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Complicaciones Transoperatorias

El documento aborda las complicaciones transoperatorias en cirugía, destacando la importancia de la asepsia y antisepsia para prevenir infecciones. Se describen métodos de esterilización, tipos de anestesia y complicaciones como la hipertermia maligna y embolias. Además, se enfatiza la necesidad de monitoreo constante y preparación del personal para manejar eventos adversos durante el procedimiento quirúrgico.
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Complicaciones Transoperatorias

El documento aborda las complicaciones transoperatorias en cirugía, destacando la importancia de la asepsia y antisepsia para prevenir infecciones. Se describen métodos de esterilización, tipos de anestesia y complicaciones como la hipertermia maligna y embolias. Además, se enfatiza la necesidad de monitoreo constante y preparación del personal para manejar eventos adversos durante el procedimiento quirúrgico.
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UNIVERSIDAD DE GUAYAQUIL

FACULTAD DE CIENCIAS MÉDICAS


ESCUELA DE MEDICINA
CÁTEDRA DE CIRUGIA I/ GRUPO 9-1

TEMA:
COMPLICACIONES TRANSOPERATORIAS
(19 DE MAYO DEL 2025)
NOMBRES:
Lizano Pérez Dánika Mallely
Navarrete Chérrez Milena Patricia
Ortiz Merchán Adriana Belén
Palma Jaramillo Christopher Miguel
Villavicencio Ocampo Jonathan Omar
HORARIO:
MATUTINO
DOCENTE:
Dr. ARTURO CASTRO
Asepsia y Antisepsia Trabajando Juntas
La asepsia establece la base de la esterilidad,
mientras que la antisepsia actúa como una
barrera adicional al reducir la carga
microbiana intrínseca del paciente. Incluso en
un ambiente que se esfuerza por ser aséptico,
la preparación antiséptica del paciente es
crucial porque la piel nunca está
completamente estéril.
La asepsia abarca un conjunto riguroso de
prácticas y protocolos que deben seguirse
meticulosamente por todo el personal involucrado en el procedimiento quirúrgico. Cualquier
fallo en la técnica aséptica puede comprometer la esterilidad y aumentar significativamente
el riesgo de infección.
• Esterilización: La Base de la Asepsia:
o Autoclave (Vapor a Presión): Es el método más común y eficaz para
esterilizar la mayoría del instrumental quirúrgico, textiles y otros materiales
resistentes al calor y la humedad. El vapor a alta presión y temperatura
destruye microorganismos, incluyendo esporas.
o Calor Seco: Se utiliza para esterilizar materiales que pueden ser dañados por
la humedad, como polvos, aceites y algunos instrumentos cortantes. Requiere
temperaturas más altas y tiempos de exposición más prolongados que el
autoclave.
o Esterilización Química (Frío): Se emplea para materiales sensibles al calor,
como algunos plásticos y equipos electrónicos. Se utilizan soluciones
químicas esterilizantes como el glutaraldehído o el peróxido de hidrógeno
estabilizado, con tiempos de inmersión específicos.
o Radiación: La radiación gamma o de haz de electrones se utiliza
principalmente para la esterilización a nivel industrial de productos
desechables como jeringas, catéteres y guantes.
o Óxido de Etileno (ETO): Es un gas esterilizante utilizado para materiales
sensibles al calor y la humedad. Requiere ciclos de esterilización y aireación
prolongados debido a la toxicidad del gas.
• El Campo Estéril: Una Zona Sagrada:
o La creación del campo estéril se realiza utilizando sábanas y campos
quirúrgicos estériles que se colocan alrededor del sitio de la incisión para
aislarlo de áreas no estériles del paciente y del entorno del quirófano.
o Solo los elementos estériles pueden colocarse dentro del campo estéril.
Cualquier objeto que entre en contacto con una superficie no estéril se
considera contaminado.
o El personal estéril (cirujanos, ayudantes, enfermeras instrumentistas) debe
mantener la esterilidad de sus guantes y batas, evitando tocar áreas no
estériles.
o Se deben establecer zonas de "no contacto" alrededor del campo estéril para
evitar la contaminación accidental.
• Vestimenta y Preparación del Personal Quirúrgico:
o Lavado Quirúrgico de Manos: Es un procedimiento riguroso que utiliza
soluciones antisépticas (como clorhexidina o povidona yodada) y una técnica
específica para reducir la carga microbiana en las manos y antebrazos del
personal quirúrgico antes de ponerse la ropa estéril.
o Colocación de Bata y Guantes Estériles: Se realiza siguiendo una técnica
aséptica para evitar la contaminación de la parte exterior de la bata y los
guantes, que estarán en contacto con el campo estéril y el paciente.
• Mantenimiento de la Asepsia Durante la Cirugía:
o La enfermera instrumentista es responsable de mantener la esterilidad de los
instrumentos y suministros en la mesa quirúrgica y de pasarlos al cirujano de
manera aséptica.
o Cualquier instrumento que se contamine durante la cirugía debe ser retirado
del campo estéril.
o La irrigación de la herida quirúrgica se realiza con soluciones estériles.
o Se deben minimizar las conversaciones y el movimiento excesivo en el
quirófano para reducir la dispersión de partículas que puedan contaminar el
campo estéril.

Antisepsia en Profundidad: Reduciendo la Flora Microbiana del Paciente


La antisepsia previene la infección al disminuir la cantidad de microorganismos presentes en
la piel y mucosas del paciente antes de la cirugía.
• Preparación de la Piel Preoperatoria:
o Generalmente se realiza en la sala de preparación preoperatoria y se continúa
en el quirófano.
o Implica la limpieza mecánica de la piel con agua y jabón antiséptico para
eliminar la suciedad y la flora transitoria.
o Posteriormente, se aplica una solución antiséptica de amplio espectro (como
clorhexidina alcohólica, povidona yodada alcohólica o alcohol isopropílico)
sobre el sitio quirúrgico y un área circundante lo suficientemente amplia como
para permitir la incisión y cualquier extensión necesaria.
o Se debe permitir que la solución antiséptica se seque completamente antes de
colocar los campos estériles para maximizar su eficacia.
o En algunas cirugías, puede ser necesario rasurar el vello del sitio quirúrgico,
aunque esto se realiza con precaución para evitar microlesiones que puedan
aumentar el riesgo de infección.

• Antisepsia de Mucosas:
o En cirugías que involucran mucosas (por ejemplo, cirugías oftálmicas,
urológicas), se utilizan soluciones antisépticas específicas que son seguras
para estos tejidos delicados.

Monitoreo y Mejora Continua


La implementación efectiva de la asepsia y la antisepsia requiere un monitoreo constante y
la adopción de medidas para mejorar continuamente las prácticas. Esto puede incluir:
• Auditorías de la técnica aséptica: Observación y evaluación del cumplimiento de los
protocolos por parte del personal quirúrgico.
• Cultivos de superficies y equipos: Para verificar la eficacia de los procesos de
esterilización y limpieza.
• Seguimiento de las tasas de infección del sitio quirúrgico: Para identificar áreas de
mejora en los protocolos.
• Educación y capacitación continua del personal: Para asegurar que todos los
miembros del equipo quirúrgico estén actualizados sobre las mejores prácticas en
asepsia y antisepsia.

ANESTESIA EN EL PACIENTE QUIRÚRGICO.


La anestesia es un estado inducido farmacológicamente que permite realizar procedimientos
quirúrgicos sin dolor y, en muchos casos, sin conciencia. Puede implicar la pérdida de
sensibilidad local o general, así como la supresión temporal de reflejos y funciones motoras.
El período transoperatorio se extiende desde el ingreso del paciente al quirófano hasta el
término de la intervención quirúrgica. En esta etapa, el manejo anestésico tiene como objetivo
garantizar la estabilidad hemodinámica, analgesia adecuada, amnesia, relajación muscular
(cuando es necesaria) y la prevención de complicaciones. Es una fase crítica que requiere una
monitorización constante, intervención activa del anestesiólogo y una coordinación estrecha
con el equipo quirúrgico.
TIPOS DE ANESTESIA:
1. Anestesia general
La anestesia general produce un estado reversible de inconsciencia en todo el organismo.
Involucra pérdida de la conciencia, analgesia profunda, amnesia, inhibición de reflejos y, en
muchas ocasiones, relajación muscular.
Se logra por la combinación de varios fármacos anestésicos administrados por vía
intravenosa (IV), inhalatoria, o ambas:
• Inductores IV: propofol, etomidato, ketamina, barbitúricos.
• Anestésicos inhalatorios: sevofluorano, desfluorano, isofluorano, óxido nitroso.
• Analgésicos opioides: fentanilo, remifentanilo, sufentanilo.
• Relajantes musculares: rocuronio, vecuronio, succinilcolina (para facilitar la
intubación endotraqueal).
Indicaciones: procedimientos quirúrgicos mayores o que requieren inmovilidad absoluta,
control de la vía aérea y anestesia total del cuerpo (neurocirugía, cirugía torácica, abdominal,
cardíaca, entre otras).
Ventajas:
• Control completo de las funciones vitales.
• Permite realizar cualquier cirugía.
Desventajas:
• Mayor riesgo de complicaciones respiratorias y hemodinámicas.
• Mayor requerimiento de monitoreo y soporte vital.
2. Anestesia regional
Consiste en la administración de anestésicos locales en proximidad a un grupo de nervios
para bloquear la conducción sensitiva (y a veces motora) de una región anatómica específica.
Subtipos:
a) Bloqueos neuraxiales
• Anestesia espinal o raquídea: se inyecta anestésico local en el espacio subaracnoideo
(líquido cefalorraquídeo). Proporciona bloqueo sensitivo y motor rápido en la parte
inferior del cuerpo.
• Anestesia epidural: el anestésico se deposita en el espacio epidural. Es de inicio más
lento, permite titulación por catéter y se usa comúnmente en obstetricia (parto) y
cirugía abdominal o torácica baja.
b) Bloqueos periféricos o de plexos nerviosos
• Se dirige a nervios específicos (ej.: plexo braquial, ciático, femoral) mediante guía
ecográfica o neuroestimulador.
• Proporcionan anestesia localizada con menor impacto sistémico.
Ventajas:
• Menor alteración de la conciencia.
• Disminución del dolor posoperatorio.
• Menor riesgo de náuseas y vómitos.
Desventajas:
• Técnica dependiente.
• Riesgo de toxicidad sistémica por anestésicos locales.
• Posibles complicaciones neurológicas o hematológicas.
3. Anestesia local
Consiste en infiltrar anestésico directamente en la zona quirúrgica. Bloquea los terminales
nerviosos periféricos sin afectar funciones motoras o la conciencia.
Fármacos típicos: lidocaína, bupivacaína, mepivacaína.
Se usa para procedimientos menores, ambulatorios o diagnósticos (sutura de heridas,
biopsias, cirugía menor dermatológica).
Ventajas:
• Técnica simple y segura.
• Recuperación inmediata.
• No requiere monitoreo especializado.
Desventajas:
• Duración limitada.
• Inadecuada para procedimientos profundos o extensos.
Complicaciones transoperatorias
Con la selección apropiada de pacientes y la preparación perioperatoria, los acontecimientos
indeseables deberían ser infrecuentes en el quirófano. El tratamiento de estos
acontecimientos infrecuentes, no obstante, requiere preparación y anticipación.
Hipertermia maligna
La hipertermia maligna (HM) es un episodio agudo de hipermetabolismo como respuesta a
gases anestésicos halogenados volátiles (p. ej., sevoflurano, isoflurano y otros) y al
bloqueante muscular despolarizante succinilcolina. Los síntomas de HM pueden aparecer en
cualquier momento de la anestesia general o hasta 60 min después del fin de la anestesia. Las
manifestaciones intraoperatorias y/o postoperatorias son fiebre/hipertermia, taquicardia,
taquipnea, aumento del dióxido de carbono (CO2) espirado, rabdomiólisis y alteraciones
metabólicas, como hiperpotasemia y acidosis. El aumento del CO2 teleespiratorio a pesar del
incremento de la ventilación por minuto es una de las señales intraoperatorias más precoces
de HM. Se ha descrito que la prevalencia de HM oscila entre 1 de cada 10.000 y 1 de cada
250.000 casos con anestesia. Sin embargo, la prevalencia en individuos susceptibles con
anomalías genéticas «de riesgo» es considerablemente mayor. Se han descrito varias
mutaciones genéticas que predisponen a los pacientes a la HM (con más frecuencia una
mutación del gen RYR1); la mayoría de estas mutaciones son autosómicas dominantes con
penetrancia incompleta.
Cuando se sospecha, la HM se trata con la suspensión inmediata de los gases volátiles, la
administración i.v. de dantroleno en dosis de 2,5 mg/kg y el enfriamiento corporal por
cualquier medio disponible. El dantroleno se repite cada 10-15 min en caso de que continúe
la fiebre, acidosis y rigidez muscular. Otras medidas de soporte son el tratamiento de las
arritmias, la hiperpotasemia y la acidosis. Normalmente es necesario el tratamiento y la
observación en la UCI. Con los avances actuales, la mortalidad de la HM ha descendido del
60-80% de hace unas décadas a menos del 5%.
Embolia gaseosa: aire y dióxido de carbono
La embolia de aire es una complicación potencialmente mortal de las operaciones vasculares.
Del mismo modo, los émbolos de CO2 son una complicación mortal de operaciones
laparoscópicas mínimamente invasivas o robóticas. Ambos se deben a la entrada de aire o
CO2 en la circulación sistemática, con más frecuencia venosa. En los casos de embolia aérea,
se produce el acceso de aire al sistema venoso a través de una venotomía planificada en los
casos de acceso vascular o en la reparación de grandes vasos. Por el contrario, los émbolos
de CO2 se deben más a la insuflación no prevista de gas en la circulación venosa sistémica.
En ambos casos, las primeras manifestaciones son un descenso brusco del CO2
teleespiratorio y colapso cardiovascular, y está indicada la detección rápida de los síntomas
y la aplicación de medidas reanimadoras.
En caso de colapso cardiovascular intraoperatorio debido a émbolos de aire o CO2, hay que
poner fin a todas las maniobras que permitan el acceso de gas al sistema vascular. Además,
la reanimación cardiopulmonar con fármacos y la reanimación cardiorrespiratoria mecánica
tienen la mayor probabilidad de lograr el retorno de la circulación espontánea. El
ecocardiograma transesofágico intraoperatorio ayuda a confirmar el diagnóstico y medir la
cantidad de gas atrapado en el corazón derecho. Si hay un acceso vascular apropiado al
corazón derecho, es posible intentar aspirar el aire. Aunque tal vez sea útil la posición de
Trendelenburg, al paciente solo se le colocará en decúbito lateral izquierdo en ausencia de
colapso cardiovascular, ya que es imposible realizar compresiones torácicas útiles a pacientes
que no estén en decúbito supino. Los pacientes con comunicación interauricular están en
riesgo de colapso de la función del ventrículo izquierdo, así como de embolia cerebral por
gas. La mortalidad en pacientes con embolia gaseosa se aproxima al 20%.
Infarto de miocardio, embolia pulmonar y neumotórax
Con la evaluación preoperatoria adecuada, tanto el infarto de miocardio (IM) como la
embolia pulmonar (EP) intraoperatorios son complicaciones infrecuentes en pacientes
seleccionados para operaciones programadas de cirugía general. Las incidencias de ambos
son mayores en operaciones urgentes/hiperurgentes y operaciones de lesiones traumáticas.
La monitorización intraoperatoria muestra, en ocasiones, signos de inestabilidad
hemodinámica (como hipotensión y taquicardia). Los cambios en el ECG y las disritmias
son, con frecuencia, heraldos de isquemia o infarto cardíaco. Los cambios clásicos del ECG
(descenso profundo del
ST de nueva instauración) son diagnósticos; es posible utilizar las concentraciones de
troponina para corroborar el diagnóstico en pacientes con estabilidad hemodinámica. En caso
de sospecha de IM e inestabilidad hemodinámica, hay que anular las operaciones no
hiperurgentes.
La EP casi nunca se sospecha en ausencia de inestabilidad hemodinámica. En la mayoría de
los casos, para considerar el diagnóstico, los síntomas intraoperatorios son taquicardia
importante, hipotensión, hipoxia a pesar de la elevada fracción de oxígeno y colapso
cardiovascular. Es posible utilizar rápidamente el ecocardiograma transesofágico con el fin
de evaluar la presencia de dilatación/insuficiencia del ventrículo derecho y «sobrecarga del
corazón derecho». En ausencia de sobrecarga del corazón derecho, es menos probable que
haya EP clínicamente importante; con sobrecarga de corazón derecho clínicamente
importante, deberían considerarse una insuficiencia cardíaca derecha secundaria a IM, una
EP y un neumotórax. El tratamiento de la EP intraoperatoria (anticoagulación sistémica frente
a trombólisis farmacológica o mecánica dirigida) depende de los síntomas clínicos; no
obstante, en presencia de inestabilidad hemodinámica, hay que poner fin a las operaciones
programadas.
La etiología del neumotórax intraoperatorio es multifactorial. Las intervenciones que
conducen a neumotórax son vías venosas centrales causantes de lesión pulmonar yatrógena,
volumen/presión del respirador altos, especialmente en pacientes con intubación en los
bronquios principales, lesión diafragmática y presiones de insuflación elevadas durante la
laparoscopia. En pacientes con grandes cantidades de aire intrapleural, puede haber
inestabilidad hemodinámica en presencia de la tensión necesaria para elevar las presiones
mediastínicas impidiendo el retorno venoso central. El diagnóstico se establece mediante
auscultación del tórax y/o inspección intraabdominal del diafragma. En pacientes sin ruidos
respiratorios y/o diafragma protuberante, está indicada la toracostomía por tubo y debería
lograrse una mejora de los síntomas. Si los síntomas se han resuelto y los signos clínicos de
neumotórax han desaparecido, el cirujano puede plantearse completar la intervención
programada en curso.
Hemorragia
Cuando se producen lesiones vasculares importantes, la pérdida de sangre rápida en el campo
quirúrgico puede ser mortal y difícil de controlar. La exposición se deteriora al instante, y los
siguientes pasos de la cirugía deben dedicarse al control vascular. En caso de sospechar una
lesión arterial, la compresión directa y el control proximal suelen ser los mejores primeros
pasos. Con frecuencia es posible lograr el control mediante compresión, aislamiento y
pinzado vascular proximal, o una combinación de estas maniobras con reparación vascular
posterior. Cuando no se puede efectuar compresión y/o disecar fácilmente la arteria principal,
es posible lograr rápidamente el control proximal con compresión aórtica supracelíaca
mediante retracción caudal del estómago, sección del ligamento gastrohepático y compresión
de la aorta (situada inmediatamente a la izquierda del esófago) contra las vértebras.
A continuación, se aplica un control sin manos realizando una incisión en el peritoneo,
separando las ramas del pilar diafragmático derecho para exponer la aorta torácica y
aplicando una pinza de aorta. Estas medidas facilitan la exposición de la lesión vascular bajo
un ambiente controlado y permiten que los compañeros anestesistas avancen en la
reanimación. En pacientes con lesiones venosas importantes, suele ser posible comprimir la
venotomía y reparar el defecto con sutura directa. En casos en que un sangrado notable
impida la visualización necesaria de la venotomía, la compresión venosa proximal y distal al
lugar de la lesión ayuda a observarla. Son importantísimas la exposición intraoperatoria
adecuada y la retracción en cualquier operación. La mejor preparación para el tratamiento de
la lesión vascular es una disección y una exposición suficientes para permitir el tratamiento
de una lesión vascular antes de que se produzca hemorragia y exanguinación.
En ciertas circunstancias, especialmente en la cirugía de los traumatismos, los múltiples
puntos de sangrado, la coagulopatía (por hipotermia, hemorragia prolongada, sepsis,
acidosis) y la inestabilidad hemodinámica crean un escenario en el que resulta imposible
controlar definitivamente todos los puntos de hemorragia o no es práctico. La reanimación
dirigida a objetivos con sangre y hemoderivados ha sido bien establecida en la reanimación
de los traumatismos y debería utilizarse en pacientes no traumáticos con hemorragia
intraoperatoria. Estos pacientes con hemorragia intraoperatoria, inestabilidad clínica y
coagulopatía van mejor con la reanimación con hemoderivados dirigida a objetivos y
taponamiento abdominal temporal, seguido de reanimación mantenida en cuidados
intensivos. Después será posible lograr una hemostasia definitiva retrasada en condiciones
más controladas volviendo al quirófano o mediante embolización angiográfica.
MONITOREO TRANSOPERATORIO
La labor de los anestesistas siempre ha sido conocida como la de “dormir” y paliar el dolor
del paciente. Sin embargo, sus funciones van mucho más allá. Una de sus grandes funciones
desconocidas es la de vigilar, velar y cuidar del paciente mientras éste es sometido al
procedimiento quirúrgico.
Posteriormente ha habido varias modificaciones y adaptaciones, entre ellas la de la Sociedad
Española de Anestesiología y Reanimación (SEDAR), la cual en el año 1996 elaboró una
guía basada en dichos estándares. Vemos en ellos que la adecuada y correcta monitorización
es uno de sus pilares fundamentales.
ESTÁNDAR I
Debe haber personal de anestesia cualificado presente en el quirófano durante la anestesia,
ya sea esta general, regional o local, que precise cuidados monitorizados.
Objetivo: debido a los cambios rápidos en el estado del paciente durante la anestesia, el
personal de anestesia cualificado ha de hallarse presente para vigilar al paciente y
proporcionar cuidados de anestesia. En el caso de que deba ausentarse por una urgencia
deberá dejar a una persona cualificada al cargo.
ESTÁNDAR II
Durante todas las anestesias se debe valorar de forma continua la oxigenación, ventilación,
circulación y temperatura del individuo.
1. OXIGENACIÓN
Objetivo: asegurar la concentración adecuada de oxígeno en el gas inspirado y en la sangre
durante la anestesia.
Métodos:
No deben utilizarse aparatos de anestesia que puedan generar mezcla de gases respiratorios
con menos del 21% de oxígeno.
Gas inspirado: durante toda anestesia general la concentración inspiratoria de oxígeno en el
circuito respiratorio del paciente se debe medir con un analizador de oxígeno provisto de una
alarma para límite de concentración baja.
Oxigenación sanguínea: se debe emplear un método cuantitativo, como la pulsioximetría,
para evaluar la oxigenación. Es necesaria una iluminación y una exploración adecuada del
paciente para valorar su coloración.
2. VENTILACIÓN
Objetivo: asegurar la ventilación adecuada del paciente durante todas las anestesias.
Métodos: Todo paciente sometido a anestesia general debe tener la ventilación adecuada y
continuamente evaluada. Se propugna la monitorización continua del CO2 en el gas espirado
a pesar de que los signos clínicos como excursión torácica, auscultación de los ruidos
respiratorios, movimientos de la bolsa y/o concertina del respirador sean adecuados.
Cuando se inserta un tubo endotraqueal hay que verificar su posición correcta mediante
valoración clínica y con la identificación de CO2 en el gas espirado. Debe monitorizarse de
forma continua la fracción espirada de CO2 mediante algún método cuantitativo como la
capnografía, capnometría o la espectroscopia de masa.
Durante cualquier anestesia general con ventilación mecánica debe contarse con un
dispositivo eficaz que pueda detectar cualquier desconexión de los componentes del sistema
respiratorio y avise con una señal audible.
Los cambios de compliancia y resistencia se vigilarán seleccionando un valor de presión
máxima, que impedirá la transmisión de altas presiones.
La ventilación mecánica se valorará por los siguientes procedimientos: evaluación clínica,
capnografía, medida del volumen corriente y frecuencia respiratoria, la valoración de presión
en vías respiratorias máxima y mínima.
Durante la anestesia regional y el cuidado monitorizado de la anestesia, se valorará que la
ventilación sea correcta al menos por medio de la observación continua de signos clínicos
cualitativos.
3. CIRCULACIÓN
Objetivo: asegurar que la función circulatoria del paciente sea adecuada durante todo el
procedimiento anestésico.
Métodos:
Electrocardiografía continua desde el principio de la anestesia hasta que se le prepare para
salir del quirófano.
La presión arterial debe conocerse al menos cada 5 minutos y frecuencia cardiaca en
monitorización continuada.
En todo paciente que reciba anestesia general de realizarse, además de lo anteriormente
nombrado, una valoración circulatoria continua mediante al menos uno de los siguientes
procedimientos: palpación de pulso, auscultación de ruidos cardiacos, vigilancia de presión
intraarterial o vigilancia de pulso periférico.
4. LA PRESIÓN EN CUÑA DE LA ARTERIA PULMONAR
Es una medida que refleja la presión en la aurícula izquierda del corazón. Se obtiene usando
un catéter de Swan-Ganz, que se introduce hasta una arteria pulmonar y se infla un balón en
su punta.
5. GASTO URINARIO Y CONTROL DE LÍQUIDO
Se recolecta orina por medio de una sonda Foley con su funda recolectora, monitorear el
balance hídrico.
6. CONTROL NEUROLÓGICO
La monitorización neurofisiológica intraoperatoria (MIO) utiliza las distintas técnicas
neurofisiológicas en el quirófano para monitorizar la función nerviosa durante la cirugía,
evitando posibles lesiones neurológicas, con lo que disminuye la morbilidad y mejora el
manejo quirúrgico, permitiendo cirugías más agresivas y mejorando las estrategias
quirúrgicas.
Se exponen las técnicas quirúrgicas que se pueden utilizar en la monitorización, así como
una posible guia orientativa sobre su uso según la zona quirúrgica y las estructuras en riesgo.
La MIO constituye uno de los avances más importantes que ha tenido lugar en la neurocirugía
moderna.
7. TEMPERATURA CORPORAL
Objetivo: ayudar al mantenimiento de la temperatura corporal apropiada mediante
termómetros electrónicos. Sobre todo, en aquellos procesos en los que se prevean cambios
de temperatura de trascendencia clínica.

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