Al lector

El amor, únicamente el gran amor que profesamos a esta Villa, cuna y sepulcro de nuestros mayores, donde hace exactamente veintiocho a ñ o s constituimos una nueva familia caudetana y en cuyo partido o paraje de Borbón quedaron enterrados, de 1936 a 1939, nuestras más caras esperanzas e ilusiones, nos ha llevado, en alas de un verdadero espíritu de servicio y sacrif icio, a efectuar este trabajo de modestas proporciones ciertamente, pero que no ha estado exento de dif icultades, esfuerzos y pacientes investigaciones por la insuf iciencia de medios de que hemos dispuesto y por el hecho de ser la primera de esta clase de obras que se escribe sobre Caudete. Y nos hemos decidido a ello porque nos dolía en el alma que nuestra Villa, de relativa importancia dentro de la provincia de Albacete, de ilustre abolengo y con honrosos títulos, que testimonian un glorioso pasado, careciese de historia escrita, que es casi como no tenerla, pues no puede considerarse completa la nobleza sin expresión de su ejecutoria, siendo así que otros pueblos inferiores al nuestro por todos conceptos, se ufanaban mostrando la suya a propios y extraños. No pretendemos, en modo alguno, haber realizado nada def initivo. Este librito puede considerarse como un primer paso para una Historia completa y bien documentada, que esperamos realicen, en lo futuro, otros hijos de esta noble tierra que cuenten con más medios, tiempo y competencia que nosotros. Ha sido una satisf acción comprobar el entusiasmo que nuestro propósito ha despertado y la colaboración que espontáneamente se nos ha prestado por los buenos caudetanos a quienes nos hemos dirigido. Vaya, en primer lugar, y a este respecto, a nuestro nuestros agradecimiento compañeros por de la el aliciente, directrices de

crítica

constructiva

Junta

pro-Historia

Caudete, constituida en octubre de 1955, a saber, el señor Cura Párroco-Arcipreste, don Vicente Dimas Soler; el hijo predilecto de la localidad, T.

Excmo. señor don Cristóbal

Gracia Martínez, Consejero nacional

de F. E.

y de las J . O. N. S. por esta provincia y Gobernador civil de La Coruña; el ilustre M. I. caudetano P. Elías Bañón, 0. C.; el señor Alcalde-Presidente del

Ayuntamiento, don José Puche Soriano, gran entusiasta de este pueblo

de su adopción; el señor Juez comarcal, don Luis Martínez Requena, de antigua y distinguida Presidente de familia de la la M . caudetana; I. el farmacéutico de la Virgen José don de José Gracia; Gracia. Esteve y el Recorque

Martínez, joven damos,

Mayordomía local, y

directivo así

Acción

Católica

don

Conejero a los

mismo,

con

complacencia

agradecimiento

convecinos

nos han prestado libros costosos que no poseíamos y descritos de la mayor importancia datos y para nuestro cometido, así como a quienes nos han facilitado por temor ¿cómo no el

restos

prehistóricos

e históricos, cuya lista

no publicamos sobre todo,

a incurrir expresar Ilmo.

en lamentables nuestro sincero del

e involuntarias reconocimiento Colegio Notarial

omisiones. Y a de nuestro Burgos,

eximio don

paisano, Pedro

señor

Decano

Sánchez

Requena, que valora esta humilde obra con la rica aportación de su Prólogo, singular ejemplo de belleza literaria y acendrado caudetanismo? Queda este lando libro: a bien servir de a manifiesto la patria a nuestro chica, propósito al a sacar su a la luz y pública estimudignos 1

contribuyendo

esplendor para

nuestros

paisanos

una constante

superación

hacerse

del pasado y contribuir al bien propio y al de esta ¡tierra cuyo suelo pisamos y con cuyos paisajes, cargados religiosidad, principalmente rincón dezas de nos deleitamos. los de historia y pictóricos de patriotismo excitar en los de por sólo forma y de fuera, este granparte

También

pretendemos un

entre

comprovincianos, en la

respetuoso de

interés que que

Albacete, aportar

empotrado a la

provincia

Alicante, de la

quiere

jurisdicción

administrativa

desde hace ya casi 125 años, y que a todos invita vengan, cuando menos, por las fiestas septembrinas, a solicitar, de nuestra excelsa Patrona las gracias que a manos llenas derrama desde su trono caudetano. Caudete, 15 de agosto de 1956 JESÚS SÁNCHEZ D Í A Z

PRÓLOGO
Al paso de las Invasiones, a través de los siglos, sufrió nuestro viejo solar, fueron surgiendo pueblos, a todo lo largo y ancho de nuestra península; se fue haciendo la historia de otros, y, sobre los sedimentos de las distintas culturas que atravesaron nuestro suelo, se levantaron villas y ciudades, que son hoy legítimo orgullo de nuestra Patria. De la mayor parte de nuestros núcleos urbanos, podría en justicia decirse, que tienen historia y que hicieron Historia, porque todos tuvieron un momento estelar, o fueron encrucijada de un quehacer en la común y grande Historia de nuestra España. Este es el caso de nuestro querido Caudete; su enclave en la confluencia de los límites de antiguos reinos, le hizo tomar parte en memorables avatares del medioevo y actor destacado de luchas y sucesos, que en tiempos modernos ensangrentaron nuestro suelo; por eso Caudete tiene historia y, lo que es más importante, hizo Historia. Es deber esencial de los buenos caudetanos, que ese hacer Historia, no tenga solución de continuidad, porque otra cosa sería convertir a Caudete en el pueblo que sólo vive de su pasado, para agonizar lentamente, hasta convertirse en un recuerdo histórico. Esa continuidad en el quehacer histórico, que debe constituir nuestra más entrañable aspiración, no puede seguir, en los tiempos que corremos, las mismas rutas de antaño, ha de orientarse por otros derroteros, encaminados a enaltecer y cultivar los valores del espíritu y a conseguir el engrandecimiento de nuestro pueblo, con el trabajo, las Iniciativas y la actividad de cada uno. La revalorización del patrimonio espiritual que nos legaron nuestros antepasados, tiene un punto de partida, una premisa, de la que no se puede

prescindir, si queremos actuar con el rigor que exige la tarea de mantener a Caudete, en la línea de los pueblos que sienten la actual hora de España y se han identificado con este renacer de sus valores eternos. Ese punto de arranque, es el conocimiento y divulgación de nuestro pasado; es recoger y ordenar el tesoro documental que atestigua lo que fuimos y evitar que se pierda, como se perdieron gloriosas piedras y otros elementos históricos, que serían hoy el mejor ornato de nuestra villa. La aspiración de llevar a la letra impresa, la historia de nuestro pueblo, es ya antigua entre los caudetanos; los mejores de los nuestros, sintieron su primera inquietud, cuando, al empezar a deletrear, veían el nombre del Presbítero Luis Golf, rotulando la principal de nuestras calles, y de pregunta en pregunta, empezaron a sospechar que Caudete tenia un ayer glorioso, que esperaba el hombre de voluntad que desempolvara de los archivos, pergaminos, legajos y pleitos, que dan fe de los blasones de nuestro escudo y son testimonio fehaciente de la vitalidad, la fe y. las virtudes, de nuestros antepasados. Felizmente, aquella aspiración de recopilar nuestra historia, es ya una realidad, gracias a la iniciativa de una Corporación Municipal, entusiasta de nuestros valores, y a la labor, llena de abnegación, de nuestro paisano don Jesús Sánchez Díaz, que con una dedicación fervorosa, ha compilado en las páginas que siguen, lo más destacado de nuestro pasado. Hacer una critica razonada y constructiva de su trabajo, exigiría disponer de un punto de referencia, del que carecemos; el libro es un mensaje a todos los caudetanos, para decirles que tenemos un ayer pletórico de grandeza, que fuimos alguien en ciertos momentos de la Historia, que nuestros precedesores supieron, en todo instante, estar a la altura de lo que exigía el acontecer histórico, que tenemos una misión que cumplir, en el tiempo en que nos ha correspondido vivir, y es la de seguir haciendo His ria, aportando lo mejor de nuestro ser, para conseguir el engrandecimiento espiritual y material de nuestro Caudete. Jesús Sánchez Díaz, ha replanteado con su trabajo, el esquema de nuestra Historia, y éste es el más acabado elogio de su labor, para que otros estudiosos y entusiastas de nuestros valores, completen su tarea, para llegar a la compilación histórica que Caudete merece. Soria y junio de 1956. PEDRO S. REQUENA

PRELIMINARES
El territorio
Versa esta breve Historia sobre los hechos principales de la vida de Caudete, pueblo o pueblecitos que han tenido un territorio de unos doscientos kilómetros cuadrados, situado en el sureste de la Península Ibérica, cuyo centro se halla a los 38° y 42' de latitud norte y 2o 40' longitud este del meridiano de Madrid o a 1° y 44" oeste del de Greenwich (1). Esta porción de terreno es de formación geológica dominante diluvial con emergencias cretáceas (2). Dantín Cereceda, en su "Nueva Geografía Universal" viene a clasificarlo en eocénico y diluvial infracretáceo. Los terrenos diluviales están constituidos principalmente por materiales de sedimentación arrastrados por las aguas, y en ellos abunda el sílex o piedra pedernal, habiendo masas de arcilla que se utilizan para la fabricación de los diversos productos de la cerámica o alfarería. El periodo geológico conocido con el nombre de cretáceo se llama así por aparecer en él la creta formando grandes masas, aunque en algunos terrenos se halla sustituida por areniscas y calizas arcillosas o silíceas. Entre la creta se encuentran con frecuencia incluidos nódulos de pedernal. En la formación cretácea suelen abundar las rocas calizas y margas, de gran utilidad para la fabricación de cales y cementos.

Aspecto físico
Al pie de la sierra Oliva o de Santa Bárbara, de 1.150 metros de elevación sobre el nivel del mar y de la del Rocín, ambas como el resto montañoso del término, pertenecientes a los sistemas béticos, se extiende una extensa vega, accidentada en su centro por las colinas de Santa Ana y de los Cadal-

(1) El meridiano de Madrid tiene una diferencia de 3°, 41' y 16" con el del observatorio astronómico de Greenwich (Londres). (2) Tomado de la descripción catastral de este término remitida por la Jefatura del Catastro de Rústica de Albacete a la Dirección General.

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sos, que mide unos veinte kilómetros de larga y de diversa anchura, a la que afluyen las ramblas principales que dan origen al río Vinalopó, dos de ellas

Gráfico del término municipal.

HISTORIA DE CAUDETE

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formadas a ambos lados de la citada sierra Oliva, otra entre las sierras Lácera y Lengua y otra en la vertiente meridional de la sierra del Rocín. En el sitio de confluencia de todas ellas se formó una laguna pantanosa (el actual paraje de los "Prados"), por efecto de cerrar el paso al curso de las aguas unas alturas situadas cerca del extremo sureste de la expresada amplia vega. A través de ese lecho de antigua laguna corre el límite entre los términos de Caudete y Villena. El terreno caudetano es en general fértil, sobre todo en la parte sur y la cañada del noreste, y dentro de ellas los lechos de antiguos embalses naturales como el de las "Suertes" y el expresado de los "Prados". El agua es muy abundante y a escasa profundidad, por lo que resulta fácil y económico el riego. La altura media del terreno caudetano es de 557 metros, bastante menos que el resto del territorio de la provincia de Albacete y de los pueblos limítrofes con excepción del de Villena (1).

Clima y producciones
Caudete disfruta un clima de transición entre el mediterráneo y el de la meseta castellana. El termómetro oscila entre -3 y +35, pero hay años en que la temperatura desciende bastante por debajo de esa mínima, helándose algunos frutos, netamente levantinos, adelantados en los días tibios y primaverales que muchas veces se presentan en los meses del centro del invierno. Hay años en que nieva bastante, habiendo alcanzado más de sesenta centímetros en 1926, el "año de las nieves". El cielo es de hermoso azul; la atmósfera, por lo general, clara y diáfana, y las estrellas brillan con intensidad en la inmensa mayoría de las noches del año. Los vientos mas frecuentes son el Norte, Poniente, Leveche (ESE), Levante y Morisco. Los más lluviosos, el Leveche y Levante. Las plantas silvestre más comunes, además de las coníferas, que cubrían grandes extensiones en pasados siglos, son el romero, enebro, aliagas, lentisco, espliego, tomillo, sarjolia, té de monte, manzanilla, esparto y otras. En los terrenos de regadío se cultivan con profusión patatas, hortalizas de consumo en fresco, maíz, etc., y se obtienen frutas muy diversas (principalmente manzanas), uva de mesa, aceitunas y almendras. La profusión de olivos, vides y almendros en los terrenos de cultivo más elevados, dan al término un marcado aspecto levantino.

(1) El nivel caudetano citado es el que tiene el portal de la iglesia parroquial de Sta. Catalina, V. y M. Almansa se halla a 712,80 m. de elevación media; Yecla a 600 m., Villena a 504 y Fuente la Higuera a 571, Estos últimos datos los debemos a los señores Secretarios de las poblaciones citadas.

CAPITULO I
Caudete en la Prehistoria

Pocos datos poseemos para trazar un cuadro exacto de la vida humana en nuestro término municipal durante la Prehistoria, aunque sí sabemos con toda certidumbre que hubo aquí una población de cultura bastante adelantada, basándonos en los restos y vestigios hallados de aquellos remotos y oscuros tiempos. Los historiadores, como es notorio, dividen la Prehistoria en Edad de Piedra y Edad de los Metales, subdividiendo, a su vez, la primera, en los períodos Paleolítico, Mesolítico y Neolítico; y la segunda, en los del Bronce y del Hierro. El Paleolítico se desarrolló durante la Era Cuaternaria o período preglacial; el Mesolítico corresponde a la etapa epiglacial, y el Neolítico se sucede a lo largo de la actualidad geológica. En la Era Cuaternaria, el clima de Caudete, como el de todo el sureste de la Península, fue benigno en comparación de lo riguroso que se presentó en la Meseta, sirviendo esta parte suroriental de refugio a las faunas calientes en las épocas de mayor frío. Hubo por entonces aquí hipopótamos, caballos, toros, bisontes, ciervos, jabalíes, cabras montesas, rebecos, etc., así como osos, tigres, lobos y otros animales carnívoros.

La vida humana en el Paleolítico

(De 30.000 a 15.ooo años a. C.)

Los hombres del Paleolítico inferior vivían al aire libre o utilizaban refugios naturales, como cavernas y abrigos rocosos. Se agrupaban en pequeñas hordas para poder vencer mejor el medio ambiente en que vivían, y andaban errantes en busca de su sustento. Eran cazadores y recolectores nómadas. Se alimentaban de la caza y de la pesca, y sobre todo de productos vegetales, frutas, raíces, tallos, algunas hojas, hierbas, etc.

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ

Nuestro término les ofrecía magníficas condiciones para subvenir a tales necesidades, pues a los productos y caza de sus bosques y riachuelos, se añadían las numerosas y suculentas aves acuáticas, principalmente patos silvestres, que pululaban por los terrenos pantanosos de los actuales "Prados", y por lo mismo, dada, además, su privilegiada situación geográfica, es más que probable que sirviera de eventual residencia a los nómadas del Paleolítico. Aunque los utensilios más antiguos usados por el hombres fueron de madera y de hueso, las primeras industrias, cuyos restos conocemos, son las de la talla de la piedra, en las cuales cabe distinguir dos técnicas: la de hachas y la de lascas o fragmentos de piedra disgregados por percusión. De ambas técnicas se han hallado numerosos ejemplares en este término, y nosotros poseemos algunos. El hombre del Paleolítico Superior habitó preferentemente en cavernas y abrigos naturales, y también se han hallado restos de campamentos, lo que demuestra que el hombre vivió al aire libre, a pesar de la inclemencia extraordinaria del tiempo que hubo por entonces. La Cueva Santa y los numerosos abrigos rocosos que ofrecen la sierra Santa Bárbara y demás montañas circundantes, juntamente con los vestigios

Vista panorámica del Arrabal.- Al fondo la sierra del Rocín.

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encontrados, en la sierra Lacera, dan pie para sostener con toda certeza que Caudete estuvo también poblado en el Paleolítico Superior.

El Neolítico y el comienzo de la Edad de los Metales en Caudete
A pastores, rocheros, cazadores y cuantos frecuentan la sierra Santa Bárbara, el cerro del "Cinchao" y el cabezo del Rosario, les había venido extrañando la abundancia de tiestos y piedras raras observadas por esa parte oriental de nuestro murallón montañoso. En una pequeña excavación practicada en el "Cerrico Moro", junto al del "Cinchao", hemos recogido restos de unas vasijas de cerámica negruzca pulida y de formas sencillas, así como diversos objetos de piedra y hueso prehistóricos. En el expresado "Cerrico" hay dos explanadas separadas por un reguero, de unos cien metros de anchura cada una, con una elevación en el centro. Ambas están bien resguardadas de los vientos, y su parte meridional, muy soleada, termina al borde de un terreno muy escarpado. Por el contrario, a Poniente, tienen las explanadas fácil acceso, y aquí es donde precisamente ofrecen restos de fortificación y las señales inequívocas de un foso primitivo de defensa. La clase de cerámica hallada, los otros objetos encontrados y la disposición del terreno, nos dicen claramente que se trata de una estación de la Cultura llamada de Almería, que desarrolló en el sureste de nuestra Patria, unos 2.500 años a. C, es decir, hace unos 4.500 años, el pueblo iberosahariano procedente de la región del Sáhara (entonces habitable). Esta cultura se denomina también de los poblados, porque quienes la practicaron vivían en poblados sitos en lugares prominentes o cabezos completamente fortificados. Otros elementos típicos de esta cultura son las puntas de flecha con pedúnculo y aletas laterales, cuchillos finos y hachas pulimentadas, objetos de adorno (cuentas de collar, brazaletes, etc.), y los enterramientos en pequeñas cistas, además de la cerámica negruzca citada. Algunos de estos objetos han sido hallados tanto en el cerrico del Moro como en el montículo que hay cerca de la Toconera, lugares que en unión de otros del término, como la "Atalaya de la Perdiz"' y la viña de los herederos de Juan Antonio Medina Requena en el paraje de Bogarra, deberían ser metódicamente excavados y estudiados por los arqueólogos oficiales. Así, pues, sabemos con toda certeza que Caudete contaba con uno o dos poblados, cuando menos, de la Cultura Almeriense dos mil quinientos años antes de Jesucristo. Por otra parte, don Joaquín Roa y Erostabe, en la página 175 del tomo segundo de su "Crónica de la provincia de Albacete (edición 1896)" señala que "allá por el año 1879 se descubrieron en las tie-

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rras de la labor llamada Alcoraya (próxima al poblado neolítico de que hemos hecho mención), unos sepulcros de piedra labrada, de grandes dimensiones, conteniendo en su interior dos momias humanas que debieron pertenecer a personas de grande estatura, casi gigantescas, y dos ánforas antiquísimas".

Caudete en la Edad de Hierro
El hierro lo introdujeron en España los pueblos colonizadores fenicio, griego y cartaginés, dándolo a conocer por el sur y levante unos 650 años antes de Jesucristo. Como nuestro pueblo está dentro del sureste histórico y tiene fácil comunicación con el litoral mediterráneo, se benefició directamente del contacto con los pueblos expresados, de superior civilización, que aportaron notables influencias culturales de todo orden. Caudete figuró desde un principio en la vanguardia hispánica del progreso. El canónigo don Juan Lozano, en la Disertación 111, párrafo 1, de su obra "Bastitania y Contestania del Reino de Murcia", atribuye a Caudete sólo una antigüedad de 200 años a. C, pero debió referirse a la villa o actual casco y a nuestra Bogarra, pues si hubiese tenido noticia del poblado neolítico de que hemos hablado, le habría atribuido la misma longevidad que nosotros. De la Edad de Hierro es, sin duda alguna, el pueblecito ya histórico OLIVA, que existía cuando vinieron a España los romanos, siendo uno de los que atrajeron el trazado de una vía imperial por sus inmediaciones, como se dice,en el capítulo III de esta obra.

CAPITULO II
Caudete Prerromano

Hacia mediados del siglo VIII a. C. España fue invadida por los celtas, arios procedentes dé Centroeuropa; pero aunque las gentes de estirpe celta llegaron a predominar política y culturalmente en la Píenínsula, en el sur y levante fueron los indígenas precélticos o iberos quienes absorbieron a los invasores europeos y continuaron siendo el elemento racial preponderante.

El reino de Tartessos
El nombre CAUDETE parece derivarse de CAPDETUM, contracción que

El barri o de Sta. Ana visto desde l a torrecil l a. En ul timo térmi no, estribaciones de l a Si erra Ol i va o Sta. Bárbara

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debieron hacer los romanos de Caput Deitanorum o Cabeza de los Deitanos, tribu ibérica del sureste español, y no por ser la principal población deitana, sino por estar a .mayor altura (1). La mayoría de los historiadores sitúan a nuestro pueblo dentro del territorio de los Contestanos, limítrofe del de los Deitanos. Ello pudo haber sido algún tiempo, pues realmente, Caudete estaba entre ambos, como luego entre los reinos de Valencia y Murcia, pero debía pertenecer a los Deitanos al advenimiento de las legiones romanas, pues de otra forma no se explica satisfactoriamente su nombre casi seguro de CAPDETUM que le dieron los nuevos invasores. Todo ayuda a creer que el término caudetano quedó englobado en la
Situación geográfica de los principales pueblos ibéricos

federación estatal que a través de los romanos conocemos con el nombre de "Reino de Tartessos", que existía ya con anterioridad al año 1000 a. C. y que llegó a abarcar toda Andalucía hasta Sierra Morena y el Cabo de la Nao, incluyendo en sus dominios todo el territorio de los "Deitanos". Dicho reino constituyó la única gran creación política de los primitivos habitantes de la España antigua. Este imperio, muy floreciente por cierto, tanto por su minería como por la metalurgia y el comercio marítimo, fue conquistado por los fenicios, que convirtieron a la España meridional en un
(1) El Caudete de las Fuentes (Valencia) puede prevenir de "Caput Edetanorum" Cabeza de los Edetanos por la misma razón apuntada para el nuestro.

HISTORIA DE CAUDETE

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dominio suyo y tuvieron bajo su influencia a todos el resto del poderoso reino. El geógrafo greco-romano Estrabón dice que los tartesios eran los hispanos más cultos, y que conservaban anales escritos y poemas y leyes en verso. Hoy sabemos que tenían, efectivamente, un sistema de escritura de raíces muy remotas, y del cual deriva la escritura ibérica de los pueblos de la zona mediterránea oriental. La sociedad estaba dividida en privilegiados (príncipes, nobles y sacerdotes), hombres libres (Agricultores, mineros, artesanos, traficantes, etc.) y esclavos. Como vestigio religioso de este imperio ibérico puede señalarse el que indica don Gaspar Escolano en el libro IX, página 1285, de su Historia, que dice así: "Cavando el año 1608 algunos curiosos de Caudete en un punto cercano a la Villa, hallaron en una grande cavidad un oso de piedra muy disforme, que estaba asentado en una losa en forma de altar, y al contorno de aquella cámara o cóncavo, muchos vasos con cenizas y huesos humanos, indicio claro de que los gentiles de aquel lugar veneraban aquel ídolo, y que, según costumbre gentílica, quemaban los cuerpos de los muertos, y echadas las cenizas en vasos, las enterraban alrededor de aquel altar, como los cristianos en las iglesias. Tras esto, en otra caverna han sido hallados por los mismos muchas armas inusitadas y de tiempos antiguos, con algunas joyas de oro". Entre los reyes tartessos han pasado a la Historia Gargoris, Habis, Gerón y Arganthonios, quien, según Herodoto, reinó ochenta años, desde el 630 al 550 a. C.

Contacto con los pueblos colonizadores
Por pertenecer al reino de los Tartessos, dominado por los fenicios, Caudete hubo de relacionarse con éstos forzosamente, y de ellos aprenderían nuestros aborígenes el cultivo del olivo y de la vid, así como la elaboración del aceite y del vino. Desde fines del siglo VII a. C. empezó a declinar el poderío fenicio de Tiro, y la colonización del Mediterráneo Occidental pasó a manos de los griegos focenses o de Focea, ciudad jonia del Asia Menor próxima a la actual Esmirna. Cerca de donde está Denia, no muy lejos por tanto de Caudete, estos griegos fundaron la ciudad de Hemeroskopeion, y bastante más tarde, la de Molibdana, en la comarca de Cartagena, y Ello, entre Montealegre y Yecla, notable ciudad, emporio de cultura y de riqueza, que ejerció una influencia extraordinaria en toda la región. Pero este poderío griego duró poco, unos 50 años tan sólo, hasta me-

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diados del siglo VI a. C, en que fueron derrotados por dos cartagineses y sus aliados los etruscos en el combate naval de Alalia (Córcega) (535 a. C), y a partir de entonces el predominio fue de Cartago, la poderosa ciudad-estado fenicia del Norte de África, que terminó por enseñorearse de Córcega y de las factorías fenicias de España. Sin embargo, los griegos, que sólo habían conservado en nuestra Península Hemeroscopeion, Ampurias y Rosas, bajo la protección de la gran ciudad griega de Marsella, resurgieron en los siglos V y IV a. C. y los masaliotas (marselleses) fundaron en la costa alicantina Alonis (tal vez Benidorm) y Akra-Leuke (Alicante), que perduraron hasta la segunda guerra púnica (finales del siglo 111 a. C.) en que pasaron a poder de Roma.

Dominación cartaginesa
Derrotados los griegos en Atalia, dueños los cartagineses del Mediodía de España, del Sur de Italia y de Cerdeña, trataron de enseñorearse también por completo de la grande y fértil isla de Sicilia, pero se lo impidieron los romanos y la rivalidad entre Roma y Cartago originó las célebres Guerras Púnicas entre el 264 y el 146 a. C. Al perder Cartago Sicilia, puso los ojos en la Península Ibérica para convertirla en base de aprovisionamiento y continuar con mayor ímpetu la guerra contra Roma. La conquista de España la realizaron los cartagineses acaudillados por los generales de la familia de los Bárquidas, Amílcar Barca, Asdrúbal y el gran Aníbal. Amílcar Barca derrotó a los tartesios de Andalucía y a otras tribus aliadas, y después de dominar el Sur de la Península, vino al Sudeste, pero perdió la vida al levantar el sitio que había puesto a la ciudad de Hélice (seguramente Elche de la Sierra, al sur de Albacete, según M. a Comas), en cuyo socorro acudió el rey de los orisios u oretanos, Orisón (228 a. C). Muerto Amílcar, le sucedió en el mando su yerno Asdrúbal, jefe de la flota. Para vengar la derrota sufrida por su suegro, Asdrúbal atacó con fuerte ejército a los oretanos, apoderándose de doce de sus ciudades. Mas, temiendo la reacción de los indígenas, procuró atraérselos, se casó con una princesa hispana y logró establecerse sólidamente en el Sureste, donde fundó Cartagena, que fue una magnífica base de operaciones para el ejército reclutado en la Península, que contaba con 50.000 soldados, 6.000 caballos y 200 elefantes. Viendo Roma los progresos cartagineses, firmó con éstos el año 226 a. C. el Tratado del Ebro, por el cual se fijaba este río como límite de las respectivas zonas de influencia en España.

HISTORIA DE CAUDETE

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Cuándo murió Asdrúbal, los cartagineses dominaban el Mediodía, y Sureste de la Península hasta el golfo de Valencia y los territorios de las actuales provincias de Albacete y Ciudad Real. Caudete quedó, por tanto, muy al interior de la zona dominada por los cartagineses, y debió dar a éstos importantes contingentes de guerreros y abastecimientos, siendo, además, escenario de sucesos trascendentales para el estallido de la segunda guerra púnica en la que tan activa parte tomó nuestra Patria. Ni los romanos ni los cartagineses tuvieron firme propósito de cumplir el pacto del Ebro. Los cartagineses pensaban, ciertamente, en proseguir su expansión más allá del gran río en cuanto estuviesen en condiciones de hacerlo, pero fueron los romanos quienes se adelantaron en dicha violación, toda vez,que Roma se alió con Sagunto, ciudad hispana situada en lugar inaccesible y que era excelente atalaya para vigilar la costa levantina, notificando a Cartago que sus tropas no deberían atacar a Sagunto ni cruzar el Ebro. Pero el nuevo jefe cartaginés en España, el gran Aníbal, hijo de Amílcar Barca, que había logrado la formación de un extenso Imperio hispano-cartaginés, que llegaba hasta Salamanca y Toro, contando con el beneplácito del Senado cartaginés, que había rechazado el ultimátum romano, estuvo luchando contra Sagunto por espacio de ocho meses, hasta que en el otoño del año 219 a. C. logró quebrantar la desesperada resistencia opuesta por los saguntinos, que en vano habían esperado la ayuda ofrecida por sus aliados, y se apoderó de la ciudad reducida a un montón de ruinas. La lucha entre cartagineses y saguntinos no quedó reducida a los muros de la ciudad levantina. Comprendiendo los hispanos que si los cartagineses rebasaban la zona montuosa que separa el Sureste de la llanura levantina, se hallarían en grave riesgo de ser cercados y destruidos, presentaron primeramente batalla a sus contrarios en la amplia vega existente al sur de Caudete, esto es, en el lugar denominado desde entonces "Campo saguntino". Los nombres geográficos obedecen a algo. La "Historia de la Virgen de Gracia", como se verá más adelante, nos dice el por qué de dicho nombre, y no hay motivo alguno para refutar la aseveración de que en el llano del monasterio de San Martín de Sahagún, llamado posteriormente Partido de los Santos, se librara una gran batalla entre cartagineses y saguntinos.

Los romanos en España
Como quiera que Aníbal, después de tomada Sagunto, llevó su ejército

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a Italia, los romanos decidieron atacar la principal base dé los cartagineses, es decir, España. Tras algunos éxitos iniciales y fracasos posteriores, los romanos lograron al fin llegar por la costa hasta Cádiz (206 a. C), adueñándose de todo el Sureste y Mediodía de la Península que antes tenían los cartagineses. Caudete empezó, desde entonces, a estar dominado por los romanos.

CAPITULO III
Caudete romano ( 2 0 6
a. C. 413 d. C.)

Aunque la conquista de España por los romanos duró unos doscientos años (del 206 al 19 a. C), la zona en donde está enclavado Caudete, que había sido muy amigo de los griegos focenses, no ofreció resistencia a los nuevos dominadores y desde un .principio empezó a romanizarse, adoptando la lengua, costumbres y religión de los itálicos, aunque sin perder enteramente su peculiar manera de ser.

Vías Augusta y Pretoria

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Capdetum
En las diferentes divisiones territoriales que hicieron los romanos de España, Caudete fue sucesivamente de la Hispania Citerior, provincia tarraconense, convento jurídico de Cartagonova dependiente de la prefectura de las Galias. En todas ellas figuró el término con el nombre de Capdetum, contracción, como se ha dicho, de Caput Deitanorum. Varios eran los núcleos de población que entonces había en el término caudetano. Del actual Caudete sólo había viviendas en las faldas meridionales de Santa Ana o Cerro de San Cristóbal. Luego estaban Oliva, Almizra (no sabemos el nombre que podría tener un poblado existente junto a la Toconera) y Bogarra} en cuyos antiguos emplazamientos tantos restos se han encontrado. Los romanos construyeron muchas calzadas o vías militares a través de todo su vasto Imperio, mediante las cuales les fue posible atender a la gobernación de la inmensidad territorial dominada por Roma. Las de España quedan bien definidas e indicadas en el Itinerario de Antonino Pío Caracallia, hecho el año 216. Al hablar de la Vía Augusta o Heráclea, que era la más importante de la Península y que unía a Cádiz con Roma, señala las siguientes estaciones entre Chinchilla y Játiva: Saltigi (Chinchilla), Ello, Aras (Altos de Madariaga), Turres ('Fuente la Higuera) y Saetabis. Ello era la mayor ciudad de estos contornos, y a su diócesis perteneció Caudete, juntamente con Aspis (Las Pesas), Monóvar, Jumilla, Yecla, Montealegre y Almansa (1). Estaba situada entre Montealegre y Yecla, y desde ella partía la vía para Cartagena, que pasaba por Aspis e Illice (Elche), como puede verse en el mapa del tomo ESPAÑA de Espasa Calpe, entre las páginas 888 y 889. Fausto Soriano Torregrosa, en su "Historia de. Yecla", siguiendo a A. Fernández Guerra en su obra "Deitania y su cátedra episcopal de Begastri", dice que las estaciones de dicha Vía Augusta desde Ello a Fuente la Higuera eran: ELLO-MONTE ARABI-VENTA DE LOS HITOS-LOS HITOS-encrucijadaMARI ESPARZA-TOBARRILAS-LOMAS DE TOBARRILAS-OLIVA-ALTO DE MADARIAGA-TURRES SAETABITANAE (Fuente la Higuera). No cabe duda alguna que la citada gran vía romana cruzaba nuestro término de este a oeste al píe de la sierra Santa Bárbara u Oliva, a cuyos extremos estaban el poblado de Oliva y las Lomas de Tobarrillas. Pasaría seguramente al pie del Cabezo del Rosario, cerca, del emplazamiento de la
(1) Rodrigo Amador de los Ríos, "España: Murcia y Albacete" 1869.

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estación neolítica de que hemos hecho mención, por terrenos de la Casa del Rincón, seguiría por delante del antiguo convento de Capuchinos y Palacio Episcopal e iría por los Molinos de la Herrada a buscar lo que ahora es la carretera de Montealegre del Castillo. Por eso no deben extrañar los restos, ruinas, sepulcros y demás vestigios romanos que han ido hallándose en las proximidades de dicha vía a través del tiempo. Las vías romanas hicieron populosas, ricas, florecientes y progresivas las ciudades y comarcas por donde pasaban. Capdetum, es decir, los poblados de nuestro término, estarían muy habitados (España tenía entonces más de cuarenta millones de habitantes), vendería a buen precio los productos de su tierra, poseería las mercaderías de uso más preciadas, contaría con casas suntuosas y tendría un alto nivel técnico, cultural y económico.

El Cristianismo en España
Reinando Tiberio fue injustamente acusado y crucificado Nuestro Señor Jesucristo cuando contaba treinta y tres años. Pero sus enseñanzas religiosas, la mayor revolución que conocen los siglos, pues a la pluralidad de dioses opuso el monoteísmo, frente a la desigualdad social y la esclavitud declaró la igualdad de todos los hombres ante Dios, y al concepto pagano que consideraba el trabajo como obligación de los pobres, impuso a todos el deber de trabajar, no murieron y perduran cada vez con mayor fuerza a través de su Santa Iglesia. El Cristianismo llegó muy pronto a España, en donde lo predicaron los apóstoles Santiago el Mayor y San Pablo, así como los Siete Varones Apostólicos, difundiéndose rápidamente por todas las regiones de nuestra Patria, principalmente por la Bética, Cartaginense y Tarraconense. Caudete fue de la provincia eclesiástica de Toledo, y perteneció a la diócesis eclesiástica de Ello, probablemente desde antes del siglo IV. De la forma en que prendió la nueva religión en los pechos caudetanos, dan fe los numerosos mártires que dieron por ella su vida en el lugar que por dicho motivo, se conoce con el nombre de "Partido de los Santos", durante el reinado de los emperadores Diocleciano y Maximiano, no siendo de extrañar que no hayan llegado hasta nosotros los nombres y proezas de aquellos paladines de la fe porque los perseguidores tuvieron buen cuidado de destruir cuantos documentos pudiesen hacer referencia a los valerosos mártires cristianos.

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Libertad para la Iglesia
A pesar de las persecuciones, y debido a ellas, pues sabido es que siempre fue la sangre de los mártires semilla de nuevos cristianos, la Iglesia de Dios se propagó con rapidez inusitada por todo el Imperio romano. En las postrimerías de éste, seis jefes nada menos se disputaban el trono imperial de Roma. Los dos contrarios que contaban con mayores fuerzas eran Constantino y Majencio, a quienes apoyaban los cristianos y paganos, respectivamente. Un día, cuando Constantino caminaba con su ejército hacia Roma, vio aparecer en el cielo una cruz brillante rodeada de esta leyenda: IN HOC SIGNO VINCES (Con este signo vencerás) Habiéndose aparecido el mismo Jesucristo al Emperador, mandándole pintar la cruz en una bandera, la cual debería, preceder a todo el ejército, Constantino obedeció y ordenó hacer el estandarte, denominado "Lábaro", con la cruz y las iniciales del nombre de Cristo en griego, XP, emblema que usa ahora la juventud católica. Después de una lucha favorable en el puente «Milvio, Constantino entró triunfalmente en Roma en octubre del año 312, y en enero del 313 publicó el célebre edicto de Milán por el que se concedía .libertad para practicar públicamente la religión cristiana. Los fieles pudieron desde entonces salir de las catacumbas, levantar iglesias, enseñar la doctrina de Jesucristo y ponderar las excelencias de su religión. En Capdetum, donde tantos habían testimoniado heroicamente la verdad de su fe, el regocijo que el Edicto de Milán, causara, sería enorme, desaparecerían los altares de los ídolos y se alzarían, algunos templos, aunque de modestas proporciones, donde dar el culto debido al único y verdadero Dios.

Invasión de los Bárbaros
Tan romanizada había estado España, que llegó a dar cinco emperadores: Galba (68-69), elegido por las legiones de España y de las Galias, sublevadas contra Nerón; Trajano (98-117), Adriano (117-138), Máximo (387-388), que reinó juntamente con Graciano, y Teodosio (379-395). Este último dividió el Imperio entre sus hijos Arcadio y Honorio, dándoles, respectivamente, el Oriente y Occidente. En el transcurso del siglo V se derrumba el Imperio romano de Occi-

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dente ante el empuje cada vez más violento de los pueblos jóvenes y belicosos llamados bárbaros, que vivían más allá del Rhin y del Danubio, mientras que el Imperio de Oriente o bizantino, resistió las acometidas y conservó el poderío imperial y la cultura clásica greco-romana hasta el año 1453. El Imperio romano occidental había cumplido su misión, y, como todo lo que aparece en este mundo, por grande y fuerte que sea, tuvo su fin, habiendo servido su magnífica red de comunicaciones, su lengua y organización, para unificar a los pueblos del Occidente y facilitar la expansión del cristianismo a lo largo y ancho de su extenso territorio. Con la desintegración del Imperio romano termina la Edad Antigua y se abre la Medieval, durante la cual se forman las naciones europeas, que luego lucharon por conseguir la supremacía a lo largo de los siglos de la Edad Moderna.

CAPITULO IV
Dominación visigoda ( 4 1 4 - 7 1 3 )

Los vándalos, suevos y alanos franquearon el año 405 la frontera del Rhin, devastaron la Galia y llegaron a España en el 409. Al atravesar los Pirineos, los invasores recorrieron como tromba terrorífica el país, destruyéndolo todo a su paso, después de lo cual acabaron por estabilizarse: los suevos en Galicia, los vándalos en la Bética y los alanos en la Cartaginense. La provincia Tarraconense siguió perteneciendo a los romanos. Así, pues, el territorio de Capdetum, como incluido en la Cartaginense, correspondió a los alanos; pero éstos se mantuvieron poco tiempo en ella,

Vista de l a parte central de Caudete Al fondo l as al turas en donde se asentaba Ol iv a

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porque los vándalos se corrieron de la Bética hacia el Sureste y desalojaron de aquí a los alanos. Más tarde se extendieron hasta estas tierras los suevos y entonces pasaron al África (429) los vándalos y los restos de alanos que habían quedado anteriormente. Con todo este trasiego, los poblados de nuestro término, tan florecientes en la época romana, fueron lastimosamente saqueados, incendiados y parcialmente destruidos. Muchos de los habitantes se refugiarían, llevando consigo algunos animales domésticos y los enseres que pudieran salvar, en las cuevas y refugios de las montañas circundantes que habían ocupado los trogloditas muchos años. atrás. La provincia cartaginense estuvo sometida al rey suevo Rékhila, al que sucedió Rekhiario, que se convirtió al catolicismo. Por el año 414 los visigodos, que se habían establecido en el sur de Francia, entraron también en España, y un rey visigodo, Teodoredo o Teodorico 1 (418-451), venció a los suevos del Sureste y Capdetum pasó a formar parte del reino visigodo, que se sostuvo hasta el año 711, si bien nuestro término fue regido por visigodos hasta el año 779. En la dominación visigoda hay que distinguir dos etapas, la arriana, hasta Leovigildo, y la católica, hasta la invasión árabe.

El monacato y su difusión por Occidente
Muchos cristianos que buscaban la perfección se apartaron del mundo en los primeros siglos del Cristianismo para entregarse enteramente a Dios. Esta vida religiosa presenta tres fases: ascetas, solitarios y cenobitas o monjes, que establecieron el monacato. El hecho de mayor importancia para el desarrollo del monacato en Occidente fue la fundación de la Orden benedictina por San Benito de Nursia. La regla dada por este santo a sus monjes de Monte Casino y de los otros once conventos que fundó, se caracteriza por la disciplina moral y el valor atribuido al trabajo de los religiosos. La máxima que presidía su vida era: Ora et labora (Reza y trabaja), y dividían el tiempo entre los siete oficios divinos y el trabajo corporal. Los monasterios debían bastarse a sí mismos, y de hecho se convirtieron en importantes granjas y factorías, en centros de oración y de saber. La acción benéfica de la orden benedictina se difundió mucho por todo el occidente europeo, y el pequeño Caudete puede enorgullecerse de haber contado en su término, desde el año 521 con uno de esos centros de oración, trabajo y saber, viviendo aun el santo Fundador que, nacido el año 480, falleció en el 543.

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Surge la pregunta de cómo pudo fundarse un monasterio benedictino en España antes de la conversión de Recaredo al catolicismo, hecho que ocurrió en el 589. A esto debe responderse que existía una gran tolerancia con los católicos por parte de los arrianos, como lo prueba plenamente el que San Leandro, huido de la provincia Cartaginense con el resto de su familia a Sevilla, hacia el año 556, ante la ocupación bizantina de la región costera comprendida entre la desembocadura del río Júcar y la del Guadalquivir, destinó sus riquezas a la fundación, en .pleno territorio arriano, de dos monasterios, uno para hombres, en el que se educó su hermano menor, San Isidoro, la gran lumbrera de la Edad Media, y otro para mujeres, en donde ingresó su hermana Florentina. Luego, a partir del reinado de Atanagildo (554-568) ya no pudo haber dificultad alguna para el desenvolvimiento de las actividades católicas en Caudete porque nuestro pueblo quedó incluido en la faja litoral cedida por el nuevo monarca godo a los bizantinos como compensación a la ayuda prestada por éstos para obtener el poder en contra de Agila, y sobre cuya zona no ejercieron los visigodos autoridad efectiva alguna hasta el primer tercio del siglo VII. De la existencia de este monasterio benedictino no cabe la menor duda y el hecho real de su existencia se impone con fuerza irresistible. De ese monasterio, en efecto, habla San Gregorio Turonense o de Tours en su obra "De gloria Confessorum", Libro V, capítulo 38, según cita que hace Saavedra Fajardo en su "Corona Gótica", así como el Padre Juan de Mariana en "De Rebus Hisp.", libro I.°-; cap. 12. Refiere San Gregorio Turonense que en la guerra entre Leovigildo y su hijo Hermenegildo, las tropas del primero, conducidas para guerra de Religión, hicieron graves daños en las tierras de los católicos, y entre otros lugares sagrados, saquearon un monasterio de San Martín, entre Sagunto y Cartagena, en donde habiendo huido los religiosos, quedó sólo el Abad, que por su mucha vejez, no se había podido retirar; y que habiendo un soldado levantado el brazo para matarle, sin respetar lo venerable de su persona, cayó muerto a sus pies, lo cual sabido por el Rey, mandó restituir al monasterio cuanto le habían robado. (El texto aparece en latín y castellano en la página 228 del libro de don Diego Saavedra Faxardo, titulado "Corona Gótica"). Abundando sobre este mismo asunto, dice un manuscrito del siglo XVIII, citado por don Joaquín Roa y Erostarbe en las páginas 185-187 de su citada obra: "Fin de la conclusión y prueba que antecede, ser cierto que huvo tal Monasterio del orden de San Benedicto Abad en el término de esta Villa de Caudete: síguese de la autoridad de San Gregorio Turonense; primeramen-

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te, que el Monasterio de San Benedicto Abad, construido inter Saguntum et Carthaginem Spartariam, dedicado a San Martín Obispo, en donde sucedió el caso de que hace relación San Gregorio, del saqueo y muerte de aquel soldado, cuyas ruinas se dexan ver y reconocer en la circunferencia de la Santa Casa de Nuestra Señora de Gracia, sita en este término, extramuros de la misma villa de Caudete, en el Campo Saguntino de ella, a cuyo campo dicen Xativa algunos, otros de los antiguos entendieron Xávea, y como la mitad de la distancia que hay desde Sagunto, que es Murviedro, hasta Cartagena Espartaria, es este Campo Saguntino de Caudete: por ser cosa manifiesta que desde Caudete a Murviedro se cuentan veinte y una leguas en esta forma: de Caudete a Xativa, ocho leguas; de Xátiva a Valencia, nueve; y de Valencia a Murviedro, que es Saguntho, quatro leguas, que todas suman veinte y una leguas. Y assimismo, caminando desde Caudete a Orihuela son doce leguas, y desde Orihuela para dicha Carthagena, nueve leguas. Y es assí que la ciudad de Xátiva (oy San Phelipe) ni la villa de Xávea, no tienen Campo capaz para formar en ellos los exércitos para darse batallas, como la dieron los Romanos a los Carthaginenses en este de Caudete; partiendo por convenio de los Generales el camino que media entre los Alcázares de los Romanos de Sagunto y los Carthaginenses de la Gran Carthago de África, existentes en el Alcázar de Carthagena Espartaria de nuestra España; por lo que es visto que el Monasterio de San Martín entre Saguntho y Carthagena, que refiere San Gregorio Turonense, en el caso de Leovigildo, es el mismo idéntico, cuyas ruinas todavía se demuestran al presente, y el mismo en que fue venerada la milagrosa Imagen de Nuestra Señora de Gracia, desde la debastación del Monasterio de Monte Casino en Italia perpetrada por los Longobardos".

El problema religioso visigodo
El rey visigodo más importante del período arriano fue Leovigildo (528-586), quien puede considerarse como el verdadero fundador de la monarquía visigoda. Se apoderó del territorio que dominaban en el noroeste los suevos, venció a los vascos rebeldes y redujo bastante la zona bizantina. Pero si resolvió en gran parte el problema territorial, no consiguió lo mismo en el religioso. Su hijo Hermenegildo, nombrado por él gobernador de Hispalis (Sevilla), se hizo católico a ruegos de su esposa y por influencia de San Leandro. Los católicos de la Bética levantaron bandera a su favor, le proclamaron jefe y se sublevaron contra Leovigildo, desencadenándose una guerra civil (580-585) que alcanzó el territorio caudetano, según aparece del episodio contado por San Gregorio Turonense y del que acabamos de dar amplia

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referencia por ser prueba fehaciente de la importancia que ya tenía nuestro pueblo en el siglo VII. Pero el martirio de San Hermenegildo, los padecimientos de los cató-

La Cruz del camino de la Virgen lugar de confluencia de los antiguos caminos de Biar, Villena, el Salero y Pinoso en el centro del "Campo Saguntino"

licos y las destrucciones que se produjeron en la contienda civil, no fueron estériles, y en el reinado siguiente, pocos años después de concluida la guerra civil, reinó la paz en los espíritus al producirse la unidad religiosa de nuestra Nación, que fue un bien inmenso para la Patria y el vínculo más fuerte que ha permitido la perpetuidad del robusto catolicismo español a través del tiempo y en contra de todos los avatares y luchas que ha tenido que soportar.

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Venida de la sagrada imagen de María Santísima de Gracia al término de Caudete (año 6 0 7 d e nuestra Era)
Cuenta una antigua tradición caudetana, de la cual habla con amplitud el célebre historiador italiano Flavio Blondo Forliviense, muerto en Palma de «Mallorca el año 1463, autor de la "Historia de mil años", asi como el P. Juan de Villafañe, S. J., en su "Compendio histórico de las milagrosas y devotas imágenes de la Reina de cielos y tierra, María Santísima, que se venera en los más célebres santuarios de España", referenciado por el P. Roque Fací, en un libro impreso en el siglo XV111, lo siguiente: Previendo el santo patriarca San Benito de Nursia con espíritu profético la destrucción y ruina de su monasterio de Monte Casino, que había de suceder por la persecución de los Duques de Benevento (cuya desolación ocurrió a los cuarenta años después de la muerte de dicho santo Patriarca), dejó mandado que una imagen de María Santísima, con el título de Gracia, que reverenciaba en su oratorio, se enviase y trasladase después de su feliz tránsito a los reinos de España, para evitar así los ultrajes que pudieran ejecutar en aquel venerable simulacro de María los bárbaros que cometerían semejantes desmanes. Concluyó su gloriosa carrera el gran Benito el año 543, y le sucedió en el gobierno del santo monasterio el Abad Gerundo (la Crónica de San Benito le llama Constantino), el cual, después de algunos años de reposo pacífico, conociendo que se aproximaban los días de amargura, de horror y llanto anunciados con tantas lágrimas por su santo Patriarca, trató de llevar a efecto con puntualidad lo que le dejó tan expresamente mandado antes de su feliz y dichosa muerte. El allanamiento impío con que los Lombardos o Longobardos hollaban las cosas más sagradas no intimidaba ya al abad Gerundo: su corazón era apremiado del más inminente riesgo y su imaginación sólo se ocupó en los medios de dar salvoconducto al santo simulacro de María, que había sido el más dulce embeleso de su Patriarca. Pero el desprenderse de prenda tan amable le era tan sumamente sensible, que sólo de pensarlo se le hacían dos fuentes de lágrimas los ojos. Mas, obediente al expreso mandato del Fundador se prestó a su cumplimiento, y, adorando humildemente los designios de Dios, dispuso una caja decente donde, como en brusca concha, colocó la más preciosa Perla. Ya todo preparado, el Abad y los monjes se postran ante la Santísima Imagen, la veneran con el más profundo respeto, se encomiendan en tan triste situación a su maternal cariño, y, llenando los aires de ternura y lamentos, entre sollozos y suspiros, acomodan en la caja con pulcritud y aseo el dulce encanto de sus corazones, Nuestra Madre y Señora de Gracia.

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No es para explicar el sentimiento de aquella santa comunidad en el acto de desprenderse de tan buena Madre y hacer entrega de ella en manos del monje diácono Ciprián Español. La orden del Patriarca acercare la traslación de Nuestra Señora a España y de su colocación en el monasterio de Sahagún, se intimó al dichoso diácono con más lágrimas que palabras, presentando los monjes en lo triste del semblante la aflicción grande de sus espíritus. Entre tan deshecha y horrible borrasca, entre tan furiosas olas de tribulación como provocaron los longobardos en Italia, Cipriano salva la sagrada imagen de María Santísima de Gracia del horroroso incendio de Monte Casino (el cual quedó convertido en inculto bosque y fue poblándose de fieras), y descansó sin duda en la Santa Casa de Letrán hasta llegar el tiempo señalado por la Divina Providencia para que tomase velas hacia España y siguiese el destino que le había dado el gran Benito. Llegó el día deseado, y María, la Estrella resplandeciente del mar, puesta ya sobre sus aguas, corre el Mediterráneo con la más próspera navegación y aporta felizmente en Alona (Benidorm-Alicante) en el año 607. El muy devoto diácono, rico con la gran Joya del Cielo, a la que hace de Ángel Custodio, desde este punto extiende alegre la vista de su consideración hacia la comarca del río Cea que, bajando de las montañas de Asturias, va a juntarse con el río Carrión, sobre cuyas riberas se deja ver la villa de este mismo nombre, la que cree ser el término feliz de su larga peregrinación y la dichosa concha que ha de encerrar en su seno la más preciosa Perla, por existir en su término el monasterio de Sahagún (1), consagrado a Dios en honra de San Facundo y San Primitivo mártires. Pero, ¡cuan distintos son los designios de Dios sobre el santo simulacro de María Santísima de Gracia! Otra, otra es la casa dichosa que ha de ser honrada y bendecida con ¡la morada dulce de su augusta Madre. En efecto, sale el Diácono de Alicante con dirección al Norte y a las diez u once leguas de camino, ve frustarse todas sus ideas. El Cielo, con voz muda, pero clara y convincente, le hace palpable su determinación bondadosa. Ya había andado más de una hora por término de la actual villa de Caudete, cuando al salir del camino que hoy se denomina de Villena, y hallándose a igual distancia de un cuarto de hora entre lo que hoy es el casco de la población y un magnífico santuario situado en su partido de los Santos, queda totalmente inmoble el mulo que conducía y sustentaba carga tan preciosa. Admirado el Diácono de tan repentina novedad, no dejó medio que tocar para inclinarle y moverle hacia la izquierda, para el emplazamiento que
(1) La tradición caudetana, como se ve, difiere de lo consignado por la Historia y da por existente dicho monasterio de Sahagún en el siglo VII.

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hoy tiene la villa de Caudete: industrias las más vivas, halagos los más atractivos, rigores los más imponentes, todo cuanto pudo alcanzar su viva imaginación hizo al intento hasta apurar todos los recursos. jPero en vano! Viendo tan constante resistencia, levantando enternecido sus ojos al Cielo, exclama ¿Qué es esto, Señor? ¿Es por ventura este suelo aquella tierra bendita que elige para sí vuestra augusta Madre, para hacerlo feliz con la plenitud de sus gracias? Repite, pues, sus esfuerzos con el mayor conato y nada adelanta. Inclina el mulo hacia la derecha, para el Santuario, y, de improviso, tomó la caballería aquella dirección muy de su agrado y sin la menor resistencia. Llegó el monje Ciprián al dicho Santuario, y halló que era monasterio de San Benito, y que se llamaba también de Sahagún. Denominóse este sitio de los Santos por los muchos cristianos que en él padecieron martirio en la cruel persecución de Diocleciano y Maximiano, emperadores tiranos que reinaron desde el año 285 al 305. El Prefecto o Presidente Daciano, a la manera que vertió la sangre de Santa Engracia en Zaragoza y la de San Vicente en Valencia, así también hizo correr la de muchos fieles en Caudete. También se llamó a este Campo glorioso de Sahagún o Saguntino, por las batallas que en él tuvieron los saguntinos y cartagineses, que se convinieron en señalar para la lid el punto medio entre Sagunto y Cartagena, como se ha dicho, que es, exactamente, la villa de Caudete. A este sitio dirigió la Divina Providencia al monje Ciprián, para dar fin honroso a su gloriosísima comisión. Conoció, pues, con luz superior el Custodio de tan sagrado depósito, ser voluntad de Dios que en dicho santuario tomase asiento y morada la santa Imagen y adorando la disposición Divina, con tiernas expresiones y amorosas palabras a nuestra Reina y Señora Santísima de Gracia, y con voces de alegría y congratulación a sus hermanos los monjes, hizo formal entrega del Simulacro de María Santísima al Abad de Sahagún de Caudete, Fray Rodulfo. Dióle cuenta exacta de su honrosa comisión, haciéndole saber que había sido expreso mandato del gran Patriarca San Benito, cuando vivía, que aquella sacratísima Imagen se trasladase a España y fuese venerada con esmero en este su monasterio, lo cual habíase puesto en ejecución después de la muerte feliz de San Benito, por el Abad que entonces era del monasterio de Monte Casino, cumpliendo así la voluntad del santo Fundador. A fin de que tan feliz entrega tuviese la ostentación y solemnidad posibles, se realizó a presencia de los monjes y de los hijos de Caudete, y el Abad y todos la admitieron con universal gozo de sus corazones. Erigiéronle capilla con la posible grandeza y adorno, donde recibió tan dulce Madre los más tiernos obsequios de sus nuevos hijos, que sólo cifraban ya

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su dicha y felicidad en la posesión de la santísima imagen de María de Gracia. Rindiéronle los más cordiales afectos avivados con la multitud de gracias que continuamente recibían de tan amorosa Madre en los ciento siete años que gozaron de su amabilísima presencia hasta la general devastación de España por los moros de África en el año 714.

Acabamos de referir lo que oímos desde muy pequeñitos a nuestros padres sobre el origen de la venerada imagen de Nuestra Señora la Virgen de Gracia, y cuya historia siempre consideramos poco menos que artículo de fe, habiéndonos servido para el relato, en líneas generales, del texto transcrito en la "Historia de la Santa y Milagrosa Imagen María Santísima de Gracia", impresa en 1922, bajo el cuidado y dirección del sacerdote caudetano don Francisco Díaz Alcover, que la amplió con la reseña de los centenarios de 1907 y 1914. Nada atañe a nuestra devoción mariana lo que a este respecto pueda decir la crítica. Sin embargo, bueno será que nuestros lectores conozcan el, criterio actual de los arqueólogos sobre las imágenes antiguas, que hemos visto consignado en un libro hace poco aparecido (1) y que, inopinadamente, ha llegado a nuestras manos,: "Mas esta representación de la Virgen en imágenes comenzó por la iglesia de Constantinopla (La Virgen sentada y con el Niño sobre Ella entre sus dos rodillas, como "fruto bendito de su vientre"). Según los estudios más recientes, hasta el siglo X no se comienza en España a imitar las imágenes bizantinas, y en los siglos XI y XII ya existe profusión de imágenes marianas. Las del X y XI están sentadas en un trono con el Niño Dios sentado de frente en ambas rodillas y la mano derecha en actitud de bendecir, mientras que en el siglo XII ya se ven bastantes con el Niño sentado en la rodilla izquierda. Las del siglo XIII y XIV son de un tipo que puede llamarse de transición del románico al gótico. Las del siglo XV son ya de tipo humano, con la Virgen de pie y el Niño en el brazo izquierdo".

Etapa católica visigoda y caída del poder godo
Convertida al catolicismo la monarquía visigótica con la abjuración que hizo del arrianismo Recadero I en el III concilio de Toledo, el año 789, expulsados los bizantinos de la Península y albergando en su término el

(1) P. Manuel Ibáñez, O. Carm. "Historia de la Virgen del Henar y su Santuario" Segovia, 1955 pag. 17-18.

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ inapreciable tesoro de la Virgen de Gracia, Caudete conoció más de cien años de paz paradisíaca que no enturbió nube alguna. "La antigua región mastiana pasó a formar parte del estado visigodo con el nombre de provincia Aurarióla, a cargo de su correspondiente duque, como autoridad suprema, dividido el territorio en siete gobiernos dependientes o condados establecidos en Aurariola (Orihuela), Valentila (Guadix), Lukant (Alicante), Mola (Villaricos), Bukéjaro (Bujéjar), Eio (Ello, Monte Arabí) y Lorka (Lorca). Esta provincia de Aurariola dió origen al condado o reino de Todmir" (1) en el que quedó incluido Caudete hasta el 779. Durante el reinado del último rey godo, don Rodrigo, debido a la traición del conde don Julián, que se ha querido explicar como una venganza del conde contra el Rey D. Rodrigo, que cuando la gestión del conde don Julián en 709 aún no había ceñido la corona, fuerzas árabes del Norte de África, dirigidas por Tarik, lugarteniente del gobernador musulmán Muza, desembarcaron en la costa española del Estrecho (Gibraltar), y siguiendo la calzada romana que bordea el litoral, acamparon entre la laguna de la Janda y la costa atlántica. El Rey Rodrigo les salió al encuentro con un ejército de 100.000 hombres, en el que habían muchos vitizanos, enemigos del monarca, y a consecuencia de haberse pasado éstos al campo contrario, el 27 de julio del 711, fue desbordado el ejército real en dicha batalla, que fue llamada de Guadalete, aunque tal vez con alguna impropiedad. El resultado fue que en siete años, a partir de entonces, casi toda la Península estaba en poder de los musulmanes, quienes aun pasaron los Pirineos y se apoderaron del Sur de Francia hasta Poitiers.

(1) F. Soriano Torregrosa "Historia de Yecla" (Valencia, 1950, pág. 61).

CAPITULO V
Dominación musulmana ( 7 1 3 - 1 2 4 0 )

Durante 527 años nominales y 461 efectivos, permaneció Caudete bajo el dominio musulmán, en cuyo tiempo se perfiló su personalidad urbana, tomó el nombre de Capdete, que conservó durante muchísimo tiempo, y se hizo un pueblo agricultor de primer orden.

Reino de Todmir
Desde el 713, por espacio de sesenta y siete años, Caudete pudo conservar íntegramente su catolicismo y «manera de ser anterior sin que nadie le molestase, como parte integrante que era del Reino de Todmir, en el que, como hemos dicho, quedó convertido el antiguo condado de Aurariola, gracias a la estratagema empleada por su conde Todmir o Teodomiro, quien puso en las «murallas de Orihuela un gran número de guerreros, disfrazando de tales a las mujeres, cuando estuvieron a la vista las huestes mahometanas. Por lo sugestivo, copiamos el texto de la honrosa capitulación de dicho reino, tomándolo de la obra citada de Soriano Torregrosa: "En el nombre de Allah, el Clemente, el Misericordioso. Escritura de Abdul-Aziz-ben Muza-ben Nossair para Todmir_ben Gobbos, por la cual conviene en la paz. La bendición de Allah sea sobre él. Salud.—No hará violencia (Abdul-Aziz) contra él (Teodomiro), ni contra ninguno de los suyos, ni contra los que le sucedan; no será (Teodomiro) despojado de su reino; no serán muertos ni cautivados; no serán separados de sus hijos ni de sus mujeres; no serán violentados en su religión; no serán destruidas por el fuego sus iglesias; no serán despojados de sus bienes por no convertirse. (al Islam) y permanecer íntegros.—Ofrece aquel con quien estipulamos cumplir religiosamente esté pacto y que será cumplido en las siete ciudades

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de Auriola (Orihuela), Valentila (Guadix), Alicante, Mula, Buquésaro (Bujéjar), Eio (Ello) y Lorca; que no dará acogida a nuestros enemigos; no moverá guerra a nosotros; no ocultará noticia del enemigo de que tenga conocimiento; que él (Teodomiro) y cada uno de los suyos pagarán un dinar cada año, cuatro almudes de trigo, cuatro de cebada y cuatro cántaros de vino añejo, cuatro de vinagre, una de miel y una de aceite. El siervo pagará la mitad de esto. Atestiguan de la verdad de "esta estipulación: Ostmán-benAbí-Abdah al Coreix, Habib-ben Abí-Obaidah, etc. fue escrito este convenio en la luna de Récheb, cuatro y noventa de la Hégira (abril a mayo de 713)". Caudete respiró, y, aunque con cierta tensión, siguió su vida habitual, no notando la presencia de los musulmanes, dueños de la casi totalidad de la Península y del (Mediodía de Francia, sino por la contribución impuesta por Abdelaziz en el tratado con Teodomiro, contribución, por otra parte, insignificante para este término tan fértil y magnífico productor precisamente de las especies exigidas por el musulmán.

Ocultación o entierro de las santas de Nuestra Reina y Señora María de Gracia y del santo obispo y mártir San Blas

imágenes Santísima

Según lo da a entender la Historia de la Virgen de Gracia, citada anteriormente, a pesar de la tranquilidad que se disfrutaba en el reino de Teodomiro, verdadera isla de paz en medio del turbulento y agitado mar de la España de entonces, los monjes del monasterio caudetano no se confiaron, y, enterados de la suerte que en otras partes habían corrido las cosas y personas sagradas, decidieron dejar la santa Casa de San Martín y trasladarse al reino de Asturias, no sin antes guardar en lugar seguro las sagradas imágenes de la Virgen y San Blas. Estos hechos, si hemos de dar crédito al autor anónimo de la expresada "Historia de la Virgen de Gracia", ocurrieron el año 714. No creemos que pueda darse con exactitud la fecha del enterramiento u ocultación de las santas imágenes, que aparecieron milagrosamente el año 1414. El Padre carmelita Fr. Manuel M.a lbáñez, refiere en su obra citada (1) la ocultación de la Virgen del Henar con motivo de la invasión árabe de España y dice sobre el particular: "Y cuanto al fondo de verdad de la tradición sobre el ocultamiento de la imagen a la llegada de los moros, tiene fácil compaginación, si se tiene presente que la invasión del 711 fue bastante tolerante, hasta el punto de

(1)

"Historia de la Virgen del Henar y su Santuario", pág. 20.

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poder seguir los cristianos con su culto aún en las poblaciones sometidas al yugo sarraceno (mozárabes). Hay otra invasión más terrible para España y posterior: la de los almohades en 1144, en que entraron cometiendo más crimines y derramando más sangre que los árabes en el 711. Colocar el tiempo de la ocultación de la Virgen del Henar en el año de la invasión de los almohades es lo más probable y lo que mejor armoniza con la arqueología, único documento cierto que poseemos de la imagen nuestra, como de tantas otras imágenes envueltas en otras tantas leyendas". Sea como y cuando fuere, año más o año menos, seguiremos con nuestra tradición caudetana. Y ahora pasemos a oír los pormenores de la despedida de los monjes benedictinos del monasterio del partido de los Santos y del entierro de las veneradas imágenes de la Virgen y San Blas, según nos los cuenta el anónimo autor de la "Historia de la Santa y Milagrosa Imagen María Santísima de Gracia": "¡Oh trance verdaderamente triste! El Monasterio de Caudete se halla ya en las mismas críticas circunstancias en que se encontraba el de Monte Casino cuando desamparó su suelo la Santísima Virgen y Madre María Santísima de Gracia. En Italia Agilulfo (rey longobardo) llenó las casas de luto, de horror y de sangre; en España hace lo mismo Muza, asociado del vil Conde don Julián. En aquélla, lloraban los fieles los incendios y asolaciones de las iglesias y santuarios, las profanaciones sacrilegas e irreverencias hechas a Jesús, a María Santísima y a los Santos; en ésta, vierten a ríos las lágrimas a la vista de desastres y desencantos semejantes a aquéllos. En fin, el horroroso espectáculo digno de toda lástima, que presentaba Italia a la faz del Universo, por los furores de Agilulfo, era nada en comparación del triste y lastimoso cuadro de España invadida y asolada por los mahometanos. Sólo puede gloriarse justamente el Monasterio de Caudete, entre tantos desastres, de poseer los cariños de María Santísima de Gracia, que lo eleva al más alto punto de distinción y honor. "¡El Abad Fray -Ruperto, sin sosiego ya por la bárbara mortandad que hacían los sarracenos, determina guarecerse en Asturias en compañía de sus monjes, pero antes había que tomar una pronta y eficaz decisión sobre la joya más rica que guardaba el Monasterio, María Santísima de Gracia. Aquí son las ansiedades de su alma toda puesta en los castos amores de tan dulce Madre. Pensar en la separación de tan Santo Simulacro es una aguda y penetrante espada que le parte el corazón; llevárselo consigo fuera todo su consuelo; pero ve y conoce que su traslación del Monasterio de Monte Casino a la casa de San Benito de Caudete y su detención y morada en esta villa había sido por disposición del Cieio; y esta justa consideración pone en estado de inacción sus más fervorosos deseos. Sólo acudir a Dios e instarle con tiernas lágrimas le explique su santísima voluntad, es su última resolución.

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"Póstrase, pues, ante el trono de la dulce María: le dice de sus ansias amorosas; pero conforme en un todo con los altos designios de Dios, que adora humilde, y cuyas luces implora para obrar en el caso con agrado del Señor; y el Padre celestial condesciende bondadoso a sus súplicas. "La dulcísima Reina del Cielo, al tiempo mismo que le anima en su gran tribulación, le hace manifiesta su voluntad de quedarse con sus hijos de Caudete, permaneciendo oculta bajo tierra en el mismo Santuario. "¡Oh villa dichosísima!—exclama el devoto Abad—. ¡Oh Caudete, entre las mismas desgracias feliz! La Gracia es contigo". María, como cariñosa y tierna Madre, aparta sus ojos para no ver, digámoslo así, las desgracias inevitables que llenarán a sus hijos de amargura y de dolores; pero no los deja: aquí se queda cerca de ellos, como hijos de su amor, para explicarles algún día su más alta protección y misericordia. "Para llevar a efecto las órdenes de María Santísima, manda el Abad con la más diligente cautela hacer una excavación profunda dentro del recinto del Monasterio, en cuyo seno queda depositado el más rico tesoro del Cielo. Constrúyense, para su mejor resguardo, dos pequeños arcos de yeso para colocar en el cóncavo del uno la santísima imagen de María de Gracia, y en el otro, la de San Blas, Obispo y Mártir. Acomodadas allí ambas en dos tabernáculos de madera en forma de doseles, fueron cubiertas de tablas por todas partes para su mayor conservación. Puso también en el mismo sitio una Cruz, una caja de reliquias, una imagen de San Martín, pintada en una tabla de cinco palmos de altura, una campana y una lámina de plomo en que grabó la causa motivo de la ocultación de estas santas imágenes y el origen del Simulacro de la Reina de los cielos y tierra, María Santísima de Gracia. "Habiendo, pues, ejecutado cuanto su devoción y dolor le dictaba, acompañado el Abad de sus monjes, desamparando el monasterio, enderezó su camino para Asturias. "El gran sigilo que se observó en la ocultación de la sagrada Imagen,
dio margen a la villa de Caudete para persuadirse que había sido transporta-

da también entre las demás alhajas del Monasterio la más rica de todas, la amable Virgen de Gracia, cuya desaparición lloraba con amargura, hallándose en circunstancias de tanta penuria y dificultad sin la tierna y dulce Madre, que era para ella el Iris hermoso que le anunciaba, en las más terribles tempestades, la deseada bonanza y seguridad".

Emirato independiente, Califato y Reinos de Taifas ( 7 7 9 - 1 2 4 0 )
A mediados del siglo VIII los Omeyas—que durante un siglo habían

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dominado en Damasco—fueron depuestos por los Abbasíes; pero un príncipe omeya, Abd-al-Rahman, logró escapar de la matanza realizada en su familia y vino a España el año 756, proclamándose Emir independiente. Este emir quiso imponer su autoridad en la Península, y el año 779 rompió el pacto que había firmado Abdelaziz con Teodomiro, y este territorio cristiano quedó convertido en una provincia o cora de la España musulmana. A partir de ese momento, el término de Caudete fue de régimen común islámico. El cambio de jurisdicción, a pesar de los tonos sombríos que hemos visto expresarse a la tradición en el punto anterior, no presentó ningún carácter terrorífico ni caótico, pues los musulmanes, que no eran ningún pueblo en marcha, como lo habían sido los germanos, sino guerreros de un país culto, casaron en su mayoría con mujeres españolas, y así se hizo muy rápidamente la fusión de razas. Además, casi todos los siervos abrazaron el Islam, porque de esa forma se convertían en hombres libres (maulas). La mayor parte de la gente pobre hizo lo mismo para no tener que pagar tributos, y hasta muchos nobles se pasaron al mahometismo para conservar sus riquezas. A estas gentes se les llamó renegados ó muladies. Los que siguieron fieles al Cristianismo se llamaron mozárabes. A no dudar, durante la dominación musulmana, en Caudete se formó el actual barrio denominado la "Villa" o núcleo principal de la población. Dan base a creerlo, el ser el castillo construcción árabe, según dictamen de cuantos entendidos han visto lo que queda del mismo. De traza y antigüedad árabe era también la casa próxima a la fortaleza, la que había entre los actuales números 8 y 9 de la plaza de la Iglesia, según podía verse a principios del siglo actual. Así, pues, el Capdete árabe estaba constituido: a) por la villa, edificada al pie del castillo, del que salían las murallas que la circundaban a lo largo de la calle del Muro (hoy de la Virgen de Gracia), calle Ancha y calle Nueva, con tres puertas, una en la "Lonja", otra en el extremo de la calle Ancha (La puerta de la villa) y la tercera en la Canal. En este barrio vivirían los principales musulmanes y caudetanos distinguidos. Fuera del recinto amurallado seguían los barrios próximos del Cerro de San Cristóbal y San Sebastián, habitados por los maulas y mozárabes, que serían los artesanos y cultivadores de la huerta; y más lejos, a una hora de camino, los poblados de Oliva, Bugarra (más importantes que el propio Caudete en tiempo de los romanos) y el de Almízra, asentado al pie de la sierra Lacera, a Levante de la misma, del que anteriormente no hubo noticia y que dio el nombre al célebre tratado firmado en el castillo de Campo de Mirra o Almizrán, por Jaime I y su yerno el Príncipe Alfonso de Castilla,

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Una de las calles altas de la población En último término la ermita de Santa Ana

que ha de ocuparnos en el capitulo siguiente, y en donde residirían labradores y aparceros, pastores, colmeneros y leñadores. Muy cerca del castillo, a Levante de la fortaleza, estaba la mezquita, bien en lo que hoy es la capilla de la Comunión y archivo y sala de San Antonio, o quizá en la actual nave central de la iglesia parroquial, hasta el crucero, toda vez que técnicos en la materia han asegurado ser ésta de construcción árabe, aunque no falta quien diga que esa parte más antigua del templo era de estilo gótico decayente y porterior al 1240. La iglesia de Santa Ana puede ser reconstrucción de la ermita de San Cristóbal, y ésta tal vez fuera uno de los dos mil y más templos edificados por Jaime I el Conquistador en las tierras arrebatadas a la morisma por sus victoriosas huestes, o antiguo santuario o mezquita musulmana para los vecinos de los citados barrios altos, convertida luego en iglesia cristiana por los conquistadores. Nuestro Capdete o los Capdetes, incluyendo los diversos poblados de su término, prosperó muchísimo durante la dominación musulmana. De una casi expresión geográfica que era en el 713, con varias aldehuelas diseminadas, hicieron los moros un bien ordenado núcleo urbano amurallado, con arrabales inmediatos llamados los Tres Puntos, es decir, los que hoy constituyen Santa Ana y las Cuevas de la Rambla, Moto y don Tadeo, o quizás las inmediaciones de las ermitas de San Antón, San Cristóbal y San Sebastián, más numerosas alquerías y los mencionados pueblecitos de Oliva, Bugarra y Almizra. No podemos saber el número de habitantes que podía tener nuestro término, pero tal vez no bajasen de siete mil. Bajo los árabes Caudete contó con una huerta feracísima, regada regu-

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lar y metódicamente, cosa que antes nunca había conocido. Los moros, tan amantes del agua y de la agricultura, convirtieron los alrededores del pueblo en un vergel delicioso y paradisíaco. Sacaron, a no dudarlo, el agua de Arriba, así como las de las Suertes y Bogarra, además de numerosas norias para huertos y huertas particulares. Hicieron la alberca conocida con el nombre de "Balsa del Moto" y formaron los magníficos bancales fertilizados por ella, venciendo enormes y difíciles desniveles, cercándolos de paredes, muchas de las cuales aún subsisten, y asignándoles su correspondiente dotación de calderas, unidad de caudal de agua que aún perdura en el heredamiento del agua de Arriba. Entre la balsa y el castillo, detrás de las casas de la calle Nueva (hoy Deán Martínez) y más allá de la del Muro, las huertas, favorecidas por el clima tan benigno que se disfruta en el paraje, siempre han presentado esbeltas palmeras datileras, cargadas de precioso fruto, y hasta naranjos, limoneros y nispereros, además de los consabidos granados, higueras, albaricoqueros y otros frutales tan del gusto de los árabes, y que no podían faltar en un sitio donde tan bien aclimatadas están las chumberas y piteras que aún hoy en día forman el seto de algunas heredades. El resto del término tenía también terrenos de huerta, como acabamos de decir anteriormente y en los buenos terrenos de secano se cultivaban satisfactoriamente los cereales, olivos y viñedo. Lo no cultivado aparecía cubierto de espeso bosque, sobre todo por el Norte, que era una mancha boscosa sin solución de continuidad hasta las tierras de labrantío de Almansa, y por el Oeste, en donde se hallaba primeramente el gran pinar Doncel, que se continuaba ininterrumpidamente hasta los linderos de Yecla y Montealegre. También aparecieron por entonces las industrias derivadas de la agricultura, muy rudimentarias anteriormente, recibiendo gran impulso sobre todo, las almazaras, molinos harineros y bodegas vinícolas, aprovechando para los molinos el caudal del Agua de Arriba que, precipitándose por los arcaduces, movía sin esfuerzo humano, lo mismo que hoy, los pesados artefactos y muelas de que estaban dotados. Mecido por las auras de sus bosques y pinares, el murmullo de sus manantiales y el rumor de las ingeniosas máquinas industriales; alimentado por los frutos de sus ubérrimas huertas y feraces campos, que se almacenaban en los trojes o graneros y en las orzas y tinajas de los sótanos de sus casas, llamados aquí bodegas; apacentando y aprovechando los productos de sus numerosos rebaños; ocupado en el trabajo placentero del campo, en el ejercicio de la caza., en los rezos y prácticas de prescripción coránica, Capdete vio transcurrir los largos años en que al Emirato independiente sucedió el esplendor del Califato de Córdoba, y a éste los tumultuosos reinos de Taifas, que fueron causa del establecimiento y desaparición de los im-

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perios almorávide y almohade. En medio de precauciones y recelos presenciaría el paso por su término del victorioso jefe almorávid Yusuf ben Tasufín, camino de Valencia, ciudad que arrebató a doña Jimena, viuda del valeroso Cid Campeador, en 1102. Luego habría de sufrir el yugo del emperador almohade Abu Yacub Yusuf I, que acabó sometiendo el reino murciano de, Muhammad ben Mardanis, el célebre Rey Lobo. Seguiría con interés la batalla de Alarcos (en la Mancha, al W de Ciudad Real), contraria al rey Alfonso VIII de Castilla, y después la resonante y decisiva de las Navas de Tolosa (16 de julio de 1212) en que, coaligados los monarcas cristianos de Castilla, Navarra y Aragón, infligieron una terrible derrota al soberbio Abd Alfah Muhammad, el Miramamolín de las crónicas cristianas. Al deshacerse el poder almohade, Caudete pasó a formar parte del reino taifa de Murcia, el más importante y extenso, que llegó a ejercer dominio sobre casi toda la España musulmana, pero su fundador, Muhammad ben Hud al-Mutawakkil, pronto buscó la protección de Castilla, para hacer frente a las dificultades interiores, haciéndose vasallo del rey Fernando III el Santo. Antes de producirse hecho tan trascendental, ocurrido el año 1241, aparecieron en los confines caudetanos las victoriosas huestes del monarca aragonés don Jaime I el Conquistador, que en 1238 había ocupado la ciudad de Valencia, y a su fuerte empuje se desmoronó la resistencia musulmana de toda esta comarca, con excepción de Biar, conociendo seguidamente nuestro pueblo, a partir del año 1240, la mayor transformación racial, lingüística, política y religiosa que registra su historia, como veremos en el capítulo que sigue. El canónigo don Juan Lozano, en su obra sobre la Batistania y Contestania del Reino de Murcia presume que los moros fundaron el pueblo de Caudete sobre las ruinas de la antigua Bigerra, posteriormente Bugarra (aldea de 80 a 100 vecinos en 1488, y hoy despoblado, a media legua de Caudete). Este autor, que no vacila en conceder a nuestro pueblo una antigüedad de 2100 años, aproximadamente, es de parecer, según lo acredita en la Disertación 111, párrafo 1 de su citada obra, que el Santo rey don Fernando se posesionó de Caudete a la vez que de Bugarra, Villena y Sax, y que después don Jaime I el Conquistador rindió de nuevo a estos pueblos, cuya morisma se había sublevado en 1240. En el siguiente año, 1241, los dio en posesión a los caballeros de Calatrava, y en 1243 fueron restituidos a Castilla.

CAPITULO VI
Reconquista cristiana y ajuste de fronteras ( 1 2 4 0 - 1 3 0 5 )

De 1240 a 1305 tienen lugar en nuestro territorio los acontecimientos más trascendentales en la Historia de la villa, que por unos años acaparó la atención, no sólo de toda España, sino de la Cristiandad entera. Poco después de efectuarse el paso de Caudete a manos cristianas, muy cerca de nuestros límites se celebró el pacto peninsular de mayores resultados prácticos, debido sin duda a la actitud de los nuevos pobladores cristianos de este término, fieles hasta el heroísmo a su rey y señor. Por ser Caudete una villa fronteriza entre los reinos de Valencia y Murcia, es decir, de las Coronas de Aragón y de Castilla, hubo inestabilidad fronteriza durante algún tiempo; pero aunque no enteramente definitivo, señalamos el año 1305 como limite de tal inestabilidad, porque a partir de esa fecha, si bien es cierto que hubo ciertos cambios, ya fueron teniendo Caudete un indiscutible sello Aragonés.

La reconquista
“El Rey don Jaime primero, llamado el Conquistador, terror de las huestes moras y del cristiano, caudillo, se acerca; vuestro castillo en término de dos horas a sus armas sea entregado; pues que de otra manera hoy, por su hueste guerrera, será a lanzadas tomado”.

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Estas son las palabras que ponen los "Episodios Caudetanos" (1), escena IV del acto 2.ª, en labios de don Gimeno cuando viene a parlamentar, en nombre del ejército aragonés, con el alcaide moro de la fortaleza caudetana para intimarle a la rendición sin condiciones. Bien se echa a ver, por la contestación del moro Celauro, tan conocida de todos los caudetanos, así como por las manifestaciones de Abenzoar, que la defensa musulmana de los pueblos de los reinos de Valencia y Murcia no se desmoronó ni se debilitó por la caída de la ciudad del Turia en septiembre de 1238. Don Jaime I, en efecto, hubo de emplearse a fondo en una nueva campaña para llegar hasta Caudete y Almizrán (2) después de tomar Alcira y otras plazas valencianas, aunque no Játiva. Por fin, en una radiante mañana de la primavera de 1240, el castillo de los Capdetes cedió ante el empuje Aragonés, y. hubo de rendirse sin lucha al comendador de Alcañiz, que capitaneaba las fuerzas almogávares, entre las que figuraban muchos nobles caballeros que luego se asentaron en la villa, como los apellidados Ortín u Hortín, Martí, Conexero, Sánchez, Díaz, Agulló, Golf, Gimeno, Beltrán, Tallada, Benito, García, Medina, Urgellés y tantos otros, verificándose el cambio de dominio y poder de los mahometanos a los cristianos, al cabo de más de cuatro siglos y medio que había imperado en nuestro pueblo la Media Luna. Empezó entonces para Caudete un nuevo y glorioso ciclo de más de 450 años en que esta laboriosa y antigua villa fue una joya preciada de la Corona de Aragón, como comprendida en el número de las 29 villas reales que tuvo desde un principio el Reino cristiano de Valencia, de conformidad con lo acordado en las Cortes de Monzón del año 1236 (3).

El tratado de Almizra
Los Reyes de Castilla y Aragón habían celebrado diversos tratados para

(1) Drama en tres actos que se representa en la plaza de la Iglesia todos los años en los días 7, 8 y 9 de septiembre. (2) En un volumen que tenemos a la vista, suscrito por el Dr. don Francisco Escolano, de fecha 2 de octubre de 1696, referente al pleito movido por Caudete contra Villena sobre la posesión y disfrute de los Alhorines dé la Contención, se denomina el Almizrán al lugar o villa en que se firmó el tratado de Almizra (la actual villa de Campo de Mirra), distinguiéndosele así de nuestra Almizra que, según fuerte tradición caudetana, avalada por las ruinas y restos encontrados, era un pequeño poblado sito al pie de la Sierra Lacera o Alácera, según se ha dicho, pero que, si pudo ser punto de partida de la comitiva del Príncipe Alfonso para entrevistarse con el monarca aragonés, no fue en modo alguno el lugar en que se alojaba la familia real aragonesa al tiempo del famoso tratado, por cuanto al Rey, su esposa e hija, ambas del mismo nombre, se hospedaban, según los autores y testigos presenciales, en el castillo que coronaba la Villa de Almizra (el Almizrán del citado documento caudetano), siendo así que ni por tradición, ni por vestigios, es tan siquiera presumible que en nuestra Almizra del pie de la sierra Lacera haya existido castillo ni población digna de merecer el nombre de VILLA. Queda, pues, deshecho el equívoco que tanto ha circulado entre nosotros sobre Almizra y el lugar en que se firmó el convenio de su nombre, al que daba pie la afirmación que aparece en la página 35 de la Historia de la Stma, Virgen de Gracia ya citada. (3) Lorenzo Matheu y Sanz - "Tractatus de regimini regni Valentise (Lugduni, 1704).

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repartirse el territorio dominado por los moros, conforme lo fueran conquistando. A Caudete le interesan los pactos o convenios de Tudilén (Túdela, según Modesto Lafuente), Cazola o Carzorla y Almizra. E1 primero lo firmaron en 1150 Alfonso VII de Castilla y Ramón Berenguer IV, príncipe de Aragón, y por él cedíanse al aragonés todas las tierras de Valencia y Murcia. Luego, Alfonso VIII de Castilla y su homónimo, el segundo de Aragón, se reunieron en Cazorla el año 1179 y acordaron un nuevo reparto de los referidos territorios, adjudicándose a la Corona de Aragón todo el reino de Valencia, con Játiva, Biar y Denia; y a la de Castilla, el de Murcia. El tratado se revisó más tarde por el mismo Alfonso VIII y Pedro II de Aragón, por no satisfacer a éste el reparto anterior, y de esta revisión salió mejorado don Pedro. Por no estar muy claros los límites en esta región fronteriza entre los reinos de Valencia y Murcia, don Jaime el Conquistador no dudó en apoderarse de los Capdetes, así como de Bugarra, Villena y Sax. De esta forma, además, respondía a unas actividades poco claras de su yerno, el hijo de Fernando III. Pero dejemos que nos exprese este asunto la acreditada pluma de Gaspar Escolano (1): "La ocasión y oportunidad que tuvo el Rey para declarar este amojonamiento del Reino, se la dió el infante don Alfonso de Castilla, su yerno; que con celos de verle tan adelante en la conquista de Játiva, favorecía de secreto a los moros porque no se le rindiesen; y aun había enviado un caballero llamado don Pedro Núñez de Guzmán, que de antemano se apoderase en su nombre de las villas de Onteniente y Enguera, que eran de la gobernación de Játiva, y recaían en la parte del rey de Aragón. El Rey don Jaime I que vió el ánimo de su yerno, procuró de pagarle con la misma moneda; y arrebatóle de la mano de sus alcaides a Villena y Sax; de los moros mesmos, por concierto, los Capdetes y Bugarra, que pertenecían a la conquista de Murcia, que era de su yerno. A esta ocasión, escribe en su Crónica, que se vieron los dos entre Mizra (que dicen es Almansa) y los Capdetes, por componer sus discordias". Bien se echa de ver que el Dr. Escolano alude al tratado de Almizra, pero no sitúa bien la localidad de este nombre. Es cierto que hubo entrevista entre Caudete y Almizra, pero, no fue la definitiva entre las altas partes contratantes, sino entre representantes del Rey de Aragón y del Infante de Castilla, como detalladamente nos lo dice Zurita. Al año siguiente de haberse apoderado Jaime I de los Capdetes, bien fuera por conquista o por concierto con los moros, el monarca moro murciano, para no perderlo todo, se declaró vasallo del de Castilla conforme a
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las capitulaciones de Alcaraz, y el Infante don Alfonso, luego Alfonso X el Sabio, que era el prometido de doña Violante, hija de don Jaime I de Aragón, y de su esposa doña Violante de Hungría, tomó posesión de la ciudad de Murcia en 1241 y en 1243 ocupó la ciudad (entonces villa) de Yecla, situada, como es sabido, en el extremo NE. del reino murciano. Mucho enojo causó al hijo de don Fernando III el Santo saber que los aragoneses se habían apoderado de los Capdetes, Bugarra, Villena y Sax, que eran de su jurisdicción en virtud de los tratados de Tudilén y de Cazóla, y desde Yecla se traladó a las proximidades de Caudete con un nutrido ejército dispuesto a tomarlo por la fuerza. Era la primavera de 1244. Sentó el castellano sus reales al pie de la sierra Lacera y frente a la fortaleza caudetana, en el sitio denominado desde entonces "El Real", e invitó a sus defensores a que le entregaran el castillo y villa, que le pertene-

Sitio denominado "El Real"
De aquí partió el infante don Alfonso para entrevistarse con su suegro el rey don Jaime I en el castillo de Almizra, cuyo emplazamiento se hallaba en las montañas que se divisan al fondo. En el llano intermedio estaba el pueblo de Bogarra.

cían, pues de lo contrario, se vería obligado a tomarlos por la viva fuerza. "Nosotros estamos por el Rey de Aragón", fue la respuesta dada unánimemente por aquellos caudetanos de nobleza baturra y firmeza catalana, dispuestos a morir, como los numantinos, antes que faltar a la fidelidad jurada a su monarca. Y ciertamente hubiese procedido el Infante al asalto del fuerte a no haber sido por la rápida y enérgica, aunque respetuosa intervención del

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Maestre de Calatrava y otros Ricóshombres que le acompañaban, aconsejando prudencia al hijo de Fernando III y una previa entrevista con el monarca aragonés que se hallaba acampado a solamente tres leguas de distancia, antes que romper las hostilidades. Accediendo a tan sabio consejo, el Infante castellano envió una emba jada a don Jaime I, que a la sazón se encontraba en el castillo de Almizrán (Campo de Mirra), que se divisaba desde el Real caudetano, dirigiendo las operaciones contra Biar, último baluarte moro del reino de Valencia, que no se rindió hasta el año 1245. informado don Jaime del curso de los acontecimientos y de la conminación hecha por el Infante a sus leales caudetanos, montó en cólera, y ya se disponía a acudir en defensa de la villa amenazada y de tan fieles vasallos, cuando se le notificó el arribo de la embajada que su yerno le enviaba. De mal talante accedió el Rey a que unos caballeros aragoneses se viesen con otros castellanos a mitad distancia entre el Real de don Alonso y el castillo de Almizrán. Así se hizo, sin embargo, según lo manifiesta Zurita en el tomo 1, folio 161, de los Anales de la Corona de Aragón, y los caballeros comisionados acordaron que, en evitación de romper las hostilidades ambos ejércitos cristianos, cosa que sólo a los moros podía beneficiar, convenia que conferenciasen el Rey y el Infante para acordar lo que procediese. Este fue por tanto, el motivo inmediato de una reunión histórica que había de terminar con la redacción del celebérrimo tratado de Almizra, de tan beneficiosas consecuencias para la causa cristiana. Sin Caudete, sin la resuelta y enérgica actitud de los caudetanos, no se habría llegado al trascendental acuerdo, el más importante, sin duda alguna, de toda la Reconquista cristiana. Reuniéronse, pues, don Jaime y don Alfonso, cada cual con sus ricoshombres, a presencia de la reina de Aragón, doña Violante, y la esposa del Infante, doña Violante también (1). Acompañaron al Conquistador en esta entrevista sus caballeros Guillém de Montcada, el Maestre del Hospital, Ximén Perec d'Arenós, En Carroc, y otros. Estaban con don Alfonso los maestres del Temple y Santiago, don Diego López de Haro, don Pedro Pérez Correa, don Diego de Vizcaya y el señor de Uclés. Pretendía el Infante que su suegro le cediese la plaza de Játiva*, por habérselo ofrecido así cuando le dió en matrimonio a la princesa. Negábalo el aragonés, alegando además que, no habiendo recibido él nada cuando casó con doña Leonor de Castilla, tía del infante, a nada tampoco estaba obligado ahora. Los castellanos, en un momento de ofuscación y soberbia, dijeron al
(1) Don Francisco Figueras Pacheco, en su obra "Alicante bajo l«s Reyes de Castilla", a quien seguimos en este punto, no dice que asistiera la hija del Rey y esposa del Infante, pero bien claro lo hace notar el Lic. Gaspar Escolano en el cap. XXI de la 1ª de sus Décadas del Reino de Valencia.

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Conquistador que de todos modos, Játiva seria de ellos, pues si él no la daba, el alcaide la entregaría. Don Jaime, herido en sus más vivos sentimientos, se apresuró a responder: "Ni se atreverá a entregarla el alcaide ni nadie será osado a tomarla; y tened entendido que por encima de Nos habrá de pasar cualquiera que intente penetrar en Játiva" (l). Los castellanos, olvidando la ponderación que exigía el momento, habían provocado la indignación y la ira del Conquistador. Demasiado hombre para rendirse a su desplante, don Jaime I acabó diciendo que hiciera cada cual lo que pudiese. "Nos seguiremos nuestro camino, haced vosotros lo que podáis". Implicaba la frase, no ya el fracaso de la reunión, sino el peligro inminente de una guerra, que, dada la que había entre moros y cristianos, habría sido desastrosa para la Reconquista. La reina doña Violante, que presenciaba la escena, midió aterrada sus consecuencias probables. Como esposa del aragonés y madre de la del Infante, sintió doblemente angustiado su corazón. Era, pues, preciso, evitar a todo trance la ruptura. Sus ruegos y sus lágrimas consiguieron al fin lo que no lograban los propios interesados y sus ricoshombres: llegar a un acuerdo satisfactorio para todos. Jerónimo Zurita, en un capítulo de expresivo título (2), se ocupa detalladamente de estas vistas y de los pactos que en ella se acordaron, respecto a devolución de poblaciones y definitiva división del territorio. Los autores datan el convenio en el 7 de las kalendas de abril de 1244 (23 de marzo), con arreglo a la copia contemporánea hallada en el Archivo de Aragón. El acuerdo concertado aquel célebre 23 de marzo de 1244 lo explica así en su "Crónica" el Conquistador: "Tornaren els missatiers a vore L,Infant i convingueren llavors no insistiría aquest en reclamar Xátiva, sino mes be dividiriem les terres entre els dos, segons de fet ja es trobaven dividits els regnes de Murcia i Valencia. Nos li donariem Villena, Sax, Capdets i Bugarra; i ell en donaría a camvi Enguera i Muixent. Tenint en compte el repartiment de terres fet, a l´Infant varem tornar_li Almansa, Saracull i el riu Cabrio!, i Nos correspongueren Castalla, Biar, Xixona, Alarc, Finestrat, Torres, Polop, la Muría, prop d'Aines, Altea, Tormos i tot el que hi havia dintre del seus termes. Seguidament varen redactar-se les correspondents escriptures entre Nos i l,infant Alfons, possant en elles el nostres sagells. I ens varem separar bons amics, tornat-nos, mutuament, lo que cadascún teniem de l'altre. Finalitzat aquest assupte, varem tornar al setge que haviem possat amb les
(1) Véase Cáscales, Discurso I, Cap. XII; Ortega, tomo I, página 239, e Historia de Don Jaime (CCXXVII). (2) Del cerco que el Rey puso sobre el castillo de Játiva y de las vistas que tuvieran él y el Infante don Alfonso, su yerno, en Almizra, y cómo se concordaron en la limitación de la conquista de los reinos de Valencia y Murcia. Anales, libro 3.*, capítulo XLIV.

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nostres hots front a Xátiva, on varem romandre mes d'onze mesos, sense qué els de la població tractaren de capitular". He aquí ahora el texto castellano del famoso y trascendental Tratado de Almizra: "Sobre la partición de la conquista de España, que ha sido hecha entre los ilustres Jaime, Rey de Aragón, Mallorca y Valencia, conde de Barcelona y de Urgel, y señor de Montpeller y el Infante don Alfonso, primogénito del ilustre Fernando, rey de Castilla y Toledo, León, Galicia, Córdoba y Murcia, hecha amigablemente entre ellos del siguiente modo: Que el ya dicho rey Jaime, por sí y sus sucesores, concede y determina para el citado Infante don Alfonso y sucesores, perpetuamente, el castillo y villa de Alicante con todos sus términos, y Aguas y Busot, con todos sus términos también, según por tierra se camina y sale al puerto de Biar, y el castillo y villa de Villena con todos sus términos, y todos los otros que están más allá del término de Biar, así como van al puerto de Biar entre los términos de Biar y Villena y hacia la parte de Murcia y Castilla, salvo íntegramente estos términos y todos los otros, así como se camina entre el término de Almizra y el de Bugarra, salvo estos dos términos íntegramente, y así como se camina hacia el principio de la sierra de la Rúa, que está sobre Ayora, según que las aguas vierten de dicha sierra de la Rúa a la parte de Castilla, y así como dicha sierra de la Rúa está donde muere el Gabriel en el Júcar. De un modo semejante, el Infante don Alfonso, primogénito de don Fernando, Rey de Castilla, concede y determina por sí y todos sus sucesores, al ya dicho Jaime, Rey de Aragón y sus sucesores, perpetuamente, el Castillo de Castalla con todos sus términos, y los de Biar y Almizra con todos los suyos, y todos los que son de los dichos castillos de Alicante, de Aguas y de Busot, salvo íntegramente estos castillos y sus términos", como se dice más arriba, y todos los que están debajo del puerto de Biar hacia Játiva, Denia y la otra tierra del reino de Valencia, y todos los otros, así como se camina entre los términos arriba asignados conforme las aguas vierten a la parte de Valencia. También esta división procede hasta donde el Gabriel entra en el Júcar y desde el Júcar hasta Biar, según antes dicho. Como cada uno, pues, esté contento plenamente de la parte y porción a sí asignada, prometen de buena fe, recíprocamente y sin fraude ni engaño alguno, que no permitirán que ninguno de los dos haga, perciba o consienta ninguna dificultad en la ya dicha parte a cada uno asignada, antes bien, para que la ya dicha división tenga perpetua firmeza y sea siempre firme, el dicho Rey e Infante le dieron fuerza con sus sellos. Dado en Almizra cuando allí tuvieron coloquio. A veintiséis de marzo del año 1244. Era 1252. Son testigos (siguen los nombres). Signo, Guiller-

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ mo, Secretario que escribió lo antes dicho por mandato de los ya citados Rey e infante don Alfonso en el lugar, día, año y era fijados".

Entregas mutuas
En virtud del tratado que acabamos de transcribir, y de acuerdo con lo expuesto por el Conquistador en el pasaje de su "Crónica" que hemos copiado anteriormente, el Rey cumplió su palabra y entregó a su yerno, sin género de dudas, las poblaciones de Villena, Sax, Bugarra y los Capdets. Así, pues, nuestro pueblo pasó a formar parte del reino de Murcia, lo que explica que esta Parroquia perteneciese a la diócesis de Cartagena-Murcia, y en dicho reino permaneció unos sesenta años, es decir, hasta el 8 de agosto de 1304 en que, para resolver las diferencias existentes en las conquistas realizadas por ambos monarcas, se reunieron los jueces compromisarios nombrados por Jaime II de Aragón y Fernando IV de Castilla, a saber, el rey don Dionís de Portugal, el Infante don Juan, hijo del rey don Alonso, y don Ximeno, Obispo de Zaragoza, quienes dieron su sentencia arbitral en la que aparecen estas palabras: "Y assi como ataja el agua de Segura entra al Reyno de Valencia entró al más soberano cabo del término de Villena, que finquen y sean del Rey de Aragón, a su propiedad y de los suyos para siempre, assi como cosa suya propria, con plenario derecho y señorío: y que la jurisdicción de Villena y demás castillos, sean del Rey de Aragón, salvo que la propiedad de Villena sea de don Juan Manuel". También sostienen que Caudete pasó a formar parte del reino murciano a raíz del tratado de Almizra Espinalt y García en su Atlante Español, y don Amador de los Ríos, quien en su estudio histórico-descriptivo de Murcia y Albacete, parte de "España.—Sus monumentos y artes,—Su naturaleza e historia" (Barcelona, 1889), asegura que Caudete estuvo anexionado al reino de Murcia y corona de Castilla desde 1240 en que el rey don Jaime llevó a cabo su conquista hasta el año 1329 que, mediante pacto entre don Fernando IV de Castilla y don Jaime II de Aragón, se desmembró del dicho reino y corona y quedó agregado al de Valencia y corona de Aragón. Notará el lector un pequeño error en esto, pues si Caudete fue entregado, a Castilla en virtud del tratado de Almizra, firmado en 1244, es que hasta entonces lo tenía Aragón. Tampoco estamos de acuerdo en la fecha de su reincorporación al reino valenciano en 1329, creyendo que en esta fecha únicamente se reconocería lo estatuido por la sentencia arbitral de 1304. Comoquiera que de la mencionada sentencia arbitral nacieron también ciertas dificultades, por comisión particular de los Reyes declararon en 26 de febrero de 1305 el canciller de la corona de Castilla, don Diego de Toledo, y el consejero de Aragón don Gonzalo García: "Que del soberano lugar del

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término de Villena do parte término con Almansa (en aquella fecha todavía era Bugarra de Villena), y del soberano término de Caudete, que parte término con Almansa, etc., y todos los lugares que son dentro de los mojones hasta las partes del Rey de Aragón, sean en su jurisdicción´´. Si Caudete no hubiese sido del reino de (Murcia, tampoco hubiera pertenecido nuestra Parroquia a la diócesis de Cartagena, según hemos insinuado. Esto es evidente. Sin embargo, habíamos vacilado en admitir que este pueblo hubiese pertenecido ni un solo día a Murcia antes y después del tratado de Almizra, porque un autor tan documentado como Lorenzo Matheu, dice en el número 5, capítulo XIII de su "Tratado de la celebración de Cortes Generales del Reino de Valencia", que en el número de las veintinueve villas reales a las cuales concedió el Rey don Jaime de Aragón Voto en Cortes, se comprendió la de Caudete", "la que, como tal, asistió a las primeras Cortes del reino de Valencia celebradas doce años después de la Conquista (de la ciudad del Turia) en el año 1250, y en todas las demás que hubo en aquel Reino, como consta de la Recopilación de ellas en el Cuerpo de Derecho Foral, que corre impreso y ha sido la única regla de su gobierno, hasta la nueva introducción de las Reales Leyes de Castilla", añade por su cuenta el doctor don Juan de Riambau en un escrito elevado a S M. en 1736, en nombre de Caudete, con motivo del pleito sostenido contra Villena pidiendo la exención jurisdiccional de dicha ciudad y que se le restituyesen los honores y privilegios de villa. También en el folio 4 del recurso interpuesto por la villa en contra de la misma ciudad de Villena contra el auto de 13 de mayo de 1622 que concedía a los vecinos de ella derechos análogos a los de Caudete, provisionalmente, sobre los Alhorines de la Contención, se dice textualmente: "De todos los quales autos evidentemente se colige que desde que dicho Rey don Jayme primero de Aragón conquistó de los Moros dicha Villa de Caudete, Bogarra y Oliba, y sus términos con dichas confrontaciones, siempre fue dicho término y su jurisdicción del Reyno de Valencia". El licenciado Gaspar Escolano, por su parte, en los capítulos XXI y XXII de la primera de sus "Décadas del Reyno de Valencia", trata con todo detalle y amplitud de los límites de dichos reinos, así como del tratado de Almizra y de las entregas mutuas que se hicieron el Rey don Jaime I de Aragón y su yerno el Infante don Alfonso de Castilla, y da pie para pensar, después de oírle reseñar los actos oficiales, entrevistas y sentencias arbitrales, que Caudete no había dejado de pertenecer al reino de Valencia y corona de Aragón, ya que dice: "A estos términos llegaron los del Reyno de Valencia por la parte del de Murcia. Pero no les aprovecha a los pueblos estar fundados en tierra firme para tener firmeza; que como si fueran olas del mar, ya caen a una mano, ya a otra. Así les acaeció a los deste amojonamiento, que Cartagena y Villena se volvieron al Reyno de Murcia sin

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saberse el cómo, quedando sólo el de Caudete en el nuestro. Por lo cual, en las Cortes que los Reyes de España nos tienen a los vecinos del, todavía se insiste en pedirles que nos restituyan la ciudad de Villena, y se concluye con pretextos, remitiéndose para otras". Escolano (Tomo V, página 93 de su citada obra) no se explica cómo habiendo correspondido tanto la ciudad de Cartagena como la de Villena al reino de Valencia, en virtud de; la sentencia arbitral de don Dionís y demás personajes que aparecen firmados en aquel documento, pasasen después al dominio de Castilla "sin saber cómo ni cuándo" las dichas poblaciones. Pero podemos explicarlo: Cartagena fue regalada por don Jaime II al Rey de Castilla para que diese éste al Infante don Juan Manuel la villa de Alarcón, como lo dice Zurita en sus Anales (Libro V, cap. 67). Y Villena se dió en dote a la Infanta doña Constanza, hija de don Jaime, en su matrimonio con dicho don Juan Manuel, teniendo presente que la propiedad de esta villa, con su término y señoríos, pertenecían de antiguo al Infante de Castilla, si bien la jurisdicción quedó reservada al Rey de Aragón. Mas como el Infante no era vasallo de don Jaime sino de Castilla, sus herederos recibieron la propiedad y la jurisdicción como legado del Infante y de la Infanta, y así pasó Villena a Castilla por costumbre o por negligencia, y no por derecho. Como quiera que tanto Villena como Yecla y Almansa se concedieron a don Juan Manuel, todo el término de Caudete quedó como empotrado en el Marquesado de Villena, siendo ello causa de las mayores penalidades sufridas por nuestra villa debido a la sed insaciable, despotismo y desenfreno de los marqueses de la vecina ciudad, ante cuyas exigencias siempre respondieron los caudetanos con su recio grito de: "Nosotros estamos por el Rey de Aragón", siendo verdaderamente milagroso que este rincón valenciano no fuera absorbido por el feudo que, además de las tres ciudades mencionadas, comprendía Sax, Alarcón, San Clemente, Villar de los Caballeros, La Poveda, Martimuto, Villar de Cantos, El Robredillo, El Pedernoso, Perona, Tres Juncos, Villarejo de Fuentes, Villalgordo, Almonacid, Conches, La Señuela, Fuente del Cobo, Utiel, Chinchilla, Hellín, Tobarra, Iniesta, Villanueva de la Jara, Albacete, Villarrobledo, La Roda, Munera, Lezuza, Bonillo y Villanueva de la Fuente. Grande debió ser la fidelidad de los antiguos caudetanos para no entregarse a la voracidad de un señor feudal del que hubo de decir el rey don Enrique IV: "Quisiera ser dueño de todo el mundo para ver si saciaba la avaricia de Juan Pacheco". Sin embargo, como veremos más adelante, no pudo Caudete impedir que los ambiciosos marqueses le quitaran una faja o manga que la unía al resto del reino valenciano, dejándola reducida a una isla de la Corona de Aragón dentro del mar que era dicho marquesado, resistiendo todos los

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ataques y provocaciones hasta que por la causa mayor de la Guerra de Sucesión pudo al fin Villena vengarse del noble empeño caudetano de permanecer dentro de los límites del reino de Valencia, y borró nuestra villa del mapa, convirtiéndola en aldea o lugar suyo, como lo es ahora La Encina.

Expulsión de los moriscos
No se cumplió, desde luego, la amenaza expresada por don Gimen al moro Mauro, en la escena IV del día 2.º de los "Episodios Caudetanos", de empedrar las calles de la villa con cabezas de africanos, al tener que tomar por la fuerza el castillo, ya que los moros vencidos pudieron quedarse en el término, aunque teniendo que desalojar las casas de la villa amurallada y vivir en los barrios próximos, así como en los poblados de Oliva y Almizra, dedicándose al trabajo del campo y de artesanía, sin ser molestados por conservar su lengua y religión. Las casas, huertas y tierras de laboreo, pasaron a poder de los ricoshombres, caballeros y pobladores venidos con las huestes del Rey don Jaime I por haberlo prometido así el monarca en las Cortes de Monzón el año 1236, antes de emprender la conquista del reino de Valencia: "Y conforme lo conquistaba cumplía lo prometido con religiosa exactitud" (1). No supieron, sin embargo, estarse quietos y sumisos los moros que quedaron en el término de nuestra villa, pues nunca se resignaron sinceramente con el dominio cristiano. Lo sufrían porque a ello les obligaban las circunstancias, pero siempre estaban dispuestos a probar fortuna apenas se presentase ocasión de sacudir el yugo. Y la ocasión se presentó. El Rey Alhamar de Granada, amigo y aliado del Rey Sabio, se puso de acuerdo con los moros murcianos para sublevarse y la rebelión se produjo inmediatamente. "No fue menester más que la invitación del granadino—dice don Modesto la Fuente—para que se alzaran simultáneamente al grito de guerra, y al nombre de Mohamed Ben Alhamar," los sarracenos de Murcia, de Lorca, de Mula, de Arcos, de Lebrija, de todas las poblaciones, desde Murcia hasta Jerez" (1). Después de un sangriento combate en Alcalá la Real contra las tropas de don Alfonso (1262), en el que quedaron los moros dueños de la situación, los sarracenos de Murcia se hicieron dueños de la mayoría de los castillos de la región. Los moros caudetanos se fueron en su mayoría a Villena, que quedó fuertemente en poder de los sarracenos. Viéndose apurado el Rey castellano don Alfonso X, requirió la ayuda de su suegro don Jaime de Aragón. El Conquistador accedió al ruego de su

(1) Mariana, de Reb' Hispaniae, lib. 12, cap. 19. (2) Historia de España, tomo 6o, pág. 36.

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yerno, y vino a Caudete, desde cuyo Real organizó el asalto a Villena, aunque no fue menester efectuarlo porque los moros de la vecina ciudad se rindieron mediante pacto benévolo firmado con ellos. Don Jaime conquistó el reino murciano, entrando triunfante en la ciudad del Segura en febrero del 1265, pero fiel a lo acordado en Almizra, lo entregó a su yerno y él se retiró a sus estados. Debido a la participación de los musulmanes caudetanos en el levantamiento de Villena y a otras actividades subversivas, a pesar del grave quebranto que la medida suponía para la agricultura y la economía en general, pidieron y obtuvieron del Rey nuestros antepasados que decretara su expulsión llevándose ésta a cabo en una fecha que no podemos determinar con exactitud. Los "Episodios Caudetanos" recogen el histórico acontecimiento en la escena III del día tercero, y se desprende que los moros fueron escoltados por un destacamento del ejército regular y caballeros de la villa, a fin de que no se les molestara en el triste éxodo. De esta forma hubo en el término unidad de lengua, costumbres y religión, compensando esto con creces la indiscutible pérdida que supuso la ausencia de tan buenos artífices y cultivadores como eran aquellos musulmanes. No sabemos si por entonces se destruirían en todo o parcialmente los poblados de la Alácera y Oliva, de los que tan pocas noticias medievales se nos han transmitido.

CAPITULO VII
Villa Real del reino de Valencia y Corona de Aragón
(1305-1707)

Solucionado el asunto de la jurisdicción territorial, según hemos visto en el capítulo precedente, y expulsados los moriscos de su término, Caudete empezó una vida de relativa tranquilidad y sosiego, como una de las 29 villas reales del reino de Valencia, con derecho a voto en las Cortes y asiento en las mismas. Las poblaciones que tenían voto en las Cortes valencianas eran (1): Ciudades: Valencia, Xátiva, Orihuela y Alicante. Villas: Morella, Alcira, Castellón de la Plana, Villa Real, Ontiniente, Alcoy, Onda, Carcaxente, Callosa del Segura, Xixona, Xérica, Penáguila, Liria, Cullera, Burriana, Alpuente, Peñíscola, Bocairente, Biar, Ademuz, Castellfabí, Capdete, Corbera, Villanueva de Castellón, La Yesa, La Ollería, Beniganim y Algemesi Nuestro pueblo permaneció siendo valenciano, salvó un corto intervalo, hasta que, a pretexto de la Guerra de Sucesión española, logró Villena, según se ha dicho en el capítulo anterior, anular por completo a Caudete, alcanzando así una mal disimulada aspiración de siglos, como se verá en el lugar correspondiente. El largo período en que esta villa fue del reino de Valencia y corona de Aragón se caracteriza por su importancia política, económica y militar, añadiéndose a todo ello el gran acontecimiento religioso que constituyó la aparición de la sagrada imagen de la Virgen de Gracia, su excelsa Patrona, que ha venido siendo desde entonces el eje de toda la vida caudetana y el elemento de mayor unión de identidad entre los caudetanos de las sucesivas generaciones sin distinción de clases e ideas.
(1) Mariano Madramony y Calatayud: "Tratado de la Nobleza de la Corona de Aragón (Valen-, cia 1788, capítulo XXV).

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Adquisición de Bogarra
La Bigerra romana era una población de cierta Importancia al producirse la reconquista cristiana, pues ya hemos visto cómo se la nombra en el Tratado de Almizra. Su término era extenso: lindaba con el de Almansa, Fuente la Higuera, Onteniente y Biar, además de hacerlo con los de Villena (en cuya jurisdicción se hallaba) y Caudete. Esta villa nuestra necesitaba gran parte de dicho término para no estar aislada del resto del territorio valenciano, y por lo mismo, como quiera que

Término de Caudete después de la adquisición de Bugarra

Caudete debía tener una economía floreciente por aquel entonces, y una no menos honrada administración pública, su Concejo tuvo tratos con la ciudad de Villena y, llegados a común acuerdo, nuestros representantes compraron el año 1355 la villa y términos de Bogarra. Los cronistas de esta provincia, señores don Joaquín Roa y don Narciso Blanch e Illa hacen referencia a hecho tan importante y trascendental para Caudete, y el segundo de ellos en la página 11 del capítulo 11 de su "Crónica de Albacete", asegura que Bogarra estuvo ya fundada 300 años antes de J. C. y que Caudete compró la vega de dicha villa, el año que hemos indicado, a doña Berenguela García y a N. López, añadiendo dicho autor que la villa estuvo unida a Caudete a juzgar por la multitud de cimientos y argamasas,

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hormigones y gruesas paredes que se han descubierto desde una población a otra (distantes media legua), formando a consecuencia una gran ciudad. Con tal adquisición, el término de Caudete entró en posesión de los célebres Alhorines de la Contención (1), por donde lindaba con Onteniente y Fuente la Higuera, así como con Biar, es decir, que la línea de contacto de Caudete con el resto del reino de Valencia fue ya muy amplia. De esta forma tuvo nuestra villa la mayor extensión territorial que ha conocido, y que debería tener aún en la actualidad si hubiese imperado la justicia y el derecho, y no la fuerza y arbitrariedad. El hecho de la compra de Bogarra lo expresa también claramente García Jofre, señor de la villa de Caudete, quien en su último testamento hecho a 13 de julio de 1376 dice textualmente que "el Concejo de Caudete compró con sus dineros a Bogarra" (2).

Nuevos cambios de dominio
En la Edad Media, con el régimen feudal entonces imperante, las villas y ciudades se compraban y vendían como hoy se adquieren y enajenan fincas cualesquiera, sin contar para nada con el parecer de sus moradores. Las transacciones se hacían entre pueblos y entre éstos y señores. Uno de estos ricos señores, García Jofre, compraría a Caudete y él mismo o un sucesor suyo, García Jofre Lisón, la vendió a la Corte de la Gobernación de Játiva. Por ser tan grandes los términos de nuestra villa y tan estratégica su situación, la quiso adquirir el Rey don Alfonso V el Magnánimo, de Aragón, y al efecto, encargó a Juan Mercader, bayle general de la ciudad y reino de Valencia, que la comprara en su nombre : como así sucedió, extendiéndose la escritura de compra-venta en 24 de noviembre de 1422, entrando el Rey en posesión de lo adquirido en 27 de dicho mes y año. Por la Crónica del Reyno de Valencia, de Escolano y Viciano (3), sabemos que el año 1429 rompía guerra el Rey don Juan .II de Castilla con don Alfonso V de Aragón, y que, habiendo sitiado y combatido a Caudete, le tuvo en su corona hasta el año 1436 en que hicieron las paces y se restituyeron un rey a otro cuanto se habían quitado en dicha guerra. La entrega de Caudete a don Alfonso, con su castillo, término y jurisdicción anteriores, se efectuó el 5 de noviembre de 1436, según consta en el folio 3.º vuelto del citado escrito redactado por el doctor don Francisco Escolano.
(1) El término "Alhorín" significa tierra de mucho pan llevar. (2) Escrito citado del Dr. Francisco Escolano, folio 2. (3) Libro 9.º, n.° 2, folio penúltimo.

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Alfonso V, que había pasado la mayor parte de su vida en Italia, siendo un verdadero Principe del Renacimiento italiano, más atento a los asuntos de Nápoles que a los de nuestra Península, se trasladó definitivamente a la bella ciudad partenopea en 1442, y allí permaneció hasta el fin de su vida, encargando la gobernación de los dominios de esta parte, a la reina doña María y a su hermano Juan, que estaba casado con doña Blanca de Navarra. Este monarca, en nombre de don Alfonso, vendió la villa caudetana, sus términos y jurisdicción, a la villa de Onteniente en el primero de julio de 1446 por tres mil florines, y en el mismo año dicho Rey don Alfonso otorgó poder a Jaime de Malferit, en 17 de agosto, para dar la posesión a Onteniente. Gaspar Escolano trata con todo detalle este extremo en el capitulo XXXVII del libro IX de sus citadas "Décadas", y dice así: "La villa y castillo de Capdete con el lugar de Bugarra le fueron vendidos (a Onteniente) de voluntad y consentimiento de los tres estamentos, celebrando cortes en Valencia, por el Rey don Alfonso el quinto, su hermano el Rey don Juan de Navarra, lugarteniente y capitán general en este reino; como lo reza la escritura de venta, que se le hizo a primero de julio de 1446, de la qué fueron testigos "don Luis Despuig, Cavallero de Montesa y Guillén de Vich, cavallero y Maestre racional de Valencia, y referenda del Secretario Juan de Saburgada". El motivo que se tomó para esta vendición, nació de una queja que en las cortes representaron los estamentos de que el dicho rey don Alfonso hubiese vendido a mosén Jaime Ferrer, camarero del rey don Juan (bisagüelo de don Jaime, que es hoy Gobernador de Valencia), la villa de Caudete y lugar de Bugarra, siendo prohibido por fueros, enajenarlas de la Corona; y que caso que la necesidad de dinero, en que se hallaba el rey, fuera tanta que le apremiara a ello, le suplicaban se entregase a una villa poderosa como Onteniente, por ser real y bastante a guardar aquellas plazas, que están en frontera de Castilla, de los acontecimientos de su rey, y socorrerlas en las ordinarias correrías que hacían los castellanos (de Villena). Pareció justa la demanda, y así, con universal aprobación, tomó Onteniente los dichos pueblos por tres mil florines (que era el precio concertado y pagado por el Ferrer) reservándoles el rey carta de gracia a sus vecinos y el derecho de poderse rescatar por los tres mil florines, y de reunirse en la Corona real". Así sucedió, efectivamente, al poco tiempo con magnánima disposición de Onteniente.

Títulos, Privilegios y Escudo de Caudete
De lo que Caudete representaba en el antiguo reino de Valencia dan idea los títulos y privilegios con que la honraron los monarcas aragoneses y de la Casa de Austria, quienes a lo largo de su historia la llamaron Muy Noble,

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Muy Leal y Fidelísima Villa, dándole por escudo un castillo de tres cuerpos superpuestos, por encima del cual aparecen las cuatro barras de Aragón y sobre ellas una corona real; en él centro hay dos llaves atravesadas por detrás del rombo que contiene las barras; a los lados del castillo se ven dos alas de paloma, y debajo de ellas, las letras C y D. Todo ello tiene un fondo azul, y sobre él hay cuatro estrellas de ocho puntas, y alrededor del escudo, ocho estrellas más.

Escudo de Caudete

La significación de estos signos heráldicos es la siguiente: la corona, barras y llaves cruzadas, indican haber pertenecido la villa a la Corona de Aragón y ser su limite por donde cerraba dicha corona o reino; el castillo, haber sido la misma villa defendida por él; las alas, la presteza con que los caudetanos acudían a la defensa de sus reyes y de la Patria; las estrellas, los hechos brillantes o luminosos con que siempre se distinguió este pueblo; y las letras C y D, son las iniciales de su nombre de origen: Caput Deitano-

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ rum o Capdetum y Capdet, hoy Caudete. El color azul que sirve de fondo expresa celo, justicia con caridad, hermosura y lealtad al Príncipe. En el Real y General Archivo de la Corona de Aragón que existe en la ciudad de Barcelona, entre los registros de tiempos del rey don Alfonso IV, existe uno, cubierto de pergamino, de fecha 6 de julio de 1329, por el que confiere a Caudete los fueros, costumbres, libertades, privilegios y buenos usos que había venido disfrutando. El rey don Pedro IV el Ceremonioso, confirmó los antedichos privilegios y concedió a nuestra villa el de franqueza de derechos reales. El mismo monarca otorgó a Caudete, en 1362, privilegio de feria por quince días, a partir del día de San Miguel, conforme aparece referenciado en un decreto dado en San Lorenzo de El Escorial por el rey don Felipe II en 14 de octubre de 1584, copiado por nosotros en el Archivo del reino de Valencia, sección del Real, Diversorum, núm. 362, folio 154 vuelto. Más tarde el rey don Martín confirmó todos los privilegios anteriores en 15 y 17 de noviembre de 1402, según aparece al folio 177 de un registro con cubierta de pergamino del Archivo de la Corona de Aragón de la ciudad condal, titulado: Regís Martini Gratiarum Octavum de annis millesimo quadrigentessimum secundo. Y de este mismo rey se halla otro registro, también con cubierta de pergamino, intitulado: Regis Martini Gratiarum Octavum de annis milíesimo quadringentessimo usque ad millesimum quadringentessimum secundum, el cual contiene una Real confirmación en el folio 176. El año 1427, el mismo rey don Alfonso V el Magnánimo, concedió a Caudete el privilegio llamado de Demanio, por el que unió la villa a la Corona de Aragón, con perpetua prohibición de enajenarla, no como quiera, sino en remuneración de sus servicios. Y esta concesión se confirmó en las Cortes del año 1470 por el rey don Juan segundo, según aparece reseñado en el núm;. 61, folio 9 vuelto, del escrito redactado por el doctor don Juan de Riambau, pidiendo en nombre de la Villa se le eximiera de la jurisdicción de Villena el año 1736. El rey don Felipe III de Aragón y Castilla, en 18 de febrero de 1604 confirmó los privilegios concedidos a esta Villa por sus antecesores, otorgándole nuevamente privilegio de franqueza de todos los derechos reales, según estaba concedido a las villas de Onteniente, Biar y otras del reino de Valencia, confirmación del privilegio de feria (1), de sacar cierta porción
(1) Esta confirmación del privilegio de feria otorgado por Felipe III no es sino la resolución de la instancia formulada por Caudete al rey don Felipe II, y a la que se refiere el documento copiado por nosotros como hemos dicho, en el archivo del Reino de Valencia, y que es del siguiente tenor literal: "VILLAE CAUDET == El Rey == Egregio Conde, pariente mío, lugarteniente y capitán general, magníficos y amados consejeros. Por parte de la villa de Caudete desse mío Reyno nos ha sido hecha relación del Serenísimo Rey'don Pedro de Aragón, mío predecessor de gloriosa memoria, en el año de mil treszientss sessenta y dos concedió a la dicha villa privilegio de feria por quinze días y que se comencasse el día de sanct Miguel, y ha hecho presentación de un traslado auténtico del dicho privilegio, suplicándonos le hagamos mérito de confirmarle el dicho privilegio, cuyo traslado se os embía con esta señal del Lugarteniente de Protonotario, dezimos, encargamos y mandamos que

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de aguas para riego de tierras, y de hacer un molino; privilegio de que sesenta personas, cabezas de familia, elegidas por la Villa para consejeros, hagan consejo general, y sus determinaciones y acuerdos sean de tanta fuerza y valor como si fuera determinación de toda la villa, vecinos y habitadores de toda ella; y en atención a ser villa real, con entrada y voto en Cortes, le señaló lugar en ellas. El rey don Felipe IV de Castilla y Aragón confirmó todos los privilegios concedidos a dicha villa, y especialmente los de franqueza, y la facultad de que los vecinos y habitadores de Caudete puedan sacar aljez o yeso en las mojoneras de Villena y Yecla, y que lo saquen francamente y sin impedimento. El rey don Carlos II escribió carta a esta Villa dándose por muy satisfecho de los servicios que le había prestado, expresándole que era consecuente a la fidelidad que siempre había manifestado y a la confianza que de ella y de sus vecinos tenía, y que los procuraría atender y hacer mercedes en general y en particular.

La población en la alta Edad Media
No disponemos de documentos que nos ilustren detalladamente y por entero sobre las características y extensión del poblado caudetano en las postrimerías del siglo XV y en el XVI, pero podemos idearlas basándonos en algunos datos de aquellos tiempos llegados a nuestro poder. Evidentemente el mayor núcleo continuó siendo la "villa", es decir, el barrio de dicho nombre, edificado por los moros y circundado por estas murallas. Ello nos consta porque si en 1586 se trasladaron los PP. Carmelitas al actual convento "sito en el arrabal de la Villa", según consta de documento fehaciente, poco habría aumentado el caserío por esa parte. El barrio de San Cristóbal, luego de Santa Ana, en cambio, debió crecer bastante hasta unirse no sólo con el de la Rambla, sino también con el de la "villa", siendo el accidente que los separaba la rambla que baja de las cuevas para seguir por la calle del Muro. Del caserío o poblado de Almizra, no nos dicen nada las crónicas y documentos de dicho período que hemos consultado, lo que indica que, o bien quedaría destruido con motivo de las guerras sostenidas con los moros o durante las luchas entre castellanos y aragoneses por estos límites fronos informéis de lo que se refiere por parte de la dicha Villa, y si de conceder lo que suplica, puede resultar prejuicio de tercero y avisárnoslo éis con vuestro parescer, puede effectuarlo con brevedad seremos servido.= Dado en San Lorenco el Real, a 16 octubre MDLXXXIV = Yo el Rey = Vidit frigola vicecancellarius — Vidit comes generalis thesaurarius — Vidit Don Hieronhimus Corella - Vidit Terca regens — Vidit Sapena regens — Vidit Campi regens — Vidit Marzil'a regens == En el centro: "Franquessa - loqumtenentis - protonotarii = Al Virrey y Audiencia de Valencia que se informen sobre la confirmación del privilegio de feria que suplica la villa de Caudete".

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terizos, debiendo haberse trasladado sus vecinos y habitadores a Bogarra y a los barrios próximos a Caudete. Tanto Oliva como Bogarra debían ser todavía florecientes, pues en el mencionado escrito del doctor Francisco Escolano, recurriendo contra el Auto de 23 de mayo de 1622 sobre los Alhorines, se citan con abrumadora frecuencia los términos y linderos de ambos poblados. Hay más: Don Narciso Blanch e Illa, en su "Crónica de Albacete" dice que nuestra Bogarra era en 1483 una población de ochenta a cien vecinos, y tenía mojones propios que la delimitaban con Almansa, Villena, Biar, Fuente la Higuera y Caudete (aun falta con Onteniente). Para el sagrado culto se contaba con la pequeña iglesia parroquial de la "villa", más las ermitas, aun existentes, de Santa Ana o San Cristóbal y San Antón, así como las desaparecidas del Rosario y San Sebastián, según se desprende de un "curioso manuscrito, en forma de códice, compuesto en el último pasado siglo (el XVIII)", dado por el profesor de instrucción pública de la villa de Caudete, don Raimundo Zalve, a don Joaquín Roa, autor de la "Crónica de la Provincia de Albacete" que ya hemos referenciado, y de documentos que se conservaban a principios del actual siglo XX. Como quiera que las ermitas se edificaban, salvo raras excepciones, en donde había núcleos de población, al objeto de servirles religiosamente, no cabe duda que los actuales barrios de Santa Ana, así como las calles altas de, San Agustín, San Pedro, San Pablo, San Bartolomé, Rambla, Moto y barrio de este nombre, existían entonces con un censo que no sería inferior al actual, pues por esa parte no ha crecido el pueblo, antes al contrario ha ido disminuyendo gradualmente. Después, como sucedió en toda España con motivo del descubrimiento y colonización de América, disminuyó sensiblemente el número de habitantes, para emprender más tarde una ininterrumpida curva ascendente, que aun continúa.

La justicia medieval en el Reino de Valencia
De un artículo firmado por Adolfo Villalba del Campo, aparecido en el suplemento "Valencia", del diario "Levante", de 2-XII-1955, entresacamos las líneas que siguen que no dudamos ilustrarán a nuestros lectores sobre la administración de justicia en todo el reino valenciano, y por ende en nuestra Villa, durante los tres primeros siglos que estuvo incorporada a él. El baile era juez en causas contra judíos y moros en lugares de realengo. El justicia tenía competencia en asuntos de penalización y atendía todas las causas civiles y criminales. Manteníase en su cargo este funcionario durante un año, siendo su elección de carácter popular. Con el tiempo, el

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cargo de justicia evolucionó y se desglosó en tres personas que entendían en los asuntos civiles, criminales y de menor cuantía, respectivamente. Entre las penas que se aplicaban a los reos figuraban: el descuartizamiento; la decapitación; la cremación en vivo, en cadáver o en estatua; la horca; la mutilación de orejas y manos; la flagelación... Cuando se condenaba a un delincuente a ser azotado, se le paseaba por las calles de la población desnudo de medio cuerpo, aplicándole golpes de disciplina en sus espaldas. Otros habían de ir "tots nus correguen per els carrers ab acots, quels serán donats, co es, l'hom en bragues e la fembra ab un drap entorn la cinta por cubrir lurs vergoyes". A los blasfemos se les condenaba "sots pena de metre un clau en la lengua". El cargo de morro de vaques lo desempeñaba un funcionario que tenía en su haber todos los actos de verdugo y su función no estaba tasada con un salario habitual, sino que percibía los pagos exclusivamente cuando ejercía su ingrato cometido y en tales casos obraba con una norma económica preestablecida: "Per squarterar, cobraba 33 solidos; per posar los quarters per los camins, 11 s.; per cremar, 22 s.; per cremar en estatua, 11 s.; per penjar, 11 s.; per portar lo penjat a carraxet, 11 s.; per despenjar lo penjat, 11 s.; per acotar y per la bestia, 6 s. y 5 diners; per levar orelles, 11 s.; per levar lo puny, 5 s. y 6 d.; per turmentar, per cascun turment, 5 s. y 6 d.".

CAPITULO VIII
Aparición Gloriosa de Nuestra Reina y Señora María Santísima de Gracia (1)

La villa de Caudete, tanto en los años del dominio sarraceno como en los que transcurrieron después, de agitada historia, miraba con él mayor afecto y ternura al partido de los Santos, donde había tenido su trono de clemencia la Soberana Reina María. Las mismas ruinas que en dicho término y sitio veía, le recordaban lo suntuoso y magnífico de la antigua casa de su dulcísima Madre, y le renovaban al mismo tiempo el más vivo dolor de tan incalculable pérdida. Pero corriendo ya el año 1414, la Reina de los Angeles quiso satisfacer piadosa a sus tiernas ansias y deseos. En ese año se dignó María Santísima aparecer a cierto pastorcillo llamado Juan López, hijo de Pedro y María de la Paz, vecinos y naturales de la villa de Paracuellos de la Vega} del Obispado de Cuenca. Estaba éste apacentando sus ovejas en la sierra de la Zafra (Alhorines) (2), dos horas distante de la villa de Caudete, y al mismo tiempo tenía embebido su espíritu, dulcemente ocupado en las alabanzas de la Emperatriz de cielos y tierra, María, cuando esta gran Señora se le deja ver en el aire, circundada de resplandores celestes y una multitud de hermosos Angeles, que le hacían la corte; le habla amorosa, y le dice el gran tesoro que encerraba en sus senos la tierra del partido de los Santos, término de la referida villa de Caudete; y le manda luego partir hacia ésta y anunciar de su parte a su justicia y jurados, que en su campo saguntino y territorio de los Santos, en el sitio que ocupaba la más lozana retama que registrarían sus ojos, hallaría una prodigiosa Imagen suya, la que reconocerían protectora en todas sus necesidades y proclamarían por tutelar Patrona.
(1) En este capítulo seguimos la "Historia de la Virgen" ya citada. (2) La Stma Virgen de Gracia, patrona de Caudete, se apareció al pastor Juan López en terreno caudetano. No parece sino que la Virgen de Gracia quiso significar que los Alhorines no debieran dejar de ser del término de Caudete.

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Retabl o del santuari o de Nuestra Señora de Graci a, en el que se representan l os hechos principal es de l a historia de l a Vi rg en

Retenido el pastorcillo, ya por natural encogimiento, ya por el temor de que fuese engañosa esta visión, que parecía celeste, dejó de poner en obra lo que se le había mandado con tanto aparato y gloria. Llegó el mes de marzo de 1414, en que finaba el tiempo acostumbrado de dar pasto a su ganado en las cercanías de Caudete (que lo era desde noviembre a marzo), y regresó a Paracuellos. Ya se hallaba en la partida de la Hoz, término de

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Detalle de la aparición de la Stma. Virgen al pastor Juan López

su patria, donde, fatigado del camino, trató de reposar algún tanto junto a la fuente que hoy se llama fuente de la Virgen. Gozoso con los alivios que sentía en su cansado cuerpo, y mucho, más con los que percibía en su candorosa alma, dulcemente embebida en la contemplación de las excelencias grandes de la Madre de Jesús, María Santísima, su espíritu se ve inundado de un júbilo celestial; y Nuestra Señora, con tanta o más gloria y magnificencia que en la sierra de la Zafra, se le aparece y con aspecto serio le reprende la resistencia que había hecho a su soberano mandato. El pastorcillo Juan, postrado ante la Virgen, confuso como otro Moisés a la vista de la misteriosa zarza, se humilla, se anonada y se reconoce indigno de tan celestial embajada: parecele que por su ninguna representación

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ no se ha de dar crédito a sus palabras. Pero la Emperatriz de cielos y tierra le anima y le da credenciales a las que no pueda resistir la más audaz incredulidad. Era Juan López manco de nacimiento, y María Santísima le da milagrosamente brazo en un todo expedito para todas sus funciones, el cual acredite su alegre embajada y sirva a todos del más auténtico y público testimonio. Animoso ya Juan con tan manifiesta maravilla del cielo, pasa al punto a Paracuellos; sus patricios se asombran a la vista de tan patente milagro y todos cobran afecto a la Virgen de Gracia, que, aparecida en la fuente, obró tan irrecusable prodigio. La continuación de gracias que se experimenta por medio de las aguas de esta fuente, ha hecho que se mire con tanta piedad y devoción, que no han parado los agradecidos hijos de Paracuellos hasta levantar una obra famosa de piedra sillería en adorno de la fuente y honra de la ermita en que, desde entonces, se venera a María Santísima bajo la dulce invocación de Gracia. Puesto, pues, el pastorcillo dicho en su patria, tomó de ambos cabildos el testimonio fehaciente de su naturaleza y procedencia, de ser él manco de nacimiento, y de haber curado repentinamente por el milagro de la Virgen; y con la garantía que exhibían tales credenciales, dejó gozoso su patrio suelo para encaminarse al lugar de su embajada. Apenas llega a Caudete manifiesta a la justicia y jurados (1) no sólo los documentos que traía en abono de su persona, si que también la dignación prodigiosa que con él había usado María Santísima de Gracia; e inmediatamente les comunica la orden que le intimó tan gran señora. Dirigiéronse con placer al determinado sitio y término de los Santos ambos cabildos y un gran concurso de vecinos de la villa acompañados del pastorcillo Juan, a quien dieron crédito sin dificultad por llevar en su candida sinceridad el carácter de verídico, además del milagro que presentaba en su mano, para que de todos pudiera ser visto. Comenzaron a cavar la tierra que cubría la raíz de la retama señalada por el pastorcillo, cuando con admiración de todos y un júbilo inexplicable, oyen repetidos tañidos de una campana bajo de ella. Animados con tan notable suceso, a breves diligencias que siguieron, hallaron dos capillitas de yeso, como ya se dijo: en la una estaba colocada la Sagrada Imagen de Nuestra Señora de Gracia dentro de un tabernáculo o nicho de madera; y en la otra se halló la del glorioso San Blas, Obispo y Mártir, puesta también en otro tabernáculo o nicho de la misma materia, entrambos a modo de doseles (los que permanecieron intactos hasta el año 1741, expuestos a la

(1) Cuando Juan López vino a presentarse a las autoridades caudetanas, el concejo de la Villa funcionaba, según tradición, en las casas de la calle de Mates señaladas actualmente con los números 5 y 7.

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Primitiva imagen de Nuestra Señora de Gracia

vista y atención de los curiosos o devotos peregrinos) y también cuatro tablas que circuían la Sagrada Imagen de María Santísima por que no le llegase la tierra. En éstas se registraban, de pinturas antiquísimas, los Misterios de la Encarnación, Nacimiento del Señor, Epifanía y Huida a Egipto. En dicho año y siguientes, la indiscreta devoción halló medio para hacer disminución, así de los tabernáculos como de las tablas, tomando para reliquias con ocasión de dar principio a la nueva y suntuosa basílica de Nuestra Señora de Gracia. Halláronse también unas tablas de cinco palmos de largo, que impedían llegase la tierra a la imagen de San Blas en su capillita. En estas tablas se ve de pintura la imagen de San Martín, Obispo Turonense, expresando el suceso de que, montado en su caballo, partió la capa con el pobre que le pedía limosna, dividiéndola con su espada, y un lema de letras góticas,

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ que dice: Martinus, adhuc cathecumenus, hac me veste contexit. Créese que era San Martín Obispo el titular del monasterio que allí florecía antes, el que, según las ruinas que en el día se dejan ver en el mismo sitio y circunferencia de la capilla, era muy capaz y suntuoso. Hallaron también una Cruz de madera de algo más de un palmo de ancha y poco más de larga; toda esta obra es de mosaico, según las hechuras de los tabernáculos, arquitecturas de medio relieve y demás molduras que al presente permanecen. Tiene muchas imágenes de medio relieve unidas a ella por la parte exterior en los cuatro lados y cubierta; y por dentro de dicha cubierta se halla el misterio del fallecimiento de María Santísima, asistida de los doce apóstoles; a su lado derecho está Santa Catalina, Virgen y Mártir; y al izquierdo la Virgen y Mártir Santa Bárbara, ambas con las insignias de su glorioso martirio. Por de fuera, a los cuatro ángulos de la citada cubierta, están los cuatro Evangelistas con efigies de Hombre, Buey, León y Águila; en medio de los cuatro Evangelistas había una imagen en un pentágono, que ahora falta y se ve descubierta la madera. Tiene también la mencionada cubierta una orla de letra gótica, que dice: Ave, María, gratia plena, Dominus tecum, benedicta tu in nwlieribus, et benedictas fructus ventris tui. En sus cuatro lados exteriores tiene dicha cajuela demarcados ocho misterios de nuestra santa fe católica, y son: Encarnación del Divino Verbo, Visitación de la Madre de Dios a su prima Santa Isabel, Nacimiento del Señor en el portal de Belén, aviso que dió el Ángel la noche del nacimiento de Jesús a los pastores, Adoración de los tres Magos a Cristo Nuestro Señor recién nacido, Purificación de María Santísima y Presentación de su Divino Hijo en el Templo, Degollación de los niños inocentes y la Huida de Jesús, María y José a Egipto (1). Encontróse también una campana, que es la que se oyó tocar antes del descubrimiento de las Santas Imágenes; su metal pesa tres arrobas. En ella se dejan ver letras góticas mayúsculas que dicen: Ave María: vox Dei sonat. Esta campana se colocó en el campanario de la primitiva ermita que se consagró a Nuestra Señora de Gracia, y después se trasladó al de la nueva, levantada el año 1758, donde permaneció hasta el año 1815, en que la piedad, devoción y buen celo del doctor don Carlos Amorós y Herrero, capellán de la referida ermita, natural de la villa de Caudete, teniendo algún quebranto en tan gran reliquia, expuesta a la inclemencia de los tiempos, indujo a que se trasladara, para su mayor conservación, al camarín de Nuestra Señora de Gracia, y se colocase sobre el arco interior, de modo que
(1) La Ilustre Mayordomía de la Virgen de Gracia vendió dicha caja en agosto de 1913 a don Juan Lafora, de Madrid, después de estudiado su valor histórico y apreciativo, y de haber recibido de Roma rescripto pontificio del 7 de diciembre de 1912, cuyo original está archivado en Orihuela, autorizando dicha venta, por precio de doce mil pesetas, cantidad que se invirtió en la pavimentación,

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se dejase ver desde la nave de la iglesia, sin perjudicar la agradable y hermosa vista de la Soberana Reina. Para llevar a efecto tan devotos deseos, se fundió una nueva campana de metal de más de veintisiete arrobas de peso, que se colocó en el lugar que ocupaba la primera. Últimamente, se halló una lámina de plomo en forma ochavada, de un dedo de gruesa, en que, con letra gótica, se daba razón del título de Nuestra Señora de Gracia, con la noticia del cómo y cuándo fue ésta trasladada del Monasterio de Monte Casino al de la villa de Caudete, y la causa de su ocultación en los senos de la tierra. De esta lámina dieron señales ciertos ancianos que vivian por los años de 1730; y don Juan Martínez Roca, Rector y Vicario foráneo de esta villa, quien confesó haber conocido dicha lámina, que estaba envuelta en un lienzo, en la capilla de las Rocas, donde se representaban los Autos o Historia de la Virgen, con el beneplácito del ilustrísimo señor don Andrés Balaguer, Obispo de Orihuela, cuyo decreto original se puede ver en el libro 1 de Administración de Nuestra Señora de Gracia, folio 7 y siguientes, el cual se conserva en el archivo de la iglesia parroquial de Caudete. También confesó el mismo don Juan Martínez, que en el circuito de la citada lámina servía de orla a la imagen que estaba en medio de medio relieve una inscripción de letra gótica semejante a la de la cajuela de reliquias, aunque algo más pequeña, y que él mismo vió sacar en los autos esta misma lámina y caja de reliquias. En el año 1772 no sólo el sobredicho Vicario Foráneo, si que también los RR. Presbíteros don Bernardo Rey, don Jacinto Gallud, don Francisco Albertos, don Alonso Ángel, mayordomo de la santa casa, y don Antonio Conejero Ruiz, declararon ante don Alejandro Pascual y Ochoa, Canónigo de la santa iglesia de Orihuela y Visitador general de la Diócesis, que en los Autos o representación de la Historia de la Virgen usaban los antiguos de los mismos originales simulacros de María Santísima y de San Blas, caja de reliquias, lámina de plomo, campana y demás que se halló custodiado tantos siglos bajo la retama. Trasladóse la sobredicha lámina para su mayor custodia a a sala capitular de la villa, y tan celosa determinación fue la causa de haber desaparecido; porque en las guerras que por los años de 1706 ocurrieron en estos reinos, padeció saqueo varias veces Caudete, y los émulos (bien conocidos, archivo municipal) de sus glorias, allanaron la casa de su Corte, y rasgaron maliciosamente los documentos originales que autentizaban sus privilegios reales y servicios de valor y lealtad a los soberanos de la Corona de Aragón (1), antigüedades y títulos gloriosos del milagroso hallazgo de las santas imágenes. De haber existido en la sala de Ayuntamiento tan apreciables documen(1) Algunos de ellos obran en archivos nacionales.

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tos y reliquias dieron oportunamente fe personas calificadas que habían gobernado en el tiempo próximo antecedente, y fueron oficiales de la villa como justicia civil y criminal, jurados, almotacén y síndicos generales, que, por sus oficios, entendieron y leyeron dichas escrituras que obraron antes de las guerras en el archivo de dicha sala. Constan sus testimonios en un acta escrita de puño y letra por don Juan Francisco de Medina, Notario y Escribano de la villa de Caudete y de su sala, que falleció en 1698 y que poseyó el doctor don Bernardino Amorós y Samateu, muerto en el año 1728, siendo los declarantes don Valentín Madina y Tormo, jurado segundo en 1702; don Onofre y don Juan Conejero, hermanos, hijos de don Pascual Conejero Golf; jurados don Manuel Benito y Estevan, don Bartolomé Ruiz Bañón y don Bartolomé Ruiz Quilez. Don Francisco Rey Muñoz, escribano de la sala del Ayuntamiento y otros de la primera clase de consejeros del cabildo particular certificaron que correspondía a los citados testimonios el traslado que obraba en 1876 en poder de don Bartolomé Amorós, sobrino heredero de don Bernardino Amorós Samateu. La prodigiosa Imagen de la Madre de Dios, Nuestra Señora de Gracia, era de madera, sin que en ella hubiera introducido la carcoma corrupción alguna, apareciendo solamente señales de ella en el globo, expresión del mundo, que sostenía en la mano derecha. Con la izquierda mantenía al Niño Jesús, su santísimo Hijo. El semblante de la Santa Imagen era muy agradable, su color tiraba a moreno y arrebolado; su estatura algo más de tres palmos, toda de talla, sentada en una silla de respaldo de ia misma materia, toda ella sobredorada; su calzado puntiagudo; la espalda, llana y lisa, sin sobredorado, con matiz blanco; en ella se veía una tabla ajustada y fija con clavos, que ocultaba un vacío o hueco de la Imagen, donde se suponía había reservado algún secreto para tiempos venideros. Algunos ilustrísimos señores Obispos de Orihuela entraron en ganas de abrir este secreto; pero no llegaron jamás a efectuarlo. Más animoso el ilustrísimo señor obispo de dicha ciudad, don José Vergé, en el año 1670 determinó, en tiempo de su visita, llegar personalmente al santuario de Nuestra Señora de Gracia con la resolución de abrir el referido secreto. En efecto, presentóse en el templo, y llevando consigo ya artífice prevenido, que arrancase la tabla que cierra el secreto, hizo que unos sacerdotes bajasen la santa imagen de su trono, y la acomodasen sobre un puesto preparado al intento; pero haciendo antes oración el ilustrísimo Prelado, para implorar el acierto en su resolución, a breve espacio de tiempo se levantó de ella, y volviéndose a los circunstantes les dijo: "Desistamos del intento comenzado, pues conozco no ser tiempo ahora de averiguar el secreto. Cuando Dios fuere servido, manifestará, para ejecutarla, su santísima voluntad". Fueron testigos de este caso los señores doctores don Diego Agudo y don Alejandro Pascual Ochoa, canónigos de la santa iglesia de Orihuela y fami-

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liares de dicho señor Ilustrísimo y otros presbíteros y seglares de la villa de Caudete. La imagen del glorioso obispo y mártir San Blas, era de la misma materia que la de Nuestra Señora de Gracia. Su altura, de tres palmos y medio; no presentaba carcoma alguna, y estaba sentado en silla de respaldo, vestido de pontifical, con anillo, alba, manípulo, estola, casulla sobredorada, mitra y guantes en las manos; con la izquierda llevaba el báculo pastoral, y con la derecha daba la bendición; su calzado era puntiagudo; el color de su rostro, no tan arrebolado como el de Nuestra Señora, pero tirando también a moreno. Halladas tan felizmente las sagradas imágenes, se formó la procesión más alegre y lucida de ambos cabildos y demás vecinos de Caudete, conduciéndolas regocijados, pero con toda veneración y respeto, a la iglesia parroquial de Santa Catalina Virgen y Mártir. Mas al día siguiente, adelantándose a la aurora del día las gentes para saludar a la Aurora de la Gracia, se hallaron frustados sus deseos: por más que buscaron los devotos vecinos, no encontraron en la iglesia parroquial ni la imagen de la Virgen ni la del santo obispo San Blas. Mas pronto pasó la consternación, que era consiguiente, porque, corriendo después de las más vivas diligencias hacia la retama que por tantos siglos les había proporcionado el más seguro albergue, notaron con júbilo que los mismos sagrados simulacros se habían vuelto, milagrosamente al sitio donde fueron hallados la víspera. Esto fue causa para que, unánimemente, acordaran todos los vecinos levantar luego una capilla en el mismo sitio que ocupaba la mencionada retama, donde, colocadas las prodigiosas imágenes, se ofreciesen continuos cultos, oraciones y alabanzas al Altísimo, en honor de María Santísima de Gracia y del glorioso obispo y mártir San Blas. Colocada ya la dulcísima Reina en su trono, desde él, abriendo los ricos tesoros de su misericordia, los derrama con toda abundancia sobre dos agraciados hijos y devotos que van a su santa casa, la que es el consuelo de los afligidos, la alegría de los tristes y el remedio universal en todas sus necesidades. En justa correspondencia a tantas gracias, determinó la villa de Caudete festejar a su dulcísima Madre, dedicándole indefectiblemente todos los años los días cinco y seis de agosto; y para eternizar su agradecimiento, la justicia y jurados hicieron a Dios Nuestro Señor, y a la siempre Virgen María VOTO PERPETUO, firmado con juramento, de celebrar a sus costas las funciones festivas de dichos días,, no habiendo limosna de que satisfacerse, y de observar el último de los dos días como de fiesta entera. Después, con autoridad y decreto judicial del Ilmo. Sr. don Fr. Andrés Balaguer, Obispo de Orihuela, por los motivos que se le hicieron presentes y estimó justos y dignos de su alta consideración, se trasladó la fiesta

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ de guardar al día nueve de septiembre, y el referido voto con juramento, a los días ocho y nueve del mismo, quedando asignados para siempre los días siete, ocho y nueve de dicho mes para las fiestas de la Virgen. Este citado decreto se halla en pública forma original en el libro 1 de Administración de la santa Casa de María Santísima de Gracia, desde el folio 37 hasta el 41, el cual se guarda en el archivo de la iglesia parroquial de Caudete.

Práctica del Voto
El día 7 de septiembre salen de la población el M. 1. Ayuntamiento, Autoridades,. Jerarquías, Reverendo Clero Parroquial, Comunidades religiosas, Ilustre Mayordomía, Comparsas históricas y gran concurso de sus vecinos, que se dirigen al santuario de la Virgen, donde se organiza la solemne procesión de Traslado de la augusta Patrona, así como de las imágenes de San Blas y de San Roque. En el paraje de la Cruz las Comparsas de Moros y Cristianos simulan una batalla, finalizando con el tradicional ruedo de banderas y saludo de las Comparsas ante la Imagen de la Virgen (1). En la calle llamada antes Ancha, y hoy de la Virgen de Gracia, se colocan los santos simulacros bajo arcos revestidos de diversas flores y fronda,

Un moro rodando la bandera

(1) El rodaje de banderas que hacen las comparsas de la Antigua, Guerreros y Moros ante la Virgen de Gracia es algo que llama poderosamente la atención de propios y extraños. Colocados los abanderados en el centro de un corro marcado por los arcabuceros de las respectivas comparsas, y a los acordes de la Marcha Real tocada por cuatro bandas de música, empieza el fantástico alarde de dar ciento ochenta vueltas a las pesadas banderas, sin que se enrollen, a saber, cinco turnos de a dieciocho vueltas con ambas manos y a una sola, alternando la derecha con la izquierda, por encima de la cabeza y por la cintura, estando de pie, y otras tantas de rodillas, cambiando de dirección en la marcha de la bandera cada tres vueltas, alzando la insignia de graciosa y gallarda manera. Una descarga cerrada de todos los arcabuceros, previamente preparados, acoge el final del emocionante acto.

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que agracian aquel sitio: un coro de voces escogidas canta el Himno de Bienvenida a toda orquesta, concluido el cual, entre tiernos y amorosos vítores y aclamaciones a la Virgen, y a San Blas, mueve otra vez la procesión, a la que preceden las comparsas, que no cesan de disparar atronadoramente sus arcabuces. Al entrar en el templo parroquial, su altar, ya de por sí magnífico, se presenta aun más agradable y vistoso con la multitud de luces acertadamente dispuestas. Colocadas en su hermoso y grande camarín las sagradas imágenes, se canta solemnemente Tercia, y, terminada ésta, comienza la Misa solemne cantada por el coro a varias voces con acompañamiento de orquesta. El orador de este día reduce su asunto al origen y venida de Nuestra Señora de Gracia desde el Monasterio de Monte Casino al de esta villa en el año 607. Por la tarde, después de cantarse solemnemente Vísperas y Completas, se representa en la plaza Mayor o de la Iglesia (hoy del Caudillo) el primer acto de los "Episodios Caudetanos" (1).

Los señores D. Manuel Martí y D. Manuel Bañón, autores de los “Episodios Caudetanos” en su forma actual.

El día 8 se predica del Nacimiento de la Virgen y Madre de Dios, pero
(1) Cuando en 1814 se celebró con extraordinaria solemnidad el IV centenario de la Aparición de la Santísima Virgen a Juan López, fue entonces la vez primera que se celebraron los AUTOS en la plaza Mayor o de la Iglesia, en un escenario que desde entonces se colocó, según tradición, delante de los arcos de la Lonja de las Casas Consistoriales Bien entrado el siglo XIX y después de varias alternativas a causa de las frecuentes revoluciones y guerras civiles, se modificó el orden de las fiestas, y se comenzaron a celebrar los «Episodios» en forma debida en gran parte a don Juan Vespa, y se construyó el castillo de madera, se reorganizaron las comparsas, y vinieron a cristalizar las fiestas de Septiembre en la forma actual, sin que pueda atribuirse su fundación y ordenación a época determinada.

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con especialidad del Entierro de la sagrada Imagen de María Santísima de Gracia. El orador de este día pone su mayor esmero y cuidado en enlazar con sutileza el Nacimiento de María, Madre de Dios, con el Entierro de su sagrada Imagen, tocando ad libitum las demás circunstancias de dicho Entierro. Por la tarde se representa el segundo acto de los "Episodios Caudetanos", y luego se organiza la procesión general de las sagradas imágenes, con previo desfile de las comparsas, sus capitanes y abanderados, sin cesar de disparar los estruendosos arcabuces. Llegando la Virgen a la calle Ancha, y sitio donde se forman los arcos para la Bienvenida del día 7, colocada la sagrada Imagen en ellos bajo rico palio, que le sirve de dosel, hace parada la procesión y se canta un villancico. Lo mismo se hace en la plaza del Carmen, añadiéndose el rodaje de banderas y el disparo de un castillo de fuegos artificiales. También se prende a otro castillo de fuegos de artificio cuando llega la sagrada Imagen al sitio conocido por las Cuatro Esquinas o lugar donde se unen a las calles de la Abadía y del Maestro Serrano las de Santa Ana y del Castillo. El último villancico y rodaje de banderas se efectúa en la plaza de la Iglesia, y apenas termina, empieza un nutridísimo tiroteo, que no termina hasta que la carroza de la Virgen entra en el templo parroquial a los acordes de la Marcha Real, a la que siguen los "Gozos de la Santísima Virgen" cantados fervorosamente por un inmenso coro de miles de gargantas. El asunto predicable del día 9 es el Hallazgo milagroso de la santa Imagen de la Madre de Dios de Gracia en el término de Caudete, partido de los Santos, bajo las raíces de una frondosa retama, acompañada de la del bienaventurado San Blas, Obispo y Mártir, quedando al beneplácito del orador enlazar las más notables circunstancias que se relatan en la tradición. Por la tarde se representa el tercero y último acto de los "Episodios Caudetanos", que terminan con la renovación del tradicional VOTO de celebrar anualmente las Fiestas de la Patrona. El día 10, a las 4 de la tarde, se ordena la procesión para volver a María Santísima de Gracia y al santo Obispo San Blas a su augusta casa. El regreso se efectúa análogamente a la venida y cántase hermosa despedida en la mencionada calle Ancha. En la plaza o explanada que hay ante el Santuario, ruedan las Comparsas sus respectivas banderas, con disparo de las acostumbradas nutridas salvas de los arcabuceros. Una vez colocadas las sagradas imágenes en sus tronos, se cantan la Salve y los tradicionales Gozos. A las doce de la noche se dispara una gran traca en colores por todo el recorrido de la procesión del día 8, y con este acto final, se dan por terminadas las Fiestas oficiales.

CAPITULO IX
Caudete en la época del apogeo español

Sabido es que desde principios del siglo XVI a mediados del XVII, nuestra Nación fue la hegemónica del mundo, y en ese tiempo, nuestros santos, ascetas y místicos, nuestros teólogos y literatos, los militares, marinos, colonizadores, diplomáticos y políticos de nuestra estirpe, eran los primeros del universo. Sin embargo, la época verdaderamente próspera, brillante y forjadora de la grandeza patria, fue la del reinado de los Reyes Católicos; y el esplendor que se manifestó durante el imperio de Carlos V y el reinado de Felipe II, no se debió a la creación o alumbramiento de nuevas fuentes de riqueza y de prosperidad, sino consecuencia natural de la acertada política llevada a cabo por Isabel y Fernando. Los reyes de la Casa de Austria consumieron en sus empresas espectaculares las reservas de energías nacionales acumuladas anteriormente por los católicos soberanos de Castilla y Aragón, pero no acertaron a reponerlas adecuadamente, y así, después de Felipe II, se produjo un descenso rapidísimo en el poderío español, llegando la Nación en el reinado de Carlos II a un estado de postración jamás imaginado, sin que fueran bastantes a remediarlo los ingentes tesoros que venían de América, toda vez que, abandonadas las fuentes nacionales de riqueza, el oro de las Indias pasaba por España como la corriente del agua por una acequia revestida de cemento, para ir a parar a manos de holandeses, ingleses, franceses, alemanes e italianos, que nos proveían de mercaderías, de barcos y hasta de soldados. Durante este período Caudete fue, en su economía, reflejo fiel del resto de España: alcanzó gran prosperidad en tiempo de los Reyes Católicos y conoció después un rápido declive, empezando luego una gradual recuperación.

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La sociedad caudetana en este periodo
En su "Crónica del Reino de Valencia" nos dice Martín Viciana que Caudete tenía en el año 1564 sólo 280 casas, es decir, unos 1.120 habitantes, dedicados a la agricultura y ganadería en su mayor parte, pero con comercio próspero también, por lo que este pueblo, que había decaído muchísimo de su antigua grandeza, iba creciendo con bastante rapidez. Copiaremos sus palabras, según las hemos visto en la tercera parte de la citada obra, "Antiguamente esta tierra fue muy grande, según las apariencias de los edificios, porque en Bugarra havía castillo, y en Oliva havía otro castillo, que ambos están arruinados; y Capdet estava fundado donde está el hermitorio de Sant Christoval; y fue del todo assolado por las guerras, y después mudado donde agora está, y assí por la grandeza que tenía esta tierra en el tiempo de prosperidad se llamava los Capdetes. Y después ha venido en la dessolación que tratamos, y agora por la gracia del Señor, vuelve sobre sí, y está de cadal día de mucho augmento". Según manifiesta Gaspar Escolano en sus "Décadas", contaba Caudete en 1610 con cuatrocientas casas, es decir, con más de 1.600 habitantes, confirmando este notable aumento experimentado, la afirmación de Viciana sobre la recuperación que se observaba en nuestro pueblo. En dicho año habían desaparecido los pueblecitos de Bogarra y Oliva, de vida floreciente en tiempo de los romanos y árabes, según manifiesta el mismo Escolano, "que agora dichas aldeas y sus castillos están por el suelo". La clase privilegiada de esta comunidad la constituían los hidalgos descendientes de los conquistadores, principalmente los titulares de los mayorazgos, o sea, la perpetuación de las propiedades de la familia, que no se podían vender, en uno solo de los hijos, el primogénito, por lo común. Muchos hidalgos y caballeros veíanse movidos a las carreras militar y eclesiástica o a la vida monacal, para subsistir con el debido decoro. La clase media era poco numerosa y la formaban los funcionarios municipales, judiciales y reales, así como algunos de los comerciantes de los numerosos establecidos en esta plaza por ser fronteriza con el territorio de Castilla. Por lo general, todos huían del trabajo. Los hidalgos y caballeros hacendados se dedicaban a la caza y a frecuentes fiestas en que había demasiado lujo. "El trabajo manual, según Rafael Altamira (1), despreciado hasta por los mismos plebeyos, estaba en manos de esclavos adquiridos en las guerras contra los turcos y los moros o por compra cuando se les vendía públicamente como cosas en escritura ante notario".
(1) "Historia de la Civilización Española, cap. VII, punto 81.

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Con la expulsión de los moriscos y las continuas guerras sostenidas con el extranjero, disminuyó mucho la población española y, por tanto, también la caudetana. Desamparados, además, los campos, y desatendida la industria, apenas había producción, por lo que se encareció la vida y hubo hasta hambre, siendo entonces los conventos los que más necesidades remediaban repartiendo gratuitamente muchas comidas diarias, lo que se dió en llamar la "sopa boba".

La vida religiosa
Desde su conquista perteneció Caudete al obispado de Cartagena, pero tan pronto se erigió en sede episcopal Orihuela en 1565, agregóse a la misma con el carácter de Vicaría Foránea, como se comprueba por las. siguientes líneas de Gaspara Escolano en el capítulo V de las Décadas (2.a parte): "E1 Papa don Pedro de Luna, que se llamó Benedicto XIII, honró a Orihuela con título de Colegial en 13 de abril del año 19 de su pontificado, y más adelante, el Papa Julio III, con Bula dada en Roma a 14 de mayo de 1513, la elevó a Catedral, si bien no tuvo efecto hasta el día 14 de julio de 1565, como lo dice su primer Obispo, don Gregorio Gallo, en el Sínodo celebrado en 1569. Los pueblos que se dieron a esta nueva silla fueron los mismos que en lo temporal le reconocían por su cabeza, a saber: Callosa, Catral, Almoradí, la Daya, Rojales, Benijufer, Guardamar, Rodova, la Granja, Albatera, Elche, Crevillente, Pueblo Nuevo, Alicante, Muchamiel, San Juan, Rafalete, Benimagrell, Cotella, Agost, Busot, Monforte, Elda, Novelda, las Casas de Costa, Aspe, Monóvar, Petrel, la Muela, Salinas, Caudete y la villa de Ayora. Nuestro pueblo tuvo en el Siglo de Oro mucha cultura religiosa, tal vez por las exigencias de saber defender la fe ante los moriscos y judaizantes con los que hubo de convivir mucho tiempo, y porque la vida giraba en torno de la Iglesia, interviniendo activamente en la liturgia y siguiendo con atención las frecuentes predicaciones realizadas por los ministros del Señor. La fe profunda que levantó las hermosas catedrales esparcidas por el ámbito nacional y en lo que fue grandioso imperio hispano de ultramar, no se conformó en Caudete con la relativamente reducida iglesia parroquial de Santa Catalina Virgen y Mártir, sino que la agrandó y embelleció. Aparte de la iglesia parroquial, que estaba dotada con el tercio de los diezmos, lo que suponía un ingreso anual de más de 101 ducados, nos dice Viciana, en su citada 3a parte de la Crónica de Valencia, que "Caudete tenía esparcidos por el término varios hermitoríos (ermitas), como son los

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de nuestra señora de Gracia; de nuestra señora del Rosario; de sancta Lucía; de sant Antón; de san Sebastián; y de sant Christoval". Como verá el lector, en ninguna relación antigua de ermitas e iglesias sale la de Santa Ana. Tal vez estuviese ésta dedicada a San Cristóbal. Según un manuscrito del siglo XVII, en 1584 convino el Consejo General de la Villa en que se necesitaba en ella un convento para facilitar la frecuencia de Sacramentos y cultivar mejor la vida espiritual de los vecinos. Habiéndose ofrecido a este efecto a los PP. Carmelitas las ermitas de San Antón, San Cristóbal o la de Nuestra Señora de Gracia, mediando las licencias in inscríptis del Rmo. P. General, del P. Provincial y del Ilustrísimo señor Obispo don Cristóbal Robuster, tomaron la de Nuestra Señora en dicho año 1584. Sin embargo, la dejaron en 1586 con licencia de dicho Ilustrísimo señor Obispo, y de sus superiores, y trasladaron la fundación al arrabal de la Villa, en casa de un tal Graciá, de oficio herrero, que es donde ahora está el altar mayor de la iglesia y su nave. Junto a la iglesia, espaciosa y bien ornamentada, edificaron los PP. Carmelitas un espacioso y suntuoso edificio, el mayor de toda la villa, que en la actualidad está dedicado a Noviciado de la Orden. En la sobredicha licencia mandó el ordinario de Orihuela que los Padres de dicho convento y nueva fundación tuviesen la obligación de entregar ante escribano y testigos, previo inventario, todos los bienes, raíces y muebles de la Santa Casa de Nuestra Señora de Gracia, a Adrián Benito, vecino de dicha villa y Mayordomo de la expresada Santa Casa, nombrado a tal fin por Su Ilustrísima. El año 1634 contó Caudete con otro convento. fue éste el de los Menores Capuchinos, a extramuros de la población, cerca de la ermita del Rosario, en el paraje que desde entonces se ha venido llamando de "Capuchinos", a poca distancia del nacimiento del agua de Bogarra. Este convento, llamado de la Concepción, fue muy floreciente y contaba en 1778, según Espinalt, con treinta religiosos. No fue, sin embargo, muy larga la vida de esta casa, pues al cabo de doscientos años de su fundación, es decir, en 1835, tuvieron que desalojarla los frailes capuchinos por la ley de Desamortización dictada por Mendizábal, y a principios del siglo actual, no quedaban del convento más que unas paredes y un arco de la iglesia. ¡Tanto pueden, confabuladas, la incuria del tiempo y la rapacidad de los hombres! Los frailes debieron salir con gran precipitación y sin llevarse más que lo puesto encima. Las turbas entrarían pronto a saco en la religiosa mansión, pues no hace cincuenta años, aun se veían por las casas de Caudete cuadros, puertas y enseres del convento capuchino. Del jardín conventual procede, asimismo, como se dirá en su lugar correspondiente, la artística fuente de mármol blanco que hay en la plaza del Carmen. Así, pues, antes del 1700, contó Caudete con la iglesia parroquial, la

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de los PP. Carmelitas, la gran ermita de la Virgen de Gracia y la de Santa Ana o San Cristóbal, además de las también mencionadas del Rosario, San Antón y San Sebastián y la iglesia del convento de la Concepción. La de Santa Bárbara es de fundación más reciente, debiéndose su origen a la promesa hecha por el pueblo de edificarla en honor de la Santa en lo más alto de la sierra Oliva, con motivo de una horrorosa tempestad que se movió en día de romería a la ermita del ¡Rosario. Desaparecido instantáneamente el peligro, por manifiesta intersección de Santa Bárbara, se le erigió la sobredicha ermita a 1.150 metros de altitud, para que sirviera como de pararrayos y deshiciese las nubes malignas. Y a raíz de la edificación de la ermita dicese que se sucedieron siete años sin conocerse el pedrisco en todo el término de Caudete.

Construcciones civiles
Pocos edificios de carácter civil tenemos del tiempo de los Austrias. El más notable es el que actualmente alberga al Juzgado Comarcal, o sea, la llamada "Sala de la Villa", bella construcción del siglo XVII, antigua casa consistorial con tres grandes balcones a la plaza de la Iglesia (fachada prinT cipal, al mediodía) y dos a la calle Abadía (norte), en cuyo primer piso se celebraban las sesiones de la Corporación Municipal, presidida por el Bayle, Alcaldes, Regidores y "Jurados", asistidos por el escribano o secretario. Se trata, como puede apreciarse por la información gráfica que acompaña a estas páginas, de un edificio de tres plantas. En la inferior está la Lonja, con sus bancos de piedra y grandes arcadas, que servía, como su

Juzg ado Comarcal , antig ua "Sal a de l a Vil l a"

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nombre lo indica, para las contrataciones comerciales bajo la vigilancia de las autoridades, subastas, etc. El piso más elevado se destinaba a cárcel. Más tarde, ya en el siglo XIX, se desglosó la justicia del gobierno municipal, y el Juzgado y las cárceles se trasladaron a las llamadas "Casas del Ayuntamiento", en la calle Mayor,, donde funcionaban diversos y variados servicios. Como se ve, en nuestro tiempo tienen invertidos los antiguos destinos estas dos edificaciones, pues ahora se destina, a Casa Consistorial lo que era Juzgado y a Juzgado lo que era la Sala de la Villa. Otro edificio muy antiguo, seguramente de esta misma época, es el "hospicio", es decir, la casa número 22 de la calle Nueva o del Deán Martínez, que utilizaban como hospedaje los frailes capuchinos durante su permanencia accidental en la población. También data de últimos del siglo XVII el "'Palacio", o sea, la casa construida en el paraje de "Capuchinos" para veraneo de los señores obispos de Orihuela y su séquito. Es un sólido, amplio y elegante edificio, muy a propósito para el fin a que se le destinaba. El caserón en que funcionan las clases de la graduada de niños número 1, fue hospital de pobres transeúntes hasta el período de 1888 a 1907, en que se habilitó para hospital general, utilizándose no sólo la planta baja, sino además el piso superior, que había venido destinándose a teatro. La parte antigua data de últimos del siglo XVII. De entonces son también otros edificios de menor importancia dedicados a los múltiples servicios que desde antiguo estaban a cargo del Municipio, como se verá en el capítulo XII.

CAPITULO X
Aislamiento territorial de Caudete

El gibraltar caudetano
Habiéndose dado la propiedad de Villena a don Juan Manuel en la Sentencia arbitral de 8 de agosto de 1304, de que se hizo mención en el capítulo VI, reafirmada luego en 26 de febrero de 1305, el término de Caudete sólo se relacionó con el resto del reino de Valencia por Fuente la Higuera, a través de un angosto pasillo perteneciente a Bogarra, entre los términos de Villena y Almansa, ambos del marquesado de don Juan Manuel. Por desear terrenos de expansión o bien por aumentar la línea de contacto con el territorio del reino valenciano, a que pertenecía, Caudete compró Bogarra y su término a Villena en el año 1355 (véase cap. VII), y desde entonces la jurisdicción caudetana lindó con Biar y Onteniente, además de hacerlo con Fuente la Higuera, las tres del reino de Valencia. Sin embargo, a pesar de pertenecer Caudete y Villena a distintos reinos, siempre tuvieron expedito el camino los del Marquesado para pasar de Almansa a Villena, y viceversa, a través del territorio caudetano, no exigiéndoles más que el derecho de peaje en alguna época. Vinieron, sin embargo, los turbulentos y azarosos reinados de Juan II de Aragón y de Enrique IV de Castilla, con las guerras civiles entre los agramontcses y beamonteses navarros, entre los catalanes y el monarca aragonés, así como la anarquía castellana cuando la nobleza aspiraba a desheredar a la Beltraneja para dar el trono al infante don Alfonso, hermano del rey, originándose las luchas entre la realeza, villas y ciudades, de una parte, y los nobles de otra, contienda que se prolongó con la guerra posterior entre los partidarios de doña Juana, apoyada también por el rey de Portugal, y los de doña Isabel, a quien ayudaba, como era lógico, su esposo, el monarca aragonés don Fernando, triste período que terminó con los resonantes triunfos isabelinos de Toro y Albuera, que dieron paso al esplendoroso reinado de los Reyes Católicos.

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Regía por entonces los destinos del marquesado de Villena Juan Pacheco, un hombre ambicioso y oportunista por demás, "la hechura de don Alvaro—como dice Lafuente en el libro III de la 2. a parte de su Historia de España—, su sucesor y como discípulo en la privanza, que le igualó en la ambición, no le imitó en la lealtad y aventajó a su maestro en egoísmo y en maña para urdir intrigas y sortear las situaciones, para quedar siempre en pie y no acabar en un patíbulo, como el Condestable", añadiendo el mismo autor en el libro IV que "si el marqués de Villena pudiese sacar el demonio del infierno para juntarse con él contra su rey por asegurar su persona y casa, lo haría". Viendo este inquieto noble una oportunidad magnífica para pescar en el río revuelto nacional y unir Villena y Almansa sin solución de continuidad, ocupó por la fuerza los Alhorines, es decir, la parte de territorio caudetano que se interponía entre ambas, convirtiendo de hecho a nuestra villa y su término en una isla del reino valenciano. Lo extraño y asombroso, lo sorprendente de verdad, es que no se hiciese el poderoso señor feudal con la villa y territorio de Caudete, incorporándolos a sus extensos estados. Tal hecho habla mucho en favor de la fortaleza, lealtad, gallardía y valor de aquellos antepasados nuestros que resistieron

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tan tesoneramente a la absorción por parte de un vecino de tal naturaleza. Caudete protestó, desde luego, de semejante expoliación y hecho de fuerza, pero como quiera que el monarca de Aragón era consorte de la reina de Castilla, y en el ámbito nacional se ventilaban asuntos verdaderamente graves y de enorme trascendencia, no se produjo ningún casus belli y la usurpación villenense continuó sin que los poderes públicos obligasen a restituir lo quitado.

Un célebre pleito inacabado
Viendo Caudete que se prolongaba demasiado la intolerable injusticia, denunció el hecho ante los tribunales de justicia, extendiéndose la oportuna demanda contra Villena el 26 de febrero de 1482, dándose así comienzo a un pleito, que todavía no ha terminado, siendo ello causa de que perdure a través de los siglos, la existencia de una tierra irredenta, de un gibraltar caudetano de cincuenta a sesenta kilómetros cuadrados, que nuestro pueblo no ha cesado de reclamar, como puede apreciarse en páginas sucesivas de este libro, debiéndose achacar semejante estado de cosas e indebida detentación de dicho territorio por parte de Villena, a la mayor influencia de que ha gozado en todo tiempo la vecina Ciudad en las altas esferas de la Nación, y a la indiferencia de los reyes de la Casa de Austria en un asunto que no les privaba de nada, puesto que tanto la villa expoliada, como la ciudad expoliadora, les pertenecían por estar unificadas en la misma persona las antiguas coronas de Castilla y Aragón. En ese hecho de fuerza consumado hará salir de su extrañeza a quienes yendo por ferrocarril de Almansa a Villena, no se explican que la Encina pertenezca a la provincia de Alicante y término de Villena, y Caudete, situado siete kilómetros aguas abajo, sea de provincia distinta, de Albacete. Queda asimismo aclarado por qué, siguiendo la carretera que une a Fuente la Higuera con Yecla, en un trayecto de treinta y un kilómetros, haya cuatro de la provincia de Valencia (término de Fuente la Higuera), 6 de Alicante (término del entredicho, que figura por las mojoneras ser de Villena), 14 de Albacete (término de Caudete) y 7 de Murcia (término de Yecla). Gracias al cuaderno impreso en 1696, que contiene el recurso interpuesto por Caudete contra el Auto dictado por la Corte Suprema de Justicia el 13 de mayo de 1622 (1), que concedía a los de Villena y Caudete continuar en la posesión de lo que en aquella fecha tuviesen ocupado en el término de los "Alhorines", denominado por nosotros partido del Entredicho, y que
(1) Este cuaderno nos ha sido facilitado por el sacerdote don Juan Carpena Esteve, muy amante de las glorias de su patria chica.

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fuese común el aprovechamiento de leñas, esparto, pastos y grana a los vecinos de una y otra población, podemos dar a nuestros lectores algunos detalles del celebérrimo pleito, todavía pendiente de sentencia definitiva. Antes de proceder a los particulares contenidos en el escrito de referencia, que figura suscrito por el doctor don Francisco Escolano, por el que se demuestra con meridiana claridad el derecho que asiste a Caudete para que se le adjudique la plena y absoluta posesión del territorio en litigio, usurpado por la fuerza, en contra de toda justicia, no podemos silenciar lo que a este propósito dice un autor de tanto peso como Martín de Viciana en la tercera parte de su "Crónica de Valencia", publicada el 14 de abril de 1564: "Capdet dista de Valencia 17 leguas y su término es contornado de Biar, Fuente la Higuera, Fontinent y Castilla, aunque Villena le tiene usurpada una manga de término y pone a Capdet y su término dentro en Castilla: lo que no se ha de creer que el reyno de Valencia tenga una villa aislada dentro en Castilla. Y esto que pretende Villena, procede de cuando Capdet fue arruynado por las guerras, y no havía quien sus derechos defendiesse, Villena se enseñoreó y apropió para sí de toda aquella manga de tierra. Y pues los de Capdet fueron pocos, con poco campo de labranza se sustentavan. En este medio los de Villena entravan harando por los campos de Bugarra, cogiendo los panes y aplicándose los campos; y en esto passaron muchos años hasta que los de Capdet crescieron en número y poder: y quisieron cobrar todo su término y echar a los de Villena. Entonces, los de Villena, por su pretendida possessión firmaron de derecho, por lo qual anda el pleyto y dura hasta agora". Empieza el referido escrito del Dr. Escolano con una instancia que le antecede, manuscrita, en castellano, seguida de otra similar en valenciano, que suscriben "Los llets dels tres Estaments del Regne de Valencia", en nombre de la villa de Capdet, fechada en la ciudad del Turia a 2 de octubre de 1696, y dirigida al Excmo. Sr. Duque de Montalbo, del Consejo de Estado de Su Majestad y Presidente del Supremo de Aragón, rogándole medie para que se consiga la pronta terminación, en favor de la villa, de una causa pendiente desde hacía más de doscientos diez años, entre Capdet, villa de Valencia y la ciudad de Villena, del reino de Castilla. En el escrito de referencia se indican cuáles son y deben ser los límites del término de Caudete y para ello se aducen los testimonios contenidos en las escrituras presentadas por la villa el año 1482, con motivo de ser incoado el pleito. Dichas escrituras y documentos fueron: 1) Crónica del rey don Jaime I de Aragón, conforme a los Anales, libro I, año 1248, folio 113. 2) Real Privilegio por el que dicho monarca hizo donación a la villa de Onteniente de los Alhorines y la Alquería de los Alamos (distintos de los

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de la Contención), en donde se dice: "Qui locus confrontatur cum terminis de Moxent, de Bogarra, de Villena, de Almizrán, de Benexama, etc.". 3) Sentencia arbitral de don Díonís de Portugal y demás Compromisarios, de 8 de agosto de 1304. 4) Declaración de don Diego García de Toledo, Canciller de Castilla y don Gonzalo García, Consejero de Aragón, en 26 de febrero de 1305, en que se dice: "Que del soberano lugar del término de Villena do parte término con Almansa, y del soberano término de Caudete, que parte término con Almansa, etc. Y todos los lugares que son dentro de los mojones hasta las partes de la tierra de Aragón, sean en su jurisdicción, etc.". Y en este tiempo Bogarra y su término eran del término de Villena, y así lo confiesa el Fiscal de Castilla en su petición, puesta a 8 de mayo de 1576. 5) Ultimo testamento de García Jofre, Señor de la villa de Caudete "fecho a 13 de julio de 1376" donde dice que el Concejo de Caudete compró con sus dineros a Bogarra. 6) Carta de Dote de don Pedro Lisana, a 8 de abril de 1308, con la cual dió a su hija en dote las villas de Mogente y Fuente la Higuera, que dice confrontan con términos de Almansa y Caudete. 7) Declaración de los apoderados de don Ramón Berenguer, hijo del rey don Jaime, señor de las villas de Biar y Onteniente, y de don Juan, hijo del infante don Manuel, señor de la entonces villa de Villena, sobre la partición y amojonamiento de los términos de dichas villas, y estando todos en el mojón del Barranco del Puerco, el síndico de Onteniente, en presencia de la parte de Villena y demás procuradores, señaló y declaró que los términos de Onteniente llegaban y se extendían al dicho mojón del Barranco del Puerco y al primer ruvial que está en las vertientes "de esta parte de la montaña de Albaraniz, hacia Bogarra" 8) Escritura de la compra-venta de la villa de Caudete y sus términos a favor del rey don Alfonso de Aragón en 24 de noviembre de 1422, siendo vendedora la Gobernación de Játiva, como bienes de García Jofre Lisón. En ella se dice: Cum tota iurisdictione alta et báxa, mero et mixto imperio, prout confrontantur cum termino et terris de Onteniente, et cum terminis et terris villae Biar, etc. 9) Real carta de don Juan II de Castilla de fecha 22 de noviembre de 1436, por la que el rey castellano mandaba que se restituyera a don Alfonso V de Aragón la villa y castillo de Caudete y sus términos y jurisdicción con sus pertenencias, según y como los tenía antes de la guerra, y la había comprado catorce años antes, con las confrontaciones de Almansa, Yecla y Villena, de Castilla; y,Biar, Onteniente y Fuente la Higuera, de Valencia. 10) Compromiso firmado entre Villena y Caudete en el mes de agosto de 1437, con sentencia dada por García Fernández de San Martín, secretario del rey de Navarra, quien hacía constar que "los hombres de Villena que

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han entrado en el término de Caudete a hazer lavores, paguen el derecho de terrage por lo pasado de diez cahizes uno, y por lo que cojan en el año venidero, de diez cahizes, uno y medio; y que dende en adelante para siempre jamás, no pueden los de Villena barbechar ni sembrar en dicho término de Caudete sin licencia del rey de Aragón, o otro señor que fuere de dicha villa, o sin licencia del dicho Concejo y oficiales ayuntados en su Concejo". Y esas diferencias eran por las tierras de los Alhorines de la Contención, porque en las demás nunca hubo dificultad sobre que fuesen del término de Caudete. Según dichos documentos, los límites de Caudete son como se dice a continuación: Partiendo de la primera mojonera, que divide los términos de Valencia y Castilla, situada al Norte, en la sierra llamada Alcaycón, que es la terminación de la sierra del Rocín, dicha Albaraniz, que divide los términos de Caudete y Bogarra con Fuente la Higuera y Almansa, se va al mojón Blanco, que divide a Caudete y Bogarra de Almansa; y de allí se va por la loma y otros diferentes mojones entre Caudete y Almansa hasta llegar a la vereda de los Lobos y a la Atalaya de la Perdiz, que divide a Caudete y Oliva de Almansa y Yecla, y de allí a otros mojones que dividen a Caudete con Yecla, hasta llegar al Cabeza del Calderón del Algarrobo, que separa los términos de Caudete y Bogarra con Yecla y Villena; y de allí a otros mojones que dividen a Caudete y Bogarra con Villena hasta el mojón del Llano del Cerro de la Escoba, en cuyos mojones concuerdan las dos partes. De dicho mojón se va por la divisoria del cabezo de la Escoba, y de él al mojón de la montaña del Calderón Verde, que separa a Caudete y Bogarra de Villena, continuándose luego hasta el mojón que está en la loma del Barranco de la Fuente del Puerco, que vulgarmente se llama el "Mojón de las Cuatro Villas", porque siempre ha dividido a Caudete y Bogarra de los Alamos y Alhorines de Onteniente, villa de Biar y ciudad de Villena. Y de allí no pasa adelante su mojonera Villena por los Alhorines de la Contención, sino que revuelve con ellos por el Almizrán de la villa de Biar, del reino de Valencia, con diferentes mojones que separan los términos de Biar y Villena. Desde dicha loma del Barranco del Puerco se va a los mojones del primero y segundo ruviales que señalan los límites entre Caudete y Bogarra con los Alhorines y Alamos de Onteniente, y desde dicho segundo ruvial, va la divisoria a la mojonera nombrada al principio, que divide los términos de Caudete, Fuente la Higuera y Almansa. Todo eso lo acreditaron también innumerables testigos en los interrogatorios que se efectuaron los años 1462, 1574 y 1577. El 26 de febrero de dicho año 1482 declararon diecisiete testigos mayores de edad, y, sin excepción, que el término de Villena no pasaba del

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mojón de la Loma del Barranco del Puerco o de las "Cuatro Villas", siguiendo, como se ha indicado, la divisoria hasta el mojón de la sierra de Alcaicón o del Rocín y el Blanco, que separa los términos de Caudete y Bogarra con las villas de Fuente la Higuera y Almansa, y que Villena nunca había confrontado con estos últimos mojones; pero que de algunos años a esta parte, con fuerza y poder del Marqués de Villena, los vecinos de ella habían entrado a labrar tierras de los dichos Alhorines. Y tres testigos presentados por Villena, Juan Monzón, bayle, Guillamón Gramage y Pedro Gramage, vecinos de Fuente la Higuera, testimoniaron lo mismo, añadiendo que Villena nunca había llegado al mojón Blanco ni tenía su mojonera por donde ella pretendía. Sobre los puntos 5, 6, 7 y 8 del escrito de Caudete declararon el mismo año 1482 diecisiete testigos, todos ellos viejos y mayores sin excepción, a saber: don Jaime de Sanmateu, Pedro Ferré, presbítero, Guillen Bodi, Sancho Martínez, Jaime Reverte, Juan de Armillas, Domingo Herrero, Bartolomé Benito, Juan Quílez, Nadal Pérez, Benito de Algarra, Alonso Reverte, Mateo Febrer, Juan de Albuxech, Arman Costa, Domingo Corbí y Juan Ferré, los cuales dijeron que manifestaban lo que sabían por haberlo visto, es decir, que Bogarra y su término, hasta la alquería de los Alamos de Onteniente, la habían poseído los de Caudete, labrando las tierras, cortando leña, cogiendo la grana, llevando sus ganados, sin pagar derechos a los de Villena. Y algunos de ellos añadieron que el Colector o receptor del derecho de peaje y otros del de la sal, de Játiva, hacían pagar dichos derechos a los de Villena, y que éstos huían por no pagarlos; y que los de Villena que labraban dichas tierras, habían pagado terrazgo y diezmo a Caudete; y que así lo habían oído decir a otros. Los expresados Sancho Martínez, Jaime Reverte y Benito de Algarra atestiguaron que el Justicia de dicha villa había entrado con vara de tal Justicia en los dichos Alhorines, ejerciendo jurisdicción. Jaime Reverte añadió que hallándose muchos de Villena en los expresados Alhorines, quitaron la vara al Justicia de Caudete y lo llevaron donde estaba el alcalde con la demás gente de Villena, al cual se quejó con gran sentimiento el justicia caudetano, mandando en seguida el alcalde de Villena que se le desatara y volviese la vara, signo de su autoridad. Con esto se comprueba que, aunque los de Villena se habían querido aprovechar de dicho término mediante la fuerza y la violencia, los de Caudete siempre lo defendieron como cosa propia y de su exclusiva pertenencia legítima. En el mencionado cuaderno siguen largas listas de testigos que prueban con sus manifestaciones, hasta la saciedad, que los Alhorines de la Contención estaban dentro de los límites de Caudete y a esta Villa pertenecían. A pesar de la razón que asistía a nuestro pueblo, el 13 de mayo de 1622,

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según se ha dicho, la Corte Suprema dictó un Auto que dañaba los intereses de Caudete por dar satisfacción a los de Villena, mucho más influyentes que nuestros antepasados, y en el expresado auto se dictaminó: "POR ENDE PROVEEN Y DECLARAN QUE LOS VECINOS Y HABITADORES DE LA DICHA VILLA ESTÉN CERCA DE LAS TIERRAS CULTAS E INCULTAS EN RESPECTO DE LA DICHA PARTE DEL ALFORIN, EN AQUEL DERECHO Y POSSESSION QUE HASTA AGORA SE DICE HAN TENIDO, Y PUEDAN LABRAR Y CULTIVAR COMO SI FUESE TERMINO DE LA DICHA VILLA DE VILLENA, etc.". De esta sentencia apeló Caudete, como ya dijimos, y Villena confirmó, lo cual no puede venir contra dicha declaración porque en el mencionado Auto se proveyó que dicha declaración fuese SIN PERJUYZlO, LESIÓN O DETRIMENTO DE LOS DERECHOS PERTENECIENTES A CADA UNA DE LAS PARTES, ANSÍ EN LA PROPIEDAD COMO EN LA POSSESSION. Por ese motivo prosiguió el pleito la villa de Caudete, al objeto de justificar aún más que todo el territorio de los Alhorines de la Contención era de su pertenencia y que en él no tiene derecho de propiedad ni de posesión la ciudad de Villena, como tampoco los vecinos de ella. Pocos años después de la instancia de que hemos hecho mérito al principio del capítulo vino la Guerra de Sucesión Española, y como Caudete perdió hasta su independencia municipal, no pensó más que en salir de su cautiverio, y se echó tierra al asunto de la jurisdicción sobre los Alhorines, perpetuándose así la injusticia, de esta disminución del territorio caudetano, que es también la causa de que no lindemos con Fuente la Higuera y de que no poseamos la estación y poblado de La Encina, enclavados en nuestro partido del Entredicho. Caudete nunca ha dejado del todo de reivindicar ese su Gibraltar, la tierra irredenta de lo que nos legaron nuestros antepasados, que excita la sensibilidad y el amor propio de todo buen caudetano.

La solución que proponemos
Cuando en las noches sombrías y silenciosas contemplamos desde cualquier sitio de nuestro pueblo las luces de La Encina, a siete kilómetros de la villa, que le dan aspecto de un gran barco anclado en una bahía española, sentimos una nostalgia inmensa y experimentamos una sensación análoga a la que experimentaban los italianos al contemplar desde el extremo oriental del Véneto las luces de Trieste, o a lo que siente todo español al ver iluminada la ciudad de Gibraltar desde cualquier punto de la bahía de Algeciras. ¿Por qué, nos preguntamos, ha de ser La Encina de Villena, a veinte kilómetros más abajo y a catorce de nosotros, cuyas luces también divisamos con toda distinción a lo largo del llano común que nos une y separa,

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Di visión actual de Facto

y no a Caudete, del que sólo dista poco más de una legua? El contrasentido histórico de que Villena fuese adjudicada a la Corona de Castilla y Caudete a la de Aragón, ha sido la causa única del antagonismo que siempre ha existido entre ambas poblaciones. Estos dos pueblos se han visto obligados a ir en contra de la naturaleza, pues era lógico que la divisoria de los reinos fuese por las montañas que separan a Caudete y Almansa, pero nunca por ese llano común que se extiende desde Caudete a Villena, ambas de la cuenca del alicantinísimo Vinalopó. Y lo peor del caso es que el contrasentido se perpetuó en el pasado siglo con la actual división en provincias del suelo patrio, por lo que continúan separadas estas dos poblaciones vecinas y afines que, quiérase o no, están llamadas a marchar unidas y en buena armonía dentro de la misma demarcación administrativa. "¡Esa situación no tiene remedio!", dicen algunos a quienes se les plantea el asunto de la incorporación de La Encina a nuestro término. ¿Y por qué no?, cabe preguntar. ¿Acaso no se adjudicó en 1736 Caudete al reino de Murcia después de 467 años de haber pertenecido al de Valencia?

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Sol ución que proponemos de Jure y de Facto

¿No hemos sido agregados recientemente a la diócesis de Albacete al cabo de 388 años que figuró nuestra Parroquia en la diócesis de Orihuela? Todo es problema de los hombres y si éstos quieren, se conseguirá.

Queda demostrado hasta la evidencia que Caudete fue despojado arbitrariamente por Villena de los Alhorines de la Contención o partido del Entredicho, como se viene llamando al expresado gran trozo de tierra comprendido entre la carretera de Alicante a Ocaña en su confrontación con el término de Caudete y los límites de Fuente la Higuera (1). ¿No podría ter(1) No podemos negar que hemos tenido una gran satisfacción al ver en el mapa de la provincia de Albacete que acompaña al segundo tomo de la "Crónica de dicha provincia" escrita por don Joaquín Roa, que aparece sin marcar con trazo definitivo el límite entre los términos de Caudete o Villena, o provincias de Albacete y Alicante a lo largo de ese partido de Entredicho, es decir, lo que está en alto y pendiente de adjudicación definitiva, toda vez que la última disposición judicial fue la transitoria contenida en el Auto de 13 de mayo de 1622.

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minarse de una vez el pleito incoado en 26 de febrero de 1482 entre Caudete y Villena, y satisfacer definitivamente a ambas partes, adjudicando a Caudete, por ejemplo, la parte situada al norte de la carretera de Fuente la Higuera a Yecla, que cruza dicho territorio, y el resto de los Alhorines a Villena? No dudamos de que esa solución sería del agrado de ambos pueblos, haría desaparecer para siempre esa manzana de discordia y causa de tantos incidentes entre caudetanos y villenenses, algunos de los cuales se exponen en las páginas sucesivas de este libro, y estrechar así cada vez más las relaciones de buena amistad, vecindad y comunidad de intereses que siempre debieron existir entre ellos. Los caudetanos y villenenses de buena voluntad tienen la palabra.

CAPITULO XI
Dominación villenense ( 1 7 0 7 - 1 7 3 8 )
Siempre resulta triste y doloroso perder parte de la hacienda que se posee, pero más lo es perderla toda. Esto le sucedió a Caudete con «motivo de la Guerra de Sucesión española, conforme lo podemos ver en el presente capítulo. Aprovechándose de los luctuosos sucesos ocurridos por estos contornos en los años de la fatídica contienda, logró Villena que se borrase del mapa a Caudete y convertirla en simple aldea suya. Pensó Villena que con tal medida ya nunca más trataría la fastidiosa Villa de reclamar los Alhorines y promoverle pleitos, como ocurre con un acreedor al que el deudor logra meterlo en la cárcel y ponerlo en peligro de muerte mediante falsas acusaciones y mendaces testigos: el acreedor tratará de salir de la cárcel y salvar la vida, concediendo muy poca importancia a la prenda o finca que antes reclamaba al deudor. (Pero Villena no consiguió del todo su propósito. Si es cierto que se apoderó de nuestra Villa y su término, y que rompió, quemó o se llevó los títulos y documentos que acreditaban los méritos y hechos gloriosos de su historia,(archivo) no pudo matar el espíritu de independencia que latió con más viveza que nunca en los pechos caudetanos, y para consuelo de todos, no logró dominar a esta Parroquia, que continuó perteneciendo a la diócesis de Orihuela, y el clero caudetano terminó por ser el elemento primordial de resistencia a los altaneros intrusos, y el medio a través del cual se consiguió de nuevo la libertad y la autodeterminación en los asuntos municipales. Pero no adelantemos acontecimientos y procedamos por partes.

La Guerra de Sucesión y Caudete
Estando próximo a morir Carlos II, el último de los Austrias, como quiera que no tenia sucesión de ninguno de sus matrimonios porque, según se decía, estaba hechizado y el diablo le impedía tener sucesión, en la Corte se constituyeron partidos para defender los derechos de los pretendientes al trono, y se multiplicaron las intrigas hasta extremos inconcebibles. Los principales aspirantes eran tres:

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ 1. Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia y de (Maria Teresa, hermana de Carlos II. 2. José Fernando de naviera, nieto de la hermana menor del rey. 3. El archiduque Carlos, hijo del emperador de Austria, Leopoldo I. Un mes antes de morir, Carlos II se decidió a nombrar heredero a Felipe de Anjou, el nieto de Luis XIV. Nada hubiese pasado si Luis XIV no hubiese reconocido a su nieto Felipe, rey de España, el derecho a ocupar también el trono de Francia. Pero el temor de que España y Francia se uniesen a un mismo mando, inclinó a Inglaterra a formar en contra de los franceses la Gran Alianza integrada por Austria, Inglaterra, Holanda y el elector de Brandeburgo, y más tarde, Dinamarca, Suecia, Portugal y Saboya. En esta alianza entró el antiguo reino de Aragón (Aragón, Cataluña, Baleares y Valencia), y al lado de los franceses estuvo el resto de. España, es decir, el antiguo reino de Castilla. La guerra empezó por Italia y pronto se extendió por Alemania, Paises Bajos y por los mares. Por este tiempo (1704) se apoderaron los ingleses de Gibraltar. En 1705 fue proclamado el Archiduque rey de España en Barcelona con el nombre de Carlos III, y la guerra se hizo favorable a éste en todos los frentes. Pero el ejército de Felipe V fue afortunado en la batalla de Almansa, 25 de abril de 1707 (1): a la que siguieron las de Bríhuega y Villaviciosa, y como Inglaterra se retiró de la coalición porque el archiduque Carlos fue proclamado emperador de Austria a la muerte de Leopoldo, y los ingleses, que no querían que se uniesen las coronas de Francia y España, mucho menos deseaban la unión de España y Austria. Por ello hubo de terminarse la guerra, negociándose el tratado de Utrech el año 1714. Por este tratado de paz, todos los países que habían participado en la contienda quedaron satisfechos, a excepción de España, que fue la que perdió. Felipe de Anjou fue reconocido rey de España, como quería Francia. Austria recibió los Paises Bajos, Milán, Napóles y Cerdeña. A Saboya se le concedió la isla de Sicilia. Inglaterra se quedó con Gibraltar y Menorca, consiguiendo, además, el derecho a comerciar en ciertas condiciones con nuestras colonias americanas. En el plano comarcal pasó algo parecido: Villena, Yecla y Almansa cantaron victoria y se mostraron alborozadas. El nuevo rey, Felipe V, el primer Borbón que hubo en España, colmó de favores, privilegios y títulos a nues(1) Caudete fue el apoyo de las fuerzas aliadas para esta Batalla. Los del Archiduque tuvieron en la batalla de Almansa siete mil muertos, once mil quinientos prisioneros y dejaron en poder del enemigo toda la artillería, 130 banderas, el equipaje y la mayor parte de los bagajes. En los pinares entre Almansa y Caudete, se refugiaron después de la derrota trece batallones aliados, a saber, cinco de ingleses, cinco de holandeses y tres de portugueses, pero todos ellos fueron hechos prisioneros, no salvándose más que la caballería y unos quinientos hombres de infantería, que lograron encerrarse en Játiva. Por efecto de esta victoria franco-española, el 9 de mayo cayó Valencia y el 25 del mismo mes Zaragoza La guarnición de Játiva, que no se quiso rendir, fue pasada a cuchillo.

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tras vecinas, cuya víctima fue Caudete, árbol caído del que hicieron cuanta leña les vino en gana. La más beneficiada fue Villena que, a titulo de reparaciones, consiguió que se le adjudicase nuestra Villa y quedase incluida como aldea en el término villenense.

Pérdida de la independencia municipal
Debido a un cuaderno firmado por el doctor don Juan de Riambau, al que ya hemos hecho referencia (1), podemos ofrecer a nuestros lectores interesantes aspectos del triste asunto que llevó a la pérdida de la independencia municipal en 14 de septiembre de 1707, el mismo año de la batalla de Almansa, siguiendo en tal condición hasta que en juicio contradictorio y por sentencia de vista y revista de 27 de septiembre de 1736 y 26 del mismo mes del siguiente año de 1737, fue reintegrada en sus honores de Villa Real, pero agregada al reino de Murcia. Los motivos que adujo Villena para inducir a las supremas autoridades a que adoptasen una medida de tal naturaleza e inusitado rigor, fueron los siguientes: 1.º Que los vecinos de Caudete, con el paisanaje y gente que se les introdujo de Valencia y Játiva, causaron a los de Villena los mayores daños, por cuyo motivo pasaron los villenenses con cien dragones del regimiento de Mahoni a conquistarla, y lo lograron a costa de treinta vecinos muertos y heridos en los avances llevándose presos al castillo de la ciudad a los Jurados Justicia y otros de los más principales rebeldes de Caudete, y que esto era tan cierto y público que sería ofensa de la verdad intentar duda sobre ello, aun por modo de defensa o de disputa. 2.º- Que la Villa de Caudete fue rebelde a Felipe V, aunque algunos particulares de ella no lo hubiesen sido. 3.º Que en los años 1706 y 1707, faltó Caudete a la debida obediencia de S. M., apartándose de ella voluntariamente, y sin fuerza que la pudiese violentar, apellidando el nombre de las armas enemigas, y manteniéndose en su rebelde contumacia en común y en particular, de manera que no llegaron a treinta sujetos los que se conocieron afectos a S. M., por lo cual, y con las gentes rebeldes que introducían, ocasionaron los mayores riesgos y perjuicios, robos y otros daños a la ciudad y sus vecinos: de lo que nació la precisión de exponerse la ciudad al último riesgo, pasando sus vecinos con cien dragones del regimiento «de Mahoni al lugar de Caudete, para obligarle a que se rindiese a la obediencia de S. M., y que no habiéndolo querido hacer, se le conquistó a fuerza de armas, llevando presos a la Justicia y Jurados.
teve. (1) También debemos este otro cuaderno a la generosidad del sacerdote don Juan Carpena Es-

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Basándose en lo dicho, la ciudad de Villena, en su memorial pidió a Su Majestad le resarciese de los perjuicios que (había padecido a costa de la Villa de Caudete, con expresión de que hacían esta súplica por haber sido los caudetanos los vasallos más disidentes, y los que con más fuerza habían seguido el partido contrario, lo que motivó que la ciudad pasara con sus vecinos a conquistar dicha Villa, a costa de las bajas que se han dicho, por ser los de la referida Villa los que más habían intervenido en la quema y saco de la ciudad. El Fiscal general propuso a Villena que se apropiase de los montes y dehesas de Caudete, pero la ciudad, en su respuesta de 11 de agosto de 1707, añadió que en atención a hallarse confinante, y a los muchos daños que había causado a la Ciudad, el medio que discurría más proporcionado era reducir la Villa a la jurisdicción de Villena, haciéndola su aldea. Habiéndose conformado el Fiscal con esta petición, se despachó el privilegio de 14 de septiembre del mismo año 1707, agregando nuestro término y población a Villena, según ya se ha indicado.

Nuevo pleito con Villena y recuperación de la libertad
Sostenido Caudete en su aflicción por el Clero local, que no se doblegó al vencedor, y en especial por el patriotismo a ultranza de su preclaro hijo, el presbítero don Luis Golf Corredor, presentó al Consejo de S. M. un recurso en 28 de junio de 1726 y una demanda en 18 de noviembre de 1734, pidiendo se le reintegraran los honores y privilegios de Villa en virtud de las siguientes consideraciones: Que S. M., por Real Decreto de 4; de junio de 1707, concedió perdón general a todos los vasallos y comunes, eclesiásticos y seglares del reino de Valencia, sin excepción ni limitación, de todo lo que durante las turbaciones hubiesen ejecutado hasta aquel día, y que esta Real resolución se publicó con la debida solemnidad en todo el Reino, siendo evidente que, aun en el caso de que en el hecho de haber cedido el lugar a la fuerza superior de los enemigos, como lo hizo, o ero el de haberse defendido del insulto que padeció el día 11 de septiembre de 1706, cuando lo saquearon los vecinos de Villena, hubiese delinquido, no pudo procederse a la privación de los honores de Villa, contra la de Caudete, por el motivo de un delito, ya perdonado y abolido, como se hizo en el Real privilegio, que diera motivo al pleito, cuando, caso negado, le hubiese habido, no habiendo sobrevenido nueva causa. Que el haber reducido la Villa a la jurisdicción de Villena, haciéndola su aldea, se fundó en dos cosas: en la deslealtad de la Villa y en haber sido sus vecinos los que causaron a Villena los daños y perjuicios por ella referidos, cosa no cierta, como demostró la Villa.

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Caudete, llegado el caso de la prueba, justificó por treinta testigos contextes presenciales del hecho, y no de oídas vagas, que estando casi todo el rieno de Valencia sujeto a los enemigos, y sus tropas a distancia de cuatro leguas de Caudete, se mantuvo en la debida obediencia a S. M., contribuyendo con sus milicias para la custodia y defensa de las costas marítimas y fronteras, en la misma forma que Villena, Almansa y demás pueblos de Castilla, sin que ni el Común, como tal, ni sus vecinos, ayudasen al partido contrario directa ni indirectamente, con dinero, gente u otro arbitrio, ni ejecutasen el más mínimo acto de desafección a S. M., capaz de inducir la sospecha de infidelidad hasta que, llegando una tropa de tres mil ingleses, se halló precisada a ceder a la fuerza superior por ser lugar abierto, sin castillo, si murallas, sin fortificación, sin guarnición, ni otra defensa. Que al tiempo que entraron los ingleses en Caudete, abandonaron su casa y patria muchas familias enteras, yendo a Castilla; dejándolo de ejecutar otras muchas de acrisolada fidelidad, por falta de medios y por el temor y violencia de las armas enemigas. Que durante la guerra, iban todos los días algunos vecinos de Villena hasta tiro de pistola de Caudete, llevándose los ganados y quemando las casas de campo y colmenares, no sólo en el corto tiempo que Caudete estuvo dominado por los enemigos, sino también antes de que entrasen en él los ingleses, y después de restituido a la obediencia de Su Majestad, dando ocasión; y precisando a los vecinos a que procurasen defender y resguardar sus haciendas en la forma que mejor pudieran. Que en ningún tiempo ni caso embarazaron a la ciudad su libre comunicación, trato y comercio con Castilla. Que no concurrieron directa ni indirectamente en la tala de los campos de Villena ni en el saqueo y quema que de ella ejecutó el ejército enemigo, ni intervinieron en los demás daños que padeció la Ciudad durante la guerra, pues todos fueron causados por las tropas y milicias enemigas, y no por el Lugar de Caudete y sus vecinos. Que tan cierto es lo referido que ni entonces, ni después, se ha visto ni oído que ningún vecino de Caudete tuviese en su poder ganados, bienes, alhajas ni otra cosa perteneciente a vecinos de Villena; que no sólo se abstuvieron de hurtar y quitar sus bienes y efectos a los vecinos de Villena y demás pueblos obedientes a Su Majestad, sino también de comprar los que otros habían hurtado y saqueado. Que luego que las tropas inglesas se apoderaron de Caudete, mandaron venir a él tres compañías de milicias del reino de Valencia a las órdenes de don Jerónimo Fita, vecino de Onteniente, y tapiar todas las bocacalles que salían al campo, haciendo una especie de fortificación para su defensa. Que hallándose Caudete en este estado, sujeto a las armas enemigas,

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sin arbitrio ni libertad para deliberar ni obrar por sí cosa alguna, se presentaron delante del Lugar los vecinos de Villena y otros pueblos de Castilla la noche del 11 de septiembre de 1706, y le sitiaron; y que habiendo salido al amanecer un sargento de las compañías de milicias que estaban en él de guarnición, y algunos vecinos de Caudete, ignorantes de esta novedad, no con ánimo de hostilizar, sino de hacer viaje a Onteniente, cayeron en manos de los sitiadores, que mataron al sargento y a uno de los vecinos de Caudete. Y habiéndose alterado el pueblo y las milicias, procuraron defender sus vidas y haciendas, hasta que, habiendo salido el Cura y otros eclesiásticos a sosegar el alboroto, averiguando que sólo se pretendía la obediencia de Caudete, la dió luego, con la condición de que no se hiciese al Lugar ni a sus vecinos el menor daño en las vidas y haciendas, sin embargo de lo cual, lo saquearon sin perdonar lo sagrado. Todo esto se hizo tumultuariamente, sin formalidad alguna de guerra, pues no había oficial militar ni otra persona de carácter o empleo público que fuese mandando a la gente de Villena, ni pudiese contener sus excesos, de lo que nació el haber empezado por su parte la hostilidad sin haber pedido antes la obediencia ni haber enviado recado por trompeta ni otra forma para que se redujesen al debido Real obsequio, sino que exabrupto embistieron a escopetazos more praedonum a los que salían descuidados para Onteniente y para trabajar en sus haciendas. A nadie puede extrañar que Caudete reaccionase contra semejantes desmanes y repeliera la fuerza con la fuerza, según lo autoriza el Derecho Natural de Gentes. Así pues, fue calumnia manifiesta suponer delincuentes a los caudetanos, y lo fue gravísima representar a Su Majestad que eran rebeldes y causantes de todos los daños de Villena, por ser principio elemental que Civitates ab hostibus captae vel occupatae, non dicuntur rebeltes, sed captivae, atque ideo, si recuperantur, in pristinam libertatem et privilegia restituuntur} como lo mandó y ejecutó en África el emperador Justiniano cuando la recuperó de los vándalos. Ni jure poenae se podía castigar a Caudete con la privación de sus honores ni sujetarla como aldea a la jurisdicción de Villena en recompensa de la injuria y daños que no había causado, pues no debe ser responsable de lo que hubieran ejecutado las tropas y ejército enemigos. La razón que asistía a Caudete hubo de imponerse finalmente en las altas esferas, pues, según se ha dicho, el 27 de septiembre de 1736 se mandó restituir al Lugar los honores de Villa, con jurisdicción civil y criminal, mero y mixto imperio en sí y sobre sí, agregándolo al reino de Murcia, con total y absoluta independencia de la ciudad de Villena, reservando a ésta su derecho para que, acudiendo a Su Majestad, solicitase de su real

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clemencia, en atención a su notoria fidelidad y daños padecidos, se sirviera dispensarle las gracias y mercedes que fueren de su real agrado. Villena suplicó en forma de esta sentencia en 30 de marzo de 1735, pero Caudete pidió y obtuvo que se confirmase, quedando ésta en firme, como se ha indicado, el 26 de septiembre de 1737.

La vida municipal caudetana durante los treinta años de cautiverio
Teniendo como tenemos los libros capitulares de las sesiones celebradas por el Ayuntamiento a partir del 13 de septiembre de 1715, nos es fácil seguir con bastante detalle, la vida oficial caudetana durante el periodo de dominación villenense. No podemos resistir a la tentación de copiar el texto de la primera sesión celebrada a los ocho años de haber sido agregado Caudete a la vecina ciudad, extremo que demuestra la poca prisa que había por organizar la vida administrativa de esta pedanía. "En el Lugar de Caudete, Jurisdicción de la Ciudad de Villena, en trece de septiembre de mil setecientos y quince. Con el Sr. Ldo. don Fernando de Bugueda, Abogado de los Rs. Consejos, Capitán de Guerra, Corregidor y Justicia Maior de la Ciudad de Villena y su partido, se juntaron en la Sala Capitular de este dicho Lugar los señores Francisco Herrero Serra, Alcalde; Bartolomé Ruiz Quílez y Bartolomé Amorós Samateu, Regidores; Mosén Alonso Ángel, Vicario; Mosén Sevastián Conexero, Mosén Pedro Bañón y Mosén Joseph Díaz, Presvíteros; Miguel Conexero, Amadeo Algarra, Vicente Conexero, Dn. Francisco Cebrián, Francisco Bañón y Domingo Roca, vecinos deste dicho Lugar, para tratar y conferir cosas del servicio de Su Majestad y bien desta República, y aviendo tratado y conferido, acuerdan lo siguiente: "Que por quanto este Lugar está deviendo diferentes pensiones de los Censos que contra sí tiene en la Ciudad de Valencia, su Reyno, Villa de Almansa y otras partes, las quales no ha podido pagar en estos años por la suma pobreza y necesidad en que se alla, ocasionada de los contratiempos de la Guerra, esterilidad: del tiempo, las continuadas contribuciones; y ser preciso dar alguna satisfacción de dichas pensiones, y se necesita de Comisarios que en nombre de este Lugar y del muí Rvdo. Clero pasen a dicha Ciudad, de Valencia y demás partes donde estubiesen los dueños de dichos censos a quienes representen las grandes urgencias de este Lugar está padeciendo y suma probeza en que se allan sus Vezs., para si pueden conseguir alguna gracia en la paga de dichas pensiones, y que se logre el maior alivio para esta República, nombran por tales Comisarios a los señores Mosén Joseph Díaz, Presvítero, y Bartolomé Amorós y Samateu, Regidor

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deste Ayuntamiento, a quienes para lo referido se les da toda la amplia comissión y facultad que se requiere, y se les despacha poder en bastante forma para que luego incontinente executen su biaje, y para el gasto se les librará el dinero que fuese necesario". ¡Qué mal disimulado regusto experimentaría el representante de Villena al escribir: "En el Lugar de Caudete, jurisdicción de la Ciudad de Villena"! El vencedor tenía rendida a sus pies, maniatada e impotente, a la víctima. El altivo Capdet, el indomable león que por más de 450 años había osado resistir a las ambiciones villenenses, era ya un inofensivo corderillo del que podía hacerse cuanto viniere en gana. Pero, sin embargo, latía con fuerza el espíritu de rebelión en los caudetanos, que esperaban sacudirse pronto el odiado yugo. Ya es significativo que en la primera sesión del lugareño ayuntamiento hubiera tan numerosa representación del Clero. Este fue el punto débil de Villena: no se atrevió a meterse con él y el Clero terminó por dar nuevamente la independencia a su amado pueblo, al pueblo de la Virgen de Gracia. Que existía, y con fuerza avasalladora, una resistencia pasiva a las nuevas normas sustitutivas de las que eran tradicionales en Caudete, hasta entonces una de las villas más ilustres y respetadas del reino valenciano, nos lo demuestra el siguiente edicto publicado en 30 de noviembre de 1717: "Ldo. D. Simón Belenguer, Abogado de los Rs. Cons., Capitán de Guerra, Corregidor y Justicia Maior de la Ciudad de Villena y su partido en que se comprende este Lugar de Caudete y Juez de residenzia en él. Por el presente mando que ningún vezino, estante y havitante en este Lugar de Caudet, firme ni haga trato ni obligación en libras de moneda valenciana, sueldos ni reales de ellas, si no es en reales de vellón y Rs. de a ocho, de quince Rs, de vellón cada uno; y todas las otras obligaciones que se huviesen hecho antes de la publicación de éste, en las dichas libras, sueldos y Rs. de moneda valenciana, se a de entender que para su pago a de valer cada libra sesenta quadernas de dineros, haziéndose en dicha moneda valenciana, que corresponde a la de Castilla quince Rs. vellón; y pagándose en dineros sueltos, sea y se entienda, no llegando a libra o media libra, que hace treinta quadernas, sea y se entienda el valor de cada dinero el mismo que de un ochabo; vajo la pena de quatro ducados y un mes de cárcel a el que contrabiniere a ello. "Que se aya de medir todas especies de grano con medias fanegas, zelemines, medios zelemines y quartillas castellanas, refinadas con los patrones y medidas que para ello tiene este Lugar; excepto por lo que mira a la paga de los Diezmos (lo subrayamos para que resalte el punto débil de la administración villenense) que sólo para esto se a de poder hazer la medida por caizes y barchillas, con la medida que llaman barchilla; vajo la dicha pena.

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"Que se aya de pesar y medir el vino, azeyte y demás géneros con la medida de arroba, media arroba, azumbres, medios azumbres, y cuartillo, pesos y pesas castellanas, y no del reino de Valencia, cántaros, quartas ni otras semejantes, vajo la pena arriba expresada. "Todo lo qual mando se guarde, observe y cumpla, vajo la pena expresada,, y que para su mayor observanzia se haga notorio y publique en la Plaza deste Lugar, y que este mandamiento quede en el libro capitular de él para que los Alcaldes y Rexidores deste Lugar, cuiden y zelen sobre su observanzia, con apercibimiento de que si permitiesen y tolerasen lo contrario, incurrirán en la misma pena de quatro ducados, y se procederá a lo demás que huviese lugar en derecho y justicia. Dado en Caudete a treinta de el Novre. de mil setezientos diez y siete as. "Licd.º Simón Belenguer — Juan de Melliras Rodríguez Navarro." Para castellanizar y villenizar más al lugarejo, trajeron un director de escuelas villenense, al que le pagaban bastante más que a los maestros indígenas. Pero el dominio se les iba escapando de las manos. Ya en el año 1720, por vez primera, aparece en el acta de la sesión del dos de marzo "En la Villa de Caudete". Siguen después todas las actas con el consabido: "En el Lugar de Caudete, jurisdicción de la Ciudad de Villena". Sin embargo, vuelve a aparecer el título de "Villa" en la sesión del día 24 de junio de 1722, y al año siguiente, en primero de junio se pone: "En Caudete". Así continúan las actas alternando los términos "Lugar y Villa" hasta que el 30 de agosto de 1737 se celebra la última sesión, tras la cual aparece en primero de enero de 1738 una hermosa letra con el encabezamiento de "EN LA M. N., M. L. Y REAL VILLA DE CAUDETE". ¿Qué había pasado? Ya lo saben nuestros lectores. El éxito había coronado los esfuerzos de los patriotas caudetanos presididos por el ilustre e infatigable presbítero don Luis Golf, y en 26 de septiembre del 37 se habían reintegrado a Caudete los honores de Villa, separándola definitivamente dé la jurisdicción de Villena. Nuestro pueblo conserva felicísimo recuerdo del benemérito paisano, y en sitio preferente del Juzgado Comarcal se halla expuesto un retrato al óleo del insigne patricio y benemérito libertador. En dicho cuadro aparece el homenajeado mostrando un extracto de la sentencia conseguida por él en Madrid, y que dice así: "En la Villa de Madrid, a 21 días de el Mes de Septiembre del año 1736, los SS. del Consejo de su Magestad, aviendo visto el pleito de el Lugar de Caudete, de una parte, y de otra la Ciudad de Villena; sobre que a este Lugar se le exima de la jurisdicción de la Ciudad de Villena, restituyéndole sus antiguos privilegios y honores de Villa, que tenía antiguamente; remitido al Consejo,

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Retrato de D. Luis Gol f Corredor el l ibertador de Caudete

por Real Decreto de Su Magestad, dixeron que devian restituir y restituían a este Lugar los honores de Villa, con jurisdicción civil y criminal, mero y mixto imperio en sí y sobre sí, agregándolo a el Reyno de Murcia, con total y absoluta independencia de la dicha Ciudad de Villena. Así lo determinaron los SS. Dn. Juan Blasco Orosco, Dn. Ant.º Francº Aguado, Dn. Manuel de Juncos y Dn. Alonso Rico". En la parte izquierda del retrato hay escrita una dedicatoria con estas palabras: "Al Ldo. D. Luys Golf guarde Dios ms. as., que puede, en la Villa de Caudete.—C. S. M.". ¡LOOR PARA SIEMPRE AL INSIGNE LUIS GOLF CORREDOR!

CAPITULO XII
Época murciana ( 1 7 3 4 - 1 8 3 3 )

Grande debió ser el júbilo de esta heroica y mortificada Villa ante la noticia de su emancipación de la ciudad de Villena y que se le reintegraban todos sus antiguos honores y privilegios, reconociéndosele los preclaros títulos de nobleza limpiamente ganados con los buenos servicios prestados a la Patria y a sus soberanos, los Reyes de Aragón. Pero no han llegado hasta nosotros los detalles de la exteriorización de tal júbilo, aunque son perfectamente imaginables. Mas lo cierto es que, a partir de primero de enero de 1738, Caudete emprendió su nueva vida de Villa del reino de Murcia con la mejor voluntad de adaptarse a las nuevas circunstancias y alcanzar progresivamente el mayor desarrollo material y espiritual posible. La época murciana coincidió con un período de relativa paz y bienestar nacional, salvo en los agitados años de la Guerra de la Independencia y del reinado del fatídico Fernando VII, tal vez el soberano español de memoria más execrable. Esta situación caudetana finalizó el 30 de noviembre de 1833 cuando, por Decreto de la regente doña María Cristina, quedó España dividida en 49 provincias y adjudicada la villa de Caudete a la de Albacete.

En la nueva vida
Hojeando los primeros tomos de los libros capitulares que existen en el archivo municipal, nos es posible seguir paso a paso la vida local caudetana. Esta, a grandes rasgos, se reparte entre el quehacer ordinario del trabajo agrícola y comercial, la actividad religiosa, ciertamente intensa y floreciente, y las incidencias de la labor municipal con los frecuentes cambios de empleados, alcaldes, corregidores y procuradores, pues conforme a las ordenanzas de Castilla, los dos alcaldes, tres regidores, un alguacil mayor y el procurador síndico, se renovaban todos los años del 22 al 24 de diciem-

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bre; pero la renovación se extendía a casi todos los empleados municipales, que no eran pocos, desde luego, como puede apreciarse por la lista de nombramientos que se indican a continuación. Nombramientos.—En la primer sesión del Ayuntamiento autónomo, presidida por los alcaldes don Francisco Carrión y Díaz y don Francisco Golf, más los corregidores Jacinto Conejero, Pablo Verdú Mayor y Agustín Figuera Roca, se hicieron los nombramientos de Síndico y Procurador General, Alguacil mayor, Depositario del papel sellado, Correo para llevar las cartas a Yecla, donde estaba la "caja", Apreciadores de tierras y Agrimensores, Caballeros de sierra y Guardas de campo, Vehedores para las tiendas; y poco después se designaron los Asesores, Repartidores, Maestro de escuela y de Gramática, y Médico de la localidad. El Maestro de escuela se obligaba, por el sueldo de 35 pesos de a 15 reales vellón anuales, a enseñar a leer, escribir, contar y doctrina cristiana a todos los niños del pueblo, educarlos en las buenas costumbres y llevarlos al Rosario, Doctrina, Sermones y, durante la Cuaresma, también a los Pasos. Al Maestro de Gramática se le asignaba un sueldo de 85 pesos al año, nombrándosele para un período de cuatro años. La contribución.—El año 1741 Caudete debía pagar al Estado, por contribución: 10.938 9.554 1.160 2.857 1.396 658 reales vellón por ajuste, cabezón de la sal, alcabalas y tercia. reales vellón por servicios de millones y fiel medidor. reales vellón por servicio ordinario y extraordinario. reales vellón por los reales utensilios. reales vellón por la paja para tropas. reales vellón por la pérdida que suponela el forraje dado a los caballos de una Compañía del Regimiento de Farnesio. 235 reales vellón por derechos de la nieve y gasto de despacharla. 1.403 reales vellón por partidas incobrables.

28.201 reales vellón en total. ¿Era mucho o poco esta cantidad comparada con la de 1.055.005,35 pesetas que hoy (1956) tributa nuestro pueblo al Estado? Si tomamos como base de comparación el jornal medio de un bracero (1 1/2 reales entonces, y 25 pesetas en la actualidad) vemos que en 1741 pagaba Caudete con 18.800 jornadas de trabajo, que, repartidas entre los 3.000 habitantes que en número redondos componían la población, salían a 6 jornadas de trabajo por cabeza; en 1956, en cambio, lo hace con 42.200 jornadas laborales, que corresponden a algo más de cinco por persona. Si nos fijamos en uno de los productos típicos de nuestro suelo, la cebada, por ejemplo, como quiera que entonces valía a seis reales la barchilla y ahora a

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dos pesetas kilo, tenía que pagar por entonces cada caudetano al Estado unos 75 kilogramos de cebada al año y ahora tributa unos 65 kilogramos solamente. ¿Cabe decir en este aspecto que cualquier tiempo pasado fue mejor? Traslado de las cárceles.—Las cárceles, como entonces decían, estaban instaladas en el piso superior de la "Sala de la Villa", y por no reunir condiciones de habitabilidad y seguridad, se trasladaron al edificio que poseía el Municipio cerca de dicha "Sala", es decir, a las "casas del Ayuntamiento" o actual edificio de las Casas Consistoriales, donde funcionaban, además, el almacén de granos para los frutos de tercia y la harina destinada al abastecimiento público, la oficina de la alcabala, una carnicería, y la vivienda del carcelero. Se dispuso que las nuevas cárceles tuviesen sólidas puertas, cerrojos resistentes y todos los demás medios de seguridad para tales establecimientos, figurando las cuentas presentadas por los artesanos que los hicieron. Actividades municipales.—EL; Ayuntamiento intervenía en un sin fin de asuntos de los que ahora no se ocupa, tales como la conservación de la red de acequias para el riego de huertas, el acopio de grano, su molturación y elaboración de pan en establecimientos propios, venta de carne, elaboración de aceite, designación de predicador para, la Cuaresma, nombramiento de maestros de escuela y de Gramática, y muchos otros que aparecen tratados en las sesiones ordinarias celebradas por los alcaldes, regidores, síndicos

Casa Consistorial de l a Vil l a

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y procuradores, notándose en toda la actuación oficial un gran interés por la pureza de la fe y buenas costumbres de los vecinos, la educación e instrucción de la niñez y adolescencia, la salubridad de la población, las necesidades alimenticias, vestido y vivienda de los pobres... Vigilancia de los regidores.—Los almazareros se quedaban con el piñuelo para cobrar su trabajo de molturación de la aceituna, pero lo prensaban tan poco, que luego obtenían de él demasiado aceite, todo el que daban de menos a los dueños de la aceituna. Por eso intervinieron las autoridades en 2 de diciembre de 1755 y dispusieron que en lo sucesivo cobrasen dichos almazareros por su trabajo una barchilla de oliva por cada pie molturado. También vigilaban los Regidores y los Síndicos la calidad y el peso del pan, viéndose obligados algunas veces a sancionar severamente a los transgresores de las ordenanzas municipales en la materia. El Palacio episcopal.—Durante la cautividad de Villena, la Iglesia, como tenemos dicho, fue el ángel tutelar de la Villa y la que, en definitiva, le alcanzó la libertad. Tan identificado estuvo Caudete con la Diócesis, que los señores obispos de Orihuela eligieron a nuestro pueblo para su residencia veraniega y Caudete era en esos meses la capital diocesana, acudiendo a la Villa gran afluencia de personas de relieve, con la natural animación y ventajas económicas que de tal hecho se derivaban. El Palacio Episcopal del paraje de "Capuchinos" fue uno de los sitios más concurridos y uno de los ilustrísimos prelados, don José Tormo, dispuso grandes reparaciones en el edificio el año 1772, hasta dejarlo convertido en magnífica, suntuosa y confortable mansión señorial y de descanso. Sobre confirmación de honores y privilegios.—El archivo municipal quedó prácticamente destruido en él siglo XVIII. De ello se hacen eco los ediles en 6 de marzo de 1759, quienes manifiestan que en la guerra de primero del siglo, se habían quemado muchas casas de la población y su archivo, por lo que faltaban los documentos relativos a los privilegios, títulos y demás que habían concedido a Capdet los soberanos aragoneses y los de la Casa de Austria, por lo que procedía solicitar copia y confirmación de tales privilegios, honores, preeminencias, exenciones, franquezas, libertades, mercedes y sentencias a favor de la Villa. Para llevar a cabo tal cometido, se nombró una Comisión que recabase en la Corte dicha confirmación, necesaria e imprescindible para hacer valer los beneficios derivantes.. Recursos del Ayuntamiento.—El Ayuntamiento hacía frente a sus obligaciones mediante la explotación de sus bienes propios, y al no llegar las rentas para cubrir las necesidades, recurría a repartos entre los vecinos. Las fuentes ordinarias de ingresos eran:

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La explotación del pinar "Doncel" y rambla de Valverde. El arriendo de la casa-mesón (el edificio ocupado actualmente por la "fonda" y otros negocios de la plaza del Carmen); dos carnicerías, dos panaderías, aceitería, abasto de aguardiente, alcabalilla de Viento, alcabala mayor, abasto de jabón y el mercado. Las subastas para el arriendo de los servicios se celebraban, previo bando o pregón, en el local de la Lonja, mediante pujas a la llana. No debía ir mal la administración municipal por cuanto en el año 1775 se manifestó, en una sesión del Ayuntamiento, que en ocho años se habían ahorrado trece mil quinientos sesenta y un reales, de cuya suma se hicieron tres partes iguales, dedicándose dos tercios a la redención de censos, y el resto a pago de atrasos. Las heridas de la guerra de Sucesión quedaron cicatrizadas a lo largo del siglo XVIII. La población, según Espinalt, citado por J. Roa, constaba de 744 vecinos en 1778, es decir, que, aunque con lentitud, no había dejado de crecer. El Ayuntamiento no se conformaba con tener nivelado su presupuesto y pagar deudas contraídas por la Villa en los años calamitosos, sino que pensaba en nuevas obras de embellecimiento y beneficio de la población. Prueba de ello es que en 15 de agosto de 1794, la Corporación municipal participó al Real y Supremo Consejo de la Nación, que había hecho la obra del (Mercado de abastos, que no era, indudablemente, la actual, de la que hemos venido enorgulleciéndonos legítimamente los caudetanos durante los muchos años que poblaciones como Almansa carecían de algo semejante; pero debía ser una obra de cierta importancia para aquella época. De entonces data también la primera conducción de agua potable a las fuentes públicas, que iba paralela a la acequia del agua de Arriba. Dicho año 1794 se produjo una riada enorme en la rambla de Valverde y quedó destrozado el acueducto que surtía de agua al pueblo. Las autoridades emprendieron con ahinco la construcción de uno nuevo, de mayor solidez y realizaron una nueva distribución de agua a las fuentes. Para hacer frente a los gastos iniciales se efectuó una corta de árboles en la mencionada rambla de Valverde; pero no siendo suficiente lo recaudado con la venta de los árboles, se recurrió a la aportación de los particulares, registrándose con satisfacción el desinteresado ofrecimiento de quince mil reales vellón hecho en nombre propio y de los demás franceses residentes en Caudete, por los señores Jayme Jacquet y Juan Morand, dato que comprueba la existencia de una colonia de galos en el pueblo por aquel entonces.

Religiosidad
Los libros capitulares del siglo XV III están llenos de datos que demues-

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tran la religiosidad de la villa de Caudete. La vida de la Iglesia ocupaba la mente y los corazones de aquellos antepasados nuestros. El cabildo municipal, haciéndose eco del sentir popular, intervenía directamente, según se ha dicho, en la designación del predicador de la Cuaresma. Al efecto, hizo un pacto con el convento de los frailes capuchinos existente en las inmediaciones de la población, por el cual, elegía al predicador de su preferencia de entre los, tres que le presentaba el Padre Guardián de dicho convento, al que daba dieciséis pesos, entregándole otros dieciséis la Parroquia, y además el vecindario, aportaba gallinas, huevos y otras limosnas en especie y en dinero. También se encargaba la Corporación de repartir y cobrar las bulas. A pesar de su religiosidad, Caudete no quería nada con los santos importados de Villena. Es curioso observar que en una de las sesiones acordaron los ediles suprimir la consignación de seis pesos que había establecida para ayudar a las fiestas en honor de San Abdón y San Senén, pues Caudete, según dijeron, nada tenía que ver con dichos santos, que habían sido impuestos casi a la fuerza por los villenenses en los años que esta Villa estuvo sujeta a la vecina ciudad como aldea suya.

Construcción del santuario de la Virgen y ampliación de la Iglesia Parroquial
A la Virgen de Gracia se le traía de rogativas cuando era muy precisa la lluvia, y en agradecimiento a los muchos favores que la excelsa Patrona concedía a este su pueblo, los representantes del mismo acordaron, con unánime aplauso de todos los vecinos, edificar una nueva y monumental ermita, siguiendo en esto los deseos expuestos por el ilustrísimo señor Obispo de Orihuela, don Juan Gómez de Terán, otro gran enamorado de la Stma. Virgen de Gracia. Se quería construir una verdadera basílica, capaz para contener al numeroso concurso de gentes que acudían a las funciones religiosas en honor de la excelsa Patrona. La primera piedra se puso en 29 de septiembre de 1741, y en agosto de 1758 ya estaba concluida la hermosa iglesia, con su camarín y retablo del altar mayor. No fue fácil la empresa. A últimos del año 1748 estaban agotados los recursos aportados por el señor Obispo y se había consumido cuanto el Ayuntamiento y el vecindario habían dado. ¿Qué hacer? ¿Se pararían las obras? Caudete entero se movilizó entonces y, según un testigo presencial, el presbítero don Antonio Conejero y Ruiz, acudieron los hombres con sus galeras, carros y caballerías para el transporte de los materiales; las mujeres recorrieron las calles en demanda de nuevas limosnas y cuatro de ellas se

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Santuari o de Nuestra Señora l a Vi rg en de Graci a

turnaban semanalmente en los cuatro hornos de cocer pan existentes en la localidad para allegar fondos con destino a las obras, y desde el pulpito se publicaba lo recaudado por cada una de las limosneras para que de esta forma fuese todavía mayor el estímulo y el entusiasmo por la gran obra. Para mayor suerte de la población, el 7 de julio de 1755 tomó posesión del Beneficio curado de Caudete el doctor don Cristóbal Antonio Marín y Malla, hombre de cuantiosa fortuna personal que, con su peculio, dió un definitivo impulso a las obras basilicales, que se terminaron, según se ha dicho, en agosto del 58. Tan devoto fue de la Virgen de Gracia el piadoso, párroco, que quiso y obtuvo ser enterrado en la ermita, junto al altar mayor de la misma. No fue sólo al Santuario de la Virgen a lo que atendió con gran esplendidez y generosidad el animoso y altruista don Cristóbal Antonio Marín. Su caridad y celo extraordinarios no conocían límites, y aunque natural de Orihuela y procedente de Ayora, según creemos recordar de un testamento suyo que transcribimos hace ya más de veinticinco años, volcó sus caudales en obras de Caudete. A él debemos, en líneas generales, el magnífico templo parroquial, casi tal como se presenta en la actualidad, pues cuando el doctor Marín se hizo cargo de la Parroquia, nuestro primer templo no era más que la nave central hasta el crucero, y él construyó toda la parte que sigue, que es, precisamente, la más monumental, es decir, el hermoso crucero y airosa cúpula de unos 26 metros de elevación, el presbiterio y altar mayor, la sacristía y la capilla de la Comunión.

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Torre y cúpul a de l a ig l esia arciprestal de Santa Catal ina

El altar mayor, desaparecido en el incendio de 1936, muy similar al actual, fue donación del Clero parroquial con motivo del Centenario de 1907, pero seguía las líneas generales del construido por don Cristóbal Antonio Marín, y de la segunda mitad del siglo XVIII eran las imágenes talladas que figuraban en el retablo, a saber, la de la titular Santa Catalina Virgen y Mártir, en el camarín central, lo mismo que ahora; la del Arcángel San Miguel, en la parte más elevada, amenazando con su espada desenvainada al temible y horripilante demonio encadenado a sus pies; y en las cuatro peanas laterales estaban las imágenes de San Juan Bautista y San José, a la parte del Evangelio, y las de San Buenaventura y San Joaquín, en el lado de la Epístola. También era de aquellos años el gran órgano de la iglesia, pues recordamos haber visto inscrita en él aproximadamente la fecha de 1757. En la nave central, según puede observar cualquier visitante del templo parroquial, se hallan entrelazados los estilos gótico y renacentista, siendo las columnas jónicas y subsistiendo las nerviaciones y rosetones de la bóveda. A partir del crucero es todo de puro y hermoso estilo renacimiento, con robustas columnas prismáticas y bellísima cúpula de "media naranja". El conjunto resulta armonioso y causa una gratísima sensación, tanto por la belleza de sus líneas como por las dimensiones (unos 75 metros de profundidad por más de 20 de latitud). Queriendo dicho señor don Cristóbal Antonio que sus Curato tuviesen casa decente, capaz e higiénica, legó a Caudete la espaciosa vivienda situada a la parte arriba de con el magnífico huerto anejo, que tanto la favorece y sucesores en el los Párrocos de la Casa Abadía, realza, sirviendo

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Interior del templ o arci prestal

a la vez de recreo y expansión, y de provecho, para los señores Curas Párrocos. Otro acto generoso de este piadoso sacerdote fue consignar un fondo de cien pesos para ir haciendo préstamos a las familias de los caudetanos que iban a segar a tierras de Aragón mientras los hombres estuviesen ausentes de sus casas, viniendo obligados a la devolución, sin interés alguno, de las cantidades percibidas, una vez terminada la siega. No olvidó el buen Párroco la enseñanza, y legó bienes bastantes para que, con sus rentas, se sostuviese una escuela de niñas, instalada en la casa de la "fundación Marín" de la calle Sta. Bárbara, la misma que ocupa actualmente la unitaria de niñas núm. 1. Consagración del nuevo Santuario de la Santísima Virgen.— Según lo dice el referido don Antonio Conejero y Ruiz (1), "hallándose nuestro ilustrísimo señor Obispo Elias Gómez de Terán en el Palacio de Nuestra Señora del Rosario, término de esta (Villa, desde el día 8 de julio de 1758, atendiendo a que la obra de dicha Santa Casa de Nuestra Señora de Gracia estaba concluida y rematada en agosto de dicho año, y deseando que las referidas venerables Imágenes tengan y posean en el nuevo trono y camarín el debido culto y veneración en que siempre han estado, mandó S. S. que el predicho doctor don Cristóbal Antonio Marín, Cura propio de Caudete, con el Rdo. Clero de la Iglesia Parroquial de ella, Señorío del
(1) Manuscrito trascrito en parte por D. Joaquín Roa en su citada obra.

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Ayuntamiento Real y demás vecinos, acudiesen procesionalmente, domingo en la tarde, y de su comisión y orden, el mismo don Cristóbal Antonio bendixesse y consagrase el referido Templo, dedicándolo a la Sma. Virgen y Madre de Dios con el título de Gracia en su sagrada Imagen milagrosa, y del Bienaventurado San Blas, Obispo y Mártir, como todo se cumplió y executó en la misma tarde del 27 de agosto de 1758, con numeroso concurso de fieles de ambos sexos, vezinos de dicha Villa, asistiendo entrambos Cabildos Eclesiástico y Real, con una compañía de devotos que repetidas veces dispararon más de treinta mosquetes con pólvora, regocijados de haver llegado tan deseada función, haviendo precedido luminarias la noche anterior y la del predicho domingo, con repiques y vuelos de campanas en la Parroquial y Conventos de su término, iluminando las torres, plazas y calles con sus montes y valles en las mismas dos noches del sábado y domingo ya expresados. "Llegó el 7 de septiembre del año 1758, y por la mañana de aquel día acudieron a la Iglesia de María Santísima de Gracia los Cabildos, Comunidades, Cofradías, Compañía de Milicia Capdetense con sus arcabuces, y trajeron las sagradas reliquias desde el altar antiguo y templo quasi demolido, a la Iglesia Parroquial, para cumplimiento del voto anual. Y llegó el día jueves, 21 de dicho septiembre, fiesta de San Mateo Apóstol, y en la tarde fueron llevadas y colocadas las predichas sagradas Imágenes en su camarín y nuevo trono e Iglesia en presencia del prelaudado Ilustrísimo Señor Obispo de Orihuela y concurso de la Muy Noble, Muy Leal y Fidelísima Villa de Caudete, Comunidades de Religiosos, Cofradías de ella, muy Reverendo Clero e innumerable Pueblo de ambos sexos, vezinos y muchos extrangeros Devotos de la Gran Reina de los Cielos, Madre de Gracia". Descripción del Santuario. — Magnífico fue, bajo todos los aspectos, el santuario que la fe de Caudete levantó en honor de su excelsa Patrona. La forma de la iglesia es claustral, hermoseada con su bonita "media naranja". Tiene de larga, sin el grueso de las paredes, ciento setenta y ocho palmos valencianos (1), y de ancha, ochenta y cinco. El camarín, con el grueso de sus tabiques, mide veinte palmos de ancho, y a él se sube por una escalera espaciosa, cómoda y clarísima, cuya luz recibe de una grande ventana de dos hojas, que confronta con el referido camarín, y está cerrada con proporcionada y fuerte reja de hierro y marcos de polícromo cristal, como todo el ventanaje del templo. La imagen de María está en el medio de dicho camarín, que es de figura ochavada y de adecuada altura; las cuatro puertas que le dan luz, presentan otras tantas faces de María colocada en su trono; por la anversa, da su dulce rostro a la nave de la iglesia; por la reversa y laterales, se
(1) El palmo valenciano equivale a 0,2265 m.

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ofrece su vista por entre los grandes y preciosos cristales que la hermosean. Lo interior del camarín está graciosamente adornado, dejando despejada en su agradable vista su rica pintura y dorado. El retablo del altar de la Virgen presenta, en su cumbre, a los gloriosos San Juan Bautista y profeta San Elias, y en el segundo cuerpo, los sacratísimos corazones de Jesús y de María. Los dos cuerpos laterales están divididos en seis senos o cuadros, y en ellos aparecen pintados los seis actos más expresivo de la sagrada tradición y milagroso hallazgo de las preciosas reliquias, y así, en la parte superior de la derecha se pintó la llegada feliz del monje benedictino Ciprián Diácono, y la inmovilidad del mulo que conducía tan sagrado depósito, a la salida del camino de Villena y a la vista del monasterio de San Benito de Sahagún de Caudete; y en la parte superior de la izquierda se deja ver cómo ya exonerado el mulo de la preciosa carga, y abierta la caja, sacan los monjes la imagen de Nuestra Señora de Gracia, que colocan provisionalmente en la iglesia de su monasterio, rindiéndole sus afectos y profunda veneración. En la sección media del lado derecho se hace patente la consternación grande y tierno llanto de los afligidos monjes en el triste acto de mandar a la tierra las sagradas imágenes de María Santísima y San Blas; y en la media del izquierdo se manifiesta la aparición gloriosa de Nuestra Señora al pastorcillo Juan López. En la inferior de la derecha se pone a la vista la excavación y milagroso hallazgo de dichas sacratísimas imágenes; y en la correspondiente de la izquierda se ve la procesión solemne formada por ambos cabildos y los vecinos de Caudete en la que, con gran multitud de luces, se conducen con religiosa compostura y devoción los santos simulacros a la iglesia parroquial de la Villa, para tributarles allí sus más rendidos obsequios. Los altares, que hasta el año 1936 adornaban el crucero y claustro, eran: enfrente de la puerta de entrada que hay en el lado derecho de la iglesia, uno antiquísimo, que se decía ser de la primitiva ermita erigida a la Virgen inmediatamente después de su maravillosa aparición. A ambos lados del presbiterio estaban los altares de San Roque y del Niño Jesús en forma de pastor. En los claustros había seis altares de igual magnitud y de la misma construcción, con sugestivas pinturas. En el primero de la derecha estaba pintado el Misterio de la Encarnación del Divino Verbo, y en el de la izquierda, la Visitación de María Santísima a su prima Santa Isabel. En el segundo de la derecha, el Nacimiento del Hijo de Dios en el portal de Belén, y en el correspondiente de la izquierda, la Circuncisión del Señor. En el tercero de la derecha, la Adoración de los Magos, y en el de la izquierda, la Huida de la Sagrada Familia a Egipto. Estos eran, desde luego, los más próximos a la puerta principal, orientada al sur. El estilo arquitectónico de toda la obra, con su cúpula y presbiterio sin

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ábside, es greco-romano, del orden compuesto, riguroso en sus proporciones y severos adornos. El piso es de losetas blancas y encarnadas de fino mármol. Junto a la iglesia hay una magnifica vivienda para el santero y su familia; y alrededor de la amplia explanada de delante, así como de la calle que mira al Poniente-Norte, existe un cómodo poyo corrido, capaz para sentarse centenares de los devotos que vayan a visitar a la Virgen.

El siglo X I X
Durante la etapa o época murciana se verifica el tránsito de un siglo a otro: termina el XVIII y empieza el XIX, la centuria de las grandes derrotas y triunfos nacionales, el período más trágico de nuestra historia en que la institución monárquica no pudo llegar a menos ni un pueblo a más. Es el decimonono el siglo del heroísmo popular español, de esta Nación contra la cual se desataron las furias del averno, representadas por las traiciones del fatídico Fernando VII, los poderes ocultos sectarios, la codicia extranjera, la irresponsabilidad, inepcia e incomprensión de muchos españoles de las clases dirigentes y de las capas "superiores", los pronunciamientos militares suicidas, el desviacionismo, la irreligiosidad, las luchas armadas intestinas... ¡el caos! En rápida sucesión pasó España por el absolutismo, la monarquía impuesta por el invasor, el constitucionalismo y liberalismo, otra vez el absolutismo, gobiernos provisionales, nueva monarquía extranjera, república, instauración borbónica, regencias, y todo ello entre actos terroristas y guerras con el exterior... En medio de tanta ruina, por encima del triste espectáculo que ofrecían los privilegiados divididos en gabachos, progresistas, moderados, carlistas, republicanos, liberales, cantonales, etc., abandonado y casi inerme el pueblo español aún tuvo arrestos para hacer morder el polvo de la derrota al invasor, sobrevivir al dolor de la pérdida de los territorios coloniales de América y de Asia, resistir a los incesantes cambios políticos y de diversos regímenes, soportar la enorme efusión de sangre que experimentó en su cuerpo y tener alientos para tender por todo el territorio nacional la red de carreteras y de ferrocariles, que esencialmente, son las que tenemos en la actualidad. Caudete, como es consiguiente, reflejó en su término y población los acontecimientos nacionales, y de ello nos dan prueba fehaciente los libros capitulares de esos azarosos años, cuyas notas más salientes se dan a continuación, pero demostró su enorme vitalidad, no sólo subsistiendo a tanta prueba, sino progresando en todos órdenes y desenvolviendo con intensidad siempre creciente su vida económica y del espíritu.

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Espíritu tradicional.—A pesar del tiempo transcurrido desde el año 1737, Caudete se sentía más valenciano que murciano, seguía usando las medidas de su antiguo reino y se atenía en un todo a las costumbres de sus antepasados. Prueba de ello es el acta levantada por el Ayuntamiento en la sesión celebrada el día 31 del mes de enero del 1800, presidida por don Juan Estevan García, su primer alcalde "ordinario". Los representantes del Municipio dijeron que "bien constante hera que esta Villa estubo agregada al Reyno de Valencia, desde mucho tiempo, sin embargo de haver sido incorporada al Reyno de Murcia, ha estado y está usando las medidas de barchilla, cántaro, medio cántaro y quartillo, con cuio uso y bariación de medidas, se han experimentado y experimentan continuamente considerables perjuicios nacidos, sin duda, de no poderse fixar padrones con los que los fieles de abastos arreglen y ajusten las que deven usarse, no sólo por ellos, sino también por los demás vecinos cosecheros para la medida de sus frutos y géneros. Por cuyos motivos se han suscitado varios clamores y quejas: Que para evitar éstos se hacía preciso el poner remedio cortando de raíz un abuso tan pernicioso al común y a la sociedad, y para ello, siendo el mejor medio el establecimiento y uso de las medidas arroba, media arroba, quarta y media quarta, fanega y media fanega, celemín y medio celemín, vara y media vara castellana, con la libra de diez y seis honzas, que son las que en la capital de Murcia se husan, de cuia provincia es esta dicha Villa; desde luego, de una conformidad, acordaron y deliveraron sus Mercedes el establecimiento y uso de dichas medidas". Particularidades.—Para nadie es un secreto que el "Agua del Paraíso" pertenecía al Ayuntamiento y por eso, a través de los folios de los libros capitulares se ven muchas disposiciones acerca de la administración y ordenamiento de dicho manantial, el de mayor importancia en nuestro término. Como dato curioso diremos que en el mes de enero del expresado año 1800 se nombraron administradores los señores don Tadeo Díaz Olivares, primer Regidor y Alcalde de Aguas, y don Antonio Gallur Algarra, Alguacil Mayor de la Corporación municipal. En aquel tiempo gozaba nuestra Villa privilegio de juzgar en ella a cualquiera de sus vecinos por cualquier clase de delitos en primera instancia, así como para tener presos en la cárcel pública a los delincuentes vecinos de ella en tanto no se terminasen los procesos seguidos a los mismos. Sus cárceles eran capaces, según consta en los libros de sesiones, para albergar a doce penados. Pero la condición de éstos debía ser muy triste, v, temiendo los "justicias" que se murieran por falta de alimento, pues no había consignación presupuestaria suficiente para atenderles en tal menester, pidieron y obtuvieron que se facilitase a los presos esparto para que hiciesen sogas (serían madejas de sogueos) y se les pagasen a razón de

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seis quartos cada una, anticipando el importe de los fondos del Agua del Paraíso, para que de esa forma pudiesen ganarse el sustento. No debían hallarse muy a gusto los reclusos en dichas cárceles, a pesar de todo, pues el 12 de octubre de 1807 se produjo la fuga general de todos ellos. Aquellos años fueron, en general, bastante calamitosos. Por el período de 1802 a 1804 no había en la localidad trigo suficiente para el abastecimiento público y tuviéronse que comprar diversas partidas de grano en Villena, Yecla y Reino de Valencia; pero también se agotaron esas adquisiciones y entonces se autorizó al Ayuntamiento el empleo de cebada y panizo en la elaboración del pan que se expendía en las panaderías municipales. Inquietud local.—Desde el dos de abril de 1807 no vuelve a verse ningún acta hasta el día 30 de diciembre de 1808. Los tiempos debían estar muy revueltos con los acontecimientos nacionales y las cosas de nuestro Ayuntamiento no marchaban con la regularidad acostumbrada. Al alcalde don José Ximeno Gallur le pesaba mucho el cargo, y como no veía forma de que se le exonerara de él reglamentariamente, dijo que había llegado la hora de su relevo, y que, como éste no se producía, él presentaba la dimisión. Ya se estaba en plena Guerra de la Independencia.

La Guerra de la Independencia en Caudete
Las debilidades de Carlos IV y las ambiciones del favorito Godoy abren el capítulo más vergonzoso de la historia monárquica, cuyos yerros y estupidez corrigió el valeroso pueblo español con su sangre generosa a lo largo de la guerra sostenida contra las huestes de Napoleón. Los episodios principales de esta guerra fueron: el 2 de mayo de 1808, en que el pueblo de Madrid se alzó contra el invasor, sirviendo de pauta a todos los pueblos de España; la batalla de Bailen (julio de 1808) en la que el bisoño ejército español, a las órdenes del general Castaños, derrotó al hasta entonces invencible ejército napoleónico; la venida del emperador a España a finales del mismo año al frente de 300.000 hombres aguerridos y bien equipados; los sitios de Zaragoza y Gerona (1809); el desastre de Ocaña, que dejó a los franceses expedito el camino para dominar Andalucía, excepto el reducto de Cádiz, sostenido por la escuadra inglesa; las batallas de Albuera (1811), Arapiles (1812), Vitoria y San Marcial (1813), que acabaron con la invasión extranjera. Durante la Guerra de la Independencia, España—que no reconoció al rey José, impuesto por su hermano Napoleón—hubo de improvisar gobiernos regionales y locales, que se denominaron Juntas, las cuales dependieron de la Junta General, reunida primeramente en Aranjuez y luego en

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Sevilla y Cádiz, en cuya ciudad transfirió el poder a una Regencia que convocó Cortes en 1810, de las que salió la primera Constitución Española, la de 1812, de ideología liberal. En nuestros libros capitulares hay pocos datos sobre la repercusión de la lucha en el término, pero algo podemos entrever por lo que se dice en ellos y por otras referencias, que descubren el indomable espíritu caudetano, admiración de propios y extraños durante esta época. ¡Guerra a muerte al invasor!—La primera manifestación del estado de belicosidad aparece en el acta de la expresada sesión del 30 de diciembre de 1808, en la que se nombra el comisario que ha de conducir los mozos alistados en el ejército a la capital de la provincia. Don Joaquín Roa, en su citada “Crónica de Albacete” nos dice algo de la actividad bélica de esta Villa el repetido año 1808, que debió ser muy superior a la desarrollada por los pueblos circunvecinos. El espíritu guerrero de Caudete no se arredró ante la desigualdad de medios y efectivos, y se atrevió a medir sus fuerzas con las del ejército francés. "Los vecinos de esta Villa—nos dice el expresado autor—armáronse con toda clase de armas e instrumentos de pelea y salieron de su término hasta el puerto de Almansa para hacer frente a la columna del ejército francés que se retiraba de Valencia; mas como quiera que la fuerza enemiga era muy superior a los vecinos del pueblo, éstos tuvieron que desvanecerse y sucumbir en la lucha, pereciendo en ella el valeroso presbítero don Manuel Cebrié Rodríguez, hijo de don Jerónimo y de doña Francisca, él cual nació en Caudete el día 17 de junio de 1745. Tenía, pues, 67 años". Esta psicosis guerrera de nuestro pueblo queda también reflejada en la solicitud dirigida al monarca por la Corporación Municipal el día 24 de abril de 1814, una vez terminada la guerra, en la que se dice textualmente: "Excmo. Sr.: La Justicia y Ayuntamiento Constitucional de esta Villa de Caudete, del Reino de Murcia, a V. E. con el maior respeto hace presente: Que entre los muchos males que hizo el enemigo en ésta dicha Villa en tiempo que tenía su cuartel general en la ciudad de Villena y villas de Castalla y Fuente la Higuera, fue la ocupación que en barias ocasiones hizo de las salas del Ayuntamiento y de los Papeles de su Archivo, por cuio motivo faltan entre otros, un Decreto de Gracias que V. E. como Soberano y Suprema Autoridad de estos Reinos dió a favor de esta Villa en 17 de julio de 1808, con ocasión de aliarse enterada del esmero y servicio de estos vecinos a la causa común de la Nación, quando en virtud del Decreto de V. E. salieron al puerto de Almansa a batir e incomodar al ejército del Mariscal Moncy, que pasava en derrota y retirada del ataque de esa capital, en cuio puerto y con esta ocasión, perdieron unos gloriosamente sus vidas, otros del mismo modo su sangre, y los restantes acreditaron su amor y patriotismo: Por lo que este

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Ayuntamiento se alla en la justa obligación de reparar por los medios posibles esta pérdida causada en odio a su notoria lealtad. Y por ello Suplica a V. E. se digne, por un efecto de justificación, mandar que con referencia a las actas del dicho día 17 de julio de 1808, se libre certificación de lo que sobre ese particular conste, la qual certificación tenga la misma fe y validez que aquel original que, como perdido, no existe. Lo que, además de ser de justicia, será favor que espera recibir de V. E. esta Justicia y Ayuntamiento que ruega a Dios guarde la vida de V. E. ms. as.—Caudete, 24 de febrero de 1814." La tenaz resistencia opuesta por estos vecinos a la invasión francesa, determinó cruel venganza por parte de los enemigos, quienes incendiaron en no pequeño número las casas de la Villa y las esparcidas por su término, según consta en multitud de referencias oficiales. Pesadas cargas contributivas.—Sea porque Caudete se hubiese significado más que ningún otro pueblo de la comarca en su lucha abierta contra los invasores, o ya por contar con un término de feraces huertas, lo cierto es que esta Villa hubo de soportar más contribuciones que las ciudades circunvecinas, y por seis veces consecutivas sufrió la presencia de las tropas galas que vinieron a exigir se les hicieran efectivas las fuertes cantidades de géneros y de dinero exigidas por el mando enemigo, y cuya entrega demoraban los caudetanos cuanto podían. Elocuente es a este propósito el acta de la sesión celebrada por el cabildo municipal el día primero de junio de 1812, con asistencia del Con sejo, Justicias y Reximiento, así como de los diputados del Común y Comisión popular (nuevo elemento de la Corporación). Hacen constar los reunidos que, no teniendo fondos ni arbitrios para satisfacer la crecida deuda contraída por la Villa con las personas pudientes de la población, que habían satisfecho el exorbitante número de raciones suministradas a las tropas, tanto españolas como francesas, y las que éstas, acantonadas en Biar, exigían a la fuerza, procedía conseguir como fuere recursos con que pagar a dichos vecinos y disponer de un fondo para hacer frente a las demandas que se cursasen y evitar de ese modo quedar en descubierto en lo sucesivo para no aumentar el número de seis veces que ya habían venido los franceses a esta Villa, y no exponerse más a la tala de sus mieses, secuestro de las reses y demás excesos que ha tocado ya por sí, y están tocando, no sin dolor, otros desgraciados pueblos. Para dar solución a dichos problemas, acordaron los reunidos hacer un reparto del 40 por 100 sobre las rentas de cada vecino con arreglo al padrón de la Contribución extraordinaria de Guerra, cuyo importe habrían de satisfacer todos los comprendidos en él, sin excusa y por vía de apremio contra los morosos que dilataren el pago, a fin de poder dar pronta satisfacción a los vecinos que habían suministrado los granos

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y demás efectos para las raciones dadas hasta entonces, y atender a las que diariamente había que aportar. Para el cobro y distribución del nuevo arbitrio nombraron comisionados a los señores don Josef Ortuño Fernández, don Alberto Requena y don Onofre Sánchez, siendo los alcaldes don Juan Conejero y don Francisco Golf. Espíritu religioso.—A pesar de lo calamitoso de los tiempos y de las dificultades de todo género que se presentaban para el desenvolvimiento de las actividades municipales, aquellos ediles no olvidaban sus obligaciones religiosas, y en los libros capitulares de aquellos años de la Guerra de la Independencia aparecen los nombramientos de quienes debían asistir a la procesión del Corpus en representación del Ayuntamiento, a llevar y traer la Virgen con motivo de las fiestas patronales; se designaron con regularidad los predicadores de la Cuaresma y se nota que todo estaba presidido por el patriotismo y fervor religioso íntimamente hermanados. Caudete, centro de operaciones.—El general francés Suchet debió encariñarse con este pueblo tan rebelde por cuanto determinó fijar en él su residencia y cuartel general, y desde Caudete dirigía todas las operaciones del territorio confiado a su mando. Desde aquí envió Suchet la división mandada por Harispe a que ocupase Yecla en la noche del 10 al 11 de abril de 1813. La división española del general Miyares, del 2.°- ejército español, que estaba a las órdenes del general Elío, comenzaba a salir entonces de la vecina ciudad con dirección a Jumilla, pero al darse cuenta de la llegada sigilosa de los franceses, les hizo frente, entablándose feroz combate en las calles de la población, que fueron defendidas palmo a palmo, retirándose al fin a las afueras en donde Harispe, con hábil maniobra, logró desbaratar el grueso de las fuerzas españolas y sembrar en ellas el desorden. Un coronel, sesenta y ocho oficiales y más de mil soldados compatriotas nuestros cayeron prisioneros, siendo conducidos a Caudete y trasladados después a Fuente la Higuera, lugar en que los franceses establecieron definitivamente su cuartel general. De modo parecido se apoderó Suchet de Villena, haciendo en su guarnición un número aproximadamente igual de prisioneros que en Yecla. Continúan las expoliaciones.—Mas no fueron sólo las fuerzas francesas las que expoliaron a los labradores y vecinos del común caudetano. En cuanto los franceses se alejaron en dirección a Levante y Cataluña, obligados por las victorias obtenidas en otros sitios de la Península por las tropas aliadas de Ingleses, portugueses y españoles, los ejércitos nacionales segundo y tercero ocuparon esta región, exigiendo de los caudetanos la entrega diaria de un crecido número de raciones. Aquellos buenos patriotas cumplían con sumo gusto las obligaciones que la común defensa de la

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Nación les exigía; pero a los requerimientos legales se unieron la rapiña y desafueros cometidos por la "soldadesca desenfrenada y los numerosos bandoleros que merodeaban por estos contornos para pescar en el río revuelto de aquellos tiempos anormales. Bien claramente ponen todo esto de manifiesto las actas de los días 27 de julio y 26 de octubre de 1813. Dícese en la primera que, unos días antes, el general de la 3.a División del segundo ejército había pedido de improviso 700 raciones de cada especie y 6 arrobas de aguardiente, lo que se remitió seguidamente a Fuente la Higuera. "Esto ocurre con mucha frecuencia—añade el acta—así como el socorrer a las partidas de observación que se encuentran en la Villa y su término, a las que se les suministra diariamente lo que necesitan". En la sesión.del día 26 de octubre se dice que con tantas exacciones se había quedado el pueblo sin grano para comer y hasta para sembrar, que los labradores huían de sus casas de campo, dejándolo todo abandonado "para librarse de los insultos que cada día, y con más aumento están experimentando en los cortijos y campos por parte de las patrullas de tropa y forajidos que andan dispersos y derramados, cometiendo toda clase de excesos e iniquidades". Por dichos motivos, y para satisfacer los pedidos diarios de las tropas acantonadas en la vecina villa de Fuente la Higuera, tomaron los caudetanos la heroica resolución de echar mano de los granos de los diezmos, fondos de capellanías vacantes, cofradías y otros cualesquiera de que se tuvieran noticias, aunque debería llevarse cuenta y razón de todo lo que se tomara, extendiéndose los oportunos libramientos y recibos, cuyo importe se obligaba a pagar el Ayuntamiento cuando las circunstancias lo permitieran.

Durante el reinado de Fernando V I I
Terminada la Guerra de la Independencia, Caudete, al igual que los demás pueblos de la Nación, respiró y acarició la dulce esperanza de disfrutar un largo período de bonanza. No podía nuestra Villa disimular su regocijo a pesar de que continuaban las pesadas cargas del tiempo de guerra y aún reinaba la intranquilidad en campos y caminos, infectados de gente maleante e incontrolada. Las fiestas de la Virgen. — El pueblo se disponía a celebrar con inusitado esplendor y júbilo las fiestas de la dulce Patrona, cuyos consuelos no le habían faltado en los trágicos días de la invasión extranjera, y el acta del 14 de septiembre de 1814 reviste caracteres especiales de atención para procurar el mejor éxito de los tradicionales festejos en honor de la Santísima Virgen de Gracia. En dicha acta aperecen nombrados como comisarios de las fiestas don Francisco Martínez y don Jaime Gra-

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Una escena de los "Episodios Caudetanos"

ciá, ambos Diputados del común de esta Villa. Para comisarios "que intervengan en la dirección de la Plaza donse hace la representación de la Istoria de N. S. de Gracia, y contener las gentes y concurso, que sin duda será considerable, arreglar los asientos, graduarlos con la prudencia que exige la tranquilidad pública, que es la principal mira que debe llevarse para evitar riñas y discusiones que puedan suscitarse, y quantas facultades son propias para el fin propuesto", se designó a los señores don Diego Pascual, don Jesualdo Benito, don Luis Herrero, don Mariano Amorós, don Josef Bañón Martínez, don Roque Esteve, don Josef Bañón Requena, don Josef Díaz Conexero, sin "separarse" el Ayuntamiento de asistir y estar en la misma para contribuir a tan loable fin. Sensación de alivio.—El alivio de la situación recibió un nuevo impulso con la R. O. de 14 de noviembre de dicho año 1814, pidiendo relación de todos los suministros y entregas, con distinción de especies, y cantidades, hechos a los Cuerpos e individuos militares y personas dependientes del ejército desde el año 1808. Como ya se estaba en paz y normalidad, se pensó en la selección de las personas que podían ostentar cargos públicos del Municipio, y se razonó que, si bien la Real ordenanza de Insaculación de fecha 11 de agosto de 1747 disponía que los del primer saco, es decir, los candidatos a alcalde primero y regidor principal, debían tener 600 pesos de renta propia; los del segundo saco 500, y los del tercero 400, para poder mantener el oficio con la debida dignidad y responsabilidad, ahora, debido a la diferencia en el valor de la moneda se acordó que todos los insaculados habían de

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contar con una renta líquida no inferior a mil pesos, sin contar los bienes dotales y demás que el insaculado pudiese administrar. Saludo al Monarca.—Noticioso el Ayuntamiento de la próxima estancia del rey Fernando VII en Almansa, nuestra Corporación nombró a don Salvador Ruiz, regidor, y don Mariano Amorós Hernández, coronel retirado, para que se trasladasen a la vecina ciudad y expresasen al soberano la satisfacción que causaba a los caudetanos el que Su Majestad hubiese salido de su cautiverio, y le expresasen los mejores augurios de toda suerte en su difícil puesto de jefe supremo de la Nación. Medidas de policía y algunas obras.—Como notas curiosas de este tiempo cabe indicar que había almazaras en las calles del Moto (cuyo dueño era José Peiró), del Santo (José Ximeno), Nueva (Miguel Ximénez) y Plaza Nueva (Damián y Jaime Graciá), a las cuales se les llamaba la atención por echar aguas sucias a la vía pública. El vecino José Requena Hernández pidió licencia para edificar la casa-mesón del Arco, a espaldas de la plazuela de San Cristóbal. Con fondos de la Mayordomia de la Virgen se prolongó el camino que salía del barrio de las Eras, hasta el santuario, sacando a cordel el último tramo, y orillándolo de árboles. Este era el itinerario que seguían los frailes capuchinos para ir a visitar a Nuestra Señora, y por el mismo sitio se trasladarían a él los señores obispos desde el Palacio del Rosario. En estos años se rebajaron los diezmos que venían pagando los vecinos, señalándose un cántaro de vino por cada quince recolectados, en vez de ser uno de cada trece. Reintegración de los Carmelitas a su convento. — El año 1822 todavía no se habían reintegrado los religiosos carmelitas a su convento, o tal vez lo habrían abandonado nuevamente como medida preventiva en vista del cariz que iba tomando la política nacional. Nos lo viene a indicar una solicitud que eleva la Mayordomía de la Virgen al Ayuntamiento en 31 de octubre de dicho año, suplicando el traslado e insta lación en la ermita de la Virgen de Gracia del órgano existente en la iglesia del extinguido convento del Carmen, en bastante buen uso, que se estaba estropeando lastimosamente. Pasado el peligro y restablecido el orden en 1823, volvió la Comunidad carmelita a su convento de San José, no abandonándolo hasta el año 1836, con motivo de la ley desamortizadora de Mendizábal. El año 1834 era Prior del expresado convento el P. Josef Bañón, dato que hemos sabido por un hecho milagroso ocurrido en un incendio, atribuido a un escapulario que lleva fecha de dicho año y la referencia de ser Prior dicho Padre Josef Bañón.

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Pérdida de nuestras posesiones del continente americano. — Embebido con los sucesos de la Península, el común del pueblo español, no se percató de que desde 1810 a 1823, debido al descontento de los criollos, a las ideas filosóficas del siglo, a la ayuda anglosajona y a la labor de zapa de las sociedades secretas, se separaron de España, «Argentina, Uruguay y Paraguay, Chile, Perú y Bolivia, Venezuela, Colombia y el Ecuador, Méjico y América Central, no restándonos más que las islas de Cuba y Puerto Rico en América y las Felipinas y pequeños archipiélagos oceánicos en el Extremo Oriente. La crítica no puede ser más perjudicial para Fernando VII. Su conducta facilitó la invasión francesa, que terminó después de seis años de guerra; pero el rey, en vez de enmendar sus yerros y aunar las voluntades de todos los españoles, peninsulares y del Imperio, en torno a su persona, se dejó llevar de su orgullo personal, no quiso aceptar de buen grado la Constitución y se valió de una nueva traición a su pueblo provocando la invasión de los cien mil hijos de San Luis, a la que siguió una represalia sangrienta contra un número incalculable de españoles. No terminaron los males producidos a la Patria por este rey con su muerte, pues antes de fallecer abolió la ley Sálica y con tal acto dejó en herencia las guerras carlistas, que tanto ahondaron las diferencias entre españoles.

Incidente con Villena
Como si no hubiese padecido bastante esta Villa en los años de la guerra napoleónica, la intolerancia, indiscreción y animosidad villenense vino a turbar la paz de los espíritus caudetanos cuando más preocupados estaban en la recuperación económica y cicatrización de las heridas recibidas. En la sesión del día 18 de junio de 1828 se manifiesta que el día de antes, varios vecinos de esta Villa "que cultivan tierras en el partido de los Alhorines, término del Entredicho entre la ciudad de Villena y este pueblo", hicieron saber que los guardias de dicha ciudad, en unión con un regidor del Ayuntamiento se les habían llevado una porción de mieses, bajo el pretexto de cobrarse las contribuciones que de dichas tierras estaban adeudando los propietarios; y como quiera que nunca se había pagado tributo alguno de dichas tierras a la expresada ciudad, siendo costumbre de inmemorial que las tierras de dicho término litigioso contribuyeran con lo correspondiente al pueblo de que fuesen vecinos los propietarios, lo hacían presente a la Corporación para que no se parase perjuicio a dichos vecinos y se tomasen las medidas pertinentes. La Corporación municipal, en vista de lo expuesto, acordó que para resolver en punto de tanto interés

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ para el bien del vecindario, se citara a las personas de distinción y hacendados de la Villa para que, en unión con el Ayuntamiento resolvieran lo que tuviesen por más conveniente sobre el hecho de tanta monta como era el haber extraído las mieses a los labradores de esta Villa los guardias que se titulan de Villena, a las órdenes de un regidor, en término del 'Entredicho. Asimismo acordó el Ayuntamiento que en la Junta general de vecinos acordada, se tratase "del litigio pendiente entre dicha ciudad y esta Villa sobre los pastos, que son comunes en dicho término a estos vecinos y los de Villena, y, determinados que fueren tales puntos, alargar la Junta para los fines convenientes". Desgraciadamente, no fue éste el último incidente entre caudetanos y villenenses a propósito de los Alhorines o partido del Entredicho. Otros más podrá ver el lector en el próximo capítulo. Caudete no deja de recordar a través de los siglos el derecho que le asiste en los Alhorines, y Villena no debiera oponerse al justificado anhelo que existe en nuestra Villa para que se arregle definitivamente el celebérrimo pleito, causa de tantos conflictos y de la animadversión entre las dos poblaciones vecinas. ¿Cuándo llegará la solución justa y equitativa del viejo conflicto? Con este amargo y lamentable suceso, próximo a septiembre de 1833, en que murió Fernando VII, cerramos el presente capítulo de la época murciana, y saltamos a la Edad Contemporánea caudetana, que empieza tres meses después de haber sido proclamada heredera de la corona española Isabel II, cuando apenas había cumplido dos años de edad, por cuyo motivo hubo de encargarse de la regencia su madre, la joven y bella princesa napolitana María Cristina.

CAPITULO XIII
Caudete, villa de la provincia de Albacete
Primera etapa ( 1 8 3 3 - 1 8 8 6 )

P o r Real Decreto dé 30 de noviembre de 1833, España quedó dividida en 49 provincias, adjudicándose Caudete a la de Albacete. Nuestro pueblo, al cabo de tantos cambios experimentados a lo largo de su historia, halló, por fin, su sitio definitivo y emprendió una nueva etapa de prosperidad y progreso ininterrumpidos, en cuya trayectoria deseamos ardientemente se mantenga con creciente impulso para la consecución de nuevos triunfos y laureles en bien propio y de su amada provincia. Lo natural hubiese sido que Caudete formase parte de la provincia de Alicante, juntamente con Villena, la población más próxima, afín y de análogos intereses que la nuestra. Pero se sobrepuso la historia a la geografía, y como los caudetanos de aquellos días no querían pertenecer en modoalguno al distrito villenense, estos dos pueblos, llamados por la Naturaleza a marchar unidos, quedaron en diferentes administraciones provinciales, pertenecen a regiones políticas distintas, y hoy ya es muy difícil que alguna vez se integren ambos en el mismo partido judicial e idéntica provincia, como desean no pocos caudetanos, basándose en la realidad topográfica y comunidad de problemas, cultivos y maneras de ser. Ciento veintitrés años de sello albacetense pesan algo en la villa caudetana.

I.-BAJO EL REINADO DE ISABEL II Las guerras carlistas
En el corto espacio de cuarenta años a partir de 1833, España pasó por todos los regímenes conocidos entonces: Monarquía nacional, Gobierno provisional, Monarquía extranjera, República y vuelta a la Monarquía nacional.

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Con las pasiones políticas desatadas, era muy difícil la realización de algo constructivo, y las magníficas energías de nuestra Nación se perdían estérilmente en luchas entre los mismos españoles. E1 infante don Carlos, tío de Isabel II, se negó a reconocerla como reina, y, estimulado por los absolutistas, se apresuró a defender sus derechos a ocupar el trono de España en el campo de las armas. En las guerras carlistas se enfrentaron dos conceptos de la vida y de la historia. Los carlistas defendían la idea del monarca absolutista y los privilegios de la Iglesia; los isabelinos eran partidarios de la monarquía liberal, y aunque solían ser buenos católicos, deseaban disminuir la influencia de la Iglesia, y algunos de ellos eran furiosos anticlericales. Los carlistas se mostraban amantes de la tradición, de la vieja España, mientras que los isabelinos o liberales creían que España tenía que modernizarse. Esta lucha presenta tres períodos: el primero, desde 1833 a 1839 (que terminó con el abrazo de Vergara); el segundo, de 1847 al 49; y el tercero, de 1872 a 1876. Caudete, muy influenciado por la Iglesia, que tanto le había sostenido y confortado en los años en que estuvo sometido a Villena, y con numerosos hijos suyos sacerdotes, fue el pueblo más carlista de la joven provincia de Albacete. Del 30 de marzo de 1834 al 4 de mayo del mismo año sólo se alistaron voluntariamente en las Milicias urbanas veintidós mozos caudetanos, a pesar de la presión ejercida por las autoridades locales y provinciales para el reclutamiento. En cambio, fueron muchos los que se incorporaron desde el primer momento a las partidas carlistas., De la oposición que a todo el sistema liberal ofreció Caudete, son buena prueba los bandos publicados por las autoridades locales y los frecuentes cambios del cabildo municipal, Secretario de la Corporación y Maestros, ordenados por la Jefatura política de la provincia. En agosto de 1838 el comandante general de Milicias se llevó los veintidós fusiles, fornituras y uniformes de la Compañía de Caudete, cuyos componentes no inspiraban ninguna confianza al régimen. Sorprende y deprime el ánimo, al leer reseñas de los episodios guerreros de aquellos tiempos, como las que figuran en la "Historia de la Guerra Civil y de los partidos Liberal y Carlista", de Felipe González Rojas (1), conocer los excesos de todas clases, robos, incendios, secuestros, fusilamientos y asesinatos, la extremada crueldad, en suma, de que dieron muestra unos bandos beligerantes que se tenían por cristianos. ¿En qué imitaban aquellos españoles al Dios hecho Hombre, que, habiendo podido fulminar con el pensamiento a sus enemigos, consintió morir en la cruz escarnecido y
(1) Hemos podido repasar la 3.a edición, salida en Madrid el año 1889.

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blasfemado, pidiendo al Eterno Padre que los perdonase por no saber lo que se hacían? Las represalias más abominables estaban al orden del día, y no creemos que se hubiesen portado con menos caridad otros hombres no cristianos o herejes. Los hombres deben dar prueba en todo momento y circunstancia de sus convicciones, de ser seres racionales, sin dejarse llevar por los bajos instintos más propios de los brutos e irracionales, de las fieras, que de personas humanas. Algo de todo esto debió recordar al pretendiente don Carlos el gran apóstol de la juventud en el siglo XIX, San Juan Bosco, cuando fue a visitarle al Oratorio de Turín, pues recordarnos haber leído en la "Vida de Don Bosco", escrita por G. B. Lemoyne, que el Santo no se mostró partidario de la guerra y dijo a don Carlos: "En estos momentos oigo los cañonazos que disparan sus fuerzas sobre Bilbao; sus tropas no tomarán esa plaza".

La desamortización en Caudete
Durante el mes de julio de 1835, en plena guerra carlista, la política española se presentaba cada vez más turbia y amenazadora. Aunque el conde Toreno, para contentar a los más exaltados, y también obedeciendo a sus ideas, expulsó a los jesuitas y confiscó sus bienes, las Juntas revolucionarias, que pedían el restablecimiento de la Constitución de 1812, fueron haciendo su aparición en Barcelona, Valencia, Zaragoza, Málaga, Murcia, Tarragona, Reus y otras poblaciones. El 15 de agosto se sublevaron los milicianos de la Corte, a los que el Gobierno redujo, pero éste y otros muchos acontecimientos habían quebrantado su autoridad de tal modo, que la reina se decidió a substituir a Toreno por Mendizábal (14 de septiembre de 1835). La política de Mendizábal fue anticlerical desde el primer momento y mandó cerrar todas las casas religiosas, incautándose el Estado de los bienes de las comunidades, medida de relumbrón encaminada a desarmar a las Juntas revolucionarias. En Caudete hubieron de salir precipitadamente las comunidades de los conventos de la Concepción y de San José, es decir, los frailes Capuchinos y Carmelitas, cuyos bienes, con excepción de las iglesias, se sacaron a pública subasta. No hemos encontrado las actas de las sesiones celebradas por la Corporación municipal en los años de 1836 y 1837, por lo que desconocemos los detalles de la salida de los religiosos, así como la cuantía de los bienes desamortizados, aunque podemos adelantar que si los edificios no fueron transferidos por falta de postor en un principio, tal vez debido al mucho precio que debió fijárseles, aun depreciándolos muchísimo, las tierras, en cambio, fueron compradas en seguida por algunos licitadores forasteros. El huerto del convento de Capuchinos y el rebaño propiedad de los frailes,

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La fuente de mármol bl anco si tuada en l a pl aza del Carmen, donada al puebl o por D. Antonio Bel mar

los adquirió un tal Antonio Belmar, natural de Alpera, quien pidió al Ayuntamiento protección para sacar a pacer el rebaño desde el convento a la sierra Santa Bárbara, pues los dueños de las fincas intermedias le obstaculizaban o impedían el paso. Más tarde, en 27 de enero de 1843, el señor Belmar cedió al pueblo la fuente de piedra mármol "que estaba sin uso" en el expresado huerto de Capuchinos, en agradecimiento por el arreglo a que había llegado con la empresa del Agua de Bogarra. El Ayuntamiento aceptó el obsequio y colocó la artística fuente, con su estanque circular, en el centro de la espaciosa plaza del Carmen, donde aun está, luciendo ahora con toda plenitud su bella traza por habérsele quitado la capa de cal que la encubría y haberse rodeado el estanque de un bien cuidado jardincillo y paseíllo elevado al que se llega por cuatro artísticas escalinatas. Se le ha dotado, además, de un fantástico juego de cuarenta chorros o surtidores de agua que admiramos cuando funciona, y en la parte superior se ha colocado un monumental farol de cuatro artísticos brazos que sostienen los correspondientes focos; todo ello a iniciativa del señor alcalde don José Puche Soriano, empeñado en hacernos el pueblo cada día más grato, bello y cómodo. No sabemos si el referido señor Belmar adquiriría también la casa conventual para demolerla y vender los materiales, pero lo cierto es que a finales del pasado siglo estaba lleno el pueblo de puertas, ventanas, cuadros y diversos objetos procedentes del Convento de la Concepción.

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También sabemos que quedo sin postor que cubriera la tasa, el edificio que había sido el hospicio de los frailes capuchinos, es decir, la casa en donde se hospedaban cuando estaban de parada en la Villa, casa situada en la calle Nueva, hoy la número 22, y se pidió al Gobierno lo cediera al Ayuntamiento para instalar en él un asilo-hospital en el que atender a los pobres enfermos e impedidos, toda vez que lo que entonces se titulaba hospital, era, al decir del acta de la sesión en que se hizo constar, un establo o cuadra, más propio para irracionales que para personas, aunque antes de la cesión hubiese que proceder al justiprecio de su valor y al del huertecito contiguo. No sabemos si llegaría a instalarse en dicho edificio el hospital, pero si se instaló, sería por poco tiempo, pues en 13 de agosto de 1843, el vocal secretario de la Junta de Salvación, don Juan Bautista Vespa, manifestó en su informe que en el Convento del Carmen estaban instalados el Hospital, la Escuela de Enseñanza Primaria y la de Latinidad.

Mayoría de edad de Isabel II
Ante el cúmulo de dificultades que se presentaban en la gobernación del país, aunque la pequeña reina carecía de los años necesarios, los políticos consideraron que la única solución era declarar su mayoría, con lo que Isabel inició su actuación, de hecho, como reina, en 1843. Pero las cosas se agravaron: los partidos se multiplicaron, los bandos progresista y moderado se dividieron en una serie de pequeños grupos, entre los que destacó el partido democrático, base del futuro republicanismo, y un incipiente partido socialista, que estaba llamado a alcanzar una gran influencia. Entre la serie infinita de gobiernos que se sucedieron, cabe destacar la década moderada, dirigida por el general Narváez, y el Gobierno de la Unión liberal, con el quinquenio glorioso. En 1868, Isabel II se encontró sola y sin prestigio. La escuadra española inició en Cádiz el levantamiento y las fuerzas que permanecían fieles a la reina fueron vencidas en Alcolea, y entonces Isabel salió del país. En Caudete fue muy bien recibida la mayoría de edad de Isabel II, y la Corporación municipal salió el día primero de diciembre de 1843 a la calle para celebrar tan fausto acontecimiento. Se dispuso que, reunida la Municipalidad, invitados y concurrentes en las salas consistoriales y plaza de la Constitución el día primero de diciembre, a las nueve de la mañana, se dirigirían a la iglesia parroquial, llevando el cuadro Real, que se colocaría en el dosel hecho de antemano. Así se hizo, efectivamente, y después de la función de Iglesia, se cantó un solemne Tedeum. A continuación hubo desfile procesional por las calles del pueblo, siguiendo el recorrido de costumbre, lanzándose "VIVAS" por las autoridades y dirigiéndose alocuciones

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ al público. Tocó la Música himnos marciales, entre ellos el de Riego. Llegados de nuevo los manifestantes a la plaza de la Constitución, subieron las autoridades a los balcones de las Salas Capitulares y colocaron el retrato de la reina en el dosel preparado al efecto. Después desfiló el piquete de la Milicia Nacional en columna de honor por delante del cuadro. Por la tarde" hubo paseo cívico y por la noche, retreta y concierto de la Banda de Música. En 1844, con motivo de la llegada de S. M. la Reina a la vecina ciudad de Almansa, acompañada de su augusta madre y excelsa ¡hermana, se nombró una comisión formada por el alcalde don Manuel Ximeno, el regidor don Pascual Conegero y el síndico don Antonio Golf, para entregar a la reina él siguiente mensaje de felicitación: "Señora, llegó el término de la desventura; una voz imperiosa esparcida por los aires cundió por doquier el eco dulce de unión, y los españoles, abrumados con las fatigas de una guerra desoladora y fatal, corrieron veloces a rodear vuestro trono y dar una muestra de su fidelidad. Allí se abrazaron, allí os bendijeron, y allí, por fin, juraron defenderos y unirse para siempre bajo la enseña peregrina de vuestro nombre. Nosotros y este pueblo al que representamos, oímos las aclamaciones con que las gentes de una y otra parte a voz en cuello ensalzaban vuestra gloria, y alzando nuestro grito con el de aquéllos, decimos también: "¡Viva la Reina!",-porque ella es un monumento donde están depositadas la paz, la unión y la prosperidad de esta Nación. "¡Viva la Reina repetimos sin cesar, porque la Augusta Matrona va a prodigarnos el tesoro de su sabiduría y a fijar en nuestro horizonte el iris de paz oculto entre densas nubes por una década malograda y triste. Sí, nuestras esperanzas se verán cumplidas; haréis feliz este suelo, daréis solaz a los españoles y estos hechos inmortalizarán vuestro glorioso nombre, y nosotros, entre tanto, levantaremos nuestras plegarias a los cielos para que os concedan un viaje feliz, una salud nunca interrumpida, y una serie dilatada de años al lado de vuestra Augusta Madre y de vuestra Excelsa Hermana.—Caudete, 21 de mayo de 1844". Petición del ferrocarril.—El año 1848 se inauguró el primer ferrocarril de España, el de Barcelona a Mataró, y no mucho después, el de Madrid a Aranjuez. La fiebre por dotar a la Nación de tan magnífico medio de transporte cundió por doquier, y, enterados los caudetanos de que se iba a proceder a unir a Albacete con Cartagena, pidieron a las autoridades provinciales en 16 de junio de 1853, influyeran para que dicho ferrocarril pasase por Caudete. No se trazó por nuestro término dicha vía de comunicación, pero informados más tarde estos vecinos de que se proyectaba la construcción del ferrocarril Almansa-Valencia, ofició la Corporación municipal a las de

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Yecla y Jumilla para que se uniesen a Caudete en la petición de que este pueblo tuviese estación en la proyectada vía férrea. Queda bien probado el enorme interés que sentían aquellos caudetanos por el nuevo medio de locomoción, lo que viene a desmentir rotundamente otras versiones en sentido contrario que oímos de pequeños. Solicítase un destacamento de la Guardia Civil.—Creado el Cuerpo de la Guardia Civil por Real Decreto de 13 de mayo de 1844, nueve años después solicitó nuestro Ayuntamiento (7 de julio de 1853) que se estableciese un destacamento de dicho Cuerpo en Caudete, ofreciendo para cuartel el edificio del Convento de Carmelitas, cedido al pueblo por la Junta Superior de Bienes Nacionales, en el que ya funcionaban la escuela pública y el hospital de San Diego. Secundando un movimiento.—El Duque de la Victoria, General Espartero, jefe del Partido Progresista, y don Leopoldo O'Donell, jefe de la Unión Liberal, iniciaron un movimiento político, que denominaron glorioso Alzamiento Nacional, y Caudete se adhirió al mismo, nombrando una Junta local en la noche del 17 de julio de 1854, presidida por don Juan Bañón Golf, siendo su secretario don Juan Bautista Vespa. La Junta de Caudete inclinó, en favor de dicho (Movimiento, a las poblaciones limítrofes de Villena, Almansa y Yecla, más a la de Montealegre, invitándolas a sumarse a él.

Nuevos incidentes con Villena
El 20 de julio de 1854, es decir, dos días después, del pronunciamiento de Villena, ante la invitación de Caudete, en favor del Gobierno de Unión Nacional del Duque de la Victoria y de O'Donell, un grupo de caudetanos armados se presentó en las Salinas de la vecina ciudad, desarmando a los guardianes, encerrándolos en el mismo "Salero" y apoderándose luego de la sal que había en las balsas. Conocidos estos hechos tan reprobables por la Junta caudetana, los condenó ésta claramente y acordó que saliesen los guardas de campo de la Villa al camino llamado del "Salero" con orden de detener a los que llevasen sal y decomisarles el género. Dos años más tarde, o sea, en 31 de mayo de 1856, ocurrió un hecho más de la serie dolorosa de los habidos por causa de los Alhorines, en donde, como hemos repetido, tiene Caudete unos derechos inalienables que no ha cesado de reivindicar en todo tiempo. El suceso fue como sigue: Según denuncia del vecino de ésta, Francisco Martínez Macíá, cuando se hallaba apacentando tranquilamente su rebaño en la "Cueva del Campo", término del Entredicho de Villena y Caudete, se

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ presentaron los guardas de monte de la vecina ciudad, los cuales se apoderaron de veinte cabras y se las llevaron a la "Venta Vieja", depositándolas en ella. La alcaldía de Caudete ofició seguidamente a la de Villena pidiéndole que ordenase la inmediata devolución de las reses requisadas, toda vez que su dueño, como todos los vecinos de esta Villa, "están en el pleno derecho de gozar de los pastos y leñas de dicho término". En la sesión del día doce de abril del mismo año 1856 se dice que "no pocos vecinos están alarmados por el decomiso de las referidas veinte cabras propias de. Francisco Martínez, realizado por los guardas celadores de Villena, por pastar en terreno público del partido de los Alhorines o del Entredicho, y haber citado además al perjudicado a juicio de faltas". Esto, "dado lo dispuesto y ordenado por el extinguido Real y Supremo Consejo de Castilla, para que el aprovechamiento de pastos, leñas y esparto del mencionado terreno público sea común a los vecinos de ambos pueblos, cuyo cumplimiento ha sido obedecido y acatado reiteradamente por la Municipalidad de dicha ciudad, puede calificarse de verdadero atentado contra el derecho cierto e indubitado que ante sí todos y cada uno de estos vecinos tienen; atentado que no sólo imposibilita el libre uso del aprovechamiento de los mismos, sino que los expone a que se susciten desmanes entre unos y otros, de fatales consecuencias. Y que para evitar estos inconvenientes que tanto urgen y llaman la atención, toda vez que el señor Gobernador de la Provincia se halla algún tanto orientado en este desagradable acontecimiento, y trata de terminarlo por la vía amistosa y pacífica en beneficio de ambos pueblos, según comunicación de fecha 16 de abril próximo pasado, acordaron después de detenida conferencia, que se eleve al señor Gobernador una respetuosa exposición documentada para que, instruido más de lleno, y, cerciorado del disgusto y casi general desasosiego de este pueblo, desplegue todo su celo e influencia en la terminación pronta y equitativa de este incidente, y en conformidad a su filantrópico pensamiento, sin perjuicio de que si esto no es así asequible, se reserva la Corporación hacer uso del derecho que le convenga ante quien corresponda".

La primera estafeta de Correos
La correspondencia, como ya se dijo, se recogía y depositaba en Yecla cuando Caudete empezó a ser del reino de Murcia; pero luego se utilizó la "caja de Villena". A finales de 1857 la Dirección General ordenó que, siendo Caudete del partido judicial de Almansa, se utilizase la Administración de esta ciudad para la correspondencia de nuestro pueblo; pero la Corporación pretextó que Villena se halla a dos leguas de distancia de Caudete y Almansa a cuatro, por lo que no procedía el cambio de Administración. Aún pidió y obtuvo

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más nuestro Ayuntamiento. Hizo presente a la Dirección General de Correos que, deteniéndose, como se detenía, el coche-correo en la venta del Angosto, conocida por la del Gitano, lo que convenía era entregar y recibir en ella la correspondencia del pueblo, toda vez que se necesitan tres horas para llegar andando a Villena y la expresada venta está sólo a una hora de camino del centro de la población. Debieron convencer estas razones a la Dirección General por cuanto ésta dispuso que se utilizasen los servicios de don Martín Vega, administrador del Portazgo de la Venta del Gitano, para la entrega y recibo de la correspondencia, y la Corporación municipal le señaló por dicho servicio el haber anual de mil reales vellón a partir de primero de abril de 1857. Para conductor de la correspondencia se designó a José Bravo.

La Guerra de África. Un héroe caudetano
La guerra de África, sostenida por España en 1859 con el sultán de Marruecos a consecuencia de ciertos desmanes cometidos en la zona neutral de Ceuta, y que terminó con la paz de Tetuán, después de las brillantes victorias de Castillejos, Tetuán y Wad-Ras, (mereciendo el calificativo de guerra grande y paz chica, tuvo una grata repercusión en Caudete por el acto heroico realizado por uno de sus hijos, que mereció unánimes aplausos de la Nación. En efecto, el 19 de enero de 1860 recibió el Alcalde una comunicación del señor Brigadier Coronel del Regimiento de Infantería del Rey, fechada en el Campamento del Serrallo, a seis de dicho mes y año, dando cuenta de la acción heroica realizada el 24 de noviembre anterior por el soldado de este pueblo Francisco López Conejero y que le había merecido la Medalla de Oro del Ateneo de Cádiz. El hecho fue el siguiente: El expresado día 24 de noviembre de 1859, el citado López Conejero se hallaba con los demás componentes de la Compañía de Cazadores a que pertenecía, prestando servicio de avanzadas en los barrancos del boquete de Anglera. A las dos de la tarde fue atacada la Compañía por un grupo de cuatrocientos a quinientos moros, y hubo de retroceder, dejando algunas bajas. Entre los heridos que se quedaron en el terreno dominado por el enemigo figuraba José Molina, camarada y amigo de López Conejero. Este, animado por los más nobles sentimientos de valor heroico, abnegación, generosidad y afecto, reprendiendo a sus compañeros, que valerosamente cedían a fuerzas muy superiores, armó la bayoneta, y, lanzándose con denuedo sobre los moros, rompiendo sus líneas, arrebató de entre sus manos a su amigo herido, lo cargó sobre sus hombros, atendiendo más a su vida que a la propia, y, arrancándolo de una muerte cierta, se incorporó con él a su Compañía.

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La Corporación municipal, entre otras cosas, acordó que se concediese a los padres del héroe la pensión de una peseta diaria mientras el hijo estuviese en filas, y para conmemorar el acto de heroicidad de Francisco López, mandó hacer y colocar en el salón de sesiones una lápida de mármol negro y letras de oro con la siguiente inscripción:
Al valor heroico y a la piedad en la Guerra de África Memoria consagrada al cazador del Regimiento Infantería del Rey

DON FRANCISCO LÓPEZ CONEJERO
natural de Caudete, quien penetrando en la línea enemiga salvó en 24 de noviembre de 1859, en Anger, a su compañero herido Juan Molina, y fue premiado por el Excmo. Conde de Lucena con la Medalla de Oro de la Academia de Literatura del Ateneo de Cádiz y por S. M. con las Cruces de San Fernando y de María Luisa El Ayuntamiento de Caudete Loor a S. M. y a la Ciudad invicta que han premiado la Piedad y el Valor

Paso de SS. MM. por la Estación.—Poco después de terminada la Guerra de África, en 20 de mayo de 1860, ya estaba construido el ferrocarril de Madrid_Alicante, y el 10 de septiembre del mismo año, cuando Caudete hervía en fiestas en honor de su Patrona la Virgen de Gracia, pasaron por la estación, camino de Alicante, Sus Majestades los Reyes, con nutrido y brillante séquito. Obtenida la víspera, por telégrafo (1), la licencia del Gobernador Provincia para gastar 1.500 reales en dar la bienvenida a SS. MM., el Ayuntamiento en pleno a la estación, seguido del pueblo en masa, didos por la banda de música municipal y por las cuatro comparsas ricas, cada una con su correspondiente música. de la acudió precehistó-

Rectificando un criterio
Pasados unos años, serenados los ánimos, los caudetanos comprendieron que su interés les dictaba que debían pertenecer al partido judicial de Villena, ciudad que está a la vista de nuestro pueblo, y a la provincia de Alicante. A tal efecto se convocó el 15 de diciembre de 1861 a una magna asamblea de todas las fuerzas vivas de la población, para tratar del importante problema, y por haberse expuesto en la misma el verdadero sentir del vecindario y expresar con viveza la conveniencia de semejante cambio de jurisdicción, copiamos íntegramente el acta que hemos hallado en los libros capitulares, sobre acto tan trascendental. "Reunidos en la sala consistorial los señores del Ayuntamiento y mayo(1) Se utilizaba el telégrafo de la estación del f. c.

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res contribuyentes que al margen se expresan (Manuel Gil, Manuel Albis, Bañón, Molina, Cuello, Golf, Martínez, Joaquín Pascual, José M.a Herrero, Abdón Ruiz, José Albertos Amorós, Miguel Algarra, José Beltrán, Alberto Gil, Miguel Golf, Damián Graciá, José Ma Martínez, Miguel Sánchez, Francisco Albalat, Andrés García), previa convocatoria hecha de antemano, el señor Presidente declaró abierta la sesión, manifestando que por algunos vecinos de esta Villa, según se dijo en la sesión anterior, se había hecho presente al Ayuntamiento la conveniencia de solicitar del Gobierno de S. M. la gracia de que esta Villa sea segregada de la provincia de Albacete, trasladándola a la de Alicante, porque de ello surgirían grandes beneficios a estos habitantes, pues así parece lo requiere la posición topográfica del pueblo, en razón a que hay menor distancia a Villena, a cuyo juzgado debería pertenecer, y otras razones de no menos conveniencia, y así pulula en la población, de cuya idea todos los vecinos abundan. Por ello, pues, ha sido convocada esta sesión con el objeto de que los concurrentes manifiesten su parecer en asunto que parece ser del mayor interés para la población. Oído lo expuesto anteriormente, los señores concurrentes tomaron en consideración esta proposición, y se observó una animación general en todos los presentes, manifestando vivos deseos de que tuviera efecto el pensamiento explanado por el señor Presidente, y que, desde luego, se pongan en juego los medios necesarios para su consecución, mediante la convicción que tienen de que así conviene a los intereses de esta localidad; y a este efecto acordaron nombrar una comisión que active este negocio, hasta la realización de él, y en consecuencia nombraron a don José Martínez Albertos, don Rafael Cuello y don Rafael Molina, del seno del Municipio; y como mayores contribuyentes, a don Joaquín Pascual, don Francisco Albalat y don Miguel Algarra, juntamente con el señor Alcalde (don Miguel Izquierdo) en calidad de Presidente, a quienes se confieren todas las facultades que residen en estas Corporaciones y son necesarias para este efecto, y sin restricción alguna.—Los referidos señores aceptaron el cargo de comisionados qué se les ha conferido, dando las gracias a los circunstantes, y ofreciendo desempeñar su cometido con el celo que les distingue.—En este estado se dió por terminada la sesión". Siguen las firmas.

Actividades municipales
Dados los grandes acontecimientos que ocurrían por esta época en España, parece ridículo nombrar ciertas pequeñeces de la vida local caudetana; pero como ésta es una breve Historia de un pueblo pequeño, no es de extrañar que contenga ciertas minucias que nada dirán a los extraños, pero que siempre interesa conocer a los caudetanos. Una de estas insignificancias es que el 13 de enero de 1861 denunció un concejal que la plaza

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ del Carmen aparecía casi de continuo llena de agua y los alrededores de la hermosa fuente hechos un lodazal, obedeciendo todo ello, según el edil, a qué los árboles que había junto a la pila circular, estropeaban la fuente y tuberías de conducción con sus raíces, por lo que procedía quitar dichos árboles y construir en torno de la pila una escalinata de piedra que diese más realce al bello centro de la población. Al año siguiente se hicieron algunas reformas en la Lonja. Se abrió un arco en la calle de la Abadía, y un balcón con barandilla de hierro, con lo que fueron dos los que desde entonces dan a dicha calle de la Abadía. También se enlució por aquel tiempo el salón de sesiones, y todo ello por un presupuesto global de 1.600 reales vellón. La Alcaldía-Constitucional y el Juzgado de Paz funcionaban en el edificio donde actualmente se halla el Ayuntamiento. En la sesión del día 8 de enero de 1865 acordó la Corporación municipal sustituir el aceite del alumbrado público por petróleo, a fin de tener mejor iluminación. En la del día 22 del mismo mes manifestó el señor Alcalde que creía sería de comodidad e indiscutible utilidad pública el establecimiento y colocación de aceras en las calles, por exigirlo así la categoría de la población en armonía con los adelantos de la época. Se acordó que la obra se hiciera a cargo de los dueños de las casas, calculando un ancho de tres palmos en las calles que lo permitieran, y lo que pudiera ser en las estrechas. Por este tiempo se vendió la dehesa municipal conocida por el "Pinar Doncel", al vecino Julian Bañón. El acta no dice la cuantía de tal operación.

Más incidentes por causa de los Alhorines
El 23 de agosto de 1863 tuvo que salir de nuevo Caudete en defensa de sus inalienables derechos en los Alhorines, con motivo de otro nuevo incidente. Estando los vecinos de ésta, Tomás Villaescusa y Diego Serrano, cogiendo esparto en el partido del Entredicho, se presentaron unos guardas de campo de Villena, quienes procedieron a detenerlos y conducirlos a la vecina ciudad juntamente con el género y las caballerías. El Tomás logró evadirse y acudió a dar cuenta de lo ocurrido a las autoridades caudetanas. La Corporación municipal, después de hacer constar una vez más que los vecinos de este pueblo tienen derecho a pastar sus rebaños en los Alhorines y aprovecharse del esparto, leña y demás de dicho terreno, en mancomunidad con los de Villena, según es público y notorio, dirigió una comunicación al Ayuntamiento villenense protestando de lo acaecido. Al escrito de la Alcaldía de Caudete contestó la de Villena que los dos individuos en cuestión habian sido detenidos en término de dicha ciudad, en la umbría del Porrón,

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por la parte de la Zafra. El Ayuntamiento, considerando que dicho punto es parte de los Alhorines, partido del Entredicho, donde ambos pueblos pueden disfrutar de los aprovechamientos, según está declarado por Real providencia en el pleito antiguo que sobre este asunto todavía existe pendiente, cuyos derechos han sido reconocidos por la ciudad de Villena en favor de esta Villa, siendo el último reconocimiento de dicha ciudad el del año 1946, en virtud del requerimiento de este Ayuntamiento; considerando también que la referida ciudad de Villena se obstina de vez en cuando en vejar a estos vecinos, prohibiéndoles la entrada en el terreno en cuestión, lo cual ha producido quejas por parte de estos vecinos, y en el caso reciente sucede lo mismo que en los anteriores causando disgustos a una y otra Corporación, este Ayuntamiento acordó: Que para orillar este incidente del modo más amistoso y favorable a los intereses de ambos pueblos, se manifieste al señor Alcalde de Villena ser conveniente, y hasta necesario, que ambos Ayuntamientos se entiendan por medio de Comisionados que tengan una entrevista en el sitio que parezca más a propósito en las inmediaciones de ambos términos, y que a este fin se le invita a que lo consulte con la Corporación de su presidencia, manifestando luego si acepta o no la propuesta de esta Municipalidad, para señalar el día y el sitio de la reunión o acordar, en caso negativo, lo que juzgue más oportuno. El 29 de octubre del mismo año, Caudete se quejó al Gobernador civil de su provincia de que Villena había puesto mojones a su antojo en la línea divisoria de ambos términos, pidiendo al señor Gobernador se sirviera notificarlo a su colega de Alicante para que se diera por nula y sin valor alguno tal operación, y que ésta se realizase con asistencia de ambas partes interesadas. Otro incidente ocurrió el 24 del expresado mes de octubre entre villenenses y caudetanos con motivo del aprovechamiento de los Alhorines, y fue que estando cogiendo esparto los vecinos José Villaescusa, Diego y José Serrano, a la parte arriba de la mojonera de la hacienda llamada de la Campanica, propia de los herederos de don Joquín Pérez, en el partido del Entredicho, fueron sorprendidos y llevados a Villena, también con sus caballerías, como ocurrió en el incidente anterior, por unos guardas de campo villenenses, reteniéndoseles las caballerías luego de haber dejado en libertad a los hombres, para responder del pago de la multa que se les había impuesto. Es la eterna canción que se repetirá hasta el infinito mientras no se llegue a un acuerdo definitivo y justo que termine con este estado equívoco de cosas, adjudicando a cada pueblo una zona determinada del celebérrimo partido de los Alhorines o del Entredicho.

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II—DE LA REVOLUCIÓN A LA RESTAURACIÓN
(1868-1874) La Revolución de 1868 aumentó el desconcierto interior. Nadie sabía qué camino tomar. Primero se ensayó un Gobierno provisional; después se instauró la Monarquía de Amadeo I; tras ella, la República; y, finalmente, se volvió al camino tradicional, restaurando en el trono a los Borbones en la persona de Alfonso XII, hijo de Isabel II. Las dos primeras etapas de este corto período de seis años, pasaron casi inadvertidas para Caudete. En los libros capitulares tan sólo se reflejan a través del juramento que se hacía prestar a cuantos cobraban sus haberes del presupuesto municipal de que serían fieles a la Constitución democrática del año 1869. En el acta del tres de marzo está la fórmula usada con las maestras doña Dolores González y doña Juana Molina, que es del siguiente tenor: "¿Juráis guardar y hacer guardar la Constitución Española promulgada en 6 de junio de 1869? ¿Juráis haberos bien fielmente en los deberes de vuestro ministerio, mirando en todo por el bien de la Nación?—Sí juramos—. Si así lo Hiciereis, Dios y la Patria os lo premien, y si no, os lo demanden, además de exigiros la responsabilidad con arreglo a las leyes". El 4 de mayo de 1872 el Gobernador de Albacete disolvió el Ayuntamiento de Caudete y nombró Alcalde Presidente a don Miguel Izquierdo, y primer Teniente de Alcaide al farmacéutico don Cayetano Pla. El día 10 de julio se destituyó al Ayuntamiento anterior y se repuso en la Alcaldía a los señores don José Ruiz Bañón y don José María Albalat, que eran los que estaban al frente de la Corporación a principios de año. La anarquía general que hubo en España durante los once meses que duró la primera República, no se notó en Caudete. Aquí tan sólo se manifestó el cambio político en la renovación de alcalde, concejales y dependientes del Ayuntamiento. El primer alcalde republicano fue don Juan Bautista Vespa. Este ciudadano renunció el cargo en 8 de junio de 1873, siendo designado para sucederle, don José Albertos Amorós, que lo ostentó hasta el 10 de junio del año siguiente en que fue depuesto por el coronel don Salvador García Flores. Durante el mandato de don Juan Bautista se libró un combate entre una partida carlista y la novena Compañía del 5.º Tercio de la Guardia Civil de Alicante, habiéndose producido varias bajas entre los de la Benemérita, debiendo ser hospitalizados largo tiempo en esta localidad los guardias José Ferrándiz Botella y José Valls Torres. A fines de 1873 y coincidiendo con la desorganización que caracterizó a la primera República, don Carlos, cuya Corte se hallaba en Estella, poseía un magnífico ejército y se renovó con mayor intensidad la tercera guerra carlista.

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El 24 de septiembre de 1874, una partida carlista hizo su aparición en Caudete y se enseñoreó de la Villa por espacio de dos días. La finalidad fue reclutar a numerosos jóvenes de la localidad, exigiendo de paso quinientas pesetas (que les fueron entregadas de los fondos del Agua del Paraíso) y diversas raciones y útiles para sus necesidades. Poco después, el 16 de octubre del mismo año, el coronel de la columna de operaciones del Regimiento de Infantería de Granada, destituyó al Ayuntamiento por su condescendencia con los carlistas y su pasividad en permitir que se fueran con la partida de Carlos VII la mayoría de los jóvenes caudetanos en edad del servicio militar. Quedaron nombrados nuevos alcaldes, designándose a los señores don Manuel Pastor y don Andrés García Torres.

III-PROCLAMACIÓN DE ALFONSO XII Y LA VIDA LOCAL DURANTE SU REINADO
El 29 de diciembre de 1874, el general Martínez Campos proclamó en Sagunto a don Alfonso XII rey de España, que reinó hasta 1885, logrando un remanso de tranquilidad a la vida inquieta de nuestra Patria, aunque en Caudete no fue ciertamente así. La primera preocupación de Alfonso XII fue terminar la guerra carlista, y al efecto organizó un ejército de 200.000 hombres, al frente del cual se puso él mismo. Rápidamente fueron eliminados los centros de resistencia carlista, y el pretendiente Carlos VII tuvo que salir de España el 28 de febrero de 1876. Alfonso XII, regresó triunfalmente a Madrid entrando a la cabeza de sus tropas victoriosas. Pero, sin embargo, el sentimiento tradicionalista manifestado en sus más variadas formas, todas coincidentes en su aversión al liberalismo, se mantuvo con fervor hasta el 18 de julio de 1936 en que brotó con enorme empuje al iniciarse el Movimiento Nacional. * Todos los cambios políticos anteriores se habían recibido en Caudete con la mayor indiferencia. La proclamación de Alfonso XII, en cambio, produjo sensación y un júbilo inmenso en los liberales. El pueblo, a decir verdad, estaba cansado de tanto pronunciamiento, revoluciones, guerra civil, ensayos de diversos regímenes, de facciones y desmanes, y saludó, en general, la instauración de la Monarquía como don de Dios que podía devolver la paz y tranquilidad públicas y aunar a los españoles en la tarea de construir la grandeza nacional basada en la comunidad de ideales y el trabajo constructivo de todos sus hijos. El Caudete oficial vibró de entusiasmo, como lo da a entender el acta

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de la sesión de 31 de diciembre, en la que se acordó: a) Organizar con los liberales de la Villa una solemne y pública manifestación con el mayor orden y compostura, dando vivas al Rey, a la paz y a la unión de los españoles, b) Ordenar un repique general de campanas como medio de invitar a la expansión de los ánimos, que estaban cohibidos, c) Iluminar durante tres noches de forma extraordinaria el centro de la población y engalanar con colgaduras los balcones, d) Cantar un solemne Tedeum en la Iglesia parroquial, e) Dar el nombre de Alfonso XII a la Plaza denominada hasta entonces "Mayor" y grabar el título con letras de oro en placa de mármol negro; y, por último, dirigir al pueblo la siguiente proclama: , ´´Caudetanos: Un suceso grande, notable, extraordinario, uno de esos acontecimientos que forman época en los anales de los pueblos, acaba de tener lugar en la Nación española. El valiente ejército español, que tantas veces se ha distinguido por hechos notables de valor y heroísmo, ha dado otra nueva prueba de su lealtad e hidalguía. Desde el campo de batalla ha proclamado Rey de España a don Alfonso XII de Borbón, y este grito se ha repetido como un relámpago en las capitales y pueblos de España. El Ayuntamiento de esta Villa, fiel intérprete de los sentimientos generales de la Nación, ha secundado el movimiento del ejército, adhiriéndose al alzamiento. Con tal motivo cumple a su deber hacer esta pública manifestación y advertiros que el principal móvil de sus deseos es el orden, la paz y tranquilidad de todos los honrados habitantes de esta población. Caudetanos: Roguemos al Todopoderoso conceda a esta desventurada Nación una Era de felicidad y ventura en el reinado del augusto heredero de los Alfonsos, Fernandos e Isabeles; y en el ínterin démonos todos el abrazo de paz repitiendo a una voz: ¡¡¡Viva el Rey don Alfonso XII!!! ¡¡¡Viva España!!! ¡¡¡Viva la unión de todos los españoles!!!". Firman el acta los señores Andrés García, Luis Pascual, José Requena, Cayetano Pla, Salvador Gimeno, Salvador Ruiz, José Martínez y el secretario don Miguel Albertos y Angel.

Pasividad de Caudete
Pero esta encendida proclama y cuanto hacían las autoridades por despertar el entusiasmo de la población resultaba completamente inútil. Caudete era en su mayoría carlista y en las filas del carlismo militaban gran parte de los hombres jóvenes, algunos de los cuales, como don Francisco Albalat Navajas, lograron alta graduación militar y puestos de responsabilidad en el campo de don Carlos VII. Esta resuelta oposición se puso bien de manifiesto en cuanto el Gobierno empezó a pedir quintas para terminar con la guerra carlista, que se intensificó sobremanera. Los mozos de Caudete que no se habían ido a las filas de don Carlos y eran movilizados por la República, primero, y después por el

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Gobierno liberal, se fugaban en masa, y de aquí no salía ni un soldado liberal. El año 1875 pidió el Gobierno 70.000 hombres, y a Caudete, una población de cinco mil habitantes, le fijaron un cupo de 37 mozos de las quintas de 1873, 74 y 75, no reuniendo más de diecisiete reclutas. El Ayuntamiento no respondía de que los pocos mozos alistados llegasen al sitio fijado para la concentración, y con fecha 21 de febrero ofició a los gobernadores civil y militar de la provincia, interesándoles que dispusieran lo que creyesen oportuno para la conducción de los movilizados, pues la Corporación declinaba previamente la responsabilidad por cuanto pudiera suceder.Otro incidente que revela hasta dónde llegaba la pasión política fue la postura adoptada por doña Teresa Navajas, madre de los hermanos Albalat Navajas, de indudable prestigio en el carlismo. El día 18 de marzo de 1875 dió cuenta la Alcaldía del arreglo y debida alineación que se había hecho en el Camino de la Virgen, hasta dejarlo convertido en un magnífico paseo, el único del pueblo, orillado de árboles y con asientos de piedra a trechos regulares. Los propietarios que habían tomado parte del camino para agrandar sus fincas, cedieron esas porciones sin reclamación alguna, y todos los vecinos se estimularon para trabajar en tandas sucesivas los días festivos, en prestación personal, desde últimos de noviembre de 1874 hasta la primavera del 75. La única nota discordante, según lo expresa el acta de la sesión del día 18 de marzo, la dió doña Teresa, que poseía un huerto tapiado a la entrada del pueblo que estrechaba y deformaba el camino. La dueña, no sólo no quiso ceder gratuitamente la parte que impedía la conveniente alineación del camino-paseo, como habían hecho los demás propietarios, sino que se opuso a enajenarlo, debiéndose recurrir a las autoridades superiores que declararon la obra de utilidad pública y acordaron la expropiación forzosa de un trozo de setenta metros de largo por dos de fondo. El día 27 de abril de 1876 estaba terminada la guerra carlista, y este pueblo, de cuyos hijos tantos militaban en las filas del carlismo, celebró de una manera muy fría el final de las hostilidades. Según el acta correspondiente, se limitó el Ayuntamiento a ordenar la quema de un castillito de fuegos artificiales, que costó ochenta pesetas, unos toques de campanas de la Iglesia, por los que abonó cinco pesetas y la celebración de un funeral por los caídos en campaña. El 29 de agosto acordó la Corporación subvencionar las fiestas en honor de la Virgen de Gracia con sólo cien pesetas. Había, indudablemente, poco entusiasmo. Lo más saliente de la vida local caudetana en 1877 fue el fallecimiento del Excmo. Sr. don Juan García y Torres, Comandante General de Ceuta, natural de esta Villa, que había favorecido mucho a los hijos de Caudete. Se

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celebró un grandioso funeral y todos los sacerdotes oficiantes y asistentes, lo mismo que los músicos, no quisieron cobrar derecho ni gratificación alguna.

Otros acontecimientos
El 23 de enero de 1878 se casó Alfonso XII con doña María Cristina de Hapsburgo, y Caudete celebró el acontecimiento con colgaduras e iluminaciones durante los días 23, 24 y 25, declarados festivos. El 24 se cantó un solemne Tedeum y se repartieron raciones a los pobres de la localidad, consistentes en una libra de pan y cuatro onzas de carne. También se ordenaron otros festejos entre los cuales figuró una gran carrera pedestre. El 22 de febrero del mismo 1878 se recibió en Caudete la noticia de haber sido elegido Papa, dos días antes, el Cardenal Conde Pecci, que tomó el nombre de León XIII. Para celebrar tan fausto acontecimiento, así como la terminación de la guerra de Cuba, se ordenó el adorno de los balcones de las casas con las consabidas colgaduras y se iluminó extraordinariamente el pueblo. Asimismo se celebró una solemne Misa a toda orquesta y se cantó un Tedeum en acción de gracias. En el año 1879 se produjo un acontecimiento de extraordinaria importancia, cual fue la construcción de la carretera de Fuente la Higuera a Yecla, pasando por esta población. La obra absorbió a gran número de braceros de la localidad y necesitó gran número de carros, con lo cual cundió el dinero y fue general el júbilo de todos los caudetanos. De este año data también el empedrado de la calle del Muro y de la Abadía con las dos hileras de losas para las ruedas de los carros, que hemos conocido años atrás. En 1881 se hizo desaparecer la fuente que había en la plaza Mayor o de Alfonso XII, de aspecto feo, sustituyéndola por la actual, de mármol rojo. Pero hubo que realizar bastantes obras accesorias y el importe subió a la respetable suma (para entonces) de 5.109,pesetas. Su constructor fue el maestro Francisco Martínez Marco. Lo más notable que aparece en los libros capitulares del año 1884 es la construcción de la escalera de la cárcel, por un costo total de 479,10 pesetas.

Lazareto para cuarentenas El cólera morbo
El año 1885 fue el del cólera morbo asiático, que causó muchísimas

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víctimas en Caudete. Por disposición de las autoridades superiores, el 11 de junio quedó convertido el Palacio Episcopal del Rosario en Lazareto, en donde tenían que pasar cuarentena los viajeros procedentes de pueblos invadidos por el terrible mal. A tal fin, se ordenó el arreglo del camino de Fuente la Higuera y del que desde el pueblo va al expresado palacio episcopal. La epidemia hizo su aparición en Caudete y el 13 de agosto giró visita de inspección el Gobernador civil de la provincia, consolando a los enfermos y procurando levantar el ánimo del vecindario. Entregó al Ayuntamiento la suma de 1.500 pesetas donadas por el Gobierno, según R. O. de cinco del mismo mes. Hubo que suspender las operaciones del reemplazo, aplazándolas para el siguiente mes. Entre las víctimas estuvo el concejal del M. I. Ayuntamiento, don José Martínez Gil. El mal pasó y el Municipio recompensó, en la medida de sus posibilidades, a cuantos se habían distinguido en el servicio de la colectividad, médicos, farmacéutico, guarda mayor, guardas de campo, alguaciles y sepultureros.

Renacimiento caudetano
Malos, habían sido los años desde 1869 a 1876 en Caudete. Con tanto cambio de regímenes, incertidumbre y trastornos públicos, la producción bajó y la miseria se enseñoreó de Caudete. Ello se echa de ver en las listas de contribuyentes fallidos, morosos e incursos en las penas de embargo que aparecen en los libros capitulares de los años posteriores, llegando a figurar nada menos que mil seiscientos ochenta nombres de tales contribuyentes en 1877. El 25 de noviembre de 1885 falleció don Alfonso XII, el rey inteligente, alegre y simpático, que nunca se preocupó por su salud y cayó minado por la tuberculosis. Gracias a la paz que hubo en España a partir de 1876, nuestro pueblo se dedicó al trabajo asiduo y constructivo, logrando reponerse de la postración en que había caído durante los años anteriores, y poner las bases para el progreso ininterrumpido en todo orden que experimentó nuestro pueblo durante todo el reinado de Alfonso XIII, el período más brillante de la historia de la Villa. Caudete se dió cuenta de que no bastaba con el cultivo del campo, aunque éste se intensificara, para lograr el bienestar de toda la población, en aumento constante, y emprendió la industrialización del principal producto de su término, la uva, siendo los iniciadores de este

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intenso resurgimiento hombres tan emprendedores como don Luis Pascual Peris, don Damián Graciá Picó, don Salvador Martínez Sánchez, don Francisco Antonio Izquierdo, don Pedro Díaz Mollá, don Franco Huesca Martí, don Francisco Bañón Algarra, don José Pérez Navajas, don Juan Martínez y Hermanos y las señoras doña Dolores Gimeno y doña Teresa Navajas Golf, quienes llenaron de bodegas y fábricas de alcohol y de aguardientes los barrios del Moto y San Antón, las Peñicas, alrededores de la carretera de Fuente la Higuera a Yecla y el final de las calles Pintada y de la Nieve. Una vez más quedó demostrado que con el orden y la paz van aparejados la prosperidad y el progreso.

CAPITULO XIV
Período áureo caudetano (De 1886 a 1931)

Coincidiendo con el nacimiento del rey don Alfonso XIII comienza para Caudete la época de su mayor esplendor, que no vacilamos en calificar de período áureo, el cual se extiende hasta la terminación de la patriarcal Dictadura del General Primo de Rivera, en cuyo tiempo alcanzó nuestro pueblo su más alto nivel de vida, la plenitud de sus manifestaciones religiosas, el mayor grado que ha conocido en el equilibrio social, madurez política,

La céntrica cal l e de Luis Gol f

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gusto artístico, bienestar económico, inquietud cultural y ansias de progreso en todos los órdenes, llegando a ser la envidia de sus poderosas vecinas -Almansa, Yecla y Villena, que, a últimos de siglo y principios del actual, no le igualaban en la elaboración de vinos y alcoholes, en la brillantez y fastuosidad de sus fiestas, en el cultivo de la Música y demás bellas artes, en instituciones benéficas, mejoramiento de cultivos, fiebre constructora con obras tan suntuosas y magníficas como la plaza de toros (una de las mejores y más bellas de España), ni contaban con una pléyade de patricios como nuestros don Miguel Martínez Carrión, don José Ruiz y Ruiz, don José Arnedo Asensi y don Francisco Albalat Navajas, el potentado y caudetanísimo Conde de San Carlos. Claro es que, así como toda regla tiene su excepción, también presenta Caudete en este período una crisis económica, superada felizmente, producida por los hielos y nevadas que padeció nuestro pueblo el año 1890, llegando a sentir el azote del hambre muchas familias de jornaleros, lo que dió ocasión para que brillase la caridad y hermandad de los pudientes, a iniciativa de los PP. Carmelitas, quienes con el Superior, Padre Salvador Barri, a la cabeza, se dieron a recoger limosnas y donativos de géneros entre las familias acomodadas de la población, para repartirlos a los necesitados, a los que distribuyeron los frailes más de cuatrocientas raciones al día por espacio de mucho tiempo, además de llevar el mismo P. Salvador en persona más de cincuenta raciones diariamente a otros tantos pobres vergonzantes de las casas y cuevas.

I.—DURANTE LA MINORIDAD DE ALFONSO XIII
La muerte de Alfonso XII, dejó a España en una situación de incertidumbre. La Reina viuda era extranjera, y su hijo, el que tenía que ser Alfonso XIII, -no había nacido. Doña María Cristina, sin embargo, dió muestras de excelentes dotes de gobierno y de discreción. Durante su regencia se sucedieron varios ministerios presididos por Sagasta y Cánovas, que se turnaron en el Gobierno. Asesinado Cánovas por un anarquista en 1897, le sucedió Azcárraga, y a éste Sagasta, que quiso poner término a la guerra de Cuba, otorgando la autonomía a la isla, sublevada en 1895, pero todo fue inútil: los cubanos daban por descontado su triunfo porque contaban con la protección de los Estados Unidos, decididos a intervenir para realizar su política de expansión imperialista, y la lucha continuó. Aunque la situación general de España no fue muy próspera durante la regencia de doña María Cristina, Caudete continuó ininterrumpidamente la recuperación económica iniciada en los últimos años del reinado de Alfonso XII, y adquirió un empuje e intensidad sin precedentes en los años que siguieron, emprendiendo nuestro pueblo en dicho período, nada hala-

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güeño en el plano nacional, una marcha vertiginosa hacia su prosperidad y grandeza.

Fiebre constructora. —El mercado de abastos
La Villa se axfisiaba en sus límites anteriores y se desbordó por casi todas partes de su perímetro. En abril de 1886 empuñó las riendas del mando local el trío formado por don José Ruiz y Ruiz como primer alcalde o presidente de la Corporación municipal, el médico don Luis Domínguez Cortellés y don Miguel Díaz Martínez, primero y segundo tenientes de Alcalde, respectivamente, y durante su mandato, lo mismo que en el del equipo gobernante que le sucedió en primero de julio del año 1887, con don Emigdio Albalat la cabeza, están llenas las actas de las sesiones del Ayuntamiento de peticiones que cursaban los vecinos solicitando licencia para edificar, signo evidente de prosperidad material. Llueven las instancias y las concesiones de terreno por parte del Municipio para la construcción de casas de vivienda, bodegas, almazaras, y fábricas de alcohol, rectificaciones de calles, ampliación de edificios, renovación de los existentes... La calle de las Eras se prolonga indefinidamente; a ambos lados de la nueva carretera de Fuente la Higuera a Yecla, surgen numerosas construcciones; las calles del Molino, de la Nieve, y Pintada, ven alzarse casas y bodegas en sus extremos, que cada vez se van prolongando más. Y lo mismo ocurre con la calle de Madrid, las Peñicas, San Antón, y el Moto,. Caudete llega a finales de siglo con 5.000 habitantes, habiendo duplicado la población en plazo inferior a los cien años. No es de extrañar que el Ayuntamiento se contagiara del deseo de obrar, y, en efecto, realizó la obra del Mercado de Abastos actual, levantada bajo la dirección del arquitecto don Tomás Rico Valarino y el contratista don Pedro Donat Rosillo. El importe, incluido el del solar, ascendió a la suma de doce mil pesetas, cantidad respetable para aquellos años. La nueva construcción, recibida oficialmente el 7 de junio de 1888, exigió el adecentamiento de los alrededores de la misma, de donde desaparecieron un lavadero y viejos paredones que la afeaban, y se procedió a la apertura de una calle muy céntrica, la del Mercado, que puso en comunicación la calle del Muro con la Plaza del Carmen, procediéndose asimismo a la debida alineación de las casas de la calle Mayor que daban a ella por la espalda, es decir, las de don José Requena, don Jaime Albalat, don José Izquierdo y don Luis Herrero. El 25 de agosto de 1887 el vecino don José Revenga Giménez, solicitó y obtuvo permiso del Ayuntamiento para abrir una calle o travesía, continuación de la de Ortuño (la antigua calle del tapón, hoy de José Olivares) a través del huerto que poseía en la calle Mayor (el terreno donde hoy se asienta la casa de la esposa de don José

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ Olagüe y la cochera de Casa Revenga), para dar paso hacia la nueva plaza del Mercado. En la sesión del 5 de abril de 1888 propuso el síndico don José Beltrán,

y lo consiguió, que se trasladase el cuartel de la Guardia Civil, del ex-convento del Carmen a las casas edificadas por don José Requena al final de la calle del Molino, en donde, según él, habría mejores condiciones de higiene y comodidad para los guardias. También se acordó por aquellos días llevar el hospital de San Diego a la casa número doce de la calle llamada del Hospital, o sea al edificio ocupado hoy por la Graduada de niños núm. 1, en cuya planta baja había venido funcionando anteriormente el hospital de pobres transeúntes ya mencionado. El Municipio no cesaba de obrar, de dar trabajo y procurar el embellecimiento y comodidad de la población. No hay hoja de libros capitulares en que no aparezca alguna nota comprobatoria de esta actividad. Los caminos de Biar, del Salero, de Villena, Yecla, Montealegre, Cabezo, Fuente la Higuera, Tornajos, etc., etc., no cesaban de arreglarse, y en el antiguo de Yecla, se construyó un magnífico puente sobre la rambla de Valverde con la aportación de todos los dueños de fincas beneficiadas por él. No se interrumpió la construcción de aceras, y la red de conducción de agua a las numerosas fuentes públicas merecía un cuidado extraordinario hasta lograr su perfecto funcionamiento. En agosto de 1893 se acordó la construcción de las escaleras que hay entre las calles de Gimeno (o del Teatro) y la de Santa Bárbara, y unos años más tarde, ya en el 1900, se ordenó el derribo del arco que había al final de la calle de San Antonio Abad, que afeaba la perspectiva de la céntrica vía y era un estorbo para la buena circulación. Una vez abierta la calle del Mercado, don Luis Pascual Peris edificó en 1898 la bella casa en que hoy está instalado el Círculo Deportivo Caudetano, que tanto realce proporciona a ese lado del paseo público, y que adquirió en 1926 el Ayuntamiento por compra a don Francisco Carrillo Pascual.

Riqueza vitivinícola
Por este tiempo (1896) la cosecha anual de uva ascendía a 800.000 arrobas, que producían unas 400.000 de vino, equivalentes a 64.000 hectolitros, cantidad que colocaba a Caudete en el primer lugar absoluto y relativo de la provincia en el aspecto vitivinícola, incrementándose dicha cantidad con más de cuatrocientas mil arrobas de uva que compraban los bodegueros caudetanos a cosecheros de Montealegre y pueblos circunvecinos, subiendo así la elaboración de vino a más de 600.000 arrobas ó 96.000 hectolitros. Los vinos caudetanos, de color tinto rojo y una fuerza alcohólica de 12 a 15 grados por término medio (aunque algunos caldos alcanzan los 17 grados) eran, y lo siguen siendo, de superior calidad, como lo demostraba

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su gran demanda e intensa exportación al extranjero, a pesar de las elevadas tarifas arancelarias. Pero no se reducía la producción agrícola caudetana a la vid y sus derivados. Debido a sus abundantes manantiales, tales como los del Agua de Arriba, Bogarra, Suertes, Paraíso, San Vicente, San Matías, etc., los productos del campo caudetano eran, lo mismo que hoy, sumamente variados, y los vendían, en gran parte, en los mercados de Yecla y Almansa, principalmente. De 1886 a 1900 contaba Caudete con treinta y seis grandes bodegas de nueva construcción y montadas con los últimos adelantos de la época, además de otras muchas de menor capacidad que poseían los particulares para la elaboración de la propia cosecha y la de parientes o amigos. También existían siete magníficas fábricas de alcohol vínico dotadas cada una de ellas de sus correspondientes aparatos construidos en el taller de calderería y fundición de bronce de don José Florentino, hijo de este pueblo. Había, asimismo, catorce aparatos para la fabricación de aguardiente, construidos también en la localidad. Para la elaboración de harinas y salvados funcionaban once molinos movidos por el agua, algunos con muelas dobles. Otra industria que tenía gran florecimiento por la demanda que había de tejas y ladrillos, era la oerámica, llenándose de pequeñas fábricas los parajes del Moto y entre San Antón y la carretera de la Estación.

El telégrafo
Por exigirlo el desarrollo económico de la población, el alcalde don José Ruiz y Ruiz propuso, en 16 de diciembre de 1886, que se solicitara de la Dirección General de Comunicaciones una estación telegráfica en la localidad, basando la petición en el gran impulso que habían tomado en Caudete la Industria y el Comercio. La petición se renovó por el Ayuntamiento en diferentes ocasiones, hasta que en 23 de marzo de 1893 anunció don Jerónimo Gallur, a la sazón alcalde presidente, que la Dirección General de Correos y Telégrafos autorizaba a la Corporación para instalar por su cuenta una estación telegráfica municipal con su correspondiente ramal de doble hilo hasta empalmar con la línea general de Almansa a Villena en el sitio que se considerase más conveniente. El gasto de instalación ascendió a 2.070 pesetas, y el mobiliario a 135,20 pesetas. El primer telegrafista fue don Francisco Román Grande Belmonte, que se hizo un caudetano cien por cien y aquí murió gloriosamente el año 1936.

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Turno de Ayuntamientos
La renovación periódica de la Corporación municipal se hacía con mucha regularidad cada dos años por término medio, previas las oportunas elecciones. E1 pueblo, a este efecto, estaba dividido en circunscripciones denominadas de la Casa Consistorial, Carmen y Arco. El censo electoral constaba en 24 de enero de 1889 de 723 electores, de ellos 483 elegibles y 240 no elegibles, ordenados por cuotas contributivas de mayor a menor, entre las 2.652,24 pesetas y 10,61 los elegibles; y de 10,57 a 0,41 pesetas los no elegibles. Los diez primeros contribuyentes del pueblo eran: don Luis Teresa Pérez, don Luis Pascual Peris, don Pedro y don José Revenga Gimeno, don José Ruiz y Ruiz, don José M. a Herrero Amorós, don Miguel Golf Martínez, don Miguel Amorós Angel, don Damián Graciá Picó y don José Martínez Masías.

Pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas
Nota triste en la (Historia de España, y también en 1a de Caudete, es, sin duda, la guerra sostenida el año 1898 con los Estados Unidos de América. El 15 de febrero de dicho año hizo explosión en el puerto de la Habana el acorazado norteamericano Maine, enviado con el pretexto de proteger los intereses de los subditos de su país, y perecieron casi todos sus tripulantes, la voladura del barco, producida por una explosión interna, se atribuyó a una mina submarina, y los Estados Unidos declararon la guerra a España. El 1 de mayo fue destruida la escuadra, española de Filipinas, que mandaba el almirante Montojo, en la bahía de Cavite. El 3 de julio, sucumbía gloriosa, pero inútilmente, la flota del almirante Cervera en el combate naval de Santiago de Cuba. España se rindió y tuvo que aceptar las condiciones impuestas por el vencedor en el tratado de París (10 de diciembre de 1898) por el que se dió la independencia a la rica y hermosa isla de Cuba, la Perla de las Antillas, y se cedieron a los Estados Unidos las islas Filipinas, Guam y Puerto Rico, a cambio de una suma de 20 millones de dólares y de otras pequeñas concesiones. No menos de 200 jóvenes caudetanos de 18 a 25 años participaron en esa lucha desigual, y muchos hogares se cubrieron de luto y se llenaron de pena.

Los últimos de Filipinas
En la campaña de Filipinas se cubrieron de gloria un puñado de valien-

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Cal l e de José Ol ivares, con su nueva pavi mentaci ón de cemento. En el núm. 11 de l a misma fal l eci ó el héroe de Fil ipinas, al que está dedicada

tes que sostuvieron un sitio terrible en Baler, durante casi un año, y no se entregaron hasta pasados más de cinco meses después de terminadas las operaciones y firmado el tratado de París. Por haber tomado parte principalísima en dicha resistencia a ultranza un paisano nuestro, José Olivares Conejero, dedicaremos unas líneas a la heroica gesta que llenó de asombro al mundo. Este animoso paisano nuestro se incorporó al Ejército en 1896, cuando sólo contaba 19 años de edad, destinándosele al Regimiento de Infantería de Gareliano, de guarnición en Bilbao. Marchó a Filipinas haciendo el viaje en el vapor "Alfonso XIII", que zarpó de Barcelona en noviembre de 1897. Al poco de desembarcar en Manila, fue agregado al Batallón de Cazadores expedicionario núm. 2, y a los cinco días, salió esta unidad de ope-

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raciones, formando parte de la columna del general Lachambre, subordinado del general en jefe Polavieja. En el verano de 1898, José Olivares, que había ascendido a cabo, estaba de guarnición en Baler, pequeño pueblo de la isla Luzón, junto al mar, rodeado de altas montañas, envuelto por espesa vegetación y falto de caminos. El destacamento español se componía de cincuenta hombres al mando del capitán Las Morenas y los tenientes Alonso y Martín Cerezo. Sublevados contra España los tagalos, así llamados los naturales del país, nuestros hombres se trasladaron con sus víveres, municiones y utensilios a la iglesia del pueblo, único edificio que había de piedra, ya que las demás casas eran de caña y nipa, y muy pocas de madera. El 30 de junio de 1898 aquel puñado de españoles se encontró rodeado por un enemigo poderoso y con alguna pieza de artillería, rompiendo el fuego por los cuatro costados. Esta situación duró muchos días, pero al estrecharse el círculo de hierro que aprisionaba a los defensores, éstos pensaron en hacer una salida. Pasaron los días y los meses y los denodados defensores de la iglesia de Baler, como habían quedado incomunicados desde el principio con el resto del ejército, ignoraban lo sucedido y que aquella tierra ya no era de España, como insistentemente les decían los tagalos, aunque ellos no les creían. Llegó un momento en que los alimentos escaseaban terriblemente y de vez en cuando tenían que rastrearse los cercados a hurtadillas para comer hierbas y alguna verdura, como hojas de calabaceras. La epidemia del "beri-beri" hizo tales estragos, que apenas quedaron indemnes media docena de hombres. Los muertos aumentaban de modo alarmante, pero a pesar de todo, la moral de los sitiados no decayó. Llegado el 14 de diciembre el teniente don Martín Cerezo, único oficial que quedaba, dijo a sus hombres que era menester poner remedio a la angustiosa situación, cortar el foco infeccioso, que causaba la epidemia, mediante el incendio del poblado, y procurarse alimentos para no perecer irremisiblemente. Al pedir voluntarios para la arriesgada operación, se presentó al punto el cabo José Olivares, quien se puso al frente de catorce hombres, todos ellos enfermos menos graves, con ánimo resuelto de hacer cambiar favorablemente la situación. A las once de la mañana, en plena luz del día, salieron los quince valientes rastreándose y con la bayoneta calada. Desplegados en guerrilla, gritando como leones en completa libertad, se lanzaron sobre las trincheras de los rebeldes, que se preparaban a consumir pacíficamente su sabrosa comida. El asombro de los contrarios fue indescriptible y abandonaron sus posiciones a toda prisa perseguidos implacablemente por Olivares y sus

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catorce famélicos y esqueléticos compañeros, que ocasionaron innúmeras bajas en la masa de unos ochocientos contrarios, presas de terror. El resultado del heroico comportamiento de nuestro paisano y los hombres a sus órdenes, fue dominar mayor territorio, incendiar el poblado y hacer desaparecer con ello el foco de infección, y llevar a la iglesia abundantes provisiones de boca, incluidas algunas vacas y otras reses. El 2 de junio de 1899, medio año después de terminada la guerra, cuando ya era imposible resistir por más tiempo, quedaron convencidos los heroicos defensores de que el terreno que pisaban ya no era de España y se avinieron a parlamentar con los enemigos a quienes impusieron las siguientes condiciones para salir de la iglesia: 1. a, que habrían de salir cada uno con su fusil; 2.a, que no se les consideraría como prisioneros de guerra, sino que se les dejaría en libertad para volver a su Patria; 3. a, que serían respetados por todos los enemigos. El jefe filipino Aguinaldo aceptó las condiciones, formó a su tropa ante la puerta principal de la iglesia y mandó tocar la Marcha Real y presentar armas mientras uno a uno, y con los fusiles al hombro iban saliendo los españoles, los treinta y tres que pudieron resistir a tanto sufrimiento y a tanta privación (1).

Restauración del Convento de San José
Como acontecimiento memorable de este período cabe señalar el regreso de los PP. Carmelitas a Caudete, reseñado del modo siguiente por la "Revista Carmelitana" de Barcelona (2): "El citado día 20 de agosto salieron de Valencia los ocho religiosos que del convento de Onda iban destinados a la nueva fundación. A las ocho de la noche llegaban a la estación de Caudete, distante media hora de la Villa. Allí esperaba a los religiosos un carruaje que los condujo a las puertas de la población. Los habitantes, y a su frente las Autoridades eclesiásticas y civiles (3), habían acudido en masa a recibir a los deseados huéspedes. Las campanas se echaron al vuelo, y todas las casas lucían colgaduras y profusa iluminación. Desde las "Puertas, de Valencia" se organizó una larga procesión en la que figuraban todos los vecinos, sin distinción de clases, que recorrió las principales calles y acompañó a los religiosos a su nueva morada, de la que tomaron posesión en medio de atronadores vivas y entusiastas aclamaciones".

(1)

Para escribir la precedente reseña hemos tenido a la vista los números del 6 y 13 de julio de

1899 del "Noticiero de Manila", un ejemplar del ABC del 24-3 1904, un artículo de la revista "El Amigo del Soldado" de diciembre de 1912 y otro de "Alrededor del Mundo" de febrero del mismo año. (2) Número 150, a. XIII, 3 de noviembre de 1888.

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Curioso motín.—No podemos pasar por alto un hecho curioso, revelador del espíritu caudetano de fines del siglo diecinueve, cual es la excitación que se produjo en el vecindario el año 1895 con motivo de haberse producido una deshecha tormenta de pedrisco que arrasó los campos, como tantas otras veces había ocurrido, lamentablemente. Pero en esa ocasión las gentes sencillas del pueblo achacaron lo ocurrido a no haberse tocado a nublo, y atribuyendo la fatal omisión a culpa del señor cura párroco, don José Hernández, se amotinaron tumultuosamente y pretendieron linchar al inocente sacerdote. Las cosas hubieran llegado a más al no ser por la oportuna y providencial intervención de los virtuosos carmelitas PP. Salvador Barri, prior del convento de San José, y Alberto Gutiérrez, quienes, usando de la autoridad moral y celo impetuoso de que uno y otro estaban revestidos, lograron apaciguar los ánimos y evitar un día de luto y de excesos fanáticos en la población.

El alumbrado eléctrico
Otro hecho memorable y digno de recordación es el empeño mostrado por el Municipio para dotar al pueblo de alumbrado público eléctrico. El 10 de marzo de 1898 se presentó en el Ayuntamiento don Domingo Payá para encargarse del alumbrado público. El 23 de noviembre de 1899 cursó un escrito a la Corporación municipal don Juan Alsina Rosal, vecino de Madrid, que ya proveía de luz eléctrica a Yecia, solicitando suministrar el alumbrado público eléctrico a Caudete. Nuestro Ayuntamiento concertó el oportuno contrato con el solicitante, autorizándole a realizar contratos particulares con los vecinos de la Villa. Pero no cuajó el halagador proyecto, a pesar de la buena disposición de nuestras autoridades. La ansiada mejora no se realizó hasta julio de 1905, año en que comenzaron a dar luz eléctrica al pueblo los señores Pérez y Segovia, socios de la Compañía Eléctrica Caudetana, quienes instalaron cien bombillas de diez bujías para el alumbrado público, cobrándolas a 2,75 pesetas mensualmente. El negocio eléctrico no debía ir muy bien, sin embargo, por cuanto los indicados señores vendieron, en 16 de octubre del mismo año, a don José Alarcón Alarcón el terreno, máquinas, edificios, concesiones, muebles y demás, situado enfrente del huerto de los Carmelitas, en la calle Luis Pascual; y el señor Alarcón, a su vez, cedió la empresa a don José Conesa Monserrat, vecino de Cartagena.

II.-EN LA MAYOR EDAD DEL REY (De 1902 a 1908)
Un desfile fatigoso de ministerios señala la etapa de 1902 a 1907, años grises en España, y sin relieve, cargados de intrigas políticas y de force-

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jeos por el mando en los grandes partidos políticos fragmentados después de la muerte de Cánovas y Sagasta. No presenta, sin embargo, Caudete, ese panorama tan poco consolador. Por el contrario, según se ha indicado, pasa nuestro pueblo en ese tiempo por el período más brillante de su historia.

Construcciones a granel y la plaza de toros
Si en los años anteriores se construía, simplemente, ahora se hacían barriadas enteras. Caudete estaba pletórico de vitalidad y lo demostraba con las construcciones que realizaba. Por toda la periferia y centro de la población fueron apareciendo nuevas obras, cada vez más esbeltas, cómodas e higiénicas, como la bella casa de don Jorge Arnedo Asensi, esposo de

Cruz de término. Al fondo, l a Ig l esi a de San Francisco de Asís

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doña Josefa Pascual Revenga, heredera única de don Luis Pascual; la de don Pedro Revenga, con fachada a la calle Mayor y a la calle que había abierto en el huerto que poseía junto a la casa-Ayuntamiento, y otras por el estilo. En esa época volvió al pueblo cargado de riquezas el antiguo cadete del Regimiento del Rey; don Francisco Albalat Navajas, hecho todo un Conde de San Carlos y Secretario del Pretendiente don Carlos VII. Y el caudetanísimo don Paco, que hubiese podido ser un magnate de la Banca, como el Conde de Urquijo, su compañero en la Secretaría política de don Carlos, volcó su cuantiosa fortuna en el pueblo que lo había visto nacer y desarrollarse hasta la primera juventud, y empezó a comprar terrenos más allá de las Puertas de Valencia, haciendo surgir, en lo que eran unas miseras eras, un barrio con más de sesenta casas de vivienda para jornaleros, que bautizó con el nombre de su santo Patrono, San Francisco de Asís, a las que siguieron otras para pequeños labradores con carro y mula, apareciendo más tarde, como milagros de ensueño, la bella policromía de la Iglesia de San Francisco, con su torre coronada por una cúpula de alcachofa, que parece trasplantada de un pueblo de la lejana Polonia, más un amplio y suntuoso asilo, con intención de acoger en él a niños pobres y darles un oficio o profesión, pues "bien está—pensaba don Paco, siguiendo el parecer de los salesianos de Don Bosco—que haya asilos donde recoger a los ancianos, desvalidos y remediar sus múltiples necesidades; pero es mejor aún prevenir tales necesidades y poner los medios para evitar que haya quien tenga que ir a un asilo al término de sus días", lo que se consigue ciertamente proporcionando a los jóvenes un medio decoroso de vida

La monumental pl aza de toros edificada a expensas de don Francisco Al bal at, poco antes de su inaug uraci ón en 1910

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que les permita sostenerse y ser útiles a la sociedad, sin mendigar la ayuda de ésta. Luego, en 1910, quedaría terminada la más bella y costosa de las construcciones de Caudete, una monumental Plaza de Toros con tres pisos y 12.000 asientos, reducidos luego a 8.000 por haber quitado el piso superior. Y más allá, surgiría el encanto del regio chalet del Paso, con bello jardín, en medio de una huerta feracísima, formada por el dinámico don Paco, de 365 tahullas o 42,5955 Has. y unos viñedos inacabables. Pero el Conde de San Carlos tuvo un émulo en su correligionario político don Jorge Arnedo, quien, siguiendo las huellas de su suegro don Luis Pascual, no sólo levantó la mejor casa-vivienda del pueblo, ya indicada, en la plaza del Carmen, sino también el barrio llamado de Don Jorge, en la continuación de la calle Pintada y de la Nieve, y la hermosa casa de campo de la Alácera, al pie de la sierra de su nombre por la parte de Levante, cerca de la cual alumbró caudales de agua, convirtió en regadío grandes extensiones de terreno y cruzó la heredad de buenos caminos bordeados de frutales. Caudete edificaba más y más, y la piedad y caridad de sus hombres representativos encontraba medios para compartir lo que poseía con sus convecinos necesitados, bien en forma de obras y trabajo justamente remunerado, que abundaba muchísimo, o ya mediante instituciones benéficas, como el asilo de San Juan Evangelista, inaugurado el año 1908 con el entusiasmo y solemnidad que son de suponer, levantado a expensas de don Miguel Martínez Carrión más allá de la calle del Molino, al que dotó con esplendidez para asegurar la manutención y demás necesario a los asilados y monjas terciarias carmelitas a su cuidado. El Ayuntamiento no cesaba de arreglar los caminos vecinales, reponer los árboles en el camino-paseo de la Virgen, preocuparse por encontrar casas a propósito para las escuelas de niñas y de niños, terminando por dedicar a este menester la antigua Casa Consistorial o Sala de la Villa, trasladando el Juzgado al local de la Casa Ayuntamiento de la calle Mayor, donde ya había estado instalado anteriormente, y se pensó en la construcción de un nuevo cementerio alejado de la población y con la capacidad que un pueblo de 6.000 habitantes en constante aumento requería. Si rápido e importante era el crecimiento de Caudete como efecto de la insuperable actividad desarrollada en el campo, la industria, el comercio y la edificación, hasta despertar la envidia mal disimulada de las ciudades vecinas, que temían les adelantase, mayor era todavía el gusto que Caudete demostraba por las manifestaciones públicas religiosas, por el teatro, el arte en general y la música en particular.

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El Maestro Francisco Serrano
Como a Caudete todo le venía entonces de cara, Dios suscitó aquí, para honra y deleite de la población, a un director de banda, inigualable en la persona del recordado maestro don Francisco Serrano Sánchez, que elevó la música de esta Villa a una altura insospechada. Las manos de los caudetanos se rompían de tanto aplaudir cuando por las calles principales desfilaba en impecable formación la Banda municipal, con más de sesenta plazas, tras la bandera de la entidad cargada de premios y del rítmico maestro Serrano, al regreso de algún certamen de Albacete, Alicante o Valencia, donde había sido galardonada. Los libros de actas de las sesiones municipales están llenos de cariñosas alusiones a la Música y a su Maestro, con ocasión de nombrar las procesiones de Semana Santa, Corpus y Fiestas de septiembre, no regateando las gratificaciones al personal ni la concesión de créditos presupuestarios para la conservación del instrumental necesario.

Homenaje merecido
Por este tiempo satisfizo también el Ayuntamiento la deuda de gratitud contraída con el presbítero don Luis Golf Corredor, el infatigable defensor de los fueros y antiguos privilegios de esta Villa, que logró se la independizara en 1736 de la jurisdicción de Villena. El alcalde, don Jerónimo Gallur, propuso y obtuvo que al insigne caudetano, "de feliz recuerdo para este pueblo, cuya memoria debe ser inmortal", se le dedicase la antigua calle del Mesón, a continuación de la Mayor, hasta la plaza del Carmen. Este homenaje vino a sumarse al que a raíz de la independencia de la Villa dedicó Caudete a su liberador mediante un hermoso cuadro al óleo con el retrato de don Luis, que se expuso en la sala capitular en sitio preferente, y que ahora se halla en el Juzgado comarcal, como hemos dicho al final del capítulo XI.

La feria
Otro signo de su gran vitalidad la dió Caudete restableciendo la Feria, concedida, como sabemos, por Pedro IV el Ceremonioso en 1362, y desaparecida cuando la cautividad de Villena, con pretexto de la Guerra de Sucesión. Desde el año 1905. empezaron a verse, del 9 al 18 de septiembre, la plaza del Carmen, la calle del Mercado o la Plaza Nueva con decenas de casetas de madera que arrendaba el Ayuntamiento a los feriantes a través del concesionario de suministrarlas, el carpintero Elias Sánchez Requena.

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Proyecto de nuevo cementerio
Un pueblo tan progresista y próspero como el Caudete de principios de este siglo, no podía tolerar tener un cementerio reducidísimo y, por añadidura, casi dentro de la población. Por eso, en la sesión del 13 de julio de 1907, se da cuenta de haberse instruido un expediente para la construcción de nueva necrópolis por cuenta del Ayuntamiento, toda vez que el señor Cura Párroco había renunciado a hacerlo por cuenta de la Iglesia alegando carencia de fondos. En dicha sesión se acordó aprobar el proyecto presentado por el arquitecto don Joaquín Fernández y Menéndez Valdés, después de la información dada por el Inspector y Junta de Sanidad municipal, que presidía don Angel Lassala Izquierdo, así como por los médicos don Isidro Beneyto Pérez y don Emilio Martínez Navarro. El costo figurado en el proyecto era de 14.963,03 pesetas, aunque luego se añadieron otras 7.000, y el lugar elegido para su emplazamiento, el mismo que ocupa, es decir, la loma de Juan Castellano, por reunir las condiciones geolólicas, de capacidad, distancia, dirección, posición topográfica y demás exigidas por la Ley. Siendo el censo de población el de 5 .913 habitantes, y 204 el número de fallecimientos anuales, según promedio del último decenio, se calculó que el proyectado cementerio podría utilizarse por más de veinte años sin remover los restos mortales de los cadáveres sepultados. A pesar de la urgencia de la obra y de la sincera buena voluntad de todos por acometerla, no se empezó hasta dos años después, bendiciéndose por fin en mayo de 1911, una vez terminada, por el párroco don Santiago Amat y Payá, ante enorme concurrencia de público, que oyó después devotamente la Santa Misa celebrada en el sagrado recinto.

Centenarios de 1907 y 1914

(1)

Sin otros precedentes que los que la tradición oral decía y el espontáneo grito de entusiasmo que el año 1904 brotó de más de doscientos corazones que al unísono proclamaron a los cuatro vientos la pureza sin mancha de María, al conmemorar el quincuagésimo aniversario de su definición dogmática; los caudetanos todos se preparaban ya para celebrar con la mayor solemnidad posible el XIII centenario del arribo de su excelsa Patrona a su patria chica. Sin precedentes, pues, de lo que pudieran hacer nuestros antepasados en los siglos anteriores, y, a la vez, sin que nadie pudiera vanagloriarse de haber sido el primero en lanzar la idea de tributar extraordinario home(1) Tomado de la Historia de la Sta. y M. Imagen de María Santísima de Gracia.

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naje a la Reina de la Gracia en dicho centenario, llegó a ser el pensamiento obligado de todas las conversaciones, mucho antes de que se pudiera pensar siquiera en planear el marco donde había de encerrarse cuadro tan hermoso. El 25 de enero de 1905, la Ilustre Mayordomía recogía del ambiente la idea y lo hacía oficial. En este estado de vibración espiritual del pueblo, y no pudiendo resistir por más tiempo a los deseos que tenía de conocer los proyectos generales, se incitó por una de las comisiones nombradas el 17 de septiembre de 1905, a una magna reunión en la que reinó tal identidad de pareceres y sentires, que el entusiasmo llegó al paroxismo, cual si estuviera próxima la fecha en que había de realizarse los vastos planes que acababan de exponerse y que eran sólo un esbozo. fue aquello la primera nota del toque de atención, la primera chispa de entusiasmo que saltaba del corazón al choque de unos con otros y que había de convertirse más tarde en inmensa hoguera para llevar y comunicar el calor a los puntos más distantes. Las distintas comisiones comenzaron los trabajos respectivos, siendo todas dignas del mayor encomio por el celo y actividad que desplegaban. Dentro del plan general, cada cual ideaba y ponía de su parte aquello que dentro de su esfera pudiera dar a conocer mejor su entusiasmo. Auras de fe y patriotismo respiraban ya los pechos caudetanos, cuando en el mes de enero de 1906 se lanzó una grandiosa idea inspirada por Dios en un corazón noble y fervientemente enamorado de la Virgen de Gracia: la Coronación Canónica. Justo es que quede consignado en estas páginas el homenaje de un pueblo a uno de sus hijos, el Excmo. Sr. don Francisco Albalat Navajas, ya que quiso como devolver mediante las perlas y diamantes de hermosísima y original corona, regalada a la excelsa Patrona, las lágrimas que la Virgen había enjugado en Caudete por espacio de trece siglos. El júbilo y entusiasmo que inundaba el espíritu de los caudetanos desde que entró en el año de sus fiestas, aumentaba a la vez que se aproximaba el momento ansiado, cristalizando todos los sentires en un programa de fiestas concertado entre la Ilustre Mayordomía, Ayuntamiento, Reverendo Clero, Comparsas históricas y Gremios. A todas las provincias de España y a algunas partes de América, se enviaron pregones de nuestro gozo y alegría por medio de unos artísticos carteles, contestando tantos con su presencia, que se pudo calcular en más de ocho mil personas las que entraron en nuestro pueblo por la línea del ferrocarril en un solo día. Cumpliendo con su deber, el Ayuntamiento, presidido por don Pedro Donat Rosillo, el 13 de julio de 1907 solicitó la necesaria autorización del Gobernador civil de la provincia para celebrar los festejos extraordinarios

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anunciados con motivo del XIII centenario de la venida de Nuestra Señora la Virgen de Gracia, y pidió aumento de la Guardia Civil para los dias que duraran. Al propio tiempo designó a los concejales don Jerónimo Gallur y don Damián Graciá para que se ocupasen en nombre de la Corporación municipal de todo lo relativo a las fiestas centenarias (1). ¡Qué cuadro ofrecía Caudete desde la tarde del 31 de agosto hasta el 9 de septiembre del inolvidable 1907! Decía un diario de una gran capital: "...ha ofrecido Caudete en la conducta de sus hijos un espectáculo edificante, un cuadro bello y lleno de expresión cual no puede dibujar el diestro pincel de Murillo, en el cual contrastaban admirablemente los pobres y los aristócratas hacendados, rebosando satisfacción, obrando proezas de delirante entusiasmo, unidos por un mismo vínculo misterioso, impulsados por un mismo móvil: el amor de verdad a la Virgen de Gracia, trabajando todos, confundidas sus clases y posición social, por alcanzar un éxito colosal en sus fiestas. Y lo consiguió". Debe consignarse, para gloria de los que vivieron aquellos días y enseñanza de la posteridad, la frase de una personalidad insigne que nos honró en aquel entonces con su presencia: "Los conciertos, cabalgatas, los fuegos de artificio, todo, "en fin, todo sabe aquí a religiosidad y devoción mariana". Archivado queda en la Secretaría de la Ilustre Mayordomía el elegante programa, en que se reseña amplia y detalladamente el ajetreo de un pueblo ebrio de entusiasmo religioso, al ver aparecer en la puerta de su grandioso santuario a su Reina y Patrona en brillante carroza de plata, con magnífico palio (2) la tarde del 31 de agosto, llenando los ámbitos de clamorosos vítores que, unidos a los acordes de cinco músicas, salvas de morteretes y arcabuzazos de las comparsas y volteo de campanas, ofrecía un cuadro indescriptible e inimitable. jCómo saltarían los corazones en los pechos, si se ha de juzgar por las lágrimas que bañaban las mejillas! El canto de un himno con el que la Congregación de Hijas de María ofrecía a su Madre Purísima un corazón de oro que encerraba los nombres de todas las asociadas después de una breve alocución del director, ahogó los sollozos de aquella multitud loca de alegría. Locura santa que duró hasta el día 9 de septiembre en que, satisfechas de haber cumplido como buenas, sintieron saltar lágrimas de sus ojos al dejar a la Virgen en su hermoso trono y con Ella su corazón. Creemos merece excepción la parte eminentemente religiosa, y de ella
(1) Por aquel entonces componían el Ayuntamiento los Sres. D. Pedro Donat Rosillo, D. Francisco Martí Pedrós, D. Federico García Ferrer, D. Jerónimo Gallur Pedrós, D. Juan Conejero Gil. D. José Díaz Martínez, D. Miguel Sánchez Martínez, D. Luis Teresa Pérez, D. José Ruiz y Ruiz, Don Damián Graciá Martínez, D. Emigdio Albalat Navajas, D. Gabriel Estañ Herrero y D. José Vicente Marco. (2) La carroza regalada por la Mayordomía, el palio por doña Atala Pérez.

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ diremos que comenzó en la misma tarde del 31 en la confluencia de los caminos de Villena y de la Virgen con el simulacro de la llegada de la Imagen de Nuestra Señora, traída de Italia por el Diácono Ciprián el año 607, que era la causa impulsiva del centenario. En el novenario de Misas cantadas con acompañamiento de voces y orquesta de la población, fueron oradores, los seis primeros días, seis caudetanos, y en los últimos 7, 8 y 9, el Rdo. P. Ludovico, de los Sagrados Corazones, Carmelita descalzo, el Rector de San Francisco el Grande y Magistral de la capilla de Palacio Dr. don Luis Calpena, y el P. Francisco Jiménez Campaña, de las Escuelas Pías, respectivamente. Oficiaron de Pontifical en los tres últimos días los Excmos. e Ilmos. Sres Obispos de Lorima y de Tortosa, y el M. I. D. Antonio Castillo, Canónigo de la Catedral de Orihuela. Brillantísimas resultaron las procesiones presididas por las autoridades y representaciones de los Ilmos. Cabildos, Catedral y Colegial de Orihuela y de Alicante, oportunamente invitados, y presenciadas por la multitud que llenaba las calles adornadas con sumo gusto, las cuales ofrecían el aspecto de túneles de oro, plata y topacio de gran precio. Pero el acto excesivamente hermoso fue el de la Coronación Canónica decretada por Su Santidad el Papa San Pío X. La mañana más bella, agradable y espléndida presenciada por Caudete, fue la del 7 de septiembre de 1907. Parecía como si Dios, complaciéndose desde el Cielo por la Coronación que en un rincón de la tierra se iba a realizar en una imagen de su Santísima Madre, hubiera querido tomar parte por medio de la naturaleza, haciéndola aparecer vestida con sus mejores galas. Presidida por los señores Obispos se organizó en la Iglesia Parroquial la singular procesión, a las siete de la mañana, dirigiéndose hacia el barrio de San Francisco, donde habíase preparado original y artístico tablado cabe la hermosa cruz, cercada por artística obra de cerrajería, erigida por don Francisco Albalat, en sustitución de la derruida Cruz de Piedra que había existido cerca de las "Puertas de Valencia", y que el espléndido Conde de San Carlos había donado al Ayuntamiento. Precedían la Imagen de la Virgen las coronas bendecidas ya en Roma por el Padre Santo Pío X, llevadas en muy bien adornadas andas por las comisiones de las comparsas. Todos querían verlas y admirarlas, pero también querían avanzar para poder presenciar el acto tan sublime y grandioso. Grande, espaciosa, es la entrada del barrio, pero resultaba incapaz para contener aquella muchedumbre de gente que sufría resignada los rayos del sol con la cabeza descubierta. ¿Quién de los presentes podría olvidar aquel acto admirable y conmovedor? La pluma se resiste a bosquejar siquiera cuadro tan espectacular.

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La Vi rg en de Graci a, con l a corona reg al ada en 1907 por el Conde de San Carl os

Pregúntese a los que lo presenciaron y contestarán con nosotros, que en el alma se sentía algo insólito que la lengua no sabe explicar. Al presentarse en el tablado el Excmo. señor Obispo de Tortosa, acompañado del señor Albalat, Obispo de Lorima y sacerdotes asistentes, se produjo en la muchedumbre un silencio religioso imponente... Dióse lectura al Decreto y Acta de Coronación, y después de una sentidísima y elocuente alocución del señor Obispo, y cuando aún no había terminado de colocar

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ la corona de la Santísima Virgen... el retumbo de los arcabuces, la Marcha Real de las músicas, las campanas de todos los templos, y, dominando todo este conjunto, la delirante aclamación de ¡Viva la Virgen de Gracia!, llenó los espacios como para saludar a María en los mismos Cielos. "Pedid, oh Virgen de Gracia, a vuestro Divino Hijo que todos los que presenciamos la Coronación de vuestra Imagen aquí en la tierra, particularísimamente los caudetanos, unos con los ojos de la cara y todos con los del alma, te veamos un día coronada en lo más alto de la Gloria."

No se habían apagado todavía los entusiasmos de aquellas inolvidables y grandiosas fiestas, y ya se levantaba el fuego nuevo que caldearía los corazones de los dos pueblos, que latían acordes, puesto que eran pulsados por la misma mano de la Virgen aparecida. ¡Ah! La nueva crítica históricoreligiosa nada podrá contra la aparición milagrosa. Sobre granítica piedra descansa la fe religiosa de este pueblo en los últimos cinco siglos. Sí; como la vida toda del cristianismo descansa en el milagro de la Resurrección de nuestro Salvador y sus apariciones, la vida de nuestro pueblo descansa, desde principios del siglo XV en el portentoso milagro de la aparición de la Virgen al pastorcillo Juan López. Porque... ¿qué estratagema puede concebirse entre Paracuellos, lugarejo de la provincia de Cuenca, y los Caudetes, en los primeros años del mencionado siglo XV? Jamás podrá la crítica explicar satisfactoriamente la simpatía y el afecto que unen a estos dos pueblos tan distantes. Desde que la Santísima Virgen se aparece a este pastor, las leyendas pierden sus formas fantásticas y nuestra tradición se convierte en historia y la historia tiene todos los signos de verdad que pueden llevar las cosas humanas y lleva, sobre todo, el sello puesto por la misma mano soberana de la Santísima Madre de Dios; porque lleva el sello de su aparición. ¡Santa e inconmovible es nuestra creencia!, He aquí por qué, después de acordar la Ilustre Mayordomía en las juntas celebradas el 15 de junio y 12 de julio de 1914, que con el precedente que ya tenía del anterior Centenario, no debía de desmerecer el que era más nuestro, se invitó al señor Cura, Alcalde y Juez de Paracuellos, para que, con su presencia, caracterizaran lo típico de las fiestas. Invitóse también a los Excmos. señores Obispos de Orihuela y Tortosa, y se concertó un cartel de grandes fiestas de acuerdo con el M. I. Ayuntamiento, Reverendo Clero y Comparsas, que se cumplió con exceso y se conserva en la Secretaría de la Ilustre Mayordomía. Comenzaron dichas fiestas con el simulacro religioso de la venida del pastor Juan López, anunciando el mensaje celestial al pueblo desde los balcones de la Sala-Ayuntamiento y hallazgo de la Imagen de Nuestra Se-

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ñora de Gracia en la plaza de la Ermita el día 31 de agosto a las cuatro de la tarde, causa motiva del Centenario. En los seis días primeros de la novena, predicó el M. I. señor Magistral, de la Catedral de Murcia, don Saturnino Fernández, y en los días 7, 8 y 9, el M. I. señor don Diego Tortosa, canónigo de Madrid. fue una grandiosa manifestación de simpatía el recibimiento que se hizo al Excmo. señor Obispo de la Diócesis, doctor don Ramón Plaza y Blanco, la tarde del día 8, por las Autoridades, Clero, Comunidades religiosas, Comparsas y pueblo todo. El mismo señor Obispo presidió la procesión general y ofició de Pontifical el día 9.

III.-DE 1908 A 1931
Corresponden estos años en la política nacional, a la gobernación de don Antonio Maura, don José Canalejas, el conde Romanones, don Eduardo Dato, García Prieto y otros, estando cargados de crisis, intrigas políticas, tumultos, huelgas, atentados, sabotajes y coacciones, que inutilizaron los esfuerzos de don Antonio Maura para contener la descomposición del sistema constitucional. Durante estos años se turnaron pacíficamente las corporaciones municipales que fueron saliendo de las elecciones, y Caudete perseveró en el trabajo fecundo de los quince años anteriores, que habían labrado su prosperidad, y aún lo incrementó mediante las obras extraordinarias emprendidas por don Paco Albalat. Un ejército de peones, albañiles, canteros, carreteros, mecánicos, herreros y carpinteros pululaba por las calles y alrededores del pueblo, y hasta vinieron artistas franceses e italianos para la decoración de la casa vivienda del opulento carlista y su lujosísimo chalet del "Paso" o "Corbeyana". Para la inauguración de la magnífica plaza, se contrataron a las primeras figuras del toreo, Bombita y Machaquito, recibiendo éste una herida de consideración en la ingle. Los días de corrida, Caudete se convertía en la capital de la región, y el nombre de nuestro pueblo se hizo famosísimo en todo el ámbito nacional. Por efecto de la filoxera se produjo una crisis bastante pronunciada, pues la terrible epidemia de los viñedos venía a terminar con la base principal de la economía caudetana. Esto hizo caer a muchas familias acomodadas y obligó a otras a emigrar a Francia, a Argelia y a América, liquidando sus pequeñas haciendas. Las propiedades se dividieron y fue desapareciendo el señoritismo. Los jornaleros que no quisieron o no pudieron emigrar, se dedicaron a la explotación anárquica de los montes de este término y circundantes, y a sacar "rochas", es decir, a hacer roturaciones en ellos, lo que si en un principio produjo algún beneficio, pronto empeoró la situación,

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pues se produjeron grandes erosiones y luego no hubo ni monte ni tierra laborable, sino peñas desnudas, pedregales y "calaveras". Pero el pueblo no se entregó, y cedió con ahinco a superar la crisis y transformar la base de su economía. La gente empezó a convertir en huerta o terreno de rega dio las viñas filoseradas de los Hondos, los Viñales y la Cañada, reponiendo y cultivando las vides sólo en tierras de más pendiente, intensificándose también el cultivo del almendro, olivo y otros frutales. Ya en 1909 asistimos a la creación de dos nuevas empresas de riego a base de minados, la de la "Virgen de Gracia", presidida por el Secretario del Juzgado e inspirado poeta caudetano don Manuel Martí Herrero, y la de los "Hondos", dirigida por el dinámico don Pedro Donat Rosillo. Los "Prados", con la previa redención de censos enfitéuticos, fueron poniéndose en cultivo, y como hay en ellos tanta facilidad de agua para riego, se convirtieron en un filón de incalculable valor para la recuperación caudetana. La guerra de 1914-1918, fue, en general, muy beneficiosa para Caudete, por cuanto los productos de su agricultura adquirieron gran precio y el pueblo volvió a conocer una gran prosperidad. Por tratarse de años bien conocidos por nosotros y con amplitud de medios de información, podríamos escribir mucho de ellos, pero no queremos desorbitar este libro y nos reduciremos, al descender a los detalles de la vida oficial cotidiana, a lo más saliente y digno de ser recordado. Las personas más importantes.—Como dato curioso ponemos a continuación los nombres de los veinte primeros contribuyentes del período que reseñamos, con derecho a elegir compromisarios para senadores, en unión con otros treinta y dos terratenientes y los trece concejales nombrados en la nota de la página 167, que son los siguientes:
C O N T R I B U Y E N T E S Cuota contributiva

1.—D. Jorge Arnedo Asensi...................................................... 2.—D. José Izquierdo.............................................................. 3.—D. Pedro Revenga Gimeno.................................................. 4.—D. Salvador Martínez Sánchez ................ ......................... 5.—D. Miguel Martínez Carrión............................................... 6.—D. José Martínez Olivares.................................................. 7.—D. Francisco Antonio Izquierdo Martínez........................... 8.—D. Gaspar Albertos Algarra................................................ 9.—D. Salvador Sánchez Giménez........................................... 10.—D. Federico Albertos González........................................... 11.—D. Francisco Gil Ortuño ................................................... 12.—D. Joaquín Pascual Fernández.......................................... 13.—D. Antonio Muñoz Rey.....................................................

2.515,97 ptas. 2.156,95 " 1.907,02 823,44 686,56 501,68 495,35 481,77 481,77 418,73 414,40 " " " " " " " " "

333,83 " 330,86 "

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C O N T R I B U Y E N T E S

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Cuota contributiva

14.—D. José Requena Ruiz..................................................... 15.—D. Clemente Herrero Torrent............................................ 16.—D. Francisco Iniesta Marco.............................................. 17.—D. Isidro Beneyto Pérez.................................................... 18.—D. Jaime Albalat Navajas ................................................ 19.—D. Pedro Molina Domenech.............................................. 20.—D. Antonio Martínez Gil....................................................

323,90 " 297,93 " 296,90 " 294,53 " 278,89 " 264,36 " 257,52 "

Como referencia para poder comparar estas cuotas con las de ahora, diremos que en aquellos años valía un kilo de pan treinta céntimos.

Proyecto impopular
Siguiendo nuestra consulta de los libros capitulares vemos que en el año 1909 se pensaba en conseguir del Estado la plena cesión y propiedad legal del edificio del Convento Carmelita de San José, para proceder a su venta, y con el importe adquirir o edificar locales adecuados para escuelas y hospital municipal. Pero las gestiones no siguieron adelante porque el vecindario se alarmó ante la eventualidad de que se "tirara" otra vez a los frailes y presionó con manifestaciones imponentes a las autoridades para que desistieran de sus propósitos.

Visita del Gobernador Civil
El 28 de junio del mismo año, giró una visita protocolaria al pueblo el Gobernador civil don José del Castillo Soriano, quien convocó al Ayuntamiento y a todas las fuerzas vivas a una reunión extraordinaria para que se le expusieran con la mayor libertad las necesidades de la población, que él estaba dispuesto a atender en nombre del Gobierno de S. M. Asistieron, además de los concejales, el señor Juez municipal don Joaquín Pascual Fernández; el señor Cura Párroco, don Santiago Amat y Payá; el Rdo. Prior del convento de Carmelitas, Fr. Manuel Barraneda; el jefe de línea de la Guardia Civil, don Casto Escolano D'Aigueville; el notario don Tomás Megías Castillo; el inspector de Sanidad, don Angel Lassala Izquierdo; el subdelegado de Farmacia, don Luis Pla Sanchiz; el abogado don José Ruiz Guillem; el médico don Calixto Verdú García; el maestro nacional don Felipe Muñoz Mesado; y los sacerdotes don Antonio Mas y Mas, don Pedro Díaz Gil y don Joaquín Carpena Agulló. El inspector de Sanidad, don Angel Lassala, pidió que se acelerase la construcción del nuevo cementerio; don Luis Pla, la desaparición del lava-

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ dero, matadero y balsa del Moto; y don Damián Graciá abogó por la construcción de escuelas. El cementerio se comenzó en seguida, el día 4 de noviembre, y se inauguró el 21 de mayo de 1911. El día 27 de dicho mes de mayo se verificó el primer enterramiento con asistencia de la Banda de música, clero parroquial y numeroso público. El matadero y grupo escolar de nueva construcción, no se inauguraron hasta 1928 y 1931, respectivamente. Otra mejora insistentemente solicitada por la población, la carretera a Villena, tuvo realización en tiempos de la patriarcal dictadura del General Primo de Rivera.

Rotulación de calles
El Ayuntamiento, presidido por don Francisco Algarra Bañón. unificó las calles de Santa Bárbara, Richarte y Santo, bajo el nombre de José Olivares, en homenaje a José Olivares Conejero, el simpático cartero, héroe del destacamento de Baler (Filipinas), en cuyo sitio permaneció once meses consecutivos, desde el 27 de junio de 1898 al 2 de junio del siguiente año 1899, cinco meses y 23 días después de firmarse la paz de París, como hemos indicado ya. Sin embargo, el Ayuntamiento siguiente volvió sobre este acuerdo en 19 de mayo de 1910 y restableció a dicha vía el nombre de Santa Bárbara, dando el de José Olivares a la antigua calle de Ortuño, comúnmente denominada del Capón.

La guerra de Melilla
Ese mismo año de 1909 tuvo alguna repercusión en Caudete la guerra de Marruecos. Se movilizaron varias quintas y quedaron desamparadas algunas familias. Para paliar semejante estado de cosas, la Corporación municipal, presidida por el citado don Francisco Algarra, asignó dos reales diarios de subsidio a las familias de los movilizados por todo el tiempo que durase la guerra. Al recibirse en 30 de septiembre la grata nueva de que la bandera española ondeaba sobre la cima del Gurugú, la gente se echó a la calle por la noche en imponente manifestación de júbilo patriótico, encabezada por las autoridades locales, para celebrar efusivamente el fausto acontecimiento.

El Asilo de San Juan Evangelista
San Por entonces quedó terminado el magnífico, amplio y cómodo Asilo de Juan Evangelista para ancianos desamparados, circundado de feraz

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huerto y bella cerca con verja de hierro, que dió nuevo y vistoso aspecto a la continuación de la calle del Molino, lindando con la de Echegaray, hoy carretera de Villena. Bien mostraron su generosidad los fundadores esposos don Miguel Martínez Carrión y doña Dolores Teresa Amorós, legando al pue-

Asilo de San Juan Evangelista

blo de Caudete obra tan benemérita y humanitaria que dotaron con la mayor esplendidez, asignándole para su sostenimiento las rentas de numerosas fincas. A este edificio se trasladó el hospital municipal denominado de San Diego, que había venido funcionando el año 1888 en el edificio de la calle Paracuellos de la Vega, número 12, que, a partir de primeros del año 1913, empezó a servir de escuelas graduadas de niños con tres secciones. El Ayuntamiento se obligó a sostener dicho hospital en 2 de diciembre de 1911, fijando de momento, de común acuerdo con las monjas, la cantidad de seiscientas pesetas anuales.

Una fundación caudetana de monjas
El hospital de San Diego quedó, como antes lo había estado, bajo los cuidados de las Hermanas Terciarias Regulares del Carmen, encargadas también de atender a los ancianos asilados. Estas monjas son de fundación caudetana, rama esplendente salida del convento de San José, las seis primeras hermanas terciarias regulares fundadoras de la Institución, recibieron el hábito religioso en la iglesia del Carmen el 6 de marzo de 1891, de manos del entonces Prior del Convento, Rvdo. Padre Cirilo Font, quien, junto con el Padre Salvador Barri y el Rvdo. Padre Elias María Ortiz, debe ser justamente considerado como fundador y propulsor de la nueva familia

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religiosa. Las constituciones del benemérito Instituto fueron redactadas por el tercero de los nombrados. El reverendísimo Padre Pío Mayor agregó las Hermanas Terciarias a la Orden del Carmen en 28 de junio de 1906; en 15 de febrero de 1942 recibieron el Décretum Laudis, y en 4 de abril de 1950, fue definitivamente aprobado por S. S. el Papa Pío XII, felizmente reinante. Hoy, este Instituto Religioso, nacido en Caudete, tiene un estado floreciente y cuenta con más de veinte casas, una de ellas en Puerto Rico (1). La casa madre de esta Institución, sin embargo, está en Orihuela y no en Caudete, como parece debiera corresponder.

Nuevas Comunidades Religiosas
También contó por este tiempo nuestro pueblo con una nueva Comunidad Religiosa masculina, la de los Regulares Agustinos, procedentes de Novelda, que adquirieron el Palacio Episcopal del Rosario, extramuros de la población, para que sirviese de casa de reposo a enfermos procedentes en su mayoría de las misiones. Y unos años más tarde, en 1914, fundaron casa en nuestra población las Monjas Carmelitas del Sagrado Corazón y de la Virgen de Gracia, por iniciativa del P. Juan Bautista Feliu, que vió el nuevo monasterio como un relicario de los tres amores que alentaron su corazón: la Eucaristía, el Carmelo y Caudete. Se estableció la nueva casa de religión a la salida del pueblo, junto al camino de la Virgen, o partido de la Jorneta. Su primera Comunidad estuvo constituida por monjas del convento de Onteniente. Por Real Orden de 4 de enero de 1916, concedió el Ministerio de la Gobernación a estas Religiosas la facultad de que fuesen inhumados en el huerto del Convento de Clausura los cadáveres de las hermanas profesas que fallecieren.

Gentil obsequio
A partir del 11 de enero de 1912 las sesiones municipales estuvieron presididas por un artístico cuadro de SS.MM. los Reyes don Alfonso XIII y doña Victoria Eugenia, obra del afamado pintor caudetano don Francisco Martínez Alcover, que lo regaló al Ayuntamiento como testimonio del amor filial que sentía hacia su patria chica. La Corporación municipal, antes de colocar el cuadro en su sitio definitivo, lo expuso al público "en forma estética y sitio conveniente"—según lo dice el acta—, dando seguidamente las gracias al amable donante.
(1) Estos datos de tan gran importancia para nuestro pueblo los hemos tomado de la "Memoria Histórica sobre la Fundación y Restauración del Convento de San José, de Caudete " por el P. Elias Bañón, C. C.

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La epidemia gripal del año 1918
En vísperas de finalizar la primera guerra mundial, en toda España se dejó sentir una molesta epidemia gripal, pero en Caudete adquirió caracteres catastróficos que hicieron tristemente célebre el nombre de nuestro pueblo en todo el ámbito nacional y aun en el extranjero. La Prensa madrileña calculó en más de cuatrocientos el número de fallecidos en Caudete a causa de la terrible gripe. Preocupándose, como era natural, el Ayuntamiento por lo que ocurría en la población, el 8 de septiembre del fatídico año acordó que diariamente recorriesen el pueblo cuatro comisiones formadas por un concejal, un sacerdote y un auxiliar de la guardia municipal con objeto de socorrer las necesidades más perentorias, vigilar el aseo y limpieza de casas y calles, y el fiel cumplimiento de lo dispuesto en el bando de 28 de agosto. La Corporación, por boca del concejal don Pascual Martí Golf, no vaciló en achacar la intensidad y suma gravedad de la epidemia en Caudete, al foco de infección de la balsa del Moto, por cuya desaparición se venía pronunciando el vecindario desde hacía tiempo. El 17 del mismo septiembre no había llegado al pueblo ninguno de los auxilios prometidos por las autoridades provinciales, y por lo mismo se cursaron telegramas urgentes al inspector provincial de Sanidad, Gobernador civil y Ministro de la Gobernación, dándoles a conocer la gravedad de la situación e interesándoles el inmediato envío de medios con que combatir el mal, rogando, sobre todo, la presencia de médicos en número bastante para atender a todos los atacados, pues los cuatro que actuaban eran del todo insuficientes. Sobre el día veinte llegó el señor Gobernador civil de la provincia en compañía del Inspector de Sanidad de Albacete y dos médicos de la capital,que asistieron a muchos enfermos y levantaron el ánimo del atemorizado vecindario. El veinticuatro, ya remitía notablemente la epidemia, y el veintidós de octubre, desaparecida totalmente, se dieron gracias a las autoridades superiores y generosos donantes de dentro y fuera por la ayuda y entrega de dinero y medicamentos que habían efectuado. A los señores médicos y funcionarios que más se habían distinguido, se les dió, además, una gratificación conforme con las posibilidades del Ayuntamiento. También hubo voto de gracias para el clero parroquial y Comunidad Carmelita de San José. Los frailes se habían encargado de la asistencia religiosa del sector del Arrabal, pero en realidad pusieron a disposición de todo el pueblo sus sacerdotes, que fueron llamados a todas horas y a todos los puntos del pueblo, hasta las más remotas cuevas, llevando también sába-

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nas, medicinas y alimentos a los enfermos, a pesar de que la epidemia no respetó el recinto del Convento, que registró la baja del joven sacerdote, P. Elíseo María Olivet.El 25 de febrero del siguiente año 1919, se celebró un solemne funeral en la Parroquia de Santa Catalina en sufragio de todas las víctimas de la epidemia gripal.

Caudete incontaminado
La descomposición política que se observaba en España en los últimos años del período que historiamos no se advertía, afortunadamente, en Caudete. Esto nos lo vienen a demostrar los últimos acuerdos de algún interés general que encontramos en los libros capitulares. La atención de los ediles estaba puesta en la buena administración pública y, en las mejoras locales. Una de las primeras providencias del Ayuntamiento, después de pasada la epidemia gripal de 1918, fue la construcción de una nueva balsa del agua de Arriba, casi un kilómetro más allá del lavadero, para poder proceder a suprimir la infecta del Moto. Sin embargo, aún hubieron de pasar muchos años antes de la desaparición de la típica y zarandeada alberca, que tanto diera que decir. En septiembre de 1919 ya estaba terminado el proyecto de la carretera Caudete-Villena, gracias a la presión ejercida por el pueblo a través de su representante en Cortes, el señor Marqués de la Calzada, y diversos organismos, Pero había de venir la Dictadura para dar efectividad a éstas y tantas otras justas aspiraciones de la población. Por entonces también se habló de la instalación del teléfono público, aunque sin resultados prácticos, y de la construcción de un edificio para las Escuelas Graduadas de Niñas. El 22 de noviembre del mismo 1919, el Ayuntamiento se consagró al Sagrado Corazón de Jesús, mandó colocar una placa en el salón de sesiones con la formula de consagración leída por el alcalde, y se acordó que el mismo presidente de la Corporación municipal, formase parte de la junta constituida para levantar un monumento al Deífico Corazón en Santa Ana. Dando pruebas de gran españolismo y secundando al señor alcalde don José Ruiz y Ruiz, el Ayuntamiento hizo constar en acta el 13 de mayo de 1920 su enérgica protesta por los actos y hechos ocurridos en Barcelona con motivo de la visita a la Ciudad Condal del militar francés Mariscal Jofre, oportunidad que aprovecharon los separatistas catalanes, para proferir insultos imperdonables a España, nuestra Patria común.

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La Dictadura
El 13 de septiembre de 1923 el general don Miguel Primo de Rivera, apoyado por el Ejército, dió un golpe de Estado y se apoderó del gobierno, iniciando su dictadura extremadamente patriarcal. España, en su inmensa mayoría, recibió el gesto con satisfacción porque eran muy grandes las ansias de paz y tranquilidad en las ciudades. La labor de la Dictadura fue muy beneficiosa en diferentes aspectos: el orden quedó restablecido, los pistoleros y atracadores desaparecieron como por encanto; la guerra de Africa fue solucionada por el desembarco de Alhucemas, y se inició la realización de un amplio plan de obras públicas para que a ningún obrero le faltase trabajo. Se vivía tranquilamente y bien, alcanzándose un nivel de vida como nunca se había conocido: un peón ganaba por lo menos un jornal equivalente a 10 kilos de trigo; un obrero especializado, de 25 a 30; el funcionario medio percibía un sueldo con el que hubiera podido comprar de 10 a 12 mil kilos de dicho grano. Las cosas valían lo que ahora o aún menos, pues por el equivalente a 25-30 kilos de trigo, se compraba un buen par de zapatos de caballero; por el valor de 200 kilos, un buen traje; y el pasaje de Vigo a Buenos Aires, en tercera, equivalía a mil kilos del cereal rey. Los alquileres de las casas estaban más subidos que en la actualidad. Pero a partir de 1926, se impusieron los bajos apetitos de algunos españoles influyentes a las conveniencias nacionales y Primo de Rivera dejó el poder en 28 de enero de 1930 y el 11 de febrero salía para París, expatriado voluntariamente, y allí, una aciaga mañana, con los periódicos de España en la mano, inclinó la cabeza y se nos fue para siempre el ilustre General. Acto inicial.-----El 2 de octubre de 1923, se presentó en Caudete don Antonio Fernández Rubio, Jefe de esta línea de la Guardia Civil, quien hizo saber a los concejales, reunidos previamente en el salón de sesiones del Ayuntamiento, que quedaban destituidos de su cargo y representación en virtud de la orden telegráfica del primer Jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de la provincia, dimanante de otra del General Subsecretario de la Gobernación. El mismo día constituyó dicho señor Teniente el nuevo Ayuntamiento, siendo elegido Alcalde Presidente don José Martí Tecles, quedando, acto seguido, designadas las diferentes comisiones municipales.

Gestión de D. Salvador Díaz Capellá
El día 4 de diciembre del mismo año 1923, el delegado militar, ilustrí-

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simo señor don Rafael Flaquer, Teniente Coronel del Ejército, depuso al anterior Ayuntamiento y nombró otro presidido por el militar retirado don Salvador Díaz Capellá, natural de esta Villa. El mandato del Teniente Coronel don Salvador Díaz, terminó el día 6 de noviembre de 1925 por su renuncia a la presidencia de la Corporación fundada en motivos de salud, siendo relevado en el cargo por don Felipe Esteve Martí. El resumen de la gestión del señor Díaz Capellá, lo hizo su sucesor señor Esteve el día 2 de julio de 1926 en que don Salvador se despidió de sus compañeros de Corporación por trasladarse definitivamente a Madrid. Cuando este valeroso militar, vino a decir don Felipe Esteve, se hizo cargo del Ayuntamiento, no había en la caja existencias, los recursos del Municipio estaban embargados en el 66 por 100, por la Hacienda pública y en el 25 por 100 por la Diputación Provincial, quedando para las atenciones municipales el resto ínfimo del 9 por 100. Los débitos del Ayuntamiento se elevaban a doscientas mil pesetas, en números redondos; a los empleados se les tenía once meses sin cobrar y no se había satisfecho al Estado el cupo del tesoro por los suprimidos consumos, partida que ascendía a unas veinticinco mil pesetas. Si del orden económico pasamos al político hay que decir que anteriormente estaba por el suelo el principio de autoridad. No había respeto para la propiedad ajena y la población se encontraba en el mayor de los desconciertos. Don Salvador demostró poseer fino tacto diplomático y una inquebrantable energía unida a una extraordinaria bondad paternal. Parecía, añadimos nosotros, el retrato de don Miguel Primo de Rivera. Caudete fue secundando admirablemente el criterio e ideales de su Alcalde que éste le iba dando a conocer a través de bandos y sabias disposiciones para el bien común, no habiendo tenido que emplear apenas medidas coercitivas para conseguir el mutuo respeto de los vecinos y su recto comportamiento ciudadano. La población se percató pronto de la nobleza de fines de su rector y lo comparaba muy favorablemente a los del antiguo régimen. Gracias a la nueva administración de don Salvador y sus compañeros, se cobraban los tributos con regularidad, se pagaron los haberes de los funcionarios municipales puntualmente y se fueron satisfaciendo miles de duros a la Diputa ción Provincial y cabeza del Partido judicial, y otros atrasos, sin embargo de lo cual, empezó a verse dinero saneado en la caja del Ayuntamiento. Este modelo de alcaldes se honró aún más al distinguir a otro pleclaro paisano con el envidiable título de Hijo predilecto de Caudete. fue en 30 de octubre de 1924, a instancia de 521 vecinos y ante un enorme gentío congregado delante de los balcones de la antigua sala de la Villa en la Plaza de la Iglesia. La multitud prorrumpió en clamorosos vítores de entusiasmo cuando el querido y respetado Alcalde dijo: "Poseído el Ayuntamiento de los méritos que concurren en el honorable caudetano Ilmo, señor don Antonio

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Martínez y Martínez, Doctor en Sagrada Teología, Deán de la Catedral de Tortosa, y dando cumplida satisfacción al pueblo en su legítimo deseo, lo declara y proclama por unanimidad Hijo Predilecto de esta Villa de su naturaleza, acordando asimismo dar el nombre Calle del Deán Martínez a la que hasta ahora ha venido denominándose "Nueva".

Etapa de D. Felipe Esteve Martí
En los doce meses que estuvo presidiendo don Felipe Esteve la administración municipal, se consolidó el buen estado económico que tenía al recibirla de manos de don Salvador Díaz Capellá. A don Felipe Esteve le cabe el honor de haber sido quien empezó a tratar con don Francisco Carrillo Pascual la cesión en favor del Municipio de la casa y huerto situados en la plaza del Mercado, que el último había heredado de su prima-hermana doña Josefa Pascual Revenga. Según el señor Alcalde, la casa, dada su capacidad, buena construcción y magnífico emplazamiento, podía tener diferentes y útiles aplicaciones, y el huerto de tres tahullas de extensión aproximadamente, al ser adquirido por el Ayuntamiento, proporcionaría a la población una salida por sitio tan céntrico, facilitaría el tránsito desde el Mercado y hacia él en todas direcciones, y favorecería la estética y hasta la higiene, pudiéndose además convertir dicho terreno hortícola en un parque, glorieta o paseo público para solaz y deleite del vecindario, a lo que tiene perfecto derecho por pechar con las cargas municipales. Sin embargo, el cuidadoso administrador no supo preveer o no pudo evitar una gravísima alteración del orden público que se produjo en el pueblo a raíz de una disposición dada por el Gobierno sobre el ancho obligatorio de las llantas de los carros que circulasen por las carreteras. Llevados de su ofuscación o movidos por mano criminal, lo cierto es que numerosos vecinos se soliviantaron contra tal mandato gubernativo y obstaculizaron la libre circulación por carretera. Intervino, como es natural, la fuerza pública para restablecer el orden y garantizar el paso por las vías públicas, pero los amotinados lograron paralizar los movimientos de la Guardia Civil local y gran número de ellos se dirigió hacia la estación del ferrocarril para impedir la llegada de los guardias procedentes de Almansa y su unión con los del puesto de Caudete. Los de Almansa retrocedieron hasta la estación ante la avalancha de gente que se les echaba encima y en el tiroteo que se produjo por parte de las dos fuerzas de guardias civiles y los "huelguistas", hubo que lamentar la muerte de un muchacho de unos 16 años y la de un guardia, y muchos heridos. El pueblo fue tomado luego militarmente y juzgados centenares de paisanos. Como era de esperar, el Ayuntamiento fue casi totalmente renovado.

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Bajo la presidencia de D. Federico García Ferrer
El día cuatro de noviembre de 1926, se posesionaron de sus cargos el nuevo Alcalde Presidente don Federico García Ferrer y demás concejales designados por el Gobierno Civil de Albacete. El período del señor García Ferrer, fue el más vistoso y de mayores realizaciones del tiempo de la Dictadura, ejecutándose mejoras vivamente

Paseo y templete de la música

deseadas en años anteriores, tales como la edificación de un nuevo matadero y un grupo escolar de seis secciones; la adquisición de la casa de don Francisco Carrillo y huerto anejo en el que se formó el parque o paseo público; la construcción de la carretera de Villena; la instalación del teléfono público con no menos de cincuenta abonados... Para que el lector se dé cuenta del impulso que recibió la administración municipal, le diremos que el presupuesto del Ayuntamiento se elevó en el año 1927 a 156.114,21 pesetas, es decir, el equivalente de trescientos doce mil doscientos veintiocho kilos de trigo, rojo, duro superior; y el de 1929, ascendió a 225.811,65 pesetas. Caudete, por otra parte, llegó al zenit de su grandeza y bienestar. Desaparecida su próspera industria de alcoholes y aguardientes de principios de siglo, y, disminuida enormemente la producción vinícola, base de su economía, por la desaparición de viñedos, buscó la compensación en el cultivo intensivo del campo mediante el empleo de abonos en gran escala y el alumbramiento de caudales de agua, recurriendo a la apertura de pozos y al empleo de bombas accionadas por motores para elevarla, y así

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El jardín del paseo públ ico reformado reci entemente

se fue convirtiendo en terreno de regadío la mayor parte del término con tierras bajas y llanas. Preocupándose por la posible industrialización de los productos agrícolas, caudetanos emprendedores instalaron cuatro modernas fábricas de conservas vegetales; otros rehicieron la antigua fábrica de harina; los molineros y almazareros perfeccionaron sus medios de producción; se hicieron plantaciones de manzanos, albaricoqueros para fruta de exportación, y se intensificó en gran escala la producción de uva de plaza; los señores Buc y Sevestre, franceses, levantaron una fábrica para trenzados e hilados de yute, que dió ocupación fija a más de doscientas personas, y el bienestar aumentó de forma impresionante. Prueba de ello fueron las fiestas de septiembre, barómetro de la situación económica caudetana, que contó con las comparsas más numerosas que jamás se habían visto, llamando la atención la de los moros artilleros, que pusieron un sello de distinción en los tradicionales festejos. La banda de música llegó a ser de tan grande calidad y contaba con tantos y tan buenos elementos, que se dividió en dos: la Municipal y la Armonía, ambas con muchas plazas, y que se estimulaban mutuamente. Hasta contó el pueblo con su periódico local, primeramente "El faro" y luego nuestro querido "El Ideal Caudetano" que terminó dando serios disgustos a nuestro bolsillo. Del fecundo año 1927 data también el actual "Cine

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Hogar Ruiz de Alda, de Auxilio Social, instalado en el edificio del asilo fundado por D. José Ruiz y Ruiz

España", levantado en aquel entonces por don Secundino Cortés para circo y teatro. Detalles.—Hojeando las actas de las sesiones celebradas por el Ayuntamiento, bajo la presidencia de don Federico García Ferrer, encontramos que el 16 de diciembre de 1926 adquirió la Corporación un cuarto que poseía don Joaquín Solera Marco en el mismo edificio de la casa consistorial, junto a un pasillo que había para comunicar la calle Mayor con la del Mercado antes de hacerse en ésta la graduada de niñas, a espaldas de la expresada casa consistorial. La casa y huerto heredados por don Francisco Carrillo de su prima doña Josefina Pascual, se compró en firme por cuarenta y dos mil quinientas pesetas el 16 de diciembre de 1926, comenzándose seguidamente la transformación del huerto en paseo público. El 22 de abril de 1927, se rotularon tres nuevas calles, dándose el nombre de D. Luis Pascual a la que va desde la del Convento al transformador de la tensión eléctrica; el de Canalejas, a la que venía denominándose "Sin nombre", y "Príncipe de los Ingenios", en memoria de Miguel de Cervantes, a la que une la calle de San Ramón con la carretera de Fuente la Higuera-Yecla por la derecha, entrando, del Sindicato Católico Agrícola. El 29 de enero de 1928 se acordó solicitar la construcción de un grupo escolar de seis secciones y dirección sin grado por cuenta del Estado con subvención del Municipio (21 por 100 del importe total), debiendo, además, aportar el solar. En un principio se ideó situar el edificio en el huerto del Convento Carmelita, pero por dificultades surgidas y la premura del tiempo,

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se emplazó más allá del Asilo de San Juan Evangelista, en la prolongación de la calle del Molino o Avenida de los Caídos, actualmente. El 8 de marzo del mismo 1928 se aprobó el proyecto formado por el arquitecto don Francisco Fernández Molina para Matadero municipal, y éste quedaba terminado el 13 de agosto del mismo año. En agradecimiento a la Comisión de la Excma. Diputación provincial, que subvencionó las obras con el 60 por 100 de su importe, se grabaron en una lápida, que se colocó en el expresado edificio, los nombres de los generosos componentes de la Comisión, que eran el señor Presidente don Francisco Maestre Gómez Medievila y los vocales señores don José María Lozano López, don Francisco Albiñana Marín, don Francisco Arteaga López, don Luis Montoya Navarro y don Manuel Conejero Espí. Mayoría pro Almansa. Oportunidad no aprovechada- — El 24 de mayo de 1927 se dió lectura en el Ayuntamiento a la siguiente comunicación de la Alcaldía de Villena: "Compenetrado este Ayuntamiento de los deseos de ese vecindario de comprenderlo en la nueva demarcación impuesta por R. D. de 17 de diciembre de 1926 ("Gaceta" del 18), y estimando muy conveniente la anexión de ese pueblo de su jurisdicción al Juzgado de Primera Instancia de esta ciudad, ha acordado, en sesión plenaria, que acaba de celebrar, exponer a la Superioridad la anexión de que se trata, puesto que no hay ningún Juzgado que pueda exponer, además de los deseos justificados de ese vecindario, su situación topográfica en relación con las múltiples vías de comunicación de menor recorrido a la cabeza de Partido.—Lo que me complazco en comunicar a V. para que lo haga saber al Ayuntamiento de su presidencia y se ratifique en esta petición, si ya no lo ha hecho, ante la Audiencia del territorio, debiendo significarle que el plazo de admisión de esta clase de peticiones termina el 25 del actual.—Dios guarde a V. muchos años.—Villena, 20 de mayo de 1927.—El Alcalde, Vicente Rodes, rubricado". Acto seguido se leyó otra comunicación del Sindicato Católico Agrícola, que contaba con mil seiscientos socios mayores de edad y cabezas de familia: "La Junta Directiva del Sindicato Católico-Agrícola "El Progreso", que me honro en presidir, ha acordado en sesión de hoy suplicar al M. I. Ayuntamiento se digne hacer uso del derecho que le confiere el articulo 13 del R. D. de 17 de diciembre de 1926 acudiendo a la información abierta con motivo del proyecto de nueva demarcación judicial para conseguir que Caudete sea agregado al Partido judicial de Villena, cesando en el de Almansa, por ser la unánime aspiración del pueblo y convenir al interés general.—Dios guarde a usted muchos años.—Caudete, 17 de mayo de 1927.— El Presidente, José Gil, rubricado".

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ Al no haber unanimidad de criterios, se puso el asunto a votación, pronunciándose siete concejales, los señores don Francisco Sánchez Díaz, don Juan Requena Muñoz, don Luis López Torres, don Manuel Conejero Espí, don Miguel Bañón Díaz, don Vicente Ortuño Marco y don Miguel Conejero Sánchez, en contra del cambio de jurisdicción; y sólo cuatro, el Alcalde don Federico García Ferrer y los concejales don Miguel Molina Olivares, don José Conejero Castelló y don José Graciá Martínez, a favor de que Caudete se incluyera en el Partido judicial de Villena. Debido a esta sencilla votación, nuestro pueblo continuó perteneciendo al Partido judicial de Almansa. Si la decisión hubiese dependido de un plebiscito, precedido de adecuada preparación del vecindario para pronunciarse con conocimiento de causa, ¿habríase obtenido el mismo resultado? El hecho demuestra, sin embargo, el arraigo de los caudetanos más representativos ya que de no haber sido así, tampoco se hubiese obtenido la mayoría que hubo. Ultima sesión.—El 13 de febrero de 1934, el último Ayuntamiento de la Dictadura, constituido por el Alcalde don Federico García Ferrer y los concejales señores Miguel Molina Olivares, Juan Díaz Orozco, Luis López Torres, Bernardo Palao Disla, Jesús Sánchez Díaz, Vicente Ortuño Marco, José García Tomás, Miguel Conejero Sánchez, Miguel Bañón Díaz, Antonio Sánchez Muñoz y José Gracia Martínez, celebró su postrera sesión, pues tuvo que disolverse para dar paso a la nueva Corporación designada por la Superioridad como reflejo de lo sucedido en las altas esferas de la gobernación del país.

Derrumbamiento de la Monarquía
Los que provocaron la caída de Primo de Rivera creían que todo quedaría solucionado volviendo al sistema del turno de los partidos. Pero no fue asi. La caída de la Dictadura significó el derrumbamiento a corto plazo de la Monarquía. El mismo año estalló la sublevación republicana de Jaca, siendo fusilados sumariamente los capitanes Galán y García Hernández. El general Berenguer, que había sucedido a Primo de Rivera, dimitió; y su sucesor, el almirante Aznar, se apresuró a convocar unas elecciones municipales. El resultado fue favorable para la Monarquía, pero en las principales ciudades triunfaron los republicanos, y Alfonso XIII, temiendo mayores males—que no se evitaron, en definitiva—y para que no hubiera derramamiento de sangre, se expatrió voluntariamente. Aquel acto era el fin de su difícil reinado.

CAPITULO XV
Declive y nuevo resurgimiento
(De 1931 a nuestros días)

De 1931 hasta la hora presente hemos asistido a dos periódicos completamente diversos: uno, de rápido declive en todo sentido, y otro de ininterrumpido ascenso de recuperación y aún de superación en algunos aspectos. El descenso corresponde, como fácil es suponer, al tiempo de la Segunda República, en que, ya fuera por la falta de republicanos, por culpa de su ineptitud o debido a la acción de sus enemigos, no hubo paz ni sosiego en los espíritus, la producción empezó a decrecer y el malestar se introdujo en los hogares. Vino después la guerra y todo se agravó en términos inconcebibles, descendiendo durante ella y en los años que le siguieron a una depresión económica jamás sospechada, si bien en lo espiritual hubo un fuerte renacimiento, un auge también insospechado que, al continuar, ha colocado a nuestra Nación a la cabeza de los países católicos que han hecho suyas las normas predicadas por la Iglesia y que son las que, practicadas, harán que se convierta el mundo, si no en un paraíso, al menos en un valle con el menor número posible de lágrimas.

La segunda República
Caída la Monarquía, se instauró en España la Segunda República. En Caudete, como en la inmensa mayoría de los pueblos españoles, hubo mayoría monárquica en las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, pues de quince elegidos, sólo dos eran republicanos y uno socialista, aunque, como reflejo de lo que ocurría en las alturas, el equipo gobernante estuvo formado por un Republicano, el concejal socialista y otro monárquico. Esta coexistencia en el mando quedó rota pronto, sin embargo, porque en virtud de las nuevas elecciones del 31 de mayo siguiente, sólo hubo concejales

socialistas y republicanos, y los primeros coparon la alcaldía-presidencia y las tres tenencias de alcalde. Pero la República tampoco se consolidó esta vez, pues su vida, lo mismo en el ámbito nacional que en el local, fue muy inquieta y perturbada. Reacción religiosa.—A comienzos del año 1932 todavía ocupaba su sitio de honor el santo crucifijo en las tres aulas de la graduada de niñas de la calle del Mercado, a pesar de los reiterados avisos que a las maestras doña Isabel M.a Golf Gil, doña Rosario Berenguer Rojo y doña Cecilia Serrano Díaz habían pasado las autoridades locales. Pero no pudiendo resistir por más tiempo la presión oficial, procedieron las referidas maestras a descolgar y guardar sigilosamente las sagradas efigies el 17 de enero de dicho año 1932, día de vacación escolar. Cuando al día siguiente difundieron las niñas por el pueblo la desaparición de los crucifijos, empezaron las madres a sacar a sus hijas de la escuela pública por haberse hecho "neutra" y pronto se organizó espontáneamente una nutrida manifestación del vecindario que, con un santocristo a la cabeza, recorrió las calles pidiendo la reposición del crucifijo en las escuelas entre cánticos religiosos, rezos y vítores a Cristo Rey. Bienio derechista.—En las elecciones que hubo el año 1933, se manifestó el descontento del país y dió el triunfo a los partidos de derecha, acaudillados por don José María Gil Robles. Tuvo entonces la alcaldía de Caudete el Joven don Pedro Gil Díaz, destacado cedista local, quien, secundado por los demás concejales afines, gobernó durante el bienio que estuvo en el mando con sentido patriótico, religioso y tradicional. Mas también se notó aquí la abierta rebelión a que se entregaron los partidos de extrema izquierda, y el diez de octubre de 1934, cayó víctima del cumplimiento de su deber el guardia civil don Francisco Martínez López, a quien dejó mortalmente herido una bala traicionera.

El Gobierno de las derechas tampoco pudo consolidarse porque las elecciones revolucionarias de febrero de 1936 dieron el triunfo a las izquierdas, volviendo a regir los destinos caudetanos los mismos concejales socialistas que figuraban a la cabeza de la Corporación municipal antes del bienio derechista.

Tiene a su haber la República, en el marco local, la creación de escuelas y su preocupación por dotar con la mayor esplendidez posible el Grupo Escolar que había empezado la Dictadura y que entregó el Estado al Muni-

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cipio el 23 de julio de 1932. Asimismo es de notar que se consiguiera el magnífico pavimento de dos y medio kilómetros de la carretera de Fuente la Higuera a Yecia, partiendo de la estación del ferrocarril hasta pasada la calle de Colón.

El Movimiento Nacional
El asesinato de Calvo Sotelo significó el final de la Segunda República. Esta había llevado una política abiertamente anticlerical, antimilitarista y antitradicional, y el sacrificio del insigne estadista que había dicho: "Es preferible morir con gloria a vivir con vilipendio", fue la causa inmediata de que se encendiera la guerra civil mediante el estallido del Movimiento Nacional el 18 de julio de 1936, que vino a ser el desenlace lógico de una situación en que la convivencia entre los españoles se había hecho imposible. Y empezó la más terrible de las guerras civiles que ha padecido España, con motivo de la cual dió Caudete un crecidísimo tributo de sangre y vió decuplicados los horrores cometidos durante las guerras carlistas. De los caídos con motivo de la terrible contienda, unos hallaron la muerte luchando valerosamente en los campos de batalla, como el joven falangista de la primera hora Antonio Conejero Sánchez; otros cayeron ante el pelotón de ejecución o brutal y bárbaramente asesinados por los caminos, y bastantes, con anterioridad y posterioridad al año 1939, por efecto de la penuria, persecución y sufrimientos padecidos. Descubrámonos ante ellos y tengamos un piadoso recuerdo para todos. Las autoridades caudetanas de 1939 quisieron perpetuar la memoria de los caídos por Dios y por España y mandaron esculpir en una lápida de mármol blanco colocada en la torre de la iglesia parroquial los nombres siguientes: Don Miguel Díaz Sánchez y don Joaquín Carpena Agulló; Joaquín Benito Ponce; Miguel Díaz Pérez; Manuel Martí García; Miguel Rodríguez Sánchez; Francisco Pagan Angel; Celestino, Pedro y Antonio Gil Díaz; Román Grande Belmonte; Joaquín Pascual Fernández; Manuel Amorós Golf; Luis Giménez Golf; José Bañón Díaz; José y Mariano Solera Marco; Francisco Sánchez Díaz; Bartolomé Muñoz Golf; Emiliano Requena Algarra; Dolores y Carmen Pedrós Ruiz; Dolores Amorós Golf; Teresa y Dolores Albalat Golf; Emerenciana Teresa Beltrán; Cecilia Serrano Díaz; José Marti Herrero; Salvador Sánchez Albertos; Aurelio Ruiz Alcázar; Antonio Puche Martínez; Rafael Berenguer Rojo; Guillermo Juan Rey; José Ruiz Díaz; José Camús Martínez y Francisco Sánchez Martínez. Terminada la contienda, según lo afirmó el último parte de guerra del 1 de abril de 1939, con la derrota absoluta del ejército rojo, desorganizado, sin moral, mal equipado y peor mandado, se restableció el orden y la justicia en todo el territorio nacional, tras de lo cual el tronco nacional, me-

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ díante la cuidadosa atención del Estado nacional-sindicalista regido por el Generalísimo Franco, caudillo de la guerra y de la paz, siguiendo la inspiración de José Antonio Primo de Rivera, cuyo ideario convierte en venturosas realidades la Falange Española Tradicionalista y de las J. O. N. S., se ha cubierto de nuevo ramaje, convirtiéndose en el árbol más frondoso, bello y fructífero que nunca jamás lo había sido. Hoy todos nos sentimos bien mandados y miramos tranquilamente el porvenir con fe ciega en la grandeza de España. La depresión económica que siguió, como era lógico, al trastorno y abandono de las fuentes de riqueza durante los años de guerra, y por efecto de haber estallado la segunda conflagración mundial, no la experimentó gran parte de Caudete porque los productos del campo adquirieron precios sumamente remuneradores, y como quiera que la mayoría de este vecindario se compone de propietarios cultivadores directos de sus tierras, entró el dinero en abundancia y subió el nivel de vida.

Mejoras locales
De 1940 a 1955 se ha notado la preocupación de las autoridades locales por hacer el pueblo más cómodo y bello, y procurarle todas las mejoras posibles, algunas de ellas inútilmente solicitadas y esperadas con anterioridad. Entre otras podemos señalar la construcción de un campo de deportes; el cuartel de la Guardia Civil; la instalación del Hogar Ruiz de Alda para niños huérfanos y necesitados a cargo del Auxilio Social, en el edificio que tenía sin acabar la testamentaría de don José Ruiz y Ruiz, a orillas del camino de la Virgen; la construcción de aceras en todas las calles de la población; y por último, la serie de mejoras urbanísticas realizadas a impulsos e iniciativa de nuestro actual alcalde, que en el corto período que está al frente del Ayuntamiento (tomó posesión del cargo el 5 de diciembre de 1953), ha transformado radicalmente el centro de la población, dándole aspecto de capital, pues se ha dotado de sólido piso de cemento a las calles Mayor, del Mercado, Luis Golf, del Teatro, José Olivares y la continuación de ésta desde la calle Mayor a la del Mercado, en las cuales se han instalado, además, modernos focos para el alumbrado público; se ha convertido el antiguo "Paseo" en un bello parque, glorieta o jardín público, que no cede en comodidad, estética, ornato y vistosidad a ninguna de las ciudades limítrofes; se ha descubierto y realzado aquella fuente de mármol blanco (que siempre habíamos visto toscamente encalada), donada al pueblo por Antonio Belmar el 27 de enero de 1843, según se dijo en la página 134, a la que ha rodeado cariñosa y delicadamente de lindo jardincillo y adornado con un precioso juego de más de cuarenta chorros que se entrecruzan fantásticamente, con el consiguiente beneplácito de cuantos lo presencian y

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de los forasteros que, al visitarnos, ponen pie en tierra en esa cada vez más atractiva y acogedora plaza del Carmen. Y, por último, ahí es nada, la iniciación del firme especial con piedra mosaico y cemento en el camino de la Virgen, que no será ya más el barrizal o polvoriento paseo, pavoroso enemigo de trajes y vestidos domingueros, sino magnífica pista de vehículos motorizados y trayecto delicioso en la visita obligada de los caudetanos al santuario de su Reina y Señora. Pero no todo ha sido edificar durante este periodo. Los caudetanos amantes de su patria chica, los que vimos alzarse ante el asombro de propios y extraños los sorprendentes edificios surgidos al mágico impulso del gran don Paco Albalat, como llamábamos al Conde de San Carlos, hemos pasado por el dolor de ver desaparecer de nuestro pueblo su joya arquitectónica, el orgullo de Caudete y envidia de los demás, la monumental plaza de toros, bajo la piqueta demoledora, no sin acompañamiento de victimas durante el incalificable derribo realizado en 1940 y después. De las obras maestras regaladas a su pueblos por el patriotismo de don Francisco Albalat Navajas, han desaparecido en el plazo de treinta años el coso taurino, el asilo para niños huérfanos y necesitados, la valiosísima corona de la Virgen y la artística cruz con afiligranada capilla de cerrajería levantada frente a la entrada de la calle Santa Inés. De todo lo que legó don Paco, tan sólo restan la casa en que vivió y la preciosa iglesia de San Francisco de Asís, que guarda los restos del Conde de San Carlos y de su primera esposa, doña Elena Cairo, fallecida en 1905.

Restauración de templos
Como no podía por menos de suceder, el religioso pueblo caudetano tuvo sumo cuidado y gran empeño en reparar el inconcebible salvajismo que impulsó a gentes desalmadas a incendiar en 1936 los mejores templos de la población, haciendo perecer entre las llamas joyas de arte, recuerdos sacratísimos, y, en definitiva, preciosos bienes del común patrimonio caudetano. La hermosa iglesia parroquial, desprovista de toda su riqueza interior, quedó convertida en un lóbrego y sucio almacén de abonos; la iglesia del Carmen, en informe montón de ruinas; y el santuario de la Santísima Virgen, milagro de la fe de todo el pueblo, como ya se ha dicho, en negra covacha de alimañas. En un corto plazo de tiempo, la arciprestal de Santa Catalina no sólo se vió limpia y con los desperfectos de su arquitectura reparados, sino reconstruido y decorado su magnífico altar mayor, así como los demás altares, con más esplendor, si cabe, que antes, sobre todo los del Niño Jesús, el de la Virgen del Rosario y la Capilla de la Comunión. Se dejó nuevo el techo abovedado de crucería y el de la parte renacentista, se picaron las colum-

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nas o medias columnas para realzar la sillería de que están hechas, se labraron nuevos asientos de nogal, artísticamente tallados, para el Clero y Autoridades, y se puso pavimento de mármol al presbiterio. Hoy apenas se nota el paso de la tea Incendiaria. Debemos consignar con satisfacción que la Junta Nacional de Reconstrucción de templos dió una subvención de cien mil pesetas para el retablo del altar mayor y que el presbiterio se ha pavimentado a expensas de la aportación personal de los componentes de la Ilustre Mayordomía de la Virgen. El templo basílical de la Virgen de Gracia aparece en la actualidad bellamente decorado, teniendo reconstruido por entero el retablo del altar mayor, descrito en el capítulo XII, y el pavimento, de mármol rojo-negrogrisáceo y blanco, es más suntuoso que antes de 1936. Todavía no hay reconstruido ninguno de los altares restantes que contenían las hermosas pinturas de que se hizo mérito en el referido capítulo XII, pero sí se ha repuesto el pulpito, sustituyendo el que había por otro, también de mármol. El de ahora es de color beige, con escudos de mármol blanco como el de Carrara, muy bien trabajado. Este pulpito lo ha regalado don José Fuster Albalat, sobrino del donante del anterior, don Jaime Albalat Navajas, perpetuándose así la piedad y devoción de esta distinguida y noble familia caudetana. La iglesia del Carmen, lo mismo te restaurado, gracias al tesón Padre Elias María Requena, que 1941, siguiendo los planos de los Carrilero, y con la dirección del mismo que edificó la monumental de don Francisco Albalat. que el convento, se halla completameninfatigable del caudetanísimo carmelita empezó la reconstrucción en julio de arquitectos albacetenses señores Ortiz y maestro albañil don Juan Arellano, el plaza de toros y todas las demás obras

Los retablos dorados, de estilo barroco, de la Virgen del Carmen y de San José; el retablo de nogal, del mismo estilo, de San Alberto de Sicilia; el Santísimo Cristo de la Salud, las imágenes de San Elias, San Andrés Corsino y San Juan de la Cruz, obras maestras de los escultores valencianos señores Pastor y Tena, que perecieron en el incendio de 1936, han quedado sustituidos por un retablo de escayola, obra del señor Ripoll, de Alicante, modelado según plano idéntico al anterior, que sirve de realce a la antigua imagen de Nuestra Señora del Carmen, y por los nuevos altares laterales, en los que campea una imagen de San José, regalo del héroe de Baler, don José Olivares, en donde antiguamente estaba la imagen tallada del Santo, figurando en los demás una visión de Santa María Magdalena de Pazzis recibiendo el corazón del Sagrado Corazón de Jesús; el glorioso San Alberto de Sicilia, que se regala con el Niño Jesús en los brazos de su Madre; el profeta San Elias, que contempla la simbólica nubecilla; y la

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Transverberación de Santa Teresa de Jesús, preciosos cuadros murales de gran tamaño pintados sobre la pared por el mágico pincel del artista valenciano don Remigio Soler, presentando ahora, en su conjunto, la iglesia del Carmen mucho mejor aspecto que antes de la quema, cosa que también puede decirse del convento, en el que se ha pavimentado con manises el claustro inferior, se han vaciado los antiguos bancos de piedra que unían entre sí las columnas del mismo, se han revocado las paredes que dan al huerto y se ha cercado éste con robusto y estético vallado.

El Congreso Eucarístico diocesano
Plácenos cerrar el último capítulo de esta breve Historia de Caudete y su Virgen de Gracia con el recuerdo del apoteósico triunfo conseguido por nuestro pueblo en los días 17, 18, 19 y 20 de octubre de 1946, con motivo del primer Congreso Eucarístico de la Diócesis de Orihuela. Más que diocesano pareció un Congreso nacional, por la exorbitante afluencia de forasteros, por los ilustrísimos prelados y las personas de relieve en el ámbito nacional que realzaron los actos con su presencia. No obedeció a la suerte ni fue casual la designación de este pequeño arciprestazgo, de una sola parroquia, para sede de la primera asamblea eucarística diocesana, sino que fue elegido para comenzar la serie de congresos que iban a celebrarse sucesivamente en los diferentes arciprestazgos oriolanos, precisamente porque se sabía seguro el éxito dada la religiosidad de Caudete y el singular esplendor que sabe dar a esta clase de certámenes, como plenamente lo había demostrado en la celebración de los centenarios de 1907 y 1914. Ya puede colegirse, por la sola comparación de cifras de forasteros —8.000 y 15.000 llegados en un solo día—que el Congreso Eucarístico estuvo por encima de las dos referidas conmemoraciones, que en su día parecieron imposibles de superar. No defraudó nuestro pueblo las esperanzas puestas en él por la jerarquía eclesiástica v sus codiocesanos; y como para demostrarles lo mucho que los quería, en vísperas de terminar una unión que había, durado ya 381 años, es decir, desde aquel 14 de julio de 1565 en que se creó la diócesis de Orihuela, volcó su entusiasmo religioso, puesto en duda por algunos con motivo de los luctuosos sucesos de 1936, y asombró a cuantos tuvieron la dicha de vivir en el recinto caudetano los luminosos e inolvidables días del primer Congreso Eucarístico oriolano. Las calles fueron alfombras caprichosas de flores, túneles de arcos artísticos con policromas guirnaldas, maravillosos farolillos y diversas ornamentaciones de sorprendentes efectos que la fantasía de los vecinos fue inventando y realizando con derroche de ingenio y de medios económicos.

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ y en ese escenario fantástico, hecho ascua de luz por las noches, resonaron incesantemente las notas de los himnos religiosos cantados por coros de millares de voces (l), las calurosas palabras de los oradores sagrados que

hablaban a la multitud desde cualquier rincón o balconada (aquellos días todo Caudete era templo y altar), los rezos acompasados, las melodías de

(1) En estas páginas ofrecemos una copia del "Himno oficial" de nuestro Congreso Eucarístico, compuesto por don Benjamín Serrano Díaz y don Elias Bañón, autores de letra y música, respectivamente.

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las músicas, las aclamaciones vigorosas, rotundas, entusiásticas a Cristo Rey, a Dios Eucaristía, a la Virgen, al Papa, a todo lo de más sagrado y querido de nuestra sacrosanta Religión. Si la unción y el fervor eran tan extraordinarios por calles y plazas, en el interior de los templos eran sencillamente impresionantes. Las misas, los rezos y meditaciones, se sucedían sin interrupción, y a la Mesa Eucarística se acercaban millares y millares de fieles devotos con recogimiento y visible emoción para estrechar contra su pecho al Divino Redentor y confiarle los más íntimos secretos del corazón. Los actos apoteósicos de los rosarios de la aurora, de las diversas procesiones con participación de los fieles por asociaciones religiosas con sus insignias y estandartes, y sobre todo la Misa de Pontifical celebrada en la plaza del Carmen, presenciada por los millares de fieles que se apretujaban en un número incalculable llenando el amplio espacio de su recinto, coronando los tejados que dan a la misma y entaponando las seis bocacalles que hay en ella, fueron de tal solemnidad, de tanta emoción, de un tan encendido fervor religioso, que no hallamos palabras para describirlos, y esto mismo decían por sus altavoces los enviados especiales de Prensa y radio que redactaban sus crónicas para los diarios de mayor circulación y emisoras que comunicaban a todo el mundo los inenarrables momentos. Caudete supo estar a la altura de las circunstancias, superarse y alcanzar marcas no logradas todavía por ninguna otra villa de análoga población.

Reparación
El 6 de septiembre de 1950 se efectuó la coronación de la nueva Imagen de la Santísima Virgen de Gracia con la bellísima joya de plata dorada a fuego, recamada de perlas, motada con brillantes y rubíes, confeccionada por el orfebre murciano don J. Torres Gascón, que los hijos de Caudete ofrendaron a su Excelsa Patrona. Con tal acto quedó reparado el día tenebroso y maldito en que el fuego, avivado por inconscientes, hizo desaparecer el venerado simulacro ante el que se habían postrado las generaciones caudetanas, y que tantas lágrimas había enjugado y tantos dolores remediado. Al vandálico acto contrapuso Caudete un día tan resplandeciente como el sol, hermoso como pensil oriental, lisonjero como el abrazo de madre e hijo tras larga ausencia, delicioso como sueño de ángeles, al decir del ilustre caudetano Juan L. La ilustración fotográfica que acompaña a estas páginas expresa con la realidad del hecho el fervor y entusiasmo desplegado por los corazones caudetanos hacia la Virgen de Gracia en semejante dia. Nuestro Prelado, Excmo. y Rivdmo. Sr. Dr. don Arturo Tabera y Araoz dice en su artículo

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ titulado "El triunfo de la fe" (1): "Sobre todo, recuerdo la ceremonia imponente de la Coronación—muchas veces los ojos se me van gozosamente a la fotografía de aquel acto, que tengo muy cerca de mí—, la emoción inenarrable del momento, subrayada por aquella imponente multitud, la mejor alfombra y peana para nuestra amada Virgen". El Caudete de 1950 reparó y continúa reparando cumplidamente lo que Caudete de 1936 pudo pecar por omisión, mediante el concentrado amor mariano que representan los actos de sus fiestas tradicionales, únicas en el mundo, según manifiestan los que las presencian, pues aquí, y sólo aquí, se ve a un pueblo que entrega por entero a su Excelsa Patrona el alma, la vida y el corazón, todo su ser, en una palabra, sin reservas ni condiciones.

(1) Programa oficial de fiestas del año 1951.

CAPITULO XVI
Caudete en la actualidad

Extensión y población
Hoy es Caudete un municipio y villa de la provincia de Albacete, de cuya capital dista 107 kilómetros, hallándose situado en el extremo suroriental de la misma. Su término linda con los de Almansa, Yecla y Villena, aunque en buena ley, también debiera lindar con el de Fuente la Higuera,

Escudo de Armas de l a Vi l l a

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pues en justicia son los Alhorines tan caudetanos como villenenses, según queda demostrado en el capítulo X de esta obra. Nuestro pueblo pertenece al partido judicial de Almansa, de donde distamos veintiocho kilómetros por carretera y ferrocarril. La extensión superficial de Caudete, sin contar la de los Alhorines o Partido del Entredicho, es de 14.321 hectáreas ó 143,21 kilómetros cuadrados. Según la rectificación del censo de población efectuada en 1955, tiene nuestro término 2.512 vecinos u 8.393 habitantes de derecho y 8.144 de hecho, lo que da una densidad de casi 59 habitantes por kilómetro cuadrado, muy superior a la media de la provincia, que es sólo de 26 habitantes en la misma unidad de superficie, y muy análoga a la nacional, un dato más que viene a reafirmar nuestro criterio de que, en muchos aspectos, viene a ser Caudete una España en pequeño. Para valorar adecuadamente estos datos, conviene compararlos con los de los pueblos limítrofes.
T E R M I N O Extens. Superf. Población abs. Densidad

Villena .........

337,11 K. c.

20.110 hab. 3.533 hab. 16.087 hab. 26.061 hab.

59 42 30 43

Fuente la Higuera ….............. 84,65 K. c. Almansa 529,57 K. c K. c.

Yecla …................................. 608

Por el precedente cuadro se aprecia claramente que en la comarca sólo nos aventaja ligeramente en demografía Villena, siendo bastante superior la densidad de Caudete y Villena a la de los otros tres pueblos comparados. La población de Caudete, según puede apreciarse por los datos que hemos ido exponiendo a través de estas páginas, ha experimentado un constante e ininterrumpido progreso desde que tenemos noticia cierta del número de sus vecinos. Muy notable ha sido el aumento en lo que va de siglo, a pesar de ser también constante la emigración a las ciudades de Valencia, Alicante, Madrid, Barcelona, Elda y otras. En el primer cuarto de siglo, cuando se produjo la grave crisis vitivinícola por efecto de la filoxera, se fueron muchos caudetanos al sur de Francia, en donde hay o había pueblecitos en la comarca de Beziers, que han tenido mayoría originaria de Caudete. El aumento se ha debido a la gran natalidad y a la inmigración de manchegos y valencianos, que se han dedicado al cultivo del campo. Últimamente ha habido una gran disminución en los nacimientos, pero como también se ha registrado una disminución todavía mayor en la mortalidad (recordemos aquel 204 por menos de 6.000 habitantes en el decenio primero del siglo, equivalente al ¡34 por 1.000! frente al 5 por 1.000 de 1955), se ha

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podido sostener el aumento de población, a pesar de los numerosos emigrados, salvo en los dos últimos años, en que ha experimentado notable disminución. De los vecinos de Caudete hay unos sesenta funcionarios del Estado y del Municipio, diez bancarios, unos setenta y cinco comerciantes, doscientos veintidós obreros textiles de la fábrica de hilados y tejidos de yute y esparto, unos doscientos de oficios varios y empleados de empresas particulares, tres sacerdotes seglares y más de cincuenta entre religiosos y religiosas, unos mil jornaleros agrícolas, y el resto, labradores o cultivadores por cuenta propia o que llevan tierras en arrendamiento y aparcería.

Autoridades
Pocas son las autoridades existentes en Caudete, aunque pomposamente se mencionen las civiles, judiciales, militares y eclesiásticas, pues quedan reducidas al señor Cura Párroco-Arcipreste, el señor Alcalde con sus nueve concejales y Secretario del Ayuntamiento, el señor Juez comarcal, Secretario y oficiales, y el Comandante del Puesto de la Guardia Civil.

Fuentes de economía
a) Agricultura.—El suelo laborable de Caudete es de muy diversa naturaleza a lo largo y ancho de su término. En general puede decirse que es arcilloso suelto con algo de grava y arena, y. profundo en las cañadas que bajan desde La Encina (término del Entredicho) y de la parte noroeste, así como en las "labores" o alquerías que lindan con término de Yecla, tales como la "Casa Alarcón". De la misma naturaleza es el sur del término, hasta llegar a los "Prados", que, como ya se dijo, son un paraje muy humífero por tener el suelo formado por los detritus o arrastres de las ramblas que desembocan en ellos, y que antiguamente constituían una extensa laguna con numerosos patos silvestres, seguramente disecada en tiempos de Carlos III mediante la apertura del "Azarbe del Rey", que va a parar al río Vinalopó, que, de este modo se origina en término de Caudete. A ambos lados de la gran vega central y más allá de la línea férrea de Madrid-Alicante, el terreno es de poco fondo y pedregoso. A la caída que hace el terreno hacia la carretera de Alicante a Ocaña (que sirve de límite provisional y artificial con el término de Villena y provincia de Alicante a lo largo de unos trece,kilómetros, desde el año 1622), las tierras son eminentemente arcillosas, sobre todo en la parte nordeste. Al pie de las sierras peca el suelo de pedregoso, y se dedica, principalmente, a olivos, viñedo y frutales. De esta naturaleza es el extenso hinterland que constituye la zona de riego del Agua del Paraíso, cedida en

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censo enfitéutico por el Ayuntamiento el año 1841 a una empresa particular, que la explota en la actualidad. La tierra laborable está, por lo general, bastante repartida y las parcelas son muy desiguales según pertenezcan a las huertas antiguas o al secano y parajes de nuevos regadíos. Su extensión oscila entre media tahulla (1) y veinte o más. Los propietarios agrícolas de la población suman más de dos mil, la mayoría de los cuales cultivan directamente su hacienda, aunque también hay arrendatarios y aparceros que llevan las tierras de dueños que no pueden cultivarlas personalmente por ser viudas, ancianos o ausentes o dedicarse a otras profesiones. Dada la extensión superficial cultivada y el número de propietarios, se ve que, por término medio, corresponden a cada uno 4,88 Has. en secano y 60.35 áreas en regadío. Salvo raras excepciones, un mismo propietario tiene parcelas en distintos parajes, separados entre sí diez y más kilómetros. En los terrenos de secano bajos, así como en los nuevos regadíos, las parcelas son alargadas y grandes, por lo general; pero en las huertas antiguas son pequeñas y de formas caprichosas, lo mismo que sucede en las "rochas", por efecto de los desniveles del terreno. El regadío es de tiempo inmemorial en este término. El heredamiento del agua de Arriba, según ya se dijo, es del tiempo de los moros; y de época remotísima, si no mora, son también las huertas de Bogarra y de las Suertes. La superficie de riego aumenta sin cesar, único medio de sostener a una población como Caudete carente de industria, puede decirse, y que crece ininterrumpidamente. Hace cincuenta años tan sólo existían los manantiales de Arriba, Bogarra, Suertes, Paraíso, San Vicente y San Matías, más alguno que otro alumbramiento en los Prados, los cuales regarían en total unas dos mil tahullas, a las que habría que añadir algunas otras fertilizadas por norias. Hoy pasan de 1.207 hectáreas ó 10.342 tahullas las que se riegan en el término, con tendencia a aumentar indefinidamente, por la gran abundancia de agua artesiana que se encuentra en su subsuelo. Tal vez, bien explotado ese manto de agua fuera suficiente para atender a las necesidades propias y ceder caudales importantes con que fertilizar las ricas y sedientas tierras del valle del Vinalopó, situadas más allá de Sax, pero siempre con la condición de atender primeramente al riego de toda la zona caudetana susceptible de dicha mejora, pues de otra forma, vendiendo los caudales existentes y permitiéndose sacar del término cuanta agua se quiera, quedaría esta tierra expuesta a convertirse en un erial con el consiguiente perjuicio para la comunidad caudetana. En las empresas antiguas el agua es propiedad de las tierras que for-

(1) La tahulla de Caudete mide 11,67 áreas.

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man su zona de riego: tal sucede en las de Arriba, Bogarra y Suertes. Las demás venden el agua a precios que varían con la demanda, cual sucede con los caudales elevados en los veinticinco o más "motores" que se dedican a regar tierras de propiedad extraña. No hay datos exactos sobre la producción media por hectárea de los diferentes cultivos, y sólo a título de curiosidad damos algunas cifras que nos han sido comunicadas por expertos. Helas aquí:
P R O D U C T O S _____________________________________________ Produc. en regadío por hectárea Produc. en secano por hectárea

Trigo ......................... Cebada................. ... Avena.................... ... Maíz .......................... Garbanzos ................ Judías........................ Patatas...................... Remolacha forrajera Zanahorias................ Ajos ... ................. ... Cebollas .................... Cardón.....................

12 Q. 12 ----12 5 12 75 400 300 95 500

m. " " " " " " " " "

300 mill, ó 3.000 Kgs.

6 Q. m. 6 " 3 " ----3 " -----------------------------

La tierra de regadío, según se ha dicho, está bien repartida, correspondiendo a cada propietario 60,35 áreas, por término medio. El precio de esta tierra varía mucho según el emplazamiento y la distancia del pueblo, y si el agua es o no en propiedad, aparte de la calidad de la tierra. Una tahulla de las más apetecidas vale de ocho a diez mil pesetas, al paso que otras se venden o compran por sólo dos o tres mil pesetas. Hay en el término 9.760 hectáreas de tierra de cultivo que o no se riegan en ninguna época del año o que tienen riego eventual de invierno. Esta tierra se dedica a cereales, viña, olivar, almendros... A cada labrador, como hemos dicho anteriormente, corresponden unas 4,88 hectáreas por término medio, y el precio varía con arreglo a la clase de tierra y del cultivo a que se dedica, a la facilidad de comunicación, etc., oscilando entre mil y cinco mil pesetas la hectárea. De estas 9.760 hectáreas, no menos de 2.500 son de viñedo. Casi todos los vecinos labradores poseen alguna viña, correspondiendo 1,2680 hectáreas por cabeza. Cada hectárea suele tener 2.800 cepas, pero si se trata de uva de plaza sólo hay unas 2.100 vides en dicha unidad de tierra. La producción de las viñas varia muchísimo, según sean de secano o de regadío, de una u otra clase de uva. En secano, unas con otras, vienen dando aproximadamente 4.200 kilogramos de uva por hectárea, de los que

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se obtienen unos 31,11 Hls. de vino de 12 a 14 grados; y en tierra de regadío cada hectárea produce 15.000 Kgs. por término medio, de los que se extraen 115 hectolitros de vino. Claro es que una hectárea, dedicada a uva de plaza, bien regada y abonada, tiene un promedio de producción bastante superior. Las clases de uvas más corrientes son: Meseguera, Tortosina y Verdal, entre las blancas para vino. De las negras, también para vino, están en mayoría la Bobal, Don Bueno, Forcallá y Tintorera. Las clases más cultivadas para su consumo en fresco, son las de Valencín, Rosetti y Aledo. Antiguamente se cavaban las viñas. Hoy se les dan cuatro rejas al año. La elaboración de vino se ha mecanizado. No hace mucho, la obtención del mosto se realizaba mediante el pisado y el prensado a fuerza de brazos. Las bodegas han disminuido muchísimo en número. Hay en la actualidad solamente seis bodegas grandes, dos de ellas cooperativas y cuatro de particulares, que se dedican a la compra de uva. Esas seis bodegas pueden tratar 500.000 kilogramos diarios de uva y poseen una capacidad de almacenamiento de 220.000 arrobas, o lo que es lo mismo, 35.200 Hls. La tierra dedicada a olivar tiene una extensión de 2.064 hectáreas, con unos 155.000 árboles en producción, que dan cosechas muy desiguales, pudiéndose calcular que cada dos años hay una buena, del tenor de doce kilos de aceitunas por olivo. Otros frutales son: manzanos, almendros, higueras, granados, albaricoqueros, melocotoneros, ciruelos, perales, cerezos, kakis, etc. Los manzanos de fruto tardío, variedad Roja de Benejama, se van propagando muchísimo, solos o en asociación con la viña. El resto del término, es decir, 3.354 hectáreas, no está cultivado, sino que es monte muy pobre, pudiéndose calcular en 35 hectáreas solamente las pobladas de pinos, 191 de leña baja y espartizales, y las otras 3.128 de rocas estériles o con algún pasto. Los montes se han roturado excesivamente y el resultado ha sido la casi total desaparición de pinares, leñeros, espartizales, pastizales, etc., seguido luego de una gran erosión por efecto de la mucha pendiente de las tierras, las cuales, si en los primeros años de roturadas dieron alguna cosecha de cereales, han quedado luego en gran parte improductivas y abandonadas, salvo las que pudieron ser convertidas en viñedos, olivares o "almendrolares". Hay parte del término, como la vertiente Norte de la Sierra Lacera, es decir, la que mira al pueblo, que está pidiendo a gritos la repoblación forestal, todavía no iniciada aquí, con la que volveríamos a tener algo de la antigua frondosidad que existía en estos parajes, con la consiguiente riqueza maderera y de otra índole. Toda la importantísima actividad agrícola local está regida actualmente por la Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos, entidad oficial

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constituida en 23 de enero de 1943, y que agrupa en su seno a 1.600 socios. Como es sabido, la Hermandad está gobernada por el Cabildo Sindical, formado por el Presidente o Prohombre de la agrupación y los jefes de las distintas secciones en que está dividida la sociedad sindical, a saber: la Social, la Económica, la de Crédito Agrícola, la Ganadera y la Asistencial. Esta Hermandad ha merecido recientemente un crédito de 1.250.000 pesetas que le ha sido concedido por el Servicio Nacional del Crédito Agrícola con el bajo interés del 2,75 por 100 y a reintegrar en cuatro años. Hoy depende de esta asociación la Guardería Rural, compuesta por seis hombres que cuidan de que se respeten la propiedad y el orden jurídico en el campo. La Hermandad funciona en el edificio del que fue Sindicato CatólicoAgrícola "El Progreso", fundado en primero de junio de 1909 por iniciativa del párroco don Santiago Amat y Payá y del sacerdote don Francisco Diaz Alcover. El primer presidente de la entidad fue don José Martínez Olivares, estando instalado el Sindicato en el número 9 de la calle Nueva. Luego se trasladó a la calle San Ramón, y siendo presidente don Juan Requena Carpena, se construyó el edificio social, que fue inaugurado el 15 de julio de 1923. Creemos que son dignos de recordación quienes dotaron al pueblo de esa magnifica y suntuosa obra del "Sindicato" y por eso consignamos gustosamente los nombres de los directivos que secundaron al señor Requena en la feliz iniciativa, aplaudida calurosamente por los 1.600 afiliados que llegó a tener la Entidad. Fueron, don Antonio Martínez Gil, don José Martí Herrero, don Juan Amorós Martínez, don José Gil Ortuño, don Francisco Serrano Sánchez, don Manuel Bañón Sánchez, don Felipe Esteve Martí, el ex-presidente don Lucas Bañón Sánchez y los citados don Santiago Amat y don Francisco Díaz Alcover. En 1940,cesó el Sindicato Católico en sus funciones y parte de su actividad la sigue la Caja Rural Cooperativa del Campo, que cuenta con unos seiscientos afiliados. Mención especial merece, dentro de las actividades vitivinícolas de la población, la gran Cooperativa "San Isidro". Esta entidad cooperativista agrupa a no menos de doscientas familias de Caudete. Cuenta con bodega propia de nueva construcción capaz para almacenar hasta doce; mil hectolitros de vino (equivalentes a unas 80.000 arrobas), y está dotada de la mejor y más moderna maquinaria de su género. Todos los socios están integrados en el Grupo Sindical de colonización, y han obtenido un préstamo de 600.000 pesetas del Instituto Nacional de Colonización, para ayudarles a la amortización de los cuantiosos gastos

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ ocasionados por la construcción de la bodega, habiendo colaborado asímís mo en la aportación de fondos, la Caja de Ahorros del Sureste de España y el Servicio Nacional del Crédito Agrícola, b) Ganadería.—El censo ganadero de este término se resume en lo

que sigue: 3.040 reses de cabrío; 50 cerdas de cría y 1.000 cerdos de engorde; 50 yeguas de vientre y 160 entre yeguas y caballos de labor; 500 mulas; 36 vacas lecheras y 120 novillos de recrío; 7.500 gallinas y 1.000 conejas de cria. c) Industria.—Existe, como ya se ha dicho en otro lugar, una fábrica de hilados y tejidos que elabora trenza para alpargatas y telas de sacos. Emplea como primeras materias yute, cáñamo y esparto. El yute procede del Pakistán; el cáñamo, de la Vega Baja del Segura, y el esparto, de esta provincia y de la de Murcia. La producción de esta gran fábrica, en la que trabajan 222 operarios, se envía a toda España, debiendo establecer varios turnos para ir satisfaciendo la gran demanda de sus artículos. Lástima es que no haya cundido el ejemplo dado por los señores franceses Buc y Sevestre. Con algunas fábricas más de este tipo, Caudete podría tener vida más próspera y aspirar a convertirse en una gran población. Hay, además, talleres o fábricas de escobas, cañizos, capazos y otros útiles de esparto para usos domésticos, agrícolas e industriales, exportándose gran parte de la producción a las provincias limítrofes, luego de satisfacer las necesidades locales. Las citadas industrias emplean materias primas de estos términos y de la provincia alicantina. Existen aún tres fábricas de alcohol vínico, si bien en la actualidad sólo funciona una de ellas, montada, por cierto, con todos los adelantos modernos, y de gran capacidad de producción. La elaboración de vinos se realiza en las seis grandes bodegas ya mencionadas y en otras varias de los propietarios de viñedos, en las que tratan la propia cosecha. Cuenta también Caudete con doce almazaras provistas de moderno utillaje y movidas por energía eléctrica, que pueden molturar más de doce mil kilos de aceitunas al día. Molinos harineros hay otros doce, con una capacidad molturadora de ocho mil kilos de grano en las veinticuatro horas. Todos ellos utilizan la fuerza hidráulica producida por saltos construidos en las acequias de las empresas de riego. Trabajan para la localidad y pueblos limítrofes. Hay asimismo una fábrica de harinas, sistema Daverio, que puede producir ocho mil kilos diarios de harina. Dos fábricas locales elaboran turrón, peladillas y caramelos, a base de materias primas de este término, salvo el azúcar. Venden la producción dentro y fuera de la localidad.

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Existe una fábrica de curtidos que trabaja con pieles de lanar y cabrío, destinándose la producción a Elda y Elche, principalmente. Otra fábrica de jabón de lavar surte de este artículo al pueblo y exporta algo a Villena, Almansa y otras poblaciones. Algo desarrollada está la industria apícola, destinándose la miel elaborada por las abejas para las industrias turroneras y de "libricos". Hay dos caleras y una yesera, que emplean materiales procedentes de este término y del de Villena, y venden aquí mismo la totalidad de su producción, lo mismo que sucede con las fábricas de tejas y ladrillos, de las que existen seis u ocho, y con otra de losetas, pilas y diversos materiales de construcción y saneamiento. Además de lo dicho hay cuatro talleres de mecánica y varias herrerías, ebanisterías, guarnicionerías, carpinterías, etc., en cantidad adecuada para satisfacer las necesidades de una población como la nuestra eminentemente agrícola. d) Comercio.—Todo el comercio de la localidad es mixto. Por la preponderancia de los artículos que venden podemos decir que hay unos quince de comestibles, cuatro de ultramarinos, seis de ferretería y artículos varios de uso, siete de tejidos y confecciones, tres de muebles, dos despachos de leche, tres comercios de calzado y otros tres de alpargatas, diez carnicerías, cinco panaderías y unos doce hornos públicos de pan cocer, dos farmacias, una pastelería... Ya dijimos en el punto tercero del capítulo VII que el rey Pedro IV el Ceremonioso concedió a esta. Villa, en 1362. privilegio de 15 días de feria, a partir de la festividad de San Miguel, privilegio reafirmado por Felipe III y del que Caudete usó hasta principios del siglo XVIII en que, por efectos de la Guerra de Sucesión, adversa al bando en que figuraba nuestro pueblo, quedó reducido a la condición de un vulgar Iugarcillo o aldea de la ciudad de Villena, hasta entonces su rival. Más tarde, según lo hemos visto, reapareció la feria el año 1905 del 9 al 18 de septiembre, para dejar de celebrarse nuevamente por el año de la epidemia gripal. Perduran, sin embargo, los mercados extraordinarios semanales, y cada viernes vemos con satisfacción a vendedores de otras localidades, ya familiarizados con nosotros, exponer sus variadas mercancías por las proximidades de la plaza de abastos. Los artículos sobre que versan las principales transacciones son los cerdos de recrio, huevos y aves de corral, útiles y herramientas para la agricultura, cordelería, planteles y plantones de árboles frutales, especias, paquetería, bisutería, hilados, ropas confeccionadas, tejidos, calzados y otros artículos de uso y consumo que no se producen en nuestro, término o vienen más retrasados. Es proverbial el griterío que se forma en el mercado esos días, y llama la atención de los forasteros el profundo silencio que se produce a

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"alzar a Dios", hecho simpatiquísimo que habla muy alto en favor de la religiosidad de Caudete. Algunos vecinos de esta población, a su vez, acuden habitualmente como vendedores y compradores a las ferias y mercados de Villena, Yecla y Almansa, mayormente, para comprar en la primera muchos artículos y vender en las otras dos poblaciones los productos de la huerta, mulas y otros animales. e) Entidades Bancarias. — Sólo hay en esta Villa una Agencia de la Sucursal que en Almansa tiene establecida el Banco de Vizcaya. Existe también una corresponsalía del Banco Central, que realiza diversas e importantes operaciones de su especialidad. Importancia excepcional reviste la sucursal de la "Caja de Ahorros, del Sureste de España", una de las primeras con que contó la Institución pues se inauguró el año 1940. Es la nuestra la única sucursal que la popular y pujante entidad de ahorro tiene en la provincia de Albacete, pudiéndose considerar la continuación de la "Caja Rural de Ahorros y Préstamos" del fenecido "Sindicato Católico Agrícola «El Progreso»", fundado, como hemos dicho, en 1909, de cuya cartera se hizo cargo antes de abrir las puertas de sus oficinas en la calle de Luis Golf.

Comunicaciones
Caudete, geográficamente alicantino, está mucho mejor comunicado con Villena y Alicante que con Almansa y Albacete, pues de los primeros dista 14 y 72 kilómetros, al paso que se halla a 28 y 107, respectivamente, de la cabeza de partido y capital de la provincia, situadas además, en distinta cuenca hidrográfica. Por esta población pasa la carretera de Fuente la Higuera a Yecla, y de ella se derivan otras dos provinciales que ponen en comunicación directa a Caudete con Villena y Montealegre del Castillo. La carretera nacional de segundo orden de Alicante a Ocaña, pasa a seis kilómetros de distanciar.y, como hemos repetido, por decisión unilateral de Villena sirva de límite —que es jurídicamente provisional—entre los términos de ambas poblaciones y provincias de Albacete y Alicante en un recorrido de trece kilómetros. Sumamente conveniente seria la construcción de un buen camino o carretera provincial (si no se quiere desviar la carretera principal) entre Caudete y La Encina, pues hoy hay que dar un rodeo demasiado largo para ir de una a otra de estas localidades separadas tan sólo siete kilómetros en línea recta. No existe ningún medio de comunicación regular y directo por carre-

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tera de Caudete a otra población. Tan sólo pasan por aquí las líneas de autobuses Hellín-Valencia y Yecla-La Encina. A dos kilómetros y medio se halla enclavada la estación de ferrocarril propia, en el kilómetro 384 de la línea de Madrid-Alicante, manteniéndose el enlace entre ella y la población mediante un coche de viajeros de treinta plazas, o mejor dicho, asientos, que sale a todos los trenes de viajeros que tienen parada en la misma. Por ser la más próxima vía de ancho normal, Yecla viene utilizando nuestra estación, tanto para su movimiento de mercancías como de pasajeros. En Caudete hay ocho camiones dedicados al transporte por cuenta de los mismos dueños y de quienes contratan sus servicios. El tráfico principal lo realizan con los pueblos del "Reino" o Ribera valenciana, lo mismo que hacen los dieciséis carros de transporte matriculados como tales, trayendo de allí arroz, naranjas, poroductos hortícolas y frutas tempranas, y llevando ciertos artículos de este término, como cereales, especialmente cebada, sal, palomina, etc. Los carros agrícolas del término son 935. Existen veinte automóviles de turismo, treinta y cinco motocicletas, número que está en constante aumeno, y 1.009 bicicletas, empleadas muchas de ellas para trasladarse a los sitios de trabajo y transportar pequeñas cargas. En esta localidad hay Administración de Correos, cuya plantilla se compone de un administrador, un cartero urbano, un subalterno, un agregado y un cartero peatón. También existe, como ya ha quedado consignado, una estación telegráfica municipal. Los aparatos receptores de radio sobrepasan ciertamente el número de trescientos, cifra que constantemente viene aumentando.

El pueblo
Las casas de la población se agrupan al abrigo del antiguo castillo de los moros formando calles estrechas y retorcidas, al pie de la colina de Santa Ana y cerro de los Cadalsos (llamado así, seguramente, por los que en él se levantaran antiguamente para cumplimiento de penas capitales); y sin resguardo alguno está a la parte de levante, el arrabal o ensanche de la población, de calles amplias v rectas. Hay 1.664 edificios y 343 cuevas habitadas. De los expresados edificios, ciento treinta son de una planta; mil cuatrocientos cuarenta y cuatro, de dos; y ciento diez, de tres o más. Esparcidas por el campo existen 225 casas de labor y vivienda, sin llegar a constituir ningún núcleo de población.

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El pueblo se extiende del NNE. al SSO, siendo por lo general estrecho, y de unos dos kilómetros de longitud, calculando desde San Antón hasta las viviendas del barrio de Don Tadeo.

La casa típica
No hace mucho, todavía se dividían los edificios de Caudete destinados a vivienda en casas y medias casas, según la anchura y si tenían dos habitaciones (una a cada lado de la puerta de entrada) o una solamente. Era, por otra parte, muy raro, que en un mismo edificio habitasen dos familias, por lo que el vocablo "casa" era sinónimo de vivienda familiar. Hoy ya nos hemos contagiado de las costumbres que están de moda en las ciudades y gran número de casas y medias casas de Caudete presentan junto a la puerta principal otra más estrecha por la que se entra o sube a otro domicilio del mismo edificio. No es raro, sin embargo, saliendo del centro de la población y yendo a las calles de los barrios antiguos, encontrar casas típicas de las que han venido constituyendo la inmensa mayoría de las del pueblo. Una de esas casas típicas de labrador medio, mide unos diez metros de fachada por veinte de fondo. En el centro se halla una amplia puerta de dos hojas que permite el fácil paso del carro, al oscurecer, cuando termina la jornada de trabajo en el campo. El carro se guarda en el porche y ¡la caba-

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llería sigue hasta la cuadra en donde se le despoja de los "aparejos" que se cuelgan en estacas de madera colocadas en las paredes a diversa altura y conveniente distancia. A ambos lados del porche o zaguán se abren las puertas de las habitaciones de dormir o salas con alcoba, provistas de una pequeña ventana, con uno o dos barrotes de hierro en medio, que da a la calle. En la parte central de la casa se sitúa la cocina-comedor, con amplia campana y un fogueril a la derecha, a cierta altura. En muchas casas había poyos de piedra a ambos lados de la cocina. Hoy apenas se ven poyos y fogueriles, y, en cambio, aparecen a los dos lados del hogar sendos armarios de dos cuerpos en los que lucen la mejor vajilla y cristalería de cada casa sobre tablas de cuyos frentes cuelgan papeles multicolores y con caprichosos calados. Se guisa en el suelo a base de cepas, "rajas de olivera" o de "almendrolero", sarmientos, ramas de frutales o leña del monte. Las ollas y sartenes se ponen en trébedes provistas de rabo con horquilla para sujetar en ella el extremo de la sartén. No falta un clavo de cabeza gruesa para colgar el candil, que se alimenta con aceite de oliva que se echa por el pito de la alcuza cuando, no faltando torcida, languidece la llama. Enfrente del hogar se halla, generalmente, la escalera, que da acceso al piso o planta superior, llamada cambra, en donde se almacenan los productos recolectados que son de guardar y los forrajes secos para las caballerías, asi como diversos muebles y artefactos retirados del uso o que sólo se emplean en contadas ocasiones, tales como en las fiestas de septiembre, con motivo de hospedar a músicos, parientes o amigos forasteros. Hay, sin embargo, muchas cambras que cuentan con habitaciones a teja vana en las que duermen los pequeños (de seis años en adelante). Continuando hacia el interior, pasada la cocina y la escalera, encontramos a mano derecha una habitación, con puerta de entrada por la cocina, y a la izquierda la despensa-amasador con su correspondiente artesa y lebrillo para la elaboración del pan, pastas o "cosicas" y monas. Más allá están la cuadra y el corral descubierto al que dan la pocilga, el gallinero y las madrigueras de los conejos. La inmensa mayoría de las casas tienen a la entrada o junto a la cocina una cantarera, con no menos de tres flamantes, limpios y sudorosos cántaros de greda blanca cocida y algunos botijos, muchas veces en forma de gallos u otras figuras raras. Antes, sobre los cántaros había indefectiblemente una jarra del mismo material que los cántaros, con cuatro picos. Hoy la boca de los cántaros aparece cubierta con una tapaderilla redonda que dan los "cacharreros" al entregar los cántaros. La inmensa mayoría de las casas tienen a la entrada o junto a la cocina una puerta dé madera sobre el suelo, con rejilla y un asa de hierro. Es la puerta de la bodega o sótano. Levantándola se puede bajar a él y se podrán

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Arqueología
Hay en el pueblo cinco iglesias espaciosas y de bella arquitectura, tres capillas y dos ermitas. Las iglesias son: la parroquial de Santa Catalina V. y M.; la del convento carmelita de San José; la de Santa Ana, sobre la colina o loma de su nombre; la de San Francisco de Asís, en el barrio edificado a expensas de don Francisco Albalat Navajas; y el santuario de Nuestra Señora de Gracia, que ya hemos descrito anteriormente. Las capillas, bonitas las tres, espaciosas y modernas, son las del asilo de San Juan Evangelista, que data del año 1908; ia de las (Monjas de Clausura del Camino de la Virgen, levantada en 1914, y la del Hogar de Auxilio Social "Ruiz de Alda", bendecida en 1947. Las ermitas, mucho más antiguas, de líneas sencillas y evocadoras, son las de Santa Bárbara, a 1.150 metros de altura, desde cuya cumbre se domina un vasto panorama, habiendo oído decir que en días muy despejados llega a verse el mar, y la de San Antón, al borde del antiguo camino de la Fuente o de Valencia. También existe un oratorio, de modestas proporciones, que ha pasado a ser propiedad particular, juntamente con el antiguo palacio episcopal del partido de "Capuchinos". A la disposición de tres de las iglesias mencionadas alude una vieja copla caudetana, que dice así: Santa Bárbara en un alto y Santa Ana en una cuesta; la Virgen de Gracia está en el medio de la huerta. No hay en Caudete, fuera de los templos susodichos, ningún edificio notable por su arquitectura y capaz de despertar la admiración de los visitantes. Por mera lista informativa podemos mencionar, como de más relieve, la antigua casa consistorial, con fachada a la plaza Mayor, hoy del Caudillo, que data, según dijimos, del siglo XVI, seguramente, la cual presenta unos balcones amplios y bien trazados sobre los esbeltos y robustos arcos de la Lonja. En él aparece esculpido en piedra el escudo de la Villa. La casa del Ayuntamiento, sin tener nada de particular, ha quedado de muy buen aspecto exterior y ha experimentado en el presente año una profunda transformación en su distribución interior, contando con un amplio y bien decorado salón de sesiones, modernas oficinas, despachos del

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señor Alcalde y del Secretario, y archivo-biblioteca. También sobresalen en el conjunto edificado el grupo escolar "Ruiz Alcázar", el ya citado asilo de San Juan Evangelista, la cooperativa vitivinícola "San Isidro", la casa cuartel de la Guardia Civil, el mencionado convento carmelita de San José, vasto edificio con agradable claustro de bella columnata, y el magnífico y lujoso hogar "Ruiz de Alda", dotado de cuanto la higiene y el confort puedan exigir en establecimientos de su clase. Tal vez sea "El Paso" el edificio civil más notable de Caudete, por la singular ornamentación que supo darle don Francisco Albalat Navajas. Antes podíamos mostrar a nuestros visitantes, con gran satisfacción, la incomparable Plaza de Toros y la valiosísima corona de la Virgen de Gracia. Hoy no nos queda nada de esta joya, y del coso taurino, lo mismo que del asilo de "Don Paco", sólo pueden verse unas ruinas que dan idea de lo que eran esas dos edificaciones solidísimas y robustas, pero de las que cabe decir lo del célebre soneto calderoniano sobre las flores: "En un día nacieron y expiraron".

Costumbres
Aunque pertenecemos a la provincia de Albacete, nuestras costumbres son más VALENCIANAS y ALICANTINAS que manchegas, como es natural, dada nuestra situación geográfica e histórica. Las fiestas son ruidosas y brillantes. Las más típicas son las de Moros y Cristianos, que hemos reseñado ya al hablar de la "Práctica del Voto", capítulo VIII. Sólo añadiremos sobre ellas que en los días 7, 8 y 9 de septiembre están reglamentados todos los actos, incluso las comidas que han de hacerse en ellos. El día 7 toca paella de pollo o de conejo. El 8, en todos los hogares se sirve sopa de "menudancias", relleno negro, cocido y pollo asado. El día 9 es el de los gazpachos, pero no andaluces, sino manchegos con marchamo caudetano. Estos gazpachos caudetanos se preparan haciendo primeramente unas tortas de buena harina de trigo de medio metro, aproximadamente, de diámetro, y muy delgadas. Suelen hacerse dos: una de ellas se extiende sobre la mesa sirviendo como de fuente o plato. La otra se desmenuza a mano en trozos sumamente pequeños, que se echan a la sartén cuando en ésta se halla frita y en su punto la carne de pollo, conejo o palomo, más los cominos y yerbas, jamón, caracoles "cristianos" y cuantas cosas parecidas se le hayan querido echar. A todo se le da varias "volteretas" sobre un fuego muy intenso. Cuando los gazpachos están hechos, se "abocan" a la torta extendida en la mesa, se calzan algunos extremos, si es necesario, y... ¡a comer y beber!, sin dar tregua al porrón o barral.

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No queremos pasar adelante en este punto sin consignar el juicio que las fiestas de septiembre merecieron a nuestro actual Prelado cuando las conoció por vez primera el año 1950, que fue también el primero dé su pontificado en la nueva diócesis de Albacete, creada entonces, y cuyas palabras son un encendido y autorizado elogio digno de ser por siempre recordado. "El triunfo de la fe" tituló nuestro amadísimo Obispo su artículo, publicado en el programa oficial de fiestas de 1951, y en él dice lo siguiente: "La impresión que me traje de aquellos inolvidables días, pasados en Caudete—los primeros de mi estancia en la Diócesis que acababa de nacer en mis brazos—, perdura aún viva y palpitante. "Aún me parece estar viendo todo el colorido de vuestra Ciudad, ardiendo en fiestas; la vistosidad de vuestras calles, profusamente engalanadas; el pasó decidido y marcial de vuestros hombres, con aire y estilo seculares; el rodar vistoso de las banderas, empuñadas por manos vigorosas; el desfilar incesante e interminable de la procesión, que agruparía en torno de la Virgen de Gracia a la Ciudad entera y a todos sus hijos, que, desde lejos, venían a manifestar a su Patrona todo el cariño de sus corazones. "Y me parece oír también, cercano, definido, inconfundible, el tronar de los arcabuces, en manos de vuestros mozos y de vuestros hombres; aquellos disparos solemnes, al placentero caer de la tarde o al medroso despertar del día, verdaderos besos y piropos dirigidos amorosamente a vuestra Virgen, que, teniendo todo de Madre, tiene tanto de Guerrera. La oración de vuestro corazón y de vuestros labios, hecha estruendo en la boca de

Fervor de Caudete por su Vi rg en de Graci a

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vuestros arcabuces historiados; mejor, el estruendo de vuestras armas, hecho oración. Pero un estruendo frogoroso, rotundo, para decir a todos los vientos lo profundo y recio de vuestras convicciones religiosas y para que todos se enteren de que Caudete ama apasionadamente a su Virgen de Gracia".

Otra fiesta típica caudetana es la de los "Bailes del Niño", organizados por la pujante archicofradía del Dulce Nombre de Jesús, que se celebran a finales y principios de año y el día de Reyes. Las danzas se verifican primeramente en la plaza Mayor, a la que los bailadores dan tres vueltas. Luego se repiten en la plaza del Carmen y, por último, en la plaza Nueva. Las piezas que interpreta la banda de música en ese acto tradicional son siempre las mismas, las cuales vienen transmitiéndose de padres a hijos, de generación en generación, y son: el "tarí-taytero" y tres jotas, que creemos son exclusivamente caudetanas; malagueña, sevillana, seguidilla, "Los Higos" y la "Danza Típica", cuyo aire no tiene nombre. Todos los danzarines salen ataviados con los trajes típicos de esta antigua Villa Real del reino de Valencia, llevando ellas las imprescindibles castañuelas o "postizas" que "repican" al compás de la música. Para presidir los diversos actos ceremoniosos y encabezar los bailes, SE nombran dos parejos de Reyes: los Reyes primeros y los segundos. Por la noche se celebran en el teatro Calderón bailes con pujas a la llana con las reinas y demás bailadoras ataviadas típicamente como en las plazas. Con los fondos allegados se sufragan gran parte de los gastos que originan la novena y fiestas en honor del Niño Jesús, cuya cofradía tiene a gala contratar siempre a oradores sagrados de reconocida fama y ha construido y decorado un altar en el crucero de la iglesia parroquial que ha importado más de veinticinco mil pesetas.

Las procesiones de Semana Santa, aunque no de mucho arraigo en la población, vienen revistiendo gran esplendor y suntuosidad desde el año 1945. Salen tres cofradías, con pasos modernos y ciertamente artísticos, a las que se suma buen número de "armados" con bandas de cornetas y tambores, además de la colosal bocina, ya tradicional en nuestro pueblo. Las cofradías son: la del Sepulcro y la Soledad, cuyos componentes visten túnica negra, capa blanca y capirote encarnado, con una cruz carmesí sobre el pecho; la del Santo Cristo y la Verónica, con túnica negra, botones y vivos blancos, y capuchón azul; y la de Nuestro Padre Jesús Nazareno y la Virgen de los Dolores, que llevan túnica negra con capirote y faja morados.

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La ceremonia de la Resurrección, que se celebraba el Sábado Santo con gran regocijo, volteo bullicioso de campanas, disparo de arcabuces, truenos y cohetes, se ha trasladado a las primeras horas del Domingo de Pascua, conforme a la nueva liturgia, más en consonancia con el desarrollo de los augustos misterios que se conmemoran en la Semana Santa. Los tres primeros días de Pascua, así como la octava de Resurrección y el lunes siguiente, dedicado a San Vicente, Patrono del reino de Valencia, son de auténtica y bulliciosa fiesta popular. En tales fechas sale la gente al campo, calzando las mozas y jóvenes las clásicas alpargatas y vistiendo prendas "moneras" para solazarse y merendar en sitios alegres y atractivos, que suelen ser el nacimiento del agua de Bogarra, el del agua de Arriba y de las fuentes, el de San Matías y el de San Vicente. Con tal motivo los chicos y jóvenes juegan al corro, saltan, bailan y cantan animadamente y meriendan tendiendo los manteles sobre la blanda hierba, no faltando nunca la clásica "mona" para los pequeños, el "pan dormido" y los huevos duros, que se estrellan en una frente descuidada. En las reuniones que suelen seguir a la gira campestre, no se escatima ninguna diversión y esparcimiento, dentro siempre de la más escrupulosa honestidad.

El día del Corpus Christi es otra fiesta memorable en Caudete. Para las diversas procesiones se alfombran de flores, juncos y plantas olorosas las calles por donde ha de pasar el Santísimo sobre artística y majestuosa carroza y bajo rico palio. En sitios fijos y determinados se levantan altares bien adornados ante los cuales canta el pueblo de rodillas el solemne Tantumergo español con acompañamiento de la banda de música.

El Viático a los enfermos, llamado aquí "comulgar" (¿a quién es el comulgar?, dice la gente cuando ve pasar el Santo Viático), se administra siempre en forma solemne. El aviso se da con cinco campanadas lentas, tocándose sin cesar hasta el regreso del Señor a la iglesia. La señal del "óleo" se da con siete campanadas fuertes como de arrebato. El orden en los entierros difiere del que se lleva en la mayoría de los pueblos. Después de bendecido el cadáver encerrado en el ataúd en el domicilio del difunto, se organiza una procesión en toda regla, hasta la puerta de la iglesia parroquial. Abre la marcha el Clero, precedido de la cruz, y a continuación el acompañamiento de hombres solos, en dos filas, y,por último, el féretro, llevado agarrando a mano de las asas, cerrando la marcha los parientes más allegados. Los lutos son extremadamente rigurosos, por lo general. Las familias que siguen la tradición visten de negro ahora sólo tres años cuando se trata

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de los padres o de algún hijo, y dos si el difunto es un hermano. No hace mucho, estos plazos eran dobles.

De unos años a esta parte, nuestro pueblo está acostumbrado a presenciar diariamente, al oscurecer, el traslado de la Virgen de Fátima de un domicilio a otro. Caudete se ha formado el propósito de que la venerada imagen recorra indefinidamente las casas de la población en incesante

La Virgen de Fátima en una de sus diarias visitas domiciliarias

visita diaria, dando ello m o t i v o para que en cada vivienda se levante un altar todo lo artístico que permiten las posibilidades económicas y buen gusto del dueño de la casa, ante el que se canta, se reza y consagra la familia a la Sma. Virgen.

Deportes
Hace cuarenta o cincuenta años, las manifestaciones deportivas que producían expectación y reunían gran cantidad de público eran los bolos y las bolas de plomo tiradas a lo largo de los caminos, el tiro al blanco, el juego de pelota con fuertes apuestas y las carreras. Hoy perdura la afición al juego de pelota, para el que existen dos buenos frontones de reciente construcción, formalizándose animados partidos en los que se ventilan cantidades no despreciables de dinero.

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Ha nacido, en cambio, gran afición al fútbol, a las carreras de bicicletas y al atletismo. Con la construcción del campo de fútbol—ya desaparecido—frente a las ruinas de la plaza de toros, se fomentó la formación de un buen equipo titular, apareciendo luego diversos clubs, hasta poder celebrar un animado torneo a principios del año 1954 entre seis equipos locales. Pero con la desaparición de dicho campo de deportes, por estarse edificando en él un grupo de 36 viviendas de renta reducida por la Caja de Ahorros del Sureste de España, ha decaído bastante la afición que se sentía por el popular deporte. Con motivo de las fiestas de San Antón, San Blas, el Santo Angel de la Guarda y San Isidro, se efectúan desde tiempo inmemorial, reñidas carreras a pié, a la par que otras competiciones, dándose, por lo general, hermosos pollos de premio a los vencedores.

El campeón español de Cros, Antonio Amorós López, en una de las carreras pedestres de Caudete antes de ser atleta profesional

Hay, de ordinario, un gran plantel de corredores caudetanos debido principalmente a esas competiciones pedestres, y no es casual que este pueblo haya dado el campeón español de Cros en Antonio Amorós, y que cuente con otros campeones provinciales y regionales en esa particularidad atlética. Existen también en la localidad numerosos aficionados al ciclismo, que participan en diversas "vueltas" regionales en las que suelen hacer un papel lucido, habiendo logrado ya premios de consideración.

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Espectáculos
Hay en el pueblo tres cines: el Calderón, el España y el Parroquial, aunque este último no funciona en el momento de escribir estas líneas. Compañías teatrales no aparecen por esta localidad. Antes era frecuente que viniesen con alguna frecuencia conjuntos de varietés. El cine España y el salón de actos del antiguo Sindicato Católico Agrícola se convierten, de vez en cuando, en teatros y actúan en ellos grupos de aficionados locales con algunas finalidad benéfica. Existen dos sociedades recreativas, el Círculo Deportivo Caudetano y la Sociedad de Cazadores. También hay dos cafés públicos, diversos bares, salas de billar y los círculos de Acción Católica.

Alojamientos
Caudete viene careciendo de buenos alojamientos debido al poco tráfico de viajeros o población flotante. Tan sólo existen en el pueblo dos posadas y dos fondas, con un total de 24 habitaciones. En los cuatro establecimientos se sirve comida sana y abundante y se da buen trato a los huéspedes; pero ninguno de ellos puede considerarse como alojamiento moderno y confortable, aunque suelen ser suficientes para las necesidades ordinarias. La afluencia de forasteros es enorme por los días de las fiestas de septiembre, mas todos ellos encuentran hospedaje espléndido y generoso porque cada hogar caudetano se convierte en posada u hotel en el que reciben toda clase de atenciones los parientes, amigos y conocidos o los músicos que hayan correspondido al dueño de la casa, si es socio de alguna comparsa, en el reparto hecho por ella.

Enseñanza
Hay en Caudete catorce Escuelas o clases y quince maestros nacionales de régimen general, y cuatro de provisión especial, a saber, una de párvulos, otra parroquial y dos del Patronato de Auxilio Social, que funcionan en el hogar "Ruiz de Alda". Las primeras tienen una matrícula de más de 800 alumnos, comprendidos entre los seis y doce años, y las especiales cuentan con unos trescientos treinta, de esa misma edad, y párvulos. Las Hermanas Terciarias Regulares del Carmen sostienen dos secciones de niñas de enseñanza elemental, con más de cien alumnas, y hay también en la localidad un contingente fijo de unos treinta estudiantes de enseñanza media a los que dirigen en sus estudios diversos profesores. Tiene concedido el pueblo cuatro clases de iniciación profesional, para niños del cuarto período de graduación escolar de los doce a los quince

HISTORIA DE CAUDETE

219

años, de modalidad industrial, agrícola, corte y confección, y, además, cinco clases o Escuelas de adultos. Hay quien se asusta ante el número de Escuelas existentes, pensando sólo en la influencia que pueda tener en la cuantía de la contribución que el Estado le exige. A esto hemos de decir que todavía no cuenta Caudete con el mínimum exigido por las disposiciones legales vigentes, pues el artículo 17 de la Ley de Educación Primaria de 17 de julio de 1945, dispone que en cada localidad debe haber no menos de una Escuela por cada 250 habitantes. A la larga, es la educación e instrucción el gasto más remunerativo para las naciones. Por no juzgarlo así y no participar plenamente del espíritu que en esta materia informa al nuevo Estado español, los padres sacan a sus hijos de la escuela tan pronto como los niños están en posesión de los conocimientos instrumentales, es decir, aquellas nociones y hábitos indispensables en el estudio de las diversas materias de enseñanza y para la práctica de los ejercicios educativos, como son la Lectura interpretativa, la Expresión gráfica y el Cálculo; o antes aún, en cuanto las criaturas son para ayudarles en las faenas del campo, siendo de todas formas muy irregular la asistencia de los niños a la Escuela. El resultado es que nuestro pueblo tiene un nivel cultural francamente bajo, aunque sea difícil encontrar analfabetos totales entre los menores de cuarenta años, y que no hay afición por la lectura, como lo demuestra el hecho de que no existan más de cincuenta suscriptores a la prensa diaria en todo Caudete. Y sin leer, sin el poderoso auxiliar de los libros, poco será lo que se pueda progresar.

Sanidad
Para cuidar de la salud de la población hay en la localidad cuatro médicos, un practicante, dos comadronas y dos farmacias. Vienen, además, periódicamente, algunos especialistas, en especial de boca y ojos, que han instalado clínica en la localidad. La acción sanitaria general ha sido de gran eficacia, como lo demuestra el gran descenso de la mortalidad, la cual, si en el primer decenio de este siglo era del 34 por mil, ha quedado reducida al cinco por mil, actualmente.

Caudete religioso
Según se ha dicho, Caudete cuenta con una sola Parroquia, sin embargo de lo cual es Arciprestazgo, debiéndose achacar tal hecho a la circunstancia de haber sido un enclave de la diócesis orioíana en la de Murcia desde el año 1565 hasta el 1950 en que, por efecto de adjudicarse a la nueva diócesis de Albacete, estamos en ella sin solución de continuidad. Hemos oído que

220 JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ existe el proyecto de crear dos nuevas parroquias en la población, las de Santa Ana y la de San Francisco. Si así sucede, ya no estará sola en su arciprestazgo la Parroquia de Santa Catalina, Virgen y Mártir. Esta Villa, que siempre había tenido de quince a dieciocho sacerdotes, no cuenta en la actualidad más que con el señor Cura Párroco y dos Vicarios, número exiguo por demás para atender a la asistencia religiosa de ocho mil feligreses que tienen a la Iglesia por el centro principal de su vida de comunidad. Esta gran escasez de sacerdotes queda paliada con la presencia de varios sacerdotes carmelitas del convento de San José que también realizan ministerio público en su iglesia. Índice expresivo de la religiosidad de Caudete lo constituyen las numerosas asociaciones de carácter religioso existentes en nuestro pueblo. Bien quisiéramos hacer una amplia reseña histórica de cada una de ellas, pero se desbordaría la finalidad y pretensiones de esta obra, y por lo mismo, nos limitaremos a citar simplemente las que recordamos, como prueba de que esta Villa hace honor a la fama de religiosidad que siempre ha tenido por toda esta región. La primera, más numerosa y popular de dichas asociaciones, es la Mayordomía y Cofradía de la Virgen de Gracia, que cuenta con unos mil entre mayordomos y cofrades. Data su fundación, como saben nuestros lectores, del año 1758, a petición del devoto pueblo caudetano y con el visto bueno del Ilmo. Sr. don Juan Elias Gómez de Terán, que encargó la redacción de las constituciones al benemérito don Cristóbal Antonio Marín, quizás el mayor bienhechor que ha tenido Caudete, y que merece ciertamente alguna clase de homenaje por parte de este pueblo de su adopción al que tanto amó y favoreció.
Otra agrupación de gran solera es la Cofradía y Mayordomía del Dulce Nombre de Jesús, que agrupa a seiscientos devotos, y de la que ya hemos hablado al tratar de las costumbres caudetanas. Son también de abolengo en el pueblo, las cofradías de San Blas, el Santo Angel de la Guarda y San Antón, que celebran animadas fiestas de barrio con Misa cantada y sermón, carreras, fuegos de artificio y lucidas verbenas ante las correspondientes hornacinas de los respectivos santos. El día de San Antón, además, se bendicen los animales, se celebran algunos concursos y se enciende una gran hoguera en la plaza del Carmen, frente a la calle que lleva el nombre del santo abad. El día de San Blas son tradicionales los rollicos y panecillos bendecidos, que se ingieren como remedio o prevención de los males de garganta. Popular es también la Cofradía de Santa Bárbara, cuya fiesta se celebra el 4 de diciembre. Esta santa tiene muchos devotos por ser abogada contra las tormentas. Los cofrades, que suman unos 80, organizan dos ascensiones a la cumbre de la sierra que lleva el nombre de la Santa, una

HISTORIA DE CAUDETE

221

el 3 de mayo, fiesta de la Invención de la Santa Cruz, y otra, el citado día 4 de diciembre, resultando ambas unas simpáticas romerías, cada vez más nutridas y animadas. La Adoración Nocturna se constituyó en Caudete en la noche o vigilia del 14 al 15 de agosto de 1904, y cuenta en la actualidad con unos ciento cincuenta adoradores inscritos, que vienen dando buena muestra de su fervor y acendrada piedad. Numerosa y bien organizada es la asociación de las Hijas de María, que agrupa a cuatrocientas afiliadas. Celebra con gran solemnidad la Novena de la Purísima y una procesión de las más lucidas y vistosas de la Villa. También contribuye al esplendor del Mes de María, tanto en la Parroquia como en el santuario de la Virgen de Gracia. Cuenta, asimismo, nuestra Parroquia con la Venerable Orden Tercera de San Francisco, que tiene unos sesenta terciarios, y con el Apostolado de la Oración, en el que figuran unos cien inscritos. Una de las asociaciones más antiguas de Caudete es la de Nuestra Señora del Rosario, que en tiempos pasados celebraba animadas fiestas y romerías en la ermita de su nombre, sita en el Cabezo, por eso llamado del Rosario, y que ha desaparecido por completo, como otras. Entre mayordomos y cofrades suman más de doscientos y organizan el Rosario de la Aurora los domingos y fiestas de octubre y de mayo, y dos procesiones muy concurridas. Actualmente lleva a cabo la asociación la importante obra de instalar el altar y retablo de la Virgen del Rosario en el crucero de la iglesia parroquial, a la parte de la Epístola, de forma análoga al ya terminado del Niño jesús, bellamente decorado, según lo hemos dicho, y que se alza en el lado opuesto del mismo crucero, es decir, a la parte del Evangelio. Algunos celosos cofrades del Rosario se encargan de dirigir y dar realce a la visita domiciliaria que, como hemos consignado, realiza por todo el pueblo la Virgen de Fátima, permaneciendo un día en cada casa o vivienda. Por último, la Acción Católica, que desde hace años ha tomado bastante impulso y cumple con creciente celo y eficacia los fines para los que ha sido creada. Cuenta en nuestra población con unas doscientas cincuenta mujeres y muchachas y cincuenta entre hombres y jóvenes.

EPILOGO
Has podido conocer, amable lector, a través de las páginas de este libro, algo de la interesante Historia de nuestra Villa y de su Virgen de Gracia. Seguramente no estarás satisfecho con lo que Caudete es al presente y ha sido hasta ahora: quisieras que contase con cosas más relevantes y de mayor trascendencia, desearías verlo más bonito, más próspero, más cómodo e higiénico, más progresivo, en el buen sentido de la palabra. Pues bien, eso depende de ti y de mí, de nuestros parientes y amigos, de todos los caudetanos. La grandeza de los pueblos se cimenta en la educación física, intelectual y moral de sus hijos y en un trabajo constructivo y eficaz; sin ello es inútil esperar adelantos y prosperidad. No escatimes, pues, si eres caudetano, el tiempo de escolaridad de los pequeños. Si eres padre, cumple con el mínimum obligatorio prescrito por la Ley y manda a tus hijos a la escuela hasta los doce años. No te conformes con que sepa sólo leer rudimentaria y mecánicamente, conozca las cuatro reglas y escriba de cualquier modo. Pide, por el contrario, que se multipliquen en nuestra Patria las escuelas de artes y oficios, los institutos laborales, las granjas agro-pecuarias de experimentación y capacitación de los futuros agricultores, para que ningún muchacho empiece a trabajar sin la debida preparación. Si eres de verdad patriota, procura ser buen cristiano y trata al prójimo como quisieras que te tratasen a ti. Y no te desentiendas de lo que atañe a los demás, porque siendo como eres un ser humano, nada de lo humano te debe ser ajeno. Siendo así, Caudete se convertirá en una verdadera unidad orgánica, en una colectividad de acción e interés comunes y será un pueblo próspero y feliz bajo el manto maternal de la Virgen de Gracia, cuyo auxilio no nos ha de faltar si recurrimos a Ella en demanda de su protección.

APÉNDICE
I

Relación de las personas que han gobernado la Villa de Caudete desde 1613 a nuestros días

En la sección LETRAS Y PRIVILEGIOS, Sala 4.a, del Archivo del Reino de Valencia hay una ficha con nombres de alcaides y bailes de Caudete. Son los siguientes: Juan Benito. Miguel Conexero. Jaime García. Alfonso Martí. J. Francisco Medina. Pedro Quintana. Juan Tallada. J. y Onofre Urgellés. También hemos encontrado estos nombres de antiguos gobernantes del pueblo: Guillen Martí. Francisco Ingreso de Sanchiz. Pedro Just, José Miguel Armengol. José Martí y Martín Navarro. Según una certificación notarial del año 1700, hallada en un libro titulado "Curiosidades", del Archivo parroquial, las personas insaculadas con anterioridad habían sido las siguientes:
Período de mandato
______________________________________________________

Primeros Alcaldes y Regidores
________________________________________________________________________________

2º y 3º jurados
_______________________________________________________________

Almotacén, sobreacequiero, etc
_______________________________________________________________

De 1613 a 1619 De 1619 a 1628 De 1628 a 1631 De 1631 a 1634 De 1634 a 1637 De 1637 a 1640 De 1640 a 1643 De 1643 a 1646 Cebrián Conexero Joaquín Requena Cebrián Conexero Onofre Vinader Gaspar Bonete Cristóbal Herrero Onofre Ortín

Sebastián Benito Martín Bañón Los mismos Pedro Bañón Francisco Ximeno Onofre Vinader Pedro Bañón Pedro Bañón P. Bañón de Pedro Francisco Ximeno Nicolás Richarte Juan Medina Francisco Ximeno Francisco Ximeno Pedro Bañón de P.

Pedro Bañón Joaquín Requena Los mismos Onofre Vinader Gaspar Bonete Francisco Ximeno Juan Medina Juan Medina Nicolás Richarte Juan Medina Pedro Bañón de P. Pedro Bañón de P. Onofre Ortín Juan Herrero Joaquín Requena

226
Período de mandato
______________________________________________________

JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ
Primeros Alcaldes y Regidores
_______________________________________________________________________________

2º y 3º jurados
_______________________________________________________________

Almotacén, sobreacequiero, etc
________________________________________________________________

De 1646 a 1649 De 1649 a 1652 De 1652 a 1655 De 1655 a 1658 De 1658 a 1661 De 1661 a 1664 De 1664 a 1667 De 1667 a 1670 De 1670 a 1673 De 1673 a 1676 De 1676 a 1679 De 1679 a 1682 De 1682 a 1685 De 1685 a 1688 De 1688 a 1691

Pedro Bañón de Pedro Onofre Ortín José Figuera Pedro Bañón de Pedro Onofre Ortín Pedro Bañón de Pedro Francisco Ximeno Miguel Richarte Pedro Díaz Pedro Bañón de Pedro Pedro Díaz Francisco Ximeno José Bañón de Pedro Pedro Díaz Miguel Richarte

Onofre Ortín Joaquín Requena Joaquín Requena Juan Herrero Pedro Bañón de P. Francisco Ximeno Juan Herrero Francisco Ximeno Juan Herrero Pedro Bañón de P. Onofre Ortín Juan Herrero Miguel Richarte Pedro Díaz Pedro Díaz José Bañón de P. José Bañón de P. Miguel Richarte Miguel Richarte Pedro Díaz Francisco Ximeno José Bañón de P. Pedro Díaz José Bañón de P. Miguel Richarte Francisco Ximeno Miguel Richarte Francisco Ximeno Pedro Díaz José Bañón

Juan Herrero José Figuera Francisco Ximeno José Figuera Joaquín Requena Juan Herrero José Figuera Pedro Díaz Juan Vinader Pedro Díaz José Bañón de P. Juan Vinader Juan Vinader Francisco Bañón Juan Vinader Francisco Bañón Juan Vinader Francisco Ximeno Francisco Ximeno Juan Vinader Juan Vinader Miguel Richarte Juan Vinader Miguel Richarte Franc. Bañón de J. Juan Vinader Franc. Bañón de J. Juan Vinader Ambrosio Vinader Onofre Ortín

Queda interrumpida la relación hasta que reanuda sus sesiones la Corporación municipal en 1715, siendo Caudete una pedanía de Villena.
Período de mandato
________________________________________________________________________________________________

Primer Alcalde
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Segundo Alcalde o Regidor
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13-09-1715—17-10-1715 17-10-1715—18-10-1716 18-17-1716—19-01-1718 19-01-1718—01-02-1719 01-02-1719—20-02-1720 19-02-1720—04-02-1722 04-02-1722—24-06-1723 24-06-1723—21-12-1724 21-12-1724—11-02-1726 11-02-1726—24-06-1727

Francisco Herrero Francisco Bañón Bartolomé Ruiz Quílez Anacleto Algarra Francisco Herrero Ferrer Bartolomé Ruiz Quílez Francisco Herrero Ferrer Juan Martínez Francisco Herrero Ferrer Valentín Medina

--Pedro Ortuño Bartolomé Amorós Samateu Juan Gimeno Medina Julián Golf Pedro Ortuño Juan Gimeno Medina Bartolomé Amorós Julián Golf Jacinto Conegero

HISTORIA DE CAUDETE
Período de mandato
________________________________________________________________________________________________

227
Segundo Alcalde o Regidor
______________________________________________________________________________________________

Primer Alcalde
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24- 6-1727—30- 6-1728 30- 6-1728—24- 6-1730 24- 6-1730—22- 7-1733 22- 7-1733—15- 2-1735 15- 2-1735—13- 1-1735 13- 2-1735—12- 1-1737 12- 1-1737— 1- 1-1738 1- 1-1738—25-12-1738 25-12-1738—20- 3-1739 20- 3-1739—24- 1-1740 24- 1-1740—10- 1-1741 10- 1-1741—12- 1-1742 12- 1-1742—26-12-1742 26-12-1742—11- 1-1744 11- 1-1744—31-12-1744 31-12-1744—31-12-1745 Año 1746

Juan Herrero Vicente José Ángel Alonso Juan Herrero Tortosa José Albertos Cosme Algarra Bartolomé Amorós Samateu Pedro Ortuño Francisco Carrión Díaz Pedro Golf Juan Herrero Tortosa Pedro Gallur Díaz Leandro Díaz Gallur Bartolomé Amorós Samateu Julián Golf Corredor Juan Herrero Tortosa Juan Conejero Ortuño Pedro Sánchez Almodóvar

Miguel Richarte Juan Moreno Roche Francisco Algarra Felipe Ángel Gaspar Albertos Pedro Sánchez Almodóvar José Algarra Francisco Golf Pablo Verdú Menor Francisco Herrero Ferrer Pablo Verdú Menor José Ortuño Agustín Figuera Roca Jorge Ortuño Juan Estevan García Pedro Golf Leandro Díaz Gallur

Según la Real Orden de Insaculación de 11 de agosto de 1747, los del primer saco debían tener 600 pesos anuales de renta; los del segundo, 500, y los del tercero, 400, para mantener el oficio con la debida dignidad y salir responsables de su gestión. Dicho año figuraban en la primera lista de insaculados 16 nombres de personas de recta intención, buena inteligencia y de lo principal de esta Villa, que habían gobernado en ella, lo mismo que sus antepasados "de tiempo inmemorial a esta parte". De ellos salían, como hemos consignado, el primer alcalde y el primer regidor. Eran los insaculados del primer saco: 1. Francisco Herrero Ferrer. 2. Pedro Golf Corredor. 3. Pedro Sánchez Almodóvar. 4. Bartolomé Amorós Samateu. 5. Tomé Algarra Garzía. 6. Jazinto Conexero. 7. Josep Sánchez de Eslava. 8. Juan Herrero Tortosa. 9. Pedro Golf Herrero. 10. Pedro Gallur. 11. Franco Bañón. 12. Miguel Richarte Sánchez. 13. Francisco Algarra Mollá. 14. Leandro Díaz Gallur. 15. Agustín Figuera Roca. 16. Juan Conexero Ortuño. Los señores de la segunda lista o candidatos a los cargos de segundo alcalde y síndico "por ser todos ellos de robustez, inteligencia, madurez y también deszendientes de las prinzipales familias de esta Villa, y que an governado con la mayor tranquilidad y quietud de la República, y esperamos que gobernarán en adelante con el mismo azierto", eran los siguientes: 1. Joseph Rey de Medina. 2. Joseph Herrero Martínez. 3. Juan Estevan Garzía. 4. Jaime Algarra Golf. 5. Joseph Ortuño Ángel. 6. Joachim Ca-

228

JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ

rrión. 7. Joseph Herrero Golf. 8. Joseph Carrión Algarra. 9. Miguel Carratalá. 10. Juan Herrero Díaz, 11. Manuel Ángel. Sólo figuran 11 nombres y no 16, como debía ser, por no haber hallado sujetos idóneos en la Villa para dichos cargos. La tercera lista, cuyos nombres se metían en el saco verde para las elecciones de los demás cargos administrativos y de dirección en los asuntos municipales, comprendía 32 nombres, relacionados por "orden de capacidad". Sigamos ahora con la lista de los alcaldes primero y segundo que hemos ido hallando en los libros capitulares correspondiente:
Período de mandato
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Alcalde primero
_________________________________________________________________________________________________________________________________________

Alcalde segundo
_______________________________________________________________________________________________________________________________

Año 1747 1748 1749 1750 1751 1752 1753 1754 1755 1756 1757 1758 1759 1760 1761 1762 1763 1764 1765 1766 1767 1768 1769 1770 1771 1772 1773 1774 1775

Francisco Herrero Ferrer Bartolomé Amorós Samateu Miguel Richarte Sánchez Pedro Gallur Díaz Pedro Golf Corredor Francisco Herrero Ferrer F. Bartolomé Amorós Samateu Juan Conejero Ortuño Pedro Golf Corredor Miguel Díaz Gallur Miguel Ant.º Richarte Jacinto Conejero Juan Conejero Ortuño Agustín Figuera Roca Francisco Agulló Mollá Leandro Díaz Gallur Juan Herrero Tortosa Pedro Golf Herrero Agustín Figuera Roca Pedro Gallur Leandro Díaz Gallur José Antonio Herrero Martínez Juan Herrero Díaz Francisco Algarra Mollá Juan Herrero Tortosa José Carrión Ruiz Agustín Figuera Roca Leandro Díaz Gallur Juan Herrero Díaz

Jaime Algarra Golf Juan Estevan García Joaquín Carrión Díaz Pedro Golf Herrero Miguel Díaz Gallur José Hernández López José Requena Ortín Manuel Ángel José Ortuño Ángel José Sánchez Vinader Pedro Bañón Ángel Miguel Ant.º Richarte José Carrión Algarra

Francisco Ximeno Gallur Francisco Algarra Díaz Juan Estevan Garca Francisco Ximeno Gallur

HISTORIA DE CAUDETE
Período de mandato
______________________________________

229
Alcalde segundo

Alcalde primero
_________________________________________________________________________________________________________________________________________

_______________________________________________________________________________________________________________________________

1776 1777 1778 1779 1780 1781 1782 1783 1784 1785 1786 1787 1788 1789 1790 1791 1792 1793 1794 1795 1796 1797 1798 1799 1800 1801 1802 1803 1804 1805 1806 1807 1808 1809 1810 1811 1812 1813 1814 1815

Abdón Ruiz Algarra El mismo Miguel Antonio Richarte El mismo El mismo Leandro Díaz Gallur Abdón Ruiz Algarra Miguel Conejero Rey Juan Herrero Díaz Francisco Ximeno Gallur Onofre Conegero Martí Abdón Ruiz Juan Estevan García Miguel Antonio Richarte Ramón Algarra Conegero Franco Bañón Francisco Algarra Díaz Francisco Ximeno Gallur Ramón Algarra Conegero Francisco Bañón Vinader Juan Estevan García José Díaz Vinader Francisco Algarra Díaz Onofre Conegero José Bañón Martínez José Díaz Vinader Antonio Algarra Francisco Algarra Díaz Franco Bañón Requena Gil Gallur Tadeo Díaz Jorge Ortuño José Ximeno Gallur José Bañón Martínez Antonio Gallur Franco Bañón Requena Juan Conegero Herrero Franco Bañón Requena Tadeo Díaz José Bañón Martínez

Antonio Algarra Díaz El mismo Juan Estevan García El mismo El mismo Juan Herrero Díaz Ambrosio Sánchez Vinader Antonio Algarra José Ximeno Gallur Abdón Cardón Ortuño José Ortuño Ángel Gil Gallur Francisco Requena José Ximeno Gallur Alberto Carrión Francisco Herrero Carrión Francisco Requena José Antonio Ángel José Ximeno Gallur José Bañón Martínez Vicente Ortuño Miguel Carratalá Conegero José Richarte Antonio Algarra José Ortuño Miguel Carratalá Conegero Francisco Richarte Luis Sánchez Conegero José Sánchez José Bañón Francisco Richarte José Ortuño Juan Algarra Félix Gallur Manuel Martí Pedro Daz Sánchez Jesualdo Benito Juan Rey Alberto Carrión

230

JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ En este año se dispuso que los insaculados debían contar con una renta

anual de mil pesos, sin contar los bienes dotales de la esposa y demás que pudiera administrar la persona insaculada.
Período de mandato
______________________________________

Alcalde primero
_________________________________________________________________________________________________________________________________________

Alcalde segundo
_______________________________________________________________________________________________________________________________

1816 1817 1817 1818 1819 1820 1822 1823 1824 1825 1826 1827 1828 1829 1830 1831 1832 1833 1834 1835 1836 1837 1838 1839 1840 1840 1842 1843 1840 1853 1854 1855 1857 1859 1861 1862

Juan Conegero Franco Bañón Requena Diego Pascual Antonio Gallur Luis Sánchez José Bañón Martínez Onofre Sánchez Ortín Diego Pascual Pedro Golf Onofre Sánchez Ortín Pedro Figuera Juan Martí Félix Gallur Bañón Manuel Martí Bartolomé Martínez Alberto Ortín Félix Gallur Francisco Sánchez Josef Albalat Antonio Ortín Luis Gallur Sánchez Francisco Esteve El mismo Luis Gallur Sánchez Joaquín Pascual Franco Bañon Garrido Gabriel Estañ, Miliciano Nacio. Rafael Molina Manuel Ximeno Miguel Amorós Juan Golf Sánchez Gabriel Estañ Juan Golf Sánchez José Martínez Miguel Izquierdo Rafael Molina

Ambrosio Sánchez Antonio Rey Cosme Olivares Jesualdo Benito Pedro Díaz José Requena Hernández Antonio Graciá Francisco Martínez Manuel Golf Antonio Graciá José Algarra José Albalat Francisco Sánchez Sánchez Josef Requena Francisco Bañón José Navarro José Ruiz Francisco Martínez Bartolomé Martínez Antonio Sánchez Juan Conejero Cayetano Sánchez El mismo Francisco Sánchez Antonio Golf Roque Esteve Antonio Sánchez José Martínez Francisco Algarra Damián Graciá Andrés Graciá Miguel Izquierdo Ambrosio Sánchez Salvador Ruiz Rafael Molina Manuel Golf

HISTORIA DE CAUDETE
Período de mandato
______________________________________

231
Alcalde segundo

Alcalde primero
_________________________________________________________________________________________________________________________________________

_______________________________________________________________________________________________________________________________

1863 1864 1865 1867 1870 1871 1872 1873 1874 1875 1876 1879 1880-84
Período de mandato
______________________________________

Rafael Cuello Rafael Molina José María Herrero Damián Graciá José Martínez Sebastián Izquierdo Miguel Izquierdo Juan Bautista Vespa García Andrés García Torres Luis Pascual y Peris El mismo Luis Herrero José Beltrán y Vea

Damián Graciá Miguel Sarría Joaquín Herrera Figuera Cayetano Pla José Albertos Amorós Luis Pascual y Peris José Martínez Sánchez Cayetano Pla González Francisco Algarra Gil José María Albalat

Alcalde Presidente
______________________________________________________________________________________

1.º Teniente Alcalde
______________________________________________________________________________________

2.º Teniente Alcalde
__________________________________________________________________________________

1884 1884 1884-1886 1886-1887 1888-1890 1891-1893 1894 1894 1895 1895 1895-1896 1897 1897 1898 1899-1900 1901 1901-1904 1904 1904 1904 1905 1906-1909 1909 1910-1911 1912-1913

Luis Pascual Peris José Beltrán y Vea Luis Pascual Peris José Ruiz Ruiz Emigdio Albalat Navaj. Jerónimo Gallur Pedrós José Ruiz Ruiz Luis Teresa Pérez Miguel Díaz Martínez José Ruiz Ruiz Jerónimo Gallur Pedrós Juan Díaz Peiró Laureano Navarro M. Miguel Díaz Martínez Jerónimo Gallur Pedrós Jerónimo Gallur Pedrós Francisco Martí Pedrós Joaquín Pascual Ferná Emigdio Albalat Navaj. Luis de Teresa Pérez Joaquín Pascual Ferná. Pedro Donat Rosillo Franc. Algarra Bañón Jerónimo Gallur Pedrós “”

Damián Graciá Picó José María Albalat Cayetano Pla González Luis Domínguez Cort. El mismo Miguel Martínez Carr. Luiz Domínguez Cort. Miguel Díaz Martínez José Esteve Gil Luis Domínguez Cort. Damián Graciá Martín. José Martínez Muñoz José Martínez Muñoz Damián Graciá Martín. Antonio Martí Román Juan Conegero Gil “” Franc. Huesca Martí José Ruiz Ruiz “” Francisco Martí Pedrós Pascual Martí Golf Federico Albertos G. Federico García Frerer

Franc. Sánchez Gimeno Luis de Teresa Pérez Franc. Sánchez Ferrisa Miguel Díaz Martín El mismo Pedro Molina Domene. Juan José Esteve Gil José Esteve Gil Joaquín Esteve Gil Juan Esteve Gil Juan Esteve Gil Juan Conegero Gil Juan Conegero Gil Luis Domínguez Juan Esteve Gil Damián Olivares Graciá “” Damián Olivares Graciá Miguel Sánchez Martí. “” Federico García Ferrer Miguel Sáez Solera Bartolomé Muñoz Cast. José Conejero Castelló

232
Período de mandato
______________________________________________

JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ

Primero y segundo Alcalde
________________________________________________________________________________________________________________________________

Tercero y cuarto Alcalde
________________________________________________________________________________________________________________________________

1914-15 1916-17 1918-19 1920-21 1922 1923 1923-24 1925 1926-30 1930 1930 Del 17-4-31 al 31-5-31 Del 31-5-31 al 6-8-34 Del 6-8-34 al 21-2-36 Del 21-2-36 al 21-8-37 Del 21-8-37 al 8-4-39 Del 8-4-39 al 30-9-39 Del 30-9-39 al 11-6-40 Del 11-6-40 al 12-7-42 Del 12-7-42

Gabriel Estañ Herrero José Ruiz Ruiz Antonio Hernández Hdez. Gabriel Martínez Sáez Gabriel Estañ Herrero José Ruiz Ruiz José Ruiz Ruiz Gabriel Están Herrero Francisco Estañ Herrero José Díaz Martínez José Martí Tecles Cristóbal Peiró Ruiz Salvador Díaz Capellá Felipe Esteve Martí Felipe Esteve Martí Miguel Díaz Alcover Federico García Ferrer Miguel Molina Olivares Joaquín Martínez Gil Gabriel Estañ Herrero Gabriel Estañ Herrero Damián Gracia Martínez Pedro Martí Amorós José Camarasa Varela José Camarasa Varela Francisco Domenech Torró Pedro Gil Díaz José Ruiz Díaz José Camarasa Varela Miguel Camarasa Varela Miguel Camarasa Valera Francisco Conejero Ignacio Gil Díaz Joaquín Pagan Pérez Manuel Gimeno Biosca Antonio Díaz Belando Vicente Azorín Conejero Jerónimo Grande Requena

José Díaz Martínez Pedro Molina Domenech José Conejero Castelló Vicente Martínez Albertos José Díaz Martínez Franco Huesca Martí Pascual Martí Golf Francisco Gimeno Sánchez Gabriel Estañ Herrero Tadeo Esteve Muñoz Joaquín lbáñez Angel Vicente Martínez Albertos Miguel Díaz Alcover Manuel Golf Fernández Manuel Golf Fernández Franco Martí Martínez Francisco Sánchez Díaz Luis López Torres Damián Gracia Martínez Miguel Molina Olivares Eduardo Pedrós García Gabriel Martínez Sáez Juan At.º Íñíguez Gómez Miguel Camarasa Varela Francisco Medina Albertos José Martí Herrero Salvador Sánchez Albertos Francisco Conejero Juan Amorós Francisco Bañón Bañón Juan Amorós Manuel Gimeno Biosca Juan Quílez Golf Juan Esteve Solera Julián Huesca Bañón Pedro Sánchez Serrano

al 17-10-42 Ocupa la presidencia don Julián Huesca Bañón

HISTORIA DE CAUDETE
Período de mandato
____________________________________________________

233
Tercero y cuarto Alcalde
_____________________________________________________________________________________________________________________________

Primero y segundo Alcalde
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Del 17-10-42 al 23-6-45 Del 23-6-45 al 1-9-46 Del al 1-9-46 5-9-53

Juan José Esteve Bañón Pedro Sánchez Serrano

Juan Revenga Fdez. de Castro Ginés Cremades Vicedo

Preside la Junta Gestora don José García Serrano Juan R. Fernández de Castro Ginés Cremades Vicedo Pedro Sánchez Serrano

Del 5-9-53 al 5-12-53 En 5-12-53

Ocupa la presidencia don Ginés Cremades Vicedo. Se posesionaron de sus cargos de Alcalde Presidente, Primero y Segundo don José Tenientes Puche de Alcalde, don respectivamente, Pedro Sánchez los señores Soriano, Serrano

y don José Pérez Navarro, quienes continúan en sus puestos a la hora de extender estas líneas.

II Antiguos linajes cristianos de Caudete

Una monografía concienzuda sobre los linajes de Caudete sería el mejor complemento de este libro, pues ella nos daría idea cabal de toda la historia de la Villa a partir de la conquista cristiana; conoceríamos no sólo a los que Vinieron con las huestes de don JAIME I en calidad de guerreros, y que fueron los dueños de las propiedades que hasta entonces habían sido de los moros, sino también a los hidalgos, mercaderes y demás pobladores que se establecieron en el recinto caudetano al amparo de los privilegios concedidos por los monarcas aragoneses. Pero sería un trabajo extraordinario y sin adecuada compensación. En el archivo general del antiguo Reino de Valencia cabe hallar muchos datos para esa monografía, que puede realizar en lo futuro alguien con más tiempo y recursos que nosotros, que nos hemos limitado a dar una lista de los apellidos más antiguos que hemos encontrado al folio 249 del libro manuscrito titulado de "Curiosidades de Caudete", en el que la "Matrícula de las familias insaculadas en esta REAL, MUY NOBLE, MUY LEAL y FIDELISIMA VILLA, como ciudadanos de inmemorial Magníficos, Nobles y Generosos", añadiendo los particulares que hemos podido hallar consultando dicho libro manuscrito del archivo de la iglesia y otros documentos particulares que nos han sido facilitados por sus amables poseedores. AMOROS. Los Amorós son muy antiguos en Caudete, y es de creer que llegaron al tiempo de su conquista. En 1568 está registrado el matrimonio de En Bartolomé Amorós con Juana Samateu. ALGARRA. El linaje Algarra tiene bailes y caballeros caudetanos desde los tiempos del rey don JAIME I el Conquistador En el archivo parroquial

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en 1563. También son muy antiguos en Caudete los Agulló, Albertos y Angel.

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aparece inscrito el matrimonio de En Cosme Algarra con Angela Benito,

El apellido ALBERO se registró por primera vez en 1570. Procede de Biar.

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El primer ALBALAT que hemos visto inscrito, es don José Albalat, que se casó con doña Josefa Pérez en 1731. BANON. Los Bañón figuraron siempre entre las personas importantes de Caudete. Fueron insaculados desde los primeros años de la Conquista, ostentando cargos de Justicias y Bailes. Proceden de Aragón. BENITO. Hay registrados matrimonios de los de este apellido a partir de 1505, y es lógico que fueran de los primitivos caballeros cristianos que hubo en Caudete. El matrimonió Jerónimo Benito y Jerónima Golf, instituyeron en 25 de julio de 1605 la capellanía de la Misa de Alba. CONEJERO. Este apellido se ha escrito con x y con g. Los Conejero son antiquísimos en esta Villa. Hemos visto en el archivo de Valencia numerosos personajes que se llamaban así, y en el archivo parroquial figuran de este linaje por los años de 1543 y 1570. También son muy antiguos en Caudete los CARRION, CAMARASA y CLEMENTE. Los CALERO proceden de Chinchilla; los CASTELLO, de Fuente la Higuera, y los CARPENA-, de Yecla. DÍAZ. Procedencia y origen, Aragón. Están los Díaz en Caudete desde la Conquista como nobles caballeros, y personajes de este apellido figuran insaculados desde los primeros años. Hemos visto registrado un testamento de Pedro Díaz Mayor en 1522, y de mujer en 1505. GARCÍA. El linaje de los García es universal en toda España. Con el rey don JAIME I vinieron a Caudete varios caballeros de este apellido. García Jofre fue Señor de Caudete. ESTEVE. Hay insaculados de este apellido antes del año 1700. En 1752 se instaló en Caudete Jaime Esteve, natural de Onteniente. ESTÁÑ. Los Estañ vienen de Callosa. Gabriel Estañ Pérez contrajo matrimonio en Caudete el año 1839. FIGUERA y FERRIZ, son apellidos que figuran entre los insaculados con anterioridad a 1700. Los FERRIZ son de Caudete y de Villena. FAURA. Su procedencia y origen es Valencia. En tiempo de los Reyes Católicos los hermanos Gaspar y Juan Faura ganaron para los monarcas, contra el marqués de Villena, la ciudad de este nombre y además las de Chinchilla, Almansa y otras villas y lugares de dicho marquesado. Los GALLUR y GOLF están en Caudete desde la Conquista y en todo tiempo fueron personas insaculadas. GRACIA. Este apellido es originario de Cataluña y muy antiguo en Caudete.

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GIL. El origen de este linaje es Navarra y su procedencia, Alicante. Son caballeros conquistadores del Reino de Valencia, del cual pasaron al de Murcia algunos miembros de esta noble y antigua familia. HUESCA. Los de este linaje tienen su origen y procedencia en Aragón. En Caudete hay de este apellido desde la Conquista. También hay de este linaje en la ciudad de Almansa. HERNÁNDEZ. Los Hernández estuvieron insaculados en Caudete desde tiempos remotos. En 1589 hay registrados matrimonios de miembros de esta familia. Los HERRERO fueron insaculados desde antes del año 1700. JUST es apellido que se ha perdido en Caudete. Antiguamente era una noble familia muy influyente en esta localidad en donde tuvieron miembros insaculados antes del año 1700. Uno de ellos, Pedro Just, contrajo matrimonio el año 1578. MARTÍNEZ. Los de este linaje descienden de los nobles caballeros conquistadores. Diego Martínez de Alonso se casó en 1572, y entre los insaculados más antiguos que ocuparon puestos de Jueces y Bayles figuran con frecuencia caballeros de este apellido, tan extendido en Caudete. MARTÍ. Origen, Francia. Procedencia, Valencia. Caballeros de la Conquista de Valencia y su Rieno. Tienen por escudo un Agnus Dei (cordero coronado con su banderita y cruz de plata en campo de gules, encima una flor de lys y abajo "ondas de mar"). MOLINA. Origen y procedencia, Aragón. Caballeros conquistadores del Reino de Valencia. Vinieron a Caudete con las primeras tropas cristianas. Son también apellidos caudetanos anteriores a los siglos XV y XVI los MEDINA y MATES. Los MOLLA vinieron de Albaida y los MICO del Palomar, en 1568. Los NAVARRO están afincados en Caudete y Almansa. Hubo insaculados de este apellido mucho antes del año 1700. Proceden de Valencia. ORTUÑO. Origen, Vizcaya. Procedencia, Aragón. Caballeros conquistadores del Reino de Valencia y de la villa de Caudete. ORTÍN. Origen, Normandía e Inglaterra. Procedencia, Valle de Car rriedo y Aragón. Desde Teruel (lo comprueba Gaspar Escolano en la segunda parte de la Historia de Valencia) pasaron cinco hermanos a la ciudad de Valencia en tiempos de su conquista por Jaime I. Uno de ellos se estableció en Caudete, en donde se afincó por derecho de conquista. Escudo: En el primer cuartel de la derecha, de campo azul, un lucero

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ de oro con ocho rayos y debajo dos leones rapantes también de oro. En el cuartel de la izquierda, seis ramitas de ortigas con flores al natural y un brazo armado con una mano que tiene cogidas las ortigas por el tronco, todo en campo de oro. PÉREZ. De los caballeros conquistadores del Reino de Murcia. Don Enrique Pérez fue adelantado del Reino de Murcia; don Juan Pérez, "home de don Juan Manuel"; Martín y Juan Pérez, contrajeron matrimonio en Caudete el año 1597. PAGAN. Los de este apellido proceden de Murcia y vinieron a Caudete en el siglo pasado. PUCHE. Origen, Cataluña (Puig). Procedencia, Valencia, de donde vinieron entre los primeros conquistadores de Caudete. Hijosdalgo de sangre y solar. Caballeros de la Orden de Montesa, de la de San Jorge de Alfama y de la Real Maestranza de Valencia. PEDRÓS. El primero de este apellido que hemos visto en los libros de Caudete es Jerónimo Pedrós, natural de Villena, que se casó en esta Villa el año 1680. Son apellidos caudetanos y muy antiguos (siglo XVII cuando menos), PALAO, PEIRÓ y PARRA. PASQUAL. Los Pasqual o Pascual son originarios de Castilla. Fueron a la ciudad de Alicante con el Príncipe don Alfonso el Sabio cuando pasó a dicha ciudad para tomar posesión de ella en nombre de su padre don Fernando III el Santo, con motivo de habérsela donado el rey moro de Murcia. Es familia muy noble. Su rama de Caudete procede de don Diego Pasqual, abogado de los Reales Consejos, natural de Crevillente, capitán de la segunda Compañía del Batallón de Milicias de dicha Villa, que en 24 de julio de 1810 solicitó carta de vecindad en Caudete. Su padre era don Diego Pasqual de Martínez, notario de Elche, que estaba viudo de doña María Antonia Mas Sánchez. El escudo de los Pascual se compone de cuatro cuarteles. En el primero y cuarto hay un cordero plata andante, que tiene abrazada con la mano derecha un asta con bandera blanca y en medio de ella cruz carmesí como la de Montesa; el remate bajo de la lanza está sobre fuente manante por caño de agua, todo en campo verde. En el segundo y tercero, sobre azul, hay dos castillos o torres de oro, cada uno sobre peña de su color, y encima y en el comedio de ambos una estrella de oro. El escudo se halla orlado de oro con letras azules que dicen: Sub eius pede fons vivus emanat. En la parte superior, como remate, aparece un yelmo abierto y sobre él otra torre de oro con una estrella que la predomina.

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QUÍLEZ. Hemos encontrado caballeros de este apellido instalados en Caudete con anterioridad al siglo XVI. El archivo parroquial registra el casamiento de Pedro Quílez en el año 1571. REY. Martín Rey figura insaculado antes del año 1700, y un Pedro Rey aparece casado en 1569. Antiguos son en la Villa los RICHARTE, REQUENA, RUIZ y RODRÍGUEZ. El primer,Ruiz que hemos visto en los registros caudetanos fue un tal Baltasar, natural de Callosa del Segura, que se casó en esta Villa el año 1569. En 1855 está como forastero en Caudete, don Pedro Revenga, y el 8 de marzo del año 1871 pide que se le incluya en el padrón de vecinos en su casa de la calle Mayor, número 9. SÁNCHEZ. Los de este linaje proceden de Aragón y llegaron a Caudete en los primeros tiempos de la Conquista. Es uno de los apellidos más corrientes en esta Villa. Entre los insaculados más antiguos de ella hay varios Sánchez, y en el archivo parroquial figuran casados Juan y Vicente Sánchez por los años de 1570 y 1576, respectivamente. El primer SERRANO que aparece en los registros es Pedro Serrano, natural de Villena, que contrajo matrimonio con una caudetana el año 1579. SOLERA es apellido vinculado a industriales y comerciantes desde muy antiguo. Proceden de Cataluña y Aragón. TOMAS. Origen, Aragón. Procedencia, Orihuela. Hidalgos establecidos en Caudete antes de 150O e insaculados en la Villa desde tiempo inmemorial. VICENTE. VINADER. Origen, Aparecen Aragón. Procedencia, desde Yecla. muy José antiguo Vicente varios se casó en Caudete el año 1582. insaculados Vinader. Un Francisco VILA se casó en Caudete el año 1571. XIMENEZ. Origen, Navarra. Caballeros pobladores del Reino de Murcia. Hidalgos. En Caudete hay varios Ximénez como personas importantes en el siglo XVI. XIMENO. Los Ximeno, luego Gimeno, son vecinos notables de Caudete desde los años de la Conquista y figuraron en todo tiempo como insaculados de primer orden. Su procedencia y origen es Aragón. El escudo de los de este linaje es como sigue: En campo azul, banda de plata con dragones de oro que tienen lenguas de gules colocadas en los extremos. En la parte alta del campo hay uña columna de oro con corona del mismo metal, y en la parte de abajo, otra idéntica. Tiene un rótulo con la leyenda: Regia fortitudo. La banda indica que un Gimeno fue armado

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caballero por el Rey don Alfonso XI, y las columnas, el enlace de los linajes Ximeno y Bohorques. Han desaparecido varios apellidos de los más representativos y antiguos de Caudete, tales como ALCAYNA, ARMENGOL, AVELLAN, BARBER, BOTELLA, BONETE, CAMBRA, CARBO, GAYTAN, ROCA, SAMATEU, VEAS, OSCA, PARDlNES y TALLADA. En cambio, han ido apareciendo otros nuevos de diversa procedencia que han tomado carta de naturaleza entre nosotros y compensan, a buen seguro, la falta producida por los qué se han extinguido.

III

Caudetanos ilustres

Don FRANCISCO ALBALAT NAVAJAS, Conde de San Carlos. (1848-1915). Estudió la carrera militar en Valencia, pero siendo Teniente se pasó al campo carlista y en él llegó al grado de Coronel. Terminada la última guerra carlista pasó a Francia en unión del pretendiente don Carlos VII,el 27 de abril de 1876, y en el vecino país se casó con doña Elena Cairó, dama de la nobleza francesa. Quedó viudo en 1905, y en 1908 contrajo segundas nupcias con doña Dolores Golf Amorós. Sus restos descansan en la iglesia de San Francisco de Asís, junto a los de la primera esposa. Don Francisco Albalat fue Secretario de don Carlos en París y Venecia, hasta el fallecimiento del Pretendiente, y por él fue honrado con el título nobiliario de Conde de San Carlos. Amante de su patria chica como el que más, aquí se retiró el señor Albalat a principios de siglo y volcó toda su cuantiosa fortuna en las múltiples obras de que hemos hablado en estas páginas, habiendo logrado transformar la fisonomía de la población. Es de notar que en todas esas importantes obras, incluso la monumental de la plaza de toros, no hubo más dirección técnica que la suya y la del maestro albañil Juan Arellano García. La fe religiosa llevó al Conde de San Carlos a regalar a la Santísima Virgen, con motivo del centenario de 1907, la valiosísima corona en la que se emplearon, según nos,ha dicho su señora viuda, siete kilogramos de oro de buena ley y las innumerables piedras preciosas que se reseñan en otra parte de este apéndice. La joya se fabricó en Venecia, y sólo el trabajo del artífice costó 18.000 duros de los de entonces. Con motivo, de la visita que hizo el señor Albalat, acompañado de su entonces prometida doña Dolores Golf, al Papa San Pío X, para que éste bendijera la rica corona, nuestro paisano entregó al Padre Santo en una bandeja, juntamente con la limosna que tuvo por conveniente, un solideo nuevo. El Sumo Pontífice se quitó el que llevaba puesto y se lo dió a don Paco en la misma bandeja de la ofrenda. Luego, aun le entregó otro solideo

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y las dos zapatillas. Estas reliquias se hallan actualmente en Caudete: un solideo está en la iglesia parroquial; el otro, en la de San Francisco. Las zapatillas son para el convento de PP. Carmelitas, que ya tiene una, mientras que la otra la conserva la señora viuda del Conde de San Carlos. Don JOSÉ ALBALAT PEREZ. fue hijo de don José y de doña María. Nació en esta Villa el 22 de febrero de 1804. Siguió la carrera de leyes; fue juez de 1.a Instancia en Casas lbáñez y después en Albacete; tres veces diputado a Cortes por el distrito de Montealegre; magistrado de Granada, y luego en Valencia, donde murió el 8 de junio de 1859. Una indiscutible y genuina gloria caudetana es el atleta ANTONIO AMOROS LOPEZ, nacido entre nosotros el año 1924, campeón nacional de cros de 1954 a 1956 y poseedor de la copa del mejor deportista el año 1955, el mejor corredor que, sin duda alguna, ha tenido España hasta ahora. Este muchacho, con una constancia y dedicación ejemplares, de simple leñadorcito, ha sabido elevarse a la cumbre de su especialidad atlética, para la que cuenta con indudables dotes naturales (el galgo de Caudete le dicen los periódicos), y llevar triunfante el nombre de su pueblo natal por todos los ámbitos del solar hispano, habiendo defendido con insuperable moral de victoria los colores españoles en diversas competiciones internacionales, que sería prolijo enumerar. Hasta el momento presente cuenta nuestro magnífico corredor con 67 copas, 26 medallas y otros diversos trofeos ganados en buena lid. Antonio Amorós se ha formado en nuestro pueblo. Después de darse a conocer como corredor excepcional en las clásicas carreras de San Antón y San Blas, el Angel y San Isidro, fue seleccionado en 1948 para el campeonato provincial y regional del Frente de Juventudes, subiendo luego gradual y regularmente todos los peldaños del pedestrismo con el aliento y aplauso de sus coterráneos, que lo han seguido cariñosamente en las etapas de su brillante actuación y han considerado como propios los resonantes e indiscutibles triunfos del número uno de los corredores españoles de todos los tiempos. Don BARTOLOME AMOROS VINADER. Nació en Caudete el día 13 de julio de 1752, habiendo sido sus padres don Enrique y doña María Alfonsa. Sirvió a S. M. Católica en el regimiento provincial de Murcia, llegando, en virtud de ascensos, al cargo de Coronel del mismo cuerpo, y después, progresivamente, al de Teniente General de los reales ejércitos. Sus merecimientos le hicieron acreedor a distinción tan honrosa como lo es la gran Cruz de San Hermenegildo, que, entre otras muchas, disfrutó hasta su fallecimiento, acaecido en el mismo pueblo de su naturaleza el día 3 de enero de 1835.

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Don JOSÉ CEBRÍA RODRÍGUEZ. Notable jurisconsulto, hijo de don Jerónimo y de doña Francisca, que vino al mundo en la Villa de Caudete el día 19 de abril de 1743, y que, después de honrar de manera no común la toga que vestía, resolvió su vocación profesar en un convento, como lo hizo en el de Capuchinos de Madrid. Sus virtudes y talento lleváronle hasta las mansiones reales, donde mereció ser honrado con el cargo de confesor de la Real familia, entre la que fue más conocido que por su propio nombre, por el Padre Fr. JOSEF DE CAUDETE. Don JUAN GARCÍA TORRES (1813-1877). fue hijo de don José y de doña Josefa, habiendo nacido en Caudete el 3 de marzo de 1813. Sirvió a S. M. Católica, ascendiendo por antigüedad hasta ser Coronel del regimiento inmemorial del Rey, y progresivamente hasta llegar a Mariscal de Campo de los reales ejércitos; estando condecorado con las grandes Cruces de San Hermenegildo y de Isabel la Católica, y disfrutó otros varios honores y distinciones. Falleció el 22 de abril de 1877, ocupando el cargo de gobernador militar de la plaza de Ceuta. El M. I. Sr. D. MIGUEL M.a GIL HERNÁNDEZ, canónigo Doctoral de la I. I. Colegial de San Nicolás, de Alicante, fue a lo largo de su no corta existencia, un prestigioso caudetano que puso muy alto el nombre de su pueblo natal, del que se ufanaba proceder. Nacido el 14 de enero de 1862, y bautizado al día siguiente, pronto se reveló como un niño de clara inteligencia y decidida vocación sacerdotal. Ingresó a los doce años en el Seminario diocesano de Orihuela y en él cursó la carrera con las más altas calificaciones, cantando su primera misa el 4 de octubre de 1885, es decir, cuando sólo contaba 23 años de edad. El joven sacerdote, a partir del curso 1885-86, fue catedrático de Matemáticas, Lugares Teológicos e Historia Eclesiástica, Etica e Historia de la Filosofía en el mismo Centro donde tan brillante alumno había sido, hasta el año 1892 en que, por oposición, ganó la plaza de canónigo doctoral de Alicante. En la luminosa, bella y acogedora ciudad mediterránea, que tanto atrae a los caudetanos, desarrolló don Miguel su sagrado ministerio durante 45 largos y fecundos años. fue director del Apostolado de la Oración, y por mucho tiempo, el orador sagrado más famoso de toda la diócesis oriolana, siendo notable, entre otras, la oración fúnebre que pronunció en la Colegiata el 26 de abril de 1895 en memoria de las víctimas del Reina Regente, que publicó la Marina de Guerra, regalando, además, a nuestro ilustre paisano una preciosa imagen tallada de la Purísima, con sentida dedicatoria. Para los caudetanos que acudían a él, siempre tuvo el bondadoso y docto don Miguel un consejo paternal, una protectora ayuda o la dirección sabia, prudente y desinteresada que podían necesitar.

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El prestigioso Doctoral murió en Caudete el año 1937 rodeado del afecto, consideración y profundo respeto de parientes y convecinos, tanto de ideas afines como opuestas. M. I. Sr. D. MIGUEL GIL RUIZ. Nació don Miguel en nuestra Villa el día 10 de enero de 1889, siendo sus padres don Miguel y doña Carmen. Empezó sus estudios eclesiásticos en 1905, en el Seminario Conciliar de Orihuela, y los terminó con las más altas calificaciones, habiendo estudiado con beca ganada por oposición a partir del año 1906. Cantó misa primera en éste su pueblo natal, el 29 de septiembre de 1914. Desempeñó el cargo de organista en la parroquia de Santa Catalina, y después pasó a ocuparlo en la parroquia de Santiago, de la vecina ciudad de Villena. Alternando con sus obligaciones de organista, estudió Derecho Canónico para la Licenciatura, que obtuvo en la Universidad Pontificia de Valencia. En 1924 ganó, por oposición, la plaza de Beneficiado-Organista de la I. I. C. de Alicante, que desempeñó hasta el 25 de marzo de 1953 en que fue nombrado Canónigo de la misma Ilustre Iglesia Colegial de San Nicolás. Provisto de ardiente caridad y de un patriotismo a ultranza, don Miguel Gil ha desarrollado un bienhechor apostolado en diversas instituciones de Alicante, en donde es conocidísimo y muy popular, haciendo objeto de especialísimas atenciones a cuantos caudetanos han tenido la dicha de tratarlo o la necesidad de recurrir a su influencia y favor. Licdo. D. LUIS GOLF CORREDOR (1698-1777).—Presbítero, hijo de Pedro Golf y Juana Corredor, nació en este pueblo de Caudete, donde fue bautizado el día 19 de febrero del año 1698. fue apoderado de esta Villa en el pleito que llevó la misma con la ciudad de Villena, pues como se ha dicho en lugar oportuno, el año 1707 (reinando Felipe V), quitaron a Caudete todos sus honores de Villa, declarándola aldea, con sujeción a Villena, sufriendo entonces toda clase de vejámenes, hasta el día 27 de septiembre de 1736 en que, por sentencia de vista, y más adelante, el 26 de septiembre de 1737, por la de revista ante el Consejo de S. M., se le restituyeron todos sus antiguos honores de Villa con jurisdicción civil y criminal, mero y mixto imperio en sí y sobre sí, agregándola al reino de Murcia, con total y absoluta independencia de la ciudad de Villena. Trabajó y cumplió con muchísimo celo su cometido hasta conseguir la liberación de este su pueblo, en donde murió el día 24 de 1777. Excmo. Sr. D. CRISTOBAL GRACIA MARTÍNEZ.—Nuestro querido don Cristóbal vió la luz primera en la casa número 6 de la calle de las Parras (hoy del Maestro Serrano) el 8 de marzo de 1905. Siguiendo a su tío, don Antonio Martínez, a la sazón director del Seminario de Zaragoza, se trasladó a esta inmortal ciudad, en donde asistió al colegio calasancio para

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recibir la instrucción primaria. En 1912 pasó a Tortosa, y después de completar la enseñanza elemental, estudió el Bachillerato en el colegio de San Luis, tras de lo cual, cursó Derecho en la Universidad de Barcelona y Filosofía y Letras en la de Madrid, doctorándose de Derecho en la Villa y Corte el año 1927. Aunque con residencia habitual en Tortosa, nunca olvidó a su pueblo natal ni dejó de pasar en él, indefectiblemente, los veranos. En 1931, adelantándose a la natural reacción de los católicos ante el cariz que tomaba la Segunda República, don Cristóbal Graciá fundó en Caudete el partido de "Derecha Independiente", cuyos estatutos fueron aprobados en junio del mismo año. La nueva agrupación política entró en lid por vez primera en las elecciones para Cortes constituyentes del expresado 1931, apoyando la candidatura de los señores don Francisco Rodríguez Sedaño y don Juan Acebo Mandet, Marqués de Zurjena e hijo del ex-ministro de la Monarquía señor Marqués de Cortina, a favor de los cuales consiguió en la localidad seiscientos votos. En 1933 presentó su propia candidatura para diputado a Cortes el señor Graciá Martínez, obteniendo en Caudete nada menos que el 90 por 100 de los votos emitidos, toda vez que de 3.100 votantes de que se componía el censo, lo hicieron a su favor 2.500. Después de nuestra Guerra de Liberación, pasó don Cristóbal a ocupar la Secretaría provincial de Falange en Albacete, y en junio de 1942 se posesionó de la Presidencia de la Diputación provincial albacetense, que ocupó hasta el 20 de abril de 1943, fecha en que fue designado para el cargo de Gobernador Civil de Murcia. Prolijo sería en extremo querer resumir su labor al frente de puesto tan importante. Queremos hacer resaltar, sin embargo, como prueba de su acertada actuación de gobernante, el haberse edificado en la ciudad del Segura, a iniciativa y tesón suyos, el magnífico barrio de Santa María de Gracia, orgullo de Murcia, y que en 1946 llevó al Caudillo de España a dicha ciudad con motivo de la gran inundación padecida por la Vega Baja del Segura, en favor de cuyas víctimas promovió una suscripción nacional de resonante éxito. El 8 de noviembre de 1953 cesó en el Gobierno Civil de Murcia por haber sido nombrado para igual cargo en La Coruña, donde continúa prestando sus relevantes servicios a la Nación. El 12 de octubre de 1954 Caudete hizo objeto a don Cristóbal Graciá de un cariñoso homenaje, declarándole Hijo Predilecto de la Villa en medio del mayor aplauso de la amplia representación popular que llenaba la sala del Ayuntamiento. El 4 de mayo de 1955 se le designó para representar a la provincia de Albacete en el alto organismo del Consejo Nacional de F. E. T. y de las

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J. O. N. S., en cuyo alto sitial le auguramos incesantes éxitos para satisfacción propia, bien de España y honra del pueblo que lo vió nacer y lo tiene proclamado hijo de su predilección. D. FRANCISCO LOPEZ CONEJERO.—Héroe de la guerra de Africa, hijo de Francisco y de Úrsula, cuyo nombre se conserva dignamente con letras de oro sobre la lápida de mármol negro que se halla en el Juzgado Comarcal, antigua sala capitular de la Villa. Entre los hombres buenos y piadosos, amantes de su familia y de la patria chica, fiel cumplidor de su deber con conciencia escrupulosa, está el Abogado don MANUEL MARTI HERRERO, nacido el año 1871 y muerto el 29 de agosto de 1927. Nuestro ilustre paisano, que era hijo de un maestro de Primera Enseñanza, tuvo una sólida instrucción elemental y secundaria proporcionada por su mismo progenitor, y luego estudió con notable aprovechamiento la carrera de Leyes en la Universidad de Valencia, en donde se licenció de Derecho, pasando seguidamente a ser el todo del Juzgado municipal de esta Villa, ya como Juez o como Secretario, habiendo desplegado al frente de su función un tacto, prudencia y equidad admirables, que le granjearon una gran estimación de todos sus convecinos. Inspirado poeta y espíritu abierto a todas las inquietudes caudetanas, puso su astro al servicio de la patria chica, produciendo una serie de composiciones poéticas sobre motivos caudetanos, tales como el sentidísimo poema titulado "María Gracia", "Los quince misterios del Rosario en verso" para el Rosario de la Aurora; un romance sobre la "Historia de Caudete"; "La tizona de San Pablo", de fina sátira, y en colaboración con don Manuel Bañón, puso en su brillante forma actual el drama histórico de "Los Episodios Caudetanos" que se representa todos los años en la plaza Mayor con motivo de nuestras fiestas septembrinas, mereciendo por esto solo eterno agradecimiento de todos los caudetanos. Ilmo. Sr. D. ANTONIO MARTÍNEZ MARTÍNEZ.—Nació el 11 de agosto de 1878 en la casa número 57 de la calle de la Virgen de Gracia. Cursó el Bachillerato en el colegio de PP. Escolapios de Yecla y de allí pasó al Seminario Conciliar de San Miguel, de Orihuela, siendo ordenado sacerdote el 4 de marzo de 1901. Estudió Derecho y Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid, y se doctoró en Sagrada Teología en la Metropolitana de Valencia, siendo nombrado seguidamente Director del Seminario Sacerdotal de San Carlos, en Zaragoza, cargo que desempeñó hasta su traslado a Tortosa por haber ganado la canongía de Doctoral en reñida oposición el año 1912. El año 1918 fue nombrado Vicario General y Provisor de la Diócesis, así como Protono-

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Lápida colocada en la casa natalicia del Iltmo. Sr. D. Antonio Marínez Martínez en sustitución de la desaparecida en 1936

tario Apostólico, y dos años más tarde, en 1920, se le eligió para Deán de la iglesia catedral tortosina, cuyo cargo desempeñó hasta ser asesinado el 14 de agosto de 1936. Por su acendrado caudetanismo, que demostraba en sus sermones y en cuantas ocasiones se le presentaron para beneficiar al pueblo y a sus coterráneos, Caudete le nombró hijo predilecto suyo, como ya lo hemos dicho, el 30 de octubre de 1924 (pág. 181) y le dedicó la calle Nueva en que tenía su domicilio, rotulándola con el nombre de "Deán Martínez". En la casa donde nació se puso una artística placa de mármol, con la efigie del homenajeado, labrada por el escultor local Miguel Bañón Díaz, la cual fue repuesta en 1954, a causa de haber sido destruida la primitiva el año 1936. El gran amor que profesaba a su pueblo natal, lo demostró una vez más don Antonio Martínez en el escudo que adoptó al ser nombrado Deán de Tortosa. Componíase, efectivamente, dicho escudo, de tres cuarteles: en el de la derecha campeaba el escudo de Caudete, su patria chica; en la parte superior del de la izquierda, tenía la rueda de Santa Catalina, la Patrona de la Parroquia en que había sido bautizado; abajo puso la T de San Antonio Abad, el Santo de su nombre, y en el centro, una María.

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Don JOSÉ MARTÍNEZ MUÑOZ, ejemplo de bravura, de abnegación y patriotismo, nació en Caudete el 21 de agosto de 1843. Hijo de un modesto traficante, nuestro biografiado, siguiendo la fuerte inclinación que sentía hacia la carrera de las armas, y deseoso de probar fortuna, con espíritu romántico, sentó plaza de voluntario en el regimiento de Infantería de Wad-Ras, núm. 53, el 2 de diciembre de 1866. Trasladado con su unidad a la isla de Cuba, fue ascendiendo por su forma de operar en campaña, y por méritos de guerra, hasta obtener la graduación de Teniente Coronel en 27 de julio de 1887, no ascendiendo más por haberse retirado del Ejército para dirigir sus propiedades en la Perla de las Antillas. Habiendo regresado a la Península, residió, alternativamente, en su pueblo natal y en Alicante, ciudad en que murió el 25 de marzo de 1925. El valeroso militar estaba en posesión de la Cruz Roja de primera clase del Mérito Militar; de la Medalla de Cuba con distintivo rojo y cinco pasadores, y de la Medalla de San Hermenegildo. Por R. O. de 3 de julio de 1876 fue declarado "Benemérito de la Patria" y obtuvo una mención honorífica por la acción de las Vegas del Peral. Don JOSÉ OLIVARES CONEJERO. (1877-1945).—Héroe de la guerra de Filipinas, uno de los treinta y tres supervivientes del "sitio de Baler", en cuya defensa se cubrió de gloria. Estuvo en posesión de dos cruces militares de plata y de la medalla de campaña, ganadas por su actuación en el archipiélago filipino. Llegado a la Patria, José Olivares consiguió que se le nombrara cartero de su pueblo natal, cargo que sirvió con singular acierto y beneplácito de todo el vecindario durante treinta y nueve años, hasta el 1937 en que se jubiló. En 1906, con motivo de la visita de Alfonso XIII a la feria de Albacete, se presentó nuestro héroe al Monarca en el momento en que todos los alcaldes de la provincia daban una recepción al Rey en la Diputación provincial, y don Alfonso lo recibió con un fuerte abrazo. Al preguntarle el Monarca qué merced quería que le otorgase, Olivares pidió aumento de pensión para todos los supervivientes del sitio de Baler, y, en efecto, les fue aumentada, pasando de setenta y cinco céntimos a dos pesetas diarias. El 6 de octubre de 1945 el Gobierno del Caudillo le nombró Teniente honorario del Ejército español, con el haber anual de seis mil pesetas. La gesta de los de Baler ha quedado reproducida y perpetuada con la película "Los últimos de Filipinas" y en ella se echa bien de ver la parte tan principal que en la gloriosa epopeya realizada por aquel puñado de valientes tuvo nuestro ínclito y heroico paisano. El Ayuntamiento de Caudete, presidido por don Francisco Algarra

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Bañón, quiso premiar de algún modo las hazañas de Olivares y le dedicó la calle de Santa Bárbara, unificada con las de Richarte y Santo en 1909, pero luego se le reintegró el primitivo nombre de Santa Bárbara y a José Olivares se le dedicó en 1910 la antigua calle de Ortuño, en cuyo número 11 falleció el simpático ex-cartero el 23 de diciembre de 1948, con duelo general de todos sus convecinos. fueron virtudes características de José Olivares su religiosidad, amor al trabajo y renunciamiento propio. Su viuda nos ha mostrado una estampa de la Virgen de Gracia que siempre llevó consigo en Filipinas el heroico soldado. De su amabilidad e imperturbabilidad dió muestras constantes durante los treinta y nueve años que sirvió él solo la cartería del pueblo sin que nunca se le viese enfadado, sino siempre de buen humor, contento y risueño, pues decía que no tenían por qué participar los demás de sus penas y sinsabores, sino sólo de sus alegrías. Dr. D. FRANCISCO PEDRÓS.—Hijo de don Jerónimo y de doña María Gracia, nació en esta Villa el 1 de febrero de 1835; siguió la carrera eclesiástica y fue Rector del Seminario Conciliar de San Miguel, de Orihuela, y Canónigo Doctoral de la santa iglesia catedral de dicha ciudad. Falleció en este su pueblo natal el día 14 de noviembre de 1880. Don JOSÉ PÉREZ GIL (El pintor Perezgil).—laúdete debe sentirse orgulloso de que haya salido de su linaje este portentoso artista, de fama universal ya, a pesar de su juventud, que se ha abierto paso en la vida y celebridad debido a su esfuerzo, gracias a sus pinceles, a su atenta observación y contemplación, llevadas con callado y paciente esfuerzo, tesón y maestría a los lienzos, en los que va dejando huella perdurable que lo acreditan de genial pintcr. Este insigne y colosal artista, verdadero mago del pincel, ha llevado y está llevando con extraordinario aplauso su caudetanísimo apellido por España y el extranjero con sus bodegones y paisajes, sus retratos y desnudos, sus composiciones de corte clásico y tradicional y el apasionante surrealismo de acusado sello propio. José Pérez Gil nació en Caudete el 18 de septiembre de 1918, hijo de José y de Carmen. Cuando tenía seis años de edad, sus padres trasladaron la residencia a la ciudad de Alicante y allí empezó a sentir sus primeras aficiones al dibujo y pintura. Para mejor cultivar la afición, que claramente se manifestaba en este miembro de la familia de artistas que son los Gil de Caudete, sus padres lo llevaron a la Escuela de Artes y Oficios, regentada por don Manuel Cantos. Muy pronto se destacó en ella como alumno excepcional, logrando sobresalientes y premios en dibujo del natural y composición. Concurrió por vez primera a una exposición de Pintores Noveles convo-

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"Carrizos de las Salinas", un cuadro de José Pérezgil

cada por el Ateneo de Alicante, cuando nuestro paisanito tenía catorce años y le adjudicaron el primer premio. Al año siguiente, en 1934, celebró su primera exposición particular en la Sala de exposiciones del Ateneo. Por dificultades familiares Pérezgil tuvo que dedicarse a pintor industrial, pasando varios años pintando puertas, balcones y paredes, y luego a pintor decorador. Al finalizar nuestra Guerra de Liberación fue pensionado por la Excelentísima Diputación Provincial de Alicante, tras el oportuno Concurso-oposición, concediéndole una beca, que le permitió estudiar en la Escuela Central de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, en donde obtuvo doce matrículas de honor y diez diplomas de mérito. En el año 1947 se doctoró como profesor de Dibujo y Pintura. En esa misma época obtuvo el primer premio del XX salón de Otoño de Madrid, patrocinado por el Ministerio de Educación Nacional, que adquirió la obra titulada "Portada Neoclásica". Después de tan señalado triunfo, volvió a Alicante donde se le nombró Director de la Escuela Profesional de Bellas Artes, encargándose de montarla y ponerla en marcha. Está nuestro ilustre paisano en posesión de muchas medallas y recompensas oficiales, entre ellas 2. a y 3.a medalla del XXIV y XXVI Salón de Otoño de Madrid; 1º y 2.°- premio, con medallas de plata, en los Concursos Provinciales de la Diputación de Alicante; primer premio y expositor de

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Honor en el primer Centenario de Ruperto Chapí, de Villena; Medalla y seleccionado en la primera Bienal Hispano-Americana de Arte del Reino de Valencia, etc. Sus obras figuran colgadas en el Museo del Arte Moderno de Madrid; Museo de San Telmo, de San Sebastián; Diputación de Alicante; Ayuntamiento de esta misma ciudad; Caja de Ahorros del Sureste de España; Círculo Industrial de Alcoy; Real Instituto Jovellanos de Gijón, etc., y obras suyas figuran en colecciones particulares de España y del extranjero, como Munich, Lisboa, Caracas, México, Hallwii, Berna, etc. Ha celebrado exposiciones particulares en: Valencia, Sala del Círculo de Bellas Artes, los años 1951-54 y 56; en Gijón, Sala del Real Instituto Jovellanos, el año 1951; en Madrid, en la sala Toisón, el año 1953; en San Sebastián, en el año 1951, en la sala del Circulo Cultural Guipuzcoano, y en el 1953, en las Salas Municipales de Arte; en Alicante, los años 1950-51, en la Sala del Excmo. Ayuntamiento, y los años 1953-54-55, en la Sala de Arte de la Caja de Ahorros del Sureste; en Alcoy, en la saja del Círculo Industrial, el año 1953; en Barcelona, en la sala de la Pinacoteca, los años 1955 y 56; en Vitoria, Salón de Arte, el año 1955; en Bilbao, en la Sala Alonso, el mismo año 1955; en Elche, en el Casino, el año 1950; y en Caudete, dicho mismo año, con motivo de la Coronación de la Virgen de Gracia, en el M. I. Ayuntamiento. También ha expuesto el año 1955 en la sala del Casino Kursaal de Montreux (Suiza), Las obras de este pintor han figurado en exposiciones colectivas, nacionales y salones de Otoño, y en exposiciones colectivas del extranjero. Terminadas de escribir las precedentes líneas nos enteramos de que este prestigioso paisano nuestro acaba de obtener el "Gran Premio José Antonio Primo de Rivera" en el V Concurso Nacional de Pintura, convocado por la Excma. Diputación provincial de Alicante. Dicho premio, dotado con 25.000 pesetas y Medalla de Oro, se le ha concedido por el cuadro titulado "Carrizos de las Salinas", que tenemos el gusto de reproducir fotográficamente en estas páginas. Es un triunfo más que debe añadirse a los muchos que figuran en el brillante historial del portentoso José Pérez Gil. Ejemplo luminoso de lo que pueden las dotes naturales de una persona, unidas a la perseverancia en el estudio y a una férrea voluntad, nos lo ofrece nuestro paisano, el Ilmo. Sr. D. PEDRO SÁNCHEZ REQUENA, actual Decano del ilustre Colegio Notarial de Burgos. Nacido el 21 de agosto de 1901 en el seno de humilde familia, no se vió, sin embargo, desatendido por sus padres, quienes, a pesar de la escasez de su hogar y de ser Pedro el mayor de los hijos, no lo explotaron, como sucede

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con harta frecuencia, sino que le procuraron una regular e ininterrumpida asistencia a la escuela hasta la edad de doce años, escolaridad que aún hoy son pocos los niños que la alcanzan en nuestro pueblo, aunque la escuela ayuda ahora al sostenimiento de los hijos. El año 1913 entró el niño Pedro de amanuense en la Notaría de don Tomás Megías Castillo, quien siempre estimuló al animoso muchacho para abrirse paso en la vida. "¡Yo quiero ser Notario!", decía Pedrito en su casa, y en pos de ese ideal reconcentraba todas sus fuerzas y atención. A los dieciséis años se trasladó a Alicante llevando como único bagaje los conocimientos adquiridos en la Escuela de su pueblo y su firme y decidida voluntad de ser Notario. Para conseguir sus propósitos ideó que le convenía hacerse Maestro, carrera corta que le proporcionaría medios para sostenerse y cursar los estudios necesarios con que alcanzar su ideal. Y al efecto entró en el Colegio de San José, en donde trabajaba y estudiaba sin ser gravoso a nadie, logrando ascender el primer escalón de los que se había fijado recorrer, al conseguir su título de Maestro de Enseñanza Primaria. Pero con harto pesar suyo se encontró que no podía ejercer la profesión por no contar con la edad mínima reglamentaria. ¿Qué hacer? Anunciadas unas oposiciones a Estadística, se trasladó a Madrid y consiguió plaza con el número siete de entre setenta opositores que se presentaron, destinándosele seguidamente a Murcia. Sus sueños empezaban a tener consoladora realidad y habiendo muerto por entonces su buen padre, el joven Pedro pudo tener el consuelo de proporcionar a su querida madre una ayuda decisiva para sacar adelante a la familia. Por concurso de traslado fue a Barcelona en 1920, y ya allí, alternando su trabajo en las oficinas de Estadística con sus estudios y primeros pasos en calidad de redactor del "Noticiero Universal", se hizo Bachiller, luego Abogado, y por último, ¡su gran ilusión!: el año 1928 ganó las oposiciones de Notario en la misma ciudad condal y fue destinado a la Notaría de Viella, la capital del pintoresco Valle de Arán. Vino breves días a Caudete, y su pueblo dió un banquete-homenaje al ilustre hijo que había partido unos años antes sólo con su gran ilusión y decidida voluntad de superación. Después de pasar por varias Notarías, en 1953 obtuvo la que regenta actualmente en Soria, y desde el 8 de enero de 1955 es el Decano del Ilustre Colegio Notarial de Burgos, desde cuyo puesto continúa colaborando en diversas publicaciones profesionales y en revistas de gran circulación, como "Semana". No debe negarse que para sobresalir en un ramo cualquiera del saber o de la actividad humana, es necesario haber recibido de la naturaleza un capital de ingenio, de aptitud, de fuerza intelectual y moral, la sagrada

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llama del genio o talento; pero la fuerza de voluntad obra milagros cuando no falta el talento indispensable, que es como la moneda precisa para realizar las primeras adquisiciones en el campo del pensamiento y de la acción. El que sabe poner la potencia de su voluntad a la par de su ingenio, llega, sin duda, como nuestro Pedro Sánchez, a la cumbre de sus aspiraciones. El M. I. Sr. D. PEDRO SERRANO BANON es un joven canónigo que representa dignamente a su pueblo natal en la sede episcopal albacetense. Nacido el 19 de octubre de 1922, pronto se reveló en él la vocación sacerdotal, que siguió sin vacilación, ingresando de niño en el Seminario Conciliar de Orihuela, donde cursó la carrera eclesástica con brillante aprovechamiento. Ordenado de sacerdote en 5 de marzo de 1948, opositó seguidamente al cargo de Beneficiado Maestro de Ceremonias de Orihuela, puesto que ganó merecidamente y que desempeñó hasta el año 1952 en que se trasladó a la ciudad de Albacete por haber sido nombrado en ella, tras reñida oposición, Canónigo Prefecto de Ceremonias. Durante dos años ha desempeñado también la Cancillería-Secretaría del Obispado, y en la actualidad es, asimismo, Párroco de la Santa Iglesia Catedral de San Juan, habiéndose granjeado el aprecio y estimación de cuantos con él se relacionan. Rmo. P. Fr. FRANCISCO SIRERA.—fue hijo de José Sirera e Isabel Ana de Torre, y recibió el agua bautismal el día 17 de diciembre de 1682. Ejerció por dos veces el delicado cargo de Provincial del orden de Mínimos del Reino de Valencia, siendo elegido después, en el mes de junio de 1734, General de dicha Orden de San Francisco de Paula, en el capitulo que se tuvo en dicho tiempo en la ciudad de Marsella. Don FRANCISCO SERRANO SÁNCHEZ.—Nació este ilustre caudetano el año 1869. Pasó por dependiente de comercio, carpintero, oficinista... Pero su pasión por la Música le permitió hacer rápidos progresos en el bello arte y cuando sólo tenía 19 años, es decir, en 1888, y no era más que un simple cornetín de la banda de música local, fue nombrado director de la misma, y, debido a la incansable labor del joven Maestro y a su extraordinario temple de artista, la banda de Caudete llegó a envidiable altura y contó los triunfos por el número de sus actuaciones. Obtuvo el primer premio en los concursos de Yecla (1900), Albacete (1902 y 1903) y el tercero en Alicante (1904) con motivo de una competición provincial a la que no podía concurrir, pero en la que intervino por unánime decisión del público, que exigió se le concediese el expresado premio. Caudete quería mucho a don Francisco Serrano, y el día de Santa Cecilia del mismo año de su fallecimiento, ocurrido en 26 de mayo de 1925,

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ se le dedicó la calle de las Parras, y se colocó una placa con su efigie en la casa natalicia, situada en la misma calle. PEDRO TORRES COTARELO es un joven pintor caudetano, hijo de Miguel y de Benita, nacido el año 1921. Su natural disposición para el dibujo y la pintura se manifestó claramente en la escuela primaria, y el joven artista quedó consagrado como indiscutible valor local en la exposición realizada el año 1945 en la graduada de niñas de la calle del Mercado. Su nombre traspuso entonces el marco local y en 1946 obtuvo una beca de la Excma. Diputación de Albacete, para cursar en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, de donde salió como Profesor de Dibujo y Pintura, habiendo sido ayudante del catedrático don Ramón Stolz Viciano y obtenido matrícula de honor en los procedimientos pictóricos. Cotarelo se ha especializado en el retrato, aunque realiza muy bien, asimismo, el paisaje, según pudimos comprobar en las veintiuna obras que presentó en su segunda exposición caudetana de 1950. En el palacio de la Excma. Diputación provincial de Albacete campean dos retratos del Caudillo debidos al pincel de este artista nuestro y obras suyas se ven con profusión, tanto en Caudete como en los pueblos de la comarca, cotizándose cada dia más su meticuloso e inspirado trabajo de buen profesional. Uno de los retratos, el de la niña Berke, hija del primer Secretario de la Embajada de Turquía, se halla en el domicilio que dicho diplomático tiene en Ankara; así es que en la lejana Anatolia se admira la labor del joven Cotarelo.

Amable lector, y, sobre todo, joven lector caudetano: acabamos de poner en la Historia de nuestro pueblo los nombres de algunos hijos ilustres de esta antigua y noble Villa que nos ha visto nacer. ¿No quisieras figurar tú también algún día en lista tan honrosa? ¿Por qué no te haces la reflexión y pregunta que se formulaba San Agustín pensando en los santos, si isti cur non ego? Si te lo propones, llegarás a ser un hombre ilustre recordado con satisfacción por todos tus convecinos. Para estimularte a tan noble propósito me permito insinuarte: 1) 2) Que no hay fortuna mayor que el saber unido a la bondad. Que "el querer es poder".

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3) Que debe seguirse la vocación a la que uno se encuentre inclinado.

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4) Que los grandes hombres son buenos y cumplidores de su deber, al paso que los cualquieras sólo buscan su provecho y conveniencia, aunque se ganan el desdén de sus semejantes. 5) Que en el mundo debe reinar la generosidad y la fórmula: "Uno para todos y todos para Uno". 6) Age quod agis, es decir, procura hacer bien lo que hagas y debas hacer, lo que tu profesión o trabajo específico exijan de ti. Si ajustas tu conducta y manera de ser a estas directrices, no serás ciertamente del montón informe; llegarás, sin duda, a merecer la consideración de quienes te rodean, el aprecio de Dios y a figurar en la lista de los caudetanos ilustres.

IV Favores concedidos por la iglesia a los cofrades y devotos de la Santísima Virgen de Gracia

Concluida la suntuosa obra del santuario de Nuestra Señora de Gracia, los vecinos de Caudete suplicaron al señor Obispo don Juan Elias Gómez de Terán se dignase intitularles cofrades de la Stma. Virgen de Gracia. Gustoso en ello el Prelado, añadió en su auto de 29 de enero de 1758, puesto en el libro de gobierno y cuentas de la cofradía de Nuestra Señora de Gracia las expresiones siguientes: "En prueba de la satisfacción en esta piadosa solicitud, y de la particular inclinación con que hemos atendido a todo aquel común desde el ingreso en esta nuestra Diócesis y que ha correspondido a nuestros vivos deseos en la construcción de una iglesia en donde se ha de trasladar la milagrosísima Imagen de Nuestra Señora de Gracia, su Patrona y protectora, y a quien profesamos cordialísima devoción, desde luego admitimos y damos por admitidos en tan loable cofradía a todos los vecinos de la referida Villa, de ambos sexos, sin excepción alguna, concediéndoles cuarenta días de Indulgencia en el día que sean escritos sus nombres en el libro de la cofradía, y las mismas indulgencias por cada Avemaria o Salve que rezaren delante de tan soberana Imagen, visitando su Iglesia o teniendo su estampa consigo o en la casa de su habitación; viniendo bien en que se acuda a Su Santidad por la Indulgencia plenaria, que nos representan. "Y para el más seguro establecimiento de dicha cofradía en obsequio y mayor culto de María Santísima, radicándose más en su devoción, no sólo la admitimos bajo la protección de nuestra Dignidad, siendo nuestra voluntad se nos aliste en su libro su primer cofrade, sí que damos nuestra especial comisión y facultad al doctor don Cristóbal Antonio Marín, para que forme las Constituciones que tenga por oportunas al mismo fin, remitiéndolas a nuestra persona para su aprobación, interponiendo para ello, a mayor abundamiento, la autoridad de nuestra jurisdicción ordinaria, conce-

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Imagen actual de la Stma. Virgen de Gracia con su nueva corona

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diéndoles a todos los cofrades y dándoles nuestra bendición, mandando; como mandamos, al Rector, que ponga este decreto en el libro de la cofradía". Para que no tuviese que desear más la devota Villa de Caudete, el Vicario de Jesucristo en la tierra, en uso de su poder, abrió bondadoso los tesoros de la Iglesia y la colmó con profusión de ellos. "Nuestro Santísimo Padre Benedicto XIV, considerando la condición: y flaqueza del género humano y la severidad del juicio de Dios, y deseando que todos los fieles la prevengan con sus buenas obras y preces piadosas para que por ellas se borren los pecados y merezcan con más facilidad los gozos de la felicidad eterna, expidió a favor de dicha Villa el breve o bula que empieza: "Cuhctis sit notum... dada en Santa María la Mayor a quince de marzo del año 1757 y 18 de su Pontificado en Roma, en cuyas letras apostólicas sttb plumbo, more Curiae Romanae, perpetuis temporibus valituris, da su bendición apostólica a todos los fieles cristianos de entrambos sexos que se alisten e incorporen en la piadosa y devota cofradía bajo la invocación y honorificencia de la Bienaventurada siempre Virgen María de Gracia, que se venera en su Iglesia y capilla, sita extramuros de la Villa de Caudete, obispado de la ciudad de Orihuela, para que dicha cofradía permanezca y exista en todos los tiempos bajo la referida invocación de la Bienaventurada siempre Virgen María de Gracia en honra y mayor alabanza de Dios todopoderoso; canónicamente fundada para salud y aprovechamiento espiritual de las almas de dichos cofrades de ambos sexos, y que en adelante la citada cofradía reciba mayor incremento en los que ahora existen congregados, y por tiempos venideros se alistasen en ella con los fervorosos y piadosos ejercicios espirituales con los cuales todos los demás fieles se conmuevan y exciten, conmoverán y excitarán a la debida honra y veneración frecuente de la mencionada iglesia y capilla de María Santísima de Gracia, con la condición que dicha confraternidad no sea para solas personas de un gremio o arte particular, sino que, por el contrario, puedan entrar en ella todos los fieles cristianos que fervorosos quieran la entrada en ella, con lo cual será mayor el atractivo y causará verdadera devoción en los que frecuentaren dicha iglesia y capilla: mayormente viendo y reflexionando dichos cofrades y cofradesas los crecidos dones espirituales y celestiales, gracias, indulgencias plenarias y parciales que Su Santidad por las presentes letras misericordiosamente concede, confiado en la misericordia de Dios todopoderoso y autoridad de los bienaventurados San Pedro y San Pablo. "Primeramente, todos los fieles cristianos de ambos sexos que verdaderamente contritos y confesados recibieren el Santísimo Sacramento del altar, rogando a Dios; por la exaltación de la Santa Madre Iglesia, extirpación de las herejías, conversión de los herejes e infieles, paz y unión entre los príncipes cristianos, salud y acierto del Romano Pontífice que ahora

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existe y por tiempo fuere, ganan indulgencia plenaria y remisión de todos los pecados en el día de entrada y alistamiento en dicha cofradía. "Ítem: Otra indulgencia plenaria reservada para la hora de la muerte a dichos cofrades si cómodamente pudieren, y contritos verdaderamente y confesados, hubiesen recibido el Santísimo Nombre de Jesús con la boca y si no con el corazón devotamente, o también si ejecutasen alguna otra señal de dolor y penitencia de sus pecados. "Ítem: Dichos cofrades y cofradesas ganan indulgencia plenaria cada año en el día de la fiesta principal de esta confraternidad desde primeras vísperas hasta la puesta del sol del día festivo, si, confesados y comulgados, rogaren a Dios como queda dicho, y visitaren devotamente la referida Iglesia o capilla de María Santísima de Gracia, extramuros de dicha Villa: cuyo día de principal fiesta anual, será señalado por el ordinario eclesiástico de este obispado, para que jamás se pueda mudar; y a excepción del día de la Resurrección del Señor, podrá ser asignado en todo tiempo. "Ítem: Dichos cofrades y cofradesas ganan siete años y siete cuarentenas de perdón en cada uno de cuatro días en el discurso de cada un año, si contritos y confesados, y habiendo recibido la Sagrada Eucaristía, rogasen a Dios Nuestro Señor por las predichas necesidades de la Santa Madre Iglesia, visitaren la Santa Casa de Nuestra Señora de Gracia de esta Villa desde las primeras vísperas de cada uno de dichos cuatro días hasta el ocaso del sol del día siguiente. Y es condición que se incluye en la Bula de esta cofradía, que el día de la fiesta principal de ella, y los cuatro días citados, se elijan por cofrades de Caudete, los apruebe el señor ordinario Eclesiástico, y no se puedan variar ni mudar a otros días en tiempo alguno, reservando siempre el día de la santa Resurrección del Señor; también da Su Santidad licencia para que los referidos cuatro días puedan ser elegidos en cuatro días de fiestas, colendas o feriales de hacienda con la aprobación de dicho ordinario; y que la oración por la paz y demás necesidades sea precisamente en la santa capilla. "Ítem: Concede Su Santidad a dichos cofrades y cofradesas sesenta días de Indulgencia por las penas que merecieron con las culpas que cometieron, en los casos siguientes: cuando dichos cofrades asistiesen en dicha capilla a las Misas y oficios divinos que en ella se celebrasen, según costumbre de la misma cofradía; cuando tuvieren ayuntamientos públicos o secretos de aquélla; por cualquier otra que ejecutaren, asistiendo a las procesiones ordinarias o extraordinarias, asi de la citada cofradía como de otras que sé practicasen con licencia del ordinario; cuando por buen celo acudiesen a las procesiones de los entierros y exequias de los difuntos; cuando llevaren al Santísimo Sacramento por Viático a los enfermos, y si por impedimento no pudiesen asistir, rezaren de rodillas un Padrenuestro y un Avemaria por la salud de aquel enfermo; cuando hospedaren peregrinos o les asistiesen

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con limosnas y buenos oficios; cuando visitaren enfermos, dándoles el consuelo necesario; cuando hicieren paz con sus enemigos propios o con extraños; cuando redujeren a camino de salvación a los desviados de ella y enseñaren la doctrina cristiana a los que la ignoran; cuando rezaren cinco Padrenuestros y cinco Avemarias por las almas de los cofrades y cofradesas de esta cofradía que estuviesen detenidas en el Purgatorio; o por cualquier otra obra buena de misericordia espiritual o corporal que practicasen, tantas veces ganen y consigan dichos sesenta días de Indulgencia, cuantas buenas obras ejecutaren. "Su Santidad concede que todas las referidas gracias sean perpetuas, pero si en algún tiempo agregasen esta cofradía a alguna otra archicofradía por anhelo de tener y poder lograr mayor número de indulgencias por participación de ellas, o por cualquiera otra causa, o razón obtuvieran los predichos cofrades otras letras para indulgencias a distinción de las letras Apostólicas, desde ahora para entonces quedan éstas por Su Santidad revocadas y de ningún valor". Para conseguir los cofrades estas indulgencias, han de tener la Bula de la Santa Cruzada del año corriente. Así consta por el despacho del señor Comisario general de ésta, don Andrés de Zerezo y Nieva, Abad de San Vicente, Dignidad y Canónigo de la santa iglesia de Toledo, primado de las Españas, etc., fechado en Madrid a 14 de abril de 1758.—Por su mandato, Dor. Faustino Medina, secretario escribano de Su Majestad.—Registrada.— Corregida.—Sello. Dicho señor Comisario general da licencia para que se publiquen las sobredichas indulgencias, con tal que no se puedan hacer ni imprimir sumarios ni cédulas de ellas sin su permiso, ni repartirlos, ni distribuirlos con pretexto de que se ganen las referidas indulgencias por dar limosna en dinero o en especie, por estar prohibido por la Santa Sede, con prevención de que si lo contrario se hiciese, desde luego declaramos, por el mismo hecho quedan suspendidas y sin efecto las mismas indulgencias, cuya publicación mandamos se ejecute sin solemnidad alguna de clarines, timbales ni pregón; mas que sólo se digan en los pulpitos de las iglesias y se pongan cédulas de mano en las cuales se exprese que los cofrades que hubieren de ganarlas tengan la Bula de la Santa Cruzada del año en que lo intentaren: y así se declaró so pena de excomunión mayor. En cuya virtud la damos firmada, etc., ut supra. El Ilustrísimo señor don Pedro Albornoz y Tapias, en su palacio de Caudete, a 3 de septiembre de 1761, señaló,.conforme a lo prevenido en la Bula de Benedicto XIV, por día de fiesta principal de la cofradía de Nuestra Señora de Gracia, el del Apóstol San Mateo, y por los otros cuatro en el discurso del año, el día de la Encarnación, el de los Desposorios de Nuestra Señora, el día tercero de Pascua del Espíritu Santo y el de San Joaquín,

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ Padre de Nuestra Señora María Santísima, los cuales quedaron asignados para siempre.

Los llustrísimos señores Obispos de Orihuela don Antonio Despuig y Dameto, condecorado después con el Sacro Capelo, don Francisco Antonio Cebrián y Valda, honrado luego con el Patriarcado de Indias, don Simón López, elevado a la silla arzobispal de Valencia, y don Félix Herrero Valverde, cordialísimos devotos de la Purísima Madre y siempre Virgen María Santísima de Gracia, siguiendo a todos sus gloriosos antecesores, concedieron cuarenta días de indulgencia a los que rezaren ante la milagrosa Imagen de esta Divina Señora un Avemaria o Salve; pero este último dignísimo Prelado concedió, además, otros cuarenta días de Indulgencia por cada vez que rezaren el santísimo rosario ante el adorable simulacro de María Santísima de Gracia o dijeren: ÁNGELUS DOMÍNÍ NUNTIAVIT MARIAE, et concepit de Spiritu Sancto. Ecce ancilla Domini, fíat mihi secundum verbum tuum: Et Verbum caro factum est, et habitavit in nobis. O esta otra deprecación: María, Mater gratiae, Mater misericordiae, tu nos abi hoste protege et in hora mortis suscipe. Este mismo Ilustrísimo señor explicó también su grande y cordial afecto a tan gran Señora en los días que habitaba su palacio de Caudete, haciendo diariamente su visita a la dulcísima Madre, en cuya santa casa anunció más de una vez el bien grande en que se inundaba su espíritu siempre que se ponía en presencia de la Madre de Gracia, diciendo con devoto afecto: "He visitado muchos santuarios famosos de España, y en ellos he venerado milagrosas imágenes adornadas de prendas y joyas preciosísimas; pero en esta Santísima Imagen de Nuestra Señora de Gracia hallo tan dulce atractivo, que siempre que en ella fijo la vista, advierto nuevas gracias, que me la hacen más amable". No sólo tantos y tan beneméritos prelados acreditaron y acreditan con la dispensación de sus gracias y con su extraordinaria devoción a la celestial Reina su sagrada tradición, sino que el mismo Cielo parece que asegura también la verdad de ella acerca del Origen, Ocultación y gloriosa Aparición de Nuestra Madre y Señora de Gracia, favoreciendo frecuentemente con muchos y grandes beneficios y milagros a todos los que solicitan con viva fe el remedio de sus enfermedades, peligros y necesidades, invocando el patrocinio de tan amabilísima Madre, consiguiendo por este medio los hijos de Caudete y de otros pueblos la salud en tiempo de epidemias y enfermedades., agua en las sequías, fertilidad en la esterilidad y consuelo en tiempo de aflicciones y desgracias. Todas las paredes, columnas y cornisas de la santa capilla se vieron hasta el año 1741 (en que se dió principio a la nueva ermita) como entapizadas de pinturas con inscripciones que declaraban peligros de muerte pro-

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xima de que fueron libres los devotos de María Santísima de Gracia, invocándola con devoción y confianza. En dichas columnas pendían unos pesados grillos de hierro con que estaba ligado un devoto de esta Soberana Reina bajo la esclavitud morisca en Africa, y por su favor fue milagrosamente transportado a las puertas de su santa casa, donde se vió libre de ellos sin industria alguna humana; y también otros muchos féretros, cabezas, manos y piernas de cera, que manifestaban el favor recibido. Después de la construcción de la nueva ermita, un lienzo de pared del crucero estaba lleno de armas de fuego reventadas, sin lesión de su dueño, en cuyas manos habían reventado: de muletas de enfermos y tullidos que lograron la salud desahuciada, a beneficio de esta gran Reina, y para memoria las dejaron pendientes de sus paredes. Y así, otras muchísimas insignias de favores grandes recibidos de la bondadosa mano de tan tierna Madre. Todo lo cual mandó sacar de la Iglesia el Ilustrísimo señor don Simón López, y colocarlo fuera de ella o que lo llevasen a sus casas los favorecidos, porque si llamaban en verdad la atención de las gentes que visitaban a la Virgen, había también algún peligro de que, rompiéndose con el peso de los objetos los lazos de que estaban asidos a la pared, parasen algún perjuicio: en cuya virtud muchos se llevaron a sus casas los piadosos recuerdos de los favores que había dispensado la Virgen de Gracia a su familia y se retiraron a otros puntos los demás. Sólo quedaban, antes de 1936, dos banderas o estandartes de tropa de caballería (según se decía, ofrendas de militares devotos de la Virgen, que triunfaron de sus enemigos con el favor notorio de esta Santísima Madre) plantadas en las dos pilastras próximas a la capilla de María Santísima, de las cuatro sobre las que se eleva la cúpula en forma de media naranja. Hállanse también unos quesos convertidos en piedras por una maldición que les echó su dueño, diciendo que no tenía queso para dar limosna a la Virgen de Gracia, y que si tal tuviera, que se le volviesen piedras. Estos eran once, y en 1936 sólo quedaban seis y un pedazo, colocados en el armario de reja de hierro que hay en el camarín, donde se hallaban también conservadas una Cruz y las tablas que defendían bajo tierra a San Blas, con la pintura de San Martín, y algunos pedazos de tablas de los tabernáculos. Los señores Marqueses de Torre Octavio tienen en su casa uno de los dichos once quesos por reliquia, y los demás han desaparecido despedazados por la indiscreta devoción, como ocurrió también con los tabernáculos o por odio a todo lo religioso. María Santísima se esmera en repartir beneficios por su milagrosísima Imagen a sus devotos, y éstos le retornan en dádivas parte de lo que recibieron en favores y milagros. María Santísima hace felices a los hijos de Caudete con su amabilísima presencia, y éstos celebran con amor su dig-

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ nación bondadosa: la Madre de Gracia se deja ver de ellos como su más cariñosa Madre, y los caudetanos la reverencian y adoran, teniéndola siempre en el corazón y en los labios, como hijos en un todo agradecidos: María Santísima, como «Hija del Padre Eterno, explica con ellos los rasgos de su poder soberano y éstos los celebran y publican con indecible placer a la faz de todo el universo: como Madre del Verbo ¡Divino, los llena de luces celestiales, y éstos, aprovechándose de ellas, caminan con claridad por el sendero de la santa ley: como Esposa del Espíritu Santo, inflama sus corazones, para que ardan en fuego de santo amor, y ellos, recibiendo llamas tan sagradas, esperan se consuma por ellas todo lo que haya de vicioso en sus corazones, para presentarlos enteramente puros a su dulcísima Madre de Gracia, a fin de lograr también después de la muerte su dulce compañía en la Gloria. Para terminar este interesante capítulo de los favores que la Sma. Virgen, de Gracia concede a sus fieles devotos, insertamos unos inspirados versos del Marqués de Lozoya, que hemos visto en el prólogo de la obra citada en estas páginas: "Historia de la Virgen del Henar": Los niños te llevan su ofrenda de flores; te cuentan las mozas sus castos amores y las vejezuelas te quieren mirar con sus ojos, ciegos de tanto llorar. Al correr los siglos Tú escuchas serena en distintos labios una misma pena, como un rio manso de cierto rumor, pasan sus palabras de amor y dolor...

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V Coronación canónica de la Virgen de Gracia y joyas de la corona

a)

Atestado de las preces pidiendo la gracia de la Coronación Canónica

En el nombre del Señor, amén. Yo, el infrascrito, testifico que en las actas del Reverendísimo Capítulo Vaticano del día 14 del mes de julio del año 1907 leí lo que sigue: "Francisco Albalat, Conde de San Carlos, natural de Caudete, diócesis de Orihuela, en España, expuso que desde hace muchos siglos, se venera en dicha población una estatua de la Bienaventurada María Virgen con el Niño Jesús, llamada "Nuestra Señora de Gracia", Patrona de dicho Caudete, honrada por multitud de prodigios y antigua y constante devoción. Por lo que suplica que la antedicha estatua sea coronada con corona de oro por el Capítulo Vaticano.— Recomienda eficazmente estas preces el Ilustrísimo y Reverendísimo señor don Juan Maura y Gelabert, Obispo de Orihuela.—El Reverendísimo José de Bisogno, Decano de Nuestro Capítulo, al que se han transmitido las predichas preces, estudiados los documentos, ha emitido su voto favorabilísimo. Por lo cual el Capítulo decretó con grata satisfacción, y mandó que la estatua de la Bienaventurada Virgen, de la que se ha hecho mención, sea coronada con corona de oro adquirida por dispendio del orador o de los fieles, y concede facultad al Ilustrísimo y Reverendísimo señor Obispo de Orihuela para que el día que quiera, imponga en nombre del Capítulo Vaticano, en la cabeza de la dicha Imagen, la corona de oro, observando por lo demás todo lo que está prescrito.—Dado en Roma en el Aula Capitular el día catorce del mes de julio del año 1907.—Spezza Canonicus ab actís.

Mariano, del título de Santa Cecilia, Presbítero de la Santa Iglesia Romana, Cardenal Rampolla del Tindaro de la Patriarcal Basílica, Archipres-

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bitero de la Ciudad del Principe de los Apóstoles, Prefecto de la Sagrada Congregación de la Fábrica, y también del Cabildo de la misma Basílica. Al Excelentísimo y Reverendísimo señor don Juan Maura y Gelabert, Obispo de Orihuela, salud eterna en el Señor. El Conde de San Carlos, natural de Caudete, diócesis de Orihuela, en España, ha expuesto a nuestro Cabildo, al que pertenece el derecho y honor de coronar las Sagradas Imágenes de la Madre de Dios y las estatuas que, por razón de su culto, antigüedad o abundantes milagros se han hecho célebres, que hace muchos siglos es allí venerada la Imagen de la Bienaventurada Virgen María con el Niño Jesús, titulada "Nuestra Señora de Gracia", Patrona del pueblo de Caudete, haciéndose famosa por la multitud de prodigios y por la concurrencia de ciudadanos y vecinos. Por cuya razón, guiado por singular afecto de religión acerca de la Bienaventurada Virgen María, pidió con interés que la referida Imagen sea condecorada con corona de oro, como las imágenes más célebres de la Madre de Dios suelen ser coronadas por nuestro Cabildo. Tus letras comendaticias que confirmaban lo expuesto, se unieron a este deseo de piedad y pedías con solicitud que se concediesen las preces presentadas. El Cabildo, pues, que con hábil cuidado, cuando se trata de honrar a la Santísima Virgen, siempre se cuida de tributarle los gratos obsequios de devoción, inclinado por las preces del día 14 del actual mes de julio, Dominica octava después de Pentecostés, reunido legítimamente, como de costumbre, en la Sala Capitular, invocando el Santo Nombre de Dios, informó que la solicitud y memoria histórica de la referida Bienaventurada Virgen María con el título de Nuestra Señora de Gracia, contenidas en aquel memorial, estaban hechas con grande esmero, con singular doctrina, religión y cuidado. De aquí que, recibido primeramente el voto del Ilustrísimo y Reverendísimo señor José de Bisogno y de los Marqueses de Casaluce, Deán de nuestro Cabildo, emitido favorablemente acerca del asunto, vimos con toda claridad que consta la antigüedad secular de aquella Imagen, las gracias admirables y celestiales dones por Ella abundantemente concedidas, de tal modo que seria difícil enumerar los prodigios con que el Todopoderoso se ha dignado adornarla. Por cuya razón Nos, rectamente juzgando que aquella Imagen de la Bienaventurada Virgen María, en la que ya hemos visto convienen sin duda alguna todas aquellas cosas que se requieren para la coronación solemne, esperamos firmemente que en lo sucesivo este nuevo esplendor con el que deseamos honrarla, sirva de aumento a la mayor devoción de los fieles acerca de la Santísima Madre de Dios y se reciban de Ella mayores beneficios para toda la Iglesia. A la mayor gloria, pues, de la Augustísima Trinidad, para nuevo honor

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y ornamento de la Madre de Dios y utilidad del nombre cristiano, Nos, por unánime consentimiento, con suma alegría y aplauso hemos decretado y mandado, como por el rigor de las presentes decretamos y mandamos, que la referida Imagen de la Bienaventurada Virgen María con el título de Nuestra Señora de Gracia, sea decorada con rito solemne con corona de oro. El cargo de llevar a efecto esta coronación lo confiamos a Ti, Excelentísimo señor Obispo de Orihuela, y por las presentes letras te lo conferimos y con verdadera satisfacción te delegamos para que, en nuestro nombre y en el día que tú eligieres, puedas ofrecer este honor a la Reina Celestial e impongas sobre la sacratísima cabeza de dicha Imagen, y también sobre la del Niño Jesús, una corona de oro adornada con piedras preciosas, regalada piadosamente por don Francisco Albalat, Conde de San Carlos, como testimonio de su amor a la Bienaventurada Virgen, según el rito prescrito al uso de nuestra Basílica en Bula escrita cuyo ejemplar madamos. Y si impedido por cualquier causa no puedes desempeñar este cargo, te conferimos la potestad de subdelegar a otra persona constituida en dignidad eclesiástica, la que por ti, y en nombre nuestro, practique la misma sagrada ceremonia. En testimonio de todo lo cual expedimos y hacemos constar en acta estas letras, firmadas por el Reverendísimo señor Canónigo Secretario de nuestro Cabildo, y selladas con el de éste. Dado en Roma en la Sala Capitular en el año de la Encarnación del Señor 1907, día 14 de julio, 5.a convocación Romana, año 4.º del Pontificado del Santísimo Padre en Cristo y V. N. Señor Pío, por la Divina Providencia Papa X.—César Spezza. Canónigo Secretario.

b) Ricas alhajas de que se componían las coronas
Un collar con 53 perlas rodeadas de rubíes; un brazalete con 14 brillantes de tamaño mediano y 2 chispas de brillantes; 2 medias perlas blancas y una negra, todo ello en la parte superior del cuerpo principal de abajo; bajo el collar anteriormente citado, llevaba un camafeo con cuatro perlas blancas, y, esmaltado, un león sobre oro azul con un colgante rubí grande; un colgante del collar antedicho con 50 perlas blancas; 5 rubíes pequeños y colgante rubí grande; un lazo con 4 rubias grandes y colgante con rubí también grande; una amatista ovalada grande con un colgante rubí grande; un alfiler de perlas esmaltado con colgante rubí grande; medio brazalete con 5 perlas y colgante; un rubí mediano; un alfiler de pecho; camafeo negro con un rubí grande y colgante; un medallón con 30 brillantes pequeños; una perla blanca y otra negra de gran tamaño; un medallón con sortija que contiene 14 brillantes medianos y 4 pequeños con una esmeralda grande

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en el centro; un rubí cabujón con varios brillantes pequeños y una perla en el centro; un medallón en forma de estrella con 8 brillantes medianos, 8 entremedianos, 8 pequeños y 8 chispas de brillantes; un broche "León de San Marcos" con 13 brillantes medianos; 5 zafiros y 3 colgantes con una perla y un brillante cada uno; un medallón con una esmeralda y un brillante grande y varias chispas; un medallón rosetón "Flor de lis" con 12 perlas alrededor y varios brillantes; un medallón con dos esmeraldas y un brillante grande; 2 sortijas, una con brillante mediano y otra con 2 perlas, una blanca y otra negra pequeña y varios brillantes; un centro de sortija con un rubí grande y 8 brillantes pequeños; otro centro de sortija con 7 rubíes medianos; una sortija con un camafeo; otra sortija chispada de brillantes, 14 perlas y fondo esmeralda; una pera con 12 rubíes y un camafeo; una sortija con un rubí de gran tamaño rodeado de medias perlas pequeñas; otra sortija con 3 brillantes medianos, junto con otro, con un zafiro y 2 brillantes medianos; un collar compuesto de 36 brillantes de diferentes tamaños; una gran flor con 162 brillantes de varios tamaños; un pulsero con una esmeralda redonda con medias jerlas, rodeada de varios brillantes de la mitad de tamaño de los que forman la flor grande de 162 brillantes; un anagrama compuesto de una corona de Conde con 9 perlas, 2 esmeraldas y 3 rubíes, con iniciales H. C. con 16 rubíes y 25 brillantes; y F. A. con 14 rubíes y 26 brillantes; una flor de brillantes igual a la precedente, un broche de pecho con un topacio grande entre la esmeralda y la flor grande; un colgante con 14 brillantes de diferentes tamaños, y a continuación una lista con diferentes brillantes; un colgante con 6 brillantes de varios tamaños y una hoja con 3 pequeños; un colgante con 10 brillantes de diferentes tamaños; otro con 6 brillantes y hoja con 3 pequeños; otro colgante con 11 brillantes de varios tamaños y una lista con diferentes brillantes. Debajo de la corona, un collar con 15 rubíes grandes y 18 pequeños; cuatro ángeles de oro con las alas y ojos chispeados de brillantes, uno llevando un canastillo de flores, otro' un libro de música con "Gloria in excelsis Deo", otro con antorcha en la mano, de 6 rubíes e incensario, y otro orando, y en Las manos, un rosario; una pieza de oro con la dedicatoria: "A María de Gracia, en su XIII centenario", todas sus letras repletas de brillantes, con 2 arcos de rubíes y un ángulo de las mismas piedras, y colgando de uno de ellos, del superior, un par de pendientes con 8 perlas en tres círculos chispeados de brillantes cada uno. Bajo otro arco pendiente de él, se encontraba una cruz de 8 perlas, con cadena de 2 perlas, 23 rubíes y otra cadena con 10 rubíes; a derecha e izquierda, 2 pendientes con un gran solitario, 2 rosas de brillantes y 3 colgantes cada uno; 2 pendientes de forma de medallón con 2 perlas blancas y una negra y varios brillantes cada uno; 2 pendientes con 4 rubíes grandes; un topacio grande y otro de igual tamaño en forma de pera; otros 2 pendientes con 2 perlas medianas; 5 colgantes de perlas de diferentes tamaños

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y chispas de brillantes; otros 2 pendientes con 2 perlas grandes y una mediana; otros dos con una amatista rodeada de perlas, y otra de forma de pera; 2 pendientes con 2 esmaltes; y un Espíritu Santo coronando la corona con un reloj rosetón rodeado de brillantes con cadena y un rosetón más pequeño, y encima una corona condal y un Espíritu Santo en forma de paloma con las alas y cola chispeadas de brillantes y un brillante en el ojo, 20 rayos de brillantes de diferentes tamaños, y otros 20 rayos de rubíes con aureola en el centro de medios círculos de brillantes medianos y 8 perlas en los extremos de los 8 arcos de rubíes; 6 flores de oro cinceladas, 3 de 13 perlas y otras 3 a 14, con 6 rubíes grandes, adornada de una esfera con varios rubíes pequeños y una cruz con 21 brillantes. El peso del oro de esta corona, según la señora viuda de don Francisco Albalat, era de siete kilos, y según la Historia de la Virgen de Gracia, de donde tomamos esta relación, de 4,651 kilogramos. La corona del Niño Jesús, sostenido en brazos por la Virgen, se componía en su parte baja de 15 rubíes grandes. 4 medias perlas, 6 esmeraldas con varias chispas de diamantes, 20 chispas de rubíes, 20 diamantes y 6 camafeos, un camafeo rodeado de rubíes pequeños, un centro granate, media sortija con un rubí y 2 diamantes pequeños, un centro rubí y un camafeo rodeado de rubíes pequeños.

VI Rectores y Curas de la Villa de Caudete desde el año 1568 hasta la fecha ( 1 )
Mosén " " " " " " " " " " " " " " " " " " " " " " " " " " Dr. Francisco Despuig Dr. Francisco Parras Juan Maestre Dr. Garcerán Galí Juan Benito Dr. Nicolás Arcis Dr. Maestro Escuder Ld.º Pedro Bañón Sebastián Conexero Alonso Ángel Juan Martínez Ld.º Francisco Albertos Ld.° José Algarra Bernardino Samateu Francisco de Medina Bartolomé Benito Ld.º Francisco Ortuño Dr. Fernando Martínez Jaime Díaz Miguel Herrero Paulo Cerra Nicolás Benito Pedro Hernández Jerónimo Algarra Gaspar García Contucal Melchor Maestre Rector en 1568. " " y Vicario Foráneo " " y Comisario St.º Oficio. " " falleció el año 1716. Ecónomo. Vicario Foráneo " " " " Ecónomo. " Vicario Foráneo " " Comisario. Rector. " Cura. " " " " " " " "

(1) Esta relación nos ha sido facilitada por D. Manuel Gil Pérez, encargado del archivo parroquial.

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Mosén " "

JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ Onofre Vinader Miguel Richarte Ginés Ferri Dr. Cristóbal Antonio Marín Juan Antonio Díaz Vinader Dr. Pascual Rico Dr. Juan Díaz Antonio Graciá Francisco de Yesye Dr. Paulino Cortés Antonio Vidal. José Sempere Dr. Rosalino Puchol Rafael Herrero Dr. D. Miguel Díaz D. Antonio Ripoll D. Vicente Gil D. José Marín Dr. D. Miguel Díaz D. Rafael Herrero D. Sebastián Beltrán Dr. D. Casiano Quílez D. Francisco Requena D. Santiago Pérez Dr. D. Antonio Castillo Dr. D. José Hernández Almodóvar Ld. D. Santiago Amat y Payá D. D. D. D. Ld. D. Miguel Díaz Sánchez Antonio Mas y Mas Francisco Díaz Alcover Juan Carpena Esteve Vicente Dimas Soler Cura " " Rector, natural de Orihuela. Vicario Foráneo. Rector. " Teniente Vicario. Interino. Vicario Foráneo. " " Cura. " " Vicario Foráneo. Interino. Ecónomo. " Cura propio. Ecónomo. Cura y Vicario Foráneo. Vicario Foráneo. Ecónomo. " " Cura propio, durante 34 años, hasta el 1929. Regente, martirizado en 1936. Ecónomo. " Encargado. Cura Ecónomo.

VII La Tradición, inmutable
(1)

Siempre que se acercan los agitados días de las Tradicionales Fiestas de Caudete, y ante las posibles innovaciones que por distintos grupos se insinúan, surge en los diferentes círculos la oposición, si se puede aplicar con la contestación clásica en Caudete de NO ES COSTUMBRE. Y es curioso el observar cómo desde hace muchísimos años, y con fecha cierta desde 1617, es decir, desde hace más de trescientos años, la costumbre permanece en Caudete inmutable. La premura del tiempo y las complicaciones que surgen a cada paso no han permitido hasta la fecha el comprobar la antigüedad de algunos de los objetos que, según la tradición, fueron enterrados por Fray Ruperto juntamente con la imagen de la Virgen de Gracia y San Blas. Ambas imágenes, quemadas en los primeros días del Glorioso Movimiento, quedando como prodigio la permanencia de sus cenizas; la venta de la arquilla de reliquias para pavimentar la ermita, dando lugar a un curioso pleito con la Mayordomía; la transformación de la lámina de plomo, que fue grabada con la descripción de las razones por la cual se enterraban las imágenes, en perdigones para cazar por Jaime de Algarra. según se desprende de las manifestaciones hechas en 1620 por Úrsula Valera al hacer la investigación para situar la posición del enterramiento, y la falta casi absoluta de documentación sobre los tiempos pasados, hacen que sólo quede como elemento testifical, para un espíritu incrédulo, la tabla de San Martín que protegía una de las caras del Tabernáculo de la Virgen. ¿Qué ocurrió desde 1414, en que, por la aparición de la Virgen a Juan López, Caudete recobró su prenda más querida? Por la tradición se sabe que, al traerla a Caudete, desapareció varias veces y se le construyó una capilla. Se le nombraría Patrona de la Villa y se formalizaría la fiesta.
(1) Artículo publicado en el programa de fiestas de 1949 y del que es autor nuestro ex'alcalde D. Juan Revenga Fernández de Castro.

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¿Cómo sería ésta? Sin temor a equivocaciones podemos suponer que, en definitiva, como fueron en 1617 y como son en 1949. Caudete tendría menos habitantes, serían más pobres, pero si desde 1617 a 1949, es decir, en trescientos treinta años, no han variado las Fiestas, no es probable hubiesen variado antes. Quizá, aparte de la Misa y sermón, no se hiciese más que un relato de la tradición; probablemente los fuegos de pólvora, restos de la influencia de los moros, no consistieran en arcabuces y tracas, aunque es probable que así fuera; pero la FIESTA, es decir, los Traslados de la Virgen, las Misas y sermones, con el recuerdo del entierro y descubrimiento de la Virgen, se hacían tal como hoy, con la única diferencia de los días en que se celebran. Ya en 1617 la Fiesta queda definida en la forma siguiente: Día 4 de agosto, alborada y solemne procesión; "al medio día se haga lo que a la alborada, y a la hora ACOSTUMBRADA se digan Vísperas solemnes a canto de órgano, y a la noche luminarias y fiestas de pólvora con toques de campana". Para ver los festejos de los días 5 y 6 nos bastaría leer los del Programa de hace unos años, en que las Fiestas terminaban el día 9 de septiembre, leyendo, en lugar de "EPISODIOS CAUDETANOS", el "LUCERO DE CAUDETE", que se representaba en dos días en el interior de la iglesia. Es esta función una obra algo complicada de representar y se puede suponer que en muchas de las escenas la imaginación supliría los defectos de las decoraciones o serían extraordinariamente largas; pero así como en los actuales "Episodios", reformados por don Manuel Martí Herrero y don Manuel Bañón Muñoz en 1907 del poema "LOS SARRACENOS", que se representaba el primer día, y del que era autor Juan Bautista Vespa (1854), y de los del día 8 y 9, escritos por don Rafael Molina Díaz, el tema bélico tiene cierta preponderancia sobre el religioso, en el "Lucero de Caudete" ocurre lo contrario, los personajes son casi los mismos. Mireno es hermano de Don Gonzalo de Lara y se convierte al salvar la Virgen a éste de una emboscada de Mireno, que trata, en unión de sus compañeros, de incendiar el Monasterio. El Hermano Clemente tiene las mismas características, o mejor dicho, en los actuales "Episodios" conserva su carácter bonachón, ocurrente y testarudo, valiente hasta la muerte en defensa de la Virgen. En la segunda parte, así como en los actuales "Episodios" la nota cómica está dada por el pastor Juan López y sus compañeros; en el primitivo existe un criado moro, llamado Zulema, a quien le ocurren toda clase de desdichas, y a Juan López, como a San Isidro, sus compañeros lo denuncian envidiosos de su suerte. Siguiendo la COSTUMBRE O TRADICIÓN, y para dar mayor vistosidad a las Fiestas, se traía de Elche el ARACELI para las apariciones de la Vir-

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gen con los ángeles que cantaban, y esto debió ser motivado a la intervención en la Mayordomía de un representante de los Pastores "que pueda saber otras fiestas", siendo el primero de ellos Juan Salado en 1618_19. Es fácil suponer, con lo densas que resultan las Fiestas Caudetanas, la preocupación de los agricultores, en los días febriles de agosto, por sus cosechas y labores, lo que determinó, a fin de dar mayor esplendor, la, petición de que se trasladaran a septiembre, "por estar los panes recogidos y poder cumplir las mandas ofrecidas". Se concedió el traslado, y en 1625 el Consejo General y Particular de Justicia y Jurados hacen el VOTO de celebrar la Fiesta si faltaren los Mayordomos. Queda ya inmutable la fecha de la Fiesta; sin embargo, hasta hace unos ochenta años no aparecen, o reaparecen, las Comparsas, y será lo más probable que sea esto último, ya que por lo menos una compañía de devotos de la Virgen disparaba con el traje típico caudetano delante de Ella, y aquellos que no pertenecían a dicha Cofradía lo hacían detrás de la imagen. Esta Cofradía pudiera ser el resto de las Comparsas que aparecían en la función teatral, o simplemente la levadura de los actuales miembros de las Comparsas que demuestran su devoción a María atronando a Caudete en las Fiestas. En 1814 se trató de renovar las Fiestas, y, como desde 1791 ya se representaba fuera de la iglesia, en un teatro construido por el Ayuntamiento, quizá diera lugar a los simulacros de batallas que dieron lugar a las actuales guerrillas, los trajes serian convencionales y poco a poco se irían agrupando, y para lucimiento de los diferentes grupos y especialmente de los que contribuían a los gastos, se nombrarían Capitanes y Abanderados, llegándose a la formación de las Comparsas de Moros y Guerreros (los Mírenos pertenecían a estos últimos), quedando La Antigua como continuadora de la compañía de devotos primitiva. Más tarde, en 1907, se separaron los Mírenos de los Guerreros, formando Comparsa autónoma. Las variaciones posteriores son de todos conocidas y debidas a las necesidades de los tiempos, y, sobre todo, a que con el Programa de los años anteriores a 1931 pocos podían resistir viendo las Fiestas como los caudetanos las quieren, sin faltar a un acto, religioso o musical, guerrillas o rodar de Banderas, complicándose además con la necesidad de obsequiar a los parientes llegados a última hora, al recuerdo de las Fiestas de su niñez. El acto de cortesía que Caudete realizaba al recibir a las Músicas, quizá para discutir la valía de éstas, formándose los partidos según la Comparsa a que se pertenece de padres a hijos, se ha ido transformando en algo más vistoso, en el preludio de la Fiesta, que en la apoteósica entrada de la Virgen en su iglesia parroquial el día 8, después de la procesión,

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JESÚS SÁNCHEZ DÍAZ trajes nadie entre gritar,

tiene su punto más álgido. Es la muestra del colorido de nuestros de Comparsa, que quedarán ocultos por el humo de la pólvora y que mirará, pues nuestros ojos estarán fijos viendo cómo lentamente, estampidos, la Virgen desaparece, para luego cantarle, roncos de los tradicionales "Gozos".

Y una vez más, al igual que desde hace quinientos treinta y cinco años, la Tradición sigue inviolada e inmutable.

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ÍNDICE
Página

Dedicatoria … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … ... Al lector Prólogo …………………………………………………………………………… ……………………………………………………………………………

3 5 7 9

Preliminares … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … …
El territorio.—Aspecto físico.—Clima y producciones.

Capítulo I —Caudete en la Prehistoria… … … … … … … … … … … … … … … …
La vida humana en el Paleolítico.—El Neolítico y los Edad de los Metales en Caudete. —Caudete en la Edad de Hierro. comienzos de

13 la

Capítulo II. —Caudete Prerromano… … … … … … … … … … … … … … … … … …
El reino de Tartessos.—Contacto con minación cartaginesa.—Los romanos en España. los pueblos

17

colonizadores.—Do-

Capítulo III — Caudete romano (206 a. C. 413 d. C . ) … … … … … … … … … … ...
Capdetum.—El Cristianismo vasión de los bárbaros. en España.—Libertad para la

23

iglesia.—In-

Capítulo IV.—Dominación visigoda (413-713) … … … … … … … … … … … … … … 29
El monacato y su difusión por Occidente.—El problema religioso visigodo.—Venida de la sagrada imagen de María Santísima de Gracia al término de Caudete.— Etapa católica visigoda y caída del poder godo.

Capitulo V.—Dominación musulmana (713-1240) … … … … … … … … … … … … 39
El reino de Todmir.—Ocultación o entierro de las santas imágenes de Nuestra Reina y Señora María Santísima de Gracia y del santo obispo y mártir San Blas. —Emirato independiente, Califato y Reinos de Taifas.

Capítulo VI.—Reconquista cristiana y ajuste de fronteras (12401305) … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … 47 La reconquista.—El tratado de Almizra.—Entregas mutuas.—Expulsión de los moriscos.

Capítulo VII—Villa Real del Reino de Valencia y Corona de Aragón (1305-1707) … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … 59
Adquisición de Bogarra.—Nuevos cambios de dominio.—Títulos, privilegios y escudo de Caudete.—La población en la alta Edad Media.— La justicia medieval en el Reino de Valencia.

Capítulo VIII.—Aparición gloriosa de Nuestra Reina y Señora María Santísima de Gracia… … … … … … … … … … … … … … … … … …
Práctica del voto.

69

Página

Capítulo IX.— Caudete en la época del apogeo español… … … … … … … …
La sociedad caudetana en este período.—La vida religiosa.—Construcciones civiles.

81

Capítulo X.— Aislamiento territorial de Caudete. … … … … … … … … … …
El Gibraltar caudetano.—Un célebre pleito inacabado.—Solución que proponemos.

87

Capitulo XI.—Dominación villenense (1707-1738) … … … … … … …… … … … …
La Guerra de Sucesión y Caudete.—Pérdida de la independencia municipal.—Nuevo pleito con Villena y recuperación de la libertad.—La vida municipal caudetana durante los treinta años de cautiverio.

99

Capítulo XII—Época murciana (1738-1833) … … … … … … … … … … … … … …
En la nueva vida. - Religiosidad.—Construcción del santuario de la Virgen y ampliación de la iglesia parroquial.—El siglo XIX.—La Guerra de la Independencia en Caudete.—Durante el reinado de Fernando VII — Incidente con Villena.

109

Capítulo XIII.—Caudete, Villa de la provincia de Albacete .. … … … … … … Primera etapa.—I Bajo el reinado de Isabel II (1833-1886). — Las
guerras carlistas.—La desamortización en Caudete. —Mayoría de edad de Isabel II.—Nuevos incidentes con Villena. La primera estafeta de Correos. —La guerra de África: un héroe caudetano. —Rectificando un criterio. —Actividades municipales — Incidentes por causa de los Alhorines.—//. De la Revolución a la Restauración.-III. Proclamación de Alfonso XII y la vida local durante su reinado.—Pasividad de Caudete. — Otros acontecimientos. — Lazareto para cuarentenas.—El cólera morbo.—Renacimiento caudetano.

130

Capitulo XIV.—Período áureo caudetano (1886-1931) … … … … … … … … … I. Durante la minoridad de Alfonso XIII— Fiebre constructora.—
El mercado de abastos. —Riqueza vitivinícola.—El telégrafo.—Turno de Ayuntamientos.—Pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas: los últimos de Filipinas.—Restauración del Convento de San José.—El alumbrado eléctrico.—II. En la mayor edad del Rey (1902-1908) —Construcciones a granel y la plaza de toros.—El maestro Francisco Serrano.— Homenaje merecido—La feria.—Proyecto de nuevo cementerio.—Centenarios de 1907 y 1914.—III. De 1908 a 1931.—Las personas más importantes. —Proyecto impopular.—Visita del Gobernador Civil.— Rotulación de calles.—La Guerra de Melilla.- El asilo de San Juan Evangelista.—Una fundación caudetana de monjas. —Nuevas comunidades religiosas.—Gentil obsequio.-La epidemia gripal de 1918. — Caudete incontaminado.—La dictadura.—Gestión de don Salvador Díaz CapeIlá.—Etapa de don Felipe Esteve.—Bajo la presidencia de don Federico García Ferrer.—Derrumbamiento de la monarquía.

151

Capítulo XV. — Declive y nuevo resurgimiento (De 1931 a nuestros
días).. … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … La Segunda República.—El Movimiento Nacional.—Mejoras locales.— Restauración de templos.—El Congreso Eucarístico Diocesano.—Repación. 187

Capítulo XVI—Caudete en la actualidad. … … … … … … … … … … … … … …
Extensión y población.—Autoridades locales.—Fuentes de su econo-

197

Página

mía: a) Agricultura; b) Ganadería/ c) Comercio y Entidades bancarías.—Comunicaciones.—El pueblo.—La casa típica.—Arqueología.— Costumbres.—Deportes.—Espectáculos.—Alojamientos.—Enseñanza.— Sanidad.—Caudete religioso.

Epílogo. … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … …

223

APÉNDICE
I. —Relación de las personas que han gobernado la villa de Caudete desde el año 1613 a nuestros días… … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … II.—Antiguos linajes cristianos de Caudete … … … … … … … … … … … … … … … … … III.—Caudetanos ilustres… … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … IV.—Favores concedidos por la iglesia a los cofrades y devotos de la Santísima Virgen de Gracia… … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … V.—Atestado de las preces pidiendo la gracia de la Coronación Canónica. Ricas alhajas de que se componían las coronas … … … … … … … … … … … … … VI. - Rectores y curas de la Parroquia de Caudete desde 1568 hasta la fecha .. … … … … VII—La tradición, inmutable . … … … … … … …… … … … … … … … … … … … … … … 265 271 273 225 235 241 257

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