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EL HUMOR EN EL LENGUAJE MUSICAL

Nicolás Barrios Mannara

El humor es parte de la vida social del ser humano. Suele ser bien recibido mientras más
competencias para la interpretación exijan del receptor. Es que el humor es una práctica
intelectual y por ello necesita un lenguaje. Tomando a Calabrese, las características para
definir un lenguaje son un sistema de signos coparticipado, coherencia en el
funcionamiento del código (cuyas reformulaciones deben estar basadas en el sistema), la
forma y el contenido y un efecto estético determinado por la forma de la construcción del
discurso. Analizaremos una imagen de “humor musical”, cuya riqueza radica en que abstrae
el código (el sistema de signos de representación musical) de la obra de arte. “Thirds”
(“Terceras”): el sistema de signos es el musical, gracias a la coherencia que tiene
entendemos que todos los tiempos son diferentes por estar escritos de otra manera, las
reformulaciones (variaciones) que crea están basadas en el funcionamiento del código: lo
vertical es lo “simultáneo” y lo que está desfasado, no lo es; y el efecto que genera no es
estético sino, como todo chiste, crítico.
“Thirds”, Eugene Chan
Otro aspecto para tener en cuenta en esta comunicación son las competencias del emisor y
del receptor, que según Kebrat-Orecchioni, son fundamentales. Las competencias
lingüísticas y paralingüísticas: una persona que no sabe nada de música se le hace
imposible entender el chiste, incluso una persona que sepa música pero que no haya pasado
por la experiencia de estudiar esta obra de Chopin tampoco se va a sentir identificada; otros
factores son las competencias ideológicas y culturales, las determinaciones psi, las
restricciones del universo del discurso. Es decir, por una parte el discurso está dirigido a
cierto grupo de personas, y dentro de ese grupo cada quien lo interpretará a su manera de
acuerdo a lo expuesto anteriormente. Según Jakobson, este mensaje tiene una función
metalingüística ya que su punto más importante está en el código.
Desde una perspectiva semiótica (Pierce), “Thirds” es signo de una situación. El sonido de
las notas representadas sería el objeto, lo que está escrito sería el representamen y el
interpretante es el signo que surge en la mente. Si no hay un conocimiento previo es
imposible que haya semiosis, es decir, es imposible que se dé la relación entre objeto-
representamen-interpretante. En este caso la relación entre el objeto y el representamen es
de una convención para la escritura de música, quiere decir que es una representación
simbólica. Analizaremos un segundo caso. En “Refuge” hay una multiplicidad de signos de
diferentes tipos y a su vez la relación entre ellos forma un nuevo signo. Este proceso puede
resumirse así: vemos un dibujo de una persona debajo de un piano, la relación entre R y O
es de iconicidad, es una “imagen” por su parecido con el objeto. Luego observamos un
símbolo sobre el piano que representa el silencio musical (por convención). Pero al estar
relacionados estos dos signos, ambos conforman otro signo más, que es el objetivo del
chiste. El silencio de redonda no es más el de la partitura, sino que es resignificado como
silencio del ambiente (o ausencia de música, podría ser), lo que da mayor connotación a la
imagen de la persona debajo del piano: también se resignifica. Este proceso Pierce lo llama
semiosis infinita. Otro aspecto interesante es la mezcla del lenguaje musical y el pictórico.
“Refuge”, Eugene Chan
En conclusión, el uso del lenguaje musical, con su sistema de signos, para el humor es una
clara muestra de su condición como tal ya que involucra las características propias que lo
definen, según Calabresse. Además, como todo lenguaje, puede ser un mensaje transmitido
del emisor al receptor, cada uno con las competencias y contextos con los que lo
construyen: en los casos que vimos está dirigido a un público determinado y es interpretado
de maneras diferentes, tomando a Orecchioni. Por último, haciendo referencia a Pierce,
toda comunicación es un complejo proceso semiótico donde se involucran conocimientos
anteriores y reinterpretaciones de signos, fundamentales para entender el humor.