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Reseña del libro El liderazgo al estilo de los Jesuitas

El presente artíclo fue publicado en el suplemento Dominical del diario El Comercio el día 8 de
mayo y presenta una reseña sobre el libro El Liderazgo al estilo de los Jesuitas
[13/05/2005]Opinión
EL LIDERAZGO AL ESTILO DE LOS JESUITAS
Cuenta la historia que un noble italiano, llamado Roberto de Nóbili, llegó a la India en 1606. Había dejado atrás,
irrevocablemente, la suntuosa vida de su Florencia natal. De Nóbili, para asimilarse a la cultura que lo había de
acoger, se afeitó la cabeza dejando solo un mechón frontal que untó con pasta de madera de sándalo; vistió en
adelante una túnica de color ocre y adoptó el régimen austero de los guías hindúes, a quienes persuadió de que
lo instruyeran en las sagradas escrituras de los Vedas.
De Nóbili llegó a dominar el sánscrito, estudió las doctrinas del hinduismo y hasta escribió, en lengua popular, un
tratado sobre la vida eterna. Y así empezó a abrirse paso. Una vida singular que no sería extraordinaria si no
fuera porque era un sacerdote católico que cumplía misión. Y era jesuita.
No menos audaz fue Johann Schall, un jesuita alemán que acometió no pocas hazañas en la China, poco
después de las aventuras del florentino. Shall se hizo chino en todo salvo en la fe. Gozó de la gracia del
emperador, reformó el calendario del país, ejerció de arquitecto y abrió las vías para los sucesores.
¿Eran esas las virtudes de la Compañía de Jesús: el espíritu audaz y creativo en los métodos y heroico en sus
empresas? Sí, las eran, a menos que mucho se equivoque Chris Lowney, que lo afirma en un sugerente libro
intitulado El liderazgo al estilo de los jesuitas. Las mejores prácticas de una compañía de 450 años que cambió el
mundo.
EL AUTOR Y SUS FUENTES
Lowney, alguna vez un novicio jesuita, un día abandonó el camino religioso y transitó por el empresarial. Hizo
una sideral carrera en J. P. Morgan en donde descubrió que muchas de las doctrinas actuales sobre liderazgo,
que tanto espacio ocupan en los escaparates, ya habían sido practicadas por aquella orden religiosa fundada por
Ignacio de Loyola, un vasco de la España del siglo XVI.
Lowney sostiene que cuatro son los pilares en que reposa el liderazgo jesuita: conocimiento de uno mismo,
creatividad, amor, heroísmo. En auxilio de su tesis invoca la historia de los orígenes de la Compañía de Jesús:
Loyola es el autor de los Ejercicios espirituales, el que recomienda fijarse metas cada vez más altas, el que
impone rutinas para que uno se pida cuentas de sus actos, útiles para ver si uno se ha alejado o no de sus
objetivos. Ignacio es el hombre que asigna tareas osadas, el que obliga a aguzar el ingenio, el que "delega
poderes" (como diríamos hoy) confiado en la aptitud de sus discípulos, a los que reclutaba por su talento y no por
su abolengo.
Por aquel entonces -recuerda Lowney- las congregaciones religiosas llevaban una vida alrededor del convento,
hecha de costumbres severas y rígidas. Los jesuitas, desde el comienzo, cruzaron valles y mares con el fin de
"ayudar a las almas" bajo el signo de la cruz, recordando que "todo el mundo es nuestra casa", acometiendo las
cosas "con más amor que temor" y despertando en el prójimo "grandes deseos".
Así comenzó la historia de una compañía que creció con rapidez y antes de dos siglos años ya era la red
educativa más prestigiosa de Occidente. El poder que adquirió la orden fue también su amenaza porque se ganó
enemistades, destierros y hasta la abolición de su nombre en los mármoles de la Iglesia. Sí, alguna vez la
Compañía, oficialmente, desapareció de la faz de la tierra. Pero refloreció.
Lowney, en sus páginas, a menudo hace cinematográficos saltos temporales para comparar una estrategia
jesuita con alguna práctica seguida por alguna corporación norteamericana de éxito. Muchas son las preguntas
que uno se plantea recorriendo el libro: ¿son los cuatro pilares una fiel reconstrucción del ideario de Ignacio? ¿O
tal vez son una versión moderna, matizada y quizá a ratos forzada, para que empaten, como anillo al dedo, los
valores de una vieja sociedad religiosa con una empresa del siglo veintiuno? Sea como fuere, el libro de Lowney
es un esfuerzo original que intuye una analogía nunca antes explorada. En su pluma hay claridad, agilidad y aun
humor (dice de la compañía que nació sin capital ni un plan de negocio).
Ahora que las empresas han entrado en una "etapa religiosa", en la que conciben una "visión y una misión", en la
que los líderes (no ya los jefes de antes) buscan la depuración del espíritu para guiar a los demás y ejercitan la
inteligencia emocional para que reine la concordia, los presbíteros y acólitos del liderazgo podrían sacar
provecho de las lecciones de una compañía que siempre se propuso actuar "para mayor gloria de Dios".