Tokio Blues
Tokio Blues
HARUKI
MURAKAMI.
Resumen ...........................................................................................................................6
Bibliografía .......................................................................................................................7
Página 2
1. BIOGRAFÍA Y OBRA.
Familia
Página 3
Escritor
Decidió escribir su primera novela viendo un partido de béisbol.
Sucedió en 1978, en el estadio japonés de Jingu, Murakami
asistía a un partido entre los Yakult Swallows y los Hiroshima
Carp. David Hilton salió a batear y, en el instante en que golpeó
la bola, se dio cuenta de que quizás él podía escribir una
novela.
Libros
Página 4
autores a los que ha traducido, como John Irving, Raymond
Carver, o incluso F. Scott Fitzgerald a los que declaró como
sus maestros.
Página 5
«El odio es una sombra negra y alargada. En muchos casos, ni
siquiera quien lo siente sabe de dónde le viene».
Haruki Murakami
Premios
Resumen
Autor japonés conocido por sus novelas surrealistas y
envolventes. Combina elementos de realismo mágico y filosofía.
Murakami está considerado uno de los escritores
contemporáneos más influyentes.
Página 6
Bibliografía
Títulos en Español
Enlaces de interés
YouTube:
Video de Haruki Murakami
Libros:
Libros de Haruki Murakami
Videos:
Más videos de Haruki Murakami
Imágenes:
Imágenes de Haruki Murakami
*[Link]
Página 7
URL:
[Link]
ruki%20Murakami
Publicación: 2018/07/20
Última actualización: 2024/01/24
Página 8
2. ACERCA DEL LIBRO.
Tokio blues difiere bastante del resto de sus obras. No tengo interés
en escribir novelas largas con estilo realista, pero decidí que, aunque
Página 9
sólo fuera una vez, iba a escribir una novela realista. Tokio blues fue
un simple experimento. Personalmente, a mí me gusta esa novela,
pero no he vuelto a leerla desde hace casi 20 años. De momento, no
tengo ninguna intención de volver a escribir algo parecido. No tengo
interés en el pasado. Ya no puedo sentir interés en el llamado estilo
realista porque, si escribo una novela así, acabo aburriéndome,
aclara. El escritor confiesa que le gusta crear historias que causen
desconcierto en sus lectores y que se deja la piel cada vez que
escribe una de ellas.
Página 10
Las dos protagonistas femeninas son dos mujeres totalmente
opuestas: Naoko, la cara oculta, y oscura, de la luna y Midori, la
que brilla con luz blanca. En medio, el prepotente y
vanidoso Nawasawa y, sobre todo, Reiko, una mujer herida por la
vida, y, al fondo, la omnipresencia ausente de Kizuki, el novio
de Naoko y mejor amigo de Watanabe, cuyo suicidio a los diecisiete
años llena a ambos de dolor e incomprensión ante el mundo. Quizá
sea esta experiencia la que ha otorgado al protagonista una lucidez y
vulnerabilidad que le hace percibir con una gran claridad el dolor
propio y ajeno, así como la madurez que se adquiere cuando uno se
enfrenta con la muerte de un ser querido.
Página 11
Os recomiendo que comencéis la lectura escuchando Norwegian
Wood, la canción de los Beatles que da nombre a la novela y que
refleja la importancia que la música, desde la clásica al rock, tiene en
la obra de Murakami.
Página 12
fuente, solo puedo divisarla de forma muy vaga. Para mí escribir es
explorar la naturaleza de este lugar oscuro, que no maligno, donde
conviven elementos enigmáticos, positivos y negativos, ambiguos y
nacidos del subconsciente.
Página 13
Soy japonés, escribo en este idioma y mis novelas se desarrollan la
mayor parte de las veces en este país. Pero soy un individuo. Sólo un
hombre libre.
Página 14
3. ENTREVISTA.
Página 15
¿Quién se lo iba a decir a aquel joven que estudiaba literatura y
teatro griegos en la Universidad de Waseda, en los años 70, mientras
trabajaba como camarero en un restaurante italiano que cerraba de
madrugada y, más tarde, en una tienda de discos? Conoció a su —
aún— esposa, Yoko, en la facultad, y ambos montaron, en 1974, un
bar de jazz en Tokio, el Peter Cat, con actuaciones en vivo, dando un
disgusto enorme a los padres de Haruki, unos profesores de literatura
que aspiraban a que su hijo se convirtiera en empleado de Mitsubishi.
Murakami escogió otra cosa: le gustaba preparar los cocteles tras la
barra (agitados, no revueltos), y se encargaba de acompañar a los
borrachos a la puerta. Los primeros años fueron duros, y le
persiguieron las deudas. En 1981, cerró para dedicarse
exclusivamente a la literatura. Haruki y Yoko siguen juntos en el
2022 y dicen que no han tenido hijos porque no confían en que el
mundo vaya a mejorar.
Hoy, como cada día, a las diez de la noche, Murakami apagará la luz
y se quedará dormido en un instante. A las cuatro de la mañana, se
levantará para ir a correr por las calles de Tokio (a veces, también
nada en la piscina: 150 metros). Ha participado en maratones por
todo el mundo (su mejor resultado es del año 1991: tres horas, 31
minutos y 26 segundos en el de Nueva York), aunque ahora, con los
años, se marca únicamente la disciplina de correr al menos 45
minutos al día. También cuando viaja: en Central Park se encontró,
igualmente sudoroso y corriendo, a su admirado John Irving en
calzón corto, pero no supo qué decirle. Y en el año 2009, dio una
rueda de prensa en Barcelona vestido en ropa deportiva, tras la cual
salió de la sala corriendo y llegó hasta la playa; aquellos a los que
nos alcanzó el aliento para seguirle conservamos pruebas
fotográficas: en ellas se ve a turistas disfrutando del sol y, al fondo,
un japonés corriendo, con una camiseta azul que el sudor adhiere a
su cuerpo.
Nadie sospechó de quién se trataba, porque a Murakami le resulta
fácil ponerse el disfraz de turista japonés, el mismo que usa para
visitar de incógnito las tiendas de discos, en las que se pasa horas
mientras escoge cuidadosamente los vinilos que ampliarán su
colección. Otra cosa que le obsesiona son las camisetas, una prenda
de ropa que para él simboliza la libertad y que compra de segunda
mano en el extranjero; de hecho, acaba de dedicar al tema un
ensayo (aún no traducido al español), donde comenta una selección
de su armario de 200.
No se puede ser indiferente a Murakami: se le odia o se le ama. Le
llaman postmoderno porque no existe una etiqueta que defina
precisamente lo que hace. En obras como Tokio Blues, Kafka en la
Página 16
orilla o 1Q84 se revela como un sutil retratista del desamparo
sentimental que nos rodea, un explorador sin red de nuestros
barrancos interiores, fusionando la tradición narrativa norteamericana
(sus maestros Fitzgerald, Vonnegut, Chandler) con la japonesa (sus
animales parlantes o escenas oníricas parecen salidos de un anime de
Miyazaki), así como con los ritmos musicales, del jazz a los Beatles o
la bossa nova.
A lo mejor no gana el Nobel, pero ya ganó un Oscar: la película Drive
my car, de Ryusuke Hamaguchi, Mejor película extranjera en los
premios de la Academia del Cine este año, está basada en un relato
suyo, del libro Hombres sin mujeres. Ahora acaba de publicar un
nuevo libro de relatos, Primera persona del singular (Tusquets,
2021), aparentemente muy autobiográficos, lo que nos sirve de
excusa para mantener con él una conversación por correo electrónico,
tras varios encuentros personales a lo largo de los últimos 16 años.
Así que, en un apartamento en el barrio de Aoyama, en Tokio, hay un
hombre de 73 años frente a su ordenador y suena Brahms de
trasfondo. Nosotros no podemos verlo ni oírlo, pero él nos revela
algunos detalles del lugar. Aoyama es una zona de tiendas de ropa,
tecnología y restaurantes, con muchísima gente joven por la calle,
vestidos de forma alternativa el fin de semana y más formales los
días lectivos (hay allí varias universidades y escuelas). Murakami los
puede ver desde la ventana (“el cielo está despejado”, dice) mientras
nos responde.
Página 17
y no hay esperas innecesarias a la hora de comprar entradas. Un
equipo así te otorga además la oportunidad de aprender el bello arte
de la derrota, que es siempre de una profundidad mayor que el de la
victoria.
Uno de sus cuentos, “Carnaval”, describe a una mujer fea, sin
eufemismos de ningún tipo, pero muy atractiva por otras
cosas. ¿Podría haber escrito ese relato de joven?
A veces tengo la sensación de que mi criterio estético no coincide del
todo con el del común de los mortales. Aquellas personas a las que se
les atribuye una belleza incuestionable a menudo no son en mi
opinión especialmente bellas y, por el contrario, aquellas a las que se
supone feas no lo son tanto para mí. Dicho desajuste me ha
permitido vivir alguna que otra experiencia peculiar e interesante, y
la escritura de este relato supuso, en cierto modo, una oportunidad
para reflexionar sobre tales vivencias.
¿Le critican por no ser políticamente correcto? Pienso en ese
relato de la mujer fea, o en varias de sus novelas…
Llevo más de 40 años escribiendo novelas y he percibido una notable
evolución en cuanto a lo que se considera o se deja de considerar
políticamente correcto y, debido a esos cambios, algunas de mis
obras primerizas tal vez no gocen hoy en día de una prensa
demasiado buena entre cierto sector de lectores. En cualquier caso,
no uso las redes sociales ni estoy, por tanto, pendiente de quién me
critica ni exactamente por qué motivo (y, naturalmente, me
congratulo de no saberlo).
El relato “Flor y nata” va sobre el sentido de la vida…
Trata de subrayar que el desconocimiento que uno tiene de sí mismo
como individuo, en su temprana juventud, no debe suponer un
obstáculo para tirar hacia adelante por la vida. No nos queda otro
remedio que avanzar pese a nuestra ignorancia de lo que somos, y el
relato muestra esta necesidad en la figura de un joven perplejo ante
sí mismo. Se trata de una historia de iniciación en la que el
protagonista es puesto a prueba y guiado, arrastrado quizá, por las
circunstancias y por quienes lo rodean.
Varias de sus obras (Tokio Blues, After Dark…) suceden de
noche. ¿Hay algo del alma humana que no pueda verse a la luz
del sol?
Es extraño, porque yo personalmente me voy a dormir muy
temprano. De modo que no tengo la más remota idea de lo que
ocurre durante la noche. Simplemente, me lo he imaginado. Sin
embargo, recuerdo que, después de haber acabado de escribir After
Página 18
Dark, me fui al centro de Tokio, para asegurarme de no haber escrito
nada erróneo y pude ver que lo escrito era cierto. Para mí fue
demasiado: salí hasta medianoche, e incluso me metí en una de esas
habitaciones de hotel para amantes, que se cobran por horas.
Pero usted regentó un club de jazz, algo debe de saber de la
noche.
Cuando tenía veintipico años…
…Era un pájaro nocturno.
Efectivamente. Yo sabía lo que ocurría en la ciudad durante la
noche… pero, claro, hace 40 años.
En sus libros aparecen bastantes personajes con problemas
mentales. ¿Siente algún tipo de afinidad con la gente que
sufre estas enfermedades?
Todo el mundo, más o menos, tiene algún tipo de problema mental.
Usted y yo, por ejemplo. Todos tenemos nuestro propio tipo de
problemas mentales, que a veces podemos mantener en un plano
inconsciente, sin que aparezcan en la superficie. Pero todos somos
extraños, todos estamos un poco locos. Esa es mi convicción
profunda. Cuando hago aparecer a alguien con una enfermedad
mental, no lo hago aparecer como algo insólito, un freakie, sino como
algo genérico, muy extendido, propio de la naturaleza humana.
Página 19
No, jamás. En mi país es difícil ser un individuo. La gente te juzga en
base al grupo, la oficina o la empresa a la que perteneces. Si trabajas
en Sony, Mitsubishi o en la banca, y has estudiado en la Universidad
de Tokio, te miran con admiración y dicen: “Es un gran hombre”,
“una persona de prestigio”. Si no perteneces a ninguno de esos
grupos, si no trabajas en un despacho u oficina, puedes ser una
persona de talento, muy inteligente, pero eres un don nadie, un cero
a la izquierda. Eso es lo que me sucedió a mí, después de graduarme
en la universidad. Yo no quería trabajar en una gran corporación o en
un despacho. Así que monté mi propio club de jazz, y lo gestioné
durante siete años. Y luego me convertí en novelista. Pero seguía
siendo un perfecto don nadie, no pertenecía a ningún grupo
reconocido, me sentía muy inseguro. Quería ser yo mismo, pero eso,
en Japón, no es algo fácil, de manera que abandoné mi país, en el
que me sentía extranjero. Sencillamente me fui. Pero ahora las cosas
están cambiando.
¿Qué recuerdos tiene de esos siete años en el club de jazz?
Yo era muy feliz. Escuchaba música desde la mañana a la noche, y
era totalmente libre. La libertad es algo muy importante para mí. No
lo es tanto para muchos japoneses, sin embargo. Otras personas
prefieren la armonía, el trabajar muy duramente… La armonía es lo
más importante en Japón. Pero, para mí, la libertad.
¿Para dónde huyó?
Viví en una pequeña isla griega, donde escribí Tokio Blues.
Página 20
proceso, realidad y subrealidad van de la mano, no se contradicen.
No puede uno saber qué es correcto y qué no, qué es real y qué
surreal, no se puede distinguir nada. No sé si me creerá, pero no
podría asegurar que esta conversación que mantenemos sea real.
A veces al lector, por ejemplo, en Kafka en la orilla, le cuesta
leerle, por las escenas de gran violencia que incluye, que casi
salpican sangre. ¿Qué importancia le da a la violencia en su
obra?
Todas las culturas son violentas. Todas las naciones, todos los
pueblos deben superar su propia historia de crueldad, sus hitos de
salvajismo. Existen distintos tipos de prohibiciones a la hora de
expresar esta violencia inherente al ser humano. En la cultura
japonesa contemporánea, sin embargo, la expresión de la violencia
no está prohibida, ni a nivel mental ni legal ni social. Personalmente,
a mí no me gusta describir hechos violentos, es algo que odio…
Pues la escena de los gatos de Kafka en la orilla…
¡Ah, sí! Y aquella otra en que se desuella a un hombre vivo, sí. Odio
escribir ese tipo de cosas. Pero sentí que en ese libro tenía que
hacerlo, porque la historia precisaba violencia, esas escenas
sangrientas. Simplemente es una puerta de entrada al otro lado, al
lado oscuro. Tiene uno que abandonar su yo normal para poder pasar
al otro lado. La violencia, el sexo, los trastornos mentales son eso,
una especie de llave para cruzar la puerta. Tú vives una vida normal
en este mundo, pero tienes que abandonarlo si pretendes ir al otro
lado, y necesitas llaves.
No teníamos una imagen suya como escritor comprometido…
hasta la catástrofe nuclear de Fukushima. Donó 80 mil euros a
las víctimas.
De universitario estaba muy politizado, oía a John Lennon, fumaba y
mi ídolo era el Che Guevara. Todo aquel marxismo ha desaparecido.
Sin embargo, eso no quiere decir que las cosas funcionen bien. Y
Fukushima me cambió. Hemos vivido en un sistema corrupto, falso,
que nos ha conducido a la desolación. El sistema que, en nombre de
una teórica eficiencia, justificaba las centrales nucleares con
argumentos falsos.
¿Cuáles?
La empresa constructora de la central no quiso invertir dinero por si
se producía un gran tsunami, que puede suceder o no una vez cada
unos cuantos siglos, el gobierno rebajó los estándares de seguridad
para que nada se opusiera a su política nuclear y el pueblo japonés
permitió la existencia de este sistema corrupto que condujo a mucha
Página 21
gente a perder familia y amigos, casa y pertenencias, la comunidad,
todo aquello que conforma la base de la vida. Hay muchas personas
que incluso han perdido las ganas de vivir. Japón echó por la borda y
corrompió el ideal de sociedad rica y pacífica que intentábamos
construir, dejándose engañar por una palabra con trampa: eficiencia.
Las compañías eléctricas gastaron grandes cantidades de dinero en
publicidad, compraron a los medios de comunicación e hicieron creer
a los ciudadanos que la producción de energía nuclear era
absolutamente segura y que no quedaba más remedio que depender
de la energía nuclear. Nos decían que tuviéramos en cuenta la
realidad, pero esa realidad era una conveniencia suya, y bautizándola
como realidad cambiaban la lógica sin que nadie se diera cuenta.
¿Por qué sigue corriendo cada día, experiencia que recoge en
su libro De qué hablo cuando hablo de correr?
Porque es una actividad muy parecida a la de escribir una novela, son
dos actividades de larga distancia. Para escribir hay que entrenarse,
prepararse, no sirve cualquiera; eso del escritor borracho es un mito,
hay que tener una fortaleza física y psicológica. Cuando corres,
además, te suceden cosas curiosas. Todos los escritores deberían
correr. Uno va perdiendo vitalidad a lo largo de la vida y su prosa se
resiente. A los 33 años decidí ser fuerte y sano porque, ¿sabe? si no
tienes demasiado talento, como yo creía entonces de mí, sólo la
fortaleza y la vida sana te permiten destacar en la creación. Si eres
un genio, como Mozart, o Pushkin, puedes llevar cualquier tipo de
vida y escribir, pero si no, hay que correr, amigo.
Pero hay muchos “artistas malditos”…
Estoy convencido de que los artistas que llevan una vida malsana se
queman mucho más rápidamente. Los héroes de mi juventud eran
Jimi Hendrix, Jim Morrison, Janis Joplin… todos murieron jóvenes.
Jimi Hendrix era bueno, pero no lo suficiente por culpa de las drogas.
Trabajar en algo artístico es una actividad insana que el creador debe
compensar con una vida equilibrada y deportiva. Buscar historias en
el interior de uno y contarlas es muy peligroso, y correr cada día me
advierte del peligro.
Pero ¿por qué es tan peligroso?
Cuando desarrollas una historia, te enfrentas a un veneno que anida
en tu interior. Sin ese veneno, tu historia será aburrida, insípida
como un pescado hervido. Es como
el fugu, ese pez globo cuyo veneno resulta letal, pero que si se ha
limpiado bien es un plato sabrosísimo. Mis historias están localizadas
en la parte más peligrosa de la conciencia; siento el veneno en mi
Página 22
mente y ofrezco de él una buena dosis al lector, porque tanto él como
yo tenemos unos organismos fuertes.
La identidad sexual, y la personal, en definitiva, ¿es otro de
los temas de sus libros?
¿Sabe?, es curioso, pero no hay una palabra equivalente a identidad
en japonés. No existe. Es imposible hablar de eso.
¿Nos perdemos mucho de usted en las traducciones que nos
llegan del japonés?
Ustedes conocen a autores como Mishima o Kawabata, autores que
aprovechan toda la belleza del idioma japonés, que lo utilizan en todo
su esplendor, de una manera maravillosamente ambigua. Ellos sí son
dificilísimos de traducir. Pero, en cambio, yo utilizo el idioma como
una mera herramienta; sólo quiero contar mis historias. En ese
sentido, es menos difícil traducir mis obras. Mi lenguaje no es
ambiguo. Mis historias sí lo son mucho, pero no mis palabras. Lo
importante es el flujo de la historia. No es correcto adornar las frases
con elementos superfluos e impedir que la historia fluya con
naturalidad. Me gustan las descripciones simples, claras y precisas.
Como la ropa que visto, clara y natural, sin adornos.
Página 23
¿Qué es lo que les interesa, pues?
Supongo que —especialmente los jóvenes— buscan libros que les
muestren una visión más clara del mundo en el que están viviendo en
estos momentos. Me parece que estamos viviendo en un mundo de
caos absoluto. A veces es muy difícil para cualquiera de nosotros
decidir cuál es el correcto camino que seguir y cuál el equivocado.
Hay tantos caminos y tan pocos principios… En ocasiones, incluso no
sabemos ni siquiera qué camino es el de delante y cuál el de atrás,
qué lado es la derecha y cuál la izquierda, qué emoción es real y cuál
de ellas es fingida. Por supuesto, no tengo la respuesta correcta a
todo eso. Pero, como escritor profesional de ficción, he estado
intentando representar la situación de una manera fácilmente
aceptable, tangible, a través de una narrativa viva y cautivadora.
Como hizo Franz Kafka hace más de 100 años.
¿Qué tema social o político le preocupa en estos momentos
pandémicos?
Considero importante oponerse a movimientos y propuestas que, con
la ley en la mano, reducen y limitan la libertad individual en aras de
un supuesto beneficio
social. No me parece aceptable ni en mi país ni en otros. Como señaló
Martin Luther King: “No olvidemos que todo lo que Hitler hizo era
legal”.
Página 24









