido. Son espacios de la sociedad civil que se desarrollan en base a objetivos comunes, compartiéndose recursos e insumos para mejorar la labor. Un logro de un proceso de años del trabajo en salud mental comunitaria es que se ha podido reconocer la importancia de la salud mental y salud mental comunitaria. Es un tema que se ha ido posicionando en la agenda social y política del país (Velázquez, Cueto, Rivera, & Moro- te, 2011). Existen políticas públicas al respecto que dan cuenta del trabajo realizado. Son esfuerzos de décadas de muchos trabajadores de salud mental e instituciones. Por otro lado, los participantes observan que para concretar mayores cambios en las condiciones de vida de las poblaciones, se requiere de mayor institucionalidad así como del rol político del trabajador.

En relación al mundo laboral.

La mayoría de participantes tiene muchos conocimientos y experiencia logrados en su trabajo con diversas poblaciones. Han desarrollado estrategias de trabajo efectivas, habiendo contribuido

a resolver con flictos y afrontar di ficultades en su trabajo con comunidades. No obstante, hace falta sistematizar estos aprendizajes.

Los participantes mencionaron que el trabajo con comunidades es realizado tanto por profe- sionales de diversos campos, como por promotores y otros miembros de la comunidad. Se busca trabajar en equipo, lo cual es un logro, al trascender la “hiper-especialización” que fragmenta, y más bien fomentar la complementariedad.

En relación al trabajador de salud mental comunitaria.

La labor comunitaria fortalece a los trabajadores. Encuentran una pasión en su trabajo, así como un vínculo constructivo con la población que contribuye a su crecimiento profesional y personal. Las historias de resiliencia de las poblaciones para afrontar dif icultades son una inspiración. La mirada de la población le brinda el sentido humano a la labor de servicio y fortalece su sentido de propósito

o trascendencia.

Asimismo, encontramos en los participantes de los Encuentros discursos que hacen alusión al compromiso y amor por lo que hacen. A partir de todo lo descrito en este capítulo, apreciamos una

característica resiliente en los trabajadores de salud mental comunitaria 42 . Por un lado, no decaen frente a las adversidades que afrontan, y por otro lado despliegan una serie de capacidades para continuar en su trabajo y crecer personalmente. Entre sus recursos destacan su capacidad creativa, perseverancia, flexibilidad, autonomía, proactividad, así como su empatía. Asimismo, las experien- cias de trabajo les permiten tener una cercanía con las diversas realidades del país, y amplían su mirada sobre los fenómenos sociales logrando aproximarse con mayor empatía y destreza.

Camino recorrido y recomendaciones

En esta fría tierra siembro quinua de cien colores, de cien clases, de semilla poderosa. Los cien colores son también mi alma, mis infaltables ojos .

Arguedas, 1966 43

Reconocemos el aporte de las diferencias como un aspecto central en la construcción de una propuesta conjunta de salud mental comunitaria. Está hecha juntando los esfuerzos múltiples y de larga data de tantos trabajadores de salud mental comunitaria. Es así que un modelo “arco iris” de salud mental comunitaria está formándose. Con éste nos referimos a la posibilidad de convivencia, a través del diálogo, entre las diferentes maneras de hacer salud mental comuni- taria, constituyendo una totalidad. Esto quiere decir que al reunirse las experiencias no se des- dibujan entre sí, sino que cada particularidad suma 44 . La capacidad de incluir lo distinto, que responde a cada contexto y situación, contribuye a mejorar las propuestas. El trabajador de sa- lud mental comunitaria sabe que en su trabajo congrega, mirando a los ojos y poniéndose en el lugar del otro, generando procesos de comunicación y fortalecimiento de capacidades. Por otro lado, la imagen de arco iris como puente también nos remite a la posibilidad de unir y conectar escenarios que se sentían lejanos.

Pero todavía hay mucho que hacer. A través de los Encuentros hemos apreciado los deseos de unir esfuerzos, el despliegue de capacidades, estrategias y logros obtenidos, pero también di ficul-

42 Esta a f irmación se relaciona a lo encontrado por una investigación con organizaciones comunitarias que trabajan en base a

metodologías artísticas en contextos de vulnerabilidad psicosocial de Lima (Retiz, 2016).

43 Fragmento de poema “Llamado a algunos doctores”, En: Katatay y otros poemas (1972).

44 Una experiencia que ejempli fica esto es lo alcanzado en la gastronomía peruana en los últimos años.

Miradas y diálogos que nos transforman

SALUD MENTAL COMUNITARIA:

Grupo de Trabajo de Salud Mental Comunitaria y URSpsi

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tades de integración, que pueden llevar a un trabajo aislado y solitario. Todo esto se observa en las relaciones entre las instituciones, al interior de éstas, entre profesionales y equipos, entre diferentes visiones y metodologías, y al interior de los mismos trabajadores. Advertimos la necesidad urgente de mayores conexiones y vínculos en el trabajo en salud mental comunitaria. A partir de esta cons- tatación señalamos algunas recomendaciones:

En relación a las instituciones, es importante que funcionen como organizaciones “saludables” con buenos niveles de comunicación, trabajo en equipo, con enfoque sistémico y diversas líneas de acción que actúen de manera sinérgica, con continuidad en las propuestas y cuidando a sus trabaja- dores. Urge que la psicología organizacional se vincule con el trabajo comunitario para que las insti- tuciones públicas y privadas cuenten con las mejores condiciones para realizar su labor de servicio.

Para posibilitar el trabajo interconectado, también es importante que se haga realidad el trabajo interdisciplinario y la cooperación entre las instituciones públicas y privadas. Para ello, se requiere desarrollar estrategias y metodologías especí f icas que lo permitan y trascender los conf lictos trata- dos en este capítulo.

A f in de tener un impacto mayor a nivel macro, sería importante apostar por el fortalecimiento del trabajo en redes donde todas las regiones estén representadas; promover que el trabajo en salud mental comunitaria pueda ser un eje transversal de las intervenciones y proyectos a realizar; así como que los trabajadores se articulen en torno a una institución que los represente. Por ejemplo, contar con una asociación de salud mental comunitaria a nivel nacional, que incluya las redes por re- giones y también las instituciones relacionadas. Asumir el rol político de la salud mental comunitaria.

Existen expectativas respecto a que la academia pueda contribuir a profundizar en la investiga- ción sobre las características positivas de los trabajadores de salud mental comunitaria, así como ayudar a que los mismos trabajadores puedan sistematizar sus estrategias y métodos de trabajo. Es importante recoger y articular las diferentes prácticas y avanzar sobre lo que funciona, apoyar su continuidad y que puedan ser acogidas por las instituciones públicas. Se sugiere también con- tribuir a que se establezcan pautas para promover el trabajo integrado entre los diferentes niveles de intervención. En cuanto a la formación, la academia puede fortalecer a los promotores comuni- tarios como formadores de estudiantes y de otros promotores. Asimismo, incluir en la formación de estudiantes la realización de proyectos en salud mental comunitaria, que se realicen trabajando en equipos interdisciplinarios e inter-sectoriales.

Los trabajadores de salud mental plantean que si el trabajo comunitario promueve redes de so- porte social y emocional, también los equipos e instituciones pueden funcionar así para mejorar su trabajo y bienestar. Asimismo, es importante que los trabajadores puedan tener espacios para inte- grar sus vivencias y de esta manera las puedan procesar. Si el trabajador está conectado con lo que

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vive, siente y piensa, su capacidad de integración se potenciará. Recomendaciones más especí f icas se realizarán al respecto en el siguiente capítulo.

Es crucial también que se reconozca la labor de los trabajadores de salud mental comunitaria. Visibilizar los diferentes niveles de su trabajo y el esfuerzo que implica llevarlo a cabo. Esta es una tarea tanto de las instituciones públicas y privadas como de la sociedad civil y las universidades.

Finalmente, se recomienda seguir desarrollando este modelo “arco iris”, a partir de la re f lexión y el intercambio, en los siguientes encuentros de discusión sobre clínica comunitaria. El arco iris llega después de la lluvia. Puede parecer un ideal, pero aparece por momentos. Los Encuentros han sido una muestra de ello.

Miradas y diálogos que nos transforman

SALUD MENTAL COMUNITARIA:

Grupo de Trabajo de Salud Mental Comunitaria y URSpsi

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Miradas y diálogos que nos transforman

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Nélida Baca Soto Psicóloga comunitaria de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, con estudios de Maestría en Salud Mental en Poblaciones por la Universidad Peruana Cayetano Heredia. Ha trabajado en programas de reparación en salud mental con comunidades afectadas por el con f licto armado interno de Ayacucho, en violencia escolar, violencia de género y niñez desde la Asociación Paz y Esperanza. Ha participado y coordinado redes y colectivos de salud mental en Lima y Ayacucho como la Red de Salud Mental de Ayacucho y el Grupo de Trabajo de Salud Mental de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos. Ha sido docente de Diplomados de Posgrado de la Maestria de Psicología Comunitaria de la PUCP con el Ministerio de Educacion y de Programas en las regiones del Perú. Es consultora en temas de violencia, salud mental, género y niñez.

nelidarb@yahoo.es

Elena C. Peña Romero Psicóloga clínica y comunitaria, Maestrista en Estudios de Género, Diplomada en derechos humanos y salud mental comunitaria, y participante en talleres de danza y artes expresivas. Con experiencia en proyectos de salud mental comunitaria en contextos post con f licto (Wiñastin Ayacucho), atención en desastres (UNFPA) y con f lictos socioambientales (GTSM). Fue miembro y co-coordinadora de la Red de Salud Mental y del Movimiento de Derechos Humanos de Ayacucho. Es miembro del Grupo de Trabajo de Salud Mental de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos. Trabaja en el Programa Nacional Contra la Violencia Familiar y Sexual -MIMP.

elenanueve2@gmail.com

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CAPÍTULO CUATRO

EL AUTOCUIDADO Y CUIDADO DE LOS EQUIPOS

Miradas y diálogos que nos transforman

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Grupo de Trabajo de Salud Mental Comunitaria y URSpsi 72 XI Encuentro. Ponente: Tesania Velázquez 73

XI Encuentro. Ponente: Tesania Velázquez

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EL AUTOCUIDADO Y CUIDADO DE LOS EQUIPOS*

Nélida Baca y Elena Peña

Curaré tu fatiga que a veces te nubla como bala de plomo; te recrearé con la luz de las cien f lores de quinua, con la imagen de su danza al soplo de los vientos; con el pequeño corazón de la calandria en que se trata el mundo; te refrescaré con el agua limpia que canta y que yo arranco de la pared de los abismos que tiemplan con su sombra a nuestras criaturas

Arguedas, 1966 45

E n este capítulo desarrollaremos el tema del Autocuidado y Cuidado de los equipos desde la

perspectiva de la salud mental comunitaria, la cual maneja algunos enfoques, como veremos

más adelante, que marcan la labor de los trabajadores o profesionales que promueven el bien-

estar psicosocial de las personas.

En todos los Encuentros de discusión sobre clínica comunitaria, las y los participantes plantearon la importancia de cuidar de sí mismas, de ser escuchadas y de compartir cómo se sienten en sus organiza- ciones y en la labor que realizan. En los pequeños grupos de diálogo se trataron diversos temas, y aunque no se tratara específicamente el tema del autocuidado, es un tema que emergía en sus preocupaciones.

Hablar de autocuidado y cuidado de los equipos, implica volver la mirada a los que cuidan a otras personas que se encuentran en situaciones de vulnerabilidad o violencia; ya que muchas veces desa- tienden el propio cuidado de su bienestar. En ese sentido, como lo plantean Arón y Llanos (2004), es

* Agradecemos a la Lic. Olenka Retiz por su colaboración en este capítulo

45 Fragmento de poema “Llamado a algunos doctores”

Miradas y diálogos que nos transforman

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un reconocerse como profesionales y como equipo en riesgo y desarrollar estrategias que permitan amortiguar el efecto nocivo y contaminante que puede tener el trabajo cuando se acompaña a per- sonas en situaciones de vulnerabilidad.

Una aclaración importante sobre el autocuidado y cuidado de los equipos en el campo de la salud mental comunitaria, es que se diferencia de la corriente de autoayuda con una orientación individualista. Cuando hablamos del autocuidado entendemos que éste se desarrolla en varios niveles: desde el perso- nal, el cuidado mutuo en los equipos y la responsabilidad de cuidado que recae en las instituciones.

Las personas que participaron en los Encuentros, al plantear sus inquietudes sobre el enfoque

y la práctica que desarrollan, nos revelan la esencia de su trabajo con una visión y un compromiso

especi fico en su comunidad. En el cual su persona, con sus motivaciones, sentimientos y fortalezas;

son el medio fundamental para brindar la ayuda, más allá de los recursos técnicos o materiales nece- sarios. Por ello, se requiere cuidar también a los que cuidan.

Teniendo en cuenta este marco, nos encaminamos reconociendo primero la labor del profesional con enfoque comunitario; seguidamente, puntualizaremos la importancia del autocuidado y cuidado de los equipos; luego se verán los riesgos y afectaciones emocionales en los profesionales, así como las respuestas y recursos que manejan y que pueden fortalecerse. También trataremos la atención al impacto de la violencia en los profesionales, los niveles de responsabilidad en el autocuidado y, f inal- mente, plantearemos algunas conclusiones y retos que surgen de las ref lexiones de los participantes de los Encuentros.

Labor del profesional con enfoque comunitario

Quienes trabajan en salud mental con poblaciones vulnerables dan cuenta de un desarrollo del enfoque comunitario con una perspectiva intercultural y un posicionamiento político. Y nos revelan un especial involucramiento en el cual sus afectos y motivaciones personales están comprometidos en la labor que realizan. Este involucramiento es importante y positivo para el trabajo comunitario, pero también les expone a situaciones complejas o duras, que, sin algún tipo de soporte afectivo-so- cial, puede terminar afectándole en varios niveles. Por ello es importante considerar este punto al trabajar el autocuidado.

Con respecto al enfoque comunitario, a partir de lo desarrollado en los Encuentros, podemos

ver cómo las personas que trabajan con este enfoque, se posicionan con una perspectiva social

y buscan cambios que tienen que ver también con situaciones estructurales. El desarrollar esta

visión, puede llevarles a plantearse metas que están más allá de sus propias posibilidades y esto

conducir a situaciones de frustración y malestar, como se registró en uno de los Encuentros: “se

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interviene buscando la reparación, la superación de la pobreza, la exclusión social” 46 , otro partici- pante señalaba: “miedo de que mis deseos de cambiar la sociedad, se vean truncados por la reali- dad” 47 .

En relación a lo anterior, se abordó el tema de la posición política del profesional comunitario, y cómo el asumir un compromiso con las personas, considerando las situaciones sociales de desigual- dad, es importante y necesario. “Nos tenemos que involucrar, hacer ciudadanía, incidencia políti- ca” 48 . Pero también se trató sobre el riesgo de pretender solucionar todos los problemas o todas las demandas y sentirse responsable por ello, o de sobre-identi f icarse, lo cual puede llevarles a perder su rol como facilitadores de procesos. Los riesgos mencionados son fuentes del agotamiento profe- sional, que puede llevar a sentir experiencias de traumatización, parecidas a las experimentadas por las personas con las que se trabaja.

En este punto, los participantes de los Encuentros también plantearon las formas de referirse a las personas afectadas: ¿son ‘los otros’ los afectados, y ‘nosotros’ los facilitadores somos los no afec- tados? o asumimos que todos como peruanos/as fuimos afectados/as. Esto también nos muestra cuán involucrados estamos cuando trabajamos temas psicosociales, no sólo con las personas, sino con las propias problemáticas que abordamos, tanto porque formamos parte de ellas, como por el compromiso personal y político que asumimos.

Barudy (1999) plantea que el compromiso personal del profesional debe ser entendido como una implicación emocional en la que la vivencia política es una de sus fuentes principales, y es entendida como un compromiso con el otro, sobre todo si este se encuentra sometido y en condición de abuso en una relación de poder y asimetría. Este concepto nos interesa para el tema del autocuidado, en particular por la implicación emocional que signi f ica ese compromiso político y, por lo tanto, la im- portancia de reconocerlo para un mejor manejo.

Al tratar sobre las prácticas de interculturalidad, también se hizo referencia al impacto afectivo del trabajo en salud mental comunitaria, pues los participantes de los Encuentros consideran que

el aproximarnos al otro implica un afectarse a sí mismos 49 (dejarse afectar por las diferencias) y

“hacerse cargo de cómo el otro nos mira” 50 . En estas comprensiones vemos cómo la aproximación

o el encuentro con la otra persona o comunidad, implica una vivencia subjetiva que involucra,

46 Notas del X Encuentro, 2012

47 Notas del X Encuentro, 2012

48 Notas del XI Encuentro, 2013

49 Notas del X Encuentro, 2012

50 Notas del X Encuentro, 2012

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in f luyendo en la propia vivencia de los trabajadores de salud mental comunitaria; lo cual también es importante tener en cuenta cuando nos acercamos al trabajo de autocuidado y cuidado de los equipos.

Importancia de trabajar el autocuidado.

Los diálogos grupales en los Encuentros cada año abordan una temática seleccionada, y alrededor de ella se incluyen opiniones y sentires desde la experiencia laboral de sus participantes; este marco nos conecta de manera espontánea al tema del autocuidado, como algo inherente a la vivencia de los profe- sionales de ayuda. La cuestión del cuidado y autocuidado de los profesionales es un tema sensible para los participantes.

Tenemos profesionales cuya responsabilidad es contribuir en la recuperación, bienestar y desa- rrollo de las personas, particularmente de aquellas que han sufrido o sufren alguna forma de violen- cia o injusticia. Ante esto, responden no solo con sus capacidades, sino con un compromiso especial que se caracteriza por tener una opción por la justicia, una posición a favor de los usuarios. Esto es resaltado por una participante que ha observado: “Fui a un proyecto… y yo me pregunté, por qué van, qué les motiva, de dónde nace su esperanza frente a todo lo que yo veía. Hasta ahora no he encontra- do una respuesta” 51 .

Maturana (como se citó en Barudy, 1999) a firma que este compromiso está en sentido de la “emo- cionalidad del amor”, o lo que nos resume la palabra “prójimo” que en su traducción griega implica el amor a otro ser humano sin que medie algún tipo de relación, el tipo de amor que ayuda a alguien que está en problemas, y ayuda sin que importe lo que el uno piense del otro.

Pero, siendo ésta una loable labor, a los participantes de los grupos les llama la atención que no se consideren las necesidades ocasionadas por su práctica profesional. Varios de ellos advierten afectaciones emocionales en sí mismos y en algunos de sus colegas de trabajo. Motivo por el cual reiteradamente mencionan que es importante cuidar a los trabajadores que cuidan a personas y comunidades afectadas. “Es importante pensar en las personas que trabajan con la violencia, no es fácil” 52 .

Otro asunto que se expone en los Encuentros es la preocupación de que un profesional con car- gas emocionales pueda afectar también su servicio: “¿Cómo yo que estoy mal ayudo a otro?” 53 , este

51 Notas del VIII Encuentro, 2010

52 Notas del VIII Encuentro, 2010

53 Notas del IX Encuentro, 2011

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comentario alude la posibilidad de no poder dar un buen servicio o no poder darlo. En ese sentido, Barudy, (1999) a firma que hay que cuidar la persona del trabajador, pues no solo es el instrumento fundamental de los servicios de protección de las instituciones, sino que son la pieza clave para ase- gurar el éxito de dichos servicios. “Los administradores de las instituciones privadas y del Estado deben tomar conciencia sobre esto, y cuidar a los profesionales, reconociendo que es importante pensar en las personas que trabajan con la violencia, pues no es fácil” 54 . La importancia se basa en el reconocimiento del derecho a la salud mental, y en la relación que esto tiene con la calidad de los servicios, sin embargo, esto no ocurre en la mayoría de instituciones.

Concepto de cuidado de los equipos.

Para los participantes en los Encuentros, el autocuidado y cuidado de los equipos tiene que ver con la programación e implementación de acciones encaminadas a la recuperación de su salud men- tal, afectada por el contacto directo con el sufrimiento de las personas. Es una responsabilidad y compromiso con la salud del trabajador y de los equipos de trabajo.

Olabarría y Mansilla (2007), señalan el autocuidado como el conjunto de estrategias protectoras para hacerle frente al burnout. Y otros autores como De Lima y colaboradores (como se citó en Can-

tera & Cantera, 2014), incorporan el factor preventivo, para tomar las medidas necesarias y eliminar

o atenuar el impacto emocional.

El cuidado y autocuidado de los equipos incluye entonces, considerar acciones de preven- ción y protección, lo cual se hace pensando tanto en las personas facilitadoras como en la po- blacion con la que se trabaja, pues este cuidado redundará en bene f icio de todos los actores (Valz-Gen, 2015).

El cuidado puede hacerse buscando crear espacios para pensar y re f lexionar respecto al im- pacto que genera la violencia en las propias vidas y relaciones de las personas que trabajan con la salud mental, en poder entender y comprender como la violencia deja huellas no solo en la persona que la experimento sino tambien en los equipos de trabajo (Velazquez, Rivera, & Custodio,

2015).

En los Encuentros se a f irma que la responsabilidad de protección del profesional corresponde

a las instituciones, al trabajador y principalmente al Estado. Por ello al hablar del cuidado también hacemos referencia al mutuocuidado y al autocuidado.

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Considerando los riesgos en el trabajo.

Las personas participantes de los Encuentros af irman que hay una relación directa entre los te- mas de trabajo y la afectación de la salud mental. El riesgo de trabajo es la probabilidad de que uno o más factores del ámbito laboral causen daño a la integridad y salud de los trabajadores.

El análisis, evaluación y monitoreo de los factores de riesgo en la seguridad y salud de los pro- fesionales de salud mental comunitaria, son asuntos que deben revisarse de manera continua en el plan de cuidado de los equipos.

Factores de riesgo.

Las personas participantes de los Encuentros han señalado tres factores que ocasionan impactos emocionales: la exposición directa con el sufrimiento de los bene ficiarios, el sobre involucramiento personal y político del trabajador de salud mental comunitaria y las dif icultades de carácter laboral e institucional.

Exposición con el sufrimiento.

Los participantes de los Encuentros re f ieren que su práctica profesional es de alto riesgo para su salud mental, pues sus temas de trabajo están asociados a la violencia, como las agendas post con- f licto armado interno, la violencia de género, la violencia escolar, el trabajo en cárceles, la violencia hacia la niñez, la trata de personas, los derechos de comunidades campesinas y pueblos originarios, los con flictos socioambientales, falta de acceso a los derechos de las personas con discapacidad, entre otros.

En la mayoría de casos, la exposición de los profesionales al sufrimiento de personas y comunida- des es continua y el número de usuarios es alto. Además, muchos de los problemas que afrontan los usuarios son estructurales. Es así que el trabajador no solo se contacta con un sufrimiento, sino con un contexto signado por la exclusión social. Uno de los participantes nos acerca a esta experiencia:

“es di fícil la labor del psicólogo comunitario… el riesgo de identif icarse con el lado más frágil del otro, con su sufrimiento” 55 .

Según un informe sobre factores de riesgo psicosocial en Lima Metropolitana (Ministerio de Tra- bajo y Promoción del Empleo, MINTRA, 2014), el trabajador tiene determinadas características que pueden in fluir en la afectación de su salud mental, tales como sus actitudes, motivación, percepción,

55 Notas del X Encuentro, 2012

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experiencias y sus recursos personales y profesionales. Por ello, no todos los trabajadores expuestos ante un mismo riesgo, experimentarán los mismos efectos. En los relatos no encontramos referen- cias a estas infuencias. Más bien se reconoce que las tensiones laborales pueden agravar sus propios problemas personales o familiares, como fue señalado en uno de los Encuentros, trabajar estos te- mas trae muchos problemas, tantos y más de los que ya llevan consigo 56 .

El compromiso del profesional.

Este factor está ligado al anterior, lo distinguimos solo para notar las perspectivas de la exposi- ción al sufrimiento y la respuesta del profesional. Como hemos mencionado en acápites anteriores de este capítulo, el compromiso de los profesionales que cuidan de otros no solo es ético y político, sino que también involucra sentimientos como la indignación, el afecto, la esperanza, la empatía, entre otros. Este hecho debiera conllevar la implementación estrategias de cuidado para minimizar los riesgos de afectación psicológica.

En ese sentido, el profesional deberá considerar el ref lexionar sobre sus propias ideas y posicio- nes personales o políticas respecto a las necesidades y demandas de los usuarios. Quizás esté en con flicto con ellas, pero debería estar preparado o dispuesto a entender los principios que sustentan los derechos de las personas y apoyar a su recuperación. De modo que esta toma de conciencia implica no perder de vista el propósito de su servicio de apoyo y acompañamiento a personas y comunidades para el reencuentro con su bienestar. El principio de no dañar no debe perderse en el camino, como fue señalado en los Encuentros:

Respecto el tema de inclusión y equidad siempre es bueno empezar a vernos nosotros mis- mos en nuestras relaciones interpersonales, ya que muchas veces incluso nosotros mismos traemos dentro el trato diferenciado 57

Poner atención a la protección del trabajador, para que su compromiso no se convierta en sobreinvolucramiento, es tan importante como apoyarle para que esté atento y no afecte a las personas que atiende por sus propias posiciones.

Di f icultades laborales e institucionales.

Los profesionales de salud mental a firman que las inadecuadas condiciones laborales también son factores de riesgo para la salud mental (Palmer, Gómez, Cabrera, Prince, & Searcy, 2005). Entre

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los problemas que exponen tenemos: la escasez de recursos humanos, materiales o técnicos para hacer un buen trabajo; el incumplimiento de los derechos laborales como el reconocimiento de li- cencias, respeto a las ocho horas, sueldos justos, seguro de salud y estabilidad laboral; así mismo la atención al clima organizacional, la gestión de con f lictos, el trabajo en equipo y la recuperación de la misión institucional sobre el servicio a las personas, entre otros temas. Las afectaciones por estos problemas deben resolverse en el marco de los derechos laborales, la gestión organizacional, el cli- ma laboral y, de ser necesario, con programas de apoyo emocional.

Los problemas laborales e institucionales perjudican la salud emocional del trabajador y la cali- dad de su servicio: “No se tiene cuidado de cuidar a los trabajadores para que den un mejor servicio. Los tratan mal en su centro de trabajo, luego ellos tratan mal a los clientes y los clientes a ellos” 58 .

Así mismo, los profesionales de distintas regiones del país participantes en los Encuentros men- cionan particularidades y di f icultades en el trabajo de algunos de ellos. Sueldos más bajos, trabajo en zonas de di f ícil acceso, de riesgo, en contextos de inseguridad, con f licto, o vulnerables a los efectos climáticos: “Al estar en provincia, uno se siente solo, hay poco apoyo al psicólogo” 59 .

Otro de los temas que perturba la salud y el trabajo de los profesionales y que tiene que resolver el Estado y la sociedad es la corrupción, principalmente en entidades del Estado como las institucio- nes educativas, los penales, comisarías, el sistema de administración de justicia, y hasta en el sector salud, como reveló el escandaloso comportamiento de un asesor presidencial, a poco de instalarse el nuevo gobierno, pero sucede en todos los niveles y conspira contra la salud de la población en general y de los trabajadores del sector.

Afectaciones, resistencia y recursos 60 .

El propósito de esta sección es tomar nota de los procesos de afectación y resistencia de los profesionales de ayuda, y del rol relevante de sus recursos. Cuando los profesionales de salud mental hablan de su malestar psicológico utilizan frases como: estar colapsados, desbordados, cargados emocionalmente, afectados en su salud mental. Muy poco mencionan categorías diagnósticas como los síndromes de agotamiento profesional o de burnout. Por eso, hemos preferido no abordar este punto a través de esas categorías diagnósticas, en primer lugar porque los Encuentros no están di- señados como espacios de diagnóstico clínico, y en segundo lugar porque creemos que los diagnós- ticos suelen patologizar sentimientos y detenerlos en el tiempo, disocian, diferencian a la persona.

58 Notas del VIII Encuentro, 2010

59 Notas del VI Encuentro, 2008

60 Por recursos entendemos a los elementos de los que se dispone para lograr objetivos y afrontar dificultades.

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Aun pudiendo captar estados reales o incluso duraderos, los diagnósticos siguen siendo imágenes recortadas de la parte más agrietada de la vida de una persona que, sin embargo, pueden ocasionar repercusiones permanentes en su salud.

En los Encuentros, registramos entonces las a f licciones, estremecimientos, recursos y esperan- zas que los profesionales van sintiendo en su experiencia de campo. Están integradas porque así es como las relatan, y porque son procesos complejos, y tanto afectaciones como resistencias no están intactas ni estáticas, coexisten y transitan.

Afectaciones individuales.

En este punto recogemos las emociones y sentimientos que fueron mas frecuentemente alu- didos por los participantes de los Encuentros. Los relatos incluyen afectaciones por exposición al sufrimiento de los usuarios y por problemas en las condiciones laborales. Se mencionan: presión interna por hacer un buen trabajo, frustración e impotencia por no hacer más por la población y no hallar soluciones a sus diversos problemas, sobrecarga laboral, etc. Estos sentimientos se acentúan cuando los recursos son insu ficientes o cuando no saben cómo enfrentar tales situaciones. Descu- bren así que en su formación profesional no fueron preparados para trabajar en temas nuevos y con- textos socioculturales diferentes. Todo esto puede acarrear sentimientos de desánimo y pesimismo. El contacto con el sufrimiento de personas y comunidades afectadas por violencia puede provocar tristeza, desaliento y sentimiento de soledad. En algunos, incluso, llega a manifestarse una suerte de naturalización de la violencia, una indignación bloqueada, una desesperanza aprendida.

La mirada hacia sí mismos, y hacia la responsabilidad institucional, les pone en una situación muy complicada y lo ref lejan con palabras como: “Atrapados en el día a día… no hay espacios para la re-

f lexión, el autocuidado, y dejamos que estos sucesos pasen y va dejando heridas” 61 . Se dice, también,

que frente al dolor de las víctimas, el profesional puede llegar a responder con subjetividad heroica (De la Aldea, 2004), es decir, intentar entrar en una relación de héroe salvador y víctimas, y terminar frustrándose por no lograr sus metas “… quiero cambiarlo todo y ya nada puedo hacer” 62 .

También re f irieron malestares cuando la demanda excede los recursos de los profesionales: “Hay tanto por hacer que a veces uno se abruma y terminamos paralizándonos” 63 . Algunos participantes de los Encuentros sugieren prevenir la sobreidenti f icación con los sufrimientos o problemas de los usuarios. Es posible que el profesional llegue a pasar la línea, de la empatía a la de identif icación y

61 Notas del X Encuentro, 2012

62 Notas del VIII Encuentro, 2010

63 Notas del IX Encuentro, 2011

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experimentar un sufrimiento semejante al de la víctima. O puede ser que la situación del usuario le recuerde su propia historia de dolor, y sienta y actúe como si fuera la víctima. Es así que la afectación emocional no solo es por palpar el sufrimiento de las personas, sino porque, al hacerlo, ha palpado su propio dolor. Se reconoce, sin embargo, que algunos profesionales pueden ser partícipes en actos de maltrato hacia personas y comunidades vulnerables que acuden a los servicios. A pesar de ello, el deseo y compromiso por cambiar esta situación sigue presente, esto ha sido referido “Los que trabajan también son agresores, y re-victimizan cuando deberían dar protección y apoyo” 64 ,

Afectaciones grupales.

En los registros de los participantes de los Encuentros, existen, también, referencias a las sobre afectaciones grupales o institucionales. Un trabajador de un establecimiento penitenciario pudo identi ficarlo con claridad: “La violencia está totalmente naturalizada, a todo nivel… hacia las internas, inter-internas, internas-alcaidía, etc. La gente está colapsada, no se reconoce ni valora su trabajo (…) ¡Es desbordante!”

Por su parte, los profesionales que trabajan en el sistema educativo tambien lo identif ican: “la escuela no promueve la amistad y con f ianza sino las relaciones humanas están muy impregnadas de violencia entre alumnos, profesores” 65 .

Una profesional participante en los Encuentros cuenta que volvió su mirada a sus colegas y en- tendiendo que las afectaciones que sufrían eran a causa de su trabajo, se planteó una iniciativa de ayuda mutua:

Tengo la preocupación por la salud mental de los periodistas,…tengo la preocupación de ha- cer algo con los colegas, ya que la basura que tenemos que ver es algo con lo que tenemos que luchar, nos hemos tenido que hacer una coraza, desde el conf licto interno 66 .

Recursos que les fortalecen.

Hasta aquí hemos expuesto algunas de las fortalezas que los profesionales disponen ante los riesgos y afectaciones emocionales, a continuación destacamos otros recursos que también fueron mencionados en los Encuentros:

64 Notas del VIII Encuentro, 2010

65 Notas del VIII Encuentro, 2010

66 Notas del VIII Encuentro, 2010

El trabajo como experiencia transformadora.

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Este recurso requiere que el profesional se autorice a ceder, en formas de trabajo que quizás no se adecúen a determinados grupos o personas, ello puede llevarle a encontrar en su trabajo un pro- ceso transformador de personas, ideas, métodos, realidades, y de sí mismo.

El aprendizaje en la experiencia.

Cuando la frustración por no saber cómo apoyar detiene, el compromiso impulsa y se aprende mientras se ayuda.

Los resultados del trabajo.

Algo que recompensa y reanima a los profesionales es ver el impacto y los cambios logrados en las personas y comunidades, como producto de sus esfuerzos.

Activismo.

Asumen que su trabajo es una vocación por lo que es justo, y están atentos para responder a la afectación de los derechos de los usuarios desde el trabajo que realizan o participando en la mo- vilización social, redes y colectivos. “Hemos estado muchos años en este tema, siempre han sido motivos de lucha y movilizaciones en el ámbito político y público…” 67 .

Por otro lado, en gran parte de los registros de los participantes de los Encuentros no encon- tramos la existencia de problemas de salud mental, pero ciertamente son profesionales muy con- movidos. Por ello, es necesario plantear programas de cuidado y atención de la salud mental de los trabajadores de salud mental comunitaria en los que se considere el fortalecimiento de sus recursos.

Finalmente, encontramos sistemas donde la interacción obliga a encontrar equilibrios, entre carencias, afectaciones, resistencias y recursos, para funcionar y avanzar. En palabras de un par- ticipante de los Encuentros: “Pero aun así no hay que despreciar el impacto que tenemos en las personas a pesar de que pensemos que no hemos logrado hacer grandes cambios. Yo creo que sí hay un efecto” 68 .

67 Notas del IX Encuentro, 2011

68 Notas del X Encuentro, 2012

Miradas y diálogos que nos transforman

SALUD MENTAL COMUNITARIA:

Grupo de Trabajo de Salud Mental Comunitaria y URSpsi

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Reacciones ante problemas laborales.

Las grandes di ficultades en el plano laboral suscitan reacciones, pasivas en unos y asertivas en otros. Los participantes de los Encuentros no plantearon reacciones agresivas o violentas.

La pasividad es revelada por el desánimo, por una visión concentrada en los obstáculos y las carencias. Sin embargo, no es totalmente pasiva pues la demanda de programas de cuidado está presente, así como está presente un sentido de esperanza.

Las reacciones asertivas exponen las carencias tanto como las afectaciones pero con actitud de afronte, usan sus recursos para mejorar y avanzar. Y suelen exhortar a sus colegas, y a los mismos usuarios: “¿Qué hacemos nosotros mientras tanto (mientras llega la acción del Estado)? Hagamos algo” 69 .

El impacto de la violencia en los profesionales.

Después de habernos ocupado de las afectaciones y recursos de los profesionales de la salud mental, miramos particularmente el impacto de la violencia, tema presente en los diversos testimo- nios de los participantes. Esto debido al tipo de problemática al que están dedicados y a contextos de violencia de los que también son o han sido parte, como el conf licto armado interno en nuestro país. Considerando esto, es importante reconocer y atender el impacto que pueda tener la violencia en la subjetividad de los profesionales y en sus vínculos, donde se puede reproducir o llegar a naturalizar. “En la experiencia como terceros, la violencia también nos puede afectar a nosotros mismos…” 70 , nos decían los participantes, y por ello hacen falta espacios para procesarlo.

Los participantes de los Encuentros transmitían sus percepciones y proyectaban su propio sen- tir sobre la violencia, cuando narraban las experiencias de las poblaciones afectadas. A veces, al describir a esas personas y su problemática, se referían indistintamente a sí mismos, revelando una identificación con esas experiencias; también había una proyección de las propias vivencias en sus entornos, incluso laborales; y además, una necesidad de encontrar posibilidades y recursos al valorar la experiencia de la gente. La siguiente expresión nos muestra la identi f icación: Es importante ver lo que hacen las personas para sobrellevar la violencia, somos personas afectadas pero vamos encon- trando salidas…” 71 .

69 Notas del VI Encuentro, 2008

70 Notas del IX Encuentro, 2011

71 Notas del VIII Encuentro, 2010

85

Algunas representaciones sobre la situación de la gente eran fatalistas, proyectando el propio pesimismo, ya que las situaciones de violencia y desamparo, también son vividas por los trabajado- res. Como cuando se referían a la violencia en las cárceles: “esta gente se ve obligada a vivir en este medio, no pueden hacer nada, son impotentes” 72 .

También dan cuenta de una violencia que está “entretejida en la sociedad”, y se manif iesta en la falta de reconocimiento y respeto al otro: “todos los días hay unos medios (prensa) donde el otro pide respeto atención, y no se les da” 73 . Situaciones que viven las personas a quienes atienden, pero tam- bién ellos mismos, cuando no son escuchados en sus instituciones y se les maltrata laboralmente.

No obstante, los participantes de los Encuentros no sólo señalan los impactos de la violencia en la gente, también hablan de sus capacidades de afronte: “Hay gente que ha encontrado recursos (…) ¿qué hacen las personas y cómo aprovechar lo que las personas traen para tratar de encontrar alter- nativas a las situaciones de violencia?” 74 .

Son preguntas que podríamos hacerle a los propios trabajadores, reconociendo todo lo que vie- nen haciendo para trabajar en contextos tan duros, sin que la impotencia o el conformismo los parali- ce. En los Encuentros se han compartido experiencias muy valiosas que demuestran lo que se puede hacer para protegerse de la violencia, e incluso revertirla. “Pintarla”, por ejemplo.

En San Juan de Lurigancho, en una zona considerada violenta, se trabajó con niños, niñas y ado- lescentes pintando murales y haciendo gra f itis en las calles. Son prácticas que fortalecen a la comu- nidad y a ellos mismos; pero también podemos ver así el autocuidado, como espacios que permitan resigni ficar las experiencias y transformarlas; que potencian las capacidades y recursos que tienen los profesionales; y en los que nos fortalecemos mutuamente.

Niveles de responsabilidad en el autocuidado.

En esta seccion vamos a esbozar los niveles de responsabilidad que fueron planteadas por los participantes de los Encuentros, se propuso la responsabilidad del Estado en las politicas públicas, la responsabilidad institucional del cuidado, la responsabilidad colectiva y el mutuocuidado, y f inal- mente, la responsabilidad personal.

72 Notas del VIII Encuentro, 2010

73 Notas del VIII Encuentro, 2010

74 Notas del VIII Encuentro, 2010

Miradas y diálogos que nos transforman

SALUD MENTAL COMUNITARIA:

Grupo de Trabajo de Salud Mental Comunitaria y URSpsi

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Responsabilidad del Estado en las políticas públicas.

El Estado es el principal garante de los derechos, y como tal le corresponde aprobar, implementar

y monitorear las políticas de seguridad y salud dirigidas a la protección de los trabajadores. La Ley de Seguridad y Salud en el Trabajo es un importante avance, pero debe implementarse y difundirse, particularmente entre los trabajadores.

Por primera vez en su historia el Perú tiene una ley de seguridad y salud en el trabajo, la cual fue promulgada por el presidente Ollanta Humala en agosto del 2011 75 , y es la ley 29783, Ley de Seguridad y Salud en el Trabajo. El principio IX, Principio de Protección de la ley menciona que “Los trabajadores tienen derecho a que el Estado y los empleadores aseguren condiciones de trabajo dignas que les garanticen un estado de vida saludable, f ísica, mental y socialmente, en forma continua”. Así mismo, el principio IV, Principio de Información y Capacitación determina que los empleadores deben informar sobre los riesgos a los que se verá expuesto el trabajador. De igual modo, menciona el deber de las entidades contratantes de proporcionar a los trabajado- res los seguros obligatorios, el entrenamiento y equipamiento apropiado para el cumplimiento de sus funciones.

Un estudio sobre los factores de riesgo psicosocial en Lima Metropolitana (MINTRA, 2014), rea-

lizado en el 2014 menciona que los factores de riesgo psicosocial no son atendidas por las institu- ciones públicas ni privadas, pese a su reconocida importancia. Pero, como hemos visto hasta aquí,

el trabajador en salud mental considera que su bienestar psicosocial sí es una prioridad, y espera

que sea abordado como un derecho laboral por las instituciones empleadoras. Esto aun es un reto,

y se debe insistir en la exigibilidad de este derecho.

Los participantes de los Encuentros proponen que las políticas públicas sobre protección del profesional de salud mental deben complementarse con mejoras en los presupuestos que permitan contar con más profesionales de la salud mental en las regiones, capacitaciones de acuerdo a las de- mandas de los nuevos escenarios sociales, y todos los recursos materiales necesarios para la imple- mentación de las políticas. Sobre los recursos técnicos, se propone sistemas de registro, evaluación y monitoreo que se ajusten al enfoque de salud mental comunitaria. Los actuales no son considerados adecuados.

75 La ley fue promovida principalmente por el sector construcción debido a la alta incidencia de accidentes y fallecimientos en

los últimos años.

Responsabilidad institucional en el cuidado.

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Por desconocimiento de las normas, por razones administrativas, o por falta de una cultura de seguridad y salud en el trabajo, pocos son las instituciones que toman la iniciativa de cuidar a sus trabajadores, menos aún de su salud mental. En estos tiempos, se trata de una omisión inexcusable, como ha sido señalado en los Encuentros “Uno se carga emocionalmente al trabajar con ciertos te- mas y no puede haber instituciones sin nadie que se haga cargo del personal” 76 . El descuido se da tanto en el sector público como privado, pero hay instituciones donde, por las características de su servicio, el trabajador debería ser especialmente protegido.

En los Encuentros se re firieron a algunas organizaciones que implementan programas de cuida- do basados en ejercicios de relajamiento, sin que eso implique conciencia sobre la razón y necesidad de la protección. Tales iniciativas no han demostrado resultados ef icientes.

Finalmente, en la línea de la a f irmación de Barudy (1999), se recomienda que las institucio- nes despierten, promuevan, mantengan y protejan la implicación emocional, ética y política de los trabajadores, hacerlo no solo asegurará la calidad de los servicios, sino que evitará el queme 77 de los profesionales, además ellos son el instrumento fundamental de los servicios de ayuda.

Responsabilidad colectiva y el mutuocuidado.

Los Encuentros, así como otros espacios que propicien la ref lexión y el diálogo entre los profesio- nales de la salud mental, muchas veces permite reconocer lo que la nube de problemas no deja ver:

sus recursos y aportes. Una breve, pero importante experiencia de mutuocuidado, se dio a conocer en uno de los Encuentros, como fue señalado:

Vamos conociendo la mirada de cada uno y enriqueciendo nuestra propia mirada. Y vamos cambiando lo que vamos sintiendo, porque eso también marca nuestro quehacer, desde la desesperanza, la indignación, la polarización. Lo que he visto y sentido hoy es que nos hemos escuchado mucho 78 .

76 Notas del VI Encuentro, 2008

77 Esta palabra viene de la traducción de la palabra en inglés “burn out” (quemarse) o síndrome de tensión y agotamiento

profesional

78 Notas del XI Encuentro, 2013

Miradas y diálogos que nos transforman

SALUD MENTAL COMUNITARIA:

Grupo de Trabajo de Salud Mental Comunitaria y URSpsi

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El mutuocuidado se puede organizar en diversas modalidades, con pares (profesionales de la misma especialidad y experiencias de trabajo semejantes) o grupos de pares, con equipos institucionales e interinstitucionales, redes, colectivos, entre otros. Los que participan en expe- riencias de mutuocuidado tienen en común la necesidad de apoyo como la disposición de darlo, generan empatía, se permiten acercarse a diversas vivencias, a retroalimentarse, desa f iarse y aprender juntos.

Son espacios de aliento, un tiempo para hablar de uno mismo y para escuchar al colega. Se comparten frustraciones y esperanzas y la grata sensación que deja la tarea cumplida. Es com- partir experiencias en comunidad, como se dijo en otro de los Encuentros: “siempre venir a los Encuentros es un espacio inspirador, me hace encontrarme con raíces comunitarias aprendidas en el trabajo” 79 .

Responsabilidad personal.

El cuidado propio, o autocuidado, es una tarea que el propio profesional debe atender en bien de su salud, pero se puede convertir en una carga emocional, e incluso económica, si es el único que se responsabiliza de ello. Muchos participantes relataron que no tuvieron otra alternativa que hacerse cargo de sus afectaciones, usando sus propios recursos, “si yo no hubiera trabajado mis propias co- sas, no podría soportar el trabajo con los testimonios en casos de violencia” 80 .

Re f lexiones y Retos

Los Encuentros no sólo propician que los profesionales de la salud mental compartan sus expe- riencias, sino que estimulan la re f lexión, su elaboración, y plantear propuestas y retos. A partir de las re f lexiones de los participantes en los Encuentros, y nuestro propio análisis, hacemos este ejercicio que nos lleva a ciertas conclusiones, que presentamos a modo de re f lexiones y retos:

Importancia de reconocerse como personas con sus propias necesidades de salud mental.

Muchas veces es di f ícil identi f icar esto, ya que el profesional comunitario está enfocado en sus tareas y no cuenta con los espacios para ello. Sin embargo, en los Encuentros se pudo valorar que la

79 Notas del XI Encuentro, 2013

80 Notas del VIII Encuentro, 2010

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salud mental está en la sociedad, en los profesionales y en las personas que buscan atención especia- lizada: en todos nosotros se encuentra activo el continuo salud y enfermedad 81 . Este reconocimiento implica conocer las propias motivaciones y las emociones que se movilizan en el trabajo comunita- rio. Los participantes de los Encuentros reconocieron que la violencia no solo proviene de afuera, sino que también se puede dar contra uno mismo, cuando se desatienden el cuidado, o cuando no se toma precaucion por la propia salud 82 .

Mayor atención al tema de la violencia en nuestras vidas.

La violencia en nuestro contexto es fuerte, se da en diversos niveles y sobre todo el trabajador de salud mental se encuentra expuesto. Por ello es necesario reconocer cómo la violencia nos afecta

y hacer algo para enfrentarlo. Este reconocimiento nos ayudará a evitar reproducir esa violencia en

nuestro entorno, incluso en nuestro trabajo comunitario. Es importante ver cómo nos toca la violen- cia, como está presente en cada uno de nosotros; confrontarse uno mismo para evitar devolver la agresión cuando se trabaja con estos casos.

Se plantea el reto respecto a qué hacer con lo que uno tiene, o con la violencia que tenemos alrededor. Se vive una violencia en las instituciones, pero podemos trabajar para que éstas se con- viertan en espacios de transformación de nuestros modos de relación, de tratarnos mutuamente.

Reconocimiento y valoración del trabajo y los aprendizajes realizados.

Muchas veces hay una sobre exigencia que no permite reconocer el trabajo y el compromiso

que asumimos, y sentimos malestar y frustración. Es importante valorar nuestros recursos, y re-

f lexionar sobre cómo enfrentamos las situaciones que vivimos, en ese sentido los participantes de los Encuentros plantearon que debemos preguntarnos con qué recursos contamos nosotros y cómo encaminamos nuestras experiencias que vivimos día a día.

Los trabajadores hacen uso de su creatividad y varios otros recursos para desarrollar su labor en medio de limitaciones, y son conscientes que tienen que aprender a identi f icar y reconocer los recursos de la población para su propia recuperación, para no caer en actitudes de sobre-protección

o de omnipotencia. La experiencia de la gente enriquece la experiencia de los profesionales, en los Encuentros se resaltó que el trabajo permite ver cómo vamos transformándonos, y cómo los otros también se transforman 83 .

81 Notas del VI Encuentro, 2008

82 Notas del VIII Encuentro, 2010

83 Notas del IX Encuentro, 2011

Miradas y diálogos que nos transforman

SALUD MENTAL COMUNITARIA:

Grupo de Trabajo de Salud Mental Comunitaria y URSpsi

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Capacidad de transformar afectaciones en fortalezas.

Reconocemos la complejidad de los procesos subjetivos de los profesionales en los contextos que trabajan. Manifestaron los impactos de las problemáticas, del contacto con el sufrimiento, de la violencia impregnada en muchos niveles; pero hemos visto que junto con ello, coexisten la fuerza del trabajador, su compromiso y su esperanza en seguir trabajando por cambiar las condiciones de salud mental en nuestra población. Todo lo cual también le ha permitido con sus propias estrategias protegerse, cuidar de sí y de los otros.

Necesidad de fortalecer el soporte institucional.

Hay que sensibilizar más a las autoridades y organizaciones respecto al autocuidado y a la atención a las personas, más allá de una mera aplicación de técnicas, acciones o protocolos. Que las acciones que se plantean para mejorar el trabajo y las acciones de autocuidado, sean pensadas desde las experiencias de los equipos, para que sean útiles y tengan sentido. Los participantes de los Encuentros señalaron que hace falta fortalecer las políticas de cuidado del personal. En el sector público, indicaron que por la verti- calidad en las políticas y decisiones, no son escuchados. Manifiestan que opinan, aportan, pero no se les toma en cuenta. Esto afecta al personal, pues se siente frustrado, y repercute en la calidad de su servicio.

Incorporación del autocuidado en las políticas públicas.

El Estado debe brindar mayor atención a la protección de los trabajadores de salud mental, a través de leyes y otras políticas laborales que incluyan, en las condiciones de trabajo, el enfoque de autocuidado. Los participantes de los Encuentros plantearon con mucho énfasis que se hace esperar una ley que proteja también a los profesionales y que vaya en línea con la necesidad de una ley de salud mental para el trabajo en salud mental comunitaria 84 .

Espacios de acompañamiento y mutuo cuidado como soporte y oportunidad de creci- miento.

La discusión desarrollada en los Encuentros ha mostrado la importancia del trabajo de acompa- ñamiento y apoyo mutuo para el fortalecimiento y promoción del profesional comunitario. En la di- námica de los Encuentros se desarrollaron y pusieron en práctica los fines del autocuidado y cuidado mutuo. Se motivó el fortalecimiento personal y grupal, promoviendo un sentido de comunidad que permitió elaborar las experiencias con los aportes de todos; y se ampliaron perspectivas asumiendo mensajes o retos para mejorar en el ámbito de sus trabajos.

84 Notas del VI Encuentro, AÑO

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Una participante señalaba sobre estos espacios: “un espacio para pensar y no seguir en este rit- mo en el que todo va rápido y en el que casi nunca tenemos tiempo para pensar y menos para conec- tar con nosotros mismos o los otros” 85 .

Es indudable que la promoción y desarrollo del personal comunitario, sería más factible si con- tarán periódicamente con estos espacios de encuentro, de diálogo y cuidado mutuo; a nivel de las organizaciones, y en encuentros o colectivos interinstitucionales que fortalecen y enriquecen tanto.

85 Notas del X Encuentro, AÑO

Miradas y diálogos que nos transforman

SALUD MENTAL COMUNITARIA:

Grupo de Trabajo de Salud Mental Comunitaria y URSpsi

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Miradas y diálogos que nos transforman

SALUD MENTAL COMUNITARIA:

Grupo de Trabajo de Salud Mental Comunitaria y URSpsi

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Miryam Rivera Holguín

Docente del Departamento de Psicología de

la Ponti f icia Universidad Católica del Perú y

de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Directora de la Maestría en Psicología Comunitaria y Coordinadora del Grupo de Investigación en Psicología Comunitaria de la Ponti f icia Universidad Católica del Perú. Ha sido Coordinadora de salud mental de

la Comisión de la Verdad y Reconciliación

en Ayacucho, Asesora de salud mental comunitaria del Proyecto AMARES (Unión Europea y Ministerio de Salud). Ha sido miembro fundador de la Red de Salud Mental de Ayacucho, del Grupo de Trabajo de Salud Mental de la Coordinadora

Nacional de Derechos Humanos, y de la Red

Latinoamericana de Formación en Psicología Comunitaria. Ha obtenido el Premio Anual de Psicología

y Desastres otorgado por el Colegio de

Psicólogos del Perú. Ha sido Perito ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos de San Jose de Costa Rica. Es consultora internacional en temas de violencia, salud mental, derechos humanos y emergencias humanitarias.

mriverah@pucp.pe

Tesania Velazquez Castro Directora de la Dirección Acádemica de Responsabilidad Social y Docente del Departamento de Psicología de la Ponti f icia Universidad Católica del Perú. Magister en Evaluacion Psicologica y forense por la Universidad de Salamanca de España. Coordinadora del Grupo de Investigación en Psicología Forense y Penitenciaria. Miembro del Comite Asesor de la Maestria en Psicología Comunitaria de la PUCP. Miembro del Grupo de Trabajo de Salud Mental de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, miembro fundador y Ex-Directora de la Red Latinoamericana de Formacion en Psicología Comunitaria. Ha obtenido el Premio Anual de Psicología Comunitaria y el Premio Anual de Psicología Peniteniciaria otorgado por el Colegio de Psicólogos del Perú. Experta en temas de género, violencia, salud mental comunitaria y desastres.

tvelazq@pucp.pe

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CAPÍTULO CINCO

MODELO DE SALUD MENTAL COMUNITARIA

Miradas y diálogos que nos transforman

SALUD MENTAL COMUNITARIA:

Grupo de Trabajo de Salud Mental Comunitaria y URSpsi

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Grupo de Trabajo de Salud Mental Comunitaria y URSpsi 96 XI Encuentro. Ponentes y participantes de

XI Encuentro. Ponentes y participantes de Ayacucho: Edith del Pino, Maritza Rodriguez, Elia flor Cazorla, Leonel Cohaila, Karina Barrientos, Lucinda Muñoz

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MODELO DE SALUD MENTAL COMUNITARIA

Miryam Rivera Holguín y Tesania Velázquez

Colaboradora: Elba Custodio

E l Plan Regional de Salud Mental 2015 -2020 de la Organización Panamericana de la Salud (OPS, 2011) plantea que la salud mental está vinculada con la búsqueda de un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones nor-

males de la vida, trabaja de manera productiva y goza de bienestar emocional, así como de bienestar

f ísico y social. En ese sentido, la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2006) señala que la salud

mental depende de la realización de otros derechos fundamentales como son: el derecho a la salud, a la no discriminación, a la educación, el trabajo y la participación. La salud mental se sustenta en los principios de derechos humanos, equidad de género y el diálogo intercultural (OPS, 2012).

En los últimos años, en el Perú se viene ampliando la concepción de salud mental, para transi- tar de una basada solamente en la atención de la enfermedad y el malestar (enfoque asistencial), hacia una en la cual se considera el proceso salud-enfermedad en un contexto sociocultural. En ese sentido, Saforcada y Castellá (2008) plantean la necesidad de incorporar enfoques en los cuales el proceso de enfermedad se entienda como parte del ciclo vital, y que además incorpore propuestas del modelo comunitario, el cual es más ef iciente pues presta un servicio más oportuno y de amplia cobertura con la participación de los diferentes actores sociales que se encuentran involucrados (Rodríguez, 2009). Además, el Ministerio de Salud (MINSA, 2015) añade que una persona con salud mental es capaz de contribuir a su comunidad.

Desde estas de finiciones, se identi f ica que el concepto de salud mental tiene una dimensión in- dividual indesligable de una dimensión comunitaria y colectiva. De allí que la denominación “salud mental comunitaria” se utilice para evidenciar esta doble dimensión y hacer énfasis en la imposibili- dad de abordar la una sin considerar la otra (Rivera, 2010). En los últimos años se ha ido construyen- do desde la praxis un nuevo modelo de salud mental comunitaria, el cual viene siendo institucionali- zado como política pública en el Perú. Este modelo ha sido sistematizado a partir de las experiencias prácticas en diferentes regiones del país así como también con en los diálogos temáticos realizados

Miradas y diálogos que nos transforman

SALUD MENTAL COMUNITARIA:

Grupo de Trabajo de Salud Mental Comunitaria y URSpsi

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por diversos profesionales de organizaciones de la sociedad civil (Escribens, Portal, Ruiz, & Veláz- quez, 2008; Grupo de Trabajo de Salud Mental Comunitaria, GTSM, 2006; Grupo Impulsor de la Re- forma de la Salud Mental, GIR, 2011; Neira & Escribens, 2010; Pérez & Jibaja, 2009), la academia (Pezo, Velázquez, Valz-Gen, & Pareja, 2008; Rivera & Velázquez, 2015; Velázquez, 2007) y el Estado (Bazán, 2004; MINSA, 2006).

El GTSM resalta que la salud mental comunitaria consiste en la mejora de las condiciones de vida

de los miembros de una comunidad mediante actividades integradas y planif icadas de protección, promoción, prevención, atención a las necesidades en salud mental (GTSM, 2006); así como, la recu- peración y reparación de los vínculos personales, familiares y comunales dañados y quebrados por diferentes situaciones de vulneración como la pobreza, las relaciones de inequidad y dominación,

o por daños producidos por situaciones disruptivas como el con flicto armado interno o desastres (Departamento de Psicología, 2008).

La conceptualización de la salud mental comunitaria supone una forma diferente de compren- der los problemas, se trata de una mirada integral del ser humano, con énfasis en las condiciones culturales, sociales, económicas y políticas que lo constituyen. Para Pezo et al. (2008) las premisas del trabajo en salud mental comunitaria son: 1) la comunidad como sujeto de la intervención, 2) buscar la participación no sólo de los líderes sino de toda la comunidad, 3) establecer normas y acuerdos en las relaciones que se van desplegando, 4) tener conocimiento sobre el contexto so-

cial, y 5) construir vínculos de con f ianza y credibilidad con la población a través de relaciones cara

a cara, el respeto por el cumplimiento de los acuerdos, una comunicación f luida y la familiarización con el mundo local.

Entonces, el trabajo en salud mental comunitaria incluye los enfoques de derechos humanos, psicosocial, género e interculturalidad (GTSM, 2006), enfoques que implican el reconocimiento de las diferencias y el diálogo con la diversidad en un marco de respeto, inclusión, justicia y equidad.

Por lo tanto, el trabajo en salud mental comunitaria no sólo implica trabajar a través del vínculo

personal, sino también del vínculo social (Velázquez, 2007). Esta perspectiva prioriza la atención

a los signos y símbolos compartidos por un colectivo de personas que tienen similares referentes

identitarios y que son fundamentales para sustentar la acción colectiva, así como para el manteni- miento del bienestar y la salud (GTSM, 2006). Desde esta perspectiva, se pone énfasis en promover las relaciones horizontales entre las partes, se habla de intersubjetividad, conf ianza recíproca, mutuo aprendizaje, intercambio y diálogo, todo esto, basado en el respeto y reconocimiento a las diferen- cias, a los tiempos de cada actor y a los procesos de la propia comunidad (Neira & Escribens, 2010).

En ese sentido, la comunidad y el colectivo son fundamentales para el proceso de recuperación y sanación (Martín-Baró, 2000; Montero, 2010b), pues existe una dimensión psicosocial que no puede

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dejarse de lado para analizar los hechos y el impacto que genera en la vida de las personas, así tam-