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Tokio Blues

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DOSIER TOKIO BLUES.

HARUKI
MURAKAMI.

TERTULIA 30 DE MAYO 2024


18:00 horas en el
EN EL CENTRO
INTERGENERACIONAL.
PLAZA TIRSO DE MOLINA
1. BIOGRAFÍA Y OBRA. ..............................................................................................................3
Escritor ..............................................................................................................................4

Resumen ...........................................................................................................................6

Bibliografía .......................................................................................................................7

Enlaces de interés .........................................................................................................7

2. ACERCA DEL LIBRO. ..................................................................................................................9


Tokio Blues: Alto y desequilibrante voltaje emocional ...................................................9
3. ENTREVISTA........................................................................................................................15
Puerta a la oscuridad: entrevista con Haruki Murakami ................................15

TOKIO BLUES. HARUKI MURAKAMI. 30/05/2024

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1. BIOGRAFÍA Y OBRA.

Considerado uno de los grandes escritores japoneses.


Obras: Tokio blues, Kafka en la orilla...
Género: Novela, ensayo...
Padres: Miyuki Murakami y Chiaki Murakami
Cónyuge: Yoko Murakami (m. 1971)
Altura: 1,65 m

Haruki Murakami nació el 12 de enero de 1949 en Kioto,


Japón, durante el baby boom posterior a la Segunda Guerra
Mundial.

Familia

Hijo único de Miyuki y Chiaki Murakami. Nieto de un sacerdote


budista. Sus padres enseñaron literatura japonesa. Vivió en su
juventud en Kobe.

Desde muy temprano recibió influencias literarias y musicales


de la cultura occidental. Creció leyendo autores como Kurt
Vonnegut y Jack Kerouac.
Estudios

Cursó estudios de literatura y teatro griegos en la Universidad


de Waseda (Soudai), en la que conoció a Yoko, su cónyuge.
Durante ese periodo trabajo en una tienda de discos y antes de
finalizar sus estudios abrió un bar de jazz, el Peter Cat (El
Gato Pedro) que regentó junto con su esposa de 1974 a 1981
en Kokubunji, Tokio.

TOKIO BLUES. HARUKI MURAKAMI. 30/05/2024

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Escritor
Decidió escribir su primera novela viendo un partido de béisbol.
Sucedió en 1978, en el estadio japonés de Jingu, Murakami
asistía a un partido entre los Yakult Swallows y los Hiroshima
Carp. David Hilton salió a batear y, en el instante en que golpeó
la bola, se dio cuenta de que quizás él podía escribir una
novela.
Libros

Haruki Murakami declaró que le gusta crear historias que


causen desconcierto en sus lectores en novelas tales
como Tokio blues (Norwegian wood), su primer gran éxito
internacional, hasta entonces, no había rebasado el umbral de
los 100.000 libros, pero con esta llegó a los cuatro millones; o
en títulos como Los años de peregrinación del chico sin
color, una historia de crecimiento personal y de reflexión a
través de la soledad y que superó el millón de ejemplares
vendidos a las dos semanas de su publicación.

Tras el éxito de su novela Norwegian Wood en 1986, residió


en Europa y Estados Unidos; aunque regresó a Japón en 1995,
tras el terremoto de Kobe y el ataque de gas sarín que la secta
Aum Shinrikyo perpetró en el metro de Tokio.

Posteriormente escribió sobre estos sucesos en títulos


como Underground: The Tokyo Gas Attack and the
Japanese Psyche. Otras de sus novelas son: Crónica del
pájaro que da cuerda al mundo; Sputnik, mi amor; Al sur
de la frontera, al oeste del sol y Kafka en la orilla.

En 2005, se publicó la colección de cuentos Tokyo Kitanshu, y


posteriormente una antología de relatos llamada Historias de
cumpleaños.

Millones de libros vendidos y el reconocimiento de la crítica,


aunque en su país, algunos le llegaron a acusar de querer
"destruir la tradición japonesa". Su obra fue clasificada como
literatura pop y surrealista, en la que trata sobre la alienación y
la soledad posmodernas y en la que se aprecia la influencia de
TOKIO BLUES. HARUKI MURAKAMI. 30/05/2024

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autores a los que ha traducido, como John Irving, Raymond
Carver, o incluso F. Scott Fitzgerald a los que declaró como
sus maestros.

Murakami suele poner nombre a sus personajes relacionados


con su kanjis (sinogramas utilizados en la escritura de la lengua
japonesa). Obras suyas llevan como títulos referencias a
canciones como Dance, Dance, Dance (The
Dells), Norwegian Wood (Beatles), y South of the Border,
West of the Sun (Nat King Cole). Su afición por la música
impregna su literatura.
Corredor de fondo

Participante en maratones y triatlón; el 23 de junio de 1996


completó su primer ultramaratón, una carrera de 100
kilómetros alrededor del lago Saroma en Hokkaido, Japón.
También escribió sobre su afición deportiva en libros como De
qué hablo cuando hablo de correr (2007) que a diferencia
de en otras de sus novelas no hay personajes con algún
problema existencial, sino que se trata de una recopilación de
recuerdos y reflexiones, y donde la crónica se mezcla con el
ensayo.

En 2005, se editó la colección de cuentos Misterios tokiotas.

Shinchosha Publishing lanzó la novela 1Q84 de Murakami el 29


de mayo de 2009. El libro fue seleccionado como finalista para
el Premio Literario Man Asian en 2011.

En abril de 2013, publicó su novela Colorless Tsukuru Tazaki


and His Years of Pilgrimage, que se convirtió en un éxito
internacional pero recibió críticas mixtas.

Killing Commendatore (Kishidancho Goroshi) se publicó en


Japón el 24 de febrero de 2017. Una ficción histórica que causó
controversia en Hong Kong, donde fue etiquetada como "Clase
II - indecente".

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«El odio es una sombra negra y alargada. En muchos casos, ni
siquiera quien lo siente sabe de dónde le viene».
Haruki Murakami

Murakami publicó La ciudad y sus muros inciertos, el 13 de


abril de 2023. Su primera novela en seis años, tiene 1200
páginas.
Vida privada

Aficionado a las sinfonías de Gustav Mahler y a series de


televisión como Los Soprano. No le gustan los perros ni las
celebridades; no se deja fotografiar fácilmente y muy rara vez
concede entrevistas.

Premios

Reconocido en todo el mundo, fue galardonado con premios


como el Noma, el Tanizaki, el Yomiuri, el Franz Kafka o el
Jerusalem Prize. En España, recibió la Orden de las Artes y las
Letras del Gobierno español y el Premio Internacional
Catalunya 2011.

El 24 de mayo de 2023, el escritor japonés fue galardonado con


el Premio Princesa de Asturias de las Letras. Su nombre
sonaba todos los años como posible ganador, al igual que con
el Nobel de Literatura. Finalmente en otoño se le entrega este
reconocimiento en el Teatro Campoamor de Oviedo.

«Es difícil ser un individuo en Japón».


Haruki Murakami

Voz de Haruki Murakami

Resumen
Autor japonés conocido por sus novelas surrealistas y
envolventes. Combina elementos de realismo mágico y filosofía.
Murakami está considerado uno de los escritores
contemporáneos más influyentes.

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Bibliografía
Títulos en Español

1979 Oye cantar al viento


1980 Pinball
1982 La caza del carnero salvaje
1985 El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas
1987 Tokio blues (Norwegian Wood)
1988 Baila, baila, baila
1992 Al sur de la frontera, al oeste del sol
1995 Crónica del pájaro que da cuerda al mundo
1999 Sputnik, mi amor
2002 Kafka en la orilla
2004 After Dark
2009 1Q84
2013 Los años de peregrinación del chico sin color
2017 Matar al comendador
2020 Primera persona del singular
2023 La ciudad y sus muros inciertos

Enlaces de interés
YouTube:
Video de Haruki Murakami

Libros:
Libros de Haruki Murakami

Videos:
Más videos de Haruki Murakami

Imágenes:
Imágenes de Haruki Murakami

*[Link]

Artículo: Biografía de Haruki Murakami

Autor: Víctor Moreno, María E. Ramírez, Cristian de la Oliva,


Estrella Moreno y otros
Website: [Link]

TOKIO BLUES. HARUKI MURAKAMI. 30/05/2024

Página 7
URL:
[Link]
ruki%20Murakami
Publicación: 2018/07/20
Última actualización: 2024/01/24

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2. ACERCA DEL LIBRO.

Tokio Blues: Alto y desequilibrante


voltaje emocional
Ciberclub de lectura Tokio Blues, Ya
leímos 21 de abril de 2017 9 minutos

Haruki Murakami. Foto en


flickr de La Tête Krançien.
Algunos derechos
reservados.

Haruki Murakami inició su


carrera literaria en 1979 pero
hasta que no publicó Tokio
blues en 1987 era un escritor
con ventas que no
sobrepasaban los 100.000
ejemplares. Con esta novela
le llegó la fama ya que ha
vendido varios millones de
ejemplares en todo el mundo
lo que ha convertido al libro
en un auténtico ‘best seller’.
En 2005, la editorial Tusquets lo publicó en España y se repitió el
éxito: ya va por la 32ª edición y continúan las ventas. Desde
entonces Murakami es todo un fenómeno literario, casi una moda
(algo que no es muy de su agrado). Sus millones de seguidores
esperan con expectación la publicación de un nuevo libro y cada vez
que esto ocurre se convierte en todo un acontecimiento. En español
están publicadas trece novelas, cuatro libros de relatos, dos libros de
ensayo y se acaba de publicar estos días su último libro, otro ensayo,
titulado De qué hablo cuando hablo de escribir. Puede ser un
buen momento para leerlo y conocer el universo de este interesante
escritor.

Tokio blues difiere bastante del resto de sus obras. No tengo interés
en escribir novelas largas con estilo realista, pero decidí que, aunque

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sólo fuera una vez, iba a escribir una novela realista. Tokio blues fue
un simple experimento. Personalmente, a mí me gusta esa novela,
pero no he vuelto a leerla desde hace casi 20 años. De momento, no
tengo ninguna intención de volver a escribir algo parecido. No tengo
interés en el pasado. Ya no puedo sentir interés en el llamado estilo
realista porque, si escribo una novela así, acabo aburriéndome,
aclara. El escritor confiesa que le gusta crear historias que causen
desconcierto en sus lectores y que se deja la piel cada vez que
escribe una de ellas.

Para los que todavía no conozcáis el mundo murakamiano quizás sea


esta novela la mejor manera de iniciarse en su literatura ya que es
menos compleja y simbólica que las restantes, aunque el traductor de
la obra al inglés, Jay Rubin, sostiene que esta obra mantiene en
grado importante la complejidad y el simbolismo característicos de la
obra de Murakami, y que, por lo tanto, no es simplemente una
historia de amor como aparentemente parece.

Tokio blues es el relato conmovedor y agridulce de una educación


sentimental y de las pérdidas que implica toda maduración. La
historia comienza cuando su protagonista, Toru Watanabe, escucha
el tema de los Beatles que da nombre a la novela mientras está
aterrizando en Hamburgo. Tiene 37 años y la canción le hace
retroceder a una turbulenta e intensa época de su vida ocurrida
dieciocho años atrás, a finales de los 60, en Tokio. La novela está
narrada en primera persona por el propio Watanabe en forma de un
largo y detallado flashback que evoca, con una gran carga nostálgica,
aquellos años estudiantiles en los que conoció a Naoko, una bella
chica inestable y muy especial, con la que inicia una peculiar relación.

Watanabe es un cruce entre un narrador protagonista y un narrador


testigo ya que aunque sea el protagonista de esta historia, parece
que está ahí para hablarnos de los demás personajes. Sabe escuchar,
tiene una gran capacidad para comprender a las personas, apenas
habla y cuando lo hace (ya sea en los diálogos o en sus reflexiones)
revela, con gran honestidad, cosas realmente importantes, claves
para entenderlo tanto a él como al resto de los personajes. El
prudente, resignado, solitario y confuso Watanabe posee, a la vez,
una extraña madurez y serenidad no muy propia de su edad. Casi
todas las novelas de Murakami están narradas en primera persona y
el narrador, y a la vez protagonista, suele ser un hombre con
similares características, un álter ego en muchos aspectos del propio
escritor.

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Las dos protagonistas femeninas son dos mujeres totalmente
opuestas: Naoko, la cara oculta, y oscura, de la luna y Midori, la
que brilla con luz blanca. En medio, el prepotente y
vanidoso Nawasawa y, sobre todo, Reiko, una mujer herida por la
vida, y, al fondo, la omnipresencia ausente de Kizuki, el novio
de Naoko y mejor amigo de Watanabe, cuyo suicidio a los diecisiete
años llena a ambos de dolor e incomprensión ante el mundo. Quizá
sea esta experiencia la que ha otorgado al protagonista una lucidez y
vulnerabilidad que le hace percibir con una gran claridad el dolor
propio y ajeno, así como la madurez que se adquiere cuando uno se
enfrenta con la muerte de un ser querido.

Murakami consigue con una gran maestría y un estilo sobrio,


depurado, ágil e inquietante que la historia te envuelva y no puedas
dejar de leerla. Las descripciones son muy detalladas, precisas y
visuales. Aunque describe casi todo, no se explaya demasiado, va a la
esencia, y, al contrario de lo que pasa con otras novelas, se puede
perfectamente visualizar lo que describe. La novela está plagada de
diálogos fluidos y rítmicos magníficamente construidos que poseen
una gran verosimilitud en los que se pasa de lo prosaico a lo más
trascendente con toda naturalidad y que va dejando toques de un
fino humor. Los personajes son los que sostienen una historia en la
que apenas hay acción, de ahí la importancia de los diálogos.

El amor, el sexo, la pérdida, la muerte (el suicidio) y la inestabilidad


mental transitan por ese mundo de alto, y desequilibrante, voltaje
emocional que de manera tan especial y con gran sensibilidad
literaria sabe crear el autor. La mirada retrospectiva del narrador
posee una evocadora melancolía y un tono nostálgico tiñe toda la
novela de una tristeza existencial.

El título original en japonés es Noruwei no Mori, traducción del


título de la canción Norwegian Wood de Los Beatles. En la novela
aparecen diversas alusiones a la canción, que es la preferida
de Naoko. La palabra japonesa “mori” sería el equivalente en
español a “bosque”, no a “madera”, aunque en la canción se refiere a
este significado (madera noruega). Los bosques y su simbolismo
tienen una importancia destacada en la novela. El por qué se ha
traducido en español por Tokio blues podría ser por las semejanzas
entre este tipo de música y las características de la novela. Una
historia triste escrita con un ritmo entrecortado como el blues. Un
relato más de sensaciones que de acciones.

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Os recomiendo que comencéis la lectura escuchando Norwegian
Wood, la canción de los Beatles que da nombre a la novela y que
refleja la importancia que la música, desde la clásica al rock, tiene en
la obra de Murakami.

Otra de las características de la novela, y de la obra de Murakami en


general, son las referencias a otros libros que están leyendo los
personajes, sobre todo el omnívoro lector Watanabe. Normalmente
literatura occidental muy del agrado del escritor. En Tokio
blues aparecen El gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald, El
Centauro de John Updike (los dos libros favoritos del
protagonista), La montaña mágica de Thomas Mann (cuya
elección posee una gran carga simbólica de la que ya hablaremos)
y Bajo las ruedas de Hermann Hesse. También aparece El
guardián entre el centeno de Salinger. Y es que Toru
Watanabe podría ser perfectamente Holden Caulfield unos años
más tarde. De hecho Reiko le dice en un momento: Hablas de una
manera muy especial […] ¿Estás imitando al protagonista de “El
guardián entre el centeno”?

La novela fue llevada al cine en 2010 por el director vietnamita Tran


Anh Hung. Yo no la he visto todavía. Me parece un buen momento
para hacerlo. ¿Alguno la ha visto y nos puede contar? Podéis ver
el tráiler y ponerles cara a los personajes. También os dejo un vídeo
con una escena de la película donde Reiko toca a la guitarra
“Norwegian Wood” ante Watanabe y Naoko y otro más con escenas
de la película mientras suena la canción She brings the
rain interpretada por el grupo alemán de finales de los años
sesenta Can.

Adjunto sendos enlaces, uno a la página de Facebook dedicada a


Murakami y otro a la página que le dedica la editorial al autor.

Como un intento de acercamiento al mundo Murakami os dejo


algunas declaraciones hechas por el autor sobre su obra y su proceso
de creación. ¡Qué mejor para poder entenderle que dejar al
propio Murakami que hable!

Soy un nadador, me gusta y sé me da bien, pero no sé explicar lo


que hacen mis brazos o mis piernas cuando estoy en el agua. Con la
escritura pasa lo mismo, sé hacerlo, pero no describir cómo lo hago.
Escribo como nado.

Mis historias brotan de algún rincón profundo y misterioso de mi


mente. No tengo un mapa o una linterna para rastrear esa extraña
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fuente, solo puedo divisarla de forma muy vaga. Para mí escribir es
explorar la naturaleza de este lugar oscuro, que no maligno, donde
conviven elementos enigmáticos, positivos y negativos, ambiguos y
nacidos del subconsciente.

Cuando escribo abro la puerta a otra habitación y me encierro en ella,


voy al otro lado. No puedo escribir de forma realista porque la ficción
me obliga a entrar en esa otra habitación, que es muy oscura,
silenciosa y en la que soy testigo de multitud de cosas extrañas,
salvajes y surrealistas. Cuando escribo, desciendo a las
profundidades de mi mente. Cuanto más bajo, más peligroso resulta.
Debo ser fuerte para enfrentarme a las criaturas, a las imágenes y a
los sonidos que moran ahí; necesito valor para atreverme a abrir
puertas que me provocan mucho miedo. Sé que suena
esquizofrénico. Ir de un mundo al otro es delicado y hay que hacerlo
con cuidado porque el precipicio está muy presente. Por fortuna, soy
un escritor y puedo ir y regresar a mi antojo, mientras que hay gente
en la vida real que se extravía fatalmente. Todo el mundo tiene la
capacidad de plantarle cara a sus obsesiones, pero solo una minoría
se atreve.

Del jazz he aprendido tres lecciones que luego he aplicado a mis


libros: ritmo, armonía e improvisación.

A mí siempre me ha interesado la gente que ha sido arrojada fuera


de la sociedad, aquella que ha sido retirada o apartada.

Mis personajes siempre acaban encontrando una vía o una solución


para superar sus problemas, pero por el camino tienen que sufrir y
enfrentarse a la oscuridad, a la maldad, a la extrañeza y en ocasiones
incluso a la violencia.

Soy un escritor, mi trabajo es escribir, no hablar. Además, deseo


permanecer en el anonimato, poder viajar en el metro de Tokio sin
que me reconozcan.

Aún no sé grandes cosas acerca de mí mismo. He estado escribiendo


mucho con el objetivo de conocerme, pero he avanzado poco. En
última instancia, me dedico a la ficción para saber quién soy, qué hay
dentro de mi cabeza. Cada nuevo libro es una forma de conocerme,
pero el proceso es lento. Sigue habiendo tanta oscuridad que la
batalla se promete larga.

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Soy japonés, escribo en este idioma y mis novelas se desarrollan la
mayor parte de las veces en este país. Pero soy un individuo. Sólo un
hombre libre.

Para terminar, unas palabras de la escritora mexicana Guadalupe


Nettel sobre Tokio blues: es una de esas novelas densas e
imprescindibles que se beben como un Cutty Sark una de esas
noches en que la vida resulta insoportable.

Bienvenidos al inquietante universo murakamiano. Para muchos


lectores leer a Murakami es convertirse en seguidor incondicional de
este autor.

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3. ENTREVISTA.

Puerta a la oscuridad: entrevista


con Haruki Murakami
ABR 2 • CONEXIONES, DESTACAMOS, PRINCIPALES • 24424 VIEWS • NO HAY COMENTARIOS EN
PUERTA A LA OSCURIDAD: ENTREVISTA CON HARUKI MURAKAMI

El escritor japonés regresa con Primera persona del singular, libro de


relatos que se alimenta de instantes autobiográficos. En entrevista,
publicada originalmente en la
revista Bocas en marzo de este
año, explora los tópicos que
caracterizan su escritura,
manada desde lo más peligroso
de su conciencia como reflejo
de la sombra humana, donde lo
real se funde con lo imaginario
POR XAVI AYÉN
Los japoneses esperan cada
año, con milenaria paciencia, dos hechos largo tiempo anunciados: la
llegada de the big one, el gran terremoto de magnitud 8 que
arrasaría Tokio y buena parte de la isla en un plisplás, y la concesión
del Nobel de Literatura a su compatriota Haruki Murakami (Kioto,
1949). El año 2021 acabó sin que, de nuevo, se haya producido
ninguno de ambos fenómenos.
Ningún temblor perturba, pues, a ese hijo único que es Murakami,
quien lleva en su genética tanto la serenidad como la prosperidad,
pues es nieto de monje budista por vía paterna y de comerciante por
lado materno, así que por su ánimo templado resbalan todos los
memes que, cada octubre, genera la nueva decisión de la Academia
Sueca. Que digan lo que quieran: él es Murakami, el escritor japonés
más vendido del mundo, traducido a 50 idiomas, con una singular
mezcla de pop, surrealismo, sensibilidad y crudeza que ya ha dado a
luz catorce novelas, cinco libros de cuentos, cinco ensayos y un
aluvión de productos de merchandising más propios de
un rockstar que de un autor literario: camisetas, pegatinas, pañuelos,
bolsas, imanes, pósters, libretas, tazas, origamis, fundas de móvil,
gorras, cuadros, alfombrillas para el mouse…

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¿Quién se lo iba a decir a aquel joven que estudiaba literatura y
teatro griegos en la Universidad de Waseda, en los años 70, mientras
trabajaba como camarero en un restaurante italiano que cerraba de
madrugada y, más tarde, en una tienda de discos? Conoció a su —
aún— esposa, Yoko, en la facultad, y ambos montaron, en 1974, un
bar de jazz en Tokio, el Peter Cat, con actuaciones en vivo, dando un
disgusto enorme a los padres de Haruki, unos profesores de literatura
que aspiraban a que su hijo se convirtiera en empleado de Mitsubishi.
Murakami escogió otra cosa: le gustaba preparar los cocteles tras la
barra (agitados, no revueltos), y se encargaba de acompañar a los
borrachos a la puerta. Los primeros años fueron duros, y le
persiguieron las deudas. En 1981, cerró para dedicarse
exclusivamente a la literatura. Haruki y Yoko siguen juntos en el
2022 y dicen que no han tenido hijos porque no confían en que el
mundo vaya a mejorar.
Hoy, como cada día, a las diez de la noche, Murakami apagará la luz
y se quedará dormido en un instante. A las cuatro de la mañana, se
levantará para ir a correr por las calles de Tokio (a veces, también
nada en la piscina: 150 metros). Ha participado en maratones por
todo el mundo (su mejor resultado es del año 1991: tres horas, 31
minutos y 26 segundos en el de Nueva York), aunque ahora, con los
años, se marca únicamente la disciplina de correr al menos 45
minutos al día. También cuando viaja: en Central Park se encontró,
igualmente sudoroso y corriendo, a su admirado John Irving en
calzón corto, pero no supo qué decirle. Y en el año 2009, dio una
rueda de prensa en Barcelona vestido en ropa deportiva, tras la cual
salió de la sala corriendo y llegó hasta la playa; aquellos a los que
nos alcanzó el aliento para seguirle conservamos pruebas
fotográficas: en ellas se ve a turistas disfrutando del sol y, al fondo,
un japonés corriendo, con una camiseta azul que el sudor adhiere a
su cuerpo.
Nadie sospechó de quién se trataba, porque a Murakami le resulta
fácil ponerse el disfraz de turista japonés, el mismo que usa para
visitar de incógnito las tiendas de discos, en las que se pasa horas
mientras escoge cuidadosamente los vinilos que ampliarán su
colección. Otra cosa que le obsesiona son las camisetas, una prenda
de ropa que para él simboliza la libertad y que compra de segunda
mano en el extranjero; de hecho, acaba de dedicar al tema un
ensayo (aún no traducido al español), donde comenta una selección
de su armario de 200.
No se puede ser indiferente a Murakami: se le odia o se le ama. Le
llaman postmoderno porque no existe una etiqueta que defina
precisamente lo que hace. En obras como Tokio Blues, Kafka en la

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orilla o 1Q84 se revela como un sutil retratista del desamparo
sentimental que nos rodea, un explorador sin red de nuestros
barrancos interiores, fusionando la tradición narrativa norteamericana
(sus maestros Fitzgerald, Vonnegut, Chandler) con la japonesa (sus
animales parlantes o escenas oníricas parecen salidos de un anime de
Miyazaki), así como con los ritmos musicales, del jazz a los Beatles o
la bossa nova.
A lo mejor no gana el Nobel, pero ya ganó un Oscar: la película Drive
my car, de Ryusuke Hamaguchi, Mejor película extranjera en los
premios de la Academia del Cine este año, está basada en un relato
suyo, del libro Hombres sin mujeres. Ahora acaba de publicar un
nuevo libro de relatos, Primera persona del singular (Tusquets,
2021), aparentemente muy autobiográficos, lo que nos sirve de
excusa para mantener con él una conversación por correo electrónico,
tras varios encuentros personales a lo largo de los últimos 16 años.
Así que, en un apartamento en el barrio de Aoyama, en Tokio, hay un
hombre de 73 años frente a su ordenador y suena Brahms de
trasfondo. Nosotros no podemos verlo ni oírlo, pero él nos revela
algunos detalles del lugar. Aoyama es una zona de tiendas de ropa,
tecnología y restaurantes, con muchísima gente joven por la calle,
vestidos de forma alternativa el fin de semana y más formales los
días lectivos (hay allí varias universidades y escuelas). Murakami los
puede ver desde la ventana (“el cielo está despejado”, dice) mientras
nos responde.

El narrador de su último libro muestra su estupor ante el


envejecimiento de las chicas, porque ve cómo mujeres bonitas
se transforman en ancianas y eso le perturba mucho, más que
su propia vejez. A medida que se hace mayor, ¿le sucede algo
así?
Sí. Es terrible. En cuanto a mí, puedo admitir y aceptar, hasta cierto
punto, que las huellas de la vejez se afiancen en mi rostro con el
transcurso de los años, o cualquier otro cambio ligado a la edad. Pero
constatar el deterioro del paso del tiempo en el cuerpo y el rostro de
los demás me produce una honda impresión, difícilmente admisible y
asimilable.
Usted es muy aficionado al beisbol, seguidor de los Yakult
Swallows de Tokio, un equipo más bien acostumbrado a las
derrotas. ¿Le atrae la figura del perdedor?
Una de las ventajas de animar a un equipo de segunda fila, como el
mío —que a veces ha tenido más seguidores del equipo visitante en
su propio estadio— es que sueles encontrarte las gradas medio vacías

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y no hay esperas innecesarias a la hora de comprar entradas. Un
equipo así te otorga además la oportunidad de aprender el bello arte
de la derrota, que es siempre de una profundidad mayor que el de la
victoria.
Uno de sus cuentos, “Carnaval”, describe a una mujer fea, sin
eufemismos de ningún tipo, pero muy atractiva por otras
cosas. ¿Podría haber escrito ese relato de joven?
A veces tengo la sensación de que mi criterio estético no coincide del
todo con el del común de los mortales. Aquellas personas a las que se
les atribuye una belleza incuestionable a menudo no son en mi
opinión especialmente bellas y, por el contrario, aquellas a las que se
supone feas no lo son tanto para mí. Dicho desajuste me ha
permitido vivir alguna que otra experiencia peculiar e interesante, y
la escritura de este relato supuso, en cierto modo, una oportunidad
para reflexionar sobre tales vivencias.
¿Le critican por no ser políticamente correcto? Pienso en ese
relato de la mujer fea, o en varias de sus novelas…
Llevo más de 40 años escribiendo novelas y he percibido una notable
evolución en cuanto a lo que se considera o se deja de considerar
políticamente correcto y, debido a esos cambios, algunas de mis
obras primerizas tal vez no gocen hoy en día de una prensa
demasiado buena entre cierto sector de lectores. En cualquier caso,
no uso las redes sociales ni estoy, por tanto, pendiente de quién me
critica ni exactamente por qué motivo (y, naturalmente, me
congratulo de no saberlo).
El relato “Flor y nata” va sobre el sentido de la vida…
Trata de subrayar que el desconocimiento que uno tiene de sí mismo
como individuo, en su temprana juventud, no debe suponer un
obstáculo para tirar hacia adelante por la vida. No nos queda otro
remedio que avanzar pese a nuestra ignorancia de lo que somos, y el
relato muestra esta necesidad en la figura de un joven perplejo ante
sí mismo. Se trata de una historia de iniciación en la que el
protagonista es puesto a prueba y guiado, arrastrado quizá, por las
circunstancias y por quienes lo rodean.
Varias de sus obras (Tokio Blues, After Dark…) suceden de
noche. ¿Hay algo del alma humana que no pueda verse a la luz
del sol?
Es extraño, porque yo personalmente me voy a dormir muy
temprano. De modo que no tengo la más remota idea de lo que
ocurre durante la noche. Simplemente, me lo he imaginado. Sin
embargo, recuerdo que, después de haber acabado de escribir After

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Dark, me fui al centro de Tokio, para asegurarme de no haber escrito
nada erróneo y pude ver que lo escrito era cierto. Para mí fue
demasiado: salí hasta medianoche, e incluso me metí en una de esas
habitaciones de hotel para amantes, que se cobran por horas.
Pero usted regentó un club de jazz, algo debe de saber de la
noche.
Cuando tenía veintipico años…
…Era un pájaro nocturno.
Efectivamente. Yo sabía lo que ocurría en la ciudad durante la
noche… pero, claro, hace 40 años.
En sus libros aparecen bastantes personajes con problemas
mentales. ¿Siente algún tipo de afinidad con la gente que
sufre estas enfermedades?
Todo el mundo, más o menos, tiene algún tipo de problema mental.
Usted y yo, por ejemplo. Todos tenemos nuestro propio tipo de
problemas mentales, que a veces podemos mantener en un plano
inconsciente, sin que aparezcan en la superficie. Pero todos somos
extraños, todos estamos un poco locos. Esa es mi convicción
profunda. Cuando hago aparecer a alguien con una enfermedad
mental, no lo hago aparecer como algo insólito, un freakie, sino como
algo genérico, muy extendido, propio de la naturaleza humana.

Algunos de sus personajes duermen profundamente, otros no


muy bien…
Yo sí. Me duermo en cinco minutos. Dormir como un tronco tiene algo
de belleza, ¿verdad? Es como entrar en mis dominios, me gusta
mucho.
¿Cuándo decidió ser escritor?
Me acuerdo perfectamente: el 1 de abril de 1978, a las 13.30 horas.
Dicho así, parece la cosa más estúpida que existe, pero es que fue
una epifanía. Estaba mirando un partido de beisbol en el estadio
Jingu de Tokio, con una cerveza en la mano y un sol abrasador. En el
instante en que Dave Hilton hizo una jugada perfecta supe, de
repente, que iba a escribir una novela. Fue una sensación muy cálida,
que todavía puedo sentir si la rememoro. Luego, volví a casa y me
puse a escribir. Y así hasta ahora.
En Tokio, parece a veces que todos los hombres llevan el
mismo traje. ¿Usted nunca lleva traje?

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No, jamás. En mi país es difícil ser un individuo. La gente te juzga en
base al grupo, la oficina o la empresa a la que perteneces. Si trabajas
en Sony, Mitsubishi o en la banca, y has estudiado en la Universidad
de Tokio, te miran con admiración y dicen: “Es un gran hombre”,
“una persona de prestigio”. Si no perteneces a ninguno de esos
grupos, si no trabajas en un despacho u oficina, puedes ser una
persona de talento, muy inteligente, pero eres un don nadie, un cero
a la izquierda. Eso es lo que me sucedió a mí, después de graduarme
en la universidad. Yo no quería trabajar en una gran corporación o en
un despacho. Así que monté mi propio club de jazz, y lo gestioné
durante siete años. Y luego me convertí en novelista. Pero seguía
siendo un perfecto don nadie, no pertenecía a ningún grupo
reconocido, me sentía muy inseguro. Quería ser yo mismo, pero eso,
en Japón, no es algo fácil, de manera que abandoné mi país, en el
que me sentía extranjero. Sencillamente me fui. Pero ahora las cosas
están cambiando.
¿Qué recuerdos tiene de esos siete años en el club de jazz?
Yo era muy feliz. Escuchaba música desde la mañana a la noche, y
era totalmente libre. La libertad es algo muy importante para mí. No
lo es tanto para muchos japoneses, sin embargo. Otras personas
prefieren la armonía, el trabajar muy duramente… La armonía es lo
más importante en Japón. Pero, para mí, la libertad.
¿Para dónde huyó?
Viví en una pequeña isla griega, donde escribí Tokio Blues.

Le gustan las islas, porque usted ha tenido casa también en la


misma isla de Hawái, donde se rodó la serie Perdidos.
Sí. Me gusta mucho esa serie; no me sentí influido por ella, como
algunos dicen, pero sí hay similitudes con mis historias: esas
personas que se van al otro lado y buscan un camino de vuelta.
En varios de sus libros se alternan las historias realistas y las
surreales, oníricas. ¿Qué pretende expresar con este
contraste?
Que la realidad y la subrealidad están siempre juntas.
¿Es usted un realista mágico?
Me gusta mucho Gabriel García Márquez. Para mí, realidad y
subrealidad son lo mismo, no se pueden distinguir, suceden a la vez.
Cuando escribo, visito el aspecto oscuro de las cosas. La noche es
como una metáfora, si escribo sobre la noche urbana es porque estoy
escribiendo sobre la oscuridad que encuentro en mi mente. En este
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proceso, realidad y subrealidad van de la mano, no se contradicen.
No puede uno saber qué es correcto y qué no, qué es real y qué
surreal, no se puede distinguir nada. No sé si me creerá, pero no
podría asegurar que esta conversación que mantenemos sea real.
A veces al lector, por ejemplo, en Kafka en la orilla, le cuesta
leerle, por las escenas de gran violencia que incluye, que casi
salpican sangre. ¿Qué importancia le da a la violencia en su
obra?
Todas las culturas son violentas. Todas las naciones, todos los
pueblos deben superar su propia historia de crueldad, sus hitos de
salvajismo. Existen distintos tipos de prohibiciones a la hora de
expresar esta violencia inherente al ser humano. En la cultura
japonesa contemporánea, sin embargo, la expresión de la violencia
no está prohibida, ni a nivel mental ni legal ni social. Personalmente,
a mí no me gusta describir hechos violentos, es algo que odio…
Pues la escena de los gatos de Kafka en la orilla…
¡Ah, sí! Y aquella otra en que se desuella a un hombre vivo, sí. Odio
escribir ese tipo de cosas. Pero sentí que en ese libro tenía que
hacerlo, porque la historia precisaba violencia, esas escenas
sangrientas. Simplemente es una puerta de entrada al otro lado, al
lado oscuro. Tiene uno que abandonar su yo normal para poder pasar
al otro lado. La violencia, el sexo, los trastornos mentales son eso,
una especie de llave para cruzar la puerta. Tú vives una vida normal
en este mundo, pero tienes que abandonarlo si pretendes ir al otro
lado, y necesitas llaves.
No teníamos una imagen suya como escritor comprometido…
hasta la catástrofe nuclear de Fukushima. Donó 80 mil euros a
las víctimas.
De universitario estaba muy politizado, oía a John Lennon, fumaba y
mi ídolo era el Che Guevara. Todo aquel marxismo ha desaparecido.
Sin embargo, eso no quiere decir que las cosas funcionen bien. Y
Fukushima me cambió. Hemos vivido en un sistema corrupto, falso,
que nos ha conducido a la desolación. El sistema que, en nombre de
una teórica eficiencia, justificaba las centrales nucleares con
argumentos falsos.
¿Cuáles?
La empresa constructora de la central no quiso invertir dinero por si
se producía un gran tsunami, que puede suceder o no una vez cada
unos cuantos siglos, el gobierno rebajó los estándares de seguridad
para que nada se opusiera a su política nuclear y el pueblo japonés
permitió la existencia de este sistema corrupto que condujo a mucha

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gente a perder familia y amigos, casa y pertenencias, la comunidad,
todo aquello que conforma la base de la vida. Hay muchas personas
que incluso han perdido las ganas de vivir. Japón echó por la borda y
corrompió el ideal de sociedad rica y pacífica que intentábamos
construir, dejándose engañar por una palabra con trampa: eficiencia.
Las compañías eléctricas gastaron grandes cantidades de dinero en
publicidad, compraron a los medios de comunicación e hicieron creer
a los ciudadanos que la producción de energía nuclear era
absolutamente segura y que no quedaba más remedio que depender
de la energía nuclear. Nos decían que tuviéramos en cuenta la
realidad, pero esa realidad era una conveniencia suya, y bautizándola
como realidad cambiaban la lógica sin que nadie se diera cuenta.
¿Por qué sigue corriendo cada día, experiencia que recoge en
su libro De qué hablo cuando hablo de correr?
Porque es una actividad muy parecida a la de escribir una novela, son
dos actividades de larga distancia. Para escribir hay que entrenarse,
prepararse, no sirve cualquiera; eso del escritor borracho es un mito,
hay que tener una fortaleza física y psicológica. Cuando corres,
además, te suceden cosas curiosas. Todos los escritores deberían
correr. Uno va perdiendo vitalidad a lo largo de la vida y su prosa se
resiente. A los 33 años decidí ser fuerte y sano porque, ¿sabe? si no
tienes demasiado talento, como yo creía entonces de mí, sólo la
fortaleza y la vida sana te permiten destacar en la creación. Si eres
un genio, como Mozart, o Pushkin, puedes llevar cualquier tipo de
vida y escribir, pero si no, hay que correr, amigo.
Pero hay muchos “artistas malditos”…
Estoy convencido de que los artistas que llevan una vida malsana se
queman mucho más rápidamente. Los héroes de mi juventud eran
Jimi Hendrix, Jim Morrison, Janis Joplin… todos murieron jóvenes.
Jimi Hendrix era bueno, pero no lo suficiente por culpa de las drogas.
Trabajar en algo artístico es una actividad insana que el creador debe
compensar con una vida equilibrada y deportiva. Buscar historias en
el interior de uno y contarlas es muy peligroso, y correr cada día me
advierte del peligro.
Pero ¿por qué es tan peligroso?
Cuando desarrollas una historia, te enfrentas a un veneno que anida
en tu interior. Sin ese veneno, tu historia será aburrida, insípida
como un pescado hervido. Es como
el fugu, ese pez globo cuyo veneno resulta letal, pero que si se ha
limpiado bien es un plato sabrosísimo. Mis historias están localizadas
en la parte más peligrosa de la conciencia; siento el veneno en mi

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mente y ofrezco de él una buena dosis al lector, porque tanto él como
yo tenemos unos organismos fuertes.
La identidad sexual, y la personal, en definitiva, ¿es otro de
los temas de sus libros?
¿Sabe?, es curioso, pero no hay una palabra equivalente a identidad
en japonés. No existe. Es imposible hablar de eso.
¿Nos perdemos mucho de usted en las traducciones que nos
llegan del japonés?
Ustedes conocen a autores como Mishima o Kawabata, autores que
aprovechan toda la belleza del idioma japonés, que lo utilizan en todo
su esplendor, de una manera maravillosamente ambigua. Ellos sí son
dificilísimos de traducir. Pero, en cambio, yo utilizo el idioma como
una mera herramienta; sólo quiero contar mis historias. En ese
sentido, es menos difícil traducir mis obras. Mi lenguaje no es
ambiguo. Mis historias sí lo son mucho, pero no mis palabras. Lo
importante es el flujo de la historia. No es correcto adornar las frases
con elementos superfluos e impedir que la historia fluya con
naturalidad. Me gustan las descripciones simples, claras y precisas.
Como la ropa que visto, clara y natural, sin adornos.

Pero sus personajes sí visten de marca.


Algunos. No puedes evitar, si describes la realidad, decir que comen
Dunkin’ Donuts y que visten de Armani y de Comme des Garçons. Yo
también compro ropa en Comme des Garçons.
Sus libros, repletos de referencias occidentales, son tildados a
veces de poco japoneses. ¿Por qué?
Sinceramente, no sé lo que significa ser realmente japonés. Quizás
por haber sido durante toda mi vida y en todo momento un japonés,
me gustara o no, no poseo una noción exacta de lo que es japonés y
de lo que no lo es. En otras palabras, soy demasiado japonés para
estimar desde fuera cuán japonés soy. Pero si usted espera de mí ese
tipo de historia en la cual los personajes comen sushi o tofu todos los
días y van a ver teatro kabuki vistiendo kimonos y se hacen
reverencias entre ellos todo el tiempo, es mejor que lea los libros de
los viejos maestros, como Kawabata o Tanizaki. No estoy interesado
en ese tipo de cosas. Es más, creo que a la mayoría de los lectores
japoneses contemporáneos tampoco le interesa leer esa clase de
relatos.

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¿Qué es lo que les interesa, pues?
Supongo que —especialmente los jóvenes— buscan libros que les
muestren una visión más clara del mundo en el que están viviendo en
estos momentos. Me parece que estamos viviendo en un mundo de
caos absoluto. A veces es muy difícil para cualquiera de nosotros
decidir cuál es el correcto camino que seguir y cuál el equivocado.
Hay tantos caminos y tan pocos principios… En ocasiones, incluso no
sabemos ni siquiera qué camino es el de delante y cuál el de atrás,
qué lado es la derecha y cuál la izquierda, qué emoción es real y cuál
de ellas es fingida. Por supuesto, no tengo la respuesta correcta a
todo eso. Pero, como escritor profesional de ficción, he estado
intentando representar la situación de una manera fácilmente
aceptable, tangible, a través de una narrativa viva y cautivadora.
Como hizo Franz Kafka hace más de 100 años.
¿Qué tema social o político le preocupa en estos momentos
pandémicos?
Considero importante oponerse a movimientos y propuestas que, con
la ley en la mano, reducen y limitan la libertad individual en aras de
un supuesto beneficio
social. No me parece aceptable ni en mi país ni en otros. Como señaló
Martin Luther King: “No olvidemos que todo lo que Hitler hizo era
legal”.

FOTO: Luego de vivir casi una década fuera de Japón, Murakami


regresó en 1995. Como parte de este reencuentro con su país,
entrevistó a supervivientes del atentado en el metro de Tokio de ese
año para sus libros Subterráneo y El lugar prometido/ Archivo EL
UNIVERSAL

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