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Oracin

Ayer te ped seor, en ruegos lastimeros!, que no me faltara el pan y el vino. Ayer te ped tambin, que no me hicieran falta, fuerza para ganarme el pan y templanza para el vino. Y en medio de mis letanas enviaste a tu emisario. Traa las manos vacas y los vestidos rotos. Le di de mi pan, bebi de mi vino. Voraz! Tal ente sobrenatural termin con mi hacienda. Y creyndome empobrecido vocifer rabioso contra ti. Se partieron los cielos por tu ira, y una luz, cual fuego, quem mis ojos. Ciego y pobre. Cunta desdicha la ma!, sollozaba por la calle. De pronto!, una mano tierna sujeto la ma, con voz dulce y compasiva me llevaba de la mano. Era aquel emisario que mandara Dios ante mis ruegos, el mismo que devorara mi pan y vino. Quise romper su yugo con flemtico arrebato. Y ante mi violencia!, un beso se pos sobre mis labios. Ms ardiente que el divino castigo!, cre desfallecer a ratos Me ama! -me dije- y hoy levanto mi mentn al cielo, el viento sutil en mi rostro. Hoy es la ltima vez que te pido hoy me despido de ti, Dios de Babel y de Sodoma. Justsimo seor!, me has despojado de la verdad no puedo verte! Yo me he apropiado de una prenda hermosa seoreo sobre tu ngel como t sobre mi vista. Y si no he de ser filsofo, he de ser amante Natalia!, ngel mo, tu carne ha de ser mi pan, tu sangre ha de ser mi vino.

Adriel El poeta mezquino