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Retroalimentación Del Profesor

El documento detalla las instrucciones para la escritura de la introducción de un ensayo académico, enfatizando la contextualización de un conflicto social y el posicionamiento personal del estudiante. Se aborda el tema de la respuesta estatal a las protestas sociales en Perú, destacando la persistencia del racismo estructural y las violaciones de derechos humanos. La autora, Estefany Larota Gutiérrez, propone discutir cómo estas respuestas reflejan continuidades históricas de racismo durante el gobierno de Dina Boluarte.
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Retroalimentación Del Profesor

El documento detalla las instrucciones para la escritura de la introducción de un ensayo académico, enfatizando la contextualización de un conflicto social y el posicionamiento personal del estudiante. Se aborda el tema de la respuesta estatal a las protestas sociales en Perú, destacando la persistencia del racismo estructural y las violaciones de derechos humanos. La autora, Estefany Larota Gutiérrez, propone discutir cómo estas respuestas reflejan continuidades históricas de racismo durante el gobierno de Dina Boluarte.
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Escritura Académica 2

Semestre 2025.2
Todas las secciones

INTRODUCCIÓN DEL ENSAYO

Resultado de aprendizaje: escribe la introducción de su ensayo


contextualizando el conflicto (problema social), proponiendo una p
de discusión y reconociendo su posicionamiento personal.

Información de estudiante
Apellidos: Larota Gutiérrez
Nombre(s): Estefany
Correo institucional: a2510215@uarm.pe

I. Indicaciones generales
 Fecha de entrega: semana 8, hasta el final del día de la sesión de teoría.
 Peso: 30 % de la calificación total del curso (en Nota Parcial).
 Formato del archivo: documento de Word con la fórmula “EA2IE_ APELLIDO_NOMBRE”. Ejemplo :
“EA2IE_ TAPIA_WILDER”.
 Medio de entrega: Aula virtual.
 Aspectos formales de presentación: fuente Times New Roman, tamaño 12, interlineado 1.5, texto justificado.

II. Importante
 Recuerda revisar la rúbrica para guiar tu trabajo.
 No se recibirá trabajos fuera de los plazos ni/o por medios ajenos al aula virtual.
 Si un/una estudiante no ha presentado la evaluación previa ( propuesta de ensayo), no podrá realizar esta entrega.

III. Contenido de la entrega

A. Escritura de la introducción
0. Título
1. Introducción (800 palabras)
i. Contextualización
ii. Presentación del conflicto (problema social)
iii. Pregunta de discusión
Posicionamiento personal: mi lugar de enunciación y mi opinión académica
iv.
2. Bibliografía

B. Propuesta de triángulo de delimitación


o Pregunta de discusión: interrogante que se quiere responder en el ensayo;
debe coincidir con lo expuesto en la primera parte.
o Conflicto (problema social): aparte del conflicto (problema social)
identificado, aquí debes indicar en qué aspecto específico de este deseas
profundizar.
o Enfoques académicos: conceptos, teorías, perspectivas
empleadas por autores que has investigado y que tomarás para construir tu
opinión académica. 
“La persistencia del racismo en la respuesta estatal de las protestas sociales”
Estefany Larota Gutiérrez
Universidad Antonio Ruiz de Montoya
a2510215@uarm.pe

A lo largo de la historia, la protesta social ha sido uno de los principales mecanismos de expresión
ciudadana y de transformación política en distintos países del mundo. Esta, según Alvarado (2020,
como se cita en Ramos, 2023), otorga a las personas la libertad de expresar públicamente sus
opiniones sobre asuntos políticos, sociales, económicos u otros temas de su interés común,
constituyéndose en un elemento esencial para la defensa de la democracia y los derechos humanos .
De manera complementaria, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (2019) reconoce que
la protesta abarca diversas modalidades, más allá de marchas o concentraciones, incluyendo vigilias,
huelgas y otras formas pacíficas de manifestación. Estas protestas deben respetar el orden
público y los derechos de terceros. Asimismo,
establece que los Estados tienen la obligación de facilitar y
proteger este derecho, limitando el uso de la fuerza al mínimo necesario, de manera proporcional y
como último recurso.

No obstante, en América Latina y en el ámbito internacional , la práctica estatal suele contradecir


estos principios, ya que según Pacherres y Tiravanti (2025), el uso de la fuerza estatal se ha
convertido en el principal modo de hacer frente a las protestas sociales, incluyendo países como
Chile, Ecuador, Colombia y Nicaragua. Estas protestas, que suelen expresar inconformidades frente a
las políticas del gobierno son respondidas generalmente con violencia justificada bajo el discurso de
“mantener el orden”, generando situaciones de marginalización y criminalización que violan
derechos esenciales de pueblos vulnerables. Ello se traduce en un accionar desproporcionado o
desmedido por parte de las instituciones de seguridad, que recurren a armas letales y múltiples
formas de violencia física, verbal y simbólica.

En el caso peruano, en años recientes1, la problemática se ha expresado en protestas sociales desde el


inicio del gobierno de Dina Boluarte, el 7 de diciembre de 2022, cuando el expresidente Pedro
Castillo fue destituido tras un fallido intento de autogolpe. En este contexto, el uso de la fuerza
estatal alcanzó niveles críticos. En varias regiones andinas, donde la población se sintió indignada
por la vacancia de Castillo, se organizaron manifestaciones que derivaron a decenas de muertes. El
1
Este problema también estuvo presente en el conflicto armado interno durante la década del 80. Las autoridades
encomendaron la lucha contrasubversiva a las fuerzas armadas sin implementar mecanismos de protección a la población
civil, como resultado hubo aproximadamente 69,280 víctimas y cerca de 24, 000 muertes,
en su mayoría en departamentos
andinos (Moyano,2009).
descontento nacional se expresó en marchas y movilizaciones masivas que rechazaban la continuidad
de Boluarte en el poder. Según la ONU (2023), estos hechos reflejaron la discriminación y
marginación política que afectó a las poblaciones indígenas y campesinas, pues
la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas
, lejos de garantizar manifestaciones pacíficas, vulneraron gravemente los
derechos humanos de tales grupos. Esta situación ha generado un escenario de crisis social y política,
donde la respuesta estatal ha sido cuestionada por su carácter excesivo y discriminatorio, con
consecuencias trágicas como la muerte de varias personas. Un caso emblemático fue el asesinato del
dirigente campesino cusqueño Remo Candia2, que mostró la gravedad de la violencia estatal ejercida
en comunidades campesinas e indígenas movilizadas (Servindi, 2023).

En este contexto político, la represión fue particularmente grave en regiones como Cusco, Puno y
Ayacucho, en donde se concentró un total del 80,9% de muertes a nivel nacional por impactos de
bala en zonas vitales del cuerpo, las cuales pertenecen a poblaciones indígenas y afrodescendientes,
pese a que solo representan el 13% de la población total del país; lo que sugiere un trato diferencial y
discriminatorio por parte de las autoridades del Estado, reflejando de ese modo una represión
enfocada en grupos históricamente marginados, con mayor impacto en comparación con otras
regiones (Amnistía Internacional, 2023). Esto trae como consecuencia directa
la violación de los derechos humanos y la
muerte de personas inocentes. Además, deja profundas secuelas sociales y
psicológicas que afectan gravemente a los protestantes, desde la ruptura del tejido comunitario y la
desconfianza hacia el Estado, hasta altos índices de estrés postraumático, depresión, ansiedad, ideas
suicidas y miedo (Valle & Contreras, 2023). Estas consecuencias no pueden entenderse como hechos
aislados, sino como parte de una larga trayectoria histórica en la
que las comunidades indígenas y campesinas han sido
sistemáticamente marginadas y violentadas, lo que refleja la continuidad de
racismo estructural en el Perú.

Frente a esta realidad, existen diferentes formas de interpretar este conflicto, de las cuales me
centraré específicamente en dos. Por un lado, según la narrativa oficial del Estado, en especial de la
expresidenta, la represión es una respuesta necesaria frente a actos que considera “terroristas” o
“criminales", justificando así la criminalización de la protesta, donde muchos participantes de
pueblos andinos fallecieron. Al respecto Bazán (2024) considera que la eliminación y/o
2
Dirigente de la provincia de Anta-Cusco que fue asesinado durante las protestas contra el gobierno de Dina Boluarte.
Caso que abordaré con más precisión en mi lugar de enunciación.
criminalización de las protestas en el Perú son aceptadas con mayor precisión cuando se trata de usar
tales denominaciones. De igual manera, Pacherres y Tiravanti (2025) afirman que la expresidenta
mencionó que las Fuerzas Armadas actuaron de acuerdo con la ley y que estas muertes fueron
provocadas por grupos terroristas, criminales y armados, refiriéndose a los manifestantes de esta
protesta. En esta misma línea, Chunca (2023) sostiene que estos discursos pertenecen a estrategias
utilizadas por el Estado para deslegitimar y deshumanizar a ciertos grupos de protestantes, haciendo
énfasis en poblaciones indígenas y campesinas. Por lo tanto, desde la sociología defendida por
Bourdieu (1996, como se cita en Peña, 2009) se hace un hincapié en que el uso de estos términos
refleja una “violencia simbólica” las cuales perpetúan y promueven la criminalización de la protesta.

Por otro lado, desde el ámbito jurídico representado por Amnistía Internacional (2023) y varios
analistas y académicos, se sostiene que estos hechos constituyeron graves violaciones de derechos
humanos, como el derecho a la libre expresión y a la vida, en especial en comunidades campesinas,
lo que refleja desigualdades estructurales y prácticas de racismo que son continuidades históricas, ya
que la mayoría de las víctimas eran de procedencia indígena quechua-hablante y aimara. En ese
sentido, desde la historia se alude a la percepción de la colonialidad del poder, que con la ideología
establecida de “raza” sigue perpetuando jerarquías que se visualizan en el entorno nacional a través
de la deslegitimación de ciertos derechos y grupos en estas protestas sociales, lo cual refleja un
ambiente de dominadores y dominados produciéndose así, el racismo (Quijano, 2014). A partir de
este contraste, surge la siguiente pregunta de discusión: ¿De qué manera la respuesta estatal frente
a las protestas sociales de comunidades indígenas y campesinas refleja continuidades históricas
de racismo en el Perú durante el gobierno de Dina Boluarte?

¿De qué manera la respuesta estatal durante el gobierno de Dina Boluarte refleja continuidades
históricas de racismo en el Perú?

Cabe aclarar que mi interés al elegir este tema surge como estudiante de Derecho y habitante de la
región de Cusco, pues he sido testigo directo del sufrimiento y la indignación que provocaron las |
acciones desmedidas del Estado contra las comunidades campesinas e indígenas. Recuerdo el caso de
Remo Candia Guevara, presidente de la comunidad de Anta y vecino cercano, que participaba
pacíficamente en la movilización contra el gobierno de Dina Boluarte. Sin embargo, la respuesta de
las fuerzas policiales fue desproporcionada, pues recibió un
disparo en el tórax que le provocó la muerte el 10 de enero de 2023.
Su partida fue un golpe profundo para nuestra comunidad y se
convirtió en un símbolo de la violencia estatal, ello podemos visualizar en la siguiente noticia:
Figura 1. “Fallecimiento de líder de comunidad de Anta- Cusco durante las protestas contra el gobierno de
Dina Boluarte”. (Noticia del diario El Tiempo, 2023).

Esta muerte me indignó porque evidenció como el Estado, a través de sus fuerzas de seguridad y
tachando a los protestantes de “terroristas” y “vándalos “, optó por la represión violenta en lugar de
promover un diálogo que atendiera las legítimas demandas de la protesta social, generando
consecuencias irreversibles y reflejando el racismo que perdura hacia comunidades andinas. Además,
esta experiencia tan cercana me confrontó con la cruel realidad de cómo el Estado criminaliza y
deshumaniza a quienes alzan su voz por justicia y transformación social.

Entonces retomando la pregunta inicial: ¿De qué manera la respuesta estatal frente a las protestas
sociales de comunidades indígenas y campesinas refleja continuidades históricas de racismo en el
Perú durante el gobierno de Dina Boluarte? Desde mi lugar de enunciación, sostengo que el racismo
en el Perú frente a las protestas sociales no es un fenómeno nuevo, sino una continuidad histórica que
sigue organizando las relaciones sociales y políticas, revelando la persistencia que Quijano (2014)
denomina la colonialidad del poder. Así, la represión durante las protestas contra el gobierno de Dina
reflejó graves violaciones de derechos y racismo, al reproducir estrategias o estereotipos que
califican a los manifestantes indígenas y campesinos como “terroristas” para perpetuar la exclusión y
la deshumanización (Chunca, 2024). Esto no constituye un hecho aislado, sino un patrón histórico
que se actualiza cada vez que el Estado responde con violencia y criminalización a quienes protestan
desde posiciones de vulnerabilidad. Por ende, esta situación trae inconformidad a la población en
general, incluyendo mi persona, que desconfía de los organismos institucionales porque siguen
generando injusticias y manteniendo a estos grupos de personas en un ambiente de inferioridad.

Primer argumento: Primer argumento: El uso de la fuerza estatal como expresión de la


colonialidad del poder y el estado como criminalizador

En la defensa de mi postura, el primer argumento que planeo desarrollar es con relación a que el
Estado peruano, a través de la represión ejercida durante las protestas contra el gobierno de Dina
Boluarte, constituyen una manifestación del racismo estructural instaurado y heredado desde la
colonia, que aún está profundamente arraigado en la organización política del Estado. Por ende, la
muerte de estos grupos no puede entenderse únicamente como una respuesta coyuntural a un
conflicto social, sino como la reproducción de jerarquías raciales que se produjeron a lo largo de la
historia y que aun determinan el poder que tienen unos sobre otros. Por consiguiente, convierte al
Estado en un “ente criminalizador” que puso en peligro la vida de muchas personas campesinas e
indígenas que son consideradas inferiores o peligrosas.

En ese sentido, la criminalización de la protesta y la violencia estatal ejercida hacia comunidades


campesinas e indígenas no solo representa una vulneración a los derechos fundamentales, sino
también un racismo estructural que atraviesa al Estado peruano. Desde la perspectiva sociológica de
Quijano (2014), esto puede entenderse como la colonialidad del poder, es decir, la persistencia de
jerarquías o estructuras de dominación establecidas desde la colonia, que, sobre la base de la
ideología de “raza”, continúan reproduciendo relaciones de superioridad e inferioridad. En el
contexto peruano, esta lógica se evidencia en la forma en cómo el Estado reacciona
desproporcionalmente frente a estas protestas sociales generando la muerte sólo en grupos
determinados, reafirmando no solo una respuesta política sino también racializada, lo que refleja las
desigualdades históricas que aún estructuran la sociedad peruana.

Se tenía tanto desprecio a estas poblaciones que incluso en los modernos estados nacionales,
representados por Argentina y Colombia, se llegaron a exterminar a los pueblos indígenas con la
ideología de “homogenizar” la población. Perpetuando un genocidio, ya que se asesinaron a varios
grupos considerados inferiores entre ellos zambos, negros y africanos, hasta quedar solo un pequeño
porcentaje, viéndose en este proceso el gran desprecio por estas poblaciones que fueron reprimidas
desde una anterioridad. Este marco teórico permite interpretar las acciones que comete el Estado
durante las protestas, las cuales no fueron hechos aislados, sino un reflejo de una estructura donde las
poblaciones indígenas y campesinas son vistas como “peligrosas” o “incivilizadas” y “atrasadas”,
mientras que el estado peruano y las estructuras que lo conforman se consideran superiores en
conocimiento (Quijano, 2014). Así, la represión ejercida contra esta población muestra que el estado
aún sigue perpetuando una mirada racionalista y colonial que asocia lo indígena con la amenaza,
justificando su criminalización como parte de mantener el orden social.

Para demostrar estos hechos que reflejan racismo estructural en poblaciones vulnerables, presentaré
el siguiente gráfico donde se visualiza el porcentaje de las muertes por departamentos y composición
étnica a la que pertenecen, lo cual permitirá identificar las diferencias de cómo el Estado solo
criminaliza a un cierto grupo de la población:

Figura 2. “Datos estadísticos de la muerte durante las protestas de Dina Boluarte de departamentos a
nivel Nacional” (Adaptado del informe de Amnistía Internacional "Racismo letal “, 2023).
Elaboración propia.

Como se observa en el grafico elaborado a partir de los datos del informe de Amnistía internacional
(2023), los departamentos del grupo C (Cusco, Huancavelica, Ayacucho, Apurímac, Puno)
concentran el 80,9% de las muertes registradas durante las protestas de diciembre del 2022 y enero
del 2023. Esta cifra resulta altamente desproporcionada si se considera que solo estos grupos
representa el 13% de la población nacional. Ello permite evidenciar que la represión estatal tuvo una
actitud selectiva y racializada, ya que las zonas con mayor presencia de población indígena y
campesina fueron donde los agentes policiales y las fuerzas armadas utilizaron su fuerza pública con
mayor letalidad contra los civiles desarmados. Este dato es importante para comprender como el
estado usa su poder de forma arbitraria ejerciendo una violencia diferenciada, desde la lógica de la
colonialidad que asocia la identidad indígena con la amenaza o el desorden. En esa misma línea,
Ramos (2025) sostiene que el Estado peruano incumplió el principio de la proporcionalidad
vulnerando el derecho a la vida y a la protesta reconocidos por la Comisión Interamericana de los
Derechos Humanos (CDIH). Es decir, que no tomo en cuenta que algunos protestantes no atentaban
contra nadie y solo ejercían su derecho a la protesta, pero el Estado respondió con una represión
basada en armas letales que terminaron con la vida de muchas personas inocentes. Un caso ejemplar
mostrado anteriormente fue de Remo Candia, que solo protestaba por la búsqueda de un mejor futuro
e inconformidad del gobierno.

En ese sentido, este porcentaje de muertes no solo representa unos datos estadísticos, sino que refleja
cómo el sistema estatal sigue reproduciendo el racismo estructural en el Perú actual, dando a
entender que la vida de unos vale más que otros y perpetuando la diferencia racial al ubicar a estos
grupos en una jerarquía de subordinación.

Por otro lado, Della Porta (1999, citado en Alvarado, 2020) al realizar un estudio de cómo reacciona
el Estado frente a las protestas sociales identificó tres niveles que estudian la represión, una es
sentido general, intermedio y específico. Aquí la autora plantea que la represión varía en función de
las condiciones políticas, institucionales y policiales, pudiendo adoptar formas preventivas, reactivas,
duras o blandas, según el grado de control que el Estado busque ejercer sobre la movilización social.
Ello indica que el Estado tiene una concepción selectiva de a quiénes dirige la represión. De este
modo, el Estado no solo ejerce poder político, sino que también refuerza las jerarquías sociales
alineándose a la colonidad del poder.

Para añadir, desde un enfoque jurídico, este patrón también contradice los principios constitucionales
de igualdad ante la ley. Según el artículo 2, inciso 2, de la Constitución Política del Perú, todas las
personas deben recibir el mismo trato y protección de parte del Estado, sin que su origen, raza,
idioma o condición social influya en esa decisión o las actuaciones de las autoridades. Sin embargo,
el accionar del Estado contradice su propia legislación, al aplicar el uso de la fuerza y la
criminalización de manera diferenciada, reforzando el racismo y la colonidad del poder. En este
punto concuerdo con la CDIH al mencionar que el Estado y las fuerzas policiales tienen el deber de
proteger estas protestas para que se mantengan de manera pacífica, con el fin de garantizar tanto la
participación como el bienestar de la población, solo utilizando la coacción en el peor de los casos,
pero con proporcionalidad y conciencia.
Segundo argumento: La criminalización discursiva y mediática de los manifestantes como
forma de racismo estructural

En segundo lugar, la represión no solo se limitó a una práctica del uso desproporcionado de la fuerza
estatal, sino también a una relación con la criminalización discursiva y mediática de la protesta que
representa el racismo estructural, ya que esta violencia y las muertes producidas se justificaron bajo
el enunciado de “mantener el orden” y en base a discursos racistas que calificaban a los protestantes
como “terroristas”, “vándalos” y criminales”. Estos términos representan una estrategia discursiva
que criminaliza la protesta y atenta directamente contra varios manifestantes, especialmente de
comunidades indígenas y campesinas, permitiendo el racismo y criminalización sin justificación
alguna, lo que lleva a que traten a estos pueblos como si no fueran sujetos de derecho.

Autores como Pacherres y Tiravanti (2025) afirmaron que la presidenta mencionó que esta represión
se dio porque se debía mantener el orden, refiriéndose a que las fuerzas armadas y los agentes
policiales actuaron de acuerdo con los protocolos de la ley, y que el uso de la fuerza fue porque
elementos terroristas se habían mezclado con los manifestantes, quienes fueron los causantes de las
muertes de muchas personas.

Esto se relaciona con la práctica del “terruqueo”, que según Chunca (2024) es una estrategia
discursiva que deslegitima política y socialmente a personas de origen provinciano, y refuerza la
violencia estatal durante las protestas actuales contra el gobierno. En principio, el autor considera
que se trata de insultos y acusaciones, pero también resalta el fuerte componente sociopolítico y
discriminador, pues dicho término alude históricamente a una persona que práctica el terrorismo, y
proviene de un vocabulario de origen militar - policial que, con el pasar del tiempo, se ha empezado
a utilizar en el ámbito político y social, mezclándose con discursos de discriminación hacia
poblaciones vulnerables, por lo general empobrecidas, provincianas, campesinas y quechua
hablantes. De la misma manera, señala que estos términos son usados para remarcar y perpetuar las
diferencias entre quien insulta y es insultado, entre un “nosotros” y los “otros”, o entre “opresores” y
“oprimidos”. Por eso, cuando alguien es “terruqueado”, no solo se le ofende, sino que se le busca
quitar credibilidad y valor como ciudadano. Este tipo de agresión funciona como una estrategia de
desprestigio que excluye a ciertas personas del espacio político y social. En ese sentido, el insulto se
convierte en una forma de violencia que deshumaniza y que incluso puede servir para justificar actos
tan graves como la represión o muerte.
Este tipo de usos discursivos se categorizan bajo una forma de "violencia simbólica”, la cual es una
forma de dominio o maltrato que no necesita fuerza física, porque las propias personas que la sufren
la aceptan sin darse cuenta. Tal como señala Bordiú (citando en Calderone, 2004), esto ocurre
cuando las ideas, costumbres o creencias de una sociedad hacen que la gente vea como “normal” o
“correcto” aquello que en realidad deslegitima a las personas vulnerables y los mantiene en una
posición inferior mientras los dominantes, en este caso el Estado, se mantiene en un nivel más alto.
Eta radicalización alimenta la criminalización de la protesta ya que no solo es un insulto, sino que
deslegitima políticamente, deja sin voz y hace que la población social vea la represión utilizada como
necesaria, justificando así la muerte de varias personas indígenas. Esta violencia simbólica utilizada
por la narrativa de la expresidenta se puede evidenciar en varios medios:

En estas noticias se puede visualizar la narrativa oficial del Estado y la ex- presidenta Dina
Boluarte, el cómo a través de sus distintas expresiones deslegitima la protesta social al vincularla con
el terrorismo, reproduciendo un discurso del “terruqueo” analizado por Chunca (2024).

Por lo tanto, como podemos evidenciar, los términos usados por la narrativa institucional son
una estrategia discursiva empleada por los agentes policiales, el poder ejecutivo y demás entidades,
que, usando estos discursos estereotipados y deslegitimadores, caracterizan a un “otro” diferente que
no merece tener derechos. Ello no debería ser así, porque mantiene sometidos y en opresión a estos
grupos, quienes, al ser tildados con estos discursos, son violentados y tratados de una forma diferente
en comparación con otros ciudadanos. Todo ello como resultado de un racismo estructural que aún
prevalece instaurado en nuestra sociedad, donde el indígena es tratado como un ser sin derechos y sin
capacidad de exigir su derecho a la libre protesta.

Bibliografía:

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la fuerza por los cuerpos de
seguridad de
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campesina.
https://www.amnesty.org/es/latest/news/2023/02/peru- lethal- state-repression /

Bazán, C. (2024). Justicia mordaza: Represión y criminalización de la protesta en el Perú.


Coordinadora Nacional de Derechos Humanos.
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Moyano, M. (2009). Análisis de los efectos psicosociales de la


violencia política en tres distritos del departamento de Huancavelica
con distintos niveles de afectación [tesis de licenciatura].
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/server/api/core/bitstreams/dcdde83b-24da-4ad3-9066-fa582ab76c4f/content

Pacherres, L., Tiravanti, N. (2025). Violencia política y derechos


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[Tesis]. Universidad Señor de Sipán, Pimentel.
https://repositorio.uss.edu.pe/bitstream/handle/20.500.12802/14935/Pacherres%
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Quijano, A. (2014). Colonidad del poder, eurocentrismo y América Latina. En Cuestiones y
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http://161.132.207.135/bitstream/handle/20.500.12969/4364/Ramos-Melendez-Cecilia.pdf?
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Valle, R, & Contreras. C. ( 2023). Protestas sociales en el Perú:


consecuencias en la salud mental de la población. Anales de la facult
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http://www.scielo.org.pe/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1025-
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https://www.tc.gob.pe/wp-content/uploads/2019/01/Constitucion-Politica-del-Peru-ult.pdf
https://www.scielo.sa.cr/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2215-24662020000100025
https://www.oas.org/es/cidh/informes/pdfs/2023/informe-situacionddhh-peru.pdf
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http://161.132.207.135/bitstream/handle/20.500.12969/4364/Ramos-Melendez-Cecilia.pdf?
sequence=1&isAllowed=y#page=15.13
https://www.fidh.org/IMG/pdf/perucpiexecutions828e.pdf
file:///C:/Users/Usuario/Downloads/AMR4667612023SPANISH%20(1).pdf
https://www.scielo.sa.cr/scielo.php?pid=S2215-24662020000100025&script=sci_arttext

 Pregunta de investigación:
¿De qué manera la respuesta estatal frente a las protestas sociales de comunidades indígenas y
campesinas refleja continuidades históricas de racismo en el Perú durante el gobierno de Dina
Boluarte?
 Problema social:
El uso de la fuerza estatal durante las protestas sociales contra el
gobierno de Dina Boluarte de comunidades
indígenas y campesinas que demuestran continuidades históricas de racismo en el Perú.
 Enfoques académicos:
Aníbal Quijano: Colonidad del poder (Persistencia de jerarquías raciales)
Bazán: Concepto jurídico de criminalización de la protesta actual
Pacherres & Tiravantí: Evidencia de que la violencia estatal vulneró derechos humanos en
regiones indígenas y campesinas
RÚBRICA DE EVALUACIÓN
Introducción

ESCALAS

DIMENSIÓ DESCRIPCIÓN En Puntaje


Logra En Defici
N El/La estudiante… proces obtenido
do inicio ente
o

Identifica un conflicto (problema social) y propone un recorrido de las
distintas perspectivas desde donde se han acercado a opinar sobre este.

Originalidad e 
Plantea una pregunta de investigación de interés académico sobre la cual
intertextualidad tratará su 12 9 6 4
(12 puntos) ensayo.

Explica cuál es su lugar de enunciación y cómo este repercute en su
posicionamiento personal.

Expresa su opinión académica respecto del conflicto (problema social)
identificado.

Articula lógicamente los párrafos de su introducción con transiciones
fluidas.
 Ordena
Estructura y organización estructuradamente las frases y
textual 4 3 2 1
oraciones de cada uno de sus párrafos.
(4 puntos)  Introduce y conecta las voces externas
dinámicamente.

Comunica sus ideas utilizando registros académicos y cotidianos para
hacer entender las ideas de su introducción.
Registro académico 4 3 2 1

(4 puntos) Cita las fuentes empleadas dentro de su texto y elabora las referencias
bibliográficas respectivas.

TOTAL 0

Comentarios finales: [Comentarios finales opcionales del docente del curso sobre el texto por el/la estudiante]

PREPARACION DE LA EXPOSICIÓN

Iniciar con el caso de Remo Candia, quizás presentar el video del caso
Porcentaje de la Amnistía
Contextualización (conflicto)....imagen
Pregunta de discusión
Lugar de enunciación ...Desde donde está naciendo ello y porque considero que es importante ... Debate (2 imagenes que
repore4snten las posturas)
Opinión académica (bases teóricas)
Argumento 1: poner las estadísticas nuevamente y analizarla las fuentes o bases teóricas
Argumento 2: ayudarme de fuentes citadas para poder mostrar como es la narrativa oficial del estado y mostrar imagenes
de ello .. también analizarlo

Teoria hacia la cuestión más concentra


Reacción del estado frente a diversos ciudadanos , criminzaliza de distantias personas a ciertas personas .

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