Revista Kcreatinn – Creación y más

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Creación y más
Año VII, Vol. 2, N° 12 | Cajamarca, II semestre de 2013 Colaboraciones: kcreatinnorg@yahoo.es

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BIENAL MARIO VARGAS LLOSA: UN ESPALDARAZO CULTURAL EN LIMA
La I Bienal Mario Vargas Llosa ha convocado en el Gran Teatro Nacional, a casi 1.500 lectores interesados en que la cultura no muera. La lectura de poemas de César Vallejo, por Fernando de Szyszlo, Héctor Abad y Mario Vargas Llosa, ha comenzado lo que en adelante, y cada dos años, será una capital literaria mundial, Lima, como en las grandes ciudades culturales; Madrid, por citar un ejemplo. En América Latina se producen 100.000 novelas al año, pero el promedio de lectura en Perú, quizá no llega a los 1

cinco títulos anuales (de ellos, cuatro copias piratas). Es un hecho que ni el ser más culto abordaría la lectura de siquiera una docena de ellas. El proceso económico en el país ha mejorado el estatus adquisitivo de los peruanos, pero una cosa es el dinero y otra el interés por invertirlo en libros –apunta nuestro Premio Nobel peruano-. El dinamismo literario se vio rodeado de poesía, esta vez reviviendo los momentos del miliciano Pedro Rojas, en “España aparta de mí este cáliz”, quien escribía con su dedo: “Viban los compañeros”. La memoria de Héctor Abad nos permitió combatir el paso del tiempo, al leer otro apocalíptico llano del vate universal ‘de memoria’. En adelante, en cada bienal se homenajeará a un escritor peruano relevante en las letras universales. El

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título elegido para el Premio “Bienal de Novela Mario Vargas Llosa”, que dotó al ganador con $ 100.000: Prohibido entrar sin pantalones (Seix Barral), del escritor español Juan Bonilla, también poeta y ensayista, que, leo en la web de Planeta, se trata de “una novela basada en la fascinante figura del poeta futurista Vladimir Maiakovski, que vivió entre el sueño revolucionario bolchevique y el amor imposible de Lily Brik”. Marco Martos, uno de los jurados del concurso, destaca el gran nivel de las 324 novelas presentadas al concurso, entre ellas, best-sellers, libros autopublicados, policiales, etc. La variopinta producción española y peruana que postulaba al premio era una avalancha. El año próximo da gusto saber que se sumarán más instituciones a la financiación del certamen. El jugoso premio fue asumido por la UTEC. Los auspiciadores principales este año fueron la Acción Cultural Española y la Agencia de Cooperación Española. Con una inversión de $ 150.000, sólo para la logística y los gastos de los alrededor de 40 escritores participantes, quienes realzaron la Bienal Mario Vargas Llosa, esta comunión literaria ha sido un espacio de reunión de lectores interesados y de jóvenes curiosos que quizá antes no habían descubierto a un autor de la talla de quien escribió Trilce (1922). El pintor Fernando de Szyszlo, 2

detalla que Samuel Beckett (traductor al francés de los versos de Vallejo) incluyó pasajes de la poesía de Vallejo en Esperando a Godot, que en la voz de nuestro Premio Nobel, la catapulta lírica que le ha impreso, ha cobrado espacios universales comparables al Booker Prize del Reino Unido. La compra de la Editorial Santillana por el monstruo editorial Random House Mondadori ha hecho que el monopolio latinoamericano se quede con Planeta, de este lado latinoamericano de las letras. Es así que, si un título latinoamericano llegó a vender 5.000 ejemplares, con este nuevo espaldarazo se espera la llegada masiva a más lectores del mundo, por la difusión de personajes de gran talla en las letras. El 20% de las novelas peruanas presentadas al concurso, nos muestran una gran producción y movida letrada en el medio limeño y provinciano, lo que nos convierte en un país con más productores que lectores de novelas; lo cual apunta a una gran misión quijotesca: multiplicar la plaga benigna por la lectura en todos los lugares públicos adonde sea capaz de llegar la magia maravillosa de inmolarse de una sociedad en picada, a través de los buenos amigos, los libros; “un buen lugar para estar en casa” –Cortázar dixit-. Una muerte estrepitosamente bella, sin duda.
El director

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ADOLFO BIOY CASARES CUMPLE CIEN AÑOS
Harold Alvarado Tenorio
________________________________________________ A La invención de Morel (1940) debe Adolfo Bioy Casares (Buenos Aires, 1914-1999) buena parte de su prestigio. Es una suerte de diario llevado por un fugitivo «venezolano», que evadiendo la persecución policial encuentra refugio en una isla, aparentemente desierta, en medio del océano. Pronto descubre unos extraños edificios (un museo de tres pisos con una torre, donde hay una biblioteca; una capilla oblonga y una piscina, de piedra sin pulir) habitados por gentes que ignoran su presencia y bajo, inusuales circunstancias, parecen tomar parte en un ritual de intrigas y convencionales rutinas sociales. El prófugo se enamora de una de esas figuras pero finalmente descubre, luego de un peregrinaje donde ve el fenómeno fantástico de dos soles y dos lunas, que no son seres humanos sino imágenes proyectadas por la compleja máquina de Morel, que regulada por la marea, suministra 3

energía a los motores para producir fluido eléctrico, y crea las figuras. La máquina tiene tres partes: la primera registra, la segunda graba y la tercera proyecta. Las personas desaparecen al desconectarse el aparato. También descubre que Morel ha construido una suerte de paraíso circular donde las acciones y los gestos de las figuras se repiten con la inexorable periodicidad de los cambios lunares. Pero antes de llegar a esta conclusión, la imaginación del protagonista se puebla de sospechas y conjeturas que consigna en el diario que leemos tras su muerte. Todo ello provee de suspenso y de una peculiar atmósfera surrealista a la historia. Esta novela fue durante la vida de Borges uno de los hitos latinoamericanos de la literatura llamada de ciencia ficción. El tema de la inmortalidad está en su origen. La fascinación de Bioy Casares por los espejos y el recuerdo de La isla del Dr. Moreau de H. G. Wells y El castillo en los Cárpatos de Julio Verne, donde un científico crea «homunculi» y usa técnicas especiales para reproducir figuras humanas, son otras de sus arqueologías. Bioy pasó su infancia entre la estancia de su padre en la provincia de Buenos Aires y la mansión de la

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familia en la capital. Durante los estudios de bachillerato se interesó por las matemáticas pero nunca abandonó su interés por la literatura. Terminó su primera obra en 1928, un cuento fantástico y policial y al año siguiente publicó su primer libro de cuentos. Fue para ese entonces cuando descubrió la novela española del diecinueve, la Biblia, la Comedia de Dante, el Ulises de Joyce y los clásicos argentinos, las novelas desechables y las tiras cómicas. Como la mayoría de los jóvenes de clase alta de su tiempo, se inscribió en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires pero al no encontrar éxito alguno en sus estudios se cambió a Filosofía y Letras, pero no llevó a término carrera universitaria alguna y prefirió administrar la estancia de su padre. En 1932, gracias a los buenos oficios de Victoria Ocampo, conoció a Jorge Luis Borges, iniciando así una de las amistades y alianzas literarias más ventajosas del siglo. Borges logró convencer a Bioy que la actividad literaria excluye a las otras. Crearon una casa editorial y fracasaron. Durante estos años Bioy leyó con avidez bajo la tutela de Borges todos aquellos autores que este último consideró, entre otros, los 4

más importantes para el desarrollo de una personalidad literaria: Johnson, Gibbon, De Quincey, Butler, Stevenson, Kipling, Wells, Conrad, Proust, Hawthorne, James y Kafka. Bioy rechazó siempre sus primeros libros pues para él su carrera literaria comenzó con La invención de Morel que ganó el Premio Municipal y fue inmediatamente traducida al italiano y el francés en una época donde los libros latinoamericanos eran raramente tenidos en cuenta en Europa. Ese mismo año publicó junto a Borges y Silvina la prestigiosa Antología de la literatura fantástica y harían aparición H. Bustos Domecq, autor de Seis problemas para Don Isidro Parodi (1942) y Dos fantasías memorables (1946) y B. Suárez Lynch, autor de Un modelo para la muerte (1946). En 1945 publicó Plan de evasión y aceptó codirigir con Borges una colección de novelas policiacas inglesas. Al año siguiente Silvina y Bioy entregaron al público una novela detectivesca, Los que aman, odian, y en 1948 uno de los libros de cuentos de Bioy que mejor suerte ha tenido, La trama celeste, en el cual el propio autor dice haber encontrado por vez primera su real voz de narrador. Bioy publicó una media docena de

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novelas y otros tantos libros de cuentos, pero es quizás, en un libro póstumo, titulado meramente Borges, donde descansará su eternidad. Como se sabe JLB murió en Ginebra el 14 de Junio de 1986. Veinte años después, una editorial argentina puso en circulación un obeso volumen de 1700 páginas, cuyo autor gastó los dos últimos años de su vida en la puesta a punto del quizás, mejor retrato, íntimo, de uno de los más grandes hombres que haya existido jamás. Un ciego de Buenos Aires, la ciudad eterna como el agua y el aire. El chisme da cuerpo a todo el volumen. Bioy no se cansa de anotar que Borges viene a cenar, dejando por sentado que comía prácticamente de su bolsillo. Es asombroso certificar la incansable voluntad de Bioy por no dejar pasar detalle de lo que Borges le cuenta, le comenta, le trasmite en llamadas telefónicas, sobre el extenso círculo de amistades del rico heredero de La Martona, la más grande procesadora de lácteos de Buenos Aires a mediados del siglo pasado. Un círculo de amistades que presidía otra rica heredera, su cuñada, Victoria Ocampo, otra de las argentinas más celebres, no por su belleza sino por 5

su inteligencia y sus contribuciones a la literatura de nuestra lengua, directora de la revista y la editorial Sur, amiga de Ortega y Gasset, Neruda, Lorca, Tagore, Camus, etc. ABC hace del chisme la cicuta que va envenenado la lectura de sus recuerdos de Borges. Ni la amistad, ni la prudencia y el respeto a las damas e iguales impiden, que con pasmosa ingenuidad y propósito, Bioy vaya registrando la frase ingeniosa o hiriente, la parcialidad de juicio, la tozudez contra quien se malquiere o se odia, la misoginia, el racismo, los complejos de superioridad argentinos, el anti peronismo, el anti comunismo y el escepticismo tanto suyo como de Borges, a medida que van creando una obra hecha de mutilaciones, modificaciones, suplantaciones y falacias cuyo propósito es la creación, tanto en carne como espíritu, -de eso es testimonio este libro-, de una fábrica inmortal de palabras. Porque nadie se salva en este extenso escrutinio y saqueo del mundo, donde Borges y Bioy = Biorges, diseccionan pasajes, examinan estrofas y rimas de un verso, impugnan locuciones, festejan sonoridades, ríen de la aspereza y la ausencia de buen gusto de un autor, o rescriben poemas por el mero gusto

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de ejercer el oficio que mejor conocen: escribir. El Fausto, de Goethe, “¿No te parece –dice Borges, es el mayor bluff de la literatura?”. Shakespeare es “the divine amateur”, siempre usa el “mot injuste”; el surrealismo,

comparás la muerte de Sócrates y la de Cristo no hay duda de que Sócrates era el más grande de los dos. Sócrates era un caballero y Cristo un político, que buscaba la compasión [...]”.
Y si el chisme es el hueso, la maledicencia es la medula que amarra esta amistad y la hace compadrazgo. Si Borges es un facón de hielo, Bioy es la perfidia misma y ambos son tóxicos y mortíferos. Bioy, entre líneas, va dejando sentado que Borges tiene una puritana antipatía por los temas amorosos y la incomodidad que siente ante las alusiones literarias a la vida sexual, justificando muchas veces que lo erótico es inferior a lo épico. Pero la cúspide de las insidias se alcanza cuando hacen referencia a las mujeres que les han interesado sentimentalmente. De Haydee Lange, la bella pelirroja libertina que fue una de sus (JLB) pasiones de madurez, quien le dejó por Oliverio Girondo y con la complicidad de Lorca hizo el amor una noche en una terraza con Neruda, dice que “vive idiotizada por el alcohol”; Estela Canto, a quien dedicó El Aleph y regaló el manuscrito que luego ella vendería en una subasta pública y que escribiera un libro sobre su relación con Borges, la considera “este pilar de la rectitud”; 6

“contrariamente a otras ideologías invasoras de lo literario, el catolicismo y el comunismo, prescinde del propósito de lograr obras legibles”; los poemas de Alejandra Pizarnik son “absurdas cacografías”; a Ezra Pound “lo consideran el il miglior fabbro, pero nadie lo lee”; “Thomas Mann era un idiota”; “Le dieron el Premio Nobel a Juan Ramón Jiménez… Primero Gabriela Mistral, ahora Juan Ramón. Son mejores para inventar la dinamita, que para dar premios… Gabriela Mistral no ha escrito un poema bastante bueno… Los premios no ayudan, en la posteridad a nadie…”; “¿Qué puede saber de nada un bruto como Hegel?”; (Oliverio Girando) “su obra no es nada”… “Fue un peronista inmundo”; “Neruda gusta porque a veces es cursi sin asco”; “Lorca escribió poemas horribles”; “Ya me habían dicho que los músicos no tenían oído. Piazzolla no sabe leer los versos”; “Sábato también desaparecerá, sin dejar rastro, después de la muerte”; “Si

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Silvina

Bullrich

es

una

“gorda

raviolera del barrio de Flóres”; Susana Soca, una mecenas uruguaya es “una opa” y otro tanto de colores locales
por las rivalidades y envidias entre las bellas y elegantísimas para Susana Bombal, Carmen Gándara, las hermanas Grondona, Wally Zenner, Marta Mosquera, Esther Zemboráin de Torres [con quien vino a Colombia por vez primera] o Pipina Dile y Elvira de Alvear, a quien en su postrer locura y pobreza, Borges visita infaltable cada fin de año. Capítulo aparte merece el primer matrimonio de Borges, cuando a los 68 años, decide casarse, ante la posible desaparición de su madre, con una vieja novia de juventud: Elsa Astete viuda de Albarracín, un ser de otro mundo, menos del borgiano.

“Pongo mi destino en manos de una desconocida”, dice Borges. “No se parece a las que él nos tiene acostumbrados –confía doña Leonor
Acevedo a Bioy-. Y más adelante los celos de Elsa con sus amigos, sus viajes, sus homenajes, mientras el viejo y ciego poeta cada vez más rico va comprándole vestidos, abrigos de piel, apartamentos, o zapatos de segunda mano. Al final, por supuesto, llega el turno a María Kodama, con quien casó por 7

poder 45 días antes de morir. Bioy guarda la más estricta prudencia sobre ella, quizás para no ofender la memoria de su amigo y maestro. Bioy Casares confesó que para él la vida y la literatura eran la misma cosa, que adeudaba tanto a los libros como a su intensa existencia. Su novela predilecta fue Dormir al sol. Creyó, además, que el cuento terminará derrotando a la novela pues éste puede tener todas las virtudes de aquella, sin sus defectos, principalmente, su extensión. De ahí, que quizás sean sus cuentos de la vida sentimental de los machos y las hembras de la clase alta argentina de mediados del siglo pasado, lo mejor de su obra narrativa. Guirnalda con amores [1959] y El héroe de las mujeres [1978] reúne una buena parte de ellos, contados a partir de esa técnica recreada por el noveau roman de ofrecer al lector la sensación de una conversación privada entre quien lee y quien narra, partiendo sin duda de experiencias reales, nada ficcionadas. El macho de Bioy devela sus miserias pero sigue oculto entre los clisés del lenguaje, mientras las hembras son heroicas es su extensa frivolidad. Bisoños románticos, asustadizos y fatuos que comprueban cada noche su fracaso

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con “ellas”, para quienes la vida es una gran diversión y nada saben de la muerte ni la fealdad o el envejecimiento. El 14 de Junio de 1986, un desconocido, en un quiosco de periódicos, cerca de La Biela, reveló a Bioy que Borges había muerto.

“Seguí mi camino, anota Bioy. Fui a otro de Callao y Quintana, sintiendo que eran mis primeros pasos en un mundo sin Borges.” Antes de morir,
apunta, alguien grabó a Borges cantando tangos: “Dicen que en esa

El círculo del cielo mide mi gloria, las bibliotecas de Oriente se disputan mis versos, los emires me buscan para llenarme de oro la boca, los ángeles ya saben de memoria mi último zéjel. Mis instrumentos de trabajo son la humillación y la angustia, ojalá yo hubiera nacido muerto.
Abulcásim el Hadramí.

grabación Borges ríe con la risa de siempre”.

LA VERDADERA HISTORIA DE LA CASA DE POESÍA SILVA DE BOGOTÁ
Harold Alvarado Tenorio ________________________
Eduardo Carranza falleció en Bogotá el 13 de febrero de 1985, un mes después que el Reino de España concediera el Premio Cervantes a Ernesto Sábato, presea a la que aspiraba el poeta desde la llegada al poder de Belisario Betancur, íntimo amigo de Felipe Gonzalez. En octubre de 1984 Carranza había sufrido en Madrid, en uno de los hotelitos que 8

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frecuentaba en La Moncloa, una suerte de apoplejía que terminó por llevarle a la muerte. Sus restos mortales fueron depositados en el cementerio de Sopó por el mismo presidente de la república y una comitiva de la que hicieron parte varios de los ministros del despacho, el jefe del Nuevo Liberalismo, Luis Carlos Galán, el ex presidente Carlos Lleras Restrepo, director de Nueva Frontera, la directora de Colcultura, Amparo Sinisterra de Carvajal, Gustavo Esguerra, Gobernador de Cundinamarca e Hisnardo Ardila, alcalde de Bogotá.

debían ir a parar a algún lugar donde sirvieran para el estudio de la poesía. Mientras meditaba en ello, un día de marzo de aquel año, en las oficinas de Nueva Frontera de la séptima con diecisiete, Genoveva Carrasco le comentó, en presencia de Darío Jaramillo Agudelo, el ya casi todo poderoso gerente cultural del Banco de la República, cómo una casa de inquilinato de La Candelaria donde había muerto José Asunción Silva y pasado días amargos Aurelio Arturo, estaba en venta y en franco deterioro. Para junio la casa ya estaba en manos de la corporación que regentaba la compañera sentimental de Patricio Samper, que muriera a manos de su propio hijo, que le propinó una veintena de puñaladas, mientras se desempeñaba como embajadora en Israel en 1995.

Rogelio Echavarría, Hernando Valencia Goelkel, Jorge Eliecer Ruíz, Danilo Cruz Vélez, Jaime García Mafla, Juan Manuel Roca, Harold Alvarado Tenorio, Belisario Betancur, Mario Rivero, Giovanni Quessep, Jorge Rojas, Andrés Holguín, Elkin Restrepo, Nicolás Suescún, Gerardo Valencia, Isaura Jaramillo, Carmen Barba, Darío Jaramillo y María Mercedes Carranza.

Ya para entonces su hija había pensado que al deceso del padre, libros, manuscritos, fotos y numerosos objetos y materiales bibliográficos que le pertenecían 9

Gabriel Arturo Castro, Edgar Melo, Alberto Rodríguez Tosca, Juan Felipe Robledo, Efraín Medina, Rodolfo Martínez Soto, Fabio Ibarra Valdivia, Celedonio Orjuela, Mauricio Contreras, Rafael del Castillo, Robinson Quintero, Milcíades Arévalo, Juan Carlos Acevedo, Piedad Bonnett, Carlos Andrés Almeida, Amparo Inés Osorio, Gabriel Jaime Franco, Joaquín Mattos Omar, Hernando Cabarcas, María Mercedes

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Carranza, Wadis Echeverry, Guillermo González Martínez, José Mario Arbeláez, Samuel Jaramillo…

Justo un año después de la muerte del poeta y a seis meses del Holocausto del Palacio de Justicia y la catástrofe de Armero, el 24 de mayo de 1986, el presidente Belisario Betancur inauguró la Casa Silva, cuyos trabajos de restauración habían durado nueve meses dirigidos por Rodolfo Vallín Magaña, quien con denodada paciencia recuperó el esplendor de los mascarones y las viñas, los demonios sonrientes de los rincones de la sala, las ostentosas crestas que coronan las puertas y los rosetones del patio que entrelazan conchas de nácar con delfines y tridentes de tritones. Como si se tratara de un palacete y no de una casa de inquilinato, el restablecedor colocó en las habitaciones y los corredores lámparas y arañas decimonónicas, y en las puertas y ventanas los herrajes, cerraduras y pomas originales compradas a desorbitantes precios en las anticuarias bogotanas de Chapinero, haciendo que los bastidores dieran la apariencia de la arquitectura republicana con vidrios de colores fabricados para la casa por artesanos del barrio Egipto. Un inmenso salón fue habilitado con tres de los cuartos de habitación del costado oriental del primer patio para poner allí los libros de Eduardo Carranza, comprados generosamente por la Corporación La 10

Candelaria y el Banco de la República, mientras en el segundo patio se levantó un precioso comedor público administrado por Juan Francisco Samper, hermano de quien sería el presidente más corrupto de la historia del país, también elegido con los caudales de los hermanos Rodríguez Orejuela como quedó confirmado en una carta dirigida al entonces presidente Pastrana Arango, desde la cárcel de La Picota, mientras esperaban ser extraditados a los Estados Unidos.

Víctor López Rache, Juan Manuel Roca, León Zuleta, Federico Cóndor, Evelio Rosero, Olga Malaver, Sandra Uribe, Catalina Gonzalez, Pedro Alejo Gómez, José Zuleta, Omar Ortiz, Miguel Ángel López, Felipe Agudelo Tenorio, Guillermo Linero Montes, Carlos Andrés Almeida, Carlos Alberto Troncoso…

El cuarto donde se suicidó Silva fue destinado al despacho de la directora, desde donde pudo alegrarse, mientras departía con sus numerosos invitados y rociando las charlas con buenos caldos peninsulares y destilados de malta de

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Escocia, con las azaleas que engalanaban el patio, a sabiendas que allí, durante años, los vecinos habían depositado flores y encendido cirios para el alma del difunto. Tres meses antes de la inauguración de la casa, el régimen celebró el primer aniversario de la muerte de Eduardo Carranza con una fanfarria que intentaba relegar las tragedias vividas a finales del año anterior, que aún retumban en la memoria de los colombianos. El 13 de febrero de 1986 el gobierno se trasladó, en una caravana de trescientos vehículos, desde la capital hasta el cementerio de Sopó, donde en presencia de Rosa Coronado, esposa del poeta, sobrina de la escritora marxista Elisa Mújica, trocada al catolicismo en la España de la dictadura y uno de los primeros y más ardientes amores del poeta, y de sus hijos Ramiro, María Mercedes, Juan y la nieta Melibea Garavito, el médico Ernesto Martínez Capella hizo un recuento de los años de la aparición de Piedra y cielo. Luego la enorme comitiva se trasladó a la Hacienda Yerbabuena, en cuyo oratorio fue oficiada una misa concelebrada por el capellán del Instituto Caro y Cuervo y jefe del departamento de historia cultural, monseñor Mario Germán Romero y por el padre Manuel Briceño Jáuregui, jefe de filología clásica, quien predicó 11

una homilía en su honor. Terminada la misa los asistentes se mudaron al Paseo de los Poetas frente a la casa de la hacienda, y Betancur con Rosa Coronado descubrieron un busto de Carranza ejecutado al natural por el escultor franquista Emilio Laíz Campos, el mismo que hizo la colosal escultura del almirante Blas de Lezo y Olavarrieta, mejor conocido como Patapalo, o Mediohombre, donde el vate llanero, al contrario de su habitual atavío bogotano, cuando vestía capa española de cristianos viejos y boina vasca, aparece con una ruana antioqueña y la cabeza descubierta. Se dijo entonces que el torso, que estuvo durante años en el patio trasero de la casa del poeta, azotado por el defecar de las palomas, había sido donado al instituto para la ocasión, pero según indicó esa misma mañana el periodista Rogelio Echavarría, que tenía por qué saberlo, lo habían vendido por dos millones de pesos de entonces. Acabado este acto los invitados pasaron al comedor y allí, entre vinillos y carnes de aves de corral, Alberto Dangond Uribe presentó una cinta fonóptica con la voz de Carranza leyendo Epístola mortal. Noemí Sanín Posada, ministra de comunicaciones, la misma que obligó a la radio a trasmitir un partido de futbol mientras retomaban a sangre y fuego el Palacio de Justicia de las manos del M-19, puso en circulación un millón de estampillas

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con la efigie del vate diseñada por Carlos Dupuy.

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Algunas de las anécdotas de esa celebración típica de los años del gobierno de Belisario Betancur son memorables. Según Nicolás Suescún1, dos de los asesores del presidente, Afán Buitrago y Hernando Valencia Goelkel no cumplieron la cita mañanera en la Casa de Nariño para acompañar al presidente porque se habían amanecido libando con el poeta Fernando Arbeláez en casa del segundo. El presidente, enterado de las circunstancias, envió un pequeño helicóptero de la policía a recogerles que aterrizó en un parquecito que había frente al apartamento de Valencia, esperando por ellos casi cuarenta minutos hasta que mediante fuertes tomas de café amargo lograron despabilar al ensayista de Mito y subiendo al aparato remontaron el vuelo y llegaron a la cita de Yerbabuena aun cuando habían perdido la de Sopó. Fue a ellos que Rogelio Echavarría, que había llegado puntual a la cita y estaba frente al busto de Carranza con su gabardina inglesa doblada sobre el brazo izquierdo, les contó de la transacción de la pieza del retratista de toreros y diplomáticos de Vicálvaro.

Pedro Alejo Gómez, actual director de Casa Silva y Juan Manuel Roca, su principal asesor.

Según un informe parcial del Instituto Distrital de Cultura y Turismo de Bogotá, la Fundación Casa de Poesía Silva recibió, entre los años 1998 y 2005 la bicoca de $ 3.870.096.355.oo., tres mil ochocientos setenta millones noventa y seis mil trescientos cincuenta y cinco pesos. Datos de sólo seis años, cuando “menos” dinero recibió de parte del distrito capital. No hay informes del dinero recibido entre 1986 hasta 1998, otros doce años. Y faltan los del Ministerio de Cultura y los que nunca sabremos, de la empresa privada, que en últimas fue también dinero público. Todas esas enormes sumas fueron dilapidadas en eventos espectaculares como las suntuosas ediciones de la llamada

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Historia de la poesía colombiana
La patria se congrega ante su poeta, en

Thesaurus, tomo XLI, números 1-3, Bogotá, 1986.

donde se ha ignorado, como en los tiempos de Stalin y a conveniencia de 13

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los directores de la Casa, los poetas incomodos u odiados; los reiterados

Encuentros de poetas y escritores hispanoamericanos, los eventos en diversas ciudades de La poesía tiene la palabra, y las ruidosas lecturas de
nadaístas y ex presidentes, criticadas con seudónimos por el tallerista Juan Manuel Roca desde las páginas del Magazín Dominical: ----”Ricardo

Jorge Child y tampoco la esté volviendo un parrandeadero vallenato” [MD, octubre 25 de 1987],-- los anuarios que recogían las conferencias y que también excluían los esfuerzos de otros colectivos en todo el territorio, cuando no recibían el nihil obstat de la directora o los talleristas; el Premio Eduardo Carranza o el Premio Silva [otorgado a escritores de segunda, pero benefactores de la señora Carranza como Mario Rivero, Fernando Charry, Hernando Valencia, Héctor Rojas y Rogelio Echavarría] o el Premio Pegaso concedidos siempre a dedo y con gajes millonarios en pesos y en miles de dólares y la celebración no sólo del centenario de la muerte de Silva, con exposiciones itinerantes por toda la nación y el mundo, sino también la llegada al medio siglo de la propia directora con un gran holgorio en la embajada de Colombia en Madrid, en el palacete de la calle Martínez Campos, cuando era embajador Ernesto Samper Pizano, adonde volaron unos quince concelebrantes incluidos, dijeron las malas lenguas, Dario Jaramillo Agudelo, Genoveva Carrasco, Alejandro Obregón, Aseneth Velasquez, Pilar Tafur, Pedro Alejo Gómez, Carmen Barvo, Marta Alvarez, Daniel Samper Pizano, Patricia Lara, Carlos Castillo, Luis Alfredo Sanchez, etc., visitantes asiduos al cercano Café El Espejo de 14

Aricapa escribe en “Balada de la Calle” (El Mundo 29/V/89), cómo al auscultar la caja de Pandora de la poesía nacional en la Cámara de Comercio de Medellín entró en batalla con 20.000 versos de toda la clase y repertorio. Se encontró con el Nocturno de Silva, el Ritornelo de León de Greiff, poemas del nariñense Yianhilo o el gran Aurelio Arturo. Pero también con que con el verso ganador de Darío Jaramillo y otro de Hernando Cardozo, ocurrió algo curioso: tuvieron un intenso proselitismo de activos y fervorosos admiradores, a juzgar por lo que vio en la caja: todos los votos eran fotocopias del mismo poema, no cambiaba sino la firma y la cédula del remitente. Como quien dice: 1a fotocopia tiene la palabra. Como si fuera poco el mismo Darío Jaramillo dijo que al ganar con 19.000 votos: “Eso me huele a trampa” (El Mundo 26/V/89).” [MD, julio 2 de 1989]; “Ojalá que doña María Mercedes Carranza no esté volviendo la casa del gran Silva en un recitadero como dice

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Recoletos 31, donde el futuro presidente de los colombianos departió en más de una ocasión con don Gilberto y don Miguel Rodriguez Orejuela, sus futuros electores.

de la demagogia política aduciendo en numerosas ocasiones que la lírica podía sanar las heridas de una sociedad violenta y enferma como la colombiana de los años de la república del narcotráfico. Como había sucedido durante la violencia de los años cincuenta con el Nadaísmo, ahora de nuevo la poesía servía como divertimiento y distracción de vastos sectores de los pauperizados habitantes de las grandes ciudades como Bogotá, Barranquilla, Medellín o Cali, donde actuó la señora Carranza con sus programas La poesía tiene la palabra, Alzados en almas, Descanse en paz la guerra, eligiendo unas veces el mejor verso de amor, de algunos de sus amigos, o el más excitante verso erótico de alguna poetisa recién venida. Numerosas fueron desde entonces las críticas a estos eventos. Uno de sus más acérrimos detractores, el polígrafo Héctor Abad Faciolince, sostuvo en dos artículos titulados Poetastro de la poetambre y 36 Millones de poetas como se hastiaba al enterarse de la pululación de encuentros, festivales, olimpiadas, bazares, homenajes, lecturas, revistas, congresos, concursos, becas de por y para poetas ricos, pobres, bosnios, cubanos, antioqueños, ingenieros, viejos, niños, reencarnados y muertos.

María Mercedes Carranza hizo entonces de la poesía un instrumento 15

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“En Colombia vivimos una explosión demográfica de auto poetas, escribió en
Lecturas Dominicales del 7 de mayo de 1995. De personas

que, por generación espontánea, se proclaman poetas. Esta falta de cultivo en el ejercicio de la poesía, al menos como programa, me parece demagógica, porque esta poesía, aparentemente fresca y espontánea, no hace más que reproducir clichés de lo que se considera poético. El armamento artístico de los poetas silvestres suele ser un inventario repetitivo de lugares comunes. La demagogia poética con su masificación de la poesía, lo que hace es halagar, adular al mal poeta que llevamos dentro. Sus espectáculos repiten un sonsonete ingenuo: Yo soy poeta, tú eres poeta, él es poeta, nosotros somos poetas, todos somos poetas, este gran evento es poesía, todo es poesía. ¿Sí será cierto que esa extraordinaria promoción de poetas, de poemas, de libros, folletos, revistas y actividades poéticas, encierra poesía? ¿O no será más bien un nuevo espectáculo montado por nuestra sociedad de masas
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que todo quiere convertirlo en un show multitudinario, financiado por la publicidad de la empresa privada, en parte, y en parte subsidiado por la burocracia de Estado?”
A la muerte de Carranza Coronado la casa pasó a otras manos y a pesar de las descomunales estadísticas que ofrecen para demostrar la promoción que hace de la poesía: 8.500.000 personas habrían cruzado el umbral de su puerta; 816 eventos se habrían realizado en el pequeño auditorio; 3.147 grupos de niños habrían recorrido sus patios y habitaciones; 3.500.000 habrían oído poemas en la fonoteca y otro 1.500.00 habría comprado poemas para regalar, las críticas al sucesor de la fundadora han sido numerosas y cáusticas, como esta de Omar Ortiz, titulada Se permuta casa por prólogo, publicada el 19 de mayo de 2013 en El Tabloide de Tulua:

“Ahora sabemos por qué Pedro Alejo Gómez no asistió al homenaje a María Mercedes. Estaba ocupado redactando un prólogo al libro del presidente del senado, el médico Roy Barreras. El abogado Gómez se ha dedicado los diez años de su dirección a estos menesteres de prologuista, de

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presentador de ex presidentes, de asistente asiduo a cocteles y eventos sociales que registran las páginas de Cromos, mientras cobra la suma de once millones de pesos mensuales. Sí, este apocado filipichín que confunde la decencia con la lagartería, tiró por la borda los diecisiete años de trabajo de la poeta Carranza, y lo que es más notable, logró volver realidad el postulado platónico: expulsar a los poetas de su reino”.

LA MUERTE DE UN ACTOR
Pascual Gaviria
________________________________________________ Adolfo Suárez, con sus retos, su arribismo, sus paradojas, sus enemigos y sus honores póstumos, encarna una especie de paradigma del político profesional. La figura de Suárez es relevante por el momento histórico en que recibió su encargo y por la intensidad cinematográfica de sus mayores desafíos. La película del 23 de febrero de 1981 en el hemiciclo del Congreso español, 17

cuando Suárez permanece sentado en su escaño, impávido, mientras los militares gritan, insultan y disparan al techo del salón del Congreso, fue suficiente para que Javier Cercas escribiera un libro de 400 páginas en busca de los significados de ese gesto valeroso del presidente y los motivos por los que el país de entonces había llegado a despreciarlo. Anatomía de un instante, el libro de Cercas, es una investigación exhaustiva sobre los primeros cinco años de la balbuciente democracia española luego de casi cuarenta años de dictadura y, al mismo tiempo, un ensayo con lecciones y advertencias para el teatro de la política en todas las “cloacas del poder”. Adolfo Suárez comenzó como botones del edificio del Movimiento, como se conocía al aparato político del franquismo. Un apuesto e impostado joven de provincia que tenía la ambición como emblema personal y podía mostrarse orgulloso o sumiso según las obligaciones de cada día. Recién nombrado presidente, un periodista de Paris Match le pregunto qué significaba el poder. El jefe de gobierno respondió con una sinceridad rebosante: “¿El poder? Me encanta”. Según la opinión generalizada en España luego de sus primeros tres años de gobierno, Suárez no era más que un arribista y un ignorante. Tenía enemigos en el Ejército por remover los oscuros

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laberintos del franquismo y hacer esperar a los generales detrás de su puerta; entre la derecha por legalizar el Partido Comunista y darles juego a los sindicatos; entre la Iglesia por permitir el divorcio; en el círculo de los financistas y empresarios por estorbar las reformas económicas y ser un usurpador que había obtenido el poder de la derecha mientras gobernaba para la izquierda; en el PSOE por ser un falangista de provincia, un tahúr que todavía asustaba al pueblo con sus advertencias sobre el marxismo y jugaba todas las cartas al mismo tiempo. También en su propio partido lo odiaban. La Unión de Centro Democrático era “un sello electoral improvisado” para políticos de variadas tendencias, una franquicia creada por el afán de la novedad electoral. Los celos y las rivalidades luego de las primeras derrotas hicieron que Suárez se convirtiera en un tibio (el Centro político había dejado de tener justificación) y “un pícaro que había sido un mal necesario” y ahora era un político menor jugando al estadista. Luego de un poco más de 30 años desde el golpe fallido de 1981, España ha cambiado de opinión casi de manera unánime con respecto a Suárez. En ese entonces era el único culpable de la gran crisis y la palabra desencanto era lo que hoy es la 18

palabra indignación. Tal vez sus gestos lo hayan salvado para la posteridad. Mientras uno de los golpistas, el coronel Tejero, le apuntaba al pecho, Adolfo Suárez le gritó su orden con la vehemencia de un gran actor: “¡Cuádrese!”. Hoy todo el país tiene una pose marcial frente a su féretro.

OCTAVIO PAZ CUMPLE CIEN AÑOS
Harold Alvarado Tenorio
_____________________________________________ T.S. Eliot, uno de los primeros poetas que leyó produjo a Octavio Paz (Mixcoac, 1914-1998) una gran impresión y le abrió las puertas de la poesía moderna. Eliot le habría mostrado la vía de reconciliación entre el mundo moderno y la tradición, enseñándole que el pasado está en el presente, el eterno ahora, donde en un instante confluyen ayer y mañana. Paz nació y creció en una gigantesca casa donde su abuelo tenía una biblioteca de doce mil volúmenes.

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Un abuelo defensor de los derechos de los campesinos y autor de una de las primeras novelas mexicanas que tratan el tema. Su padre fue abogado y un influyente pionero en asuntos de reforma agraria, que acompañó a Emiliano Zapata durante la revolución y fue su representante en Estados Unidos. A los diez años Paz estaba familiarizado con la literatura moderna de España y América, y con Novalis, Nietzsche y Marx. Estudió literatura en la Universidad de México pero se negó a graduarse, abandonando los estudios para ir a Yucatán donde fundó una escuela secundaria y descubrió por sí mismo el pasado de México. Durante algunos años, luego de su regreso de España, vivió en Ciudad de México donde colaboró en la creación de revistas e hizo traducciones del francés, alemán e inglés. En 1945 entró en el servicio diplomático. Su primer destino fue París (1946-1951) donde conoció a Bretón, Supervielle, Camus, Sartre. Durante los años cincuenta trabajó en Japón e India, sumergiéndose en la poesía oriental, en su pintura y arquitectura y en los clásicos del Budismo y el Taoísmo. Permaneció en el servicio exterior hasta 1968, cuando renunció como protesta contra la violenta represión del gobierno contra 19

los estudiantes en La Plaza de las Tres Culturas durante la Olimpíada. Durante un tiempo enseñó en la Universidad de Texas y fue Profesor de Estudios Latinoamericanos en Cambridge y de Poesía en Harvard. Luego regresó a México para editar las revistas de poesía y política Plural y Vuelta. La Guerra civil española cambió su vida, sus concepciones, y el rumbo de su poesía. El joven mexicano taciturno se tornaría un escéptico ante las posibilidades de una transformación de la condición humana. En 1937 Paz asistió al congreso de escritores antifascistas convocado en Valencia, la ciudad meridional que se había convertido en sede del gobierno Republicano con la presidencia de Manuel Azaña. Un lustro más tarde visitó Estados Unidos, donde había vivido, durante el destierro de su padre. A los veintitrés años encontró un país, que estando en guerra, pasaba por uno de sus mejores momentos. Luego de ser testigo de los raids de la policía contra los pachucos; asistir a la creación de las Naciones Unidas en San Francisco y dar conferencias en Vermont, se instaló en Berkeley para

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estudiar literatura latinoamericana. Allí se vio a sí mismo y a su país desde la otra orilla, experiencia que le ofreció la imagen inicial para componer su famoso libro El laberinto de la soledad (1956). Paz interpreta la historia de México como resultado de tres grandes rupturas: la conquista, la independencia y la revolución. Con una prosa brillante, plena de artificios, imágenes, epigramas, visiones y generalidades retrata la vida, el pasado y el presente de México, meditando la historia con lucidez, conjurándola, poniendo en su sitio los dioses de la soledad mexicana, los estrechos caminos del nacionalismo y los miedos ante el mundo. Tratando de asimilar el pasado, sugiere Paz, la Revolución, instintiva, brutal, tierna e impredecible, permanece como un activo equivalente de la fiesta más que como un programa racional. Sus héroes, Zapata, Villa y Carranza, convertidos en mitos, están sumergidos en un baño de sangre como el de Cuauhtémoc. Es necesario escapar de ese México y retornando a los orígenes, construir una verdadera alma a la nación. La fiesta, es decir la 20

Revolución, fue el encuentro del país consigo mismo. La certeza de que la soledad es nuestra substancia íntima, medula el volumen. Estamos desamparados, desnudos en un mundo de violencia y sin dioses. Somos, por primera vez en nuestra historia -dice Paz-, contemporáneos de todos los hombres. En París fue influenciado por el surrealismo. En esta escuela encontró el camino para negar la cultura occidental, que buscaba al escribir El laberinto de la soledad: independencia de los sistemas políticos y las ideologías. El surrealismo, que propuso abolir la realidad opresiva de unas sociedades decadentes que se creían únicas y verdaderas, le permitió expresar las tendencias más ocultas, del ser y la historia, mediante la imaginación y la poesía. En El amor loco de Bretón y El matrimonio del cielo y el infierno de William Blake, descubrió la identidad del amado con la naturaleza: las palabras, las frases, las sílabas y los astros -que giran alrededor de ese centro móvil y fijoson dos cuerpos que se aman y terminan por cubrir la página donde

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se escribe, donde por la existencia del amor, existe el poema. El surrealismo confirmó, además, su creencia en la eternidad del arte, que sobrevive a los imperios, a los partidos, a los dioses, y que sin servir a nada ni a nadie, es la libertad misma porque el hombre se crea y se conquista con su ejercicio, acto irrepetible, único y total. Paz se halló entonces en el centro de un mundo que había buscado con angustia: el erotismo y su otro rostro, el amor. Erotismo, alma del lenguaje y su espina dorsal, porque como éste y aquel, son una invención social, la veraz relación con el Otro.

Asociado a la Luna, a la humedad, al agua, a la vegetación naciente, a la muerte y resurrección de la naturaleza, -anota Paz en la nota que puso a la primera edición- para los antiguos mediterráneos el planeta Venus era un nudo de imágenes y fuerzas ambivalente: Istar, la Dama del Sol, la Piedra Cónica, la Piedra sin Labrar (que recuerda al pedazo de madera sin pulir del taoísmo), Afrodita, la cuádruple Venus de Cicerón, la doble diosa de Pausanias, etc...
Pero también, y además, un poema de reconciliación entre la noche y el día, el amor y la guerra, el sueño y la memoria, el silencio y el discurso: Una voz cae a través del tiempo y el espacio, busca contactos, los despojos cósmicos de las catástrofes históricas flotan. El amor surge como la única salvación posible: el deseo de poder encarnar en el presente, donde la carne, saciándose, pueda dar orden momentáneo al caos. Mujer y mundo se hacen un solo cuerpo para que, quien habla o lee, recoja sus fragmentos y avance sin cuerpo, a tientas por otros mundos que no son su memoria. Entonces el espacio detiene el viaje. Paz desciende y recuerda una visión a las cinco de la 21

Piedra de Sol (1957), es uno de los poemas más notables del siglo XX. No hay duda que debe mucho al surrealismo, y aunque se burle de las abstracciones, en él subsisten rasgos de los orígenes metafísicos del poeta. Es un homenaje al planeta Venus, cuyos 584 días cíclicos están representados por sus 584 endecasílabos. Venus es la Estrella de la Mañana (Phosphorus o Lucifer) y la Estrella de la Tarde (Hesperus o Vésper).

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tarde, con el sol sobre los muros de piedra, cuando las jóvenes abandonaban el colegio y olvidando el nombre de la muchacha, el poeta canta a la mujer en una serie de letanías metáforas. Luego recorre lugares de México y Berkeley e ingresa en uno de los pasajes más citados del poema, una escena de la Guerra civil española: el bombardeo sobre la Plaza del Angel, en Madrid en 1937. El amor, otra vez, permite encontrar la identidad perdida, derrumba alambradas y rejas, destruye a aquellos que se han hecho escorpiones, tiburones, tigres y cerdos para el hombre. La pasión, la locura de amor, el suicidio de quiénes aman, el adulterio, el incesto, la ferocidad amatoria, la sodomía, etc., son preferibles a la enajenación y a la aceptación de una sociedad que nos arruina. En Piedra de sol la violencia y el sacrificio son ofrendas a dioses hambrientos y exigentes. Las mitologías cristiana y azteca brindan el escenario y dotan de cuerpo a figuras como Lincoln, Moctezuma, Trotsky y Francisco Madero, asesinados en la búsqueda del bien. Incapaz de lograr la totalidad ansiada, la voz vive en el deseo y la nostalgia 22

por lo sagrado, que fugaz se revela en las antiguas ruinas de las religiones o en los cuerpos donde el amor tiembla omnipresente, concluyendo:

-¿la vida, cuándo fue de veras nuestra?, ¿cuándo somos de veras lo que somos?, bien mirado no somos, nunca somos a solas sino vértigo y vacío, muecas en el espejo, horror y vómito, nunca la vida es nuestra, es de los otros, la vida no es de nadie, todos somos la vida -pan de sol para los otros, los otros todos que nosotros somos-, soy otro cuando soy, los actos míos son más míos si son también de todos, para que pueda ser he de ser otro, salir de mí, buscarme entre los otros, los otros que no son si yo no existo, los otros que me dan plena existencia, no soy, no hay yo, siempre somos nosotros, la vida es otra, siempre allá, más lejos, fuera de ti, de mí, siempre horizonte, vida que nos desvive y enajena, que nos inventa un rostro y lo desgasta, hambre de ser, oh muerte, pan de todos,…
Algunas de las ideas poéticas de Paz están consignadas en El arco y la lira (1956), y en la primera sección de Corriente alterna (1967), una colección de ensayos sobre arte, ética,

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pensamiento oriental, drogas, la política del Tercer Mundo, los massmedia, etc. Uno de los más fascinantes capítulos de El arco y la lira es La otra orilla. Esta frase metafórica, dice Paz, aparece, frecuente, en los escritos de algunos maestros budistas. El salto mortal mediante el cual alcanzamos la otra orilla, explica, debe considerarse como la experiencia central del budismo Zen. Pero no sólo de éste. Para el cristianismo, bautizar, comulgar, y los varios ritos de iniciación, no son cosa distinta que un tránsito destinado a hacernos cambiar, a hacernos otros, como sucede con los tabús primitivos, sagradas regiones más allá del mundo material o la esfera hacia donde aspira llegar Juan de la Cruz, tierras de mito, arquetipos y leyendas donde el hombre trataba de alcanzar la realidad mediante el rito y el encantamiento, o mejor, donde cada hombre quiere encontrarse con su doble, su otro. Ese sería el significado de la experiencia religiosa, del erotismo y las visiones poéticas que nos permitirían, ocasionalmente, llegar hasta la otra orilla: tierra nostálgica de reunión con lo Otro. Para Paz las experiencias eróticas son la llave para realizar esta mística 23

unión y descubrir como sostiene el budismo. Desesperanza muy parecida a la de Eliot en La tierra baldía, que buscó lo absoluto más allá del poder, a través del amor y el arte. Un cambio significativo sucedió con la publicación de sus últimos libros de poemas. Vuelta (1975), fue amargura y pesimismo; los sueños son ahora pesadilla: en Nocturno de San Idelfonso lamenta la aparición de un clero de políticos de izquierda que, a la manera de los jesuitas de otros tiempos, quieren ignorar y justificar las más horrendas atrocidades. El poema es una amarga sátira contra las burocracias donde terminaron las utopías de occidente. En Árbol adentro (1987) la sabiduría es inútil, el tiempo ha llegado a su consumación y del amor, sólo quedan la costumbre y los recuerdos. El 19 de abril de 1998 murió en la Casa de Alvarado, Calle de Francisco Sosa 383, barrio de Santa Catarina, Coyoacán, Ciudad de México. Había sido trasladado ahí por la presidencia de la República, luego de que un incendio destruyera su departamento y parte de su biblioteca. Durante un tiempo, la Casa Alvarado fue sede de

la Fundación Octavio Paz y ahora lo es de la Fonoteca Nacional.

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EIELSON, EL NUDO APOCALÍPTICO
Jack Farfán Cedróni

Nada impide ahora que la onda de los aires resplandezca o que reviente el seno de la diosa en algún negro bosque. Nada sino los puros aros naturales arden, nada sino el suave heliotropo favorece la entrada lila de las bestias y el otoño en el planeta
Jorge Eduardo Eielson De: Último reino, publicado por primera vez, sin título, en: Creación y Crítica, 1 (1971)

Para Jorge Eduardo Eielson (Lima, 1924 – Milan, 2006), exiliado en Milan por más de cuarenta años, el arte debiera expandir sus horizontes, abandonar el “ghetto literario, que se abra a una nueva forma de comunicación, asumiendo un rol en sintonía con los paradigmas ya operantes”. Hijo de una dama peruana y de un inmigrante estadounidense de origen escandinavo, el nombre del artista peruano significa “hombre del campo”. Arraigado al elemento arqueológico, al centro de gravedad de la tierra, a la cultura milenaria de los incas, la consigna mayor e icónica de su arte tienen al nudo de los quipus como referente en varias de sus obras pictóricas, escritas e instalaciones. No es gratuita la exhumación de sus cinco “esculturas subterráneas”, realizadas en cinco países diferentes, durante sus viajes, entre 1963 y 1969, y transcritos luego 24

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a libros-objeto en idiomas diferentes. Como se lee en Nudo, «cuatro de ellos inaugurados el 16 de diciembre de 1969, simultáneamente en París, donde se encontraba el autor, en Roma, Eningen (Stuttgart) y Nueva York. El quinto libro (o “escultura para leer”) estaba destinado a Lima, pero no pudo ser colocado al mismo tiempo que los otros, como era el proyecto inicial, sino más tarde. El trabajo completo se expuso en 1969 en la muestra “Plans andprojects as art”, realizada en la Kunsthalle de Berna»iii Para elaborar la Escultura horripilante. Plaza de Armas de Lima, 20 de junio de 1967 (A César Moro, S. Salazar Bondy y Javier Sologuren), se lee en el libro-objeto que los más estrechos colaboradores del autor trabajaron sólo 27 minutos cada noche. Les serían necesarios más de dos años y medio, 915 noches para colocar a 17 metros bajo tierra un horroroso objeto con cabeza de muñeca parlante que recitaría los 15.000 metros de cinta magnetofónica grabada con los textos más célebres de todos los tiempos, estallando a su horrorosa exhumación con “su preciosa sangre humana”, al elegir una rosa o un lirio del campo, a la misma hora que termine de recitar todos los poemas grabados en la cinta. Configurando con aquel estrepitoso ejemplo, acaso la afiliación 25

a la desnudez que recorre el total de su obra, consistente de una “matriz musical” que sugiere el intento rítmico desde el cual armaba la armonía textual de su arte, que con la nada o el referente del espacio vacío establecen la barca total de la estética comprometida con el artista individual o con el caótico silencio. Jorge Eduardo Eielson, junto a Javier Sologuren, Sebastián Salazar Bondy, Antenor Samaniego, Francisco Bendezú o Blanca Varela, conformaron el grupo neovanguardista, que tuvo como mentor a Emilio Adolfo Westphalen, y que más influencia han generado en posteriores generaciones de poetas peruanos. En 1945, a los 21 años, gana el premio Nacional de Poesía, con Reinos, luego publicado en la revista Historia, dirigida por Jorge Basadre. 1948 es el año en que incurre en el teatro, adjudicándosele el III Premio Nacional de Teatro por Maquillage, editado en parte por la revista Espacio, y que en años recientes se ha dado a conocer de forma íntegra. Cuatro años antes de su deceso aparece en el homenaje que se le rindiera en su país, luego publicado en el libro Nudo, cubierto el rostro de una máscara azul con puntos blancos, confirmando así que el arte es capaz de enfrentar todas las ataduras que lo encasillan monotemático, convencional. Amante de la desnudez,

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a veces hiriente, parte de su postración y la enfermedad eran tósigo a la vez que prurito, más que la muerte, del fluir por escrito de sus objetos artísticos puestos en la despensa imaginérica del caos redundante en armonía, proceso cósmico rezumando el estanque, en tanto se mira un venado con los ojos de la fuente que lo repite. Eielson hace de los elementos cotidianos, de los elementos en estado salvaje, el repetir o la imitación incesante de la naturaleza hacia el arte. Fue Zen sin saberlo, como le dijo Taisen Deshimaru, un maestro budista Zen, encandilado en el Satori (alumbramiento) del alma al estado puro de las cosas en perfecta armonía. En 1948 inicia, en simultáneo a sus obras escritas, instalaciones gráficas y otros objetos de tinte vanguardista. El mismo año, gracias a una beca del gobierno francés, se afinca en París, iniciando el recorrido que le toma la mayor parte de su vida, retornando en muchas ocasiones por cortos periodos a su patria. El autoexilio en Europa lo confina a un latinoamericano con pocos recursos, cuyo mecenas en París, Paul Tolstoi (nieto del Leo) lo vería contento de enviar objetos extraños a direcciones azarosas; dejar esculturas raras en los lugares menos concurridos; o subir con un grupo de amigos, entre ellos, la coreógrafa Ivonne von Möllendorff, 26

al vagón del metro en París (ballet subterráneo), a realizar un happening, que consistía en conversar con los pasajeros para sacarlos de la gris rutina, mientras un mozo pasaba una bandeja con copas, invitando a los pasajeros a escanciar una copa de vino y bailar contentos, para luego invitarlos a cenar, si es que desean; o escribir una carta a la NASA para que se le enviara una de sus obras a la luna. Esta escena se repetiría luego por grupos teatrales, mimos y artistas callejeros, que en la actualidad emulan dicha performance como una forma de diario sustento. La obra del artista peruano Jorge Eduardo Eielson representa “pureza en la expresión”, buscando remecer por la tangente todas las convenciones y formatos que hasta hoy se han explotado en el arte convencional, para hacerlo interdisciplinario, abocado a la experimentación, renovación y compendio azaroso en todos los niveles innovadores que los límites sobrepasados del lenguaje, la imagen y la instalación le permitieron. Es por ello que su poesía, prosa, artes visuales e instalaciones vanguardistas, le añadieron un fresco diálogo con la cultura precolombina (de ello da cuenta la arena que encargaba le enviasen como un elemento original que abarca la naturaleza del desierto en estado salvaje impregnado en sus telas; y hasta el fresco rumor del

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envío de granos de lenteja en sobres de carta); tomando como signo fidedigno y personal, el quipu, a lo largo de sus múltiples e impredecibles obras de arte y “no-novelas”, como El cuerpo de Giulia-no (1971) o Primera muerte de María (1988). Merecedor del Premio Bienal Teknoquímica (2004), participó también el año subsiguiente en “Itinerarios del Sonido”, proyecto que involucraba al público madrileño, con una pieza presentaba en el paradero de autobuses en el Paseo del Pintor Rosales. Poesía escrita es la reunión de sus textos líricos editados en Lima, en 1976, con prólogo de Ricardo SilvaSantisteban, quien propone en su crítica liminar “la destrucción y el fin de la palabra” en la obra del poeta, siguiendo con “frenética actividad creativa”, como él mismo lo dijera en una entrevista que le hace Martha Canfield, para la RevistAtlántica de poesía, 9 (1995), “el ritmo del mundo en que vivimos (…) de poner en práctica el wu-wei taoísta, de seguir la corriente sin oponer resistencia”. Dicha obra reunida se editó también en México, hacia 1989; y luego en Colombia, el año 1998. En 2002, la Pontificia Universidad Católica del Perú elaboró un nutrido como extenso homenaje, bajo la dirección editorial de José Ignacio Padilla, Nudo; el libro-homenaje reúne su obra gráfica y escrita, que comprende 27

poesía, ensayos, textos en prosa y crónicas, en el tiempo en que su dispersión y/o ausencia hacían difícil o limitada la profundización eielsoniana. El tomo de 616 páginas representa un extenso homenaje a Eielson, amén de un vasto dossier crítico, así como una muestra de su obra pictórica e instalaciones. Entre los colaboradores podemos anotar a Martha Canfield, Julio Ramón Ribeyro, Renato Sandoval, Alfonso D’Aquino, Abelardo Oquendo, Javier Sologuren, Luis Rebaza, Pierre Restany, Michel Fossey, entre otros. La totalidad de su obra detalla; en poesía, Canción y muerte de Rolando (1943); Moradas y visiones del amor entero (1942); Reinos (1944); Antígona y Ájax en el infierno (1945); En la mancha, El circo, Bacanal, (1946); Doble diamante (1947); Mutatis mutandis (1954); Naturaleza muerta y Eros/iones (1958); Poesía escrita (1976); Tema y variaciones (1950); Poesía escrita, 2ª edición (1989); Noche oscura del cuerpo (1989); 4 Estaciones y Papel (1960); Antología (1996); Nudos, ed. bilingüe (1997); Poesía escrita, ed. de Martha Canfield (1998); Sin título (2001); Celebración (2001); Canto visible y Papel (1960);

Nudo, Homenaje a Jorge Eduardo Eielson. José Ignacio Padilla Editor/
PUCP-Fondo Editorial. Lima (2002); La vida es una obra maestra (2002); Arte poética, antología (2005); Del

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absoluto amor y otros poemas sin título (2005); De materia verbalis (2005); Habitación en Roma (1952) /
ed. de Martha Canfield (2008); un poema dramático, Pytx (1980); Habitación en Roma (1951-1954) / ed. de Sergio Téllez-Pon (Quimera, México, 2009); Poeta en Roma (2009). Su obra narrativa agrupa las novelas, El cuerpo de Giulia-no (1971); Primera muerte de María (1980). Una antología en colaboración con Sebastián Salazar Bondy y Javier Sologuren: La poesía contemporánea del Perú (1946). Y dos obras de teatro, Acto final (1959) y Maquillage (1948).
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EQUIPO:
ᴥ OPERACIONES: Silvia Farfán Cedrón, Bachiller en

Lengua y Literatura; Administradora de Empresas.
ᴥ PUBLICIDAD Y MARKETING: Eduardo Farfán Cedrón,

Administrador de Empresas.

PROYECTOS LITERARIOS: Jack Farfán Cedrón, Escritor.
ᴥ FINANZAS Y GESTIÓN EJECUTIVA: Javier Farfán

Cedrón, Máster en Administración y Organización de Negocios; Escritor.

RELACIONES INSTITUCIONALES: Sheila Farfán Cedrón, Profesora de Educación Inicial.

|Director: Jack Farfán Cedrón | NOTAS “Eielson : El nudo apocalíptico”

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Las opiniones vertidas en los textos firmados son de exclusiva responsabilidad de cada uno de sus autores y no necesariamente reflejan las opiniones y juicios de la Revista Kcreatinn. Todo el material escrito y publicado en estas páginas es de propiedad intelectual de cada uno de sus autores. Todos los derechos reservados de acuerdo a ley. COPYRIGHT © 2014 Kcreatinn a.c.s.f.d.l. Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú Nº 2008-02377 Producción: Kcreatinn: Asociación Cultural sin fines de lucro. Escritura pública Número Tres Mil Novecientos Sesenta y tres, registrada en la partida N° 11004907, título N° 00005356 del registro de personas jurídicas de la SUNARP.

Entre otros volúmenes líricos ha publicado Pasajero irreal (2005), Gravitación del amor (2010), El Cristo enamorado (2011) y Las consecuencias del infierno (2013). Modera los blogs ‘El Águila de Zaratustra’ & ‘Exquioc’, además de editar la revista digital Kcreatinn. En 2012 dio a conocer un volumen de reseñas literarias alrededor de célebres novelas: El fragor de las quimeras, bajo la producción de Kcreatinn Organización, de la cual forma parte. Algunas de las revistas virtuales en las que han aparecido textos suyos: Periódico de poesía (UNAM, México); Letralia (Venezuela); Revista de Letras; La

comuna de los desheredados; La comunidad inconfesable (España); Los poetas del 5 (Chile); El Hablador (Perú); Destiempos (México); Letras hispanas y Síncope
(México). ii Imagen: installation in homage to Leonardo, Codex on

the flight of birds and on knotting (Codice sul volo degli ucelli e sugli annodamenti; cf. dossier, XVIII), which he
created in Milan in 1993, in the Galleria delle Stelline: forty knots hung on the end of a golden thread, arranged on the ceiling according to the Golden Section. En: Nudo. Homenaje a Jorge Eduardo Eielson. José Ignacio Padilla Editor/ PUCP-Fondo Editorial. Lima, 2002. 616 págs. iii Nudo. Homenaje a Jorge Eduardo Eielson. José Ignacio Padilla Editor/ PUCP-Fondo Editorial. Lima, 2002. 616 págs.

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