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DESPERTA

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E d ito ria l
Algunos tratadistas de la historia de Aníbal, al querer seña­
lamos las causas de la guerra en cuestión entre romanos y
cartagineses, aducen primero el asedio de Sagunto por parte
ED IC IO N ES de los cartagineses y, en segundo lugar, su paso, en contra
de los tratados, del río que los naturales del país llaman Iber
Desperta Ferro Ed icio n es SLNE
Paseo del Prado, 1 2 -1 .° deha.
(¿Ebro?). Yo podría afirmar que estos fueron los comienzos
28014 Madrid de la guerra, pero negaría rotundamente que fueron sus causas
CIF: B-85964815 -¡nada de e s to !-, a no ser que alguien diga que el paso de Alejandro
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a Asia fue la causa de su guerra contra los persas y que el desembarco
3 ¡nfodespertaferro de Antíoco en Demetrias fue la causa de su guerra contra los romanos; ninguna de estas afir­
Edita maciones responde a la verdad y a la lógica (Pol. III.6; trad. M. Balasch Recort, 1981).
Alberto Pérez Rubio
Javier Gómez Valero
Y, en efecto, Polibio tenía razón, las causas de la Segunda Guerra Púnica hunden sus raíces tiempo atrás,
Carlos de la Rocha
y han de buscarse, más bien, en la solución que buscó Cartago a su humillación y derrota en la guerra an­
Coordinación de publicaciones
Jesús Jiménez Zaera terior:
jesusJimenez@despertaferro-ediciones.com
Dirección Cuando la [Primera] guerra [Púnica] concluyó [...], Amílcar Barca se quedó solo frente al ejér­
Eduardo Kavanagh
cito y, como tenía a su lado como asociado a su yerno Asdrúbal [el Bello], cruzó hacia Gades y
eduardo_kavanagh@despertaferroedicbnes.com
después de atravesar el estrecho hasta Iberia, iba devastando las tierras de los iberos, aunque no
Consejo editorial
Francisco García Fitz (UEX) le habían infligido ningún daño (Apiano, Iberia 8: trad. F. J. Gómez Espelosín, 2006).
Francisco Gracia Alonso (UB)
David Nicolle (Nottingham University) Es por ello que en este primer número de la serie que dedicamos a la Segunda Guerra Púnica abor­
Fernando Quesada Sanz (UAM)
José Sánchez-Arcilla (UCM)
damos sus precedentes inmediatos: el establecimiento de un imperio cartaginés -y, más propiamente,
Nicholas Sekunda (Uniwersytet Gdansk) de la dinastía inaugurada por Amílcar Barca- en la península ibérica. Amílcar morirá en el asedio de
Diseño y maquetación una ciudad ibérica, pero será sucedido por su yerno, Asdrúbal el Bello, y este a su vez por Aníbal, hijo
Raúl Clavijo Hernández del primero y llamado a ser uno de los más célebres generales del mundo antiguo. Fue en Hispania
Ilustraciones donde el terror de Roma echó los dientes, donde sus elefantes cruzaron el Tajo y donde se sembraron
Sandra Delgado
José Luis García Morán
las semillas del colosal enfrentamiento que, a la postre, llevaría a la ciudad del Lacio a ser la dueña del
Radu Oltean Mediterráneo y la némesis de Cartago.
Pablo Outeiral
Marek Szyszko www.despertaferro-edidones.com
Fotografía
Eduardo Kavanagh
Jaume Noguera
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Mapas
Carlos de la Rocha
/j En portada 32 Entre el Guadiana y el Duero. Las
campañas de Aníbal en la Meseta (221-
Colaboran
M.a Paz García-Bellido, Jorge García Cardiel,
0 Amílcar Barca y la conquista 220 a. C.) por Eduardo Sánchez Moreno
Jaime Gómez de Caso Zuriaga, Dexter Hoyos, cartaginesa de la península ibérica por
Jaume Noguera, Iñigo Pereyra Urdíroz,
Jaime Gómez de Caso Zuriaga
Fernando Quesada, Eduardo Sánchez Moreno,
David Soria Molina, LászlóVeszprémy
T raducción
Eduardo Kavanagh
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Alberto Pérez Rubio
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40 De Sagunto a los Pirineos. La marcha de
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16 Los ejércitos bárcidas en Iberia (ca. 237-
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218 a. C.) por Femando Quesada
46 Las monedas de los Barca por M.a Paz
García-Bellido García de Diego ¡
Imprime 24 Asdrúbal el Bello. Un estadista en
Monterreina Comunicación

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provincias por Jorge García Cardiel
50 Las causas de la Segunda
Guerra Púnica por Dexter
los derechos reservados. Esta publicación no puede' ser
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ninguna forma ni por ningún medio sin permiso previo por
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58 Reseñas de libros

ISSN 2171-9276
Depósito Legal: M-25920-2012
62 Y además, introduciendo el | |
n.° 54, La Orden del Dragón j
www.despertaferro-edidones.com
por László Veszprémy
mayo-junio 2019
Impreso en España/Printed in Spain ‘ 1 '
nvierno de 229-228 a. C.: ocho años después del desembarco otro remedio que lanzarse a un gran río donde, abatido de su

I de Amílcar Barca en Gadir, el proyecto de conquista cartaginesa


de la península ibérica se enfrenta a uno de sus peores tropiezos
a causa de la traición de un rey indígena, posiblemente de la etnia
oretana.
caballo, pereció ahogado. Sus dos hijos, Aníbal y Asdrúbal,
lograron refugiarse en Akra Leuké y salvar así sus vidas (tra­
ducción propia, a partir de las versiones inglesa y francesa de
F. R. Walton y Ferd. Hoeffer respectivamente).
Amílcar se halla por entonces ocupado en el asedio de una ciu­
dad ibera que le hacía frente. Se trata del oppidum de Hélice (o Apiano (Ib er. 5) y Livio (XXIV.41) dan versiones algo distintas
Helike), que probablemente corresponda con la moderna Elche de de estos hechos, pero sus narraciones son menos detalladas y quizá
la Sierra (Albacete), habitada por entonces por gentes de la etnia menos dignas de crédito.
oretana. Cierto régulo indígena auxilia al cartaginés y le provee de En nuestra reconstrucción vemos a Amílcar momentos antes de
guerreros con los que estrechan el cerco a la urbe, cuyo futuro in­ perecer en el río, acosado por varios guerreros oretanos. Estos se
mediato parece irremediablemente sombrío. Pero entonces la diosa arman y visten con toda suerte de armas y atuendos distintos que
Fortuna decide dar un giro completo a los acontecimientos. En pa­ documenta la arqueología para la época. Destaca el empleo de la
labras de Diodoro de Sicilia (XXV.10): falcata ibérica, así como del escudo circular (caetra ), los cinturones
anchos y el capacete de material orgánico, este último documentado
Avanzó luego [Amílcar] sobre la ciudad de Hélice, la puso en la iconografía de la época, aunque sin confirmar arqueológica­
bajo asedio y ordenó que la mayor parte de su ejército, junto mente. Por su parte, Amílcar viste a la manera helenística, como
con sus elefantes, hiciera el viaje de regreso a Akra Leuké probablemente fuera el caso entre los nobles cartagineses del periodo.
[N. del E.: ciudad que hacía las veces de cuartel general Se protege con una coraza de lino encolado ( linothorax ) dotado de
púnico en Iberia] para pasar el invierno. Él permaneció en tiras del mismo material que protegen las caderas (pteryges). Del
Hélice con una porción menor de su ejército. El rey de los costado pende una espada griega recta de tipo xiphos. Su casco es
orisi (¿oretanos?), que se hacía pasar por aliado del cartaginés asimismo helenístico, de hierro (una rareza en la época), y se inspira
y los apoyaba en el asedio, los traicionó y volvió sus armas en el hallado en la tumba atribuida al rey Filipo II de Macedonia, en
contra Amílcar. Este se vio obligado a huir y se las ingenió Vergina, correspondiente al tipo frigio-macedonio.
para salvar a sus hijos y allegados con un cambio de ruta;
pero fue finalmente alcanzado por el régulo íbero y no tuvo Ilustración: © Radu O ltean
Amílcar Barca
y la conquista cartaginesa
de la península ibérica
Jaime Gómez de Caso Zuriaga - Universidad de Alcalá

La c o n q u is t a d e l a p e n ín s u l a ib é r ic a p o r C artago h a q u e d a d o u n i d a a u n a d in a s t ía d e
ESTRATEGAS, LOS BARCA. N o ES UN CASO FRECUENTE EN LA HISTORIA. LAS EMPRESAS DE CONQUISTA
Y COLONIZACIÓN SUELEN SER LARGAS, OBRA DE VARIAS GENERACIONES, CON MUCHOS NOMBRES
PROTAGONISTAS, Y DIRIGIDAS POR ESTADOS A LO LARGO DE DÉCADAS Y HASTA SIGLOS, COMO LO
FUE LA MISMA CONQUISTA DE LA PENÍNSULA IBÉRICA POR ROMA. GUARDA PUES LA RÁPIDA HAZAÑA
BÁRCIDA CIERTOS PARALELISMOS CON LA EMPRESA DE ALEJANDRO EN ORIENTE, O LAS DE CÉSAR
y T r a ia n o e n l a s G a l ia s y D a c ia , r e s p e c t iv a m e n t e .

sta conquista de la Península por los bárcidas no fue en

E
LAS RAZONES DE LA CONQUISTA
absoluto completa, pero sí exitosa para el tiempo dedi­ Es un lugar común relacionar la presencia de Amílcar Barca en
cado a ella: menos de veinte años. Fue una empresa di­ la península ibérica con la pérdida de Sicilia y Cerdeña a raíz
señada e iniciada por Amílcar Barca, a quien se debe su co­ de la derrota cartaginesa en la Primera Guerra Púnica, como
mienzo, las líneas maestras del proceso, el afianzamiento de la una especie de “compensación” del conflicto.
posición cartaginesa en Hispania, la creación de las herramientas Sí y no. Para comprender las causas de la presencia y las cam­
y la estrategia para llevarla a cabo. Tiene todo el sello de una pañas de Amílcar en el territorio que los romanos denominaban
empresa personal. No se puede decir que obedezca a un diseño Hispania, hay que partir de las transformaciones políticas y militares
o a consignas u objetivos concretos de Cartago. Asdrúbal, su que tienen lugar en la propia Cartago a raíz de la llamada Guerra
sucesor y yerno, o Aníbal no fueron, en este sentido, sino con­ Líbica o de los Mercenarios (véase “La Guerra Inexpiable” en Des­
tinuadores de una empresa diseñada por otro y a la que aportaron perta Ferro Especiales IV) y, a causa de ella, en las relaciones con
su propio genio político y militar. Roma, y también y muy especialmente debido a la apropiación por

La Ib e ria b á rc id a
(237-218 a. C.)

Asdrúbal el Bello
Gobernador de Iberia entre 229-221
Amílcar muere en el asedio de Hélice
Desembarco en Gadir. Comien­ (¿Elche de la Sierra?). Invierno 229-228 a. C. Política de integración y coop-
za la conquista cartaginesa de (Diod. XXV. 10; Livlo XXIV.41; Apiano, Iber. 5). con los pueblos indígenas.
Hispania. Asdrúbal se casa con la hija de
El Senado de Cartago ratifica el nom­ ibero (Diod. XXV).
Amílcar Barca
bramiento de Asdrúbal el Bello
Gobernador de Iberia entre 237-229 a. C. como sucesor de Amílcar.
Durante este periodo, Asdrúbal el Bello será su trieraca, de
facto su mano derecha. Política expansionista y agresiva, a Asdrúbal recibe refuerzos
partir de las ciudades "fenopúnicas", aliadas, de la costa. ■del norte de África ¿año
228? (Diod. XXV.12).

Asdrúbal finaliza la
Fundación de la ciudad de Akra campaña de Amílcar
Campaña en el Guadalquivir. Leuké (¿Carmona?) En adelan­ y derrota a los oreta­
Guerra con Istolacio e Indortes te, capital del Imperio bárcida. nos culpables de su
y muerte de ambos. Una embajada de Roma se en­ muerte (Diod. XXV.12). o
trevista con Amílcar. Sometimiento de doce o
Asdrúbal el Bello regresa a <
Cartago, permanece en África por ciudades.
Expansión hacia la Alta Fundación de Qart Ha-
un período indeterminado. Andalucía y enfrenta­ dast (Cartago Nova)
miento con los oretanos. (Polibio 11.13).

{- 4 ..I I | I— *- F | I I I 1 4 - 4 — 1- I I I I I I 4 -H -
237 236 235 233 232 231 230 229 228 227 226
© Desperta Ferro Ediciones
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DESPERTA FERRO 7

◄ Figurilla de terracota hallada en la necrópolis púnica de Puig des M olins,en Ibiza, datada entre los siglos V y III a .C . (siendo más probable una
fecha cercana a esta últim a). Se trata, claram ente, de una representación m uy esquem ática de la DIOSA CARTAGINESA TANIT, que cuenta
con numerosos paralelos, si bien en su mayoría más detallados y sofisticados que este. Por lo mismo, es probable que nos hallem os ante una
producción de baja calidad, económ ica, adquirida para su em pleo como acom pañante en un sepelio hum ilde. Nótese la esquem atización de
los pechos, el collar y la tiara, así com o los orificios en las orejas para colgar pendientes, atributos todos ellos característicos de la iconografía
de esta diosa, que desde el siglo V a. C. devino en la deidad principal de todo el panteón de dioses de Cartago. Su presencia es testim onio de
la tortísima influencia cultural púnica en la isla. Museo de Prehistoria de Valencia, e falcon/m » »

parte de esta de Cerdeña en contra de lo establecido en el llamado Cannas) y Asdrúbal, llamado el Bello, su sucesor. La facción
Tratado de Lutado, que puso fin a la Primera Guerra Púnica. La rival, partidaria del entendimiento con Roma y de proseguir la
Guerra Líbica o de los Mercenarios, no solo resucitó a un Amílcar tradicional política africana de Cartago, dirigida por otro ETanón,
Barca ya amortizado políticamente por la derrota en el conflicto llamado el Grande, quedó arrinconada.
con Roma, a la que merecida o inmerecidamente (tal vez lo primero)
quedó asociado; sino que le llevó a convertirse en el hombre fuerte ¿POR QUÉ HISPANIA?
de Cartago como líder de una nueva y agresiva facción política, Si Cartago quería responder al imperialismo romano con otro del
como protagonista de la victoria y salvador de la patria. mismo tipo solo podía mirar hacia la península ibérica. La pre­
Por su parte, la injusta apropiación de Cerdeña por Roma, sencia fenicia y púnica era antigua y numerosas colonias estaban
en contra de los tratados, con la fútil excusa de que Cartago ha­ consolidadas. Además, Cartago ejercía desde hacía tiempo una
bía robado y masacrado a mercaderes romanos que negociaban especie de protectorado o tutela sobre ellas, con intervenciones
y aprovisionaban a los rebeldes líbicos y a los mercenarios militares puntuales en su defensa y fundaciones coloniales.
amotinados, así como la absurda acusación de que el ejército Además, la península ibérica ofrecía gran interés como provee­
que se preparaba para la recuperación de Cerdeña iba dirigido dora de recursos en la nueva carrera imperialista con Roma; riquezas
en realidad contra la misma Roma, dio lugar a un segundo tra­ minerales, metales preciosos, mercenarios experimentados y más
tado, nuevo e injusto, bajo la amenaza de reanudar una guerra fiables que los de otras procedencias, bases seguras de aprovisiona­
que Cartago no estaba en condiciones de librar. miento, aliados... Amílcar hizo de la conquista de Hispania uno de
La injusta apropiación de Cerdeña fue decisiva a la hora de los puntos esenciales de su programa político. Él y sus aliados, y la
explicar el ascenso político de Amílcar Barca en Cartago y su presión popular, convencieron a las instituciones de gobierno carta­
intervención en la península ibérica, pues pasaron a apoyar su ginesas de que no convenía ignorar este plan de conquista.
nueva política, que podríamos denominar “regeneracionista”, Además, la Península presentaba otra ventaja a la hora de
no solo el ejército, los “hombres de baja condición” y las clases disfrutar del dudoso honor de convertirse en zona de expansión
populares, como nos dice Diodoro (XXV.8), sino destacados y dominio de Cartago: estaba muy alejada de Roma y de sus
miembros de la aristocracia y del Senado, como lo eran sus áreas de interés. En contacto con Cartago desde hacía tiempo,
propios yernos Bomílcar (quién llegaría a sufete y fue padre de no lo estaba con Roma, potencia que tenía por entonces sus
Hanón, el comandante del ala derecha de su primo Aníbal en ojos puestos en otras áreas más inmediatas, en el Adriático o
en el Tirreno, donde se enfrentaba ya a enemigos decididos,
ilirios y ligures, estos últimos pieza clave en las alianzas de
Aníbal en la Segunda Guerra Púnica. La expansión cartaginesa
por la Península no podía inquietar a Roma, porque quedaba
lejos de su esfera de intereses. De allí no podía venir ningún
peligro, o eso creían los romanos entonces.
Pero los rápidos éxitos de Amílcar acabaron por alarmar a
< <t Roma. Sabemos por un pasaje no muy claro de Dión Casio
oc CJ
(XII.48), que los romanos enviaron una embajada. Se llevó a
u cabo en el consulado de C. Papirio Maso, cónsul en 231 a. C. Los
LU í s Q-
co púnicos justificaron la extensión del dominio cartaginés en His­
pania basándose en que se adeudaban todavía sumas considerables
Aníbal Barca
de los tratados con Roma y que todas esas acciones tenían como
Gobernador de Iberia entre 221-218 a. C.
Renovación de la política de agresividad. objetivo hacer frente a su pago. La excusa no parecía muy razo­
nable. Gran parte de la deuda ya estaba pagada, pero Papirio y el
Senado romano, por alguna razón, quisieron darla por buena.
Campaña contra los olcades, Así pues, de esta manera, Hispania había entrado por vez
Partida de Aníbal
Toma de Althia, capital o¡- primera en el horizonte de intereses de Roma. Como prueba la
hacia el Ebro, pri­
cade.
mavera 218 a.C. embajada misma, no se alegraba del éxito cartaginés en Hispania
y lo miraba con desconfianza. La misión de C. Papirio resulta
El Senado de Cartago ra­ Cn. Come- un claro precedente del futuro pacto del Ebro poco después, en
tifica el nombramiento de Campaña de Aníbal en la
lío Esci- época de Asdrúbal (226 a. C.) (véase “El Tratado del Ebro” en
Aníbal (Pol. 111.13). Meseta. Captura de Helmán-
pión des­
tica (Salamanca) y Arbucala D espena F e rro Antigua y M edieval n.° 52).
Asdrúbal es asesinado, apu- embarca en
(Toro).
i ñalado por un esclavo (sg. Ampurlas.
Batalla del Tajo.
I Dlod. XXV. 12; Livlo XXI.2 y LAS HERRAM IENTAS DE LA CONQUISTA
; Apiano, Iber. 8) o por un nati-
Asedio de Es muy conocido que Cartago carecía tradicionalmente de un ejército
I vo celta (Pol. II.36). Las tropas
i eligen a Aníbal como sucesor. Sagunto. permanente. Sí que disponía de guarniciones profesionales y milicias
urbanas. Las primeras podían llegar a ser importantes en zonas en

M "| I I I | I I I | * ■* f- ' | I I I | *1 Ì I |
24 223 222 221 220 219 218
A m ílc a r B a rc a y A s d rú b a l el B e llo
Cartagineses en Iberia, 238-221 a. C.
:0rdiHera Cantábrica
La intervención púnica en la Península
La Guerra de los Mercenarios, en la que Cartago se bate por C/ * a/ t a b r o s
su propia supervivencia, sume temporalmente en la confusión a
su imperio. Probablemente es en este período cuando los inte­
reses púnicos en Iberia resultan amenazados. Desde Gadir, en
?o g o s
el extremo occidental del ámbito cartaginés, se solicita la inter­ Tritium Autrigonium q
vención armada de la gran metrópoli. Comunidades turdetanas
hacen la guerra contra Gadir, la cual, muy posiblemente, se ha Lacóbriga q Segisamon
salvado del desastre gracias a su posición Insular. Las fuerzas
despachadas por Cartago restablecen la situación, eliminando
el peligro que se cierne sobre la ciudad, aunque no pueden re­
cuperar las posiciones perdidas por esta con anterioridad, en
Intercatia O
O
Pallantia-Palenzuela
% %f
forma de dominio territorial o de preeminencia comercial y po­
lítica en una determinada área geográfica en el valle del Gua­
Rauda
Septi manca O ¿Voluce?-LcK Castejm »
dalquivir. La posterior intervención de Amílcar, en 237 a. C., está
A Urius O
orientada, en primera instancia, a recuperar de una vez todas
O
A C ° Pintia íie to tk z u° ma
estas posiciones cedidas al enemigo indígena y, posteriormen­ Ù, Lakaz
te, a servir de plataforma para una expansión imperialista en el Uero Arbucala-Toro f O s O
sur peninsular. A partir de entonces incluso las comunidades T erm es ¿Corto«!'
O
púnicas establecidas en el entorno ibero, comenzando por Ga­ Bletisama Cauca o '
dir, experimentarán una merma en su autonomía y libertad (que O ¿Segontia?
hasta la fecha había sido muy amplia) y se verán sometidas, de O
Helmántica-Sa/amrmaj Lutiaki
forma progresiva, a un nuevo orden de carácter centralizado y
militarista.
Complutum -Cerro del Viso,
ÁS Alcalá de Henares ¿Er.ávici!
O t o n e s
O ¿Aebura? ^
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Carbula p> A-t O Ossigi Tútuei
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Almedinilla n B i O 1 to
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Ilipla Carmo/¿Akra Leukéi-Carmona
Ilurco-Cerro de los Infantes .
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^ U S E T A N 0 S cj " Tilla den Reixac
V 0 O ETES ORETANOS Otras etnias hispanas
R 6 Turó O Puig Castellet
O Belsinon \ V .t Molí de TEsptgol del Montgrós O
Enclave púnico
Contrebia O O Enclave griego
\
Alaun d i'te le //? C^ Burriac O Enclave indígena
Leucade . C ? r a v ^ Turó de Ca n Oliver
o Iltirta-L leid a ^ sO » V LAIETANOS Q Puig Castellar
Salduie /¡/ Gadir-Cádiz Nombre clásico-actual
° O
Contrebia V 0
Q TLakine 0 o*« \ 0. Tossal de la Pietà OS Penya del Moro Gran parte de estos enclaves indígenas
tito s Montjuïc solo son conocidos a partir de las campa­
Belaiska O Kelse
c V O Sant Miquel d ’Olèrdola ñas romanas del s, II a.C., y en otros sus
iSedeis-Azaila? ( P ° c ^ el0 ôV , 9 ,, ycMasies de Sont Miquel cronologías son discutidas, por lo que hay
O Vilar de VaHS0 Alorda Park que tomar su presencia a finales del
O c , Ì T . £bro
Segeda Belikiom El Taratrato Coll del Moro s. III a.C. con prevención.
O Kes e-Tarraco
Ildukoite ,o Avance cartaginés con
BELOS O
^ Castellet de Banyoles
Amílcar Barca
^ O Hibera Avance cartaginés con
Asdrúbal el Bello
0¿D am aniu? O Moleta de Remei
O QPerengil Oretania y los cartagineses
eOp
Vi ' H f ö d e la ¡\¡au El pueblo indígena de los oretanos habita la región correspondien­
d?
¿Lobetum?Q Q / te en la actualidad a Ciudad Real, el oeste de Albacete y el norte de
^higuera
O ^ Torre Jaén. Su identidad étnica es ambigua, entre el mundo ibero (más
‘ de Foios.
evidente al sur de Sierra Morena) y el indoeuropeo (al norte), por
do*
P fy . r
i
P, ^'-o La Escudilla' lo que los autores clásicos ya diferenciaban dos Oretanias (Pli-
"p . nio, Nat. Hlst. 111.25; Ptolomeo 11.6.58; Estrabón 111.2.11). Entre sus
erf, urbes destacan la ciudad homónima de Oreto (Granátula de Ca-
u ,.
T h n ^ 'M latrava, Ciudad Real) y, sobre todo, la populosa Cástulo (al norte
O o Mi de Jaén), una de las más importantes de la Hispania prerromana,
ElMolóno % ,/- o q O Arse-Sagunto
. r e í _
Edeta- u . frecuentemente citada por las fuentes. Los oretanos entran en la
P^O ^ ^*0's ViUaí-es ° Sant Miquel historia con ocasión de su enfrentamiento con Cartago. Amílcar,
t
O por ejemplo, encontró una gran resistencia al tratar de expandir
La Carencia la influencia púnica por la Oretania y, de hecho, halla la muerte en
Suero Sicana el asedio de una de sus poblaciones, Helike o Hélice (acaso Elche
fúcar O
de la Sierra, Albacete). Su sucesor, Asdrúbal, se empeña a fondo
„ . „ , Saetabis-Játiva para someter a los oretanos, derrotándolos y vengando a Amílcar,
Castellar de Meca o,
O Saltigi O O El Castellar en 227 a. C. Es precisamente en Cástulo donde se celebrarán los
q O' La Covalta q
ElAmarejow„O O O esponsales entre Aníbal y la princesa oretana Himilce, un matri­
1V
í 0 Llano O La Bastida de ' Coll de Pous monio por el que púnicos y oretanos rubrican una alianza que, se
de la Consolación les A l c u s s e s ^ O
La Serreta mantendrá durante buena parte de la Segunda Guerra Púnica, y
I,,,. , Ilunum dará a la ciudad de Cástulo su protagonismo.
Illeta deis Banyets
‘“ " S ° o Aspis S tossüI de Manisses
Coimbra del ^ O q Illici-Lfl Alcudia
Barranco Ancho ^
O La Picola El ámbito turdetano
Asso ^ O El Oral
O ■ La Fonteta Correspondiente grosso modo a la Andalucía oriental, el territorio
z 1 °El Cigarralejo
O
o
habitado por los que las fuentes denominan turdetarti (turúetanos)
es la región de mayor influencia fenicia de toda la Península, una
< Cabecico del Tesoro
presencia que se puede fechar incluso desde el siglo X a. C. Es
O Los Nietos más, las fuentes indican que Gadir (Cádiz) fue el primer lugar ele­
PC
■u gido por los mercaderes fenicios para asentarse en la Península.
Cartago Nova-Cartagena Según Estrabón (III.2.13): "Llegaron a estarían sometidos a los fe­
nicios que la mayor parte de Turdetania y las regiones limítrofes
Bnm-Villaricos se hallan en la actualidad habitadas por aquellos". El motor del
■ Fragmento de relieve ibérico procedente de Osuna proceso fue la explotación de la riqueza, en particular metalífera,
(Sevilla). En concreto, correspondiente al "conjunto B” |
(s. II a. C.). Representa claramente a un guerrero ibérico de la región. Esta circunstancia propició un gran desarrollo cultu­
armado con un escudo circular de tipo caefra, muy popular . ral y político que se manifestó en el nacimiento de la cultura tar-
en la Península en el periodo. Asimismo, protege su cuer­ tésica, sincretismo entre la indígena y la fenicia y antecedente de
po con algún tipo de coraza con refuerzos en los hombros;

Ìi
la turdetana, considerada, asimismo, por los historiadores griegos
acaso alguna variante de linothorax o armadura formada
por tejidos de lino superpuestas y encoladas. Los refuerzos y romanos, como la más sofisticada de todas las que habitaron
de los hombros (en particular, sobre el izquierdo) son clara­ la Península en la Protohistoria. Si los turdetanos descendían de
mente visibles. En realidad, este refuerzo no es otra cosa los tartésicos, los cartagineses, de los fenicios. Por ello, esta es
que una extensión de la pieza espaldar de la coraza que se la región elegida para la llegada de los bárcidas, como cabeza
dobla sobre los hombros y se anuda al pecho, conocida en
griego como epómide. Esta coraza se complementa con los de puente desde la que expandir su dominio. El desembarco de
característicos flecos de material orgánico que penden tanto Amílcar en Gadir en 237 a. C. es pacífico e incruento, lo que solo
de los hombros como de la cintura, correspondientes al tér­ se explica por los fuertes lazos culturales y políticos que unen a los
mino griego pteryges. En este caso documentamos hasta tres antiguos gaditanos con el mundo púnico.
hiladas de pteryges parcialmente superpuestas las unas a las
otras. © Miguel Hermoso Cuesta
IQ DESPERTA FERRO

► Reconstrucción de la escena en la que, supuestam ente, Aníbal prestó JURAMENTO DE ODIO ETERNO A ROMA Inducido a ello por su padre,
Amílcar. En palabras del historiador romano del siglo I a. C. Cornelio Nepote, en un m om ento posterior de su vida Aníbal narró que:

MI padre Amílcar, cuando era yo un niño de no más de nueve años, al salir de Cartago para dirigirse a Híspanla como general, Inmoló víc­
tim as a Júpiter Óptimo M áximo; y, mientras hacía estos sacrificios, me preguntó si quería ir con él a la guerra. Al decirle yo que sí iba con
mucho gusto y rogarle que no dudara en llevarme, él me contestó: "está bien, irás, si me juras lo que te voy a pedir" Al momento me llevó
junto al altar ante el que estaba haciendo el sacrificio, y ordenando que se fueran los demás, con la mano puesta sobre el mismo me hizo
jurar que jam ás firmaría una paz con Roma. Este juram ento, que hice a mi padre, lo he venido guardando hasta el momento, por loque
nadie tiene derecho a dudar de que no lo haya de seguir cum pliendo en el futuro. Por ello, si abrigas en tu m ente algún sentimiento de
amistad hacia los romanos, bueno sería, si me lo ocultaras; pero si, por el contrario, tienes intención de atacarles, cometerías un grave
error si no me pusieses a m í al m ando de esta empresa (Cornelio Nepote, Aníbal 2.3-6; trad. M. Segura Moreno, ed. Gredos).

Poliblo (III.11) , Llvio y Sillo Itálico (P u n . 1 .8 2 y ss.) dan asimismo cuenta de estos hechos. El primero menciona que el juram ento tuvo lugar en el templo
de Zeus-Júplter, nombre con el que las fuentes romanas aludían a la deidad máxima de Cartago, esto es, Ba'al o Ba'al Hammon. Sabemos que era un
templo con fuerte Influencia helenística, pero de tradición cananea, dotado de un patio con un ara y una celia o santuario para el dios. Aunque no lo
expllcitan, la descripción que brindan estos autores sugiere qué el acto se produjo en el exterior del templo, pero dentro del recinto del mismo, es
decir, en un espacio abierto o patio. Se trataba, claramente, de un sacrificio propiciatorio público, ante la ciudad, para que los dioses favorecieran la
empresa y se pronunciaran sobre ella (Pollbio, en concreto, habla de auspicios favorables). La escena se produciría ante múltiples testigos (al fondo de
nuestra imagen), muchos probablemente colaboradores de Amílcar y también magistrados de la ciudad (Pol. II 1 .6 -7 ) . ©Pablo O uteiral

las que Cartago ejercía su protectorado sobre el ámbito colonial de y tácticos del macedonio (véase Despertó Ferro Antigua y Medieval
tradición fenicia. Polibio (1.79) nos habla algo de ello con relación a n.° 8: Los Diádocos). Como institución gozaba de una gran autonomía
Sicilia al comienzo de la Primera Guerra Púnica. Estas guarniciones y tenía ciertas iniciativas políticas. La más importante de ellas era la
estaban al mando de lo que Polibio (1.79) denomina un boetarcho, capacidad de tomar algunas decisiones de forma asamblearia, la
término que podríamos traducir como jefe de tropas auxiliares, un principal de la cuales era elegir a su comandante en jefe. A la des­
comandante militar de rango inferior, con funciones de gobernador. aparición de Amílcar, es la asamblea del ejército de Hispania quién
Tales tropas tenían una misión disuasoria y de protección, pero ca­ elige a su sucesor (Asdrúbal) al modo macedonio, y luego hará lo
recían de verdadera capacidad ofensiva. Nada comparable a los propio con Aníbal. Por pasajes de Livio (XXI.3) y Apiano (Aníbal,
grandes ejércitos permanentes que sí tenían las monarquías helenís­ 3) sabemos que el nombramiento tenía que ser corroborado por el
ticas de la época o la propia Roma. También carecía Cartago de una Senado y el Consejo de Cartago y, tras las reformas del programa
magistratura permanente al mando de ese ejército. Uno de los puntos político de Amílcar, por la asamblea popular, pero la trascendencia
esenciales de la renovación política planeada por el Barca consistía y autonomía de la asamblea de los soldados queda patente.
en que la república africana tuviera lo uno y lo otro. Un aspecto Eso sí, gran parte del comportamiento y la eficacia de un
esencial para acometer con garantías la conquista programada de ejército helenístico dependen del carácter, la inteligencia, el
Hispania y la defensa contra el expansionismo romano. valor y el carisma del comandante. Algo que tiene su origen en
Naturalmente la nueva magistratura no podía tener exacta­ el liderazgo personal de Alejandro mismo. Los bárcidas supieron
mente el mismo carácter que en el modelo helenístico. Allí era recoger ese aspecto y ello llevó a Cartago a una situación am­
el propio monarca quien asumía el mando. Cartago era una re­ bigua. El ejército de Hispania no se sentía parte de la república,
pública. Pero sí podía tener esa nueva magistratura algunas ca­ ni ligado a ella; sino a sus comandantes. Era exclusivamente la
racterísticas comunes con un hegemon helenístico: amplísima lealtad de estos mismos a Cartago lo que mantenía la herra­
autonomía, carácter permanente, elección libre de sus altos ofi­ mienta esencial del dominio de Hispania e Hispania misma li­
ciales... y más si tenemos en cuenta que se iba a ejercer lejos gados a la república norteafricana.
de Cartago, en Hispania y con Hispania como objetivo. En cuanto a la composición y características de este ejército
Sin embargo, la nueva magistratura no solo se inspiraba en carecemos de datos concretos, pero sí tendría efectivos suficientes
modelos helenísticos, heredaba también algún aspecto concreto para su tarea y una composición parecida al que había protagoni­
de la tradición militar cartaginesa, como el puesto de trierarca zado la última contienda: líbicos, semihelenos, griegos, mercena­
(iptijpapxoí;) y “primer amigo” (cpíAoc; np roq) del general en rios mediterráneos e incluso campanos e itálicos, ya que Roma
jefe. La institución es antigua. Polibio (1.44.1) habla de este puesto había permitido su recluta durante esta pasada guerra, prohibida
o empleo del Ejército cartaginés en referencia al famoso Aníbal expresamente por el Tratado de Lutacio. Hoyos ha calculado ve­
que socorre Lilibeo en 250 a. C., trierarca y “primer amigo” de rosímilmente sus efectivos en torno a unos veinte mil hombres.
Adérbal. Trierarca solo significa, en principio, capitán de una En términos generales sería un ejército de doctrina, tácticas y or­
triere (xpiqpqc;, triremis en latín), pero tiene un sentido más amplio, ganización helenísticas, aunque con sus elementos móviles au­
como empleo militar (y naval) de mayor relevancia. “Primer mentados, especialmente en caballería y, más tarde, elefantes. Sin
amigo” parece un título honorífico tomado de la corte persa y se duda el Barca contaba con incrementar sus efectivos con reclutas
aplicaría al colaborador y consejero de más confianza; también en Hispania. Diodoro (XXV.10.1) afirma que navegaron de ca­
lo encontramos en el mundo helenístico de la época. Amílcar botaje hasta el Estrecho (237 a. C.). Junto a Amílcar viajaban sin
Barca nombró trierarca y “primer amigo” a su yerno Asdrúbal el duda su yerno y al menos uno de sus hijos, el mayor, Aníbal. Si
Bello, lo que implicaría automáticamente la categoría de segundo Asdrúbal, su hijo menor, no lo hizo entonces, sí se les unió no
comandante con responsabilidades políticas. Como sabemos, As­ mucho después, pues estuvo presente en el ataque a Hélice que
drúbal hizo en su momento lo mismo con su cuñado Aníbal. costó la vida a su padre, según nos dice el mismo Diodoro
En cuanto al ejército, también era de clara inspiración helenística. (XXV. 10.4). Por el contrario, según nos cuenta el mismo autor,
Como todos los de aquellos Estados que heredaron el imperio de Asdrúbal el Bello, yerno y “primer amigo” de Amílcar, fue pronto
Alejandro, tomó aspectos institucionales, doctrinales, organizativos enviado de vuelta a Cartago, tanto para dirigir campañas militares
* /,
D in a s tía b á re íd a
y la Segunda Guerra Púnica

Asdrúbal el Bello
ca. 270-221 a. C.

0 0 Naravás
Jefe numida

Combate en Italia a
las ordenes de su tío Tras la marcha de Aníbal a Italia,
Aníbal Barca, y luego queda al frente del ejército car­ Magón Barca
en África contra Es- taginés en Iberia. Vencido por ca. 243-203 a. C.
cipión. Es uno de los Publio Cornelio Escipión, se di­
grandes generales car­ Acompaña a Aníbal en su ataque a Italia. Tras su regreso a
rige a Italia, donde es derrotado y
tagineses del período. África, opera en Iberia y Liguria. Muere en su camino de
muerto en la batalla de Metauro.
Himilce Aníbal Barca regreso a Cartago.
ca. 247-183 a.
Princesa ibera, de
Cástulo, Oretania. A partir del año 221 a. C. al frente del ejército cartaginés en Italia. Al comenzar la Segunda Guerra Púnica, dirige su ejército contra Italia, con la esperanza de
derrotar militar y políticamente a Roma. Se mantiene combatiendo en la península durante quince años. Reclamado por Cartago, regresa a África en el aña
203 a. C. Es derrotado en Zama, y de vuelta en la capital, dirige las negociaciones que ponen punto final al conflicto.

contra los númidas todavía rebeldes, como para ocuparse de la Un tal Istolacio y su hermano lograron comandar un ejército
política bárcida. Frontino (Strat. IV.7.18) da detalles atribuibles a de miles de hombres contra los intrusos y agresivos cartagineses.
esta campaña africana de Asdrúbal. Contaban con el apoyo y participación de turdetanos y pueblos
de origen tartésico. Amílcar consiguió dividir su ejército y de­
LAS ACCIONES MILITARES rrotarlo, no sabemos si en una única batalla campal o en suce­
Pocos datos concretos tenemos de las acciones militares llevadas sivas acciones militares. El resultado fue que Istolacio y su
a cabo por Amílcar en la Península. La pobreza es tal que sola­ hermano resultaron vencidos y una parte significativa de su
mente tenemos una mínima descripción de dos de ellas, sin ejército (Diodoro habla de unos tres mil hombres) acabó alistada
contar con la de la batalla que puso fin a su vida. Poca cosa. La en el de los vencedores cartagineses. Todo esto recuerda episo­
extensión del poder cartaginés en el sur de la Península tuvo dios y métodos de la Guerra Líbica en sus primeros momentos.
que ser rica en acciones militares. Otra acción militar importante protagonizada por Amílcar
Polibio (II.2.6) insiste en que Amílcar Barca, a su llegada a Barca en la Península tuvo lugar también en el valle del Guadal­
Hispania, desembarcó en Gadir e, inmediatamente, emprendió quivir y, muy probablemente, a comienzos de su intervención.
una campaña de control del territorio “perdido”. No era la pri­ Distintos pueblos de la zona comprendieron que las intenciones
mera vez que los cartagineses acudían en socorro de la colonia cartaginesas eran de total sometimiento e intentaron reaccionar.
hermana de Gadir, también fundada por Tiro (véase “Fenicios Lo hicieron con determinación, pero no con la suficiente coordi­
en Tarteso: de la invisibilidad literaria a la evidencia arqueoló­ nación y, sobre todo, fe y perseverancia. Hubo improvisación y
gica” en Arqueología e H istoria n.° 12). falta de liderazgo. Un tal Indortes logró reunir un gran ejército.
Y es que, muy probablemente, sucedió en Hispania algo similar Diodoro (XXV.10.1-3) habla de 50 000 hombres. Parecen muchos.
a lo que pasó en África con los dominios de Cartago. Los autócto­ En cualquier caso, este ejército no se mostró suficientemente in­
nos reaccionaron contra esa presencia extranjera en un momento tegrado. Tampoco su general se reveló como un gran estratega.
de debilidad de la potencia dominante. Muy probablemente, Amíl­ Buscaba los lugares altos como si la altura misma fuese garantía
car tuvo que combatir desde el primer momento la actitud hostil de éxito y acabó por encerrarse en una colina fácil de aislar. Fue
de los hispanos ante los establecimientos púnicos. La campaña lo que hizo Amílcar: les puso cerco. Indortes se dio cuenta de su
comenzaría por recuperar o imponer respeto y la autoridad de Car­ error y, al ver a su ejército perdido, lo abandonó. Se escabulló en
tago en la zona tartésica inmediata a Gadir, en el bajo Guadalquivir, la noche. Otros muchos intentaron imitarle. Amílcar reaccionó y
pues Diodoro (XXV. 10.1-2) cita a los tartesios e iberos entre los derrotó sin esfuerzo a un enemigo desmoralizado y ya en fuga.
primeros con los que se enfrentó Amílcar. Los “celtas” -también Indortes fue capturado con vida. El Barca, fiel a los métodos des­
asentados en esta zona, al oeste, según describe Estrabón (III. 1.6 y piadados de la pasada Guerra Líbica, lo torturó horriblemente y,
2.2)- se les unieron inmediatamente. Se trata probablemente de finalmente, lo crucificó. A los hombres capturados, los liberó.
los celtas que ya situara en la zona Heródoto (11.33). Parece que Y poco más sabemos de las acciones concretas de Amílcar
los primeros enfrentamientos se redujeron al sometimiento, y tam­ en Hispania. Solo silencio hasta la narración de su muerte. Es
bién escarmiento, de algunas ciudades significadas. imposible que no hubiese más enfrentamientos de relevancia
El enfrentamiento posterior, con participación “celta”, nos en esos casi nueve años en los que el Barca toma el control de
es mejor conocido y descrito, también por Diodoro (XXV.10). gran parte del sur de la península ibérica.
Tampoco parece que diese lugar a una campaña difícil ni com­
parable a aquellas de las que venía de luchar Amílcar en África. LAS VÍAS DE AFIANZAM IENTO DEL PODER
Pero lo cierto es que hubo finalmente una reacción autóctona Pero sí sabemos algo de cómo se cimentó el poder cartaginés
más o menos coordinada ante la intromisión militar cartaginesa. en Hispania durante ese periodo. Polibio (II.2.7-8) nos dice
DESPERTA FERRO 13

▼ Vista de la puerta de Sevilla en el flanco occidental de la ciudad de Carmona (Sevilla), m onum ento que la tradición académ ica conoce con el
nombre -resum ido - de PUERTA DE CARMONA. Su análisis e interpretación es, a día de hoy, objeto de un acalorado debate y una interm inable
controversia cuyo casus belli son los sillares alm ohadillados (visibles en esta imagen en la base de la torre y lienzos aledaños) que forman los
basamentos de esta fortificación. Se trata de una técnica por com pleto ajena a la tradición ibérica y propia de la arquitectura de raigambre
helenística que, como sabem os, fue m uy em pleada por Roma y Cartago a partir del siglo III a. C. Por lo mismo, A. Jim énez, M. Bendala y otros
consideran que estos sillares se han de d a ta re n época púnica, m ientras que otros autores (como P. Moret y T h . Schattner) se m uestran más
escépticos y, en general, proponen dataciones más tardías para esta obra, incluso de época augustea. Se trata de un debate im portante ya
que se halla vinculado a otro problem a aún mayor, com o es la identificación de la ciudad púnica de AKRA LEUKÉ o “cam pam ento blanco",
baluarte m ilitar del dom inio bárcida tan a m enudo citado por las fuentes y cuya localización se discute. Tradicionalm ente se consideró que
podría ubicarse en Tossal de Manises (Alicante) pero hoy en día la mayoría de los especialistas considera más probable que corresponda con
la moderna Carm ona. Si finalm ente se prueba que la m encionada puerta es efectivam ente de origen púnico, se trataría de un argum ento
más para defender la entidad de la urbe en este periodo y para identificarla, por tanto, con la Akra Leu kéd e época púnica, © miguelrivas@carmona.es

que usó tanto la persuasión como la violencia. Como hemos Amílcar Barca también echó mano, directa o indirectamente,
visto en la batalla de la colina contra Indortes, hubo un tercer de una cuarta vía: la integración de las élites locales en el
elemento presente en sus métodos y que silencia Polibio, o aparato cultural y político cartaginés, ya para entonces muy
bien engloba en el genérico uso de la violencia: el recurso al helenizado en todos los aspectos. Imitaba con ello los métodos
terror y la crueldad más extremos. Algo a lo que ya se había re­ de Alejandro en Oriente, dirigidos a crear un ámbito político-
currido durante la pasada Guerra Líbica. cultural común, fusionar los pueblos cartaginés e hispano y a
sus élites e implicarlos en la empresa. Queda fuera de duda que
Amílcar inició el proceso, aunque Asdrúbal lo desarrollase
enormemente. Igual que Alejandro fomentó matrimonios mixtos
entre sus griegos y macedonios y las élites locales, los bárcidas
hicieron lo propio en Hispania. Tampoco era este un método
nuevo. Amílcar ya lo había utilizado con el númida Naravas
para atraerlo a su proyecto durante la Guerra Líbica.
Una quinta vía utilizada por Amílcar para consolidar el
poder bárcida en la península ibérica fue también de raíz ale­
jandrina: la fundación, engrandecimiento y transformación de
espacios urbanos que ayudasen a la integración de los hispanos
en un nuevo ámbito cultural y político. Sería también Asdrúbal
quién desarrollaría esta vía hasta su cota más alta con la funda­
ción de Kart Hadasht, la Cartago Nova romana y moderna Car­
tagena, verdadera Alejandría cartaginesa en Hispania. Pero fue
sin duda Amílcar el iniciador de este camino, y no solo con la
fundación del llamado en las fuentes griegas “campamento
14 DESPERTA FERRO

blanco” (Akra Leuké), sino también con el engrandecimiento proceder de Sileno, y narra acontecimientos que ignoran Polibio
o la transformación de núcleos urbanos indígenas o de tradición y otros historiadores prorromanos. Apiano (Iberia V) todavía
fenicia preexistentes, como ha venido demostrando la arqueo­ añade una interesante descripción del método o estratagema
logía en las últimas décadas. que los iberos atacantes usaron para dividir la línea enemiga:
En cuanto a la importante fundación de Akra Leuké, tenemos lanzaron contra ella carros incendiados tirados por bueyes. Es­
pocos detalles en las fuentes literarias. Lecturas a partir de testi­ tratagema que también encontramos en otras descripciones pos­
monios epigráficos (CILII y Hübner: 406) llevaron a los grandes teriores de la acción militar que acabó con la vida de Amílcar y
autores clásicos, como Gaetano de Sanctis, a situarlo en Alicante que, frecuentemente, se ha puesto en relación con la utilizada
o sus proximidades. Pero la arqueología actual apunta mejor por Aníbal en el desfiladero de Falerno, tal y como la narra
hacia Carmona (Sevilla), y su muela, que domina el valle del Livio (XXII. 16).
Guadalquivir desde lo alto y que está apoyada por todo un com­ La versión de Polibio (II. 1.7-8) resulta más inconcreta, pero
plejo militar acorde con su importancia estratégica. coincide en que Amílcar muere a consecuencia de un enfrenta­
Todavía empleó Amílcar una sexta vía para consolidar, pro- miento con pueblos locales en Iberia, en combate, al verse ais­
teger y vigilar el territorio de dominio púnico en Hispania. lado por una fuerza superior contra la que se lanza valerosa­
Desde el siglo IV a. C. se habían ido construyendo una serie de mente. Nepote (Am ílcar 4) solo nos dice que murió en lucha
fortalezas y torres de vigilancia para asegurar el territorio púnico contra los vetones, pueblo muy alejado de la zona de expansión
en el valle del Guadalquivir. Queda fuera de duda que Amílcar cartaginesa en este momento, situado en el noroeste de la meseta
fue sistemático en proseguir con esta política y logró crear una norte, y sobre el que Aníbal organizará una expedición en 220
red defensiva capaz de cimentar militarmente el dominio de la a. C. Puede que haya ecos de ella, en un sentido u otro, en esta
futura Bética. La obra debió ser continuada por sus sucesores, versión de Nepote.
Asdrúbal particularmente. De su eficacia, número y carácter La imprevista muerte de Amílcar pudo haber comprometido
nos habla Livio (XXII. 19) al referirse a los primeros años del seriamente el futuro del proyecto de conquista de la Península. No
enfrentamiento púnico-romano en Hispania. Todavía estaban fue así. Amílcar dejó tras de sí todo un equipo, concienciado y
en pie muchas de ellas en época de Plinio, quién las llamó “to­ capaz para proseguir su proyecto, en el que -evidentemente—toda
rres de Aníbal” (turres Hannibalis). su “dinastía” creía ciegamente. Su yerno Asdrúbal y luego sus
hijos, Aníbal y Asdrúbal, se mostraron a la altura de las expectativas
LA MUERTE DE AM ÍLCAR Y SUS CONSECUENCIAS de Amílcar y, en muchos sentidos, le superaron. En cualquier caso,
Da una idea del carácter y las limitaciones de las fuentes anti­ fueron capaces de imprimir a la empresa del Barca un sello personal
guas en torno a Amílcar el hecho de que nos den hasta tres ver­ de brillantez que no habría decepcionado en ningún momento a
siones distintas de su muerte. Tampoco la datan con absoluta Amílcar. Para Nepote (Amílcar 4) el plan de llevar la guerra a
seguridad. Probablemente tuvo lugar a finales de la campaña Italia fue suyo y su odio inextinguible a Roma fue lo que condujo
de 229 a. C., pero pudo también producirse a comienzos del a la Segunda Guerra Púnica. Fue la mano de un muerto, la de
año siguiente. Amílcar, la que movió los hilos del enfrentamiento decisivo por la
La narración más detallada y digna de crédito es la de Dio- hegemonía mediterránea entre Cartago y Roma.
doro (XXV. 10.3). Amílcar atacó la ciudad de Hélice, identificada
en su día con Elche, pero también, y más probablemente, con
Elche de la Sierra. El cartaginés consiguió aislarla a finales de B IB L IO G R A F ÍA B Á SIC A
la campaña de verano de 229 a. C. Pero llegó el otoño y la ciu­ Bendala Galán, M. (2015): Hijos del Rayo. Los Barca y el dominio
dad no había caído. Amílcar decidió no levantar el cerco, pero cartaginés en Hispania. Madrid:Trébede.
sí enviar una gran parte de su fuerza y todos los elefantes a Bendala Galán, M. (ed.) (2014): Fragor Hannibalis. Aníbal en
Akra Leuké para invernar. La medida se revelaría como una Hispania. Alcalá de Henares: Museo Arqueológico Regional.
imprudencia, pero el cartaginés debió de considerar que la lo­ Blázquez, J. M.; García-Gelabert, M. P. (1991): "Los Bárquldas en
gística de un gran ejército de asedio resultaba complicada e in­ la Península Ibérica" en Atti del II Congresso di Studi Fenici e
Punid, vol. I. Roma, pp. 27-50.
segura en ese lugar y época del año. Permaneció allí con sus
Gozalves Cravioto, E. (2002): "Hélice y la muerte de Amílcar
hijos mayores y amigos, al frente de una fuerza que juzgó sufi­
Barca"en II congreso de Historia de Albacete, vol. I. Albacete, pp.
ciente para aislar la ciudad y obligarla a la rendición.
203-211.
Sin embargo, los de Hélice no estaban solos y, finalmente,
Hoyos, D. (2003): Hannibal's Dinasty. Power and Politics in the
sus aliados oretanos, con su rey al frente, vinieron en su auxilio.
Western Mediterranean, 247-183 B.C. London: Routledge.
Es evidente que Amílcar no contaba con esto y sus tropas no
Huss, W. (1993): Los cartagineses. Madrid: Gredos.
eran suficientes para enfrentarse a los de la ciudad y a sus
aliados simultáneamente. Se vio obligado a presentar batalla - Bibliografía completa en www.despertaferro-ediciones.com
en condiciones de inferioridad y su ejército quedó dividido. En
esas circunstancias, Amílcar decidió atraer hacia él a la fuerza
Jaime Gómez de Caso Zuriaga es profesor titular en
atacante principal, mientras sus hijos Aníbal y Asdrúbal, citados
la Universidad de Alcalá. Ha publicado diversos
expresamente por Diodoro, se ponían a salvo con parte del
artículos, capítulos y monografías sobre el
ejército. Cuando se vio finalmente aislado, Amílcar Barca se
enfrentamiento entre Cartago y Roma, y entre el
lanzó con su caballo a un río caudaloso y pereció en él. Sus mundo colonial púnico y el griego, especialmente en
hijos y amigos lograron ponerse a salvo en Akra Leuké. Sicilia, asi como sobre otros aspectos de la Antigüedad. Ha impartido
Esta es la versión más completa y fiable que tenemos de la también cursos, seminarios y conferencias en diversas universidades
muerte de Amílcar. Según Gozalbes Cravioto (2002) podría españolas y extranjeras.
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Los ejércitos
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Fernando Quesada Sanz - Universidad Autónoma de Madrid

H ay dos lugares com unes r e l a c io n a d o s entre sí so bre la


ORGANIZACIÓN MILITAR CARTAGINESA QUE, AUNQUE TIENEN UN
COMPONENTE CORRECTO, DISTORSIONAN MUCHO SU REALIDAD Y LA
CONVIERTEN CASI EN UNA CARICATURA. El PRIMERO, QUE LOS
CARTAGINESES, SIENDO ANTE TODO ASTUTOS COMERCIANTES, NO FUERON
GENTES ESPECIALMENTE BELICOSAS HASTA QUE, YA MUY TARDE EN SU
HISTORIA, LA AMENAZA DE ROMA LES EMPUJÓ A ELLO. E l SEGUNDO, QUE
PRECISAMENTE POR ELLO RECURRIERON A TROPAS MERCENARIAS PARA
FORMAR SUS EJÉRCITOS. ESTAS IDEAS CONVERTÍAN A LOS CARTAGINESES EN
UNA SOCIEDAD ORIENTAL EN OCCIDENTE, ESENCIALMENTE DIFERENTE A LA
HELÉNICA O A LA ROMANA.

in embargo desde el estudio siste­ siglo VI a. C.-principios del siglo V a. C.

S mático de las fuentes por S. Gsell


a principios del siglo XX y otros,
sabemos que Cartago fue en muchos sen­
tidos - y en el militar también- una polis
(Justino XIX.1.1) durante las guerras con
los griegos por el predominio en Sicilia
(e. g. Diodoro XI.1.5). Estaba formado por
una falange ciudadana con armas de tipo
similar a muchas otras del Mediterráneo hoplita y sus componentes recibían un bra­
(Tsirkin, G. Wagner, etc.). De hecho, Aris­ zalete por cada campaña militar en la que
tóteles así lo vio (Polit. II.11.1272b), y habían luchado (Aristóteles, Polit.
luego Polibio lo afirmó aún más claro: “La 7.2.1324bl0). Estas tropas -que comba­
constitución de los cartagineses [...] en tían en Sicilia- se completaban con armas
conjunto se parecía mucho a la de los ro­ “exóticas” como carros de guerra o ele­
manos y a la de los lacedemonios ” fantes, además de caballería y tropas lige­
(VI.51). Del mismo modo, la organización ras. Los mercenarios extranjeros comien­
militar de Cartago y su evolución está mu­ zan a ser citados desde principios del siglo
cho peor documentada que en Atenas y V a. C., como los iberos en la batalla de
Roma, ya que las fuentes propiamente pú­ Himera en 480 a. C., y sesde el principio
nicas se han perdido, y la iconografía y son considerados prescindibles frente a los
documentación material es extremada­ valiosos ciudadanos (Diod. XIV.75) (véase
mente parca. Pero todo lo que sabemos “La batalla de Himera” en Despertó Ferro
muestra que durante siglos la base de la Especiales IV).
estructura militar cartaginesa fue el prin­ El ejército del siglo IV a. C. y de la
cipio de ciudadano propietario que se cos­ Primera Guerra Púnica (264-241 a. C.)
teaba sus armas y combatía en una forma sería en lo esencial heredero de aquel
de ejército cívico. También fue el recurso (Pol., 1.33), aunque con tres modifica­
a tropas aliadas y mercenarias un comple­ ciones de alcance. La primera, la des­
mento cuyo papel fue creciendo con el aparición de los carros como armas de
tiempo, pero sin anular nunca el principio guerra; la segunda, y como consecuencia
básico, que resurgiría con fuerza en la Ter­ del desastre de Crimiso en 341 a. C.
cera Guerra Púnica, cuando en el 146 a. C. (Diod. XVI.81.3-4), la renuncia de los
solo los propios ciudadanos cartagineses ciudadanos a combatir fuera de África:
quedaron para defender su ciudad (App., “En la propia Cartago, cuando se supie­
Afr. 74-130, y especialmente 92-93). ron las noticias del desastre [contra Ti-
Casi nada sabemos de la organización moleón en Sicilia, Crimiso, 341 a. C.],
militar cartaginesa más primitiva, y solo todos se desesperaron [...]. Votaron no
empezamos a contar con algunos datos arriesgar la vida de los ciudadanos en el
desde las reformas de Magón a fines del futuro, sino alistar mercenarios extran-
DESPERTA FERRO 17

◄ Dibujo de la espada hallada en la sepultura 513 de la necrópolis de Cogotas (Ávila). Se trata de un ejem plar m agníficam ente conservado de
ESPADA DE ANTENAS ATROFIADAS y, más concretam ente, del subtipo QUESADA VI (tam bién llam ado tipo ARCÓBRIGA por el yacim iento
en el que fue prim eram ente docum entado) inserta en su vaina. Se trata de una producción m eseteña con una am plia horquilla tem poral, que
abarca desde el siglo IV hasta el II a. C. Nótese cóm o la vaina cuenta con tres anillas de suspensión, dos a u n lado y una al contrario, destinadas
a pender de un tahalí de correajes orgánicos. Esta disposición de las anillas perm ite que, una vez puesta al costado del guerrero, la vaina se
suspenda no en vertical sino ligeram ente inclinada, de m odo que la em puñadura del arma mire ligeram ente hacia el frente, lo que facilita
enorm em ente la extracción del arma de su vaina. Destaca, por otro lado, la riquísima decoración en dam asquinado, esto es, por medio de in­
cisiones practicadas sobre la superficie del hierro en las que se introduce hilo de plata. Los motivos son, en la mayoría de los casos, geométricos,
bien líneas rectas, onduladas o zigzagueantes, bien grecas de meandro, bien círculos y sogueados. E. Cabré propuso que los motivos circulares
podrían aludir, quizá, a algún concepto religioso vinculado al m undo astral y, por ende, a u n posible VALOR MÁGICO O APOTROPAICO (pro­
tector) de estos sím bolos en el contexto bélico en que se usan. ©D ibujo tomado de C abré Aguiló, J. (19 3 1): "T ipología del puñal en la cultura de Las Co g o te " A rchivo español de
A rqueología Vil, pp. 221-241 Madrid .

jeros, especialmente griegos, que -pensaban- acudirían en gran m o s- convirtieron el ejército en una herramienta progresiva­
número por la buena paga y la riqueza de Cartago” (Diod. mente más leal a su general que les pagaba y guiaba que a la le­
XVI.81.3-4; Plut., Timol. X X V III.il). Pero los ciudadanos si­ jana entidad política que les contrataba.
guieron obligados a luchar en territorio africano: al final de la Pero, como señala E. Ferrer, el control por parte del Senado
Segunda Guerra Púnica y, de nuevo, en la Tercera vemos a los nunca desapareció. Así, a la muerte de Amílcar Barca en Hélice
ciudadanos cartagineses combatiendo con determinación para en 229 a. C., “los cartagineses entregaron el mando a Asdrúbal,
defender su ciudad, aunque no parece que superaran nunca los yerno de Amílcar y trierarca” (Pol. II.1.9). Y aunque unos años
doce mil hombres (Pol. 1.32-33), entre los que se contaban desde después sería ya el ejército de Iberia quien elegiría a Aníbal,
al menos el siglo IV a. C. un “batallón sagrado” (hieras lochos) hijo de Amílcar, como su jefe, en 221 a. C. fue la asamblea del
de jóvenes nobles escogidos, que en alguna ocasión llegó a pueblo quien confirmó dicha elección (Pol. III.13.4). La decisión
sumar dos mil quinientos hombres. de Aníbal para atacar Italia no fue tampoco unipersonal, la
La tercera modificación fue el peso creciente de contingentes tomó el Senado de Cartago (Pol. III.33), e incluso para el casus
extranjeros, pero no necesaria o exclusivamente “mercenarios”. belli de Sagunto, Aníbal consultó a Cartago previamente (Pol.
En el año 410 a. C., por ejemplo, “Aníbal durante el verano y el III.15.8). De hecho, resultando Aníbal victorioso en Italia tras
siguiente invierno reclutó numerosos mercenarios de Iberia, y Cannas en 216 a. C. sus enemigos políticos podían torpedear
asimismo enroló no pocos de entre los ciudadanos. También re­ sus esfuerzos regateándole los refuerzos que solicitaba (Liv.
corrió Libia, escogiendo los hombres más fuertes de cada ciudad XXIII. 13-14).
[...]” (Diod. XIV.44.6). Es en esta composición mixta triple en ¿Cómo era pues el ejército que Amílcar trajo a Iberia y que
la que debemos fijarnos para entender la composición aún más se desarrolló y combatió en ella en casi veinte años, entre 237
compleja de los ejércitos bárcidas en Iberia desde el 237 a. C. y 218 a. C.? Hacia 240 a. C. los ejércitos cartagineses de ultra­
mar hacía tiempo que habían abandonado esa base estructural
EL EJÉRCITO DE LOS BARCA EN IBERIA de milicia cívica que habían tenido en los siglos V y IV a. C.
(CA. 237 A. C.-219 A.C.) Debió de ser una fuerza plurinacional y compleja, cuyos efec­
La catastrófica pérdida de Sicilia y las reparaciones de guerra tivos desconocemos. Estaba formada por soldados de al menos
exigidas por Roma en 241 a. C., tras la Primera Guerra Púnica, cinco o seis diferentes categorías: (a) El “estado mayor” y los
empujaron a Cartago, según la teoría tradicional, a convertir una mandos superiores eran cartagineses o nobles africanos puni-
presencia comercial ocasional en las zonas costeras del sur de cizados y aliados como los númidas (como lo sería más adelante
Iberia en un imperio territorial que abarcaría las cuencas del Maharbal); (b) las tropas especiales (elefantes) eran gobernadas
Guadalquivir y del Segura, al menos. Sin embargo, hoy sabemos probablemente por súbditos africanos, y (c) el núcleo principal
que la presencia semita en el valle del Guadalquivir era más in­ del ejército estaba probablemente formado por libios no ciuda­
tensa de lo que se había creído, y el estudio de algunas concen­ danos, por tanto, súbditos del “im perio” cartaginés, (d) En
traciones numismáticas fechables en el siglo IV a. C. en el interior cuarto lugar, tropas “aliadas” y formalmente no súbditos, como
de Andalucía (El Gandul, Alcalá de Guadaira) ha llevado a algu­ caballería númida e incluso quizá contingentes aportados por
nos investigadores a postular una presencia militar cartaginesa las ciudades púnicas del sur de Iberia. Y además, (e) los mer­
fuerte e incluso permanente para la recluta de mercenarios ya en cenarios. Amílcar posiblemente traía consigo contingentes es­
dicha centuria. Pero esta idea no es aceptada por especialistas de pecialistas cualificados, en particular honderos baleares cuyo
peso: M. P. García-Bellido opina que estas monedas pudieron número se contaría en centenares más que en millares; y dado
llegar no en el siglo IV a. C., sino con Amílcar hacia el 237 a. C., que ya se contrataban desde siglos antes casi con seguridad
como “caja militar” muy envejecida (fenómeno bien conocido). contingentes ligures, celtas e incluso iberos o celtíberos reclu­
Sea como fuere, cuando Amílcar Barca llegó a Andalucía tados previamente mediante emisarios enviados a distintos pun­
en 237 a. C., inició -n o sabemos hasta qué punto por designio o tos y cargados con metal precioso (Pol. 1.32.1; Liv. XXX.21.3-
accidente- un proceso que toda una facción del Senado de Car­ 4). Finalm ente sabem os que los cartagineses utilizaban
tago, bajo la guía de la familia rival de los Hanón, llegó a con­ catapultas, artillería de torsión, probablemente manejadas por
siderar inconstitucional y peligrosa, al construir un ejército - ciudadanos cartagineses en pequeño número.
una fuente de poder- y controlar un territorio de manera más Entre los pueblos de la península ibérica hallamos entre 237 y
propia de un monarca helenístico que de un magistrado cartagi­ 218 a. C. ejemplos tres categorías locales de tropas. Una vez en
nés. Los sucesivos hegemones con una educación y visión hele­ Iberia, las zonas dominadas comenzarían a entregar contingentes
nísticas -así son considerados por buena parte de la historiografía bien en calidad de “impuesto”, como pueblos vencidos, o bien
reciente, como Barceló, Bendala, MacDonald y nosotros mis­ como aliados. Por ejemplo, cuando Amílcar desembarcó y derrotó
► Ejemplar de casco helenístico de tipo PILOS, subvariante KONOS,
de procedencia desconocida. Este tipo de producciones de bronce □ESPERTA FERRO | IS
nacen en Macedonia en época helenís­
tica y se popularizan a lo largo del Medi­
a Istolacio e Indortes reclutó en su propio ejército a tres mil de los
terráneo, aunque de forma m odesta.
Debe su nombre a la palabra griega
enemigos derrotados (Diod. XXV.10). Sabemos pues de tropas
kcovoc ; ("cono") alusiva a su forma aportadas por pueblos de las áreas que estaban bajo dominio directo
general. En el yacimiento púnico cartaginés en el sur y sureste de Iberia, tropas que con todo recibían
norteafricano de Es-Soumáa una paga y que no siempre resultaron fiables (por ejemplo en Hibera
se halló uno m uy similar, en 216 a. C., cf. Liv. XXIII.28.) También existían mercenarios con­
aunque dotado de orejas
tratados no individualmente, sino en unidades completas, y final­
en relieve, que es el que
reproducim os en la
mente debemos recordar que algunos de los pueblos iberos com­
ilustración. batieron al lado de los cartagineses en calidad de aliados. Alguna
fuente nos menciona que Asdrúbal el yerno de Amílcar, y luego el
propio Aníbal, casaron con princesas locales de Mastia y Cástulo
(respectivamente Diod. XXV. 12; y Liv. XXIV.41.7; Silio Itálico,
Púnica III.97-105). Este tipo de alianzas matrimoniales solían en
el mundo antiguo implicar vínculos militares aunque asimétricas o
desiguales, como en este caso. Sin embargo, todavía muchos trabajos
no valoran bien la distinción entre súbditos, aliados y verdaderos
mercenarios, una minoría. De este modo, Asdrúbal el Bello, sucesor
de Amílcar en Iberia en 229/228 a. C., pudo contar con un ejército
excepcionalmente numeroso de 50 000 infantes veteranos, 6000
◄ Reconstrucción de JINETE PÚNICO DE ÉPOCA BÁRCIDA (finales del caballos y hasta 200 elefantes (Diod. XXV.12).
siglo III a. C ). En palabras del poeta romano Silio Itálico (111.232 y ss.):
Las fuentes nos dicen que los Barca llevaron a cabo un
proceso de riguroso entrenamiento práctico de las tropas en su­
En prim er lugar, portando las enseñas, m archaban los jó ­
venes de la tiria Cartago, de ágiles m iem bros y carentes de cesivas campañas (Pol. III.35.8; III.89.5), algunas de las cuales
la insigne distinción que otorga una alta estatura, aunque pudieron recibir un largo permiso tras la toma de Sagunto en
expertos en el engaño y siempre dispuestos a urdir ocultas 218 a. C., y regresaron voluntariamente a filas para emprender
asechanzas. Llevaban en aquella ocasión un escudo rudi­ la azarosa expedición a Italia (Liv. XXI.21.5-8). De hecho Aní­
m entario y guerreaban con espada corta; iban descalzos
bal, en el breve plazo de dos años entre la toma del mando y su
y, como de costum bre, sin ceñir su cintura; solían disimular
con habilidad la sangre derram ada en com bate con vesti­
partida hacia Italia no solo asedió Sagunto, sino que marchó a
m entas de color rojo. lo profundo de la Meseta con su ejército, contra territorio de
los olcades y los vacceos (Pol. III. 14; Liv. XXI.5) y en su
Adem ás de la m encionada cita, nuestra ilustración em plea como marcha entre el Ebro y los Pirineos aprovechó para derrotar a
inspiración una figura de terracota hallada en Argelia, fechada a los ilergetes y otros pueblos.
principios del siglo II a. C. y que representa a un jin ete libio o pú­
Aunque Polibio (VI.52) consideró la estructura del ejército
nico. El pinjante en form a de creciente lunar que lleva al cuello
sería, probablem ente, un AMULETO alusivo o asociado a la divi­ romano como más fiable que la del cartaginés, este se aproxi­
nidad púnica TANIT. La espada corresponde no a la célebre falcata maba en su complejidad a la de un ejército helenístico, con una
ibérica, como pudiera pensarse, sino a un m odelo helenístico de mezcla de tropas de línea y ligeras, mercenarios especializados,
un filo y de hoja curva: la KOPIS griega, m uy popular en la panoplia armas especiales (elefantes), fuerte caballería pesada y ligera...
de las tropas m ontadas de época helenística. En cuanto a la vaina
lo que le dotaba de un gran potencial en manos de un buen ge­
de este tipo de espada, poco sabem os, por lo que la de nuestra
neral con carisma. Mientras que Livio resaltaba de Aníbal que
imagen ha de entenderse com o plausible conjetura. El casco re­
produce el ejem plar hallado en Es-Soumáa, Argelia. El escudo se “nada más llegar, se ganó a todo el ejército” (XXI.4.1), no
inspira en la ya m encionada terracota; es relativam ente amplio, re­ puede decirse lo mismo de las continuas disensiones entre otros
dondo, y se dota de un um bo m etálico semicircular, seguram ente generales cartagineses.
de bronce, algo que contrasta con la práctica norteafricana del pe­
riodo y que posiblem ente haya de explicarse por efecto de la in­
UN PLAN SISTEMÁTICO DE GUARNICIONES
fluencia itálica. ©Marek S zyszko
FORTIFICADAS Y ARTILLADAS
Elemento clave en la conversión del sur de la Península en una
gran base logística y militar de Cartago fue la creación de un
plan sistemático y bastante unificado de fortificaciones. Aparte
▼ Espada de hierro de tipo KOPIS , producción de origen griego po­ de la poco fiable y semindependiente Gadir, conocemos ya
pular entre los siglos V y III a. C. Su nombre original en lengua griega, bastantes recintos fortificados de época bárcida. Destaca por
Koníc;, deriva del verbo "cortar" lo que prueba que su diseño estuvo supuesto el gran arsenal y la base naval de Cartago Nova (fun­
orientado al em pleo como arma tajante antes que perforante. No
dada por Asdrúbal el Bello, ca. 227 a. C.). Pero también el
ha de confundirse con la falcata ibérica, con la que no está relacio­
nada a pesar de la similitud formal. El ejem plar que aquí vem os pro­
Tossal de Manises (Alicante), probablemente un puesto avan­
cede de la necrópolis etrusca de Malpasso (Gualdo Tadino, Italia) y zado de defensa de Cartago Nova; Carteia (bahía de Algeciras)
data del siglo V a . C. y Castillo de Doña Blanca (Cádiz), quizá el Cerro del Trigo
(Granada), etc. Sus murallas comparten técnica de construcción,
módulos, espacios interiores utilizables en las murallas (caser-
: ñas), torres tripartitas para colocar catapultas, etc (véase “Las
| fortificaciones bárquidas en la penínsuljTibérica” en D espena
j F e rro Antigua y M edieval n.° 17). ^

i
*
1
ZD . OESPERTA FERRO ◄ Figura de bronce hallada en el santuario Ibérico del Co­
llado de los Jardines (Santa Elena, Jaén) donde fue de­
positada com o ofrenda (EXVOTO) a la divinidad.
Las fortificaciones púnicas del sur de­ Representa, acaso deform a idealizada, al oferente, en
bieron estar guarnecidas por contingentes este caso un joven guerrero. Nótese la túnica ajustada
por un cinturón del que pende un puñal (probable
africanos, más fiables que los locales y me­
signo de la condición de libre de su posesor). Nótese
jor preparados para el manejo de artillería.
tam bién el peculiar peinado, anudado con una cinta y
El tesorillo de monedas de la muralla bár- del que penden sendas trenzas o tirabuzones laterales
cida de Doña Blanca que nosotros excava­ tras de las orejas. Al costado Izquierdo suspende un
mos muestra que se les pagaba a veces en pequeño escudo redondo (caetra) apenas perceptible.
moneda de cobre muy degradada con altos
porcentajes de plomo, séquels acuñados po­
siblemente en Cartago entre 221-210 a. C.
y perdidos junto a su faltriquera por un sol­ ESPADA DE TIPO LA TÉNE A ha­
dado hacia el 206 a. C., momento de la de­ llada, presumiblemente, en el yaci­
rrota definitiva de Cartago en Iberia. m iento de Osma (antigua Uxama
Un elemento que sin duda distinguió Argaela), Soria. Su longitud ronda
los 65 cm. Es el prototipo de espada
a los ejércitos de Cartago en Iberia en este
peninsular en el que se Inspiraron
periodo, e incluso de los romanos hasta los romanos para producir su céle­
cerca de 209 a. C., es el empleo abundante bre gladius hispa niensis. Museo Ar­
de artillería (catapultas lanzadardos y lanza queológico Nacional, Madrid.
bolaños de piedra). Se empleaban como
elemento defensivo documentado no solo
en Cartago Nova por Livio (XXVI.47), o
por la forma peculiar de las torres del Tos-
sal, sino por los bolaños de andesita vol­
cánica de este último yacimiento que solo
pueden proceder de la base principal de
Cartago Nova, probablemente traídos en
barco. También se empleaban en opera­
ciones ofensivas; así, en la toma de
Arse/Sagunto los cartagineses de Aníbal ► MOHARRA DE LANZA ibérica fabricada en
no solo emplearon torres de asedio (que hierro procedente del yacimiento de la Bas­
ya se habían usado en Sicilia desde el siglo tida de Les Alcusses (M oixent, Valencia).
V a. C.) sino catapultas de varios tipos Museo de Prehistoria de Valencia.

(Liv. X X I.ll), que no parecen haber sido


llevadas por Aníbal en su marcha a Italia
ya que no se mencionan.

EL EJÉRCITO DE ANÍBAL
Y LA M ARCHA HACIA ITALIA
(221-218 A. C .)
Suele creerse que, del mismo modo que
Alejandro heredó una máquina de guerra
bien engrasada de Filipo, Aníbal lo recibió
▲ Ejem plar magníficamente conservado de FALCATA IBÉRICA procedente de la necrópolis
de su padre. Sin embargo, G. Brizzi ha bastetana de Los Collados (Almedlnilla, Córdoba). Nótese la presencia de uno de los puentes
propuesto recientemente que Aníbal ha­ de la vaina que todavía abraza la hoja del arma, así com o la arandela de suspensión de
bría forjado un ejército distinto a los otros tahalí, únicos testimonios supervivientes de la vaina original.
de Cartago también en el sentido táctico.
Según su hipótesis, atractiva pero basada
► Reconstrucción de GUERRERO IBERO al servicio de la dinastía bárcida. Viste túnica de
solo en una interpretación quizá abusiva
lana decorada con motivos geométricos bordados en el cuello y los bordes, motivos estos
del término táctico speira, que Polibio que se inspiran en los em pleados por estas mismas fechas para decorar los vasos cerám i­
emplea tanto para los 120-180 hombres cos ibéricos. Conform e a la costum bre tanto entre hom bres com o m ujeres, ciñe su túnica
del manípulo romano (VI.24.5) y para las con un ancho cinturón de cuero que cierra por medio de una aparatosa HEBILLA de hierro
subunidades cartaginesas en Cannas dam asquinado. Sus arm as consisten en una lanza ordinaria, que blande con la diestra, así
(II 1.114). Según Brizzi, Aníbal habría como un SOLIFERREUM o lanza arrojadiza enteram ente de hierro, que sostiene junto con
el escudo con la mano opuesta. Como arma secundarla, dispone de una ESPADA DETIPO
abandonado la falange empleada por su
LATÉNICO en su variante peninsular. Se trata de un arma de filos rectos y gran longitud
padre Amílcar, pasando a usar estas uni­ (en torno a 65 cm) que servirá de prototipo en el que se inspiren más tarde los romanos
dades menores similares al manípulo ro­ para fabricar el célebre gladius hispaniensis. Su escudo, redondo y plano, de unos 60 cm
mano. Aunque algunos indicios apuntan de diám etro y dotado de umbo central, corresponde a lo que los romanos denom inaron
en esa dirección (por ejemplo la alternan­ CAETRA, un modelo m uy popular en toda la Península durante la protohlstoria. Ciñe el
peinado con una cinta de esparto y luce sendas TRENZAS o coletas laterales, costumbre
cia de unidades galas e iberas en el centro
muy común entre los guerreros Iberos tal y com o delata la iconografía del periodo. Sabe­
de la línea en Cannas), no hay en las fuen-
mos que en el caso de las m ujeres era atributo exclusivo de las más jóvenes, solteras aún,
y nada nos impide pensar que en el caso m asculino sucediera lo mismo. Por último, calza
unas esparteñas de fibra de esparto trenzada. s m a r e k Szvszko
□ESPERTA FERRO 21

Venablo arrojadizo fabricado de una única


pieza de hierro, conocido como SOLIFE-
RREUM ("enteram ente de hierro") por las
fuentes latinas y OLOSIDEROS por las grie­
gas, término que se traduce de forma similar.
Este ejemplar, hallado en la necrópolis de Los
Collados (Almedinila, Córdoba) ha de datarse
entre los siglos IV y III a. C. y formó parte, en
origen, del ajuar funerario de una tumba ibé­
rica, sin duda aquella de su propietario. El as­
pecto actual del arma, doblada por varios
puntos, no es producto de la mala conserva­
ción sino efecto de la inutilización ritual a la
que se sometió el arma en el momento del
sepelio. De este modo, el arma "moría"junto
con su dueño, y era enterrada con este.

◄ MANILLA DE ESCUDO ibérico de


tipo CAETRA. El resto del escudo
sería orgánico (madera, cuero,
lienzo) por lo que no se ha con­
servado. Nótense las arandelas en
los extrem os, que permiten el
paso de un cabo para suspender
el escudo del hombro. Procede
del yacim iento de Castellet de
Bernabé (Liria, Valencia).

UMBO DE ESCUDO ibérico perteneciente a un


modelo tipo thureos, ovalado, hallado en el yaci­
miento deTossal de San Miguel, la antigua Edeta
(Liria, Valencia). La mayoría de los umbones se­
rían probablem ente de madera, pero en este
caso el hierro ha sido el material elegido.
22 DESPERTA FERRD

Evolución de los efectivos de Aníbal según las principales fuentes literarias


Infantería Inf. ligera Caballería Tota) inf. Total cab. Total Elefantes Otros

Poi. 3,33, 8-11 13 850 870 baleares 1200 14 720 1200 15 920 4000 a Cartago
Enviados
a África 4000 iberos a
Liv. 21, 21, 12 13 850 870 1200 14 720 1200 15 920
Cartago Nova
Poi. 3, 33, 450 libiofenicios
Quedan 11 850 africanos
15-16 500 baleares 300 ilergetes 12 350 2550 14 900 21
en Iberia 300 ligures
Liv. 21, 22,1-3 1800 númidas
Cruzan Poi. 3, 35, 1 90 000 12 000 102 000
el Ebro Liv. — —
Con
Poi. 3, 35, 5 10 000 1000 Licencia 10 000
Hanón
inf. y 1000 cab.
entre el
Ebro y los Liv. 21, 23, 4-5 10 000 Licencia 3000 +
1000
Pirineos 7000
Poi. 3, 35, 7 e 9000 (deberían
Cruza los 50 000 20 000 (inferido) 79 000
inferido ser 10 000)
Pirineos
Liv. — — —
12 000 africanos
Poi. 3, 56, 4 6000 20 000 6000 26 000
8000 iberos
Llegan Según L.
a Italia Cincio, Aníbal
Liv. 21, 38, 2-5 20 000-100 000 6000-20 000
pierde 36 000
desde el Ródano

tes datos claros de una revolución táctica semejante, entre el sis­ consumiéndose, de modo que los ejércitos cartagineses de Iberia
tema helenístico y el romano que sin duda hubiera merecido al se formaron desde muy pronto fundamentalmente con hispanos
menos una explicación detallada (al menos de Polibio). (véase “El Ejército cartaginés en Iberia durante la Segunda Guerra
En cambio, un fenómeno que se aprecia arqueológicamente Púnica” en Despena Ferro Antigua y Medieval n.° 17).
en las dos últimas décadas del siglo III a. C. es la incorporación
a la panoplia ibérica de nuevas armas, especialmente defensivas, B IB L IO G R A F ÍA B Á SIC A
más adecuadas a una guerra de alta intensidad como las que li­ Barceló, P. (2012): "Aníbal y la helenizaclón de la guerra en
brarían con y contra cartagineses y romanos. Aunque no des­ Occidente) en S. Remedios, F. Prados y J. Bermejo {eds.) Aníbal
plazaron a modelos anteriores, el escudo oval o thureos y el de Cartago. Historia y Mito, pp. 159-175. Madrid: Polifemo.
casco de bronce de tipo Montefortino se introducen en esta Domínguez Monedero, A. J. (2017): "El ejército de Aníbal, una
época, posiblemente a partir de influencia púnica. fuerza de mercenarios"en F. Prados, H. Jiménez, J. J. Martínez
Conocemos bien la composición del ejército de Aníbal hacia (eds.) Menorca entre fenicios y púnicos, pp. 17-39. Rueda:
219 a. C. donde destaca la permuta de tropas entre África e CEPOAT-Unlversidad.
Iberia que interpreta Polibio explícitamente (III.33; Liv. XXI. 11) Moret, P. (2013): "Las fortificaciones bárquidas en la península
como una forma de asegurar la lealtad de aliados y súbditos ibérica". Despertó Ferro Antigua y medieval, 17, pp. 38-43.
alejándolos de su patria (una práctica ya ejecutada en el Egipto Quesada Sanz, F. (2005):"De guerreros a soldados. El ejército de
faraónico), más que como un desplazamiento de poblaciones Aníbal como un ejército cartaginés atípico''. Guerra y Ejército
enteras como ha propuesto Gozalbes Cravioto. En todo caso, en el mundo fenicio-púnico. XIXJornadas de Arq. fenicio-púnica,
Polibio se esmera en indicar que las cifras que proporciona son pp. 129-161. Eivissa: Museu Arqueológic d 'Eivissa.
exactas, tomadas de una fuente primaria: una inscripción que Quesada Sanz, F. (2009): "En torno a las instituciones militares
el propio Aníbal ordenó grabar y dedicar en el templo de Hera cartaginesas". Instituciones, Demos y ejército en Cartago, pp.
143-172. Eivissa.
Lacinia, cerca de Crotona, en Italia (III.33.18).
Es interesante también la presencia en el ejército de Aníbal,
E Bibliografía completa en www.despertaferro-ediciones.com
mencionada en numerosas ocasiones por Polibio y Livio, junto
con contingentes iberos desde el Ebro al Guadalquivir, como bien
ha visto P. Moret, de tropas del interior peninsular, como oretanos, Femando Quesada Sanz es catedrático de
olcades, carpetanos, celtíberos y lusitanos. Por el contrario, las universidad y director del Departamento de Prehistoria
y Arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid. fJ¡L i « ¡y
fuerzas africanas enviadas a Iberia por el Senado de Cartago nunca
Entre otros cargos y distinciones es miembro S¡¡J
fueron muy numerosas después del gran traslado del 219/18 a. C.
correspondiente del Instituto Arqueológico Alemán y
y disminuyeron con el tiempo (App., Iberia 16; Liv. XXIII.26.2;
patrono de la Fundación Pastor de Estudios Clásicos. Especialista en
XXIII.27.9-12) Ya en 216 a. C. Asdrúbal había tenido que “protestar arqueología e historia militar antigua, dirige el grupo de investigación
de forma insistente y durante largo tiempo” (Liv. XXIII, 26, 2) consolidado Potemos de la UAM, en cuyo marco ha dirigido una decena
para que desde África se le enviaran unos míseros 4000 infantes y de tesis doctorales y diversos proyectos de l+D y excavaciones
500 jinetes, y cuando desde Cartago se le ordenó marchar a Italia arqueológicas relacionadas con la conquista romana de Hispania.
protestó por la escasez de sus efectivos (Liv. XXIII.27.9-12). Pero Antiguo director de la revista Gladius (CSIC), entre su medio millar de
estas fuerzas africanas enviadas a Iberia eran insuficientes y fueron publicaciones científicas y divulgativas destacan las de tema militar.
Asdrúbal el Bello
Un estadista en provincias
Jorge García Cardiel - Universidad Autónoma de Madrid

O cho años después de su desembarco en G adir en 237 a. C., el


GENERAL AMÍLCAR BARCA ENTREGABA LA VIDA, DEJANDO DESCABEZADO
AL EJÉRCITO CARTAGINÉS DESTACADO EN LA PENÍNSULA IBÉRICA. CUENTA
A piano (.Ib e r ia 5) que la debacle tuvo lugar debido a una artera
ESTRATAGEMA DE LOS IBEROS, QUE LANZARON CONTRA LAS FILAS
CARTAGINESAS UN SINFÍN DE CARROS TIRADOS POR BUEYES REPLETOS DE
MADEROS EN LLAMAS, PROVOCANDO ASÍ LA RUPTURA DE LA FORMACIÓN
PÚNICA. POLIBIO (II. 1.8) ASEGURA QUE A M ÍLC A R PERECIÓ EN PLENA
REFRIEGA CUANDO, CERCADOS SUS HOMBRES POR UNOS ENEMIGOS DE GRAN
VIGOR NO DUDÓ EN LANZARSE ÉL MISMO AL COMBATE, CON RESULTADOS
FUNESTOS. DlODORO ( X X V .1 0 ) , EN CAMBIO, MANTIENE QUE EL CARTAGINÉS
FALLECIÓ AHOGADO CUANDO, HUYENDO DE SUS ENEMIGOS, TRATÓ DE CRUZAR
UN RÍO JUNTO CON SU CABALLO. NOTICIAS VARIOPINTAS QUE OSCURECEN, QUIZÁ,
NUESTRO RELATO DE LOS ACONTECIMIENTOS, PERO QUE HABLAN DE LA DIFÍCIL
GESTIÓN DE UN TERRITORIO DE FRONTERA; DEL TERRITORIO PROVINCIAL QUE
C artago trataba de crear en la P enínsula , para lo que había despachado a
LA REGIÓN A BUENA PARTE DE SU EJÉRCITO, COMANDADO POR EL ADALID DE UNA DE SUS
PRINCIPALES FACCIONES POLÍTICAS: AMÍLCAR BARCA.

flota y su segundo al mando. Tiempo tuvo Asdrúbal, durante


uando la suerte de Amílcar llegó a oídos de Asdrúbal,

C este acudió al lugar junto con el grueso del ejército


cartaginés. El suyo fue un movimiento osado, pues,
pese a tratarse del yerno de Amílcar y su segundo en Híspanla,
no estaba tan claro que fuera él quien debía heredar el mando.
aquellos siete años, de ganarse la sim patía de las tropas con
sus gestas militares y sus donaciones pecuniarias. Su vínculo
con la facción política de los Barca permaneció, entretanto,
inquebrantable.
Pese a todo, en una campaña fugaz, sojuzgó a las comunidades
EL CAM PEÓN DE LA FACCIÓN DE LOS BARCA
ibéricas que habían provocado el magnicidio y dio muerte a
Parece ser que la política cartaginesa del momento estaba do­
sus principales cabecillas. La hegemonía cartaginesa sobre el
minada por dos grandes facciones: una de ellas, la abanderada
mediodía peninsular quedó así restablecida y, de paso, Asdrúbal
por Hanón el Grande, valedora de los intereses de los grandes
se vio legitimado a ojos de la tropa como el digno sucesor de
latifundistas africanos y proclive a sentar las bases de un creci­
su suegro. Al Senado cartaginés, a 1300 km de allí a vuelo de
miento económico y comercial sostenido; y la otra, la repre­
pájaro, no le quedó más opción que aceptar la voluntad entu­
sentada por los Barca, partidaria del imperialismo ofensivo y
siasta de los soldados.
de reparar los agravios que Roma había cometido contra Cartago
Y es que Asdrúbal el Bello nunca había sido demasiado
al final de la Primera Guerra Púnica. Es en este escenario pola­
popular entre las élites cartaginesas. La primera noticia que
rizado en el que debe encuadrarse el desempeño político y mi­
tenemos sobre él sobreviene al final de la Primera Guerra Pú­
litar de Asdrúbal. Semejante escenario explica las calumnias
nica. Amílcar, general en jefe de las tropas cartaginesas en
que sobre él se vertieron, pero también los apoyos que desde el
Sicilia durante la última fase del conflicto, fue encausado por
Estado cartaginés se le prodigaron y buena parte de las princi­
su controvertida gestión de la derrota, pero la intervención de
pales controversias sobre su mandato.
Asdrúbal y algunos otros potentados afines evitó que el juicio
Sostiene Fabio Píctor ( apud. Pol. III.8.2), uno de los pri­
llegara nunca a celebrarse. La asociación entre Amílcar y el
meros historiadores romanos, que, poco después de asumir el
por entonces joven y apuesto Asdrúbal (de ahí su apodo) pros­
mando sobre las tropas destacadas en Iberia en 229 a. C„ As­
peró rápidamente. Tanto es así que no tardaron en propagarse
drúbal se presentó en Cartago con la intención mal disimulada
rumores malintencionados sobre la equívoca relación entre
de deponer el orden constitucional republicano vigente y hacerse
am bos, rum ores en razón de los cuales, según N epote
proclamar rey; pero que, ante la oposición cerrada de sus de­
(XXII.3.2), se llegó a prohibir que los dos varones se reunieran
tractores, hubo de regresar a Iberia para continuar guerreando
en privado. Su alianza, no obstante, terminó cristalizando en
allí a las órdenes del Senado cartaginés. Sea o no cierta la anéc­
el matrimonio entre Asdrúbal y la hija de Amílcar, que acabó
dota, su mera mención en las crónicas da buena cuenta de la
momentáneamente con las maledicencias. Cuando Amílcar
tensión que a finales del siglo III a. C. existía entre el Estado
partió hacia Hispania para crear en la región una provincia
cartaginés y los prohombres a los que enviaba a provincias
cartaginesa, llevó consigo a Asdrúbal como almirante de la
DESPERTA FERRO 25

◄ SORTIJA DE ORO PÚNICA procedente de la necrópolis de Pulg deis M olins(lbiza) y fechada entre los siglos III y II a .C . Las islas Baleares reci­
bieron el influjo cultural púnico con mayor intensidad, si cabe, que la costa peninsular, y la m encionada necrópolis es un ejem plo claro de
ello. La sortija representa a un varón que luce barba puntiaguda, conform e a la moda norteafricana del periodo. Pero el peinado y la barba
form an, a su vez, un segundo dibujo: el de dos aves que se tocan por el pico. Bajo el cuello del personaje aparece la figura de un DELFÍN, em ­
blema indiscutiblem ente púnico y de carácter religioso, muy presente en la num ism ática cartaginesa, aunque no está claro si alusivo a la diosa
TANIT o al dios MELKART. Museo Arqueológico Nacional de España. ©DORIEO
▼ PLACA DE CINTURÓN de plata de 5,5 cm de anchura. Proviene del yacim iento de El Alm arejo (Bonete, Albacete) y se fecha en el siglo III a. C.
En origen, formaría parte de un lote de placas sim ilares que decorarían, por el exterior, un cinturón orgánico. Nótense los cuatro remaches de
bronce que asom an en las esquinas, y que en origen servirían para fijar la placa al cinturón. Lo relevante de este ejem plar es que, a pesar de
haber sido hallado en un contexto indígena (en territorio oretano) y m ostrar rasgos ibéricos, refleja asim ism o una acusada influencia púnica.
A la izquierda vem os un individuo armado con un escudo redondo de tipo caetra, m uy popular en el ám bito ibérico; con una m ano sostiene
las riendas de un caballo cuya cabeza acaricia con la opuesta. Representa, aparentem ente, a un guerrero ibérico. Sobre el lomo del caballo se
aprecia, sin em bargo, un motivo form ado por tres curvas que, según sabem os, es la esquem atización de una palmera en el arte púnico, donde
funciona a modo de atributo característico del dios Baal Hamm on. Por lo mismo, parece tratarse de un ejem plo de HIBRIDACIÓN DE AMBAS
CULTURAS y punicización del ám bito ibérico. Museo de Albacete. ©Enrique íñiguez Rodríguez (Qoan)

como sus representantes, invistiéndoles necesariamente de un Todas estas decisiones, por supuesto, fueron sancionadas a pos-
poder que, dadas las limitaciones de la administración territorial teriori por el Estado cartaginés. Pero todas ellas dieron pábulo
que por aquel entonces caracterizaba a los Estados, les convertía a que parte de los historiadores modernos (¡y también algunos
en verdaderos poderes periféricos. Siglo y medio después, de antiguos como Fabio!) defendieran que los generales cartagi­
hecho, Roma se vería aquejada de idénticos problemas cuando neses destacados en Iberia aspiraban a convertirse en monarcas
hombres como Pompeyo o César levantaran estructuras cua- independientes. No parece que fuera así. Pese a su enorme li­
siestatales en sus respectivas provincias (véase Despertó Ferro bertad de acción, imprescindible para controlar un territorio
Antigua y M edieval n.° 19: César contra Pompeyo). Durante provincial tan lejano de una Cartago privada de buena parte de
sus ocho años al frente de la provincia hispana, Asdrúbal lidió su marina, Asdrúbal se mantuvo siempre fiel al Estado cartagi­
guerras, fundó ciudades, acuñó moneda y negoció directamente nés o, cuando menos, a los intereses de la facción política del
con las comunidades hispanas e incluso con la propia Roma. mismo que él abanderaba, la de los Barca.
ZG DESPERTA FERRO
Cartago Nova, urbs opulentissima
El avance de la conquista en Iberia, con la metódica
Acaso la evidencia más clara de ello sea la consideración expansión hacia el norte, abre a los cartagineses a
que Asdrúbal mostró siempre hacia su cuñado, Aníbal. Cuando nuevos y ricos espacios de explotación y control. El
Amílcar invadió Hispania al frente de los ejércitos púnicos, eje sobre el que pivota el poder púnico en la Península
abandona ahora el valle del Guadalquivir y se mueve
además de a Asdrúbal llevó consigo a su hijo Aníbal, que por
hacia el Levante. Allí establece Asdrúbal el Bello una
aquel entonces apenas contaba diez años. En 229 a. C., a la nueva base de operaciones cartaginesa, un baluarte
muerte de su padre, Aníbal era demasiado joven para suce- militar, económico y también político de primer nivel,
derle, por lo que fue enviado a Cartago, pero unos años des­ sobre el que los bárcidas cimentan ahora su poder. La
pués, Asdrúbal le llamó de vuelta a Hispania. Lo sabemos nueva ciudad, llamada Cartago Nova, se encuentra al
fondo de una amplia y profunda bahía (el único puerto
gracias a Tito Livio (XX I.3.2), que relata el encendido debate
de Iberia capaz de albergar una escuadra y una arma­
que el llamamiento de Asdrúbal desencadenó en el Senado da naval) sobre una península unida al continente solo
cartaginés. Estaba en juego el control del ejército más pode­ por una estrecha franja de tierra que discurre entre
roso de Cartago y algunas de sus principales fuentes de fi­ varios cerros, lo que la convierte en un formidable em­
nanciación, ya que, si Aníbal se integraba en el que había plazamiento defensivo.
Al margen de su privilegiado posicionamiento geoes-
sido el ejército de su padre, era probable que en el futuro los
tratégico, en las inmediaciones del enclave se encuen­
soldados terminaran aclamándole como su nuevo comandante, tran las estribaciones la sierra minera de Cartagena-La
sin que el Senado pudiera hacer nada para oponerse a ello. Unión, una cadena montañosa que se extiende a lo lar­
Hanón y sus partidarios recurrieron a sus antiguas insidias, go de 26 km (hasta el cabo de Palos), muy rica en plomo
aduciendo que, si Asdrúbal llamaba a su lado a Aníbal, era y afloramientos argentíferos. Son precisamente estas
minas las que determinan que Asdrúbal el Bello escoja
para cortejarlo, de la misma manera que Amílcar lo había he­
este emplazamiento para levantar lo que se converti­
cho con él. Pero sus argumentos no lograron imponerse, y rá inmediatamente en el principal bastión cartaginés
Aníbal regresó a la península ibérica. Los soldados, muchos en Iberia. A la minería se une la industria del salazón
de los cuales le habían conocido de niño, le recibieron con y del esparto (indispensable para la cordelería naval),
entusiasmo, y más aún cuando el joven hizo gala de sus sin­ motores económicos de la población, además de toda
la actividad inherente a su utilización como base de
gulares dotes militares. Asdrúbal no vio óbice en promocio-
operaciones, y arsenal del ejército y la flota púnicas.
narle, por lo que le nombró comandante de la caballería, asig­
nándole las misiones más delicadas y publicitando sus gestas
y méritos. Incluso acuñó monedas con su efigie. No temía,
pues, que el joven le suplantara, pues Asdrúbal no se com­
portaba en Iberia como un monarca independiente. Era, por
así decirlo, un general de Cartago y Aníbal representaba el
futuro de los intereses de la facción política a la que él mismo
pertenecía.

LA POLÍTICA EDILICIA EN IBERIA: CONTROL


MILITAR Y EXPLOTACIÓN PROVINCIAL
Tras desembarcar en Gadir en 237 a. C., Amílcar penetró junto lica?). Y es que, con la creación de Cartago Nova, Asdrúbal
con sus tropas hasta Sierra Morena, el producto de cuyas minas pretendió crear una copia en miniatura, completa en sí misma,
constituía el objetivo prioritario de los cartagineses en Hispania. de la ciudad madre. A sí lo atestigua la media docena de tem ­
Fue allí donde, en el curso de los combates con las poblaciones plos que se alzaban, según describe m inuciosam ente Polibio
locales, encontraría la muerte siete años después. (X.10), sobre las colinas de la ciudad y que estaban consa­
Asdrúbal, como hemos visto, consagró todas sus fuerzas a grados a las principales divinidades del panteón cartaginés.
someter a los príncipes iberos que habían provocado la muerte Y también lo dem uestran las gruesas murallas, de una tipo­
de su suegro, consolidando de paso el poder cartaginés sobre logía nunca antes vista en la península ibérica, documentadas
la región minera. Acto seguido, volvió su atención hacia el su­ en el área arqueológica cartagenera de La M ilagrosa y, más
reste. Los cartagineses, al fin y al cabo, contaban con la alianza recientem ente, en las faldas del Cerro del M olinete. Una
de los puertos fenicios del mediodía peninsular, pero segura­ acrópolis monumental, el arx A sd rú b a lis, rem ataba el con­
mente no creyeron prudente basar todo su poderío ultramarino junto sobre la cima de este último cerro, aunque, más allá de
en la buena voluntad de sus aliados. Se imponía, pues, dotarse cierta hipótesis controvertida que identifica unos recortes en
de una buena base naval propia, en la que atracar la flota y sus faldas con el supuesto palacio del general púnico, desco­
desde la que encauzar las riquezas hispanas (los metales pro­ nocemos siquiera qué apariencia tendría este núcleo monu­
ducidos en las minas de Sierra Morena, para empezar) hacia mental.
Cartago. Y el mejor fondeadero natural en la costa sureste his­ Es más, parece que, no contento con la fundación de Cartago
pana era, y sigue siendo, la bahía de Cartagena. Nova, A sdrúbal instauró una segunda ciudad. Es Diodoro
En 227 a. C., A sdrúbal creó su ciudad en una pequeña (XXV. 12) quien nos transmite la noticia, aunque no menciona
península que se internaba en la bahía, arrinconada entre es­ ni su nombre, ni su ubicación, por lo que difícilmente podemos
teros. La bautizó con el nombre de Kart Hadasht, en latín identificarla. En los últimos tiempos, no obstante, se ha pro­
Cartago Nova, Nueva Cartago, pues la consideró una pro­ puesto con cierta verosimilitud que Diodoro podría estar alu­
longación de la metrópolis (¿recuerda el lector, quizás, que diendo al Tossal de Manises (Alicante), un núcleo amurallado
la primera colonia romana en Hispania, implantada en Santi- que se creó precisamente por esas fechas, con población ma-
ponce apenas veinte años después, recibió el nombre de Itá­ yoritariamente ibérica, pero rodeado de unas fortificaciones de
C a rta g o N o va p ú n ica
Un enclave privilegiado
m a r / S /T7 c

Por lo que sabemos, los iberos ya aprovechaban la


colina de Aletes riqueza mineral de estas montañas aunque serán los
. colina de Cronos

Arx Hasdrvbalis
.Vf cartagineses quienes, durante su corto período de
dominación, den el impulso decisivo a su extracción.
Probablemente sea la plata de estos yacimientos la
__ -colina de Hefesto
Ì que sostenga el coste de la expansión púnica en Ibe­
A
Cartago Nova il- ria y la que permita a Aníbal preparar la invasión de la
_ perímetro teórico de
251 m la muralla cartaginesa península itálica durante la Segunda Guerra Púnica
-V Sin embargo, la explotación intensiva de la sierra mi­
colina de Esculapio nera de Cartagena-La Unión se producirá más tarde,
*0»
ue/ en época romana. Polibio afirma, a mediados del si­
Puerto glo II a. C., que más de 40OOOhombrestrabajan simul­
táneamente en las minas de esta cadena montañosa
(ap. Estrabón, III. 2.10)

A
208 m A
223 m

. V»

sierra mi
254 m
A
El golfo en cuyo extremo se levanta Cartago 296 m
Nova está a salvo, por lo general, de las in­
clemencias del mar. Solo en pocas ocasiones , 't í i É l S
pueden las olas alterar la calma de este para­
je. El espacio tiene, en esta época, una profun­
didad de unos 1800 m y una anchura mínima de
700 m en su embocadura. 500 1000 r

C a rta g o N o v a
Pasado y presentede la capital púnica
. ' . u : ______ ~
_ En los últimos años la investigación arqueo-
I lógica orientada al conocimiento de la Car-
I tagena púnica ha avanzado enormemente. L
■ Aun así, los resultados son todavía tímidos i
I e inseguros, dada la especial problemática A
I ' ener Que excavar en un casco urbano y ^
I Ia mala conservación de los restos por efec- n
■ to de la ocupación del lugar desde época M
■ púnica hasta nuestros días. Destaca, sobre f /)
I todo, la identificación de algunos tramos de ,
■ la muralla púnica y de su foso (en La M ila­
grosa y otros puntos) un posible santuario
púnico, cisternas de acopio de agua de lluvia
y, sobre todo ello, los restos de lo que posi­
blemente corresponda al A rx Hasdrubalis
o palacio erigido por Asdrúbal el Bello en
el cerro del Molinete.

O Cerro Molinete - ¿A rx Hasdrubalis?


© Posible santuario púnico

© Gruta con altares de posible origen


púnico
O Posible tramo de muralla
O Cisterna en "C"
©Hipogeo púnico
O Cisternas
© Cisterna en "C"

© M uralla púnica de La Milagrosa


© Posiblefoso de muralla Desp erta Ferro Edicio n es

j w w w .despertaferro-ediciones.com
28 I DESPERTA FERRD
► Reconstrucción de una escena de los ESPONSALES DE ANÍBAL
BARCA Y LA PRINCESA IBERA HIMILCE, suceso que debió de pro­
ducirse durante el gobierno de su cuñado Asdrúbal el Bello (228-
221 a. C.) y en el marco de la política auspiciada por este, consistente
en el establecim iento y la consolidación de relaciones diplomáticas
am istosas con los pueblos indígenas. Los oretanos habían desta­
cado en el pasado por estar entre quienes mayor resistencia habían
opuesto a la expansión del dominio púnico, hasta el punto de que
el fundador de la estirpe, Am ílcar Barca, halló la muerte en el curso
de una operación militar encaminada a someterlos (en las cercanías
del oppidum oretano de Hélice, acaso la moderna Elche de la Sierra).
Con su sucesor, Asdrúbal el Bello, la estrategia dio un giro de 180°
y así se explica este m atrimonio de Aníbal con Himilce, hija de un
alto dignatario de la ciudad oretana de Cástulo -a quien Silio Itálico
(Púnica 111.97) denom ina Castalio de Cirra, aunque es un dato que
no debem os tom ar con total credibilidad, pues se asemeja dem a­
siado al nombre de su ciudad - Según las fuentes, el propio Asdrú­
bal tomó asimismo en matrimonio a la hija de un rey ibero (Diodoro
Sículo XXV). De resultas de todo ello, los oretanos pasaron de ser
hostiles a uno de los más sólidos aliados de Cartago en la Península.
A decir de Livio: "Cástulo, fuerte y célebre ciudad de Hispania, es­
trecham ente unida a los cartagineses hasta el punto de que la es­
posa de Aníbal era de allí" (Liv. XXIV.41.7). Conform e a estos
testimonios, entendem os que Himilce pertenecía a la nobleza de
la ciudad de Cástulo, principal y más poblada de la Oretania, y es
en esta donde situamos nuestra imagen. La población se conoce
bastante bien, merced a los trabajos arqueológicos que desde an­
tiguo se han conducido en ella, y que demuestran, además de su
gran entidad, su gran desarrollo cultural, de raigambre claramente
ibérica como corresponde a la parte meridional de la Oretania. La
escena se produce en el interior de una estancia típicam ente ibera,
con paredes formadas por zócalos de piedra y alzados de tapial y
adobe, encalado todo ello hacia el interior y, ocasionalmente, de­
corado con motivos geométricos. El acceso al patio o espacio de
tránsito público se produce por medio de un vano sim ple o doble
(dotado de columna central), inspirada esta última en algunos re­
lieves del periodo. A la derecha vem os a Aníbal, cuya efigie se ins­
pira en las acuñaciones m onetales que probablem ente le
representen (véase el artículo de M. P. García-Bellido en este nú­
mero). Junto a este la novia, cuyo atuendo reproduce el de la Gran
dama oferente del Cerro de los Santos (Albacete) con modificacio­
nes y adiciones; por ejem plo, en nuestro caso el peinado no luce
trenzas, ya que según todos los indicios este sería un atributo ca­
racterístico de las adolescentes, que al pasar a la edad adulta se cor­
taban para ofrecérselas a los dioses (véase "La religiosidad en las
sociedades iberas de los siglos IV-lll a. C." en Arqueología e Historia
n.° 1). Las jóvenes flautistas se inspiran en los relieves de Osuna (Se­
villa). En el fondo de la imagen, fuera de la estancia, se aprecia la
ejecución de un baile cuyos participantes danzan con las manos
unidas, tal y como representan las pinturas vasculares del periodo,
y un asno que lleva a modo de alforjas dos toneletes para el trans­
porte de líq uid o s.. ©Sandra Delgado

una tipología y unas técnicas constructivas de claro origen he­


lenístico, seguramente púnico. Es más, el análisis petrográfico
de los proyectiles de artillería documentados bajo una de las
torres demuestra que los mismos se habían tallado con piedra
nés en territorio peninsular. Hablamos, por ejemplo, de las
de las canteras de Cartagena. Tossal de Manises, pues, consti­
murallas de Carteia (San Roque, Cádiz), Castillo de Doña
tuiría un puesto avanzado del poder que los cartagineses ejer­
Blanca (Puerto de Santa María, Cádiz), Carmona (Sevilla) o
cieron sobre el sureste de Iberia, controlando el camino que
incluso de la misma Tarraco (Tarragona). Núcleos que con
desde Cartago Nova partía hacia el norte; el mismo camino
toda probabilidad estuvieron poblados mayoritariamente por
que, pocos años después, recorrió a marchas forzadas Escipión
gentes locales, pero que estarían controlados por una elite car­
para conquistar Cartago Nova.
taginesa, o bien por jerarcas iberos aliados con el poder hege-
Ahora bien, Tossal de M anises no fue un punto aislado en
mónico cartaginés. Un poder hegemónico que, al fin y al cabo,
el mapa. Dispersas por el territorio peninsular, conocemos al­
a cambio de su lealtad, les había facilitado, entre otras cosas,
gunas otras fortificaciones levantadas en estas mismas fechas,
unas buenas murallas tras las que parapetarse (véase “Las for­
erigidas según una tipología helenística y que posiblemente
tificaciones bárquidas en la península ibérica” en D espena
nos estén hablando de otros tantos baluartes del poder cartagi­
F e rro Antigua y M edieval n.° 17).
GENERAL EN JEFE DE LOS PUEBLOS IBEROS ejército que campaba en la península ibérica, sí. Podría haber
Según detalla el historiador D iodoro (XXV. 11), A sdrúbal derrotado a cualquier pueblo que osara desafiarle, pero no
llegó a com andar un ejército de 60 000 infantes, 8000 jinetes contaba con hombres suficientes como para mantener el con­
y no menos de 200 elefantes. Cifras quizás no demasiado trol de un territorio tan inmenso, ni tampoco podía hacer
exageradas, pues apenas una década después A níbal marchó frente a una coalición de pueblos locales. La muerte de Amíl­
sobre Italia, a decir de Polibio (III.35.1), con un ejército un car así lo demostraba.
50 % mayor. Pero todas estas fuerzas no hubieran bastado Mas Asdrúbal consiguió consolidar el poder cartaginés
por sí mismas para controlar el territorio ibero. Las fuentes sobre Iberia. No actuó “tanto mediante empresas guerreras,
insisten en este punto: así como A m ílcar había sido un gran como mediante tratos con los jefes locales”, apostilla Polibio
conquistador, A sdrúbal consolidó y ensanchó el territorio (II.36.2); el general “m ostró una singular habilidad para
provincial cartaginés en Iberia gracias a la sabia combinación atraerse a los pueblos”, sostiene Tito Livio (XXI.2.7), aña­
de la guerra y la diplom acia. A sdrúbal disponía del mayor diendo que “estableció lazos de hospitalidad con los reyezue-
3D DESPERTA FERRO

los, ganando nuevos aliados mediante la amistad con sus prín­ ción cartagenera), los legados se presentaron ante Asdrúbal
cipes, y no tanto mediante las armas”. Diodoro precisa incluso en vez de ante el Senado cartaginés, lo que no deja de resultar
que, como haría más tarde también Aníbal, Asdrúbal se des­ llam ativo: hasta ese punto A sdrúbal y sus partidarios con­
posó con una princesa ibera (XXV. 11), entroncando así per­ trolaban los resortes del Estado.
sonalmente con una de aquellas aristocracias locales (¿había La negociación fue breve y en principio contentó a todos.
fallecido ya la esposa cartaginesa de Asdrúbal, hija -reco rd e­ Los romanos, acuciados por la inminente guerra contra unos
m o s- de Amílcar? ¿O aguardaba quizás en Cartago mientras galos que se revolvían en la Italia septentrional, ansiaban zanjar
su marido utilizaba el lecho nupcial como herramienta diplo­ el asunto lo antes posible (véase “La batalla de Telamón” en
mática? Lo desconocemos). D espena F e rro Antigua y M edieval n.° 2).
Se nos escapa la m aterialización concreta de toda esta tu ­ Y entre los planes de Asdrúbal posiblemente tampoco fi­
pida red de alianzas bilaterales que aparece esbozada en las guraba extender todavía más sus territorios hispanos. De modo
fuentes, pero lo que sabemos del com portam iento de otras que ambas partes acordaron una línea, el río Ebro, que delimi­
potencias imperialistas a lo largo de la historia nos sugiere taría sus respectivas esferas de actuación militar, diplomática
un modelo interpretativo ciertam ente sugerente. M ediante y económica. A quella sería la frontera entre los territorios
toda una amplia gama de estrategias que irían desde la coac­ sobre los que estas dos potencias im perialistas, de mutuo
ción más descarnada a la adulación y el regalo, Cartago hubo acuerdo, se arrogaban una cierta ascendencia pese a no con­
de ganarse, una a una, las voluntades de las elites locales. A trolarlos políticamente, asumiendo que las comunidades locales
cambio de su colaboración política, económica y diplomática, que los poblaban no estaban en disposición de mediar en se­
cada una de estas familias aristocráticas podría contar con el mejante contubernio.
valioso apoyo cartaginés en sus disputas con las comunidades El resto, ya es historia. Asdrúbal murió asesinado en 221
vecinas, o incluso en sus querellas con las facciones aristo­ a. C., apuñalado, al parecer, por un hispano que actuó así para
cráticas rivales de su propia comunidad. No es casualidad, vengar a su señor. Nuestras fuentes divergen respecto de la
en este sentido, que ciertos protoestados como el de la Serreta identidad del personaje y de las circunstancias exactas de su
de Alcoy, sitos en la periferia del territorio controlado por crimen, pero poco importa: la facilidad con la que Aníbal,
Cartago, prosperaran precisam ente en esta época. Indudable­ pese a su juventud, fue aclamado por las tropas cartaginesas
mente, lo lograron alineándose con el que por entonces era destacadas en Hispania, e inmediatam ente después por el Se­
el aliado más poderoso de aquellos contornos. nado cartaginés y las comunidades ibéricas aliadas de Cartago,
No es de extrañar, pues, que en determinado momento se dan buena prueba del éxito del programa político de Asdrúbal.
reunieran en Cartago Nova los representantes de las aristo­ Las bases materiales y diplom áticas necesarias para reem­
cracias locales iberas para proclam ar a Asdrúbal strategos prender la guerra contra Roma, ese viejo proyecto que, al pa­
autokrator (“general en je fe”) de todos los iberos. Las po­ recer, la facción de los Barca llevaba acariciando desde el
blaciones locales ibéricas, la mayoría de ellas al menos, no final de la Primera Guerra Púnica, habían quedado ya bien
habían perdido su autonomía pese al auge cartaginés. Pero, asentadas. Tanto en Cartago como en Iberia.
en aquella asamblea todas ellas reconocieron, con mayor o
menos com placencia, con mayor o menor sinceridad, la su­
premacía militar, política y moral del general Asdrúbal, al
que en lo sucesivo rendirían pleitesía. Considerando que los
B IB L IO G R A F ÍA B Á SIC A
Barceló Batiste, P. (2000): Aníbal de Cartago: un proyecto
intereses cartaginesa coincidían, de alguna manera, con los
alternativo a la formación del Imperio Romano. Madrid: Alianza
de todos ellos.
Editorial.
Bellón Ruiz, J. P. (2015): La Segunda Guerra Púnica en la Península
EL TRATADO DEL EBRO Y EL FINAL DE ASDRÚBAL
Ibérica. Baécula:arqueología de una batalla. Jaén: Universidad
Dediquemos nuestras últimas líneas al punto más controver­ de Jaén.
tido de la arquitectura política que Asdrúbal pergeñó para Bendala, M. (ed.) (2013): Fragor Hannibalis. Aníbal en Flispania.
Hispania, para Cartago, para el M editerráneo: el Tratado del Madrid: MARQ.
Ebro (véase “El Tratado del Ebro” en D espertó F e rro Antigua Bendala Galán, M. (2015): "Flijos del Rayo". Los Barca y el dominio
y M edieval n.° 52). cartaginés en Flispania.Trébede, Madrid.
Cuenta Polibio (II. 13.3), y seguram ente en este punto François, P; Moret, R; Péré-Noguès, S. (eds.) (2006): L'hellénisation
estaba bien informado, que los romanos no prestaron atención en Méditerranée Occidentale au temps des guerres puniques
a los progresos cartagineses en Iberia hasta que tuvieron no­ (260-180 av. J.C.). Pallas 70.
ticia de la fundación de Cartago Nova. Sin embargo, la cre­ Hoyos, D. (2003): Flannibal's dynasty: power and politics in the
ación de esta urbs opulentissim a, como la denom inara Livio western Mediterranean, 247-183 BC. Londres: Routledge.
(XXIV.13.5), les alarmó sobrem anera, pues denotaba que
los planes púnicos en Iberia iban mucho más allá de la mera E Bibliografía completa en www.despertaferro-ediciones.com
explotación de las m inas de Sierra Morena. Para empezar,
los intereses com erciales de sus aliados (m asaliotas, empo- Jorge García Cardiel es investigador Juan de la Cierva en
ritanos, radios) quedaban am enazados por la creación de se­ la Universidad Autónoma de Madrid. Doctor en Historia
mejante puerto y de la red de alianzas que, desde Cartago Antigua por la Universidad Complutense y premio
Nova, se había tejido entre las élites locales ibéricas. El Se­ extraordinario de doctorado, en la actualidad centra sus
nado envió a sus em bajadores para tratar de encauzar la si­ investigaciones en los discursos ideológicos entre las
tuación. Y en 226 a. C. (apenas un año después de la funda­ comunidades iberas y su papel en la integración provincial romana.
Entre el Guadiana
y el Duero
Las c a m p a ñ a s d e A n íb a l en la M eseta
(2 2 1 -2 2 0 a. C.)
Eduardo Sánchez Moreno - Universidad Autónoma de Madrid

O torgaron l o s c a r t a g in e se s e l g e n e r a l a t o d e l o s a s u n t o s d e I b e r ia a A n íb a l , jo v e n
A LA SAZÓN, HABIDA CUENTA DE LA PERSPICACIA Y EL ARROJO QUE ACREDITABAN SUS
ACTUACIONES. E l CUAL, NADA MÁS OCUPAR EL MANDO, DIO CON SUS PROYECTOS MUESTRA
EVIDENTE DE QUE HARÍA LA GUERRA A LOS ROMANOS, COSA QUE LLEVÓ A CABO TRAS BREVE
PERIODO DE ESPERA. Y a A PARTIR DE ESTAS FECHAS, POR TANTO, LOS ASUNTOS CONCERNIENTES
A CARTAGINESES Y ROMANOS ESTUVIERON TOCADOS POR EL RECELO MUTUO Y LAS FRICCIONES
[ . . . ] . LO CUAL PONÍA DE MANIFIESTO, CERTERAMENTE CONSIDERADO, QUE EN NO MUCHO
TIEMPO GUERREARÍAN ENTRE SÍ.
P o l ib io II.36.3-7

I uando, en el año 221 a. C., Asdrúbal Barca es actividad de Aníbal parece responder desde el principio a una po­
asesinado a manos de un hispano en un complot lítica marcadamente beligerante: una política que, corolario del
I palaciego, el mando de los cartagineses en Iberia proyecto expansionista iniciado por Amílcar y consolidado por
recae en un joven Aníbal que rondaba los veinticinco Asdrúbal, llevará a la reapertura de hostilidades con Roma. Los
años. Curtido militar y políticamente al lado de su padre dos años que transcurren entre el encumbramiento de Aníbal y el
Amílcar -con quien había desembarcado en Gadir en asedio a la ciudad de Sagunto (219 a. C.), casus beüi de la Segunda
237 a. C. siendo un niño- y su cuñado Asdrúbal -quien Guerra Púnica, se han entendido como interludio a su marcha
le había puesto al frente de la caballería-, Aníbal es pro­ sobre Italia, el hito que eclipsa el relato historiográfico antiguo.
clamado comandante en jefe por el ejército y posteriormente rati­ Sin embargo, las campañas que previamente emprendiera entre el
ficado por la asamblea de Cartago, no sin salvar antes la oposición norte del Guadiana y el sur del Duero sustancian un horizonte de
de los enemigos políticos de su padre. Como advierten las palabras experimentación, propaganda, conectividad y conflicto sumamente
de Polibio de Megalopolis, a quien siguen la mayor parte de los interesante; un escenario privilegiado para calibrar el diálogo tra­
historiadores que han tratado la pugna entre Cartago y Roma, la bado entre el imperialismo cartaginés patentado por la dinastía
A Ejem plar de ESPADA Y VAINA asociada correspondientes al tipo conocido como DE ANTENAS, subtipo ALCACER DO SAL. Fueron hallados
en la necrópolis de La Osera (Cham artín, Ávila), zona I, túm ulo D, sepultura I, lo que nos perm ite identificarlo como una producción vetona.
Su dataclón corresponde a los siglos IV y III a. C. La espada es recta, de doble filo y mide 41 cm (de los cuales 30 cm corresponden a la hoja)
por 5 cm de ancho. La vaina se forma por la unión de unas piezas de hierro conocidas como "cañas", que abrazan el arma por su contorno for­
m ando una especie de armazón. Estas cañas se unen entre sí por medio de puentes horizontales, tam bién m etálicos. Al interior quedarían
sendas láminas de cuero o madera que ensam blarían la hoja del arma por am bas caras. En este caso se ha conservado parte de una placa m e­
tálica que cubriría una suerte de cajetín, muy común en este tipo de vainas, para guardar un cuchillo de pequeño tam año. Sobre la superficie
se aprecia una decoración damasquinada en plata en forma de m otivos geom étricos y zigzagueantes. El mismo tipo de decoración se halla
presente en la em puñadura de la espada. Nótense las tres argollas de que se dota (difícilm ente visibles por la corrosión) y que perm iten sus­
pender la vaina de un correaje de tipo tahalí. Museo Arqueológico Nacional, Madrid, © doheo
t Panorámica de la dehesa castellana a la altura de Fuenteliante (Salam anca). Este sería, por tanto, uno de los tipos de entorno que hallarían
Aníbal Barca y sus huestes en el curso de su cam paña por la MESETA NORTE. Las poblaciones de Helmántica (Salam anca) y Arbucala (El Viso
de Bamba, Zam ora), fueron los puntos más lejanos alcanzados durante esta operación militar, s g e l o m a d r id is
Arbucal&JDlr
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^ ,0 A n íbal Barca
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Campañas en Iberia, 221-220 a. C.: rutas aproximadas
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Aníbal Barca, 221-220 a. C.
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" Cartago Nova

20 40 60 km
O Baria

Barca y, en el contorno de sus dominios, una pléyade de interlocu­ lealtades. En palabras de Polibio (III. 13.8; el mismo discurso que
tores hispanos. Dediquémosle la atención que merece. se repite en Livio, XXI.5.3-5):

EN LA PERIFERIA OLC ADE


[Aníbal] dispensó a quienes se habían puesto a sus ór­
Al poco de asumir el generalato, y después de vengar la muerte denes un magnánimo trato, plasmado bien en la entrega
de Asdrúbal torturando a su asesino, Aníbal dirige su ejército parcial de las soldadas a los contingentes aliados, bien
hasta el territorio de los oleades, pueblo emplazado al sur del en la promesa de futuros pagos. Gracias a lo cual infun­
Ebro pero fuera del control directo cartaginés. Su posición suele dió en las tropas una muy buena disposición de ánimo
situarse entre las cabeceras de los ríos Guadiana y Tajo, en el en­ y grandes esperanzas.
torno de las tierras altas de Cuenca, un espacio próximo al de
oretanos septentrionales -dentro de la órbita cartaginesa-, carpe- Extendiendo su influencia en el extrarradio del dominio púnico,
taños y celtíberos meridionales -e n los márgenes de la misma-. como antes que él hiciera persuasivamente Asdrúbal, Aníbal había
Allí el cartaginés toma por la fuerza la capital oleade, Althia, de tanteado las posibilidades que la retaguardia oleade brindaba a sus
ubicación desconocida. Este asedio le reportará un cuantioso botín intereses en tanto espacio de abastecimiento económico y leva mi­
y propiciará el sometimiento de ciudades próximas temerosas de litar. El pragmatismo de la campaña —no hay que descartar una ac­
sufrir la misma suerte, a las que Aníbal impone un tributo antes ción de castigo sustentada en la posible adscripción oleade del ase­
de regresar a Cartago Nova para pasar el invierno. Es probable sino de Asdrúbal- se envolvió en una aureola de prestigio y fama
que, tal y como defiende un sector de la investigación, esta cam­ crecientes en tomo a la figura del joven cartaginés, alentada por
paña tuviese por objetivo la legitimación del recién estrenado li­ cronistas helenísticos que, como Sósilo de Lacedemonia y Sileno
derazgo de Aníbal, desde varios y complementarios planos. Una de Caleacte, acompañaron a Aníbal y cantaron sus hazañas evocando
legitimación, en primer lugar, de cara a las autoridades de Cartago a un Alejandro Magno de Iberia. Si esta fama no abandonó ya
encargadas de sancionar su nombramiento militar, precisamente nunca a Aníbal, el modelo de la imitatio Alexandri jugó su baza en
cuando, según narra Apiano de Alejandría (Iberia 8-9; Aníbal 3), la proyección simbólica de sus sucesivas campañas (véase “La imi­
los rivales políticos de los Barca habían iniciado un proceso judi­ tatio Alexandri” en Despena Ferro Antigua y Medieval n.° 33).
cial contra Aníbal y sus partidarios. Pero la campaña oleade habría
servido también para pulsar la autoridad del joven general sobre A TRAVÉS DE RÍOS, MONTAÑAS Y CAMPOS DE CEREAL
sus tropas, adiestrándolas en una expedición que buscaba apro­ En la primavera de 220 a. C., Aníbal inicia una sorprendente
piarse de riquezas con las que saldar pagos retrasados y asegurar marcha que le lleva desde Cartago Nova al corazón de la meseta
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En el camino de regreso de la campaña militar que culminó en la toma de las ciudades vacceas de Helmántica y Ar-
bucala, Aníbal y sus huestes se vieron sorprendidos por el ataque de una coalición de pueblos meseteños -vacceos,
olcades y carpetanos, según las fuentes- que les hicieron frente a la altura del río Tajo, en un punto impreciso de la
divisoria Madrid-Toledo. El enfrentam iento que entonces se produjo nos es conocido fundam entalmente merced a
los testimonios de Polibio (III.14.2-9) y Livio (XXI.5.7-17), de los que el primero parece ser más fiable. En palabras de
Polibio:

Ya se retiraba [Aníbal], cuando se vio expuesto súbitamente a los más graves peligros: le salieron al encuentro
los carpetanos, que quizás sea el pueblo más poderoso de los de aquellos lugares; les acompañaban sus ve­
cinos, que se les unieron excitados principalmente por los olcades que habían logrado huir; les atacaban
también, enardecidos, los salmantinos [de Helmántica] que se habían salvado. Si los cartagineses se hubieran
visto en la precisión de entablar con ellos una batalla campal, sin duda alguna se habrían visto derrotados.
Pero Aníbal, que se iba retirando con habilidad y prudencia, tomó como defensa el río llamado Tajo, y trabó
el combate en el momento en el que el enemigo lo vadeaba, utilizando como auxiliar el mismo río y sus ele­
fantes, ya que disponía de cuarenta de ellos.Todo le resultó de manera imprevista y contra todo cálculo, pues
los bárbaros intentaron forzar el paso por muchos lugares y cruzar el río, pero la mayoría de ellos murió al
salir del agua, ante los elefantes que recorrían la orilla y siempre se anticipaban a los hombres que iban sa­
liendo. Muchos también sucumbieron dentro del río mismo a manos de los jinetes cartagineses, porque los
caballos dominaban mejor la corriente, y los jinetes combatían contra los hombres de a pie desde una situa­
ción más elevada. Al final cruzó el río el mismo Aníbal con su escolta, atacó a los bárbaros y puso en fuga a
más de cien mil hombres (trad. M. Balasch Recort).

En nuestra imagen representamos el momento preciso en el que las TROPAS INDÍGENAS se agolpan en la orilla
del río O y. formando oleadas irregulares O , tratan de vadearlo para acometer a los púnicos de la otra orilla. Con
dificultad, algunos alcanzan la orilla opuesta, donde han de enfrentarse a la INFANTERÍA LIBIO-FENICIA O y los
ELEFANTES DE GUERRA O - Mientras tanto, la CABALLERÍA PÚNICA O aprovecha la situación de indefensión
de los indígenas para hostigarlos en el propio curso del agua, donde goza de superioridad gracias a la altura de sus
monturas. Provoca, así, grandes pérdidas entre las huestes meseteñas antes incluso de que estas alcancen la orilla
opuesta. La combinación de todas estas dificultades garantiza el fracaso del ataque indígena y, merced a un contra­
taque, brinda finalm ente la victoria al africano y le permite regresar, triunfante, a Cartago Nova.
La b a ta lla d e l T a jo O El asedio de Arbucala por Aníbal — difícil a causa de la
gran extensión de la ciudad, su número de habitantes y los gue­
Victoria decisiva púnica, 220 a. C. rreros que la defienden— marca el final de su campaña y con
ello el inicio de su retirada. Sin embargo, el tiempo empleado
en expugnar la ciudad ha permitido a los hispanos prepararse
para el contraataque. Durante el camino de regreso a su base
Amba /
de operaciones, el cartaginés se ve sorprendido por la presen­
cia de un poderoso ejército que maniobra contra él. Sus colum­
nas en retirada, cargadas de un pesado botín, son acosadas.
En un determinado momento, Aníbal se detiene y despliega
sus unidades, dejando a sus espaldas el río Tajo. Los hispanos,
por su parte, despliegan también frente a él. Horas más tarde,
en cuanto el cartaginés se da cuenta de que los hispanos han
acampado y roto sus filas, ordena a su ejército que vadee el
río. En la orilla opuesta, en una posición ventajosa, construye
una empalizada, pero no para impedir el paso del rio, sino más
atrás, a media distancia. Al día siguiente, el ejército hispano
despliega nuevamente sus fuerzas. No queda otra opción para
estos que atravesar el río y abrirse paso hasta el otro lado. Y lo
intentan varias veces. Formando densos grupos de guerreros
entran en las aguas del río por varios sectores alternativamen­
te O buscando el punto débil del dispositivo cartaginés. Este,
en la orilla, maniobra con una fuerza de choque de 40 elefantes,
que mueve a los lugares amenazados y espera a que los asal­
tantes comienzan a salir del río para lanzarlos sobre ellos 0 .

Otros son rechazados por la caballería ligera 0 que, aprove­


cha su posición elevada contra unos guerreros que, sumidos
en el seno de la corriente y hostigados por el fuego de los pro­
yectiles del ejército púnico, no pueden presentar un frente co­
hesionado 0. Todos los ataques hispanos son rechazados y su
ejército, desordenado, se apiña en su orilla del río, totalmente
desconcertado. Es el momento que escoge Aníbal para atrave­
sar el río al frente de lo mejor de su caballería y a ta c a r© . Poco
después, el ejército hispano es derrotado y puesto en fuga. El
cartaginés aprovechará la victoria para lanzarse sobre el te­
rritorio carpetano, que finalmente somete y suma al elenco de
sus conquistas.

castellana, cruzando al frente de sus tropas el espacio de oretanos, alguna de sus plazas en 220 a. U.. si bien las fuentes silencian el ob­
carpetanos y vetones hasta alcanzar en el interfluvio Tormes-Duero jetivo de enclaves (explícitamente) vetones en dicha campaña. Mien­
las ciudades vacceas de Helmantica (la actual Salamanca) y Arbu- tras que en el terreno diplomático cabe imaginar, entre las estrategias
cala (probablemente El Viso de Bamba, Zamora), a las que somete desplegadas por Aníbal, el establecimiento de alianzas y pactos con
violentamente (Pol. III.14.1; Liv. XXI.5.6). Los más de 550 km en las élites de comunidades que, intimidadas en mayor o menor medida
línea recta que separan Cartagena de Salamanca dan cuenta de la por el poderío púnico, reportan al cartaginés tropas, base logística y
singularidad y envergadura de esta operación, en una hasta entonces otros réditos para la consecución de sus planes.
prácticamente inexplorada Iberia céltica. Dado que las fuentes no Desde que fuera planteada por Domínguez Monedero hace
aclaran las circunstancias y motivaciones de la marcha a los con­ más de treinta años, el aprovisionamiento de cereal vacceo como
fines vacceos, la investigación moderna ha barajado varias inter­ objetivo estratégico de Aníbal resulta una tesis sugerente y plausible.
pretaciones que cabe entender de forma confluyente. Esta empresa, sin embargo, no excluye otros intereses y factores en
Al calor del éxito de la campaña contra los olcades, Aníbal in­ la movilización de la campaña meseteña como estamos viendo. El
centiva su política incursionista con una expedición que, al tiempo potencial agrícola de las ciudades vacceas cuenta con cierto respaldo
de consagrarle definitivamente como líder, le permite otear nuevos arqueológico y podría relacionarse con el controvertido pasaje de
horizontes, expandir su influencia y fraguar apoyos en el hinterland Diodoro de Sicilia (V.34.3) acerca del sistema colectivista practicado
meseteño. Una expedición en la que el cartaginés combinaría medidas por los vacceos, del que resultaría una producción excedentaria
punitivas, coercitivas y negociadas en función de las actitudes mos­ que habría llamado la atención de poblaciones vecinas, y luego de
tradas por cada una de las comunidades con las que entraba en con­ cartagineses y romanos en su anhelo por apropiarse del cereal
tacto, ponderando los recursos materiales y humanos que estas le vacceo o por bloquear su acceso a terceros. El suministro de grano
brindaban. Entre las acciones ofensivas, sabemos que Aníbal asedia en el momento en que Aníbal alcanza la cuenca sedimentaria del
al menos las ciudades de Helmantica y Arbucala -esta segunda opone Duero -coincidiendo con la época de cosecha, finales de verano,
una dura resistencia-, exige prisioneros, rehenes y armas, fija tributos pues la marcha se había iniciado en primavera-, y su aseguramiento
-así, los trescientos talentos de plata impuestos a los helmantinos para las temporadas siguientes con medidas impositivas o pactadas
para levantar el sitio de la ciudad (Plutarco, Virtudes de mujeres 248e; a través de intermediarios regionales, cumpliría un objetivo que no
Poüeno VII.48)-, fuerza abandonos, ejecuta represalias... De hecho, sería, a la postre, de aplicación inmediata. En realidad, las opera­
la noticia transmitida por Nepote (Amílcar IV.2) sobre la muerte de ciones de Aníbal -tanto las acometidas en terreno vacceo como las
AmQcar en lucha contra los vetones, de ser cierta la implicación de anteriores sobre los olcades- describen una hoja de ruta patente
estos últimos -¿acudiendo en auxilio de los oretanos sitiados por desde que asumiera el mando en Iberia: la acomodación de una re­
Amílcar?-, podría hacer pensar en el ataque deliberado de Aníbal a taguardia interior púnica a través de campañas intimidatorias y es-
DESPERTA FERRO | 3 7

▲ Dos PLAQUITAS DE BRONCE REPUJADO cubiertas de plata (de un conjunto de siete) que formaron originalm ente parte del ajuar funerario
de la tum ba 350 de la ya m encionada necrópolis de La Osera (véase la espada cinco páginas atrás). Otros elem entos del mismo ajuar permiten
fechar esta tum ba a mediados del siglo IV a. C. Además de las mencionadas plaquitas argénteas, la tumba brindó sendos discos de hierro de
26 cm de diámetro que con toda seguridad sirvieron a modo de coraza (peto y espaldar) como parte de lo que actualm ente se denomina un
disco-coraza'. Sin embargo, la interpretación de las placas de plata no era tan evidente. J. Cabré propuso que formaran parte de un cinturón,
cuya superficie exterior decoraran. Más recientemente, R. Graells ha propuesto que se trate de apliques decorativos no de un cinturón, sino de
los característicos PTERYGES helenísticos, suerte de protección en forma de cintas de material orgánico que penden de la cintura y defienden
las caderas de su portador. Las placas podrían decorar los extremos o cabos inferiores de estos pteryges. Sabemos que este modelo de armadura
fue muy común entre aquellas culturas permeadas de la corriente cultural del helenism o (Etruria, Roma, pueblos itálicos, C artag o ...} y nada
impide que, de forma accidental, algún ejem plar alcanzara las lejanas tierras de Ávila, quizá llevado por algún MERCENARIO DE ORIGEN VETÓN
que hubiera servido en el M editerráneo central y hubiera podido adquirirlo (véase "(Re)construyendo al mercenario hispánico" en Despertó
Ferro Especiales IV). La iconografía es, asimismo, claramente helenística, formada por un águila (emblema de Zeus y, por ende del concepto de
soberanía en sentido lato) que devora a una paloma. Museo Arqueológico Nacional. © E du a rd o k a v a n a g h

cenográficas de las que la más vivida estampa -¡piénsese en su im­ territorio había sido atacado por Aníbal el año anterior, los supervi­
pacto en los habitantes de un remota aldea carpetana, por ejem­ vientes del reciente asedio a Helmantica, y otras poblaciones vecinas
plo!- son los elefantes del ejército cartaginés surcando ríos y cor­ de identidad desconocida -acaso vetones- incitadas por olcades y
dilleras, aproximándose a las murallas de los hábitats meseteños. Y vacceos. Los historiadores antiguos subrayan la magnitud del ejército
en esta retaguardia interior resultó clave, qué duda cabe, la planifi­ coaligado, especificando Livio (XXI.5.11) que “los carpetanos uni­
cación de una logística territorial de alto alcance, con vistas a un dos al contingente de olcades y vacceos sumaron cien mil, fuerzas
inminente teatro de guerra con Roma. invencibles si el combate se hubiera entablado en campo abierto”.
Tal cifra de combatientes, la más numerosa de la que se tiene noticia
LA BATALLA DEL TAJO en el tiempo de la intervención de cartagineses y romanos en la pe­
En su regreso al término de la campaña vaccea, en otoño de 220 a. C., nínsula ibérica, se ha venido considerando inverosímil por desme­
Aníbal habría optado por un trayecto alternativo al emprendido en dida, y es probable que refleje la intención de ensalzar la victoria
la ida -se habría conducido entonces, factiblemente, por el territorio de Aníbal magnificando las fuerzas enemigas. Sin embargo, una
de oretanos y vetones hasta alcanzar en sentido norte el curso del magnitud de en torno a 100 000 hombres en armas, sin necesidad
Tormes-, atravesando ahora en dirección sureste la llanura carpetana de aceptarse literalmente, podría ajustarse a la concurrencia de
con el fin de llegar a Cartago Nova en el menor tiempo posible. Y varias confederaciones de pueblos según las estimaciones propuestas
precisamente a la altura del río Tajo, en un punto no precisado de la por Quesada para los efectivos militares en los siglos III-II a. C.
divisoria Madrid-Toledo, el cartaginés se ve sorprendido por un Vendría a suponer, de hecho, la confluencia de tres o cuatro grandes
abultado ejército de fuerzas locales que le hace frente. Supone esta ejércitos coaligados de entre 25 000-40 000 hombres: las fuerzas
contienda la primera batalla campal dirigida por Aníbal de la que reclutadas en una situación de máxima necesidad por un elevado
nos informan las fuentes, y constata asimismo la primera coalición número de oppida amenazados por las incursiones púnicas.
militar defensiva -symmachía en los textos griegos, societas armo- Conviene no perder de vista que, más allá del carácter coyun-
rum en los latinos- integrada por gentes del interior hispano. tural de la symmachía que intenta bloquear el paso a Aníbal en
La entente estaba formada por carpetanos -e l pueblo más po­ 220 a. C., la salvaguardia de unas bases políticas y económicas se­
deroso de aquella zona, según Polibio (XIII. 14.2)-, olcades, cuyo riamente amenazadas por el expansionismo de los Barca estaba
38 DESPERTA FERRO

propiciando un nuevo marco de relaciones, como también fracturas, vados -Ebro, Ródano- y pasos de montaña -Pirineos, Alpes- con
entre las poblaciones meseteñas. Habrían tomado parte en la coa­ un ejército al que se suman elefantes; batallas de los ríos Tesino,
lición agregaciones de ciudades y aldeas que la narrativa de las Trebia y del lago Trasimeno...). El lector extraerá sus conclusiones
fuentes, haciendo de la parte un todo, asumen como populi: carpe- sobre este acusado paralelismo. Y, en segundo lugar, las campañas
taños, olcades, vacceos... Sin embargo, entre sus componentes del impetuoso Aníbal empezaban a forjar una gesta en la historio­
existían asimetrías, fluctuaciones, disensiones -n o todos los his­ grafía helenística, una epopeya en construcción: la de un Alejandro
panos se opusieron a Aníbal: el colaboracionismo interesado de Magno revivido en el joven Barca, vengador de afrentas, sitiador
determinadas élites, la necesidad de protección o el mero instinto de ciudades, explorador de periferias bárbaras, repartidor de riquezas
de supervivencia propiciaron connivencias con el cartaginés, como y favores, vencedor y líder de tumultuosos hispanos... De hecho,
luego ocurrirá con los romanos-, como asimismo relaciones he- en el momento en el que Aníbal penetra en Italia, antes incluso de
gemónicas expresadas en la preeminencia de núcleos como Althia haber librado batalla, ya pesa sobre los soldados romanos la idea
entre los olcades, Toleto entre los carpetanos y Helmantica en la de que el cartaginés es un nuevo Heracles/Alejandro; es la fama
linde entre vacceos y vetones. Según vemos, las campañas de Aní­ que ha conseguido antes de la guerra lo que está actuando, más allá
bal en la Meseta modelan a su manera la historia interna, las fric­ de sus futuras gestas en Italia. En definitiva, Roma podía sentirse
ciones de sus comunidades (véase “¿Entre la espada y la pared? amenazada con razón.
Las gentes de Iberia en la Segunda Guerra Púnica” en Despertó No es de extrañar por ello que, a la vuelta de Aníbal de los con­
Ferro Antigua y Medieval n.° 17). fines vacceos y tras vencer a los hispanos en la batalla del Tajo, una
Volviendo a la batalla del Tajo, la hábil estrategia desplegada embajada romana lo esperara en Cartago Nova. Le solicitaba expli­
por Aníbal, retrocediendo a la orilla septentrional para simular una caciones a sus actuaciones y le advertía de los riesgos de intervenir
huida y aprovechando el momento en que los hispanos cruzan des­ más allá de la frontera que marcaba el río Ebro, de inmiscuirse en
ordenadamente el río para atacarles, es la clave del costoso triunfo asuntos que afectaran a sus aliados (Pol. III.15.1-13). Sagunto era la
cartaginés. Resultó determinante la actuación de la caballería númida encrucijada, el próximo destino. La guerra no se haría esperar.
y del cuerpo de elefantes, ora hostigando a los hispanos cuando va­
dean el Tajo en persecución de los púnicos y sus aliados, ora oca­
B I B L I O G R A F Í A B Á S IC A
sionando cuantiosas bajas en sus filas y forzando la huida de los
Domínguez Monedero, A. J. (1986): "La campaña de Aníbal
restos de un ejército que, aun superior en número, resultaba falto
contra los Vacceos: sus objetivos y su relación con el inicio de
de coordinación y en inferior disposición táctica. Vencida la resis­ la 2.a Guerra Púnica) Latomus, 45, pp. 241 -258.
tencia y con el camino expedito, en los días que siguen a la batalla Domínguez Monedero, A. J. (2013): "La estrategia militar de
del Tajo Aníbal arrasa el territorio inmediato y recibe la rendición Aníbal antes de la marcha a Italia: el ataque a los pueblos de
de comunidades carpetanas, tras lo cual, de regreso a Cartago Nova, la Meseta castellana" en Bendala Galán, M. (coord.): Fragor
“ninguna población más allá del Ebro se atrevió a hacerle frente Hannibalis:Anibal en Hispania. Alcalá de Henares: Museo
con la salvedad de Sagunto” (Pol., III.13.9; cfr. Liv., XXI.5.17). Arqueológico Regional de Madrid, pp. 285-311.
El discurso de las fuentes antiguas es en todo caso más progra­ Hiñe, H. M. (1979):"Hannibal's Battle on theTagus (Polybius III,
mático que real, toda vez que sabemos que con posterioridad a la 13; Livy XXI, 5)) Latomus, 38 (4), pp. 891 -901.
batalla del Tajo se registran levantamientos de gentes teóricamente Remedios Sánchez, S. (2012): "La campaña contra los vacceos"
sometidas a la autoridad de Cartago. Así, durante el asedio saguntino, en Remedios Sánchez, S.; Prados Martínez, E; BermejoTirado,
carpetanos y oretanos se rebelan escudándose en la dureza de las J. (eds.): Aníbal de Cartago. Historia y mito. Madrid: Polifemo,
levas púnicas (Liv., XXI.11.13), mientras que en 218 a. C. tres mil pp. 203-225.
carpetanos hacen defección de Aníbal antes de cruzar los Pirineos Sánchez Moreno, E. (2000): "Releyendo la campaña de Aníbal en el
camino de Italia (Liv. XXI.23.4-6), estallando al año siguiente un Duero (220 a.C): la apertura de la meseta occidental a los intereses
conflicto por la presión de los celtíberos (Liv. XXII.21.7-8, de las potencias mediterráneas) Gerión, 18, pp. 109-134.
XXII.22.4). Es obvio que Aníbal no había podido garantizar la uni­ Sánchez Moreno, E. (2019): "Carpetanorum cum adpendicibus
Olcadum Vaccaeorumque centum milia fuere: estrategias de
dad de acción en una retaguardia multipolar y compleja.
asociación de las poblaciones meseteñas entre Cartago y
Roma (220-185 a.C.)" en Sánchez Moreno, E.; García Riaza, E.
CONSTRUYENDO UNA EPOPEYA, PREPARANDO
(eds.): Unidos en armas. Coaliciones militares en el Occidente
UNA GUERRA
antiguo. Palma de Mallorca-Madrid: Edicions UIB-Ediciones
Aun efectistas en su despliegue y exitosas en la consecución de va­
UAM, pp. 73-106.
rios de sus objetivos, las campañas movidas por Aníbal en los años
221-220 a. C. no habían conseguido neutralizar plenamente a su E Bibliografía completa en www.despertaferro-ediciones.com
favor la miríada de territorios y recursos, la variedad de actores y
agendas operativos entre las cuencas del Guadiana y el Duero. Sin
Eduardo Sánchez Moreno es profesor titular de
embargo, tales campañas deparaban dos frutos jugosos a Cartago.
Historia Antigua en ia Universidad Autónoma de
En primer lugar, habían supuesto un campo de experimentación
Madrid. Centra su investigación en el estudio de los
táctica, logística y geográfica que resultó esencial para Aníbal, una
pueblos prerromanos de la península ibérica y el
valiosa instrucción como estratega. En este sentido no deja de ser imperialismo cartaginés y romano, temáticas a las que
revelador comparar las actuaciones del cartaginés entre 221-220 a. C. ha contribuido con diversas publicaciones. Es el coordinador del grupo
(asedio de la Althia olcade; travesía hasta el valle del Duero cruzando de Investigación Occidens: Poder, Conflicto y Diplomacia en el
vados -T ajo- y pasos de montaña -sistema Central- con un ejército Occidente antiguo (www.occidens.es), y director del Seminario de
al que se suman elefantes; batalla del río Tajo...) y entre 218- Estudios del Occidente Antiguo de la Universidad Autónoma de
217 a. C. (asedio de Sagunto; travesía hasta el valle del Po cruzando Madrid (www.uam.es/SEOA).
De Sagunto a los Pirineos
L a m a r c h a d e A n ib a l p o r t e r r it o r io p e n in s u la r
Jaume Noguera - Universität de Barcelona

El p a s o d e l g r a n e j é r c it o d e A n íb a l B a r c a p o r e l n o r d e s t e d e l a p e n ín s u l a ib é r ic a a in ic io s d e l a
S e g u n d a G u e r r a P ú n ic a n o h a m e r e c id o e s p e c ia l a t e n c ió n p o r p a r t e d e l a in v e s t ig a c ió n h is t ó r ic a y
ARQUEOLÓGICA. ESTA AFIRMACIÓN PUEDE PARECER EXAGERADA, PERO TENEMOS QUE RECORDAR QUE TANTO LAS
FUENTES ESCRITAS DE LA ANTIGÜEDAD COMO LA INVESTIGACIÓN ACTUAL CONSIDERAN QUE LA ETAPA REALMENTE
IMPORTANTE FUE EL CRUCE DE LA CORDILLERA DE LOS ALPES Y LA MÍTICA LLEGADA DE ANÍBAL AL NORTE DE ITALIA.
E llo e x p l ic a q u e l a im a g e n d e l o s e l e f a n t e s c r u z a n d o l a s m o n t a ñ a s n e v a d a s f o r m e p a r t e d e n u e s t r a
MEMORIA COLECTIVA. E n ESTE MISMO SENTIDO, NO TENEMOS MÁS QUE RECORDAR LA GRAN REPERCUSIÓN
MEDIÁTICA QUE HAN TENIDO LOS RESULTADOS DE UNA RECIENTE INVESTIGACIÓN, QUE SITÚA EL PASO DE ANÍBAL A
TRAVÉS DEL COL DE LA TRAVERSETTE, AL SUDOESTE DE LOS ALPES, AUNQUE ÚNICAMENTE HAYA SIDO A PARTIR DE
LA CONCENTRACIÓN DE RESTOS DE EXCREMENTOS DE CABALLO, SUPUESTAMENTE DE FINALES DEL SIGLO III A. C .

ay diversos motivos que explican la escasa atención península ibérica, estaba integrado por contingentes iberos, ya

H dedicada a la presencia cartaginesa entre el Ebro y los


Pirineos, pero principalmente podemos destacar dos.
En primer lugar, desde un punto de vista historiográfico, desde
las mismas fuentes clásicas hasta la actualidad, este territorio
sea como mercenarios o como aliados. Por lo tanto, hay que
suponer que el armamento ofensivo y defensivo, la indumentaria
y muchos otros objetos, serian típicamente iberos. Esta cir­
cunstancia hace muy difícil distinguir los restos de un asenta­
siempre ha sido considerado un frente secundario durante la miento militar púnico, con una mayoría de tropas iberas en­
Segunda Guerra Púnica, sin la importancia que tuvieron los es­ cuadradas, de cualquier otro yacimiento ibérico de la zona, ya
cenarios de la península itálica o incluso del sur de la península sea una necrópolis o un asentamiento.
ibérica, en este caso a partir de la llegada de Publio Cornelio Pero el mismo hecho de ser tropas a sueldo de Cartago nos
Escipión, el posterior Africano. En segundo lugar, desde una ofrece una posible línea de investigación. El pago de estas tropas
perspectiva arqueológica, tenemos dos grandes problemas para se efectuaría mediante numerario cartaginés y, por lo tanto, las
estudiar esta presencia cartaginesa. El primer escollo es el concentraciones anómalas de monedas hispano-cartaginesas, acu­
escaso tiempo que permanecieron las tropas de Aníbal en esta ñadas poco antes y durante la Segunda Guerra Púnica, nos pueden
zona, a lo sumo unos pocos meses entre el verano y el otoño permitir ubicar concentraciones de estas tropas en lugares que
del año 218 a. C. Evidentemente, este pequeño lapso de tiempo coinciden con los hechos narrados en las fuentes clásicas. En
solo pudo dar lugar a asentamientos militares de carácter pro­ este sentido, tenemos que recordar que, hasta fechas muy re­
visional, supuestamente construidos con materiales perecederos cientes, la presencia de monedas cartaginesas al norte del río
y por lo tanto de difícil localización. El segundo problema se Ebro era puramente anecdótica. A partir de esta hipótesis, y gra­
centra en la identificación de estos campamentos a partir de los cias a nueva documentación arqueológica proporcionada por di­
objetos abandonados o perdidos por los soldados que los ocu­ versos proyectos de investigación, aun en curso, vamos a intentar
paron. Los restos de armamento, monedas, tachuelas de las cá- ofrecer un nuevo relato de la marcha de Aníbal Barca, relacio­
ligas, botones, fíbulas y otros utensilios de uso personal, han nando las fuentes históricas y los datos arqueológicos.
sido muy útiles para identificar campamentos legionarios ro­ Prácticamente todo nuestro conocimiento histórico se lo
manos. Pero, ¿qué tipo de restos nos servirían para identificar debemos a Polibio y a Tito Livio, sobre todo gracias al primero,
un campamento cartaginés? Aquí radica el problema. Sabemos que tuvo información de primera mano a partir de su estrecha
que el grueso de las tropas cartaginesas, especialmente en la relación con el circulo de los Escipiones, y que incluso pudo
OESPERTA FERRO 41

▼ Figura de bronce procedente del santuario del COLLADO DE LOS JARDINES (Santa Elena, Jaén), donde fue depositada a modo de exvoto u
ofrenda a los dioses. Se fecha en los siglos IV-lll a. C. Representa a un GUERRERO IBERO armado con una lanza arrojadiza enteriza de hierro
típicam ente ibérica, esto es, lo que los romanos denom inaron con el térm ino de SOLIFERREUM. En la misma mano se aprecian los restos de
un segundo soliferreum, peor conservado; esto dem uestra que un guerrero podría llevar más de uno, lo que no ha de extrañarnos pues se
consum ían en el com bate, al ser arrojados. Viste asim ism o un m anto grueso de lana conocido como sagum. Nótese cómo en la unión de
am bos cabos de este manto, a la altura de la cintura, asoma la em puñadura de una espada de tipo falcata. También resulta de gran interés en
peinado de esta figura, que revela una tonsura o decalvado deliberado de la parte superior de la cabeza, y que combina con pequeñas trenzas
que caen a los lados de esta. Museo Arqueológico Nacional de España, © dorieo

hablar con personas que habían combatido durante el conflicto. En cualquier caso, la facción prorromana se impuso sobre
A partir de estos autores sabemos que Aníbal llevaba años pre­ la filocartaginesa, cosa que probablemente provocó la reacción
parando la invasión de la península itálica y que el sitio de m ilitar de Aníbal Barca, amparado por tratados anteriores,
Arse (Sagunto) fue una operación preliminar destinada a refor­ donde se indicaba “que nadie ordene nada que afecte a los do­
zar su posición en Iberia, y no tanto para provocar el conflicto. minios del otro [...], y que no atraigan a su amistad a los aliados
Sin duda, la antigua Arse era una de las ciudades ibéricas del otro bando” (Pol. III.27.4).
más importantes de la costa, ya que en esas fechas ya acuñaba Los arsetanos pidieron ayuda a Roma, que envió una emba­
moneda de plata y disponía de un senado, a la vez que estaba jada, pero que llegó a la ciudad cuando esta ya estaba siendo
dotada de un potente sistema defensivo y de un barrio por­ asediada. Aníbal no quiso recibirla, y el senado cartaginés tam­
tuario desde donde mantenía estrechos contactos co­ bién rechazó sus peticiones. Desde el punto de vista púnico,
merciales con los diferentes emporios de la zona, y los arsetanos habían atacado a
donde probablemente residía una pequeña colonia sus aliados indígenas, y por
de comerciantes griegos y latinos. tanto estaban en su derecho de
El supuesto origen heleno de esta población, sus castigarlos. Quizás la clave de
relaciones con Roma y la misma dualidad de su nom­ todo el asunto sería determinar
bre, Arse-Saguntum, han hecho correr ríos de tinta. en qué momento los arsetanos se
Sin duda este debate hay que vincularlo con su pa­ convirtieron en aliados de Roma,
pel como casus belli de la Segunda Guerra Púnica, pero en ningún momento se pre­
y sobre todo con la posterior deformación de los cisa esta circunstancia, quizás pre­
hechos por parte de los analistas romanos, con el cisamente porque nunca hubo un tra­
objetivo de intentar justificar la intervención ro­ tado de alianza. Si tenemos en cuenta
mana en una zona sobre la cual no tenían ju­ el esfuerzo dedicado por la historiogra­
risdicción. fía romana posterior para justificar la in­
El tratado entre Roma y Car- tervención de Roma, es evidente que este
tago de 226 a. C., probablemente hipotético tratado se habría utilizado, in­
con el beneplácito de Cartago, bá­ cluso por la segunda embajada romana en­
sicamente estipulaba que los ejércitos viada el 218 a. C. a Cartago, y que serviría
cartagineses no podían cruzar el río para declarar la guerra oficialmente.
Ebro en armas, de manera que implíci­ Fue un asedio largo, ocho arduos meses du­
tamente reconocía el control cartaginés del terri­ rante los cuales los habitantes de Arse ofrecieron
torio al sur del Ebro. Este acuerdo hay que en­ una feroz resistencia. Prueba de ello es que el
marcarlo en el contexto de la guerra que mantenía mismo Aníbal fue herido por una jabalina ibérica,
Roma contra los galos cisalpinos, y en su deseo que le atravesó el muslo. La descripción de los combates
de no abrir otros frentes de conflicto. realizada por Tito Livio es un ejemplo del desarrollo de la
La expansión púnica en la península Ibérica, que poliorcética ibérica y cartaginesa. La ciudad, situada sobre
tuvo su cénit con la fundación de Qart Hadasht (Car­ una elevada colina y protegida por un circuito de murallas y
tagena), tuvo como consecuencia natural que los pue­ torres, únicamente cayó tras el empleo de un amplio abanico
blos y ciudades indígenas se vieran progresivamente involu­ de ingeniería helenística. El ejército cartaginés construyó obras
crados en la aceptación del nuevo poder. En el contexto de asedio alrededor de toda la ciudad, utilizó arietes y manteletes, e
geográfico del levante peninsular las fuentes escritas son con­ incluso torres de asalto móviles dotadas de artillería de torsión. Esta
fusas, pero en general se acepta que se produjeron graves con­ maquinaria bélica sin duda obligó a los ingenieros púnicos a la cons­
flictos entre la ciudad de A rse y diversas tribus vecinas, las trucción de rampas de asalto para aproximar estos ingenios a una
cuales recibían el apoyo cartaginés. Igualmente parece seguro zona elevada. Ello les permitió batir las murallas y a sus defensores
que en la ciudad de A rse había diferentes facciones políticas, con proyectiles de balista y catapulta, pero parece que el colapso de
una de las cuales era prorromana y una segunda filocartaginesa. las murallas y de las torres se debió más bien al uso de los arietes y
Algunos investigadores opinan que estas diferentes facciones del trabajo de zapapicos, en gran parte debido a que las construcciones
obedecerían a distintos intereses políticos y económicos rela­ defensivas no estaban unidas con mortero (Livio XXI.11.7-10).
cionados con la presencia de una ciudad con dos núcleos urba­ Finalmente, la ciudad cayó y fue saqueada. Pero hay que
nos: uno situado en lo alto de la colina y otro situado en la rechazar la visión apocalíptica de una ciudad arrasada y con su
costa, probablemente en la zona del Grau Vell, y que ello podría población masacrada, trasm itida especialm ente por Livio
explicar la dualidad del nombre Arse-Saguntum. (XXI.14-15) y Apiano (H isp . 12). De hecho, si Aníbal repartió

◄ Vista general de la m ontaña del Castell de Sagunt, en cuya cima se asentó el OPPIDUM IBÉRICO DE ARSE, rebautizado como Sagunto por los
romanos. La fotografía fue tom ada por J. Laurent en 1870 y muestra un aspecto más sim ilar al que pudo tener en época antigua al que muestra
hoy en día. El prim itivo poblado Ibérico ocupaba únicam ente una parte de la m ontaña, el extrem o más occidental de la misma, que corres­
ponde al que vem os a la derecha en esta Imagen (plazas Dos de Mayo, Ciudadela y Estudiantes).
A n íb a l B a rca
Del asedio de Sagunto al inicio de la Segunda Guerra Púnica, 219-218 a. C.
IACETANOS Etnia ibera
TITOS Etnia celtibérica e

/
lerci C a.nt á b r i c a
OLCADES Posible etnia celtibérica ¿ o Vd i
ORETANOS Otras etnias hispanas o «o

O
O
G ad ir-Cádiz
Enclave púnico
Enclave griego
Enclave indígena
Nombre clásico-acfua/
A/TAB ROS

T u fíl^ l
o
ft'
V
\
Gran parte de estos enclaves indígenas solo son OGOS
conocidos a partir de las campañas romanas del Tritium Autrigonium q
o * *0/1/
s, II a.C„ y en otros sus cronologías son discutidas, O
por lo que hay que tomar su presencia a finales O Segisamon % aT
Uurcís Bolskan
d e is. Ili a C. con prevención. Lacóbriga
'Sq A 4 O
O O
Órbita cartaginesa al comienzo
Intercatia? o % % % R GE 1
% O Belsinon
de la Segunda Guerra Púnica
Bajo influencia cartaginesa
Pallantia-Palenzuela Æ
* /} Numancia
w Contrebia O Ai
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Cluniaco Leucade A ti aun
LU
Rauda o ° Ao°Os •C aiaVls' O Salduie ¿1/
O ¿Voluce?-Los Castejones O , O
Septimanca Contrebia O Lakine P Toss
A Uri us _ O O O Q f\T O S Belaiska O
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Segeda 'T^Belikiom Bl Taratrato J
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O BELOS ^ Ilduk° o ? e c ^ ceiV ^
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Alcalá de Henares ¿Ercávica? ^Ua?
O ¿Aebura? Ó ¿Lobetum? O
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¿Turba? jS? d e F o io s .
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lulipa Sisapo La Serreta
O O O retana
¿Balleia? ¿Hélice? I'unum Illeta dels Banyets
O o n
e n « Coimbra del Aspis &Tossalde
M 0 r IUici-O Munisses.
Barranco Ancho
tP O La Picola
Baecula- Asso O El Oral
S 1 O ■ La Fonteta
Kastilo-Cástulo Santo Tomé O
Iliturgi-Mengíbar O O z El Cigarralejo
¿Kardub, Cabecico del Tesoro
Córd o b < £ O Obulco p uen(e Tablas O Tugia <
Carbula O O O Los Nietos
“ A O ^ w V í <P ° o ° O O ssigi
G ^ í& e tts 0 Ulía Orongis-Zuéí! O Mentesa Bastia UtUgl tu
T U R D Cerro de la Cruz K.
Cartago Nova
Iptuci E T A N 0 °c ^ n d a to
Ilipa 0 Almedinilla , Rè «9
O o - i s t em»
Ilipla O Carmo/¿Akra Leuké?-Carmo«a Baiia-Villaricos
O Pésula Bash Ilurco-Cerro de los Infantes
n :ÍIiPPo OO Ventippo
■ O_ o °o
Onuba-Huelva O nppo Urso-Osuna 'ist. pplÁt O
aPa~Estepa Iliberri-Granac/a
usti ñus
VÍ Carisa
nO. O B Á S T U L O S
Nabrissa
Asta
castillo de Doña Blanca, Acinipo Sexi-Almuñécar Abdera Adra
Lascuta ^ J a kí -Málaga_
Gadir- Cádiz Tropas enviadas por Aníbal al norte de África:
O 13 850 infantes y 1200 jinetes, provenientes, principalmen­
te, de los prueblos bastetano, óleade y oretano, además de
870 honderos baleares. Serán acuartelados en Cartago y el
territorio púnico que se extiende entre la capital su extremo
Carteia-' más occidental.
Bailo-Baelokun
O Agath é-Agde DESPERTA FERRD 43

O Pedi Maho
esclavos entre sus tropas, o si ocho años después los romanos
reconquistaron la ciudad y la retornaron a sus antiguos mora­
dores supervivientes (Livio XXIV.42.9-11) es que la ciudad no
fue destruida ni su población aniquilada.
Iliberris-E/na
Tras la conquista de Arse, Aníbal envió a sus soldados ibéricos
a descansar durante el invierno a sus lugares de origen, con el
compromiso de regresar a inicios de la primavera a Qart Hadasht
Mas Castellar l O Rhode-Roses
C T O Ampurias (Cartago Nova) para preparar la marcha. Durante este tiempo,
Aníbal aprovechó para concertar alianzas, pagar favores y reclutar
L’Esquerda í s QUllastret
y reorganizar tropas. Por ejemplo, destinó contingentes de aliados
* usetanos " l’ilia den Reixac
iberos al norte de África y trasladó libios a la península ibérica,
Q9 Turó O Puig Castellet
del Montgrós O movimientos tácticos que tenían como objetivo asegurarse la fi­
Burriac delidad de estos pueblos. También sabemos que envió emisarios
Turó de Ca rí Oliver
Q y. LAIETANOSO Puig Castellar a régulos iberos y galos, en algún caso pagando fuertes sumas de
Tossili de la Pietà Penya del Moro dinero, que le aseguraban paso franco y quizás también abasteci­
Montju'ic
O Sant Miquel d’Olèrdola mientos durante el largo camino. Hay que tener muy presente
oJMasies de Sant Miquel que el objetivo principal de la marcha de Aníbal era cruzar los
Vilar de Valls -O
n Alorda Park Alpes y llegar a la llanura del valle del río Po antes del invierno,
Q
<<P Kese-Tarraco por lo que no podía demorarse en largos sitios como el de Sagunto.
Castellet de Banyoles
Además, contaba con cubrir la inmensa distancia de 1600 km
O Coll del Moro mediante la colaboración de diversos pueblos, sobre todo de los
Hibera
galos cisalpinos, que mantenían una feroz disputa con Roma.
O Moleta de Retnei 100 km
El ejército de Aníbal, formado por 90 000 infantes y 12 000
'QPerengil
jinetes, partió de Qart Hadasht en la primavera del año 218 a. C.
l% ¡ jf de la Ñau y, por el camino de la costa (marítima ora), en aproximadamente
un mes debió de llegar a la desembocadura del río Ebro, atrave­
O Campaña contra Arse-Sagunto. El asedio de la población
se va a prolongar por espacio de ocho meses. sando el territorio de los íberos ilercavones sin problemas.
© Durante el asedio de Sagunto, carpetanos y oleades se Tito Livio (XXI.23.1) indica que Aníbal dividió su ejército en
levantan contra las imposiciones de levas ordenadas por el tres cuerpos para cruzar el río Ebro, probablemente una medida
bárcida. Los cartagineses enviados a las ciudades son rete­ destinada a acelerar su paso y disminuir riesgos. Pero no precisa
ixse- nidos y el descontento se extiende. Aníbal debe abandonar los lugares de paso concretos. Ahora bien, es evidente que debió de
agunto temporalmente la dirección del sitio (entrega el mando a Ma- escoger vados naturales o lugares donde el río circula más lenta­
hárbal) y al frente de un ejército avanza por sorpresa sobre
mente, se ensancha su cauce y disminuye su profundidad, es decir
los rebeldes. La rapidez de su intervención sorprende a la
junto a los meandros. Precisamente en el gran meandro que dibuja
mayoría y todos deponen las armas. Tras sofocar el conato de
el río en la zona de Les Aixalelles, junto a la actual población de
Játiva revuelta, Aníbal regresa a Sagunto. Caída de Sagunto, invier­
no de 219-218 a. C., y vuelta del ejército a Cartago Nova. A su Aseó (Tarragona), a unos 70 km al norte de la desembocadura del
istillar Ebro, recientes trabajos de investigación han permitido recuperar
O llegada recibe la noticia de que Roma ha declarado la guerra
e f e a Cartago. El cartaginés desmoviliza sus fuerzas e inicia los un conjunto de veinte monedas hispano-cartaginesas -una de ellas
’i'alta \de Pous preparativos para la campaña de Italia, en 218 a. C. Enviados un cuarto de séquel de plata- y una punta de flecha de bronce con
ta cartagineses parten a las Galias para sondear el estado de arponcillo lateral conocida como de tipo Macalón. Se trata de la
estos pueblos.
anyets concentración de monedas púnicas más importante al norte del río
0 Tal y como habían prometido, en la primavera de 218 a. C.
Ebro, con la única excepción de las halladas en los campamentos
salde los diferentes contingentes de su gran ejército acuden escalo­
russes romanos de Nova Classis (1’Aldea, Tarragona), y de Emporion
cola nadamente a Cartago Nova. Mientras sus fuerzas se rearman y
(l’Escala, Girona), precisamente los únicos lugares donde también
preparan, Aníbal navega a Gadir, allí visita el templo de Melkart.
teta se han recuperado puntas de flecha de tipo Macalón, características
Cumple con los votos adquiridos y se compromete a otros nue­
vos para la guerra contra Roma. del sur peninsular. Pero en estos dos últimos casos sin duda estamos
O De vuelta en Cartago Nova, Aníbal despacha a África ante objetos saqueados por las tropas romanas tras sus victorias
contingentes escogidos de tropas, entre ellos oleades y car­ sobre los cartagineses en la batalla de Kissa (218 a. C.), en la batalla
petanos, pueblos de dudosa fidelidad pero que, trasladados naval junto al delta del Ebro (217 a. C.) o en Hibera (216 a. C.). Por
lejos de sus territorios, servirán con eficiacia. Otros, desde el contrario, en Les Aixalelles hasta el momento no se ha recuperado
África, son transportados a Iberia.
ni un solo objeto que pueda llevar a pensar que estamos ante un
O Primavera de 218 a. C. El ejército de Aníbal parte de Car­
campamento romano. En definitiva, la única hipótesis plausible es
tago Nova y se dirige hacia el norte, camino de Italia.
© El territorio ibero al norte del Ebro es sometido por el car­
que estemos ante evidencias arqueológicas del cruce y breve esta­
taginés. Hanón, al frente de un contingente, queda a cargo de cionamiento de tropas cartaginesas en campaña, es decir ante uno
la región. Antes de atravesar los Pirineos, Aníbal se deshace de los pasos utilizados por Aníbal Barca para atravesar el Ebro.
de las tropas menos fiables, entre ellas a unos 3000 carpeta- Una vez cruzado el río, Polibio (III.35.2) indica que sometió a
nos, a los que permite regresar a sus tierras. las tribus de los ilergetes, andosinos, arenosios y bargusios, mientras
© Atravesados los Pirineos, Aníbal acampa en lliberris. No que Livio (XXI.23.2) dice que sometió a los ilergetes, lacetanos,
lejos de él, en Ruscino, se han reunido fuerzas de los galos ausetanos y bergistanos. Las citas a estos pueblos merecen un
decididos a no dejarle pasar. El cartaginés trata con sus lí­
breve comentario. En primer lugar, es probable que Livio se refiera
deres, a los que colma de obsequios, ganándose con ello su
colaboración. Hasta el Ródano, el bárcida se servirá, con éxi­
to, del soborno o la amenaza para garantizarse el paso franco
por el sur de la Galia.
44 DESPERTA FERRO

T Ejem plar de PUNTA DE FLECHA DE BRONCE hallado en el probable cam pam ento púnico de Les Aixalelles (Aseó, Tarragona). Pertenece al
TIPO MACALON, que se caracteriza por su arponcillo lateral (parcialm ente visible aquí). Este tipo de punta de flecha se asocia de forma recu­
rrente a yacimientos fenicios y púnicos, lo que refuerza la identificación propuesta del lugar de hallazgo con un establecim iento militar bárclda,
probablem ente un cam pam ento de paso em pleado por escaso tiem po por las tropas de Aníbal Barca en su viaje en dirección norte, hacia los
Pirineos, s j a u m e n o g u er a

a los ausetanos del Ebro u ositani, un pueblo que probablemente no había tenido ningún problema para cmzar el río Ebro, ni ilerca­
hay que situar en la zona del bajo Aragón, por lo tanto vecino de vones, ositanos o ilergetes opusieron ningún tipo de resistencia
los ilergetes e ilercavones. Por otra parte, hay que considerar a cuando los cartagineses eran más vulnerables, como sí hizo en
bargusios y bergistanos un mismo pueblo, que junto a andosinos, cambio la tribu de los voleos arecómicos durante el cruce del río
árenoslos y lacetanos ocupaban la vertiente meridional de los Pi­ Rodano, meses más tarde.
rineos orientales. En cualquier caso, se trata siempre de pueblos Por último, a decir verdad, Polibio precisa que Aníbal tuvo
del interior, por lo que parece evidente que a partir del río Ebro la que abrirse paso entre pueblos hostiles, en una rápida campaña
ruta se desvió hacia el norte, sin duda con el objetivo de evitar los en la que tuvo numerosas bajas, pero probablemente hace refe­
pueblos iberos de la costa y especialmente las pequeñas colonias rencia a las tribus que ocupaban las inmediaciones de los des­
griegas de Emporion y Rhode, aliadas de Roma. Evidentemente filaderos pirenaicos.
no tenían capacidad para oponerse al avance cartaginés, pero sí Una vez controlado el territorio, Aníbal se tomó un tiempo en
para retrasarlo, cosa que Aníbal quería evitar a toda costa. dar descanso a las tropas y reorganizarlas. Levantó un campamento
En segundo lugar, hay que poner en duda que los cartagineses al sur de los Pirineos, donde licenció a unos 10 000 hombres con
tuvieran que someter a algunas de estas tribus, especialmente a la poco espíritu combativo y separó un contingente de otros 10 000
más poderosa de ellas en la época, los ilergetes. Recordemos que el infantes y 1000 jinetes bajo las órdenes de Hanón, con la misión
ejército cartaginés ya contaba con contingentes ilergetes mucho específica de mantener abiertos los pasos de montaña y controlar
antes de atravesar el Ebro (Pol., III, 33,15; Liv. XXI, 22,3). Además, a los pueblos de la zona aliados de los romanos, como los bargusios.
estos pueblos fueron aliados de Aníbal, como mínimo durante los Por último, también dejó a su cargo la impedimenta de las tropas
primeros compases de la guerra. Por otra parte, el ejército púnico que continuaban la marcha hacia la península itálica.
Acto seguido, Aníbal cruzó los Pirineos con un ejército de
50 000 infantes y 9000 jinetes, descendiendo por los desfiladeros
de la vertiente norte controlados por los sordones, llegando hasta
la ciudad de Iliberris, la actual Elna (Rosellón). Allí pactó con
diversos pueblos el derecho de paso, por lo que en principio pa­
rece que pudo dirigirse tranquilamente hacia el norte. A pesar de
todo, se han identificado destrucciones en la zona fechadas en
esta época, como la producida en el asentamiento de Pech Maho
(Sigean), situado a 70 km de Iliberris, en el límite entre los
pueblos iberos y ligures. La ciudad fue arrasada a finales del
siglo III a. C. por asaltantes que disponían de artillería de torsión,
por lo que no se puede descartar la posibilidad de que fuera una
destrucción cartaginesa.
Casi al mismo tiempo que Aníbal cruzó el río Ródano, a
pesar de los voleos arecómicos, llegó a Massalia la escuadra ro­
mana. Ante la imposibilidad de alcanzar a los cartagineses, Publio
Cornelio Escipión decidió regresar al valle del Po para derrotarlos
cuando descendieran de los Alpes, pero encargó a su hermano
Cneo continuar la navegación hasta Emporion con la mayor parte
de las legiones. Esta decisión pone de relieve la importancia del
frente de la península ibérica para los romanos, sin duda eran
conscientes que tenían que socavar la retaguardia de Aníbal, para
evitar que recibiese tropas de refuerzo, dinero y provisiones
(véase “Iberia, ¿el frente decisivo?” en Despena Ferro Antigua
y M edieval n.° 17). Cneo Cornelio Escipión desembarcó en Em­
porion en el verano del año 218 a. C. y, acto seguido, descendió
por la costa hasta el río Ebro. El control de esta zona fue muy rá­
pido, en gran parte gracias a que los pueblos de la zona mantenían
una relación fluida con Roma, puesto que Livio comenta que en
ocasiones se renovaron acuerdos.
A continuación, Cneo se dirigió hacia el territorio de los
ilergetes, donde se situaban las tropas cartaginesas dejadas por
Aníbal. Su comandante, Hanón, le presentó batalla junto a una
población, denominada Kissa por Polibio (III.76.5) y Cissis
por Livio (XXI.60.7). Los cartagineses fueron derrotados y
Hannón e Indíbil, caudillo ilergete, apresados. Además, los ro-
DESPERTA FERRO 45

► MONEDA PÚNICA DE BRONCE, con valor de 1/5 de calco cartagi­


nés, hallada en el yacim iento de Les Aixalelles. Nos hallamos ante
una PRODUCCIÓN CARTAGINESA PENINSULAR acuñada entre los
años 221 y 218 a. C., por tanto durante la dom inación de Aníbal
Barca. Su iconografía es en extrem o interesante y reveladora. En el
anverso aparece la efigie de la divinidad principal del panteón pú­
nico, la diosa Tanlt, con moño y tocado de espigas; se trata, clara­
mente, de una afirmación de la filiación cultural del acuñador (en
este caso, Aníbal). En el reverso, un casco corintio muy esquem ati­
zado, que probablem ente debamos Interpretar como expresión de
la voluntad expansiva del dom inio bárcida por medio de la fuerza
de las armas. © ja u m e n o g u era En cuanto a la concentración de restos arqueológicos vin-
culables a la presencia de tropas cartaginesas en la zona de
manos asaltaron la población ibérica de Cissis y saquearon los TUrgell, quizás se tendría que vincular con el campamento de
campamentos cartagineses, de donde obtuvieron un gran botín, las tropas de Aníbal antes de cruzar los Pirineos, o con los mo­
ya que allí se guardaban las pertenencias de los soldados que vimientos de las tropas de Hanón poco después.
habían marchado con Aníbal. La derrota de la coalición cartaginesa e ilergete en Cissis re­
Hasta el momento ha sido difícil precisar la ubicación de presentó prácticamente el fin de la efímera presencia púnica al
esta localidad, denominada Cissis o Kissa, pero en cualquier norte del Ebro. El mismo Asdrúbal Barca, que cmzó el río en
caso hay que descartar su identificación con la ciudad cesetana ayuda de Hanón (quizás por el mismo lugar que lo hizo Aníbal
de Kese, la posterior Tarraco romana, ya que Livio menciona las pocos meses antes), cuando se enteró de su derrota, cambió de di­
dos poblaciones en el mismo párrafo, diferenciándolas clara­ rección y se dirigió en una rápida incursión hacia Kese/Tarraco.
mente. Si seguimos la narración lógica de las fuentes escritas, Allí sorprendió y atacó a las tripulaciones de la flota romana que
Kissa/Cissis tendría que situarse en algún punto entre Tarragona se habían entregado al pillaje, pero rápidamente regresó al sur del
y el Prepirineo. En la actualidad, las novedades de la investigación Ebro. A partir de ese momento los cartagineses nunca más pudieron
arqueológica nos permiten proponer dos posibles ubicaciones. poner un pie al norte del Ebro, a pesar de sus múltiples intentos,
La primera se localiza en la zona de la comarca de TUrgell, excepción hecha de la campaña que permitió finalmente a Asdrúbal
donde recientes trabajos de investigación han identificado una cruzar el río, los Pirineos y los Alpes en ayuda de su hermano, y
concentración de decenas de monedas hispano-cartaginesas de que concluyó con su derrota y muerte en el norte de Italia, en la
bronce, dispersas en un amplio radio entre los municipios de batalla de Metauro en el 207 a. C., y con su cabeza lanzada al in­
Agramunt, Anglesola y Bellpuig. Precisamente en el centro de terior del campamento de Aníbal. Pero esa ya es otra historia.
esta zona se sitúa la ciudad ilergete del Molí d ’Espígol (Torna-
bous, Lleida), con niveles de destrucción y abandono generali­
zados datados a finales del siglo III a. C. La segunda ubicación B I B L I O G R A F Í A B Á S IC A
se localiza en la comarca de TAlt Camp, precisamente en una Beltrán, E. (1984): "Problemas en torno al comienzo de la II
zona de paso obligado en el camino que conduce desde la costa Guerra Púnica" HannibalPyñnaeum transgreditur, 5éCol-loqui
de Tarragona a los altiplanos de la zona de TUrgell. Concreta­ d'Arqueologia de Puigcerdà, pp. 147-171.
mente los diversos hallazgos de moneda de bronce hispano-car- Bosch Gimpera, P. (1965): "El pas del Pirineu per Aníbal",
taginesa se hallan dispersos en un radio de 10 km con centro en Homenaje a Jaime Vicens Vives, Barcelona, pp. 135-141.
la localidad de Valls (Tarragona). Precisamente bajo el núcleo Giralt, F. (2015): "Cartagineses y romanos en la llergecia.
urbano actual se sitúa una ciudad ibérica de unas seis hectáreas Testimonios numismáticos'; Revista d'Arqueologia de Ponent,
conocida como el Vilar, donde diversas excavaciones también 25, pp. 83-101.
han identificado niveles de destrucción e incendio datados durante Noguera, 1; Ble, E.; Valdés, P. (2013): La Segona Guerra Púnica en
la Segunda Guerra Púnica. En este caso, el aspecto más intere­ el nord-est d'Ibèria: una revisió necessària. 10è Premi
sante es que diversos trabajos de prospección arqueológica han d'Arqueologia Memorial Josep Barbera i Farras, Societat
Catalana d'Arqueologia.
permitido recuperar, en los terrenos que rodean a la antigua
Proctor, D. (1974): La expedición de Aníbal en la historia. Madrid:
ciudad ibérica en un radio de unos 600 m, catorce proyectiles de
Espasa-Calpe.
honda de plomo, quince monedas de bronce y un cuarto de séquel
Romeo, E; Garay, J. I. (1995): "El asedio y toma de Sagunto según
hispano-cartagineses, seis óbolos de Massalia, un as y una uncia
Tito Livio XXI. Comentarios sobre aspectos técnicos y
romano-republicanas y monedas de Emporion, Rhode y Ebusus.
estratégicos'! Gerión 13, pp. 241 -274.
Significativamente, las únicas monedas recuperadas en las escasas
Sánchez González, L. (2000): La Segunda Guerra Púnica en Valencia:
excavaciones desarrolladas en el interior de la ciudad ibérica son problemas de un "casus belli" Valencia: Diputado de Valéncia.
un sextante de Roma y una unidad de bronce hispano-cartaginesa.
En definitiva, el asentamiento ibérico del Vilar de Valls reúne z Bibliografía completa en www.despertaferro-ediciones.com
muchas condiciones que permiten identificarlo con el oppidum
parvum, de escasa importancia, de Cissis/Kissa que mencionan
Jaume Noguera Guillén es profesor titular de
tanto Livio como Polibio: está en un punto estratégico en la ruta Arqueología de la Universidad de Barcelona, donde es
entre la costa de Tarragona y el interior, fue destruida violenta­ miembro del Grup de Recerca sobre l'Arqueologia de la
mente durante la Segunda Guerra Púnica y en sus proximidades Complexitati els Processos d'Evolució social (GRACPE).
se recuperan concentraciones de monedas que hay que relacionar Actualmente dirige diversos proyectos sobre la
con la presencia de tropas cartaginesas, quizás el campamento protohistorla en el nordeste peninsular o sobre la guerra y el conflicto
púnico situado junto a la ciudad ibérica. en época romana republicana.
4B DESPERTA FERRO

Las monedas
de los Barca
M.aPaz García-Bellido García de Diego

De l a o c u p a c ió n d e I b e r ia p o r l a f a m il ia
Barca n o p o s e e m o s d o c u m e n t o s h is t ó r ic o s
p r im a r io s co m pleto s, a no ser la r ic a s y
EXPLÍCITAS EMISIONES MONETARIAS QUE ELLOS MISMOS
ACUÑARON Y PUSIERON EN CIRCULACIÓN EN LA PENÍNSULA. LOS
TEXTOS LITERARIOS CARTAGINESES NO EXISTEN Y LOS GRECOLATINOS SON MUY
INCOMPLETOS, APARTE DE MUY PARCIALES EN SU INTERPRETACIÓN HISTÓRICA. L a
ARQUEOLOGÍA NO HA SIDO TODAVÍA SUFICIENTEMENTE EXPLÍCITA PARA PODER CONTAR CON
UN PANORAMA COMPLETO DE LA OCUPACIÓN CARTAGINESA DE HlSPANIA, AUNQUE ES CIERTO QUE EN LAS ÚLTIMAS
DÉCADAS ESTÁ SALIENDO A LA LUZ MUCHO Y EN MUCHAS CIUDADES DE ORIGEN O INFLUENCIA CARTAGINESA.

as acuñaciones monetarias son la única información

L
información numismática originaria. El hecho de que cada
prim aria sobre los Barca y hoy podemos juzgar, al cuño emitiera de 10 000 a 30 000 monedas nos da la seguridad
igual que los dominados, los ciudadanos y los enemi­ de tener al menos un ejemplar de cada cuño y poder analizar
gos, la información política que la familia quiso transm itir a las emisiones en su casi totalidad.
sus contemporáneos. Esta estudiada propaganda discurre en
las riquísimas emisiones de plata, oro y bronce, con imágenes ETAPAS DE LA ACUÑACIÓN BÁRCIDA
cargadas de ideología política, expresada en un lenguaje he­ Las diferentes ideologías políticas por las que pasaron los Barca
lenístico bien comprensible para los usuarios de entonces y en el transcurso del dominio de Iberia nos lo muestran bien las
del que poseemos casi completos los códigos de lectura. Es monedas y nos permiten separar tres períodos cronológicos
pues, la moneda, un documento privilegiado para juzgar hoy que, grosso modo, podemos asociar a los tres strategoí prota­
la im presión que los Barca buscaron dejar ayer. Pero, así gonistas, y que muestran las distintas personalidades de Amílcar,
como las imágenes son riquísimas y excepcionales para la Asdrúbal y Aníbal. Los Barca propiamente dichos mostraron
transm isión de su ideología política, rompiendo con la vía un mayor apego a la tradición cartaginesa, tanto religiosa como
oficial cartaginesa en la que los tipos se repetían y convertían política, eligiendo tipos y valores que coincidían bien con el
en emblemas perennes del imperio, iguales en Sicilia que en resto de las acuñaciones de su metrópoli: caballo con palmera,
Cartago y en un principio también en Iberia, estas monedas cabeza de caballo vuelta en los reversos, caballo saltando, y en
fueron todas anepígrafas y con ello se nos priva de una infor­ los anversos cabeza de Tanit en sus diferentes facetas religiosas
mación escrita que hubiera sido complem entaria a la que nos y todo ello en valores de séquel y sus divisores. Otra muy dis­
ofrecen las imágenes. tinta será la voluntad de Asdrúbal.
Este silencio epigráfico es extraño en estas fechas pues la
más extensa difusión de las ideologías de los diádocos, a cuyo Amílcar en Gadir 237- 229 a. C.
ambiente cultural sin duda los Barca quisieron pertenecer, se Las primeras emisiones hispano-cartaginesas se hicieron tras
hizo a través de las monedas y de los epígrafes en monumentos el desembarco de Amílcar strategós autokrátor de Libia y de
públicos, donde se transmitía la bondad, el poderío y el valor Iberia en el 237 a. C. (Diodoro Sículo XXV.10.1; Apiano, Iber.
de las dinastía, tres realidades a cuya difusión los gobernantes 5). Es seguro que el general acuña nada más llegar a la Península
dedicaron mucho esfuerzo y con él mostraron su cara mejor a y posiblemente en la propia Gadir inicia una emisión en plata
los contemporáneos, utilizando de manera profusa las ins­ con los tipos y arte similares a los modelos de Cartago, hasta el
cripciones públicas. Por ello, este silencio epigráfico nos im­ punto de que solo por la procedencia española de las piezas y
pide calibrar hasta dónde hubieran personalizado los Barca la metrología de séquel gaditano de 4,3 g (teóricamente un
su propaganda, si utilizando epítetos que se añadirían a los 4,7 g) podemos decir que es de Hispania.
nombres de Amílcar, A sdrúbal el Bello, Aníbal, A sdrúbal Sin embargo, A m ílcar cam bia pronto de ceca y de m etro­
Barca y Magón o haciendo alusión a los cargos gubernativos logía aunque m antiene la iconografía greco-cartaginesa. La
de los que ellos eran detentores. Sabemos que las fuentes fundación en 231 a. C. de su prim era capital, A kra Leuké
griegas les denominan a cada uno como strategós autokrátor como la llaman los textos griegos, quizás Carmona, conlleva
o basileús, este último dedicado a Asdrúbal el Bello; pero si la apertura en ella de una ceca, que em ite bronce y posible­
además fueron denominados con algo sim ilar a los epítetos mente plata, de nuevo de la divinidad femenina, Tanit, coro­
griegos euergétes, sóter, nikátor, díkaios o theós, esto no lo nada de espigas y a caballo saltando con estrella en alto. Se
sabremos nunca a no ser que aparezca alguna inscripción de abandona la m etrología gaditana en favor del patrón cartagi­
tipo oficial, un desiderátum que hasta ahora no hemos visto nés de un séquel de 7,60 g, reducido en Iberia a 7,14 - lo que
cumplido. Sí poseemos sin embargo en torno al 90 % de la ya había hecho en G ad ir- debido a la altísima calidad de la
ULUI Ll\ I H I CH HU

▼ Triséquel o triple sid o de plata cartaginés en el que se aprecia el retrato de A S D R Ú r a i f i r f i i d p * r


mente en AkraLeuké o Cartago Nova, en tiempos de su qobierno (228 2?1 a n Mñt L B E L L O -Esta pieza fue acunada en Iberia, probable-
sino como basileús ("rey") h e L ís t ic o (la diadem a o I T I r J C ) ' Not! SS que e" este caso no a Parece con atributos de divinidad

plata hispana en relación con la de Cartago, como bien vio


de la familia por su utilización en las campañas de Iberia. Se
L. Villaronga, patrón que se m antendrá los treinta años que
está describiendo a una dinastía hereditaria, como pudiera ser
durará el dominio cartaginés en Hispania. Durante esta pri­
la de los Tolomeos, los Seleucos o los Antígonos.
mera etapa de presencia en Gadir y en su hinterland, Amílcar
Pero, dentro del programa, de esa misma emisión, Asdrúbal
establece una am plia serie de asentam ientos de mercenarios,
se reserva el papel de monarca vivo distinguiendo bien las di­
clerujías [N. del E.: institución griega consistente en la con­
ferentes facciones y ciñéndose una diadema, una tainía, propia
cesión de tierras de frontera a mercenarios en activo cambio
solo de los monarcas vigentes. En el reverso elige como em­
del préstamo de sus servicios], algunos sobre poblaciones
blema una proa de barco militar, con escudos en cubierta,
turdetanas ya existentes y que hoy hemos llam ado libiofeni-
alusiva a la escuadra creada en Cartago Nova, la nueva capital,'
cios. Asido, Oba, Lascuta, Iptuci... unos asentam ientos que
esta en la costa, no como Akra Leuké que estaba en el interior.
reforzaban el territorio que iba a dejar a sus espaldas,
Así vemos como toda la emisión está pensada para
y controlaban además las vías desde el interior
hasta el Estrecho. ser escaparate de una nueva política dinástica
que amenaza a Roma pero también a Car­
Asdrúbal el Bello 229-221 a. C. Akra tago, además de ser un aviso a navegantes
Leuké y Qart Hadasht sobre el poderío político y naval en el
occidente de Iberia.
Una continuidad política pero con una
ruptura ideológica ocurre con Asdrú­ Las tres imágenes son de exce­
bal, el yerno de Amílcar, quien ex­ lente calidad, labradas en unos cu­
plícitamente rompe con la tradición ños que nada tienen que envidiar a
y hace alarde de su independencia los sicilianos y que muy posible­
respecto al Senado cartaginés, al ex­ mente fueron elaborados por artistas
hibir su concepción monárquica del griegos como muestra el alto relieve
gobierno en Iberia. Esta valoración que los caracteriza. Sin embargo, es
nuestra actual fue ya manifestada con muy posible que el cuño de Asdrúbal
se hiciera en otro taller por su arte más
“letras de m olde” en historiadores poste­
plano, con menos claros-oscuros que las
riores como Polibio (X.10.9): “A sdrúbal,
monedas de Amílcar y Aníbal de la misma
quien aspiraba a un poder m onárquico” o Fabio
emisión. Los valores de todo el conjunto son
Píctor (en Pol. III.8): “Asdrúbal, tras adquirir un
muy altos, triséquels, diséquels y séquels, en una
gran dominio en los territorios de Hispania, se presentó
plata de buena ley y de procedencia del sureste
en África, donde intentó derogar las leyes vigentes
hispánico e Ibiza, como podemos aseverar hoy
y convertir en monarquía la constitución”. Estos
gracias a los análisis de isótopos que hemos
juicios estaban sustentados por la imagen de
realizado y que indicarían su acuñación
sí mismo que Asdrúbal mostró en sus actos,
en la capital de Qart Hadasht, tras su
entre ellos en la emisión monetaria acuñada
fundación en el 228 a. C.
en grandes valores de plata, para la que di­
Fue esta sin duda una em isión
seña un completo programa iconográfico
para capitalizar riqueza, pero en sufi­
dentro de los códigos helenísticos estable­
cidos ya por los diádocos. La emisión mues­ ciente abundancia como para circular
por toda la zona meridional hispana
tra como dinastía a la familia Barca, y para
ocupada por los Barca. Son numerosí­
ello efigia a Amílcar ya muerto, heroizado,
simo los ejemplares en los hallazgos de
con barba y bajo la protección de la divinidad
Mazarrón, Mogente, Cuenca, Valeria, Se­
familiar, Heracles, amén de laureado por sus éxitos
villa, Écija, zona de Gadir, e incluso Badajoz
militares, y en el reverso un elefante, cuyo guía es el
y Salamanca.
propio Amílcar. De la misma manera y con las mismas
facciones efigia a su hijo Aníbal, sin barba, como corresponde
Aníbal, Asdrúbal y Magón (221-206 a. C.)
-según los códigos helenísticos- a un heredero joven, quien
Asesinado Asdrúbal en 221 a. C. se mantienen activas estas emi­
al igual que el padre lleva corona de laurel y está protegido
siones, pero la nueva política de Aníbal, menos agresiva respecto
por la misma divinidad, Heracles. También como el padre,
al Senado cartaginés, rebaja la tensión tanto en las imágenes como
hay un elefante en el reverso que fue ya la imagen del Barca
en los valores. Es cierto que Aníbal, como sus hermanos Asdrúbal
en las guerras en Sicilia, y que llegó a convertirse en emblema
Barca y Magón, mantendrán la imagen del retrato, efigiándose
48 DESPERTA FERRO

▼ Diséquel o doble sido de plata cartaginés en el que figura el retrato de ANÍBAL BARCA. Al Igual que en el caso de la moneda de su padre Amílcar
el personaje asimismo adopta los atributos del héroe (Heracles), con la única diferencia de los rasgos físicos propios de cada uno de ellos (barba
y madurez en el primero, mentó rasurado y lozanía en el segundo), que probablem ente también se em pleen aquí con el fin de asociar una serie
de valores específicos a cada personaje. Asimismo, en el reverso aparece un elefante de guerra, aunque sin cornaca en este caso.

los tres hermanos dentro, de nuevo, de un programa familiar que, de las cecas, auténtica m uestra de su planificación del te­
de
abandonado el elefante como imagen de reverso, vuelve al tipo rri
rritorio. El abastecim iento de m oneda hubo de hacerse tanto
cartaginés tradicional de caballo con palmera; pero es indudable aa su
: ejército com o a la población civil, inm ersa en trabajos
que el hábito del retrato familiar ha calado y Aníbal en pleno de
de infraestructuras urbanísticas, de ingeniería viaria y por­
triunfo tras la toma de Sagunto, victorias en Italia y la gran hazaña tu,
tuaria y de explotación m inera. De todos estos trabajos te­
de sus hermanos Asdrúbal y Magón en Hispania contra los Esci- ne
nemos constancia arqueológica, y hemos de suponer un pre­
piones, todo ello entre el 218 y el 211 a. C., decide que la imagen su
supuesto eco n ó m ico im p o rtan te que en su m ayoría se
de los Barca es una propaganda también para pa
pagaría en bruto pero, indudablem ente, en centros adm inis­
trativos, y es muy probable que dentro de la contabilidad
Los retratos de Aníbal, Asdrú- J ftr i ¡ m onetaria, para lo que la elección de las cecas fue
bal y de Magón Barca los se- J Í* ‘ * ‘ V i Ifefc- prim ordial. La econom ía m ilitar de los cartagine-
güimos encontrando en las úl- y f* ‘
| ses» en su faceta de pago de estipendios, se basó
timas fases de la Segunda Jf
|f*t principalm ente en el uso de la m oneda como
Guerra Púnica, en los cam- § Jk i P'
bien sabem os por los conflictos en Sicilia,
pos de batalla de Baecula / ¡ ¡ ¡ fy f . JwjjÉfe, ^ v , 1 p P
W í % CUy0 mej ° r y mas conocido testim onio es la
y en el asedio de Iliturgis, F • p f } J
W Á jfe ñ rebelión de los m ercenarios por falta del pago
es decir, en el 208 y 205 a. fe', ' y r jr '- s 'a M
f ? L | j estipulado. En Iberia la gran cantidad de mo-
C. Su buena conservación * w jf
/ / neda de plata y bronce que se pone en circula-
y sus hallazgos muestran L JÉ n f M
I / ción en tiem pos bárcidas es la que sin duda con-
que eran acuñaciones frescas, \ ¿ M ££X Uf
'J I ; | I lleva la prim era m onetización m ental y real de
es posible que emitidas incluso N . * -. * ■ p !
Jr la econom ía de Iberia m eridional y oriental antes
después de la muerte de Asdrúbal y
de la llegada de los rom anos, pero hasta ahora no ha­
y del terrible episodio de Metauro bíam os podido adjudicar a cecas concretas estas emi-
(207 a. C.), cuando los romanos lanzan al
^ siones hispano-cartaginesas. Sí a G adir y a Car-
campamento de Aníbal la cabeza cortada de su tago Nova. Yo incluso, influida por el texto
de Livio (XXIV.41.7), supuse una en Cás-
cuyo refuerzo esperaba Aníbal para iniciar
tulo, patria de H im ilce, la m ujer de Aní-
la batalla. El retrato de este Asdrúbal lo J f *
\ bal, pero, ni los hallazgos ni los estilos
tenemos pues en estas monedas y por
i V \ \ nos Perm itieron nunca precisar cecas
ni focos principales de planificación
WL \ económ ica. Hoy contam os con los
'§ 1 tj» g análisis de isótopos de plomo sobre
■ / 4 m onedas hispano-cartaginesas halla-
I i % , W m Sm í ^as en Baecula P °r J. P. Bellón, tam-
| ¡ W rJ bién en otras piezas de la colección
1 I S W v G onzalo Cores, cuyos resultados son
cle enorm e im portancia. El prim ero el de
una anécdota que si la interpretación de Javier aseverar que la gran masa del cobre/bronce
de Hoz fuese fidedigna podría confirmar el per­
hispano-cartaginés procede de la Faja Pirítica
sonalismo que se ha conferido a las imágenes. En el y no de Cástulo o Cartago Nova, lo que conlleva la
anverso de un séquel de plata con retrato de Magón -hallado neci
necesidad de una ceca cercana occidental; segundo, que las
en el tesoro de Mogente que yo fecho en torno a 209 a. C - grar
grandes em isiones de plata que hem os com entado, proceden
pude identificar un grafito ibérico que Javier de Hoz leyó como: del
del sureste -C arta g o N ova, M azarrón, Ib iz a - aunque las úl­
aba(r)k- ante consonante. Tratándose de una acuñación bár- tim;
tim as em isiones, las posteriores al 209 a. C., tienen orígenes
cida es inevitable pensar en a-bark-, es decir en una transcrip- dive
diversos y, tercero, hem os de descartar el uso de m ineral de
ción del artículo púnico y el nombre de familia Barca, pero Cási
Cástulo para las em isiones hispano-cartaginesas, sean cobre
este parece un camino excesivamente especulativo”. Si la su- oo pl
plata, lo que significa que los Barca no explotaron la ri­
gerencia fuese cierta un supuesto soldado ibérico habría escrito que:
queza minera de Cástulo y que esta ciudad m antuvo toda su
el nombre del retratado -u n B arca- en la propia moneda: una inde
independencia económ ica frente a sus aliados.
auténtica leyenda monetaria. j
La ciudad de Carmo (¿Akra Leuké?) se convierte así en la
candidata principal para ser definida como la ceca militar que
DISTRIBUCIÓN DE LAS CECAS Y PLANIFICACIÓN acuña el bronce para el Ejército durante toda la presencia de
ECONÓM ICA DEL TERRITORIO los Barca en Hispania. Capital del Ejército como el topónimo
Dada la im portancia económ ica y política que los Barca Carmo (Carmo-Carmonis) podría indicar, latinización del pú­
dieron a la m oneda es esencial el estudio de la distribución nico qrtmhnt, con el significado de ciudad del ejército, capital
► Hemiséquels (o medios sidos) púnicos con las probables represen­
taciones de los tres hijos de Am ílcar: ANÍBAL BARCA, ASDRÚBAL
BARCA (arriba) y MAGÓN BARCA (abajo). En este caso no llevan
atributo alguno, ni divino ni propio de la realeza. El reverso sigue
los cánones de la m oneda tradicional cartaginesa, con la represen­
tación de un caballo y una palm era.

de la eparchía, que tenemos atestiguado en otras acuñaciones


sicilianas.
Los tipos elegidos para el bronce son los tradicionales, pero
otros son de gran novedad. Los primeros con efigie de Tanit y
en reverso cabeza de caballo. Los segundos con una diosa de la
guerra, que hemos llamado “Palas Atenea” por su iconografía
griega, pero que ha de ser homologada a una Tanit (Gad, Tyche)
del Imperio cartaginés. Es cierto que no contamos con una re­
presentación monetaria similar en acuñaciones cartaginesas,
pero su emisión de Carmona, donde hubo de haber un culto a
una divinidad de estas características, aconsejó utilizar la imagen
como emblema divino de la defensa del territorio, similar a lo
que más tarde haría Roma plasmando en sus denario a Roma
con casco. Una divinidad galeada en los séquel y representada
en los divisores con corazas y cascos es lo que tenemos, para
incidir mejor en su valor militar, pero sobre todo defensivo.
Esta zona m ilitarizada del imperio bárcida, con capital en
Carmona, fundamentó su expansión económica por el occi­
dente peninsular creando clerujías, que luego conoceremos
por sus acuñaciones con leyenda púnica, como Vesci, Arsa, B I B L I O G R A F Í A B Á S IC A
Turrirecina, sitas en la Beturia túrdula, en la boca de territorios Bendala, M. (2015): "Los hijos del rayo". Los Barca y el domino
de los vetones, vacceos y celtíberos, entre los que Aníbal en­ cartaginés en Hispania. Madrid: Trébede Ediciones.
contró mercenarios, trigo, ganado y oro, avituallam iento para García-Bellido, M. P. (2010): "¿Estuvo Ákra Leuké en Carmona?"
la ya decidida marcha a Italia. A estos asentamiento debe de Serta PaleohispánicaaJ. de Hoz, Paleohispánica 10, pp. 201 -218.
referirse Apiano (Iber. 56) cuando dice que Aníbal asentó “co­ García-Bellido, M. P. (2013):"¿Clerujías cartaginesas en Hispania?
El caso de Lascuta" Acta Paleohispánica XI, pp. 301 -322.
lonos” procedentes de África a los que A piano llama blasto-
García-Bellido, M. R; de Hoz, J. (2014):"Grafitos sobre un shekel
fenicios. No hemos analizado las acuñaciones de los brucios
del Tesoro de Mogente (Valencia)", Homenaje a Ricardo
o de los otros aliados de A níbal en Italia, pero sus emisiones
Olmos. Perspeculum in aenigmate, Anejos de Erytheia, Madrid,
en oro en estas fechas podrían indicar una procedencia ibérica,
pp. 285-292.
y el que este oro, para la compra de aliados itálicos, hubiera
García-Bellido, M. R; Bellón, J. R; Montero, I. (2016):"Las monedas
sido la causa última de esas incursiones de A níbal hasta al
de un campo de batalla: Baécula", en J. P. Bellón (ed.), La
menos Helm ántica (Salamanca).
segunda guerra púnica en Baecula, Jaén, pp. 397-425.
Pliego, R. (2003): "Sobre el reclutamiento de mercenarios
EPÍLOGO turdetanos: el campamento cartaginés de El Gandul (Alcalá
Las emisiones hispano-cartaginesas y la presencia de los Barca de Guadaira, Sevilla)) Habis 34, pp. 39-56.
en la Península produjeron un efecto emulador e integrador de Villaronga, L. (1973): Las monedas hispano-cartaginesas.
las culturas de la Iberia meridional y levantina en el mundo Barcelona: Sección Numismática del Círculo Filatélico y
intelectual mediterráneo, y digo intelectual porque provocaron Numismático.
importantes cambios mentales, nuevas concepciones étnicas
de gran trascendencia como el de verse por primera vez in­ z Bibliografía completa en www.despertaferro-ediciones.com
mersos en una guerra internacional en la que ellos se constituían
como pueblos, y podían tomar partido entre grandes potencias, M.a Paz García-Bellido García de Diego ha sido
inmersos en una economía monetaria y ser pagados con mo­ investigadora dei CSIC y profesora titular de la
nedas de diferentes imperios y, sobre todo, verse liberados de Universidad de Salamanca. Es miembro correspondiente
una sensibilidad exclusivamente religiosa para pasar a otra del Deutsches Archäologisches Institut y de la American
casi exclusivamente civil, en la que el gobernante cobraba po­ Numismatic Society desde 1992, directora de la revista
der y su presencia era más eficaz y trascendente que la de los AEspA (1998-2009), visiting Scholar in Classics department Harvard University
propios dioses: en 2011 y profesora honorífica de la Universidad de Oporto desde 2015.
Alemania le concedió la Bundesverdienstkreuz en 2014. Sus trabajos
tienen como hilo conductor la moneda para abordar cuestiones étnicas,
Otros dioses están muy lejos, o no tienen orejas, o no
epigráficas, económicas y religiosas. Recientemente ha mostrado interés
existen, o no nos prestan ninguna atención, pero a ti te
por los temas de abastecimiento militar, de los que ha publicado y
vemos presente, no de madera ni de piedra, sino real, coordinado más de quince libros como Las Legiones hispánicas en
eres el único dios verdadero (Herm ocles de Cízico, Germania, Barter, Moneyand Coinage in theAncientMediterranean, El Tesoro
Himno a Demetrio Poliorcetes III. 15-19). de Mogente... y más de un centenar de artículos.
5D DESPERTA FERRD

L a G u e r r a A n ib á l ic a - com o t a m b ié n ha s id o lla m a d a la
S e g u n d a G u e r r a P ú n ic a - c o m e n z ó p o r u n a m e r a d is p u t a e n
TORNO A LA CIUDAD DE MODESTA IMPORTANCIA EN LA PENÍNSULA
ib é r ic a . P er o , ¿ fue e s a l a c a u s a v e r d a d e r a o l a j u s t if ic a c ió n
EMPLEADA POR RO M A ? ¿ACASO PROVOCÓ ANÍBAL EL CONFLICTO
CONTRA LA VOLUNTAD DE SU METRÓPOLIS? ¿OBEDECE TODO A UNA
POLÍTICA DE AGRESIVIDAD ROMANA CONTRA CARTAGO, O DE CARTAGO
contra R oma, o a m b a s c o s a s a u n t ie m p o ?

Dexter Hoyos - The University o f Sydney

Las causas de la
Segunda
Guerra
Púnica
victoria vinieron ambas de la mano del mejor general de Cartago:
Amílcar, apodado -que no apellidado- Barca (“el Rayo”). Una vez
solucionada la crisis, Amílcar, ahora consagrado como el líder
as fuentes de la época ofrecen explicaciones tan vario­

L
púnico por excelencia, se encomendó a la tarea de restaurar el
pintas como los autores modernos, a lo que se suma el poder y la riqueza del Estado. Para ello, emprendió la tarea de do­
hecho de que solo poseemos la visión de uno de los minar el sur de la península ibérica: comenzó en 237 a. C. con la
bandos en conflicto (fuentes griegas o romanas), por lo que no antigua ciudad fenicia de Gadir (Cádiz) y extendió la influencia
podemos sino especular acerca de cuál sería el punto de vista púnica hacia el este por el cauce del río Betis (Guadalquivir), así
púnico. La mayoría de las teorías modernas identifican como como a lo largo de la línea de costa, donde había colonias fenicias
causa última bien la agresividad romana, bien la púnica, pero muy antiguas, como Malaca. Finalmente, murió en combate en
la respuesta correcta probablemente no sea ni la una ni la otra. Hélice, en el invierno de 229-228 a. C. (Pol. II.1.9; III.10.5-7; Ne­
pote, Amílcar IV.1-2; Liv. XXI.2.1-2; XXIV.41.3-4).
CARTAGO ENTRE 241 Y 221 A. C. Merced al despliegue de sus habilidades militares y diplo­
El triunfo romano en la Primera Guerra Púnica (264-241 a. C.) máticas, tanto Amílcar como su yerno y sucesor, Asdrúbal, im­
tuvo como efecto la expulsión de los cartagineses de los territorios pusieron el dominio púnico en toda la región que se extiende
que llevaban dominando desde antiguo en el oeste de Sicilia, y entre el Algarve y la costa levantina más allá de Alicante. Fun­
puso la isla entera bajo dominación romana (con la excepción del daron ciudades: Amílcar la de Akra Leuke y Asdrúbal, Cartago
reino de Siracusa, que mantuvo un régimen semiindependiente). Nova (Cartagena), que devendría en capital de la iberia púnica.
Algunos años más tarde, en 238 a. C. - y por razones que no Les acompañaba el hijo mayor de Amílcar, Aníbal -quien en el
quedan del todo claras- los romanos se hicieron con la isla de año 224 a. C. se convirtió en una suerte de segundo en el mando
Cerdeña: forzaron a Cartago, bajo amenaza, para que abandonara durante el liderazgo de su cuñado Asdrúbal-, así como algunos
sus posesiones en la isla y, para añadir el insulto al agravio, a que de sus hermanos menores. En Cartago, la supremacía política de
pagara una indemnización colosal: 1000 talentos griegos (equi­ la familia Barca fue mantenida merced a la acción política de al­
parable a unos 120 millones de dólares en la actualidad) (Polibio gunos miembros de la familia y aliados, y reforzada por la riqueza
1.88.8-12; III.15.10,27.7-8, 28.1-4; Livio XXI.1.5). Esta suma se obtenida de los nuevos dominios de Hispania (cf. Nepote, Amílcar
añadía a las reparaciones de guerra que ya le habían sido impuestas IV. 1). Cuando Asdrúbal fue asesinado por un guerrero ibérico,
con anterioridad con la paz del año 241 a. C. en 221 a. C., Aníbal fue elegido para reemplazarlo como general
Además, precisamente por esas fechas Cartago sufrió una crisis y líder político de Cartago. Por entonces, el dominio púnico se
de terribles proporciones: las tropas mercenarias y norteafricanas, extendía hasta el río Tajo.
que no habían recibido su soldada, se rebelaron y a ellas se sumaron
muchas comunidades del norte de África, de la región que por en­ ROM A ENTRE 241 Y 221 A. C.
tonces se denominaba Libia (Pol. 1.65-88) (véase “La Guerra Inex­ A pesar de dominar Sicilia y Cerdeña, en las décadas siguientes
piable” en Despena Ferro Especiales IV). La supervivencia y la los romanos apenas prestaron atención a estos nuevos dominios.
DESPERTA FERRD j 51

I Figur¡lla de bronee ibérica procedente del santuario del Collado de los Jardines (Santa Elena, Jaén) que representa a un GUERRERO IBÉRICO a
caballo. Se echa entre los siglos IV-lll a. C. Varios son los detalles que nos llaman la atención aquí: en primer lugar la poca alzada de la montura
enbn monturasd' que se*xPhca P ° r un lado P ° r latendencia de los escultores a m inimizar el tamaño de aquello que tiene menor importancia
m enoTaTa^ m os í h í T ' U per 0t ambi én^ h e c h o de que en la Antigüedad los équidos eran de un tamaño mucho
menor que estamos habituados a ver hoy en día. En segundo lugar, debem os destacar la ausencia de silla de montar alguna, innovación tec­
nológica inexistente aun por estas fechas. En su lugar se aprecia el em pleo de una simple manta. La figura viste una túnica con mangas y sobre

a la e = Í ^ na " T Í 6 e¡.P ‘? ° 16 ^ bandolera que no es sino el correai e de un escudo redondo (de tipo caetm) que lleva
E sta ^ a u ^ se fabr^ó ^m rúH5 denzas ° h^ buzones que caen a ios iados de !a cabeza, peinado este característico del ámbito ibérico en el periodo.
Vk h S m l s t f , K Ser dada a m 0d0 de eXV0t0 en un santuari0 ib érica Es P ° r eNo P ue la mano diestra (aquí no
ble) muestre la palma hacia el frente, en señal de piedad hacia la divinidad. Museo Arqueológico Nacional, Madrid, ©doreo

Los habitantes de la muy montañosa isla de Cerdeña presentaron 1.11.4), Aulo Gelio (X.27.2-5), el historiador del siglo V d. C.
una dura resistencia a la dominación romana, lo que condujo a
Orosio (H istoria IV. 12.2-3) y Zonaras, epitomista bizantino de
una serie de enfrentamientos intermitentes. Por su parte, la pacífica Dión Casio (V III.18). Todos ellos mencionan una supuesta
Sicilia no tuvo gobernador hasta el año 228 a. C., cuando Roma crisis habida en Cerdeña y llevan la declaración de guerra ro­
envió un pretor -nombrado ex profeso- a esta isla, así como un mana del año 218 a. C. al año 233 a. C., lo que no tiene ningún
segundo pretor a la de Cerdeña. Pero incluso tras esa fecha, el do­ sentido. Se trata, claramente, de falsedades sin fundamento cre­
minio romano sobre ambas siguió siendo bastante laxo. Por aquel adas con posterioridad a la guerra, cuya finalidad era la de
tiempo, Roma estaba más preocupada por asentar su dominio tratar de dar la impresión de que ambas potencias habían man­
sobre la Galia Cisalpina (en el norte de la actual Italia) donde ha­ tenido una enemistad permanente en el periodo que dista entre
bitaban algunos pueblos galos muy poderosos, entre los que des­ el final de la Primera Guerra Púnica (241 a. C.) y el principio
tacaban los boios y los ínsubros. Con posterioridad al 232 a. C., de la Segunda (218 a. C.). Carecen de credibilidad alguna.
comenzaron a asentarse colonos romanos en la región, en tomo a Cierto es que en el año 226 a. C. o principios de 225 Roma
Arimino, lo que provocó inquietud entre los galos, que veían sus
envió una embajada a Cartago Nova para entrevistarse con As-
territorios amenazados. Tras una larga preparación, en el año 225 drúbal. Pero, en vísperas del enfrentamiento con los galos, la
a. C. boios, ínsubros y otras tribus se coaligaron y formaron un
embajada se limitó a pedir a Asdrúbal que “no cruzara el río Iber
potente ejército con el que marcharon hacia el sur. Pero en la gran [Ebro] en pie de guerra”, tal y como relata Polibio (II. 13.1-7;
batalla de Telamón, en Etruria, sufrieron un enorme descalabro y
HI.27.9). Según parece, Asdrúbal les garantizó que no causaría
fueron rechazados (véase “La batalla de Telamón” en Desperta
problemas en el Mediterráneo occidental, lo que tranquilizó mu­
Ferro Antigua y Medieval n.° 2). La respuesta romana fue la in­
cho a los romanos que pudieron enfocar sus esfuerzos en erradicar
vasión de la Galia Cisalpina y, con ello, el logro de que los galos el problema de la Galia Cisalpina. Algunos autores romanos,
firmaran una paz en 221 a. C. que, empero, no sirvió para pacifi­
como Livio (XXI.2.7), afirman que el líder cartaginés garantizó
carlos completamente (Pol. 11.21-35).
asimismo la seguridad de la pequeña ciudad de Sagunto, próxima
En paralelo, Roma puso los ojos en otro escenario: en la a la costa levantina. Como veremos más adelante, se trata de una
orilla opuesta del Adriático, algunas tribus ilirias se dedicaban afirmación falsa, inventada con posterioridad -quizá incluso en
a hostigar y saquear las naves mercantes griegas e itálicas, y fecha tan temprana como la del historiador y senador romano
cuando Roma envió una embajada de protesta, esta fue recha­
Fabio Píctor, contemporáneo de estos hechos- con el fin de re­
zada. La Primera Guerra Iliria (229-228 a. C.) puso fin a la pi­
forzar la justificación romana posterior para declarar la guerra a
ratería y sometió a los ilirios a la autoridad de Demetrio de Fa­ Cartago en 218 a. C.
ros, mero títere que gobernaba en favor de los intereses de Tras firmar el Tratado del Ebro, Roma se desentendió de
Roma. Sin embargo, una década más tarde, este mismo perso­ Asdrúbal, a pesar de que este estaba extendiendo su poder a lo
naje se dedicó a la piratería y a una escala muy superior a la de
largo del levante peninsular, e incluso a pesar de que la propia
antaño, alcanzando en sus incursiones hasta el mar Egeo. Roma
Sagunto envió, de forma intermitente, información de ello (Pol.
tuvo que enviar una segunda expedición en 219 a. C. para atajar III. 15.1-2). En su lugar, Roma se limitó a concentrar sus es­
el problema y sentar a un nuevo gobernante en el trono de Iliria fuerzos en la conquista de la Galia Cisalpina (224-222 a. C.), a
(Pol. II.8—12; III. 16 y 18; Liv., Periochae 20).
lanzar una campaña militar —si bien breve—contra los piratas
istrios (221 a. C.) y, en el año 219 a. C., librar la Segunda
ROMA Y CARTAGO ENTRE 237 Y 221 A. C.
Guerra Iliria, tal y como ya se ha explicado anteriormente. Fue
Todas estas acciones mantuvieron a Roma ocupada y ajena,
precisamente entonces, en vísperas de este último conflicto,
mientras tanto, a lo que hacía por entonces Cartago, con la sal­
cuando las relaciones con Cartago comenzaron a deteriorarse.
vedad de las relaciones comerciales que mantenían ambas po­
tencias. Un historiador tardío, Dión Casio (que escribía en torno ANÍBAL, ROM A Y SAGUNTO (220-218 A. C.)
al 230 d. C.) afirma que en el año 231 a. C. Roma envió emba­
La muerte de Asdrúbal en 221 a. C. convirtió a Aníbal en la ca­
jadas a Amílcar Barca con el fin de que investigaran lo que es­ beza política y militar de Cartago. El nuevo y joven general
taba haciendo, pero que estas no se percataron de nada sospe­ (apenas contaba veintiséis años de edad) decidió probar su ca­
choso (XII.48). Nuestras fuentes principales -P olibio, que pacidad militar de inmediato: en primer lugar, mediante una
escribe en torno al 140 a. C., y Livio, hacia el 20 a. C .- no
campaña relámpago contra algunas tribus del norte de la actual
mencionan esta embajada, como tampoco ningún otro autor
comunidad de Castilla-La Mancha y, después, en 220 a. C.,
clásico, por lo que todo apunta a que se trata de una fantasía.
con una segunda campaña, ya muy superior en efectivos, que
Una corriente de la tradición histórica romana hace hincapié cruzó el Tajo y se internó en la Meseta para atacar al pueblo de
en una supuesta hostilidad entre ambas potencias en este periodo los vacceos, en la vega del Duero. Según Polibio, tras esta ex­
(entre 237 y 233 a. C.). Entre ellos, Frontino (Strategemata pedición “nadie más allá del Ebro se atrevió fácilmente a afron-
C a rta g o y R o m a Galia G a l i a
^ V*,s a -!
Expansion y conquista, 241-218 a. C.
insubros a& ,<^#
Taurasia
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Siga nùm idas Cirta O ®. Cartago ^feAgngenfo fíj
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m asesilos
nùm idas CARTAGO
M auretanos m asilios , 1Tapso
Nu m id ia X>
A f r i c a

BataLa.ce las O G U E R R A DE LOS fe -


islas Égadas. MERCENARIOS
Destrucción
de la flota Batalla de Útica: O En Cerdeña, Amílcar Barca
cartaginesa. victoria rebelde. las guarniciones en Iberia
Amílcar ais­ Batalla de Bagradas: de mercenarios al Adrúbal el Bello
lado en Sicilia. victoria cartaginesa. servicio de Cartago O Amílcar Barca desembar­ sucesor de Amílcar
Rendición car­ se han rebelado. c a en Gadir con un ejército.
taginesa. Final Batalla de La Sie­ Matanza de la
de la guerra. rra Amílcar des­ población púnica. © Sumisión de los
truye uno de los Amílcar derrota oretanos a Cartago.
ejército rebeldes en una batalla de­
cisiva a las últimas O Amílcar combate en el
CS fuerzas rebeldes. bajo Guadalquivir. Istolaclo © Fundación de
< Útica e Hlppo Reglo, e Indortes, líderes de la coa­ Cartago Nova
sublevadas, serán lición turdetano-céltlca, son Fundación de Amílcar muere en el asedio
asediadas hasta su derrotados y muertos por el Akra Leuké. de Hélice, durante un combate
<C rendición final. cartaginés. contra las fuerzas oretanas.
O

f"f-'!2411 » 1o/inI 1 1 1oon1 1 1 1n 1o 1 ' 1o ÓIt 1 1o-l<-1 I IT 1oAr-1 1 TI 1 I I 1 1 I I 1 1- 1 I I I I I I I ?I I- iI. I I I_ I_I I I I !I I •I I II M•


240 239 238 237 236 235 234 233 232 231 230 229 228 227 226 25
Operaciones en Liguria
y Córcega. Operaciones en
© Rebelión de Operaciones en Cerdeña. Liguria.
O los faliscos. La
OC Se cierra, por primera Operaciones
ciudad de Faleri vez, el templo de Jano Operaciones en
en Liguria y
es destruida. Se en Roma. Cerdeña. Cerdeña.
<
o funda una colonia Operaciones en
en Spoleto. Liguria y la Cisal­ Operaciones en Cór­ Primera designación de
pina. cega y Cerdeña. — Operaciones en Cerdeña y pretores para Sicilia y
o. O Batalla de las islas El censo romano Córcega. Cerdeña.
< Egadas: victoria deci­ Operaciones en Liguria contra los alcanza la cifra de Lex Flaminia de agro Gallico et
siva romana. Fin de la ligures, sus aliados boios y otras 270 212 ciudadanos. Piceno viritim dividundo, que
Primera Guerra Púnica. tribus galas. Es la primera vez que Impulsa la colonización del te­ Roma y Cartago acuer­
Los cartagineses entre­ se combate contra los ligures. rritorio de senones y pícenos. dan el Tratado del Ebro
<3 gan Sicilia a los roma­ © Roma se anexiona Córcega y
< nos. Cerdeña.
El censo romano alcanza
la cifra de 260 000 ciu­
dadanos.

C O N SU LES
M. Torcuato CI. Cento Ma. Turrino Se. Graco Le. Caudino Le. Caudino M, Torcuato P. Albino F. Máximo Ve. E. Lèpido Po, Mato E. Barbula P. Albino Ca, Máximo V, Flaco V Mesal. E P
Q. Lutacio Se. Tuditano V, Falto V. Falto F. Flaco L. Varo Afilio Bulbo Ca. Máximo Po. Mato Pu. Maléolo Pa. Maso J. Pera F. Centumalo F. Máximo Ve. C. A. Régulo Lu. Fulo C. A
Dictador
Cayo Dulio
' /• • • ^
C - •• •
ROMA Grandes potencias
DESPERTA FERRD | 53
Macedonia
Roma tras la Primera Guerra Púnica
tarle, a excepción de Sagunto” (Pol. 3.14.9).
Cartago tras la Primera Guerra Púnica
Fue entonces cuando Roma comenzó a prestar
Anexiones romanas entre 240-219 a. C.
atención a la llamada de los saguntinos. En
Cartago tras la Guerra de los Mecenarios
septiembre u octubre de 220 a. C., dos emba­
Expansión cartaginesa en Hispania jadores romanos se entrevistaron con Aníbal
Límite influencia cartaginesa en 219 a. C. con ocasión del regreso de este a Cartago
Límite influencia romana en 219 a. C. Nova. Le exigieron que respetara la promesa
Pueblos y Estados menores de relevancia de Asdrúbal acerca del Ebro, así como que ga­
al comienzo de la Segunda Guerra Púnica
rantizara la seguridad de Sagunto (Pol.
III.15.2-11).
En ese momento, Aníbal cayó presa de una
rabia incontenible -acaso calculada-, rechazó
ambas demandas y, en la primavera de 219
a. C. puso sitio a Sagunto. La ciudad no recibió
ningún tipo de auxilio por parte de Roma, ni
siquiera de tipo diplomático - la tradición ro­
mana posterior trató de ocultar estos hechos
inventando un supuesto envío de embajadores
durante el asedio (cf. Cicerón, Filíp ica s V.27;
Liv. XXI.6.2-8 -este último data el asedio en
el año 218 a. C - , Apiano, Ibérica XI.40-43 y
Zonaras VIII.21.9). A pesar de todo, fue pre­
ciso un asedio de ocho meses para que la ciu­
''•Siracusa dad cayera. Tras esto vino el invierno y, ter­
Esparta
®Siracusa minado este, ya en marzo de 218 a. C., Roma
envió una embajada de cinco miembros a Car­
tago para exigir una indemnización por el mal­
trato de un “amigo de Roma”; cuando los car­
tagineses se negaron, el jefe de la embajada
(otro Fabio) declaró la guerra (Pol. III.33.1-5;
Liv. XXI. 18.1-14).

MOTIVACIONES DE LA GUERRA
En su H istoria de Roma, redactada en torno al
Aníbal parte de Cartago Nova
sucesor de Asdrúbal con su ejército. Paso dei Ebro, año 200 a. C., Fabio Píctor cargaba las tintas
© Hanón al frente de las fuer­ contra Aníbal, a quien responsabilizaba de pro­
Campaña de la Me­
seta Aníbal ataca zas Ebro.
cartaginesas al norte del
vocar deliberadamente la guerra mediante el
© Campaña contra los ol- Helmántica y Arbu-
ataque a Sagunto, a pesar de que -ta l y como
cades. Asedio y conquista ca^a' © Batalla del Tajo,
de Althia, capital olcade. victoria decisiva car­ Aníbal entraen laGalia Píctor afirm a- la mayoría de sus conciudada­
taginesa. nos se oponían a ello. Según Píctor, la arro­
Aníbal atraviesa
Inicio del asedio los Alpes y entra en
de Sagunto. gancia y ambición llevaron a Asdrúbal a pla­
Italia. Batallas de
Aníbal Tesino y Trebia. near una guerra que luego iniciaría Aníbal
toma (apud Pol. III.8.1-8). Esta explicación exone­
Asdrúbal cae asesinado a Sagunto
manos de un esclavo. raba a Amílcar de toda responsabilidad en la
1 guerra, pero poco después la tradición histo-
-H-+- 1...I.. 1 | I I I' | I l I | I I I | 4 —I— f-
riográfica lo añadió también a la causa. Polibio,
222 221 220 219 218
Abreviaturas por ejemplo, menciona la teoría de Fabio, pero
Nueva derrota Batalla de Clas- Un ejército roma­ A. Atilio la refuta y, en su lugar, defiende que la idea de
de los ínsubros. tidium: victoria no desembarca en As. Asina
romana sobre Ampurias. C. Cayo la guerra era de Amílcar, que deseaba vengar
los ínsubros. Ca. Carvilio la pérdida de Sicilia y Cerdeña, un proyecto
Sumisión de los boios. Las le- © Asedio ycaí- « CL Claudio
giones romanas atraviesan por da de la capital < Co. Calvo que legó a sus sucesores (III.9.1-8; III.10.5-
o E. Emilio
primera vez el río Po. Batalla ínsubra (Medio- Operaciones F. Fulvio 12.4). Ahora bien, el testimonio de Polibio in­
contra los ínsubros. laño). Fin de la en Istria. <
oc Fa. Fabio corpora algunos matices; califica la toma de
guerra. oc FL Flaminio
J. Junio Cerdeña por los romanos como “contraria a
co L. Licinio
Tumultus Gallicus. invasión de boios e < toda justicia” e incluso implica que Aníbal y
ínsubros, con la adición de miles de mer­ Operaciones en “ Le. Léntulo
cenarios galos transalpinos. Li. Livio Cartago habrían hecho lo correcto de haber
los Alpes. § ID Lu. Lucio
Batalla de Fiesole: victoria gala. © Ba­ Termina de cons- Jf¡ empleado este crimen romano como justifica­
talla de Telamón: victoria decisiva roma­ < M. Manlio
truirse la vía Fia- v¡ Ma Mamilio
na, retirada gala. Muerte en la batalla minia, que va de 0 ción para declarar la guerra (Pol. III.15.10-11;
Mi. Minucio
del cónsul Cayo Atibo Régulo Roma a Arimino. => P. Postumo III.28.1-4; III.30.4). La tradición historiográ-
CD Pa. Papirio fica romana culpaba asimismo a Amílcar de
GO Po. Pomponio
Pu. Publicio
Q. Quinto
E.Papo M, Torcuato Fl. Nepo Ct. Marcelo C. Escipíón As. C. Escipión As. V. Levino E. Paulo Se. Sempronio
C.A. Régulo F. Flaco Furio Filo C. Escipión Co. Mi. Rufo Cl. Marcelo Mu. Escevola L. Salínator V. Valerio
Dictador Ve. Verrucoso
F Máximo Ve.
54 □ESPERTA FERRO

▼ ÁNFORA DE TIPO PÚNICO-EBUSITANO hallada en Vila Joiosa (la Marina Baixa, Ibiza). Se trata de producciones que deben su nom bre a su
factura en la isla de Ibiza pero siguiendo cánones y modelos de ánfora cartaginesa. Su presencia no es sino un testim onio más de la tortísima
impronta cultural que tuvieron los púnicos en la isla y testim onio, a su vez, de la dinám ica actividad comercial que desplegaron por el Medi­
terráneo occidental. Esta, en concreto, pertenece a la tipología MAÑA E, que se fecha entre el últim o cuarto del siglo III y m ediados del siglo
I a. C. Se trata de un ánfora diseñada específicam ente para el envase y transporte de ACEITE DE OLIVA, que la isla de Ibiza producía y exportaba
en grandes cantidades. Museu de Prehistoria de Valencia. ®joanbanjo

ser el ideólogo del plan de guerra, una tradición que se desarrolló en su caso la amistad entre ambas ciudades alcanza casi la cate­
a partir del célebre episodio en el que indujo a su hijo Aníbal, goría de alianza). Pero la verdad es que el tratado del año 241
siendo aún este niño, a que prestara un juramento de odio eterno a. C. no se aplicaba a este caso, por lo que el ataque de Sagunto
a Roma. La mera noción de que Roma tuviera algo de culpa en no lo violaba. Parece evidente que, tal y como defiende la his­
el estallido de la guerra se ignoró por completo. toriografía actual, el enojo de Roma por el asedio de Sagunto
Recientemente, la hipótesis de que los cartagineses (o los no fue sino un pretexto tras el que se escondían razonamientos
bárcidas) tenían un proyecto basado en la venganza ha quedado y motivos distintos para iniciar la guerra.
obsoleta en favor de una visión geoestratégica más amplia: la
ambición de Roma de dominar las fuentes de riqueza de la pe­ HIPÓTESIS PROBLEM ÁTICAS
nínsula ibérica y de Cartago, el enraizado y carente de es­ Las conquistas de los bárcidas dieron a Cartago una renovada
crúpulos militarismo romano siempre hambriento de prosperidad y riqueza tanto en África como en la Pe­
gloria militar para sus aristócratas, así como botín nínsula. Tras el año 205 a. C., Roma tomó el relevo en
de guerra para ellos y sus tropas, una respuesta de­ el gobierno de los territorios peninsulares que antes ha­
fensiva ante la percepción de una agresividad -real o bían pertenecido a Cartago, lo que brindó innumerables
ficticia- cartaginesa, o la inevitable rivalidad entre dos riquezas en la forma de botín de guerra, tributos y rutas
grandes potencias, ambas con la ambición de dominar comerciales. Por lo mismo, muchos especialistas sostienen
el Mediterráneo occidental. Algunas de estas interpre­ que Roma anhelaba en efecto una guerra que le sirviese
taciones pueden, de hecho, solaparse mutuamente, para hacerse con las posesiones de Cartago. Sin embargo,
caso particular de la codicia económica y la agresivi­ esta hipótesis se enfrenta con un problema, como es el
dad militarista. hecho de que, tras el fin de la guerra, Roma no se anexio­
En consecuencia, tal y como parece deducirse de nara ni la ciudad de Cartago ni ninguno de sus territorios
lo antedicho, los académicos modernos tienen a cul­ norteafricanos, a pesar de que el largo y cruento conflicto
par a Roma del estallido de la guerra. Es más, el hubiera devastado toda la mitad meridional de Italia y
Tratado del Ebro dejaba la puerta abierta, tácita­ provocado el desplazamiento, invalidez o muerte de
mente, para que Asdrúbal extendiese su dominio cientos de miles de romanos e itálicos. Cierta­
hasta la orilla de este río, y que Cartago domi­ mente, el nuevo tratado de paz impuso gravosí­
nara toda la Península al sur del Ebro (véase simas indemnizaciones de guerra (10 000 ta­
“El Tratado del Ebro” en Despertó Ferro Antigua lentos), pero se concedió medio siglo de plazo
y M edieval n.° 52). Sagunto se encuentra a 170 para su pago; y, cuando diez años más tarde los
km al sur de su cauce y, sin embargo, en el año cartagineses ofrecieron satisfacer el monto completo,
218 a. C. Roma exigió una indemnización por los romanos se negaron a aceptarlo (véase “Cartago
el ataque de Aníbal sobre esta urbe. La tradi­ entre dos guerras. Una recuperación sorprendente”
ción historiográfica romana posterior trató de en D espena F e rro Antigua y M edieval n.° 31). En
defender, con harto descaro, que Sagunto se la Península, los nuevos am os se tom aron su
hallaba al norte del Ebro o que el tratado tiempo a la hora de imponer y recaudar impues­
con Asdrúbal incluía una cláusula que ga­ tos, así como organizar una administración re­
rantizaba la seguridad de Sagunto, o ambas gular. Hubo de esperar hasta el año 180-179
cosas a un tiempo. a. C. para aplicar tanto lo uno como lo otro.
No satisfechos con estas falsedades, al­ De ello parece deducirse que la obtención de
gunos historiadores romanos llegaron a afir­ las riquezas del África o la Hispania púnicas
mar que los saguntinos eran aliados de Roma no pudo ser la razón que motivó el estallido de
-y, por lo tanto, estaban protegidos por el tra­ la guerra, sin perjuicio de que, en el curso de la
tado de paz del año 241 a. C. que garantizaba misma, los romanos amasaran inmensos tesoros
la seguridad de todos los aliados de cada una en forma de botín de guerra.
de las potencias-, pero carecemos de prueba Según otra interpretación distinta, la guerra
alguna de que esto fuera cierto. Es más, Polibio se debió al enraizado militarismo romano. Ele­
y Livio afirman con rotundidad que los enviados mento crucial en ello era la ambición por el botín
del año 218 a. C. se negaron en redondo a discutir de guerra, que impregnaba todos los niveles de la
acerca del estatus de Sagunto (Pol. III.21.6-8, 29.1, sociedad romana, porque se beneficiaban de ella
33.1; Liv. X X I.18.1-3). Más tarde, los romanos de­ tanto la tropa como los oficiales (véase “ Ius B elli. El
clararon que los saguntinos tenían la condición de derecho de guerra romano” en D espena F e rro Esp e ­
amici (“amigos”) y que, por tanto, Roma tenía la obli­ ciales VI). También el deseo de obtener prestigio militar
gación de mostrarles fides (“lealtad”); esta visión de (gloria ) que codiciaba la muy competitiva aristocracia
los hechos la leemos en Polibio (III.29.4-30.3, aunque romana, tanto las familias de rancio abolengo como las de
DESPERTA FERRO 55

T SÉQUEL DE VELLÓN (aleación de plata y cobre) cartaginés acuñado en el norte de África entre los años 241 y 238 a. C , coincidiendo, por
tanto, con uno de los peores m om entos de la historia de la urbe, aquel de la Guerra Inexpiable o Guerra de los Mercenarios lo que explica la
elección de esa aleación con escaso metal precioso. En el anverso vem os la efigie del dios púnico MELKART, que desde antiguo se había sin-
cretizado con el héroe griego Heracles. Y, dado que las acuñaciones púnicas em plean como prototipo las helenísticas, la iconografía de uno
y otro dios resultan coincidentes, de suerte que el M elkart de las m onedas púnicas se cubre, como en este caso, con la leontea, atributo ca­
racterístico del héroe Herakles. En cuanto al reverso, en él vem os un león y, sobre este, la letra púnica mem, correspondiente a la "m "en cas­
tellano. Poco se puede decir acerca del significado de esta letra, habiendo quien propone que se trate de una alusión a la ceca (Villaronga), a
la inicial del nom bre del m agistrado que acuña o incluso al valor de la moneda (García-Bellido). Nótese cómo bajo el cuerpo del león se aprecia
una imagen difusa correspondiente a los cuartos traseros de un caballo. Se trata de un relieve acuñado con anterioridad sobre esta misma
moneda (séquel de Cartago anterior al 241 a. C.) y parcialm ente borrado por el segundo cuño (del león, fechado entre 241 y 238 a. C J.

advenedizos (véase “ Virtus y D isciplina. La mente del soldado ¿TUVO CARTAGO PLAN DE GUERRA ALGUNO?
en la República M edia” en D espena F e rro Esp ecia les VI). En En cuanto a la actitud de Cartago frente a Roma podemos decir
efecto, la sociedad romana consideraba la guerra como una ac­ que Fabio Píctor, miembro de la élite aristocrática romana, des­
tividad rutinaria, que llevaban a cabo cada año en el exterior de conocía la existencia del supuesto plan de guerra de Amílcar
Italia - a veces incluso en el interior- ejércitos formados por Barca. Es más, ninguno de los tres líderes bárcidas que gober­
ciudadanos romanos y sus aliados itálicos. Ade­ naron entre los años 237 y 218 a. C. trataron de reconstruir el
más, la Primera Guerra Púnica hizo de antiguo poderío naval de Cartago, a pesar de que la guerra
Roma una potencia naval de primer anterior se había combatido en su práctica totalidad - y
orden, lo que le brindó la posibili­ decidido- en el mar. Los bárcidas eran comandantes
dad de conducir acciones anfibias, de tierra, no navales, y desestimaron todo esfuerzo
caso de las Guerras Ilirias. encaminado en esa dirección, lo que a la postre
Y, sin embargo, entre los supuso el desastre para su nación. En el año 218
años 237 y 219 a. C. los ro­ a. C., Roma disponía de 220 naves de guerra
manos dejaron pasar varias listas para el combate, mientras que Cartago tan
oportunidades de atacar a los solo de la mitad aproximadamente, algunas en
cartagineses: nada hicieron Cartago y otras en la península ibérica, muchas
cuando Amílcar murió en ba­ de las cuales carecían de armamento (Pol.
talla, ni cuando Asdrúbal fue III.33.14, 96.7; Liv. XXI.22.4, 49.2-4). Y, aunque
asesinado, ni - y esto es lo más ciertamente la flota púnica creció a partir del
sorprendente- cuando Aníbal y su año 218 a. C., nunca alcanzó el número
ejército se enfangaron durante ocho de navios ni la experiencia de su ho­
largos meses en el asedio de la pobla­ mologa romana. Ahora bien, de ha­
ción de Sagunto, ciudad que Roma había ber existido un plan de guerra pre­
prohibido fuera molestada. En su lugar, en 219 concebido, es de suponer que
a. C. se embarcaron en una guerra contra De­ hubieran procurado construir una
metrio de Iliria. Y, a pesar de que esta guerra gran flota de guerra que estuviera
concluyó muy pronto, hacia mediados del ve­ lista antes del inicio de las hos­
rano de ese mismo año, nadie propuso que los tilidades, a pesar de que el es­
cónsules y sus tropas fueran a continuación fuerzo principal de la guerra se
enviados a la península ibérica, ni tampoco hiciera por vía terrestre.
contra la metrópolis, Cartago, que contaba por Merece la pena recordar, asi­
entonces con escasísimos efectivos y podía pare­ mismo, que solo tras la toma de Sa­
cer, por tanto, una presa fácil. gunto comenzó Aníbal a investigar las
Por último, tampoco parece perfecta la hipótesis rutas terrestres que conducían a Italia y
‘realista’ que propone que Roma y Cartago estaban des­ a buscar la alianza con las tribus de la región
tinadas a enfrentarse tarde o temprano, ya que ambas ambicio­ gala y alpina con las que se encontraría a lo
naban dominar el Mediterráneo occidental, temían que el con­ largo de dicha ruta (Pol. III.34.1-6; Liv. XXI.23.1); es decir,
trario se les adelantara y, por tanto, entendían que la guerra cuando comenzó a considerar la posible - o probable- respuesta
anterior, la Primera Guerra Púnica, era un conflicto todavía romana a la toma de Sagunto. Parece evidente que se estaba
irresuelto. Cierto es que los romanos mostraron, de forma re­ anticipando a la posibilidad de que los romanos declararan la
currente, suspicacia por lo que estaba haciendo Cartago: se guerra. Ahora bien, de haber existido un plan de ataque preme­
apoderaron de Cerdeña (237 a. C.) argumentando que los car­ ditado, estas actividades que acabamos de describir se habrían
tagineses estaban preparando una nueva guerra, y en 226-225 producido mucho antes. Por su parte, los vaivenes de la política
a. C. se alarmaron ante los avances de Asdrúbal y trataron de de Roma con respecto a Cartago durante los años anteriores a
apaciguarlo con la firma del Tratado del Ebro. Ahora bien, por la guerra demuestran que tampoco había, por su parte, sospecha
otro lado, en los años 241-237 a. C. socorrieron a Cartago en alguna de que los púnicos estuvieran preparándose para la gue­
su desesperada guerra con los rebeldes libios y mercenarios, rra. De hecho, en 218 a. C. estaban convencidos de que poseían
apenas prestaron atención a la política expansiva de Amílcar la iniciativa. Prepararon sus fuerzas de un modo sosegado, sin
en la Península y, entre los años 225 y 220 a. C., volvieron a un prisas, con el doble objetivo de invadir el norte de África y la
estado de total indiferencia, a pesar de los alarmantes mensajes península ibérica de forma simultánea y, por tanto, la noticia
que recibían de Sagunto. de que Italia se hallaba amenazada por un ejército enemigo (el
5G □ESPERTA FERRO

de Aníbal) los tomó completamente desprevenidos. A nadie se privaría de la posibilidad de expandirse territorialmente, a no ser
le había pasado por la cabeza que tal cosa fuera posible. que lo hiciera por África. No ha de sorprendernos, por tanto, que
la siguiente operación militar que emprendió fuera un desafío
¿ERA INEVITABLE? evidente a Roma; una suerte de declaración pública de que Car­
Si Cartago tenía puestos sus ojos en la península ibérica, Roma tago no toleraría que nadie pusiera en peligro su recuperación
en la Galia Cisalpina y el Adriático, y ninguno de los dos per­ política y su nuevo imperio. Por otro lado, el hecho de empeñar
seguía el enfrentamiento con el contrario, ¿qué pudo motivar tanto su ejército como su propia persona en un largo y tedioso
la Segunda Guerra Púnica? asedio demuestra que en el año 219 a. C. Aníbal carecía de un
Merece la pena señalar que los romanos no bajaron la guardia plan de guerra contra Roma. Dejaba en manos de los romanos la
por completo respecto a Cartago tras su victoria en el año 241 decisión de declarar la guerra o continuar la paz.
a. C., si bien solo se preocuparon de ella de forma esporádica. Se De hecho, la pasividad de Roma ante el ataque de Sagunto
hicieron con Cerdeña porque Cartago, con las manos libres tras sugiere que no lo interpretaron como una amenaza de guerra
su triunfo sobre los rebeldes del norte de África, se preparaba de sino, más bien, como un acto disuasorio. El nuevo y ambicioso
seguido para reconquistar la isla y someter a los rebeldes que la líder cartaginés era, por entonces, una figura desconocida y, al
ocupaban. Podemos también suponer que quizá Roma temiera igual que en el año 225 a. C. fue preciso disuadir a Asdrúbal de
que el nuevo líder y mejor comandante militar de Cartago, Amíl- que contrariase los intereses romanos, ahora convenía hacer lo
car Barca, pudiera tratar de reconquistar Sicilia también (lo cierto propio con su sucesor. En el año 225 a. C., con Italia amenazada,
es que los cartagineses no estaban en condiciones para considerar Roma se vio obligada a adoptar una postura indulgente; en el
siquiera un proyecto tan ambicioso, pero los romanos no podían año 220 a. C., en cambio, con una Roma victoriosa en la Galia
saberlo). En 226 a. C., cuando los romanos se enfrentaban a la Cisalpina y el Adriático, y el joven Aníbal ocupado con un con­
amenaza de los galos cisalpinos, nació entre ellos un vivo temor flicto puntual, la actitud fue muy diferente. Nunca sabremos qué
a que Asdrúbal Barca -que por entonces estaba logrando éxitos hubiera pasado en caso de adoptarse una actitud conciliatoria.
brillantes en Hispania- pudiera explotar este circunstancial mo­ Se puede suponer que, en 220 a. C., Roma deseaba ceñir a Car­
mento de apuro que atravesaba Roma. Quizás avanzara sus tropas tago a unos límites espaciales que le dejaran libre, por su parte, para
hacia el norte de la península ibérica o incluso cruzara los Pirineos, promover sus propios intereses al norte y este de Italia. La guerra no
desestabilizando con ello el sur de la Galia; puede que incluso se era ni deseada ni esperada. De la lectura de Livio (XXI.6.3-8,11.3)
aventurase a la conquista de Cerdeña. En consecuencia, tal y y Dión Casio (XII.55, 57; Zon. VIII.22.1-6) -que, no sabemos si de
como lo presenta Polibio, parece que los romanos trataron de forma intencionada o no, mezclan hechos de los años 219 y 218 a. C -
apaciguar al púnico con la firma del Tratado del Ebro. parece deducirse que, durante el asedio de Sagunto, el Senado
El propósito de Roma era evidente: mantener a Cartago a debatió si debía o no actuar. Pero hubo de esperar al saqueo de la
distancia y consecuentemente inofensiva -desde el punto de urbe para que Roma se decidiera a pelear con Cartago por un asunto
vista rom ano- frente a sus intereses. Roma ignoró uno tras otro que, en realidad, no era otra cosa que la declaración de independencia
los avances de los bárcidas, incluso en el caso de la hipotética de Cartago. Ambas potencias habían interpretado mal las intenciones
embajada del año 231 a. C. Sin embargo, la llegada de Aníbal y actitudes de la contraria. Ambas pagarían un altísimo precio por
al poder y, sobre todo, la campaña relámpago con la que consi­ este error.
guió extender el área de influencia púnica hacia buena parte
del norte de la Península, avivaron los recelos de Roma. La he­
gemonía púnica alcanzaba ya casi hasta el Ebro - a salvedad de B I B L I O G R A F Í A B Á S IC A
Sagunto, a decir de Polibio-, lo que suscitaba la pregunta de Beck, H. (2011): "The reasons for the war" en Hoyos, D. (ed.): A
Companion to theSecondPunic War. Oxford y Malden, pp. 225-
cuál sería el siguiente paso que daría el líder bárcida.
41.
En consecuencia, las llamadas de atención de los saguntinos
Harris, W. V. (1979): War and Imperialism in the Román Republic
que hasta la fecha se habían ignorado, incitaron ahora a Roma
327-70BC. Oxford: Oxford University Press.
a despachar una embajada a Cartago Nova (año 220 a. C.) en
Hoyos, D. (2003): Hannibal's Dynasty: Power and politics in the
la que se “conminaba firmemente” a Aníbal a que cesara su ac­
western Mediterranean 247-183 BC. London y New York:
tividad militar en la Península. Asimismo, se pedía que no mo­
Routledge.
lestara a los saguntinos, “pues se hallaban bajo su protección”
Rich, J. (1996):"The origins of the Second Punic War"en Cornell,
(Pol. III.15.3-5). Pero, a decir verdad, ni el tratado que firmó T. 1; Rankin, B.; Sabin, P.: The Second Punic War: a Reappraisal.
Asdrúbal obligaba necesariamente a Aníbal (las embajadas se London, pp. 1-37.
limitaron a asumir que sí, pero no es evidente), ni se hallaba Seibert, J. (1993): Forschungen zu Hannibal. Darmstadt:
Sagunto al norte del río Ebro. Lo que Roma envió no era una Wissenschaftliche Buchgesellschaft Darmstadt.
petición sino, más bien, una orden, y suponía una injerencia
flagrante en los asuntos púnicos en la Península. =Bibliografía completa en www.despertaferro-ediciones.com
La iracunda respuesta de Aníbal, en la que declaró que libe­
raría a los saguntinos de los abusos de Roma, fuera genuina o Dexter Hoyos (DPhil, FAHA) es profesor asociado
no, puede parecemos sorprendente, puesto que daba a entender honorario en The Sydney University, Australia. Sus
que atacaría Sagunto. Tampoco mencionó en ella el Ebro (Pol. áreas de trabajo abarcan la historia de Roma y
III.15.5-9). Parece evidente que no podía permitirse el lujo de Cartago, así como la metodología de aprendizaje del
conceder a Roma lo que esta demandaba: en caso de obedecer, latín. Sus publicaciones más recientes son Mastering
el resto de pueblos iberos podrían imitar el desafío de los sagun­ the West: Rome and Carthage at War (2015) y Rome Victorious: the
tinos. Y, en el caso de que respetara la frontera del Ebro, ello le Irresistible Rise ofthe Román Empire (2019).
Libros
Jo s ia h O s g o o d Roma. La creación del Estado mundo
ROMA
LA C REA C IÓ N
La crisis de la República romana y el advenimiento del Imperio se cuentan sin lugar a dudas
entre los procesos más apasionantes de la historia. El conjunto de convulsiones, reformas y re­
D EL ESTADO voluciones que condujeron al colapso del Estado romano republicano y a su transformación en
algo nuevo, en una nueva entidad política y social, económica y cultural, con vocación universal,
MUNDO ha marcado la memoria colectiva del mundo occidental. La ha marcado hasta tal punto que,
más allá de los ríos de tinta que la historiografía ha vertido al efecto, las referencias a Julio
César y a Augusto, al reformismo de los hermanos Graco y al heroísmo de Numancia, a una
república supuestamente democrática que degenera en un imperio regido con puño de hierro,
aparecen y reaparecen continuamente en nuestro imaginario popular. Y, sin embargo, pese a lo
tratado (me niego a decir “manido”) del tema, de tanto en tanto surgen nuevas aproximaciones
que lo replantean desde un punto de vista novedoso. Tal es el caso del libro de Osgood, Roma.
La creación del Estado mundo. Un estudio en el que se desgrana la historia política, social,
económica y cultural de Roma entre mediados del siglo II a. C. y el principado de Tiberio a fin
de comprender mejor, en toda su extensión, un fenómeno que el autor se niega a considerar de
ISBN: 978-84-949540-1-6
“crisis”. Frente a la idea tradicional (basada en el fondo en la interpretación de los historiadores
Páginas: 376
augusteos), Osgood trata de demostrar que, a lo largo de un proceso de casi dos siglos, mucho
Autor: Josiah Osgood
más poliédrico y no tan unidireccional como solemos pensar, las estructuras de la ciudad-
Editor: Desperta Ferro
Estado romana republicana se transformaron en unos mecanismos más eficaces para administrar
Ediciones
un imperio de vocación mundial. Los proyectos fracasados, las resistencias y las convulsiones
Web editor:
no fueron sino epifenómenos de ese proceso de readecuación que, como el autor defiende,
www.despertaferro-
solo puede comprenderse observándolo en la longue durée. Como los historiadores sabemos
ediciones.com
bien, negar la consideración de “crisis” a los períodos tradicionalmente considerados como
Reseñador: Jorge García
tales se ha convertido casi en una moda en las últimas décadas. Rara vez, no obstante, se
Cardiel
propone un modelo interpretativo alternativo tan coherente como el que Osgood desgrana.
Aplicando al período el modelo de las “diferenciaciones estructurales” de Hopkins (y, de
manera implícita, también el de “sistema-mundo” de Wallerstein), Osgood considera que el
estudio entrelazado de la política romana, la gestión provincial y la historia cultural no muestra
tanto una debacle y posterior recuperación del orden, cuanto una sociedad que pugnaba por
reinventarse a sí misma. La singularidad del presente libro radica asimismo en su original
apuesta por una tensión dialéctica entre lo “centrífugo” y lo “centrípeto”, entre los análisis tra­
dicionales que asumen que las convulsiones de la vida política romana terminaban repercutiendo
en las provincias, y las nuevas perspectivas según las cuales fueron los avatares del mundo itá­
lico, y más tarde provincial, los que mediatizaron la vida política “central” romana. Semejante
tensión se aprecia en la propia estructura del libro, en la que la diacronía que guía la sucesión
de capítulos se rompe una y otra vez para resituar el foco de análisis entre Roma y su periferia,
y viceversa. Así, los capítulos de historia política romana al uso (4, 5, 7, 8, 11, 12 y 14)
adquieren una nueva dimensión contraponiéndolos a las derivas políticas y sociales de la Italia
y el Mediterráneo en esas mismas épocas (caps. 2, 6 y 9) y a la historia cultural, casi una
historia de las mentalidades, que plasma y al mismo tiempo promueve todos esos cambios
(caps. 3, 10 y 13). Y lo mismo sucede, evidentemente, con las fuentes de las que se vale
Osgood para entretejer su discurso: las ya clásicas citas de Cicerón, Livio, Apiano, Plutarco o
César se acompasan con continuas referencias a Catulo, Ovidio y Horacio y por el empleo sis­
temático de una epigrafía y un registro arqueológico itálico y provincial (la atención a Pompeya,
verbi gratia, es constante) que el autor maneja con soltura. La sorprendente monografía de
Osgood se acompaña en su edición en castellano de la atractiva y cuidada cartografía que es ya
una seña de identidad de la editorial Desperta Ferro, así como de un copioso aparato gráfico y
de varias tablas que resultarán de gran ayuda al lector que no esté familiarizado con los
vericuetos del ordenamiento institucional romano. El índice de citas, las casi veinte páginas de
bibliografía y el prolijo índice analítico, en fin, convierten el libro en una útil herramienta de
consulta. Un ensayo que resultará una amena iniciación al período para los lectores que no
estén familiarizados con el mismo, pero que al tiempo propondrá una sorprendente perspectiva
a quienes sí lo estén con Julio César y con Augusto, con el reformismo de los Graco y con el
heroísmo numantino.
Adriano
ANTHONY BIRLEY
Tratar de hacer justa crítica a un libro de la entidad de Adriano, escrito por un investigador

ADRIANO de la innegable categoría de A nthony Birley, constituye una tarea cuanto m enos difícil.
A m bos, obra y autor, no precisan presentación en el m undo de la literatura científica
sobre la historia m ilitar del Im perio rom ano, y no pueden faltar en ninguna biblioteca
sobre la tem ática que se precie, aún menos en ninguna selección bibliográfica de referencia
sobre el em perador A driano y su tiem po. En este sentido, em pezaré subrayando el único
punto débil que hem os observado en la presente edición española: llam a la atención del
lector especialista el hecho de que el prestigioso sello editorial G redos se haya lim itado
a realizar una m era reim presión m ilim étrica de la prim era edición en español (publicada
por Península en 1997), sin revisión alguna. En este sentido, repite las deficiencias de-
tectables en aquella, especialm ente la innecesaria tendencia a hispanizar, no siem pre de
form a correcta, todos los topónim os latinos y griegos. A quí term inan los defectos reseña-
bles de un libro que constituye, en su conjunto, m ucho más que una “b io g rafía” de
ISBN: 978-84-249388-3-3 A driano: B irley com pone una extraordinaria radiografía de la historia del Im perio romano
Páginas: 479 que trasciende con precisión los lím ites de la vida de este em perador y su contexto
Autor: Anthony Birley am plio, sin perder de vista en ningún momento una perspectiva a la par am plia y profunda.
Editor: Editorial Gredos De este modo, el lector encontrará una com pleta y a la vez concisa descripción, muy bien
Web editor: estructurada e im bricada, de los acontecim ientos históricos que m arcaron la segunda
www.rbalibros.com/gredos m itad del siglo I y la prim era del II d. C. en el Im perio rom ano y su entorno inm ediato, a
Reseñador: David Soria un nivel político, m ilitar, social, económ ico, cultural y espiritual. En este sentido, la b io­
Molina grafía de A driano, el análisis de su carrera, de sus decisiones com o estadista y hasta de
su carácter, com ponen tanto la colum na vertebral com o el prism a a través del cual dar a
conocer, de form a m agistral, un periodo fundam ental en la historia de E uropa y el M edi­
terráneo a todos los niveles. Redactada con gran fluidez, estructurada con una innegable
profesionalidad y presentando sin am pulosidades una calidad científica sobre la que no
es necesario reincidir, esta obra es de un ineludible interés para el investigador especialista
y el historiador interesado en el periodo, constituyendo un verdadero error m etodológico
su om isión en cualquier publicación científica o divulgativa sobre el periodo que se con­
sidere de verdadera calidad y relevancia. Pero, del m ismo modo, a pesar de su carácter
m arcadam ente científico, el lector aficionado que desee conocer esta época con detalle
encontrará una obra a la que podrá acercarse sin dem asiados problem as, quizás tan solo
a costa de un poco de paciencia. El libro se dota, así, de todos los recursos críticos nece­
sarios, en los cuales el investigador encontrará Utilísimas y fundam entales herram ientas

el Gran Capitán
historia militar
www.elgrancapitan.org/foro
Libros
para su propio trabajo. A tal fin están destinados los apartados dedicados a las abreviaturas
científicas em pleadas, a las abundantes notas críticas y una rica bibliografía especializada
de plena vigencia hoy en día. Al m ism o tiem po, el aficionado encontrará un aparato car­
tográfico en general preciso, claro y bastante com pleto, que im pedirán que se pierda en
m itad de las abundantísim as referencias geográficas del libro. De la m ism a m anera, las
fotografías e ilustraciones están cuidadosa y oportunam ente situadas y referenciadas, re­
sultando enriquecedoras a la par que útiles a todo tipo de lector. N ada m ás podem os
añadir a un libro que constituye un clásico por derecho propio, una obra de referencia
fundam ental sobre la historia del A lto Im perio rom ano y los em peradores que dieron
form a a la Rom a del siglo II d. C., salida de las m anos de uno de los especialistas clave
sobre el periodo cuyas obras, com o m ínim o, siem pre m erecen la pena ser leídas.

ANGELOS CHANIOTIS
LA ERA
La era de las conquistas. El mundo griego
DE LAS CONQUISTAS
E L MUNDO G RIEG O
DE ALEJANDRO A ADRIANO
de Alejandro a Adriano (360 a. C.-138 d. C.)
<336 A.C.-138 D.C.)

El profesor de H istoria A ntigua del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, Angelos


C haniotis, acom ete en este ensayo el estudio de la herencia de la cultura griega desde la
figura de A lejandro M agno (360 a. C.) hasta los tiem pos del em perador A driano (138 d.
C.). Su foco de atención se centra en el análisis de quinientos años de historia en el Me-
diterránero oriental, auténtico espacio territorial ligado a las conquistas del m acedonio y
sus sucesores, y que con los siglos se convertirá en pasto de la am bición de la prom inente
Roma. Su hilo conductor sobrevuela el desarrollo cultural, adm inistrativo y m ilitar de
quienes confluyeron en aquellos siglos, analizando la evolución de sus instituciones, cre­
encias y relaciones sociales, para recalcar el prim igenio lazo de unión de la herencia
griega, com o confluencia de las vivencias y las conquistas en aquella parte del mundo.
El autor divide el ensayo en un total de dieciséis capítulos, en los que se entrecruza la
ISBN: 978-84-948208-6-1 descripción de acontecim ientos históricos de la época con el estudio de la realidad y el
Páginas: 544 desarrollo de las estructuras dinásticas y sus condiciones económ icas, culturales o reli­
Autor: Angelos Chaniotis giosas con las que se formó una com pleja red de relaciones entre pueblos y civilizaciones
Editor: Pasado & Presente durante aquellos siglos. Se reconocen en sus m ás de cuatrocientas páginas dos grandes
Web editor: bloques tem porales. El prim ero abarca desde siglo IV a. C. al siglo II a. C., periodo en el
http ://pasadopresente .com que se desarrollan los reinos de los diádocos, en E gipto de la m ano de los Tolom eos, en
Reseñador: Iñigo Pereyra O riente Próxim o bajo los Seléucidas y en M acedonia, com o pretendiente unificador de
Urdíroz G recia y los territorios lim ítrofes. El segundo alcanza hasta el siglo II d. C. y el em perador
A driano, y está protagonizado por la aparición, asentam iento y dom inio de Rom a en el
escenario m editerráneo oriental. Este trabajo ensayístico, im pecable en su ejecución y
m inucioso en su investigación, engloba de m anera analítica y divulgativa la com plejidad
y riqueza de una era m arcada por las conquistas y la am bición por dom inar un mundo
m ulticultural y m arcadam ente unipersonal, donde el poder de reyes, tiranos y em peradores
se eleva sobre la individualidad de las antiguas p o le is y Estados -h a s ta entonces inde­
p en d ien tes- para reunificar alrededor de sus personas a un cam aleónico universo de pue­
blos, religiones y estructuras sociales. C haniotis afronta con valen tía y seguridad el
estudio de un periodo histórico com plejo, que da paso a un m odelo em brionario de glo-
balización, localizado bajo el foco del m undo helenístico conocido y conform e a tres no­
ciones, para él indispensables: por un lado la conectividad, com o conexión de regiones,
relacionadas entre sí, bajo siglos de conquistas e invasiones. Por otro, la m ovilidad, re­
gulada por los m ovim ientos dem ográficos, consecuencia de las guerras desarrolladas y la
econom ía creada para sustentar vínculos y relaciones plurinacionales. Y por últim o, el
m ulticulturalism o, com o un continuo proceso de intercam bio cultural, salpicado de con­
flictos y tensiones pero que conform ó, ju n to a los otros dos factores, un com plejo calei­
doscopio de relaciones e intercam bios vitales. En definitiva, el autor desgrana un periodo
rico en m atices, esplendor, cam bios revolucionarios, grandes conquistas y com plejos
procesos territoriales que se desarrolló bajo la herencia del m undo griego y una extensa
red de conexiones políticas, adm inistrativas, económ icas y culturales conjugadas durante
aquellos cinco siglos.
László Veszprémy - Catholic University Péter Pázmány

En 1408 el r ey S e g is m u n d o fu n d ó la q u e fue la m ás célebre


HERMANDAD MILITAR HÚNGARA, LA ORDEN DEL DRAGÓN, FORMADA POR
CABALLEROS HÚNGAROS Y PRÍNCIPES CENTROEUROPEOS PROCEDENTES DE LUGARES TAN LEJANOS COMO BOSNIA
o V a l a q u ia - cuyo gobernante, V lad III T e p e s , D r á c u l a , r e c ib ió el n o m b r e p r e c is a m e n t e p o r su
PERTENENCIA A ELLA-, ADEMÁS, MEDIANTE SUS MIEMBROS HONORARIOS, TALES COMO LOS REYES DE INGLATERRA,
D in a m a r c a o N ápoles, c u b r í a c a s i l a t o t a l id a d d e E uropa y , s i b ie n e s c ie r t o q u e l a o r d e n n o
s o b r e v iv ió m á s a l l á d e l a d é c a d a d e 1490, su e m b l e m a p e r v iv ió a m o d o d e h o n r o s o d is t in t iv o e n l a
h e r á l d ic a d e m u c h a s f a m il ia s n o b il ia r ia s .

a primera y más antigua orden de caballería real y secular el año 1387 -así como de Bohemia (desde 1419), rey de romanos

L de Europa, la Orden de San Jorge, fue fundada por el rey


angevino de Hungría, Carlos I, en 1326. Aunque sus fueros
fundacionales se han conservado hasta nuestros días -o una versión
actualizada de los m ismos- con su gran sello, no sabemos apenas
(1411) y, posteriormente, emperador del Sacro Imperio Romano
Germánico (1433)- hasta su muerte en 1437. Es probable que su
inclinación por el ceremonial cortesano procediera del ambiente
caballeresco de la corte de su padre, el emperador Carlos IV de Lu­
nada acerca de su funcionamiento. Su repentina disolución pudo xemburgo. Tras la muerte en 1419 de su hermano Wenceslao IV de
obedecer al intento de asesinato del rey en su propia corte en VI- Bohemia, se convirtió en la cabeza visible de la Orden de la Toalla
segrád, cercana a la moderna Budapest (a 40 km de esta), y a la [N. del E.: orden militar inspirada en el episodio evangélico del la­
derrota de sus huestes a manos de su vasallo, el voivoda Basarab I vado de pies de los discípulos por Jesús, narrado en Juan 13:5] y,
de Valaquia, en la batalla de Posada -en el sur de los Cárpatos, en como sucesor suyo, ejerció su derecho de designar a sus miembros.
la frontera del voivodato con Hungría-, en noviembre de 1330. Aunque los fueros no lo mencionan, es posible que Segismundo
En el enfrentamiento, uno de los caballeros del rey llegó a inter­ supiera de la fundación de la Orden de San Jorge por parte de su
cambiar su armadura, decorada con su propia heráldica, con la antepasado. El único indicio, quizá, sea la supuesta existencia de
del monarca y, finalmente, a sacrificar su vida por él en el combate. una capilla de la Orden de San Jorge en la ya mencionada Yisegrád,
Este comportamiento heroico bien pudo ser consecuencia de su sede regia a orillas del Danubio, que se menciona en 1425 con oca­
pertenencia a la orden de caballería recientemente instaurada, sión de la llegada de los franciscanos a la ciudad por orden de Se­
pero lamentablemente no lo podemos asegurar, pues la carta fun­ gismundo, aunque se señala que ya por entonces estaba en minas.
dacional no menciona los nombres de sus miembros. Pero las similitudes entre ambas órdenes militares terminan
Por su parte, Segismundo de Luxemburgo, cuya primera esposa aquí. Para la de San Jorge, Carlos I trató de establecer una au­
fue María, nieta del mencionado Carlos I, fue rey de Hungría desde téntica comunidad con una sede oficial, un número limitado de

▲ Reconstrucción m oderna del aspecto que pudo tener el EMBLEMA DE LA ORDEN DEL DRAGÓN, em pleado como pinjante o distintivo ex­
terno de !a condición de m iem bro de la orden.
▼ Panorámica del CASTILLO DE DOBOJ (Bosnia y Herzegovina), erigido a principios del siglo XIII sobre una fortificación anterior de m adera del
siglo X, en un territorio que por entonces pertenecía al banato (del térm ino eslavo barí,"señor") de Usora, una suerte de Estado sem iindepen-
diente som etido a la influencia política y m ilitar del reino de Hungría. Por su situación fronteriza entre los reinos de Bosnia y Hungría, la
provincia fue el escenario de num erosos enfrentam ientos. Uno de los más célebres fue precisam ente la batalla librada en 1415 a los pies de
este castillo, que opuso un ejército húngaro frente a una coalición de bosnios (liderados por Hrvoje Vukcic Hrvatinic, m iem bro de la Orden
del Dragón) y otomanos, con victoria aplastante de estos últim os, e ro m ain b r é g e t
Reino de Hungría, 1400

Regiones vasalla

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I
bajo el rey Segismundo, 1387-1437 J p l u ú J tL
150 200 km

miembros y un protocolo muy estricto de reuniones periódicas.


viajes por Europa occidental de años de duración sin temer a las re­
Evidentemente, esta orden angevina pretendía además reforzar
vueltas. No sabemos hasta qué punto pudo influir en esto la creación
la autoridad del rey, pero, dado que desconocemos los nombres
de la Orden del Dragón, pero parece evidente que hacia 1408 la
de sus miembros, no sabemos si estos se elegían entre la aris­
lista de miembros incluía ya a los aristócratas más influyentes del
tocracia de alcurnia o entre los caballeros cortesanos.
reino y a los principales vasallos extranjeros del rey.
La orden creada por Segismundo era todo lo contrario: carecía
de una advocación oficial -aunque los estatutos aluden hasta en O B JE T IV O S
dos ocasiones a san Jorge y su dragón-, sede con capilla, reuniones
El estatuto fundacional resumía en su prólogo los objetivos
periódicas, ni se acogía a ningún ideal o modelo de comportamiento
principales de la orden -cuyo nombre latino era Societas dra-
caballeresco, exceptuando la obligación de acudir a los funerales
conica seu draconistarum, Fraternitas draconum o, en alemán,
de sus miembros o, en su defecto, pagar treinta misas por su alma
Gesellschaft mit dem Trakchen - del siguiente modo:
y vestir de luto por un día. Probablemente el profesor Boulton esté
en lo cierto cuando afirma que la orden era “la primera organización
[...] con prelados, barones y magnates de nuestro reino
de su tipo concebida en términos exclusivamente políticos”, lo
a quienes invitamos a participar con nosotros en esta
que no debe sorprendernos ya que Segismundo era un maestro de
orden con el fin de erradicar los actos perniciosos del
las estratagemas políticas y diplomáticas, que obtenía por medio
mismo pérfido enemigo y los seguidores del antiguo
de la negociación todo lo que perdía en el campo de batalla. Puede
dragón, y de los caballeros paganos, cismáticos y otras
que en un primer momento tuviera en mente una comunidad es­
naciones de fe ortodoxa y aquellos envidiosos de la
tructurada, ya que en uno de los primeros estatutos nombró decano
cruz de Cristo y de nuestros reinos.
y rector de la orden al juez Simón de Rozgony, títulos de los que
no volvemos a tener notica de su existencia.
Conforme a sus fueros, la orden contaba con veinticuatro
Segismundo y su segunda esposa, Bárbara de Celje, fundaron
miembros -núm ero similar a la Orden de la Jarretera-, entre
la orden mediante un fuero del 12 de diciembre de 1408, en un mo­
los que figuraban el rey y la reina de Hungría. En consecuencia,
mento en el que el monarca ya había sufrido sus más amargos fra­
los miembros debían jurar lealtad eterna a la pareja real, así
casos políticos y militares: la derrota de su ejército ante los turcos
como a sus hijos varones -posteriorm ente también a las hijas-
en Nicópolis, en 1396, y su arresto en 1401 por parte de la aristo­
vivos y por nacer, y defenderse los unos a los otros frente a
cracia húngara, que a punto estuvo de destronarlo. Segismundo so­
cualquier agresión. Como contraprestación, gozaban de ciertos
brevivió a ambas crisis y, tras la segunda, se dispuso a consolidar
privilegios como la protección especial del rey mediante su ar­
su poder, con tanto éxito que incluso le permitió emprender largos
bitrio vinculante en las querellas de los miembros.
E4 □ESPERTA FERRO

Y Retrato del caballero OSWALDVON WOLKENSTEIN (ca. 1376-1444), segundón de una familia nobiliaria del su rd e lT iro l.S u condición de hijo no
primogénito lo obligó a buscar otros medios de fortuna ajenos a los familiares, por lo que entró al servicio del rey Segism undo de Hungría, a qúien
sirvió como diplomático. En agradecimiento, fue recompensado con el ingreso en la Orden del Dragón. En la banda que le cruza el pecho podemos
apreciar el pequeño distintivo en forma de dragón con la cola anudada en torno al cuello, em blem a que acredita su pertenencia a la misma.

La orden contaba, además, con miembros de segunda clase en La concesión del distintivo del dragón iba asociada a un fuero
número ilimitado y abierto tanto a húngaros como a extranjeros, de donación, del que sin embargo solo han sobrevivido dos ejem­
lo que demostró ser un arma muy útil para tejer redes de influencia plos, los del noble húngaro András Chapy y el de Vitautas el
y cuya composición reflejaba claramente los objetivos de la orden: Grande, gran duque de Lituania. La orden contaba con numerosos
más allá de las altas dignidades y la aristocracia del reino, la cate­ miembros ilustres de origen no húngaro, como el rey Eric de Di­
goría ajena a la baronía podía contener integrantes de la baja no­ namarca, Ladislao II Jagellón de Polonia, Oswald von Wolkenstein
bleza, que hacían carrera gracias a su pertenencia a la orden, como o Enrique V de Inglaterra. Todos recibieron honoríficamente el tí­
la casa de Rozgonyi o la de Báthory -algunos miembros de esta tulo de manos del rey de Hungría como presente diplomático, a
última llegaron incluso a alcanzar el principado de Transilvania y, menudo con el derecho a cederlo a terceros. Así, por ejemplo, el
en un caso, la corona de Polonia-. aristócrata albanés Jorge Castríota (conocido como Skanderberg)
El listado de miembros de la primera clase era bastante inva­ lo recibió de manos del rey Alfonso V de Aragón. Parece que, a
riable, como demuestra un tratado de paz entre húngaros y polacos pesar del número elevado de miembros, la pertenencia a la orden
firmado en 1423 en el que aparecían los sellos de veintidós aristó­ era algo muy valorado y se ponía mucho cuidado en reflejar el
cratas húngaros que, en diez casos, eran idénticos a los presentes emblema en los retratos, escudos heráldicos y, sobre todo, en las
en los estatutos fundacionales de la orden. Pero la fama de esta lápidas funerarias, como se documenta en las regiones de Austria,
hermandad no se limitaba a las élites, sino que se extendía por el Dalmacia, Eslovenia, Alemania, Suiza, Silesia e Italia.
conjunto de la sociedad, tal y como refleja, entre otras cosas, la
proliferación de azulejos de chimenea con el emblema del dragón. FUNCIONAM IENTO
Desde un punto de vista húngaro, los gobernantes de los países Con ocasión de su coronación como emperador del Sacro Imperio
vecinos eran vasallos de la Corona, aunque dos de ellos, los de Serbia en 1433, Segismundo solicitó del pontífice permiso para modificar
y Valaquia, fueran cristianos ortodoxos. Como aliados y como miem­ los estatutos de la orden, lo que demuestra su carácter supranacional.
bros de la orden, participaban de la política exterior antiotomana Estas enmiendas simplificaron los requisitos en cuanto a la apa­
auspiciada por Segismundo y formaban parte del cordón de seguridad riencia de sus miembros y prometió privilegios de cruzado a los
en tomo a Hungría. Bosnia demostró ser el aliado más problemático. miembros que combatieran para la orden. Durante toda su vida,
Desde 1387 -m ás aún desde 1405- obligó a entablar luchas recu­ Segismundo consideró el emblema del dragón como símbolo de
rrentes contra su líder, el duque Hrvoje Vukcic Hrvatinic, sobre el
que Segismundo logró, en 1408, una ansiada victoria en Dobor, en el
cauce del río Bosna, que se convirtió en un antecedente directo de la
fundación de la orden. A pesar de que Hrvoje se sumó a ella en 1409,
volvió a rebelarse en 1413 y, resulta curioso que el rey le privó de
todos sus títulos y posesiones por violar los estatutos de la orden,
pero no de su membresía. Es más, coaligado con los otomanos,
Hrvoje derrotó en 1415 a un ejército húngaro en el castillo de Doboj,
al oeste de Banja Luka. Segismundo trató entonces de apoderarse de
Bosnia por medio de un tratado de sucesión, puesto que el recién co­
ronado rey de Bosnia, Tvrtko II Kotromanic, se casó con Doroteja,
hija del primer dignatario del reino, Juan de Gara. Sin embargo, los
otomanos socavaron el plan. No ha de sorprendernos, por tanto, que
el emblema del dragón se documente en el trono de Tvrkto, en el
castillo de Bobovac, lo que demuestra que efectivamente pertenecía
a la orden. La estrategia de engrandecimiento de Hungría por vías
hereditarias dio sus frutos en el caso de Serbia cuando en 1427, tras
la muerte otro miembro de la orden, el déspota Esteban Lazarevic,
Segismundo asumió el dominio de la región.
La presión húngara sobre Valaquia fue igualmente decidida.
El miembro más conocido de la orden fue sin duda Vlad III Te­
pes, el Drácula histórico, hijo del por dos ocasiones voivoda
Vlad Dracul II (1437-1442 y 1444-1447). Tepes ingresó en la
orden en 1431 y el rey de Hungría Matías Corvino le brindó
ayuda militar, si bien, a partir del año 1462 lo mantuvo retenido
en Hungría en calidad de miembro de su familia, puesto que
había contraído matrimonio con la sobrina del rey. Sus resi­
dencias han sido identificadas gracias a la arqueología en las
ciudades húngaras de Segesvár (la actual Sighisoara, Rumania)
y Pécs; en esta última tenía una casa que hasta 1489 aún era
llamada Drakwlyahaza (“la casa de Drácula”).

/ v
DESPERTA FERRO G5

su reinado, tal y como se documenta en el manuscrito portugués 1990, sin embargo, se reconstituyó y, hoy en día, una plaza de
Livro de Arautos, donde en efecto se representa el escudo de Se­ Zagreb lleva su nombre, plaza a la que por cierto engalana una
gismundo con ocasión del Concilio de Constanza de 1416. Más estatua de san Jorge matando al dragón. Por su parte, en Serbia,
tarde, Segismundo lo mandó grabar en su último gran sello, que y como homenaje a la pertenencia del déspota Lazarevic a la
empezó a emplear tras su coronación como emperador en 1433. orden, en el año 2011 el príncipe Aleksandar Karadjordjevic
El ceremonial caballeresco no hizo que se olvidaran los fines fundó la Soberana Orden M ilitar del Dragón con sede en Bel­
políticos con los que se había fundado la orden, a la que podemos grado y cuyo nuevo patrón es el rey de Serbia Lázaro
ver actuar en algunos casos, como en 1412, cuando Segismundo Hrebeljanovic, quien pereció en la batalla de Kosovo contra
apeló a sus miembros para que participasen en la guerra contra los otomanos en 1389.
Federico IV, duque de Austria. Asimismo, los fueros fundacionales Tras el colapso de los Habsburgo, Hungría se vio en la nece­
estipulaban la posibilidad de arbitrar disputas entre los miembros sidad de renovar su sistema de medallas y condecoraciones, y en
y la ocasión para ello se presentó con el enfrentamiento entre los 1920 se consideró seriamente, aunque sin éxito, la restitución de
condes Heinrich de Plauen y Alsso von Sternberg de Bohemia, la Orden del Dragón. Y es que su prestigio fue siempre de la
que fue zanjada con un acta firmada por veintinueve miembros mano del rey Segismundo, quien tradicionalmente tuvo una pésima
procedentes de Alemania, Austria, Bohemia e Italia, “así como fama en Hungría que exageraba sus derrotas militares y olvidaba
otros miembros de la Orden del Dragón”. Hasta el propio duque sus éxitos diplomáticos. Sin embargo, desde la década de 1980
Hrvoje apeló a dicho arbitrio - o eso afirmó en una de sus cartas- esta situación ha dado un vuelco - sobre todo tras de la celebración
con motivo de su rebelión contra Segismundo en 1413. de dos exposiciones internacionales sobre su reinado, en 1986 y
El emblema de la orden, que se llevaba con un cordel en el 2006- y hoy en día se le considera uno de los más grandes mo­
lado izquierdo, tenía diversas variantes. El grueso de los miem­ narcas húngaros de todos los tiempos y a la Orden del Dragón
bros, en número ilimitado, exhibía un simple dragón, mientras uno de los pilares de su prolongado reinado. No es casualidad
que los pertenecientes a la baronía tenían derecho a portar el que la rama húngara de la orden haya sido restituida en Nagyvárad
dragón aferrado a una cruz con el lema O quam misericors est (la actual Oradea, en Rumania), en cuya catedral, dedicada a san
deus, justus et pius. Tenía forma de broche de distinto tamaño de Ladislao, primer rey caballeresco de Hungría, canonizado en 1192
tejido dorado o corladura cosido sobre la prenda o aplicado a la como recompensa por los esfuerzos de Hungría durante la Tercer
armadura. Las versiones más exclusivas eran susceptibles de ser Cruzada, reposan los restos de Segismundo.
empeñadas, tal y como se ha documentado a través de testamen­
tos. Así lo hizo el propio Segismundo -com o narra en sus me­
morias su sirviente Ebehard W indecke- con la insignia de la Or­ B I B L I O G R A F Í A B Á S IC A
den de la Jarretera cuando se hallaba en Brujas de regreso de un Zsombor, J. (2016): "Armorials and Grants of Arms: Heraldic
viaje a Inglaterra para conseguir efectivo. Había sido admitido representationofHungarian nobles atthe time ofthe Council
en la orden el 24 de mayo de 1416 en Windsor, en cuya capilla of Constance". In: Das Konzil von Konstanz und Ungarn. Ed.
había depositado a cambio como presente una espada decorada Bárány, A. Debrecen, pp. 155-180.
con dragones de plata, que se conserva actualmente en York. Studnickova, M. (2009): "Drehknoten und Drachen. Die Orden
Wenzels IV. und Sigismunds von Luxemburg und die
OCASO Y RENACER DEL DRAGÓN Polysemantik ihrer Zeichen."ln: Kunst als Herrschaftsinstrument.
Böhmen und das Heilige Römische Reich unter den
La cuestión de la pervivencia de la orden es más fácil de dilucidar
Luxemburgern im Europäischen Kontext. Ed. Fajt, J„ and Langer,
que en el caso de la que fundara Carlos I. La hija de Segismundo,
A. Berlin - München, pp. 377-38
Isabel, contrajo matrimonio con Alberto de Habsburgo ( reg. 1437-
Boulton, D'Arcy J. (1987): The Knights o f the Crown: The
1439) y ambos nombraron a nuevos miembros de la orden, entre
Monarchical Orders o f Knighthood in Later Medieval Europe
ellos, el célebre viajero castellano Pedro Tafur, a quien en 1438
1325-1520. London, 1987 (2.nd ed. 2000).
honraron con tres dignidades: el águila austríaca, el dragón húngaro
Lövei, P. (2006): „Hoforden im Mittelalter, unter besonderer
y la toalla bohemia. La potestad de designar nuevos miembros
Berücksichtigung des Drachenordens". \r\:SigismundusRexet
pasó entonces a su hijo Ladislao V de Habsburgo (1444-1457) y, Imperator: Kunst und Kultur zur Zeit Sigismunds von Luxemburg
tras la muerte de este, a Matías Corvino (reg. 1458-1490). En pa­ 1387-1437. Ausstellungskatalog; Budapest, Szépmüvészeti
ralelo, el entonces rey de romanos, Federico III de Habsburgo, Müzeum ,18. März - 18. Juni 2006; Luxemburg, Musée
también hizo nuevos nombramientos al considerarse regente de National d'histoire et d'art, 13. Juli -15. Oktober 2006. Ed.
su sobrino, el mencionado Ladislao V. Es posible que la orden Takács, I. Mainz, pp. 251-263. (published also in French).
sobreviviese a la muerte de Matías Corvino, puesto que docu­
mentamos dragones en la heráldica de los últimos reyes polacos E Bibliografía completa en www.despertaferro-ediciones.com
de la dinastía Jagellón (1490-1526), pero por entonces parece
haber mutado a una suerte de hermandad aristocrática, habiendo
LászlóVeszprémy es profesor de Historia en Pázmány
perdido su vinculación original a la corona de Hungría, conforme
Péter Katoiikus Egyetem (Budapest-Piliscsaba,
este reino perdía peso en la esfera internacional. Hungría). Es, asimismo, director del Institute of Military
La primera obra que recogía la historia de la orden se History de Budapest. Sus áreas de especialización son
publicó en Leipzig en 1764, y a partir de entonces su memoria las cruzadas, la cultura caballeresca y la historia militar
entró a formar parte del patrimonio cultural común centroeuro- de la Hungría medieval. Su grupo de investigación publica el catálogo
peo. En 1905, un grupo de intelectuales fundó en Zagreb la (regestae) de los estatutos emitidos durante el reinado de Segismundo,
Hermandad del Dragón croata, que serviría a modo de sociedad y a fecha de 2017 ha cubierto el periodo entre los años 1387 y 1426 (en
cultural hasta que fue proscrita por los comunistas en 1946. En húngaro, Zsigmondkori oklevéltár).
PROXIMOS NUMEROS
POLITIC* DEL MUNDO H

DESPERTA FERRO 71— £ .----------- :----- 1,11 ¿ J é * f '


DESPERTA FERRO
HL

DRÁCULA MONTANA BLANCA 1620


Los Balcanes en el siglo XV por Matei DESPERTAR ERRO La defenestración de Praga por Václav
Cazacu (Universitatea din Bucure§ti) Büzek (Jihoceská univerzita v Ceskÿch
Los ejércitos valacos por Andrei Budéjovicích)
Pogácias De la revuelta a la guerra por Peter H.
La vida de Vlad Tepes por Matei Wilson (University of Oxford)
Cazacu (Universitatea din Bucure$ti) La campaña de Bohemia por Alberto
Los castillos de Drácula por Gheorghe Raúl Esteban Ribas
I. Cantacuzino (Institutul de Arheologie Ayuda española para el emperador por
Vasile Párvan) Etienne Bourdeu (Université François-
De Vlad Tepes a Drácula, la evolución Rabelais)
del mito por Cristina Artenie La batalla de la Montaña Blanca por
(Universidad EAN, Bogotá) Drácula Olivier Chaline (Université Paris-
Sorbonne)
Las campañas militares de Vlad Tepes
por Andrei Pogacia?
Los Balcanes en el siglo XV^ <
El empalador, una vidage ¿
Ernst von Mansfeld, empresario militar
La última batalla contra el sultán por
Los ejércitos^valacdt OS . .J jm .
Los castillos de fàraélila
por Olli Báckstróm (Ita-Suomen
Sergiu Iosipescu (Institute for Defence La última batalla contra elsulBSfiv yliopisto)
"> A «Rif f
ExWft>>5: Britania en losW f& Voi^ fefrltft«*W 9 La Contrarreforma en Bohemia por
Studies and Military History)
Y además, introduciendo el n.° 55, Howard Louthan (University of
Minnesota)
Britania en el conocimiento geo- Número 54 Y además, introduciendo el n.° 41,
Número 40
etnográfico romano por Andrew a la venta en julio 2019 a la venta en junio 2019
Fitzpatrick (University of Leicester) Sabios para una guerra. La Comisión
de las Ciencias y las Artes en la
expedición a Egipto por Francisco Gracia Alonso (UB)

NORMANDIA (I). LOS CELTÍBEROS


EL ASALTO La celtización de la península ibérica
AEROTRANSPORTADO por Martín Almagro-Gorbea (RAH)
Génesis de la cultura celtibérica por
Desde el cielo nocturno. La
planificación del asalto Alberto Lorrio Alvarado (UA)
El mundo celtibérico en su apogeo por
aerotransportado del Día D por
Francisco Burillo (UNIZAR)
Michael E. Haskew
El origen de las tropas paracaidistas Mujeres y hombres en la ciudad
por Roberto Muñoz Bolaños (IUGM- celtibérica. La vida cotidiana por
UNED) Marian Arlegui (Museo Numantino de
All Americans y Screaming Eagles en Soria)
Cotentin por Marc Laurenceau Túmulos, urnas y cadáveres
La Luftwaffe en Normandía por Dan consumidos por los buitres por Marta
Zamansky Chordá
En alas de Pegaso. Los británico al Lengua y epigrafía celtibéricas por
Carlos Jordán (UNIZAR)
este del Orne por Mark Hickman la Luftwaffe antf el ¡MaD
All^m ericany^creamfngEaglsfc"^ ^ m El complejo mundo simbólico de los
Las tropas aerotransportadas en Ataque britamco al puente Pegaso

combate por Michael E. Haskew A las puertas-de Carentan celtíberos por Silvia Alfayé (UNIZAR)
Y además, introduciendo el n.° 26, Las
Derribando las puertas de Carentan Extra n.° 34: Brigadistas internacionales en Brúñete

por John McManus (Missouri iglesias del Serrablo por José Luís Acín
(Real Academia de Nobles y Bellas
University of Science and Technology) Número 33 Artes de San Luis)
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