Todo lo que dejamos atrás

Alejandro Bentivoglio

Bentivoglio, Alejandro Todo lo que dejamos atrás. ‐ 1a ed. ‐ Ciudad Autónoma de Buenos Aires: 79/59 Ediciones, 2012. 80 p. ; 20x14 cm. ISBN 978‐987‐33‐1666‐1 1. Narrativa Argentina. 2. Cuentos. I. Título CDD A863

Fecha de catalogación: 26/12/2011

79/59 Ediciones Buenos Aires Argentina lear1996@hotmail.com

Diseño: Romina Reyna Foto de Portada: Constanza D'Agosto

© 79/59 Ediciones, 2012 © Alejandro Bentivoglio, 2012

Prólogo

Cuenta una leyenda urbana que Paul McCartney, de The Beatles murió físicamente en un aparatoso choque en el año de 1966, y que rápidamente fue reemplazado por un doble muy parecido a él y, con la misma voz, de nombre William Campbell. Fue este hecho, fantasioso, casi literario que dio origen a uno de los libros de Alejandro Bentivoglio (Paul Está Muerto, Ed. Macedonia, 2011). Es ahora una frase del libro Nuevo Elogio de la Locura de Alberto Manguel, lo que convoca otra colección de textos del probablemente más prolífico autor de micro‐ ficciones de la literatura. Manguel nos dice que: Tal vez no haya ningún poema, por poderoso que sea, que pueda aliviar una pizca de dolor o transformar un solo momento de injusticia. Pero tal vez tam‐ poco haya ningún poema, por mal escrito que esté, que no pueda contener, para su lector secreto y ele‐ gido, un consuelo, un llamado a las armas, un res‐ plandor de felicidad, una epifanía Es esta cita la que sirve de contrapunto al otro epí‐ grafe de este libro, un breve diálogo de la novela American Psycho de Bret Easton Ellis y que tam‐ bién nos introduce al libro. Con ellas se nos mues‐
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tran las posibilidades de la literatura, las contradic‐ ciones de la vida, de nuestras vidas. Vivimos en un mundo donde conviven lo elevado con lo frívolo y a veces sospechamos que ya no nos interesa qué es verdad o qué no lo es o si quiera si existe una verdad que puedan percibir nuestros sentidos Solo podemos soñar, decirnos: Imagínate que algo es verdad, imagínate que el hombre silencioso sen‐ tado en una esquina del absurdo más ridículo, nos observa a todos con una mueca de burla. Imagí‐ nate que desde su cabeza se asoma una planta que con un grito salvaje nos advierte: Al mundo se le cae el relleno por la costura rota. A veces somos participes de este proceso, a veces nos dejamos aplastar por sus consecuencias, pero lo experimentamos en carne propia. Pero Bentivoglio ve en la literatura el vehículo de la supervivencia y ridiculiza ese lento y desgastante proceso, el proceso de la monotonía, de las ofici‐ nas, de los amores perdidos, de los suicidios des‐ provistos de sentido; de tantas y tantas cosas que por ser vistas comúnmente han dejado de notarse con el tiempo. El mundo es un lugar indiferente, nosotros de alguna forma también lo somos, y ob‐ servamos como vamos abandonándonos a las mentiras, al desamparo de la inocencia, a la muer‐ te de las esperanzas con la misma rapidez con la que se crea un ídolo falso; porque la historia de cada uno también es una leyenda urbana. Sin embargo, donde existe la desesperanza, también existe el humor negro que como un lucero del alba
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encendido por un Lautréamont concebido en las entrañas de un Ambrose Bierce, nos conduce más allá de ese muro que nos es impuesto y que ha permanecido allí hasta que un Roger Waters se en‐ cargó de dinamitarlo. Porque sí, más allá de los continuos epígrafes y referencias a canciones, la musicalidad recorre toda la obra de Bentivoglio. El arte mismo que surge desde el interior no solo del autor, sino de todos los lectores, a veces de forma conciente, a veces en un estado hipnótico, pero que siempre está allí para ser verdad y camino, be‐ lleza que nos haga de puente de cambio. Que nos permite dejar de ser otro ladrillo anodino. Porque solo podemos negarnos para luego afirmarnos. Llegar hasta el fondo para después emerger. Y en esta transmutación alquímica del ser, la literatura es transformadora o no es nada. Piedra filosofal que nos incita: Seamos liberados de la indiferencia. Y es en esta literatura, en estos textos de luces, sombras y notable belleza, que Bentivoglio nos propone que al menos por unas cuántas páginas dejemos todo atrás, y nos invita a ser partícipes de un banquete, nos invita a saborear estos manjares únicos e irrepetibles que sí, quizás, no nos hagan inmortales, pero sí nos recuerden que somos hu‐ manos y que en nosotros existe más que la pulsión de Tanathos, sí nos recuerden las maravillas que habitan allí donde alguien pronuncia un verso, o entona una canción en la más calma de las noches. Minerva Rodríguez & María Mercedes Schiavelli.
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In the past/ You’ll do anything/ To make your pain last/ Cause love without affection/ Is hate without the pain/ Life is a connection The Past, Korn

I’m such a stupid fuck/ Listening to my head and not my gut/ Constantly thinking and thinking and thin‐ king/ And thinking and thinking and thinking/ Now we waste our lives away/ Letting guilt lead the way Let The Guilt Go, Korn

Wake me up inside/ Save me/ Call my name and save me from the dark/ Wake me up/Bid my blood to run/I can’t wake up/Before I come undone/Save me/Save me from the nothing I’ve become. Bring Me To Life, Evanescence.

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EL OTRO Se despertó casi sin haber dormido. Fue hasta el baño y se miró la cara en el espejo mientras se la lavaba. Lo imposible había sucedido, él no era él. Como en esas historias fantásticas, como en esas malas películas en las que uno se despierta con el cuerpo cambiado. –¡Al fin! –gritó él que no era él. Y bajó a desayunar siendo ese otro que siempre había querido ser.

HACIA ARRIBA Apenas cabemos en el cuarto. Los parientes fueron los primeros en ocupar una parte. Luego vinieron amigos y más tarde conocidos. Después gente que quizás sólo habíamos cruzado un instante en la calle el día anterior. Ya casi no quedan espacios utilizables para acomo‐ darse y, con el transcurso de las semanas, los di‐ versos idiomas y los nacientes dialectos dificultan cada vez más la comunicación y, casi sin notarlo, vamos abandonando definitivamente la construc‐ ción de la elevadísima, interminable terraza.

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AHOGARSE Queda una sensación de ahogo que no quita nada. Y aún así vamos a la oficina y hacemos nuestro mo‐ nótono trabajo y esperamos la hora del almuerzo para conversar un poco mientras fingimos saciar el hambre y reímos de esos chistes que sólo noso‐ tros entendemos y luego volvemos a enterrarnos entre papeles y computadoras y viejos archivado‐ res, que tratamos de mojar lo menos posible con esta agua que nos cae de los ojos, que nos chorrea por el traje de siempre, que nos inunda los zapa‐ tos, que va dejando huellas sobre la alfombra.

JUEGO DE GIGANTES Las piedras (o lo que nosotros creemos piedras) caen con una fluidez notable. Aplastan todo lo que en‐ cuentran a su paso, sean automóviles, casas o des‐ cuidados paseantes. La lluvia dura toda la noche y por la mañana nos detenemos a ver el paisaje. La mayor parte del pueblo quedó sepultada sin reme‐ dio. Si miramos hacia arriba, vemos un enorme cu‐ bilete que aún parece sacudirse un poco.

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LA AGITADA VIDA MODERNA En el jardín, construyó una casa para los pájaros. Era pequeña pero ¿para qué podrían querer algo más grande aquellas aves? La pintó con sencillez y luego se dio por satisfecho. Guardó las herramien‐ tas y regresó a la casa. Pero la puerta de acceso no se abrió. Miró por la ven‐ tana. En el living, los pájaros veían televisión, có‐ modamente ubicados en el sofá.

SORPRESAS TE DA LA VIDA Todos los días me sorprende la llegada de algo nuevo. Puede ser un mueble corrido de lugar. Una alfom‐ bra que dejó su sitio en el suelo para apoderarse del techo. Una ventana que yo había dejado per‐ fectamente cerrada y que ahora está abierta de par en par. Cosas simples, que quizás no le llamen la atención a otra persona pero que para mí signi‐ fican mucho. Hoy, sin ir más lejos, me desperté muerto. Ahora apenas puedo controlar la emoción de ver qué me depara mañana.

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TODO LO QUE DEJAMOS ATRÁS Somos los mismos. O eso creemos. Hablamos entre nosotros para comprobarlo. Y sí, somos los mis‐ mos. Aunque no nos parecemos tanto. González ya no tiene barba. Pérez tiene el pelo diferente. Qué decir de Varela, el viejo Varela que ahora es un chico que no deja de molestarnos con sus bro‐ mas. Estos cambios surgieron imprevistamente, apenas en el transcurso de unas horas. No preten‐ demos quejarnos, a cada uno le toco algo diferente en suerte. Pero sí, somos los mismos. Incluso Agui‐ rre, el recio Aguirre, que trata de ocultar con la cor‐ bata esos blancos, redondos pechos que le asoman bajo la camisa.

NOVEDAD DEL RECIÉN LLEGADO La casa ya no está. Se dibujan los cimientos. Ondean algunas ruinas. Los vecinos se quejan, por el desor‐ den que ha dejado todo este extraño movimiento. Pero aunque hacemos la denuncia a la policía, nos dicen que si la casa no quiere ser encontrada, ellos no pueden hacer nada. Además, difícilmente se trate de un rapto. Ella, como para no volver nunca más, se llevó todas sus paredes.

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EL ESCRITOR Todos los días escribe en su vieja máquina de escribir. Esa que ya no tiene nada de tinta. La que de nin‐ guna manera va a tener un carrete que funcione sin trabarse. La que no tiene teclas. La que ni si‐ quiera sirve como apoya papeles. La que perdió su original color azul. La que hacía un ruido infernal, pero que ahora no hace ninguno. Todos los días escribe en su vieja máquina de escribir, pero nadie quiere publicar sus constantes páginas en blanco. Sus editores le han dicho que sólo acep‐ tarán más y más páginas rojas.

REVOLUCIÓN POPULAR Por la noche, los revolucionarios tomaron la Casa de Go‐ bierno y mataron a todas las autoridades. Ahora ellos son la voz de nuestro pueblo y ellos se van a encargar de que tengamos todas esas cosas que nuestros an‐ teriores gobernantes no nos quisieron dar. Por el momento no conocemos a ninguno de esos tipos que seguro nos conocen tan bien, pero ya con el tiempo, estamos convencidos de que vamos a saber sus nombres, o al menos descubrir qué es lo que dicen que nosotros, el pueblo, queremos.

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SE CAE Me saco los zapatos y los acomodo junto a la cama. Los dejo bien alineados, sobre la alfombra. Me acuesto y me duermo. Me despierto más tarde y me pongo los zapatos. Hago viajes en colectivo, paso el día en la oficina. Charlo, tomo café. Me voy a dormir. Me saco los zapatos y los acomodo junto a la cama. Los dejo bien alineados, sobre la alfom‐ bra. Trato de no pensar en cómo mi cuarto y todos los muebles se deslizan hacia abajo, trato de no pensar en lo torcida que está la casa. Trato de pensar en que los zapatos me quedaron bien alineados, junto a la cama, sobre la alfombra.

RAÍCES A medida que pasaba el tiempo, las letras iban ga‐ nando un notable aspecto rupestre. Él, el escritor, poco podía hacer para enfrentarse a ese primiti‐ vismo de las palabras que lo iba cercando con el transcurso de los años. ¿Qué decirle a sus detrac‐ tores? Esos que lo acusaban de ser poco menos que un bruto. Esos que ya le notaban las manos peludas detrás de cada oración, las ganas de tirar los manuscritos por los aires y, sin más, subirse a la mesa entre gritos y golpes destemplados de pecho.
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TAN ÍNTIMO Lo que siento es inconfesable. Aunque la mayor parte del tiempo lo estoy confesando a cualquiera que quiera escucharlo. O que no quiera, creo que no hace diferencia que me escuchen por propia vo‐ luntad o porque uso la fuerza. Mis fines justifican mis métodos, que todos sepan lo que siento, esa clase de cosas que no podría, por supuesto, con‐ fesar a nadie. Usted mismo, que lee esta confesión, mejor no se mueva, siga leyendo y va a estar bien. No, el tipo que está detrás suyo apuntándolo con un revólver no le va a hacer absolutamente nada si usted sigue leyendo, así, bien atento y calladito.

DILATAR Las espaldas las tiene bien amplias, para las alas. No las usa mucho, más que nada son para impresio‐ nar. Es común verlo en las fiestas, estirándolas un poco a pedido de los invitados. Según él, es un imán para las chicas. Si toma mucho, tiene que encogerlas. Evitar que se le manchen cuando se le va la noche, en un baño cualquiera, vomitando parte de las entrañas.

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MIEDO AL MEDIO No quiero irme a casa. No tengo casa. Vivo en casas prestadas. Leo libros robados. Escribo de vez en cuando cosas que parecen más ajenas que pro‐ pias. Veo las letras escapándose por las hojas en blanco, como si no quisieran estar acá. No hablo mucho con nadie. Camino por la calle como si tu‐ viese adónde ir. Finjo que no soy un hombre solo. Tengo una mujer y tres hijas para mantener mi fa‐ chada. Me dejo crecer el bigote para nadie sospe‐ che nada de nada. Si alguien me pregunta algo, contesto con voz firme y clara que no sé nada, que nunca lo supe, que ya es tarde, que me voy a casa. A cualquier casa.

AUTOIGNICIÓN Enciendo un cigarrillo, aunque yo no fumo. Lo man‐ tengo entre mis dedos. Siento cómo se consume, pero no lo acerco a la boca. Conservo esa sensa‐ ción cálida en la mano. El fuego quema al princi‐ pio, pero cuando me gana los nudillos, me voy acostumbrando. El cuerpo tarda un poco más. Qui‐ zás una media hora, quizás una hora, no sé. En el sopor, apenas siento el zapato que mi pisa, con sumo cuidado, para apagarme bien y luego se aleja, cuando ya oscurece.
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REY ESCLAVO Grito en silencio, tratando de percibir la textura de mi propia voz. Aíslo esa sensación de piel ajena que hay en mis exabruptos, no pienso en cómo mi cuerpo se aleja en medio del sonido. Quiero cerrar mis ojos, pero como toda exageración, mis párpa‐ dos se extienden hasta cubrir mis pies. Así, en‐ vuelto, en medio de la exclamación de una emoción, me pregunto, ¿acaso en cada capullo de ser hay conciencia de la forma o pasará otra vez que una autoproclamada mariposa no es más que una inquilina de un huevo de mosca?

INMÓVIL Cedo a lo inevitable, lo hago con la lentitud propia de todo lo leve. Siento, casi con curiosidad, cómo crece el pasto en el jardín. La ventana está cerrada. Así se quedará. Afuera me sorprende el movi‐ miento de los pájaros, aún cuando siempre de‐ testé sus cantos. Ahora están callados. Como si el único ruido aceptable fuese el del gas en la horna‐ lla, completamente abierta.

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RESISTENCIA Cuando llego a la mitad del puente, me doy cuenta que no quiero ir al otro lado y emprendo la vuelta. Pero al llegar a la mitad de la mitad, me acuerdo que ayer, cuando estuve en ese otro lado, me olvidé algo que es imprescindible para este lado, al que estoy regre‐ sando. Entonces no me queda otra que darme vuelta y seguir en el sentido inverso. Hasta que llego a la mitad de esa mitad que quizás sea todas las mi‐ tades y me digo que por qué siempre tengo que estar necesitando cosas de este y del otro lado y me siento en el puente, ya no sé en qué mitad. Espero no estorbar, pero ahora este y solo este es mi lado.

EL FORASTERO El forastero dijo estar perdido. Le dimos alojamiento por unos días y él nos habló de su pueblo. De mon‐ tañas, de bosques, casas y gente. Los días se hicie‐ ron semanas, meses, años. El forastero siguió contando historias sobre su querida tierra. A veces, incluso, le asomaba una lágrima en el recuerdo. Pero jamás quiso ver los mapas que le ofrecíamos. Cuando murió lo sepultamos en nuestro cementerio, casi setenta años después de su llegada.

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HOMBRE QUE SE ENAMORA Le miró las piernas. Estaban bien formadas. Llevaba unas ojotas que abarcaban sus pies pequeños, desnudos. Las uñas apenas destacaban el uso de esmalte. Levantó la vista hacia la pollera corta, por encima de las rodillas. Una pollera blanca y negra que hacía apenas intuir la calidad de unas diminu‐ tas, tentadoras nalgas. Luego la cintura, el tronco firme y estilizado, las ramas, las hojas verdes que apenas se disimula‐ ban, el llamado de los pájaros en esa irresistible, sensual copa de árbol que tanto lo enloquecía.

NATURALEZA MUERTA Se acuesta con todas sus modelos. Cada vez pinta menos. Le importa poco pero alguien tiene que pagar las cuentas. En las galerías siempre reclaman sus trabajos. La gente piensa que es un dotado para el arte. Él no tiene una buena opinión de sí mismo. Nunca contrata dos veces a una misma modelo. Le gusta la variedad en las mujeres, piensa que eso lo mantiene vivo. De una forma fácil y placentera. Sus críticos dicen que sus cuadros se parecen mucho entre sí. Que ya a sus cincuenta años podría dejar de pintar solo fruta y jarrones.
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LOS AGUAFIESTAS En el aeropuerto, los aviones permanecían inmóviles hasta que los capitanes pedían a los pasajeros que suspendiesen la incredulidad y tuviesen fe en que aquellos armatostes volarían a sus destinos. Sin embargo, siempre había rotundos materialistas que rompían la magia sacando los brazos por las ventanillas y agitándolos de arriba hacia abajo con absoluto frenesí migratorio.

EGOTRIP Miro el techo con la paciencia del que nada espera. Construyo formas dentro las formas de la hume‐ dad. De lejos percibo el ruido del tráfico. Algunas voces se pierden antes de poder entender alguna palabra. Es uno de esos momentos que parece to‐ talmente separado del constante fluir del tiempo. Apenas si me doy cuenta del instante en el que me hundo en el colchón, ese punto exacto en el cual traspaso la cama y el piso y todos los demás pisos y el cemento y los sótanos y la tierra y el mundo mismo, hasta cruzar el espacio todo y más tarde caer desde las estrellas hacia el cielo y después traspasar la terraza, cemento y ladrillo y terminar otra vez en mi cama, donde veo la hora y me doy cuenta de que otra vez llegaré tarde al trabajo.
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SE VAN Me escondo en el armario. Espero a que me busquen. Pero mis familiares no me encuentran. Los escucho llamarme, pero sin mucha voluntad. Cuando pasan las horas, sospecho que lo hacen a propósito. Que con el tiempo transcurrido ya tendrían que haber cubierto todos los posibles escondites de la casa. Por la mañana salgo del armario. No hay nadie en nin‐ guna de las habitaciones. Los roperos están vacíos. Incluso la heladera. Los muebles desaparecieron también. En la nota de despedida no hay mucha in‐ formación, algo sobre diferencias irreconciliables, luego muchos renglones en blanco, como huidos.

LA SECUENCIA El error comienza luego del acierto. Incluso mientras éste se está produciendo. La secuencia es tan in‐ mediata que resulta casi imposible percibir dónde termina uno y dónde empieza el otro. Muchas veces son confundidos y nadie se anima a romper con esa confusión que nos hace felices. No es la primera vez en este pueblo que la mañana nos encuentra ebrios de alcohol, mujeres y felici‐ dad, festejando la más rotunda de las derrotas.

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FATHER Abro la puerta de mi casa y me detiene la policía sin darme tiempo a nada. Me interrogan durante días, pero no voy a decirles nada. Me amenazan con ha‐ chas, con prenderme fuego. Pero no voy a confesar, tienen que entenderlo. Finalmente me sueltan, pero ya en la calle uno de los policías me grita que no podré escapar de la ley, que todos saben que yo maté al viejo artesano carpintero. Le respondo que yo no lo hice, que soy inocente. Pero mi nariz crece.

EL ENIGMA No llego a ninguna parte, aunque camino. No me muevo aunque estoy corriendo tan rápido como puedo. Escucho que gritan mi nombre, aunque nadie me dirige la palabra. No sé dónde estoy, aun‐ que toda mi vida estuve acá. Escribo estas notas, pese a no tener manos. No existe respuesta, porque no hay acertijo. Puedo pensar que soy el silencio, pero entonces, ¿por qué aullo en la noche?

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THE ME SHOW Con suficiente práctica es posible aislar la piel del mundo, también del músculo, del hueso que la con‐ tiene. También, de ser necesario, puede estirarse esa piel para envolver un fuego encendido con des‐ cuido, no exento de énfasis. Puede que las llamas la consuman, puede que no. Pero ¿cómo no exhibir un orgullo casi infantil, casi ineludible, al mostrarles las cenizas a nuestros amigos y allegados?

HISTORIA DE NINGUNA PARTE El árbol cayó en el bosque en medio de un estruendo ensordecedor que nadie pudo escuchar jamás por‐ que no había nadie en el bosque. Ni hombres, ni animales, ni pájaros que pudiesen taparse los oídos para no enloquecer por semejante escándalo. Esto lo sé porque me lo contó, entre susurros, cierto hombre mudo, curiosamente verborrágico que sólo parecía buscar el aplauso de un atento oyente como yo, el manco del pueblo.

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HEADSHOT En temporada alta es común cazar amigos con una buena escopeta que podemos adquirir por un pre‐ cio módico en cualquier armería. Si la amistad es sólida como el roble (más si se trata de una rela‐ ción longeva), conviene utilizar un calibre más grueso para evitarle el sufrimiento a la presa. Aún más, si estamos en presencia de una de esas amis‐ tades en las que ha mediado incluso el contacto íntimo, es imprescindible (y notablemente caba‐ lleroso), utilizar una mira telescópica.

LA INFALIBLE RECETA Si la riegan, la muralla que nos separa del bárbaro in‐ vasor (ese que nunca vimos pero que sabemos que siempre acecha) crece durante la noche. El Empe‐ rador se encarga personalmente de abastecernos de jarras y baldes para la dura tarea. Lo único que nos pide, es que la sangre para el riego diario sea aportada por nosotros, los súbditos.

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NADIE SERÁ EL MENSAJERO Traemos flores para la oficina. No es sólo la búsqueda de algo natural entre tantos archivadores, escrito‐ rios y computadoras, sino también la necesidad de un bello aroma que tape la pestilencia de Gonzá‐ lez. Es cierto que no es su culpa, pero es más có‐ modo pensarlo así. De otro modo, alguno de nosotros tendría que avi‐ sarle a la gerencia de la muerte de González, de‐ cirles que por favor retiren su cadáver de su cubículo, o que al menos laven esa mal oliente ca‐ dena hundida en su ya putrefacto tobillo.

STAY El cansancio es terrible. Apenas si puedo mover un músculo. Mi cuerpo parece pronto a derrumbarse en cualquier momento. Los demás están en una si‐ tuación igual o peor que la mía. Los otros nos miran con empatía y hasta admiración. Ante sus ojos somos prácticamente héroes. Somos unos de los pocos que caminaron kilómetros y kilómetros durante semanas, incluso meses para llegar aquí. El lugar exacto del que jamás nos movimos.

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EL PUEBLO GRANDE Todas las casas de aquel remoto lugar eran exacta‐ mente iguales. Era un pueblo silencioso, que gus‐ taba más de la noche que del día. No necesitaban gobernantes, tan solo unos pocos hombres que se ocupara de ellos. Que impidieran el avance del bosque, que transportaran nuevos habitantes, que limpiaran y que, quizás, leyeran de vez en cuando los epitafios grabados en cada uno de los lúgubres pórticos.

LO QUE ESTABA Lo que estaba era perfectamente visible antes de que dejara de estar. Era ese tipo de cosas que nadie puede pasar por alto por mucho que se esfuerce. Es cierto que ahora cada uno quiere tener la ver‐ dad sobre el asunto, pero no hay que creer todo lo que se dice al respecto. Ahora que no está, parece que era la mejor cosa del mundo, pero cuando estuvo al alcance de la mano, nadie quiso prestarle atención. Por eso, quizás mejor que no esté, capaz que era una porquería. Mejor olvidarlo, hacer como si nunca hubiese es‐ tado ahí, justo encima de lo que sí está, eso que ni nos tomamos el trabajo de mirar una vez en la vida.
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COMO CUALQUIERA DE NOSOTROS Somos personas sencillas, nos gusta lo que a todos. Nos comportamos con educación y tranquilidad ante cualquier situación. Cometemos crímenes como todo el mundo, solo que con más discreción. No nos gusta llamar la atención y preferimos que nadie note que estamos ahí. Cuando es necesario sonreímos, cuando no, nos mantenemos serios. Nos gusta hablar de cualquier tema. Preferimos usar cuchillos y silenciador, como todo el mundo.

CELESTINO Adentro de mí crece un hombre pequeño. Habla mucho todo el tiempo y no me deja dormir. Le pido que se detenga, pero eso sólo parece diver‐ tirlo más. Le he dicho que salga, pero él dice que está muy cómodo en mi interior. Que tiene todo lo que necesita. Hoy decidí comerme una mujercita que encontré comprando fruta en el mercado. Desde entonces, lo único que escucho de mi hombre interior es un tímido, tembloroso, sí querida, sí mi amor.

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HERE WE GO AGAIN Nuestros placeres son mínimos, nos gusta que nos peguen, que nos traten como basura. Que nos hu‐ millen y nos hagan sentirnos más miserables que esclavos, que prisioneros de las galeras. Es por eso, que día tras día vamos a trabajar a la ofi‐ cina. Que siempre, en toda elección, votamos al mismo partido, al mismo Presidente. Que insisti‐ mos en estar vivos.

OINK Llorar le iba bien. Era casi lo mejor que hacía Gritaba, se agarraba los pelos, se sonaba furiosamente la nariz, no ahorraba ningún recurso. Todos se lo ha‐ cíamos notar y la felicitábamos ante cada ataque infundado de llanto. Ella nos agradecía, obvia‐ mente, con lágrimas en los ojos. La risa le costaba un poco más, especialmente por un extraño ruido porcino que le salía luego de la segunda carcajada.

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LOS QUE ACECHAN TRAS LA VENTANA Nadie dice nada, el mundo es cada vez más pequeño. Parecen estar cómodos con la reducción. Aunque cada vez estamos más apretados y ya es difícil dar un paso sin estrellarse contra nuestro vecino. No sabemos si esto se debe a que hemos perdido la voluntad de quejarnos o si, por otro lado, ya somos tantos los pervertidos que es imposible decir algo que nos evite este continuo apretujar‐ nos, frotarnos, contra todas esas vecinas que antes del achique del mundo ya veníamos codiciando desde detrás de nuestros binoculares.

SYSTEM FAILURE La historia que nos cuentan es un ensayo. Empieza más o menos bien y luego se va desmejorando hasta que llegamos a un final muy mal construido. Los personajes son otro asunto. Algunos están bien y otros son sencillamente patéticos. En la vida real, nos decimos, estas cosas no pasan. Pero por las dudas, nos miramos al espejo y trata‐ mos de reescribir todas cosas que pueden colocar‐ nos en el grupo equivocado de personajes de esta interminable farsa.

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CADENA ALIMENTICIA El traje de Superman tiene problemas de diseño. El de Batman se ve bien, pero probablemente sea incó‐ modo a la hora de ir al baño. Cualquier tipo de cie‐ rre quita importancia a los superhéroes. Los malvados no tienen que fijarse en esas cosas. Pue‐ den ser pelados o usar un bigotillo ridículo. Porque además, aunque Batman o Superman pueden en‐ trar por la noche a nuestras casas y servirse algo de nuestra heladera, seguro que va a ser el tipo del bi‐ gotillo ridículo el que nos prometa llenar el freezer con mucha, mucha más carne de la que podemos realmente necesitar.

EL MAYOR PLACER Le decían a quién tenía que matar y él lo hacía. Era su trabajo y era el mejor. Le complacía escuchar los gri‐ tos, las súplicas a las que no prestaba atención. Usaba todo tipo de armas y nadie escapaba nunca con vida. Cuando uno de sus enemigos lo contrató para que se matara a sí mismo, él no dudó en aceptar el trabajo. Gritó con cobardía, suplicó como el mayor de los co‐ bardes y luego con satisfacción se pegó un tiro.

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ESCLAVOS Obedecemos todo lo que el amo dice. Sus órdenes son cumplidas sin demora y con la mayor preci‐ sión. Nunca desfallecemos en nuestras tareas. Día tras día hacemos lo que se nos dice, incluso si eso nos impide comer o dormir. Si el amo se niega a darnos una faena, le decimos que no podemos estar sin hacer nada, que tenemos que servirlo. Si aún así se niega, lo apaleamos hasta que nos ordena hacer algo.

BON VIVANT Soy un castor y mi trabajo es mantener la presa en condiciones. Sin embargo, no puedo estar todo el día pegándole a los troncos con mi cola en forma de paleta. Me gusta parar un poco y fumar un ci‐ garrillo. Mis compañeros me echan en cara esta falta de profesionalismo. Pero ellos no entienden nada de la vida. A las chicas les gusta un tipo que sabe cómo fumar. Cómo hablarles. Yo sé hacer eso. Soy un castor de mundo. Y aunque si la presa ex‐ plota, el agua se tragará a nuestro pueblo, ¿qué clase de vida es esta si no podemos soportar el Apocalipsis con tal de seducir la más ardiente hem‐ bra castor al menos por un par de horas?
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LILITH Es hermosa. Lo sabe. Tiene un cuerpo que no se puede olvidar. Seduce a cualquier hombre, aunque por ahora hay uno solo. Eso es lo que ella se dice todos los días. Pero quizás no sea tan hermosa. Quizás Adán sea presa fácil. Quizás no la olvida porque todavía no existe tiempo y todo transcurre en este presente que nunca se va. Quizás hasta sea fea. Pero eso no le preocupa, porque Adán no tiene elección. No entiende qué hace Dios jugando con esa costilla de hombre.

DEMASIADO Pensar en nosotros nos ocupa todo el día. A veces más. Nuestro ego es incontrolable y nuestra vani‐ dad no tiene límites. Nos miramos en todos los es‐ pejos y si nos encontramos en la calle nos decimos que somos los mejores que hayamos conocido. Vista de afuera nuestra vida parece fácil y cualquiera desearía tenerla. Pero no todo es tan color de rosa. Si estamos en una habitación pequeña, basta res‐ pirar para que nuestros pechos se inflen al punto de causarnos moretones.

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THE WAKE OF A DREAM Cuando soñaba por las noches, se veía a sí mismo como Clint Eastwood en Dirty Harry. Iba por los bares con su cara de piedra disparando sobre de‐ lincuentes o sobre cualquiera que lo mirara mal. Cuando despertaba se lavaba los dientes, desayunaba y se ponía el traje. En la calle trataba de secarse la transpiración con un pañuelo y se aflojaba un poco la corbata. Ya en el trabajo se tomaba un yogurt descremado.

MIRROR Muchos días se parecen al que dejamos atrás. Las horas son las mismas, cada una de las pequeñas miserias, de esas frustrantes alegrías. Incluso a veces, si no tenemos el suficiente cuidado, pode‐ mos ir caminando por esa misma calle que ya tran‐ sitamos y chocarnos contra nosotros mismos que hoy vamos viniendo de mañana para ayer, total‐ mente distraídos.

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DEAD BODIES EVERYWHERE Mi habitación está llena de cadáveres que no pienso ordenar. Ya bastante tengo con el estudio y el tra‐ bajo. Puedo contratar una mujer que limpie, pero es difícil encontrar una que no se queje de lo duro que es remover los cuerpos, algunos incorruptos y algunos verdaderamente impresentables. Sé que ante este desorden pesa la opinión de mis amigos, de mis ocasionales amantes, que buscan en cada uno de mis actos una reafirmación del complejo de Edipo. Sin embargo, a la hora de la verdad, me rindo ante el inevitable levantar el te‐ léfono y pedirle a mi madre que por favor, levante estos cadáveres que su hijo ya no tiene ganas ni si‐ quiera de patear.

MOEBIUS Vuelvo siempre al principio, seguro de que jamás llegué al final. O lo pasé de largo cuando venía por el medio. Al final de cuenta, todo se parece demasiado y si cuento las cosas con mis dedos, me encuentro con que paso del número diez, quizás por repetición y me sorprende menos esa constante secuencia que el hecho de percibir que hoy tengo tres manos o siete orejas.
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HISTORIA DEL LOCO Entró al bar y empezó a pegar martillazos a todo lo que se movía. Todos corrieron hacia fuera. Hubo muchos gritos y una mujer se olvidó su cartera y dejó caer sus zapatos de taco alto. La policía tardó bastante en reducirlo, pero finalmente se lo lleva‐ ron. El bar estuvo cerrado un par de días. El hombre con cabeza de clavo suspiró aliviado, pero por varias semanas no dejó de mirar por encima de su hombro.

SAHARA El desierto gana el living. Basta abrir cualquier cajón de cualquier mueble para que se llenen los zapatos de arena. Si prendo la luz, el calor se hace insopor‐ table. Por la noche la temperatura baja y tengo que buscar frazadas. Hace días que no veo a mi mujer. A nuestros hijos les he dicho que la secues‐ traron los beduinos que aterrorizan los cuartos del norte, aunque ella luchó con ferocidad. Son chicos para comprender que no, que no se resistió, que iba riéndose, sacándose la ropa, que algunos me miraban de lejos y se burlaban.

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COYOTE En mis sueños me desconozco. Lo sé, porque me lo digo. Me lo digo siempre y no me lo oculto. No po‐ dría mentirme. O mentirle a ese que no soy. Me parezco, eso sí. Pero el parecido no basta, porque me reconozco ajeno Cuando me despierto es más sencillo. Me levanto, me lavo la cara, me peino con cuidado la barba, me pongo mi mejor vestido y salgo haciendo mucho, pero mucho ruido con mis tacos altos.

EL BUEN DEGENERADO La psicología no sirve con un exhibicionista como yo. No hay problemas en mis atributos físicos. No temo a las mujeres. No temo a los hombres. Me gusta un buen sobretodo y nada abajo. Correr des‐ nudo por la calle. Sentir que el viento es mi única compañía. Prefiero las plazas, porque el verde de los árboles re‐ salta el vello de mi pecho. No me resisto, tampoco, al asfalto. Si es invierno, me pongo también unas medias, algo sencillo, pero que no desentone con el tono semi bronceado de mi cuerpo desnudo. Algo que no provoque el horror en la gente a la que me expongo impunemente.
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MIEDO Tengo miedo de todo. De todos. La vida moderna me asusta. Los crímenes, las atrocidades del ciuda‐ dano común me producen pánico. Aunque mu‐ chos sienten mi ausencia, yo no puedo evitarlo. Me cuesta salir de mi casa para trabajar. Las ma‐ dres me lo recriminan y los padres me dicen que soy un cobarde. No, les digo, soy un producto del horror ajeno, de la maldad que sembraron. ¿Cómo esperan que asuste a los chicos? Como hom‐ bre de la bolsa que soy debo confesar que ya no puedo dar un paso sin temer un robo, un aten‐ tado, un apaleamiento hacia mi persona por parte de vulgares criminales callejeros.

SANGUINARIO Muestra las manos cerradas y nos dice que tenemos que elegir. Algunos opinan que sería conveniente optar por la derecha, otros proponen la izquierda. El hombre con las manos cerradas sonríe. Hay mo‐ mentos en los que parece elevarse unos cuántos centímetros por encima del suelo. La mayor parte del tiempo nos mira como si ya supiese lo que vamos elegir. Como si quisiera decirnos que la elección no importa, que las dos manos traerán las mismas sorpresas.
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LA CABEZA Emerge del suelo, de pronto. Es una cabeza perfecta‐ mente formada. Me acerco temeroso de lo que pueda hacer, de una nueva manifestación incom‐ presible. La cabeza me mira silenciosa. Siento que el mundo que conocía ha desaparecido, que luego de este evento fantástico nada puede volver a ser igual, que yo ya no soy el mismo tampoco. Comprendo entonces que lo único que me queda por hacer es cubrir la cabeza con un mantel blanco, luego ponerle arriba una lámpara, digo, algo que no llame la atención de los vecinos o de amigos que decidan visitarme de improviso.

DIABÓLICO Ensayó bien lo de la risita satánica. Es experto en la mentira y la trampa. Día tras día mejoran sus habi‐ lidades en el vicio y la maldad. Somos muchos los que lo admiramos y nos preguntamos cuál será su secreto. Él se muestra humilde con la verdad (quizás porque en general le es ajena) y contesta que no se trata de la gran cosa. Que apenas le basta con usar su traje de Gerente General dos números más chico de lo ne‐ cesario.
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EN EL CAMPO

En el campo la vida es más fácil. Trabajo todo el día, eso es cierto, pero luego, en la noche, cuando nadie me ve, me subo a lo más algo del granero y salto. Algunas veces caigo con violencia al piso, como si mi cuerpo pesara mil kilos y hago un ruido enorme, inapropiado en la calma del campo. Otras veces me deslizo suavemente, flotando por algu‐ nos minutos. En la ciudad, por otra parte, a cada salto tengo que soportar esas gentes que miran para arriba, que murmuran con espanto. Que ya buscan con la mi‐ rada al policía más cercano.

DIARIO DE EVA Adán siempre se está quejando de lo que cocino. Dice que está harto de esos yuyos, esas plantas amar‐ gas que no saben a nada. Por eso hoy le cociné un pastel de manzanas. De esas manzanas tan jugo‐ sas, tan rojas que él siempre mira desde lejos, como deseando.

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El LIBRO DE MI MADRE Según un libro que mi madre consultó, cuando me creyó enfermo, no es normal que me quede des‐ pierto toda la noche. Eso es lo que me ha dicho, que los chicos de mi edad no pueden dormir du‐ rante el día. Yo le digo que quizás el libro tenga razón, pero yo no puedo hacer nada al respecto. Ella me ha respondido que quizás podría pasar eso por alto, pero el libro también dice que no es po‐ sible que un chico de mi edad nunca quiera comer nada nunca. No lo sé. Yo no quiero ser una decepción para ella, pero en ver‐ dad a veces me pregunto qué dirá el libro que mi madre consulta acerca de mis afilados colmillos, o de cómo me excito al ver el cuello de algunas damas demasiado sonrosadas.

THE CORRIDOR Al final de un corredor desnivelado, se ve una luz, una luz plena que casi opaca la vista. Detrás de la luz, hay un hombre pequeño que ahora quita el bombi‐ llo y agarrando su escalera, se marcha por el desni‐ velado piso del corredor, permitiéndonos descubrir no sólo que el corredor en realidad no existe, sino que, para horror propio y ajeno, nosotros sí.
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¿POR QUÉ NO PUEDO SER COOL? Quizás la cara no me ayuda. O mi forma torpe de en‐ trar a cualquier reunión. Esa manía de uno usar la ropa correcta. De decir todo de forma atropellada. La manera de no sentirme a gusto en ninguna parte. Mi gusto por la tierra, el amor de tirarme al piso y arrastrarme hasta que la ropa se hace jirones y salgo desnudo de cualquier casa, de cualquier pa‐ lacio y persigo caminos que no lleven a ninguna parte donde puedan encontrarme. La tentación de tirarle los sombreros a cualquier caballero digno de mi aprecio, o de mi desprecio da igual. O la simple costumbre de morderle los tobillos a las mujeres con sandalias plateadas.

FACIAL Suspendo mis impresiones, vacilo. Quedo como un manuscrito en blanco. Algunos dicen que se sos‐ pechan terribles escritos en la forma de mi man‐ díbula. Algunos me llaman obsceno. Las mujeres mayores retiran a los chicos de mi presencia. Yo me abstengo de verbalizar algo. Dejo que la tinta vuelva a fluir por mis venas y luego permito que mis cejas den rienda suelta a su innata, desenfre‐ nada grosería.
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SOPOR Hay días muertos que se quedan amontonados de‐ bajo de la cama, adentro de los cajones, en la ropa sucia que tiramos sin decoro en cualquier tacho. Si vienen las visitas no tenemos ganas de ocultar‐ nos y quizás una amiga nuestra, una muy íntima se siente en el sofá con gran incomodidad, porque bajo sus pies laten fines de semana y viernes de melancolía. Pero ya no vamos a buscar excusas para limpiar, los vamos a dejar ahí, hasta que un día tratemos de abrir la puerta del departamento y descubramos que no se puede, porque hay tan‐ tos lunes apretados que ya no se puede empujar más y entonces dejemos la llave, ahí metida en la cerradura, y nos vayamos sin mirar atrás. Como si fuera un día de vacaciones cualquiera.

REPETIR Escribe y todo se reproduce tal cual en el mundo. Cada cosa, con su punto y su coma. Cada lugar es creado de la nada, por su mano. Pero luego, la soberbia de la paradoja, el escritor es‐ cribe: el escritor escribe: el escritor escribe: el escri‐ tor escribe. Y ya nada vuelve a pasar en el mundo.

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GOTA Ella me conoce bien, pero no me dice nada. Ni si‐ quiera me saluda. Me evita con tanta eficacia que ni siquiera puedo decir que la haya visto alguna vez. No me llama, tampoco manda cartas. A veces la confundo con cualquier tipo de analogía. Me digo que es la vida, que es la muerte. Pero no, no sé su nombre, no sé quién es. Pero igual me co‐ noce bien. Y cuando estoy medio dormido, medio despierto, me doy vuelta en la cama y casi me parece verla, pero ella no dice nada. Tampoco entonces.

EL ARTE EMOCIONAL Le gusta llorar cuando la ven. Si está en la casa, sola, prefiere reírse fuerte, aún cuando se trate de una terrible desgracia. El público siempre reacciona a sus llantos destemplados. Lo suyo es un arte y no son pocas las veces que llegan los aplausos. Si se encuentra con un público duro, grita, tiembla, se sacude, incluso arroja cebollas.

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HIJO PRÓDIGO Para escoger mi nombre mis padres consultaron un adivino. Él les dio toda clase de consejos y ellos vol‐ vieron a casa un poco tristes porque no había cosas buenas en las palabras de aquel viejo char‐ latán. Eso no me impidió llegar a este mundo. Y que mis padres decidieran ponerme un nombre sencillo, uno con el que pueda sentirme a gusto. Por eso le digo, buen hombre, no sé qué tanto mi‐ rarme. ¿Acaso mi nombre le parece raro? No, tam‐ poco es extraño que haya nacido en la hora sexta del sexto día del sexto mes del año. Así que por favor, le pido que no sea como tanto otros, previ‐ sibles curiosos, que se quedan mirando grosera‐ mente esas dos protuberancias con forma de cuernos en mi frente.

CAOS Las cosas nunca están donde las dejo. Me levanto por la mañana y todo está fuera de su sitio. Paso el resto del día volviendo las cosas a su correspon‐ diente lugar. Pero es inútil, el caos me agobia pocas horas después. Lo peor, sin dudas, es cuando sur‐ gen esos agotadores días en los que hay más cosas que lugares, o más lugares que cosas. En fin, la tí‐ pica asimetría de lo fantástico.
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IR Y VOLVER Regreso, aunque sospecho que nunca me fui. Temo encontrarme ahí, sentado, mirándome llegar otra vez. Preguntándome por qué volví. Sabiendo que probablemente no me dignaría a responderme. Pero no, no estoy ahí, sumido en la espera. La silla está vacía, el lugar silencioso. Ahora me siento y espero. Esta vez temo que no regrese, que haya dicho algo que pudiese haberme molestado. Nunca toleré esas personas que hacen demasiadas preguntas, digo, personas como yo.

RIDERS ON THE STORM Sueltan mi mano y caigo sin remedio. Siento mi cuer‐ po deslizándose inevitablemente hacia abajo. Lue‐ go dejo de sentirlo y comprendo que no tengo ningún cuerpo que caiga. Me enceguecen las luces de una ciudad lejana. El tipo de construcción que antes hubiese llamado hogar. Finalmente ya no caigo ni pienso nada. No hay luces ni ciudad. Escu‐ cho el rumor del jabón, de las manos que se lavan, que luego se secan en una toalla blanca. Que la dejan un poco sucia, como con machas de sangre seca.

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LA ÚLTIMA VANIDAD En el último cuarto de una casa sombría vive un hom‐ bre cuyo nombre no conozco. Es un hombre senci‐ llo, que no molesta a nadie. Al menos eso dicen las gentes del barrio. Yo no salgo mucho, pero puedo escuchar los murmullos que vienen de la calle. No tengo televisión, ni radio. Paso el tiempo sumido en mis propios pensamientos. Que son muchos y variados. A veces pienso que podría comprarme un espejo y saber cómo soy, cómo es mi cara. Pero pienso que la luz de la ventana es demasiado pobre para verme bien. Además, quizás otros pue‐ dan interpretar la presencia del espejo como un acto de vanidad, indigno de sencillo hombre sin nombre que vive en el último cuarto de una casa sombría.

EL MÁS ALLÁ La sesión comienza con los pases característicos. La médium pronto entra en trance. Su voz se hace más grave, llega de pronto el mensaje de ultratumba. Anuncia eventos, asegura el amor de los que están lejanos, las mismas cosas de siempre. Se hace tarde y los testigos se marchan. Vuelven a sus tumbas, a sus silenciosos mausoleos. La esotérica voz de los vivos ha sido demasiado para una noche.
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KRYPTONITA Aunque sospecho que existen diversas formas de es‐ tructurar la memoria, creo que lo más accesible es el formato sueño. Cada cosa que se aleja (lo que se acerca mantiene una franja borrosa, pero aún así cierto tinte optimista lo salva del destierro), va siendo captada por una oscilación onírica que ya nunca desaparecerá, solo se irá incrementando. Por eso existen eventos que no parecen haber ocu‐ rrido nunca, o más aún, que parecen haberle ocu‐ rrido a cualquiera menos a nosotros. Quizás desarmar la estructura solo nos permita descubrir la presencia real de esos otros, que están ahí, en nosotros. Despertar, entonces, y ver que la cama está llena de gente que no conocemos, pero que no tenemos valor como para despedir sin un afectuoso saludo o una vianda para el camino.

CARTA AL PADRE El cachetazo le voló la mitad de los dientes. –Es por tu bien –dijo el padre. Él hijo asintió. Guardaba todo su amor en el puño ce‐ rrado que ya iniciaba el camino a demostrar su afecto.
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COSAS DE CHICAS Con esmero se quita el maquillaje. Lo hace tratando de no cometer los mismos errores del pasado. Sa‐ biendo que aunque los otros no le digan nada, ella siempre se va a estar juzgando a sí misma. No puede ser como sus amigas, ¿dónde están sus ami‐ gas ahora?, que no se preocupaban por cosas como esa. Que no vivían pensando todo el tiempo en qué ropa se iban a poner. Que decían que no les impor‐ taba lo que la gente dijera de ellas. No, ella no puede y por eso luego se pasa la crema hidratante y piensa que mañana la van a mirar en la calle. Sí, como en otros tiempos, cuando no tenía que usar ese antiestético bastón, cuando las arrugas se disi‐ mulaban en una sonrisa. Cuando el pelo no estaba tan blanco, tan corto.

BURN El fuego quema al principio, pero luego uno se acos‐ tumbra, como todo. No importa cuánta leña se agregue. Llega un punto en el que se empieza a tener frío, un frío intenso que nos envuelve todo el cuerpo y que empieza a congelarnos, para luego quemarnos. Hasta que también nos acostumbra‐ mos y después no sentimos ni frío ni calor, ni nada. Ahí es cuando el infierno empieza a hacer efecto.
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ISSUES LIST No pensar en nada. Ni siquiera en esto. Estar flotando sobre una superficie que pasa del líquido al sólido con la misma facilidad. Sabernos nosotros, sospe‐ charnos otros. Ser lo que alcanzamos a ser. Dormir sin ser saciado. Despertar ocultando el sueño que llevamos encima. Reírse cuando se abre una puerta, milagro de la física y el picaporte. Temblar de miedo cuando algo se cierra, intuyendo que nunca más volverá a abrirse.

THE BEGINNING OF THE END Desde mi ventana veo el principio del fin. No es como lo cuentan. No hay luces ni grandes explosiones. Los gritos son mínimos, apenas los imprescindi‐ bles. Parece un día como cualquier otro, solo que más caluroso. El ventilador funciona mal y el ruido de las paletas es insoportable. El fuego se extiende discretamente por la ciudad. Los terremotos casi ni se sienten. Es tarde, pero no tengo sueño. Me reconforta pensar que mañana puedo llamar al trabajo y decir que no voy. Que comí algo que me cayó mal y que mejor me quedo en cama el resto del día.

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ME & ME Por las noches me convierto en otra persona, en otro ser completamente diferente al que soy durante el día. Mis amigos le restan importancia a este fenó‐ meno. Ellos simplemente no pueden aceptar esta metamorfosis diaria contra la que no tengo la más mínima defensa. Pero yo no puedo negar lo que me pasa. Soy dos hombres que conviven en este cuerpo y lo más terrible es ser conciente de esto que me sucede. Mientras es de día, soy yo. Por las noches (casi no puedo escribirlo por el horror que me produce hasta pensar en ello), también.

LOS INVASORES Presionó el botón del fin del mundo, pero nada suce‐ dió. Lo volvió a presionar con todas sus fuerzas, pero tampoco. En el bunker de su irreconciliable enemigo, pasaba exactamente lo mismo. Ellos no lo sabían, pero las ratas se habían comido los ca‐ bles que activaban los botones. Sí, esas ratas cada vez más grandes. Las que viven en las casas de cualquiera de nosotros, las que se re‐ producen más y más rápido. Las que ahora nos miran con rencor, nos muestran los dientes feroces.
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NADA SALVA No participo del optimismo de los otros árboles. Saber que mis hojas van a volver cada primavera no es más que un triste consuelo. ¿Cuántos meses pasan entre el frío y el calor? ¿Acaso es seguro que todo regresará a su estado habitual? Además, ya estoy harto de este asunto de los ciclos. ¿Por qué empezar todo de nuevo cuando mi frondosa copa es notable y mis flores son la envidia de todo el bos‐ que? No lo tolero más y quizás sean mis años. O que estamos en pleno verano y hoy cayó la primera de mis hojas invernales.

ALL MESS UP Me corto en pedazos antes de que otro lo haga. Es cierto que no me sale tan bien como esperaba y que quizás hubiese sido mejor contratar algún profesio‐ nal. Pero cualquiera puede ver que mis cortes no dejan de tener algo íntimo, algo artesanal, el tipo de mutilación que no dejaría indiferente a una per‐ sona de bien. Mi mujer, no satisfecha con mi arte, asegura que no limpiará el desastre. No la culpo, soy de esos inca‐ paces de cortar rectamente por una ordenada línea de puntos.
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SOLO ESPERAR El movimiento de ponerse los anteojos tiene un me‐ canicismo emparentado también con el de mover los ojos de una línea a la otra para leer el diario y suspirar aburrido de que las noticias sean siempre las mismas. Luego el evento de la tostada que‐ mada, el café frío, la manteca derribada sobre el pantalón nuevo, las cuentas sin pagar pegadas con un imán en la heladera. El griterío de los chicos. La certeza de que el auto no tiene nafta suficiente ni para llevarlos al colegio. La esposa que nos dice que se hace tarde y sí, le sospechamos un romance con otro, uno nunca demasiado digno. Pero no, no dinamitamos la casa, ni ponemos veneno en nin‐ guna parte. El lugar común del literario remate sor‐ presivo no será nuestro escape. Ya sabemos que al final, el colesterol alto hará el trabajo necesario.

PROBLEMAS DE LA CONVIVENCIA Blancanieves se comió la manzana y cayó al piso, dor‐ mida, muerta, lo que fuera. La vieja la miró y son‐ rió satisfecha. El trabajo estaba hecho. Desde adentro de un ropero, los ya hartos enanitos, mi‐ raban a ver si el dinero que le habían pagado había valido realmente la pena.
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OTRO DÍA MÁS Me pongo los zapatos y dejo escapar un ligero, casi in‐ voluntario suspiro. En la penumbra del cuarto pienso que el día ha sido demasiado largo. Escucho el rumor de los vecinos. Se presiente el aroma de comida casera, aunque no en mi departamento de soltero. Ahogo la resignación de ver que mis medias se rompieron otra vez. Con desgano tomo el alicate. Me emparejo como puedo esos tornillos que me asoman entre los dedos, las tuercas, cables que flo‐ recen bajo mis uñas.

EL CARNAVAL La farsa siempre es completa y perfecta en sus mani‐ festaciones. Parece real. Parece lo único real. Na‐ die sabe si es partícipe o espectador. Por supuesto que algunos denuncian su falsedad. Sin embargo, esto también es parte de la farsa. Con el tiempo, cualquier detalle sobresaliente pasa a ser absor‐ bido y entonces, la farsa continúa. Lo único que de vez en cuando nos hace vacilar es una risa destemplada durante un momento solemne, un llanto que nos viene de la nada, quizás en medio del mejor chiste que nos hayan contado.

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MELANCOLÍA Las cortinas permanecen cerradas. Desde afuera pa‐ rece una habitación común y corriente. Tal vez solo sea molesto el olor a humedad. Desde adentro, el exterior parece inalcanzable. El ocupante puede quitarle el polvo a los libros, sentarse en un sofá, junto al fuego que se va extinguiendo. O puede acostarse, formular un deseo. Los de afuera nunca sabemos si se cumple o no. El que está adentro siempre se va antes o después de que nosotros hayamos llegado o nos hayamos ido.

MASCARADA En la madrugada de mis ideas intento buscarle los res‐ quicios al silencio. Las tentaciones del blanco que vie‐ nen y se van. Pienso a veces en la inmovilidad de todo lo que puedo comprender, comparándola con la ve‐ locidad de todo lo que no comprendo. En esos días se escuchan terribles caídas, caídas de objetos sin forma que derrumban el piso y arrastran todo tras de sí. Mi memoria palpitando, las llegadas imprevista de los vecinos. Luego el acontecer de la mañana, el continuo desper‐ tar y tener que barrer todo lo que quedó tirado. Saber que arreglar el piso no arreglará nada. Mu‐ darse tampoco.
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A DAY AT THE OPERA La tragedia surge en el momento menos pensado. Po‐ demos estar parados esperando para cruzar una calle y ahí, de pronto, se escucha una música enorme, desmesurada, potente, y una mujer poli‐ cía entona un aria. Queremos mantenernos al margen, pero la garganta se nos llena de palabras en italiano que no comprendemos. Y cantamos, no sabemos qué, pero sí, es una tragedia porque todos se conmueven y los chicos que bajan del óm‐ nibus escolar nos acompañan con el coro. Hasta que el semáforo cambia de luz y nos aplauden, cómo nos aplauden. Pero no hay tiempo para un bis, tenemos que correr al trabajo, tarareando, es‐ quivando al jefe, al que no le gusta la ópera, sen‐ tarnos. Quitarnos el maquillaje entre tanto expediente atrasado.

LOS AMARGOS Los fuegos artificiales estuvieron bien. Pero no somos de los que se impresionan fácilmente. La orquesta hizo lo suyo. Los miles de extras tampoco fueron algo que no pudiésemos considerar como espectacular. Y no, tampoco aplaudimos más que tímidamente cuando los artistas explotaron todo el pueblo hasta sus cimientos solo para impresionarnos.
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BLEED Tengo postales en mi cabeza. Imágenes condensadas. Fragmentos de lugares en los que nunca estuve. Sa‐ ludos de parientes o amigos que no podría recono‐ cer, que por más que me esfuerce no recuerdo. Una letra movida que no es la mía, que tal vez no sea la de nadie más, diciéndome cosas que no en‐ tiendo para nada. Aún cuando todas están escritas en un lenguaje perfectamente comprensible, casi, casi humano

INSOMNIA El insomnio no se detiene nunca. No duermo jamás. Paso los días con los ojos en blanco, yendo de una habitación a otra. No salgo nunca de la casa, ya no necesito alimentarme. Miro de vez en cuando por la ventana. El mundo es cada día más blanco. De vez en cuando me acuesto y pienso que estoy dor‐ mido. Pienso que sueño. Me imagino que llevo una vida común y corriente. Luego, en ese sueño fin‐ gido, pienso que soy un hombre que no duerme nunca, me pienso vagando de habitación en habi‐ tación, en una casa cuya puerta nunca es abierta, desde cuya ventana se ve un mundo cada día más blanco.
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SOLO UN PEQUEÑO MORDISCO Nado con todas mis fuerzas, nado con y contra la co‐ rriente. Me deslizo por el agua como si fuera otro pez. Agito mis brazos y mis piernas. Boqueo, respiro las olas, asimilo la espuma. Doy saltos por encima de la superficie, chocándome con el reflejo del sol, Luego me hundo hasta lo más profundo, viendo desde allí el brillo que parece llamarme, ahí, en lo más alto. El pequeño gusano que me incita a bus‐ carlo, que me incita a morder sin remedio.

EL MUNDO NOS SONRÍE Todo tiene una explicación, aunque parecería que no. Es una explicación de lo más sencilla y cualquiera puede esgrimirla. Al principio no convence a nadie, pero más tarde se nos hace perfectamente lógica. Incluso con el tiempo se la recomendamos a todo el mundo. Quizás haya algunos que se nieguen a aceptarla y nos insulten, nos tilden de ignorantes, de absolutos imbéciles. Pero la culpa no es nues‐ tra, es de ellos que no entienden algo tan sencillo. Mejor dejarlos, mejor no decirles nada, mejor se‐ guir convenciéndonos entre nosotros, sí, conven‐ ciéndonos todo el tiempo que esto se explica así, que no hay fallas, que no tenemos dudas, no, nin‐ guna. Para nada.
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DEMOLIENDO Rompemos todo, hasta que no queda pedazo sobre pedazo. El polvo cubre el aire y nos duelen las manos y los brazos. El silencio después de todo nos hace sentir incómodos. Nos sentimos demasiado raros, todos ahí, con los martillos en descanso sin saber qué hacer. Por suerte González tiene la idea de darme un marti‐ llazo y otro. Y otro.

PEEPING TOM Tengo la sensación no demasiado infundada de que me están mirando. De que me están mirando muy fijo. Lo hacen desde todas partes y a cualquier hora. Lo hace cualquiera, sin la menor discreción. Yo les devuelvo las miradas. Si me molestan mucho, los sigo hasta la casa. Los miro desde la ventana. Los miro cuando están solos o acompañados. Miro a esos serios hombres ves‐ tidos de traje y corbata o ya con su piyama que me miran, que no dejan de mirarme mientras se levantan del sofá y me gritan y quieren seguramente golpe‐ arme. Los miro todos, a esas mujeres desnudas que se bañan con lentitud, que luego me ven, que no dejan de mirarme mientras gritan y buscan un marido, un forzudo, alguien que me mire, me mire y me quiera in‐ sultar, apalear, arrestar solo para seguir mirándome.
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ASÍ HABLÓ El último pensamiento se abre paso hasta quedar a la intemperie. Pasa sus primeros momentos cre‐ yéndose único y original. Luego llega y le llega la noche. Hace frío y ningún otro pensamiento como él aparece para hacerle compañía. Pretende vol‐ ver, pero no hay donde. Camina entonces sin rumbo, evitando esos otros pensamientos que lo llaman desde lejos. Diciéndose que él no se reba‐ jará a juntarse con todos ellos, que jamás será parte de todo ese indignante sentido común.

NOT ME Una noche que no es ninguna noche me visita de vez en cuando. Una noche que abarca todo, que es lo que solía ser, que camina lejos de mí cuando todo lo cerca es demasiado inalcanzable. Una noche que deja sus cenizas bien acomodadas en un rin‐ cón. Que es pulcra, que apenas se soporta. Una noche que se detiene, que luego se mueve y se es‐ conde. Una noche repentina en la que no soy ni un adentro ni afuera. Una noche que entra por la ven‐ tana, mientras duermo, que me despierta con una suavidad salvaje, desenfrenada. Que no se va cuando llega el sol. Una noche que ya no recuerdo.
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EL CANTANTE Cantaba como un perro. Siempre. Iba de bar en bar, apabullando a todos los que lo escuchaban. Gri‐ taba desaforado, se entregaba a la falta de armo‐ nía sin preocuparle lo más mínimo. Incluso se olvidaba la letra, iba a destiempo. La orquesta que lo acompañaba era mucho peor. Su espectáculo era tan terrible que atraía multitudes para insul‐ tarlo, para tirarle botellas. Tanta gente que las en‐ tradas se agotaban y noche tras noche había que agregar funciones.

BLANCA Me siento diferente. Al menos hoy. No quiero hacer lo de siempre. No quiero repetirme con esa rutina que me agobia, que nos agobia a todas, aunque ninguna tenga la voluntad o la fuerza para decirlo. Siempre, siempre estar comiendo lo mismo, de la misma montaña maloliente. Siempre yendo de acá para allá sin sentido. Hoy quiero cambiar. Sí, ya lo tengo decidido. Hoy nada de agitar mis alas como una si‐ cótica. Hoy no me voy a reventar la cabeza contra el vidrio. Hoy no me voy a estar frotando las patas todo el tiempo. Hoy no voy a quedarme en la pared, arriesgándome a que cualquiera me estrelle una re‐ vista enrollada encima. Hoy, basta de porquería para mí. Hoy, caviar.
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SHE Usa tacos altos. Lo suficiente como para no tener con‐ tacto con el mundo. Lo que ella dice se escucha poco, por la altura. Desde la lejanía y con binocula‐ res se puede percibir su belleza. Sus pretendientes deben ascender a ella, bajar no es lo suyo. De nada vale buscar un hacha para menguar la distancia. En su premeditado desprecio, ella reforzó los tacos con el más duro, el más frío metal.

LO QUE TEMO VER Lo que temo ver se me aparece en los lugares menos pensados. Puedo entrar al departamento de un co‐ nocido o estar pidiendo un café en un bar, lo que temo ver está ahí, saltándome encima, manchán‐ dome la ropa, ensuciándome los zapatos. Es incon‐ trolable y descortés. Es innecesario, también. Porque soy lo suficientemente hábil como para ce‐ rrar los ojos al escuchar ese rugido descomunal que emite todo lo que no quiero ver cuando va a aba‐ lanzarse sobre mí. Sin embargo, tampoco puedo quejarme. Estos imprevistos suelen ser un buen tema de conversación en las reuniones sociales y no sería la primera vez que lo utilizo para seducir alguna mujer considerablemente impresionable.

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LA INCOMODIDAD APARENTE Se suele confundir la eternidad con algo que dura para siempre. Pero no, la eternidad se limita a conjugar todo el tiempo en un punto. Es un error común, como todos los errores que no nos tomamos el tra‐ bajo de corregir. Tampoco importa la corrección, porque hablamos de algo tan indescifrable como la existencia de lo improbable. Lo que más miedo nos da de la eternidad es que, en‐ cima, dure aún quince minutos más de lo previsto.

OUTSIDER Tengo ojos chicos, pero no por eso veo menos. O sí. Todo va disminuyendo cuando hay menos luz. Yo no me inquieto demasiado. Creo que no hay mucho para ver. O lo que veo no me afecta demasiado. En una habitación oscura me siento cómodo. Si prendo la luz, me vuelvo extraño y busco refugio en el ar‐ mario. Desde ahí veo todo otra vez, diciéndome que no hay nada malo con mis ojos. No son ellos que me impiden ver el mundo, tampoco mi corazón dimi‐ nuto, el que llevo bien apretado, como temeroso, en mi puño cerrado.

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TODO LO QUE DE NUEVO DEJAMOS ATRÁS Lo que dejamos atrás ya no está ahí cuando quere‐ mos regresar. Nunca. Basta darse vuelta para com‐ probarlo. Lo que sea, objetos, personas. Si nos damos vuelta, todo lo que está detrás puede darse por perdido. Por eso conviene llevar lo indispen‐ sable encima, en un bolso o una mochila. Una car‐ tera práctica para las damas. Los que quieran conservar la vida deben tomar una sola precaución, nunca, pero nunca entrar a la Casa de los Espejos en la Feria del pueblo.

LOS REYES MAGOS No va a venir nadie. Así que no sé por qué estamos esperando. No nos movemos, no hablamos. Cada tanto, sin embargo, alguien mira el reloj, alguien suspira. No falta el gracioso que da un golpecito en el suelo para hacernos creer que se trata de la puerta. Pero solo es un momento, luego del lincha‐ miento necesario del inoportuno volvemos a nues‐ tros puestos, como los chicos muy bien educados que somos, ocupantes pasajeros de este jardín de infantes modelo.

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CAÍDA DE LO QUE ARDE La tarde iba cayendo lentamente. Lo hacía sin gracia, sin la elegancia del que elige destruirse a sí mismo en un acto de amor y posesión. Esta era sin lugar a dudas una tarde cobarde, de esas que se consumen hasta que ya nadie las soporta. Esas tardes que nadie quiere ver. Con un sol patético, que disminuía hacia la noche que se iba haciendo evidente. Una de esas tardes que nos dan vergüenza ajena, que nos hacen ocultar la cara si somos adultos. Que nos hace correr rápido a casa si somos chicos. Esas tar‐ des que no le deseamos a nadie, ni a nuestro peor enemigo. Esa era la tarde que se nos venía encima, como pidiendo permiso para seguir, para perseguir‐ nos un poco el llanto. Ese llanto crudo que deja tanta humillación, tanta falta de coraje.

LOVE OF MY LIFE Me besa apasionadamente. Me arranca los labios, me revienta los dientes. Canibaliza mi lengua. Se mete furiosamente por mi esófago. Explota mis huesos, traspasando mi carne, disolviéndome en infinitos puntos que no se unen más que para volver a se‐ pararse, para cobrar nuevas formas que quizás no reconozca al verla, pero que construirán el nuevo aire que respiraré. Pero no la amo.
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REBELDES No nos importa nada. Nada en general y nada en par‐ ticular. Vamos por la vida pateando latas y piedras. Nos resistimos a la autoridad, pero ni siquiera por convicción. Pasamos años en prisión, fingiendo haber cometido crímenes que ni nos ocuparíamos en cometer. Salimos libres años después, ya viejos. Volvemos a la vida que conocíamos, pateando latas y piedras. Pero ya son mucho más pesadas que antes, mucho más duras y ahora comienza a importarnos.

FORMAS DE LA FORMA El aire se llena de cuchillos. Algunos caen a tierra, otros se quedan ahí, en lo más alto, obligándoles a buscarles formas. A pararnos y decir: ahí vemos una cara, ahí vemos una afilada oveja. Puede pa‐ recer tonto este entretenimiento, pero somos parte de un pueblo chico, donde nunca pasa nada. Quizás los forasteros se apresuren a juzgarnos, po‐ demos entenderlos. Pero también comprenderán luego, por qué a esos que recién llegan a moles‐ tarnos con sus prejuicios, nunca le avisamos que ya viene, pronto, una nueva tormenta.

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GUÍA DEL VIAJERO El camino no lleva a ninguna parte, pero eso no se averigua hasta mucho después. Si cruzamos a al‐ guien que viene de regreso, es probable que no se muestre muy amable y que conteste con evasivas ante preguntas directas. Descubrir que el camino no conduce a ninguna parte suele ser motivo de confusión y vergüenza para esos que vuelven. Saben que tendrán que mudarse del pueblo para evitar la burla de los desaprensivos de siempre, que nunca podrán volver y que el resto de sus vidas recordarán ese sabor amargo del final del ca‐ mino. Final al que, por otro lado, nunca se llega.

BLIND DAY No soy una persona crédula. No creo más que en aque‐ llo que la ciencia puede comprobar sin lugar a dudas. No dejo viajar mi imaginación como los incurables soñadores o como los exasperantes poetas. De más está decir que no considero que el tercer ojo que apareció hoy en mi cara tenga nada de sobre‐ natural. Sostengo, por el contrario, que debe tra‐ tarse de alguna clase de malformación genética. Nada que cualquier doctor no pueda curar con pastillas y ejercicios adecuados.

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THE DEAD OF MODERN LITERATURE Escribo siempre lo mismo. Me repito hasta el har‐ tazgo. Siempre los mismos argumentos, las mis‐ mas historias. La originalidad no asoma nunca por mis escritos. Mis párrafos se suceden en una sorda cadena de igualdades. Me hago apóstol del auto‐ plagio al punto convertirme en espejo de mí mismo. Me multiplico sólo para ser el mismo en cada palabra, en cada página que va pasando. Escribo siempre lo mismo. Me repito hasta el har‐ tazgo. Siempre los mismos argumentos, las mis‐ mas historias.

HUÉRFANO Santa Claus nunca le trajo regalos a Bruno. Él intentaba portarse bien, pero eso tampoco funcionaba con el viejo barbón. Finalmente decidió esperarlo al lado de la chimenea de uno de sus amigos. Cuando el gordo bonachón bajó, no tuvo tiempo de saber lo que le pasó. Bruno le dio la paliza de su vida. El viejo quedó boqueando, escupiendo sangre y dientes. Bruno lo miró con desprecio. Pensó preguntarle por qué nunca había recibido un regalo, pero ninguna respuesta le hubiese bastado. Prefirió volver a su casa, exhausto, pensando con asco que Santa se parecía demasiado al padre de su amigo.
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DESPUÉS DE LA SEÑAL No recibo llamadas. Nunca. Todo el tiempo estoy junto al teléfono esperando, pero no sucede nada. A veces salgo a la calle y le pago a desconocidos para que me llamen. Pero ellos se llevan mi dinero y nunca cumplen con su palabra. El otro día, finalmente, decidí llamarme y dejarme un mensaje en el contestador. Algo que pudiese ter‐ minar con esta inútil espera. Pero antes de que la máquina se accionara, una voz que reconocí como la mía me dijo que por favor no me molestara más, que nunca volviese a llamar.

MILK IT Los átomos se ocultan, no forman nada discernible. No hay cuerpos, la materia se deshace, ya nada choca, nada se repele entre sí ni se atrae. Los pla‐ netas, las estrellas, todo queda a la expectativa. La voz habla otra vez, la voz paternal, maternal, que todos ellos reconocen. La que les dice que hay que volver, se terminó la hora de juego, hay que tomar la leche de regreso en casa. Es cuando el Big Crunch.

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A tout le monde/ A tout mes amis/ Je vous aime / Je dois partir / These are the last words/ I’ll ever speak / And they’ll set me free. A Tout le Monde, Megadeth

Are you ready to live?/ Are you ready to die?/ All I do is give/ Am I wasting my time?/I am ready to live/ /I am ready to die/ All I do is give/ Am I was‐ ting my time? (No)/ Yes I’m ready to live (No)/Yes I’m ready to die (No)/ All I do is give (Ahh)/ Am I wasting my time? (No I’m not!) Are You Ready To Live?, Korn

Why must we fall apart to understand how to fly?/ I will find a way/ Even without wings/ Follow your heart / Till it bleeds/ As we run towards the end of the dream/ I’m not afraid/ I push through the pain/ And I’m on fire/ I remember how to breathe again End Of The Dream, Evanescence

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Índice

Prólogo .............................................................. El otro ................................................................ Hacia arriba ........................................................ Ahogarse ............................................................ Juego de gigantes .............................................. La agitada vida moderna .................................... Sorpresas te da la vida ...................................... Todo lo que dejamos atrás ................................ Novedad del recién llegado ................................ El escritor .......................................................... Revolución popular ............................................ Se cae ................................................................ Raíces .................................................................. Tan íntimo .......................................................... Dilatar ................................................................ Miedo al medio .................................................. Autoignición ...................................................... Rey esclavo ........................................................ Inmóvil .............................................................. Resistencia .......................................................... El forastero .......................................................... Hombre que se enamora .................................. Naturaleza muerta ............................................ Egotrip ................................................................ Los aguafiestas .................................................. Se van.................................................................. La secuencia ........................................................ Father ..................................................................
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5 11 11 12 12 13 13 14 14 15 15 16 16 17 17 18 18 19 19 20 20 21 21 22 22 23 23 24

El enigma ............................................................ The me show ...................................................... Historia de ninguna parte .................................. Headshot ............................................................ La infalible receta .............................................. Nadie será el mensajero .................................... Stay .................................................................... El pueblo grande ................................................ Lo que estaba .................................................... Como cualquiera de nosotros ............................ Celestino ............................................................ Here we go again ................................................ Oink .................................................................... Los que acechan tras la ventana ........................ System failure...................................................... Cadena alimenticia ............................................ El mayor placer .................................................. Esclavos .............................................................. Bon vivant .......................................................... Lilith .................................................................... Demasiado ........................................................ The wake of a dream .......................................... Mirror.................................................................. Dead bodies everywhere .................................. Moebius ............................................................ Historia del loco ................................................ Sahara ................................................................ Coyote ................................................................ El buen degenerado .......................................... Miedo ................................................................ Sanguinario ........................................................ La cabeza ............................................................ Diabólico ............................................................
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En el campo ........................................................ Diario de Eva ...................................................... El libro de mi madre .......................................... The corridor ........................................................ ¿Por qué no puedo ser cool? .............................. Facial .................................................................. Sopor .................................................................. Repetir ................................................................ Gota .................................................................... El arte emocional .............................................. Hijo pródigo ........................................................ Caos .................................................................... Ir y volver ............................................................ Riders in the storm ............................................ La última vanidad .............................................. El más allá .......................................................... Kryptonita .......................................................... Carta al padre .................................................... Cosas de chicas .................................................. Burn .................................................................... Issues list ............................................................ The beginning of the end .................................... Me & me ............................................................ Los invasores ...................................................... Nada salva .......................................................... All mess up ........................................................ Solo esperar ...................................................... Problemas de la convivencia .............................. Otro día más ...................................................... El carnaval .......................................................... Melancolía .......................................................... Mascarada .......................................................... A day at the opera ..............................................
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Los amargos ...................................................... Bleed .................................................................. Insomnia ............................................................ Solo un pequeño mordisco ................................ El mundo nos sonríe .......................................... Demoliendo ........................................................ Peeping Tom ...................................................... Así habló ............................................................ Not me ................................................................ El cantante .......................................................... Blanca ................................................................ She .................................................................... Lo que temo ver ................................................ La incomodidad aparente .................................. Outsider ............................................................ Todo lo que de nuevo dejamos atrás .................. Los reyes magos ................................................ Caída de lo que arde .......................................... Love of my life .................................................... Rebeldes ............................................................ Formas de la forma ............................................ Guía del viajero .................................................. Blind day ............................................................ The dead of modern literature .......................... Huérfano ............................................................ Después de la señal ............................................ Milk it ................................................................

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