Pensamiento filosófico y Humanidades I CBTis 86 - 2025
Ejercicio 4
Tipos de argumentos
Presentación
En este texto de Cristian Alejandro podrás identificar distintos tipos de argumentos. Argumentos
empleados por el protagonista (Kenny), y argumentos empleados por los otros personajes.
¿Qué argumentos son?
Por enumeración de casos
Por ejemplificación
Probabilístico
De autoridad
Por comparación o analógico
Instrucciones
1) Lee el texto Desconcierto.
2) Identifica los argumentos que contiene.
3) De cada argumento indica la(s) premisa(s), conclusión y operadores argumentales.
4) Describe en qué consiste cada tipo de argumento.
Desconcierto
Cristian Alejandro Gutiérrez Ramírez.
Kenny miraba hacia la lejanía desde la ventana de su casa y se preguntaba qué sería de su
futuro. Sentía en su cabeza una tempestad de ideas que no lo dejaban tranquilo ni un minuto. Pronto
tendría que decidir qué iba a hacer durante los siguientes años. Eran tantas las ideas, argumentos y
opiniones que había escuchado, que realmente no sabía qué hacer. En su mente solo había confusión.
Acababa de concluir sus estudios de secundaria y pronto podría inscribirse al bachillerato.
Había ganado ese derecho mediante un complicado examen, aunque nunca se había distinguido por
ser un gran estudiante; sus notas no eran malas, pero estaban lejos de la excelencia. Su profesora de
Formación cívica y ética, la maestra Pilar, le había dicho que era algo comprensible, pues además de
estudiar, tenía que ayudar a su mamá en la tienda, que era el sostén principal de la familia.
La maestra le explicó que la probabilidad de que un estudiante que trabaja más de 40 horas a
la semana logre obtener notas sobresalientes es muy baja, comparada con la probabilidad que tienen
estudiantes que no trabajan. Ella le mostró un estudio en el que se analizan las calificaciones de
estudiantes de varias universidades de México; en él se indica que la probabilidad de que alumnos que
trabajan tiempo completo obtengan buenas notas es del 12%, mientras que los estudiantes que no
trabajan tienen una probabilidad del 44%.
La maestra lo apoyaba cuando se sentía mal por no lograr ser el hombre que él creía que debía
ser. Como él lo veía, sus posibilidades de ser un gran estudiante y convertirse en un profesionista
exitoso eran muy bajas. No parecía tener sentido pensar que ese era el mejor camino que podía tomar.
Tal vez lo mejor sería considerar otras opciones.
Su padre era de la misma opinión. Don José vivía en Estados Unidos desde hacía casi 20 años,
solo iba a casa una vez al año. Kenny lo quería mucho y con regularidad hablaba con él por teléfono.
Siempre le daba buenos consejos. Gracias a ellos, pudo conquistar a María, su novia desde hacía un
año. Don José era contratista en Chicago. En más de una ocasión, le había dicho a Kenny que se fuera
a vivir con él, pero no se sentía cómodo con la idea.
Su padre tenía una nueva familia. Se había casado con Rosa, una compañera de trabajo de
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origen peruano. Ellos tenían dos hijos pequeños, sus hermanos John y Bryan. Además, no le gustaba
la idea de abandonar a su madre, tal como lo había hecho su padre.
Don José le decía que no había comparación entre la calidad de vida en México respecto a
Estados Unidos. Le contaba lo bien que le iba en su trabajo y cómo su jefe, míster Kenny Smith, lo
había ayudado mucho. Incluso en su honor lo había bautizado José Kenny. Don José le decía: «M’hijo,
si lo que quieres es vivir bien, tener mucho dinero, lo mejor es que te vengas conmigo. Acá se gana
mucho mejor que en México. En nuestra tierra nunca tendrás las oportunidades económicas que acá.
Yo sé que quieres vivir bien, así que no lo pienses mucho. Lo mejor es que te vengas a Chicago
conmigo y te pongas a trabajar».
Kenny sabía que lo que decía su padre era cierto, que si lo único importante era el dinero, lo
mejor era irse al otro lado. Pero también pensaba que tal vez había otras cosas más importantes que
sólo enriquecerse.
Su madre le repetía que el dinero no es todo en la vida, que es más importante hacer lo que más
nos gusta, hacer lo que nos permite desarrollarnos plenamente. En alguna ocasión, le dijo: «El dinero
no lo es todo, Josecito. ¿Te acuerdas de Martín, el hijo de doña Toña? Él estudió Derecho, trabaja para
gente rica y tiene mucho dinero. Pero, míralo. Es un tipo muy infeliz. Él no quería ser abogado. Desde
pequeño, decía que su sueño era ser escritor y maestro. Pero al final, doña Toña lo convenció de ser
abogado. ¿De qué le sirve su dinero si no es feliz? Tú no elijas un camino porque te dé dinero. Elije el
camino que te haga sentir pleno o vas a terminar como Martín».
Kenny no comprendía muy bien qué trataba de decirle su mamá, pero interpretaba que debería
hacer las cosas que lo hacían más feliz. En su caso no era el dinero. Él era más feliz saliendo con sus
amigos y con María, jugando futbol y dibujando. Le gustaba dibujar todo lo que veía a su alrededor: a
su mamá mientras despachaba en la tienda, la sonrisa de María, las calles cercanas a su casa. Pero,
¿cómo podría ganarse la vida haciendo esas cosas? La respuesta sobre qué hacer en un futuro no la
obtendría sólo haciendo las cosas que le gustaban.
En algún momento, había considerado abandonar sus estudios y meterse a trabajar, pero
concluyó que tampoco era una buena opción. Tenía muchos amigos que habían optado por trabajar y
dejar la escuela, pero a ninguno le había ido bien. Francisco, su mejor amigo de la primaria, había
dejado de estudiar desde dos años antes. A partir de entonces trabajaba como jardinero en la casa de
una familia adinerada. Ganaba muy poco y no tenía ni tiempo ni dinero para salir con él. Jorge, otro
amigo cercano, había dejado de estudiar, pero tampoco trabajaba. Para Kenny, la vida de Jorge
transcurría sin sentido, pues se la pasaba parado frente a su casa; veía que los fines de semana tomaba
con otros muchachos del barrio.
Al único que parecía haberle ido bien era a Arturo, un joven de una familia muy humilde. Él
había dejado la escuela poco tiempo atrás y pronto comenzó a trabajar. Nunca les había dicho qué
hacía, pero en muy poco tiempo pudo comprar una casa y manejar un auto de lujo. Para todos era un
misterio a qué se dedicaba. La gente, a falta de una mejor explicación, rumoraba que Arturo
seguramente se dedicaba a algo ilícito, pues un trabajo fuera de la ley podía proporcionar mucho dinero
en poco tiempo. Todos creían que andaba en malos pasos. Por supuesto, podía ser que tuviera un
empleo honrado, pero eso era poco probable.
Para Kenny, ninguna de estas opciones era buena. Al parecer, salirse de la escuela para trabajar
no le dejaría nada bueno. Pasó el resto de la tarde pensando en lo mismo, pero no encontró la forma
de resolver su problema. Al final, se fue a dormir, dominado por una profunda angustia.
Al siguiente día, Kenny fue en busca de la maestra para pedirle un consejo; vivía muy cerca de
su casa. Caminó despacio por las calles que lo separaban de donde vivía su profesora. Al llegar, tocó
la puerta. Quien salió a abrir fue el esposo de su maestra.
―Hola, ¿buscas a mi esposa?
Kenny respondió de forma tímida. El hombre tenía un aspecto muy rudo.
―Sí, señor. Me gustaría hablar con ella.
El esposo de la maestra lo invitó a pasar y llamó a su esposa.
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Estando los tres en la sala, Kenny les planteó su caso.
―Maestra, vine a verla porque no sé qué voy a hacer con mi vida. Por más que lo pienso, no
sé qué debo hacer. He pensado que no soy un buen estudiante y que nunca lograré destacar en la
escuela. Creo que nunca podré ser un profesionista. A veces pienso que lo mejor sería irme de mojado
como mi papá. Por lo menos así tendría la posibilidad de ganar buen dinero, pero la verdad, no estoy
seguro de que eso me haga feliz.
Ella lo miró con ternura y le dijo:
―Kenny, sé que no eres el mejor alumno que he tenido, pero eso no significa que seas un mal
alumno. Así que creo que sí puedes llegar a ser un profesionista. Lo mejor que puedes hacer es esperar
un poco para tomar una decisión tan importante. Eres muy joven para decidir cómo será el resto de tu
vida. En general, las personas de tu edad todavía no tienen la experiencia suficiente para decidir algo
así. Creo que lo mejor es que continúes en la escuela y te hagas esta pregunta en un par de años.
Kenny se sonrojó un poco al escuchar que era muy joven para tomar una decisión tan
importante.
―Maestra, sé que soy joven, pero creo que debo tomar esta decisión lo antes posible. Si mi
futuro no está en la escuela, es mejor que me salga desde ahora.
El esposo de la maestra sonrió levemente y dijo en tono desenfadado:
―Chico, me recuerdas a mí cuando era joven. Yo me enfrenté a la misma pregunta que tú. No
estaba seguro si lo mejor para mí era seguir estudiando. En algún momento, decidí que lo mejor era
abandonar la escuela y buscar un trabajo; así lo hice. No me fue mal. Puse un pequeño negocio y me
ha ido muy bien. Así, creo que puedes tomar esta decisión ahora, pero no es una cuestión sencilla.
La maestra intervino:
―Mi amor, no creo que tú puedas ser una autoridad en esto. Tu caso no es el de todos. Kenny
no está en las mismas condiciones que tú. Además, no le contaste a Kenny que tú regresaste a la escuela
siendo ya un adulto.
Su esposo, un poco apenado, dijo:
―Lo siento, tienes razón, Pilar. Kenny, si bien creo que mi decisión de dejar de estudiar no fue
del todo equivocada, también creo que me apresuré un poco al tomarla. Cuando ya era un adulto y me
acababa de casar con Pilar, me di cuenta que la escuela no sirve solo para darnos medios para ganar
dinero, también te da una formación que no es fácil de obtener de otra manera. Viendo a Pilar preparar
sus clases, me di cuenta de la importancia de la formación que da la escuela. Fue entonces que decidí
volver a estudiar. Ahora mismo estoy haciendo una carrera. Aunque a veces me siento un poco viejo
al ver que mis compañeros son 20 años más jóvenes que yo, cada día lo disfruto al máximo.
La maestra suspiró y le dijo a Kenny:
―¿Lo ves, Kenny?, es mejor que esperes un poco para tomar esta decisión.
Kenny sonrió y le dijo a la maestra que estaba de acuerdo. Se despidió y volvió a casa. Tenía
muchas cosas en qué pensar.