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Cartas en Psicoterapia

Gustavo Lanza Castelli gustavo.lanza.castelli@gmail.com

[Publicado en dePsicoterapias.com,

http://www.depsicoterapias.com/autorbio.asp?IdAutor=8]

El uso de la escritura en el proceso psicoterapéutico, como valioso auxiliar o adjunto del mismo, ha sido postulado en una serie de trabajos clínicos e investigaciones empíricas. (White, M. y Epston, D., 1980; Oberkirch, A., 1983; Kelley, P., 1989; Mahoney, M., 1991; Neimeyer, R., 1995; Schneider, M.F.y Stone, M., 1998: Smith, C.E., et al., 2000; Leahy, R.L. 2003; Graf, M.C., 2004; Lanza Castelli, G. 2004a, 2004b). La utilidad de este recurso es múltiple: por un lado estimula la participación activa del paciente, y de este modo favorece que éste pueda ubicarse como agente activo del proceso de su curación, lo cual optimiza este proceso, refuerza el compromiso del paciente, su motivación, su sentimiento de autoeficacia (Frank, K.A., 2001), y le proporciona, además, una herramienta para encarar los conflictos cuando, por distintos motivos, la relación terapéutica se interrumpe o llega a su finalización. Asimismo, en las condiciones actuales en que la mayoría de los tratamientos se realizan con una periodicidad de una sesión por semana, permite un aprovechamiento del tiempo entre sesiones que, según muestran las investigaciones al respecto, tiene un efecto sumamente positivo para profundizar, acelerar y consolidar los logros de la psicoterapia (In Session,

2002).

Los formatos posibles de tal escritura son variados, y van desde el registro de autoobservaciones utilizados por los terapeutas cognitivos (Beck et al., 1979, Semerari, A., 2000) , hasta la escritura sistemática de un diario personal o de autoexploración (Lanza Castelli, G., 2004b), pasando por diversas modalidades, como el escribir cartas, el escribir 15 minutos por día, a lo largo de 4 días, sobre los sucesos más traumáticos que se hayan vivido (Pennebaker, J.W., 1990; Graf, M.C., 2004), etc. También las técnicas son múltiples: los pacientes pueden practicar la escritura libre, o escribir de corrido incluyendo los pensamientos en paralelo que les surgen mientras lo hacen, realizar diálogos imaginarios con otras personas o con distintos aspectos de sí mismos, etc. En el presente trabajo deseo indagar la utilidad que tiene la escritura de cartas, no para enviar, en determinada situación en el curso de un proceso terapéutico, sea que este procedimiento se repita con frecuencia, o se intercale con otras modalidades de escritura (por ej el diario personal), sea que se utilice una única vez. Con tal objetivo realizaré, en primer término, una breve presentación de una paciente, cuyo material clínico me fuera cedido por una colega, que investiga conmigo el uso de la escritura en psicoterapia. A continuación transcribiré, en forma textual, la carta que escribiera en su casa y que después trabajara con su terapeuta en la sesión inmediata posterior. Acto seguido, haré una descripción de los cambios ocurridos durante la escritura. Posteriormente analizaré los fundamentos de estos cambios y concluiré enumerando los tres factores que explican la eficacia de la escritura de la carta.

Material clínico La paciente, a la que llamaremos Myriam, tiene 30 años de edad, es abogada y trabaja como tal en una empresa estatal, en un sector en el que depende del Jefe de Personal. Consulta originariamente debido a un rebrote de lupus, enfermedad que padece desde hace

unos años. En el momento de comenzar la terapia, debido a que se sentía muy mal, no iba a

la oficina y trabajaba desde su casa por medio de la computadora.

Al poco tiempo de haber iniciado el tratamiento se reintegra algunos días por semana a su trabajo. Manifiesta en esa ocasión que tenía temor de volver porque el ambiente de la oficina era muy hostil. En las sesiones posteriores a su reinserción habla de diversos temas, hasta que llega a una

sesión en estado de máxima furia, diciendo que la "saca" el jefe de Personal, del cual había ha blado ya varias veces, siempre con marcada hostilidad: "Me saca! Es un pelotudo!! Están donde están porque son lameculos" Relata aquí una escena que la enfureció y luego agrega "me saca al nivel que esto sucedió al mediodía y a la noche no me podía dormir" Agrega que mientras no podía conciliar el sueño pensaba la forma de matarlo; imaginaba que le daba un ACV, o que lo echaban; también pensaba en mandarlo matar, pero entonces agrega que no, que no se conformaría con eso, que querría matarlo ella con sus propias manos.

pero no puedo

hacer nada, no puedo hacer nada!!" Cuando la terapeuta le pregunta qué es lo que la enfurece tanto, la paciente dice: "es

injusto, es injusto!! El tipo ése gana más que yo y no labura en todo el día. Encima, por un informe anual que hace le pagan 7 lucas, 7 lucas!!. Además, me hincha las pelotas estar perdiendo tiempo de mi sesión por este pelotudo!!” La paciente relata que ella no le contesta los mails que él le envía porque no quiere acreditarlo como jefe, y también que, como es un incapaz, ella se anticipa y hace mucho trabajo que considera que por más que le corresponda a él, él no lo sabría hacer. Prosigue furiosa y dice que se siente impotente ante esa injusticia, lo cual la enerva más todavía. Reitera que "pienso las formas de aniquilarlo, pero me queda aca la furia” -señala la cabeza- En ese momento la terapeuta le sugiere que por qué no le escribe una carta, no para enviarle. "ah, sí, le voy a escribir" acepta rápidamente.

Y agrega "Si yo pudiese modificar todo esto matándolos a todos, al menos

A la sesión siguiente, la paciente trae la siguiente carta, que lee en voz alta

(Nota: la carta es textual. Sólo he agregado algunos números a los costados para identificar

después, en el análisis de la misma, los 4 fragmentos en que la he dividido)

1) Reverendo hijo de puta:

Motiva la presente ponerte en conocimiento de lo que pienso de vos y de tu “carrera laboral”. Si hay algo que me saca de quicio es el triunfo de la mediocridad: la tuya y la de los idiotas que te avalan. Un tipo que juega al solitario todo el día, un maestro cuando se trata de evadir responsabilidades es premiado con un cargo y un sueldo más alto que el mío. Eso me da mucha bronca y odio.

(aca la paciente intercala: “lo subrayé porque cuando lo escribía me dí cuenta que eso era lo que más bronca me daba!”)

Vivir en un mundo donde no se valora el trabajo, el esfuerzo y la idoneidad; sólo las lamidas de culo. Aunque en el fondo debe ser terrible, a tu edad, tener que lamer culos para estar y permanecer en el laburo. Evidentemente sos plenamente consciente de tu incapacidad, que además nadie se encarga de desmentir. Si lo pienso, creo que yo me mataría si tuviera que estar 8 horas con el culo en una silla jugando

al solitario, debe ser lo más frustrante y desvalorizador que hay. El cerebro, que en tu caso ya

murió, se te anquilosa. 2) Ves? Eso es algo más que tengo a favor, cuando estoy es porque tengo laburo, o al menos

tengo con quien hablar, y cuando quiero me voy, vos, en cambio, no contás con esa suerte. Tu único recurso para cobrar un sueldo es calentar una silla.

Por

más que yo tengo que hacer cosas que me pedís, por ej, contratos, vos nunca podrás estar

por

encima mío ya que dependerás de mí o de otro abogado, pero solo no podés resolver nada

porque te faltan los conocimientos. Con leer la ley no basta, si fuera así nadie necesitaría

abogados.

La verdad que me tendrías que dar lástima, pero la maldad nunca me la provoca. Además creo

que vivir con vos mismo, apoyar la cabeza en tu almohada, estar en tus zapatos, debe sentirse

como una gran humillación.

No tener principios morales, llevar una línea de conducta signada por la mediocridad, el miedo a

la inteligencia ajena, calculo que es suficiente castigo. Que no haya nadie, ningún empleado de

XX que en privado pueda decir algo bueno de vos, ni siquiera tus hijos (Nota: son empleados

también de XX)

Bueno, creo que ver la cara de orto eterna que tiene tu mujer (Nota: que también trabaja ahí) es suficiente para darse cuenta que sus vidas son una mierda. Que feo debe ser todo eso, y creo que lo peor es el miedo a los inteligentes, eficientes, idóneos por creerse totalmente incapaz en esos ámbitos. Al menos yo tengo una baja autoestima, pero no tengo esos miedos, por el contrario admiro y trato de emular esas características. Constantemente estoy tratando de superar mis límites y mejorar. En cambio tu receta es cagar a alguien mejor, y siempre vas a encontrar en tu camino a alguien mejor, y posiblemente un día encuentres uno que te cague, y ahí, pobrecito!! ¿de qué vas a vivir? ¿Acaso te crees que los que te avalan no saben que sos un incapaz, un mal bicho, una persona sin escrúpulos que se vende al mejor postor?

Por Dios, ¿qué sentido tiene ni siquiera el odiarte? Ni lastima ni odio, NADA.

Un sujeto de tus características no tiene ni que existir en mi mundo, en el que por más que sea

injusto al menos cuento con herramientas para sobrevivir que dependen exclusivamente de mí.

Y me enorgullezco de mi línea de conducta, de que nadie pueda decir que soy mala persona ni

incapaz, todo o mejor dicho, lo poco que tengo, lo logré gracias a mi cerebro y a mi honestidad.

En realidad, la que tiene que cambiar la actitud soy yo, ¿cómo puede ser que me molestes? Es como si un león odiara a una hormiga. Hoy te tengo a vos que intentás joderme, pero no podés porque sino no boludearías con estupideces, pero mañana tal vez tenga a otro mediocre, pero tengo la suerte que tal vez, como ya me ha pasado, tengo la oportunidad de trabajar con alguien de quien pueda aprender.

En cambio a vos jamás te pasaría, porque nunca alguien inteligente querrá laburar con vos, los útiles nunca buscamos inútiles de asesores, trabajadores o aprendices. Nos rodeamos de iguales o mejores, nunca de LACRA. Gracias a Dios y a mi voluntad yo voy a mejorar día a día, en cambio vos siempre serás lacra, tal vez hasta te jubiles en XX, Horror!!! En cambio yo, gracias a mi capacidad tengo un abanico de posibilidades, solamente tengo que ponerme las pilas y encontrar el momento oportuno. 3) Está bien, ganás y ganarás más que yo, pero los propios recursos es algo que NO se puede comprar, el saberse útil tampoco, ganaré menos y tal vez hasta tengo que cumplir tus pedidos u órdenes, pero eso no quebrará ni cambiará mi esencia ni mi espíritu. El cumplir tus órdenes, estar por debajo en estructura, no me hace menos, simplemente es una prueba más de las injusticias y mediocridad existentes en el mundo. El estar por debajo no aminala mi superioridad moral e intelectual, pero creo que sí incrementa tus miedos, tu vergüenza, aunque no te des cuenta. Es muy vergonzoso tener algo no merecido y que todo el mundo lo sepa. Estar por debajo no me hace menos inteligente ni capaz, es la realidad, un mundo en el que triunfan los IDIOTAS, los acomodaticios, los vendidos, inescrupulosos y lame ortos. Pero no estoy dispuesta a hacer nada de eso para ganar más plata, porque tendría más plata pero no podría vivir conmigo misma, me odiaría, me sentiría una mierda y una minusválida. 4) Me niego a informarte o a responder los mails porque siento como si con ello te legitimo, pero ahora me doy cuenta que no es así, lo único que a uno puede legitimarlo en el cargo que ocupa es la idoneidad y el respeto y apoyo de sus subalternos, y vos no contás con ninguna de estas cosas. Si no hago lo que debo la que se jode soy yo y además te doy más herramientas para cagarme, por lo tanto voy a cumplir con las normas y te informaré y contestaré tus mails, con eso te cago al no darte armas para joderme. Es más, muchas cosas que yo hago y corresponden a tu cargo, te las voy a derivar, me saco laburo de encima y te jodo a vos.

(Nota: después de escribir esta carta la paciente va a trabajar, pone en práctica lo que expresó que haría, y agrega entonces lo siguiente)

Después de haberte dicho todo esto y haber tomado algunas de las medidas que dije, me siento mucho mejor. Es más facil decir OK y listo!!!

Descripción de los cambios ocurridos durante la escritura:

Para reflexionar acerca de los procesos que ocurren en la paciente durante la escritura de la

carta (no enviada) así como sobre el efecto de este acto, creo que sería de utilidad entender con claridad cuál es la situación que la pone furiosa y qué es lo que hace con ella durante la escritura.

A tal efecto, distinguiremos 3 momentos: una situación inicial en la que surge la furia, un

proceso que se lleva a cabo durante la escritura y un estado final en el que la furia ha

disminuído fuertemente.

Desearía analizar cada uno de estos momentos (situación inicial, proceso durante la escritura, estado final) para poder pensar entonces cuál es el efecto concreto que ha tenido

la escritura de la carta y a qué factores se ha debido.

a) La situación inicial está configurada como una situación triangular en la que hay un

dador poderoso que tiene la posibilidad de distribuir bienes económicos y cargos. Podemos inferir que Myriam tiene el deseo de recibir, ella misma, un cargo jerárquico y un sueldo mayor, pero, en vez de eso, quien los recibe es el jefe, ubicado, desde la perspectiva de ella,

en la posición de rival favorecido, que "triunfa" (" premiado con un cargo y un sueldo más

es

alto que el mío. Eso me da mucha bronca y odio."). Ante ese rival que triunfa de ese modo

sobre ella, Myriam siente que padece una derrota humillante e injusta. El cargo de jefe lo pone a él por encima, en la medida en que le da órdenes que Myriam tiene que cumplir, y el dinero que él gana, más que el que percibe la paciente, subraya también esta distribución posicional.

Y es desde esta posición de quedar por debajo, de derrotada y humillada, de la que padece

una injusticia, y a raíz de esta posición, que surge la furia: hacia el dador, al que califica de idiota e injusto, y hacia el jefe, rival injustamente favorecido, respecto del cual podemos también conjeturar un fuerte sentimiento de envidia. Esta furia intensa, que se traduce en un deseo asesino, no tiene, en esta posición, encauzamiento posible ya que ella nada puede hacer para modificar las cosas, matándolos.

no puedo hacer

nada, no puedo hacer nada!!" Hay una relación, entonces, entre la injusticia padecida, el no poder realizar, activamente, ninguna acción para modificar las cosas, y el padecer, en posición pasiva, estados de furia que la inundan. La única acción que la paciente realiza, en un intento de no acreditarlo

como jefe y no convalidar, por ende, esa situación injusta, es no contestarle los mails que él

le envía. Pero esta acción nada modifica ni la alivia en modo alguno. (en el curso de la

escritura descubre que, en realidad, la perjudica). La situación, hasta aquí, aparece cerrada y sin posibilidades de resolución. Es en este punto que interviene la terapeuta y le sugiere que le escriba una carta al jefe (no para enviar). O sea, la única acción que se le aparecía a la paciente como aquella que podría modificar las cosas (matarlos), no es posible. Pero sí es posible -éste es el mensaje de la

terapeuta- otra acción, la acción de escribirle una carta. Esta acción podría, tal vez, ayudarla

a salir del estado de impotencia y pasividad. La paciente acepta entusiasmada esta sugerencia.

"Si yo pudiese modificar todo esto matándolos a todos, al menos

pero

b) El proceso de escritura: durante el acto de escritura ocurren una serie de procesos que

querría caracterizar. En la parte 1) la paciente advierte que lo que más la enoja es que el jefe sea premiado con un sueldo y un cargo más alto que el de ella. O sea que este parámetro, de cargo, poder y dinero, es el que ella jerarquiza para establecer la asimetría entre ambos. Myriam realiza un primer movimiento en su carta cuando, sin cuestionar la superioridad de

él (en cuanto que gana más y tiene un cargo superior) ni el valor de esos bienes para

determinar la distribución posicional (él arriba, ella abajo), cuestiona los métodos del jefe

para lograr esa supremacía y ese triunfo ("

culos para estar y permanecer en el laburo"). Prosigue entonces relacionando ese proceder

con la incapacidad de tener esos logros por otras vías ("Evidentemente sos plenamente

debe

ser terrible, a tu edad, tener que lamer

consciente de tu incapacidad

"),

y enfatiza esto aludiendo a que el cerebro de él ya murió.

Luego, en 2), empieza a invertir la situación: es ella la que tiene cosas a favor, en primer término la posibilidad de irse si no tiene trabajo, o el tener con quien hablar, mientras que él

("Tu único recurso para cobrar un sueldo es calentar una silla").

Aquí la paciente comienza a cambiar los parámetros con los que se establecen las valoraciones y, por ende, los posicionamientos recíprocos. Ya no subraya el dinero, el cargo y el poder, sino el tener recursos y conocimientos. A través de este desplazamiento hacia este otro parámetro, ella puede comenzar a invertir la situación: en eso ella lo

aventaja. ("

Incluye, a continuación, otro parámetro de valoración: los valores morales, con lo cual logra reforzar más la inversión posicional; enfatiza entonces otros aspectos que marcan la bajeza de él y, por ende, la distancia entre ambos, estando ella ahora en posición superior:

la falta de principios morales, la mediocridad, el miedo a la inteligencia ajena, el que nadie pueda decir algo bueno de él, el que el malestar que provoca se lea en la cara de la mujer, el

miedo a los idóneos. Ella, por el contrario, " y trato de emular esas características"

-inteligencia, eficiencia, idoneidad-. Prosigue de esta forma durante todo el punto 2). En este recorrido la paciente realiza, en lo esencial, un proceso de inversión posicional que lleva a cabo mediante el uso de dos procedimientos: denigración del rival -- autoexaltación. Los parámetros que toma para esta operación son la superioridad intelectual y la moral. En cada uno de ellos establece una polarización entre el jefe y ella, atribuyéndole a él los atributos negativos y atribuyéndose ella los positivos complementarios (así por ej., al miedo a la inteligencia e idoneidad ajenas de él, le contrapone su propia admiración por la inteligencia ajena, el deseo de rodearse de inteligentes e idóneos, etc., etc.). Después de haber remarcado acabadamente esta superioridad de ella y la denigración de él vuelve, en el punto 3), a retomar el problema incial, el que más la enfurecía: que él ganara más que ella. Pero ahora, mereced al trabajo de inversión posicional realizado, ya no sucumbe a los ataques de furia, puesto que tiene lo que contraponerles y cómo

neutralizarlos ("Está bien, ganás y ganarás más que yo, pero los propios recursos es algo que NO se puede comprar, el saberse útil, tampoco, ganaré menos y tal vez hasta tengo que cumplir tus pedidos u órdenes, pero eso no quebrará ni cambiará mi esencia ni mi espíritu"). O sea, en

base al deslizamiento del acento hacia estos nuevos parámetros de valoración (capacidad y moral), que ella ahora jerarquiza más que el ganar más dinero, puede aceptar esta diferencia económica y ubicarse, no obstante, en una posición superior a la de él, sobre todo en la medida en que diferencia un estar por encima en la estructura (el jefe) de un estar por encima en lo personal (ella) y privilegia este último. Luego de todas estas operaciones, el "tener" (dinero, cargo, poder) cuya distribución injusta fuera al comienzo motivo de furia, cambia de signo: ya no implica triunfo, o si lo implica es un triunfo que avergüenza, en la medida en que no es merecido ni está sustentado en reales condiciones personales. Ya no es, por tanto apetecido, por el contrario, si lo tuviera: "me

odiaría, me sentiría una mierda y una minusválida"

Esta inversión posicional, como producto de un discurso denigratorio hostil, produce una aminoración de la furia inicial, ya que ésta surgía desde la posición de derrotada, y a raíz de esta ubicación. Ahora, en la medida en que ella ha invertido las posiciones y se ubica como superior y triunfante, ese sentimiento ya no se genera. Es más, aparece como sin razón de

ser ("En realidad, la que tiene que cambiar de actitud soy yo, ¿cómo puede ser que me molestes? Es como si un león odiara a una hormiga").

solo

no podés resolver nada porque te faltan los conocimientos").

admiro

Y es debido a esta disminución de la furia que, en el punto 4), aparece algo nuevo, el darse

cuenta y la posibilidad de pensar acerca de las acciones que realiza en el trabajo ("Me niego

a informarte o a responder los mails porque siento como si con ello te legitimo, pero ahora me

y vos

doy cuenta que no es así, que lo único que a uno puede legitimarlo en el cargo que ocupa

no contás con esas cosas"). La paciente advierte, mientras escribe, que la conducta que había seguido hasta ese momento la perjudicaba a ella y le daba más herramientas en su contra a él. A partir de este discernimiento toma una decisión: cumplir con las normas y contestarle los mails. Decide, además, que el trabajo que ella hacía y le correspondía a él, se lo derivará, con lo

cual encuentra una vía para poder dirigir hacia él la hostilidad remanente (" cosas

muchas

que yo hago y que corresponden a tu cargo, te las voy a derivar, me saco el laburo de encima y

te jodo a vos"). En la sesión inmediata posterior Myriam comenta que lo jode haciéndolo

hacer el trabajo y, además, lo pone eventualmente en evidencia, ya que él es un inepto que no lo podrá hacer bien. En esa misma sesión, hablando del efecto de la escritura de la carta, dice: "Me hizo

bárbaro, ya no lo odio tanto me parece, y me dí cuenta que es más fácil

bueno, sí, lo hago". Agrega que lo hace porque se dió cuenta que no hacerlo es darle herramientas a él para perjudicarla, al no cumplir ella con algo que le corresponde hacer. También le derivó el trabajo con un memo para que él firme que lo recibió. Antes se encargaba de cosas de Personal que, en realidad, no son su responsabilidad "Escribí la carta y me dí cuenta que ésas no son las funciones del abogado."

c) El estado final, entonces, es un estado en el que la furia ha disminuído sustancialmente y

la paciente ha podido pensar y tomar distancia de la situación, dándose cuenta de que

determinadas actitudes la perjudicaban. A partir de este discernimiento toma la decisión de cambiarlas, cosa que lleva a cabo, con lo cual se siente notoriamente mejor.

Todo este proceso reseñado aca, que incluye los desplazamientos en las valoraciones y la inversión posicional posibilitada por éstos, con el consiguiente cambio en los desarrollos de afecto, ha sido descripto por Mardi Horowitz como un mecanismo de defensa que recae sobre la configuración de los esquemas personales, que incluyen las caracterizaciones de sí y del otro, así como la modalidad vincular en juego (Horowitz, M., 1997). Postularía que esta defensa es una defensa "funcional", útil, en la medida en que le sirve a

me pide algo, y

la

paciente para salir de su posición pasiva, de derrotada que padece estados de humillación

y

furia impotente y la lleva a modificar las actitudes que adoptaba en el trabajo,

conquistando, además, una posición activa y un cierto sentimiento de elación. Conjeturo también que la puesta en juego de esta defensa se vió favorecida (o posibilitada) por la escritura de la carta, por el ponerse activa gracias al acto de escribir y por el tipo de descarga de la hostilidad conseguida. El mero pensar todo esto para sí misma no habría tenido el mismo efecto. (Cfr más adelante).

Fundamentos de los cambios ocurridos: los componentes de la furia y las escenas en las que

se despliega. Los tres factores que explican la eficacia de la carta

Podríamos ahora plantearnos la pregunta acerca de cuáles son los factores que hicieron posible que estas modificaciones que acabamos de comentar (la puesta en juego de la defensa, la disminución de la furia, el tomar distancia y pensar, el tomar decisiones para

modificar su proceder en el trabajo) tuvieran lugar durante el acto de la escritura y no antes, ni siquiera en la sesión. En el ámbito de su terapia Myriam también habla de la injusticia, de su jefe y del odio que le tiene, pero no logra la modificación que alcanza mediante la escritura. La terapeuta no obstaculiza las exteriorizaciones de la paciente, antes bien, trata de explorar junto con ella los motivos de su furia y el contenido de sus pensamientos. No obstante, es sólo con la escritura de la carta que ella se alivia, puede pensar y modificar la situación. Por qué esto es así? Para responder a esta pregunta creo que sería útil discriminar los componentes que conforman lo que Myriam llama "furia", ya que ésta es un conglomerado de elementos diferenciables. A partir de esta diferenciación será de utilidad ver cómo se despliegan estos componentes en las 3 escenas principales que aparecen en el relato de la paciente. En la base de la furia encontramos un impulso o moción pulsional hostil que posee un intenso monto energético. Este movimiento pulsional se expresa, a su vez, como un conjunto de pensamientos y representaciones fuertemente investidas, un monto de afecto y conatos de acciones. En el caso de Myriam encontramos: pensamientos intensos acerca del jefe y la injusticia, imágenes diversas de la situación, entre ellas las que se despliegan como escenas en las cuales la paciente mata al jefe con sus manos. Otras representaciones, verbales, consisten en palabras, insultos, frases denigratorias y descalificadoras. El afecto consiste en un estado emocional que la inunda, al que propiamente podríamos llamar "furia" y que incluye elementos viscerales, descargas o inervaciones corporales (arousal, taquicardia, incremento de la presión sanguínea, etc) y un matiz afectivo específico, así como movimientos expresivos (expresión de las emociones). Los conatos de acciones son los actos a los que impele el impulso, en este caso la serie de actos incluídos en la acción compleja de matar al jefe con sus propias manos. El conjunto de estos actos conforma la acción resolutoria, a través de la cual se consumaría el movimiento pulsional y se lograría la descarga y la satisfacción adecuadas, de no mediar inhibiciones externas e internas. Hay una relación significativa entre dos de estos componentes. Es la relación que hay entre acción y afecto: cuanto más inhibida o bloqueada está la acción, más se intensifica el afecto, cuya intensidad es correlativa de la fuerza del impulso hostil y cuya exteriorización, a través de la expresión de las emociones (llanto, gritos, pataletas, etc) entraña algún tipo de descarga parcial de la misma. Pero esta descarga no implica un verdadero y cabal aligeramiento de la energía pulsional, lo cual sólo se lograría a través de la acción consumatoria ya mencionada.

Veamos ahora cómo juegan estos factores en las diversas escenas que aparecen en el material de la paciente: la escena de estar en su casa furiosa sin poder dormir, la escena en sesión, la escena de la escritura de la carta. 1) Myriam ha dicho que cuando no puede dormir piensa las formas de aniquilar al jefe porque está llena de furia, pero que la furia "me queda aca", y señala su cabeza. En esa situación la hostilidad queda sin expresar, permanece como un proceso meramente interno. No hay exteriorización en el sentido de expresión de las emociones, y tampoco hay despliegue motriz -en el sentido de la acción consumatoria- que canalice dicha hostilidad y produzca un aligeramiento significativo. No hay, por tanto, descarga alguna y toda la furia le queda "adentro de la cabeza". La activación de las representaciones motivada por esta

furia no es de ninguna ayuda, y hasta podríamos pensar que refuerza la situación, ya que Myriam parece, por esta vía, "darse manija". La intensidad de la furia y su bloqueo le producen una alteración orgánica, el insomnio. Los accesos de furia muda que tiene en su trabajo parecen tener estas mismas características, siendo, entonces, los que padece en su casa una continuación de aquellos. 2) En el ámbito de la sesión Myriam, a diferencia de lo que le ocurre en su casa, da rienda suelta a la expresión de las emociones. Exterioriza su furia a través de insultos, gritos, gestos y movimientos. Relata las circunstancias que la han puesto así. No obstante, el alivio que logra no es mucho. En la sesión, la vía propia de la descarga, la acción consumatoria, se encuentra impedida: la paciente rabia, insulta, habla "acerca de" el jefe y de la situación injusta, pero no puede llevar a cabo acción consumatoria alguna que recaiga sobre él y que, repito, sería aquello que la podría calmar (dejo de lado aca, ex profeso, la "acción elaborativa" que la paciente podría llevar a cabo en la terapia. Retomaré después este punto). 3) La escena de la escritura: en ella encontramos tres factores que están en el fundamento del resultado conseguido. Gracias a la intervención de la terapeuta, se abre ante Myriam la posibilidad de realizar alguna acción que encauce y descargue la furia de otra manera. Cuando Myriam relata que no puede dormir porque fantasea en matarlo con sus propias manos (acción consumatoria), la terapeuta le propone una sustitución: le propone que sustituya la acción de matarlo por la acción de escribirle una carta (no para enviar). Myriam toma esta sugerencia y le da el sentido de expresarle lo que piensa de él (dentro de otras muchas alternativas). Este expresarle a él lo que de él piensa puede hacer las veces de sustituto mitigado de la acción consumatoria de matarlo, y, al funcionar como una nueva acción consumatoria, producir entonces una descarga y una satisfacción (parcial pero importante) del impulso hostil. El primer factor es, entonces, la realización (parcial, por sustitución) de la acción consumatoria. El segundo es que ahora, en la medida en que le escribe al jefe, Myriam direcciona hacia él su hostilidad. En efecto, al escribirle, es "a él" a quien le dice la opinión que le merece, es "a él" a quien denigra. La diferencia que hay entre hablar "acerca de él" en la sesión, y hablarle (escribirle) "a él" en la carta, es que en el primer caso lo que está en juego son sólo exteriorizaciones (frases, insultos, gritos, etc) que corresponden a la "expresión de las emociones", mientras que en el caso de la carta, la acción de escribirle "a él" es, como dijimos, un sustituto adecuado de la acción consumatoria que recae sobre su objeto propio, acción resolutoria de la energía pulsional (que suponemos estuvo acompañada, también, de la expresión de las emociones mientras escribía). Esta diferencia es crucial, y es decisiva, entonces, a la hora de entender por qué la paciente logró más resultados escribiendo la carta que hablando airadamente de su jefe en la sesión. Producido el aligeramiento adecuado la paciente puede entonces pensar, tomar distancia y entender que las conductas que tiene en el trabajo la perjudican, y decidir cambiarlas. Asimismo, este discurso denigratorio que ella hace recaer sobre él es, a la vez que descarga de la moción pulsional hostil, basamento de una defensa consistente en la inversión posicional, la cual le permite un triunfo vindicatorio sobre su rival, a la vez que, mediante esta defensa, desactiva las condiciones favorecedoras de la emergencia de nuevos impulsos hostiles hipertróficos. Por último, un tercer factor a considerar es el grado de realidad que tiene para Myriam esta acción. En efecto, en el comienzo y en el final de la carta encontramos dos frases

sumamente elocuentes: la paciente escribe: "Motiva la presente ponerte en conocimiento de

la paciente sabe que no le enviará ni dará la carta, pero, no obstante,

el escribirla tiene un alto grado de realidad para ella, como si, efectivamente, estuviera

poniéndolo, en los hechos, en conocimiento de todo lo que le expresa. En igual sentido,

concluye diciendo "Después de haberte dicho todo esto y haber tomado algunas de las medidas que dije, me siento mucho mejor".

O sea, en el sentir de la paciente, ella le está diciendo eso, realmente, a su jefe, como si

hubiese realizado las acciones de escribir y enviar la carta, siendo que sólo ha realizado la primera de ellas; la segunda ha quedado inhibida.

A qué se debe esta "cuasi realidad" de la escritura? Conjeturo que hay, al menos, dos

órdenes de fenómenos que explican esta situación. Por un lado, el hecho de poner por escrito los propios pensamientos y vivencias les da un grado de realidad mayor (como decía una paciente, "el pensamiento toma cuerpo en la escritura"). Tal vez porque de esta forma se muda un proceso anímico en percepción externa, a través de un despliegue motriz. Por otro lado, está en juego el grado de presentificación del objeto que se logra con la escritura de cartas. En efecto, podemos presentificar una persona ausente de diversas formas: a través de los pensamientos que la tienen por objeto, a través de la palabra que la nombra, a través de la imagen que la representa, sea ésta mental o material, y, también, a través de las acciones que se le dirigen. Conjeturo, entonces, que la realización de la acción de expresar a otra persona, en su ausencia, una serie de cosas que queremos "decirle", produce un alto grado de presentificación de la misma, por lo que el acto realizado y el lazo construído por él adquieren un alto grado de realidad para quien realiza la acción. Así, por ejemplo, el

escribirle una carta a una persona a la que se extraña y junto a quien se desea estar, tiene un valor de realidad mayor, en cuanto a la cercanía y al contacto conseguidos, que el mero pensar en esa persona, ya en el momento mismo de la escritura y mucho antes de que tal misiva haya sido enviada o haya llegado a destino. (sin duda que cuando alguien escribe una carta que finalmente enviará, anticipa las reacciones del otro al leerla, y esto incide en el contacto mencionado. El hecho de no enviar

la carta implica una diferencia en este sentido, pero permite también una libertad mayor en

cuanto a lo que se vuelca en ella. Lo decisivo, de todos modos, es que la cuasi realidad de dicho contacto ocurre de todas formas). Retomando entonces la pregunta anterior acerca de por qué Myriam logra a través de la escritura de la carta una resolución que no había alcanzado hablando de su jefe en la sesión, estimo que esto se debe a la presencia de estos tres factores combinados: en el curso de la escritura dirige la agresión hacia su verdadero objetivo, realiza una acción que es sustituto adecuado de la acción consumatoria original (y no mera expresión de las emociones) y logra, asimismo, la vivencia de la cuasi realidad de su acción, que incluye un alto grado de presentificación del objeto sobre el cual descarga su ira. En su caso, la descarga de la hostilidad toma la forma de un discurso denigratorio al servicio de realizar una inversión posicional en el sentido comentado más arriba. Se conjugan entonces descarga pulsional y puesta en juego de una defensa funcional. Por otra parte, como ya fue comentado, el aligeramiento de la furia por el proceso descripto habilita a la paciente para tomar distancia y poder pensar acerca de su conducta en el trabajo, lo cual la lleva a tomar la decisión de cambiarla, que lleva a cabo a renglón seguido.

lo que pienso de vos

";

El ejemplo de Myriam tiene dos particularidades que no son muy habituales: por un lado la escritura está al servicio, en gran medida, de activar un movimiento defensivo (por más que éste sea funcional) y producir una descarga, un encauzamiento, de un impulso hostil intenso; por otro, no vemos en el transcurso del escribir ningún incremento en la autoexploración, ningun progreso en el conocimiento de sí, sólo un darse cuenta respecto a algunas acciones que realizaba en el trabajo y que discierne ahora como perjudiciales Deseo hacer algunas consideraciones sobre estos dos aspectos. En cuanto al segundo, podríamos preguntarnos cuál es la significación del paso que la paciente ha dado con la escritura de la carta, si lo que ha logrado es sólo una solución momentánea, o se trata de un cambio que pueda estabilizarse y ahorrarle, al menos en parte, los estallidos de furia muda que le son perjudiciales. También nos surge la pregunta acerca de cuál es la contribución de todo esto al proceso de elaborar más en profundidad, y modificar más de fondo, los determinantes de los accesos de furia en el trabajo. La falta de otro material clínico, aparte del ya consignado, nos hace difícil hacer conjetura alguna, y sólo nos queda constatar la utilidad que para ella tuvo escribir la carta, sabiendo que, sin duda, el logro ha sido acotado y parcial, como también lo ha sido el hecho mismo de escribir esa única carta. En cuanto al primer aspecto, el énfasis que he puesto en la descarga pulsional y el movimiento defensivo, obedece a que eso era lo que estaba en juego en este caso, lo cual no es, para nada, la única posibilidad. En muchas otras situaciones la escritura de cartas puede ser de mucha utilidad para dar expresión a una muy variada serie de procesos anímicos. Así, por ejemplo, en el caso de una paciente cuyo marido había muerto hacía ya algún tiempo, el trabajo elaborativo en sesión, del duelo correspondiente, se vió ayudado por una serie de cartas que le escribiera, la última de las cuales marcaba un cierre y una despedida, a la vez que expresaba su decisión de continuar su vida y encontrar nuevos proyectos. En otro caso, la escritura de cartas a un hermano (no para enviar) con el que hacía mucho que no se hablaba después de una pelea que los distanció, fue de utilidad para que la paciente pudiera conectarse con una serie de vivencias y sentimientos tiernos que tenía fuertemente sofocados, recuperara una serie de recuerdos de la relación y pudiera tomar la decisión de llamarlo y proponer un diálogo. El escribir las cartas le fue de ayuda, también, para saber mejor qué era lo que quería decirle cuando lo viera. Son muchas las ocasiones en las que puede usarse provechosamente este recurso de la escritura de cartas (no para enviar) a los efectos de la tramitación de una experiencia emocional problemática o abrumadora, al servicio del insight y de la elaboración de las situaciones conflictivas. En qué momento del proceso terapéutico sea aconsejable usarlo, con qué tipo de pacientes, con qué frecuencia, si en conjunción, o no, con otras modalidades de escritura (por ej el diario personal), es algo para lo que no tenemos aún parámetros establecidos y que queda, por lo tanto, librado al criterio clínico de cada quien, así como a la experiencia que tenga con este tipo de recurso adjunto de la psicoterapia. En cada caso es también distinta la articulación que se establece entre el trabajo de escritura y el trabajo en sesión. De todos modos, si la situación es conducida adecuadamente, suele establecerse una dialéctica de mutua potenciación entre una y otra actividad, tal como he intentado mostrar en un trabajo anterior (Lanza Castelli, G., 2004b).

En todos los casos de la escritura de cartas (no para enviar) en el curso de una psicoterapia conjeturo que la razón de su eficacia radica, al menos en parte, en dos de los factores mencionados con anterioridad: el direccionamiento hacia su objeto propio, la cuasi realidad de la acción. A esto debe agregársele, posiblemente, los motivos que hacen que una escritura sea terapéutica, cuya explicitación se hace imposible, por razones de espacio, en este lugar. Quisiera realizar, por último, una aclaración respecto al acento que he puesto sobre lo que la paciente logró con la escritura y no con el trabajo en la sesión. Este sesgo fue deliberado porque de este modo resaltaba más la función y utilidad de la escritura. También incidió en igual sentido que contara con un material clínico circunscripto a sólo este aspecto puntual de la carta y sus antecedentes y consecuentes inmediatos. Un trabajo más inclusivo, tanto del efecto de la escritura, como de lo trabajado en diferentes sesiones, así como de la articulación entre ambos trabajos y del proceso elaborativo de esta situación problemática, hubiera requerido contar con más elementos y mucho más espacio y desarrollo. Aca perseguía un objetivo menor: mostrar la utilidad de la escritura de cartas (no para enviar) en el interior de un proceso psicoterapéutico, y dar cuenta de algunas de las razones de su eficacia.

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