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CLINICA PSICO . ITICA ,.,., CONNINOS Uvas verdes y dentera Ediciones Nueva·Visión Buenos Aires
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Debo agradecer ante todo a los niños y a sus familias por haber hecho posible este trabajo.

A Maud Mannoni, sin la cual este libro no habría existido nunca; a Fran~oise Dolto, Rosine y Robert Lefort y Solange Faladé, cuyas enseñanzas guiaron especialmente mi labor de los últimos veinte años;

a Colette Misrahi, quien tuvo a bien leer las pruebas de

este libro. Sus consejos, su rigor analítico y su afectuosidad

fueron para mí, como siempre, de una ayuda invalorable;

a Alain Vanier, con quien trabajamos juntos desde hace tanto tiempo que aún podrá reconocer en este volumen la marca de su seminario y de la camaradería que nos liga;

a Dominique y Patrick Guyomard, así como a los colegas

analistas del C.F.R.P., cuyos nombres no puedo citar ahora en su totalidad y que compartieron conmigo la aventura de crear este Centro de formación e investigaciones psicoanalí- ticas. Su participación en los grupos, seminarios y jornadas de estudios me prestaron un gran servicio a la hora de elaborar este trabajo; sin olvidar a Myriam El Hefnaoui, quien merced a su paciencia y a su amistosa complicidad pudo salir airosa en su reto con mis jeroglíficos.

Catherine Mathelin, 1994

Primera parte

LA PRIMERA E

TREVISTA

CON EL

SICOANALI TA

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¡TREINTA ANOS

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PUES!

El padre: Sin embargo la que te baña es mamá.¿Tienes miedo de que mamá te tire al agua? Hans: De que me suelte y me caiga de cabeza al agua. El padre: Sin embargo, sabes que mamá te quiere y no te soltará. Hans: Pero lo pensé.

H ERBERT GRAF, 4 años,

conocido como "el pequeño Hans".

Hace casi treinta años, Maud Mannoni publicó un libro que llevaba un prefacio de Fran~oiseDolto, La primera entrevista con el psicoanalista. 1 Ese primer encuentro con el analista produjo en el "gran público" un efecto de novedad, permitién-

dole descubrir un nuevo estilo, un nuevo enfoque del psico- análisis de niños. Un tono distinto aparecía ya en el prefacio, donde Dolto hacía hincapié en la especificidad del trabajo analítico, en la necesidad de una profilaxis mental de las relaciones familiares, y-lo cual era más revolucionario aún- en la existencia de un vínculo entre el inconsciente de los padres y el de los hijos: "El niño es quien soporta inconscien- temente el peso de las tensiones e interferencias de la "

dinámica emocional sexual inconsciente de sus padres Este vuelco en la concepción tradicional del psicoanálisis de niños se había anunciado un año antes, cuando Maud

Mannoni publicó su libro L'enfant arrieré et sa mere. 3 Por

2

1 Maud Mannoni, Le premier rendez-vous avec le psychanalyste , París,

Denoel-Gonthier, col. Médiations, 1965, prefacio de F . Dolto; reed. Gallimard, col. Tel, 1988. Hay versión castellana: La primera entrevista con el p sicoanalista, Buenos Aires, Granica editor, 1973. 2 Fran~oiseDolto, Prefacio a Maud Mannoni, Le premier rendez-vous

avec le psychanalyste, op . cit., págs. 13 y 14.

3 Maud Mannoni, L'enfant arriéré et sa mere, París, Seuil, col. Le champ freudien, 1964; reed. col. Points, 1981. Hay versión castellana: El niño retrasado y su madre, Madrid, Ediciones Fax, 1971.

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s u i11i a 11c ia , c on ind e p e nd e ncia d e lo qu e pien s en o ha g an s u s pa dr·es, los fanta s mas d el peque ño ser ían más o menos idé nticos. P a ra M . Klein, el fanta s ma se muestra cerr a do sobre sí mismo; no se cruzaría con el de ningún otro; en la m a yoría d e los casos , se habría formado precozmente , s obre la base de las diferentes introyecciones de obje tos arcaicos o parciales.

Uno de los primeros fantasmas concernientes a la sexualidad

de los p adres se instala , en mi opinión , a partir de los objetos parciales: fantasma del pene del padre penetrando en el

pecho de la madre. [

primeros fantasmas inconscientes (que en verdad no desapa- r ecen nunca ), de s us puls iones destructi vas, de s u voracidad y de su necesidad de amor exclusivo. 8

]

[El niño] sigue siendo víctima de sus

Todos los niños tendrían que vérselas con estos dramas. Señala Melanie Klein:

Considero que el análisis es útil no solamente en todos los casos de trastorno psíquico evidente o de desarrollo defectuo- so, sino también como medio de reducir las dificultades de los niños normales. 9

l\1elanie Klein mencionaba a veces los sucesos que podían perturbar la organización fantasmática del bebé, pero par a

8 M. Kle in , P sycharialyse d 'un enfa nt, t rad. fr . M. Davidovici, Pa r ís, Tchou , 1973 , págs. 115-116.

9 M. Klein, "Colloque s w· l'analyse des enfants" ( 1927), Essa ts de ps)•clia1ialyse , trad . fr . M. Derrid a , P a r ís , Payot, 1967 , pé1g. 208.

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I)uede ser, además, que no sufra siendo que a nosotros las r·c.·al1da de s de su vida nos parecen dolorosas. Aquello que lo ltlstima pertenece a otro registro. Para Dolto, el hecho hi st órico es secund ario , por más que deba ser tomado en con sideración: lo inconsciente vuelve a ocupar el frente de la escena. La historia de que se trata no tiene ya nada que ver con los hechos. ¿Cómo pudo efectuarse este deslizamiento? Maud Mannoni y Frani;oise Dolto vivieron una época ext1·ao1·dinarian1ente rica y fecunda en ideas novedosas: la del "r etorno a Freu d". Estos años, marcados primordialmen- te para ellas por el pensamiento de Jacques Lacan, se hallaban inmersos en el "baño" del significante, en la detec- ción del "deseo del Otro", en el torbellino de los grandes descubrimientos. Frani;oise Dolto se había analizado con Laforgue, quien ya en 1940 había hablado de n eurosis fa miliar. A instancia s de ella, Maud Mannoni (a la sazón miembro ya dela I.P .A. ) se analizóconJacques Lacan , autor, en 1938, del artículo sobre "La famille"; 11 y realizó también un trabajo de contr ol con Winnicott, afanoso, como sabemos, de comprender al niño "con" los padres.

1 °F . Dolto, L a difficulté de uivre, Par ís, Inter-Éditions, 1982 , pág. 11 .

11 J. Lacan, Les complexes familiaux dans la formation de l'indiuidu

(1938) , París , 1984, ed. Navarin.

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• Mayo de 1964: Maud Manno11i l)L1blic,1/~/1 11 1icJ 1·c· t 1 ·r 1 ."l<tclc;

y su madre. Las ideas que aquí expone prod11 ce 11 e l <:\ft'<'L<> <1< 1 un escándalo.

La r elación madre-hijo no se establecerá sino a través ele u11 prisma deforrnante. El niño ignora que está llamado a desempeñar cierto papel para satisfacer el anhelo incons-

ciente materno (

). Sin saberlo, ha sido en cierto modo

raptado por el deseo de la madre. 12

La opinión pública se indigna: en efecto, es más fácil creer en la posibilidad de rectificar una educación y de aplicar recetas -incluso fabricadas sobre la base de la teoría psicoa- nalítica-, que pensar que los niños pueden llegar a enfermar por algo sobre lo cual carecemos de todo influjo, algo miste- rioso y aterrador que nos desborda: lo inconsciente.

1965:Maud Mannoni publica La primera entrevista con

el psicoanalista, prologado por Fran~oise Dolto. Diferentes ejemplos clínicos subrayan las características absolutamen- te singulares del encuentro con el psicoanalista. Momento privilegiado, "mágico", no semejante a ningún otro; instante en que pueden caer las máscaras, en que puede surgir una verdad. La entrevista con el psicoanalista es un encuentro con la propia mentira a través del otro. 13 Ni médico, ni psicólogo, ni reeducador, el analista está

12 M. Mannoni, L'enfant arriéré et sa mere, op. cit ., pág. 87. 13 M. Mannoni, Le premier rendez-vous auec le psychanalyste, op. cit.,

págs. 161-163.

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\ 1 ::-1l ij~ts" d e lo s padres. Que pueda seguir creciendo en su 1>r <>J)lo ca111ino, en el "genio de su sexo", corno dijo Franvoise 1>c>llo. El niño es sensible a todo aquello que no se dice. El s 111to1na del niño es la mentira de los padres. E11 el prefacio, permanentemente atento al respeto que dcbe1nos al niño, pero también a sus progenitores, Fran9oise Dolio señala:

Es posible que (los padres) se sientan culpables cuando en

r ealidad también ellos son tan sólo responsables ocasionales, como puede provocar accidentes el conducto1· de un vehículo que ha perdido el control a causa de un pinchazo o de un choque. ''Los padres comieron uvas verdes y los que se

arruinaron los dientes fueron sus

hijos." 15 *

14 I d., i bid. [Este subtítulo no figura en

la 1'.]

la edición castellana. N. de

l 11 Dolto, Prefacio a M. Mannoni, Le premier reridez -uous auec le

p s;•clia 1ialys te , op. cit., págs. 36-37. Proverbio bíblico

cuyo comentario se

lec en el libro de Ezequiel (18[2]). :t. I-Iemos transcripto, como en las demás citas de este libro de Maud !vlar1noni, la versión castellana citada en nota anterior. Cabe aclarar que l él frase es, en francés, la siguiente: "Les parents ont mangé des raisins

i•r.rl s et les enfants en eurent les dent agacées." Ahora bien, el texto francés

est á rnás próximo al versículo citado de la Sagrada Biblia (véase n. 15 J)rcc.:cdcnte), versión Nácar-Colunga: "Los padres comieron los agraces,

y los die ntes de los hijos s ufren la de11tera". Anotamos lo siguiente: a) "agr~tz''es uva todavía no e11 sazón, uva verde; b) auoir les dents agacées sig 11 iíi ca, r10 "a rruinar s e l os dientes" , sino "dar dentera"; e) el sentido ¡>r< •c i s<> <le "d e nte r a" es, conforme el Diccionario de la Real Academia l'~ ¡>:i i1<> l<l : "St 'n s a c ión de s agradable que se experimenta en los dientes y t•11cía~ <ll c<> n1 e r s u s tanc i a s agrias o acerbas, oír ciertos ruidos desapa-

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Como indica Freud en "el pequeño Han s ,,, la posici611 ele! l:t madre no es fácil. Ella no aparece sino co1no la figurtl cl tl l destino. Devolver al niño su creatividad, su libertad de pensa1· y crecer, situar a los padres de otro modo que como culpables, ¿no constituye una preocupación ética? No olvidemos que Franyoise Dolto concluye el prefacio al libro de Maud Man- noni proponiendo por vez primera una referencia a la Decla- ración de los Derechos del Niño.

1967: En el mismo año en que publica su libro El niño,

su "enfermead" y los otros [L'enfant, sa ''maladie" et les

autres], Maud Mannoni organiza en París unas jornadas de estudio sobre psicosis infantiles. En su transcurso se lee un texto enviado por Winnicott. J acques Lacan participa en estas jornadas. Han sido invitados el doctor Ronald Laing y los antipsiquiatras, y Fran9oise Dolto presenta por primera vez "el caso Dominique''. Las jornadas han sido un acon- tecimiento y definen con más precisión aún la novísima orientación dada hace poco al análisis con niños. 17 A partir de esta fecha, no se podrá considerar al pequeño con total independencia de su familia. El análisis de niños no podrá ser tenido ya por un "arte menor", ni la psicosis infantil por una contraindicación al tratamiento psicoanalítico.

cibles, tocar determinados cuerpos y aun con sólo el recuerdo de estas cosas ". El s ubtítulo del presente libro justifica, a nuestro entendor , Jo prolongado de esta aclaración. [N. de la T.]

16 Id., ibid. , pág. 37.

17 Estos textos fueron recogidos en el volumen Enfance aliériée, I>arís, Denoel, col. L'Espace analytique, 1984.

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s 111t(.)111,1s.

"'~'l>ptiembre de 1969: Maud Mannoni, con el apoyo de ,J ¡1cqt1cs Lacan y de Rob e rt Lefort, crea la Escuela exp eri - 111cntal de Bonneuil-sur-Marne. Estas nuevas ideas que parecen hacer eco a los fragor es de 111ayo del 68, h acen sacudir los sillones en los que se habían instalado confortable n1ente los analistas de la é poca. De aquí en más, nada será como antes: los padres se interrogarán de otra manera, los pediatras escucharán a los niños con otros oídos, los trabajadores sociales cuestionarán la readaptación, los reeducadores la reeducación. Los analis- tas, obligados a interpelar de otro modo al psicoanálisis, deberán replantear la cuestión de la demanda, y también la del sufri miento del niñ o. Del lado de los profesionales de la infancia, el mensaje fue escuchado. Pero de eso hace treinta años. Y del mismo modo en que cada vez que algo se mueve, en que cada vez que el inconsciente se entreabre, surge de inmediato, para oponer- se, un movimiento inverso. Nuevamente se persigue el "confort" a cualquier precio, es d ecir, al precio del evita- n1iento del psicoanálisis. El proceso, el mismo una y otra vez, consiste en ''tragar" y de preferencia "digerir" el monstruo molesto:no rechazándo- lo -con lo que podría fortalecerse dema siado-, sino , mejor, anexándolo en sil encio, adueñándose de él, apropiándoselo.

*Juego de palabras entre choses tues, "cosas calladas" y choses tuées, "cosas a las que se ha n1atado o dado muerte, cosas muertas". [N. de la T.]

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t!l Recorden1os que, en Bonneuil, Maud Mannoni mantiene la cura psicoanalílica en el exterior de la institución, y que Fran~oise Dolto no pensaba qu e el psicoanálisis fuese posible dentro de la institución.

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de El niiío, su ''enfermedad" y los otros, afirmaba: "El psicoa-

nálisis de niños no es otra cosa que el psicoanálisis"- 22 insistía en proclamar que de ninguna manera se trataba de

~ 2 M. Mannoni, L 'e nfant, sa "maladie" et Les autres, París , Seuil, 1967 ;

rccd col. Points , 1986, pág

17.

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•L a mad1·e de Pierre. Había tomado una cita pa1~asu hijo, pero vino sola y me explicó: "Les dije a Pierre y su padre que no valía la pena que viniesen. Sé que en esta historia se trata de mí. Además, todo el mundo lo sabe: ¡cuando un niño de ocho años tiene problemas, algo debe andar fallando en la mad r e! Pi e rre siempre fue asmático, pero en estos n1omen tos se ha agravado. El síntoma es ciertamente signo de mi angustia; y ya que hablamos de signo, soy de Acuario con ascendente en Sagitario, ¡qué le parece! No es cuestión de traerlo, ¡usted me entiende!" Al1ora bien, yo sólo con1prendía una cosa: que Pierre se

cz."ifi.l;,iaba.

"Es nor111al, ironizaba la madre, i.}'o lo hice todo por él!"

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,. · 1)1111t•11 . 1\lt<)t'(\ bie11, eXÍ8Len sin duda más resistencias y, f'''r lc) t:tJlLC>, 11t1cs tro trabajo se complica más; pero en cierto 1111>clu sigL1e s iendo el mismo que hace treinta años, pues j ltSLt.t111c 11te las fa1nilias nunca encue11tran con el analista lo CJltl~ espe raban encontrar. Ojalá que lo mismo ocurra con ¿1t1,tlistas que deberán velar por mantenerse vivos y creati- vos, prontos para dejarse sorprender, enseñar, sacudir. Si la teoría analítica está presente, no está ahí sino para aco n1pañar nuestro trabaj·o; sirve de indicador , de orienta- dor, pero jamás viene a impedir el "riesgo" de un encuentro. En ningún caso permitirá adosar una respuesta o una idea p1·efabricada a la historia de un niño y de su familia. No existen dos personas iguales. Cada nuevo encuentro es una

pr·i1ne1·a vez. En la introducción a su libro La consultation

thérapeutique et l'enfant, D.W. Winnicott habló atinadamen- te del lugar de la teoría para el psicoanalista:

Mi única compañía durante la exploración de ese territorio desconocido que es un caso nuevo, es la teoría que llevo en mí, que se ha hecho parte de mismo y a la que no estoy obligado a referirme deliberadamente. 23

Al escuchar al niño, debemos "aprender". Y el único modo es admitir que no sabemos. O quizá reconocer que nuestro saber, que se ha vuelto parte de nosot1'0S mismos, no puede convertirnos en magos o en hacedores de milagros. La posición del analista debe seguir siendo humilde. La om- nipotencia será denunciada rápidamente por el niño. El

23 D.W. Winnicott, La corisuLtation thérapeutique et l 'e nfant, París,

Gallimard, 1972, pág. 8.

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interp1~eto para hacer conocer al pncic11tc l<)S l1111it0s ti<• 111i comprensión." 24 El menor patinazo impide que sea posible una pr0senc1¿1 auténtica, de creación, de palabra "plena" en el senLido e11 que la caracterizaba J acques Lacan. "La palab1·a plena es palabra que hace acto. Después de ella, uno de los sujetos ya no es el que era antes." 25 El analista, como preconizaba Freud, no tiene prejuicio ni

a priori, está disponible, abierto al otro y a lo inconsciente . Si la teoría nos guía es solamente para ayudarnos a escuchar mejor a nuestros analizantes. Cada niño tiene su propia teoría y de él la recibimos. Nada garantiza al analista en el

ejercicio del psicoanálisis. Lo inconsciente, e n su astucia, impide que se lo tome por una posada española. ¿Tememos acaso hallar en ella un vino distinto del que habíamos llevado?*

*Alusión a una célebre frase de André Maurois, Il en est de la lecture

comme des auberges espagrioles:on ny trouue que ce qu 'on) 1 apporte: "Con

la lectura es igual que con las posadas españolas: no encuentra uno en ella

sino lo que ha llevado." [N . de la T .]

24 D .W. Winnicott, Jeu et réalité . L 'espace p ote ntiel, París , N.R.F .,

1971, pág. 121, Gallimard, 1975.

25 J. Lacan, Séniinaire, livre I, Les écrits techniques de Freud, París, Seuil, col. Le champ freudien, 1975 1 págs. 125-126.

l. Feliciano y ''las mujeres sabias''

La

madre de Feliciano solicita una entrevista por consejo de

su

propia madre, psicóloga. Feliciano acaba de festejar sus

nueve años. Goza de buena salud, estudia bien en la escuela, pero su madre está muy preocupada por él.

La madre de Feliciano: Los problemas de Feliciano no son ningún misterio: ¡sabemos de qué se trata! Tiene un proble- ma de Edipo. Su padre nos dejó cuando él tenía dieciocho

meses. Desde entonces vivimos solos. Yo deposité en él todo

mi afecto. Ultimamente le cuesta mucho dejarme a la maña-

na para ir a la escuela. De noche tiene pesadillas y casi siempre d uermc en mi cama. Por más que se lo prohíba -porque sé que hay que hacerlo, duerme conmigo. También tiene jaquecas. Yo, que soy una jaquecosa, enseguida com- prendí que a lo que a él le dolía era mi cabeza. Feliciano escucha a su madre con expresión de hartazgo, bosteza. Me dirijo a él: "Feliciano, mamá dijo por qué vino a verme. ¿Tú sabes por qué estás aquí?" Feliciano: No. (Ojeada a su madre, que frunce el ceño.) Sí, lo sé. Mamá dijo que no quiero crecer, que me haría falta un homb1·e en la casa.

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< 1 1c·slé.tciio.

l Jf t 1nadr·e: ¡Exageras, F eliciano, te lo garantizo! ¡No te s i c 11tes fí sicamente bien y por eso no te gusta la gimnasia! 11,eliciano: ¡Cualquier cosa! !Ja 1nadre: ¿Y las pesadillas que te despiertan todas las 11ocl1cs? ¿Y los problen1as con tu s compañeros de escuela que r1unca quieres recibir en casa? Feliciano: Es mi vida privada; no quiero hablar de eso; ¡no Lienes por qué co ntarlo! La madre: Vinimos por eso. Aquí no hay sec reto s. ¿Te acuerdas de Ja noch e que lloraste , diciendo que t e daba n1i edo la idea de volver a ver a tu padre? ¿Te h a blé yo de tus dificultades para sentirte varón? Cuando empezaba a pensar que la n1adre había olvidado n1i presencia, se volvió hacia mí. La n2 ad 1·e: ¿C u á ndo puede recibirlo , entonces, para ha- blarle de todo esto? Su abuela y yo somos terminantes, es imprescindible una psicoterapía. Unas pocas sesiones basta- rán, seguramente. ¿Qué opina usted? E sta pregunta me dejó sin respuesta. Yo no opinaba nada, les dije a Feliciano y a su madre. Contrariamente a ella, yo no sa bía lo que era bueno para é l. No se n1e ocurría nada, exce pto el h echo de que esta madre padecía una angustia lcrribl e. Su empeño interpretativo la volvía sorda a su hijo y al mismo tiempo me había impedido escuchar a Feliciano. Fij¡1r una cita para hablarle, decía. Pero, ¿no se trataba más bien de escuchar a este niño? l 1 cse a iodo el saber de su madre y de su abuela, él parecía clesdicl1étdo e incomprendido. ¿Cómo vivía todo esto? ¿Qué lL1gar c>ct1paba su padre para él? La inadrc se sorprendió mucho cuando propuse otra entre-

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b na voluntad, sino d

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e est· ón de ejercer una gen ros·dad b na voluntad, sino d tran f eren
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37

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psicoanálisis de niño s. Aurora es hermosa, alta, rt1l>1 ¿\, el(• expresión sonriente, y se parece a su nombre: t1na pri nces;1 de cuento de hadas. Tiene siete años. Cristina tiene cinco y es morena, muy n1enuda; parece tímida y más apagada. Cuando voy a la sala de espera en su busca, pregunto para cuál de las dos es la cita. La pregunta parece divertir a los padres: "¡Cristina, por supuesto!" Entramos al consultorio con Cristina; Aurora se queda en la sala de espera. Pregunto inmediatamente a los padres: "¿Por qué les sorprendió que preguntara para quién era la cita?" Los padres: ¡Pensábamos que se daría cuenta en el acto! Aurora se muestra tan segura de sí, tan abierta, tan bien consigo misma, que en general la que preocupa a la gente es Cristina. C.M.: ¿Qué es lo que preocupa en Cristina? Los padres: Es bajita, demasiado bajita para su edad. Muy reservada. En la escuela, la maestra dice que anda muy bien:

tiene amigos, le gusta estudiar. Pero nosotros la encontra- mos muy silenciosa. Aurora habla mucho, es siempre el

centro. 1 1 enemos la impresión de que

"asfixi ada" por esta hermana grande. En la televisión expli-

caron que los pequeños sufrían de los mayores muy seguro s de sí. Cristina sufre, seguramente. Mientras los padres hablan de su inquietud, Cristina sonríe. Advierto claramente su alarma, pero no comprendo la razón. Cristina no tiene ganas de contar lo que hace cada día en la escuela. Tiene derecho. No le gustan las reuniones de familia y prefiere escuchar sus discos o mirar sus libros. Después de todo, quizá tiene buenas razones. Habla perfectamente, le gusta jugar con sus amigos y

Cristina está un poco

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