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La Biografía

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EL GÉNERO BIOGRÁFICO EN LA
HISTORIOGRAFÍA ESPAÑOLA
CONTEMPORÁNEA
EL GÉNERO BIOGRÁFICO EN LA
HISTORIOGRAFÍA ESPAÑOLA
CONTEMPORÁNEA

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TRABAJO DE DOCTORADO

LA BIOGRAFÍA COMO GÉNERO HISTORIOGRÁFICO

EL GÉNERO BIOGRÁFICO EN LA HISTORIOGRAFÍA ESPAÑOLA CONTEMPORÁNEA

LUIS HÉRNANDEZ PÉREZ Marzo 2005

INDICE

Págs.

Introducción ………………………………………………

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La Biografía y su camino hacia la decadencia ……………

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La decadencia del género biográfico ....…………………...

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El retorno de la Biografía y de la Narrativa ……..………...

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Tipología y Biografía …...... …………………….……….....

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El género biográfico en España …………………………....

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Bibliografía …………………………………………….…...

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INTRODUCCIÓN El estudio detallado de la bibliografía que compone el cuerpo de este estudio, me sugiere, por lo pronto, una secuenciación muy clara en la evolución de la Biografía1 como género historiográfico. Resulta innegable el resurgimiento creciente que experimenta el género biográfico dentro de la historiografía contemporánea. Esta simple y demostrable aseveración, lleva consigo un componente intrínseco, un complejo entramado que supera la propia dimensión semántica de la frase. Evidentemente, el concepto “resurgir” lleva asociado en su propio significado una referencia muy clara a la decadencia de la Biografía. Lo que fue, dejó de serlo pero vuelve a ser. Ese tránsito, esa evolución de la biografía como género historiográfico independiente, no ha sido constante ni regular. La nueva Biografía, el nuevo empuje que ha experimentado en los últimos años no nos debe llevar a equívocos. Aquella biografía del siglo XIX, incluso aquella que llegó hasta la II Guerra Mundial tiene muy poco que ver con la actual. No debemos confundir su éxito como género historiográfico con una semejanza en los fines, objetivos y metodologías utilizadas en unas y otras.

La decadencia de la biografía histórica se centra principalmente en el período comprendido entre el final de la II Guerra Mundial y finales de los años setenta. Se trata de una decadencia global a escala mundial, pero con diferente grado de intensidad. En el mundo anglosajón, especialmente en Gran Bretaña, la Biografía ha mantenido sus constantes vitales. Los condicionantes sociales, el alejamiento geofísico e intelectual respecto al continente europeo, la tendencia psicológica al individualismo y el carácter diferenciador británico han ayudado a ello.

Una pregunta se abre paso en el horizonte dubitativo de muchos historiadores o analistas de la realidad histórica, ¿Qué motivó la decadencia? ¿Quiénes y como consiguieron que la Biografía entrara en el oscuro mundo del ostracismo? Si queda claro que no fue el desinterés del gran público lector de biografías el que la sumergió en el olvido; que éste permaneció fiel con o sin altibajos, debemos abrirnos a otro tipo de posibilidades, a otros condicionantes –en principio unidos a la propia
Entendemos por Biografía la Historia de la vida de una persona. Como relato de la vida de una personalidad política o artística, la biografía ya fue conocida en la antigüedad más remota. En Egipto ya se encuentran numerosas muestras esculpidas en las paredes de las mastabas. Ya dentro de la tradición grecolatina se cita como paradigma clásico las “Vidas Paralelas” de Plutarco, quien compuso su obra comparando un personaje del mundo helénico con otro del mundo latino. A su vez, Suetonio con su obra “Vida de los doce césares” y Tácito con “Anales” ofrecen un testimonio biográfico sobre los primeros emperadores romanos, mientras que Diógenes Laercio centró su labor en los filósofos. En el campo del cristianismo, los Evangelios y los Hechos de los Apóstoles son considerados como los primeros ejemplos del género, que posteriormente derivaría hacia una hagiografía o relato de la vida de santos y mártires escritos desde una perspectiva edificante y moralizadora. Hacia finales de la Edad Media resurge el interés por resaltar la personalidad individual en autores como Boccaccio o Vasari. Junto a la llamada biografía popular, de signo divulgador, en el siglo XVIII aparecen títulos como “La vida del Dr. Samuel Jonson” (1791) de James Boswell y la “Historia de Carlos XII” (1731) de Voltaire. La tendencia romántica a resaltar la heroicidad del biografiado y, posteriormente, la exactitud naturalista de la exposición, que suele recurrir a documentos tales como diarios, correspondencia o memorias, recorren la producción biográfica del siglo XIX y son prolongadas en el siglo XX, en el que también se van abriendo paso nuevas orientaciones bajo el influjo del psicoanálisis y de las ciencias sociales. Autores como Mourois, Sastre o, en el ámbito español, Gregorio Marañon son representativos de esa nueva dimensión de la biografía.
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evolución historiográfica- que expliquen ese triste devenir durante ese período y, que nos permitan, a posteriori, argumentar su futuro resurgimiento.

LA BIOGRAFÍA Y SU CAMINO HACIA LA DECADENCIA En las décadas centrales del pasado siglo XX, la biografía entró en una fase de descrédito institucionalizado, pero este hecho derivo de un proceso cultivado ya en siglos anteriores. El siglo XIX fue un siglo donde se exaltó el individualismo2 aunque al mismo tiempo, apareció en el panorama historiográfico una noción de “sujeto histórico” identificado con estructuras abstractas negadoras de esa misma individualidad (Estado, sociedad, nación). Las estructuras trascendían de las trayectorias particulares de los individuos –normalmente relevantes- que las representaban. Fue un siglo con claro dominio del positivismo3 filosófico donde lo colectivo se identificó con lo real. En la génesis de las ciencias sociales, sobretodo en la sociología y la historia, ese positivismo fue claramente influyente. Se buscaba la generalidad, leyes explicativas, modelos deterministas. Biografía e historia fueron contraponiéndose de forma radical. Es en el siglo XIX donde nacen las grandes teorías sociales que defienden la primacía científica. Política y moral de los propósitos e intereses colectivos sobre los individuales. Individual implica la defensa del interés parcial, egoísta y falto de solidaridad respecto a los intereses generales. Las cuestiones privadas debían dejar paso a los movimientos e intereses colectivos y generales.

Poco a poco, la Historia institucionalizada desplazó a la definición de individualidad de personajes singulares a la Novela. La novela ocupaba el espacio que dejaba libre la historia al ocuparse ésta de lo colectivo y público, es decir, el espacio que domina lo particular, lo individual y lo privado. Ésta
Tendencia filosófica que da prioridad a los derechos del individuo frente a los de estructuras sociales. Se trata de una corriente filosófica que albergó orientaciones muy diversas y que surgió en Francia en la primera mitad del siglo XIX y se desarrollo en la segunda mitad del siglo XIX en todos los países europeos empezando por Inglaterra. El término fue acuñado por Saint-Simon y adoptado luego por A.Comte para designar el estadio “científico” del saber humano en oposición a los dos estadios precedentes, calificados pro Comte como “teológico” y “metafísico”. Para hacerse “positiva”, la filosofía debe reconocer ante todo el verdadero y único saber humano en las ciencias ya desarrolladas de manera autónoma (matemáticas, física, química, biología), en contra de la exigencia tradicional de que la filosofía tenga objetos privilegiados o niveles de realidad suyos e inalcanzables por las ciencias. No se deben buscar las esencias o principios superiores ya que la tarea del conocimiento humano consiste sólo en descubrir leyes de la naturaleza (según el modelo de la gran ley newtoniana de la gravitación universal), las cuales son descripciones abreviadas de los hechos mismos, caracterizadas por su capacidad para prever los fenómenos. La filosofía debe promover la ampliación ulterior de la orientación científica a los campos aún no explorados por ella, y aquí se trata esencialmente, para Comte, de fundar una nueva ciencia para la cual acuña también la denominación: “sociología” o ciencia empírica de los fenómenos sociales, dividida en una “estática”, que estudia el orden social, y en una “dinámica” que estudia el progreso social. En Inglaterra, como en los demás países europeos, el repunte del positivismo en la segunda mitad del siglo XIX se vio favorecido por el descubrimiento del principio de la evolución biológica por parte de Darwin. La teoría principal de H.Spencer, el mayor exponente del positivismo inglés, afirma la existencia de una ley universal de la evolución considerada válida para cualquier campo de la realidad. En cuanto a los aspectos sociales y políticos, el positivismo inglés fue netamente individualista y liberal (todo lo opuesto al comtiano) y, como tal, fue expresión típica de una burguesía que veía el progreso en el despliegue total de la libre competencia, al margen de intervencionismos estatales. El positivismo inglés fue netamente agnóstico.
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incorporó al realismo como artificio narrativo. La novela se erigió como un género moderno mientras que la biografía se distanciaba de la historia científica y académica. Quedaba en un cruce de caminos y sin espacio de desarrollo, entre la historia y la novela. Emparedada y convertida en un género borroso.

El acontecer histórico presenta ciertas singularidades que propician y facilitan su estudio aunque, intrínsecamente, presenta una gran dificultad a la hora de definir el sujeto último que genera la fuerza necesaria para que el proceso histórico se vaya modulando y evolucionando. Durante muchos siglos, este sujeto último siempre coincidía en la figura algún o algunos grandes hombres y sus biografías permitían adentrarnos y solucionar problemas históricos concretos. A partir de finales del siglo XVIII y especialmente a lo largo del XX, los historiadores consideran a los sujetos colectivos como los actores últimos del acontecer histórico. Se abría un nuevo debate muy impregnado de planteamientos filosóficos derivados de la Ilustración4. Conceptos como humanidad, Nación y pueblo se abren camino en las conciencias de los historiadores. Los grandes hombres políticos siguen siendo estudiados pero ya no desde su individualidad sino como representantes de actores colectivos, los cuales se sitúan en un plano de moralidad muy superior al que tenía el individuo como ente independiente. La idiosincrasia y la evolución filosófica y política de las sociedades de esos siglos, llevaban a confundir individualidad y colectividad. A fin de cuentas, los últimos actores del acontecer histórico son los humanos, ya sean estos individuos o conjunto de individuos, grupos sociales, colectivos o la humanidad en su conjunto. Una estructura se componía de la suma de las relaciones entre los individuos y de estos con su entorno. Colectivo no era igual a individualidad sino simplemente, este último era parte del primero. Los planteamientos ideológicos plasmados en el Manifiesto Comunista5 que redactaron Marx y Engels en 1848 para la Liga de los Comunistas -antecedente de la I Internacional- tomaron cuerpo y

Se desarrollo a lo largo del siglo XVIII. Podemos calificar como “ilustrada” toda forma de pensamiento y toda corriente filosófica que se proponga esclarecer la mente de los hombres de las tinieblas de la ignorancia, de la superstición y del oscurantismo a través del conocimiento y de la ciencia. Muchos son los que vinculan la perspectiva de la Ilustración a la idea de que la ignorancia y la superstición son difundidas y mantenidas en el pueblo por quien detenta el poder, para dominar así las conciencias y tener sojuzgados a los súbditos; entonces la emancipación intelectual se convierte también en emancipación política. La Ilustración tuvo un fortísimo sentido de su propia identidad y de la originalidad de sus connotaciones históricas. Ella se define mediante la confrontación-negación con la época que la precede. Es con la Ilustración y el acceso de la clase burguesa que la noción misma de historia adquiere ese carácter cosmopolita que le es ya esencial. Al mismo tiempo la historiografía ilustrada reduce a sus adecuadas dimensiones acontecimientos como las guerras, los tratados diplomáticos, las sucesiones al trono, etc., para concentrarse más bien en el análisis de las instituciones, las costumbres, las leyes y la economía de los distintos pueblos. De aquí el concepto “historia universal”. En la consideración global del proceso histórico, la Ilustración, pese a la nostalgia por el estado salvaje y las críticas dirigidas a la civilización, se inclina hacia un cauto optimismo. La lucha de las luces contra las tinieblas de la ignorancia aparece como garantía del progreso y de la emancipación humana; el desarrollo de la técnica y de la industria, el aumento de la riqueza, la difusión de la cultura, son considerados instrumentos para la felicidad y la mejora del género humano. 5 Véase la versión introducida por Eric Hobsbawm. Marx, Harl; Engels, Friedrich: Manifiesto Comunista, Barcelona, Crítica (Grijalbo Mondadori), 1998.

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forma a inicios del siglo XX. El final de la I Guerra Mundial y la Revolución de Octubre propiciaron la entrada en el juego de nuevos sujetos colectivos, pero ahora basados en criterios socioeconómicos: burgueses, proletariado, campesinos, capitalistas. La colectividad, las instituciones, las estructuras ya no eran una simple sumas de individuos. Se había producido un proceso de sinergias. La suma de las individualidades presentaba un valor menor que el total de la colectividad. La colectividad implicaba un valor añadido que la diferenciaba totalmente de la individualidad. Lo público se imponía sobre lo privado. Irremediablemente, la biografía, bajo estos condicionantes fue perdiendo fuerza de forma inexorable.

LA DECADENCIA DEL GÉNERO BIOGRÁFICO La decadencia de la Biografía se sintió de forma muy especial en Francia. Ya en la década de los años 20, la Escuela Francesa (la de los Annales, la de Marc Bloch6, Lucien Fèbvre7, Fernand Braudel8) participó de forma muy activa en la renovación de la metodología histórica. Ese proceso tuvo un coste. La escuela fue permeable a nueva ideología que se abría paso con fuerza en el devenir histórico del mundo. El “materialismo histórico de tipo marxista9” penetró con fuerza. Los factores económicos se erigen como explicación universal final a cualquier tipo de evolución de la historia humana. Se generalizó la interpretación económica de la historia. En la Escuela de los Annales se concebía al “personaje” como alguien que no se puede separar de un medio material y de un contexto histórico. De forma igualmente sangrante para la Biografía, los marxistas la consideraban un error por

(Lyon, 1886-id., 1944). Historiador francés. Fue uno de los iniciadores del enfoque económico y social de la historia. Con sus obras, entre ellas Los caracteres originales de la historia rural francesa (1931) y La Sociedad feudal (19391940), renovó la visión histórica de la Edad Media. Miembro de la Resistencia, fue apresado y fusilado por las fuerzas alemanas. 7 (Nancy, 1878-Saint-Amour, Jura, 1956). Historiador francés. Fundó en 1929 con Marc Bloch, Les Annales d’histoire économique et sociale. En su primera época recibió la influencia de H.Pirenne y de Vidal de la Blanche. En su primer libro Felipe II y el Franco Condado expuso su concepción básica de la historia, que consistía en no escribir sobre los hechos, sino de los hombres y las sociedades. Investigó la mentalidad religiosa desde diferentes puntos de vista: Un destino, Martín Lucero (1928), El problema de la incredulidad en el s.XVI: La rebelión de Rabelais (1942). En Combates por la Historia (1953) resumió sus concepciones de la historia y las opuso a la generación anterior. 8 (Lunéville-en-Ornois,1902-París, 1985). Reconocido director de Les Annales, fue un gran crítico y renovador de la escuela, sentando un precedente metodológico que recoge todos los aspectos que influyen en el desarrollo histórico, como la geografía, cultura, economía, comunicaciones, aspectos técnicos o factores climáticos. Tras estudiar en la Sorbona y en Argelia, fue profesor de la Universidad de Sao Paulo (1935-37) y en 1949 publicó su monumental tesis doctoral, La Méditerranée et le monde méditerranéen à l’époque de Philippe II, obra maestra que redactó de memoria durante su reclusión en el campo de concentración nazi de Lübeck. Fue profesor del Colegio de Francia (1949), de l’École Pratique des Hautes Études de París (1956-72) y miembro de la Academia Francesa desde 1983. Entre 1967 y 1969 publicó la segunda parte de su gran obra Civilisation matérielle, économie et capitalismo, 15e-18e siècle, un clásico en el estudio de la aparición del capitalismo. En 1970 publicó en colaboración el segundo tomo de Historie économique et sociale de la France, y en 1978, La Méditerranée. 9 Recuérdese que la publicación del “Manifiesto Comunista” que redactaron Marx y Engels en 1848, condujo, ya pasados unos años, a una corriente académica de historiadores, basada en el materialismo histórico, que ejerció un importante influjo en la revolución historiográfica que aconteció en el siglo XX y que tuvo su máxima expresión en la revista-escuela Past and Present, que fue fundada en 1952 por el grupo de historiadores del Partido Comunista Británico.

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el hecho de estar desconectada de la Historia Colectiva. Lo individual se diluye en lo colectivo. El hombre es sustituido por la masa.

La Escuela de los Annales ayudó de forma especialmente eficiente a la renovación de la historiografía10. Recuérdese el famoso editorial “Cara al viento. Manifiesto de los nuevos Annales11”, que escribió Lucien Febvre en 1946 donde se aseguraba que “los Annales cambian, porque alrededor todo cambia: los hombres y las cosas”. Su espíritu renovador resulta incuestionable pero, la Escuela de los Annales, sin duda centrada cronológicamente en el Antiguo Régimen, se orientó hacia una historiografía basada en estructuras materiales y en la larga duración. El acontecimiento, lo estrictamente político, la individualidad y la contemporaneidad inmediata fueron desplazados del centro de gravedad del estudio histórico. Sin duda, los Annales y sus seguidores han contribuido de forma consciente y sistemática a convertir a la biografía en un género científicamente sospechoso. Lo biográfico es reacio al tratamiento científico. Junto a los Annales, los propios marxistas o escuelas influenciadas por el marxismo, y otras escuelas que conforman lo que muchos han definido como las “nuevas historias12” renovaron los conceptos historiográficos y desplazaron a la historia tradicional del núcleo del pensamiento historiográfico. El fruto de la conversión metodológica de estas escuelas se proyectó sobremanera durante el periodo comprendido entre el final de la II Guerra Mundial y finales de los años 70. Esa conversión favoreció la decadencia de la biografía. El individuo –hasta entonces muy tenido en cuenta en la historia tradicional-, entendido como ente personal que puede cambiar, ya sea mediante cambios violentos y revolucionarios ya sea mediante otro tipo de actuaciones de la realidad histórica que impera en cada momento, desaparece de la escena historiográfica, dejando paso a lo colectivo, a lo social. La Historia tradicional, basada en la historia política, diplomática y militar fundamentada en el hombre o individuo tuvo de arrinconarse ante el incipiente empuje de la historia social, económica y demográfica fundamentada en las estructuras – generalmente de larga duración-, instituciones o fuerzas sociales y en donde el individuo juega un papel muy secundario. Las estructuras de “longue durée” hacen que el corto periodo vital de un individuo quede diluido ante la majestuosa temporalidad de la estructura. La narración de los acontecimientos es suprimida por el estudio de esas estructuras y tendencias y, ello conlleva que el estudio de la intervención humana individualizada se diluya dentro del contexto. La historia

cuantitativa y serial se impone y ello dificulta observar en que puntos cronológicos la intervención humana e individual aporta un empuje radical en el acontecer histórico. No es de extrañar que dentro de este proceso en que las fuerzas centrífugas expulsan al individuo del núcleo de la acción histórica, la historia se abra a otras disciplinas sociales muy relacionadas con la colectividad (sociología,
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Podríamos decir que, desde el punto de vista de la renovación historiográfica, en Francia predominó Annales, en Gran Bretaña el marxismo historiográfico y en EE.UU el neopositivismo. 11 Sobre este tema véase Febvre, Lucien Paul Victor: Combates por la historia, Barcelona, Ariel, 1975, pp. 59-71. 12 La “Social scientific history” anglosajona, la historia cuantitativa y la Escuela de Bielefeld alemana.

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economía, demografía). Autores tan significativos como Braudel insistieron en combinar la tarea del historiador con la del sociólogo, psicólogo, demógrafo, geógrafo, economista, integrados en un objetivo común.

Si bien, es reconocible esa especie de descrédito de la historia política en las dos décadas inmediatamente posteriores a la II Guerra Mundial, no hemos de olvidar que los historiadores jamás descartaron del todo los acontecimientos, las ideas ni los individuos. Marx en el siglo XIX ya había escrito sobre Luis Napoleón, L. Febvre escribió un libro sobre Lutero, Braudel sobre Felipe II, mientras que G.Duby estudió la sociedad feudal, pero también la Batalla de Bouvines. Algún que otro historiador sostiene que los Annales no negaron a los individuos (y por ende a la Biografía) sino que lo enfocó de forma radicalmente diferente de cómo lo venía haciendo la historia tradicional. Braudel ya lo dejó entrever en una famosa conferencia inaugural en el Collage de France (diciembre de 1950): “El problema no reside en negar lo individual bajo el pretexto de que es objeto de contingencias, sino en sobrepasarlo, distinguirlo de las fuerzas diferentes de él, reaccionar contra una historia reducida a la función de los héroes quintaesenciados: no creemos en el culto de todos esos semidioses, o, dicho con mayor sencillez, nos oponemos a la orgullosa frase unilateral de Treitschke: ‘Los hombres hacen la historia’. No, la historia también hace a los hombres y modela su destino: la historia anónima, profunda y con frecuencia silenciosa, cuyo incierto pero inmenso campo se impone ahora abordar”.

Los nuevos sujetos colectivos aparecidos después de la I Guerra Mundial y que fueron mencionados anteriormente en este mismo estudio, junto a la influencia que estas “nuevas historias” ejercieron sobre la historiografía, especialmente a partir de la II Guerra Mundial, propiciaron que una abstracción, el “Homo Económicus” o “Homo demographicus”, apareciese como sujeto de la historia. Este hecho propinó un golpe definitivo a la Biografía histórica y la situó en los suburbios de la historiografía del periodo. El estudio del personaje concreto ya no importaba.

EL RETORNO DE LA BIOGRAFÍA Y DE LA NARRATIVA En los años finales de la década de los 70 y, especialmente a principios de los años 80, la biografía retorna de su largo exilio gracias a la evolución de la mentalidad contemporánea. Se revitaliza profundamente como género historiográfico diferenciado y, todo ello, debido a una serie de condicionantes. Pero se trata de una biografía actualizada, que se marca como objetivo ser un instrumento de conocimiento histórico, que se renueva metodológicamente y temáticamente mediante la absorción de todo lo que sea apropiado de las “nuevas historias”, que se basa en la búsqueda y 8

utilización de fuentes y que incorporan lo más novedoso de las ciencias sociales. Es un tipo de biografía que utiliza sabiamente los recursos literarios para que se pueda comprender desde el presente una época, un ambiente, las sensaciones e intenciones de determinados personajes pero al mismo tiempo es una biografía que utiliza recursos inherentes a las ciencias sociales para explicar analíticamente una realidad social.

Son muchos los que sostienen que el género biográfico resurge consecuencia de cierto revanchismo contra las posiciones defendidas desde la Escuela de los Annales y el Marxismo. En esos años, la ideología marxista empieza a observar en el horizonte pragmático-ideológico negros nubarrones. Se presupone un retorno a autores como Tocqueville13 que defiende la fuerza del factor político y de lo estrictamente personal en la evolución de Historia Humana. No todo se puede explicar a través de una casuística de índole general. Los historiadores empiezan a huir de modelos deterministas que intenten explicar la totalidad del pasado.

Las “nuevas historias” han entrado en una considerable crisis ya que con los grandes análisis de las estructuras de “longue durée” no han sabido explicar los cambios históricos más rápidos. Reducir la causalidad histórica meramente a factores económicos y sociales no ha sido suficiente. La voluntad del individuo puede tener una capacidad explicativa tan importante como dichos factores económicosociales. La historia cuantitativa y serial no ha sabido resolver definitivamente los grandes problemas históricos. La crisis de las corrientes derivadas de las “nuevas historias” se enmarca dentro de un proceso más general que implica una crisis general de la Historia como disciplina científica.

Charles-Alexis Clérel de Tocqueville (Vernuil, Ille de France, 1805 – Cannes, 1859). Pensador y político liberal francés. Procedente de una familia noble, Tocqueville fue uno de los observadores más lúcidos del cambio producido en su época por la revolución liberal. Estudió derecho y obtuvo una plaza de magistrado en Versalles en 1827. Pero su inquietud intelectual le llevó a alejarse de la rutina en 1831, viajando a EEUU para estudiar su sistema penitenciario. La estancia en aquel país le sirvió para profundizar en el análisis de sistema político y social norteamericano, que retrató en su obra La democracia en América (1835-40). En ella reflejó su admiración por el modelo liberal-democrático americano, que consideraba mucho más equilibrado que el que propugnaban los revolucionarios europeos (por elementos moderadores, como la autonomía local). Tocqueville abandonó la magistratura para dedicarse a la producción intelectual y a la actividad política: en 1839 fue elegido diputado y en 1841 miembro de la Academia francesa. Condenó tanto la revolución de 1848 (que acabó con la monarquía de Luis Felipe) como el golpe de Estado de Napoleón III en 1851-52 (que liquidó la segunda república y dio paso al Segundo Imperio). Pero, entre ambos acontecimientos, aceptó servir a la Segunda República como Ministro de Asuntos Exteriores (1848), antes de retirarse definitivamente de la política. Concentrado sobre su labor intelectual, fue entonces cuando escribió su obra cumbre e inacabada El AntiguoRégimen y la Revolución (1856). Sostuvo allí que la Revolución francesa no había constituido una ruptura radical con el pasado, pues se había limitado a confirmar tendencias reformistas esbozadas a lo largo del siglo XVIII, que ya apuntaba hacia una uniformización de la sociedad y una centralización del Estado. Tocqueville contribuyó a convencer a sus contemporáneos de que el signo de los tiempos iba en el sentido de la democratización, pero que la defensa de la libertad individual exigía medidas para impedir que degenerara en un cesarismo populista (como el que representaba Napoleón III): división de poderes, descentralización política… y, sobre todo, fomento de la conciencia cívica de los ciudadanos para hacerles amantes de la libertad y capaces de resistirse contra cualquier despotismo.

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Podemos decir que se produce un retorno a la vieja historia como consecuencia directa de la crisis de la escuela de Annales, del marxismo historiográfico, del estructuralismo14 que tanto influyó en ambos movimientos, y del neopositivismo15 cuantitativista. Estas crisis han favorecido el desarrollo de la biografía histórica y, de la política en particular. Este hecho ha producido que, irremediablemente, se hayan introducido cambios dentro de la historiografía moderna. Lawrence Stone16, se atrevió a definir las consecuencias de esta crisis: “las causas económicas y demográficas han dejado paso a las culturales y emocionales como problemas estudiados; la economía, la sociología y la demografía han dejado paso a la antropología y la psicología como fuentes de influencia; se ha pasado del grupo como sujeto objeto del estudio al individuo; los modelos explicativos del cambio histórico han pasado de ser monocausales y estratificados a los interconectados y multicausales, hemos pasado de lo analítico a lo descriptivo, en la metodología, de la cuantificación de los grupos al ejemplo individual y en la conceptualización de la función del investigador, de la científica a la literaria”. La nueva historia política vuelve al candelero aplicando nuevas metodologías. La contingencia adquiere valor y se valora de nuevo la capacidad de los individuos de influir o incluso modificar.

Movimiento filosófico, científico y crítico-literario que, desarrollado principalmente en Francia durante la década de 1960, extendió a la antropología, a la crítica literaria, al psicoanálisis, al marxismo y a la epistemología las teorías y los métodos del estructuralismo lingüístico, denegando así la primacía a un saber histórico-humanístico que tenía a J.P Sartre como símbolo. Durante algunos años, antropólogos como Lévi-Strauss, psicoanalistas freudianos como J.Lacan, filósofos marxistas o de otra extracción como L.Althusser y M.Foulcault, críticos literarios como R.jakobson parecieron pertenecer a una común área cultural antihistoricista, antihumanística y antiesencialista que sustituía al primado de la historia, del hombre, de la subjetividad de la conciencia y del individuo, el primado de la estructura. En lugar de comprender los fenómenos sociales y culturales desde el interior, reconstruyendo su hacerse histórico a través de la acción consciente y potencialmente libre de los individuos, los estructuralistas prefirieron tratar el mundo humano como otro campo cualquiera investigado por las ciencias naturales y, descubrir desde el exterior qué relaciones sistemáticas y constantes (o estructuras) mediaban entre los fenómenos socio-culturales y entre qué límites, a menudo inconscientes, se hallaba constreñida la acción de los individuos. Interesa sobremanera la contraposición del estructuralismo con el atomismo lógico ya que según los estructuralistas no existen, ningún campo fenoménico, elementos primeros determinables y conocibles en su estado aislado, fuera del sistema de relaciones que median entre ellos; lógicamente la relación precede a sus términos, la forma precede al contenido. También destaco el contraste que mantiene el estructuralismo con el empirismo: la estructura (como precisa particularmente Levi-Strauss) es un modelo explicativo y simplificado de lo real, pero no pertenece ella misma al plano de la realidad; la constante de un campo fenoménico cualquiera no es directamente observable por comparación y abstracción de las semejanzas de las diferencias, sino viceversa, mediante la aplicación a la realidad de una regla de transformación que reduzca matemáticamente las diferencias observables a variantes de una misma combinatoria. Otra contraposición se produce entre estructuralismo y el historicismo y el humanismo, no tanto por el hecho de que el estructuralismo conceda privilegios necesariamente a la estática social con respecto a la dinámica, sino porque no admite diferencia de método entre las ciencias sociales y naturales e, incluso, considera los acontecimientos humanos del mismo modo que los naturales; no existe, por tanto, ninguna comprensión interna del hombre que otorgue privilegios a la dimensión del tiempo como aquella en que los acontecimientos históricos adquieren un significado propiamente humano, negado a quien pretenda observarlos desde el exterior; el estructuralismo refuta, en suma, por ambos lados, la ecuación en base a la cual sólo el hombre es un ser histórico y sólo la historia es propiamente humana. Para los estructuralistas, la conciencia es sólo el reflejo deformado y desconocido de los mecanismos inconscientes que la producen; el sujeto es solo producto del orden lingüístico-simbólico impersonal mediante el cual, la comunicación es posible; el individuo es tan solo el punto causal de intersección de las estructuras que lo atraviesan y determinan. 15 Es una de las corrientes filosófica más importantes de la primera mitad del XX. La “cientificidad” y la “exactitud” adquieren la categoría de máximos valores intelectuales. 16 (Epsom, 1919). Historiador estadounidense. Ha utilizado una metodología basada en las técnicas de la social history para estudiar la historia inglesa (The family, sex and marriage in England, 1540-1800, 1977) y las causas de la revolución social inglesa del siglo XVII.

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El primer atisbo de crisis en la escuela de Annales y del materialismo histórico de tipo marxista la podemos observar ya a principios de los años 70. Algunos autores sostienen que se produjo un retorno a la vieja historia, un retorno a Leopold von Ranke17. Éste anunció, “la historia es religión”, base de un objetivismo de base teológica y que define una historia esencialista que no pretende juzgar el pasado, ni instruir el presente en beneficio de las edades futuras, sino mostrar el pasado “tal como fue”. Ranke sentenció que los “grandes hombres” son el factor decisivo de la historia. No escribía historia social sino historia política centrada en los grandes hombres del momento. Ese retorno a la vieja historia rankiana también ayuda a entender el retorno de la biografía al sendero del pragmatismo historiográfico reconocido, aún teniendo muy presente que los condicionantes metodológicos y existenciales de la nueva biografía se distancian enormemente de los planteamientos de Ranke. Jacques Le Goff18, probablemente uno de los últimos representantes de la escuela de los Annales, hizo autocrítica en la década de los 90 y anunció la necesidad de recuperación de los géneros tradicionales y combinarlos con otros tratamientos metodológicos. Coincido personalmente con un planteamiento que sitúa a la biografía histórica de los grandes hombres como un género que vende por encima de otros pero que a su vez requiere la complementariedad de otro tipo de historia que una la psique humana, con el contexto histórico y con otros tipos de sujetos históricos que tienen una menor presencia elitista que los “grandes hombres”. Los lectores pueden estar tan interesados por el Rey como por el campesino, por las grandes batallas como por la vida social. Los pensamientos, actuaciones y modos de pensar de la gente normal como ellos también les interesan. Le Goff apuesta por géneros historiográficos mixtos donde lo individual y lo colectivo, lo político y lo social convivan.

Al mismo tiempo, se producen cambios significativos en la propia disciplina. Se vuelve a lo narrativo, a lo concreto, a lo circunstancial. El acontecimiento y lo imprevisible se abren paso dentro de un nuevo planteamiento historiográfico y este hecho aleja a los historiadores de interpretaciones omnicomprensivas y omniexplicativas. Se observa una tendencia creciente a la individualización y a la singularidad del acontecimiento. El hombre pude protagonizar conscientemente la historia, inserto y condicionado por estructuras (sociales, materiales, económicas y mentales) pero no determinado
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(Wiehe, 1795-Berlín, 1886). Historiador alemán. Fue el introductor del positivismo como método de investigación histórica y minuciosa de los hechos. Es autor de Historia de los pueblos romanos y germánicos desde 1494 hasta 1535 (1824), Historia de los Osmanlíes y de la monarquía española durante los siglos XVI y XVII (1827), Historia de Alemania durante la Reforma (1839-1847), Historia universal (1875). 18 (Toulon, 1924). Ha vinculado su carrera docente a l’École des Hautes Études en Sciences Sociales. Es un representante destacado de la Nouvelle Histoire. En su obra ha tratado los temas fundamentales de la edad media combinando historia, antropología, sociología y la historia de la cultura y de los sistemas económicos. Entre sus obras destacan “Los intelectuales en la Edad Media” (1957), “La civilización del Occidente medieval (1962), “La bolsa y la vida” (1989), “El hombre medieval” (1989), “Lo maravilloso y lo cotidiano en el Occidente medieval (1986), “Mercaderes y banqueros de la Edad media (1991) y “El orden de la memoria: el tiempo como imaginario” (1991).

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por ellas. Se observa dentro de la disciplina un cambio de tendencia, tal y como sugiere Furet, la hegemonía de la Historia científica –aquella que se centra en las estructuras, recurrente en lo serial, lo estadístico, la que tiene una expresión analítica que integra cifras y fórmulas, la que define modelos y establece generalizaciones- quiebra a finales de los años 70. Clarificadora a este respecto es la opinión de Stone, el cual reconoce en el ambiente historiográfico un retorno de la Historia tradicional, es decir a la narración19 y al relato. Ricoeur también defiende la validez del carácter narrativo de la Historia aunque sin cuestionar las pretensiones científicas de los historiadores. Cree que toda Historia es relato, incluso la de “longue dureé” de Braudel.

La caída del Muro de Berlín escenificó una tendencia que ya se veía clara unos años antes. Los regímenes socialistas, especialmente el de la URSS se colapsaron económicamente debido al la falta de dos de los conceptos fundamentales que deben regir cualquier técnica economicista, me refiero a la eficiencia y a la eficacia. La falta de incentivos y el exceso de burocracia coadyuvaron a alimentar el proceso de desmembramiento de los regímenes socialistas o comunistas. La economía de libre mercado parece haber ganado la batalla a la economía de planificación centralizada. En ese contexto, los valores privados ganaron terreno a costa de los valores colectivos y sociales. Todo este proceso no se ha restringido a un determinado y reducido número de países con regímenes comunistas, también las democracias occidentales europeas han visto disminuir su Welfare State o Estado del Bienestar. La pérdida de peso de los valores públicos y colectivos coincide con un incremento del papel de ciertas personalidades históricas. En los años 80 aparecen grandes políticos que consiguen unos liderazgos nítidos y muy influyentes en las políticas de sus propios países. Vivimos en tiempos de un auge del individualismo, de crisis política donde los ciudadanos se alejan cada vez más de la política y ello ha ayudado a una reconsideración de la biografía, tanto desde un punto de vista académico como popular. Hoy, más que nunca se hace necesaria una mayor capacidad para entender lo que hay de nuevo en los importantes cambios socio-culturales, históricos e historiográficos en curso. La biografía como género no puede diluirse dentro de ese proceso y debe encontrar su lugar. Tampoco hemos de olvidar que nos encontramos ante un nuevo fenómeno llamado “globalización”20. Una globalización, sin duda inacabada, que para muchos presenta grandes externalidades negativas mientras que para otros produce indefectiblemente un efecto descentralizador y democratizador. En

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A este respecto, el historiador Eric Hobsbawm sostiene que esta nueva historia de hombres y mentes, ideas y acontecimientos, cabe verla como algo que complemente –en vez de suplantar- el análisis de estructuras y tendencias socioeconómicas”. “optar por ver el mundo a través de un microscopio en lugar de un telescopio no es ninguna novedad. Mientras estudiemos el hecho de que estamos estudiando el cosmos, la elección entre microcosmo y macrocosmo consiste en seleccionar la técnica apropiada”. 20 Para muchos definida como la “lucha del Estado tradicional contra el mercado”.

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1989, Francis Fukuyama21 escribió un artículo al que tituló “El fin de la Historia22” que luego dio origen a un libro llamado “El fin de la historia y el último hombre23” donde se afirmaba que la caída del comunismo y el triunfo de las democracias liberales marcaban el comienzo de la “etapa final” en la que no había más lugar para largas batallas ideológicas. El fin de la Historia significaría el fin de las guerras y las revoluciones sangrientas; los hombres satisfacen sus necesidades a través de la actividad económica sin tener que arriesgar sus vidas en ese tipo de batallas. Parece ser que la teoría de Fukuyama ha tenido un triste final. En el tránsito del siglo XX al XXI observamos atónicos sobretodo después de los atentados del 11 de setiembre de 2001 sobre las Torres gemelas de Nueva York- como ha sido reemplazada por la interpretación emanada del “choque de las civilizaciones24” (1993) de Samuel P.Huntington25 como horizonte inmediato del futuro de la humanidad. Fukuyana y Huntington relacionan el presente y el futuro apoyándose en datos históricos. En este contexto, sin embargo, surgen voces discordantes como la de Noam Chomsky26, el cual se ha convertido en una especie de quijotesco líder de un movimiento crítico cultural y político a escala mundial. Vivimos en un mundo en que se imponen redes abiertas, multinacionales, multiculturales, más que focos nacionales que se reflejan sobre otros países. Hoy un historiador debería tener una visión clara desde la historia de los acontecimientos y de los procesos actuales (lo que llamamos Historia inmediata) pero también desde un ámbito global o mundial para los análisis y las predicciones históricas. Los
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(Chicago, 1952). Creció en Nueva York y se graduó en Harvard. Durante su carrera escribió sobre democratización y política exterior de la ex Unión Soviética. Trabajó para el Departamento de Estado de EEUU. Para este politólogo, la democracia liberal es la forma ideal de gobierno, la etapa final de la historia. Sostiene que durante el siglo XX hubo sistemas de gobierno que compitieron con la democracia liberal, como el fascismo o el comunismo, pero uno a uno fueron cayendo. Eso no quiere decir que actualmente todos los países sean democracias liberales; para que un sistema de gobierno sea llamado “democracia liberal” debe cumplir con tres condiciones: que tenga una economía de mercado, un gobierno representativo y mantener los derechos jurídicos. Argumenta que existe una correlación entre el desarrollo económico de un país y la capacidad de sostener esos sistemas representativos. Fukuyama es un gran defensor de las reformas neoliberales en lo económico y en lo político. En la economía el Estado debe jugar un papel mínimo. Actualmente, Fukuyama es investigador de la Rand Corporation y miembro de la John Hopkins University School for Advanced Internacional Studies. La aportación más reciente que nos ha llegado de él, es su nuevo libro “La construcción del Estado. Hacia un nuevo orden mundial en el siglo XXI (2004). 22 Sobre este tema véase Fukuyama, Francis: “The end of History”, The Nacional Interest, summer 1989 . 23 Fukuyama, Francis: El fin de la historia y el último hombre. Traducción de P.Elías, Barcelona, Planeta, 1992. 24 Huntington, Samuel P.: ¿Choque de civilizaciones?; Traducción de Carmen García Trevijano; epílogo crítico de Pedro Martínez Montávez, Madrid, Tecnos, 2002. 25 Es profesor de Ciencias Políticas y director del John M. Olin Institute for Strategic Studies de la Universidad de Harvard. Fundador y co-editor de la revista Foreign Policy, (1970-1977), formó parte del Consejo de Seguridad Nacional. Fue miembro de la Comisión on Integrated Long Term Strategy (1986-1988) y, es autor, entre otras obras de “The soldier and the State” (1957), “The Common Defense” (1961), “El orden político en las sociedades en cambio” (1968), y “La tercera ola” (1991). 26 (Filadelfia, EEUU, 1928). Lingüista y filósofo estadounidense. Fue introducido en la lingüística por su padre, especializado en lingüística histórica del hebreo. Estudió en la Universidad de Pensilvania, donde se doctoró en 1955 con una tesis sobre el análisis transformacional, elaborada a partir de las teorías de Z.Harris, de quien fue discípulo. Entró entonces a formar parte como docente del Massachussets Institute of Technology, del que es profesor desde 1961. Es autor de una aportación fundamental a la lingüística moderna, con la formulación teórica y el desarrollo del concepto de gramática transformacional, o generativa, cuya principal novedad radica en la distinción de dos niveles diferentes en el análisis de las oraciones: por un lado, la “estructura profunda”, conjunto de reglas de gran generalidad a partir de las cuales se “genera”, mediante una serie de reglas de transformación, la “estructura superficial” de la frase. A parte de su aportación en el terreno lingüístico, ha intervenido a menudo en lo político, provocando frecuentes polémicas con sus denuncias del imperialismo estadounidense desde el comienzo de la guerra de Vietnam y sus reiteradas críticas al sistema político y económico de EEUU.

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“grandes autores” o historiadores fabricados mediáticamente que se basan sus obras –entre ellas las biografías- en criterios basados en el uní lateralismo, la verticalidad, el elitismo y la autoridad deber regenerarse si no quieren que la globalidad vuelva a engullir géneros como la biografía

Muchos son los que dictaminan que nos encontramos ante una historiografía “hiper-individualista” pero que está experimentando, en estos años iniciales del siglo XXI, un retorno del sujeto social. Nuevas organizaciones y prácticas solidarias se han integrado en un gran movimiento antiglobalizador en los años 90. Sin duda, ello es fruto de la nueva tecnología, de la red de redes o Internet. Experiencias como la primera manifestación global descentralizada del 15 de febrero de 2003 contra la guerra de Irak, coordinada a través de Internet por los Foros Sociales de Florencia y Madrid; las convocatorias producidas después de los atentados del 11-M en Madrid, el impacto de nuevos movimientos globales ecologistas (como por ejemplo el movimiento solidario acontecido después del Crisis del Prestige) o las convocatorias acontecidas en Porto Alegre, dan un claro ejemplo de una nueva implicación de los social, de lo colectivo en el contexto. Las Grandes biografías actuales, siguen primando al sujeto individual sobre el colectivo, siguen contemplando limitadamente una época a través de sus grandes personajes pero, a mi entender, estos nuevos procesos acabaran por desmerecer de nuevo el auge de la Biografía.

Sin duda, un elemento claramente influyente en ese retorno a la biografía, a esa revitalización ha sido la aparición de temáticas nuevas. Una nueva complejidad en las interacciones existentes en el mundo actual hacía necesaria a la biografía, la cual era capaz de articular esa nueva y compleja realidad mediante conceptos como el azar, el encadenamiento cronológico y el acontecimiento. Conceptos estos, claramente apartados de la idiosincrasia del estudio de las estructuras que, aún siendo totalmente necesaria, no entendía que las cosas solo ocurren porque existen los hombres y las mujeres. No hemos de suponer por ello, que la biografía resulte ser una especie de historia menos analítica fundamentada totalmente en el sentimiento. Actualmente, muchos historiadores han expulsado de sus conciencias ciertos estereotipos que definían a la biografía como un género de segunda fila. Sin duda, estamos ante una técnica historiográfica que presenta importantes complejidades, tanto desde un punto de vista metodológico como desde un punto de vista conceptual. Su núcleo central radica en la “interpretación” que hace el autor del significado de la vida de un personaje, de sus intenciones, sus experiencias. Incluso cuando es el propio sujeto individual el que interpreta su propia existencia, esta puede aparecer ciertamente sesgada y condicionada por mil y uno avatares. En este sentido coincido plenamente con la Doctora Isabel Burdiel, cuando en “La Dama de

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Blanco27” determina que “la biografía es también una deuda moral de los historiadores con los hombres y las mujeres que no escuchaban la música armoniosa de las estructuras y están, como nosotros, inmersos en el ruido y la furia del tiempo presente, de la contingencia y el azar”28. La biografía, tal y como es entendida actualmente, nos ayuda a relacionar a los individuos y a la sociedad, lo particular y lo general, lo privado y lo público. Y lo hace, mediante la interpretación.

La biografía presenta claras tendencias a la ambigüedad. La complejidad del mundo en que vivimos ha complicado la historia política y social mientras que la biografía sigue estando acotada en unos márgenes relativamente bien definidos. El individuo tiene una temporalidad muy clara y sus relaciones, con otros individuos, consigo mismo y con el entorno, son limitadas en el tiempo y en el espacio. Pero también, y de ahí su ambigüedad, puede ofrecer una puerta de huida que se oponga al concepto de investigación social. Los historiadores han apostado, una vez la abstracción que nace del análisis de las estructuras de “longue durée” les ha sobrepasado, por el estudio de lo concreto mediante el análisis de coyunturas y de acontecimientos.

El gran público muestra gran entusiasmo hacia las figuras más singulares del pasado. Nos atrae lo radicalmente característico de un personaje. Aumenta la demanda de los lectores de este tipo de género historiográfico. Son muchos los que ahora comprenden que se puede articular la exposición de toda una época tomando como eje central a un personaje de excepción. La narración de una vida individual muchas veces es empatizada por los lectores. La experiencia de nuestras propias vidas, en muchas ocasiones se proyecta en la vida del biografiado y viceversa. Esta conexión intimista es la que ha producido que ni siquiera el descrédito académico de la biografía como género historiográfico la hiriera de muerte en cuanto a la popularidad. Despojada del status académico pero popular, esta ha sido la nota característica de la Biografía durante muchas décadas del siglo XX. Aunque, conviene recordar que por fin, lo académico y lo popular han encontrado un lugar de encuentro desde principios de los años 80 del pasado siglo.

En el retorno de la biografía también ha jugado un papel importante la existencia de cierta presión del mercado editorial sobre los historiadores y su consecuente proyección mediática de una imagen de la historia donde el sujeto que actúa y explica los hechos son las grandes personalidades.

Burdiel, Isabel: “La dama de Blanco. Notas sobre la Biografía Histórica” en Isabel Burdiel y Manuel Pérez Ledesma (coordinadores): Liberales, agitadores y conspiradores: Biografías heterodoxas del siglo XIX, Madrid, Espasa, 2000. 28 Sobre este tema, véase Burdiel, Isabel: “La dama de Blanco. Notas sobre la Biografía Histórica” en Isabel Burdiel y Manuel Pérez Ledesma (coordinadores): Liberales, agitadores y conspiradores: Biografías heterodoxas del siglo XIX, Madrid, Espasa, 2000, pp.27.

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Clarificadora y paralela a mi pensamiento, aunque de forma muy aislada, me parece la opinión de Carlos Barros, profesor de la Universidad de Santiago de Compostela, que sostiene que vivimos un retorno, en cierta manera involuntario, a la historia de los “grandes hombres” y que estamos viviendo, después de 20 años de historia social, el retorno a Ranke, al positivismo más rancio. Sin duda, eso implica un desmentido de la historia en la que muchos historiadores se han formado y que han ayudado a propagar, la historia de los hombres y mujeres, la historia de los sujetos colectivos. Se está produciendo un fenómeno de recuperación de los grandes personajes para la historia académica, pero el auge de las biografías históricas -escritas ahora por académicos y no sólo por adicionados a la historia- hace que volvamos a la historia de los “grandes hombres”, eclipsando a la gente, a lo social, a lo económico, a lo cotidiano. Ese retorno, sin embargo, no es fruto de un debate limpio dentro del mundo historiográfico; más bien es fruto de factores externos como son la crisis interna del marxismo historiográfico y de la escuela de los Annales, que se enmarcan en una problemática de intereses políticos que tienen que ver con razones de mercado editorial o con la presión de los medios de comunicación.

TIPOLOGÍA Y BIOGRAFÍA El género biográfico no conforma una unidad dogmática en sí mismo. Dentro de su esencia podemos observar una diversidad de tipologías. Significativa es la que realiza Jesús Pabón29. Distingue Pabón entre aquella Biografía que traza la vida del personaje desde dentro estudiando sus reacciones desde la intimidad de sus peculiaridades psicológicas (el “yo” espiritual del biografiado) y la que la traza a través de líneas exteriores, a base de realidades públicas que el personaje estudió o vivió.

Dentro de un proceso que algunos han llamado “aproximación biográfica a la Historia”, podemos identificar 4 grandes estrategias de aproximación.

En primer lugar, se ha producido el desarrollo de “Biografía cuantitativa o social”, es decir, la Prosopografía30. Muy cerca de la Prosopografía, encontramos a la Biografía modal, que es aquella que se centra y estudia al individuo pero como ente que concentra todas las características del grupo en sí mismo. Se trata de técnicas o estrategias biográficas muy usadas que han tenido gran impacto en el estudio de las elites políticas o económicas, en el de mentalidades colectivas o los grupos sociales. La proposografía o la biografía modal, entendidas como estrategias o técnicas biográficas presentan una serie de características muy favorables cara a su expansión. Se trata de técnicas que
Está considerado el gran maestro de biógrafos. En la introducción de su libro sobre Cambó, estableció la regla de oro de la Biografía:”… que el libro menor, la vida del biografiado, no oculte el libro mayor, la época y la sociedad del momento”. 30 Aquella que se interesa por el estudio de grupos unidos por una misma vocación o una misma praxis.
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favorecen el equipo en trabajo, lo cual ayuda a analizar y realizar estudios que requieren un análisis pormenorizado de colectivos significativos y numerosos. Por otro lado, exige un estilo cuidadoso y una selección de datos sobre los biografiados lo cual implica un proceso de búsqueda e investigación previo. También permite un tratamiento estadístico de los datos, lo cual permite un análisis de su evolución31. En este tipo de aproximación biográfica se recogen las características externas del biografiado sin adentrarse en la reconstrucción de su personalidad o vida. Es decir, no se pretende comprender la actuación del biografiado ni sus relaciones con el grupo o el contexto. En este tipo de aproximación, lo “individual” queda plenamente superado y, sin duda, este hecho facilita un mejor conocimiento de la realidad social, económica, intelectual y política de una determinada época, zona geográfica o grupo. Permite un análisis mucho más riguroso del papel de las elites como agentes del cambio social y la influencia que ejercen, ya sea por las decisiones que toman, ya por las ideas o sentimientos que expresan o simbolizan en la orientación histórica de la comunidad.

En segundo lugar, podemos advertir que existe un tipo de aproximación biográfica que estudia al biografiado dentro del su contexto. Lo plural condiciona lo singular. La biografía sigue manteniendo intacto su interés prioritario por el medio, la vida y la época en que vive el biografiado pero se convierten en condicionantes que permiten el destino de lo singular. Es decir, el individuo está claramente condicionado por el ambiente, el medio y la época en la que desarrolla su experiencia vital. Dentro de este grupo se han desarrollado las biografías internas, que reconstruyen el personaje a través de sus condicionantes psiquico-afectivos o internos (psicología, personalidad, carácter,…) y las biografías externas que se centran en las actuaciones públicas o en la obra del personaje y, a partir de ese análisis desarrollan al individuo que las llevó a cabo. Resulta evidente que la biografía histórica que consigue unir la biografía interna con la externa en un mismo núcleo argumental, presenta grandes dosis de rigurosidad y especificidad. Conseguir captar el condicionante psicológico de un personaje concreto y extrapolarlo al estudio de su actuación pública o a la confección de su obra y al mismo tiempo definir criterios contextuales que intenten explicar su personalidad o psicología, requiere un gran esfuerzo metodológico y adentrarse en las aportaciones que nos pueden dar otras ciencias sociales como son la psicología, la sociología, la antropología, la economía o la historia. Se trata de un proceso que se retroalimenta a sí mismo pero que requiere de gran talento literario y, sobretodo de una gran capacidad intelectual y académica. En este tipo de aproximación biográfica, el ejecutor de la biografía puede vislumbrar el papel del biografiado dentro de la sociedad y sus relaciones con su grupo social o medio y al mismo tiempo acotarlo dentro de los márgenes de una época histórica concreta. A este tipo de biografía –muy utilizada para el estudio de grandes personajes- se le ha identificado como la forma más pura o más cercana a la Biografía histórica.
siempre intentando concebir que la realidad de los comportamientos del grupo no son la simple suma agregada de los comportamientos individuales de las distintas personalidades que lo conforman.
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Existe una tercera estrategia de aproximación biográfica que se basa en el análisis de un personaje concreto marginado32 o en el límite de la aceptación social y a partir de él, se intenta describir el contexto social, cultural, político y económico donde se desarrolla la acción. Se trata de una aproximación no elitista donde se intenta situar al individuo en la complejidad de su mundo social. Los casos marginales nos informan sobre una realidad no visible que se escapa del análisis de las fuentes de documentación normales, las cuales obvian o deforman la situación de las clases bajas. Dentro de esta aproximación se inscriben muchos trabajos de tipo sociológico dedicados a las historias de vida y muchos de los trabajos que conforman lo que los estudiosos han denominado “microhistoria”33 o historias de la vida privada34. Suelen utilizar frecuentemente técnicas de historia oral35 o popular36 y técnicas de análisis eminentemente cualitativas.

Una cuarta estrategia se basa en el desarrollo de una narración descriptiva sobre un personaje concreto mediante la utilización de técnicas de historiador. Se trata de un retrato realista y detallista de personajes históricos. La comprensión o explicación de los acontecimientos o de la vida del personaje no entran en juego. Este tipo de biografía no permite extrapolar lo singular a lo plural. No podemos analizar la sociedad a partir del análisis de un individuo concreto. El autor de estos estudios no pretende hacer pedagogía, simplemente pretende describir no comprender. Será el lector quien deba establecer las relaciones causales entre el personaje y la sociedad o grupo social en la que desarrolló su vida, así como su influencia en el contexto o la del contexto en su “yo”.

Al margen de estos 4 grandes grupos existen una serie de técnicas biográficas muy limitadas a una situación concreta o a grupos muy específicos. Las biografías duales o dobles son muy útiles cuando se da el hecho de que el desarrollo de un personaje explique el desarrollo del otro. Solo podemos comprender la actuación de un individuo si la referenciamos a la de otro. Los encuentros o desencuentros de ciertos personajes han derivado a consecuencias históricas importantes. También las biografías de grupo tienen su importancia ya que a veces los personajes individuales solo pueden entenderse si analizamos al grupo donde desarrollaron sus experiencias.

requiere la investigación en registros parroquiales, registros fiscales, patrones municipales, registros penales… Según el Dr. Antonio Morales Moya (Universidad de Salamanca), la microhistoria intenta reconstruir, bajo la influencia directa de la antropología, lo intrincado de las relaciones sociales. 34 Observa el devenir histórico de una determinada época o contexto social desde la perspectiva de un hombre común y no desde el poder. 35 Utiliza como instrumento principal la entrevista oral autobiográfica. Se basa fundamentalmente en la utilización de documentos personales. 36 Promueve una historia desde abajo y de lo interior. Al contrario de la Historia Política tradicional –con tendencia a estudiar la política como fruto del juego de las elites en las instituciones-, la historia popular permite adentrarnos en las relaciones existentes entre el poder y los subordinados. Se centra en los olvidados de la Historia y permite revivir sus experiencias, sensibilidades y comportamientos colectivos.
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EL GÉNERO BIOGRÁFICO EN ESPAÑA En España, los primeros biógrafos fueron los autores de crónicas e historiadores como el canciller Pedro López de Ayala, con sus crónicas de los reyes castellanos Pedro I, Enrique II y Juan I; Fernán Pérez de Guzmán, que en sus Generaciones y Semblanzas esboza relatos de prelados y caballeros de su tiempo; Hernando del Pulgar (Libro de los claros varones de castilla) y Francisco Pacheco.

Los historiadores españoles, provienen de la matriz universal del positivismo decimonónico de origen alemán. Después se recibió la “revolución historiográfica del siglo XX” de signo principalmente francés e inglés que se extendió, en las décadas de los años 60 y 70 en el marco de intensas luchas históricas, sociales y políticas. A falta de escuelas propias, la historiografía española ha sido eminentemente receptora de las “nuevas historias” analistas y marxistas. La influencia de esta recepción ha sido devastadora para un género como la biografía.

En referencia al género biográfico español destaca por encima que cualquier otra –aunque, sin duda no absorbida por parte del gran grueso de representantes de la historiografía española del siglo pasado- la aportación de la figura intelectual más influyente dentro de la España del siglo XX: me refiero a Ortega y Gasset. Ortega es el gran dominador intelectual del siglo XX en nuestro país. Medita mucho sobre la historia; para denominarla suele utilizar el término “razón histórica” acuñado por Diltey. Desarrolla la tesis de que el hombre no tiene naturaleza sino historia (lo que la naturaleza es a las cosas, es la historia –como res gestae- al hombre) y considera que el sentido histórico forma parte de la esencia humana, de su funcionalidad, ya que sólo a través de él, el hombre percibe al hombre. Sólo mediante la conciencia histórica se puede dar cuenta de las “variaciones de lo humano” y la “Historia es razón histórica, por tanto un esfuerzo para superar la variabilidad de la materia histórica”. Ortega hace radicar en la vida personal –que es circunstancia y no meramente biología- la realidad radical como problema, inseguridad o preocupación, lo cual es consubstancial al asistir a lo que a uno le pasa. Ese “darse cuenta” no tiene un sentido contemplativo, sino que es encontrarse con el mundo. Dice Ortega que la vida es la “coexistencia mía con las cosas: un yo en sus

circunstancias”. La vida no es una sustancia, ni una cosa estática que permanece y persiste: es una actividad que se consume a sí misma. Es un acontecer dinámico e inseparable de un yo y su circunstancia. Ortega dice, ser es algo que pasa, es un drama” y la vida humana es radicalmente “biografía”. Centra su pensamiento historiográfico en el concepto de razón histórica. Sostiene que la razón no sólo tiene un componente físico-matemático ya que para comprender algo humano –ya sea desde un punto de vista personal o colectivo- es necesario contar o narrar una historia. Con ese planteamiento, Ortega se adelanta a su tiempo y se convierte en visionario de las corrientes historiográficas que muchos años después acabaran por imponerse. Huye del concepto psicológico 19

del sujeto que da vida a la historia, o por lo menos, lo complementa, lo amplía. La historia no es la psicología de los hombres; es la narración de lo que a un hombre, a una sociedad, le ha acontecido en el transcurso de la temporalidad. De donde venía y a donde ha llegado. Pero esa narración de la que habla Ortega, no es suficiente por sí sola. Ésta debe ser articulada mediante sistemas conceptuales que nos acerquen a la realidad.

La convulsa situación de España durante el siglo XIX, especialmente en sus últimos años, derivó a posiciones tendentes a explicar y a preguntarse sobre los que significaba España. La decadencia de lo español en el mundo, ya sea desde un punto de vista económico como político y social, despertó en nuestros intelectuales una especie de autodiagnóstico sobre los problemas de España desde un punto de vista colectivo. El subdesarrollo cultural y educacional era patente. Nuestros intelectuales tuvieron que ocuparse más de la colectividad que de lo individual. La biografía apenas tenía cabida en nuestro contexto universitario y literario. Los grandes hombres de la Generación del 98 tuvieron que dedicar su tiempo a diagnosticar los males de España a fin de poder darles solución. La entrada del siglo XX no fue mejor. Ya habíamos perdido el tren de la modernidad y de la industrialización. Nuestra presencia en el mundo se limitaba a nuestras posiciones en el Norte de África. El pesimismo abarcaba todo lo ancho de la geografía peninsular. Los lectores de cualquier género literario escaseaban por doquier. Únicamente, reducidos sectores intelectuales daban fe de la presencia de cultura literaria en España, ya sea mediante aportaciones en la prensa del momento ya sea mediante sus propias obras. No resulta muy difícil entender que un género historiográfico como la biografía no tuviera cabida en España. Antes de la Guerra Civil, sólo durante el periodo de la II República pareció vislumbrarse cierta esperanza mediante la regeneración del sistema educacional y la introducción de medidas modernizadoras de la sociedad española. Fue puro espejismo. La llegada de la Guerra Civil dividió al país y dividió a la intelectualidad. Los acólitos al régimen franquista debían dedicar sus esfuerzos a glosar aquellas circunstancias o personajes que encajaran en la filosofía de la nueva España de régimen único claramente catolizada. Por el contrario, los exiliados, los denostados por el General Franco, debían desarrollar su obra en el extranjero potenciando una literatura crítica que permitiese en un futuro la apertura de España a la democracia. El problema colectivo estaba tan por encima del individual que la biografía no podía experimentar avance alguno. Además, estos años y los venideros coincidieron con una decadencia del género biográfico a escala mundial.

El fin del franquismo y la llegada de la democracia implicó un cambio sociológico importantísimo en España. La modernización y la industrialización empujaron a miles de españoles a abrirse al mundo occidental y asimilar condicionantes y posiciones vitales. Esos primeros años de apertura no implicaron un gran avance de la biográfica en el escenario literario español. 20

La modernización de España nos ha llevado a huir de ese tradicionalismo y nos ha adentrado en lo que muchos han llamado “la segunda revolución individualista”. A principios de los años 90, se produce una expansión del género biográfico. Aparecen grandes biografías personales, como puede ser la de Azaña37 elaborada por Santos Juliá; y la de Lerroux38 de J.Alvarez Junco. La oferta editorial en forma biográfica se incrementa notablemente.

España carecía de biografías de entidad. En los últimos años, las biografías políticas se están abriendo paso aunque, queda claro, que aún hemos de recorrer un largo trayecto hasta equipararnos con países occidentales con gran tradición biográfica. Existen en España, aún hoy en día, grandes personajes políticos y no políticos sin biografías objetivas individualizadas. En el terreno de la prosopografía también andamos un poco escasos y muchos periodos de nuestra historia aún deben ser analizados a través de técnicas propopográficas rigurosas y acadamecistas.

En los últimos años del siglo XX y estos primeros del XX, empiezan a aparecer en las librerías numerosas obras biográficas enfocadas bajo criterios rigurosos y metodologías historiográficas modernizadas. Gran parte de estas biografías provienen de eminentes hispanistas no españoles que trabajan en Universidades extranjeras. Los autores españoles articulan literariamente la vida de personajes de nuestro pasado más cercano o incluso de nuestro presente y son muchos los que ya se aventuran a dirigir sus acciones de estudio hacia personajes insignes como medio de explicación y narración del acontecer histórico de una época concreta. Por fin observamos movimientos

importantes dentro del género. Las librerías están repletas de biografías, aunque estas suelen ser más mediáticas que rigurosas. Los lectores abundan y sirven de reclamo para que muchos autores se adentren en esta forma literaria.

A pesar de todo, encuentro a faltar una mayor implicación de los docentes universitarios en el mundo de la biografía. Mayormente, son los literatos, grandes novelistas y periodistas, los que se adentran en el campo de acción de la biografía. Sin duda, el interés que este tipo de obras suscita entre el gran público lector y su posterior conversión monetaria, están ayudando a profesionalizar este género historiográfico.

Juliá Díaz, Santos: Manuel Azaña. Una biografía política. Del Ateneo al Palacio Nacional, Madrid, Alianza Editorial, 1990. 38 Álvarez Junco, José: El emperador del Paralelo. Lerroux y la demagogia populista, Madrid, Alianza Editorial, 1990.

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