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El Hombre en Busca de Sentido - Reflexiones

El documento presenta extractos del libro "El hombre en busca de sentido" de Viktor Frankl, un psiquiatra que estuvo preso en campos de concentración nazis. Describe cómo Frankl buscó encontrar el sentido de la vida a través de su sufrimiento, concluyendo que cada persona debe responder de manera única a los desafíos que le presenta la vida. También narra un episodio donde un prisionero le aconseja a los nuevos cómo sobrevivir física y mentalmente en el campo, aunque reconoce que la situación anormal

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El Hombre en Busca de Sentido - Reflexiones

El documento presenta extractos del libro "El hombre en busca de sentido" de Viktor Frankl, un psiquiatra que estuvo preso en campos de concentración nazis. Describe cómo Frankl buscó encontrar el sentido de la vida a través de su sufrimiento, concluyendo que cada persona debe responder de manera única a los desafíos que le presenta la vida. También narra un episodio donde un prisionero le aconseja a los nuevos cómo sobrevivir física y mentalmente en el campo, aunque reconoce que la situación anormal

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Prembulo ubicacional.

Las dos lecturas que presento a continuacin son extradas del libro-ensayo El hombre
en busca de sentido de Viktor E. Frankl, un psiquiatra que estuvo preso durante cuatro
aos en los campos de concentracin del rgimen alemn durante la segunda guerra
mundial.

Frankl, describe en su libro todo el proceso que vivi durante los cuatro aos de
cautiverio, maltrato e inhumanidad a los que estuvo sometido junto a millones de judos.
Tras perder a su familia (padres, hermanos y esposa), libertad y dignidad el autor busca
encontrar qu razones puede tener para seguir viviendo. Las dos reflexiones que les
presento a continuacin ponen en evidencia lo vivido pero tambin la manera como el
autor asumi la situacin y logr superar lo que muchos hubieran considerado en su
momento y ahora- como insuperable.

Apartes tomados de: [Link]


Fecha de consulta: Julio 20 de 2014.

*********************************************************************************

La pregunta por el sentido de la vida1

Lo que de verdad necesitamos es un cambio radical en nuestra actitud hacia la


vida. Tenemos que aprender por nosotros mismos y despus, ensear a los
desesperados que en realidad no importa que no esperemos nada de la vida, sino
si la vida espera algo de nosotros. Tenemos que dejar de hacernos preguntas
sobre el significado de la vida y, en vez de ello, pensar en nosotros como en seres
a quienes la vida les inquiriera continua e incesantemente. Nuestra contestacin
tiene que estar hecha no de palabras ni tampoco de meditacin, sino de una
conducta y una actuacin rectas. En ltima instancia, vivir significa asumir la
responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a los problemas que ello
plantea y cumplir las tareas que la vida asigna continuamente a cada individuo.

Dichas tareas y, consecuentemente, el significado de la vida, difieren de un


hombre a otro, de un momento a otro, de modo que resulta completamente
imposible definir el significado de la vida en trminos generales. Nunca se podr
dar respuesta a las preguntas relativas al sentido de la vida con argumentos
especiosos. "Vida" no significa algo vago, sino algo muy real y concreto, que
configura el destino de cada hombre, distinto y nico en cada caso. Ningn

1
Cuando el hombre llega al culmen del dolor y el sufrimiento la pregunta sobre el sentido de la vida
se vuelve ineludible.
hombre ni ningn destino pueden compararse a otro hombre o a otro destino.
Ninguna situacin se repite y cada una exige una respuesta distinta; unas veces la
situacin en que un hombre se encuentra puede exigirle que emprenda algn tipo
de accin; otras, puede resultar ms ventajoso aprovecharla para meditar y sacar
las consecuencias pertinentes. Y, a veces, lo que se exige al hombre puede ser
simplemente aceptar su destino y cargar con su cruz. Cada situacin se diferencia
por su unicidad y en todo momento no hay ms que una nica respuesta correcta
al problema que la situacin plantea.

Cuando un hombre descubre que su destino es sufrir, ha de aceptar dicho


sufrimiento, pues sa es su sola y nica tarea. Ha de reconoces el hecho de que,
incluso sufriendo, l es nico y est solo en el universo. Nadie puede redimirle de
su sufrimiento ni sufrir en su lugar. Su nica oportunidad reside en la actitud que
adopte al soportar su carga.

En cuanto a nosotros, como prisioneros, tales pensamientos no eran


especulaciones muy alejadas de la realidad, eran los nicos pensamientos
capaces de ayudarnos, de liberarnos de la desesperacin, aun cuando no se
vislumbrara ninguna oportunidad de salir con vida. Ya haca tiempo que habamos
pasado por la etapa de pedir a la vida un sentido, tal como el de alcanzar alguna
meta mediante la creacin activa de algo valioso. Para nosotros el significado de
la vida abarcaba crculos ms amplios, como son los de la vida y la muerte y por
este sentido es por el que luchbamos.
Lanzarse contra la alambrada''?2

Nuestro ensayo psicolgico no nos ha llevado tan lejos todava; ni tampoco


nosotros los prisioneros estbamos entonces en condiciones de saberlo. An nos
hallbamos en la primera fase de nuestras reacciones psicolgicas. Lo
desesperado de la situacin, la amenaza de la muerte que da tras da, hora tras
hora, minuto tras minuto se cerna sobre nosotros, la proximidad de la muerte de
otros la mayora haca que casi todos, aunque fuera por breve tiempo,
abrigasen el pensamiento de suicidarse. Fruto de las convicciones personales que
ms tarde mencionar, la primera noche que pas en el campo me hice a m
mismo la promesa de que no "me lanzara contra la alambrada". Esta era la frase
que se utilizaba en el campo para describir el mtodo de suicidio ms popular:
tocar la cerca de alambre electrificada. Esta decisin negativa de no lanzarse
contra la alambrada no era difcil de tomar en Auschwitz. Ni tampoco tena objeto
alguno el suicidarse, ya que para el trmino medio de los prisioneros, las
expectativas de vida, consideradas objetivamente y aplicando el clculo de
probabilidades, eran muy escasas. Ninguno de nosotros poda tener la seguridad
de aspirar a encontrarse en el pequeo porcentaje de hombres que sobreviviran a
todas las selecciones. En la primera fase del shock, el prisionero de Auschwitz no
tema la muerte. Pasados los primeros das, incluso las cmaras de gas perdan
para l todo su horror; al fin y al cabo, le ahorraban el acto de suicidarse.

Compaeros a quienes he encontrado ms tarde me han asegurado que yo no fui


uno de los ms deprimidos tras el shock del internamiento. Recuerdo que me
limit a sonrer y, muy sinceramente, cuando ocurri este episodio la maana
siguiente a nuestra primera noche en Auschwitz. A pesar de las rdenes estrictas
de no salir de nuestros barracones, un colega que haba llegado a Auschwitz unas
semanas antes se col en el nuestro. Quera calmarnos y tranquilizarnos y nos
cont algunas cosas. Haba adelgazado tanto que, al principio, no le reconoc. Con
un tinte de buen humor y una actitud despreocupada nos dio unos cuantos
consejos apresurados:

"No tengis miedo! No temis las selecciones! El Dr. M. (jefe sanitario de las SS)
tiene cierta debilidad por los mdicos." (Esto era falso; las amables palabras de mi
amigo no correspondan a la verdad. Un prisionero de unos 60 aos, mdico de un
bloque de barracones, me cont que haba suplicado al Dr. M. para que liberara a
su hijo que haba sido destinado a la cmara de gas. El Dr. M. rehus framente
ayudarle.)

2
Es una negacin del autor a perder la vida cuando aparentemente estaba perdida.
"Pero una cosa os suplico, continu, que os afeitis a diario, completamente si
podis, aunque tengis que utilizar un trozo de vidrio para ello... aunque tengis
que desprenderos del ltimo pedazo de pan. Pareceris ms jvenes y los
araazos harn que vuestras mejillas parezcan ms lozanas. Si queris
manteneros vivos slo hay un medio: aplicaros a vuestro trabajo. Si alguna vez
cojeis, si, por ejemplo, tenis una pequea ampolla en el taln, y un SS lo ve, os
apartar a un lado y al da siguiente podis asegurar que os mandar a la cmara
de gas. Sabis a quin llamamos aqu un "musulmn"? Al que tiene un aspecto
miserable, por dentro y por fuera, enfermo y demacrado y es incapaz de realizar
trabajos duros por ms tiempo: se es un "musulmn". Ms pronto o ms tarde,
por regla general ms pronto, el "musulmn" acaba en la cmara de gas. As que
recordad: debis afeitaros, andar derechos, caminar con gracia, y no tendris por
qu temer al gas. Todos los que estis aqu, aun cuando slo haga 24 horas, no
tenis que temer al gas, excepto quizs t." Y entonces sealando hacia m, dijo:
"Espero que no te importe que hable con franqueza." Y repiti a los dems: "De
todos vosotros l es el nico que debe temer la prxima seleccin. As que no os
preocupis." Y yo sonre. Ahora estoy convencido de que cualquiera en mi lugar
hubiera hecho lo mismo aquel da.

Fue Lessing quien dijo en una ocasin: "Hay cosas que deben haceros perder la
razn, o entonces es que no tenis ninguna razn que perder." Ante una situacin
anormal, la reaccin anormal constituye una conducta normal. An nosotros, los
psiquiatras, esperamos que los recursos de un hombre ante una situacin
anormal, como la de estar internado en un asilo, sean anormales en proporcin a
su grado de normalidad. La reaccin de un hombre tras su internamiento en un
campo de concentracin representa igualmente un estado de nimo anormal, pero
juzgada objetivamente es normal y, como ms tarde demostrar, una reaccin
tpica dadas las circunstancias.

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