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La monografía explora la relación entre psicoterapia y virtud, destacando la importancia de las virtudes en el desarrollo personal y la búsqueda de sentido. Se analizan diferentes enfoques terapéuticos, como la terapia cognitivo-conductual, psicoanálisis, psicología Gestalt y terapia centrada en el cliente, cada uno con su perspectiva sobre cómo las virtudes influyen en la salud mental. La obra concluye que la psicoterapia puede ser un camino hacia la virtud y la perfección personal, integrando aspectos biológicos, psicológicos y espirituales.
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La monografía explora la relación entre psicoterapia y virtud, destacando la importancia de las virtudes en el desarrollo personal y la búsqueda de sentido. Se analizan diferentes enfoques terapéuticos, como la terapia cognitivo-conductual, psicoanálisis, psicología Gestalt y terapia centrada en el cliente, cada uno con su perspectiva sobre cómo las virtudes influyen en la salud mental. La obra concluye que la psicoterapia puede ser un camino hacia la virtud y la perfección personal, integrando aspectos biológicos, psicológicos y espirituales.
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ESCUELA PROFESIONAL DE PSICOLOGÍA

VISIÓN INTEGRAL DE
LA PSICOTERAPIA
MONOGRAFÍA “PSICOTERAPIA COMO
CAMINO A LA VIRTUD”

Nombre de las alumnos:

Cárdenas Layme, Valeria

Cueva Jacobo, Pedro

Delgado Rivera, Valeria

Pickmann Chambi, Adriana

Semestre: X Semestre

2025-1

“Los alumnos declaran haber realizado el presente trabajo de acuerdo


a las normas de la Universidad Católica San Pablo”
PSICOTERAPIA COMO CAMINO A LA VIRTUD

Introducción

La virtud es la mejor disposición, modo de ser o facultad de todo lo que tiene un uso o función;
la función de cada cosa tiene su fin (Aristóteles, citado en Garcés & Giraldo, 2014). En el
transcurrir de la historia de la filosofía y de la psicología, Aristóteles da una premisa importante
en el concepto de la virtud, ya que en su famoso libro que es “La Ética a Nicómaco” interpreta
que la virtud es un concepto que no se puede nombrar, sin embargo se puede demostrar, ya que
es la consecución de un actuar bueno y sin contradicción que se da en una persona estando en
conversación con otra (Aristóteles, trad. Simón, 1985). Por otra parte, mencionó el estagirita que
la virtud, es un término medio regulado por nosotros, y que está guiado por la recta razón y la
prudencia (Garcés & Giraldo, 2013).

Aristóteles, dividió la virtud en dos partes, las dianoéticas o intelectuales y las virtudes heroicas
que vienen de lo divino (Echeverría, 2009). Por su parte en Tomás de Aquino toma una notable
importancia la definición dada por Aristóteles acerca de la virtud y el estudio que da acerca del
hombre (Marías, 2016). Para el Aquinate, menciona la existencia de las virtudes teologales, pero
también identifica a las virtudes heroicas venidas o infundidas por el Espíritu Santo.
(Echeverría, 2009). Por otra parte, la virtud tiene una notable diferencia en la perspectiva de
Santo Tomas, como la perfección en las potencias, activas (intelecto agente y de orden
vegetativo), y que va a afirmar que también son virtudes que no tienen la necesidad de un hábito
operativo destino a ellas que las complemente. Siendo la síntesis de la definición de esta como
una potencia operativa perfecta que es el complemento de la potencia, que hace bueno a quien la
posee y su operación (Echeverría, 2009).

La integración de las virtudes en la psicoterapia posee un realce bastante profundo, ya que en la


creación del modelo de Desarrollo Humano Integral, pone en énfasis a las virtudes tanto
humanas como divinas, puestas en la figura de Cristo, como hombre pleno que desarrolló todas
estas. También hace una distinción de estás mismas en el desarrollo biológico, psicológico y
espiritual de cada persona (Enríquez, Alonso-Stuyck & Salas, 2021).

A lo largo de esta investigación teórica observamos como la psicoterapia es un camino de


desarrollo de la virtud, y como está compenetra especialmente esferas humanas que busca un
cambio, una búsqueda de sentido y sobre todo una perfección en la vida de las personas (Frankl,
1991).

2. Bases teóricas de la relación entre psicoterapia y virtud

2.1. Perspectivas desde diferentes enfoques terapéuticos

Terapia cognitivo conductual

Las virtudes aristotélicas, vistas desde una perspectiva cognitivo-conductual, pueden entenderse
como patrones de comportamiento y pensamiento que conducen a una vida equilibrada (Sayago,
2024). Ya que estas nos ayudan a tener una vida saludable y feliz, Aristoteles propuso que las
virtudes no son innatas, pero son adquiridas, aprendidas y desarrolladas. Por lo cual la terapia
cognitivo conductual nos brindan herramientas necesarias para poder identificar actitudes y
hábitos disfuncionales que interfieren en el desarrollo de estas (Sayago, 2024).

El enfoque cognitivo conductual nos brinda que el terapeuta ayude a explorar los valores y que
sirva como guía dentro del proceso terapéutico (Clinsmin, 2024). Por lo cual esta terapia enfatiza
en resolver problemas del presente a corto plazo. Sin embargo, en el ensayo dado por Ortiz
(2016) menciona que la terapia cognitivo conductual llega a ser deshumanizante ya que la
postura dada por el terapeuta es de manera inflexible y bastante rígida en el tratamiento de los
pacientes. Por otro lado, en la terapia cognitivo conductual según Ortiz (2016), llega a ser
coercitiva ya que causa sufrimiento a las personas que están llevando la terapia. No obstante, el
psicólogo o psicoterapeuta tratante debe de ser un receptor libre de juicios o demandas dadas al
caso, además que en el proceso de la identificación de las ideas negativas debe de ser educador,
dar el diagnostico presente y modificar aquellas conductas inadecuadas para el hombre (Ramallo,
1981).

Las virtudes, los valores y creencias pueden reestructurarse y fortalecerse mediante las técnicas
cognitivo-conductuales (Sayago, 2024). Esencialmente se busca fortalecer la virtud de la
prudencia en el transcurso de la terapia cognitivo conductual, ya que ésta nos ayuda a poder
tomar decisiones más acertadas a lo largo de la vida diaria. Además que estas nos dan alcances
sobre equilibrar los pensamientos e ideas disfuncionales (Sayago, 2024).
Trabajar la virtud en los pacientes, resulta una tarea difícil y desgastante ya que supone
discusiones constantes acerca de los pensamientos, creencias e ideas que interfieren en el
desarrollo de la persona tratante (Clinsmin, 2024). Ya que supone ejercicios reflexivos y
descubrimientos en la experiencia de la persona que puedan llegar a tener un valor notable. El
trabajo que se da mayormente en las virtudes desde un punto de vista aristotélico y dados en la
templanza y la modificación de la conducta nos da los ejercicios siguientes, desarrollar
autoobservación, refuerzo positivo para desarrollar hábitos de autocontrol (Sayago, 2024). Por
otra parte, la generosidad y el refuerzo positivo nos ayuda a compartir de manera equilibrada, ya
que no nos permite caer en el egoísmo y en el sacrificio excesivo, además que al darse la práctica
de esta virtud, promueve la repetición (Sayago, 2024).

La finalidad de la TCC, es ayudar a alinear los deseos y valores fundamentales de las personas,
ya que no solamente persigue objetivos externos sino internos que profundicen en poder
promover la satisfacción y el placer ((Clinsmin, 2024)). Ya que las acciones están en
concordancia con los valores y la importancia de lo que desea hacer la persona, por lo cual la
práctica que se sugiere para la perfección de la virtud según la terapia cognitivo conductual, nos
debe de dar estrategias diarias, como son la autorreflexión, establecimiento de metas y manejo de
conflictos (Sayago, 2024).

Psicoanálisis

Las investigaciones dadas por Freud y su psicoanálisis plantean que la felicidad y el camino de la
perfección en el hombre que es la virtud es un objetivo inalcanzable y específicamente vacío, ya
que dicho camino no existe y hay una división en lo que converge la ética social y la ética
individual (Gomez, 2011). Por lo cual el psicoanálisis da alcances acerca de satisfacer el placer,
pero no de concretar los objetivos para una felicidad plena, siendo que Freud, plantea que hay un
conflicto entre la moral civilizadora y las pulsiones del sujeto, siendo que resulta impensable una
compenetración entre la ética y el psicoanálisis (Gomez, 2004).

Por su parte, Erich Fromm propone que el psicoanálisis debe de ser la respuesta ante la ética
humanista y moderna, pero que es socavada y se presenta a modo de crítica (Fromm, 1954). Por
lo cual nos plantea un problema que da lugar a que el psicoanálisis deba de dar una respuesta a lo
que se formula en la ética, ya que esta misma nos debe de dar alcances acerca de las pulsiones
del hombre y como estas nos ayudan a ser feliz. No obstante, en el transcurso de la vida de los
hombres; los valores y las normas son interdependientes, pero que con Freud, tras sus
investigaciones, relativiza la ética y condujo a un retraso en la teoría psicológica y la teoría ética
(Fromm, 1954).

Por otra parte, Freud ve en el hombre que es un sujeto inacabado, dividido y contingente, ya que
él no obedece la ética y a la moral que se le impone sino a su propia ética humanista que se
propone para ser feliz, además que obedece a sus pulsiones y deseos, en vez de la virtud, que por
la ética civilizadora, afecta que la persona sea reprimida. La ética en Freud es vista desde una
visión kantiana, ya que esta gira en torno no a mecanismos internos o universales sino que es en
torno del placer, y que tiene relación con la erótica, esto quiere decir que Freud, buscaba en el
hombre dos visiones una desde el pasado infantil y su relación con conductas sexuales
reprimidas y el segundo con el psiquismo inconsciente que tiene la energía sexual, que está en el
libido, además que el hombre es dirigido por sus pulsiones (Peña 2023).

Psicología Gestalt

El problema que pasaba dentro de este enfoque terapéutico era que los psicólogos gestalts solo
veían los aspectos externos de las personas cuando se mostraban las figuras o imágenes y
solamente se centran en las percepciones exteriores pero no en la interiores, fue Perls, quien hizo
un enfoque integrador y se basó en los principios básicos de la gestáltica, la motivación personal
y las percepciones orgánicas corporales (Burga, 1981).

La importancia de la psicología Gestalt, se da de manera unánime en la percepción que tiene la


persona en el desarrollo sensorial que ésta posea (Cubillos & Velarde, 2021). Ya que la búsqueda
de información se da de acuerdo a ciertas leyes, además que esta se recibe según el sujeto la
intérprete. Por otra parte, el desarrollo de la virtud en la terapia, se observa que nos da un
enfoque integrador y nos propone un cuidadoso autoanálisis acerca de nuestras acciones,
emociones y comportamientos (Irving, 2023). Por lo cual, la virtud es entendida como la esencia
de la persona, la parte sana más allá del bien y del mal. Por otro lado, el terapeuta gestáltico debe
de dar alcances de expresar confianza a la persona tratada, en confiar a la naturaleza y que lleve a
un encuentro que sea más sincero y real (Admin, 2021).
El objetivo de la terapia gestalt, es que el hombre encuentre respuestas ante sus metas y logros
que se proponga a futuro, y que actúe a la información que le sea facultativa y posible de
obtener, por lo cual se instruye al sujeto en poder reunir la información relevante y que sea
posible de tener metas objetivables, teniendo en cuenta que no solamente tendrá que ver el
campo externo, sino el campo interno, logrando la autorregulación, estando en el aquí y el ahora
(Burga, 1981). Por lo cual al sujeto se le pide que preste atención a lo que siente, tratando de que
tenga una conciencia ininterrumpida y que preste atención a aquellos pensamientos que
interrumpa su funcionamiento, por lo cual a las resistencias que el sujeto exprese, este se de
cuenta de las necesidades que organizan su conducta (Burga, 1981).

La misión del terapeuta gestalt es acabar con la insuficiencia organizante del sujeto, reorganizar
la unidad gestáltica de una necesidad insatisfecha; ayudar al sujeto a darse cuenta de los
obstáculos que lo bloquean y a superarlos dejando que la naturaleza siga su curso y pueda actuar
teniendo pleno uso de sus capacidades. El terapeuta no ayuda directamente a resolver problemas,
sino que contribuye a restablecer las condiciones bajo las cuales el sujeto puede hacer mejor uso
de su propia capacidad para la resolución de sus problemas. El terapeuta vigila de qué manera
evita que el sujeto evite tomar contacto con la realidad. Por lo cual la actuación del terapeuta se
hace tangible en lo obvio, en el presente del paciente y como este lo percibe a través de su
lenguaje corporal (Burga, 1981). Y no hace interpretaciones acerca de lo que observa del
paciente, sino que trabaja con las sensaciones que éste exprese y hace que se responsabilice de
sus acciones, sensaciones y emociones. La terapia gestalt, el paciente es quien logra sus objetivos
y sus metas, ya que el terapeuta sería mayormente como mediador y dependiendo de los logros
del paciente, es como va la evolución de esta misma (Burga, 1981),

Terapia centrada en el cliente de Rogers

Carl Rogers, es una de las figuras más importantes e influyentes de la psicología humanista, ya
que considera a la persona esencialmente buena, ya que se opone al psicoanálisis ya que esta no
determina la vida de los hombres, sino que es el mismo hombre libre de elegir el camino que
mayormente lo vea conveniente para su autorrealización (Arias, 2015). En la teoría de Rogers,
se trata de establecer un clima relacional orientado a que la persona se pueda encontrar consigo
misma y así pueda desarrollar sus potencialidades inherentes. Es decir, el profesional que
establece esa relación de ayuda por un lado y la tendencia actualizante del individuo por otro
llevan a la persona total a su desarrollo integral (Del Estado de Hidalgo, s/f.) Se observa el
crecimiento personal y el desarrollo de la personalidad, pero en este énfasis se observa la
distinción entre el yo real y el yo ideal, ya que se observa como la persona interpreta su realidad
o el medio que experimenta sea verdadera o falsa esta experiencia (yo ideal). Ya que en el yo real
está el autoconcepto y la autoestima. Por otra parte, se ve la autorrealización como un proceso
que puede llegar a ser desadaptativo y conducir a conductas anormales, por lo cual es interesante
observar que el organismo trata de adaptarse al medio o entorno que se desempeña (Arias, 2015).
Por otra parte, las virtudes son cualidades importantes del crecimiento personal. Estas abarcan la
autorrealización y el bienestar emocional, enfatizando la empatía, autenticidad y
autodeterminación dentro del marco de la psicología humanista. En cuanto a la relación que se
establece entre la virtud y la salud mental, menciona que las sesiones llevadas a cabo no son
directivas sino que es el cliente quien lleva a cabo la sesión; mientras que el terapeuta es más
árbitro o mediador. Ya que se observa la resiliencia y el sentido de vida, además que ver a la
persona psicológicamente sana compasión, la responsabilidad y la creatividad. (Tobón & Correa,
2021).

Psicología cristiana

La virtud concebida desde la filosofía, especialmente la concepción aristotélica y tomista da


premisas importantes ya que va del plano a la práctica moral que se da en cuanto a las virtudes
ya que estas ayudan a la perfección de la naturaleza humana (Garcia-Alandete, 2023). Y que bajo
los enfoques de la psicología de la personalidad Martin Seligman, fundador de la psicología
positiva toma de inspiración la virtud vista desde el enfoque aristotélico y tomista (Lego, s/f).
Por otra parte, la virtud nos debe de llevar a la perfección personal, teniendo como consecuencia
una vida de santidad auténtica opuesta a la neurótica (Garcia-Alandete, 2023). Rudolf Allers, ve
en la soberbia, el orgullo y el afecto desordenado, la causa de la infelicidad, el pecado original y
la imperfección de las personas, la limitación de que el ser humano no desarrolle la perfección de
las virtudes se ve envuelta cuando este es soberbio, por lo cual lo limita a un desarrollo pleno de
las virtudes y por ende no puede tener un desarrollo óptimo de su personalidad, y alcanzar sus
objetivos. Por otra parte, la humildad se presenta como un antídoto ante la soberbia y las
limitaciones que el hombre posea, siendo que al poseerla. El hombre reconoce su realidad y logra
con la ayuda de la humildad una mejor versión de sí mismo (Garcia-Alandete, 2023).
Por su parte, en el Desarrollo Humano Integral, como parte de la psicología cristiana, se ve en
primera instancia la perfección del hombre en la figura de Cristo, pero que hay una influencia
relevante en la praxis psicológica proponiendo los siguientes apartados (Enríquez,
Alonso-Stuyck & Salas, 2021). La virtud es entendida como un hábito operativo bueno, que
permite actuar de forma coherente y con los valores cristianos, además que el objetivo del
modelo DHI, es desarrollar en la persona que actúe con libertad interior, responsabilidad y amor
al bien, desarrollando un carácter virtuoso (Enríquez, Alonso-Stuyck & Salas, 2021)

El modelo DHI propone cuatro estrategias pedagógicas fundamentales para acompañar este
proceso:

Reflexión: Promueve la autoevaluación y el pensamiento crítico sobre las propias acciones. La


persona aprende a identificar su estado moral actual y la necesidad de crecimiento.

Motivación: Es el motor del cambio. Se busca que la persona valore el bien como algo deseable,
no por imposición externa, sino por convicción interior.

Metas CAM (Concretas, Accesibles, Medibles): Para que el cambio sea posible, se deben
establecer objetivos claros, realistas y evaluables que conduzcan paso a paso a la adquisición de
la virtud.

Buen ambiente: El entorno tiene un papel clave. Un ambiente que favorezca el respeto, el amor,
la responsabilidad y otros valores cristianos ayuda a consolidar el proceso educativo.

Los retos que supone el DHI, con otras perspectivas más seculares de la psicología es que este es
educador y nos da alcances mayormente pedagógicos, siendo que se busca la infusión de las
virtudes teologales (fe, esperanza y caridad) y las virtudes morales (justicia, templanza, fortaleza,
prudencia).

2.2. Cómo la psicoterapia ayuda en el desarrollo de virtudes como la resiliencia, la


paciencia, la templanza.

La psicoterapia, desde sus diferentes enfoques, no solo tiene como objetivo el tratamiento de
trastornos psicológicos, sino que también contribuye al desarrollo de virtudes esenciales para el
bienestar personal, como la resiliencia, la paciencia y la templanza. A través del trabajo
terapéutico, se fortalecen habilidades emocionales y cognitivas que permiten a los individuos
afrontar la adversidad con mayor equilibrio, tolerar la incertidumbre y regular sus impulsos de
manera más consciente.

En primer lugar, la resiliencia, entendida como la capacidad de sobreponerse a situaciones


difíciles y adaptarse a los cambios, se ve favorecida por el fortalecimiento de las funciones
yoicas. De acuerdo con Fiorini (2004), el Yo cumple un papel fundamental en la integración de
pensamientos, emociones y afectos, lo que permite a la persona reorganizarse frente a
experiencias adversas. En este sentido, la psicoterapia trabaja en la identificación y el refuerzo de
las partes sanas del paciente, incluso en aquellos con patologías severas, facilitando así una
mayor estabilidad emocional y una actitud más flexible ante los desafíos de la vida.

Por otro lado, la paciencia es una virtud que se desarrolla en el proceso terapéutico, ya que
implica la capacidad de aceptar los tiempos necesarios para la transformación personal. En
muchas ocasiones, los individuos buscan soluciones inmediatas a sus problemas, pero la
psicoterapia les ayuda a comprender que el cambio es un proceso gradual que requiere
introspección y trabajo constante. Seligmann (2019) destaca que la psicoterapia no solo
proporciona herramientas para la resolución de conflictos internos, sino que también guía a las
personas en la construcción de un sentido de propósito y dirección, lo que favorece una actitud
más reflexiva y serena frente a las dificultades.

Finalmente, la templanza, definida como la capacidad de regular emociones e impulsos, se ve


fortalecida a través del trabajo terapéutico en la autorregulación. Cuando una persona aprende a
identificar y manejar sus emociones de manera equilibrada, evita respuestas impulsivas o
desproporcionadas que pueden afectar su bienestar y sus relaciones interpersonales. En este
aspecto, Fiorini (2004) señala que la psicoterapia permite al individuo encontrar armonía en su
vida emocional mediante la integración de sus pensamientos y afectos, lo que facilita la toma de
decisiones más conscientes y alineadas con sus valores.

3. Aplicaciones en la práctica clínica

La relación entre la terapia psicológica y el desarrollo de virtudes ha despertado un interés


creciente en los ámbitos de la psicología y la ética. Diversas intervenciones han demostrado su
efectividad en fomentar cualidades como la resiliencia, la empatía y la autodisciplina en los
pacientes. Es por ello que resulta importante analizar los distintos enfoques terapéuticos que
buscan fortalecer el carácter y promover el bienestar emocional, así como evaluar la evidencia
que respalda su efectividad y los desafíos que enfrenta su aplicación.

En primer lugar, las intervenciones terapéuticas pueden diseñarse para fortalecer las virtudes de
los pacientes. Entre las técnicas más utilizadas se encuentra la exposición, un método empleado
en tratamientos conductuales donde el paciente enfrenta progresivamente sus miedos hasta que la
ansiedad disminuye. Según Stordeur y Vernengo (2019), esta técnica "favorece la valentía y la
capacidad de afrontamiento". De manera complementaria, la validación empática es otra
estrategia relevante, ya que permite que el terapeuta reconozca y valide la experiencia subjetiva
del paciente, fomentando así la honestidad y la confianza dentro de la relación terapéutica
(Stordeur & Vernengo, 2019).

Además, otra estrategia empleada es el uso de recursos facilitadores, como el humor y los
comentarios educativos, los cuales generan un ambiente más abierto y receptivo para el cambio
personal. En este sentido, Stordeur y Vernengo (2019) afirman que "la integración de múltiples
estrategias teóricas permite fortalecer el bienestar del paciente y desarrollar virtudes esenciales".
A su vez, herramientas como la Lista Multiteórica de Intervenciones Terapéuticas (MULTI-60)
reúnen diversas estrategias para potenciar estos efectos positivos (Stordeur & Vernengo, 2019).

Por otro lado, el vínculo entre la terapia y el desarrollo de virtudes ha sido ampliamente
documentado en distintos estudios. Uno de los principales argumentos que respaldan esta
relación es el concepto de "retorno a la virtud" en la práctica profesional, donde se señala que
"un terapeuta virtuoso toma mejores decisiones y contribuye significativamente al bienestar del
paciente" (Campos Olazábal, 2019). En este sentido, el fortalecimiento de virtudes como la
compasión y la integridad en los terapeutas permite mejorar la calidad del tratamiento y la
relación terapéutica.

Asimismo, la ética de las virtudes ha cobrado especial relevancia en contextos de crisis, como la
pandemia de COVID-19. En estos escenarios, la toma de decisiones basada en la prudencia y la
responsabilidad ha sido clave en la práctica profesional. Como señala Campos Olazábal (2019),
"la ética de la virtud proporciona una guía esencial para enfrentar situaciones críticas y garantizar
una mejor atención a los pacientes". Esta evidencia refuerza la idea de que la terapia no solo
busca aliviar el malestar psicológico, sino también promover el crecimiento moral y el desarrollo
personal.

Sin embargo, a pesar de los beneficios que ofrece la integración de la ética de las virtudes en la
terapia, no está exenta de críticas y desafíos. Uno de los principales cuestionamientos es la
subjetividad en la definición de virtudes y su aplicabilidad en distintos contextos culturales y
personales (Campos Olazábal, 2019). Además, algunos enfoques psicológicos han priorizado
modelos más neutrales y basados en la evidencia, dejando en segundo plano la promoción de
valores específicos.

Otro desafío importante es la formación de terapeutas en la práctica de virtudes. La literatura


sugiere que la adquisición de estas cualidades debe ser parte fundamental del desarrollo
profesional de los psicólogos, lo que implica cambios en la educación y supervisión clínica.
Como indica Campos Olazábal (2019), "la enseñanza de virtudes en la formación terapéutica es
esencial para garantizar un acompañamiento ético y eficaz". En consecuencia, aunque la terapia
basada en virtudes presenta un gran potencial, su implementación efectiva requiere un abordaje
más estructurado y sistemático.

4. Dificultades de considerar la virtud en la psicoterapia

La integración de la ética de la virtud en la psicoterapia representa un reto complejo,


particularmente en lo que respecta a la objetividad científica, la diversidad cultural y las
implicancias éticas en la práctica clínica. Tradicionalmente, la psicología ha procurado mantener
una postura neutral frente a los valores y las virtudes, con el fin de evitar cualquier sesgo
moralista que pudiera interferir en el proceso terapéutico. No obstante, diversos estudios han
cuestionado la posibilidad de una verdadera neutralidad, señalando que toda aproximación
terapéutica se basa inevitablemente en principios y valores subyacentes (Berg, 2020).

Uno de los principales desafíos en este enfoque radica en la diversidad cultural. Las virtudes no
son conceptos universales, sino que adquieren significados distintos según el contexto
sociocultural. Por ejemplo, mientras que en sociedades occidentales se prioriza la autonomía
individual y la autorrealización, en culturas orientales o comunitarias se valoran más la armonía
grupal y el respeto a la autoridad. Estas diferencias pueden dificultar la implementación de un
modelo terapéutico centrado en la virtud, ya que el concepto mismo de “desarrollo moral” puede
interpretarse de formas muy distintas entre una cultura y otra (Williams & Irving, 2013).

Otro obstáculo relevante es la creencia de que la psicoterapia debe mantenerse como una
disciplina moralmente neutral. Aunque se reconoce la importancia de una ética profesional
sólida, algunos autores argumentan que introducir virtudes en el proceso terapéutico podría dar
lugar a la imposición involuntaria de los valores del terapeuta sobre el paciente. Sin embargo,
investigaciones recientes sugieren que el desarrollo de virtudes como la prudencia, la honestidad
y la compasión por parte del terapeuta no solo no afecta negativamente, sino que mejora la
calidad de la relación terapéutica y favorece una toma de decisiones clínicas más empática y
adecuada (Peteet, 2023).

La inclusión de la virtud en la práctica psicológica también implica una exigencia mayor en la


formación ética de los profesionales. No se trata únicamente de enseñar técnicas terapéuticas,
sino de formar el carácter del terapeuta, desarrollando lo que Aristóteles llamó phronesis, o
sabiduría práctica, para enfrentar situaciones complejas desde una perspectiva ética integral. En
este sentido, la ética de la virtud, al centrarse en la integridad y madurez moral del profesional,
puede contribuir a humanizar aún más la psicoterapia, sin que ello suponga una amenaza a la
autonomía del paciente (Berg, 2020).

Asimismo, la promoción de valores en el contexto terapéutico se ve condicionada por las


diferencias culturales y éticas que influyen tanto en la práctica clínica como en la relación entre
terapeuta y paciente. En este contexto, la competencia cultural se vuelve un elemento esencial
para garantizar una terapia ética y efectiva. Esta competencia se refiere a la capacidad del
terapeuta para reconocer, respetar y responder de manera adecuada a las influencias culturales
presentes en el proceso terapéutico. Según Salinas-Oñate, González y Santibáñez (2022), esta
habilidad es crucial para ofrecer tratamientos psicológicos pertinentes y respetuosos en
sociedades multiculturales como Chile. Los autores advierten que la falta de competencia
cultural puede generar malentendidos y reducir la efectividad de la intervención.

Un metaanálisis realizado por Tao et al. (2015) refuerza esta afirmación al demostrar que las
evaluaciones realizadas por los clientes sobre la competencia multicultural de sus terapeutas se
correlacionan significativamente con mejores resultados en el tratamiento. Esto subraya la
importancia de la percepción del paciente en la efectividad de la terapia, especialmente cuando
se abordan temas vinculados a valores y virtudes.

Desde una perspectiva ética global, la Declaración Universal de Principios Éticos para
Psicólogas y Psicólogos destaca el deber del profesional de cuidar del bienestar del otro mediante
la aplicación competente de conocimientos y habilidades ajustadas al contexto cultural de cada
situación (Comité Internacional de Coordinación de Asociaciones de Psicología, 2008). Esto
exige que los terapeutas reflexionen críticamente sobre cómo sus propios valores, creencias y
experiencias pueden influir en su práctica profesional.

En síntesis, la integración de la virtud en la psicoterapia plantea retos significativos,


especialmente por las diferencias culturales, la tensión entre neutralidad y orientación moral, y la
necesidad de una formación ética profunda. No obstante, cuando se aborda con sensibilidad
cultural y consciencia ética, este enfoque puede enriquecer el trabajo terapéutico, fortalecer la
alianza clínica y favorecer decisiones más humanas y contextualizadas (Peteet, 2023).

Conclusiones

En esta monografía, hemos explorado la relación entre la virtud y la psicoterapia desde diversas
perspectivas y se ha evidenciado que la virtud, entendida como un conjunto de disposiciones
positivas que orientan la conducta humana, no solo es un concepto filosófico fundamental, sino
que también desempeña un papel crucial en la práctica terapéutica.

Desde una perspectiva filosófica, Aristóteles y Tomás de Aquino han aportado una base sólida
para comprender la virtud como una cualidad que perfecciona al ser humano y lo orienta hacia el
bien; en el ámbito de la psicología, enfoques como la psicología positiva, la humanista y la
cognitivo-conductual han integrado el concepto de virtud en sus modelos terapéuticos.

Sin embargo, también se han identificado desafíos en la integración de la virtud en la


psicoterapia, la diversidad cultural y la subjetividad en la definición de las virtudes plantean
dificultades en su aplicación universal; además, la necesidad de una mayor formación ética en
los terapeutas resalta la importancia de equilibrar la neutralidad profesional con la promoción de
valores beneficiosos para los pacientes (Vázquez & Hervás, 2008).
La virtud y la psicoterapia están estrechamente relacionadas en la búsqueda del bienestar
humano, la incorporación de principios éticos y virtudes en la práctica terapéutica no solo mejora
la calidad de la atención psicológica, sino que también contribuye al crecimiento personal y al
desarrollo de un sentido más profundo de vida en los individuos.
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Psicología
Visión Integral de la Psicoterapia
Docente Eleana María Cervantes Quezada
Virtudes para un adecuado ejercicio terapéutico
Entregado el 05/04/2025

Valeria Zúñiga Zegarra

Semestre X
2025-1

"La alumna declara haber realizado el presente trabajo de


acuerdo a las normas de la Universidad Católica San Pablo"
VIRTUDES PARA UN ADECUADO EJERCICIO TERAPÉUTICO

1.​ Introducción

El ejercicio terapéutico moderno exige más que dominio técnico o conocimiento de teorías
psicológicas. Implica una profunda formación ética que humanice la relación con el
paciente. En este contexto, las virtudes fundamentales desarrolladas por Josef Pieper
constituyen una guía valiosa para comprender las disposiciones internas que debe cultivar
un terapeuta para ejercer su profesión de manera íntegra y transformadora (Pieper, 2005).

Desde la visión integral de la psicoterapia, que contempla al ser humano como una unidad
bio-psico-social-espiritual (Corey, 2011), se hace necesario rescatar el valor de las virtudes
no como elementos decorativos del carácter, sino como pilares esenciales para sostener el
ejercicio terapéutico. Las virtudes, en este marco, no son cualidades accesorias sino
estructuras internas que orientan al profesional en su conducta y toma de decisiones.

El vínculo entre terapeuta y paciente es un espacio de encuentro profundamente humano.


Las técnicas y teorías tienen sentido en tanto se insertan en una relación que permita la
confianza, el respeto y la transformación.

2.​ Fundamentos filosóficos y antropológicos de las virtudes

Josef Pieper, filósofo alemán del siglo XX, recoge la tradición clásica, particularmente la
filosofía de Aristóteles y Tomás de Aquino, para presentar una visión profunda y actual de
las virtudes. En su obra Las virtudes fundamentales, afirma que las virtudes son
disposiciones estables que perfeccionan las capacidades del ser humano, orientándose
hacia el bien (Pieper, 2005). A diferencia de los impulsos o las pasiones, las virtudes
suponen un trabajo deliberado y constante sobre uno mismo.

Desde la antropología filosófica, la virtud responde a la vocación natural del ser humano a la
plenitud. No se trata simplemente de comportarse bien, sino de crecer como persona.
Pieper insiste en que una vida verdaderamente humana requiere del ejercicio de las
virtudes. Así, la prudencia perfecciona la inteligencia práctica, la justicia ordena la voluntad
en relación con el otro, la fortaleza sostiene el ánimo en la adversidad y la templanza regula
los deseos.

Aquinas (2006) ya había señalado en su Suma Teológica que la virtud moral implica hábito,
es decir, repetición de actos buenos que configuran al sujeto. Esto implica que la virtud no
es una disposición innata sino una conquista personal. Desde esta óptica, el terapeuta que
quiere acompañar verdaderamente a sus pacientes necesita también transitar este camino
ético de perfeccionamiento interior.

La psicoterapia, entendida como encuentro humano orientado a la salud integral, no puede


desligarse de esta visión del ser humano como ser en búsqueda del bien (Ricoeur, 1996).
Las virtudes no son un lujo moral, sino una necesidad profesional. Asimismo, reconocer que
cada acto terapéutico es una respuesta a una necesidad humana concreta implica también
una respuesta ética enraizada en estas disposiciones virtuosas.

3.​ Virtudes cardinales aplicadas a la psicoterapia

3.1. Prudencia terapéutica

Pieper describe la prudencia como la capacidad de discernir lo justo en cada situación


concreta. No es simplemente cautela, sino sabiduría práctica que permite actuar
correctamente. En psicoterapia, la prudencia se expresa en la escucha atenta, en el juicio
clínico equilibrado y en la adaptación flexible a las necesidades del paciente (Pieper, 2005).

Un terapeuta prudente no se precipita a intervenir ni se aferra rígidamente a técnicas o


diagnósticos. La prudencia permite ver al paciente en su complejidad única. Ayuda a
diferenciar cuándo confrontar, cuándo contener, cuándo esperar. También implica discernir
los propios límites, derivar cuando es necesario, y ajustar el encuadre sin perder la ética.

La prudencia, además, se nutre del conocimiento y la experiencia, pero también de la


humildad. En muchas ocasiones, implica aceptar la ambigüedad de los procesos
psicológicos y actuar sin certezas absolutas, confiando en la intuición ética cultivada a lo
largo del camino profesional. Según Norcross (2011), el juicio clínico prudente es uno de los
factores más valorados por los pacientes en la relación terapéutica.

3.2. Justicia en la relación terapéutica

La justicia, entendida como dar a cada quien lo que le corresponde, es esencial en el


vínculo terapéutico. Esta virtud se expresa en el respeto a la dignidad del paciente, en la
equidad del trato y en el cumplimiento del encuadre profesional. El terapeuta justo no
manipula, no abusa del poder que tiene ni impone su visión (Frankl, 2004).

En la práctica, la justicia se manifiesta en pequeñas acciones: cumplir los horarios, manejar


adecuadamente los honorarios, respetar la confidencialidad, mantener los límites del rol.
También incluye el reconocimiento de la diversidad cultural, de género o de condición social
del paciente. Un terapeuta justo se posiciona éticamente ante la vulnerabilidad del otro.
Pieper (2005) sostiene que la justicia tiene un carácter eminentemente relacional: sólo se
puede ser justo con otro. En ese sentido, el espacio terapéutico es un lugar privilegiado para
encarnar esta virtud, donde el terapeuta actúa con imparcialidad, benevolencia y firmeza.

3.3. Fortaleza en el acompañamiento

La fortaleza es la virtud que permite resistir las adversidades sin dejarse dominar por el
miedo ni por la desesperación. En el contexto terapéutico, esta virtud es indispensable, ya
que el acompañamiento de procesos humanos implica enfrentar dolor, frustración,
resistencia y, a veces, impotencia (May, 1983).

Pieper advierte que la fortaleza no es dureza emocional, sino “constancia animosa frente a
las dificultades y peligros” (Pieper, 2005, p. 78). Así, un terapeuta fuerte no se endurece,
sino que permanece fiel a su vocación de ayuda aún en medio del caos emocional del otro.
La fortaleza también se vincula con la perseverancia, una cualidad indispensable en
contextos de crisis, duelo o trauma.

3.4. Templanza emocional y profesional

La templanza regula los impulsos, deseos y emociones para mantener el equilibrio interior.
En la psicoterapia, esta virtud protege al terapeuta de actuar desde sus propias
necesidades afectivas o de implicarse de forma inadecuada con el paciente (Goleman,
1996).

La templanza también implica equilibrio en la vida personal del terapeuta: saber descansar,
formarse, supervisarse, cultivar su mundo interior. Así, la templanza protege tanto al
paciente como al terapeuta. Permite mantener la alegría en el ejercicio de la profesión,
evitando el desgaste por sobreexigencia. Esta virtud, frecuentemente subestimada, es clave
en la sostenibilidad del ejercicio clínico a largo plazo.

4.​ Las virtudes como base del vínculo terapéutico

Las virtudes no son sólo cualidades personales deseables, sino condiciones necesarias
para establecer un vínculo terapéutico sano y transformador. En la psicoterapia centrada en
la persona (Rogers, 2001), se enfatiza la importancia de la autenticidad, la empatía y la
aceptación incondicional. Estas actitudes reflejan la expresión concreta de las virtudes
cardinales.

Un terapeuta prudente genera confianza; uno justo, seguridad; uno fuerte, contención; uno
templado, equilibrio. Estas virtudes dan forma a un tipo de presencia profesional que no solo
aplica técnicas, sino que se entrega como persona al servicio de otra persona. Viktor Frankl
(2004) señalaba que "el terapeuta es un testigo de sentido", lo cual exige una calidad
humana difícil de simular si no está realmente cultivada.

5.​ La virtud terapéutica como camino de formación continua

El terapeuta no nace virtuoso; se hace. La formación académica, aunque imprescindible, no


garantiza el desarrollo de las disposiciones internas necesarias para sostener el ejercicio
profesional. Las virtudes deben cultivarse con intención, esfuerzo y constancia (Pieper,
2005).

Ser terapeuta implica ser un eterno aprendiz. La humildad para reconocer errores, la
apertura a nuevas perspectivas y la disposición a revisar las propias motivaciones forman
parte del itinerario del terapeuta virtuoso. Más allá del saber hacer, se requiere un saber ser,
que se construye a lo largo de la vida profesional (Yalom, 2002).

6.​ Aportes complementarios desde la psicología humanista y existencial

La psicología humanista y existencial ha insistido en la centralidad del terapeuta como


persona en la relación de ayuda. Carl Rogers, en su propuesta de terapia centrada en el
cliente, establece condiciones necesarias para el cambio que coinciden con el cultivo de
virtudes: autenticidad (congruencia), aceptación incondicional y empatía (Rogers, 1961).

Desde esta mirada, la psicoterapia no solo es técnica, sino encuentro entre dos libertades.
Así, el desarrollo ético del terapeuta se convierte en una condición para facilitar la libertad
del otro. Yalom (2002) también destaca que la transformación terapéutica nace del
encuentro auténtico entre dos seres humanos comprometidos con la verdad de su
experiencia.

7.​ Conclusiones

El ejercicio terapéutico no puede reducirse a una técnica o a la aplicación de teorías


psicológicas. Es, ante todo, una práctica profundamente humana que exige del terapeuta
una configuración ética sólida. Desde esta perspectiva, las virtudes cardinales propuestas
por Josef Pieper prudencia, justicia, fortaleza y templanza no sólo enriquecen la vida
personal del terapeuta, sino que se constituyen en pilares fundamentales para el
acompañamiento genuino de quienes buscan ayuda psicológica.

Cada encuentro terapéutico es una oportunidad para encarnar estas virtudes: discernir con
sabiduría (prudencia), respetar la dignidad del otro (justicia), sostener el acompañamiento a
pesar de las dificultades (fortaleza) y cuidar del equilibrio emocional y profesional
(templanza). Estas disposiciones internas no se improvisan, sino que se cultivan con
compromiso, humildad y apertura continua al crecimiento.

Por tanto, integrar las virtudes en la formación y en la práctica terapéutica es un camino no


solo deseable, sino necesario. La visión integral de la psicoterapia demanda terapeutas que,
más allá de su conocimiento técnico, vivan una vocación al servicio del bien del otro. Solo
así se puede ofrecer una ayuda verdaderamente transformadora, desde un encuentro que
dignifica y humaniza.
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Psicología
Visión Integral de la Psicoterapia

Docente Eleana Cervantes Quezada


Monografía
Entregado el 06/04/2025

Milagros Irene Asque Nina


Maria Jimena Mendoza Villarroel
Alexis Mijail Nina Quinde
Ferdinandy Helard Pari Ayllon
Domenica Fernanda Rios Salazar

Semestre X
2025-1

"Los alumnos declaran haber realizado el presente


trabajo de acuerdo a las normas de la
UniversidadCatólica San Pablo"
Fundamentos metafísicos: Noción de persona y sus implicancias para la psicoterapia

Introducción

En el presente trabajo, se abordará sobre los fundamentos metafísicos del ser persona,

su influencia e intervención en la acción psicoterapéutica desde distintos enfoques

psicológicos. Así mismo se va a explorar aquella visión que se obtenga de la persona y cómo

puede impactar en la relación de psicoterapia teniendo en cuenta los objetivos y el proceso de

cambio, en donde el paciente es acompañado en su terapia hacia su crecimiento como

persona.

Desde la metafísica, la perspectiva de la noción de persona trasciende la funcionalidad

psicológica, ya que adentra dimensiones como la conciencia, libertad, dignidad y

racionalidad. Estas son características inmanentes en la práctica de la psicoterapia, ya que su

perspectiva se adhiere a la transformación de la persona, su autonomía y la relación

terapéutica.

Bases Metafísicas De La Persona

El acto de ser personal se presenta como principio unificador que trasciende las

dimensiones biopsicosociales. Beltramo (2018) lo define como "factor integrador que

configura la realidad humana como un integrum", donde la racionalidad sustancial determina

la identidad ontológica más allá de las fluctuaciones psíquicas. Esta perspectiva se alinea con

la definición clásica de persona como "sustancia individual de naturaleza racional"

(Eguiguren, 2022), destacando tres características esenciales (Filosofía y Educación., s.f.).

Subsistencia Autónoma

La subsistencia se define como la cualidad de un ente singular de poseer el acto de ser en sí

mismo, sin depender de otro para existir. Según la filosofía tomista, la persona es un sujeto
subsistente en una naturaleza espiritual, lo que implica: Individualidad, sólo los entes

concretos (no universales) poseen existencia real; autonomía existencial, la persona es dueña

de su ser con capacidad de autodeterminación y continuidad identitaria a lo largo de su vida;

Incomunicabilidad, su ser es intransferible e irreductible a otros aunque se relacione con el

entorno, (Filosofía y Educación., s.f.).

Tomás de Aquino enfatiza que la persona humana no se reduce a su racionalidad, sino

a su acto de ser singularizado, que fundamenta su realidad y despliegue vital (Filosofía y

Educación., s.f.; Eguiguren, 2022). Este enfoque subraya que la persona es un todo

estructural con un centro unitario (el "yo"), integrando dimensiones corpóreas y espirituales

(Lego, 2010).

En cuanto a las implicancias para la psicoterapia derivadas de una integración

metafísica en la práctica clínica, destacan la necesidad de adoptar una visión holística, donde

la terapia aborde a la persona como un todo subsistente y no solo como un conjunto de

síntomas, lo que implica considerar su dimensión espiritual y racional junto con su capacidad

de autogobierno (Cahuata, 2023; Lego, 2010).

Respecto a las críticas según Lego (2010) algunas corrientes psicológicas, como el

psicoanálisis o el conductismo, son criticadas por ignorar la naturaleza metafísica de la

persona, reduciéndose a procesos inconscientes o ambientales. Se propone, en cambio, una

psicología fundamentada en la realidad del "yo" como sujeto subsistente, integrando aportes

de la filosofía realista.

Conciencia Identitaria Permanente

Según Daros (s.f.) Locke establece que la identidad personal se fundamenta en la conciencia

reflexiva de los actos y pensamientos, donde el "yo" se autopercibe como una continuidad

narrativa. Perspectiva que se complementa con la definición clásica de persona como


sustancia individual de naturaleza racional, la cual enfatiza su subsistencia autónoma al

existir de manera independiente más allá de los accidentes, su unicidad irrepetible como

singularidad ontológica que fundamenta la dignidad humana, y su autoconciencia permanente

como capacidad reflexiva que garantiza coherencia biográfica (Eguiguren, 2022). Así, la

identidad se construye en la intersección entre la permanencia sustancial (ser idéntico a sí

mismo) y el dinamismo experiencial (la interacción con el entorno), dualidad que, como

señala Bourdieu, se manifiesta en las trayectorias biográficas donde el sujeto negocia

constantemente su posición dentro de estructuras sociales en transformación (Toledo, 2012;

Valenzuela, 2012).

Valenzuela (2012) menciona que la psicoterapia constructivista evolutiva integra esta noción

a través del proceso de individuación, entendido como el desarrollo de estructuras cognitivas

que permiten diferenciar entre self y objeto. Vergara (2011) hace mención a Piaget, junto con

la integración narrativa que implica la construcción de sentido biográfico mediante la

re-significación de experiencias, y la adaptación activa como ese equilibrio dinámico entre la

asimilación de nuevas experiencias y la acomodación de esquemas identitarios (Valenzuela,

2012). De esta forma, la terapia facilita la complejización progresiva de la identidad a través

de un proceso terapéutico que funciona como una relación entre experiencia relacional,

estructuras cognitivas y contexto cultural, donde el terapeuta actúa como facilitador de

nuevos marcos interpretativos que permiten superar estancamientos en el desarrollo

identitario (Vergara, 2011).

Unicidad Irrepetible

Según López & Ruiz (1987), la unicidad irrepetible se define como esa cualidad

ontológica que hace de cada persona un ser singular, incomparable e insustituible, con una

identidad biológica, espiritual y existencial única, característica que se sustenta en tres pilares
fundamentales: Primero, la unidad sustancial cuerpo-alma donde la persona se manifiesta

como perfecta unidad de espíritu y cuerpo, expresando a través de su dotación genética una

identidad personal intangible que perdura toda la vida (Lopez &Ruiz, 1987); segundo, el acto

de ser personal (esse) como núcleo metafísico que unifica todas sus dimensiones física,

psíquica y espiritual en un integrum irreductible a sus componentes, (Beltramo, 2018); y

tercero, la dignidad ontológica que radica en ser sustancia individual de naturaleza racional

según la definición boeciana, donde cada ser humano trasciende su condición biológica

mediante su apertura a la trascendencia (Eguiguren, 2022; Gonzáles, 2023) .

La unicidad irrepetible como cualidad ontológica que define al ser humano en su

singularidad biopsicoespiritual fundamenta un enfoque psicoterapéutico antirreduccionista

que, reconociendo la insuficiencia de lo fenomenológico, opera sobre la integración

indisoluble de tres realidades personales: la historicidad única, la apertura trascendente y la

unidad cuerpo-espíritu (Beltramo,2018; Cahuata, 2023; López y Ruiz,1987).

Personalismo Ontológico Y Fenomenología Operativa

El Personalismo ontológico es una corriente filosófica la cual se centra en la persona

humana y su dignidad. Los autores Wojtyla y Burgos centralizan esta ideología como una

antropología pensada desde la persona. Además este personalismo es adecuado para dar un

sustento antropológico a la psicología, porque proporciona marcos teóricos flexibles que

permiten un diálogo enriquecedor con la psicología, una ciencia humana y práctica. Su

concepción de la persona facilita una comprensión integral, incorporando diversos dominios

en la intervención psicológica, como el conductual, cognitivo, emocional, interpersonal y

espiritual (Burgos, 2013).

Burgos (2013) propone tres dimensiones porque busca ofrecer una comprensión más

integrada y completa del ser humano, estas tienen aplicaciones en la psicoterapia, ya que
permite abordar al individuo desde una perspectiva más holística.

Espiritual

Se refiere a las estructuras más elevadas de la persona y con menor dependencia de lo

material. Es importante notar que "espiritual" no se asocia necesariamente con lo religioso,

sino con aspectos que trascienden lo corporal y psíquico.

Psíquico

Representa los aspectos mentales y emocionales de la persona. Aquí se destaca la afectividad

como una dimensión originaria y fundamental de la persona, que juega un papel clave en su

desarrollo y comportamiento​.

Corporal

Engloba la dimensión física y biológica del ser humano, que interactúa con las otras dos

dimensiones para formar una unidad compleja.

En la psicoterapia , estas tres dimensiones tienen aplicaciones claves porque permite un

enfoque más integral. En lugar de centrarse solo en los síntomas o en un aspecto aislado de la

persona, esta perspectiva ayuda a los terapeutas a comprender y abordar la complejidad del

paciente desde diferentes niveles.

Dimensión Espiritual

Aunque no necesariamente en un sentido religioso, esta dimensión permite trabajar con el

paciente en la búsqueda de sentido, valores, identidad y propósito de vida. Es especialmente

útil en terapias existenciales y humanistas, donde se busca que la persona encuentre

significado en su experiencia y decisiones.

Dimensión Psíquica

En este nivel, se abordan los pensamientos, emociones y experiencias afectivas del paciente.

Aquí entran enfoques como la terapia cognitivo-conductual, la terapia psicodinámica y el


análisis de patrones emocionales. El reconocimiento de la afectividad como estructura

fundamental implica que muchas dificultades psicológicas pueden entenderse mejor desde la

manera en que el paciente experimenta y gestiona sus emociones.

Dimensión Corporal

La relación entre cuerpo y mente es fundamental en psicoterapia. Este enfoque ayuda a

considerar el impacto de factores físicos en la salud mental, como el estrés, la alimentación o

el sueño. En terapias como la psicoterapia somática o la terapia de trauma, se trabaja con la

memoria corporal y las respuestas fisiológicas del paciente para lograr una mejor regulación

emocional.

De acuerdo con Gros y Gros (2024)La fenomenología es una corriente filosófica

fundada por Edmund Husserl que ha influido en diversas disciplinas, incluida la sociología,

donde Alfred Schutz es su principal exponente. Su estudio en español está limitado por

barreras idiomáticas, dificultades interdisciplinarias y prejuicios. Para aplicarla en sociología,

es clave entender su significado filosófico original. Esta fenomenología se centra en la

experiencia vivida y en cómo las personas organizan su realidad subjetiva.

De acuerdo con Garcia (2011) En el ámbito de la psicología , este enfoque puede ser

utilizado para comprender cómo las personas organizan y estructuran sus experiencias en

función de procesos cognitivos y emocionales, cómo estos procesos operan en la vida

cotidiana y cómo se pueden modificar en contextos terapéuticos. En psicoterapia, la

fenomenología operativa permite una intervención centrada en la experiencia subjetiva del

paciente, entendiendo sus patrones de pensamiento, emociones y comportamientos desde una

perspectiva práctica y operativa.

Este enfoque es útil en varias ramas de la psicología, como la psicología

fenomenológica, la psicología existencial y la psicología clínica, especialmente en la


psicoterapia , donde se busca no solo entender la vivencia del paciente, sino también cómo

los patrones mentales se operan en su vida diaria.

Implicaciones Terapéuticas Y Perspectivas Contemporáneas

En cuanto a las perspectivas contemporáneas de la metafísica en la psicoterapia se destaca la

influencia significativa en la relación terapéutica y los resultados del tratamiento al introducir

elementos que trascienden los marcos psicológicos tradicionales debido a la incorporación de

dimensiones espirituales o existenciales, lo cual puede ser especialmente beneficioso para

clientes con historias emocionales complejas, como aquellos con traumas infantiles (Fligioli,

P. 2012; Sansone y Sansone 2009). La integración de técnicas metafísicas, como la

meditación y la redefinición de la adversidad, puede complementar los enfoques terapéuticos

convencionales, potenciando potencialmente la alianza terapéutica y facilitando procesos de

sanación más profundos. Esta integración puede conducir a una experiencia de tratamiento

más holística, abordando tanto las preocupaciones psicológicas como las existenciales.

(Carey et al., 2012).

Al integrar conceptos metafísicos en la práctica clínica, los terapeutas pueden mejorar

sus enfoques de sanación, especialmente para pacientes con problemas emocionales

profundos.

Estas implicaciones en terapia según Sansone y Sansone (2009) se enfocan en:

Reflexiones Centradas En El Presente

Animar a los pacientes a concentrarse en el momento presente puede ayudar a aliviar

la ansiedad y promover la atención plena

Replantear La Adversidad

Esta técnica implica ayudar a los pacientes a ver los desafíos como oportunidades de

crecimiento, fomentando la resiliencia.


Practicar La Entrega

Enseñar a los pacientes a aceptar circunstancias que escapan a su control puede

reducir el estrés y mejorar el bienestar emocional

Meditación

La incorporación de prácticas de meditación puede facilitar una autoconciencia más

profunda y una regulación emocional

Daude, M (2024) en "Rx Metaphysics" combina el análisis filosófico con aplicaciones

prácticas, con el objetivo de mejorar la resiliencia y el ajuste de los clientes a través de una

mejor comprensión de sus narrativas de vida y creencias metafísicas subyacentes,

permitiendo una exploración más profunda de cómo las creencias de los clientes moldean sus

narrativas y mecanismos de afrontamiento en la vida.

Sjöstedt (2023) propuso el Cuestionario de Matriz Metafísica (MMQ): En la que

guiados por estas preguntas e incluidas en conversaciones metafísicas durante la fase

integrativa de la terapia, los pacientes pueden obtener una comprensión más profunda de sus

experiencias.

Conclusiones

A lo largo de esta monografía se ha evidenciado la relevancia de la noción metafísica

de la persona en la comprensión y práctica de la psicoterapia. La persona, concebida como un

ser subsistente autónomo, único e irrepetible, implica un enfoque integral en la psicoterapia

que trasciende los modelos reduccionistas de abordaje clínico. La concepción de la persona

como un todo unitario, con una existencia que abarca las dimensiones biológicas,

psicológicas y espirituales, plantea la necesidad de un enfoque holístico que valore tanto la

autonomía psicológica como la dignidad ontológica del paciente.

Los fundamentos metafísicos de la persona, tales como la subsistencia autónoma, la


conciencia identitaria permanente y la unicidad irrepetible, no solo aportan una base teórica

sólida para la psicoterapia, sino que también definen criterios éticos y clínicos fundamentales.

Estos aspectos permiten abordar al individuo como un sujeto con capacidad de

autodeterminación y autorrealización, superando los enfoques mecanicistas que reducen al

ser humano a una suma de síntomas.

De manera particular, se observa que la integración de estos principios en la práctica

terapéutica permite una intervención más profunda y respetuosa con la identidad del paciente,

considerando sus trayectorias biográficas, la influencia del entorno social y sus necesidades

trascendentes. En este sentido, la psicoterapia no debe centrarse exclusivamente en el

tratamiento de síntomas, sino que debe buscar la restauración de la unidad interior del

individuo, promoviendo su capacidad de organización y desarrollo personal.

Por otro lado, la perspectiva del personalismo ontológico, al integrar las dimensiones

espiritual, psíquica y corporal, ofrece un marco que complementa los modelos

contemporáneos de psicoterapia, ampliando las herramientas disponibles para abordar las

complejidades del ser humano. La fenomenología, al poner énfasis en la experiencia vivida,

también propone una vía para comprender la realidad subjetiva del paciente, lo que refuerza

la importancia de un enfoque centrado en la persona como sujeto activo y consciente en su

proceso terapéutico.

En conclusión, el estudio de las bases metafísicas de la persona revela que la

psicoterapia, al ser fundamentada en una visión integral del ser humano, tiene el potencial de

ser una herramienta transformadora no solo para el tratamiento de trastornos psicológicos,

sino para el acompañamiento del individuo en su proceso de autoconocimiento, autonomía y

crecimiento personal. Esta perspectiva, que considera al ser humano en su totalidad,

promueve una visión más respetuosa y profunda de la intervención terapéutica.


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Psicología
Visión Integral de la Psicoterapia
Docente Eleana Cervantes Quezada
MONOGRAFIA: LA PERSONA DEL PSICÓLOGO
Entregado el 05/04/2025

Catachura Caballero Víctor Martin


Ccahuana Huarca Elard Brayan
Lanza Mamani Paola Alejandra
Mucho Coaquira Marilyn Fiorella
Oxa Escalante Milena Isabel

Semestre X
2025-1

"Los alumnos declaran haber realizado el presente trabajo de


acuerdo a las normas de la Universidad Católica San Pablo"
La Persona Del Psicólogo

Introducción

El desarrollo de nuestro ser como persona es fundamental antes de constituirnos como

profesionales. Una persona con un adecuado equilibrio emocional, autoconocimiento claro de

sus características y habilidades humanas y valores sólidos estará mejor preparada para

desempeñarse de manera auténtica y coherente en cualquier profesión. En el caso del

psicólogo, esto es crucial para el proceso terapéutico, no solo por la necesidad de sus

conocimientos técnicos, sino también por el reconocimiento de quién es como ser humano, lo

que facilita una relación adecuada con sus pacientes.

Este desarrollo personal se alinea con la Visión Integral de la Psicoterapia, que

enfatiza la integración de todos los conocimientos psicoterapéuticos, no solo para suprimir

síntomas, sino para fomentar el crecimiento personal y, como consecuencia, el desarrollo de

una vida virtuosa. El objetivo esencial en el trabajo del terapeuta constituye una valiosa

herramienta profesional, promoviendo intervenciones terapéuticas desde una mirada integral

del ser humano. El desarrollo personal del psicólogo establece los cimientos necesarios para

llevar a cabo este enfoque de manera efectiva.

Marco Teórico​

​ La expresión "la persona del psicólogo" se refiere a la dimensión humana del

terapeuta, incluyendo su historia personal, valores, emociones, actitudes, estilo relacional y

capacidad de estar presente en el encuentro terapéutico. No se trata solo de sus conocimientos

técnicos, sino de quién es y cómo se relaciona consigo mismo y con los demás (American

Psychologist Association, 2011). Distintos autores destacan que estos elementos influyen de

manera decisiva en el proceso clínico. Rollo May (1986) subraya la importancia del ser del

terapeuta, afirmando que su desarrollo personal es esencial para una práctica ética y efectiva.

El terapeuta debe conocerse y comprender sus propios patrones emocionales para ayudar a
otros de manera efectiva. Norcross y Guy (2007) también encontraron que el bienestar y

desarrollo personal del psicólogo son claves para el éxito terapéutico, destacando que la

eficacia del terapeuta no depende solo de su formación teórica, sino de su calidad humana y

capacidad de ofrecer presencia auténtica y empática.

El enfoque integral en la psicoterapia ha sido conceptualizado de diversas maneras

para lograr un entendimiento más amplio. Ken Wilber (1996), citado por Gonzalez (2012),

con su modelo “Kosmos”, propone una visión integral que abarca lo subjetivo, lo objetivo, lo

cultural y lo sistémico. La psicoterapia integral no se limita a una escuela específica, sino que

busca integrar lo mejor de cada enfoque para adaptarse a las necesidades del individuo.

Wilber (1996) menciona que “la verdad parcial de cada enfoque debe ser reconocida dentro

de un marco más amplio que honre todas las perspectivas válidas”.

Por otro lado, el enfoque integral de Claudio Naranjo (2008) se basa en una visión

holística del ser humano, buscando armonizar el intelecto, la emoción y el instinto hacia la

salud psicológica y espiritual. Naranjo incorporó elementos del sufismo, el budismo y la

psicología transpersonal, proponiendo una psicoterapia que va más allá de la reducción de

síntomas, enfocándose en el despertar de la conciencia. Según el autor, “el verdadero trabajo

terapéutico es un camino de autoconocimiento y transformación”, apuntando a un proceso

profundo de individuación y plenitud.

Características Personales del Psicólogo

Para un ejercicio profesional adecuado, el psicólogo debe contemplar y poseer ciertas

características que permitan el adecuado desarrollo de la relación terapéutica y que garanticen

el bienestar propio y del paciente.

Inteligencia Emocional. Definida por Salovey y Mayer en 1990, es la habilidad para

regular las propias emociones y las de los demás, utilizándolas para guiar el pensamiento y la
acción. En la práctica del psicólogo, su desarrollo es crucial para gestionar adecuadamente las

emociones propias y de los pacientes (García-Morales, 2022).

Empatía Y Autenticidad. Son aspectos clave en el Enfoque Centrado en la Persona

de Rogers. La empatía implica comprender profundamente al otro y percibir su mundo

interior como propio, sin perder la distancia necesaria. La autenticidad, o congruencia, es ser

uno mismo, alineando experiencia, conciencia y comunicación, fomentando una relación

genuina de persona a persona (Barceló, 2012).

La Influencia de la Historia Personal del Psicólogo en su Práctica

La historia personal del psicólogo juega un papel crucial en su ejercicio profesional,

ya que influye en cómo comprende y aborda las experiencias de sus pacientes. Sus vivencias

previas pueden potenciar su empatía y sensibilidad, facilitando una conexión genuina en el

proceso terapéutico. Sin embargo, también pueden representar un desafío si no se gestionan

adecuadamente, ya que podrían influir en la relación terapéutica de manera inconsciente.

En esta línea, la transferencia y contratransferencia, conceptos del psicoanálisis, son

dinámicas inevitables en la relación terapéutica que requieren manejo cuidadoso. La

transferencia ocurre cuando el paciente proyecta sentimientos, expectativas o experiencias

pasadas en el terapeuta; la contratransferencia se refiere a las respuestas emocionales del

psicólogo frente a estas proyecciones, influenciadas por su propia historia (Rodas, 2024). Así,

para mitigar estos efectos, el psicólogo debe desarrollar autoconocimiento, reflexión y

supervisión constante, de modo que su historia personal lejos de comprometer la relación

terapéutica contribuya a un acompañamiento más ético y auténtico del paciente.

Estrategias de autocuidado y desarrollo personal del psicólogo

Además de las acciones mencionadas para un desempeño profesional adecuado, es

fundamental abordar el autocuidado como un componente esencial del desarrollo personal del

psicólogo (Díaz et al., 2021). Al estar expuestos a situaciones emocionalmente intensas, los
psicólogos corren un mayor riesgo de experimentar agotamiento o burnout, por lo que es

indispensable que adopten prácticas que favorezcan su salud física y emocional, como

hábitos saludables, gestión equilibrada del tiempo y mantener límites claros entre su vida

profesional y personal.

Un componente clave de este autocuidado es la supervisión profesional y la terapia

personal, que proporcionan al psicólogo el espacio necesario para la autorreflexión sobre sus

experiencias y emociones. Asimismo, el balance entre vida laboral y personal es esencial,

lograble a través del uso del tiempo libre en actividades recreativas y de ocio que favorezcan

el bienestar general, la capacidad de mantenerse emocionalmente disponible y motivado, y la

mejora de la calidad de la atención brindada a los pacientes.

Importancia de la Formación Personal y Ética en el Psicólogo

Formación continua y actualización profesional del psicólogo

La formación continua es una exigencia ética y profesional, ya que el entorno social,

cultural y científico cambia constantemente (Martín, 2019). Estos cambios pueden volver

obsoletos los conocimientos si no se actualizan. Por ello, el psicólogo debe mantenerse al día

con nuevas teorías, metodologías y herramientas basadas en evidencia, lo que le permite

brindar intervenciones más eficaces y pertinentes.

La actualización profesional implica fortalecer conocimientos especializados como el

diagnóstico clínico, el uso de instrumentos psicométricos y la aplicación de terapias basadas

en evidencia. También incluye el desarrollo de habilidades prácticas como la comunicación

efectiva, el trabajo interdisciplinario, la adaptación a distintos contextos y el manejo de

situaciones complejas. Además, refuerza el compromiso ético del psicólogo, promoviendo el

respeto por la diversidad y una actitud profesional responsable.

La práctica reflexiva es esencial en este proceso. Según Orozco et al. (2022), la

supervisión, la autoevaluación y la participación en comunidades de aprendizaje permiten


revisar críticamente la práctica y mejorarla. Estos espacios fomentan el intercambio de

experiencias, el análisis de casos y la adopción de nuevas estrategias.

Hoy en día, la psicología enfrenta desafíos como el aumento de la demanda en salud

mental, la telepsicología y el trabajo con poblaciones diversas. Estos contextos exigen

profesionales flexibles y actualizados. La formación continua no solo mejora la atención, sino

que asegura una práctica ética, humana y contextualizada.

Desarrollo de la identidad profesional

La identidad profesional del psicólogo es un proceso dinámico y continuo que integra

aspectos personales, sociales y profesionales. No se forma solo a partir del conocimiento

teórico, sino también de la experiencia práctica y el desarrollo personal. Según Hartmann

(1962) y Heimann (1951), citados en Harrsch (2005), el "Yo" se refiere a los procesos

psicológicos que organizan la personalidad, mientras que el "self" es cómo el individuo se

percibe en su interacción con el entorno. La identidad del psicólogo se construye al integrar

su "Yo" personal con los conocimientos y habilidades adquiridos, como indican Grinberg y

Grinberg (1993), citados por Harrsch (2005).

Erikson (1978), citado en Bordignon (2005), resalta la dimensión social de esta

identidad. El psicólogo, como agente de cambio, debe ser consciente de su influencia y

responsabilidad en la sociedad. La formación de esta identidad continúa más allá de los

estudios formales, siendo clave la reflexión crítica sobre motivaciones, valores e interacción

con colegas. La psicoterapia y el análisis personal ayudan al psicólogo a tomar conciencia de

su funcionamiento psíquico, evitando que conflictos personales interfieran en su labor.

Esta identidad se construye sobre tres pilares: formación curricular (Yo teórico),

experiencia profesional (Yo empírico) y desarrollo personal (Yo individual). La integración

de estos aspectos permite una identidad coherente y estable, vinculada a la profesión y a la

sociedad (Harrsch, 2005).


En un contexto de rápidos avances tecnológicos y sobrecarga informativa, los

psicólogos deben adaptarse constantemente, fortaleciendo competencias para impactar

positivamente en su comunidad. Es esencial reconocer las influencias sociales en la identidad

profesional y actuar con conciencia transformadora. También se destaca la importancia de

valorar los conocimientos y habilidades del paciente, lo cual enriquece la identidad de ambos

(Szmulewicz, 2013).

Desafíos y Dilemas Éticos en la Práctica del Psicólogo

Principios Éticos Fundamentales

Los psicólogos deben seguir principios éticos fundamentales, como la

confidencialidad y privacidad, protegiendo la información obtenida en las sesiones, salvo en

casos de riesgo inminente (Tarragó, 1996). El consentimiento informado es esencial,

asegurando que los pacientes conozcan los detalles del tratamiento, especialmente en la

investigación (Cabrera, 2018).

Un dilema común es equilibrar autonomía y beneficencia, donde el psicólogo debe

decidir entre respetar la autonomía del paciente o intervenir por su bienestar. El principio de

no maleficencia exige evitar causar daño directo o por negligencia (Tarragó, 1996).

Finalmente, la justicia y equidad garantizan un trato justo sin discriminación, protegiendo los

derechos de los pacientes y fortaleciendo la ética profesional.

Dilemas Éticos en la Práctica Psicológica

En su labor cotidiana, los psicólogos enfrentan dilemas éticos que pueden afectar la

terapia y la relación con sus pacientes. Estos desafíos requieren un análisis cuidadoso y

decisiones fundamentadas en principios éticos. La ética aplicada en la psicología implica una

reflexión sobre las normas morales que regulan la práctica profesional (González, citado en

González et al., 2007).


Uno de los dilemas más comunes es el de las relaciones duales y conflictos de interés.

Los vínculos adicionales con los pacientes, como relaciones personales o comerciales,

pueden afectar la objetividad del tratamiento y generar abuso de [Link] reto importante

es el manejo de las emociones del terapeuta. Aunque una conexión emocional es natural, un

apego excesivo puede comprometer la ética y la intervención profesional. El uso de pruebas

psicológicas requiere una aplicación e interpretación correctas. Un mal uso puede afectar la

vida del paciente. Además, la promoción de servicios debe ser ética y evitar promesas

exageradas (Hermosilla, 2006).

Trabajar con poblaciones vulnerables implica obtener consentimiento informado de

tutores y priorizar siempre el bienestar del paciente. Con la terapia en línea, surgen nuevos

dilemas relacionados con la privacidad digital, por lo que el psicólogo debe garantizar

plataformas seguras. Ferrero (2000) señala que el respeto a los derechos humanos y la

dignidad de las personas es un principio ético fundamental.

Aplicación de la Ética en Diferentes Ámbitos de la Psicología

La ética atraviesa todos los campos de la psicología, no solo el trabajo clínico. En

cada ámbito, los profesionales deben actuar con responsabilidad, respetando los derechos de

las personas y asegurando la integridad de sus intervenciones (González et al., 2007). En

todos los contextos, la ética no sólo guía la conducta, sino que fortalece la práctica

profesional, promoviendo intervenciones responsables y ajustadas al contexto social

(González et al., 2007; Winkler et al., 2007).

En el área clínica, es fundamental establecer límites adecuados en la relación

terapéutica y manejar con cuidado la finalización del tratamiento. También es clave proteger

la confidencialidad, especialmente en intervenciones grupales, donde el compromiso ético se

extiende a todos los participantes. Además, el campo de la investigación psicológica exige el

consentimiento informado y la protección del anonimato de los datos. Manipular resultados,


aunque frecuente, es una práctica que vulnera principios éticos y afecta la credibilidad

científica.​

Por otro lado en psicología organizacional, el psicólogo debe actuar con justicia al

seleccionar y evaluar personal, garantizando procesos libres de discriminación. Además, debe

promover el bienestar psicológico en el entorno laboral. Uno de los dilemas más comunes en

este ámbito es el uso inadecuado de pruebas psicológicas para justificar decisiones

[Link]ález et al. (2007) identifican cinco competencias éticas esenciales:

discernimiento ético, recto obrar, responsabilidad social, respeto por la dignidad humana y

sentido moral. Estas competencias permiten al profesional actuar con sensibilidad, justicia y

compromiso.

Estrategias para Resolver Dilemas Éticos

Para abordar dilemas éticos, los psicólogos deben apoyarse en los códigos de ética,

que ofrecen directrices para actuar ante situaciones complejas. La consulta a colegas con

experiencia ayuda a obtener nuevas perspectivas. La formación continua permite adaptarse a

los cambios y reforzar la toma de decisiones responsables. Además, el análisis de casos

pasados ofrece lecciones para futuras intervenciones. Aunque los dilemas éticos son

inevitables en la práctica psicológica, el compromiso con los principios éticos, la supervisión

y la actualización constante permite al profesional actuar con responsabilidad, priorizando

siempre el bienestar del paciente.

El Rol Del Psicólogo En La Sociedad

En un mundo interconectado y vulnerable a diversas crisis, el psicólogo se posiciona

como un pilar fundamental para el bienestar colectivo, extendiendo su labor más allá del

ámbito clínico a escuelas, empresas, comunidades marginadas y espacios virtuales. Su trabajo

no solo observa la conducta humana, sino que está comprometido con la justicia y la equidad,

especialmente en comunidades vulnerables.


En Latinoamérica, donde el 60% de las personas con trastornos mentales no reciben

tratamiento (OPS, 2022), los psicólogos comunitarios implementan estrategias innovadoras

como talleres de resiliencia y programas de primeros auxilios psicológicos. Maritza Montero,

pionera de la psicología comunitaria, destacó que el rol del psicólogo no es "curar" a la

comunidad, sino acompañarla en su proceso de empoderamiento (2010). Esto es clave en

países como Colombia y México, donde los psicólogos trabajan con víctimas de conflicto

armado para reconstruir su salud mental y el tejido social fracturado por la violencia.

Retos Actuales en la Práctica Psicológica

La práctica psicológica enfrenta desafíos como el acceso limitado a servicios de salud

mental, la integración de tecnologías digitales y la necesidad de intervenciones culturalmente

sensibles (Patel et al., 2018). La falta de recursos y profesionales capacitados dificulta una

atención adecuada en muchas regiones.

El avance tecnológico ha generado nuevas oportunidades y retos, como la

telepsicología y las aplicaciones de salud mental, que mejoran el acceso a tratamientos pero

también plantean preocupaciones sobre privacidad, ética y eficacia (Andersson et al., 2019).

La globalización también exige que los psicólogos adapten sus enfoques a contextos

culturales diversos (Sue et al., 2019).

La terapia online, facilitada por la digitalización, se ha consolidado como alternativa

frente a la atención presencial, especialmente en situaciones de acceso limitado a servicios o

durante emergencias como la pandemia de COVID-19 (Wind et al., 2020). Sus beneficios

incluyen mayor accesibilidad para personas en zonas rurales o con dificultades de movilidad,

y continuidad en el tratamiento durante emergencias o viajes. También amplía el alcance de

los profesionales a pacientes de otras regiones o países.

No obstante, la terapia online presenta desafíos como la dificultad para interpretar el

lenguaje corporal, interrupciones tecnológicas y la necesidad de ambientes privados y


confidenciales (Barnett, 2020). Aunque no sustituye la atención presencial, es una modalidad

complementaria en evolución.

Conclusiones y Reflexión Final

En relación a la persona del psicólogo, esta se define por una combinación de

formación continua, ética profesional y el desarrollo de una identidad coherente que integra

los aspectos personales y profesionales. La formación continua es crucial en un campo que

está en constante evolución, no solo para actualizar conocimientos, sino también para mejorar

las habilidades y competencias necesarias para enfrentar los desafíos actuales de la salud

mental. La ética aplicada, a través de la reflexión y la acción, es esencial para garantizar que

la práctica terapéutica se realice de manera responsable y respetuosa, protegiendo los

derechos y la dignidad de los pacientes. Además, la identidad profesional del psicólogo es un

proceso dinámico que se construye a lo largo de la carrera, a través de la integración del

conocimiento teórico, la experiencia práctica y el autoconocimiento. En un mundo de rápidos

cambios, los psicólogos deben ser agentes activos de transformación, adaptándose a nuevas

realidades y contribuyendo al bienestar de la sociedad con un enfoque ético y profesional.

Es así que el psicólogo cumple un papel fundamental en la sociedad, no solo como

facilitador del bienestar individual, sino también como agente de cambio social. Su labor va

más allá del consultorio, ya que contribuye a la construcción de entornos más saludables,

inclusivos y empáticos. En un mundo marcado por constantes transformaciones y crisis, el

psicólogo debe adaptarse, mantenerse éticamente firme y actuar con sensibilidad ante las

diversas realidades humanas. Su compromiso no solo está en aliviar el malestar, sino también

en promover la prevención, la educación emocional y la justicia social.


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Universidad Católica San Pablo

Escuela Profesional de Psicología

VISIÓN INTEGRAL DE LA PSICOTERAPIA

Monografía: Naturaleza y fin de la Psicoterapia

Integrantes:

Bueno Gálvez Lumari Nicoll

Charaja Vilca, Héctor Eduardo

Condori Calderon Milagros Alondra

Lopez Velayarse Anabel Milene

Quevedo Velarde Ana Paula

Grupo: PSI 10-1

Docente: Eleana María Cervantes Quezada

“Los alumnos declaran haber realizado el presente trabajo de acuerdo a las


normas de la Universidad Católica San Pablo”

2025
NATURALEZA Y FIN DE LA PSICOTERAPIA
Índice

1. Introducción

2. Naturaleza de la Psicoterapia

2.1 Factores Esenciales en la Terapia​


2.1.1 Relación terapeuta-paciente​
2.2.2 Técnicas terapéuticas según el enfoque

2.2 Diferencias entre Psicoterapia y Otras Formas de Intervención​


2.2.1 Coaching​
2.2.2 Consejería​
2.2.3 Acompañamiento espiritual

3. Principales Enfoques Psicoterapéuticos​


3.1 Enfoque Humanista y Existencialista​
3.2 Terapia centrada en la persona (Rogers)​
3.3 Logoterapia (Frankl)​
3.4 Teoría de la autorrealización (Maslow)​
3.5 Enfoque Sistémico y Terapia Familiar

4. El Fin de la Psicoterapia​
4.1 Objetivo general: alivio del sufrimiento y mejora de la calidad de vida​
4.2 Modificación de patrones de pensamiento y conducta​
4.2.1 Terapia cognitivo-conductual (Beck)​
4.2.2 Conductismo y modificación de conducta (Skinner)​
4.3 Autoconocimiento y desarrollo personal (Rogers y Maslow)​
4.4 Búsqueda de sentido y resiliencia (Frankl)

5. Psicoterapia y Dimensión Humana​


5.1 Influencia de la cultura y los valores (Vygotsky, Bruner)​
5.2 Relación entre psicoterapia y espiritualidad (Jung, Frankl)​
5.3 Psicoterapia como herramienta de integración personal
6. Limitaciones y Retos en Psicoterapia​
6.1 Factores que afectan la efectividad del tratamiento

6.1 Psicoterapia vs. Tratamiento Psiquiátrico

7. Conclusiones

Resumen
El presente trabajo aborda la psicoterapia como una herramienta fundamental para el
bienestar psicológico y el desarrollo personal. A través de un recorrido histórico y teórico, se
analizan los principales enfoques psicoterapéuticos —psicoanálisis, conductismo,
humanismo, terapia cognitivo-conductual, enfoque sistémico y existencial—, resaltando sus
aportes y técnicas específicas. Asimismo, se exploran las diferencias entre psicoterapia y
otras formas de intervención como el coaching, la consejería y el acompañamiento espiritual.
Se destacan factores esenciales como la relación terapeuta-paciente, la influencia de la
cultura, los valores y la espiritualidad, así como los retos y limitaciones en la práctica clínica.
Finalmente, se reflexiona sobre el propósito último de la psicoterapia: no solo aliviar el
sufrimiento, sino también fomentar el autoconocimiento, la resiliencia y la búsqueda de
sentido. Este análisis subraya el carácter humano, ético y transformador de la psicoterapia en
la actualidad.

Abstract

This monograph aims to analyze the impact of ghosting on self-esteem and emotional
dependence in adolescents. Ghosting, a common phenomenon in digital communication,
involves the sudden and unexplained interruption of contact, which can generate feelings of
confusion, rejection, and emotional vulnerability. Through a quantitative approach, this study
seeks to understand how this form of social disconnection affects the emotional well-being
and relational patterns of adolescents. The findings will provide tools for prevention and
intervention, promoting healthy and conscious emotional relationships in youth.
Introducción

La psicoterapia es un recurso clave en la salud mental, pues permite afrontar conflictos


emocionales mediante el diálogo con un profesional. Su propósito es hacer conscientes los
conflictos reprimidos, fomentar la empatía y modificar patrones de pensamiento
disfuncionales (Freud, 1996; Rogers, 1972; Beck, 1983).A lo largo del tiempo, ha
evolucionado con distintos enfoques: el psicoanálisis destacó el inconsciente, el conductismo
se centró en la conducta, el humanismo en el crecimiento personal y la terapia
cognitivo-conductual (TCC) combinó estrategias cognitivas y conductuales, consolidándose
como una de las más efectivas (Freud, 1996; Watson & Skinner, 1953; Rogers, 1972;
Maslow, 1943; Beck, 1983; Ellis, 1962).

La psicoterapia no es un proceso aislado de la sociedad, sino que se adapta a los


cambios culturales y a las necesidades de cada época. Las problemáticas de los pacientes
varían con el tiempo, y el terapeuta debe ajustar sus métodos para ofrecer una intervención
eficaz. La relación terapeuta-paciente está estrechamente ligada a los valores, pues la ética y
el respeto a la dignidad humana son principios fundamentales en la práctica psicológica
(Ypiens, 1996).Hoy en día, la psicoterapia es fundamental para tratar trastornos como la
ansiedad y la depresión. La terapia en línea ha ampliado su acceso, adaptándose a las
necesidades actuales (Beck, 1983; Rogers, 1972).El presente trabajo analiza la evolución e
impacto de la psicoterapia, resaltando su importancia en la salud mental y su aplicación en
distintos ámbitos.

Naturaleza de la psicoterapia

La psicoterapia surge con el psicoanálisis de Freud, quien planteó que los conflictos
inconscientes generan problemas psicológicos y que su resolución requiere análisis
introspectivo (Freud, 1996). Luego, el conductismo de Skinner destacó el papel del
aprendizaje y el refuerzo en la modificación de la conducta (Skinner, 1953).

Más adelante, la psicología humanista con Rogers enfatizó la empatía y la aceptación


incondicional como base del cambio terapéutico (Rogers, 1972). Posteriormente, los
enfoques cognitivos de Ellis y Beck resaltaron la influencia de los pensamientos en las
emociones y la conducta, proponiendo la reestructuración cognitiva como método de
intervención (Ellis, 1962; Beck, 1983).

A lo largo del tiempo, la psicoterapia ha integrado diversas corrientes respaldadas


científicamente, consolidándose como una herramienta esencial en la salud mental (Freud,
1996; Skinner, 1953; Rogers, 1972; Ellis, 1962; Beck, 1983)

Factores Esenciales en la Terapia

Relación terapeuta-paciente. La relación terapéutica es uno de los aspectos más


importantes en el éxito de la psicoterapia. Según Rogers (1957), una relación basada en la
empatía, congruencia y aceptación incondicional del paciente es fundamental para el cambio
terapéutico. Investigaciones recientes han demostrado que una alianza terapéutica sólida se
correlaciona con mejores resultados en el tratamiento (Gómez et al., 2019). Esta alianza
implica tres componentes clave: un vínculo emocional positivo entre terapeuta y paciente, el
establecimiento de objetivos compartidos y la colaboración en las tareas terapéuticas (Bordin,
1979).

Técnicas en psicoterapia. Las técnicas utilizadas en la psicoterapia varían según el


enfoque teórico adoptado. En la terapia cognitivo-conductual (TCC), se emplean técnicas
como la reestructuración cognitiva, la exposición gradual y el entrenamiento en habilidades
sociales (Beck, 2011). En la terapia humanista, se prioriza la escucha activa y la
autorreflexión (Rogers, 1961). La terapia psicodinámica, por otro lado, se enfoca en la
exploración del inconsciente y el análisis de los conflictos internos (Freud, 1923). A pesar de
las diferencias entre los enfoques, todas las técnicas buscan generar cambios adaptativos en el
paciente y mejorar su bienestar emocional (Pérez, 2022).

Diferencias entre psicoterapia y otras formas de intervención

Coaching. El coaching es un proceso de acompañamiento que busca potenciar el


desarrollo personal y profesional de un individuo a través de la definición y consecución de
objetivos específicos (Gutiérrez, 2016). A diferencia de la psicoterapia, el coaching no aborda
problemáticas emocionales profundas ni trastornos psicológicos. Mientras la psicoterapia
trabaja con procesos inconscientes y patrones de pensamiento disfuncionales, el coaching se
enfoca en la identificación de metas y la optimización del rendimiento (Sánchez, 2020)
Consejería. La consejería psicológica tiene como objetivo brindar apoyo y orientación
en situaciones específicas de la vida del consultante, como dificultades laborales, problemas
familiares o toma de decisiones (Muñoz, 2018). Se diferencia de la psicoterapia en que su
intervención es más breve y focalizada, sin profundizar en conflictos emocionales de larga
data. Mientras que la psicoterapia busca generar cambios profundos en la personalidad y el
comportamiento, la consejería se centra en la resolución de problemas inmediatos (García,
2021).

Acompañamiento espiritual. El acompañamiento espiritual se enfoca en el desarrollo y


fortalecimiento de la dimensión trascendental de la persona (Fernández, 2019). A diferencia
de la psicoterapia, que se basa en principios científicos y psicológicos, el acompañamiento
espiritual utiliza enfoques religiosos y filosóficos para guiar a las personas en su crecimiento
personal y conexión con lo sagrado (Rodríguez, 2020). Aunque ambas prácticas pueden
complementar el bienestar emocional, sus fundamentos y objetivos son distintos.

Principales Enfoques Psicoterapéuticos

Enfoque Humanista y Existencialista

El enfoque humanista y existencialista de la psicoterapia se basa en la creencia de que


los seres humanos tienen un potencial innato de crecimiento y desarrollo personal (Bugental,
1964). Este paradigma enfatiza la importancia de la experiencia subjetiva y la
autodeterminación en el proceso terapéutico (Schneider & Krug, 2017).

Terapia Centrada en la Persona (Rogers)

Carl Rogers (1951) desarrolló la terapia centrada en la persona, destacando la


importancia de la relación terapéutica y del ambiente facilitador para el crecimiento personal.
Para Rogers, la autorrealización se logra cuando el terapeuta proporciona tres condiciones
esenciales: autenticidad, aceptación incondicional positiva y empatía (Rogers, 1957). Este
modelo se basa en la confianza en la capacidad del individuo para encontrar soluciones a sus
problemas y alcanzar su potencial pleno (Cain, 2010).

Logoterapia (Frankl)
Viktor Frankl (2004) introdujo la logoterapia, una forma de terapia existencial que
sostiene que la búsqueda del sentido es el motor fundamental de la vida humana. Basado en
su experiencia en campos de concentración, Frankl argumentó que incluso en las
circunstancias más adversas, las personas pueden encontrar significado en el sufrimiento
(Frankl, 1984). Investigaciones posteriores han demostrado que la logoterapia puede mejorar
el bienestar psicológico al fomentar la resiliencia y la esperanza (Batthyany & Russo-Netzer,
2014).

Teoría de la Autorrealización (Maslow)

Abraham Maslow (1987) desarrolló la teoría de la jerarquía de necesidades, situando


la autorrealización en la cúspide de la motivación humana. Según Maslow, una vez que se
satisfacen las necesidades básicas (fisiológicas, seguridad, amor y pertenencia, estima), los
individuos pueden enfocarse en alcanzar su máximo potencial (Maslow, 1968). Su teoría ha
sido aplicada en múltiples contextos terapéuticos para fomentar el crecimiento personal y el
bienestar (Koltko-Rivera, 2006).

Enfoque Sistémico y Terapia Familiar

El enfoque sistémico y constructivista considera que los problemas psicológicos no


surgen solo en la mente del individuo, sino en su contexto relacional y en la construcción
subjetiva de la realidad (Nichols, 2013). Desde esta perspectiva, Minuchin (1974) desarrolló
la terapia familiar estructural, que analiza la organización y jerarquía dentro de la familia,
identificando patrones disfuncionales como la sobre involucración emocional o la falta de
límites claros. La evidencia empírica respalda su efectividad en la mejora de la dinámica
familiar y la resolución de conflictos (Szapocznik et al., 2013).

El Fin de la Psicoterapia

Objetivo general: Alivio del Sufrimiento Psicológico y Mejora de la Calidad de Vida

El propósito fundamental de la psicoterapia es aliviar el sufrimiento psicológico y


mejorar la calidad de vida del paciente. Desde la terapia humanista, Rogers (1951) enfatizó
que la terapia debe proporcionar un espacio seguro para la autorreflexión y el crecimiento
personal. En contraste, desde la terapia cognitiva, Beck (1976) argumentó que el bienestar
psicológico depende en gran medida de la identificación y modificación de pensamientos
disfuncionales (Beck, 2011). Ambas perspectivas coinciden en que la psicoterapia fortalece la
capacidad del paciente para afrontar la vida de manera más adaptativa (Norcross & Wampold,
2018).

Modificación de Patrones de Pensamiento y Conducta

Terapia Cognitivo-Conductual (Beck). La terapia cognitivo-conductual (TCC)


desarrollada por Aaron Beck (1976) se basa en la idea de que los trastornos psicológicos
están relacionados con esquemas cognitivos disfuncionales. Beck propuso que las
distorsiones cognitivas, como el pensamiento dicotómico y la sobregeneralización,
contribuyen a la depresión y la ansiedad (Beck, 1979). La TCC se enfoca en la
reestructuración cognitiva, ayudando al paciente a identificar y cambiar pensamientos
irracionales que afectan su comportamiento y emociones (David, Lynn & Ellis, 2010).

Conductismo y Modificación de Conducta (Skinner). B. F. Skinner (1953),


desde el conductismo, propuso que la conducta humana está determinada por el ambiente y
puede ser modificada a través de refuerzos y castigos (Skinner, 1953). Su teoría del
condicionamiento operante estableció las bases de la terapia conductual, que utiliza técnicas
como el refuerzo positivo para fomentar comportamientos adaptativos y la extinción de
respuestas desadaptativas (Miltenberger, 2015). La aplicación del conductismo ha sido
fundamental en el tratamiento de trastornos como el autismo y las fobias (Cooper, Heron &
Heward, 2020).
Autoconocimiento y desarrollo personal: Humanismo y terapia centrada en la persona
(Rogers, Maslow).
La psicología humanista, influenciada por Carl Rogers y Abraham Maslow, se
centra en la capacidad de las personas para autodirigir su crecimiento personal mediante la
búsqueda de metas vitales. Carl Rogers, con su terapia centrada en la persona, afirmó que el
desarrollo humano depende de la libertad de elección y del proceso de acercamiento o
alejamiento de los objetivos personales. Para Rogers (1951), el ser humano no está
determinado por factores biológicos ni por el entorno, sino que puede tomar decisiones que le
acerquen a su "yo ideal", promoviendo así el desarrollo de una personalidad sana.
Por su parte, Abraham Maslow (1943) desarrolló la jerarquía de necesidades, situando
la autorrealización en la cima de su pirámide. Según Maslow, solo cuando las necesidades
básicas y psicológicas están cubiertas, el individuo puede centrarse en el autoconocimiento y
en alcanzar la autorrealización, lo cual es clave para el bienestar integral y el desarrollo
pleno.
Búsqueda de sentido y resiliencia: Terapia existencial y logoterapia (Frankl).
Viktor Frankl, a través de la logoterapia, propuso que la búsqueda de sentido es la
principal fuerza motivadora en la vida del ser humano. Frankl (1946) destacó que incluso en
situaciones extremas, como su experiencia en los campos de concentración nazis, encontrar
un propósito personal permite a las personas enfrentar la adversidad con resiliencia. La
logoterapia plantea que el sentido de la vida se construye mediante la creación, las
experiencias y la actitud ante el sufrimiento inevitable. Esta capacidad de encontrar
significado en el dolor es clave para el crecimiento personal y la fortaleza emocional.
Psicoterapia y Dimension Humana
Influencia de la cultura y valores en la terapia (Vygotsky, Bruner)
Lev Vygotsky (1978) defendió que el desarrollo humano está mediado por la
internalización de herramientas culturales y la interacción social. Las funciones psicológicas
superiores, como el pensamiento abstracto, surgen gracias a la exposición a artefactos
culturales. Jerome Bruner (1990) amplió esta idea señalando que la cultura no solo provee
herramientas de desarrollo, sino que también actúa como un filtro que transforma las
creencias, deseos y aspiraciones del individuo, siendo fundamental en el desarrollo personal.
Relación entre psicoterapia y espiritualidad (Jung, Frankl)
Carl Jung y Viktor Frankl exploraron la relación entre la psicoterapia y la
espiritualidad. Jung (1933) consideró que la espiritualidad es un proceso de integración de los
aspectos conscientes e inconscientes de la psique, lo que facilita el equilibrio psicológico. Por
otro lado, Frankl (1946) entendió la espiritualidad como una vía para trascender el
sufrimiento humano y encontrar un sentido más profundo en la vida, clave para enfrentar las
dificultades.
Psicoterapia como herramienta para la integración de la persona
La psicoterapia moderna aborda al ser humano de manera integral, considerando
diversas dimensiones: la cognitiva (mejora de funciones ejecutivas y memoria), la emocional
(gestión del estrés y las emociones), la cultural (impacto de valores y símbolos culturales) y
la espiritual (búsqueda de sentido). Cada una de estas dimensiones es fundamental para
alcanzar un equilibrio psicológico y un bienestar integral.

Limitaciones y Retos en Psicoterapia


La eficacia de las terapias basadas en evidencia no siempre es generalizable a la
práctica clínica debido a diferencias en contextos y poblaciones (Fernández-Hermida &
Calafat, 2014). Además, la relación terapeuta-paciente influye en el éxito del tratamiento; si
el terapeuta no se siente cómodo con la técnica utilizada, su eficacia puede disminuir
(Coderch, 2014). La investigación en psicoterapia también enfrenta desafíos metodológicos,
pues suele centrarse en aspectos específicos sin considerar el contexto global (Vallejo &
Polaino-Lorente, 1992).

Asimismo, la psicoterapia debe adaptarse a los cambios sociales y a la integración de


nuevas tecnologías, como la e-terapia, es decir, una terapia digital, las cuales pueden ampliar
el acceso, pero plantean retos en la relación terapéutica y la confidencialidad (Caro, 2003). La
supervisión y formación continua son esenciales para una práctica ética y efectiva, debido a
que esta previene errores o negligencias por parte del terapeuta, ofreciendo una segunda
perspectiva profesional, (García, 2021). Finalmente, el manejo de momentos difíciles en
terapia puede revelar contenidos reprimidos o la necesidad de ajustar la intervención,
convirtiéndose en oportunidades de crecimiento (Pérez & García, 2013)

Factores que afectan su efectividad

La efectividad del tratamiento psicológico puede verse afectada por diversos


factores, entre ellos la resistencia al cambio, la calidad de la relación terapéutica y la duración
del tratamiento. Algunos pacientes pueden rechazar el proceso terapéutico debido al miedo,
creencias rígidas o falta de motivación, lo que dificulta la adhesión a la terapia y reduce su
eficacia (Fernández-Hermida & Calafat, 2014). Además, una alianza terapéutica sólida es
fundamental para el éxito de la intervención, ya que la falta de confianza o empatía entre el
terapeuta y el paciente puede generar barreras en el proceso y limitar los avances (Coderch,
2014). Por otro lado, la duración del tratamiento también es un aspecto crucial; terapias
demasiado cortas pueden no permitir cambios profundos, mientras que procesos
excesivamente prolongados sin progresos claros pueden generar dependencia o frustración en
el paciente, afectando su compromiso con la terapia (Pérez & García, 2013).

Psicoterapia vs. Tratamiento Psiquiátrico.

La psicoterapia emplea técnicas psicológicas para modificar pensamientos,


emociones y conductas, siendo efectiva en trastornos leves a moderados (Wampold & Imel,
2015). En contraste, el tratamiento psiquiátrico se basa en la medicación para el manejo de
trastornos severos como la esquizofrenia o el trastorno bipolar (Geddes & Miklowitz, 2013).
La combinación de ambas intervenciones suele ser la estrategia más eficaz en muchos casos
(Cuijpers et al., 2020).

Conclusiones

A lo largo de este trabajo, se ha explorado la psicoterapia no solo como una herramienta


técnica, sino como una práctica profundamente humana, enraizada en el encuentro entre dos
personas: el terapeuta y el paciente. Este vínculo se configura como un espacio ético, seguro
y significativo, donde el sufrimiento puede ser expresado y sostenido con autenticidad. La
naturaleza de la psicoterapia, por tanto, no puede reducirse a métodos ni protocolos rígidos,
sino que debe entenderse como un proceso relacional en el que el profesional se involucra
desde la escucha activa, la empatía y el respeto profundo por la subjetividad del otro.

En este contexto, el psicoterapeuta no actúa como un experto distante que diagnostica y


corrige, sino como un acompañante que camina junto al paciente en su proceso de
comprensión, reconstrucción y resignificación de su experiencia vital. Como señalan autores
como Rogers y Frankl, la actitud terapéutica es tan o más importante que la técnica utilizada,
ya que es esta actitud la que permite el florecimiento de un ambiente de confianza y apertura,
clave para el cambio.

Asimismo, se ha reflexionado sobre el fin último de la psicoterapia. Si bien es cierto que


busca aliviar el malestar psíquico, sus objetivos van más allá del simple control de síntomas.
La psicoterapia apunta a favorecer el autoconocimiento, la libertad interior y la capacidad de
encontrar sentido en la experiencia vivida. En este sentido, se convierte en un espacio de
crecimiento personal, de fortalecimiento del yo y de construcción de nuevas formas de estar
en el mundo.

Con todo lo expuesto, se puede afirmar que la psicoterapia es un acto ético y humano por
excelencia. Su verdadera riqueza reside en la posibilidad de sostener el dolor del otro sin
pretensiones de control, y en facilitar un proceso en el que el paciente pueda resignificar su
historia desde un lugar de mayor autonomía, conciencia y dignidad. Esta comprensión invita
a los profesionales de la salud mental, presentes y futuros, a no perder de vista la dimensión
humana de su labor, recordando que, en esencia, el acto terapéutico es siempre un encuentro
entre seres humanos.
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