HOJAS DE LUNA

MIGUEL ÁNGEL BERNAT




























No me perdí
llegué
y bebí




























Todo es uno
se ofrece a ti





























Toda la gente
de la que nadie habla
Viviendo
mirando el sol
diciendo hola
cogiendo un resfriado
cogiendo el autobús
Viendo un cuadro
leyendo un libro
teniendo una revelación
de su yo verdadero
antes de morir



















La calavera
fresca en el aire
saborea el poema




























No hay queja
no hay conversación
no hay pensamientos
que manchen la noche maravillosa



























Tarde en la noche
envuelto en silencio,
la tela dorada
descansa en el suelo



























Sabi está siempre solo,
pero no tiene miedo
Wabi es pobre,
pero no necesita nada
Aware contempla
la fugacidad de las cosas
Yugen está siempre tranquilo
Van por el aire
van por el agua
por caminos de luz
y caminos oscuros,
no se han perdido



















En medio de grandes guerras,
inmerso en la confusión
y la miseria de su tiempo,
Tu Fu ve una noche,
en calma,
un grupo de garzas
y entra en el paraíso
























No joven, no muerta,
la luna
brilla serena
sobre penas sin fin



























Al ver a Ramana Maharshi
ya no tuve que escribir
sobre Ramana Maharshi




























Hay algo invencible en ti
y eterno como la luz





























Día gris y frío de Julio,
una mariposa vuela
en el prado




























Tu frente
iluminada por la luna





























Pasa la tarde,
pasan las horas,
pasan los días, los meses y los años
pasan siglos,
pasa todo y no pasa nada,
oigo el sonido leve
de las fichas del go
que dos monjes mueven
jugando en la profunda montaña


a Ike no Taiga



















En la oscuridad de la noche,
sobre la montaña
y entre nubes lejanas
parece brillar la luz
de una posada,
es la luna

























Mis no-cejas no me pican
mi no-estómago no me duele
mis no-pies no están cansados
mi no-cabeza me despeja
mi no-yo es fresco y joven


























La lluvia cae mansamente,
Sebald se fue, el hombre
misterioso encontró un misterio
más grande
Ningún misterio es tan vasto
como esta paz desde el principio
Todos se van- a un tiempo
más cercano, más íntimo,
susurrando en esta lluvia que cae






















Una taza, una tetera,
una jarra con flores,
la quietud que subyace
mientras la patrulla de revolucionarios
detiene a Grace Elliott sin motivo,
mientras cae la cabeza de Luis XVI

























Aun cuando estás enfermo
aun cuando te abandona quien amas
aun cuando haces fortuna y prosperas
aun cuando envejeces y mueres
siempre eres


























La respiración, no para vivir
media hora más, treinta años más,
sino para que nos abandonemos
y llevarnos a la eternidad



























En las baldosas del cuarto de baño
el cielo azul





























Noche de invierno,
silencio en la casa,
leo poemas de maestros antiguos,
a la luz suave de la lámpara
pienso en los libros que he leído,
la voz serena de Borges,
la soledad de Ray Bradbury,
las calles oscuras de Stevenson,
el fuego de Kafka, la sabiduría
de los poetas de Oriente.
La noche se ahonda, mis días
se acumulan, siento que estoy
diciendo adiós al mundo que he conocido.
Pienso en las personas que he conocido,
en árboles y montañas, en el frío.
Contemplo el silencio que contiene
todo y en el que todo no es
más grande que el reflejo de la luna
en el agua.
Pienso en la mirada de Ramana
que para siempre me acompaña,
en mi madre, en la dulzura
de mi esposa, en los amigos.
La noche inmensa envuelve
al peregrino tranquilo






La frescura de la mañana,
la claridad del agua
en el pecho del pecador,
la luz de la piedad
y de la luna


























La suavidad de esta flor
que amo,
Ángeles,
su tenue luz misteriosa



























El hombre que perdió
a su mujer y su hija
en un accidente
hace varios años,
lee tranquilo,
al final de la tarde,
apoyado en la mesa
de su papelería























La ranita Han Shan
sobre una hoja de nenúfar
como una piedrecilla
en su quietud sin rana



























Lo que está
después de la muerte
me entrego a ello
también ahora



























Cuando las nubes pasan junto a la luna
cogen el color de la luna
cuando humedeces tu pincel en la luna
queda puro para siempre



























En el jardín
Un amigo me regalaba
un cuadro y un gato
El amigo iba a doblar el cuadro
pero le dije que era mejor enrrollarlo
En su casa, en el campo,
quizá sus hijos estaban allí
Hay entonces fuego de hojas de otoño
en algún lugar del jardín
Y llegaba una carta, un mensaje,
y una voz lo leía
y decía que el gatito había muerto
y se oía una armónica
que expresaba el dolor
y lloré
Dios es malo
Dios es bueno
nos da cosas
se las lleva
para que aprendamos a amar
como él










Lágrimas de felicidad
alumbran la noche
es la luna
libre de pesares



























Al abrir un libro
de poesía
ninguna palabra
emoción sin fin



























Hojas de otoño,
día de los muertos,
que viven
de una dulce manera
Hojas de otoño,
días de los que viven
y aprenden de los muertos
a vivir























De vuelta a casa
en la noche,
por una calle
solitaria y vacía,
dos japoneses
caminan cerca de mí
Uno de ellos
canta una canción en japonés
Quizá le recuerda
a su país natal
Me pregunto qué canción
podría recordarme
mi país natal
Y pienso en la infinita,
maravillosa canción del silencio
















Me recorre un susurro:
vida secreta, vida sin fin


a Pepe Asensio


























No hay palabras
en la tarde,
sólo la luz
en silencio,
del anochecer


























De leer tanto el libro
se borraron las letras
queda ahora
la luz sobre las páginas



























Mi abuelo y yo
hace muchos años
cuando yo era niño
en un hospital
antes de una operación
respirando tranquilos

























A los pies
de una figura de Buda
espera el momento
de ser cosido
un botón


























Por la tarde, en el metro,
junto a nosotros
un hombre descalzo,
quizá un franciscano,
no tener yo limpia el mundo,
sus pies confiados
nos llevan a otro nivel
























Cuando llegue el fin del mundo,
un hombre saldrá
a dar un paseo
por las calles en llamas
y las llamas no le tocarán
Saldrá a despedirse del mar
vomitando petróleo
y el petróleo no le rozará
Caminará entre las ruinas de su ciudad,
entre los cuerpos de sus amigos,
su mujer y sus hijos,
y las bombas no le encontrarán



















La luz gris perla
acaricia la habitación





























Las virutas en las que Saichi
escribía “Saludo a Buda de luz infinita”
quizá ya han desaparecido
pero cada cosa del mundo
lleva inscrita esa alegría


























Los hombres no saben
que el desprendimiento
puede llevar a la inmensidad
Hay quienes nunca han visto la luna
o sentido el viento rezar
Viven sin saberlo
mueren sin saberlo
un día lo sabrán























Friedrich pintó
un monje junto al mar
el mar se ha llevado al monje
el monje se ha llevado el mar



























Todos los seres dormidos
todos los seres unidos,
aunque no lo saben,
en el día también



























En un balneario
en una montaña
entre pinares,
dos ancianas,
mi madre y mi tía,
contemplan la salida de la luna
Lejos de allí,
en un pueblecito,
muere Tristán
y se libera de sus pesares
y la luna del Ser
le ilumina



















“Ésta es tu casa”,
dice a la luna
la gota de rocío




























La voz del otoño
desde la almohada





























La tarde de verano
es lenta y silenciosa
una luz se enciende en mi pecho
que me hace feliz



























Dormido en el Ser
he despertado sin mí





























El paisaje es más grande
que el mapa,
el océano es más grande
que el río,
el cielo no es abarcado
por el telescopio,
el Ser desbanca
las coordenadas de la mente
Cuando el mapa
se entrega al paisaje
se hace él mismo paisaje,
cuando el río
llega al océano
se hace él mismo océano,
cuando el telescopio
se confía al cielo
se vuelve él mismo cielo,
cuando la mente
se pone en manos del Ser
se transforma ella misma en Ser











Esto no es Madrid
no es Lisboa
no es los bosques
Y es Madrid
es Londres
y los bosques
y todas partes
























Para ver las obras del espíritu
no se necesita luz





























Soy amigo
de la nieve negra
de los cuervos blancos




























No cojo hojas de otoño
porque yo también soy
una hoja de otoño




























En lo más hondo de la tarde
Friedrich susurra en mi oído
eternidad




























Yo sólo he seguido
un camino invisible
que ha resultado ser
lo único que existe


Abadía en el robledal,
de C.D. Friedrich























Un camino breve
unos cuantos árboles
una madrugada oscura
alguna colina
tres mujeres en penumbra
en este escaso marco
se te concedió lo eterno
se te regaló la luna


Mañana de Pascua,
de C.D. Friedrich



















Sisley, Hiroshige, Peter Brueghel,
tres maestros antiguos
tocados por la varita mágica
del desapego,
sus figuras humildes, anónimas,
en los avatares de este mundo flotante,
se entregan a una instancia más alta,
parecen saber,
alguien en la tierra debería saber,
que pase lo que pase
nunca pasa nada




















Vuelvo a casa con los perros
y los cazadores en la nieve,
vuelo con las urracas
en el cielo oscuro de nieve,
patino sobre el hielo,
no soy yo, soy otro, otra cosa,
quizá soy, simplemente,
Peter Brueghel me ha llevado allí


Cazadores en la nieve,
de P. Brueghel



















La tarde delicada
como un tela maravillosa
se extiende hacia el cielo




























-Mira, nosotros somos esas hojas que caen
-No, somos esto, sin más
-¿Te refieres a todo esto, el aire,
las hojas, el sol en la arena…?
-Sí


























Libros que pueden ayudar
a personas que sufren
duermen tranquilos




























En la mañana helada
mis huesos puros
no tienen frío




























Una anciana
que fue una niña radiante,
que fue el sol
y ahora es cenizas,
avanza en la lluvia


























Dios es así






























La humildad del autobús
inclinándose
para que una persona mayor
pueda bajar
más fácilmente


























Aquí
en quietud
nacido de una tumba
como Lázaro
nacido de un vientre de mujer


























Fui a visitar a un amigo
al hospital,
el sol de la tarde
entra en silencio
y suavemente toca la cama


























Juguetes verdaderos
capaces de llevar consuelo
al corazón humano
el silencio de Cristo
la sonrisa de Buda
una brizna de hierba
arrastrada por una hormiga
























Gracias a que el maestro
estaba oculto por las nubes
desconocido su paradero
le encontraste en ti



























La luz de la mañana en las sábanas
la oscuridad de la noche en el cuarto
todo ante mí es nieve
todo ante mí es nieve
pura y silenciosa


























Nota

En el poema “Al abrir un libro” en la página 32,
he incorporado dos versos del poeta japonés Ryokan
(1758-1831): “Ninguna palabra, emoción sin fin”.


























Hojas de luna


Estos poemas de una mano leve, que apenas roza la página, nos
ofrecen un tiempo libre del tiempo, misteriosa paz.
Envueltos en la luna de estos poemas, entramos en un lugar re-
frescante que somos nosotros y es cualquier lugar.
















Editorial “Libros del aire”, 2011
ISBN: 978-84-938154-5-5
Depósito legal: SE-1297-2011

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