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RGIAS

Dr. SALOMON SELLAM

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SALOMON SElLAM, nacido en 1955, es doctor en Medicina (1983) y diplo- mado en Medicina

SALOMON SElLAM, nacido en 1955, es doctor en Medicina (1983) y diplo- mado en Medicina Psicosomática y Terapia de Relajación (1995). Sellam dedica gran parte de su tiempo a la difusión de la Clínica Psicosomática, disciplina que fundó en el año 2000,

a través de consultas individuales o

de grupo, de la formación de profe- sionales de la salud, tanto mental

como física, de la escritura de libros

o artículos especializados y de confe- rencias en Francia y el extranjero.

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Índice

Prólogo

Introducción.

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Advertencia.

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PRIMERA PARTE

VERSIÓN TRADICIONAL DE LA ALERGIA

Historia

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Fisiopatología Las diferentes causas Los diferentes tipos de alérgenos Las manifestaciones patológicas El diagnóstico de la alergia La prevención y los medios terapéuticos El tratamiento preventivo «La paradoja alérgica»

OTRAS VERSIONES DE LA ALERGIA

La versión freudiana de la alergia La versión psicosomática de la alergia El episodio inicial impactante La tríada «psico-cerebro-orgánico»

 

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El componente psíquico de la tríada: El psico- choque emocional desestabilizador

. El componente orgánico de la tríada: El edema o el Big Bang psicoemocional .
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El componente orgánico de la tríada: El edema
o el Big Bang psicoemocional
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El papel del alérgeno: La ecuación
«psicosomatemática» de la alergia
y su sentido psicosomático
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SEGUNDA PARTE
CASOS CLÍNICOS
Alergias e intolerancias a los alimentos
Alergia a las fresas
El señor La Fresa
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Alergia al café
La señora Café
Alergia al pato
Alergia a la leche de vaca
Rémi
Alergia a la leche de soja
Alergia a los productos lácteos
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La señora «Es el weekend, Kend»
Alergia al pescado y los mariscos
El señor Pescado
Alergia a las gambas
Alergia a los cangrejos de río
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La señorita Cangrejo de Río

Cangrejos de río bis Alergia o intolerancia al gluten

La señora Internado La señora Rebanada

Alergia al alcohol

La señora Champán

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ALERGIA A LAS PLANTAS

Alergia al polen de los plátanos

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La señora

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La señorita

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Alergia al ciprés.

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La señorita Ciprés.

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La señora Del Listón

 

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Alergia a las

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La señora Mimosa del

 

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Alergia a las rosas

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El señor La Flor.

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ALERGIA A LOS ANIMALES.

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Alergia al pelo de perro y de gato

 

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La señora De los Pelos

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La señora Del Gato

 

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El señor Del

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La Gata Pesada.

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El Gato Blanco y Negro.

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Alergia al pelo de caballo.

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La señora

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ALERGIA A LOS ELEMENTOS.

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Alergia al agua.

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La señora Piscina

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La señora Del Baño

 

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El señor Tiza.

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Alergia al sol

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La señora De la

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La señora Sol

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El pequeño Sol

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El señor Ropavejero del Norte.

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Alergia al metal

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La señora

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La señora La Guapa

 

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LAS ALERGIAS DOMÉSTICAS.

 

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Alergia al polvo de la casa.

 

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El señor

 

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El señor Bajo la Cama

 

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Alergia a las plumas y a los

 

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Alergia al moho y a la levadura de

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Alergia al

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El señor

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Alergia a los medicamentos

 

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Alergia a la

173

Alergia a la

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Alergia al

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LAS ALERGIAS OCULARES.

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La señorita Blanco de Ojos.

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LAS ALERGIAS DEL ÁMBITO ORL.

 

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La rinitis alérgica.

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. La señora Del Viento

La niña Adelina

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La sinusitis

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La señora Sinusitis de Lyon

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El señor Infección Primaria.

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La señora

 

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Sinusitis y

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El señor Contrabandista.

 

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ALERGIAS ESTACIONALES

 

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La fiebre del heno

 

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Alergias estacionales originales

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El señor Del

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La señora

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CAMBIOS EN EL MODO DE VIDA

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Florence y René.

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LAS ALERGIAS «TRANSGENERACIONALES»

 

209

El señor La Granja

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TERCERA PARTE

 

CONDUCTA A SEGUIR FRENTE A UNA

215

• EL DIAGNÓSTICO PSICOSOMÁTICO DE LA ALERGIA

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Cómo detectar el psico-choque emocional

 

desestabilizador

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Elfactor Cómo detectar los diferentes raíles y señalar

 

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el más

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El alérgeno: el raíl principal

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. Qué hacer cuando no se encuentra

Las señales clínicas

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Qué hacer cuando se sigue sin encontrar nada

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LA TERAPIA

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El aspecto

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El aspecto práctico

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EPÍLOGO

DE LA ALERGIA A LA

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EL FENÓMENO ALÉRGICO.

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LA ENFERMEDAD.

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BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA.

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Título original: Les allergies Traducción: MicheJe Joliben La edición: mayo 2011

© 2005, Editions Bérangel

© Ediciones B, S. A., 2011 Consell de Cent, 425-427 - 08009 Barcelona (España) www.edicionesb.com

Ilustraciones interiores de Didier Bontemps

Printed in Spain ISBN: 978-84-666-4289-7 Depósito legal: B. 8.335-2011

Impreso por LIBERDÚPLEX, S.LD.

Ctra. BV 2249 Km 7,4 Polígono Torrentfondo

08791 - Sant Lloren~ d'Honons

(Barcelona)

Todos los derechos reservados. Bajo las sanciones establecidas en el ordenamiento jurídico, queda rigurosamente prohibida, sin autorización escrita de los titulares del copyright, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, así como la distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamo públicos.

PRÓLOGO

por Txumari Alfara

Me causa una gran satisfacción escribir el prólogo de Las

alergias no existen, del doctor Sellam, pues coincido con él en

que las alergias son algo más fácil de tratar de lo que parece.

Mi experiencia en psicosomática clínica de las alergias

me permite animaros a leer este libro y comprobar que es posible sanar de cualquier alergia que estéis padeciendo. En los ejemplos que expongo, basados en decenas de casos clínicos, tendréis una clara muestra de lo que intento explicaros. Mi intención en este prólogo es hacer un

adelanto del profundo estudio que el doctor Salomon Sellam ha hecho durante los quince últimos años sobre las alergias y su tratamiento a través de la psicosomática, y en el que ha demostrado que la mayor parte de las alergias constituyen duelos simbólicos. La versión médica oficial tiene razón. No hay ningu- na discusión posible porque los médicos han estudiado, como se debe, las reacciones alérgicas; han estudiado to- dos los procesos al milímetro y han concluido que es siempre el mismo. Entonces tienen razón, es correcto. No hay ninguna discusión posible con los guardia-

DR. SALoMaN SELLAM

nes de nuestra salud. Pero aun así vamos a ir un poquito más allá para buscar la causa de la causa. Encontrar la respuesta a estos temas es un camino para la sanación y la cura definitiva de las alergias. Si sufrís aler- gias y leéis este libro comprenderéis por qué de buenas a primeras desarrolláis una alergia a determinadas frutas, ciertos alimentos, metales, pelos de animales, polen, etc. Cuando por primera vez oí que para que alguien padezca una alergia primero tiene que sufrir un psicochoque, com- prendí perfectamente qué ocurre cuando un agente exter- no entra en nuestro organismo y produce una hipersensi- bilización al mismo. La primera vez es muda, exenta de síntomas físicos. Durante esta primera fase el cerebro ha detectado que mi estrés ha superado el límite tolerable. Esto para la biología significa peligro, y cuando hay un pe- ligro vaya poner en marcha un programa de superviven- cia y lo vaya grabar todo y a registrar cuanto pueda, para evitar así encontrarme de nuevo con una situación similar. Si hacéis un ejercicio de memoria, hallaréis que antes de sufrir la primera crisis alérgica estuvisteis en contacto con el agente causante de ésta y descubriréis que en un momento de vuestra vida se ha producido un:

PSICOCHOQUE EMOCIONAL DESESTABILIZADOR

¿Qué es esto? 1.° Acontecimiento de la vida cotidiana que llega de improviso, brusco, que no lo vemos venir, nos coge por sorpresa, nos pilla a contrapié, nos desestabiliza, y a me- nudo tiene día y hora. 2.° Vivido de una manera aislada y sin compartirlo con nadie, en soledad, sólo nosotros lo sentimos y expe-

LAS ALERGIAS NO EXISTEN

rimentamos Íntimamente. Aun cuando lo contemos a los demás, no nos sentiremos respaldados. 3.° Sin solución satisfactoria para nosotros, aunque quizá sí para otros. El sufrimiento nos muestra la falta de adaptación a la realidad. 4.° De intensidad dramática real, o sentido como tal. El inconsciente puede vivirlo de una manera simbólica, pero no sabe distinguir entre lo real y lo simbólico, entre lo virtual y lo imaginario. De intensidad extrema, por encima de nuestro LST (Límite Superior de Tolerancia); esto es, que supera nuestro sistema psíquico de protección. Hablarlo y expresarlo en el momento del psicocho- que anula la impresión, pues todo aquello que no es ha- blado, contado o llorado, será hablado, contado o llo- rado por el cuerpo con dolor, pues tarde o temprano nuestro cuerpo nos devuelve la memoria del drama, del dolor o del conflicto vivido, ya que ha habido una emo- ción secuestrada, bloqueada, no liberada. Veamos un ejemplo de las características de las aler- gias al polen y las gramíneas, las más comunes, a fin de ilustrar el mecanismo de aquéllas. ¿Qué simboliza el polen? El polen simboliza los amores, la reproducción, el amor. Es la parte masculina de las plantas. Detrás de la alergia al polen a menudo encontramos historias de separaciones amorosas, desencuentros afec- tivos, desamores, etc. Recuerdo el primer caso de alergia al polen (específi- camente del sauce llorón) que se solucionó con la psico- somática. En sólo una sesión se encontró el psicochoque emocional desestabilizador causante de la alergia. Imaginaos que estoy sentado en un banco debajo de

DR. SALOMON SELLAM

un árbol, con una chica de la que estoy enamorado. Es- toy tranquilo, hasta que mi estrés supera el LST. En ese momento el polen de un árbol cualquiera se adhiere a la piel o las mucosas de la nariz y ojos. El polen sigue ca- yendo y, aunque no lo veo, de pronto se produce el bio- choque: «Hoyes el último día que nos veremos. Maña- na me voy a Canarias: a mi padre, que es militar, lo han destinado allí y la familia se va con él», dice la chica. Pero nuestro cerebro registra: el polen del sauce llorón (en este caso el árbol bajo el que estábamos) que ha caí- do sobre mí se encuentra en su «fase muda», lo que sig- nifica que no nos afecta. Pero al año siguiente voy sufrir una crisis alérgica, me van a picar los oj os, voy a estor- nudar y tener problemas respiratorios, pues el incons- ciente prefiere que me preocupe de los síntomas a recor- dar la agresión, el drama y el dolor de la separación. Recuerdo también un caso de alergia al pelo de caba- llo. La padecía un amigo de la infancia con el que hacía mucho tiempo que no nos veíamos. Curiosamente, nos encontramos un 14 de febrero, San Valentín, haciendo las compras en tan señalado día. Me contó que llevaba muchos años intentando contactar conmigo para ver si podía ayudarlo. Le pregunté qué le pasaba. «Sufro una terrible alergia al pelo del caballo.» Me mostró los bra- zos, se levantó la ropa para que viese el resto del cuerpo, y la verdad es que impresionaba. Allí mismo empecé el interrogatorio de psicosomática, y la mecánica es la mis- ma. Si resultaba que hacía catorce años que mi amigo pa- decía esta clase de alergia, eso me llevó a preguntarle qué había ocurrido en su vida anterior a esos catorcé años, qué acontecimiento dramático e inesperado, que lo co- gió a contrapié, y lo vivió en soledad, guardaba relación con un caballo o con el pelo del caballo.

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LAS ALERGIAS NO EXISTEN

y de pronto su mujer exclamó: «¡Percherón!» Él, con claros signos de haberse emocionado, no podía articular palabra. Pasados unos instantes, procedió a contarme la siguiente historia: «Mi padre me dejó en herencia un ca- ballo de raza percherona con pedigrí. Era el orgullo del valle donde vivo, enviaban a las yeguas para que las cu- briese pues era un pura raza y, además, muy bonito.» Le

con ese caballo?» Se emociona

de nuevo, y es su esposa la que contesta: «Un día se lo robaron y nunca más supimos de él. Dos años estuvo en tratamiento con un psiquiatra, pues no podía superar el drama que supuso el robo del caballo que su padre le dejó en herencia.» Mi amigo recordaba perfectamente que antes de ese suceso nunca había tenido problemas de alergia con los caballos, pues con apenas cinco años ya montaba los de su padre. Para protegerlo y no vivir el drama que supuso el robo del caballo, el inconsciente generó una alergia al pelo de éste. Así, nunca más tendría que relacionarse con caballos y no reviviría el drama que había supuesto la pérdida del percherón.

pregunté: «¿ Que ocurrió

INTRODUCCIÓN

Las alergias representan una de las patologías más comunes en la práctica diaria. Después de más de veinte años de experiencia y quince dedicados exclusivamente al campo de la clínica psicosdmática, puedo afirmar que el tratamiento del fenómeno alérgico está al alcance de to- dos. En el presente libro he recogido numerosos casos clínicos simples y anónimos con el fin de que la mayoría de las personas afectadas pueda tener un referente para, en ciertos casos, mejorar su estado o incluso, literalmen- te, para curarse. En otros casos, esta primera lectura po- drá ayudarlos a tomar conciencia y a comprender las cosas de otra manera frente a una consulta especializada. Me gustaría también precisar que, de ninguna forma, la clínica psicosomática detenta en exclusiva la verdad en el campo de la salud, y mi mayor deseo es que pueda ser incorporada a la enseñanza de la Facultad de Medicina. La clínica psicosomática ofrece una nueva visión de la enfermedad y de los trastornos del comportamiento que les proponemos comparar e integrar a las demás teorías existentes, para así comprobar si les atañe, ya sean pa- cientes o facultativos. En esta obra, estudiaremos particularmente los fenó-

DR. SALOMON SELLAM

menos alérgicos más corrientes, las alergias a los alimen- tos, las plantas, el polen y las gramíneas, a los pelos de animales, el sol, el agua, el polvo doméstico, los ácaros, las plumas, los medicamentos, los perfumes, el moho, la levadura de cerveza y los metales, así como las alergias oculares, las rinitis y sinusitis alérgicas y las polinosis. El asma y el eccema, considerados asimismo enfermedades alérgicas, no serán tratados aquí por ser patologías espe- cíficas. Para redactar este libro y a fin de ilustrarlo amplia- mente, he pedido a mis alumnos y amigos, así como a otros especialistas, que relataran algunas historias típicas -algo así como unas jcincuenta!- que hayan culmina- do no tan sólo en una clara mejoría, sino en una comple- ta curación. Quisiera asimismo agradecer su fraternal colaboración a Yves Besson, Edith Brodsky, Dominique Cartan, Philippe Collard, Alain Créquigne, Laurent Daillie, Jean-Michel Dalbiez, Christian Fleche, Michel Garlantezec, Jean-Jacques Lagardet, Didier Lepatezour, Alain Pioch, Jean Platon y Didier Sevin.

ADVERTENCIA

El término «psicosomática» significa simplemente la existencia de relaciones posibles entre nuestro psiquis- mo y nuestro cuerpo, relaciones que podrían ser el ori- gen de una enfermedad. En ningún caso, y en contra de lo que se entiende normalmente, la palabra «psicosomá- tica» hace referencia a un desorden psíquico, ni tampoco a una deficiencia mental o a la locura. Este libro presenta los posibles orígenes psíquicos de la alergia. Cada historia personal se inscribe en un contexto específico y puede prestarse a la exploración por parte de un facultativo formado en clínica psicosomática. Esta obra no quiere reemplazar de ninguna manera al proceso de diagnóstico, ni da las directrices necesarias para estable- cer tratamientos adecuados que sólo un médico está habili- tado a prescribir o a modificar en función de los resultados clínicos y en particular al cese de la terapia. Asimismo, el editor y los autores de este libro no se responsabilizan de los perjuicios a los cuales se podría exponer el lector sin ha- ber consultado previamente al personal competente. Todos los casos clínicos aquí expuestos lo han sido de forma anónima para preservar el secreto profesional. Asi- mismo, todo parecido con la realidad es pura coincidencia.

VERSIÓN TRADICIONAL DE LA ALERGIA

Desde el comienzo de mis estudios de medicina, la definición clásica de la alergia, sus diferentes causas, la prevención y la fisiopatología general a partir de la cual se han originado las grandes líneas terapéuticas, no han cambiado mucho. Es cierto que numerosos investigado- res han intentado esclarecer el misterio de esta patología; y la lucha emprendida por la medicina ha hecho notables progresos. Empero, esto es lo que se puede leer en una de las muchas webs dedicadas a la alergia: «La alergia es una enfermedad que padecen hoy día cada vez más per- sonas, pero que sin embargo sigue desconocida.» Veamos ahora brevemente su historia y a continua- ción su definición.

HISTORIA

Empieza con Charles Richet quien, en 1902, intentó un experimento con un perro. Le inyectó una primera

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DR. SALOMON SELLAM

dosis de veneno que el animal soportó sin problema. Al- gunas semanas más tarde, le inyectó una segunda dosis y el perro murió al poco tiempo. Richet propuso enton- ces, a partir del griego, el término choque anafiláctico para designar un «estado contrario a la protección». En elIado opuesto, la palabra profilaxis significa un «estado de resistencia a la agresión» y ha sido ampliamente em- pleado con referencia a la vacunación. Para Richet el choque se debe a un fenómeno de sensibilización. Esta vía también ha sido utilizada por numerosos investiga- dores en el campo de la alergia, cuyas definiciones actua- les vamos a ver a continuación.

DEFINICIÓN

La alergia es una reacción excesiva e inadaptada, corno resultado de una disfunción de la regulación del sistema inmunitario de nuestro organismo -el sistema de defensa- frente a una sustancia exterior -el cuer- po extraño-, llamado generalmente «antígeno» y que aquí designaremos «alérgeno». Tornemos un ejemplo preciso: la alergia al polen de los plátanos en una joven. Cuando esta muchacha entra en contacto con ese cuer- po extraño -su alérgeno- a su propio organismo, se pone a estornudar y desarrolla una sinusitis que le du- rará vanos meses. Todo el mundo calificaría este polen corno inofensi- vo, pues, de lo contrario, nadie se atrevería a darse cita con su enamorado bajo las ramas de este maravilloso ár- bol. Para la mayoría de la gente, el encuentro puede lle- varse a cabo sin sentir picor ni comezón en la nariz o en los ojos. En cambio, para nuestra jovencita alérgica, las

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cosas ocurren de forma totalmente diferente y más exac- tamente en dos etapas. Primera etapa: la fase silenciosa, llamada de «sensi- bilización» o de «identificación del agresor». Al principio no ocurría nada. Ella no era alérgica y lo sabía muy bien. Pero un día se estableció un primer contacto cuando, sentada en el banco de los enamora- dos, acurrucada en los brazos de su amado, unos dimi- nutos granos de polen se depositaron suavemente so- bre su piel, su nariz y sus ojos, o bien cuando los inhaló por las vías superiores, la boca y la nariz. Estos granos son muy pequeños y el polen del plátano puede llegar a todas partes.

Vigilante y de guardia constante durante las veinti- cuatro horas, el sistema de defensa de la joven identificó este cuerpo extraño, el polen. Enseguida ciertas células de su sistema inmunitario se encargaron de analizarlo

y de fabricar anticuerpos específicos y silenciosos, me- morizando simplemente las características del intruso

para protegerla si se atreviese a merodear de nuevo por

el entorno.

En otras palabras, y tornando prestada una imagen del mundo policíaco o del espionaje, el sospechoso te- rrorista «Al Érgeno» (pronunciar Al corno Al Capone) ha sido interceptado por el Inspector Macrófago, un as- tuto sabueso de la brigada antiterrorista o perteneciente a los servicios secretos de espionaje, el Sistema Nacional de Defensa. El sospechoso ha sido fotografiado de fren- te y de perfil, y le han colocado un número de serie. Además, le han preguntado ampliamente sobre su te- nencia de proteínas, glúcidos, ácidos aminados o de oli- goelementos con el fin de establecer un repertorio en un archivo de penales específico e internacional. De este

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modo, jamás podrá pasar desapercibido. Hasta ahora, nada sucede en particular, pues todo se desarrolla a es- paldas de la encantadora y futura alérgica. Por esta ra- zón, esta primera fase podría llamarse «fase de identifi- cación del agresor». Veamos lo que sigue, durante el segundo contacto. Segunda etapa: la fase de hipersensibilidad alérgica o «fase ruidosa de detención y neutralización del agre- sor». Duránte un segundo contacto con este mismo alér- geno, estos anticuerpos, silenciosos hasta ahora, se vuel- ven reactivos y desencadenan una respuesta desmedida llamada «reacción alérgica», sobre la cual daremos deta- lles más adelante cuando lleguemos al aspecto fisiopato- lógico. Para retomar nuestro ejemplo con el Inspector Ma- crófago, tan pronto el terrorista Al Érgeno es detectado nuevamente, el primero pone en marcha de inmediato el Plan Vigipirato. El malhechor se encuentra en el acto ro- deado por una jauría de soldados: para arrestar a un solo hombre, el Ministerio del Interior -el control del siste- ma inmunitario- envía nada menos que ¡un batallón móvil de policías! Forzosamente eso se ve, se huele y se oye. En pocas palabras, se ha utilizado un martillo para matar una mosca. Existen reacciones alérgicas retardadas, algunas ho- ras o hasta algunos días después del contacto. Nuestra jovencita puede así desencadenar un asma, una rinitis, una comezón ocular o una conjuntivitis. Otras personas, por diferentes fenómenos alérgicos, serán más propicias a padecer urticarias, manchas cutá- neas rojas, eccemas o edemas. Las reacciones alérgicas rápidas o inmediatas -algu-

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nos segundos o algunos minutos- pueden manifestarse de una manera dramática en la forma de choque anafi- láctico o de edema de Quincke. El choque anafiláctico es un accidente alérgico bru- tal, violento y susceptible de comprometer el pronóstico vital. Testigo de un fenómeno de hipersensibilidad in- mediata, se manifiesta a través de señales de angustia, co- lapso cardiovascular, palidez, frío, dilatación vascular y baja presión arterial. Se pueden observar también seña- les respiratorias, constricciones de las vías aéreas, difi- cultades respiratorias y secreción abundante de moco. El edema de Quincke es igualmente una reacción brutal provocada por el aflujo de suero sanguíneo en los tejidos debido a una gran permeabilidad de los vasos. Cuando este edema se sitúa al nivel de la laringe se corre el riesgo de ahogo. Para concluir con estas definiciones, una persona puede ser sensible a varios alérgenos y será entonces ca- lificada con el gracioso nombre de «multialérgica».

FISIOPATOLOGÍA GENERAL

Este apartado responde a la siguiente pregunta: ¿qué ocurre exactamente en las células durante el fenómeno alérgico? Aquí entran en acción varios actores principales: cier- tos glóbulos blancos o leucocitos -los macrófagos, los linfocitos B, los basófilos y los mastocitos-, las inmuno- globulinas y la histamina. Como se verá, éste es un siste- ma perfectamente rodado desde la noche de los tiempos y en el que todo se hace por sí solo. Debo confesar que la fi- siología fue el origen de mi vocación médica.

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Los macrófagos intervienen esencialmente durante la primera fase muda de la sensibilización. Estos glóbu- los blancos desempeñan un papel primordial que les permite detectar y destruir los cuerpos extraños al orga- nismo, como son los microbios o, en este caso, los alér- genos, que llamamos a su vez «antígenos». Se los tragan, los digieren y así cumplen con su tarea de identificación del intruso. Al producirse un nuevo contacto con el mis- mo alérgeno y puesto que ya están en alerta, podrán así intervenir y llamar a sus amigos, los demás leucocitos, linfocitos B y mastocitos. Los linfocitos B, avisados por sus colegas macrófa- gos, envían a la sangre una gran cantidad de inmunoglo- bulinas, llamadas también «anticuerpos», esencialmente del tipo E, las cuales habitualmente se encuentran en pe- queñas cantidades en la sangre. Dentro de los cinco tipos diferentes de inmunoglo- bulinas (Ig), las del tipo E intervienen en los fenómenos alérgicos. Estas IgE neutralizan el alérgeno -nuestro antígeno- fijándose encima para formar el «comple- jo antígeno-anticuerpos» y dirigiéndose directamente hacia los demás glóbulos blancos -los mastocitos y los basófilos- para amarrarse ahí. Una vez efectuado el contacto, los basófilos y los mastocitos presentes en los tejidos liberan, además de otras sustancias, histamina. Es la bien conocida etapa de la «desgranulación». La histamina, normalmente presente en nuestro or- ganismo en su forma inactiva en los mastocitos y basó- filos, actúa sobre los vasos sanguíneos provocando su dilatación y la aparición de un edema tisular por hiperpermeabilidad capilar. Por esta causa, en una rinitis alérgica este edema puede ser el origen de una disminu-

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ción del olfato por anegación de los receptores olfativos. Cuando el edema es muy importante hablamos de un edema de Quincke. En el choque anafiláctico las reac- ciones cardiovasculares se posicionan en primer plano. El conocimiento profundo de esta «partitura» fisio- patológica constituye la base de los tratamientos pro- puestos para luchar contra la alergia.

LAS DIFERENTES CAUSAS

Dos causas principales se disputan el poder dentro del fenómeno alérgico: el sistema de defensa y los facto- res del entorno, entre otros, la polución atmosférica. En cuanto al sistema de defensa, acabamos de ver que es la sede de una disfunción. La respuesta inmunitaria, normalmente tranquila y discreta en la mayor parte de los casos, se vuelve aquí exagerada e inadaptada, provocando la aparición de los síntomas. Puesto que el funcionamien- to de nuestro sistema inmunitario depende de nuestros genes, la medicina concluye por tanto que las personas alérgicas poseen una especie de predisposición genética. Con respecto al factor entorno, los alergólogos de todos los países están de acuerdo en este punto. En efec- to, hace ya unos cincuenta años que los estudios interna- cionales y la práctica diaria han demostrado la existencia de un vínculo directo entre los fenómenos alérgicos y ciertos factores del medio ambiente: poluciones diversas y atmósferas viciadas conllevan la acumulación de pol- vo, ácaros, humedades y moho, entre otras cosas. Por tanto, la frecuencia de las crisis de asma aumenta más en las ciudades que en el campo y las alertas sobre polución previenen en este sentido a las personas afectadas.

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Los DIFERENTES TIPOS DE ALÉRGENOS

En la tienda de la alergia podemos encontrarnos con muchos productos, de todas clases y cuya lista no es ciertamente exhaustiva. Los alimentos llamados «trofoalérgenos»: los hue- vos, la leche, el gluten, el marisco, el pescado, la fruta, el aceite, los cacahuetes. Los medicamentos: las quimioterapias, la aspirina, los antibióticos, los anestésicos locales y generales, las vitaminas de síntesis y el yodo. Las vacunas: tos ferina, tifoidea. Las sustancias que se inhalan: los pólenes, las gra- míneas, los ácaros, las plumas o los pelos de animales. Los venenos: abejas, serpientes, avispas. Las sustancias en contacto con la piel: los champús, los detergentes, los productos de belleza, el látex, pero también el sol, el agua y los metales, ya sean preciosos o comunes.

LAS MANIFESTACIONES PATOLÓGICAS

Todos estos alérgenos pueden provocar una sinto- matología puntual en función de su tipo. Sistema respiratorio: tos, bronquitis, sinusitis, cori- za espasmódica, asma. Ojos: lagrimeo, conjuntivitis, ojos rojos, picores. Sistema digestivo: dolor, gastritis, enteritis, aftas, prurito anal. Piel: urticaria, eccema, picores, dermatitis, picadura de insecto, dermatitis de contacto. Sistema general: choque, colapso, dificultades respi- ratorias mayores, edemas.

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EL DIAGNÓSTICO DE LA ALERGIA

El diagnóstico de la alergia se plantea enseguida y con bastante facilidad cuando las señales clínicas ante- riores están claras.

A menudo, el médico de familia orienta a la persona

hipersensible hacia el alergólogo. Este último, con la ayuda de una batería de pruebas cutáneas, confirma las sospechas de su colega. En otros casos, más raros, el o los alérgenos no se identifican claramente a pesar de la multitud de pruebas efectuadas. Pero, frente a la repeti- ción estacional del fenómeno o bien ante las reacciones típicas, se puede efectuar el diagnóstico e iniciar el trata- miento antialérgico.

LA PREVENCIÓN Y LOS MEDIOS TERAPÉUTICOS

Como es de suponer, no me puedo extender sobre el tema, pero simplemente a título indicativo deseo recor- dar cuáles son las grandes líneas terapéuticas y preven- tIVas.

El tratamiento con medicación se propone en va-

rias situaciones.

• En los casos habituales, los antihistamínicos in-

tentan detener la aparición de los síntomas y son utiliza-

dos también para la prevención.

• En los casos graves -choques anafilácticos y ede-

ma de Quincke- el recurso a medicamentos más poten- tes y a la hospitalización son absolutamente necesarios. N o existen dudas sobre este punto. A los especialistas les compete administrar adrenalina, cortisona, demás antiedematosos y otras medidas de reanimación.

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~ El tratamiento de fondo, de larga duración, está principalmente representado por la desensibilización o hiposensibilización específica. Se propone para ciertas alergias concretas como las relacionadas con el polvo doméstico, polen, moho y pelos de animales, entre otros. Consiste en una inyección subcutánea de dosis progresi- vamente crecientes del extracto alergénico referido has- ta alcanzar una dosis mínima eficaz que pueda desenca- denar la formación de anticuerpos «bloqueantes», los cuales entran en competición con las IgE y protegen así al sujeto sensibilizado contra las manifestaciones clíni- cas del conflicto antígeno-anticuerpos. Cabe destacar que el tratamiento de desensibilización puede tardar va- rios años, entre tres y cinco de media.

EL TRATAMIENTO PREVENTIVO

Añadido a una toma preventiva de medicamentos antialérgicos antes y durante los períodos de manifesta- ción de los síntomas, consiste simplemente y si es posi- ble, en eliminar el alérgeno responsable.

e En primer término, hablaremos de evicción y su- presión del alérgeno. Aquí y allá se puede leer: «Lo ideal consiste por tanto en eliminar el alérgeno cuando es co- nocido; animales domésticos, plumas en la ropa de cama, cosméticos, etc. Para las alergias a los alimentos, se reco- mienda encarecidamente un régimen de evicción». CIl En segundo lugar, son necesarias ciertas reco- mendaciones para luchar contra la alergia. Hay que eli- minar el alérgeno y evitar su vuelta al entorno gracias a un programa de tareas precisas:

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- Ventilar las habitaciones diariamente con el fin de renovar el ambiente y evitar así la aparición de hu- medades que favorecen el desarrollo de ácaros y moho.

- Mantener una temperatura inferior a 20 grados para impedir el desarrollo de ácaros y moho.

- Utilizar un colchón nuevo con funda antiácaros y lavar a menudo las sábanas.

- Utilizar insecticidas antiácaros y no olvidarse de pasar la aspiradora, ya que los restos de los ácaros son muy propensos a provocar alergia.

- Pasar la aspiradora regularmente por toda la casa, al menos una vez a la semana.

- Evitar la presencia de animales domésticos en la casa, o bien lavarlos cada quince días.

En cuanto a las alergias a los alimentos, se deberá comprobar todas las etiquetas con el fin de detectar la presencia de cualquier posible alérgeno. Hasta aquí, pues, la versión clásica de la alergia. Por mi parte me adhiero totalmente a los mecanismos fisiopa- tológicos previamente descritos. Sería irresponsable po- ner en duda todos esos estudios y sus conclusiones, que han sido llevados a cabo por numerosos investigadores en todo el mundo. Veremos que las dos etapas descritas -identificación del agresor y su neutralización- tienen

numerqsos puntos en común con las dos fases de la ver- sión psicosomática. En cambio, en el ámbito de las causas

intrínsecas, «el porqué de

proponerles unas cuantas más después del resumen de esta función en dos actos llamada «La paradoja alérgica», en la que intervienen tres actores principales: el alérgeno, el sistema inmunitario de defensa y la crisis alérgica.

la a~ergia», voy a permitirme

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«LA PARADOJA ALÉRGICA»

El primer acto describe, por una parte, el primer contacto y la penetración en el organismo de un cuerpo extraño normalmente inofensivo, el alérgeno. Por otra parte, nuestro sistema inmunitario de defensa interviene rápidamente para trabajar sin descanso y con discreción tratando de identificarlo y eliminarlo. Es la fase muda de sensibilización o de identificación del agresor. Este primer acto tiene la particularidad de interpre- tarse por completo en la sombra, entre bastidores. El sis- tema inmunitario de defensa puede compararse a una es- pecie de ejército secreto donde todas las órdenes se dan en voz baja ya oscuras, para no perturbar la paz y la se- renidad de nuestro día a día. Durante esta fase de sensi- bilización, las órdenes inmunitarias responden al si- guiente imperativo: visto y no visto. Podemos sentirnos sumamente perturbados con sólo imaginar el número increíble de operaciones especiales de este tipo efectua- das por los agentes secretos inmunes -los linfocitos B y los macrófagos- particularmente entrenados para este tipo de intervenciones. El segundo acto describe un gran cambio en la trama de esta obra con la aparición en escena del ataque de alergia. En cuanto aparece el alérgeno en el escenario, la totalidad del discreto sistema subterráneo de defensa in- vade el decorado como si fuese más urgente y biológica- mente mucho más «rentable» interpretar el espectáculo a la vista de todos. En primer plano se instalan los linfo- citos B y los macrófagos, todos muy inspirados yayuda- dos por los plasmocitos y los basófilos. Declaman a viva voz y sueltan manu militari su discurso, esparciendo por doquier su artillería pesada frente a un público asombra-

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do y sorprendido ante tal demostración de fuerza. Los espectadores admiran por fin las volutas de las inmuno- globulinas paralizantes y petrificantes de tipo E y los géiseres de histamina que se derraman sobre el escena- rio, ahogando los últimos edemas. Aquí las órdenes in- munitarias comunican el siguiente imperativo: esto tiene forzosamente que verse, oírse y olerse. De hecho, es una especie de escándalo inmunopolítico revelado y desple- gado a pleno día, en la plaza pública, tal y como saben hacerlo ciertos periódicos sensacionalistas. Es la fase de hipersensibilidad alérgica o fase de detención y neutrali- zación del agresor. Es fácil imaginarlo: en la tranquilidad de la vida dia- ria, de golpe, sin previo aviso, un verdadero fuego de ar- tificio se desencadena por medio de un pequeñísimo granito de polen, de una sola molécula de café, de un pe- queño bocadito de pan, de algunos átomos de agua, de un rayito de sol, de algunos nanogramos de metal bara- to, de un pelo de gato, de perro, de caballo o de camello, de una centésima parte de salmón noruego, de una milé- sima parte de gamba del Atlántico o de cangrejo, de una millonésima parte de fresa, de una pequeña bocanada de humo, de una sola partícula de perfume, de un ácaro mi- núsculo o de un mordisquito de chistorra.

¿PERO POR QUÉ TODO ESO?

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OTRAS VERSIONES DE LA ALERGIA

No se trata aquí de detallar las demás versiones exis- tentes. A título informativo, les recuerdo que para las medicinas holísticas, como son la homeopatía, la acu- puntura o las teorías generales de salud como la naturo- patía, el «terreno» es el rey. N o cualquier persona de- sarrolla una patología alérgica, y por esta razón los facultativos que utilizan estos métodos proponen «tra- tamientos de fondo». Debo reconocer después de quin- ce años de práctica «alternativa», que estos tratamientos se muestran bastante eficaces en ciertos casos y sería una lástima dejarlos de lado. Pero, siendo como soy un eter- no insatisfecho, me hago constantemente las mismas preguntas:

¿Por qué tal persona desarrolla esta precisa enfer- medad y no una distinta? ¿Qué significado tiene el síntoma alérgico y cuál es su sentido?

¿Por qué un simple y común alérgeno -tal como un diminuto grano de polen, una sola molécula de café, un bocadito de pan, un minúsculo ácaro o un trocito de

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chistorra- puede provocar tales fuegos de artificio con todos sus disparos de estornudos, de tos, de ataques de picores o de dolor, de choques e incluso algunas veces de muertes bruscas? ¿Por qué el sistema inmunitario, normalmente tan discreto, encuentra más apropiado llamar la atención de esta manera? ¿No querrá de este modo prevenirnos de algún peligro? Les pido que recuerden esta frase:

LA CRISIS ALÉRGICA SIGNIFICA: «¡CUIDADO, PELIGRO, HAY RIESGO EN LA MORADA!»

Tal y como vamos a demostrar, la versión psicosomá- tica no se limita únicamente a la presencia del alérgeno y a sus consecuencias fisiológicas. Va mucho más allá, pues este elemento perturbador no es más que un simple testi- go desencadenante de una primera situación conflictiva y desestabilizadora, vivida con anterioridad y ocultada en- tre las capas más o menos profundas del inconsciente. La curación pasa a menudo por sacar-a la luz esta primera confrontación conflictiva que reencontramos a menudo en el historial emocional de los acontecimientos acaecidos a lo largo de la vida del individuo. Les propongo ir a su encuentro, pero antes quisiera evocar una versión que tie- ne más de cien años, la versión freudiana.

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La versión freudiana de la alergia

Pues sí, tenemos una interpretación, muy notable, dictada a principios del siglo xx por el mismísimo maestro del inconsciente, Sigmund Freud. Por cierto, aún me pregunto por qué no se enseña con claridad en la facultad de psicología y de medicina. ¡Es tan simple y lógica! Para poder presentarla, les propongo leer las palabras de nuestro amigo Jean Platon, psicó- logo clínico, recientemente formado en clínica psi- cosomática. «Todo ocurre como si estas sustancias, en principio no tóxicas para el cuerpo humano, fueran percibidas como peligrosas. Le sigue una reacción de defensa no sólo excesiva sino completamente fuera de lugar. Por ejemplo, nuestro cuerpo no tiene, a priori, por qué de- fenderse habitualmente del polen, una sustancia consi- derada entre las más naturales y que simboliza el renaci- miento (la primavera), la reproducción (la sexualidad) y también la vida. »EI fenómeno alérgico consiste ante todo en una de- fensa, ciertamente desplazada, pero que protege la inte- gridad del individuo adaptando su organismo a la reali- dad de la vida diaria. Una pregunta fundamental surge

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entonces: ¿por qué el individuo se protege de esa manera? »Se protege de esa manera excesiva y desmedida por- que ha perdido el sentimiento natural de seguridad en el mundo que lo rodea. El polen, el polvo, los pelos de ani- males, los alimentos y otras sustancias consideradas alér- genas son parte integrante de nuestro entorno. Nos vol- vemos alérgicos cuando percibimos como hostil algo que debería sernos familiar. La alergia está a menudo ba- sada en un miedo, una inquietud, un recelo o un temor -todos inconscientes-, que no tienen ninguna relación directa con el alérgeno. »Desde el punto de vista puramente psicológico, esta manifestación estaría vinculada con lo que Freud clasifi- có, dentro la lógica general del sistema psíquico de de- fensa, como represión, transferencia asociada al despla- zamiento y al mecanismo de proyección. »La represión representa uno de los mecanismos de defensa más utilizados: un acontecimiento desestabiliza- dor que sigue sin haber sido asimilado psíquicamente puede ser una fuente de sufrimiento moral, y por ello se ha ocultado por completo a la memoria. Se acomoda en- tonces en las profundidades del inconsciente con el fin de no sacudir la conciencia en caso de presentarse nue- vamente. »La transferencia del síntoma evoca el desplazamien- to y la proyección. Gracias a estos tres elementos, vamos a focalizar nuestra atención consciente sobre otro obje- to, bastante anodino -el alérgeno- para no perturbar nuestra conciencia con sentimientos originales de ines- tabilidad, de inquietud o de miedo. El mecanismo de proyección nos permite así referirnos a un verdadero culpable, a un auténtico cabeza de turco: el alérgeno. De esta forma, nuestra conciencia se tranquiliza.

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»En resumen: el síntoma alérgico es la señal de una vivencia emocional, fuente de desestabilización, que se ha vuelto inconsciente por un proceso de represión y ha sido desplazada por proyección sobre un elemento peri- férico, anteriormente neutro y anodino: el alérgeno. »Esta teoría me ha ayudado mucho a comprender el fenómeno alérgico y la utilizo desde hace años. La clíni- ca psicosomática la completa maravillosamente.» En efecto, el análisis psicosomático del fenómeno alérgico está en su mayor parte relacionado con la ver- sión freudiana centrada alrededor de la represión del episodio desestabilizador, del desplazamiento del sÍnto- ma y de la proyección sobre el alérgeno, nociones que nos vamos a encontrar a menudo en esta obra. La ver- sión psicosomática va todavía un poco más lejos cuando describe los mecanismos psico-cerebro-orgánicos ínti- mamente vinculados a este fenómeno. Esta versión se

cuando describe los mecanismos psico-cerebro-orgánicos ínti- mamente vinculados a este fenómeno. Esta versión se -37-

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encuadra dentro de una lógica del sentido común y se hace evidente para cualquier persona «abierta», tal y como lo testifican las numerosas y rápidas mejorías, e incluso las curaciones, registradas hasta la fecha por los facultativos formados en esta nueva disciplina. Despla- cémonos sin reprimir nuestro sentido común y vayamos a su encuentro.

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La versión psicosomática de la alergia,

«el aviso del recuerdo desagradable de la primera vez»

Es evidente que existen notables correlaciones entre la versión tradicional y la versión biológica. He queri- do empezar a describir esta nueva manera de ver el fe- nómeno alérgico dando pequeños pasos, para poder así aprovechar plenamente las interpretaciones y las con- clusiones expuestas para cada caso clínico en la segun- da parte. Retomemos desde el principio. Hemos seña- lado ya que existían dos etapas en la génesis de una alergia:

La primera se refería a la fase «muda» de sensibiliza- ción o de identificación del agresor, durante la cual los macrófagos identificaban el alérgeno y lo destruían. La segunda describía el fenómeno de hipersensibili- dad alérgica «ruidosa», o de neutralización y detención del agresor, desencadenada por la intrusión del alérge- no y que ponía en marcha una reacción excesiva e ina- daptada del sistema inmunitario, solicitando la apari- ción de linfocitos B, plasmocitos, basófilos, IgE e histamina. En medicina psicosomática buscamos circunstancias

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y causas más «psicológicas>/" para explicar este fenóme- no. Curiosamente, en la clínica psicosomática nos vol- vemos a encontrar con estas dos etapas distantes en el tiempo y en medio de las cuales se intercala otro sistema de defensa, que ya no es inmunitario, sino más bien diri- gido hacia el lado «psíquico».

La primera etapa silenciosa de identificación del agresor: la programación de la alergia Siempre transcurre en silencio y se relaciona con la existencia de un episodio inicial muy preciso, sacado de la vida del individuo, en el que deja huellas psíquicas. Durante el mismo, el alérgeno incriminado, que se pa- seaba por ahí, vuelve a encontrarse, sin quererlo, en el centro del debate. Respecto a la versión médica, aparece un matiz importante: no es ya la fase muda de identifica- ción del agresor sino más bien la fase de identificación de la agresión en sí, durante la cual ciertos parámetros van a ser registrados y memorizados.

El papel del mecanismo de defensa psíquica Durante esta primera fase desestabilizadora, el meca- nismo psíquico de defensa hace intervenir prioritaria- mente el mecanismo de represión ya mencionado. Ade- más, este incidente psíquicamente importante posee la particularidad de haber sido más o menos soterrado en el inconsciente de la persona alérgica, con el fin de que no se desestabilice posteriormente en el supuesto de una eventual reaparición.

':. Les pido paciencia durante algunas páginas más para después descubrir el significado de este mismo término para la clínica psi- cosomática.

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La segunda etapa ruidosa de aviso del recuerdo de- sagradable del primer episodio desestabilizador: el desencadenamiento de la alergia La crisis alérgica propiamente dicha no es más que una nueva confrontación con este mismo alérgeno que po- dríamos calificar de simple «representante» del episodio desestabilizador inicial e inconscientemente ocultado. A la manera del complejo molecular anticuerpos-antígeno de la versión tradicional, podríamos también describir la formación de una especie de «complejo psíquico» en el cual se asocian «el episodio inicial impactante y el alér- geno» para formar un dúo indisociable que completare- mos pronto. De esta forma, más adelante el alérgeno, siempre uni- do a una situación de peligro anteriormente vivida como tal, sólo sería el simple desencadenante de la reacción ex- cesiva del organismo -la crisis alérgica- puesto que este mismo acontecimiento y las vivencias emocionales vinculadas a él se arriesgarían a volver a la superficie consciente y desestabilizarían aún más la vida cotidiana del individuo en cuestión. En otros términos, el alérgeno es una simple adver- tencia de un peligro inminente, conocido pero ocultado. Por esta misma razón la clínica psicosomática interpreta la alergia como «el aviso del recuerdo desagradable de la primera vez». Sin duda, es absolutamente necesario de- sarrollar estas ideas. En cuanto a la cronología pueden darse todas las posibilidades. Así, entre las dos etapas puede transcurrir un breve instante o pueden pasar varios años. Este hecho explica a menudo la dificultad, por una parte, de rastrear la fuente conflictiva original pues el episodio inicial que- da bastante lejano en la biografía de la persona afectada.

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Por otra parte, la represión del episodio anterior en el inconsciente se refuerza todavía más puesto que este úl- timo se desplaza hacia atrás en el historial del individuo y, de hecho, le impide con mayor fuerza volver en la ac- tualidad a la conciencia. Veamos ante todo la primera etapa, el episodio inicial impactante, y después lo que éste es capaz de desencade- nar a través de la tríada «psico-cerebro-orgánica», y para terminar, el papel preciso del alérgeno.

EL EPISODIO INICIAL IMPACTANTE

Personalmente, veo las cosas de esta manera. En fun- ción del origen interno o externo de las agresiones a las cuales estamos expuestos cada día, disponemos de un doble sistema de defensa: el sistema biológico y el siste- ma psíquico. El sistema biológico!celular de defensa, o dicho de otra manera, el sistema inmunitario, está compuesto de todo un arsenal de células y de moléculas bioquími- cas. Como ya se ha dicho, este sistema nos protege de las agresiones microbianas o de cualquier otro elemento ex- terior, como los alérgenos, que detecta tan pronto pene- tran en el organismo, memorizándolos en el seno de ciertas células especializadas, como los macrófagos. Es la memoria celular. Gracias a ella, evitamos numerosas in- fecciones y además la utilizamos en el tratamiento de desensibilización alérgica y en la vacunación. El sistema psíquico de defensa, por su lado, nos pro- tege de todas las agresiones interiores esencialmente re- presentadas por los demonios encerrados en nosotros mismos. Posee sus propias leyes y su propio funciona-

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miento, que Sigmund Freud y sus sucesores han tenido el mérito de dar a conocer hace ya más de un siglo. Para empezar, nuestro psiquismo registra, en cuanto aparecen, todos estos episodios considerados por el in- dividuo -según sus propios criterios- positivos o ne- gativos. El resultado es la formación de una memoria psíquica, la cual, contrariamente al sistema inmunitario perfectamente conocido y estudiado en detalle, no ha desvelado todavía su posición exacta, la que ocupa apa- rentemente en el cerebro. ¿Dónde exactamente? No lo sé. Si alguien conoce el lugar preciso, ¡que me lo diga! Nuestra vida está en cierta forma salpicada por nume- rosos episodios más o menos impactantes. Podemos cla- sificarlos dentro de dos categorías en función del tipo de episodios experimentados y de las emociones que han engendrado: los buenos y los malos recuerdos. Poseen la particularidad de haber sido grabados e incorporados en nuestra fl1emoria mental y pueden volver a surgir en cualquier momento o ser condenados a permanecer más o menos escondidos eternamente gracias a una permeabi- lidad directiva y selectiva de nuestro sistema de defensa. Vamos a detallar un poco más esta permeabilidad.

Los «buenos» recuerdos Los acontecimientos simpáticos o felices y las sensa- ciones satisfactorias generalmente están en relación con el nacimiento deseado de nuestros hijos, con nuestra boda, con nuestros éxitos o nuestras «primerísimas ve- ces agradables», como puede ser nuestro primer amor verdadero. Esta lista no es exhaustiva y se pueden seguir añadiendo líneas y líneas, ¿verdad? Este tipo de recuerdos pueden emerger con toda faci- lidad a la superficie en nuestra vida cotidiana. En efecto,

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generalmente no presentan ningún peligro y hasta nos proporcionan sentimientos de plenitud, bienestar, beati- tud, agrado, relax, euforia, alegría, comodidad o felici- dad. Algunas veces se presentan con regularidad con el fin de disminuir nuestras preocupaciones cotidianas u ocasionales cuando los otros -los negativos que sobre- cargan nuestros pensamientos- se acercan demasiado. Cabe tener en cuenta ciertas técnicas de relajación que utilizan la rememorización de estos buenos momentos para iniciar una exploración de los malos y así evitar atro- pellar nuestro sistema psíquico de defensa.

Los «malos» recuerdos Desafortunadamente existen otros episodios de la vida que se registran en la categoría del malestar, de la desestabilización, del horror, el temor, el miedo, el en- loquecimiento, el pánico, el pavor, la inquietud, el trastor- no, la inseguridad y la pérdida de referentes o la agita- ción. Si lo juzga necesario, nuestro aparato psíquico decide ocultar una parte más o menos importante de los mismos con el fin de no verse invadido de forma cons- tante y diaria por estos demonios. Para ello disponemos de una herramienta defensiva y fundamental que es la represión, que ya hemos evocado y que vamos a com- plementar porque conocerla mejor nos evitará quedar atascados en la rotonda de la Alergia. La actividad diaria favorita y preferida de la repre- sión es impedir que estos malos recuerdos se infiltren en las capas superficiales de nuestra conciencia. Para ello, los vigila de muy cerca a la vez que, si es necesario, los mantiene en las profundidades de nuestro inconsciente. Puede decirse que, gracias a la represión, vivimos una vidá llena de buenos momentos.

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Algo más sobre la represión: ¡es incorruptible! Como los guardias de Su Majestad la reina de Inglaterra, perma- nece impasible, a pesar de las sonrisitas o de las monerías que le hagan. Asimismo, no puede ser sobornada con di- nero contante y sonante. En cambio, puede mostrarse más flexible si siente que estamos preparados para escu- char sus mensajes y poder así ver disminuida su labor de carcelero. En este caso y, de vez en cuando, se permite li- berar algunos episodios presos hasta ahora en su fortale- za interior. Porque claro, sólo pide una cosa: ayudar al máximo para que nuestra vida esté más acorde con nues- tras ideas. En el fondo, ¡no es tan mala como parece! Bueno, ¡a lo que íbamos! En cuanto a la alergia, busca- mos ante todo en el vivero de los episodios re-sentidos como negativos, para desalojar un episodio desestabiliza- dor que podría estar en el origen del desencadenamiento de los síntomas. Como se darán cuenta al leer los casos clínicos, en casi todas las historias de alergia existe talo cual episodio más o menos oculto hasta la fecha.

Primera observación sobre el término «psicológico» Este episodio inicial puede estar relacionado con todos los campos de la vida cotidiana y no tiene es- trictamente nada que ver con la psicología llamada «clí- nica» que se enseña en la universidad. Aquí, no se trata de Edipo, de Electra, de sexualidad infantil, del yo, del superyo, del yo ideal, o del ideal del yo. Aquí, se trata de la preocupación mental o de la rumia y, utilizando un lenguaje más coloquial, suelo hablar a mis alumnos o a quienes me consultan de «comerse el coco». Por esta ra- zón prefiero el término más general de «psíquico». Los relatos que siguen hablan más bien de separación brutal, de encierro en un internado, de ausencia del padre o de

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la madre, de accidentes, de ahogo, de la tristeza del re- cién nacido dejado en una guardería, de peleas más o menos violentas, de muertes y de duelos imposibles de llevar a cabo, de abortos de ayer todavía problemáticos hoy, de agresión no forzosamente sexual, de amor frus- trado, de niños jugando a médicos, de hostias que aho- gan, de medicamentos, de contrabando, de alcoholo de tabaco.

Segunda observación relativa al «complejo psíqui- co» completo: «episodio inicial desestabilizador- alérgeno-emoción»

«La vida no vale nada si se vive sin amor», decía Serge Gainsbourg en su famosa canción La javanesa. La clí- nica psicosomática retoma este verso por su cuenta y

emociones». ¿Qué es lo que nos hace vi-

brar, estremecer, latir el corazón o verter algunas lágri- mas? Nuestros sentidos son capaces de percibir nume- rosas imágenes visuales, sonoras, olfativas, táctiles o

gustativas, sean agradables o no. Gracias a nuestros ojos podemos descubrir maravillosos paisajes o atroces imá- genes de guerra. De la misma manera nuestros oídos nos permiten oír armoniosas melodías o gritos espantosos Por tanto, según nuestros propios criterios, un acon- tecimiento cualquiera de nuestra vida diaria podrá re- vestir aspectos totalmente diferentes en función de las emociones que lo acompañan. Nuestras sensaciones son únicas y es importante saber que no todo el mundo se ve afectado de la misma manera. Volveremos sobre este punto. En resumen, existe el complejo orgánico de la alergia representado por la pareja indisociable «antígeno-anti- cuerpo». Esta pareja está en el origen bioquímico del

añade: «y sin

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ataque alérgico que ya hemos explicado. Paralelamente debemos describir en detalle el famoso complejo psíqui- co de la alergia. Éste está compuesto de tres elementos unidos e igualmente indisociables: «episodio inicial de- sestabilizador-alérgeno-emoción». Vamos a verlo más de cerca describiendo las circuns- tancias precisas durante las cuales el episodio inicial, el alérgeno y la emoción se han encontrado y han pactado para lo bueno y para lo malo formando un trío insepara- ble. Para ello, nos vemos obligados a desarrollar un tema de suma importancia, pues se encuentra en el corazón mismo del fenómeno alérgico y, por extensión, en una parte fundamental de la génesis de la mayoría de las en- fermedades. iNi más ni menos! Entremos, pues, a conocer la segunda etapa: la tríada «psico-cerebro-orgánico».

LA TRÍADA «PSICO-CEREBRO-ORGÁNICO»

En realidad, la versión psicosomática de la alergia se centra esencialmente alrededor de esta tríada. Entre todos los acontecimientos grabados y presentes en nuestra me- moria desde nuestro nacimiento, sólo la exploración y el análisis de algunos de ellos nos interesarán a lo largo de nuestra encuesta psicosomática. Para acercarnos más a la realidad clínica y terapéutica, hay que decir que no cual- quier situación destacable está en el origen de una alergia

o de una enfermedad. En verdad, para que la «mayonesa» de la alergia suba correctamente, la experiencia clínica

diaria demuestra que la presencia de ingredientes específi- cos llamados «psico-cerebro-orgánicos» es absolutamen-

te necesaria. Pasemos pues a la cocina de la patología, para

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saborearlos dentro de un orden y empecemos primero por el componente «psíquico» antes de probar el «cere- bral» para pasar después al «orgánico».

EL COMPONENTE PSÍQUICO DE LA TRÍADA:

EL PSICO-CHOQUE EMOCIONAL

DESESTABILIZADOR O EL BIG BANG PSICO- EMOCIONAL

Para abrir el apetito, he nombrado al primer compo- nente de esta tríada el «psico-choque emocional desesta- bilizador», o P-CED para los íntimos. Lo volveremos a encontrar regularmente en el centro de los debates y en

la mayoría de los relatos de alergias. Por lo tanto, los in-

vito sinceramente a que se familiaricen con el término

yendo al detalle de cada una de las palabras que lo com- ponen -psico, choque, emocional y desestabilizador-

y partiendo de las definiciones del diccionario. Para

amenizar estas palabras, tomaremos el ejemplo de una situación de separación clásica donde la señora informa

al caballero que ha decidido marcharse para ir a vivir con

su amante.

BLA BLA BLA BLA BtA.••

BLA BLA BLA BLA BtA.•• •
ir a vivir con su amante. BLA BLA BLA BLA BtA.•• • -48- LAS ALERGIAS NO

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LAS ALERGIAS NO EXISTEN

¿QUÉ ES UN PSICO-CHOQUE EMOCIONAL DESESTABILIZADOR?

«Psi» viene de «psíquico» y no de «psicológico». En efecto, como lo indicaba anteriormente, aquí no se trata de psicología clínica, pues en realidad, cuando un elemen- to desestabilizador aparece en nuestra cotidianidad, es nuestro psiquismo el que primero se ve afectado. Podría:- mos, en lugar de «psiquismo», hablar de «moral». Este hombre podrá, en función de sus propios criterios, ser alcanzado en toda su estructura mental, en su estado de conciencia, en su comprensión y en su disposición a so- portar tal acontecimiento. Todo ocurre siempre en la ca- beza. En cambio, la moral de su vecino de escalera o de su colega, que no están relacionados con el asunto, no se verá tan afectada. «Choque», por definición, significa la repercusión y las consecuencias indirectas de un acontecimiento que produce una convulsión. También hace aparecer una emoción repentina, violenta e inesperada, la cual puede abrir una herida moral que se verá incrementada con el tiempo. Todo ello porque no lo esperábamos en absolu- to. Aquí, puesto que la señora no fue muy delicada a la hora de comunicar la noticia, el grado de estrés del caba- llero dio un salto de intensidad cuando llegó a sus oídos la frase juzgada por él asesina. ¿N o se dice normalmente estar en «estado de choque»? Veremos más adelante su traducción neurofisiológica y la plasmaremos en un es- quema básico bastante fácil de comprender. «Emocional» expresa una alteración soportada o una agitación causada por un intenso sentimiento de miedo, de sorpresa o de aprensión. AlIado de «emoción» yo agregaría «sensación» y «re-sentido». Les recuerdo que

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estamos en el corazón mismo de un acontecimiento in- terpretado a partir de nuestros propios criterios y que juzgamos como bastante desestructurante. Por lo tanto, en el momento del psico-choque, este hombre podrá describir ciertas sensaciones o re-sentidos que se colo- carán en el primer plano de su preocupación mental y de su rumia: desgarro, cólera, rabia, exasperación, irritación, re- sentimiento, tormento, rencilla, tristeza, pena, molestia, de- cepción, disgusto, contrariedad, amargura, rencor, pesa- dumbre, sufrimiento, disgusto, odio, abatimiento, temor, miedo, inquietud, problemas, preocupación, molestias o desencanto. «Desestabilizador» significa simplemente «que de- sestabiliza». Mirémoslo más bien desde el lado de la «es- tabilidad mental», la cual ilustra el hecho de tener una moral sólida y firme, que no vacila, y cuya conducta se ve marcada por la constancia, la permanencia y el equili- brio. Pero en este caso, después de recibir esta informa- ción repentina y totalmente inesperada, la moral del se- ñor X más bien vacilará y esta desestabilización afectará en gran parte sus certezas. Existe un factor adicional que no debe despreciarse: este señor no puede vanagloriarse de lo sucedido en su entorno y por lo tanto guardará to- dos sus «re-sentidos» en el fondo de sí mismo. Como dice la famosa frase, «Todo lo que no se expresa fuera, se imprime dentro». Para completar el tema, esta desestabilización posee algunos sinónimos que sería desafortunado dejar de lado: sobre-estrés, sinsabor, fragilización, desestructura- ción, convulsión, confusión, desorden, caos, desbarajus- te, trastorno, revolución, embrollo, vergüenza, malen- tendido, derrumbamiento o perturbación.

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TENTATIVA DE DEFINICIÓN DEL PSICO-CHOQUE EMOCIONAL DESESTABILIZADOR

¡Cuidado! En esta tentativa de definición todas las pa- labras revisten importancia. Para ello nos valdremos de los ejemplos clínicos, cuya lectura las ilustrarán cada vez. En la vida diaria, después de un período de calma re- lativa, en un instante muy preciso sobreviene brusca- mente y de manera sorpresiva una información imposi- ble de compartir con los demás en el momento de los hechos y que conllevará una profunda desestabilización en la forma de un estrés incontrolable. En otros términos, es un verdadero Big Bang psico- emocional.

EL PSICO-CHOQUE EMOCIONAL DESESTABILIZADOR DEL SEÑOR X CUANDO SU MUJER LO DEJA DE REPENTE

Hasta que su mujer se lo comunicó, el señor X sentía una calma interior relativa. En un momento preciso, su vida se desbarajusta bruscamente y de forma inesperada por la intrusión de esta información desestabilizadora para su forma de pensar y que él no puede expresar. Nota: nuestra capacidad para encauzar las olas emo- cionales invasoras de nuestra economía mental varían de un individuo a otro en función de cierto número de cri- terios, principalmente representados por la maduración de nuestro sistema de defensa. Por ello, un niño será más vulnerable a ciertas palabras o regañinas mientras que esas mismas palabras de reprimenda no tendrán efecto en un adulto.

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Aquí la educación y el entorno familiar en el cual he- mos crecido tienen una gran importancia. De igual ma- nera, un adepto a la relajación, al budismo zen, a la me- ditación o, simplemente, un carácter calificado de «positivo» será menos propenso a sufrir una desestabili- zación mental, sin por ello estar vacunado contra todas las ofensas repentinas e inesperadas. Veamos ahora lo que ocurre en el instante mismo del psico-choque.

EL COMPONENTE NEUROFISIOBIOLÓGICO DE LA TRÍADA:

LA GESTIÓN NEUROFISIOLÓGICA DEL SOBRE-ESTRÉS

En mi curso general de clínica psicosomática, cada vez que toco este tema me veo obligado a evocar el estre- sograma que los lectores de mis primeras obras conocen bien. Aquí, me gustaría simplemente adelantarme a las siguientes preguntas:

¿QUÉ OCURRE EN EL ÁMBITO NEUROFISIOBIOLÓGICO EN EL MOMENTO DEL PSICO-CHOQUE?

Esta parte del planteamiento no está muy divulgada en el mundo de la salud y, con mayor razón, entre el pú- blico en generaL Por mi parte, la considero la piedra an- gular de todo el edificio psicosomático del fenómeno alérgico. Abramos poco a poco esta puerta de cristal, to- memos los senderos alumbrados por el brillo de mil pé-

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talos multicolores y adentrémonos en las inmensidades verdes y frondosas donde bosteza todavía un sol dorado recién salido del sueño de la noche, estirando sus largos y deslumbrantes rayos para darnos a conocer una lumi- nosa y nueva fisiología neurobiológica. En cuanto evoco el tema, mi lirismo instintivo surge sin que pueda yo ha- cer nada al respeto. Durante el psico-choque, las instancias psíquicas y neurofisiológicas cerebrales graban una subida repentina de la intensidad del estrés -de la desestabilización o del disgusto- re-sentido por la persona afectada. Podemos hablar entonces de un «sobre-estrés» pues esta intensidad sobrepasa vivamente las normas propias de esta persona. Se puede imaginar fácilmente: en un instante dado y preciso en el tiempo, la curva del estresograma llega, sin avisar, a unas cimas jamás alcanzadas. En mi curso, ha- blo a menudo del Scud en honor a este tipo de misil que llega sin ser invitado y que produce muchos daños. Por añadidura y para que mis alumnos me entiendan, utilizo también un verbo creado para la ocasión «scudefiar» o bien su participio «estar scudefiado». Aquí tenemos el estresograma básico del hombre de nuestro ejemplo «scudefiado» por su mujer.

., BtA BtA BtA BtA BtA.••
.,
BtA BtA BtA BtA BtA.••

Estresograma del señor X antes del P-CED.

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Sobrepasar el límite superior de tolerancia repre- senta la llave que nos abre las puertas de las tierras misteriosas de la clínica psicosomática

~~.

SLA SLA.•• ¡POR c/tRíO, re r>EJO! Me VOY CON feLIPE,. •• -- &1 -.--, ••
SLA SLA.•• ¡POR
c/tRíO, re r>EJO!
Me VOY CON
feLIPE,. ••
--
&1
-.--,
••

Estresograma del señor X en el instante del P-CED.

¿POR QUÉ EL ESTRESOGRAMA CONSIGUE ALCANZAR ESTAS CIMAS?

La experiencia clínica fundamentada en la escucha de miles de historiales nos demuestra la existencia de tres grandes ámbitos que pueden influir profundamente en nuestro ámbito mental y así desestabilizarnos de una u otra forma. Por orden creciente de frecuencia hemos precisado su impacto sobre la intensidad de nuestra ten- sión psíquica. De hecho, y dentro de cierta lógica, se co- rresponden con nuestras esferas de intereses colocán- dose en sitios cada vez más cercanos a nuestra más profunda intimidad. Algunas veces pueden tan sólo ro- zarnos y otras nos impactan profundamente. Los acontecimientos lejanos pueden estar represen-

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tados por guerras, catástrofes naturales o ecológicas. Como se sabe, sólo ciertas personas se sentirán fuerte- mente tocadas por un chapapote, un terremoto en Tur- quía, en Irán o en Argelia, o un tsunami en Asia. Claro que nuestro corazón no es de piedra y nos vemos pro- fundamente afectados. Esto puede empujarnos a partici- par en la ayuda internacional pero, si miramos más de cerca, nuestra economía psíquica no se siente afectada en lo más profundo de nosotros mismos. Es muy raro que se desencadene un seísmo psíquico a la vista de un pája- ro recubierto de petróleo, de una casa destruida o de un carro de combate echando chispas. En cambio, cuanto más nos acercamos a nuestro ombligo psíquico -nues- tra intimidad y lo que atañe a nuestro corazón- más posibilidades tenemos de vernos desestabilizados. El campo profesional empieza ya a tomar posición sobre la línea de salida de la enfermedad. El paro, las desvalorizaciones, los cambios de puestos de trabajo de- seados o no, las incertidumbres, las rivalidades entre co- legas o las órdenes inoportunas de jefes de empresa pue- den estar en el origen de una enfermedad en general y de una alergia en particular. Todo el mundo estará de acuer- do en decir que este campo representa para todos una fuente de desequilibrio psíquico. Vayamos ahora al depósito más grande de Scud: el ámbito afectivo. El ámbito afectivo representa por sí solo la reserva más grande de desestabilizaciones que nos llevará a la puerta del médico alergólogo. Son testigos de ello la ma- yoría de los casos clínicos que tendrán la posibilidad de descubrir más adelante. Una sola palabra podría resu- mirlas: drama. Porque es casi siempre alrededor de un drama, de u~a información que lo desbarajusta todo o

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de una situación re-sentida como dramática, que se construyen los cimientos de una enfermedad. Por añadidura, nuestro grupo de investigación clíni- ca ha destacado y clasificado todos estos dramas en tres categorías distintas para que podamos ver mejor cada caso particular.

1. Los dramas biográficos primero conscientes y después reprimidos en el inconsciente: son los psico-choques emocionales desestabilizadores inscritos en la biografía de la persona desde su na- cimiento. Ha sido afectada en lo más profundo en un momento dado de su vida y por medio de los mecanismos de defensa del aparato psíquico -la represión, entre otros-lisa y llanamente los ha escondido con el fin de no desestabilizarse de nuevo. Esta represión defensiva puede ser más o menos importante. En las alergias, esta categoría es la más visitada. Nos encontraremos de nuevo con los Scuds de la separación brutal, de la muer- te, de los duelos imposibles de hacer o, simple- mente, con episodios de la vida diaria, como pue- den ser las marginaciones dentro de la familia, las disputas explosivas o soterradas, el alcoholismo, los tocamientos, las violaciones, los incestos, etc.

2.

Los dramas totalmente inconscientes ocurridos durante nuestra estancia intrauterina: es la no- ción de proyecto/sentido que desarrollaremos en la segunda parte para ilustrar ciertos casos.

3.

Los dramas transgeneracionales totalmente in- conscientes: pertenecen a nuestra historia familiar y los individuos están simplemente vinculados a los personajes que se han visto profundamente

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afectados en su época. Algunas de las historias re- latadas ilustran la existencia de esta memoria ge- nealógica.

Abordemos ahora el corazón del corazón de la nueva neuropsicofisiología que propone la clínica psicosomá- tlca.

LA REACCIÓN NEUROPSICOFISIOLÓGICA PROPIAMENTE DICHA

Describe los mecanismos más íntimos de la génesis

de la alergia. Como ya hemos visto, la fase silenciosa de

sensibilización o de identificación del agresor en la me-

dicina clásica se transpone, en clínica psicosomática, a una fase de identificación de la agresión en sí misma. De ahí la importancia que puede llegar a tener en el seno de esta nueva teoría. Personalmente, he quedado anonada-

do

por su precisión a medida que la iba comprobando en

mi

práctica diaria.

Cerebro e inconsciente biológico Sin ser especialistas en la materia, podemos pensar de

todas formas que la teoría de la evolución de las especies

ha desembocado en un sistema fisiológico de funciona-

miento donde, para algunos, el cerebro es el monarca absoluto. En efecto, una persona con una sola pierna o

sin ninguna de ellas, un ciego, un sordo o cualquier otro

lisiado físico, puede vivir, pensar o soñar gracias a la in-

tegridad de este órgano central. Por mi parte, prefiero más bien confiar este papel principal a nuestro incons- ciente biológico, el cual evidentemente habita el mismo

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lugar, el cráneo. De hecho, todo esto no es más que una simple visión de las cosas y saber quién de los dos dirige las operaciones no tiene mayor importancia. Lo que es seguro es que todo ocurre bajo la bóveda celeste que re- presenta nuestro cráneo. A la espera de nuevas teorías, hoy se piensa que este inconsciente biológico se ha formado progresivamente en el curso de épocas anteriores y particularmente desde hace unos cientos de miles de años. Por medio de expe- riencias sucesivas, se ha moldeado alrededor de una pa- labra clave para poder presentarse tal como es en la ac- tualidad. Esta palabra clave es «supervivencia». De todas las experiencias pasadas, sólo se ha quedado con las que le han permitido el mantenimiento de la vida sobre la tierra a través de los mecanismos de adaptación. El estu- dio del comportamiento de nuestros amigos los anima- les es la mejor prueba de ello. Una pequeña observación interesante: este incons- ciente biológico tiene un amigo íntimo, el inconsciente psicológico, mal revestido de varios nombres tales como freudiano, lacaniano, junguiano, etc. Por mi parte pien- so que se codean a menudo, pero ésa es otra historia que podrán leer en cuanto tenga tiempo de aplicarme a ella.

El papel del inconsciente biológico Pero, por cierto, ¿qué hace a lo largo de todos los días y de todas las noches? Supervisa y toma las decisio- nes que se imponen cuando una situación lo requiere y lo hace simplemente para protegernos. Pierre Mendes France se inspiró seguramente en él cuando decía: «Go- bernar es elegir y decidir.» Veamos cuáles son sus activi- dades, sus elecciones, sus decisiones. ¿Saben que un número incalculable de reacciones, de

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operaciones de toda índole, se efectúa en cada instante sin que nos demos cuenta o nos preocupemos por ello? Unos «controladores cerebrales» de todas clases revisan sin pausa sus pantallas con el fin de avisar a las instancias superiores de cualquier modificación inadecuada o im- prevista que pudiese afectar a los parámetros que están encargados de verificar con el fin de supervisar la evolu- ción de los mismos en cada momento. Por ejemplo, usted ha preferido apagar el televisor o la radio y está cómodamente instalado en la butaca, con este maravilloso libro en una mano y un aperitivo en la otra. El controlador del ritmo cardíaco no se extraña cuando visualiza, dentro de unos límites razonables, los latidos de alegría que le proporciona la lectura. El encar- gado de controlar su tono muscular se adormece ante tal flojedad en la musculatura de las piernas. El controlador de la actividad intelectual está complacido, pues registra picos de descubrimientos y de total satisfacción, ¿ver- dad? En cambio, el que está a cargo de controlar el nivel de alcoholemia empieza a inquietarse seriamente. Hay que tomar nota de que cada pantalla de control está provista de un botón de urgencia que el supervisor debe accionar obligatoriamente en el caso de que las constantes llegasen a sobrepasar los umbrales fijados por la Dirección. En este caso, el sistema de alerta se pone en marcha y no es ya cuestión de confiar la gestión de la crisis a un único controlador. El jefe de operaciones especiales se ve alertado de inmediato y, después de un breve análisis de la situación, pone en marcha decisiones estratégicas y escoge intervenir con un lema inmutable desde la noche de los tiempos: sobrepasar los umbrales significa peligro extremo. Y, de repente, todo se pone en

su SItIO.

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El traspaso de los umbrales de tolerancia Es en este estadio cuando nuestro inconsciente bio- lógico lleva a cabo una identificación minuciosa de la agresión. Hay que destacar que durante este psico-choque emo- cional desestabilizador nuestro inconsciente biológico moviliza todos sus recursos neurofisiológicos como si estuviese en un estado de alerta máxima, como si se en- contrara en situación de extremo peligro. En consecuen- cia, graba todos los parámetros presentes en este instante preciso con la ayuda de los órganos de los sentidos y del pensamiento, como si existiese una especie de Ministerio de Información a cuya sede llegasen todos los datos. Por lo tanto, durante este paro de imagen se memorizan per- fectamente varias bandas de registro que llamaremos, en nuestra jerga, «raíles» del psico-choque. Vamos a ver en detalle este punto primordial sin por ello ser exhaustivos.

- La band~ de sonido graba todo lo que oímos: los ruidos, las voces o los gritos con sus frecuencias, entre otras cosas.

- La banda de vídeo graba todo lo que vemos: el pai- saje, los colores, el lugar, los protagonistas, el tiem- po, lo que estamos leyendo, etc.

- La banda olfativa graba todo lo que olemos por la nariz: los olores, claro está, pero también todos los elementos en contacto con la mucosa nasal tales como el polen y el polvo, entre otros.

- La banda gustativa graba todo lo que está en con- tacto con nuestra boca, lo que estamos probando, principalmente los alimentos.

- La banda táctil graba todo lo que percibimos a tra- vés de la piel, todo lo que está en contacto con ella.

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- La banda pensante graba todo lo que estamos pensando en el mismo instante del psico-choque y resume en algunas palabras clave lo que califica- mos fácilmente como re-sentido(s).

También hemos observado que nuestro inconsciente biológico puede inscribir ciertos factores temporales ta- les como la estación, la fecha exacta, la hora o la edad. Por último, todas las grabaciones se juntan en un do- sier único llamado «Mi psico-choque emocional de- sestabilizador», el cual se deposita en un lugar seguro bajo la bóveda craneal. Podemos igualmente comparar esta grabación con las que se efectúan en la aviación, donde se guardan todos los parámetros consignados en cajas negras durante el vuelo.

OBSERVACIONES:

Primero, las grabaciones son de una precisión in- creíble, aunque no tengamos conciencia de las mismas. Prueba de ello es que un minúsculo grano de polen o bien algunas moléculas de agua son automáticamente consignadas en nuestra memoria aunque nos parezca improbable. Segundo: aunque estos parámetros se hayan grabado perfectamente, algunos predominan de manera notoria y, en la mayoría de los casos clínicos, uno solo se cuela en primera fila del escenario desestabilizador. En nuestra jerga, este único elemento destacado se llama «raíl principal» asociado al psico-choque. Para la biología, este raíl principal es el alérgeno propiamente dicho, el cual nos lleva al esquema básico siguiente:

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S~ (3tUete:tú \ \ í!<e-~~) I ~(IUL, timae~.'~ ¿No les recuerda esto a otras prácticas? A

¿No les recuerda esto a otras prácticas? A título in- formativo, los servicios de la Policía Nacional, los de la Brigada Antiterrorista o del Ejército se inspiran instinti- vamente en las prácticas milenarias del inconsciente bio- lógico, ¡excepto la discreción! ¿Qué ocurre en el momento de un atentado o de un crimen? Se interroga a los testigos que deben descri- bir todo lo que han visto, oído, comido, sentido con la piel o la nariz, sin olvidarse de describir las circunstan- cias del drama así como su(s) re-sentido(s). Nuestros amigos de Estados Unidos que vivieron la tragedia del World Trade Center -su psico-choque emocional de- sestabilizador colectivo- se han inspirado ampliamente en ello. Han cerrado a cal y canto su territorio nacional y han querido identificar a todo el mundo con el fin de dar con un eventual terrorista malintencionado.

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EL COMPONENTE ORGÁNICO DE LA TRÍADA:

EL EDEMA Y SU SENTIDO PSICOSOMÁTICO

El edema representa por sí solo una gran parte de la afección orgánica durante una reacción alérgica. Vaya- mos a su encuentro.

¿QUÉ ES UN EDEMA?

Por definición, un edema es una acumulación anor- mal de líquido seroso en los espacios intercelulares del tejido conjuntivo. Como es sabido, nuestro cuerpo está constituido por un 80 % de agua, más o menos. Así que, y en contra de las apariencias, isomos más líquidos que sólidos! Este líquido se reparte esquemáticamente en tres grandes depósitos:

1.

En el interior de los vasos sanguíneos: es ellíqui- do intravascular.

2.

En el interior de las células: es el líquido intrace- lular.

3.

Entre las células: es el líquido intersticial que na- vega en el tejido conjuntivo y que se encuentra particularmente bajo la piel y las mucosas, entre otras cosas.

Vamos a interesarnos por el último depósito. Nues- tros tejidos están más o menos ahogados en líquido, en proporciones variables, ya se trate de un lugar u otro del organismo. Un edema puede detectarse en los tejidos mientras el volumen del líquido intersticial no haya re- basado en un 30% su valor habitual. Dos causas se des- criben normalmente:

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1.

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El aumento de la presión arterial, que invita al suero a salirse de los vasos sanguíneos para ex- pandirse en los tejidos.

2. El aumento de la permeabilidad capilar.

Esta segunda causa predomina en los fenómenos alérgicos. Cabe recordar aquí las consecuencias de la secreción de histamina. Decía anteriormente: «La hista- mina, normalmente presente bajo su forma inactiva en nuestro organismo en los mastocitos y basófilos, actúa sobre los vasos sanguíneos provocando su dilatación y la aparición de un edema tisular por hiperpermeabili- dad capilar.» El edema será tanto más importante cuan- to mayor sea la cantidad de histamina liberada. En fun- ción de su localización, veremos aparecer aquí y allá una rinitis alérgica origen de una disminución del olfa- to con receptores olfativos anegados, una urticaria con comezón cutánea, etc. En otros casos, el pronóstico vi- tal puede estar en juego, como en el caso del edema de Quincke, en el que el líquido intersticial invade brusca- mente la garganta pudiendo causar señales de angustia respiratoria, o en el caso del choque anafiláctico, donde predominan las reacciones cardiovasculares durante el colapso.

¿CUÁL ES EL SIGNIFICADO PSICOSOMÁTICO DEL EDEMA?

Para la clínica psicosomática posee dos significados precisos: primero, el edema nos permite tomar una cier- ta distancia con un evento o una situación desestabiliza- dora, y, en segundo lugar, en relación con el metabolismo

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del agua en el organismo, nos encontramos con el signi- ficado psicosomático de la función renal de excreción y la temática de los canales colectores de los riñones.

El distanciamiento Cada síntoma tiene un sentido muy preciso que adi- vinaremos gracias a las consecuencias clínicas y patoló- gicas que conlleva. En la mayor parte de los casos, el sentido biológico del edema se resume en: «No quiero o

so pena de re-sentir de

nuevo un gran sufrimiento.» Veamos varios ejemplos:

En una rinitis alérgica, la señal principal son los es- tornudos y la desaparición del olfato. Para nosotros, esta patología significaría indirectamente: «No quiero o no puedo ya oler algo» para el olfato y «Quiero expulsar algo fuera de mi territorio» para el estornudo. En pre- sencia de estornudos, nos orientaremos hacia una pro- blemática donde se desea echar a un intruso del propio espacio de seguridad o de libertad. En la conjuntivitis alérgica, el lagrimeo y el picor nos impiden ver correctamente. Por lo tanto su signifi- cado podría ser: «No quiero o no puedo volver a ver algo desestabilizador.» La expresión «perder de vista» retoma aquí todo su sentido. En la dermatosis alérgica, el edema engrosa la piel y anega los receptores cutáneos, lo que biológicamente puede significar: «No quiero o no puedo estar en con- tacto con algo o alguien.» Para el edema de Quincke, las principales señales de alarma se sitúan a la altura de la garganta. Iremos en bus- ca de una problemática de secreto familiar, de algo no di- cho, de memorias de ahogo, de ahorcamiento, de estran- gulamiento con el cordón umbilical alrededor del cuello

no puedo estar en contacto con

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durante el parto de la persona afectada o de un ascen- diente, entre otras cosas. En lo relativo al choque anafiláctico, podríamos pensar que estamos ante una problemática de las más dramáticas, la cual se nos propone elucidar para una pre- vención después del paso obligado por la reanimación. Para estas dos últimas patologías, existen también otros significados más específicos en correlación con el historial de la persona en cuestión y que sólo una explo- ración minuciosa podrá detectar.

El metabolismo del agua y la función renal Aquí tenemos las palabras clave de esta problemática cuya consecuencia biológica puede llevar al hecho de conservar agua en el interior del organismo y ser así una fuente de edemas: sensaciones de haberlo perdido todo, de derrumbamiento de la existencia, de pérdida de refe- rentes, de existencia marginal, de miedo, de estar enfren- tado a la nada. Por lo tanto, en cada actividad conflictiva donde nos encontramos con estas sensaciones, el sistema renal impedirá la normal evacuación del agua. Vayamos a este último punto que nos informará sobre el papel del alérgeno.

EL PAPEL DEL ALÉRGENO:

LA ECUACIÓN «PSICOSOMATEMÁTICA» DE LA ALERGIA

Empecemos por un pequeñísimo recordatorio relati- vo al complejo orgánico de la alergia. Está representado por la pareja inseparable «antígeno-anticuerpo», que se transpone para nosotros en el complejo psíquico de la

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LAS ALERGIAS NO EXISTEN

alergia: «episodio inicial desestabilizador-alérgeno- emoción». Este complejo ha evolucionado progresiva- mente en «psico-choque emocional desestabilizador-raíl principal!alérgeno». Por lo tanto, algunos instantes después de este psico- choque o mucho tiempo más tarde, el individuo puede verse obligado, a pesar suyo, a codearse con uno o varios de estos elementos que se han clasificado en los archi- vos de la desestabilización grabados durante el psico- choque y particularmente con el raíl principal, el alérge- no. Éste o estos últimos pueden afectar, como hemos visto, a todas las categorías de memoria, sean visuales, auditivas, gustativas, táctiles o auditivas, y aloa los resen- tido(s) asociados, así como a ciertos factores temporales (fecha, edad, etc.). El inconsciente biológico, alertado, en su deseo de no ser cogido desprevenido como la primera vez, desencadena un cierto número de reacciones más o menos fuertes -particularmente el edema-, lo que lla- mamos normalmente el «fenómeno alérgico».

De hecho, el alérgeno sólo cumple un papel de re- cordatorio del psico-choque emocional original y desestabilizador.

Tal y como he mencionado al principio, la crisis alérgica significa: «Cuidado, peligro, hay riesgo en la morada.» Por esta misma razón, la alergia representa el aviso de la inminencia de un peligro, es decir, que efecti- vamente es la solución más adecuada para prevenir al in- dividuo de su nueva confrontación con una situación que se memorizó como peligrosa en una experiencia an- terior. De hecho, tan pronto la persona detecta la infor- mación asociada -el alérgeno-, su biología intenta ad-

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vertirle que no tardará mucho en caerle el cielo sobre la cabeza. La alergia es por lo tanto como una sirena de alarma de un sistema contra incendios que hubiera detec- tado el primer humo representado por la presencia del alérgeno en el entorno. Para retomar una metáfora informática, tan pronto el alérgeno penetra en el organismo, intenta abrir el archi- vo del psico-choque escondido en la memoria del orde- nador que,para evitarlo, preferirá provocar una reacción en cadena que nos llevará a una avería para así impedir- nos leer los elementos descriptivos del susodicho psico- choque. Toda esta demostración para llegar a una ecuación de las más simples que se encuentra en la mayor parte de los casos clínicos.

Sensibilización y programación de la alergia con formación del complejo psico-choque emocional desestabilizador original + alérgeno

~

Hipersensibilización y desencadenamiento de los síntomas Alérgeno =Recordatorio del psico-choque emocional desestabilizador original

Desde un punto de vista práctico, el alérgeno es tan sólo un elemento revelador y nos servirá únicamente como punto de entrada en esta patología cuyo centro neurálgico es el psico-choque emocional desestabiliza- dor. Por lo tanto, y a título de ejemplo, en el caso de la

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LAS ALERGIAS NO EXISTEN

jovencita alérgica al polen del plátano deberemos ir a buscar lo que ocurrió exactamente cuando estaba senta- da con su pareja en el banco de los enamorados. La con- tinuación puede leerse en su relato en la segunda parte. «¿ Cuál hubiera podido

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Para terminar, v~a-

mos este esquema básIco I

que volveremos a encon- trar en la mayoría de los historiales clínicos que pueden leerse en la segun- da parte.

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CASOS CLÍNICOS

Con la ayuda de mis alumnos y colegas amigos, he podido reunir numerosos casos clínicos de alergia que acabaron en una gran mejoría ya veces en una clara cu- ración. Veamos el programa:

Las alergias y las intolerancias a los alimentos: fresas, café, pato, leche de vaca, leche de soja, productos lác- teos en general, pescado, gambas, cigalas, gluten y al- cohol. Las alergias a las plantas, a los pólenes y gramíneas:

plátano, ciprés, mimosas y rosas. Las alergias a los pelos de animales: perro, gato y caballo. Las alergias a los elementos: agua, sol y metales. Las alergias domésticas: polvo del hogar, plumas, moho y levadura de cerveza, ácaros, medicamentos, perfu- mes y tabaco. Las alergias oculares: conjuntivitis. Las alergias de la esfera otorrinolaringológica: rinitis, fiebre del heno, sinusitis y pólipos. Los cambios en el modo de vida Las alergias transgeneracionales

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ALERGIAS E INTOLERANCIAS A LOS ALIMENTOS

Son frecuentes y fuentes de numerosas molestias. La alergia a los alimentos propiamente dicha se manifiesta muy rápidamente después de la ingesta del alimento re- lacionado. Así, la fresa o el marisco pueden provocar una reacción inmediata después de haber sido absorbi- dos, la cual puede llegar al choque anafiláctico. En cam- bio, la intolerancia a los alimentos se encuentra en el ori- gen de los síntomas más tardíos, algunas horas después de su consumición. Algunas veces reviste una forma fur- tiva debido a una sensibilización oculta y crónica. Puesto que el principal tratamiento que se propone es preventivo, se trata pues de evitar la ingesta del alérge- no. Esta eliminación pasa obligatoriamente por una die- ta de evicción, que algunas veces resulta difícil de mante- ner cuando el alérgeno queda enmascarado, claramente inidentificable pero potencialmente presente en los ali- mentos corrientes. Por lo tanto, eso requiere que las per- sonas afectadas deban inspeccionar escrupulosamente las etiquetas que indican la composición de los alimen- tos, con el fin de desalojar el «alérgeno/culpable», causa de todas sus pesadillas. Algunos pasarán así más tiempo

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estableciendo una lista de los componentes que sabo- reando el alimento propuesto. Para facilitar la tarea, los empresarios de la agro alimentación se han puesto hace poco a preparar platos sin alérgenos. Pongámonos en el lugar de los afectados: el riesgo de ahogarse, de rascarse horas enteras, de ponerse como un tomate, de doblarse en dos con dolores abdominales o en- contrarse en Urgencias por un edema de Quincke al bor- de de la muerte, justifica plenamente esta meticulosidad. He empezado la descripción de esta patología por las alergias a los alimentos. Por una parte son muy fáci- les de comprender y por otra, de integrar. Como lo re- pito a menudo en mi curso de clínica psicosomática, si se entiende el proceso psicosomático de estas alergias, se podrá extender su modo de razonamiento a todas las de- más y, la guinda del pastel, a un gran número d~ enfer- medades. No cuento ya el número de curaciones que han acontecido durante los primeros días de seminarios. Las alergias a los alimentos son un ejemplo perfecto para ilustrar esta nueva manera de considerar las enfermeda- des. Por el momento, vamos al encuentro de la cesta na- videña que he preparado con amor y mucho humor.

ALERGIA A LAS FRESAS

Entre los numerosos ali- mentos que pueden convertirse en alergizantes, empiezo siem- pre con el magnífico relato del señor La Fresa. Les pido seguir de cerca este razonamiento porque es siempre el mismo en

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cerca este razonamiento porque es siempre el mismo en -76- LAS ALERGIAS NO EXISTEN la mayoría

LAS ALERGIAS NO EXISTEN

la mayoría de los casos expuestos y no tendremos así ne- cesidad de entrar en detalles de forma tan meticulosa. Vuelvo a retomar todo desde el principio a pesar de que se pueda pensar que es una repetición de lo que ya he- mos visto. Tal y como me decía un profesor de historia y geografía, una buena enseñanza consiste simplemente en repetir muchas veces lo mismo, pero de forma diferente con el fin de darle la vuelta al tema. Instintivamente he seguido su consejo durante veinticinco años. Escuche- mos a este señor que se desplazó desde Perpiñán para elucidar su alergia.

EL SENoR LA FRESA

«Soy representante de pinturas especiales como las que se utilizan en las industrias de la aviación o del auto- móvil. Somos tres sociedades europeas para la distribu- ción de este tipo de producto y mi área comercial es bas- tante extensa. Paso la mayor parte de mi tiempo entre Londres, París, Frankfurt, Roma, Madrid y Lisboa, y como es lógico tengo que organizar a menudo comidas de negocios. Imagínese mi calvario cuando tengo que preguntar a los maltres la composición exacta de los pos- tres, pues la mínima parte de una fresa puede llevarme al servicio de Urgencias del hospital más cercano por cau- sa de una crisis de ahogo al borde del edema de Quincke. »La primera vez que me pasó creí que me iba a morir. Estaba en Perpiñán en una comida familiar, el pasado mes de mayo. Mi hermano tuvo la feliz idea de hacernos probar las primeras fresas del año. Como yo, él no sabía que podía serme fatal. Tuvieron que ingresarme en Ur- gencias, y el médico en reanimación estableció enseguida

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su diagnóstico: alergia a las fresas. Según él nos comentó, a principios de mayo es clásico. Desde entonces siempre llevo encima un juego de jeringas con Soludecadrón'· del que no me separo nunca. »He leído su libro'''· con mucho interés, pero me gus- taría saber un poco más acerca de la alergia a las fresas.» He oído esta última frase un sinnúmero veces. En lu- gar de «alergia a las fresas» podría mencionarse cual- quier otra etiqueta médica o psicológica. Este primer ejemplo nos servirá como modelo de acercamiento a to- das las alergias.'·'·"· Como indica la teoría de la clínica psi- cosomática, nos esforzaremos para encontrar de nuevo la ecuación «psicosomatemática» siguiente:

Sensibilización y programación de la alergia con la formación del complejo psico-choque emocional original desestabilizador + fresa

~

Hipersensibilización y desencadenamiento de los síntomas Fresa =Recordatorio del psico-choque emocional original desestabilizador

Después de la escucha, empiezo generalmente mi discurso de la manera siguiente. En el análisis psicoso- mático de la mayor parte de las enfermedades en general

Potente corticoide utilizado en Urgencias con formas gra- ves de alergias. 'é'é «Entrevistas psicosomáticas», Ediciones Bérangel. :;-:;-'é Por extensión y en una segunda fase servirá de ejemplo para empezar a comprender un gran número de enfermedades_

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y de las alergias en particular, podemos poner de relieve

una situación a menudo vivida en la realidad acompaña- da de un choque emocional desestabilizador, completa- mente inesperado, no previsto, el cual es imposible com- partir o expresar en el momento de los hechos. He

llamado a este instante particular el psico-choque emo- cional desestabilizador, una especie de Big Bang psico-

emocional. Generalmente la gente dice que su vida ya no ha sido la misma desde este instante preciso de desesta- bilización psíquica y hasta le suele poner una fecha con notable puntualidad. Mencionan a menudo el día y la hora, y algunos hasta el mismísimo minuto. Hay gene- ralmente un antes de su psico-choque: «Nada especial»,

y un después de su psico-choque: «Ahora ya nada fun-

clona.» Durante un tiempo dan vueltas 1l).entalmente al acon- tecimiento y algunos se preocupan constantemente, de noche y de día, lo que puede acarrear un cierto grado de disminución de su nivel de vigilancia. La primera fun- ción del inconsciente es proteger al individuo con el fin de asegurar su supervivencia dentro del medio que lo ro-

dea, y poco a poco el problema puede llegar a difumi-

narse o bien puede quedar parcial o totalmente oculto en

el interior de sus circunvalaciones cerebrales. Es la re-

presión, un mecanismo saludable en la mayoría de los casos. La terapia psicosomática consiste en reencontrar los elementos que han sido escondidos por nuestro sistema de defensa psíquico con la ayuda de una sola indicación:

la fresa. En otros términos y si puedo permitirme un juego de palabras fácil, sólo tenemos aquí una fresa don- de hincar el diente. Ya verán que suele bastar en la mayo-

ría de los casos.

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Le explico al señor lo que es un psico-choque e insis- to particularmente en la grabación de las bandas de soni- do, vídeo, olfativa, gustativa y táctil, sin olvidar la banda pensante con su colección de re-sentidos, así como cier- tos elementos temporales como la fecha exacta del acon- tecimiento o el contexto general. Así podemos pensar que este señor sigue girando alrededor de la rotonda de la Fresa donde sólo las avenidas del Solu- decadron, de la de- tección y de la evic-

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ción de las moléculas de fresa han sido ex- ploradas. Coloqué-

mosle en el paseo del Psico-choquelfresa. En una fracción de segundo se ha pasea- do emocionado por la avenida de la Se- paraciónlfresa con el presente estreso- grama. «Su planteamiento es lógico. Voy a contarles mi psi- co-choque emocional más que desestabilizador. Estaba en Cadaqués, un pueblecito de pescadores cerca de Fi- gueres, ciudad natal de Salvador Dalí. Puesto que viajaba mucho al extranjero, había propuesto a mi mujer ir a pa- sar la Nochebuena en un magnífico hotel al borde del mar con el fin de reencontrarnos en las mejores condicio- nes. Lo recuerdo como si fuese ayer y voy a arrimar el as- cua a su sardina, pues he repasado durante días y días las famosas grabaciones cerebrales que usted acaba de des-

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cribirme. ¡Debo confesarle que no me he tragado la fre- sa todavía! Yendo un poco más allá, también podría ser alérgico a la piña o al mango si hubiese tenido esas frutas de postre. »En la banda de vídeo mi cerebro ha escogido la vis- ta al mar y el restaurante. Algunas luces a lo lejos perfila- ban la costa. La luz plateada de la luna se reflejaba en el agua casi inmóvil y sus rayos parecían bailar en la super- ficie bajo el ritmo alterno de una brisa ligera. Había ele- gido la mejor mesa, la que tenía la mejor vista al mar. Era redonda y estaba cubierta de un mantel blanco. Con cu- biertos de plata y porcelana decorada con unas escenas de la vida campestre del lugar. Cuatro copas de cristal se disputaban el lugar de honor en la mesa y un magnífico ramo de rosas ocupaba el centro. »En la banda de sonido, he grabado el ambiente típi- co de esta sala de restaurante. La música también ha que- dado grabada: flamenco con bailarinas y un guitarrista de los más brillantes. »En la banda táctil, mi cerebro ha seleccionado el contacto de nuestras manos entrelazadas. Un tacto sua- ve y sedoso. »La banda olfativa, como puede imaginar, está im- pregnada del olor de los platos suntuosos y exquisitos que traían los camareros con delicadeza y discreción. Recuerdo también ese vino tinto de 1955, con un aroma único. »Partiendo de su hipótesis, la banda gustativa sería la más impactante. Así es. En efecto, estaba muy enamorado de mi mujer y lo sigo estando. La idea de pasar algunos días con ella en ese magnífico entorno me proporcionaba gran alegría. Todo se había desarrollado perfectamente hasta el postre. Ella había escogido un fondant de choco-

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late sobre lecho de crema inglesa. Por mi parte, no me po- día decidir entre una fruta exótica, piña o mango, o una simple copa de fresas, sin azúcar ni nata. Opté por lo se- gundo. »Ella degustaba su pastel y yo me relamía con las fre- sas. En un momento dado le declaré mi amor asegurán- dole que la amaba como el primer día y, para unir la idea al acto, le entregué un estuche que abrió con delicadeza. Apareció un collar de perlas. En el mismo momento en que me llevaba una fresa a la boca, el psico-choque emo- cional desestabilizador atravesó mi cráneo, como un re- lámpago se abate en el prado sobre un árbol solitario:

»-No puedo aceptar esta joya -me dijo-, porque quería decirte que vamos a separarnos. N o sabía cómo decírtelo y he dudado durante toda la cena. Hace años que sólo nos cruzamos en casa. Siempre estás ausente. He encontrado un hombre, hace ya dos años, y no aguanto. más tiempo esta situación. Prefiero romper an- tes que seguir engañándote. »Yo no sabía qué decir, boquiabierto, con la fresa en- tre los dedos; no sabía dónde meterme. Una losa de plo- mo me cayó encima. Nada de discursos superfluos. Se levantó, se fue, y me dejó solo con mi copa de fresas y la cuenta por pagar.»

me dejó solo con mi copa de fresas y la cuenta por pagar.» -82- LAS ALERGIAS

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La terapéutica fue simple: hizo la asociación entre este choque emocional desestabilizador y este raíl prin- cipallfresa. Entendió, en un primer tiempo, que este raíV fresa no era más que un simple testigo de la situación vivida en ese momento y que no aún hoy había sido ad- mitida por él, con lo que había quedado sin metabolizar. Los demás reencuentros siguientes raíleslfresa, fuentes de crisis alérgicas, no eran más que simples representan- tes. En un segundo tiempo, comenzó el trabajo de duelo por la relación. Algunas semanas más tarde, me anuncia- ba que se había curado.

ALERGIA AL CAFÉ

Les propongo ahora un cafetito con un alumno y amigo de la clínica psicosomática.

LA SEÑORA CAFÉ

Me encontraba en un restaurante en una comida pro- fesional para conocer a una pareja deseosa de colaborar conmigo. Todo se desarrolló correctamente hasta el pos- tre, cuando pedí un café. Vi cómo la sonrisa de la señora Café se transformaba en una verdadera mueca. Su mari- do me dijo que no podía ver el café. El mínimo olor po- día provocarle náuseas. Él mismo había renunciado a beberlo y se resignaba a tomar té o infusiones. Ni un solo grano de café podía estar presente en l? casa, ni si- quiera en el fondo de un armario. Sorprendido por esta intolerancia bastante singular, le pregunté si quería hacer una prueba con la clínica psicosomática.

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Ante su respuesta positiva, me puse a darles un cursillo so- bre el tema, insistien- do particularmente so- bre el estresograma y el sobre-estrés acom- pañado del raíl prin-

cipal!alérgeno repre- sentado por la palabra «café». Debíamos, pues, ir en busca de un acon- tecimiento de la vida cotidiana marcado por una desestabilización suficientemente importante como para haber ocasionado un estado mental de preocupa- ción, todo ello centrado alrededor o acompañado de «café». Dibujamos el siguiente estresograma sobre el

mantel, así como una ecuación psicosomática de este tIpO:

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Psico-Choque Emocional Original Desestabilizante + Café

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Café = Recordatorio del psico-choque emocional original desestabilizador

Sin vacilación alguna, su marido habló primero. «Entiendo muy bien lo que está diciendo. Para mí no puede estar más claro. El acontecimiento de la vida dia- ria con una cierta desestabilización y un sobre-estrés

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acompañado de "café" me lleva directamente a una his- toria de separación. Le voy a contar el episodio tal y como ella me lo relató al principio de nuestra relación. »Hacía cinco años que vivía con su prii:ner amor, pero la monotonía se apoderó de la relación y él terminó por pedirle que dejase el apartamento del cual él era pro- pietario. Como regalo de despedida, le ofreció una cafe- tera porque a ella le encantaba el café.

ofreció una cafe- tera porque a ella le encantaba el café. »Algunos meses más tarde, se

»Algunos meses más tarde, se volvieron a encontrar y decidieron intentar una nueva etapa y ella volvió a ins- talarse en el mismo apartamento. Al cabo de seis meses, la misma vida monótona los llevó una vez más a la sepa- ración. Ella insistió en quedarse la cafetera que represen- taba a sus ojos un vínculo amoroso hacia él. »Mas tarde, hace ahora dos años, nos conocimos y decidimos vivir juntos. Hemos utilizado la cafetera muy poco tiempo pues todavía está en una caja en la despen- sa. Desde que nos instalamos en la casa, mi mujer se ha visto progresivamente molesta con el café, que le provo- ca náuseas y cierto grado de angustia. Por lo tanto, ha

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dejado lisa y llanamente de tomarlo. Al principio sopor- taba que yo 10 tomara delante de ella, pero comprendí bastante rápido que esta bebida debía descartarse en casa. Me he visto obligado a limitarme a las infusiones después de las comidas. Y si quiero tomar un café, me voy al bar. »Si he captado bien su razonamiento, el café líquido o simplemente el olor del café le recordaría aún esta his- toria, inconscientemente claro está.» Sí, eso es. Su cerebro biológico/inconsciente -pero no su cerebro pensante/consciente- ha memorizado la ecuación siguiente:

Café =sobre-estrés engendrado por el psico-choque de la separación todavía sin admitir.

Cuando ella se encuentra en presencia de esta bebida -por dos raíles principales, el olor y el gusto- su cere- bro biológico «relee» este episodio delicado. Podemos deducir de ello que el duelo de esta separación no se ha hecho del todo. Así, para no sufrir más, ella evitará todo contacto con este alérgeno. Es tan simple como eso. Por su lado, la señora Café no parecía escuchar en la misma sintonía. En este caso, sólo queda algo por hacer:

dejar tiempo al tiempo con el fin de darle la posibilidad de reflexionar sobre ello. Traer nuevamente a la memo- ria una situación delicada no es siempre tan sencillo ya que la represión influye mucho. Algunas semanas más tarde, su compañero me explicó que había vuelto a to- mar café en casa aunque ella aún no podía. Han transcu- rrido seis meses y ahora vuelve a beber su café.

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ALERGIA AL PATO

Este ejemplo precisa aún más la noción de «raíles» de la actividad conflictiva y el trabajo clínico para descubrir los pormenores de una alergia.

clínico para descubrir los pormenores de una alergia. Esta mujer joven presenta una sinusitis crónica y

Esta mujer joven presenta una sinusitis crónica y es alérgica a los patos, pero no a cualquier pato. Preferimos que lo adivinen. Partimos pues del principio que el «pato» era el raíl principal. Claro que el «pato» como alimento se desarrolló primero, pero la experiencia no fue concluyen- te y tuvimos que retomar todo desde el principio. Cuando estamos enfrentados a una actividad conflic- tiva repentina para la cual no tenemos solución en el mismísimo instante del enfrentamiento -el psico-cho- que-, el inconsciente biológico se asienta en el re-senti- do del momento para poder gestionar la crisis. Pero al lado de este elemento, por cierto de los más determinan- tes, graba también todo, absolutamente todo el contexto de la situación. ¿Cómo? Pues haciendo simplemente un inventario de las sensaciones grabadas por los diferentes órganos de los sentidos.

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Para la biología, existen seis órganos de los sentidos. Los cinco habituales y uno más, el pensamiento. Este último «formularía» el re-sentido y los demás sentidos, los raíles del

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conflicto. En otros tér- minós, la película de la situación se centraría alrededor del re-senti- do para el pensamiento y los raíles podrían ser comparados a la banda sonora para el oído, la banda de vídeo para la vista, la ban- da táctil para el tacto, la banda olfativa para el olfato y la banda gustativa para el gusto. Algunas veces un raíl des-

banda gustativa para el gusto. Algunas veces un raíl des- taca claramente sobre los demás, siendo

taca claramente sobre los demás, siendo entonces el tes- tigo principal de la situación o bien el sospechoso núme- ro uno. En este punto podemos pensar fácilmente que el «pato» se grabó como tal y veamos cómo. Ambos se paseaban en un parque cogidos del brazo. Apoyados en la barandilla delante del lago artificial don- de aleteaba una ruidosa bandada de patos, él le anuncia que ya no quiere vivir con ella. En otros términos, le da a entender que su relación iba a darse por concluida al franquear la puerta del parque. Para encontrar los raíles de este psico-choque centra- do alrededor de una separación, tenemos que hacer un paro de imagen o, más bien, un paro de la grabación efectuada por los órganos de los sentidos.

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El pensamiento graba el re-sentido durante esta se- paración, la hora, las circunstancias y el clima emocio- nal. Estamos en una situación de separación con un cli- ma más bien antipático. Los oídos graban los ruidos, los gritos de los niños alrededor, las palabras pronunciadas y el concierto de los patos completamente indiferentes a lo que les ocurre a estos humanos en trance de separación. Los ojos graban el paisaje, el lago, los patos, los cis- nes, el color del cielo, la descripción del lugar del drama, la ropa que llevan, etc. La piel graba la temperatura exterior, la mano de él y el lugar de su contacto. La boca graba los gustos del momento: un caramelo, una manzana caramelizada, un helado de chocolate o de vanilla. La nariz graba todos los olores de este preciso ins- tanteo

Todos estos elementos son raíles del psico-choque de ella y, ¡agárrense bien!, su primera crisis alérgica la tuvo durante el cotillón de Fin de Año después de haber bai- lado al compás de una canción en particular: ¡El baile de los patos! Con toda probabilidad, los patos representan uno de los raíles más importantes para ella. De esta forma, en cada psico-choque existe un cier- to nombre de raíles que pueden estar en el origen del desencadenamiento de una crisis alérgica. Cada raíl le puede recordar su actividad conflictiva básica y dar origen a una crisis. Asimismo, se hubiera podido de- sencadenar en ella otra crisis comiendo vainilla o cho- colate.

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ALERGIA A LA LECHE DE VACA

Se relaciona por lo general con los niños de pecho y los bebés. Menos visible, pues los síntomas son muy va- riados, puede también presentarse en el niño más creci- do y en el adulto. Para nuestra demostración clínica, prefiero presentarles el significado de la alergia a la leche de vaca en el niño de pecho. A menudo lleva a la madre a sustituirla por leche de soja, menos alergizante pero que volveremos a encontrar muy pronto.

alergizante pero que volveremos a encontrar muy pronto. Antes de hablar de la leche de vaca,

Antes de hablar de la leche de vaca, interesémonos por la leche materna, primer alimento ingerido por el niño apenas después de nacer. Además de ser un alimen- to nutritivo indispensable para el crecimiento del bebé, representa un vínculo bastante peculiar entre la madre y el niño. En efecto, cuando el bebé mama, asocia rápida- mente «alimento materno» y «alimento afectivo». Este hecho es bien conocido por los psicólogos infantiles que describen la noción de satisfacción de la pulsión del

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LAS ALERGIAS NO EXISTEN

hambre por la mamada vinculada al placer de ser mater- nizado. Todas las madres, y los padres también, lo saben:

cuando el bebé llora, el primer gesto consiste en tomarlo en brazos y llevarlo hacia el pezón. Muchas veces, él bebé va solo, como si conociera el camino de antemano. Volvamos a nuestro bebé en los brazos de su madre, mamando. Se siente en plena seguridad. Asocia «seno de mamá-alimento/leche-apaciguamiento y bienestar». Cada vez que se siente desestabilizado, sólo pide volver a encontrar estos elementos con el fin de disminuir su malestar. En los países occidentales muchas madres trabajan y sólo pueden gozar de algunos meses de baja por mater- nidad. Están obligadas a destetar a sus hijos bastante temprano y a veces de mala gana. Por lo tanto y a menu- do con la ayuda del pediatra, empiezan muy pronto con la leche maternizada y la leche de vaca, a fin de poder confiar el niño a una guardería o a una asistenta. Hasta ahora, nada que decir

en particular puesto que el pecho o los brazos de la madre si- guen estando al alcan- ce del niño. Todo empieza a estropearse cuando el bebé se encuentra en un universo que le pa- rece sumamente hos- til: ambiente diferente, madre ausente, ritmo cambiado, etc. Para ciertos niños no es un

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problema, pero para otros es posible pensar que sufren una especie de psico-choque/separación de la madre y desestabilización, con un elemento principal grabado:

la ausencia de la leche/alimento afectivo y tranquili- zador. Por la noche, cuando la madre vuelve a buscarlo el bebé recobra este elemento y desencadena progresiva- mente una alergia más o menos fuerte. El médico esta- blece el diagnóstico con bastante facilidad y recomienda evitar la leche de vaca y darle a cambio leche de soja, al parecer menos alergizante.

En resumen, para la clínica psicosomática:

Alergia a la leche = sufro por sentirme separado de mi madre-seguridad

Para ser más preciso suelo a menudo reemplazar «madre» por función materna. Casi siempre ambas van a la par pues la función materna generalmente es llevada a cabo por la madre. Pero algunas veces el padre es quien ocupa su lugar, o algún otro miembro de la familia, ya sea la tía, la abuela, la nodriza Para comprenderlo mejor veamos la historia del pe- queño Rémi, alérgico a la leche de vaca desde los tres meses y medio de edad.

RÉMI

Su madre quería una consulta para su bebé, alérgico a la leche de vaca desde hacía meses. Le propuse que vinie- ra sola. En efecto, por experiencia todo puede resolverse sin ver al bebé, porque la problemática no se sitúa exac-

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LAS ALERGIAS NO EXISTEN

tamente en él. Hay algo que debe arreglarse enseguida:

aquí no cabe admitir ninguna culpabilización o culpabi- lidad de ninguna clase. Hasta que se pruebe lo contrario, ningún padre desea conscientemente ningún mal a los miembros de su familia. Cuando la madre estuvo delante de mí, le expliqué simplemente mi versión de la alergia de Rémi, donde se dibujaba la siguiente ecuación:

Psico-choque emocional original desestabilizador dentro de un contexto de separación + leche/afecto.

~

Leche/afecto = Recordatorio del psico-choque dentro de un contexto de separación.

«Cuando mi bebé tenía tres meses tuve que ir a tra- bajar y lo confié a la guardería donde lo había inscrito con mucha anterioridad. Debo reconocer que he vivido muy mal esta situación. Dejarlo todo el día lejos de mí no me gustaba en absoluto pero no podía hacer otra cosa. ¿Qué debo hacer ahora?» Mi visión de las cosas me lleva a formular dos obser- vaciones asociadas:

Primera observación: ayudar a la persona a descul- pabilizarse, ya que el «mantenimiento» de ese estado puede incluso recaer sobre el psiquismo del niño. Segunda observación: explicarlo todo verbalmente al niño hablándole como si fuese un adulto y contestar a las preguntas que podría hacer aunque no sea capaz de formularlas. En resumen, decírselo todo y describirle

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simplemente lo que le pasa por la cabeza: deseos, culpa- bilidad, temor, etc. Todo eso a través de un discurso cla- ro y tranquilizador, tomándolo en brazos con todo amor. Recuerdo que Frans;:oise Dolto decía que el niño lo entiende todo.

En el caso de Rémi, la alergia se difuminó progresi- vamente hasta desaparecer al cabo de algunas semanas.

ALERGIA A LA LECHE DE SOJA

¿Saben que cada día hay más niños alérgicos a la le- che de soja? Ya eran alérgicos a la leche de vaca. Les pido que vuelvan simplemente a leer el párrafo anterior y que reemplacen «leche de vaca» por «leche de soja». Es exac- tamente la misma temática.

ALERGIA A LOS PRODUCTOS LÁCTEOS

Quiero contarles la historia de la señora «Es el week- end, Kend». Este nombre está relacionado con el título de una canción que ella siempre cantaba.

LA SEÑORA «Es EL WEEKEND, KEND»

Esta alergia sólo pudo ser dilucidada al final del pri- mer curso del seminario de clínica psicosomática que propongo cada año en diferentes ciudades de Francia y del extranjero. El primer día solemos pedir a los partici- pantes que hagan una pequeña presentación y, si lo de-

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sean, pueden exponer la patología que les afecta. Por lo tanto, en función de las respuestas, adapto mi curso con el fin de encaminarlos, si es posible, en dirección a la buena avenida psicosomática. En Montpellier, una de las alumnas quería oír la ver- sión psicosomática de la alergia a los productos lácteos. ¡Imaginen su malestar! Debía tener cuidado con todo lo que tomaba y se negaba habitualmente a las invitaciones para comer o cenar con gran disgusto de su marido, a quien le complacía cambiar de ambiente los fines de se- mana (weekend), después de unos días de trabajo. Eso nos venía como anillo al dedo pues, como ya he dicho, el curso sobre la alergia se prevé siempre para el primer weekend de formación. Entre la alergia a la leche de vaca y la de los produc- tos lácteos, sólo hay un paso. Estamos, a priori, en la re- solución de la misma ecuación psicosomática: leche-ma- dre-función materna/psico-choque. A pesar de todos mis esfuerzos y de los ejemplos clínicos, la mayoría de los cuales están consignados en esta obra, el veredicto que únicamente le pertenecía a ella se vio cerrado de ma- nera definitiva: «¡Eso no me dice absolutamente nadal» Le pedí que reflexionara y que se dejara ir en esa di- rección. Los dos weekends siguientes nos llevaron al mismo resultado, seguía siendo alérgica a los productos lácteos. Se descubrió el pastel durante el último fin de semana del año, cuando llegamos al estudio del proyec- to/sentido y del transgeneracional. He escrito mucho sobre estos dos temas y aquí sólo haré un recordatorio, en particular a propósito de la noción de proyecto/sen- tido, puesta de relieve durante los años setenta del siglo pasado por el psicólogo clínico Marc Fréchet.

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DEFINICIÓN SUCINTA DEL PROYECTO/SENTIDO

El proyecto/sentido corresponde a un período de la vida que empieza un poco antes de la concepción y se prolonga hasta un año después del nacimiento. Los acontecimientos conscientes vividos por los miembros del clan y de la familia en particular, y/o las informacio- nes inconscientes de los padres, pueden influir el devenir conductual y psicosomático del niño por nacer. Cabe destacar que Fran~oise Dolto, la famosa psicoanalista infantil y de adolescentes, conocía muy bien esta noción sin darle el mismo nombre. Para ser práctico, pido a los participantes que relaten el ambiente familiar y los acontecimientos particulares, positivos o negativos, que se desarrollaron mientras es- taban en el vientre materno esperando su salida al aire puro (1) de la casa o de la maternidad. Para la señora «Es el weekend, Kend», el único acon- tecimiento desestabilizador para la familia fue el falleci- miento de su abuela materna cuando ella se preparaba para venir al mundo. «Fue horrible. Es lo que he oído de boca de mi madre y de mi padre toda mi vida y todavía hoy. Mi madre qui- so a toda costa que llevase su nombre, Adela, y mi padre, ¡menos mal!, sólo lo declaró como segundo nombre. Así que todo el mundo decía: cuando naciste, murió (marte) Adela (¡mortadela!). Eso hacía reír a todo el mundo me- nos a mí. En consecuencia, mi madre me educó en el re- cuerdo de su madre y esto me ha marcado mucho. Para resumir, yo fui su madre desde el principio y lo sigo siendo desde hace cincuenta años.» La señora «Es el weekend, Kend» se encontraba cons- tantemente bajo una doble presión y todavía lo está par-

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cialmente hoy, lo que explicaría que no desapareciera por completo su alergia. El psico-choquelfallecimiento de Adela fue re-sentido por su madre y las ondas de choque se extendieron hasta la pequeña. Ésta debía asumir dos funciones maternas: la de mutar en madre/Adela con el fin de reemplazarla y la de amparar a su madre entristeci- da, haciendo el papel de madre consoladora. Resultado clínico: mejora progresiva y significativa al cabo de cuatro meses.

ALERGIA AL PESCADO Y LOS MARISCOS

Leeremos relatos de alergia al pescado, a las gambas y langostinos.

EL SEÑOR PESCADO

Esta historia es bastante peculiar puesto que no hace intervenir el pescado como alimento. Se refiere a un hombre de treinta y cinco años que no puede ni comer

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ni ver el pescado. «Hasta tengo la impresión de que es- toy desarrollando una verdadera fobia.» La exploración utilizando el raíl principal/pescado se reveló larga y estéril puesto que yo había agotado todos mis cartuchos psicosomáticos. Ni el menor psico-cho- que a la vista. Al cabo de varias sesiones le dije que ya no podía hacer más por él y lo dejé marchar con el gusto amargo de no haber podido dilucidar su historia. No podemos explicarlo todo, afortunadamente. Algunos meses más tarde, me llama y me dice lo si- guiente: «Nos habíamos encauzado sobre unas pistas falsas y creo que he encontrado el origen de mi alergia o, más bien, de mi fobia. Me parece que le va a interesar. Después de la última consulta me encontré muy decep- cionado pues hace años que quiero sacarme esto de en- cima. Tal y como usted me recomendó, busqué otras posibilidades y encontré algo que había ocultado por completo: mis sueños infantiles. Fíjese que soñaba regu- larmente, era más bien una pesadilla, que me devoraba

un enorme pez. Cada vez me despertaba sobresaltado,

empapado en sudor. El médico de entonces me mandó

un jarabe y mejoré poco a poco. Pienso que tenemos

aquí la buena interpretación, puesto que paseando con

mi amiga por el muelle de Sete, he visto un barco descar-

gar su pescado sin sentirme afectado. Debo decir que to- davía no me he atrevido a comer algo de pescado pero esperaré un poco para probarlo.» En efecto, este relato y el resultado obtenido nos muestran que nada está petrificado. Debo decir que es la primera historia de este tipo y me la guardo para los ca-

sos difíciles. Del pescado a la gamba, sólo hay un trocito de mar.

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ALERGIA A LAS GAMBAS

En el caso de esta alergia tuvimos que intentarlo dos veces. La primera consulta no había detectado nin- guna situación en particular con las gambas en primer plano. Le propuse entonces a la paciente que reflexio- nara sobre ello de cara a la próxima entrevista. Le ha- bía expuesto, claro está, mis conceptos sobre la alergia en general, dibujándole «su» estresograma de base. Y aquí tenemos lo que ella dedujo después de algunas se- manas de reflexión.

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«N o es la gamba como tal sino más bien el aspecto general de la gamba. Le explico: he tenido una hija y un hijo y, en contra del parecer de mi marido, quería tener un tercer hijo. Muchas de nuestras discusiones me mos- traron que él no quería ninguno más. Me quedé embara- zada y el dilema de tener o no este niño fue muy difícil de resolver. Finalmente él aceptó y decidimos tenerlo.

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Yo estaba muy feliz por dos razones. Primero, porque él

me demostraba que me seguía queriendo, y segundo, como es de imaginar, porque iba a ser madre de nuevo. Desafortunadamente, al cabo de algunas semanas tuve pérdidas y llamé al ginecólogo, quien me dijo que se tra-

taba seguramente de un aborto espontáneo. Además me pidió que guardara el embrión para un análisis genético. Una tarde, las pérdidas fueron más importantes y lo per- dí en la taza del inodoro. Tal y como me pidió el médico, lo recogí y lo limpié. Parecía una gamba, rosadito. Puede imaginarse en qué estado me encontraba. »He llorado por ello mucho tiempo. Era septiembre.

Mi primer ataque de alergia se manifestó en noviembre

después de haber comido gambas. Una urticaria gigante.

Estaba hinchada por todas partes, sobre todo la cara y

las manos, y sentía ganas de rascarme hasta hacerme san-

gre. Mi marido se vio obligado a llevarme a Urgencias. Allí el médico me comunicó que se trataba seguramente de una alergia a las gambas, pero yo no establecí la com- paración con el aborto espontáneo.» Una vez más, vemos que la alergia es a menudo un recordatorio inconsciente de un duelo incompleto. Aquí representa el de un hijo en estado embrionario. Después de este relato de gambas, no puedo dejar de mencionar una de las interpretaciones de las alergias al marisco: frutos del mar (mer) mere=madre. Volvemos entonces a la problemática padres/hijos y a los duelos anteriores con defunciones de niños demasiado prema- turas.

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ALERGIA A LOS CANGREJOS DE RÍO

LA SEÑORITA CANGREJO DE RÍO

La señorita Cangrejo de Río está muy enamorada de su novio. Un día él la invita al restaurante y mientras ella

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come con placer unos cangrejos de río le anuncia sorpre- sivamente: «Sabes, querida, soy consciente de todo lo que me das y creo que eres alguien muy especial. Esta noche te lo quiero demostrar con esta cena magnífica. Deseo realmente que te lo tomes bien, porque eres y se- rás siempre alguien muy importante para mí. Sé que puedes entender mi elección y mi decisión de romper nuestros proyectos. La amiga que me presentaste es tan maravillosa que hemos decidido casarnos. Quiero que te lo tomes bien, que seas fuerte porque confío en ello.» Claro que en su fuero interno ella tiene ganas de ti-

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rarle los platos a la cabeza pero se controla. Siente cómo se desgarra todo su ser. Unos años más tarde, mientras estaba comiendo cangrejos de río, su inconsciente asoció entonces «cangrejo de río» con «separación mal vivida». Una hora más tarde se encuentra en Urgencias con una urticaria generalizada. Si hubiera comido estos cangrejos una semana más tarde, esta reacción se hubiera produci- do una semana más tarde. Es aquí donde siempre acoto que la demora entre el primer choque y la aparición de la alergia en sí es muy variable.

CANGREJOS DE RÍO BIS

Una mujer joven estaba en el restaurante con su no- vio, relamiéndose con un plato de cangrejos de río. De repente, dentro de la conversación, una observación que hizo ella disgustó mucho al señorito: ella hablaba de su primer amor, que echaba de menos todavía hoy. Estalló una pelea, la cena se interrumpió de repente con gran

desconcierto de camareros y clientes. La ruptura fue in- mediata, puesto que al llegar a casa decidieron no volver

a verse. Ella volvió a casa de su madre y él se quedó solo en el piso recientemente alquilado,. Algunos meses más tarde, unos amigos de la familia le invitaron a una comida de cumpleaños. Fantásticos cangrejos de río se pavoneaban en un plato que los invi- tados se preparaban a compartir. Al primer bocado de

esta tierna y blanda carne, él tuvo una reacción violenta

y repentina acompañada de espasmos y vómitos que le

llevaron directamente al hospital. Desde entonces no podía oír siquiera la palabra «cangrejo de río». Durante

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oír siquiera la palabra «cangrejo de río». Durante -102- LAS ALERGIAS NO EXISTEN la terapia, la

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la terapia, la emoción fue muy fuerte. Así, cuando él co- mía cangrejos de río, revivía con mucha violencia aque- lla separación, aquella angustia. Sin embargo, la joven novia hacía ya largo tiempo que había desaparecido de su vida. Algunos se preguntarán por qué esta alergia afectó «solamente» al joven. La respuesta es simple: solamente a él le impactó con fuerza aquella pelea.

ALERGIA O INTOLERANCIA AL GLUTEN

Después de algunas generalidades, les propongo co- nocer a las señoras Internado, Pensión y Rebanada, las tres alérgicas al gluten.

GENERALIDADES SOBRE EL GLUTEN

La alergia o intolerancia al gluten nos lleva a cerea- les tales como el trigo, el centeno, la cebada, el sorgo y el mijo. El gluten es el resultado de la segunda etapa de fabricación de la harina. Durante la rehidratación de los granos de cereales, las proteínas se asocian con el agua y forman una sustancia blanquinosa y viscosa:

el gluten. Por lo tanto, las personas que presentan este tipo de alergia o de intolerancia deben evitar los alimentos que contengan gluten, cuya lista no exhaustiva es la siguien- te: pan, pasteles, bizcochos, cerveza, galletas, cereales, crepes, etc. Por el lado psicosomático, estaremos siempre bus- cando lo mismo: el psico-choque/gluten.

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DR. SALOMON SELLAM En la primera fila de estos psico-choques desestabili- zadores nos volvemos a

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En la primera fila de estos psico-choques desestabili- zadores nos volvemos a encontrar con un tema muy co- nocido: las situaciones de separación. Desde hace algún tiempo, siempre pregunto si la persona ha estado en un internado cuando era joven. Me lo encuentro siete veces de cada diez. Cuando la respuesta es negativa busco lo mismo en los padres. En total, jnueve veces de cada diez! ¿Por qué? La respuesta es simple: en este tipo de estable- cimientos los internos comen mucho pan y añoran a su familia. Vamos a ver por qué. El denominador común de esta problemática podría estar representado por la simbología del pan en general. En la mayoría de las religiones el pa!J. representa un ele- mento clave de la vida familiar: la reunión de todos sus miembros. Aquí hacemos una cruz, allá un rezo antes de romperlo y de repartir un trozo a todas las personas pre- sentes alrededor de la mesa, etc. Esto ha quedado graba- do en nuestro inconsciente colectivo. Además, etimoló- gicamente, el pan ha dado la palabra «compañero»: la persona con la cual yo comparto un pedazo de pan. Por lo tanto, los panaderos estarían en parte relacionados con una especie de «reparación» de su historia personal o de la de sus ancestros que han sufrido por estar lejos de sus familias. En la práctica, nos encontramos a menudo con situa- ciones centradas alrededor de separaciones reales, tales como un divorcio, un ingreso en un internado o en una pensión, o una estancia más o menos larga en casa de los abuelos por razones diversas.

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LA SEÑORA INTERNADO

«Vengo a verle por una intolerancia al gluten. Se de- sencadenó hace dos años cuando todo iba bien. Tengo dolores digestivos tan pronto ingiero gluten. Es la con- clusión de mi médico gastroenterólogo. Por lo tanto, debo ir con mucho cuidado con lo que como. Afortuna- damente, dentro de la gran variedad de alimentos bioló- gicos, puedo escoger.» Para poder destacar los pormenores de esta intole- rancia hemos tenido que explorar todo su historial, cuyo resumen aparece a continuación. Tres episodios lo han jalonado.

Primer episodio: infancia marcada por el internado

«Estaba en la escuela, en el último curso de primaria. Durante toda mi etapa escolar he sido muy buena alum- na y a menudo era la primera de la clase. Pero al final del primer trimestre era la segunda y me daba vergüenza. No me atrevía a enseñar mis notas a mi madre. Después de las vacaciones de Navidad mis padres no habían fir- mado todavía el boletín. El maestro me ordenó tenerlo para el día siguiente, so pena de exclusión. »A la noche, me resigné a presentar mis notas a mis padres y viendo que no era la mejor de la clase, mi madre me acompañó y pidió ver al director. Venía a comunicar- le su decisión de ponerme en un internado ese mismo día. Y así es como no volví a ver a mis amigos de la infan- cia. Desde los diez hasta los diecisiete años sólo volvía a casa un fin de semana cada mes y durante las vacaciones escolares.»

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