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zSeguiremos siendo amigos? Paula Danziger Nacié en Washington y se erid fen Nueva York. Ha sido profesora de instiuuto y de universidad. Su primera novela tuvo tanto éxito que pronto pudo dedicarse solo a escribir. Ha recibido muchos premios en Norteamérica our Sus personajes parecen tan reales que los nifios siempre le dicen que tienen la impresién de conocerios, Ambar y Justo son inseparables, Se conacen desde que eran pequefios, y sus madres ya son amigas. Saben pasérselo bien de verdad y echarse una mano cuando uno de los dos estd en apuros. Estan Juntos en clase y, despues, fen casa de Justo mientras la madre de Ambar trabaj2 ¥ de repente...lega la catistrofe: Justo tiene que irse a vivir a o:ra ciudad. Ambar esta muy triste Y se enfada con Justo porque parece feliz. Solucionarn sus problemas antes de separarse? ALEAGUARA éESeguiremos Ey} ee endo amigos ula Danziger tase rs wr canon ; _. sSeguiremos ene oe » siendo amigos? 1 Dela stones Try Ro Trahan deer Frans Can stan pt erin ge (Seems de GP Pero Sons wa din ‘Se Riren te Genero © ors tn ‘pile Chile de Eine 4, Be Antal Aids 446, Pena Stier Cae Agu hes Tas Aga $A de Bae, ‘eng 360,197 Ber Ais ein ahead cee 2h Ace 135, re Ravndo Guin pasion Sin 1a Fa Ri + Dinan y Bios At Aken Tas Alun A Cae 60 Narn 1028, acl de ges Coin + Sain Sa ‘RE Alo 2277 y de Thee, Qi, Eom + Satins Ene Conta SL “Tocigune 6, 2043 Hiya, ‘rd Aenea 80276 of Mea Lp y Baa, ‘omcun Fargy + Sastlen 8A od Sta lp 731 J My La Pe Cont 18, 11859 Marien, gy sn p56236-0683 ‘ime eer Cade be 199 Spi edo errs 2088 Inve en Che de cb: Jat Crp Rou Mae See j it Ms Hips Der Tn draco seen {i pbat pd rps en ae ‘arden tmanie pe Sera de capri hers thi orn pr etgen rea semis eg ee ‘nein magnon seen, for fncop cures ptt yor ce ds Es - ae ". Dentro de exactamente diez minutos todos Jos nifios y nifias de nuestra clase vamos a subir al avin para ir de viaje a China. Yo, Ambar Dorado, soy una alumna de tercet afio y estoy muy emocionada. Mi mejor amigo, Justo Da- niels, se va a sentar a mi lado. Ahora mismo estd sentado en el banco de al lado haciendo de reloj. Lo tinico que oigo es un sua- ve tic-tac, pero estoy absolutamente supersegura de que ya tiene pensado hacer alguna otra cosa, 10 Siempre que nuestra clase va.a volar a algrin lugar lejano nos senta- mos juntos. De hecho, levamos senténdo- nos juntos desde que nos conocimos en kinder, pero ésa es otra historia. No es nada fécil encontrar mi pasaporte y los pasajes, porque yo, Ambar Dorado, soy una alumna de tercero muy desordenada. Saco répidamente las cosas de mi banco: el cuaderno en el que voy a esctibir sobre el viaje, medio paquete u de chicles de fiesa, mis calcomanias, dos cintas pata el pelo, siete gomas de borrar, once clips, dos cuadernos de ejercicios y, finalmente, mi pasa- porte y los pasajes, que he metido dentro de una caja decorada espe- cialmente por mi con un montén de calcomantas. —Rering, cu-cu —empieza a decir Justo, mientras se columpia pa- ra adelante y para atrés. Entonces le pego en la cabeza con el pasaporte y los pasajes. 2 —;Se puede saber qué ests haciendo? —Soy un reloj cucti —dice Justo, sin parar de columpiarse. Cuando una tiene a Justo Da- niels de mejor amigo, la vida es su- perdivertida. Lo mismo pasa con mi macs~ tro, el sefior Coten. —Dispénganse a embarcar. Y el sefior Coten apaga y en- ciende las luces para que sepamos que se ha acabado una actividad y es- td. a punto de empezar otra. Hemos puesto todas las sillas de la clase en fila para que parezca un avidn de verdad, con pasillos y un sitio para el piloto, el copiloto y los auxiliares de vuelo. El sefior Coten siempre es el piloto. El dice que sélo es porque B ninguna otra persona de nuestra cla- se tiene carnet de conducir, pero yo sé cudl es la verdadera razén por la que siempre hace de piloto. Es por- que qutiere asegurarse de que llegue- mos adonde tenemos que llegar. Una ver dejé que Ricardo Curton hiciera de piloto, y cuando atertizamos, Ri- cardo anuncié que nos habia llevado a Disneylandia en lugar de a la Re- publica del Congo. Asi que ahora el sefior Coten siempre es el piloto y clige cada vez unos nifios diferentes para que hagan de copilotos y auxiliares de vuelo. ‘Cuando me toque a mi quiero set copilota. No quiero tener que re- partir bolsitas de man{ porque hay al- gunos chicos que son unos nifios chi- cos y hacen ruidos como los monos al comer el mani, y otras bobadas. 14 «Pero Justo no hace bobadas. El ygyo pasamos el tiempo leyendo la revista Tercero B en vuelo. (Los ar- ticalos los escribimos entre todos. ‘También hacemos el crucigrama que inventa el sefior Coten). Bueno, la verdad, si hay que ser sincera, a veces Justo también ha- ce ruidos de mone Ahora la clase se ha puesto en fila, esperando a que el sefior Coten revise los pasaportes, ‘Ana Burton se ha quedado mirando la foro de su pasaporte. 15 —Es una foro hortorosa, No sé por qué no nos han dejado eracr una foto de casa. Cada vez que empezamos a estudiar un pafs, nos vamos «volan- do» a conocerlo y, todas y cada una de las veces, Ana se queja de la foro que tiene en el pasaporte. —Estés muy bonita —le di- 0, mirando la foro. Todos tenemos las fotos que nos hicieron en el colegio, menos Brenda Colvin, que empezé las cla- ses cuando ya nos habian hecho las fotos. El pasaporte de Brenda lleva una foto que le hizo el sefior Coren con su propia camara, —Soy muy bonita —me co- rrige Ana—, pero en esta foro salgo horrorosa, Hago come que no he ofde lo 16 que ha dicho. —Ya sabes que el sefior Coten quiere que nuestros pasaportes de mentira parezcan de verdad. Acuér- date de cuando nos ensefié su pasa- porte de verdad. Estaba horrible, y tampoco ¢s tan feo. Ana hace una mueca y'sonrfe, —Ambar, sdlo porque a ti se te olvidé aguel dfa que nos iban a hacer las fotos no significa que a los demés no nos importe cémo hemos salido en nuestra foto. En la tuya, parece que al salir de la cama te pu- siste lo primero que encontraste y te peinaste con el rastrillo del jardin. Me fijo en la foto de Ana. Lleva su largo pelo rubio muy bien peinado y se ha puesto un cintillo de colores muy bonito. Me fijo en mi foto: 7 Ojos castafios y nariz peco- sa... El pelo, castafio, esté un poco despeinado y lo llevo sujeto con do: trabas. Voy vestida con ropa de dia- De hecho, llevo mi ropa favori- ta: una camiseta muy larga que me trajo mi tia Pamela de un viaje @ Londres y unas mallas negras. (Aun- que no se ven, me acuerdo de qué pantalones Llevaba. Yo, Ambar Dota- do, tengo muy buena memoria). No estoy tan fea, Es verdad que se me olvidé que ese dia iban a hhacernos las fotos. Y es0 que el sefior Coten nos lo dijo un millon de veces y lo esctibié dos millones de veces en la pizarra para que no se nos olvidara. Es que soy un poco despistada. Pero Ana Burton no tiene to- da la raz6n. Yo no me peino con el ric 18 rastrillo del jardin, Puede que a veces me peine con los dedos, pero nunca con un rastrillo. —A mi sf que me gusta tu fo- to —me dice Justo con una sonti- sa—. Estds idéntica, No estds como ce vemos sino como realmente eres, —Es decir, desordenada—dice And tiéndose. Me gustarfa arrancarle ese es- téipido cintillo que lleva en la cabeza. —Ni se te ocurra —me dice Justo, deteniendo mi brazo, Me encanta que Justo casi siempre adivine lo que estoy pensan- do porque también yo casi siempre sé lo que él estd pensando. El sefior Coten nos revisa los pasaportes, comprueba las tarjetas de embarque y Mario Fortunato nos conduce a nuestros asientos. 19 Cuando todos nos hemos sentado, Mario nos ensefia a ajustar- nos el cinturén de seguridad y nos explica lo que tenemos que hacer en caso de emergencia. El sefior Coten toma enton- ces su microfono de mentira y nos dice que nos preparemos para el via- je mas bonito de nuestra vida, Y alld nos vamos..., hacia eb cielo azul. Los alumnos de tercero he- mos despegado camino a China. - Dos +. China. Es un lugar bonito para ir de visita. Después de bajar del avién, el sefior Coren nos mostré una pelicu- la sobre China y luego sacamos nuestro cuaderno de actividades para empezar el trabajo sobre el viaje. Justo 'y yo recortamos fotos de los folletos que nos ha enviado la agencia de viajes. Convertimos las fotos en pos- tales para que parezca que de verdad hemos estado en China, y luego es- cribimos en el cuaderno los datos 2 mds importantes de cada sitio, Justo me ensefia una foto en la que sale un panda gigante y me dice: —Vamos a mandarle esto a Dani el Mocoso, —Te refieres a Dani el Moco- $0, tu hermano pequefto de cuatro afios, con el que te hottoriza com- partir la misma habitacién —y pego la foro en una ficha de cartén, EI mismisimo, si, sefiora, El tinico y extraordinario Dani el Mocaso me contesta Justo, haciendo un ges- to afirmativo con la cabeza, a tiempo ue coge la tarjeta y se pone a escribir: iL wiley Aenomate Lomian Ms Ahoy! aegis mex tlie qlllarin xin lon fanlarlicors, Se escribe Fan —le comento. TASTLCO 23 —Con el oso panda ahi, queda mejor FAN-TAS-TL-C-O5-0 —me dice Justo haciendo una mueca—, No te preocupes, Dani ni siquiera sabe lees. —Con esa letra, seguro que rno puede leer —le digo impresiona- da por los garabatos. —Yo me ocupo del pegamen- to y ti de hacer las letras bonitas —me dice Justo, mirando la tarjeta. Me fijo en cémo he puesto el pegamento y pienso en la palabra edesordenada». Si la limpieza y el or- den sirvieran para subir mucho la nota, yo sélo sacaria ceros. Justo, sin embargo, cs muy limpio y ordenado cuando se pone a pegar cosas, Pero yo tengo una letra mu- cho més bonita. Ese es otro ejemplo del gran 24 equipo que formamos. Nos ayudamos el uno al otro. Ademds, aprendemos las cosas mds o menos al mismo tiempo, y si uno de los dos aprende primero, siempre ayuda al otro. Cuando aprendi a hacer la we» hacia adelante (en vez de hacia atrés «»), fui yo la que se lo ensefié a Justo. El me ayuda con las fracciones, porque yo no acabo de entenderlas, Ademés, cuando hacemos grupos de lectura, los dos nos deci- mos en voz baja las palabras si es que necesitamos ayuda. Somos un gran equipo. Justo sigue pegando, Yo sigo escribiendo. Le «mandamos» una postal al padre de Justo, que se ha cambiado de trabajo y tiene que vivir él solo en Alabama, Justo, Dani y su madre se 25 han quedado aqut, en Nueva Jersey, para poder vender la casa. Estdén tardando mucho en vyenderla, ‘Aunque no se lo digo a nadie, me alegro. ‘A veces, Justo se pone un po- co triste, Eso no me alegea. Sé cdmo se siente uno cuando echa de menos a su padre, Cuando se divorciaron los mios, mi padre se fue anny lejos, a otro pais. Ast que nunca Jo-veo y llama poquisimas veces. Justo, sin embargo, tiene suerte. Su padre viene a casa algunos fines de semana y habla muchisimo con ¢l por teléfono. Pero aunque Justo eche de menos a su padre, yo sigo crazando los dedos muchas veces para que na- die les compre la casa y para que el 26 sefior Daniels encuentre otro trabajo aqui y vuelva a vivir a esta cindad. En el otro extremo de la me- sa, Jaime y Roberto han empezado a pelearse. —Escucha, cara de sapo, quiero que me des el Ipiz color do- tado —le dice Jaime a Roberto tirdn- dole de la manga—. Ya te lo he pedido cincuenta veces, —Y yo te he contestado cin- cuenta veces que atin me hace falta, cara de huevo —le contesta Roberto, gue sigue sin darle el Mipiz—. Por qué no escoges otto color? Porque me hace falta el do- rado —dice Jaime y tira al suelo uno de color azul. Jaime y Roberto Hevan pe- ledndose desde preescolar. EL sefior Coren {es ha dicho 7 que a ver cudndo wserin mayorcitos para dejar de hacer esas tonterias», pe- ro parece que nunca van a crecer. —EI dorado. Necesito el do- rado —repite Jaime. Roberto pone los ojos en blanco, le saca la lengua y apricta el lipiz contra el pecho. —jCara de mono! —Ie dice Jaime, mientras mueve las orejas. —Si necesitas el color dorado —dice Roberto, sefialindome—, spor qué no usas su cabeza? Ya sabes que ella es émbar dorado. Yo miro a Roberto con rabia y le digo: Ambar Dorado no es un lé- piz de colores. Ambar Dorado es una persona, Y ahora se tfen los dos. Estoy més que harta de que 28 las personas se burlen de mi porque me llamo Ambar Dorado. Cuando era mds pequefia queria que mis pa- dres me hubiesen puesto un nombre normal, como Clara, Sara 0 Vanesa. Ahora, sin embargo, me gusta smucho mi nombre. Pero atin tengo que soportar a algunos bobos que se burlan de mi porque hay un color al que llaman tambign ambar dorado. El sefior Coven apaga y en- ciende las luces: —Es hora de comer en Chi- na, Despejen los bancos. Todo el mundo le hace répi- damente, Me doy cuenta de que Rober- to se guarda el lépiz dorado en el bolsillo para tenerlo él después. Ahora entran la sefiora Anmita, el sefior Burton y la sefiora Eden, La asociacién de padres ha trafdo comida de un restaurante chino y empezamos a comer en Chi- nna, aunque no en porcelana china, porque usamos platos de papel. Yo, Ambar Dorado, no como demasiado bien con los palillos chi- nos. Los utilizo para pinchar la co- mida y el tenedor para coger el arroz 30 Cuando acabamos de comer, Justo ¥ yo luchamos con los palillos ‘como si fueran espadas. Después, el sefior Coten re- parte los papelitos que van con las galletas chinas de la suerte. Al abrir el mio, leo: Experiencia es la mejor profesora. Le muestto el papelito al se- for Coren, —Yo crela que USTED era el mejor profesor, :Quién es esa tal Se- fiora Experiencia? El sefior Coten sonrle y luego se va a separar a Jaime y Roberto, que siguen pelefndose. Justo deja su papelito de la suerte en el-banco. Se queda mirando a la piza- 1a, Lo recojo, 31 Esto es lo que dice: Dentro de poco vinjard a un nuevo lugar, donde empecard una nueva vida. Vaelvo a dejar el papelito en el banco. De repente, no me siento de- masiado bien. De repente, me parece que me ahogo con los trocitos de galleta de la suerte que he comido. Yo, Ambar Dorado, espero que tas galletas de la suerte se equivoquen. —Hora de picar algo —dice Justo, poniendo un paquete de galle- tas rellenas en la mesa de su cocina. —Siper —digo yo, mientras abro el paquete, saco una gallera, me como el relleno de crema y le paso las galletas a Justo, —Stiper —dice ¢l, mientras se las come, Saco otta galleta y me como el centro. Justo y yo llevamos comiendo ast las galletas rellenas desde kinder. Lo Hamamos trabajo en equipo. Ana Burton lo llama «una a4 ordinariez» La sefiora Daniels entra en- tonees en la cocina. Detrés aparece Dani y le dice a Justo: —Quiero que juegues al me- cano conmigo. —Mecano, la mano. Me pa- fece que es igual —dice Justo y se acerca a su hermano y le da la mano. Dani el Mocoso se enoja. Ojalé tuvieca yo un hermani- to o una hetmanita para hacerle ra- bia, Como soy hija Gnica no hay manera, pero supongo que no pasa nada porque siempre puedo hacer rabiat a Dani. —Ya jugards después —le di- cea Dani la sefiora Daniels. Ahora fio quiero que desordenes nada por- que el sefior de la agencia inmobilia- ria va a traer a alguien a ver la casa. | 35 De zepente, hacer rabiar a Da- nj ya no me parece tan importante. De repente, es mucho més importante cruzar los dedos y desear con todas mis fuerzas (con todisimes mis fuer- za) que a esa persona la casa le parez- «a felsima, que crea que es demasiado grande o demasiado pequefia, que no tenga dinero para compratla... Suena el timbre de la puerta. —jLes importarfa jugar un rata con Dani? —nos pregunta la se- fiora Daniels, que se marcha a abrir Ja puerta. Arrg, gaaalletas —dice Da- ni, imitando al Monstruo de las Ga- Ietas que sale en Plaza Sésamo. —Claro que sf, Bartolomé, Bartolomé es como de verdad se llama Dani, pero cuando era peque- fio le costaba pronunciarlo y siempre 36 decfa que se llamaba «Dani Dani, Y se ha quedado con ese nom- bre, Ahora todo el mundo lo lama Dani, menos Justo y yo cuando que- remos hacerlo rabiar. Entonces, Dani empieza a cantar: —Ambar Dorado es. un lie piz... un lépiz... un lapiz... de colores estropeado. ‘A veces me parece que nunca deberfa haberle contado que me da ra- bia que los nifios se buslen de mi nom- bre. Supongo que no es buena idea burlarse del nombre de otra petsona cuando ellos pueden burlarse del tuyo, Nos comemos unas cuantas galletas més; después colocamos un pote de pléstico y empezamos a tirar galletas dentro. —Dos puntos. ;Canasta! 37 —chillo cuando mi galleta roza el borde y cae dentro. —Buen tiro —dice una voz extrafia. Levanto la vista y veo a una sefiora embarazada que aplaude al ver mi hazafia deportiva, —A lo mejor, Ambar deberfa presentarse a la medalla de oro en las Olimpiadas Galleteras —dice Justo con una sontisa. —A lo mejor, deberfan jugar en otta habitacién mientras le ensefio lacocina a la sefiora Brandy —nos di- ce la sefiora Danicls.con una sontisa para que salgamos de la habitacién, —No se preocupe. Me gusta vet nifios en la cocina, Yo ya tengo uno de cuatro afios —dice, ys déndo- se una palmadita en la barriga, conti- mia—: Y éste estard aqui dentro de 39 pocos meses, Por eso me gusta la idea de una cocina llena de nifios jugando. Y entonces empieza a exami- nar con detenimiento la habitacién. Dudo si decile que hay dragones cn cl sétano, fantasmas en las paredes y ectoplasma en el dtico. —Lo han decorado ustedes de maravilla —dice la sefiora Brandy, que estd contemplando un armario con estantes giratorios. —Gracias —dice la sefiora Daniels—. Hemos vivido muy a gus- to aqui y esperamos que la préxima familia también disfruce, Pero yo no quiero que ningu- na «otra familia» viva aqui. Me acuerdo de cémo estibamos todos sentados viendo el papel mural y otras cosas cuando reformaron la cocina, 40 La sefiora Daniels dijo que co- mio todos los que estabamos en la casa fbamos a ver la cocina todos los dfas, también tenfamos que ayudar todos a decoratla. Adem, dijo que como yo era pricticamente una més de la fami- lia, tambign podta ayudarles. Pero no escogieron el papel de jugadores de baloncesto que nos gustaba a Justo y a mi. Ahora la pared esté llena de flores por todas partes. —Si no le importa —dice la sefiora Brandy—, me gustaria que mi marido viniera pronto a ver la casa. Pronto. Parece que van en serio, —Fspero que no le importe que haya cocodrilos en el cuarto de bafio —suelto entonces sin poder contenerme, La sefiora Brandy parece sor- prendida, pero r4pidamente sonrfe. 41 ~—Cocodrilos en el cuarto de bafio, Hso es una ventaja adicional. Ella y la sefiora Daniels se mi- ran y sonrien. Est4 claro que no es buena sefial. Los mayores salen entonces de la habitacién, Justo, Dani y yo se- guimos jugando al baloncesto con las galletas. Hacemos como que no ha pasado nada. Yo intento no ponerme de- masiado nerviosa. Al fin y al cabo, ya ha venido un billén de personas a ver la casa y nadie la ha comprado. ‘A lo mejor al marido de la sefiora Brandy le parece hortorosa, Espero estar aqui cuando venga a vetla, Entonces si que dejaré caer lo de las termitas gigantes. La sefiora Daniels entra otra vez en la habitacién. a Ambar, te gustaria que- dare a cenar? Voy a lamar a tu madre para ver si quiere venir ella también. Pediremos una pizza. —Si —le digo, y me siento un poco mejor. Lo de cenar aqui lo hacemos con frecuencia sobre todo desde que se divorciaron mis padres. omar a Normalmence, me quedo con Jos Daniels hasta que mi madre vuel- ve a casa de trabajar y nego a veces © cenamos todos juntos, La pizza es la g comida favorita de Justo y la mia también, La sefiora Daniels habla por teléfono. Mi madre dice que sf. Entonces, la seiora Daniels lama a los de las pizzas. —Una extra de queso, cham- pifiones y salame, por favor. i¥ que no se le pase ningu- na anchoa, que no nos gustan! —chi- amos Justo y yo al mismo tiempo. Y de repente nos refmos imagi- sndndonos al tipo sujetando las anchoas. Y, durante un rato, se me olvida que a Jo mejor venden la casa. a CUATRO +, «Boing. Boing. Boing». Justo salta de un lado a otro cuando sali- mos de la escuela. Estoy de muy buen humor, Sé que los dedos cruzados ban fun- cionado porque no ban vuelto a saber nada de la sefiora Brandy. i qué libro vas a escoger para el trabajo? —le digo con voz normal, como si Justo no estuviera haciendo nada rato, «Boing. Boing. Boing». Sigue saltando a mi alrededor. —No conocis ese libro. ;Quién Jo ha escrito? —le digo en tono de 46 burla, mirdndolo a los ojos. Pero no es nada facil mirar a Jos ojos a alguien que esta saltando de artiba abajo mientras da vueltas a tu alrededor. Seguimos andando un par de manzanas. Yo hablo. Justo sigue con su «Boing. Boing» y habla también, —Yo voy a leer Et Superzorro y luego haré un diaporama —Ie co- mento, mientras voy dando saltitos detrés de él. —Boing. Boing. Boing —di- 47 ce Justo sin dejar de salear. Enronces intento pisarle. —Estés haciendo el tonto. Sabes que hicimos diaporamas cuan- do preparamos et trabajo sobre descubtimiento de América. Deja de dar saltos y hdblame —Boing, Boing. Boing. Pero Justo salta demasiado 1é- pido para poder agartarlo y detenerlo. — Basta ya! le grito—. De- ja de hacer eso. Me estés volviendo 48 Por fin, se para, —Estoy practicando para ha- cer de canguro cuando vayamos a Australia, Bl sefior Coten dice que iremos dentro de tres semanas, ~—2No pensarés estar tres se- manas haciendo el canguro, verdad? le digo meneando la cabeza—, Justo, a veces parece que estds un po- quito loco, Else acerca a un drbol y reco- ge una hoja def suelo. No, si quieres que te diga laverdad, también he pensado ser un koala parte del tiempo. —jNo! —le grito al ver que se ha puesto a masticar la hoja. Justo sonsie y se mete un tro- cito mas en la boca, —Justo Daniels, deja de hacer eso ahora mismo —le digo, amena- 49 zindolo con el dedo—, No sabes si algin gusano asqueroso ha dejado to- da su baba encima, ni si algin péjaro ha dejado caer algo en la hoja, ni... —Basta —dice Justo, escu- piendo trocitos de hoja, No soy capaz de parar. Yo, Ambar Dorado, tengo lo que el se- for Coten llama una simaginacién desbordaday. Ni si ha venido un perro mientras [a hoja estaba en el suelo... —Qué asco —dice él, hacien- do una mueca. Le hago una reverencia y sigo hablando. Ni si estds comiendo hie- dra venenosa, ni si vas a coger la en- fermedad de los olmos holandeses, 0 como se llame la enfermedad que di- jo mi madre que tenia nuestro érbol. 50 Justo menea la cabeza. —Ambar Dorado, eres una preocupona. —Pues ya ves cémo me preo- cupa serlo —y le sacala lengua. Yo muevo las orejas, frunzo la nariz y le saco la lengua. Ana Burton y Brenda Colvin pasan a nuessto lado. —iQué ronvos! —comenta Ana para que la oigamos. ~—;Gracias por el piropo, do- iia Perfectal —gritamos los dos, y le bacemas una reverencia. —jQué tontos son! —repite Ana, moviendo la cabeza como con pena. Brenda nos sonele y nos salu- da con la mano, y las dos se alejan caminando. —Boing, Boing, Boing. 51 — ;Quieres echar una carrera? —me dice Justo. Claro —y me pongo a su lado—. En sus puestos... prepata- dos... saleen. Y vamos saltando camino de su casa “Gané) le grito al Hegar delante de su casa antes que dl. Justo deja de dar saltos. —;Gané! —repito—. Ya co- noces las reglas. Tienes que decir: Has ganado», y luego tienes que eructar. Sabes que siempre lo hace- mos asi. Justo no dice nada. No etucta. Pero no deja de mirar algo que hay en el jardincito de su casa. Yo me doy la vuelta para ver qué estd mirando tan fijamente. 32 El cartel de se VENDE del jar- din tiene encima un letrero que dice VENDIDO, De repente, ya no me siento como deberia sentirse una ganadora. = CINCO i BY dénde esté tu novio, si es que se puede saber? —me dice Jai- me, que se ha acercado a mi banco el miércoles por la mafiana para hacer- me rabiar—, ;Cémo es que lleva tres dias sin aparecer por el colegio? :Es que s¢ ha cansado de ti? —Déjala en paz —le dice Brenda—. Lo que acabas de hacer es una crneldad. EI seftor Coren ha di- cho que Justo, su madre y su herma- ng han ido en avién a visitas al sefior Daniels y a buscar una nueva casa. Empiczo a comerme un me- chén de pelo. 54 —Anoche volvieron tatdisimo. Hbo niebla, o algo por el estilo, y no Pudierom aterrizar en seguida, y luego perdieron la conexién o algo ast y no lcgaron a casa hasta las tres de la madrugada. Eso es Jo que la sefiora Daniels le dijo a mi madre cuando llamé por teléfono esta mafiana. ¥ también Je dijo que iban a intentar dormir un poco, —iVayal Eso suena MUy emo- cionante —dice Brenda—. El viaje, quiero decir, no lo de irse a dormir, —Si, clato, emocionante —di- 0 yo con una voz.que mi madre llama sla vou sarcdstica de la sefiorita Am- bar». ¥ pienso: eJusto va y se monta en un avién DE VERDAD antes que yo. Te digo que la vida no es justa a veces... muchas veces.» El sefior Coten apaga y en- 35 ciende las luces. ; —Contintien con el trabajo sobre China. Meto la mano en el banco y saco medio sandwich relleno con rmantequilla de mani y chocolatinas M&M. Lo inventé un dfa que mi ma- dre se quedé dormida y me pidié que me preparase yo misma la comida. Mirando el bocadillo me acuerdo del chiste que me conté Jus- to antes de marchatse... Uno sobre un empleado al que despidieron de su trabajo en la fabrica de MaM por tirar a la basura todas las chocolati- nas que Hevaban una «W>, porque el 56 muy tonto no se dio cuenta de que una «Mp al revés se lee «Wo. Por fin encuentro el cuaderno de actividades debajo de un libro que debja haber devuelto a la biblio- teca hace tiempo. Paso las hojas del cuadernillo y me doy cuenta de que es posible que Justo ya no se quede conmigo el tiem- Po necesario para terminarlo. Dentro de poco es muy posible que incluso tenga que mandarle a él las postales. Intento seguir con el trabajo, pero no hay. manera, No puedo, Es- toy demasiado triste. Cuando sea mayor y me acuerde de cuando estaba en tercero, intentaré olvidarme de este aio, Este.es sin duda el peor afio de mi vida..., el ms peor de todos, todos los peores. 37 Cref-que las cosas no podfan ir peor cuando mis padres empeza- ron a pelearse mas de lo normal. Cref que las cosas no podian ir peor cuando mis padres se senta- ron conmigo en la mesa de la cocina y me dijeron que iban a divorciarse. Durante muchos meses. des- pues de ese dia, me ponfa enferma ca- da vez que me sentaba a aquella mesa, Cref que el afio ya no podia ir peor cuando mi padre me dijo que su empresa lo iba a enviar a Francia durante un afio por lo menos. Las cosas emperaban a ir un poquito mejor, y de repente me en- teto de que al padre de Justo le han oftecide un trabajo fantistico. Justo y yo le pedimos por far vor que no lo aceprara. Justo incluso se offecié a-que le redujeran su paga 58 semanal. Yo incluso me ofteci a dat- {eal sefior Daniels parte de la mfa. Petd no. Fl acepté el trabajo, Nos dijo que era una oferta que no po- dia rechazar, que para él suponia un gfan ascenso y muchisimo mds dinero. Creo que uno de los peores dias de mi vida fue cuando la sefiora de-la agencia inmobifiaria puso el cartel de si VENDE en el jardincito de la casa de los Daniels. Pero luego mejoraton algo las cosas, porque pasaban los meses y nadie la queria comprar. La verdad es que me sentfa un poquito culpable por alegrarme tan- to de que no vendictan la casa, pero en verdad, tampoco es que me sintie- ra demasiado culpable. Y ahora, ya estd. La sefiora Brandy vio la casa y 59 le gusté. El sefior Brandy la vio des- pués-y también le gusté, asf que la compraron. Hace dos semanas estaba segu- ra de que-el dia que vimos el cartelito de VENDIDO fue el peor dia de mi vida. Pero no fue més que el princi- pio de los dias‘ peores. Justo y su madre han estado tan ocupados que no han tenido mu- cho tiempo para estar conmigo. In- cluso aunque sigo yendo después del colegio a su casa, la sefiora Daniels siempre esté metiendo cosas en cajas. Y Justo sf quiere jugar conmigo, pe- ro no quiere hablar de que se van a marchar para siempre. Me pongo muy triste slo de pensar que Justo se va a marchar y por eso intento pensar en la parte buena de que se vaya. (Mi madre 60 siempre me dice que intente encon- tar por lo menos una cosa buena en todo lo malo que me pase.) ‘Me cuesta mucho encontrar algo bueno, pero de repente se me ocurre. Cuando Justo se masche po- dré guardas parte de mis cosas en su banco. Asi no tendré que ordenar ni limpiar el mio. Pero aunque soy una desorde- nada, yo, Ambar Dorado, limpiaria y ordenaria mi banco todos los dfas si Justo se quedara, Intento pensar en més razo- nes para estar contenta de que se marche Justo. No se me ocurre nin- guna. «Justo lleva fuera todo el fin de séinana, més dos dias de colegio, y ‘empiezo a ver cémo van a ser las co- sas cuando se marche de verdad. 61 Yna me gusta lo que veo... Bi fo que siento. Sin duda ninguna, yo, Ambar Dorado, soy un ser humano muy desgraciado. = SEIS . Estoy haciendo un ejercicio de fracciones cuando Justo entra en la dase. Me pongo muy contenta, no sélo de que haya vuelto, sino tam- bién de que pueda ayudarme a ver qué se puede hacer con: 216 = 213 Justo se sienta en su banco. Yo le paso la caja con piezas de madera que usamos pata ayudar nos a entender las fracciones. —Bienvenido. Justo me sontie y luego mira mi cuaderno: 64 —La solucién es «4n —me dice. Se nos acerca el sefior Coten, le da una hoja de ejercicios y le dice: —Bienvenido. Qué tal van fas cosas? ~—Genial —dice Justo. Mete la mano en la mochila y saca un |s- piz en el que dice Alabama—. Se lo he uaido para su coleccién, sefior Coten. aGenial? ¢Cémo que genial? Yo me paso aqui todo el tiempo echandolo de menos y dl va y dice que todo va genial Han pasado un montén de cosas —dice Justo con una sonrisa. El seftor Coten se agacha para pedirle una cosa en voz baja‘a Justo: —iTe gustatfa contarle den- tro de un rato al resto de la clase lo que has estado haciendo? Por su= 6 puesto que no tienes que hacerlo si no lo deseas, pero seria interesante que lo compartieses con todos. —Claro que si —dice Justo. El sefior Coten se marcha y yo pienso que ojalé no le hubiera pe- dido eso a Justo. Quiero que me lo cuente 2 mi primero, no que todo el mundo se entere al misma tiempo. Mito a Justo, Esta haciendo los deberes de mateméticas muy deprisa. Miro mi ¢jercicio de matemé- ticas y me pongo a chupar mi 11070 de lapiz, Ojala Justo me hubiese re~ galado un lépiz a mi también, Cuando termino las tareas, Justo revisa mi hoja y la comprucba, Encuentra dos errores, me ense- fa emo se hace y me ayuda a terminar. Las fracciones no son mi ejer= i i 66 Cicio favorito. De hecho, son una de fas cosas que menos me gustan. El resto de las cosas que no soporto son: 1) Los tepollites de bruselas 2) Vera un nifio meterse el de- do en la nariz y comerse los mocos, 3) Que se marche la gente a la que més quiero. EI sefior Coten apaga y en- ciende las luces, —Tienen un minuto mds pa- ra terminar el problema que est4n 67 haciendo y para levantar la mano si quieren que vaya a explicarles cual- quier cosa. Pueden terminar los ejer- cicios después, en casa. Gomo Justo y yo ya hemos terminado, jugamos al gato. Gano yo. Apuntamos mi victoria en una hhoja que guarda Justo en su banco, Llevamos anotando los resul- tados desde principio de curso. Voy ganando yo. Doscientas veinte victo- rias contra ciento noventa y nueve. Las luces se apagan y se en- cienden. oN 68 —Despejen el hanco. Prepé- tense, Atencién, Justo nos va a con- tar su viaje. Todos se preparan y Justo se coloca en un extremo de la clase. Fistoy segura de que no va a contarlo todo, de que habré alguna cosa que me cuente sélo a mi. ——Salimos muy temprano el sdbado por la mafiana —empieza a contar Justo. Leva una camiseta nuevecita en la que dice «Alabama». Personalmente, a m{ no me gusta esa camiseta, Ojald llevara una camisera de las que yo conozco. —El viaje en avién fue muy divertida —sigue diciendo Justo—. Antes de despegar, la azafata me de- jé ir a la parte delantera para ver le cabina y conocer al piloto. Y tam- 69 bién me dieron unas alas para que me las pusiera. —Igual que un angel —dice Jaime—, gpero dénde has dejado el halo? —Jaime —dice el sefior Coten, utilizando su tono de vor de profesor que significa «cierra la boca». —Las alas estén aqui —lice Justo, sefialando una chapita que lleva en [a camiseta—. Y luego nos senta- mos, y el avién empezé a subis, y una sefiora quie iba delante de nosotros em- pez6 a vomicar en la bolsa de papel... Waa, arts, «una ordinae riez» y aqué asco» son algunos de los comentarios que salen de la clase. Fl comentario del sefior Co- ten se limitaa un: —Por favor, Justo, continia... pero sin ese tipo de detalles. 70 Justo continga, Nos habla de cémo su padre los estaba esperando en el aeropuerto; nos habla del hotel al que fueron, que fenfa una sala de juegos, piscina, servicio de habitaciones... y de todo. Luego nos cuenta que el se- fior Daniels habfa estado viendo un montén de casas y que, al llegar t0- dos, fueron a ver las que mas le ha- bian gustado. Y encontraron una que les gustaba a todos. La escogieron el primer dia. Yo crefa que comprar una casa llevaba mucho, muchisimo tiempo. Justo nos dice que fa casa es muy grande, que él y Dani podrdn tener una habitacién para cada uno, que su madre dijo que podia poner papel mural con jugadores de béisbol 7 en su habitacién y que habfa un rin- concito en el patio trasero con una canasta de baloncesto. —jHay més nifios cerca? — pregunta Ana. Brenda le da un empujén a Ana. —zor qué me pegas? —dice Ana que se frota el brazo como si le hubiera pasado una apisonadora por encima—. He hecho una pregunta inofensiva. Brenda me mira a mi. Yo mantengo ta vista fija ha- cia delante, como si todo aquello me diera igual. Para demostrar que no estoy preocupada, yo mismo repito la pre- gunta de Ana. —Hay més nifios cerca? —Un montén —dice Justo, 72 asintiendo con la cabeza—, La fami- lia que vive en la casa del lado tiene cinco hijos, dos ya tan mayores que hasta podrian hacer de canguros con Dani, uno de mi edad (se llama José, pero le dicen Pepe) y también otro de la edad de Dani, Juan Pedro. —Son gemelos? — aig pregunta —No —y Justo se lo expli- ca—. Alli hay mucha gente que tiene dos nombres en vez de uno. «Genial, pienso, «Dentro de Poco tendremos que empezar a lla- matle Justo Jos Justo sigue contando. Nos habla de la universidad en la que trabaja su padre, de que allé también tienen una gran sala de jue- g08 y que hay montones de cosas que puedes hacer. cd Luego nos habla del colegio que estuvieron viendo, y que dentro de poco sera su NUEVO colegio. Después nos dice que alli no tienen sélo bancos sino que también tienen sus propios lockers para guar- dar las cosas, que construyeron el co- legio hace pocos afios y que en vez de tener sdlo un tercer curso, come no- sotros, tienen cuatro terceros, ademas de que no hay que levar el almuerzo de casa, porque hay una cafeteria que sirve comidas y que, por si fuera po- co, tienen hasta aire acondicionado, Justo sigue contando. Yo sigo esperando que men- cione una cosa muy importante que no tienen ni su nueva escuela, ni su nuevo barrio: AM. Pero no lo dice. a SIETE . En la casa de los Daniels pa- rece como si acabara de pasar un hu- racin, seguido de un ciclén, de un tornado y de un meteorito que debid caer encima, —Esto parece una casa de lo- cos —dice la sefiora Daniels, al ver su cocina. Hay cosas por todas los lados. Cacerolas, sartenes, platos. Cajas de comida. Especias. Estd todo hecho un desastre, un poco como esté casi siempre mi habitacién, pero no como la casa de Jos Daniels normalmente. Peto supongo que ya no tiene mucho sentido hablar de cnormali- dades» cuando todo el mundo esté metiendo todo en cajas. La sefiora Daniels lanza un suspito. —Nifios, por favor, no se pon- gan en medio, Dentro de dos semanas y media tenemas que haber dejado la casa vaca. Ojalé yo no tuviera que estar aqui ni siquiera ahora, peto mi ma- dre ha tenido que ira trabajar un par de horas, a pesar de que es s&bado. Dos semanas y media. El dia que me enteré de que se iban a mudar de verdad, me quedaban cinco semanas pasa hacerme a la idea. Ahora ya ha pasado la mitad del tiempo. Justo no quiere hablar conmigo de que se va a marchat. 7 Sigue haciendo como si nada hhubiese cambiado. Y yo sige que- riendo hablar sobre su partida. Pero él se neg Me estoy volviendo loca. Cada. vez.que se lo menciono, i sugiere que juguemos © que Yee fn video. ns “Ce vez que le digo: «Justo, quicto hablar contigos, él me con- testa: «Yo no quiero hablar». No sé que hacer. 78 A veces cteo que deberia hae blar con mi madre, pero ella también estd triste de pensar que los Daniels se van a marchar. Ella y la sefiora Daniels son amigas desde que Justa y yo estéba- mos en kinder. —Nifios, les repito. Hégan- me hoy el favor de no ponerse cn medio —dice la sefiora Daniels —. ‘Tengo que empaquetar todo esto. He Puesto unas cuantas cajas en tu dor- mitorio, Justo. Quiero que revises todas tus cosas. Tira las que no sir- van, las rotas. Las que todavfa sirvan, ponlas en una caja para dérselas después a los nifios necesitados —iSiper! —grita Justo. —Justo Daniels le dice su madre mirdndolo de una forma espe- cial—. Ni se te ocurra pensar que vas 79 a poder regalar el traje que te envid fa abuela. —Rayos y truenos —dice Jus- to, frunciendo el cefio. —Te echaré una mano —di- go, mientras me pregunto cuando me converti en la «reina de la limpicza» Para entrar en la habitacign de Justo y Dani tenemos que pasar por encima de las cajas ya listas y eti- quetadas. Justo recoge una pelota de ba- oncesto y me la tira. Yo se la devuelvo. En seguida estamos jugando al juego de «Puntos por pegatle con la pelota a otra persona». Nos inventamos ese juego cuando estdbamos en segundo. Un punto por hacer blanco en el pecho. 80 Dos puntos por un impacto directo en el trasero. “Tres puntos por pegar cn el dedo gordo del pic, el pequefio y el ombligo. ‘También se pueden perder puntos. Se pierden cinco puntos si le das a la otra persona cn la cabeza 0 en otros sitios. —jTkes puntos, si, sefior! —grita Justo cuando me da un pelo- tazo en cl zapato, justo donde tengo el dedo gordo del pie. —Y veinte menos por no ha- cer lo que te he mandado —Ie dice la sefiora Daniels—. Escucha, atin tene- mos que guardar muchas cosas. He mandado a Dani a casa de su amigo para que pudigcamos trabajar ms 14- pido, Ahosa te estoy tratando como a tuna persona mayor, Justo; asi que haz 81 el favor de actuar como si lo fueras. Justo baja la vista al suelo. Me gustaria saber por qué cuando los adultos te dicen cosas co- mo que se estoy tratando como a una persona mayor», uno se acaba sintiendo como si fuera un bebé. La sefiora Daniels se marcha. —Te echaré una mano —le vwuelyo a decir a Justo. Empezamos a revisar las cosas que tiene en los armarios y cajones. En la caja importante guasda- mos su coleccién de l4minas de béis- bol, tres cintas azules de las carreras a tres patas de Ja comuna (Gierpre las ganamos), sus modelos de avio- nes y todas nuestras fotos escolares. —Voy a tirar esto a fa basura. Porque si se entera mi madre, le da un ataque. w 83, Justo me ensefta la bola que estamos haciendo desde hace afio y medio con los chicles usados. —Peto es NUESTRA, La hemos hecho entre los dos. Y pienso en todas las veces que iba a tirar un chicle, pero lo guardé en una servilleta de papel hii- medo y luego cn una bolsita para que siguiera pegajoso y lo pudiéra- mos afiadir a la bola. Justo suspira y se encoge de hombros. —Mi madre ya esta de bas- tante mal humor —explica. —Pero es NUESTRA —repito. —No es més que una bola de chicle —dice Justo, con voz de estar enojado—. Ambar, gpor qué te lo to mas tan a pecho? Esa es la gota que desborda el 84 vaso, Justo se ha pasado de la raya. —Si la tiras, nunca en fa vida te volveré a hablar —le digo, mirdn- dolo fijamente, El me devuelve la mirada, Y entonces, coge la bola, dobla las ro- dillas y, como si fuese un balén de baloncesto, la lanza sin decir palabra al mont6n para tirar a la basura. Nunca en la vida volveré a ha- blar con Justo Daniels, z OCHO No es facil clegir a tu nuevo mejor amigo o amiga. Me siento en Ja cama, concentréndome en Ia lista de mis compaficros de clase. Para empezar, me va a llevar mucho tiempo deciditme, y luego, jqué pasa si la persona a la que elijo ya tiene un mejor amigo o no quiere que yo sea su mejor amiga? Los nombres estan escritos to- dos con tinta azul. He cogido un bo- Mgrafo rojo para tachar a todas las personas que no puedan ser mi mejor amigo. Alicia Sénchez y Naomi Ma- yer son ya mejores amnigas la una de : 86 . fa otra. Lo mismo les pasa a Fredi Romano y a Gregorio Bronson. Hay tun par de chicos que son una lata y los he tachado. Prefirisfa a un gusano con rabia antes que a ellos. Ana Burton es demasiado ordenada y se preocupa demasiado de andar linda, Nunea podria ser la mejot amiga de alguien que en la puerta de sui habita- cién ha colocado una lista de lo que Neva puesto cada dia para no volver a ponerse lo mismo al menos en las dos semanas siguientes. Una vex nos invi- té a una fiesta de disfraces en su casa y Vi que tiene las cosas del armatio osdenadas por colores y por su tongi- tud: camisas, faldas, pantalones y vestidos, Ana est4 SUPERTACHADA. ‘A Brenda Colvin le he puesto una es- trella de color violeta al lado del nom- lore. Bstd claro que es una POSIBTLIDAD. Lo mismo que Marco Mayer: Federico Alden, sin embargo, es un NO de todas maneras. Es una de exas personas que se meten el de~ do en la nariz y luego mastican lo que encuentran. ‘Alguien llama a la puerta. —Ambar, carifio, zpuedo en- eran? ; Pongo la lista debajo de fa al- mohada. —Claro. 88 Entra mi madse con un plato y dos cucharas —Sé que no es una comida muy sana y que no deberfamos co- mer estas cosas. Pero hoy ya no pue- do hacer més cosas —suspira y se sienta en mi cama. —Mi plato favorito —le di- go, al ver que dentro estén los ingre- dientes para hacer una corta de cho- colate con doble racién de chocolate, pero sin cocinar—. Gracias, mama —le digo, dandole un abrazo. —Prométeme que durante el resto de la semana te Ilevards una frura de postre al colegio —me dice, manteniendo la cuchara lejos de mi, —Te lo prometo. Entonces me da la cuchata. Las dos nos ponemos a comer durante un rato, hasta que mi madre — Ambar, quiero hablar con- igo. ;Qué les pasa a Justo y 2 ei? Por qué han dejado de hablarse? {Como contarle lo de la pelo- rade chicles, 0 que se niega a hablar conmigo de su pattida, 0 que hace como si itse 2 otra ciudad fuera la cosa més ficil del mundo? Digo que no con la cabeza. Si empiezo a hablar de eso, me pondré a llorar. Mi madre pone el plato y las 90 cucharas encima de mi mesa y me abrara. —Ambar —me dice, déndo- me un beso en la cabeza. Esta ver. no me aparto, aunque casi siempre lo hago cuando ella me besa asi delante de los demés. —Ambar —y me da otro be- so en la cabeza. Sé que vas a echar de menos a Justo. La verdad es que ustedes tienen una amistad muy ¢3- pecial. —No, ahora ya no —le digo, empezando a hacer pucheros—. Es ua bruto, un bruto del porte de un buque. —Es duro ver que alguien te abandona —me sigue diciendo. —Lo odio —digo, y empie- zan a caerme unas ligrimas. —No, es0 no es verdad —me dice mi madre mirindome a los ojos—. Milinda, ahora estis muy enojada, pero sabes que Justo es amigo tuyo. —No lo es —digo yo. Pues entonces dime qué pasa —me dice, acariciindome el pelo— Sera més facil si me lo cuentas. Digo que no con la cabeza. Bila sigue acaticiindome el pelo. A veces, cuando las perso- nas tienen que alejarse de un ser que- rido, hacen como que a0 pasa nada o busca pelearse para que no Ses citeste tanto irse. En este caso parece que han pasado las dos cosas. Pero 92, piensa en todos los buenos ratos que se estén perdiendo Justo y té sélo porque has dejado de hablarle. Empiezo a llorar mas. Odio llorar. ‘A veces, tengo miedo de em- pezar y no poder parar nunca, Y ahora he emperado, Mi madre me abraza. Y me abraza, Yo loro. Y loro. Nos quedamos asf sentadas un rato y luego yo me aparto, —El sefior Coren dice que es- tamos hechos hasta de un ochenta por ciento de Iiquido, He llorado tanto que los de la oficina meteoro- Iogica anunciarén inundaciones. Gracias por abrazarme, mama —le digo—. Ahora ya estoy bien. 93 —Prefieres quedarte sola? —me pregunta. Digo que sf con la cabeza. —Fstaré en el salén si me ne- cesitas —me vuelve a abrazar y sale de la habitacién. Yo me quedo mirandola. Tengo mucha suerte de que mi madre tome en cuenta lo que yo pienso, y no haga como otras mamés que no consideran Io que piensan sus hijas porque son nifias. Saco la lista y la miro. De repente, la rompo en pe- dazos. Buscar un mejor amigo no es como hacer una lista de la compra. Saco la foro del colegio de Justo del cajén de mi velador. Estd un poco sucia desde el dia en que le pinté un ojo morado y 95 después puntitos rojos’ como si tu- victa sarampién. Miro la foro durante un rato y pienso... Me va a echat de menos, Ahora quign le va a decie la palabra correcta en la clase de lenguaje? 2Quién va a hacerle un guifio cuan- do algiin adulto idiota le digas «Ast que 1G eres Justo, justo la persona que andaba buscando»? ;Quién va a darle la parte de fuera de las galletas rellenas? ;Quién le ya 2 aplaudir aunque pierda al béisbol? ¢Quién va a convencer a Dani de que los her- manos menores les hacen la cama a sus hermanos mayores? Voy a decirles una cosa. Justo me va a echar de menos. Voy a decir otra cosa. Yo también voy a echarle de menos. = NUEVE + Hoy en el colegio vamos a ce- lebrar una fiesta y comeremos pizza. Esa es la buena noticia. La mala noticia es que esta- mos dando una fiesta de despedida a mi ex mejor amigo, Justo Daniels, con el que ain sigo sin hablarme. He estado esperando a que me dijera: «Lo siento». Pero no lo hace. No sé qué espera. Ast que hemos estado senta- dos juntos en clase, el uno al lado del otro, sin decitnos nj una palabra. Bueno, casi sin decirnos una palabra. 98 Confieso que un dia le dije: —Oye, caberdn, :te importa- fa pasarme la goma? Y dl contests: —Cabeza de chorlito, buiscate ti tu propia goma, Me duele mucho, pero no pienso ceder. Justo es muy porfiado, Hoy la clase «volvié» del viaje a China, El siguiente evuclo» es a Aus- tralia, Me muero de ganas de ir, Justo, sin embargo, no va a volar», Hl se marcha a Alabama de verdad. Ojalé Alabama fuera una Persona de verdad para que yo pu- diera decitle que no la soporto, Veo pasar a Brenda Colvin al lado de nuestros bancos y Ia llamo: de que cuando volemos a Australia vamos a sentarnos juntas. Entonces, Justo se vuelve y le dice a Ana. a —Te prometo que te enviaré postales desde Alabama. Bostezo, con un bostezo gran- disimo, en frente de sus narices para que se note que no me importa, y luego hago como que me concentro en mi hoja de ejercicios para que no se dé cuenta de que estoy a punto de echarme a llorar, El sefior Coten apaga y en- ciende las luces. —Las pizzas estarén aqui dentro de cinco minutos. Extra de queso, champifiones y demés, Levanto la cabeza y miro a Justo. No me parece mucho mds contento que yo. 5 . 101 Entonces, tomo una decisién. —Digale al hombre que no se Ie escape ninguna anchoa, que no nos gustan! —y luego miro a Justo, haciendo como que sujeto un mon- t6n de anchoas resbaladizas. Justo se echa a refr. Yo hago como que le tio una anchoa. El hace como que la recoge. —Vamos a salir al pasillo un momento —dice Justo, mientras co- ge la mochila, Los dos vamos hasta donde es- 14 el sefior Coten y le pedimos permi- so para salir al pasillo un momento. —Claro —dice él indicéndo- nos la puerta, Cuando salimos, me parece que oigo al sefior Coten decir: —Por fin. Cuando ya estamos en el pasi- llo, nos quedamos de pie y callados durante unos minutos. Entonces los dos decimos «lo siento» al mismo tiempo y enlaza- mos nuestros dedos mefiiques. No quiero que te vayas —le digo, y empiezo a llorar un poquito. Justo respira profundamente y dice: —Yo tampoco quiero irme. 103 gle parece que ¢s facil? El nuevo co- legio es grandisimo. No conozco a nadie. ;Y qué pasa si se me olvida la combinacién del locker? Todos los nifios que hay allf ya se conocen. Mis padres dicen que tengo que set va- licnte, que debo darle ejemplo a Da- ni, Que va a ser divertido, Pero yo sé que mi madre también esta nerviosa con fo de la mudanza, Of como se fo contaba a tu madre. Y ademas es de- masiado tarde para meterse en cual- quier equipo de béisbol infantil y alli a todos les parece que tengo un acen- to gracioso porque es distinto al su- yo, y tendré que aprender a hablar como ellos... ¥-- —Y? —pregunto. —~Y te voy a echar de menos —dice Justo, sonrojdndose. Ye sontei. 104 Me parece que Ilevaba afios sin sonrefr, Nos quedamos un rato y luc- go le digo: —;Por qué no me lo habias dicho antes? Porque ya no me hablabas —me contesta, —Pero ti no guerias hablar conmigo —me defiendo—. No de Jas cosas importantes. —Es dificil —dice, miréndo- se los zapatos. —Quiero que te quedes —le digo. Yo también —dice Justo, levantando la vista—, pero no puc- do, Mis padres me obligan a ir. Pero dicen que td y tu madre podrén ve- nir a visitarnos en verano, En verano, Mas me vale em- ppevat a practicar el acento de Alabama. Entonces, Justo saca una cosa de la mochila. Bs un regalo mal envuelto. Es una caja de pafiuelos de papel. Dentro de la caja, esté fa bola de chicle. 106 Gracias. Es el mejor regalo que he recibido en mi vida —Ie digo, sabiendo que siempre lo guardaré como tn tesoro, En ese momento, llega el tipo del restaurante con diez pizzas. Me Mega el olor del queso y mi estémago reclama su racién, Entonces sale el sefior Coten de la clase. —Mas vale que entren antes de que todo el mundo se coma las pizzas. Bs tu fiesta, Jusco. Al entrar, pienso en cémo serdn las cosas cuando Justo y yo seamos ma- yores y él no tenga que irse a otto sitio sélo porque se vayan sus padres. A lo mejor algin dfa podremos abrir nuestra propia exapresa. Yo seré presidenta una semana y él ser presi- dente la semana siguiente. Vamos a vender tartos de miel y cajas de galletas. : - “ Alo mejor, algiin dia viajamos alrededor del mundo probando nuevos sabores para los chicles, y la bola de chicle crecerd tanto que tendremos que construir una casa especial para ella. Hasta entonces, a lo mejor puedo aborrar parte de mi paga se- manal para llamar a Justo por teléfo- no de vez en cuando. Creo que me voy a aprender sti nuevo nimero de teléfono de memoria. Cada vez que me acuerde de mi tercer afio en el colegio, pensaré en Justo, y estoy segura de que él JEs1# 40 se TENDON DE IMPRIMIR [is MES DE NERO DE 2004, mE LOS ‘ALLL OF Quemenk Wao Chis S.A, See Gime