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Ramón Preocupón

Estos cuentos te ayudaran a amar la lectura... Son cuentos seleccionados cuidadosamente para despertar el interés del lector.
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Ramn preocupn

Ramn era un nio al que todo le preocupaba: los


sombreros, los zapatos, las nubes, la lluvia o que unos
pjaros enormes vinieran por l y se lo llevaran; su
mam y su pap le decan que no se preocupara, pero
era intil pues segua preocupado. Un da Ramn tuvo
que dormir en casa de su abuelita y ocurri lo de
siempre, no poda dormir. Su abuelita le pregunt:
Por qu no puedes dormir? Y l le explic lo que
pasaba, que todo le preocupaba. Ella le trajo unos
muequitos de madera y tela llamados "quitapesares".
Le explic que si les contaba lo que le preocupaba y
los pona bajo la almohada podra dormir mejor. Ellos
lo
cuidaran
y
se
preocuparan
por
l.
Ramn lo hizo as y durmi muy tranquilo. As pasaron
varios das hasta que un da Ramn comenz a
preocuparse porque los muecos tenan muchas
preocupaciones y no le pareca justo. La maana
siguiente junt retazos de tela y fabric muchos
"quitapesares"
para
que
compartieran
las
preocupaciones. Ramn y todos sus muecos

durmieron tranquilos e incluso les puso nombre a cada


uno.
Browne Anthony, Ramn Preocupn. Mxico, SEP-FCE,
2007.

Lectura con 185 palabras.

Tibil, el nio que no quera ir a la escuela


Tibil, es un hombrecito de seis aos que se re de la maana a la noche.
Y seguira rindose en la cama si no se cayera de sueo de tanto correr y
jugar todo el da.
Un da, sin embargo, Tibil deja de rerse:
Su mam acaba de decirle que pronto tendr que ir a la escuela.
Tibil no quiere ir a la escuela.
No quiere estar encerrado en una clase, frente a una pizarra triste, triste

como el aburrimiento.
Tibil no necesita saber leer ni saber escribir.
Prefiere leer como su abuelo, no sobre el papel, sino en el cielo, donde, de da,
canta el sol, y de noche, baila la luna.
Prefiere leer sobre la tierra roja del camino, donde miles de animales de
todos los colores van y vienen arriba y abajo sin que nadie los obligue a ir a la
escuela.
Tibil no quiere cambiar su ropa roja tan bonita y tan alegre por un uniforme
de un color tan soso que, si se sentara en la playa, lo podran confundir con la
arena y lo podran pisar.
Por eso Tibil est triste.
Pero qu puede hacer para no tener que ir a la escuela?
Las lunas suceden a las lunas, y la escuela va a empezar pronto.
Le pregunta a Kumi, el murcilago, que medita colgado en su rama. Kumi le
responde: Cuando llegue el da de ir a la escuela, te acuestas y te retuerces,
y dices que te duele la barriga.
Tibil piensa que no podra fingir que tiene dolor de barriga todos los das.
Adems, a Tibil no le gusta decir mentiras a su mam.
Interroga a la araa Crope, que siempre lo sabe todo. Crope le dice: Slo veo
una solucin: ve a buscar el cofre de la sabidura.
Est enterrado cerca del ro, entre el papayo y el tamarindo. Scalo con
precaucin, brelo y encontrars lo que buscas.
Tibil va corriendo hasta el ro, escarba el suelo entre el papayo y el
tamarindo. Nota un objeto muy duro y lo saca. Es un cofre. Intenta abrirlo,
pero no lo consigue.
Ku-kut, la ave, le grita: Qu haces, Tibil? Intento abrir el cofre de la
sabidura.
Es muy fcil. Slo tienes que leer la placa que est debajo del cofre. All lo
explica todo.
Tibil le da la vuelta al cofre, baja la cabeza tristemente, y no dice nada. Y
ahora qu pasa? dice la ave. No s leer.
No sabes leer? JA! JA! JA! NO SABE LEER!, grita para que lo oiga todo
el mundo. NO SABE LEER!, repiten las aves. NO SABE LEER!, responde el

eco.
Tibil vuelve a dejar el cofre en su escondite lo cubre con tierra y se va.
Cuando cree que las aves ya no lo pueden ver, echa a correr hasta llegar a su
casa y le pregunta a su mam: Falta mucho para que empiece la escuela?
Marie Leonard, Tibil, el nio que no quera ir a la escuela, Andre Prigent, ilus.
Mxico, SEP-Juventud, 2008.
Lectura con 484 palabras.

El rbol generoso
Haba una vez un rbol que amaba a un nio. Y todos los das
el nio vena y recoga sus hojas para hacerse con ellas una
corona y jugar al rey del bosque; suba por su tronco y se
meca en sus ramas y jugaban al escondite. Cuando estaba
cansado, dorma bajo su sombra; lo amaba mucho y el rbol
era feliz. Pero el tiempo pas. Y el rbol se quedaba a
menudo solo. Un da, vio venir a su nio y le dijo:
Ven, sbete en mis ramas, juega bajo mi sombra y s feliz.
Ya soy muy grande para trepar y jugar dijo el muchacho.
Quiero comprar cosas y divertirme, necesito dinero.
Podras
drmelo?
No tengo dinero dijo el rbol. Coge mis frutos y vndelos
en la ciudad. As tendrs dinero y sers feliz.
Y as hizo el muchacho y el rbol se sinti feliz. Pero pas
tiempo y el nio no volva. El rbol estaba triste.
Un da, regres el muchacho; el rbol se agit alegremente y

le
dijo:
Ven, sbete, mcete en mis ramas y s feliz.
Estoy muy ocupado dijo el joven. Quiero una esposa y
unos nios. Necesito una casa. Puedes drmela?
No dijo el rbol, pero puedes cortar mis ramas y hacerte
una
casa.
Entonces
sers
feliz.
Y as hizo el hombre y el rbol se sinti feliz. Cuando,
despus de mucho tiempo, el hombre volvi, el rbol estaba
tan
feliz
que
apenas
pudo
hablar.
Ven
susurr.
Ven
y
juega.
Estoy muy viejo para jugar dijo el hombre. Quiero un
bote que me lleve lejos de aqu. Puedes drmelo?
Corta mi tronco y hazte un bote dijo el rbol.
El hombre cort el tronco y se hizo un bote y naveg lejos.
Y el rbol se sinti feliz. Cuando volvi a ver al hombre,
mucho
tiempo
despus,
le
dijo:
Lo siento, pero ya no tengo nada para darte. Ya no me
quedan frutos, ni ramas, y casi ni tengo tronco. Quisiera
poder darte algo, pero ya no me queda nada. Lo siento.
Yo no necesito mucho ahora contest el viejo. Slo un
lugar
para
reposar.
Bien dijo el rbol reanimndose, un viejo tocn es bueno
para sentarse a descansar. Ven, sintate y descansa.
Y el viejo se sent. Y el rbol fue feliz.

Shel Silverstein, El rbol generoso. Mxico, SEP-Zendrera


Zariquiey, 2004.
Lectura con 387 palabras.

El payaso que no haca rer

rase
una
vez
un
payaso.
Antes de cada funcin se maquillaba. Pero no resultaba.
Antes de cada funcin practicaba. Pero no resultaba.
Hasta que el dueo del circo le dijo que si en la funcin de
esa noche no triunfaba, al otro da debera marcharse para
siempre.
Antes de la funcin, el payaso se maquill, se prepar,
practic, se deprimi... Y sali a la pista ms nervioso e
inseguro
que
nunca.
Entonces, al ver el apuro del payaso, una nia del pblico le
regal
una
flor.
El payaso se emocion tanto que el llanto brot de sus
maquillados
ojos.
Y
al
correrle
las
lgrimas
por
la
cara...
...se le corri el maquillaje y comenz a dibujarle en el
rostro
las
expresiones
ms
extraas.
Las
expresiones
ms
simpticas
y
divertidas.
Y ahora s result. El pblico no par de rer.
Enrique Martnez, El payaso que no haca rer. Mxico, SEPTan, 1997.

Lectura con 139 palabras

El len que no saba leer


El len no saba escribir. Pero eso no le importaba porque
poda rugir y mostrar sus dientes. Y no necesitaba ms.
Un
da,
se
encontr
con
una
leona.
La leona lea un libro y era muy guapa. El len se acerc y
quiso besarla. Pero se detuvo y pens: Una leona que lee es
una dama. Y a una dama se le escriben cartas antes de
besarla. Eso lo aprendi de un misionero que se haba
comido.
Pero
el
len
no
saba
escribir.

As que fue en busca del mono y le dijo: Escrbeme una


carta
para
la
leona!
Al da siguiente, el len se encamin a correos con la carta.
Pero, le habra gustado saber qu era lo que haba escrito el
mono. As que se dio la vuelta y el mono tuvo que leerla.
El mono ley: Queridsima amiga: quiere trepar conmigo a
los rboles? Tengo tambin pltanos. Exquisitos! Saludos,
Len.
Pero noooooo!, rugi el len. Yo nunca escribira algo
as! Rompi la carta y baj hasta el ro.
All el hipoptamo le escribi una nueva carta.
Al da siguiente, el len llev la carta a correos. Pero le
habra gustado saber qu haba escrito el hipoptamo. As
que se dio la vuelta y el hipoptamo ley:
Queridsima amiga: Quiere usted nadar conmigo y bucear
en busca de algas? Exquisitas! Saludos, Len.
Noooooo!, rugi el len. Yo nunca escribira algo as!
Y esa tarde, le toc el turno al escarabajo. El escarabajo se
esforz tremendamente e incluso ech perfume en el papel.
Al da siguiente, el len llev la carta a correos y pas por
delante
de
la
jirafa.
Uf!, a qu apesta aqu?, quiso saber la jirafa.
La carta! dijo el len. Tiene perfume de escarabajo!
Ah
dijo
la
jirafa,
me
gustara
leerla!
Y ley la jirafa: Queridsima amiga: Quiere usted

arrastrarse conmigo bajo tierra? Tengo estircol!


Exquisito!
Saludos,
Len.
Pero noooooo! rugi el len Yo nunca escribira algo as!

No
lo
has
hecho?,
dijo
la
jirafa.
No! rugi el len Noooooo! No! Yo escribira lo
hermosa que es. Le escribira lo mucho que me gustara
verla. Sencillamente, estar juntos. Estar tumbados,
holgazaneando, bajo un rbol. Sencillamente, mirar juntos
el cielo al anochecer! Eso no puede resultar tan difcil!
Y el len se puso a rugir. Rugi todas las maravillosas cosas
que
l
escribira,
si
supiera
escribir.
Pero el len no saba. Y, as, continu rugiendo un rato.
Por qu entonces no escribi usted mismo?
El len se dio la vuelta: Quin quiere saberlo? dijo.
Yo
dijo
la
leona.
Y el len, de afilados colmillos, contest suavemente: Yo
no he escrito porque no s escribir. La leona sonri.
Si queremos decir algo, con nuestros propios sentimientos e
ideas, tenemos que escribirlo nosotros mismos.
Martin Baltscheit, El len que no saba escribir. Mxico, SEP-Lguez, 2007.
Lectura con 458 palabras.

Ramón preocupón
Ramón  era  un  niño  al  que  todo  le  preocupaba:  los
sombreros, los zapatos, las nubes, la lluvia o que
durmieron tranquilos e incluso les puso nombre a cada
uno.
Browne Anthony, Ramón Preocupón. México, SEP-FCE,
2007.
 
 
Lectur
como el aburrimiento.
Tibilí no necesita saber leer ni saber escribir.
Prefiere leer como su abuelo, no sobre el papel, sino
eco.
Tibilí vuelve a dejar el cofre en su escondite lo cubre con tierra y se va.
Cuando cree que las aves ya no lo pueden ver
le
 
dijo:
–Ven,  súbete,  mécete  en  mis  ramas  y  sé  feliz.
–Estoy muy ocupado –dijo el joven–. Quiero una esposa y
unos
Shel Silverstein, El árbol generoso. México, SEP-Zendrera
Zariquiey, 2004.
 Lectura con 387 palabras.
El payaso que no hacía
Lectura con 139 palabras
El león que no sabía leer
El león no sabía escribir. Pero eso no le importaba porque
podía rugir y
Así que fue en busca del mono y le dijo: ―¡Escríbeme una
carta
 
para
 
la
 
leona!―
Al día siguiente, el león se encaminó a
arrastrarse  conmigo  bajo  tierra?  ¡Tengo  estiércol!
¡Exquisito!
 
Saludos,
 
León.―
―¡Pero noooooo! –rugió el león– ¡Yo n

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