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El Analfaburro

El cuento 'El analfaburro' narra la historia de Primitibo Privanco y Punto, un candidato presidencial corrupto que utiliza su fortuna para comprar votos y manipular a los electores. A pesar de sus extravagantes promesas y regalos, su ignorancia y falta de preparación lo llevan a la derrota en las elecciones, lo que culmina en un trágico final. La obra critica la complicidad del pueblo en la elección de líderes corruptos y la superficialidad de las campañas políticas.

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El Analfaburro

El cuento 'El analfaburro' narra la historia de Primitibo Privanco y Punto, un candidato presidencial corrupto que utiliza su fortuna para comprar votos y manipular a los electores. A pesar de sus extravagantes promesas y regalos, su ignorancia y falta de preparación lo llevan a la derrota en las elecciones, lo que culmina en un trágico final. La obra critica la complicidad del pueblo en la elección de líderes corruptos y la superficialidad de las campañas políticas.

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El analfaburro

cuento

Un pueblo que elige corruptos, impostores, ladrones y


traidores, no es víctima, es cómplice.
George Orwell

Al iniciar la campaña electoral, los candidatos gastan sumas extraordinarias de dinero en


propaganda. Los catorce candidatos están quemando todas sus energías para alcanzar el
solio presidencial. Uno de los favoritos según las encuestas de los aduladores es Primitibo
Privanco y Punto. Así se inscribió en el Tribunal de Elecciones para ser candidato
presidencial. Posee una sólida fortuna, aunque hay muchas incógnitas sobre el origen de
su dinero.

El sábado invitó a una reunión en su mansión privada para informar a los presentes que
estaba dispuesto a invertir cincuenta millones de dólares de en su campaña. Sus
asesores dieron la orden de mover el dinero para conquistar al electorado. Primitibo
compró cien vestidos de lujo, setenta y cinco corbatas de seda, cincuenta pares de
zapatos finos y otros accesorios de la misma calidad. Se cambiaba de ropa hasta doce
veces al día. Ayer en el terraplén dos gatilleros intentaron secuestrar a Primitibo y a su
asesor Sabelotodo, cuando escuchaban las inquietudes de los pescadores sobre las
malas condiciones del terraplén, al fin no pasó nada. El candidato ordenó al famoso
Rapidol comprar un vestido de marinero a cada de los pecadores. Rogó que votaran por
él, porque quería transformar el maloliente terraplén en un puerto de primer mundo.
Repartió las propagandas a los pescadores, que leyó su asesor.

¡Vota por PPP!


¡Vota por el Robin Hood de la patria!
¡Vota por el resuélvelo todo!
¡Vota por el hombre del pueblo!
¡Vota por Vente Conmigo!

Después habló el candidato presidencial. No dijo nada nuevo, el mismo discurso


carcomido de siempre y repleto de sofismas. Eso sí, regaló un barco camaronero a cada

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uno de los pescadores y muchas camisetas con su rostro impreso. No faltó el aguardiente
ni las sustancias psicotrópicas. Los pescadores platicaban sobre la nueva adquisición. El
remador no quiso comprometerse:

— Jamás votaré por ese corrupto, lo conozco desde chico —dijo Barracuda.

— No seas malagradecido, no digas eso — respondió Mero.

— Siempre digo lo que siento.

— ¿Ya olvidaste el refrán?

— ¿Cuál?

— El de todas las campañas: ¡Chúpatelo, Cómetelo y Jódelo!

— Pero nos regaló un barco para pescar muchos camarones.

—¡Que los tiburones se lo paguen…!

Primitibo siguió su campaña hacia lugares recónditos del país regalando sacos de
cemento, hojas de zinc, bloques de cemento, varillas y otros materiales de construcción a
los electores que quizás voten por él. Los secuaces del candidato repartieron bolsas de
comida y tanques de gas a la muchedumbre que se congregó en el estadio para escuchar
el discurso descolorido de PPP, fue honesto en recalcar a los presentes: “No soy hombre
de discursos, mi dinero habla por mí”.

En el debate presidencial de anoche Primitibo dejó sin palabras a los televidentes con sus
respuestas obtusas. El moderador, los votantes indecisos y hasta los niños que asistían a
la escuela sintieron escalofrío al escuchar en cadena nacional su plataforma electoral.

—De llegar a la presidencia ¿Cuál será su primer compromiso?

— Echar a los corruptos al mar y que los tiburones le den diente.

— Así actúan los dictadores.

— No me importa, es la única manera de castigar a los corruptos.

— ¿Y qué piensas hacer con la capital del país?

— Trasladarla a tierra de mis bisabuelos.

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— ¿Y los ministerios?

— Serán diez, uno en cada provincia.

— ¡Le parece sensato esa respuesta!

— ¿Y qué significa sensato?

— Prudente, cauto, prevenido, cauteloso, precavido.

— Ya entendí.

— ¿Seguro?

— ¡Sí, sí, sí!

— ¿Entonces qué piensas hacer?

— ¡Comprar cien volcanes y sembrarlos en mi país!

Un apagón repentino suspendió la entrevista. El país quedó boquiabierto por las


incongruencias del analfaburro.

En su visita a las provincias centrales hizo hincapié en que cumplirá su promesa electoral
de llegar al ¡Paraíso en la tierra! El discurso disparatado del candidato cautivó a los
electores embebidos de licor. Su hermano, que ahora vive por allá, les comunicó a los
votantes que Primitibo noqueó a todos sus rivales en el primer asalto, porque presentó la
mejor oferta de los catorce candidatos a la presidencia.

Privanco y Punto se reunió en la clandestinidad con los pandilleros en los zaguanes sin
nombre. Fumó con ellos la hierba que adoran los gringos. Jugó dados, bacará con los de
arriba y los de abajo y les pidió el voto. Regaló armas de grueso calibre para defender la
victoria el día de las elecciones. Los asesores impulsaron al candidato a hipotecar la
mansión en treinta millones de dólares, pero él prefirió venderla y comprar varias
avionetas para lanzar lingotes de oro, piedras preciosas y fajos de billetes desde las
alturas. Un saco de dinero traspasó el techo de la señora Ambición Washington de
Lincoln, estaba casi ciega, mas sus ojos detectaban los dólares con el catalejo que
llevaba siempre debajo de las axilas. Cuando los vecinos llamaron por teléfono para
informarle del hueco en el techo de la casa, doña Ambición no pudo atenderlos, porque
estaba contando el dinero que cayó del cielo. Minutos después volvió a sonar el aparato,
en esta ocasión lo tomó y dijo: “¡Me tienen cabreada!” Descolgó el teléfono con rabia y

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siguió contando los verdes caídos del cielo. Los puritanos salieron como Dios los trajo al
mundo a recoger los billetes, parecían hojas verdes floreciendo en primavera. Dicen los
vecinos de Primitibo que jamás lo vieron salir de casa uniformado y menos con útiles
escolares. Recuerdan como su padre fue abatido por estar vendiendo sustancias
prohibidas a policías encubiertos, aquel Martes de Carnaval. Asimismo, aseguraban sus
adversarios, que él hacía lo mismo en las esquinas del barrio donde los adictos consumen
toda clase de porquería.

Primitibo soñó durante veinticuatro horas. Se vio a sí mismo, en la antigua Mesopotamia,


comprando petróleo barato para su gente. En aquella odisea perdió la vida tras sufrir un
horrendo atentado. Despertó como un rayo y sus ojos parecían dos enormes globos a
punto de estallar. A tres semanas de la fiesta electoral viajó a los rincones más profundos
del país para darse un baño de brujería. El hechicero le dijo que ganaría las elecciones en
cerrar y abrir los ojos. Los augurios del brujo engrandecieron su ego. PPP, se mofaba de
sus adversarios mostrándoles fajos de dinero que algunos candidatos quisieran tener, a
fin de sufragar su campaña electoral.

La obsesión, ignorancia y vanidad del analfaburro no tenía límites, pues quería que lo
llamaran “lustrísimo Presidente” desde ya. Todos lo llamaban así, a dónde iba regalaba
dinero, tanques de gas y comida para alimentar las pailas vacías de los votantes. ¡Ese es
mi presidente carajo! ¡Viva Primitivo! ¡Viva PPP! Eran las voces aclamando al candidato
cuando pasaba exhibiendo la banda presidencial, que él mandó a confeccionar con su
rostro grabado en oro.
Llegó el día esperado por los electores. Desde muy temprano los seguidores de Primitibo
Privanco y Punto salieron a votar hediondos a bebidas alcohólicas. La policía los
sorprendió. El cabo de apellido Trompoloco le rajó la frente a Pescadito con una
andanada de toletazos por borracho y boca sucia. Lo llevó esposado al calabozo y fue
condenado a tres años por intoxicar el ambiente electoral. Pescadito purgaba su condena
alimentándose con almejas crudas y agua de mar tras los barrotes. Al mes de estar
detenido aumentó de peso, parecía una ballena. El candidato jamás respondió a las
llamadas de Pescadito que solo deseaba volver a su hábitat, el mar. El pueblo salió a
votar en masa por amor a la democracia. Las acusaciones van y vienen sobre la compra
de votos. Los aliados del gobierno se unieron para derrotar al partido Vente Conmigo de
PPP. Tildaron a Primitibo de pedófilo, narcotraficante, contrabandista y traficantes de

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armas. Se le responsabilizó de ser el autor intelectual del bombazo que acabó con la vida
del presidente, su esposa y los ministros de Estado, en tiempos de dictadura. El Tribunal
de Apelaciones absolvió al candidato por falta de pruebas.

A la seis de la tarde culminó la votación, los únicos habilitados para ejercer el sufragio
estaban en la fila, entre ellos, el analfaburro, quien lucía un vestido estridente con los
colores del partido, él será el último en votar, todos estaban a la expectativa. Al iniciar el
conteo de votos PPP estaba muy feliz en su centro de campaña, al escuchar los primeros
resultados que favorecían a sus rivales, quedó estupefacto, empezó a fumar, el
desespero lo envolvió en sus redes: ¡fumaba! ¡fumaba! ¡fumaba! y seguía fumando hasta
perder el juicio. Sus asesores trataron de apaciguarlo, fue imposible. Destruyó todo a su
paso: computadoras, megáfonos, pupitres, televisores, ventiladores…intentó herir con una
navaja a Sabelotodo, pero le sobrevino una diarrea que impidió la tragedia.

El analfaburro mandó a buscar con dos secuaces al hechicero: “…quiero la cabeza del
brujo mentiroso entre mis piernas para arrancársela del cuello”. Estaba furioso intentó
suicidarse con la vetusta escopeta que había heredado de su bisabuelo.
Renunció a su último compromiso de construir veinte mil iglúes en las comarcas durante
el próximo quinquenio de “ganar o perder las elecciones” para que los indígenas vivieran
decentemente. La tristeza embargó su alma, el Dr. Curalotodo lo vigilaba sin fruncir el
ceño. Era su médico de confianza y especialista en Psiquiatría Forense egresado de la
Universidad más prestigiosa de Júpiter.
Los resultados dieron como ganador de los comicios al Dr. Tristedelgardo Alegría II,
primogénito del consagrado educador de la patria. En su primer discurso dijo, que solo
había gastado cien dólares en la campaña y, dio las gracias a Dios, a su familia, colegas,
amigos y exalumnos de su padre. Los guardaespaldas asesoraron la campaña del
presidente electo. Al oír las declaraciones del futuro mandatario, el analfaburro se
transformó en un paranoico intratable, sacó del bargueño la escopeta de dos cañones y
se fue al terraplén. Eran las once de la noche. Abordó el barco que estaba anclado en la
bahía, se vistió de contralmirante, se puso en cuclillas y sin pensarlo se metió un
escopetazo en la sien. Los pescadores despertaron al escuchar el estruendo. Pero
volvieron a sus camarotes después de examinar el barco. No vieron absolutamente nada.

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Ya de mañana, los niños que andaban pescando al otro lado de la bahía vieron un bulto
flotando, parecía un iceberg. Los gallinazos estaban de fiesta devorando las entrañas del
analfaburro. Los niños lanzaron una ráfaga de piedras voladoras para espantar a las aves
hambrientas y corrieron como gacelas a dar la noticia a los pescadores. Ellos acudieron
de inmediato y lograron rescatar el cuerpo sin vísceras del infortunado. Al finalizar la
autopsia, los médicos encontraron una carta escrita de puño y letra trabada en la garganta
del candidato. Los calígrafos tardaron muchos años en descifrar las barbaridades
expuestas en la carta. La viuda contaba los días antes de subastar la carta en presencia
de sus cincuenta hijos y del padre Óscar.
El diario sensacionalista, El Jodedor experto en descuartizar a los políticos con sus
comentarios feroces ganó la subasta con unos cuantos dólares y desnudó las carencias
del analfaburro que nunca aprendió a leer ni escribir. “Pobre hombre” imploró el padre
Óscar desde el altar. Déjenlo, descansar en paz.
Autor: Orlando Segura

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