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Introducción
En este libro te sumergirás en mi historia, una narrativa llena de altos y bajos, de ascensos y
descensos que reflejan las complejidades de la vida. A través de estas páginas, comparto
contigo no solo mis experiencias, sino también mis pensamientos más íntimos y mis
emociones más profundas. Mi historia es una mezcla de sueños y decepciones, de
momentos de luz y de oscuridad, de esperanza y desesperación. Cada capítulo está
impregnado de sinceridad y vulnerabilidad, con la esperanza de que al leerlo, encuentres un
espejo en el que puedas ver reflejadas tus propias luchas y triunfos.
Este libro te llevará por un recorrido que no es lineal, sino que se retuerce a través de los
momentos que me han moldeado. Desde mi rechazo inicial a la educación formal y mi
desilusión con la escuela, hasta los momentos de encuentro y desencuentro con personas
que dejaron huellas imborrables en mi vida, te invito a acompañarme en un viaje
introspectivo. Aquí encontrarás relatos de amor no correspondido, de amistades que se
desvanecieron, y de las batallas internas que libré en silencio. Cada historia tiene su propio
ritmo y color, reflejando la diversidad de experiencias que componen la vida.
Este libro no solo relata eventos, sino que también busca hacerte cuestionar muchas cosas.
¿Vivimos para hacer felices a otros, o para ser felices nosotros mismos? ¿Cuál es el
verdadero propósito de nuestras acciones diarias? Estas y muchas otras preguntas emergen
de mis experiencias, invitándote a reflexionar sobre tu propio camino. Al sumergirte en mi
mundo, espero que encuentres no solo entretenimiento, sino también momentos de
introspección que te ayuden a entender mejor tus propias vivencias.
En esencia, mi deseo es que esta lectura sea tanto un espejo como una ventana: un espejo en
el que veas reflejadas tus propias luchas y aspiraciones, y una ventana a través de la cual
puedas vislumbrar nuevas perspectivas y posibilidades. La vida es una serie de elecciones y
consecuencias, de acciones diarias que definen quiénes somos. En estas páginas, verás
cómo cada decisión, cada pequeño acto de valentía o de resignación, ha contribuido a
formar la persona que soy hoy.
Espero que disfrutes la lectura, que te encuentres inmerso en las historias aquí contadas, y
que al final del libro, sientas que has conocido no solo a una persona más, sino a una parte
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de ti mismo que quizás estaba esperando ser descubierta. Porque en efecto, somos lo que
hacemos cada día; nuestras acciones cotidianas forjan nuestro carácter y definen nuestra
existencia. Los resultados, sean éxitos o fracasos, no son más que efectos secundarios de
nuestros esfuerzos y elecciones. En este libro, te invito a explorar esta verdad conmigo.
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"En el umbral de la juventud, la vida me ofrecía un lienzo en blanco, listo
para ser pintado con los colores de mis sueños y aspiraciones, cada decisión
una pincelada, cada paso un avance hacia el descubrimiento de quién soy y
quién puedo llegar a ser."
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Capítulo 1: El Inicio de un Viaje
Miraba a la nada desde la ventana del autobús, con una botella de agua en la mano y mis
padres a mi lado, mientras en mi mente resonaban las palabras: "Toda mi vida he vivido
constantemente siendo y haciendo lo que dicen los demás. Nunca he sido yo mismo, y es
frustrante no haber sido lo que siempre deseé". Decidí escribir este pequeño libro para
narrar mi historia y tal vez, encontrarme a mí mismo en el proceso.
- Dieciséis años atrás -
Nací en la maternidad de La Altagracia un soleado jueves 1 de diciembre de 2005, a las
10:30 AM. Desde el primer momento, mi vida estuvo llena de complicaciones. Al nacer,
me hice caca y casi muero, mi madre también. Por suerte, me sacaron rápidamente y el
agua de parto salvó a mi mamá. Pasé más tiempo en el hospital que en casa debido a
frecuentes fiebres y otras complicaciones. Mi madre, en ese tiempo, estudiaba en la
universidad y nos dejaba al cuidado de una señora, tanto a mí como a mi hermano.
Me crie en Villa Mella, la cual considero como “la mejor época de mi vida”.
Mi infancia transcurrió mayormente en casa, ya que siempre fui un poco asocial. No me
gustaba interactuar mucho con las personas; sentía que era innecesario y prefería el
silencio. Odio el ruido y no me gusta hablar mucho.
Cuanto más feliz aparento estar, peor me siento en realidad. Mi infancia estuvo marcada
por la soledad, el miedo, la inocencia y el sufrimiento. Pero siempre me decía a mí mismo
que había personas en peores condiciones que yo, personas sin padres, sin extremidades, sin
visión, y aun así, luchaban por seguir adelante. Entonces, ¿por qué no podía yo? Cada uno
tiene su propio proceso de evolución, con momentos buenos y malos, y eso es parte de la
vida. “Hemos nacido por un propósito, un glorioso propósito”, me decía.
Antes de continuar, debo decir que mi madre, Jazmín Martínez, es una guerrera. Sufre de
una enfermedad severa, pero sigue luchando por nosotros. Cuando era pequeña, se clavó
una varilla que casi le penetra el corazón, por fortuna sigue con nosotros. A pesar de todo lo
que ha pasado, lucha por mí, por mis hermanos, y quiere lo mejor para nosotros. Tal vez no
nos dio la mejor crianza, pero sí su amor incondicional, y eso es lo mejor que uno puede
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pedir. "Gracias, madre, por todo. Ahora veo todo lo que hiciste por mí. Fui malagradecido y
me arrepiento mucho. Solo ver tu sonrisa me da fuerzas para continuar".
Mi padre, Josué Cruz, es un hombre silencioso. Vivió su vida en soledad y era de pocas
palabras. Le gusta leer y tuvo que ingeniárselas para poder estudiar, ya que sus padres no
podían pagar todos los útiles para sus hermanos. Cortaba los cuadernos y los lápices a la
mitad para que todos pudieran tener lo necesario. Tal vez mi madre no la pasó tan mal
económicamente como mi padre, pero ambos sufrieron bastante, y a pesar de todo: "siguen
aquí de pie y dieron a luz a mí, una estrella que brilla en el firmamento".
Mi hermano Isaac siempre lo he admirado por su madurez y su espíritu libre. Hace lo que
desea y vive su vida al máximo. Desde pequeño he deseado ser libre y vivir sin una
máscara, aunque no apruebo algunas de sus acciones. Mi hermano Jeremy, el pequeño, es
muy inteligente, pero no siempre sincero, lo cual detesto. Valoro la sinceridad por encima
de muchas cosas y siento que tampoco él valora todo el esfuerzo de nuestra madre.
Mis tíos y tías, los hermanos de mi padre, me parecen egoístas y desunidos. Los hermanos
de mi madre son muy unidos. Mi tía Judith solía vivir en bares y descuidar a sus hijos, pero
hoy es cristiana, ha cambiado el rumbo de su vida he intenta de hacer de sus últimos años
los mejores. Mis tíos Ambiorix y Leonel tuvieron problemas con la ley, pero aprendieron
de sus errores. Mis abuelos, Damaris y "Papi Leo", son personas estrictas pero cariñosas
con sus nietos. Mi familia es extensa, y hay personas que ni siquiera conozco. Cada uno de
ellos libra sus propias batallas, así como tú o yo, se esfuerzan por progresar y dar lo mejor
que pueden. Esfuérzate por aquello que quieres conseguir y no permitas que tus miedos o
debilidades te detengan. ¡Ánimo!
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Ahora sí, empecemos:
Residía en un barrio de Villa Mella, en una bonita casa. Tenía un amigo con quien siempre
jugaba videojuegos, aunque no recuerdo muy bien su nombre. Una noche, aburrido, salí de
casa y vi a un grupo de jóvenes jugando encima de un auto. El dueño apareció con un palo
y, en el caos, terminé recibiendo palazo en la cabeza que me dejó una cicatriz hasta el día
de hoy. Otra cosa que recuerdo es el día que mis padres se casaron en la iglesia del barrio.
¡Que bellos tiempos aquellos!
Después de vivir un tiempo en Villa Mella, nos mudamos a Cristo Rey. Mi padre había
sufrido una demanda de 15 millones porque un muchacho murió accidentalmente en un
proyecto en el que trabajaba. Desde entonces, comenzó la decadencia.
Viví un tiempo en la casa de mis abuelos paternos, donde conocí a dos buenos amigos y a
quien considero mi hermana, Rosanyi. Ella nos cuidó a mí y a mis hermanos mientras mis
padres trabajaban. Le agradezco un montón. Espero que puedas lograr todo lo que deseas y
seas capaz de salir adelante. Mucho éxito en tu vida.
Una vez, cuando volvía de la escuela, un perro me mordió. Mi madre pensó que tenía rabia
e incluso fue donde los dueños para confirmar. Toda una travesía.
Constantemente sucedían cosas extrañas en la casa de mis abuelos, como si estuviera
embrujada. Me pregunto ahora si lo estuvo o está.
Nos mudamos varias veces más, alrededor de 5 veces para ser exactos. Desde Cristo Rey
hasta la 6, (así se llama el barrio). Siempre que nos mudamos hacia un lugar nuevo, mi
hermano mayor hacía amistades rápidamente, pues él es muy sociable. Gracias a eso yo
llegaba a conocer nuevas personas cada vez que nos mudábamos.
Cuando vivíamos en la 6, fuimos cuidados por una niñera llamada Luz, una hermosa señora
que nos cocinaba y nos enseñó diversas cosas a mis hermanos y a mí. También recuerdo
que teníamos un juguete llamado Taka Taka, el cual se compone de dos bolas unidas a un
hilo, cada una con uno respectivamente, que al chocar hacen ese sonido. Un día estábamos
jugando mi hermano mayor y yo frente a la puerta. Entonces se aparece un joven
preguntando que si podemos dejarlo usar el juguete, dudamos al primer momento, pero
luego se lo cedimos, al poco tiempo el joven se mandó a correr, a lo que mi hermano y yo
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abrimos la puerta rápidamente, lo perseguimos por alrededor de 6 minutos, aunque al final
no logramos alcanzarlo. (Por eso jóvenes no confíen en extraños).
Tiempo después nos mudamos de aquí a la 16. En ese entonces nos cuidaba nuestra abuela.
De ese lugar nos mudamos a la 14, donde éramos cuidados por una señora llamada Andrea.
Recuerdo vívidamente un día comí una empanada con jugo; desde entonces he tenido
constantes dolores estomacales, a veces incluso siento que estoy a punto de morirme, así de
terribles son. Otro recuerdo que tengo es que tuvimos que escondernos en la casa debido a
que un grupo de individuos armados andaba por las calles causando desorden. Sentí mucho
miedo en esa ocasión y solo pude ver desde el segundo piso lo que sucedía afuera: Las
calles estaban desalojadas completamente y los jóvenes estaban rondando. Ahora me
pregunto qué carajos estaban haciendo las autoridades en ese momento.
Posteriormente nos mudamos a la “Javilla”, donde pasé gran parte de mi vida y realicé
muchos desmadres. Mis hermanos y yo empezamos a ver novelas debido a que éramos
cuidados por señoras mayores y ellas la veían, así que supongo que debido a eso
comenzamos a verlas.
Había muchos vecinos chismosos, y era una comunidad tranquila, tomando en cuenta el
lugar donde se encuentra. Pues es que esa zona es muy peligrosa, puedes andar por las
noches fuera y se te puede pegar una bala perdida o meterte en un problema sin darte
cuenta.
Cuando residíamos en Las Cañitas, sufrí una hernia en los testículos y me hicieron tres
operaciones. Fue un poco difícil luego debido a que no podía salir y debía alimentarme solo
con sopa y jugos.
Estudié en ese entonces en la escuela Santo Domingo Savio, en la cual duré hasta sexto
grado. Son muchos los recuerdos que tengo de este lugar. Malos y buenos. Conocí a mi
mejor amigo y muchos individuos con los que pasé los mejores momentos de mi vida.
A pesar de que mis hermanos y yo no éramos tan unidos, si alguien molestaba a mis
hermanos, se las tenía que ver conmigo o mi familia. Recuerdo dos ocasiones en la que les
di una paliza a dos personas porque molestaron a mi hermano mayor. Cuando empezaba a
pelear, no me podía detener, había una rabia intensa en mí que me decía: destruye todo a tu
paso.
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Fue alrededor de esa época cuando me adentré a los deportes y artes marciales, además del
baile. Probé todo lo que pude, y en todo lo hice más que excelente. Aunque no eran más
que un hobby para mí.
Tengo un primo que había practicado taekwondo y Kung Fu, y le pedí que me enseñara, a
lo que el accedió. Aprendí por un tiempo. Más tarde jugué baloncesto, estaba en el equipo
de futbol; disfrutaba de cada deporte que encontraba.
En sexto grado me cambiaron a la Escuela Hogar Pituca Flores, donde pasé mis mejores
años. Aprendí a tocar flauta y ocarina, descubrí mi amor por el arte y los idiomas, conocí
buenos amigos. Salíamos cada que podíamos, íbamos a lugares juntos, disfrutábamos de la
vida; en fin, fueron muy buenos tiempos. Pero también sufrí en aquel entonces una traición
amorosa. (No confíen en nadie más que ustedes mismos).
Fue por este tiempo que me inscribí en el club de karate. Duré alrededor de un año, solo
pude llegar a cinta amarilla.
Más adelante incursioné en los deportes extremos: Parkour. No solo eso, comencé a
practicar break dance y hip hop, a la vez que salía de vez en cuando a andar en mis patines.
Hubo algunas ocasiones que estuve a punto de romperme una pierna, la cabeza o de morir,
pero ese era el objetivo: disfrutar la vida.
Finalmente, cursé mi último año de secundaria en la escuela Santo Domingo Savio, donde
conocí el anime gracias a mi mejor amigo. Fue un tiempo de altibajos. Me enamoré y tuve
malas experiencias en el amor, pero también descubrí parte de lo que soy. Estuve a punto
de matar a algunas personas que querían buscar pelea, pero me contuve. Por eso siempre he
evitado pelear, no porque no me guste, sino porque me tomo las cosas en serio y no soy
capaz de controlar mis emociones.
Viví la vida al máximo, haciendo cada cosa que se me ocurría y teniendo en cuenta que
podíamos morir en cualquier momento, con eso en mente, intenté aprovechar el tiempo al
máximo. Tanto es así, que en la actualidad son pocas las cosas que quiero realizar antes de
partir.
A veces me arrepiento de haber hecho daño a muchas personas. Aprendí que lo malo que
haces se te regresa como un boomerang, lo mismo pasa con lo bueno, y que es mejor
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ignorar lo malo que sucede a tu alrededor. Pero aunque me arrepiento, sé que todo pasa por
un motivo.
Al terminar la secundaria y entrar a preparatoria, las cosas se empezaron a tornar muy
oscuras…
Este es solo el inicio de mi viaje. Un viaje en el que espero encontrarme a mí mismo y tal
vez, al hacerlo, inspirar a otros a hacer lo mismo.
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"En la encrucijada de expectativas y experiencias, el camino se tornaba
incierto, cada éxito y cada tropiezo tejían una compleja red de aprendizajes,
moldeando mi visión del mundo y confrontándome con la verdadera
naturaleza de mis deseos."
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Capítulo 2: Anhelos y Realidades
Tiempo después de terminar la escuela secundaria, nos mudamos nuevamente a Cristo Rey.
Fue todo un desafío. Es decir, ya habían pasado alrededor de 6 años. Pero supongo que ya
estaba acostumbrado a estar migrando de un lado a otro.
Siempre he soñado con viajar por el mundo y aprender diversos idiomas. Sin embargo, la
realidad no siempre se alinea con nuestros deseos. Desde joven, sentí que la educación
formal no era la mejor manera de alcanzar mis metas. Siempre he sido de espíritu libre y no
me gustar estar atado a algo.
No obstante, mi madre insistió en que asistiera a la misma escuela que mi hermano mayor,
ITESA. Apliqué a ITESA y también al Politécnico Nuestra Señora del Carmen (PONSCA).
No pasé el examen de admisión del PONSCA, pero sí el de ITESA, aunque no entendía del
todo por qué. A pesar de no querer estar en ITESA, acepté para complacer a mi madre.
(Jóvenes, no hagan nada que no les guste; si quieren hacer algo, háganlo, pero asegúrense
de sentirse bien con ustedes mismos).
No recuerdo la fecha exacta, pero en agosto de 2019 empecé a asistir a clases en ITESA.
Allí me encontré con muchas personas extrañas, en todo el sentido de la palabra. En el
recreo, me sentaba principalmente con los alumnos de sexto grado, ya que conocía a casi
todos.
Me sentía extraño de alguna manera al estar en un lugar que no quería estar. Pero no hice
algo particularmente por mi situación. (Pienso que actuaba como un robot, en el sentido de
que hacía lo que me decían que hiciera).
Antes de un pasadía a Jarabacoa, me pidieron que bailara cuando llegáramos allí. Fue
entonces cuando conocí a Rashely, una chica particular, de quien me interesé la primera
vez. Todo fluyó, nos hicimos amigos, pero la relación nunca llegó a darse. Luego conocí a
otra chica, Rafielka, a quien también intenté conquistar, pero fui rechazado. Ellas sin duda
son chicas muy interesantes.
Desde siempre he sido terrible en el amor, mis relaciones duraron máximo un mes o dos.
Creo que es porque ya me he acostumbrado a estar solo, y se me hace difícil compartir con
otros, lo que pienso o lo que siento. Soy una persona cerrada.
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Ese año escolar traté de adaptarme al nuevo ambiente, y que además me había mudado
nuevamente. Hice lo mejor que pude, me esforcé, hice nuevos amigos, y así llegamos a
enero de 2020.
En enero de 2020, comencé a buscar que cosas hacer para mantener la mente ocupada. Fue
entonces cuando empecé a ver “Diarios De Vampiros”. Me gustó tanto que la terminé a los
pocos meses.
Tiempo después busqué que otras cosas ver o hacer.
Un mes antes de que terminara el año escolar, la pandemia del coronavirus llegó y
terminamos el año de forma virtual.
Iniciamos el nuevo año escolar en septiembre, también de manera virtual. Ese año fue
totalmente online, lo cual fue una experiencia nueva para mí y me tomó por sorpresa.
Intenté adaptarme a este cambio, pero aunque le decía a mi madre que tenía muchas tareas,
no me gustaba hacerlas. Amanecía haciéndolas innecesariamente (hubiera sido mejor decir
simplemente "sáquenme de ITESA", estaba a tiempo, pero quería complacer a mis padres
con buenas notas. Vivía dentro de esas paredes todos los días, sintiendo que estaba siendo
consumido lentamente, sin querer decir lo que sentía).
Hubo un día en el que no dormí casi nada. Ese mismo día tenía que presentar un proyecto
del taller y un examen a las seis de la mañana. Retenía constantemente lo que sentía por
dentro, y eso me estaba matando (nunca en la vida guardes lo que sientes; a la larga, te hace
mucho daño).
Siento que no aprendí mucho ese año escolar, pues no es lo mismo virtual que presencial.
Mi mente está borrosa en torno a eso y mis ganas eran tales que hacía trampa en los
exámenes. No quería decepcionar a mis padres, pero no tenía ganas de hacer nada. Me
refugiaba leyendo y viendo series. Eso me permitía no pensar en nada más.
Es triste el hecho de que no quieras hacer algo, pero de igual forma lo tengas que hacer por
obligación o para complacer a otro. Uno no pide nacer, pero es algo que pasa sin tu
consentimiento. Pero creo que nacemos con un propósito y mientras creces, te descubres a
ti mismo.
Pregúntate: ¿Vivimos para hacer felices a otros, o para ser felices nosotros mismos?
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"En la profundidad de mis pensamientos, donde la luz apenas llegaba, se
libraban batallas invisibles, y cada momento se extendía como un abismo
sin fin, desafiando mi voluntad y poniendo a prueba la resistencia de mi
espíritu."
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Capítulo 3: El Eco Del Vacío
Cuando entré a quinto grado, todo comenzó a desmoronarse, literalmente, aunque también
sucedieron diversos acontecimientos muy particulares.
Empezamos el año escolar de manera interesante; un día íbamos a la escuela y otro nos
quedábamos en casa y tomábamos la clase online. Eso fue así hasta noviembre. En
diciembre, fuimos de manera presencial y así estuvimos hasta fin de año.
Me estresaba demasiado con las clases, no dormía bien y llegaba tarde a clases. Mi vida
estaba totalmente desordenada.
Pero doy gracias por haber tenido profesores excelentes como Leandro, a quien admiro
grandemente, Pablo, Julio…
El tiempo que compartimos como maestros y alumno, fue grandioso, aprendí muchas cosas
significativas, aunque en realidad no valoré en gran medida sus enseñanzas.
Ese mismo año, antes de terminar, conocí a una chica. Ella era novia de un conocido. Como
compartíamos tiempos juntos y hablábamos de temas personales, la gente nos tomó fotos y
hablaban a nuestras espaldas, lo que provocó un tremendo problema.
Pero el poco tiempo que compartimos juntos, fue suficiente para aprender muchas lecciones
de vida. Fue otra persona que estuvo poco tiempo en mi vida pero me enseñó mucho.
Un mes antes, un viernes de mayo, conocí a otra persona. Su nombre es Ashley. Una chica
muy chévere, alegre por fuera, dinámica. Nos hicimos amigos rápidamente.
Semanas después de haber salido de la escuela e iniciado las vacaciones, algunas personas
me atacaron por el problema con la ex novia del conocido. Fue una total locura.
Realmente no sé qué pasaba por la mente de esas personas. Quizás no tenían nada mejor
que hacer, no sé, aunque tampoco me importa. Pero en ese entonces, sobrellevé la situación
como mejor pude.
Me escribían y hablaban de mí sin saber realmente lo que pasó. Se creó todo un show
mediático. Ahora me doy cuenta de que simplemente no debí haber prestado atención a
nada de eso, pero son cosas que pasan y tienes que vivir con ello. Aprendí que en la vida
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solo te tienes a ti mismo, y solo debes confiar en ti. Es como si fuera una ley no escrita y lo
mejor que le puede pasar a una persona.
Fue un horrible capítulo de mi vida. Pero fue algo que me sirvió para darme cuenta lo
absurdo de la vida y lo despreciable que puede llegar a ser un humano.
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"Cuando el eco del vacío se volvió abrumador, me vi obligado a enfrentar
las partes de mí mismo que siempre había evitado. Este es el registro de mis
momentos más oscuros y las realidades que emergieron del caos interno."
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Capítulo 4: Más Allá del Abismo
Cuando estaba en quinto grado, pude conocer a un grupo de k-pop, llamado BTS. Unos
grandiosos individuos que a través de su música me enseñaron que la vida puede ser difícil,
pero así es la vida. Eso no nos debe detener de conseguir lo que queremos. Los admiro
totalmente porque tienen un talento inmenso. Además que para llegar a donde están,
pasaron por muchas dificultades y situaciones horribles. Cuando escuchas su historia, te das
cuenta de todo lo que tuvieron que sufrir para llegar hasta donde están. Se merecen todo su
éxito. Gracias a ellos, yo pude perseverar y motivarme en muchas ocasiones. Su música me
alentaba a permanecer de pie y seguir adelante.
Es una lástima, pero ya estando en sexto grado, último año de preparatoria, todo lo que
había estado ocultando dentro de mí comenzó a consumirme. Aquello que ocultaba se
desbordaba, sentía como perdía mis fuerzas y las ganas. Poco a poco, desaparecían y me
dije a mí mismo que tal vez las cosas cambien, que este año va a ser diferente y que los
anteriores me permitieron formar al ser que soy ahora, con todas esas experiencias vividas.
Pero mientras más lo ocultaba, más fuerte se volvía. La oscuridad me consumía y perdí las
ganas de absolutamente todo.
Fue entonces cuando hizo su aparición, aquel pensamiento que hasta el día de hoy persiste:
“Quiero dejar de existir”.
Al parecer, las personas notaron que algo había cambiado, por lo que mi madre se enteró y
luego me internaron en el psiquiatra del Santo Socorro. Conocí a otras personas que habían
intentado suicidarse y otras con pensamientos afines.
Fueron unos días fatales.
Después de que me dieran el alta, el padre Pablo de mi instituto habló conmigo. Él es una
de las razones por las que estoy escribiendo mi historia, plasmando todo lo ocurrido en el
transcurso de mi vida. Me dio una charla de lo grandioso que estar con vida y poder
disfrutar de ella a cada momento de nuestra existencia.
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Empecé a redactar este pequeño libro con el objetivo de dejarte saber que a pesar de todo
vale la pena vivir. Inherentemente hay algo que tenemos que nos impulsa a realizar aquello
que queremos lograr en vida. Así que no es como si no tuviéramos algo por el qué vivir, si
no que tal vez no sabemos por qué hacerlo. Eso es algo que vamos a ir descubriendo a
medida que avanzamos.
No obstante, la verdad es que ya no puedo seguir con vida. Cada minuto, cada segundo que
pasa, es un tormento para mí. Duré tanto tiempo guardando todo lo que sentía que al final
todo eso me terminó haciendo un enorme daño. Intenté, con las pocas fuerzas que me
quedaban, seguir adelante, pero no es como si me importara seguir viviendo. En lo
absoluto.
No me importa lo que piensen los demás, mi familia, mis padres. Solo quiero dejar de
existir.
Todos intentan desesperadamente que siga viviendo.
Es decir, básicamente me están condenando a una vida de tortura mental cada día. En el que
tengo que enfrentarme a mí mismo cada bendito día de mi vida.
¿Es tan complicado entender que ya no quieres seguir viviendo? Nacemos sin siquiera
pedirlo y moriremos sin saber cuándo o dónde. ¿Por qué no tenemos derecho a elegir
cuando morir?
Muchas personas me dijeron que Dios será el responsable de quitarnos la vida, ya que él
nos la ha dado.
Entonces me dije a mi mismo: “Está bien, que sea nuestro padre el responsable de cumplir
mi deseo”.
Me senté a esperar que la muerte llegará donde mí, sin resistencia alguna.
Decía Jimi Hendrix: "Soy el que tiene que morir cuando es hora de que muera, así que
déjame vivir mi vida como quiero".
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¿Vives para trabajar toda tu vida sin disfrutar de lo que has logrado o vives para sembrar
tus frutos y en un momento cosecharlos? No vivas para otros, vive para ti, por ti, y piensa,
¿estoy verdaderamente viviendo, o solo estoy existiendo? ¿Estoy donde quiero estar y
haciendo lo que quiero? ¿Estoy siendo honesto conmigo mismo? Entonces te darás cuenta
de lo que es de verdad importante. Si sabes que diste lo mejor y tu intención siempre fue
esa, no hay nada que lamentar.
Estamos en un mundo donde los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo, los que no
trabajan temen no encontrar ningún empleo, los civiles tienen miedo a los militares, los
militares tienen miedo de la falta de armas, las armas temen que no haya guerras, tememos
a los ladrones, a los policías, a las puertas sin candados, a las noches sin dormir y a los días
sin despertar, miedo de morir sin haber vivido y vivir como si estuvieras muerto.
Al parecer no morí, seguí existiendo. Padre no cumplió mi deseo. Cuando pensé que era el
final, resultó ser solo el comienzo, el comienzo de nuestra autodestrucción. Me encontré
atrapado en un ciclo interminable de sufrimiento y desesperación, donde cada día era una
lucha constante contra la oscuridad que intentaba consumir mi alma.
En esos momentos de desesperanza, me di cuenta de que el final que había imaginado se
encontraba demasiado lejos. Cada mañana, al abrir los ojos, sentía el peso de la existencia
aplastándome, recordándome que el verdadero desafío no era morir, sino encontrar una
razón para seguir viviendo.
A medida que los días pasaban, empecé a buscar respuestas en los lugares más oscuros de
mi mente, enfrentando mis peores miedos y las verdades que había evitado por tanto
tiempo. La autodestrucción no era solo un proceso físico, sino una batalla interna, una
guerra silenciosa que libraba contra mis propios pensamientos y emociones.
Las noches se convirtieron en mi refugio, un tiempo en el que podía esconderme de la
realidad y perderme en mis propios sueños y pesadillas. Sin embargo, incluso en esos
momentos de aparente tranquilidad, la sombra de la autodestrucción seguía acechándome,
recordándome que la paz era solo una ilusión pasajera.
Con el tiempo, aprendí a enfrentar esos demonios internos, a aceptar que la vida era un
campo de batalla donde cada victoria, por pequeña que fuera, tenía un significado. Descubrí
que la verdadera fortaleza no radica en la ausencia de miedo o dolor, sino en la capacidad
de seguir adelante a pesar de ellos.
Mi viaje hacia la autodestrucción me llevó a comprender que, aunque no podía cambiar el
pasado ni borrar las cicatrices del alma, tenía el poder de decidir cómo enfrentar el
presente. A través de cada caída y cada levantada, encontré pequeños destellos de
esperanza, fragmentos de luz que me guiaron a través de la oscuridad.
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Así, lo que pensé que sería el final se transformó en un nuevo comienzo, una oportunidad
para redescubrirme y redefinir mi propósito en este mundo. Aunque la autodestrucción
seguía siendo una sombra constante, aprendí a verla no como un enemigo invencible, sino
como un recordatorio de mi increíble capacidad para soportar esa carga y seguir en el
combate entre tantas derrotas.
En última instancia, mi viaje me enseñó que la verdadera batalla no era contra la vida
misma, sino contra la resignación y la desesperanza. Y aunque el camino hacia la
autodestrucción nunca desapareció, aprendí a caminar junto a él, encontrando fuerzas en
mis propias debilidades y transformando mi sufrimiento en una fuente de crecimiento y
resiliencia.
Porque en efecto, somos lo que hacemos cada día; nuestras acciones y decisiones cotidianas
forjan nuestro carácter y definen nuestra existencia. Los resultados, sean éxitos o fracasos,
no son más que efectos secundarios de nuestros esfuerzos y elecciones. Es en la constancia,
en la lucha diaria, donde reside la verdadera esencia de quiénes somos. Cada paso que
damos, cada obstáculo que enfrentamos, y cada vez que nos levantamos después de caer,
estamos moldeando nuestro ser, construyendo una vida que refleja nuestras convicciones y
nuestra fuerza interior.
A través de mis experiencias, he comprendido que el verdadero valor no se encuentra en los
logros materiales o en la aprobación externa, sino en la autenticidad con la que vivimos
nuestras vidas. Somos una suma de nuestros hábitos, de nuestros pequeños actos de
valentía, y de las decisiones que tomamos en los momentos más oscuros. Es en esos
instantes de incertidumbre y dolor donde realmente nos encontramos a nosotros mismos.
Por tanto, no es el destino final lo que define nuestra historia, sino el viaje que
emprendemos y la manera en que navegamos a través de las tempestades. En cada
amanecer, tenemos la oportunidad de reafirmar nuestro propósito, de persistir en nuestra
búsqueda de sentido, y de vivir de acuerdo a nuestros principios. Así, los resultados que
obtenemos son simplemente reflejos de nuestra dedicación y de la integridad con la que
hemos enfrentado nuestras batallas.
En definitiva, la vida es un lienzo en el que pintamos con cada decisión que tomamos y
cada acción que realizamos. Los resultados, aunque importantes, son solo un eco de nuestra
verdadera obra maestra: la vida que hemos construido día a día, momento a momento, con
valentía, pasión y perseverancia. Porque somos lo que hacemos cada día, y en esa constante
creación de nosotros mismos, encontramos el verdadero significado de nuestra existencia.
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"La vida es un viaje lleno de incertidumbres, donde los tropiezos y el dolor a
menudo parecen ser nuestros únicos compañeros. Pero es en esos momentos
de sufrimiento, cuando el control se escapa de nuestras manos, que
encontramos las lecciones más profundas. Aprendemos que no siempre
podemos decidir qué nos ocurre, pero sí cómo enfrentarlo. Cada caída es
una oportunidad para levantarnos con más fuerza, y cada herida, una
cicatriz que cuenta una historia de valentía y resistencia. Al final, vivir
plenamente no se trata de evitar el dolor, sino de abrazarlo, entenderlo y
permitir que nos transforme. Porque solo quien ha conocido la oscuridad
puede apreciar verdaderamente la luz, y solo quien ha sufrido puede
alcanzar la verdadera sabiduría. Vive sin miedo, sin arrepentimientos, y
encuentra en cada experiencia, por dolorosa que sea, una razón para seguir
adelante y una oportunidad para ser la mejor versión de ti mismo."
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