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Introducción al Derecho Penal en Chile

El curso de Derecho Penal I, impartido por el Prof. Alejandro Moreira, tiene como objetivo introducir a los estudiantes en las características fundamentales del derecho penal y su función en la sociedad. Se abordarán temas como la justificación del Estado para imponer penas, la definición de delito y pena, así como la responsabilidad penal en Chile. Las clases se realizarán en línea y se analizarán textos relevantes, con bibliografía sugerida que incluye obras de Garrido Montt y Cury.

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Introducción al Derecho Penal en Chile

El curso de Derecho Penal I, impartido por el Prof. Alejandro Moreira, tiene como objetivo introducir a los estudiantes en las características fundamentales del derecho penal y su función en la sociedad. Se abordarán temas como la justificación del Estado para imponer penas, la definición de delito y pena, así como la responsabilidad penal en Chile. Las clases se realizarán en línea y se analizarán textos relevantes, con bibliografía sugerida que incluye obras de Garrido Montt y Cury.

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DERECHO PENAL I: PROF.

ALEJANDRO
MOREIRA D.
Presentación del curso

• El objetivo de este curso es que los alumnos comiencen el ciclo de derecho


penal, comprendiendo las características principales de esta área del sistema
jurídico.
• Es fundamental comprender la función del derecho penal en la sociedad actual,
cuales son sus propósitos principales, actores, herramientas, principios y
consecuencias.
• Este primer paso es fundamental para avanzar en las etapas posteriores del
ciclo, como la teoría del delito y la parte especial.
Presentación del curso

• ¿cuál es el justificación que tiene el Estado para imponer penas como


consecuencia de la comisión de determinados hechos?
• ¿porqué razón un hecho merece una pena de determinada cuantía o entidad, y
otro hecho es castigado de una manera diferente?
• ¿Porqué las personas cometen delitos?
• ¿Qué busca el Estado al imponer sanciones? ¿solo castigar?
• ¿Quiénes pueden tener responsabilidad penal en Chile? ¿desde cuando se
genera dicha responsabilidad y hasta cuando se extiende?
• ¿Cuáles son las características de la ley penal? ¿Cuáles son sus efectos en
cuanto a factores como el tiempo, las personas y el territorio?
• ¿Qué caracteriza al concepto de delito?
Presentación del curso

• Las clases se realizarán de manera on line, algunas consistirán en clases


expositivas y otras en las que analizaremos textos.
• Las fechas y modalidades de las evaluaciones serán informadas
oportunamente.
• La bibliografía sugerida es:
• GARRIDO MONTT, MARIO. Derecho Penal, Tomo I.
• CURY, ENRIQUE. Derecho Penal Parte General.
CONCEPTO Y DELIMITACIÓN DEL DERECHO PENAL

Concepto:
Toda definición se muestra condicionada por una actitud precedente del que la va
a desarrollar ante una opción de valores y expresiones que en definitiva marcan y
delimitan la línea conceptual en la que se mueve. No es de extrañar, por tanto,
que también en el Derecho penal exista la dificultad de encerrar en una breve
formulación la vasta materia que le da sentido con la multiplicidad de hipótesis
que han sido presentadas por la doctrina. Las diversas tendencias, que van desde
definiciones de carácter objetivo a subjetivo, de pura formalidad descriptiva a
materiales, se inician a finales del siglo XIX. HOLTZENDORF, por ejemplo, de
manera muy simple, la fija como "conjunto de normas que regula el derecho
positivo". Fue, sin embargo, Von LISZT quien, a pesar de seguir esta línea
marcadamente objetiva de concebir el Derecho penal, propuso un concepto de
suma validez por el influjo que ejerció entre los autores posteriores, lo resumió
como el conjunto de reglas jurídicas establecidas por el Estado, que asocian el
crimen, como hecho, a la pena, como legítima consecuencia.
CONCEPTO Y DELIMITACIÓN DEL DERECHO PENAL

Las concepciones aludidas y otras muchas que en esa época se emitieron tienen
como punto de encuentro el de situar el núcleo esencial del Derecho punitivo en
los delitos y en las penas. No obstante lo dicho, desde finales del siglo XIX
irrumpe la medida de seguridad que viene a añadirse durante el presente siglo a
la pena como medio de reacción del sistema penal en la mayoría de los
Ordenamientos penales. Ello produce la parcial insuficiencia de los conceptos
anteriores, desde el momento en que la doctrina, absolutamente mayoritaria,
incluye en sus definiciones junto a la pena la medida de seguridad, incluso, a
veces, acompañadas de otros mecanismos que buscan abrirse paso dentro de la
estructura conceptual del moderno Derecho penal.
CONCEPTO Y DELIMITACIÓN DEL DERECHO PENAL

En la actualidad, sigue ininterrumpidamente la cascada de definiciones, desde las


más diferentes perspectivas, que caminan por parecidos derroteros, aunque
actualizadas con las dimensiones expuestas. En este sentido, JESCHECK-
WEIGEND enlazan con las primeras opciones indicadas al asumir que "el
Derecho penal determina qué transgresiones contra el orden social constituyen
delito, amenazando con la pena como consecuencia jurídica por la realización de
aquél. Además, con motivo de la ejecución de un hecho delictivo, también prevé la
aplicación de las medidas de seguridad y corrección (pérdida de la ganancia,
comiso, inutilización, etc.)". ROXIN es todavía más sintético al estimar que el
"Derecho penal se compone de la suma de todos los preceptos que regulan los
presupuestos o consecuencias de una conducta conminada con una pena o con
una medida de seguridad y corrección".
CONCEPTO Y DELIMITACIÓN DEL DERECHO PENAL

La definición de Derecho penal que se va a desarrollar está necesariamente


matizada por las hipótesis mencionadas. En una primera aproximación, el
Derecho en general, conjunto de normas, se manifiesta como mecanismo de
control de la convivencia social en términos aceptables. En este esquema, el
Derecho penal es una parte de ese conjunto genérico de normas que forman el
Ordenamiento jurídico positivo. El punto de unión y al mismo tiempo de arranque
es, pues, el todo que constituye el Ordenamiento, del cual el Derecho penal es un
sector cuyas normas tienen especiales características que lo singularizan con
percepciones independientes. De entre ellas, una de las más relevantes es la que
atiende a comportamientos desviados, y dentro de éstos a los más indeseables,
para los que amenaza con sanciones rigurosas, a su vez, las más temibles con
las que se defiende el sistema social. En definitiva, el Derecho es, en su esencia,
un medio de control social que protege intereses. La parcela de esos intereses
que corresponde tutelar al Derecho penal está formada por determinados valores
fundamentales de la comunidad o del individuo.
CONCEPTO Y DELIMITACIÓN DEL DERECHO PENAL

Pero como dice CEREZO MIR sea el portador de esos valores, que son elevados
por la protección de las normas penales a la categoría de bienes jurídicos, éste o
aquélla, su lesión, dado el carácter público del Derecho penal, faculta
exclusivamente al Estado, desde el instante en que son protegidos por el Derecho
en la medida en que revisten una notoriedad social. Objeto de protección del
Derecho punitivo es, en definitiva, el bien jurídico mismo, y no el interés concreto
que pueda tener en él el ciudadano individual.
Las normas penales se presentan como la muralla que defiende valores colectivos
fundamentales. La protección jurídica que presta el orden del derecho a los
intereses comunitarios es la protección por la norma. Ambos, por tanto, valores
fundamentales y norma, son dos premisas inevitables en los contenidos de la
definición de Derecho penal. Se deduce, entonces, que el Derecho hace posible la
convivencia social tutelando determinados bienes de interés comunitario. Ahora
bien, es del todo sabido que hay individuos que no respetan semejante
protección.
CONCEPTO Y DELIMITACIÓN DEL DERECHO PENAL

Aquí aparece otra de las notas diferenciales de la norma penal: la amenaza de


pena o de otras consecuencias jurídicas. La sociedad necesita de ellas para
defender sus valoraciones esenciales de los actos con mayor des valor jurídico y
social. Hay que recordar en este punto la tendencia dominante que incluye junto a
la pena, como medio más destacado, la medida de seguridad.
CONCEPTO Y DELIMITACIÓN DEL DERECHO PENAL

Llegamos de tal modo a la conjunción de una serie de elementos imprescindibles


en cualquier concepción actual de Derecho penal: Normas, valores comunitarios
tutelados, conductas infractoras de esos valores, sujetos que atenían contra los
mismos y sanciones. Trasladados a la específica terminología de la disciplina
punitiva: normas penales, bienes jurídicos, delitos, sujetos infractores, penas y
medidas de seguridad. Se contemplan, en resumen, los pilares básicos en los que
se apoya el Derecho penal moderno, y que para MANTOVANI son: hecho ilícito,
autor y consecuencias jurídicas.
El primero constituye el requisito previo e imprescindible del Derecho punitivo. Sin
la conducta delictiva la norma penal no tiene sentido y, en todo caso, pasaría a
convertirse en un derecho de la intención abocado a la búsqueda de elementos
subjetivos, de caracteres sintomáticos del sujeto, "perseguido por lo que es y no
por lo que ha hecho". Un Derecho contrario, en definitiva, a las exigencias básicas
de un Estado democrático y de Derecho que requiere como dato imprescindible
para la intervención penal la realización de una conducta concretada como
delictiva por las normas punitivas
.
CONCEPTO Y DELIMITACIÓN DEL DERECHO PENAL

Si importante es la presencia de un hecho de estas características no menos lo es


la de un sujeto que ejecuta esa acción. Delito y delincuente se presentan como
"una unidad inescindible, siendo el hecho la proyección de la personalidad del
autor y viviendo el autor compenetrado con el hecho". Por último, las
consecuencias jurídicas derivadas del delito se manifiestan como las claves que
constituyen los instrumentos disuasorios adecuados con los cuales la sociedad
intenta combatir y controlar el fenómeno criminal. Con ser todo lo apuntado hasta
el momento requisito inevitable en cualquier definición de Derecho penal, todavía
falta algo para completarla. Se trata del ente de carácter superior que armonice
ordenadamente las diferentes facetas enunciadas. La facultad de establecer
penas y medidas de seguridad, de fijar cuáles son los bienes jurídicos que
merecen tutela penal y qué conductas son atentatorias contra dichos bienes, es
otorgada por las normas jurídicas a la sociedad organizada en el Estado. Ahora
bien, esta posibilidad no es ilimitada, está controlada por la propia organización
jurídica del Estado, cuyo límite no puede rebasar a no ser que destruya el orden
por él mismo creado
COMPONENTES CONCEPTUALES BÁSICOS
a) Delito
Lógicamente no es éste lugar sistemático para profundizar sobre el hecho
criminal. La magnitud de sus contenidos, de los elementos que lo integran y de las
percepciones doctrinales que sobre él se han desarrollado hacen necesario un
estudio pormenorizado de todas sus variantes, que ocupará, como se ha
expuesto, la tercera de las parte en las que he dividido este trabajo. Procede
ahora, simplemente, resaltar su existencia dentro de la definición que estamos
llevando a cabo y ofrecer una referencia conceptual para que desde ahora se
pueda ubicar dentro de los parámetros del moderno Derecho penal, donde tiene
un innegable papel imprescindible. En términos generales, el delito es toda
conducta que el legislador castiga con una pena. No obstante, parece dominante
en la doctrina, la fijación del delito, desde una perspectiva más analítica, como
"comportamiento antijurídico amenazado con pena y determinado en sus
caracteres por el tipo de una Ley penal, que el autor ha realizado de modo
culpable" El Código penal dispone que son delitos o faltas las acciones y
omisiones dolosas o imprudentes penadas por la ley.
COMPONENTES CONCEPTUALES BÁSICOS

Es obvio que junto al delito, y en relación a las medidas de seguridad, se


desarrollan los estados peligrosos, entendidos como la concreción, a partir de la
realización de un delito y dentro de una determinada categoría de personas, de un
pronóstico de comportamiento futuro que revele la probabilidad de comisión de
nuevos hechos criminales. Concebidos como complementos del delito, en cuanto
a la necesaria comisión previa, su presencia conceptual es asimismo accesoria y
dependiente de aquél.
COMPONENTES CONCEPTUALES BÁSICOS

b) Pena
La pena ha sido y sigue siendo la principal reacción jurídica frente al delito. No es
fácil tampoco concretar, al menos de manera pacífica, su concepto. Ha sido
considerada con frecuencia como un castigo. No obstante, esta apreciación ha de
ser revisada a la luz de nuevos criterios político-criminales. Es cierto que la pena
se presenta inicialmente para el individuo como una privación de bienes jurídicos,
por tanto, como un mal. No cabe, pues, el simplismo de que toda pena ha de ser
correccional, ni el humorismo de que cualquier pena es un bien, ni la paradoja del
derecho a la pena, propia de los correccionalistas. Pero tampoco, por el contrario,
puede entenderse como un castigo, en el sentido de venganza social contra el
que delinque. Su alcance mínimo es el de una medida de carácter represivo en
cuanto que supone la imposición de un mal por el delito cometido. Esto no implica
necesariamente que la función o el fin esencial de la pena sea la retribución.
COMPONENTES CONCEPTUALES BÁSICOS

Sobre esta aclaración inicial se puede -en una primera toma de contacto aun sin
prejuzgar todavía ni su naturaleza, ni su fundamento ni sus fines- definir como un
mal consistente en la privación de un bien jurídico que se impone de acuerdo con
la ley al culpable de la comisión de un delito. También aquí las variables
doctrinales en la especificación de sus elementos constitutivos son múltiples. Por
ejemplo, por citar uno solo, JESCHECK-WEIGEND la estiman como "la respuesta
a una considerable infracción jurídica a través de la imposición de un mal
adecuado a la gravedad del injusto y de la culpabilidad del autor, que expresa una
desaprobación pública del hecho y que, por ello, supone una confirmación del
Derecho«.
COMPONENTES CONCEPTUALES BÁSICOS

c) Medida de seguridad
Es casi unánime entre los escritores que han atendido al tema, estimar que la
primera aparición de las medidas de seguridad estructuradas sistemáticamente en
un cuerpo legal es en el Anteproyecto de Código penal suizo de 1883, elaborado
por STOOS, aunque también es cierto que antes existieron notorios precedentes
históricos, sobre todo en el ámbito doctrinal. Buscar una definición de medida de
seguridad es tanto como indagar en las diversas concepciones que sobre esta
consecuencia del delito existen.
COMPONENTES CONCEPTUALES BÁSICOS

Referenciales son las propuestas que en su momento hicieron ANTÓN ONECA, -


privaciones de bienes jurídicos, que tienen por finalidad evitar la comisión de
delitos que se aplican en función del sujeto peligroso y se ordenan a la prevención
especial-, ANTOLISEI -ciertos medios orientados a readaptar al delincuente a la
vida social libre, es decir, a promover su educación o curación, según que tenga
necesidad de una o de otra, poniéndolo en todo caso en la imposibilidad de
perjudicar- y BERISTAIN IPIÑA -medios asistenciales consecuentes a un hecho
típicamente antijurídico, aplicado por los órganos jurisdiccionales a tenor de la
Ley, a las personas peligrosas-. Semejantes percepciones dirigidas a su
concepción como privaciones de bienes jurídicos, como medios destinados a
readaptar al delincuente, o como medios asistenciales pecan, analizadas desde
una perspectiva actual, de generalistas y de mostrar un contenido próximo a los
objetivos y fines de la propia pena. Esta última ha avanzado con inusitada rapidez
hacia semejantes postulados
COMPONENTES CONCEPTUALES BÁSICOS
El Derecho penal preventivo es una opción desarrollada tanto desde la pena como
desde la medida de seguridad. La medida de seguridad conlleva, cierto que con
menor intensidad que la pena, también privación de bienes jurídicos al ser
impuesta por el Estado al individuo; ello no quiere decir que no sea prudente ni
necesario interpretarla como un medio asistencial que la acción estatal tiene el
derecho pero al mismo tiempo la obligación de ofrecer al ciudadano y no como
una pretensión sancionadora sustitutiva de la pena en sentido tradicional con el
carácter más amenazante de su indeterminación. De cualquier forma, el aceptar la
medida de seguridad como privación de bienes jurídicos no conlleva en absoluto
menosprecio alguno a las finalidades preventivas de curación y readaptación que
persigue esta institución jurídica. De todo lo dicho puede deducirse que la
diferencia fundamental, aunque no decisiva, que distingue a la pena de la medida
de seguridad es precisamente su naturaleza. Mientras aquélla se basa en el delito
cometido sobre la base de la culpabilidad o responsabilidad del sujeto; ésta, lo
hace sobre el individuo que también ha realizado una conducta observada por la
ley penal como infracción y que revela una determinada peligrosidad criminal,
aunque su conducta pueda ser no culpable.
COMPONENTES CONCEPTUALES BÁSICOS
d) Consecuencias accesorias
En términos generales, sin embargo, hay que afirmar que no son penas, tampoco
medidas de seguridad ni medidas administrativas ni de tipo reparativo -por la
vigencia en nuestro Ordenamiento positivo penal del principio societas delinquere
non potest, porque no son proporcionales a la gravedad del hecho ni a la
culpabilidad del autor, porque no se exige la existencia de una concreta
peligrosidad criminal, porque están incluidas en el Texto punitivo- sino una
novedosa estructura legislativa cercana a la pena y a la medida de seguridad pero
sin las limitaciones básicas de ambas, fundamentada en la prevención y con un
marcado carácter accesorio con respecto a aquéllas. Desde semejante
perspectiva, las podemos definir de manera descriptiva, con FERNÁNDEZ
PANTOJA, como "aquellas consecuencias jurídicas de delitos o faltas que, con
carácter penal y sin ser penas ni medidas de seguridad, consisten en privaciones
o restricciones de bienes y de derechos y en cuya imposición atendiendo a la
naturaleza de las mismas, los jueces o tribunales gozan de un margen de
discrecionalidad sometido a los limitaciones legales y procesales
correspondientes"
CONCEPTO

Conjunto de normas jurídicas que regulan el poder punitivo del Estado y que
protegen bienes jurídicos esenciales para la comunidad social a través de la
concreción como delitos o estados peligrosos de determinadas conductas a las
que se le asocian en su realización penas, medidas de seguridad o
consecuencias accesorias como consecuencias jurídicas.
LOS PRINCIPIOS QUE CONFIGURAN EL DERECHO PENAL DEL ESTADO SOCIAL Y DEMOCRÁTICO
DE DERECHO

Existe consenso entre nuestros autores que el Estado chileno es un estado social
y democrático de Derecho. Semejante proclamación tiene una enorme
trascendencia tanto teórica como práctica e incide en todo el Ordenamiento
jurídico y, muy especialmente, en el penal. Entre otras hipótesis, conlleva una
serie de garantías en relación a la ciudadanía que cualquier sector de la
estructura jurídica ha de respetar.
En este sentido, el ejercicio del poder punitivo del Estado ha de obedecer a una
serie de principios que salvaguardan esas mínimas garantías que todo ciudadano
ha de poseer para convivir en una sociedad democrática y respetuosa con los
derechos y obligaciones de todos. El intervencionismo estatal no puede, en
ningún caso, por necesario que sea, y en el ámbito penal lo es, avasallar la
dignidad y seguridad de sus ciudadanos.
LOS PRINCIPIOS QUE CONFIGURAN EL DERECHO PENAL DEL ESTADO SOCIAL Y DEMOCRÁTICO
DE DERECHO

Con semejante perspectiva se elabora un catálogo de principios que van a dirigir y


delimitar todos los contenidos de las normas punitivas y que, en consecuencia,
son necesarios de definir y desarrollar como parte del estudio de los fundamentos
que asientan la estructura penal, porque son precisamente los pilares básicos e
irrenunciables sobre la que ésta se cimenta en el Estado garantista.
La percepción con que se asumen estas limitaciones es variada dentro de la
doctrina. Por un lado, están los autores que, más inclinados a la distinción entre
Derecho penal objetivo y Derecho penal subjetivo, incluyen la enumeración de
semejantes principios dentro de la narración de éste, sobre la separación de
límites materiales al ius puniendi, que a su vez diferencian en la producción –
principio de necesidad de la intervención, principio de la dignidad de la persona,
principio de protección de bienes jurídicos- y en la aplicación de las normas -
principio de necesidad de pena, principio de dignidad de la persona-, y límites
formales -principio de legalidad.
LOS PRINCIPIOS QUE CONFIGURAN EL DERECHO PENAL DEL ESTADO SOCIAL Y DEMOCRÁTICO
DE DERECHO

Por otro, se manifiestan los que fundamentan en el Estado social y democrático


de Derecho no solo al Derecho penal en sí mismo, sino también y directamente
sus límites. Desde semejante perspectiva MIR PUIG distribuye entre los tres
componentes de dicha fórmula los distintos límites que deben de respetar el
legislador y los demás órganos encargados de ejercer la función punitiva: Estado
de Derecho -principio de legalidad-, Estado social -principio de utilidad de la
intervención penal, principio de subsidiaridad y carácter fragmentario del Derecho
penal, principio de exclusiva protección de bienes jurídicos-, Estado democrático -
principio de humanidad de las penas, principio de culpabilidad, principio de
proporcionalidad, principio de resocialización.
LOS PRINCIPIOS QUE CONFIGURAN EL DERECHO PENAL DEL ESTADO SOCIAL Y DEMOCRÁTICO
DE DERECHO

En un tercero, se sitúan los que, como QUINTERO OLIVARES, lo concretan sobre


los momentos operativos de la potestad punitiva y la actuación de los principios
informadores como límites: los que el Estado de Derecho impone al que detenta la
potestad en orden a la construcción del sistema penal positivo y los que el Estado
de Derecho establece en orden a la aplicación y ejecución de las penas sobre un
autor en concreto.
Por otro, se manifiestan los que fundamentan en el Estado social y democrático
de Derecho no solo al Derecho penal en sí mismo, sino también y directamente
sus límites. Desde semejante perspectiva MIR PUIG distribuye entre los tres
componentes de dicha fórmula los distintos límites que deben de respetar el
legislador y los demás órganos encargados de ejercer la función punitiva: Estado
de Derecho -principio de legalidad-, Estado social -principio de utilidad de la
intervención penal, principio de subsidiaridad y carácter fragmentario del Derecho
penal, principio de exclusiva protección de bienes jurídicos-, Estado democrático -
principio de humanidad de las penas, principio de culpabilidad, principio de
proporcionalidad, principio de resocialización.
LOS PRINCIPIOS QUE CONFIGURAN EL DERECHO PENAL DEL ESTADO SOCIAL Y DEMOCRÁTICO
DE DERECHO

Con semejante perspectiva se elabora un catálogo de principios que van a dirigir y


delimitar todos los contenidos de las normas punitivas y que, en consecuencia,
son necesarios de definir y desarrollar como parte del estudio de los fundamentos
que asientan la estructura penal, porque son precisamente los pilares básicos e
irrenunciables sobre la que ésta se cimenta en el Estado garantista.
La percepción con que se asumen estas limitaciones es variada dentro de la
doctrina. Por un lado, están los autores que, más inclinados a la distinción entre
Derecho penal objetivo y Derecho penal subjetivo, incluyen la enumeración de
semejantes principios dentro de la narración de éste, sobre la separación de
límites materiales al ius puniendi, que a su vez diferencian en la producción –
principio de necesidad de la intervención, principio de la dignidad de la persona,
principio de protección de bienes jurídicos- y en la aplicación de las normas -
principio de necesidad de pena, principio de dignidad de la persona-, y límites
formales -principio de legalidad.
LOS PRINCIPIOS QUE CONFIGURAN EL DERECHO PENAL DEL ESTADO SOCIAL Y DEMOCRÁTICO
DE DERECHO

Estas y otras muchas, que podrían ser enumeradas, son las opciones en las que
se mueve la doctrina más actual. Existe una característica común y es la
necesidad de acotar el posible amplio poder del Estado en beneficio del
reconocimiento de las garantías ciudadanas, especialmente en un ámbito, como
el penal, donde su conculcación puede llevar a consecuencias de difícil
reparación. También se coincide en la mayoría de los principios a aplicar.
Entiendo, por otro lado, que éstos no solo han de ser estimados como límites al
iuspuniendi, que de algún modo lo son pero que los encorseta excesivamente,
sino, sobre todo, como principios rectores y estructuralmente definitorios de un
Derecho penal propio y protector del Estado social y democrático de Derecho, lo
que conduce a una función de garantía, del mismo Derecho punitivo sobre sí
mismo y sobre los valores proclamados por el Texto constitucional.
PRINCIPIO DE LEGALIDAD

El principio de legalidad de los delitos y de las penas constituye uno de los


postulados más importantes de la estructura punitiva del Estado de Derecho, al
mismo tiempo que se muestra como una relevante limitación del poder punitivo de
dicho Estado. Se expresa de la siguiente forma: ningún hecho puede ser estimado
como delito sin que una ley anterior lo haya calificado como tal (nullum crimen
sine lege); no podrá aplicarse ninguna pena que no haya sido previamente
establecida por la ley (nullapoena sine lege). Su formulación latina (nullum crimen
sine lege, nullapoena sine lege) procede de von FEUERBACH que lo expone en
relación con su teoría de la pena como coacción psicológica. En sentido inverso,
como manifiesta ROXIN, supone que por mucho que una conducta sea en alto
grado socialmente nociva y reveladora de necesidad de pena, el Estado sólo
podrá tomarla como motivo de sanciones jurídico-penales si antes lo ha advertido
expresamente en la ley.
PRINCIPIO DE LEGALIDAD
Pese a la envoltura latina con que se expresa el principio de legalidad, gran parte
de la doctrina moderna encuentra su inicial formulación en la filosofía de la
Ilustración. La teoría del contrato de ROUSSEAU y la de la división de poderes de
MONTESQUIEU constituyen su substrato ideológico, mientras que la concreción
es realizada por BECCARIA en su obra De los delitos y de las penas. Este último
autor fija el Derecho de castigar en la absoluta necesidad social y, como garantía
fundamental de los ciudadanos, el sometimiento del Estado a la ley y la seguridad
jurídica de la persona, de cuyos principios se deriva la consecuencia de que sólo
las leyes -que han de ser claras y simples- pueden decretar las penas de los
delitos, y esta autoridad debe de residir únicamente en el legislador que
representa toda la sociedad unida por el contrato social. Existen autores que
adelantan los precedentes del principio incluso hasta el Derecho romano y
canónico. Durante un tiempo algún sector doctrinal ha mantenido que su origen
hay que buscarlo en el artículo 39 de la Magna Charta Libertatum dada por el Rey
inglés Juan sin Tierra en el año 1215. Otros se inclinan por el precedente de la
Charta Magna Leonesa que D. Alfonso, Rey de León y de Galicia, otorgó en las
Cortes de León del año 1188.
PRINCIPIO DE LEGALIDAD

De cualquier forma no cabe duda de que el principio tal como actualmente se


concibe tiene su origen en el siglo XVIII y es obra del pensamiento ilustrado y
liberal en su lucha contra los abusos y arbitrariedades del poder. Su consagración
definitiva se inicia en las Constituciones americanas (Filadelfia, 1774, Virginia y
Maryland, 1776). En Europa lo esboza la Josephina austríaca de 1787, pero es,
sobre todo, la Declaración francesa de los Derechos del hombre y del ciudadano
de 26 de agosto de 1789 la que le otorga carta de naturaleza.
PRINCIPIO DE LEGALIDAD

Con el triunfo de la bandera del legalismo que enarbola el movimiento ilustrado, el


principio de legalidad se asienta en el campo del Derecho penal y, a través de él,
en las Constituciones de los países de nuestra área de cultura. Según ROXIN,
este reconocimiento del principio se consolida sobre cuatro puntos de partida
distintos, aunque conexos, justificados desde una perspectiva jurídicopolítica,
unos, y otros desde una jurídico-penal, y cuyo reconocimiento es necesario
también para su interpretación actual: liberalismo político, democracia y división
de poderes, prevención general, principio de culpabilidad. En el siglo XIX fue
incorporado a casi todos los Códigos penales europeos. Excepciones a esta regla
general pueden ser el Código penal danés que permitía la analogía y la posición
especial que adopta el Derecho penal inglés donde rige esencialmente la
Common law.
PRINCIPIO DE LEGALIDAD

Esta hegemonía del pensamiento legalista no transcurre sin fluctuaciones. La


oposición al principio se produce desde diversos campos. En el terreno doctrinal
tiene especial énfasis la protagonizada por la Escuela Positiva y por el
Correccionalismo. La negación más radical, sin embargo, se encuentra en el
ámbito político con el advenimiento de los modernos regímenes totalitarios:
Códigos penales de la URSS de 1922 y 1926, Alemania nazi, etc. Con la
terminación de la 2a Guerra Mundial y la derrota de las ideologías autoritarias se
restablece la vigencia del principio, fundamentalmente en Alemania, donde más
quebrantos sufrió.
PRINCIPIO DE LEGALIDAD
En la actualidad el principio de legalidad está reconocido prácticamente en todos
los países, aunque, de manera solapada vuelve a sufrir ciertos ataques. En la
doctrina se habla, y a veces con razón, de individualización de la pena, de
tratamiento del delincuente, de considerar sus características personales, de huir,
en definitiva, de formulaciones abstractas y apriorísticas. En la legislación se
emplean fórmulas vagas e imprecisas en un intento de prever todas las
situaciones delictivas que la sociedad puede ir generando. La jurisprudencia, por
último, a través de su interpretación del derecho, llega a crear figuras jurídicas no
previstas de manera clara y contundente en la ley penal. Para QUINTERO
OLIVARES, y no le falta razón, desgraciadamente en las democracias modernas
se advierte una preocupante tendencia a dar por supuesta la compatibilidad entre
el Estado de Derecho y la restricción de garantías y derechos individuales; la
tensión entre garantismo -donde el principio de legalidad se presenta como
postulado de garantía democrática indiscutible- y seguridad parece decantarse -
motivado muy especialmente, pero no como única razón, por la crisis provocada
por el terrorismo internacional- a favor de esta última230. Situación que no deja de
ser preocupante, a pesar de las coyunturas sociales presentadas para su
fundamentación.
PRINCIPIO DE LEGALIDAD. Reconocimiento.

En el derecho positivo chileno el principio de legalidad ha tenido antiguo


reconocimiento y no sólo reconocimiento legal, sino constitucional. Este principio
estaba contemplado en la CPE de 1925 en su artículo 11 y la que impera
actualmente en el país lo reconoce en su artículo 19 número 3º como una
garantía constitucional, el cual establece que: ningún delito se castigará con otra
pena que la que le señale una ley promulgada con anterioridad a su perpetración,
a menos que una nueva ley favorezca al afectado (dice promulgación y no
publicación). De este modo, además contempla la irretroactividad de las leyes
penales y la retroactividad de las más benignas.
PRINCIPIO DE LEGALIDAD. Reconocimiento.
En el CP mucho antes ya figura con insistencia en su articulado:
a. Respecto del delito en el artículo 1 párrafo 1º: “Es delito toda acción u
omisión voluntaria penada por la ley (legalidad para los delitos, el delito debe
estar establecido en la ley)”.
b. En cuanto a la pena el artículo 18 párrafo 1º: “Ningún delito se castigará con
otra pena que la que le señale una ley promulgada con anterioridad a su
perpetración (en el inciso 2º se establece la irretroactividad de las leyes penales
más benignas que ya veremos)”
c. En cuanto a la ejecución de las penas el artículo 80 inciso 1º: “Tampoco
puede ser ejecutada pena alguna en otra forma que la prescrita por la ley, ni con
otras circunstancias o accidentes que los expresados en su texto”. Pero, a
continuación la ley remite a los reglamentos penitenciarios (en cuanto a los
alimentos y visitas entre otras), por lo que la legalidad se acabó.
d. En cuanto a la garantía del enjuiciamiento o jurisdiccional el artículo 79
establece que no puede ejecutarse pena alguna sino en virtud de sentencia
ejecutoriada y la sentencia supone un juicio legal previo.
PRINCIPIO DE LEGALIDAD. Reconocimiento.

Pese a los caracteres de autoritarismo de la Constitución que impera en Chile, es


interesante señalar que no es común en las Constituciones contemporáneas y se
encuentra en pocas Constituciones de estilo liberal -por ejemplo: en la
Constitución de la República Federal de Brasil- y es que el párrafo final del
número 3º del artículo 19 consagra como garantía constitucional el principio de
tipicidad o principio de determinación. A continuación de establecer que sólo la ley
puede establecer los delitos y que ningún delito se castigará con otra pena la que
le señale una ley promulgada con anterioridad a su perpetración, a menos que
una nueva ley favorezca al afectado, el párrafo final expresa que ninguna ley
puede establecer penas sin que la conducta (termino cuestionable pues el
profesor prefiere acto ya que cuando se sanciona por conducta la conducta de
una idea de persecución en el tiempo) este expresamente descrita en ella. Esto
obliga al legislador a acuñar tipos cerrados y son inadmisibles los tipos abiertos o
de caucho. Este principio de tipicidad por lo tanto tiene jerarquía constitucional.
PRINCIPIO DE LEGALIDAD. Consecuencias.

Es reiterada la jurisprudencia, que deduce que el principio de legalidad en el


ámbito del Derecho penal se configura, por lo menos, sobre tres exigencias: la
existencia de una ley, reguladora de las conductas delictivas (lex scripta); que
dicha ley se halle en vigor antes de cometerse el hecho delictivo sometido a
enjuiciamiento (lexprevia); y que la ley describa o delimite de forma precisa y
concreta su conducta (lex certa). En definitiva, el principio de legalidad constituye
en una primera aproximación el requerimiento de ley previa, escrita y estricta o
cierta. La proclamación del principio nullum crimen, nulla poena sine lege en los
Códigos penales y en las Constituciones determina además una serie de
consecuencias que es necesario agrupar en tres planos: en el marco de la fuentes
del Derecho penal, en el ámbito de las garantías individuales y en la técnica de
elaboración de las leyes penales.
PRINCIPIO DE LEGALIDAD. Consecuencias.

A) EN EL MARCO DE LAS FUENTES DEL DERECHO PENAL: LA RESERVA


ABSOLUTA DE LEY.
B) EN EL ÁMBITO DE LAS GARANTÍAS INDIVIDUALES: el principio de legalidad
supone una función de garantía que se proyecta en cuatro direcciones: Una,
garantía criminal {nullum crimen sine legé). Dos, garantía penal {nullapoena
sine lege). Tres, garantía jurisdiccional {nemo damnetur nisiper légale
iudicium). Nadie podrá ser condenado sino con ocasión de sentencia firme.
Cuatro, garantía de ejecución. No podrá ejecutarse pena alguna en forma
diferente de la prescrita por la Ley y por los reglamentos.
C) EN LA TÉCNICA DE ELABORACIÓN DE LAS LEYES PENALES: EL
MANDATO DE CERTEZA
PRINCIPIO DE CULPABILIDAD

Otra limitación importante derivada de la concepción del Estado democrático. El


reconocimiento del principio de culpabilidad es una de las cuestiones más
debatidas en la doctrina penal actual. El concepto y su función en el ámbito
punitivo están sometidos a fuertes críticas, fundamentalmente encaminadas hacia
su comprensión tradicional. Se ha de afirmar en consecuencia que las objeciones
más que al principio en sí, que también las hay, están dirigidas a la pluralidad de
concepciones creadas alrededor de él. Se ha presentado tanto como una
experiencia fundamental religiosa y moral del hombre como una situación
psicológica o sociológica, tanto una vivencia y un reconocimiento individuales
como una parte de la realidad social, tanto un proceso dinámico (llegar a ser
culpable y sentirse culpable) como una magnitud valorativa (juicio de culpabilidad
sobre otro). En la actualidad, no obstante, el interés científico del principio ha de
concretarse en su realidad misma, en su contenido, en su significación en el
Derecho penal vigente.
PRINCIPIO DE CULPABILIDAD

Sin entrar en excesivas confrontaciones doctrinales, el principio de culpabilidad


puede concretarse en la exigencia de que la pena ha de basarse en la
comprobación de que la conducta delictiva que origina dicha pena debe ser
reprochable a su autor. Este juicio de reproche se ha entendido en diversas
ocasiones con connotaciones moralizantes no deseables. Ha de partir de la
certeza jurídica de libertad como presupuesto de la actuación individual y
centrarse en una determinación efectiva de que el hecho ciertamente atribuible a
esa persona le puede ser asimismo responsabilizado en la medida en que ha
actuado libremente de forma antijurídica cuando podía haberlo hecho de otra
manera.
PRINCIPIO DE CULPABILIDAD

Con esta perspectiva global, la controversia se desarrolla cuando el término


culpabilidad se ha empleado, bien como sinónimo de responsabilidad subjetiva, es
decir como exigencia de dolo o culpa para fundamentar la imposición de una pena
o en el sentido de reprochabilidad o posibilidad de atribuir un hecho antijurídico a
su autor. En este sentido JESCHECK-WEIGEND destacan como el Tribunal
Supremo Federal alemán, en una declaración programática, ha hecho del
principio de culpabilidad una de las piezas básicas de su jurisprudencia: "la pena
presupone culpabilidad. Esta última significa reprochabilidad. Con el juicio de
desvalor de la culpabilidad al autor se le reprocha el no haber actuado conforme a
Derecho, esto es, haberse decidido por el injusto a pesar de que habría podido no
hacerlo.
PRINCIPIO DE CULPABILIDAD. Significación del principio en el Derecho penal coetáneo.

Una vez fijada, en los términos generales planteados, la realidad y el contenido


del principio de culpabilidad hay que referirse a su significación en el Derecho
penal vigente. La culpabilidad como concepto general, ocupa un triple espacio en
el Derecho punitivo: a) como principio básico configurador del Derecho penal en el
Estado democrático de Derecho y como límite al ius puniendi estatal, es decir,
como garantía de la persona contra el intervencionismo estatal; b) como base o
fundamento de la pena y como requisito de la determinación o medición de la
misma; c) como elemento de la noción de delito. Ninguna de las tres posibilidades
se manifiesta como un comportamiento estanco, aislada entre sí; por el contrario,
se entrecruzan, relacionan y apoyan. A pesar de ello, nos vamos a referir
esencialmente al principio en su sentido estricto para dejar el análisis de la
culpabilidad como categoría dogmática al estudio de la teoría jurídica del delito.
PRINCIPIO DE CULPABILIDAD. Consecuencias.

La estimación del principio de culpabilidad de esta manera comprendido presenta


una serie de consecuencias de indudable interés. Una de ellas es que no hay
pena sin culpabilidad, lo que aplicado al sentido que se le ha otorgado a la
culpabilidad significa que la aplicación de la pena está condicionada a la
existencia de dolo o de culpa, incluso se entiendan como formas de la propia
culpabilidad o como elementos subjetivos del tipo de injusto, a la capacidad de
comportarse de acuerdo a las normas punitivas y de no haber actuado con arreglo
a una causa de no exigibilidad. En este sentido, nuestra CS estima que el
principio de culpabilidad impone, ineludiblemente, la interpretación de los
preceptos desde las exigencias de la culpa o del dolo. Esta máxima nulla pena
sine culpa que se defiende como garantizadora de los derechos ciudadanos no
presupone el axioma contrario, esto es, que si la pena exige culpabilidad, ésta a
su vez reclame pena. Semejante función bilateral del principio de culpabilidad no
es de recibo. Es conveniente mantener que la pena supone culpabilidad, pero no
siempre un comportamiento culpable requiere pena, pues aquél debe de alternar
con la necesidad de pena, cuando ésta sea necesaria para la protección de
bienes jurídicos, misión esencial del Derecho penal.
PRINCIPIO DE CULPABILIDAD. Consecuencias.

Otra consecuencia conectada y derivada de la anterior es que la pena no puede


sobrepasar la medida de culpabilidad, lo que significa que la medición de la pena
ha de producirse dentro del marco máximo de la culpabilidad. Algunos autores
desglosan las diversas posibilidades garantistas a las que nos conduce el
principio de culpabilidad, en otra serie de principios derivados de aquél: principio
de personalidad de las penas -no se puede hacer responsable al sujeto por delitos
ajenos-; principio por responsabilidad por el hecho –únicamente se han de
castigar por conductas, por hechos, no por formas de ser, no culpabilidad por el
modo de vida-; principio de dolo o culpa -ya comentado-; principio de imputación
personal -el hecho ha de poder atribuírsele normalmente a su autor (también
llamado de culpabilidad en sentido estricto). Referencias interesantes pero
incompletas para asumir todas las dimensiones relacionadas con el principio,
como las expresadas en relación al fundamento y límite de las penas.
PRINCIPIO DE CULPABILIDAD. Incompatibilidades.

Las consecuencias enunciadas como límites positivos del principio de


culpabilidad, generan a sensu contrario una serie de incompatibilidades cuya
presencia choca frontalmente con las exigencias del citado principio. Son como
muestra: a) el versari in re illicita; b) la fundamentación o agravación de la pena
por el mero resultado, supuestos de responsabilidad objetiva y de los delitos
cualificados por el resultado; c) aplicación de penas a quienes no hayan podido
comprender las exigencias del Derecho o comportarse de acuerdo con sus
normas.
PRINCIPIO DE INTERVENCIÓN MÍNIMA

Como consecuencia de la naturaleza de última ratio le hemos otorgado al Derecho


penal, y a sus contenidos me remito, se configura este importante principio. Como ya
ha sido referido, la necesidad del Derecho punitivo para asegurar la convivencia
social es hoy por hoy indispensable, pero únicamente en clave de última opción del
Ordenamiento jurídico. La prioridad la tienen otros instrumentos de control más
moderados, si éstos son suficientes para esa protección. Dicha exigencia del Estado
social, en la actualidad frecuentemente ignorada, ha de dirigir hacia una limitada
utilización e intervención de los mecanismos penales. En definitiva, dicho cometido,
del que se deriva el principio de intervención mínima, junto con las circunstancias en
las que se mueve nuestra sociedad, conducen, sobre la base de protección de bienes
jurídicos como función esencial que da lugar a otro principio de vital importancia para
el sistema derivado del Estado social y democrático de Derecho -principio de
protección de bienes jurídicos-, a esa dicotomía también ya analizada de reducción-
ampliación de la esfera penal, en la que, precisamente por la vigencia del principio en
estudio ha de prevalecer siempre la primera, sin que eso suponga ningún menoscabo
esencial en la defensa de la sociedad, de acuerdo con los objetivos generales que
interesan a la comunidad esculpidos en los valores constitucionales fundamentales.
PRINCIPIO DE PRESUNCIÓN DE INOCENCIA

Está reconocido, en los más sobresalientes Tratados internacionales, como, por


ejemplo, la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 10 de diciembre de
1948, en su artículo 11.1, y en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos
de 19 de diciembre de 1966. Ha sido concretado como el derecho a no ser
condenado sin prueba de cargo válida, que es la obtenida en el juicio (salvo las
excepciones constitucionales admitidas), que haya sido racional y explícitamente
valorada, de forma motivada, en la sentencia, y se refiera a los elementos nucleares
del delito. Con esta perspectiva se han resaltado especialmente las siguientes
vertientes: a) que se trata de un derecho fundamental que toda persona ostenta y, en
cuya virtud, ha de presumirse inicialmente inocente ante las imputaciones que contra
ella se produzcan en el ámbito de un procedimiento de carácter penal o, por
extensión, de cualquier otro tendente a la determinación de una concreta
responsabilidad merecedora de cualquier clase de sanción de contenido aflictivo;
PRINCIPIO DE PRESUNCIÓN DE INOCENCIA

b) que presenta una naturaleza reaccional, o pasiva, de modo que no precisa de un


comportamiento activo de su titular sino que, antes al contrario, constituye una
auténtica einicial afirmación interina de inculpabilidad, respecto de quien es objeto de
acusación; c) pero, por el contrario y así mismo, que tal carácter de interinidad o de
presunción iuris tantum, es el que posibilita, precisamente, su legal enervación,
mediante la aportación, por quien acusa, de material probatorio de cargo, válido y
bastante, sometido a la valoración por parte de Juzgador y desde la inmediación, de
la real concurrencia de esos dos requisitos, el de su validez, en la que por supuesto
se ha de incluir la licitud en la obtención de la prueba, y el de su suficiencia para
producir la necesaria convicción racional acerca de la veracidad de los hechos sobre
los que se asienta la pretensión acusatoria.
Asimismo se constituye como indicador de la interpretación de la ley. En caso de duda
se ha de actuar a favor del reo -lo que le acerca a otro tradicional principio, el
denominado in dubio pro reo.
PRINCIPIO DE PROPORCIONALIDAD

El principio de proporcionalidad indica que la gravedad de la pena o de la medida de


seguridad debe corresponderse con la gravedad del hecho cometido o con la
peligrosidad del sujeto, respectivamente.
La vinculación con el principio de culpabilidad es evidente, hasta el punto de
considerarse por algunos como una consecuencia de éste y son bastantes los
autores que acuden a su utilización únicamente para delimitar la gravedad de las
medidas de seguridad, acaso influidos por el reconocimiento expreso que de la
proporcionalidad de las medidas de seguridad hace el parágrafo 62 del Código penal
alemán ("No se impondrán medidas de corrección y seguridad desproporcionadas
con la gravedad de los hechos que el autor haya cometido o pueda esperarse que
cometa en el futuro, así como el grado de peligro que dimane del autor").
PRINCIPIO DE NECESIDAD

De lo expuesto para los principios de culpabilidad y de proporcionalidad,


esencialmente del primero de ellos, se deduce la defensa del principio de necesidad
de pena como exigencia adicional a la culpabilidad. La pena adecuada a la medida de
culpabilidad tendrá que ser, además, necesaria para responder a las exigencias de la
prevención general y de la prevención especial. Semejante principio, por otra parte,
no es un logro exclusivamente actual. BECCARIA ya lo enunciaba junto a otros
principios: "para que toda pena no sea violencia de uno o de muchos contra un
particular ciudadano, debe esencialmente ser pública, pronta, necesaria, la más
pequeña de las posibles en las circunstancias actuales, proporcionada a los delitos,
dictada por las leyes". Asimismo la Declaración de los Derechos del Hombre y del
Ciudadano de 1789 en su máxima VIII decía: "La ley no debe de establecer más
penas que las estrictas y evidentemente necesarias(...)". Igualmente la Declaración
de los Derechos y de los Deberes del Hombre y del Ciudadano de 1795 disponía en
su artículo 12 que "la ley no debe de señalar sino las penas estrictamente necesarias
y proporcionales al delito".
PRINCIPIO DE NECESIDAD

El reconocimiento del principio de necesidad de la pena como básico en el Derecho


penal tiene que ser concebido en sus términos más reales. No se trata, como
propician algunos autores, de sustituir al principio de culpabilidad en favor del de
necesidad de pena sino de añadir en el momento de fundamentar la pena y de
delimitar el Derecho de punir, éste a aquél. Ambos se complementan pero también se
limitan. El equilibrio es imprescindible, la disfuncionalidad puede venir tanto por
defecto como por exceso. Se trata, en definitiva, más, casi, de un principio de
legeferenda que de lege data. Opera desde una doble dimensión: desde la
conminación penal abstracta y desde la imposición concreta de la pena. En la primera
enlaza con la naturaleza de última ratio legis que al Derecho penal se le asigna y con
su carácter fragmentario; en la segunda, con la fijación individualizada de qué pena
es innecesaria o perjudicial para la comunidad o para el propio delincuente.
EL PRINCIPIO NON BIS IN IDEM

Al igual que se ha planteado con el principio de presunción de inocencia, el principio


non bis in idem se proyecta tanto sobre el Derecho penal sustantivo como sobre el
Derecho procesal penal. A diferencia de aquél, el principio ahora en estudio no
presenta una formulación constitucional diferenciada, aunque al igual que otros
principios se deduce del contenido de otros derechos y libertades de los ciudadanos,
al presentarse como imprescindible en el desarrollo de las pautas esenciales en el
Estado democrático de Derecho.
EL PRINCIPIO NON BIS IN IDEM

En su formulación sustantiva significa que no podrá recaer duplicidad de sanciones


por idéntica infracción. Su operatividad se proyecta esencialmente en la aplicación e
interpretación de la ley penal. Así orienta y dirige el llamado concurso aparente de
normas penales, que se estudiará más adelante. También tiene presencia en los
conflictos originados por la posible concurrencia de dos o más normas pertenecientes
a distintos sectores del Ordenamiento jurídico –generalmente administrativo y penal-
en los supuestos en los que se estime la identidad del sujeto, hecho y fundamento sin
la existencia de una relación de supremacía especial de la Administración que
justificase el ejercicio del ius puniendi por los Tribunales penales y a su vez de la
potestad sancionatoria de la Administración. En todos los demás casos es doctrina
garantista unánime la desarrollada por el mencionado principio de que un ciudadano
no podrá ser sancionado más de una vez por los mismos hechos.
En la esfera procesal, el principio significa que nadie puede ser juzgado dos veces
por las mismas conductas.
PRINCIPIOS DE HUMANIDAD Y RESOCIALIZACIÓN

Como algunos de los principios antes narrados, el principio de humanidad aparece


muy cercano en su construcción al principio de culpabilidad. El principio de
humanidad es aquél que señala que todas las relaciones humanas que el Derecho
penal tipifica se han de reglar sobre la base de una vinculación recíproca, de una
responsabilidad social hacia el ciudadano que delinque, en resumen, de una
comprensión humanitaria y social sobre la persona del delincuente. Su proyección
fundamental se adquiere en el sistema de ejecución de las penas, esencialmente en
las privativas de libertad, pero también en su programación abstracta.
PRINCIPIOS DE HUMANIDAD Y RESOCIALIZACIÓN

Como algunos de los principios antes narrados, el principio de humanidad aparece


muy cercano en su construcción al principio de culpabilidad. El principio de
humanidad es aquél que señala que todas las relaciones humanas que el Derecho
penal tipifica se han de reglar sobre la base de una vinculación recíproca, de una
responsabilidad social hacia el ciudadano que delinque, en resumen, de una
comprensión humanitaria y social sobre la persona del delincuente. Su proyección
fundamental se adquiere en el sistema de ejecución de las penas, esencialmente en
las privativas de libertad, pero también en su programación abstracta. JESCHECK-
WEIGEND ponen de manifiesto las dificultades que, a veces, puede presentar su
aplicación extensiva, al afirmar que el Derecho penal no puede equipararse sin más al
Derecho de asistencia social, no puede renunciar a los perjuicios y al sufrimiento,
sobre todo en la pena privativa de libertad que la naturaleza de su misión impone,
pero dentro de ello todas las relaciones humanas que juegan un papel en el Derecho
penal deben de estar inspiradas en el principio de humanidad.
PRINCIPIOS DE HUMANIDAD Y RESOCIALIZACIÓN

En todo caso es necesario compensar estos inevitables efectos descritos por los
autores alemanes, valorados desde una posición cercana al retribucionismo, con el
pensamiento preventivo que debe impregnar toda actuación punitiva. Con esta última
opción acercamos el principio de humanidad a otro principio de interés, el llamado
principio de resocialización, que en el Estado democrático debe entenderse, en
opinión que comparto de MIR PUIG, no como sustitución coactiva de los valores del
sujeto, ni como manipulación de su personalidad, sino como un intento, que ha de
contar con la aceptación del sujeto, de ampliar las posibilidades de la participación en
la vida social, esto es, una oferta alternativa al comportamiento criminal.
CRIMINOLOGIA

A la Criminología se la ha definido, dentro de un encontrado marco de hipótesis


doctrinales, inicialmente y de forma convencional como "el conjunto ordenado de
saberes empíricos sobre el delito, el delincuente, el comportmiento socialmente
negativo y sobre los controles de esta conducta. Más recientemente, con
planteamientos más modernos, y a título de ejemplo de las diversas orientaciones
existentes en los países de mayor desarrollo criminológico, SIEGEL la ha
estructurado en "aquella disciplina que emplea el método científico para estudiar
la naturaleza, extensión, causas y control de la conducta criminal". En Italia,
MANTOVANI, de manera más descriptiva, la estima como "aquella ciencia
multidisciplinar, interdisciplinar, sintética, que tiene como ambicioso objeto de
estudio el complejo fenómeno del hombre que entra en conflicto con la sociedad,
en todos sus aspectos: desde los procesos de criminalización a la definición de la
criminalidad, de las causas de la criminalidad a los sistemas de control de la
misma».
CRIMINOLOGIA

GARCÍA-PABLOS : "Ciencia empírica e interdisciplinaria, que se ocupa del


estudio del crimen, de la persona del infractor, la víctima y el control social del
comportamiento delictivo, y trata de suministrar una información válida,
contrastada, sobre la génesis, dinámica y variables principales del crimen
contemplado este como problema individual y como problema social-, así como
sobre los programas de prevención eficaz del mismo, las técnicas de intervención
positiva en el hombre delincuente y los diversos modelos o sistemas de respuesta
del delito". Sobre semejantes hipótesis, que avalan a la Criminología como
ciencia, se decantan la mayoría de las características fundamentales de su
método, empirismo e interdisciplinariedad, anticipando el objeto (análisis del
delito, el delincuente, la víctima y el control social) y funciones de aquélla (explicar
y prevenir el crimen, intervenir en la persona del infractor y evaluar los diferentes
modelos de respuesta al crimen.
CRIMINOLOGIA

Tradicionalmente, en la Criminología más arcaica, se ha situado su al de la


Ciencia del Derecho penal, es decir, en el delito. Ni en una ni en otra esta
afirmación responde totalmente a la realidad. Se diferenciaban, no obstante, en la
índole del concepto del delito con dos aspectos distintos: el real y el normativo. Al
primero pertenece todo lo psíquico y lo físico; al segundo, los valores y el deber
ser. Objeto de la Criminología sería aquél; el de la Ciencia punitiva éste. Algunos
autores han considerado preferible emplear el término criminalidad en lugar del de
delito, ya que atiende a una estimación global más adecuada para describir el
objeto de la Criminología como ciencia de carácter social, que la individual a la
que se alude con el vocablo delito. De todas formas las diferencias no son tan
profundas entre uno y otro para tener que dilucidar una toma de postura previa
definitoria, aunque se puede incidir en la orientación científica con que se afronte
el estudio de la Criminología.
CRIMINOLOGIA

El delito, desde los orígenes de la Criminología y desde la conocida definición de


GARÓFALO basada en el delito natural, se ha intentado configurar su
comprensión desde perspectivas autónomas desgajadas de las puramente
legales o jurídicas. Así se han multiplicado diferentes definiciones filosóficas,
naturalísticas, sociológicas, psicológicas, etc. Cabe destacar, como muestra, la
natural de MAGGIORE, la extrajurídica de BIANCHI, la psicológica de
DURKHEIM, la criminológica de GRAPIN, las de los criminólogos americanos, la
psicológica de LAGACHA, la criminológica de PINATEL, la meramente definitoria
del labellingapproach.
.
CRIMINOLOGIA

El delincuente ha sido hasta hace bien poco, sobre todo en su arranque en los
postulados positivistas, la estrella de la investigación científica criminológica. Sin
embargo, esta prioridad ha ido cediendo progresivamente para convertirse en un
elemento de estudio más dentro del objeto criminológico. En la actualidad, la
dicotomía, dentro del estudio empírico de la criminalidad, entre autor, delincuente,
victimario y víctima ha conseguido un papel relevante pero equilibrado de los
protagonistas del conflicto. Reservándose para aquél, fundamentalmente, una
atención, casi secundaria, en sus interdependencias sociales como unidad
biopsicosocial .
CRIMINOLOGIA

La víctima es, desde esta perspectiva, la verdadera figura en alza dentro del
estudio de la Criminología moderna, tanto es así que ya se plantea por algunos
autores, generalmente victimólogos, como una ciencia independiente, la
Victimología, en cuanto logra un objeto propio de estudio, la víctima, y reúne las
características requeridas por toda ciencia fáctica; para otros, estamos en la hora
de la víctima. Verdad es que la víctima generadora de una ciencia nueva o de una
disciplina a encuadrar dentro del carácter integrador de la Criminología o como
una de sus ramas o como parte importante del objeto de ésta ocupa un papel
importante dentro del planteamiento global de la lucha contra la delincuencia. Hay
que estimarla integrada dentro de la Criminología, donde adquiere un papel de
innegable trascendencia; es preciso concederle, en este sentido, cierta autonomía
y desde esa perspectiva su objeto es específico, como también lo es de la propia
Criminología.
CRIMINOLOGIA

El concepto de víctima, como objeto de estudio bien de las investigaciones


criminológicas o más en particular de las victimológicas no es nada pacífico en la
doctrina, que se desenvuelve entre las concepciones restrictivas o jurídicas –
persona o grupo de personas sobre las que incide, recae o perjudica la conducta
penal ya sea sobre sí misma, sus bienes, sus derechos o sobre personas afínes-
y las más amplias -individuo o grupo que padece un daño por acción u omisión
propia o ajena, o por causa fortuita-. En todo caso, desde el ámbito en que la
estamos analizando, como objeto de estudio, ha de atenderse al análisis de su
personalidad, a su posible condición de factor o estímulo del hecho criminal o
como elemento de protección de las consecuencias delictivas que se derivan
sobre ella.
CRIMINOLOGIA

Las formas de control social es otra parte importante del objeto de la Criminología.
Éste va más allá del delito y de sus actores, incorporando las formas de reacción
social y jurídica de la lucha contra la criminalidad. Como apunta GARCÍA-
PABLOS, la apertura criminológica a la teoría del control social representa todo un
giro metodológico de gran importancia a la que no ha sido ajeno el labeling
approach o teoría del etiquetamiento y de la reacción social, por la relevancia que
los partidarios de estas modernas concepciones sociológicas asignan ciertos
procesos y mecanismos del llamado control social en la configuración de la
criminalidad. Ciertamente estos mecanismos de control social se ven proyectados
esencialmente en la eficacia del sistema de sanciones que se utilice como medio
de reacción contra la criminalidad y en la idoneidad del mismo para completar su
función preventiva.

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